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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal
  • FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación, el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo, y los recuadros LEER y DONAR. Esta opción está disponible sólo en las publicaciones; en Navega Directo, no.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    En esta sección no puedes ocultar los recuadros de OTROS TEMAS, S, LEER y DONAR.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 12 en 12.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    LA MENTE DE DIOS (Howard Fast)

    Publicado el miércoles, noviembre 22, 2017
    —¿Cómo se siente? —me preguntó Greenberg.
    —Bien. Como el diablo. Asustado. Un poquito enfermo, abombado, siento también un vacío en el estómago. Descompuesto. Me parece que podría vomitar cuando se me ocurriera.. Pero sobre todo, asustado. Bien, por otra parte.
    —Muy bien.
    —¿Por qué muy bien?
    —Porque sabe perfectamente cómo se siente. Eso es muy importante en este momento. Si me dijera que está inspirado por nobles resoluciones y que no tiene miedo, me preocuparía.
    —Yo estoy preocupado —le dije—. Muy preocupado.
    —No hay ningún contrato, nada que lo obligue de ninguna manera —dijo lentamente Zvi Leban, sin quitarme sus fríos ojos azules de encima. No podía verlo como al brillante físico, tan a menudo comparado con Einstein y Fermi, que había ganado el Premio Nobel. Para mí era un israelí, de la clase que respeto pero que no tiene mis simpatías, un hombre frío como el hielo y dueño de una voluntad implacable que no tiene nada que ver con el valor ni la cobardía, sino que es pura resolución.
    —La puerta está abierta.
    —Zvi, termina con eso —dijo con tranquilidad el doctor Goldman.
    —Está bien —dijo Greenberg. Greenberg era muchas cosas: médico psiquiatra, físico, filósofo, hombre de negocios. Era un hombre gordo y bonachón, con cara de luna, de sesenta y un años, que nunca alzaba la voz ni se enojaba.
    —Está bien. Tiene que enfrentarse con todo ahora, con su miedo, sus esperanzas, sus resoluciones, y también con la puerta abierta. Con el hecho de que puede irse y que nadie le va a recriminar nada. Eso lo entiende, ¿no, Scott?
    —Lo entiendo.
    —No tenemos secretos. Un proyecto como este no tendría sentido y sería inmoral si tuviéramos secretos entre nosotros. A lo mejor lo mismo es inmoral, pero temo haber perdido contacto con eso que los demás hombres llaman moralidad. Nos pasamos siete años tratando de encontrar el alma, y luego llegamos a nuestra decisión. Ya eso ha terminado. Usted fue mi amigo, sigue siendo mi amigo. Lo traje a esto desde el comienzo, y luego usted se colocó en el mismo centro. Zvi estaba en contra de usted, como sabe. El pensaba que debía ser un judío. Goldman y yo no opinábamos igual que él, y Zvi respetó nuestra decisión.
    —Me gustaría cerrar la puerta —dije—. No habría venido hoy si no estuviera decidido. Lo estoy. Le dije a Zvi que no tenía ningún odio. Me he desprendido del odio; Tenía que decir la verdad acerca de eso. Zvi lo considera una falta de resolución.
    —No se volvió a casar —dijo Goldman.
    —No sé qué quiere decir.
    —Esta discusión no tiene sentido ahora —dijo Zvi—. Scott sigue adelante con la idea. Es un hombre valiente, y me gustaría estrecharle la mano.

    Lo hizo con gran formalidad.

    —¿Desea hacer algunas preguntas? —preguntó Goldman—. Tenemos una hora.

    Era un hombre delgado, de una brillantez incisiva. Tenía un cáncer maligno imposible de operar. Le quedaba un año de vida, pero su muerte inminente sólo lo impulsaba a sentir curiosidad y una incierta tristeza. Eran, por cierto, tres hombres muy particulares.

    —Sí, tengo algunas. He estado pensando últimamente en cosas que no se me habían ocurrido antes.. No sé si debo hacer preguntas en este momento.
    —Por supuesto que debe hacerlo —dijo Goldman—. Ya bastantes dudas tiene. Si puede aclarar algunas, mucho mejor.
    —Pues bien, he estado pensando en aspecto matemático, y no entiendo nada, por lo que creo que una hora no es suficiente.
    —No.
    —Uno trata de ver todo en imágenes. Supongo que los matemáticos nunca hacen eso.
    —Algunos sí, otros no —dijo Zvi, sonriendo por primera vez—. Yo lo he hecho; pero ha obstaculizado mi trabajo. Por eso dejé de hacerlo. Del mismo modo que no hay palabras para las cosas que no conocemos, tampoco hay imágenes para los conceptos que están afuera de nuestra experiencia conceptual.
    —¿Específicamente, Scott? —me preguntó Greenberg.
    —Se me ocurre, por ejemplo, que este proyecto no debería tener lugar. No deberíamos estar aquí en este depósito de piedra en Norwalk, Connecticut. No deberíamos haber planeado lo que planeamos. No nos enfrentaríamos a la necesidad de hacerlo.
    —Posiblemente.
    —En ese caso, ¿correría yo el albur de destruirlos a ustedes, y con ustedes a miles, quizá millones de seres vivientes?
    —Estamos ya —dijo Zvi— en la parte conceptual y matemática. La respuesta es no, pero no tengo forma de explicarlo.
    —¿Se lo puede explicar a usted mismo?

    Zvi negó con la cabeza lentamente, y Greenberg dijo:

    —Einstein tampoco podía visualizar su proposición. de que el espacio podía ser curvo y limitado, Scott.
    —Pero yo sí puedo visualizar cosas —protesté—. No puedo visualizar cosas tan complicadas como la proposición de Einstein, pero sí que veo veinticuatro horas atrás. Ayer a esta hora estábamos los cuatro aquí, sentados a esta misma mesa. Yo estaba bebiendo whisky con soda. ¿Entonces? ¿Quiere decir que hubo dos yo, idénticos los dos?
    —No. Eso sería simplemente ayer.
    —¿Y si tuviera una botella de vino en la mano en lugar de un vaso de whisky?
    —Entonces propone usted una paradoja –dijo suavemente Goldman—, y entonces cesan de funcionar nuestros poderes de razonamiento. Esa es la razón por la cual no probamos la máquina. Mi querido Scott, tanto usted como yo nos enfrentamos a la muerte, que es también una paradoja y un misterio. Somos físicos, matemáticos, hombres de ciencia, y hemos descubierto ciertas coordenadas, y de ellas hemos desarrollado ciertas ecuaciones. Nuestros símbolos funcionan, pero nuestra mente, nuestra visión o nuestra imaginación no podría seguir esos símbolos. Yo puedo pensar en una muerte que es inevitable, la maduración de un tumor maligno que tengo adentro. Usted, que es un hombre más valiente, acepta la posibilidad de la muerte que es su empresa. Pero ninguno de los dos es capaz de comprender qué es lo que nos espera. ¿Se considera un buen cristiano?
    —No especialmente.
    —Como yo tampoco puedo considerarme un buen judío, si es que esos términos tienen sentido. Pero hace muchos años oí la leyenda de Moisés, que no podía entrar en la tierra prometida. Parado junto a él en el Monte Nebo estaba Dios, quien le reveló todo lo que había sucedido y todo lo que iba a suceder, el pasado y el futuro... Eso está todo en símbolos. ¿Entiende por qué no podemos aventurarnos a probar la máquina, a trasponerlo hacia atrás ni siquiera un día?
    —No.
    —En ese caso debe aceptar nuestra palabra, como lo ha hecho hasta ahora. Me encogí de hombros y asentí.
    —¿Alguna otra pregunta, Scott? —me preguntó Greenberg.
    —Mil, además de todas las que he hecho antes. Tengo miles de preguntas, pero ustedes no tienen las respuestas.
    —Ojalá las tuviéramos —dijo Goldman—. Sinceramente.
    —Bien, sigamos adelante. Primero, el dinero. Greenberg lo puso sobre la mesa, en pequeñas pilas.
    —Diez mil dólares. Hubiéramos querido que fuera más, pero creemos que esto servirá para cubrir cualquier contingencia. No fue fácil conseguirlo, créame, Scott. Tuvimos que tocar todas las cuerdas que tenemos en Washington, y si alguien dice que no se puede sobornar a los funcionarios de los museos, está equivocado. Pague en efectivo sin dudar. Era el método más común en ese entonces. Hay doscientas libras inglesas, por si acaso.
    —¿Por si acaso qué?
    —¿Quién sabe? No queremos que tenga que cambiar dinero, y por eso incluimos estas pequeñas sumas en francos y liras.
    —¿Y en marcos?
    —Alemanes y austríacos, alrededor de cinco mil dólares de cada uno. Aunque parezca extraño, fue más fácil conseguirlos que los dólares. Tenemos nuestros contactos particulares. En realidad, casi todos los marcos fueron proporcionados por un hombre que tiene alguna idea de lo que estamos haciendo.
    —¿Y el revólver?
    —Decidimos que no era conveniente. Sabemos que en esa época todos llevaban revólver, pero en este caso va a estar más seguro con el cuchillo solamente. Aquí lo tiene. —Puso sobre la mesa un cuchillo plegable, de mango de nácar—. Tiene cuatro hojas, como se usaba entonces. Use la grande. Está afilada como una navaja.

    Zvi me observaba cuidadosamente con los ojos entrecerrados. Abrí el cuchillo de cuatro hojas y probé el filo de la hoja más grande. Sentí alivio de que no me dieran el revólver. Después de todo, probablemente era un mundo más civilizado que el que habitamos...

    Goldman trajo una caja grande de cartón y la puso sobre la mesa.

    —Su ropa —explicó, sonriendo como si se disculpara—. Puede empezar a cambiarse ahora. Es sorprendente, pero están bastante en estilo. A lo mejor va a querer conservarlas después.
    —Después...

    Greenberg esperó, pensativo.

    —Nosotros somos ese después. Eso es lo que me enloquece.
    —Diga todo lo que quiera, Scott —dijo Greenberg.
    —Somos ese después. Eso es todo.
    —No piense en eso. No tenemos la mente hecha para lo paradójico.
    —Como yo soy, no sois vosotros, ni pensáis como pienso yo —dijo Goldman.
    —¿Citando a Dios?

    Goldman sonrió, y de pronto me tranquilicé y empecé a sacarme la ropa.

    —Maldito sea, lo envidio —dijo de repente Zvi—. Si no tuviera esta maldita renquera y dos úlceras al duodeno, iría yo mismo. A ningún hombre le han dado esta oportunidad antes. Nadie ha tenido esta experiencia. Va a entrar en la mente de Dios.
    —Para ser ateos, ustedes son los judíos más religiosos que yo haya conocido.
    —Esa es parte de la paradoja, también —dijo Greenberg—. La etiqueta del traje es Heffner y Kline. Eran unos sastres espléndidos. Tweed irlandés importado, hilado y tejido a mano. En su valija hay otro traje de casimir azul oscuro. Los dos son un poco abrigados para el mes de mayo, pero en aquella época no se usaba el traje tropical.

    También lleva seis camisas, ropa interior, y todo lo necesario.

    Trajo la valija de donde estaba, contra la pared, junto al extraño laberinto de caños y alambres que habían tardado siete años en construir. Goldman le puso el cuello a la camisa y me la entregó.

    —¿Usó alguna vez una camisa como ésta?
    —Mi padre las usaba. —Era la primera vez que pensaba en mi padre en muchísimos años, y de repente el recuerdo me abrumó.
    —No —dijo Zvi, meneando la cabeza.
    —¿Por qué no? —pregunté con desesperación—. ¿Por qué no? No me conocería.
    —Tampoco lo conocería usted —dijo Zvi—. Será el año 1897. Usted no nació hasta el 1920. ¿Cuántos años tenía cuando usted nació?
    —Treinta y seis.
    —Entonces en 1897 tendría unos 13 años. ¿Para qué, Scott? —preguntó Greenberg.
    —No sé para qué. Que Dios me ayude si sé para qué. ¡Si pudiera verlo, sin embargo! Goldman se acercó a mí y me ayudó a abotonarme los dos botones de oro que sostenían el cuello de la camisa. —Ya está; Permítame que le ponga la corbata, Scott. Sé exactamente cómo va. Observe con cuidado, para que aprenda. Y siga nuestro consejo. Estamos interfiriendo con un diagrama esquemático, un enorme diagrama esquemático, y mientras menos interfiramos, mejor va a ser. Lo que dijo Zvi hace un rato es verdad: entramos en la mente de Dios. Somos hombres audaces, todos nosotros. También locos, posiblemente. Los que hicieron explotar la primera bomba atómica también eran locos. Develaron un misterio, y el mundo tuvo que pagarlo caro. Nosotros también interferimos con un misterio, y pagaremos un precio. Pero debemos interferir lo menos posible. No debe distraerse de su objetivo. No debe hablar con nadie, a menos que sea imprescindible. No debe tocar nada, no debe cambiar nada, excepto eso que nos hemos propuesto. Observe ahora cómo hago el nudo de la corbata. Muy sencillo, ¿no?

    Yo ya era dueño de mi mismo y lo único que quería era empezar. Greenberg me ayudó a ponerme el saco.

    —Hermoso. No hemos traicionado la tradición de Heffner y Kline. Usted es un caballero bien vestido de la clase alta, Scott. Pruébese el sombrero ahora.

    Me dio un sombrero de fieltro que me quedaba muy bien.

    —Era de mi abuelo —dijo con placer—. Entonces hacían las cosas para que duraran, ¿no? Ahora escúcheme bien, Scott. Nos quedan diez minutos. Tome la billetera. —Me entregó una billetera muy grande, de cocodrilo, llena de billetes—. Tiene todo lo que necesita: papeles, documentos, lleva el cuchillo, dinero. Cámbiese los zapatos. Estos son hechos a mano. Hemos pensado en todos los detalles. En la billetera va a encontrar el itinerario completo y detallado, en caso de que se olvide de algo. Este reloj —agregó, dándome un reloj de bolsillo, magnífico, de tapa de oro— perteneció a mi abuelo. Junto con el sombrero. Lo he hecho revisar, y funciona a la perfección.

    Terminé de atar los cordones de mis excelentes botines, hechos a mano. No iba a tener que domarlos, pues eran muy blandos. Greenberg siguió dándome instrucciones en forma rápida y precisa.

    —Tiene exactamente 29 días, 4 horas, 16 minutos y 31 segundos. Exactamente a esa hora después de llegar, debe volver aquí al depósito. Entonces lo habremos abandonado tres años antes, y va a estar tan vacío como cuando mi abuelo compró la propiedad hace medio siglo. Dentro de unos minutos voy a marcar sus botines con una pigmentación roja que va a desaparecer cuando parta. No importa en qué estado de nerviosidad se encuentre cuando regrese, esa pigmentación roja va a estar ahí en el suelo. Cuando vuelva, se coloca en la misma posición. ¿Está claro?
    —Perfectamente.
    —Se dirige a la estación de ferrocarril, toma el primer tren a Nueva York y compra el pasaje de ida y vuelta para el barco inmediatamente. Desde el momento en que llegue hasta que parta el Victoria, van a pasar dieciocho horas. No se mueva de su camarote. En el viaje hable con la menor cantidad de gente que le sea posible. Alegue mareos, si fuera necesario.
    —No voy a tener que fingirme mareado.
    —Mejor. aún. El barco llegará a Hamburgo, y allí compra un pasaje de primera clase hasta Viena. Eso ya lo sabe, pero lo mismo tiene todas las instrucciones detalladas en la billetera. ¿Repasó alemán?
    —Hablo alemán bastante bien. Eso ya lo saben. ¿Qué pasa si no puedo volver al depósito a tiempo?

    Greenberg se encogió de hombros.

    —No lo sabemos.
    —¿Sigo viviendo en un mundo en el que mi padre es un niño?
    —Siempre la paradoja —dijo Zvi—. No haga eso. Es malo para usted, malo para su mente.
    —Mi mente está perfectamente bien —le aseguré—. Un hombre que está con un pie en el infierno no se preocupa por su mente. Lo que me preocupa es el cuerpo.
    —Quedan sólo cuatro minutos —dijo Greenberg suavemente—. ¿Se acerca aquí, Scott? Quédese exactamente allí, entre los electrodos, y mantenga la valija tan pegada a su cuerpo como pueda.
    —¡Los cigarros! —le recordé—. No tengo ni uno.
    —Los de esos días eran mejores. Habanos puros. Compre algunos. ¡A su lugar!

    Tomé la valija, me puse el sombrero del abuelo de Greenberg en la cabeza, y me quedé quieto en el lugar preciso.

    —Un pie primero —dijo Greenberg, arrodillándose frente a mí. Marcó las dos suelas y el taco con una pigmentación rojiza—. No se mueva ahora.
    —Tres minutos —dijo Goldman.
    —Tiene un aspecto impresionante con ese sombrero y ese traje —admitió Zvi.
    —¿Cuánto tiempo voy a estar afuera? —pregunté—. En nuestro tiempo, quiero decir. ¿Cuánto tienen que esperar hasta que regrese?
    —Nosotros no esperamos. Si regresa, sigue estando aquí.
    —Eso no tiene sentido.
    —Esa es la paradoja —dijo Zvi—. Le advertí que no debía pensar de esa manera.
    —Dos minutos —dijo Goldman.

    Zvi puso la mano en la palanca. Los labios de Goldman se movían en silencio. Estaba contando los segundos, o rezaba.

    —Supongan que se interpone algo —dije con desesperación—. Que hay fardos, o cajas. ¿Cómo puede ser que dos objetos ocupen el mismo espacio? ¿Qué me pasa a mi, en ese caso?
    —Eso no sucederá. Es parte de la paradoja, igualmente.
    —Si todo es una maldita paradoja, ¿cómo pueden estar tan seguros? ¿Cómo pueden saberlo?

    Estaba tenso, asustado, desesperado. Dentro de unos pocos segundos iba a regresar setenta y cinco años en el tiempo, cabalgando sobre una serie de coordenadas que habían nacido de la lógica de alguien, sobre una ecuación que nunca había sido probada ni demostrada, iba a entrar en el infierno o en la mente de Dios o en la nada o en la era mezozoica con sólo un cuchillo como arma y una antigua valija por todo equipaje.

    —Un minuto —dijo Goldman.
    —¿Quiere echarse atrás? —preguntó Greenberg, con un tono de voz que era casi una súplica. Él también tenía miedo. Todos tenían miedo. Meneé la cabeza enojado.
    —Treinta segundos —dijo Goldman—, veinte... , diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero.

    Vi que Zvi tocaba la palanca. Cuando regresé, después de veintinueve días, cuatro horas, dieciséis minutos y treinta y un segundos más tarde, su mano seguía sobre la palanca y volví a escuchar la última vocal de la palabra cero, o quizás el eco. Estaba allí, parado, y ellos estaban también parados en el mismo lugar, en un cuadro vivo que parecía seguir eternamente.

    Zvi fue el primero en hablar.

    —¿Dónde está la valija?
    —Por amor de Dios, dejen que se siente y descanse —dijo Greenberg, ofreciéndome una silla. Yo temblaba como una hoja. Goldman me sirvió una copa de coñac y la llevó a mis labios, pero rehusé con la cabeza.
    —¿Tiene frío? —preguntó Goldman.
    —Estoy asustado. Sin aliento. Tuve que correr los últimos cien metros hasta el depósito, y logré llegar apenas a tiempo. Tiré la valija.
    —No importa.
    —Fracasó —dijo Zvi sombríamente—. Dios todopoderoso, fracasó. Yo lo sabía.
    —¿Fracasó? —preguntó Goldman.
    —Ahora tomaré el coñac —dije. Extendí una mano que temblaba.
    —Dejen que cuente todo —dijo Greenberg—. No va a haber recriminaciones ni acusaciones. Que eso quede claro, Zvi. ¿Me entiendes?
    —Siete años. —Había lágrimas en los ojos de Zvi.
    —Y seis millones de dólares de mi bolsillo. Los dos aprendimos algo. Cuéntenos Scott. ¿Volvió?

    Miré a Goldman, el hombre condenado a muerte. Había una sonrisa débil, apenas perceptible, en sus labios, como si lo hubiera sabido todo el tiempo.

    —¿Volvió atrás en el tiempo?

    Bebí el coñac, y después me metí la mano en el bolsillo del saco y saqué dos cigarros. Le di uno a Greenberg, que era el único que fumaba cigarros. Mordí la punta del otro y lo encendí, mientras Greenberg miraba el cigarro que tenía en la mano. Eché una bocanada de humo y le dije que era mejor que los de su tiempo.

    —¿Volvió? —repitió Greenberg.
    —Sí, sí. Volví. Ya les contaré. Pero déjenme que descanse un momento, déjenme que piense. Dejen que recuerde. Por Dios, déjenme pensar.
    —Por supuesto —dijo Goldman—, debe pensar. Tranquilícese, Scott. Ya se va a acordar de todo. —Él ya lo sabía. Ese hombre marchito a quien todas las noches visitaba el ángel judío de la muerte. Él no necesitaba coordenadas ni ecuaciones. Ya había tocado a Dios por un instante, igual que yo, y conocía el terror y el asombro—. Ven ustedes —explicó a Zvi y a Greenberg—, tiene que recordar. Ya van a entender dentro de un momento. Tenemos que darle tiempo para que recuerde.

    Greenberg me sirvió otro coñac. No encendió el cigarro. Lo seguía mirando, dándolo vueltas.

    —Fresco —murmuró, oliendo su fragancia—. Muy oscuro. Deben haber curado las hojas de otra manera.
    —Regresé —dije por fin—. Setenta y cinco años. Todo funcionó, su máquina, sus ecuaciones, sus coordenadas de mierda. Todo funcionó. Fue como enfermarse durante algunos minutos, enfermarse terriblemente. Pensé que me iba a morir. Y luego estaba solo en el depósito, con mi valija, parado ahí. Sólo que... —me interrumpí y miré a Goldman.
    —Sólo que no recordaba nada —dijo Goldman.
    —¿Cómo lo sabe?
    —¿Qué diablos es esto? —quiso saber Zvi—. ¿Qué quiere decir con eso de que no recordaba nada?
    —Cuénteles.
    —No tenía memoria —dije—. No sabía quién era ni dónde estaba.
    —Siga.
    —No es tan fácil. ¿Saben lo que es carecer de recuerdos, estar parado en un lugar sin saber quién es uno o cómo llegó allí?. Es la experiencia más aterradora que he tenido, peor aún que cuando me coloqué en esa máquina infernal.
    —¿Sabía leer, escribir? ¿Podía hablar? —preguntó Greenberg.
    —Sí, sabía leer y escribir. Podía hablar.
    —Diferentes centros cerebrales —dijo Goldman.
    —¿Qué hizo?
    —Dejé la valija en el suelo y di unos pasos hacia atrás y hacia adelante. Estaba temblando, como estoy temblando ahora. Y así estuve durante algún tiempo. Tenía un horrible dolor de cabeza, pero después de unos minutos se me pasó. Entonces saqué la billetera.
    —¿Sabía lo que era? ¿Sabía que era una billetera?
    —Eso lo sabía. Sabia que era un hombre. Sabía que tenía zapatos puestos. Todo eso lo sabía. En realidad, sabía muchas cosas. No me había convertido en un imbécil. Simplemente, carecía de memoria. Estaba vivo, me daba cuenta del presente, pero el ayer no existía. Así que saqué la billetera y leí todo lo que contenía. Aprendí mi nombre. No mi propio nombre, sino el que ustedes me dieron para el viaje. Leí las instrucciones, el horario, las minuciosas indicaciones que me dieron, la advertencia de que debía regresar al mismo lugar en una fecha específica. Lo extraño es que no dudé de las instrucciones ni por un instante. De alguna manera acepté la necesidad, supe que debía hacer lo que estaba escrito.
    —¿Y lo hizo? —preguntó Greenberg.
    —Sí
    —¿Sin problemas ni interferencias?
    —No. No conocía otro tiempo excepto 1897, en el que estaba. Todo era perfectamente natural. No me acordaba de ningún otro tiempo ni ningún otro lugar. Caminé hasta la estación de trenes, y créanme, la estación de Norwalk era en esa época un lugar elegante. El jefe de la estación me vendió un pasaje en el tren de Nueva York, New Haven y Hartford por menos de dos dólares.
    —¿Cómo llegó allí? —preguntó Zvi.
    —Preguntó a la gente —dijo Goldman.
    —Sí, pregunté. No me acordaba de nada, pero allí me encontraba en un mundo que me era familiar. Compré un pasaje de primera en el barco para Hamburgo. Pasé unas horas vagando por Nueva, York. —Cerré los ojos y volví a verlo—. Un lugar magnifico, maravilloso.
    —¿Podía funcionar así? —preguntó Greenberg—. ¿No le molestaba que no tuviera memoria?
    —Después de un tiempo, no. Lo tomé como algo normal. No sabía qué era la memoria. Un daltónico no sabe cómo son algunos colores. Un sordo no conoce el sonido. Yo no sabía qué era la memoria. Sí, los demás me preguntaban y eso me molestaba. Me preguntaban a qué colegio había ido, dónde había nacido, pero por lo general evitaba toda pregunta porque mis instrucciones así me lo recomendaban. Algunas preguntas las ignoraba., El barco era grande, y podía estar solo.
    —Hamburgo —me recordó Greenberg.
    —Sí. No hubo incidentes que importen ahora. ¿Quieren que les cuente cómo era todo entonces, cómo eran los lugares y la gente?
    —Más tarde. Ya habrá tiempo para eso. ¿Tomó el tren a Viena?
    —A las pocas horas. Seguí las instrucciones y me bajé en Linz, pero allí hubo un error. Era la medianoche, y tuve que esperar hasta las nueve de la mañana siguiente para tomar el tren a Braunau. Llegué a Braunau cuatro horas más tarde.
    —¿Y entonces?

    Los miré uno por uno. Eran tres judíos envejecidos y cansados, cuyo recuerdo estaba impregnado del dolor y el sufrimiento de la historia, que habían gastado seis millones de dólares y pasado siete años para entrar en la mente de Dios y cambiarla.

    —Y luego se me terminaron las instrucciones. Ya saben cuánto sufrí y cuánto sufrió mi mujer en manos de los nazis. Pero ustedes no escribieron que debía buscar a un chico de ocho años que se llamaba Adolf Hitler y que tenía que cortarle la garganta con mi cuchillo de mango de nácar. Ustedes confiaban con que me acordaría del propósito de toda la empresa, pero yo no tenía memoria, no me acordaba de lo que había sufrido y de lo que ustedes habían sufrido. No sabía por qué estaba en Braunau. Me quedé un día allí, y después regresé.

    Se hizo un largo silencio. Hasta Zvi guardó silencio. Se quedó parado con los ojos cerrados y los puños crispados. Luego Goldman dijo suavemente:

    —No le hemos dado las gracias a Scott. Yo le agradezco en nombre de todos. El silencio seguía.
    —Debimos haberlo sabido —dijo Goldman—. ¿No se acuerdan de la promesa de Dios que ningún hombre debía mirar hacia el futuro para saber la hora de su muerte? Cuando enviamos a Scott, el futuro lo circundó, y todos sus recuerdos pertenecían al futuro. ¿Cómo podía recordar lo que aún no había sucedido?
    —Podríamos intentarlo otra vez —murmuró Zvi.
    —Y volveríamos a fracasar —dijo Goldman—. Somos niños interfiriendo con lo desconocido. Porque lo que ha sido, ha sido. Se lo demostraré. Scott —me pregunto—, ¿se acuerda dónde tiró la valija?
    —Sí, sí. Hace sólo un minuto.
    —Fue hace setenta y cinco años. ¿A qué distancia de aquí?
    —En el borde del camino al pie de la colina.

    Goldman tomó una pala que estaba junto a una estufa de carbón en el rincón del depósito y salió. Todos lo seguimos. Traspusimos la puerta y bajamos la colina. Estaba anocheciendo. El sol se ponía en una tarde limpia y fresca de Connecticut.

    —¿Dónde, Scott?

    Encontré el lugar fácilmente, tomé la pala del viejo, y empecé a cavar. Atravesé seis o siete pulgadas de hojas muertas, luego la tierra negra y blanda, luego otra capa, hasta llegar a la valija. Cuando la saqué se deshizo el cuero podrido, y salieron algunas tiras de camisas y ropa interior. Todo se desintegraba, podrido.

    —Sucedió —dijo Goldman—. ¿La mente de Dios? Ni siquiera conocemos nuestra propia mente. No existe nada en el pasado que podamos cambiar. ¿En el futuro? Tal vez podamos cambiar el futuro... un poco.


    Fin