Publicado en
septiembre 05, 2022
Verdean los árboles y las plantas, los jardines florecen, el aire se impregna de aromas, nace un mito... Aquí, desde el origen del perfume hasta nuestros días.
Por Marcia Morgado.
Correteaba por el bosque, los árboles en ostentoso colorido. Joven y esbelto el cuerpo de la joven acostumbrada a tareas arduas —manteniendo el orden del hogar—, cubierto con la piel de algún animal sacrificado para alimentarse. Buscaba maderas para avivar el fuego y caldear la cueva y, por primera vez, arranca delgadas ramas de los altos pinos. Esa tarde el hogar se llenó de un agradable y desconocido aroma, y al cerrar los ojos la invadió una dulzura que identificó procedente de las delgadas y espinosas ramas. A ese agradable olor regresó día tras día...
Bien pudo originarse así el primer contacto del ser humano con lo que hoy conocemos como perfume. ¿Qué habrán hecho con ese conocimiento? Lo que sabemos nos llega gracias a los sumerios, que reflejaban sus actividades en relatos como la epopeya babilónica, que cuenta las aventuras de Utnapishtin —el héroe salvado del diluvio divino, el equivalente sumerio de Noé— en el Gilgamés. Fue él quien le ofreció a los iracundos dioses el aromático humo de maderas preciosas: los inicios del incienso para calmarlos. En este y otros relatos pueden leerse las primeras referencias al perfume.
Desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, el conocimiento acerca de los perfumes se difuminó hasta instalarse en el antiguo Egipto, donde nació la primera industria de perfumería que conocemos. Industria que floreció tanto para usos religiosos como mundanos: ungüentos y aromas tanto para ofrecer a los dioses como para ensalzar sus cuerpos. En los jeroglíficos del templo de Edfú se leen las recetas para confeccionar perfumes en dependencias estrictamente controladas por los sacerdotes.
LOS AROMAS NOS CONECTAN A SENSACIONES Y RECUERDOS
A pesar de esto, la elaboración clandestina proliferó para el disfrute de las clases privilegiadas. Fue allí que comenzaron a guardar los frascos hechos de metales, piedras preciosas y vidrios de intensos colores.
La dramática llegada de la reina de Saba a Jerusalén fue igualmente aromática, tal como relata la Biblia: "Nunca llegaron a Jerusalén perfumes con tanta abundancia como cuando la reina de Saba los trajo para Salomón". Y así se difundió el uso de los perfumes por el mundo antiguo. Los bosques árabes emanaban las resinas que con otros componentes generaron una activa industria. Los árabes mezclaron las recetas que los bizantinos aprendieron de los romanos que a su vez fueron influidos por los griegos para producir nuevos aromas. Hacia ese fin desarrollaron un alambique para destilar alcohol que combinaron con ingredientes como el agua de rosas, el almizcle y el algalia para crear exóticas fragancias. Arabe de pura cepa, Mahoma predicó una nueva religión en el siglo VII que refleja su favor por los perfumes, de ahí que el paraíso, tal como es descrito en el Corán, es fragante.
El aroma en vestimentas femeninas se debe a Catalina de Médicis, quien lo difuminó desde Florencia —ciudad que junto a Venecia brilló durante el Renacimiento como el epicentro de la perfumería— hasta Francia, país donde Catalina, de 14 años, se estableció a partir de 1533 después de contraer nupcias con Enrique II. Para la mudada a su nuevo hogar, junto al tenedor de mango largo, Catalina llevó la belladona y al destacado perfumista Renato de Florencia: todo un éxito con la tienda que abrió en pleno París. Se rumoraba que este era habilidoso con diversas combinaciones alquimistas, logrando fragancias inolvidables y letales pociones con las que la incalificable Catalina daba fin a aquellos que consideraba sus enemigos, o los de sus hijos, mediante letales guantes, pañuelos y libros que le extendieron el poder hasta 1589.
La perfumería parisina se fortaleció entre los siglos XVII y XVIII. Las fastuosas cortes de Luis XIV y Luis XV en Versailles estaban impregnadas de deliciosos aromas. Con sus cultivos de jazmín, rosa y naranja la ciudad de Grasse, en la región francesa de la Provenza, se convirtió en el centro de donde provenía la materia prima para elaborar perfumes. El agua de colonia apareció en el mercado de la mano de los refrescantes aromas de romero, bergamota, nerolí y limón. Con la Revolución Francesa nació una fragancia llamada Parfum de la Guillotine y con la instalación en el poder de Napoleón, otro amante de los perfumes, la industria recuperó su destacado lugar.
A la incorporación de la química en la elaboración de los perfumes en el siglo XIX le siguió la evolución de los grandes olfatos, principalmente instalados en las casas Guerlain, Chanel y Jean Patou. La incomparable nariz de Mademoiselle Coco la llevó a reinar en la industria cuyo eje indiscutible residió en Francia hasta mediados del siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo vivió una dinámica de cambios acelerados y el advenimiento de tecnologías que lo redefinieron. Sin embargo, aunque Francia mantiene un papel importante, el mundo de la perfumería se ha expandido a otros países europeos y los Estados Unidos. Cada día vemos una mayor proliferación de nuevas fragancias y mayor presencia de conocidos diseñadores como Armani, Jesús del Pozo, Valentino, Kenzo, Jean Paul Gaultier, Hermés, Ralph Lauren, Guess, Hugo Boss, Tommy Hilfiger, Thierry Mugler, YSL, entre otros, que siguieron los pasos por la senda que abrieron pioneros como Christian Dior. Las multinacionales de cosméticos como Lancóme y Estée Lauder han incursionado en la perfumería desde mediados del siglo pasado. De igual manera, los joyeros como Cartier —cuyo vínculo original con la perfumería fue en la creación de exquisitos frascos— y Bvlgari, llevan décadas desarrollando fragancias. Y en las últimas décadas se han unido los perfumes vinculados a personalidades; en esta categoría; ¿cómo podía faltar Paris Hilton?
PERFÚMENES DE HOY: UNA AMPLÍSIMA VARIEDAD QUE NOS IMPREGNA LA VIDA
Por lo general, al destapar hoy un frasco de perfume y entrar en contacto con las combinaciones, desde las más frescas hasta las más complejas, no pensamos en los inicios de la industria ni en una criatura prehistórica que un atardecer cualquiera cerró los ojos al sentirse invadida por el regalo procedente del sahumerio que le despertó sensaciones nunca antes experimentadas. Y aunque ahora disponemos de un arco iris de fragancias, cada vez que destapamos un frasco, el olor que nos abraza impulsa un viaje sensual que nutre la imaginación.
Las firmas de perfumes te ofrecen una amplia variedad para que elijas según tu gusto, personalidad, estilo de vida y el mensaje que quieres transmitir con el perfume. Hay diversas categorías, según las notas que contienen en su formulación: floral, frutal, de maderas, orientales o de especias... Algunos perfumes te ayudan a enviar un mensaje romántico; muchos, de seducción; otros, de frescura... Y si quieres intensificar el aroma, busca las fragancias que tengan la línea completa, desde el gel del baño hasta el extracto, para perfumarte "en capas" y prolongarlo durante todo el día.
Fuente:
Revista Vanidades, Ecuador, marzo 28 del 2006