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    Si te gusta lo que ofrece el Blog, te invito a que nos ayudes a que siga funcionando y poder, además, agregar temas nuevos.

    Gracias por tu visita!

    PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.

    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    En cualquier parte del blog, cada tema tiene un "+", el cual, al darle click, te da la opción de elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar, elige dónde, y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar,
    selecciona la opción y luego la imagen.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 32 en 32.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    WILT (Tom Sharpe)

    Publicado el martes, noviembre 28, 2017

    1


    Siempre que Henry Wilt sacaba al perro a pasear o, para ser más precisos, cuando el perro le sacaba a él, o, para ser exactos, cuando la señora Wilt les decía a ambos que se fuesen de casa para que ella pudiese hacer sus ejercicios de yoga, Henry siempre seguía la misma ruta. De hecho el perro seguía la ruta y Wilt seguía al perro. Bajaban hasta la oficina de correos, cruzaban el campo de juegos, luego el puente del ferrocarril y seguían por el sendero que bordeaba el río. Continuaban, siguiendo el río, poco más de kilómetro y medio y luego cruzaban otra vez por debajo de la vía férrea y volvían recorriendo calles cuyas casas eran mayores que la de Wilt y donde había árboles grandes y jardines y los coches eran todos Rovers y Mercedes. Era allí donde Clem, un labrador de raza, se sentía evidentemente más a gusto, y hacía sus cosas mientras Wilt esperaba mirando alrededor un poco inquieto, consciente de que aquel no era su tipo de barrio y deseando que lo fuese. Era prácticamente el único momento de su paseo en que él tenía una cierta conciencia de su entorno. Durante el resto del trayecto el paseo de Wilt era un paseo interior y seguía un itinerario completamente distinto de su propia apariencia y de la de su ruta. Era en realidad una jornada de pensamiento ávido, un peregrinaje por sendas de posibilidad remota que implicaban la desaparición irrevocable de la señora Wilt, la adquisición súbita de riqueza, de poder, lo que haría él si le nombrasen ministro de educación, o, aún mejor, primer ministro. Era algo urdido en parte con una serie de recursos desesperados y en parte con un diálogo mudo, de tal modo que quien reparase en Wilt (y la mayoría de la gente no lo hacía) podría haber visto que sus labios se movían de cuando en cuando y que se le fruncía la boca en lo que él suponía cariñosamente una sonrisa sardónica cuando abordaba cuestiones o respondía a argumentaciones con una agudeza de ingenio devastadora. Fue precisamente durante uno de esos paseos, bajo la lluvia, tras un día especialmente penoso en la escuela, cuando Wilt consideró por primera vez la idea de que sólo podrían cristalizar sus esperanzas y podría considerar su vida algo propio si su mujer era víctima de algún desastre no del todo fortuito.Esto, como todo lo demás en la vida de Henry Wilt, no fue una decisión súbita. No era un hombre decidido. Prueba de ello eran sus diez años de profesor auxiliar (Nivel Dos) en la Escuela de Artes y Oficios Fenland. Llevaba diez años en el Departamento de Artes Liberales dando clases a los alumnos de Instalación de gas, Enyesado, Albañilería y Lampistería. O manteniéndolos en calma. Y durante diez largos años se había dedicado a ir de clase en clase con dos docenas de ejemplares de Hijos y amantes o Ensayos de Orwell o Candide o El señor de las moscas y había hecho todo lo posible por ampliar la sensibilidad de los aprendices con una notable falta de éxito.

    Exposición a la cultura, lo llamaba el señor Morris, director de Humanidades, pero desde el punto de vista de Wilt parecía más una exposición de sí mismo a la barbarie, y ciertamente la experiencia había socavado los ideales y las ilusiones que había sustentado en sus años mozos. Lo mismo habían hecho sus doce años de matrimonio con Eva.

    Si los aprendices de instaladores de gas podían pasar por la vida totalmente impermeables al sentido emotivo de las relaciones interpersonales que se refleja en Hijos y amantes, y divertirse groseramente con la indagación profunda de D. H. Lawrence en el carácter sexual de la existencia, Eva Wilt era incapaz de tal distanciamiento. Ella se lanzaba a las actividades culturales y al cultivo y mejora de su personalidad con un entusiasmo que atormentaba a Wilt. Peor aún, la idea que Eva tenía de la Cultura variaba de una semana a otra, incluyendo a veces a Bárbara Cartland y a Anya Seton, a veces a Ouspensky, a veces a Kenneth Clark, pero más a menudo al instructor de la clase de cerámica de los martes o al profesor de meditación trascendental de los jueves, de modo que Wilt nunca sabía qué podía esperarle en casa, aparte de una cena preparada precipitadamente, algunos comentarios vigorosamente expuestos sobre su falta de ambición y un insulso eclecticismo intelectual que le dejaba desorientado.

    Para huir del recuerdo de los aprendices instaladores de gas como seres humanos putativos y de Eva en la posición del loto, Wilt caminaba por la orilla del río entregándose a sombríos pensamientos, oscurecidos aún más por la certeza de que por quinto año consecutivo su solicitud de ascenso a la condición de profe-sor titular era casi seguro que fuese rechazada y que, a menos que hiciese algo pronto, quedaría condenado a Instaladores de gas Tres y Yeseros Dos (y a Eva) para el resto de su vida. No era una perspectiva soportable. Tenía que actuar de modo drástico. Por encima de su cabeza pasó atronando un tren. Wilt se quedó mirando sus luces menguantes y pensó en accidentes en pasos a nivel.

    —Está tan raro últimamente -dijo Eva Wilt-, no sé qué hacer con él.
    —Yo ya he dejado de intentarlo con Patrick -afirmó Mavis Mottram examinando críticamente el jarrón de Eva-. Yo pondría el altramuz un poquito más a la izquierda. Así ayuda a subrayar las cualidades oratoriales de la rosa. Ahora el lirio aquí. Hay que intentar conseguir un efecto casi audible de contraste de colores. Como un contrapunto, podríamos decir.

    Eva asintió y suspiró.

    —Antes estaba lleno de energía -dijo-, pero ahora no hace más que estarse en casa sentado viendo la tele. Lo único que puedo conseguir que haga es sacar al perro a dar un paseo.
    —Probablemente eche a faltar los niños -dijo Mavis-. Sé que a Patrick le pasa eso.
    —Eso es porque tiene algo que echar de menos -dijo Eva Wilt amargamente-. Henry es incapaz de desarrollar la energía necesaria para ello.
    —Lo siento mucho, Eva. Lo olvidé -dijo Mavis, colocando el altramuz de modo que contrastase más significativamente con un geranio.
    —No tienes por qué sentirlo -contestó Eva, que no incluía la autocompasión entre sus defectos-, supongo que es mejor así, además. Quiero decir que, bueno, imagínate que tuviese hijos que fuesen como Henry. Es tan poco creativo, y además los niños son tan insoportables… Le absorben a una toda la energía creadora.

    Mavis Mottram pasó a ayudar a alguna otra señora a lograr un efecto contrapuntístico, esta vez con berros y malvas reales en un cuenco de cerezas. Eva jugueteó nerviosa con su rosa. ¡Mavis tenía tanta suerte! Tenía a su Patrick, y Patrick Mottram era un hombre tan activo… Eva, a pesar de su situación, daba mucha importancia a la actividad, a la energía y a la creatividad, de tal modo que incluso las personas que no eran demasiado impresionables quedaban agotadas tras diez minutos en su compañía. Hasta en la posición del loto en sus clases de yoga lograba exudar energía, y en sus tentativas de meditación trascendental evocaba una olla a presión en plena ebullición. Y con la energía creadora llegaba el entusiasmo, los entusiasmos febriles de una mujer evidentemente insatisfecha para la que toda idea nueva anuncia el alborear de un nuevo día y viceversa.

    Dado que las ideas que abrazaba eran triviales o le resultaban incomprensibles, su fidelidad a tales ideas era correspondientemente breve y no contribuía en absoluto a llenar el vacío que dejaba en su vida la falta de logros y triunfos de Henry Wilt. Mientras él vivía en su imaginación una vida violenta, Eva, que carecía totalmente de imaginación, de hecho vivía violentamente. Se lanzaba a cosas, situaciones, nuevas amistades, grupos y encuentros con un abandono temerario que ocultaba el hecho de que carecía de vigor emotivo para persistir más de un momento. De pronto, al retroceder separándose de su jarrón, tropezó con alguien que estaba detrás de ella.

    —Oh, perdón -musitó y se volvió y se encontró mirando a un par de ojos oscuros.
    —No tiene por qué disculparse -dijo la mujer, con acento americano.

    Era delgada y vestía con una descuidada elegancia que quedaba por encima de los modestos ingresos de Eva Wilt.

    —Me llamo Eva Wilt -dijo Eva, que había hecho un curso de «Cómo conocer gente» en el Oakrington Village College-. Mi marido da clases en la Escuela de Artes y Oficios y vivimos en la Avenida Parkview 34.
    —Sally Pringsheim -dijo la mujer con una sonrisa-. Nosotros vivimos en Rossiter Grove. Disfrutamos de año sabático. Gaskell es bioquímico.

    Eva Wilt aceptó las diferencias y se felicitó por su perspicacia respecto a los vaqueros y el jersey. La gente que vivía en Rossiter Grove estaba un escalón por encima de la Avenida Parkview, y los maridos bioquímicos en año sabático eran obviamente profesores universitarios. El mundo de Eva Wilt se componía de estos matices.

    —Sabes, no estoy nada segura de que pudiese convivir con una rosa oratorial -dijo Sally Pringsheim-. Las sinfonías están muy bien en las salas de conciertos, pero no las necesito para nada en los jarrones.

    Eva la miró con una mezcla de asombro y admiración. Criticar abiertamente los arreglos florales de Mavis Mottram era una completa blasfemia en la Avenida Parkview.

    —Sabes, yo siempre he querido decir eso -dijo con un súbito impulso de cordialidad- pero nunca he tenido suficiente valor para ello.

    Sally Pringsheim sonrió y dijo:

    —Yo creo que hay que decir siempre lo que se piensa. La verdad es algo esencial en cualquier relación realmente significativa. Yo a nene G siempre le digo exactamente lo que pienso.
    —¿Nene G? -preguntó Eva Wilt.
    —Gaskell, mi marido -dijo Sally-. No es que sea un marido en realidad. Sólo que hemos hecho este arreglo libre para vivir juntos. En fin, estamos en una situación legal y todo eso, pero creo que es importante sexualmente mantener abiertas las propias opciones, ¿no crees?

    Cuando Eva llegó a casa, su vocabulario había pasado a incluir varias palabras nuevas. Encontró a Wilt en la cama haciéndose el dormido, y le despertó y le explicó lo de Sally Pringsheim. Wilt se giró e intentó volver a dormirse pensando que ojalá se hubiese limitado a seguir con su arreglo floral de contrapunto. Las opciones libres, sexualmente abiertas, eran lo último que deseaba él en aquel momento y, procediendo de la esposa de un bioquímico que podía permitirse el lujo de vivir en Rossiter Grove, no auguraban nada bueno para el futuro. A Eva Wilt la influían demasiado fácilmente la riqueza, el estatus intelectual y las nuevas amistades para que pudiese permitírsele salir con una mujer que creía que la estimulación clitórica de tipo oral era una parte concomitante de una relación totalmente emancipada y que el unisex estaba aquí para quedarse. Wilt tenía problemas suficientes con su propia virilidad sin necesidad de que Eva exigiese que sus derechos conyugales se suplementasen oralmente. Pasó una noche inquieta entregado a lúgubres pensamientos sobre muertes accidentales con trenes rápidos, pasos a nivel, su Ford Escort y el cinturón del asiento de Eva, y se levantó temprano y se hizo el desayuno. En el momento en que salía para una clase a las nueve en punto a Mecánica de Motor Tres, bajaba Eva por la escalera con una expresión soñolienta en la cara.

    —Acabo de recordar algo que quería preguntarte anoche -dijo-. ¿Qué significa «diversificación transexual»?
    —Escribir poemas sobre maricas -dijo precipitadamente Wilt, saliendo hacia el coche.

    Bajó por la Avenida Parkview y se metió en un embotellamiento de tráfico en la zona de giro. Se dedicó a maldecir mentalmente mientras esperaba sentado allí tras el volante. Tenía treinta y cuatro años y su talento iba disipándose entre Mecánica de Motor Tres y una mujer que, sin lugar a dudas, era culturalmente subnormal. Y, más grave aún, tenía que admitir la veracidad de la constante crítica de Eva de que él no era un hombre. «Si fueses un hombre como es debido -le decía siempre-, mostrarías más iniciativa. Tienes que afirmarte como individuo.»

    Wilt se afirmó en la zona de giro y se metió en un altercado con un tipo de un minibús. Quedó el segundo, como siempre.

    —Lo que pasa con Wilt, en mi opinión, es que le falta empuje -dijo el jefe del Departamento de inglés que era, por su parte, un hombre débil que tendía a enfocar y resolver los problemas con un grado de error que compensaba su falta natural de autoridad.

    El Comité de Ascensos asintió con un gesto global de cabeza por quinto año consecutivo.

    —Quizá le falte empuje, pero es un individuo comprometido -dijo el señor Morris, librando su combate anual desde la retaguardia en favor de Wilt.
    —¿Comprometido? -preguntó con un bufido el jefe del Departamento de Abas-tecimiento-. ¿Comprometido con qué? ¿El aborto, el marxismo o la promiscuidad? Ha de ser con una de esas tres cosas. Aún no he conocido ni a un solo profesor auxiliar de Humanidades que no fuese un chiflado, un pervertido o un revolucionario radical, y muchos de ellos eran las tres cosas…
    —Bien, bien -dijo el jefe del Departamento de Ingeniería Mecánica, en cuyos tornos un alumno chiflado había fabricado varias bombas de tubería.

    El señor Morris se encrespó.

    —Admito que uno o dos profesores auxiliares han sido… en fin… un poco exaltados políticamente, pero rechazo la imputación de que…
    —Dejemos las generalidades a un lado y volvamos a Wilt -cortó el subdirector-. Decía usted que es una persona comprometida.
    —Necesita aliento -dijo el señor Morris-. Demonios, el hombre lleva diez años con nosotros y aún sigue en el Grado Dos.
    —Eso es precisamente lo que quiero decir yo cuando digo que no tiene empuje -dijo el jefe del Departamento de Inglés-. Si se hubiese merecido un ascenso, ya se le habría nombrado profesor titular.
    —He de decir que estoy de acuerdo -dijo el jefe del Departamento de Geografía-. Un individuo que acepta pasar diez años con Instalaciones de Gas y Lampistería es evidente que no tiene condiciones para desempeñar un puesto administrativo.
    —¿Tenemos que ascender únicamente por razones administrativas? — preguntó cansinamente el señor Morris-. Da la casualidad de que Wilt es un excelente profesor.
    —Si se me permite un comentario -dijo el doctor Mayfield, Jefe del Departamento de Sociología-, en este momento es vital que tengamos en cuenta que, dada la introducción inminente del título de licenciatura especial conjunta en Estudios Urbanos y Poesía Medieval, título cuya aprobación provisional por el Consejo Nacional de Títulos Académicos tengo el placer de anunciar, al menos en principio, mantengamos una actitud viable en cuanto al personal en lo que respecta a los profesores titulares, adjudicando plazas a candidatos con conocimientos especializados en esferas determinadas de la actividad académica en vez de…
    —Si se me permite interrumpir sólo por un momento -dijo el doctor Board, titular de Idiomas Modernos-, ¿quiere usted decir que deberíamos tener puestos de profesores titulares para especialistas muy cualificados que no saben enseñar en vez de ascender a profesores auxiliares sin doctorado que sí saben?
    —Si el doctor Board me hubiese permitido continuar -dijo el doctor Mayf- habría podido entender que lo que yo decía…
    —Dudo que -continuó el doctor Board-, prescindiendo de su sintaxis…

    Y así por quinto año consecutivo se olvidó el ascenso de Wilt. La Escuela de Artes y Oficios Fenland se estaba ampliando. Proliferaban los cursos nuevos y aparecían más estudiantes con menos cualificaciones para que les enseñasen más profesores con más cualificaciones, hasta que un día la escuela dejase de ser una mera Escuela de Artes y Oficios y ascendiese de estatus pasando a ser Escuela Politécnica. Era el sueño de todo jefe de departamento y mientras tanto se ignoraban el amor propio de Wilt y las esperanzas de Eva Wilt.

    Wilt se enteró de la noticia justo antes de comer en la cantina.

    —Lo siento, Henry -dijo el señor Morris cuando hacían cola con sus bandejas-, es esta condenada presión económica. Tuvieron que hacer una reducción hasta en Idiomas Modernos. Sólo hubo dos ascensos.

    Wilt asintió con un cabeceo. Era lo que había llegado a esperar. Un departamento inadecuado, un matrimonio inadecuado y una vida inadecuada. Se llevó sus filetes de pescado a una mesa de un rincón y comió solo. A su alrededor otros miembros del personal discutían las perspectivas del Nivel A y quién se sentaría en el Comité de curso al año siguiente. Enseñaban Matemáticas o Economía o Lengua, materias que contaban y donde el ascenso era fácil. Humanidades no contaba y no se planteaba el ascenso. Era así de sencillo. Wilt terminó su almuerzo y subió a la biblioteca de libros de referencia a buscar insulina en la farmacopea. Tenía entendido que era el único veneno indetectable.

    A las dos menos cinco, sin saber más que antes, bajó al aula 752 a ampliar la sensibilidad de quince aprendices de carnicero, designados en el tablón de horarios como Carne Uno. Como siempre llegaron tarde y borrachos.

    —Hemos estado bebiendo a la salud de Bill -se excusaron cuando fueron entrando a las dos y diez.
    —¿De veras? -dijo Wilt, entregándoles ejemplares de El señor de las moscas-. ¿Y qué tal está Bill?
    —Muy mal -dijo un joven grande que tenía pintado en la espalda de su chaqueta de cuero «Puaf»-. Vomita sin parar. Es su cumpleaños y se tomó cuatro vodkas y un Babycham…
    —Estábamos en la parte en que Piggy está en el bosque -dijo Wilt, desviándoles de una enumeración de todo lo que había bebido Bill por su cumpleaños.

    Cogió el borrador y borró de la pizarra el dibujo de un diafragma.

    —Esa es la marca de fábrica del señor Sedgwick -dijo uno de los carniceros-. Siempre está hablando de anticonceptivos y cosas así. Está obsesionado con eso.
    —¿Que está obsesionado con eso? -dijo lealmente Wilt.
    —Sí, ya sabe, control de la natalidad. Bueno, antes era católico, ¿no? Y ahora ya no lo es, y quiere compensar el tiempo perdido -dijo un jovencito de pálido rostro desenvolviendo un caramelo.
    —Alguien debería hablarle de la píldora -dijo otro joven alzando soñoliento la cabeza de la mesa-. Con el chisme ese no puedes sentir nada. La píldora es mucho más emocionante.
    —Supongo que sí -dijo Wilt-, pero tengo entendido que hay efectos colaterales.
    —Depende del lado que te la tomes -dijo un tipo de patillas.

    Wilt volvió a regañadientes a El señor de las moscas. Había leído ya aquel libro unas doscientas veces.

    —Ahora Piggy se adentra en el bosque… -comenzó, para ser interrumpido por otro carnicero, que evidentemente compartía su aversión a las desdichas de Piggy.
    —Sólo hay efectos secundarios con la píldora si usas la que tiene mucho estrógeno.
    —Eso es muy interesante -dijo Wilt-. ¿Estrógeno? Pareces saber mucho del asunto.
    —A una chica de nuestra calle se le formó un coágulo en una pierna.
    —Coágulo de mierda -dijo el del caramelo.
    —Escuchad -dijo Wilt-. O bien oímos lo que tenga que decirnos Peter sobre las secuelas de la píldora o seguimos leyendo lo de Piggy.
    —Que Piggy se vaya a la mierda -dijo el de las patillas.
    —Bueno -dijo Peter-, la chica esa, en fin no era tan mayor, unos treinta, quizás, y estaba tomando la píldora y se le formó ese coágulo y el médico le dijo a mi tía que era el estrógeno y que era mejor que tomase otro tipo de pastillas por si acaso, y la chica esa de nuestra calle, su marido tuvo que ir a hacerse una vasectomía para que no le saliera otro coágulo a ella.
    —Por aquí iban a hacerme a mí una vasectomía -dijo el del caramelo-; yo quiero saber que estoy todo entero en el asunto.
    —Todos tenemos ambiciones -dijo Wilt.
    —A mí no me anda nadie hurgando por ahí con un cuchillo -dijo el de las patillas.
    —Nadie va a querer hacerlo -dijo otro.
    —¿Y qué me dices del tipo aquel a cuya mujer te tiraste? -inquirió el del caramelo-. Apuesto a que a ése no le importaría darte una pasada.

    Wilt esgrimió de nuevo la amenaza de Piggy y logró hacerles volver a la vasectomía.

    —De todos modos ya no es irreversible -dijo Peter-. Te pueden poner una canilla pequeñita de oro con un grifo y puedes abrirlo cuando quieras tener un chaval.
    —Venga ya! Eso no es verdad.
    —Bueno, en la Seguridad Social no te lo hacen, pero si pagas pueden hacértelo. Lo he leído en una revista. Han estado haciendo experimentos en América.
    —¿Y qué pasa si se estropea el grifo? -preguntó el del caramelo.
    —Supongo que avisarán a un fontanero.

    Wilt escuchaba allí sentado cómo Carne Uno se explayaba analizando el asunto de la vasectomía y del diafragma y de los hindúes recibiendo transistores gratis y del avión que aterrizó en Audley End con un montón de inmigrantes ilegales y de lo que el hermano de alguien que era policía en Brixton decía de los negros y que los irlandeses eran igual de malos y las bombas y vuelta a los católicos y al control de la natalidad y quién iba a querer vivir en Irlanda donde ni siquiera podías comprar condones y vuelta así a la píldora. Y durante todo ese tiempo él con la cabeza obsesivamente asediada con formas y métodos de librarse de Eva. ¿Una dieta de píldoras anticonceptivas ricas en estrógeno? Si las machacaba y las mezclaba con el Ovaltine que ella tomaba al acostarse había posibilidades de que se le formasen coágulos por toda la zona en muy poco tiempo. Pero acabó rechazando la idea. Eva con coágulos era algo demasiado horroroso para poder soportarlo, y de cualquier modo no resultaría. No, tendría que ser algo rápido, seguro e indoloro. Preferiblemente un accidente.

    Una vez concluida la hora de clase, Wilt recogió los libros y se dirigió de nuevo a la sala de profesores. Tenía un período libre. Al dirigirse allí hubo de pasar por el lugar donde estaban construyendo el nuevo edificio de la Administración. Habían despejado el terreno y ya se habían instalado allí los constructores, que estaban excavando los cimientos. Wilt se detuvo y observó cómo la máquina perforadora iba hundiéndose lentamente en el suelo. Estaban haciendo agujeros grandes. Muy grandes. Lo suficiente como para contener un cadáver.

    —¿Hasta qué profundidad excavan? -preguntó a uno de los trabajadores.
    —Diez metros.
    —¿Diez metros? -dijo Wilt-. ¿Y cuándo van a echar el hormigón?
    —Con un poco de suerte, el lunes -dijo el hombre.

    Wilt continuó su camino. Acababa de ocurrírsele una nueva idea absolutamente horrible.


    2


    Era uno de los días especiales de Eva Wilt. Eva tenía días normales, días especiales, y días de «esos». Los días normales eran sólo días en que nada iba mal: lavaba los platos y pasaba el aspirador por la habitación de la entrada y limpiaba los cristales de las ventanas y hacía las camas y echaba Vim en el baño y limpiaba con Harpic el inodoro y se acercaba hasta el Centro Comunitario Armonía y ayudaba a hacer fotocopias o a ordenar ropa vieja para la venta benéfica y, en términos generales, desarrollaba actividades útiles y volvía luego a casa a almorzar y se iba a la biblioteca y tomaba el té con Mavis o Susan o Jean y hablaban de la vida y de lo poquísimo que Henry le hacía el amor últimamente, aunque fuese de modo rutinario, y cómo ella había perdido su oportunidad al rechazar a un empleado de banca que ahora era director, y volvía a casa y le hacía la cena a Henry, y salía a su clase de yoga o de arreglo floral o de meditación o de cerámica y, por último, se metía en la cama con la sensación de que había logrado hacer algo.En días de «esos» nada iba bien. Las actividades eran exactamente las mismas pero cada episodio quedaba mancillado por algún pequeño desastre, como que se le quemase un fusible de la aspiradora o se le atascase el desagüe de la fregadera con un trozo de zanahoria de modo que cuando Henry llegaba a casa se veía saludado por el silencio o sometido a una exposición totalmente injustificada de todas sus faltas y defectos. Cuando era uno de «esos» días, Wilt solía sacar el perro para un amplio paseo con parada en el Ferry Pathinn y pasar una noche inquieta levantándose al cuarto de baño, anulando con ello las virtudes limpiadoras del Harpic que Eva había espolvoreado en el inodoro y proporcionándole una buena excusa para enumerar sus defectos una vez más por la mañana.

    —¿Qué coño quieres que haga? -le había dicho él después de una de aquellas noches-. Si tiro de la cadena gruñes porque te despierto y si no lo hago, por la mañana dices que está horroroso.
    —Bueno, lo está, y de todos modos no tienes por qué quitar todo el Harpic de los lados. Y no digas que no. Te he visto. Procuras recorrerlo todo bien con el chorro para quitar el Harpic. Lo haces aposta.
    —Si tirase de la cadena se iría todo de cualquier modo y además te despertaría -le dijo Wilt, consciente de que tenía la costumbre de limpiar el inodoro de Harpic con el chorro.

    Le fastidiaba aquella cosa.

    —¿Y por qué no puedes esperar hasta por la mañana, vamos a ver? En realidad tienes que levantarte de noche -continuó ella previendo la respuesta evidente de él- porque te has estado atiborrando de cerveza. Sales a pasear un poco a Clem, no a hincharte de cerveza en esa taberna asquerosa.
    —Mear o no mear, he ahí la cuestión -dijo Wilt sirviéndose sus cereales All-Bran-. ¿Qué quieres que haga, a ver, que me haga un nudo en el chisme?
    —Yo iba a notar muy poco la diferencia si lo hicieses, desde luego -dijo Eva con amargura.
    —Pero yo sí iba a notarla, y mucho, no te quepa duda.
    —Yo me refería a nuestra vida sexual, lo sabes muy bien.
    —Ah, te referías a eso -dijo Wilt.

    Pero esto fue «uno de esos días».

    En «uno de sus días especiales» sucedía algo inesperado en la vida de Eva que inyectaba en la rutina diaria un sentido nuevo y despertaba en ella las esperanzas aletargadas de que de algún modo cambiase de pronto todo para mejor, y el cambio persistiese. Era en esas esperanzas en lo que se basaba la fe de Eva en la vida. Eran el equivalente espiritual de las actividades triviales que la mantenía ocupada y a Henry sometido. En esos «días especiales» el sol brillaba más, y también el suelo del recibidor y la propia Eva estaba más alegre y tarareaba “Algún día vendrá mi príncipe” mientras limpiaba la escalera con Hoover. En esos «días especiales» Eva salía al encuentro del mundo con una cordialidad desarmante y despertaba en los demás las mismas esperanzas que tanto la emocionaban a ella. Y en tales días Henry tenía que prepararse él la cena y, por prudencia, mantenerse alejado de la casa el máximo tiempo posible. Las esperanzas de Eva Wilt exigían un espectáculo algo más fortificante que la visión de Henry Wilt después de una jornada laboral en la Escuela.

    Era esas noches cuando más cerca estaba Wilt de decidirse verdaderamente a asesinarla y al diablo las consecuencias.

    Aquel día concreto, Eva iba camino del Centro Comunitario cuando se encontró con Sally Pringsheim. Fue uno de esos encuentros completamente fortuitos, consecuencia del hecho de que Eva iba a pie en vez de ir en bicicleta, y además por Rossiter Grove, en vez de bajar directamente por la Avenida Parkview, por donde había kilómetro y medio menos de camino. Sally salía en aquel momento por el portón de su casa en un Mercedes con matrícula P, que indicaba que era nuevecito. Eva percibió el hecho y sonrió correspondientemente.

    —Qué curioso que te encuentre así de casualidad -dijo alegremente cuando Sally paró el coche y abrió la puerta.
    —¿Quieres que te lleve? Voy al centro a buscar algo sencillito para ponerme esta noche. Gaskell tiene un profesor sueco que viene de Heídelberg y vamos a llevarle a Ma Tante's.

    Eva Wilt subió al coche muy contenta. Calculaba mentalmente el coste del coche, de la casa, el significado de “buscar algo sencillito” para ir a cenar a Ma Tante's (donde según le habían dicho un cóctel de gambas costaba 95 peniques) y el hecho de que el Dr. Pringsheim agasajase a profesores suecos cuando venían a Ipford.

    —Iba andando al centro -mintió-. Henry se ha llevado el coche y hace un día tan agradable…
    —Gaskell se ha comprado una bicicleta. Dice que es más rápida y que así además se mantiene en forma -dijo Sally, condenando así a Henry Wilt a otra desdicha más.

    Eva tomó nota mentalmente de que debía procurar que Henry comprase una bicicleta en la próxima subasta de la policía para que fuese al trabajo pedaleando, lloviese o nevase.

    —Yo había pensado -continuó Sally- acercarme hasta Modas Felicidad a probarme un poncho de shantung. No sé lo que son pero me han dicho que están muy bien. La mujer del profesor Grant va allí y dice que es donde tienen el mejor surtido.
    —Estoy segura de ello -dijo Eva Wilt, cuya relación con Modas Felicidad había consistido en mirar el escaparate y preguntarse quién demonios podría permitirse vestidos de cuarenta libras. Ahora ya lo sabía.

    Fueron hasta el centro y dejaron el coche en el edificio de aparcamiento. Eva había acumulado ya por entonces muchísima más información sobre los Pringsheim. Procedían de California. Sally había conocido a Gaskell haciendo autostop por Arizona. Estudió en la Estatal de Kansas pero lo había dejado para incorporarse a una comuna. Había habido otros hombres en su vida. Gaskell no podía soportar los gatos. Le producían la fiebre del heno. El movimiento de liberación de las mujeres significaba algo más que quemar el sostén. Significaba aceptar plenamente la superioridad de las mujeres sobre los hombres. El amor estaba muy bien si no te dejabas atrapar por él. El abono natural estaba bien visto y la tele en color mal. El padre de Gaskell había tenido una cadena de tiendas, lo que era sórdido. El dinero era práctico y Rossiter Grove era un latazo. Sobre todo joder tenía que ser, tenía que ser, sin lugar a dudas, divertido.

    Eva Wilt recibió esta información con un sobresalto. En su círculo “joder” era una palabra que usaban los maridos cuando se chafaban un dedo con el martillo clavando un clavo. Cuando la utilizaba Eva, lo hacía en el aislamiento del cuarto de baño y con un tono anhelante que la privaba de su crudeza y que evocaba una virilidad espléndida, de modo que un buen “joder” se convertía en la más lejana y abstracta de sus esperanzas, algo que no tenía nada que ver con las esporádicas chapuzas matutinas de Henry. Y si la palabra “joder” estaba reservada a la soledad del cuarto de baño, el “acto” de joder era aún más remoto. Sugería una actividad casi ininterrumpida, un acontecimiento que era a la vez casual y satisfactorio, que añadía una nueva dimensión a la vida. Eva Wilt salió tambaleante del coche y siguió a Sally a Modas Felicidad en un estado de conmoción.

    Si “joder” era divertido, comprar con Sally Pringsheim fue una revelación. Se caracterizaba por una actitud tan resuelta que resultaba verdaderamente sobrecogedora. Mientras que Eva hubiese tarareado y lanzado exclamaciones entre dientes, Sally seleccionaba y una vez hecha la selección seguía revisando las estanterías, desechaba las cosas que no le agradaban dejándolas colgadas en las sillas, cogía otras, las miraba y decía “ésta quizá sí”, con una actitud de aceptación cansina que resultaba contagiosa, y dejaba la tienda con un montón de cajas que contenían doscientas libras de ponchos de shantung, abrigos de verano de seda, bufandas y blusas. Eva Wilt había gastado setenta en una especie de pijama muy ancho amarillo y un impermeable con solapas y cinturón que, según Sally, era puro Gatsby.

    —Ahora sólo te falta el sombrero y ya está -dijo mientras cargaban las cajas en el coche.

    Compraron el sombrero, un sombrero de paño, y luego tomaron café en la Mombasa Coffee House donde Sally se apoyó vehemente en la mesa, fumando un purito largo y fino y habló de Contacto Corporal en voz tan alta que Eva se dio cuenta de que las mujeres de varias mesas próximas habían dejado de hablar y estaban escuchando, más bien con desaprobación.

    —A mí las tetillas de Gaskell me vuelven loca -decía Sally-. Y a él le vuelve loco también que se las chupe.

    Eva bebía su café preguntándose qué haría Henry si a ella se le ocurriese chuparle las tetillas. No se volvería loco de gusto precisamente, y además Eva estaba empezando a lamentar haberse gastado setenta libras. Eso sí que le pondría loco pero no de gusto. Henry no era partidario de las tarjetas de crédito. Pero estaba disfrutando demasiado para permitir que el pensamiento de la reacción de Henry le estropease el día.

    —Yo creo que las tetas son muy importantes, desde luego -continuaba Sally.

    Dos mujeres de la mesa contigua pagaron la cuenta y se fueron.

    —Supongo que deben de serlo -dijo Eva Wilt inquieta-. Yo nunca he utilizado mucho las mías.
    —¿De veras? -dijo Sally-. Tendremos que hacer algo para arreglar eso.
    —No creo que se pueda hacer mucho en ese sentido -dijo Eva-. Henry nunca se quita el pijama y luego yo con el camisón por medio…
    —No me digas que lleváis cosas en la cama. Oh, pobrecilla. Y camisones. Dios mío, qué humillante para ti! Quiero decir que es típico de una sociedad dominada por el macho, toda esa diferenciación de ropas. Debes de padecer carencia táctil, claro. Gaskell dice que eso es tan malo como la deficiencia vitamínica.
    —Bueno, lo que pasa es que Henry está siempre cansado cuando llega a casa -le dijo Eva-. Y yo salgo mucho.
    —No me sorprende -dijo Sally-. Gaskell dice que la fatiga masculina es un síntoma de inseguridad fálica. ¿Henry la tiene grande o pequeña?
    —Bueno, depende -dijo Eva con voz ronca-. Unas veces es grande y otras veces no.
    —Yo prefiero de largo a los hombres que la tienen pequeña -dijo Sally-, porque se esfuerzan mucho más.

    Terminaron el café y volvieron al coche hablando del pene de Gaskell y de su teoría de que en una sociedad sexualmente indiferenciada la estimulación de las tetillas tendría un papel cada vez más importante en el desarrollo en el marido de una conciencia de su naturaleza hermafrodita.

    —Ha escrito un artículo sobre eso -dijo Sally mientras se dirigían ya hacia casa-. Se titula “El hombre como madre”. Se publicó el año pasado en Chupar.
    —¿Chupar? -dijo Eva.
    —Sí, es una revista que edita la Asociación de Estudios para una Sexualidad Indiferenciada, de Kansas. G ha trabajado mucho para ellos sobre temas de conducta animal. Hizo allí su tesis sobre Cambio de papeles en las ratas.
    —Eso parece muy interesante -dijo vacilante Eva.

    No entendía muy bien lo que podía ser aquello pero, fuese lo que fuese, resultaba impresionante y, desde luego, los esporádicos artículos de Henry sobre las Escuelas de Artes y Oficios y la Literatura no podían compararse con las monografías del doctor Pringsheim.

    —Oh, no sé. Es todo tan obvio en realidad… Si pones a dos ratas macho juntas en una jaula, el tiempo suficiente, una de ellas se ve obligada indefectiblemente a desarrollar tendencias activas y la otra pasivas -dijo Sally cansinamente-. Pero Gaskell se puso absolutamente furioso. Él creía que debían alternar. G es así. Yo le expliqué que eso era una estupidez. Le dije: “G, querido, las ratas son prácticamente indiferenciadas en realidad. En fin, vamos, dime ¿có-mo puedes esperar que sean capaces de hacer una elección existencial?” ¿y sabes lo que me dijo? Pues dijo: “Nena púbica, las ratas son el paradigma. No olvides eso y nunca te equivocarás demasiado. Las ratas son el paradigma.” ¿Qué piensas tú de eso?
    —Yo creo que las ratas son más bien horrorosas -dijo Eva sin pensarlo.

    Sally se echó a reír y le puso una mano en la rodilla.

    —Oh, Eva, querida -murmuró-, eres tan adorablemente realista… No, no te llevo a la Avenida Parkview. Te vienes conmigo a casa a tomar una copa y a comer. Me muero de ganas de verte con ese pijama amarillo puesto.

    Giraron hacia Rossiter Grove.

    Si para el doctor Pringsheim el paradigma eran las ratas, Impresores Tres era el paradigma para Henry Wilt, aunque de un género distinto. Representaban todo lo más difícil, grosero y decididamente horroroso de las clases de la Escuela de Artes y Oficios y, para empeorar aún más las cosas, aquellos tipos pensaban que eran unos literatos ya que sabían leer y, por ejemplo, pensaban que Voltaire era un idiota porque hacía que todo le saliese mal al pobre Cándido. Impresores Tres, que iba después de Ayas de Guardería, y durante su período de susti-tuciones, despertaba en él lo peor de sí mismo. Despertaba también lo peor de Cecil Willianis que era quien debería haberla dado.

    —Es la segunda semana que se pone malo -le dijeron a Wilt.
    —No me sorprende -dijo Wilt-. Vosotros sois capaces de poner malo a cualquiera.
    —Tuvimos un tipo que fue y se gaseó. Se llamaba Pinkerton. Nos tuvo un curso y nos hizo leer ese libro Judas el Oscuro. Un libro bastante deprimente. Todo sobre ese bobo de Judas.
    —Tenía idea de que lo era, sí -dijo Wilt.
    —Al curso siguiente el amigo Pinky no volvió. Bajó hasta la orilla del río, metió un tubo por el escape y se gaseó.
    —No puedo decir que se lo reproche, desde luego -dijo Wilt.
    —Pues yo sí. En teoría tenía que darnos ejemplo.

    Wilt contempló sombríamente a sus alumnos.

    —Estoy seguro de que pensaba precisamente en eso cuando se metió el tubo en la boca -dijo-. Y ahora, si os ponéis a leer en silencio, a comer en silencio y a fumar de modo que nadie pueda veros desde el edificio de la Administración, tengo trabajo que hacer.
    —¿Trabajo? Tú, tío, tú no sabes lo que es trabajar. Lo único que haces es estarte sentado todo el día a una mesa y leer. ¿Llamas trabajo a eso? Una mierda es trabajo eso, y encima te pagan por ello…
    —Cállate -dijo Wilt con sorprendente violencia-. Cierra la bocaza, imbécil.
    —¿Quién me va a obligar, a ver? -preguntó el impresor.

    Wilt intentó controlar su genio y por una vez le resultó imposible. Había algo increíblemente arrogante en Impresores Tres.

    —Yo -gritó.
    —¿Tú y quién más? Tú no serías capaz de hacer cerrar la boca ni siquiera a un ratón, ni aunque te pasaras un día entero intentándolo.

    Wilt se levantó.

    —Ahora vas a ver, mocoso de mierda… -gritó.
    —He de decirte, Henry, que esperaba que supieses contenerte mejor-dijo el jefe del Departamento de Humanidades una hora después, cuando Wilt había dejado ya de sangrar por las narices y la enfermera de la escuela le había puesto una tirita en la ceja.
    —Bueno, no era mi clase y además me sacaron de quicio burlándose del suicidio de Pinkerton. Si Willianis no hubiese estado enfermo no habría sucedido -explicó Wilt-. Está siempre enfermo cuando tiene que dar Impresores Tres.

    El señor Morris cabeceó con desánimo.

    —Me da igual quienes sean. No puedes andar agrediendo por ahí a los alumnos…
    —¿Agrediendo a los alumnos? Nunca he tocado…
    —Está bien, pero utilizaste un lenguaje ofensivo. Bob Fenwick estaba en la clase de al lado y oyó que llamabas a ese Allison mocoso de mierda y subnormal malintencionado. ¿No es lógico que te diera un golpe?
    —Supongo que sí -dijo Wilt-. No debería haber perdido el control. Lo siento.

    Bajó por el pasillo y recogió el abrigo y la cartera en la Sala de Profesores. Le parecía tener la nariz de un tamaño doble del normal y le dolía abominablemente la ceja. Camino del aparcamiento se cruzó con varios miembros del cuerpo docente, pero ninguno le preguntó qué había pasado. Henry Wilt salió inadvertido de la Escuela y entró en su coche. Cerró la puerta y se quedó sentado allí varios minutos viendo cómo trabajaban las perforadoras en el nuevo bloque. Arriba, abajo, arriba, abajo. Clavos en un ataúd. Y un día, un día inevitable, él estaría en su ataúd, siempre inadvertido, siempre profesor auxiliar (grado dos) y completamente olvidado por todos salvo algún tipejo de Impresores Tres que recordaría siempre el día que le había pegado a un profesor de Humanidades un puñetazo en la nariz y no le había pasado nada por hacerlo. Era muy probable que presumiese de ello con sus nietos.

    Wilt puso el coche en marcha y salió a la vía principal lleno de odio hacia Impresores Tres, la Escuela de Artes y Oficios, la vida en general y él mismo en particular. Ahora comprendía por qué los terroristas estaban dispuestos a sacrificarse por el triunfo de una causa. Si tuviese una bomba y una causa, también él habría saltado en pedazos y habría hecho saltar a todo transeúnte desde allí hasta Kingdom Come sólo para demostrar por un glorioso aunque breve instante que era una fuerza efectiva. Pero no tenía ni bomba ni causa. Así que condujo temerariamente hasta casa, dejando aparcado el coche delante del número 34 de la Avenida ParkvIew. Luego abrió la puerta de entrada de su casa y entró.

    —En ese caso olvidaremos lo sucedido -dijo el señor Morris-. Pero piensa que no voy a poder conseguir que te asciendan a profesor titular si andas estropeando tu expediente pegándote con los alumnos.
    —Yo no me pegué con nadie -dijo Wilt-. Él me pegó a mí.
    —Está bien, esperemos que no se le ocurra ir a la policía y acusarte de agresión. Es el tipo de publicidad que menos podríamos desear.
    —Basta que no me mandéis más a Impresores Tres -dijo Wilt-. Ya estoy harto de animales.

    Percibió un olor extraño en el vestíbulo. Una especie de perfume. Almizcleño y dulzón. Posó la cartera y miró en el cuarto de estar. Evidentemente Eva estaba fuera. Entró en la cocina, puso la tetera al fuego, se palpó la nariz. Podría examinarla detenidamente en el espejo del baño. Iba ya por mitad de la escalera y consciente de que aquel perfume poseía ciertas características claramente miasmáticas, cuando se detuvo bruscamente. Eva Wilt estaba a la puerta del dormitorio ataviada con un asombroso pijama amarillo de pantalones enormemente acampanados. Tenía una pinta horrorosa, y para empeorar aún más las cosas fumaba un cigarrillo largo y fino en una boquilla larga y fina y tenía la boca pintada de un rojo brillante.

    —Nene Pene -murmuró con voz ronca, balanceándose-. Ven aquí. Voy a chuparte las tetillas hasta que te corras oralmente.

    Wilt dio vuelta y huyó escalera abajo. La muy zorra estaba borracha. Era uno de sus días mejores. Sin esperar a retirar la tetera del fuego, Henry Wilt salió por la puerta principal y volvió a meterse en el coche. No estaba dispuesto a quedarse allí a que le chuparan las tetillas. Ya había tenido bastante por aquel día.


    3


    Eva Wilt bajó la escalera y buscó a Nene Pene sin demasiado entusiasmo. En primer lugar no quería encontrarle y en segundo no tenía ganas de chuparle las tetillas, y finalmente sabía que no debería haber gastado setenta libras en un impermeable y un pijama de playa que habría podido conseguir por treinta en Blowdens. No los necesitaba y no podía imaginarse bajando por la Avenida Parkview vestida como el Gran Gatsby. Además se sentía un poco mareada.Sin embargo, Henry había dejado la tetera al fuego o sea que debía de estar en alguna parte. No era propio de Henry salir y dejarse la tetera en el fuego. Miró en el salón. Había sido el cuarto de estar hasta aquel mismo día a la hora de comer en que Sally le llamó salón a su cuarto de estar. Miró en el comedor, e incluso en el jardín, pero Henry se había evaporado, llevándose el coche y las esperanzas de Eva de que el chuparle las tetillas aportara un nuevo sentido a su matrimonio y pusiese fin a su carencia de contacto corporal. Por último renunció a seguir buscándole y se sirvió una buena taza de té y se sentó en la cocina preguntándose qué demonios habría podido inducirla a casarse con un cerdo machista como Henry Wilt que no habría identificado un buen polvo aunque se lo sirviesen en una bandeja, y cuya idea de una velada refinada era un curry de pollo deshuesado en el Nueva Delhi y una representación de El rey Lear en el Teatro Municipal. ¿Por qué no se habría casado ella con alguien como Gaskell Pringsheim, que agasajaba a profesores suecos en el Ma Tante's y que comprendía la importancia de la estimulación clitórica en el contexto de una penetración interpersonal verdaderamente satisfactoria? Otras personas aún la encontraban atractiva. Patrick Mottram, por ejemplo, y John Frost, que le daba clases de cerámica, y Sally había dicho que era encantadora. Eva estaba sentada allí, mirando al espacio, que era el espacio que había entre el escurridor de los platos y la batidora Kenwood que le había regalado Henry por Navidad, y pensaba en Sally y cómo la había mirado tan extrañamente cuando se ponía su pijama color limón. Sally se había quedado en la puerta del dormitorio de los Pringsheim, fumando un cigarro y observando sus movimientos con un cálculo sensual que había hecho enrojecer a Eva.

    —Querida, tienes un cuerpo tan bonito… -le había dicho mientras Eva se giraba rápidamente y se embutía precipitadamente los pantalones para que no se le viera el roto que tenía en las bragas-. No puedes dejarlo desperdiciarse.
    —¿Crees que de verdad me sientan bien?

    Pero Sally estaba mirándole los pechos detenidamente.

    —Nena globos -murmuró.

    Eva Wilt tenía unos pechos prominentes y Henry, en uno de sus muchos malos momentos, había dicho una vez algo sarcástico acerca de que las campanas del infierno hacían din-don por ti pero no por mí. Sally parecía valorarlos más y había insistido en que, Eva se quitase el sostén y lo quemase. Habían bajado a la cocina y habían tomado tequila y habían puesto el sostén en un plato con una rama de acebo y Sally lo había rociado con coñac y le habían prendido fuego. Tuvieron que sacar el plato al jardín porque olía horrorosamente y soltaba mucho humo, y se habían echado en la hierba entre risas mientras se consumía. Pensando en el episodio, Eva lamentaba haberlo hecho. Era un buen sostén de soporte doble, destinado a dar confianza a la mujer donde la necesita, como decían los anuncios de la tele. De todos modos, Sally había dicho que se lo debía a si misma como mujer libre y, después de haberse tomado dos copas, Eva no estaba con ánimos de discutir.

    —Tienes que sentirte libre -había dicho Sally-. Libre para ser. Libre para ser.
    —¿Libre para ser qué? -dijo Eva.
    —Tú misma, querida -cuchicheó Sally-. Tu yo secreto.

    Y la había tocado tiernamente allí donde Eva Wilt, si hubiera estado sobria y menos emocionada, habría negado tercamente tener un yo. Habían vuelto a entrar en casa y habían almorzado, una combinación de más tequila, ensalada y queso fresco que Eva, cuyo apetito era casi tan omnívoro como su entusiasmo por las nuevas experiencias, le pareció insatisfactoria. Lo había insinuado, pero Sally había desdeñado la idea de tres buenas comidas al día.

    —No es aconsejable una elevada ingestión de féculas desde el punto de vista de las calorías -dijo-. Y además, lo importante no es cuánto ingieres, sino qué. Sexo y comida, querida, son muy parecidos. Un poquito muchas veces, es mejor que un mucho pocas.

    Luego le había servido a Eva otro tequila, había insistido en que tomara un mordisquito de limón antes de beberla y le había ayudado a subir hasta el piso de arriba, hasta el dormitorio grande de la cama grande y el espejo grande en el techo.

    —Es la hora de la TT -dijo bajando las lamas de las persianas.
    —¿TT? -murmuró Eva-, pero si acabamos de hacer el din din.
    —Terapia Táctil, querida -dijo Sally y la empujó suavemente a la cama.

    Eva Wilt miró hacia arriba y contempló su imagen en el espejo. Una mujer grandota, dos mujeres grandotas con pijama amarillo, echadas en una cama grande. Una cama grande color carmesí; dos mujeres grandotas sin pijama amarillo en una cama grande color carmesí; cuatro mujeres desnudas en una cama grande color carmesí.

    —Oh Sally, no Sally.
    —Querida -dijo Sally y silenció oralmente su protesta.

    Había sido una experiencia sorprendentemente nueva, aunque sólo parcialmente recordada. Eva se había quedado dormida antes de que hubiera concluido la Terapia Táctil y se había despertado una hora después y se había encontrado a Sally vestida del todo, de pie junto a la cama con una taza de café.

    —Oh, qué mal me siento -dijo Eva, aludiendo tanto a su condición moral como a su condición física.
    —Bebe esto y te sentirás mejor.

    Eva había tomado el café y se había vestido mientras Sally explicaba que la depresión inhibitoria poscontacto era una reacción perfectamente natural a la Terapia Táctil, al principio.

    —Verás como desaparece por sí sola después de las primeras sesiones. Probablemente te desmorones y llores y chilles y luego te sientas tremendamente liberada y aliviada.
    —¿Tú crees? Yo es que no sé, la verdad.

    Sally la había llevado a casa en coche.

    —Henry y tú tenéis que venir a nuestra barbacoa el jueves por la noche -le dijo-. Sé que a nene G le gustará conoceros. Le gustarás. Es un nene pecho. Se volverá loco contigo.
    —Te digo que estaba borracha -dijo Wilt en la cocina de los Braintree, sentándose, mientras Peter Braintree le abría una botella de cerveza-. Borracha y con aquel pijama amarillo increíble y fumando un cigarrillo en una boquilla larga.
    —¿Y qué decía?
    —Bueno, si quieres que te lo diga: “Ven aquí… “ No, es demasiado. He tenido un día absolutamente horroroso en la escuela. Morris me dijo que no han aprobado mi ascenso. Williams se puso malo otra vez y perdí un período libre. Uno de esos gamberros de Impresores Tres me atizó un puñetazo en los morros y vuelvo a casa y me encuentro con una mujer borracha que me llama nene pene.
    —¿Te llamó qué? -dijo Peter Braintree, mirándole fijamente.
    —Ya me has oído.
    —¿Que Eva te llamó nene pene? No lo creo.
    —Bueno, pues date una vuelta por allí y ya verás lo que te llama -dijo Wilt con amargura-. Y no me eches a mí la culpa si te arranca oralmente las tetillas, de paso.
    —Dios santo. ¿Te amenazó con hacerte eso?
    —Con hacerme eso y más -dijo Wilt.
    —No parece propio de Eva. Desde luego que no.
    —Tampoco parecía ella, desde luego. Disfrazada con aquel pijama de playa amarillo. Tendrías que haber visto de qué color era. A su lado, resultaría opaco un botón de oro. Y se había embadurnado la boca con un lápiz de labios color escarlata horroroso y estaba fumando… lleva seis años sin fumar. Y luego todo aquel rollo de nene pene y chuparme las tetillas. Y oralmente, además.

    Peter Braintree movió la cabeza.

    —Es una expresión indecente -dijo.
    —Es un acto absolutamente indecente también, pienso yo -dijo Wilt.
    —Bueno, he de admitir que todo resulta muy extraño -dijo Braintree-. Sabe Dios lo que haría yo si Susan llegase a casa y empezara a insistir en chuparme las tetillas.
    —Harías lo que hice yo. Largarte de casa -dijo Wilt-. Y de cualquier modo, no son sólo las tetillas, además. Maldita sea. Llevamos doce largos años casados. Es algo tarde ya para empezar a perder el tiempo con lo de la oralidad. El caso es que ella está metida ahora en el tinglado ese de la liberación sexual. Vino anoche a casa de la clase de arreglo floral de Mavis Mottram parloteando sobre estimulación clitórica y opciones sexuales abiertas, a rueda libre.
    —¿A rueda libre qué?
    —Las opciones sexuales. Puede que no lo haya entendido bien. Sé que lo de opciones sexuales figuraba en alguna parte. Aunque la verdad es que yo estaba medio dormido.
    —¿Y de dónde demonios habrá sacado ella todo eso? -preguntó Braintree.
    —Una yanqui condenada llamada Sally Pringsheim -dijo Wilt-. Ya sabes cómo es Eva. Quiero decir, que puede olfatear los camelos intelectualoides a un kilómetro de distancia, y se lanza a ellos como un escarabajo pelotero a un muladar. No puedes imaginarte cuántas “ideas modernísimas” he tenido que soportar. En fin, la mayoría de ellas logro aguantarlas. Tengo que dejarla seguir con esas cosas y yo ir tranquilamente a lo mío, pero en eso de participar oralmente mientras ella parlotea sobre el movimiento de liberación de las mujeres, bueno, para eso conmigo que no cuente.
    —Lo que no comprendo de la libertad sexual y de la liberación de las mujeres es por qué tienes que volver al parvulario para liberarte -dijo Braintree-. Parece predominar la loca idea de que tienes que estar apasionadamente enamorado todo el tiempo.
    —Simios -dijo malhumorado Wilt.
    —¿Simios? ¿Qué pasa con los simios?
    —Pues todo ese cuento del modelo animal. Si lo hacen los animales, tienen que hacerlo los humanos. El imperativo territorial y el mono desnudo. Lo pones todo cabeza abajo y en vez de aspirar a avanzar, retrocedes un millón de años. Vuelta al orangután. El igualitarismo del mínimo común denominador.
    —No entiendo bien qué tiene que ver todo eso con el sexo -dijo Braintree.
    —Ni yo tampoco -dijo Wilt.

    Bajaron hasta el Pig in a Poke y se emborracharon.

    Wilt no llegó a casa hasta pasada la media noche; Eva estaba dormida. Se metió furtivamente en la cama y allí se quedó en la oscuridad pensando en elevados índices de estrógeno.

    En Rossiter Grove, los Pringsheim volvían de Ma Tante's cansados y aburridos.

    —Los suecos son lo último -dijo Sally, mientras se desvestía.

    Gaskell se sentó y se quitó los zapatos.

    —Ungstrom es un buen tío. Su mujer acaba de dejarle por un físico de baja temperatura de Cambridge. Normalmente no está tan deprimido.
    —Podrías haber prescindido de mí. Y, hablando de mujeres, he conocido a la mujer menos liberada que he visto en mi vida. Se llama Eva Wilt. Tiene unos globos como melones.
    —No -dijo el doctor Pringsheini-. Si hay algo que no necesito en este momento son esposas no liberadas con los pechos grandes.

    Se metió en la cama y se quitó las gafas.

    —La tuve hoy aquí.
    —¿La tuviste?

    Sally sonrió.

    —Gaskell, querido, tienes una mente repugnante.

    Gaskell Pringsheim se sonrió miopemente en el espejo del techo. Estaba orgulloso de su mente.

    —Te conozco, querida -dijo-. Conozco esos pequeños hábitos tuyos tan raros. Y ya que tocamos el tema de los hábitos, ¿qué son todas esas cajas que hay en el cuarto de huéspedes? ¿No habrás estado de nuevo gastando dinero? Ya sabes que nuestro presupuesto de este mes…

    Sally culebreó en la cama.

    —A la mierda el presupuesto -dijo-. Lo devolveré todo mañana.
    —¿Todo?
    —Bueno, todo no, pero casi todo. Tenía que impresionar un poco a la nena globuda.
    —No tienes por qué comprar media tienda sólo por impresionar a alguien. Ahora, por amor de Dios, quítate de en medio. Tengo una clase a las nueve.
    —Gaskell, querido, si me dejaras terminar -dijo Sally-. Es una maníaca, una maníaca compulsiva, obsesiva, bella y encantadora. No puede estarse sentada medio minuto sin tener que ordenar y limpiar y pulir y frotar y lavar.
    —Eso es precisamente lo que necesitamos, una mujer maníaca compulsiva por la casa todo el tiempo. ¿Qué falta hacen dos?
    —¿Dos? Yo no soy maníaca.
    —Tú eres bastante maníaca para mí -dijo Gaskell.
    —Pero ésta tiene globos, nene, globos. En fin, les he invitado a la barbacoa del jueves.
    —¿Por qué demonios lo has hecho?
    —Bueno, si no me compras un lavaplatos, como te he pedido cien veces, tengo que conseguirme uno. Un lavaplatos maníaco compulsivo y encantador con globitos.
    —Dios mío -dijo Gaskell con un suspiro-, qué zorra eres.
    —Henry Wilt, eres un cerdo -dijo Eva a la mañana siguiente.

    Wilt estaba incorporado en la cama. Se sentía muy mal. Le dolía la nariz aún más que el día anterior, le dolía la cabeza y había pasado la mayor parte de la noche erradicando el Harpic del inodoro. No estaba de humor para que le despertaran y le dijeran que era un cerdo. Miró el reloj. Eran las ocho en punto y tenía Albañiles Dos a las nueve. Se levantó de la cama y se encaminó al cuarto de baño.

    —¿Oíste lo que dije? -preguntó Eva, levantándose también.
    —Oí -dijo Wilt, y vio que ella estaba desnuda.

    Eva Wilt desnuda a las ocho en punto de la mañana era una visión casi tan sorprendente como Eva Wilt borracha, fumando y vestida con un pijama amarillo limón a las seis en punto de la tarde. Y menos excitante, incluso.

    —¿Para qué demonios andas así por ahí?
    —Puestos a preguntar, ¿qué es lo que te ha pasado en la nariz? Supongo que te emborracharías y te caerías. Parece toda roja e hinchada.
    —Está toda roja e hinchada. Y ya que lo preguntas, no me caí.

    La apartó de un empujón, entró en el cuarto de baño y se miró la nariz. Tenía una pinta horrorosa. Eva le siguió al cuarto de baño.

    —¿Qué te pasó, si no te caíste? -Inquirió.

    Wilt extrajo espuma de un aerosol y se la esparció cautelosamente por la barbilla.

    —¿Eh? -dijo Eva.

    Wilt cogió la navaja de afeitar y la puso bajo el grifo de agua caliente.

    —Tuve un accidente -masculló.
    —Con una farola, supongo. Ya sabía yo que habías andado bebiendo.
    —Con un impresor -dijo Wilt, confusamente, y comenzó a afeitarse.
    —¿Con un impresor?
    —Para ser exacto, me atizó un puñetazo en las narices un aprendiz de impresor particularmente belicoso.

    Eva le contempló en el espejo.

    —¿Quieres decir que te pegó un estudiante en clase?

    Wilt asintió.

    —Supongo que tú le pegarías después.

    Wilt se cortó.

    —No, desde luego que no -dijo, retocándose la barbilla con un dedo-. Mira lo que me he hecho por tu culpa.

    Eva ignoró su queja.

    —Pues deberías haberlo hecho. No eres un hombre. Deberías haberle respondido.

    Wilt posó la navaja.

    —Y hubiese ido a la cárcel. Me hubieran llevado a juicio por agredir a un estudiante. Eso es lo que yo llamo una idea inteligente.

    Y cogió la esponja y se lavó la cara.

    Eva se retiró al dormitorio, satisfecha. No habría ya ninguna mención de su pijama amarillo limón. Había logrado apartar el pensamiento de su pequeña extravagancia y le había inculcado a Henry una sensación de agravio que le mantendría ocupado, por el momento. Cuando terminó de vestirse, Wilt había tomado un cuenco de cereales All-Bran, bebido media taza de café y se había metido ya en el embotellamiento de tráfico de la zona de giro. Eva bajó al piso de abajo y se preparó el desayuno y luego comenzó la rutina diaria de lavar los platos y fregar y limpiar el baño y…

    —Compromiso con un enfoque integrado -dijo el doctor Mayfield- es un elemento esencial de…

    El Comité Conjunto para el mejor desarrollo de las Humanidades estaba reunido. Wilt culebreó en su asiento y deseó ardientemente que no lo estuviese. El artículo del doctor Mayfield “Contenido cerebral y plan de estudios no-académicos” no tenía para él el menor interés y, además, estaba expuesto en frases tan retorcidas y con un ardor tan monótono que a Wilt le costaba muchísimo trabajo mantenerse despierto. Miró por el ventanal las máquinas que estaban excavando para el nuevo bloque de administración. El trabajo que se desarrollaba allí poseía una realidad que estaba en manifiesta contradicción con las peregrinas teorías que el doctor Mayfield estaba exponiendo. Si aquel hombre creía realmente que podía instilar Contenido Cerebral, fuese esto lo que fuese, en Instaladores de Gas Tres, era que estaba loco. Peor aún, su condenado artículo iba a provocar inevitablemente una discusión cuando llegase el turno de preguntas. Wilt miró a su alrededor. Allí estaban todas las diversas facciones, la nueva izquierda, la izquierda, la vieja izquierda, el centro indiferente, la derecha cultural y la derecha reaccionaria.

    Wilt se clasificaba con los indiferentes. En años anteriores había pertenecido políticamente a la izquierda y culturalmente a la derecha. En otras palabras, se había opuesto a la bomba, había apoyado el aborto y la abolición de la enseñanza privada y se había opuesto a la pena capital, ganándose así cierta reputación de radical, mientras que, al mismo tiempo, abogaba por una vuelta a la artesanía del carretero, del herrero y del tejedor que había hecho mucho por socavar los esfuerzos del personal docente de la escuela para instilar en sus alumnos una valoración positiva de las posibilidades que proporcionaba la tecnología moderna. El tiempo así como la grosería intransigente de Yeseros habían cambiado todo esto. Los ideales de Wilt se habían evaporado, siendo sustituidos por la convicción de que el hombre que decía que la pluma era más poderosa que la espada debería haber intentado leer El molino del Floss a Mecánica del motor Tres antes de abrir la bocaza. En opinión de Wilt, la espada tenía mucho más a su favor.

    Mientras el doctor Mayfield seguía perorando, mientras seguía después el turno de preguntas con sus discusiones ideológicas, Wilt examinaba el agujero de la cimentación del nuevo edificio. Constituía, sin duda, un depósito ideal para un cadáver. Y había algo inmensamente satisfactorio en el hecho de saber que Eva, que había sido toda su vida tan insoportable, fuese a soportar una vez muerta el peso de un edificio de hormigón de varias plantas. Además su descubrimiento resultaría prácticamente imposible y su identificación quedaría descartada. Ni siquiera Eva, que presumía de tener una constitución fuerte y una voluntad aún más fuerte, podría conservar su identidad en el fondo de la cimentación del nuevo edificio. El problema sería conseguir, en primer término, meterla en aquel agujero. Los somníferos parecían un elemento preliminar razonable, pero Eva dormía perfectamente y no creía en ninguna clase de pastillas. “No puedo entender por qué no -pensó Wilt lúgubremente-. Estando como está dispuesta a creer en casi todo lo demás.

    Interrumpió su ensueño el señor Morris, que ponía punto final a la reunión.

    —Antes de que se vayan todos ustedes -dijo- hay un tema más que quiero mencionar. El jefe del Departamento de Ingeniería nos ha pedido que demos una serie de conferencias de una hora a los Bomberos Aprendices del Curso de Bocadillos. La materia será este año Problemas de la Sociedad Contemporánea. He hecho una lista de temas y de profesores que pueden desarrollarlos.

    El señor Morris repartió los temas al azar. A Major Millfield le adjudicó Medios y Sistemas de Comunicación y Democracia Participatoria, asunto del que nada sabía y que le interesaba aún menos. A Peter Braintree le correspondió El nuevo brutalismo en arquitectura, sus orígenes y características sociales, y Wilt acabó recibiendo Violencia y desintegración de la vida familiar. Pensó que, en términos generales, había tenido bastante suerte. El tema se correspondía con sus preocupaciones del momento. El señor Morris estaba, evidentemente, de acuerdo.

    —Me pareció que le gustaría abordar el asunto después del pequeño incidente de ayer con Impresores Tres -dijo, cuando salían.

    Wilt sonrió lánguidamente y fue a dar Ajustadores y Torneros Dos. Les dio a leer Shame y se pasó la hora tomando notas para su conferencia. Oía a lo lejos el estruendo de las máquinas perforadoras. Y se imaginaba a Eva en el fondo de uno de aquellos agujeros mientras vertían el hormigón. Con su pijama amarillo limón. Era un pensamiento agradable, y le ayudaba a preparar sus notas. Escribió un título: “Asesinato de esposas: disminución de su incidencia tras la introducción de las leyes del divorcio”.

    Sí, podría hablar de aquello a Bomberos Aprendices.


    4


    —Me revientan las fiestas -dijo Wilt la noche del jueves-, y si hay algo que es aún peor que las fiestas, son las fiestas universitarias, y las fiestas de botella son las peores de todas. Llevas una botella de borgoña decente y acabas bebiendo el matarratas de otro.—No es una fiesta -dijo Eva-, es una barbacoa.

    —Aquí dice “Vente, vente y vente con Sally y Gaskell el jueves 9 noche. Trae tu propia ambrosía o prueba fortuna con el ponche de los Pringsheim”. Si ambrosía no significa agua de sentina argelina, me gustaría saber lo que significa.
    —Yo creía que era eso que toma la gente para ponerse calentorra -dijo Eva.

    Wilt la miró con repugnancia.

    —Has aprendido unas cuantas expresiones muy selectas desde que te relacionas con esa gente. Ponerse calentorra. No sé quién te ha metido a ti…
    —Tú no, desde luego. Eso seguro -dijo Eva y se dirigió al baño.

    Wilt se incorporó en la cama y examinó la tarjeta. Aquella animalada tenía la forma de una… ¿De qué demonios tenía forma? En fin, era rosa y se abría y dentro había todas aquellas palabras ambiguas. Vente y Vente y Vente. Como alguien le tocara a él, le iban a oír. ¿Y lo del Ponche Pringsheim? ¿Cómo sería aquello? Un grupo de catedráticos fumando porros y hablando de sistemas de manipulación de datos de carácter teórico o de la influencia del hegelianismo prePopper en el panorama dialéctico contemporáneo, o algo igualmente ininteligible, y utilizando joder y coño de vez en cuando para demostrar que eran humanos, a pesar de todo.

    —Y tú, ¿qué haces? -le preguntarían.
    —Bueno, yo, en realidad, estoy dando clases en la Escuela de Artes y Oficios.
    —¿En la Escuela de Artes y Oficios? Es terriblemente interesante -mirando por encima del hombro hacia objetivos más estimulantes, y Henry acabaría la velada con alguna mujer horrorosa que estaba convencida de que las Escuelas de Artes y Oficios cumplían una función real y que se daba una importancia excesiva a las tareas de tipo intelectual y que había que orientar a la gente de modo que estuviese socialmente coordinada y que eso era lo que estaban haciendo las Escuelas de Artes y Oficios, ¿no?

    Wilt sabía muy bien lo que estaban haciendo las Escuelas de Artes y Oficios. Pagando a gente como él 3.500 libras al año por mantener tranquilos durante una hora a los instaladores de gas.

    —¿Y qué coño me pondré? -preguntó.
    —Tienes una camisa mejicana que compraste en la Costa del Sol el año pasado -dijo Eva desde el cuarto de baño-. No has tenido oportunidad de ponértela desde entonces.
    —Y no pienso ponérmela ahora -murmuró Wilt, revolviendo en un cajón en busca de algo indescriptible que demostrase su independencia.

    Al final se puso una camisa a rayas con unos vaqueros.

    —¿No pensarás ir así? -le dijo Eva, saliendo del baño básicamente desnuda.

    Tenía la cara embadurnada de polvo blanco y los labios color carmín.

    —Vaya por Dios -comentó-. Martes de carnaval con anemia perniciosa.

    Eva le apartó de un empujón y siguió.

    —Voy de Gran Gatsby -proclamó-, y si tú tuvieses un poco de imaginación se te ocurriría algo mejor que ponerte una camisa a rayas y unos vaqueros.
    —Da la casualidad que el Gran Gatsby era un hombre.
    —Bravo por él -dijo Eva, y se puso el pijama amarillo limón.

    Wilt cerró los ojos y se quitó la camisa. Cuando salieron de casa llevaba una camisa roja con vaqueros, mientras que Eva, a pesar de que era una noche calurosa, insistió en ponerse el impermeable nuevo y el sombrero de paño.

    —La verdad es que podríamos ir andando -dijo Wilt.

    Fueron en coche. Eva no estaba dispuesta a bajar por la Avenida Parkview con sombrero de paño, impermeable de cinturón y un pijama amarillo. De camino pararon en una licorería donde Wilt compró una botella de tinto de Chipre.

    —No creas que voy a probar esa basura -dijo-, y será mejor que cojas las llaves del coche ahora. Si resulta tan horroroso como creo que va a ser, me volveré temprano a casa andando.

    Lo era. Peor. Wilt con la camisa roja y los vaqueros desentonaba mucho.

    —Querida Eva -dijo Sally, cuando la encontraron por fin, hablando con un hombre que llevaba un taparrabos hecho con un paño de cocina que anunciaba quesos irlandeses-, estás preciosa. Los años veinte te sientan bien. Y así que éste es Henry. -Henry no se sentía Henry en absoluto-. En traje de época también. Henry, éste es Rafael.

    El hombre del taparrabos examinó los vaqueros de Henry.

    —Vuelven los cincuenta -dijo lánguidamente-. Supongo que tenía que suceder.

    Wilt, mirando fijamente una forma de queso, intentó sonreír.

    —Sírvete tú mismo, Henry -dijo Sally, y se llevó a Eva a conocer a las mujeres más libres y liberadas que estaban sencillamente muriéndose de ganas de conocer a nena globos.

    Wilt pasó al jardín y puso la botella en la mesa y buscó un sacacorchos. No había ninguno. Por último examinó un gran cubo que tenía un cucharón. Media naranja y trozos de melocotón machucado flotaban en un líquido púrpura. Se sirvió en un vaso de papel y lo probó. Sabía, tal como había supuesto, a sidra con alcohol metílico y zumo de naranja. Miró a su alrededor contemplando el jardín. En un rincón cocinaba un hombre que llevaba gorro de cocinero y un suspensorio masculino. Estaba quemando salchichas en una parrilla sobre un fuego de carbón. En otro rincón del jardín había una docena de personas tumbadas formando un círculo, oyendo las cintas de Watergate. Había parejas dispersas hablando afanosamente y una serie de individuos de pie, solos, con aire desdeñoso y distante. Wilt se reconoció como uno más de ellos y eligió a la chica menos atractiva basándose en la teoría de que sería capaz de meterse en la boca del lobo y volver a salir ileso. Acabaría emparejado con ella de todos modos.

    —Hola -saludó, dándose cuenta de que incurría en un tono americano al que ya había sucumbido Eva.

    La chica le miró imperturbable y se alejó.

    —Qué encanto -dijo Wilt, y terminó lo que le quedaba en el vaso.

    Diez minutos y dos vasos después estaba hablando de Lectura Rápida con un hombre gordo y bajito que parecía profundamente interesado en el tema.

    Eva estaba en la cocina cortando pan francés mientras Sally estaba allí a su lado con un vaso en la mano hablando de Levi-Strauss con un etíope que acababa de regresar de Nueva Guinea.

    —Siempre he pensado que L-S se equivocaba en lo que se refiere al problema de las mujeres -decía Sally, estudiando lánguidamente el trasero de Eva-, quiero decir que menosprecia la similitud básica…

    De pronto dejó de hablar y miró por la ventana.

    —Perdona un momento -dijo, y corrió a librar al Dr. Scheimacher de las garras de Henry Wilt.
    —Ernest es tan afable -dijo cuando volvió-, que nadie sospecharía que obtuvo el premio Nobel de espermatología.

    Wilt se quedó plantado en medio del jardín y terminó su tercer vaso de ponche. Se sirvió el cuarto y fue a escuchar las cintas de Watergate. Llegó a tiempo de oír el final.

    —Captas mucho mejor la personalidad de Tricky Dick[1], cuadrafónicamente -decía uno al disolverse el grupo.—Con los niños muy dotados hay que establecer una relación especial. Roger y yo hemos descubierto que Tonio responde mejor a un enfoque estructural.
    —Es todo pura filfa. Considera, por ejemplo, lo que dice sobre los quasars…
    —La verdad es que no puedo ver qué tiene de malo la sodomía…
    —Me da igual lo que piense Marcuse de la tolerancia. Lo que yo digo es que…
    —A menos dos-cincuenta de nitrógeno…
    —Bach tiene sus momentos, creo yo, pero tiene también sus limitaciones…
    —Hemos cogido esa casa en St. Trop…
    —Yo aún sigo creyendo que Kaldor tenía la solución…

    Wilt terminó su cuarto vaso y se puso a buscar a Eva. Ya estaba harto. Le detuvo el grito del hombre del gorro de cocinero:

    —¡Ya están las hamburguesas! ¡A por ellas!

    Wilt se acercó tambaleante. Se sirvió dos salchichas, una hamburguesa quemada y una masa de ensalada de col fresca en un plato de papel. No parecía haber cuchillos ni tenedores.

    —El pobre Henry parece tan solo… -dijo Sally-. Voy a trasvasarle.

    Salió y cogió a Wilt del brazo.

    —Qué suerte la tuya, tener a Eva. Es la nena más nenita.
    —Tiene treinta y cinco años -dijo beodamente Henry-, treinta y cinco nada menos.
    —Es maravilloso encontrar un hombre que dice lo que piensa -dijo Sally, cogiendo un trozo de hamburguesa del plato de Henry-. Gaskell es que nunca dice nada de una forma clara y directa. A mí me encanta la gente realista.

    Y tras decir esto se sentó en la hierba y tiró de Henry, obligándole a sentarse con ella.

    —Yo creo que es terriblemente importante para dos personas decirse la verdad -continuó, partiendo otro trozo de hamburguesa y poniéndoselo en la boca a Henry.

    Luego se lamió los dedos lentamente y le miró con ojos muy abiertos. Wilt, incómodo, masticó el trozo de hamburguesa y lo tragó por fin. Sabía a carne quemada con un regusto de Lancóme. O un aroma.

    —¿Por qué dos? -preguntó él, enjuagándose la boca con ensalada de col fresca.
    —¿Por qué dos qué?
    —Por qué dos personas -dijo Wilt-. ¿Por qué es tan importante para dos personas decirse la verdad?
    —Bueno, quiero decir que…
    —¿Por qué no tres? ¿O cuatro? ¿O un centenar?
    —Un centenar de personas no pueden tener una relación. No una relación íntima -dijo Sally-, una relación significativa.
    —Yo no conozco muchas dos que puedan tenerlas tampoco -dijo Wilt.

    Sally hundió los dedos en la ensalada de col fresca de Henry.

    —Oh, pues claro que sí. Tú y Eva tenéis una relación real entre vosotros.
    —No muy a menudo -dijo Wilt.

    Sally se echó a reír.

    —Oh, nene, tú eres un nene verdad.

    Y se levantó y fue a por dos vasos más.

    Wilt examinó dubitativo su vaso. Estaba ya muy borracho.

    —Si yo soy un nene de verdad, ¿qué clase de nena eres tú, nena? -preguntó, esforzándose por instilar en el último nena algo más que una sombra de desprecio.

    Sally se le arrimó culebreante y le cuchicheó al oído:

    —Soy una nena cuerpo -le dijo.
    —Eso ya lo veo -dijo Wilt-, Tienes un cuerpo muy bonito.
    —Es la cosa más bonita que me han dicho en mi vida -dijo Sally.
    —En ese caso -dijo Wilt, cogiendo una salchicha ennegrecida- debes de haber tenido una niñez muy triste.
    —De hecho lo fue, sí -dijo Sally, quitándole la salchicha de los dedos a Henry-. Por eso necesito ahora tanto amor.

    Y se metió en la boca la mayor parte de la salchicha, la fue sacando luego muy despacio y le arrancó la punta de un mordisco. Wilt terminó la ensalada de col fresca, acompañándola con Ponche Pringsheim.

    —¿Verdad que son todos horrorosos? -dijo Sally, mientras llegaban gritos y risas del rincón del jardín donde estaba la parrilla.

    Wilt alzó la vista.

    —De hecho lo son, sí -dijo-. ¿Quién es el payaso ese del suspensorio?
    —Ese es Gaskell. ¡Es tan infantil! Le gusta jugar con cosas. Allá en los Estados Unidos le encanta, sencillamente, montarse en las locomotoras de los trenes y va a los rodeos y las navidades pasadas insistió en vestirse de Santa Claus y bajar a Watts a llevarles regalos a los niños negros de un orfanato. No le dejaron, por supuesto.
    —Si fue con el suspensorio, no me sorprende lo más mínimo -dijo Wilt.

    Sally se echó a reír.

    —Tú debes de ser Aries -dijo-, no te importa decir lo que sea.

    Y se puso de pie y levantó a Wilt.

    —Voy a enseñarte la habitación de los juguetes que tiene -le explicó-. Es tan chistosa…

    Wilt posó el plato y entraron en la casa. Eva estaba en la cocina pelando naranjas para una macedonia y hablando de ritos de circuncisión con el etíope, que le cortaba plátanos en rodajas. En el salón había varias parejas bailando vigorosamente, espalda con espalda, al ritmo de un LP de la Quinta de Beethoven puesto a 78 revoluciones.

    —¡Dios mío! -suspiró Wilt, mientras Sally cogía una botella de vodka de un aparador.

    Subieron al piso de arriba y siguieron luego un pasillo hasta un pequeño dormitorio lleno de juguetes. Había un tren eléctrico instalado en el suelo, un punch de boxeo, un oso de felpa enorme, un caballo de balancín, un casco de bombero y una muñeca hinchada tamaño natural que parecía una mujer auténtica.

    —Esa es Judy -dijo Sally-. Tiene un coño de verdad. Gaskell es un maníaco del plástico.

    Wilt pestañeó.

    —Aquí están -prosiguió Sally- los juguetes de Gaskell. Nene pubertad.

    Wilt contempló la habitación revuelta y movió la cabeza.

    —Parece que estuviese compensando una infancia perdida.
    —Oh, Henry, qué perceptivo eres -dijo Sally, desenroscando el tapón de la botella de vodka.
    —Qué coño voy a ser perceptivo, es algo evidente.
    —Oh, claro que lo eres. Lo que pasa es que eres terriblemente modesto, eso es lo que pasa. Modesto y tímido y varonil.

    Y bebió un trago de la botella y se la pasó a Wilt. El bebió imprudentemente un trago y tuvo problemas para tragarlo. Sally cerró la puerta con pestillo y se sentó en la cama. Alzó una mano y atrajo a Wilt hacia sí.

    —Jódeme, nene Henry -dijo, y se alzó la falda-. Móntame, querido. Dale hasta gastármelo.
    —Eso -dijo Wilt- iba a ser un poco difícil.
    —Oh. ¿Por qué?
    —Bueno, por una parte sería imposible; y, en realidad, ¿por qué hacerlo?

    Sally se detuvo y le miró fijamente. Ya no sonreía.

    —¿Quieres una razón? ¿Una razón para joder?
    —Sí -dijo Wilt-. Sí que la quiero.
    —Razón es traición. Siente libremente.

    Tiró de él hacia sí y le besó. Wilt no se sentía en absoluto libre.

    —No seas tímido, nene.
    —¿Tímido? -dijo Wilt, tendiéndose de costado-. ¿Tímido yo?
    —Claro que lo eres. Está bien, ya sé que la tienes pequeña. Eva me lo dijo.
    —¿Pequeña? ¿Qué quieres decir con eso de que la tengo pequeña? -gritó furioso Wilt.

    Sally le miró sonriendo.

    —Da igual. Da igual. Qué importa. Sólo tú y yo y…
    —Pues claro que importa -farfulló Wilt-. ¿Así que mi mujer dice que la tengo pequeña? Ya le enseñaré yo a esa zorra estúpida quién la tiene pequeña. Voy a enseñarle
    —Enséñame a mí, nene Henry. Enséñame a mí. A mí me gustan pequeñas. Anda, no te hagas de rogar.
    —No es cierto -masculló Wilt.
    —Demuéstralo, querido -dijo Sally, culebreando contra él.
    —No lo haré -replicó Wilt, levantándose.

    Sally dejó de culebrear y le miró.

    —Lo que pasa es que tienes miedo -dijo-. Te da miedo ser libre.
    —¿Libre? ¿Libre? -gritó Wilt, intentando abrir la puerta-. ¿Estar encerrado en una habitación con la mujer de otro hombre es libertad? Debes de estar de broma.

    Sally se bajó la falda y se incorporó.

    —¿No lo harás?
    —No -dijo Wilt.
    —¿Eres un nene esclavitud? Puedes confesármelo. Estoy acostumbrada a nenes esclavitud. Y Gaskell es…
    —Por supuesto que no -dijo Wilt-. Y no me interesa lo más mínimo lo que sea Gaskell.
    —Tú quieres que te la chupe, ¿es eso? ¿Quieres que te la chupe?

    Y se apartó de la cama y se acercó a él. Wilt la miraba con ojos desorbitados.

    —No me toques -gritó, pues se vio de pronto como un gran pirulí-. No quiero saber nada de ti.
    —¿Por qué no? ¿Porque la tienes pequeña? ¿Es ese el motivo?

    Wilt retrocedió y se apoyó en la puerta.

    —No, no es eso.
    —¿Porque no tienes el valor de seguir tus instintos? ¿Porque eres psíquicamente virgen? ¿Porque no eres un hombre? ¿Porque no puedes tomar a una mujer que piensa?
    —¿Que piensa? -gritó Wilt, azuzado por la acusación de que no era hombre-. ¿Que piensa? ¿Tú piensas? ¿Tú sabes algo? Preferiría hacerlo con esa muñeca mecánica de plástico antes que contigo. Tiene más atractivo sexual en el dedo menique que tú en todo tu cuerpo podrido. Yo, cuando quiero una puta, la pago.
    —Pero qué dices tú, mierdecita -chilló Sally, y se lanzó sobre él.

    Wilt la esquivó lanzándose a un lado y tropezó con el punch de boxeo. Luego tropezó con un motor de juguete y salió lanzado hacia el centro de la habitación. Cuando se desplomó en el suelo, Sally cogió la muñeca y avanzó hacia él.

    En la cocina, Eva había terminado la macedonia y había preparado el café. Era una fiesta encantadora. El señor Osewa le había explicado cómo era su trabajo de funcionario de subdesarrollo de cuestiones culturales en la UNESCO y le había explicado también lo gratificante que le resultaba. El doctor Scheimacher la había besado dos veces en la nuca, al pasar, y el hombre del taparrabos de quesos irlandeses se había apretado contra ella con mayor firmeza de lo absolutamente necesario para coger la salsa de tomate. Y a su alrededor, por doquier, había gente terriblemente inteligente, toda la mar de abierta y franca. Era tan refinado todo.

    Se sirvió otro trago y miró a su alrededor, buscando a Henry. No se le veía por ninguna parte.

    —¿Has visto a Henry? -preguntó a Sally cuando ésta entró en la cocina con una botella de vodka y un poco sofocada.
    —La última vez que le vi estaba sentado con una muñequita muy elegante -dijo Sally, sirviéndose una cucharada de macedonia-. Oh, Eva, querida, eres absolutamente una nena Cordon Bleu.

    Eva se ruborizó.

    —Espero que esté pasándolo bien. Henry no es que sea demasiado simpático en las fiestas.
    —Nena Eva, sé sincera. Henry no es demasiado simpático y punto.
    —Es sólo que… -empezó Eva, pero Sally le dio un beso.
    —Eres demasiado buena para él -dijo-. Tenemos que encontrarte alguien realmente maravilloso.

    Mientras Eva tomaba su bebida, Sally buscó a un joven con una fronda de pelo cayéndole por la frente, que estaba echado en un sofá con una chica, fumando y mirando al techo.

    —Christopher, precioso -dijo-. Voy a robarte un momento. Quiero que atiendas a alguien por mí. Entra en la cocina y camélame a la mujer de los globos grandes y el horrendo pijama amarillo.
    —Oh Dios. ¿Por qué yo?
    —Querido, ya sabes que eres completamente irresistible. Eres el más sexy. Hazlo por mí, nene, por mí.

    Christopher se levantó del sofá, entró en la cocina y Sally se echó junto a la chica.

    —Christopher es un sueño -dijo.
    —Es un gigoló -dijo la chica del sofá -. Un puto.
    —Querida -dijo Sally-, ya es hora de que nosotras las mujeres los tengamos.

    En la cocina, Eva dejó de servir café. Se sentía deliciosamente borracha.

    —No debes hacerlo -dijo muy apurada.
    —¿Por qué no?
    —Estoy casada.
    —Me gusta. Me gusta.
    —Sí, pero…
    —No hay peros, querida.
    —Oh.

    Arriba, en la habitación de los juguetes, Wilt, que se recuperaba lentamente de los ataques combinados a su organismo del Ponche Pringsheim, el vodka, su anfitriona ninfomaníaca y la esquina del aparador contra el cual había caído, tenía la sensación de que pasaba algo terrible. No era sólo que la habitación diera vueltas, que tuviera un chichón en el cogote o que estuviera desnudo. Era más bien la sensación de que algo con todas las cualidades menos atractivas de una ratonera o una prensa de tornillo, o una almeja hambrienta, se hubiera adosado implacablemente a lo que él siempre había considerado hasta entonces la más íntima de sus partes. Wilt abrió los ojos y se encontró mirando fijamente un rostro sonriente, aunque un poco hinchado. Cerró los ojos de nuevo, esperó contra toda esperanza, los abrió de nuevo, se encontró con que la cara seguía allí, e hizo una tentativa de incorporarse.

    Fue una tentativa muy imprudente. Judy, la muñeca de plástico, inflada a mayor presión de la normal, se resistía.

    Wilt cayó de espaldas al suelo, con un graznido. Judy le siguió. Su nariz chocó con la de Henry, sus pechos con el tórax de Henry. Con una maldición, se puso de costado y estudió el problema. Incorporarse quedaba descartado. Provocaría una castración. Tendría que intentar alguna otra cosa. Hizo girar más la muñeca y se colocó encima, pero comprobó que al pesar sobre ella aumentaba la presión sobre lo que quedaba de su pene y que si quería contraer gangrena, aquél era el mejor medio de lograrlo. Así que se giró precipitadamente y tanteó buscando una válvula. Tenía que haber alguna en alguna parte, si pudiera encontrarla… Pero si la había, estaba bien escondida; y, tal como iban las cosas, no podía perder mucho tiempo buscándola. Tanteó el suelo a su alrededor, buscando algo que poder utilizar como una daga, algo afilado; y, por último, arrancó un trozo de vía de tren y lo hundió en la espalda de su asaltante. Hubo un chirrido de plástico, pero la sonrisa hinchada de Judy siguió intacta y sus indeseadas atenciones tan implacables como siempre. La acuchilló una y otra vez, pero sin resultado. Wilt soltó la daga improvisada y consideró otros medios. Estaba poniéndose ya frenético, consciente de una nueva amenaza. No era ya que estuviese sujeto a la elevada presión aérea de la muñeca. Crecían sus propias presiones internas. El Ponche Pringsheim y el vodka empezaban a producir sus efectos. Con la desesperada idea de que si no se libraba pronto de ella estallaría, Wilt agarró la cabeza de Judy, la inclinó hacia un lado y hundió los dientes en su cuello. O, mejor, lo habría hecho si la atmósfera por centímetro cuadrado de la muñeca se lo hubiese permitido. Así que en vez de morder, salió bruscamente rebotado y se pasó los dos minutos siguientes intentando localizar el diente falso que había perdido en el intento.

    Tras localizarlo y colocárselo de nuevo, se apoderó de él el pánico. Tenía que librarse de aquella muñeca. Tenía que hacerlo. Habría una navaja de afeitar en el cuarto de baño, o unas tijeras. Pero, ¿dónde demonios estaba el cuarto de baño? Daba igual, estuviera donde estuviera lo encontraría, qué demonios. Con cuidado, con muchísimo cuidado, dio vuelta a la muñeca, poniéndola boca arriba y luego se colocó sobre ella. Después, fue subiendo poco a poco las rodillas, hasta quedar a horcajadas sobre ella. Lo único que necesitaba ya era algo en que apoyarse para ponerse de pie. Se estiró, y se agarró al borde de una silla con una mano mientras con la otra alzaba del suelo la cabeza de Judy. Unos instantes después, estaba de pie. Apretando contra sí la muñeca, se dirigió a la puerta y la abrió. Atisbó por el pasillo. ¿Y si le veía alguien? Al diablo con eso. A Wilt ya no le importaba lo que la gente pensara de él. ¿Hacia dónde quedaría el cuarto de baño? Giró hacia la derecha y, atisbando frenético por encima del hombro de Judy, enfiló pasillo abajo.

    Abajo, Eva estaba pasándolo maravillosamente. Primero Christopher, luego el hombre del taparrabos de los quesos irlandeses, y, por último, el doctor Scheimacher, habían hecho todos tanteos e insinuaciones y habían sido rechazados. Era un cambio tan grande respecto a la falta de interés de Henry… Demostraba que aún seguía siendo atractiva. El doctor Scheimacher había dicho que era un interesante ejemplo de esteatopigia latente… Christopher intentó besarle los pechos y el hombre del taparrabos le había hecho una propuesta de lo más extraordinario. Y Eva había pasado por todo esto manteniéndose enteramente virtuosa. Su enorme vivacidad, su insistencia en bailar y, sobre todo, su costumbre de decir en tono un algo estrepitoso “Oh, no seas tan calentorro”, en los momentos en que ellos mostraban más ardor, había tenido un efecto notablemente disuasorio. Ahora estaba sentada en el suelo del salón mientras Sally y Gaskell y el hombre barbudo del Instituto de Investigaciones Ecológicas discutían sobre la intervención de papeles sexualmente intercambiables en una sociedad demográficamente restrictiva. Se sentía extrañamente emocionada. La Avenida Parkview y Mavis Mottram y su propio trabajo en el Centro Comunitario Armonía parecían pertenecer a otro mundo. Había sido aceptada por gente que volaba a California o a Tokio a dar conferencias y a reuniones en la cumbre tan despreocupadamente como tomaba ella el autobús para ir al centro. El doctor Scheimacher había comentado que tenía que tomar el avión para Nueva Delhi por la mañana, y Christopher acababa de regresar de una misión fotográfica en Trinidad. Sobre todo, había una aureola de importancia que envolvía cuanto estaban haciendo, un hechizo del que carecía por completo el trabajo de Henry en la escuela. Ay, si pudiera conseguir que Henry hiciera algo interesante y aventurero. Pero Henry era tan prosaico… Había cometido un error casándose con él. Sí, no cabía duda. A él, lo único que le interesaba eran los libros, pero la vida no podía encontrarse en los libros. Como decía Sally, la vida era para vivirla. La vida era gente y experiencia y diversión. Henry nunca sería capaz de comprenderlo.

    Wilt podía ver muy poco en el cuarto de baño. No podía ver, desde luego, modo alguno de librarse de la muñeca. Su intento de cortarle el cuello a aquel artefacto bestial con una cuchilla había concluido en un fracaso, debido fundamentalmente al hecho de que la cuchilla en cuestión era una Wilkinson de hoja compacta. Tras fracasar con la cuchilla había probado con champú como lubricante pero, aparte de que, incluso a sus ojos displicentes, parecía como si hubiese excitado a la muñeca hasta niveles claramente frenéticos de anhelo sexual, el champú no había servido de nada. Por último había vuelto a iniciar una búsqueda de la válvula. Aquel artilugio condenado tenía alguna por alguna parte, si pudiese encontrarla… Con este propósito atisbó en el espejo de la puerta del armarito de las medicinas, pero el espejo era demasiado pequeño. Había uno grande encima del lavabo. Wilt bajó la tapa del inodoro y se subió laboriosamente encima. De ese modo podía tener una visión amplia de la espalda de la muñeca. Cuando estaba tanteándola se oyeron pasos en el pasillo. Wilt dejó de tantear y se quedó inmóvil allí sobre la tapa del inodoro. Alguien intentó abrir la puerta y comprobó que estaba cerrada. Los pasos retrocedieron y Wilt lanzó un suspiro de alivio. Bueno, ahora, por fin podría encontrar la válvula.

    Y en aquel momento se produjo el desastre. El pie izquierdo de Wilt pisó en el champú que había goteado en la tapa del inodoro, se deslizó hacia un lado y Wilt, la muñeca y la puerta del armarito de las medicinas a la que el primero intentó sujetarse se mantuvieron un instante en el aire. Mientras caía en la bañera seguido de la cortina de la ducha y su soporte, Wilt lanzó un último grito desesperado. Hubo luego un pop que recordaba los de los corchos de las botellas de champú y Judy, respondiendo a la presión de los setenta kilos de Wilt cayendo desde algo más de un metro de altura a plomo en la bañera, le expulsó. Pero a Wilt le daba igual ya. Estaba desmayado en todos los sentidos. Tenía sólo una vaga conciencia de gritos en el pasillo, de alguien que echaba abajo la puerta, de rostros que asomaban a mirarle y de risas histéricas. Cuando volvió en sí estaba echado en la cama de la habitación de los juguetes. Se levantó y se vistió y bajó por la escalera arrastrándose y salió por la puerta principal. Eran las tres de la madrugada.


    5


    Eva estaba sentada en el borde de la cama, llorando.—¿Cómo es posible? ¿Cómo pudo hacer una cosa así? -decía-. Delante de toda aquella gente.

    —Nena Eva, los hombres son así. Créeme -la consoló Sally.
    —Pero con una muñeca…
    —Eso es simbólico de la actitud del cerdo machista hacia las mujeres… Sólo somos para ellos artefactos de joder. Objetivación. Ahora ya sabes lo que Henry siente por ti.
    —Es horrible -dijo Eva.
    —Claro que es horrible. La dominación masculina nos degrada a meros objetos.
    —Pero Henry nunca había hecho nada parecido -gimió Eva.
    —Bien, pues ya lo ha hecho.
    —No voy a volver con él. No podría soportarlo. Me siento tan avergonzada…
    —Tienes que olvidarlo, querida. No tienes que irte a ninguna parte. Sally se cuidará de ti. Tú échate y duerme un poquitín.

    Eva se echó, pero dormir era imposible. La imagen de Henry tirado en el suelo del cuarto de baño, desnudo, encima de aquella muñeca, no se borraba de su pensamiento. Habían tenido que echar la puerta abajo y el doctor Scheimacher se había cortado en una mano con una botella rota intentando sacar a Henry del cuarto de baño… Oh, todo era demasiado horroroso. No podría volver a mirar a la gente a la cara. Aquello se divulgaría inevitablemente y pasarían a conocerla como la esposa del hombre que se refocilaba con… Con un nuevo paroxismo de vergüenza y horror, Eva enterró la cabeza en la almohada y se echó a llorar.

    —Eso hizo que la fiesta acabase explosivamente, no hay duda -dijo Gaskell-. Un tipo se pone a joder con una muñeca en el cuarto de baño y todo el mundo se vuelve loco.

    Echó un vistazo a su alrededor tras decir esto y contempló el caos del cuarto de estar.

    —Si alguien piensa que voy a empezar a recoger y a limpiar esto ahora, está listo. Yo me voy a la cama.
    —Pero no despiertes a Eva. Está histérica -dijo Sally.
    —Vaya, muy bien. Ahora tenemos una mujer compulsiva, obsesiva y maníaca con histeria en casa.
    —Y vendrá con nosotros mañana en el barco.
    —¿Cómo dices?
    —Me oíste perfectamente. Vendrá con nosotros en el barco.
    —Oye, un momento…
    —No estoy discutiéndolo contigo, G. Te lo estoy comunicando. Viene con nosotros.
    —Pero Dios santo, ¿por qué?
    —Porque no voy a dejarla aquí con ese asqueroso marido que tiene. Porque tú no quieres pagarme una asistenta y porque me gusta.
    —Así que no quiero pagarte una asistenta. Es lo que me faltaba por oír.
    —Oh, no, nada de eso -dijo Sally-, aún no has oído ni la mitad. Quizá no sepas que te has casado con una mujer liberada. Ningún cerdo machista va a imponerme a mí…
    —Yo no intento imponerte nada -dijo Gaskell-. Lo único que yo digo es que no quiero tener que…
    —No estoy hablando de ti. Hablo de ese asqueroso de Wilt. ¿Tú crees que se metió él mismo en esa muñeca? Piénsalo bien, nene G, piénsalo bien.

    Gaskell se sentó en el sofá y la miró fijamente.

    —Estás loca. ¿Por qué querías hacer una cosa así?
    —Porque cuando yo libero a alguien lo libero de verdad. Y se acabó.
    —Liberar a alguien con… -meneó la cabeza-. No tiene ningún sentido.

    Sally se sirvió un vaso.

    —Lo malo que tienes tú, G, es que hablas mucho pero no haces nada. Todo es cháchara y más cháchara. “Mi esposa es una mujer liberada. Mi esposa es libre.”. Suena muy bien, sí, pero cuando a tu mujer se le ocurre hacer algo, no quieres saber nada.
    —Sí, claro, cuando se te ocurre hacer algo ¿quién coño es el que tiene que arreglar las cosas después? Yo. ¿Dónde está entonces la mujer liberada? ¿Quién te sacó de aquel lío en que te metiste en Omaha? ¿Quién tuvo que pagar a los polis aquella vez en Houston…?
    —Tú, tú, tú. ¿Y por qué te casaste conmigo, eh? ¿por qué?

    Gaskell se limpió las gafas con el borde de su gorro de cocinero.

    —No sé -dijo-. No sé por qué, la verdad.
    —Porque te gustan las emociones fuertes, nene, y yo te las proporciono. Sin mí te habrías muerto de aburrimiento. Conmigo, en cambio, disfrutas. Experimentas emociones fuertes. Grandes impactos emotivos.
    —En los dientes.

    Gaskell se levantó pesadamente y se dirigió a la escalera. Era en momentos como aquél en los que se preguntaba por qué se habría casado.

    La vuelta a casa andando fue un verdadero calvario para Wilt. Su dolor no era ya físico. Era el calvario de la humillación, el odio y el desprecio a sí mismo. Había quedado como un imbécil, un pervertido y un mamarracho ante gente a la que despreciaba. Los Pringsheim y su círculo representaban lo que él más odiaba, eran falsos, engreídos, pretenciosos, un circo de payasos intelectuales cuyas sandeces no tenían siquiera el mérito de la suya, que al menos había sido real. Las de ellos eran sólo una parodia de goce. Se reían para oírse reír y exhibían una sensualidad que nada tenía que ver con los sentimientos ni siquiera con los instintos, que procedía de una imaginación mezquina y de una lujuria mimética. Copulo ergo sum. Y aquella zorra, Sally, le había acusado de no tener el valor de seguir sus instintos, como si el instinto consistiese en eyacular en el cuerpo químicamente esterilizado de una mujer a la que había visto por primera vez quince minutos antes. Y Wilt había reaccionado instintivamente, apartándose de una concupiscencia relacionada con el poder y la arrogancia y con un desprecio insoportable hacia él, que presuponía que lo que él era, lo poco que era, consistía en una mera extensión de su pene, y que la máxima expresión de sus pensamientos, sentimientos, esperanzas y ambiciones sólo podía alcanzarla entre las piernas de una elegante pelandusca. Y eso era estar liberado.

    “Siente libremente”, había dicho ella y le había enganchado a aquella jodida muñeca. Wilt rechinó los dientes bajo una farola.

    ¿Y Eva? ¿Qué género de infierno le prepararía ahora? Si le había resultado insoportable vivir con ella antes de aquello, ahora su vida iba a ser tortura auténtica, sin adulteración. ¿Cómo iba a convencerla de que no estaba jodiendo con aquella muñeca, que él no había hecho aquello por voluntad propia, que había sido Sally la culpable de todo? No habría modo de convencerla. Y aún en el caso de que por algún milagro aceptase su versión de los hechos, eso no cambiaría mucho las cosas.

    “¿Qué clase de hombre eres tú que dejas que una mujer te haga una cosa así?”, le diría. Y nada podría responder a eso. ¿Qué clase de hombre era? Wilt no tenía ni idea. Un hombrecillo insignificante al que le sucedían las cosas y para quien la vida era una sucesión de humillaciones. Los impresores le atizaban un puñetazo en las narices y luego le echaban la culpa a él. Se dejaba intimidar por su esposa y permitía que las esposas de otros le convirtiesen en el hazmerreír de todos. Wilt caminaba por aquellas calles de zona residencial pasando ante viviendas semiindependientes y jardincitos con la sensación creciente de haber tomado una resolución firme. Ya estaba harto de ser la colilla de las circunstancias. De ahora en adelante las cosas sucederían según sus deseos. Dejaría de ser la víctima de todas las desdichas. Sería su instigador. Que Eva intentase algo y ya vería. La derribaría de un puñetazo a la muy zorra.

    Wilt se detuvo. Era muy fácil decirlo, sí. Aquella maldita mujer tenía un arma que no dudaría en utilizar. Derribarla de un puñetazo, ¿eh? Un cuerno. Si alguien acababa en el suelo sería Wilt, y además ella explicaría su aventura con la muñeca a todos los que les conocían. El cuento no tardaría en llegar a la Escuela. Wilt se estremeció ante la idea en la oscuridad de la Avenida Parkview. Sería el final de su carrera. Cruzó la verja de entrada del número 34 y abrió la puerta de su casa con la sensación de que estaba sentenciado si no emprendía una acción drástica en un futuro inmediato.

    Una hora después, en la cama, aún seguía despierto, despierto del todo y debatiéndose con el problema de Eva, el de su propio carácter y el de cómo cambiarlo y convertirlo en algo que él mismo pudiese respetar. ¿Y qué es lo que él respetaba? Wilt apretó los puños bajo las sábanas.

    —La decisión -murmuró-. La capacidad de actuar sin vacilación. El valor.

    Una extraña letanía de antiguas virtudes. Pero, ¿cómo adquirirlas ya? ¿Cómo habían convertido durante la guerra a hombres como él en comandos y en asesinos profesionales? Entrenándolos. Wilt consideró allí en la cama, a oscuras, de qué modos podría entrenarse y adiestrarse para convertirse en lo que claramente no era. Cuando se quedó dormido, había decidido ya intentar lo imposible.

    A las siete sonó el despertador. Wilt se levantó y entró en el cuarto de baño y se miró detenidamente en el espejo. Era un hombre implacable, duro, un hombre sin sentimientos. Implacable, metódico, frío y racional. Un hombre que no cometía errores. Bajó a la cocina y comió su All-Bran y bebió su taza de café. Así que Eva no estaba en casa. Se había quedado a pasar la noche en casa de los Pringsheim. En fin, mejor. Eso hacía más fáciles las cosas. Salvo por el hecho de que había sido ella quien se había quedado con las llaves del coche y con éste. No iba a acercarse allí a por él, desde luego. Bajó andando hasta la zona de giro y cogió el autobús y fue en autobús hasta la escuela. Tenía Albañiles Uno en el aula 456. Cuando llegó estaban hablando de un incidente que había tenido uno de ellos.

    —Y aparece aquel estudiantillo todo vestido como un camarero y va y me dice, “¿Haces el favor?” me dice “¿Quieres hacer el favor de quitarte de mi camino?” Así por las buenas y lo único que yo estaba haciendo era mirar los libros que había en el escaparate…
    —¿Los libros? -dijo escépticamente Wilt-. ¿A las once de la noche y estabas mirando libros? No me lo creo.
    —Revistas y novelas del Oeste -dijo el albañil-. Era en una chatarrería de la calle Finch.
    —Tienen revistas de tías -explicó otro.

    Wilt asintió. Eso parecía ya más razonable.

    —Así que yo voy y le digo “¿Hacer el favor de qué?” -continuó el albañil-, y él va y dice “Si haces el favor de quitarte de mi camino”. De su camino. Como si aquella jodida calle fuese suya.
    —Bueno, ¿y qué dijiste tú? -preguntó Wilt.
    —¿Decir? No dije nada. No tenía ganas de desperdiciar palabras con él.
    —¿Qué hiciste entonces?
    —Pues le aticé una patada y al suelo. Le di una buena soba para que aprendiera. Y luego me largué. Un estudiantillo chulo que no se atreverá a decirle a nadie que se quite de su camino por una temporada.

    La clase asintió aprobatoriamente.

    —Esos estudiantes son todos iguales -dijo otro albañil-. Se creen que porque tienen dinero y van a la universidad pueden ponerse a darte órdenes. Se merecen todos un buen repaso. Les sienta muy bien.

    Wilt consideró las implicaciones de la violencia callejera como parte de una formación intelectual. Después de su experiencia de la noche anterior se sentía inclinado a decir que había algo positivo en ella. Le hubiese gustado darles un buen repaso a la mitad de los que estaban en la fiesta de los Pringsheim.

    —¿Así que a ninguno os parece que haya nada de malo en pegarle a un estudiante si se interpone en vuestro camino? -les preguntó.
    —¿Malo? -dijeron los albañiles al unísono-. ¿Qué tiene de malo darles un repaso? Ni que un estudiante fuese una vieja o algo así. Siempre puede defenderse, ¿no?

    Se pasaron el resto de la clase hablando de la violencia en el mundo moderno. Los albañiles parecían pensar que en términos generales era una cosa buena.

    —Bueno, ¿para qué vas a salir el sábado por la noche y emborracharte si no puedes armar también un poco de jaleo? Uno tiene que dar salida a la agresión de alguna manera, ¿no? -dijo un albañil insólitamente coherente-. Quiero decir que es algo natural, ¿no?
    —Así que tú crees que el hombre es un animal agresivo por naturaleza -preguntó Wilt.
    —Pues claro. Ahí está la historia y todas esas guerras. A los únicos que no les gusta la violencia es a los maricas.

    Wilt se llevó esta visión de las cosas a la sala de profesores en su período libre y cogió una taza de café de la máquina automática. Se le unió Peter Braintree.

    —¿Qué tal fue la fiesta? -preguntó Braintree.
    —No fue -dijo Wilt, reticente.
    —¿Eva lo pasó bien?
    —No sabría decirlo. Esta mañana cuando me levanté ella no había vuelto aún a casa
    —¿Que no había vuelto a casa?
    —Eso fue lo que dije -confirmó Wilt.
    —Pero, ¿y no llamaste por teléfono para enterarte de lo que le había pasado?
    —No -dijo Wilt.
    —¿Por qué no?
    —Porque podría quedar en ridículo si llamase y me dijesen que se había largado con el embajador abisinio, ¿no crees?
    —¿El embajador abisinio? ¿Estaba en la fiesta?
    —No sé y no quiero saberlo. La última vez que la vi estaba dándole palique el negrazo ese de Etiopía. Tiene algo que ver con la ONU. Ella estaba haciendo macedonia y él le cortaba los plátanos en rodajas.
    —No me parece una actividad demasiado comprometedora, la verdad -dijo Braintree.
    —No, creo que no lo es. Sólo que tú no estabas allí y no sabes qué clase de fiesta era -dijo rápidamente Wilt, llegando a la conclusión de que era imprescindible dar una versión corregida y revisada de los acontecimientos de la noche-. Una cuadrilla de juveniles de mediana edad haciendo cada uno su cosa.
    —Parece bastante espantoso por lo que dices, sí. Y tú crees que Eva…
    —Creo que Eva se emborrachó y alguien le dio un porro y se desmayó -dijo Wilt-, eso es lo que creo. Probablemente esté durmiéndola en el retrete del piso de abajo.
    —A mí eso no me parece propio de Eva -dijo Braintree.

    Wilt bebió su café y consideró la estrategia a seguir. Si el cuento de su aventura con aquella muñeca condenada iba a acabar sabiéndose, quizá fuese mejor que lo contara él primero a su manera. Por otra parte…

    —¿Y qué andabas haciendo tú mientras pasaba todo esto? -preguntó Braintree.
    —Bueno -dijo Wilt-, yo, en realidad…

    Dudaba. Bien pensado quizá fuese mejor no mencionar en absoluto lo de la muñeca. Si Eva mantenía la boca cerrada…

    —Yo me emborraché también un poquillo… -dijo.
    —Eso me parece ya más razonable -dijo Braintree-. Y supongo que intentaste también ligar con otra mujer.
    —Si quieres saber la verdad, amigo -dijo Wilt-, fue otra mujer la que intentó ligar conmigo. La señora Pringsheim.
    —¿La señora Pringsheim intentó ligar contigo?
    —Bueno, fuimos a la planta de arriba a ver los juguetes de su marido…
    —¿Los juguetes de su marido? Creí que me habías dicho que era bioquímico.
    —Es bioquímico. Lo que pasa es que le gusta jugar con juguetes. Trenes eléctricos y osos de felpa y cosas así. Ella dice que es un caso de desarrollo interrumpido. Pero ella le quiere de todos modos. Es una esposa muy leal.
    —¿Y qué pasó entonces?
    —Aparte de que ella cerró la puerta y se me espatarró en la cama y me pidió que la jodiera y me amenazó con hacerme un trabajo de boca, no pasó nada -dijo Wilt.

    Peter Braintree le miró escéptico.

    —¿Nada? -dijo, al fin-. ¿Nada? ¿Pero qué hiciste tú?
    —Me equivoqué -dijo Wilt.
    —Es una palabra nueva para expresarlo -dijo Braintree-. Te vas al piso de arriba con la señora Pringsheim y te equivocas mientras ella se espatarra en la cama; ¿y quieres saber por qué Eva no ha venido a casa? Probablemente en este momento esté en el despacho de algún abogado cumplimentando una solicitud de divorcio.
    —Pero te aseguro que no me tiré a la zorra esa -dijo Wilt-. Le dije que se fuera a que le lustrara otro su perlita.
    —¿Y a eso le llamas equivocarse? ¿Lustrar su perlita? ¿Dónde demonios aprendiste semejante expresión?
    —Carne Uno -dijo Wilt, y se levantó y se sirvió otra taza de café en la máquina.

    Cuando volvió a sentarse, ya había decidido cuál sería su versión.

    —Después de eso, no tengo idea de lo que pasó -dijo, cuando Braintree insistió en que le explicara el siguiente episodio-. Me desmayé. Debió de ser el vodka.
    —¿Así que te desmayaste en una habitación cerrada con una mujer desnuda? ¿Fue eso lo que pasó? -dijo Braintree.

    Daba la impresión de no creer una palabra de toda la historia.

    —Exactamente -dijo Wilt.
    —¿Y cuándo recobraste el conocimiento?
    —Iba caminando hacia casa -dijo Wilt-. No tengo ni idea de lo que pasó en el intermedio.
    —Sí, claro, estoy seguro de que eso nos lo explicará Eva -dijo Braintree-. Ella seguro que lo sabe.

    Y se levantó y se fue y Wilt se quedó solo considerando su próxima maniobra. Lo primero que tenía que hacer era cerciorarse de que Eva no contaba nada. Fue al teléfono del pasillo y marcó el número de su casa. Nadie contestó. Luego fue al aula 187 y perdió una hora con Torneros y Ajustadores. Probó a llamar por teléfono varias veces durante el día para ver si localizaba a Eva en casa pero nadie contestaba.

    “Lo más seguro es que haya pasado el día con Mavis Mottram llorándole en el hombro y explicándole lo cerdo que soy -se dijo-. Seguro que estará esperándome cuando llegue a casa.”

    Pero no estaba esperándole. En vez de ella había una nota en la mesa de la cocina, y un paquete. Wilt leyó la nota.

    “Me voy con Sally y Gaskell a pensar las cosas. Lo que hiciste anoche fue horrible. Nunca te lo perdonaré. No te olvides de comprar la comida del perro. Eva. P.D. Sally dice que la próxima vez que quieras una mamada, le pidas a Judy que te la haga.”

    Wilt miró el paquete. Sin abrirlo sabía cuál era el contenido: aquella muñeca infernal. En un súbito acceso de cólera, Wilt la agarró y la tiró contra el fregadero. Dos platos grandes y uno pequeño cayeron del escurridor y se estrellaron contra el suelo haciéndose añicos.

    —Zorra maldita -dijo Wilt, incluyendo a Eva, Judy y a Sally Pringsheim en el ámbito de su cólera.

    Luego, se sentó a la mesa y examinó otra vez la nota. “Me voy… a pensar las cosas.”. Una mierda. ¿Pensar? Aquella vaca tonta no era capaz de pensar. Se dedicaría a decir memeces y bobadas y sensiblerías sobre los defectos que él tenía y lograría alcanzar un verdadero éxtasis de autocompasión. Wilt se la imaginaba en aquel momento parloteando sobre aquel maldito director de banco con el que decía siempre que debería haberse casado en vez de atarse a un hombre que era incapaz de conseguir un ascenso en la Escuela y que se dedicaba a joder con muñecas hinchables en los cuartos de baño de otras personas. Y luego aquella zorra asquerosa, aquella Sally Pringsheim, incitándola. Wilt volvió a leer la posdata: “Sally dice que la próxima vez que quieras una mamada… “. Santo cielo. Como si él hubiera querido que se la chupase. Pero allí estaba. Un nuevo mito en formación, como lo de que se había enamorado de Betty Crabtree, cuando lo único que había hecho había sido llevarla a casa en coche una noche después de una clase nocturna. La vida doméstica de Wilt estaba salpicada de estos mitos, armas del arsenal de Eva, que ésta esgrimía cuando lo exigía la ocasión, blandiéndolas sobre su cabeza. Y ahora Eva tenía a su disposición el factor disuasorio definitivo, la muñeca y Sally Pringsheim y su mamada. El equilibrio de la recriminación, que había sido el factor básico de su relación, se había alterado espectacularmente. Era preciso un acto desesperado de invención por parte de Wilt para restaurarlo.

    “No te olvides de comprar la comida del perro.”. Bueno, por lo menos le había dejado el coche. Estaba allí, en el cobertizo. Wilt salió, se acercó hasta el supermercado y compró tres latas de comida para el perro, un curry de los de hervir-la-bolsa, y una botella de ginebra. Iba a emborracharse. Volvió a casa y se sentó en la cocina viendo cómo Clem devoraba su comida mientras hervía la bolsa. Se sirvió un vaso de ginebra sola, lo coronó con lima y empezó a dar vueltas. Siempre con la conciencia de que estaba allí aquel paquete, junto a la fregadera, esperando a que lo abriese. Porque, inevitablemente, lo abriría. Por pura curiosidad. Lo sabía él y lo sabían ellos, dondequiera que estuviesen, y Eva volvería a casa el domingo por la noche; y lo primero que haría sería preguntar por la muñeca y si lo había pasado bien con ella. Wilt se sirvió más ginebra y consideró la posible utilidad de la muñeca. Tenía que haber un modo de utilizarla para cambiar las tornas con Eva.

    Al terminar la segunda ginebra, ya había empezado a formular un plan. Incluía a la muñeca, a uno de aquellos agujeros de los pilares del solar del nuevo edificio de la escuela y a una magnífica prueba de su fortaleza de carácter. Una cosa era fantasear sobre la posibilidad de asesinar a su mujer y otra muy distinta llevar a la práctica el proyecto. Y, entre ambas, se extendía una zona de inseguridad. Cuando terminó la tercera ginebra, Wilt estaba decidido a llevar a la práctica su plan. Al menos demostraría que era capaz de realizar un asesinato.

    Se levantó y desenvolvió la muñeca. En su diálogo interior, Eva le decía lo que pasaría si Mavis Mottram llegaba a enterarse de su repugnante conducta en casa de los Pringsheim. “Sería el hazmerreír de todo el barrio -decía-, nunca conseguirías que esto se olvidase.”

    ¿No lo conseguiría? Wilt sonrió beodamente y subió al piso de arriba. Por una vez, Eva se equivocaba. Quizás él no pudiese conseguir que se olvidara aquello, pero de lo que no cabía duda era de que la señora Eva Wilt no estaría allí presente para disfrutar con ello. No viviría para verlo.

    Arriba, en el dormitorio, echó las cortinas y colocó la muñeca en la cama y buscó la válvula que le había eludido la noche anterior. La encontró y luego bajó al garaje y subió con una bomba de pedal. A los cinco minutos, Judy estaba en buena forma. Estaba tumbada en la cama y le sonreía. Wilt achicó los ojos y la miró torvamente. Tenía que admitir que allí en la semioscuridad, resultaba odiosamente real. Una Eva de plástico, con tetas de masilla. Lo único que faltaba era vestirla. Revolvió en varios cajones buscando un sostén y una blusa. Decidió que no necesitaba sostén, sacó una falda vieja y unos leotardos de malla. En una caja de cartón del armario encontró una de las pelucas de Eva. Eva había pasado por una fase de pelucas. Por último, unos zapatos. Cuando terminó, la réplica de Eva Wilt yacía en la cama sonriendo fijamente al techo.

    —Esta es mi chica -dijo Wilt.

    Bajó a la cocina a ver cómo iba el curry de hervir-en-la-bolsa. Estaba quemándose-en-la-bolsa. Wilt apagó el fuego y entró en el retrete y se sentó en el inodoro a pensar en su próximo movimiento. Utilizaría la muñeca para hacer ensayos, de forma que cuando llegase el día, estaría acostumbrado a todo el proceso del asesinato y actuaría sin vacilación, como un autómata. Asesinato por reflejos condicionados. Asesinato por hábito. Además, así podría saber lo que podría tardar en cada etapa del proceso. Y Eva estaría fuera con los Pringsheim durante el fin de semana, lo cual también ayudaría. Quedaría así establecida una pauta de desapariciones súbitas. Ya lo provocaría él de algún modo para que lo hiciera muchas veces. Y luego la visita al médico.

    “Es que no sé qué me pasa que no puedo dormir, doctor. Mi mujer no hace más que largarse y dejarme y no consigo acostumbrarme a dormir solo.”. Una receta de somníferos. Luego, por la noche, “Ya te preparo yo el Ovaltine, querida. Pareces cansada. Ya te lo subiré yo a la cama, querida, no te preocupes”. Gratitud seguida de ronquidos. Luego, bajarla al coche… cuanto más temprano, mejor… hacia las diez y media… hasta la escuela y al agujero. Quizá dentro de una bolsa de plástico… No, no, una bolsa de plástico no. “Tengo entendido que compró usted recientemente una bolsa de plástico grande, señor. ¿No le importaría enseñárnosla?” No, mejor limitarse a tirarla por el agujero, que tendrían que rellenar de hormigón a la mañana siguiente. Y, por último, el desconcierto. Iría a casa de los Pringsheim. “¿Dónde está Eva? Sí, tenéis que saberlo.” “No, no lo sabemos.” “No me engañéis. Siempre está aquí metida.” “No te engañamos. No la hemos visto.” Luego, iría a la policía.

    Sin motivos, sin pistas e ilocalizable. Y sería la prueba de que era un hombre capaz de actuar. O de que no lo era. ¿Y si se desmoronaba con la tensión y lo confesaba todo? También eso sería una especie de vindicación. Sabría qué clase de hombre era de un modo u otro; y, al menos, habría actuado, por una vez en su vida. Y quince años de presidio serían casi lo mismo que quince, más, veinte años, en la escuela, enfrentándose a aquellos majaderos que le despreciaban y hablando de Piggy y del Señor de las Moscas. Además, siempre podría esgrimir el libro como circunstancia atenuante en el juicio.

    “Señoría, miembros del jurado, les ruego que se pongan en el lugar del acusado. Durante doce años ha tenido que enfrentarse a la perspectiva sobrecogedora de tener que leer este espantoso libro a clases de jóvenes hostiles y aburridos. Ha tenido que soportar un calvario de repeticiones, de náuseas y de repugnancia ante esa visión apestosamente romántica que tiene el señor Golding de la naturaleza humana. Sí, ya oigo que dicen ustedes que el señor Golding no es un romántico, que su visión de la naturaleza humana tal como él la expresó en su retrato de un grupo de jóvenes perdidos en una isla desierta es precisamente lo contrario del romanticismo y que el sentimentalismo del que le acuso y que testimonia la aparición de mi cliente ante este tribunal, no se halla en El señor de las moscas, sino en su predecesor, Isla de coral. Pero, señoría, señores del jurado, existe lo que podríamos llamar un romanticismo invertido, el romanticismo de la desilusión, del pesimismo y del nihilismo. Supongamos, por un momento, que mi cliente se hubiera pasado doce años leyendo no la obra del señor Golding sino Isla de coral a grupos de aprendices. ¿Es razonable suponer que se habría visto impulsado a recurrir al remedio desesperado de asesinar a su esposa? No. Cien veces no. El libro del señor Ballantyne le habría proporcionado la inspiración, la autodisciplina, el optimismo y la fe en la capacidad del hombre necesarios para salir a flote de la situación más desesperada por medio de su propio ingenio… “

    Quizá no fuera una idea demasiado buena llevar tal argumentación demasiado lejos. El acusado Wilt había desplegado, después de todo, bastante ingenio para salir a flote de una situación desesperada. Aun así, era un pensamiento agradable. Wilt terminó sus asuntos en el retrete y echó un vistazo a su alrededor buscando el papel higiénico. Pero no había. Aquel maldito rollo se había terminado. Buscó en el bolsillo del pantalón y encontró la nota de Eva y la usó. Luego, tiró de la cadena, espolvoreó un poco de Harpic para expresar su opinión sobre la nota y sobre Eva, volvió a la cocina y se sirvió otra ginebra.

    Pasó el resto de la velada sentado frente a la tele, con un pedazo de pan y queso y una lata de melocotones hasta que llegó la hora de realizar el primer ensayo. Salió a la puerta principal y miró la calle arriba y abajo. Era ya casi de noche y no se veía a nadie. Dejó abierta la puerta principal, subió al piso de arriba, bajó la muñeca y la metió en el asiento trasero del coche. Tuvo que empujarla y apretarla un poco para conseguir que entrara, pero la puerta se cerró por fin. Wilt se colocó al volante y salió a la Avenida Parkview y bajó hasta la zona de giro. Cuando llegó al aparcamiento de la parte posterior de la escuela, eran exactamente las diez y media. Paró el coche y se quedó sentado allí tras el volante unos minutos mirando a su alrededor. Ni un alma a la vista, ni una luz encendida. No podía haber nadie. La escuela cerraba a las nueve.


    6


    Sally estaba tumbada, desnuda, en la cubierta del pequeño yate de motor con camarote, los pechos prietos apuntando al cielo y las piernas abiertas. A su lado estaba Eva tendida boca abajo y mirando al río.—Oh, Dios santo. Esto es divino -murmuró Sally-. Es que yo tengo esta cosa profunda con el paisaje campestre…

    —Tú tienes esa cosa profunda y punto -dijo Gaskell guiando el yate erráticamente, hacia una esclusa.

    Llevaba gorra de capitán y gafas de sol.

    —Nene tópico -dijo Sally.
    —Vamos hacia una esclusa -dijo Eva nerviosa-. Hay unos hombres allá.
    —¿Hombres? Olvídate de los hombres, querida. Sólo estamos tú y yo y G. Y G no es un hombre, ¿verdad que no, nene G?
    —Tengo mis momentos -dijo Gaskell.
    —Pero son tan raros, tan extraordinariamente raros… -dijo Sally-. Qué importa; de todos modos, estamos aquí al estilo idílico, navegando río abajo en pleno período estival.
    —¿No deberíamos haber limpiado un poco la casa antes de irnos? -preguntó Eva.
    —El secreto de las fiestas es no limpiar después sino largarse. Ya lo limpiaremos todo cuando volvamos.

    Eva se levantó y se metió en el camarote. Estaban muy cerca de la esclusa y no estaba dispuesta a que la vieran desnuda los dos viejos que estaban sentados en el banco.

    —Dios santo, Sally, no podrías hacer algo con tu amiga del alma… No puedo ya más con tanta teta -dijo Gaskell.
    —Ay, nene G, si quisiera agobiarte, si te las pusiera encima, te pasaría como al gato de Cheshire.
    —¿El gato de Cheshire?
    —Desaparecerías con una sonrisa, querido niño, el feto primero. Ella es sin lugar a dudas gargantuescamente uterina.
    —Ella es, sin lugar a dudas, gargantuescamente aburrida.
    —Tiempo, querido, tiempo al tiempo. Tienes que acentuar lo liberado, eliminar lo negativo y no meterte con el señor que está en medio.
    —No meterme con la señora que está en medio. Eso de señora es una palabra muy operativa -dijo Gaskell metiendo la embarcación en la esclusa.
    —Pero esa es precisamente la cuestión.
    —¿El qué? -dijo Gaskell.
    —Lo de meterse con la señora que está en medio. Quiero decir que en el caso de nosotros y Eva, es una cosa múltiple. Ella hace las faenas de la casa. Nene Gaskell puede jugar a capitán de barco y darse un hartón de tetas, y la dulce Sally puede minotaurearle su mente laberíntica.
    —¿Mente? -dijo Gaskell-. Las sustancias ricas en enlaces no saturados no tienen mente. Y, hablando de cretinos, ¿qué me dices del señor que está en medio?
    —Tiene a Judy y puede jugar con ella. Probablemente esté ahora jodiéndola y mañana por la noche se siente a ver Kojak con ella. Quién sabe, es posible que hasta acabe mandándola por las tardes a las clases de arreglo floral de Mavis Contracuntal Mottram. Quiero decir que casan muy bien los dos. Ya viste lo unidos que estaban anoche.
    —Sí, de eso no hay duda -dijo Gaskell, y cerró las puertas de la esclusa.

    Mientras el barco seguía navegando río abajo, los dos viejos que estaban sentados en el banco miraban a Sally. Esta se quitó las gafas de sol y los miró a su vez furiosa.

    —Cuidado, no vaya a estallarles la próstata, ancianos -dijo con rudeza-. ¿Es que no han visto nunca un culo?
    —¿Habla usted conmigo? -dijo uno de los viejos.
    —No iba a hablar conmigo.
    —Entonces le diré -dijo el hombre- que he visto antes uno como el suyo. Una vez.
    —Una vez me parece bien -dijo Sally-. ¿Dónde?
    —En una vaca vieja que acababa de soltar a su ternero -dijo el hombre, y escupió en un limpio macizo de geranios.

    Eva estaba sentada en el camarote y se preguntaba de qué estarían hablando. Oía el vaivén del agua y el canturreo del motor y pensaba en Henry. No era propio de él hacer una cosa como aquella. No lo era, desde luego. Y delante de toda aquella gente. Tenía que estar borracho. Era tan humillante… En fin, que sufriese. Sally decía que había que hacer sufrir a los hombres. Formaba parte del proceso para liberarte de ellos. Tenías que demostrarles que no les necesitabas y la psique masculina sólo entendía las cosas a base de violencia. Por eso ella era tan dura con Gaskell. Los hombres eran como los animales. Tenías que demostrarles quién era el amo.

    Eva se acercó a la cocina y limpió la fregadera de acero inoxidable. Henry se daría cuenta de lo importante que era ella ahora, al echarla de menos, al tener que hacer él todo lo de la casa y la comida; y cuando volviese iba a echarle un buen rapapolvo por lo de la muñeca, iba a decirle cuatro cosas. En fin, no era una cosa natural. Quizás Henry tuviera que ir a ver a un psiquiatra. Sally decía, además, que Henry le había hecho una proposición horrorosa. Lo que únicamente demostraba que no podías fiarte de nadie. Y Henry precisamente… Nunca se habría imaginado que Henry pensase hacer una cosa así. Pero Sally había sido tan dulce y tan comprensiva. Sally sabía muy bien lo que sentían las mujeres y ni siquiera se había enfadado con Henry.

    —Lo único que pasa es que es un nene esfínter -había dicho-. Y eso es sintomático de una sociedad machista dominada por los varones. Nunca he conocido a un cerdo machista que no dijese: “Vete a tomar por el culo” y quisiera decir exactamente eso.
    —Henry siempre anda diciendo eso -había admitido Eva-. A la más mínima va y lo suelta.
    —Ves, ves, nena Eva. ¿Qué te decía yo? Es degradación semántica de tipo anal.
    —Ay, qué asco -dijo Eva, y desde luego que era un asco.

    Continuó limpiando y frotando hasta que salieron de la esclusa y siguieron río abajo hacia aguas abiertas, hacia donde el río se ensanchaba. Entonces, subió a cubierta y se sentó a contemplar el campo, liso y vacío, a la luz del crepúsculo. Era todo muy romántico y muy emocionante, muy distinto de lo que había conocido hasta entonces. Aquello era vivir como había soñado siempre ella que podría merecer la pena vivir. Una vida rica y alegre y plena. Eva Wilt suspiró. A pesar de todo, estaba en paz con el mundo.

    En el aparcamiento de detrás de la escuela, Henry Wilt no estaba en paz con nada. Estaba, por el contrario, en guerra con aquella réplica de Eva. Mientras daba vueltas beodamente alrededor del coche y forcejeaba luego con Judy para sacarla del mismo, tenía clara conciencia de que hasta una muñeca hinchable poseía voluntad propia cuando llegaba la hora de intentar sacarla de un coche pequeño. Los brazos y las piernas de Judy se enganchaban en todas partes. Si Eva se comportaba del mismo modo la noche de su traslado final, le iba a costar un trabajo endiablado sacarla del vehículo. Tendría que atarla, hacer con ella una especie de fardo o de paquete. Esa sería la mejor forma, desde luego. Por fin, tirando de las piernas, consiguió sacar la muñeca y posarla en el suelo. Luego tuvo que meterse de nuevo en el coche a buscar la peluca. La encontró debajo del asiento y tras arreglarle la falda a Judy para que no resultase tan reveladora, le puso la peluca en la cabeza. Echó un vistazo a su alrededor por el aparcamiento, escrutó las barracas de las obras y el edificio principal, pero no había nadie a la vista. Todo despejado. Cogió la muñeca, se la metió debajo del brazo y se dirigió hacia el nuevo edificio en construcción. A mitad de camino, se dio cuenta de que no estaba haciéndolo correctamente. Eva drogada y dormida pesaría muchísimo más y no podría llevarla debajo del brazo. Wilt se detuvo y se echó la muñeca a la espalda y siguió su camino serpenteando erráticamente, en parte porque, debido a la ginebra, no podía evitarlo, y, en parte, porque añadía verosimilitud a la tarea. Con Eva al hombro, tendría que serpentear un poco, inevitablemente. Llegó a la valla y apoyó la muñeca en ella. Y se le cayó otra vez la peluca. Tanteó entre el barro y consiguió encontrarla. Luego se acercó a la verja. Estaba cerrada. Estaría. Tendría que recordarlo. Los detalles como aquél eran importantes. Intentó saltar la verja, pero no podía. Necesitaba algo con qué ayudarse. Una bicicleta. Solía haber algunas junto a la entrada principal. Metiéndose la peluca en el bolsillo, Wilt rodeó las barracas y pasó por delante de la cantina y, cuando iba a cruzar por la yerba, siguiendo por la zona del laboratorio de idiomas, brotó de la oscuridad una figura humana y le iluminó la cara la luz de una linterna. El vigilante.

    —¿Dónde pretende ir usted, dígame? -preguntó el vigilante.

    Wilt se detuvo.

    —Yo… sólo vine a recoger unas notas en la sala de profesores.
    —Ah, es usted, señor Wilt -dijo el vigilante-. Debería saber usted ya que no pueden entrar a estas horas de la noche. Cerramos a las nueve y media.
    —Perdóneme usted. Se me había olvidado -dijo Wilt.

    El vigilante suspiró y dijo:

    —Bueno, dado que es usted y sólo por esta vez…

    Y abrió la puerta del edificio de Estudios Generales.

    —Pero tendrá que subir andando. A estas horas de la noche, no funcionan los ascensores. Le esperaré aquí abajo.

    Wilt subió tambaleante los cinco tramos de escalera, muy despacio, llegó a la sala de profesores y se dirigió a su armario. Sacó un puñado de papeles y un ejemplar de Bleak House que llevaba varios meses pensando llevarse a casa sin hacerlo. Luego se metió los papeles de notas en el bolsillo y encontró la peluca. Ya que estaba allí, podía coger una goma elástica. Podría sujetarle a Judy la peluca a la cabeza con ella. Encontró algunas en una caja en el aparador de útiles de escritorio, se metió las notas en el otro bolsillo y bajó la escalera.

    —Muchísimas gracias -dijo al vigilante-. Siento mucho haberle molestado.

    Y enfiló tambaleante hacia la esquina, camino de donde estaban las bicicletas.

    —Borracho como un tritón -dijo el vigilante, y volvió a meterse en su oficina.

    Wilt le vio encender la pipa y luego dirigió su atención a las bicis. Estaban todas encadenadas, las condenadas. Tendría que llevar una hasta el otro lado. Metió el libro en el cesto de la bici, la alzó y la llevó al hombro hasta la valla. Luego, se subió en ella, saltó la valla y tanteó en la oscuridad buscando la muñeca. La encontró al fin y se pasó cinco minutos intentando sujetar la peluca mientras le enganchaba la goma elástica bajo la barbilla. La goma se soltaba continuamente.

    —Bueno, éste por lo menos ser un problema que no tendré con Eva -murmuró una vez que dejó bien asegurada la peluca.

    Convencido de que no se desprendería ya, avanzó cautamente bordeando montones de grava, hormigoneras, sacos y varillas met licas, cuando comprendió de pronto que corría el grave peligro de caerse en uno de aquellos agujeros. Posó la muñeca y hurgó en el bolsillo buscando la linterna, la encontró e iluminó el suelo. A unos metros había una tabla grande y cuadrada de contrachapado. Caminó hasta ella y la alzó. El agujero estaba debajo, un agujero magnífico, grande, de buen tamaño. Eva cabría allí perfectamente. Iluminó el agujero con la linterna. Debía de tener unos diez metros de profundidad. Echó la tabla a un lado y volvió a buscar la muñeca. Había vuelto a caérsele la peluca.

    —Cojones -exclamó Wilt, y buscó en el bolsillo otra goma elástica.

    Cinco minutos después, Judy tenía firmemente asegurada la peluca, con cuatro gomas, enganchadas bajo la barbilla. No se le caería más. Ahora, lo único que tenía que hacer era arrastrar a la muñeca hasta el agujero para comprobar si cabía. Wilt vaciló en este momento. Empezaba a tener dudas sobre la viabilidad de todo el plan. Habían surgido demasiadas contingencias inesperadas y eso no le gustaba. Por otro lado, el hecho de estar solo allí en mitad de la noche le producía una gran emoción. Quizá fuera mejor irse ya a casa. No, tenía que pasar por todo el proceso. Metería la muñeca en el agujero para comprobar si cabía. Luego, la deshincharía y se iría a casa y repetiría el proceso hasta saberse adiestrado ya en la tarea de matar por modelo interpuesto. Guardaría la muñeca en el maletero del coche. Eva nunca lo abría. Y, en el futuro, sólo la hincharía cuando llegara al aparcamiento. Así, Eva no tendría ni idea de sus planes. Ni idea. Wilt sonrió para sí ante la simplicidad de su proyecto. Luego, cogió a Judy y la colocó en el agujero, los pies primero. Judy se deslizó por el agujero sin problemas mientras Wilt se inclinaba hacia adelante. Perfecto. Y, de pronto, resbaló en aquel terreno cenagoso. Con un esfuerzo desesperado que le exigió soltar a la muñeca, se echó a un lado y se agarró a la tabla de contrachapado. Se incorporó cautamente, maldiciendo. Tenía los pantalones llenos de barro y le temblaban las manos.

    —Casi me caigo yo -murmuró, y miró alrededor, buscando a Judy.

    Pero Judy había desaparecido. Wilt cogió la linterna e iluminó el agujero. Estaba allá abajo, a medio camino, ligeramente encajada en los lados, y, por una vez, no se le había caído la peluca. Wilt la contempló desesperado, preguntándose qué demonios podía hacer. Debía de estar lo menos a siete metros de profundidad. Quizás a cinco. De cualquier modo, era mucha profundidad y, desde luego, demasiada para que él pudiera alcanzarla. Pero estaba aún demasiado cerca, por otra parte, de la boca del agujero por lo que la verían claramente los obreros por la mañana. Wilt apagó la linterna y volvió a tapar el agujero con la tabla. De ese modo no habría peligro de que fuese él también a hacer compañía a la muñeca. Se incorporó luego, e intentó dar con algún medio de sacarla de allí.

    ¿Una cuerda con un gancho al extremo? No tenía cuerda ni gancho. Cuerda podría encontrar, pero lo del gancho era ya otro asunto. ¿Buscar la cuerda y atarla en algún sitio y bajar deslizándose por ella y subir luego con la muñeca? Claro que no. Ya sería trabajo suficiente bajar por la cuerda con ambas manos, así que pensar en tener que subir luego sólo con una mano, sujetando con la otra la muñeca, era pura locura. De ese modo, acabaría también él en el fondo del agujero; y si había algo que tenía muy claro, era que no quería que le descubrieran al fondo del agujero de un pilote, a diez metros de profundidad, el lunes por la mañana, abrazado a una muñeca de plástico con coño, vestida con la ropa de su mujer. Sería el desastre definitivo. Wilt se imaginó la escena en el despacho del director cuando intentara explicar cómo había acabado metido allí… Y además, podrían no verle, siquiera, ni oír sus gritos. Aquellos malditos camiones de hormigón hacían un ruido infernal y no estaba dispuesto, desde luego, a arriesgarse a que le enterrasen bajo… Mierda. Hablaban de justicia poética. No, lo único que podía hacer era dejar aquella maldita muñeca allá en el fondo del agujero y rezar para que no la viese nadie antes de verter el hormigón. En fin, por lo menos así, comprobaría si era un método razonable para librarse de Eva. Alguna ventaja debería tener el asunto. Todo tiene su lado bueno…

    Wilt se apartó del agujero y miró en torno suyo buscando algo que le sirviera para hacer caer a Judy hasta el fondo. Probó a tirarle un puñado de tierra, pero Judy sólo se bamboleó un poco y siguió allí encajada. Necesitaba algo más pesado. Se acercó hasta un montón de arena, cogió un poco en un saco de plástico y lo vertió por el agujero. Pero, aparte de añadir una dimensión extra de realismo macabro a la peluca de la señora Wilt, no sirvió absolutamente para nada. Quizá si tiraba un ladrillo podría hacer explotar la muñeca. Buscó y acabó cogiendo un gran trozo de tierra. Aquello serviría. La dejó caer por el agujero. Sonó un golpe, hubo un repiqueteo de grava y luego otro golpe. Wilt iluminó el agujero con la linterna. Judy había llegado al fondo del agujero y allí se había asentado en una postura grotesca con las piernas alzadas y un brazo estirado hacia él, como en ademán de súplica. Wilt cogió otro terrón grande de arcilla y lo tiró por el agujero. Esta vez, la peluca cayó hacia un lado y la cabeza quedó inclinada. Wilt renunció a seguir. Ya no podía hacer más. Volvió a tapar el agujero con la tabla y volvió a la valla.

    Allí se encontró con más problemas. La bicicleta estaba del otro lado. Cogió un tablón entonces, lo apoyó contra la valla y se subió en él. Ahora, transportar otra vez la bicicleta al cobertizo. Maldita bicicleta. Podía quedarse donde estaba. Ya estaba harto de todo aquel asunto. No era siquiera capaz de deshacerse de una muñeca de plástico. Era ridículo pensar que pudiera planear, cometer y ocultar un asesinato auténtico con alguna esperanza de éxito. Tenía que estar loco para haber pensado en algo semejante. La culpa de todo la tenía la maldita ginebra.

    —Eso, eso, échale la culpa a la ginebra -murmuró Wilt, mientras entraba de nuevo torpemente en el coche-. Esa idea se te ocurrió hace meses.

    Se acomodó por fin detrás del volante y allí se quedó inmóvil en la oscuridad un rato, preguntándose por qué demonios habría empezado a entregarse a aquellas fantasías de asesinar a Eva. Era una locura. Una completa locura, e igual de demencial era imaginar que pudiera adiestrarse para llegar a ser todo un criminal frío e implacable. ¿De dónde habría surgido aquella idea? ¿Qué sentido tenía todo aquello? De acuerdo, Eva era una vaca idiota, que le hacía la vida imposible, riñéndole continuamente y entregándose al misticismo oriental con un entusiasmo frenético, calculado para sacar de quicio al más sobrio de los maridos; pero, ¿por qué aquella obsesión suya con el asesinato? ¿Por qué aquella necesidad de demostrar su virilidad con la violencia? ¿De dónde procedía todo aquello? Allí, en mitad del aparcamiento, Henry Wilt, sobrio y con la cabeza despejada de pronto, comprendió el efecto extraordinario que había ejercido en él aquel período de diez años de Artes Liberales. Durante diez años, Yeseros Dos y Carne Uno habían sido expuestos a la cultura en la forma de Wilt y El señor de las moscas; y, durante el mismo número de años, el propio Wilt se había visto expuesto a la barbarie, a la exagerada disposición a entregarse a la violencia de Yeseros Dos y Carne Uno. Allí estaba la génesis de todo: allí, y en la irrealidad de la literatura que se había visto forzado a asimilar. Wilt había sido durante diez años el conducto por el cual viajaban creaciones de la fantasía, Nostromo, Jack y Piggy, Shane, criaturas que actuaban y cuya actuación tenía sus efectos. Y durante todo el tiempo se veía a sí mismo, reflejado en los ojos de aquellos personajes, como un individuo pasivo e ineficaz que sólo reaccionaba a los dictados de las circunstancias. Wilt movió la cabeza. Y de todo aquello y de los traumas de los dos últimos días había nacido aquel acte gratuit, aquel semicrimen, el asesinato simbólico de Eva Wilt.

    Puso el coche en marcha y salió del aparcamiento. Iría a ver a los Braintree. Estarían aún levantados, se alegrarían de verle y, además, necesitaba hablar con alguien. Detrás de él, en el solar del edificio en construcción, sus notas sobre la violencia y la disolución de la vida familiar volaban erráticas, arrastradas por el viento nocturno y se quedaban pegadas en el barro.


    7


    —La naturaleza es tan libidinosa -decía Sally, enfilando una linterna por la portilla hacia los juncos-. Por ejemplo, los juncos. En fin, son, sin lugar a dudas, falos arquetípicos. ¿No lo crees, G?—¿Los juncos? -preguntó Gaskell, contemplando desesperado una carta náutica-. A mí los juncos no me dicen nada.

    —Los mapas tampoco, por lo que parece.
    —Las cartas, nena, las cartas.
    —¿Qué más da una palabra que otra?
    —Da, claro que da, y mucho. O estamos en Frogwater Reach o en Fen Broad. ¿En dónde?
    —Yo prefiero Fen Broad, la verdad. Me gusta más. Eva, querida, ¿por qué no preparas otra cafetera? Quiero quedarme toda la noche despierta y ver salir el sol entre los juncos.
    —Bueno, pues yo no -dijo Gaskell-. Ya tuve bastante anoche. Aquel chiflado con la muñeca en el baño y Scheimacher cortándose con los cristales. Ya estuvo bien para un día. Voy a tumbarme en la litera.
    —En cubierta -protestó Sally-. Vas a tumbarte en cubierta, G. Eva y yo dormiremos aquí abajo. Tres seríamos multitud.
    —¿Tres? Con la tetuda somos lo menos cinco. Está bien. Dormir en cubierta. Tendremos que madrugar para salir de este maldito banco de arena.
    —¿Acaso nos ha hecho encallar el famoso capitán Pringsheim, nene?
    —Es culpa de estas malditas cartas. Si dieran, al menos, indicación exacta de la profundidad…
    —Si tú supieras dónde estamos, seguramente descubrirías que la dan. De nada vale saber que hay tres metros…
    —Brazas, querida, brazas.
    —Tres brazas en Frogwater Reach, si estamos en realidad en Fen Broad.
    —Bueno, estemos donde estemos, será mejor que empieces a rezar para que haya marea y nos saque de aquí -dijo Gaskell.
    —¿Y si no la hay?
    —Entonces, tendremos que pensar en otra cosa. Puede que pase alguien y nos remolque.
    —Oh, santo cielo, G, eres tan habilidoso… -dijo Sally-. En fin, ¿por qué no podríamos habernos quedado en aguas abiertas? No, tú tenías que subir navegando por este arroyo y meterte en un banco de cieno. Y todo ¿por qué? Por los patos, los malditos patos.
    —Aves zancudas, nena, aves zancudas. Nada de simples patos.
    —Bueno, aves zancudas, está bien. Quieres fotografiarlas y nos dejas empantanados donde nadie en su sano juicio metería un barco. ¿Quién te crees que va a subir hasta aquí? ¿Juan Sebastián Gaviota?

    Eva preparaba café en la cocina. Llevaba el bikini rojo de plástico brillante que le había prestado Sally. Le quedaba muy pequeño, así que se sentía bastante incómoda y apretada, pero al menos era mejor que andar desnuda, pese a que Sally dijera que la desnudez era un símbolo de liberación y que pensara en las indias del Amazonas. Debería haber llevado consigo sus cosas, pero Sally había insistido en salir de inmediato, así que lo único que tenía era aquel pijama amarillo limón y el bikini. Realmente, Sally era tan autori… autori-lo-que-fuese… Bueno, mandona, digamos.

    —Plástico de doble uso, nena, te sirve de delantal -le había dicho-. Y G tiene esa afición loca al plástico, ¿verdad, G?
    —Biodegradablemente sí.
    —¿Biodegradablemente? -preguntó Eva, con la esperanza de que la iniciaran en algún aspecto nuevo de la liberación de las mujeres.
    —Botellas de plástico que se desintegran en vez de quedarse por ahí enteritas formando una ciénaga ecológica -dijo Sally, abriendo la portilla y tirando a la orilla un paquete de puros vacío-. Esa es la obra maestra de G. Eso y la reciclabilidad. Reciclabilidad infinita.
    —Eso, sí -afirmó Gaskell-. Hemos alcanzado la obsolescencia intrínseca en el campo automotriz, donde estaba pasada de moda. Así que lo que ahora necesitamos es licuación biodegradable intrínseca en los elementos efímeros.

    Eva escuchaba sin entender nada, pero con la sensación de que estaba en pleno centro de un mundo intelectual que quedaba muy por encima del de Henry y sus amigos, que hablaban de nuevos cursos de graduados y de sus alumnos, tan tediosamente.

    —Nosotros tenemos un montón de estiércol al fondo del jardín -dijo, cuando comprendió al fin de qué estaban hablando-. Yo echo allí las mondas de las patatas y todas esas cosas.

    Gaskell alzó los ojos hacia el techo del camarote. Corrección: hacia el techo de cubierta.

    —Hablando de cachivaches -dijo Sally, recorriendo con mano cariñosa el trasero de Eva-, ¿cómo le irá a Henry con Judy?

    Eva se estremeció. Aún la torturaba la imagen de Henry y la muñeca tirados en el cuarto de baño.

    —No puedo entender lo que le pasó -dijo, y miró con desaprobación a Gaskell al verle reírse-. Quiero decir que, en fin, que no es un marido que me haya sido infiel ni nada parecido. Y hay muchos maridos que lo son. Patrick Mottram siempre anda yéndose por ahí a buscar aventuras con otras mujeres; y, en ese sentido, Henry ha sido muy bueno. Quizá sea un parado y con poco empuje; pero, desde luego, nadie puede acusarle de ser un trotacalles ni un mujeriego.
    —Oh claro, sí -intervino Gaskell-. Así que se ha conseguido su nidito sexual. Se me estremece el corazón pensando en él.
    —No entiendo por qué tienes que decir que le pasa algo raro porque sea fiel -dijo Eva.
    —G no quiere decir eso, ¿verdad, G? -dijo Sally-. Lo que quiere decir es que ha de haber auténtica libertad en un matrimonio. No tiene que haber dominio, ni celos, ni posesión. ¿Verdad, G?
    —Verdad -confirmó Gaskell.
    —La prueba del verdadero amor es cuando puedes ver a tu mujer haciéndolo con otro y seguir queriéndola -continuó Sally.
    —Yo no podría jamás ver a Henry… -dijo Eva-. jamás.
    —Entonces es que no le quieres. Estás insegura. No confías en él.
    —¿Confiar en él? -dijo Eva-. Si Henry se fuera a la cama con otra mujer, no entiendo cómo iba a poder confiar en él. Quiero decir que si es eso lo que él quiere hacer, ¿por qué se casó conmigo?
    —Esa -apuntó Gaskell- es la pregunta de sesenta y cuatro mil dólares.

    Y cogió el saco de dormir y salió a cubierta. Tras él, Eva se había puesto a llorar.

    —Vamos, vamos, Eva -dijo Sally, rodeándola con un brazo-. G sólo estaba bromeando, no lo decía en serio.
    —No se trata de eso -protestó Eva-. Es sólo que ya no entiendo nada. Todo es tan complicado…
    —Dios santo, tienes un aspecto horroroso -dijo Peter Braintree al ver a Wilt plantado a la puerta.
    —También me siento horrorosamente -dijo Wilt-. Es por la ginebra.
    —¿Quieres decir que Eva no ha vuelto? -preguntó Braintree, precediéndole pasillo adelante, hacia la cocina.
    —No estaba en casa cuando llegué, desde luego. Encontré sólo una nota que decía que se iba con los Pringsheim a pensar las cosas.
    —¿A pensar las cosas? ¿Eva? ¿Qué cosas?
    —Bueno… -empezó Wilt, y lo pensó mejor-. Ese asunto de Sally, supongo. Dice que jamás me lo perdonará.
    —Pero tú no hiciste nada con Sally. Eso fue lo que me dijiste.
    —Yo ya sé que no hice nada. Ahí está la cuestión. Si hubiera hecho lo que esa zorra ninfomaníaca quería, no existiría ahora todo este maldito problema.
    —No comprendo, Henry. En fin, si hubieras hecho lo que ella quería, Eva tendría motivo para protestar. No entiendo cómo puede enfadarse porque no lo hicieras.
    —Sally debe de haberle dicho que hice algo -dijo Wilt, decidido a no mencionar el incidente del baño con la muñeca.
    —¿Te refieres a lo del trabajo de boca que dijiste?
    —No sé a lo que me refiero. ¿Y qué quiere decir eso de trabajo de boca, en realidad?

    Peter Braintree parecía desconcertado.

    —No estoy demasiado seguro -dijo-. Pero, evidentemente, es algo que no quería que hiciera su marido. Si yo llegara a casa y le dijera a Betty que había hecho un trabajo de boca, sabe Dios lo que pensaría.
    —De cualquier modo, no era yo quien iba a hacerlo -dijo Wilt-. Era ella quien me lo iba a hacer a mí.
    —Quizá sea una mamada -apuntó Braintree, poniendo la tetera al fuego-. Al menos es lo que me parece que tiene que ser.
    —Pues a mí no me suena a que sea eso -dijo Wilt, con un escalofrío-. Tal como lo decía ella, parecía un ejercicio de raspado de pintura o algo así, con un soplete. Tendrías que haber visto la cara que puso al decirlo.

    Se sentó a la mesa de la cocina, abatido.

    Braintree le miraba con curiosidad.

    —Da la impresión de que hayas estado en la guerra -dijo.

    Wilt se miró los pantalones. Los tenía llenos de barro y tenía trozos de barro pegados a las rodillas.

    —Sí… bueno… es que tuve un pinchazo cuando venía hacia acá -explicó, sin convicción-. Tuve que cambiar la rueda y me arrodillé. Estaba un poco bebido.

    Peter Braintree gruñó dubitativo. No le parecía muy convincente. Estaba claro que el pobre Henry había empinado el codo un poquito.

    —Lávate en la fregadera si quieres.

    En aquel instante, entró en la cocina Betty Braintree.

    —No pude evitar oír lo que dijiste de Eva -dijo-. Perdona, Henry. Pero yo no me preocuparía demasiado. Volverá, ya lo verás.
    —Yo no estaría tan seguro -murmuró Wilt lúgubremente-. Y de todos modos, no estoy tan seguro de querer que vuelva.
    —Oh, vamos, Eva es muy buena -dijo Betty-. Tiene esos prontos, se entusiasma con cualquier cosa, pero no le dura mucho. Es que es así. Tiene ese carácter. Es tan fácil de engañar, es tan infeliz…
    —Creo que eso es precisamente lo que a Henry le preocupa -intervino Braintree-. Lo de que sea tan fácil de engañar.
    —Oh, vamos. Eva no es de esa clase de mujeres.

    Wilt se sentó también a la mesa y se puso a tomar el café.

    —Yo no pondría la mano en el fuego por ella, estando con la compañía que está -murmuró lúgubremente-. ¿Os acordáis de lo que ocurrió cuando tuvo aquella fase de dieta macrobiótica? El doctor Mannix me explicó que fue lo más parecido a un caso de escorbuto que había visto él desde el ferrocarril de Birmania. Y luego el episodio del trampolín. Fue a la clase aquella para mantenerse en forma y se compró aquel jodido trampolín. Bueno, ya sabéis que por culpa de aquel maldito artilugio, la señora Portway acabó en el hospital.
    —Ya me enteré de que hubo un accidente, pero Eva nunca me explicó concretamente lo sucedido -dijo Betty.
    —No me extraña. Fue un verdadero milagro que no la denunciaran -dijo Wilt-. Hizo salir a la señora Portway por el tejado del invernadero. Todo el jardín se llenó de cristales. Y encima, la señora Portway nunca había disfrutado de buena salud, así que…
    —¿No era aquella mujer que tenía artritis reumática?

    Wilt asintió lánguidamente.

    —Y las cicatrices en la cara como de un duelo -dijo-. Eso fue de nuestro invernadero, de los cristales.
    —La verdad es que un invernadero no es un buen lugar para instalar un trampolín, desde luego -confirmó Braintree-. Además no era un invernadero grande, ¿verdad?
    —Bueno, gracias a Dios tampoco era grande el trampolín -dijo Wilt-. Si no, la habría puesto en órbita.
    —En fin, todo eso lo único que demuestra es una cosa -dijo Betty, mirando el lado positivo de las cosas-. Que Eva puede hacer locuras, pero que rectifica en seguida, las supera en seguida.
    —La señora Portway no lo superó tan fácilmente -dijo Wilt, que no necesitaba que le confortasen-. Estuvo seis semanas en el hospital. Los injertos no prendieron. No ha vuelto desde entonces por nuestra casa.
    —Ya verás, Eva se hartará de esos Pringsheim en una o dos semanas. Sólo son una moda más.
    —Una moda con muchísimas ventajas, si he de serte sincero -dijo Wilt-. Dinero, posición social y promiscuidad sexual. Yo no puedo darle ninguna de esas cosas, y, además, todo adornado por un montón de palabrería intelectual sobre la liberación de las mujeres y la violencia y la intolerancia de la tolerancia y la revolución de los sexos y que no eres plenamente maduro si no eres ambidextro. Suficiente para vomitar. Y es precisamente el tipo de paparruchas que más encandilan a Eva. En fin, estoy seguro de que Eva sería capaz de comprar arenques podridos si algún payaso bien situado en la escala social le dijese que son una comida refinadísima. ¡No hay cosa más crédula y boba que ella!
    —Lo que pasa es que Eva tiene demasiada energía -dijo Betty-. Deberías convencerla para que cogiera un trabajo que la ocupara todo el día.
    —¿Un trabajo de todo el día? -dijo Wilt-. Ha tenido más trabajos de jornada completa que yo comidas calientes. En fin, la verdad es que eso no es decir mucho en estos tiempos. Lo único que tengo yo siempre es una cena fría y una nota diciendo que se ha ido a cerámica o a meditación trascendental o a alguna otra sandez por el estilo. Y, además, la idea que tiene Eva del trabajo es apoderarse de la fábrica. ¿Recordáis Potters, aquella empresa de ingeniería que quebró hace un par de años, después de una huelga? Bueno, pues si queréis saber la verdad, aquello fue culpa de Eva. Consiguió un trabajo con una empresa de asesoramiento para hacer un estudio de cronometraje u organización del trabajo y la mandaron a la fábrica esa y la noticia siguiente fue que los obreros iniciaron una huelga…

    Henry siguió hablando otra hora, hasta que los Braintree le dijeron que se quedara a pasar la noche. Wilt dijo que no.

    —Tengo cosas que hacer mañana por la mañana.
    —¿Qué cosas?
    —Pues mira, primero, dar de comer al perro.
    —Bah, siempre puedes acercarte en el coche y hacerlo. Clem no se va a morir de hambre por eso.

    Pero Wilt estaba demasiado sumergido en la lástima que sentía de sí mismo para dejarse convencer, y además estaba aún preocupado por aquella maldita muñeca. Quizá fuera conveniente acercarse de nuevo hasta allí e intentar sacarla de aquel agujero. Fue hasta casa en el coche y se echó a dormir en un amasijo de sábanas y mantas. No había hecho la cama por la mañana.

    —Pobre Henry -comentó Betty, cuando ella y Peter subieron al dormitorio-Tenía un aspecto horrible.
    —Dijo que había tenido un pinchazo y había tenido que cambiar la rueda.
    —No, no me refería a la ropa. Lo que me preocupa es su expresión, la cara que tenía. ¿No crees que está al borde de una crisis nerviosa?

    Peter Braintree movió la cabeza.

    —Tú tendrías la misma cara si tuvieras Instaladores de Gas Tres y Yeseros Dos todos los días de tu vida durante diez años y luego tu mujer se fugara de casa -le dijo.
    —¿Por qué no le dan algo mejor?
    —¿Por qué? Porque la escuela quiere convertirse en un politécnico y no hacen más que iniciar cursos nuevos y contratar gente con doctorados de filosofía para darlos; pero luego no se matriculan estudiantes y los amontonan con especialistas como el doctor Fitzpatrick, que sabe todo lo que hay que saber sobre el trabajo infantil que se hacía en cuatro fábricas de algodón de Manchester en 1837 y prácticamente nada más. Si se le pone al frente de una clase de aprendices es como desencadenar el infierno. Tal como están las cosas, yo tengo que ir a sus clases de nivel A una vez a la semana y decirles que se callen. Por otra parte, Henry parece muy manso, pero sabe cómo tratar a unos camorristas. Es demasiado bueno en su trabajo. Ese es su problema; y, además, no es un lameculos, y eso en la escuela es como el beso de la muerte. Si no lames culos, no vas a ninguna parte.
    —¿Sabes qué te digo? -dijo Betty-: que el dar clases en esa escuela te ha habituado a unas expresiones espantosas.
    —Ha introducido cambios horribles en mi visión del mundo, lo de las expresiones no tiene importancia -dijo Braintree-. Es suficiente para empujar a un hombre a la bebida.
    —Desde luego, en el caso de Henry parece haber sucedido exactamente eso. Olía que apestaba a ginebra.
    —Lo superará.

    Pero Wilt no lo superaba. Despertó por la mañana, con la sensación de que le faltaba algo, que no era precisamente Eva. Aquella maldita muñeca. Se quedó echado en la cama, intentando idear algún medio de recuperar aquel chisme antes de que llegaran los obreros a trabajar el lunes por la mañana, pero, aparte de verter una lata de gasolina por el agujero y prenderle fuego, que parecía, bien pensado, el mejor medio de atraer la atención hacia el hecho de que había metido en aquel agujero una muñeca de plástico vestida con la ropa de su mujer, no se le ocurría nada práctico. Tendría que confiar en la suerte.

    Cuando llegaron los periódicos del domingo, se levantó de la cama y bajó a leerlos mientras se tomaba sus cereales del desayuno. Luego, dio de comer al perro y deambuló por la casa en pijama, bajó a comer a la Ferry Path Inn, durmió por la tarde y vio la tele hasta que se terminó el programa. Luego hizo la cama y se acostó y pasó una noche inquieta, preguntándose dónde estaría Eva, qué estaría haciendo y por qué, puesto que había dedicado tantas horas infructuosas a especular sobre modos de librarse de ella criminalmente, estaría ahora tan preocupado por el hecho de que se hubiera ido por voluntad propia.

    “Quiero decir que si yo no quería que esto sucediese, ¿por qué tenía que andar ideando medios de matarla? -pensó, hacia las dos de la madrugada-. La gente cuerda no sale a pasear con un perro labrador y se dedica a elaborar planes para asesinar a su esposa cuando uno puede divorciarse tranquilamente de ella.” Era probable que hubiera alguna extraña razón psicológica que lo explicara. Al propio Wilt se le ocurrieron varias, más bien demasiadas, en realidad, para poder decidir cuál era la más probable. En cualquier caso, una explicación psicológica exigía un nivel de conocimiento del propio yo, que Wilt, que no estaba seguro ni mucho menos de tener un yo que conocer, creía que le estaba negado. Diez años de Yeseros Dos y de Exposición a la Barbarie le habían dado, al menos, penetración para saber que toda pregunta tenía una respuesta y que era igual que dieses la que dieses, siempre que la dieses convincentemente. En el siglo XIV habrían dicho que el diablo le ponía tales pensamientos en la cabeza; ahora, en el mundo posfreudiano, sería un complejo, o, para estar realmente al día, un desequilibrio químico. Cien años después, esgrimirían alguna explicación completamente distinta. Con la idea consoladora de que las verdades de una época eran los absurdos de otra, y que no importaba mucho lo que pensases siempre que hicieras lo que había que hacer, y según su punto de vista él lo hacía, Wilt se quedó al fin dormido.

    Al sonar el despertador a las siete se levantó y para las ocho y media ya había estacionado el coche en el aparcamiento de detrás de la escuela. Pasó caminando por delante del solar donde ya trabajaban los obreros. Luego subió a la sala de profesores y miró por la ventana. La tabla seguía en su sitio, tapando el agujero, pero ya no estaba allí la máquina perforadora, la habían retirado, ya habían acabado con ella, no había duda.

    A las nueve menos cinco, cogió veinticinco ejemplares de Shane del aparador y los llevó a Mecánica de Motor 3. Shane era el soporífero ideal. Mantendría tranquilos a aquellos animales, mientras él observaba sentado lo que pasaba allá abajo. El aula 593 del edificio de Ingeniería le proporcionaba una visión de tribuna central. Wilt repasó la lista y entregó ejemplares del libro y les explicó a los alumnos que debían leerlo. Lo dijo con bastante más vigor del habitual, incluso en un lunes por la mañana, y la clase se concentró en la tarea de considerar la situación de los colonos, mientras Wilt miraba por la ventana, absorto en un drama más inmediato.

    Había llegado a la obra un camión con un tambor giratorio lleno de hormigón líquido y retrocedía lentamente hacia la tabla de contrachapado. Se detuvo al fin y hubo una angustiosa espera mientras el conductor bajaba de la cabina y encendía un cigarrillo. Otro hombre, evidentemente el capataz, salió de un barracón de madera y se acercó hasta el camión y luego se reunió alrededor del agujero todo un grupo. Wilt se levantó de la mesa y se acercó a la ventana. ¿Por qué demonios no empezaban ya? Al fin, el conductor volvió a la cabina y los hombres retiraron la tabla de contrachapado. El capataz hizo una señal al conductor del camión. Se colocó en su sitio el tobogán del hormigón. Otra señal. El tambor comenzó a inclinarse. El hormigón salía ya. Wilt observó cómo empezaba a descender por el tobogán y justo en ese preciso momento, el encargado miró por el agujero. Lo mismo hicieron los otros obreros. Al instante siguiente, se desató el infierno. Hubo señales frenéticas y gritos del capataz. Wilt veía por la ventana las bocas abiertas y las gesticulaciones, pero el hormigón seguía cayendo. Wilt cerró los ojos con un escalofrío. Habían encontrado la maldita muñeca.

    Fuera, en la obra, reinaba una atmósfera preñada de incomprensión.

    —¿Pero qué pasa? Estoy vertiéndolo lo más deprisa que puedo -gritó el conductor del camión, interpretando mal las señas frenéticas del capataz.

    Tiró aún más de la palanca y el hormigón afluyó en mayor cantidad. Al instante siguiente, se dio cuenta de que había cometido algún error. El capataz forcejeaba en la puerta de la cabina, dando gritos.

    —Quieto, por amor de Dios, quieto -gritaba-. ¡Hay una mujer en el agujero!
    —¿Una qué? -dijo el conductor, parando el motor.
    —Una mujer, y mira lo que has hecho, demonios. Te dije que pararas. Te dije que dejaras de verter y tú seguiste. Le has echado encima veinte toneladas de hormigón líquido.

    El conductor bajó de la cabina y rodeó su vehículo y se acercó al tobogán, donde aún se deslizaban vacilantes hacia el agujero los últimos restos de hormigón.

    —¿Una mujer? -preguntó-. ¿Qué? ¿En ese agujero? ¿Y qué hace ahí abajo?

    El capataz le miró diabólicamente.

    —¿Que qué hace? -gritó-. ¿Qué crees tú que podría estar haciendo? ¿Qué puede estar haciendo si acabas de echarle encima veinte toneladas de hormigón líquido? Ahogándose, qué coño va a estar haciendo…

    El conductor se rascó la cabeza.

    —Bueno, yo es que no sabía que estaba allá abajo. ¿Cómo iba a saberlo? Tendrías que habérmelo dicho.
    —¿Habértelo dicho? -aulló el capataz-. Yo te lo dije. Te dije que pararas. Y no me hiciste caso.
    —Creí que querías que lo vertiese más de prisa. No podía oír lo que me decías.
    —Pues yo creo que cualquier otro habría podido oírlo -gritó el capataz.

    Desde luego, sí había podido Wilt, en el aula 593. Wilt que veía por el ventanal, con ojos desorbitados, cómo cundía el pánico. Mecánica de Motor Tres había perdido todo interés por Shane. Todos los alumnos se habían amontonado junto al ventanal, y estaban mirando.

    —¿Estás completamente seguro? -preguntó el conductor.
    —¿Seguro? Pues claro que estoy seguro -gritó el capataz-. Pregúntale a Barney.

    El otro obrero, que evidentemente era Barney, asintió.

    —Estaba allá abajo, sí, seguro. La vi perfectamente. Estaba toda encogida. Tenía una mano alzada y también las piernas alzadas…
    —Dios santo -exclamó el conductor, visiblemente horrorizado-. ¿Y qué vamos a hacer ahora?

    Era una cuestión que había estado inquietando a Wilt. Llamar a la policía, probablemente. El capataz confirmó su opinión.

    —Llamar a la policía, que venga una ambulancia, que vengan los bomberos con una bomba. Hay que conseguir una bomba, Dios santo.
    —Una bomba no sirve de nada -dijo el conductor-. Nunca conseguiríamos sacar ese hormigón de ahí con una bomba. Imposible. Además, daría lo mismo. Ya debe de estar muerta. Ha debido de morir aplastada. Con veinte toneladas encima… ¿Pero por qué no dijo nada?
    —¿Y de qué hubiera servido? -preguntó el capataz ásperamente-. Tú habrías seguido vertiendo igualmente.
    —Pero bueno, ¿y cómo demonios se metería ahí adentro? -dijo el conductor para cambiar de tema.
    —¿Cómo coño voy a saberlo? Debió de caerse…
    —Sí, y luego colocar encima la tabla de contrachapado para tapar bien el agujero… -dijo Barney, que tenía, claramente, una mentalidad práctica-. Ha sido asesinada.
    —Eso lo sabemos todos -gruñó el capataz-. Santo cielo, yo le dije que se detuviera, todos me oísteis. Todo el mundo en un kilómetro a la redonda debió de haberme oído, menos Chris. El no, él no, claro, él tenía que seguir…
    —La asesinaron antes de meterla en ese agujero -dijo Barney-. Si sólo se hubiera caído, esa tabla de contrachapado no estaría ahí tapando el agujero.

    El capataz se enjugó la cara con un pañuelo y contempló la tabla cuadrada.

    —Sí, claro, desde luego -murmuró-. Nadie puede decir que no tomáramos las precauciones adecuadas… Tienes razón. Debieron de asesinarla. ¡Oh, santo cielo!
    —Un crimen sexual, seguro -dijo Barney-. La violaron, y la estrangularon. Eso o la mujer de alguien. No olvidéis lo que os digo. Estaba toda apretujada. Y aquella mano… nunca olvidaré esa mano, ni aunque viva cien años.

    El capataz le miraba lívido. Parecía incapaz de expresar sus sentimientos. Lo mismo le pasaba a Wilt. Volvió a la mesa y se sentó con la cabeza entre las manos, mientras la clase miraba por el ventanal e intentaba enterarse de lo que se decía. Por fin, sonaron sirenas al oeste, cuyo sonido fue intensificándose. Llegó al fin un coche de la policía, irrumpieron en el aparcamiento cuatro vehículos de bomberos y a continuación una ambulancia. A medida que iban reuniéndose más y más hombres uniformados en torno a lo que había sido en tiempos un agujero en el suelo, se hizo evidente que meter allí abajo la muñeca había sido bastante más fácil de lo que resultaría sacarla.

    —Ese hormigón empieza a fraguar a los veinte minutos -explicó el conductor cuando se propuso por enésima vez utilizar una bomba.

    Un inspector de policía y el jefe de bomberos se asomaron al agujero.

    —¿Está usted seguro de que vio el cuerpo de una mujer allá abajo? -preguntó el inspector-. ¿Está usted completamente seguro de ello?
    —¿Seguro? -gruñó el capataz-. Pues claro que estoy seguro. No pensará usted que… Explícaselo, Barney. También él lo VIO.

    Barney se lo explicó al inspector aún más gráficamente de lo que lo había hecho antes.

    —Tenía el pelo así, sabe, y luego aquella mano estirada hacia arriba, como si estuviera pidiendo ayuda. Y aquellos dedos… Le aseguro que era algo horroroso. No parecía natural.
    —No, desde luego, no debía de parecerlo -dijo comprensivo el inspector-. ¿Y dice usted que había una tabla tapando el agujero cuando llegó usted por la mañana?

    El capataz gesticuló silencioso y Barney les mostró la tabla.

    —Si yo incluso estuve de pie sobre ella -corroboró-. Pues claro que estaba aquí, Dios santo, claro que sí.
    —El asunto es el siguiente: ¿cómo vamos a hacer para sacarla de ahí? -dijo el jefe de bomberos.

    Fue una cuestión que se le planteó al director de la empresa constructora cuando llegó al fin al escenario de los hechos.

    —Eso sabe Dios -dijo-. No hay ningún medio fácil de sacar ahora ese hormigón. Tendríamos que usar una perforadora para bajar hasta unos diez metros de profundidad.

    Una hora después, no se hallaban más próximos a una solución del problema. Cuando los de Mecánica de Motor se alejaron arrastrando los pies de aquella situación fascinante para acudir a Dibujo Técnico, Wilt recogió los ejemplares sin leer de Shane y se dirigió hacia la sala de profesores en un estado de conmoción absoluta. El único consuelo que se le ocurría era que tardarían al menos dos o tres días en excavar hasta llegar al fondo del agujero y descubrir que lo que tenía todas las apariencias de ser el cuerpo de una mujer asesinada era, en realidad, una muñeca hinchable. O lo había sido. Wilt más bien dudaba de que estuviera hinchada ya. Había habido algo horriblemente incontrolable en aquel hormigón líquido.

    —Ahora me lo dice. Primero estábamos en Frogwater Beach…
    —Reach -dijo Gaskell.
    —Bueno, lo que sea. Luego estamos en Fen Broad. ¿Dónde estamos ahora, santo Dios?
    —En un banco de lodo -informó Gaskell.


    8


    Había algo horriblemente incontrolable en el banco de lodo en el que había quedado encallado el yate. Para aumentar sus problemas, el motor se había estropeado. Gaskell decía que tenía rota la biela motriz.—¿Es grave eso? -preguntó Sally.

    —Significa sólo que tendrán que remolcarnos hasta un embarcadero.
    —¿Y quién va a remolcarnos?
    —Supongo que cualquier barco que pase -dijo Gaskell.

    Sally miró por la borda hacia los juncos.

    —¿Un barco que pase? -dijo-. Llevamos aquí toda la noche y la mitad de la mañana, y hasta ahora no ha pasado nadie; y si pasase, ni siquiera le veríamos con estos malditos juncos.
    —Creí que te gustaban mucho los juncos.
    —Eso era ayer -masculló Sally-. Hoy lo único que significan para mí es que resultamos invisibles para cualquiera que esté a más de quince metros de distancia. Y ahora has jodido el motor. Ya te dije que no lo forzaras tanto.
    —¿Cómo iba a saber yo que se le iba a romper una biela? -protestó Gaskell-. Yo lo único que intentaba era salir de este banco de lodo. Explícame cómo voy a poder salir de aquí sin forzar un poco el motor.
    —Podías haberte bajado a empujar.

    Gaskell atisbó por la borda.

    —Sí, claro, podría haberme bajado y haberme ahogado -dijo.
    —Así el barco tendría menos peso -dijo Sally-. Hemos de hacer sacrificios todos y, además, tú dijiste que nos arrastraría la marea.
    —Sí, claro, pero me equivoqué. No hay más que agua dulce por esta parte. La marea no llega tan lejos.

    Eva trajinaba por el camarote. No había mucho espacio para trajinar, pero el que había lo utilizaba concienzudamente. Hizo las literas y guardó la ropa de cama en los cajones que había debajo y ahuecó los cojines y vació los ceniceros. Barrió el suelo, limpió la mesa y los cristales de las ventanas y quitó el polvo de las estanterías y, en términos generales, lo dejó todo lo más limpio y ordenado posible. Y mientras tanto, tenía las ideas cada vez más confusas y desordenadas, de forma que cuando terminó y todos los objetos visibles estaban en su lugar correspondiente y todo el camarote convenientemente aseado y ordenado, ella estaba absolutamente confusa y vacilante y dubitativa respecto a casi todo.

    Los Pringsheim eran muy refinados y muy ricos y muy intelectuales, y decían cosas inteligentes constantemente; pero siempre andaban peleándose y atacándose por cualquier cosa y, a decir verdad, eran gente muy poco práctica, y no sabían ni una palabra de higiene. Gaskell iba al lavabo y después no se lavaba las manos. Y sólo Dios sabía cuándo se habría afeitado por última vez. Y aquello de que dejaran la casa de Rossiter Grove sin limpiar ni recoger nada después de la fiesta…; cómo había quedado aquel salón, todo lleno de vasos y copas. Esto a Eva le había impresionado mucho. Ella jamás había dejado su casa así, tan revuelta. Se lo había dicho a Sally, pero Sally había contestado cómo podía ser tan poco espontánea; y que, de todos modos, era una casa que alquilaban por el verano, y que era típico de un sistema social dominado por el varón esperar que una mujer estableciese una relación contractual basada en la servidumbre doméstica femenina. Eva intentó seguir sus razonamientos y se quedó sintiéndose culpable porque no podía y porque era, evidentemente, una cosa hortera y poco intelectual enorgullecerse del trabajo doméstico y de la casa y ella incurría en ambos fallos.

    Y luego, estaba aquello que Henry había hecho con aquella muñeca. Era tan impropio de Henry hacer algo semejante… que cuanto más lo pensaba más impropio de él le parecía. Tenía que estar borracho, pero aun así… ¿Cómo es que estaba desnudo? ¿Y dónde habría encontrado aquella muñeca? Se lo había preguntado a Sally y se había quedado horrorizada al enterarse de que a Gaskell le enloquecía el plástico y que sencillamente le encantaba jugar con Judy y que los hombres eran así; y, en fin, las únicas relaciones significativas eran las que se establecían entre mujeres, porque las mujeres no necesitaban demostrar su virilidad mediante un acto abierto de violencia extrasexual, ¿verdad? Para entonces, Eva ya estaba perdida en un laberinto de palabras que no entendía pero que le parecían importantes; y, en fin, a continuación habían tenido otra sesión de Terapia Táctil.

    Y esa era otra cosa respecto a la que Eva no sabía muy bien qué pensar, lo de la Terapia Táctil. Sally había dicho que aún se sentía inhibida y que estar inhibida era indicio de inmadurez sensitiva y emotiva. Eva luchaba con sus sentimientos contradictorios respecto a la cuestión. Por una parte, no quería ser inmadura emotiva y sensitivamente, y si la repugnancia que sentía al entregarse desnuda en brazos de otra mujer era algo que había que dominar, y según el punto de vista de Eva cuanto peor sabía una medicina más seguro era que fuera eficaz, no había duda, pues, de que tenía que mejorar a toda marcha su norma de conducta psicosexual. Por otra parte, no estaba en modo alguno convencida de que la Terapia Táctil fuera del todo buena. Tenía que aplicar una cuantía considerable de fuerza de voluntad para superar las objeciones que hacia ella sentía, y aun así había un fondo de duda respecto a que fuese verdaderamente propio y adecuado el dejarse tocar de un modo tan sensitivo. Era todo muy desconcertante, y para remate estaba tomando la pastilla. Había puesto firmes objeciones y había indicado que Henry y ella siempre habían querido tener niños y que no habían podido tenerlos, pero Sally había insistido.

    —Nena Eva -le había dicho-, con Gaskell una no sabe nunca. A veces, se pasa meses sin molestarse en hacer nada y luego, zas, de pronto se dispara. Y entonces, no discrimina absolutamente en ningún sentido.
    —Pero tú me dijiste, creo, que teníais una relación muy buena entre vosotros -dijo Eva.
    —Oh sí, claro, pero de Pascuas a Ramos. Los científicos subliman. Y G no vive más que para el plástico. Y no estaría bien que volvieras con Henry llevando en tu óvulo genes de G, ¿no crees?
    —Claro que no -dijo Eva, horrorizada ante la idea, y decidió tomar la pastilla después del desayuno, antes de pasar a la cocina a fregar los platos.

    Era todo tan distinto de la meditación trascendental y de la cerámica…

    En cubierta, Sally y GaskeIl seguían peleándose.

    —¿Qué demonios estás haciéndole a la globos esa sin cerebro? -preguntó Gaskell.
    —TT, Terapia Táctil, Contacto Corporal, Liberación Táctil -dijo Sally-. Padece de carencia sensual.
    —Padece también de carencia mental. He conocido muchas personas tontas en mi vida, pero ésta se lleva la palma. Me refería en concreto a esas píldoras que toma con el desayuno.

    Sally sonrió.

    —Ah, esas píldoras -dijo.
    —Sí, esas. ¿Estás reventándole el poco cerebro que tiene o algo por el estilo? -preguntó Gaskell-. Ya hemos tenido bastantes problemas sin necesidad de que Moby Dick haga un viaje.
    —Son anticonceptivos orales, nene, la vieja y simple píldora de siempre.
    —¿Anticonceptivos orales? ¿Y para qué demonios? Yo no sería capaz de tocarla ni con una varilla estimuladora esterilizada.
    —Gaskell, querido, qué ingenuo eres. Por autenticidad, por pura autenticidad. Hace mi relación con ella mucho más real, ¿entiendes? Es como ponerle un condón a un consolador.

    Gaskell la miró boquiabierto.

    —Dios mío, no querrás decir que…
    —Todavía no, John Silver el Largo[2], aún está en el saco; pero uno de estos días, cuando esté un poco más emancipada… -sonrió lánguidamente, mirando a los juncos-. Quizá no venga nada mal el que estemos aquí encallados. Nos proporciona tiempo, un tiempo muy oportuno y tú, mientras, puedes mirar a tus patos…—Aves zancudas -corrigió Gaskell-, y nos van a cobrar una factura increíble, además, en el Marina si no devolvemos el barco a tiempo.
    —¿Factura? -dijo Sally-. Tú estás loco. ¿No creerás que vamos a pagar por este cascarón?
    —Pero tú lo alquilaste en el embarcadero. Bueno, no irás a decirme que sencillamente lo cogiste -dijo Gaskell-. ¡Eso sería robo, demonios!

    Sally soltó una carcajada.

    —Sinceramente, G, eres tan moralista… quiero decir, tan incoherente. Robas libros en la biblioteca y productos químicos del laboratorio; pero cuando se trata de barcos te pones a dar voces.
    —Lo de los libros es distinto -dijo ardorosamente Gaskell.
    —Sí -dijo Sally-. Por los libros no se va a la cárcel. Esa es la diferencia. Pero si quieres pensar que robé el barco, allá tú, piénsalo.

    Gaskell sacó un pañuelo y se limpió las gafas.

    —¿Quieres decir que no lo robaste? -preguntó al fin.
    —Lo tomé prestado.
    —¿Prestado? ¿A quién se lo tomaste prestado?
    —Schei.
    —¿Scheimacher?
    —Eso es. Dijo que podíamos cogerlo siempre que quisiéramos. Así que lo hemos cogido.
    —¿Y él lo sabe?

    Sally lanzó un suspiro.

    —Mira, él está en la India, ¿no? Preparando esperma al curry… ¿qué más da que lo sepa o no? Cuando vuelva, nosotros estaremos en la Tierra de los Libres[3]—Mierda -dijo cansinamente Gaskell-. El día menos pensado nos vas a meter en un lío…
    —Querido Gaskell, a veces me aburres con tanta preocupación.
    —Déjame decirte algo. Tú me aburres a mí con tu maldita actitud hacia la propiedad ajena.
    —La propiedad es un robo.
    —Oh, sí, claro. A ver si convences de eso a la policía cuando te agarre. En este país, a la policía no le entusiasma precisamente el robo.

    A la policía no le entusiasmaba tampoco demasiado el cuerpo bien nutrido de una mujer aparentemente asesinada y enterrada a diez metros bajo veinte toneladas de hormigón de fraguado rápido. Lo de bien nutrido lo había aportado Barney.

    —Tenía los pechos muy grandes, además -explicó, en la séptima versión de lo que había visto-. Y luego la mano, así, levantada…
    —Sí, eso de la mano lo sabemos muy bien ya -dijo el inspector Flint-. Ya hemos hablado antes de todo eso. Pero esta es la primera vez que menciona usted lo de los pechos.
    —Es que lo que más me chocó fue lo de la mano -dijo Barney-. Quiero decir que en una situación como esa uno no piensa en los pechos.

    El inspector se volvió al capataz.

    —¿Se fijó usted en los pechos de la difunta? -inquirió.

    Pero el capataz se limitó a mover la cabeza. Ya no podía hablar.

    —Así que tenemos una mujer bien alimentada… ¿qué edad le echaría usted?

    Barney se rascó la barbilla meditabundo.

    —Vieja no era -dijo al fin-. Desde luego que no, vieja no.
    —¿Veintitantos?
    —Pudiera ser.
    —¿Treinta y tantos?

    Barney se encogió de hombros. Había algo que estaba intentando recordar. Algo que le había parecido raro en el momento.

    —Pero cuarenta y tantos no, ¿verdad?
    —No -dijo Barney-. Más joven.

    Lo dijo con cierta vacilación.

    —No es que concrete usted mucho -dijo el inspector Flint.
    —Es que no puedo evitarlo -dijo quejumbrosamente Barney-. Cuando ves a una mujer allí metida en aquel agujero, con el hormigón cayéndole encima, no le preguntas la edad.
    —Claro, claro. Ya comprendo, pero si pudiera usted recordar. ¿Había algo raro… en ella…?
    —¿Raro? Bueno, estaba aquella mano que…

    El inspector Flint suspiró.

    —Quiero decir algo fuera de lo normal en su apariencia. El pelo, por ejemplo. ¿De qué color era?

    Barney recordó al fin.

    —Sabía que había algo -dijo, triunfal-. El pelo. Lo tenía todo torcido.
    —Bueno, es natural, ¿no? Una mujer a la que tiran por un agujero de nueve metros de profundidad, es lógico que se despeine y que se le revuelva el pelo.
    —No, no es eso. Es que el pelo estaba como torcido y aplanado. Como si le hubieran pegado.
    —Probablemente le hubieran pegado. Si es verdad lo que dice usted de que la tabla estaba colocada en su sitio, no cabe duda de que no se metió allá abajo por voluntad propia. Pero aun así, ¿sigue sin poder darnos usted una indicación concreta de su edad?
    —Bueno -dijo Barney-, partes de ella parecían jóvenes y partes no. Eso es lo único que puedo decirle.
    —¿Qué partes? -preguntó el inspector, esperando que Barney no empezara de nuevo con lo de la mano.
    —Bueno, las piernas no correspondían exactamente a las tetas, no sé si me entiende -el inspector Flint no le entendía-. Eran como muy flacas, digamos, y estaban así como torcidas para arriba.
    —¿Pero cuáles? ¿Las piernas o las tetas?
    —Las tetas, por supuesto -dijo Barney-. Ya le he dicho que tenía unas tetas así muy vistosas, grandotas…
    —Estamos considerando este caso como un asesinato -explicó el inspector Flint al director diez minutos después.

    El director estaba sentado a su mesa-escritorio y pensaba desesperadamente en la publicidad adversa.

    —¿Están ustedes completamente seguros de que no podría ser un accidente?
    —Los indicios, hasta el momento, no sugieren, desde luego, muerte accidental -dijo el inspector-. Pero sólo estaremos absolutamente seguros de ese punto cuando consigamos sacar el cadáver y me temo que eso llevará bastante tiempo.
    —¿Bastante tiempo? -se sobresaltó el director-. ¿Quiere decir usted que no podrán sacarlo esta mañana?

    El inspector Flint movió la cabeza.

    —Completamente descartado, caballero -dijo-. Estamos considerando dos métodos para llegar al cadáver y ambos llevarán varios días. Uno es perforar el hormigón y el otro es practicar otro pozo junto al original e intentar llegar por un lado.
    —Dios santo -dijo el director, mirando al calendario-. Pero eso significa que estarán ustedes ahí excavando durante varios días.
    —Me temo que no se podrá evitar. El que la metió ahí hizo un buen trabajo, desde luego. De todos modos, procuraremos molestar lo menos posible.

    El director podía ver desde la ventana cuatro coches de policía, un camión de bomberos y un furgón azul muy grande.

    —Esto es verdaderamente una desgracia -murmuró.
    —El asesinato siempre lo es -dijo el inspector, levantándose-. Por su propia naturaleza. De momento, lo que haremos será clausurar el lugar y, por supuesto, le agradeceremos su colaboración.
    —Pida usted lo que necesite -dijo el director, con un suspiro.

    En la sala de profesores, la presencia de tantos hombres uniformados atisbando por uno de los agujeros de los pilares de la obra provocaba reacciones contradictorias. Lo mismo la docena de policías que andaban peinando los alrededores, parándose de cuando en cuando a recoger cosas y a guardarlas meticulosamente en sobres. Pero lo que constituyó el remate definitivo de todo lo anterior fue la llegada de un vehículo tipo caravana azul oscuro.

    —Ese es el vehículo de la brigada móvil de lo criminal -explicó Peter Fenwick-. Al parecer, un loco enterró a una mujer en el agujero de uno de los pilares.

    La Nueva Izquierda, que había estado reunida en un rincón analizando las probables implicaciones de la presencia de tantos cerdos fascistas paramilitares, lanzó un suspiro quejumbroso, pero continuó expresando sus dudas.

    —Lo digo en serio -dijo Fenwick-. Le pregunté a uno de ellos qué estaban haciendo. Creí que se trataba de una amenaza de bomba o algo por el estilo.

    El doctor Cox, jefe del Departamento de Ciencias, lo confirmó. Su despacho daba directamente sobre el agujero.

    —Es un espectáculo horroroso -murmuró-. Cada vez que alzo la vista no hago más que pensar en lo que debe de haber sufrido esa pobre mujer.
    —¿Y qué será eso que están metiendo en los sobres? -preguntó el doctor Mayfield.
    —Pistas -dijo el doctor Board, con evidente satisfacción-. Cabellos. Trozos de piel, manchas de sangre. Los triviales detritus rutinarios del crimen violento.

    El doctor Cox salió apresuradamente de la estancia y el doctor Mayfield parecía nervioso.

    —Qué repugnante -dijo-. ¿No es posible que hayan cometido un error? Quiero decir, ¿por qué iba a querer nadie asesinar aquí a una mujer?

    El doctor Board bebió un sorbo de café‚ y le miró melancólico.

    —Pues se me ocurren numerosas razones -dijo, muy satisfecho-. Hay por lo menos una docena de mujeres en mi clase nocturna a las que yo mataría muy contento a puñetazos y luego las tiraría por un agujero. Sylvia Swansbeck, por ejemplo.
    —El que lo hizo debía de saber que iban a verter el hormigón hoy -dijo Fenwick-. A mí me parece que lo ha hecho alguien de dentro.
    —Puede que haya sido uno de nuestros alumnos de menos conciencia social -sugirió el doctor Board-, no creo que hayan tenido tiempo de comprobar si falta alguien entre el personal.
    —Lo más probable es que se compruebe que no tiene nada que ver con la escuela -dijo el doctor Mayfield-. Eso ha debido de ser algún loco…
    —Bueno, un momento, lo cortés no quita lo valiente -interrumpió el doctor Board-. No cabe duda de que hubo un elemento de premeditación. El asesino, fuese quien fuese… lo planeó todo con mucha meticulosidad. Lo que yo no entiendo es por qué no le echó tierra encima a esa desdichada mujer para que no pudieran verla. Es probable que lo intentase y que alguien apareciera antes de que le diese tiempo a terminar de hacerlo. Uno de esos pequeños accidentes del destino.

    Wilt estaba sentado en un rincón de la sala de profesores, dando sorbos de café, consciente de que era el único que no miraba por la ventana. ¿Qué diablos iba a hacer? Lo más razonable sería acudir a la policía y explicar que había intentado librarse de una muñeca hinchable que le habían dado. Pero, ¿quién iba a creerle? ¿Si no había pasado más que eso, por qué la había vestido y le había puesto una peluca? ¿Y por qué la había dejado hinchada? ¿Por qué no se había limitado a tirarla sin más? Estaba sopesando los pros y los contras del asunto cuando el jefe del departamento de ingeniería entró y comunicó a todos que la policía se proponía practicar otro agujero junto al primero en vez de perforar el hormigón.

    —Es muy probable que consigan ver trozos de ella saliendo por un lado -explicó-. Al parecer, tenía un brazo alzado así en el aire, y al caerle todo ese hormigón encima es muy probable que ese brazo se haya aplastado contra un lado del agujero. Es un procedimiento mucho más rápido.
    —He de decir que no entiendo qué necesidad hay de tanta prisa -dijo el doctor Board-. Yo creía que quedaría muy bien conservada en todo ese hormigón. Como momificada, en fin.

    Wilt más bien lo dudaba, allí en su rincón. Con veinte toneladas de hormigón encima, hasta Judy, que había sido una muñeca extremadamente testaruda, era poco probable que hubiera soportado la presión. No cabía duda alguna de que habría estallado y, en tal caso, la policía no encontraría más que el brazo de plástico vacío de una muñeca. Difícilmente se molestarían en extraer una muñeca de plástico reventada.

    —Y otra cosa -continuó el jefe del departamento de ingeniería-. Si el brazo sobresale, podrán tomarle las huellas dactilares.

    Wilt sonrió. Eso era algo que no iban a encontrarle a Judy, huellas dactilares. Terminó el café más animado y salió a dar Secretarias de Primera. Las encontró ávidas de noticias del asesinato.

    —¿Cree usted que fue un asesinato sexual? -le preguntó una rubita pequeña de primera fila a Wilt cuando éste les entregaba ejemplares de Esta isla ahora.

    Había descubierto que el capítulo sobre los problemas de la adolescencia resultaba muy sugerente para las secretarias de primera. Trataba del sexo y la violencia y estaba doce años atrasado, pero así era como estaban también, en realidad, las secretarias de primera. Aquel día no había ninguna necesidad del libro.

    —Yo no creo que haya sido un asesinato -dijo Wilt, ocupando su lugar en la mesa.
    —Oh, pues claro que sí. Vieron el cuerpo de una mujer allí abajo -insistió la rubita.
    —Bueno, ellos creyeron ver all abajo algo que parecía un cuerpo -dijo Wilt-. Eso no significa que lo fuese. Muchas veces la imaginación engaña a las personas.
    —Pues la policía no piensa eso -dijo una chica alta, cuyo padre era algo del ayuntamiento-. Tienen que estar seguros para tomarse tantas molestias. Hubo un asesinato en nuestro campo de golf y lo único que encontraron fue trocitos del cadáver recortados, que los habían tirado en el obstáculo de agua del hoyo quince. Llevaban allí seis meses. A alguien se le escapó la pelota en un ángulo desviado y fue a parar a aquella charca. Lo primero que sacaron fue un pie. Estaba todo fofo y verde…

    Una chica muy pálida de Wilstanton se desmayó en la tercera fila. Cuando Wilt consiguió hacerla volver en sí para llevarla a la enfermería, la clase había pasado a abordar el asunto de Crippen, Haigh y Christie[4]. Cuando Wilt regresó, las encontró hablando de baños de ácido.—Y lo único que encontraron de ella fue la dentadura postiza y cálculos biliares.

    —Usted parece saber muchísimo de asesinatos -le dijo Wilt a la chica alta.
    —Es que papá juega al bridge con el jefe de policía. Viene a cenar y nos cuenta unas historias estupendas. Dice que deberían reimplantar la horca.
    —Estoy seguro de que lo dice, sí -comentó hoscamente Wilt.

    Era típico de las secretarias de primera que conociesen a jefes de policía partidarios del restablecimiento de la pena de muerte. Toda su conversación giraba en torno a papá y mamá y los caballos.

    —En realidad, la horca no duele -dijo la chica alta- Sir Frank dice que un buen verdugo puede sacar a un hombre de la celda de condenados y dejarle en la trampilla de la horca con la cuerda al cuello y tirar de la palanca en veinte segundos.
    —¿Y por qué limitar el privilegio a los hombres? -preguntó Wilt con amargura.

    La clase le contempló con ojos de reproche.

    —La última mujer a la que ahorcaron fue Ruth Ellis -dijo la rubia de la primera fila.
    —Pero con las mujeres es diferente -apuntó la chica alta.
    —¿Por qué? -preguntó imprudentemente Wilt.
    —Bueno, es más lento.
    —¿Más lento?
    —A la señora Thompson tuvieron que atarla a una silla -aportó voluntariamente la rubia-. Se comportó de una forma horrorosa.
    —He de decir que sus juicios me parecen extraños -dijo Wilt-. No hay duda de que el comportamiento de una mujer que asesina a su marido es horroroso. Pero el hecho de que luche y se defienda cuando van a ejecutarla no me parece horroroso ni mucho menos. Yo creo que…
    —No es sólo eso -interrumpió la chica alta, que no estaba dispuesta a dejar que la desviaran del asunto.
    —¿Qué es entonces? -dijo Wilt.
    —Es que con las mujeres es más lento. Tienen que ponerles bragas impermeables.

    Wilt la miró con repugnancia.

    —¿El qué Impermeables? -preguntó, sin pensarlo.
    —Bragas impermeables -dijo la chica alta.
    —Dios santo -exclamó Wilt.
    —Es que cuando llegan al final de la cuerda, se les salen los intestinos -prosiguió la chica alta, administrando el golpe de gracia.

    Wilt la miró estrábico y salió tambaleante del aula.

    —¿Pero qué le pasa? -preguntó la chica-. Ni que hubiese dicho yo una animalada.

    Ya en el pasillo, Wilt se apoyó en la pared. Estaba mareado, sentía náuseas. Aquellas malditas chicas eran peores que los instaladores de gas. Por lo menos, los instaladores de gas no entraban en detalles anatómicos tan desagradables; y, además, las secretarias procedían todas de familias teóricamente respetables. Cuando se sintió lo bastante repuesto para enfrentarse de nuevo a ellas, había transcurrido ya la hora. Wilt regresó bovinamente al aula y recogió los libros.

    —¿El nombre de Wilt significa algo para usted? Henry Wilt -preguntó el inspector.
    —¿Wilt? -dijo el subdirector, al que habían encomendado la tarea de tratar con la policía, mientras el director dedicaba su tiempo más provechosamente a intentar paliar la publicidad adversa generada por todo aquel inoportuno asunto-. Sí, claro. Es uno de nuestros profesores de Humanidades. ¿Por qué? ¿Hay…?
    —Si no tiene usted inconveniente, caballero, me gustaría hablar un momento con él. En privado.
    —Pero Wilt es un hombre completamente inofensivo -dijo el subdirector-. Estoy seguro de que no podría ayudarle a usted en nada.
    —Quizá no; pero de todos modos…
    —No pretenderá usted sugerir que Henry Wilt tenga nada que ver con… -el subdirector se interrumpió y examinó la expresión del inspector. Era amenazadoramente neutra.
    —Preferiría no entrar en detalles -dijo el inspector Flint-. Y es mejor que no hagamos juicios precipitados.

    El subdirector descolgó el teléfono.

    —¿Quiere usted que él vaya… hasta esa… furgoneta? -preguntó.

    El inspector Flint meneó la cabeza.

    —Nos gusta pasar desapercibidos en la medida de lo posible. Si pudiese disponer de un despacho vacío.
    —Hay uno en la puerta de al lado. Puede utilizarlo.

    Wilt estaba comiendo en la cantina con Peter Braintree cuando bajó la secretaria del subdirector con un recado.

    —¿No puede esperar? -preguntó Wilt.
    —Dijo que era urgentísimo.
    —Probablemente habrá llegado ya tu ascenso -dijo alegremente Braintree. Wilt tragó lo que le quedaba de su segundo plato y se levantó.
    —Lo dudo -dijo.

    Salió melancólicamente de la cantina y subió la escalera. Tenía la horrible sospecha de que no era para un ascenso precisamente para lo que quería verle el subdirector.

    —Bueno, señor -comenzó el inspector una vez que estuvieron sentados en el despacho-, me llamo Flint, inspector Flint, DIC, y usted es el señor Wilt, ¿no? Señor Henry Wilt…
    —Sí -dijo Wilt.
    —Bueno, señor Wilt, como quizás haya deducido usted, estamos investigando el posible asesinato de una mujer cuyo cadáver se cree que fue depositado en el fondo de uno de los agujeros de los cimientos del nuevo edificio. Supongo que está enterado usted del asunto. -Wilt asintió-. Y nos interesa todo lo que pueda ayudarnos. ¿Tendría la bondad de examinar estas notas?

    Y le entregó a Wilt un papel. Estaba encabezado con este título: «Notas sobre la violencia y la disolución de la vida familiar», y debajo había una serie de apartados.


    1. Creciente uso de la violencia en la vida pública para alcanzar fines políticos.

    a. Atentados; b. Asaltos; c. Raptos; d. Asesinatos.

    2. Ineficacia de los métodos policiales para combatir la violencia.

    a.Enfoque negativo. La policía sólo puede combatir el delito después de que se ha producido.

    b.Utilización de la violencia por la propia policía.

    c.Bajo nivel de inteligencia del policía medio.

    d. Creciente uso de métodos perfeccionados como tácticas desviatorias por parte de los delincuentes.

    3. Influencia de los medios de información. La televisión introduce en el hogar técnicas del crimen.


    Había más. Mucho más. Wilt examinó la lista con una sensación de condena irremediable.

    —¿Reconoce usted la letra? -preguntó el inspector.
    —La reconozco -confirmó Wilt lacónicamente, adoptando, un poco prematuramente un tono de inculpado.
    —¿Admite que escribió usted estas notas?

    El inspector estiró la mano y las cogió otra vez.

    —Sí.
    —¿Expresan su opinión sobre los métodos policiales?

    Wilt se dominó.

    —Son apuntes que hice para una conferencia que tenía que dar a los aprendices de bomberos del curso de emparedamiento -explicó-. Eran sólo notas preliminares. Hay que ampliarlas, claro…
    —¿Pero no niega usted que las escribió?
    —Por supuesto que no. Acabo de decirle que las escribí yo, ¿no?

    El inspector asintió y cogió un libro.

    —¿Y esto es suyo también?

    Wilt contempló un ejemplar de Bleak House.

    —Ahí lo dice, ¿no?

    El inspector abrió el libro.

    —Lo dice, sí -dijo aparentando asombro-, lo dice.

    Wilt le miró fijamente. No tenía objeto fingir más. Lo mejor era ir rápidamente al grano. Habían encontrado aquel maldito libro en el cesto de la bicicleta y las notas debían de habérsele caído del bolsillo en la obra.

    —Mire, inspector -dijo-, puedo explicárselo todo. En realidad es muy simple. Yo entré en esa obra…

    El inspector se levantó.

    —Señor Wilt, si está usted dispuesto a hacer una declaración, creo que debo advertirle que…

    Wilt bajó hasta el cuartel general de la brigada de homicidios e hizo una declaración en presencia de la estenógrafa de la policía. Su traslado al furgón azul y el hecho de que no saliera de nuevo fueron advertidos con interés por miembros del personal docente que estaban dando clases en el bloque de ciencias, por los estudiantes que estaban en la cantina y por veinticinco profesores colegas suyos, desde los ventanales de la Sala de Profesores.


    9


    —Maldito trasto -dijo Gaskell, arrodillándose, pringándose, junto al motor del yate-, yo creí que hasta en esta monarquía pretecnológica sabrían montar un motor decente. Este cacharro debió de servir para el Arca de Noé.—Arca, arca barca de la parca -dijo Sally-, que decapita la bufonada de la cabeza coronada. Eva es una reginófila.

    —¿Una qué?
    —Reginófila. Monárquica. No lo olvides. Ella es la Abeja Reina, así que no seas antibritánico. No queremos que deje de trabajar lo mismo que el motor. Quizá no sea la biela.
    —Si pudiese desmontar esto podría decírtelo -dijo Gaskell.
    —¿Y eso de qué valdría? ¿Te proporcionaría otra? -dijo Sally, y entró en el camarote donde Eva se preguntaba qué irían a hacer para cenar-. El marinerito aún sigue trajinando con el motor. Dice que es la biela de conexión.
    —¿La biela de conexión? -repitió Eva.
    —La que conecta, nena, sí.
    —¿Pero qué conecta?
    —El hueso del muslo se conecta con el hueso de la rodilla, biela de conexión se conecta con el pistón y como todo el mundo sabe el pistón es un símbolo fálico. El sustituto del sexo para el macho mecanizado. El Síndrome del Motor Fuera Borda. Sólo que éste lo tiene dentro, no le cuelgan los huevos por fuera. De veras, Gaskell es tan regresivo…
    —Yo no sé, desde luego -dijo Eva.

    Sally se echó en la litera y encendió un puro.

    —Eso es lo que me encanta de ti, Eva. Tú no sabes. La ignorancia es una bendición, nena. Yo perdí la mía a los catorce años.

    Eva meneó la cabeza.

    —Ay los hombres -exclamó desaprobatoriamente.
    —Tenía edad para ser mi abuelo -dijo Sally-. Bueno, era mi abuelo.
    —Oh, no. Qué horror.
    —En realidad no lo era -dijo Sally riéndose-. Era un pintor. Con barba. Y la bata le olía a pintura y tenía aquel estudio y quiso pintarme desnuda. Yo era tan pura entonces… Me hizo echarme en el sofá y me colocaba las piernas. No hacía más que colocarme las piernas y luego retrocedía y se quedaba mirándome y me pintaba. Y luego un día cuando yo estaba allí tumbada él se me echó encima y me dobló las piernas hacia atrás y me besó y luego cuando me di cuenta se me había puesto encima y tenía la bata alzada…

    Eva escuchaba fascinada. Podía visualizarlo con toda claridad, hasta el olor a pintura del estudio y los pinceles. Sally había vivido una vida tan emocionante, tan llena de acontecimientos y tan romántica, de un modo terrible, en cierta forma. Eva intentó recordar cómo era ella a los catorce años y recordó que ni siquiera salía con chicos por entonces, y allí estaba Sally en el sofá de un artista famoso, en su estudio.

    —Pero fue una violación -dijo por fin-. ¿Por qué no se lo dijiste a la policía?
    —¿La policía? No comprendes. Yo estaba en aquel colegio tan selecto. Me habrían mandado a casa. Era un colegio progresista y todo eso pero yo no podía salir del internado, ir a que me pintara un artista y mis padres nunca me lo habrían perdonado. Eran tan estrictos…

    Sally suspiró, abrumada por los rigores de aquella infancia suya totalmente ficticia.

    —Supongo que ahora podrás entender -continuó luego- por qué tengo tanto miedo a que los hombres me hagan daño. Cuando has sido violada sabes muy bien lo que significa la agresión fálica.
    —Supongo que sí -dijo Eva, con ciertas dudas respecto a lo que pudiese significar aquello de la agresión fálica.
    —Ves el mundo de otra manera, además. Como dice G, nada es bueno y nada es malo. Las cosas son, sencillamente.
    —Yo fui una vez a una conferencia sobre budismo -observó Eva- y eso fue precisamente lo que dijo el señor Podgett. Dijo…
    —El zen es una cosa absurda. Es como estarse sentado esperando. Una cosa pasiva. Tienes que hacer que las cosas ocurran. Si te pasas la vida sentada esperando, cuando te das cuenta estás ya muerta. Te han pisoteado. Tienes que procurar que las cosas vayan como quieres tú y no a gusto de los demás.
    —Eso es ser muy poco sociable -dijo Eva-. Quiero decir que si sólo hiciésemos siempre lo que queremos no sería muy agradable para los demás.
    —Los demás son el infierno -dijo Sally-. Eso dijo Sartre y él debía de saberlo. Hacer lo que quieres es bueno y no hay que plantearse más rollos morales. Como dice G, el paradigma son las ratas. ¿Crees tú que las ratas andan preguntándose lo que es bueno para los demás?
    —Pues no, no creo que lo hagan -dijo Eva.
    —Justamente. Las ratas no son morales. En ningún sentido. Actúan y se acabó. No se torturan pensando.
    —¿Tú crees que las ratas pueden pensar? -preguntó Eva, completamente absorbida ya por la sicología de los roedores y sus problemas.
    —Por supuesto que no. Las ratas sólo son. Con las ratas no hay Schadenfreude.
    —¿Qué es Schadenfreude?
    —Primo segundo de Weitschmerz -dijo Sally apagando el puro en el cenicero-. Así que podemos hacer todo lo que queramos siempre que lo queramos. Ese es el mensaje. Sólo es la gente como G la que tiene que saber qué coño es lo que pasa exactamente y cómo funcionan las cosas.
    —¿Qué quieres decir? -dijo Eva.
    —Que tienen que saber cómo funciona todo. Los científicos. Lawrence tenía razón. G es todo cabeza y sin cuerpo.
    —Henry es un poco así -dijo Eva-. Siempre está leyendo o hablando de libros. Ya le he dicho yo que no sabe cómo es el mundo real.

    En el cuartel general móvil de la brigada de homicidios, Wilt estaba aprendiendo. Estaba sentado enfrente del inspector Flint, cuyo rostro reflejaba un escepticismo creciente.

    —Bueno, volvamos otra vez a ese asunto -comenzó el inspector-. Dice usted que lo que aquellos hombres vieron al fondo del agujero era, en realidad, una muñeca de goma hinchable con una vagina.
    —Lo de la vagina es accesorio -dijo Wilt, provocando reservas de incoherencia.
    —Puede ser -admitió el inspector-. La mayoría de las muñecas no las tienen pero está bien, dejaremos eso a un lado. El punto al que yo pretendo llegar es que está usted completamente seguro de que no hay ahí abajo ningún ser humano real.
    —Completamente -dijo Wilt-, y si lo hubiese es muy dudoso que estuviese todavía vivo.

    El inspector le miró hoscamente.

    —No necesito que me indique usted eso -dijo-. Si existiese la más remota posibilidad de que lo que haya ahí abajo estuviese vivo yo no estaría sentado aquí, ¿no?
    —No -dijo Wilt.
    —Bien. Pasemos pues al punto siguiente. ¿Cómo es que lo que esos hombres vieron, según ellos, era una mujer y según usted una muñeca? ¿Cómo es posible que llevase ropa, tuviese pelo y, más notable aún, que tuviese la cabeza hundida y una mano estirada hacia arriba, en el aire?
    —Es que cayó así -dijo Wilt-. Supongo que el brazo se le enganchó de un lado y quedó levantado así.
    —¿Y por qué tenía la cabeza hundida?
    —Bueno, le eché encima un montón de tierra -admitió Wilt-, quizá fuese por eso.
    —¿Le tiró usted un montón de tierra en la cabeza?
    —Eso he dicho, sí -confirmó Wilt.
    —Sé que fue eso lo que dijo. Lo que quiero saber es por qué se sintió obligado a tirarle un montón de tierra a la cabeza a una muñeca hinchable que no le había hecho a usted, que yo sepa, daño alguno.

    Wilt vaciló. Aquella muñeca maldita le había hecho, en realidad, mucho daño, pero no parecía momento oportuno para abordar ese asunto.

    —En realidad no sé -dijo por fin-, pero me pareció que quizá pudiese ayudar.
    —¿Ayudar a qué?
    —Ayudar… No sé. Lo hice y nada más. Estaba borracho cuando hice eso.
    —Está bien, volveremos a eso dentro de un momento. Aún hay una pregunta sin contestar. Si era una muñeca, ¿por qué llevaba ropa?

    Wilt contempló desesperado el interior de aquel vehículo y se encontró con los ojos de la estenógrafa de la policía. Tenían un brillo que no inspiraba confianza. Luego hablaban de lo de la suspensión de la incredulidad.

    —No va a creerse usted esto -dijo Wilt.

    El inspector le miró y encendió un cigarrillo.

    —¿El qué?
    —En realidad la había vestido yo -confesó Wilt con una sonrisa nerviosa.
    —¿La había vestido usted?
    —Sí -dijo Wilt.
    —¿Y puede decirme qué se proponía usted cuando la vistió con esas ropas?
    —No lo sé exactamente.

    El inspector lanzó un suspiro significativo.

    —Bien. Volvamos al principio. Tenemos una muñeca con vagina a la que usted vistió y trajo hasta aquí en plena noche y depositó en el fondo de un agujero de diez metros de profundidad y a la que le tiró luego un montón de tierra en la cabeza. ¿Es eso lo que me está diciendo usted?
    —Sí -dijo Wilt.
    —¿No preferiría usted ahorrar a todos los implicados en esto mucho tiempo y muchas molestias admitiendo aquí y ahora que lo que en realidad descansa, esperemos que en paz, debajo de veinte toneladas de hormigón en el fondo de ese pilar es el cadáver de una mujer asesinada?
    —No -respondió Wilt-. Desde luego que no.

    El inspector Flint volvió a suspirar.

    —Usted sabe que vamos al fondo de este asunto -dijo-. Puede costarnos tiempo, y dinero, y también paciencia, bien lo sabe Dios, pero cuando lleguemos ahí abajo…
    —Encontrarán ustedes una muñeca hinchable -dijo Wilt.
    —¿Con una vagina?
    —Con una vagina.

    Peter Braintree defendía firmemente en la sala de profesores la inocencia de Wilt.

    —Os digo que conozco a Henry desde hace siete años y le conozco bien, y sea lo que sea lo que haya pasado, él no tiene nada que ver con ello.

    El señor Morris, jefe del Departamento de Artes Liberales, miraba por la ventana escépticamente.

    —Le tienen ahí desde las dos y diez. Son ya cuatro horas -dijo-. No harían eso si no creyesen que tiene alguna relación con la mujer muerta.
    —Ellos pueden creer lo que quieran. Conozco a Henry y aunque el pobre quisiera, es incapaz de matar a nadie.
    —Le atizó a aquel impresor el jueves. Eso demuestra que es capaz de violencia irracional.
    —Otro error. El impresor le pegó a él -dijo Braintree.
    —Sí, pero después de que Wilt le llamara subnormal de mierda -indicó el señor Morris-. Si uno entra en Impresores Tres y se pone a llamarle a uno de ellos subnormal de mierda, necesita que le examinen la cabeza. Mataron al pobre Pinkerton, ya sabes. Se gaseó en su coche.
    —Hicieron todo lo posible por matar también a Henry, ya que lo dices.
    —Por supuesto, ese golpe pudo haberle afectado el cerebro -dijo el señor Morris, con hosca satisfacción-. Un golpe puede provocar extraños cambios en el carácter de un individuo. Puede pasar de la noche a la mañana de ser un tipejo inofensivo y afable como Wilt a ser un maníaco homicida que, de repente, pierde el control. Cosas más extrañas han pasado.
    —Supongo que Henry sería el primero en darte la razón -dijo Braintree-. No puede ser muy agradable estar sentado ahí dentro de ese vehículo y que te interroguen los detectives. Me pregunto qué estarán haciéndole.
    —Pues preguntas, nada más. Preguntándole cosas como «¿Cómo se llevaba usted con su mujer?» y «¿Puede usted decirnos todo lo que hizo el sábado por la noche?» Empiezan muy suave y luego van pasando a concretar la cosa y a apretar más.

    Peter Braintree se sentó dominado por un silencioso horror. Eva. Se había olvidado por completo de ella; y, en cuanto a la noche del sábado, sabía exactamente lo que Henry le había dicho que había estado haciendo antes de aparecer en casa lleno de barro y con cara de cadáver…

    —Lo único que digo -continuó el señor Morris- es que me parece muy raro que encuentren un cadáver al fondo del agujero de un pilote lleno de hormigón y lo primero que pasa después es que meten a Wilt en ese vehículo de la brigada móvil de homicidios para interrogarle. Es muy extraño, desde luego. No me gustaría estar en su pellejo.

    Y se levantó y salió de la sala de profesores y Peter Braintree siguió allí sentado preguntándose si debía hacer algo, llamar a un abogado y pedirle que viniera a hablar con Henry. Parecía un poco prematuro y era de suponer que Henry podría pedir él mismo un abogado si quería.

    El inspector Flint encendió otro cigarrillo con aire de despreocupada amenaza.

    —¿Qué tal se lleva usted con su esposa? -preguntó.

    Wilt vaciló.

    —Bastante bien -dijo.
    —¿Sólo bastante bien? ¿Nada más?
    —Nos llevamos bastante bien, sí -dijo Wilt, consciente de haber cometido un error.
    —Comprendo. Y supongo que ella puede confirmar lo que dice usted de esa muñeca hinchable…
    —¿Confirmarlo?
    —El hecho de que tuviera usted la costumbre de vestirla y de tener relaciones con ella.
    —Yo no tenía ninguna costumbre de ese tipo -dijo Wilt indignado.
    —Yo sólo pregunto. Fue usted el que primero sacó a colación el hecho de que tenía vagina, no yo. Proporcionó usted voluntariamente esa información y yo, como es natural, supu…
    —¿Qué supuso usted? -interrumpió Wilt-. No tiene usted ningún derecho a…
    —Señor Wilt -dijo el inspector-. Póngase usted en mi lugar. Estoy investigando un caso de presunto asesinato y aparece un hombre y nos cuenta que lo que dos testigos visuales describen como el cuerpo de una mujer bien alimentada, de treinta y pocos años…
    —¿Treinta y pocos años? Las muñecas no tienen edad. Si esa maldita muñeca tuviera más de seis meses…
    —Por favor, señor Wilt, permítame continuar. Como le iba diciendo, tenemos un caso de asesinato primafacie y usted admite haber colocado al fondo de ese agujero una muñeca con vagina. Ahora bien, si usted estuviera en mi lugar, ¿qué clase de conclusión sacaría de todo esto?

    Wilt intentó imaginar alguna interpretación totalmente inocente y fue incapaz.

    —¿No sería usted el primero en estar de acuerdo conmigo en que parece un poco extraño?

    Wilt asintió. Parecía extraordinariamente raro.

    —Bien -continuó el inspector-. Ahora, si aplicamos la mejor interpretación posible, la más favorable, a sus acciones y, en especial a su insistencia en que la muñeca tenía vagina…
    —Yo no insistí en eso. Sólo mencion‚ ese chisme condenado para indicar que era muy real. No sugería con eso que yo tuviera la costumbre de…

    Se detuvo; miró al suelo con tristeza.

    —Vamos, señor Wilt, no se pare ahora. A veces hablar ayuda mucho.

    Wilt le miró frenético. Hablar con el inspector Flint no le estaba ayudando en absoluto.

    —Si quiere usted decir implícitamente que mi vida sexual se limitaba a copular con una maldita muñeca hinchable vestida con la ropa de mi esposa…
    —Un momento -dijo el inspector, apagando significativamente el cigarrillo-. Bien, hemos dado otro paso adelante. Así que admite usted que eso que está allá abajo, en ese agujero, sea lo que sea, está vestido con ropas de su esposa. ¿Sí o no?
    —Sí -convino Wilt, con tristeza.

    El inspector Flint se levantó.

    —Creo que ya es hora de que vayamos todos y tengamos una pequeña charla con la señora Wilt -dijo-. Quiero saber lo que tiene que decir ella sobre esos extraños hábitos que tiene usted.
    —Me temo que va a ser un poco difícil -dijo Wilt.
    —¿Difícil?
    —Bueno, verá, la cosa es que se ha ido.
    —¿Que se ha ido? -preguntó el inspector-. ¿He oído que dice usted que la señora Wilt se ha ido?
    —Sí.
    —¿Y a dónde se ha ido la señora Wilt?
    —Ahí está el problema. No lo sé.
    —¿No lo sabe?
    —No, sinceramente, no lo sé -dijo Wilt.
    —¿No le dijo a usted a dónde se iba?
    —No. Cuando volví a casa ella sencillamente no estaba.
    —¿Y no le dejó una nota o algo parecido?
    —Sí -dijo Wilt-. En realidad lo hizo, sí.
    —Bueno, entonces vamos a su casa a echar un vistazo a esa nota.
    —Me temo que no es posible -dijo Wilt-. La tiré.
    —¿Que la tiró? -preguntó el inspector-. ¿La tiró? ¿Cómo?

    Wilt miró patéticamente a la estenógrafa de la policía.

    —A decir verdad, me limpié el culo con ella.

    El inspector Flint le miró diabólicamente.

    —¿Hizo qué?
    —Bueno, es que no había papel higiénico en el cuarto de baño, así es que… -se interrumpió.

    El inspector estaba encendiendo ya otro cigarrillo. Le temblaban las manos y tenía un brillo remoto en los ojos, de modo que daba la impresión de que acabase de mirar por el borde de un precipicio sobrecogedor.

    —Señor Wilt -recomenzó, cuando logró recobrarse-, creo ser un hombre razonablemente tolerante, un hombre paciente y un hombre muy humano. Pero si de veras espera usted que me crea una palabra de esa historia absolutamente ridícula que me cuenta usted, debe de estar loco. Primero me dice que metió esa muñeca en ese agujero. Luego admite que iba vestida con la ropa de su esposa. Y ahora me dice que su mujer se ha ido sin decirle dónde y, por último, para completar la historia, tiene la osadía de decirme que se limpió el culo con la única prueba sólida que podía ratificar su declaración.
    —Pero es que es verdad -dijo Wilt.
    —¡Qué coño! -gritó el inspector-. Usted y yo sabemos muy bien dónde está la señora Wilt, y no sirve de nada el que sigamos fingiendo no saberlo. La señora Wilt está al fondo de ese maldito agujero y la metió allí usted.
    —¿Quiere decir con eso que me detiene? -preguntó Wilt, mientras cruzaban la carretera en un grupo compacto, camino del coche celular.
    —No -dijo el inspector Flint-. Está sólo ayudando a la policía en las investigaciones. Eso será lo que salga mañana en los medios de comunicación.
    —Mi querido Braintree, por supuesto que haremos cuanto podamos -dijo el subdirector-. Wilt siempre ha sido un miembro leal del cuerpo docente de esta institución y no cabe duda alguna de que ha sido todo un lamentable error. Estoy seguro de que no tiene usted por qué preocuparse. Todo se aclarará muy pronto.
    —Espero que tenga usted razón -dijo Braintree-. Pero hay factores que pueden complicar las cosas. Por una parte lo de Eva…
    —¿Eva? ¿La señora Wilt? No estará usted sugiriendo…
    —No estoy sugiriendo nada. Lo único que digo es que… en fin, no está en casa. Abandonó a Henry el viernes pasado.
    —La señora Wilt se fue… Bueno, yo apenas la conocía, aunque conocía su reputación, claro. ¿No fue ella la mujer que le rompió la clavícula al señor Lockyer durante una clase de judo hace unos años?
    —Fue Eva, sí -dijo Braintree.
    —Pues no parece el tipo de mujer que pudiese permitirle a Wilt meterla allá abajo, desde luego…
    —No lo es -dijo apresuradamente Braintree-. Si alguien podía resultar asesinado en el hogar de los Wilt, ese alguien era Henry. Yo creo que habría que informar de esto a la policía.

    Les interrumpió el director, que entró con un ejemplar del periódico de la tarde.

    —Supongo que habrán visto esto -dijo, blandiéndolo melancólicamente-. Es absolutamente sobrecogedor.

    Posó el periódico en la mesa e indicó los titulares:

    MUJER ASESINADA ENTERRADA EN HORMIGóN EN ESCUELA DE FORMACIóN PROFESIONAL. PROFESOR DE LA ESCUELA AYUDA A LA POLICIA.


    —Oh, santo Dios -dijo el subdirector-. Oh. Qué desgracia. No podría haber sucedido en un momento peor.
    —No debería haber sucedido jamás -masculló el director-. Y eso no es todo. Ya he recibido media docena de llamadas telefónicas de padres que quieren saber si tenemos la costumbre de contratar a asesinos para el cuerpo docente. ¿Quién demonios es ese Wilt?
    —Es del Departamento de Humanidades -informó el subdirector-. Lleva diez años aquí.
    —Humanidades. Debería haberlo imaginado. O son poetas manqués o son maoístas o son… No sé de dónde demonios los saca Morris. Y ahora, tenemos un asesino. Dios sabe lo que voy a decirles esta noche a los del Comité de Educación. Han convocado una reunión de urgencia para las ocho.
    —He de decir que no me parece bien que llamen asesino a Wilt -dijo lealmente Braintree-. No hay nada que indique que haya asesinado a nadie.

    El director le miró detenidamente un instante y volvió a los titulares.

    —Señor Braintree, cuando alguien está ayudando a la policía en sus investigaciones en un asesinato, quizá no esté demostrando que él sea un asesino, pero no hay duda de que eso es lo que se está sugiriendo.
    —Pues desde luego esto no nos va a ayudar a conseguir que se ponga en marcha lo del nuevo título -terció gravemente el subdirector-. Tenemos programada una visita del Comité de Inspección para el viernes.
    —Por lo que me dice, la policía tampoco va a ayudar a que se ponga en marcha de una vez el nuevo edificio de administración -dijo el director-. Dicen que tardarán tres días al menos en llegar hasta el fondo de ese agujero y que luego tendrán que taladrar el hormigón para llegar al cadáver. Eso significa que tendrán que poner un pilote nuevo y ya vamos retrasados en el plan de obras y nos han reducido el presupuesto a la mitad… ¿por qué demonios no podía elegir otro sitio para deshacerse de su maldita mujer?
    —No creo… -comenzó Braintree.
    —No me importa nada lo que crea usted ni lo que deje de creer -dijo el director-. Yo sólo digo lo que cree la policía.

    Braintree les dejó debatiéndose aún con el nuevo problema e intentando dar con métodos y medios de contrarrestar la publicidad adversa que el caso había traído ya a la escuela. Bajó al despacho de Humanidades y se encontró al señor Morris en estado de absoluta desesperación. Estaba intentando asignar todas las clases de Wilt al resto de los profesores.

    —Pero si él probablemente esté aquí otra vez por la mañana -dijo Braintree.
    —Las narices va a estar -dijo el señor Morris-. Cuando se los llevan así, no los sueltan. No olvides lo que digo. La policía puede cometer errores, no digo que no, pero cuando actúan con tanta rapidez es que van sobre seguro. Perdona, pero a mí Wilt siempre me pareció un poco raro.
    —¿Raro? Vengo ahora del despacho del director. ¿Quieres saber lo que piensa del personal de Humanidades?
    —No, por Dios -dijo el señor Morris-. No me lo digas.
    —En fin, ¿qué es lo que tiene Henry de raro?
    —Demasiado dócil y suave para mi gusto. Piensa cómo ha aceptado seguir de profesor auxiliar de segunda todos estos años.
    —Pero de eso no tiene la culpa él.
    —Pues claro que la tiene. No tenía más que amenazar con dimitir e irse a otro sitio y le habrían dado inmediatamente el ascenso. Es la única forma de conseguirlo aquí. Haciéndoles sentir tu presencia.
    —Pues ahora parece haberlo hecho -dijo Braintree-. El director ya le está echando la culpa de desbaratar el programa de edificación y si no conseguimos que el Comité de Inspección apruebe el título conjunto, Henry va a ser el chivo expiatorio. Es una faena. Eva debería haber tenido más sentido y no haberle abandonado así.

    El señor Morris adoptó un punto de vista más sombrío.

    —Habría mostrado mucho más sentido si se hubiera ido y le hubiera abandonado antes de que al pobre imbécil se le metiera en la cabeza matarla a golpes y tirarla en ese agujero. Y ahora, ¿a quién demonios pongo yo mañana a dar Instaladores de Gas Uno?


    10


    Wilt estaba sentado con Clem en la cocina del número 34 de la Avenida Parkview, mientras los detectives registraban la casa.—No encontrarán ustedes nada incriminatorio -le decía al inspector Flint.

    —Usted no se preocupe por lo que vayamos a encontrar. Sólo estamos echando un vistazo.

    Envió a un detective al piso de arriba a examinar la ropa de la señora Wilt, o lo que quedase de ella.

    —Si se hubiera ido, se habría llevado su guardarropa -dijo-. Conozco a las mujeres. Pero si está debajo de veinte toneladas de hormigón, no necesita más que lo puesto, desde luego.

    Resultó que el guardarropa de Eva estaba bien surtido. Hasta Wilt tuvo que admitir que no se había llevado gran cosa.

    —¿Qué llevaba puesto cuando la vio usted por última vez? -preguntó el inspector.
    —Un pijama color limón -dijo Wilt.
    —¿Un qué?
    —Un pijama color limón -dijo Wilt, engrosando la lista de pruebas acusatorias contra él.

    El inspector tomó nota del hecho en su agenda.

    —Así que estaba en la cama…
    —No -dijo Wilt-. En casa de los Pringsheim.
    —¿Los Pringsheim? ¿Y quiénes son los Pringsheim?
    —Los americanos que le dije que vivían en Rossiter Grove.
    —No me dijo usted nada de ningún americano -dijo el inspector.
    —Lo siento. Creí que sí. Es que me estoy haciendo un lío. Eva se fue con ellos.
    —¿Ah, sí? Y supongo que descubriremos que ellos tampoco están en casa…
    —Casi seguro -dijo Wilt-. Quiero decir que si ella se fue con ellos es que ellos también han tenido que irse. Y si ella no está con ellos, no sé dónde estará.
    —Yo sí -dijo el inspector mirando con desagradable interés la mancha de una sábana que uno de los detectives había encontrado en el cesto de la ropa sucia.

    Cuando salieron de la casa, las pruebas acusatorias consistían en la sábana, el cordón de una bata vieja que misteriosamente había ido a parar al desván, una hachuela que Wilt utilizara una vez para abrir una lata de aluminio y una jeringuilla hipodérmica que el veterinario le había proporcionado a Eva para regar con gran precisión los cactos durante su fase de cultivo de plantas de interior. Había también un frasco de pastillas sin etiqueta.

    —¿Cómo demonios voy a saber lo que son? -preguntó Wilt cuando le enseñaron el frasco-. Lo más seguro es que sean aspirinas. De todos modos, está lleno.
    —Póngalo con las otras pruebas -dijo el inspector.

    Wilt miró la caja.

    —Pero, por amor de Dios, ¿qué se cree usted que he hecho con ella? ¿Envenenarla, estrangularla, hacerla pedazos con una hachuela e inyectarle Biofood?
    —¿Qué es Biofood? -preguntó con súbito interés el inspector Flint.
    —Una especie de alimento para las plantas -dijo Wilt-. Ese frasco que hay en el alféizar.

    El inspector echó también en la caja el frasco de Biofood.

    —Sabemos muy bien lo que hizo con ella, señor Wilt -dijo-. Lo que nos interesa ahora es descubrir cómo lo hizo.

    Volvieron al coche de la policía y se dirigieron a Rossiter Grove, a casa de los Pringsheim.

    —Usted quédese en el coche con el agente, mientras voy a ver si están -dijo el inspector Flint, y se encaminó hacia la puerta principal.

    Wilt se quedó allí sentado, observando cómo llamaba al timbre. Llamó otra vez. Martilleó con el picaporte y, por último, dio la vuelta y entró por la cancela, en la que decía «Entrada de vendedores» hasta la puerta de la cocina. Al cabo de un minuto estaba de vuelta trajinando con la radio del coche.

    —Dio usted exactamente en el clavo, Wilt -masculló-. Se han ido. La casa es un caos. Parece que haya habido una orgía. Llévenselo.

    Los dos detectives sacaron a Wilt como si fuera un fardo; ya nada de “señor” Wilt, sólo Wilt, y consciente del hecho, mientras el inspector llamaba a la comisaría de Fenland y hablaba con lúgubre urgencia de órdenes judiciales y de enviar algo que parecía la Brigada D. Entretanto, Wilt estaba de pie en el camino de entrada del número doce de Rossiter Grove, preguntándose qué diablos le estaba sucediendo. En torno suyo se iba desintegrando el orden y el estado de cosas de que había llegado a depender.

    —Iremos por la puerta de atrás -dijo el inspector-. Esto no me da buena espina.

    Bajaron por el sendero hasta la puerta de la cocina y rodearon después hasta el jardín posterior. Wilt vio entonces a qué se refería el inspector con lo de caos. El jardín no tenía buen aspecto, desde luego. Había platos de papel esparcidos por el césped o que, arrastrados por el viento, habían cruzado el jardín enganchándose en las madreselvas o en los rosales trepadores, mientras que todo el suelo estaba lleno de vasos de papel, aplastados unos, llenos otros del ponche de los Pringsheim y otros de lluvia. Pero lo que daba al lugar su aire de suciedad macabra eran las hamburguesas. Todo el césped estaba salpicado de hamburguesas manchadas de ensalada de col; Wilt se acordó de Clem.

    —El perro vuelve a lamer su vómito -dijo el inspector Flint leyéndole, evidentemente, el pensamiento.

    Cruzaron la terraza hasta las ventanas del salón y miraron al interior. Si el aspecto del jardín era desastroso, el del interior era siniestro.

    —Rompa un cristal de la ventana de la cocina para poder entrar -dijo el inspector al más alto de los dos detectives.

    Al poco rato la ventana del salón se abrió y entraron.

    —No hay necesidad de forzar la entrada -dijo el detective-. La puerta de atrás no estaba cerrada con llave y esta ventana no estaba cerrada tampoco. Debieron de irse con muchisima prisa, por lo que parece.

    El inspector examinó la estancia y arrugó la nariz. Aún persistía potente en la casa el olor a hierba rancia, ponche agrio y humo de velas.

    —Si es que se fueron -comentó lúgubremente el inspector y lanzó una mirada a Wilt.
    —Deben de haberse ido -dijo Wilt que se sentía obligado a hacer algún comentario sobre el entorno-; nadie podría vivir en esta pocilga todo un fin de semana sin…
    —¿Vivir? Ha