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    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
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    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
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    P
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    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
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    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
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    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    LAS ALAS DE LA NOCHE (Lester Del Rey)

    Publicado el viernes, marzo 31, 2017
    —¡Malditos sean todos los marcianos! — los apretados labios de Fats Welch mordieron las palabras con la indignación del que se siente miembro ofendido de una raza superior.
    —Aquí nos encontramos, sobre la Luna, cargados con la mejor carga de iridio que salió nunca de un asteroide, y precisamente ahora el inyector empieza a fallar de nuevo. Si vuelvo a ver alguna vez a ese bulboso marciano...
    —Claro. — Slim Lane tanteó detrás suyo con su mano derecha buscando la llave inglesa de mango flexible, la encontró y empezó a retorcerse gimiendo hacia el interior de la complicada maraña de maquinaria.
    —Claro. Ya lo sé, lo harás papilla. ¿Te has parado nunca a pensar que quizá te buscas tus propios problemas? ¿No te das cuenta de que los marcianos quizás son gente como nosotros? Lyro Bachis te dijo que precisaba dos días para reparar el panel de control del inyector, y por lo tanto tú lo perseguiste a patadas por todo el espaciopuerto, llamaste a sus antepasados perros malditos, y le diste sólo ocho horas para terminar el trabajo. Y ahora esperas que el trabajo que realizó con tal premura resulte perfecto... ¡Oh, olvídalo, Fats, y pásame el destornillador!

    Slim se dijo a sí mismo que no servía de nada discutir. Había hablado de ello con Fats una docena de veces y nunca llegaron a un acuerdo. Fats era un buen astronauta, pero no podía extender su imaginación lo bastante lejos para olvidar las teorías perniciosas que el Imperio de la Reconstrucción Humana estaba utilizando en su propaganda respecto al Destino del Hombre y al Plan Divino en los que se decía que los humanos fueron creados para explotar a todas las demás razas. Tampoco le ayudaría mucho a Fats el que él tratase de convencerlo ahora. Slim conocía bien el valor del idealismo... ninguno mejor que él.

    Había salido de la Universidad dispuesto a combatir estas teorías y con una fortuna que heredó de sus padres suficiente para satisfacer las necesidades de tres hombres, pero inflamado con el viejo espíritu de un cruzado. Había escrito y publicado libros por su cuenta, pronunciado discursos, se había entrevistado con políticos y gobernantes y se hizo miembro y organizó diversas sociedades y por fin le habían llamado muchas cosas que no eran exactamente un cumplido. Ahora se ganaba la vida pilotando un carguero de Marte a la Tierra, del cual era propietario de una cuarta parte. Mientras que Fats, que había subido, desde mecánico de cohete-naves sin la ayuda de tantos ideales, poseía las otras tres cuartas partes de su nave.

    Fats lo contempló mientras salía del compartimiento de motores.

    —¿Bien?
    —Nada. No puedo arreglarlo. No conozco bastante de electrónica. Pasa algo raro con las conexiones que controlan el intervalo de tiempo del control, pero los indicadores no me dicen donde está la avería y no quiero dedicarme a hacer experimentos en este momento.
    —¿Crees que podremos llegar a la Tierra?

    Slim agitó la cabeza.

    —Lo dudo, Fats. Será mejor que aterricemos en algún lugar de la Luna, si puedes pilotarla hasta allí.
    —Quizá logremos hallar la avería antes de que se nos termine la reserva de aire.

    Fats ya se había dado cuenta de la situación e inició por su propia iniciativa la aceleración, luchando contra los espasmódicos impulsos de los tubos de propulsión y maldiciendo los efectos de la gravedad de la Luna que, con ser tan insignificante, perturbaba la aceleración de la astronave. A pesar de todo, las pantallas televisoras indicaban que se acercaban lentamente hacia el punto que había elegido para aterrizar. Una pequeña llanura lisa, en cuyo centro se destacaba una zona excepcionalmente limpia de piedras y cráteres.

    —En estos momentos desearía que hubieran instalado una estación de emergencia por estos lugares — murmuró.
    —En otro tiempo las hubo — le dijo Slim —. Pero hace ya mucho que nadie se acerca a la Luna, y no hay ninguna razón para que las naves de pasajeros aterricen aquí; le resulta más económico deslizarse sobre sus aletas a través de la atmósfera de la Tierra que descender con los chorros en la Luna. Ya sabes que de los cargueros como nosotros no se ocupa nadie. Es raro lo regular y liso que aparece este lugar. No puede tener más de una milla de diámetro y estamos a una altura de cosa de tres millas, y ni siquiera veo el impacto de un meteorito.
    —Estamos de vena, entonces. No me gustaría nada tropezar con un cráter superficial y perder un tubo o destrozar la cubierta exterior — Fats lanzó una mirada al altímetro de la radio-sonda y al indicador de descenso —. Creo que vamos a chocar bastante fuerte. Pero... ¡eh!, ¿qué demonios pasa?

    Slim miró la pantalla televisora precisamente a tiempo para ver como el área lisa que habían elegido se abría en dos partes deslizándose suavemente bajo ellos en el momento que estaban a punto de aterrizar. Luego se encontraron cayendo suavemente en una especie de cráter, cuyo fondo no se divisaba y cuyas paredes se iban ensanchando a medida que descendían. El rugido de los tubos de propulsión aumentó de volumen en una forma repentina. Por encima de ellos, las pantallas superiores mostraron un par de hojas deslizantes y translúcidas que se cerraban herméticamente en la superficie exterior. Sus ojos miraron el altímetro sin saber si creer en sus indicaciones o dudar de ellas.

    —¡Hemos descendido ciento sesenta millas y nos encontramos en una trampa! El sonido de los tubos de propulsión demuestra que existe aire en cierta cantidad, por lo menos en este lugar. Pero esa absurda trampa no puede existir. No hay ninguna razón para ello.
    —¿En estos momentos, quién se preocupa de esto?

    No podemos atravesar esas pantallas de nuevo, de manera que lo mejor será que bajemos hasta el fondo a ver qué pasa. Maldición, nadie sabe qué clase de campo de aterrizaje hallaremos cuando lleguemos al fondo. — La carencia de imaginación de Fats resultaba muy útil en casos como aquél. Concentrado completamente en la operación de descender por el enorme cráter como si se encontrase en el espaciopuerto de Nueva York, se hallaba demasiado ocupado con la avería de los tubos de propulsión para preocuparse de lo que encontrarían cuando llegasen al fondo. Slim lo miró con admiración, y luego volvió a concentrarse en la pantalla televisora, buscando alguna indicación que permitiera explicar la existencia de lo que evidentemente era una trampa artificial.


    Lhin escarbó perezosamente en la pila de sucios trozos de pizarra, sacó un delgado fragmento de piedra rojiza que le había pasado inadvertida en una primera exploración y se levantó lentamente. Los Seres Supremos habían sido buenos con él, enviándole un deslizamiento de tierras en el instante en que sus viejas minas superficiales se encontraban ya agotadas debido a los repetidos trabajos de explotación. Su sensible olfato le indicó la presencia de magnesio, material ferroso, y azufre en abundancia, minerales todos que le hacían mucha falta. Por supuesto que hubiera preferido encontrar un poco de cobre, aunque sólo fuera una partícula como la menor de sus uñas, pero de aquello no se veía ni rastro. Y sin el cobre...

    Descartó el pensamiento, como ya lo había hecho antes mil veces y recogió su tosco cesto de minero, ahora medio lleno con fragmentos de roca y terminó de llenarlo con los líquenes que cubrían las paredes del cráter. Con una de sus manos aplastó un pedazo de la casi deshecha roca juntamente con hilachas del liquen y se metió la mezcla en su boca. Volvió a dar las gracias a los Seres Supremos que le habían enviado el deslizamiento; el agradable gusto del magnesio acarició suavemente su lengua y los líquenes estaban impregnados con la fuerte presencia de los minerales en los que habían crecido. Ahora, con sólo un poquito de cobre no tendría nada más que desear.

    Sacudió con pena su larga y flexible cola y Lhin gruñó para volverse hacia su cueva, lanzando mecánicamente una mirada al techo movible del cráter. Allí arriba, a muchas millas de distancia, una brillante claridad atravesaba los paneles transparentes, difundiéndose al pasar a través de las capas de aire, anunciando que el largo día lunar llegaba a su cenit, cuando el sol caería directamente sobre la pequeña entrada protegida. Estaba aún demasiado alto para verlo, pero Lhin sabía donde la abertura cubierta empezaba, allí donde se unía con las inclinadas paredes del Gran Valle. Durante todos los milenios de la lenta derrota de su raza el gran techo se había mantenido, sin otro apoyo que las paredes del cráter que se tendían en un circulo de quizás cincuenta millas de diámetro, un techo más fuerte y más duradero quizás que el mismo cráter; el más alto monumento a la antigua grandeza de la que fue su raza.

    Sabía sin necesidad de pensar en ello, que el techo era artificial, construido cuando los últimos restos de aire empezaron a desaparecer de la superficie de la Luna y que su raza buscó un refugio final en el más profundo de los cráteres, donde se podía enterrar el oxígeno e impedir que se dispersara en el vacío. En una forma vaga, podía sentir en su espíritu las incontables edades que habían transcurrido desde entonces y maravillarse ante la resistencia del techo a través de tantos millares de años.

    En otros tiempos, como todo lo que le rodeaba servía de testimonio, la suya fue una raza poderosa. Pero el tiempo la había desgastado lentamente, diluyendo el vigor de su juventud y dejándola sumida en las profundas simas de la desesperanza. ¿Qué interés podía tener la existencia allí, dentro del gran cráter, reducidos a una pequeña colonia, desterrados para siempre del mundo lunar que era suyo? El número de los de su raza había disminuido constantemente y muchos de sus poderes habían desaparecido. Sus máquinas se habían oxidado hasta desaparecer, sin que ellos tuvieran ánimos para reemplazarlas por otras, y por fin se habían resignado a una existencia primitiva y semi-salvaje arrancando las rocas de las paredes del cráter y comiendo los líquenes que habían cultivado en ellas para aprovechar el calor y la energía radiactiva que radiaba una pálida fosforescencia en el valle y que les alumbraba en lugar de la luz del sol. Cada año plantaban menos hijos, y de estos pocos, sólo un porcentaje muy pequeño resultaba fértil, de modo que del millón que eran en un principio se habían visto reducidos a unos pocos miles y luego a unos cuantos centenares y finalmente a unas pocas docenas de seres cansados de vivir.

    Sólo entonces habían comprendido en toda su gravedad el inminente peligro de extinción, que les amenazaba, cuando ya era demasiado tarde. Cuando Lhin, nació sólo quedaban tres ancianos y la semilla de donde surgió Lhin era la única que resultó fértil. Hacia ya muchos años que los ancianos habían desaparecido y Lhin tenía para sí toda la amplitud del cráter. Su vida era una larga serie de sueños y comidas, matizada sólo por los mismos pensamientos que habían estado en su mente, mientras el mundo muerto que habitaba giró alrededor del sol más de mil veces. La monotonía había aniquilado lentamente su raza, pero ahora que su tarea estaba casi cumplida, la raza terminaba con él. Lhin aprendió a resignarse a su monótona existencia. Se hallaba acostumbrado a ella y era inmune al hastío. Podía decirse que era relativamente feliz.

    Mientras estos pensamientos cruzaban su mente, sus pies se habían movido lentamente, llevándolo a una de las salidas del valle cerca de la puerta de la caverna excavada en las paredes del cráter donde había instalado su morada, escogiéndola entre las muchas que tenía disponibles. Masticó otro puñado de roca y líquenes y dejó que la difusa luz del sol lo alumbrase por unos minutos más para entrar por fin en la caverna. No necesitaba la luz ya que las paredes rocosas habían sido radiactivadas por sus primeros antepasados y sus ojos podían adaptarse a intensidades lumínicas en una amplia gama.

    Pasó rápidamente a través de la pieza exterior donde se encontraba su cama de líquenes y unos cuantos muebles sencillos para entrar en la segunda cavidad que era una combinación de criadero de semillas y taller de trabajo, mientras una esperanza ilógica pero que lo atormentaba constantemente lo guió al rincón más apartado.

    Pero como de costumbre su esperanza no tenía fundamento. La caja llena de tierra rica cuidadosamente abonada y sistemáticamente humedecida, estaba yerma de vida.

    No vio en ella ni siquiera el más pequeño tallo rojizo que justificase sus esperanzas para el futuro. Sus semillas eran estériles y el día de la total extinción de su raza se acercaba cada vez más. Amargamente volvió sus espaldas al criadero y salió de la caverna exterior.

    ¡Faltaba tan poco y tanto al mismo tiempo! Unos pocos centenares de moléculas de solución de cobre y las semillas que él produjese serían fértiles. O aquellas mismas moléculas de cobre añadidas al agua con que regaba las semillas podrían hacer que éstas se desarrollasen hasta una virilidad pujante. Lhin y su raza llevaban en sí semillas masculinas y femeninas en cada uno de sus miembros y podían fecundarlas por sí mismos o en compañía de otro individuo. Mientras quedase un solo miembro de su raza; podían producir más de cien descendientes por año siempre que los pudiesen plantar en un suelo con cierto contenido de cobre, mineral indispensable para desarrollar la hormona que llevaba a las semillas al desarrollo completo.


    Pero aquello parecía estar lejos de su alcance. Lhin se dirigió a los aparatos penosamente construídos con recipientes de roca excavada con sus propias manos y alambiques de destilación armados con cañas unidas unas con otras, pero su corazón estaba lleno de desaliento y amargura. El débil fuego de líquenes secos y resina ardía suavemente calentando la primitiva marmita. Del extremo del alambique, caía gota a gota un espeso líquido en un recipiente cónico. Pero tampoco éste exhalaba el menor olor de sales de cobre. Bien, lo había intentado todo y fracasado una vez más. Años y años de destilación se habían consumido en producir el agua que mantenía el suelo del criadero húmedo y en él no se encontraba el menor vestigio del mineral necesario para la vida. Casi sin emoción empezó a guardar los rollos del metal imperecedero en que estaba grabada toda la ciencia de su raza dentro de sus envolturas y empezó a desarmar los instrumentos químicos de su taller de trabajo.

    Sólo le quedaba otra solución, mucho más difícil y sumamente peligrosa, pero que ahora resultaba necesaria. En alguna parte cerca del techo exterior, los registros de su raza indicaban que existían concentraciones de cobre en pequeña cantidad, pero a una altura en que el aire no contenía la suficiente densidad de oxígeno para mantener la vida. Eso significaba que Lhin tendría que fabricarse una escafandra, tanques de aire comprimido para respirar, ganchos y grapas para escalar las secciones del camino ascendente que los aludes habían destruído, instrumentos para localizar el cobre, y una bomba para llenar los tanques de aire para el descenso. Tendría que hacer viaje tras viaje llevando los tanques de aire hacia delante, colocarlos en secciones regulares de su camino y continuar, paso a paso, hasta que su línea de abastecimiento llegara a la parte superior donde, quizás, encontraría el cobre necesario para un nuevo principio.

    Hizo un esfuerzo deliberado para descartar de su mente los pensamientos del tiempo necesario y de las probabilidades de fracaso. Su pie cayó sobre el pequeño fuelle que alimentaba su forja y azules llamas lamieron el contenido de la pequeña fragua de donde sacó los trozos de metal refinado y empezó a calentarlos de nuevo para fundirlos y construir las herramientas que necesitaba. Sabía que era casi imposible que él solo pudiera construir los instrumentos que necesitaba, para llegar hasta donde estaba el cobre, extraerlo y bajarlo; pero imposible o no debía conseguirlo. ¡Su raza no debía morir!

    Llevaba ya varias horas trabajando en la fragua cuando de repente oyó un penetrante silbido extenderse a través del valle. En aquel momento pensó que quizás se trataba de un meteoro que se había puesto en contacto con las pantallas protectoras alrededor de las hojas deslizantes del techo y posiblemente uno bastante grande para poder producir aquella señal de alarma. Durante toda la vida de Lhin no había caído nunca un bólido de tamaño suficiente para activar las pantallas protectoras, y había llegado a pensar que el mecanismo aunque estaba construído para ser imperecedero y obtenía su energía de los rayos del sol pudiera aún funcionar. Mientras estaba contemplando el techo sin saber qué pensar, la aguda y vibrante nota de alarma volvió a llenar los ámbitos del valle.

    Ahora, a menos de que accionase rápidamente el mecanismo electrónico, las pantallas de protección entrarían en función lanzando fuera la entrada del cráter al meteorito que caía. Pero Lhin no pensaba en aquello mientras se lanzaba rápidamente hacia el panel de los antiguos instrumentos y colocaba su mano sobre el contacto de control. Era por aquella sola razón que había escogido aquella caverna entre los cientos que había a su disposición, ya que allí hubo en otro tiempo la torre de control de la cubierta protectora que podía dejar pasar a las poderosas espacio-naves que su raza tenía en otras épocas. Un ligero destello de los instrumentos le indicó que el meteoro había atravesado la cubierta exterior y apartó su mano dejando que las hojas movibles se cerrasen de nuevo.

    Luego esperó con impaciencia para escuchar el golpe sordo del impacto contra el suelo del valle, mientras se dirigía hacia la entrada. Quizá los Seres Supremos se mostraban bondadosos en aquella ocasión y habían contestado por fin a su súplica. Ya que no podía encontrar cobre en todo el valle, quizás le enviaban un regalo del espacio exterior y nadie podía saber qué fabulosas cantidades de cobre podía contener el meteorito. Quizás tanto como pudiera sostener en una mano. ¡Pero porqué no oía el choque de su caída! Miró hacia el techo con ansiedad, paralizado con la angustia de que hubiese actuado demasiado tarde y que la pantalla protectora lo hubiese lanzado a un lado.

    Pero no, a muchos cientos de metros por encima de su cabeza se veía un resplandor, pero seguramente no era el que un meteoro de aquel tamaño debería hacer al atravesar las capas de aire del valle. Se escuchó luego un quejido que se extendió en un suave trémolo, con un agudo silbido pulsante. Tampoco era aquel el zumbido propio de un meteoro que cae con toda su fuerza de aceleración. Volvió a mirar, esforzando aun más la vista, y observó con asombro, que el objeto en vez de estrellarse contra el fondo del cráter, amenguaba su velocidad. El resplandor en vez de difundirse desde la parte posterior de la estrella fugaz, emanaba de la parte frontal. Aquello sólo podía significar... un control inteligente. ¡Era un cohete!

    Lo brusco de la revelación, hizo que la mente de Lhin, habitualmente disciplinada y realista, se desconcertase por completo; por ella atravesaron las explicaciones más fantásticas y pensó que quizás volvían sus hermanos de raza, que los Seres Supremos se habían condolido de su situación y venían en persona a remediarlo, o quizás que sus antepasados habían fundado otro refugio, en el cual ahora intentaban comunicarse con él. Básicamente, sin embargo, el cerebro de Lhin era completamente lógico y una a una descartó todas aquellas hipótesis. Aquella máquina no podía llegar de la superficie muerta de la Luna y por lo tanto sólo le quedaba como posibilidad que proviniese del legendario planeta que existía del otro lado de su mundo o de uno de los otros que giraban alrededor del Sol en diferentes órbitas. ¿Era posible que existiese también allí inteligencia?

    Su mente repasó rápidamente los relatos de sus antepasados y los registros metálicos que había leído durante largos años, hechos cuando sus antepasados habían cruzado el espacio rumbo a aquellos mundos, mucho antes de que su pueblo debiera refugiarse en el cráter. Su raza no pudo colonizar ninguno de los planetas visitados, debido a la excesiva fuerza de gravedad que encontraron en ellos, pero los habían explorado minuciosamente y recogido importantes observaciones científicas. En el segundo de los planetas del Sol sólo existían seres escamosos que se arrastraban sobre el agua y árboles de forma extraña en los espacios secos, no existía inteligencia alguna en aquellos mundos. En el cuarto planeta sin embargo, se hallaban formas de vida más semejantes a la propia, y como sus propios antepasados poco evolucionados, no existía una clara división entre la vida vegetal y animal, aunque ambas se encontraban presentes en todas. Se hallaron formas gelatinosas de vida que ya se agrupaban guiadas por el instinto, aunque no disponían de medios de comunicación. Sin embargo, de todos los otros mundos conocidos el cuarto planeta parecía el más probable como fuente de inteligencia. Si por algún milagro la espacionave procedía del tercer planeta, Lhin abandonó toda esperanza. Los registros hablaban de que aquel mundo estaba poblado de fieras sanguinarias sólo ocupadas en devorarse unas a otras.

    Vacilante entre el miedo y la esperanza, Lhin oyó aterrizar a la espacionave cerca de su cueva y se dirigió lentamente hacia allí con la cola enroscada detrás de él.


    Supo tan pronto como vio a las dos extrañas criaturas en el umbral de la abierta compuerta de la nave, que todas sus conjeturas habían sido erróneas. Aquellos seres eran bifurcados como él, aunque mucho más pesados y grandes, y aquello quería decir que procedían del tercer planeta. Vaciló un momento observándolos cuidadosamente mientras los dos recién llegados examinaban el terreno a su alrededor, aparentemente aspirando con visible deleite el aire exterior. Lugo uno de ellos habló con el otro y la mente de Lhin recibió una honda sorpresa. La articulación y tono de los sonidos producidos por aquel ser eran inteligentes, pero sus palabras parecían un balbuceo ininteligible. ¿Un lenguaje inteligente aquello? No obstante debía serlo, aunque las palabras no tuvieran significado para él. Espera un instante... en los viejos registros metálicos, Slha había escrito algo acerca de una idea parecida; aquel remoto antepasado había expuesto la teoría de que en otras épocas los mismos selenitas no disponían de un lenguaje innato, afirmando que habían inventado los sonidos y asignado a ellos un significado arbitrario y que sólo con el transcurso de largos siglos de uso de aquellos términos arbitrarios se habían convertido en algo instintivo en los recién nacidos miembros de su raza. Inclusive llegó a atreverse a discutir el dogma de que los Seres Supremos habían dispuesto que el lenguaje y la inteligencia desarrollada nacieran al mismo tiempo que los nuevos seres. Evidentemente Slha tuvo razón. Lhin se concentró profundamente para penetrar a través de la niebla que producía su reciente descubrimiento y trató de entrar en contacto telepático con los extraños. De nuevo recibió otra sorpresa. Sus mentes eran muy difíciles de penetrar y cuando logró ajustar su haz receptor a su onda cerebral descubrió que no entendía los pensamientos que le llegaban. Sin embargo, no había duda que se trataba de seres inteligentes. Por fin el que había llamado primero su atención se fijó en él y cogió al otro por el brazo. Las palabras eran aún duras y sin sentido pero el significado general fue comprensible para el hombre de la Luna.

    —Fats, mira... ¿qué es eso?

    El otro dio media vuelta y contempló a Lhin mientras éste se acercaba un poco más.

    —Que me registren. Parece un mono de unos tres pies de alto y enflaquecido por el hambre. Creo que no es peligroso.
    —Probablemente no lo sea y quizás posea poca inteligencia. Es casi seguro que este lugar no ha sido construído por ningún grupo de refugiados políticos. Las construcciones no son humanas. ¡Hola, tú! — El ser que se llamaba a sí mismo Slim se volvió hacia el cercano selenita.
    —¡Eh! ¿quién eres tú?
    —Lhin —contestó, notando una sorpresa agradable en la mente del llamado Slim —. Lhin... soy Lhin.

    Fats gruñó.

    —Creo que tienes razón, Slim. Parece que te ha comprendido. ¿Quién puede haber llegado hasta aquí para enseñarle nuestro idioma?

    Lhin balbució penosamente esforzándose por coordinar los sonidos individuales con los significados que captaba telepáticamente y en recordarlos para futuro uso.

    —No enseñado idioma. No nadie vino aquí. Tú...

    Sintió que las palabras se le terminaban y se acercó un poco más, haciendo gestos primero a la cabeza de Slim y después a la propia e hizo señales de que algo pasaba de una a otra. Sorprendentemente, Slim entendió su mímica.

    —Quiere decir que sabe lo que estamos pensando, creo. Telepatía.
    —¿Sí? Los marcianos dicen que pueden comunicarse entre sí por telepatía, pero nunca vi a uno que pudiera leer la mente humana. Dice que nosotros no dejamos penetrar las ondas. Tal vez ese mono te esté mintiendo. ¿Cómo dijo que se llamaba? ¿Rin?
    —No creo que mienta. Fíjate en el medidor de radiactividad... Ningún grupo de hombres hubiera llegado hasta aquí y regresado a la Tierra sin divulgar la nueva de su hallazgo. De todos modos su nombre no es Rin. Len es un sonido, más parecido al que él hizo, aunque está articulado de un modo que nosotros no podemos pronunciar.

    Slim se concentró y trató de enviar sus pensamientos a Lhin, que le complació pronunciando su nombre lentamente y con la mayor claridad que pudo.

    —¿Lo ves? Pronuncia una consonante nítida aunque... más bien es una articulación gutural. No hace de la consonante final un sonido labial aunque suena como algo parecido a nuestras dentales. No podemos hacer sonidos como éste. Me pregunto cuál debe ser su grado de inteligencia.

    Se volvió hacia la espacionave antes de que Lhin pudiera intentar una respuesta y volvió de inmediato con un pequeño libro en su mano.

    —Este es el Código Idiomático Espacial — explicó a Fats —. Es el mismo que se utilizó para enseñar a los marcianos el inglés básico hace un siglo.

    Luego se volvió hacia Lhin.

    —Aquí están las seiscientas palabras más útiles de nuestro idioma, dispuestas de una manera lógica, de manera que creo que debemos esperar a que las aprendas poco a poco. Fíjate en los diagramas dibujados mientras yo pronuncio al mismo tiempo la palabra. ¿Listo? U-N-O..., D-O-S... ¿me entiendes?

    Fats les contempló durante unos minutos medio divertido y luego se aburrió de ello y se despidió de su compañero.

    —De acuerdo, Slim, tú puedes seguir un rato con este nativo y a ver lo que aprendes. Yo me voy a echar un vistazo a este material radiactivo hasta que estemos dispuestos para empezar las reparaciones. Lástima que las radios de estos malditos cargueros tengan tan poco alcance y no podamos transmitir un mensaje a la Tierra.

    Fats se apartó de allí, pero Slim y Lhin casi no se dieron cuenta de su partida entregados como estaban a la difícil tarea de organizar un sistema de comunicación sin tener ninguna base lingüística común. Sin embargo, por extrañas que fuesen las asociaciones de palabras y sonidos y difíciles su organización en grupos significativos, después de todo no eran más que un sistema de lenguaje. Y Lhin había nacido a la vida con un complejo idiomático altamente evolucionado que le resultaba tan natural como la propia respiración. Lentamente fue acomodando sus órganos de elocución a cada uno de los sonidos y registrando en su memoria de un modo indeleble los correspondientes significados, uno a uno.


    Fats finalmente los encontró en la caverna de Lhin, guiado por el sonido de sus voces y se sentó en una piedra para observarlos con la divertida atención con que un adulto puede observar a un niño jugando con un perrito. No sentía ninguna mala voluntad hacia Lhin, pero tampoco podía considerar al hombre de la Luna como otra cosa que no fuese un espabilado animalito, parecido a los marcianos o a los seres primitivos de Venus. Si a Slim le divertía tratarle como a un igual, lo mejor sería complacerle por el momento.

    Lhin estaba vagamente consciente de estos pensamientos y de otros aún más peligrosos que atravesaban la mente de Fats, pero se hallaba demasiado absorto en la nueva experiencia de disponer de una mente inteligente con la que podía comunicarse después de siglos de hallarse en absoluta soledad. Y aún existían otras cosas más importantes que requerían su atención. Sacudió su cola, extendió sus brazos, y luchó contra los sonidos del idioma terrestre, mientras Slim trataba de comprenderle dedicándole toda su atención.

    Finalmente el hombre de la Tierra asintió.

    —Creo que ya lo he entendido —dijo—. Todos los de tu raza han muerto excepto tú, y no te gusta la idea de que tu raza se extinga contigo. Uh, uh. Bien, a mí tampoco me gustaría. De manera que ahora esperas que esos Seres Supremos tuyos, lo que nosotros llamamos Dios, nos hayan enviado aquí para solucionar tu problema. ¿Qué podemos hacer para ayudarte?

    El rostro de Lhin resplandeció de felicidad y se arrugó en una mueca de placer antes de darse cuenta de que Slim interpretó su gesto del modo exactamente contrario. Lhin sabía que las intenciones de Slim eran buenas para él. Una vez que éste supiera lo que necesitaba, quizá le diera el cobre que él quería, ya que los antiguos registros decían que el tercer mundo era el más rico de todos en minerales.

    —Necesito «nra». La vida resulta de hacer una cosa no simple mediante la combinación de muchas cosas simples — explicó —. Aire, bebida, comida, todo eso tengo; por eso vivo. Pero para iniciar la nueva vida, necesito «nra». Esto hace brotar las semillas. La semilla no posee vida; pero con «nra» empieza a vivir. No tengo palabras para expresarlo.

    Esperó con impaciencia mientras Slim trataba de comprender su explicación.

    —¿Te refieres a una especie de vitamina u hormona, o algo parecido a la Vitamina E-6, quizás? Tal vez la podríamos sintetizar, pero...

    Lhin asintió. No había duda que los Seres Supremos se portaban bondadosamente con él. Su corazón se enterneció al pensar en la gran cantidad de semillas cuidadosamente almacenadas y guardadas que ahora podrían empezar a vivir tan pronto como él tuviera el cobre. Y el hombre de la Tierra estaba dispuesto a ayudarle. Un poco más y todo marcharía bien.

    —No hay necesidad de hacerla — respondió —. Es una cosa sencilla. Las semillas y yo podemos hacerla dentro de nosotros, pero para formar la hormona necesitamos «nra». «Nra» es algo imprescindible. ¡Mira!

    Tomó un pequeño trozo de roca del cesto que tenía cerca de él, lo masticó cuidadosamente e indicó por gestos que el mineral se transformaba en su interior.

    Fats se interesó de pronto y dijo:

    —¡Hazlo de nuevo, monito!

    Lhin hizo lo que se le pedía, advirtiendo al mismo tiempo con asombro que aquellos seres no podían injerir nada que otro ser viviente no hubiera preparado para ellos.

    —¡Diablos! — exclamó Fats —. ¡Se come las rocas... rocas verdaderas! ¡Debe tener un buche como un avestruz!
    —En realidad las digiere — dijo Slim —. ¿No has leído algo acerca de esas cosas medio plantas, medio animales, de las cuales los marcianos evolucionaron? Su metabolismo debe ser parecido. Mira, Lhin, vamos a ver si te he entendido, creo que te refieres a un elemento. ¿Sodio, calcio, cloro? No, me parece que posees todos esos en abundancia, ¿yodo, quizás? Hum.

    Slim nombró una docena de elementos que podía relacionar con la aparición de la vida, pero el cobre no entraba entre ellos por accidente y un lento terror empezó a penetrar en la mente del selenita. Aquella extraña barrera de la comunicación con los extraños ¿sería posible que lo echase todo a perder?

    Trató desesperadamente de hallar la respuesta... y se tranquilizó. Desde luego, aunque no tenían una palabra común para designarlo, el elemento en sí mismo debía ser igual en su estructura atómica. Con rapidez volvió las páginas del código del Idioma básico hasta encontrar una en blanco y tomó ansiosamente el lápiz de las manos del hombre de la Tierra. Luego, ante la curiosa expectación de Slim y Fats, empezó a dibujar la estructura atómica del cobre, partícula por partícula, desde el centro hasta el último anillo periférico, tal como los maestros fisicoquímicos de su raza la habían analizado.

    Pero para los humanos, el dibujo no tenía sentido. Slim le devolvió la hoja de papel, moviendo la cabeza con desaliento.

    —Amigo, si no me equivoco al pensar que esto representa la estructura de algún átomo, aún tenemos mucho que aprender allí en la Tierra.

    Fats torció los labios en un gesto despectivo.

    —Si esto es la estructura de un átomo, yo soy un huevo frito. Vamos, Slim, ya es hora de dormir y has pasado jugando con este mono medio día entero. Además, quiero hablar contigo de ese material radiactivo. Tiene tanta potencia que nos habría abrasado en media hora si no lleváramos los aparatos de interferencia portátiles, mientras que ese mono parece moverse entre la radiactividad como si estuviera en una cámara frigorífica. Se me ha ocurrido una idea.

    Slim arrancó sus ojos de la contemplación del dibujo y contempló el reloj.

    —¡Caramba! Mira, Lhin, no te desesperes. Hablaremos mañana de nuevo de todo esto. Pero Fats tiene razón; ya es hora de descansar. Hasta mañana, amigo.

    Lhin asintió y pronunció unas palabras de despedida temporal en su propio idioma y regresó para tenderse en su tosco lecho. En el exterior, pudo captar cómo Fats exponía un plan para extraer los materiales radiactivos con la ayuda de Lhin y oyó los pensamientos de Slim que se oponían vigorosamente. Pero postergó este problema para otro momento. Sabía que la estructura atómica que había dibujado estaba bien, pero el atraso científico de los terrestres no había llegado aún a su propio nivel y quizá sus mentes conocían muy poco de esa ciencia para permitirles comprender sus dibujos.

    ¿Quizás con fórmulas químicas? Reacciones que fueran eliminando a otras una a una. Si fueran químicos profesionales, quizás lo entenderían, pero ni siquiera Slim sabía lo suficiente para ello. Y sin embargo, era obvio que a menos de que no existiera sobre en la Tierra debían tener un modo inteligible para nombrarlo. No podía dudar que los Seres Supremos a quienes ellos llamaban Dios no se dignasen contestar a generaciones de fieles súplicas más que con una burla. Debía existir una respuesta a su problema y mientras los otros dormían, Lhin la encontraría, aunque tuviera que leerse uno tras otro todos los registros científicos de sus antepasados.


    Horas más tarde, Lhin se dirigía de nuevo hacia la espacionave, con el corazón lleno de renovadas esperanzas. La respuesta, una vez que dio con ella, era muy sencilla. Los elementos estaban agrupados en familias y clases. Slim había mencionado el sodio y el cobre estaba en su misma familia, de acuerdo con las tablas más primitivas, tal como las que debían usar los humanos. Y aún más importante, su número atómico era el veintinueve, de acuerdo siempre a una teoría lo bastante elemental para una raza capaz de construir cohetes interplanetarios.

    Las compuertas de la nave estaban abiertas y Lhin se deslizó al interior guiado por los confusos pensamientos de los hombres entregados todavía al sueño. Una vez frente a ellos, se detuvo incierto, ya que aún no conocía lo bastante sus costumbres. Sabía, ya que lo que era natural y cierto entre su pueblo, no constituía una norma de conducta para los humanos y era posible que no les gustase que él despertase a los durmientes. Por fin, atraído de un lado por su impaciencia y del otro por la cortesía innata en su raza, se sentó sobre sus talones en el piso metálico de la nave, mientras su olfato saboreaba el olor de los metales que le rodeaban.

    El cobre no se encontraba allí, pero tampoco esperaba que un elemento tan raro fuese utilizado profusamente, aunque había otros que no pudo reconocer, que sin duda eran los metales pesados tan escasos en la Luna.

    Fats barboteó fragmentos de palabras y se debatió, inquieto, medio dormido todavía. Sus pensamientos estaban llenos de imágenes respecto a cierto ser humano del sexo femenino, elemento que Lhin ya había notado anteriormente que no existía ni en Slim ni en Fats. Este último seguía pensando en las muchas cosas que haría «cuando fuese rico». Lhin quedó absorto ante las extrañas imágenes mentales hasta que se dio cuenta de que lo mejor era no inmiscuirse en aquellos pensamientos, sin duda personales y secretos. Retiró su haz receptor en el mismo instante en que Fats se dio cuenta de su presencia.

    Fats nunca estaba en el mejor de sus momentos al despertarse. Al ver a Lhin se incorporó con un berrido y extendió la mano buscando algún objeto contundente.

    —¡Ah, mono traicionero! ¡Conque querías acercarte para cortar nuestros cue...!

    Lhin chilló, esquivando el golpe que le habría convertido en una informe burbuja de tejidos orgánicos, sin comprender en qué podía haber ofendido al extranjero, pero preparado a huir de allí en el acto. El miedo físico era algo desconocido para él; muchas generaciones de selenitas habían vivido y muerto, sin que su organismo necesitase la defensa de reacciones emocionales como el miedo o la indignación. Pero se asombró al ver la facilidad con que aquellos seres se mostraban dispuestos a matar a otro ser inteligente. ¿Era la vida tan poco valiosa en la Tierra?

    —¡Eh! ¡Eh! Fats, déjalo — Slim se había despertado ante la conmoción y una rápida mirada mostró a Lhin que sujetaba los brazos de su compañero.
    —¡Déjalo, me oyes! ¿Qué ha sucedido?

    Pero Fats se había despertado por completo y empezaba a tranquilizarse. Dejó caer la barra de metal e hizo una mueca que intentaba ser alegre.

    —No sé qué me pasó. Creo que no llevaba malas intenciones, pero cuando lo vi ahí sentado con esa cosa metálica en la mano, me pareció que estaba esperando para abrirme la cabeza o algo parecido. Ahora ya estoy bien. Ven aquí, monito; no tienes nada que temer.

    Slim soltó el brazo de su compañero e hizo un gesto hacia Lhin.

    —Claro, no tengas miedo, amigo. Fats tiene algunas ideas raras respecto a todas las razas no humanas, pero en el fondo es una buena persona. Si eres un buen perrito, no te apaleará; hasta puede que llegue a rascarte detrás de las orejas.
    —¡Qué tonterías! — Fats sonreía, recobrado el buen humor. Sabía que Slim decía aquello en tono irónico, pero eso no le preocupaba; después de todo, ¿qué había de malo en tratar a los marcianos y a esos monos como lo que eran?
    —¿Qué tienes ahí, monito? ¿Más dibujos raros sin significado?

    Lhin movió la cabeza imitando el gesto que ellos usaban para asentir y tendió el rollo metálico a Slim. La actitud de Fats ya no era hostil, pero no sabía a qué atenerse con respecto a él y Slim parecía el más interesado de los dos.

    —Son dibujos que quieren decir mucho, espero. Aquí está Nra, número veintinueve, debajo del sodio.
    —Parece una clasificación periódica de ocho columnas — explicó Slim a Fats —. Dame el manual, ¿quieres? A ver... debajo del sodio. Número veintinueve. Sodio, potasio, cobre. Sí, eso es. El número veintinueve. ¿Es eso lo que quieres, Lhin?

    Los ojos de Lhin brillaron con una expresión de triunfo. Debía dar gracias a los Seres Supremos por su preciosa ayuda.

    —Sí, es el cobre lo que quiero. ¿Quizás tengan algo, un gramo tal vez...?
    —Diez mil gramos, si quieres. Según tu escala de valores, somos muy ricos en ese respecto. Podrás tener todo el que quieras.

    Fats le interrumpió.

    —Desde luego, monito; tenemos el cobre, si ese es el metal que tanto te preocupa; pero, ¿qué nos vas a pagar por él?
    —¿Pagar...?
    —Claro; darnos algo a cambio. Nosotros te ayudamos y tú nos ayudas a nosotros. Es lo justo, ¿no te parece?

    Lhin no había pensado en ello, pero le pareció razonable. Mas, ¿qué tenía él para darles? Y entonces descubrió por fin cuáles eran los pensamientos del hombre. A cambio del cobre, tendría que trabajar, extrayendo y purificando los minerales radiactivos que daban calor, luz y vida al cráter, colocados a costa de tanto esfuerzo cuando aquel lugar fue construído por sus antepasados del pueblo que tendría que vivir allí prisionero. Y después de él, sus hijos y los hijos de sus hijos, seguirían cavando y sudando para los humanos, obteniendo a cambio sólo el cobre necesario para seguir abasteciendo a la Tierra de obreros esclavos. La mente de Fats volvió a llenarse con la imagen de aquella otra criatura terrestre. Para obtenerla, estaba dispuesto a condenar a una raza entera a una vida sin esperanza ni objetivo. Lhin no pudo comprenderlo. ¿Si había tantas de aquellas criaturas en la Tierra, por qué era necesaria la esclavitud de su raza?

    Pero había algo peor. La esclavitud no era el único precio que debían pagar Lhin y sus descendientes. La extinción les amenazaba de uno u otro modo, una vez que la Tierra ya no necesitase aquellos minerales, o el día que éstos se agotasen, por grande que fuese la reserva existente. Lhin se estremeció ante la terrible decisión a, la que se veía forzado.

    La mano de Slim se posó en su hombro.

    —No te preocupes. Fats no ha pensado bien en lo que decía. ¿No es cierto, Fats?

    En la mano derecha de Slim aparecía algo que Lhin nunca había visto, pero que vagamente comprendió se trataba de un arma. Fats se retorció de ira, pero la mueca maligna no se borró de su rostro.

    —Estás loco, Slim. Es posible que creas sinceramente en todas esas locuras respecto a la igualdad entre todas las razas, pero no te atreverás a matarme por ello. Me niego a entregar mi cobre.

    De repente, Slim se echó a reír, mientras se guardaba el arma.

    —Muy bien, no lo hagas. Pero yo puedo dar a Lhin mi cobre. Tenemos en la nave mucho más cobre del que necesitamos y no te olvides que una cuarta parte es mía

    Lhin no pudo leer ninguna respuesta en la mente de Fats, cuyas ideas estaban ahora llenas de confusión. Por fin éste se encogió de hombros y decidió.

    —De acuerdo. Puedes hacer lo que quieras con tu parte. Hasta te ayudaré a arrancarlo de donde esté. ¿Qué te parece ese rollo de alambre de cobre que tenemos en el compartimiento de motores?


    Lhin permaneció en silencio, observando, mientras los otros dos abrían un armario en la sala de máquinas y revolvían en él. Con la mitad de su mente examinaba los motores y los aparatos de control, mientras la otra mitad se estremecía de placer ante la idea del cobre... y no sólo unas cuantas moléculas, sino todo el que pudiera llevar, en estado puro, fácil de convertir en sulfato asimilable con los ácidos que tenía dispuestos desde que empezó sus experimentos. Dentro de un año, el cráter volvería a estar poblado, hirviente de vida. Podría dejar tres o cuatrocientos hijos, tal vez, y cuando éstos se reprodujesen, más y aún más.

    Un detalle de la conexión electrónica que estaba mirando le llamó la atención y tiró de los pantalones de Slim para llamar su atención.

    —Eso... esa parte no está bien, ¿verdad?
    —¿Eh? No, no está bien. Por esta razón tuvimos que aterrizar en la Luna. ¿Por qué lo preguntas?
    —Entonces puedo pagaros el cobre sin tocar los materiales radiactivos. Yo lo puedo arreglar — la sombra de una duda atravesó su mente por un instante —. ¿Eso es pagar, no es cierto?

    Fats sacó un rollo de alambre del armario, que despedía un olor maravilloso, se enjugó el sudor de la frente y asintió. —Sí, monito; eso es pagar, desde luego, pero es mejor que no metas ahí las narices. Ya está bastante estropeado sin que tú lo toques. Creo que ni el mismo Slim será capaz de arreglarlo.

    —Yo puedo arreglarlo.
    —¡Claro! ¿En qué Universidad obtuviste el título de ingeniero en electrónica? Mira, en este rollo hay doscientos pies de alambre de cobre. Tu parte son cincuenta pies. ¿Supongo que no se lo vas a dar todo?
    —Pues sí que se lo voy a dar.

    Slim estaba mirando a Lhin atentamente, sin casi fijarse en Fats, mientras éste medía y cortaba el alambre.

    —¿Has visto alguna vez algo semejante a esto, Lhin? Los controles de alimentación iónica y los inyectores de estas naves son muy complicados. ¿Por qué crees que puedes arreglarlo... a menos que tu raza haya tenido naves semejantes y tú hayas podido estudiarlas en sus libros?

    Lhin se esforzó en encontrar las palabras necesarias para explicar sus pensamientos. Su raza nunca tuvo motores como aquéllos... su ciencia atómica se había desarrollado en un sentido distinto, ya que el uranio era casi inexistente en la Luna y los humanos utilizaban una aplicación casi directa de ese elemento. Sin embargo, los principios del mecanismo le resultaban perfectamente claros, aunque sólo le había examinado someramente. Sentía en su mente la forma exacta en que debía funcionar.

    —Yo lo siento. Ya en el primer día de mi vida lo hubiera podido arreglar. Es lo que está en mi mente, no por lo que he aprendido, aunque yo he estudiado todos los libros de mi pueblo. Durante trescientos millones de años mi pueblo ha estudiado mecánica y ya hemos dejado de pensar en ella; nos limitamos a intuirla.
    —¡Trescientos millones de arios! Comprendí que tu raza era muy antigua cuando me dijiste que naciste sabiendo hablar y leer, pero... ¡por los primeros dinosaurios!
    —Mi raza ha podido ver esos animales en tu mundo, hace mucho tiempo — le aseguró Lhin solemnemente —. Entonces, ¿quieres que lo arregle?

    Slim sacudió la cabeza lleno de confusión y le alargó una caja de herramientas sin añadir palabra.

    —Trescientos millones de años, Fats, y durante todo este tiempo han estado mucho más avanzados de lo que nosotros estamos ahora. Piensa en ello. Cuando no éramos más que seres que se arrastraban por el barro ellos ya volaban de planeta en planeta... sólo que supongo que nunca pudieron establecer una colonia en la Tierra; la gravedad es seis veces superior a la de su mundo. Y ahora, sólo porque se vieron obligados a vivir en el mundo de escasa masa, la pérdida de aire les obligó a refugiarse en este agujero, condenados a una existencia miserable. Lhin es todo lo que queda de ellos.
    —Bien, ¿y qué tiene que ver esto para que tenga conocimientos de electrónica?
    —El instinto. En ese mismo tiempo, piensa en los instintos reflejos adquiridos por nuestros propios animales... lo que deben comer, el olor de sus enemigos, la protección de sus crías... Lhin tiene un instinto innato para la mecánica; probablemente no conoce la teoría de su construcción y diseño, pero es capaz de sentir instintivamente cómo debe funcionar un motor. Añade a eso la prodigiosa cantidad de libros y registros científicos que conserva y dime si es que puede haber algo en una máquina que él no entienda.

    De nada valía discutir, decidió Fats, y se dedicó a observar el trabajo del selenita. O aquel mono terminaba por arreglar el mecanismo del motor o nunca saldría de allí. Lhin había desconectado la caja de control y ahora la estaba desarmando, pieza a pieza. Con una seguridad admirable desconectó cables, retiró tubos electrónicos y cambió de posición los transformadores.

    Aquel mecanismo le parecía bastante sencillo. Los humanos habían conseguido convertir la energía del combustible atómico y usaban ciertas fuerzas para ionizar la materia, controlar el coeficiente de ionización, llevar los iones a los tubos de propulsión y hacerlos salir a alta velocidad a través de las turbinas. Se trataba, en suma, de un problema sencillo de electrónica aplicada: controlar la potencia de las fuerzas de ionización.

    Con sus pequeñas y ágiles manitas bobinó hilos, conectó unas bobinas con otras y añadió un transistor electrónico. Alrededor de este núcleo otras bobinas y más transistores fueron tomando forma y luego conectó un largo tubo de alimentación a la bomba que llevaba el material a ionizar y añadió nuevas admisiones de energía. Los inyectores que gobernaban la alimentación de iones eran demasiado complicados, pero no los tocó, porque podían funcionar tal como estaban. Todo el trabajo no le costó más de quince minutos.

    —Ya está arreglado, pero tengan cuidado cuando arranquen por primera vez. Ahora el motor aprovecha toda la energía, no sólo una parte como antes.

    Slim inspeccionó la transformación realizada.

    —¿Eso es todo? ¿qué hay en todo este montón de piezas que no has vuelto a instalar?
    —No eran necesarias. Era un diseño muy ineficiente. Ahora todo irá bien.

    Lo mejor que supo explicó a Slim el principio básico en que funcionaría ahora el motor de la nave. Antes, el mecanismo utilizado sólo habría podido ser comprendido por un técnico muy versado en motores de espacionaves. Pero lo que tenían ahora ante ellos era el producto de una ciencia que había ido mucho más allá de las complicadas máquinas hechas por principiantes Cuando querían hacer algo, lo realizaban del modo más sencillo posible. Slim quedó asombrado de que nadie hubiese caído en la cuenta de que el mecanismo propulsor podía hacerse de aquel modo en forma mucho más sencilla y eficiente... una reacción normal y muy humana, una vez que se sabe como hacerlo.

    —Magnífico, Fats, todo resuelto. Ahora podemos contar con una eficiencia de los motores del 99,90 % en vez de un 20 % que teníamos antes. Muchas gracias, Lhin.

    Fats no sabía nada de electrónica, pero las explicaciones de Lhin le habían parecido convincentes y ahora no hizo ningún comentario. En vez de ello, se dirigió a la sala de mando y dijo:

    —Bien, si ya está arreglado, podemos marcharnos. ¡Adiós, monito!

    Slim recogió el rollo de alambre de cobre y se lo entregó a Lhin, acompañándole hasta la compuerta de la nave. Una vez en el suelo, mientras la compuerta se cerraba lentamente, el hombre de la Luna miró hacia arriba y consiguió esbozar una sonrisa humana.

    —Voy a abrir las puertas del techo para que podáis salir. Te he pagado y estamos en paz, ¿no es cierto?... Entonces, adiós, Slim. Que los Seres Supremos te bendigan, porque has salvado a mi pueblo.
    —Adiós — contestó Slim, agitando una mano, en el mismo instante en que la compuerta terminaba de cerrarse —. Tal vez algún día pueda volver para ver lo que has conseguido hacer de aquí a entonces.


    De nuevo solo en la cueva. Lhin desenrolló el alambre de cobre y lleno de emociones contradictorias e incertidumbre, esperó el ruido de los cohetes de propulsión. El tacto del cobre era un éxtasis para él, pero existían pensamientos en la mente de Fats que no terminaban de hacerse claros para Lhin. Bien, ahora tenía el cobre que necesitaba para muchas generaciones; lo que sucediese después a su pueblo quedaba en manos de los Seres Supremos.

    Estaba de pie a la entrada de su cueva, contemplando el potente chorro de los cohetes de la nave, que llevaba consigo el destino de su raza. Si aquellos humanos revelaban la existencia de los materiales radiactivos, les aguardaban la esclavitud y la muerte. Si mantenían el secreto, quizás aún podrían volver a su anterior grandeza y comenzar nuevamente los viajes hacia otros planetas, abandonados desde hacía mucho tiempo, aún en la época en que su raza estaba en la cima de su progreso. Pero esos planetas cobijaban ahora vida inteligente en vez de selvas inextricables. Tal vez, con el tiempo y con materiales conseguidos en otros mundos poblados por otras razas, conseguirían también la solución que devolvería a su mundo la antigua gloria, tal como habían soñado antes de que la desesperanza y las alas de la noche les cubrieran con su negrura.

    El cohete ascendió en cerradas espirales, cortando la luz y proyectando sobre Lhin sombras aladas, semejantes a las de tiempos remotos, cuando sobre la Luna volaban grandes animales. A Lhin le pareció aquello un presagio, pero no pudo decidir si era bueno o malo.

    Luego llevó el cobre a la caverna interior donde estaba el criadero de semillas.


    En la espacionave, Slim observaba cómo Fats se retorcía pensando en lo que iba a decir y había una sonrisa de buen humor en su rostro.

    —Bien, Fats. ¿Qué te pareció? ¿Crees que vale tanto como cualquier humano, quizás?
    —¿Qué quieres que te diga? Claro que vale. Estoy dispuesto a admitir todo lo que quieras. Vale tanto como yo... o quizás más. ¿Estás satisfecho, ahora?
    —Todavía no. ¿Qué piensas hacer sobre esos minerales radiactivos?

    Fats tiró de la palanca de aceleración y se reclinó en el asiento para resistir la tremenda fuerza que ahora desarrollaban los motores. Por fin se encogió de hombros y se volvió hacia Slim.

    —Bueno, tú ganas. El monito conservará su libertad y yo mantendré la boca cerrada. ¿Ahora estás satisfecho?
    —Sí.

    Slim se sentía más que satisfecho. También para él, lo sucedido era como un presagio del futuro, y una prueba de que su idealismo no era una completa locura. Algún día las alas negras del prejuicio y el desprecio por la personalidad de las razas no humanas se levantarían de la faz del Imperio Terrestre, igual que ahora abandonaban la mente de Fats. Quizás él no lo vería, pero algún día la inteligencia en vez de la superioridad racial, sería la que gobernase la Galaxia.

    —Sí, Fats — repitió —. Y no tienes que preocuparte mucho por el dinero que has perdido con esos minerales. Vamos a ganar todo el dinero que queramos con la patente del diseño de Lhin. Ya se me han ocurrido más de una docena de aplicaciones prácticas. ¿Qué piensas hacer con tu parte de las ganancias?

    Fats sonrió.

    —Convertirme en un loco como tú. Te ayudaré a que empieces de nuevo con tu propaganda sobre la igualdad de todas las razas galaxianas e iré de mundo en mundo besando monos y marcianos. A propósito, ¿en qué estará pensando ahora nuestro Lhin?

    Lhin no estaba pensando en nada. Acababa de resolver la ecuación correcta de los factores presentes en el subconsciente de Fats y sabía por fin qué decisión tomaría éste. Ahora preparaba sulfato de cobre y veía llegar la aurora donde por tanto tiempo había imperado la noche. Hay siempre algo delicioso en una aurora, pero aquélla le parecía maravillosa.


    Fin