• GUARDAR IMAGEN


  • GUARDAR TODAS LAS IMAGENES

  • COPIAR IMAGEN A:

  • OTRAS OPCIONES
  • ● Eliminar Lecturas
  • ● Ultima Lectura
  • ● Historial de Nvgc
  • ● Borrar Historial Nvgc
  • ● Ayuda
  • PUNTO A GUARDAR



  • Tipea en el recuadro blanco alguna referencia, o, déjalo en blanco y da click en "Referencia"
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Todas Las Revistas Diners
  • Todas Las Revistas Selecciones
  • CATEGORIAS
  • Libros
  • Libros-Relatos Cortos
  • Arte-Graficos
  • Bellezas Del Cine Y Television
  • Biografias
  • Chistes
  • Consejos Sanos
  • Cuidando Y Encaminando A Los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Paisajes Y Temas Varios
  • La Relacion De Pareja
  • La Tia Eulogia
  • La Vida Se Ha Convertido En Un Lucro
  • Mensajes Para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud Y Prevencion
  • Sucesos-Proezas
  • Temas Varios
  • Tu Relacion Contigo Mismo Y El Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • CATEGORIAS
  • Arte-Gráficos
  • Bellezas
  • Biografías
  • Chistes que llegan a mi Email
  • Consejos Sanos para el Alma
  • Cuidando y Encaminando a los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Fotos: Paisajes y Temas varios
  • La Relación de Pareja
  • La Tía Eulogia
  • La Vida se ha convertido en un Lucro
  • Mensajes para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud y Prevención
  • Sucesos y Proezas que conmueven
  • Temas Varios
  • Tu Relación Contigo mismo y el Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Selecciones
  • Diners
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005

  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal
  • L
    E
    E
    R
    D
    O
    N
    A
    R
    Si te gusta lo que ofrece el Blog, te invito a que nos ayudes a que siga funcionando y poder, además, agregar temas nuevos.

    Gracias por tu visita!

    PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.

    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    En cualquier parte del blog, cada tema tiene un "+", el cual, al darle click, te da la opción de elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar, elige dónde, y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar,
    selecciona la opción y luego la imagen.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 32 en 32.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    EL GIRASOL (Richard Paul Evans)

    Publicado el martes, octubre 03, 2017

    Capítulo 1


    El Girasol es un santuario, tanto para mí como para los huérfanos que rescatamos de las calles peruanas; pero, en mi opinión, es algo más, porque en un mundo en el que la maldad parece triunfar con demasiada frecuencia, El Girasol constituye una prueba de que podemos ser mejores, de que podemos ser buenos. Y, aunque pocos conocen o se interesan por el trabajo que realizamos, el valor de este pequeño orfanato es mucho mayor que el número de niños que salvamos. Porque quizá somos nosotros, y no ellos, quienes tienen sed de salvación. Y, en este sentido. El Girasol es más que un lugar; es esperanza.
    Diario de PAUL COOK


    Viajar a la selva amazónica no fue idea mía. Si se me hubiera pasado por la cabeza, enseguida lo habría relegado a aquella atiborrada sección de mi cerebro en la que las cosas que debería hacer pero que, afortunadamente, nunca haré, permanecen bajo llave hasta que languidecen y mueren.

    La idea fue de mi hija McKenna. Tres meses antes de que terminara la secundaria, su profesor de sociología, un antiguo hippy de pelo largo y canoso que había cambiado sus camisas de estampados psicodélicos por americanas de pana con coderas de piel, ofreció a sus alumnos la oportunidad de viajar a Sudamérica en misión humanitaria. McKenna se obsesionó con la idea y me preguntó si la acompañaría en aquella expedición: una especie de cita padre-hija en el Amazonas.

    Yo accedí. En realidad, no tenía la intención o un deseo real de viajar a Perú, pero creí que, en cuanto acabara el curso, su mente se ocuparía en otras cuestiones. Nunca pensé que aquella idea se haría realidad.

    Debería haber conocido mejor a mi hija. Cuatro meses más tarde, me encontraba con ella y una docena de sus antiguos compañeros de clase en el aeropuerto de Salt Lake City a punto de embarcar en un avión con destino a Lima, Perú.

    Sin saberlo, los miembros de nuestro pequeño grupo habíamos confiado nuestras vidas a unos novatos. De hecho, éramos el primer grupo que los guías de nuestra expedición conducían al interior de la selva amazónica, algo que descubrimos veinticuatro horas más tarde, en las profundidades de una selva plagada de anacondas, jaguares y arañas del tamaño de una mano. En varias ocasiones durante la expedición, nuestro guía, un peruano de edad avanzada, se detuvo de repente, apoyó el machete en el tronco de un árbol y trepó hasta la cima para echar una ojeada. Y en todas ellas descendió con una expresión de perplejidad en el rostro.

    Tras cambiar por completo de rumbo tres veces, le pregunté al guía, con tanta diplomacia como uno debe desplegar cuando lo conducen a través de la selva, si conocía el camino. En un inglés desastroso, el anciano respondió: «Sí, ya he estado antes aquí…» Y añadió: «Cuando tenía seis años.

    Durante la expedición, nos tropezamos con el poblado de una tribu amazónica. Los Palmos. Entusiasmados al descubrir que no eran caníbales ni cazadores de cabezas, enseguida nos dimos cuenta de que no había hombres jóvenes entre la población, sólo mujeres y ancianos. Nuestro guía preguntó a una de las nativas adonde habían ido los hombres.

    —Han ido a la ciudad a matar al alcalde -respondió ella.
    —¿Por qué? — preguntó el guía.
    —El alcalde ha proclamado que no podemos seguir cortando los árboles de la selva. Pero nosotros no podemos vivir sin la madera de los árboles, de modo que nuestros hombres han ido allí para matarlo.
    —¿Crees que es una buena idea? — preguntó el guía.

    La mujer se encogió de hombros.

    —Probablemente no, pero así se hacen las cosas en la selva.

    Había algo reconfortante en su lógica. Yo nunca he sentido cariño por los políticos, y la imagen de los hombres de la tribu irrumpiendo en el ayuntamiento pintados y armados con arcos y flechas me encantó. Sin duda, se trata de algo que presenciamos demasiado poco en Salt Lake City. Todavía me pregunto cómo terminó aquello.

    Tras dos jornadas de marcha, se nos acabó la comida y, durante varios días, vivimos de la fruta que encontramos en la selva y de las pirañas que pescamos en el río. (Las pirañas no están tan mal, saben como a pollo.)

    Recuerdo que, cuando era niño, un sábado por la tarde vi totalmente fascinado una película de primera sesión acerca de un banco de pirañas que aterrorizaba a una tribu de la selva. Aquellas pirañas hollywoodienses nadaban con una lentitud muy conveniente y hacían burbujas y una especie de espuma en la superficie del agua. Esto permitía al héroe cruzar a nado el río y rescatar a una mujer que se encontraba a escasos centímetros del efervescente y mortal banco de peces sin que le ocurriera nada.

    Las pirañas que nosotros encontramos en la selva no se parecían en nada a las de la película. En primer lugar, las pirañas del Amazonas son casi tan abundantes como la vegetación. Lanza un sedal en cualquiera de los ríos de la selva y las pirañas picarán en cuestión de segundos; incluso partirán el hilo en dos. Y, en segundo lugar, no hacen burbujas de advertencia.

    Añadimos a la lista cocodrilos, anguilas eléctricas y sanguijuelas, y decidimos que lo mejor que podíamos hacer era mantenernos alejados del agua.

    Tras varios días de viaje, llegamos a nuestro destino, un pequeño poblado en el que establecimos nuestro centro de asistencia. Los nativos quechua nos esperaban.

    El objetivo de nuestra misión humanitaria tenía tres vertientes: enseñar a los nativos unas nociones básicas de higiene, arreglarles la dentadura y corregirles la vista. A mí me asignaron esta última. El optometrista que viajaba con nosotros les realizaría un examen óptico, me entregaría una receta para unas gafas y yo intentaría encontrar las más adecuadas en las bolsas de gafas de segunda mano que habíamos transportado hasta allí.

    Recuerdo a un paciente en particular. Se trataba de un anciano menudo y curtido por el sol. Su piel estaba apergaminada como un guante de béisbol usado. Y sólo tenía un ojo. Tras examinarlo, el optometrista lo condujo a mi puesto y me tendió una receta en blanco.

    —¿Qué hago con esto? — le pregunté.
    —Entrégale las gafas más gruesas que encuentres -respondió él-. Es ciego.

    Ya sabía qué gafas le iba a dar. Antes, mientras las ordenaba, había visto unas tan gruesas que estaba convencido de que eran a prueba de balas. Las cogí y las coloqué en el rostro del hombrecillo. Una amplia sonrisa iluminó su cara y enseguida averigüé que no sólo tenía un único ojo, sino también un solo diente.

    —¡Puedo ver! — exclamó él.

    La misión de mi hija consistía en entretener a los niños mientras los médicos atendían a sus padres. Una tierna imagen quedó grabada en mi mente para siempre. En ella, mi hija corría y gritaba presa del pánico mientras una multitud de chiquillos con el torso desnudo la perseguían y reían con tanta intensidad que, de vez en cuando, caían al suelo sujetándose la barriga.

    Cuando nos íbamos, los niños se agolparon alrededor de mi hija y ella los abrazó uno a uno. Después, mi hija y yo nos sentamos en la parte trasera del autobús. Ella permaneció en silencio. Transcurridos unos minutos, le pregunté qué había aprendido de aquella experiencia. Ella reflexionó durante unos instantes y respondió:

    —Amamos a aquellos a los que servimos.

    Continuamos nuestro viaje en barco, navegando río arriba a lo largo del lodoso río Madre de Dios. Pasamos frente a los campamentos clandestinos de los buscadores de oro que laceraban la selva con sus excavadoras y sus canales y, al final, llegamos a un claro en el bosque. Se trataba de un aeródromo. Embarcamos en un avión de carga que nos condujo hacia el sur, a Cuzco. Una vez allí, subimos a unos autocares que nos llevaron a los Andes, a una hacienda venida a menos.

    La hacienda había sido espléndida en su día, con azulejos ricamente decorados e intrincadas obras de carpintería. Tenía un patio con el suelo enlosado, una galería y una torre con campanario. Sin embargo, en la actualidad la opulencia de los siglos anteriores había desaparecido y lo que quedaba, que había sido saqueado y se hallaba en estado de desintegración, apenas proporcionaba un techo adecuado para los niños del orfanato que albergaba. El centro se denominaba El Girasol, y se empleaba para acoger y salvar a los niños de la calle.

    Entre todas las personas que conocimos en aquella tierra mística, fue allí donde encontramos a la más memorable. Se trataba de un norteamericano llamado Paul Cook.

    Uno de nuestros guías nos contó que, anteriormente, Paul Cook había sido un brillante médico de urgencias. Hasta que un día de Navidad, todo cambió.

    Una tarde, después de finalizar nuestras tareas diurnas y mientras la oscuridad se cernía a nuestro alrededor, nos sentamos junto a una hoguera y rememoramos los sucesos del día. Los componentes del grupo se fueron retirando a sus aposentos de manera gradual hasta que, al final, me encontré a solas con aquel hombre silencioso e intrigante. Hablamos, ante todo, de Norteamérica, de la NBA, de las películas más recientes, de los Oscar y de quién creía yo que ganaría las próximas elecciones presidenciales. Después de satisfacer su curiosidad sobre los acontecimientos de la actualidad, le pregunté qué lo había llevado a trasladarse a Perú. Sus ojos se perdieron en la hoguera. Luego contestó, sin mirarme:

    —Es una larga historia.
    —En la selva no hay relojes -respondí yo.

    Él, sin apartar la mirada del fuego, sonrió, porque yo había utilizado una de sus frases favoritas. Pasados unos instantes, añadió:

    —Se lo mostraré.

    Paul me condujo a través del laberinto que formaban las dependencias de la hacienda hasta una habitación pequeña, sin ventanas, con el suelo de madera y el techo alto. La estancia era tan austera como el resto del orfanato y la iluminaba una simple bombilla colgada de un cordón desde las vigas del techo, que estaban al descubierto. El mobiliario lo conformaban contados y sencillos muebles: una pequeña palangana de hojalata, una silla de madera, un cajón que servía de escritorio y un simple colchón de muelles colocado sobre unos bloques de madera que hacía de cama.

    Y también había libros, montones de libros que san duda habían sido leídos y releídos y que estaban apilados de forma descuidada contra la pared. Yo eché una ojeada a dos títulos. Había obras clásicas y éxitos de ventas, recopilaciones del Reader's Digest, revistas médicas, cuadernos de crucigramas, biografías y novelas de misterio. Unos estaban escritos en español y otros, en inglés. También había unas cuantas novelas románticas.

    Encima de los libros había dos fotografías enmarcadas. Una era de una pareja mayor, que debían de ser sus padres; y la otra, de una hermosa joven que, según supe más tarde, se llamaba Christine. El adorno más peculiar de la habitación era el póster de una película, un cartel lúgubre de color negro y añil que representaba a una pareja besándose bajo el título escrito en italiano: Cinema Paradiso.

    Paul me concedió unos instantes para que me familiarizara con el lugar y, a continuación, me indicó que me sentara en la cama. Entonces me di cuenta de que sostenía algo en la mano, una bolsa de piel cosida a mano. Paul aflojó el cordel que la cerraba, extrajo un soldadito de juguete de su interior y me lo ofreció. Después se sentó a mi lado y empezó su relato. Más o menos una hora más tarde, cuando hubo terminado, tenía un aspecto abrumado y fatigado, y yo percibí que los muros se elevaban de nuevo a su alrededor, como si temiera haberme explicado demasiado. Entonces volvió a introducir el soldadito en la bolsa y la colgó de un clavo que había en la pared.

    Le pregunté si podía contar su historia y él mostró poco interés en mi petición, aunque me contestó que lo consultaría con la almohada. Supuse que su respuesta constituía, también, una indirecta para que me retirara. Tres días más tarde, pocas horas antes de nuestro regreso en avión a Lima, Paul accedió a mi petición.

    Hay un dicho que reza: «No pierdas el tiempo buscando tu destino, él está a punto de encontrarte.» La historia de Paul Cook confirma que este dicho es tan cierto como cualquier otro. También lo fue para una joven llamada Christine, que viajó a la selva en busca de cualquier cosa menos amor.

    Ésta es su historia.


    Capítulo 2


    A veces, parece que Dios acciona un interruptor cósmico que mueve los caminos que hay debajo de nuestros pies y precipita nuestras vidas en una dirección nueva e incierta. En estas ocasiones, sólo dos cosas son seguras: Es mejor no saber qué nos espera, y nunca hay vuelta atrás.
    Diario de PAUL COOK


    Día de Navidad de 1999
    St. Paul, Minnesota



    «Tengo que mudarme a Arizona», pensó Paul mientras los limpiaparabrisas de su coche se esforzaban por mantener a raya la nieve. Había subestimado la intensidad de la tormenta. La ventisca se había desencadenado poco después de mediodía, una vez finalizada la comida de Navidad. Alrededor de las dos, Paul abandonó el calor de la chimenea y de los brazos de su prometida y se concedió el plazo de una hora para un desplazamiento que, normalmente, duraba treinta y cinco minutos. Cuando dejó las calles cubiertas de nieve y aparcó el Porsche en el aparcamiento trasero del departamento de urgencias del hospital, reservado para el personal médico, eran casi las tres y media.

    Paul corrió hacia la entrada trasera del edificio, se sacudió la nieve de los hombros y se dirigió a los vestuarios. En el interior, otro médico se estaba poniendo la ropa de calle. Cuando Paul entró, el otro médico levantó la vista y se sintió aliviado al ver a su sustituto.

    —Lo has conseguido.
    —Por los pelos -respondió Paul, mientras se quitaba la parka-. El tráfico es una locura.
    —Pues espera a ver la sala de urgencias.
    —¿Está muy mal?
    —Como un supermercado de la cadena Wal-Mart el sábado anterior al día de Navidad. Con la diferencia de que aquí todo el mundo está enfermo o sangra.
    —¿Entonces, por qué te vas?
    —Ya he hecho un turno doble. Ahora mismo, me siento como un muerto viviente. Durante las últimas cuatro horas hemos estado Garrity y yo solos.

    Paul colgó la parka en una taquilla, se quitó los zapatos y los pantalones y se puso la ropa de trabajo.

    —¿Dónde está McVey?
    —De baja, con bronquitis.
    —Muy oportuno. — Paul volvió a calzarse-. ¿Qué tenemos hoy?
    —Las típicas alegrías de Navidad, intentos de suicidio, peleas familiares, accidentes con todos esos juguetes nuevos que la gente ha comprado para hacerse daño y los típicos incidentes con las quitanieves.

    Paul sacudió la cabeza.

    —Jamás entenderé qué empuja a las personas a meter la mano en una máquina quitanieves.
    —Empecé mi turno con un niño de ocho años que tenía una barra de caramelo insertada en la nariz. Cosas así hacen que uno se pregunte cómo ha logrado sobrevivir nuestra especie. — Entonces se puso el anorak-. ¿Cómo está esa novia tan estupenda que tienes?
    —Enfadada, porque tengo que trabajar el día de Navidad.
    —No te preocupes, llegará un día en que no le importará.
    —Ese día empezaré a preocuparme.

    El compañero de Paul sonrió con ironía.

    —He visto a tu novia. Acostúmbrate a preocuparte. — Entonces se dirigió hacia la puerta-. Cuídate.
    —Conduce con cuidado. ¡Y feliz Navidad!
    —Quizá lo sea el año que viene -respondió su compañero.

    Paul guardó los pantalones en la taquilla, se puso la bata blanca y se dispuso a trabajar. El área central del departamento de urgencias bullía de actividad. Los enfermeros y los auxiliares se apelotonaban en los diminutos compartimientos de trabajo y en las zonas de paso. Paul los saludó:

    —¡Feliz Navidad a todos!

    La enfermera jefe levantó la vista del ordenador y suspiró con alivio.

    —Temía que no pudiera venir. Feliz Navidad, doctor.
    —¡Feliz Navidad!

    Marci, una enfermera pelirroja y pecosa, pasó junto a él con una cinta en el pelo y dos astas de terciopelo. Entonces se detuvo y le sonrió.

    —¡Feliz Navidad, doctor Cook!
    —¡Feliz Navidad! ¿Qué reno eres?
    —Vixen -respondió ella, mientras agitaba la cabeza.

    Paul sonrió y ella se alejó.

    —Yo más bien diría que se parece a Rudolph -comentó la enfermera jefe con malicia.

    Desde donde estaba, Paul vio la sala de espera con su despliegue de adornos navideños: copos de nieve de papel cortados a mano por los niños de un colegio de primaria cercano y plantas de Navidad en tiestos repartidos por toda la sala cuyas hojas de color escarlata intenso contrastaban con el gris apagado de las paredes y la moqueta. En un rincón del vestíbulo había un árbol de Navidad artificial decorado con luces blancas y sartas de cuentas en rosa metálico.

    Todas las sillas de la sala de espera estaban ocupadas, y los que no habían podido sentarse se apoyaban en las paredes o se arrellanaban en el suelo enmoquetado. Una larga cola se había formado frente al mostrador de recepción.

    Paul se roció las manos con una loción antibacteriana y se las frotó.

    —Parece que estamos algo ocupados.

    La enfermera jefe lo miró.

    —¿De veras?

    Paul entró en la sala de los historiales clínicos de los pacientes. El doctor Aaron Garrity estaba sentado frente a la pantalla de un ordenador y dictaba el informe correspondiente a un paciente. Al ver a Paul, se interrumpió en mitad de la frase que estaba dictando y apagó la grabadora del ordenador.

    —¡Hola, Paul, feliz Navidad!
    —Gracias, lo mismo le deseo. — Paul se colgó el busca del cinturón-. ¿Hoy sólo estaremos tú y yo?
    —A tope, como siempre.

    Paul cruzó la habitación hasta la pantalla de un ordenador en la que destellaban los nombres de los pacientes admitidos.

    —¿Qué tienes tú?
    —Cuatro con fiebre, uno que se ha cortado las venas, dos con sobredosis y una mujer que le partió el cráneo a su marido porque a él no le gustó la comida de Navidad…

    Paul frunció el ceño.

    —Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad…
    —… y un hombre que introdujo la mano en el cañón de la máquina quitanieves.

    Mientras Paul examinaba la pantalla del ordenador, entró una enfermera.

    —¡Hola, doctor Cook!

    Él levantó la mirada y vio que se trataba de Kelly, una enfermera joven, menuda, rubia y de sonrisa contagiosa. Kelly era competente y agradable, y Paul siempre se alegraba de que estuviera en sus guardias.

    —Hola, Kell. Feliz Navidad.
    —Feliz Navidad. Me alegro de que llegara sano y salvo. ¿Cómo están las carreteras?
    —Habría llegado antes en trineo.

    Kelly sonrió.

    —¿Quién más está de guardia? — preguntó Paul.
    —Marci, Ken, Jean, Paula, Gary y Beverly. — Kelly rozó el brazo de Paul-. Hay una mujer con una laceración en la mano. Sólo se trata de un cuarto grado, pero no para de sangrar. Lleva aquí casi tres horas.
    —A estas alturas, es probable que haya perdido la alegría navideña.
    —Aunque es increíblemente paciente, me sabe mal por ella. Le he lavado la herida y le he colocado un vendaje temporal, pero necesita sutura.
    —¿Tienes su historia clínica?
    —Aquí mismo, — Kelly le tendió una tablilla sujetapapeles-. Se hirió mientras cortaba el jamón navideño.

    Paul examinó el registro de datos.

    —¿Es muy grande?
    —¿El jamón?

    Él levantó la vista y una sonrisa se dibujó en sus labios.

    —No, el corte.

    Kelly se sonrojó.

    —Lo siento. Unos dos centímetros y medio.›
    —Vamos a verla.

    La paciente tenía veintitantos años, vestía unos pantalones negros ajustados y de cintura baja y una camiseta rosa de manga larga. Llevaba el contorno de los ojos delineado en un tono oscuro y tenía el cabello negro y de punta. Estaba sentada en la camilla y sostenía una gasa sobre el vendaje del dedo. La sangre había manchado el vendaje. Cuando Paul entró, la joven levantó la vista con nerviosismo. Él la saludó con una sonrisa cálida.

    —Soy el doctor Cook. Siento que hayas tenido que esperar tanto tiempo.
    —No pasa nada. Están muy ocupados.

    Él se acercó a la camilla.

    —Por lo que veo, decidiste servir tu propio dedo para comer.

    Ella sonrió levemente.

    —Estaba cortando jamón y el cuchillo resbaló.
    —¿Cuánto hace que ocurrió?
    —Unas tres horas. Vine enseguida.
    —Vamos a verlo. — Paul le quitó el vendaje con cuidado. El corte medía unos dos centímetros y medio de largo y parecía llegar hasta el hueso-. Eres muy valiente. Si yo estuviera en tu lugar, no pararía de gritar. Antes de ponerte la anestesia, tengo que comprobar si los nervios o los tendones han quedado dañados. Quiero que extiendas el dedo así. — Paul extendió el dedo índice para mostrárselo, y ella obedeció-. Ahora, mantenlo estirado, no dejes que te lo doble. — Paul empujó el extremo del dedo de la joven y ella lo mantuvo estirado-. Muy bien. Continúa manteniéndolo estirado y comprobaré el flujo sanguíneo.

    Paul apretó la punta del dedo de la joven hasta que se puso blanco y, a continuación, lo soltó. Enseguida se volvió rosado.

    —El flujo sanguíneo es bueno. Sólo una prueba más.

    Paul cogió el clip que sujetaba el historial de la joven y lo dobló de forma que los dos extremos quedaron extendidos y paralelos.

    —Cierra los ojos. — Entonces pinchó el dedo de la. joven con las dos puntas-. ¿Cuántos pinchazos notas?
    —Dos.

    Paul desplazó el clip a lo largo del dedo de la joven.

    —¿Y ahora?
    —Dos.
    —Estupendo. Ya puedes abrir los ojos.

    Ella observó el clip.

    —Dispone usted de un equipo de alta tecnología.

    Él sonrió.

    —Siempre lo mejor para mis pacientes. Kelly, prepara tres centímetros cúbicos de xilocaína al dos por ciento.

    Kelly ya había preparado la inyección.

    —Aquí la tiene.
    —Gracias. — Paul cogió la jeringuilla y se volvió hacia la joven-: Has superado todas las pruebas decisivas, de modo que lo único que tengo que hacer es coser la herida y enviarte a casa. Extiende la mano con la palma hacia arriba. Ahora te inyectaré anestesia para dormirte el dedo.

    Ella volvió la cabeza a un lado mientras él clavaba la aguja en la palma de su mano.

    —Me siento tan tonta. Trabajo en una floristería, me paso el día cortando flores y nunca he tenido un accidente.
    —Los accidentes ocurren. Los tontos son los que lo hacen a propósito. — Paul extrajo la aguja-: Sólo una más.

    Ella se mordió el labio inferior mientras él volvía a introducir la aguja en la palma de su mano.

    —¿Ha atendido muchos casos de suicidio?

    Él asintió con la cabeza.

    —Sobre todo en esta época del año. — Paul se incorporó, rompió la aguja y la echó en una bolsa-. Tardará unos minutos en hacer efecto. Siento tener que dejarte otra ve?, pero estaré de vuelta en diez minutos. Te lo prometo.
    —Gracias.

    Paul regresó a la sala de los historiales clínicos anotó los detalles de su visita. A continuación, examinó la pantalla del ordenador para averiguar quién era su próximo paciente. En la sala había un enfermero, Ken.

    —¿Has visto a la señora Schiffman, la de la G? — le preguntó Paul.
    —Hará unos diez minutos.
    —Vamos a verla.

    Paul cogió el historial de la paciente y se dirigió a la cuarta puerta del pasillo. Una mujer rubia de treinta y tantos años yacía tumbada boca arriba sobre la camilla. Llevaba puesta una bata del hospital y tenía el pie levantado a unos quince centímetros de la camilla. Su esposo, un hombre fornido, de rostro rubicundo, con barba y una barriga prominente estaba sentado a su lado y leía un ejemplar de la revista Car and Driver. Cuando Paul y Ken entraron, el hombre levantó la vista con una expresión de enojo en el rostro.

    —Ya era hora de que alguien viniera. Los médicos piensan que su tiempo es más valioso que el de los demás.
    —Estamos algo ocupados -respondió Paul, y se volvió hacia la mujer, quien se sentía visiblemente avergonzada por el carácter de su marido-. Hola, soy el doctor Cook. ¿Cómo se ha lesionado?
    —Sacaba a mi hijo a la calle cuando resbalé con el hielo. Creo que me la he roto.

    Paul le examinó la pierna. Un morado enorme le cubría el tobillo, que se había hinchado hasta el doble de su tamaño normal. Él se lo palpó y ejerció presión en distintos lugares.

    —¿Le duele aquí?
    —Sí.
    —¿Y aquí?
    —¡Ay! Sí.
    —Lo siento. — Paul se volvió hacia Ken-. Que le hagan una serie completa de radiografías. — Entonces se dirigió a la mujer-. Creo que tiene una fractura de tipo A del peroné. En el lenguaje de la calle significa que se ha roto la pierna, pero necesitamos las radiografías para estar seguros. ¿Le han dado algo para el dolor?
    —No.
    —¿Es usted alérgica a algún medicamento?
    —Al Valium.

    Paul cogió el historial y anotó algo en él.

    —Ken, que le den diez miligramos de morfina con cincuenta miligramos de Fenergan intramuscular. — Entonces apoyó la mano en el brazo de la mujer-. Volveré a verla cuando tenga las radiografías.
    —¡Eh, no irá a dejarnos! — exclamó el esposo.
    —No puedo hacer nada hasta que tenga las radiografías; mientras tanto, Ken se ocupará de su esposa.

    La mujer se sonrojó sin decir nada, y el marido refunfuñó al tiempo que Ken y el doctor salían de la habitación.

    —Un tío amable -comentó Paul-. Avísame cuando estén las radiografías.
    —De acuerdo.
    —Y llévate esto, por favor.

    Paul le entregó el historial de la mujer y regresó a la habitación H. Cuando entró, la joven le sonrió.

    —Te dije que volvería. ¿Estás anestesiada?

    Ella asintió.

    —Como un ladrillo.

    Él sonrió al oír la comparación.

    —Muy bien. El milagro de la xilocaína. El mejor descubrimiento desde el biquini. — Paul extrajo un equipo de sutura del armario-: Te coseré y después podrás irte. — A continuación, se sentó junto a la joven y se puso unos guantes de látex-: Muy bien, apoya la mano aquí. — Paul le guió la mano hasta el apoyabrazos acolchado de la camilla- Ahora relájate. Primero te colocaré un pequeño torniquete. Los dedos sangran mucho y esto dificulta mucho la visión. — Paul deslizó un pequeño aro de goma a lo largo del dedo de la joven-. Ahora sentirás presión y un ligero tirón, pero no deberías sentir ningún dolor. — Paul hincó la aguja en uno de los lados del corte.

    Ella dio un brinco y él levantó la vista.

    —¿Has notado la aguja?
    —Lo siento, es que estoy un poco nerviosa.
    —Intenta no moverte.
    —Lo siento.

    Paul clavó la aguja en el otro lado del corte y anudó el primer punto.

    —¿Cuántos puntos necesitaré?
    —Seis o siete. — Paul percibió la ansiedad de la joven-. ¿Así que eres florista?
    —Sí.
    —¿Y dónde trabajas?
    —En Hyde Floral. Está a pocos kilómetros de aquí, en la Novena.
    —¿Frente al concesionario de Honda?
    —Exacto.
    —Entonces yo te he comprado flores en alguna ocasión.
    —Estupendo. Su próximo pedido correrá de mi cuenta.
    —Gracias. ¿Cómo te llamas?
    —Lily Rose.

    Paul levantó la vista.

    —¿En serio?
    —Lo sé. Era el nombre de mi abuela, Lillian Rose. Todos los días me toman el pelo por mi nombre en la floristería. Supongo que estoy en el ramo equivocado.
    —O en el correcto. — Paul tiró del hilo y lo anudó-: Me alegro de haberte conocido, Lily, aunque la próxima vez nos veremos en tu lugar de trabajo.
    —No pienso discutírselo.
    —¿Para quién estabas cocinando?
    —Para mi familia. Nos reunimos una vez al año para recordarnos por qué no nos vemos el resto del año. Si termina pronto su turno está invitado.

    Paul sonrió.

    —Resulta tentador.
    —Para mi madre sería la Navidad más feliz de su vida. Siempre ha deseado que llevara a un médico a casa. Además, en este caso sería guapo.

    Paul sonrió.

    —Gracias.

    En aquel instante, Kelly entró en la habitación.

    —Doctor, los auxiliares sanitarios están de camino. Traen a un niño con insuficiencia respiratoria.

    Paul continuó realizando la sutura.

    —¿Dónde está el doctor Garrity?
    —Atendiendo un código azul. Una mujer sufrió un paro cardíaco mientras estaba dando a luz.
    —¿Tiempo estimado de llegada?
    —Unos dos minutos.
    —¿El niño todavía está consciente?
    —Sí.
    —¿Cuál es la saturación de oxígeno?
    —Está bajando. En su casa, era del ochenta y ocho por ciento; pero ahora ha bajado a ochenta y dos.

    Paul frunció el ceño.

    —¿Qué ha ocurrido?
    —Posible aspiración de un cuerpo extraño. Los padres y los auxiliares sanitarios le realizaron la maniobra de Heimlich, pero no funcionó.
    —Di a los auxiliares que le apliquen una intravenosa, pero que no retrasen el traslado.
    —Los llamaré.

    Paul miró a Lily.

    —Cuando traigan al niño, tendré que dejarte. No creo que consiga completar la sutura a tiempo. ¿Estarás bien?
    —Sí -dijo, y luego permaneció en silencio unos instantes-. Cuando era una adolescente, mientras cuidaba a la hija de unos vecinos, la niña se atragantó con un osito de gominola. Al final, lo escupió; pero yo me llevé un susto de muerte.

    Paul anudó otro punto de sutura.

    —A mí siempre me asustan las asfixias.

    Ken entró en la habitación.

    —Doctor Cook, tenemos un paro cardíaco de camino.

    Paul soltó un gruñido.

    —Las desgracias nunca vienen solas. ¿Tiempo estimado de llegada?
    —Cinco minutos.
    —Ponme al corriente.
    —Los auxiliares le están efectuando la reanimación cardiorrespiratoria. Varón, cuarenta y dos años. Estaba quitando nieve con una pala cuando sufrió el colapso.

    Kelly entró en la habitación.

    —Doctor, la ambulancia con el niño acaba de llegar.

    Paul dejó la aguja, cogió unas tijeras y cortó el torniquete. Entonces miró a Lily a los ojos.

    —Volveré.
    —Buena suerte.
    —Cúbrele el dedo con una gasa y ven a ayudarme -indicó Paul a Kelly.

    Cuando Paul salió al pasillo, los auxiliares entraban con el niño. Se trataba de un niño pequeño, de tres o cuatro años de edad. Su rostro estaba azulado, con los ojos muy abiertos y una mirada de loco. Un auxiliar fornido intentaba sujetar al niño mientras éste se convulsionaba desesperadamente. El tubo de la inyección intravenosa se agitaba con cada una de las sacudidas.

    —¿Saturación de oxígeno? — preguntó Paul.
    —Setenta y nueve.
    —Dádmelo.

    Paul rodeó al niño con los brazos y realizó la maniobra de Heimlich. Nada.

    —Tumbadlo en la camilla y monitorizadlo.

    Una mujer pasó corriendo junto al mostrador de recepción y entró gritando en la sección de urgencias.

    —¿Dónde está mi hijo?

    La recepcionista había intentado sujetarla del brazo cuando pasó por su lado y ahora la seguía.

    —¡Señora, tiene que quedarse en el vestíbulo!
    —¿Dónde está mi hijo? No pienso dejarlo solo.

    Entonces llegó Kelly.

    —Doctor Cook, la madre del niño…
    —Lleváosla de aquí.
    —¡Sígame, señora! — gritó Kelly desde el pasillo.

    La mujer corrió hacia el equipo médico que rodeaba a su hijo. Al verlo, todavía se puso más histérica.

    —¡Hagan algo…, por favor!
    —¿Sabe qué se ha tragado?
    —No. Estaba jugando junto al árbol.
    —¿Había adornos pequeños?
    —No lo sé. ¡Pero sáqueselo! ¡Sáqueselo! ¡No puede respirar!

    Paul se volvió hacia Kelly.

    —Tenemos que sedarlo. Prepara un miligramo de Versed.

    Kelly inyectó el medicamento en el botellín de la intravenosa, pero el niño seguía luchando contra los hombres que lo sujetaban.

    —La saturación desciende -informó Kelly.
    —El Versed no le ha hecho efecto. ¿Saturación?
    —Setenta y cinco.
    —Estupendo -declaró Paul con sorna-. Tengo que averiguar qué es lo que se ha tragado. — Entonces se volvió hacia la madre-. ¿Cuánto pesa?
    —Esto… quince kilos.

    Paul realizó un cálculo mental: «Un miligramo por kilogramo.»

    —Kelly, prepara quince miligramos de succinilcolina.

    Justo en aquel momento, las puertas correderas se abrieron y una ráfaga de viento helado recorrió el pasillo. Dos auxiliares calzados con gruesas botas entraron empujando una camilla en la que yacía un hombre sujeto con correas. Marci los seguía. Ahora ya sin astas.

    —Doctor, los auxiliares han llegado con el paciente del paro cardíaco.
    —¿Dónde está Garrity?
    —Todavía está en la sala de partos.
    —Tendrás que ayudarme, Marci. ¿ Qué habitación está libre?
    —La D. Delta.
    —Llevadlo allí y continuad con la reanimación cardiorrespiratoria. ¿Ritmo cardíaco?
    —Taquicardia ventricular.
    —¿Los auxiliares le han practicado el electroshock?
    —Sí, a doscientos, trescientos y trescientos sesenta julios.
    —Inyéctale un miligramo de epinefrina, espera un minuto y si todavía padece fibrilación ventricular, vuelve a aplicarle el electroshock a trescientos sesenta julios. Kelly, ¿dónde está la succinilcolina?
    —Ya está lista.
    —La saturación ha caído a setenta -informó Ken.
    —Tráeme el equipo de intubación.
    —Aquí está.
    —Muy bien, chicos, vamos allá. Inyecta la succinilcolina, Kell.

    Kelly inyectó el medicamento y, en pocos segundos, el niño se quedó totalmente relajado.

    —¡Lo han matado! ¡Han matado a mi hijo! — gritó la madre.
    —No está muerto, señora. Por favor, enfermero, acompañe a la señora a la sala de espera para familiares.
    —¡Yo lo he traído con vida! ¡Estaba vivo! ¡Te quiero, Stevie!
    —Todavía, está vivo, señora -explicó Paul-. Se pondrá bien.

    El enfermero agarró a la mujer del brazo.

    —Tiene que venir conmigo, señora.
    —¡Te quiero, Stevie! ¡Mamá te quiere! — lloriqueaba ella, mientras la sacaban de la sala.

    Paul introdujo un laringoscopio en la boca del niño y le separó las mandíbulas para ver las cuerdas vocales.

    Marci volvió a entrar en la habitación.

    —Lo necesitamos, doctor, el paciente ha vomitado y los auxiliares no consiguen entubarlo.
    —Ahora no puedo ir. Aspirad el vómito y colocadle una bolsa hasta que pueda ir. Kelly, pásame el… -Kelly le tendió el fórceps antes de que él terminara la frase. Paul lo introdujo en la garganta del niño. Entre las cuerdas vocales había un objeto de color-. Ahí está.
    —Doctor -avisó Ken-, la saturación ha bajado a sesenta y ocho. — En aquel momento, el monitor del corazón empezó a pitar-. Ha entrado en bradicardia -informó Ken.
    —¿A qué ritmo?
    —Treinta.
    —Ken, inicia la reanimación. Kelly, cero coma dos miligramos de atropina intravenosa, y dame un tubo endotraqueal del seis. — Paul sujetó el objeto con el fórceps y lo sacó poco a poco. Se trataba de un soldadito de juguete. Paul dejó caer el juguete y el fórceps en la bandeja de la camilla-. ¿Ritmo, Ken?
    —Nada.
    —Tubo, Kelly. — Ella le tendió un tubo de plástico estrecho. Él lo introdujo entre las cuerdas vocales del niño y a continuación se detuvo para escuchar-. Los ruidos respiratorios y el CO2 expulsado son buenos. Kell, hiperventílalo.
    —Doctor, ha entrado en fibrilación ventricular -informó Ken.

    Paul buscó el pulso del niño.

    —Voy a aplicarle el electroshock. Ken, pásame los electrodos.

    Ken levantó la camiseta del niño, colocó los electrodos sobre el pecho del niño y conectó los cables con unas pinzas.

    —Listo.
    —Cárgalo a veinte julios. ¡Despejen!

    El cuerpecito del niño sufrió una sacudida y todos miraron el monitor. Nada.

    —Auméntalo a cuarenta julios. ¡Despejen!

    Otra sacudida.

    —La saturación ha subido a noventa, doctor -informó Kelly.
    —Ya tenemos oxígeno, sí consiguiéramos que el corazón latiera…
    —Sigue igual -declaró Ken.
    —Ken, reanimación cardiorrespiratoria. Kelly, cero coma dos miligramos de epinefrina. Intravenosa.

    Ken masajeó el pecho del niño mientras Paul contemplaba el monitor.

    —¡Vamos, vamos!
    —¡Vamos! — repitió Kelly.

    Paul se volvió de nuevo hacia el niño.

    —Cuarenta julios. Allá vamos. ¡Despejen!

    Marci apareció de nuevo en el umbral de la puerta.

    —Doctor, ¿ qué quiere que hagamos con el paciente de la D? No conseguimos intubarlo; le hemos aplicado el electroshock seis veces, y le hemos inyectado tres dosis de epinefrina y hasta ciento cincuenta miligramos de lidocaína.

    Una gota de sudor resbaló por la sien de Paul hasta su mandíbula.

    —¿Hay algún otro doctor en el hospital que pueda ayudarnos?
    —Hemos avisado por megafonía y nadie ha respondido. También hemos telefoneado al doctor Mabey a su casa, pero tardará unos veinte minutos en llegar.
    —Todo esto habrá terminado en veinte minutos. Ken, continúa con la reanimación; me voy treinta segundos a la D.

    Paul recorrió a toda prisa los diez metros que lo separaban de la habitación D. En el interior, un hombre algo obeso estaba tumbado boca arriba; le habían cortado la camiseta para quitársela. Había dos auxiliares: uno bombeaba el pecho del hombre y el otro los miraba. Camille, la auxiliar encargada de la respiración, sostenía una mascarilla sobre el rostro del hombre y comprimía una bolsa de gran tamaño para introducir oxígeno en sus pulmones. Paul echó una rápida ojeada al gráfico cardíaco mientras analizaba lo que se había hecho hasta entonces y lo que todavía quedaba por hacer. Todos lo miraron, y sus ojos revelaban la impotencia que sentían.

    —Marci, inyéctale otro miligramo de epinefrina, espera un minuto y, si no se produce ningún cambio en el ritmo, vuélvele a aplicar el electroshock a trescientos sesenta julios. Prepara el equipo de intubación. Enseguida vuelvo.

    Paul regresó corriendo a la otra habitación. El rostro del niño había adquirido un feo color azulado.

    —¿Cómo está?
    —Todavía en fibrilación ventricular -explicó Ken.
    —Aplícale de nuevo el electroshock a trescientos julios.

    Kelly lo miró.

    —¿Trescientos?
    —Quiero decir cuarenta. — Los demás intercambiaron una mirada-. Cuarenta. ¡Despejen!

    El cuerpo del niño sufrió una sacudida y el pitido del monitor se detuvo.

    —Hemos conseguido ritmo -declaró Ken. '

    Paul sostuvo la muñeca del niño.

    —Tiene pulso. Kell, telefonea al hospital pediátrico. Necesitaremos una unidad de cuidados pediátricos intensivos. Averigua si pueden enviar un helicóptero con esta tormenta.
    —La saturación está al noventa y cinco por ciento -informó Kelly.

    El rostro del niño recuperó poco a poco su color natural. Paul suspiró con alivio.

    —Buen trabajo, chicos, buen trabajo. Quedaos con él, yo me voy a la D.

    Paul se fue corriendo a la otra habitación. Marci y los auxiliares seguían trabajando para salvar al paciente, pero se los veía muy angustiados. Marci levantó la vista.

    —No conseguimos que el corazón lata y tampoco hemos logrado intubarlo.

    Paul cogió el tubo y lo introdujo con éxito en las vías respiratorias del hombre.

    —Buen trabajo, doctor -lo halagó Marci.
    —Por eso gana un pastón -bromeó uno de los auxiliares.
    —Electroshock -indicó Paul. Y cogió los electrodos-. Marci, trescientos sesenta julios. ¡Despejen!

    El cuerpo se convulsionó.

    —¿Alguna reacción?

    El auxiliar negó con un movimiento de la cabeza.

    —¿Atropina?
    —Le hemos inyectado la dosis máxima.
    —Reanimación cardiorrespiratoria, rápido. Marci, más epinefrina, cero coma dos miligramos.

    Marci inyectó el esteroide en el botellín de la intravenosa.

    —¡No responde! — exclamó Paul-. Otro electroshock. Trescientos sesenta julios. ¡Despejen!

    El cuerpo volvió a convulsionarse, pero se desplomó con la misma rapidez.

    «Es como intentar reanimar un sofá», pensó Paul.

    —No responde a nada.

    El monitor mostró una línea recta.

    —¡Ha entrado en asistolía! — exclamó Marci.
    —Otro electroshock. Trescientos sesenta julios. ¡Despejen!

    Nada. Paul miró a su alrededor.

    —¿Alguien ha percibido el menor pulso? — preguntó.
    —Nada-respondió uno de los auxiliares.
    —No, doctor -contestó Marci.
    —¿Cuánto tiempo lleva en paro cardíaco? — preguntó Paul.
    —Lo recogimos hace cuarenta y cinco minutos -informó el auxiliar-. Recibimos la llamada hace cincuenta y seis.

    En aquel momento, el sonido de un helicóptero que aterrizaba sacudió las ventanas. Paul contempló al paciente. Había fallecido y llevaba en ese estado una media hora. Paul suspiró con frustración.

    —Declarad la muerte.

    Marci consultó su reloj.

    —Hora de la muerte, las dieciséis y veintisiete.

    El equipo de transporte aéreo pasó frente a la habitación. En aquel momento entró Kelly.

    —Doctor, el ritmo cardíaco del niño ha bajado a cuarenta, lo necesitamos.

    Paul se volvió hacia Marci.

    —Veré a la familia cuando haya terminado.

    Paul se dirigió a toda prisa a la habitación del niño. A medio camino, el hombre rubicundo de la habitación G se interpuso en su camino.

    —¡Eh, ya hemos esperado bastante! ¿Qué hay de las radiografías de mi esposa?

    Paul lo esquivó, pero perdió el control.

    —¡Vuelva a entrar en la habitación! ¡Estoy intentando salvar una vida!

    El hombre regresó cabizbajo junto a su esposa El personal del helicóptero esperaba junto a la puerta de la habitación del niño.

    —El viaje se ha retrasado, chicos -declaró Paul. Nada más entrar en la habitación, contempló el monitor.

    El ritmo cardíaco del niño había descendido cuatro puntos más.

    —Atropina, cero coma dos miligramos. Intravenosa.

    La fibrilación ventricular volvió a aparecer en el monitor.

    —¿Qué ocurre aquí? — murmuró Paul en voz baja-. Kell, carga el electro a veinte julios. ¡Despejen!

    El cuerpo del niño se estremeció.

    —Hay un latido -informó Ken.
    —Momentáneo -contestó Paul, cuando el ritmo cardíaco empezó a bajar otra vez-. Lo estamos manteniendo con vida gracias a la epinefrina. ¿Cómo está de saturación?
    —Bien, doctor. Está al noventa y cinco por ciento.

    El doctor Garrity asomó la cabeza por la puerta.

    —Ya estoy de vuelta. ¿Necesitas ayuda?
    —No consigo mantener los latidos. Le hemos inyectado el máximo de atropina y ya llevamos tres miligramos de epinefrina. ¿Alguna idea?

    El doctor Garrity sacudió la cabeza.

    —Estás haciendo todo lo posible. Un accidente de coche está de camino con heridas múltiples de segundo grado.

    El monitor del corazón volvió a emitir un pitido.

    —Fibrilación ventricular, doctor.

    Paul aplicó al niño la reanimación cardiorrespiratoria.

    —¡Vamos, vamos! ¡Aguanta! Kelly, intentémoslo una vez más. Epinefrina, cero coma dos miligramos.
    —Hecho.
    —Carga a cuarenta julios. ¡Despejen!

    El cuerpo del niño sufrió una sacudida. Durante unos instantes, su corazón volvió a latir, pero en esta ocasión nadie se regocijó. Los latidos volvieron a disminuir casi enseguida.

    —¡Aguanta! — exclamó Paul-. ¡Aguanta! ¡Aguanta! — El monitor volvió a emitir un pitido. Paul miró a su alrededor-. ¿Alguien tiene alguna idea?

    Nadie respondió.

    —Vamos, Kell, una vez más. Cero coma dos miligramos de epinefrina.

    Ella volvió a inyectar la medicación en el botellín de la intravenosa.

    —Ya está.
    —Ken, cárgalo a cuarenta julios. ¡Despejen!

    El cuerpo dio otro salto. En esta ocasión el monitor no cambió, sino que siguió pitando.

    —¡Otra vez!-exclamó Paul con rabia-. ¡Cárgalo a sesenta julios! ¡Despejen!

    El cuerpecito del niño se elevó casi treinta centímetros, sin ningún resultado.

    —¡Nada! — exclamó Paul. El monitor siguió pitando-. Otra vez. Carga a sesenta julios. ¡Despejen!

    El cuerpo del niño volvió a dar un salto, pero el monitor no reflejó ningún cambio. Parecía cruel continuar aplicando descargas al cuerpo del niño. Durante unos momentos, todos permanecieron en silencio y la hiperactividad de la sala se disolvió en el letargo de la derrota. Tras unos instantes, Kelly apoyó la mano en el hombro de Paul.

    —¿Declaro la muerte, doctor?

    Paul permaneció inmóvil.

    —¿Doctor?

    Él se tapó los ojos con la mano y respiró hondo.

    —¿Cuánto rato lleva así?

    Kelly consultó el reloj.

    —Treinta y siete minutos.

    Paul contempló el rostro sereno y perfecto del niño y, a continuación, desvió la mirada hacia el soldadito de juguete que estaba en la bandeja.

    —Declara la muerte -indicó con voz quebrada.
    —El paciente ha muerto a las dieciséis cuarenta y dos -declaró Kelly con voz suave.

    Paul permaneció inmóvil, helado.

    Marci entró en la habitación.

    —Doctor, la mujer y los hijos del paro cardíaco esperan que les comunique alguna cosa.

    Paul continuó observando al niño como si no la hubiera oído.

    —Necesito un minuto -declaró.

    Mientras todos lo observaban, Paul se dirigió a un rincón de la sala, se sentó en un taburete de vinilo negro y se tapó el rostro con las manos. Su cuerpo empezó a temblar. Entonces rompió a llorar.

    Los ojos de Kelly se humedecieron y, tras enjugarse las lágrimas que le resbalaban por las mejillas, declaró:

    —Ha hecho todo lo posible. Ha sido la voluntad de Dios.

    Unos instantes más tarde, el grito de una madre que buscaba a su hijo retumbó en el pasillo.


    Capítulo 3


    La esperanza se aferra a iodo lo que flota.
    Diario de PAUL COOK


    Cuatro años más tarde. 22 de octubre de 2003
    Dayton, Ohio



    Christine Hollister colocó el velo sobre su cabello castaño rojizo y se miró en el espejo del salón. Bajo el velo de color marfil, vestía unos pantalones de chándal de color gris y una camiseta de la Universidad de Dayton que le iba grande; una combinación tan rara como una mariposa en invierno. Dentro de sólo siete días llevaría el velo de verdad. Aquel pensamiento la emocionó y la estresó al mismo tiempo. ¡Quedaba tanto por hacer antes de la boda!

    Christine dejó el velo sobre la encimera de la cocina y cogió el diario con la planificación de su boda. Los bordes de las hojas estaban hábilmente clasificados y alfabetizados; y el interior, abultado, lleno de artículos y fotografías de revistas para novias, notas y tarjetas profesionales.

    Christine hojeó el diario y se detuvo, una tras otra, en las páginas que todavía no había tachado.

    «La comida y la bebida ya están listas…, casi…, tenemos que realizar un pago a cuenta. Y tengo que encargar más palos de nata. Mamá me prometió que se encargaría de llamar. Será mejor que la telefonee y se lo recuerde.»

    El encargado del vídeo y de la música había dejado un mensaje en el contestador de Christine.

    «Nada con voz -pensó ella-… Música de piano estaría bien. Algo de Rachmaninoff. ¿Cuál era aquélla? La de la película de Jane Seymour y Christopher Reeve…»

    Christine escribió una nota en el margen de la página.

    Flores. Rosas, no. Odiaba las rosas. Su ramo de boda estaba confeccionado con girasoles de pétalos rojizos y margaritas, como los centros de mesa. El pastel, que era de tres pisos y llevaba un recubrimiento blanco, también estaba decorado con girasoles naturales. Ni siquiera las invitaciones para la boda se habían librado de la presencia de estas flores: estaban confeccionadas con papel de vitela de color marfil y una filigrana de girasoles. Nadie podía dudar de que a Christine le encantaran los girasoles.

    Christine se detuvo en una página en la que había guardado una fotografía de un vestido de dama de honor de la revista Modern Bride. Se trataba de un vestido de satén azul marino, con el cuerpo ajustado y la falda ancha, que llegaba hasta las pantorrillas. A continuación, tachó la página. Su primera dama de honor había escogido su propio vestido, y el de las otras damas de honor ya estaba decidido. Ahora sólo tenía que preocuparse de su propio vestido.

    Se pondría el vestido de novia de su bisabuela: un vestido de charmeuse de color crema que estaba bordado con perlas y lentejuelas.

    Según las revistas para novias, el color crema o luz de vela, como ellas lo llamaban, era ideal para las pieles claras como la suya. El vestido era precioso, pero resultaba evidente que había sido diseñado para una mujer de otra época. La parte de las caderas le iba bien y el busto, ajustado pero soportable. Sin embargo, el talle era del todo imposible.

    Christine no había tenido más remedio que ponérselo para las fotos prenupciales, pero la cintura le iba tan apretada que le dijo al fotógrafo que habría gritado si hubiera podido introducir suficiente aire en los pulmones para hacerlo. Ella siempre había creído que tenía una cintura estrecha y se preguntó si, dos generaciones atrás, las mujeres eran tan esbeltas como parecía o si, simplemente, tenían unos corsés más efectivos y una mayor tolerancia al dolor.

    Ahora el vestido lo tenía la modista y Christine se planteó la posibilidad de telefonearla para asegurarse de que estaría a tiempo; pero tuvo miedo de hacerlo. La última vez que la había telefoneado, la modista le dijo que, de no haber sido por sus incesantes llamadas, ya lo habría terminado.

    En la parte inferior de una de las páginas, Christine había anotado: «Recordar a Martin que acompañe a su padre y a Robert a alquilar los esmóquines.» Christine tachó la nota. Los telefonearía ella misma. Últimamente, cada vez que comentaba los detalles de la boda con Martin, él se ponía irritable. La semana anterior habían protagonizado varias riñas y justo el día antes ella había telefoneado a Jessica, su mejor amiga y primera dama de honor, llorando. Jessica la había tranquilizado y le había explicado que las peleas antes de la boda formaban parte del proceso, como la elección de las flores. «Nada como una boda para arruinar un matrimonio», le había comentado Jessica.

    Claro que Christine no se lo estaba poniendo fácil a Martin. Ella había fantaseado sobre su boda desde que tenía diez años y se ponía tan nerviosa con todos y cada uno de los detalles que, en ocasiones, se sentía más como la novia de Godzilla que como una novia encantadora. Bien mirado, Martin estaba reaccionando de una forma extremadamente paciente, además de ser un hombre de éxito, guapo e inteligente. Vestido de novia aparte, podía considerarse una mujer afortunada.

    Los planes de boda de Christine se ajustaban a sus sueños en todo salvo en un aspecto: no tenía a nadie que la acompañara hasta el altar. Su padre había muerto de cáncer dos años atrás; pero, aunque siguiera con vida, ella tampoco se lo habría pedido. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía nueve años. Su madre no había vuelto a casarse, mientras que su padre lo había hecho al cabo de unos meses con una mujer más joven que él y madre de dos niños pequeños. Con el tiempo, el padre de Christine se convirtió en un extraño para ella. Ni siquiera acudió a su graduación de secundaria, sino que le envió un cheque de cincuenta dólares que Christine tiró con rabia a la basura.

    Christine consultó el reloj. Su fiesta de despedida de soltera se celebraba aquella misma noche y Jessica le había prometido que la recogería a las seis. La idea de la fiesta también la ponía nerviosa. Aunque le había hecho prometer a Jessica que no le organizaría nada excesivamente alocado, sabía que su petición podía haber animado a Jessica a hacer precisamente lo contrario. Lograr que Christine se desmelenara parecía ser el propósito reiterado de Jessica.

    Christine y Jessica constituían una prueba de que los opuestos se atraen. Si Christine era como la seda, Jessica era como el cuero. Christine nunca había tenido más de un novio a la vez; en cambio, Jessica siempre salía con varios al mismo tiempo, pues consideraba que de este modo resultaban más manejables.

    Ambas mujeres eran guapas, pero con estilos distintos. La belleza de Christine era más clásica, el tipo de belleza que uno admiraría en una película de los cincuenta y con el que no sabría qué hacer fuera de la pantalla. Jessica era más picara: estómago al descubierto y shorts como los del personaje de cómic Daisy Mae. Los hombres actuaban con delicadeza cuando estaban con Christine, como si se tratara de una figura de porcelana. Jessica nunca pasaba una noche de fin de semana en casa.

    Y, cada una a su manera, ambas mujeres se envidiaban. Christine envidiaba a Jessica por su desparpajo y por lo divertida que era. Envidiaba el hecho de que rebosara vida. Por otro lado, aunque Jessica disfrutaba burlándose de la formalidad de Christine, también envidiaba su estabilidad, su claridad y todo lo que Christine tenía y ella no.

    Christine dejó el diario encima de una mesa, se dirigió a la cocina y encendió el fuego que había bajo la tetera. Tenía planeado perder tres kilos de peso antes de la boda e iba camino de conseguirlo. De hecho, se podría decir que se alimentaba de infusiones y espinacas.

    Mientras sacaba el té del armario, alguien llamó a la puerta. Christine cruzó la habitación y abrió. Martin estaba en el rellano de la escalera.

    Martin siempre vestía de forma impecable y, aunque era fin de semana, llevaba puestos unos pantalones bien planchados, un polo de color vivo y una chaqueta de tweed.

    —¿Puedo entrar? — preguntó él con voz tensa.
    —Claro. ¿Qué ocurre?

    Martin no respondió. Christine se interpuso en su camino y lo abrazó. Él la acercó a su pecho y, transcurridos unos instantes, declaró con suavidad;

    —Tenemos que hablar.

    Ella retrocedió y lo miró a la cara. Algo en su expresión la asustó.

    —¿Qué ocurre?

    Martin entró en la habitación, se dirigió a la mesa de la cocina, se sentó y apoyó el rostro en las manos unos instantes. Christine apagó el aparato de música. Sentía que el estómago se le retorcía con el pánico.

    —¿Quieres una Coca-Cola?
    —No.
    —¿Algo más fuerte?
    —No.

    Christine se sentó frente a Martin.

    —¿Qué pasa?

    Él permaneció en silencio un rato y, al final, la miró a los ojos.

    —No puedo hacerlo, Christine.
    —¿No puedes hacer el qué?
    —Casarme.

    Durante unos instantes, ella lo observó sin creer que estuviera hablando en serio. La garganta se le secó.

    —¿Es por algo que he hecho?
    —No.
    —¿Entonces qué es lo que no he hecho? No lo entiendo.

    No hubo respuesta.

    Los ojos de Christine se llenaron de lágrimas.

    —¿Hay alguien más?
    —No. — Martin se puso de pie con aspecto de sentirse incómodo. Durante un momento, contempló la alfombra y, después, miró a Christine con el rostro contraído de dolor-: Es sólo que no estoy preparado para esto. Todo ha ocurrido demasiado deprisa… Es como si el tren nupcial de Christine hubiera acelerado y no me diera tiempo a saltar.

    Christine se sentía aturdida.

    —¿Eso es lo que quieres, saltar del tren?
    —No, no es eso lo que quiero. Lo que quiero decir es… -Martin soltó aire con exasperación y suavizó la voz-: No puedo hacerlo, Chris. Sencillamente, ahora mismo no puedo.
    —La boda es dentro de una semana, ya hemos enviado las invitaciones y mi fiesta de despedida es esta noche…
    —Tendría que habértelo dicho antes.

    Ella lo miró con dureza.

    —Desde luego. Antes habría sido mejor. — Christine dejó caer la cabeza sobre la mesa-: No me lo puedo creer…

    Christine rompió a llorar.

    —¡Eh! — exclamó él con dulzura. Entonces alargó el brazo y le acarició el cabello, pero ella le apartó la mano. Martin rodeó la mesa y se acuclilló al lado de Christine-: Te quiero, Chris…
    —¿Y así es como me lo demuestras?
    —¿Habrías preferido descubrir que no estoy preparado después de la boda? ¿Quieres que finja que soy feliz?

    Ella se cubrió el rostro con las manos.

    —¡Yo creía que eras feliz! — Su voz se quebró-: Creí que me querías.
    —Claro que te quiero, pero no así. — Martin volvió a acariciarle el cabello-. ¿Qué quieres que haga? ¿Quieres continuar con esto?

    Ella le lanzó una mirada hostil.

    —Perfecto, mi boda de ensueño. — Christine se sacó el anillo de prometida y se lo lanzó a Martin. El anillo cayó al suelo-: Coge tu anillo y lárgate. Déjame sola.

    Él respiró hondo, se incorporó y se inclinó para coger el anillo.

    —Esperaba que lo entendieras. — Entonces se dirigió a la puerta-: Lo siento mucho, Christine. Sé que parece cruel y sé que no es justo, pero casarme contigo sintiéndome así habría sido peor. — Martin se detuvo un instante y, a continuación, abrió la puerta-: Te llamaré más tarde.

    Ella no lo miró.

    —Vete, por favor.

    Cuando la puerta se cerró, Christine sintió como si su corazón también se hubiera quedado encerrado. La desesperación creció en su pecho y sintió deseos de correr detrás de Martin para rogarle que se quedara. En lugar de hacerlo, se derrumbó sobre la mesa y lloró con desconsuelo.

    Al otro lado de la habitación, la tetera empezó a pitar.


    Capítulo 4


    La cultura norteamericana es muy curiosa. Nos preocupamos por el tobillo torcido de una estrella de los deportes o por el desafortunado matrimonio de los famosos, pero no perdemos el sueño por los cien millones de niños que viven en las calles.
    Diario de PAUL COOK


    Una semana más tarde


    «De todas las personas del mundo, ¿por qué ha tenido que sucederle a Christine?», pensó Jessica mientras aporreaba la puerta del piso de su amiga. Christine no había respondido a sus llamadas durante los dos últimos días y ahora tampoco le abría la puerta.

    —¡Christine, soy Jessica! — Jessica volvió a aporrear la puerta con los nudillos-. ¡Vamos, Chris, abre la puerta, sé que estás ahí!

    La vecina de Christine, una mujer mayor, rechoncha, bajita y con el cabello ralo y alborotado, escudriñó el rellano de la escalera a través de la rendija que permitía abrir la cadena de seguridad de su puerta. A su espalda, sonaban las voces del programa El precio justo.

    —No hay nadie -explicó la mujer-. Nadie ha entrado o salido desde hace días.
    —Su coche está abajo -contestó Jessica.
    —Yo no he dicho que el coche no esté, pero no he oído ni un ruidito de esta chica desde que su novio la dejó plantada.
    —Gracias por contármelo -respondió Jessica con rotundidad.

    La mujer entrecerró los ojos y, a continuación, desapareció tras la puerta.

    «Christine no cometería ninguna locura, ¿no?»

    Aquel pensamiento le encogió el corazón.

    —¡Christine, abre ya!

    En el interior del piso, Christine permanecía tumbada y empapada en sudor encima de la cama. Un sol imponente se colaba por las rendijas de las persianas medio bajadas. Christine rodó sobre la cama alejándose del sol y en dirección a su radio despertador. Los porrazos de Jessica la habían despertado, pero no estuvo segura de dónde se encontraba hasta que la conciencia, pesada e ingrata, inundó su mente. Aquel día, sobre todo aquel día, no quería ver a nadie.

    Christine se inclinó por el borde de la cama hasta que su rostro quedó a pocos centímetros de la mortecina esfera del despertador. Soltó un gruñido, volvió a tumbarse de espaldas y se cubrió los ojos con el antebrazo. Ya era la una menos cuarto. En algún lugar de su mente quedaban los fragmentos de una cita anterior. Se suponía que no debía estar en cama. Se suponía que debía estar en la iglesia luciendo su vestido perfecto, su peinado perfecto y su novio perfecto. En aquellos momentos tendría que ser la señora de Martin Christensen.

    Los porrazos volvieron a sonar, seguidos de la voz de Jessica.

    —¡Christine, si no abres llamaré al 911!
    —¡Voy! — gritó ella con voz ronca.

    Christine se levantó de la cama y apartó la melena castaño rojiza de su rostro. El dormitorio constituía un auténtico caos y estaba abarrotado de ropa, latas y recipientes de poliestireno. Durante la última semana, prácticamente había subsistido gracias a la Coca-Cola Light, los fideos chinos y la regaliz. Christine se dirigió medio tambaleándose a la puerta principal, descorrió la cadena de seguridad y abrió la puerta.

    La expresión del rostro de Jessica constituyó una mezcla de enfado y alivio.

    —Ayer te telefoneé doce veces.
    —Lo siento.
    —¿Puedo pasar?
    —Sí.

    Jessica entró y examinó la habitación con pesadumbre. Desde que conocía a Christine, nunca había visto su piso en aquel estado. Christine era el tipo de mujer que se ponía nerviosa si no percibía el rastro del aspirador en la alfombra.

    —¡Vaya, se parece a mi casa!

    Jessica cerró la puerta principal y rodeó a Christine con sus brazos. Christine apoyó la cabeza en su hombro y rompió a llorar. Al principio, con suavidad y, después, con desesperación.

    —Lo siento, cielo -la consoló Jessica, mientras le acariciaba la espalda-. No es justo.

    Cuando el llanto de Christine se aplacó, Jessica retrocedió un poco y quedaron frente con frente.

    —Todo irá bien, cariño. Todo acabará bien. — Jessica apartó el cabello del rostro de Christine-. ¿Cuándo has comido por última vez?
    —No lo sé.
    —¡Cielos! — suspiró Jessica-. Dúchate y saldremos a comer.
    —No quiero ir a ninguna parte -contestó Christine.
    —Lo sé, por eso mismo vamos a salir. En Lord and Taylor han rebajado los artículos a mitad de precio y ya sabes que ir de compras te pone de buen humor. — Jessica sonrió-. Además, tengo una gran sorpresa para ti.
    —No quiero más sorpresas.
    —Claro, pero ésta te gustará. Se trata de una buena sorpresa, créeme.


    Capítulo 5


    En determinada ocasión, una paciente me contó que una visita a unos grandes almacenes resultaba el doble de efectiva que el Prozac.
    Diario de PAUL COOK


    Cuando Christine salió del dormitorio, las persianas y las ventanas de la cocina estaban abiertas y la luz y el aire fresco inundaban la habitación. Jessica se dirigió a la encimera, sirvió una taza de café y se la tendió a Christine.

    —Bébete esto. Está un poco fuerte.
    —Actúas como si tuviera resaca.
    —Lo sé.

    Christine bebió un sorbo de café y casi lo escupió.

    —¡Está asqueroso!
    —En la oficina lo llaman gasóleo para aviones.
    —Pues son muy discretos.

    Jessica sonrió.

    —¿Y qué has estado haciendo los tres últimos días, además de no contestar al teléfono?
    —Ver la televisión -contestó Christine. Entonces miró a su alrededor-. ¿Por qué has abierto las ventanas?
    —Porque huele a fideos chinos de hace tres días.
    —Hace frío.

    Jessica cerró la ventana.

    —Te sienta bien esta blusa. ¿Es nueva?
    —No, pero hacía tiempo que no me la ponía. A Martin no le gustaba.
    —Otra prueba más de que Martin es un idiota. — Jessica consultó su reloj-. Vamos, cariño, las rebajas no esperan a nadie.

    Poco después de las tres, las dos amigas estaban sentadas en el abarrotado bar del centro comercial rodeadas de las bolsas de las compras que habían realizado. Una dulce melodía navideña sonaba como música ambiental.

    —No me gusta que pongan música navideña en octubre -comentó Christine cuando la camarera se alejó con sus pedidos.
    —Pues en una de las tiendas había una figura de cartón de Frankenstein con una gorra de Santa Claus -respondió Jessica.
    —No está bien. — Christine bebió un sorbo de agua y, al cabo de unos instantes, añadió-: Gracias por sacarme de casa.
    —De nada. ¿Te encuentras bien?
    —No, la verdad es que no. — Christine miró a Jessica a los ojos-. ¡Es tan humillante! Me siento como si fuera a salir en uno de esos programas de entrevistas: «Mujeres a las que han dejado plantadas en el altar…»

    La camarera regresó y dejó sobre la mesa la ensalada de Christine.

    —Lo siento, pero quería el aliño aparte -comentó Christine.

    La camarera frunció el ceño.

    —Vaya, es culpa mía. Le traeré otra ensalada.
    —¿Ésta lleva vinagreta de frambuesa?
    —Sí, señora.
    —Yo tomaré sólo aceite y vinagre.
    —Muy bien. — La camarera se volvió hacia Jessica-. ¿Y su pedido está bien?
    —Estupendo.
    —¡Ah! — añadió Christine-. ¿Y puede ponerme una rodaja de lima en lugar de la de limón?
    —Desde luego. Enseguida vuelvo.

    La camarera cogió la ensalada de Christine y se marchó.

    Jessica sacudió la cabeza estupefacta.

    —¡Chica, eres tan difícil de contentar!
    —Lo que ocurre es que me gustan las cosas como me gustan. — Christine sacó un frasco de loción antibacteriana del bolso, se echó un poco en la palma de la mano y, a continuación, se frotó ambas manos-. Manos de centro comercial -comentó-. ¿Quieres un poco?
    —No, me arriesgaré.

    Christine volvió a meter el frasco en el bolso y cogió su vaso de Coca-Cola.

    —¿Qué me decías? — preguntó Jessica.

    Christine sacudió la cabeza.

    —Te pasas la vida construyendo unas fantasías románticas. Y la verdad es que no esperas que tu caballero te eche del caballo a una manzana del castillo. Todavía no sé qué es lo que he hecho mal.
    —Tú no has hecho nada mal. No se trata de ti, sino de Martin. Con el tiempo, recuperará el sentido común. — Jessica también cogió su vaso-. La cuestión es si serás tan tonta como para aceptarlo cuando vuelva arrastrándose hasta ti.
    —¿De veras crees que volverá? — preguntó Christine, esperanzada.

    Jessica enseguida se arrepintió de su comentario.

    —La verdad, Christine, Martin no te merecía. — Jessica bebió un sorbo de su refresco-. Como he dicho siempre, sus padres deberían haberle puesto de nombre Martian, o lo que es lo mismo, Marciano.
    —Haces que parezca horrible.
    —Lo es.

    A Christine se le humedecieron los ojos.

    —No lo es. Martin es todo lo que siempre he deseado. Si me telefoneara ahora mismo y me explicara que ha cometido un error, me reuniría con él en el juzgado de paz más cercano.

    Jessica frunció el ceño sin decir palabra.

    —¿Crees que dejará de dolerme algún día? — preguntó Christine, pasados unos instantes.
    —Algún día. A corto plazo, no; pero sí algún día. Sin embargo, esconderte en tu piso no te ayudará. Cuanto antes continúes con tu vida, antes te sentirás mejor. — La expresión de Jessica cambió de forma repentina-: Esto me recuerda… -Jessica sacó un folleto doblado del interior de su bolso que estaba debajo de la mesa, y lo alisó con el borde de la mano-: Aquí está. Mi sorpresa.

    Christine contempló el folleto sin comprender. Se trataba del folleto de un viaje impreso en papel brillante y arrugado por donde Jessica lo había doblado. La imagen principal mostraba unas montañas de cima redondeada con una exuberante vegetación y ruinas de piedra. En un recuadro había una fotografía de unas llamas de pelo marrón y un niño vestido de pastor.

    —¿Qué es esto?
    —Machu Picchu -contestó Jessica.
    —¿Y por qué me lo enseñas? "

    Jessica se reclinó en la silla para dar más énfasis a su declaración. '

    —Porque vamos a ir allí.
    —¿Nosotras?
    —He firmado por las dos. Hay una fundación que lleva a norteamericanos a Perú en misiones humanitarias. Trabajaremos en los poblados y ayudaremos a establecer en la selva centros sanitarios para los nativos. Además, durante el tiempo libre, recorreremos el país. Visitaremos las ruinas incas, subiremos a los Andes y nos alojaremos en un campamento en la selva amazónica.

    Christine la miró con fijeza.

    —¿Un campamento en la selva?
    —Será inolvidable.
    —También resulta inolvidable que te maten el nervio de un diente. No quiero ir a la selva.
    —¿Por qué no?
    —Jess, ya me conoces, mi idea de un viaje sin comodidades es un hotel de tres estrellas. Si vamos a ir de vacaciones, que sea a Palm Beach.
    —Esto no son unas vacaciones. Por lo que me han contado, en tu vida habrás trabajado tanto.
    —¿Qué parte de esta experiencia se supone que me encantará?
    —Dicen que la mejor cura para un corazón roto es darse a uno mismo.
    —Yo ya me di a mí misma.
    —Lo sé, cariño, lo sé. — Jessica se inclinó hacia Christine-. Pero allí ayudaremos a los niños de la calle. Trabajaremos con bebés -explicó Jessica con voz melosa. Entonces sonrió y se inclinó aún más-. A ti te encantan los bebés.

    Christine se cruzó de brazos.

    —¿Por qué siempre intentas que haga cosas que no quiero hacer?
    —Porque tú nunca quieres hacer nada. Tienes demasiado miedo a la vida. Te lo juro, si no fuera por mí, nunca experimentarías nada de nada.
    —No es cierto.
    —Dime una sola cosa espontánea que hayas hecho te año y que yo no te obligara a hacer.
    —Me prometí en matrimonio.
    —¿A esto lo llamas algo espontáneo? ¡Si salíais juntos desde hacía seis años!
    —Cinco. — Christine volvió a contemplar el folleto-: De todos modos, no puedo costeármelo.
    —Eso ya está resuelto.

    A Christine no le gustó el tono definitivo de Jessica.

    —¿Qué quieres decir con «ya está resuelto»?
    —Tu madre ha pagado tu parte.
    —Mi madre está de acuerdo con tu plan?
    —Ya me ha enviado el cheque.
    —Mi madre no puede costeárselo.
    —Quiere hacerlo por ti. Además, es mucho más barato que la boda.
    —Habría estado bien que alguien me pidiera opinión.
    —Si hubieras contestado al teléfono quizá te lo habríamos consultado -respondió Jessica con aspereza.
    —¿Y qué hay de tus padres? — preguntó Christine-. ¿Ellos también quieren que vayas?
    —¿Estás de broma? Se podría decir que mi padre, el congresista, me hizo las maletas. Piensa en todo el prestigio político que obtendrá cuando cuente a sus electores la labor humanitaria que está realizando su maravillosa hija.

    La camarera regresó con la ensalada de Christine.

    —¿Ahora le parece bien?

    Christine examinó la ensalada. La camarera miró a Jessica, quien le sonrió con comprensión.

    —Está bien -respondió Christine.
    —Y aquí tiene un tazón con rodajas de lima. Buen provecho.

    Christine limpió la piel de la lima con una servilleta y la deslizó por el borde de su vaso.

    —No tienes ni idea de todo lo que he tenido que hacer para organizar este viaje, por no hablar de lo que he tenido que pasar para conseguir unos días libres en el trabajo -explicó Jessica, volviendo a su conversación-. Además, no pienso ir sola.
    —Entonces ve con otra persona.
    —No pienso ir con nadie más. Lo he hecho por ti.
    —Yo no quiero ir a Perú.
    —¿Cómo lo sabes? Nunca has estado allí.
    —Tampoco he estado nunca en el infierno y estoy bastante segura de que no quiero ir allí.
    —Perú no es el infierno.
    —Para mí, sí que lo es.
    —Dame una buena razón para no ir,
    —Te daré un millón de razones: Arañas.
    —Arañas -repitió Jessica.
    —Millones de arañas. Grandes. Arañas tan grandes que pueden cazar un pájaro y comérselo.

    Jessica la miró atónita.

    —¿Dónde has oído eso?
    —En el Discovery Channel. Y también hay serpientes.

    Jessica sacudió la cabeza.

    —Eres imposible.
    —¿Que soy imposible? Yo no te he pedido que organizaras este viaje.
    —No tenías por qué hacerlo, las amigas se cuidan las unas a las otras. Lo que ocurre es que tú no sabes lo que es bueno para ti.

    Christine levantó las manos.

    —Ya estás otra vez. ¿En qué sentido va a ser bueno para mí pudrirme en un país del tercer mundo?
    —Es mejor que pudrirte en Dayton pensando que te han dejado plantada.

    Christine la miró de hito en hito. De repente, las lágrimas inundaron sus ojos.

    —Lo siento, no debería haberlo dicho.

    Christine no pudo responder. Una lágrima resbaló por su mejilla. Jessica apoyó su mano encima de la de Christine.

    —Lo siento muchísimo.

    Christine se enjugó las lágrimas con la servilleta.

    —Mira, el domingo por la noche celebran una reunión informativa. Podemos ir y enterarnos de todo. Sólo te pido que no tomes una decisión hasta entonces.

    Christine bajó la vista unos instantes y, al final, suspiró hondo.

    —No te prometo nada.
    —De acuerdo -contestó Jessica-. Nada de promesas.


    Capítulo 6


    La manera más segura de restar importancia a tu propia carga es llevar la de otra persona.
    Diario de PAUL COOK


    Jessica tuvo cuidado de no volver a sacar a la luz el tema de la expedición hasta la noche de la reunión informativa. Tras quince años de amistad, sabía que convencer a Christine para que hiciera algo en contra de su voluntad era como pescar: le dabas suficiente sedal para que creyera que tenía el control y, después, lo recogías poco a poco.

    Christine pensó en el viaje lo justo para estar segura de que no quería ir.

    La reunión informativa se celebró en la biblioteca central de Dayton. Cuando entraban en el edificio, una mujer que salía en aquel momento detuvo a Christine. Era una mujer alta y elegante, vestía una chaqueta de piel rosa y llevaba un anillo en cada dedo.

    —¡Vaya, Christine, ya has vuelto de la luna de miel! Siento mucho que no pudiéramos asistir a la boda. Justo en el último minuto Chuck tuvo que salir de la ciudad. Estoy segura de que fue preciosa.
    —La boda se anuló -contestó Christine con estoicismo.

    La expresión de la mujer cambió de la sorpresa a la lástima.

    —¡Ay, pobrecita! Lo siento mucho. ¿Estás bien?
    —Estoy bien, gracias.

    La mujer la abrazó.

    —Sé fuerte, cariño. Y dile a tu madre que la telefonearé.

    La mujer se alejó.

    Cuando hubo desaparecido de la vista, Christine frunció el ceño.

    —Estoy segura de que lo harás -murmuró.
    —¿Quién es? — preguntó Jessica.
    —Un miembro del club de lectura de mi madre. Me imagino cuál será el tema de conversación del próximo mes: la pobre Christine, a quien han dejado plantada.
    —Buena razón para irnos de Dayton -contestó Jessica, y se detuvo junto a una mujer que colocaba libros en las estanterías-. Disculpe, ¿puede indicarme dónde se reúne el grupo de Perú?

    La mujer la miró por encima de la montura de las gafas y señaló una puerta doble que había al otro lado de la habitación-. La sala de conferencias está por allí.

    —Gracias.

    Al otro lado de la biblioteca, clavado en una puerta doble había un pedazo de papel con una anotación realizada con rotulador: EXPEDICIONES PUMA-CÓNDOR. En el interior de la sala ya había dos docenas de personas sentadas. Se trataba de un grupo ecléctico en el que había, más o menos, el mismo número de hombres y mujeres. La mayoría debían de tener veintitantos años, aunque algunos parecían más jóvenes y bien podían ser estudiantes de instituto.

    Al fondo, un hombre alto, joven, de aspecto saludable y constitución atlética hurgaba en un maletín abierto. Llevaba puesto un sombrero de fieltro que lo hacía parecerse un poco a Indiana Jones. Cuando Jessica y Christine entraron, el hombre alzó la vista y se acercó a ellas para darles la bienvenida. En la mano llevaba un puñado de sobres de papel de cáñamo.

    —Buenas noches, señoras, yo soy Jim.

    Después de echar una ojeada a las dos mujeres, su mirada se posó en Jessica.

    Ella le sonrió con coquetería.

    —Hola, yo soy Jessica y ella, Christine.
    —Hola, Jessica. Hablamos por teléfono. Me alegro de conoceros por fin. — Entonces se volvió hacia Christine-. Me alegro de que decidieras unirte al grupo.
    —Todavía no me he decidido -respondió ella.

    Jim asintió con la cabeza.

    —Bien, quizá la presentación de esta noche te ayude a tomar una decisión. Mientras tanto… -Jim revolvió entre los sobres-: Aquí está tu sobre, Jessica; y éste es el tuyo, Christine. Lo revisaremos todo en un minuto. — Jim echó un vistazo al reloj de la pared-: De hecho, será mejor que empiece ya. Me alegro de que hayáis venido. Nos lo pasaremos muy bien.

    Jim sonrió a Jessica con confianza y regresó al fondo de la habitación.

    Cuando se sentaron, Jessica le comentó a Christine:

    —Es guapísimo. ¿Puedes creerlo? Vamos a atravesar la húmeda y calurosa selva con él.

    Christine meneó la cabeza.

    —Estupendo, entonces no me necesitarás.
    —Ya hablaremos después de la reunión -contestó Jessica.

    Jim cerró el maletín, se inclinó sobre la mesa y miró al grupo.

    —Todavía faltan algunas personas, pero empezaremos ya. Supongo que llegarán de un momento a otro. Bienvenidos. Me llamo Jim Hammer, soy el representante de Expediciones Puma-Cóndor en Ohio y he estado en Perú más de veinte veces.

    Para empezar, quiero dejar algo bien claro. Esto no son unas vacaciones. Repito, no son unas vacaciones. Si fuera un programa de televisión, se llamaría Supervivientes y no Vacaciones en el mar. Y que nadie espere encontrar de noche un crucero de placer con chocolatinas en la almohada.

    Se produjeron unas risas en el grupo. Jim miró a los asistentes y sonrió.

    —De hecho, según mi experiencia, la mayoría de vosotros perderéis unos cuantos kilos.
    —¡Yo me apunto! — gritó una mujer que estaba sentada detrás de Christine.

    Los asistentes volvieron a reír.

    —Tú ya estás apuntada, Joan -contestó Jim-. Sin embargo, si buscáis una aventura para contársela algún día a vuestros nietos, habéis venido al lugar adecuado. ¿Ha quedado claro?

    Los miembros del grupo asintieron y murmuraron su conformidad.

    —A mí me gusta que haya chocolatinas en la almohada -susurró Christine.
    —Estupendo, entonces empecemos. — Jim sostuvo un sobre por encima de la cabeza-: Todos deberíais tener un sobre como éste. En su interior encontraréis una hoja amarilla como ésta. — Jim sostuvo una hoja con la otra mano-: Contiene la lista de las cosas que debéis hacer antes del dos de diciembre. Sugiero que no las dejéis para el final, sobre todo las relacionadas con el pasaporte.
    —Mira, Chris -comentó Jessica-, listas. A ti te encantan las listas.
    —¡Calla! — contestó Christine.

    Jim les mostró otra hoja de papel.

    —La hoja azul claro es un formulario de vacunación. Es por vuestro propio bien. Para una estancia de quince días, el gobierno peruano no exige vacunación alguna; pero nosotros preferimos que tengáis al día la vacunación de tétanos y de hepatitis A y B.

    Un estudiante con la piel picada de viruela que estaba sentado en una de las primeras filas levantó la mano:

    —¿Y qué hay de la malaria y la fiebre amarilla?
    —Existen vacunas para ambas, pero depende de vosotros. En realidad, ambas enfermedades son bastante raras hoy en día. En Cuzco y los Andes no constituirán ningún problema, pues ambos lugares están demasiado altos para que haya mosquitos; pero en Puerto Maldonado y en la selva es posible que los haya. En mis más de veinte viajes nunca nos hemos encontrado con este problema, pero no deja de ser una posibilidad. Os sugiero que lo consultéis con vuestro médico. Sin embargo, debo advertiros que la medicación contra la malaria suele provocar síntomas similares a los de la enfermedad; por no mencionar los sueños alucinógenos.
    —¡Estupendo! Arañas y, además, malaria-comentó Christine.

    Jim levantó otra hoja de papel de la mesa.

    —La hoja rosa contiene la lista de vuestras cosas. Iremos ligeros de equipaje. Muy ligeros. Sólo podéis llevar una bolsa de mano, porque necesitamos emplear el peso máximo de equipaje permitido por persona para transportar los suministros destinados a labores humanitarias.
    —¿Una bolsa para diez días? — preguntó una mujer, indignada-. ¿No podemos enviar los suministros por barco?
    —Pues no. Resulta difícil introducir cualquier tipo de artículo en Perú. Los funcionarios podrían confiscar los suministros en Aduanas y cargar un arancel. Además, no necesitaréis seis pares de zapatos en la selva, creedme.

    »Muy bien, ahora coged las tres hojas blancas que están grapadas juntas. En ellas figura el itinerario. Se han efectuado algunos cambios respecto al programa anterior, de modo que aseguraos de utilizar sólo éste. Es el itinerario definitivo. — Una leve sonrisa se esbozó en sus labios-: A menos que vuelva a cambiar. Planificar un viaje a Perú es como planificar una boda al aire libre. Puede que cuides hasta el último detalle y que, aun así, el tiempo arruine la celebración.

    —O el novio -declaró Christine en voz baja.

    Jessica apoyó la mano en el muslo de Christine y se lo acarició para tranquilizarla.

    —La expedición dura diez días. Saldremos del aeropuerto de Cincinnati la noche del tres de diciembre y volveremos a tiempo para la Navidad. El traslado al aeropuerto es cosa vuestra. Os sugiero que, si podéis, compartáis el vehículo.

    »En Cincinnati tomaremos un vuelo directo a Lima, adonde llegaremos alrededor de las siete y media de la mañana. Tardaremos cerca de una hora en pasar la Aduana y recoger el equipaje; de modo que, aunque estéis muy nerviosos, os recomiendo que durmáis en el avión. En Lima, no saldremos del aeropuerto. Hacia mediodía tomaremos otro avión a Cuzco, por lo que no merece la pena alquilar habitaciones en un hotel sólo por unas horas. La buena noticia es que sólo hay una hora de diferencia horaria entre Lima y Cincinnati, así que vuestro sueño no estará tan alterado. Comeremos algo en el aeropuerto de Lima.
    «Llegaremos a Cuzco alrededor de la una. Después de recoger el equipaje, nos trasladaremos al hotel en autocar. Para entonces ya estaréis bastante cansados, así que nos registraremos en el hotel y tendréis la noche libre. Os sugiero que salgáis y visitéis la ciudad.
    »A1 día siguiente comenzaremos nuestro primer proyecto de colaboración trabajando en un orfanato llamado El Girasol. — Jim levantó la vista de la hoja-: En la lista de equipaje veréis que tenéis la opción de llevar juguetes y ropa para niños. La Navidad estará cerca, y nos han pedido que llevemos regalos para los niños del orfanato. Claro que esta opción es estrictamente voluntaria; pero, si queréis participar, en la lista se os ofrecen algunas ideas y las tallas de los niños.

    Jim volvió a mirar la hoja del itinerario.

    »El primer día, trabajaremos hasta última hora de la tarde y regresaremos a Cuzco para cenar y visitar la ciudad. Es probable que estéis un poco cansados del trabajo, de modo que tendréis la noche libre.

    —Girasoles, Chris -comentó Jessica-. Es una señal.
    —Los dos días siguientes también los pasaremos en El Girasol, pero saldremos temprano el tercer día y nos trasladaremos en autocar al Valle Sagrado de los Incas. Pasaremos la noche en Urubamba y, al día siguiente, tomaremos el tren a Aguas Calientes y Machu Picchu. Machu Picchu es algo que nunca olvidaréis. Pasaremos el día allí y, después, tomaremos el tren de vuelta a Cuzco. Ésa será una noche de diversión. En Cuzco hay bares, un mercadillo nocturno y hasta una discoteca decente para los que les guste tomar unas copas.
    —¡Sí! — exclamó Jessica, más alto de lo que había planeado.

    Todos se volvieron para mirarla.

    —Ya veo dónde estará la juerga -comentó Jim.

    Jessica se echó a reír. Jim sonrió y volvió a centrarse en la hoja del itinerario.

    —Bien, al día siguiente saldremos temprano del hotel y volaremos hasta Puerto Maldonado. Puerto es una pequeña ciudad de la selva amazónica. Trabajaremos un día entero en un proyecto de colaboración con una escuela de primaria. Según creo, reconstruiremos los lavabos. La mañana siguiente viajaremos en autocar hasta Laberinto, donde tomaremos un barco que navega por el Amazonas. Surcaremos el río durante unas cuatro horas y media. A medio camino, nos detendremos en el poblado de los amaracaire para entregarles unos libros. Os encantará esta parada. Os sentiréis como exploradores del National Geographic. El jefe de la tribu lleva un hueso clavado en la nariz.

    »No nos quedaremos mucho tiempo, porque tendremos que llegar al campamento antes de que oscurezca. Creedme, no os gustaría caminar por la selva de noche. — Jim miró a su alrededor, percibió varios rostros angustiados y sonrió-: No os preocupéis, hasta ahora no hemos perdido a nadie.

    —Emocionante, ¿no crees? — preguntó Jessica.
    —¡Oh, sí, mucho!
    —Dejaremos el barco allí y caminaremos por la selva. Se trata de un trayecto corto, de unos veinte minutos. Unas canoas nos esperarán al final del recorrido, en el lago Huitoto. Navegaremos en canoa unos cuarenta minutos hasta el campamento Maquisapa. Nos quedaremos en el campamento tres días. Creedme, después del duro trabajo y los viajes, agradeceréis el descanso.

    Un joven levantó la mano.

    —¿Y qué haremos en el campamento?
    —Las actividades primordiales en la selva son la caza de cocodrilos, la observación de pájaros, la pesca de pirañas y la exploración del terreno; pero estas actividades sólo se realizan en grupo. Al fin y al cabo, se trata de la selva y allí hay jaguares, anacondas y un increíble surtido de víboras. En la selva, incluso las ranas y las mariposas son venenosas. — Jim volvió a sonreír-: Es muy divertido.

    Christine levantó la mano.

    —¿Sí, Christine? — preguntó Jim.
    —¿Hay arañas?
    —Sí. Y muy grandes. Tanto que pueden cazar pájaros.

    Un murmullo generalizado recorrió la habitación.

    Christine propinó un codazo a Jessica, pero ésta sólo sonrió.

    —Pero yo no me preocuparía por ellas. Como ocurre con la mayoría de los seres vivos, si no los molestamos, nos dejarán tranquilos. — Jim volvió a sonreír-: A menos que tengan hambre.

    Otro murmullo.

    —¿Alguna otra pregunta?

    Se levantó una mano.

    —¿Qué tiempo hace allí?
    —Buena pregunta. Perú está al sur del ecuador, de modo que, cuando vayamos, allí será verano. Vestíos con ropa veraniega. Sin embargo, nuestra estancia también coincidirá con la época de las lluvias, de modo que llevad un poncho o un impermeable. Y subiremos a bastante altura cuando visitemos los Andes, o sea que será conveniente que llevéis un jersey o una chaqueta ligera.
    —Sí, con todas las maletas extra que llevaremos… -comentó Christine.
    —¿Más preguntas?

    Nadie dijo nada, así que Jim continuó:

    —Muy bien, he preparado una breve presentación en Power Point. Quiero mostraros por qué hacemos todo esto. ¿Alguien puede apagar las luces?

    Cuando las luces se apagaron, Jim puso en marcha el proyector. La presentación consistía en una muestra de cinco minutos de duración, con imágenes de expediciones anteriores. Había fotografías de grupos de norteamericanos trabajando codo con codo con peruanos en la construcción de invernaderos y letrinas, excavando canales para las líneas de agua y pintando aulas en las escuelas. También había fotografías de nativas quechua en la nieve andina cubiertas con mantos de vivos colores, sombreros negros de copa alta y sandalias fabricadas con tiras de neumáticos.

    Todos rieron al ver la imagen de un niño que mostraba sus gafas nuevas radiante de orgullo, como si acabara de ganar una medalla de oro.

    Otra imagen mostraba un grupo de norteamericanas bañando a unos bebés. A continuación, aparecieron varias tomas de niños que pedían limosna o dormían en portales con mirada inexpresiva y sin brillo en los ojos. La presentación iba acompañada de una música de fondo y el efecto emocional era potente. Cuando las luces se encendieron de nuevo, la mayoría de los presentes se enjugaba las lágrimas. Jessica le tendió a Christine un pañuelo de papel.

    Jim se dirigió al fondo de la sala.

    —En esto consiste la expedición, en la oportunidad de encontrarnos a nosotros mismos mientras nos perdemos en el servicio a los demás. Espero veros a todos dentro de un par de semanas. Ya tenéis mi número de teléfono. Si se os ocurre alguna pregunta, por favor, no dudéis en telefonearme. En cualquier caso, os veré, con puntualidad, en el aeropuerto.

    El grupo se levantó para irse y Christine declaró, conteniendo las lágrimas:

    —Iré.

    Jessica la miró.

    —¿Qué?
    —He dicho que iré.

    Jessica sonrió.

    —No te arrepentirás.

    Mientras la habitación se vaciaba, Jessica se detuvo para hablar con Jim.

    —Ha funcionado -explicó-; Christine lloriqueaba como un bebé.

    Jim sonrió con aire triunfal.

    —La presentación de las imágenes no deja de ser conmovedora.


    Capítulo 7


    Siempre es invierno en algún lugar…
    Diario de PAUL COOK


    —Estoy tan contenta de que nos alejemos del invierno -manifestó Jessica. Con la calefacción del Jeep a toda potencia, parecía increíble que fuera verano en algún lugar del mundo-. ¡Cariño, volveremos morenas!

    —Sí, eso es bueno -contestó Christine, con voz débil.

    Jessica frunció el ceño y desvió la mirada hacia otro lado. Christine había permanecido en silencio la mayor parte del trayecto. Jessica supuso que se estaba arrepintiendo de su decisión, pero Christine se había puesto melancólica por otras razones: seguía sin tener noticias de Martin y dudaba que él siquiera supiera o le importara que ella se fuera.

    Jessica aparcó en el aparcamiento de estancias prolongadas del aeropuerto y las dos mujeres cogieron su equipaje de mano y se trasladaron a la terminal. No lejos de la entrada, encontraron a Jim solo, rodeado de un pequeño montón de maletas viejas, mochilas y petates de gran tamaño. En una manga, sostenía una tablilla sujetapapeles. Cuando ellas se acercaron, Jim levantó la tablilla.

    A Jessica se le iluminó la cara al verlo,

    —¡Hola, guapo!

    Jim sonrió.

    —Empezaba a preguntarme si habíais cambiado de opinión.
    —Ni lo sueñes -contestó Jessica.

    Christine no parecía tan entusiasmada.

    —Te alegrarás de haber venido -la animó Jim.
    —Lo hago por los niños -contestó Christine-. No dejo de repetírmelo.
    —¿Qué es todo este equipaje? — preguntó Jessica.
    —Suministros. Llevamos material de higiene, gafas, libros, mantas, medicinas… Todo lo necesario.
    —¿Te ayudamos? — preguntó Christine.
    —No, estoy esperando a un mozo. Tenéis que sacar la tarjeta de embarque en el mostrador y trasladaros a la terminal B. Aseguraos de estar en la puerta 42, como muy tarde, a las diez y media. Embarcaremos juntos.
    —¡Nos vemos! — exclamó Jessica.
    —Hasta luego -contestó Jim en español.
    —¿Hasta qué? — preguntó Jessica.
    —Quiere decir que nos vemos más tarde -respondió Christine.

    Christine nunca había salido del país y allí, en la terminal internacional del aeropuerto y en medio de aquella profusión de idiomas, sintió el creciente desasosiego que provoca el choque cultural. '

    Mientras esperaban la hora de embarcar, recorrieron las tiendas de la terminal. Christine compró una novela romántica y una caja de Dramamina. Enseguida tomó una de las píldoras. Jessica, por su parte, se llenó el bolso de dulces y revistas. Media hora más tarde, Jim llegó a la puerta de embarque y el grupo se aglomeró a su alrededor. Sin perder tiempo, Jim pasó lista.

    —Faltan Bryan Davis y Kent Wbod. ¿Alguien sabe adonde han ido?

    Una de las jóvenes levantó la mano.

    —Han ido a comprar comida, china a la otra terminal.

    Jim sacudió la cabeza y suspiró.

    —¡Caramba! — exclamó en español-. Escuchadme todos. Es muy importante que permanezcamos juntos. Sobre todo, cuando lleguemos a Perú. Ahora embarcad todos. No me esperéis. Yo voy a. buscarlos.

    Christine y Jessica embarcaron con el resto del grupo. Sus asientos estaban en la parte trasera del 737; el de Jessica, junto a la ventana y el de Christine, en medio. En el asiento del pasillo iba sentada una mujer peruana diminuta y de cabello gris.

    Christine miró el reloj.

    —¿Qué haremos si Jim no llega a tiempo?
    —Atravesaremos ese túnel de embarque cuando llegue el momento -contestó Jessica-. No te preocupes antes de tiempo.

    Pocos minutos después de la hora de despegue programada, los dos jóvenes rezagados avanzaron por el pasillo del avión con aspecto avergonzado y seguidos por Jim.

    Nada más despegar el avión, Jessica sacó su iPod, se colocó los auriculares, apoyó una almohada en la ventanilla, se reclinó en el asiento y cerró los ojos. Christine hojeó una de las revistas de Jessica hasta que la Dramamina le hizo efecto y se quedó dormida apoyada en el hombro de Jessica. Una hora más tarde, la mujer peruana la despertó sacudiéndole el hombro y hablándole en español. Christine tardó unos minutos en averiguar qué era lo que quería. Las azafatas estaban sirviendo la comida y la mujer había decidido avisar a Christine. Ella se lo agradeció y volvió a cerrar los ojos. Tardó cerca de una hora en volver a conciliar el sueño.

    Tres horas y media más tarde, el piloto anunció por los altavoces que iban a aterrizar en el aeropuerto Jorge Chávez de Lima. A continuación, repitió el anuncio en español y los pasajeros peruanos aplaudieron. Veinte minutos más tarde, cuando el avión tomó tierra, los pasajeros peruanos volvieron a aplaudir. Después de desembarcar, los miembros del grupo se dirigieron a los mostradores de inmigración. Nada más bajar del avión, Christine sintió el calor y la humedad del aire peruano.

    Una vez en la zona de inmigración, Jim congregó al grupo mientras sostenía la tablilla sujetapapeles en la mano. El estrés que producía guiar un grupo tan grande ya se dejaba notar en su rostro.

    —Cada uno de vosotros tiene que coger dos bolsas de suministros y pasarlas por Aduanas. Están claramente señaladas con una de esas pegatinas de color naranja brillante que llevan el logo de Puma-Cóndor. No importa qué bolsas cojáis, siempre y cuando cojáis dos cada uno. Al otro lado de Aduanas hay dos hombres que esperan las bolsas para facturarlas en nuestro próximo vuelo. Después de entregarles el equipaje, esperad en el interior de la terminal. Sólo disponemos de unas horas antes de que salga el vuelo, de modo que no os vayáis por ahí. No salgáis del aeropuerto -declaró con firmeza, mientras miraba significativamente a los dos jóvenes que habían retrasado el vuelo anterior.

    A continuación, repartió los formularios de inmigración entre los componentes del grupo. Cuando le tocó el turno a Christine, ella le preguntó:

    —¿Te diviertes?
    —Es como conducir una pandilla de gatos.
    —¿Has podido dormir? — preguntó Jessica.
    —Nunca duermo en estos vuelos. ¿Y vosotras?
    —Yo he dormido como un tronco -respondió Jessica.
    —Pues yo no he dormido suficiente -contestó Christine.
    —Bueno, ya te pondrás al día en Cuzco. Por cierto, éste es un buen momento para cambiar dinero. El cambio en el aeropuerto es mejor que el de los hoteles.
    —¿Cuánto dinero deberíamos cambiar?
    —Unos cincuenta dólares. De momento, no necesitaréis más.

    Mientras Jim se ocupaba de los rezagados, Jessica y Christine pasaron junto a Inmigración, cogieron cuatro maletas de la cinta transportadora y las pasaron por Aduanas. Como Jim les había indicado, dos peruanos jóvenes y vestidos con camisetas blancas sin mangas, téjanos y zapatillas deportivas les esperaban fuera de la terminal con un carro portaequipajes. Sostenían un letrero con la inscripción «EXPEDICIONES PUMA-CÓNDOR». Jessica y Christine les entregaron el equipaje y entraron en la terminal. Una vez allí, cambiaron algo de dinero y dieron una vuelta mientras esperaban al resto del grupo.

    Cuando Jim llegó, los condujo a todos a la puerta de embarque y juntos subieron a un avión más pequeño que el anterior.

    Aterrizaron en Cuzco alrededor de la una de la tarde.

    Incluso antes de que se abriera la portezuela del avión, Christine notó los efectos de la altitud: le dolía la cabeza y parecía que las fosas nasales le fueran a explotar. La temperatura era inusitadamente fresca para Cuzco, mucho más que en Lima, y Christine se rodeó con sus propios brazos cuando salieron del edificio para dirigirse al aparcamiento.

    Una vez fuera, se detuvo para examinar el lugar. El aeropuerto de Cuzco era bastante más pequeño que el aeropuerto internacional de Lima, pero la proporción entre extranjeros y nativos era mayor. Cuzco era el corazón de la civilización inca y atraía un flujo continuo de turistas extranjeros.

    En el centro del aparcamiento había un obelisco de gran tamaño coronado por un busto de bronce con el nombre del aeropuerto. Unas modernas vallas publicitarias rodeaban la zona con anuncios en español de ordenadores portátiles y teléfonos móviles. En un extremo del aeropuerto había un campo de fútbol y en el otro, cerca de la parada de los autobuses, había una hilera de casetas de madera en las que se vendía artesanía peruana. Jessica se dirigió a las tiendas y Christine se sentó en el bordillo de la acera mientras contemplaba cómo cargaban el equipaje en el autocar. Se sentía cada vez más mareada, de modo que apoyó la cabeza en una de las manos. Jim se le acercó y se sentó con ella en el bordillo de la acera.

    —¿Cómo va todo?
    —Bien.
    —¿Todavía estás cansada?
    —Me duele la cabeza.
    —Puede ser por el mal de altura. Nos encontramos a más de tres mil metros de altitud. — Al cabo de unos instantes, añadió-: Te traeré algo para que se te pase.

    Jim se incorporó y cruzó el aparcamiento en dirección a una mujer que vestía un sombrero blanco y un atuendo quechua de vivos colores. Jim le tendió una moneda y ella le entregó una bolsita de plástico con unas hojas de color verde oscuro. Él le llevó la bolsa a Christine.

    —Toma.
    —¿Qué es? — preguntó ella, mientras examinaba las hojas.
    —Hojas de coca.
    —¿Coca? ¿Quieres decir cocaína?
    —Son hojas de cocaína, pero se utilizan como infusión. Te aliviará el mal de altura. En el hotel te darán agua caliente.

    Christine contempló las hojas con recelo.

    —No te preocupes, pasarás el control antidrogas de tu empresa.

    Jim se dirigió al autocar y entró en el vehículo para hablar con el conductor.

    Jessica regresó junto a Christine cubierta con un vistoso mantón y miró la bolsa que sostenía su amiga.

    —¿Qué es esto? ¿Cocaína?
    —Es para prepararme una infusión -contestó Christine.
    —Quiero probarlo.
    —Lo compartiremos.

    Jessica levantó los brazos y dio una vuelta sobre sí misma haciendo girar el mantón.

    —¿Qué te parece?
    —Es bonito.
    —Sólo me ha costado cincuenta soles.

    Jim bajó del autocar.

    —¡Nos vamos! — gritó.

    Media hora más tarde, el autocar aparcó delante del hotel Vilandre. Con la llegada del grupo, el pequeño vestíbulo quedó abarrotado de gente. Christine se dejó caer en un sofá mientras los empleados del hotel repartían las llaves de las habitaciones. Se sentía cansada y mareada. A Jessica y a Christine les asignaron una habitación en la tercera planta. El hotel sólo disponía de un ascensor, de modo que las dos amigas decidieron subir por las escaleras.

    Jessica abrió la puerta, pero se detuvo en el umbral.

    —Prepárate.
    —¿Para qué?
    —Es fea de verdad.

    La habitación era de tamaño medio, austera y anticuada. Las cortinas amarronadas estaban desteñidas por el sol; y la alfombra malva, desgastada. Hacía tiempo que había pasado su mejor época, si es que la había tenido. Los tablones del suelo eran de una madera clara como de roble y estaban rayados y astillados. Había dos camas individuales cubiertas con unas colchas marrón oscuro que estaban desgastadas en algunas zonas y, entre las camas, había una sencilla mesita de noche de madera.

    Christine miró a su alrededor.

    —La verdad es que no me esperaba el Four Seasons.

    Christine entró en la habitación, dejó sus bultos sobre una de las camas y los abrió. Sacó la poca ropa que llevaba y la colgó en el armario. A continuación, colocó la almohada encima de la colcha. Después, sacó una cinta de uno de sus bolsillos, se agachó y la ató a la pata de la cama.

    —¿Qué es eso?-preguntó Jessica.
    —Dijeron que trajéramos collares para las pulgas.

    Jessica analizó la cinta.

    —Esto no parece un collar antipulgas -declaró, mientras se acercaba para examinarla más de cerca.
    —Como eran muy feos, les he pegado unas piedrecitas.

    A continuación, sacó tres cintas más y las ató al resto de las patas de la cama.

    Jessica se echó a reír hasta caer de espaldas sobre su cama. Christine esbozó una mueca.

    —No te burles de mí.

    Jessica recuperó, por fin, la compostura y se enjugó las lágrimas de los ojos.

    —Lo siento. Eres única. Eres la única mujer que conozco que fregaría un suelo de tierra.
    —Me alegro de que me encuentres tan divertida -contestó Christine con frialdad.

    Entonces se sentó en el borde de la cama y se dejó caer sobre ésta. El colchón era duro y olía a moho.

    Jessica suspiró en voz alta, se dirigió a la ventana y descorrió las cortinas. Los tejados de las casas que se veían desde allí eran, en su mayoría, de adobe; y las paredes, de estuco o de cemento. Los cordeles de la ropa se extendían de edificio a edificio como enormes telarañas.

    —¿Puedes creer que realmente estemos aquí?-preguntó Jessica.

    Christine soltó un grito y Jessica se volvió hacia ella con rapidez,

    —¿Qué ocurre?

    Christine señaló un rincón de la habitación.

    —Hay algo ahí arriba.

    Jessica levantó la vista hacia el techo. Una pequeña lagartija de un mortecino color pardo estaba colgada de la pared. Jessica suspiró con alivio.

    —¡Cielos, creí que se trataba de una tarántula o algo parecido! Sólo es una lagartija. — Jessica se acercó para verla de cerca-: Traen buena suerte.
    —No puedo dormir en una habitación por la que se pasean las lagartijas.
    —¿No puedes o no lo harás?
    —Tanto da.
    —No te hará daño. Además, las lagartijas comen arañas.
    —Muy reconfortante.
    —No seas cursi.
    —Es por los niños -declaró Christine, mientras volvía a tumbarse en la cama.

    Jessica se sentó en la otra cama. Los muelles crujieron bajo su peso.

    —Voy a salir para visitar la ciudad. ¿Quieres venir?
    —Necesito dormir. ¿Cuándo volverás?
    —No lo sé. Jim nos ha invitado a todos a cenar.
    —¿A qué hora?
    —A las cinco.

    Christine miró el reloj. Eran casi las dos.

    —¿Dónde tenemos que encontrarnos?
    —El restaurante está en la Plaza. Te dejaré anotada la dirección. — Jessica se levantó y escribió el nombre y la dirección del restaurante en el dorso de su billete de avión-. Seguramente, cuando sea la hora de ir, habrá otros miembros del grupo en el vestíbulo. Ve con ellos.
    —De acuerdo -contestó Christine, mientras se daba la vuelta en la cama-. Nos encontraremos allí.

    Jessica se detuvo en el umbral de la puerta.

    —A las cinco.
    —A las cinco.
    —¿Quieres que te telefonee para despertarte?
    —No.
    —Podrías ponerte un collar antipulgas en el cuello. Quizá te protegería de la lagartija.
    —¡Lárgate!

    Jessica sonrió con sorna.

    —Nos vemos.

    La puerta se cerró. Christine volvió a darse la vuelta, se abrazó a la almohada y se durmió.


    Capítulo 8


    Aunque siempre lo he planificado y programado todo para que no fuera así, las experiencias más importantes de mi vida se han producido por accidente.
    Diario de PAUL COOK


    Cuando Christine se despertó, las cortinas de la habitación dejaban traslucir un tenue color anaranjado. Enseguida miró hacia donde había visto a la lagartija por última vez y allí seguía, lo cual la tranquilizó por dos motivos. En primer lugar, porque sabía dónde estaba y, en segundo, porque un animal tan letárgico no podía constituir una gran amenaza.

    Christine consultó el reloj. Eran casi las cinco y diez. Se cepilló el cabello, agarró el bolso y corrió escaleras abajo con la esperanza de encontrar a alguien del grupo. El vestíbulo estaba vacío, salvo por un recepcionista de mediana edad y una mujer de la limpieza que rociaba las plantas con el agua de un aerosol de plástico. Christine se dirigió al recepcionista, que estaba anotando alguna cosa.

    Él levantó la vista y sonrió.

    —¿Sí, señorita?
    —¿Este restaurante está muy lejos de aquí? — preguntó ella, enseñándole el billete de avión.

    Él leyó la dirección y volvió a levantar la vista.

    —Está lejos para ir caminando, pero no en taxi. Está en la Plaza.
    —¿Cuánto me costaría el taxi?
    —No debería costarle más de dos soles.
    —¿Dos soles?
    —Sí. ¿Tiene usted soles?
    —Sí, éstos.

    Christine sacó un puñado de monedas y hurgó entre ellas.

    —Es ésta -declaró el recepcionista mientras cogía una moneda plateada del montón-. Dos como ésta. Y debería llevar esto. — El recepcionista le tendió una tarjeta del hotel-. Por si se pierde.
    —Gracias -respondió Christine, al tiempo que introducía las monedas y la tarjeta en el monedero-. ¿Cuál es el mejor lugar para encontrar un taxi?
    —La calle, señorita.

    Christine no estaba segura de si el recepcionista se estaba burlando de ella, pero parecía sincero; de modo que le diosas gracias, introdujo el monedero en el bolso y salió del hotel.

    En el exterior, los sonidos del tráfico inundaban el aire húmedo y cálido: el traqueteo de los viejos coches, el chirrido de las motocicletas y los incesantes bocinazos de ambos. A escasos metros de la entrada del hotel, un joven sacudía una alfombrilla contra una farola.

    Nada más salir del hotel, a Christine la rodearon unos vendedores ambulantes que pregonaban sus mercancías y ella se detuvo para observar sus ofertas. Vendían figuritas de llamas, gorras y jerséis de alpaca y joyas de plata y turquesa que exhibían en unas bandejas alargadas y forradas de terciopelo negro.

    Christine se agachó junto a una de las bandejas y examinó unos pendientes de plata. Alguien tropezó con ella. Christine se dio la vuelta y vio a un muchacho de cabello enmarañado que sacaba la mano de su bolso. Tenía su monedero en la mano.

    —¡Eh…!

    El muchacho salió disparado. En aquel instante, un hombre surgió de entre la multitud, sujetó al muchacho por la muñeca, lo levantó en vilo y lo llevó hasta donde estaba Christine.

    —Devuélveselo a la señorita -le exigió al muchacho en español cuando llegaron junto a ella.

    Los ojos del muchacho se desplazaban con nerviosismo del hombre a Christine y de Christine al hombre. Al final, se rindió a su captor.

    —Gracias -declaró el hombre.

    El desconocido cogió con suavidad el monedero de las manos del muchacho y se lo tendió a Christine. Ella lo introdujo de nuevo en su bolso.

    —Muy bien. Ahora vete -indicó el hombre al muchacho.

    El hombre dejó al chico en el suelo y éste desapareció como un pez devuelto al arroyo.

    Christine observó al desconocido. Su cabello era castaño y lo llevaba largo, casi hasta los hombros. Llevaba puesto un sombrero raído de piel marrón y un cordón de piel alrededor del cuello que desaparecía en el escote de su camisa. Tenía unos penetrantes ojos azules y la piel, tostada por el sol, era casi del mismo color que el sombrero. Su rostro parecía algo aniñado, aunque sus facciones eran duras y la barbilla y la mandíbula inferior estaban cubiertas por una barba incipiente. Christine dedujo que era norteamericano, europeo o quizás australiano, aunque no se lo veía fuera de lugar. De repente, mientras lo observaba, se sintió incómoda.

    —¿Habla inglés? — preguntó Christine.
    —Sí, señorita -respondió él en español. La dureza de su rostro se transformó, de repente, en una agradable sonrisa-. ¿Se encuentra bien? — preguntó en un inglés con acento norteamericano.
    —Sí, gracias.
    —De nada.

    Christine lo miró con fijeza. No sabía qué más decir, aunque deseaba seguir hablando con él. Aquel hombre despedía una energía que la intrigaba.

    —¿Por qué lo ha dejado marchar? — le preguntó.
    —Perú se rige por una estricta política de atrapar y dejar ir a los chicos de la calle -respondió él. Christine se percató de que estaba bromeando y sonrió. Él también sonrió-: ¿Puedo ayudarla a llegar a su destino?
    —Estaba a punto de coger un taxi.
    —Permítame.

    El desconocido se acercó al bordillo de la acera y extendió el brazo en dirección a la calle. Un coche pequeño se detuvo de inmediato.

    Christine se acercó al coche.

    —Gracias.
    —¿Adónde va? — preguntó el taxista en español.

    El norteamericano tradujo la pregunta al inglés para Christine.

    Ella le tendió el billete de avión.

    —Aquí. Es un restaurante.

    Él leyó la dirección y le indicó al conductor:

    —La señorita va al restaurante Inca Wall, en la Plaza de Armas. — El norteamericano se volvió hacia ella-: Usted debe de formar parte de uno de los grupos de Jim Hammer.
    —¿ Conoce a Jim?
    —Sí, lo conozco bien. Le encanta este restaurante. Pruebe el cuy.
    —¿El cuy?
    —Una exquisitez local.
    —Lo probaré. Gracias.

    El norteamericano abrió la portezuela del taxi para que ella entrara y, una vez dentro, le indicó en español al conductor:

    —Señor, el restaurante está al norte de la Plaza de Armas. Gracias. — Entonces se volvió hacia Christine-: Ya sabe adonde llevarla.
    —Gracias -repitió Christine.
    —De nada -contestó él. Y añadió en español-: Hasta luego.

    El norteamericano cerró la portezuela del taxi y se alejó mientras el taxista arrancaba de nuevo el vehículo y se incorporaba al tráfico. Christine se sentía un poco aturdida por la experiencia; y se volvió para observar de nuevo al norteamericano, pero éste había desaparecido. «Hasta luego.» ¿Acaso volvería a verlo más tarde?

    El taxista sorteó el tráfico con rapidez y Christine se reclinó en el asiento. No había cinturones de seguridad; lo cual, a juzgar por el aspecto del vehículo, no la sorprendió. Los desgarrones en los asientos de vinilo se habían reparado con cinta aislante. Un rosario colgaba y se balanceaba del espejo retrovisor del conductor. La mirada de Christine se encontró con la del taxista en el espejo y ella apartó la vista. El taxista la asustaba un poco y ella se sentía vulnerable.

    Unos instantes más tarde, llegaron a la Plaza y el taxista detuvo el vehículo frente a una hilera de edificios de diseño colonial.

    —Ha ido muy rápido -comentó Christine. Entonces se inclinó hacia delante y le mostró el billete de avión-: ¿Puede indicarme dónde está el restaurante?

    El taxista examinó el billete y señaló una puertecita roja que había en la fachada estucada de uno de los edificios.

    —Allí-contestó en español.
    —Gracias -le respondió ella en el mismo idioma-. ¿Cuánto?
    —Dos soles.

    Le entregó dos monedas.

    —Gracias, señorita.

    Christine salió a la calle de oscuros adoquines.

    La Plaza de Armas era el centro del barrio histórico de Cuzco y parecía más europea de lo que Christine había esperado. La catedral, una gran construcción barroca del siglo XVII, abovedada y con dos campanarios, constituía la característica arquitectónica más destacable de la plaza. En tiempos de los incas, la plaza se denominaba Huacaypata, Plaza del Guerrero, y fue allí donde Pizarro proclamó la conquista de Cuzco y del imperio Inca. La catedral constituía un monumento a su victoria y estaba construida sobre los fundamentos de piedra del palacio del rey inca.

    El centro de la plaza era cuadrado, con una zona adoquinada para viandantes en forma de cruz cristiana. En el extremo norte, había una zona verde con una fuente que albergaba la escultura de un cisne. A Christine la fuente le recordó un grial sobredimensionado. El agua caía por los bordes ondulados de las pilas superiores hasta llegar a la inferior, donde unos tritones con rostro de sátiro escanciaban agua con sus cuernos.

    El perímetro de la plaza estaba adornado con unas arcadas en piedra que constituían los portales de las vistosas tiendas de los artesanos locales y de los restaurantes.

    En cuanto el taxi se apartó de la acera, Christine se vio rodeada por un grupo de niños descalzos, con el rostro sucio y ropas mugrientas y andrajosas. Se acercaron a Christine de una forma agresiva, compitiendo los unos con los otros, con los brazos extendidos hacia ella. Algunos le alargaban sus mercancías, y otros simplemente le mostraban las palmas vacías de las manos. Christine los miró con compasión, pero sujetó su bolso con firmeza.

    —Linda señorita, postales, sólo un sol. Barato -anunció una niña, blandiendo unas postales delante de Christine.

    Otra niña se echó a sus pies con un trapo sucio en las manos:

    —¡Limpio zapatos, señorita! Le limpiaré los zapatos.
    —¡Chocolate, sublime! — declaró un niño aún más pequeño con los ojos translúcidos por las cataratas-. ¡Riquísimo, chocolate!

    Un niño de rostro radiante y de unos seis o siete años enumeró:

    —¡George Bush, Bill Clinton, Abraham Lincoln, sí, sí, sí!

    Y levantó el pulgar mientras extendía la otra mano pidiendo una limosna.

    Christine sacó de su cartera un puñado de monedas, entregó un sol a cada uno de los niños y se dirigió al restaurante. Los niños la siguieron, pues reconocían a un blanco fácil en cuanto lo veían, y no dejaron de pedirle limosna hasta que un hombre que había a la entrada del restaurante levantó la mano y los hizo salir corriendo de un grito.

    El hombre abrió la puerta y Christine entró en el restaurante. El interior era fresco y oscuro; tenía el suelo de terracota y las paredes, estucadas. La pared del fondo estaba decorada con un mural de inspiración inca. En el centro había un asador, y la carne soltaba su jugo sobre el siseante fuego e inundaba la sala con su aroma. Cuando los ojos de Christine se adaptaron a la tenue iluminación, vio que un grupo numeroso ocupaba varias mesas al fondo de la sala. Jessica estaba sentada al lado de Jim y llevaba puesto su sombrero. Cuando Christine se acercó al grupo, alguien gritó:

    —¡Ahí está!

    Su llegada fue recibida con vítores, aplausos y algunos abucheos.

    —¡Lo has conseguido! — exclamó Jessica.

    Christine recorrió con la mirada al grupo que la había abucheado.

    —¿De qué va esto? — preguntó.
    —Habíamos hecho una apuesta sobre si nos encontrarías o no.
    —Estupendo, gracias -comentó ella, mientras tomaba asiento. Entonces se volvió hacia la mesa que tenía a sus espaldas-: Espero que hayáis perdido todo vuestro dinero.

    Todos se echaron a reír.

    —¿Por qué has tardado tanto? — preguntó Jessica.
    —Me dormí.
    —Tendrías que haber dejado que te telefoneara para despertarte -la reprimió Jessica.
    —No -intervino Jim-. Necesitaba dormir. Es lo mejor para el mal de altura. ¿Cómo te encuentras?
    —Me sentía muy bien, hasta que me robaron.
    —¿Te han robado? — preguntó Jessica.

    Jim sacudió la cabeza y gruñó.

    —¿Cuánto dinero has perdido?
    —Sólo el monedero, y durante un minuto. Me lo devolvieron. Un norteamericano surgió de la nada, atrapó al ladronzuelo y le obligó a devolvérmelo. — Entonces se volvió hacia Jim-: Te conocía.
    —¿Me conocía?

    Christine asintió con la cabeza.

    —Me preguntó si formaba parte de tu grupo.
    —¿Qué aspecto tenía?
    —Era bastante alto, de cabello largo y castaño y facciones algo rudas.
    —Suena encantador -comentó Jessica.
    —Paul Cook -declaró Jim-. Dirige el orfanato que visitaremos mañana. Debías de estar cerca del hotel. Tenía que llevarme allí algunas cosas.
    —No puedo esperar para conocerlo -comentó Jessica.

    Jim la miró.

    Justo entonces, una camarera se acercó con varias fuentes. En una de ellas había una especie de roedor cocinado entero. Parecía que lo hubiera preparado un taxidermista y no un chef. La camarera lo dejó delante de Jim.

    —¿Qué es esto? — preguntó Jessica.
    —Creo que voy a vomitar -añadió Christine.
    —Yo me siento más inclinado a enterrarlo que a comérmelo -comentó alguien.

    Jim sonrió. Sin duda, disfrutaba del impacto que había provocado su comida.

    —Es cobaya frita. Los peruanos lo llaman cuy.
    —¿Cuy? — preguntó Christine.
    —Sí. ¿Habías oído hablar del cuy?
    —Tu amigo Paul me aconsejó que lo probara.

    Jim sonrió con malicia.

    —Sí, ése era Paul.

    La camarera dejó una fuente delante de Jessica. La fuente contenía una banana frita, una pechuga de pollo asada y arroz amarillo.

    —Mira, Chris, hay suficiente para las dos.
    —Me muero de hambre -contestó Christine-. Me comería cualquier cosa. — Entonces miró la fuente de Jim-: Casi…

    Comieron sin prisas y, cuando terminaron, salieron a la plaza. Para entonces, ya había oscurecido y la noche había creado un ambiente festivo. Un grupo de músicos peruanos vestido con los coloridos atuendos de la tradición quechua tocaba en el centro de la plaza a cambio de las donaciones de los turistas. Los tenderos habían trasladado unas mesas atiborradas de mercancías al exterior, bajo los pórticos, y la plaza se había convertido en un mercadillo nocturno animado por los sonidos del comercio, la música y la muchedumbre.

    Jessica y Jim estaban muy pendientes el uno del otro y Christine se sentía algo incómoda, de modo que pronto se fue por su cuenta. Había parejas por todas partes y, aunque había intentado no pensar en Martin, ahora su recuerdo la acechaba con más intensidad que nunca, como un picor de efecto retardado. Cuando deambulaba por el laberinto de mesas y percheros de ropa, el dolor le oprimía el pecho.

    La madre de Christine coleccionaba campanillas. Christine encontró una de plata con la figura de una llama en la parte superior y la compró por treinta soles. La vendedora se la envolvió en una hoja de periódico y Christine la guardó en el bolso.

    En otro puesto, rebuscó entre la ropa que vendían y encontró un chaleco de alpaca negra y un sombrero de hombre a juego. Christine pensó que aquel conjunto le gustaría a Martin y se lo compró, por costumbre y porque todavía albergaba esperanzas.

    Christine vio que Jessica y Jim estaban sentados en el borde encementado de la fuente y, al terminar sus compras, se dirigió hacia allí. Jessica y Jim ni siquiera se dieron cuenta de que se acercaba.

    —¡Hola, chicos!

    Ellos levantaron la vista.

    —¿Dónde estabas? — preguntó Jessica.
    —De compras.

    Jessica vio la bolsa que transportaba.

    —¿Y qué has comprado?
    —Cosas. Ropa.
    —Enséñamela -pidió Jessica.

    De repente, Christine se sintió como una estúpida por haber comprado algo para Martin.

    —Te lo enseñaré más tarde. Me voy al hotel.
    —¿Tan pronto? — preguntó Jim-. La noche es joven.
    —Más joven de lo que yo me siento -replicó ella-. Estoy un poco cansada.
    —¿Sabrás volver? — preguntó Jim. '
    —El recepcionista me dio una tarjeta -contestó Christine.
    —No me esperes despierta -comentó Jessica.

    Christine se dirigió a la calle y llamó un taxi. Una vez en la habitación del hotel, buscó la lagartija. Seguía en el mismo lugar, y Christine se preguntó si estaba viva. Entonces escondió la bolsa que contenía el chaleco y el sombrero para Martin debajo de la cama. No quería que Jessica la viera, pues sabía que la regañaría por haberle comprado algo. De todas formas, Christine se regañó a sí misma. ¿Por qué seguía aferrada a él? Martin no le había enviado ni un mísero correo electrónico desde el día que rompió el enlace.

    Christine sabía por qué le había comprado aquella ropa: la desesperación alimenta la esperanza. En una ocasión, un terapeuta le explicó que ella tenía cuestiones de abandono pendientes. «Tenía razón», pensó Christine. Su padre la había abandonado; primero, al divorciarse de su madre y, sólo hacía un año, al morir. Ahora, Martin también la había abandonado. ¿Podía confiar en que algún hombre permaneciera a su lado? Christine apagó la luz, se metió en la cama y se tapó con la sábana hasta la barbilla.

    Inmersa en la oscuridad, se acordó de la lagartija y se preguntó si sólo vivía en la pared o si alguna vez bajaba a las camas. Christine apartó aquel pensamiento de su mente, cerró los ojos, se dio la vuelta y se abrazó a la almohada. Su mente recorrió brevemente los acontecimientos del día. «¿Qué le depararía el día siguiente?» Entonces recordó al hombre que había recuperado su monedero, Paul, y se preguntó qué hacía en aquel lugar y si lo vería al día siguiente en el orfanato. En el umbral del sueño, deseó que así fuera.


    Capítulo 9


    Hoy he oído cómo una adolescente norteamericana comparaba sus carencias con las de nuestros niños, porque sus padres querían comprarle un coche de segunda mano en lugar de uno nuevo. Nadie es tan pobre como quienes no reconocen la abundancia de su vida.
    Diario de PAUL COOK


    Cuando Christine salió de la ducha, Jessica ya había bajado a desayunar. Christine se secó con una toalla y se puso los téjanos; le iban más anchos de lo que le habían ido en los últimos diez años.

    Al menos aquella boda había servido de algo, pensó Christine. Cuando terminó de vestirse, cogió su mochila y bajó a reunirse con Jessica.

    El comedor era un espacio diáfano y sin ventanas, con paredes de yeso pintadas en rosa y unos pósteres de agencias de viajes sobre las principales atracciones turísticas de Cuzco. Jessica estaba sentada a una mesa en una de las esquinas de la habitación, bajo un póster de una manada de llamas. A su lado había otros dos miembros del grupo, una mujer de mediana edad y cara ancha que llevaba puestas unas gafas de culo de botella y un hombre rechoncho, de rostro rubicundo y sonrisa afable.

    Jessica levantó una mano.

    —¡Aquí!

    Christine se dirigió a la mesa.

    —Buenos días -saludó la mujer de mediana edad en español-. Me llamo Joan Morton.
    —Hola, Joan.

    El hombre alargó la mano.

    —Y yo me llamo Mason -explicó con acento sureño-. Mason Affleck, de Birmingham.
    —Es un placer. Yo soy Christine.
    —Por cierto -añadió Joan-, Yo aposté a tu favor ayer por la noche.
    —Gracias. Estoy segura de que es más de lo que Jessica podría decir.

    Jessica sonrió de una forma burlona.

    —Lo siento, cariño, te conozco demasiado.
    —Gracias, guapa. — Christine contempló los platos que había en la mesa-. ¿Qué me recomendáis?
    —Las tostadas tienen un aspecto horrible, pero están buenas -explicó Jessica.
    —Prueba el higo chumbo -aconsejó Joan.
    —¿Está bueno?
    —No, pero tendrás algo de lo que hablar cuando regreses a casa.
    —¿Qué estás bebiendo? — le preguntó Christine a Jessica.
    —No lo sé. El letrero decía Guanábana, pero no sé qué significa.
    —¿Y?
    —Está bueno.

    Christine se dirigió al bufé y regresó con una manzana, una banana y un zumo de naranja.

    —Ya veo que no te sientes muy aventurera -comentó Jessica.
    —No mucho.
    —¿Te encuentras mejor? — preguntó Mason-. Jessica nos ha contado que sufrías del mal de altura.
    —Así es, pero ahora me siento mucho mejor. Supongo que necesitaba un buen descanso.
    —Yo también estoy un poco mareada -declaró Joan.
    —¿A qué hora regresaste ayer por la noche? — preguntó Christine a Jessica.
    —Tarde, pasada la medianoche.
    —¿Qué hicisteis?
    —Charlar. Creo que fuimos los últimos en abandonar la plaza.
    —Por cierto -declaró Christine, mirando a su alrededor-, ¿dónde está todo el mundo?
    —Probablemente subiendo al autocar -contestó Jessica. Entonces consultó el reloj y soltó un gruñido-. Llegamos tarde. Tenemos que irnos.

    Christine dejó el vaso del zumo, introdujo las piezas de fruta en la mochila y los tres salieron a toda prisa.

    Jim los esperaba junto a la portezuela del autocar.

    —¡Ah, ya estáis aquí! Creí que os habíais largado sin permiso.
    —No, es que alguien me mantuvo despierta hasta muy tarde -bromeó Jessica.
    —¿Quién? — bromeó él a su vez.
    —Siento el retraso -se disculpó Christine.
    —No te preocupes, vamos bien de tiempo -Respondió Jim mientras subía al autocar detrás de ellos.

    Cuando se sentaron y la puerta se cerró, Jim le hizo una seña al conductor y el autocar se puso en marcha.

    A la salida de Cuzco, Jim se dirigió al grupo:

    —Voy a hablaros acerca del proyecto en el que participaremos hoy. Nos dirigimos a Lucre, una ciudad que se encuentra a unos treinta minutos al sur de Cuzco. Trabajaremos en una antigua hacienda convertida en orfanato que se llama El Girasol.

    »E1 orfanato fue fundado hace unos seis años por un policía peruano llamado Alcides Romero. Alcides se sentía frustrado por la forma en que la policía trataba a los niños de la calle de Cuzco. Como no podían arrestarlos, básicamente lo que hacían era ignorarlos; lo cual era como dejar que los niños murieran de hambre en las calles.
    »Alcides decidió hacer algo. Conocía esta hacienda abandonada y, con el apoyo de su comandante, convenció a los burócratas del gobierno para que la donaran al departamento de policía. Alcides invertía la mitad de su sueldo en la compra de comida para alimentar a los niños del orfanato. Hace unos años, nos enteramos de lo que estaba haciendo y, desde entonces, le hemos estado ayudando. Unos cuantos dólares mensuales bastan para alimentar, vestir y proporcionar educación a uno de los niños.

    El autocar subió una carretera polvorienta que pasaba junto a unas casitas de paredes enyesadas. Al tomar una curva, los amplios muros de piedra y adobe de la hacienda aparecieron ante su vista.

    Durante el siglo XVIII, la hacienda fue el hogar de un acaudalado terrateniente e incluso ahora, en su decadencia, resultaba evidente que había constituido una residencia magnífica.

    Detrás de la hacienda, el terreno se elevaba hasta formar las suaves estribaciones de una cordillera, cubiertas con una vegetación exuberante y enormes cactus que parecían plantas de áloe vera sobredimensionadas. El autocar ascendía por las estrechas calles de tierra mientras los nativos que pasaban por allí y los que estaban acuclillados en los umbrales de las puertas de las casas los observaban, los gatos trepaban a los árboles y los perros los perseguían ladrando.

    Tras descender por una ladera empinada y cubierta de grava, el autocar se detuvo junto a la hacienda, a unos veinte metros al este de las ascendentes estribaciones.

    Jim condujo al grupo por un sendero hasta el patio central de la hacienda, que era rectangular. A un lado había una hilera de ventanas y, al otro, un muro alto con orificios para varias campanas.

    Un peruano bajito que vestía una camiseta sucia con el logo de Puma-Cóndor salió presuroso a recibirlos.

    —¡Hermano! — exclamó mientras abrazaba a Jim.
    —Hola, Jaime -saludó Jim en español-. ¿Qué tal?
    —Muy bien -contestó Jaime con entusiasmo. Entonces miró al grupo y extendió los brazos-. ¡Bienvenidos! — exclamó.
    —Os da la bienvenida -explicó Jim-. Acercaos.

    El grupo se agolpó junto a la pila de piedra de una fuente.

    —El objetivo de nuestra labor es contribuir a que el orfanato sea más auto suficiente. Nos han pedido que los ayudemos a construir un invernadero. Y también necesitaremos un par de voluntarios para pintar el aula de la escuela.

    Jessica levantó la mano con rapidez.

    —Nosotras lo haremos.

    Jim recorrió el grupo con la vista para averiguar si había más voluntarios para pintar el aula, pero nadie más se ofreció.

    —De acuerdo, Jessica y Christine, estáis contratadas. Jaime os mostrará el aula. El resto, seguidme.

    Jim acompañó al grupo a través de un pórtico hasta el jardín trasero de la hacienda, mientras que Jessica y Christine permanecían en el centro del patio junto a Jaime.

    —¿A qué ha venido esto de ofrecernos como voluntarias? — preguntó Christine.
    —Construir un invernadero no me ha parecido divertido.

    Jaime les echó una ojeada y declaró:

    —Muy bien, vamos.

    Ellas lo siguieron hasta una habitación de luz tenue que estaba situada al final de un pasillo embaldosado. La habitación era grande, oscura y de techo alto, y la luz entraba por una única ventana que estaba abierta. En el centro, había un andamio de metal rodeado de botes de pintura sin estrenar, una cubeta de aluminio y varios rodillos.

    —Nosotros pintar -anunció Jaime en inglés.

    Sus palabras resonaron en la habitación.

    —Desde luego, lo necesita -comentó Christine.

    Jessica miró a su alrededor.

    —Lo más probable es que haya transcurrido un siglo o dos desde la última vez que la pintaron. — Entonces se dirigió al centro de la habitación y extendió los brazos-. Muéstranos tu voluntad, maestro Jaime.

    Jaime la miró con ojos burlones, se agachó y abrió uno de los botes de pintura con un destornillador. La pintura, de color amarillo pálido, estaba desligada. Jaime cogió el bote y lo colocó cerca de Jessica y del andamio.

    —¿Tienes algo para mezclar la pintura? — preguntó Jessica en inglés.

    Jaime no contestó.

    —Mezclar…, pintura -repitió ella, moviendo la mano en círculos.
    —¡Ah! — Jaime asintió con la cabeza-. Mezclar -dijo en español.

    Jaime salió de la habitación, regresó con una rama pequeña y torcida, se la entregó a Jessica y se dirigió a la pared opuesta para reparar el marco astillado de una puerta.

    Jessica limpió la ramita y removió la pintura hasta que adquirió un intenso tono dorado.

    —¿Dónde están los niños? — preguntó Christine.

    Jaime arqueó las cejas.

    —Los niños… -repitió ella despacio-. Niños.
    —¡Ah, niños! — exclamó él en español.
    —Sí.
    —Los niños están en la escuela -explicó él-. Escuela -repitió en inglés.
    —Espero que Jim venga por aquí -declaró Jessica, mientras inclinaba el bote de pintura en dirección a Christine-. ¿Te parece que está bien así?
    —Es probable.
    —Pregúntale si tiene un trapo para el goteo.
    —Sí, ya, ahora mismo -respondió Christine.

    Después de verter la pintura en la cubeta de aluminio, ambas empaparon los rodillos con la pintura.

    —¿Qué hacemos con las grietas de la pared? — preguntó Christine-. Quizá tengan cemento cola.

    Jessica miró a su alrededor.

    —Simplemente, pinta encima.
    —¡Jaime! — llamó Christine.

    Él se volvió hacia ella.

    —¿Señorita?

    Ella señaló una grieta de la pared.

    —¿Pintamos por encima de las grietas?

    Él asintió con la cabeza y desplazó la mano de arriba abajo como demostración.

    —Sí, pintar -respondió en inglés.
    —Ya te lo he dicho -replicó Jessica, y apoyó las manos en las caderas-. Como si te entendiera.
    —Claro que me ha entendido. ¡Jaime! — llamó Christine de nuevo.

    Él se volvió hacia ella otra vez.

    —¿Señorita?

    Christine señaló a Jessica.

    —¿Tengo que pintar a Jessica?

    Él asintió con la cabeza.

    —Sí, pintar -repitió en inglés.

    Jessica se echó a reír.

    —¡Tienes razón!

    Christine y Jessica empezaron a pintar la pared sur de la sala. Christine pintó la zona inferior y subió hasta donde alcanzaba con el rodillo. Jessica, subida al andamio, pintó el resto de la pared hasta el techo.

    Tardaron cerca de cuarenta minutos en terminar la primera pared. Después, arrastraron el andamio hasta la pared contigua. Cuando se agachó para coger los rodillos, Christine vio que, cerca de la puerta, había un niño medio escondido entre las sombras. Tenía la piel morena, unos ojos grandes y marrones y unas pestañas largas envidiables.

    Christine exclamó en un susurro:

    —¡Mira, Jessica!

    Jessica volvió la cabeza y, cuando vio al niño, una sonrisa iluminó su cara.

    —¿Has visto alguna vez algo tan bonito?

    El niño las miraba con fijeza.

    Jaime se dio cuenta de que habían dejado de trabajar y advirtió la presencia del niño.

    —¿Por qué no estás en la escuela? — le preguntó.
    —Estamos en recreo -contestó el niño.
    —¿Cuántos años crees que tiene? — le preguntó Christine a Jessica.
    —Tiene, más o menos, la altura de mi sobrino de seis años.

    Jessica bajó del andamio, se acercó al niño y se agachó hasta quedar a su altura.

    —¿De dónde eres, chiquillo? — preguntó en inglés.

    Él no respondió. Sus ojos se desplazaban sin cesar de una a otra de las mujeres.

    —Es encantador. Dile algo en español, Chris. Pregúntale cómo se llama.

    Christine se le acercó.

    —¿Cómo… te… llamas?

    Él las miró con recelo.

    —¿Tu nombre? — preguntó otra vez Christine en español.
    —Me llamo Pablo -respondió él en un inglés perfecto-. Mañana cumplo ocho años. Es mi cumpleaños. Sólo soy un poco bajo para mi edad.
    —Hablas muy bien el inglés -contestó Jessica.
    —Tú también -respondió el niño.

    Jessica se echó a reír.

    —¿Dónde has aprendido tan bien el inglés?
    —El doctor Cook.
    —¿Cuándo llega el doctor Cook? — preguntó Jaime.
    —Ya viene. — Pablo tradujo la conversación a las mujeres-: Me ha preguntado cuándo vendrá el doctor Cook y le he dicho que ya viene.
    —¿Quién es el doctor Cook? — preguntó Jessica.
    —Es el jefe -respondió Pablo.

    En aquel instante, un hombre entró en la habitación.

    Christine enseguida lo identificó como el hombre que había recuperado su monedero.

    Él le sonrió.

    —Hola de nuevo.
    —Gracias de nuevo.
    —No hay de qué. — Entonces alargó la mano-: Soy Paul Cook.
    —Y yo Christine.
    —Encantado, Christine.

    Jessica avanzó un paso.

    —Yo soy Jessica.
    —Hola, gracias por ayudarnos. — Paul miró al niño: Veo que ya conocéis a Pablo.
    —Es un niño muy listo -declaró Jessica.
    —Y muy travieso -replicó Paul. Entonces miró a su alrededor-: Se ve mucho mejor.
    —Ya hemos pintado una pared. Ahora nos faltan tres.
    —¡Qué pasa, calabaza! — saludó Jaime en español.
    —Nada, nada, limonada -contestó Paul, también en español. Y se volvió hacia las mujeres-. ¿Jaime se porta bien con vosotras?
    —De maravilla; pero no hablamos mucho.

    Paul sonrió.

    —Id con cuidado, entiende más de lo que deja ver. — Paul se acercó a la pared e inspeccionó su trabajo-. Cuando acabéis, esta habitación se usará como aula,
    —Jaime nos ha contado que los niños van a otra escuela.
    —Ahora mismo sí, pero no es la situación ideal. La mayoría va con retraso respecto a sus compañeros de clase y resulta embarazoso para los adolescentes asistir a una clase de primero de primaria.
    —¿Puedo ayudarlas a pintar? — preguntó Pablo en inglés.

    Paul miró a las mujeres.

    —¿Os parece bien?
    —Desde luego -respondió Jessica.
    —De acuerdo -contestó Paul a Pablo-, pero tienes que trabajar duro. — Entonces se dirigió de nuevo a las mujeres-. Os veré dentro de un rato.

    Paul volvió a mirar a Christine y salió de la habitación. Jaime lo siguió al tiempo que hablaba y gesticulaba.

    —Es encantador -comentó Jessica.
    —Utilizas mucho esta palabra -declaró Pablo.

    Jessica sonrió de oreja a oreja.

    —Muy bien, Pablo, a trabajar. — Ambos se dirigieron al andamio-: ¿Has pintado antes?
    —Me gusta pintar cuadros.
    —Esto es un poco diferente. En realidad, es muy diferente. Puedes usar mi rodillo. Lo mojas en la pintura así, después, lo hacer rodar en la cubeta para que no gotee y, a continuación, lo deslizas por la pared.

    Jessica lo ayudó a realizar los movimientos.

    —Puedo hacerlo yo solo -se quejó Pablo.
    —Estupendo, porque tenemos mucho que hacer.

    Jessica cogió otro rodillo y volvió a subir al andamio. Pablo se colocó al lado de Christine para pintar. Al cabo de unos minutos, ella le dijo:

    —Cuéntanos algo de ti, Pablo.
    —¿Qué queréis saber?
    —Háblanos de tu vida.

    Pablo frunció el ceño.

    —Mi vida en muy trágica.
    —¿Trágica?

    Él asintió con la cabeza.

    —Mucho.
    —¿Querrás decir dramática? — sugirió Jessica,

    Él sacudió la cabeza.

    —No, trágica.
    —¿Por qué es trágica? — preguntó Christine.
    —¿Tengo que hablar de mi vida?

    Christine sonrió.

    —No tienes por qué hablar de tu vida. Hablaremos de algo alegre. ¿Mañana es tu cumpleaños?
    —Sí.
    —¿Cumplirás ocho años?
    —Sí. Celebraremos una fiesta. Una grande. Hemos preparado una piñata.
    —Suena divertido. ¿Puedo venir a tu fiesta?
    —Tienes que preguntárselo al doctor Cook. Él es el jefe.
    —En cualquier caso, te compraremos un regalo -declaró Christine.
    —Gracias.
    —¿Cuánto tiempo hace que vives por aquí? — preguntó Jessica.
    —Mucho, mucho tiempo.

    Su respuesta, al proceder de un niño que apenas tenía ocho años, sonaba divertida.

    —¿De dónde eres? — le preguntó Christine.

    Pablo titubeó.

    —No lo sé.

    Entonces bajó la vista y volvió a concentrarse en la pintura.

    Casi habían terminado de pintar la tercera pared cuando oyeron el repique de una campana.

    —La hora de la comida -declaró Pablo.

    Sin pensárselo dos veces, dejó el rodillo en el suelo y salió a toda prisa de la habitación.

    Christine sonrió.

    —Supongo que tiene hambre.

    Christine se dirigió a la puerta y miró al exterior. El resto del grupo había regresado al patio central. Algunos hacían cola para coger la fiambrera y otros ya estaban comiendo sentados.

    Christine y Jessica vertieron la pintura de las cubetas en el bote, lo cerraron y salieron. En un rincón del patio se había desencadenado una batalla de agua entre los estudiantes de secundaria, que llenaban cubos de agua en un surtidor accionado con una bomba de mano y se empapaban los unos a los otros. Los trabajadores peruanos los observaban divertidos.

    Jessica cogió dos fiambreras mientras Christine iba en busca de las bebidas. Se sentaron juntas en un murito de piedra cerca de la fuente en la que Pablo y otros niños peruanos se habían reunido.

    —Gracias por tu ayuda, Pablo -comentó Christine.
    —De nada.

    El sol estaba alto en el cielo y Jessica se tumbó para ponerse morena.

    —El clima es increíble, ¿verdad?
    —Todos pensarán que hemos hecho sesiones de rayos UVA -contestó Christine. Y contempló la caja de la comida-: ¿Qué tenemos de almuerzo? — preguntó en español.
    —¿Cómo?
    —Que qué hay para comer -repitió en inglés.

    Jessica hurgó en la fiambrera.

    —Un panecillo duro de color amarillo con un trozo de jamón grasiento y una loncha de queso, también amarillo, en el medio. Una banana, boniato frito y una tableta de chocolate. Sin duda, vamos a perder peso. ¿Qué hay de bebida?
    —Yogur líquido de fresa -respondió Christine, tendiéndole un pequeño envase de cartón.

    Jim se detuvo junto a ellas.

    —¿Cómo va la pintura, señoras?
    —Deberías venir a verlo tú mismo -contestó Jessica. Entonces peló la banana y le sacó los hilos-. ¿Y cómo os va a vosotros?
    —Vamos avanzando. El trabajo nos llevará, al menos, tres días.
    —Ven a comer con nosotras -sugirió Christine.
    —Gracias, pero el conductor me acaba de decir que tiene problemas con el autocar, de modo que será mejor que me ocupe de este asunto.
    —Sí, esta noche nos gustaría dormir en el hotel -comentó Jessica.
    —Yo me encargaré de que lleguéis al hotel. — Jim se volvió hacia Pablo, quien comía en silencio su bocadillo-. Hola, Pablo, ¿tú no dices nada? — le preguntó en inglés.
    —No.
    —Ha estado ayudándonos -explicó Christine.
    —Pablo siempre ayuda, es un buen trabajador.
    —Gracias -contestó Pablo.
    —Será mejor que me vaya. Adiós -se despidió Jim, mientras se alejaba.

    Uno de los peruanos que estaba sentado cerca de Jessica y Christine tenía un guacamayo rojo y amarillo posado en el hombro. El animal chillaba de vez en cuando y entonces el hombre le daba un trozo de pan. El pájaro cogía el bocado con una garra, se lo llevaba hasta el pico e inclinaba la cabeza hacia atrás para tragárselo.

    —Es un pájaro muy bonito -comentó Christine-. Mira sus plumas. — Y alargó la mano para tocarlo-: ¡Hola, bonito! ¡Hola, bonito!
    —Te morderá el dedo -advirtió Pablo.

    Christine retiró la mano con rapidez.

    —¿Bromeas?
    —Carlos, muéstrale tu dedo -pidió Pablo al hombre que sostenía al pájaro.

    Sin mirarlos, el hombre levantó un dedo con una cicatriz.

    —Gracias por la advertencia -agradeció Christine.

    En aquel momento, Paul apareció por una puerta al otro lado del patio, cogió una fiambrera y se sentó solo en los escalones que había frente a Christine y Jessica. Ambas mujeres lo observaron.

    —No lo echaría de la cama por comer galletas -comentó Jessica.
    —Deja de comértelo con los ojos -replicó Christine.
    —Vayamos a hablar con él -sugirió Jessica.

    Christine volvió a mirar a Paul. Sus miradas se encontraron y Christine retiró la suya con rapidez.

    —Está bien, vamos.

    Las dos mujeres cogieron sus fiambreras y cruzaron el patio. Paul levantó la vista al ver que se le acercaban.

    —¿Te importa que nos sentemos contigo?

    Él sonrió.

    —Claro que no.

    Paul se deslizó hasta uno de los extremos del escalón y Jessica se sentó a su lado, mientras que Christine lo hacía tres escalones más abajo.

    —¿Cómo va la pintura?
    —Va-respondió Jessica-. ¿Cuánto tiempo hace que este lugar funciona como un orfanato?
    —Unos seis años.
    —¿Y cuánto tiempo llevas tú aquí?

    Paul arrugó, la frente en actitud reflexiva.

    —Cuatro años, quizá.
    —¿No lo sabes?

    Paul sacudió la cabeza de un lado a otro.

    —Supongo que este país me está borrando la memoria.
    —¿Cómo puede ser? — preguntó Christine.
    —Aquí, la noción del tiempo es completamente diferente. En Estados Unidos, planificaba el día en periodos de tiempo de quince minutos. Aquí, los meses pasan en un abrir y cerrar de ojos.
    —Eso suena bien -comentó Jessica.
    —En cierto sentido, está bien -contestó él.
    —¿De dónde proceden los niños del orfanato? — preguntó Christine.
    —La mayoría, de la policía. Los recogen en las calles.
    —¿A cuántos niños albergáis?
    —Ahora mismo, en el orfanato hay doce niños.
    —¿Y ninguna niña? — preguntó Jessica.
    —Una.
    —¿Por qué sólo una?
    —Son más difíciles de encontrar. Las niñas no suelen quedarse en las calles tanto tiempo como los niños.
    —¿Porqué?

    Paul titubeó.

    —Las venden para la prostitución.

    Christine sacudió la cabeza.

    —¿Se hace algo para solucionarlo?
    —El gobierno intenta fortalecer las leyes y nosotros intentamos traer más niñas al orfanato. Sin embargo, tendremos que abrir otro centro sólo para las niñas. Durante un tiempo, llegamos a tener media docena, pero no funcionó.
    —¿Porqué?
    —Vendían su cuerpo a los niños.
    —¿Vendían su cuerpo?
    —Por un sol.
    —¿Un sol? — preguntó Jessica-. Eso equivale a treinta céntimos, ¿no es cierto?
    —Aquí todo es barato -comentó Paul en tono grave-. ¿Y vosotras, de dónde sois?
    —De Dayton -contestó Jessica.
    —¿Las dos? — preguntó él mientras miraba a Christine.

    Ella asintió con la cabeza.

    —¿Y tú de dónde eres? — preguntó Jessica.
    —La mayor parte de mi familia procede de Minnesota.

    Christine y Jessica ya habían acabado de comer. Paul terminó el bocadillo y desenvolvió la tableta de chocolate.

    —Si queréis, os presento a los niños.
    —Nos encantaría -respondió Christine.

    Los tres se levantaron y Paul las guió a lo largo del pórtico, el cual conducía a un comedor amplio y sencillo. La sala olía a comida y una enorme fuente de arroz humeaba en el centro de una mesa de madera larga y rectangular rodeada por once niños. Un peruano larguirucho de cejas pobladas y ojos negros como el carbón estaba de pie en el otro extremo del comedor junto a una plancha caliente y removía una olla llena de verdura. El peruano levantó la vista y miró a Paul, pero no dijo nada.

    —Buenas tardes -saludó Paul en español.

    Los niños volvieron la cabeza hacia él.

    —¡Hola, Paul!
    —¿Todavía vamos a tener la fiesta?
    —Por supuesto. Mañana -contestó Paul. Entonces se volvió hacia las mujeres-: Ésta es mi familia -declaró con orgullo. Paul nombró a los niños uno a uno empezando por la cabecera de la mesa y en el sentido contrario a las agujas del reloj-. Os presento a Rene, Carlos, Washington, Gordon, Samuel, Roñal, Oscar, Jorge, Joe, Deyvis y Juan Carlos. Y aquél es Richard, nuestro cocinero. Es nuevo.
    —¿El personal también vive aquí? — preguntó Jessica.
    —Sólo Richard y Jaime. — Paul se volvió hacia los niños-: ¿Qué tal si les cantamos una canción?

    Los niños se levantaron y Paul empezó-: Uno, dos, tres…

    Los niños cantaron una canción y, cuando terminaron, las dos mujeres los aplaudieron.

    —¿Qué significa la letra? — preguntó Christine.
    —Es una canción que compuse para ellos sobre El Girasol. La letra dice: Tendré la camisa sucia, tendré el pelo enmarañado, pero lo que importa es el niño que llevo en mi interior.

    Paul hizo un gesto a los niños.

    —¡Chao, guapos!

    Los niños volvieron a centrarse en la comida y se oyó un coro de adioses dedicados a Paul y las mujeres.

    Una vez en el exterior, Jessica preguntó:

    —¿Puedes indicarme dónde está el lavabo?

    Paul señaló una pequeña abertura en el muro del patio.

    —Por allí. Al otro lado del muro. ¿Quieres que te acompañe?
    —No, ya lo encontraré.
    —Es unisex, de modo que te recomiendo que corras el pestillo; los chicos entran sin llamar.
    —Gracias por la advertencia.

    Jessica se alejó con rapidez, dejando a Paul y a Christine a solas.

    —No he visto a la niña -comentó Christine.'
    —A Roxana no le gusta comer con los niños, son demasiado rudos para ella. Normalmente, le subo la comida a la habitación.

    Paul se volvió hacia ella y sus ojos parecieron asentarse en los suyos como si por fin la viera de verdad. Estar a solas con él hizo que, de repente, Christine se sintiera algo tímida.

    —¿Quieres conocerla?
    —Me gustaría.

    Paul la condujo a través del patio y por unas escaleras oscuras hasta un dormitorio con tres literas situado en la planta de arriba. Sentada en la cama inferior de la litera más cercana, había una niña descalza y ataviada con un vestido de algodón rojo desgastado. A su lado, sobre el colchón, estaban los restos de su comida: un cuenco de arroz sin terminar y la piel de una banana. La niña sostenía un libro en su falda; pero, cuando entraron en la habitación, ya hacía rato que había levantado la vista. Sus facciones eran delicadas y tenía los ojos marrones y almendrados. Una larga cicatriz recorría el lado izquierdo de su rostro.

    —Hola -saludó Christine en español.

    La niña no respondió.

    —Roxana es sordomuda -explicó Paul.

    Christine lo miró de una forma inquisitiva.

    —¿Sorda?
    —Sí.
    —¡Pero si parecía que nos estaba esperando cuando llegamos!
    —Sintió nuestras vibraciones.

    Paul hincó una rodilla junto a la niña y realizó unos signos con las manos.

    Ella le respondió, levantó la mirada hacia Christine y movió las manos con rapidez. La conversación continuó durante casi un minuto.

    —¿Qué dice? — preguntó Christine.
    —Me ha preguntado quién es la bonita mujer blanca. Yo le he deletreado tu nombre y ella ha contestado que le gusta tu nombre. Quiere que te diga que se llama Roxana.

    Christine se acercó a la niña.

    —Hola, Roxana -saludó en español.

    La niña se volvió hacia Paul y volvió a realizar signos con las manos.

    —¿Qué ha dicho, ahora?
    —Dice que eres guapa como las mujeres que salen en la televisión y que le gustaría parecerse a ti.

    Christine sonrió.

    —Dile que yo la encuentro muy guapa y que me gustaría tener el cabello negro y brillante como el suyo.

    Paul lo tradujo al lenguaje de signos. Una sonrisa iluminó el rostro de Roxana, quien apartó la vista con timidez y, de forma inconsciente, ocultó la cicatriz de su rostro tras un mechón de su cabello.

    Paul la besó en la mejilla y se despidió de ella con señas. Cuando salían de la habitación, Christine se echó a llorar. Nada más cruzar la puerta, se cubrió los ojos con la mano.

    Paul le acarició el brazo con dulzura.

    —¿Te encuentras bien?

    Ella asintió con la cabeza. Paul introdujo la mano en uno de sus bolsillos, sacó un pañuelo y se lo tendió a Christine. Ella se enjugó las lágrimas.

    —¿Qué le ocurrió? ¿Cómo se hizo la cicatriz?
    —No lo sabemos. La policía la encontró deambulando por las calles a las afueras de Lucre.
    —¿Quién abandonaría a una niña sordomuda en la calle?
    —La gente abandona a niños todos los días, Christine. No se sabe por qué. Quizá sus padres estén muertos o quizá no podían alimentarla.
    —Me siento tan estúpida. Últimamente, no he dejado de sentir lástima por mí misma.

    Paul la miró con compasión.

    —Estar con estos niños consigue que todo lo demás adquiera la proporción adecuada.

    Paul vio que Jessica los buscaba por el patio.

    —¡Aquí estamos! — gritó.

    Jessica levantó la vista protegiéndose los ojos del sol.

    —¿Cómo puedo subir hasta ahí?
    —Ya bajamos -intervino Christine.

    Cuando llegaron al patio, Jessica notó que Christine tenía los ojos enrojecidos.

    —¿Qué ocurre?
    —Nada-contestó Christine-. Volvamos al trabajo.
    —¿Dónde está nuestro pequeño ayudante? — preguntó Jessica.
    —Lo he enviado de regreso a la escuela -respondió Paul-. Yo también tengo que irme. ¿Nos vemos mañana?
    —Sí, mañana -contestó Jessica.
    —Adiós -se despidió Christine.

    Paul se dirigió a la entrada de la hacienda y las mujeres regresaron a su trabajo. Terminaron unas tres horas más tarde, y ya estaban recogiendo los utensilios cuando la campana repicó de nuevo. Las dos mujeres salieron al patio. Tenían el cabello y la ropa salpicados de pintura. Jim estaba en el centro del patio y el resto del grupo se aglomeraba a su alrededor.

    —Tenemos buenas y malas noticias, chicos. La mala es que el autocar se ha estropeado. La buena es que tenemos otro autocar a nuestra disposición. Si dejasteis algo en el primer autocar, recogedlo ahora o es probable que no volváis a verlo.

    El grupo subió el sendero por el que habían accedido al orfanato. A unos cincuenta metros de la entrada, varios hombres habían retirado los paneles laterales del autocar e intentaban reparar el motor. Otro autocar estaba estacionado a pocos metros del primero. Mientras se dirigían hacia allí, Christine preguntó a Jessica:

    —¿Has visto a Paul?
    —No. No desde mediodía.
    —Quería despedirme de él.
    —Estará aquí mañana. ¿Dejaste algo en el autocar?
    —No.
    —Estupendo, vayamos a ocupar los asientos delanteros.

    Cuando todos estuvieron sentados, Jim ocupó el asiento situado al otro lado del pasillo de los que ocupaban Jessica y Christine.

    —¿Qué quieres hacer esta noche? — le preguntó Jessica a Christine.
    —Quitarme esta ropa.
    —¿Y después?
    —Ducharme, leer y dormir. Tenemos que comprarle un regalo de cumpleaños a Pablo.
    —¿De verdad crees que mañana es su cumpleaños? — preguntó Jessica.
    —¿Acaso importa?
    —No, la verdad es que no. Quizás encontremos algo cerca del hotel. ¡Eh, Sledge!

    Jim se inclinó a través del pasillo.

    —¿Sí, Jess?
    —¿Sledge? — preguntó Christine.
    —Es un apodo -explicó Jessica-. Por el grupo de rock SledgeHammer. ¿Dónde podemos encontrar un regalo para Pablo?
    —En el centro comercial de productos artesanales que hay frente al hotel venden juguetes.
    —¿Qué crees tú que le gustaría?

    Jim reflexionó unos instantes.

    —Quizás un camión de juguete. Algo que pueda compartir con los otros niños.
    —Pareces cansado -declaró Jessica.
    —Lo estoy. Algunos de los postes que colocamos pesaban más de cien kilos.
    —¡Eres todo un hombre! Ponte bien, que te daré un masaje en el hombro.

    Jim se deslizó hacia la ventanilla. Jessica se sentó a su lado y le masajeó el cuello y los hombros. Poco más de media hora después, el autocar se detuvo frente al hotel.

    —¿Qué vais a hacer esta noche, chicas? — preguntó Jim mientras se bajaban del autocar.
    —Christine quiere leer. ¿Tienes pensado algo?
    —Podría llevaros a visitar las ruinas de Sacsayhuaman.
    —¿Qué es eso? — preguntó Jessica.
    —Se trata de una fortaleza en piedra construida durante la época inca. Está a sólo diez minutos de la Plaza.
    —¿Qué opinas, Chris? ¿Quieres venir con nosotros?

    Por el modo en que Jessica formuló la pregunta, Christine notó que quería estar a solas con Jim.

    —No, id vosotros dos.
    —Muy bien -contestó Jessica-. Pero necesito unos minutos para refrescarme.
    —¿Nos vemos en el vestíbulo dentro de diez minutos? — preguntó Jim.
    —Diez minutos.

    Las mujeres subieron a su habitación. Christine se descalzó y se tumbó cruzada encima de la cama mientras Jessica entraba en el lavabo para asearse. Cuando cerró el grifo, Jessica gritó:

    —¿Estás segura de que te quieres quedar aquí sola?
    —Tengo a la lagartija.

    Jessica salió del lavabo secándose las manos con una toalla.

    —¿Qué has dicho?
    —He dicho que estaré bien.
    —Entonces te veré más tarde. Por cierto, Jim me ha contado que hay un bar con servicio de Internet al otro lado de la calle. Lo digo por si quieres mirar tu correo. ¡Ciao, bella!
    —Adiós.

    Cuando Jessica se fue, Christine cogió un libro; pero como no podía concentrarse, volvió a dejarlo.

    Al cabo de un rato, salió en busca del bar con servicio de Internet. Una vez en el interior, un hombre la condujo a un ordenador y Christine consultó su correo. Mientras esperaba a que se cargara, la invadió la expectación. ¿Le habría enviado Martin un mensaje? ¿Qué le contestaría ella? El ejercicio resultó inútil. Martin no le había escrito y ella sólo había recibido la propaganda habitual y un mensaje de su madre en el que le preguntaba cómo se encontraba.

    Christine le explicó con detalle lo que habían hecho durante los últimos días y el trabajo que habían realizado en el orfanato. Cuando terminó, salió del bar y se dirigió al centro comercial de artesanía. En el interior había montones de puestos y enseguida vislumbró uno en el que vendían juguetes. Allí encontró un enorme volquete de plástico amarillo, un carrete de cinta amarilla y un conjunto de peines de plástico rosas con un espejo de mano a juego. Compró los regalos, regresó al hotel y se preparó un baño caliente.

    Permaneció en la bañera cerca de media hora. Primero se frotó las salpicaduras de pintura de los brazos hasta que la piel le quedó de un tono rosado. A continuación, añadió más agua caliente y se sumergió en el agua hasta que ésta le llegó a la barbilla. Entonces cerró los ojos y se relajó. Cuando el agua empezó a enfriarse, salió de la bañera y se metió en la cama. Sus últimos pensamientos fueron acerca de Paul, Pablo y una niña con una cicatriz que le recorría la mejilla.


    Capítulo 10


    Hoy es el cumpleaños de Pablo. Lo celebramos con una fiesta, pues no tenemos ni idea de cuándo o dónde nació. Pero no importa. Celebramos el día en que llegó a nuestras vidas y, ¿qué es una fiesta de cumpleaños, si no?
    Diario de PAUL COOK


    A la mañana siguiente, el autocar llegó a El Girasol media hora antes que el día anterior. Christine bajó del autocar con el camión de juguete, la cinta para el cabello, el espejo y los peines.

    —¿Comprobaste tu correo electrónico? — le preguntó Jessica.
    —Mi madre me había enviado un mensaje.
    —¿Nada de «Martina»?
    —No.

    Jessica suspiró y se dio la vuelta.

    —¿Qué vamos a hacer hoy? — le preguntó a Jim, mientras descendían por el sendero que llevaba hasta la hacienda.
    —La mayoría del grupo construirá una red de alambre en el invernadero, pero yo instalaré la luz eléctrica en el dormitorio de los niños. ¿Queréis ayudarme?
    —Id vosotros -contestó Christine-. Yo ayudaré en el invernadero. — Y añadió cuando hubieron avanzado unos pasos más-: ¿Cómo fue lo de las ruinas?

    Jessica le guiñó el ojo a Jim.

    —No llegamos a ir -respondió Jim con cierto aire de culpabilidad-. Iremos esta noche.
    —No -replicó Jessica-. Esta noche celebraremos una fiesta para brindar por nuestra última noche en Cuzco.
    —De acuerdo.

    El grupo entró en el patio y se reunió alrededor de la fuente. Una vez más, Jaime los esperaba. Christine miró a su alrededor para ver sí Paul se encontraba por allí. Éste apareció enseguida y se unió a Jaime para dirigirse al grupo.

    —Bienvenidos otra vez. Me llamo Paul Cook y soy el director de El Girasol. Debo deciros que estoy impresionado por vuestra forma de trabajar. Montasteis la estructura del invernadero y pintasteis el aula en tan solo un día. Hoy construiremos una red de alambre sobre la estructura del invernadero y, con un poco de suerte, colocaremos el plástico. Hace años que deseamos tener un invernadero. En la actualidad, los niños producen cerca de una cuarta parte de la comida que consumen. El invernadero nos permitirá cultivar alimentos durante todo el año y, así, ser más autosuficientes. Jaime dirigirá el trabajo de hoy. Gracias por venir. Espero que constituya una buena experiencia para vosotros. Nos veremos a la hora de comer.

    Mientras el grupo se dispersaba, Christine se acercó a Paul con los regalos.

    —Buenos días -saludó él.
    —Buenos días. — Christine le tendió el camión-: He traído esto para Pablo, por su cumpleaños.

    Él pareció sorprendido.

    —¿Cómo lo sabías? — Entonces sonrió con amplitud-: No importa. Algún día será el presidente de este país.

    Christine le entregó el resto de los regalos.

    —Le encantará el camión, pero no creo que sienta mucho interés por la cinta y los peines.

    Christine sonrió.

    —Son para Roxana.
    —Me lo había imaginado.
    —Ayer te buscamos antes de irnos. Queríamos agradecerte la visita al orfanato.
    —Tuve que ir a la ciudad. — Paul miró a su alrededor como si acabara de darse cuenta de que el grupo había desaparecido-: Será mejor que vaya para allá. ¿Hoy trabajarás en el invernadero?
    —Sí.
    —¿Quieres ayudarme?

    Christine disimuló el placer que le produjo la petición.

    —Sí, claro.
    —Estupendo. — Paul dirigió la mirada al camión-: Dejaré esto por ahí. Enseguida vuelvo.

    Paul desapareció por una puerta y regresó casi con la misma rapidez. Caminaron juntos hacia la parte trasera del patio. Desde allí, el valle se extendía ante ellos en una combinación exuberante de vegetación verde y ámbar. La parte trasera de la hacienda estaba formada, sobre todo, por campos; y las verdes y tiernas cañas de maíz con tonos índigo asomaban por encima de los muros de piedra y adobe que rodeaban la propiedad.

    En el área sur del terreno, el grupo estaba repartido alrededor de la estructura de madera de un gran invernadero de unos veinte metros de largo y la mitad de ancho. En el suelo había dos rollos grandes de plástico y varios de alambre. Los miembros del grupo ya estaban trabajando con tenazas y martillos. Algunos se habían subido a unas escaleras de mano o estaban encima de unos tablones y extendían el alambre entre los postes de la estructura. Christine pensó que resultaba agradable ver a los peruanos y a los norteamericanos trabajando codo con codo.

    —¿Qué están haciendo?
    —Construyen una red de alambre; como la que hay en las camas debajo de los colchones. Primero, se extiende el alambre de un extremo al otro y, después, de un lado a otro. Cuando terminemos la red, pondremos el plástico encima y repetiremos el proceso por el exterior.
    —Todos los invernaderos que he visto estaban construidos con planchas de cristal.
    —El plástico funciona igual de bien y es mucho más barato.
    —¿Qué quieres que haga?
    —Para construir la red se necesitan dos personas. Una coloca el alambre y la otra lo ata.

    Paul se colgó un rollo de alambre del hombro y lo transportó hasta uno de los extremos de la estructura de madera, donde había una escalera libre apoyada en una de las vigas de la estructura.

    —¿Tienes miedo a las alturas?
    —No.
    —Perfecto, entonces, sube tú a la escalera.

    Christine subió por la escalera de mano y Paul le entregó un martillo y unos clavos.

    —Primero clava un clavo en la viga transversal y rodéalo con el alambre. — Christine hizo lo que Paul le indicaba-: Ahora, baja.

    Christine bajó con el alambre. Paul le cogió el martillo y trasladó la escalera unos metros. Christine volvió a subir.

    —¿Y ahora, qué?
    —Ahora cruzaremos el alambre por encima del otro.
    —¿Qué quieres decir?
    —Te lo mostraré. — Paul subió por la escalera.

    Su cuerpo se deslizó por la espalda de Christine. El contacto y la calidez del cuerpo de Paul la embargaron de felicidad y entonces se dio cuenta de lo mucho que añoraba que la tocaran y la abrazaran. Christine se preguntó si a él también le gustaba aquella sensación, pues parecía sentirse muy a gusto. Paul la rodeó con sus brazos, realizó un bucle con el alambre y lo extendió hasta la viga siguiente.

    —Te enseñaré un truco. Si lo doblas así, no tienes que tirar tanto de él. ¿Lo entiendes?

    Christine estaba más pendiente de él que del trabajo y, de repente, se dio cuenta de que Paul esperaba una respuesta por su parte.

    —Sí, claro, podré hacerlo -respondió, y enroscó el alambre unas cuantas veces hasta que consiguió hacerlo bien-. ¿Así?
    —Perfecto. Ahora, el siguiente.

    Los dos bajaron de la escalera y Paul la trasladó al poste siguiente. Mientras lo hacía, el colgante que llevaba dentro de la camisa se deslizó al exterior. Se trataba de un soldado de juguete. Paul lo introdujo de nuevo dentro de la camisa.

    Christine volvió a subir la escalera.

    —Le estoy cogiendo el tranquillo.
    —Estupendo -respondió él con una sonrisa-. Sólo te quedan mil más.

    Christine soltó una carcajada.

    —Ayer me quedé con las ganas de decirte lo maravilloso que eres con los niños.

    A él pareció gustarle su comentario.

    —Gracias.
    —Te quieren de verdad. Se les nota en los ojos. Parece que sean tuyos.
    —Es que son míos.

    Christine sonrió.

    —Háblame de ellos.

    Paul enroscó el alambre mientras hablaba.

    —Rene tiene once años. Sus padres murieron asesinados cuando era pequeño, probablemente por la guerrilla Sendero Luminoso. Luego vivió con unos adultos que lo esclavizaron en un campo de trabajo para niños dedicado a la fabricación de ladrillos. Rene escapó y, hace tres años, lo encontraron durmiendo en la calle.

    »Carlos también tiene once años. No sabe dónde nació ni conoce el nombre de sus padres. Lo encontraron deambulando por las calles de Cuzco. Desde que compramos la vaca, el verano pasado, se ha convertido en nuestro lechero y se siente muy orgulloso de su papel. Es muy responsable y nunca tienes que recordarle sus obligaciones.
    »El verdadero nombre de Washington es Monterroso. Tiene doce años. Conserva algún recuerdo de su madre, pero no sabe qué le pasó ni por qué no está con ella. Tiene unas pesadillas horribles y canta canciones muy tristes.

    Christine ató el alambre y se bajó de la escalera. Paul la trasladó al poste siguiente y ella volvió a subir.

    »Gordon sabe que su padre está en algún lugar, pero no recuerda dónde. Lo encontraron mendigando a las afueras de Cuzco.
    «Samuel tiene trece años. Nació en Puerto Maldonado. Su familia se trasladó aquí para encontrar trabajo, pero lo abandonaron nada más llegar.
    »Joe procede de una familia numerosa. No lo querían, y sus propios padres lo obligaron a vivir en las calles. Es un muchacho muy dulce y servicial y, a veces, me deja pequeños tesoros.

    Christine descendió de la escalera.

    —¿Qué tipo de tesoros?
    —Piedras bonitas. Y, en una ocasión, me dejó una galleta.

    Paul arrastró la escalera hasta el poste siguiente, dejó el rollo de alambre en el suelo e hizo un nudo.

    —¡Continúa! — lo apremió Christine.
    —Veamos, Oscar tiene dieciséis años. Es mayor que los demás niños, pero su madre lo golpeó con tanta dureza que sufrió daños cerebrales. Tiene la capacidad mental de un niño de seis.

    »Jorge tiene nueve años. Sabe dónde está su madre, pero ella también vive en las calles y no puede hacerse cargo de él.
    »A Roñal lo abandonaron cuando era muy pequeño. Cuando tenía cinco años, lo vendieron para prostituirlo a los extranjeros. Él escapó y lo trajeron aquí. Es muy reservado y apenas habla.
    »Deyvis tiene quince años. Es el más rebelde del grupo, pero también es excepcionalmente íntegro. Nunca come hasta que los demás hayan recibido su ración. Cuando tenía siete años, organizó una banda en Cuzco para proteger a los niños pequeños del hambre y los malos tratos.
    »También está la pequeña Roxana. Es muy tímida y, la mayor parte del tiempo, se mantiene alejada de los chicos porque se burlan de ella. Le estoy enseñando a leer. Y, por supuesto, también está Pablo. Es mi pequeño compinche. Llegamos a El Girasol más o menos al mismo tiempo. De hecho, él llegó sólo dos días después que yo.

    —Pablo te idolatra.
    —Yo no debería tener favoritos, los quiero a todos; pero creo que, si algún día regresara a Estados Unidos, intentaría adoptar a Pablo.
    —¿Si algún día regresaras?
    —Sí… -repitió él.
    —¿Con cuánta frecuencia vienen grupos como el nuestro?
    —Unas doce veces al año. Normalmente, durante los meses de verano. — Paul se volvió hacia ella-: ¿Y tú qué haces en Dayton?
    —Soy higienista dental.
    —Esta profesión resultaría muy útil aquí. — Paul la observó con atención-: Por lo que veo, Jim y Jessica se llevan muy bien.
    —¿Eso crees?

    Él sonrió.

    —¿Desde cuándo sois amigas?
    —Desde siempre. Desde que éramos niñas.
    —¿Y qué hace Jessica en Dayton?
    —En realidad, lo que quiere. En la actualidad, trabaja para una empresa de relaciones públicas. Su padre es congresista, de modo que nunca tiene problemas para encontrar trabajo.
    —¿De quién fue la idea de venir a Perú?
    —De Jess.
    —¿Pero a ti te gustó la propuesta?
    —En realidad, no. Jessica es… -Christine buscó el término adecuado- tozuda. — Paul asintió con la cabeza-. Por cierto, Jessica ha decidido celebrar una fiesta esta noche. Para brindar por nuestra última noche en Cuzco. ¿Te gustaría venir?
    —Gracias, pero tenemos nuestra propia fiesta aquí, para Pablo. Los chicos llevan planeándola desde hace al menos un mes.
    —¿Y qué vais a hacer en la fiesta?
    —Yo he preparado un pastel. Y los chicos han construido una piñata.
    —¿Puedo venir?

    Paul la observó con fijeza.

    —¿Lo dices en serio?
    —Suena divertido. Además, no puedes organiza una fiesta para doce chicos tú solo.
    —¿Y qué pasa con la fiesta de Jessica?
    —Dudo que Jessica note mi ausencia.

    Paul reflexionó durante unos instantes.

    —Podría llevarte de regreso a Cuzco cuando los niños se hayan ido a la cama. Sería bastante tarde.
    —No me importa trasnochar.
    —Entonces estás invitada.
    —¡Estupendo! — exclamó Christine.

    Y volvieron al trabajo.


    Capítulo 11


    Esta noche me he sentado con Christine bajo las estrellas. No estoy seguro de qué ha sido más emocionante, si lo que ella me ha contado, su aspecto o cómo me sentí estando a su lado.
    Diario de PAUL COOK


    Cuando realizaron la pausa para comer, el grupo había terminado de colocar el alambre en el techo y en dos de las paredes del invernadero. Christine reservó un lugar en la sombra mientras Paul recogía las fiambreras. El contenido de éstas era el mismo que el día anterior.

    —¿Dónde está un McDonald's cuando lo necesitas? — preguntó Christine. Entonces sacó el jamón del bocadillo y lo dejó en la fiambrera.

    Jim y Jessica aparecieron por el hueco de la escalera, cogieron sendas fiambreras y se sentaron con ellos. Mientras se acercaban, Jessica observó a Paul, dirigió una extraña mirada a Christine y, a continuación, se sentó a su lado. Jim se sentó junto a Paul.

    —Ya he colocado la instalación eléctrica en el dormitorio de los niños -explicó Jim a Paul-. Por fin tienen luz.
    —Gracias, estarán muy emocionados.

    Jessica se inclinó hacia Christine y le preguntó en voz baja:

    —¿Qué habéis estado haciendo vosotros dos?
    —Colocando alambre.
    —¿Y…?
    —¿Y qué? — preguntó Christine.
    —Se te ve… contenta.

    Christine meneó la cabeza.

    —Mira quién habla. Dile a Sledge que tu carmín está ahora en sus labios.

    Jessica inclinó la cabeza a un lado para mirar a Jim.

    —No me había dado cuenta. ¿Crees que alguien sospecha algo de lo nuestro?
    —Jess, ¡todo el mundo sabe que algo está pasando entre vosotros!

    Una expresión de sorpresa cruzó el rostro de Jessica.

    —¿De verdad?
    —Resulta tan obvio como un peluquín falso.

    Jessica frunció el ceño.

    —Mal asunto. Se supone que Jim no debe fraternizar con sus clientes. Política, de la empresa. Podrían despedirlo.
    —Es un poco tarde para preocuparse.

    Jessica pareció consternada durante un breve lapso y, a continuación, se relajó.

    —C'est la vie. ¿Y qué hay de vosotros dos?
    —He estado ayudando a Paul igual que tú has estado ayudando a Jim. — Christine bebió un trago de yogur líquido-: Bueno, no exactamente igual. Por cierto, esta noche ayudaré a Paul en la fiesta que ha preparado para el cumpleaños de Pablo.
    —¿Y qué hay de nuestra fiesta?

    Christine desenvolvió la tableta de chocolate.

    —Tú y Jim ni siquiera notaréis mi ausencia.
    —Claro que la notaremos.
    —Jess…

    Jessica intentó otra táctica.

    —¿Cómo regresarás a Cuzco?
    —Paul se ha ofrecido a acompañarme.
    —Como quieras.

    Cuando terminaron de comer, Paul y Christine reanudaron su trabajo en el invernadero. Pocas horas después, el grupo había terminado la red de alambre; de modo que colocaron la cubierta de plástico encima de la estructura. Entonces empezaron de nuevo el proceso a fin de que el plástico quedara sujeto entre las dos redes de alambre.

    Mientras el grupo se preparaba para irse, Paul y Christine se dirigieron a la cocina de la hacienda. Richard ya había estado allí y la habitación olía a pizza horneada. Paul miró en el interior del horno.

    —Casi está lista.

    Paul se dirigió a uno de los armarios de la cocina, sacó un preparado para pasteles y empezó a leer las instrucciones.

    —Yo haré el pastel -se ofreció Christine.
    —De acuerdo. — Paul le tendió el envase-. Estás muy lejos de casa, Betty Crocker.

    Christine levantó la vista hacia él.

    —Necesitaremos huevos y aceite vegetal.
    —Huevos y aceite vegetal -repitió él en español.

    Paul le llevó un recipiente con huevos, una botella de aceite, un cuenco de cerámica y una cuchara de madera para mezclar los ingredientes. El aceite vegetal estaba en una botella estrecha de color ámbar y los huevos, que eran de color tostado, todavía tenían barro y heno pegados en la cáscara. Christine los examinó y se mordió el labio.

    —No los encontrarás más frescos -declaró Paul.
    —Estoy acostumbrada a un mundo más estéril -contestó Christine, mientras lavaba los huevos.
    —No te olvides de utilizar la receta para la altitud.
    —¡Ah, de acuerdo! — A Christine le sorprendió que Paul hubiera pensado en aquel detalle y ella no. Entonces leyó en el envase-: «Añadir una cucharada de harina a la mezcla.» Aquí pone para una altitud de entre mil y dos mil metros. ¿Crees que será suficiente? Aquí estamos, prácticamente, en el espacio.
    —Puedes añadir un poco más de harina.

    Cuando Christine estaba echando los huevos en el cuenco, Roxana apareció en la puerta y dio unos golpecitos en el marco para llamar la atención de Paul y Christine.

    Al verla, Christine sonrió.

    —¡Ven, cariño! — exclamó, mientras realizaba un gesto para que la niña se acercara.

    Roxana se dirigió hacia ella.

    Christine echó el último huevo y, a continuación, añadió agua y aceite. Después, le dio la cuchara de madera a Roxana.

    —Mézclalo tú.

    Roxana se la quedó mirando y Christine le guió la mano hasta el cuenco y la ayudó a remover la mezcla. Al cabo de unos instantes, Christine soltó la mano de Roxana y ésta continuó removiendo la mezcla sola.

    Cuando los ingredientes estuvieron mezclados por completo, Christine cogió la cuchara que sostenía Roxana.

    —Gracias -dijo en español, y añadió en inglés-: Ahora puedes lamerla. — Roxana se dispuso a dejar la cuchara en el cuenco, pero Christine la detuvo-: No, lámela. — Christine se volvió hacia Paul-: ¿Cómo se dice «lamer» en el lenguaje de signos?

    Paul se lo enseñó mientras la observaba con interés.

    Christine se lo repitió a Roxana, cogió la cuchara, simuló que la lamía y se la devolvió a la niña. Roxana empezó a lamer la cuchara, primero con timidez, pero su entusiasmo fue aumentando a medida que el chocolate le cubría los labios y la barbilla.

    Richard entró en la habitación, lanzó una mirada a los tres, se dirigió al horno y sacó la pizza.

    —¿Tienes un molde para pasteles? — preguntó Christine.
    —Claro. — Paul habló con Richard y éste sacó una fuente baja de aluminio y un trapo-: Puedes utilizar el trapo para engrasar la fuente -indicó Paul-. Está limpio.

    Christine vertió aceite en el trapo, engrasó las paredes y la base de la fuente y la enharinó. A continuación, vertió la masa encima.

    —Listo. ¿Has precalentado el horno a trescientos cincuenta grados? — preguntó.
    —Debe de estar a la temperatura adecuada.
    —¿Trescientos cincuenta grados?

    Paul contuvo una sonrisa.

    —Se trata de un horno de leña, Christine. No tiene termostato.
    —¿Entonces cómo sabes a qué temperatura está?
    —Pones la mano dentro y cuentas cuántos segundos aguantas sin sacarla.
    —¿Lo dices en serio?

    Paul asintió con la cabeza.

    —Para un pastel, son tres o cuatro segundos.
    —Dejaré que te ocupes tú del pastel mientras yo preparo a Roxana para la fiesta.

    Paul miró a Roxana sin comprender.

    —¿Prepararla?
    —Ya sabes, prepararla: asearla, peinarla… Deduzco que no lo haces con frecuencia.
    —No mucho.
    —¿No mucho o nunca?
    —En realidad, nunca.
    —Es una niña, Paul -lo regañó Christine con dulzura-. ¿Quieres explicarle lo que quiero hacer?

    Paul se colocó delante de Roxana y le habló con señas. Roxana sonrió y se volvió para mirar a Christine con el rostro radiante de excitación.

    —¿Dónde están las cosas que traje para ella?
    —Voy a buscarlas.

    Al cabo de unos instantes, Paul regresó con los peines, el espejo y la cinta. Christine cogió los objetos con una mano y la mano de Roxana con la otra, y la condujo a su habitación.

    Paul introdujo la mano en el horno para comprobar la temperatura y, a continuación, metió el molde.

    Christine sentó a Roxana en la cama y se colocó detrás de ella.

    —Primero, veamos qué ropa tienes.

    Christine miró a su alrededor. Cerca de la puerta, había un arcón. Christine lo abrió. El arcón estaba lleno de ropa de segunda mano que debían de haber traído otros grupos de norteamericanos. Christine hurgó entre la ropa y, al final, eligió un vestido blanco y rosa sin mangas. Lo sacó del arcón, echó un vistazo a Roxana para comprobar la talla y lo llevó hasta ella.

    Roxana se sacó los téjanos y la camiseta y Christine le puso el vestido. Resultaba un poco grande para aquel cuerpo flacucho. Christine se sentó en la cama y Roxana se quedó inmóvil. Christine le peinó unas trenzas con delicadeza, y dejó libre un mechón con el que ocultó parcialmente la cicatriz que recorría la mejilla de la niña desde la sien hasta la mandíbula. A continuación, cogió la cinta amarilla y ató un lazo en el extremo de cada una de las trenzas. Los lazos destacaban sobre el cabello negro de la niña como un par de mariposas amarillas sobre un lecho de carbón.

    En el lavamanos había un trapo que Christine utilizó para limpiar la suciedad y los restos de masa del pastel del rostro de Roxana hasta que éste quedó resplandeciente. Christine sacó un pequeño kit de maquillaje de su riñonera y aplicó una ligera capa de brillo sobre los labios de Roxana. A continuación, sacó un pequeño frasco de perfume y lo acercó a Roxana para que lo oliera. Después de olerlo, Roxana levantó la vista y sonrió. Christine echó un poco de perfume en el cuello de Roxana y otro poco en el suyo propio.

    Después, le tendió el espejo a Roxana. Cuando la niña vio su reflejo, el rostro se le iluminó de alegría. Roxana tocó con precaución los lazos y le sonrió a Christine.

    —Eres muy guapa -declaró Christine.

    A continuación, Christine se peinó y se maquilló, mientras Roxana la contemplaba con fascinación. Christine aplicó un tono de brillo más oscuro en sus labios para acentuar su volumen, abrió una polvera y se aplicó una gruesa capa de maquillaje y algo de colorete, volvió a guardar los artículos de maquillaje en la riñonera y cogió a Roxana de la mano.

    —Veamos qué opinan los chicos.

    Cuando entraron en la cocina, Paul las miró con atención.

    —¿Y bien? ¿Cómo estamos?
    —¡Guau!
    —Somos chicas; cuando nos arreglamos, tenemos buen aspecto -declaró Christine, y añadió con alegría-: Deja de mirarme a mí y mira a Roxana.
    —Parece una chica.
    —Exacto -confirmó Christine en tono triunfal.

    Paul le habló con señas a Roxana y ella le contestó.

    —Dice que, ahora, es tan guapa como tú.

    Christine sonrió.

    —¿Cómo va el pastel?
    —Todavía está en el horno -respondió Paul-.No creo que tarde mucho.

    Mientras Christine y Roxana se arreglaban, Paul había reunido los ingredientes para preparar una crema de chocolate y Christine los mezcló. La crema estaba especialmente buena gracias al sabroso cacao peruano. Quince minutos más tarde, sacaron el pastel del horno. Estaba un poco ladeado y Christine se echó a reír.

    —Ya estamos acostumbrados -explicó Paul-. Por eso he preparado el chocolate.

    En aquel momento, Jessica entró en la cocina.

    —Huele bien-declaró. Entonces miró a Christine-: ¡Qué guapa!
    —Sólo me he arreglado un poco.
    —Nos vamos. ¿Estás segura de que no quieres venir con nosotros?
    —Estoy bien.

    Jessica la besó en la mejilla.

    —De acuerdo. Te echaremos de menos. Ahora tengo que dejarte, Jim dice que es hora de irse.

    Jessica salió de la habitación. Cuando el grupo se marchó, los niños entraron en la cocina y tomaron asiento alrededor de la mesa. Todos miraron a Roxana como si se tratara de una desconocida.

    Pablo fue el primero en hablar.

    —Parece una chica -declaró.
    —Es que es una chica -contestó Christine.

    Deyvis rezó una oración de agradecimiento por la comida y, a continuación, Roxana y los niños se colocaron en fila para coger sus platos. Richard les sirvió pizza y una tostada de pan de ajo. Paul y Christine se colocaron al final de la cola.

    Christine contempló la pizza.

    —¿Qué tipo de carne es ésta? Parece atún.
    —Es atún -respondió Paul-. Creo que Norteamérica es el único país que no pone atún en las pizzas.

    Christine se sirvió un trozo y se sentó junto a Paul y Rotuna.

    Hacia el final de la comida, Paul sacó la piñata, que consistía en una representación rudimentaria de una llama confeccionada con papel maché y adornada con tiras de papel de vistosos colores. Al verla, los niños vitorearon con alegría y siguieron a Paul hasta el pasillo central del edificio. Paul ató el extremo de una cuerda alrededor de la cabeza de la llama, lanzó el otro extremo por encima de una viga y tiró de la cuerda hasta que la llama quedó suspendida en el aire.

    Como era el cumpleaños de Pablo, Paul le entregó la cuerda para que pudiera subir y bajar la piñata a voluntad.

    A continuación, le entregó un bate a Gordon; pero éste lo rechazó. Los chicos le gritaron algo a Paul y, aunque Christine no lo entendió, por sus gestos supo que se referían a ella.

    —Los chicos quieren que empieces tú -le explicó Paul.

    Ella contempló sus rostros ansiosos.

    —¡Qué amables!
    —En realidad, no es que sean amables, es que quieren burlarse de ti -explicó Paul con una leve sonrisa.
    —Ya veremos. ¿Dónde está el pañuelo?

    Paul le vendó los ojos con el pañuelo, la cogió por los hombros, la guió hacia la piñata y le entregó el bate. Christine lo agarró con fuerza con ambas manos.

    —Muy bien, Babe Ruth -declaró Paul, refiriéndose al famoso bateador de béisbol-, dame tiempo para alejarme antes de empezar a blandir el bate. — Paul retrocedió unos pasos y añadió-: Muy bien, a por ella.

    Pablo tiró de la cuerda y la piñata se elevó de golpe. Christine intentó golpearla en cinco ocasiones, pero erró los cinco golpes mientras los niños reían más y más a cada intento. Al final, Christine se quitó la venda de los ojos.

    —De acuerdo, ya me han humillado bastante. Ahora le toca a Roxana.

    Christine la guió hasta la piñata y le tapó los ojos con el pañuelo. Cuando le entregaron el bate, Roxana lo balanceó sin titubear. Pablo no tiró de la cuerda y permitió que Roxana golpeara la piñata, aunque sus golpes no produjeron más que un ruido sordo.

    —¡Muévela, Pablo!
    —¡Más rápido!
    —No -respondió Pablo.
    —¡A Pablo le gusta Roxana! — gritó Joe, y los otros niños corearon la frase de inmediato.
    —¡Cállense, tontos! — gritó Pablo a su vez. Y añadió en inglés-: ¡Estúpidos!
    —¡Basta! — exclamó Paul.

    Los niños se callaron.

    Roxana volvió a acertar el golpe varias veces, pero siempre sin efecto.

    —Muy bien. Ahora lo difícil será quitarle el bate -declaró Paul.

    Cuando Roxana llevó al bate hacia atrás, Paul se acercó, lo cogió por el extremo y retiró el pañuelo de los ojos de la niña con suavidad.

    Christine se acercó y la aupó.

    —Buen trabajo, cariño.

    Roxana se acurrucó junto a su pecho. Roñal sólo necesitó dos intentos para acertar el blanco y los caramelos salieron volando en todas direcciones. Los niños se lanzaron al suelo y cogieron tantos como pudieron. Christine dejó a Roxana en el suelo.

    —Ve, Roxana -la animó-. Coge los caramelos.

    Christine intentó que Roxana se moviera; sin embargo, la niña permaneció agarrada a su pierna, lejos del tumulto que formaban los niños. Christine se agachó para ayudarla, pero apenas quedaban caramelos. Entonces Christine levantó la vista hacia Paul en busca de ayuda.

    —Paul, Roxana no ha conseguido ningún caramelo.
    —No te preocupes, los tendrá.

    Cuando ya no quedaban caramelos en el suelo, los niños los apilaron en un único montón.

    —¿Quince? — le preguntó Deyvis a Paul.
    —No. Con trece hay suficiente.

    Los niños dividieron los caramelos en trece montones iguales. Christine los observó asombrada.

    —Ni siquiera has tenido que pedirles que los compartan.
    —Estos niños se cortarían la mano antes de tomar algo que los demás no pudieran tener.
    —Deberíamos aprender de ellos.
    —Yo lo hago todos los días -respondió Paul. Entonces se volvió hacia los niños-: ¿Quién quiere tarta?

    Los niños gritaron entusiasmados y corrieron hacia el comedor.

    —¡Vamos, Roxana! — exclamó Christine.

    Roxana todavía no le había soltado la mano, así que Christine la condujo al comedor. Cuando llegaron, los niños ya se habían sentado a la mesa. Pablo estaba en la cabecera. Paul encendió las velas del pastel con una cerilla.

    —Muy bien, Pablo -lo animó Christine-, apágalas.

    Él contempló el pastel.

    —Hay demasiadas velas. Yo sólo tengo ocho años.
    —Se trata de una costumbre norteamericana -explicó ella-. Se pone una vela extra para que sigas creciendo.
    —Estupendo, yo tengo que crecer -declaró Pablo.
    —Cantemos -sugirió Paul.

    Los niños le cantaron a Pablo el Cumpleaños Feliz. Primero en inglés y, después, en español. A continuación, Paul cortó el pastel y lo colocó en los platos que luego Christine partió entre los niños.

    Paul le regaló a Pablo un jersey nuevo, una caja de acuarelas y un bloc grueso de hojas para pintar. Pablo se mostró entusiasmado con los regalos y se lo agradeció a Paul en los dos idiomas. A continuación, Christine le entregó a Pablo el camión y todos los niños lo contemplaron con envidia.

    —¡Guau! — exclamó Pablo-. ¡Un camión! ¡Estupendo! — Pablo abrazó a Christine-. ¡Gracias, señorita Christine!
    —De nada.

    Christine dirigió la mirada hacia Paul y vio que sus ojos brillaban de felicidad por la alegría de Pablo. Entonces se dio cuenta de que Paul no quería a Pablo como a un hijo, sino que se sentía como si aquel niño fuera su propio hijo; y Christine se preguntó si no le habría puesto aquel nombre por él mismo.

    Cuando terminaron de comer el pastel, los niños salieron al patio a jugar mientras Paul, Christine y Roxana se quedaban solos en el comedor. Paul preparó una infusión de coca, la sirvió en dos tazas y las llevó a la mesa. Roxana estaba sentada al lado de Christine con la mejilla apoyada sobre la mesa mientras Christine le hacía cosquillas en la espalda.

    —Te tendría que haber preguntado si te gusta la infusión de coca -reconoció Paul-. Si no te gusta, puedo prepararte otra cosa.
    —No, está bien. Me ayuda con el mal de altura.
    —¿Todavía lo sientes?
    —Un poco. Es como un zumbido constante.

    Él se sentó frente a ella.

    —Resulta muy molesto cuando estás resfriado. ¿Azúcar?
    —Sí, por favor, mucho.

    Paul vertió en su taza una cucharada colmada de azúcar, removió la mezcla y dejó la cuchara sobre la mesa.

    —En cierta ocasión, un visitante italiano me comentó que la infusión de coca sabe como huelen los caballos.

    Christine se echó a reír.

    —Sabe a alfalfa.

    Paul bebió un sorbo de su infusión.

    —Nunca lo había pensado, pero tienes razón. Si lo prefieres, preparo café.
    —No, la alfalfa está bien. ¿A qué hora se van a dormir los niños?
    —Normalmente, alrededor de las nueve; pero les he dicho que hoy podían quedarse despiertos hasta las diez. Es probable que ya sea esa hora.

    Christine terminó su infusión.

    —¿Quieres que los acompañe al dormitorio?
    —No será necesario, sólo tengo que decirles que es la hora de dormir; pero estoy seguro de que a Roxana no le importaría que la acostaras.
    —Lo haré encantada.

    El sol se había puesto y el patio estaba a oscuras salvo por una única bombilla que formaba sombras alargadas y fantasmagóricas. Paul llamó a los niños y Christine cogió a Roxana de la mano para acompañarla a su habitación. Una vez allí, la niña se quitó el vestido, lo dobló y lo colocó de nuevo en el interior del arcón de madera. A continuación, sacó un camisón largo, se lo puso y se dirigió a la cama. Christine apartó la sábana y ayudó a Roxana a meterse en la cama. Después, se sentó junto a ella y contempló su rostro. Roxana también la observó.

    El dormitorio de los niños estaba dos puertas más allá, y todos pasaron corriendo por el pasillo mientras perseguían a Pablo y su nuevo camión. Hablaban tan alto y formaban tanto alboroto que Christine se preguntó cómo podía dormir Roxana con semejante ruido; pero enseguida se dio cuenta de que aquel pensamiento era absurdo y sonrió.

    —Ojalá pudiera leerte un cuento -declaró Christine, mientras apartaba el cabello del rostro de Roxana y le acariciaba la cicatriz-. ¿Qué te hicieron, pequeña?

    Roxana alargó el brazo, tocó los labios de Christine y realizó unos signos con las manos.

    Christine sonrió con tristeza.

    —No sé lo que dices, cariño.

    Como si la comprendiera, Roxana repitió los signos, pero más despacio. Christine asintió con la cabeza.

    —Le preguntaré a Paul qué significan tus signos. Buenas noches.

    Christine se inclinó, la besó en la frente y la tapó con la sábana hasta la barbilla. Cuando llegó a la puerta, apagó la luz y se volvió para mirar de nuevo a Roxana. Incluso en la oscuridad, supo que la niña también la estaba mirando. Entonces se volvió con desgana y regresó a la cocina. Paul estaba lavando los últimos platos.

    —¿Necesitas ayuda?
    —Ya casi he terminado. ¿Cómo ha ido?
    —Roxana es adorable. — Christine se sentó a la mesa-. ¿Qué significa esto?

    Christine repitió los signos de Roxana lo mejor que pudo.

    —Quiere decir «te quiero».

    Christine suspiró con un sentimiento de felicidad.

    —Me estoy enamorando de ella -declaró.

    Paul la miró sin decir nada. Entonces se secó las manos.

    —Supongo que ya estás lista para regresar a Cuzco.
    —No me importaría charlar un poco más, si no estás muy cansado.

    Paul sonrió.

    —No estoy nada cansado. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo?
    —Me encantaría.
    —Conozco el lugar perfecto.

    Paul y Christine salieron de la cocina. Una vez en la parte trasera de la hacienda, se sumergieron en la noche, pasaron junto al invernadero y subieron la pendiente que transcurría al sur de El Girasol. Cuando el sendero se volvió más empinado, Paul tomó a Christine de la mano y la ayudó a subir unos veinte metros hasta una roca plana de gran tamaño que sobresalía del terreno formando una cornisa. Christine respiraba con pesadez. Paul limpió el polvo de la roca y la ayudó a subir hasta allí. Christine se sentó en la roca con las piernas colgando por el borde y Paul se acomodó a su lado.

    La luna iluminaba el valle que se extendía a sus pies y el agua negra del río sagrado producía destellos, como si se tratara de una galaxia terrestre. Las cigarras les ofrecían su serenata desde sus escondrijos cual orquesta oculta en el foso del escenario.

    —¡Es precioso! — exclamó Christine-. ¿Vienes a menudo?
    —De vez en cuando. Sobre todo cuando quiero aislarme de los niños.

    Christine sonrió, se apoyó hacia atrás en los codos y contempló el cielo nocturno.

    —Las estrellas se ven muy bien. ¿Dónde está la Osa Mayor?
    —En el otro hemisferio. En éste se ve la Cruz del Sur.
    —No me había parado a pensar que aquí las estrellas son distintas de las que se ven desde casa. ¿Dónde está la Cruz del Sur?

    Paul se tumbó al lado de Christine y señaló hacia el oeste.

    —¿Ves aquellas cuatro estrellas? ¿El grupo con una estrella muy brillante?
    —Sí.
    —Es la Cruz del Sur. La estrella más brillante; la que está situada al pie de la cruz, se llama Acrux. En realidad, se trata de dos estrellas que orbitan la una alrededor de la otra.

    Paul permaneció en silencio unos instantes y, a continuación, recitó:

    Ese hermoso planeta, acelerador del amor mismo. Me volvía la derecha, y me dispuse a espiar ese polo extranjero, y contemplé cuatro estrellas, las mismas que vieron los hombres primeros y que, desde entonces, ningún ser viviente ha contentado. Parecía que los cielos se regocijaran con su fulgor.

    ¡Oh mundo enviudado por debajo del polo norte, hambriento para siempre de su visión!

    Christine exhaló un suspiro de placer.

    —¿Lo has escrito tú?
    —No, es de Dante. Muchos eruditos creen que se refería a la Cruz del Sur; aunque él nunca la vio, pues Florencia está muy al norte. Sin embargo, resulta curioso que se refiriera al hemisferio norte enviudado. Antiguamente, la Cruz del Sur resultaba visible desde Jerusalén; pero, debido a la evolución de la Tierra, en la actualidad no puede verse desde allí. Se dice que las últimas veces que dicha constelación se vio desde Jerusalén fue durante el siglo en que Jesucristo murió crucificado.
    —¿Cómo lo sabes?
    —Leo mucho -respondió Paul. Y volvió a contemplar el cielo-. Durante siglos, los marineros y los exploradores utilizaron la Cruz del Sur para orientarse. Las personas siempre han observado las estrellas en busca de orientación. Algunos creen que determinan nuestro destino.
    —¿Tú crees que es cierto?
    —No lo sé. Mis últimas estrellas no me resultaron muy favorables. Sin embargo, me trasladé aquí y las cosas cambiaron; de modo que quizás haya algo de verdad en esa creencia.
    —Yo necesito estrellas nuevas -declaró Christine.

    Paul dirigió la mirada al valle.

    —Los incas creían que el valle sagrado era un reflejo de las constelaciones. Cuando vayas allí mañana lo comprenderás.

    La referencia a su partida hizo que Christine se entristeciera. Entonces miró al horizonte mientras daba unos leves golpecitos en la roca con los pies.

    —¿Por qué le pusiste al orfanato el nombre de El Girasol?
    —Ése era el nombre de la hacienda. Supongo que la construyeron junto a un campo de girasoles. Conservé el nombre porque me gusta la metáfora de mirar hacia la luz. La labor que llevamos a cabo en el orfanato está relacionada con la esperanza.
    —A mí siempre me han encantado los girasoles. Toda mi boda… -Christine se interrumpió-. En fin, que me gustan.

    Paul percibió su desliz, pero hizo ver que no se daba cuenta.

    —¿Jessica se molestó porque no volviste con ella?
    —Un poco, pero lo superará. En realidad, sólo me quería como tapadera. Le preocupa que los demás sospechen que Jim y ella se gustan…, como si no lo supieran.
    —Espero que Jessica no se haga muchas ilusiones. Jim es un seductor. Tiene una mujer en cada grupo.
    —Entonces son perfectos el uno para el otro -declaró Christine-. Jessica es como un imán para los hombres. No pueden evitar sentirse atraídos por ella. ¡Es tan guapa y divertida!
    —Como tú.
    —Yo no soy tan guapa como ella. Y, desde luego, no tan divertida.
    —Pues yo creo que tú eres más guapa que Jessica. Y le aseguro que esta noche has estado muy divertida. Los niños opinan lo mismo.
    —Yo no soy divertida, soy maniática, y compulsiva, y… -Christine se interrumpió.
    —¿Y?
    —Y tengo miedo.

    Una brisa sopló entre ellos y a su alrededor como si quisiera llevarse las palabras de Christine. Ella contempló los campos oscuros iluminados por la luz de la luna y ondulados por el viento.

    —¿De qué tienes miedo?
    —De la vida, supongo. Creo que lo que más me asusta es estar sola.
    —A ti y al resto del mundo -comentó él, mientras la miraba-. ¿Te ha ocurrido algo para que te sientas así?
    —Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeña. Sé que ocurre con frecuencia; pero, al final, mi padre me borró de su vida. Creó una nueva familia y yo pasé a formar parte de un error. Murió hace un año, pero entonces ya no teníamos ningún contacto.
    —Lo siento -declaró Paul.

    Christine dirigió la vista hacia la hacienda.

    —No te he contado por qué Jessica quería que viniera a Perú. — Paul la observó y ella continuó-: Intentaba alejarme de Dayton.
    —¿Y qué hay en Dayton?
    —Sobre todo, mucho dolor. — Christine se apartó el cabello del rostro con nerviosismo-. El octubre pasado iba a casarme. Una semana antes de la boda, mi novio decidió que no se sentía preparado para el matrimonio y canceló la boda. — Los ojos de Christine se inundaron de lágrimas-. Lo siento, no sé por qué te cuento todo esto.
    —Hablar ayuda.

    Christine se sintió reconfortada por el tono de voz de Paul.

    —Hoy ha sido el primer día desde la cancelación de la boda que no he pensado en Martin. — Christine frunció el ceño-. Al menos, hasta ahora.
    —¿Tu novio se llama Martin?

    Christine asintió con la cabeza.

    —Martin Lyn Christensen. Yo me habría llamado Christine Christensen. ¿Mal nombre, no crees?

    Paul se encogió de hombros.

    —Es fácil de recordar.
    —¿Ah, sí? Intenta decirlo deprisa tres veces seguidas.

    Paul lo intentó, falló y ambos se echaron a reír. Resultaba agradable reírse, pensó Christine, sobre todo acerca de algo que, antes, le habría producido dolor. Transcurridos unos