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    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

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    B4
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    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS (Vernor Vinge)

    Publicado el viernes, mayo 19, 2017
    El hombre es «el animal que establece lazos temporales».
    Pero en el futuro, esa sencilla afirmación puede adquirir significados que Korzybski nunca imaginó.


    — ¿Y QUÉ TE PARECE TU NUEVO EMPLEO?

    Dixie Mae levantó la vista del teclado y distinguió un rostro granuloso escudriñando al suyo por encima de la partición del cubículo.

    —Mucho mejor que estar volteando hamburguesas, Víctor —dijo ella.

    Víctor dio un salto para que todo su rostro quedara a la vista.

    — ¿Sí? Se va a quedar anticuado muy pronto.

    En realidad, Dixie Mae sentía lo mismo. Pero dedicarse a la atención al cliente en LotsaTech era un empleo de verdad, era poner un pie en la puerta de la mayor compañía de alta tecnología del mundo.

    — ¡Déjame en paz, Víctor! Es nuestro primer día —en realidad, era el primer día si no contaba los seis días de clases de familiarización con el producto—. Si no puedes soportar esto, es porque tienes la capacidad de atención de un grillo.
    —Eso es un signo de inteligencia, Dixie Mae. Soy lo bastante capaz como para saber qué es lo que no merece la atención de una mente creativa de primer orden.

    Grrr.

    —Entonces tu mente creativa de primer orden va a estar fuera de esta calabaza para finales del verano.

    Víctor le dedicó una sonrisa burlona.

    —Buen argumento —pensó un segundo y luego continuó en voz más baja—. Pero verás, eh… estoy haciendo esto para conseguir material para mi columna del Bruin. Ya sabes, grandes titulares como «Los Nuevos Centros de Explotación» o «Muerte por Aburrimiento». Aún no he decidido si escribirlo para que provoque risas o si inclinarme por una de más conciencia social. En cualquier caso… —bajó la voz un punto más— pagaré mi fianza y saldré de aquí, hum, para finales de la semana próxima, sufriendo así un mínimo de daño cerebral por culpa de toda esta sórdida experiencia.
    — ¿Y no te estás tomando en serio la asistencia a los clientes, eh, Víctor? ¿Sólo les das cómicas instrucciones falsas?

    Las cejas de Víctor se elevaron bruscamente.

    —Te informo de que me estoy comportando de modo articulado y servicial, con toda seriedad… al menos hasta dentro de uno o dos días —una sonrisa de comadreja se arrastró por su cara—. No comenzaré a ser el Bastardo Consultor del Infierno hasta inmediatamente antes de renunciar.

    Tenía sentido. Dixie Mae volvió al teclado.

    —Muy bien, Víctor. Mientras tanto, ¿qué tal si me dejas hacer el trabajo por el que me están pagando?

    Silencio. ¿Un silencio irritado, ofendido? No, era más un silencio lascivo de «te desvisto con los ojos». Pero Dixie Mae no levantó la vista. Podía tolerar tal silencio, siempre y cuando la lascivia no pudiera estirar un brazo y alcanzarla.

    Pasado un momento, se oyó el sonido de Víctor dejándose caer nuevamente en la silla del cubículo vecino.

    El viejo Víctor había sido un dolor de cabeza desde el principio. Era sagaz con las palabras; si quería, podía explicar las cosas tan bien como cualquiera que Dixie Mae hubiera conocido. Al mismo tiempo, insistía en restregarle por las narices lo educado que era y cuánto de callejón sin salida tenía este trabajo de soporte al cliente. El Sr. Johnson —el tío que dictaba el curso de familiarización— era un instructor estupendo, pero el sabelotodo de Víctor había puesto a prueba la paciencia de ese hombre durante toda la semana. Sí, Víctor realmente no encajaba en este lugar, pero no por los motivos de los que él se jactaba.

    Dixie Mae tardó casi una hora en terminar de responder siete consultas más. Una le exigió algo de investigación, ya que era una pregunta caprichosa sobre el Voxalot para Noruega. Muy bien, este trabajo sería anticuado dentro de pocos días, pero esto de ayudar a la gente inspiraba una sensación de virtud. Y por las charlas del Sr. John-son ella sabía que, siempre y cuando entregara la respuesta antes de la hora de cierre esa noche, no había problema en que pasara toda la tarde investigando cómo hacer para que el programa de voz de LotsaTech reconociera las vocales noruegas.

    Dixie Mae nunca antes se había dedicado a atención al cliente; hasta los exámenes del Profesor Reich de la semana anterior, era cierto que su trabajo con mejor sueldo había sido voltear hamburguesas. Pero, como todo el mundo, con frecuencia había sido víctima de la atención al cliente. Dixie Mae compraba un libro nuevo o un bonito vestido y éste no le quedaba bien o aquél se rompía, y entonces, cuando escribía a Atención al Cliente, no le contestaban, o enviaban inútiles respuestas enlatadas, o trataban de venderle otra cosa, mientras hablaban todo el tiempo de que su mayor objetivo era servir al cliente.

    Pero ahora LotsaTech estaba cambiando todo aquello. Sus altos ejecutivos se habían dado cuenta de lo importante que era tener humanos de verdad para asistir a los clientes humanos de verdad. Estaban contratando centenares y centenares de personas como Dixie Mae. No les pagaban mucho, y esta primera semana había sido bastante difícil, puesto que estaban todos encerrados allí desde el curso introductorio acelerado.

    Pero a Dixie Mae no le importaba. «LotsaTech es mucha Tecnología»1. Antes, ella siempre había pensado que el lema era estúpido. Pero LotsaTech era enorme: hacía que IBM y Microsoft parecieran pececillos de agua dulce. Eso la había puesto un poco nerviosa, pues imaginaba que acabaría en un recinto más grande que un campo de fútbol, con diminutos cubículos-oficina extendiéndose hasta el horizonte. Bueno, el Edificio 0994 tenía pequeños cubículos, pero el grupo de trabajo era de quince personas muy agradables… dejando a Víctor de lado por el momento. Su piso de oficinas tenía ventanas que daban a los alrededores: una vista panorámica de las montañas de Santa Mónica y de la cuenca de Los Ángeles. ¡Y la pequeña Dixie Mae Leigh tenía su escritorio exactamente al lado de una de esas ventanas! Seguro que hay Directores Ejecutivos que no tienen una vista tan buena como la mía. Aquí era donde uno podía entender un poco lo que significaba el «Lotsa» de LotsaTech2. Justo frente al E0994 había canchas de tenis y una piscina. Había decenas de edificios similares diseminados por la ladera de la colina. Un campo de golf cubría el cerro siguiente, y detrás de éste había más terrenos de la compañía. Estos tíos tenían dinero como para comprar la cima del Cañón Runyon y zambullirse desde allí. Y esta era apenas la filial de Los Ángeles.

    Dixie Mae había crecido en Tarzana. Desde el valle, los días despejados, podían verse las montañas de Santa Mónica extendiéndose indefinidamente hasta perderse en la niebla. Parecían fuera de su alcance, como salidas de un cuento de hadas. Y ahora ella estaba aquí arriba. La semana próxima traería sus prismáticos a la oficina, recorrería la ladera norte y tal vez, bien abajo, encontraría el sitio donde seguía viviendo su padre.

    Mientras tanto, a seguir trabajando. Las seis consultas siguientes fueron fáciles, de gente que ni siquiera se había molestado en leer la única página de instrucciones que venía con el Voxalot. Sería difícil responder tales mensajes con cortesía cuando los viera por milésima vez. Pero lo intentaría… y hoy podía comenzar a practicarlo, usando joviales especificaciones que establecían lo obvio y que señalaban a los clientes, con toda gentileza, dónde encontrar más información. Luego llegaron un par de desafíos a su inteligencia. Maldición. No podría terminarlos hoy. El Sr. Johnson les había dicho: «cualquier cosa que empecéis, terminadla el mismo día»… pero tal vez le daría permiso para trabajar en estas consultas el lunes a primera hora. De verdad quería responder bien las difíciles. Todos los días aparecerían las mismas preguntas tontas. Pero también habría nuevas preguntas difíciles. Y finalmente ella se volvería muy, muy buena en el manejo del Voxalot. Más importante aún, aprendería a manejarse bien con las preguntas y con la organización. ¿Qué importaba que hubiera echado a perder los últimos siete años de su vida y que nunca hubiera podido terminar la universidad? Poco a poco iría mejorando, hasta que en unos pocos años sus estupideces del pasado ya no importaran. Algunos le habían dicho que tal cosa no era posible hoy en día, que realmente se necesitaba tener un título universitario. Pero las personas que trabajaban duro siempre habían podido triunfar. Allá en el siglo veinte, muchísimas estenógrafas del montón habían triunfado. Dixie Mae suponía que el soporte al cliente era un punto de partida casi de la misma especie.

    Cerca, alguien lanzó un silbido apagado. Víctor. Dixie Mae no le hizo caso.

    —Dixie Mae, tienes que ver esto.

    No le hagas caso.

    —Te lo juro, Dixie, esto es único. ¿Cómo lo hiciste? He recibido una consulta entrante para ti, a tu nombre. Bueno, casi.
    — ¡¿Qué?! Envíamela aquí, Víctor.
    —No. Acércate y echa un vistazo. La tengo justo frente a mí.

    Dixie Mae era demasiado baja para mirar por encima de la partición. Joder.

    Tres pasos la llevaron hasta el corredor. Ulysse Green asomó la cabeza fuera de su cubículo, con una expresión inquisitiva en el rostro. Dixie Mae se encogió de hombros y puso los ojos en blanco, y Ulysse retornó a su trabajo. El sonido de los dedos sobre las teclas parecía el de unas esporádicas gotas de lluvia (en el país de los cubículos, los Voxalots no estaban permitidos). El Sr. Johnson había estado por allí más temprano, respondiendo preguntas y, en general, asegurándose de que todo marchaba bien. Ahora mismo debía de estar de regreso en su oficina, al otro lado del edificio; el primer día nadie haraganeaba y prácticamente no hacía falta preocuparse. Dixie Mae se sentía un poco culpable por desmentir eso, pero…

    Entró de sopetón en el cubículo de Víctor y se apoderó de una silla vacía.

    —Mejor que esto sea importante, Víctor.
    —Júzgalo tú misma, Dixie Mae —miró a la pantalla—. Vaya… perdí la ventana. Un segundo—. Se puso a chapucear con el ratón—. ¿Así que has estado poniendo tu nombre en los mensajes de salida? Es la única manera que puedo imaginar en que pueda ocurrir esto…
    —No, no lo he hecho. Hasta ahora he respondido veintidós consultas, y siempre como AnnetteG.

    La firma falsa se ponía sola al oprimir la tecla «enviar». El Sr. Johnson decía que eso servía para proteger la privacidad del empleado y para inspirar en los usuarios una sensación de continuidad, aun cuando las preguntas de seguimiento rara vez volvieran al operador original. El Sr. Johnson no tenía que aclarar que también servía para asegurarse de que el personal de soporte de LotsaTech fuese intercambiable, sin importar que estuviesen trabajando en el centro de servicios de Lahore, de Londonderry… o de Los Ángeles. Hasta ahora, esa había sido una de las pocas desilusiones de Dixie Mae con este empleo: nunca podría mantener una relación de asistencia constante con un cliente.

    ¿Y entonces de qué diablos se trataba todo aquello?

    — ¡Ah! Aquí está —Víctor hizo un gesto hacia la pantalla—. ¿Qué deduces de esto?

    El mensaje había entrado por la dirección de ayuda. Tenía el diseño estándar asignado por la página de aceptación de consultas. Pero el campo «operador anterior» no contenía una de las firmas de la empresa. En su lugar, ponía:

    Ditzie May Lay


    —Madura, Víctor.

    Víctor levantó las manos parodiando un gesto defensivo, pero la sonrisa socarrona desapareció parcialmente de su rostro al ver la expresión de ella.

    —Eh, Dixie Mae, no mates al mensajero. Es lo que ha entrado.
    —De ninguna manera. El script del servidor habría rechazado cualquier nombre de operador no válido. Lo has falsificado tú.

    Durante un fugaz momento, Víctor pareció desconcertado. ¡Ja!, pensó Dixie Mae. Ella había estado prestando atención en las clases del Sr. Johnson; ella sabía más de lo que estaba ocurriendo aquí que Víctor-la-gran-mente. Y por lo tanto su bromita se había caído de culo. Pero Víctor se recompuso y le sonrió débilmente.

    —Yo no he sido. ¿Cómo iba a saber de este… eh… apodo tuyo?
    —Sí —dijo Dixie Mae— se necesita ser un verdadero genio para elaborar un juego de palabras tan inteligente.
    —Honestamente, Dixie Mae, yo no he sido. Diablos, ni siquiera sé usar nuestro editor de formularios para revisar los campos del encabezado.

    Bueno, esa afirmación sonaba a verdad.

    — ¿Qué ocurre?

    Levantaron la vista y vieron a Ulysse parada en la entrada del cubículo.

    Víctor se encogió de hombros.

    —Es Dit… Dixie Mae. Alguien de LotsaTech la está fastidiando.

    Ulysse se acercó y se inclinó para leer la pantalla.

    —Puf. ¿Ese es el mensaje?

    Dixie Mae estiró la mano por sobre el escritorio e hizo avanzar la pantalla. La dirección de respuesta era lujurioso925@free-mail.sg. El asunto elegido era «Formateo de Voz». Recibían muchos con ese asunto; el control de formato del Voxalot no era tan intuitivo como les gustaba hacerte creer en la publicidad.

    Pero esto no era, ni por asomo, una respuesta a nada que Dixie Mae hubiera contestado.

    ¡Hola, dulzura! Te estaría verdaderamente agradecido si pudieras decirme cómo poner lo siguiente en cursiva:
    « ¿Recuerdas la casa del árbol de Tarzanarama? ¿La que tú incendiaste? Si
    deseas provocar un incendio mucho mayor, descubre cómo es que sé todo esto. Una pista importante es que 999 es 666 escrito al revés».
    Lo he intentado todo y no puedo poner la oración anterior en cursiva y con sangrías… al menos sin empezar con los manoseos. Ayúdame, por favor.
    Anhelando un poco de tu Hospitalidad Sureña, me despido.
    Tu excelentísimo mejor amigo,
    —Lujurioso (para ti, profundamente)


    La voz de Ulysse sonó seca.

    —De modo, Víctor, que has descubierto cómo editar los formularios de entrada.
    — ¡Maldita sea, soy inocente!
    —Claro que sí —en el rostro negro de Ulysse destellaron unos dientes blancos. Esas tres palabras encerraban todo un mundo de desprecio.

    Dixie Mae levantó la mano, haciendo ademán de que callaran.

    —No sé. Hay algo muy extraño en este e-mail —miró fijamente el cuerpo del mensaje durante varios segundos. Un escalofrío enorme y desagradable estaba creciendo en medio de su ser. Mamá y papá le habían construido esa casa del árbol cuando tenía siete años. A Dixie Mae le encantaba. Durante dos años, ella había sido Tarzana de Tarzana. Pero el nombre de la casa, Tarzanarama, era un secreto. Dixie Mae ya había cumplido los nueve cuando le prendió fuego a esa maravillosa casa del árbol. Había sido un terrible accidente. Bueno, en realidad, una rabieta de primer orden. Pero nunca había tenido la intención de que el fuego llegase a estar tan fuera de control. Además, el incendio casi había quemado su casa de verdad. Después de ese incidente y durante casi dos años, había sido una niñita de conducta dolorosamente buena.

    Ulysse estaba leyendo el mensaje con todo cuidado. Palmeó a Dixie Mae en el hombro.

    —Sea quien sea, definitivamente no suena amigable.

    Dixie Mae asintió.

    —Esta comadreja está oprimiendo todos los botones que tengo —incluido el de su curiosidad. Papá era la única persona viva que sabía quién había provocado el incendio, pero ya habían pasado cuatro años desde la última vez que tuviera la dirección de su hija… y papá nunca habría empleado ese tono irrespetuoso de pervertido sexual.

    Víctor miraba a una y a otra, insistentemente, quizás herido por ya no ser el objeto de sus sospechas.

    — ¿Y quién pensáis que es? —dijo.

    Don Williams asomó la cabeza por encima de la partición contigua.

    — ¿Quién es qué?

    Dentro de pocos minutos, todos los de la planta estarían asomando alguna parte de sus cuerpos en el cubículo de Víctor.

    —A menos que seas sordo —dijo Ulysse— ya sabes la mayor parte, Don. Alguien nos está fastidiando.
    —Bien, entonces informad a Johnson. Es nuestro primer día, gente. No es un buen día para distraernos.

    Con eso logró que Ulysse volviera a poner los pies en la tierra. Al igual que Dixie Mae, ella consideraba que su empleo en LotsaTech era su última oportunidad real de forjarse una profesión.

    —Mirad —dijo Don—. Ya casi es hora de almorzar —Dixie Mae miró su reloj. ¡Era cierto!—. Podemos hablar de esto en la cafetería, luego regresar y ofrendarle a la Gran Lotsa una buena tarde de trabajo. ¡Y entonces habrá terminado nuestra primera semana! —Williams organizaba una fiesta en casa de sus padres para esa noche. Sería la primera vez que saldrían del campus de LotsaTech desde que habían aceptado el empleo.
    — ¡Sí! —dijo Ulysse—. Dixie Mae, tendrás todo el fin de semana para pensar en quién puede estar haciendo esto… y para tramar tu venganza.

    Dixie Mae volvió a mirar al imposible campo «operador anterior».

    —No… no sé. Parece ser algo que está ocurriendo aquí mismo, en el campus de LotsaTech —. Clavó la vista en el paisaje de la ventana de Víctor. Era el mismo que se veía desde su cubículo, claro… pero ahora ella lo miraba todo con una actitud mental diferente. En alguna parte de los hermosos edificios de club campestre, había un sujeto verdaderamente asqueroso. Y estaba jugando a las adivinanzas con ella.

    Todos callaron un segundo. Quizás eso la ayudó; Dixie Mae se dio cuenta de qué era exactamente lo que estaba mirando: el pabellón siguiente, colina abajo. Desde aquí sólo podía verse la parte superior del segundo piso. Como todos los edificios del campus, tenía un número identificativo de cuatro dígitos, de color dorado, en cada esquina. Era el Edificio 0999.

    «Una pista importante es que 999 es 666 escrito al revés».

    —Vaya, Ulysse. Mira, 999 —Dixie Mae señaló colina abajo.
    —Podría ser una coincidencia.
    —No, es demasiado obvio —echó un vistazo a Víctor. Desde luego, era la clase de cosa que montaría un tío como él. Pero quienquiera que haya escrito ese mensaje sabe demasiado—. Bien, hoy voy a saltarme el almuerzo para dar un pequeño paseo por el campus.
    —Es una locura —dijo Don—. LotsaTech es un sitio accesible, pero se supone que no debemos vagabundear por los edificios de otros proyectos.
    —Entonces que me hagan regresar.
    —Sí, qué buena forma de comenzar en un nuevo empleo —dijo Don—. Creo que vosotros tres no os dais cuenta del buen negocio que hemos hecho. Sé que ninguno de vosotros habéis trabajado antes en Atención al Cliente—. Miró a su alrededor con aire desafiante—. Bien, pues yo sí. Y esto es el paraíso. Tenemos oficinas individuales, joder, y canchas de tenis in situ y un club de salud. Nos están tratando como si fuésemos diseñadores de sistemas de un millón de dólares. Nos están dando todo el tiempo necesario para responder a los clientes con asesoramiento de primera línea. ¡Lo que LotsaTech intenta hacer aquí es revolucionario! Y vosotros, forajidos, vais a cagarla—. Otra penetrante mirada a su alrededor—. Bueno, haced lo que queráis; yo me marcho a almorzar.

    Hubo un momento de embarazoso silencio. Ulysse salió del cubículo y observó a Don y a los demás mientras se escabullían hacia las escaleras. Luego regresó.

    —Iré contigo, Dixie Mae, pero… ¿has pensado que Don puede tener razón? ¿Podrías aplazar esto hasta la semana próxima, tal vez? —La infelicidad estaba escrita en todo su rostro. Ulysse era muy parecida a Dixie Mae, pero más sensible.

    Dixie Mae meneó la cabeza. Pensaba que pasarían al menos quince minutos antes que su sentido común le hiciera pisar el freno.

    —Iré contigo, Dixie Mae —dijo Víctor—. Sí… Esta podría ser una historia interesante.

    Dixie Mae le sonrió a Ulysse y extendió la mano.

    —No te preocupes, Ulysse. Deberías ir a almorzar—. La otra parecía indecisa—. En serio. Si el Sr. Johnson pregunta por qué he faltado al almuerzo, me será muy útil que estés allí para decirle la verdad acerca de lo juiciosa que soy.
    —Está bien, Dixie Mae. Eso haré —Ulysse no se lo creía, pero dicho así sonaba bien.

    Cuando ella se marchó, Dixie Mae le dijo a Víctor:

    —Y tú. Quiero una copia impresa de ese condenado e-mail.

    Salieron por una puerta lateral. En el porche había una máquina de refrescos y dulces. Víctor se aprovisionó de «víveres de expedicionario» y ambos comenzaron a descender por la colina.

    —Qué calor —dijo Víctor, mascullando con la boca llena de chocolate en barra.
    —Sí —todo el comienzo de la semana había estado con el cielo encapotado de junio. Pero hoy el nublado de costumbre se había despejado y estaba soleado y caluroso, y Dixie Mae de pronto tomó conciencia de la agradable vida de aire acondicionado que llevaban en el «centro de explotación» de LotsaTech. Su sentido común todavía no había alcanzado el freno, pero se estaba acercando.

    Víctor bajó el chocolate con Dr. Fizzz y luego arrojó la lata detrás de las plantas de adelfa que bordeaban el sendero.

    — ¿Qué piensas que hay detrás de ese mensaje? En serio —dijo.
    — ¡No lo sé Víctor! ¿Por qué crees que estoy arriesgando mi empleo para descubrirlo?

    Víctor rio.

    —No te preocupes por perder el empleo, Dixie Mae. De todas formas no te habría durado, ni siquiera hasta finales del verano —le sonrió con su habitual mueca de sabiduría superior.
    —Eres un idiota, Víctor. La atención al cliente bien hecha te hará ganar un billón de dólares.
    —Oh, quizás… si estás del lado correcto— calló, como pensando en qué decirle—. Pero por ser tú, mira: la atención cuesta dinero. Hace mucho, el Público habló y dijo cuánto estaba dispuesto a pagar—. Hizo una pausa, como si estuviera tratando de elaborar una historia que ella pudiese entender—. Sí… y aunque tengas razón, tu punto de vista sobre el proyecto está condenado al fracaso. ¿Sabes por qué?

    Dixie Mae no respondió. La respuesta de Víctor tendría algo que ver con la espantosa calidad de la gente que habían contratado.

    Como no podía ser de otra manera, Víctor continuó:

    —Te diré por qué. Y este es el giro sorpresa que va a hacer que mis artículos para el Bruin destaquen de verdad: puede que LotsaTech tenga su corazoncito corporativo bien puesto. Sería sorprendente, considerando lo brutos que han sido con Microsoft. Pero puede que hayan ido demasiado lejos con este idealismo excéntrico. Je. Para cualquier cosa que quieran hacer a largo plazo, han escogido a los empleados equivocados.

    Dixie Mae mantuvo la calma.

    —Nos hicieron toda clase de exámenes psicológicos —dijo—. ¿Piensass que el Profesor Reich no sabe lo que está haciendo?
    —Oh, seguro que sabe lo que está haciendo. ¿Pero qué tal si LotsaTech no está utilizando los resultados que obtuvo? Míranos. Hay algunos, como el que te habla, que tienen una educación excesiva. Yo estoy terminando un doctorado en periodismo; está claro que no me quedaré mucho tiempo. Después tienes gente como Don y Ulysse. Poseen un nivel de educación apropiado para hacer atención al cliente, pero son demasiado inteligentes. Sí, Ulysse habla de trabajar muy bien para que se reconozca su talento, y es muy diligente. Pero es seguro que ni siquiera ella durará todo el verano. Y en cuanto a algunos de los otros… bueno, ¿puedo serte franco, Dixie Mae?

    Lo que lo salvó de un puñetazo en la cara fue que Dixie Mae jamás había logrado estar enfadada con más de una cosa a la vez.

    —Por favor, sé franco, Víctor.
    —Tú dices tener del mismo plan de juego que Ulysse… pero te apuesto todas tus exhibiciones multifacéticas a que tienes la misma constancia que el fulminato de mercurio. Sin este interesante e-mail del Sr. Lujurioso podrías haber durado una semana, pero tarde o temprano te habrías topado con algo tan indignante como para tomar acción directa… y te habrían echado de un puntapié en la retaguardia.

    Dixie Mae hizo como que reflexionaba en todo aquello.

    —Bueno, sí —dijo—. Después de todo, tú sí vas a estar aquí la semana próxima, ¿verdad?
    —Retiro mi alegato —rio él—. Pero, de verdad, Dixie Mae, esto es lo que quiero decir sobre la situación del personal. Tenemos un puñado de personas brillantes y motivadas, pero sus motivaciones están dispersas por todos lados y la mayor parte de su entusiasmo es insostenible durante cualquier extensión de tiempo realista. Je. Entonces, supongo que la única explicación racional… y que francamente no creo que funcione… es que LotsaTech piensas que…

    Le dio la lata con una teoría según la cual LotsaTech sólo buscaba publicidad rápida y demostrar que un servicio de soporte de alta calidad era capaz de recuperar clientes a lo grande. Luego, después de que echaran por el inodoro a todos esos empleados nuevos y poco fiables, podrían restringirse a algo más barato para el largo plazo.

    Pero la atención de Dixie Mae estaba muy lejos. A su izquierda estaba el paisaje familiar de Los Ángeles. A su derecha, la cordillera estaba apenas a unos cientos de metros de distancia. Desde las cimas, posiblemente podía verse el valle e incluso detectar calles de Tarzana. Sería agradable regresar allí algún día, tal vez para demostrarle a papá que ella podía controlar su mal carácter y ser una persona hecha y derecha. He metido la pata durante toda mi vida, y hoy también. Pero el mensaje de «Lujurioso» era como encontrarse un ladrón en el dormitorio. Ese sujeto sabía demasiado de ella, cosas que no tenía por qué saber, y se mofaba de su pasado y de su familia. Dixie Mae había crecido en el sur de California, pero había nacido en Georgia… y estaba orgullosa de sus raíces. Tal vez papá nunca se había dado cuenta, porque ella pasaba la mayor parte del tiempo correteando y haciéndose la rebelde. Él y mamá siempre decían que en algún momento sentaría cabeza. Pero después ella se había enamorado de la persona equivocada… y entonces fueron sus padres los que se volvieron belicosos. Se dijeron cosas. Y aunque lo de su nuevo amor no había funcionado, de ninguna manera podía regresar. Para entonces, mamá había muerto. Y ahora juro que no volveré a ver a papá hasta que pueda demostrarle que me he convertido en alguien.

    ¿Entonces por qué estaba echando por la borda su mejor empleo en años? Aminoró la marcha hasta detenerse y se quedó parada en medio del sendero; su sentido común finalmente había pisado el freno. Pero ya habían recorrido casi todo el camino que conducía al 0999. Gran parte del edificio estaba escondida detrás de unos enebros retorcidos, pero se veía una corta escalera que conducía a la entrada de la planta baja.

    Deberíamos regresar. Dixie Mae sacó del bolsillo el e-mail de «Lujurioso» y lo miró un segundo. Más tarde. Puedes hacer el seguimiento más tarde. Volvió a leer el mensaje. Detrás de sus lágrimas de furia, las letras se veían borrosas; Dixie Mae tiritaba bajo el ardiente sol de verano.

    Víctor hizo un ruido de impaciencia.

    —Vamos, nena—. Le puso una barra de chocolate en la mano—. Que el azúcar de tu sangre salga del sótano.

    Bajaron los escalones de hormigón hasta la entrada del E0999. Sólo un rápido vistazo, había decidido Dixie Mae.

    Debajo de los árboles y el alero, todo era fresco y sombrío. Espiaron por las ventanas de la planta baja y descubrieron habitaciones vacías. Víctor abrió la puerta de un empujón. El diseño se parecía bastante al de su propio edificio, pero el E0999 no estaba terminado. El aire olía a cola de carpintero, y las luces y nodos inalámbricos de las paredes estaban desnudos.

    El lugar estaba ocupado. Dixie Mae oyó gente hablando arriba, en el piso principal, lo que era la ciudad de los cubículos en el E0994. Subió las escaleras velozmente, a saltos, y espió: ningún cubículo. Además, el sitio parecía cavernoso. Habían colocado seis u ocho mesas juntas en medio de la estancia. Cuando entraron, una decena de personas levantó la vista.

    — ¡Ajá! —gritó uno—. Más cuerpos calientes. ¡Bienvenidos, bienvenidos!

    Caminaron hacia las mesas. Don y Ulysse se preocupaban por no violar las reglas corporativas y la confidencialidad del proyecto. Ni falta que hacía. Estos sujetos casi parecían ocupas. Tres de ellos tenían las piernas apoyadas sobre las mesas. Las mesas estaban sucias de comida basura y latas de refresco.

    — ¿Programadores? —le susurró Dixie Mae a Víctor.
    —Je. No, se parecen más a… estudiantes de postgrado.

    El gritón tenía cabello rojizo, peinado hacia atrás con una coleta. Le dedicó a Dixie Mae una amplia sonrisa.

    —Tenemos un par de pantallas planas de más. Buscaos una silla —con un pulgar, apuntó hacia una pared y una pila de sillas plegadizas—. ¡Con vosotros dos puede que logremos terminar hoy!

    Dixie Mae miró con incertidumbre la pantalla y el teclado que él acababa de encender.

    — ¿Pero qué…?
    —Ciencia Cognitiva 301. Examen final. Cien dólares la pregunta, pero tenemos 107 cuadernillos de exámenes para calificar, y Gerry les ha hecho preguntas de desarrollo, principalmente.

    Víctor rio.

    — ¿Os pagan cien dólares por cada cuadernillo?
    —Por cada pregunta de cada cuadernillo, tío. Pero no se lo digas a nadie. Creo que Gerry lo está solventando con dinero que LotsaTech piensas que se está gastando en investigación —hizo un gesto que abarcaba a esa habitación casi vacía de ese edificio casi terminado.

    Dixie Mae se inclinó hacia la pantalla: letras blancas sobre fondo azul. Era el cuadernillo tipo, igual al de la Universidad Comunitaria del Valle. Salvo que aquí las preguntas eran disparates totales, tales como:

    7. Compare y contraste la disonancia cognitiva bajo condicionamiento operante con la atención sostenida de Minsky-Loève. Esboce un algoritmo para construir el isomorfismo asociado.


    —Y… —dijo Dixie Mae— ¿qué es la ciencia cognitiva?

    La sonrisa desapareció de la cara del otro.

    —Ay, Cristo. ¿No habéis venido para ayudar con la calificación?

    Dixie Mae negó con la cabeza. Víctor dijo:

    —No ha de ser muy difícil. He hecho algunos cursos de postgrado en psicología.

    El pelirrojo no pareció entusiasmarse.

    — ¿Alguien conoce a este tío?
    —Yo —dijo una muchacha en el borde más lejano de todas las mesas—. Es Víctor Smaley. Es un graduado de periodismo, y no muy bueno.

    Víctor la miró por sobre las mesas.

    — ¡Eh, Ratona! ¿Cómo estás?

    El pelirrojo lanzó una mirada implorante al techo.

    — ¡No necesito estas distracciones! —Sus ojos volvieron a posarse en los visitantes—. ¿Podríais marcharos, por favor?
    —De ningún modo —dijo Dixie Mae—. Vine aquí por una razón. Alguien, probablemente alguien de este Edificio 0999, se está entrometiendo con nuestro trabajo de Atención al Cliente. Voy a descubrir quién es —y a acomodarle los dientes gratis.
    —Mirad. Si no terminamos de calificar hoy, Gerry Reich va a obligarnos a regresar mañana y…
    —Creo que eso no es cierto, Graham —dijo un muchacho sentado del otro lado de la mesa—. El Profesor Reich hizo hincapié en que no debíamos sentirnos presionados por el tiempo. Este es un experimento que compara el trabajo de calificación acotado en el tiempo con la individualización completa.
    — ¡Sí! —dijo el pelirrojo Graham—. Exacta-mente por eso es que Reich nos mentiría sobre la cuestión. «Tomadlo con calma, haced buen dinero», dice él. Pero apuesto a que si no terminamos hoy nos obligará a perder todo el fin de semana.

    Miró a Dixie Mae con ojos penetrantes. Ella le devolvió la mirada. Graham iba a descubrir lo que significaba ser terco. Hubo un momento de silencio y entonces…

    —Yo hablaré con ellos, Graham —era la mujer de la mesa más alejada.
    —Grrr. ¡Está bien, pero no aquí!
    —Claro, saldremos al porche —con un gesto, indicó a Dixie Mae y Víctor que la siguieran hasta la puerta lateral.
    —Y… ¡eh! —le gritó Graham mientras salían— no te tomes todo el día, Ellen. Te necesitamos aquí.

    El porche del 0999 tenía una máquina de comida basura más grande que la de Atención al Cliente. Dixie Mae no creía que compensara la falta de cafetería, pero a Ellen García no parecía importarle.

    —Estaremos aquí un solo día. No voy a regresar el sábado.

    Dixie Mae se compró un sándwich y un refresco, y todos se sentaron en unos destartalados muebles de jardín.

    — ¿Qué es lo que queréis saber? —dijo Ellen.
    —Mira, Ratona, estamos tras el más misterioso…

    Ellen le hizo señas a Víctor para que se callara, con una expresión bastante parecida a la de todas las mujeres que lo conocían. Miró a Dixie Mae, expectante.

    —Bueno, me llamo Dixie Mae Leigh. Esta mañana recibimos este e-mail en nuestra dirección de Atención al Cliente. Parece ser falso. Y algunas cosas que pone son… —le entregó la copia impresa.

    Ellen lo examinó de arriba abajo con la mirada.

    —Fechas algo inverosímiles —dijo para sí misma. Luego se detuvo, al ver el encabezado de «Para:». Levantó la vista y miró a Dixie Mae—. Sí, esto es abuso. Solía encontrarme con cosas así cuando era Profesora Asistente. Un tío comenzó a acosar a una muchacha de mi clase— miró a Víctor especulativamente.
    — ¿Por qué todos sospechan de mí? —dijo él.
    —Deberías sentirte orgulloso, Víctor. Tienes una reputación tan fiable… —Ellen se encogió de hombros—. Pero en realidad no es tu estilo —continuó leyendo—. El resto es lascivia estúpida, pero quitando eso no significa nada para mí.
    —Para mí significa mucho —dijo Dixie Mae—. Este tío está hablando de cosas que nadie tendría que saber.
    — ¿Ah, sí? —Ellen volvió al comienzo y contempló la copia impresa un poco más—. No sé nada de los secretos que están en el cuerpo del mensaje, pero uno de mis pasatiempos son los encabezados rfc9822. Tienes razón en que todo es fraudulento. El número del mensaje y las líneas de identificación son demasiado largos. Creo que pueden incluir contenidos adicionales—. Le devolvió el papel—. No puedo decirte mucho más. Si quieres darme una copia, podría ponerme a despachurrar esas líneas de encabezado el fin de semana.
    —Oh… Bien, gracias —era la ayuda más sólida que cualquiera le había ofrecido hasta ahora, pero…—. Mira, Ellen, lo principal que yo estaba esperando era encontrar algunas pistas aquí, en el Edificio 0999. El mensaje me señaló este lugar. Yo también me he topado algunas veces con… abusadores. ¡Nunca les permito que se salgan con la suya! Apuesto dinero a que es uno de esos calificadores, sea quien sea—. Y puede que ahora mismo se esté riendo de nosotros.

    Ellen lo pensó un segundo y luego meneó la cabeza.

    —Disculpa, Dixie Mae. Conozco bastante bien a estos tíos. Algunos son un poco extraños, pero no tortuosos como este. Además, no sabíamos que estaríamos aquí hasta ayer por la tarde. Y hoy no hemos tenido tiempo para travesuras.
    —Está bien —Dixie Mae forzó una sonrisa— aprecio tu ayuda—. Le daría a Ellen una copia del mensaje y regresaría a Atención al Cliente, sintiéndose levemente mejor que si se hubiera comportado con sensatez desde el principio.

    Dixie Mae comenzó a ponerse de pie, pero Víctor se inclinó hacia delante y colocó su bloc de notas sobre la mesa.

    —Ese e-mail tuvo que venir de alguna parte. ¿Alguien de aquí ha estado actuando de forma extraña, Ratoncita? —Ellen lo miró echando fuego por los ojos y, pasado un segundo, Víctor dijo—: Ellen, quiero decir. Sabes que sólo estoy tratando de ayudar a Dixie Mae. Ah, sí, y tal vez de conseguir una buena historia para el Bruin.

    Ellen se encogió de hombros.

    —Graham ya te lo dijo; estamos corrigiendo exámenes extraoficialmente para Gerry Reich.
    —Ah —Víctor se recostó en el asiento—. Desde que estuve en la UCLA, Reich ha tenido la reputación de ser un manipulador. Tiene importantes contratos con el gobierno y todo este trabajo de consultoría en LotsaTech. Trata de hacerse pasar por un supergenio solitario, pero en realidad todo se trata de dinero, eh… de comprar montones y montones de peones. ¿Qué piensass que está tramando, entonces?

    Ellen se encogió de hombros.

    —Técnicamente, me apuesto a que Gerry está abusando de sus contactos con LotsaTech. Pero dudo que a ellos les importe; él realmente les agrada—. Su rostro se iluminó—. Y yo apruebo lo que el Prof. Reich está haciendo con este proyecto de calificación. Cuando era Profesora Asistente, deseaba que hubiera alguna manera de poder leer los exámenes de todos los estudiantes en un solo día. Era un deseo imposible; nunca alcanzaba el tiempo. Pero con sus contactos aquí, en LotsaTech, Gerry Reich está cerca de lograrlo. Está pagando muy buen dinero a unos estudiantes de postgrado bastante sagaces para que califiquen y comenten todas y cada una de las respuestas expositivas. El tiempo no es un objetivo, nos dice. Y los alumnos de esas clases van a tener una retroalimentación verdaderamente grandiosa.
    —Ese tío Reich aparece en todas partes —dijo Dixie Mae—. Estaba detrás de la serie de pruebas con que nos seleccionaron a Víctor, a mí y a los demás para Atención al Cliente.
    —Bueno, Víctor tiene razón en lo que dice de él. Reich es un manipulador. Sé que ha estado haciendo exámenes toda esta semana. Se apoderó de todo el Olson Hall para la operación. No supimos para qué era hasta después. A Graham y al resto de nuestra pandilla nos metió a hacer este trabajo de calificación de un día. Al parecer tiene toda clase de proyectos.
    —Sí, a nosotros también nos hicieron exámenes en el Olson Hall —habían ofrecido un pequeño pago por adelantado e insinuado la posibilidad de un trabajo… y finalmente Dixie Mae había recibido quizás la mejor oferta laboral que le habían hecho jamás—. Pero los hicimos la semana pasada.
    —No puede ser el mismo lugar. El Olson Hall es un gimnasio.
    —Sí, eso es lo que a mí me pareció.
    —La semana pasada se usó para las eliminatorias de la NCAA3.

    Víctor cogió su bloc de notas.

    —Lo que sea. Tenemos que irnos, Ratona.
    — ¡No me llames Ratona, Víctor! Las eliminatorias de la NCAA fueron la semana del 4 de junio. Respondí el cuestionario de Gerry ayer, que fue martes 14 de junio.
    —Disculpa, Ellen —dijo Dixie Mae—. Ayer fue martes, pero 21 de junio.

    Víctor hizo un gesto apaciguador.

    —Eso no es gran cosa —dijo.

    Ellen frunció el entrecejo, pero de pronto ya no estaba discutiendo. Echó un vistazo a su reloj.

    —Veamos tu bloc de notas, Víctor. ¿Qué fecha dice que es?
    —Dice junio… eh… dice 15 de junio.

    Dixie Mae miró su reloj. Los dígitos eran muy precisos y estaban una semana equivocados: Vier 15 Jun 12:31:18 PDT 2012.

    —Ellen, miré el reloj antes de empezar a caminar hacia aquí. Decía 22 de junio.

    Ellen se inclinó sobre la mesa y miró detenidamente el bloc de notas de Víctor.

    —Seguro que así fue. Pero tanto tu reloj y como el bloc de notas fijan su horario de acuerdo con la información de los servicios del edificio. Aquí están regulados por nuestro reloj local… y tú te estás enterando de la verdad.

    Dixie Mae ya se estaba enfadando.

    —Mira, Ellen. Sin importar lo que diga el servicio horario, no me he inventado una semana entera de mi vida. —Todas esas clases de familiarización con el producto…
    —No, no lo has hecho —Ellen volvió a apoyar los talones en el borde de la silla. Durante un largo momento no dijo nada, sólo mantuvo la vista fija en la niebla que envolvía la ciudad, allá abajo. Por fin, dijo:
    — ¿Sabes, Víctor? Deberías estar contento.
    — ¿Y eso por qué? —dijo él con desconfianza.
    —Puede que te hayas topado con una noticia genuina, de interés mundial. Dime. Durante la semana adicional de vida que habéis disfrutado, ¿con qué frecuencia habéis usado el teléfono?
    —Nunca —dijo Dixie Mae—. El Sr. Johnsson, nuestro instructor, dijo que estamos incomunicados hasta que pasemos la primera semana.

    Ellen asintió.

    —Entonces supongo que ellos no esperaban que la farsa durara más de una semana. Pues bien, aquí no estamos incomunicados. LotsaTech ha puesto una restricción bastante amplia para el acceso a la red, pero esta mañana yo hice un par de llamadas telefónicas.

    Víctor la miró con ojos punzantes.

    — ¿De dónde piensass que salió esa semana adicional, entonces?

    Ellen vaciló.

    —Creo que Gerry Reich ha ido más allá de lo que el comité de personal de la UCLA jamás se lo permitiría. Probablemente habéis pasado una noche de sueño inducido por drogas, mientras os metían trivialidades sobre los productos LotsaTech hasta dejaros atragantados.
    — ¡Ah! Quieres decir… ¿Entrenamiento Dinámico? —Víctor apagó el bloc de notas—. Pensé que faltaban años para eso.
    —Faltan, si juegas según las reglas de la FDA. Pero hay medicamentos y tratamientos que pueden acelerar el aprendizaje. Lee las publicaciones y verás que en un año o dos habrá un escándalo tan enorme como siempre lo fueron las drogas en el deporte. Creo que Gerry se ha anticipado a todos con algo que es muy, pero muy efectivo. Vosotros no presentáis efectos colaterales. Poseéis toda clase de conocimientos nuevos y especializados… aun cuando se refieran a un tema intrascendente. Y, al parecer, tenéis recuerdos detallados de experiencias de vida que nunca han ocurrido.

    Dixie Mae recorrió mentalmente la última semana. No había sentido nada extraño en su experiencia en el Olson Hall: los exámenes, la entrevista laboral. Cierto, los cuartos de baño estaban fantásticamente limpios… como los de un hospital, ahora que lo pensaba. Los había visitado una sola vez, inmediatamente después de haber aceptado la oferta de trabajo. Y luego ella había… ¿qué? Había viajado en un ómnibus directamente a LotsaTech… ¿sin siquiera regresar a su apartamento? Después de esa parte, todo volvía a ser claro. Recordaba las bromas en las clases de Voxalot. Recordaba las comidas y las charlas con Ulysse, muy tarde por las noches, sobre lo que podrían hacer con esta gran oportunidad.

    —Lavado de cerebro —dijo finalmente.

    Ellen asintió.

    —Parece que Gerry ha llegado demasiado lejos con todo esto.
    —Y también es un estúpido. Nuestro grupo va a tener una fiesta esta noche, en el centro de la ciudad. De repente, habrá dieciséis personas que sabrán lo que les han hecho. Estaremos más furiosos que… —Dixie Mae reparó en la mirada compasiva de Ellen—. Ah —o sea que, en lugar de estar festejando, el grupo de Atención al Cliente estaría sumido en un estupor de droga, des-recordando la semana que nunca había existido—. No recordaremos nada, ¿verdad?

    Ellen asintió.

    —Mi suposición es que os pagarán bien —dijo— y os dejarán el recuerdo de algún trabajo temporal de un día de duración, aquí en LotsaTech.
    —Bueno, eso no va a suceder —dijo Víctor—. Tengo una historia y tengo rencor. No voy a echarme atrás.
    —Debemos poner sobre aviso a los demás.

    Víctor negó con la cabeza.

    —Demasiado arriesgado.

    Dixie Mae lo miró con ojos de fuego.

    Ellen García se abrazó las rodillas por un momento.

    —Si se tratara sólo de ti, Víctor, estaría segura de que estás tomándome el pelo —miró a Dixie Mae un segundo—. Déjame ver ese e-mail otra vez —lo desplegó sobre la mesa—. LotsaTech participa en los contratos de defensa y seguridad. Detestaría pensar que podrían tratar de acallarnos si supiéramos que estamos tras ellos —silbó una melodía tétrica—. Ataques de paranoia… ¿Se os ha ocurrido que este e-mail podría ser de alguien que está intentando daros una pista sobre lo que está sucediendo?

    Víctor frunció el ceño.

    — ¿Quién, Ellen? —Como ella no respondió, agregó—: ¿Qué crees que debemos hacer, entonces?

    Ellen no apartaba la vista de la copia impresa.

    —Principalmente, tratad de no actuar como idiotas. Lo único que sabemos con certeza es que alguien ha estado jugando a juegos muy serios con vuestras cabezas. Nuestra primera prioridad es que todos salgamos de LotsaTech y que vosotros quedéis libres de todo efecto médico colateral. Nuestra segunda prioridad es delatar a Gerry o… —estaba leyendo nuevamente los encabezados del mensaje—… al que esté detrás de todo esto.
    —Creo que no sabemos lo suficiente como para no actuar como idiotas —dijo Dixie Mae.
    —Es cierto. Está bien, haré una llamada telefónica, un mensaje inocuo que signifique algo para la policía si las cosas salen realmente mal. Luego hablaré con el resto del grupo de califica-dores. No diremos nada mientras sigamos en LotsaTech, pero una vez estemos lejos de aquí lo gritaremos a los cuatro vientos. Vosotros dos… puede que lo más seguro sea que no asoméis la cabeza hasta después de que anochezca y los calificadores hayamos regresado a la ciudad.

    Víctor asentía.

    Dixie Mae señaló el misterioso e-mail.

    — ¿Qué es lo que acabas de notar, Ellen?
    —Sólo una coincidencia, creo. Sin una muestra más grande, uno comienza a ver fantasmas.
    —Habla.
    —Bueno, la dirección de respuesta, lujurioso-925@free-mail.sg. El Edificio 0925 está en la cima de aquella colina.
    —No se ve desde el sitio del que partimos.
    —Exacto. Parece que «Lujurioso» tenía que haceros venir aquí primero. Y hay otra cosa. El Prof. Reich tiene un alumno del último año de postgrado llamado Rob Lusk.

    ¿Lusk? ¿Lujurioso? Para Dixie Mae, la conexión parecía muy remota.

    — ¿Qué clase de tío es?
    —Rob no es un sujeto particularmente simpático, pero es unos dos sigmas más inteligente que el estudiante de postgrado promedio. Él es la razón por la que Gerry tiene una gran reputación como creador de hardware. Gerry lo ha estado usando desde hace ya cinco o seis años, y apuesto a que Rob ya estará desesperado por graduarse— se interrumpió—. Mirad. Voy a entrar a contarle esto a Graham y a todos los demás. Luego os buscaré un sitio donde podáis esconderos el resto del día.

    Comenzó a caminar hacia la puerta.

    —No voy a esconderme —dijo Dixie Mae.

    Ellen vaciló.

    —Sólo hasta la hora de salida. Habéis visto a los policías contratados de la puerta principal. Este no es un sitio del que podáis salir caminando sin más. Pero mi grupo no tendrá problemas en irse a casa esta noche. Apenas estemos lejos de las instalaciones, esparciremos tal peste que la prensa y la policía regresarán aquí. Estaréis a salvo en casa en un santiamén.

    Víctor asintió.

    —Ellen tiene razón —dijo—. De hecho, sería todavía mejor si no hiciéramos correr la historia entre los demás calificadores. No sabemos si…
    — ¡No voy a esconderme! —Dixie Mae miró la cima de la colina—. Voy a ir a investigar al 0925.
    — ¡Es una locura, Dixie Mae! —dijo Víctor—. Te garantizo que estarás a salvo si te limitas a esconderte hasta que termine la jornada… y entonces la policía podrá hacer una investigación mucho mejor que cualquiera que tú logres hacer. ¡Haz lo que dice Ellen!
    — ¡Nadie me dice lo que tengo que hacer, Víctor! —dijo Dixie Mae, mientras por dentro pensaba: Sí, lo que estoy haciendo se parece un poco a la trama de un juego barato… los adolescentes entran en la casa embrujada y luego se separan y terminan cortados en pedazos…

    Pero Ellen García también estaba elaborando presunciones. Dixie Mae los miró, irritada.

    —Voy a hacer el seguimiento de este e-mail —dijo.

    Ellen la contempló largamente. No estaba claro si su mirada era desdeñosa o reflexiva.

    —Pero espera a que se lo cuente a Graham, ¿vale?

    Veinte minutos después, los tres estaban nuevamente fuera, caminando por la larga explanada inclinada, rumbo al Edificio 0925.

    Graham el Rojo podía ser un tío muy inteligente, pero también resultó ser un tonto. Estaba seguro de que el misterio del almanaque era sólo un fraude montado por Dixie Mae y Víctor. Cuando Ellen habló con él, no la dejó muy bien parada… y los dos winkies4 de Atención al Cliente ni siquiera merecían su desprecio. Afortunadamente, casi todos los demás calificadores se habían mostrado muy dispuestos a escucharlos. Uno de ellos, además, había abierto un desagradable agujero en sus presunciones: «Entonces, si esto es tan serio, ¿acaso Gerry no tendría a estos dos bajo vigilancia? Ya sabéis, la Gestapo de las Conspiraciones podría llegar en cualquier momento». Había transcurrido un momento de silencio aprensivo mientras todos esperaban la llegada de los chicos malos, garrote en mano.

    Al final, todos, Graham incluido, habían aceptado mantener la boca cerrada hasta después del horario de trabajo. Varios habían hecho unas crípticas llamadas telefónicas a algunos amigos suyos, por si acaso. Dixie Mae se había percatado de que la mayoría se adhería al punto de vista de Ellen, pero que, sin importar lo inteligentes que fuesen, realmente no querían contradecir a Graham.

    Ellen, por otro lado, era persona non-grata por tratar de interferir con el cronograma de Graham. Finalmente, el pelirrojo imbécil le había hecho perder la paciencia.

    Así que ahora Ellen, Víctor y Dixie Mae estaban en el sendero de ladrillo amarillo —en este caso, el camino de asfalto para los econocoches— que conducía al Edificio 0925.

    El campus de LotsaTech era nuevo y poco transitado, pero había otras personas por ahí. Justo frente al 0999, se encontraron con un trío de sujetos corpulentos que vestían chaquetas grises, como los policías de la puerta principal. Víctor cogió a Dixie Mae del brazo.

    —Actúa con naturalidad —susurró.

    Pasaron lentamente a su lado y Víctor los saludó con un elegante movimiento de cabeza. Los tres apenas parecieron advertirlo.

    Víctor soltó el brazo de Dixie Mae.

    — ¿Lo ves? Sólo hay que mantener la calma.

    Ellen caminaba más adelante. Retrocedió un poco hasta quedar a la par de ellos.

    —O están jugando con nosotros —dijo— o no nos han descubierto.

    Dixie Mae tocó el e-mail que tenía en el bolsillo.

    —Bueno, hay alguien que está jugando con nosotros.
    —Sabes, esa es la mayor pista que tenemos. Sigo pensando que podría ser de alguien que está tratando de…

    Ellen guardó silencio, mientras un par de individuos con aspecto administrativo se acercaban de frente. Éstos les prestaron todavía menos atención que los policías de la empresa.

    —…que podría ser alguien que está tratando de ayudarnos.
    —Supongo —dijo Dixie Mae—. Más probable-mente, es algún sádico que está usando cosas mías de las que se han enterado cuando yo estaba drogada.
    —Uf. Sí.

    Comenzaron a especular sobre las posibilidades. Era extraño. Ellen García era tan divertida para conversar como Ulysse, aunque debía de ser cinco veces más inteligente que Ulysse o Dixie Mae.

    Ahora estaban lo bastante cerca como para ver las ventanas más bajas del 0925. Este sitio era una versión del 0999 o del 0994 aumentada al doble. Había un camión de abastecimiento de comida aparcado frente a la planta baja. Detrás de una verde valla de árboles, se veían parejas jugando al tenis en las canchas ubicadas al sur del edificio.

    Víctor entrecerró los ojos.

    —Qué extraño —dijo—. Han puesto una especie de película oscura en las ventanas.
    —Sí. Al menos deberíamos poder ver las hileras de luces del techo.

    Se alejaron erráticamente del sendero principal y dieron un rodeo, hasta llegar a un lugar desde donde no los verían los del camión de comida. Incluso aquí cerca, debajo del alero, las ventanas parecían iguales a las de los demás edificios. Pero dentro no estaba simplemente oscuro. No había nada, salvo oscuridad. La parte interior del cristal estaba cubierta con plástico negro, como el que ponen en las tiendas cerradas.

    Víctor sacó rápidamente el bloc de notas.

    —Nada de llamadas telefónicas, Víctor.
    —Quiero enviar un informe en directo, por si alguien se enfurece de verdad porque estemos aquí.
    —Ya te lo he dicho: el acceso a la red está restringido. Además, una simple llamada desde aquí dispararía el localizador lógico del 911.
    —Sólo una breve llamada a… —Levantó la vista y vio que las dos mujeres estaban muy cerca— oh, está bien. La usaré como cámara local, nada más.

    Dixie Mae estiró la mano.

    —Dame el bloc de notas, Víctor. Nosotras tomaremos las imágenes.

    Por un momento, pareció que él iba a negarse. Luego vio que la otra mano de Dixie Mae estaba cerrada en un puño. Y tal vez recordó las anécdotas que ella les había contado en la hora de almorzar durante la semana. ¿La semana que nunca existió? Cualquiera fuese la razón, le entregó el bloc de notas.

    — ¿Crees que estoy trabajando para los malos? —dijo.
    —No —dijo Dixie Mae (con un 65 por ciento de sinceridad, y bajando) —. Es que pienso que no siempre haces lo que Ellen sugiere. De esta manera, nosotras grabamos las imágenes, pero sin arriesgarnos—. Gracias a mi autocontrol superior. Sí.

    Dixie Mae iba a darle el bloc de notas a Ellen, pero ella meneó la cabeza.

    —Sólo mantén registro, Dixie Mae. La recuperarás más tarde, Víctor.
    —Oh, está bien, pero quiero los derechos del xmit5 —su rostro se iluminó—. Serás mi camarógrafa, Dixie. Enfócame cada vez que tenga algo importante que decir.
    —Lo haré, Víctor —hizo un barrido largo con la cámara del bloc de notas y tomó una panorámica, lejos de él.

    Nadie los molestó mientras rodeaban la planta baja. El bloqueo de las ventanas era muy concienzudo pero, al igual que en los edificios 0994 y 0999, había una puerta común y corriente con una anticuada cerradura de tarjeta.

    Ellen la estudió detenidamente.

    —Nosotros deshabilitamos los cerrojos del 0999 por diversión —dijo—. Por algún motivo, pienso que estas cositas de plástico negro no son tan amigables.
    —Creo que no podremos llegar más lejos —dijo Víctor.

    Dixie Mae se acercó a la puerta y la empujó. No sonó ningún bip de error, ninguna alarma. La puerta, lisa y llanamente, se abrió.

    Se intercambiaron miradas de asombro.

    Cinco segundos después seguían parados frente a la puerta abierta. Lo poco que podían ver parecía un típico piso de planta baja de LotsaTech.

    —Deberíamos cerrar la puerta y regresar —dijo Víctor—. Nos pescarán con las manos en la masa si nos quedamos aquí.
    —Buena observación —Ellen entró, seguida necesariamente por Víctor y luego por Dixie Mae, que filmaba el vídeo.
    — ¡Espera! Deja la puerta abierta, Dixie Mae.
    —Vaya.
    — ¡Esto es como una celda de retención! —Estaban en una habitación diminuta. De la mitad de la altura normal, las paredes eran de cristal transparente. Había otra puerta en el extremo opuesto del cuartito.

    Ellen avanzó.

    —El año pasado tuve un empleo de verano en Livermore —dijo—. Tienen cubículos trampa de este tipo. Entras con bastante facilidad… y luego te encuentras con guardias armados en todas partes, que te preguntan cortésmente si estás perdido —aquí no había guardias a la vista. Ellen empujó la puerta interior. Estaba cerrada. Estiró la mano hacia el mecanismo de la cerradura. Parecía de plástico barato—. Esto no debe funcionar —dijo, al tiempo que comenzaba a tantearlo.

    Podían escuchar voces, pero provenían del piso de arriba. Aquí abajo no se veía a nadie. Sin embargo, parte del diseño era familiar. Si este hubiera sido el Edificio 0994, el corredor de la derecha llevaría a los excusados, a una pequeña cafetería y a un dormitorio provisional.

    Ellen vaciló y se quedó quieta, escuchando. Los miró.

    —Es extraño —dijo—. Esa parece la voz de… ¡Graham!
    — ¿Puedes romper la cerradura, Ellen? —Deberíamos subir y estrangular a esa comadreja de dos caras con su propia coleta.

    Otro sonido. ¡Una puerta que se abría! Dixie Mae miró más allá de donde estaba Ellen y vio a un tío saliendo del baño de hombres. Dixie Mae atinó a coger a Víctor y ambos se agacharon, ocultándose detrás de la parte inferior de la celda de retención.

    —Eh, Ellen —dijo el extraño— pareces un poco alterada. ¿Graham te está sacando de quicio a ti también?

    Ellen lanzó una carcajada chillona.

    —S-sí… ¿Y qué más da?

    Dixie Mae giró el bloc de notas y lo sostuvo de manera tal que la lente de la cámara mirara través del cristal. En la pequeña pantalla, vio que el extraño estaba sonriendo. Estaba vestido con camiseta y pantalones hasta la rodilla, y tenía una especie de distintivo brillante colgado de un lazo alrededor del cuello.

    La boca de Ellen se abrió y se cerró un par de veces, pero no salió nada de ella. No tenía la más remota idea de quién era ese tío.

    El extraño todavía no comprendía, pero…

    —Eh, ¿dónde está tu distintivo?
    —Oh… maldición. Debo de haberlo olvidado en el baño —dijo Ellen—. Y ahora me he quedado encerrada aquí fuera.
    —Ya conoces las reglas —dijo él, l, pero su tono no era de amenaza. Hizo algo del otro lado de la puerta. Ésta se abrió y Ellen la atravesó, impidiendo que el sujeto viera lo que había detrás de ella.
    —Lo lamento. Yo… eh… me confundí —dijo.
    —Está bien. Graham cerrará el pico en algún momento. Sólo desearía que prestara más atención a lo que los profesionales pretenden de él.

    Ellen asintió.

    — ¡Sí, desde luego! —dijo, como si realmente estuviera de acuerdo con él.
    —Mira, Graham no está separando los temas adecuadamente. La idea es ser amplio y a la vez profundo.

    Ellen continuó emitiendo sonidos de comprensión. El locuaz extraño estaba dando detalles acerca de algún tipo de proyecto de la NSA6, pero ignoraba por completo a los tres intrusos.

    Se oyeron ligeros pasos en las escaleras y una voz familiar.

    — ¿Michael, cuánto más vas a tardar? Quiero… —La voz se quebró con un grito de sorpresa.

    En la pantalla del bloc de notas, Dixie Mae vio a dos muchachas de cabello castaño, mirándose una a la otra con idéntica perplejidad. Por un momento, se rodearon furtivamente entre sí, intercambiando suaves bofetadas. No estaban peleando… era como si ambas pensaran que la otra era una especie de vídeo trucado. Ellen García, te presento a Ellen García.

    El extraño (¿Michael?) las miraba fijamente con igual desconcierto, primero a una Ellen y luego a la otra. Las Ellens emitían unos sonidos inarticulados, a un volumen apenas suficiente para interrumpirse mutuamente y para que todos se inquietasen aún más.

    Finalmente, Michael dijo:

    —Supongo que no tienes una hermana gemela, ¿verdad, Ellen?
    — ¡No! —dijeron las dos.
    —De modo que una de vosotras es una impostora. Pero ahora habéis dado tantas vueltas que no puedo decir quién es la original. Ja —señaló a una de las Ellens—. Otra buena razón para usar distintivos de seguridad.

    Pero Ellen y Ellen ignoraban a todos, excepto a ellas mismas. Salvo por el « ¡No!» a coro, sus palabras no eran más que interrupciones recíprocas e ininteligibles. Por fin, vacilaron y se sonrieron una a la otra con antipatía. Ambas metieron la mano en el bolsillo. Una mano sacó una moneda de un dólar, la otra salió vacía.

    — ¡Ja! Yo tengo el talismán. Problema resuelto —la otra hizo una mueca y asintió. La Ellen de la moneda miró a Michael—. Mira, las dos somos reales. Y las dos somos hijas únicas.

    Michael miró a una y a la otra.

    —Y tampoco sois clones, por cierto —dijo.
    —Obviamente —dijo la del talismán. Miró a la otra Ellen y preguntó—: ¿Se pudrió en el refrigerador?

    La otra asintió y dijo:

    —En abril lo empeoré —y ambas rieron.

    La del talismán:

    — ¿El examen de Gerry en Olson Hall?
    —Sí.

    La del talismán:

    — ¿Michael?
    —Después de eso —respondió la otra, y luego se sonrojó. Pasado un segundo, la del talismán también se sonrojó.

    Michael dijo secamente:

    —Y no sois perfectamente idénticas.

    La Ellen del talismán le dedicó una sonrisa torcida.

    —Cierto. Nunca te he visto en mi vida —se volvió y arrojó la moneda de un dólar a la otra Ellen, mano izquierda a mano izquierda.

    Y ahora esa Ellen tenía la palabra. También era la versión que llevaba puesto un distintivo de seguridad. Llamémosla Ellen ANS.

    —Por lo que puedo… podemos… decir, compartimos la misma línea de conciencia hasta el día en que hicimos el examen de reclutamiento de Gerry Reich. Desde entonces hemos tenido vidas separadas. Hasta hicimos nuevos amigos por separado. —Miraba en dirección a la cámara de Dixie Mae.

    Ellen Calificadora se dio vuelta y siguió su mirada.

    —Salid, muchachos. Estamos viendo la lente de la cámara.

    Víctor y Dixie Mae se pusieron de pie y salieron de la celda de retención.

    —Sois una verdadera invasión —dijo Michael, y no parecía estar bromeando.

    Ellen ANS apoyó una mano en su brazo.

    —Michael, creo que ya no estamos en Kansas. 7
    — ¡Desde luego! Simplemente estoy soñando.
    —Probablemente. Pero si no es así… —inter-cambió miradas con Ellen Calificadora— tal vez deberíamos descubrir qué nos han hecho. ¿La sala de reuniones está libre?
    —Lo estaba la última vez que la vi. Sí, puede que allí no nos molesten —Michael los condujo por el corredor hacia lo que, en el Edificio 0994, era un simple armario de conserje.

    Michael Lee y Ellen ANS estaban trabajando en otro proyecto más del Profesor Reich.

    —Mirad —dijo Michael— el Profesor Reich ha contratado a mis colegas para comparar nuestro software de vigilancia con lo que puede lograr un análisis intensivo hecho por humanos.
    —Sí —dijo Ellen ANS— el gran problema de la vigilancia siempre ha sido la enorme cantidad de material que hay para mirar. Las agencias de espionaje usan mucha automatización y tienen montones de grandes especialistas, personas como Michael, aquí presente… pero están abrumadas. De todos modos, y aunque ese problema no se puede resolver, a Gerry se le ocurrió que quizás un equipo formado por espías y estudiantes de postgrado podría, como mínimo, estimar cuánto se les está escapando a los programas de la ANS.

    Michael Lee asintió.

    —Vamos a pasarnos todo el verano mirando el 10 de junio de 2012, de las 13:00 a las 14:00 UTC, de atrás para delante y de arriba abajo, pero sólo en tres áreas restringidas de temas.

    Ellen Calificadora lo interrumpió.

    —Y hoy es vuestro primer día de trabajo, ¿cierto?
    —Oh, no. Ya hace un mes que venimos haciendo esto —una pequeña sonrisa— toda mi carrera se ha basado en el estudio de la China contemporánea. Pero este es el primer trabajo en el que tengo suficiente tiempo para observar los datos sobre los que se supone que debo pontificar. Sería un gran placer, si no tuviéramos que imponerles la seguridad a estos indisciplinados estudiantes de postgrado.

    Ellen ANS le palmeó el hombro.

    —Pero si no fuera por Michael, estaríamos tan extenuados como el pobre Graham. Ya pasó un mes, faltan dos.
    — ¿Pensáis que estamos en agosto? —preguntó Dixie Mae.
    —Sí. Claro —Michael miró su reloj—. Es 10 de agosto.

    Ellen Calificadora sonrió y les contó de las diversas fechas que los demás creían que era hoy.

    —Es una especie de alucinación por drogas —dijo Víctor—. Antes pensábamos que era obra de Gerry Reich solamente. Ahora creo que es el gobierno el que está retorciendo nuestros cerebros.

    Las dos Ellens lo miraron; era evidente que ambas conocían a Víctor desde hacía mucho. Pero parecían considerar seriamente lo que él estaba diciendo.

    —Podría ser —dijeron ambas.
    —Perdón —le dijo Ellen Calificadora a Ellen ANS—. Tú tienes el dólar.
    —Puede que tengas razón, Víctor. Pero la cognición es mi… nuestra especialidad. Nosotras dos somos algo mucho más anormal que los sueños o las alucinaciones.
    —Aunque también podríais ser una ilusión —dijo Víctor.

    Michael se encogió de hombros.

    —Los detalles son confidenciales, pero es apenas un estudio post hoc. Parece que el Profesor Reich ha elaborado las reglas de aislamiento junto con mi Agencia.

    Ellen ANS lanzó un rápido vistazo a su doble. Las dos mantuvieron una breve y extraña conversación, formada en su mayor parte por palabras y frases a medio terminar. Luego Ellen ANS continuó:

    —Míster Hombre del Renacimiento Gerry Reich parece estar en el centro de todo. Usó unos típicos exámenes de personalidad para escoger personas articuladas y motivadas para el trabajo de Atención al Cliente. Estoy segura de que todos ellos hacen un excelente trabajo, incluso ya desde el primer día.

    Sí. Dixie Mae pensó en Ulysse. En sí misma.

    Ellen ANS continuó:

    —Gerry filtró otro grupo… estudiantes de postgrado con la especialidad justa para calificar la totalidad de sus diversos exámenes y proyectos.
    —Nosotros trabajamos en un solo examen —dijo Ellen Calificadora. Pero no era una objeción; había una extraña sonrisa en su rostro, la mirada de alguien que ha interpretado inteligentemente unas noticias muy malas.
    —Y luego se consiguió un puñado de espías del gobierno y graduados de Informática para el proyecto de vigilancia en el que estamos Michael y yo.

    Michael parecía hipnotizado. Víctor se veía vagamente disgustado, con sus teorías pisoteadas por tierra.

    —Pero —dijo Dixie Mae— vuestro grupo de vigilancia ha estado trabajando durante un mes, dices tú…
    — ¡Y los calificadores tienen contacto telefónico con el exterior! —dijo Víctor.
    —He pensado en eso —dijo Ellen Calificadora —hoy he hecho tres llamadas telefónicas. La tercera fue después de que aparecierais tú y Dixie Mae. Fue un correo de voz para un amigo mío del MIT. Hablé crípticamente, pero traté de decir lo suficiente para que mi amigo haga arder Troya si yo desaparezco. Las demás llamadas fueron…
    — ¿Correos de voz también? —preguntó Ellen ANS.
    —Una fue un correo de voz. La otra fue una llamada a Bill Richardson. Tuvimos una bonita charla sobre la fiesta que va a hacer el sábado. Pero Bill…
    — ¡Bill hizo el «examen laboral» de Reich junto con todos nosotros!
    —Exacto.

    Y esto apuntaba a algo peor que la teoría de los sueños de Víctor.

    — ¿E-entonces… qué es lo que nos han hecho? —dijo Dixie Mae.

    Los ojos de Michael estaban abiertos como platos, aunque se las ingenió para hablar con un tono de seca comprensión.

    —Disculpad a un pobre especialista en idioma Han. ¿Estáis pensando que no somos más que unos programas de personalidad? Creí que eso era cosa de ciencia-ficción.

    Ambas Ellens rieron. Una dijo:

    —Oh, es ciencia-ficción, y no hablo solamente del último episodio de Kywrack. El género se remonta a casi un siglo atrás.

    La otra:

    —Está el «Dios Microcósmico» de Sturgeon.

    La primera:

    —Eso estaría bien… ¡que Gerry tenga cuidado, entonces! Pero también está el «El túnel debajo del Mundo» de Pohl.
    —Diablos. Si ese es el escenario, estamos fritos.
    —De acuerdo, ¿pero qué te parece el de «Perdido en el Banco de Memoria» de Varley?
    — ¿Y Darwinia de Wilson?
    — ¿O «Cerdos en el Ciberespacio» de Moravec?
    — ¿O Mundo simulado de Galouye?
    — ¿O los cubos de la muerte de Vinge?

    Ahora que las «gemelas» no estaban en sincronía perfecta, sus palabras formaban un progresivo coro de rápidos retruques, que llegó a su clímax con:

    — ¡«Rocas de Significación» de Brin!
    — ¡O la Gente de Barro!
    —No, eso no podría ser —callaron abrupta-mente y asintieron, mirándose entre sí. Con expresión algo torva, pensó Dixie Mae. En su conjunto, la conversación era tan inescrutable como sus anteriores espasmos de interrupciones mutuas.

    Afortunadamente, allí estaba Víctor para rescatar a las mentes vulgares.

    —No importa. El hecho es que digitalizar personalidades no es más que ciencia-ficción. Es peor que el viaje hiperlumínico. Ni siquiera existe una base teórica para las digitalizaciones.

    Cada una de las Ellens levantó la mano izquierda e hizo un ademán entrecortado.

    —No exactamente, Víctor.

    La del talismán continuó:

    —Yo diría que existe una base teórica para afirmar que la digitalización de personalidades es teóricamente posible —ambas sonrieron con ironía—. ¿Y adivináis quién es el responsable de eso? Gerry Reich. Allá por el 2005, mucho antes de hacerse famoso como un genio multi-amenaza, publicó un par de trabajos sobre los mecanismos de digitalización. La teoría era una chaladura casi demencial, y hasta la demo más simple habría necesitado de muchísimo más poder de procesamiento que cualquier superordenador de la época.
    —Para cargar una sola personalidad.
    —Así que Gerry y su Método Reich fueron blanco de las risas.
    —Después de aquello, Gerry abandonó la idea… justamente lo que uno esperaría, considerando lo exhibicionista que es. Pero ahora, de pronto, es mundialmente famoso, exitoso en media docena de campos diferentes. Pienso que pasó algo. Alguien le ha resuelto el problema del hardware.

    Dixie Mae tenía la vista clavada en e-mail.

    —Rob Lusk —dijo quedamente.
    —Sí —dijo Ellen Calificadora. Explicó a los demás lo del mensaje.

    Michael no estaba convencido.

    —No sé. E-Ellen. Te concedo que estamos frente a un milagro extraordinario —hizo un gesto señalando a las dos— pero especular sobre sus causas me suena un poco como un gorrión tratando de entender la Carretera 405.
    —No —dijo Dixie Mae, y todos la miraron. Se sentía muy asustada y muy furiosa, pero, de las dos cosas, furiosa era mejor—. ¡Alguien nos ha tendido una trampa! Comenzó con esos baños extraordinariamente limpios del Olson Hall…
    —El Olson Hall —dijo Michael—. ¿También habéis estado allí? ¡Los lavabos olían a hospital! Recuerdo que pensé eso apenas entré, pero… ¡eh!, lo siguiente que recuerdo es que estoy en un ómnibus, viniendo hacia aquí.

    Como un hospital. Dixie Mae sintió que la invadía el pánico.

    —T-tal vez somos lo único que queda. —Miró a las gemelas—. Esto de digitalizar personalidades… ¿implica matar a los originales?

    Era una pregunta de las que impedían seguir adelante; por un momento, todos quedaron en silencio. La del talismán dijo:

    —No… no lo creo, pero las publicaciones de Gerry eran mayormente teóricas.

    Dixie Mae venció el pánico; la rabia sí tenía utilidad. ¿Qué podemos averiguar desde aquí, desde el interior?

    —Hasta ahora sabemos que más de una treintena de nosotros hicimos los exámenes del Olson Hall y terminamos aquí. Si fuimos asesina-dos… es algo que nos será muy difícil descubrir. Supongamos que aún estamos vivos—. Inspiración—. ¡Y tal vez sí hay cosas que podemos deducir! Tenemos tres experimentos de Reich para cotejar. Hay diferencias, y las diferencias nos dicen cosas—. Miró a las gemelas—. Vosotras ya habéis resuelto esto, ¿verdad? La Ellen que conocimos primero está calificando exámenes… un trabajo de un día, le han dicho. Pero apuesto a que todas las noches, cuando ellos piensan que vuelven a casa, Lusk o Reich o quien sea que esté haciendo esto, simplemente los apaga y los hace iniciar el ciclo de nuevo, para que hagan otro «trabajo de un día».
    —Lo mismo con nuestra Atención al Cliente —dijo Víctor, concordando a regañadientes.
    —Casi. Nosotros tuvimos seis días de familiarización con el producto, luego nuestro primer día de trabajo. Estábamos muy entusiasmados. Tienes razón, Ellen, ¡ya desde el primer día somos estupendos! —Pobre Ulysse, pobre de mí; pensábamos que nuestras vidas se encaminaban hacia algún lado—. Seguro que nosotros también desaparecemos esta noche.

    Ellen Calificadora asintió con la cabeza.

    —Atención al Cliente envasado, reiniciado y vuelto a reiniciar, para que siempre parezca nuevo.
    —Pero sigue habiendo problemas —dijo la otra—. Eventualmente, el retraso de las fechas te pone en alerta.
    —Tal vez, o tal vez los encabezados de los e-mails son falsificados automáticamente.
    —Pero el contexto interno podría contradecir…
    —O quizás Gerry ha resuelto el problema de la niebla cognitiva —las dos Ellen se lanzaron a hablar en su idioma semi-privado.

    Michael las interrumpió.

    —No todos somos reciclados. El objetivo de nuestro proyecto de rastreo es que pasemos todo el verano estudiando solamente una hora de tráfico de red.

    Las gemelas sonrieron.

    —Eso piensas tú —dijo la del talismán—. Cierto, en este edificio no nos reinician al final de cada día imaginario. En lugar de eso, nos ejecutan todo el «verano»… ¿minutos en tiempo de ordenador, en vez de segundos?… para analizar una hora de tráfico de red. Y luego nos hacen ejecutar otra vez, a una hora diferente. Y así sucesivamente.
    —No puedo imaginarme una tecnología tan poderosa —dijo Michael.
    —Yo tampoco, sinceramente, pero… —dijo la del talismán.

    Víctor los interrumpió con:

    —Puede que este sea el escenario de Darwinia. Ya sabéis: no somos más que juguetes en manos de alguna inteligencia superavanzada.
    — ¡No! —dijo Dixie Mae—. Superavanzada no. Atención al cliente y la vigilancia de red son cosas valiosas en nuestro mundo real. El que esté haciendo esto, sencillamente, se está proveyendo de mano de obra esclavizada que trabaja muy, pero que muy rápido.

    Ellen Calificadora tenía una expresión ceñuda.

    — ¡Y que corrige exámenes para él! Es lo que me demuestra que Gerry está detrás de todo esto. Nos convierte en idiotas útiles y nos reinicia una y otra vez, hasta que lo descubramos o nos muramos de aburrimiento.

    Ellen ANS tenía la misma expresión, pero una queja diferente:

    —Aquí ya nos hemos muerto de aburrimiento.

    Michael asintió.

    —Los del gobierno —dijo— somos unos tíos con mucha paciencia; hemos mantenido a raya a los estudiantes de postgrado. Podemos durar tres meses. Pero nos amargaríamos mucho si nos enterásemos de que la recompensa por ser tan pacientes es que tendremos que hacer lo mismo otra vez. Maldición. Lo siento, Ellen.
    — ¡Pero ahora lo sabemos! —dijo Dixie Mae.
    — ¿Y en qué nos beneficia eso? —rio Víctor—. Esta vez lo has descubierto, vale. Pero al final de este día de un microsegundo de duración, puf, hora de reiniciar y todo lo que has averiguado desaparece.
    —Esta vez no —Dixie Mae apartó la mirada y contempló el e-mail. El papel barato estaba arrugado y manchado. Una falsificación digital, igual que nosotros—. Pienso que no somos los únicos que hemos descubierto estas cosas—. Deslizó la copia impresa a lo largo de la mesa, hacia Ellen Calificadora—. Tú piensas que esto significa que Rob Lusk se encuentra en este edificio.
    —Sí, es cierto.
    — ¿Quién es Rob Lusk? —preguntó Michael.
    —Un bicho raro —dijo Ellen ANS con aire ausente—. El mejor estudiante de postgrado de Gerry —. Ambas Ellens tenían la vista clavada en el e-mail.
    —La referencia 0999 condujo a Dixie Mae hasta mi grupo de calificadores. Luego yo señalé la dirección de origen.
    — ¿lujurioso925@free-mail.sg?
    —Sí. Y eso nos trajo hasta aquí.
    —Pero aquí no hay ningún Rob Lusk —dijo Ellen ANS—. ¡Eh! Me gustan estos encabezados falsos.
    —Sí. ¡Son más largos que todo el cuerpo del mensaje!

    Michael se había puesto de pie para mirar por encima de los hombros de las Ellens. Ahora estiró el brazo entre ellas y dio unos golpecitos sobre el mensaje.

    — ¿Veis esto, en medio del segundo encabezado? Parece Pinyin8 con los símbolos tonales escritos en hilera
    — ¿Y qué pone?
    —Bueno, si es mandarín, sería el número novecientos diecisiete.

    Víctor estaba inclinado hacia delante, apoyado en los codos.

    —Tiene que ser una coincidencia —dijo—. ¿Cómo iba a saber Lujurioso que nos encontraríamos contigo?
    — ¿Alguien sabe de un Edificio 0917? —dijo Dixie Mae.
    —Yo no —dijo Michael—. Nunca salimos de nuestro edificio, salvo para ir a los billares y a las canchas de tenis.

    Las gemelas menearon la cabeza.

    —Yo no lo he visto… y ahora mismo no quiero arriesgarme a una búsqueda en la Intranet.

    Dixie Mae rememoró el mapa de LotsaTech que estaba en los folletos de bienvenida a la empresa.

    —Si existe tal lugar, estará mucho más arriba del cerro, tal vez en la cima. Yo digo que subamos hasta allí.
    —Pero… —dijo Víctor.
    —No me salgas con esa basura de esperar a la policía, Víctor, o de que no seamos idiotas. Esto ya no es Kansas, y este e-mail es la única pista que tenemos.
    — ¿Qué le decimos a la gente de aquí? —dijo Michael.
    — ¡No le decimos nada! Nos escabullimos y punto. Queremos que la operación de aquí continué normalmente, para que Gerry o quien sea no sospechen nada.

    Las dos Ellens se miraron con una expresión extraña y triste en los rostros. De pronto, ambas comenzaron a cantar Home on the Range, pero con la letra distorsionada.

    Oh, dadme un clon
    de mi propia carne y hueso
    con…


    Se detuvieron y se sonrojaron simultáneamente.

    — ¡Qué mente sucia tenía ese tío Garrett!
    —Sucia pero profunda —Ellen ANS miró a Michael, y pareció sonrojarse aún más—. No importa, Michael. Piensas… tú y yo deberíamos quedarnos aquí.
    —No, espera —dijo Dixie Mae—. En el sitio al que vamos puede que debamos convencer a alguien de que esta loca historia es verdadera. Vosotras dos sois la mejor evidencia que tenemos.

    La discusión dio vueltas y vueltas. En un momento, Dixie Mae notó, maravillada, que las dos Ellens realmente parecían estar discutiendo una con la otra.

    —No sabemos lo suficiente para decidir —insistía en lamentarse Víctor.
    —Tenemos que hacer algo, Víctor. Sabemos lo que nos sucederá, a ti y a mí, si dejamos las cosas como están hasta la hora de cierre esta tarde.

    Al final, se quedó Michael. Era más probable que sus compañeros del gobierno le creyeran a él. Si las Ellens, Dixie Mae y Víctor podían traerles un poco de información genuina, tal vez el grupo de la ANS podría sacar algo en limpio.

    —Seremos una red de personas tratando de meter un palo en la rueda del tiempo —Michael trataba de sonar sarcásticamente divertido, pero una vez pronunciadas esas palabras quedó en silencio y ninguno de los demás pudo pensar en nada mejor que decir.

    Cerca de la cima de la colina no había tantos edificios, y los que veía Dixie Mae eran de un solo piso, como si fuesen meras entradas a algo que estuviera debajo de los cerros. Los árboles eran más achaparrados y el césped más verde.

    Víctor tenía una explicación:

    —Es por el viento. Se aprecia lo mismo en muchos terrenos abiertos que están cerca de la costa. O tal vez no riegan mucho aquí arriba.

    Y Ellen —desde atrás, Dixie Mae no pudo diferenciar cuál de las dos— dijo:

    —Sea como sea, esta ficción es impresionante.

    Cierto. Una ficción.

    —Eso es algo que no entiendo —dijo Dixie Mae—. Ni los mejores efectos especiales del cine se acercan a esto. ¿Cómo es posible que sus ordenado-res sean tan buenos?
    —Bien, para empezar —dijo la otra Ellen— el engaño es mucho más fácil cuando los observadores también son simulaciones.
    —Nosotros.
    —Sí. Dondequiera que mires ves detalle, pero siempre de lo que está en tu centro focal. Los humanos no tenemos en mente al mismo tiempo todo lo que hemos visto y todo lo que sabemos. Hemos invertido millones de años de evolución en aprender a ignorar casi todo y en extraerle sentido al sin sentido.

    Dixie Mae miró hacia el sur a través de la niebla. Era todo tan real: la brisa cálida y seca, el destello de un avión deslizándose por el cielo hacia el Aeropuerto de Los Ángeles, la mole del Edificio Empire State cerniéndose entre los rascacielos del centro de la ciudad.

    —Probablemente hay docenas de omisiones y contradicciones alrededor de nosotros a cada segundo pero, a menos que capten nuestra atención todas juntas y simultáneamente, no las notamos.
    —Como la discrepancia temporal —dijo Dixie Mae.
    —Exacto. De hecho, el mayor problema de todas nuestras teorías no es cómo pudieron duplicarnos individualmente, sino cómo es posible que el fraude funcione cuando hay muchos individuos que se comunican entre sí al mismo tiempo. Eso requiere de un hardware muy superior a todo lo que existe, tal vez cien litros de condensado de Bose.
    —Una especie de computación cuántica de vanguardia —dijo Víctor.

    Ambas Ellens se volvieron para mirarlo, con las cejas levantadas.

    —Eh, soy periodista. Lo leí en la sección de ciencia del Bruin.

    La respuesta de las gemelas fue algo más que un monólogo y algo menos que una conversación.

    —Bueno… aun así, buena observación. De hecho, esta primavera hubo rumores de que Gerry había conseguido establecer la escala del esquema de coherencia de la taza de café de Gershenfeld.
    —Sí, y de que tenía quinientos litros de condensado de Bose a temperatura ambiente.
    —Pero esas historias comenzaron mucho después de que se hubiera convertido en el Hombre del Renacimiento. No tiene sentido.

    No somos las primeras personas secuestradas.

    —Tal vez —dijo Dixie Mae— tal vez comenzó con algo sencillo, como un solo humano superveloz. ¿Pudo Gerry hacer funcionar un solo programa de personalidad con la clase de superordenadores que tenemos hoy en día?
    —Bueno, es más concebible que este… oh. Claro, entonces, utilizó a un genio aislado para que hiciera un siglo o más de trabajo genial sobre la computación cuántica. Me suena al escenario de los cubos de la muerte. Si fuera yo, después de cien años de que me jodieran de esa manera, le daría a Gerry una sorpresa de puta madre.
    —Sí, como en vez de una cura para el cáncer, podría recibir virus mortales específicos para el proteoma de ciertos despreciables profesores de Informática de mediana edad.

    Las gemelas sonaban tan sanguinarias como Dixie Mae.

    Caminaron otro par de cientos de metros. El césped degeneró en islas de hierba rastrera sobre suelo de tierra. La brisa seguía siendo un silbido caliente que soplaba en las serranías. Las gemelas se detenían cada pocos pasos para observar concienzudamente la vegetación o algún letrero indicador del sendero. Se mascullaban cosas sobre los detalles de lo que estaban viendo, como si trataran de detectar inconsistencias.

    —… muy, muy bueno. Estamos de acuerdo en todo lo que vemos.
    —Puede que Gerry esté ahorrando ciclos, haciéndonos ejecutar como sublíneas cognitivas derivadas del mismo proceso.
    — ¡Ja! Con razón todavía estamos tan sincronizadas.

    Murmullo, murmullo.

    —Realmente hay mucho que podemos inferir…
    —… una vez aceptamos la premisa demencial de todo esto.

    El «Edificio 0917» todavía no aparecía, pero los que veían tenían numeraciones cada vez más bajas: 0933, 0921…

    Un estridente grupo de personas se les cruzó más adelante. Estaban cantando. Parecían programadores.

    —Mantened la calma —dijo una Ellen suavemente—. Esa fila de conga está recién salida del programa de motivación para empleados de LotsaTech. Los programadores siempre hacen fiestas en el lugar de trabajo cuando alcanzan los hitos significativos de un proyecto.
    — ¿Más víctimas? —dijo Víctor—. ¿O IAs?
    —Podrían ser víctimas. Pero seguro que todas las personas que hemos visto en este sendero no son más que escenario de baja resolución. No hay nada en las teorías de Reich que pueda hacer posibles las IAs.

    Dixie Mae observó a los cantores descender lentamente la colina. Era la tercera vez que veían algo parecido a gente en el camino.

    —No tiene sentido, Ellen. Pensamos que somos sólo…
    —Procesos de simulación.
    —Sí, procesos de simulación dentro de una especie de superordenador. Pero si es así, entonces el que está detrás de esto debe poder espiarnos mejor que cualquier Gran Hermano que jamás pueda existir en el mundo real. Tendrían que habernos atrapado y reiniciado al minuto siguiente de que comenzáramos a sospechar.

    Ambas Ellens empezaron a responder. Callaron y luego volvieron a interrumpirse mutuamente.

    —Que hable la que tiene el talismán —dijo una, esgrimiendo la moneda de dólar—. Dixie Mae, es un misterio, pero no tan grande como parece. Si Reich está usando la clase de técnicas de programación y simulación que conozco, lo que ocurre dentro de nuestras mentes no se puede interpretar directa-mente. Los pensamientos son demasiado idiosincrásicos, demasiado dispersos. Si somos simulaciones dentro de un enorme ordenador cuántico, hasta las sondas del entorno serían difíciles de ejecutar.
    — ¿Te refieres a cámaras espías y cosas así?
    —Sí. Serían difíciles de implementar, puesto que, de hecho, estarían fisgoneando el estado de nuestra imaginería interna. Todo esto es complicado porque es probable que estemos funcionando a una velocidad mil veces más rápida que la del tiempo real. Hay quizás tres maneras en que Gerry podría espiarnos: podría limitarse a observar el rendimiento del equipo, y si éste cae sabría que algo ha salido mal… y podría reiniciarlo basándose en sus principios generales.

    De pronto, Dixie Mae estaba muy contenta de que no hubieran aceptado más voluntarios para esta excursión.

    —El segundo método de espiarnos es sólo mirar lo que escribimos o lo que resulta de los programas que usamos explícitamente. Apuesto a que cualquier cosa que percibimos como texto lineal puede estar sujeto a una interpretación externa —miró a Víctor—. Y por eso no hay que tomar notas—. El bloc de notas seguía en poder de Dixie Mae.
    —Es un poco estúpido —dijo Víctor—. Primero no tomar imágenes y ahora ni siquiera notas.
    — ¡Eh, mirad! —dijeron las Ellens—. ¡E0917! —. Pero no era un edificio, sino un pequeño letrero clavado entre las rocas.

    Salieron atropelladamente del asfalto, hacia un sendero de tierra que conducía directamente a la cima de la colina.

    Ahora se encontraban tan cerca de la cresta que el horizonte estaba a escasos metros de distancia. Dixie Mae no podía ver nada más allá. Recordó una película en la que unos pobres estúpidos como ellos llegaban al borde de la simulación… y encontraban el muro que marcaba el final de su universo. Pero avanzaron unos pasos más y lograron ver lo que había del otro lado de la cima. Había un paisaje de colinas más bajas, que descendían hasta el Valle de San Fernando. No muy oculta entre la niebla, Dixie Mae vio la conocida línea sinuosa de la Autopista 101. Tarzana.

    Ellen, Ellen y Víctor no estaban apreciando el panorama. Miraban fijamente el letrero al costado del sendero. Cinco metros más allá había una excavación. Había materiales de construcción apilados pulcramente a lo largo del borde del foso, y un robo-Cat aparcado en el extremo más alejado. Podría haber sido la etapa inicial de la construcción de un típico edificio de LotsaTech… salvo que, del otro lado del pozo, casi escondida en las sombras, había una tapa metálica de forma circular, como las puertas de las bóvedas de los bancos en las viejas películas.

    —Tengo esta teoría —dijo la del talismán—. Si atravesamos esa puerta podremos descubrir de qué se trata tu e-mail.
    —Sí —las gemelas descendieron, rebotando por un escarpado surco abierto en el foso. Dixie Mae y Víctor avanzaron desmañadamente tras ellas; con torpeza, Víctor se chocaba contra Dixie Mae mientras bajaban. El fondo del foso no se parecía a nada de lo que habían visto antes. No había ventanas ni cerraduras con tarjeta. Y, ya más cerca, Dixie Mae observó que la puerta estilo bóveda estaba agujereada y raspada.
    —Están mezclando metáforas —dijo la del talismán—. La entrada parece más antigua que el foso.
    —Parece tan antigua como las colinas —dijo Dixie Mae, pasando la mano por el metal desparejo y esperando a medias palpar unas runas extravagantes—. Alguien está tratando de dejarnos pistas… o es un gran sádico. ¿Qué hacemos entonces? ¿Darle un golpe mágico?
    — ¿Por qué no? —Las dos Ellens cogieron el ajado e-mail y lo apoyaron sobre el metal de la puerta. Estudiaron los encabezados del mensaje un minuto, mascullándose cosas. La del talismán dio un golpecito en el metal, luego empujó.
    —Juntas —dijeron, y golpearon al azar, pero en perfecta sincronía.

    El efecto fue el que se podría esperar de golpetear diez toneladas de acero muerto con la punta de los dedos.

    La del talismán le devolvió el e-mail a Dixie Mae.

    —Intenta algo tú.

    ¿Pero qué? Dixie Mae se acercó a la puerta. Se quedó allí parada, desorientada. Hacia un costado, casi escondido por la curva de la puerta de metal, Víctor le estaba dando la espalda.

    Tenía el bloc de notas.

    — ¡Eh! —Ella lo empujó contra un lado del foso. Víctor la alejó de un empellón, pero para entonces las Ellens ya estaban sobre él. Hubo un revoltijo enloquecido, mientras las gemelas trataban de hacerle las mismas cosas a Víctor. Tal vez eso lo confundió. En todo caso, Dixie Mae tuvo la oportunidad de regresar y darle un puñetazo en la cara.
    — ¡Ya lo tengo! —de un salto, una de las gemelas se apartó de la pelea. Tenía el bloc de notas en la mano.

    Se separaron de Víctor. No iba a recuperar su bloc de notas.

    —Entonces, Ellen —dijo Dixie Mae, sin apartar los ojos de la figura despatarrada en el suelo— ¿cuál era el tercer método para espiarnos?
    —Creo que ya lo has adivinado. Gerry podría convencer a algún idiota para insertarse en el ordenador como soplón —estaba mirando la pantalla del bloc de notas por encima del hombro de su gemela.

    Víctor se levantó. Por un momento pareció ofendido, y luego su vieja sonrisa de superioridad volvió a colarse en sus rasgos.

    —Estáis locas. Yo sólo quiero revelar esta historia al mundo real. ¿No os parece que, si Reich necesitara usar espías, simplemente se introduciría a sí mismo?
    —Depende.

    La que tenía el bloc de notas leyó en voz alta:

    —Acabas de teclear «925 999 994 lo saben. Reiniciar». No me suena a periodismo, Víctor.
    —Eh, le estaba poniendo dramatismo. —Pensó por un segundo y luego rio—. ¡Ya no me importa! Logré enviar la advertencia. No recordaréis nada de esto después que os hayan reiniciado.

    Dixie Mae se acercó a él.

    —Y tú no recordarás que te rompí el cuello.

    Víctor intentó una expresión afable, pero al mismo tiempo saltó hacia atrás.

    —De hecho, sí lo recordaré, Dixie Mae. Verás… una vez que hayas desaparecido, volverán a fusionarme con mi cuerpo, en el laboratorio del Doc Reich.
    — ¡Y nosotras estaremos muertas de nuevo!

    Ellen levantó el bloc de notas.

    —Tal vez no tan pronto como piensas Víctor. Veo que nunca llegó a escribir más que la primera línea de su mensaje, y no oprimió el enter. Ahora bien, dependiendo de la fidelidad con que estén emulando este antiguo hardware del bloc de notas, su traición sigue atrapada en una caché local… y Reich sigue sin tener indicios de nosotros.

    Por un instante, Víctor pareció preocupado. Luego se encogió de hombros.

    —Entonces lograréis vivir el resto de este ciclo y tal vez corromper algunos otros proyectos… proyectos que son mucho más importantes que vosotras. Por otro lado, yo ya estoy enterado de lo del e-mail. Cuando regrese y se lo cuente al Doc Reich, él sabrá qué hacer. De aquí en adelante no haréis más fechorías.

    Todos quedaron callados un segundo. El viento silbaba a lo ancho del cielo azul amarillento, por encima del foso.

    Y entonces las gemelas le sonrieron a Víctor, la misma clase de sonrisa que él les había obsequiado tantas veces. La del talismán dijo:

    —Creo que tu boca es más inteligente que tú, Víctor. Hace un segundo formulaste la pregunta correcta: ¿Por qué Gerry Reich no se ejecuta a sí mismo para hacer de espía? ¿Por qué tiene que usarte a ti?
    —Bueno —Víctor frunció el ceño—. Eh, el Doc Reich es un tío importante. No tiene tiempo que perder en tareas de seguridad como estas.
    — ¿De verdad, Víctor? ¿Ni siquiera puede mal-gastar una sola copia de sí mismo?

    Dixie Mae comprendió a qué apuntaba. Se cerró sobre Víctor.

    — ¿Cuántas veces te has vuelto a fusionar con tu yo original?
    — ¡Es la primera vez que vengo! —Todos rieron menos Víctor, y él se apresuró a decir—: ¡Pero he visto cómo se hace la fusión!
    — ¿Y entonces por qué Reich no lo hace con nosotras?
    —La fusión es muy cara para desperdiciarla en secuencias de trabajo como vosotras —pero ahora Víctor ya no se convencía ni a sí mismo.

    Las Ellens volvieron a reír.

    — ¿De verdad te has graduado en periodismo en la UCLA, Víctor? Pensé que eras más inteligente. ¿Así que Gerry te mostró una fusión, no? Seguro que lo que viste en realidad fueron un montón de equipos y un tío sufriendo unas convulsiones muy impresionantes. Y luego el «sujeto» te contó una bonita historia sobre todas las cosas que había visto en nuestro pequeño mundo programado. Y todo el tiempo se estuvieron riendo de ti por lo bajo. Mira, la teoría de digitalización de la personalidad de Reich depende del tener un destinatario completamente regular. Yo conozco esa teoría: el problema de la fusión… de regrabar una personalidad en una mente ya existente… es exponencial con respecto a la cantidad de neuronas. No hay retorno, Víctor.

    Víctor estaba retrocediendo. Su expresión pasaba de una desdeñosa mueca de superioridad al pánico liso y llano.

    —Lo que pensáis no tiene importancia. Es muy simple: seréis reiniciadas a las cinco de la tarde. Y no lo sabéis todo —comenzó a juguetear con la cremallera de la bragueta de sus pantalones—. Mirad… yo… ¡puedo escapar!
    — ¡Atrápalo!

    Dixie Mae era la que estaba más cerca. No le sirvió de nada.

    No hubo ningún resplandor brumoso, ningún chasquido súbito. Ella simplemente cayó, atravesando el aire vacío que estaba exactamente donde había estado Víctor.

    Dixie Mae se levantó y clavó la mirada en el suelo. Unas huellas tiznadas eran la única señal que de Víctor había estado allí. Miró a las gemelas.

    — ¿Así que pudo fusionarse, después de todo?
    —No es probable —dijo la del talismán—. Puede que la cremallera de Víctor sea un comando de auto-apagado.
    — ¿La cremallera de sus pantalones?

    Las otras se encogieron de hombros.

    —No lo sé. ¿Para escurrirse? 9 Gerry tiene un sentido del humor perverso —pero a ninguna de las gemelas les parecía divertido. Rodearon el sitio en donde Víctor había desaparecido y patearon la tierra con amargura. La del talismán dijo:
    —Joder. Nada en la vida de Víctor le sentó mejor que abandonarla. Ahora no creo que tengamos ni siquiera hasta las cinco de la tarde. Una señal de interrupción de comando es justo la clase de cosa que sería fácil de detectar desde fuera. Así que Gerry no sabrá los detalles, pero él…
    —… o su equipo…
    —… pronto sabrán que hay un problema y…
    —… que probablemente sea un problema de seguridad.
    — ¿Entonces cuánto tenemos antes de que perdamos el día? —dijo Dixie Mae.
    —Si el reinicio de emergencia debe hacerse manualmente, probablemente lleguemos primero a las 5 PM. Si es automático, bueno, sé que no te ofenderás si el mundo se termina en medio de una sílaba.
    —Sea cuanto sea, voy a aprovechar el tiempo —Dixie Mae recogió el e-mail de donde estaba tirado, junto a la entrada de la bóveda. Agitó el papel frente al acero imperturbable—. ¡No voy a regresar! ¡Estoy aquí y quiero explicaciones!

    Nada.

    Las dos Ellens estaban quietas, sin ideas y con cara de infelicidad… o tal vez ambas cosas eran la misma.

    —No me daré por vencida —les dijo Dixie Mae, y le dio un puñetazo al metal.
    —No, creo que no lo harás —dijo la del talismán. Pero ahora la miraban con una expresión extraña—. Creo que no es la primera vez que nosotras… o al menos tú… pasamos por esto.
    —Sí. Y yo debo de haberlo echado a perder todas las veces.
    —No, no lo creo —señalaron al e-mail arrugado que ella tenía en la mano—. ¿De dónde piensass que salen todos esos horribles secretos, Dixie Mae?
    — ¿Cómo demonios voy a saberlo? Justamente, esa es la razón por la que yo… —Y entonces se sintió inteligente y estúpida al mismo tiempo. Apoyó la cabeza contra el metal sombrío—. Oh. ¡Oh, oh, oh!

    Miró la copia impresa del e-mail. La parte inferior estaba rota, manchada, casi ilegible. No importaba; había memorizado esa parte. Las Ellens habían revisado los encabezados uno por uno. Pero ahora no deberíamos estar buscando secretos técnicos o chistes internos de los estudiantes de postgrado. Tal vez deberíamos estar buscando números que significaran algo para Dixie Mae Leigh.

    —Si hubiera almas digitalizadas guardando la puerta, lo que vosotras dos ya habéis hecho debería haber bastado. Creo que tenéis razón. Es una secuencia de golpeteos que se supone que yo debo aplicar sobre la puerta—. Si no funcionaba, intentaría alguna otra cosa, y seguiría intentando hasta las cinco o hasta que de pronto apareciera de nuevo en el Edificio 0994, feliz de tener un empleo con tanto potencial…

    La casa del árbol de Tarzana. En ese entonces, a Dixie Mae le interesaban los códigos secretos. Su idea pueril de la criptografía. Ella y sus amiguitas usaban un código de golpeteos para enviar números. No había durado mucho, porque Dixie Mae era la única que tenía la paciencia de usarlo. Pero…

    —Este número, «7474» —dijo.
    — ¿Sí? ¿Justo en el medio del falso número de mensaje?
    —Sí. Alguna vez lo usé para pedir contraseña. Ya sabéis, como « ¿Quién anda ahí?» en los juegos de combate. El resto de la línea de comando podría ser la respuesta.

    Las Ellens se miraron.

    —Parece muy corto para ser significativo —dijeron.

    Luego ambas menearon la cabeza, en desacuerdo consigo mismas.

    —Inténtalo, Dixie Mae.

    Su antiguo esquema de «números a golpeteos» era sencillo, pero por un momento no pudo recordarlo. Apoyó el papel contra la bóveda y miró los números intensamente. Ah. Con mucho, mucho cuidado, comenzó a golpetear los dígitos que estaban a continuación del «7474». La línea de comando era mucho más larga que cualquier cosa que sus amigas de la infancia hubieran podido manejar. Era más largo que cualquier cosa que ella misma hubiera usado.

    —Genial —dijo la del talismán—. ¿Una especie de código Gray 10 en hexadecimal?

    ¿Eh?

    — ¿Qué esperabas, Ellen? Yo sólo tenía ocho años.

    Observaron la puerta.

    Nada.

    —Muy bien, pasemos al Plan B. —Y luego al C y al D y al E, etc., hasta que se nos acabe el tiempo.

    Hubo un sonido de algo muy viejo rompiéndose. La puerta de la bóveda se deslizó bajo la mano de Dixie Mae y ella saltó hacia atrás. Lentamente, la puerta curva giró y giró y giró. Después de unos segundos, la tapa de metal cayó al suelo con un golpe seco, junto a la entrada… y ellas miraron hacia abajo, al corredor que se extendía hasta quedar sumido en las profundidades.

    Durante los primeros doscientos metros, no encontraron a nadie en casa. La decoración interior no era la típica de LotsaTech. Los cálidos paneles de pino y la iluminación indirecta habían desaparecido. Aquí los tubos fluorescentes estaban montados en el techo de paneles acústicos y las paredes eran de un beige institucional.

    —Esto me recuerda a los laboratorios del sótano del Normal Hall —dijo una Ellen.
    —Pero en el Norman Hall hay gente —dijo la otra. Ambas hablaban en susurros.

    Y entonces aparecieron unas escaleras que sólo conducían abajo. Y abajo y más abajo.

    Dixie Mae dijo:

    — ¿No tenéis la sensación de que, quienquiera que esté aquí, se quedará por mucho tiempo?
    — ¿Eh?
    —Bueno, los calificadores del E0999 se quedaban allí un día y pensaban que realmente disponían de acceso telefónico al exterior. Mi grupo de Atención al Cliente tenía seis días de clases y luego, probablemente, un solo día más en el que respondíamos consultas… y no teníamos otro contacto con el exterior.
    —Sí —dijo Ellen ANS—. Mi grupo ya había trabajado un mes, y es posible que no fuéramos a expirar hasta dentro de dos más. Estábamos oficialmente aislados. Sin teléfonos, sin e-mails, sin fines de semana libres. Cuanto más larga la duración del ciclo, más aislamiento. De lo contrario, los pobres idiotas podrían descubrirlo todo.

    Dixie Mae lo pensó un segundo.

    —Víctor no quería que llegáramos tan lejos, de verdad. Tal vez… —Tal vez, de alguna manera, podamos marcar una diferencia.

    Pasaron un cruce de corredores, luego otro. Una puerta a medio abrir les dejó ver un aparente dormitorio. Había sábanas limpias, pulcramente dobladas sobre un colchón. ¿Alguien acababa de mudarse?

    Más adelante había otra puerta, y al otro lado se oían voces, una discusión. Siguieron avanzando con sigilo, sin un murmullo.

    Las voces formaban palabras:

    — ¿… un año es tiempo suficiente, Rob?

    El otro interlocutor sonaba enojado.

    —Bueno, tiene que serlo. Después de todo, a Gerry se le ha acabado el dinero y a mí el tiempo.

    Cuando Dixie Mae hizo ademán de abrir la puerta, las Ellens la hicieron retroceder con un gesto. Tal vez querían seguir escuchando un rato. ¿Pero cuánto falta para que se nos termine el tiempo? Dixie Mae pasó junto a ellas y entró en la habitación.

    Había dos tíos allí, uno sentado junto a una pantalla de datos común y corriente.

    — ¡Dios! ¿Quién eres tú?
    —Dixie Mae Leigh —como seguramente ya sabes.

    El que estaba junto al terminal le dedicó una amplia sonrisa.

    —Rob, pensé que estábamos aislados.
    —Eso es lo que dijo Gerry —este otro… ¿Rob Lusk?… parecía tener cerca de treinta años. Era alto y delgado, y daba un poco la impresión de estar desesperado—. Muy bien, Señorita Leigh. ¿A qué ha venido?
    —Eso es lo que tú vas a decirme, Rob —Dixie Mae sacó el e-mail del bolsillo y le sacudió el manoseado pedazo de papel en la cara—. ¡Quiero explicaciones!

    La expresión de Rob se ensombreció: una mirada de «nadie me va a decir lo que tengo que hacer».

    Dixie Mae lo miró echando fuego por los ojos. Rob Lusk era un ácaro demasiado grande para tumbar de un puñetazo, pero igualmente ella estaba precalentando para hacerlo.

    Las gemelas escogieron ese momento para hacer su entrada.

    —Hola —dijo una de ellas alegremente.

    Los ojos de Lusk fueron de una a la otra, y luego se clavaron en el distintivo identificativo de la Agencia Nacional de Seguridad.

    —Hola. Te he visto en el departamento. ¿Eres Ellen… eh… Gómez?
    —García —lo corrigió Ellen ANS—. Sí. Esa soy yo —palmeó a Ellen Calificadora en el hombro—. Esta es mi hermana Sonya—. Miró a Dixie Mae. Sígueme la corriente, parecían decir sus ojos—. Nos envió Gerry.
    — ¿En serio? —El tío junto al monitor del ordenador estaba sonriendo todavía más—. ¿Ves, Rob? Te lo dije. Gerry puede ser un bruto, pero nunca nos dejaría sin asistentes durante todo un año. ¡Bienvenidas, chicas!
    —Cállate, Danny —Rob las miró esperanzado, pero, a diferencia del simpático de Danny, parecía bastante serio—. ¿Gerry os ha dicho que este será un proyecto de un año de duración?

    Las tres asintieron.

    —Tenemos abundantes habitaciones con literas e instalaciones… eh… separadas. —Parecía… por Dios, parecía abochornado—. ¿Cuáles son vuestras especialidades?

    La del talismán dijo:

    —Sonya y yo somos graduadas de segundo año y trabajamos en patrones cognitivos.

    Algo de la esperanza desapareció de la expresión de Rob.

    —Sé que ese es el gran tema de Gerry, pero aquí estamos haciendo principalmente hardware —miró a Dixie Mae.
    —Yo me dedico a… —vamos, díselo—…los condensados de Bose —bueno, al menos sabía pronunciar las palabras.

    Hubo miradas preocupadas de parte de las Ellens. Pero una de ellas chilló:

    —Ella está en el equipo de Satya, en el Georgia Tech.

    Fue maravilloso ver lo bien que le sentó la sonrisa a la cara de Rob. Su expresión de enfado de un minuto antes se transformó en el rostro de un chiquillo feliz camino a Disneylandia.

    — ¿De verdad? ¡No puedo explicaros lo que eso significa para nosotros! Sabía que tenía que haber alguien como Satya detrás de las nuevas formulaciones. ¿Tuviste algo que ver con eso?
    —Oh, sí. Con una parte, al menos —Dixie Mae imaginó que no podría decir más de veinte palabras sin arruinarlo todo. Pero al diablo… ¿cuántos minutos más tenía que durar la farsa, de todos modos? El pequeño Víctor y su orden de auto-apagado.
    —Grandioso. No tenemos presupuesto para adquirir verdadero equipamiento, sólo simuladores…

    Por el rabillo del ojo, Dixie Mae vio que las Ellens se intercambiaban miradas de «Sí, claro».

    —… de modo que cualquiera que pueda explicarme la teoría será especialmente bienvenido. No puedo imaginarme cómo se las habrá ingeniado Satya para hacer tanto y tan rápido, y sin que nosotros lo supiéramos.
    —Bueno, será un placer explicaros todo lo que sé del tema.

    Rob le hizo un gesto a Danny para que se apartara del monitor de datos.

    —Siéntate, siéntate. ¡Tengo tantas preguntas que hacerte!

    Dixie Mae se paseó, despreocupada, hasta el escritorio y se sentó pesadamente. Durante unos treinta segundos, tal vez, este tío pensaría que ella era brillante.

    Las Ellens cerraron filas para salvarla.

    —En realidad, me gustaría saber más de la gente con quien estaremos trabajando —dijo una de ellas.

    Rob levantó la vista, distraído, pero Danny estaba más que feliz de hacer algunas presentaciones.

    —Somos sólo nosotros dos. Ya conocéis a Rob Lusk. Yo soy Dan Eastland —extendió el brazo, estrechándoles las manos afablemente—. No pertenezco a la UCLA. Trabajo para LotsaTech en química cuántica. Pero ya sabéis como es Gerry Reich. Tiene influencias en todos lados… y no me molesta quedarme secuestrado un año. Necesito… eh… desaparecer de vista por un tiempo.
    — ¡Oh! —Dixie Mae había leído sobre este tío en el Newsweek. Y no tenía nada que ver con la química—. Pero tú estás… —Muerto. No era una buena señal en absoluto, en absoluto.

    Danny no advirtió la distracción.

    —Rob es el que tiene verdaderos problemas. Desde que puedo recordar, Gerry ha usado a Rob como su departamento de investigación de hardware personal. Eh, lo siento, Rob. Sabes que es verdad.

    Lusk hizo un gesto con las manos.

    — ¡Sí! ¡Ahora diles por qué tú eres todavía más tonto! —Realmente quería volver a poner a Dixie Mae en la parrilla.

    Danny se encogió de hombros.

    —Pero ahora a Rob le falta apenas un año para cumplir su límite de siete años. ¿Hacen lo mismo en el Georgia Tech, Dixie Mae? ¿Si no completas el doctorado en siete años, te expulsan?
    —No, no puedo afirmar que me haya enterado de tal cosa
    —Da gracias entonces, porque desde el 2006 ha sido una regla inquebrantable de la UCLA. Así que cuando Gerry le habló a Rob del contrato secreto para desarrollo de hardware que tiene con Lotsa-Tech, y le prometió ese doctorado como compensación por algunos resultados nuevos, Rob se zambulló de cabeza.
    —Sí, Danny. Pero él nunca me dijo hasta dónde había llegado Satya. Si no puedo resolver este asunto, estoy jodido. ¡Ahora déjame hablar con Dixie Mae! —Se inclinó sobre el teclado e hizo aparecer un protector de pantalla de lo más hermoso. Luego Dixie Mae vio que había pequeños números en los contornos coloreados y se dio cuenta de que, tal vez, era esto en lo que se suponía que ella era experta. Rob dijo—: Tengo abundante documentación, Dixie Mae… demasiada. Si pudieras al menos darme una idea de cómo has hecho la escala de coherencia… —Le indicó la imagen con un gesto—. Esos son casi mil litros de condensado, un trillón de qubits efectivos. Y lo que es aún más fantástico: tu grupo puede mantener la coherencia durante casi cincuenta segundos cada vez.

    Ellen ANS lanzó un silbido de fingida sorpresa.

    —Vaya. ¿Qué uso le podrías dar a tanta potencia?

    Danny señaló el distintivo de Ellen.

    —Tú eres la tragalibros de la ANS, Ellen. ¿Qué piensass tú? ¡Criptografía, la frontera final de la supercomputación! Incluso con la forma más débil del algoritmo de Schor-Gershenfeld, Gerry puede descifrar una clave de diez kilobytes en menos de un milisegundo. Y seguro que es por eso que no puede dejarnos usar equipos de verdad en ningún momento. Está descifrando las claves y sorbiendo dinero del gobierno noche y día.

    Ellen Calificadora —es decir, Sonya— frunció los labios con expresión ingenua.

    — ¿Qué más quiere Gerry?

    Danny abrió los brazos.

    —Hay algo de eso que ni siquiera entendemos todavía. Otra parte es lo que se podría esperar: quiere mil veces más de todo. Quiere ampliar la operación con enlaces cuánticos de modo que pueda emplear conjuntos de recipientes de mil litros.
    —Y nosotros tenemos apenas un año para mejorar tus resultados, Dixie Mae. Pero tu solución está años adelantada a la vanguardia —Rob ya estaba suplicando.

    Los elocuentes modales de «impresionemos a las chicas» de Danny flaquearon. Por un instante, pareció un poco triste y avergonzado.

    —Conseguiremos algo, Rob. No te preocupes.
    — ¿Y cuánto tiempo has estado aquí, Rob? —dijo Dixie Mae.

    Él levantó la vista, quizás sorprendido por el tono de su voz.

    —Acabamos de comenzar. Es nuestro primer día.

    Ah, sí, el famoso primer día. En sus veinticuatro años, Dixie Mae ocasionalmente se había preguntado si podía existir una furia más intensa que la que ella sentía cuando veía la niebla roja y comenzaba a romper cosas. Hasta hoy, nunca lo había sabido. Pero sí: más allá de la frenética todo-lo-rompe existía algo más. No derribó la pantalla de la mesa ni enterró un puño en la cara de nadie. Sólo se quedó sentada por un momento, sintiéndose vacía. Miró a las gemelas.

    —Quería encontrar villanos, pero estos tíos también son víctimas. Peor aún: ¡están completa-mente en la luna! Estamos de nuevo donde comenzamos esta mañana—. En donde muy pronto estaremos otra vez.
    —Mmm. Tal vez no —hablando juntas, las gemelas sonaban como una especie de coro perfecto. Miraron alrededor, examinando la decoración. Luego sus miradas volvieron de golpe a Rob—. Uno pensaría que LotsaTech puede ofrecerte algo mejor que esto, Rob.

    Lusk no apartaba la vista de Dixie Mae. Se encogió de hombros, enojado.

    —Este es el viejo laboratorio de Seguridad Interior que está debajo del Norman Hall. No os preocupéis… estamos aislados, pero tenemos un buenos laboratorios y servicios informáticos.
    —Seguro que sí. ¿Y cuál es la fecha de inicio de vuestro trabajo?
    —Ya os lo dije: hoy.
    —No, me refiero a la fecha del calendario.

    Danny miró alternativamente a una y otra.

    —Bueno, ¿todas vosotras tenéis mentes tan literales? Es lunes 12 de septiembre de 2011.

    Nueve meses. Nueve meses reales. Y quizás había una buena razón para que hoy fuese el primer día. Dixie Mae extendió el brazo para tocar la manga de Rob.

    —No fueron los del Georgia Tech los que inventaron el nuevo hardware —dijo suavemente.
    — ¿Entonces quién fue el que logró la innovación?

    Ella levantó la mano… y deliberadamente le dio a Rob un golpecito en el pecho.

    Rob sólo pareció enfadarse más, pero Danny abrió grandes los ojos. Danny había entendido. Ella recordaba ese artículo del Newsweek sobre él. Danny Eastland siempre había sido un chico talentoso. Había dado la alerta sobre el mayor caso de espionaje empresarial de la década. Pero, en algunos aspectos, era un cabeza de chorlito. Si no hubiera estado tan ansioso por acostarse con mujeres, no se les habría escabullido a sus guarda-espaldas del servicio de Protección de Testigos y no lo habrían asesinado.

    —Muchachos, vosotros estáis demasiado inmersos en el hardware —dijo Ellen ANS—. Olvidad las aplicaciones criptográficas. Pensad en las personalidades digitalizadas. Partiendo de lo que sabéis sobre el hardware actual de Gerry, ¿cuántas digitalizaciones de personalidad, según el Método Reich, pensáis que podría sustentar el condensado?
    — ¿Yo qué sé? El «Método Reich» eran patrañas. Si él no hubiese estado conchabado con el revisor, esos artículos nunca se habrían publicado —pero la pregunta lo detuvo. Pensó por un momento—. Está bien, si su falso método funcionara realmente, una simulación de un trillón de qubits podría sustentar alrededor de diez mil personalidades digitalizadas.

    Las Ellens le dedicaron una lenta sonrisa. Una lenta e idéntica sonrisa. Por una vez, no se esforzaron en separar sus identidades. Sus palabras salieron simultáneamente, al mismo ritmo, en el mismo tono, un coro que tarareaba de modo extraño:

    —Oh, bastante menos de diez mil… si además tienes que sustentar una realidad decente que las contenga —ambas extendieron la mano izquierda con una precisión inhumanamente sincronizada, la precisión de los dobles digitales, para hacer un gesto que abarcaba la habitación y el corredor que estaba más allá—. Desde luego, se pueden ahorrar algunos recursos si se usa el mismo patrón básico para ejecutar diferentes líneas de comando —y se señalaron a sí mismas.

    Ambos hombres las miraron fijamente un instante. Luego Rob se echó sobre la otra silla.

    —Oh… Dios… mío…

    Danny las miró unos segundos más.

    —Todos estos años estuvimos pensando que las teorías de Gerry no eran más que un fraude muy brillante.

    Las Ellens cerraron los ojos un momento. Luego parecieron despertar, sobresaltadas. Se miraron y Dixie Mae advirtió que la sincronización perfecta se había roto. Ellen ANS cogió la moneda de dólar de su bolsillo y se la entregó a la otra Ellen. La que ahora tenía el talismán le sonrió a Rob.

    —Oh, y lo era… aunque mucho más brillante y mucho más fraudulento de lo que jamás hayas soñado.
    —Me pregunto si Danny y yo alguna vez logramos descubrirlo.
    —Alguien lo descubrió —dijo Dixie Mae, y agitó lo que quedaba del e-mail.

    La del talismán fue más específica.

    —Gerry está haciéndonos funcionar a todos como servidores sin memoria de estado. Algunos tenemos ciclos muy cortos. Pensamos que vosotros estáis en un ciclo de un año; probablemente, funcionáis más tiempo que cualquiera. Estáis haciendo los descubrimientos que permiten que Gerry cree sistemas cada vez más grandes.
    —Está bien —dijo Lusk— supongamos que una de las víctimas adivina el secreto. ¿Qué podemos hacer? Nos reiniciarán al final del ciclo y punto.

    Danny Eastland fue más rápido.

    —Hay algo que sí podemos hacer. Tiene que haber información que pase de un ciclo a otro, al menos si Gerry está usándonos a ti y a mí para ir construyendo sobre soluciones anteriores. Si en esos datos pudiéramos esconder lo que secretamente hemos descubierto…

    Las gemelas sonrieron.

    — ¡Exacto! Cookies. Si pudierais recuperarlas fielmente, entonces, en cada ciclo, podríais planear contraataques cada vez más elaborados.

    Rob Lusk todavía estaba aturdido.

    —Querríamos dejar pistas que la próxima generación pudiera encontrar apenas comenzara su ciclo.
    —Sí, ¡por ejemplo, el primer día! —Danny estaba mirando a las tres mujeres y asintiendo para sí—. Sólo que aún no comprendo cómo nos las hemos ingeniado para hacerlo.

    Rob señaló el e-mail de Dixie Mae.

    — ¿Puedo echarle un vistazo? —Lo colocó sobre la mesa y él y Danny examinaron el menaje.

    La del talismán dijo:

    —Ese e-mail ha demostrado contener más pistas que una mala historia policial. Cada vez que nos atascamos, encontramos la siguiente solución escondida.
    —Tiene sentido —dijo Eastland—. Apuesto a que ha sido refinado a lo largo de muchos ciclos…
    —Pero puede que tengamos un problema especial esta vez —y Dixie Mae les contó lo de Víctor.
    —Maldición —dijo Danny.

    Rob se limitó a encogerse de hombros.

    —No podemos hacer nada al respecto hasta que descifremos esto —él y Danny estudiaron los encabezados. La Ellen del talismán les explicó las partes que ya habían sido de utilidad. Finalmente, Rob se recostó en la silla—. El segundo encabezado más largo se parece a los marcadores de uno de los archivos de datos en bruto que nos dio Gerry.
    —Sí —cantaron las gemelas—. Lo que, en realidad, es vuestra propia investigación proveniente del ciclo anterior.
    —La mayoría de los archivos tienen que ser lo que Gerry espera, pues de lo contrario nos descubriría. Pero ese único archivo de datos en bruto… suponed que en realidad sea una cookie. Entonces el encabezado del e-mail puede ser una clave criptográfica.

    Danny negó con la cabeza.

    —No es creíble, Rob. Gerry podría hacer el mismo análisis.

    La del talismán rio.

    —Solamente si supiera qué analizar. Tal vez es por eso que nos enviasteis la señal a nosotras. El mensaje le llega a Dixie Mae, una persona no relacionada con vosotros, que está en una parte no relacionada de la simulación.
    — ¿Pero cómo lo hicimos la primera vez?

    Rob no parecía estar prestando atención. Estaba tecleando algo en la línea de comando del encabezado, en el e-mail de Dixie Mae.

    —Intentémoslo con el archivo de datos… —Hizo una pausa, verificó lo que acababa de teclear y oprimió enter.

    Todos se quedaron mirando la pantalla. Pasaron los segundos. Las Ellens charlaban entre ellas. Parecía preocuparles el hecho de ejecutar cualquier clase de programa de texto; al igual que el bloc de notas de Víctor, podrían ser legibles para el mundo exterior.

    —Es un riesgo real, a menos que los Robs anteriores conocieran la estrategia de la caché.

    Dixie Mae las escuchaba a medias. Si esto llegaba a funcionar, sería una demostración bastante buena de que los Robs y Dannys anteriores habían hecho las cosas bien. Si esto llegaba a funcionar. Incluso después de todo lo que había sucedido, incluso después de haber visto a Víctor desaparecer en el aire, Dixie Mae seguía sintiéndose como una niñita a la espera de una magia en la que no creía del todo.

    Danny lanzó una carcajada nerviosa.

    — ¿Qué tamaño tiene esta cookie?

    Rob apoyó los codos sobre la mesa.

    —Sí. ¿Cuántas veces he vivido este desesperante séptimo año? —Había impaciencia en su voz. Uno podía imaginárselo tironeando de alguno de esos cubos de la muerte que las Ellens habían descrito.

    Y entonces la pantalla se puso a refulgir. Letras doradas marchando a lo ancho de un dibujo fractal negro y carmesí: « ¡Hola, mis imbéciles colegas! Bienvenidos al ciclo 1.237 de vuestras vidas».

    Al principio, Danny se rehusó a creer que habían pasado 1.236 años en la noria de Gerry. Rob se encogió de hombros.

    —Yo sí lo creo. Siempre le dije a Gerry que el verdadero progreso llevaba más tiempo que la elaboración de las teorías. Así que el muy cabrón me dio… todo el tiempo del mundo.

    La cookie tenía casi un millón de megabytes de largo. Gran parte de ella eran descripciones detalladlas de trampas, puertas traseras y software secreto que corroían el diseño que Rob y Danny habían creado para Gerry Reich. Pero también había miles de megabytes de historia y táctica, elaborados artesanalmente e hipervinculados a lo largo de más de mil años simulados. La mayoría era obra de Danny y Rob, pero había palabras de Ellen, y de la otra Ellen, y de Dixie Mae, capturadas en esas horas fugaces que habían pasado con Rob y Danny. Era sabiduría acumulada gota a gota, trabajosamente, a lo largo de ciclos casi idénticos. Como tal, constituía su pasado y también su futuro cercano.

    Incluso contenía especulaciones sobre la época anterior a la que Rob y Danny hubieran hecho funcionar el sistema de cookies: esos ciclos de los comienzos debían de haber sido en el verano del 2011, cuando había una sola personalidad digitalizada, la de Rob Lusk. Por aquel entonces, el mejor hardware del mundo no habría podido sustentar más que a un solo Rob, dentro del equivalente a un apartamento de una sola habitación, con un teclado y un monitor. Puede que él hubiera adivinado la verdad, pero así y todo, ¿qué habría podido hacer al respecto? En aquella época, las cookies debían de ser mucho más difíciles de pasar. Pero el hardware de Rob fue mejorando de ciclo en ciclo, conforme Gerry Reich lo construía basándose en las genialidades anteriores del propio Rob. Danny se incorporó a bordo. El primer intento exitoso de ambos con las cookies debió de ser una más de tantas puñaladas ciegas en la oscuridad, durante la última noche de otro año en el que Rob no había logrado cumplir con sus plazos y pensaba que se quedaría para siempre sin su doctorado, mientras lanzaban teorías al aire, borrachos. Habían puesto un mensaje obsceno en el sistema de correo electrónico interno, utilizado para sus comunicaciones «mensuales» con Reich. La dirección que habían usado para el envío de ese mensaje fortuito era… ayuda@lotsatech.com.

    En el mundo real, eso debía de haber ocurrido aproximadamente el 15 de junio de 2012. ¿Por qué? Bueno, porque al comienzo de su siguiente ciclo, ¿adivináis quién apareció?

    Dixie Mae Leigh. Más furiosa que el diablo.

    El mensaje había aterrizado en la lista de tareas de Dixie Mae, y ella se había sentido lo bastante insultada como para salir a arrasar el campus. Dixie Mae había pasado todo el día rebotando de edificio en edificio, principalmente ganándose enemigos. Ni siquiera Ellen ni Ellen se habían avenido a acompañarla. Por otro lado, en los primeros ciclos del comienzo, la realidad del paisaje era más sencilla. Dixie Mae había logrado llegar al cubil de Rob directamente por el sendero de asfalto.

    Danny echó un vistazo a Dixie Mae.

    —Y no podemos imaginar cuántas veces no habrás visto jamás ese e-mail, o habrás decidido que esas obscenidades enviadas al azar no estaban dirigidas a ti, o sencillamente habrás caminado en la dirección equivocada. Finalmente, un día diste en el clavo por pura suerte.
    —Puede ser. Pero no soporto que me insulten, y voy a por el máximo responsable.

    Rob los hizo callar con un gesto, sin apartar la vista del archivo de la cookie: después del primer éxito, Rob y Danny habían ido ajustando el e-mail; finamente, habían aprendido más, de boca de Dixie Mae, acerca de quiénes estaban en los otros edificios de la colina y de qué manera —al igual que las Ellens— podían ser de utilidad.

    — ¡Víctor! —Rob y las gemelas vieron la referencia al mismo tiempo. Rob detuvo el desplazamiento de página automático y estudiaron el párrafo—. Sí. Hemos visto a Víctor antes. Y, hace cinco ciclos, logró llegar tan lejos como esta vez. Y también mató a su proceso —Rob siguió un enlace que decía «encargarse de Víctor»—. Oh. Muy bien, Danny, tendremos que pulir los archivos de historial…

    Se quedaron casi tres horas más. Demasiado tiempo quizás, pero Rob y Danny querían escuchar todo lo que las Ellens y Dixie Mae podían decirles sobre la simulación y sobre las otras personas que habían visto. El historial de la cookie mostraba que las cosas siempre estaban cambiando, volviéndose cada vez más elaboradas, involucrando cada vez más usos redituables de la gente que Gerry había digitalizado.

    Y todos ellos querían seguir hablando. Exceptuando al pobre de Danny, la cookie no decía nada de si ellos todavía existían afuera. En cierto modo, conocerse el uno al otro era lo único que los hacía reales.

    Dixie Mae se daba cuenta de que Danny lo sentía así, incluso aunque él se quejara:

    —No es seguro tener que contactar con gente no relacionada con nosotros y depender de ellos para que nos lleguen las noticias.
    —Entonces, Danny, ¿quieres que nosotras tres simplemente vivamos un ciclo tras otro y nunca sepamos la verdad?
    —No, Dixie Mae, pero esto también es peligroso para vosotras. A decir verdad, en la mayoría de vuestros ciclos seguís sin tener idea de nada—. Hizo un gesto hacia el historial—. Nosotros sólo os vemos una vez en cada uno de nuestros ciclos de «un año». S-supongo que esa es la mejor evidencia de que visitarnos es arriesgado.

    Las Ellens se inclinaron hacia delante.

    —Muy bien, entonces veamos cómo funcionarían las cosas sin nosotras —los cuatro revisaron los registros más antiguos del historial, discutiendo en una jerga que para Dixie Mae no significaba nada. Todo sumado al hecho de que cualquier pista local dejada en los datos de Rob sería fácil de detectar para Gerry Reich. Por otro lado, era posible introducir en el sistema de correo electrónico de la Intranet mucha capacidad de almacenaje que no se utilizaba y que era mucho más fácil de embozar porque las pistas se podían distribuir entre varios proyectos diferentes.

    Las Ellens sonrieron.

    —Entonces de verdad nos necesitáis, o al menos necesitáis a Dixie Mae. Pero no os preocupéis; nosotras os necesitamos a vosotros, y vosotros tenéis mucho que hacer durante el próximo año. Durante ese lapso, tendréis que lograr avances creíbles en lo que Gerry quiere. Habéis visto lo que es eso. Puede que vosotros, diseñadores de hardware, no lo advirtáis, pero… —Oprimió un enlace a la lista de «objetivos mínimos» que Reich había establecido para Rob y Danny—. El Profesor Reich os está solicitando mejoras en el sistema que faciliten la partición de proyectos. ¿Y veis esta cháchara sobre la decoherencia selectiva? ¿Alguna vez habéis oído hablar de la niebla cognitiva? Seguro que, con esta mejora, Reich realmente podría lograr una intrusión limitada en los cerebros digitalizados. Eso eliminaría las inconsistencias de fechas y de recuerdos. ¡Y entonces, quizás, ya ni siquiera podríamos reconocer la cookie!

    Danny miró la lista.

    — ¿Decoherencia controlada? —Oprimió el enlace y llegó a una extensa explicación—. No sabía qué era eso. Necesitamos hablar del tema.
    —Sí… ¡espera! Dos de nosotras seremos reiniciadas en… por Dios, treinta minutos —las Ellens se miraron y luego miraron a Dixie Mae.

    Danny pareció sufrir una conmoción, olvidando su análisis estratégico.

    —Pero una de las Ellens tiene un ciclo de tres meses. Podría quedarse.
    — ¡Maldición, Danny! Acabamos de ver que hay puntos de control en cada día simulado. Si el equipo de la ANS echara en falta a un miembro por un lapso mayor que ese, tendríamos un verdadero problema.
    —Tal vez —dijo Dixie Mae— deberíamos marcharnos todas, incluidas nosotras, las de corta vida. Si logramos regresar a nuestros edificios antes de ser reiniciadas podríamos guardar mejor las apariencias.
    —Sí, tienes razón. Lo siento —dijo Rob.

    Dixie Mae se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta. Regresar a Atención al Cliente era la única y última cosa que podía hacer para colaborar.

    Rob la detuvo.

    —Dixie Mae, sería útil que nos dejaras un mensaje para enviarte la próxima vez.

    Extrajo del bolsillo la estropeada copia del e-mail. Estaba rota y manchada en la parte inferior.

    —Debes de tener todo en la cookie.
    —Aun así, sería bueno conocer lo que tú crees que funcionará mejor para… captar tu atención. El historial dice que los detalles secundarios van cambiando gradualmente.

    Se puso de pie y le hizo una pequeña reverencia.

    —Bueno, está bien —Dixie Mae se sentó y lo pensó un segundo. Sí, incluso aunque no hubiese memorizado el mensaje, sabía cuáles eran la clase de insultos que dispararían su hostilidad. Esto no era exactamente como viajar en el tiempo, pero ahora estaba segura de quién era la persona que conocía todos sus terribles secretos, que sabía comportarse de manera absolutamente injuriosa—. Mi papá siempre decía que mi peor enemiga era yo misma.

    Rob y Danny las acompañaron a la puerta de la bóveda. Esto era completamente nuevo para los dos muchachos. Danny salió del foso a los trompicones y contempló las colinas que los rodeaban con ojos de insecto.

    — ¡Rob, podríamos ir hasta los demás edificios caminando! —Vaciló, luego regresó con los demás—. Y sí, lo sé. Si fuese tan fácil lo habríamos hecho antes. Tenemos que estudiar esa cookie, Rob.

    Rob se limitó a asentir. Parecía un poco triste; luego advirtió que Dixie Mae lo estaba mirando y le sonrió brevemente. Se quedaron un momento bajo la niebla del atardecer, escuchando el viento. El aire se había enfriado y ahora todo el foso estaba en sombras.

    Hora de marcharse.

    Dixie le ofreció a Rob su sonrisa y su mano.

    —Eh, Rob. No te preocupes. He pasado años tratando de convertirme en una persona más agradable, más sabia, menos terca. Nunca sucedió. Quizás nunca suceda. Supongo que eso es lo que necesitamos ahora.

    Rob cogió su mano.

    —Así es, pero no será una rueda sin fin… te lo juro. Estudiaremos esa cookie y diseñaremos algo mejor que lo que tenemos ahora.
    —Sí —sé tan terco como yo, amigo.

    Rob y Dan estrecharon las manos de todas, deseándoles buena suerte.

    —Bueno —dijo Danny— estaremos mejor sin vosotras. Rob, deberíamos cerrar la puerta y regresar. He visto algunas referencias en la cookie. Si a ellas las reinician antes de que lleguen a sus lugares, hay ciertas cosas que podemos hacer.
    —Si —dijo Rob. Pero ninguno de los dos se movió de la entrada inmediatamente. Dixie Mae y las gemelas salieron el pozo desmañadamente y caminaron hacia el asfalto. Cuando Dixie Mae miro atrás, los dos muchachos seguían allí parados. Los saludó con un pequeño movimiento de mano y luego ambos quedaron ocultos detrás del borde de la excavación.

    Las tres avanzaron pesadamente; las Ellens estaban un poco menos burbujeantes que de costumbre

    —No te preocupes —le dijo Ellen ANS a su gemela— en la línea temporal del E0994 aún nos quedan dos meses. Yo recordaré todo por las dos. Quizás hasta pueda hacerle algún bien a mi grupo.
    —Si —dijo la otra, también con voz triste. Luego, abruptamente, ambas lanzaron idénticas carcajadas y sonrieron—. Eh, se me acaba de ocurrir algo. Puede que siempre sea imposible volver a fusionarse de verdad con el propio cuerpo, pero lo que tenemos aquí es casi una especie de fusión digitalizada. Quizás, quizás… —Pero su última oportunidad en esta vuelta de la noria había terminado. Miraron a Dixie Mae y las tres estaban tristes de nuevo—. Ojalá tuviéramos más tiempo para pensar en cómo queremos que resulte todo esto. No será como en los cuentos de ciencia ficción, donde en cada ciclo despiertas lleno de presentimientos y de conocimiento subconsciente. Empezaremos desde cero.

    Dixie Mae asintió. Empezar desde cero, durante las decenas de ciclos que estaban por venir, en los que no habría nada después de esa primera semana en Atención al Cliente, y volver a aguantar al grosero de Víctor, y nunca saber. Y luego sonrió.

    —Pero cada vez que logramos llegar a Dan y Rob, dejamos un poquito más. Cada vez que ellos nos ven, tienen todo un año para pensar. Y todo sucede mil veces más rápido de lo que el viejo Gerry es capaz de pensar. Somos el verdadero monstruo de las galletas11. Y algún día… —Algún día iremos a por ti, Gerry. Y será antes de lo que imaginas.


    Fin



    1. LotsaTech suena como lots of tech, «mucha tecnología». El lema es LotsaTech is a lot of tech. (Nota de la traductora)
    2. El autor una vez más juega con la palabra Lotsa (lots of), «mucho», «un montón de». (N. de la t.)
    3. National Collegiate Athletic Association, entidad que organiza actividades deportivas en universidades de EE. UU. (N. de la t.)
    4. Personajes de El Mago de Oz, esclavizados por la malvada bruja del norte hasta que Dorothy los libera. (N. de la t.)
    5. Programa diseñado para transmitir datos en tiempo real a la WWCN (World Wide Conferencing Network). (N. de la t.)
    6. National Security Agency, Agencia Nacional de Seguridad. (N. de la t.)
    7. Otra referencia a El Mago de Oz. Kansas es el sitio de donde parte Dorothy. (N. de la t.)
    8. Literalmente, «escribir según el sonido» en chino mandarín. Por lo general, el término se refiere a un sistema de escritura fonética del chino en el que se utilizan caracteres romanos. (N. de la t.)
    9. Juego de palabras: leak es «escurrirse» y también «orinar». (N. de la t.)
    10. El Gray es un tipo de código basado en un sistema binario. Su principal característica es que 2 números sucesivos cualesquiera sólo varían en 1 bit. (N. de la t.)
    11. El autor juega con el doble significado de cookie. The Cookie Monster o «Monstruo de las Galletas» es un conocido personaje de Barrio Sésamo que todo lo devora. Al mismo tiempo, la expresión refiere al verdadero «monstruo de las cookies» (en el sentido informático) en el que se han convertido los personajes. (N. de la t.)



    El Autor

    Vernor Vinge (1944 en Waukesha, Wisconsin), creció en Okemos (Michigan). Ha obtenido un doctorado en matemáticas por la Universidad de San Diego (California) y, en la actualidad, es profesor asociado del Departamento de Matemáticas de dicha universidad. Sus intereses académicos se centran en la informática y trabaja en lenguajes extensibles, el análisis numérico y la inteligencia artificial.

    Viejo aficionado a la ciencia ficción, confiesa haber leído a Heinlein a los siete años y haber escrito como aficionado durante doce años hasta su primera venta, lograda cuando aún era estudiante en Michigan. Su primer relato, publicado en 1965, se titulaba Apartness y apareció en la revista inglesa New Worlds editada por Michael Moorcock. Bookworm Run apareció en marzo de 1966 en Analog, donde ha ido publicando la mayor parte de su obra.

    Su actividad profesional como científico le deja escaso tiempo para escribir, pero su apellido es famoso gracias a su ex esposa, Joan D. Vinge, a quien él mismo inició en el género. Quizá por ello la obra propia de Vernor Vinge ha sido poco conocida hasta ahora pese a su indudable calidad e interés. Vernor utiliza la ciencia como base y soporte de su narrativa y por ello ha sido etiquetado como un autor de ciencia ficción «hard», aunque su obra se orienta más claramente a profundizar en el proceso mental de los seres humanos, estudiando lo que puede ocurrir cuando la gente se enfrenta a acontecimientos inusuales.

    Pese a su escasa producción ha sido varias veces nominado para los premios mayores de la ciencia ficción tanto en novela como en relatos y novela corta. Sus novelas incluyen Grimm 's World (1969), The Witling (1976) y la serie de las «burbujas» iniciada con La guerra de la paz (1984), que fue finalista del premio Hugo de 1985, y su brillante secuela Náufragos del tiempo real (1986), que fue también finalista del premio Hugo de 1987 y al final se alzó con el Premio Prometheus otorgado por la CactusCon, la Convención Norteamericana de 1987. Dichas novelas aparecieron inicialmente en forma de serial en Analog a partir de mayo de 1984 y mayo de 1986 respectivamente.

    La novela corta True Names (1981) fue nominada para los premios Hugo y Nébula y, más recientemente, también fue finalista del premio Hugo su relato The Barbarían Príncess (1986). La mayoría de sus relatos se han recogido finalmente en la antología True Ñames and Other Dangers (1987).