UNA FORTUNA EN BUSCA DE HEREDEROS
Publicado en
junio 24, 2012
Par de talentos: La joven Dora Maar en compañía de Pablo Picasso.Al morir Dora Maar, musa de Picasso, dejó sin dueño una fabulosa colección de obras de arte.
Por Christophe DeloireDORA MAAR murió el 16 de julio de 1997 en un hospital de París. Ningún pariente la acompañaba. Fue sepultada en un cementerio del suburbio de Clamart.
El rostro de esta beldad de cabellera oscura, talentosa fotógrafa, inspiró en Picasso la ternura de Dora con corona de flores, la alegría de Dora Maar con las uñas verdes, la tristeza de Mujer llorando, y también la crudeza del Guernica. Esta mujer enamorada tenía un temperamento impulsivo y violento.En 1943, siete años después de conocer a su musa en el café Les Deux Magots, en París, el pintor la abandonó. Desde entonces, Dora Maar se recluyó. "Después de Picasso, sólo Dios", se dice que comentó un día. Vivía en un apartamento en el sexto distrito de París, y casi nunca salía. Una mañana, después de su muerte, la puerta se clausuró con un sello oficial.DORA MAAR dejó un testamento hecho en 1958. Legaba al poeta André du Bouchet un libro de Reverdy ilustrado por Picasso, y eso era todo. El resto era para su padre, Joseph Markovitch, y unos monjes, pero la muerte se los llevó antes de que Dora Maar exhalara el último aliento. ¿Quién heredaría los centenares de pinturas y dibujos (algunos firmados por Picasso), fotos, libros y otros regalos de amigos artistas que habían dejado su huella en la vida de Dora Maar?
La ley francesa dispone que, a falta de un pariente consanguíneo que reclame la fortuna en el plazo previsto, ésta pasa a manos del Estado. Por herederos legítimos se entienden los parientes consanguíneos hasta en sexto grado; el séptimo se considera ya demasiado lejano.Hay una profesión que consiste en invertir bastante dinero, sin garantía de rendimiento, para localizar a los herederos, esos primos olvidados, y a veces olvidadizos, que quedarían encantados de ver crecer su familia y su patrimonio de una sola vez. Es la profesión del genealogista investigador. Una comisión sobre el monto de la herencia, por módica que sea, hace que a una firma le resulte rentable reconstruir la historia de una familia. Así proceden las oficinas de investigación genealógica. Comienzan sus pesquisas antes de que el cliente les dé el trabajo.Después del fallecimiento de Dora Maar, dos despachos entraron en la contienda. Se dice que el primero, Andriveau, fundado en 1830 y con domicilio en el Hotel Commines de Marsilly, en París, tiene en su haber 200 millones de expedientes civiles. Su historia es tan larga como sólida su reputación. El segundo, Aubrun Delcros Delabre, fue abierto en 1990 por tres jóvenes genealogistas. La búsqueda de los herederos de Dora Maar va a enfrentar a dos generaciones. La firma que logre escarbar en los archivos antes que la otra, y, sobre todo, la primera que haga a un heredero firmar un "contrato de distribución de los bienes", será la que se embolse el dinero.La meticulosa investigación de los sabuesos genealogistas empieza con los descendientes de Dora Maar. Es sabido que la musa de Picasso no tenía hijos, pero lo que es sabido no constituye una prueba. El despacho Aubrun Delcros Delabre pone manos a la obra. Hechas las pesquisas, averigua que Dora Maar era estéril. Además, era hija única. Procede entonces a investigar su ascendencia. De nombre Theodora Henriette Markovitch, la musa de los surrealistas era hija de un croata, Joseph Markovitch, y de una francesa de la región de Tours, Louise Voisin, que no tenía hermanos.El siguiente paso de Aubrun Delcros Delabre es enviar un equipo de investigadores a Tours para rastrear a los padres de Louise Voisin, abuelos de Dora Maar. En Francia, este trabajo es un juego de niños, pues los expedientes civiles se cuentan entre los mejores del mundo."No tardamos mucho en localizar, en agosto de 1997, a una heredera en sexto grado de parentesco, de 83 años, A., que vivía en la región de Charente", recuerda Antoine Delabre.Fantástico, pero demasiado tarde, porque el despacho Andriveau se les ha adelantado. Jean-Marie Andriveau ya tiene en el bolsillo el contrato de distribución de los bienes, el cual le concede una generosa porción de la suma que recibirá la heredera de Charente. Fin del primer episodio.Aún falta el segundo, ya que en la familia del lado paterno también podría haber algún heredero. En virtud de un principio jurídico, si hay parientes de ambos lados, la herencia se divide a partes iguales entre ellos. En lo que respecta a Joseph Markovitch, las pistas escasean. En París, los investigadores de Aubrun Delcros Delabre revisan minuciosamente los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, los estantes de la Biblioteca Nacional y las cajas de cartón del Museo Picasso. Una tarea de titanes, pero no es pérdida de tiempo, pues tantas horas de trabajo les permiten reconstruir la vida de Joseph Markovitch.EL PADRE DE DORA MAAR estudió ingeniería en Zagreb y fue el arquitecto del pabellón de Bosnia-Herzegovina en la. Feria Mundial de 1900. Poco después de casarse en Croacia, Louise Voisin y él viajaron a Londres y a Ciudad del Cabo, y vivieron un tiempo en Buenos Aires. En 1912, Markovitch hizo el proyecto arquitectónico de la embajada de Austria en Argentina. De regreso en Francia, el 4 de agosto de 1939 fue condecorado con la Legión de Honor por el ministro de Comercio e Industria. "Tuvimos que enviar a una persona a Argentina durante una semana para averiguar todo eso", explica Antoine Delabre.Al mismo tiempo, su despacho manda a un investigador a Croacia a recuperar el acta de nacimiento de Joseph Markovitch. Los detalles que aparecen en el documento les permitirán después saber más de la familia de Dora. El destino es Sisak, pueblo natal de Joseph, a unos 50 kilómetros de Zagreb. La primera decepción es que hay muchísimos hombres llamados Joseph Markovitch, y muchos también cuya madre se llama Barbara Markovitch, como la abuela paterna de Dora Maar.Al borde de la depresión, el investigador tarda unas dos semanas en dar con el acta de nacimiento. Joseph Markovitch era hijo ilegítimo, hecho que su hija nunca reveló.Todavía falta un detalle esencial: el acta de matrimonio de Joseph y Louise. Aún en Croacia, el investigador de Antoine Delabre, ayudado por un intérprete, consulta más de 3000 expedientes civiles. Nada. Pese a todos sus esfuerzos, el acta de matrimonio no aparece por ningún lado. El último recurso es el status animarum, el registro parroquial que existía antes del civil y que abunda en informes sobre las familias católicas. Por desgracia, el sacerdote del pueblo le niega el permiso para consultarlo. La solución llega finalmente de París: en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores se descubre el expediente de naturalización de Louise Voisin. Por su matrimonio, la francesa se había vuelto croata. Sus trámites para recuperar la nacionalidad francesa habían dejado huella. En el expediente se menciona el lugar donde contrajo matrimonio, en 1903.
Los sabuesos– Antoine Delabre y su equipo (arriba); Jean-Marie Andrieveau.
FOTOS: E E. BOUVETInformado por teléfono, el investigador ya no tiene dificultad para dar con la ansiada acta de matrimonio. Mientras se ocupa de este asunto, también encuentra el acta de nacimiento de Josip Markovitch, hijo de Barbara Markovitch, sirvienta, como lo era la madre de Joseph. Una pista vital... El investigador supone que Josip es hermano de Joseph. Todo concuerda. El nieto de Josip es localizado sin tardanza. El feliz heredero de Dora Maar, llamado V. L., tiene razones de sobra para estar sorprendido. En el despacho de Aubrun Delcros Delabre se descorcha una botella de champaña. ¿Fin del segundo episodio? ¿Empate?La alegría de Antoine Delabre dura poco. En un instante pasa de la euforia a la rabia. Una llamada telefónica de su colega Andriveau invierte las posiciones:—Ha cometido un pequeño error —le dice—. Josip Markovitch no es hermano de Joseph. Las madres de ambos se llamaban Barbara Markovitch y eran sirvientas, pero se trata de dos Barbaras distintas.En el despacho Aubrun Delcros Delabre reina la consternación. Para colmo, Andriveau anuncia que ha localizado en Serbia a una prima de Dora Maar en sexto grado.Parece ser que Andriveau es el ganador.Movilización general. En Aubrun Delcros Delabre nadie se da por vencido con facilidad.¡Al trabajo de nuevo! Hay que regresar a Croacia. La clave de este enigma se halla en el status animarum de la familia de Barbara Markovitch (la verdadera, la madre de Joseph, no la de Josip), donde se averigua que la abuela paterna de Dora Maar no tuvo más hijos que Joseph, pero sí tenía seis hermanos, a cuyos descendientes hay que localizar. No es tarea fácil. Huérfanos a muy temprana edad, los hermanos de Barbara fueron acogidos por distintas familias católicas. Ninguno parece tener descendientes, salvo, quizá, una de las hermanas, llamada Y. Markovitch. La esperanza se reaviva.Finalmente, en Serbia, los parientes de la prima en sexto grado localizada por la agencia Andriveau hablan:—Puede que aún viva Z., la hija de una tal Y. Markovitch, en una aldea situada a 150 kilómetros de Zagreb.Cuentan que Z. fue condenada a muerte durante la guerra, en 1943, por colaborar con la resistencia. No obstante, el investigador acude a cerciorarse.EL 22 DE DICIEMBRE DE 1997 está nevando. El ayuntamiento es un cuartito cuyo único mobiliario es una estufa de leña y un aparador en el que se guardan los expedientes civiles. El servicial empleado municipal anuncia de inmediato la buena nueva:
—Z. está viva. Reside a cuatro casas de aquí.La sentencia de muerte no se había ejecutado.Suena el timbre. La hija de Z. abre la puerta. Habla francés."Al principio creí que se trataba de una secta", recuerda.Al fondo de la casa se encuentra Z., una anciana endeble que viste de negro y anda con bastón; de pelo blanco y ojos azules, tiene el aire de quien ha visto mucho en la vida. Se pone feliz al enterarse de la distribución de la herencia, sobre todo porque recuerda muy claramente a su tía Barbara Markovitch, cuyo único hijo se marchó a correr aventuras. El investigador de Aubrun Delcros Delabre le muestra una foto que se saca del bolsillo:—Vea aquí, en la foto, con Picasso. Ella es Dora Maar, la hija de Joseph.Como es parienta en quinto grado, Z. goza de preferencia sobre la prima serbia en sexto grado. Aubrun Delcros Delabre ha ganado el segundo episodio. La partida termina en empate. Cada agencia tiene su heredera. Se firma el contrato de distribución de los bienes. Aubrun Delcros Delabre representará a Z. en la siguiente etapa del procedimiento. Para organizar la subasta, Antoine Delabre recurre al Grupo Piasa, mientras que para A., la heredera francesa, Jean-Marie Andriveau prefiere al señor Mathias. Los subastadores trabajarán en amigable colaboración.La hija de Z. viajará a París para estar presente en la venta. Es fácil imaginar su emoción cuando visita el apartamento de su prima lejana.A., la legataria francesa, de 83 años, y Z., la croata, de 93, recibirán su herencia en el plazo de unos meses. La compartirán, a sabiendas de que el Estado impone un gravamen sucesorio de 60 por ciento. Además, los beneficiarios legítimos de Picasso (sus hijos, Maya, Claude y Paloma) recibirán tres por ciento del precio de venta, conforme al derecho de sucesión. Por último, hay que considerar los honorarios de los genealogistas. En total, son muchas deducciones, pero lo que queda equivale a una pequeña fortuna.
La subasta- Presentación de Dora Maar con pañoleta amarilla.
FOTO: © SUCCESSION PICASSO - PARIJS, 1999. SYGMA/A. GYORI.La, fabulosa subasta de los bienes de Dora Maar
LA SUBASTA de "Los picassos de Dora Maar" se celebró los días 27, 28 y 29 de octubre de 1998 en la Maison de la Chimie, en París. El produc to total de las tres primeras ventas ascendió a más de 213 millones de francos (casi 34 millones de dólares). En tres días, las principales pinturas y dibujos de Picasso, recuerdos, fotos, libros y autógrafos se vendieron hasta en veinte veces su valor estimado. Los mayores precios los alcanzaron los documentos dedicados a Dora Maar por los poetas y escritores Paul Eluard, André du Bouchet y André Breton, e ilustrados por Picasso, Miró, Tanguy y Man Ray. Mujer llorando, un estudio para el Guernica, fue adjudicado en 41 millones de francos (6,5 millones de dólares). El comerciante alemán de arte alemán Heinz Berggruen gastó 25 millones de francos (casi 4 millones de dólares) en la adquisición de Dora Maar con las uñas verdes. Tres subastas de las obras de la propia Dora Maar (dibujos, pinturas y fotos) se celebraron en París el 20 y el 26 de noviembre, y el 7 de diciembre de 1998. El producto de estas tres ventas sumó casi 10 millones de francos (1,5 millones de dólares).
CONDENSADO DE POINT (14-IX-1998). © 1998 POR LE POINT.
FOTO: © MAN RAY TRUST/ADAGP, PARIJS 1999/TELIMAGE.