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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal
  • FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación, el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo, y los recuadros LEER y DONAR. Esta opción está disponible sólo en las publicaciones; en Navega Directo, no.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    En esta sección no puedes ocultar los recuadros de OTROS TEMAS, S, LEER y DONAR.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 12 en 12.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    EL RELOJ QUE RETROCEDÍA ((Edward Page Mitchell)

    Publicado el miércoles, febrero 14, 2018
    I


    Una fila de álamos de Lombardía se erguía frente a la mansión de mi tía abuela Gertrudis, a la orilla del río Sheepscot. En su aspecto personal, mi tía abuela se parecía mucho a aquellos árboles. Poseía ese aire de anemia sin esperanza que los distingue de los de una especie más elegante. Era alta, de severo perfil y sumamente flaca. La ropa se pegaba a su cuerpo. Estoy seguro de que si los dioses hubieran tenido oportunidad de imponerle el destino de Dafne, ella hubiese ocupado su puesto en la sombría fila, sencilla y naturalmente, un álamo tan melancólico como cualquiera de los demás.

    La imagen de esta venerable pariente es una de las más antiguas que conservo. Tanto viva como muerta, su participación en los acontecimientos que estoy a punto de narrar fue protagónica. Considero, por otra parte, que estos acontecimientos carecen de igual en toda la experiencia del género humano.

    Durante nuestras obligadas visitas a la tía Gertrudis, en Maine, mi primo Harry y yo solíamos especular acerca de su edad. ¿Tenía sesenta años o doblaba esa edad? Nuestros datos no eran precisos y su edad podía ser tanto una como otra. Objetos anticuados rodeaban a la anciana dama, quien aparentemente vivía en el pasado. Durante sus breves momentos de comunicación después de la segunda taza de té, o en la plaza, donde los álamos proyectaban tenues sombras hacia el oriente, ella habituaba referirnos algo de sus supuestos antepasados. Digo supuestos, porque jamás creímos completamente que tales antepasados hubiesen existido.

    Una genealogía es algo tonto. La que sigue es la de tía Gertrudis, reducida a su mínima expresión:

    Su tatarabuela (1599-1642) era una holandesa, desposada con un refugiado puritano, quien zarpó de Leyden hacia Plymouth en la nave «Ann» en el año del Señor de 1632. Esta madre fundadora tuvo una hija, la bisabuela de la Tía Gertrudis (1640-1718), quien llegó al Distrito Oriental de Massachussets a principios del siglo pasado y fue raptada por los indígenas en las guerras de Penobscot. Su hija (1680-1776) llegó a ver estas colonias libres e independientes y aportó a la población de la naciente república no menos de diecinueve valientes hijos y hermosas hijas. Una de éstas (1735-1802) contrajo matrimonio con un capitán de barco de Wiscasset, dedicado al comercio con las Indias Occidentales, con quien embarcó. Dicha mujer padeció dos naufragios, uno de ellos en lo que se conoce hoy como Seguin Island, y el otro en San Salvador, donde precisamente nació tía Gertrudis.

    La narración de este relato familiar acabó por hartarnos y tal vez la repetición constante y la desconsiderada insistencia con que las mencionadas fechas fueron introducidas en nuestros jóvenes oídos haya sido lo que nos transformó en escépticos. Como ya he dicho, los antepasados de la tía Gertrudis nos merecían muy poca confianza, nos resultaban sumamente improbables. Y era nuestra impresión que las bisabuelas, abuelas, etc., etc., no eran sino mitos, mientras que la protagonista de todas las aventuras que se les atribuían no era otra que la misma tía Gertrudis, quien habría sobrevivido siglo tras siglo, en tanto que generaciones enteras de sus contemporáneos morían como todo el mundo.

    En el primer descanso de la escalinata en cuadro de la mansión, se alzaba un alto reloj holandés. Su caja medía más de ocho pies, estaba construida de una oscura madera roja que no era caoba, y poseía curiosas incrustaciones de plata. No se trataba de un mueble común. Cien años atrás, había prosperado en la ciudad de Brunswick un relojero llamado Cary, artesano industrioso y cabal. Eran pocas las casas acomodadas de aquella parte de la costa que carecían de un reloj Cary. Pero el de la tía Gertrudis había marcado las horas y los minutos de dos siglos enteros antes de que el artífice de Brunswick viniera a este mundo. Ya funcionaba cuando Guillermo el Taciturno perforó los diques para socorrer a la asediada Leyden. El nombre del fabricante, Jan Lipperdam, y la fecha, 1572, eran todavía legibles en anchas letras y números negros que ocupaban casi todo el cuadrante. Las obras maestras de Cary eran plebeyas y recientes en comparación con este antiquísimo aristócrata. La alegre luna holandesa, hecha para mostrar sus fases sobre un paisaje de molinos de viento y polders estaba hábilmente pintada. Una mano experta había tallado el siniestro adorno que aparecía en la parte superior, una calavera atravesada por una espada de doble filo. A semejanza de todos los relojes del siglo dieciséis, éste no poseía péndulo. Un sencillo escape de Van Wyck controlaba el descenso de las pesas hasta el fondo de la elevada caja.

    Pero estas pesas no se movían nunca. Años tras años, cuando Harry y yo retornábamos a Maine, encontrábamos las manecillas del viejo reloj señalando las tres y cuarto, la misma hora que señalaban la primera vez que las vimos.

    La obesa luna colgaba perpetuamente en el tercer cuarto, tan inmóvil como la calavera de arriba. Algún misterio rodeaba a aquel movimiento silenciado y a aquellas manecillas paralizadas. Tía Gertrudis nos contó que el mecanismo había dejado de funcionar desde el día en que un rayo atravesó el reloj y nos mostró un oscuro orificio en el costado de la caja, cerca de la parte superior, al que acompañaba una abismal hendedura que descendía unos cuantos pies. Esta explicación no llegó a conformarnos, pues no guardaba relación alguna con la violencia de su rechazo cuando le propusimos recurrir a los servicios de un relojero de la población, ni con la agitación desusada que exhibió en aquella ocasión en que sorprendió a Harry en una escalera de mano, con una llave prestada en la mano, a punto de poner a prueba por su cuenta la suspendida vitalidad del reloj.

    Una noche de agosto, cuando ya habíamos dejado atrás nuestra niñez, fui despertado por un ruido que provenía de la sala. Sacudí a mi primo para despertarlo.

    —Hay alguien en la casa —susurré.

    Salimos sigilosamente de nuestra habitación y llegamos a las escaleras. Una luz mortecina llegaba desde abajo. Contuvimos la respiración y descendimos silenciosamente hasta el segundo descanso. Harry se aferró a mi brazo y señaló sobre el pasamanos, atrayéndome al mismo tiempo hacia las sombras.

    Vimos entonces algo extraño.

    Tía Gertrudis estaba de pie sobre una silla delante del viejo reloj, tan espectral con su blanco camisón y su blanca toca de noche, como uno de los álamos cubiertos de nieve. Entonces, el piso crujió ligeramente bajo nuestros pies. Ella se volvió con un movimiento repentino, escudriñando en la tinieblas y sosteniendo una vela en nuestra dirección, de modo que toda la luz bañaba su pálido rostro. Me pareció entonces mucho más vieja que cuando le había dado las buenas noches. Se quedó inmóvil durante unos minutos, de no ser por el brazo tembloroso que sostenía la vela. Después, evidentemente tranquilizada, colocó la luz en un anaquel y volvió a ocuparse del reloj.

    Vimos entonces que la anciana dama extraía una llave de atrás de la esfera y procedía a dar cuerda a las pesas. Podíamos percibir su respiración breve y rápida. Sus manos se apoyaban a ambos lados de la caja y su cara se mantenía muy cerca del cuadrante, como si lo estuviera sometiendo a un ansioso escrutinio. Permaneció en esa posición largo tiempo. La oímos exhalar un suspiro de alivio y por un instante se volvió ligeramente hacia nosotros. Jamás olvidaré la expresión de salvaje alegría que transfiguró sus facciones en ese momento.

    Las agujas del reloj estaban moviéndose; y se movían hacia atrás.

    Tía Gertrudis rodeó el reloj con ambos brazos y apretó contra él su marchita mejilla. Lo besó varias veces. Lo acarició de cien maneras distintas como si hubiese sido algo viviente y amado. Lo mimaba y le hablaba con palabras que podíamos oír pero no entendíamos. Las manecillas continuaban moviéndose hacia atrás.

    Entonces, se echó hacia atrás con un grito repentino. El reloj se había detenido. Vimos que su alto cuerpo tambaleaba por un instante sobre la silla. Extendió los brazos con un gesto convulsivo de terror y desesperación, llevó violentamente el minutero a su habitual posición de las tres y cuarto, y se desplomó en el suelo.


    II


    Tía Gertrudis me legaba en su testamento sus acciones bancadas y de la empresa de gas, sus valores inmobiliarios, títulos ferroviarios y otros bienes; y confería a Harry el reloj. Pensamos entonces que era aquella una división muy desigual y más sorprendente aún por el hecho de que mi primo parecía haber sido siempre su favorito. No muy seriamente, hicimos un minucioso examen del antiguo aparato, auscultando su caja de madera en busca de gavetas secretas, y tanteando incluso con una aguja de tejer el no muy complicado mecanismo, a fin de asegurarnos de que nuestra caprichosa pariente no hubiese ocultado allí algún codicilo u otro documento similar que cambiara las apariencias del asunto. No descubrimos nada.

    En el testamento se había establecido una provisión para nuestros estudios en la Universidad de Leyden. Abandonamos la academia militar en la cual habíamos aprendido un poco sobre las teorías de la guerra y mucho sobre el arte de quedarse parado con las narices perpendiculares a las puntas de los pies, y nos embarcamos sin demora alguna. Con nosotros vino el reloj, y a los pocos meses el aparato ya ocupaba un rincón en una habitación de la Breede Straat.

    El producto del ingenio de Jan Lipperdam, repuesto así en su ambiente nativo, continuó dando las tres y cuarto con su antigua fidelidad. Hacía ya casi trescientos años que el creador del reloj yacía bajo la tierra. La habilidad de todos los herederos de su artesanía que residían en Leyden no logró hacerlo andar ni hacia adelante ni hacia atrás.

    Muy pronto aprendimos el holandés necesario para hacernos entender por la gente del pueblo, los profesores y muchos de los ochocientos y pico de estudiantes con los cuales nos relacionamos. Este idioma, que parece tan difícil al principio, es sólo una especie de inglés modificado. Déle usted unas cuantas vueltas y pronto le habrá entrado en la cabeza como uno de esos criptogramas que consisten en escribir de corrido todas las palabras de una frase, dividiéndola luego en los lugares que no corresponden.

    La adquisición del idioma y lo novedoso de lo que nos rodeaba se agotó al poco tiempo y nos dedicamos entonces a ocupaciones más o menos regulares. Harry se entregó con cierta asiduidad al estudio de la sociología, con énfasis especial en las amables doncellas de cara redonda de Leyden. Yo me interné en la metafísica superior.

    Fuera de nuestros respectivos estudios, teníamos una base común de infatigable interés. Para nuestro asombro, descubrimos que ni uno de cada veinte miembros de la facultad o de los estudiantes sabía algo o daba un comino por la gloriosa historia de la ciudad, o al menos por las circunstancias en las cuales la universidad misma había sido fundada por el Príncipe de Orange. En marcado contraste con la indiferencia general estaba el entusiasmo del Profesor Van Stopp, el preceptor que yo había elegido para atravesar las nebulosas de la filosofía especulativa.

    Este eminente hegeliano era un viejecito consumido por el tabaco, con un casquete sobre unas facciones que me recordaban curiosamente las de tía Gertrudis. No hubiera sido mayor la semejanza facial si hubiese sido su hermano. Así se lo expresé en una ocasión en que nos hallábamos en la Stadthuis, contemplando el retrato del héroe del asedio, el burgomaestre Van del Werf. El profesor se rió y dijo: «Le mostraré lo que es una coincidencia aún más extraordinaria», y guiándome a través del salón hasta el gran cuadro del sitio, pintado por Wanntrs, señaló la figura de un ciudadano que participaba en la defensa. Era verdad. Van Stopp podría haber sido perfectamente un hijo del ciudadano y el ciudadano podría haber sido el padre de tía Gertrudis.

    El profesor parecía habernos tomado afecto. A menudo íbamos a visitarlo en sus habitaciones en un anticuo caserón de la Ripenburg Straat, una de las pocas casas que, construidas antes de 1574, se mantenían aún en pie. Él solía acompañarnos a pie a través de los hermosos suburbios de la ciudad, por rectos caminos bordeados de álamos que nos retrotraían mentalmente a la orilla del Sheepscot. Nos llevaba a la cima de la derruida torre romana en el centro de la población y desde las mismas murallas almenadas desde las cuales ojos ansiosos habían observado, trescientos años atrás, el lento avance de la flota del almirante Boisot sobre los polders sumergidos, nos indicó el gran dique del Larrelscheiding, excavado para que los océanos pudieran ayudar a los Zelandeses de Boisot a reunir a los aliados y alimentar a los hambrientos habitantes. Nos mostró el cuartel general del español Valdez en Leyderdorp y nos contó cómo un ciclón envió un violento viento del noroeste la noche del primero de octubre, acumulando el agua donde había sido de escasa profundidad y arrastrando a la flota entre Zoetrnvoude y Zweiten, hasta las murallas mismas de la fortaleza de Lammen, el último baluarte de los sitiadores y el último obstáculo en la ruta de socorro a los famélicos habitantes. Después, nos enseñó el lugar donde, la noche anterior a la retirada del ejército del asedio, una enorme brecha fue abierta por los valones procedentes de Lammen en la muralla de Leyden, cerca de Cow Gate.

    —¡Caramba! —gritó Harry, contagiado por la elocuencia de la narración del profesor—, ese fue el momento decisivo del asedio.

    El profesor no dijo nada. Permaneció con los brazos cruzados, mirando intensamente a los ojos de mi primo.

    —Porque —continuó Harry—, si ese lugar no hubiese sido vigilado, o si la defensa hubiese fallado y hubiera tenido éxito la irrupción del asalto nocturno desde Lammen, la ciudad habría sido incendiada y el pueblo masacrado ante los ojos del almirante Boisot y la flota de socorro. ¿Quién defendió la brecha?

    Van Stopp respondió con mucha lentitud, como si midiera cada palabra:

    —La historia registra la explosión de la mina bajo la muralla de la ciudad la última noche del asedio; pero no relata lo que sucedió en la defensa ni menciona el nombre del defensor. Sin embargo, no hay hombre viviente que haya tenido sobre sus espaldas una responsabilidad tan grande como la que el destino confió a este héroe desconocido. ¿Fue el azar el que lo envió a enfrentar ese peligro inesperado? Consideren algunas de las consecuencias que hubiera acarreado su fracaso. La caída de Leyden habría aniquilado la última esperanza del Príncipe de Orange y de los estados libres. La tiranía de Felipe habría sido restablecida. El nacimiento de la libertad religiosa y del gobierno del pueblo habría sido postergado por quién sabe cuántos siglos. ¿Quién sabe si podría haber habido una república de los Estados Unidos de Norteamérica si no hubiera existido una Holanda Unida? Nuestra universidad, que ha dado al mundo a Grocio, Scaliger, Arminio y Descartes, fue fundada como consecuencia de la exitosa defensa de la brecha por este héroe. Es a él a quien debernos nuestra presencia hoy aquí. Más aún, le deben ustedes su propia existencia. Sus antepasados eran oriundos de Lévele, y él fue quien esa noche se interpuso entre sus vidas y los carniceros de fuera, de las murallas.

    El pequeño profesor pareció agigantarse ante nosotros, un gigante de entusiasmo y patriotismo. Los ojos le brillaban y sus mejillas estaban enrojecidas.

    —¡Vuelvan a su hogar, muchachos —dijo Van Stopp— y agradezcan a Dios la existencia de aquel par de ojos vigilantes y aquel intrépido corazón en las murallas de la ciudad, más allá de la Cow Gate, mientras los ciudadanos de Leyden se esforzaban por ver la flota en el Zoeterwonde!


    III


    La lluvia salpicaba las ventanas una velada en el otoño de nuestro tercer año en Leyden, cuando el profesor Van Stopp nos honró con una visita en la Breede Straat. Jamás había visto al anciano caballero de tan buen humor. No cesaba de hablar. Los chismes de la ciudad, las noticias de Europa, las novedades de la ciencia, la poesía, la filosofía, eran mencionadas a su debido momento y tratadas con la misma alegría. Traté de hacerlo hablar de Hegel, con cuyo capítulo sobre la complejidad e interependencia de las cosas estaba lidiando a la sazón.

    —¿No comprende usted el retorno del sí mismo al sí mismo a través de lo otro? —dijo sonriente—. Bien, ya lo comprenderá algún día.

    Harry permanecía callado y preocupado. Su silencio poco a poco llegó a afectar incluso al profesor. La conversación declinó y continuamos allí sentados durante un buen rato sin decir palabra. De vez en cuando brillaba un relámpago seguido por un trueno lejano.

    —Su reloj no funciona —notó súbitamente el profesor—. ¿Lo ha hecho alguna vez?
    —Nunca, desde que tenemos memoria —respondí—. Es decir, una sola vez, y entonces anduvo hacia atrás. Fue cuando tía Gertrudis…

    Advertí que Harry me dirigía una mirada de advertencia. Me reí y tartamudeé.

    —El reloj es viejo e inútil. No se puede hacer que funcione bien.
    —¿Sólo hacia atrás? —dijo el profesor, tranquilamente y como si no notase mi turbación—. Bueno, ¿y por que no podría un reloj retroceder? ¿Por qué no daría vuelta el tiempo mismo, su propio curso?

    Parecía aguardar una respuesta. Yo no tenía ninguna para dar.

    —Lo creía suficientemente hegeliano como para admitir —prosiguió— que toda condición incluye su propia contradicción. El Tiempo es una condición, no un elemento esencial. Visto desde el punto de vista de lo Absoluto, la secuencia por la cual el futuro sigue al presente y el presente sigue al pasado es puramente arbitraria. Ayer, hoy, mañana; no existe razón en la naturaleza de las cosas por la cual el orden no pudiera ser mañana, hoy, ayer.

    Un trueno más nítido interrumpió las especulaciones del profesor.

    —El día es producido por la rotación del planeta sobre su eje de oeste a este. Supongo que podrá usted concebir condiciones en las cuales pudiera girar de este a oeste, como si estuviera desenrollando las rotaciones de eras pretéritas. ¿Es tanto más difícil imaginar al Tiempo desenrollándose? ¿El reflujo de la marea del Tiempo, en vez del flujo de la misma; el pasado desplegándose, mientras el futuro se aleja; los siglos retrocediendo; el curso de los acontecimientos dirigiéndose al Comienzo y no, como ahora, hacia el fin?
    —Pero —interpuse— sabemos sin embargo que, hasta donde nos concierne, el…
    —¡Sabemos! —exclamó Van Stopp, con sorna creciente—. Su inteligencia no tiene vuelo. Siguen los pasos de Compte y su lodosa caterva de arrastrados y cobardes. Hablan con asombrosa seguridad de su posición en el universo. Parecen creer que su miserable y pequeña individualidad tiene un firme punto de apoyo en el Absoluto. No obstante esta noche se acostarán para soñar con la existencia de hombres, mujeres, niños y bestias del pasado o del futuro. ¿Cómo puede saber si en este momento usted, usted mismo, con toda la vanidad de sus pensamientos decimonónicos, no es más que la creación de un sueño del futuro, soñado, digamos, por algún filósofo del siglo dieciséis? ¿Cómo puede usted saber si es algo más que la creación de un sueño del pasado, soñado por algún hegeliano del siglo veintitrés? ¿Cómo puede usted saber, muchacho, que no ha de desvanecerse en el siglo XVI o el año 2060 en el instante en que el que está soñando, despierte?

    No había réplica posible para esta metafísica pura. Harry bostezó. Me puse de pie y fui hasta la ventana. El profesor Van Stopp se acercó al reloj.

    —Ah, hijos míos —dijo—, no existe un devenir señalado para el acontecer humano. Pasado, presente y futuro están urdidos juntos en una malla inextricable. ¿Quién puede decir que este reloj no está en lo justo al retroceder?

    El estallido de un trueno sacudió la casa. La tormenta ya se hallaba sobre nosotros.

    No bien hubo desaparecido aquel brillo enceguecedor, el profesor Van Stopp ya se hallaba sobre una silla ante el elevado aparato. Su rostro se asemejaba más que nunca al de tía Gertrudis y su posición era la misma que ella había adoptado en aquel último cuarto de hora en que dio cuerda al reloj.

    El mismo pensamiento nos sacudió a Harry y a mí.

    —¡Deténgase! —gritamos mientras él empezaba a dar cuerda al mecanismo—. Puede significar la muerte si…

    Las demacradas facciones del profesor brillaban con el mismo extraño entusiasmo que había transformado las de tía Gertrudis.

    —Es verdad —dijo—, puede ser la muerte para mí; pero también puede significar el despertar. El pasado, el presente y el futuro entrelazados unos con otros. La lanzadera va de aquí para allá, adelante y atrás…

    Había dado cuerda al reloj. Las agujas empezaban a barrer vertiginosamente el cuadrante de derecha a izquierda con rapidez inconcebible, y parecía que en su movimiento nos arrastraba también a nosotros. Las eternidades parecían contraerse en minutos, en tanto, que las vidas humanas eran expulsadas a cada latido. Van Stopp, con los brazos extendidos, se tambaleaba en su silla como si estuviera borracho. La casa volvió a estremecerse por un tremendo estallido de la tormenta. En ese mismo instante una bola de fuego que dejó una estela de vapor de sulfuro y llenó la habitación con su luz deslumbrante pasó sobre nuestras cabezas y atropello el reloj. Van Stopp estaba postrado. Las manecillas dejaron de girar.


    IV


    El estampido del trueno sonaba como un continuo cañoneo. El resplandor de los relámpagos semejaba la sostenida luz de una conflagración. Cubriéndonos los ojos con las manos, Harry y yo nos precipitamos hacia la noche.

    Bajo un cielo rojizo, la gente se encaminaba apresuradamente hacia la Stadthius. Llamas en la dirección de la torre romana nos indicaron que el corazón de la ciudad estaba ardiendo. Las caras de los que vimos eran macilentas y demacradas. De todos lados nos llegaban frases inconexas de queja y desesperación.

    —La carne de caballo a diez chelines la libra —dijo alguien— y el pan a dieciséis chelines.
    —¡Pan, realmente! —replicó una anciana—. Hace ocho semanas que no veo una migaja. Mi nietita, la renga, se murió anoche.
    —¿Saben lo que hizo Gekke Betje, la lavandera? Estaba muerta de hambre. Se le murió el bebé y ella y su esposo…

    Un cañonazo más fuerte interrumpió bruscamente esta revelación. Nos dirigimos hacia la ciudadela, cruzándonos aquí y allá algunos soldados y a muchos ciudadanos con rostros tristes bajo sus aludos sombreros de fieltro.

    —Allá donde está la pólvora hay pan suficiente, y completo perdón, también. Valdez lanzó la proclama de otra amnistía por sobre las murallas esta mañana.

    Una excitada multitud rodeó inmediatamente al orador gritando.

    —Pero, ¿y la flota?
    —La flota está encallada en el polder de Greemway. Boisot puede volver los ojos hacia el mar esperando un viento favorable, hasta que el hambre y la pestilencia se hayan llevado a todos los hijos de la ciudad y su arca no estará por eso ni siquiera un cabo más cerca. Muerte por la plaga, muerte por el hambre, muerte por el fuego y las descargas de la fusilería… eso es lo que el burgomaestre nos ofrece a cambio de la gloria para sí mismo y el reino para Orange.
    —Él nos pide —dijo un fornido ciudadano— que resistamos solamente veinticuatro horas más y que mientras tanto imploremos un viento procedente del océano.
    —Ah, sí —dijo el que había tronado antes—. Sigan rezando. Hay suficiente pan guardado bajo llave en la bodega de Pieter Adrianzoon Van der Werf. Yo les garantizo que eso es lo que le da tan maravilloso estómago para resistir al Muy Católico Rey.

    Una muchacha con trenzas rubias se abrió paso a través del gentío y enfrentó al demonio.

    —Buena gente —dijo la doncella—, no lo escuchéis. Es un traidor con corazón de español. Soy la hija de Pieter. No tenemos pan. Comimos tortas de malta y nabos silvestres, como el resto de ustedes, hasta que se nos terminó. Luego pelamos las hojas verdes de los tilos y los sauces de nuestro jardín y las comimos. Hemos comido hasta los cardos y las malezas que crecían entre las piedrecitas junto al canal. Ese cobarde miente.

    Sin embargo, la insinuación había tenido su efecto. La muchedumbre, que se había convertido en una turba, ya marchaba, como una furiosa marea, en dirección a la casa del burgomaestre. Un rufián alzó la mano para golpear a la muchacha y apartarla del camino. En un instante el canalla se encontraba caído en el suelo bajo los pies de sus compañeros y Harry, jurando y lleno de furia, estaba al lado de la doncella, lanzando desafíos en buen inglés a espaldas de la multitud que se retiraba rápidamente.

    La muchacha rodeó espontáneamente su cuello y lo besó.

    —Gracias, —dijo—. Eres un valiente muchacho. Mi nombre es Gertruyd van der Wert.

    Harry buscaba torpemente las apropiadas frases en holandés pero ella no podía aguardar sus cumplidos.

    —Le harán daño a mi padre —dijo—, y nos guió apresuradamente por estrechas callejuelas hacia la plaza del mercado, a la que dominaba la iglesia con sus dos agujas—. Allí está —exclamó—, en los escalones de San Pancracio.

    En el mercado había un tumulto. La conflagración que rugía más allá de la iglesia y las voces de los cañones españoles y valones fuera de las murallas eran menos airadas que el bramido de esta multitud de hombres desesperados clamando por el pan que una sola palabra de los labios de su conductor les traería.

    —Ríndete al Rey —gritaban—, o enviaremos tu cadáver a Lammen como prenda de sometimiento de parte de Leyden.

    Un hombre alto, que llevaba una cabeza a cualquiera de los ciudadanos que lo enfrentaban y de tez tan oscura que nos preguntamos cómo podía ser el padre de Gertruyd, oyó la amenaza en silencio. Cuando el burgomaestre habló, la turba prestó atención a pesar de su furia.

    —¿Qué solicitáis, amigos míos? ¿Qué quebremos nuestro voto y rindamos Leyden a los españoles? Eso significa someternos a un destino mucho más horrible que la muerte por falta de alimentos. ¡Debo cumplir el juramento! Matadme, si tenéis que hacerlo. Sólo puedo morir una vez ya sea por vuestras manos o por las del enemigo o por la mano de Dios. Muramos de hambre, si es nuestro destino, y demos a la muerte nuestra bienvenida si llega en lugar del deshonor. Vuestras amenazas no me afectan; mi vida está a vuestra disposición. Tomad, aquí está mi espada, hundidla en mi pecho, y dividios mi carne para aplacar vuestra hambre. Mientras viva, no esperéis rendición ninguna.

    Se hizo un nuevo silencio mientras la turba vacilaba. Luego se oyeron algunos murmullos a nuestro alrededor y, dominándolos, resonó entonces la voz clara de la muchacha cuya mano Harry todavía aferraba… sin necesidad, o por lo menos así me parecía.

    —¿No sentís el viento del mar? Por fin ha llegado. ¡A la torre! Y el primero que llegue allí verá las hinchadas velas blancas de las naves del príncipe a la luz de a luna.

    Durante varias horas recorrí las calles de la ciudad buscando en vano a mi primo y a su compañera; el súbito desplazamiento de la multitud hacia la torre romana nos había separado. Por todos lados vi señales evidentes del severo castigo que había llevado a este valiente pueblo al borde de la desesperación. Un hombre de mirada hambrienta perseguía a una rata flaca por la orilla del canal. Una joven madre, con dos bebés muertos en los brazos, estaba sentada en una puerta a la cual llevaban los cadáveres de su esposo y su padre, recién muertos en las murallas. En medio de una calle desierta, pasé cerca de una pila de cadáveres insepultos que superaba mi altura. La pestilencia había actuado allí… más generosa que los españoles, porque no ofrecía ninguna promesa traicionera mientras daba sus golpes mortales.

    Hacia la mañana, el viento aumentó hasta convertirse en un huracán. Ya no se dormía en Leyden ni se hablaba más de rendición, ya no se pensaba en la defensa ni importaba. Estas palabras estaba en los labios de todos los que yo encontré:

    —¡La luz del día traerá la flota!

    ¿Trajo a la flota la luz del día? La historia dice que sí, pero yo no fui testigo del hecho. Sólo sé que antes del amanecer el huracán culminó en una violenta tormenta de truenos, y que al mismo tiempo una explosión sorda, más violenta que la tormenta, sacudió a la ciudad. Yo estaba en la muchedumbre que observaba desde el Montículo Romano, esperando ver las primeras señales del socorro que se aproximaba. La sacudida alejó la esperanza de todos los rostros.

    —¡Su mina ha alcanzado la muralla!

    Pero, ¿dónde? Me abrí paso hasta que hallé al burgomaestre entre el resto de la gente.

    —Pronto —murmuré—. Es pasando la Cow Gate y de este lado de la Torre de Borgoña.

    Me lanzó una mirada y luego se alejó dando grandes zancadas, sin hacer intento alguno de tranquilizar el pánico general. Lo seguí de cerca.

    Fue una dura carrera de casi media milla hasta el baluarte en cuestión. Cuando llegamos a la Cow Gate, lo que vimos fue una gran brecha, donde había estado la muralla, abierta hacia los pantanosos campos; en el foso, afuera y abajo, una confusión de rostros mirando hacia arriba, rostros de hombres que bregaban como demonios para llenar la abertura y que ora ganaban unos pocos metros y ora eran empujados hacia atrás; sobre el destrozado baluarte, un puñado de soldados y gente del pueblo formaban una verdadera muralla viviente donde faltaban los materiales; un puñado de mujeres y muchachas pasaba piedras a los defensores, baldes de agua hirviente, brea, aceite y cal viva, y algunas de ellas arrojaban aros de alquitrán ardiente sobre cabezas de los españoles del foso; mi primo Harry dirigía a los hombres mientras Gertruyd… la hija del burgomaestre, animaba a las mujeres.

    Pero lo que más atrajo mi atención fue la frenética actividad de una diminuta figura de negro que, con un enorme cucharón, derramaba plomo fundido sobre las cabezas de los asaltantes. Cuando se volvió hacia la fogata y la caldera que le proveía la munición, sus rasgos se exhibieron a la luz. Di un grito de sorpresa; el que lanzaba el plomo fundido era el profesor Van Stopp.

    El burgomaestre Van der Werf se volvió al oír mi repentina exclamación y entonces le dije:

    —¿Quién es ese? ¿El hombre que está en la caldera?
    —Ese —replicó Van der Werf— es el hermano de mi esposa, el relojero Jan Lipperdam.

    El problema de la brecha terminó antes de que tuviéramos tiempo de entender la situación. Los españoles que habían derribado la pared de ladrillos y piedras descubrieron que la muralla humana era inexpugnable. Ni siquiera pudieron mantener sus posiciones en el foso; fueron empujados hacia las tinieblas. En ese momento, sentí un agudo dolor en el brazo izquierdo. Algún proyectil perdido debe haberme golpeado mientras contemplaba la lucha.

    —¿Quién ha hecho esto? —demandó el burgomaestre—. ¿Quién se ha mantenido alerta vigilando hoy, mientras el resto de nosotros nos esforzábamos como tontos por ver lo que pasaría mañana?

    Gertruyd van de Werf se adelantó orgullosamente, guiando a mi primo.

    —Padre mío, —dijo—, él me ha salvado la vida.
    —Eso es mucho para mí —dijo el burgomaestre—, pero no es todo. Él ha salvado a Leyden y, por lo tanto, a toda Holanda.

    Yo empezaba a sentir los efectos del mareo. Las caras a mi alrededor parecían irreales. ¿Por qué estábamos aquí con esta gente? ¿Por qué seguían los truenos y los relámpagos? ¿Por qué el relojero Jan Lipperdam se volvía hacia mí con el rostro del profesor Van Stopp?

    —¡Harry! —dije— volvamos a nuestras habitaciones.

    Pero, si bien tomó fuerte y afectuosamente mi mano, su otra mano todavía asía la de la muchacha, y no se movió. Luego, una especie de náusea se apoderó de mi, y mi cabeza empezó a dar vueltas y la brecha y sus defensores desaparecieron de mi vista.


    V


    Tres días más tarde me hallaba sentado con un brazo vendado en mí acostumbrado asiento en el salón de conferencias de Van Stopp. El lugar a mi lado estaba vacante.

    —Oímos hablar mucho —dijo el profesor hegeliano, leyendo de una libreta de notas con su seco y apresurado tono usual— de la influencia del siglo dieciséis sobre el diecinueve. Ningún filósofo, por lo que yo sé, ha estudiado la influencia del siglo diecinueve sobre el dieciséis. Si la causa produce el efecto, ¿el efecto nunca induce la causa? La ley de la herencia, a diferencia de todas las otras leyes de este universo de mente y materia, ¿opera sólo en una dirección? ¿Le debe el descendiente todo al antepasado, y el antepasado nada al descendiente? El destino, que puede apoderarse de nuestra existencia y por sus propias razones llevarnos hacia el lejano futuro, ¿nunca nos lleva al pasado?

    Regresé a mis habitaciones en la Breede Straat, donde mi único compañero era el silencioso reloj.


    Fin