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    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:
    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
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    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
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    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
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    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Si cambias en la publicación no afecta a la página de INICIO, y viceversa.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL PRECIO (Howard Fast)

    Publicado el lunes, febrero 06, 2017
    El mismo Frank Blunt relató la historia de cómo, cuando tenía siete años, había sobornado a un muchacho mayor, más grande que él, que había amenazado con darle una paliza. El otro muchacho, cuando lo entrevistaron muchos años después, tuvo mucha dificultad en recordar el incidente, pero luego dijo que si podía confiar en su memoria, el asunto fue porque Frank Blunt le había pegado a su hermanita de cinco años, quitándole un caramelo. Lucy, una prima segunda de Frank Blunt, agregó con acritud que el dólar utilizado para sobornar al muchacho más grande había provenido de la cartera de la madre de Frank. Otros tres hombres informaron que Frank había protegido la inversión vendiendo su protección a los chicos más pequeños por veinticinco centavos. Pero sea como fuere, aquello había sucedido hacía mucho tiempo. Lo importante era que ilustraba las dos cualidades que habían contribuido de manera decisiva al éxito subsiguiente de Frank Blunt: su habilidad para apropiarse de lo ajeno y de hacer un negocio si el precio era razonable.

    La historia respecto a que él se recibió en el colegio secundario comprando las respuestas del examen final es apócrifa, probablemente fabricada por algún envidioso. Nunca nadie pudo decir que Frank Blunt fuera estúpido. La historia tiene vestigios de otra, verdadera: se libró de ser expulsado de la universidad sobornando al decano por dos mil dólares, suma nada despreciable en esos días.

    Como sucede con muchos de los rumores que circulan alrededor de Frank Blunt, es difícil encontrar pruebas. El rumor más desagradable que circulaba era que Frank había prosperado mucho participando de las ganancias de una media docena de infelices mujeres, a quienes magistralmente había iniciado en la profesión más antigua. Otro rumor era que había ideado un mecanismo para obtener, con anticipación, los resultados de los exámenes, vendiéndolos con abundantes beneficios.

    Esto fue imposible de probar también. Todo lo que se sabía con seguridad era el soborno del decano.

    También se sabe que cuando por fin dejó la universidad en tercer año (por voluntad propia), tenía acumulada una fortuna de cincuenta mil dólares. Eso fue en el año 1916. Un año después sobornó a alguien para librarse de ser llamado a las filas durante la Primera Guerra Mundial. Las circunstancias exactas no se conocen.

    Dos años más tarde compró los servicios permanentes de Hiram Gillard, senador del estado, por una cifra desconocida, y gracias a eso ganó cuatro concesiones de obras públicas con beneficios que le significaron medio millón de dólares, una cifra fabulosa en 1919. En 1920, cuando Frank Blunt tenía veinticuatro años, compró a cuatro concejales de la Municipalidad para conseguir la concesión para construir la red de alcantarillado, obra que consumió catorce millones de dólares, de los cuales él ganó un millón limpio.

    Para 1930 se decía que su fortuna ascendía a los diez millones de dólares. Era la época de la fiebre de investigación de negociados y se vio envuelto en varios escándalos, acusado de soborno en cuatro oportunidades diferentes, y de fraude en siete. A Frank Blunt nunca le interesó lo pequeño.

    Por lo menos cinco millones se le fueron en la compra de dos jueces federales, tres fiscales, cinco ayudantes de fiscal, dos senadores nacionales y un jurado (pensaba que para arreglar a un jurado, sólo basta comprar a un buen hombre).

    Uno de los senadores llegó a ser socio de él en los negocios, y Frank Blunt salió del escándalo con las manos limpias y tres excelentes compañías de servicios, de las cuales obtuvo suficiente ventajas como para compensar el dinero invertido en protegerse.

    A menudo decía, más tarde, que los contactos que había hecho entonces en el gobierno valían más que los gastos en que había incurrido para limpiar su nombre, como solía decir eufemísticamente. Lo que era verdad, porque logró sacar tajada de la nueva explotación del petróleo en el mar, operando con la osadía y el vigor que lo habían convertido en una especie de leyenda dentro del mundo de las finanzas. Esta vez compró al gobernador de un estado, y es en esta oportunidad, según se dice, que hizo la famosa observación:

    «Se puede comprar hasta al mismísimo diablo si el precio es adecuado».

    Frank Blunt nunca discutía el precio. «Uno arroja el pan al agua», solía decir, y cuando quería algo, nunca permitía que el precio fuera un impedimento. Había descubierto que pagara lo que pagase por algo que deseaba, el soberbio instinto que poseía para las inversiones hacía que recuperara lo que había invertido, y además sacara provecho.

    Los políticos no eran la única mercancía que adquiría Frank Blunt. Era un hombre alto, fuerte y apuesto, de autoritarios ojos azules, y nunca tenía dificultades con las mujeres. Si bien siempre estaban listas para acudir a su llamado sin esperar que se les pagase, él prefería comprar lo que usaba. Estas compras eran temporarias. Recién compró algo permanente a los cuarenta y un años, cuando su fortuna ascendía a más de cincuenta millones de dólares. Era la Miss Estados Unidos del momento, y él no sólo le compró una gran mansión en una colina en Dallas, estado de Texas, sino que también la hizo estrella de cine, protagonista de cuatro películas. Para conseguirlo compró a seis de los críticos cinematográficos más importantes del país, ya que nunca hacía nada sin proteger sus inversiones.

    Todo esto pertenece a otra era, pues para la época en que Frank Blunt tenía cincuenta y seis años, en 1952, tenía más dinero del que pudiera computarse. Se había fabricado una nueva imagen de sí con la ayuda de la firma que contrataba a los hombres más brillantes en las relaciones públicas del país. Había comprado su designación como embajador a uno de los países principales de la Europa Occidental. Su copa estaba colmada, y rebosaba, por así decirlo. Entonces tuvo el primer ataque al corazón.

    Cuatro años después, a los sesenta, tuvo el segundo ataque. Yacía en su cama, el primer día que lo sacaron de la carpa de oxígeno, y mirando fijamente con sus fríos ojos azules al especialista en corazón que había traído de Suiza (flanqueado continuamente por varios colegas norteamericanos), y le preguntó:

    —Bueno, doctor, ¿cuál es el veredicto?
    —Se va a recuperar, señor Blunt. Ya está en vías de hacerlo.
    —¿Qué diablos quiere decir eso?
    —Quiere decir que dentro de unas pocas semanas se levantará.
    —¿Por qué no va al grano? ¿Cuánto me queda de vida después de este ataque?

    El médico suizo carraspeó y tosió hasta que Blunt lo echó de la habitación. Luego enfrentó a los médicos norteamericanos y les especificó que cada uno de los cuatro había cobrado más de veinte mil dólares de honorarios...

    —Y ninguno de ustedes va a volver a ver un centavo mío si no me entero de la verdad.

    ¿Cuánto tiempo me queda?

    El consenso de opinión fue un año, mes más o mes menos.

    —¿Habrá una operación?
    —No, señor. En su caso una operación es contraindicada.
    —¿Tratamiento?
    —Ninguno en especial.
    —Entonces, ¿no hay esperanzas?
    —Sólo un milagro, señor Blunt.

    Frank Blunt entrecerró los ojos y se quedó pensando por algunos minutos, mirando fijamente a los cuatro médicos, que se sentían muy incómodos. Luego les dijo:

    —¡Fuera! ¡Váyanse todos!

    Cinco semanas después, desdeñando la ayuda de su mujer y de su mayordomo, Frank Blunt salió de su casa y se metió en el automóvil especialmente construido para él por la General Motors, que le había costado veintidós mil dólares (era un hombre muy patriótico que se negaba a que hubiera un auto de fabricación extranjera en su garaje), le dijo a su chofer que no dijera una sola palabra, porque iban a salir.

    Blunt nunca iba a la iglesia, excepto a una boda o a algún funeral, aunque la imagen que él se había fabricado de sí mismo, lo presentaba como un hombre muy religioso, cuya religión tenía un carácter personal y ferviente, y el amplio espectro de su beneficencia incluía a varias organizaciones religiosas. Había sido bautizado en la iglesia bautista, y ahora se dirigió al templo bautista más próximo, y golpeó a la puerta de la casa del ministro. El Reverendo Harris, un anciano canoso y afable, acudió a la puerta, y quedó sorprendido y halagado por la visita inesperada de un hombre tan rico y famoso.

    —Oí que estaba enfermo —dijo, sin saber qué decir.
    —Estoy mejor. ¿Puedo pasar?
    —Por favor, pase. Pase y siéntese. Le diré a mi esposa que le haga un poco de té.
    —Prefiero tomar un poco de whisky solo.

    El pastor Harris le explicó con tristeza que en su casa no había whisky, aunque había una botella de jerez que le habían obsequiado sus feligreses.

    —Prefiero el té —dijo Frank Blunt.

    El pastor lo hizo pasar a su estudio, y luego la señora Harris, muy nerviosa y excitada, les sirvió té con masitas. Blunt, sentado sin decir nada en el pobre estudio, se puso a mirar los estantes llenos de libros viejos. Cuando se retiró la señora Harris, dijo de repente, con rudeza:

    —Es acerca de Dios.
    —¿Sí, señor Blunt?
    —Quiero que me entienda. Soy un hombre de negocios. Quiero hechos, no fantasías.
    —¿Cree en Dios?
    —Esa es una pregunta muy rara para hacérmela a mí.
    —Sí o no, señor. No me gusta perder el tiempo.
    —Sí —respondió débilmente el pastor.
    —¿Sin reservas?
    —Sí.
    —¿Sin dudas?
    —No, señor Blunt. Yo no tengo dudas.
    —¿Lo ha visto alguna vez?
    —¿Visto a quién? —preguntó el pastor, desconcertado.
    —A Dios.
    —Una pregunta muy extraña, señor.
    —Todas mis preguntas son extrañas. El hecho que ahora esté aquí es extraño, qué diablos. Si no puede contestar esa pregunta, dígalo.
    —Permítame que yo le pregunte algo —dijo el pastor Harris, cuyo respeto era superior a la indignación que sentía en ese momento—, ¿cree usted en Dios?
    —No tengo otro remedio. Le repetiré mi pregunta. ¿Lo ha visto alguna vez?
    —¿Como lo estoy viendo a usted?
    —Naturalmente. ¿De qué otra manera, si no?
    —En mi corazón, señor Blunt —dijo Harris lentamente, lleno de curiosa dignidad—. Sólo en mi corazón, señor.
    —¿En su corazón?
    —En mi corazón, señor.
    —Entonces, maldito sea, no lo ha visto. Usted cree que existe algo, y, ¿dónde está? En su corazón. ¿Qué clase de respuesta es ésa? Cuando miro mi corazón, todo lo que veo son dos malditas coronarias, eso es todo.
    —Lo que es una lástima.

    El pastor Harris se quedó callado, esperando que Blunt le explicara la razón de su visita.

    —Joe Jerico lo ve —dijo Blunt, como para sí. Harris lo miró fijamente.
    —¡Joe Jerico! —repitió Blunt, casi gritando.
    —¿El predicador?
    —Exactamente. ¿Es un hombre de Dios, o no?
    —Eso no lo puedo decir yo —replicó Harris, apacible—. Él hace su trabajo, yo hago el mío. Él le habla a miles de personas. Yo hablo a unas pocas.
    —Él habla con Dios, ¿no?
    —Sí, él habla con Dios.

    Frank Blunt se puso de pie y le extendió la mano al viejo.

    —Gracias por concederme su tiempo, pastor. Le enviaré un cheque mañana.
    —Eso no es necesario.
    —Para mí, sí. Yo lo consulté en su especialidad. Mi médico gana mil dólares por la mitad del tiempo que usted me dedicó hoy. Usted se merece lo mismo.

    A la tarde siguiente, volando desde Dallas, Texas, a Nashville, Tennessee, en un Cessna particular de dos motores, Frank Blunt le hizo la misma pregunta a su piloto.

    —Soy metodista —respondió Alf Jones, el piloto.
    —Podría ser un maldito musulmán, por lo que importa. Yo le pregunté otra cosa.
    —De eso se ocupa mi mujer —dijo Alf Jones—. Caramba, señor Blunt, si yo pensara en esas cosas mientras vuelo de ciudad en ciudad, me convertiría en un maldito monje, ¿no?

    En el aeropuerto no lo esperaba un coche alquilado sino un automóvil particular, con chofer, pues Blunt tenía este tipo de autos en todos los aeropuertos principales. Después de saludarlo con cálido respeto, el chofer se dirigió al enorme campo abierto de doscientas acres, conocido como «Ciudad del Arrepentimiento».

    —Se lo ve bien, señor Blunt —dijo el chofer.
    —¿Qué sabe de Joe Jerico? —le preguntó Blunt.
    —Es un buen hombre.
    —¿En qué se basa para decir eso?
    —Mire a mi abuelo. Era el viejo más sucio y pecador de todos los que han querido violar a alguna negrita bonita. La verdad es que no podía haber una mujer cerca de él. Es decir, cuando no estaba borracho. Cuando estaba borracho, era un demonio malo y peligroso que podía hacerle cualquier cosa a uno.
    —¿Qué diablos tiene que ver eso con Joe Jerico?
    —Mi abuelo fue a una de las reuniones, y descubrió la verdad.
    —¿Cómo está ahora?
    —Es un santo. Tan santo que dan ganas de pegarle.
    —¿Fue a una reunión?
    —Sí, señor Blunt. A una sola reunión, y vio la luz.

    Estaba oscuro cuando llegaron a la Ciudad del Arrepentimiento, pero unos reflectores gigantes iluminaban el lugar con luz de día. Ya había miles de autos, como un mar de escarabajos alrededor de una carpa blanca, enorme. Blunt respetaba la organización y las cosas hechas en gran escala.

    —¿Qué capacidad tiene la carpa? —le preguntó al chofer.
    —Diez mil personas.
    —¿La colma?
    —Todas las noches. Parece increíble, señor Blunt, pero viajan trescientos y cuatrocientos kilómetros para verlo. Tiene un equipo de altoparlantes, porque a veces se quedan dos o tres mil personas sin poder entrar. Se quedan sentados en el auto, como si fuera uno de esos cines al aire libre.
    —¿Cobra entrada?
    —Veinticinco centavos solamente. No quiere que se queden sin entrar los pobres. Después hace una colecta.

    Estacionaron el auto, y luego Blunt le dijo al chofer que esperara, mientras se dirigía a pie hasta la tienda. Había como doscientos o trescientos acomodadores de ambos sexos, que repartían panfletos y hojas con canciones, y ubicaban a la multitud. Los hombres vestían traje blanco y las mujeres vestidos blancos. Era un operativo gigante, muy bien organizado. Blunt hizo un cálculo rápido. Por noche, incluyendo la entrada y las contribuciones nominales, hacía por lo menos cinco mil dólares.

    Nada tremendo, comparado con lo que tenía él, pero transformaba a Joe Jerico en un hombre práctico, aunque su profesión fuera metafísica.

    Blunt pagó su entrada, entró, y se ubicó en un banco de atrás, entre una mujer muy gorda, de cuarenta y tantos años, y un viejo muy delgado. La tienda ya estaba casi llena. Había muy pocos espacios libres. A los pocos minutos de su llegada se inició la reunión con un coro de cincuenta voces que cantaban «Adelante, soldado cristiano». Luego entonaron un segundo himno y luego un tercero, después se oscureció el recinto y los reflectores iluminaron el escenario. El telón de fondo era un ciclorama negro. Se abrió el telón y avanzó Joe Jerico. Era un hombre muy erguido, ni alto ni bajo, de hombros anchos, cabeza grande, pelo canoso y ojos de color gris pálido que parecían trozos de hielo brillante.

    No hubo introducción. Se sumergió en el tema con una voz que tenía el timbre de un órgano.

    —El texto de esta noche es San Juan, capítulo, ocho, versículo doce. «Habló entonces Jesús a sus discípulos, y les dijo: Soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». ¿Creen ustedes? Espero que no, Dios me perdone, porque éste no es lugar para los creyentes. Éste es lugar para los que no creen, para los perdidos, los bastardos, a quienes acosa el diablo, para los perdidos, repito, porque vienen aquí, llegan al hogar, se encuentran a ustedes mismos. Ábranme vuestros corazones a mí...

    Frank Blunt escuchaba atentamente. No lo conmovía la emoción sino la admiración por la manera en que el hombre manejaba la multitud. Jugaba con ellos, como si irradiara una fuerza poderosa que se manifestaba a través de él. Su voz, baja por naturaleza y de muy buen timbre, mejorada por el estudio de la oratoria, con un dejo de acento sureño, apaleaba a su auditorio, se posesionaba de él, lo cautivaba, lo utilizaba.

    Frank Blunt observaba. Escuchaba cómo iba aumentando la carga emotiva. Asentía apreciativamente a medida que los pecadores se adelantaban para ser salvados bajo la voz imperiosa de Joe Jerico, admiraba la excelente organización de la congregación en el momento de clímax emocional.

    Ignoró la caja con la ranura que hicieron circular por su fila, aceptando las miradas hostiles de los que estaban a su alrededor. Pensaba todo el tiempo. Cuando terminó, vio cómo se iban los demás, muchos de ellos con lágrimas en los ojos. Permaneció sentado, sin moverse, hasta que no hubo nadie más que él en la enorme sala, y entonces se acercó un acomodador y le preguntó si estaba bien, o le pasaba algo.

    —Me llamo Frank Blunt —le dijo al acomodador—. Aquí está mi tarjeta. Quiero ver al señor Jerico.
    —El señor Jerico no ve a nadie a esta hora. Como se dará cuenta, está muy fatigado. Quizá...
    —Yo estoy aquí ahora y quiero ver al señor Jerico. Llévele mi tarjeta. Esperaré aquí. No era fácil resistir un pedido de Frank Blunt. Hacía tantos años que daba órdenes, tantos años que lo obedecían, que automáticamente hacían su voluntad. El acomodador tomó la tarjeta, se dirigió al frente de la tienda, desapareció durante algunos minutos, volvió a aparecer, regresó a la parte de atrás, y le dijo a Blunt:
    —El Reverendo Jerico lo espera. Sígame.

    Recorrieron todo el largo de la tienda, traspusieron el telón negro y atravesaron la parte de atrás.

    Los acomodadores, los del coro y el resto del numeroso personal de Joe Jerico los siguieron con miradas curiosas hasta que llegaron a la puerta de un gran camarín. El acomodador llamó a la puerta.

    Contestó la voz profunda de Joe Jerico:

    —Adelante —el acomodador abrió la puerta y Frank Blunt entró en el camarín. Era una casa rodante, muy bien decorada. Allí estaba Joe Jerico, con una bata de seda verde, tomando jugo de naranja en un vaso alto.

    Blunt midió el camarín de una mirada rápida. También midió al hombre. No había nada barato o modesto en Joe Jerico. Hacía un trabajo del que Blunt carecía de experiencia, pero le agradaba la manera en que Jerico lo llevaba a cabo.

    —Así que usted es Frank Blunt —dijo Jerico, indicándole una silla—. Siéntese. ¿Jugo de tomates, jugo de naranjas? No tenemos bebidas alcohólicas, aunque puedo ofrecerle un poco de vino.
    —Estoy bien, gracias.

    No hubo apretón de manos, no hubo frialdad ni calor en el recibimiento. Dos hombres que se observaban y se medían el uno al otro.

    —Me alegro que haya venido —dijo por fin Joe Jerico.
    —¿Por qué?
    —Porque está a tiempo para arrepentirse.
    —Yo no vine aquí para arrepentirme.
    —¿No? —Jerico entrecerró los ojos—. ¿Para qué vino entonces?
    —Los médicos me dan un año de vida. Son unos mentirosos. Por la naturaleza misma de su profesión. Suponen que si me dieran menos, los despediría.
    —¿Cuánto tiempo se da usted?
    —De tres a seis meses.
    —Entonces yo diría que necesita arrepentirse, señor Blunt.
    —No, señor. Necesito vivir, señor Jerico.
    —¿Ah, sí? ¿Cómo va a hacer para eso?
    —¿Qué sabe acerca de mí, señor Jerico?
    —Lo que saben todos, más o menos.
    —Permítame que llene los espacios en blanco. Comencé mi carrera comprando al decano de una universidad. Descubrí que si el precio es adecuado, uno puede comprar cualquier cosa, sin excepción. He comprado a jueces, concejales, fiscales de distrito, jurados, senadores. Compré a los gobernadores de dos estados. He comprado a hombres y mujeres y caballos pura sangre de carrera. Una vez me encapriché con una princesa, y la compré para acostarme con ella por una noche. Me costó veinticinco mil dólares.

    Compré al dictador de un país europeo y una vez tuve la oportunidad de comprar a un miembro del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Me costó menos que la princesa, pero a la larga me trajo mayores beneficios. Dijo todo esto sin sacar los ojos del rostro de Jerico. Este escuchó con interés.

    —Usted siempre va al grano, señor Blunt.
    —No tengo tiempo para perder, señor Jerico.
    —¿Qué se propone hacer?
    —Usted me gusta, señor Jerico. Usted se da cuenta de qué se trata y tampoco pierde tiempo. Quiero vivir. Me propongo comprar a Dios.

    Jerico asintió, siempre con sus ojos claros fijos en Blunt. No dijo una palabra. Frank Blunt esperó. Pasaron unos minutos de silencio en los que Frank Blunt seguía esperando pacientemente.

    Respetaba a un hombre que estudiaba cuidadosamente una proposición.

    —Usted no está tratando con el jefe —dijo Jerico finalmente—, sino con un subordinado. ¿Qué quiere, exactamente?
    —Soy un hombre razonable. Tengo sesenta años. Quiero quince más. He hablado con un hombre que se ocupa de cuidar que se cumplan los contratos. Si yo muero antes de los quince años, él lo mata a usted.
    —Es razonable —dijo Jerico después de una pausa—. Me agrada la manera en que piensa usted, señor Blunt.
    —A mí me agrada la manera en que piensa usted, señor Jerico.
    —En ese caso, es posible que podamos cerrar el trato.
    —Muy bien. ¿Cuánto puede costarme?
    —¿Cuánto dinero posee, señor Blunt?
    —Alrededor de quinientos millones de dólares.
    —En ese caso, ése es el precio, señor Blunt.
    —¿No lo dirá en serio?
    —Lo digo muy en serio.
    —Entonces está loco.

    Jerico sonrió y extendió las manos.

    —¿Qué otra alternativa tiene, señor Blunt? Yo podría sugerirle la recompensa que le aguarda al hombre que ha vivido bien, pero nadie lleva dinero a ese lugar. El dinero es necesario aquí en la Tierra.
    —¡Váyase al diablo! —exclamó Blunt. Pero no se puso de pie. Se quedó sentado, observando a Jerico.
    —Yo no acudí a usted —dijo Jerico suavemente—. Fue usted quien acudió a mí. De nuevo se hizo un silencio prolongado. Jerico esperó a que el otro hablara. Por fin Blunt preguntó:
    —¿Cuánto dinero me permitirá retener?
    —Absolutamente nada.
    —No se puede vivir del aire. Con un millón me las podría arreglar.
    —Absolutamente nada.
    —Alguien dijo una vez que yo tenía más dinero que Dios. Ahora todo se invierte. En realidad, señor Jerico, su contrato no es equitativo. No necesito dinero. Me dan crédito hasta veinte millones de dólares. Trato hecho. ¿Qué le parece si nuestros abogados se reúnen mañana?

    Los abogados tardaron siete semanas en concluir con todos los requisitos legales y con todos los papeles que había que firmar. En la octava semana, Frank Blunt sufrió un ataque. Lo llevaron al sanatorio Colonial de Dallas, que Joe Jerico no tardó en comprar, instalando su propio personal médico, técnico y de enfermeros. Reemplazaron el agotado corazón por un corazón mecánico; un riñón, también mecánico, ocupó el lugar del anterior, y fue alimentado por conducto intravenoso. Es difícil decir si se diferenciaba en mucho de un vegetal, pero el informe que daba Joe Jerico cada semana, después de su visita, era que vivía gracias a la fe: la fe lo mantenía vivo.

    Para el tercer año ya las visitas de Jerico habían cesado. Esto se debía, en parte, al hecho que ahora vivía en Luxemburgo (debido a los beneficios en rentas), y su fortuna aumentaba a pasos tan acelerados que ahora aborrecía hasta la idea de viajar en avión.

    Su yate, de dieciocho mil toneladas, era todo lo que necesitaba para desplazarse. Sólo congregaba a sus fieles una vez por año, y cada vez que viajaba a los Estados Unidos para esa ocasión, no dejaba de visitar a Frank Blunt.

    Frank Blunt murió en 1971, exactamente quince años después de ese día que visitara a Joe Jerico en su camarín y le estrechara la mano al cerrar el trato. En realidad, la muerte se debió a un desperfecto en el corazón artificial, como era de esperar. Habían sucedido tantas cosas, y el mundo se había olvidado de Frank Blunt.

    Joe Jerico recibió la noticia en su yate, que estaba anclado en el puerto de Ischia, adonde había ido a pasar algunos días a la finca del Duque de Genneset, y llegó tarde a la cena porque tuvo que redactar un mensaje expresando sus condolencias a la familia de Blunt. Jerico tenía cincuenta años ya, estaba en la plenitud de su vida, verdaderamente cómoda, pero no por eso había perdido su fe.

    Como le dijo a la joven que lo acompañó a la cena:

    —La voluntad de Dios se cumple de una manera extraña.


    Fin