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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 48 en 48.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    NAUFRAGIO (Charles Logan)

    Publicado el martes, febrero 14, 2017

    1


    Solo, asustado y cansado, Tansis se arrodilló junto a la tumba, agarrando fuertemente una azada que mantenía izada ante él, como si fuera un bastón para ayudarle a ponerse en pie. Cuatro tumbas, cuatro entierros de unos amigos que había conocido durante toda su vida, cuatro largas y dolorosas muertes por radiación. Ya no habría más cuidados ni más consuelos. Todos habían muerto.

    Miró de soslayo al cielo blanco y deslumbrante que ocultaba todo rastro de estrellas y de lunas, todo rastro del sol distante. Nunca vería ya aquel débil punto luminoso que consideraba su hogar; nunca se encontraría de nuevo con ningún ser humano. Pensó en su propia muerte, algo que se había convertido en un tema familiar, tantas veces meditado, idea consoladora de su propia conmiseración. Tenía pastillas para dormir. En cualquier momento que quisiera podría tomar esa dosis adicional, cuidadosamente medida, y salir así de esta pesadilla.

    Se quedó un rato de rodillas. Éste era un mundo agotador, incluso para ponerse en pie; todo pesaba un quinto más, y esa gravedad adicional comenzaba a hundir y a eliminar todo nuevo esfuerzo.

    ¡Dios mío! ¿Qué podrían hacer los hombres en un universo como éste? Era evidente que al universo esa pregunta no le importaba. Éste era el noveno fracaso. El noveno intento de encontrar algo parecido a la Tierra en algún lugar del espacio. Pero había sido el intento más desastroso, doblemente desastroso para él, porque aún estaba vivo y porque aún sufría, porque aún esperaba que el próximo capítulo de accidentes acabara también con él.

    ¿Cómo pudo estallar la nave expedicionaria y quedar totalmente destruida? Sesenta y cinco años de vuelo casi perfecto, siete mil cargas nucleares impulsando la nave a la velocidad máxima. Dos generaciones de cabotaje entre las estrellas. Él había nacido en esa nave. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y en el pecho sentía una opresora sensación de dolor. Podía muy bien llorar como un niño, porque nadie iba a verle. Su padre y su madre habían muerto; su hermana había muerto; y su hogar desapareció destruido por el fuego.

    Otras siete mil bombas habían detonado durante un mes a la entrada del sistema de Capella, para hacer que la nave se acoplara al mismo ritmo pedestre que la parte sólida del universo parecía preferir; luego tuvo lugar una última maniobra para poner la nave en órbita alrededor del planeta blanco, el sexto a partir del primario. Uno de los catorce mil dispositivos nucleares —la manzana podrida del cesto— detonó prematuramente a una distancia de una fracción de segundo del punto de detonación, en el foco del gran escudo de tungsteno y titanio, que recibió la explosión y el calor emanado y, como reacción, impulsó la nave hacia delante.

    El armazón externo se resquebrajó; la nave, encaramada sobre su parte posterior, tenía la mitad inferior hecha pedazos y la superior chamuscada por la radiación; pero eso no fue todo. El universo se dedicó entonces a jugar sin piedad con ese trozo de materia inflamada, sin ninguna consideración hacia quienes aún estaban dentro, muñéndose.

    Tansis recordó de nuevo la imagen del armazón externo rompiéndose por la tensión de la inercia, mientras la nave giraba incontroladamente. Tansis volvió a ver las piezas del armazón moviéndose y centelleando a la luz áspera de Capella, conforme irradiaban y se alejaban de su nave de exploración. También vio que la nave principal —su hogar— se desprendía del armazón externo, mientras iban cayendo piezas inflamadas desde el extremo posterior.

    Entumecido, se había sentado en el puesto de control de su pequeño vehículo de exploración, aislado ante el silencio del acontecimiento; sin embargo, luego, presa del pánico, olvidó todo su entrenamiento de piloto y lanzó su aparato hacia la nave-hogar abatida, no dando en el blanco debido a que calculó mal el ángulo; empleó una hora para ajustar la velocidad. Ojalá no lo hubiera hecho. Eso es lo que había pensado muchas veces en las últimas diez semanas, sintiéndose luego culpable. Porque, a pesar de todo, logró rescatar a cuatro personas y traerlas aquí, si es que puede llamarse rescate llevar a alguien a morir a otro sitio. Había hecho lo que había podido, aunque ahora no sirviera de nada. Y, sin embargo, hubiera deseado no entrar en la nave. Un infierno en medio de la oscuridad. Tantos muertos que no los podía reconocer; ruinas y escombros inflamados que parecían extraños. Aquello no era su hogar, ni el lugar de su infancia; todo eso había desaparecido, al igual que la misma Tierra; se había ido hacia atrás, remontando los años luz del pasado.

    La nave de entrada planetaria, amarrada al extremo delantero de la nave principal, quedó protegida del estallido. Nunca pudo recordar con mucha precisión cómo consiguió meter allí dentro a los cuatro supervivientes, cómo pudo separarse de la nave principal, corregir su rotación, hacer que adoptara la ruta de entrada, y guiarla para que descendiera sobre este planeta. Y, sin embargo, debió hacerlo de algún modo, porque los otros estaban en un estado de conmoción demasiado profundo para haberlo hecho por sí mismos. Recordando lo ocurrido, le parecía que todo era parte del mismo desastre, como si el estallido de aquella carga descontrolada le hubiera hecho aterrizar sobre esta pradera verde azulada, bajo este cielo deslumbrante.

    No sabía qué debía hacer ahora. Tenía la sensación de haber acabado el trabajo; ahora debía volver a casa a descansar. Sin embargo, le vino el sentimiento desgarrador de que su situación actual ya no tendría fin, de que el tiempo ya no era suyo. Había estado tan atareado durante las diez últimas semanas ocupándose de los demás, tan inmerso en sus necesidades, que se había olvidado de sí mismo. Pero ahora la soledad y el sentimiento del absurdo le envolvían por completo.

    Tenía sed, estaba sudando y le dolía la espalda. Lo que podía hacer era tomar un trago, ducharse y quitarse ese maldito traje espacial, sí, salir de él de una vez. Se incorporó con dificultad y avanzó renqueando hacia la nave de aterrizaje planetario, preguntándose cómo sería este mundo sin un traje de protección. No había tenido tiempo de efectuar pruebas sobre su habitabilidad, y sólo se atrevió a salir de la nave estando totalmente aislado y respirando el aire de los depósitos.

    Tal vez se sintiera menos deprimido si el paisaje fuera más interesante, pero había elegido la seguridad y había aterrizado en una zona de las latitudes templadas, la más plana y abierta que pudo encontrar. Hasta ese momento no se había dado cuenta del clima; tan sólo de que los días eran de treinta y dos horas y de que no tenían ninguna característica distintiva: el cielo siempre estaba blanco, no había vientos ni lluvias. La temperatura del exterior, indicada en el termómetro de su traje espacial, era de unos treinta grados centígrados, es decir, la de un día de verano caluroso allá en la Tierra.

    Lo único interesante era la misma nave remontándose hacia lo alto; lo demás era una llanura totalmente plana, de color verde azulado, sin ningún punto de referencia para calcular distancias. A veces parecía que podría alcanzar el horizonte en unos cuantos pasos; en otros momentos se sentía como una hormiga en una pista de baile. Ahora tenía esta última sensación, y lo único que le preocupaba era la nave y conseguir volver a ella.

    Cuando entró en la nave se quitó el traje espacial y se sintió mejor. La agorafobia era su gran problema, porque, después de todo, había nacido y crecido dentro de una nave espacial, y el navío de aterrizaje era un pedacito de su hogar, con la misma luz difusa, los mismos muebles acolchados, los mismos paneles pulidos, y con todos los servicios al alcance de un botón.

    Se distrajo preparando café, y decidió tomar una buena comida, aunque no tuviera excesivas ganas.

    Se sentía extrañamente libre aunque, al igual que un lobo, la soledad rondara las puertas de su espíritu. Podía hacer lo que quisiera, podía comer lo que quisiera; no había ya necesidad de racionamiento.

    Puso el tocadiscos a todo volumen, algo que nunca en su vida se había atrevido a hacer. Un concierto de violín de Brahms invadió la nave mientras comía. Pero la música acabó demasiado pronto, y la soledad volvió a rodearle. Seleccionó otra grabación y se puso a merodear por la nave, dispuesto a hacer primero una cosa y luego otra, pero demasiado abatido para hacer nada. Estuvo mucho tiempo en la sala de reunión, caviloso, entre sofás vacíos y deshabitados, y luego, sin pensarlo más, fue a su litera, se desnudó, y casi al momento se quedó dormido.


    Aún era de día cuando despertó, sintiéndose todavía agotado; o tal vez fuera ya el día siguiente, lo que querría decir que había estado durmiendo unas veinte horas como mínimo; pero no se molestó en comprobarlo. Se levantó rápidamente, sobre todo porque se sentía solo y triste y tenía que moverse y hacer algo.

    El silencio era insostenible, y tenía que detenerlo. Ordenó al computador de la nave que hubiera una música ambiental constante, de una selección aleatoria de grabaciones. Desayunó, descubriendo que tenía un hambre canina, y luego se sentó en la cabina de reunión tomando un café tras otro. Le parecía estar viviendo como un millonario, o como si fuera el último hombre de la tierra, libre de hacer todo lo que quisiera. Pero luego el aburrimiento y la sensación de absurdo cayeron de nuevo sobre él. Comenzó a pensar en cómo y cuándo debería poner fin a su vida con aquellas pastillas, y fue a verlas. Escrutó fijamente el paisaje exterior, sin ninguna característica notable, y de repente tomó una decisión.

    Se dirigió a la cabina de mando y ordenó al computador que proyectara en la pantalla los mapas fotográficos del planeta que tomara al efectuar la entrada. Advirtió que no eran completos, ni mucho menos. La nave no había efectuado una órbita completa alrededor del planeta para entrar en él, y sólo había fotografiado dos tercios del hemisferio norte. No disponía de ningún mapa que cubriera todo el planeta. Entonces recordó que sólo había ordenado que se tomaran mapas en un momento muy avanzado de la operación de entrada. Bien sabía la ingente cantidad de problemas que había tenido en aquellos momentos. La prospección exhaustiva de reconocimiento inicial estaba aún allá arriba, completa, en el computador de la nave exploradora, o tal vez en la nave principal que naufragó, y ambas se encontraban ahora a cien mil kilómetros sobre su cabeza, probablemente en dirección a Capella, hacia un final glorioso.

    Hizo todo lo posible para recordar la topografía básica del planeta, y la dibujó a mano alzada lo mejor que pudo, ahora que estaba aún fresca en su memoria. En todo caso, disponía de buenos mapas del lugar en el que se encontraba. El navío había cruzado un océano más grande que el Pacífico, y había aterrizado en la mitad occidental de un continente con una línea costera algo parecida a la de China, con un sistema fluvial tan enorme como el del Amazonas, circundado en todo su curso por montañas gigantescas al norte, al este y al sur. El último de los mapas se orientaba hacia el este a través del continente, y mostraba un paisaje impresionante de cordilleras superpuestas, como las del Tibet. La nave había aterrizado en una meseta, al este de la cuenca fluvial principal, en la zona donde el suelo comenzaba a elevarse hacia la compleja cadena montañosa del continente. La mayor parte de la cuenca fluvial y de las tierras costeras estaban cubiertas de bosques.

    No tenía ninguna intención de quedarse en esta meseta miserable durante más tiempo. Decidió llamarla «Limbo» y olvidarse de ella.

    A la nave de entrada le quedaba aún mucho combustible: suficiente para regresar a la nave principal, aunque en este momento eso fuera de interés erudito. Podía dar la vuelta al mundo por lo menos dos veces, y tal vez lo hiciera alguna vez; por el momento lo que iba a hacer era cambiar de paisaje. Examinó los mapas fotográficos de la gran cuenca fluvial del oeste, explorando claros entre los bosques y buscando algo de interés. A partir del reconocimiento inicial ya sabía que allí no existía ninguna prueba de civilización. No había carreteras, ciudades ni cultivos en parte alguna, y suponía que tampoco habrían habitantes conscientes, a no ser cazadores y recolectores primitivos. En este momento esa posibilidad no tenía gran importancia; buscaba un paisaje nuevo, igual que un turista que se pregunta cuál será la próxima etapa.

    Un amigo inteligente le habría dicho que en realidad lo que deseaba era huir de la experiencia de las diez últimas semanas, huir del sufrimiento y de la muerte, de todo el drama del desastre, huir de las tumbas, de la llanura vacía, silenciosa y triste que para él había sido un escenario preparado para una tragedia especialmente triste y absurda. De cualquier modo, al fin tenía algo que hacer, y con sorpresa se dio cuenta de que ya habían pasado tres horas.

    El cansancio reapareció. El solo hecho de estar sentado, bajo una gravedad de uno y un quinto, le causaba dolores y molestias, a no ser que cambiara constantemente de posición. Se acostó y quedó adormilado, soñando medio despierto. Era una sensación desagradable y, al levantarse, se sintió de nuevo hundido, preguntándose si valía la pena molestarse en cambiar de postura, y deseando que hubiera alguien con quien hablar. Se dio cuenta de que estaba hablando a solas.

    Pasó a una de las seis ventanas de observación de la cabina de reunión circular, y desde allí miró las tumbas, que había marcado con paneles cuadrados de aislamiento, hundidos en el suelo en posición vertical como si fueran lápidas sepulcrales. Pensó que debiera escribir en ellos los nombres, y pidió al computador la localización de la pintura. La respuesta en la pantalla fue una señal negativa. Naturalmente. ¿Por qué suponía que habría pintura en la nave? Estudió el problema de cómo poner nombres en los paneles de aislamiento y tecleó de nuevo al computador, para que le indicara la localización de la cinta adhesiva. Sí que había una pequeña cantidad a bordo, para precintar frascos de muestras.

    Cogió un rollo de cinta y unas tijeras quirúrgicas, y pasó a la esclusa de aire. Al entrar en ella sonó el timbre de alarma. La pantalla informativa del interior indicaba, con destellos: «COMPRUEBE SU TRAJE DE PROTECCIÓN». Echó una maldición, irritado. Se había olvidado de ponerse el traje espacial para salir al exterior, y el computador, que conectaba con todas las partes de la nave, sabía que no se había sacado ningún traje del armario antes de activar el portillo de salida. De repente sintió un gran alivio, y se rió por primera vez en muchas semanas. Aunque sólo era una máquina, el computador se ocupaba de él. Escribió su respuesta en el teclado:

    —Muchas gracias, señor; muy amable.

    Y luego, con la protección adecuada, salió de la nave y se dejó caer en el terreno carbonizado de la plataforma hidráulica.

    Al dirigirse hacia las tumbas comenzó de nuevo a preocuparse. No podía recordar a ciencia cierta en qué tumba estaba cada uno. Intentó hurgar en su memoria las últimas semanas, aún confusas. Vassily había sido el primero en morir, aproximadamente una semana después de que Tansis le hubiera amputado la pierna sin ningún conocimiento de cirugía, excepto los consejos que le había dado el computador y las instrucciones que llevaban las medicinas. ¡ Pobre Vassily! Le hubiera debido dejar solo, y atiborrarlo con tranquilizantes. Vassily le había dado su bendición antes de morir, pero Tansis se sentía culpable al recordar cómo desenterró su pierna para volverla a enterrar con el cuerpo.

    ¿Cuál era la primera tumba que había excavado? No recordaba bien si había enterrado al oficial de navegación a la izquierda de Vassily o a su derecha. Mc Intyre no había vuelto a recobrar el conocimiento después de los tres primeros días, y Tansis tampoco podía recordar demasiado bien las circunstancias. Se arrodilló en las cenizas negras que cubrían todo el suelo cerca de la nave, y sintió de nuevo cuán absurdo era todo. Si él iba a morir pronto, ¿quién podría ver las tumbas o a quién le podría importar quién se encontraba en ellas? Tal vez llegara otra expedición para averiguar lo que le había ocurrido a la primera, pero él ya no lo vería; de eso no cabía duda, pues la Tierra se encontraba a sesenta y cinco años de distancia. A pesar de todo, alguna expedición vería las tumbas, y eso era una razón suficiente para ponerles nombres.

    Comenzó por la última tumba, cortando la cinta y pegándola en ella para formar cuatro letras con tiras. Resultaba enredoso utilizar tijeras con las manos enguantadas, y la cinta se pegaba a todo. Tomó la decisión de cuál había sido la primera tumba, puso en ella el nombre adecuado y luego continuó trabajando con las otras tres. Pensó en colocar algún epitafio. Fragmentos de poemas y de textos bíblicos cruzaron su mente. Finalmente escribió con la cinta la frase: «El camino de las estrellas está lleno de sufrimiento». Aquello resumía sus ideas, y le producía una satisfacción siniestra. El universo era un lugar absolutamente horrible, para quien abandona la cuna de la Tierra.

    Eso era todo lo que podía hacer por sus cuatro amigos. Lo había hecho lo mejor posible. Y entonces otro pensamiento le atormentó: ¿Cómo podría encontrar esas tumbas otra expedición? Podría encontrar la nave de aterrizaje, porque podía programar que ésta transmitiera un mensaje en el momento de recibir alguna señal de radio significativa, incluso años después de que él hubiera muerto. Mientras la fuente de energía y las baterías duraran, y eso sería un siglo si se desconectaba todo lo demás, otra nave podría entrar en onda por retransmisión. Pero iba a llevar la nave a otro lugar. ¿O tal vez, por el contrario, debiera quedarse aquí? No, no; que a este lugar se lo trague la tierra. No podía vivir como una tumba; tenía que salir de aquí.

    Cuando regresó al interior de la nave programó el computador para que retransmitiera un mapa del continente que mostrara la situación del legar de enterramiento con una cruz, y un informe de quiénes estaban sepultados allí. Esto debería retransmitirse en el momento en que se captara alguna señal significativa de alguna nave espacial. Con ello solucionó un problema, por un siglo por lo menos. Pero, ¿qué podría hacer ahora?

    Comió, y luego vio una película. La tarde apenas había comenzado. Este planeta tenía días interminables. ¿Debería marcharse ya? Se entretuvo en la cabina, arreglando y limpiando cosas, dejando de lado el tomar una decisión. Suponía que no podía sencillamente decidirse y largarse; que debería hacer ciertos preparativos. De modo que arregló la cabina de control y los laboratorios, y luego, llevado por su trabajo y convencido de que aquel lugar necesitaba ser ordenado a fondo y debía quedar bien arreglado antes de que pudiera dirigirse a algún sitio, con la ayuda del computador se dedicó a repasar las reservas y luego todos los sistemas de la nave. La nave estaba realmente muy desastrada: había reservas abiertas y desparramadas por todas partes, allí donde la prisa y la impaciencia de las últimas semanas las había dejado. Mantuvo la música ambiental a todo volumen, y disfrutó del diálogo con el computador al ir verificando los distintos procesos.

    Se fue a la cama con la sensación de un gran cansancio, pero bastante satisfecho de sí mismo, y se durmió con música de Sibelius embraveciéndose a su alrededor.

    Al despertarse se sintió descansado e impaciente por ponerse en marcha. Aún era de noche. Le iba a costar mucho acostumbrarse a un ciclo de treinta y dos horas. No iba a viajar en la oscuridad, y al dirigirse hacia el oeste volvería de nuevo a la noche. Otra vez sus ánimos comenzaron a flaquearle: había mucho tiempo que llenar en este maldito planeta. Consultó los mapas de nuevo, y decidió aterrizar en las orillas del gran río, en el centro de su cuenca, eligiendo una zona de bosques dispersos y de claros.

    Bajó al nivel inferior, para dirigirse a los laboratorios, y allí comenzó a analizar la atmósfera exterior. Todo lo que sabía sobre este planeta no podría llenar una cuartilla.

    Por los sondeos iniciales que realizó la nave principal antes de que hiciera aquella última y desastrosa maniobra, sabía que este planeta blanco tenía una atmósfera semejante a la de la Tierra, con 55 % de oxígeno, 44 % de nitrógeno y 1 % de dióxido de carbono. La presión atmosférica era la mitad de la terrestre. Ocho décimas partes del planeta estaban cubiertas de océanos profundos, y la capa de nubes era compacta y permanente, habiendo pruebas de la existencia de pótenles corrientes de convección que partían de los trópicos. La inclinación axial era de 37 grados; los casquetes polares eran masivos. El año duraba 979 días terrestres y el planeta tenía una órbita doble primaria de una distancia media de 400 millones de kilómetros. El clima debía conllevar grandes desniveles estacionales.

    El computador de la nave no conocía ninguno de los datos anteriores, porque la preparación de esta nave de entrada para realizar la exploración inicial acababa de iniciarse cuando sobrevino el desastre. Toda la información detallada estaba en el computador de la nave principal que ahora se dirigía rumbo al olvido. Lo que él necesitaba saber era si el aire estaba lleno de microorganismos o de polvo, y si podría salir al exterior sin protección.

    Encontró que el nivel de polvo era muy bajo, lo cual no era comprensible, pues esta meseta debía estar a una altura de dos mil quinientos metros, por lo menos. No podía calcular las altitudes con precisión, porque la presión del aire era diferente a la de la Tierra y no disponía de ningún altímetro calibrado para este lugar. Tampoco lo tendría nunca, a no ser que él mismo se lo fabricase. En el aire no había metales pesados ni ningún otro elemento tóxico, pero detectó la presencia de microorganismos, en especial de virus y de moléculas orgánicas grandes y complejas. Esas moléculas podrían ser el perfume de una vegetación omnipresente, en forma de cintas, y se preguntó qué olor podría tener. Esas moléculas eran alcaloides, pero no eran las mismas que se conocían en la Tierra; al menos, el computador no podía clasificarlas. Él sólo tenía una preparación científica general de ayudante, trabajo que ejercía cuando no estaba pilotando, pero el computador estaba especialmente diseñado para este tipo de trabajo. Tenía la certeza de que si el computador no podía relacionar una estructura molecular con ninguna otra de su banco de memoria, eso quería decir que la estructura era desconocida en la Tierra.

    Después de estos experimentos, procedió a analizar los diversos microorganismos y virus de las muestras de aire. Los aparatos y las técnicas del laboratorio podrían hacerlo bien, pero carecía de la experiencia necesaria para dirigirlo. Primero tuvo que clasificar en grupos los organismos antes de poder efectuar pruebas en cultivos de tejidos humanos y analizar los resultados obtenidos, para ver si la reacción era nociva. La verdad es que no dominaba esa técnica. Los conocimientos de un ayudante eran claramente insuficientes para alguien cuya vida dependía de los resultados. Esa investigación, además, hubiera agotado a todo un equipo de bioquímicos y de microbiólogos, porque todo era terreno desconocido.

    Abandonó la tarea con tristeza, sin haber tomado aún la decisión de iniciar un estudio profundo de bioquímica y materias relacionadas utilizando al computador como profesor. Pero había mucho que explorar y no le quedaba mucho tiempo —tal vez sólo un año— antes de que los suministros de la nave se agotaran.

    ¿Por qué preocuparse en convertirse de nuevo en un estudiante? En el fondo de sus cavilaciones se encontraba su muerte, una muerte de libre elección cuando las cosas se complicaran demasiado. ¿Por qué había de molestarse en solucionar todos los problemas uno a uno? Mejor sería recorrer el planeta en la nave, viendo todo lo posible y aprendiendo lo que pudiera sobre la marcha, poniéndose siempre el traje espacial de protección para salir al exterior.

    Ya era de día, o, en todo caso, estaba a punto de acabar ese largo amanecer de este planeta. La combinación de una rotación larga, un cielo cubierto de nubes y una latitud alta daban como consecuencia que la aurora y el ocaso duraran dos horas, de graduación imperceptible en la luminosidad del cielo, desde un brillo dorado cerca del horizonte, a una luz intensa, blanca, que lo rodeaba todo.


    2


    Éste era el momento de partir. Tansis ocupó el asiento del piloto, realizó una comprobación rápida de funcionamiento, indicó al computador el curso a seguir, y despegó. En este trabajo él era un experto, y no estaría mal que aprovechara al máximo esa habilidad durante su último año.

    Ascendió a una altura de cinco mil metros, a juzgar por el eco radárico, y allí el cielo permanecía aún de un color blanco radiante, aunque el brillo de Capella, mucho más intenso, era visible a algunos grados sobre el horizonte. El suelo quedaba oculto por la niebla. La atmósfera de este mundo era neblinosa y húmeda, porque la red hidrográfica del planeta era muy potente, según aparecía de modo evidente desde el espacio exterior. La combinación de un planeta primario, cálido y brillante, mucho más brillante que el Sol, con el reparto de tierras y mares (ocho décimas partes cubiertas por el agua), indicaba unos enormes recursos de circulación del agua y la formación de nubes que se elevaban hasta una altura de por lo menos seis mil metros.

    Decidió sobrepasar la capa de nubes y mirar un poco el espacio superior. Allí se sentía en su propia casa; este cielo brillante le aburría y le deprimía, y deseaba ver de nuevo las estrellas. Ordenó al computador que elevara la trayectoria y se mantuviera atento al brillo de Capella que, al aumentar, adquiría la forma de dos imágenes del tamaño del Sol, de intenso brillo y tan juntas que parecían tocarse, mientras la pantalla de la nave se oscurecía en compensación. De repente, la cubierta de nubes desapareció, y divisó una enorme llanura ondulante de color blanco, dorado y gris. Conforme continuaba su viaje hacia el oeste, alejándose de Capella, vio formaciones de nubes gigantescas que corrían en dirección paralela a la suya tanto al norte como al sur. Eran éstos los anillos de nubes que rodeaban el planeta, tan evidentes desde el espacio, que se elevaban en cordilleras gigantescas como el Himalaya, pero manteniéndose en movimiento constante. Contempló fascinado cómo las grandes montañas de nubes crecían verticalmente para luego abrirse en impresionantes gargantas y abismos; le parecía estar viendo una película a ritmo increíblemente acelerado sobre la evolución geológica de algún planeta.

    Sin previo aviso, la niebla blanca apareció de nuevo por todo su alrededor, y Capella perdió su brillo. El computador, siguiendo la trayectoria programada, había desconectado la visión, como era la práctica habitual, y la nave comenzó a caer hacia su destino. Tansis tomó la decisión de regresar alguna vez a ver con calma ese país glorioso de nubes.

    Gradualmente la niebla blanca fue cambiando hasta convertirse en un resplandor brillante por arriba y un paisaje brumoso verde oscuro y gris por debajo. Vio el brillo del agua en innumerables ríos y lagos, y nubes de lluvia de color gris oscuro que navegaban muy por debajo de la capa de nubes permanente. Esas nubes oscuras venían del océano occidental en filas separadas entre sí por varios kilómetros, arrojando sombras sobre el suelo, y el efecto total de nube y sombra, niebla y brillo, era una sensación de grandeza. Luego la escena se alteró completamente al sentirse por debajo del nivel de las nubes de lluvia. El horizonte desapareció y se encontró rodeado de nubes cúmulo-nimbo que con toda claridad iban a estallar en forma de lluvia. Inmediatamente por debajo de la nave divisó un gran río de varios kilómetros de anchura, y la configuración del terreno cubierto de bosques semejaba, a vista de pájaro, una alfombra con bultos.

    Los motores iniciaron un gruñido sordo, y la nave, girando de nuevo, se estremeció y vibró al comenzar la maniobra de aterrizaje. Tansis tomó la dirección manual e inspeccionó la zona buscando un espacio abierto. La nave se dirigía hacia el manto forestal con claros cerca del río. Eligió el espacio abierto más grande que encontró, pero luego cambió de opinión porque no le hacía gracia tener que andar más de un kilómetro para contemplar el primer árbol de su vida, y se dirigió por el contrario hacia un camino serpenteante de tierra sin vegetación, de unos cien metros de anchura, que formaba como una cola a partir de aquel gran espacio abierto.

    Mantuvo la nave planeando durante unos momentos mientras inspeccionaba el suelo en busca de posibles desniveles, o de agua, y luego hizo descender el artefacto, que rebotó ligeramente. Una nube de humo se elevó cubriendo las ventanas de la nave, al tiempo que se iniciaba un pequeño incendio de matorrales. Luego el humo oscuro se levantó como una ola delante de las ventanas, y Tansis comenzó a preocuparse por si hubiera iniciado un incendio forestal que pudiera obligarle a efectuar un despegue inmediato. ¿Qué sería de él si no pudiera aterrizar en ninguna parte debido a los incendios provocados por él?

    Contempló la escena, preocupado y deseando que el humo se debilitara, toqueteando su asiento con nerviosismo y maldiciendo su suerte. En estos días se desconcertaba con mucha facilidad. Sin embargo, el humo pronto se debilitó y vio que se había formado en el terreno una mancha negruzca de unos veinte metros de diámetro, en torno a la nave; aún salía humo de sus bordes, pero ya no había llamas. Mientras lo observaba, la humareda desapareció. Durante unos minutos siguió contemplando atentamente el borde de la zona chamuscada; luego suspiró de alivio y cambió la posición de la nave, haciéndola descender a su parada de reposo. «Me preocupo demasiado —pensó—; de todos modos, tiene que llover pronto.»

    Se sentó un rato, mirando por la ventana fijamente. Esto sí que se parecía a los paisajes de la Tierra, que conocía tan bien por esas grandes fotografías que parecían reales, colocadas en las ventanas de las cabinas de la nave principal. Algunos árboles aislados llegaban hasta unos cien metros de distancia de la nave. Cuando sus ojos se fueron acostumbrando al paisaje exterior, comenzó a distinguir con claridad objetos aislados. Aquellos no Se parecían en nada a los árboles. No tenían ramas, ni vástagos, ni hojas. Venían a ser grandes matojos de unas cintas tiesas de color verde azulado, atadas por el centro y abiertas en abanico por arriba. Parecían fuentes, quizás, o gavillas de trigo, o... Intentó encontrar una comparación más apropiada, y no lo logró. Cubriendo el suelo se encontraba esa misma materia, que parecía cintas y que había visto antes en la meseta. Las nubes que evolucionaban rápidamente en el cielo hacían que el paisaje pareciera más familiar, y suprimían esa horrible cualidad imperturbable de la meseta. Recordó todo lo que sabía sobre animales, y miró con ansiedad en busca de alguna pista de ellos. Las altas frondas de cintas de los árboles se balanceaban delante y atrás, lentamente, pero en el suelo no se notaba ningún movimiento.

    ¿Qué debería hacer ahora? Tendría que efectuar pruebas del aire exterior, pero no tenía ganas de comenzar otra vez todo ese trabajo, que no le llevaría a ninguna conclusión segura. Si no podía hacer el trabajo bien, hacerlo mal no tenía sentido. Al final decidió que haría lo que realmente le apetecía: salir al exterior y explorar.

    En primer lugar necesitaba un arma y un aparato de alarma. Encontró en la nave un equipo de radar portátil que podría enganchar a la mochila del traje espacial, y le avisaría de cualquier cosa que viniera hacia él a cierta distancia. Para conseguir un arma necesitaba tener acceso al armario de la sala de armas. Y el único autorizado a hacerlo era el oficial con mando en la expedición, que ahora estaba muerto y desaparecido. Tansis, en sentido estricto y según las ordenanzas, había robado la nave. Si ésta hubiera estado totalmente preparada y programada para el aterrizaje oficial, Tansis no hubiera dispuesto para nada de la colaboración del computador, y probablemente no hubiera logrado hacer descender la nave.

    Las pequeñas cosas son las que más molestan. El computador no podía ayudarle dándole la combinación que abría aquel armario, porque nunca se le había dado. Inspeccionó a fondo la cabina del comandante, en busca de su diario. No tuvo éxito, porque la información clave se encontraba aún en la nave principal, fuera de su alcance. Volvió a la sala de armas y contempló el armario. Hubiera sido inútil intentar forzarlo, porque sin ninguna duda eso alarmaría al computador, que desde entonces le trataría como a un criminal. Estaba controlado. El largo brazo de la ley le alcanzaría incluso aquí, aunque fuera un brazo muerto y amputado.

    Se encogió de hombros con resignación; necesitaba el computador mucho más que necesitaba un fusil. Pero un arma también era importante. Sólo Dios sabía lo que habría en el exterior. Si la vegetación era muy evolucionada —en realidad así lo parecía—, entonces sería probable que hubiera una vida animal lo bastante grande para atacarle. En su imaginación veía cosas semejantes a tigres y leones que acechaban entre los árboles.

    De repente, una idea brillante le vino a la mente: podía llevar consigo un cuchillo térmico, de los que se utilizaban para reparaciones. La nave estaba abarrotada de herramientas para que los trabajos de defensa y construcción de bases pudieran efectuarse después del aterrizaje, mientras la exploración estaba en curso. Si adaptaba el cuchillo como si fuera un gran soplete de soldar, con una llama larga y estrecha, ningún animal podría acercársele.

    Y así, después de todos los preparativos, Tansis puso pie a tierra en un nuevo mundo, dentro de un traje protector, con el radar olfateando a su alrededor y con un soplete de soldar a punto. Se fue alejando de la nave, avanzando por el círculo chamuscado, dándose cuenta, con fastidio, de que las cenizas estaban tiznando de gris sus botas blancas y brillantes. En realidad no le importaba, porque la suciedad nunca podría entrar en la nave, pero estaba mal de los nervios y las cosas pequeñas le molestaban más de lo debido. La esclusa de entrada de la nave estaba construida de tal modo que, para entrar en ella, había que llevar puesto el traje protector; luego se pasaba por una cortina de plástico líquido que caía del techo formando inmediatamente sobre toda la superficie del traje una lámina de una película fina, transparente y muy resistente. Después de cualquier recorrido por el exterior, como el explorador quedaba cubierto de todo tipo de gérmenes extraños, para entrar en la nave tenía que pasar de nuevo por la cortina de plástico, para recibir otro recubrimiento de película, y de este modo quedaban emparedados todos los gérmenes entre la primera y la segunda capa. Luego había que quitar la lámina del traje y meterla directamente en el incinerador antes de entrar en el espacio habitable de la nave. Todas las herramientas y equipo que no pudieran funcionar recubiertos de esa película, tenían que dejarse en el exterior y ser abandonados al fin de la expedición.

    Se detuvo en el borde de la zona chamuscada y se dio cuenta de que la capa que cubría el suelo en forma de cintas era muy profunda; tenía por lo menos un metro de espesor. Quitando las cenizas con la bota, limpió una zona del suelo. Estaba húmedo y emanaba vapor; sin duda, el calor del fuego inicial hacía ascender a la superficie la humedad interior. Parecía evidente que la vegetación de este tipo mantenía el suelo permanentemente húmedo. Aprovechó la oportunidad para mirar cerca de la cubierta, allí donde el fuego la había tajado dejando al descubierto su sección transversal. En realidad, era la primera vez que la miraba en serio, porque allá, en la meseta, estuvo demasiado ocupado y distraído para fijarse en ella.

    Las cintas oscuras de color verde azulado medían unos tres centímetros de espesor y nueve o diez de ancho; salían directamente del suelo y se enrollaban y cruzaban apilándose hasta la altura de un hombre, en un laberinto impenetrable. Estiró de una de ellas para separarla del resto, pero no pudo sacarla. Lo intentó con varias más, pero estaban entrelazadas como si fueran un nudo enorme. Tampoco pudo romper ninguno de los haces que semejaban ramas verdes. Evidentemente, aquella sustancia desempeñaba el mismo papel del césped de la Tierra, y decidió llamarla «capa de cintas». Ya se había dado cuenta, allá en la meseta, de que era bastante fácil andar sobre ella, y que hacía rebotar el pie de modo agradable, lo cual constituía una buena ayuda en esta atmósfera de tanta gravedad. Le recordaba un poco las moquetas de goma espesa de ciertas zonas de la nave principal, y tal vez un observador nacido en la Tierra las hubiera comparado a andar sobre brezos. Utilizando la lanza térmica cortó varios fragmentos de cinta, y los puso en su bolsa de muestras.

    Miró hacia atrás y luego trepó por la vegetación, llegó a la parte superior y se detuvo. Se le ocurrió una idea, y descendió de nuevo a las cenizas para escudriñar el interior de la capa de cintas, con ayuda de un potente foco. Con toda seguridad, una materia como ésta debería estar repleta de vida. Recordaba haber leído en algún sitio que cualquier campo de la Tierra contenía millones de gusanos, escarabajos y otros bichos. Y, sin embargo, nada se agitaba en las profundidades de esa cinta en montones compactos. Naturalmente, al principio era difícil detectar algo, porque no sabía lo que buscaba. Se dio cuenta de los detalles: las cintas tenían pelos verdes pequeñitos, y algunas también pelos grises, largos: ¿se trataba de animales primitivos, o eran parte de las cintas? También había minúsculas manchas oscuras: ¿polvo, o tal vez ácaros? Empezó a cansarse de estar en cuclillas observando, y decidió abandonar esa tarea hasta que hubiera examinado las muestras que llevaba en la bolsa.

    Volvió a subir al montón de la capa de cintas, mirando otra vez inconscientemente hacia atrás, y se dirigió hacia los árboles. Ante todo se dio cuenta de que los árboles estaban muy relacionados con la capa de cintas: eran una forma de cinta arbolada. El tronco era un gran matojo de cintas dispuestas en forma vertical y unidas, formando una columna de unos seis metros de circunferencia y que luego se separaban a unos seis metros de altura para abrirse en abanico, o en forma de fuente. El abanico era por lo menos tan alto como el tronco. Al tocarlo, notó que el tronco era duro, y al golpearlo con la palma de la mano le pareció que estaba formado por una madera ligeramente elástica. Intentó separar las cintas de la superficie del tronco, pero parecían estar ligadas entre sí con mucha fuerza, y no se separaban en absoluto. Sería interesante analizar la estructura interna de la madera, si es que eso era madera. Dirigió la lanza térmica al árbol e intentó cortar un trozo. Cuando la llama azul, fina e intensa, comenzaba a cortarla, esa materia expulsó humo de modo tan alarmante que Tansis inmediatamente dejó de cortar, preocupado por si aquello pudiera causar un incendio forestal. Casi estuvo a punto de golpear el tronco caliente y con rescoldos con su mano enguantada, pero en el momento preciso recordó que, si lo hacía, destruiría la lámina de plástico del traje. Con gran alivio para él dejó de salir humo, quedando en el tronco una llaga negruzca de unos treinta centímetros. Necesitaba un hacha para cortar una muestra. La próxima vez que viniera traería consigo una caja de herramientas y las dejaría en el exterior.

    El tronco formaba un círculo casi perfecto y bastante liso, sin salientes ni protuberancias que pudieran utilizarse para trepar. Miró a su alrededor, lentamente, contemplando cientos de árboles que crecían muy cerca y se iban juntando en la distancia, pero que, vistos de cerca, estaban esparcidos y aislados. Todos eran idénticos al que había estado examinando. Este mundo tenía un aspecto bastante aburrido, y notó que volvía de nuevo la depresión, y con ella la soledad, como una enfermedad de la que nunca podría desprenderse.

    Miró de nuevo hacia atrás, y decidió comprobar la señal de alarma de su radar portátil, para verificar si era cierto que le servía de protección. Pulsó las teclas del comunicador del traje, y oyó la señal de respuesta del computador. Esto le tranquilizó. El radar de la nave le estaba siguiendo mientras él se encontraba fuera.

    Manteniendo siempre la nave a la vista, comenzó a caminar siguiendo el perímetro del espacio abierto, y dando una vuelta completa alrededor de la nave. La capa de cintas se extendía por igual por todas partes, ocultando cualquier posible irregularidad del suelo; los árboles de cintas surgían rectos de ella y no parecían molestarla. Las altas frondas ondeaban, mecidas por un viento cuya velocidad calculó que sería de diez nudos. Había vientos fuertes a miles de metros de altura, a juzgar por la velocidad de las nubes grises y deshilachadas que veía allá arriba, pero el mal tiempo aún no había llegado al suelo.

    Después de recorrer unos trescientos metros vio una forma oscura y larga que descansaba en el suelo entre los árboles, delante de él. Miró otra vez a su alrededor con nerviosismo y luego la estudió con sus anteojos. Tenía el aspecto de un tronco de árbol caído, excepto que las cintas parecían estar retorcidas. Convencido de que era algo vegetal y que no iba a levantarse y a comérselo, caminó hacia ello.

    Esto —descubrió— era el tercer tipo de vegetación de cintas. Un tronco largo, recto, horizontal, de poco más de un metro de altura y diez de largo, medio acostado sobre la cubierta de cintas y medio enterrado en ella. Las cintas estaban retorcidas en forma de hélice o de un enorme cordón umbilical, y por cada uno de sus extremos entraban en forma de espiral por debajo de la capa de matojos, desapareciendo de la vista. Era duro, y las cintas eran parte inamovible de la estructura. Decidió llamarlo «tronco de cintas».

    Cautelosamente subió sobre él y se sentó. No ocurrió nada, y se alegró de poder descansar un momento y mirar a su alrededor. Iba a costarle varias semanas aclimatarse a la pesada gravedad, sin olvidar que debía comer bien y mantenerse en forma. Le agradaría tomar en ese momento una taza de café, pero dentro del traje no se había aprovisionado de nada que pudiera ahora succionar sin quitarse el casco. Contemplar a su alrededor los árboles verde azulados, todos de la misma forma y del mismo tamaño, no sirvió para aliviar su malhumor.

    Después de unos diez minutos de estar sentado, su trasero empezó a acusar la dureza del tronco, y entonces bajó de un salto y continuó su paseo melancólico. Atravesó la franja de tierra de casi cien metros de anchura descubierta al norte de la nave, y miró a la izquierda en dirección al amplio claro lejano en el que había decidido no aterrizar. La capa de cintas se perdía en la distancia. Pero luego comprobó que parecía distinta a unos doscientos metros. Tenía allí el aspecto de una mancha de césped que creciera por encima de la capa de cintas. Intrigado por ello, decidió cambiar su rumbo y contemplarla antes de continuar el recorrido circular en torno a la nave.

    Cuando llegó a ella se dio cuenta de que consistía en cintas aisladas que crecían tiesas hacia arriba y salían de la capa dominante, alcanzando alturas diversas, de hasta un metro. La mancha era pequeña, tal vez de diez metros cuadrados, y era lo más terráqueo de todo lo que había visto hasta ese momento.

    Cuatro tipos de vegetación, pero ninguna huella de animales. Completó su recorrido circular, divisando algunos troncos más entre los árboles, y luego regresó a la nave, añadiendo una muestra de las cenizas a su pequeña colección.

    Dejó para otro momento el análisis de lo que había recogido, y comenzó a planear una expedición mejor equipada. Consiguió un hacha, una sierra, una escalera, un zapapico, un martillo de geólogo, una barrena perforadora, una lupa, una cinta métrica y cinta adhesiva: lo metió todo en una caja que colocó en una vagoneta de dos ruedas. En la nave había un surtido completo de utensilios de este tipo.

    Después de descansar un rato y de tomar café se dispuso a salir de nuevo. Aún era muy temprano, y las nubes grises y bajas cubrían la mayor parte del cielo, reduciendo así su resplandor.

    En esta ocasión se dirigió en línea recta hacia los árboles. Tuvo suerte y logró cortar una muestra de madera; taladró profundamente el tronco, lo midió, y luego extendió la escalera y subió por ella para mirar el abanico de cintas verticales y rígidas, el follaje de esos «árboles». Su primera sorpresa fue descubrir que en la parte superior del tronco sólido, en el lugar en que las cintas separadas se abrían en abanico, había un charco de agua, y que las cintas del abanico salían del agua como un grupo de cañas. El agua era de color oscuro y tenía unos treinta Centímetros de profundidad. Rellenó de agua una botella de muestra y la miró al trasluz. Tenía la certeza de que resultaría estar llena de vida microscópica. La segunda sorpresa fue que las cintas en abanico estaban cubiertas de pequeños nódulos de color marrón, como botones de camisa, dispuestos en grupos de cinco, a intervalos de veintitrés centímetros por toda la cinta, hasta la misma punta. Cortó una de las cintas en abanico al nivel del agua y la dejó caer al suelo; cuando bajara del árbol la recogería para su colección. Miró luego alrededor, a los árboles de cinta cercanos; en todos ellos se divisaba el brillo del agua en la juntura del tronco y del abanico, y en todos los abanicos aparecían los mismos nódulos.

    Empezaban a dolerle las piernas y los pies, por estar sobre los estrechos peldaños de la escalera, bajo una fuerza de gravedad excesiva, y bajó de la escalera lentamente, examinando de cerca el tronco. Al acercarse a la parte baja de la escalera, el abanico que ahora quedaba por encima de él empezó a mecerse. Alarmado en gran manera, saltó tres escalones para llegar al suelo, y se cayó. Dio una vuelta completa y miró con ojos asustados a su alrededor mientras se ponía en pie a toda prisa. Todos los abanicos se agitaban con violencia, y todo el lugar parecía haberse llenado de vida. Durante un momento contempló el espectáculo sin comprender nada, casi dispuesto a correr hacia la nave; luego vio gotas de agua en su traje y cayendo por el visor de la cara. Al enfocar el aire con la mirada se dio cuenta de que estaba lloviendo; la lluvia era absorbida instantáneamente por esa alfombra de casi un metro de espesor formada por la capa de cintas.

    Se mantuvo en pie, recostando la espalda en el árbol, mientras su corazón se iba calmando. Recordaba cómo había caído, y se sentía irritado consigo mismo. Bajo esta gravedad excesiva tendría que tener cuidado y evitar dar saltos o caerse; de no hacerlo así, se rompería un hueso o se lastimaría un músculo.

    La lluvia seguía cayendo, ahora con más fuerza; el aire se había vuelto gris y, ante el inminente chaparrón, los abanicos de los árboles se quedaron quietos. Aquella breve agitación fue causada solamente por el desplazamiento del aire, debido a que una masa pesada de lluvia había descendido hasta el suelo. La visibilidad disminuía y la nave se divisaba apenas a unos cien metros de distancia. Estuvo dudando entre regresar o continuar sus investigaciones. Físicamente la lluvia no podía hacerle nada, porque estaba totalmente aislado y protegido en el interior de su traje. Era evidente que no le iban a molestar ni los charcos ni el barro, porque había casi un metro de capa de cintas bajo sus pies, y esa sustancia sería capaz de absorber lluvia durante semanas sin dejar ninguna huella en la superficie. Se mantuvo indeciso durante varios minutos, mientras veía caer la lluvia. Era la primera vez que la contemplaba en la realidad, aunque la hubiera visto bastantes veces en las películas. Sencillamente, él no estaba acostumbrado a cambios del tiempo rápidos como éste; además, las líneas que trazaba la lluvia al caer le maravillaban.

    Al cabo de un rato decidió continuar. De todas formas estaba en una atmósfera extraña y posiblemente fatídica, así que un poco de lluvia no significaría nada. Después de asegurarse de que su dispositivo de retorno le haría regresar a la nave cuando quisiera, avanzó entre los árboles hacia el oeste de la nave.

    Se orientaba con respecto a ella mediante señales de radio. El maser del navío retransmitía una frecuencia diferente para cada uno de los 360 grados de la escala; por ello, manteniendo su receptor emitiendo sonidos a una frecuencia elegida, podía mantener una línea recta en cualquier dirección. La intensidad de la señal se traducía en una lectura de distancias, lo cual significaba que podría regresar a la nave siguiendo el recorrido por el cual obtuviera una frecuencia a una intensidad de aumento constante.

    Si quisiera disponer de una brújula basada en el campo magnético de este planeta, tendría que fabricársela él mismo, porque no tenía ninguna información sobre la inclinación magnética del norte real, ni de las variaciones locales.

    Al ir avanzando bosque adentro, los árboles comenzaron a espesarse hasta tal punto que sus abanicos casi se tocaban. En el suelo, entre los troncos, la capa de cintas se extendía al mismo nivel sin ningún cambio. Después de casi un kilómetro de avance sin ningún dato nuevo, el panorama gris del frente parecía iluminarse y luego, de repente, vio el brillo del agua. Había llegado a la orilla del gran río.

    Estaba contrariado porque la lluvia ocultaba y reducía el paisaje. El río estaba cubierto de chapoteos blancos que se movían mientras las aguas seguían su curso, lento pero poderoso, más o menos a la velocidad del paso humano. No podía divisar en absoluto la ribera opuesta, pero estaba claro que debía de estar a siete u ocho kilómetros de distancia. Se encontraba de pie sobre la capa de cintas a unos seis metros por encima del río, y delante de él el suelo descendía suavemente hasta el borde del agua. Más allá de este punto no crecía ningún árbol de cintas, y la misma capa cambiaba de aspecto cerca de la orilla.

    Tansis descendió la pendiente para poder mirar el agua de cerca. Al acercarse, se dio cuenta de que esta capa de cintas era menos elástica y notó que disminuía de espesor. A tres metros de distancia del agua se convertía en cintas verdes, Viscosas, de un espesor de menos de un centímetro por cinco de anchura, y pudo ver por debajo de ellas un poco de tierra negra y húmeda. Sin dejar de mirarlas, avanzó otro paso, y al hacerlo notó que el pie se resbalaba. Era imposible detenerse o retroceder. Sus pies se abrieron, y Tansis aterrizó sobre su espalda. Al notar que se deslizaba hacia abajo giró sobre su costado, se agarró desesperadamente de las hierbas y luego notó que estaba debajo del agua, terriblemente oscura como una noche repentina. Se abrió paso hacia la superficie, y flotó. El aire del interior del traje y de la mochila impedían que se hundiera, pero en aquel momento no recordaba bien este dato. Sí que recordaba que no sabía nadar y que nunca en su vida había estado inmerso en aguas profundas, ni siquiera en una bañera. En la nave espacial no había más que duchas.

    Se agitó desesperadamente, aterrorizado, y vio que la orilla del río se alejaba, tras él, a unos metros. Golpeó el agua con las manos, moviendo los brazos, y esta forma primitiva de natación le llevó cerca de las hierbas de la orilla. Se agarró a ellas con ambas manos, pero sintió que esa materia se le resbalaba de los dedos sin ninguna compasión. Vanamente, las tiras a las que se agarraba iban desenredándose suave e interminablemente de la masa vegetal que estaba frente a él. Se preguntaba si acaso las cintas no tendrían fin, y cómo podría asirse de ellas con mayor fuerza, cuando sus pies tocaron el suelo por debajo del agua. Se tambaleó, y casi cayó, pero no soltó las hierbas escurridizas. Luego se dio cuenta de que estaba otra vez de pie, con el agua a la altura de la cintura corriendo rápida a su lado. Se mantuvo así, temblando y sin aliento. Tres metros de terreno resbaladizo le separaban de un lugar seguro.

    A lo lejos veía una vaga sombra oscura en el mismo borde del agua. Se dirigió cautelosamente hacia ella, arrastrando los pies por el barro del fondo del agua y agarrándose a la hierba de cintas mientras avanzaba. Después de unos sesenta metros, las cintas que había estado asiendo llegaron a su extremo, y así pudo saber su longitud, aunque entonces no estuviera interesado en ello. Se agarró de otra cinta y mantuvo la mirada fija en la protuberancia oscura que aparecía más adelante. Estaba deseando que fuera algo sólido que de algún modo pudiera ayudarle.

    Cuando llegó a ella, diez minutos más tarde, se dio cuenta de que era un saliente rocoso que surgía de la capa de cintas en la parte superior de la ribera, y que avanzaba sobre el agua. La mayor parte del saliente estaba lisa, aunque algunas tiras de cintas viscosas la recubrían. Al menos era sólido, y podía caer encima como si fuera una foca varada.

    En esa posición descansó algunos minutos, y luego rodó sobre sí mismo y se puso de rodillas. Temía por el traje, porque una escalada como aquélla sobre la roca desnuda podría romper la película de aislamiento. Estaba previsto que los equipos de exploración planetaria realizaran sólo paseos tranquilos en compañía de una gran cantidad de equipo, y nunca se había calculado que tuvieran que gatear en zanjas ni en rocas. A pesar de todo se puso a cuatro patas y fue gateando hacia atrás hasta la capa de cintas, agradeciendo su llegada como un viajero del espacio agradece el retorno a los verdes campos de la Tierra. Era algo de lo que podía fiarse; era lisa, resultaba cómodo andar sobre ella y no se empapaba de agua. Se dejó caer y descansó sobre un costado, con los ojos cerrados. «Sólo un minuto —pensó—, para recobrar el aliento y calmar el latido del corazón. Debo cuidar mi corazón, con esta gravedad excesiva.»

    Sobresaltado, abrió los ojos de par en par. No podía reconocer nada. Dio varias vueltas sobre sí mismo y se apoyó en los codos: todo lo que veía le parecía una fotografía en blanco y negro. Si Tansis alguna vez hubiera tomado la siesta en una playa, bajo la brillante luz del sol, hubiera recordado ahora esa experiencia; sin embargo, su educación no le había acostumbrado a la vida en un planeta.

    Sintiéndose atontado y débil, se puso en pie. ¿Cuánto tiempo habría estado allí acostado? Se debía de haber quedado profundamente dormido, porque el cielo se había aclarado un poco, la lluvia había cesado y los abanicos de los árboles se mecían suavemente. Era un auténtico problema adivinar la hora que era. Su reloj estaba calibrado para un día de veinticuatro horas, pero en este mundo con un ciclo de treinta y dos horas eso implicaba que el reloj se iba desfasando rápidamente con respecto al día y la noche. En ese momento indicaba las dos de la madrugada, lo que evidentemente no significaba nada. Si quería un reloj de treinta y dos horas, tendría que fabricárselo él mismo. En realidad, un reloj de este tipo, así como otras cosas semejantes —una brújula, un barómetro y un altímetro específicos para este planeta—, habrían sido fabricados en el taller de la nave principal durante las primeras semanas de exploración; sin embargo, estos paseos solitarios de Tansis serían la única exploración que jamás se haría en este mundo. No había mirado el reloj al salir de la nave, y al ver el sol en el cielo no podía hacerse una idea aproximada; tan sólo ese brillo blanquecino que siempre ocultaba de la vista a Capella.

    Pulsando el teclado del traje especial, preguntó al computador:

    —¿Cuánto tiempo llevo en este lugar?
    —Tres horas cuarenta y cinco minutos dieciséis segundos, hora-tipo de la nave.

    Ésta fue la respuesta, que llegó al instante.

    —¿Cuánto tiempo ha pasado desde que amaneció?

    El computador no contestó inmediatamente, sino que preguntó a su vez al cabo de unos momentos:

    —¿Cuál es la definición de amanecer en este planeta?

    Tansis estaba demasiado cansado para intentarlo. Comprendía que el problema se hacía muy complicado, y lo único que quería saber era la hora aproximada.

    —Olvida la pregunta —contestó.

    Miró al río y pudo divisar la orilla opuesta, muy distante; parecía muy baja y carente de interés. A lo lejos, a mucha distancia, le pareció ver colinas grises oscilando bajo la luz; pero no estaba muy seguro de ello. Recorrió con la mirada la orilla del río y a cierta distancia vio un objeto conocido: su vagoneta con la caja de herramientas encima. Avanzó hacia ella, y al pensar en las herramientas recordó que había perdido la lanza térmica al caer en el agua. Si hubiera habido criaturas peligrosas, no deberían ser ni muy numerosas ni capaces de hacerle daño, teniendo en cuenta que había estado durmiendo, tumbado en el suelo y en un espacio abierto, durante casi cuatro horas.

    Todas sus herramientas estaban a salvo. Notó que tenía ganas de regresar a la nave y descansar. Lo tenía merecido: había estado fuera aproximadamente unas seis horas; pero, por otra parte, aún era mediodía y tenía por delante una noche larga, muy larga, para poder descansar.

    Decidió caminar dos o tres kilómetros por la orilla, e intentar obtener una muestra de agua del río. Necesitaba una red de pesca para ver si podía sacar algún ser vivo del agua; tendría que traerla en la próxima expedición.

    Llegó a un riachuelo que surgía de la capa de cintas a través de un corte profundo. El agua tenía en el fondo casi un metro de profundidad, y avanzaba lentamente. La cinta de la mitad inferior del lecho era aquella hierba verde y resbaladiza que había estado a punto de matarle. ¿Sería una especie diferente, o una adaptación peculiar en la zona de contacto con el agua? Se tumbó en el suelo y estiró el brazo para coger una muestra de la hierba del riachuelo. Al mirar hacia abajo notó en el agua oscura ciertos movimientos, muchos pequeños movimientos espontáneos, los primeros seres vivos que veía, animales como él. Su corazón latía apresurado por la emoción. Este mundo hubiera tenido un aspecto demasiado extraño sin animales.

    Estos seres no le asustaban, porque eran demasiado pequeños y estaban lejos, inmersos en otro medio. Tenían la forma de dos conos unidos por sus vértices. Cada cono parecía abierto por debajo y vacío, con un anillo de pequeños tentáculos agitándose hacia el interior del cono superior, y moviéndose hacia el exterior del cono inferior. Posiblemente vivían de las sustancias en suspensión en el agua, que penetraba por sus cuerpos. Tenían el tamaño aproximado del dedo índice, y eran de color blanco perla en el exterior y rosa pálido en el interior; los tentáculos eran de color rojo de vino. Le parecieron hermosos. Podía ver media docena de conos, y al seguir el curso del riachuelo con la vista descubrió otros más.

    Se puso en pie y caminó siguiendo el arroyo: podía verlos cada vez que miraba al agua. Luego divisó algo parecido a un gusano, blanco, y que se movía de prisa. Se tumbó en el suelo y lo observó desde la. orilla. Avanzaba con ondulaciones suaves y rápidas de todo su cuerpo, de unos quince centímetros. A simple vista no pudo distinguir su cabeza ni su cola. Emocionado, sacó una botella de muestras de la bolsa e intentó atrapar uno; sin embargo, su brazo no era bastante largo. El animal se fue nadando, sumergiéndose a mayor profundidad. Esto demostraba que era sensible a los estímulos externos, y que estaba acostumbrado a esquivar a los animales predadores. Aquellos seres semejantes a conos eran más indolentes, y consiguió meter un par de ellos en una botella.

    Se dijo que debería regresar al río para ver si había algo en sus aguas. Extendió la escalera de metal, la tiró sobre el riachuelo y caminó por ella como si fuera un puente. Luego siguió por la orilla del río, esperando encontrar otro saliente rocoso o alguna fisura en el cinturón de cintas resbaladizas. No estaba dispuesto a pisar otra vez esa sustancia.

    Los árboles que estaban a su derecha quedaron ocultos y delante de él se abrió un amplio terreno descubierto que descendía suavemente formando una depresión hasta el mismo nivel del río. La línea de árboles hacía una curva en torno a este claro, y volvía a alcanzar la ribera del río apenas medio kilómetro más allá.

    Se detuvo de repente porque las tierras bajas que tenía delante de él eran de aquel color verde resbaladizo de antes.

    Evidentemente, ésta era una forma típica de pantano, o dicho de otro modo, una verdadera pista de patinaje para quien entraba en ella. Molesto por tener que volver sobre sus pasos, examinó de nuevo el borde del río. Luego tuvo una idea. Tenía la escalera, y si la extendía sobre la cinta resbaladiza podría gatear y llegar al agua.

    Eligió una zona en que el borde del río era uniforme, lanzó su escalera de seis metros de largo y con las presillas de resorte del extremo la aseguró a la capa de cintas más consistentes. Era increíble que algo tan simple como una escalera le resultara más útil que todos los complicados instrumentos almacenados en la nave para estas exploraciones. Una escalera y una cuerda; necesitaría un rollo de cuerda la próxima vez que saliera.

    Gateó por la escalera sin ningún accidente y llegó al borde del agua. Recordaba haber leído que casi todos los grandes ríos de la Tierra transportaban aguas limosas, llenas de sedimentos, y que erosionaban gran cantidad de suelo que llevaban al mar; sin embargo, el agua de este río era clara. En este planeta, si la capa de cintas se extendía por todas partes, apenas si habría erosión, y el suelo se conservaría intacto casi indefinidamente. Aquí todos los ríos deberían de ser de agua clara.

    Tomó una muestra de agua y la miró con atención, por si descubría en ella algún signo de movimiento. A primera vista no logró ver nada, probablemente porque estaba buscando otra cosa. Pero luego lo vio. Una esfera transparente, del tamaño de una pelota de tenis, con un collar de tentáculos finos que se agitaban formando una cinta que rodeaba la circunferencia máxima. Era difícil divisarla, porque había que enfocar la mirada hacia ella. Los tentáculos se agitaban a impulsos regulares y, al observarla, el ritmo se alteró y la esfera cambió la dirección del movimiento. Le recordaba algo que había leído en un manual de zoología, pero ¿qué era? Algo parecido a los celentéreos. Había criaturas semejantes a ésas en los océanos de la Tierra. El computador sería capaz de compararla con sus congéneres terrestres más próximos.

    Intentó cogerla para meterla en una ampolla, pero era un animal astuto. Su mirada no calculaba bien su posición debido a la refracción y a la transparencia de la criatura. Flotaba fuera de su alcance, y se alejaba. Tendría que traer un equipo mejor. Permaneció tumbado un buen rato en la escalera mirando el agua. Una o dos veces creyó ver formas oscuras un poco más lejos, pero no podía estar seguro de ello.

    Luego, sintiéndose de nuevo entumecido, gateó lentamente hacia atrás y decidió dar por concluido aquel día. Tenía muchas cosas que examinar y que analizar a su regreso a la nave. Arrastrando la vagoneta detrás de él, como si fuera un jugador de golf al acabar una partida larga y agotadora, se dirigió con desgana hacia la nave, siguiendo la frecuencia de dirección y no prestando mucha atención a los árboles que encontraba a su paso.


    3


    Dedicó los diez días siguientes a viajes de exploración por la zona en torno a la nave espacial, y a trabajos en el laboratorio para estudiar la biología y la bioquímica de las muestras que había conseguido. Para entrarlas en la nave las había colocado en vasijas precintadas y cajas recubiertas de la película de aislamiento que aplicaba la esclusa de aire; luego las ponía en cámaras de laboratorio, cerradas herméticamente, y las examinaba con instrumentos, por control remoto. En ningún momento las tocó con sus manos. Además de estas precauciones se encontraba el computador, muy observador y programado para dar la alarma y cerrar herméticamente el laboratorio en caso de que algún material extraño entrara en el sistema de aire. A Tansis le interesaba personalmente procurar que esto no ocurriera, para evitar encontrarse encerrado en el laboratorio sin nadie a bordo que pudiera ayudarle. El computador no podía conocer que Tansis estaba solo, y los computadores no se preocupan de estas cosas. Tansis había considerado oportuno no dar a conocer al computador que él estaba totalmente solo, por si acaso llegara a la conclusión de que estaba usurpando la autoridad legítima.

    Llegó a la conclusión de que todas las formas de vegetación que había visto eran virtualmente idénticas en su estructura interna y en su composición química. No había ningún otro tipo de vegetación, de modo que una sola especie o grupo de especies ostentaba un monopolio total de la zona. Decidió que una de las prioridades de su actividad sería averiguar la extensión que alcanzaba en el planteta.

    El cuarto día llevó consigo un equipo portátil de taladrar y excavó unos treinta metros de profundidad para examinar el subsuelo de la zona chamuscada que rodeaba la nave. Éste estaba formado por arcilla y grava, como era lógico esperar en un sistema fluvial antiguo, pero lo que no había imaginado era que extraería fragmentos de raíces de la capa de cintas en las muestras de los sondeos, incluso de cuarenta metros de profundidad. Consideró ahora de otro modo la capa de cintas. Era como un iceberg: había mucho más bajo la superficie que sobre el suelo. Más aún, las raíces extraídas incluso del nivel más profundo que pudo alcanzar parecían tan grandes y tan vigorosas como las que estaban a poca distancia de la superficie. Le hubiera gustado extraordinariamente poder taladrar hasta alcanzar el fondo del sistema de raíces, pero una gran operación de taladro exigía maquinaria pesada, y el manejo de grandes piezas de acero, lo cual no podía hacer él solo. Las raíces eran grises y de forma ovalada en sección transversal, y se enrollaban dentro del suelo con la misma forma de laberinto como lo hacían por encima.

    Aunque dedicó muchas horas a la búsqueda de animales que habitaran en la capa de cintas o en los árboles, no encontró ninguno, y sin embargo había muchísimos en los arroyos, en el río y en esos curiosos charcos sobre los árboles de cintas. Parecía como si las plantas hubieran conquistado el terreno y los animales hubieran quedado atrás, en el agua, aunque, naturalmente, esto era una generalización arriesgada basada tan sólo en el estudio de unos cuantos kilómetros cuadrados de un gran continente. Ésta era otra razón para investigar en muchos más sitios.

    No encontró ningún animal más evolucionado que los moluscos de la Tierra, pero los que halló eran de muchas y variadas especies.

    El día más interesante de todos fue aquel en que tomó una lancha de goma y una red de pesca y se fue a remar por el gran río. A treinta metros de distancia de la orilla se podía ver con claridad el interior del agua limpia y profunda, iluminada por el cielo blanco y radiante. Estuvo un buen rato observando los globos transparentes que se desplazaban en el agua y las criaturas blancas con aspecto de gusanos, y esperó pacientemente que surgiera algo más grande. Introdujo la red en el agua, para que al avanzar la lancha, la red fuera tomando forma. No vio nada en el agua, pero al sacar la red, hora y media más tarde, obtuvo su recompensa. Entre los numerosos globos y gusanos se encontraba una versión evolucionada, de tamaño superior a un metro, del animal del cono doble que vio en el riachuelo. Esta versión tenía ojos en el borde superior del cono frontal, cuyo orificio se había desarrollado en forma de una gran boca y de una garganta, cubierta por un tamiz fino. En su parte trasera, el cono posterior estaba relleno por una masa de anillos concéntricos de collares de pelos, que parecían agallas. Supuso que se encontraba más o menos al nivel de evolución del calamar.

    En el laboratorio, después de dos días de esfuerzos fracasados que devoraban su tiempo, intentando emular el trabajo de un equipo de biólogos, abandonó todos sus deseos de conocer la composición química y fisiológica y la evolución de esas criaturas, y se concentró simplemente en averiguar si eran comestibles. No podía permitirse muchas frustraciones ni muchos fracasos, porque estaba demasiado solo y el futuro le llenaba de presentimientos. Allí no había nadie interesado en ampliar los conocimientos biológicos. ¿Para qué sirve la ciencia, si no puede compartirse ni enseñarse a nadie? Es como un banquete a solas.

    Sólo le interesaba averiguar si este planeta podría matarle, hacerle morir de hambre o envenenarle. Si hubiera sido un científico profesional tal vez hubiera perseguido los secretos biológicos del planeta y con ello hubiera pospuesto demasiado el problema, de vida o muerte, de conseguir alimentos. Tansis, por el contrario, era un piloto de naturaleza práctica y activa, y de cada objeto que encontraba sólo le interesaba conocer tres cosas: ¿me puede morder?, ¿puedo comerlo?, ¿me recuerda a la Tierra? Un profundo instinto, en su interior, quería que continuara viviendo y que encontrara algún modo de aclimatación a este planeta; sin embargo, al pensar que tendría que vivir aquí durante muchos años, totalmente solo, en aislamiento pleno, y sin ninguna esperanza hasta su vejez, se desanimó y decidió suicidarse cuando los suministros de la nave se agotaran.

    Si podía seguir viviendo, entonces necesitaría comida. Y, de un modo vago, también esperaba encontrar algo que le ofreciera compañía. ¿Podría encontrar vida sensible? Apenas esta pregunta aparecía, descartaba la posibilidad afirmativa, con incredulidad y cinismo. Ni en aquella meseta desolada ni en este bosque desierto había nada que dejara abrigar esperanza alguna. Los gusanos, los globos, e incluso esas cosas parecidas a los calamares con cono doble, no servían ni siquiera de animales domésticos: no tenían más personalidad que un caracol.

    El problema de la comestibilidad era algo que el laboratorio y el computador estaban preparados para aclarar, porque era el asunto clave de cualquier expedición. El objetivo último de los grandes viajes interestelares había sido la búsqueda de posibles colonias para la humanidad, y toda posible colonia debía ser autosuficiente. No podían enviarse suministros para paliar el hambre a una nueva colonia que se encontrara a sesenta y cinco años de distancia. Por eso Tansis disponía de los mejores aparatos posibles para descubrir si allí había algo comestible o que pudiera hacerse comestible.

    Averiguó que la capa de cintas era tóxica y estaba llena de alcaloides, algunos de los cuales se parecían un poco a las sustancias narcóticas de la Tierra. Incluso al descomponer la sustancia de la planta y modificarla mediante procesos químicos, los alcaloides seguían estando presentes. Debido a ello, casi no había forma de cocinar la capa de cintas sin que causara al comensal un sueño narcótico profundo, aunque no lo matara. Tansis llegó a la conclusión irónica de que si alguna expedición futura llegara aquí, sería la última. Este planeta estaba tan lleno de narcóticos que las autoridades nunca permitirían que ninguna nave se acercara.

    Los animales eran menos extraños. Tenían intestino, celomas, sangre con hemoglobina, sistema circulatorio y sistema nervioso, y sus proteínas se basaban en el mismo grupo de aminoácidos que las criaturas de la Tierra. Ninguno era directamente comestible, pero con procedimientos químicos apropiados se podía obtener de ellos proteínas comestibles. Era un primer paso, pero no era suficiente. Un hombre no puede tener una vida sana alimentándose sólo de proteínas, y las proteínas procesadas carecían de las vitaminas necesarias. Tampoco podía hacer depender su vida de procesos químicos complicados. Sólo contaba con un suministro limitado de reactivos, y los aparatos siempre podían estropearse; algún día cometería el irreparable error de envenenarse a sí mismo. De cualquier forma, no le hacía gracia vivir el resto de su vida a base de extraños líquidos procesados, obtenidos de tubos de ensayo.

    El agua de los charcos de lo alto de los árboles estaba llena de animales y plantas microscópicas, similares a los protozoos primitivos, probablemente porque estaban mucho más cerca del origen de la vida. Estas criaturas microscópicas podían ser procesadas con bastante sencillez, convirtiéndolas en sustancias comestibles, y Tansis podría vivir a base de ellas, si no le importaba pasar la mitad de su vida subido a una escalera para recoger el agua.

    Lo extraño era ese gran salto entre las algas y plantas de nivel evolutivo anterior, y la capa de cintas tan evolucionada. ¿Dónde estaban las formas intermedias? Las cincuenta y tantas especies de animales que había encontrado hasta ese momento no formaban en absoluto una serie completa, sino que indicaban una brusca gradación de lo simple a lo complejo. Los animales mostraban una evolución que no aparecía en el reino vegetal. Claro que éstos eran sus primeros días en el planeta y, evidentemente, las visitas a otros lugares le ofrecían respuestas a algunas de estas preguntas.

    Después de diez días de actividad y de descubrimientos, Tansis había superado lo peor de su depresión y había empezado a habituarse a la gravedad del planeta. Con todo cuidado, evitaba encontrarse sentado sin hacer nada, o tomar café sin más. Mantenía la música puesta y conversaba bastante con el computador. Ahora hablaba consigo mismo casi todo el tiempo y no se preocupaba, porque, después de todo, ¿acaso alguien iba a llamarle la atención?

    Era ya el momento de cambiar de sitio. Había aprendido lo suficiente para plantearse nuevas preguntas que exigían respuestas, y a eso, en realidad, conduce todo descubrimiento.

    Metió en los armarios exteriores todas las herramientas que había sacado de la nave y se dispuso a partir. Casi había seleccionado ya su próximo lugar. Esta vez sería la costa del océano, en la desembocadura del gran río, unos mil quinientos kilómetros al sudoeste. La unión de océano y tierra seguramente le revelaría algo más sobre la evolución de la vida en el planeta, y el clima también sería diferente.


    De nuevo se sentó en el puesto de piloto y preparó la nave para la partida. El computador había recibido ya las órdenes sobre el curso a seguir y el destino. Estaba lloviendo a cántaros cuando despegó con fuerza de la capa de cintas y ascendió con estrépito hacia arriba, por encima del gran río, rumbo a las nubes grises.

    En este vuelo, las nubes de lluvia eran más grandes y se extendían a mayor altura, y sólo disfrutó de unos minutos en el interior de la bóveda superior brillante, entre el suelo gris y el cielo blanco, y apenas si vislumbró las cordilleras cubiertas de nieve a lo lejos, en dirección este. Luego se encontró en el interior de la niebla blanca y nacarada de la capa de nubes permanentes, viendo a Capella brillando con intensidad creciente cerca del horizonte del este.

    De modo teatral, la blancura desapareció de golpe como si hubiera salido de un edificio, y se encontró una vez más en el mundo claro y brillante por encima de la cubierta de nubes. El curso que seguía le estaba llevando en línea oblicua hacia aquella cadena importante de nubes que había visto a su derecha en el primer vuelo. Capella brillaba a lo largo de esta cordillera de nubes, iluminándola vivamente con una luz dorada y creando sombras oscuras. Luego la nave voló en línea recta hacia la cordillera, y todo se hizo húmedo y neblinoso, con destellos de relámpagos continuos que hacían brillar la niebla. Al cabo de unos ciento cincuenta kilómetros de recorrido, de nuevo salió bruscamente al exterior, a la luz del sol, sobre una enorme llanura de nubes blancas, y cayó luego por debajo de ella, a la luz nacarada de la cubierta de nubes.

    Cuando emergió en la atmósfera inferior, pudo ver el océano por delante, cubriendo la mayor parte de su campo visual, brillante y gris, moteado de pequeñas nubes blancas algodonosas que se balanceaban en largas líneas paralelas. Por debajo de él había un río muy ancho que brillaba como si fuera plateado y que se desparramaba en cientos de canales y de lagos. Al norte del gran estuario y de los pantanos, el terreno se elevaba en ondulaciones hasta formar una suave y redondeada cordillera de montañas, que corría paralela a la costa. «Geológicamente, esa cordillera debía de tener gran interés —pensó—, porque sin duda era antigua, lo cual podría significar la presencia de fósiles que probaran la evolución de la vida en el planeta.»

    Cogió el control manual y decidió aterrizar en la costa, precisamente en el lugar donde comenzaban las primeras colinas de la cordillera, a unos treinta kilómetros al norte del estuario. Mientras planeaba a una altura de unos trescientos metros por encima de la línea costera pudo ver que el océano estaba encrespado, pero que carecía de las grandes olas que agitan los océanos de la Tierra. Miró hacia el norte y hacia el sur, siguiendo la línea de la costa, pero no pudo divisar ninguna playa; la vegetación llegaba hasta la misma línea costera y parecía como si continuara creciendo por debajo del agua. Parecía la misma capa de cintas azul-verdosa, pero sin árboles.

    Sabía que este mundo tenía tres pequeñas lunas, la mayor de las cuales tenía sólo ciento cincuenta kilómetros de diámetro, y ninguna de ellas se encontraba a menos de ochocientos mil kilómetros de distancia, de modo que si existía alguna marea sería apenas perceptible. Sin embargo, no sabía cuál sería el comportamiento del mar, y decidió actuar con seguridad.

    Se dirigió al norte siguiendo la costa hasta un lugar donde una pequeña colina llegaba al agua y formaba un acantilado de unos quince metros de alto, y allí aterrizó, a unos cien metros del borde del acantilado, dominando una suave pendiente que llevaba a un pequeño riachuelo que desembocaba en el mar.


    4


    Cuando salió de la nave, una hora más tarde, cruzó la bien conocida zona chamuscada y con cenizas, y encontró que la capa de cintas era exactamente igual a la que había visto antes. Se extendía a los lejos por un terreno suavemente inclinado y que no interrumpía ningún árbol. Con los anteojos inspeccionó la línea costera y vio que la capa de cintas llegaba hasta el mismo borde del mar, aunque parecía tener un color diferente allí donde se juntaba con el agua. Al este el terreno se elevaba suavemente y pudo ver que los árboles comenzaban en línea uniforme a unos ochenta kilómetros tierra adentro. Las colinas más lejanas parecían estar cubiertas de árboles. Tansis se sintió decepcionado por la falta de variedad del planeta.

    Se preguntó si un ser de otro planeta que visitara la Tierra se aburriría también al ver hierba por todas partes; claro que hasta en ese caso encontraría muchas variedades de hierbas, sin mencionar las mil clases de árboles, de arbustos y de flores. Aquí todo eran masas pesadas de color verde turquesa, que hacían daño a la vista, ya cansada por esa luz viva, mucho más brillante por el reflejo del mar.

    Esperaba que el mar sería más interesante que la tierra. La nave espacial disponía de una lancha grande, hinchable, con una pequeña ventana de observación en el fondo. La usaría mañana, pero en este momento intentaría ver lo que se encontraba en los alrededores. Abrió los armarios exteriores laterales de la nave, y sacó la escalera, la cuerda y la lanza térmica. En esta ocasión sería muy fácil mantener la dirección, porque la nave descansaba sobre la cima de una colina y podía divisarse desde kilómetros de distancia.

    Se dirigió a la línea costera, descendiendo la colina hacia la boca del riachuelo. Cerca del borde del agua, la capa de cintas cambiaba su aspecto, convirtiéndose en una cinta pilosa de color azul oscuro que crecía formando una faja de unos quince metros de ancho, siguiendo la línea de la costa. Durante algunos días había estado incubando la idea de que el modo uniforme, bruscamente delineado, como cambiaba la vegetación según los cambios de las condiciones físicas, significaba que era un mismo tipo de plantas que se extendía por todas partes, y que sencillamente alteraba su crecimiento físico para aprovecharse de situaciones diferentes. Examinó con detalle la cinta azul. Aparte de su color y de su pilosidad era igual a la capa de cintas y parecía que sus raíces se hundían a gran profundidad. Con mucha cautela puso un pie sobre ella y descubrió que era más firme aún que la capa de cintas ordinaria; crujía bajo su pie y parecía más quebradiza, pero resultaba imposible cortar un pedazo.

    Permaneció un rato indeciso, preguntándose si debería emprender un amplio recorrido circular en torno a la colina. Le aburría la idea, porque sólo sería una excursión por un marjal desolado. Finalmente decidió cruzar el riachuelo y caminar algunos kilómetros por la costa.

    Extendió la escalera, la lanzó sobre el agua y se dejó caer encima, en medio del arroyo, para observar el agua. Esto era más interesante. Estaba lleno de criaturas de forma toroidal, de unos quince centímetros, con grupos de tentáculos, ojo y boca espaciados alrededor de todo el borde externo. Eran blancas y azules y le recordaban las criaturas en forma de globo que había visto en el gran río. Se quedó tumbado observándolas durante largo tiempo, animado por su movimiento y colorido. Las aguas eran mucho más interesantes que la tierra; sin animales, este mundo le hubiera deprimido en exceso.

    Continuó andando, y se detuvo al borde del mar, observando cómo rompían las olas a sus pies. La capa de cintas azul entraba en el agua unos cuantos metros, y se detenía allí donde las olas nunca dejaban el fondo descubierto. Eso resolvía el problema, porque le había molestado pensar que esa maldita sustancia cubriera los fondos marinos, además de cubrir la tierra. Tomó una muestra de agua del mar; lo primero que haría sería determinar su grado de salinidad. No parecía haber ninguna otra cosa interesante, ni algas, ni conchas, ni guijarros brillantes, ni peces, ni ningún otro objeto de los que adornan las playas de la Tierra; tan sólo la capa de cintas y las olas rompiendo contra la costa.

    Se sintió cansado y de mal humor al volver a la nave. Había esperado demasiado, y le apesadumbraba descubrir tan sólo una versión ampliada de la orilla del gran río. No salió más en el resto del día; se quedó sentado escuchando música, vio una película y estudió los mapas fotográficos, preguntándose adonde debería dirigirse ahora. El único fragmento de trabajo auténtico que realizó fue evaporar algunas muestras de agua marina y obtener un espectograma de masa de los residuos sólidos. Tenía sólo la mitad de la salinidad de los océanos de la Tierra, pero aproximadamente su misma composición química. O bien este mundo era más joven que la Tierra y no había tenido tiempo de pasar sal de la superficie al mar, o bien tenía la misma edad aproximada de la Tierra pero la vegetación había aparecido antes y se había desarrollado con mayor velocidad que en la Tierra, cubriendo el suelo de tal modo que la erosión casi había desaparecido.


    A la mañana siguiente, ya avanzado el día y sin grandes esperanzas, sacó la lancha y cogió una cámara de cine. Lo que él no pudiera ver lo captaría la película. En el borde del agua desempaquetó la lancha y la hinchó, usando su propia energía. Estaba equipada con suministros de emergencia para tres días, y un equipo de comunicación. No esperaba usarlos, porque su intención era sólo aventurarse a unos cientos de metros de la orilla. El único conocimiento que tenía del mar era lo que había aprendido en películas y en libros, y la impresión dominante que había captado era la de que era algo peligroso; tan solo la idea de poder ver allí animales interesantes le impulsaba a navegar.

    Poner la lancha a flote resultó ser una operación complicada. Primero empujó la mitad de la lancha metiéndola en el agua, mientras la otra mitad descansaba en tierra, pero cuando subió a ella la capa de cintas azulada se aferró con fuerza a la lancha. Puso en marcha el motor, que era un chorro de aire a alta presión lanzado por una bomba en la parte posterior, con una célula de combustible como suministro de energía. La lancha traqueteó de modo salvaje con el impulso del motor y el freno de la hierba por debajo. La lancha se llenó de agua, y tuvo que parar el motor. Entonces salió de la lancha, la empujó hasta meterla toda en el agua clara, e intentó subir a ella. La lancha flotaba y se alejaba, y sus esfuerzos para saltar a ella la impulsaban aún más lejos. Cuando sus pies perdieron contacto con el suelo se sintió presa del pánico. Sin embargo, su traje le ayudaba, haciéndole flotar y dejándolo tumbado en posición horizontal sobre el agua. Pudo pasar una pierna por encima de la lancha, luego un brazo y finalmente consiguió trepar por un lado y dejarse caer medio sumergido en el agua que rellenaba la lancha.

    Tansis decidió que odiaba el agua. Puso en marcha el motor con la intención de regresar a la orilla y a su nave espacial, pero luego rápidamente lo desconectó al advertir que había mucha agua dentro de la lancha. Cambió la disposición del motor, para que funcionara como bomba de achique, y comprobó que el nivel del agua iba descendiendo en esa lancha, realmente resistente y versátil, aunque para él siguiera siendo un artilugio endeble y peligroso.

    Por el rabillo del ojo divisó ciertos movimientos en el agua, cerca del bote. Había una sombra oscura que se movía de prisa, que aparecía y desaparecía al sumergirse en las olas y salir de ellas. Luego, consternado, observó que un rostro le miraba a través de la ventana del fondo de la lancha. Mirando de soslayo notó ciertos movimientos en el lado que daba a la orilla y en torno a la lancha: una media docena de formas largas y oscuras se sumergían y se agitaban a gran velocidad. Mirando de nuevo hacia abajo comprobó que dos rostros le estaban observando. Les devolvió la mirada, aterrorizado, temiendo que pudieran atacarle. Sus manos le temblaban mientras contemplaba esas caras, y luego las formas suaves y oscuras que entraban y salían del agua a todo su alrededor.

    Desde el mismo momento en que aterrizó en este planeta le había acompañado el temor a ser atacado, temor patente en ocasiones, pero que había disminuido mucho en la última semana. Mas ahora toda esa ansiedad y esa tensión controladas en su interior le hicieron temblar y sudar; su corazón latía con fuerza y sólo pensó en la huida. Sin atreverse a lanzar otra mirada a esas caras y formas que se agitaban, puso el motor a toda máquina. El agua hervía lanzando un chorro de espuma detrás de él, mientras el bote aceleraba su marcha siguiendo un trayecto en diagonal hacia la orilla. A velocidad alarmante la línea azul de la capa de cintas se abalanzaba hacia él y antes de poder detener el motor la lancha había chocado con la hierba, había dado una vuelta de campana y lo había lanzado, a él y a su equipo, haciéndolo rodar y rodar sobre el suelo suave y mullido.

    Se quedó allí tendido, asustado y tembloroso durante algunos momentos; luego se puso de rodillas y miró hacia el mar, temiendo que sus enemigos llegaran a tierra. Vio las formas que saltaban en el agua a muchos metros de distancia de la orilla, pero ningún monstruo se acercó reptando hacia él. Buscó la lancha con la mirada y la vio deslizándose y dando bandazos pendiente abajo hacia el río. Mientras la miraba, desapareció de golpe por encima de la orilla. Se puso en pie de un salto y corrió tras ella. El bote aún estaba allí, casi en vertical sobre la proa; el chorro de aire silbaba hacia arriba, haciendo que la lancha se agitara arriba y abajo y creando olas de gran tamaño en el riachuelo. Se deslizó con cuidado hacia abajo, y colgándose de un lado desconectó el motor. Al cesar el rugido se dejó caer, lentamente, hasta que sus pies descansaron en el agua que llenaba la parte delantera de la lancha. Lanzó un profundo suspiro y esperó que los latidos del corazón se calmaran.

    Después de unos minutos comenzó a analizar con calma la situación. Sorprendentemente, el bote parecía encontrarse en perfecto estado; estaba aún hinchado, y el motor se encontraba, evidentemente, en buenas condiciones. Tendría que sacarlo de allí antes de que cayera del todo y el río lo llevara al mar; también debía recoger su equipo que estaba todo desparramado por la orilla.

    Lentamente salió de la lancha y hundió sus pies en la capa de cintas de la parte superior de la orilla, agarrando la lancha por los bordes de goma húmedos, intentando levantarla hacia arriba. El bote era muy ligero de peso, pero el agua de la proa lo hacía pesado y lo anclaba, y Tansis no estaba en una buena posición de equilibrio para hacer mucha fuerza tirando y empujando.

    Agotado y con la sensación de ser un estúpido y un inútil, Se sentó en el suelo. Hubiera deseado no encontrarse solo. Con la ayuda de otros todo sería muy diferente. En sus treinta y un años de vida nunca había estado solo, excepto durante una o dos breves horas de trabajo en el espacio exterior junto a la nave-base o en una nave de exploración, y en esos casos había mantenido contactos permanentes con los demás. En una nave espacial se podía sufrir del exceso de compañía humana, pero nunca de aislamiento. Nunca había conocido una soledad tan inmensa como la que ahora sentía. No había nadie que pudiera ayudarle, nadie con quien hablar, nadie que se preocupara ni que se burlara de él. Y esta sensación se extendería ante él como un desierto vacío y terrible mientras le durara la vida.

    Aunque... ¡tal vez no estaba solo! ¿Qué serían aquellos rostros que vio? ¿Serían seres inteligentes? ¿Serían personas? Podrían ser enemigos o no, pero en todo caso podía intentar entablar amistad con ellos. La posibilidad de que fueran algún tipo de gente era infinitamente preferible a la soledad total. Sintió que se había comportado como un estúpido al desperdiciar lo que pudiera haber sido el primer encuentro de un ser humano con una raza extraña y sensible.

    Volvió a recordar los rostros que le habían mirado desde abajo. Tenían dos grandes ojos de color muy oscuro, aunque no podía decir de qué color exactamente, y la mirada que leyó en ellos era de interés y de curiosidad. Lo que permanecía en su memoria por encima de todo era la expresión de los ojos; el resto de la cara apenas si podía recordarlo, excepto que era muy oscura y cóncava. Lo único que podía recordar de los que vio nadando alrededor del bote era una cintura estrecha, como de abeja, y el color oscuro también recordaba que eran alargados y de contornos suaves.

    Debería saber algo más sobre ellos. ¿Qué le importaba encontrarse en peligro? Era mucho mejor que años y años de penalidades y de muerte por sus propias manos. Se sentía alborozado y alegre por lo que hacía unos minutos le había llenado de desesperación. Sobre todo temía la soledad, y como reacción frente a ella se dejó llevar por una extraña esperanza.

    Caminó de nuevo por la orilla del río hacia la costa, y miró al mar. Todo estaba de nuevo tranquilo, excepto las olas que batían; las formas oscuras que saltaban habían desaparecido. Continuó recorriendo la costa en busca de sus objetos perdidos. La mayor parte fue fácil de encontrar, porque estaban pintados de color naranja y blanco brillantes, al igual que su propio traje y que la nave. Elaboró un plan de acción mientras continuaba buscando su equipo. En vez de intentar sacar el bote del río lo metería en el agua y lo llevaría flotando corriente abajo hasta el mar. Podría amarrar la lancha en el riachuelo, más tarde, y entrar y salir de ella utilizando la escalera, evitando así todos los problemas que había tenido para meterla en el agua. Fue aquel fracaso inicial el que le había desequilibrado y le había causado aquel pánico al ver a las extrañas criaturas.

    Empujar el bote río abajo era bastante fácil: la proa rellena de agua servía de puntal y al empujar la lancha hacia arriba actuaba de palanca; así se deslizaba hacia abajo, de lado, y flotaba. Manteniéndola sujeta con la cuerda entró en ella utilizando la escalera. La achicó todo cuanto pudo, subió a bordo su equipo y se dispuso a intentarlo de nuevo. Navegó lentamente, mirando a su alrededor, temiendo ver de nuevo las formas que saltaban y temiendo también no verlas. Durante unos quinientos metros no apareció nada, y decidió que la orilla había quedado demasiado lejos y tendría que acercarse un poco a ella. Luego los vio de nuevo, pero más lejos. Procedían de mar adentro, y no se acercaron más que a unos treinta metros. Fueron dando una curva alrededor del bote hasta que lo rodearon por completo, manteniendo la distancia.

    Miró hacia abajo, a la ventana del fondo, pero allí no había ninguna cara. Miró fijamente, más abajo, y pudo divisar vagas formas oscuras deslizándose por el agua, muy por debajo de él. Los que estaban en la superficie no saltaban como habían hecho antes, sino que se escurrían mitad dentro y mitad fuera del agua; sin ninguna duda estaban concentrando su atención en él. Los estudió con sus anteojos. Estaba claro que tenían cintura de abeja, y llegó a la conclusión de que debían pertenecer a la categoría de criaturas de doble cono.

    Hasta ese momento había visto tres grandes clases de animales, aparte de las especies microscópicas que eran demasiado variadas para poder clasificarlas con facilidad. Primero estaban los animales finos y alargados, como gusanos; luego, el tipo esférico: ambos eran formas primitivas. Luego estaban los animales del doble cono, más evolucionados. Estas últimas criaturas que había visto eran las más avanzadas de todas. En primer lugar, eran mucho más grandes, de casi tres metros de largo, y sus movimientos eran potentes. En la cabeza había un rostro cóncavo, como un cazo; los ojos estaban situados en el borde de arriba, y tenían una mancha circular blanquecina en el centro de la cara, que supuso sería la boca. El extremo posterior se agrandaba y parecía tener una aleta trasera complicada, que estaba en constante movimiento y que, evidentemente, le servía de propulsión.

    Agitó la mano saludando a las criaturas distintas, y se preguntó cómo podría comunicarse con inteligencias extrañas. Se sentía desmayado, y repentinamente preocupado por su estómago. Cambió de posición y decidió que mejor sería no agitar el brazo de nuevo, pues parecía que eso le mareaba. Bajó la cabeza y luego la elevó con rapidez, pues le entraba una angustia terrible y tuvo la certeza de que iba a caer enfermo. Se sentía débil y tembloroso, y se dio cuenta de que estaba sudando. Era realmente desagradable sentirse enfermo dentro del traje protector, y el único remedio era quitárselo lo más pronto posible. Tendría que volver a la nave.

    Moviéndose muy despacio y con mucho cuidado, confiando en que la angustia desapareciera y así dejara de estar enfermo, puso el motor en marcha y dirigió la proa hacia la boca del río. Durante algunos minutos el mareo se calmó, y aún pudo saludar otra vez con el brazo a los animales marinos. Volvió entonces la sensación de enfermedad, y esta vez peor que nunca. Tragó aire varias veces, y apenas si se atrevía a respirar; luego, temblando, notó un dolor en el estómago y cayó hacia delante, sufriendo el horror de encontrarse enfermo y a punto de explotar dentro de la prisión de su casco.

    Hizo un esfuerzo tremendo para refrenar los espasmos, mientras vaciaba todo su desayuno y casi las seis comidas anteriores, después de lo cual comenzó un agonizante vómito seco. La ansiedad que sentía al encontrarse en una lancha que se dirigía a la costa, y al no poder hacer nada en absoluto, empeoraba su situación. Y tal vez esa misma ansiedad logró dominar los vómitos al levantarse jadeante y mirar con ojos llenos de lágrimas por el visor del traje, sucio y húmedo, la mancha confusa de la costa que se acercaba rápidamente hacia él. Hizo girar el bote bruscamente a la izquierda, y entonces la orilla se le acercaba por la derecha, pero con un ángulo diferente, y giró de nuevo a la izquierda. Casi instantáneamente vio la costa delante de él y giró de izquierda a derecha, y de nuevo a la izquierda, conforme la costa parecía irle rodeando por todas partes. Se dio cuenta, aliviado, de que debía de haber regresado al río. Por suerte, no por cálculo, había regresado al punto de partida.

    Detuvo el motor y se puso en pie con piernas temblorosas; no se atrevía a dar un paso hacia delante dentro de la lancha, que se mecía suavemente. Las riberas del río comenzaron ahora a deslizarse hacia atrás, y se dio cuenta de que de nuevo estaba flotando río abajo. Puso en marcha el motor y dirigió la lancha a la orilla, intentando agarrarse de las cintas que se enroscaban por encima de él. Con un disgusto que casi le provocó de nuevo el vómito descubrió que eran de material resbaladizo, y las soltó. Comenzó a lanzar juramentos, y con rabia y furia agarró la escalera, la extendió y violentamente metió un extremo en la capa de cintas de la orilla. El motor estaba aún en marcha y la proa golpeaba contra la orilla. La lancha comenzó a girar en círculos dentro del agua bajo la presión de la corriente, hasta que quedó colocada de costado junto a la orilla y comenzó a moverse de nuevo lentamente, río arriba. La escalera se ladeó, cambiando de posición. Tansis, casi al borde de la desesperación, aflojó la marcha del motor hasta lograr que su potencia igualara la fuerza contraria de la corriente, y el bote quedara en posición estable. Luego, lo más rápido que pudo, trepó por la escalera y pasó a tierra firme.

    Se sentó en el borde de la ribera, sintiéndose peor que nunca. Ya no se encontraba enfermo, sino agotado y exhausto, con un sabor asqueroso en la boca. Tenía sed, estaba sofocado y apenas si podía ver lo que estaba haciendo.

    Después de amarrar el bote a la capa de cintas, regresó con dificultad a la nave, con el único deseo de salir del traje, tomar una ducha y beber un trago de agua.


    Se quedó en la nave varias horas, contento de encontrarse en un ambiente familiar. Se sentó en la cabina de la sala de reuniones, incapaz de pensar en nada, y seguramente debió de quedarse dormido.

    Se despertó sintiéndose hambriento; tomó un almuerzo ligero, después de lo cual se sintió listo para enfrentarse de nuevo con la vida. Después de vagar por la nave durante un rato, su conciencia comenzó a reprocharle lo que había hecho con la lancha.

    Pasó por la esclusa de aire y caminó hasta donde había dejado la lancha. Paró el motor y luego estudió el problema de cómo sacar el bote del agua y deshincharlo. No estaba seguro de que fuera a utilizarlo otra vez, pero le molestaba tener que abandonarlo. Toda una vida a bordo de una nave espacial le habían marcado una aversión profunda al desperdicio. Resolvió el problema deshinchándolo a medias y sacándolo luego a rastras a la orilla, para allí plegarlo. Decidió trasladarse a otro lugar tan pronto como regresara a bordo.

    Una vez en la cabina de mando, Tansis escudriñó los mapas fotográficos. Unos mil quinientos kilómetros al norte la cordillera montañosa parecía estar cubierta de nieve, y los bosques terminaban. No creía que tuviera gran utilidad intentar dirigirse allá arriba. Sin embargo, había un pico solitario a unos ochenta kilómetros de donde estaba sentado, también con nieve en la cima. Le interesaba ver nieve, y encontrar tierra al descubierto, sin capa de cintas. Con certeza esa materia vegetal no cubriría todo el continente palmo a palmo.

    No se detuvo a considerar la dificultad que podría tener un aterrizaje en la cima de una montaña, aunque era de vital importancia que la nave descansara sobre tierra llana. Si la nave se derrumbaba al perder el equilibrio, eso sería el desastre total, un segundo naufragio. Pero estaba demasiado inquieto para preocuparse de ello; demasiado decidido a huir una vez más de la desgracia y del fracaso con la misma esperanza de que el próximo lugar de aterrizaje fuera mejor y pudiera solucionar sus problemas.


    Dirigiendo la nave con control manual voló por encima de media docena de cordilleras paralelas hacia un saliente de una montaña, grande y redondeado, con un casquete de nieves claramente visible. El manejo manual de la nave exigía decisiones rápidas, porque al estar suspendido en el aire buscando un lugar de aterrizaje se consumían grandes cantidades de combustible.

    Comenzó a volar en círculo sobre el macizo central en busca de un lugar apropiado en las laderas empinadas. Descubrió que en el lado norte las laderas descendían suavemente a las sierras inferiores. Aquella montaña era realmente la última de la cordillera principal; se elevaba hasta una altura de cuatro mil metros y tenía desfiladeros profundos en los lados este y sur. Al sobrevolar los desfiladeros vio por primera vez rocas desnudas. Al pie de ellas acababa la capa de cintas de modo brusco, y sobre la superficie de la roca no parecía crecer nada. Esa capa de cintas había impuesto su dominio: o todo, o nada.

    Finalmente pudo encontrar una zona plana en el lado norte, exactamente en el límite de la línea de nieve a tres mil metros de altura, y aterrizó con seguridad después de gastar todo el combustible que hubiera utilizado recorriendo la mitad del continente.

    Otro terreno más de parameras desoladas. La capa de cintas crecía en esta zona en forma de grandes protuberancias de linos tres metros de altura y ocho o diez de diámetro. Miró hacia el otro lado para observar la pendiente de la montaña y ver la nieve que comenzaba a pocos metros de distancia. Se encontraba en los huecos entre los salientes, dando a la pendiente una curiosa forma de círculos oscuros y círculos blancos en medio. Continuaba así, pendiente arriba, durante algunos kilómetros hasta que, a una altura superior, la nieve lograba vencer y cubrirlo todo. Parecía que la capa de cintas bichaba contra la nieve haciendo surgir corcovas, como si se tratara de una ciudad llena de techos en pendiente, y obligando a la nieve a deslizarse por ellos y a rellenar los huecos, mientras que el viento también ayudaba a mantener limpias las cimas de las corcovas. Suponía que esto ocurriría también en las latitudes septentrionales altas.

    Salió de la nave para buscar alguna otra diferencia. La capa de cintas parecía ser la misma que en todas partes. Luego examinó la nieve, la primera que había visto en su vida. Había oído hablar mucho de ella y la había visto en muchas fotos; incluso a bordo de la nave espacial se solían colocar en Navidad postales con paisajes llenos de nieve.

    Se puso en cuclillas y dejó correr la nieve por los dedos de su mano enguantada; hizo una bola y la tiró contra la nave. La bola de nieve cayó a corta distancia, y por eso hizo otra y la tiró con toda su fuerza. Por extraño que parezca, ésa era la primera vez en su vida que arrojaba algo. A nadie se le ocurría lanzar nada dentro de los estrechos límites de una nave espacial, llena de gente y de instrumentos delicados por todas partes. Cuando se trabajaba en el exterior de la nave, bajo las condiciones espaciales de caída libre, tampoco se podía tirar nada, porque si se hacía la reacción impulsaría a quien lo hiciera girando y cayendo en dirección opuesta. Perder el control de los propios movimientos en el espacio era algo aterrador. Como todos los que habían pasado su infancia en naves espádales, Tansis había aprendido a moverse con cuidado y con calma y nunca había conocido ni alborotos ni juegos animados.

    Ahora daba rienda suelta a una necesidad largo tiempo sentida, y estuvo media hora haciendo bolas de nieve y lanzándolas al escudo de las Naciones Unidas pintado sobre su nave. El brazo empezaba a dolerle y se cayó varias veces, pero se divertía mucho y con ese juego liberó, en parte, su tensión acumulada.

    Sudoroso y sin aliento, pero bastante contento, fue a dar un paseo por las colinas. Surgían por todas partes, formando un laberinto estrecho y relleno de nieve, con valles hundidos entrecruzándose. El aspecto era atractivo y lleno de variedad, como si fuera un paisaje en miniatura. Sintiéndose mejor que en todo el día, volvió otra vez a la nave. Su buen humor le hacía estar animoso para trabajar más, y en vez de ir al interior de la nave sacó el taladro portátil e hizo una perforación para ver cómo era el subsuelo y si el sistema de raíces era tan extenso como en las tierras bajas. El taladro comenzó a encontrar roca sólida a seis metros de profundidad, pero era difícil determinar si esos seis metros eran roca disgregada rellena de raíces, o una masa sólida de raíces con roca y tierra entremezclada. Incluso en la roca más profunda aparecían fragmentos ocasionales de raíces en la muestra de taladro, allí donde se hallaba una fisura y por ella había crecido la raíz hacia abajo. Estaba claro que la montaña tenía un manto de vegetación auténticamente masivo.

    Se estaba convenciendo poco a poco de que la masa terrestre de este planeta estaba totalmente cubierta por una única planta planetaria gigantesca, y que ésta era básicamente una planta subterránea. Lo que podía verse en la superficie era simplemente los órganos de respiración; la gran masa se encontraba por debajo.

    Estaba llegando el fin de otro largo día, el que hacía ochenta y tres de su estancia en este mundo. En estos momentos la nave principal deteriorada estaría acabando su giro en torno al planeta e iniciaría una ruta que la acercaría varios millones de kilómetros al terrible infierno de Capella. Ahora, cuando pensaba en ello ya no se asustaba ni se deprimía tanto. Lo aceptaba. Luego comenzó a pensar en el día de mañana, y en lo que debería hacer.

    Examinó una vez más los mapas y decidió dirigirse en dirección sur hacia el ecuador, para estudiar la región situada a unos ochocientos kilómetros al sur del estuario del gran río. Las fotos mostraban una amplia zona que parecía estar desierta. Tansis tenía la certeza de que iba a encontrar allí la misma vieja capa de cintas, pero sería interesante ver cómo solucionaba el problema del clima seco.

    Durante el resto de la tarde estuvo estudiando un manual sobre navegación en lancha. Sabía que tenía mucho que aprender en este campo. A juzgar por su actuación reciente, era más fácil que muriera al naufragar mar adentro que por ninguna Otra causa. En realidad no podía hundirse con el traje espacial puesto, pero si se quedaba flotando en el agua sin ayuda, en algún momento moriría sofocado, al acabarse el suministro de aire.

    El agua profunda y el espacio tenían mucho en común, o así le parecía. Ambos eran ambientes hostiles cuyas extrañas condiciones requerían un entrenamiento especial; claro que si había aprendido a manejar una nave espacial, también debería ser capaz de manejar una lancha.

    Volvería al mar y contemplaría de nuevo las criaturas que había encontrado, pero intentaría buscar para ello una zona de aguas más tranquilas. Tal vez encontrara esas aguas más calmas al sur. Pero antes, sin embargo, iba a echar una mirada al desierto: ése sería su trabajo de mañana.


    5


    Estuvo toda la noche en la montaña, y al día siguiente partió al amanecer, dejando que el computador siguiera una ruta que condujera a la nave a unos mil kilómetros al sur.

    Cuando salió de la nubes a una altura de más de seis mil metros, miró hacia abajo y vio un paisaje inmenso y claro de grises y ocres. Podía ver al oeste el océano resplandeciente y al este, a lo lejos, montañas elevadas. Al sur las nubes lo cubrían todo, de abajo arriba; la zona tropical era evidentemente muy húmeda y nubosa. Al ir descendiendo hacia abajo, los detalles se hicieron más precisos. La tierra era una llanura antigua y muy erosionada, cortada por gargantas profundas. Subía en pendiente hacia el este. Una banda sinuosa verde-azulada cruzaba toda la llanura, de norte a sur, a unos quinientos kilómetros de la costa.

    Al llegar más abajo, observó por todas partes pequeñas manchas negras. A mil quinientos kilómetros de altura tomó la dirección manual, y dirigió la nave rumbo al este, hacia la franja amplia y oscura que evidentemente era una forma de vegetación. El aterrizaje resultó fácil debido a la abundancia de tierra llana y suelo desnudo. Dejó reposar la nave en medio de una tormenta de remolinos de arena, y se sentó con calma esperando que el polvo se dispersara.


    La vegetación estaba muy esparcida, pero crecía por todas partes. Cada planta distaba casi cien metros de las otras y tenía el aspecto de un gran reloj de arena. La parte inferior era un tronco sólido, cónico, de unos tres metros de anchura al nivel del suelo que disminuía hasta poco más de medio metro a una altura de dos metros. Por encima del tronco había una masa de follaje formada por cintas verdes azuladas tiesas, que se desplegaban a partir de la estrecha cúspide del tronco y formaban un cono de las mismas dimensiones que el tronco, En el espacio entre formas de reloj de arena había polvo, arena y piedras. El follaje con aspecto de cintas le parecía demasiado familiar.

    Una vez fuera de la nave, Tansis se dio cuenta de la temperatura. Era de 26 grados centígrados; la humedad era virtualmente inexistente y el suelo parecía no haber recibido lluvia alguna desde hacía cien años. Los árboles con forma de reloj de arena manchaban la llanura por igual en todas las direcciones, hasta perderse en la distancia. ¿De dónde obtendrían la humedad? Los troncos cónicos estaban recubiertos de una sustancia esponjosa que parecía goma elástica. Cuando la cortó con un machete resultó que sólo tenía tres o cuatro centímetros de espesor; por debajo de ella había una madera fibrosa exactamente igual a la de los árboles de cintas de la cuenca fluvial, y, más debajo aún, la madera se hacía gomosa y húmeda. Era evidente que los árboles almacenaban agua en el interior de sus troncos.

    Extendió el brazo hacia arriba, y cortó varias frondas de cintas tiesas del cono de follaje superior. Eran similares a las de los árboles de cintas, aunque más gruesas y fuertes. Ahora tenía una buena colección de diferentes tipos de cintas, y tendría que dedicar cierto tiempo a estudiarlas con detalle para ver si había alguna diferencia en cuanto a estructura celular y composición química. Estaba seguro de que todas serían básicamente de la misma especie.

    A continuación sacó el taladro para comprobar una teoría que había elaborado. Durante varias horas se dedicó a taladrar una serie de orificios en el suelo, entre los árboles de reloj de arena. Cuando hubo concluido, le pareció que su corazonada era cierta. Había un impresionante sistema de raíces debajo de los árboles que se extendía de forma horizontal en todas direcciones y que enlazaba todos los árboles. Comprendía dos niveles diferentes; el nivel inferior se encontraba en el límite de la capacidad de su taladro; el menos profundo, entre medio metro y un metro por debajo de la superficie. ¿Qué profundidad alcanzaría el sistema inferior? Tansis pensó si valdría la pena utilizar el equipo de taladros profundos, calculó los días de trabajo que ello comportaría, y decidió no hacerlo. No tenía que demostrárselo a sí mismo. Dedujo entonces que en este continente debía de existir por todas partes un sistema único de raíces conectadas —una raíz mundial— y que las diversas plantas de la superficie serían únicamente los órganos superficiales de esa raíz.

    Calculó el tamaño del sistema de raíces del subsuelo del desierto y se sintió sobrecogido al comprobar la escala. Sin ninguna duda serviría también para conectar la vegetación de la zona templada con la de los trópicos. Tendría que ir más al sur y ver el aspecto que allí tenía. Pero antes quería ver la franja continua de vegetación que cruzaba el desierto como si fuera una autopista. El borde se encontraba a menos de medio kilómetro de distancia, y ése sería su próximo objeto de estudio.

    Regresó a la nave para comer y descansar, y se dio cuenta de que estaba más cansado de lo que había supuesto. La pesada gravedad le agotaba mucho. Cuando se despertó después de la siesta, se dio cuenta con sorpresa de que la luz iba menguando: atardecía. No tenía ganas de trabajar, y notó que regresaba esa sensación de vacío en su interior, ese abismo de soledad del que siempre debería huir. Estuvo el resto de la tarde viendo películas.


    A la mañana siguiente caminó hasta el borde de la franja de vegetación. Era irregular, serpenteando como una línea costera, y supuso que seguiría el contorno exacto de alguna reserva subterránea de agua. Estaba formada por una capa de cintas perfecta, de un tono algo más oscuro y de un tamaño más grueso, en corte transversal; cuando cortó un fragmento observó que era gomosa, y que rezumaba humedad.

    A Tansis le parecía algo misterioso encontrarse en el mismo borde de esa sustancia, haber encontrado por fin su auténtico límite. Comenzaba a sus pies y luego subía en pendiente hacia arriba con un ángulo muy suave hasta alcanzar unos cinco metros de altura, formando una especie de colina larga, suave y serpenteante.

    Al dirigirse a la parte más alta, pudo notar que la materia se hacía cada vez más honda, de modo que no crecía sobre una auténtica colina sino que se amontonaba formando capas espesas. Una vez en la cima, comprobó que se extendía hacia lo lejos, tan plana como una mesa. A partir de la impresión que tuvo cuando la nave iba descendiendo, calculó que la anchura de la cinta sería de diez a quince kilómetros; el lugar de aterrizaje había sido junto a una zona anormalmente ancha.

    Quería echar una mirada al suelo debajo de la capa de cintas para compararlo con el del desierto. Comenzó a hacer un orificio quemando el suelo con la lanza térmica, pero ardía con dificultad y expulsaba gran cantidad de humo. Después de unos minutos dejó esa tarea y regresó a la nave.

    Despegó de allí y se remontó con la rapidez de un rayo a una altura de sólo quince metros, dirigiéndose al centro de la franja vegetal, a ocho kilómetros de distancia, y aterrizó en medio de una nube de humo y de vapor.

    La escena tardó en aclararse unos diez minutos, y al mirar hacia el exterior por encima del camino que había quemado en la franja, se sintió culpable de haber deteriorado algo que debería haberse consolidado durante milenios. Veía un camino ancho, negruzco y humeante por donde había pasado la nave, que parecía una carretera de alquitrán. Debería de haber sido más respetuoso con los esfuerzos de la vida en un ambiente marginal como éste. Conocía demasiado bien los errores ecológicos cometidos en la Tierra, y todos los miembros de la expedición le habían enseñado a ser cuidadoso cuando aterrizara en su planeta de destino.

    Por encima de él una nube de humo grande y negra se movía lentamente hacia el este, como una reprimenda silenciosa. La nave se encontraba bien hundida en el interior de la capa de cintas, que se levantaba hasta llegar a un cuarto de la altura de la nave. El agujero aún humeaba, y tuvo que esperar una hora antes de poder salir al exterior.

    Cuando lo hizo encontró, en vez de un montón de cenizas, un gran espacio abierto por debajo de la capa de cintas. Se extendía a ambos lados, sin límite aparente, iluminado suavemente por una luz verde azulada. El techo se encontraba a tres metros por encima de su cabeza y era perfectamente plano; el suelo estaba formado por arena, entrecruzada por pequeñas raíces grises. Mucho humo pendía del techo y estropeaba el aspecto, y a Tansis de nuevo le supo mal haber contaminado un lugar tan bello. Era el primer lugar realmente hermoso que había visto desde que aterrizó.

    Espesas formaciones de cintas con aspecto de troncos sostenían el techo, perfectamente uniforme; crecían a unos treinta pasos de distancia. El techo no mostraba señal alguna de que se combara entre los soportes. Seguramente debería haber grandes ramas ocultas que lo sostenían y explicaban tal rigidez.

    Sin pensarlo dos veces tomó la decisión de adentrarse en ese mundo de penumbra verde, y llegar más allá de la zona contaminada por él. Anotó la frecuencia de la señal del maser de la nave y sincronizó a ella su aparato de direcciones. Tendría que caminar en línea recta y regresar por el mismo camino, porque pronto perdería de vista las patas de aterrizaje.

    El termómetro del traje indicaba una temperatura de 24 grados centígrados, y una humedad del 30 %. La capa de cintas había creado un clima artificial, había almacenado en su interior una amplia bolsa de aire húmedo y había llenado sus tejidos de humedad.

    A un kilómetro y medio de la nave contempló este mundo subterráneo en su belleza original. El suave brillo verde de la luz, el techo verde azulado, aparentemente iluminado desde el interior, el suelo gris y las columnas oscuras y cilíndricas parecían ensamblarse formando una de esas grandes catedrales que recordaba haber visto en la pantalla del cine.

    Era una amplia sala de quince kilómetros de anchura y cientos de kilómetros de longitud, que se extendía como un pasillo desde la zona templada al trópico. Por primera vez se alegraba de haber llegado a este mundo, aunque sólo fuera por contemplar este lugar etéreo.

    Continuó caminando, contento del ejercicio que hacía. Su cuerpo ya estaba endureciéndose, al cabo de casi tres meses, y gran parte de su fatiga se debía al estado de ánimo y no a la debilidad física. El paisaje nunca variaba; el techo permanecía exactamente a tres metros de altura, como un tejido de cestería que brillaba desde arriba. No había ninguna muestra de erosión superficial ni de cauces fluviales secos, y supuso que esta franja de vegetación sería muy antigua y habría protegido el suelo durante millones de años.

    Después de hora y media de caminata el techo comenzó a descender gradualmente y por igual, llegando a tocar el suelo. Los lados de la caverna gigantesca se extendían a lo lejos en la distancia verde y en penumbra, formando entrantes y salientes de amplia curvatura.

    De regreso a la nave, Tansis tecleó un informe al computador en el que describía lo que había visto y preguntaba si conocía algún fenómeno análogo de la Tierra, y la razón de su existencia.

    El computador respondió que en la Tierra no existía nada a tal escala, pero que había oasis en los desiertos. De modo más bien rutinario, le ofreció una lista. Pero a Robinsón no le interesaban estos detalles. Lo que le preocupaba era la razón de ser de los oasis.

    Descubrió que surgían por encima de fuentes de agua subterránea, y que el origen de esta agua oculta era normalmente una capa de agua muy profunda y en pendiente por debajo de un desierto, que permitía que el agua de las montañas distantes se filtrara bajo tierra a gran distancia. Donde la capa de agua emergía a la superficie aparecían fuentes y lagos permanentes, sin ninguna relación con las fuentes de aprovisionamiento visibles. Si éste fuera el caso, entonces esa gran franja de vegetación debería obtener el agua de las montañas que se encontraban a seiscientos kilómetros de distancia hacia el este, y en este preciso lugar una capa impermeable de arcillas o de esquistos debería encontrarse cerca de la superficie.

    Sintiéndose con ganas de charlar un poco, Tansis explicó al computador que efectuaría sondeos hasta hallar agua. Y se alegró de habérselo contado, porque la respuesta del computador fue una advertencia sobre el peligro de agujerear capas de agua, porque ello podría hacer que el depósito de agua se vaciara en los estratos inferiores. A Tansis le pareció que ya había destrozado bastante el paisaje. Cuando finalmente hizo una perforación, más tarde, comprobó que salían del taladro arcillas sólidas y húmedas, a pocos metros de la superficie, y al momento dejó el sondeo.

    El vacío y el brillo del desierto le parecieron muy desagradables, y pasó el resto del día bien en la nave, bien en el mundo verde y subterráneo de la capa de cintas. Si alguna vez descubriera que era posible vivir en este mundo sin protección, en esta gran cueva establecería su residencia. Tan sólo le faltaba encontrar otros seres humanos para hacer de esta cueva una base ideal, seca, protegida, y con espacio ilimitado. Hubiera sido un lugar de asentamiento ideal, siempre que, naturalmente, sus ocupantes pudieran vivir del propio terreno. El único problema consistía en que la capa de cintas no era comestible, y que su conversión en algo que pudiera comerse no resultaba práctica. Realizó también algunas pruebas con las plantas en forma de reloj de arena, pero no obtuvo mejor resultado. Toda la vegetación era en realidad la misma en este planeta y sólo la vida animal era una propuesta práctica; aunque necesitara ser procesada, exigía un procedimiento menos complicado. ¡ Ojalá que esta cueva de la capa de cintas estuviera más cerca del agua y de la vida animal!

    «Pero así eran las cosas —pensó Tansis—. Debo seguir el desierto hasta el mar, o encontrar un río que lo atraviese.»

    Ordenó al computador que le mostrara los mapas fotográficos de la región desértica. No eran tan buenos como los de la cuenca fluvial, porque fueron tomados desde un ángulo bajo. La nave había entrado desde el espacio siguiendo una ruta que la llevaba por encima del gran río, y el desierto había quedado demasiado lejos, a un lado. La zona tropical más a lo lejos no aparecía en el mapa en absoluto, y sólo se adivinaba bajo un horizonte de nubes. Claro que podía conseguir más mapas, elevando simplemente la nave a seis mil metros de altura y poniendo en marcha las cámaras. Se reprochó no haber pensado en ello cuando volaba a baja altura el día anterior.

    Estuvo toda la tarde estudiando el manual de náutica y se sintió mejor preparado para enfrentarse con el mar. Tenía un nuevo objetivo, o mejor dos: encontrar una cueva de cintas cerca del mar, o cerca de un río, y ver si encontraba animales que comer o incluso con los que poder comunicarse.

    El día fue espléndido: aprendió mucho y ahora sabía lo que debía buscar. Se fue a la cama de buen humor, con ganas de que llegara el próximo día.


    A la mañana siguiente despegó y elevó la nave a seis mil metros de altura con las cámaras en funcionamiento. Luego la dejó caer siguiendo una trayectoria larga y baja, hacia el mar, mientras escrutaba los mapas que iban apareciendo en la pantalla del computador. Sólo tuvo tiempo de efectuar un examen rápido antes de tomar el control de la nave para conseguir un aterrizaje en algún sitio. Había visto aparecer la costa. No parecía encontrarse allí ninguna gran masa de vegetación; tan sólo manchas de árboles aislados.

    Eligió un lugar en que el mar entraba en una bahía profunda en la tierra que lo rodeaba y cerraba, formando un puerto natural. Confiaba en que allí el agua estaría más calma y por ello sería más fácil navegar. Aterrizó en el promontorio sur del lado de la bahía que miraba al mar, una lengua de tierra larga, estrecha y sin árboles. Al ir descendiendo se dio cuenta de que junto a la orilla del mar se extendía una tira de la capa de cintas azul que había visto en la costa norte: era estrecha, pero seguía la costa a lo lejos perdiéndose en la distancia, y cubría toda la pequeña península en la que él había aterrizado. No divisaba por parte alguna de las cercanías árboles «reloj de arena»; por lo visto no les gustaba el agua salada; el más próximo al mar aparecía kilómetros tierra adentro. No había ninguna masa vegetal de capa de cintas, y por lo tanto no existirían cuevas.

    Estaba decepcionado. Permaneció un rato al borde del mar, observando las aguas de la bahía con la esperanza de ver alguna forma de vida animal. Todo le parecía vacío, carente de toda variedad o atractivo especial. Lo único bueno era su carácter tranquilo, apacible. Sólo había una estrecha entrada a esta bahía rodeada de tierras, y el mar agitado no entraba en ella Decidió quedarse aquí un par de días para practicar la navegación en lancha, y luego marcharse a otro lado.

    Estuvo muy ocupado durante el resto del largo día, navegando concienzudamente en la lancha, recorriendo en ella la bahía, aprendiendo a amarrar y a subir en ella mientras se mantenía alerta esperando alguna señal de vida en las aguas. En esta ocasión no se mareó, aunque no tentó la suerte y se mantuvo alejado de las aguas agitadas. Si iba a entablar contacto con aquellas criaturas, ellas tendrían que acercarse a mitad de camino, como él había hecho; se encontraría con ellas en el agua, pero tendría que ser en aguas tranquilas.

    Sin embargo, no ocurrió nada. Recogió varias formas inferiores de la especie del doble cono, y algunas criaturas coloreadas con forma de globo, y vio un animal redondo y plano que avanzaba con dificultad en el fondo del mar, en aguas poco profundas.

    Dedicó todo el día siguiente a navegar por la bahía en busca de nuevas muestras, pero se aburrió mucho y el día se le hizo muy largo. Ya comenzaba a acostumbrarse a dirigir la lancha y hacerla maniobrar en el agua, pero no había encontrado nada de lo que había ido a buscar. Todo aquel lugar era plano y monótono, totalmente silencioso y nada se movía en él. Quedó tan deprimido al comenzar la tarde que regresó a la nave, guardó la lancha, y estuvo el resto del día viendo películas y escuchando música. La soledad era terrible, y no pudo calmar su espíritu.

    Desde el momento en que aterrizó en este planeta, su ánimo parecía oscilar entre el entusiasmo y la depresión. La esperanza y el entusiasmo siempre le duraban poco; este mundo le decepcionaba y abatía a las pocas horas de haber apuntado una esperanza. Pero, en todo caso, se basaba en experiencias muy pequeñas, pues la verdad era que se hallaba en un planeta totalmente desconocido al que no pertenecía ni nunca pertenecería. El abismo entre tres billones de años de evoluciones separadas no podía ser salvado por unos cuantos deseos ilusionados.

    A la mañana siguiente fue rumbo al sur. Sus mapas fotográficos apenas si le servían de ayuda, ni siquiera los que acababa de tomar al sobrevolar el desierto. Las zonas tropicales estaban cubiertas por densas nubes, y los análisis de infrarrojos tenían poca utilidad para elegir la zona de aterrizaje, porque el ángulo era demasiado agudo. Esos análisis mostraban la forma de la costa en unos tres mil kilómetros, las cordilleras montañosas y los ríos principales, pero ningún detalle más de los que necesitaba.

    Continuó el vuelo al azar, guiado por el aburrimiento y por la curiosidad. La nave estaba programada para descender a casi tres mil kilómetros más al sur en una cuenca fluvial, y tomó el control manual después de alcanzar el punto más alto de la trayectoria. Ordenó al computador que hiciera fotografías con rayos infrarrojos y pasara las fotos inmediatamente a la pantalla. Muy a lo lejos, al oeste, trescientos kilómetros mar adentro, pudo ver una larga línea de islas, que comenzaba más o menos en el lugar del que acababa de partir y que se extendía hacia abajo hasta perderse totalmente de vista sobre el horizonte sur de las fotografías. Al este se encontraban las sempiternas montañas del corazón del continente. No tuvo tiempo de efectuar mediciones, pero aquellas montañas deberían ser muy altas, porque incluso en estas latitudes bajas gran parte de ellas estaba cubierta de nieve.

    Al ir descendiendo, acercándose a su destino, no pudo divisar nada, a excepción de una extensión de vegetación lisa y sin características especiales, de color verde azulado, con un río que serpenteaba entre ella. Decidió aterrizar cerca del río, para poder estudiar tanto la vegetación como la vida animal que supuso se encontraría sólo en el agua.

    A ocho mil kilómetros de altura comenzó a inclinar la vertical de la nave hacia un lugar a treinta metros del río, de una anchura de cuatrocientos metros. Cuando la nave comenzó a posarse en el suelo, apareció por las ventanillas la habitual nube de humo, pero apenas si se fijó en ella. Cuando la parte superior de la vegetación se encontraba prácticamente al mismo nivel de la ventana, pudo ver que se trataba de la capa de cintas, pero más espesa y de aspecto más salvaje, formando gazas amplias en el aire y elevándose tiesa en forma de grandes manchones.

    Al hundirse por debajo del nivel de la superficie y quedar encerrado entre los lados oscuros y humeantes de la fosa, empezó a sentirse preocupado y aumentó la energía de la nave para poder caer lentamente. Después de otros quince metros de descenso, al no hallar aún tierra firme comenzó a sudar. La capa vegetal de esta zona debería de tener a ciencia cierta cuarenta metros de profundidad. Lo único que podía ver en el exterior era el humo espeso iluminado por las chispas de la marcha de la nave. Continuó descendiendo; no tenía más remedio que averiguar dónde se encontraba el fondo de esa masa vegetal.

    De repente la alarma sonó de modo estridente, y el computador le arrebató el control de la nave, algo que sólo era posible en las emergencias más graves. «AGUA EN EL PUNTO DE ATERRIZAJE», aparecía centelleante en la pantalla, y la nave aceleró la marcha hacia arriba, salió con velocidad de la capa de cintas y subió a ciento cincuenta metros de altura. Allí el computador cedió el control a Tansis, que se encontraba totalmente deshecho.

    Durante varios minutos la nave se mantuvo quieta en el aire, a un alto coste, mientras Tansis decidía qué debía hacer. Debía de haber intentado el aterrizaje casi en el mismo sitio. La vegetación debía de extenderse más allá de las orillas y cubrir la mayor parte del río. Le había llamado la atención que el río fuera tan curiosamente pequeño, pero ahora supuso que bien pudiera tener kilómetros de anchura.

    Dirigió la nave quince kilómetros hacia el interior, para intentarlo de nuevo. Vio la misma capa de cintas entrelazadas de modo exuberante, y nubes a cientos de metros por encima de ella. Otra vez se hundió en una fosa humeante, descendiendo a sacudidas, conforme iba alterando la energía. A cincuenta metros por debajo de la superficie de la capa tocó finalmente tierra firme y se sentó contemplando la oscuridad y el humo del exterior. Se sentía aterrorizado e indefenso. Luego le vino un pensamiento sobrecogedor: ¿Qué ocurriría si quedara abandonado en este agujero espantoso en el caso de que el mando de la nave se hubiera averiado?

    Al momento oprimió el botón de despegue y la nave, obediente, se lanzó hacia arriba a toda velocidad; con ello quedó muy descansado. Esta vez continuó la marcha hacia arriba. Al demonio los trópicos: los seres humanos necesitan tierra firme para posarse, y el resto del planeta parecía muy semejante a la Tierra y muy agradable, en comparación con esta zona.

    Al continuar la nave su ascenso vertical intentó decidir una ruta. A nueve mil metros de altura el computador intervino de nuevo: «POR FAVOR, INDIQUE INSTRUCCIONES SOBRE CURSO Y DESTINO».

    El computador había calculado ya que por encima de nueve mil metros de altura y a ese ritmo de ascensión pronto entrarían en un rumbo orbital, y las normas oficiales exigían que todo recorrido orbital debía ser pasado al computador para que éste lo manejara.

    Tansis recordó de pronto la línea de islas que había adivinado a lo lejos en el océano occidental. Parecían algo distinto. Nunca había estado en una isla, y tal vez la evolución hubiera seguido en ellas un curso distinto; de cualquier modo, una isla era pequeña y por ello era menos probable que estuviera llena de peligros. A pesar de todo, no quería aterrizar en una situada en la zona tropical; tal vez la que se encontraba más al norte, frente a la costa del desierto, le fuera bien.

    Solicitó los mapas fotográficos a gran escala e indicó la isla más septentrional. Dejó que el computador realizara el monótono trabajo de calcular la distancia, la altura y la trayectoria. Muy aliviado, dejó el control al computador y se sentó a descansar, dándose cuenta entonces de que aún estaba tembloroso y que el sudor le bañaba el rostro. Esta capa de cintas era como un monstruo devorador, y cuando crecía en los trópicos era una auténtica locura. Le había asustado tanto como una fiera que se hubiera abalanzado sobre él para atacarle. Tenía fuerza suficiente para destruir la nave, y le estremecía pensar que pudiera quedar atrapado dentro de un pozo de pesadilla y que luego esa capa vegetal se fuera cerrando por encima de él, enterrándolo vivo.

    La nave se elevó y giró gradualmente conforme el computador calculaba la mejor ruta y corregía ligeramente la marcha, guiando la nave: «VEINTIÚN MINUTOS Y QUINCE SEGUNDOS ANTES DEL ATERRIZAJE», apareció en pantalla. Tansis se puso en pie y bajó las escaleras para tomar un café. Quería dejar que el computador se hiciera cargo de todo el mayor tiempo posible; era lo único que en este maldito planeta se preocupaba de su vida y de su muerte; aunque tampoco eso era totalmente cierto, porque se trataba sólo de una máquina que obedecía un conjunto de instrucciones, algunas de ellas dadas hacía sesenta y cinco años; sin embargo, daba la impresión de preocuparse de él, y el efecto práctico era el mismo.

    La señal de aviso sonó en la nave demasiado pronto (o así le pareció) y tuvo que regresar a su asiento. Una gran isla de silueta cuadrada iba rellenando rápidamente el paisaje por debajo de él. Tenía una gran montaña en el centro. Calculó con el radar que la cumbre alcanzaba más de tres mil metros, y el pico se divisaba por debajo de la nave. Estaba cubierto de vegetación, aunque la parte inferior de la isla estuviera desierta en su mayor parte, a juzgar por el colorido. Eligió el lado de la isla con la llanura costera más desarrollada, y descendió lentamente, viendo surgir las montañas ante él. Aproximadamente un cuarto de pendiente abajo la vegetación acababa repentinamente trazando esa frontera claramente delimitada, característica de este mundo. Se sucedían laderas desérticas con árboles aislados. Al ir descendiendo más, a pocos cientos de metros por encima de la superficie, apareció un cinturón de vegetación que ceñía el pie de la montaña, y más allá, el desierto, con árboles aislados alargándose hasta la orilla del mar, a cinco kilómetros de distancia.


    6


    En esta ocasión parecía que finalmente había encontrado lo que estaba buscando, y contempló el mundo que le rodeaba a través de las ventanas de la cabina de mando. El paisaje tenía variedad. A la derecha se extendía el mar, lleno de olas centelleantes; a la izquierda, las laderas macizas, gris y ocre, de las montañas. Había algunos árboles «reloj de arena» esparcidos por las cercanías, pero no estaban separados por distancias exactas como pasaba en el desierto. Ahí, delante de él, se encontraba el cinturón de la capa de cintas, tal vez de kilómetro y medio de anchura en algunas partes, serpenteando y cubriendo el pie de la montaña.

    Todo el lugar parecía más razonable. Aunque Tansis nunca había estado en la Tierra y en toda su vida no había conocido más que los confines de una nave espacial, este tipo de paisaje le agradaba. Más aún, podía hasta decir que le parecía bello. ¿Cuál era la definición de los antiguos filósofos? «La belleza es lo que agrada a la vista». Bien, pues sí que le agradaba; se sentía impaciente por salir y recorrer la zona inmediatamente.

    Tan pronto como se encontró fuera, se abrió camino hacia la capa de cintas para averiguar si había también allí una cueva subterránea. Esta vez había aterrizado tan cerca, que tenía cable suficiente para llevar hasta la masa vegetal un cortador láser para horadarla sin asustarse, ya que no saldría ninguna cantidad de humo.

    El láser cortó con rapidez y profundidad, causando sólo pequeños borbotones de humo y pequeñas chispas centelleantes. Después de unos minutos de trabajo taladró casi dos metros de profundidad en un círculo de más de un metro de diámetro, pero aquella materia no parecía hundirse por el agujero como había esperado. Debía de estar muy apretada, sustentada por todos los lados, como un corcho que tapa una botella. Corriendo un posible riesgo, saltó encima, y la capa vegetal se hundió tan sólo un poquito. Regresó a la nave en busca de una cuerda y de un gancho; lo metió en el centro del orificio taladrado e intentó tirar hacia afuera. Se agitó un poco, y crujió, pero no se movió del sitio.

    Le parecía estar dedicando la mitad de su tiempo a hacer cosas ridículas y absurdas. Finalmente decidió utilizar los miles de caballos de vapor que tenía a su disposición, como era lógico que hiciera el rey de la creación, para que su nave levantara ese tapón de cintas. Ató la cuerda a la plataforma del ascensor exterior, y dio instrucciones para que se elevara la plataforma.

    La cuerda se tensó, el tapón voló por los aires y se desintegró formando una lluvia de fragmentos diminutos, y el gancho dio contra el flanco de la nave con un ruido que estremeció toda su estructura; sin embargo, Tansis había conseguido abrir un agujero en la capa de cintas. Tuvo entonces la sensación, como ya le había ocurrido muchas veces, de que era bueno no tener a ninguno de sus superiores por medio comprobando lo que hacía.

    Con auténtica prisa corrió hacia el agujero para mirar adentro. Allí abajo había una auténtica cueva y sin pensarlo dos veces gateó por el borde, se dejó caer descolgando todo su cuerpo y sujetándose por los dedos, y dejándose caer en el suelo de arena blanda del interior.

    Una luz tenue y verde le envolvía y veía por encima de él un techo levemente iluminado. Se sentía rodeado, y a salvo, pero al mismo tiempo notaba el espacio amplio, y éstas eran las dos cosas que más necesitaba cualquier persona nacida a bordo de una nave espacial. Este lugar satisfacía una de sus más profundas necesidades psicológicas. Miró en dirección a la tenue distancia. Era igual que en la cueva del desierto, las mismas bellas columnas de soporte, el trazado delicado de raíces grises en la arena y un chorro de luz blanca que entraba por el orificio que él había hecho.

    Inició su exploración, y luego recordó que disponía de un sistema para orientarse, lo cual le hizo descansar un rato. Como la nave se encontraba por encima del borde de la capa de cintas no podía divisarla, y las rutas que llevaban a la nave en línea recta pudieran no hacerle regresar necesariamente al orificio de entrada, que podría perder de vista en este bosque de troncos. Decidió bajar un transmisor a la entrada para que le marcara una dirección que fuera en línea recta al agujero, y al decidirse a regresar a la nave se dio cuenta, horrorizado, de que no había bajado ninguna escalera ni ninguna cuerda, y de que el orificio se encontraba en el techo, a tres metros por encima de su cabeza.

    Tansis intentó con todas sus fuerzas vencer el pánico que le dominaba, mientras otra parte de su persona tenía deseos de abofetearse por haber sido tan imbécil. Hasta entonces no se había dado cuenta de lo pequeño que era en relación con su entorno, y parte de su seguridad íntima se desvaneció, para nunca regresar del todo. Su angustia creció al pensar en que tal vez pudiera quedar aislado de la nave. Debía regresar a ella, tenía que hacerlo, pues no podía imaginar la vida sin su nave espacial.

    Intentó dar un salto, pero el traje y la fuerte gravedad convertían sus esfuerzos en brincos sin importancia, tan claramente inútiles que sólo saltó una vez. Anduvo hacia atrás unos cuantos metros y luego echó a correr hacia el agujero, extendiendo los brazos hacia arriba. Pero el agujero pasó por encima, y Tansis aterrizó sin haber alcanzado su objetivo, e irritado consigo mismo. Jadeante, estuvo estudiando el agujero con detenimiento. Tendría que trepar sobre algo, o ponerse de pie encima de algo.

    Miró los troncos de soporte. El más cercano estaba a dos metros y medio de distancia del agujero. Había una posibilidad, la de trepar tronco arriba para colgarse del techo de algún modo, y avanzar hasta el agujero. Intentó trepar por el tronco, pero la membrana de plástico protectora del traje era demasiado fina para permitirle agarrarse. No estaba previsto que un explorador subiera a un árbol; se suponía incluso que nadie querría hacerlo. Tendría que tallar el tronco haciendo escalones. Sacó el cuchillo y entonces se le ocurrió una idea mejor: lo clavó en el tronco, muy hondo, empujándolo lo más posible. Se encaramó sobre el cuchillo y, sintiéndose un poco raro, se abrazó estrechamente al tronco. Equilibrándose sobre un pie, y otra vez apenas sin aliento, elevó la mano hacia el techo. Lo tocaba por los pelos. Alcanzándolo a tientas, con la cabeza hacia arriba formando un ángulo violento, hundía sus manos en el techo, metiéndolas entre las cintas retorcidas que esperaba no se desenredarían cuando descargara todo su peso. El corazón le latía alocadamente, y el sudor bañaba su rostro. Respiraba con dificultad, se agarró del techo y se descolgó. La cinta se balanceaba como un cable elástico, pero soportaba su cuerpo. Soltó una mano, la volvió a hundir entre las cintas, se agarró de la otra, y logró estar colgado del techo a mitad de camino del orificio. Agarrándose convulsivamente, y pasando la otra mano, casi incapaz de respirar, y sudando tan copiosamente que el sistema de apoyo vital del traje era incapaz de limpiar su transpiración, pudo llegar al borde del orificio.

    Y esto iba a ser lo peor de todo. Tenía que girar el cuerpo, extender la mano y agarrarse del agujero. El pánico le sobrecogía, pero triplicaba sus fuerzas; forcejeó por el lado del orificio, logró pasar un brazo y se quedó colgando medio exhausto, mitad dentro y mitad fuera. De algún modo debió pasar todo el cuerpo, porque cuando se dio cuenta de algo se estaba deslizando hacia atrás. Golpeando en el suelo violentamente con brazos y piernas, rodó por el suelo, fuera ya del agujero, y cayó extendido sobre la superficie de la capa de cintas.

    Mucho tiempo después, Tansis regresó renqueando a la nave, con el único deseo de ducharse y de dormir. Es superfluo indicar que la depresión le había vuelto y que le duró todo el día.


    En los días siguientes Tansis equipó el orificio con dos escaleras, una cuerda, un transmisor de direcciones, una mochila de recambio de apoyo vital y un asiento reclinable. Estuvo horas y horas debajo de la capa de cintas explorando, haciendo pruebas y mediciones o a veces simplemente disfrutando allí sentado de la luz y del espacio, mientras escuchaba música retransmitida desde la nave.

    En otras expediciones caminó hasta la costa, a cinco kilómetros de distancia, y allí encontró auténticas playas de arena. La capa de cintas azules del agua salada no aparecía aquí. ¿Querría eso decir que se trataba de una etapa más tardía en la evolución de la capa de cintas, producida tal vez después de la formación de la isla? Ciertamente, la habilidad de vivir en agua salada debía de ser un desarrollo tardío, porque debería haber costado centenares de millones de años que los mares alcanzaran su salinidad actual, de modo que las formas primitivas de vegetación deberían ser de agua clara.

    La montaña de esta isla tenía el aspecto de ser volcánica, y la mayor parte de las otras islas tenían un gran pico central similar a éste. ¿Qué antigüedad tendrían? Intentó estudiar la geología de la montaña y efectuar perforaciones y perfiles sísmicos.

    Sin embargo, los lugares que más le interesaban eran la costa y el mar. En esta isla no había ni bahías protegidas ni rías; el océano abierto batía contra sus cuatro lados desiguales sin ninguna contención, y esperó en vano un período de aguas tranquilas, como sabía que a menudo ocurría en la Tierra. Los mares de este mundo no tenían mareas, y parecían estar perpetuamente inquietos.

    Cierto día, armándose de todo su valor, salió con la lancha e intentó navegar en el agua picada cerca de la costa, pero sintió que le volvía la oleada creciente de la náusea y regresó a tierra apresuradamente. No vio ninguna de aquellas extrañas criaturas marinas que saltaban y que le habían observado con tanta curiosidad. Su principal hallazgo fueron varios tipos de criaturas planas, como tortas, que se movían en la playa exactamente bajo la línea del agua. Eran más primitivas que todas las demás clases de animales, y su composición química se acercaba más a la estructura química original de las primeras formas de vida. Tansis comprobó que eran lo más comestible que había encontrado hasta entonces, y que mediante un proceso bastante sencillo se convertían en proteínas bastante aceptables para el ser humano. Sin embargo no intentó comer ninguna de ellas. «El procedimiento de prueba y error está muy bien cuando hay cientos de personas, pero es un suicidio cuando eres la única.» A pesar de todo, era un alivio saber que habían suministros abundantes de comida autóctona comestible, si alguna vez resultara posible vivir como un nativo en este planeta.

    Su segundo descubrimiento fue aún más interesante. Había un tipo distinto de vida vegetal en este planeta, pero crecía en el mar. Pequeñas hojas deshilachadas de un color verde amarillento flotaban en el agua marina y se recogían siguiendo la línea de las olas y en grietas entre las rocas. Se parecían a las algas terrestres, y eran mucho más primitivas que la capa de cintas. Debían de haber sido dejadas atrás en el curso de la evolución, y permanecían en el mar. Como ocurría en el reino animal, se acercaban más a las estructuras bioquímicas de la Tierra, y podían hacerse comestibles con métodos menos complejos que los que necesitaba la capa de cintas.

    Lo cual aún dejaba un inmenso vacío entre la capa de cintas y todos los demás tipos de vida. ¿Cómo habría evolucionado la vida de forma que una sola especie de plantas se hubiera desarrollado por su cuenta y hubiera llegado a dominar totalmente la superficie terrestre del planeta?

    Probablemente era una pregunta demasiado compleja para que pudiera responderla un hombre solo en su corta vida, y él no era un nuevo Darwin. Y, además, ¿a quién demonios le interesaba eso? Lo importante era que había encontrado proteínas y vegetales comestibles, para cuando se agotaran las provisiones de la nave. Y era casi una dieta equilibrada. Si pudiera encontrar árboles de cintas con aquellos charcos de agua en sus cimas, tendría las vitaminas restantes, porque de los protozoos que allí vivían podían obtenerse también sustancias comestibles. Lo cual significaba un viaje, más tarde, a la cima de las montañas, porque estaba seguro de haber divisado árboles allá arriba cuando descendía para efectuar el aterrizaje.

    Después de dos semanas de descubrimientos de este tipo, dedicó otra semana a estudiar geológicamente la isla. Hizo perforaciones, instaló instrumentos sísmicos e hizo explotar cargas alrededor de la nave, en la costa y en las pendientes de las colinas cercanas. Encontró que el subsuelo estaba formado por piedra pómez seca y cenizas, encima de una masa sólida de basalto. El agua de la cima de las montañas, a menudo cubiertas de nubes y con lluvias ocasionales, se filtraba siguiendo la capa de basalto por debajo de la capa de cenizas, salía a la superficie al pie de la montaña y hacía posible la franja vegetal de la capa de cintas.

    Estas islas se encontraban en la ruta que seguía una corriente fría, con dirección sur. El aire era frío, aunque a Tansis personalmente no le importaba nada; sin embargo, explicaba por qué las islas estaban desiertas a una altura inferior a dos mil trescientos metros.


    Tansis decidió que si tuviera que instalar su hogar en este planeta, el mejor lugar sería este archipiélago. Estaba encontrando ahora la vida bastante soportable, y sus observaciones comenzaban a tener sentido. La isla no le dominaba, al contrario de lo que había ocurrido en el continente; era tolerable porque había un poco de todo pero en pequeñas dosis. Necesitaba hacer algunos viajes, sin embargo, para encontrar el mejor lugar posible para establecerse una base permanente. El problema clave de estas islas eran las aguas marinas turbulentas. Necesitaba encontrar una isla semejante pero con una bahía protegida donde pudiera entrar en contacto con aquellas criaturas marinas.

    Había estudiado las fotografías que tomó la nave en su vuelo de entrada, y se había dado cuenta de que la tercera isla más meridional del archipiélago era desértica, como ésta, pero tenía un gran cráter sumergido en un extremo, que formaba un área grande, casi cerrada y circular de aguas protegidas. Sus dos picos eran más altos que el de esta isla, y además parecía disponer de un puerto. Decidió ir allí, visitando antes la cumbre de la actual isla.

    Por la mañana temprano se encontraba ya en el asiento del piloto, tecleando las instrucciones al computador. Le ordenó que se elevara por encima de la montaña, y que le pasara el control manual para el aterrizaje, y luego computara una ruta desde allí hasta la tercera isla. Marcó la isla en el mapa, mostrándolo en la pantalla, y esperó que el computador calculara el recorrido.

    En vez de la habitual serie de números y de símbolos en la pantalla, como respuesta, contempló horrorizado la siguiente objeción del computador: «IMPOSIBLE CONTINUAR SIN AUTORIZACIÓN DIRECTA DEL COMANDANTE O DE ALGUIEN INVESTIDO DE SU AUTORIDAD LEGAL».

    Durante un momento de auténtica locura, Tansis se preguntó si el comandante estaría aún vivo, de algún modo, interviniendo en todo.

    —¿Por qué? —tecleó Tansis al computador.
    —En este momento sólo queda combustible suficiente para un regreso directo a la nave-base que permita el margen de seguridad requerido por las ordenanzas oficiales, sección 19, apartado 11. Sólo el comandante o alguien investido con su autoridad legal puede ordenar el gasto de esa reserva de combustible para cualquier otro propósito. Deben presentarse razones detalladas, y éstas no deben estar en contradicción con las normas suplementarias sobre procedimientos de emergencia, secciones 66 a 83.

    Tansis lo leyó con una vaga sensación de desastre. Esto era el naufragio final. Ahora estaba condenado para siempre en esta isla.

    Se sentó, muy pensativo, intentando encontrar una respuesta. Gracias a Dios que esto no le había ocurrido en los trópicos. No se atrevía a hacer ninguna pregunta ni ningún comentario hasta que lo hubiera pensado con mucho detalle y hubiera refrescado su memoria con los manuales pertinentes.

    ¡Todos aquellos vuelos a baja altura con la nave diseñada para entrada y orbitaje planetarios! Había desperdiciado combustible sin pensar siquiera en dar instrucciones al computador para que le mantuviera al tanto de la reserva total de combustible disponible. Hasta como piloto era un inútil. Se frotó la frente y miró alrededor de la cabina. La nave parecía ahora muy silenciosa; de repente le pareció que estaba muerta.

    Aquella situación tenía su lado irónico. Ahora podría abandonar definitivamente el planeta. El computador le llevaría con mucho gusto hasta el infinito. El problema era que no había a dónde ir. Tendría que aferrarse a este planeta desolado, porque era algo, y algo es mejor que ningún sitio, el más terrible de todos los lugares.

    Meneando la cabeza, se levantó lentamente del asiento y fue escaleras abajo a sentarse en la sala de reuniones. No tenía que dar una respuesta inmediata al computador. No la esperaba, ni se inquietaría de ningún retraso. El computador no era una persona, y ni sospechaba ni juzgaba las reacciones de los seres humanos. El tiempo no significaba nada de nada para él, excepto cuando lo necesitaba como un factor para calcular una ruta o averiguar cuánto durarían los suministros. Sabía que esperaría un año o cien años antes de que él contestara, y que todo le daba igual.

    Para Tansis, como para cualquiera que hubiera vivido en una nave espacial, el computador, incluso el gran computador de la nave principal, no era más que una máquina. Sin embargo, tenía que cuidar mucho la forma de responderle, porque se encontraba en el papel de un hombre que se enfrenta con una burocracia impersonal gobernada por normas escritas, o, para ser más exactos, se enfrentaba con las mismas normas, incorporadas a un computador que, por lo tanto, era capaz de responder.

    No podía mover la nave, debido a las ordenanzas oficiales sección tal y cual, y la única forma de salirse con la suya era citar otras normas de otras secciones, o bien conseguir una autorización de los que escribieron esas malditas órdenes, o hacer pasar algo por norma legal, sin que el computador descubriera el truco.

    Necesitaba leer las ordenanzas cuidadosamente, aunque conocía y recordaba la mayoría de ellas. A bordo de una nave espacial existen muy pocos libros, y después de pensarlo dos veces decidió que no corría riesgo alguno si pedía al computador que fuera mostrando en pantalla las ordenanzas generales y las normas suplementarias. Recordaba a otros haciendo lo mismo antes de tomar una decisión. Para el computador era una petición más, que nunca podría ir en contra de las ordenanzas oficiales.

    Regresó a la cabina de mando y pensó en algo mucho mejor. Dio instrucciones al computador para que imprimiera todas las ordenanzas oficiales y normas suplementarias, y los manuales administrativos y de operaciones y las instrucciones del piloto —iba recordando otras cosas más— y el manual de la expedición, y las normas recomendadas para comandantes de vuelo, y que fueran saliendo impresos en tiras de papel. El papel no abundaba en la nave, pero era una forma disponible de salida del computador, y no la había usado aún, desde que empezó el vuelo. El impresor a gran velocidad traqueteó durante varios minutos, soltando una tira continua de quince centímetros de ancho y cuatro metros de largo. Esto le iba a ocupar todo el día. Hizo café, y se sentó, dispuesto a leerlo.

    El peligro que había si le daba una respuesta incorrecta no estribaba en que el computador fuera sospechoso o temperamental, sino en el hecho de que el computador era el centro de todo el sistema de la nave y controlaba todos sus mecanismos y circuitos. Tenía la capacidad de desconectar, cerrar las puertas y la esclusa de aire, poner en entredicho al piloto y dejar de obedecerle, si tales medidas fueran las requeridas por algún procedimiento de emergencia.

    Estos procedimientos, elaborados por grandes cerebros a quienes gustaba pensar que podrían reglamentar el futuro indefinidamente, preveían los motines, los secuestros ilegales, la locura del piloto, el error humano, el deterioro del navío, el funcionamiento incorrecto de los sistemas vitales, y así sucesivamente. Todos ellos suponían que alguien podría entrar en escena y tomar el control de la nave antes de que todo se detuviera. Para esta nave planetaria de aterrizaje se suponía que la nave principal estaría dispuesta a ayudar y suministrar alguna autoridad de mayor rango.

    Lo que Tansis intentaba encontrar era algún fragmento de los manuales que tomara en consideración la posibilidad de que toda la expedición quedara reducida a un único náufrago solitario. Tenía sus dudas de que existiera, pero debía intentarlo. Tenía que encontrar algún modo de comunicar al computador esta situación imprevista y sin precedentes, para que pudiera acoplar esa información a los manuales y las ordenanzas y para que considerara a Tansis como la máxima autoridad legal de la nave. Si lo hiciera de modo incorrecto, el computador le trataría como a un usurpador, y le pondría en entredicho esperando que una autoridad superior resolviera la situación.

    Tansis sabía que no se puede conversar con un computador, ni abrumarle con oratoria florida, ni hacerle llorar de emoción. Tenía que hallar un camino entre la inmensa madeja de disposiciones establecidas y, desde dentro del sistema, hacerse cargo de su situación. Los procedimientos oficiales y, en consecuencia, el computador, no toleraban intrusos.

    Lo que estaba en juego no era solamente el combustible para hacer unos cuantos viajes más. Sí, algunos desplazamientos serían útiles y no le gustaba la idea de quedarse estacionado perpetuamente en esta isla; pero eso no era lo peor. A partir de ahora el computador comenzaría a salvaguardar esa reserva de combustible mínimo que podía hacer regresar su nave a la nave principal y esto significaba que, a la larga, desconectaría el generador de la nave y todos los sistemas, excepto el del propio computador.

    Devolver su nave a la nave principal era el requisito básico según el cual estaba programado el computador. Si su nave estaba terriblemente deteriorada y no podía lograrlo, las normas vigentes permitían que los sistemas de apoyo vital funcionaran el mayor tiempo posible, aunque esto significara agotar la reserva de combustible mínimo. Pero la nave se encontraba en buena forma, y no se habían recibido instrucciones de autoridades superiores para mantener la nave estacionada en el planeta, una vez alcanzado el nivel mínimo de combustible. De modo que, en cuanto se refería al computador, la nave debería ser capaz de regresar a su destino.

    Tansis se dio cuenta de que, más pronto o más tarde, aunque él no hiciera nada, el computador comenzaría a indicar la necesidad de un despegue inmediato. Algún tiempo después avisaría de una próxima desconexión del generador. Si Tansis no hubiera resuelto el problema en aquel momento, no habría más alternativa que largarse de allí con todo lo que pudiera, o quedar encerrado para siempre en una nave muerta.

    «Toda esta situación es terriblemente ridícula», pensó Tansis al sentarse para tomar su quinta taza de café y enfrascarse en la lectura de la larga y enmarañada tira de papel. Aquí estaba, náufrago en un planeta extraño con un millón de problemas urgentes que solucionar, y a pesar de ello tenía que luchar con problemas legales abstrusos que destrozarían a un abogado experto. Necesitaba saber todo lo posible sobre comidas, bebidas y el riesgo de enfermedades y, sin embargo, se veía obligado a perder el tiempo estudiando manuales tan muertos como sus autores, tan remotos como la Tierra, tan irrelevantes como las costumbres del antiguo Tibet.

    El computador era el guardián de la ley, incorruptible y absolutamente obediente a quienes detentaban la autoridad legal; estaba preparado, como el gran computador de la nave principal, para preservar la ley y el orden durante un viaje que duraba tres o cuatro generaciones. De las nueve grandes expediciones que habían salido de la Tierra en viajes interestelares, tres se habían enfrentado con motines y sediciones. Tansis comprendía y aceptaba la necesidad de esas precauciones, porque sin ellas tal vez nunca se hubiera llegado a Capella; pero ahora su situación no tenía precedentes y, conforme iba repasando los manuales, se daba cuenta de que nunca se había previsto.

    Si dijera al computador toda la verdad, eso significaría que él debería ocupar el cargo de autoridad única de la expedición y adquirir el rango de comandante. Y, sin embargo, ésta era la forma que cualquier usurpador habría utilizado para hacerse con el control de la nave en el curso de una insurrección, y esto sí que había sido previsto. Los procedimientos legales para cambiar de comandante exigían el consentimiento de otros oficiales de alta graduación y una votación mayoritaria en que el computador efectuaría el recuento de los votos.

    Tansis dejó caer las hojas largas y arrugadas dando un suspiro. No podía decir la verdad al computador.

    Estuvo el resto del día allí sentado, melancólico; de vez en cuando se levantaba para volver a leer parte de los manuales, cuando se le ocurría alguna idea. Al final se enfrentó con el hecho inevitable de que en algún momento quedaría encerrado dentro de una nave que se cerraría al mundo exterior.

    Después de estudiar con mucho cuidado el texto de sus preguntas, regresó al computador y le preguntó cuánto tiempo podría transcurrir antes de la partida, y, después, cuánto tiempo transcurriría antes del cierre total.

    La respuesta del computador fue que disponía de doce días, y luego, de cuarenta y seis días más. Tansis se sintió aterrorizado. En el plazo de cincuenta y ocho días —se trataba de los días-tipo de la nave, no de los largos días de Capella— se vería obligado a salir al exterior sin protección. Todos sus problemas deberían estar resueltos por entonces, pues ni siquiera sabía si podría respirar el aire del planeta. Y con respecto a la comida, ¿cómo podría procesar las sustancias que aquí crecían para el consumo humano sin disponer de un laboratorio? Sin la esclusa de aire, tampoco podría aislarse de las bacterias. Se encontraría desnudo en el ambiente exterior.

    Si todo esto hubiera ocurrido poco después del primer aterrizaje, probablemente Tansis habría tomado una dosis adicional, pero ahora ya no se le ocurría pensar en el suicidio. Había superado el choque inicial del desastre y del naufragio, y ahora quería vivir. Sin rabia, pero con una fuerte decisión, eligió vivir, y lucharía para vivir. Tan pronto como hubo resuelto ese problema, le pareció vislumbrar nuevas esperanzas, y su depresión se esfumó. Un ser vivo no debe aceptar la derrota; un hombre no demuestra su personalidad sino luchando y esforzándose por su futuro, y esperando y luchando por su supervivencia.

    Tansis se había fabricado la mejor medicina, y entonces pudo sentarse para elaborar un plan de acción para los próximos cincuenta y ocho días.

    En primer lugar, estaba decidido a mantener abierta la nave. Era ridículo construir una casa en el exterior disponiendo ya en la isla de esta construcción excelente y tan bien equipada.

    Ni siquiera una vida entera de esfuerzos podría proporcionarle lo que ya tenía aquí totalmente gratis.

    Apoderarse de la nave, sin embargo, significaría perder los servicios del computador, y dejar desconectado todo lo demás. Era imposible intervenir en el computador. Estaba situado en el equivalente a una cámara de seguridad de un banco, y se necesitaban tres hombres para abrirlo, de los cuales cada uno conocía sólo una parte de la combinación; además, el computador debía recibir una autorización del comandante antes de que pudiera incluso tocarse el cierre de la combinación. Tansis no tenía ninguna idea de cuál era la combinación, y, aunque lo supiera, no le hubiera servido para nada. Era imposible desconectar el computador de los sistemas de la nave: en primer lugar, la nave estaba diseñada como una unidad; todas sus piezas estaban relacionadas y unidas entre sí por el computador; en segundo lugar, para hacerlo necesitaría un equipo de ingenieros expertos. Una nave espacial es algo demasiado complicado para andar haciéndole chapuzas, y eso sin considerar que el sistema de alarma no admitía la inserción de cambios no autorizados, y que las normas oficiales consideraban los planos de la nave como un auténtico secreto.

    Tendría que aceptar el hecho de que la nave sería para él solamente un techo, con unas cuantas luces y calentadores funcionando con generadores portátiles. Pero, aun así, era algo muy valioso. Para alguien que había nacido en una nave espacial y que había vivido a bordo sus treinta y un años de existencia, la idea de vivir en el exterior en una cabaña era impensable. La nave debía permanecer abierta. Esperaría hasta el día cincuenta y ocho antes de poner en ejecución esa parte de su plan, y mientras tanto tendría que aprender a vivir en este planeta y copiar en papel cuanto pudiera del conocimiento del computador. Porque cuando el computador se desconectara perdería su biblioteca, y perdería su profesor.

    Al día siguiente empezó el trabajo ordenando al computador que imprimiera los libros de texto básicos de química orgánica e inorgánica que tuviera en el banco de datos. Mientras el impresor chirriaba y el rollo de papel se iba desenrollando y cayendo en una caja, se dedicó a inspeccionar los almacenes.

    Tendría que ingeniarse un sistema de iluminación y de calefacción con el equipo de la expedición, como si fuera a instalar un campamento en el interior de la nave. Estuvo seleccionando cables y calentadores, una cocina, un purificador de agua, un compresor de aire, un filtro, un generador portátil, baterías y células solares.

    Revisó los suministros de comida. Tenía suficiente para más de un año, y el computador no podía cerrarlos.

    El suministro de agua, sin embargo, era una cantidad fija, que se reciclaba a través del sistema de apoyo vital, que se detendría cuando la nave se desconectara. Lo mismo ocurría con el suministro del aire, que era parte integral de los sistemas de circulación, calefacción y purificación. A pesar de todo, podría obtener agua y aire del exterior mientras dispusiera de energía para purificarlos. Lo que tenía mayor importancia era la energía eléctrica.

    La luz de este planeta era brillante y enérgica, y debería bastar para que las células solares convirtieran esa energía y mantuvieran las baterías bien cargadas; pero necesitaría también un generador, lo cual implicaba combustible. Estuvo pensando diversas formas posibles de horadar los depósitos de combustible de la nave, medio vacíos pero totalmente herméticos. Habría suficiente para muchos años, pero no se le ocurría ninguna forma de acceder a ellos. Tansis no era un ingeniero, y sin los planos de la nave ni siquiera sabía dónde se encontraban las cañerías del combustible. Y de todos modos, no serviría de nada intentar apropiarse de él hasta después del cierre final. Una vez el computador se quitara de en medio, tal vez podría hacer todo esto.

    Estuvo el resto del día en el laboratorio estudiando el texto de química para principiantes, y fabricando explosivos que almacenó en el campamento del interior de la capa de cintas.

    Se enfrentó luego con el próximo problema más urgente, el del agua. Tenía dos posibilidades, cuando los sistemas de la nave se cerraran. O bien viviría como un nativo, quitándose el casco y respirando lo que fuera, o por el contrario debería quedarse para siempre en el interior del traje protector. Una protección permanente sin la nave le sería muy difícil. En vez de un ambiente similar al de la Tierra de varios miles de metros cúbicos, se vería reducido a los límites de su propio traje, en el que entraría el aire extraído por un purificador. Y cuando se tuviera que quitar el traje para cambiarse de ropa interior o para bañarse, necesitaría un respirador. Cuando más pensaba en ello, más imposible le parecía.

    Podía enfermar, no sólo por el sistema de respiración, sino simplemente del contacto de su piel con cualquier microorganismo; sin embargo, tendría que bañarse y cambiarse, pues de no hacerlo padecería sin duda enfermedades cutáneas. Se suponía que doce horas era el período máximo que un hombre podía soportar un traje espacial.

    La esclusa de aire daba acceso a la cabina de reuniones, que era una sala de doce metros de diámetro y tres de altura, diseñada para veinte personas. Las otras cabinas, almacenes y laboratorios estaban situados por encima y por debajo de ella en una nave de cuatro pisos de altura. Tendría que perforar orificios en las puertas de la esclusa de aire e introducir aire purificado del exterior, e inventar un sistema para abrir y cerrar a mano las puertas de la esclusa de aire. Las puertas de la cabina que comunicaban con el resto de la nave tendrían que permanecer cerradas, excepto cuando necesitara ir a los almacenes o a los laboratorios, y en ese caso tendría que llevar consigo luces y calentadores.

    Tendría que considerar la cabina principal como un auténtico campamento, y utilizar en ella equipo de campamento. A pesar de todo, ese esfuerzo valdría la pena; la cabina era infinitamente preferible a las tiendas de plástico hinchables. Porque ya había dejado de lado la posibilidad de quitarse el casco sin más y correr ese riesgo; eso no podría hacerlo sino después de varios meses de estudios sobre los microorganismos; primero necesitaría estudiar varias ciencias, y sin el maldito computador, ¿cómo iba a hacerlo?

    Ordenó al computador que imprimiera los textos básicos de fisiología, medicina, bioquímica, histología, microbiología, la biología no terrestre conocida de los cuatro planetas en que se había encontrado vida.

    El impresor casi había completado el texto de fisiología cuando se acabó el papel. No había remedio; en la nave no quedaba ningún papel que pudiera enganchar en los meticulosos engranajes del impresor. Solucionó el problema instalando una cámara de cine y filmando la pantalla del computador conforme éste mostraba el texto en ráfagas de un segundo. En realidad así era mejor, porque también conseguía captar las ilustraciones y los diagramas. La expedición estaba mejor provista de película que de papel, y así pudo filmar todos los textos que había pedido, y además otro de física y varios sobre ingeniería y electrónica. Tendría que mirar la película por un visor portátil, pero eso no sería más molesto que luchar con largas tiras de papel. Controló sus impulsos de saquear aún más el computador y decidió guardar todo el resto de película hasta que hubiera hecho una lista concienzuda de los conocimientos que realmente necesitaría. Cuando se acercara el final de sus cincuenta y ocho días, vería las cosas más claras.

    Reunió el equipo que necesitaría para taladrar las puertas y para controlar el ambiente de la cabina. No podía aún efectuar ninguna perforación ni interferir con los sistemas existentes, pues ello alarmaría al computador. En el día número cincuenta y ocho tendría que hacerlo todo a la carrera, e ir aprendiendo sobre la marcha. Iba a ser un día terriblemente ajetreado.

    Durante los tres días siguientes se enfrentó con el problema del agua. Había gran cantidad en el mar, pero era salada y llena de sustancias biológicas. Tendría que destilarla y purificarla, lo cual exigía una gran cantidad de energía. El agua fresca sólo necesitaría filtrado y purificación, es decir, menos energía. Sin embargo, la nave se encontraba en un desierto, y el agua corriente más cercana estaba a dos mil quinientos metros de altura; no podía estar constantemente acarreando agua durante el resto de su vida.

    Tomó una varilla hidroscópica y recorrió con ella las laderas, por encima de la capa de cintas, en busca de corrientes subterráneas que bajaran de la cima. Encontró pruebas de la existencia de agua a menos de un kilómetro de la nave, en el lugar en que un valle amplio y encajado ascendía por la falda de la montaña poco más de mil metros, actuando de colector de varias corrientes subterráneas que se filtraban desde la cima. A unos trescientos metros por encima de la capa de cintas este caudal oculto comenzaba a dividirse en un abanico de pequeños torrentes que alimentaban la capa de cintas en una amplia zona de varios kilómetros de extensión. A pesar de que tendría que ascender a unos trescientos metros de altura en busca de agua, esto era ya más soportable.

    Arrastró el equipo de perforación hasta el lugar elegido, y excavó varios pozos. En los dos primeros los resultados fueron desconsoladores, pero en el tercero encontró agua. Dejó los tubos de acero en su sitio, acopló una tubería flexible hasta el fondo, a doce metros de profundidad, y extrajo agua fresca con una bomba.

    Satisfecho por su victoria, decidió solucionar el problema del agua de una vez por todas. De regreso llevó unos cincuenta litros de agua a la nave y se puso a analizarla, filtrarla y purificarla en el laboratorio. Para tener toda la seguridad posible, repitió las operaciones de filtrado y purificación cuatro veces luego, haciendo de tripas corazón, bebió un poco. Era un agua limpia y sin sabor, lo cual le descorazonaba un poco después del entusiasmo inicial que había sentido. En realidad no corría ningún riesgo, pues era más pura que el agua de la nave, al haber sido purificada cuatro veces seguidas. Sin embargo, no estaba seguro de cómo le sentaría puesto a utilizarla durante el resto de sus días. Notó dolores hipocondríacos en el estómago, y no estaba seguro si los pequeños espasmos de angustia eran reales o sólo imaginarios. No volvió a probar ese agua durante una semana, y no sintió ningún efecto dañino posterior, por lo que decidió comenzar su vida de nativo bebiendo exclusivamente agua de Capella hasta el cierre de la nave, que ahora estaba a cuarenta y cinco días de distancia. Dando un paso más, preparó células y baterías solares para suministrar energía a su equipo y las instaló en la cueva de la capa de cintas. A pesar de todo, siempre que bebía agua lo hacía en el interior de la nave, donde no podía entrar ningún microorganismo.

    Si estaba ya bebiendo agua de Capella, podía comenzar también a respirar aire de Capella, y hacerlo poco a poco para irse acostumbrando. No podía empezar a hacerlo todo de golpe en ese gran día que se avecinaba. Tansis tenía sentimientos contradictorios sobre ese gran día: o bien encontraba en él la muerte, o bien era el comienzo de una vida nueva.

    Como primer entrenamiento decidió cargar el depósito de aire de su traje con aire de Capella, y respirar exclusivamente ese aire mientras estaba en el exterior. La primera carga del depósito la purificó muchísimas veces, hasta tal punto que perdió la cuenta del número de veces que lo había hecho, seguro de que nadie había respirado nunca un aire tan puro. Esta vez no sufrió ningún efecto dañino, ni siquiera hipocondríaco; tal vez sus pulmones no eran tan neuróticos como su estómago. Completó su base bajo la capa de cintas con un equipo de purificación de aire, y allí cargaba los depósitos cada vez que salía.

    Con ello, el problema más importante que le quedaba era el de la comida. Disponía de treinta y cinco días para perfeccionar sus técnicas de conversión de comida, y debía utilizar el computador al máximo posible, aunque ello significara trabajar dieciocho horas diarias.

    La idea de la muerte hace que la mente humana se concentre de modo inaudito, y los días restantes pasaron volando mientras Tansis estudiaba rollos de papel, películas y la pantalla del computador. Aprendió cómo utilizar el equipo del laboratorio, profundizó en los misterios de la cromatografía, el fraccionamiento, las estructuras de los aminoácidos y de los ácidos nucleicos. Emprendió innumerables caminatas de la nave a la costa para recoger las plantas marinas con aspecto de hojas y los animales reptantes del fondo del mar.

    Al llegar el día cuarenta y siete ya había perfeccionado —esperaba que ésa fuera la palabra adecuada— cuatro clases de comida obtenida artificialmente. Las denominó papilla gris, papilla blanca, papilla verde y papilla marrón. Su cerebro sabía que aquel festín multicolor era biológicamente tan puro como un puñado de sal de mesa, y que no contenía sino proteínas básicas, hidratos de carbono y grasas, pero su estómago tal vez no estaba tan seguro de ello. Cuando se enfrentó con su primera comida no terrestre, la boca no quiso salivar y el estómago se revolvió con movimientos lentos. Sintiéndose un Sócrates dispuesto a apurar la cicuta, se sentó intentando decidir si debía comenzar con la papilla blanca, o con la verde. No había ningún libro de urbanidad que pudiera consultar. Como la papilla marrón se parecía un poco a su pastel de chocolate favorito, y tal vez tuviera el mismo sabor, metió una cucharada en la boca.

    No sabía a nada: a nada en absoluto; parecía sencillamente un puré húmedo, blando y pegajoso y tenía la extraña sensación de comer algo sin sabor.

    Luego probó la papilla verde. Ésta tenía por lo menos cierto sabor, más bien ácido y fuerte, pero no desagradable. Lo había procesado de las plantas marinas, y su olor era algo parecido al del tanque de algas.

    Las papillas blancas y grises eran también blandas y de consistencia de puré, aunque el sabor de la papilla gris le dejó un ligero efecto de cosquilleo en la boca.

    No estaba seguro de haber conseguido eliminar todos los alcaloides de la savia del árbol «reloj de arena» que había utilizado para ello.

    Durante los tres próximos días no volvió a tocar esa comida extraña, y mantuvo una autovigilancia angustiosa. Alguna que otra vez sentía ligeros dolores, se levantaba al día siguiente con cierto dolor de cabeza, continuaba recordando la sensación de cosquilleo y no podía asegurar si lo sentía o no. No podía decidir si eran síntomas reales o sólo imaginarios, inducidos por esa vigilancia tan consciente sobre sí mismo. Venía a ser una nueva versión del principio de incertidumbre de Heisenberg: el mismo acto de la observación altera lo que se observa. Sin embargo, el pulso y la temperatura se mantenía a niveles normales, y por ello al tercer día decidió tomar una comida de Capella cada tres días, y ver lo que pasaba.

    Ahora sólo le quedaban diez días. El computador ya se lo había indicado y, siguiendo sus instrucciones, daba una alarma sucesiva cada veinticuatro horas.

    Su próxima tarea era la cima de la montaña. Había analizado y realizado todas las tareas preliminares de conversión de las muestras del agua llena de protozoos que había recogido de los árboles de cintas del continente. Le parecía que habían pasado varios años desde que se adentrara por las orillas del gran río. Ahora tenía que conseguir una gran cantidad de agua, y averiguar si era posible convertirla en comida. Tenía que hacerlo ahora, antes de que el computador se desconectara y le dejara privado de su enorme depósito de conocimientos.

    Era fácil escalar la montaña. No tenía acantilados ni pendientes rocosas; tan sólo interminables laderas empinadas, de polvo y piedras. La última gran erupción debió de haber sido una considerable lluvia de cenizas, y, después de ella, el silencio. Lo cual significaba una marcha dura con pendientes del uno al cinco en la mayor parte del recorrido durante dos mil quinientos metros.

    Tomó tres tanques de aire, y puso en su vagoneta un gran depósito cilíndrico vacío, que llevó arrastrando. Los primeros trescientos metros le resultaron un trabajo agradable, mas a partir de ahí la marcha se endureció. Dejó de avanzar pendiente arriba y comenzó a ascender ladeando la montaña, primero hacia un lado y luego hacia el otro. Esto aumentaba el recorrido total, pero reducía el esfuerzo. Se detenía cada doscientos metros para descansar y mirar el paisaje. Le parecía útil ver media isla extendida a sus pies; necesitaría conocerla bien en los años venideros.

    Al pensar en su vida futura, silenciosa y sin compañía, años y años vagabundo en esta isla, sintió que una aprensión enfermiza y un vacío terrible se apoderaban de él de nuevo. Había estado demasiado ocupado en las últimas seis semanas, y aquel terrible enemigo no había tenido oportunidad de apoderarse de él, pero este largo viaje era totalmente solitario, y un gran silencio se extendía a todo su alrededor, convirtiendo en nada a su persona y a todos sus planes.

    Bien; a pesar de todo tenía que continuar. Tenía que llegar a la cima, ahora que ya había iniciado el viaje. Más pronto o más tarde hubiera tenido que hacerlo.

    Siguió el camino emprendido. A mil quinientos metros de altura extendió una fina lámina de plástico de diez metros, de color naranja y blanco, como indicador, y colocó en ella tanques de aire de repuesto: los necesitaría a su regreso. Descansó durante una hora y chupó una comida concentrada que llevaba en el interior del traje. Los últimos mil metros fueron lentos, porque sus piernas estaban ya débiles y vacilantes, y caía de rodillas al cabo de varios metros. Tendría que endurecerse, si debía vivir en esta isla. Claro que con un ejercicio de ese tipo, la gravedad extra y comida suficiente, acabaría con los músculos de Sansón.

    La corona de vegetación seguía terriblemente fuera de la vista en casi todo el camino cuesta arriba. Alcanzó lo que le había parecido ser la cima de la montaña, para descubrir después que aun le quedaba una larga pendiente por delante. Cada vez creía de nuevo que la pendiente que se le presentaba sería la última, y luego contemplaba con desánimo que aún quedaba otra más. Cuando finalmente alcanzó la capa de cintas y los árboles, no tenía más deseos que dejarse caer en ese lecho suave, y descansar. Estuvo allí tumbado más de una hora y luego se dio cuenta de que no había pensado lo que hacía, porque se levantó tieso y con dolor muscular. Había descansado demasiado tiempo, y había dejado que los músculos de sus piernas, cansados, se endurecieran y se durmieran. Cojeando, anduvo entre los árboles en busca de algo nuevo.

    La capa de cintas y los árboles tenían el mismo aspecto del continente, con la única diferencia de que los troncos de cintas sobre el suelo eran mucho más abundantes. Con mucha facilidad tomó la decisión de no llegar a la cima. Ya lo haría en algún momento, en alguna fecha distante. Cuando pudiera llegar a la cima en un solo día, se consideraría un auténtico nativo, pero aún era muy pronto para eso. Aquí, en el límite inferior de la corona de vegetación, podía encontrar lo que estaba buscando.

    Abrió la escalera y subió con un gran depósito a la cima de uno de los árboles. Llenar el tanque resultó un auténtico problema, pues el charco de agua tenía sólo treinta centímetros de profundidad. No se le había ocurrido traer una cuchara para coger el agua con ella. ¡Qué hacer! Ésa era otra de las pequeñas frustraciones de la vida. Finalmente, después de la búsqueda infructuosa de algo, entre el mundo de cintas, desmontó una parte de la vagoneta que tenía una base ligeramente cóncava, y la utilizó para sacar agua. Cuando el depósito estuvo lleno en sus tres cuartas partes, lo precintó y lo tiró sobre la capa de cintas.

    Volvió a montar la vagoneta, la cargó y se dispuso a regresar a la nave sin más demoras. Había estado nueve horas en el exterior. No corría ningún riesgo de que la noche le cayera encima, porque aún era mediodía, pero había agotado ya carga y media de tanques de aire, y necesitaba regresar a sus reservas mil metros más abajo.

    El descenso fue más rápido, pero muy doloroso para sus pies y sus tobillos, que tenían que soportar toda la fuerza de la gravedad conforme avanzaba pesadamente pendiente abajo. Como tiraba de la vagoneta, cargada con un depósito lleno de agua, eso incrementaba el peso. Tardó menos de una hora en alcanzar la lámina de plástico indicadora y los depósitos, pero tuvo que descansar porque notaba que sus pies estaban llagados dentro de las botas. Vio que la lámina de aislamiento había desaparecido de las suelas. Tendría que tirar las botas cuando entrara en la nave.

    Los últimos mil quinientos metros fueron dos horas de tortura, con los pies llagados, las piernas doloridas y un dolor de cabeza hiriente porque ésta recibía el golpe de las pisadas violentas, a través de la espina dorsal. Este esfuerzo resultaba imposible si no se contaba con un campamento apropiado en la cima de la montaña, donde poder descansar adecuadamente para hacer las dos etapas de la ascensión en días distintos. Tendría que llevar consigo una tienda hinchable, un compresor de aire y un generador. Necesitaría al menos tres ascensiones a la montaña para instalarlo todo, y eso en realidad no valía la pena. Tendría que hacer lo mismo en la costa occidental de la isla, si quería recorrer toda la montaña y conseguir que todo le fuera accesible. Dos campamentos y la nave: y aún no había comenzado a convertir la nave en su campamento base número uno. Tenía que hacer todo aquello en un solo día. ¡Dios mío, qué vida!

    De regreso a la nave, le costó mucho quitarse las botas mientras estaba dentro de la segunda película de aislamiento que le envolvía al pasar por la esclusa de aire. Sus pies estaban llagados y magullados y apenas podía mantenerse en pie sobre ellos. Había hecho demasiado en un solo día. Se quitó la película y la tiró en el incinerador junto con sus botas. El depósito de agua lo había pasado a través de la película, por separado, y la vagoneta la dejó en el exterior. Luego consiguió llevar el depósito al laboratorio y lo puso en una cámara precintada. A pesar de lo cansado que estaba, tenía que hacerlo en seguida para evitar el riesgo de infección en la nave. Sólo después de haberlo hecho se desnudó con alivio, se duchó y se dejó caer en su litera cuan largo era.

    Durante los nueve días siguientes trabajó con las muestras de agua. Algunos de los protozoos eran diferentes a los que había hallado en el continente. El reino animal era aquí probablemente tan variado como en la Tierra y se encontraba aún en proceso de evolución y de cambio, al contrario que ocurría con el reino vegetal. ¿Sería acaso esa luz tan energética la causa de que los animales nunca se aventuraran en la tierra y la razón de la facilidad increíble de la vegetación terrestre? ¿O acaso las plantas ganaron la carrera para ser las primeras sobre la tierra, y luego la dominaron de modo tan rápido y total hasta impedir que los animales pudieran poner el pie sobre ella? Tal vez las hierbas resbaladizas de las orillas de los ríos y la capa azul de las costas marinas fueran venenosas para los animales y les detuvieran. Daba igual; le quedaba toda una vida para averiguar las respuestas.

    Consiguió elaborar otro tipo de papilla, esta vez de color rosa pálido. Sabía mejor que las demás, y le recordaba vagamente la sopa de lentejas.

    Le quedaban dos días, y ahora tenía aire, agua y comida con fuentes nativas, además de la comida de la nave. Aun así, el aire y el agua dependían de que los aparatos de purificación continuaran funcionando correctamente, y de que él dispusiera de energía eléctrica suficiente para hacerlos funcionar. Para procesar la comida dependía de los reactivos químicos almacenados, y de los aparatos del laboratorio. ¿Qué ocurriría cuando se le acabara el azufre, el potasio y el flúor? ¿Podría obtenerlos de las rocas de la isla? El azufre era probable encontrarlo, porque esta isla era volcánica. El flúor y el potasio podría obtenerlos del agua salada. Si destilaba bastante agua marina y obtenía una gran cantidad de sal, podría extraer muchos elementos en pequeñas cantidades, pero el precio era muy caro considerando el gasto de energía. Dentro de un año éstos serían sus problemas básicos, pero ahora no le sobraba tiempo para estudiarlos.

    Utilizó el resto de la película de cine para grabar lo que el computador sabía sobre la destilación del agua del mar y la extracción de sus elementos, un tratado de ingeniería química, otro de geología; luego se acabó la película.

    Al contemplar cómo se desenrollaba el resto de la película, cuando la cámara se desconectó automáticamente, sintió el primer dolor de la pérdida, como vaticinio del cierre final que estaba sólo a cuarenta y ocho horas de distancia. Todo ese conocimiento pronto se perdería. No había salvado nada acerca de literatura, historia o religión, nada sobre la Tierra ni su aspecto.

    Pronto perdería la música. Ya sentía el silencio que se acercaba y que le oprimiría. Había necesitado el computador como algo con quien pudiera relacionarse; era el sustituto de una persona y podía mantener a un hombre cuerdo. Pronto desaparecería. ¡ Si tan sólo pudiera mantener en funcionamiento esa estúpida máquina gobernada por leyes...! La odiaba, y la quería, pero no podría hacer nada para evitar que se desconectara.

    Si sólo se tratara de una persona con voluntad de vivir, le podría inducir a que continuara en marcha, y lo haría funcionar con generadores portátiles, con células solares..., con cualquier cosa. Hasta podría construir una máquina de vapor para mantenerlo en marcha; sería un compañero, y alejaría de él el vacío y el silencio. Tendría que detenerlo; debería ser posible discutir con él. Era muy absurdo que algo tan valioso se perdiera porque otros hombres lo hubieran decidido así hacía mucho tiempo. Él no iba a dejarse atrapar por leyes muertas de anticuario.

    Impulsivamente, y sintiéndose al borde de las lágrimas, comenzó a teclear al computador toda la historia de la destrucción de la nave principal, el aterrizaje de emergencia, la muerte de los otros supervivientes, sus luchas para mantenerse vivo y la situación en que ahora se encontraba. Estuvo tecleando más de una hora, descubriendo, como ha ocurrido a tantas personas, que contar las penas a otro constituye ya un alivio. El propio interés de narrar su historia le dominó, y quedó absorto en la tarea de recordarlo y decirlo todo. No temía ninguna interrupción, porque el computador estaba diseñado para aceptar información durante un período de tiempo indefinido, y no contestaría hasta recibir el código de finalización del mensaje y de petición de respuesta.

    Dudó largo tiempo antes de teclear el fin de mensaje codificado e hizo una pausa temblorosa antes de solicitar respuesta. Al final lo hizo, sencillamente porque no podía hacerse a la idea de abandonar la nave. Había nacido a bordo de una nave, y emocionalmente se encontraba atrapado. En este momento en que había llegado la hora, la dependencia que surgía del hecho de haber nacido en el espacio, lejos de la Tierra, le movió a volcarse sobre la reacción del computador, al que muy en su interior consideraba como la voz de la nave:

    —Esta información no puede aceptarse sin confirmación de alguna autoridad superior. En caso de que los oficiales superiores hayan muerto, deben presentarse pruebas objetivamente verificables de su muerte.

    Tansis se daba cuenta de que el computador debería disponer de alguna prueba de que los oficiales superiores habían muerto, pero en los manuales no había nada referente a la muerte de todos los que tenían autoridad. ¿Qué podría hacer el computador si le demostrara que todos estaban muertos? ¿Podría partir de ahí e interpretar las ordenanzas de modo creativo, y reconciliar instrucciones contradictorias?

    Tansis tecleó, en respuesta:

    —Consulte las coordenadas de radar que indican la posición de la nave principal desde el momento del despegue de esta nave hasta el aterrizaje en este planeta; luego, todos los contactos por radar posteriores, hasta este momento, y compute el recorrido que siguió la nave-base y su extrapolación.

    El computador permaneció silencioso durante un período de tiempo extraordinariamente largo: más de diez minutos. A Tansis no le sorprendía. Después del aterrizaje de esta nave, los contactos con radar con la nave principal debían de haber sido tan espasmódicos como la misma nave principal, o lo que quedara de ella, que se alejaba en espiral del planeta, y mientras el planeta giraba y su nave efectuaba varios recorridos por el hemisferio norte. El problema se complicaba aún más por el hecho de que la nave principal estaba rota al menos en cuatro grandes fragmentos que se iban separando del lugar del desastre.

    Figuras y símbolos comenzaron a aparecer en la pantalla. Cuando acabó la serie, Tansis ordenó al computador que reprodujera holográficamente la ruta actual de la nave principal, en una presentación tridimensional de las cercanías del planeta. Tres luces brillantes aparecieron en el globo a un lado del puesto de mando, y trazaron líneas de luz continua. Eran tres espirales divergentes que ascendían desde el punto central del globo. Tansis ordenó una expansión de la escala para que incluyera a los cinco planetas internos, y a Capella. El recorrido de los fragmentos principales se encontraba por encima de la eclíptica y a mitad de camino del cuarto planeta. Finalmente, pidió el recorrido extrapolado. Las líneas formaban un arco por encima de la eclíptica e iban en espiral dando vueltas a la primaria, acercándose más a ella a cada revolución y cayendo dentro en la novena. El navío principal estaba destinado a caer en Capella en cuatro años terrestres y un cuarto.

    Tansis meditó. ¿Debería explicar al computador lo que esto significaba o debería pedirle que se lo explicara? Decidió dejar que el computador lo averiguara por sí mismo, y le pidió sus comentarios.

    El computador contestó:

    —La nave principal está en tres fragmentos con evidencia no definitiva de dos fragmentos más. Los niveles de temperatura y de radiación en el momento del despegue superaban los límites permitidos por las normas de seguridad. Su curso actual no ha sido corregido y se encuentra más allá de toda posibilidad de corrección para efectuar un retorno seguro a la Tierra o a este planeta. El curso extrapolado implica su destrucción física en cuatro años y ochenta y dos días, tiempo normal de esta nave, y a la destrucción de su ambiente habitable en el primer perihelio en 308 días tiempo-tipo de esta nave.

    Tansis respondió:

    —La situación descrita es una prueba objetiva de la muerte de todas las personas de la expedición de Capella, incluyendo a todos los que ostentaban una graduación superior a la mía.

    Esto era la prueba definitiva, la disyuntiva de su naufragio: o el computador lo aceptaba, o se volvía loco.

    Pero el computador no respondió. La onda sinuosa atravesaba la pequeña pantalla del monitor: el computador estaba inmerso en profundos cálculos. Pasaron algunos minutos; la línea brillante y sinuosa centelleó una vez, casi imperceptiblemente, y luego otra. Tansis no podía recordar que hubiera visto nunca debilitarse de tal modo la línea sinuosa, que era como el pulso electrónico de la máquina, esa línea que fluía sin cesar en una sucesión hipnótica de ondas y mostraba la salud electrónica de la máquina. Cualquier alteración de tono o de frecuencia, cualquier irregularidad, normalmente era la causa de que los ingenieros se apresuraran a poner las cosas en orden.

    Mientras seguía observando y esperando, la línea centelleó y se dobló en dos líneas paralelas. Un minuto más tarde pudo distinguir que las dos ondas no seguían exactamente el mismo ritmo y que comenzaban a perderlo de modo visible. Esto se estaba complicando. El computador estaba evidentemente encerrado en un dilema insoluble, y se estropearía.

    Tenía que intervenir y darle algo más que analizar. Tecleó lo siguiente:

    —Es evidente que la situación actual de la expedición de Capella es una situación de emergencia grave y peligrosa. No tiene precedente alguno en las ordenanzas oficiales, que no preveyeron esta situación. Soy el único superviviente de la nave. Solicito que se me considere provisionalmente como único depositario de la autoridad suprema, hasta que pueda verificarse la muerte de los jefes superiores.

    La onda sinuosa relampagueó y volvió a la normalidad. La respuesta del computador llegó casi inmediatamente:

    —Es imposible decidir si todos los oficiales de autoridad superior están realmente muertos. La destrucción de la vida en la nave principal no ocurrirá hasta dentro de 308 días tiempo-tipo de esta nave, suponiendo que no haya correcciones de curso. No hay pruebas de que ninguna otra nave haya salido de la nave principal después del despegue de esta nave. No hay pruebas suficientes de que usted, piloto, Isidoro Tansis, sea la única persona en esta nave.

    Tansis vio que tenía una oportunidad:

    —Si pudiera probarse que soy la única persona en esta nave y por lo tanto en este planeta, ¿podría recibir la autoridad suprema de modo provisional hasta el día trescientos ocho, cuando la destrucción de la nave principal será ya conocida con seguridad?

    El computador guardó silencio durante medio minuto, que era aproximadamente el tiempo que le costaba calcular el recorrido entero de entrada y aterrizaje de una nave en un planeta. Evidentemente lo estaba pasando mal con las preguntas de Tansis. Desde otro punto de vista, eso mostraba cuan compactas y bien elaboradas estaban las órdenes oficiales. El computador estaba intentando pasar un camello por el ojo de una aguja.

    Tansis decidió intervenir antes de que el computador comenzara de nuevo a titubear:

    —¿Se ha recibido algún mensaje de la nave principal desde el despegue? —preguntó.
    —Ninguno —fue la respuesta inmediata.
    —¿Se ha recibido la señal permanente del monitor?
    —No —respondió el computador.
    —¿No contradice eso las normas oficiales de los comandantes?
    —Sí. Hay pruebas de la existencia de una avería grave en la nave principal.
    —Por lo tanto, debe resultar imposible que la tripulación de la nave principal mantenga contacto con esta nave.
    —Es imposible, a no ser que la avería pueda ser corregida en el plazo de 308 días.
    —Hasta que se corrija, esta nave se encuentra aislada y la sección quince de las ordenanzas permite que el oficial de mayor graduación de una unidad aislada asuma poderes discrecionales absolutos.
    —Es correcto. El oficial de mayor graduación de esta nave puede asumir autoridad discrecional absoluta hasta que pueda reanudarse la comunicación con la nave principal.
    —Autoridad discrecional absoluta implica dentro de la propia unidad poderes iguales a los que el mismo comandante tendría si estuviera en una unidad aislada.

    El computador hizo una pausa de cinco segundos, tiempo necesario para efectuar un análisis de las ordenanzas.

    —Correcto.
    —Yo, Isidoro Tansis, soy el oficial de mayor graduación de esta nave.
    —En esta nave entraron cinco personas antes del despegue. Por favor, indique sus nombres.

    Tansis lo hizo.

    —James Mc lntyre es el oficial de mayor graduación de esta nave, al ser el navegante de la expedición y el sexto en antigüedad a partir del comandante.
    —James Mc lntyre ha muerto, y también Teresa Fantone, Gregor Vassily y Cosmos Janos. Saqué sus cuerpos de la nave y los enterré en la tierra calcinada a veinte metros de distancia, en el primer lugar de aterrizaje en este planeta. Luego ordené que se retransmitiera un mapa del continente con las coordenadas del lugar de enterramiento tan pronto como se recibieran señales significativas del espacio.
    —No se observó la sección 14 del manual de la expedición. Todo fallecimiento de un miembro de la expedición debe ser notificado al computador en el plazo de un día. Un informe completo debe ser presentado al comandante, en su capacidad de forense, y luego debe ser archivado de modo permanente en el computador.

    Tansis soltó un juramento. Había infringido cientos de leyes desde su aterrizaje en este mundo: ¿acaso le acusarían por todo ello?

    —La falta de notificación inicial al computador fue un olvido debido a la tensión del trabajo. Los informes los presentó el comandante a sí mismo, y yo, único superviviente y oficial de mayor graduación, actuaba de comandante. El informe sobre su fallecimiento ha sido colocado ahora en archivo permanente; yo mismo lo hice hace media hora. Para verificar que todos están muertos y que murieron en un período de diez semanas a partir del primer aterrizaje, verifique el consumo de aire, agua y comida de las diez primeras semanas y compárelo con los niveles de consumo posteriores.

    Hubo una pausa de aproximadamente medio minuto, mientras el computador trazaba las curvas de utilización de los sistemas de apoyo vital de los últimos seis meses.

    —La utilización de aire, agua y comida está de acuerdo con una población de cinco personas en los once días primeros, de cuatro en los quince días siguientes, de tres en los seis días siguientes, de dos en los treinta y dos siguientes, y de una en los últimos noventa y tres días. Concuerda con su informe.
    —Por lo tanto —tecleó Tansis, triunfante—, soy el único superviviente de esta nave, el oficial de mayor graduación y puedo asumir la autoridad del comandante hasta que pueda entablarse comunicación con la nave principal.
    —Es correcto —respondió el computador al instante.
    —Como oficial de mayor graduación, con autoridad discrecional total de acuerdo con la sección quince de las ordenanzas oficiales, ordeno que demore la salida de esta nave hasta que reciba órdenes adicionales.
    —Debo indicarle al respecto la sección nueve de las ordenanzas oficiales en el sentido de que esa orden impedirá la reunión de esta nave y de usted mismo con el navío principal.
    —Si esta nave abandonara el planeta en este momento no podría reunirse con la nave principal, si ésta sigue su ruta actual. Compruébelo.

    Transcurrió sólo un minuto y medio.

    —Es cierto. No hay bastante combustible para efectuar las maniobras necesarias antes del perihelio de la nave principal. También es imposible determinar cuál de los tres fragmentos es el adecuado para el amarraje.
    —Por lo tanto —contestó Tansis—, salir de este planeta sin posibilidad de reunión con la nave principal ni retorno a la Tierra, y sin ningún refugio al alcance, equivaldría a poner en peligro la nave y a su único ocupante. Confirme que en esta situación la prioridad número uno es la de mi propia supervivencia.

    Pasaron tres segundos.

    —Confirmado. Las ordenanzas oficiales no pueden interpretarse de otro modo lógicamente.

    Tansis pegó un brinco y bailó lleno de alegría en el inadecuado marco de la cabina de mando. Luego tecleó:

    —Muy bien hecho, amigo y compañero. Somos colegas; los dos podemos solucionar nuestros problemas en este planeta, e incluso puedo llegar a encontrarme a gusto aquí.

    El computador no contestó nada, pues no se trataba ni de una pregunta ni de información útil.

    Tansis tenía la emoción extraña del que Consigue ganar un premio u obtener una promoción. Pero no se consideraba más inteligente que el computador. Lo que hizo fue presentar al computador la situación desde su punto de vista. El computador no era una persona; no tenía enemistades, simpatías ni ninguna otra emoción en absoluto. Sólo podía ver el problema desde el punto de vista de Tansis si éste le presentaba ese punto de vista. Después de que Tansis lo hiciera y le indicara qué información se requería para verificar y aclarar la situación, el computador podía entenderlo mucho mejor que él.

    «¿Por qué no haría eso antes que nada?», se preguntaba. Parecía que nunca enfocaba ningún problema del modo correcto. Luego tuvo otra idea: tal vez así también estaba bien. Había transcurrido el tiempo suficiente para permitir una extrapolación completa del curso de la nave principal que la llevara a su destrucción, y como el despegue era tan inminente, debía solucionarse el problema de un modo definido inmediatamente. Nunca sabría si había elegido el mejor momento para plantear el problema. De ser así, se habría debido más a la suerte que a su buen juicio, pero, de todos modos, ésta era la historia de su vida.


    7


    En un principio, la idea que le dominaba era la de que podría tener siempre música y podría continuar leyendo del vasto depósito de conocimientos del computador. Toda la crisis de urgencia y de pánico de los dos últimos meses se desvaneció como por encanto, y le parecía estar de vacaciones. En todo el resto del día no hizo más que escuchar música; después de comer comenzó a leer una novela de Hemingway en la pantalla de la biblioteca. Al atardecer vio una película y, por último, se fue a dormir más feliz de lo que nunca estuviera en su vida.

    Al día siguiente tuvo que analizar las cosas de nuevo. ¿Cuál era ahora su situación? ¿Durante cuánto tiempo podría continuar viviendo en la nave a los niveles de comodidad actuales? Lo preguntó al computador.

    —Tres años de doscientos cuarenta y un días tiempo-tipo de la nave, suponiendo que no se realicen más viajes.
    —No era demasiado. Al final de ese plazo todo moriría con un gemido, cuando se acabara el combustible, y quedaría otra vez totalmente solo.
    —¿Durante cuánto tiempo pueden funcionar el computador y los servicios de información al nivel de utilización actual si todos los demás sistemas de la nave se desconectan? —preguntó.
    —Diecinueve años, aproximadamente.

    Tansis meditó la respuesta. Tendría que mantener en marcha también el sistema de esclusas de aire, y eso sustraería algunos años. Luego otra idea le asustó, y consultó con el computador:

    —¿Durante cuánto tiempo durará la película de aislamiento de la esclusa de aire, al ritmo de utilización actual?
    —Un año y dieciséis días de suministro en la esclusa de aire. Hay suministro almacenado para trescientos cinco días.

    En total, un poco menos de dos años. Si economizara el número de entradas y salidas tal vez pudiera triplicar ese tiempo. Pero tenía que trabajar mucho en el exterior, si debía comenzar a saquear la isla en busca de comida y de sustancias químicas. Cuanto más quisiera vivir como un nativo, más necesitaría salir de la nave.

    Podría establecer campamentos en el exterior; uno muy cerca de la nave bajo la capa de cintas; otro en la cima de la montaña, y otro en la costa occidental, y utilizarlos para alargar el tiempo que podría pasar en el exterior sin tener que regresar al trote y entrar y salir de la nave en todo momento. Tendría que planear sus actividades muy cuidadosamente y programarlas con mucha anticipación, para utilizar la esclusa de aire tan sólo cuando fuera absolutamente necesario.

    De ese modo podría aguantar unos cinco años, y luego tendría que enfrentarse con el ambiente sin ninguna protección. Por entonces ya habría descubierto si los microorganismos eran nocivos, y si había algún remedio posible para las enfermedades que causaran. No era un Pasteur; ni siquiera era médico, y sólo podía hacer prácticas consigo mismo. A Pasteur le resultó fácil: observó las reacciones de miles de personas ante los organismos patógenos: el «doctor» Tansis disponía sólo de su persona, y no podía correr el riesgo de perderla.

    Estudió de nuevo sus problemas básicos. Tenía aire y agua en abundancia para el resto de sus días. Disponía de comida suficiente con tal de conseguir las sustancias químicas para procesarla. Lo que más necesitaba era energía: debería incrementar el combustible de la nave con otras fuentes de energía. Los generadores portátiles y las células solares no bastaban. ¿No podría obtener energía del viento? Un molino de viento que impulsara un generador podría fabricar energía durante muchos años. Y además sería fácil de construir, mucho más fácil, por lo menos, que una máquina de vapor. Tansis había abandonado la idea de hacer una máquina de vapor como algo totalmente impracticable. Estaba en una nave de exploración planetaria que no estaba mejor equipada para construir una máquina de vapor que para representar una ópera.

    Comenzó a poner por escrito sus problemas y sus proyectos utilizando una pizarrilla de escribir borrable. El problema estribaba en que entremezclaba su situación anterior —cuando parecía inminente el cierre de la nave— con la actual. ¿Podría reunir bastantes fuentes de energía adicional para mantener en marcha todos los sistemas de apoyo vital de la nave? Si así fuera ya no tendría que preocuparse del suministro de aire, agua o comida: el sistema de apoyo vital de la nave podría hacerlo todo, con tal de disponer de energía suficiente para mantenerlo en marcha.

    ¡Pero el equipo generador era tan limitado! La nave sólo había sido diseñada para caer en un planeta y explorarlo. No constituía una base permanente. Si encontraba un planeta habitable, se había previsto que el navío de entrada hiciera varios viajes a la nave principal para traer al planeta suministros de sus grandes almacenes. Con ellos había suficiente para construir y equipar un poblado que formara el núcleo de la colonización del planeta. Toda la expedición bajaría entonces de la nave principal y comenzaría a vivir definitivamente en el planeta. La nave principal transmitiría por radio a la Tierra las grandes noticias del descubrimiento de otra nueva Tierra, y entonces podría comenzar la emigración por el espacio.

    En realidad el navío de entrada amarrado sobre la nave principal acababa de ser equipado para el aterrizaje inicial cuando sobrevino el desastre. Disponía de material suficiente para una visita de 20 personas durante cuatro semanas. Tansis, condenado ahora a pasar su vida en este planeta, tendría que aprovechar al máximo lo que tenía.

    La forma más sencilla de obtener mayor energía era con molinos de viento. Tenía ocho generadores portátiles que podrían adaptarse bien, y suponía que podría construir pequeñas torres con aspas arriba. ¿Podría con ocho molinos de viento accionar ocho generadores de campaña portátiles y mantener en marcha los sistemas de apoyo vital de la nave durante toda su vida? Si la respuesta fuera afirmativa, habría resuelto su problema de nutrición.

    A bordo de la nave tan sólo disponía de suministros de comida —de la sabrosa comida de la Tierra— para un año. La mayor parte compuesta de proteínas e hidratos de carbono procesados derivados de los depósitos de algas de la nave principal que cumplían el doble papel de purificar el aire y el agua y de servir de alimento junto con el plancton y la soja restantes. Esto, después de ser procesado, formaba la sustancia básica a la cual se añadían concentrados de sabor traídos de la Tierra. Era un alimento nutritivo, adecuado, digerible, y Tansis, como todos los miembros jóvenes de la expedición, no había comido otra cosa.

    El navío de entrada tenía un sistema de apoyo vital más sencillo, con depósitos de algas cuya función era la de purificar el aire y el agua. Era más fácil almacenar comida ya preparada que instalar otra estación de cultivo y procesado de alimentos además de la que existía en la nave principal. Sin embargo, el depósito de algas fue pensado para veinte personas, y por lo tanto habría un gran excedente con un solo hombre a bordo; y después de solucionar el problema de procesar plantas y animales de Capella, la conversión de algas de la Tierra sería para él un juego de niños. Mientras pudiera mantener en marcha el sistema de apoyo vital podría comer, aunque no disfrutara mucho de ello. Todo dependía de conseguir energía extra.

    Después de meditarlo pausadamente durante toda la larga mañana de Capella, decidió hacer una lista del trabajo que tenía que hacer a continuación: construir un aspa de molino y una torre con madera del planeta. Con ello mataría dos pájaros de un tiro, porque a la vez que conseguía una nueva fuente de energía aprendería el oficio de carpintería con madera nativa. También debería comenzar a estudiar bacteriología, para preparar el día en que al agotarse la película de aislamiento quedara sin protección. Se concedió dos años para encontrar una respuesta adecuada. Tendría que empezar a estudiar geología y a elaborar una lista de los productos químicos necesarios para la conversión de comida, y después de eso recorrer la isla en su totalidad para ver lo que en ella encontraba.

    Con eso había suficiente por ahora. Decidió también que por cada cinco días de Capella tomaría uno de descanso, que dedicaría a escuchar música, leer y ocuparse en algo recreativo como pintar. No tenía ningún sentido vivir como un campesino; si disponía de todos los tesoros de la literatura y del arte de la Tierra, bien podía utilizarlos.

    Aquella tarde aprendió todo lo que el computador sabía sobre molinos de viento e intentó hacer unos planos. Lo más difícil resultó ser la transmisión mecánica desde el aspa del molino situada sobre la torre, a seis metros de altura hasta el generador, instalado al pie de la misma. Resultaba más sencillo y menos costoso, en cuanto a gasto de metal, instalar una plataforma bajo la cima de la torre, colocar el generador en ella y lograr una relación casi directa entre el aspa de viento y el generador. Sin embargo, así necesitaría de mucho más cable de transmisión, y en los almacenes sólo había unos treinta metros. Eso significaba que tendría que construir las torres muy cerca de la nave. Pero, ¿y si colocara las aspas de viento encima de la propia nave, que tenía veinticuatro metros de altura? ¿Qué ocurriría?

    La nave tenía una forma aerodinámica, y el morro acababa en forma de cono afilado por encima de la cabina de mando. Alrededor del morro podía muy bien construir una gran plataforma de madera, como un collar, y poner en ella sus aspas y sus generadores. Los cables podrían alimentar el transmisor principal situado en el casco, cinco metros más abajo. De todos modos ésa era la única forma de introducir la corriente en la nave. Como no podía taladrar un orificio en el fuselaje ni dejar la esclusa de aire entreabierta, tendría que usar algún dispositivo de energía ya existente y que pudiera conectarse con alguna estructura externa del fuselaje de la nave.

    Borró los dibujos y cálculos anteriores y se dispuso a planear una gran plataforma circular que saliera de la parte superior de la nave. Pidió al computador los planos de la nave, y los obtuvo sin ningún problema: ya no había secretos para él. También necesitaría construir una escalera que llegara hasta la plataforma, pues no podría trepar por la pendiente abrupta de la nave bajo una gravedad de uno y un quinto. En el espacio exterior sí que había andado a menudo, aunque con dificultad, por el casco de la nave con botas de suela magnética, pero esos días pertenecían definitivamente al pasado.

    Una escalera tan larga sería bastante inestable, y en la isla debía de haber fuertes vientos. Tendría que construir una torre con escaleras interiores, y eso debería ser lo primero que construiría, de todos modos, para servir de andamiaje cuando tuviera que colocar la plataforma en torno al cono del morro. Tendría que ser lo bastante grande para que pudiera subir allá arriba maderas y generadores, y podría construir otra plataforma al nivel de la esclusa de aire, a diez metros sobre el suelo. Sus planos comenzaban a semejarse a los de una torre de lanzamiento de los puertos espaciales. Se puso a trabajar dibujando un plano detallado, a escala, y en eso estuvo casi toda la tarde. Introdujo el plano en la entrada fotográfica del computador, y le pidió que verificara posibles errores de escala y comprobara si el plano se amoldaba a la práctica normal de la ingeniería y de la construcción. Según el computador, había muchos errores; esa torre probablemente se caería y se haría pedazos.

    Tansis decidió seguir un curso acelerado de construcción y de carpintería, y por ello tardó dos semanas en poder diseñar nuevos planos que el computador consideró consistentes con la escala, adecuados en cuanto a carga y lo bastante estables para soportar vientos de más de cien kilómetros por hora, la contingencia máxima pesimista que él mismo había establecido. Durante todo ese tiempo no salió de la nave.

    Ahora decidió salir con la mayor cantidad de equipo de campaña que permitiera la esclusa de aire, establecer un campamento apropiado, permanecer tres días en el exterior y aprender a cortar madera para ver si podía iniciar la torre construyendo su base y su parte inferior. Aunque la nave disponía de algunas herramientas para cortar madera, prácticamente no había en su interior madera. La carpintería no era ni un trabajo ni tampoco un pasatiempo a bordo de una nave espacial. Tenía que ser un estudio totalmente abstracto hasta que se encontrara un planeta con madera utilizable, suponiendo que fuera también un planeta apropiado para la vida humana.

    Tansis, por lo tanto, inició su trabajo al nivel más elemental. Y, además, tenía otra desventaja. La única madera utilizable era la de los árboles en forma de reloj de arena que crecían a intervalos de unos cien metros, en el desierto. Estaban muy separados, y tan lejos de la nave que no podía usar el láser, que requería mucha energía y cables muy largos que se acoplaran a los enchufes principales de la nave. Si no hubiera sido el primer aterrizaje del navío de entrada, tal vez éste hubiera estado repleto de dispositivos para suministrar energía, vehículos y máquinas, pero, desgraciadamente, estaba equipado tan sólo para una exploración superficial: sólo había treinta metros de cable de conducción de energía.

    Bajo la capa de cintas, Tansis instaló una gran tienda de expedición. Tenía una pequeña esclusa de aire, y un espacio vital de treinta y seis metros cuadrados. Llevó también suministros de comida y de agua. Tenía que aislarse él mismo utilizando un recipiente pulverizador para cubrirse con una película antes de pasar a la esclusa de aire, y al entrar de nuevo en ella cuando regresara del exterior. El aire contaminado del interior de la esclusa debía ser evacuado, y luego introducido de nuevo antes de poder entrar en el espacio vital de la tienda. Había sólo una cantidad limitada de latas de pulverizador, por lo que tendría que escatimar al máximo las entradas y salidas.

    Instaló otra tienda sin compuerta de aire para almacenar allí sus herramientas. No le gustaba la idea de dejarlas esparcidas por el suelo, sin más, porque su educación en una nave le instaba a mantener los trastos en un almacén. Instaló una unidad de células solares encima de la capa de cintas y las conectó con la entrada de energía de la tienda, y también colocó luces suplementarias en el techo de la cueva bajo la capa de cintas, sobre la tienda y alrededor del orificio de entrada.

    Luego se dispuso a cortar uno de los árboles con forma de reloj de arena. En el plano de la torre había previsto la utilización de los troncos cónicos como base para cada uno de los cuatro postes angulares de la torre. Esos troncos tenían tres metros de diámetro en su base, disminuyendo hasta poco más de medio metro de diámetro en la parte superior. Si se les despojara de la gran masa de vegetación de cintas que colgaba de sus cimas, se cortaran a través, a nivel del suelo, se pusieran boca abajo y se enterraran en él, dejando la parte más ancha arriba y al mismo nivel del suelo, constituirían una sustentación sólida para cada una de las esquinas de la torre.

    Sólo había un «reloj de arena» que creciera dentro de la zona de alcance del láser y del cable, y decidió utilizarlo en primer lugar para ahorrar tiempo. La operación de cortar tres metros de madera gomosa y bastante húmeda produciría mucho calor y mucho vapor, y el mayor porcentaje de oxígeno del aire haría que la combustión fuera mucho más rápida y más potente. Tenía que interrumpir el trabajo repetidas veces y esperar que se enfriara la madera roja y brillante que iba cortando. A la vez que cortaba, procuraba mantener abierto el corte. Tardó dos horas en desgajar el cono de sus raíces y limpiarlo de vegetación.

    Luego vino el problema de transportar esa pieza maciza de madera al pie de la nave, a veinticinco metros de distancia. Para hacerlo, elevó el cono desde la raíz, utilizando cuatro gatos accionados por la energía de los generadores portátiles, y luego lo colocó sobre cilindros de cuarenta y cinco centímetros de abertura que servirían de rodillos. Puso en el suelo una docena más, delante del tronco, formando un camino de rodillos; luego clavó escarpias en el tronco y ató a ellas cables accionados por una manivela mecánica situada a pocos metros delante del tronco. El engranaje y los gatos eran piezas obtenidas del equipo de taladro.

    Tansis logró hacer avanzar el cono por los rodillos unos cuatro metros. Luego llevó la manivela mecánica atrás, hacia la nave, recogió los rodillos, los volvió a extender por delante, y repitió la maniobra. Lo que estaba haciendo debía de ser una versión espacial del modo como se transportaron los bloques de piedra de las pirámides; pero funcionaba. Al acabarse el largo día de Capella había conseguido arrastrar el cono al pie de la nave.

    Agotado, pero lleno de satisfacción por el éxito, regresó a la tienda para pasar la primera noche fuera de la nave, la primera noche de su vida que no pasaría dentro de las paredes de una nave. La tienda era transparente, medida de seguridad para que sus ocupantes pudieran alertar los posibles peligros. Cuando llegó la noche la oscuridad era completa bajo la capa de cintas y las luces del exterior de la tienda creaban un ambiente misterioso y desapacible de luces y sombras, desde las paredes de la tienda. Le pareció muy molesto tener que vivir en una habitación con un exterior tan visible, y por ello apagó las luces exteriores y nunca más las volvió a utilizar. Escuchó música durante un rato, pero se sentía demasiado cansado para leer nada, y se fue pronto a la cama. Había algo agradable en Capella Seis: las noches eran tan largas que hasta quien más cansado estuviera podía tener la certeza de gozar de un buen descanso.

    Al día siguiente atacó otro «reloj de arena», esta vez utilizando una sierra de cadena y un generador portátil. Este procedimiento era menos complicado que el láser, pero exigía más tiempo. Quitar el follaje del árbol resultó también más pesado, puesto que montado sobre la escalera tenía que empuñar un machete, y realmente agotaba un trabajo tan largo a esa altura, debiendo soportar la gravedad excesiva. Y, sin embargo, logró cortar y arrastrar el cono por el camino de rodillos con menos errores y mayor economía de esfuerzos, y llevarlo a la nave recorriendo ochenta metros, antes de que cayera la noche.

    En el tercer día limpió y cortó otro árbol y lo llevó casi hasta el pie de la nave recorriendo una distancia de casi cien metros. Se estaba haciendo un experto en esa antigua y olvidada técnica de mover objetos sobre rodillos. Habiendo llegado hasta ese punto sintió la necesidad de conseguir llevar a la nave los cuatro conos antes de terminar el período de trabajo en el exterior, y decidió pasar el cuarto día fuera; los suministros de su campamento eran más que suficientes.

    Pero el cuarto día no fue un éxito, como a veces ocurre en empresas que tienen tan buen comienzo. El cuarto árbol estaba a cien metros de distancia; la sierra de cadena empezó a engancharse y el generador se desconectaba a menudo. Al fin logró cortar el cono y elevarlo, y la operación de arrastre marchó bien hasta llegar a la mitad de la distancia que le separaba de la nave; entonces entró en una zona de tierras blandas, en la que los rodillos se hundían en el polvo profundo; el cono perdió su inercia y chocó con la superficie. Tuvo que extender láminas de plástico por debajo de los rodillos, pero como no había suficientes sólo podía hacer avanzar el cono dando una vuelta; luego tenía que cambiar las láminas de plástico y ponerlas delante. Cuando cayó la noche aún le quedaban cuarenta metros que recorrer.

    No quería regresar a la nave con el trabajo a medias; después de todos los fracasos y errores estúpidos que le habían sobrevenido desde el momento en que llegó a este mundo, estaba decidido a superar este obstáculo y lograr un resultado visible y positivo. No cejaría en el empeño hasta que tuviera esos cuatro conos dispuestos para clavarlos en el suelo. Durmió otra noche en el campamento y estuvo todo el día siguiente trasladando el cono. Le costó ocho horas hacerlo avanzar veinte metros, pero al final llegó de nuevo a un terreno firme y liso. A partir de allí el cono rodó bien, y alcanzó la nave a media tarde. Antes del ocaso había llevado los cuatro conos al lugar donde los colocaría y, satisfecho, consideró que ya había hecho bastante en ese día.

    La primera etapa del proyecto había concluido. En la segunda tenía que hacer cuatro agujeros e introducir en ellos los conos boca abajo.

    Sin embargo, debía trabajar en otros dos proyectos de largo alcance, y tenía que dedicar su tiempo, por partes, a cada uno de ellos.

    Un problema crucial era el de las bacterias que hacían que, hasta el presente, debiera estar siempre completamente aislado. Cuando su capacidad de aislamiento se hubiera agotado debería haber descubierto ya cuáles eran los peligros y qué podía hacerse para evitarlos o curar las posibles enfermedades.

    Por eso estuvo las dos semanas siguientes dentro de la nave, trabajando en el laboratorio o con el computador, estudiando bacteriología, cultivando tejidos humanos y experimentando en ellos con muestras de aire, agua, plantas y tejidos animales de este planeta. No salió al exterior para nada y volvió a seguir las costumbres de la vida espacial, usando las máquinas de ejercicios gimnásticos para mantenerse en forma. Se le iba a presentar una gran cantidad de trabajo físico pesado si quería construir la torre. Después de dos semanas de estudio apenas si comenzaba a comprender lo que era la bacteriología y a darse cuenta de que tendría que dedicar por lo menos un año a estudiarla antes de poder empezar a solucionar el problema de la inmunización ante los gérmenes de Capella.

    Finalmente se cumplió el plazo de dos semanas que había marcado y se dispuso a reanudar la construcción de la torre. Era éste un trabajo en el que los resultados se verían fácilmente y, además, descubrió que le gustaba trabajar con las manos. Almacenó su campamento para una semana de estancia y se puso a trabajar haciendo el primer agujero para los conos. A bordo de una nave espacial no hay oportunidades para practicar el arte de cavar, porque en realidad cavar es un arte. Casi todos los habitantes de la Tierra lo han practicado alguna vez en su vida; por el contrario, la única experiencia de Tansis había sido la de excavar cuatro tumbas. En esta ocasión estaba dispuesto a cavar un agujero realmente grande de dos metros de profundidad y tres de ancho en su parte superior, y que iría disminuyendo gradualmente hacia dentro. Supuso que eso costaría una o dos horas de trabajo pesado pero agradable, semejante a un paseo a paso ligero. Tan sólo tardó cinco minutos en darse cuenta de su equivocación. Cavaba con toda la fuerza de sus brazos, inclinando la espalda; muy pronto se encontró jadeante, le dolía la espalda y sólo había causado una pequeña depresión en la arena seca y polvorienta. Por cada paletada que extraía parecía que entraba casi la misma cantidad de arena por los bordes del orificio. Como todos los que hicieron este trabajo antes que él, empezó a descansar cierto tiempo sobre su azada, intentando imaginar que el orificio era más grande de lo que parecía.

    Siguió trabajando obstinado varias horas más, pero sus períodos de descanso se hacían cada vez más largos y el trabajo parecía más descorazonador. Al cabo de dos horas ya no pudo continuar y tuvo que retirarse al campamento para lavarse bien y descansar. El agujero tenía sólo un metro de profundidad y poco más de anchura, y sabía que no podría ni siquiera doblar esas medidas en el mismo día. A ese paso, el simple trabajo de excavar los agujeros de soporte podría llevarle semanas enteras. Como no tenía idea de que hubiera un modo de cavar correcto y otro incorrecto, no se le ocurrió intentar mejorar su técnica. Supuso que el problema radicaba en que el suelo era seco y arenoso, y en la mayor gravedad.

    Reanudó el trabajo; sin embargo, se encontraba ya tieso, jadeaba con facilidad y los brazos se cansaban rápidamente. Los períodos de descanso se hicieron cada vez más largos y el agujero apenas aumentaba. Se dio cuenta de que tendría que extraer arena del agujero mientras que cada vez más arena se deslizaba y entraba por los lados, en una ducha continua que le cubría las botas. Comenzó a tener la sensación de que tendría que excavar todo el maldito desierto para hacer un hoyo.

    Totalmente descorazonado, regresó al campamento para comer, ducharse y descansar de nuevo. Aún era mediodía y así no iba a ninguna parte. Ahora se daba cuenta del auténtico tamaño de la tarea que se había propuesto y empezó a pensar en otra solución posible. ¿Explosivos tal vez? No, eso ni pensarlo; estaba demasiado cerca de la nave. ¿Algún tipo de herramienta a motor? No, no podía encontrar a bordo nada que ni siquiera pudiera ser adaptado para hacer ese trabajo. Una azada le parecía la única herramienta útil y, sin embargo, le estaba agotando. Pero, ¿era realmente necesario enterrar los troncos? Tenían tres metros de diámetro, y allí donde estaban situados sobre la arena, al pie de la nave, parecían lo bastante robustos; en realidad semejaban las mismas patas de aterrizaje de la nave. Tal vez los manuales de construcción le habían engañado al insistir tanto en la necesidad de excavar cimientos. Suponiendo que sustentara la torre en conos de base ancha, como una nave, ¿no bastaría así? Tendría que modificar sus planos y consultar de nuevo al computador, lo que significaba una nueva entrada por la esclusa de aire, pero por otra parte pasar una semana allí fuera, cavando de ese modo, sería una pérdida de pulverizadores de película de aislamiento, porque por cada hora de trabajo permanecía dos en la tienda, descansando.

    Regresó al interior de la nave y volvió a dibujar los planos y los pasó al computador. Sin dudarlo, el computador los consideró correctos en cuanto a estabilidad.

    Muy contento por el pesado trabajo que se había quitado de encima salió de la nave y se puso a trabajar colocando los cuatro conos en sus posiciones, a las distancias exactas que los planos marcaban. Luego colocó el equipo de taladro por encima de uno de los conos, y taladró en su cima un orificio, de un metro de profundidad y sesenta centímetros de ancho. Luego hizo lo mismo en los otros tres conos.

    Inmediatamente pasó a la etapa siguiente del plan, con días de adelanto sobre el calendario previsto. Regresó al campamento bajo la capa de cintas y después de comer y descansar cogió una sierra de cadena y un generador, y eligió uno de los troncos que parecían columnas y que sustentaban el techo. Todos los troncos eran prácticamente idénticos y tenían sesenta centímetros de diámetro tanto en la parte superior como en la base, y tres metros de altura. Éstos formarían la estructura de la torre, y su longitud invariable de tres metros sería el módulo a partir del cual construiría la torre; tres metros a cada lado; tres metros de altura por piso.

    Después de haber aserrado «relojes de arena», cortar troncos de cintas de sesenta centímetros no resultó ser ningún problema, y suprimir una columna de las filas inacabables de troncos espaciados no suponía ninguna diferencia en el techo de la capa de cintas; tan sólo un muy ligero combamiento. Mientras cortara columnas a intervalos muy espaciados, no correría el riesgo de echar a perder la cueva de la capa de cintas.

    Ya estaba acabando el día, pero no podía detenerse antes de haber arrastrado el tronco de tres metros al orificio de entrada y haberlo subido al exterior. Una vez fuera lo llevó al cono más próximo, y utilizando como polea el equipo de taladrar, lo levantó verticalmente y lo dejó caer en el orificio abierto en el cono. Tendría que fijarlo con cemento plástico, pero eso podría hacerlo mañana. Le alegraba mantenerse a cierta distancia, en la penumbra que caía, y admirar la primera esquina de su torre, imaginando ya la torre de unos veinticuatro metros de altura.

    Pasó la mañana siguiente cortando tres columnas más del bosque, bajo la capa de cintas, sacándolos fuera y colocándolos en los conos. Sus músculos le dolían aún debido a los malos tratos que les había dado el día anterior, pero ignoró dolores y penas movido por el ansia de ver avanzar la torre.

    Después de la comida de mediodía se quedó dormido y no reanudó el trabajo hasta media tarde. El resto de la jornada estuvo bajo la capa de cintas, ocupada en aserrar cuatro columnas más y en amontonarlas junto al orificio de entrada.

    Al día siguiente hizo algún trabajo de auténtica carpintería rebajando las puntas de los maderos. Éstos harían de vigas horizontales sobre la parte superior de los cuatro postes verticales. Las puntas rebajadas formarían superficies planas para acoplar a los extremos aserrados de los que estaban en vertical, y unió ambos con escarpias de acero. En la nave había algunas escarpias de acero largas que servían de mucha utilidad a un equipo de exploraciones en su primera visita a un planeta.

    La próxima etapa consistió en atar otros cuatro postes verticales a los ángulos del primer piso. En esta ocasión no podía introducirlos en ningún orificio. Tendría que enlazarlos con jabalcones diagonales de un metro y medio de largo, cortados en sus ángulos. Los postes verticales deberían tallarse en dos lados para que quedaran planos y presentaran una superficie plana para los jabalcones.

    Desde este momento el crecimiento de la torre fue más lento, porque Tansis tenía que tallar cuidadosamente cada pieza por separado para que se acoplara y encajara bien con las otras. Después de siete días había completado ya tres pisos de la torre, que tenía ahora doce metros de alto, y acababa de sobrepasar el nivel de la esclusa de aire. Nunca en su vida había disfrutado tanto con el trabajo en una semana; nunca su trabajo había dado resultados tan ostensibles; había descubierto además que le encantaba trabajar con sus manos.

    De ahora en adelante el trabajo sería más duro, porque se encontraría ya por encima del ascensor hidráulico que iba de la esclusa de aire al suelo y que había utilizado para subir los maderos a la torre. Estuvo muy tentado de volver a equipar el campamento y continuar trabajando otra semana más, pero recordó la urgencia de las otras tareas. Tenía que descubrir un procedimiento de inmunidad frente a las bacterias y tenía que conseguir convertir los alimentos, y ambas cosas eran tan vitales como la obtención de energía adicional.

    Regresó a la nave para preparar su próximo proyecto, que era efectuar un recorrido circular por toda la isla, una distancia de unos cien kilómetros. Durante esa excursión quería efectuar una investigación geológica preliminar y encontrar un lugar en la costa oeste donde establecer un campamento.

    Después de un día de descanso, cuyo momento clave fue una comida suculenta de los almacenes de la nave, comenzó a preparar el equipo de la expedición. Para ello sacó y montó una vagoneta accionada por energía, sobre la que podría trasladar sus aparatos. La nave no disponía de un vehículo digno de tal nombre, aunque en la nave principal hubieran unos seis que hubieran sido transportados a este planeta en el tercer aterrizaje. Esta vagoneta servía sólo para mover equipos voluminosos y una vez salía al exterior no podía regresar a la nave, porque no podía ni aislarse ni mantenerse aislada, y era demasiado grande para que cupiera en los depósitos exteriores.

    Sobre esa vagoneta colocó una tienda, células solares, baterías, una bomba de aire con su purificador, un purificador de agua, comida, herramientas, un traje de protección de recambio, película de aislamiento en pulverizadores, y un equipo de radio. La vagoneta funcionaba con pilas y podía recorrer más de cien kilómetros sobre terreno plano a la velocidad de la marcha humana. No estaba previsto que nadie se montara en ella, pero Tansis iba a darse ese gusto.

    A media mañana se dispuso a iniciar el recorrido hacia el sur, con la vagoneta rodando silenciosamente a su lado sobre neumáticos de baja presión.

    Decidió no alejarse mucho de la costa y cruzó la capa de cintas. Después de una hora de camino salió de la zona que ya conocía bien por sus viajes a la orilla del mar, y se dirigió al promontorio meridional, donde terminaba la isla formando una península curvada y en punta como una garra.

    El suelo era bastante uniforme entre la capa de cintas y la playa, con una anchura de tres o cuatro kilómetros. Era un desierto de color gris ocre, y su vehículo levantaba un rastro de polvo detrás de él. Parecía que allí jamás había llovido, porque no había cauces de ríos desecados sino simplemente polvo y arena, con algunas rocas aisladas de piedra pómez gris o blanca acribilladas de orificios causados por el aire. Al comienzo caminó en línea recta cerca de la costa, más allá de las formaciones de árboles «reloj de arena» que acababan a menos de un kilómetro del agua salada, pero más tarde cambió el rumbo hacia atrás, a la zona donde crecían, simplemente para variar de paisaje. Aparte del aspecto cambiante de la montaña y de sus laderas, el panorama era terriblemente aburrido. Vigilaba el suelo con atención en busca de alguna roca interesante, pero sólo vio manchas de piedra pómez y basalto.

    Al mediodía había recorrido diecinueve kilómetros, y ante él se divisaba una línea de colinas bajas que ocultaban el extremo del promontorio más meridional. El mar entraba casi hasta el pie de las colinas formando una pequeña bahía triangular. Más allá, hacia el sur, la franja costera se ensanchaba y luego formaba una curva que desaparecía de la vista en torno a las colinas. Tansis decidió continuar el camino hasta la punta más meridional de la isla, plantó la tienda para tomar allí su comida, disfrutar de una o dos horas fuera del traje espacial y descansar un rato. Quería avanzar después hacia la costa occidental, y esperaba haber dado la mitad de la vuelta a la isla cuando se ocultara el sol.

    Un poco más allá de la bahía perdió el contacto con el maser de la nave que retransmitía en línea recta. Comenzó a orientarse por radio, en ondas medias. Suponía que habría algún problema en mantener contacto con la nave, debido a la ionización de toda la atmósfera superior, fuerte y constante bajo el diluvio de radiación y vientos de partículas de Capella. Y, en efecto, la recepción era tan confusa y tan llena de interferencias, que permaneció sin contacto con la nave durante el resto del día.

    El terreno se hizo más rocoso, con frecuentes salientes de basalto y grandes cantos de lava de color ocre salpicados de pequeños agujeros. Recogió algunas muestras, pero los únicos elementos que parecían encontrarse eran silicio y magnesio. Dejó a sus espaldas los árboles aislados y comenzó la ascensión siguiendo la ladera de la alineación de bajas alturas que iba formando la bisagra del promontorio. Había recorrido la mitad de la ladera que se elevaba suavemente, y estaba tal vez a unos sesenta metros de altura cuando finalmente consiguió divisar el extremo de la isla; allí instaló su campamento.

    Después de una comida y un descanso de varias horas, se colocó de nuevo el traje y se dispuso a continuar la marcha por el ribazo. Al llegar a la cima de la colina contempló la costa occidental. El promontorio en curva formaba el costado más meridional de una bahía amplia y cerrada, de unos quince kilómetros de anchura. La colina sobre la que se encontraba caía verticalmente sobre la costa, que era abrupta y rocosa, con salientes largos y paralelos de rocas que se adentraban en el mar, como si fueran malecones. No pudo recordar esta formación en los mapas fotográficos de la isla, pero como la nave había descendido desde el este y había aterrizado en el lado nordeste, supuso que estas zonas habrían quedado ocultas por las tierras altas.

    Recordó de nuevo las criaturas marinas, y se preguntó si esta bahía rocosa, con rompeolas naturales, podría ser un lugar adecuado para aventurarse mar adentro.

    Las laderas que veía debajo de él eran tan empinadas y tan rocosas que no quería correr el riesgo de perder la vagoneta llevándola consigo, y bajó a la playa solo, como pudo, y estuvo una hora recogiendo muestras. Era evidente que esta pequeña extremidad de la isla no había sido cubierta por cenizas ni por el polvo de la última erupción y por ello aún mostraba cómo debía de ser el suelo en épocas pasadas. Entre la lava áspera y agujereada y los basaltos negros había afloramientos de granito, y en varios de ellos notó pequeñas venas de cuarzo. No le eran de utilidad para los procesos de conversión de alimentos, pero eran interesantes después de ver sólo polvo marrón en todo el recorrido.

    Al ascender de nuevo a la colina en busca de su vagoneta, comprobó que el cielo ya no tenía su color blanco brillante, sino que parecía amarillento, como marfil viejo. Se preguntaba si esto indicaría un cambio del tiempo, o tal vez tormentas de arena del desierto continental. Pronto se olvidó del tema al dirigirse hacia el norte y buscar algún lugar apropiado para instalar un campamento. La colina larga y baja iba perdiendo altura y delante de él divisó un paso natural entre la colina y el resto de la montaña. El cinturón de la capa de cintas seguía el fondo de esa depresión y serpenteaba alrededor de las colinas y luego al norte, siguiendo la costa occidental. Volvían a aparecer los «relojes de arena», y más allá de la pendiente donde se encontraba volvía a presentarse esa capa profunda y polvorienta de la isla.

    Tal vez aquí, bajo la capa de cintas, cerca de la bahía rocosa, sería el mejor lugar para establecer un segundo campamento. No era el punto más alejado de la nave, pero sí un lugar que quería volver a visitar; parecía también el lugar más apropiado para reanudar el contacto con el mar. Decidió acabar primero el recorrido en torno a la isla. Este lugar se encontraba a sólo veintiséis kilómetros de la nave y podría llegarse en una mañana; cuando hubiera dado toda la vuelta a la isla podría volver aquí, si es que no había encontrado un lugar mejor.

    Le quedaban aún cinco horas de luz solar, y continuó la marcha arriba por la franja costera, que era mucho más estrecha que en la costa oriental. El cielo se tornaba más amarillento y una ligera calina reducía la claridad normalmente brusca del paisaje. Cuando se detuvo finalmente a cuarenta y cinco kilómetros de la nave y bajó de la vagoneta sobre la que había ido montado las tres últimas horas del recorrido, había un brillo naranja extraño por el horizonte este, la primera auténtica puesta de sol que Tansis había visto. Instaló la tienda junto a la capa de cintas, a menos de dos kilómetros del mar, y allí pasó la noche.

    Cuando desmontó el campamento a la mañana siguiente y se dispuso a emprender la marcha, el cielo era de un color claramente amarillo y la niebla se había hecho tan densa que la cima de la montaña apenas si se divisaba como una mancha confusa, y no se distinguía ningún rasgo físico a más de tres kilómetros de distancia. Lo extraño era que apenas si habían nubes bajas que explicaran este fenómeno, como ocurría normalmente. El cambio en el aire era ahora tan notable que decidió analizarlo cuando regresara a la nave para ver si se trataba de alguna gran tormenta de polvo que viniera del continente.

    Cuando aterrizó por primera vez en este planeta, fue a comienzos del verano del hemisferio norte, y ahora debería estar acabando allí el verano. Las temperaturas eran más bajas en la isla que en el continente, pero habían estado en constante aumento desde que llegó, y ahora eran durante el día de unos 30 grados centígrados y disminuían hasta los quince grados centígrados por la noche. Los vientos del este fueron constantes la mayor parte del tiempo, soplando desde el área de altas presiones del gran desierto, y aún procedían de esa dirección. De cualquier modo, ésa era sólo la menor de sus preocupaciones: lo principal era encontrar minerales útiles o alguna forma de vida interesante.

    En esta ocasión se mantuvo cerca de la costa y durante las primeras horas avanzó con mucha calma mientras iba observando la vida animal de la línea del agua. Hasta entonces había visto quince clases diferentes de seres vivos, y a pesar de detenerse con frecuencia para contemplar el agua, e incluso de vadear algunos minutos, no vio nada nuevo. Dejó esta ocupación después de varias horas, y aceleró la marcha.

    A mediodía, seis horas después, se estaba acercando al extremo norte de la isla. La llanura costera tenía una anchura de ocho kilómetros y era bastante plana, y la montaña comenzaba abruptamente y se elevaba en una pendiente muy empinada varios cientos de metros para luego nivelarse formando un resalto que sobresalía al norte desde el pico principal. La capa de ceniza y de polvo era si acaso más profunda, y no se distinguían afloramientos rocosos en aquella llanura lisa y silenciosa. «Relojes de arena» la punteaban aquí, como en todas partes; había una igualdad deprimente en este planeta. A !o lejos, al pie de la empinada ladera del resalto norte, pudo apenas distinguir la faja oscura de la capa de cintas distorsionada y de un color verdecino debido a la niebla, que iba empeorando visiblemente cada hora que pasaba.

    Dispuso el campamento para tomar su comida de mediodía cuando quedaban sólo veintinueve kilómetros de recorrido hasta llegar a la nave. Descansó y sesteó un par de horas, lo cual ya se había convertido en una de sus costumbres fijas. Su descanso lo interrumpió una tos persistente y una irritante sensación de cosquilleo en el interior de la nariz. No hizo ningún caso, suponiendo que lo causaba la insuficiente humedad del aire del interior de la tienda. A bordo de la nave el aire estaba humidificado por el sistema de apoyo vital y mantenía condiciones óptimas para la salud; el equipo de este campamento, sin embargo, era mucho menos elaborado y no llegaba ni a la mitad de la eficiencia de aquél. A pesar de todo, por la noche estaría de regreso en la nave, y se libraría de esa tos.

    Pero durante la tarde la tos empeoró y el cosquilleo de la nariz se hizo un dolor penetrante que se extendió a la garganta. Tansis nunca había tenido un resfriado ni una infección, ni tampoco lo había tenido ningún tripulante de aquel espacio estéril y aislado de la nave. Los miembros originarios de la expedición que partieron de la Tierra habían sido sometidos a rigurosos chequeos médicos para verificar que no tenían infecciones latentes ni eran portadores de gérmenes, y después de unos cuantos constipados en los primeros meses, la infección y la enfermedad fueron recuerdos del pasado. Lo único que Tansis podía recordar que se pareciera al malestar que ahora sentía fue una ocasión en que tragó una bocanada de cloro, de una pieza defectuosa de la nave principal.

    Se dirigió tierra adentro para acortar el recorrido y llegó así al cinturón de la capa de cintas que se extendía al mismo pie de la pendiente de la montaña. Intentaba mantenerse siguiendo la capa de cintas al lado del mar, y, siguiéndola, regresar a la nave. Mientras marchaba por el borde de esta capa, mirándola sólo de modo ocasional, de repente le pareció que no era la misma que conocía. Se detuvo y la observó cuidadosamente; después de unos momentos se dio cuenta de lo que pasaba. Las cintas estaban llenas de pequeñas manchas marrones del tamaño aproximado de la uña del dedo meñique. La última vez que examinó de cerca esa sustancia vegetal fue en el continente, y con toda certeza entonces no encontró esas manchas. Y además, la capa de cintas de esta isla no tenía esas manchas cuando aterrizó por primera vez, porque recordaba que examinó todo para ver las posibles diferencias entre la isla y el continente. Recordaba que entonces la cinta tenía pequeñas manchas del tamaño de una cabeza de alfiler, difíciles de ver si no se miraban fijamente.

    Tal vez la capa de cintas fuera distinta en esta zona septentrional de la isla. Tomó algunas muestras para examinarlas cuando regresara a casa. Luego arrancó una fronda de un árbol cercano para ver si también eran diferentes. Y resultó que la cinta tiesa del árbol era también de otra forma. Los nódulos que aparecían en la línea central eran mucho más grandes que los que vio en el continente o en los árboles que cortó un mes antes. Ahora tenían casi tres centímetros de diámetro, sobresalían en el centro y prácticamente se tocaban entre sí. O bien el extremo norte de la isla tenía diferentes clases de capa de cintas, o bien esa sustancia vegetal había cambiado en el curso de un mes. Podría comprobar cuál era la verdadera explicación observando los árboles cercanos a la nave cuando regresara. Aún había montones de follaje recortado en el suelo, y aunque por ahora estaría secándose, serviría de término de comparación con el follaje vivo.

    Estaba impaciente por volver; la garganta había empeorado, la tos le estaba debilitando y ya había hecho bastante en esta expedición. Geológicamente no había hallado nada, y además muy poco podía serle útil. La luz parecía ahora más amarillenta y había disminuido su brillo, y la niebla había reducido la visibilidad y parecía amenazante. Recorrió los últimos quince kilómetros montado en la vagoneta, y al llegar a la nave, el ocaso y la calina cada vez más densa hacían que el día acabara antes.

    Pasó por la esclusa de aire y de aislamiento, dejó las muestras en las cámaras precintadas del laboratorio y fue a la cabina médica. Su primera preocupación era la de mirarse la garganta. Como estaba roja e inflamada, buscó en los armarios algún tipo de pulverizador que le tranquilizara. Notó cierto alivio, pero al pulverizarse la garganta le dio un ataque de tos profundo que arrancaba de dentro del pecho y le hacía doblarse por el esfuerzo. Dejó en el plato la mitad de la comida, porque la tos le había quitado el apetito y tenía que hacer esfuerzos para tragar.

    Entonces le vino una nueva preocupación: ¿y si el polvo del aire le hubiera atacado? Era demasiada coincidencia la neblina de polvo mientras él estaba en el exterior y la garganta inflamada, algo que nunca le había ocurrido.

    Se puso a trabajar analizando una muestra de aire exterior, algo para lo que la nave estaba maravillosamente equipada, y el resultado fue una auténtica sorpresa. El nivel de polvo no era superior al de las otras pruebas realizadas con anterioridad, pero el material orgánico del aire se había incrementado ochenta veces.

    Tansis sintió auténtico pánico. Si el material orgánico le hubiera atacado, entonces estaría infectado y por lo tanto contaminaría la nave. Debía de haber sido la falta de cuidado al pulverizarse con el líquido de aislamiento, cuando estaba acampado. Bien la primera pulverización realizada dentro de la tienda, bien la segunda en la esclusa de aire al regresar de nuevo a la tienda no constituyeron un recubrimiento total. Pero el mal ya estaba hecho y ahora tendría que sufrir las consecuencias, con muchos años de anticipación sobre lo previsto, y sin ninguna preocupación.

    Tansis se olvidó totalmente de la comida y del descanso y continuó trabajando en el análisis del contenido del aire. Trabajaba con precipitación, rompiendo cosas y cometiendo errores, lleno de un sentimiento continuo de agotamiento. No hacía caso de la tos ni del dolor de garganta, porque estaba absorto en su trabajo. A mitad de la noche obtenía, al fin, la respuesta.

    Era igual que las moléculas que desprendía la capa de cintas, que suponía eran su aroma. Las moléculas de aroma estaban aún presentes en cantidades normales, pero esa nueva molécula era más grande y más compleja, y contenía cadenas de ácido nucleico lo bastante grandes para constituir los genes. Así que esa maldita sustancia se estaba reproduciendo, lanzando sus núcleos reproductores por billones, por toneladas, a juzgar por la niebla que acusaba.

    La calina amarillenta era el polen microscópico, electrónicamente microscópico de la capa de cintas que cubría el mundo. Ciertamente no podía haberlo producido esta isla sola, porque se extendía sobre el mar y por toda la montaña; seguramente debía venir también de la tierra firme. Si allí la cosa estaba tan mal, ¿cómo sería en la jungla tropical?

    Se puso a analizar su esputo, y un poco de flema de la garganta. No encontró en ellos las extrañas moléculas, pero encontró algunos anticuerpos propios que, según el computador, tenían afinidades con las moléculas. Habían sido producidos para intentar contrarrestar los efectos de estas últimas, pero no eran tan efectivos, no podían acoplarse ni enmascarar esas moléculas y no tuvo la certeza de si la tos y el dolor de garganta eran resultado de moléculas extrañas o de sus propios anticuerpos. Pero algo quedaba definitivamente aclarado: este mundo había penetrado ya sus defensas.

    El que se tratara de una infección mortal, de un envenenamiento o tan sólo de una reacción alérgica, sólo el tiempo lo diría. Confiaba en que fuera una alergia, como la fiebre del heno, que era sólo pasajera; pero, ¿y si dejara efectos permanentes? Tansis también tenía otra certeza: mientras viviera en este planeta podría acampar en el exterior mientras no estuviera en curso la estación del polen, y sólo el tiempo podría decirle lo que duraba. Se quedaría en la nave hasta conseguir más respuestas.


    8


    La noche casi había concluido; Tansis estuvo casi treinta horas de pie. Se fue directo a la cama, sin comer, y se sintió dormido casi al instante.

    Cuando se despertó era ya media tarde, y con auténtica ansiedad examinó su cuerpo para ver si su salud mejoraba. La garganta no pa