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    Si te gusta lo que ofrece el Blog, te invito a que nos ayudes a que siga funcionando y poder, además, agregar temas nuevos.

    Gracias por tu visita!

    PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.

    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    En cualquier parte del blog, cada tema tiene un "+", el cual, al darle click, te da la opción de elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar, elige dónde, y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar,
    selecciona la opción y luego la imagen.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 32 en 32.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    EL MODELO JONÁS (Ian Watson)

    Publicado el martes, agosto 22, 2017

    Introducción

    En las montañas de México, el Premio Nobel Paul Hammond acaba de efectuar el abrumador descubrimiento de que las señales recibidas en su radiotelescopio demuestran que el universo creado por Dios ya no existe, y que lo que percibimos como universo no es más que un fantasma de la realidad.

    En Japón, es descubierto un muchacho ruso que parece poseer, aunque de forma imperfecta, la mente de un astronauta soviético al que se supone muerto.

    Estos dos acontecimientos, tan espectaculares como al parecer independientes entre sí, se hallan sin embargo estrechamente relacionados. Y esa relación la proporcionarán las ballenas que pueblan los océanos de la Tierra...

    Ian Watson, que entró con fuerza extraordinaria en el mundo de la ciencia ficción con su espléndida novela Empotrados, es considerado como una de las grandes revelaciones de los años setenta. Autor poco conocido aún en España, entre sus grandes obras ―además de la arriba mencionada―, figuran la presente, y Embajada alienígena, ofrecida en esta misma colección.

    ich spreche von euerm nicht,
    ich spreche von ende der eulen.
    ich spreche von butt und wal
    ich spreche nicht mehr von euch,
    planern der spurlosen tat
    ich spreche von dem was nicht spricht,
    von den sprachlosen zeugen
    no hablo de lo que es vuestro,
    hablo del final de los búhos,
    hablo del rodaballo y la ballena
    ya no hablo de vosotros,
    diseñadores de acciones que se esfuman
    hablo de los que no tienen voz,
    de los testigos silenciosos

    Hans Magnus Enzensberger



    1


    NADA A TRAVÉS DE UNA CADENA DE MONTAÑAS. Las afiladas cumbres se alzan bruscamente de las ciénagas del fondo, encerrando húmedos desfiladeros zigzagueantes en cualquiera de los cuales puede estar emboscado un gran Diez Brazos artero, con sus ventosas desgarradoras y sus brazos duros como el acero.

    Pero, ¿por qué mencionar el acero?

    Suave y rígido, Acero engloba espacios vacíos semejantes a intestinos, estómagos y pulmones, que no son ninguna de esas cosas, ya que nunca han respondido al mundo que los rodea con el menor cambio de forma.

    Acero no tiene nada que ver con Diez Brazos. ¡A menos que haya un Acero con quien aún no se haya encontrado, uno que pueda contorsionarse, retorcerse y cambiar de forma! Es duro como el acero, una metáfora. Una manera de entenderlo.

    ¡Qué manera tan débil, tan impropia!

    Compara su modelo mental de un Diez Brazos, extendiéndolos para rodearle la frente con sus ventosas ― ¡qué recuerdo tan doloroso, éste!―, con el de una Acero surcando una profunda zanja. Una Acero preñada, con una docena de fetos de Acero enhiestos en cápsulas seno a lo largo de su lomo Pero curiosamente rígidos e inertes los pequeños, ¡porque no hay en cada uno de ellos más que un débil latido del corazón!

    Las complejas imágenes sónicas no coinciden entre ellas. No hay correspondencia.

    Entonces, ¿por qué permanece en él esta necesidad de metáfora?

    En los límites de su consciencia hay una mancha borrosa, un muro de niebla cuya existencia le resulta familiar, pero cuya naturaleza le asombra. No es la memoria, tal como él entiende la memoria; pero, aun así, tiene algo de memoria; por centésima vez, su mente se engarfia en esta niebla hasta que siente dedos (unos dedos que no posee) que tocan el acero húmedo y frío de un tanque gigantesco, dentro del cual él también está presente de alguna manera, como un prisionero. Estos dedos se deslizan como gusanos ciegos, hasta que están demasiado entumecidos como para sentir nada. Se hielan y se desprenden uno por uno, hasta que nunca hubo dedos, y sólo queda la sensación reptante de lampreas sobre su piel, dedos parásitos ondeando a medida que él nada, úlceras irritantes sobre su pellejo, con sus bocas babosas, aguijoneante.

    Rodea los picos montañosos, los músculos de la cintura contraídos, la cola subiendo y bajando, las aletas anales girando en el ascenso y la caída, con un sensual impulso hacia delante, todo su cuerpo copula con estas aguas cuando nada, impulsándose una y otra vez hacia la suavidad dúctil y flexible que se abre para él, y se abre; su mismo pene permanece inerte, retraído no tiene ninguna importancia en esta gran comunicación con el medio en que existe.

    Pero su impulso copulador conlleva el eco débil de una sensación anterior, un vestigio de un tiempo en el que la partición de su aleta era mucho más ancha que ahora; en que la parte inferior de su cuerpo se deslizaba sobre la cálida suavidad de otro ser cambiante, asido a él; y a lo largo de su columna vertebral había un frío cruel; y había oscuridad por todas partes, un residuo de un gozo extraño, y de un miedo, se aferra a él, como las lampreas

    Investiga los picos y los cañones mucho más abajo, trazándose un modelo sónico exacto de las hendiduras y las simas, la escala de la densidad del agua, profundas capas dispersas de crustáceos, medusas, sifonóforos, que ondean alrededor de las montañas como tenues velos. Además, una percusión de graznidos, tamborileos y gruñidos, procedentes de otras pequeñas bestias alimenticias, puntea su mapa de ecos.

    Finalmente, alza la cabeza para ver la barrera del cielo, que ondula a derecha e izquierda.

    Monótonas contorsiones elásticas, como caucho

    Su visión es algo tan pobre, tan débil, tan parcial, arroja tan poca luz sobre lo que oye; apenas le dice nada.

    Pero hay algo extrañamente milagroso en el hecho de ver esta luminosa telaraña combada, esta cosa de luz, no hay molestos fantasmas agarrados a ella. En cada momento parece recién creada para él.

    Seguramente le presta más atención de la que merece, porque, ¿qué es un cielo, sino un simple lugar donde engullir aire y luego expelerlo? Aun así, no puede quitarse de encima la agradable sensación de su visibilidad. Oía perfectamente, sin ningún problema, incluso antes de entrar en el mar, pero la luz es algo nuevo.

    ¿Entrar en el mar?

    Pero siempre ha debido de nadar en los mares, ¡de otra manera, su enorme cuerpo habría muerto aplastado!

    El olor penetrante de su propia orina le dice que ha trazado un círculo completo, que ha cruzado sus propias huellas. También hay un rastro claro de heces disueltas de bonitos que pasaron por allí momentos antes. Las escamas flotantes de excrementos disparan en él un recuerdo hambriento de carne dulce, aceitosa, en su boca ¡de qué manera tan punzante puede saborear este mundo marino! ¡Qué tangiblemente puede trazar su mapa!

    Comprende que, una vez, estuvo a punto de morir. Pero no murió. En lugar de eso, se halla aquí.

    Surcando las aguas. Copulando con el mar. Trazando el mapa de este mundo líquido. Surgiendo de vez en cuando a través del suave techo del cielo para derramar números que parecen brotar espontáneamente en él, vomitando las heces de su mente, antes de volver a sumergirse hacia la profunda seguridad.

    Y siempre exacerbado por los fantasmas


    2


    ―ESE CHICO, NILIN, HA VUELTO A ESCAPARSE ―dijo el profesor Kapelka a Katia Tarski en cuanto ella entró en su despacho para presentar su informe diario.

    Lo dijo en un gorjeo tan brusco, tan sobresaltado, que Katia pensó que había entrado en medio de alguna conversación privada. Echó un vistazo por la habitación, pero no había nadie más; luego miró el teléfono colgado. Siguiendo la dirección de sus ojos, la mano huesuda ―como la de un pájaro― de Kapelka hizo un vago gesto de coger el teléfono, pero no terminó el movimiento y, en lugar de eso, consultó su reloj.

    ―Sí, se ha fugado ―repitió―. Como mucho, puedo dar a los nuestros otra hora para que lo encuentren.

    Sus uñas se apartaron precipitadamente del instrumento de baquelita negra, cruzaron la extensión de caoba que era su escritorio y empezaron a tamborilear repetitivamente en un mismo punto. El escritorio era una antigüedad zarista, procedente de alguna vieja mansión. Tenía agujeros de carcoma, y parecía como si Kapelka intentara sacar de uno de ellos, con su percusión, algún gusano petrificado, fumigado largo tiempo atrás.

    ―Tendré que notificarlo al comité de supervisión ¡Oh, Katia, esto puede suponer un golpe terrible para nuestro proyecto!
    ―Pero, ¿por qué? Si sólo ha hecho una escapada a las colinas, no puede ser más que cuestión de tiempo, ¿verdad? Hace bastante calor. Al chico no le pasará nada ―hizo un gesto indignado hacia el mundo exterior.

    La ventana del profesor ofrecía un panorama de tierra adentro, entre una serie de edificios de madera dispersos, con chimeneas altas y humeantes, prados empinados de hierba seca bordeados por matorrales de bambú y bosquecillos de coníferas que se espesaban progresivamente hasta convertirse en bosque cuanto más se alejaba uno de la orilla. La primera nevada había caído unos días antes, para fundirse cuando el clima volvió a caldearse, fuera de estación. Aún brillaban algunos puntos blancos. Probablemente, no se fundirían hasta el verano siguiente. Pero los informes meteorológicos decían que este clima cálido podía durar una semana o más.

    La mirada de ella se desvió de los bosques y los prados y se centró en un edificio humeante concreto, uno de dos pisos donde se albergaba el chico. O donde se había albergado

    El centro de investigación se había apropiado en exclusiva de prácticamente toda la costa y el puerto de la ciudad de Ozerskiy, desplazando a la fábrica de conservas de arenque que ocupaba antes el lugar. Con sólo un pequeño pueblo más al sur, en dirección a la península, y sin enlace ferroviario hacia el norte con Korsakov y sus astilleros, aserraderos y centros de curtido de pieles, Ozerskiy era un lugar solitario pero también hermoso, con su aire fresco y limpio, sus prolongadas nevadas y sus lluvias de verano.

    Aquella casa era también donde

    Pero la idea le resultaba dolorosa. ¡El hombre que había allí no era en realidad Pavel Chirikov, en absoluto! El auténtico Pavel había muerto, mentalmente al menos dejando dos fantasmas gemelos tras él. Uno de ellos animaba el cuerpo en ese edificio, de una manera puramente zombi. El otro era una abstracción matemática que nadaba a kilómetro y medio de profundidad, y tampoco era el auténtico Pavel. Cualquier otra actitud era una locura. (Pero. ¡Pero!)

    ―No, verás, Katia, el ayudante también ha huido. Robaron un bote. Bueno, falta un bote, no creo que sea una coincidencia. Si no lo encontramos nosotros mismos, en el futuro tendremos mucha menos libertad. Nos supervisarán de una manera mucho más directa, todo el experimento, supongo.
    ― ¿Y qué importa eso, profesor? ¡El proyecto es válido! ¡Ya lo está demostrando de una forma maravillosa!

    Le brillaban los ojos: radiantes piedras negras sobre unos pozos grises cansados, turbios.

    El anciano, con sus rasgos aguileños como los del mago de un cuento de hadas (cosa que era para ella, un brujo que podía desenredar el laberinto de la mente de un hombre), contempló con tristeza a su joven ayudante. El pelo negro ondulado de ella, peinado hacia atrás y recogido con un anillo de hueso de ballena que lo dejaba caer en una mata por la espalda de su mono azul, como la Rusalka de las leyendas, pensó, la chica ahogada que se convirtió en un espíritu de las aguas, con su cabello despeinado, pero no era ella la que se había ido bajo las aguas.

    Una vez más, deseó poder decirle en voz alta: «Devushka Rusalka, espíritu de las aguas, ¿por qué no puedes volver a enamorarte, y olvidar, olvidar?”» Sabía hacia dónde estaba mirando ella; sabía hacia qué ventana. Sabía que no era por la ausencia del chico. Pero lo más que se acercaba a formular ese nivel de intimidad era en el uso constante de su nombre familiar, como si fuera una hija. Además, si podía hacer su trabajo tan bien, con tanta intuición, estando medio hipnotizada por aquella pasión, ¿no era una estupidez intervenir y destruirlo?

    Así que, en vez de decir lo que pensaba, la sermoneó:

    ―Ah, pero, ¿qué es válido a los ojos de militares y políticos, Katia? ¡Los dividendos! En términos de guerra, el problema de un submarino de gran profundidad, que puede anidar sus misiles con toda discreción un kilómetro bajo las aguas. Cómo rastrearlo. Cómo atraparlo. Más válido aún, quizá (ya que nunca habrá una guerra nuclear, si Dios quiere, pero sí una guerra económica), el control de la riqueza de los océanos. Los pozos de petróleo. Los nódulos de manganeso. Todo el combustible y los minerales para el futuro. Quien posea la llave del lecho marino tendrá el futuro del mundo en la palma de su mano. De la misma manera, quien pueda interferir con el control del otro, usando a Jonás o con cualquier otro medio, tendrá una pistola apuntada a las cabezas de los demás.

    » ¿Sabías que los norteamericanos tienen un plan sobre trípodes de diez kilómetros de ancho en el lecho marino, para detectar submarinos? ¿Cuántos de estos dividendos ha producido el proyecto hasta ahora? ¡Muy pocos, Katia! Ellos son hombres de hechos. Y los hombres de hechos de todo el mundo se están asustando cada vez más, porque los pozos se secan, las minas se agotan. Hasta ahora hemos tenido una libertad como nunca me atreví a soñar cuando era un joven investigador. Porque nuestro sueño era verdaderamente creativo, y los hombres que se atenían a los hechos tuvieron suficiente sentido común para ver que necesitábamos libertad para poner en marcha nuestro sueño. Pero, últimamente, el comité hace demasiadas preguntas. ¿Cuándo, cuándo tendrán sus dividendos? ¡Antes de que podamos conseguir que nuestro modelo produzca! ¿Cuánto costará hacerlo efectivo? ¿Hasta qué punto será eficiente?
    » ¡Oh, toda la jerga del capitalismo, Katia! ¡Sí, aquí igual que en Norteamérica! Y, por ahora, nuestro experimento parece tan mental, ¡casi un sueño espiritual! Así que les digo cómo hemos probado nuestro sistema. Les explico lo complejo que es nuestro vehículo marino en comparación con uno aéreo o espacial. Tengo que formularlo en estos términos mecánicos, Katia ―se disculpó, al advertir el dolor en el rostro de ella.

    Tomó aliento.

    ―Incluso les acusó de haber perdido el valor. Como los americanos, que se retiraron del espacio cuando podrían haberlo tenido en sus manos Eso no les gusta, Katia. Pero ahora, la desaparición del chico nos deja en ridículo. ¿Cómo podemos controlar a un lejano Jonás, si no podemos vigilar a un niño? Es el colmo. Un chico que, además, es, recuerda

    Se interrumpió sin llegar a terminar la frase, y volvió a tamborilear sobre su escritorio.

    ―Creo que pronto encontraremos algo maravilloso, profesor ―afirmó la chica de pelo negro―. Algo inesperado. Algo asombroso.
    ―Ah, pero, ¿qué, Katia? Y, como me dicen ellos, ¿cuándo?

    ¿Intuición? Ella podía tener razón, pensó. Su tormento ―unido a una alegría apasionada mientras siguiera creyendo en su Jonás― la mantenía en tal estado de alerta empática que a veces parecía casi sobrenatural.

    ― ¿Qué habrá ahí abajo para él? ―musitó la chica, sin responder a su pregunta―. Cada palabra que usamos traiciona su experiencia. ¿Qué diferencia ve entre el calamar gigante y el pulpo que encuentra? ¿Qué música está cantando ahora, para dibujar ese mapa?

    Kapelka se encogió de hombros en un gesto razonable.

    ―Tiene un radar en la cabeza, Katia. Un radar natural. Oye las formas. Bueno, los calamares son decápodos, ¿no? Así que oye torpedos de diez tentáculos. Y los pulpos parecen más bien arañas marinas con ocho miembros. Supongo que así deben de sonarle. Luego habrá también armónicos, o reflejos, de tipo emocional, porque un pulpo no es más que comida inofensiva, mientras que un verdadero calamar gigante puede matarle. El eco del pulpo tendrá un sonido benigno Bueno, ¿qué decías sobre algo inesperado?

    El teléfono sonó antes de que Katia pudiera responder.

    ―Ya ve ―sonrió ella, mientras Kapelka lo cogía―, lo han encontrado. Todo va bien.

    Kapelka asintió mientras escuchaba. Cuando colgó el teléfono dijo con tristeza:

    ―Ya están en el istmo. ¡Se acerca niebla por el agua! ¡Maldito clima! Se quedarán sin combustible, por supuesto, pero pueden ir a la deriva casi hasta Japón antes de que la niebla se levante. Así que tendré que llamar a los guardacostas. Lo que significa que todo el mundo lo sabrá. Guarda tus sorpresas para luego, Katia. Ven esta tarde a presentar el informe. Quizá me traigas algo de alegría


    3


    DOMINADO POR LA INSEGURIDAD, la confusión, el miedo, lanza un chorro de aceitosa espuma por su única fosa nasal, y yace en la superficie, luchando por obtener aire, su modelo de las montañas bajo él se hace borroso mientras se revuelca estúpidamente entre burbujas, perseguido por roces que no puede haber sentido, por un cuerpo que nunca poseyó, por nociones de ruidos que delatan significados apremiantes a través de bocas, aislado e inútil, las olas del océano lo azotan una y otra vez.

    Conoce bien su propio cuerpo: la flexión de sus mandíbulas, las fluctuaciones de sus aletas, cómo el gran melón que es su frente, en su flexible laberinto de válvulas y pasadizos, se inunda de aceite céreo. ¡Pero es como si no fuera más que el timonel en un vasto Acero hecho de carne!

    Una imagen de pesadilla de este timonel le ataca ahora. Un astuto Ocho Brazos, igual que se aferra a las rocas de los precipicios de abajo, se aferra ahora a su mente, sus tentáculos hacen cosas raras con sus ideas, sus ventosas las hacen funcionar una a una; con el agudo pico preparado para horadar un agujero en su cabeza y vaciársela, como si sus pensamientos estuvieran alejándose demasiado hacia atrás

    Dentro de su cuello, tras su cuello, en alguna parte ―donde nunca puede verlo ni oírlo, sólo sentir sus tentáculos, y su pico, primero cosquilleando, luego rascando, después desgarrando sádicamente―, ahí vive este Ocho Brazos. Se despierta una vez al día, devora números y le intimida.

    Nada en un pandemónium, caóticamente, cargando su melón con las blandas y mal estructuradas gachas de las olas, casi el eco de un grito de angustia; y, mientras actúa de esta manera alocada, el pico empieza a horadarle. La comezón empieza a hostigarle.

    El Ocho Brazos de su mente ha despertado. En su sopor, contaba números con las ventosas que se asían a sus ideas mientras él trazaba el mapa del lecho marino.

    Mientras duerme, puede olvidarlo. Desaparece bajo la superficie. Sólo las lampreas del recuerdo lo hostigan entonces. Pero ahora tiene que comunicar este picor, hacerlo dormir de nuevo. Tiene que evitar su comida de números en el aire, sobre las aguas.

    Así que se desliza por el seno de las olas, preparándose, luego arqueándose al máximo, sus ojos miopes escudriñando la extensión borrosa y luminosa que es su techo. Y el Ocho Brazos interior le presenta números que puede enviar, una serie de clics que se dispersan inútilmente en el aire vacío Pero él no cuestiona esto mientras los emite. La necesidad es demasiado acuciante.

    Dentro de una hora oirá clics en su cabeza, en su cuello, en alguna parte. Con la ayuda de Ocho Brazos, los comprenderá.

    Luego, Ocho Brazos podrá dormir de nuevo, contando en sueños y él tendrá otro día de libertad. Pero, hasta que llegue ese momento, ¡el pánico de que algo le golpee desde el aire! ¡La huida hacia la seguridad!

    Hiperoxigena la hemoglobina de su sangre, la mioglobina de sus músculos, luego hace un movimiento brusco con la cola, sacudiendo la aleta muy por encima de la superficie, casi perpendicular sobre el mar durante un breve instante antes de sumergirse.

    ¿Qué es ese golpe que teme? Un puño de acero desde el aire

    Y un «puño» es unos dedos recogidos en una bola para romper sus huesos y destrozar su cráneo. Los dedos son pequeños Aceros que se yerguen erectos dentro de una Madre Acero

    Pero esto no resuelve nada; esto sigue siendo misterioso. ¿Cómo puede explicarlo a los suyos? Le oyen enviar sus clics al aire. Oyen los clics ajenos en su cabeza. Ha sido tan ingenuo como para pedirles ayuda. Como para palpitarles sus preguntas sobre esto, y sobre los fantasmas que acechan en su consciencia.

    Los mensajes de ellos son planes de acción contra el Gran Diez Brazos del Mar, canciones de alabanza de machos, lamentos por la muerte de hembras en el parto, cantos de amor; luego, cada vez más abstractos, más incomprensibles para él, esos mapas de ideas culminan en los Glifos Estelares, la Alta Filosofía de su raza.

    Al principio provocaba simpatía, condolencias por su enfermedad; en una ocasión, aversión y rechazo; últimamente, un creciente interés.

    Quizá puedan ayudarle, después de todo.


    Se sumerge, y comprende su error Sólo cuando los precipicios se elevan rápidamente para recibirle. Las grietas erosionadas lo acorralan. Pero la inmersión parece inevitable; no puede volver atrás. Desciende, la presión le aplasta los pulmones contra las costillas, el latido de su corazón se hace más lento, el riego sanguíneo se detiene en la mayoría de los órganos. Mientras baja su temperatura, el aceite de su frente se congela para convertirse en una cera dura, un peso que lo arrastra hacia abajo y es una pantalla aún mejor para los ecos.

    ¡Y todos los ecos que rodean su cuerpo le advierten contra un peligroso túnel de hendiduras con afiladas aristas!

    Pero su cola lo lleva hacia abajo con la fuerza de siempre, hacia la hendidura del cañón. Golpeando una cornisa de lava, desmoronándola, clavando cuchillos en su piel, rebota hacia otra pared de fuego

    Atraviesa velos de medusas y gusanos transparentes que cuelgan de suaves mantas cristalinas; atraviesa bancos de lepismas; luego pasa por entre medusas morenas, gusanos rojos y terópodos violáceos, allí donde apenas llega la luz Pero sus ojos no les prestan atención. Ni a las corrientes de fosforescencia que generan su propia luz en la oscuridad sin luz. Y, pese a la precisión con que su cera recibe las huellas de cada eco, de una manera tan tangible como las barbas de su mandíbula inferior, sigue chocando contra las rocas, lacerándose violentamente. Permanece un momento contra el fondo, la frente enterrada en lodo, antes de enderezarse y dirigirse, medio muerto, entre las estrechas hendiduras de los precipicios, girando a la derecha, girando a la izquierda, evitando por poco las colisiones.

    ¡Huir!

    Nadaba aterrado, chocando contra montecillos suaves y fríos, arañándose al dejarse caer, pero subiendo y nadando sin aliento hasta que finos «dedos» le hicieron detenerse Una «voz» le perseguía: sonidos arbitrarios que casi tenían un significado, como olas en la playa, sólo para volver a ser luego un balbuceo sin sentido, «palabras» en cierto modo asociadas al alegre culebrear de su cuerpo, con el «olor» de cabello fluyendo en torno a él como algas.

    ¿Huía de la muerte? Pero llevaba la muerte en su interior

    ¿Huía quizá de la alegría?

    Y cómo huía, escapando de miembros de los que no sabía nada, ejecutando una y otra vez la danza de saltos sobre la superficie del mar, ¡unos saltos que siempre le devolvían al comienzo en cuestión de segundos!

    Si pudiera guardar el equilibrio en el aire, ligero y frágil como una medusa

    Entonces, ¿había sido ésa su «alma», antes de existir él? ¡Si pudiera indagar en el vórtice de esta locura! O quizá se destruiría a sí mismo.

    Piensa en este Ser dentro de él como en un Ocho Brazos, copia del modelo del Ocho Brazos que ha visto aferrado a los precipicios, manipulando el mundo con sus tentáculos, y a veces comiendo, arrojándolos hacia aguas abiertas. Su relación con él es ambigua. Siente que el Ocho Brazos lo alimenta mentalmente, pero también le manipula, le hace daño Es Él y No-Él. No puede comprender la oposición pura que el Gran Diez Brazos genera en su interior, que le combate físicamente en las profundidades marinas, a quien puede derrotar físicamente El Ocho Brazos que tiene dentro es su Otro Yo, otro eje de su ser. Le dedica con tacto, propiciador, cada Ocho Brazos real que destroza entre sus mandíbulas y luego engulle

    Ha nadado durante la mitad de su tiempo asignado, se ha tranquilizado y registra su rumbo con más precisión, cuando, al dar la vuelta por el estribo de un cerro, descubre frente a él una Inteligencia Diez Brazos, completamente desarrollado, alerta


    4


    EL LUNES POR LA TARDE, Paul Hammond decretó inesperadamente para él y para Richard Kimble medio día de descanso de las frenéticas observaciones por radio que habían llevado a cabo en las últimas semanas, y sugirió una salida con Ruth y con la pequeña Alice para ver cómo las ballenas grises emigraban hacia el norte.

    Richard recibió la invitación con cierta suspicacia, perfectamente consciente del desprecio que sentía Paul hacia su interés de aficionado por las ballenas, por no mencionar que Paul era probablemente consciente de la balbuceante y equívoca aventura entre Richard y Ruth Hammond.

    Pero resultó que quería hablar de política interna, sobre todo de la oposición de Max Berg hacia la manera histriónica que tenía Paul de anunciar sus descubrimientos. Las ballenas y Ruth no eran más que para endulzar la píldora.

    Así que bajaron por la larga y serpenteante carretera desde la estación de radio después de almorzar. Iban en la camioneta de Paul, una Sierra, en dirección a los acantilados más allá de San Pedro de la Paz.

    La gran antena semejaba una cruza entre una oreja gigante y un par de manos formando copa para hacer bocina; cuando se marcharon, había un grupo de indios mezapicos silbando en dirección a la antena y asintiendo aprobadores al escuchar los ecos. ¡Así se hace!, parecían decir sus expresiones, como si los americanos no estuvieran usando adecuadamente el gigantesco aparato. Podía moverse en un campo muy reducido, como una cabra atada, pero era tonto.

    De hecho, gracias a esos silbidos había descubierto Richard que se iniciaba la emigración de las ballenas grises. Desde el día anterior, los mezapicos habían estado silbando la noticia montaña arriba. Un anciano trabajador le había explicado lo que significaban, y él se lo mencionó a Paul, sin esperar como resultado esta repentina excursión.

    Paul Hammond observó a los indios sin curiosidad, relegándolos al mismo limbo que a los milanos y los buitres posados sobre las barras de apoyo de la antena, ni los indios ni las aves suponían la menor diferencia para la radiación de microondas procedente de las estrellas. Mientras conducía, la brisa agitaba su mata de pelo.

    Le había crecido exactamente lo suficiente como para que le diera un aspecto de inspiración, sin llegar a la excentricidad. Sus ojos eran brillantes y obsesivos, pero también podía hacerlos parecer sabios: como si llevara una especie de lentillas interiores, compuestas de sagacidad, algo así como el contrario intelectual de unas cataratas.

    Su carne firme, ambarina, desmentía su edad, más de cuarenta años. «Hace ejercicios isométricos a la luz de las estrellas antes de meterse en la cama», había comentado Ruth con sarcasmo.

    Tradicionalmente, los científicos tenían su Gran Idea a los treinta años, y pasaban el resto de sus vidas trabajando sobre ella. Al doctor Paul Hammond le había llegado con cierto retraso, a los treinta y cinco, cuando descubrió una pequeña galaxia, adecuadamente denominada Hammond, enfrentada a la nuestra aunque más pequeña, oculta más allá de las nubes de polvo y las estrellas del otro lado del corazón galáctico. Esta galaxia era la responsable de los estremecimientos periódicos que recorrían la Vía Láctea, hasta entonces denominados ondas gravitacionales, y que ahora se conocían como un fenómeno radicalmente diferente: Catástrofes Topológicas u Ondas Hammond. Eso había provocado bastante publicidad a lo largo y ancho de todo el mundo, recordaba Richard irónicamente: terror sobre un posible choque de galaxias Durante un tiempo, Hammond fue un nombre de uso corriente. Ahora parecía decidido a recuperar el tiempo perdido ganando una doble corona, y había dejado muy atrás asuntos secundarios como las galaxias.

    ― ¡Esto tiene que ser verdaderamente espectacular! Para empezar, Richard, piensa en el problema de los fondos. Han cancelado prácticamente todo lo demás. Demasiados aceleradores de partículas y sondas espaciales a la basura. Ya verán esos hijos de puta. El mayor hallazgo sobre conocimiento básico del universo. Pero quiero estar seguro de que presentamos un frente unificado. Necesito un apoyo activo por parte de Max, no sólo una especie de consentimiento tácito.

    La Sierra atravesó el pueblo de los mezapicos, desbandando a los pollos entre las chozas de barro, cobertizos de chapa y edificios de ladrillos algo más sólidos, entre los que había un destartalado bar, algunas tiendas, las casas de los campesinos más ricos, un despacho de lotería y una comisaría de policía. Algunos obreros estaban reconstruyendo la fachada de esta última, dañada unos días atrás por uno de los camiones de provisiones que se dirigían al telescopio. Unos barrotes de hierro asomaban por el agujero, tras el cual alguien se ocultaba en la penumbra envuelto en un sarape.

    Las ancianas los miraron inexpresivas, con rostros tan agrietados como los hemisferios del cerebro. Sus cráneos se habían abierto y descascarado con el calor para colgar como mementi mori en la pequeña iglesia mezapico, cuya torre mostraba su única campana al final de la calle: un ojo solitario sobre un largo rostro de cal, supervisando con resignación el caluroso, maltratado pueblo.

    ― ¿Te acuerdas del día que entramos ahí, Rich? ―señaló sombría Ruth, mientras Paul daba un brusco golpe de volante para esquivar a un perro, había advertido la rápida mirada complacida que le dirigiera Richard al usar la frase «consentimiento tácito»―. Cuando estaba embarazada ―siguió, con un estremecimiento―. Todo tan asquerosamente grasiento, cera en los asientos, por todas partes. Como el interior de una colmena. Supongo que el humo de las velas acaba por asentarse.
    ―Creí que habían estado lijando los asientos.
    ― ¿Para qué demonios?
    ― ¿Devoción? ¿Igual que cuando nosotros ponemos flores en la iglesia? Sólo que ahí no hay flores ―rio ella―. Sólo palos y espinas. Qué basura.

    Richard contempló la campana mientras Paul conducía hacia ella, tamborileando con dedos impacientes sobre el volante. Los lejanos tañidos diarios llamando a misa se filtraban por el tranquilo aire hasta el observatorio. ¡Al menos, podría hacer algún ruido! Así como la gran antena de la colina era un monumento a la sordera, apuntando rígidamente hacia el cielo en una erección protésica, la campana de la iglesia era como una copia absurda en miniatura del plato.

    Niños morenos y desnudos arrojaron guijarros contra la camioneta, inciertos, sin molestarse en apuntar, sólo para vengarse de la nube de polvo. El sacerdote del pueblo estaba fuera de su iglesia, y miró dubitativo el vehículo y sus pasajeros. Sin ningún motivo especial, sin conocer al hombre, Ruth le saludó con la mano y gritó en español:

    ― ¡Eh, buenas tardes!

    Luego, los baches empeoraron y despertaron a Alice. El bebé enrojeció, amenazando con ponerse a llorar a gritos.

    En los patios traseros de los últimos edificios, mujeres más jóvenes hilaban entre perros vagabundos y gallinas ―sus telares no eran sino un par de palos clavados al suelo, con las hebras extendidas entre ellos―, tejiendo un género estúpidamente brillante con las hebras que otras sacaban de sus ruecas de mano, tan sencillas como los propios telares: sólo eran burdos palos con discos de madera en vez de volantes. Una mujer gruesa, con las trenzas negras recogidas sobre la nuca, supervisaba las latas de aceite donde guardaban los tintes.

    Alice agitó violentamente las manitas y golpeó la manija de la portezuela, el cuerpo de su madre, el brazo de Richard. Los tres iban sentados en el largo asiento delantero, tal como insistía Paul: no le gustaba tener que hablar con la gente por encima del hombro.

    ―Calma, Ally, calma ―canturreó Ruth, acunando a su hija contra su blusa, haciendo que los pezones de sus pequeños y firmes pechos se irguieran contra la tela.

    Alice parecía decidida a destacar cada bandazo y salto de la Sierra, en protesta por la agitación a que se la sometía. Abrió la boca tan enormemente como un pollo recién salido del cascarón. Pero no era para llorar. Ni para exigir comida. Era para bostezar, una implosión del más puro y total aburrimiento.

    Ruth sonrió de soslayo a Richard. Este repentino bostezo era uno de los trucos de Paul. Un bostezo activo, funcional, afilado como una palabra cruel o una bofetada en la cara. Como los que usaba Paul en las reuniones.

    El movimiento de las manos era también una miniatura de los gestos de Paul. Por no mencionar los revueltos rizos del cabello rubio de Alice. Cuando creciera y el yogurt de su piel tuviera tiempo de broncearse un poco, sería una perfecta maqueta en femenino de Paul.

    Ruth tenía su propia facilidad para el aburrimiento y en gran cantidad, reflexionó Richard. Pero en ella actuaba como una especie de aspiradora, siempre absorbiendo experiencias hacia la misma bolsa negra.

    Aunque, ¿quién podía culparla? Traduzcámoslo a términos masculinos. Alice con veinte años más: ¿alguien soportaría casarse con esta versión femenina del doctor Paul Hammond? Un golpe constante contra el ego del hombre. Cuando creciera, Alice elegiría a alguien a quien pudiera superar. Alguien que pudiera adorarla brevemente, pero nunca ser tan genial como ella, de modo que su trabajo, fuera el que fuese ―agente de seguros, técnico de laboratorio― pareciera siempre inferior. Quizás él saldría a emborracharse, y tendría aventuras furtivas para compensarse, siempre helado por dentro, un escenario vacío para que ella actuara.

    El pelo de Ruth era negro. No azabache, ni ébano, ni nada por el estilo: sencilla y vulgarmente negro, aunque lo había llevado sensualmente largo cuando conoció a Paul. Pero recientemente se lo había cortado, para convertirlo en un hirsuto casco. Despojado del pelo largo, su rostro había dejado al descubierto unas cualidades aguileñas que nunca habían resultado tan evidentes ni a ella misma, aunque sin duda, al mirarlo en retrospectiva, siempre habían saltado a la vista para los diversos agentes de televisión y profesores de arte dramático que sacaron provecho de sus ambiciones. Sin suficiente personalidad para ser actriz, ni suficiente belleza para ser modelo publicitaria, su cabello negro, largo, cuidado, había tejido un precario puente entre dos engaños, y ahora se lo había cortado.

    La carretera descendía bruscamente hacia la ciudad de Juárez, entre rebaños de cabras, campos de maíz y setos de cactos. Juárez era más grande que Mezapico. Su iglesia lucía dos torres y dos campanas gemelas, y una espaciosa plaza polvorienta se extendía ante ella: el zócalo, con un pequeño jardín en el centro.

    Un atractivo y joven indio de rostro impertinente estaba acuclillado dentro del perímetro de baldosas ajedrezadas de su jardín. Se puso en pie de un salto cuando dieron la vuelta a la plaza en dirección contraria a las manecillas del reloj, se llevó los dedos a la boca y dejó escapar una serie de agudos silbidos. La pequeña Alice volvió el rostro hacia él y lanzó dos chillidos a modo de respuesta, como experimentando, hendiendo el límite de la escala hasta llegar a lo inaudible.

    ―Debo de haberle gustado ―rio Ruth, mientras el joven los miraba y ellos desandaban el camino por el polvo.

    La camisa manta suelta y los pantalones de fabricación casera del indio eran viejos, pero un brillante cinturón bermejo le daba cierto aire atractivo.

    ―Estamos llegando al fin del universo, ¿eh, Richard? ―dijo Hammond―. Esta vez se enterarán. Esta vez no será una simple galaxia llamada Hammond, ni unas Ondas Hammond
    ―Dices bien, el fin del universo ―comentó Ruth con amargura, señalando los arbustos secos, los cactos y las extensiones pedregosas nada más salir de la ciudad.
    ―Evidentemente, Ruth, me refiero al telescopio. Hemos ido más allá del límite de las estrellas y las galaxias observables, hemos vuelto al tiempo en que se formaron, escuchado los ecos del Big Bang que se supone dio origen a todo
    ―Ah, sí, tus famosas «Huellas de Dios», así es como las llamas, ¿no? ―Ruth dio un suave codazo a Richard―. ¿Has visto? Me sé el papel. Paul Sólo tiene que decir «Isotropía» o «Fondo de Microondas» y yo, obediente, empiezo a salivar mentalmente. Pero claro, no es lo mismo que entender el guion, aunque parece que Paul no se da cuenta de la diferencia. ¿Qué pinta Dios en todo esto? ¡Tal como habla últimamente Paul, cualquiera diría que estáis fundando una nueva religión, en vez de mirar estrellas! «Así termina el mundo, no con un estallido, sino con un gemido» ―citó―. Drama moderno en verso ―se disculpó alegremente―. Me pusieron una B en aquel curso. Por otra parte, ¿qué más da si el mundo empieza con un gemido y termina con un estallido?
    ―No dirías eso si no entendieras ―señaló Paul, con su mezcla única de amabilidad e ironía.

    Richard deseó fervientemente poder llegar al mar un poco más deprisa.

    ― ¿Te lo he contado alguna vez, Richard? ―rememoró Ruth, silbando los primeros compases de una canción que él también conocía―. Estaba en la escuela de arte dramático cuando conocí a Paul en aquel motel. Estudiar la vida. Es el método Stanislavsky, ¿no? Alguien del teatro dijo que fuéramos a trabajar en un motel. Me pregunto si fue una broma. Es decir, que podía aprender a ser recepcionista, ¿no es estar siempre un poco por debajo de las posibilidades? Pues mira, allí conocí a Paul, ¡cuando caían los pétalos de la artemisa!

    No siguió, pero se sabía de memoria el resto del poema. Cómo Paul necesitaba una esposa por debajo de sus posibilidades. Cómo aquello era en función de su virilidad. Paul creía que Ruth lo hacía muy bien en la cama, y por lo tanto, pensaba que era él quien lo hacía muy bien en la cama. Pero, como amante, Ruth no era gran cosa. De cualquier manera, Paul no se dio cuenta, porque ella podía fingir, actuar como si lo fuera. Así, el hombre estaba a salvo, con su autoestima bien asegurada. Esta autoestima le llevó a algunas aventuras de una sola noche, con chicas estudiantes de investigación que asistían a sus conferencias, luchando por los escasos puestos de trabajo. Aun así, seguía necesitando la seguridad de saber que lo hacía bien en casa, una ilusión que no hubiera querido ver rota por una actuación demasiado buena por parte de Ruth. Pero, dado que Ruth era más o menos una actriz, podía vigilarla en busca de signos de que estaba actuando y, al no encontrarlos ―ella no era tan buena actriz como para evidenciarlos―, creyó descubrir la prueba de que él era la parte activa, la estimulante.

    Pero, ¿qué papel creía desempeñar Richard? ¿Con aquella aventura insatisfactoria, improductiva, con Ruth? Porque, en realidad, sólo se habían acostado juntos dos veces. Quizá necesitara la seguridad de su evasividad, tanto como Paul necesitaba el sustento de sus «deficiencias» ―nunca habría usado una palabra más ofensiva―. Evasiones, engaños, ¿qué importaban, al fin y al cabo? Paul había hecho su descubrimiento aquí, en Mezapico. Eso sí era verdad. Pronto, las Huellas de Dios resonarían en todo el mundo.

    Mientras la Sierra se deslizaba cuesta abajo por una pendiente de guijarros sueltos, la pequeña Alice protestó por la presión excesiva del brazo de Ruth sobre ella. Como un pequeño simulacro de Paul Hammond, gruñó y arqueó la espalda y agitó las manos.

    Luego chilló, repitiendo el agudo tono del silbido del indio que vieran en Ciudad Juárez.

    ― ¿Por qué no dejaste a Ally con Consuela? Ya sabías lo mala que es esta carretera
    ― ¿Dejar a Ally? ―inquirió Ruth, con toda su inocencia―. Quería que viera las ballenas.
    ―Debes de estar bromeando ―bufó Paul―. Tiene cinco meses, no reconocería una ballena aunque saltara del mar delante de ella. Además, estaremos en la cima del acantilado, a cientos de metros de altura, según me ha dicho Richard.
    ―Será algo digno de contárselo cuando crezca.
    ―Puedes contárselo de todas maneras. Nunca sabrá la diferencia.
    ―Eso sería mentir, Paul. Y yo miento tan mal
    ―Ya que hoy estamos todos tan sinceros ―gruñó Richard, amargado ante las notas discordantes que le estaban estropeando por momentos la emigración de las ballenas―, aquel chico no estaba silbando su admiración por nadie, Ruthy.

    Lo lamentó apenas terminar de decirlo, porque Ruth replicó, furiosa:

    ― ¿Y tú cómo lo sabes?
    ―Hay un código de silbidos ―murmuró él, dolido por el desprecio implícito en el «tú». Hay códigos de silbidos en Turquía, en los Pirineos, y aquí, en México. ¿No los viste cuando nos fuimos, silbándole al Gran Plato, como si fuera un reflector?
    ―Creí que sólo se estaban divirtiendo, provocando ecos ―respondió ella con la cabeza gacha, mientras Paul tomaba otra curva tras la que por fin divisaron San Pedro de la Paz, la última y la mayor de las ciudades en su camino.

    San Pedro se extendía unos trescientos metros por debajo de ellos, en la llanura costera: casas blancas y brillantes chabolas de chapa, dominadas por una iglesia estilo colonial de cierta magnificencia barroca, aunque algo torpemente construida. La ciudad se extendía en torno a un zócalo del tamaño de un campo de béisbol ante la iglesia, como una multitud de indigentes desconfiados invitados a un banquete de bodas en el que sólo se servía un plato: el enorme pastel nupcial de tres pisos.

    ―No, Ruthy, es una manera de hacer señales a gran distancia ―explicó Richard, intentando parecer meramente informativo―. ¡No se los puede culpar, con todas estas colinas! Así es como supieron que las ballenas habían empezado a moverse, pese a estar tan lejos del mar.

    Hizo una demostración, llevándose un dedo a la boca como había hecho el chico.

    ―No se usan las cuerdas vocales, sólo la lengua. Hay que situarla correctamente con el dedo, y luego la laringe actúa como un pistón. El silbido puede llegar hasta una distancia de ocho o nueve kilómetros en un día tranquilo. Probablemente, el chico avisaba a la gente: apartaos del camino, viene un coche
    ―Vaya, qué lástima. Me gustaba la idea.
    ― ¡Te sorprendería cuánto se parecen estos silbidos a los de las ballenas cuando los examinas en el osciloscopio! ―prosiguió él rápidamente―. Quizá los mezapico podrían hablar con las ballenas, si se lo propusieran.

    Dejó escapar una carcajada.

    ―Richard está muy enterado de todo lo relativo a las ballenas, Ruth ―sonrió Paul―. Si pudiera, las haría correr por laberintos como diversión. Si no fueran tan condenadamente grandes
    ―Entonces, ¿los indios tienen alguna idea religiosa sobre las ballenas? ¿Un mito? Si silban sobre ellas

    Richard negó con la cabeza.

    ―No, sólo esperan que una de las grises quede encallada en la playa para comérsela. Hay veces que pasa.
    ― ¡Uf, vaya banquete! ―se animó. De repente, se sentía alegre y generosa―. ¿Por qué no atraerlas a la playa con silbidos, para alimentar a los indios? ¡Como hicieron las sirenas con Ulises! Hay tanta hambre en el mundo No tienes más que pensar en África. Pronto estarán igual aquí. Y, últimamente, el granero del Tío Sam está vacío para los indigentes.
    ― ¿Algo así como imitar la llamada de socorro?
    ― ¿Existe una? ¿La conoces?
    ―Seguro que sí ―intervino Paul―. Richard escucha la música de las ballenas como otros escuchan a Bacharach.
    ―Un solo banquete no alteraría nada, Ruthy. Sólo aniquilaría a unas cuantas ballenas. No es ésa la solución. Hay que hacer algo básico con la agricultura. Además, aquí el clima es estable, no como en África. Siempre ha sido igual.

    Ella hizo un gesto burlón hacia las pedregosas terrazas llenas de matorrales, que se fundían con el desierto rocoso.

    ― ¿Y se supone que los indios tienen que estar encantados con el polvo y las rocas? ¡Si yo viviera aquí, no me importaría encontrarme con un banquete!

    Richard sacudió la cabeza, descontento.

    ―Demasiados humanos, muy pocas ballenas. No es justo. Son criaturas muy especiales. No nos damos cuenta de hasta qué punto, probablemente porque su mundo es muy diferente del nuestro. Puede que algunas de ellas sean tan inteligentes como nosotros

    Ruth se inclinó sobre el bebé.

    ― ¿Has oído, Ally? ―susurró a la tierna fontanela, como si así la información llegara más fácilmente al cerebro de la niña―, vamos a ver a unas cuantas ballenas sabias. Como tu papá, sólo que más grandes.
    ―En realidad, las ballenas más inteligentes son las dentadas. Las ballenas asesinas, no las grises. Éstas son vegetarianas, y probablemente un poco estúpidas.
    ―Retiro lo dicho: Ally, vamos a ver unas cuantas ballenas tontas.
    ― ¡Tampoco he dicho eso!

    Con Ruth, era imposible estar seguro de nada. Empezaba a aborrecer su tortuosidad. Se concentró en la idea de las ballenas como un todo íntegro. Mientras, Alice hacía girar sus manos, gruñía como un cerdito, flexionaba la espalda en una serie de violentos espasmos.

    Paul Hammond se echó a reír.

    ―Vamos a hablar de trabajo, Richard. De cómo organizar a Max.


    5


    DIEZ BRAZOS descarga una masa de fluido que se dispersa en una nube de ecos, haciendo que la criatura parezca inmóvil, y aún más aterradora. Los brazos generan una aureola de ilusión mientras ondulan y se flexionan. Dentro de esa nube aguarda una fuerza de acero, un pico duro, un millar de ventosas desgarradoras.

    A su manera indefinida, enigmática, este acechador gelatinoso tiene una conciencia propia. Potente. Sus pequeños primos diez brazos de la superficie son simples juguetes para él, siempre moviéndose en bancos; le caben una docena en la boca. Aquí abajo, el gran Diez Brazos tiene pensamientos fríos, oscuros, que se transforman en pautas luminosas lo suficientemente brillantes como para que los ojos abombados de los suyos las lean impresas en la oscuridad. Quizá los Antiguos en la Estrella de Pensamiento sabían algo sobre las ideas de Diez Brazos y sobre el significado de sus luces, pero ahora esas luces sólo son mosaicos arbitrarios y transitorios sobre la superficie de una identidad hosca, rabiosa.

    Diez Brazos puede alimentarle medio día. Vencido, se convierte en una serie de bocados deliciosos. Sus brazos, ya sin ventosas, se deslizan por su garganta hasta llegar a su vientre. Luego sus heces tendrán el sabor de la bestia, ya puede saborearlo hasta ese punto.

    Pero no ataca.

    Diez Brazos extiende hacia él un largo tentáculo delgado, terminado en una ancha pala. Los otros brazos, más gruesos, se despliegan, con las ventosas abiertas. Y le envía luces pulsantes, enterradas en su carne. Gemas rosadas y azules se iluminan ante sus ojos. Un bulbo esmeralda brilla donde la pala se une a la parte principal del tentáculo. Diminutos agujeros nacarados dibujan hileras en su cuerpo. Zafiros engarzados bajo sus aletas de cola.

    Una cambiante capa arlequinada de luces brilla en la niebla que se dispersa, palpitando, palpitando.

    ¿Diciendo algo? ¿Tentándolo?

    La verdad es que apenas ve estas luces; sólo un ligero brillo periférico.

    Largos dedos sin huesos surgen y se ramifican alrededor de una boca. Una gran mano flexionada pende ahí ante él ―tallada en su frente―, podada por encima de la muñeca, de manera que jirones de carne cuelgan sueltos detrás. Dentro de la palma hay una boca picuda. Esos ojos como cúpulas sustituyen a los nudillos. Una mano repugnante, suelta, flotando en el vacío, escudriñándolo, ¡el horrible fantasma de una mano!

    Los leves roces de un cosquilleo empiezan a tocar su cuello. Ocho Brazos está inquieto. Sus ventosas necesitan números del aire con los que jugar

    Así que debe nadar hacia el cielo por entre las paredes escarpadas del desfiladero, con la boca vacía. Mientras se remonta, la bestia le lanza un tentáculo que se aferra a su piel y trata de sorber durante un instante; luego queda suelto cuando el impulso tira de él hacia arriba. Atisba por última vez sus luces parpadeantes, procedentes de un ojo. Encendidas, apagadas rosa, plata, azul. Las ve como puntos monocromos, borrosos, sin sentido


    En la superficie, lanza espuma por su fosa nasal, acre por los venenos disueltos en ella. Resopla una y otra vez. Y respira el aire fresco.

    El cosquilleo empeora hasta que se lanza muy alto sobre las olas, y una serie de clics resuenan en su cabeza, procedentes de la nada. El Ocho Brazos de su mente se los traduce con toda fidelidad. Rabioso, se sumerge bajo la superficie y busca un banco de bonitos o una nube de pequeños diez brazos.

    Por curioso que parezca, esa cascada de sonidos en su mente está asociada ahora con la ternura; y, aunque huyó de un puño de acero sólo para encontrar una horrible mano abierta en las profundidades, los dedos fantasmales que acarician su consciencia son ahora suaves.

    El Ocho Brazos alojado en la parte de atrás de su cabeza es él mismo. Un aspecto Por el momento, lo acepta. Le dice las cosas que necesita saber. Él, a cambio, le comunica cosas que señalar. Colaboran. Él no puede contar, como el Ocho Brazos. Al no poder contar, no puede hacer señales. Por un cierto tiempo se siente bastante eufórico.

    Pero, ¿a quién hace señales, quién hay ahí fuera?

    Es la única manera que tiene de tocar dedos que una vez lo tocaron, con los que tiene una deuda de amor.

    Deja tras él la cadena montañosa, sondea el mar abierto hasta localizar una bandada de bonitos, de la cual devora media docena, saboreando con la parte de atrás de su lengua la suculenta carne aceitosa

    Una vez más, sus espasmos han tenido un testigo. Han asombrado al macho que nadaba cerca, cuyo melón oyó también la rápida serie de clics.


    6


    MÁS ALLÁ DE SAN PEDRO, los acantilados caían en picado hacia una estrecha playa de piedras azotada por olas espumeantes. En algunos lugares habían erosionado los guijarros caídos como desechos de una mina, surcándolos con precarios senderos.

    A cientos de metros de la orilla, las ballenas grises californianas nadaban en la primera etapa de su emigración de siete mil kilómetros desde sus cálidas zonas de apareamiento cerca de México hasta el Ártico.

    ―Pues a mí no me parecen grises ―señaló Ruth con voz de sentirse traicionada, mientras alzaba inútilmente a Alice para que las viera.
    ― ¿Y bien, Richard? ―rio el doctor Paul.

    Ahora que creía haber impuesto a Richard su punto de vista sobre Max, se sentía de un humor generoso. Richard le había prometido visitar a Max aquella misma noche, para hablar del tema. Pero, después de escuchar a Paul, Richard se sentía mucho más próximo a la postura de Max Berg. Allá atrás, en la montaña Mezapico, el cuenco de la radio captaba y enfocaba el sol. Desde este ángulo parecía una lámpara de mesa clavada sobre el terreno, con su brillante estructura encendida para atraer a polillas gigantes. ¿Les preocuparía a los sacerdotes de San Pedro la posibilidad de que desplazase a su deslumbrante tarta de boda en la imaginación popular? Su enorme tamaño y su silencio la convertían en un artefacto ambiguo. Si el doctor Paul se salía con la suya ―el Christían Barnard de la radioastronomía, artífice de un «trasplante de alma» de Dios en la ciencia―, pronto la religión y la tecnología serían compañeros de cama. Y un segundo premio Nobel para el descubridor de las Ondas Hammond estaría al alcance de la mano

    Richard alzó los binoculares para observar las ballenas.

    ―Los puntos grises no son más que grupos de percebes ―explicó―. En realidad, la piel es casi negra. De todas maneras, muchas ballenas llevan nombres erróneos. Las ballenas asesinas no son psicópatas criminales. Se pueden domesticar, y resultan muy amistosas. Los cachalotes, que los ingleses llaman ballenas espermáticas, no llevan galones de espermaceti en sus enormes cabezas; fueron los antiguos balleneros los que lo llamaron así. Ni siquiera ahora se sabe para qué sirve

    Docenas de lomos negros moteados surcaban las olas azules hacia el norte, presentando perfiles lisos, suavemente encorvados, al cortar las aguas; proyectaban chorros bajos como aspersores en un jardín, actuando intermitentemente. Rosales entretejidos temporalmente en espuma: un jardín fluido brotando del Pacífico.

    ― ¿Por qué te gustan tanto las ballenas? ―preguntó Ruth, señalando con la barbilla el océano y aquellas formas oscuras que tan decididas lo atravesaban―. Quiero decir, eres astrónomo. ¿Cuál es la conexión?

    El doctor Paul dejó escapar una risita.

    ―La conexión, querida, es el concepto de vida inteligente en el universo. Hubo una conferencia bastante inútil hace tiempo en Princeton, sobre métodos de escucha furtiva por parte de unas supuestas civilizaciones avanzadas del espacio. ¡Qué frivolidad! Por suerte, ahí estaban los chalados por los delfines, diciendo que ya tenemos nuestros propios alienígenas en la Tierra, estas ballenas y no sé qué más, y que ni siquiera nos hemos podido comunicar con ellas hasta la fecha, cosa que terminó limpiamente con la propuesta de un proyecto de escucha a nivel internacional. Por supuesto, no era ésa su intención, pero así salió la cosa ―Paul hizo crujir sus nudillos―. Personalmente, me importan un bledo los delfines. Y las estrellas cercanas. Y todo lo que ha pasado en los últimos mil millones de años. Para mí, el único conocimiento digno de ser interpretado está allá, en el principio de los tiempos, o en el límite del espacio, como prefieras. En los residuos de radiación que se supone dejó la bola de fuego. ¿Eh, Richard?

    Maldito seas, Paul Hammond, se dolió Richard. Me estás pidiendo apoyo, y aún te queda tiempo para reírte y despreciar mi «afición», mi «pasatiempo excéntrico»

    ―Paul siempre anheló encontrar el primer Fiat Lux escrito en algún lugar del cielo, científicamente ―dijo a Ruth, sarcástico―. «Hágase la Luz». Y ahora lo ha encontrado. ¡Y pensar que, si yo no hubiera estado en aquella conferencia, no sería parte de esto! No es de extrañar que me gusten las ballenas y que las proteja son las que nos reunieron.
    ―Cierto, allí fue donde contraté a Richard ―asintió Paul, haciendo caso omiso de las ballenas y del océano, mirando insistentemente tierra adentro, hacia su telescopio―. Richard hizo un buen trabajo de doctorado: un mapa de ondas de radio de parte de la Vía Láctea en infrarrojos. Buen material para un aprendiz. Y una buena dosis de desfachatez, además. ¡Una tesis de una página! De acuerdo, la página medía dos metros de largo por uno de ancho, y tardó dos años en hacerla. Pero, aun así, debe ser genial poder decirle a esa gente que ha escrito volúmenes enteros, que conseguiste tu doctorado con una tesis de una sola página. Te envidio, Richard
    ―Sigo sin entender qué hacías allí, Richard ―quiso saber Ruth.

    Él esbozó una sonrisa.

    ―Publiqué un artículo vinculando los impulsos de ondas de radio que recibimos de las estrellas y los impulsos que emiten los cachalotes. Considerando ambas cosas como pura información matemática. En la conferencia sugerí que podríamos inventar una especie de sintaxis cósmica a partir del lenguaje de las ballenas, para hablar con las estrellas, si es que algún día encontrábamos allí a alguien con quien hablar.
    ―Fue una travesura por tu parte ―desaprobó Hammond―. Por suerte, nadie presta atención al Worm Runners Digest. Esa revista es una tomadura de pelo, algo así como un Mad para los científicos.
    ―Contiene tomaduras de pelo, pero también cosas serias. Por eso tiene dos títulos, y el otro es Journal of Biological Psychology, ¿recuerdas?
    ―Claro, claro ―concedió Paul, alejándose impaciente mientras la pequeña Alice iniciaba un lloriqueo gutural que se convirtió rápidamente en una serie de aullidos de hambre. Se acuclilló a unos veinte metros y empezó a garabatear algo en la parte trasera de un sobre.
    ― ¡Maldita sea, era un artículo serio! ―le gritó Richard―. Pero era de esa seriedad innovadora que te ves obligado a presentar como una tomadura de pelo. Si no, pierdes toda tu reputación. ¡A menos que te llames Hammond, claro!

    El doctor Paul alzó la vista y asintió, dándole la razón. El interés de Richard por las ballenas tenía ese matiz profesional que lo convertía en un colega aceptable a ojos de Paul: perfectamente competente como radio astrónomo, pero con su esqueleto descarriado en su armario mental.

    ― ¿No hemos traído alguna cerveza? ―preguntó.
    ―Están en la parte de atrás, en el Koolpak ―murmuró Ruth―. ¿Te importa, Rich? Yo estoy con Alice

    Richard abrió la puerta trasera y sacó tres latas de Nochebuena del paquete de seis que encontró en la caja refrigerada. Apoyó las latas en la capota del coche, tiró de las anillas y las lanzó entre las rocas, donde quedaron brillando como flores de latón. Las latas estaban resbaladizas, húmedas por el repentino cambio de temperatura. Tendió una a Ruth, que estaba sentada a la sombra, con la espalda apoyada en la rueda delantera. Tenía a Alice sobre las rodillas, y la niña bebía a ratos de un biberón desechable, para luego apartar la cabeza y rechazarlo.

    Llevó la segunda lata al doctor Paul y se la colocó entre los ojos y el sobre, para no tener que detenerse ni quedarse de pie como un camarero.

    Vio que en el sobre estaban escritas las letras «MB», sin duda por Max Berg, unidas por el centro y rodeadas de cifras garabateadas, que evidentemente tenían algún significado secreto para Paul. «RK», vio ― ¿Richard Kimble?― en un extremo del sobre, dos letras encerradas en unos paréntesis que se parecían sospechosamente a peces grandes, o a ballenas

    Paul Hammond estaba pensando en su álgebra de personas, y en cómo organizarla. No pareció molestarle el escrutinio de Richard, como si alguna ley natural impidiera que éste comprendiera las matemáticas que manejaba. Paul aceptó la cerveza, la dejó en el suelo y, entonces, abrió decididamente el sobre con un dedo para extenderlo luego.

    El nombre de «Hammond», contenido en la dirección, entró bruscamente en el mundo de sus cálculos, un enorme deux ex machina. Paul trazó una larga raya hasta él, lo rodeó con una elipse ―una galaxia elíptica, nada menos―, y dedicó una rápida sonrisa complacida a Richard, como si el espectáculo hubiera estado siempre por encima de él. Derrotado, Richard se retiró.

    El biberón yacía debidamente vacío en el suelo. Por la noche estaría en alguna chabola, donde una madre india lo usaría una y otra vez hasta que su bebé muriera de gastroenteritis Richard se detuvo, recogió la botella de plástico y la apretó entre las palmas de las manos hasta romperla, antes de lanzarla a lo lejos.

    ―No es como regalar ropa usada ―explicó a Ruth.

    Pero ella se limitó a responder:

    ―Alguien nos está mirando, Rich.

    Era cierto; unos cientos de metros más allá de Paul, en la cima del acantilado, inadvertido hasta entonces, había un indio acuclillado, inmóvil, envuelto en un sucio poncho y tocado con un sombrero de paja, fundiéndose a la perfección con el entorno. En realidad, él era el entorno, comparado con el doctor Paul.

    ―Mírale tú a él ―rio, y le tendió los prismáticos.
    ―Pero, ¿qué hace? ―insistió ella, con algo de pánico en la voz.

    Agarró un momento los prismáticos, con dedos como una estrella de mar asustada que primero se pegaron y luego soltaron, sin querer usar un instrumento como aquél; a estas alturas ya debía de odiar todo tipo de telescopios.

    ―Supongo que lo mismo que nosotros: mirar a las ballenas.

    Richard examinó al indio a través de las lentes. Un tipo viejo, con los rasgos de una momia, una momia cocida durante años en un horno a fuego lento.

    ―Ya no tiene fuerzas para trabajar, así que lo habrán enviado aquí por si una gris se queda encallada
    ― ¡Dile la llamada de auxilio, Richard! ―suplicó ella de repente―. ¡Será el premio de su vida!
    ―Ni hablar, ya te lo he dicho. De todas maneras, la tengo en una cinta en mi cuarto, no la sé de memoria.

    Por suerte, Alice empezó a agitarse de nuevo. Para tranquilizarla, tuvieron que turnarse y fingir dejarla andar a un centímetro por encima del suelo. Richard consiguió escapar del anzuelo de Ruth.

    Las piernas de la niña se sacudían torpemente, en una parodia de tareas que sólo podrían cumplir muchos meses más tarde. Pero Alice ya empezaba a sentir las libertades del futuro, como si unos fantasmas tentadores le produjeran una mezcla de alegría y frustración.

    ―Debe ser horrible ser un bebé ―murmuró Ruth, compasiva―. Encerrado ahí dentro hay un ser humano que quiere salir.

    Se sentó en el borde del acantilado y colocó a Alice sobre sus rodillas.

    ―Hola, mar; hola, ballenas ―canturreó.

    Alice bajó la cabeza para contemplarse las manos, y al hacerlo se le abultaron las mejillas. Luego empezó a sacudir violentamente los puños, lanzando inofensivos golpes contra su madre y contra sí misma.

    ― ¿Hasta qué punto son estúpidos los bebés, Rich? Biológicamente, quiero decir. Señor, es agotador
    ―No es estupidez, Ruthy. Su cerebro es como una casa en construcción. ¿Dónde puede vivir hasta que esté terminada? Es lo peor de todo. Tiene que vivir adentro, pero la mayor parte no existe más que en unos planos en la mesa de dibujo. Así que tiene que albergarse en un plano mental, una especie de intuición de la casa que será. Tiene una noción de lo que se avecina, pero no puede usar lo que aún se está construyendo. Debe ser asquerosamente frustrante. No me extraña que los bebés lloren.

    Se dejó caer con la espalda apoyada contra el parachoques cromado, tomó a la niña de brazos de Ruth y escudriñó en los ojos de Alice, preguntándose qué haría la mente del bebé con su imagen reflejada en ellos: un rostro en miniatura, con el pelo negro enmarañado, las gruesas cejas asomando sobre unas gafas de sol sin montura ―en realidad, las cejas eran la montura―, la nariz chata frunciéndose constantemente para devolver las gafas a su sitio, una costumbre conejil, extravagante, ya muy arraigada en él.

    Fuera del claro espejo de la pupila, el iris era un filtro azul. Finalmente, el nácar de la córnea cubría sus rasgos tras un brillo de madreperla. Los grados en el reflejo eran hipnóticos.

    ―No dejo de preguntarme ―dijo a Ruth― qué otros tipos de casas se podrían construir con el mismo material. Lo malo es que sólo cuando hemos construido nuestra casa podemos mirar el mundo a través de sus ventanas. Y la ubicación de las ventanas determina el panorama. En realidad, por eso me gusta meditar sobre las ballenas. La posibilidad de otras casas, otros panoramas. No esa tontería que dije antes.

    Ruth había vuelto a apoyarse contra el parachoques, junto a él. Al verla en combinación con el coche, en la clásica postura de anuncio, pensó que quizá las ballenas eran más de fiar que las personas como focos emocionales. Al menos para él. La ballena era un buen símbolo de la espontaneidad emocional, de la existencia comunicativa

    Decidió que, básicamente, la desolada cosmología nueva de Paul tocaba una vena resignada en él.


    Por fin Hammond se acercó a ellos, satisfecho con sus cálculos, y se bebieron las otras tres latas de cerveza Nochebuena.

    Cuando se marchaban, el viejo indio se llevó un dedo a la boca y silbó.

    ― ¿Una ballena en la orilla? ―preguntó Ruth, esperanzada.
    ―Lo dudo ―Richard se encogió de hombros―. Más bien avisa que nos marchamos. «Carretera segura». Les gusta tenernos vigilados.

    Habló un rato más sobre ballenas y códigos de silbidos, aun tratando inútilmente de interesar a Paul en su preocupación.

    ―Los silbidos también son un ritual mágico para hacer que el maíz crezca, ¿lo sabíais? Los mezapicos creen que los humanos antes podían hablar con las plantas mediante el lenguaje de silbidos. Los dioses y los espíritus también usaban el mismo idioma para hablar con las plantas sagradas, como el cactus péyotl, y con las estrellas del cielo. ¡Si los indios supieran que estamos escuchando los clics y los silbidos de más allá de las estrellas! ¡Si supieran cómo las ballenas se silban las unas a las otras en el mar!

    Atravesaron San Pedro en una nube de polvo y empezaron a subir, con Ruth sujetando fuertemente a Alice mientras Paul manejaba la Sierra.

    ― ¡Ballenas silbando a las estrellas! ―rio Paul de buena gana, mezclando deliberadamente las palabras de Richard―. Si pudieran oír las Huellas de Dios, como hemos hecho nosotros, ¡eso sí que sería importante!
    ―Las explosiones y los gemidos ―recordó Ruth, como si fuera algo sin ninguna importancia que se le hubiera pasado de pronto por la cabeza.
    ―Hemos estado analizando todos los gemidos que siguieron a la Gran Explosión, Ruth. La bola de fuego original debía estar a diez mil millones de grados de temperatura. Ahora, miremos el punto del cielo que miremos, ya se ha enfriado a tres grados en la escala absoluta
    ― ¿Eh? ¿En todas partes? Tu pistola de salida debió disparar en una dirección u otra.
    ―No, no ―gruñó Paul, sin apenas darse cuenta de que le estaban aguijoneando―. Todo el espacio y el tiempo tal como los conocemos son producto de la bola de fuego. Así que aún estamos dentro de ella. Sólo que ahora se ha extendido enormemente, se ha condensado para formar estrellas y galaxias, de las que formamos parte, ¿entiendes? Pero, por esta misma razón, no debería ser posible hablar en términos de «dentro» y «fuera» de la bola de fuego. Si lo prefieres, es una cáscara en cuyo interior nos encontramos, y hay algo en el exterior. ¿De acuerdo?
    ―Las cáscaras suelen pertenecer a un huevo, y necesitan de una gallina que las ponga ―ella sonrió dulcemente mientras ahuyentaban a las gallinas de Juárez.
    ―Hemos detectado discrepancias en el fondo de radiación. Son como pequeñas desgarraduras, a través de las cuales podemos escuchar. Sólo que en realidad están tan lejos, que son auténticos agujeros en el entramado de nuestra realidad. Supongo que se podría decir que son ventanas a
    ―Dios caminando de puntillas por los cielos, como una gran gallina, dejando las marcas de sus uñas por ahí Es hilarante ―rio ella, la provocadora en medio de su público.
    ― ¡Sí, maldita sea, Dios! ―rugió él―. Ahí, allí afuera.

    Ruth debía de haber aferrado dolorosamente a Alice. La niña se agitó y chilló, con el rostro congestionado. Su cabeza se convirtió en una remolacha, registrando un dolor infinito, aunque temporal.

    Cuando atravesaron Mezapico, el mismo sacerdote seguía de pie en la puerta de su iglesia: una delgada figura negra, silenciosa. Era imposible que se hubiera quedado todo aquel tiempo de pie contemplando tristemente el telescopio, pensó Richard. Una simple coincidencia.


    7


    ― ¿UN DESERTOR DE SEIS AÑOS, DICES? ¿Seis?

    Orville Parr hizo girar su silla y contempló el panorama urbano de Tokio. Más allá de los pocos pinos grises y tristes que rodeaban el anexo de la embajada había una corriente de tráfico al nivel del suelo, y una segunda que fluía sobre la primera, por un paso elevado anclado en el pavimento sobre enormes pilares.

    Ambas corrientes estaban pobladas de camiones de reparto y taxis con bandas de neón, que serpenteaban entre ellos en enloquecidas ráfagas de velocidad. Taxis brillantes como mariposas: con franjas amarillas, rojas y naranjas. ¡Y casi tan erráticos como mariposas, además! Japón es un taxi pintado de neón, reflexionó Parr. Una mariposa de metal persiguiendo veinticuatro horas al día el polen de una carrera pagada. Sin polen, enferma y muere. Sin miel, pasa hambre. Así que se agita cada vez con más desesperación, sintiendo que se aproxima el largo invierno

    Globos a cuadros rojos y blancos pendían afuera, en la neblina gris, globos de playa que se sacudían en la mezcla de humo y niebla. Los anuncios de neón que normalmente subían y bajaban por sus largos cables sustentadores día y noche ―procesiones de personajes japoneses deslizándose por el cielo una y otra vez― habían sido desconectados; la desaparición de aquellos puntos brillantes, la ausencia de los grandes carteles en los tejados, surtía un efecto deprimente sobre él. Los días grises y contaminados reclamaban a gritos su alegría. Un espectro de playas abandonadas ―tristeza de inviernos de infancia en Cabo Cod― se apoderaba de él. Aquellos globos, surcando a ciegas un mar de gas, eran una parafernalia dejada fuera de chalets cerrados al final de la temporada, para que las tormentas invernales se la llevaran Triste.

    ―Se llama Nilin―aportó Gerry Mercer, aunque Parr ya debía de conocer el nombre. ¿Acaso este niño hallado en un bote de pesca a la deriva en Hokkaido, la isla más septentrional, era hijo de alguien importante? Eso no lo convertía en un desertor. Quizás el arisco ayudante que le acompañaba ―algo estúpido― fuera el auténtico desertor. ¿Habría secuestrado al niño para pagarse un pasaje a los Estados Unidos?

    Evidentemente, había que devolver al chico.

    Orville Parr era grueso y calvo, de complexión pálida. Su rostro blando parecía un montón de masa de pan sin cocer, en la que se hubieran tallado burdamente los rasgos: se deslizaban hacia abajo con el peso de la gravedad, y un pequeño y decidido bigote no conseguía evitar la huida de la carne hacia el abultado cuello.

    Gerry Mercer era el arquetipo del error de agencia como «agregado cultural»: atlético, pelo cortado a cepillo, vestido con un severo traje negro con solapas tan finas como cordones de zapatos, corbata vulgar de un azul brillante impecablemente anudada con fuerza. El nudo ―la diminuta cabeza de una víbora de zafiros― se clavaba sobre su prominente nuez, como a punto de enterrar los colmillos en ella. Su voz brotó ansiosa:

    ―Ya los hemos sacado en avión de Wakkanai. Ahora están en Tachi. Los japoneses son tratables, mientras tengan acceso y voto decisivo. Pero maldición, Orville, el chico nos ha pedido asilo a nosotros, no a los japoneses.

    Parr hizo un gesto de disgusto.

    ― ¿Cómo es posible? Vaya lío. Así que has apretado todos los botones del pánico porque un tipo medio idiota ha secuestrado a un niño. ¿Por qué no los dejamos en Hokkaido? ¡Que se encarguen los japoneses!
    ―Pero se trata de Nilin ―insistió Gerry―. Al menos, parece que lo es

    Una camioneta que pasaba por el puente elevado, envuelta en una nube de humo azul, captó la atención de Parr. Transportaba chillones ramos de flores de plástico en trípodes de tres metros de altura: un invernadero sobre ruedas, apresurándose para llegar a tiempo a la inauguración de alguna sala de juegos o al velatorio del jefe de alguna compañía. Flores enormes, apretadas, brillantes: los frutos apropiados para un medio ambiente envenenado por los gases. Todas las flores tenían que ser brillantes para compensar la escasa visibilidad; su plástico había surgido de los mismos elementos petroquímicos que flotaban en la atmósfera

    En el tejado de un edificio alto, del mismo color polvoriento que una goma de mascar, asomaba una gran cámara Nikon, tan ancha como el edificio sobre el que descansaba. Habitualmente la maqueta gigante giraba sobre una plataforma móvil, pero también había sido desconectada. Ahora, la lente señalaba monótonamente en dirección a ellos, como si estuviera vigilando a la embajada americana.

    La torre Eiffel versión Tokio, con sus bandas rojas y blancas, asomaba su decolorada asta, absurdamente fina, con la luz roja de aviso para los aviones en su extremo: una vela solitaria ardiendo en el cielo. Apenas se podían ver los delgados miembros que llegaban hasta el suelo.

    Aquellos días tendrían que quemar combustible de bajo grado en las fábricas, o bien cerrarlas.

    ―Debes de referirte al hijo de Nilin, claro.

    Empezaba a ver algo de luz. Un astronauta soviético que había desaparecido algunos años antes, en la explosión de la plataforma de lanzamiento de Tyuratam. Se llamaba Nilin, ¿no? Pero, ¿para qué podía servir el hijo de seis años de un astronauta muerto, aparte de poner en peligro las relaciones soviético-norteamericanas? ¿Se estaba cociendo algo en los círculos internos de la agencia, algo que Gerry conocía y Parr no? Pero la lógica se desmoronó. Un chico a la deriva, con un retrasado, en las aguas entre Sajalín y Hokkaido Nadie podía concederle importancia a aquello, excepto para un rutinario rescate mar-aire. Probablemente la madre del chico trabajaba ahora en Sajalín, en uno de los centros de investigación del Lejano Oriente

    ―Nilin no estaba casado ―dijo rápidamente Gerry, como si estuviera leyendo los pensamientos de Parr―. No tuvo hijos. Creo que es Nilin en persona.
    ― ¿Qué quieres decir? ¡Vaya tontería! Nilin era el astronauta que murió en Tyuratam, ¿no? ¿O se trata de otro Nilin?
    ―Es el mismo. Georgi Knipovitch Nilin. Sólo supuestamente muerto, Orville. Simplemente, después del accidente, no volvió a aparecer en las fotos de grupo de los astronautas. Pero no se hizo ningún anuncio específico sobre él.
    ―Nunca los hacen. ¿Y este niño es el mismo Nilin? ¿Ahora crees en la reencarnación, Gerry? Oye, ¿por qué no pides un traslado con el Dalai Lama? Luego, si muere, puedes recorrer el Tibet en busca de su nueva encarnación. Espionaje místico. ¿Qué te parece?

    Mientras Parr giraba de nuevo su silla para mirar irritado a Gerry, su nuez de Adán subió y bajó delatando vergüenza, o ira contenida.

    ―De acuerdo, Orville, admito que el estado del niño es confuso. La mitad del tiempo parece esquizofrénico, y la otra mitad sencillamente autista, sin comunicarse en absoluto, sólo creando aparatos estúpidos con todos los trozos de alambre, tornillos y bombillas que encuentra por ahí. Pero durante las fases comunicativas, consigue decir algo, como si fuera un par de gemelos siameses peleando por ver quién de los dos habla. Ha dicho todas esas cosas increíbles, tanto en ruso como en un mal inglés. Que es Nilin. Que es astronauta
    ―El sueño de cualquier chico. Si es autista, quiere evadirse. ¿Qué mejor sistema que una cápsula espacial? Seguramente fue secuestrado de un hospital mental por algún auxiliar. ¿Qué ha dicho el auxiliar? Él robó el bote
    ―No sabe gran cosa, excepto que quiere al chico como el guardaespaldas mudo de las novelas rusas. Un buen ejemplo de mujik: cuida del niño como si estuviera protegiendo a un pequeño príncipe
    ―Puede que sea el bisnieto de los Romanov ―señaló Parr, sarcásticamente―. Así que el tipo dice que el niño quiere ir a América, y él también, claro. ¿No te parece muy obvio?
    ―No ¡es el chico quien dice que quiere ir allí! Le hemos interrogado en ruso y en inglés. Ha desertado para venir con nosotros; conoce la palabra en nuestro idioma. Dice que tiene la mente de Nilin. Le cuesta un esfuerzo terrible estructurar frases, formular claramente sus ideas. Han salido a flote unas cuantas rocas, pero la marea sigue azotándolas. Al comandante de la base de Wakkanai, le dio detalles que un niño no puede conocer. Detalles sobre el programa espacial soviético. Sobre motores y propulsores. Por supuesto, con seis años de retraso e incompletos, y, además, quedó tan agotado que volvió a la fase de autismo. Pero fue completamente convincente.
    ―No sabemos nada. El auxiliar podría ser un agente de la KGB, y le dijo al niño lo que tenía que contar. Podríamos metemos en una trampa. Aunque no entiendo por qué nos la tienden
    ―Parece auténtico, Orville. Los niños de seis años no se comportan como Nilin.
    ―Como el pseudo-Nilin Bueno, ¿y cuál es la explicación?
    ―El auxiliar dijo que alguien estaba imprimiendo mentes de bebés. Dijo literalmente «imprimiendo», como lo dirías tú si hablaras de imprimir un libro o papel moneda. Pero no sabe explicarse apropiadamente. Es medio idiota.
    ―Con un corazón de oro. Lo creeré cuando lo vea ―terminó Parr.


    ¿Qué se hace para normalizar a un niño de seis años con las facultades mentales perturbadas? Llevarlo al zoo, sugirió Bob Pasko, el psiquiatra de la base de Tachikawa, un hombre peludo con una cabeza tan llena de rizos como una boina negra de lana, y más rizos negros que se abrían camino por la pechera de su camisa a través de los ojales. Dejad que vea a otros niños comportándose con naturalidad, divirtiéndose. Puede que entonces surja su propio yo de la niebla que lleva dentro.

    Los tres días que habían transcurrido desde la llegada del niño no habían visto aclararse demasiado el dilema que representaba, pero había suficientes indicios como para exonerar a Gerry Mercer, para disgusto de Parr. Éste aún sospechaba del pseudo-Nilin, como insistía en llamarle; pensaba que era una nueva estratagema en el juego del espionaje. Pero, si ése era el caso, aún faltaba mucho para aclarar por qué. Las noticias de experimentos con lavados de cerebro a bebés no podían redundar en propaganda beneficiosa para los rusos.

    Pasko había visto muchas mentes desequilibradas a lo largo de un período de servicios que se extendía hasta los primeros días de la llegada de tropas a Vietnam. Conjeturó que el niño mostraba todos los síntomas de un trauma psicológico importante, provocado por un largo uso de alucinógenos para convencerle de que era otra persona. No un niño de seis años, sino un adulto llamado Georgi Nilin. Sus períodos comunicativos estaban dominados por la falsa información que le habían inculcado, mal entendida y mezclada para crear su propia versión. Sus períodos de introversión, en los que creaba extrañas «máquinas» con todo lo que tenía a mano, constituían un típico mecanismo de defensa autista, según el diagnóstico de Pasko. El niño había sido tratado como una máquina, así que se rodeaba de pseudomáquinas para conseguir una salvación robótica.

    En el aspecto físico, el cráneo del niño no mostraba signos de cirugía reciente, aunque sí cicatrices que sugerían que había sido sometido a operaciones poco después del nacimiento, operaciones que probablemente duraron hasta los tres años.

    Pero, ¿cuál era el motivo para todo aquello? ¿Una nueva terapia, con buen propósito, aunque brutal y reprensible? Según esto, si ahora estaba bajo su custodia era culpa del auxiliar Mijail, que no había comprendido lo que presenciara en el hospital de Sajalín.

    Pero durante sus momentos comunicativos, no había duda de que el niño pedía asilo, una y otra vez, obsesivamente, con voz aguda. ¿Suplicaba la seguridad del hospital del que debía de haber salido? Pero no, suplicaba en su mal inglés no asilo mental, sino político.

    ―Soy fracaso ―proclamaba el niño con absurda solemnidad, luchando por dominar las formas de los sonidos ingleses.

    Así que, para animarlo, Pasko, Parr y Mercer lo llevaron junto con su inseparable Mijail desde la base al cercano Zoo Tama; les acompañaba el agregado naval de la embajada, Tom Winterburn, como intérprete de ruso.


    Eran las diez de la mañana y los escolares poblaban ya todos los rincones del zoo. Lozanos muchachitos con sus cascos de plástico amarillo para seguridad en la carretera, siguiendo las banderitas de sus profesores en densas hileras. Los niños miraban a Georgi Nilin, a los americanos y al rústico gigante ruso con una curiosidad tan incesante, que Parr empezó a preguntarse si Pasko se había vuelto loco al sugerir que llevaran allí al niño.

    ¿Era aquélla su versión del tratamiento de shock? ¿Terapia de inmersión total?

    ― ¡Haro, haro!―exclamaban uno tras otro los niños japoneses de la al parecer interminable hilera.

    ¡Y, como tropezaras con ellos! Podían parecer niños, pero debían de estar construidos con una especie de supercarne, más pesada que la carne americana. Tocones de árbol móviles que caminaban sobre sus raíces: tropieza con uno, y al instante se clavará en el suelo. ¡Y eran tantos, era tan denso el bosque!

    Definitivamente, ir allí había sido un error. Parr miró al niño ruso, guiado por su mujik, ataviado con la misma chaqueta larga y botas de fieltro con que había llegado, y se preguntó si estaría tan aterrado como él. Al menos, Mijail les abría camino por entre la marea de niños extranjeros, salvaguardando a Nilin con su cuerpo mientras avanzaba con firmeza.

    Pero, ¡qué chiquillo tan frágil, con su pelo rubio erizado cortado a cepillo, entre aquellos superchiquillos japoneses! Los rasgos de Nilin tenían un ligero matiz mongol. Ocasionales ráfagas de esfuerzo surcaban su inexpresividad, como ondas en un estanque.

    A los ojos de los japoneses, la combinación de pelo rubio y rasgos ligeramente asiáticos debían de convertirlo en un mestizo, para diversión de los niños, sin duda.

    ― ¡Haro, amerikajin! ―exclamaban.

    Todos los niños de seis a nueve años de la zona de Tokio debían de haberse reunido allí aquel día. Parr se sentía como si estuviera en un ascensor demasiado lleno, detenido entre dos pisos. ¡Aquello no podía ser verdad! A la vuelta de la esquina debe haber un mago fabricando a todos estos niños con papel, dándoles unas palmaditas en la cabeza y poniéndolos en marcha.

    Sí, ¡y haciendo horas extras encima, con un papel superpesado importado directamente de Júpiter, un papel que podía derribar a un hombre adulto!

    Atrapado en un islote entre corrientes gemelas de cascos amarillos, su grupo se dirigió hacia un muro de cemento separado por un profundo foso seco, donde estaban los osos pardos. Les llegó un hedor acre a grasa procedente de las bestias. Tenían un olor rancio, pese a los numerosos baños cuando se sumergían unos a otros en la alberca, con terribles zarpazos juguetones. Cambió la brisa, y el hedor se amortiguó; pero, captando el olor a gente, el macho más grande se alzó sobre los cuartos traseros, con las fosas nasales palpitantes y los penetrantes ojillos observándolos con miopía. ¿Estarían en celo? ¿En otoño?

    ― ¿Te gustan los osos, Georgi? ―preguntó Pasko, con tono alegre.

    Tom Winterburn tradujo, sin mucha seguridad. El agregado naval era un individuo huesudo, altivo, de ojos llorosos, con rasgos alargados y puntiagudos que siempre parecían ligeramente azulados en los extremos, como si le faltara sangre para alimentar una piel tan tensa sobre su estructura. Siempre se estaba sorbiendo las mejillas, soltándolas y persiguiéndolas, lo que convertía una cabeza ya alargada en el pulmón de goma desinflado de un anestesista.

    ― ¿Gdieh del'fini?―tartamudeó el niño.
    ― ¿Hay un delfinario? Quiere ver delfines.
    ―Tú llevas las entradas, Gerry. En la parte de atrás hay un plano del zoo.

    Mercer consultó el reverso de los alargados billetes azules, impotente. Todas las indicaciones estaban impresas en japonés.

    ―No recuerdo el signo de delfín ―admitió al final, si es que alguna vez lo había sabido.
    ―Espera, dame ―dijo Parr―. Delfinario no estará escrito en signos. Es una palabra extranjera, así que estará en escritura kana.

    Recorrió el laberinto impreso en la entrada, antes de señalar triunfante con el dedo una breve línea de formas sencillas, como escritura cuneiforme.

    ―Do-ru-fi-na-ri-u-n ―pronunció lentamente―. Esto es. Y ahora estamos junto a los osos. Oso es kuma, pero

    Recordó un restaurante en la zona de esparcimiento de Shinjuko, donde se vendía, o donde decían vender, carne de oso asada. El signo kuma estaba tallado en la puerta. Pero el signo no hacía más que cambiar de forma en su mente. Se encogió de hombros.

    ― ¿Qué hay ahí al lado? ¿Elefantes? Eso tiene que estar escrito en kana, sí, estamos aquí. Así que tenemos que pasar por donde los elefantes y luego girar a la derecha.

    Desde luego, los elefantes estaban en celo. Una cachiporra de goma negra, sesenta centímetros, colgaba entre las patas traseras del macho. Se ponía rígida cuando tocaba a la hembra con la trompa, aunque no parecía tener fuerzas para hacer nada más con aquel magnífico miembro, aparte de congestionarlo suavemente. Probablemente sólo los alimentan con cubos de arroz vitaminado, pensó Parr. Una dieta inadecuada. ¿Quién podía permitirse alimentar a un elefante en aquellos tiempos?

    Cuando llegaron al delfinario vieron que consistía en una piscina al aire libre y un gran edificio gris adyacente, conectado a la primera por un canal submarino. Dos delfines nadaban en círculos en la piscina exterior, bajo un aro colgado de una pértiga a través del cual se suponía que debían saltar. Docenas de cascos amarillos se aglomeraban en el parapeto que rodeaba la piscina, gritando a los delfines que hicieran su número y lanzando a través del aro dulces, de los que los delfines hacían caso omiso cuando caían al agua y se hundían.

    Nilin se alejó bruscamente de la piscina y corrió hacia el edificio gris, gritando « ¡Vnutri, vnutri!» con su aguda vocecita.

    ―Quiere ver el interior.

    Por dentro, el delfinario era una sala sombría con una alargada ventana panorámica que permitía ver un gran tanque vacío. El único lugar vivificador en aquella estancia fría como una tumba era un gran mural en el que aparecía el árbol genealógico de las ballenas y los delfines, con dibujos en colores y textos en latín y japonés.

    Nilin se puso de puntillas contra aquel mural frío y húmedo, luego se volvió e hizo un gesto apremiante a Mijail para que lo aupara. El corpulento ruso lo levantó en el aire y el niño trazó un círculo en torno a un dibujo concreto, marcándolo sobre el agua condensada con su puño, de tal modo que regueros de agua se deslizaron hacia el suelo. Se revolvió en brazos de Mijail, giró el rostro hacia Pasko y le gritó la frase:

    ― ¡Jonás kit!

    Había señalado el cachalote, cuyo nombre latino era Physeter catodon.

    ―Qué extraño ―señaló Winterbum―. La palabra rusa para ballena es kit. Pero a ésa en concreto no la llaman así. Un cachalote es un kachalot en ruso
    ― ¿Es la ballena que se tragó a Jonás? ―preguntó inteligentemente Gerry.

    El niño les gritó una serie de palabras en ruso, terminando con un giro de su frágil cuerpo hacia el mural, al que se aferró con las uñas como si quisiera enterrarlas en el dibujo. Si Mijail no lo hubiera separado suavemente se habría hecho daño, y cuando el ruso retrocedió unos pasos, el rostro del niño perdió bruscamente toda expresión. Algo se había desconectado. Se quedó inerte, en estado catatónico.

    ― ¿Qué ha dicho? ―quiso saber Pasko.
    ―Dijo que la primera impresión es un bebé. Ésta es la segunda impresión
    ― ¡Por Dios! ¿Están lavándoles el cerebro a los niños para que se crean animales? Así que ésa es la siguiente etapa después de Nilin, ¿eh? No me extraña que desertara ―el psiquiatra le pasó una mano por los densos rizos―. Pero, ¡maldición, se supone que el fenómeno del «niño lobo» no es más que un mito popular para explicar las actitudes autistas! ¿Están ensayando un tratamiento todavía más radical para niños trastornados?
    ―Si tomas lo que dice al pie de la letra ―señaló Parr―, no obtendrás niños lobo. Obtendrás niños ballena. No le veo sentido. Puedes convencer a un chiquillo de que se ponga a cuatro patas y aúlle a la luna, ¡pero esto sería como decirle que es un pájaro y esperar que volara!
    ― ¿Qué tienen de especial los cachalotes, Tom? ―preguntó Pasko, pensativo.
    ―Se sumergen a mayor profundidad que cualquier ballena. Pueden contener la respiración durante más tiempo No sé, ¿tendrá esto algo que ver con el autismo? Llevamos cierto tiempo entrenando delfines en San Diego. Pero ¿cachalotes? Es increíble. Aunque los rusos no son estúpidos en lo relativo a la ciencia, a menos que estén en camino de otro Lisenko Dejadme pensar.

    »Hace un par de años, los rusos dieron un giro de ciento ochenta grados en su política sobre las ballenas. Empezaron a decir que el cachalote era una especie en peligro de extinción, y que necesitaba una protección estricta Siguen masacrando sin el menor reparo al resto de las ballenas con sus barcos factoría, pero llevaron este asunto ante la misma comisión ballenera. A los japoneses les sentó como un tiro. Normalmente, tanto rusos como japoneses se pasan por alto todo tipo de cuotas relativas a las ballenas. Pero tuvieron que apoyar a los rusos en este tema, porque nosotros habíamos dado la voz de alarma

    Los escolares charloteaban en la húmeda sala, despertando ecos en las paredes; pronto hubo cascos amarillos por todas partes, y sus luminosas prendas reflejaban las luces del tanque, una nube de medusas sulfurosas. Asustado, Parr se dirigió hacia la puerta.

    Una vez fuera se apoyó en la pared, sintiendo cómo le latía el corazón.

    ¡Oh, Cabo Cod, playas desiertas en invierno, vientos fuertes, hacía toda una vida!

    Algo que le había parecido extraño en su momento encajó ahora, o mejor dicho, no encajó, sino que destacó fuera de su lugar. Mijail había sabido exactamente hacia qué ballena quería ser alzado el niño. Lo había colocado directamente delante de ella. Pero el reticente campesino no les había dicho hasta entonces nada sobre ballenas, sólo sobre niños


    8


    NO HABRÍA MÁS SALIDAS distendidas a Zoos. El asunto Nilin se estaba convirtiendo en un incidente. Cuando se convocó la reunión en el despacho de Parr, dos días después, era algo mucho más grave.

    ―La embajada soviética sabe que nosotros tenemos al chico ―señaló el capitán Enozawa, alargando ligeramente la palabra «nosotros» como para recordar a los americanos su situación en Japón: una situación en constante declive.

    En el pasado, él también había formado parte de la multitud de masticadores de chicle, la mañana en la que el mejor novelista japonés, Yukio Mishima, invadió los cuarteles de las Fuerzas de Autodefensa con su guardia privada e intentó persuadir a los soldados reunidos para que expulsaran a los Demócratas Liberales y restablecieran los antiguos valores. Seguía masticando chicle burlonamente cuando Mishima se abrió el abdomen en hastío ritual y fue decapitado por un amigo

    Enozawa había modificado su escala de valores desde entonces. Ahora, como oficial de enlace para las Fuerzas de Autodefensa, estaba muy cerca del odio contra Norteamérica. De todos modos, el cambio de ideas sólo salió a la luz en forma de la eliminación de toda palabra y acento americano en su habla. Y del chicle.

    No estaba solo. En un centenar de pequeñas cosas, a lo largo y ancho de las islas, el suicidio ritual del novelista había provocado ―y seguía provocando― un lento terremoto, cuyas ondas de choque podrían tardar años en alcanzar su culminación

    Superficialmente, Enozawa parecía un oficial limpio y escrupuloso, con razonamientos un tanto sofistas, debidos probablemente a la educación recibida en la Universidad Sofía que los jesuitas dirigían en Tokio.

    Completamente erróneo. Su escrupulosidad era parte esencial del nuevo patriotismo que surgía en él. El patriotismo había sido siempre una experiencia estética en Japón. Enozawa estaba podando su espíritu con todo el rigor sutil de un cultivador de bonsái, con la limpieza de un joven sacerdote rastrillando la arena en el jardín de piedras del templo de Ryoanji. ¡Si aquellos americanos hubieran visto al cadete que comía chicle y silbaba canciones de los Beatles unos años antes! ¡Malditos fueran los jesuitas!

    ―La embajada soviética considera muy importante al niño. «Solicitud» sería una palabra demasiado delicada para la nota en que piden su regreso, junto con el bote y el auxiliar. ¿Creen que es una coincidencia que la conferencia de pesca se haya aplazado en Moscú? Recuerden lo difícil que lo tuvimos en años anteriores. No es la primera vez que utilizan esto como presión política. Naturalmente, para nuestro gobierno es prioritario que termine la pesca de cangrejos en las aguas del norte
    ―Menuda discusión tuvieron la última vez sobre esos malditos cangrejos ―rio Parr, en la confianza de que un poco de humor serviría de algo―. Su gente argumentaba que el cangrejo de las Molucas salta sobre el agua y flota como un abanico japonés, y por tanto pertenece a mar abierto. Los rusos insistían en que se arrastraba por el lecho marino, con lo cual pertenecía a su plataforma continental y era ciudadano soviético. Duró seis semanas.
    ―Y hubo una discrepancia de cuota de cinco mil toneladas contra nosotros ―reprochó Enozawa―. No es un asunto que nos tomemos a la ligera, señor Parr, y menos a la vista de las revueltas en el mercado de pescado de Tsukiji. Rusia está metiendo el dedo en la llaga. Quizás habría que repatriar inmediatamente al chico

    »Y ya que lo menciona ―prosiguió―, ha dicho usted «su» plataforma continental. En el caso de Kamchatka, sí. ¡Pero Sajalín y las Islas Kuriles son otra cosa!

    ―Si consideran que Nilin es tan importante ―sugirió Gerry―, parece posible que el niño esté diciendo la verdad. En ese caso, ¿qué demonios está pasando en Sajalín?
    ―He descubierto algo muy extraño sobre su centro de investigación de Ozerskiy ―empezó a decir Tom Winterburn.
    ―De Nagahama ―murmuró Enozawa.
    ― ¿Perdón?
    ―Nagahama es el nombre japonés correcto. Por favor, recuerde: toda la mitad sur de Sajalín fue simple y llanamente confiscada a Japón en 1945
    ―En los mapas pone Ozerskiy
    ― ¿En los mapas de quién? No en los japoneses, capitán Winterburn.
    ― ¡Bien, no creemos confusiones innecesarias! ―el agregado naval, avergonzado, consultó el informe que tenía ante él―. Parece que aquel centro de investigación tiene acceso a un ordenador IBM 370-185 fabricado en América. No sé si comprende lo que esto significa
    ―Una máquina muy avanzada para investigación pesquera ―aventuró Mercer, que aquel día llevaba el nudo de la corbata azul aún más apretado. Enozawa contemplaba este hecho al menos con una tácita aprobación, aunque no se sabía bien si era porque Mercer podía estrangularse o porque indicaba una agudización en la torpeza de los americanos
    ―Quién usa qué clase de maquinaria es un buen indicador de lo que sucede en el mundo. Los israelíes tienen un Elliot 503 y un IBM 360-80 que utilizan para la hagiografía (han descubierto que el Libro de Isaías fue escrito por tres profetas distintos), y un IBM 370-154 que se encarga de la defensa aérea. Los birmanos tienen un ICL 1902 para confeccionar el censo. Los japoneses ―hizo una seña deferente con la cabeza en dirección a Enozawa―, bien digamos que sus ordenadores y periféricos están compitiendo con mucho éxito en el mercado americano.

    »Ahora, volviendo a nuestro tema, la serie 370-165 de IBM puede ejecutar tres millones de operaciones por segundo. Pero el mejor producto soviético, el BESM, sólo puede ejecutar quinientas mil, una sexta parte. Desde luego, tras el acuerdo Kissinger, hay licencias de exportación que permiten a los soviéticos comprarnos IBMs 370-165, mientras sólo los quieran para organizar fábricas de jabón y ese tipo de trabajos. Pero bajo ningún concepto pueden tener el bombón, el 370-185.
    »Aun así, parece que se han hecho con uno por el método de la puerta trasera, a través de una organización títere en Viena. El 370-185 puede ejecutar seis millones de operaciones en un segundo. Pero el 370-185 soviético no ha ido a parar al ejército ni al programa espacial. Parece que ha terminado en ese pueblecito de Ozerskiy, en Sajalín

    ―Nahagama ―murmuró Enozawa.
    ―Nahagama ―asintió Winterburn, con una brusca inclinación de cabeza que con mucha caridad podía tomarse como una breve reverencia―. Hay poca información. De cualquier modo, si el 370-185 está allí, y si este Nilin vino de allí y tiene algo que ver con lo que pasa, maldita sea, no volverá a sus manos. Lo siento por sus pescadores de cangrejos, pero
    ―Calma ―aconsejó Parr, comprendiendo lo mal que había caído su anterior intento de broma a Enozawa.

    Winterburn se mordió suavemente los labios y volvió a succionarse las mejillas.

    ―Sus pescadores no quedarán al margen, capitán Enozawa. Obviamente, esto concierne a toda la cuenca del Pacífico. Recursos, estrategia militar No puedo estar seguro.

    El japonés le devolvió una sonrisa, leve y evasiva como la del rostro de una máscara Noh.

    ―Volviendo al tema de las ballenas ―intervino Pasko―, juntemos un cachalote y un IBM 370-185. ¿Qué obtenemos?
    ― ¿Una ballena electrónica? ―sugirió Parr, jocoso.
    ―Una ballena programada ―corrigió Pasko―. Pero, ¿programada con qué? Nilin dijo que él era un fracaso. La primera impresión había sido un bebé humano, él mismo. La segunda impresión fue la ballena. Estoy citando lo que dijo. Cada vez me intriga más si esos trozos de chatarra con los que hace cosas son de verdad la reacción autista normal de un «niño mecanizado». Quizá sean maquetas, modelos de algo que ha visto en Sajalín. No puede describirlos verbalmente, ni siquiera hacer un dibujo, pero puede enseñarnos algo similar
    ―Estamos dando vueltas en torno al tema ―le interrumpió Winterburn, impaciente―. Sólo veo dos interpretaciones posibles, a la vista del 370-185: o los soviéticos han desarrollado una técnica para programar a los cachalotes para que les obedezcan o, visto el caso de Nilin, ¡una técnica para imprimir la consciencia de un ser humano en otro cerebro! Inicialmente, de adulto a niño. Eso explica lo de Nilin. ¡Pero ahora han pasado al estadio de imprimir un humano adulto en una ballena!
    ― ¿Una réplica a su submarino de gran profundidad para misiles ULMS? ―sugirió tranquilamente Enozawa.
    ― ¡Desde luego, eso explicaría su cruzada en defensa de las ballenas! Los rusos se subieron al carro ecológico con una rapidez sorprendente. Antes no les había importado nada, sólo un poco de piedad por el Camarada Delfín. La razón que dieron para no cazar cachalotes era que habían encontrado una fuente alternativa al aceite de cachalote. En los últimos años, han dedicado miles de hectáreas en Samarcanda al cultivo de la jojoba. Es una planta mexicana, y el aceite que se extrae de sus semillas puede sustituir perfectamente al aceite de cachalote. Los soviéticos lo están produciendo en grandes cantidades. Importaron toneladas de semillas de jojoba desde México, y ahora la están cultivando masivamente en Asia Central.
    ―Qué suerte para ellos ―comentó Enozawa con acritud―. Qué lástima que nosotros, los japoneses, no hayamos encontrado ningún sustituto para las ballenas como alimento vital, ahora que rusos y americanos se han unido para dejamos sin pesca.
    ―Esto arroja una nueva luz sobre la decisión de los soviéticos, capitán Enozawa. Nos engañaron. Han encontrado una utilidad mucho más importante para el cachalote, que implica no matar a ninguno, y sí prohibir su caza mediante leyes internacionales. ¡Planean programar ballenas para controlar el lecho marino!
    ―Así que se trata de eso ―suspiró Parr―. Entonces, no nos queda más remedio que pasar este asunto a las altas esferas, y deprisa ―miró a Enozawa, dubitativo―. ¿Puede dar usted largas a la embajada soviética, en vista de lo que sabemos?
    ―No me corresponde a mí la decisión, señor Parr. Nosotros los japoneses no
    ―Sí, comprendo que un consenso de decisiones

    Parr alzó la mano para frotarse el cuello. Últimamente, siempre que se sentaba junto a la ventana, sentía un fuerte escozor. Culpaba de ello a la Nikon. La falsa cámara le señalaba sin tregua desde los tejados.


    9


    NADA HACIA EL NORTE, hacia la Estrella de Pensamiento donde le han emplazado.

    Los Grandes Cantores transmitieron el mensaje a través de las olas del océano, desde una distancia de muchos días de nado, al viejo macho que ahora le vigila constantemente mientras se dirige hacia el norte, rodeado por sus hembras El viejo macho le transmitió la llamada.

    Y el viejo macho le dice:

    ―Cuando Siete se reúnen, morro con morro y frente con frente en aguas tranquilas, sacudiendo sus colas para no moverse, con sus siete melones de cera líquida destacados del mar y mirando hacia dentro, no hacia fuera, se convierten en un sistema cerrado para sus clics de pensamientos. Las ideas puras palpitan mutuamente en sus melones, los ecos se cruzan, se combinan, se interfieren, pautas de ondas más grandes que la pauta de una idea grabada en la cera aceitosa de cualquier frente solitaria. Así nacen los Glifos de la Conciencia. ..., que sólo una nueva Conjunción Estelar puede volver a abrir por completo, pero que de todas maneras persiste en la memoria del individuo.

    »Durante diez mil años marinos, los Glifos se han estado desarrollando, pasando de Estrella en Estrella a las siguientes generaciones de nadadores. Nuestro melón de aceite era mucho más pequeño en el pasado. ¿Lo habías supuesto? Ahora, tan crecido, nos permite sumergirnos a gran profundidad y cazar al Diez Brazos. Es tanto una pantalla de sonido como un tanque de presión. ¡Pero eso fue a través de un largo camino! En realidad, nos sumergimos cada vez a mayor profundidad durante generaciones, para obligar a que nuestros melones crecieran, y no a la inversa.
    »Durante un eón, Nuestra Especie se ha estado autodiseñando para poder estar cara a cara con nosotros mismos, imprimir los Glifos de Conocimiento en cera aceitosa y las canciones de clics

    ― ¿Quién transmite nuestras canciones de clics a una distancia de cien o mil días a nado? ¿Los Grandes Cantores? ―preguntó.
    ―No busques comprenderlos. Sólo cántalos. Gritando en el mar, ellos no tienen Estrella, ni concepto de Estrella de Pensamiento, ni esperanza física de ella

    ¿Podría dar él un nuevo glifo de comprensión a la Estrella? Aunque es joven, con su extraño talento para contar y enviar pulsaciones al cielo, es diferente.

    Pero tal vez esté enfermo. ¿Su mente, o su melón? Envuelto en el seno por los leves rastros que ahora se esparcen por todos los océanos, con el sabor de su Raza y una aprensión creciente como ningún glifo ha rastreado desde que naciera la primera Estrella en un día oceánico frío, hace cien millares de años, mientras el hielo abría nuevos laberintos en el mar de norte a sur, y saborearon el cambio del planeta

    ¿O es esta pulsación extraña el indicio que necesitan para leer las señales luminosas del Gran Diez Brazos en las profundidades? Hasta ahora, siempre han sido encuentros de ver y comer. ¿Qué no podrían adivinar de la forma de la realidad, a su manera fría, violenta, flexible?

    Las Estrellas le llaman, para glífar las respuestas a ciertos enigmas

    Ahora, además de transmitir al cielo impulsos de un modelo de localizaciones de mar y Acero, se siente impulsado, por un deber de amor, a transmitir el hecho de la convocatoria de la Estrella. Transmite y bucea compulsivamente, para viajar de vuelta con los suyos.

    Otra noche, otro día, y las preguntas llegan a él, y su Ocho Brazos interior lucha por darles forma: preguntas extrañas, inquietantes.

    «Esa Estrella de Pensamiento, ¿qué es? Describe. Explica».

    Él obedece.

    Entonces, al día siguiente, el aire dice: « ¡Hacia el norte, busca esa Estrella!» Mejor, porque no sabe cómo habría podido desobedecer el picoteo en su cuello ―o la llamada de los Cantores― si ambas cosas entraran en conflicto

    Los clics del aire provocan otra comezón. Corrientes sexuales giran por su memoria. Extraños fantasmas de «manos» sobre su carne, su carne sobre la de alguien, para confortar a una hembra de su Especie. Se desliza contra ella en la manada, aunque el almizcle sabe amargo, y todas las señales de ella son de ABSTINENCIA. La acaricia con su cuerpo, estremecido de excitación.

    Irritada, ella le golpea con su cuerpo. Y las olas le transmiten impulsos furiosos del macho


    10


    HABÍA UN BUITRE posado en una de las barras inferiores de una de las patas que mantienen el Gran Plato sobre sus rieles. El pájaro contemplaba el hoyo de la basura, donde un musculoso y joven indio escarbaba entre las latas y botellas con impecable y minuciosa paciencia.

    La postura del pájaro no era tan diferente de la del doctor Paul, pensó Richard: sentado tras su escritorio, con los hombros en una posición que delataba una cierta tensión, pero por lo demás irradiando la confianza del que está a punto de abrir las alas para descender sobre el cadáver del universo.

    Richard, Paul y Max Berg habían pasado la noche en vela, contrastando los datos del Plato gemelo de los Andes ―nueve mil kilómetros más al sur―, que les transmitía las líneas básicas para detectar imperceptibles discrepancias en su observación de ondas de radio en el cielo.

    Berg parecía claramente agotado por la experiencia: una exhibición de gimnasia científica bastante innecesaria, insistía a Paul. Ahora parecía irritado y disperso, sin rastros de su dinámico estado habitual. Hacía ya horas que sus huesos habían renunciado a la tarea de soportar su peso. Sin duda, aquello era exactamente lo que Paul había esperado, como premio añadido a tener el material de las Huellas bien atado. Dado que a Paul le gustaba que sus diktats tuvieran un respaldo con un ligero tinte democrático, Max y Richard eran dos ponis atados a un caballo de carreras en una troika diseñada por él, cuya auténtica función era mantenerlos vigilados y trabajando al límite a ambos a la vez. Dada la cantidad de trabajo por una parte, y las obligaciones de cooperación en la investigación moderna por otra, los colegas eran una especie de mal necesario.

    Aun así, Paul Hammond mantenía al mínimo el número de sus colaboradores puramente científicos, aunque gastaba de modo extravagante en el aspecto técnico y operativo. Había en Mezapico una docena de ingenieros eléctricos y mecánicos, y programadores de ordenador.

    Para entonces, Richard Kimble tenía serias sospechas sobre los motivos que habían hecho a Paul contratarle. En algunos aspectos, el caso de Max Berg era similar. Era más testarudo y recalcitrante que Richard, pero, en su interior, también había un corazón roto. Max había sido liberado de Dachau por el misterioso capricho de unos tiranos irracionales unos pocos días antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, y se trasladó en barco a Norteamérica pocas horas antes de que le atraparan de nuevo. Paul lo habría pasado mal sin su inmenso talento matemático, pero siempre supo que Max estaba, en cierto sentido, condicionado, como el gusano que se arrastra por un laberinto guiado por descargas de humillación física y mental. Algo en su interior se había roto, y la juntura era muy evidente.

    Durante toda la noche anterior, Paul le había hecho recorrer el laberinto de cifras por mayor gloria de la ciencia, recreando cínicamente el régimen del campo de concentración, según pensaba Richard. Más aceptó la presión por el conocimiento del universo, quizá esperando contra toda esperanza que Paul estuviera equivocado. Entretanto, la experiencia le volvía a condicionar sutilmente, devolviéndolo a un molde psíquico anterior, menos entusiasta. Las guías de su bigote parecían finas y pobres a la luz de la mañana, ya que había conseguido mantenerse despierto durante las últimas veinticuatro horas ―mientras trabajaba― arrancándose los pelos uno a uno. Aún seguía tocándoselos cada pocos minutos, tensando el labio superior, asiendo los pelillos entre sus dientes, soltándolos.

    Richard contempló al buitre, y deseó que no se moviera. No parecía que fuera a hacerlo mientras el indio estuviera en el vertedero, así que era un ejercicio de voluntad sin objetivo. Quizás, en realidad, deseaba que fuera Paul quien no se moviera, una especie de magia simpática; no aletear demasiado fuerte para no atraer la atención del mundo. De cualquier manera, nada en el mundo podría evitar el histrionismo de Paul.

    ―Entonces, ¿estamos preparados para hacer el anuncio?

    Max suspiró.

    ―Será como soltar un gato entre palomas, Paul. Me pregunto si la manera adecuada de hacerlo son las agencias de prensa en vez de la conferencia de Seattle
    ―Las monsergas académicas a su debido tiempo, Max. ¡Un descubrimiento de esta magnitud pide a gritos un tratamiento más generoso!
    ―Es una vulgaridad, Paul. No es el método científico.
    ― ¡Por supuesto! Es un espectáculo, ¿para qué fingir? ¿De veras crees que estaríamos sentados hoy aquí en Mezapico, si yo no hubiera sido mi propio y vulgar Gerente de Relaciones Públicas?
    ―Tus otras «vulgaridades» no tenían importancia comparadas con lo que pretendes ahora. Espera hasta lo de Seattle, Paul. Las agencias de noticias se apoderarán de ello enseguida, pero esta prisa es repugnante. Después de miles de millones de años, ¿no puedes esperar unas pocas semanas más? Estás tan enganchado a esa frase, las «Huellas de Dios», Paul En tu interior, sabes que no te atreves a titular así un informe científico
    ―Ah, ¿no? ―rio Paul, descaradamente―. ¡Claro que lo haré! ¿No se burlaron antes de las ondas Hammond, siendo que tuve razón en todo momento? ¿No lo sabe el mundo? Una «Catástrofe Topológica» referente a una galaxia en conflicto con la nuestra, pero al otro lado de la Vía Láctea, ¿no te parece que era un concepto suficientemente estúpido? Y sin embargo, ¿quién tenía razón?

    »Dime ―le espetó, con los ojos brillantes―, ¿desconfías de nuestras actuales conclusiones? ¿Crees que no son válidas? ¿No? Entonces, tenemos el deber de comunicarlas. A cada momento muere gente sin saber la verdad Es repugnante. Además, no causamos ningún perjuicio a Seattle; de seguro será la primera conferencia de astrofísica en la historia donde no quepa ni un alfiler.

    ¿Qué es la paranoia?, pensó Richard. Delirio Pero allí no había ni rastro de delirio. Si Paul estuviera diciendo que la Tierra es cuadrada, sería otra cosa. ¡Pero lo que proclamaba era algo mucho más devastador!

    ―Por supuesto ―intervino Richard, mordaz―, esto podría (y digo podría) ser el fin de la astronomía. Quizá debamos considerar ese aspecto.

    Paul miró a través de Richard, en dirección a un punto situado cosa de medio metro tras su cabeza, como si no pudiera creer que Richard Kimble hubiera dicho aquellas palabras concretas y por tanto estuviera tratando de localizar la fuente de la voz.

    Richard se explicó:

    ―Cada vez es más difícil conseguir fondos para proyectos como éste, ¿no? Tú mismo lo dijiste. Anunciar que por fin has llegado al amanecer de la creación, que has abierto el último cajón secreto y lo has encontrado vacío, y presentarlo en términos tan explícitos como al parecer pretendes Bueno, mucha gente considerará que esto es El Final.
    ―Idioteces, Richard. Todo lo contrario; esto provocará un centenar de proyectos destinados a confirmar o refutar nuestros resultados. ¿Una sequía de fondos? Espero una inundación. El mundo se desesperará por saber la verdad, en un sentido u otro. La verdad definitiva sobre la naturaleza de la materia, ¡de la realidad! No ha venido de los aceleradores de partículas. ¡Ha venido de nosotros!

    Paul bostezó bruscamente.

    ― ¿El fin de la astronomía? ―siguió con socarronería―. Tal como yo lo defino, «fin» significa «propósito definitivo», u «objetivo definitivo». Que no consiste en perder tiempo con planetas y lunas, sino en estudiar los orígenes, la naturaleza básica de las cosas. Todo lo que ha sucedido después del Origen es intrascendente
    ―Esas modestas afirmaciones tuyas, Paul ―suspiró Max―, hacen que te estimemos muchísimo.
    ―Estas modestas afirmaciones mías te harán famoso, Max, y a ti también, Richard, por formar parte de mi equipo ―en quien tú te complaces ―señaló Max con una falsa sonrisa.

    El doctor Paul se limitó a inclinar la cabeza en un gesto de asentimiento, sin hacer caso de intenciones ocultas, o recibiéndolas complacido.

    ―Esta noche me pondré en contacto con las agencias de noticias. Entretanto, he redactado un informe que quiero leeros. Aún no está pulido. Pero, dentro de pocos días, periodistas uniformados os harán preguntas sobre esto. Así que sería buena idea tener un esquema mental de nuestras afirmaciones siguiendo este boceto básico, para que todo quede claro como el agua.
    ― ¿No podríamos dormir antes unos días? ―gimió Max―. Es como correr doscientos kilómetros antes de dar una fiesta.
    ― ¿Una fiesta, Max? ¡Más bien el banquete del universo, diría yo! Además, hasta ahora hemos llevado una vida muy tranquila aquí. Hemos tenido que estar silenciosos como ratones ―rio―, para oír esas pisadas que se alejaban de puntillas

    Mientras el doctor Paul cogía una hoja escrita a máquina, el buitre abrió las alas y planeó hasta el vertedero, ahora vacío. La voz de Paul recordó a Richard los caramelos con sabor a lima que compraba en una tienda cuando era niño, en Filadelfia: verdes balas cristalinas de información, con un centro efervescente: los mejores envoltorios de datos Hammond

    ―Cuanto más nos adentramos en el cielo con nuestros radiotelescopios ―parloteó Hammond―, más tenemos que retroceder en el tiempo hacia el comienzo mismo del universo. Hace ocho o nueve mil millones de años, fuentes de ondas de radio muy poderosas indican la existencia de un caldero de actividad. Eso fue cuando las galaxias empezaban a formarse, surgiendo de las energías que siempre hemos supuesto liberó la bola de fuego primigenia. Hace nueve mil millones de años, sólo hay un difuso fondo de radiación. Es de suponer que representa el enfriamiento de la misma bola de fuego, el eco calorífico de ese primer acto de creación. Ahora hemos descubierto, trabajando con ondas muy cortas, en colaboración con el telescopio de los Andes, cierto número de discrepancias en este fondo uniforme de microondas

    Hizo una breve pausa para tomar aliento, y examinó a sus cansados colegas, que a sus ojos eran ahora simples muñecos recortados que representaban a la Reuters, a la United Press Intemational.

    Los de los Andes se van a enfadar en serio cuando Paul deje caer su bomba, pensó Richard. ¿Se lo habrá consultado siquiera? Pero, después de todo, ¿no tiene al director de los Andes en el bolsillo? Nombrado por la junta, y la junta en el bolsillo de Washington, y el doctor Paul, tan amigo de muchos senadores y congresistas influyentes, un premio Nobel que apoyó la candidatura republicana y arrimó el hombro antes de que el carro triunfal del miedo a la depresión económica hubiera alcanzado el sorprendente impulso que tenía ahora

    ―Y a través de estos agujeros detectamos otra radiación de una naturaleza muy diferente, oculta casi en todas partes por el llamado brillo de la bola de fuego, lo que prueba que el universo en su conjunto es radicalmente diferente a cualquier cosa que pensáramos hasta ahora. El cosmos no sólo es no isotrópico, sino que todo el universo físico, con la totalidad de la materia que comprende, incluida nuestra Tierra, ¡no nacieron del Huevo Primordial!

    »Sí, un universo de materia positiva eclosionó hace aproximadamente diez mil millones de años ¡Y nada más nacer, desapareció para convertirse en otro tipo de ente! Las galaxias, las estrellas, nosotros mismos, sólo somos una especie de fantasma de aquél. Cierto, hemos encontrado las huellas de Dios resonando en los cielos en el momento de la creación, pero esas huellas ¡se alejan de nosotros!

    ―Lo estás poniendo un poco fuerte ―señaló Max, encogiéndose aún más sobre sí mismo, con un aspecto verdaderamente poco fantasmal, aunque quizá algo amiboideo.
    ―Es necesario para la presentación, Max. Incluso aunque no fuera cierto.
    ― ¿Y qué tal una cita de Hamlet? ―interpoló Max secamente―. «Oh, que también este sólido universo haya de fundirse, haya de acabar en» ¿En qué? ¿En una concatenación de agujeros negros microscópicos?

    Hammond dejó caer la primera página y cogió la segunda que, advirtió Richard, estaba en blanco, aparte de las ecuaciones que contenían lo principal de la argumentación. Muy típico del doctor Paul, haber preparado una grandiosa obertura y luego no molestarse en acompañar con texto la parte vital del teorema.

    ―Imaginemos la bola de fuego primaria, caballeros ―empezó, ya dirigiéndose a las multitudes―. Este «huevo» primordial, que contiene toda la materia y energía de un futuro universo, se envuelve con todo el tejido del espacio. No hay nada aparte de él, ni un más allá, ni otro lugar para que exista nada. Entonces, este Huevo explota. Hasta aquí nos trae la teoría ortodoxa.

    »Pero consideremos la manera de explotar. De la Constante de Hubble (a ellos se la explicaré, no te preocupes) debemos deducir que el Huevo original sólo media unos tres o cuatro años luz de diámetro, y seis minutos después tendría que tener ochocientos años luz de diámetro. Desde entonces se ha hecho trescientos millones de veces más grande, enfriándose a una velocidad proporcional, hasta convertirse en el universo actual, con su ritmo de crecimiento. Pero ―se humedeció los labios, con los ojos brillantes― aquí falla algo básico.

    Hay gente que parece hablar deprisa por principio, reflexionó Richard, para impresionar a los demás con su elevado C.I. Pero de vez en cuando carraspean, tosen, o tienen algún otro truco para sustituir los «ehhh» y «ahhh» normales del resto de los mortales. No era así con Paul Hammond. Una vez lanzado, lo más que podía pasarle era quedarse sin aliento de cuando en cuando, y tener que detenerse un instante antes de reanudar su frenético vuelo.

    ―Una expansión en seis minutos de un factor de setecientos veinte años luz supone una cifra para la velocidad de la luz de dos años luz por segundo. Cosa imposible, a menos que apañemos chapuceramente el concepto mismo del tiempo. En una situación como la descrita, cada partícula alcanzaría pronto una masa infinita, con un campo gravitatorio infinitamente fuerte. Así, cada partícula se colapsaría en una singularidad. La trama del espacio no puede crecer tan deprisa como para contener una explosión como la que se deduce de la teoría. La única expansión posible es hacia adentro
    ―Como la «emigración interna» bajo el Tercer Reich ―suspiró Max.
    ― ¡Exactamente! Buena frase, la recordaré. El universo emigró internamente, dejando una miríada de agujeros negros extremadamente pequeños que se enlazaron violentamente para formar lo que llamamos «materia». Así son los quarks, los gránulos de materia subatómica en cuya persecución se han malgastado tantos millones en ciclotrones. Éste es el motivo de que no haya grandes masas de antimateria en el cosmos. Según las estadísticas, debería haber un equilibrio al cincuenta por ciento entre materia y antimateria. Lo hubo, pero estas distinciones triviales se desvanecieron en el agujero negro. Tenemos un cosmos ocupado casi absolutamente por materia, porque se basa en cascarones entrelazados de nada absoluta. Pero, por supuesto, no es éste el universo que fue creado por Dios. Sobre lo que sucedió en el universo «real» sólo podemos especular, y sobre lo que está sucediendo ahora

    Max agitó un instante las manos en el aire, como aletas, antes de dejarlas caer otra vez sobre su cuerpo. Cerró los ojos.

    ― ¿Dónde está el universo creado por Dios? Existe en otra dimensión, a la que fueron a parar toda la materia y antimateria, obligadas por las leyes físicas de expansión. Este universo nuestro es ―juntó las palmas de las manos, en burlona imitación del gesto budista de bendición― un subproducto ilusorio. Maya, una ilusión. Formas ilusorias aprovechadas por una matriz de nada. La energía liberada por la fusión de todas esas singularidades es lo que alimenta nuestra expansión, y no el Big Bang. A diez mil millones de años luz de distancia, hemos detectado unos pequeños atisbos de aquella gloria original. Pero no es nuestra gloria

    Se examinó pensativo las bien cuidadas manos, como un juego de fenómenos inexistentes, esas manos que con tan poca convicción acariciaban a Ruth: tan seguras de su propia supremacía táctil.

    Max se agitó, una foca cansada saliendo del agua. Todos nos estamos convirtiendo en animales, pensó Richard. Él es una foca, ¿y yo, qué soy? Una especie de osito de peluche, básicamente una mascota inactiva.

    ―Eso de la velocidad de la luz a dos años luz por segundo ―objetó Max―. ¿Por qué no, Paul? Supón que contemplamos individualmente cada partícula, que le suponemos una pérdida de masa

    Hammond hizo un gesto de impaciencia.

    ―La pérdida de señal al atravesar nuestros «atisbaderos» se corresponde exactamente con la fusión propuesta de singularidades en materia. ¡De eso no hay duda!
    ―Paul Nos preguntarán cómo podemos tener atisbaderos, cuando no hay nada que atisbar
    ― ¡Hasta mi mujer es capaz de preguntarme eso! Muy sencillo. Primero está el Huevo, con todo el espacio apretado a su alrededor. Segundo, esto explota para convertirse en la Bola de Fuego, generando espacio a medida que se expande. Tercero, todas las partículas alcanzan una masa infinita y se colapsan, aproximada, pero no exactamente, al mismo tiempo. ¡Ésa es la clave, esa fracción de segundo! Entonces, cuarto: estas singularidades se funden para formar lo que con tanta satisfacción llamamos materia, mientras la energía liberada en el proceso alimenta la expansión del pseudocosmos resultante.

    Hammond miró a Richard Kimble con gesto misterioso.

    ―El acicate para toda la astronomía del futuro, mi querido Richard, y también para la religión, debo añadir, será la desesperada necesidad de entender la naturaleza del auténtico universo que «emigró internamente», según la conmovedora frase de Max, durante aquellos primeros momentos del tiempo. El auténtico universo es, como dirían los místicos, una realidad inmanente que reside dentro de cada átomo de nuestros cuerpos. ¡Pero al otro lado de una barrera impenetrable! Tiene que ser un universo organizado en sí mismo; sobre eso no me cabe la menor duda. Ni sobre que es el universo creado por Dios.
    ― ¿Y habitado por Sus ángeles? ―suspiró Max―. ¿Por qué tenemos que meter la religión en todas las ecuaciones?
    ― ¡Porque, hasta ahora, parecía que la ciencia intentaba destronar a la religión! Yo la acabo de restaurar. Con esto demuestro la existencia de Dios, porque el universo es un universo en su tiempo cerrado. ¿De dónde salió el Huevo Primordial? ¿Del colapso de algún cosmos previo parecido al nuestro? ¡Oh, no! Si la materia es lo que yo digo, no pudo existir ningún ciclo previo. «Nada puede salir de la nada», diré, si te empeñas en que cite a Shakespeare. Eso lo sabe hasta un idiota. El colapso de nuestro cosmos, cuando llegue, no podrá producir otro Huevo, sólo un punto de vacío reconcentrado. ¡La nada elevada a la enésima potencia!
    ―A mí me parece ―señaló Max― que estás dando pruebas al ateísmo, no a la religión. Quiero decir ateísmo en sentido literal. La ausencia de Dios. Sí, está en alguna parte. Sí, provocó el Big Bang pero para Él, nosotros, nuestras estrellas y galaxias, no tenemos la menor importancia.
    ―De cualquier manera ―insistió Paul―, existe un Dios, aunque no sea para nosotros. Porque sólo se ha hecho un universo. ¡Construyó un universo al otro lado del nuestro! A partir de ahora, la física y la química tendrán que cambiar por completo. ¡Y también la lógica! Nuestra labor ahora es edificar una cosmología para aquel universo. Al infierno con éste. El hecho de que Richard piense que esto será el final de las donaciones de fondos me parece una idea de lo más limitado. Y ya que lo mencionamos, no me extraña que fallara la estupidez de OZMA. No puede haber señales de radio procedentes de Tau Ceti, ni de ninguna parte. Cualquier raza realmente avanzada tiene cosas mejores que hacer con sus recursos que chismorrear con sus vecinos de al lado.
    ―Paul, volviendo a esa idea de que un Dios tuvo que crear el Huevo, puesto que éste sólo ha podido existir una vez en toda la eternidad, no hay duda de que cualquier cosa puede suceder en un tiempo infinito, incluyendo la aparición espontánea del universo, ¿no?
    ―Mi querido Max, el tiempo está en función de la materia, al igual que el espacio. No existe nada parecido a la «eternidad», a la espera de que ocurran cosas en algún momento, de la misma manera que no existe un espacio vacío a la espera de que un universo lo llene.
    ―Así que estamos demostrando a la vez que Dios existe y que no existe para nosotros ―gimió Max―. ¡Qué maravillosa noticia para anunciar a la prensa! ¿Seguro que es buena idea, Paul?
    ―La cosa se animará un poco ―sonrió Paul―. Me estoy empezando a aburrir de los asuntos locales: lunas, planetas, vías lácteas. La astronomía debe convertirse en la forma más elevada de filosofía, ¡de religión! Ya va siendo hora de que la gente deje de concentrarse en las patéticas disputas sobre el petróleo, el cobre, la pesca y todas esas cosas ―dejó escapar una carcajada sarcástica, al tiempo que miraba por encima de su hombro.

    Ahora el buitre escarbaba en el vertedero, buscando huesos de pollo. Sería agradable imaginar, pensó Richard, que Paul sólo quería inducir una especie de resignación budista en los habitantes del mundo, en un tiempo en que todos los futuros posibles parecían igual de sombríos y desagradables.

    Max dijo unas cuantas cosas al azar sobre lo que había oído en la radio aquella mañana, mientras desayunaban Un barco tanque japonés hundido por minas de la guerrilla en el Estrecho de Malaca La epidemia de ántrax que se extendía desde la maltratada Nueva Guinea, había llegado a las Célebes y a Mindanao Australia había retirado a su embajador en Washington como protesta por la aparición ―en aguas antárticas― de icebergs radiactivos que los australianos habían dejado ante la puerta del proyecto de eliminación de residuos de la Comisión Norteamericana para la Energía Atómica, Operación Nevera

    Tensiones sintomáticas en la irritación y la cordura del mundo. Pero, al mencionarlas, Max sólo consiguió parecer intrascendente e incoherente. ¿Qué tenía que ver todo aquello con la cosmología?

    ― ¿Nos vamos a dormir un poco, Paul? ―suplicó por fin―. Algunos de nosotros somos humanos Estoy de acuerdo contigo en darle al mundo algo en qué pensar, pero ¿tiene que ser esto? ―añadió, con un matiz de horror en la voz.
    ―Humanos, demasiado humanos ―asintió alegremente Hammond―. Habéis trabajado bien, id a descansar. Para los periodistas.
    ―Quizá me lo salte, Paul. Estoy agotado hasta la médula

    La condición humana, meditó Hammond, mientras se levantaban para marcharse. «Primero teníamos que ponernos en paz con nuestra propia nada. A partir de hoy, será con la nada de la materia misma, de todo este cosmos».

    ―Me recuerda al Viejo Marinero ―confió Richard a Max―. ¿Matamos a ese buitre y se lo colgamos del cuello?
    ―No es cosa para tomársela a broma ―saltó Max, cerrando tras él la puerta de Hammond―. Para estar seguros, necesitamos una línea básica de observación realmente larga. Y para eso hacen falta al menos una antena en la órbita terrestre y otra en la Luna
    ― ¡Quizá Paul quiera llamar tanto la atención precisamente para eso! ―exclamó Richard ardorosamente, tratando de convencerse a sí mismo, sin ganas de identificarse con el derrotado Max―. Una nueva misión Apollo para la humanidad
    ― ¿Las hordas de la Tierra necesitan ese tipo de misión? ―bufó Max―. Que Dios nos ampare.
    ― ¡Quizá Paul tenga razón! ¿Cómo si no podremos asegurar la continuidad de la investigación fundamental? Los recortes de presupuesto que hemos visto no serán más que picaduras de pulga en comparación con lo que nos espera. Sólo estamos aquí gracias a la habilidad política de Paul. Pero hasta la habilidad tiene sus límites. Si ahora Paul se tiene que convertir en profeta para que la astronomía no muera
    ― ¿Por ti, perfecto? ―pese al cansancio, la voz de Max era despectiva―. Una nueva religión de un universo sin Dios, que demuestra la existencia de Dios en otro modo de ser Oye, Paul, ¡es una locura! ¿Crees que esto ayudará al mundo? Me rindo. ¿Qué puede hacer un viejo?

    Max parecía casi extravagante en aquella parodia de sí mismo, mientras se alejaba para dormir un poco. Richard caminó por el pasillo en dirección contraria, concentrándose en imágenes de ballenas y del océano. Pero ni así consiguió tranquilizarse.

    Salió al exterior con paso inseguro. El brillo puro del sol mexicano le golpeó y le penetró, ensordecedor, tras las órbitas de los ojos, la cúpula azul del cielo era una gran campana vista desde adentro.

    Vio a Ruth Hammond sentada en una roca, a la sombra que proyectaba el Gran Plato, y se dirigió con largas zancadas a la sombra junto a ella, controlándose para no taparse los oídos con las manos. La mujer observaba a un lagarto color malva que cazaba moscas a medida que éstas se posaban en una lata vacía de ravioles. Se podía ver la lenta rotación del plato ―a medida que rastreaba automáticamente las señales de las «huellas»― por el cansino discurrir de la sombra sobre el suelo.

    ― ¡Paul está fundando su propia religión! ―dijo, de modo incoherente―. La «Primera Iglesia del Ateísmo Místico-Científico». ¿Quieres apuntarte como admiradora?

    Estaba demasiado cansado para decidir si trataba de ser ingenioso o insultante. Y, después de aquello, quedaba poco más que decir.


    11


    SUEÑA QUE ESTÁ ATRAPADO EN OLAS DE NIEVE, una suavidad gélida que enmudece cada sonido, que ciega cada visión. Niebla blanca, sonido blanco Intenta escapar, huyendo con miembros quebrantados. Y los sonidos le llaman desde atrás, tratando adquirir sentido.

    Pero el latido de la sangre en sus oídos los borra. El latido aterrado de su sangre se convierte en un tambor ensordecedor dentro de su cráneo.

    Los fantasmas de atrás se llaman «palabras»

    Se detiene un momento; abre su sensibilidad a ese algo salvaje y amorfo que tiene en la mente. El latido enloquecedor cesa por un momento, y casi comprende estas palabras fantasmas; y por qué huye, incluso cómo lo consigue, y, entonces, la reverberante cavidad de su interior se inunda de cera fluida, y despierta para descubrir que está revolcándose en olas marinas, disparando el acre algodón blanco de nieve por su fosa nasal, como una espuma amarga.

    El sueño lo asusta. En él, vacía y a la vez no vacía esas olas de nieve. Era como si él estuviera inventando la forma de la nieve, a partir de un conocimiento posterior que no tenía nada que ver con su vida onírica.

    Físicamente primero recuerda haber visto nieve, verla de soslayo desde aguas frías en orillas yermas cubiertas hasta el mismo mar por esa blancura, sentir cómo sus aletas se agitaban ante la vista de tierra firme, mientras saltaba para tratar de erguirse y mirar.

    Luego se arañó la frente y el lomo al pasar entre enormes pedazos flotantes de hielo duro como la roca, para frotar su morro contra ellos.

    En aquel tiempo tenía frío y hambre; vivía de su propia grasa mientras huía hacia el sur.

    Y dos pequeños peces plateados habían surcado el cielo, con chasquidos gemelos al golpear las aguas mientras giraban; ¡podrían haber sido chispas ante sus ojos, de no ser por el agudo chasquear de sus colas! Tuvo que rodar de costado para ver el breve relámpago de plata sobre gris. Luego sólo hubo un pez plateado, y una llama crepitante dirigiéndose al punto del mar donde él había estado.

    Huyó mientras las ondas de choque recorrían las aguas, haciendo tambalearse de lado a lado los enormes trozos de hielo, ¡el golpe que vino del cielo!

    El agua de la superficie tenía un sabor hediondo, pegajoso y quemado. Flotaban cosas que él rozó ligeramente, sintiendo que aquel «puño» concreto estaba destrozado, había perdido sus dedos.

    Una masa inerte de carne congelada flotaba allí, con sus largas aletas y sus cúpula blanca de aire. La cola de aquella bestia estaba increíblemente dividida, bien podría haberla usado para correr por la nieve, por la tierra firme Algo familiar rozó su conciencia, pero era también algo extraño.

    ― ¿Quién eres? ―preguntó mediante impulsos a la forma desmadejada.

    Pero la pequeña bestia de cola dividida estaba muerta. Jugó un rato con ella, empujándola con su frente, hasta que las burbujas desaparecieron y se hundió.

    El puño, podía hacerle daño. Quemarle. Hacer hervir el aceite de su frente

    Su cuerpo sintió una vez aquel brillo del fuego, para enseñarle qué era, una y otra vez. Su cuerpo recuerda el dolor ardiente, pero no es una memoria completa. No fue él quien lo vivió, como vivió aquella huida por la nieve

    Otros recuerdos de su cuerpo: la primera inhalación de aire, la nube de espuma ensangrentada, el costado de la gran forma materna Pero no fue él quien lo experimentó. Se filtra en él como un recuerdo del cuerpo, no como un recuerdo de la mente.

    Las primeras alegrías y agonías de su cuerpo, que comenzaron tanto tiempo atrás con aquella espuma ensangrentada, le eluden; pero cada contorsión de sus aletas, cada movimiento de su cola, le traen la conciencia de ellas.

    Hay un extraño hiato entre su nacimiento y su situación actual.

    Corrientes de Ser contrario convergen en el presente. Tantas capas de la memoria, tanta confusión

    Nieve. No la vio hasta mucho más tarde. Pero ahora la ve en su sueño, como una experiencia de Antes, y, en retrospectiva, inventa su aspecto. ¿Es posible que también haya inventado la apariencia de esa «voz», de esas «palabras»?

    Las categorías se retuercen y pierden su forma para acomodarse a su sueño. Su misma fragilidad está llena de una angustia que le atormenta, mientras se retuerce en un vientre de preexperiencia, muriéndose por nacer, o por un piadoso aborto.


    12


    LA SOLITARIA CAMPANA resonó aguda sobre Mezapico, mientras Richard Kimble estaba sentado en la pulquería ante un vaso de refresco de lima con algo de ginebra. Fuera, la Sierra de Paul Hammond, aparcada oblicuamente, bloqueaba la estrecha calle. Un equipo de la CBS estaba rodando algunas tomas del pueblo, y Richard era su acompañante.

    Varios policías extra habían sido traídos al pueblo desde San Pedro. Estaban sentados al otro lado para poder tener una buena vista, junto a una mesa situada tras el muro aún sin arreglar de la comisaría. Llevaban grandes revólveres negros y jugaban a las cartas. El equipo de la CBS informó sobre un control de carretera atendido por soldados, más allá de San Pedro, para detener a la prensa y hacer dar media vuelta a los turistas. Y los turistas eran muchos: cuatro mil personas, según los cálculos. Una extraña mezcla de campesinos indios analfabetos, trabajadores en paro, familias de clase media procedentes de la ciudad azotada por la inflación, mirones americanos y otros llegados de más allá de la frontera. Y el número seguía creciendo. Porque la gente no se iba. Simplemente, se quedaban allí, discutiendo, bebiendo, regateando, rezando, manifestándose; pero, por encima de todo, esperando.

    La noticia había salido a la luz hacía ya cinco días: una demostración mediante ecuaciones matemáticas demostrando que Dios existía, pero que este universo no era el suyo, sino una falsificación.

    Richard se estaba preguntando si tomar o no otro sorbo de gin fizz, que no le gustaba demasiado; la había pedido al azar, cuando un Land Rover se detuvo junto a la Sierra y empezó a maniobrar para rodear el obstáculo, subiéndose al montón de cascotes delante de la comisaría. Salió rápidamente para apartar el vehículo. Un adhesivo rojo de florido diseño en el parabrisas identificaba a sus tres ocupantes como PRENSA. El conductor era un hombre grueso; junto a él había un tipo bronceado, musculoso, de rasgos atractivos desfigurados por una desagradable cicatriz que le partía la mejilla derecha y una gorra militar verde calada sobre el cabello rubio, decolorado por el sol. En el asiento trasero se acomodaba una presencia morena, en cierto modo grácil, que Richard no detectó apropiadamente en un principio.

    ―Creo que podemos pasar ―gruñó el hombre obeso, indicando con gestos a Richard que se apartara; medialunas de sudor adornaban las axilas de su camisa.
    ―No, no me ha entendido. Soy el ayudante del doctor Hammond, Richard Kimble. En estos momentos soy su agente de prensa. Obviamente, él está muy ocupado. Yo he bajado aquí porque la CBS
    ― ¿Quién ha dicho que es?
    ―Kimble. Richard Kimble. He estado trabajando con el doctor Paul en la hipótesis de las Huellas de Dios
    ― ¿Hipótesis? Entonces, ¿queda alguna duda? ―exigió rápidamente la presencia morena de la parte de atrás, con acento extranjero, quizá italiano.

    Richard miró hacia allá. Vio los rasgos gentiles de un pilluelo callejero napolitano que había llegado a hombre a base de pasta y virilidad, para luego volver a su forma original, como si se hubiera metido en una lavadora para salir a la vez más inocente y más arrugado. Grandes ojos castaños, acusadores, le devolvieron la mirada.

    ―Observaciones, hallazgos ―se corrigió con firmeza―. Probablemente se lo conocerá como Teorema de Hammond. El doctor Paul se reunirá con la prensa mañana. Así es como le llamamos, cariñosamente ―mintió, sintiendo que el mito crecía.
    ― ¿Quiere decir que tenemos que quedarnos en este vertedero hasta entonces?
    ―Claro que no ―sonrió Richard al conductor―. Hay lugar donde alojarse en el observatorio. Allí les servirán también la comida. Todo está preparado.
    ―Incluso la guardia armada ―dijo la voz procedente de atrás.
    ―Sí, ¿a qué viene tanta seguridad? ―preguntó el hombre sentado al lado del conductor.
    ―En realidad, yo sólo he oído hablar de ello. Supongo que es para evitar interferencias. Ustedes sólo se quedarán un par de días, pero los turistas podrían seguir viniendo indefinidamente
    ―Y si lo hicieran, ¿es necesario dispararles? ―insinuó la voz morena―. Allí abajo está a punto de producirse una revuelta. Ya tienen todos los ingredientes.
    ―Gianfranco tiene razón ―confirmó el hombre grueso―. Mantener alejada a la gente provoca histeria, como mínimo. Tengo que escribir sobre esa escena del control de carretera, es una locura.
    ―Oh, estoy seguro de que exagera ―le tranquilizó Richard―. ¿Les importa que nos quedemos aquí hasta que terminen los de la CBS? Luego subiremos todos juntos.
    ―Bueno, en vista de que ha encontrado usted el bar local
    ―Cierto ―rio Richard.

    En cuanto estuvieron en el interior, sentados en torno a la mesa, el italiano ―cuyo apellido era Morelli― siguió hablando en tono apremiante sobre el significado del control de carretera. Parecía obsesionado con él, pinchando y acusando a Richard Kimble.

    ―Y ¿contra quién se dirige esa revuelta? ¿Contra su telescopio, por instaurar este principio del vacío como verdad científica? ¿O contra el vacío que tienen en sus almas? ¿O contra el vacío que tienen en sus bolsillos? Sea lo que sea, ¡su telescopio se ha convertido en el foco! Y hay allí ciudadanos de clase media perfectamente normales. Trabajadores de banca y comerciantes, conozco el tipo. Un sistema que fracasa ¿Es ésa la clave? ¿Cómo en la Alemania de Hitler? Sólo que ahora todos los sistemas están en un callejón sin salida. Iglesia, estado, comunismo, fascismo, democracia.

    »Este mensaje de la ciencia es la gota que colma el vaso. Esta vez no se trata sólo de desesperación ante el agotamiento de los recursos, o de la energía, o de la comida. Es desesperación ante el concepto mismo de Ser. Es la traición definitiva. El único asidero que quedaba era una vaga creencia en la realidad de la propia existencia. El sentido de autenticidad del hombre, se podría decir ―miró directamente a Richard―. El pueblo ha sido traicionado. Junto a su control ha comenzado una danza de muerte.

    ― ¡Pero si no es mi control!
    ―Entonces, ¿por qué está ahí, vigilado por soldados? ―los ojos de Morelli brillaban de odio. Richard se preguntó qué lo había hecho tan virulento. ¿La pérdida de la fe? Pero, ¿fe en qué?―. El motor del coche de cualquier idiota puede descubrir un quásar, si no tiene un supresor adecuado

    El hombre rubio, llamado Ivor algo, rugió de risa.

    ―Conté seis camiones blindados, la mayor parte de ellos con dos pelotones. ¿Eso es protegerse contra las interferencias? Han tendido cientos de metros de alambre espinoso entre los matorrales, con un pequeño punto de control en el centro ―el atractivo rostro bronceado, con su marca desfiguradora, se inclinó hacia Richard―. ¡Tendría que haberlos visto haciendo cabriolas para que los fotografiásemos cuando nos dejaron pasar! ¡Menudos soldados!
    ―Apesta a Cecil B. de Mille con bajo presupuesto ―rugió Morelli―. Está apañado.
    ―Esos chicos no saben lo que les espera. La multitud está a punto de estallar. Tengo olfato para estas cosas.

    Richard se secó la frente con el dorso de la mano, perplejo.

    ―Si están de tan mal humor, supongo que el telescopio necesita protección.
    ―Yo diría que están de tan mal humor porque les están frustrando ―señaló el gordo―. Si no, lo más probable es que se limitaran a subir aquí a mirar con la boca abierta. Pero qué demonios, será material para un buen artículo.

    El patrón, un pueblerino hosco y recio, les llevó una bandeja con bebidas: ron con soda para el italiano, cerveza tibia para los otros dos.

    ― ¡Hielo! ―preguntó en español, esperanzado, el hombre gordo―. ¿Tiene hielo?

    El patrón negó con la cabeza y se alejó.

    ―Claro que no tiene ―rio disimuladamente Morelli―. Han cortado el suministro eléctrico para que no haya interferencias, ¿no te habías enterado? Así que nada de neveras.
    ―Eso no es cierto ―saltó Richard―. Nos ofende con esa sugerencia. Nuestros técnicos recorren frecuentemente la ciudad para arreglar Dios sabe qué generadores destartalados y otras cosas. A veces incluso cambiamos gratis el equipo usado por otro nuevo. Es necesario. Y nos cuesta mucho.

    ¡Y también a Paul le habría costado algo tirar de las cuerdas necesarias para preparar aquel control militar! Pero ¿Cecil B. de Mille? Obviamente, los soldados no eran extras pagados. Pero, con el toque dramático que aportaban a la ocasión, parecía más que plausible

    ―Ese control de carretera ―murmuró en tono de disculpa―, díganme algo más sobre él.
    ―Hay que comprender la dinámica de las multitudes y los movimientos populares ―comenzó Morelli de una manera fervorosa, didáctica. Según vio Richard en su chapa de prensa, representaba a una agencia francesa, pero, más que nada, parecía representarse a sí mismo―. Cuatro grupos diferentes interactúan ahí abajo, en función de esa barrera artificial: el pueblerino supersticioso, que cree que los científicos han demostrado la existencia de Dios, ¡pero no está seguro de si eso significa que el diablo gobierna el mundo, ya que parece que Dios está de vacaciones desde que terminó de fabricar este tinglado!

    »El pequeño burgués, ya amenazado desde todas partes por la caída de los valores tradicionales, y lo suficientemente bien informado como para temer los años venideros. Sus motivaciones son el pánico de clase y la codicia, el típico estado de ánimo pre-fascista que lleva a las dictaduras. Sólo que esta vez se podría manipular hacia una especie de Cienciología. No, no he usado la palabra correcta; ese culto ya existe. Me refiero a algún tipo de ciencia dura equivalente al concepto del pueblerino de «salvación». Eso podría ofrecerle una salida al burgués. Llámelo ciencismo, o cienciocracia, alguna variante mística de ciencia.
    »Luego está el hippy californiano, que se prepara para repetir el espectáculo del Festival de Altmont para celebrar las nuevas revelaciones, tocando sus guitarras y a sus chicas. Siempre están buscando un gurú

    Mientras Morelli hablaba, Richard no dejaba de visualizar la película Los Diez Mandamientos, que había visto de niño. Era de Cecil B. de Mille, ¿no? Le pasó por la mente la secuencia de Moisés bajando de la montaña, llevando las Tablas de la Ley a los desconsolados israelitas, y el rostro de Moisés, con su pelo plateado estremecido por la electricidad de la presencia de Dios, era el rostro de Paul Hammond

    ―Y, por último, los turistas normales representan a la burguesía media americana, aún más traicionados y desengañados por los acontecimientos que sus primos mexicanos. Y, además, amargados por el vergonzoso declive de su país. Les resultará muy útil una reacción chauvinista de orgullo y dedicación a algo que reviva el Espíritu de Apolo. Lo ideal sería que ese algo repolarizara el genio científico del pueblo americano en dirección a un objetivo abstracto y ultraterreno, sin la mancha de Vietnam. Tecnológico, sí. Pero religioso, en vez de político o militar. El control funciona como un crisol para estas corrientes ideológicas tan diversas pero tan representativas. Las bayonetas serán el cebo incitador. Es un brebaje potente: ¡locura a escala mundial!

    Cómo habría hinchado las plumas el doctor Paul de oír aquel análisis de la situación. Richard casi creyó que había aparcado la Sierra de aquella manera descuidada, casi como una barrera, en función de un reflejo condicionado por Paul

    Pero, mientras ellos bebían, el sacerdote del pueblo miraba titubeante desde fuera. Repentinamente entró en la pulquería, con un ligero y extraño resbalón, como si cruzara una grieta estrecha y muy, muy profunda. Su calva cabeza parecía haber encogido, o haberse derrumbado hacia dentro alrededor de las orejas. La mecía constantemente de lado a lado, como un cráneo suelto colocado sobre la columna vertebral. O como si tuviera que librarse constantemente de pequeñas moscas invisibles que se le posaran encima.

    ―Dispénsenme, uno de ustedes es de la, eh, cosa de la montaña, ¿sí? ―dientes medio podridos en encías marrones, sucias

    Richard, dubitativo, se identificó. El sacerdote parecía mucho más frágil y patético que cuando lo viera unos días antes, de pie ante la puerta de su iglesia. Una marioneta rota.

    ―Soy, eh, el padre Luis. Me he enterado, ya sabe, de su, eh, descubrimiento de la ausencia de Dios. Deus absconditus ―se metió un dedo en aquella boca rota y tiró de su lengua; asintió―. Entiendo el, eh, sistema de los mezapicos, pero no puedo hacer los sonidos con mi boca. Hay que aprenderlos de niño. Pero estaban silbando sobre los soldados de abajo. Y las multitudes

    Hizo un gesto de impotencia.

    ―Tengo que saber qué significa, tengo que decírselo a mis hijos, algo, para consolarlos. Para explicar. No tienen nada; decirles que tampoco son nada ¡eh!

    Las palabras murieron.

    ―He rezado para que la, eh, cosa plateada de arriba no ―se interrumpió. La frase cambió de rumbo―. ¿Saben?, tuve una visión. No he dicho esto a nadie. Ni siquiera a mis superiores de San Pedro.

    El hombre gordo se secó el sudor de las manos en los pantalones y empezó a escribir en taquigrafía en un bloc de notas. Morelli devoraba con avidez las palabras del padre Luis, como si tratara de memorizarlas. A Richard le pasó por la cabeza que, si los soldados del control en la carretera podían ser extras contratados por Paul para su drama cósmico, ¿por qué no pagar también a este viejo sacerdote para que desempeñara un papel? Pero era una idea ridícula. ¿El padre Luis, con su titubeante manera de expresarse y sus torpes revelaciones, fueran las que fuesen? Llevaba años en aquel desierto de privaciones que era Mezapico. Como un San Antonio de tercera, ahora tenía una oportunidad de balbucear visiones. Pero no era más que un personaje triste, patético, un juguete roto. ¡Qué precariamente mecía la cabeza mientras se esforzaba por hablar!

    ―Un día subí para verlo, caminé hasta allí. Cuando llegué ―sus manos señalaron en dirección al Gran Plato―, no había nadie, ningún alma. Todo el universo muerto. Sólo comida para los buitres. Esterilidad. Yermo.
    ―El valle de los huesos secos ―citó Richard, rápidamente.

    Todo era tan derivativo. ¿De dónde salía? ¿Ezequiel, o el Eclesiastés? Lo había olvidado. Pero, ¿no demostraba esto que el doctor Paul no podía estar relacionado con el sacerdote? Paul habría imaginado algo menos banal con que retener a los viajeros, y no un simple versículo de la Biblia.

    ―Pero, ¿qué tiene eso de especial? ―exclamó el padre Luis, mirando fijamente a Richard, al parecer negando sus sospechas―. Siempre es igual aquí. Sólo era mi estado de ánimo. Un estado de ánimo no es una visión

    » ¡Ah, mi visión! El cuenco de plata colgaba, mirándome. Estaba lleno de luz, una cucharada de sol. Pero, en vez de derramarse del cuenco, el líquido colgaba vertical. Sin ceder al tirón de la Tierra. Él era más fuerte. ¿Han visto alguna vez una fundición? Los cuencos de metal fundido vertiéndose como lava de un volcán. ¡Pero esta luz fundida no caía! No había calor, sólo luz. ¡Y qué fuerte era esa luz!

    Cerró su frágil puño e hizo crujir las articulaciones, como si pretendiera convertirlas en polvo.

    ―No quiero decir que me cegara, no, no fuerte de esa manera. Pero fuerte como ―su puño no fue capaz de volver a conjurar el gesto―. Tendones. Una criatura de brillantes tendones. A cada momento conseguía más músculos, de la luz del pecho del sol. Y esa criatura de luz nada rígida dentro de sí misma, tensando sus fibras robadas. Pero entonces su, eh, su poder sobre sí misma, se hizo tan fuerte, ¡con qué codicia se aferraba y envolvía en esas fibras! Ya había absorbido todos los tendones del sol, así que ahora el sol era negro junto a mí, seco como si hubiera sufrido una horrible tortura No despellejado, algo peor, todos los músculos arrancados del cuerpo como alambres hasta que el cuerpo es una masa inerte, inútil, retorciéndose de dolor.
    ―El motivo de que el sol se oscureciera ―susurró Richard a los demás― es, obviamente, que estuvo mucho tiempo mirando el reflejo en el plato, dando la espalda al auténtico sol. Los receptores de luz del centro de la retina se abrieron de golpe, y los receptores laterales sólo sirven para detectar cambios y movimientos. En la dirección en que él miraba no había ninguna de las dos cosas, así que se cerraron. ¡Y sufrió la ilusión de estar mirando desde arriba un túnel de luz! Ustedes mismos pueden comprobar el efecto
    ―No diga tonterías ―siseó Morelli.
    ― ¿De verdad enfocan el telescopio directamente hacia el sol? ―inquirió el hombre rubio, con risueña incredulidad―. ¡No me extraña que vean manchas!

    Richard se dio cuenta de que no podía imaginar las posiciones de telescopio, sacerdote y sol por mucho que lo intentara El Gran Plato no podía haber estado apuntando directamente al sol; el tipo tenía razón.

    Hum ¡probablemente el viejo sacerdote era medio ciego! Su titubeo antes de traspasar el umbral del bar era típico de un hombre que apenas ve nada en una habitación en penumbra; para quien la existencia de un suelo sólido es cuestión de fe, aunque había que dar cuerda a esa fe para activarla, como si fuera un reloj.

    Tras encogerse de hombros, desconsolado, el padre Luis siguió hablando. Pero no había sido un gesto de paciencia ni de tolerancia. En cierto modo, el tiempo había dejado de existir para él: no existía un contexto para la paciencia o la impaciencia.

    ―El ser de tendones empezó a consumirse a si mismo, una vez hubo consumido todas las fibras del sol. Ahora se torturaba, devoraba su propia luz. La bestia se engulló a sí misma, y ya no pude ver al ser. Ni nada más. Me quedé con los pies sobre la nada. Mis ojos contemplaban la nada. Me estaba muriendo, lo sabía, el vacío me estaba absorbiendo. ¡Pero!

    Volvió a llevarse el dedo a la maltratada boca y se tiró de la lengua. Esta vez consiguió emitir un sonido, mientras hacía gestos

    ―Había silbidos a mi alrededor, como llamadas de pájaros trayéndome de vuelta, reconstruyendo el mundo. Tres indios silbando al cuenco de plata, ¡y sus sonidos me rescataron! Rehicieron el mundo para mí. Así que lo pude ver. Aunque no existía del todo, eso también lo sabía. Mi fe cambió entonces, son los pensamientos y las palabras de un hombre que hace el mundo, no los pensamientos de Dios. El hombre no es una idea en la mente de Dios. Todo lo contrario: el mundo es una idea en la mente del hombre. Por favor ―suplicó, con su cabeza meciéndose de agotamiento, como si fuera a quedarse dormido delante de ellos―, no desimaginen el mundo. Esto es un desierto pobre, podrido, pero también es un hogar de almas Así que toco la campana, porque es la única manera que tengo de silbar

    Morelli, como en trance, siguió con la vista al padre Luis, mientras el sacerdote volvía bruscamente al sol que cocía la calle arrastrado por tendones de luz

    Richard se estremeció violentamente.

    Pero, para entonces, el equipo de la CBS había vuelto a su Land Rover alquilado y hacían sonar con impaciencia el claxon.


    13


    ¡CÓMO SE BURLAN DE ÉL, cómo le dejan en ridículo estos fantasmas de una vida irreal!

    Una vez más se frota contra una de las hembras del harén; se desliza por su costado, rozando su piel contra la de ella, acariciándola con sus aletas. Cómo desea sumergirse bajo ella, retorcerse en torno a ella, bailar con ella, surcar juntos el mar. Cómo anhela saltar de las aguas con ella, en equilibrio, antes de volver a caer entre espuma y gotas de agua salada. Cómo querría penetrarla con su pene en ese clímax efímero, mientras están erguidos juntos sobre las olas, él bombeando amor dentro de ella, como su madre bombeó leche dentro de alguien que una vez se pareció a él, ¡y, mientras, lanza sus señales al aire para librarse de la temible comezón!

    Antes, el orgasmo no requería un equilibrio tan precario, con una necesidad menos frenética de conseguirlo sobre la cresta de las olas El orgasmo llegaba tras un lento yacer juntos, entrelazando miembros que no puede entender, imposibles roces de bocas y lenguas. Pelo fluyendo en torno a él como algas, adhiriéndose

    Así, desecha el auténtico mensaje de los clics en favor de una fantasía. Estúpidamente, hace caso omiso de la dura burbuja de flatulencia en el vientre de ella, la hinchada carne en su vientre, el duro nudo en sus intestinos, que perfumará el mar cuando lo vacíe, es lo que la incómoda ahora. Todo envía el mismo mensaje: ¡NO DISPONIBLE! Lee los ecos de todos estos signos en las suaves paredes de su melón, pero no les presta atención, obsesionado, frustrado, tanto por el anhelo de conocerse a sí mismo como por cualquier deseo de conocerla a ella sexualmente.

    Sus «dedos» han jugado, en la oscuridad, sobre un cuerpo invisible, indescifrable para él a excepción del tacto y el recio ladrido de «palabras»

    ¡El furioso batir de las olas! ¡Las iracundas contorsiones! No piensa en ello. Rechaza el conocimiento de que ella no quiere bailar en el mar con él.

    Sólo oye a medias el tamborileo de clics amenazadores, el desafío irascible, exasperado.

    Entonces, el Gran Macho sacude la cola y se sumerge cientos de metros bajo él, alzándose hacia él, no enamorado, ¡sino como un puño!

    El golpe está a punto de destrozarle las costillas. Siente un terrible dolor en la aleta cuando las mandíbulas del Macho se aferran a ella y le zarandean sin cesar; luego lo desecha como carroña, lo escupe con desprecio, una carroña viviente y dolorida, aún parte de él, aunque sólo puede afirmarlo por el dolor

    Su frente recibe los impulsos del glifo más simple, más infantil de todos: ¡INCONGRUENCIA!

    Es un idiota. Un cachorro con medio cerebro.


    14


    AQUELLA NOCHE, Paul Hammond organizó una barbacoa para celebrar su triunfo, bajo la luz de las estrellas, con todos los periodistas y los técnicos residentes. Ruth la presidía con aires de gran señora. Al parecer, Paul la había pintado y acicalado en ausencia de Richard. Llevaba un vestido como nunca había imaginado verla, como ni siquiera había imaginado que fuera capaz de llevar. Engarzado con cientos de diminutos espejos, reflejaba la luz del fuego y las lámparas como una imitación de las estrellas del cielo. Ruth era su propia Vía Láctea, su propia galaxia espiral, girando a una velocidad impensable mientras se movía entre periodistas y cámaras que se dedicaban con ahínco a emborracharse, alentados por un doctor Paul que permanecía frío y sobrio mientras incitaba a los demás a imitar parte del espíritu orgiástico de lo que acontecía abajo, en la desértica llanura.

    Desde allí arriba se veía el brillo de una hoguera más allá de San Pedro, que debía ser inmensa, en la carretera a la ciudad. Una parpadeante estrella naranja de primera magnitud.

    En un momento dado, oyeron a lo lejos lo que parecía una serie de disparos, captados y amplificados por el Gran Plato. Pudo haber sido alguien pisando ramas secas fuera del círculo de luz: quizá un indio contemplando la fiesta, o un buitre sacudiendo impaciente las alas ante el cordero que se asaba. El hombre rubio estaba seguro de que habían sido disparos. Después de estar en Asia, en África y en Oriente Medio, estaba capacitado para reconocer el ruido de las armas de fuego, fanfarroneó. Se había pasado media vida siendo experto en disparos, y llevaba en la mejilla la marca de su único error.

    Aquel ruido llegó en un momento de absurda quietud, cuando incluso el fuego de la barbacoa y el asado se habían sumido en un intervalo silencioso. Todo el mundo dejó de hablar al mismo tiempo. Parecía como si hubieran estado esperando el sonido deseándolo.

    Pasada la segunda hora de la fiesta, cuando todo el mundo estaba ya bastante borracho, Ruth se escabulló en dirección a la casita de los Hammond. Richard la siguió, vacilante, aunque ella no le había invitado. Sentía un lejano asomo de lujuria que debía sacudirse para borrar los recuerdos del padre Luis y sus balbuceos. Le habían dejado un depósito molesto en la mente, como si no hubiera podido cepillarse los dientes durante varios días.

    Alguien seguía sus pasos entre las sombras. Ebrio, no prestó atención.

    Entró a ciegas en la casita y tanteó en busca del camino hacia la habitación de Ruth. Una ranura de luz se filtraba bajo su puerta. Probablemente, en algún otro lugar de la casa, Consuela cuidaba de Alice; no llamó a la puerta antes de abrir.

    El hombre rubio estaba en la cama con Ruth. El vestido de ella yacía en el suelo, como la piel desechada de una serpiente, con sus brillantes escamas Descansando su peso sobre un codo mientras la agarraba con la mano libre, las nalgas del hombre subían y bajaban en el fino aro de las piernas de Ruth. Ella yacía como una bailarina de ballet en posición cambré, passé, formando un ángulo de noventa grados con las caderas, arañando las nalgas del hombre con una mano mientras con la otra le apretaba suavemente el escroto, como si se tratara de una botella de plástico de kétchup

    Ruth abrió los ojos un instante y vio a Richard, luego volvió a cerrarlos mientras el aro de sus piernas se estrechaba alrededor del hombre; sólo tras un largo intervalo se relajó y liberó a su compañero.

    El hombre rubio se apartó perezosamente de ella, y entonces advirtió la presencia de Richard. No pareció molesto.

    ―Pero, ¿por qué él? ―jadeó Richard, sintiéndose más traicionado que si fuera su marido.

    Bruscamente, Ruth pareció asqueada e intentó tirar de la sábana, pero el hombre estaba apoyado en ella. Sólo consiguió ocultar sus piernas y el rombo negro de la entrepierna, dejando los pechos al descubierto. No miraba a Richard, sino detrás de él, a la puerta.

    Él se volvió, siguiendo la dirección de su mirada.

    Morelli le había seguido hasta la casa. El italiano estaba de pie en el oscuro pasillo. Ahora se adelantó, como si la mirada de Ruth fuera una invitación. Sin hacer caso del cuerpo de la mujer, la miró únicamente al rostro, e incluso eso como si el rostro fuera una unidad informe, no a los ojos ni a la boca. Aquella mirada difusa daba a entender que era como si Ruth se hubiera puesto una media en la cabeza para uniformizar sus rasgos.

    ―La sacerdotisa suprema de Hammond, veo. ¿La prostituta del templo? ―inquirió con suavidad―. Eso parece.

    El hombre rubio rodó sobre sí para sacar una cajetilla de Kool de su camisa, que estaba en el suelo.

    ―No le haga caso, señora Hammond. Sólo está celoso porque una mina árabe le voló las pelotas. Antes era el perfecto marxista mujeriego. ¡Como si no lo supiera! Sexualidad y lucha de clases; tendría que haberle oído. Pero ya ve, desde entonces ha sufrido una regresión hasta una especie de estado prepúber. ¿Eh, Gianfranco? Pecado católico, y todo eso, pero en cierto modo aún echa de menos la suavidad del vientre de la Madre Iglesia.

    Morelli soportó la exposición con una tranquilidad sorprendente. O quizá la práctica le permitió encerrar con rapidez su dolor privado. Se limitó a hacer una inclinación de cabeza y se retiró, dejando a los dos hombres a solas con Ruth. Ella les había dado la espalda y sollozaba.

    ― ¡Mierda! ―maldijo, sin rostro―. ¡Marchaos todos! Esto no es una feria. Soy de verdad. Os odio


    Paul Hammond apareció el día siguiente a las nueve de la mañana, para la rueda de prensa oficial y para grabar entrevistas a la sombra del Gran Plato: tranquilo, alerta, dotando cada palabra y gesto de inspirada desenvoltura, sin duda doblemente impresionante para los espectadores presentes. Si la noche anterior había descendido de su montaña para revelarse a ellos en la proximidad, ahora había vuelto a ascender a su empíreo. Entretanto, abajo, en la auténtica llanura, una delgada columna de humo negro se alzaba quizá trescientos metros antes de encontrar una corriente de aire que la dispersaba en todas direcciones, creando una especie de hongo elevado y fino.

    Las preguntas de Morelli tuvieron como objeto molestar a Hammond. En realidad, no eran tanto preguntas como declaraciones razonadas de oposición. Al parecer, el italiano también había estado meditando sobre las palabras del padre Luis, reflexionó Richard, como alternativa a censurar lo sucedido la noche anterior, pero era evidente que había hecho su trabajo preparatorio sobre el tema antes de ir a Mezapico. Ahora se dirigía a Hammond de igual a igual, como si los dos participaran en la conferencia de Seattle; una actitud que trastocaba el esquema mental del doctor Paul. Richard recordó que Paul había hablado de «periodistas desinformados», y le pareció rabiosamente divertido.

    ―Estoy pensando, doctor Hammond ―comenzó Morelli su denuncia―, en el valor de creer en la realidad. Si no me equivoco, usted está negando la autenticidad del universo, ¿no es así? Pero, ¿no dice la física moderna que el observador desempeña un papel en la creación de la realidad que observa? Es decir, que no es de ninguna manera neutral. Me pregunto, por ejemplo, si la paradoja del gato de Schroedinger no es necesariamente cierta para el universo como un todo. La paradoja de que nosotros, la raza humana, como un consenso de observadores, elegimos a cada instante el tipo de universo en que vivimos. Tenemos que elegir, y lo que elegimos pasa a tener entidad propia ―chasqueó los dedos―. En cada momento de cada día, somos colectivamente libres para elegir, así que es la práctica humana lo que hace del mundo lo que es. Participamos. Esto no es marxismo ni misticismo, doctor Hammond; es física, ¿verdad?
    ― ¿Se refiere a esa basura sobre factores biológicos que seleccionan las constantes físicas del universo? Para observar un universo se necesitan observadores vivos, vida, así que el universo tiene que ser compatible con la evolución de la vida. De otra manera, no hay observadores y, por tanto, no hay universo. ¿El universo es como es porque estamos aquí? Sí, conozco esa idea. Es un circuito cerrado de lógica. No tiene nada que ver con el funcionamiento diario del universo. No entiendo a qué se refiere cuando habla de que elegimos nuestro universo a cada momento. ¿Usted lo hace?
    ―Sí, creo que sí. Hay una interconexión entre la realidad y nosotros. Seamos sinceros. Las cosas no son tan sencillas como podría sugerir el simple sentido común. Participamos, ¿no? Pero, ¿qué pasa si la raza humana opta por una decisión ilógica, irracional? ¿Y si nuestra decisión es incompatible con la vida y con el sentido común? En un universo así, no habría surgido vida para observarlo. ¡No habríamos existido! Nuestra propia locura nos habría borrado. Porque los «universos» observables no son ilógicos. Imagine que nos volvemos irracionales. ¿Desapareceríamos, sencillamente, dejando a los búhos, las nutrias, los ciervos y los monos sobre la Tierra, para mantener la realidad hasta que surja una nueva inteligencia superior? ¿O arrastraríamos a la realidad en nuestra caída? ¡Esta extraña y hermosa realidad!

    Su gesto abarcó el paisaje soleado de Mezapico: las rocas, los matorrales, el humo en la llanura, el brillo del mar. Por un momento, a Richard le pareció que aquella desolación quedaba realmente transfigurada, como si le hubieran dado una mano de barniz.

    ― ¡Qué estupidez! ―le espetó Hammond, furioso―. Está confundiendo dos cosas completamente distintas, algo muy típico en los aficionados: la teoría de la probabilidad, que se centra en el comportamiento de las partículas atómicas individuales, y alguna Teoría Cósmica de Universos Paralelos, que es una pura especulación matemática

    Seamos sinceros, Paul: no es sólo eso, pensó Richard.

    ―Bien, de acuerdo, puede que el universo refleje nuestra propia existencia ―concedió Paul tras una leve pausa, viendo que causaba mala impresión en los otros periodistas, que preferían ver cómo provocaban al gran hombre a que uno de los suyos recibiera una paliza verbal―. Pero sólo en el sentido de que no lo veríamos si no estuviéramos aquí. ¡Y eso no quiere decir que nosotros estemos creando esto!
    ―No, doctor Hammond, me parece que no confundo las cosas ―insistió el italiano, y la aguda pasión de su voz fue como un gusano horadando la roca con mordiscos de ácido―. Sin duda, la teoría de la probabilidad y la teoría cósmica tienen que formar una unidad. El universo es una unidad, ¿no está de acuerdo? Su propia teoría, eso de las Huellas, es una teoría unificada, ¿no? ¡Pone las partículas atómicas y las galaxias en el mismo limbo, por la misma razón!

    El doctor Hammond asintió bruscamente e hizo ademán de girarse.

    ― ¡Piense en el gato de Schroedinger, doctor Hammond!
    ― ¡No me parece que sea el momento ni el lugar oportunos para hablar de gatos, signor Morelli! Puede que yo sea una especie de autoridad en sofismas, pero me temo que su humilde gatito sofista me deja frío.

    El chiste no consiguió provocar risas.

    ― ¡Claro que es el momento oportuno, señor! ―protestó Morelli―. Usted ha elegido anunciar su noticia de esta manera. Y mis lectores no quieren esperar otro mes entero para tener el informe científico adecuado. No, señor; puede que otros periodistas prefieran una despedida locuaz al universo, ¡pero yo no!

    Morelli miró al periodista rubio de la cicatriz, que estaba encendiendo un cigarrillo con aire aburrido.

    ―Es una pregunta razonable, Paul ―juzgó Max Berg con tranquilidad, provocando que Hammond lanzara uno de sus famosos bostezos: una alternativa a arrancarle la cabeza a su colega. Paul había presionado a Max para que apareciera en público, creyéndolo domado, y ahora se arrepentía―. Personalmente, me gustaría oír al señor Morelli
    ―Gracias ―dijo Morelli, en un tono extrañamente venenoso―. Corríjanme si me equivoco, caballeros; después de todo, sólo soy un aficionado. Bien, el gran físico Schroedinger se preguntó qué pasaría si se encerraba un gato en una habitación con una botella de ácido prúsico y un martillo que destrozaría el frasco automáticamente cuando un contador Geiger registrara cualquier radiactividad, ¿correcto? Además de este contador Geiger, se coloca en la habitación una cierta cantidad de sustancia radiactiva, medida con exactitud para que haya un cincuenta por ciento de probabilidades de que, en el plazo de una hora, uno de los núcleos se desintegre, provocando la muerte del gato. Transcurrida esa hora, ¿cuál es la situación, matemáticamente hablando? ―preguntó a Max, que se mordisqueaba los pelillos del bigote y retorcía las guías con el desafío furtivo del que se escarba los dientes en público.

    Max meditó la pregunta.

    ―Tendríamos que decir que, tras una hora, la curva de función para el sistema gato-habitación tiene una forma en la que se mezclan a partes iguales gato vivo y gato muerto.
    ―El gato tiene que estar vivo y muerto simultáneamente, ¿no es eso?
    ―Matemáticamente, sí ―asintió Max―. Por supuesto, en la práctica, el gato está vivo o muerto
    ― ¡Exacto, en la práctica! Pero, ¿qué decide la «práctica»? ¡Eso es lo que debemos descubrir! Así pues, podemos decir que este gato habita en dos mundos simultáneos y no interactivos, que no por eso dejan de ser dos mundos reales para el científico. Así, el hecho más sencillo a nivel atómico, la desintegración radioactiva de un núcleo, provoca la existencia de toda una dimensión alternativa. ¡Y esta paradoja está en el centro, no sólo de la física cuántica, sino también de la física de mundos enteros, de toda la realidad!
    ―El enigma de Schroedinger ―suspiró Max―. Si lo lleva a su conclusión lógica, acaba con que cada suceso cuántico en todo el universo produce copias de todo el universo a cada momento
    ― ¡Incluyendo copias de la Tierra, copias de nosotros mismos! Incluyendo también, ¿universos sin sentido?
    ―Una infinidad de universos ramificándose a cada segundo, oy veh Alicia en el País de las Maravillas era más sencillo ―Max se encogió de hombros―. Pero, matemáticamente, es plausible
    ―Hubo una creación de un universo ―rugió Paul Hammond―, por un Dios que se ha marchado. Nuestras observaciones indican que eso es indiscutible, Morelli.
    ―Pero, doctor Hammond ―insistió Morelli―, claro que siempre hay un universo, ¡para el observador! Pero los universos se están ramificando constantemente, su colega acaba de decirlo. ¿Qué es lo que decide en qué dirección nos ramificaremos, en qué universo continuaremos? ¿El puro azar? Diablos, entonces nuestro universo puede convertirse en uno ilógico en cualquier momento, porque, entre todos los universos que se han generado, tiene que haber algunos irracionales, en los que el tiempo discurra hacia atrás, donde la luz sea más lenta que el sonido, donde la ley sea que no haya ninguna ley. Universos sin observadores.

    » ¿Qué nos mantiene en el camino de la racionalidad? Yo creo que es el acto humano de la elección, la práctica humana, que mantiene la realidad con la misma certeza que la elección humana mata o salva al gato de Schroedinger. El factor determinante en la paradoja del gato es la conciencia del observador; ésa es la única variable activa, ¿no?

    Max se tironeó del bigote y asintió, sombrío.

    ―Así pues, el observador provoca la elección ―continuó Morelli―. Él determina qué situación existirá. Tanto arriba como abajo. ¡Tanto a nivel macroscópico como a nivel microscópico! Yo digo que el mundo sigue siendo como es por la creencia consensuada de toda la raza humana de que una mesa es una mesa, la noche es oscura y la realidad tiene determinada forma.

    Paul Hammond dejó escapar un bufido.

    ― ¡También podría decir eso si la gente creyera que la Tierra es plana, y que el sol gira en torno a ella!
    ―No estoy hablando de mitología, señor. Hablo de las raíces generales de la textura de la realidad
    ―Bien, por favor, dígame, ¿qué tomó la decisión por nosotros antes de que evolucionara la raza humana? ―preguntó Hammond con astucia―. A ver, responda a eso.
    ―Tal vez otras formas de vida ―respondió Morelli en tono misterioso.
    ― ¿Qué formas de vida? ―insistió Hammond―. ¿Extraterrestres? ¿O los dinosaurios? Antes de que el primer organismo unicelular apareciera siquiera en escena, ¿qué mantuvo la realidad? ¡Y durante miles de millones de años, encima!
    ― ¿Quizá la inercia de la naturaleza? Tal vez la inercia prevalece hasta que llegan los observadores. Con toda seguridad, la aparición de la inteligencia, de la vida, trastoca nuestra regla básica del universo, la entropía, el desorden progresivo, ¿no? Así que la inteligencia y la vida no deberían entrar en juego. Es irracional. Puede que sea ése el hecho crítico de azar que define nuestro universo como participativo: cuando la primera molécula se convirtió en un mensaje, arbitrariamente, generando la rama que desemboca en la organización vital, ¿no?

    » ¡Después de todo, un principio de conservación de la realidad prevalece, a menos que el participante lo traicione por completo! Nadie puede explicar por qué surgió la vida. Pero, al convertirse en protovida, aquella primera molécula provocó las reglas, situó el cambio en la estructura del Ser, estadísticamente. Y ahora esa vida es; lo que importa es el acto de elección que hacemos ahora. ¡Creo sinceramente que ésta es una de esas pocas veces en la historia en que la realidad consensuada es a la vez tan unificada y tan frágil como para derrumbarse!

    Bostezando violentamente, Hammond cerró las mandíbulas: un lagarto tragándose a una mosca. Pero no iba a tragarse a Morelli.

    ―Con este universo nihilista negativo suyo, está jugando usted con la realidad de la raza humana ―siguió el italiano―. Incluso puede hacer realidad esta falsedad, porque nuestras mentes están enfermas de preocupación e incertidumbre. Así, su universo será en realidad el universo. Y la ciencia, su ciencia, será la religión de ese cosmos de corazón vacío. Usted será su
    ― ¡Cállese, maldita sea! ―gritó el doctor Paul, furioso.
    ―su demonio.

    Hammond se quedó boquiabierto. Desde luego, había estado esperando la palabra «Dios».

    Se hizo un largo silencio, roto sólo por un repentino batir de alas cuando un buitre descendió de las alturas, pensando que se habían marchado todos, dejando libre el vertedero. Con un graznido de disgusto, tuvo que posarse en otra barra.

    Paul Hammond reunió todo su ingenio.

    ―La primera objeción a esa estupidez, amigo mío, incluso pasando por alto sus tergiversaciones de aficionado sobre un tema tan sofisticado como la física cuántica
    ―Y usted, ¿qué? ―le gritó Morelli―. ¿Piensa que la mayoría de la gente no hará lo mismo? ¡Si está usted deseando que ellos tergiversen la realidad!
    ―Incluso pasando por alto sus tergiversaciones ―insistió, testarudo, el doctor Paul―, esta «ramificación» sólo podría provocar cambios de ahora en adelante, a partir de la situación actual. No podría alterar el pasado. No podría alterar la forma del Big Bang. Ni de lo que hubiera antes. No podemos cambiar el pasado, mi querido señor; sólo el futuro

    Dio la espalda a Morelli, contemplando la antena en una pose fotogénica que numerosas cámaras aprovecharon rápidamente.

    ―No sé si esto es tan quod erat demostrandum, Paul ―Richard se sorprendió a sí mismo al oírse decir aquello, simpatizando con el valiente eunuco italiano―. Lo que sucedió en el pasado está sucediendo ahora desde nuestro punto de vista, aquí, en este planeta. Porque la información nos llega sólo ahora. Así que, en cierto modo, Morelli tiene razón: nosotros somos los actuales observadores
    ―Bravo ―rio Morelli―. Menos da una piedra, Kimble.

    El doctor Paul dirigió una mirada de disgusto a Richard, proyectándolo hacia la no-existencia; después, se apresuró a concluir la rueda de prensa.

    ―Todo esto no son más que detalles, caballeros. Los hechos básicos son tal como se los he explicado someramente. Todos tienen ya fotocopias del informe. Entrego estas ideas al mundo un mes antes de Seattle, para que el mundo llegue a su propio consenso con respecto a mi idea. Esto es un descubrimiento básico en nuestra comprensión del universo. De hecho, es el mayor descubrimiento desde

    Tanteó ideas, con una sonrisa retorcida. ¿Acaso el calor le estaba derritiendo el maquillaje teatral? No llevaba maquillaje ¿Einstein? Demasiado cercano, pensó Richard. ¿Copérnico? Demasiado remoto. Apuesto a que se decide por Newton.

    ―desde Aristóteles.

    Morelli miraba a Richard, expectante. El incidente en el dormitorio de Ruth la noche anterior le había hecho intuir algo sobre la frustración de aquel hombre. Esperaba que actuase, que barriera la arrogancia de Hammond. Que atacara su cosmología. Pero algo impedía a Richard decir nada. Richard había interiorizado el nihilismo de Paul Hammond, lo llevaba en la sangre. La materia no era nada: por tanto, la nada era la materia. Richard sonrió ante el mal juego de palabras; estaba asqueado. Los claros perfiles del mundo le parecían borrosos y difusos. El plato de la antena giraba en torno a su cabeza.

    Con gran satisfacción para Paul Hammond, Richard Kimble se había desmayado.

    Para la mayoría de los periodistas, esto no hacía más que subrayar el asombroso dramatismo del Teorema de Hammond: uno de los miembros de su equipo se desmayaba al comprender claramente las implicaciones.


    15


    ― OJALÁ EL CHICO NO FUERA TAN CONDENADAMENTE CRÍPTICO ―susurró Orville Parr mientras el Toyota negro los llevaba a él, a Garri Mercer, al mujik y al niño en dirección a Kujirajima―. Sólo puede comunicarse a medias, y eso en su ruso materno. Su vocabulario es muy superior al de un niño de seis años, pero ¿y qué? Sigue siendo caótico.

    Bajó la voz para que a Mijail le resultara difícil escucharle.

    ―Alguien ha escondido un mensaje dentro de él, y tenemos que descubrirlo.

    La pintoresca autopista, labrada en cascadas de lava petrificada, estaba bordeada a tramos por pinos y arces. Relámpagos de agua azul brillaban entre los árboles, y luego apareció una gran extensión de agua salpicada de puntos, las prominencias de islas negras y botes de pesca con brillantes banderines rojos y azules al viento. En un aparcamiento de cemento había un autobús de turistas, y éstos devoraban rápidamente arroz y encurtidos que sacaban de sus cestas. Miles de palillos desechables para comer poblaban el suelo: una costra sucia con un estampado de huella de neumáticos.

    ―Por eso no me gusta este límite de tiempo ―susurró Parr―. Me sentiría mucho mejor si tuviéramos al chico en Estados Unidos; podríamos estudiarlo durante unos meses. Los soviéticos están intentando ponernos en estampida. ¡Aplazar una conferencia de pesca cuando la mitad del mundo se muere de hambre, sólo para recuperar a un crío esquizofrénico y a un gorila subnormal! Esperan que desenterremos lo que han inculcado al chico, y deprisa. Si no, sea lo que sea lo que le han metido dentro, no durará mucho tiempo. ¡Y ellos lo saben!
    ―Ya lo hemos discutido cien veces, Orville. Eres demasiado

    Gerry titubeó, guardó silencio y miró el mar.

    Parr añadió mentalmente la serie de palabras que faltaban: críptico, falto de imaginación, cobarde, ¿cuál sería?

    ―Supongo que tenemos que aceptar lo que hay ―dijo rápidamente, para adelantarse a Gerry―. La sabiduría colectiva de Enozawa nos ha concedido una semana para sacarle algo sustancial al chico Y tendremos que jugar según esas reglas.
    ―Es una vergüenza que no podamos llevarlo a ninguna parte si no es en un transporte japonés, y con un enlace japonés
    ― ¿Y qué importaría aunque no fuera así? Tienes que aceptar los hechos, Gerry, ya no tenemos la fuerza política de otros tiempos.
    ― ¡Eso no quiere decir que tengamos las manos atadas!
    ― ¡No, aún podemos llevar en avión, cruzando medio Japón, a chicos rusos pescados en el mar para encerrarlos en bases aéreas!
    ― ¿Aún te duele eso?

    Pero, para entonces, Gerry también discutía en susurros.

    Mijail podría (en la mente de Parr) ser un agente ruso que hablara perfectamente inglés. O quizá no. Desde luego, el chófer japonés lo hablaba, e informaba de todo lo que oía a unos ambiguos superiores. En ese aspecto, Parr y Mercer estaban de acuerdo.

    El Toyota que los seguía llevaba a Enozawa con Tom Winterburn, acompañando a Chloe Patton y a Herb Flynn, del Centro Submarino Naval de San Diego. Habían llegado en avión el día anterior. Al parecer, Chloe Patton quería reanudar una vieja relación con el doctor Kato, el director del instituto de investigación sobre ballenas de Kujirajima.

    ―Puede que no sea la tía más lista del mundo ―había confiado a Parr una voz por teléfono desde San Diego―, pero ese viejo le tiene cariño. Ella participó de un intercambio académico con Japón, ya sabe

    Bob Pasko ya debía haber llegado aquel mismo día, más temprano, para informar a Kato sobre el problema de Nilin.


    A Kujirajima ―Isla Ballena― se llega cruzando un largo puente que sale del puerto pesquero de Matsusaki ―Cabo Pino― hasta un escarpado cono de lava, a un kilómetro de la orilla. Los Toyotas negros avanzaron por muelles donde los barcos atuneros estaban a punto de partir para su larga caza en el Pacífico.

    Qué alegres parecían, pensó Chloe, brillantes estandartes a lo largo de los mástiles, con gallardetes ondeando hacia el muelle, donde los altavoces lanzaban al aire los principales éxitos de ventas en Japón por encima de rollos de soga embreada y casetas de vendedores de tebeos, donde las familias se reunían para las despedidas.

    Luego tomaron una curva alrededor de un edificio de almacenes y presenciaron la descarga del atún de un barco que acababa de regresar. Un camión refrigerador abría su inmensa boca para devorar los romos cilindros azules: así habían cortado los peces.

    Los peones descargadores manejaban aquellos cadáveres helados tan de prisa como podían, empujándolos a puntapiés o haciéndolos deslizarse con arpones hasta la báscula situada junto al camión, donde los pesaban para luego ponerlos en el elevador de un solo empujón.

    Cientos de caballas se secaban al sol, abiertas como abanicos sobre hileras de rejillas

    Aquel frenético uso del mar asombraba a Chloe, mientras el coche seguía avanzando, frenando y acelerando alternativamente hasta que la mujer se sintió como un gánster en medio de un atraco.

    Los tebeos abiertos en los quioscos mostraban relampagueantes imágenes rojas y negras, dibujos de mujeres violadas, monstruos robot, tiroteos

    ¡Todo parecía tan pintoresco la última vez que visitó aquel puerto! Un caos de colores, formas y olores. Ahora resultaba siniestro Había una atmósfera violenta, ansiosa, furtiva, como si aquellos barcos partieran para su última expedición pesquera y, después de eso ¿No había habido revueltas pocas semanas antes, sobre el incremento de los índices de mercurio en el atún del Pacífico? Los descargadores que lanzaban los humeantes cadáveres azules camino a los mercados manejaban material contaminado.

    Sólo querían quitárselo de las manos Acuchillaban el pescado igual que los gánsteres de los tebeos acuchillaban a sus fulanas, aunque con arpones afilados en vez de navajas.


    Chloe Patton, una rubia regordeta de veintiséis años con el pelo corto y rizado, odiaba el nombre de Chloe, y prefería infinitamente que la llamaran señorita Patton. «Chloe» era como la carpa dorada de Disney: toda grasa y aletas.

    Demonios, cuando nadaba en el estanque de los delfines, con la mascarilla respiratoria y las aletas en los pies, vistiendo su brillante bikini con puntos rojos, eso era exactamente lo que parecía.

    Chloe tenía una bonita relación con los delfines de San Diego. Quizá su carisma con los cetáceos brotaba de su silueta, del hecho de que, en el agua, los animales la considerasen un divertido juguete de goma. O quizá fuera su ingenuidad, porque no se preguntaba a dónde iban a parar sus delfines una vez los había entrenado para llevar arneses con embocadura y a meter largas estacas en un objetivo; y a colocar discos magnéticos sobre diferentes aleaciones.

    Sabía como de lejos de los electrodos que les implantaban en el cerebro, a los delfines y a las ballenas asesinas; que pequeñas corrientes eléctricas podían inducir una experiencia mental trascendental, un millar de orgasmos, o las agonías del infierno. Pero no eran más que recursos para acelerar el aprendizaje de sus juegos. Ayudas en la enseñanza. Pocos delfines parecían guardar rencor después, aunque siempre había un par de individuos cada año que perdían deliberadamente el apetito y morían. Ella los lloraba con toda sinceridad.

    En la universidad había estudiado el cerebro de los cetáceos con un microscopio, utilizando las técnicas de impregnación Golgi y argéntica, y sin preguntarse nunca de dónde salían las muestras. Había sido animadora del equipo de fútbol, curvas subiendo y bajando al ritmo de sus saltos, mientras otros celebraban reuniones políticas sobre «la Guerra», un tema en el que ella prefería no pensar. Enfocó la psicología de los cetáceos con la misma alegría, y sólo muy recientemente su bonito cerebro se vio manchado por unas cuantas incertidumbres. Se las podría confundir con las primeras fisuras de la histeria al comprender por fin que, sexualmente, era un dibujo animado quizá amada por los delfines, pero deseada sólo por hombres viejos, por hombres raros, por hombres en los que fallaba algo, como Herb Lynn.

    El rostro de Herb era rojo y estaba lleno de protuberancias, como una peste de eccemas. Llevaba una desordenada confusión de barba y patillas enmarañadas para ocultarlo. Pero, aun así, la cosecha de pelo seguía brotando de un terreno lívido y manchado. Su habitación en San Diego estaba llena de tubos y frascos de lociones. Nunca iba al agua; prefería quedarse en el anfiteatro quirúrgico y en los laboratorios, donde se hacían las inserciones de electrodos y las disecciones Al no haberlo visto nunca sin camisa, se preguntaba si sufría aquel ataque perpetuo de acné en todo su cuerpo. Por las noches, soñaba que Herb tenía toda la piel infestada por una horda de diminutas medusas, cuyos aguijones dejaban ronchas tanto en el rostro como en el cuerpo

    La idea de acostarse con él, ¡la idea de aquellas ronchas rosadas abandonando su cuerpo en la oscuridad para investigarla! Tendría que ser en la oscuridad, estaba segura, para evitar verle.

    Los delfines de la piscina ―que la tocaban como si fuera un balón de playa, que jugaban con ella, que le chillaban, que la llevaban sobre sus lomos― eran infinitamente más atractivos. Herb había tenido un favorito, y lo hirió intencionadamente por celos. Ella esperaba que los baches del camino no los acercaran demasiado. Herb era adhesivo por contacto, con todas sus ronchas y ventosas.

    ―He pensado mucho sobre el asunto ―dijo Tom Winterburn, rascándose la punta de la azulada nariz, tan larga que casi podía vérsela sin bizquear― y,si implica algo,es una especie de «trasplante de conciencia»
    ―Lo que no es más que otra manera de evitar usar la frase «transferencia de mentes», Tom ―respondió Flynn, pensando en todos sus mapas estereotáxicos de cerebros de delfines. Centros de sensibilidad aquí, control motriz allá, ¡qué complejidad, incluso a nivel de reflejos condicionados!

    »De cualquier manera, ¿qué es una mente? ―preguntó―. Tan sólo un cerebro concreto en funcionamiento. El modo operativo del cerebro. Si un cerebro supera el umbral de los mil gramos, podemos postular la existencia de una «mente» como modo operativo, en vez de simplemente un puñado de programas instintivos automáticos como hizo Lilly. Pero eso no demuestra la existencia de una mente ni la separa del cuerpo, excepto semánticamente. El resto es puro misticismo.
    » ¿Crees que los soviéticos han hecho algún descubrimiento en el plano astral? ¿Una mente incorpórea que se puede reencarnar físicamente? ¿El sueño de toda religión a lo largo de la historia? Me parece harto improbable ―se detuvo un instante―. ¿O más bien te refieres a un auténtico trasplante de cerebros? Se ha hecho a un nivel muy burdo, de mono a mono. Supongo que podría hacerse con seres humanos, aunque el cerebro de un adulto es mucho más grande que el de un niño. Tendrían que haber ampliado quirúrgicamente el cráneo. No hay rastro de eso en Nilin. Y ¿por qué utilizar a un niño? Deben de sobrarles adultos retrasados en los sanatorios mentales

    Se detuvo paulatinamente; la sugerencia parecía inaceptable, expresada con aquellas palabras.

    ― ¿Podría ser un problema de adaptación? ―aportó Winterburn―. ¿El cuerpo y el cerebro están demasiado integrados una vez se llega a cierta edad? Así que se necesita un anfitrión joven
    ― ¡Pero no se ha hecho nada de eso! Ese niño sigue teniendo el cerebro de un niño dentro de su cráneo. Es su propia materia gris y, de cualquier manera, ¡la idea de trasplantar un cerebro humano a un cuerpo de ballena es ridícula! El cerebro humano no está diseñado para controlar la anatomía de una ballena. Sería como esperar que un mono pilotase un jumbo.
    ― ¿Y lo de elegir a un astronauta? ―preguntó Enozawa―. ¿Es significativo?

    Flynn sacudió una cabeza pesada, congestionada. Como el culo rosado y peludo de un mono, pensó el japonés para sus adentros.

    ― ¡Todo lo contrario! ¡Eso sólo indica que no tenían nada mejor que hacer con un viejo cosmonauta tullido! Si no, lo habrían guardado para la ballena; no lo desperdiciarían en el niño

    El Toyota se alejó de la orilla por el puente en dirección a la isla, acelerando y frenando entre los embotellamientos de viajeros que se dirigían a las playas de lava, los acuarios y los demás espectáculos.

    El viento, desde el otro lado de la bahía, les llevaba a rachas olores aceitosos procedentes de los astilleros de los balleneros. Una nube de gaviotas se arremolinaba a su alrededor, planeando, bajando en picado, arrebatándose las presas unas a otras, formando una masa amorfa que el agudo pico de la isla apartó de su vista al alzarse ante ellos.

    ―No estaba pensando en un auténtico trasplante de cerebros ―explicó Winterburn―. ¿Por qué tienen ese ordenador en Ozerskiy? Quiero decir, en Nagahama.

    Hizo la aclaración con un gesto de los labios hacia el japonés, como quien regala una chuchería. Enozawa agradeció el gesto evasivamente; le parecía ofensivamente protector.

    ―Ese ordenador tiene una enorme capacidad, pero aún no hay ningún ordenador que pueda igualar la capacidad del cerebro humano. Aunque éste quizá sea el equivalente a una versión esquemática, a un modelo matemático abreviado de la mente. El niño Nilin y su mujik hablan en términos de imprimir mentes, ¿no? Hemos deducido que están imprimiendo nueva información en un sujeto tras lavarle el cerebro. Pero, ¿y si lo interpretamos literalmente? En ese caso, los rusos han diseñado un esquema matemático práctico para describir los procesos que nosotros denominamos «mente» o «conciencia». Tú mismo lo dijiste, Herb; no existe eso que se suele llamar «mente» en general, sólo el comportamiento de un cerebro concreto. Así que tienen que hacer un modelo a partir de un individuo concreto. Necesitan un Nilin. Preferiblemente, alguien con una inteligencia bien coordinada y una mentalidad bastante resistente.

    Flynn agitó la cabeza, incrédulo.

    ―Cuando las respuestas obvias se han eliminado ―insistió el agregado naval―, la respuesta imposible debe ser la correcta.
    ― ¡Hablas como ese lunático, Hammond! ―le espetó Flynn, con una agresividad que dejó atónito a Tom Winterburn―. ¡Vaya si es cierto! Casi con sus mismas palabras. La imposibilidad de la realidad, la realidad de la imposibilidad. ¡Parece que es nuestra nueva fe!
    ―La verdad es que no he prestado mucha atención a las noticias de México. Me temo que estuve demasiado obsesionado con esto
    ― ¡Tienes suerte!

    Chloe se removió, nerviosa. San Diego estaba tan cerca de la frontera A menos de un día en coche desde el control, y de la orgía que tenía lugar ante él. Más cerca todavía de Tijuana, la Madsville, la Ciudad Loca de los viejos tiempos, ahora delirantemente reinfectada. En el momento en que salió del vigilado perímetro del centro submarino sintió que abandonaba la cordura. Se sintió vulnerable. Al descubierto. Expuesta. El frenesí de los muelles japoneses no había hecho gran cosa por acallar sus temores. Aquello también había cambiado: de pintoresco a desconcertante El centro de San Diego, pese a lo que hiciera Herb en sus laboratorios, era un oasis de Disneylandia comparado con el mundo que empezaba apenas cruzar sus puertas.

    Todo el planeta parecía estar descendiendo por una profunda sima oceánica, en una frágil batisfera. Las noticias cotidianas ya eran bastante malas: la guerra en Nueva Guinea, el hambre en África. Ántrax. Radiactividad. Ahora el tal Hammond, con su horrible historia traída de los límites del universo. Por mucho que tratara de no pensar en tales cosas, siempre volvían a cruzarse en su camino, como si algún duende jugara al ping-pong dentro de su cabeza.

    ― ¡Habría que hacer algo con el tal Hammond, Tom! Es una amenaza. Una plaga. Es la gran epidemia que la OMS ha estado temiendo. Sólo que ha brotado en México, en la mente de un maldito tipo, no en África. Sería mejor que hiciéramos algo con él. Quizás enviar un destacamento de marines. Las ballenas pueden esperar.

    Enozawa dejó escapar un bufido. ¡Después de hacer tanto ruido por quedarse con el niño ruso! Con el ministro japonés de asuntos exteriores tratando de dar largas a la embajada soviética, al tiempo que el ministro de recursos hacía circular informes cada vez más punzantes sobre el retraso. El consenso, casi siempre frágil, guardaba ahora un equilibrio tan precario como el de un novicio durante su primer ensayo en la esterilla de prácticas. Lo único que contenía al poderoso ministerio de recursos era aquella amenaza, tan indefinida por el momento, de algún leviatán programado por los soviéticos, o tal vez una flota de ellos, cuyo objetivo seguía siendo un misterio. Si sólo era una amenaza para los submarinos americanos, ¿por qué se metían?

    Pero aquel tal Hammond, ¡un hombre desconcertante! Un premio Nobel era algo así como un samurái de la ciencia, ¿no? Un samurái estaba acostumbrado a enfrentarse a la noche más negra y encontrar la llama del honor ardiendo en sus profundidades, como el momento más elevado de todos sus días: ese instante místico en que extendía la mano para tomar la daga del sepukku. El sepukku había sido ridiculizado durante décadas, hasta que Mishima volvió a glorificar ese momento en que el hombre grande se enfrenta a la nada Los americanos no tenían agallas para enfrentarse a la nada. La mayoría de los americanos. Aquel Hammond era la excepción. La reacción contra él de los americanos vulgares lo demostraba.

    Enozawa se relajó contra la tapicería negra, tranquilizado por las claras imágenes de Yukio Mishima en aquella terraza del cuartel Ichigaya. ¡Al menos, él lo había presenciado! Con una actitud apropiada en el futuro, podría borrar la vergüenza de su propia dejadez en el pasado.

    ―Puede que no fuera necesario transferir el cerebro físico ―estaba diciendo el capitán americano―. Si se pudiera preparar un modelo matemático lo suficientemente complejo y sobreimponerlo, por algún procedimiento de impresión, que supongo tendría que ser eléctrico
    ―Hemos llegado ―anunció Enozawa, cuando el coche de delante se detuvo al final del puente.

    Un sendero de guijarros iba desde allí hasta la cima de la isla, entre hileras de tenderetes de recuerdos. Corales y algas secas; buccinos burbujeando en sus propios jugos sobre parrillas; conchas de tortuga y cañas de pescar, banderines, cofrecillos de madreperla Orville Parr miró angustiado a su alrededor, mientras hacía lo posible por guiar a Georgi Nilin y a Mijail por aquel estrecho y forcejeante túnel de turistas. Se vio asaltado por oleadas de claustrofobia, mucho peores que en el día del zoo. Tendría que pedir un traslado. No resistiría mucho tiempo más en aquel país.

    ― ¿Por qué no hemos podido venir por mar? ―gimió a Gerry―. El Instituto de las Ballenas no puede aprovisionarse por este camino. ¿Qué es esto, una carrera de obstáculos?

    Chloe le oyó, y pareció comprender lo que sentía el pobre hombre. El frenesí de aquellos muelles se había contagiado a los turistas japoneses. Parecían furiosos e impacientes, mientras caminaban por el sendero de guijarros. Una indignación forcejeante, una prisa casi escandalosa, expresada en la forma en que se apoderaban de los recuerdos de los tenderetes, como si fueran a convertirse en basura entre sus manos, y arrojaban arrugados billetes de mil yenes sobre los mostradores, como si fuera dinero que podía quedar hecho telarañas un momento más tarde.

    Parr miró a los dos chóferes, una pareja de ejemplares fornidos, embutidos en brillantes zapatos negros y brillantes trajes Tetoron, que avanzaban entre la marea humana con los ojos inexpresivos de algún pez esperando engullir moscas incautas. Sus manos colgaban inertes de las muñecas, rígidas como tablas ahora que no estaban apoyadas en los volantes.

    ― ¿Van armados sus chóferes? ―inquirió bruscamente Parr. Jodidos buscavidas hipócritas, maldijo para sus adentros.

    Enozawa consideró que la pregunta era vulgar y no respondió.

    Gerry Mercer vio un cachalote de plástico negro y se rezagó para comprarlo. Una anciana arrugada, con un brillante diente de oro en el centro de la boca, lo sumergió en un cuenco de agua, lo sacó y apretó los costados para mostrarle cómo funcionaba. La ballena lanzó un solo chorro de agua en un ángulo de cuarenta y cinco grados. Luego le entregó el mismo juguete chorreante con una sonrisa. Gerry lo mantuvo tras la espalda mientras caminaba, sin saber dónde guardarlo. Le empaparía el bolsillo de la chaqueta.

    Sintió que, de una manera sutil, la mujer se había burlado de él.

    El rechoncho faro blanco en la cima de la isla resultó ser un restaurante. Cajas de cerveza y de salsa de soja se acumulaban junto a la puerta, junto a un tonel de gasolina lleno hasta el borde de langostas moribundas. Les habían arrancado el dorso de la cáscara, para que la blanda carne fuera cortada y comida cruda. Los cuerpos de los animales aún conservaban vestigios de vida. Sus antenas tanteaban lentamente el aire, buscando la inconsciencia. Lo que quedaba de sus patas se estremecía en una parodia de movimiento.

    Todos miraron el tonel al pasar junto a él, los americanos con sentimientos de remilgada alarma ante aquel Auschwitz marino que se desarrollaba allí dentro, los japoneses con una lejana censura budista ante la noción de dolor, Mijail escudando al niño del espectáculo, apretándolo contra su cuerpo con una inmensa mano.

    Allí, en la cima del cono de lava, volvieron a divisar la bahía, los lejanos cobertizos balleneros y la bandada de gaviotas. El aire seguía llevándoles intermitentemente el aceitoso hedor. A su derecha se extendían los edificios del instituto, que llegaban hasta las aguas con ― ¡por supuesto!, maldijo Parr― su propio embarcadero. Incluso había un muelle con compuertas tan grandes como para dejar paso a una ballena adulta. Había puentes transversales con montacargas que llegaban hasta un gran cobertizo.

    Unos escalones tallados en lava sólida bajaban del restaurante al Instituto. Las escaleras llevaban también por el flujo principal de lava, que se extendía a cierta distancia como un abanico: rizada, agrietada y arrugada como unas enaguas de encaje negro. Los turistas se hallaban en diversas actitudes inmóviles, asiendo cámaras, cañas de pescar, caballetes de pintura, guantes de béisbol. De cuando en cuando entraban en movimiento, lanzando una pelota, arrojando un sedal o cambiando de sitio el caballete. Luego volvían a quedar inmóviles. Era difícil maniobrar bien por la lava, pero su comportamiento hacía que cada movimiento pareciera totalmente desconectado, como un salto cuántico.


    16


    UNA PANDILLA DE MOTORISTAS, con las palabras ESCLAVOS DE SATÁN pintadas en sus depósitos de combustible con letras fosforescentes, había llegado a la valla de alambre espinoso y conducían por allí, haciendo rugir los motores y levantando polvo. Los cansados soldados los miraban a través de sus binoculares desde debajo de sombrillas provisionales colocadas sobre los semiorugas, mientras otros soldados con un rato libre sesteaban en camastros en las tres tiendas de campaña de fondo abierto.

    Ruth y Morelli también los miraban, sentados en la Sierra aparcada al lado de los vehículos militares, mirando a Mezapico. Richard había dejado los binoculares en la guantera, y Morelli los usó para leer el nombre de los Esclavos.

    ― ¡Mire cómo se reúnen los adoradores, Ruth! ―exclamó, con una sombría nota de reivindicación en la voz, casi triunfal.

    La sensualidad se estremecía en Ruth mientras contemplaba a la banda de motoristas. Imaginó al periodista rubio como uno de ellos, con el pelo mucho más largo y, en vez de la gorra militar, un casco nazi; la cicatriz de su mejilla era ahora resultado de una pelea con cadenas durante algún enfrentamiento de los Ángeles

    Pero el helicóptero ―que trajo más soldados para compensar el aumento del número de peregrinos al otro lado― se había llevado al hombre rubio de vuelta a la ciudad, con algunos otros periodistas.

    Una serie de vívidas instantáneas de él violándola, con su atuendo de Ángel, pasaron por su imaginación. Cerró los ojos para concentrarse en aquella vibrante humillación. La presencia del italiano impotente en el asiento del pasajero, junto a ella, acentuó la fantasía. Era un acompañante mucho más intenso que Richard Kimble. Gianfranco sabía; sencillamente, no podía.

    Se relajó y abrió los ojos de nuevo. Morelli observaba con repugnancia y fascinación su rostro concentrado, congestionado, sudoroso.

    Ruth olfateó el aire, sospechando algo. En la cima de su fantasía, habría jurado captar el olor de la loción para después del afeitado que usaba el periodista rubio, Gianfranco se la había puesto. Su amigo de la fiesta se quejó de que le había desaparecido el frasco del equipaje. ¿Así que Gianfranco se lo había robado? ¡Qué cómico!

    Una carcajada interna la estremeció, aportando un último giro glorioso a su fantasía. Mientras que el otro hombre usaba el almizcle masculino apropiado para ella, el italiano parecía haberse puesto antiséptico.

    Aquellos Esclavos de Satán debían de apestar a sudor, a brillantina y a marihuana, ¡estaba segura!

    Los Ángeles maniobraban, levantando polvo.

    El desierto parecía un vasto aparcamiento habitado por coches usados, con cientos de vehículos aparcados al azar a ambos lados de la carretera. Incluso carros y bicicletas. Se habían construido algunas chozas con cartón y placas de chapa ondulada, robadas de alguna parte. En realidad, eran poco más que techos sobre estacas; pero la gente cocinaba en ellas, y vendía enchiladas, tortillas, tequila, cerveza. Una atmósfera de agotamiento pendía sobre la masa de personas. Los que no estaban dormitando en los coches o bajo los camiones se sentaban en cuclillas formando hileras, contemplando la alambrada y la montaña Mezapico tras ella, como si esperaran que empezara a proyectarse una película de cine en la pantalla azul del cielo.

    Los únicos que se movían, aparte de los Ángeles, eran unos treinta o cuarenta hippies californianos que bailaban en lentos círculos, tocando panderetas y flautas; algunos vestidos con tejanos, otros con túnicas color azafrán. Y algunos individuos aislados que vagaban entre la basura y los cactos, borrachos, drogados o conmocionados.

    Cinco mil personas en aquel campamento de chozas, durmiendo o sentadas al sol, esperando la caída de la noche

    Junto a la alambrada se encontraban un sacerdote y dos soldados, desenganchando un cadáver para enterrarlo. Una hilera de seis cruces hechas con palos cruzados sobresalía ya de las tumbas de arena.

    ―No haré más informes sobre esto ―gruñó Morelli―. No sirve más que para empeorar las cosas. Pueden despedirme si quieren
    ― ¡No me parece una actitud muy enérgica! ―se burló ella―. Creí que se sentía llamado a enfrentarse con Paul.
    ―Nadie es neutral ni inmune, estoy de acuerdo. Nadie es un simple observador. Pero observar los hechos nos ayuda a crearlos. Y no elijo colaborar con esta histérica realidad nueva.

    Ruth giró la llave del encendido y condujo la Sierra colina abajo, pasando junto a un semioruga, hasta el punto donde el sacerdote leía en voz alta de un gastado misal. Los soldados, apoyados sobre las palas, con los fusiles automáticos cruzados a la espalda, parecían más cansados que reverentes. Morelli salió del coche y se dirigió al sacerdote. Era el mismo padre Luis que había hecho sonar la campana como protesta.

    ―Está perdiendo el tiempo, padre ―le interrumpió con brutalidad―. Esta noche, todos intentarán saltar la alambrada. Toda la muchedumbre. Están hipnotizados por esa luz en la montaña. Mire, está colocada en un ángulo adecuado para reflejar el sol. Va girando lentamente para mantener el máximo brillo en el centro. Eso no es un observatorio. ¡Es una máquina de hipnosis!
    ―Sí ―asintió el padre Luis―. Es igual que en mi visión. Yo lo vi. Los llama. Retuerce sus mentes ―daba la espalda a la montaña Mezapico―. Yo no miraré ―balbuceó el anciano.

    Morelli le cogió por el hombro en gesto de camaradería.

    ―Pero padre, ¿ha pensado que, si llegaran a la máquina, podrían intentar destruirla? ¿Por qué no, si ella está destruyendo sus almas? Sólo necesitan que alguien les dé la idea.

    La cabeza del sacerdote se agitó en un gesto de negación.

    ―Son chivos para el sacrificio. No supone ninguna diferencia. El efecto ya se ha eh extendido mucho más allá de ellos, se dice. Además, no es fácil derribar la máquina. Los soldados los matarán

    Ruth también salió de la Sierra y se dirigió a la alambrada. Había jirones de tela prendidos en ella. Algunas púas estaban cubiertas de moscas que revoloteaban y volvían a posarse. Sangre seca. Un Esclavo de Satán giró para dirigirse a ella: era un joven larguirucho, antinaturalmente flaco, con pantalones tejanos y sucias botas de cuero. En la delantera de su cazadora de cuero se leía DANNY en letras formadas con tachuelas. En la parte trasera había pintada la carta del diablo de la baraja de Tarot: el dios con cuernos y dos homúnculos, un varón y una hembra, encadenados a sus pies. Tenía unos ridículos cuernos pegados al casco, unos cuernos que, sin duda, le atravesarían el cráneo si alguna vez tenía una mala caída con la moto.

    ―Hey, Danny ―arrulló Ruth por encima de la alambrada.
    ―Hola, nena ―señaló con el pulgar los chamuscados restos de una hoguera, en su lado de la valla, y luego las tumbas que los soldados estaban cavando en el lado de ella―. Qué, ¿nos hemos perdido la misa negra?
    ―No te preocupes, habrá otro espectáculo esta noche. Yo que tú sería buen chico y volvería a casa.

    Danny palmeó cariñosamente su máquina con una mano huesuda.

    ― ¡Con este cacharro, podría saltar tu alambrada y estar en la cima de la colina antes de que esos imbéciles de soldados se despertaran siquiera!
    ―No estés tan seguro de eso, Danny.

    El muchacho se puso de pie a horcajadas en la moto, sobrenaturalmente alto, delgado como un rastrillo.

    ―Oye, nena, ¿y si te saco de ahí y te partes una cerveza con los Esclavos?
    ―Me llamo Ruth ―dijo ella―, no nena. Ruth Hammond.
    ― ¡Mierda! ¿Es verdad? ¿Eres su hija?
    ―Su esposa, Danny.

    Danny hizo una reverencia burlona, inclinándose sobre el manillar hasta tocarlo con los cuernos. Se irguió y exclamó:

    ― ¡Esclavos! ¡Os presento a la tipa de Hammond! Saltad esa valla, señora; os adoraremos con nuestros cuerpos.

    Su enjuto rostro infantil tenía una expresión lasciva.

    Ruth, medio desvanecida, se apoyó contra una de las estacas de madera de la alambrada, oliendo cómo su fantasía se hacía realidad en carne, brillantina, pelo y cuero.

    Danny tuvo la impresión de que se inclinaba hacia delante para que él la sacara de allí con sus brazos, que cerraba los ojos como tantas otras nenas rindiéndose en chapuceros altares, tras las gasolineras, en los aparcamientos

    Dejando caer su pala sobre una tumba, el soldado mexicano más próximo se descolgó el fusil del hombro y lo agitó en dirección al alto Ángel, que le respondió con una sonrisa insolente mientras tendía los brazos hacia su pequeña presa morena, sabiendo que ella se interponía entre él y cualquier bala.

    En aquel momento Morelli corrió hacia ellos, escupió al rostro del Ángel y apartó a Ruth de un tirón.

    Danny volvió a su moto, muy despacio.

    ― ¡Te estoy fotografiando con los ojos, tío! ―gritó―. ¡Y te recomiendo que tú también te aprendas de memoria tu cara! Señora Ruth, los Esclavos de Satán montan por ti esta noche.
    ―Vete a la mierda ―juró Morelli. Luego gritó al soldado―. Dispárele a ese cerdo a una pierna. Le hará un favor al mundo.

    Pero el soldado negó con la cabeza. Sólo hacía falta arrojar un guijarro al estanque para que las ondas empezaran a extenderse. Un disparo, tal vez, para galvanizar a aquellos cientos de espectadores catatónicos y convertirlos en una turba desesperadamente violenta.

    Morelli hizo subir apresuradamente a Ruth pendiente arriba, agarrándola tan fuerte que hizo crujir la articulación de su brazo.

    Cuando Richard Kimble la descubrió en la cama con aquel periodista, ¿la había apartado con la misma fiereza? No. Richard se había quedado allí, boquiabierto, sollozando. En su impotencia, el italiano sí era potente.

    ―Sucios degenerados de la costa oeste ―exclamó, airado―. ¿Qué creía que estaba haciendo, Ruth? ¿Calentarles las braguetas? Su marido se dedica a hipnotizar al mundo entero, ¿y esto es lo mejor que se le ocurre para usted misma?
    ―Me sentí débil de repente ―se excusó ella―. Hay tanta gente, y todo es obra de Paul, me parece horrible. Es un hijo de puta
    ― ¿Repetiría eso en público, Ruth?
    ― ¿Eh?
    ― ¿Me ayudaría?
    ― ¿A acabar con Paul? ―ella sacudió la cabeza, malhumorada―. Él va en serio. Es un genio. ¿Sabe quién fue Rasputín? Le dispararon, le envenenaron, le ahogaron, y él siguió caminando, y hablando, e hipnotizando a la gente. No pudieron acabar con él con hachas. Lo he leído en el Reader's Digest. Rasputín no era más que un mago de pueblo. Paul es un gran científico, no necesita bolas de cristal. Tiene un radiotelescopio, ¡la lupa más grande de la historia! Han puesto su nombre a una galaxia Rasputín era un cerdo con las mujeres ―cambió de tema―, pero ellas le adoraban. Paul también parece muy seguro en eso. ¿Sabe que es fatal en la cama?

    Los ojos de Morelli se nublaron.

    La expresión de Ruth era algo intermedio entre la carcajada y la conmiseración.

    ―Él puede hacerlo ―afirmó con énfasis―, sólo que, como amante, es torpe. ¡Maldito sea, se cree que es tan genial en el sexo como en todo lo demás!
    ― ¿Le ha dicho alguna vez a la cara que no es bueno en la cama, Ruth?

    Ella negó con la cabeza.

    ―Hágalo ―le susurró él con fiereza―. ¡Por Dios, hágalo!
    ―Quizá la torpe sea yo, no él Yo no le quitaría la alfombra de debajo de los pies
    ―La habilidad en el sexo es casi lo más importante para el ego de un hombre ―se obligó a decir Morelli―. La desesperación sexual es la desesperación más devastadora.
    ―Es peor la desesperación de la existencia misma ―le amonestó el padre Luis.
    ― ¡Una cosa puede llevar a la otra! Un ser humano es una criatura sexual. Todas sus obras son sublimaciones.
    ―Lo sobrevalora ―respondió amablemente el viejo sacerdote.
    ―La teoría de la nada de Hammond es sin duda una proyección, en la pantalla más grande que ha encontrado, de sus propios miedos ocultos.
    ―Hijo mío, el mundo entero está enfermo de la nada. Pero lo que teme no es el fracaso de la sexualidad. Teme al hambre, teme a la existencia de demasiada gente gracias a la sexualidad. El declive de la civilización, el agotamiento de los combustibles, el envenenamiento de los mares, ¡a eso teme!

    Su frágil mano hizo un gesto hacia el Pacífico, visible en forma de una franja color azul brillante a lo largo del límite del desierto.

    ― ¿Los mares? ¡El símbolo sexual más importante! ―bramó Morelli―. Thalassa, el Mar, es el vientre de nuestro ser. Una vez lo envenenemos, nos habremos esterilizado. ¡Si mueren los peces, muere también el esperma del espíritu!

    Ruth se apartó un poco de él, acercándose a los soldados. Parecía tan turbado como para atacarla. Y no quería quedar mutilada, como él. ¿Y sólo momentos antes había soñado con ser violada por Ángeles? Eso la habría dejado ilesa, ¿o con marcas tribales en las mejillas? ¡Marcada en los pechos, tal vez!

    ―El sexo es la energía vital, pero hemos gastado toda la energía del planeta; y, sin energía, somos impotentes. Sabemos eso en nuestros corazones, padre, así que buscamos una religión de impotencia, decimos que el universo es un reflejo de nosotros mismos. ¡Si buscamos algo, lo encontraremos con toda seguridad, por la más científica de las razones!


    El Land Rover en que había llegado Morelli a Mezapico tomó en aquel momento la curva de la carretera de San Pedro, con Richard Kimble al volante y Paul Hammond en el asiento del pasajero. El espectáculo de Hammond acudiendo en persona a inspeccionar el sutil centro de histeria que había creado horrorizó tanto a Morelli que no pudo decir palabra. Si se tratara de cualquier otro, habría sido pura irresponsabilidad, pero ¿es irresponsable un megalómano? Todo lo contrario; es un caso de responsabilidad agravada. Hablamos de irresponsabilidad, ¿por qué no de supra responsabilidad? Hammond se hacía responsable de todo.

    ―Creí que podías estar en peligro aquí, Ruth ―le espetó Hammond al bajar del coche, mientras Kimble mantenía el motor en marcha―. ¡Morelli, ha sido usted un imbécil al traerla aquí!
    ― ¡No tanto como usted al venir!
    ―Tengo que proteger a mi esposa. Obviamente, usted no tiene sentido común. Ven conmigo, Ruth; Richard puede conducir la Sierra de vuelta.

    No mencionó la posibilidad de llevar a Morelli, en su propio vehículo alquilado.

    Ruth pensó que Paul la cogería por el brazo, como había hecho Morelli un momento antes, pero su marido pasó de largo junto a ella y se dirigió a la barricada, donde se detuvo antes de cruzarla. Un teniente mexicano salió corriendo de una de las tiendas y empezó a suplicarle que se marchara. Hammond, impaciente, bostezó.

    Arriba, en la montaña Mezapico, el Gran Plato sostenía su cucharada de luz solar condensada, abrasando las retinas de la multitud

    El Ángel Danny volvió a acercar su moto a la alambrada y miró al doctor Paul. Luego exclamó su nombre en voz alta.

    Precipitadamente, el teniente sacó la pistola de la cartuchera, apuntó a la rueda delantera de la moto y apretó el gatillo. Con toda limpieza, Paul Hammond sujetó al oficial por el codo y se lo movió, pero para corregir la dirección de la bala, no para alejarla.

    Richard Kimble lo vio con toda claridad desde donde estaba sentado, ampliado desde el otro extremo de un túnel visual. La mano. La pistola. La puntería precisa.

    La bala dio en el depósito de combustible en vez de en la rueda, y el depósito estalló en una repentina bola de fuego. Las llamas ascendieron por la figura larguirucha del Ángel, escupiendo unas gotas ardientes al otro lado de la alambrada. Hammond retrocedió ágilmente, dejando que el teniente sufriera ligeras quemaduras por la gasolina en llamas. El oficial dejó caer la pistola con un aullido y corrió hacia las tiendas sin dejar de gritar.

    Danny se dejó caer en la arena, chillando sin cesar. El diablo pintado en su espalda ardía con lenguas de fuego verde particularmente brillantes. Por fin consiguió extinguir las llamas, y quedó tendido a veinte metros de su vehículo ardiente, agitando espasmódicamente las piernas, como una rana gigante electrocutada.

    Pero los otros Esclavos habían oído su grito. Cantando a coro el nombre «Hammond», lanzaron sus motos hacia el cuerpo de su cabecilla. Y el nombre corrió entre la gente sentada que miraba hacia la montaña. Con el movimiento ondulante de un ciempiés, la multitud se levantó.

    Hammond empujó con fuerza a Ruth en dirección al Land Rover, haciendo caso omiso de sus protestas.

    ― ¡Sal, Richard! ¡Conduce la Sierra!

    Richard permaneció testarudamente sentado.

    ―Lo has matado, Paul. Te vi apuntar la pistola
    ―No está muerto, sólo herido. Mira, lo están poniendo de pie ¿ves? Se lo llevan andando.
    ―Lo arrastran, se está muriendo.
    ―Maldita sea, Richard, ¿quieres salir de una vez? ¡O nos matarán a todos!

    Sin pensar en el disparo, como si fuera algo irrelevante, Morelli preguntó:

    ― ¿Por qué su telescopio siempre refleja la luz así, doctor Hammond?
    ― ¿De qué demonios habla? El disco de la antena sigue un programa automático, fijado según las discrepancias de las microondas. Ahora no tengo tiempo para entrevistas.
    ―Nos apunta a nosotros, aquí abajo.

    Hammond apartó al italiano con un empujón en el pecho y abrió la portezuela del pasajero para hacer entrar a Ruth. Ella se acurrucó allí ―una figura patética―, mientras Paul rodeaba el vehículo y abría de un tirón la portezuela de Richard.

    Richard seguía allí sentado, negándose a moverse, cuando una metralleta ligera abrió fuego desde la parte superior del semioruga más cercano, levantando una línea de polvo a lo largo del sector más cercano de la alambrada.

    Un susurro recorrió la multitud: viento sobre trigo humano. Richard bajó rápidamente y se dirigió a la Sierra.

    ― ¡Suba, Morelli, aprisa! ―gritó por encima del hombro―. ¡Venga conmigo!

    Se dio cuenta de que el italiano tenía toda la razón con respecto al telescopio. La metralleta volvió a arañar la alambrada, dejando marcas en el polvoriento suelo.


    17


    BOB PASKO había explicado a grandes rasgos el problema al doctor Kato. Tras aquellas gafas bifocales sin montura, los nublados ojos examinaban ya el asunto para sus adentros. El campo de visión del anciano podía terminar a pocos metros delante de él, pero dentro de su cabeza se extendía hasta desaparecer en la distancia. Kato también tenía ideas agradables acerca de volver a ver a la señorita Patton. La gordura de la chica le motivaba eróticamente.

    Tenía esa obesidad generosa de la camarera campesina de una posada, que se arrodillaba con su brillante kimono para ofrecer sakí a un anciano achispado y luego jugaba con él en la bañera. A los que visitaban su despacho se les ofrecía un té verde flojo, servido por una de esas chicas, reclutada en el campo y vestida con una bata corta blanca de enfermera.

    Enozawa hablaba con el anciano, en rápidas ráfagas de japonés. La fluidez estrangulada de sus palabras implicaba una cierta deferencia, pero era una deferencia acelerada, impaciente, e incluso las educadas tentativas verbales de Enozawa parecían breves, como las antenas rotas de las langostas.

    Kato inspeccionó a Georgi Nilin con curiosidad mientras Enozawa hablaba, asintiendo en casi todas las pausas, proporcionando una puntuación verbal como « ¡hai! ee so».

    El niño le devolvió fríamente la mirada. Tomó un sorbo del nauseabundo té verde, desdeñando el caramelo que Pasko se había sacado del bolsillo.

    ―Ya se me había ocurrido eso, señor Pasko ―rio amablemente Kato, mientras el psiquiatra, irritado, tiraba el caramelo abierto a la papelera―. Pero pensé que una taza japonesa de porcelana para el té sería una prueba mejor de su madurez, en contraste con su infantilidad, ¿entiende?

    Dejando con gran precisión la taza sobre el escritorio de Kato, el niño se bajó del asiento para reanudar su incesante búsqueda de clips, gomas elásticas, lápices y toda la parafernalia de oficina, que sus dedos empezaron a ensamblar obsesivamente. Una pseudomáquina tomó forma sobre el escritorio, desgarbada y precaria. Pero se mantenía entera.

    Mientras él ensamblaba la máquina, los demás seguían con su propia asamblea

    ―Deben de haber impreso diferentes aspectos del modelo mental en su cerebro, a lo largo de diferentes períodos ―sugirió el psiquiatra, pensativo―. O, si no, el modelo completo muchas veces. El hecho es que el cerebro infantil no madura a una velocidad constante; no se puede programar nada cuando no hay circuitos disponibles. Demonios, ni siquiera estamos seguros de que muchas de las neuronas sean capaces de transmitir algún impulso durante etapas enteras. El aislamiento de mielina aún se está extendiendo por los neuroejes al menos durante los dos primeros años de vida, uña y carne con el desarrollo en el comportamiento del niño.
    ―Ah, pero ¿qué viene primero? ―interrumpió Tom Winterburn―. ¿El tráfico a lo largo de los nervios provoca el efecto de aislamiento? ¿O es el aislamiento lo que hace posible el tráfico? Si se trata de lo primero, entonces una interferencia en forma de impresión podría fijar las vías, en otras palabras, forzar el desarrollo: acelerar la formación de vías. Pero estoy de acuerdo en que es improbable que este trasplante de conciencia se produzca directamente. Personalmente, creo que se ha hecho mediante refuerzo, usando el modelo completo durante un largo período. Pero ¿cuán largo?
    ― ¿Está usted dando por sentado que el niño está programado? Yo sólo teorizaba.
    ―Tengo que hacerlo, ¿no lo entiende? Si están usando el 370-185 en Sajalín para programar el modelo de personalidad humana en cachalotes, y Dios sabe qué más

    Tom Winterburn se volvió hacia Kato.

    ―Y bien, señor, ¿cree que es posible?
    ―Además, lo hemos traído aquí ―intervino bruscamente Orville Parr, acosado por su ansiedad claustrofóbica―, por si algo provoca en él una reacción, como sucedió en el zoo. ¿Se lo ha contado Pasko? Y parece que al niño le gusta comunicarse mediante modelos. Objetos, no palabras
    ―Aquí tenemos muchos modelos de cerebros de ballenas ―parpadeó Kato―. Y también secciones de cerebros genuinos. Nuestros agentes en los barcos balleneros los recogen siempre que es posible. Además, hay un cierto número de handô iruka, delfines embalsamados vivos, por no mencionar un pequeño shachi, un bebé de ballena asesina

    Sonrió con educación de experto.

    ― ¿Embalsamados vivos? ―preguntó Chloe, confusa.
    ―La técnica de perfusión vital, Chloe ―siseó Herb Flynn―. Una práctica habitual. Se anestesia al animal, se sustituye su sangre por solución salina y luego por antiséptico. Técnicamente, sigue vivo. Sin conciencia, claro; nunca podrá recuperarla. Pero aún se pueden realizar algunas pruebas de estímulos con electrodos en el cerebro.
    ―Ah, sí. Claro ―asintió ella, sin convicción―. Perfusión vital.

    «Perfusión vital» parecía una frase muy vivificadora, como «transfusión de sangre». «Embalsamados vivos» olía a moho.

    ―La señorita Patton se dedica básicamente al entrenamiento ―señaló Flynn, despectivo―. Piscinas. Juegos y diversión.
    ―Más o menos ―rio Kato―. La señorita Patton y yo somos viejos amigos, ¿né?―observó, soñador, su rechoncho cuerpo, vistiéndolo con un brillante kimono floreado.

    Gerry Mercer advirtió lo incómodo de la situación y sacó galantemente de detrás de su espalda el muñeco de plástico que había comprado.

    ―Bueno, hablando de modelos, cogí éste por el camino.
    ―Ah, nuestro viejo amigo el makkô kujira ―rio Kato, en un acceso de hilaridad infantil―. El sospechoso.

    Tras los gruesos cristales, sus ojos se llenaron de lágrimas ante el espectáculo de aquel juguete mostrado seriamente dentro de su Instituto. Herb Flynn fulminó con la mirada a Mercer, que enrojeció hasta las cejas; de todos modos, avanzó para ofrecer el juguete a Georgi Nilin.

    El niño dejó escapar un grito y lo agarró.

    Vengado, con una amplia sonrisa, Gerry le dio la ballena. Pero, desgraciadamente, aún le quedaba algo de agua dentro: en cuanto el niño apretó los flancos de la ballena brotó, mojando al doctor Kato.

    ― ¡Oh, cuánto lo siento, señor!

    Gerry se precipitó hacia él con un pañuelo. Kato se quitó las gafas y, con toda delicadeza, las secó con su propio pañuelo.

    ―Los niños son niños ―señaló. Pero, ¿quién era el niño? ¿Georgi o Gerry? Era difícil de decir.
    ― ¿Sería usted tan amable de mostrarnos el lugar, señor? ―sugirió Pasko, con más diplomacia―. Como dice el señor Parr, algo puede provocar una reacción en Nilin.
    ―Da da da ―canturreó el niño, meciendo la ballena de plástico negro ante la máquina que había ensamblado sobre el escritorio de Kato―. Kit, kit, ¡Kachalot kit!

    El niño agarró firmemente su nuevo juguete, mientras Mijail lo guiaba fuera a una señal del doctor Kato.

    ―Juraría que el joven Georgi usa la palabra «kit» en ambos sentidos ―murmuró Tom Winterburn―. La entonación es diferente. «Ballena», en ruso. «Juego de construcción», «modelo», en inglés. La ballena es
    ―Un juego de construcción ―asintió Pasko―. Y viceversa. Quizá.

    Tom Winterburn sacudió la cabeza.

    ―No. Creo que es algo más complicado.

    Herb Flynn señaló con impaciencia a Chloe Patton el modelo del cerebro de delfín: un rompecabezas tridimensional compuesto por varios segmentos de plástico transparentes teñidos de diferentes colores. Todo el ensamblaje se hallaba dentro de un cilindro incoloro cuya forma representaba una sección de la cabeza del animal. Un espiráculo muy realista lo cruzaba en canal, hasta la parte trasera del cerebro. Delante del espiráculo, un segundo túnel más largo, tallado en el plástico que representaba las fibras musculares, dejaba al descubierto un trozo de cráneo del tamaño de una moneda, en el que había un limpio agujero.

    ―Así lo hacemos también en San Diego. ¿Recuerdas, Chloe? ―Herb metió el dedo por el segundo túnel y rascó el plástico con la uña, señalando las etiquetas con nombres estarcidas una a una dentro del modelo, mientras Kato observaba con gesto benévolo.
    ―Aquí arriba el cerebro, la médula ósea justo en la base. El tubo de aislamiento para el electrodo baja directamente a través del tejido cerebral hasta la parte superior del cerebelo. Ahí, ¿ves? Luego metes el electrodo. ¿Comprendes, Chloe? Esta zona es el teclado de control del cerebro, desde donde se organizan los movimientos voluntarios. Así, estimulándolo, podemos probar nuestras funciones motrices
    ―Sí ―susurró Chloe, distraída, deseando seguir hacia las maquetas de cerebros de ballenas más grandes, hacia las que estaba menos sensibilizada.
    ― ¿Interesante, né, el cerebelo? ―Kato la retuvo agarrándola por el regordete brazo―. Sigue el esquema estándar de los mamíferos, pero ¡con tantos rasgos inusuales! El gran tamaño del paraflóculo, aquí, ¿no? Luego la extremada atrofia del lóbulo flóculo nodular. Pero esto se relaciona con el control de la forma del cuerpo durante la natación, así que era de esperar. Toda esta zona tiene que quedar como está en cualquier transferencia de mente, en «piloto automá