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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura en línea con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y la lectura sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada, desde libros completos hasta revistas Selecciones. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 30 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que el header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación en el blog
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o solo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), simplemente da click en LECTURAS, por ejemplo, y seguido en GUARDAR POST.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Si has agregado una publicación desde el SIDEBAR, automáticamente aparece este caracter ۩ en el menú, indicando que se ha guardado una publicación desde el SIDEBAR, y para poder agregar la publicación actual debes darle click a ese caracter, seguido eliges si lo deseas guardar en MIS LECTURAS o en alguno del MENU PERSONAL.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.
    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.
    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo básico.


    PRIORIDAD DE LOS ESTILOS: De izquierda a derecha, siendo el de la izquierda superior; la prioridad es la siguiente:
    PREDEFINIDO - LY, LL, P1 a P16 - G3 - G2 - G1 - POR POST - POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3 - ESTILOS 1 a 9 o BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha, o presiona "intro" en cualquier otro tema de la lista en texto; y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL ÚLTIMO DÍA DE LA CREACIÓN (Wolfgang Jeschke)

    Publicado el viernes, julio 31, 2015

    INTRODUCCIÓN

    En 1959, Steve Stanley tenía 16 años. Había pasado su infancia en París y Roma, donde su padre era representante de un consorcio farmacéutico estadounidense en el extranjero. Cuando regresó a los Estados Unidos asistió a la Universidad en Springfield, Ohio, y quiso estudiar construcción aeronáutica y convertirse en piloto. Después del examen se presentó ante las Fuerzas Aéreas.

    En 1959, los servicios secretos estadounidenses encontraron en los alrededores del Mediterráneo occidental ciertos vestigios que hacían referencia a un proyecto que podía modificar radicalmente la realidad tal como la conocemos.

    En 1968, Steve Stanley, a sus 25 años de edad, era uno de los mejores pilotos de las Fuerzas Aéreas estadounidenses.

    En 1968, bajo gran secreto y con las medidas de seguridad más estrictas, en los Estados Unidos se comenzó a preparar un proyecto que la Marina estadounidense planeaba realizar en colaboración con la NASA y que resultaría único en la historia de la humanidad. En 1977, Steve Stanley, que contaba ya 34 años de edad, trabajaba como piloto de pruebas en Rockwell. Perdió su puesto cuando el Presidente Cárter tomó la decisión de que el B-1 no debía ser fabricado en serie. Como resultado, Steve Stanley se presentó en la NASA, que buscaba pilotos experimentados para los vuelos planificados del Shuttle.

    En 1977, el proyecto secreto de la NASA/Fuerzas Aéreas ya estaba en pleno funcionamiento, aun cuando algunos de los científicos participantes ya venían advirtiendo desde hacía mucho tiempo sobre las consecuencias previstas. En ese momento, todos los que estaban al tanto del proyecto tenían claro que no todo estaba marchando de acuerdo a los planes. Los militares desecharon las advertencias y forzaron el proyecto con todos los medios a su disposición, aun cuando entre tanto incluso a los legos les llamó la atención que en la zona del mar al oeste de las Bermudas sucedían cosas extrañas. A la CIA no le venía mal todo ese cúmulo de especulaciones respecto al así llamado Triángulo de las Bermudas, y sin duda alguna aportó lo suyo para alentar los oscuros rumores, de manera que a ningún científico se le ocurriera ocuparse en serio de los extraños fenómenos.

    Poco después apareció el nombre de Steve Stanley entre los nombres de los candidatos finalistas para participar en el proyecto secreto. La lista mencionaba a especialistas de algunos ámbitos de la ciencia, la tecnología y la logística, así como a ex combatientes; todos cumplían con determinados requisitos muy específicos.

    En ese momento, Steve Stanley aún no podía saber lo que se requería de él, al igual que todos los que figuraban en la lista del jefe de proyecto, el almirante William W. Francis. Ninguno de ellos tenía ni la más mínima idea de que sus vidas tomarían un rumbo muy diferente al que hubieran imaginado en sus sueños más temerarios. Habían sido elegidos para entrar en el paraíso, pero no sería del Génesis de lo que serían testigos, sino del Apocalipsis.

    Un día, Steve Stanley desapareció sin dejar huella, y con él la mayoría de aquellas personas cuyos nombres figuraban en la lista.

    ¿Sin dejar huella?

    Dejaron huella.

    Sólo que era extremadamente difícil reconocerlas, y aún mucho más difícil interpretarlas... especialmente para aquellos que no eran sus contemporáneos.


    PRIMERA PARTE
    Huellas
    1 - Pozos


    Cuando el 13 de agosto de 1970 el Glomar Challenger abandonó el puerto de Lisboa para realizar perforaciones en el fondo del mar de la hondonada de las Baleares, los científicos no sólo esperaban poder aclarar los fenómenos misteriosos con los que se habían topado en los años cincuenta y sesenta. A los biólogos y oceanógrafos les interesaba aclarar un evento de gran importancia que debió haber tenido lugar hace aproximadamente cinco millones y medio de años y que marcó la transición entre Mioceno y Plioceno. Para la zona del Mar Mediterráneo, este suceso tenía que ver con una revolución biológica relacionada con cambios climáticos drásticos en Europa.

    La expedición del Glomar Challenger fue financiada por la National Science Foundation y se realizó bajo el control de la Scripps Institution of Oceanography. En la tarde del 23 de agosto, el barco de investigaciones fue anclado electrónicamente 100 millas al sur de Barcelona, y la primera perforación en el mar se realizó a 2.000 metros de profundidad. Otras perforaciones siguieron a ésta.

    Los resultados confirmaron las hipótesis de William E. B. Benson, de la Nacional Science Foundation, y de Orville L. Bandy, de la University of Southern California. Confirmaban también algunas suposiciones arriesgadas de militares de alto rango del Pentágono que estaban ocupados con un proyecto militar que se delineaba a fines de los años sesenta, en el punto culminante del programa Apolo. En las conferencias de prensa en París y Nueva York, durante las cuales se dieron a conocer los resultados de la expedición, parte de la información no fue revelada por precaución. Se trataba de un material encontrado durante las perforaciones que no pudo ser identificado al inicio, sin embargo, tenía que ver con el argumento más serio que podían presentar los defensores del proyecto. Este argumento llevó al presidente Nixon a mediados de febrero de 1971 (el vuelo del Apolo 14 acababa de finalizar exitosamente) a reducir drásticamente el presupuesto de navegación espacial de la NASA a fin de poner dinero a disposición del proyecto. Éste, que primero estuvo disfrazado como «Sealab», se preparó en colaboración de la Marina y de la NASA.

    Los resultados confirmaron algunos detalles misteriosos que había obtenido el servicio secreto. La primera referencia, del año 1959, provenía del Ministerio de Defensa francés y era muy alarmante, ya que no proporcionaba ningún tipo de explicación para lo sucedido. Se denominó «artefacto 1». Se encomendó la investigación al comandante Francis, un hombre con experiencia y miembro del departamento de desarrollo de técnica armamentística de la Marina estadounidense. Sin embargo, en 1969 encontró información que se adecuaba a este contexto especial: habían encontrado el «artefacto 2». Provenía de Suiza: en 1969 apareció una información que había hallado el servicio secreto del Vaticano. Se mantuvo bajo llave como «artefacto 3». El mosaico se iba armando pieza por pieza. El cuadro se cerraba y lentamente también adquiría forma la base científica del proyecto, tal como lo habían supuesto hace tiempo Francis y sus colaboradores. Con este objetivo hacía más de una década que se leían y evaluaban todas las publicaciones a nivel mundial del ámbito de la física teórica.


    2 - ARTEFACTO 3: La flauta de San Vito


    Los anacronismos son difíciles de reconocer. Hay que ser un contemporáneo de las cosas para poder clasificarlas en base a su función y aspecto, o alguien que ha nacido tardíamente y que ha oído hablar de ellas. A los nacidos tempranamente a lo sumo les parecerán objetos raros (u objetos mágicos o sagrados, todo depende de la ingenuidad, de la fe o del reconocimiento científico).

    De hecho, hace siglos que existen indicios de que en la zona del Mediterráneo occidental en algún momento prehistórico tuvo que suceder algo que se podría calificar de «fractura en el tiempo». Los objetos encontrados en la zona costera del sur de España y de Italia, en Malta, Cerdeña, Córcega y las Baleares, pero sobre todo en Sicilia, eran extraños, y debido a su constitución prácticamente indestructible y a su inexplicable existencia eran venerados por todas partes como reliquias, incluso son veneradas hoy día. Por lo general se trata de trozos de un material liviano de tinte entre blanco sucio y marrón amarillento que se puede considerar un marfil muy antiguo, o restos de cráneos y huesos que el mar y la arena alisaron en el transcurso de los siglos hasta quedar irreconocibles. Tanto más alientan la fantasía estos fragmentos cuando se les supone una forma, historia e incluso santidad; se les interpreta como partes del cuerpo salvadas milagrosamente y pertenecientes a todo tipo de santos que deambulaban por la Tierra antaño.

    Así, en San Lorenzo, no muy lejos de Regio, en Calabria, hace más de 500 años que una pieza de veinte centímetros de largo de este material se venera como el dedo índice del profeta Jeremías. En Algeciras, delante de Gibraltar, guardan como reliquia una pieza de forma cuadrada de alrededor de doce centímetros de longitud lateral que aparentemente representa la cubierta del cráneo de San Juan Bautista, cuya cabeza cortada fue arrastrada por las aguas de forma milagrosa hasta las costas españolas. Y en por lo menos 37 iglesias de Sicilia descansan huesecillos de dedos de las manos y pies, de la mandíbula superior e inferior, costillas y tobillos de por lo menos veintisiete santos, profetas y hombre y mujeres igualmente meritorios.

    Este objeto encontrado tan fuera de lo común descansaba entretanto en un ataúd de plata en Sta. Felicita en Palermo: lo más sagrado de San Vito, o Vitus, como se le llama allí. Hoy día se sabe que Vitus, considerado santo de los cerveceros, los alpinistas, los epilépticos, los caldereros, los actores, los farmacéuticos y los viticultores, entre otros, implorado en casos de incontinencia, celo, mordeduras de serpientes, rabia, coreico, epilepsia, excitación y castidad amenazada, provenía de Mazara del Valla, en la costa sudoeste de Sicilia y, según se sabe, sufrió bastantes horrores bajo los esbirros de Diocleciano alrededor del año 304 o 305 de nuestra era. Era el hijo de un gentil acomodado de nombre Hylas, y a la tierna edad de siete años ingresó ya contra su voluntad a la secta de los cristianos. A fin de escapar del castigo del padre enfadado, se fugó a Lucania con su nodriza Crescentia y su educador Modestus. Sin embargo, fue reconocido, apresado y llevado a Roma, donde se le quería llevar de la vida a la muerte de una forma especialmente cruel, metiéndolo en una caldera de aceite hirviendo. Los ángeles le salvaron en el último momento de la fritura y devolvieron al pobre muchachito a su patria lejana, donde, sin embargo, murió poco tiempo después.

    En el año 538 empezaron a separar las partes de los restos mortales del mártir. El cuerpo se trasladó a Italia, pero el miembro separado permaneció en Sicilia. El enérgico abad Fulrad de St. Denis hizo que trajeran el cadáver mutilado a su convento en el año 756, sin embargo, no todos sus seguidores parecen haber sentido el mismo respeto por el Vito empapado en aceite, ya que el abad Hilduino regaló el cadáver al convento del Wéser, Corvey, en el año 836. Allí, el mártir (convertido entretanto en patrono del imperio) fue desmembrado una vez más; en el año 922, el príncipe Wenzel recibió un brazo cuando hizo construir en Praga una iglesia en honor de Vito, justamente en el lugar donde hoy se eleva la famosa catedral de San Vito en el Hradschin (Castillo de Praga). En 1355 el emperador Carlos IV intentó reunir los despojos mortales diseminados a los cuatro vientos, sin embargo sólo pudo adquirir un par de huesecillos en Pavia, y su autenticidad jamás convenció del todo los teólogos. Actualmente hay más de 150 lugares en Europa Central y del Sur que creen poseer partes del cuerpo del santo.

    La reliquia más delicada, a la cual Vito debe el patronato sobre la castidad amenazada, apareció en Palermo en el siglo X. Es mencionada en documentos del año 938 con motivo de la construcción de la Iglesia de Sta. Felicita, donde encontró un refugio seguro. Las leyendas guardan silencio respecto a qué destino incierto ocupó durante los 355 años pasados, historias que por lo general se prenden voluptuosamente de la figura del joven mártir.

    Una tradición local asegura conocer su origen, y posiblemente se acerque bastante a la verdad: un pescador honrado de nombre Rosso fue sorprendido por una tormenta durante la noche y fue arrastrado muy lejos a mar abierto. Sufrió indeciblemente durante dos días y dos noches, hasta que por fin la tormenta se calmó, y a la mañana del tercer día volvió a avistar costas que le eran familiares. Cuando fue a recoger sus redes, junto a doce pescados (naturalmente se debe desconfiar de esta cifra, ya que seguramente se trataba de una referencia a los doce apóstoles) se encontró con un objeto extraño allí dentro: una forma torcida, parecida a una manguera acanalada, de un pie y medio de longitud y de un diámetro de medio palmo, de un material desconocido que aparentaba al mismo tiempo ser elástico y quebradizo, y de tinte gris pálido.

    Agradecido por su milagrosa salvación, el pescador entregó lo encontrado al prior de Sta. Felicita, que colocó bajo llave ese objeto peculiar y, sobretodo, lo sustrajo a las miradas de las damas, pues posiblemente hubiera podido dar motivo a pensamientos no castos. Así sucedió a mediados del siglo IX.

    Como por un milagro, sobrevivió en perfecto estado al incendio que convirtió en cenizas a la antigua Sta. Felicita. En el año 932 comenzó a construirse la nueva Casa de Dios, tal como se encuentra preservada en su casi totalidad hasta el día de hoy.

    En el año 1277, Ambrosio, un joven y ambicioso prior de Sta. Felicita, obtuvo el permiso del arzobispo de Palermo para solicitar al Santo Padre una certificación de la reliquia. El Papa Nicolás III no pudo decidir si enviar de inmediato dos comisiones de expertos a Palermo para que revisaran el objeto en el lugar mismo. Primero la solicitud quedó sin respuesta, hasta que Bonifacio VIII envió una tercera comisión de expertos en 1296; sin embargo, no fue hasta 1303, poco antes de su muerte, cuando el Santo Padre pudo decidirse a favor y concedió su bendición apostólica.

    Desde el siglo XIII, el extraño objeto, confirmado por la instancia superior de la Iglesia católica como símbolo de la castidad cristiana y testimonio de increíble pubertad siciliana, descansó en una tumba de plata, artísticamente biselada y revestida de seda, que sólo se abría y se exponía cada cien años para festejar el centenario de Sta. Felicita, de modo que todos pudieran ver el miembro del santo, milagrosamente salvado de la putrefacción.

    El Profesor Angelo Buenocavallo, profesor de medicina en Palermo, escribió en 1439 un tratado erudito sobre esta reliquia (comúnmente llamado «El innombrable de San Vito» o a veces muy ordinariamente: «Il gazzo di Santa Felicita») en el que negaba categóricamente que el mencionado objeto fuera un miembro humano, ni ése en concreto ni cualquier otro, fuera cual fuera la forma extraña en que se podía haber convertido por la fritura en aceite, ya que no tendría ni la menor similitud con uno así, ni siquiera en cuanto a longitud. Aun cuando en el caso de las colas de cerdo habría podido confirmarse que después de un tiempo en aceite hirviendo se hinchan y adquieren una costra espumosa por la que aparentan ser más grandes y duras. Pero en el caso del objeto mencionado no se trataría de carne muy frita, sino que probablemente fuera marfil. Todo parecía indicar que podría tratarse de uno de esos instrumentos de música paganos confeccionados en marfil de los cuales los músicos musulmanes sacaban esos lúgubres tonos que supuestamente gustaban tanto al rey de los Hohenstaufen en la corte.

    Buenocavallo no recibió autorización de su facultad para imprimir. Gente que le envidiaba le denunció ante la Iglesia, diciendo que había comparado de forma hereje el miembro del santo Vito con colas de cerdo fritas. Su obra fue confiscada y quemada públicamente. El valiente profesor se salvó por poco de ser acusado de herejía, y se le prohibió ejercer la enseñanza durante dos años. Se fue a Padua, donde sirvió como anatomista durante tres fructíferas décadas más. Su fama traspasó las fronteras de su patria por elección.

    Entre tanto, el instrumento de música de San Vito descansaba en su tumba de plata, resistía el desgaste del tiempo, perduraba a través de los siglos y cayó prácticamente en el olvido.

    Cuando en 1938 se volvió a abrir la tumba durante los festejos milenarios de Sta. Felicita y el santo miembro fue expuesto a las miradas del público, un tal Luigi Risotto, profesor de liceo en Tarento y herido durante la Primera Guerra Mundial en el mismo lugar que una vez el renombrado Abelardo de París, examinó detenidamente la reliquia. En 1939, en la publicación de enseñanza para los maestros de Tarento, apareció una composición en la cual Luigi Risotto dudaba decididamente de la autenticidad de la reliquia. Calificó de escándalo increíble el hecho de que la Iglesia católica se atreviera en el siglo XX a presentar un trozo de tubo, y peor aún, de esa longitud y constitución, como órgano genital de un santo, y además hacerlo venerar. Decía que el hecho en sí parecía provenir de la Edad Media más oscura, que se trataba de un embrutecimiento vergonzoso del pueblo creyente, y eso en un momento en que Italia, la gran nación cultural, hacía lo posible por convertirse también políticamente en una de las naciones más significativas del mundo. Añadió que sería una vergüenza. Se indignaba.

    El objeto podría describirse (continuaba Risotto) como nada más que una pieza acanalada de tubo, realizada con una resina de goma, quebradiza por acción del tiempo, y probablemente se trataba de la pieza de unión de una pipa de agua de origen moro. En su afán esclarecedor y su erudición anodina se le había escapado que esta pieza de goma ya se mencionaba en documentos del siglo X, y que en 1303 fue declarada reliquia. Sin embargo, el uso del tabaco para fumar comenzó en territorio musulmán a mediados del siglo XVI. Y en lo que se refiere a la pipa de agua, fue inventada en 1612 por un comerciante de café que procedía de Damasco llamado Ziad Kawadri. Éste, tras reflexionar larga e intensamente, ideó el narguile para proporcionar mayor bienestar a los huéspedes de su local. Desde Damasco, esta fuente de bienestar oriental realizó una marcha triunfal por los países musulmanes, hasta Budapest, y Casablanca, Dar-es-Salam y Hyderabad.

    Desde 1961, bajo instrucciones de Juan XXIII, una comisión de expertos del Vaticano actuó para investigar a fondo y con gran reserva la selva de reliquias. En primer lugar debían investigarse aquellos casos que no merecerían adoración por su mal gusto, o por resultar penosos o incluso ridículos. En el transcurso de algo más de cinco años, la comisión reunió 3.786 casos de ese tipo. De todos ellos, 1.284 debían ser eliminados lo antes posible; otros 1.544 casos se consideraron desaconsejados a largo plazo, por lo que se estableció la prohibición de que se nombrasen oficialmente; por último, se estableció que podrían ser tolerados en silencio los 958 restantes, pero sólo debían ser mencionados oficialmente en casos excepcionales.

    Un resultado inesperado de estas investigaciones fue que en más de mil casos la reliquia estaba hecha de un material de color entre blanco sucio y amarillo marrón que (como decía generalmente la descripción) se parecía a marfil muy viejo y resquebrajado.

    La comisión papal pidió muestras de este material y se las entregó al gabinete físico del Vaticano, donde fueron analizadas con los métodos más modernos, entre otros, con el método de radiocarbono. Durante esas investigaciones se pudo determinar algo más. Todas las pruebas realizadas según el método de radiocarbono dieron resultados negativos, y eso sólo podía significar una cosa: si se trataba de material orgánico, es decir huesos o marfil, goma o incluso ámbar, entonces todas las muestras debían tener más de 30.000 años de antigüedad, porque mediante este proceso no es posible datar una antigüedad mayor. Probablemente las muestras fueran más antiguas, incluso podrían tener más de 100.000 años de antigüedad. Eso significaba que no podía tratarse ni del dedo índice del profeta Jeremías ni de la tapa de los sesos de San Juan Bautista, ni del dedito derecho del pie de Santa Genoveva, ni del esternón de San Pablo.

    La flauta de San Vito (como no se podía esperar de otra manera) se incluyó en la lista de las reliquias que debían ser relegadas al olvido lo antes posible. Aunque se diferenciaba en el tinte y en la consistencia de los demás materiales, cuando fue incriminada e inspeccionada en un momento posterior presentaba la misma edad prebíblica, más aún, no bíblica. El verdadero miembro de San Vito debió figurar como perdido. De repente, lo que el pescador Rossi había sacado en su red con grandes esfuerzos de las profundidades del mar era mucho más interesante, también para los expertos del gabinete físico papal. Lo que en el horizonte aparecía como un supuesto enturbiamiento podía convertirse en una tormenta que podía sacudir los fundamentos de la historia sagrada. Si las suposiciones resultaban ciertas, este descubrimiento podía ser de gran trascendencia.

    Y demostrarían ser correctas.

    El 2 de marzo de 1969 llegó a Palermo una delegación de Pablo VI con una carta personal escrita a mano por el Santo Padre para el arzobispo de Palermo. En ella pedía a su eminencia, y por motivos sobre los cuales tendría suficientes razones para guardar silencio, trasladar sin demora a San Pedro la reliquia de San Vito guardada en Sta. Felicita. Con gran temor, había tenido conocimiento de señales que hacían suponer que el anticristo podría destruir milenios de la historia sagrada con una línea de su pluma, y que podía privar al mundo de su anhelada y sufrida salvación y tomarla en posesión después.

    Irritado por esa aparente falta de confianza del Santo Padre respecto a su persona, dado que no le había informado sobre la relación entre la caprichosa reliquia y la amenaza de dominación del anticristo, y por otro lado preocupado por la urgencia de la solicitud, su eminencia dio instrucciones de abrir la tumba en Sta. Felicita y de entregar a la delegación el objeto deseado bien empaquetado.

    Después de más de mil años de descanso, la flauta de San Vito, el trozo de tubo de una pipa de agua o el instrumento musical pagano, salió de viaje. A lo largo de un milenio sin haber sido reconocido como anacronismo, repentinamente agitaba a físicos, teólogos de la moral y políticos por igual.

    El 5 de marzo, la reliquia llegó a Roma y fue presentada sin tardanza al Santo Padre, quien la examinó con un malestar creciente. Poco después vio confirmadas sus suposiciones más terribles y se retiró a orar.

    En el gabinete físico, entre tanto, se habían analizado más muestras y se había llegado a la conclusión de que en el caso de este material no podía tratarse ni de algo orgánico ni de algo inorgánico, sino de algo sintético. Lo mismo fue confirmado en el caso del material un tanto diferente del cual consistía la reliquia de Palermo. Además, «Il gazzo di Santa Felicita» se parecía increíblemente al tubo acanalado de una máscara de oxígeno de las que usan los pilotos de aviones caza.

    Sin embargo, quedó sin aclarar la cuestión de cuántos siglos antes de la invención del plástico apareció un material de ese tipo, que además en esa época ya presentaba huellas de una antigüedad muy avanzada. Los eruditos del Vaticano se encontraban ante un acertijo. No había teoría científica, ni uno podía imaginarse una institución técnica con la que hubieran podido explicarse el trasfondo. Las consecuencias de esta posibilidad prácticamente impensable eran, sin embargo, extremadamente alarmantes.

    El Papa Pablo VI se reunió con sus expertos y sus asesores. Tras largas reflexiones tomó una resolución: todas las muestras disponibles y capaces de ser obtenidas de estos materiales misteriosos debían mantenerse in eternitatem bajo llave en los archivos del Vaticano, y debía guardarse el máximo secreto al respecto.

    Así, la flauta de San Vito terminó en el archivo del Vaticano, junto a la colección más grande de objetos curiosos, máquinas raras, escrituras y obras de arte reunidos en un milenio y medio.

    Sin embargo, lo que Pablo VI no había considerado en su sabia resolución era el hecho de que la CIA se interesaba por todo, y sus sabuesos estaban presentes en todas partes. Así, los servicios secretos tienen, por así decirlo, la nariz debajo de la Santa Sede continuamente, a fin de registrar cada pedo papal que podría soplar a la cara del Pentágono. Y así, en Washington pronto se enteraron de los extraños objetos encontrados y de la preocupación del Vaticano, y poco después recibieron enormes cantidades de fotos y algunas muestras del extraño material.

    El capitán Francis estiró combativo la barbilla cuando examinó con la lupa las fotos distribuidas sobre su escritorio. Lo que había llegado inesperadamente del Vaticano encajaba exactamente en el marco dibujado y concordaba con las dos piedras que provenían de los años 1959 y 1968 de Argelia y Gibraltar. El Glomar Challenger tuvo que conseguir las últimas piedras del mosaico con perforaciones en la hondonada de las Baleares.

    Los preparativos para el proyecto «Deep Sea Drilling» de la Nacional Science Foundation comenzarían pronto, el dinero para el proyecto de investigación ya estaba disponible.

    Francis echó una mirada a las tiras de capitán algo desgastadas de su chaqueta del uniforme. Era hora de dar un paso más, y sintió satisfacción por el empuje que había recibido el proyecto tras el envío de Roma. También supondría su ascenso. Ya no habría nada que se interpusiese en su camino hacia la promoción a almirante.

    Apuntó con la regla de plástico y mató una mosca que se había parado sobre una foto muy clara de la reliquia. Una mancha de sangre desfiguraba al impronunciable de San Vito, pero eso no molestaba al capitán Francis.

    Con el borde de la regla se rascó la nariz, sonrió, alzando el labio superior con su fino bigote, y deslizó la punta de la lengua entre sus grandes colmillos amarillos y el labio inferior. Gruñó satisfecho.

    Estaba muy, muy contento.


    3 - ARTEFACTO 2: El carro de guerra de Gibraltar


    Mientras austríacos y franceses se peleaban por el trono en la guerra de sucesión, los británicos, con su punto de mira siempre centrado en lo más esencial, se apoderaron del bastión más importante del Mediterráneo occidental. En la mañana del 4 de agosto de 1704, mercenarios alemanes invadieron Gibraltar, lo tomaron rápidamente e izaron la bandera de Gran Bretaña.

    El Dschebel al-Tarik, la roca de Tarik, llamada así por el famoso estratega árabe que permaneció allí con su tropa en el año 711 para arrasar la península, es un macizo de cal jurásica que junto con Dchebel Musa, que se encuentra del lado africano, al oeste de Ceuta, conformaba una franja fina que en el pasado separaba al Atlántico del Mediterráneo. Como en la cuenca del Mediterráneo se evapora más agua de lo que le llega desde los ríos, la consecuencia es una continua afluencia de agua proveniente del Atlántico. Estas grandes cantidades de agua serrucharon en el correr de millones de años una brecha de más de trescientos metros de profundidad y veinticuatro kilómetros de ancho: el estrecho de Gibraltar. En el flanco sur del macizo de roca de Gibraltar fresaron dos terrazas, el Windmill Hill y los Europa Fíats, que caen formando la Punta de Europa y poseen la forma ideal para albergar una fortificación. En 1714, confirmada su propiedad con el contrato de paz de Utrecht, los ingleses empezaron con la ampliación para hacer una base naval.

    Jamás faltaron voces en España pidiendo la devolución; incluso hubo algunos intentos de conquista que fracasaron estrepitosamente. Pero como Inglaterra en general era un aliado bienvenido contra Francia, por ejemplo durante las guerras napoleónicas, la posición británica, desde la cual podían vigilarse todos los movimientos de flota entre el Mediterráneo y el Atlántico, permaneció indiscutida.

    Cuando Napoleón abandonó el escenario de la historia volvieron a aumentar las voces en el país que estaban a favor de una «liberación» de la roca. Aunque las voces no tenían peso y los políticos estaban muy ocupados con la revolución liberal, con la intervención francesa y a continuación con una guerra civil sangrienta entre carlistas y seguidores de la regente (pues en España todo lo que suena remotamente a «Reconquista» suele encender las pasiones), los ingleses actuaban en Gibraltar con cuidado y sin llamar la atención. Cada enfrentamiento con los habitantes de la región podía conducir invariablemente a conflictos con las grandes potencias europeas, que envidiaban a los británicos la posición estratégica y que harían de cualquier brega entre los marineros de la Royal Navy y los pescadores españoles una «lucha de liberación». Por eso, en 1843, el comandante de la base, Sir Walter Griffith, resolvió reforzar las obras de fortificación por encima de la lengua de arena al nordeste del castillo Moorish Castle. En otoño de 1843 se iniciaron los primeros trabajos en las trincheras.

    En lo posible, el terreno debía ser modificado sin llamar la atención, para esconder la intención ante los nacionalistas y no estar expuesto a preguntas penosas en Madrid. La dirección de estas obras estaba en manos del coronel Frank Gilmore, un oficial con experiencia en construcción de fortificaciones que ya había trabajado en Egipto como asesor de Mohammed Alis antes de que éste se enemistara con Gran Bretaña y que se cerrara la Convención de Londres contra el gobernador insurrecto. Gilmore era un entusiasta arqueólogo aficionado y había participado en excavaciones en Nubia. Los demás oficiales le llamaban en broma «el pacha de Gilmore».

    Primero talaron el claro en el bosque y excavaron fosas (aparentemente para ampliar la zona de entrada del agua hacia la reserva del suroeste). Para poder fijar los fundamentos de las casamatas en la roca, el pashá de Gilmore hizo desenterrar los palos con raíz y retirar la tierra suelta, sobre todo marga y pizarra de arcilla. Aproximadamente a ocho pies de profundidad se encontró con una capa dura de arcilla. Gilmore hizo introducir un taco para determinar su grosor. Los trabajadores habían penetrado con sus picos a apenas tres pies de profundidad cuando apareció arcilla que parecía estar impregnada de herrumbre.

    El coronel hizo detener de inmediato los trabajos para inspeccionar el material. Realmente se trataba de hierro muy envejecido, pero también de huellas de otras sustancias, entre ellas trozos romos de un material granulado que probablemente fuese vidrio.

    Entonces Gilmore hizo excavar con cuidado horizontalmente pulgada por pulgada un área de veinte por veinte pies porque suponía, acertadamente, que había encontrado un artefacto. Aproximadamente a veinte pies de profundidad encontraron más huellas de herrumbre, y días después apareció en el lugar de la excavación el dibujo de un contorno rectangular de aproximadamente seis por doce pies de tamaño.

    El coronel Gilmore hizo un dibujo fiel a escala del contorno e hizo que continuaran retirando capa por capa. Aproximadamente a cinco pulgadas de profundidad volvió a medirse exactamente el contorno y se confeccionó otro esquema exacto a escala, para luego poder reconstruir verticalmente el objeto completamente desgastado por el tiempo. Después de otro pie de profundidad, Gilmore quedó totalmente convencido de que sólo podía tratarse de un artefacto. Cuando a dos pies y medio de profundidad el contorno rectangular comenzó a llenarse de huellas de herrumbre, primero de un lado y a tres pies y medio de profundidad en toda su superficie, Gilmore reconoció que tenía delante los restos de una forma tipo caja, probablemente un carro, posiblemente un carro de combate antiguo que se había hundido en el barro. El barro debió de penetrar en el interior del vehículo y llenó completamente el espacio interior como el núcleo de soporte de un molde. Por eso el vehículo se había conservado recto, por decirlo de alguna manera.

    Armado con espátula y pincel, Gilmore pacha revisó los flancos del «castillo» para encontrar restos de ruedas, pero no tuvo éxito al principio. Ya quería abandonar su búsqueda, porque suponía que el vehículo de hierro probablemente habría tenido ruedas de madera de las cuales ya no se podrían comprobar las huellas, cuando descubrió delante y detrás unas protuberancias laterales de naturaleza metálica y que bien podrían haber sido ruedas o rodillos. El vehículo había tenido originalmente cuatro ruedas, lo que en el caso de un carro de guerra antiguo hubiera sido una construcción inusual.

    Cuando el coronel Gilmore quiso reconstruir verticalmente el objeto encontrado mediante los croquis horizontales, apareció una forma extraña que se parecía más a un equipo liviano y de baja altura que al tipo de carro de combate tipo tanque que se conocía de representaciones de la antigüedad.

    Visto desde el lado que Gilmore denominó instintivamente «delante» parecía haberse encontrado un bloque de metal más grande, que debió haberse elevado hasta la mitad de la altura del revestimiento lateral por encima de la superficie básica del chasis. No se atrevió a afirmar si se trataba de una plataforma que ocupaba quien dirigía el carro, o si correspondía a la zona donde había arqueros, o si se trataba de un arma, una especie de espolón o algo similar. De todas formas, el vehículo parecía estar construido más bien toscamente, y aparentemente era poco práctico (innecesariamente grande en el chasis, y sobre todo en la «plataforma», y lo que significaba un descuido, muy débilmente acorazado en los flancos). Tal vez en esa zona habían existido defensas de madera o cuero de las cuales no restaba nada, dijo el coronel. Sin embargo, no quedó satisfecho con el resultado porque no podía clasificar bien el objeto encontrado.

    Por supuesto, Gilmore había informado al comandante sobre el asunto, y éste le había permitido (interiormente divertido, pero en apariencia, como siempre, muy formal) interrumpir durante algún tiempo los trabajos en las trincheras en el lugar correspondiente para que el capataz de la fortificación pudiera salvar su «caballito de batalla egipcio», como él lo llamaba. Sir Walter, sin embargo, opinaba que de la ominosa «mancha de herrumbre» sólo podía tratarse de un vehículo que se les había hundido a los musulmanes en el barro cuando conquistaron el Dschebel al-Tarik y cuando controlaron las tropas de refuerzo desde aquí.

    El coronel no contradijo la opinión del comandante, sin embargo, sabía lo suficiente sobre arqueología para saber que el artefacto de la mancha de herrumbre, teniendo en cuenta la consistencia del subsuelo y la profundidad del lugar donde fue encontrado, debía datar de una época precristiana, quizá cartaginesa, pero probablemente aún más antiguo.

    Esta suposición se corroboró cuando Gilmore pacha, al volver a inspeccionar el lugar de la excavación, encontró restos de huesos muy destruidos, y entre ellos un hueso de cráneo que presentaba un agujero del tamaño de un dedo pulgar. Aparentemente, el conductor del vehículo había sido víctima de una muerte violenta.

    Lo que irritaba al coronel era el hecho de que los restos de huesos estaban en un estado que hacía suponer una antigüedad mucho mayor a tres o cuatro mil años. Gilmore había visto en Egipto esqueletos encontrados que se habían mantenido prácticamente íntegros bajo circunstancias menos favorables durante por lo menos cinco mil años. La capa de arcilla en la que estaba el vehículo debería haber conservado el cadáver durante un período diez o veinte veces mayor.

    El coronel Gilmore no sabía qué hacer y pidió autorización a Sir Walter para enviar un mensaje con el próximo barco a la Royal Society, en Londres, a fin de que los especialistas se ocuparan del objeto encontrado.

    —Ni pensarlo, coronel —dijo Sir Walter directamente—. Totalmente impensable. No puedo hacerme responsable de que aparezca una horda de científicos que me impidan el cumplimiento de mis obligaciones militares. De todas formas, los trabajos en las trincheras al norte del Moorish Castle ya se ha retrasado demasiado para favorecer vuestros intereses egipcios. Debo insistir en que ahora se continúen y finalicen rápidamente.
    —Pero con su permiso, señor...
    —Es cierto. Sin embargo, debe entender, coronel, que no puedo permitirme que la prensa publique que durante los trabajos en las trincheras de Gibraltar se hayan encontrado objetos arqueológicos.
    —Durante los trabajos de canalización para el depósito.

    Sir Walter denegó impaciente mediante señas.

    —Yo no confiaría en que un arqueólogo, o como sea que llame a esa gente, sepa diferenciar entre trabajos de trinchera y de canalización.
    —Señor, posiblemente podría tratarse de uno de los descubrimientos prehistóricos más importantes en Europa, y eso en el territorio de Su Majestad.
    —En un territorio militar de Su Majestad, de cuya seguridad soy responsable, coronel Gilmore.
    —Por supuesto que estoy enterado de eso, señor. Pero, por favor, entienda también mí situación. No soy arqueólogo, me faltan los recursos y las posibilidades para realizar una investigación en profundidad, especialmente respecto a una datación exacta. La ciencia podría sufrir una pérdida insustituible. No quiero seguir corriendo yo solo con la responsabilidad...
    —La responsabilidad déjemela tranquilamente a mí, coronel. Además, tengo la impresión de que sobreestima su descubrimiento. Usted se comporta prácticamente como si hubiera descubierto la osamenta de un elefante del ejército de Aníbal. Probablemente un campesinito español borracho se salió del camino una noche de niebla y se hundió en el pantano con su carro de estiércol. No hagamos tanta bulla por esta mancha de herrumbre. No necesito ser más claro, ¿verdad coronel? Espero que me haya entendido.
    —Claro, señor.

    No tenía sentido. Sir Walter permaneció fiel a su decisión. Sin embargo, permitió que Gilmore pacha avisara a un amigo suyo que trabajaba como fotógrafo en Londres para pedirle que acudiera a Gibraltar a tomar algunas fotos del lugar del descubrimiento. Este fotógrafo había sido durante algún tiempo ayudante de Talbot en Reading y trabajaba en secreto según su nuevo procedimiento.

    Tres semanas después, Archibald Wesley llegó y tomó cerca de cuarenta placas que perpetuarían una imagen de la mancha de herrumbre para la posteridad y permitirían una evaluación posterior. Tanto a él como al coronel Gilmore se les exigió no publicar nada sobre el asunto por el momento. En consecuencia, continuaron con los trabajos en las trincheras y excavaron el resto de la capa de arcilla.

    Cuando el coronel Gilmore se jubiló en 1846, seguramente nadie le hubiera impedido informar sobre su descubrimiento, pero se abstuvo, extrañamente. Tal vez su contradicción interna entre sus intereses como investigador y la lealtad militar se había inclinado a favor de la última. Pero es más probable que llegase a la conclusión de que como aficionado no podía convencer a los expertos con sus esquemas y las tomas fotográficas técnicamente aún insuficientes, y que, por el contrario, se hubiera expuesto a una fuerte crítica por no haber sido capaz de aclararle a Sir Walter la importancia de lo encontrado y la necesidad de una profunda investigación científica por parte de especialistas. Lo raro es que jamás supo que dos años después de haberse retirado a la vida privada, en Gibraltar se hizo otro descubrimiento. Al realizar nuevos trabajos de trincheras se encontró un cráneo de un hombre prehistórico que durante decenios creyeron que era un hombre mono. Sir Walter Griffith ya no era comandante de Gibraltar en aquel entonces. El descubrimiento llegó a conocerse en círculos especializados, pero no fue hasta cien años después (después de las investigaciones de los Leakeys) cuando recibió el interés de los especialistas.

    Cuando Gilmore pacha, ya muy anciano, murió el 25 de diciembre de 1874 en su casa de campo en Chatham, cerca de Londres, sus documentos referentes al misterioso carro de guerra de Gibraltar cayeron en el olvido.

    Su nieto, Edward George Gilmore júnior, un joven y exitoso arquitecto, y un entusiasta automovilista, dejó la casa de campo en Chatham en 1898 para restaurarla y venderla a un rico fabricante de textiles de Manchester. Antes de mudarse al Westend en Londres, donde se había construido una casa, Edward Gilmore júnior se ocupó personalmente de revisar los viejísimos papeles y cartas que se habían amontonado en el desván de la casa de campo antes de quemarlos. Al hacerlo encontró un paquete con treinta y seis fotografías bastante amarillentas que llevaban en el dorso la letra manuscrita muy prolija de su abuelo, pero en las cuales no pudo reconocer otra cosa que la denominación de alto vuelo de la empresa «Archibald Wesley, Calotype Atelier, Chiswick» en la esquina inferior derecha. Además había un pequeño paquete de papel que sólo contenía polvo gris marrón con migas (aparentemente polvo de huesos, pensaría Gilmore jr. antes de tirarlo sin siquiera considerarlo) y un paquete de dibujos de mano de su abuelo, entre ellos un dibujo en el que se podía reconocer fácilmente un automóvil.

    Edward G. Gilmore jr. contuvo la respiración. La hoja llevaba la fecha 12 de marzo de 1844. Un momento, pensó. ¿Sería que el viejo coronel se había dedicado a inventar cosas en secreto? ¿Habría intentado construir un automóvil ya en 1844? Según lo que él sabía, el viejo Gilmore se habría interesado menos por la técnica que por las excavaciones.

    Gilmore miró el dibujo desde todos los ángulos con ojo experimentado. Los demás dibujos representaban proyecciones que mostraban al vehículo en diferentes cortes horizontales. De ninguna manera se trataba de una carroza, parecía más bien un coche, aun cuando tenía una forma bastante rara. Revisó toda la documentación de su abuelo para descubrir más referencias a su tarea de inventor, pero fue en vano. Posiblemente se había tratado de un aparato para remover tierra, o de un vehículo militar que debió ser utilizado en alguna intervención especial o en la construcción de fortificaciones.

    Gilmore jr. perdió el interés. De todas maneras, el objeto encontrado le pareció lo suficientemente significativo como para mencionarlo en su diario y guardar los dibujos y las fotografías y llevárselas a Londres cuando se mudó a su nueva casa algunas semanas después.

    Allí, los documentos de Gilmore pacha descansaron hasta que en una tarde lluviosa de sábado en septiembre de 1968, Patrick Geston, casado desde 1966 con Catherine Geston, apellido de soltera Gilmore, nieta del arquitecto Edward G. Gilmore jr. e hija del empresario de la construcción Arthur Edward Gilmore, en un ataque de nostalgia, tomó el diario del abuelo de su mujer y empezó a hojearlo. Y así dio con un registro sobre el vehículo parecido a un coche que su antepasado había dibujado supuestamente en 1844.

    Debajo, en la letra de imprenta muy prolija del exitoso arquitecto de estilo Art Nouveau decía: «Hay aún más planos y también 32 fotos que lamentablemente fueron mal fijadas. En ellas sólo pueden reconocerse manchas».

    Patrick Geston, maestro de alemán e inglés, también traductor ocasional, amante de la ciencia ficción y de la literatura que se ocupaba de los límites, de las ciencias y de las cosas que están más allá de estos límites permaneció pensativo. Terminó de beber su cerveza, se subió al desván y revisó las cómodas y las cajas de cartón, los cajones y los cestos. Por fin encontró algo.

    En un sobre duro marrón en el que estaba escrito con las mismas letras impresas de la escritura del arquitecto: «El automóvil del abuelo Gilmore Pacha» estaba el paquete buscado. Encima de todo se encontraba el dibujo del «automóvil».

    Geston se estremeció como si hubiera recibido un choque eléctrico.

    Era inequívocamente un jeep o un todoterreno, aun cuando la forma no era exactamente la misma. Faltaban los guardabarros y las ruedas, y la tapa del radiador estaba más abajo, como si se hubiera hundido.

    ¿En qué rincón del mundo el viejo coronel Gilmore había encontrado un todoterreno en el año 1844, cuando ni siquiera se había inventado el motor a gasolina?

    Geston inspiró profundamente y sostuvo las hojas con tanto cuidado como si amenazaran con deshacerse en polvo entre sus dedos. Ideas desvariadas de saltos en el tiempo y de viajes a través del tiempo le pasaron por la cabeza: la historia Halcón entre los Gorriones, de Dean McLaughlin, que había aparecido dos meses antes en Analog. Y la historia del viaje en el tiempo de un autor alemán, de cuyo nombre no podía acordarse, que había leído en un fanzine de ciencia ficción.

    Se apresuró a bajar a su escritorio y distribuyó con dedos temblorosos las fotos sobre su mesa de trabajo. Una desilusión amarga. Estaban completamente amarillas y presentaban manchas marrones. Algunas de ellas mostraban una estructura regular cuando se las miraba más detenidamente, pero no pudo descubrir qué representaban exactamente.

    A continuación colocó los veintiocho dibujos cronológicamente según las indicaciones de fecha, ordenados y del revés, uno tras otro. De inmediato le quedó claro que se trataba de cortes horizontales del «todoterreno», de arriba hacia abajo. Finalmente descubrió también similitudes entre la estructura de las manchas de algunas de las fotos y los dibujos, los que representaban los cortes horizontales más bajos. Todo esto hacía referencia al protocolo de una excavación.

    Geston se apresuró a salir de la sala de estar y, sin aliento, preguntó a su joven esposa:

    —¿Qué hacía el viejo Gilmore, el coronel Gilmore, tu tatarabuelo?

    Su esposa, asustada, levantó la mirada del libro que estaba leyendo. Un chaparrón golpeó los cristales de las ventanas.

    —¿Qué quieres decir?, ¿que qué hacía? Era oficial. Creo que era capataz de obras de fortificación o algo así. Pero ¿por qué quieres saber eso de repente?
    —¿Y por qué le llamaban pacha? —agregó Patrick, sin contestar a su pregunta.
    —Pues, qué sé yo. Pero... ¡Espera! ¿No estuvo en Egipto durante un tiempo? Creo que estuvo en Egipto.

    ¡Egipto! La palabra causaba un efecto de símbolo mágico en Patrick Geston. Fue a la cocina, sacó una lata de cerveza del frigorífico y la abrió con dedos temblorosos para bajar la arena de todo el oriente que repentinamente parecía haberse depositado sobre sus mucosas.

    —¿Y cuándo fue eso? —preguntó cuando volvió a la sala de estar.
    —No tengo ni idea, pero eso puede averiguarse.

    Era posible averiguarlo. El coronel Frank Gilmore no había estado en Egipto en el período en cuestión. En 1840 había vuelto de Alejandría a Londres y el año siguiente había sido enviado a Gibraltar, donde dirigió las obras de ampliación de la fortificación hasta su jubilación en 1846.

    ¿Gibraltar?

    Geston quedó desilusionado, sin embargo no cejó en su esfuerzo. Escribió a la Royal Society y a la National Geographic Society, preguntando si en Gibraltar o en algún lugar cerca de allí se habían realizado excavaciones arqueológicas a mediados de los años cuarenta del siglo XIX. De ambas instituciones recibió la respuesta de que no se sabía nada respecto a excavaciones arqueológicas en o cerca de Gibraltar, ni en el período en cuestión ni en un período posterior. Sin embargo, en 1848, al realizar trabajos de trincheras, se habrían encontrado restos del cráneo de un hombre mono que en épocas más recientes era considerado el de un antecesor del ser humano.

    El entusiasmo de Geston estaba bastante amortiguado en ese momento. En 1843, el viejo Frank ya no estaba en Gibraltar, sino en su residencia de descanso en Chatham. Geston no sabía cómo continuar. Sin embargo, conocía a un autor de lengua alemana que había publicado un libro muy exitoso sobre objetos misteriosos provenientes de la prehistoria y de la protohistoria. Geston lo había traducido al inglés, y era el motivo por el cual había mantenido una extensa correspondencia con el autor. Ahora le ofrecía el material, indicando que posiblemente estuviera tras la pista de algo muy grande, pero que no tenía ni la posibilidad ni los medios de hacer el seguimiento.

    El escritor, que al igual que el coronel Gilmore Pacha era arqueólogo aficionado, se mostró muy interesado en el descubrimiento y propuso publicar los dibujos y las fotos en su siguiente libro tras examinarlos detalladamente. Quizá durante ese tiempo fuera posible obtener otras indicaciones.

    Como Geston no quería confiar el valioso material al servicio de correos, eligió un camino que le parecía más seguro para hacérselo llegar al escritor. En el Club Alemán de Londres había conocido a algunas personas de la Embajada Alemana, entre ellos al empleado del embajador Werner Reichert, que iba y venía entre Bad Godesberg y Londres viajando con documentos importantes y secretos en su valija diplomática. Reichert se ofreció a llevar el sobre con el material a Alemania.

    Otro empleado de la Embajada Alemana que debía preparar la maleta del correo fotografiaba rutinariamente todo el material para Bad Godesberg y enviaba las copias a los servicios secretos norteamericanos.

    Tres días después, el Pentágono se había enterado del extraño descubrimiento en Gibraltar, que encajaba exactamente con la otra pieza misteriosa que provenía de Argelia y que había sido transmitida en 1959 por parte del Ministerio de Defensa francés.

    Como en las fotos apenas se podía reconocer algo, el capitán Francis decidió que debía obtenerse el material original para volver a tratar las calitipias y amplificar los contrastes con ayuda del ordenador. Además, bajo toda circunstancia debía evitarse la publicación del material. Tal vez podía tratar de impedir durante un tiempo que ese autor publicara. En el estado actual del proyecto, sería fatal si la contraparte recibiera siquiera una insinuación de las actividades de las que se estaba ocupando la Marina Estadounidense.

    El 16 de octubre de 1968 llegó a Bad Godesberg el sobre con las fotos y dibujos. Al destinatario no le era posible recoger personalmente de inmediato el envío porque se encontraba fuera asistiendo a unas conferencias, de modo que encomendó a su editorial que enviara a alguien para recibir el material.

    El lunes 21 de octubre, una correctora de la editorial fue a Bad Godesberg y recogió el paquete. El viernes de la semana siguiente fue entregada en Dusseldorf al verdadero destinatario, quien abrió el sobre y revisó por encima el material, ya que el tiempo apremiaba y llegaba tarde. Metió el sobre en la maleta y fue con el taxi a la estación de tren.

    Cuatro horas después, en el trayecto entre Karlsruhe y Basilea, el escritor dejó su compartimiento de primera clase, ocupado sólo por él, durante diez minutos.

    Cuando volvió del baño, su maleta había desaparecido de la red para equipajes. Avisó al conductor del tren, quien alarmó a la policía de la estación. Se realizó una revisión del equipaje en la estación de la frontera en Lórrach, pero sin éxito; otra en la estación central de Basilea tuvo igual resultado.

    Cuando esa noche llegó con retraso a su casa, encontró la maleta esperándolo. Un desconocido había utilizado su nombre y había encomendado a un conductor de taxi que la llevara a su casa y avisara a su esposa de que le habían retrasado un rato y llegaría a más tardar en una hora.

    La maleta contenía todo lo que había estado dentro, sólo faltaba el sobre con las fotos y los dibujos.

    Parece que la policía jamás encontró una pista, e interrumpió las averiguaciones en poco tiempo. Poco después detuvieron a la persona robada utilizando una excusa, y fue soltado año y medio después de la prisión preventiva.

    El capitán Francis miró la nieve que había fuera y que de vez en cuando, agitada por fuertes rachas de viento, volaba pasando casi horizontal delante de la ventana, pero no la veía. Más bien parecía como si sus ojos estuvieran fijos en un punto infinitamente lejano.

    —¿Por qué precisamente Gibraltar? —murmuró—. El lugar más débil. —Aplicó saliva a sus dedos pulgar e índice y, perdido en sus pensamientos, planchó su fino bigote de dentro hacia fuera con movimientos lentos—. El lugar más débil.

    Detrás de él, sobre el escritorio, se encontraban distribuidos los dibujos y calitipias de 1844. A su lado había un pedazo de metal muy herrumbrado. Parecía carbón de madera, pero brillaba mate en algunas partes, allí de donde se habían sacado muestras de material.

    «O sea que habrá pérdidas», pensó, «pues donde se barre, hay virutas». Y por Dios que habría que barrer. Estamos a punto de lograr el mayor golpe de la historia mundial, literalmente.

    El capitán Francis sonrió, pues, como siempre, estaba muy, muy seguro.


    4 - ARTEFACTO 1: El fusil de Tiefenbacher


    Axel Tiefenbacher, nacido en 1934 en Hanau, cerca de Francfort, era un loco de las armas desde muy joven. Robaba y compraba armas de fuego donde pudiera conseguirlas. Y finalmente se convirtieron en su perdición.

    En 1949 tuvo que cumplir una condena juvenil de dos años porque había disparado y herido considerablemente a un sargento de la Marina estadounidense durante una reyerta con soldados de la ocupación en un restaurante del barrio Bockenheim en Francfort. Al registrar la vivienda de los padres, la policía encontró un escondite de armas en la cocina sin usar del fondo de la casa, dañada por las bombas, y eran de un tipo que no se encontraba muy a menudo. Se hallaron más de cuarenta pistolas provenientes de varios países, pero especialmente armas de existencias del antiguo ejército alemán y del ejército norteamericano, así como una pistola automática de origen ruso; además de municiones de todos los calibres, el tubo de un lanzagranadas con propulsor y varias granadas manuales de origen norteamericano.

    Al ser interrogado sobre el origen de su arsenal, Tiefenbacher guardó silencio obstinadamente. En 1951, después de ser liberado de la prisión, le fue cada vez peor. No tuvo suerte, ya que la policía le tenía vigilado y cada vez tenían menos consideración si le encontraban en un asunto sospechoso.

    En 1952 estuvo nuevamente en prisión durante ocho meses por resistencia contra el poder del estado. La policía buscó a fondo y encontró dos fusiles de disparo rápido provenientes de existencias del ejército inglés y catorce pistolas de existencias del ejército norteamericano, partes de una pistola automática MG-34 del ejército alemán y un arma de defensa francesa antitanque que había sido robada en Rastatt dos meses antes.

    Después de haber sido detenido en el verano de 1953 por intento de robo de coche en el centro de Francfort, y por haber disparado a un peatón y a un policía de patrulla, le quedó claro que los jueces serían duros con él. Cinco años era lo menos que le esperaba.

    La misma noche se fue al sur, nadó cruzando el Rin al norte de Kehl, y llegó a Estrasburgo antes de que hubieran empezado a buscarlo en serio. Cuando el efectivo de que disponía se agotó (y eso sucedió pronto) se alistó en una oficina de reclutamiento de la legión extranjera en Estrasburgo.

    Después de un período corto de formación cerca de Perpignan y de Oran, fue embarcado a Vietnam. No hacía tres meses que estaba en el frente cuando un trozo de granada le arrancó el anillo y el dedo meñique de la mano derecha. De esta manera se ahorró Dien Bien Phu. Pasó dos meses locos y fantásticos de convalecencia en Marsella hasta poder volver a trabajar. Fue distinguido por su valentía ante el enemigo (Tiefenbacher se había destacado en Vietnam como tirador de precisión) y fue ascendido a cabo de escuadra.

    El resto de la tropa de Vietnam fue trasladado a Argelia, donde justamente en ese momento comenzaba el período en que la Grande Nation perdió parte de su gloire, un fracaso tras otro, y permitió que sus legionarios frustrados descargaran su cólera sobre la población civil. Tiefenbacher también se destacó esta vez, realizó algunas «acciones de pacificación» delicadas, y en 1956 fue ascendido de nuevo.

    Su unidad fue derivada a Quarglia, donde se les encargó asegurar la zona de petróleo de Hassi Messaoud y acompañar el transporte en la pista este por el Grand Erg Oriental hacia las zonas de perforación de Bourarhet en la frontera Libia.

    El 18 de enero de 1957, Tiefenbacher se encontraba con dos coches tanque de espionaje y dieciocho hombres en viaje de vuelta a Quarglia. Él y su gente habían acompañado a un convoy de camiones en dirección a Fort Flatters hasta Hi Bel Guebbour, y allí le habían entregado a otro grupo.

    Fue poco antes de oscurecer cuando cayeron en una emboscada al sur de Cassi Touil. El primer coche pisó una mina. La explosión fue tan fuerte que arrancó el eje delantero del vehículo, el conductor murió instantáneamente. Cuando los soldados saltaron de la superficie de carga, les dispararon desde una duna. Tiefenbacher perdió a uno más de sus hombres, e hirieron a tres más. El acompañante, a la explosión le había arrancado ambas piernas por debajo de las rodillas, murió poco después.

    Los rebeldes emprendieron la retirada sobre camellos, y no tenía sentido tratar de seguirlos en la oscuridad por el terreno intransitable. Era imposible transportar el resto de su gente, los tres heridos y las armas a Quarglia con el vehículo intacto que quedaba. Tiefenbacher supuso que los rebeldes lo sabían; no se perderían la oportunidad de atacar al convoy. Como el grupo de rescate de Quarglia no llegaría antes de que transcurrieran entre ocho y diez horas, buscó un terreno a una altura superior y ordenó a la gente que se atrincherara en la loma de una duna. Informó por radio al comandante de Quarglia sobre el incidente y pidió ayuda.

    La explosión de la gran mina, que probablemente había sido fabricada por ellos mismos, había provocado un enorme cráter en el suelo blando de arena. Tiefenbacher hizo que arrastraran a un lado el vehículo destruido con la ayuda del otro e inspeccionó el agujero. Al hacerlo, descubrió un objeto de metal pesado y muy herrumbrado; una parte había sido arrancada del suelo por la explosión. Tiefenbacher lo desenterró completamente y lo revisó con curiosidad. Tenía aproximadamente cuarenta centímetros de largo y alguna vez parecía haber representado un tubo cuya pared había sido carcomida por la erosión de un lado. Como experto, de inmediato le quedó claro que este extraño tubo no había tenido nada que ver con la mina, y que había aparecido a la luz del día y por casualidad. Pero Tiefenbacher vio también a primera vista que debía tratarse del resto de un arma muy pesada capaz de destruir tanques. Consideró que era parte de lo que había quedado de la campaña alemana en África, sin embargo, le llamó la atención el estado tan desgastado en que se encontraba el metal. Con la humedad del aire extremamente baja del ergio, por experiencia sabía que las piezas de acero enterradas en la arena permanecían limpias, sin siquiera una huella de herrumbre.

    Por orden del comandante, todas las armas y partes de armas que habían sido encontradas en la zona del levantamiento debían entregarse al gobierno en Argelia, donde serían analizadas respecto a su origen; por un lado, porque los árabes mismos reparaban fusiles para usarlos contra los odiados nacionalistas; por otro porque querían estar informados sobre las fuentes turbias de las que los hijos rebeldes del desierto obtenían sus armas.

    Tiefenbacher interpretó esta orden como le convenía: se quedó con el extraño objeto encontrado para su colección privada, lo envolvió en una manta y lo colocó sobre el asiento del conductor. Después subió a la duna en la cual se había atrincherado su gente. En ese momento preciso estaban colocando en posición las armas automáticas. El último ardor del día desaparecía en el oeste, por encima de ellos brillaban las estrellas. Fue una noche fría, y los heridos eran los que sufrían más. De vez en cuando se oía un quejido o una maldición contenida.

    Tampoco los hombres que hacían guardia cerraban los ojos; cada cierto tiempo, una figura se arrodillaba poniéndose a cubierto para encender un cigarrillo.

    Tiefenbacher estaba sentado con los dedos congelados tras uno de los MGs. Había evaluado correctamente la situación. Poco antes del amanecer escuchó a cierta distancia el típico sonido de los pasos de camellos marchando. Giró el MG en la dirección de la que provenía el ruido y escuchó. Pocos segundos después, su oído, muy habituado, escuchó el chasquido de pies apurados por la arena.

    Con voz baja dio la orden de disparar un proyectil luminoso. En la misma décima de segundo en la que cayó con un seco flopp y estalló un brillo blanco tiza por encima de las dunas, Tiefenbacher abrió fuego. En la luz incierta, creyó ver caer algunas figuras, y aproximadamente a cien o ciento veinte metros de distancia, pudo distinguir ocho o diez camellos que se encabritaron asustados y tiraron de sus riendas (manchas oscuras aparecieron en sus píeles blanco tiza, después se apagó la luz).

    Mientras la otra automática seguía disparando, Tiefenbacher dirigió el cañón de su arma en dirección opuesta para enfrentarse a un ataque del otro lado. Pero no ocurrió nada.

    Los atacantes no habían disparado ni un tiro. ¿No habían tenido la oportunidad de hacerlo? Tiefenbacher escuchó conteniendo el aliento en la oscuridad, pero no oía nada más que el castañetear de los dientes de su gente, que pasaba frío bajo el cielo brillante de estrellas, y las quejas de los heridos cuando cambiaban su postura incómoda. Y en el límite de lo perceptible podía oírse un susurro muy bajo (el viento de la noche que frotaba contra la duna y transportaba paciente grano de arena sobre grano de arena de barlovento a sotavento en el gran reloj de arena del tiempo).

    La mañana no parecía querer empezar. Después, por fin, apareció un brillo claro en el horizonte este. Tiefenbacher parpadeó con esfuerzo mirando al amanecer. Poco a poco podían distinguirse contornos, sin embargo, sólo pudo reconocer los flancos de las dunas. Tanto los camellos como las figuras nocturnas habían desaparecido como si fueran fantasmas. Cogió una pistola automática, salió del refugio trepando y se acercó cuidadosamente al terreno que habían tomado bajo fuego. Se veían los cráteres y hendiduras de los tiros, sin embargo, no se veían muertos, no había sangre a la vista, sólo las huellas de hombres y camellos.

    —¡Merde! —dijo Tiefenbacher. Hizo que cuatro hombres se quedaran y siguió con el vehículo intacto las huellas de aproximadamente seis kilómetros de distancia, después las perdió en terreno rocoso. Tomó un ángulo hacia el sur y después de aproximadamente tres kilómetros se encontró con dos tiendas negras de campaña. Nómadas. En un refugio de arbustos con espinas, cerca de una docena de ovejas y cabras tiraban de las muy finas y escasas briznas de pasto que crecían entre las piedras.

    Tiefenbacher se detuvo, hizo que desmontaran y rodearan las carpas.

    —¡Todos fuera! ¡Rápido! —gritó, levantó la pistola automática y disparó al aire para dar más intensidad a su orden.

    Se produjo un griterío fuerte y aparecieron dos mujeres de edad y una más joven, así como cuatro niños.

    Típico, se dijo. Ningún hombre. Probablemente estaban entre la tropa que los había atacado. Bueno, que no se sorprendieran cuando volvieran a casa.

    Tiefenbacher hizo que juntaran a las mujeres y los niños y se acercó con cuidado a las carpas para revisarlas en busca de armas escondidas. La primera carpa estaba vacía, sólo había un par de utensilios de cocina y recipientes de arcilla en el suelo. Tiefenbacher los echó a un lado con una patada. Cuando entró a la segunda carpa, en semipenumbra, pudo percibir un movimiento por el rabillo del ojo. Por reflejo, disparó en esa dirección. Cuando un segundo más tarde sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, vio que tenía delante a un hombre de edad que estaba agachado sobre el suelo en la parte posterior de la carpa, y que aparentemente ya no podía caminar.

    El viejo levantó su brazo marrón y flaco y estiró la mano como si quisiera pedir algo mientras con la otra sostenía delante del pecho el albornoz blanco y sucio, que rápidamente se inundó de sangre. Al mismo tiempo le miraba asustado con sus ojos azules lavados y con sus labios finos y arrugados formaba palabras inaudibles. De repente le salió un montón de sangre clara y espumosa de la boca, le corrió por la barbilla, tiñó su escasa barba y le goteó sobre el pecho mientras continuaba hablando y mantenía la mano estirada en posición de pedido.

    —¡Llévenselo de aquí! ¡Vamos! —gritó Tiefenbacher, y sintió que temblaba.

    Dos de entre su gente arrastraron al moribundo al exterior.

    —¡Dije todos fuera! —gritó a las mujeres, que ante la horrible visión que ofrecía el viejo, rompieron en fuerte llanto y lamentos, por lo que los niños comenzaron a llorar.
    —¡Silencio, maldición! —gritó Tiefenbacher.

    Hizo cargar dos de las ovejas en el vehículo y matar a los demás animales, después rociaron las dos tiendas de campaña con combustible y les prendieron fuego.

    Ya habían conducido medio kilómetro, y sin embargo el llanto y los lamentos de las mujeres se seguían oyendo.

    —¿Se supone que son personas? —preguntó Tiefenbacher—. Viven en la mugre como gitanos y gimen como coyotes. —Quiso reírse, pero se le cerró la garganta, ya que tenía el rostro del viejo delante de los ojos, mirándole fijamente y sin dejar de hacer preguntas inaudibles—. ¡Mierda! —decía una y otra vez, como si así pudiera deshacerse del fantasma.

    Cuando volvieron a su posición provisoria al borde de la pista, desde Quarglia habían llegado diez hombres de refuerzo con tres vehículos, entre ellos una ambulancia en la que ya se estaban ocupando de los heridos. Los cuerpos del conductor y del soldado caído yacían sobre el borde en ataúdes chatos de madera de pino sin decoración alguna.

    —¿Encontraron algo? —preguntó el comandante.
    —Nada —dijo Tiefenbacher lacónico.
    —Qué porquería —dijo el comandante, pero sonaba más bien indiferente.
    —Así es —respondió Tiefenbacher.

    Antes de sentarse tras el volante, comprobó si el arma antidiluviana que había encontrado en la arena aún se encontraba debajo de su asiento.

    Aún estaba. Nadie la había notado. Sin embargo, las cosas cambiarían bien pronto.

    En marzo del año siguiente, la unidad de Tiefenbacher fue trasladada a Oran para mantener la tranquilidad y el orden en la ciudad. Después de meses en cuarteles llenos de chinches en el desierto, Tiefenbacher disfrutó plenamente de la vida inesperada de la gran ciudad. Una noche (había comido bien, había bebido champaña, había ido con una prostituta entrada en carnes y le había dado con todo, después había tomado algo más para enfriarse, se sentía bien espiritual y físicamente, estaba satisfecho consigo mismo en su miseria y la del mundo) una emboscada le estaba esperando al dejar el burdel. El primer tiro le dio en el hombro, el segundo en el bajo vientre, y ése le tiró al suelo. Pero al caer sacó la pistola. Quiso colocarse sobre la barriga para poder enfocar mejor su objetivo, pero ya no pudo lograrlo. Acostado sobre la espalda, disparó sobre dos figuras que corrían atravesando la calle. Eran dos jóvenes árabes que, asustados por los disparos, abandonaron su escondite a la entrada de un portón e intentaron llegar al otro lado de la calle. Pero Tiefenbacher todavía disparaba demasiado bien. Después, un tercer tiro le arrastró benevolente hacia la oscuridad.

    Tiefenbacher yacía agonizante en un charco de sangre cada vez mayor, y cuando llegó la ambulancia ya estaba muerto, sin embargo, aún sostenía el arma tan firmemente que era muy difícil perderla.

    Cuando abrieron el baúl del caído en el cuartel descubrieron una colección de armas de botín que hubieran bastado para llevar al soldado ante un tribunal de guerra. Entre ellas estaba también esa pieza herrumbrada de un arma que había encontrado al sur de Cassi Touil. Tiefenbacher la había limpiado lo mejor que pudo con un cepillo de alambre de acero y la había librado de herrumbre suelta, después le había pasado aceite y la había envuelto en un trozo de manta de lana. Ahora tenía un aspecto negro mate y se parecía más bien a un pedazo de carbón.

    Presentaron el arsenal de Tiefenbacher a un especialista en armas de la prefectura, que identificó y ordenó las pistolas y armas automáticas. Lo último que estudió fue la pieza herrumbrada, a la cual al principio no había tenido muy en cuenta. Aparentemente se trataba de una parte de un arma, un lanzagranadas o algo parecido. Consultó algunos manuales; no parecía ser un arma alemana de la Segunda Guerra Mundial. Algo no le encajaba en un primer momento. Sin embargo, todos sus esfuerzos por lograr identificarla fueron en vano. Así, algunas semanas después envió la pieza a un departamento técnico especializado en armas del Ministerio de Defensa en París.

    Allí también quedaron desconcertados, sobre todo cuando pudo determinarse que se trataba de una aleación que además de vanadio y wólfram contenía cantidades muy grandes de titanio, un material caro con el que se tenía poca experiencia y que se utilizaba en aleaciones, especialmente debido a su resistencia a la corrosión.

    Después de mucho dudar, el ministerio decidió contratar a un especialista en armas estadounidense de la OTAN que en esa época residía en el Palais Chaillot. Éste se asombró cuando vio los resultados del análisis de materiales porque sabía que se habían realizado experimentos con aleaciones similares en relación a la técnica de cohetes. Pudo lograr que el fusil de Tiefenbacher volara atravesando el Atlántico. Llegó en setiembre de 1959 al departamento de desarrollo técnico de armas de la Marina en Oakland, California, donde desde la guerra en el Pacífico se elaboraban los materiales más modernos y se examinaban en cuanto a su utilidad militar.

    Allí, la pieza de metal poco vistoso despertó un gran asombro, ya que se parecía (más bien lo que restaba de ella) exactamente a la pieza de un arma de la Marina que justo entonces se encontraba en elaboración y de la cual sólo existían cuatro prototipos que estaban siendo probados: un lanzador portátil con el que se podían disparar granadas atómicas tácticas.

    Había llegado la hora del comandante Francis. Había servido en la flota del Pacífico y durante la guerra de Corea ya era considerado como uno de los mejores expertos en armas de origen ruso y chino. Se decía de él que podía reconocer desde qué arma habían disparado un proyectil en vuelo. Tenía un intelecto frío, aunado a esa especie de impertinencia, terquedad, saber quitar a alguien del medio e insensibilidad que en general se califica y distingue como capacidad de imponerse, y además siempre era optimista en lo que refería a su carrera (y a los proyectos en relación a ésta que perseguía con habilidad y astucia).

    Entre 1954 y 1958 estuvo ocupado investigando materiales con ocasión de las pruebas con bombas de hidrógeno realizadas por la Marina en el Atolón de Eniwetok y de Bikini. Durante estas pruebas, que se realizaban en barcos siniestrados cerca de los focos de explosión, varios materiales estuvieron expuestos a radiaciones extremas.

    La Marina hizo acudir al comandante Francis a Oakland y le pusieron al tanto del misterioso y aterrador asunto. También le ofrecieron un ascenso.


    * * *

    —¿No es posible tener dudas? —preguntó el comandante Francis mientras se rascaba el tabique de la nariz con la parte de latón de su lupa. Tenía el ceño tan fruncido que su pelo gris cortado a cepillo parecía que se levantaba hacia delante. Pasó las puntas de los dedos sobre la superficie muy herrumbrada, como si quisiera tantear la forma original del arma.
    —No hay duda, señor —dijo el ingeniero, y subió sus gafas de su rostro lleno pasando por la frente sudada, donde se sostuvieron sobre el abundante pelo gris que crecía floreciente entre las largas y brillantes entradas de su cabeza.

    Francis miró con desagrado los largos pelos blancos que sobresalían del escote de su interlocutor, miraba su túnica de laboratorio manchada que se tensaba sobre su voluminosa barriga y cuyos botones amenazaban con saltarse. Su mirada se detuvo sobre las manos rojas, increíblemente anchas, y los puños de las mangas demasiado cortas de las que salía una pelusa gris blanca como una puntilla. Un mono blanco, se dijo Francis, un animal majestuoso, con piel gris blanca y bien alimentado. Deberían existir disposiciones especiales de afeitado para tipos como éste. Veía delante una foto de su juventud: dos chicos campesinos que removían un cerdo recién carneado en un recipiente de madera lleno de agua hirviendo, antes de raspar con cuchillos las cerdas de la corteza de tocino.

    —Es una locura —resoplaba el ingeniero, y rompió en una risa fuerte que sacudió su poderosa barriga.
    —¿Y qué le lleva a esa conclusión, señor Manley? —averiguó Francis.
    —Hace cuatro años que estamos testeando los prototipos del lanzador. Aparecieron varios defectos que nos hacían pensar que era aconsejable utilizar otros materiales. Durante semanas hicimos cálculos respecto a qué aleación estaría a la altura de todas las exigencias, y encontramos una solución ideal. Y precisamente en ese momento... —Manley dejó caer su ancha garra recubierta de pelo gris sobre la tabla de la mesa-, es entonces justamente cuando nos ponen esta cosa sobre la mesa. Y consta exactamente de esta aleación que consideramos ideal, pero de la cual aún no se ha ordenado fabricar ni un gramo.
    —Aja. Resumamos pues: supuestamente se trata de...
    —¿Supuestamente? ¡Seguro, señor!
    —...de un arma de la Marina estadounidense que está siendo desarrollada actualmente aquí, y que en su opinión debe haber estado expuesta por lo menos durante diez mil años a la influencia del viento y del tiempo. Sin embargo no se ha construído ni un solo ejemplar en lo referente a este tipo y a la constitución del material. ¿Es así, señor Manley?
    —Absolutamente correcto. ¿Y no es una locura?
    —Sabe, señor Manley, Sherlock Holmes actuaba según una máxima que aplicó siempre con éxito. Dice así: «Si has excluido todo lo imposible, lo que queda, aun cuando sea imposible de probar, tiene que ser la verdad». En mi opinión esto es una máxima algo precipitada. No quiero ir tan lejos como para excluir algo por considerarlo imposible.

    Manley bajó su enorme cabeza y por un momento miró fijamente y algo desconcertado al oficial de la Marina.

    —Permítame una pregunta, señor —dijo entonces.
    —Por favor, pregunte, señor Manley.
    —¿Usted lee ciencia-ficción?
    —Usted lo dice casi como un reproche.
    —De ninguna manera, señor. Todo lo contrario.
    —A veces forma parte de mis obligaciones el ocuparme de asuntos que no están sobreentendidos.

    De repente, el ingeniero asintió y sonrió. El rostro del comandante Francis permaneció impasible.

    —Creo que eso es todo por ahora, señor Manley, ¿o tiene alguna otra pregunta?
    —No... no, señor —dijo el ingeniero. Cogió sus papeles y se apresuró a salir.

    Aproximadamente diez meses después, en otoño de 1960, en los Estados Unidos estrenaron la película The Time Machine, de George Pal, basada en una novela de H. G. Wells. El comandante Francis la había visto en Washington. Consiguió una foto y la colgó de la pared en su oficina en el Pentágono. Mostraba un cigarro doblado a ambos lados en el asiento de un modelo diminuto de una máquina del tiempo tras la cual giraba una placa de metal muy bien hecha que atraía mágicamente la mirada, como si lo importante fuera distraer de un truco de carterista.

    Los estadounidenses todavía se estaban recuperando del shock del Sputnik de 1957, cuando el 12 de abril a las 07:07 zona horaria de Europa Central, el comandante Gagarin circunvaló la tierra una vez a bordo del Wostok en 108 minutos y aterrizó sin problemas cerca del pueblo Smelowka, en el distrito de Saratov. La prensa occidental, aún programada con anuncios exitosos desde la época de la guerra fría, armó un escándalo; los militares en el Pentágono rechinaron los dientes. El Presidente John F. Kennedy se vio obligado a reunir a su alrededor una nación vencida en la competencia por el espacio mundial, y seis semanas después, el 25 de mayo de 1961, anunció: «Nuestra nación debería ponerse como objetivo llevar antes de fin de año a un ser humano a la luna y traerlo sano y salvo de vuelta».

    Los Estados Unidos apostaron a la luna.

    A mediados de noviembre de 1962, en Detroit se rea lizó un seminario en el que científicos y técnicos de las industrias de viajes aéreos y espaciales, así como especialistas de la Armada, Fuerzas Aéreas y de la Marina discutieron e intercambiaron experiencias sobre el comportamiento de materiales bajo cargas extremas. También el comandante Francis había acudido. Fue el encargado de pronunciar un discurso sobre los resultados que había obtenido la Marina durante las explosiones de bombas de hidrógeno en el Pacífico. Su tema se denominaba lapidariamente: «Comportamiento de superficies bajo la influencia de radiaciones extremas».

    El ambiente en el seminario era más que contenido. Dieciocho meses después de la exigencia programática de Kennedy, los Estados Unidos no tenían ni un éxito para presentar, es más, sólo podía hablarse de un revés tras otro. El Ranger 2 ni siquiera alcanzó en noviembre de 1961 una órbita en dirección a la luna; el Ranger 3 voló 36.000 kilómetros a finales del mes de enero pasando al lado de la luna; a finales de abril, el Ranger 4 por fin llegó a la luna y explotó, de acuerdo al programa, sobre su superficie, sin embargo, las cámaras fracasaron; y el Ranger 5 nuevamente no embocó su objetivo, aun cuando fue sólo por 720 kilómetros. La gente de la NASA parecía impresionada, los militares no ocultaron su insatisfacción y hubo algunas expresiones desagradables. Los representantes de la industria hicieron referencia a que los programas se realizaron demasiado atropelladamente, sin embargo se mostraron optimistas, con respecto a las posibilidades de éxitos futuros.

    Después de las digresiones especiales durante el día, por la noche las discusiones se centraban en temas más generales, lo cual era de agradecer. Se hablaba una y otra vez respecto a la «superación del espacio».

    —Dígame —preguntó Francis, estirando las palabras y como por casualidad, al físico que estaba sentado a su lado y a quien la tarjeta que colgaba de su cuello identificaba como un tal doctor Thomas Winter de la NASA-, ¿le parece posible que algún día también podamos superar el tiempo?

    Por un instante, el doctor Winter le miró despectivamente por encima de sus gafas sin montura, después miró también hacia la tarjeta de Francis y dijo con un tono de superioridad en la voz:

    —Sabe, comandante, la historia de las ciencias tiende a tratar cruelmente a todo aquel que utiliza la palabra «imposible» sin pensarlo demasiado. A mí, los viajes a través del tiempo me parecen teórica y prácticamente... improbables.
    —O sea que, si le he entendido bien, doctor, no es imposible, pero sí improbable.
    —Pues, incluso iría más allá. —Winter afinó los labios y sorbió de la pajita de plástico azul de su botella de Coca Cola. Después se quitó las gafas con un gesto significativo—. Simplemente lo considero impensable.

    Francis asintió.

    —Vea... —Winter volvió a colocarse las gafas sobre su nariz mientras miraba a su interlocutor con creciente interés—. Si usted le permite la entrada a esta posibilidad, entonces abrirá la puerta para las paradojas. A cada paso lógico entrará en contradicciones imposibles de negar. Los viajes en el tiempo eliminarían la lógica. La mera suposición de esta posibilidad sería ilógica.
    —Esto significa, entonces, que considera los viajes en el tiempo improbables, impensables e ilógicos. Sin embargo, no le parecen imposibles.

    El doctor Winter miró pensativo a Francis, después asintió en silencio.

    —Disculpe la pregunta, doctor —continuó Francis—. Pero ¿eso no lo hace por respeto exagerado ante un juicio futuro por parte de la historia de la ciencia?

    Winter sonrió. Ese hombre de la Marina, a quien en un primer momento había considerado un tonto algo creído, empezaba a gustarle.

    —Verá, comandante —dijo altanero—. En la constitución de las teorías de las ciencias naturales, las probabilidades y cosas poco imaginables en realidad no dicen nada. Son una expresión de experiencias empíricas y hábitos del pensamiento. Y en lo que refiere a la lógica, como mucho reflejan las leyes que regulan la capacidad de conocimiento del ser humano, no las del universo.
    —Entiendo.
    —Son precisamente estas imposibilidades, por así decirlo, las reglas de juego prohibidas, las que abren el espacio al espíritu humano para fascinantes juegos del pensamiento.

    Francis asintió muy pensativo. Decidió ordenar que después de su retorno a Washington parte de un equipo revisara inmediatamente toda la literatura buscando huellas de tales juegos fascinantes de pensamientos. Ya casi no prestaba atención cuando el hombre de la NASA levantó el dedo como un maestro y dijo:

    —Y los descubrimientos más importantes de la filosofía natural, ¿qué otra cosa fueron al principio sino juegos de pensamiento fascinantes?



    SEGUNDA PARTE:
    El Proyecto Cronotrón
    5


    Una tormenta cayó sobre Huntsville, Alabama. Los rayos temblaban, los truenos hicieron sonar los cristales empapados de agua. Fuera estaba oscuro, como si hubiera caído la noche, sin embargo, el reloj digital por encima de la puerta mostraba con señales luminosas la secuencia de cifras 14:47.

    En la sala de reuniones del «Círculo más estrecho» brillaban tubos de neón, pero ésos también estaban encendidos cuando fuera brillaba el sol. El débil hálito del aire acondicionado, con su permanente susurro leve, abstraía del calor agobiante del mediodía, así como el alivio del chubasco refrescante, que conformaba un ambiente glacial cuidadosamente humedecido que se asentaba en las mucosas y en los cerebros.

    El almirante William W. Francis levantó enérgicamente su destacada barbilla, como si con este gesto quisiera hacer a un lado como un bulldozer los argumentos de los científicos y poner simbólicamente un punto final a la discusión. Entonces dijo:

    —Señores, no entiendo... —Un rayo muy claro iluminó los rostros de los presentes, y el trueno que le siguió de inmediato hizo temblar los cristales. El almirante bajó la cabeza y esperó algunos segundos hasta que el ruido pasó, después continuó:—No entiendo sus objeciones. Tarde o temprano también otros científicos descubrirán que existe una dependencia entre gravitación y dimensión del tiempo. Lo más cercano es la suposición de que existen interdependencias entre el espacio de cuatro dimensiones en el que aparecen los efectos de la gravitación de las masas y la dimensión del tiempo. Bien, podemos evitar que otros se ocupen del tema demasiado en profundidad, pero ¿por qué no aprovechar la ventaja que tenemos? Señores, aquí se trata de la supervivencia de nuestra nación. ¡Qué digo, de la supervivencia de la civilización occidental! Estamos aquí y ahora, y deberíamos aprovechar esta oportunidad que se nos ofrece. Tenemos los medios para sentar las bases del bienestar de la civilización occidental, o sea que haremos exactamente eso antes de que los demás tengan los dedos sobre la palanca. ¡Éste es el único argumento que cuenta, señores!

    El profesor Samuel Fleissiger (un hombre alto que causaba una impresión algo torpe, de casi cuarenta años, pelo oscuro rizado, con un inicio de calva en la frente, un suéter no muy blanco ya, una chaqueta de pana marrón desgastada con bolsillos deformados y un pantalón de gabardina marrón claro, también algo deformado) levantó la mirada de los papeles que tenía delante, sobre la mesa, y observó al almirante con sus ojos gris claro por encima de sus gafas de montura de níquel, como si tuviera delante un candidato a examen con dificultades de comprensión.

    —De ahí mi objeción, Almirante Francis —dijo, subrayando su sorpresa y con un dejo de burla irónica en su voz—. Porque se trata de la continuidad de la civilización occidental y porque se trata del bienestar del mundo occidental es necesario sobre todo planificar cuidadosamente los proyectos referidos a este tema. Es un error apresurarse demasiado, ya que cualquier «adelanto», tal como usted lo llama, es ilusorio. Estaría persiguiendo un fantasma, y le iría como al conejo que hace carreras con la tortuga y apuesta contra ella. Da lo mismo cuan rápido corran, cuando llegue a la meta, la tortuga ya estará allí.
    —Entonces tendremos que ser la tortuga —dijo el almirante, que no entendió la alusión. Se reclinó y echó una mirada exigente a ambos directores técnicos de la NASA.

    Herbert H. Hollister presentó solícito una sonrisa despectiva y giró la cabeza en dirección de Fleissiger, mientas que Walther W. Berger miraba fijamente sus documentos con una expresión afligida; a él sólo le interesaban los aspectos técnicos del proyecto, los hechos; las divagaciones teóricas de los académicos las consideraba una mera pérdida de tiempo.

    —Como si eso fuera tan fácil —contravino Fleissiger mientras unía las puntas de sus dedos, largos y finos, casi feos, en un gesto resignado—. ¿O qué opinas, Nobuyuki?

    El profesor Nobuyuki Kafu, un hombre pequeño y gordito de origen japonés, con cráneo redondo, pelo negro brillante e hirsuto, aquí y allá entreverado con blanco, tenía aproximadamente la misma edad que Samuel Fleissiger. Llevaba una camisa blanca como la nieve y un elegante traje azul oscuro a rayas que atenuaba un poco su robustez de piernas cortas. Sin embargo, más que un profesor de física en una reunión de trabajo, daba la impresión de ser un campeón de boxeo de peso mediano que había sido invitado a un banquete y que con este fin se había forzado a usar un traje poco habitual. Había trabajado en el Caltech junto a Fleissiger en un proyecto para la investigación de los campos de fuerza de gravedad y de las ondas de gravitación. Al hacer los cálculos de los modelos de relaciones extremas de la fuerza de gravedad, tal como aparecen en los pulsares y agujeros negros, habían encontrado dependencias entre este tipo de campos, así como extraños fenómenos cronométricos en la frecuencia de los pulsares, que permitieron llegar a una conclusión singular: en los campos de gravedad extremadamente fuertes es posible que desaparezcan partículas de masa en dirección al pasado.

    Partiendo de los resultados habían elaborado conjuntamente las bases teóricas del cronotrón, un aparato hipotético con cuya ayuda se podrían fabricar artificialmente campos de gravedad con gran gasto de energía. Estas investigaciones databan de ocho años atrás.

    El profesor Kafu, quien a pesar del frío casi desagradable de la habitación tenía gotas de sudor sobre la amplia nariz y el labio superior, pestañeó como si le hubieran sacado de un sueño bien merecido. Miró primero a su amigo y colega de hace años y después a los demás, uno tras otro, antes de decir con su voz algo nasal:

    —Creo que primero deberíamos hablar sobre los problemas de lo técnicamente factible y dejar las consideraciones teóricas para más adelante, para que los señores de la NASA no se pongan impacientes.

    Berger le lanzó una mirada agradecida.

    —Yo no pienso lo mismo en absoluto —opinó Fleissiger—. Todos los aquí presentes deberían tener bien claro las consecuencias del proyecto antes de forzar el examen técnico y de que se inyecten más miles de millones en el proyecto del cronotrón.
    —Permita que yo me preocupe de eso —le interrumpió el almirante Francis.
    —Aja, sé que los militares son cualquier cosa menos tacaños si se trata de subir un poco los gastos para armamento, con tal de tener una base aún más amplia para justificarlo; pero también es mi dinero, de los impuestos que yo pago, almirante, lo que se malgasta —dijo Fleissiger acalorado.
    —¿Usted insiste en este punto, aunque en realidad no forma parte del orden del día, profesor? —preguntó paciente el almirante. Hollister se rió bajo, Fleissiger le lanzó una mirada venenosa y se concentró aún más en sus papeles, sin dignarse a responder al almirante.
    —El hecho es que —continuó Francis—hace años que recortamos otros proyectos para hacer fluir dinero al cronotrón. Con el pretexto de la NASA, estamos iniciando una cosa muy importante, mantenemos los viajes espaciales tripulados con grandes ahorros y dejamos el proyecto de Marte en el cajón, aunque con cada ventana de lanzamiento que se abre, los soviéticos nos podrían sacar del escenario. Y ellos están a favor de que dejemos el proyecto para más adelante y perdamos el tiempo.
    —Tal vez los soviéticos tengan los mismos problemas que nosotros y estén pensando en algo que vaya también en esa dirección —se animó a intervenir Berger.

    El almirante perdió visiblemente el habla por un momento, después sacudió decidido la cabeza.

    —No hay ni el más mínimo indicio de que alguien esté investigando en este ámbito concreto.
    —¿Quiere decir con eso que usted puede vigilar y manejar la totalidad de las investigaciones? —quiso saber Fleissiger.

    El almirante se reclinó hacia atrás, sonriendo complaciente. Su bigote blanco y fino formaba una línea horizontal perfecta.

    —Profesor, usted debería saberlo. Hace más de quince años que sé exactamente quién se ocupa de los asuntos de este tipo y quién tiene acceso al material que podría conducir a la solución a la que llegaron usted y el profesor Kafu.
    —¿También en el este?
    —También en el este. Al menos en gran parte.
    —Pero no puede evitar que la gente siempre vuelva a ocuparse de este tipo de problemas.
    —¿Y por qué no, profesor? —El almirante sonrió triunfante, y cuando notó la expresión asustada de Fleissiger prosiguió rápidamente:—Tampoco es necesario temerse lo peor por eso. En realidad necesitamos gente nueva. O el mencionado es nuestro hombre, y Dios sabe que hacemos todo lo posible para facilitarle la decisión, o... —Francis castañeteó el dedo—no lo es. Tan fácil como eso.
    —Vaya —gruñó Kafu—. Lo que a mí me llama la atención es el comportamiento de los rusos. Ellos no construyen su gran estación espacial, no van a Marte, pero de repente están otra vez muy interesados en retomar las conversaciones SALT. Me pregunto: ¿Qué diablos hacen con su dinero?
    —Lo necesitan para comprar nuestro trigo año tras año —intervino Hollister.
    —Así es —asintió Francis aliviado—. Tienen una cosecha mala tras otra. Pero si hubiera algo cierto tras las suposiciones, en contra de lo esperado, deberíamos darnos prisa. Por eso no entiendo sus dudas, señores. «El que llega primero se lo lleva».

    Fleissiger echó una mirada impotente al japonés y apenas sacudió la cabeza, antes de decir:

    —Lamentablemente, este viejo dicho no vale en nuestro caso. Más bien se podría decir: Si el primero hizo su jugada, el segundo ya sabe a qué atenerse.
    —Jamás nos dejaremos llevar a la defensiva ni que nos digan qué debemos hacer.
    —Sin embargo, así será finalmente. Esto no es como en el juego del parchís, donde puedes salir corriendo si tienes la primera tirada y vía libre. Es más bien como en el ajedrez, con jugadores en igualdad de condiciones: hay que reaccionar a la jugada del contrincante. Sólo que en su proyecto, almirante Francis, a diferencia del ajedrez, ya la primera jugada puede ser fatal.
    —¿Cómo debo entender esto? —preguntó el almirante impaciente. Un trueno ruidoso reforzó su pregunta; la lluvia golpeaba contra las ventanas. Fleissiger se encendió un cigarrillo antes de responder.
    —Verá, señor, la cuestión es: supongamos que en el siglo XVI usted dirige una empresa tipo comando que debe ir desde Alaska hasta Kamtschatka y asegurar para los Estados Unidos una gran parte del este de Siberia, tan rico en riquezas del subsuelo, antes de que los oficiales del Zar aparezcan allí y tomen posesión de ella.
    —La historia mundial tomaría un curso muy diferente. ¿Y cómo quedarían parados estratégicamente los soviets en relación a la actualidad? —dijo triunfante el almirante—. ¡Eso es, profesor! ¡Es exactamente eso!
    —Pero permítame, señor, eso es una tontería total —dijo Berger impaciente—. En el siglo XVI había unos cuantos colonos ingleses, franceses y holandeses en la costa este que casi se mueren de hambre y apenas podían defenderse de los pieles rojas. ¿Cómo quiere hacer valer derechos de propiedad en Siberia en nombre de los Estados Unidos que sólo existirán doscientos años después? ¡Son quimeras!
    —Un momento, Berger. Derechos territoriales de propiedad los puede hacer valer cualquiera, si los puede defender —contrapuso Fleissiger—. Y si unos futuros Estados Unidos hubieran tenido la capacidad ya en el siglo XVI...
    —Así me gusta mucho más, profesor —dijo Francis conciliador.

    El japonés examinó curioso al almirante bajo sus pesados y arrugados párpados, después se dejó caer en el sillón resoplando con desprecio. Su rostro no dejaba entrever si hablaba sarcásticamente, cuando dijo:

    —El asunto tiene sólo un inconveniente, y es que la gente que representa los intereses de los demás puede tomarse prácticamente 500 años y después enviar con toda tranquilidad una compañía de infantería al pasado, de tal manera que el día que su gente se dispone a aterrizar, estén allí para darles una gran bienvenida. Y la bienvenida sería tan buena como una compañía de Leathernecks de los Marines podría prepararla a un grupito de cruzados, es decir, les llevarían 500 años de adelanto en desarrollo técnico de armas. Su tropa de ataque, almirante Francis, sería un grupo perdido. ¿Ahora entiende lo que quiere decir Fleissiger?

    A Francis la sonrisa victoriosa se le enfrió en sus mejillas delgadas y lisamente afeitadas; Hollister bajó los ojos ofuscado; Berger tenía un aspecto más malhumorado que nunca.

    —Y hasta ahora ni siquiera tomamos en consideración el efecto Aloísio —repitió Fleissiger, y miró a Francis con mirada de desaprobación por encima de sus gafas—. Así llamado según Raphael Aloysius Lafferty, el descubridor de la fantástica máquina Ktistec.
    —Un autor de ciencia ficción de los años sesenta y setenta —agregó Kafu a modo de explicación cuando percibió la mirada irritada que el almirante echó a los dos científicos de la NASA—. Lafferty, se ocupó, entre otras cosas, del fenómeno de los viajes a través del tiempo y de las consecuencias de fracturas del tiempo.
    —¿A qué vienen esas tonterías? —se enfadó Berger—. Tengo la impresión de que nos quieren tomar el pelo, señores.
    —De ninguna manera, Berger —dijo Fleissiger—. No son tonterías. Con una argumentación totalmente lógica, Lafferty decía que se puede empezar con el pasado, sea lo que fuera que se desea: los que viven en el presente envían a alguien o algo al pasado para que allí se haga algún cambio, jamás podrán determinar si este cambio se realizó o no, porque en el momento del cambio, la alternativa que se produce a través de éste se convierte en realidad histórica. Esto no quiere decir otra cosa que lo que sabe cualquier contemporáneo, que las cosas han sido siempre así y no de otra manera. Si usted envía de vuelta a alguien al año 1755 para que mate a George Washington antes de que el Congreso Continental le nombrara comandante máximo de las Fuerzas Armadas, entonces figurará en todos los libros de historia que George Washington, posiblemente un general fantástico, que posiblemente hubiera podido hacer algo en contra de los británicos, fue asesinado en 1755. ¡Así es! Y ustedes, señores, tampoco conocerían otra cosa, porque lo hubieran aprendido así en la escuela y no de otra forma.
    —¿Estamos hablando sobre la loca idea de un autor de ciencia ficción o sobre el proyecto Cronotrón? —resopló irritado el almirante.
    —Sobre el proyecto Cronotrón, señor —respondió Fleissiger inmutable.

    Hollister rió bajo y sacudió la cabeza.

    —Verá, almirante Francis —continuó Fleissiger—. Usted quiere obtener ventajas para su nación con la ayuda del cronotrón. Lo único complicado en esto, sin embargo, es que nadie se lo agradecerá. Ningún coetáneo, incluyéndolo a usted, notará alguna vez que algo ha cambiado para bien. Y si usted realmente tuviera éxito y pudiera contribuir a mejorar la situación de los Estados Unidos y de sus aliados desde el punto de vista estratégico, económico, político, etcétera, entonces todos dirán simplemente: Aja, qué bien nos va. ¿Pero qué diablos querrá este Francis? Meter miles de millones de dólares en este proyecto tan caro que no sirve para nada, que no puede presentar un sólo éxito. ¿Y para qué tira todo ese dinero por la ventana? ¿Para que nos vaya aún mejor?.

    »En realidad es una lástima que nos vaya tan bien y a los demás tan mal. ¿No se ayudaría más con el dinero a los pobres Muschiks que se quejan bajo la dominación del Zar, o a los millones de chinos que viven como esclavos y de los cuales cada año mueren cientos de miles por hambrunas, mientras que a los que detentan el poder en San Petersburgo y Pekín les va bien? Eso si es que logran hacer una zancadilla a Lenin y Mao, lo cual sería parte de los intereses más vitales del mundo occidental, por como conozco a nuestros cazadores de brujas.

    —Se equivoca —saltó Hollister—. Se trata de algo diferente.
    —¿Ah sí? ¿O sea que ya existen planes concretos? —preguntó Fleissiger sorprendido.

    El almirante apretó fuerte los labios y echó una mirada tenebrosa al ingeniero, después se dirigió al profesor y dijo:

    —Tampoco puede seguir así, de lo contrario a la corta o a la larga limpiaremos los zapatos a los Jeques del petróleo, o los comunistas toman todo el país porque caemos en una crisis económica. Aquí, los antienergía atómica y los ecologistas protestan en contra de cada torre y de cada plataforma de perforación en la costa, y allí enfrente se ríen y se ponen cuartos de baño de oro en el desierto. ¡Eso no lo permitiremos, de ninguna manera!

    Hollister asintió. Fleissiger miraba irritado a uno y otro. Nunca antes habían visto a este frío Francis actuar de forma tan temperamental. ¿Habría tocado una vieja herida del almirante, o era simple entusiasmo por el asunto?

    —De ahí sopla el viento entonces —dijo inseguro.
    —Lo que estamos dispuestos a iniciar aquí, señores —intervino Kafu—es un tornillo sinfín, y los costos para una empresa de ese tipo superarán todo lo imaginable.
    —¿Y? —objetó Francis enfadado—. La nación hará el sacrificio si su seguridad y bienestar están en juego.
    —Y los réditos serán considerables —opinó Hollister, pero nadie tomó en serio su objeción.
    —Pues eso no significa otra cosa —resopló Kafu—que prolongar cada conflicto al pasado, y reducir cada decisión a una provisoria. Cualquier victoria correría peligro de ser convertida a posteriori en una derrota. Esto es una ecuación, casi un «juego», con infinita cantidad de variables. Ninguna nación soporta eso, y menos en lo económico. Probablemente nuestra civilización, tal vez todo el mundo tal como lo conocemos, esté en franco deterioro.
    —Ya hace mucho tiempo que estamos ante un peligro así en otro ámbito —denegó Francis—. También sabremos cómo afrontarlo, profesor, aunque tengamos que instalar bases militares a lo largo de la línea del tiempo hasta entrado el Precambrico.
    —¿Cada cien, cada mil o cada diez mil años una base? —opinó sarcástico Fleissiger—. Sólo pregunto porque para eso va a necesitar una cantidad ingente de personal.
    —Me gustaría ver quién aguanta más —gruñó el almirante.

    Kafu sacudió la cabeza.

    —Eso no le sirve de nada. Es suficiente con que los demás lleguen sólo un día antes que usted.
    —Entonces el conejo vio que la tortuga ya había llegado —citó Fleissiger.
    —Entonces estaremos otro día antes —dijo Francis molesto, y pegó con la mano plana sobre el montón de papeles que se encontraban sobre la mesa—. Y si para ello tenemos que enviar de vuelta una flota de portaaviones y submarinos nucleares al Algonquio y hacerlos navegar por el océano original...

    Fleissiger le miró afectado.

    —Por Dios —murmuró—. Usted sería capaz.
    —Gracias, profesor, lo tomo como un cumplido —dijo el almirante.
    —Tal vez sería mejor que nos dedicásemos a los detalles técnicos —propuso Hollister, y echó una mirada incómoda al almirante—. En realidad, ni siquiera estamos cerca de eso aún.
    —Pero tenemos pruebas irrefutables de que este proyecto tendrá éxito —chispeó Francis. El hombre de la NASA se estremeció y asintió cumpliendo con su deber—. Tenemos... —continuó el almirante, que contaba las piezas del botín con los dedos—el lanzacohetes de Argelia, este jeep de Gibraltar y las piezas de plástico que juntó el Papa.
    —Y las muestras de perforaciones del Glomar Challenger —se apresuró a agregar Hollister.
    —Y las muestras de perforaciones del Glomar Challenger —asintió el almirante.

    Fleissiger denegó por señas.

    —De todos modos no comprendo que saque la conclusión de que la empresa tendrá éxito —dijo—. Pero adelante.

    Berger vio que por fin había llegado su momento y quiso empezar, pero en ese momento se levantó el profesor Kafu, se sirvió agua en un vaso de plástico en el expendedor, y lo vació ruidosamente.

    Cuando había vuelto a sentarse, Fleissiger dijo:

    —Ahora le toca a usted, Berger.
    —Pues... —comenzó Berger, irritado porque el japonés giraba el vaso de plástico de un lado a otro entre sus fuertes dedos, hasta que hizo un ruido fuerte—. Lo mejor es que resuma nuevamente. Hasta ahora, contando la pequeña jaula 1, hemos realizado en total 38 intentos, todos con éxito. Con ella enviamos relojes nucleares en bolsas de plástico soldadas a través de períodos de tiempo entre 500 y 5000 años. Todos pudieron ser localizados cerca del Instituto y ser extraídas de poca profundidad. Con la jaula 2, más grande, en Arizona pudimos atravesar distancias entre 1000 y un millón de años. De catorce sondas de tiempo han podido recuperarse doce hasta ahora. Sin embargo, en el caso de la jaula más grande, la 3, que al igual que la 2 se encuentra en Arizona y que pusimos en funcionamiento hace seis meses, aparecen anchos de dispersión inhabitualmente altos.
    —¿Alcance? —resopló Kafu, y aplastó inconmovible su vaso. Hollister miraba la forma de plástico como si pudiera derretirla con su mirada para que el japonés la dejara tranquila de una vez, pero el profesor continuó con su ruidosa obra de destrucción.
    —El mayor hasta ahora —dijo Berger-, 60 millones de años. Dos sondas, y aunque exactamente iguales en construcción, forma y masa, y con exactamente la misma potencia de campo de la anomalía gravitacional al despegar, estaban distanciadas exactamente siete millones de años.
    —11,6666 por ciento —murmuró Kafu—. ¿Qué entiende usted por «exactamente la misma intensidad de campo»?
    —Referido a un millonésimo de la energía total.
    —¿Y eso asciende a cuánto?

    Berger dudó un momento y lanzó una mirada interrogativa al almirante. Como éste no reaccionaba, dijo:

    —Apenas 900.000 megavatio/hora.

    El japonés asintió sonriendo. Fleissiger silbó entre los dientes.

    —Qué bonita factura de electricidad.
    —Sólo pudimos recuperar ambas sondas después de una búsqueda de semanas —siguió informando el ingeniero—. Para ello tuvimos que considerar todos los factores orogenéticos y calcular un simulacro del movimiento de los continentes. No es igual en todas las épocas, y se lentifica por el congestionamiento del plegamiento de las montañas en el ámbito de prueba. Una sonda la desenterramos a 158 metros de distancia, la otra se había desplazado 182 millas, ambas estaban a aproximadamente 80 metros de profundidad.
    —Impresionante —exclamó Kafu.
    —Sí, impresionante —confirmó el almirante Francis, y estiró su barbilla desafiante en dirección de Fleissiger.
    —Dígame, Berger —dijo Fleissiger estirando las palabras—. ¿Alguna vez ha intentado desenterrar alguno de sus huevos-relojes nucleares antes de haberlos metido en la jaula y desengancharlos?

    Berger frunció la cara como si hubiera mordido un grano de mostaza sin saberlo.

    —Pues... no sé... —opinó incómodo, y se dirigió buscando ayuda a Hollister, que miraba fijo a Fleissiger sin comprender.

    El profesor alzó el dedo índice, miró a Berger por encima del borde de sus gafas de forma reprobatoria y dijo significativamente:

    —Aloísio.
    —Ése es de hecho un aspecto interesante —intervino Francis—. De hecho deberíamos... intentarlo alguna vez. Tal vez...
    —... el huevo esté antes de que la gallina lo haya puesto —asintió Fleissiger sonriendo.

    Berger lanzó una mirada al almirante, después dijo, levantando los hombros de mal humor:

    —Si le parece... —Hojeó sus papeles hasta volver a encontrar el hilo y prosiguió:—Nuestro objetivo más importante es bajar drásticamente el ancho de dispersión en el ámbito entre cinco y seis millones de años por debajo de los cien años obtenidos hasta ahora, en lo posible hasta cinco o como máximo diez años.
    —Y confío en que será posible —intervino el almirante, inclinándose hacia delante y golpeando significativamente con la parte trasera de su lápiz, como si así pudiera dar más peso a sus palabras.
    —¿Por qué precisamente entre cinco y seis millones de años? —preguntó Fleissiger sorprendido—. ¿Eso significa que se persiguen objetivos concretos con este proyecto?
    —Por supuesto, señores. De hecho, con su ayuda ya hemos podido iniciar una fase del proyecto, que... eh... tiene muchas expectativas de éxito —explicó el almirante sonriendo—. La jaula 4 ya está en construcción, y su campo, Kafu, será lo suficientemente potente para trasladar al pasado a personas y material al período de tiempo mencionado.
    —¿Ha dicho personas? —preguntó Fleissiger estupefacto—. Usted sabe muy bien que para esta gente no habría vuelta al presente. Nos encontramos en la etapa de prueba de una teoría cuyas consecuencias aún son imprevisibles, ¿y en esa etapa quiere poner en juego vidas humanas? Espero no haber oído bien.
    —Bueno profesor, ve las cosas con demasiado pesimismo. Verá, profesor... —dijo Francis, e intentó poner un tono conciliador-, por lo general no acostumbro llamar la atención de la gente respecto a contradicciones en su...
    —¿Me permite, señor? —interrumpió Fleissiger enfadado.
    —... respecto a contradicciones en su argumentación. Usted mismo dijo, Profesor Fleissiger, no necesitamos apresurarnos demasiado. Incluso si aún no disponemos de la posibilidad de traer algo del pasado al futuro, en diez, en veinte, a más tardar en cincuenta años seremos capaces de hacerlo. Y entonces la gente volverá de todas partes, sea donde sea que se encuentre en el pasado.
    —¿Entiende completamente lo que está diciendo, almirante Francis?
    —¡Pero claro, profesor! Para el intelecto humano nada es insuperable, ustedes mismos, señores, lo han probado convincentemente. Hace diez años, cualquiera hubiera dicho sin más que viajar en el tiempo era una quimera. Y si ahora y hoy yo le permitiera publicar sus resultados, cosecharían burlas y risas. Y la prueba de su teoría sólo la podría demostrar si encontrara un loco que le pagara la cuenta de consumo de electricidad.
    —A ése ya lo encontramos —intervino Fleissiger.
    —Si se cuenta con las cabezas y el capital necesarios, cualquier problema, cualquiera, es solucionable.
    —Que Dios le oiga —dijo Fleissiger seco.
    —Pues yo estoy muy, muy seguro de esto, profesor —aseguró Francis.
    —Señor Francis —dijo Fleissiger muy serio. El almirante frunció el ceño. No estaba acostumbrado a ser llamado «Señor», y no podía soportarlo—. Usted me recuerda a un hombre optimista que está sentado en un restaurante sumamente caro, sin un centavo en el bolsillo, pidiendo una ración de ostras tras otra porque cree firmemente que alguna vez tiene que encontrar una perla en una de ellas con la que poder pagar todo. Este hombre también está muy, muy seguro, ¿no es así? ¿Comprende de verdad que encara este asunto con un alto coste para el futuro? ¿Qué adelanto pide?

    Fleissiger había subido el tono de voz cada vez más, y prácticamente le había gritado las preguntas a la cara del almirante. Al terminar, surgió una pausa molesta. Finalmente, Francis carraspeó y dijo:

    —Parece ser que no me perdonará jamás, señor Fleissiger, el que yo le... le haya desaconsejado publicar los resultados de sus investigaciones.
    —¡Puf! —resopló Fleissiger.
    —Usted y el profesor Kafu seguramente hubieran recibido el premio Nobel por su descubrimiento.
    —Señor, nos indemnizaron generosamente, si se refiere a eso —dijo Fleissiger sarcásticamente al tiempo que se inclinaba—. Podría jubilarme de inmediato y escribir mis memorias, sólo que no obtendría permiso para publicarlas. Tengo ante mí la última etapa segura de mi vida, bajo la protección de la CIA, se entiende.
    —Usted comprenderá, espero, que corremos un riesgo de seguridad...
    —Por supuesto que lo entiendo, almirante.
    —Supongo que las pruebas con «Jaula 4» no deben realizarse en territorio de los Estados Unidos, sino en el océano —dijo Kafu para volver a conducir la conversación hacia vías objetivas.
    —¿Por qué lo supone? —preguntó Francis desconfiado.
    —Bueno —dijo el japonés con una sonrisa inescrutable-, donde quiera que miro veo a la Marina vinculada al proyecto. ¿Qué otra cosa puede significar?

    Francis le miró durante algunos segundos frunciendo el ceño, después su rostro se iluminó.

    —Tiene razón, profesor. Habrá algunas jaulas del tipo 4 y encontrarán aplicación en diferentes ubicaciones de aguas internacionales.
    —¿Y cómo soluciona el problema de la energía?
    —Este mismo mes se harán a la mar dos barcos con reactores disfrazados de barcos de aprovisionamiento. Ocho más se están preparando y estarán listos para mediados o finales del año que viene. Cada uno de ellos llevará una jaula del tipo 4.
    —¿Y la zona de utilización? —preguntó Kafu.
    —Se enterarán a tiempo, señores —dijo el almirante altanero—. No podemos ni queremos prescindir de su colaboración.
    —Pobres tipos —dijo Fleissiger en voz baja.
    —Son todos voluntarios, sin excepción —dijo el almirante—. Permita que el uso de seres humanos y material sea preocupación mía, profesor. Por lo demás, no entiendo sus reparos. No escatimaremos esfuerzos y costos para hacer regresar a nuestros chicos, donde y cuando sea que se encuentren en el pasado, después que hayan cumplido con su trabajo. Y ustedes nos ayudarán en eso, señores. Se lo pido. La Marina está estableciendo un gran emplazamiento dentro del marco del proyecto. Se hará en el agua, a cuarenta metros de profundidad, cerca de nuestra base en la parte noreste de las Bermudas. Está lo suficientemente alejado de tierra firme para que las anomalías más grandes de la gravitación no produzcan terremotos. El emplazamiento tendrá exclusivamente el objetivo de dar marcha atrás al efecto del generador Fleissiger para producir un campo Kafu negativo, de manera que podamos transportar masas del pasado al presente.
    —¿En realidad sabe qué es un campo Kafu? —preguntó Fleissiger perplejo.
    —Se supone que eso no es de mi competencia —dijo Francis asombrado, y miró a Hollister y a Berger buscando ayuda.
    —Un campo Kafu es una anomalía gravitacional artificialmente producida que expele de nuestro universo una masa que se encuentra en su centro y la mueve a través del tiempo, cuando se ha alcanzado la así llamada intensidad de campo máxima. Y el exceso de energía gravitacional producido por la anomalía se iguala en el continuo espacio-tiempo en dirección al pasado como una onda longitudinal. Y dependiendo de cuan grande sea este excedente en relación a la masa existente, tanto más será transportada hacia el pasado, y allí vuelve a entrar en el universo, donde la onda transportadora se extingue porque su exceso de energía ha sido consumido. Y lo decisivo en este proceso de equiparación es que transcurre en dirección contraria, y sólo en dirección contraria, a la dirección del flujo del tiempo. ¿Le queda claro?
    —Entonces dé la vuelta a este maldito efecto —gritó el almirante disgustado.
    —Sí, bueno... —dijo Kafu lentamente—. Eso sería como si colocara una olla con agua sobre un fuego caliente de la cocina e intentara convertir el agua en hielo.

    Fleissiger empujó su silla hacia atrás y se levantó de un salto. Se dirigió rápidamente hacia el expendedor de agua, se sirvió un vaso de plástico con los dedos temblando y lo vació ávidamente como si se estuviera muriendo de sed.

    Por un momento creyó que iba a vomitar.

    Fuera salió el sol de repente y las gotas de lluvia que estaban adheridas al cristal de la ventana dividían la luz en cientos de fragmentos brillantes.



    TERCERA PARTE:
    La empresa Hondonada Occidental
    6 - Voluntarios


    Steve Stanley no sabía por qué pero tuvo un mal presentimiento cuando el General Snydenham le llamó por teléfono a última hora de la tarde.

    —Tengo que hablarle, comandante. Venga enseguida a verme.
    —Sí, señor.

    Steve se puso la chaqueta del uniforme, se peinó y emprendió el camino hacia la barraca del Gran Jefe. El sol ya estaba muy bajo en el oeste, pero todavía seguía calentando sin tregua. En alguna parte de la salas de montaje, pintadas con pintura de camuflaje rechinaban los propulsores de un caza-bombardero en su etapa de prueba. Una racha de viento fuerte atravesó la pista gris, perdió rápidamente fuerza y la volvió a adquirir cuando volvió a encontrar nuevo alimento en el desmonte. El aire caliente y seco del desierto olía a queroseno quemado y goma fundida. Al otro lado de la pista había cinco helicópteros en fila que dejaban colgar tristes sus finas hojas de rotor, basculando al viento rígidamente como plumas abstractas y de acero.

    Steve golpeó la puerta de la barraca y entró.

    —Hola, comandante —dijo Snydenham, mostró sus prótesis amplias ya demasiado claras y señaló algo dominante el sillón de cuero verde desgastado delante de su escritorio. El general era un hombre muy alto y delgado de unos cincuenta y cinco años aproximadamente; de pelo abundante y blanco, y llamativamente largo para tratarse de un militar de su rango; un bigote pequeño y cuidado, también blanco, que en la cara fina y muy bronceada parecía pegado, y una boca inhabitualmente ancha. A juzgar por sus labios carnosos, casi abultados, era un sibarita, sin embargo, los surcos muy profundos que se extendían desde el flanco de su fuerte y muy saliente nariz hasta la comisura de los labios revelaban que las úlceras gástricas le arruinaron más de un placer opíparo.
    —Pero tome asiento, comandante Stanley —dijo sonriendo, y se quitó el grueso rizo de pelo de la frente.
    —Gracias —dijo Steve al tiempo que se dejaba caer en el enorme sillón. Se sentía minúsculo, cuando colocó sus antebrazos sobre el poderoso y grueso brazo del sillón. Las partículas de cuero verde medio sueltas que una vez habían formado la parte inferior de la superficie lisa se sentían blandas al tacto, como manchas de hollín.
    —Parece que vuelve a haber uso para ustedes los astronautas —dijo el general mientras movía un documento de forma significativa.

    «No lo hagas tan excitante», pensó Stanley, e intentó echar un vistazo al membrete, pero fue en vano. El chirrido de los propulsores se había moderado a través de las ventanas aislantes, pero como piloto, el sonido bajo le pareció más molesto que si se encontrara al aire libre. A lo lejos, más allá de la pista, un rebaño de ovejas pastaba pacíficamente. No se avistaba a ningún pastor.

    —O nos vemos la semana que viene nuevamente, o dentro de cinco años —anunció Snydenham—. Así dice por lo menos en la carta de la NASA.

    ¿Querría decir eso que estaban preparándose para una misión tripulada a Marte? Los rumores de que los soviéticos preparaban una expedición jamás se habían acallado, y eran promovidos conscientemente por la NASA. Pero el gobierno no se decidía a tomar una resolución; se dudaba, y los indecisos parecían tener razón, ya que se abría una ventana de lanzamiento tras otra y se volvían a cerrar sin que en Baikonur hubiera despegado una nave con la intención de dirigirse fuera de la órbita terrestre. ¿Sería que quienes dudaban se habían equivocado?

    Dos máquinas de práctica entraron oscilantes, se prepararon para aterrizar muy cerca la una de la otra, pasaron como una sombra delante de la ventana y despegaron de nuevo con motores gimientes. Por un momento, los helicópteros más allá de la pista parecieron derretirse por el rayo de los propulsores.

    —Eso es todo lo que puedo deducir de la invitación por escrito, comandante Stanley —dijo Snydenham—. También hay un billete de avión a Miami.
    —Gracias, señor —asintió Stanley, aunque en realidad no sabía bien por qué debía dar las gracias.
    —La NASA busca voluntarios, parece que para algo muy grande. Usted ya es el noveno piloto que es solicitado de mis unidades.
    —Aja —dijo Steve algo decepcionado.
    —Espero que nos veamos nuevamente la semana próxima, comandante.
    —Si usted lo quiere así, señor, entonces rechazaré la oferta —dijo Steve.

    El general le miró durante unos segundos y consiguió sonreír, al tiempo que fruncía el ceño desaprobando levemente.

    —No, no. Usted haga lo que se le pide, a no ser que tenga motivos de fuerza en contra. Aun cuando me cuesta mucho prestarlo, ya que es uno de los mejores con los que cuento, se ha cualificado como astronauta, y su formación ha costado un montón de dinero. Si se le necesita, debería ponerse a su disposición.

    Snydenham se puso de pie. Stanley se apresuró a levantarse del sillón y a hacer un saludo militar, pero el general no hizo lo mismo, sino que alargó amistosamente por encima del escritorio su mano derecha bien bronceada. Stanley la tomó y la sacudió calurosamente.

    —Que le vaya bien, Steve.
    —Lo intentaré, señor.

    Cuando hubo vuelto a su dormitorio, Steve tiró el billete y los papeles del viaje sobre el pequeñísimo escritorio recubierto de plástico y los miró fijamente. Puso la chaqueta del uniforme sobre la cama y se sentó bajo el reparador aire del ventilador que de madera pintado de blanco que colgaba del techo y mantenía el aire caliente en movimiento.

    Steve no había contado con volver a ser activado como astronauta. Tenía apenas cuarenta años, estaba muy entrenado físicamente, pero sus mejores años pertenecían al pasado, de eso se había dado cuenta hacía tiempo sin que le llenara de amargura. Sabe Dios que siempre había tenido suerte, aunque nunca había sido especialmente feliz. Había sido formado como piloto siendo muy joven, finalmente había sido trasladado a Guam cuando los argumentos desesperados de Johnson en contra de Vietnam del norte adquirieron tanta importancia que sólo podía cargar con la B-52, y justamente iba a ser cargada, cuando Tricky Old Henry {H.Kissinger} desenterró el cuerno maravilloso y sopló a Tricky Old Dicky {R.Nixon}, y sonó muy mal. Poco después tuvo lugar la gran retirada llena de remordimientos, y los chicos fueron enviados a casa diez años irrecuperables demasiado tarde, al menos aquellos que pudieron lograrlo.

    Steven B. Stanley (no le gustaba su segundo nombre, Benedikt) lo logró. Pilotó los prototipos B-1 de Rockwell, pero en la primavera de 1977 los Estados Unidos, bajo el mando del Presidente Cárter, iniciaron un aumento de la carrera armamentista después del fracaso de las negociaciones SALT II, apostaron al misil crucero sin tripulación y renunciaron a los caros B-1. Así que se enroló voluntariamente en la NASA, que precisamente en ese momento estaba buscando pilotos experimentados para la cuarta generación de astronautas. «Astronautas» era un eufemismo puro, la NASA formaba pilotos del Shuttle, que apenas metían la nariz 100 kilómetros fuera de la atmósfera terrestre, sin embargo, mantenían a la gente de buen humor con referencias constantes a una expedición a Marte, ya que los soviéticos también parecían estar preparando una misión tripulada al planeta rojo.

    Ya en 1977, los servicios secretos norteamericanos señalaban que el gobierno soviético estaba dando órdenes de gran alcance a la industria pesada y electrónica que no podían estar directamente en relación con el armamento y con el «Backfire» producido a gran escala. Desde ese momento, a intervalos regulares aumentaron los rumores en torno a una expedición soviética a Marte cuando se abría una ventana de despegue o volvía a cerrarse. Como ambos Viking Lander de los Estados Unidos no habían traído ningún dato claro sobre huellas de vida en Marte en el año 1976 (al contrario, presentaron muchas más incógnitas para los exobiólogos, químicos y geólogos de las que resolvieron), una serie de científicos de renombre solicitaron una expedición tripulada al planeta vecino. La NASA estuvo muy dispuesta a aceptar sus argumentos, y se encargó de darlos a conocer públicamente.

    Siempre había un par de directores de la NASA que a la menor indicación por parte de la industria tiraban de los hilos, y sus marionetas en Washington saltaban enseguida y volvían a presentar las viejas consignas: «El prestigio de los Estados Unidos», «el honor de la nación», o lo que fuese. Habían sacado del cajón los planes del fallecido von Braun, pero sólo se habían dedicado a realizar a medias los proyectos. No valía la pena ni mencionar las órdenes otorgadas a la industria: estudios de proyectos, soluciones alternativas, facturas. El Congreso escatimó medios. Nadie creía verdaderamente en la carrera al planeta rojo, pues ni siquiera se podía averiguar con seguridad si los rusos estaban haciendo sus preparativos en serio. Y el Congreso no era tacaño sin motivo; sin embargo, sólo pocos iniciados (los pertenecientes al «círculo más estrecho» sabían) que el dinero hacía mucho que fluía a otros canales que demostraron ser insaciables.

    En 1982 comenzaron los vuelos Shuttle regulares, y el Spacelab inició su trabajo. Cuando, poco después, cada vez se acercaba más la autorización de partida a Marte y los soviéticos no hacían ni el menor intento de dar luz a una misión tripulada, los Estados Unidos enfriaron de momento completamente sus planes de misiones tripuladas interplanetarias. La inactividad de los soviéticos en ese ámbito era inexplicable. Los militares encargados del proyecto Cronotrón evaluaron la situación como crecientemente preocupante, y urgieron a que se apresuraran. La construcción de los barcos-jaula se aceleró, el equipo científico se amplió.

    Claro que Steve B. Stanley no tenía ni idea respecto a esta evolución. Sólo percibía que el gobierno había perdido todo interés en los viajes espaciales y que continuamente retiraban personal técnico. Había ascendido a la órbita media docena de veces con científicos y su frágil equipaje para viaje, había hecho contacto con el Spacelab y había vuelto a la Tierra con otros científicos y su equipaje de viaje. En 1983 dejó la NASA; ese trabajo no le gustaba. Realizar largos tests y controlar todos los aparatos e instrumentos de medición para la preparación del despegue durante veinte horas, y después de apenas una hora de vuelo la primera parte de la misión había terminado. Durante dos horas el mismo procedimiento paralelamente a controles de la estación y de suelo, después nuevamente vuelta a la Tierra, soltar los recipientes de basura al volver a entrar a la atmósfera terrestre, aterrizaje.

    Después del tercer vuelo, Steve ya se sentía como un conductor de carrozas que debía dejarse aterrorizar por metalúrgicos, biólogos, geógrafos, meteorólogos y astrónomos nerviosos, la mayoría de los cuales estaban demasiado preocupados por ellos mismos y le echaban la culpa a él cuando algo no funcionaba perfectamente. Cuando durante el sexto vuelo volcó al mar de aire la letrina, probablemente llena, y ésta estalló como fuegos artificiales, ya hacía tiempo que había tomado una resolución. Volvió a las Fuerzas Aéreas como instructor de aviación, y no fue el único.

    Así había llegado aquí, a Nuevo México, hacía dos años.

    El billete de avión había sido extendido para el viernes. O sea que Steve tenía dos días más de tiempo para arreglar sus asuntos. Sus pocas pertenencias las guardó fácilmente en dos maletas de metal y en un saco de marinero. La tarde del día siguiente llamó a Lucy, con quien tenía una relación desde hacía medio año aproximadamente. Era una mujer inteligente de casi cuarenta años, con cabellos pelirrojos cobrizos y ojos verdes desafiantes que estaban un poco separados. Trabajaba como secretaria en la oficina de un abogado en Albuquerque.

    Después de haber buscado sus documentos militares con las órdenes e indicaciones, Steve hizo que le llevaran con un todoterreno desde la base aérea al centro de la ciudad, y desde ahí en un taxi hasta cerca de la oficina.

    Como la mayoría de los hombres de baja estatura, a Steve le gustaban las mujeres altas, y Lucy, con sus 1,79 m, cumplía perfectamente con su ideal. Ella le llamaba en broma Frankieboy, por su lejano parecido con Frank Sinatra en sus primeras películas, como El hombre con el brazo dorado, y decía que debía de tener sangre italiana en las venas. Sin embargo, Steve no podía imaginarse cómo un italiano hubiera podido acceder a la familia Stanley, bautistas muy creyentes, aunque a la vista todo hablaba a favor de esta teoría, eso había que reconocerlo.

    Apenas podía recordar a su madre, y la conocía prácticamente únicamente de los cuentos de su padre. Había muerto en un accidente cuando él tenía dos años. De alguna manera había guardado en la memoria su voz, una voz clara y melódica que en él se relacionaba extrañamente con la sensación de hojas otoñales en tardes soleadas sin viento.

    Steve había querido invitar a Lucy a comer y después a tomar una copa, sin embargo, ella insistió en cocinar algo. O sea que fueron de compras en el VW de Lucy, y Lucy preparó algo terriblemente picante de su repertorio mexicano. Cuando estaban sentados delante de la segunda botella de Los Reyes, ella le miró con sus ojos verdes brillantes y dijo:

    —Benedikt. —Siempre le llamaba Benedikt cuando se ponía formal-, tú tienes que saber lo que quieres. Es tu trabajo, y tiene que gustarte. De ninguna manera debes sentir que te perdiste algo importante por mi culpa. Eso sería horrible para los dos.
    —Escucha, Lucy. No quiero tomar la decisión sin hablar contigo sobre...

    Ella había colocado su mano sobre su antebrazo y le miraba sonriendo. Él creyó descubrir un tono de tristeza en su sonrisa.

    —En realidad hace tiempo que te has decidido, Steve. Aun cuando no quieras reconocerlo.
    —Pero Lucy, yo...

    Cuando él la miró, impotente, ella prosiguió:

    —Pero llámame por teléfono desde allí. Dime lo que sucede, para que yo esté enterada.

    Cuando por la mañana estaban acostados, agotados, uno junto al otro, Steve Benedikt se preguntó seriamente si no sería mucho más importante para él planificar un futuro en común con Lucy que todo lo que le pudiera ofrecer la NASA. Y después todavía pudieron dormir un poco antes de que despuntara el día.

    Cuando Steve se despertó, Lucy ya se había ido a la oficina. Ella se lo ponía fácil, quería ponérselo fácil, era su manera de ser. Él desayunó con lentitud, fumó (muy en contra de su costumbre) uno de los cigarrillos de Lucy, puso un disco con música italiana de laúd que se encontraba encima de un montón y se puso cómodo en la sala de estar decorada con buen gusto, volvió a levantarse, miró las postales de Méjico y de Europa, de Sicilia, Creta y Rodos que Lucy había pinchado en la pared con chinchetas. Sus pensamientos daban vueltas en círculo; una intranquilidad muy extraña le había invadido, y no podía explicar el motivo. Era casi como cuando fue trasladado a Guam. Poco antes había muerto su padre, carcinoma pulmonar.

    Asqueado, Steve apagó el segundo cigarrillo que se había encendido, recogió los platos usados la noche anterior y los lavó. Después se vistió, cogió sus dos maletas y su bolsa, y se puso en camino hacia el aeropuerto.

    Llegó demasiado temprano. El vuelo proveniente de Miami tenía más de dos horas de retraso debido a una tormenta sobre el Golfo. Tampoco el viaje de vuelta pasaría por Houston, sino que sería desviado por Memphis.

    Llamó a Lucy y se despidió. Estaba muy ocupada y a él eso no le entristeció.

    A eso de las 16:00 el avión despegó por fin. Cuando aterrizó en Miami ya oscurecía. Después del aire seco y polvoriento de Nuevo México, la atmósfera calurosa y húmeda de Florida le pegó como una toalla húmeda y caliente en la cara cuando bajó del avión.

    —¿Comandante Stanley? —preguntó un hombre de civil cuando se acercaba a la salida.
    —Sí, soy yo —dijo.
    —Por favor, sígame.
    —Mi equipaje está aún...
    —De eso ya se encargarán. Si por favor me da su ticket, comandante.
    —Pero...
    —Mi nombre es Walton, comandante Alan S. Walton de la Marina, de momento trasladado a la NASA. Hace más de dos horas que le estamos esperando.
    —El vuelo tenía retraso.
    —Lo sabemos, comandante. —El comandante parecía ser uno de los más despiertos. Steve se dio cuenta de que no le agradaba el hombre de la Marina. Como si éste hubiera leído sus pensamientos y quisiera cambiar la impresión desfavorable, se dio la vuelta y le sonrió, pero era una sonrisa pobre.

    Ese tipo tenía el encanto de un congelador, se dijo Steve enfadado, y a continuación se preguntó qué habría ocurrido para que la Marina colaborara con la NASA. Era cierto que hacía tiempo que sacaba del agua cápsulas de aterrizaje, y en los últimos tiempos Shuttle-Booster, y se lo hacía pagar bien, pero que pusiera guías de viaje para astronautas que llegaban a la NASA era nuevo. Si la Marina buscaba gente para sus experimentos Sealab, se habían equivocado en su caso. Tomaría el próximo avión a Albuquerque, se juró a sí mismo.

    Fue conducido a una habitación en la parte antigua del aeropuerto que normalmente estaba reservada para los pasajeros en tránsito de aerolíneas de segunda y tercera categoría. Un camarero algo mayor y de pelo gris, que con su chaqueta color vino, sus pantalones de gabardina y sus zapatos de charol parecía más bien un maestro de ceremonias muy pulcro, despejó botellas de coca-cola vacías y latas de cerveza, y vació ceniceros repletos en una gran lata de chapa.

    Steve miró a su alrededor para ver si descubría alguna cara conocida, cuando oyó una voz que le era familiar decir:

    —Tenía que haber imaginado que también querrían tener al viejo Steve en esto.

    Ése era sin duda Jerome Bannister, con el que se había formado en la NASA, un hombre alto y de espaldas anchas de cuarenta años recién cumplidos, con huesos maxilares prominentes, ojos negros brillantes y un bronceado como el de los modelos de los anuncios de Marlboro. Le dio unos golpecitos cariñosos a Steve en el hombro. Hacía ya dos años que no se veían. Bannister se había licenciado en la NASA al mismo tiempo que Steve y había comenzado como instructor de vuelo en una escuela privada en Tucson. Quería ganar suficiente dinero allí para poder abrir por su cuenta una escuela de aviación.

    Bannister estaba acompañado de un hombre joven un poco grueso, de pelo rubio y fino, sonrisa divertida y casi tonta en su rostro de mejillas coloradas, y bigote rojizo doblado hacia fuera del cual estaba visiblemente orgulloso, ya que lo toqueteaba continuamente. Parecía estar pendiente de Jerome como si fuera su sombra.

    —Harald Olsen —le presentó Bannister—. El mejor ingeniero de vuelo que jamás he conocido. Si le pones una caja de herramientas en las manos y le das algo de tiempo, hace volar hasta a un avión.

    El jovenzuelo rubio asintió entusiasmado y se rió divertido. Steve quedó tan sorprendido ante esta reacción que miró algo extrañado al ingeniero de vuelo durante unos segundos antes de asentir amablemente. A Steve el tipo le parecía bastante llamativo, e incluso algo loco. Extraño, pues Jerome solía elegir a sus amigos muy cuidadosamente, y era más bien reservado en cuanto a las alabanzas. Tal vez habían bebido un poco.

    Sólo entonces notó la sed que tenía, pero no le dieron la oportunidad de pedir algo. Los allí presentes debían haber estado esperando que llegara, ya que apenas tres minutos después se dirigieron a dos autobuses del aeropuerto que les condujeron a un viejo 737 que estaba estacionado a cierta distancia, una máquina charter de la Eastern Airways.

    Iniciaron de inmediato el despegue y poco después podían ver debajo las cadenas de luces coloridas de la ciudad de Miami, profusamente iluminada; a continuación la máquina giró hacia el norte.

    —¿Tienes alguna idea respecto a lo que tienen pensado hacer con nosotros? —preguntó Steve a Jerome, que estaba sentado a su lado.

    Bannister frunció los labios, sacudió lentamente la cabeza y dijo:

    —Ni con la mejor de las voluntades puedo entenderlo.
    —¿Marte? —En el mismo momento en que Steve hizo esta pregunta le quedó claro lo absurda que parecía esta idea. De eso ya se hubieran tenido que enterar.

    Jerome le examinó con una mirada de reojo.

    —¿Lo dices en serio?
    —En realidad no —confesó Steve.
    —Mira toda esta gente —dijo Jerome en voz baja—. Conozco a algunos. Un par de pilotos, con y sin experiencia de batalla. Algunos con formación de astronauta, la mayoría sin ella. Gran cantidad de técnicos, y muy buenos la mayoría de ellos, sin embargo, no tienen ni idea de cohetes, ni hablar de la navegación espacial. Además, la Marina parece tener bastante que decir, hay varios pilotos de la marina entre ellos, buena gente. Hasta ahora la Marina simplemente pescaba del agua las cosas para la NASA, pero esta vez todo hace suponer que ella es la verdadera organizadora. ¿Puedes imaginar un sólo motivo, Steve, por el cual la Marina pudiera interesarse por Marte?
    —Quizá quiera hacer cruzar algunos botes Torpedo por los canales en Marte —opinó Steve.

    Jerome no hizo caso al chiste. Sólo sacudió la cabeza y miró hacia delante, perdido en sus pensamientos. En el Cabo fueron recibidos por un montón de asistentes, y conducidos a un espacio sobrio, iluminado por tubos de neón de tono amarillento; les dieron primero bonos de comida y bebida, y luego les indicaron sus habitaciones. Finalmente tuvieron que dejarse fotografiar con una cámara polaroid que escupió en segundos una tarjetita plástica impresa y con retrato a color en la cual se inscribió el nombre y rango militar. Al final todos recibieron una carpeta pequeña de cuero con utensilios de escritura, en cuya parte anterior y por debajo del emblema de la NASA estaba grabado en oro «SIMPOSIO: NUEVOS OBJETIVOS DE LA NÁUTICA».

    Steve se preguntó sorprendido qué diablos tendría él que decir sobre los nuevos objetivos de la náutica, y se dirigió a su apartamento. Era uno de los alojamientos de entre tantos estilo bungalow del que sobresalían árboles de Eucalipto, con un vallado cortado con esmero, césped bien cuidado, y jardines de flores separados los unos de los otros. Por encima del mar se podían ver relámpagos. Las antiquísimas y enormes rampas de despegue del programa Apolo se elevaban oscuras contra el cielo. Monumentos de la ruptura, ya medio reconquistados por la selva. El aire estaba caliente y húmedo; no se movía ni una hoja. Muy cerca, las ranas hacían ruido.

    Steve se sentía muy cansado. Se dio una ducha caliente, se acostó desnudo en la cama y en pocos segundos se había dormido.

    La tarde del sábado se encontraron los participantes del «simposio» en la gran sala de reuniones del centro de navegación espacial. En esa sala normalmente se reunían los grupos de trabajo cuando un gran proyecto entraba en su fase técnica final, a fin de controlar la coordinación antes de empezar el montaje.

    A Steve le sorprendió la gran cantidad de participantes que habían sido invitados a este «seminario»; estimaba que se habían reunido alrededor de 160 a 180 personas. También cerca de dos docenas de mujeres se encontraban entre ellos.

    Un hombre alto, delgado y de pelo blanco, de aproximadamente sesenta años y de nombre Francis, con imponente uniforme de almirante, entró orgulloso, flanqueado por otras eminencias de la Marina y sus oficiales adjuntos. Algunos civiles entraron también, aparentemente gente de la NASA. Se comportaban como si todo fuera un gran secreto. A continuación entraron un par de hombres del servicio secreto que se mostraron marcadamente distendidos y desinteresados. Tomaron asiento en la cabecera de la sala en una mesa larga. Miraban de vez en cuando con curiosidad al público, y se entretuvieron con los documentos que extendieron sobre la mesa.

    —Parece una función de gala —gruñó Jerome, que se había sentado al lado de Steve; una silla delante de ellos estaba Olsen.
    —Me pregunto a dónde nos llevará esto —dijo Steve en voz baja—. Con esta presentación...
    —La cosa no me gusta —respondió Jerome sacudiendo la cabeza, y la expresión de disgusto en su rostro se agudizó cuando Francis subió al podio con elasticidad juvenil, se sujetó con ambas manos al atril entre la bandera de los Estados Unidos y la banderita de la NASA, saludó a los presentes con una sonrisa ganadora que quedó como una sonrisa algo torcida, y les dio la bienvenida en nombre de la Marina y de la NASA. A continuación se inclinó encima del micrófono y pronunció un discurso que duró casi treinta minutos, pero del cual no se pudo desprender nada concreto aparte del hecho de que se trataba del «honor de la nación» y que habían llamado a reunirse a «las mejores cabezas de la nación», para «dar lo mejor de sí», a fin de asegurar el «futuro de la nación». Sólo en un momento se refirió de modo concreto a que la «misión a la que estaban llamados» duraría previsiblemente cinco años, y que durante este período no sería posible mantener contacto con el «mundo de la patria».
    —Disculpe, señor —preguntó alguien del público—. ¿Debemos entonces entender con eso que durante el período mencionado tampoco habrá contacto por radio con la Tierra?
    —Sin comentarios —respondió el almirante—. Repito: durante el tiempo que dure la misión, que será de aproximadamente cinco años, no habrá contacto con el mundo donde vivimos.
    —Señor, ¿este contacto se interrumpirá —seguía averiguando sin dejarse amilanar el que planteaba la pregunta—porque técnicos...?
    —Sin comentarios —respondió el almirante Francis, un poco más irritado ahora—. Comprenderán seguramente, damas y caballeros, que a estas alturas del proyecto no estoy en la posición de dar ninguna indicación concreta. El proyecto está sujeto al más estricto secreto. Sólo cuando ustedes se hayan decidido afirmativamente podré proporcionarles más información sobre su participación. Tienen tiempo hasta mañana para tomar una decisión.

    Se alzaron murmullos de indignación, y hubo algunos gritos como: «Saltar al agua fría» y «gato encerrado».

    —Señoras y señores... —El almirante levantó la voz—. ¡Señoras y señores! Reconozco que los estoy poniendo ante una decisión muy fuera de lo común. Pero no tienen por qué temer por los riesgos, exceptuando aquellos normales en una misión de técnica espacial. Se hará lo humanamente posible por su seguridad. Yo se lo garantizo. —Esperó hasta que la inquietud de la sala se calmó, y después continuó:—Todos los aquí presentes desempeñan las profesiones técnicas y científicas más variadas, es decir, trabajan en unidades técnicas de las Fuerzas Aéreas, la Marina, la Armada y los Marines. Sin embargo, hay algo que tienen en común: no están casados, o son divorciados y no tienen familia, o sea, que en lo que respecta a su decisión tienen amplia libertad.

    Sonrió triunfante, como si hubiera revelado un secreto de estado, y después prosiguió:

    —Pero hay algo que quisiera añadir aún. —Bajó el cráneo de pelo cano y cortados al ras, como si quisiera dirigirse sin temor a su público—. Hemos solicitado mucho más personal del que podemos utilizar. Al menos al principio. Por eso, cualquiera de ustedes que tenga aunque sea la más mínima sensación de no poder decidirse por esto de todo corazón y alma, devolverá su identificación. Nadie se lo tomará a mal, nadie le preguntará sus motivos. La decisión es totalmente libre, señoras y señores.

    Francis levantó la barbilla y miró desafiante a los presentes. La expresión de su rostro no hacía dudar de la veracidad de sus palabras.

    —Sin embargo, si finalmente se decidieran a aceptar, señoras y señores —continuó-, y se presentan aquí mañana por la mañana a las 10:00 horas, entonces se convertirán automáticamente en portadores de un secreto y estarán sujetos a las más estrictas disposiciones de seguridad, y a la vigilancia y limitaciones consiguientes. De alguna manera tendrán que ver con el proyecto, sea como... personal de vuelo o personal de tierra. Y... —alzó la voz para una apoteosis final—. Llegarán a conocer la sensación sublime de pertenecer a una tropa de élite que realizará algo inimaginable hasta ahora. Con su participación, ustedes garantizarán la seguridad y el bienestar de nuestra nación, sentarán las bases para un futuro mejor, para un futuro glorioso de este país, del mundo occidental, de la tradición cristiano-occidental, de toda la civilización. Muchas gracias, señoras y señores.

    Jerome miró a Steve con una expresión consternada en el rostro, como si se hubiera partido un diente.

    —Por Dios —dijo Olsen—. ¡Si esto no era una prédica de las cruzadas! San Bernardo no la podía haber pronunciado mejor.

    Jerome miró a Steve cuestionando.

    —¿Quién?
    —Bernhard von Clairvaux. Algún señor cristiano del siglo XII que movilizó ejércitos enteros de caballeros contra los sarracenos —explicó Steve.
    —Lo oigo rechinar —dijo Jerome, y asintió compungido—. Un ruido familiar desde Teherán y las crisis anuales del petróleo.
    —¿Crees que se refiere a eso?

    Jerome alzó los hombros.

    —¿Alguien tiene alguna idea de hacia dónde se dirige este proyecto? —preguntó Steve cuando estaban sentados juntos en el apartamento de Bannister con algunas botellas de whisky.
    —¿Crees que soy conductor de ferrocarriles? —preguntó Geoffrey Moses Calahan, que estaba apoyado con la espalda contra la puerta, mientras agitaba los cubos de hielo en su vaso de whisky. Era uno de aquellos negros altos como un árbol que en otra vida probablemente habían sido estrellas de béisbol.

    Aparte de él, Jerome, Steve y Olsen, también Paul Loorey estaba allí. Había llegado con un bolso de viaje lleno de whisky porque conocía el Cabo de su época de astronauta y tenía experiencia.

    —Chicos, aquí no sólo se secan pantanos —había dicho cuando les invitó a tomar una copa—. ¡Aquí a veces hay que conducir cien millas para conseguir una copa como la gente normal!

    Al igual que Steve y Jerome, había sido piloto del shuttle y había aguantado un año más antes de volver a las Fueras Aéreas.

    Steve levantó la mirada y miró a los ojos color ámbar de Calahan, a quien había conocido hacía sólo algunos minutos. Moses bajó su cráneo afeitado al rape, dejó de masticar su chicle y tomó unos tragos de su vaso con un rápido movimiento de cabeza.

    —¿Y a dónde deberá ir este viaje cuando estas pautas secretas sean sentadas? —preguntó Steve.
    —Hombre —dijo Moses. Sus pupilas oscuras temblaron de un lado a otro antes de mirar fijamente a Steve—. ¡Siempre mejor, siempre mejor, siempre mejor! ¿Qué otra cosa iba a ser? ¿Qué dices, Paul?

    Paul Loorey, un hombre de aspecto afligido, mediando los treinta, un par de centímetros más bajo que Steve, pero grueso y fornido, que por su aspecto exterior más bien parecía un simple empleado o un maestro de escuela, alzó los hombros, giró indeciso su vaso y se dejó caer sobre la cama.

    —He estado tratando de averiguar un poco lo que se dice por ahí —dijo Jerome con cuidado—. El dato más caliente podría ser un asunto por el cual la Marina hace años investigó algún oscuro misterio en las Bermudas. Alguno de esos proyectos complicados con ondas de gravedad, anomalías de gravitación artificiales y algo parecido.
    —¿Anomalías artificiales de gravitación? —preguntó Moses sin comprender—. ¿Qué se supone que es eso?

    Jerome alzó los hombros.

    —Nadie lo sabe con exactitud. No hay forma de averiguarlo.
    —Entonces seguro que hay algo de eso —intervino Moses.
    —Fuerza de gravedad perturbada, eliminación de la fuerza de gravedad, anomalías de la fuerza de gravedad, interferencias de las ondas de gravedad... —reflexionó Steve en voz alta, y sintió el agradable calor que producía el whisky en su interior. Toda la tarde había estado tirado al sol en el jardín de su bungalow, hasta que el cielo se había cubierto. Tenía frío, y la bebida le sentaba bien—. Y la NASA es parte de eso —opinó, y silbó entre dientes.
    —¿Y qué significa eso? —preguntó Harald Olsen.
    —La gravitación significa masa —dijo Loorey, y levantó el dedo índice como un maestro ante sus alumnos-, y la masa significa gravitación. ¿Qué significa una «anomalía de gravitación» para la correspondiente masa?
    —¿Qué sucede con la masa correspondiente? —preguntó Harald.
    —¿Cuan anormal es esta anomalía? —intervino Moses.
    —Considerable —respondió Jerome-, teniendo en cuenta las cantidades de energía que se utilizan en el proceso. Se dice que se encuentran en el ámbito de los gigavatios.
    —¿Qué? —preguntó Harald helado.
    —Una anomalía de gravitación significa para masa correspondiente —continuó Loorey sin dejarse impresionar—que en casos extremos crece hasta el infinito o desaparece del todo.

    Harald Olsen, que había estado bebiendo continuamente de su vaso, había jugado febrilmente con su calculadora de bolsillo y de vez en cuando tomaba notas en su bloc de la NASA, levantó la cabeza pasmado.

    —¿Hacia dónde? —preguntó.
    —Sí, ¿hacia dónde? —preguntó también Loorey.

    De repente todos callaron. El equipo de aire acondicionado parecía tener un defecto y zumbaba en un tono tan alto que no parecía natural. —Aja. Sí... bueno, pues de eso se tratará probablemente —dijo Jerome, y repartió el resto de la botella en los vasos—. ¿Y quién participa? —Yo —dijo Harald Olsen como un disparo de una pistola—. Por una vez algo nuevo.

    —Ya que de todas formas pertenezco a la élite de la nación —explicó Moses al tiempo que imitaba el tono de voz de Francis-, será difícil no responder a la llamada de la patria.
    —Algo así no se les puede pasar de ninguna manera a los tontos de la Marina —dijo Loory con desprecio—. Además, tengo demasiada curiosidad.
    —¿Y tú, Steve? —preguntó Jerome.

    Steve alzó los hombros.

    —¿Tú? —devolvió la pregunta.

    Jerome le puso la mano sobre el hombro.

    —No creo que pueda dejarlos solos en este proyecto. Puesto que se trata de la tradición occidental cristiana, si es que podemos confiar en las palabras del almirante.
    —¡Me cago en ella! —dijo Moses furioso.
    —O sea, que todos arriesgamos nuestros pellejos —opinó Loorey, y asintió de mal humor—. Por el honor de la nación.

    Jerome resopló despreciativamente.

    —Para sentar las bases de un futuro mejor y lleno de gloria para este país —dijo Moses, después apretó la lengua contra los dientes, formó un globo con su chicle y lo infló hasta que explotó con ruido.
    —Pero los cabeza-hueca de la Marina que se vayan a la mierda —exclamó Jerome con la lengua gorda, y terminó el resto del whisky.
    —Y toda esta civilización cristiano-occidental —exclamó Moses Calahan, y, como reforzándolo, escupió su chicle en la mano y lo tiró a un cenicero repleto—. ¡Lo juro!
    —La Marina y el occidente cristiano. —Loorey reía sin parar—. La sagrada flota papal. ¡Esto es demasiado!


    * * *

    Steve estaba acostado en la oscuridad y se rompía la cabeza en las brumas causadas por el alcohol. Trataba de descubrir a dónde iría a parar la masa perteneciente a la gravitación en el caso de una anomalía gravitacional, pero sus pensamientos corrían por laberintos tenebrosos sobre los cuales se había posado una niebla impenetrable, y cada vez que creía reconocer un brillo de luz y trataba de alcanzarlo, se daba contra una pared. Su cabeza y sus piernas parecían tan pesadas como si fueran plomo.

    Después soñó con un cuento que había leído muchos años antes. Trataba de un viajero del tiempo que había vuelto a la Inglaterra de Shakespeare, pero que había caído en un mundo de pesadillas. Él era ese viajero. Delante del albergue donde pensaba encontrar alojamiento, en el barro de la calle, entre la basura y la chatarra, había una mano cortada medio podrida sobre cuya superficie interna, gris y arrugada, se abría un ojo que le miraba con atención.

    En la gran antesala revestida de madera en el primer piso del albergue, que sólo estaba iluminada por una estrecha ventana y desde la cual unas puertas extrañamente estrechas conducían a las habitaciones lindantes, un hombre alto, delgado y de cabellos blancos, vestido totalmente de cuero oscuro y con una máscara de cuero agrietado, como la que acostumbraban usar los enfermos de lepra en el pasado, estaba sentado en un escritorio macizo y oscuro. Sus ojos brillaban a través de las finas ranuras, y delante de la boca tenía un cierre de cremallera grande que otorgaba al rostro sin vida la expresión de una calavera sonriente. Delante de él, sobre el escritorio, había un florero de cristal veneciano con un ramo de flores tipo lilas que en lugar de estambres tenían ojos que miraban curiosos en su dirección. El hombre le hacía señas para que fuese hacia la parte trasera de la habitación oscura, y cuando Steve se dio la vuelta para determinar qué le quería decir el hombre de la máscara, vio que en la semioscuridad se había abierto una puerta. Desde la semioscuridad, que no era más profunda que una tumba, salió una mujer. Cuando dirigió el rostro en su dirección, la reconoció.

    ¡Era Lucy!

    Rápidamente se acercó a ella. Las baldosas viejas y desgastadas bajo sus pies resonaron muy fuerte y cedieron de tal manera que por un momento creyó que caería al piso de abajo.

    —¡Lucy! —gritó, y extendió los brazos para saludarla. En ese momento de su escote salió una de estas plantas tipo lila y le miró fijamente.

    Steve saltó aterrado hacia atrás, pero el hombre de la máscara se había parado imperceptiblemente detrás de él, le abrazaba y le apretaba el pecho de tal manera que Steve apenas podía respirar.

    —¡Lucy! —resopló mientras el implacable hombre de la máscara le sujetaba y el fantasmagórico ojo de flor sobre su cabo carnoso crecía en su dirección. Steve notó que el pecho semidesnudo de Lucy estaba cubierto totalmente de perlas de sudor, pero aun cuando hacía todo lo posible, en la creciente oscuridad ya no podía reconocer su rostro. Y en el trasfondo, un sonido crepitante que ya había percibido hacía tiempo y cuyo origen no se podía explicar se volvía cada vez más fuerte y penetrante.

    Pasó un rato hasta que Steve se las arregló para poder encender la luz. El aire en la pequeña habitación era sofocante y caliente. Antes de acostarse había apagado el equipo de aire acondicionado porque a causa de la corriente de aire frío siempre tenía dolores de garganta.

    El ruido continuo y crepitante que había acompañado su sueño continuaba. Llovía. Steve abrió la puerta. Una espesa lluvia tropical, una cascada como de millones de cuerpos de peces pequeñísimos y plateados brillantes caía estrepitosamente y tamborileaba sobre los arbustos de grandes hojas que bordeaban el camino delante del bungalow, y que bajo la fuerza del choque se estremecían como si sintieran dolor. Muy pegado a la pared de la casa, una tropa de grandes sapos oscuros había buscado refugio. Parecían grandes piedras negras del tamaño de un puño, sólo sus ojos fijos brillaban atentos. Muy lejos, por encima del mar, un relampagueo de color rojo fuerte temblaba en las entrañas de las nubes como magma.

    Rápido como un rayo, a Steve le quedó clara la decisión que había tomado y una sensación de angustia le apretó por unos momentos el pecho, como si el hombre de la máscara aún estuviera detrás de él y le mantuviera agarrado. Inspiró profundamente el aire nocturno fresco, lleno de humedad, hasta que la presión cedió.

    Antes de volver a dormirse se acordó de que todas las lilas con las que se había encontrado en el sueño le habían mirado con los ojos de Lucy.


    7 - Proyecto hondonada occidental


    Cuando a la mañana siguiente fueron al centro de conferencias, el sol ya casi había absorbido la humedad de la lluvia nocturna, los caminos estaban secos y sólo aquí y allá resplandecían algunas gotas en el pasto, en las flores y en los arbustos. El aire estaba claro y era fresco, e iba cargado del aroma de las flores.

    En la sala de reuniones, la misma formación, el mismo grupo, el mismo orden para sentarse de los oficiales. El almirante Francis se subió al podio bajo la enorme pared para proyecciones, se presentó entre las barras con estrellas y bandera de la NASA y sostuvo triunfante un pequeño montón de tarjetas de participantes en lo alto.

    —No esperaba otra cosa, señoras y señores —anunció sonriendo ampliamente—. Se lo agradezco. Sólo dieciocho de nuestros invitados no pudieron decidirse a colaborar en nuestro proyecto. Supongo que tendrán sus razones para rechazarlo, y prometí respetar estas razones y no preguntarles por ellas. Se trata de las siguientes personas... —Empezó a leer los nombres en las tarjetas de plástico entregadas, y hacía una pausa significativa después de cada uno, como si les cubriera con una mácula imborrable.

    A Steve ese estilo le pareció barato. Eran dieciséis hombres y dos mujeres que no se habían apuntado voluntariamente y habían devuelto sus «identificaciones del seminario».

    —Les hago notar, señoras y señores —continuó el almirante—que desde ahora están sujetos al deber más estricto de guardar secreto, y que las correspondientes medidas de seguridad serán aplicadas en caso necesario. La información que recibirán ahora no está destinada a gente de fuera, y les aseguro, señoras y señores, que tomaremos todas, repito, todas las medidas para evitar que esta información llegue al exterior.

    Estiró la barbilla y dejó vagar su mirada vigilante sobre los presentes, como si tratara de desenmascarar al último agente enemigo y liquidarlo al instante. La tensión en la sala creció.

    —Ustedes, señoras y señores, iniciarán un grandioso proyecto que garantizará la continuidad del mundo occidental y el bienestar de todas las naciones aliadas con nosotros. Su tarea será... sentar a tiempo las pautas para un futuro tal como lo deseamos. Ahora les hablará el comandante Walton, que les explicará los detalles técnicos. Gracias a todos.

    Steve no reconoció al principio al joven oficial que ahora se dirigía al podio y se inclinaba por encima de los micrófonos. Sólo cuando escuchó la voz le quedó claro que se trataba del tipo antipático que le había esperado en el vestíbulo de llegadas en Miami.

    —La evolución técnica de los últimos años, basada en la investigación de las bases físico-matemáticas desde mediados de los años sesenta, ha logrado un progreso decisivo que, literalmente, puede calificarse de descubrimiento único en su género.

    Dudó durante un instante y observó los micrófonos frunciendo el ceño, como si desconfiara de las medidas de seguridad. En la sala había un silencio expectante.

    —No soy amigo de grandes palabras —prosiguió-, pero la invención del fuego, el descubrimiento de la teoría de la relatividad y las primeras excursiones a la luna son progresos inofensivos en comparación con lo que hemos logrado ahora.

    El ambiente en la sala había alcanzado un punto en el que la tensión exaltada no pocas veces se convierte en alegría y soltura y se expresa a gritos de chistes, generalmente tontos, pero bienvenidos con risas agradecidas.

    Delante de la gran pared de proyecciones desenrollaron un mapa que bajó lentamente. Era un mapa en relieve de aproximadamente ocho metros de ancho y tres y medio de altura que representaba la zona del Mar Mediterráneo.

    —Para que no sea necesario que intenten recordar dónde está el Mar Mediterráneo, hemos hecho confeccionar un mapa que muestra la zona en su estructura física.
    —¡Eh! —gritó uno de los oyentes—. ¿La Marina quiere bombear el Mar Mediterráneo?
    —«In the Navy...» —Alguien entonó el viejo éxito de los Village People.

    Risas.

    —No es necesario —dijo Walton imperturbable—porque siempre hubo épocas en las que la hondonada del Mar Mediterráneo estuvo seca. El Mar Mediterráneo es una cuenca de evaporación; eso quiere decir que pierde más agua de la que recibe por afluentes. Si el estrecho de Gibraltar está bloqueado, y eso sucedió algunas veces en otras épocas de la historia de la Tierra, la hondonada del Mar Mediterráneo se convierte en un desierto atravesado por lagos de sal y pantanos de entre dos y tres mil metros por debajo del nivel del mar, especialmente en esta zona... —Señaló el foso delante del bloque perpendicular de la pendiente empinada al sur de Creta, en la que entre un cañón profundamente metido entre Wadi Halfa y Alejandría fluía el Nilo—. Y aquí. —Señaló el ampliamente extendido delta del Ródano, aproximadamente a la altura de Barcelona, donde el río bajaba por una profunda garganta de más de dos mil metros y desembocaba en un lago con forma de hoz que comenzaba cerca de doscientas millas al sur de Niza, y cuya costa este transcurría paralela a la costa oeste de Córcega y Cerdeña, serpenteaba alrededor de las Baleares hacia el oeste y, estrechándose cada vez más, se extendía hasta el sur de Cartagena.
    —Supongo que les resulta interesante, pero pensarán ¿a qué viene todo esto? ¿Por qué nos interesa un desierto que se encuentra hace sabe Dios cuántos años en el fondo del mar?

    Murmullos...

    —Hace exactamente 5,3 millones de años quedó destruida, probablemente por un terremoto, la conexión de tierra entre la península Ibérica y África. El agua del Atlántico penetró y llenó la cuenca.
    —¿Y qué? —gritó alguien. Algunos se rieron.

    Walton miró atentamente al que hizo la pregunta, y su mirada expresaba infinita indulgencia por tanta lentitud de comprensión.

    —Que podemos llevarlos a esa zona antes de que se convierta en el fondo del mar —dijo Walton lapidariamente—. Tenemos una máquina capaz de hacerlo: el cronotrón.

    Por un instante, Steve creyó que el corazón se le detenía. Echó una mirada inquisitiva a Jerome, que estaba sentado a su lado, como si tuviera que cerciorarse de que no soñaba. Jerome le miró fijamente, con los ojos abiertos como platos del susto. Repentinamente hubo un silencio tal que hubiera podido oírse el ruido de un clip al caerse al suelo, después un ruido atravesó la sala, parecía una tos, casi un quejido doloroso, y era la expresión de una sorpresa casi incrédula.

    —La hondonada occidental —continuó Walton, y señaló con un amplio gesto la zona entre Sicilia y Gibraltar—será su base de operaciones. Les enviaremos al pasado cinco millones de años, y ustedes resolverán allí algunos cometidos que por motivos incomprensibles parecen habérsele escapado a la previsión de Dios.

    Walton sonrió. Una pequeña rata, pensó Steve, una rata asquerosa, pequeña y mordaz, ávida de poder, ávida de (cueste lo que cueste) autoafirmación.

    —Pero tal como dice la expresión —continuó el comandante, y una pizca de cinismo se deslizó en su voz-, ayúdate a ti mismo y Dios te ayudará. —Levantó la mirada de sus papeles y sonrió triunfante—. Y eso es exactamente lo que queremos hacer. Acudiremos a la autoayuda, señoras y señores. Y ustedes serán el grupo principal de la operación planificada. Serán los encargados de vigilar las tareas logísticas y técnicas, y de asumir las tareas naturales de seguridad.
    —¿Seguridad ante qué?
    —Pues... naturalmente en general. Ustedes protegerán a las tropas encargadas de construir frente a los ataques de animales salvajes y de nuestros ancestros, los hombre-mono. Junto con el personal técnico serán los primeros seres humanos en esa época. Con ustedes serán trasladados también geólogos, geofísicos, especialistas en oleoductos de petróleo y taladros. Sus tareas serán las siguientes —El comandante cogió un puntero y lo dirigió hacia el mapa. Una línea roja que se bifurcaba al sudoeste de Trípoli en dos brazos, de los cuales uno transcurría al este sudeste, el otro al sur sudoeste, atravesaba en diagonal la hondonada occidental—. Tenemos pensado bombear el petróleo de los jeques antes de que se apoderen de él.

    El atrevimiento de la idea dejó sin habla por un momento a los presentes. A continuación se alzó una confusión de voces acaloradas.

    —Increíble —murmuró Jerome.
    —Es una locura total —dijo Steve.
    —Pero aun cuando parezca cosa de locos, de alguna manera el plan me parece genial —dijo Jerome, y sacudió la cabeza riéndose.
    —Es un asunto totalmente justo. Corregiremos únicamente un error en la Web de la creación —continuó Walton con una sonrisa de autosuficiente—. De forma menos eufórica se podría denominar esta empresa también como operación de cirugía estética geofísica. —Se dirigió nuevamente al mapa—. La empresa hondonada occidental se ocupará del yacimiento de petróleo en el norte de África, la actual Libia y Argelia. Las zonas principales de extracción se encuentran aquí... —Con el palo siguió la derivación de la línea que seguía hacía el Este—. Y entre la gran Sirte y Al Harüj al-Aswad alrededor de Beda, Waha y el oasis Jalo en el sur de Bengasi. Las demás fuentes se encuentran aquí... —El palo rodeaba la zona en la que terminaba la derivación sur—. Al este del valle de Tinrhert en Erg Bourarhet, en la actual frontera entre Argelia y Libia. Las oleoductos de estas dos zonas de extracción se unen aquí, en Bi'ral Ghanam. El camino continúa desde allí al nornoroeste, llega a la costa cerca de Zuwarah, tal como transcurre hoy, después sobre el terreno chato entre Malta y la costa de Túnez, hasta aquí al noreste de Cap Bone. Allí da una vuelta con un ángulo al oeste noroeste, se estira al sur de la actual isla San Antíoco alrededor de la pendiente en caída de las montañas que conforma la isla de Cerdeña, y se curva al borde de la hondonada de las Baleares hacia el norte, sigue un poco el transcurso de la costa oeste de Cerdeña, y a la altura de la pequeña isla de Mal du Ventre da una vuelta al noroeste, traspasa el norte de la hondonada y conduce a la zona de desembocadura del río Ródano, que en aquella época se encuentra doscientos Kilómetros más al sur, aproximadamente a la altura de Barcelona. El trayecto prosigue por el cañón del Ródano hacia el norte y sigue al río hasta la desembocadura en el Saone, después siguiendo al Saone por el valle atravesando el portal borgoñés, el recorrido del Maas por el norte de Francia y Bélgica, entrando a los Países Bajos. Allí previsiblemente alcanza la costa a la altura de Maastricht, ya que en esa época, el nivel del agua del Atlántico debería haber sido mucho más alto que actualmente. Los científicos no están de acuerdo acerca de la línea exacta de la costa. Por un lado, el clima era bastante más cálido, o sea que producía menos hielo en los glaciares y capas polares, y el nivel del mar por eso estaba por encima del promedio; por otro lado, las placas teutónicas que bordean el Mediterráneo, la eurásica, la adriática, la egea, la turca, la árabe y la africana, debían de estar a mayor altura en esa época. Más tarde fueron aplastadas hacia abajo por el imponente peso de las masas de agua que constituyen el Mar Mediterráneo, lo que debe de haber llevado a fuertes movimientos teutónicos en las zonas limítrofes. En la zona de la costa alrededor de Lüttich, Maastricht, Aquisgrán, Bonn y Coblenza, nuestra cañería de petróleo se encontrará con una segunda que lleva del Golfo Pérsico y Arabia pasando por Anatolia, después a lo largo de la costa del Mar Negro y siguiendo el transcurso del Danubio atravesando Europa. Ambas zonas se unen y son llevadas a la zona de tierra firme del Mar del Norte. Allí algunos cronotrones disfrazados de plataformas de perforación bombearán trayendo a la actualidad el petróleo del pasado según la demanda.
    —¿Y los jeques lo permitirán? —preguntó alguien.
    —No existe ningún indicio —dijo Walton—de que jamás alguien hubiera podido averiguar algo sobre el proyecto. Sea sobre las condiciones científicas o sobre la realización técnica.

    El comandante no decía toda la verdad. De hecho hubo momentos en que se sospechó que los soviéticos estaban realizando un proyecto similar. Desde mediados de los años setenta, el portaaviones soviético Kiev navegaba en el Mar Mediterráneo oriental. Entre tanto, cuatro unidades similares más se habían sumado a esa misión sobre cuya finalidad y uso conjeturaban los expertos militares.

    —Sin embargo —prosiguió Walton—no correremos ningún riesgo y nos prepararemos para cualquier eventualidad. Además de las medidas de seguridad mencionadas, también se preparará una defensa contra enemigos potenciales. Equipos militares, también pesados, estarán disponibles. También será parte de vuestras tareas abastecer al personal técnico con carne fresca —agregó rápidamente—. Para aquellos de ustedes que sean aficionados a la caza se abren posibilidades inimaginables. Encontrarán un verdadero mundo salvaje aún sin tocar.
    —¿Hay también un equipo disponible capaz de traernos de vuelta de ese mundo salvaje? —gritó Moses, que estaba sentado dos filas detrás de Steve y Jerome, junto a Loorey y Olsen. Steve se dio la vuelta. Loorey parecía que ya se había acercado a una de las mujeres jóvenes de la NASA. Ella estaba sentada a su lado, tenía aspecto joven y despreocupado, a lo sumo veinticinco años, nariz respingona, pelo castaño claro recogido en una cola de caballo alta y corta, bronceada y llena de pecas que le llegaban hasta el escote, algo abierto, de su vestido blanco de verano. Loorey admiraba sin vergüenza lo que se le ofrecía, no tenía ese aspecto malhumorado de siempre, y parecía encontrar mucho más interesante lo que había descubierto que las palabras del comandante. Steve sonrió y cuando sus miradas se encontraron, Loorey le devolvió la sonrisa y alzó las cejas con admiración.
    —Una cosa detrás de otra —rechazó Walton la pregunta de Calahan, y levantó una mano—. De ese problema hablaremos más adelante.
    —Usted dice «problema», señor —insistió Olsen—. ¿Hay problemas respecto a este punto?
    —De ninguna manera —aseguró Walton—. Sólo hay algunas... series de pruebas que aún no están del todo terminadas. Pero respecto a eso estamos... —bajó la mirada a sus papeles—muy, muy confiados.
    —¿Qué significa eso, señor? —siguió insistiendo Harald testarudo—. ¿Ya han enviado gente y la han traído de vuelta o no?
    —Escuche, teniente Olsen —dijo Walton irritado-, si me dejara continuar con mi exposición, este punto se aclararía satisfactoriamente para usted.
    —Eso espero, señor.
    —Ocho barcos nucleares pertenecientes a la flota estadounidense están «disfrazados» de unidades de abastecimiento, pero en realidad llevan los equipos técnicos con los que les trasladaremos a ustedes y a su equipo al pasado: son los denominados cronotrones, en el lenguaje especializado llamados «jaulas».
    —Eso tiene mucho sentido —gritó alguien.
    —Estos portajaulas hace bastante tiempo que operan desde la costa del sur de Cerdeña... —Señaló un campo rectangular con trasfondo rojo que se extendía aproximadamente cuarenta millas al sureste—. Aquí poco antes de la costa oeste... —Señaló un segundo cuadrado de aproximadamente cuarenta millas de longitud que empezaba al noroeste de la isla San Pietro y alcanzaba hasta la altura de Oristano—. Como aquí y aquí. —Señaló un tercer y cuarto rectángulo rojo, uno se encontraba alrededor de veinte millas al sur de Toulon y se extendía en dirección sudeste, el otro en la zona noroeste delante de las montañas que representaban las Islas Baleares orientales, Mallorca y Menorca, aproximadamente cien millas al sur de Barcelona—. A través de estas zonas ya hace tres años que se ha bajado material al pasado a intervalos regulares: tuberías para oleoductos de petróleo, máquinas, combustible, maquinaria geológica, alimentos, medicamentos, tiendas de campaña, alojamiento inflable, armas, municiones, artículos de uso diario, etcétera. —Echó una mirada en dirección a Olsen y continuó:—En lo que respecta al retorno, no hay ni el más mínimo motivo para preocuparse. En las Bermudas orientales se instaló un instituto de investigación que está equipado con las instalaciones más modernas de cronotrones. Ya hemos enviado allí a una serie de científicos y técnicos al pasado. Están planificando una superficie de varios kilómetros cuadrados, preparándola como zona de acceso, así como las instalaciones correspondientes. Desde allí les traeremos seguros de vuelta en cuanto hayan cumplido con su cometido.
    —Pero no han traído de vuelta a ninguno aún —intervino Olsen—. O sea, que esta cosa, esta «zona de acceso», como la llaman, debe de estar lista hace más de cinco millones de años.
    —El traer de vuelta es en principio el mismo procedimiento que el traslado al pasado —opinó Francis—sólo que simplemente de signo contrario. —El almirante se mostró alabador y paternal—. Los mejores cerebros de la nación están trabajando para perfeccionar los equipos y traerlos de vuelta seguros a la patria. Yo estoy muy seguro de ello. En cinco años estarán nuevamente en sus casas, señoras y señores. Se lo garantizo.
    —De hecho, aún no hemos podido solucionar todos los problemas del retorno —concedió Walton, sin entrar en más detalles sobre el comentario de Olsen—. Sin embargo, esto no tiene ninguna importancia. Ustedes deberían considerar que es suficiente si uno de nuestros equipos funciona en el futuro. Traídos de éste, desde allí podrán volver con cualquier cronotrón a su época. Teóricamente, después de transcurridos los cinco años para los cuales se comprometieron, con cinco años más de edad y más sabios, podríamos traerlos este mismo día de vuelta, o incluso aún más atrás en el pasado. Esto último, sin embargo, es imposible por motivos de seguridad, como comprenderán. Lo primero sería, como opinan nuestros psicólogos, fatal para su desarrollo psíquico. La subjetividad y el tiempo real, si es que ya marchan asincrónicamente, por lo menos deberían tener más o menos la misma duración. Si no se cumple con esto, se darían además de ello problemas sociales y jurídicos en los cuales no quiero detenerme ahora.
    —La Marina realmente se preocupa por nosotros de forma conmovedora —exclamó Moses.
    —¿No lo hemos hecho siempre, comandante Calahan? —contrapuso el comandante sonriendo.
    —Un tipo inteligente este Walton —dijo Jerome en voz baja—. No me sorprendería si conociera a todos los presentes en la sala por su nombre, para distribuir sus puntos a favor y en contra.
    —Es una rata —gruñó Steve—. Arremete contra cualquier obstáculo para lograr su objetivo.
    —¿Alguna pregunta? —gritó Walton.
    —Hace un rato usted ha dicho que nos buscarán desde las islas Bermudas —dijo un hombre con inconfundible acento de los estados del sur—. Yo tenía entendido que el asunto debía tener lugar en la Riviera. —Algunos se rieron—. ¿Cómo atravesaremos el Atlántico? Supongo que todavía no existirán conexiones por avión.
    —Pero sí conexiones por barco —contrapuso Walton inconmovible—. Pensamos establecer un puerto en la zona de la actual Cádiz y una conexión por ferry de todo el año entre Europa y las Bermudas. Estamos construyendo una jaula con la que se pueden expedir objetos del tamaño de unidades capaces de navegar en alta mar para organizar recarga de combustible y tripulación. Quiero mencionar un punto más —continuó Walton—. En las conversaciones con cada uno de los grupos que participen todavía volveremos a tratar el tema en detalle, pero deberíamos encarar este problema desde el principio. Los cronotrones para llevarles al pasado tienen anchos de dispersión que pueden reducirse a un mínimo, pero no se pueden eliminar del todo. En la zona a la que nos dirigimos son de aproximadamente seis a ocho años. Esto significa que dos envíos que se hacen en el mismo segundo y por exactamente la misma distancia, podrían llegar allí con seis u ocho años de diferencia de tiempo. Esto trae consigo algunos problemas logísticos, que, sin embargo, no son insuperables. Pero, una consecuencia de ello es que crearemos grupos llamados mixtos. Jamás irán técnicos solos, y siempre les acompañará un hombre armado con experiencia militar. Serán grupos de dos y cuatro, según el tamaño del equipamiento, totalmente motorizados y autosuficientes para poder operar por sí mismos durante años, si fuera necesario. Pues cada grupo podría ser el primero, y, aun cuando la probabilidad es muy baja, tener que esperar durante meses el siguiente.
    —Esto promete ser un juego de la gallina ciega muy interesante —murmuró Steve. Jerome asintió.
    —Ustedes aterrizarán aquí —dijo Walton. Señaló con el bastón un rectángulo estrecho y cubierto de verde que transcurría aproximadamente a treinta millas al norte del Cap de Fer paralelamente a la costa de Argelia y que se extendía aproximadamente cuarenta millas en dirección este-oeste.
    —Elegimos esta zona entre la planicie del norte de África y la hondonada de las Baleares porque allí se cumplen tres requisitos importantes: el terreno es relativamente regular, o sea que cae suavemente del sur al norte hacia el mar de las Baleares; se encuentra entre mil y quince mil metros por debajo del nivel del mar, o sea que es adecuado para un aterrizaje con aviones anfibios que se lanzan ahora sobre la superficie actual del mar; y se encuentra en aguas internacionales hoy día. Ustedes, cuando lleguen allí a la hora del objetivo, y con la condición de que no formen parte de los primeros grupos que aterricen en el lugar, encontrarán bases ya creadas. La próxima debería estar más o menos por aquí. —Señaló la pendiente en caída al sur del Golfo de Palma en la punta sudoeste de Cerdeña—. Probablemente ya les esperen en la zona de aterrizaje. Si no reciben ayuda y sus pedidos por radio permanecen sin responder, no entren en pánico. Piensen siempre en que podrían ser los primeros, ocúpense de sus tareas y encárguense de los preparativos para el aterrizaje del próximo grupo. Lo pueden hacer con la conciencia orgullosa de que serán los primeros en tomar posesión de una tierra virgen que jamás ha pisado un ser humano.
    —¡Qué conmovedor! —gritó alguien.
    —¡Escucha eso! —gruñó Steve.

    Jerome se rió.

    —No te enfades —dijo—. Ese tío hace su trabajo.
    —Gracias por todo, señoras y señores —concluyó Walton.

    El almirante Francis se levantó y se acercó al podio.

    —¿Saben qué es esto? —Levantó triunfante una mano llena de formas amarillentas que parecían fichas de casino sobredimensionados—. Esto es plástico —anunció, y puso ojos santurrones de niño-, y plástico de 5,3 millones de años. Exactamente el mismo material que utilizamos para los oleoductos que vamos a hundir en el pasado. En 1970 el Clomar Challernger los sacó del agua a dos mil metros de profundidad, cien millas al sur de Barcelona, y justamente en el lugar en el que ahora tiraremos el material. Vean, señoras y señores, ésta es la mejor prueba de que nuestro proyecto tendrá éxito.
    —Disculpe, señor, pero no me parece precisamente alentador —dijo Calahan—si las cosas se encuentran exactamente en el lugar en el que fueron tiradas hace cinco millones y medio de años. Si la Glomar Challenger hubiera perforado una cañería, donde no se tira material, entonces la cosa me parecería más comprensible.

    La sonrisa triunfante del almirante pareció congelarse en las comisuras de sus labios. Walton acudió en su ayuda rápidamente.

    —Por supuesto hundiremos mucho más material del que precisaremos, comandante, para tener suficiente material disponible en cualquier momento. Es absolutamente normal que en la zona del objetivo aún haya material tirado por ahí, precisamente porque no fue utilizado todo. O sea que no sé qué hay de extraño al respecto.

    La sonrisa triunfante de Francis había vuelto.

    —Tenemos aún más pruebas del buen resultado del proyecto, y eso hace bastante tiempo —anunció—. Es decir, tenemos todos los motivos para emprender el proyecto con confianza. Juntos iniciaremos algo que hará aparecer nuestro futuro en una luz prometedora. Que Dios nos...

    Steve ya no escuchaba lo que el almirante decía al micrófono. Cuando algunos minutos después abandonó la sala sin ventanas se asustó, no esperaba salir a la luz fuerte del sol. Por algún motivo inescrutable, había creído que sería noche oscura. Estaba como drogado y tenía dolor de cabeza; por eso renunció al almuerzo y se acostó un par de horas. Descansó con los miembros pesados como plomo debajo de las sábanas frescas y observó durante un rato el ventilador azul pálido protegido por una reja de cromo que viraba su cara con paciencia, como un robot, 90 grados en una y otra dirección. Después de un rato se había dormido.

    Unos golpes en la puerta le despertaron. Jerome estaba fuera con Harald y Moses detrás.

    —Estamos inaugurando nuestra tarea como «tempo-nautas» —dijo Harald Olsen guiñando los ojos. Sus cabellos rubios y escasos estaban mojados de la ducha, pegados a la cabeza, y el bigote parecía recién recortado. Parecía una foca joven y curiosa, y realmente había logrado quemarse al sol en los pocos minutos que había pasado expuesto al sol de Florida.
    —Lo que más tenemos que practicar es el... —dijo Jerome.

    Steve se dio una ducha fría, se vistió y salió con los otros. Tenía un hambre de oso y una sed aún mayor, pero sólo había cerveza en lata congelada que tenía un sabor espantoso. Más tarde pudieron convencer a Paul Loorey para que sacase el resto de sus reservas de whisky. Con eso quedó liberado, porque quería pasar la noche con la joven de la NASA. Se llamaba Jane Brookwood y trabajaba en la sección logística del «proyecto hondonada occidental». Sabía exactamente qué material iba a ser hundido y dónde, sólo que Loorey quería saber algo muy diferente, y a ella no parecían faltarle ganas.

    Harald, Jerome, Moses y Steve se retiraron al apartamento de Calahan y se emborracharon, y del todo. Ninguno de ellos supo después cómo había llegado a casa.


    8 - Desacoplados


    Después de diez días de clases teóricas en el Cabo y en Houston impartidas por diferentes especialistas, sobre todo geólogos, geofísicos, especialistas en petróleo y oleoductos, maestros e ingenieros, pero también biólogos, botánicos, paleontólogos y antropólogos, el grupo fue trasladado a Arizona para su capacitación. Allí se familiarizaron con nuevos equipos militares: con el «gato», un vehículo de orugas liviano que había sido desarrollado especialmente para moverse en el desierto y la sabana, pero también para poder superar ascensiones extremas y operar en terreno pantanoso; y con el fireflash, un lanzacohetes de la Marina de mediano peso con el que también se podían disparar granadas atómicas tácticas.

    Practicaron conducir en terreno empinado y poco transitable, aprendieron trucos con los cuales liberarse de agujeros pantanosos y superar dunas de arena, construyeron bases en terreno blando y excavaron pozos en zonas ultrasecas, fueron de caza con trampas tras pequeños animales, y se tragaron como pudieron lagartos fritos en pinchos.

    En general, la caza de lagartos tenía éxito. Los animales eran lentos, ya que en esta época del año solía soplar el viento helado del norte. Aunque el sol quemaba fuerte, el termómetro pocas veces excedía los quince grados. El año 1985 se acercaba a su fin, el invierno comenzó temprano. En las montañas ya había nevado.

    Steve volaba cada fin de semana que podía tomarse libre de Tucson a Albuquerque para visitar a Lucy. De alguna manera tenía mala conciencia por haberse inscrito en el proyecto y por eso la trataba con un cariño especial. Ella lo disfrutaba y sonreía.

    —No pienses tanto al respecto, Frankieboy —le dijo—. En el fondo de tu corazón eres un aventurero, y amo eso en ti. Yo soy más bien de tipo sedentario, mantengo en orden las cosas de O'Nooly desde hace casi veinte años, envío las facturas a sus clientes y cobro su dinero, y me da miedo pensar en el día en que esto se acabe. Por Dios, me pongo muy mal sólo de pensar en ello. En cinco años probablemente me haya convertido en una vieja aburrida, ¿quién sabe? Si tienes ganas, pasa por allí. Me alegraría, aunque fuera solamente para tomar una taza de té. Y escribe desde donde estés.

    Steve apretó los dientes. No se sentía bien dentro de su piel, pero no podía decirle que no sería posible. Se sentía bastante mal, como un amante a medias que se toma los vientos en secreto después de una furtiva noche de amor.

    A finales de marzo de 1986 fueron trasladados a un centro de ejercicios de tropas de las Fuerzas Aéreas al sur del lago de Utah. Allí se entrenaban unidades de aterrizaje aéreo bajo condiciones difíciles. Practicaban el desacoplado, primero a partir de dos mil metros de altura, después desde mil quinientos y finalmente desde mil. Primero sin equipo, para lograr percibir la característica de vuelo del planeador, más adelante con equipo completo y tripulación. El dragón, como se llamaba el planeador de doce metros de largo, era un objeto en forma de raya, de metal liviano y revestido de láminas de plástico en cuya parte trasera se encontraban un gato con sus remolques y una cantidad enorme de objetos de equipamiento y armas. Un viejo Sikorski S-64 «Skycrane» los llevó a tomar altura y los voló a la zona de aterrizaje.

    Después siempre lo mismo: las palabras atormentadas y torturantes de una voz en el receptor de cabeza, cantos alternos del siglo XX, difícilmente comprensibles bajo los golpes rítmicos de látigo de las superficies de carga del helicóptero de carga, la breve liturgia de una cuenta atrás, después de repente la falta de gravedad. Poco a poco, los remos señalaban resistencia, el ruido de los rotores se acalló, silencio; un gemir bajo se acrecienta, el aire frota la piel externa del planeador. Se abre la amplitud a la distancia, montañas oscuras y con cumbres blancas a lo lejos, debajo un recipiente resplandeciente, sostenido para recibirlos de forma segura. Sensación de vuelo. El canto de cuerdas de metal, tensiones, amarras con las que se mueven los remos; después nuevamente el ladrido ronco en el aparato de radio, la jauría de la tripulación de tierra se ha puesto tras su pista. Apretar a fondo los pedales para sacar fuera los patines de aterrizaje y colocarlos en el ángulo correcto; el recipiente se desvía hacia abajo, el cielo se desborda dentro; la nariz aún más alta con un tirar fuerte de la palanca de mando, un torrente de sol, contacto con el suelo, el rasgar agudo de los patines, después el apoyo oscilante, bombeante, como un leve graznido, de la gran rueda con radios de la parte delantera, claridad salpicada, pasaje de trozos de ramas y arbustos, el ruido tambaleante de los patines y de las ruedas de los patines, que muere lentamente.

    Abrir los cinturones. Esperar. Diálogos cortados por chillidos de los cambios, fragmentos de cifras. Silencio profundo. Son echados impacientemente del aparato aterrizado como moscas molestas, trepan saliendo del pulpito con las piernas rígidas y se dirigen a un todoterreno que espera a la luz del mediodía. Olor a aceite caliente y goma quemada. Viento frío de primavera que tira de arbustos pobres, aún quemados del último verano. El chirrido de metal recalentado que se enfría y descansa.

    Jerome Bannister y Steve Stanley debían formar juntos un grupo de dos. Su equipaje constaba de un gato con el tanque lleno y un remolque, quince bidones de combustible, un aparato de radio, una tienda de campaña para dos con sacos de dormir, farmacia de campo y WC de camping, bolso para la ropa, recipiente de agua, dos trajes livianos más para batalla, manutención para noventa días y concentrados secos ricos en vitaminas; además llevaban armas: una ametralladora pesada, dos pistolas automáticas, dos fusiles de fuego rápido que podían modificarse para caza y en total aproximadamente 10.000 balas de munición. Las reservas debían completarse en caso necesario en los depósitos que hacía meses se habían desacoplado por parte de la sexta flota estadounidense a lo largo de la costa norteafricana, de la costa occidental de Cerdeña y Córcega y al norte de las Baleares. Los contenedores de equipamiento fueron catapultados al pasado y bajaron en paracaídas en las zonas del borde de la hondonada occidental.

    Harald Olsen, Moses Calahan y Paul Loorey debían formar una de las unidades de base móviles y técnicas que estaban equipadas cada una con un todoterreno y su remolque. Como cuarto hombre se les sumó el capitán Salomón Singer, un psicólogo y antropólogo de la Universidad de Harvard que en sus años jóvenes había estado en Vietnam y era una de las pocas personas del proyecto que tenían experiencia en el frente de batalla. Rondaba los cuarenta, tenía pelo rizado casi rubio, que no pegaba bien con su tez oscura, y el rostro levantino, carnoso, siempre fruncido por la preocupación. Era de estatura mediana y bastante delgado, pero solía consumir grandes cantidades de comida y bebida, sobre todo cuando estaba invitado en alguna parte. Las malas lenguas decían que en esas ocasiones podía comer y beber como un camello, a modo de reserva, por motivos de ahorro, y que así después durante semanas no necesitaba nada.

    Salomón Singer tenía una tarea adicional de tipo militar muy extraña, y Steve no podía creer lo que oía cuando oyó hablar de ello por primera vez: el veterano de Vietnam y especialista demostrado para la investigación de la vida espiritual de los contemporáneos y de sus lejanos antepasados debía ponerse en contacto con los hombres mono de esa época de la especie de los Australopithecus, poner a prueba su inteligencia y controlar su aplicabilidad militar para capacitarles eventualmente como una especie de tropa de protección.

    Jerome y Moses lloraban de la risa cuando se enteraron. Se imaginaban un grupo de hombres mono armados con unos palos y con uniformes de la Marina que se pegaban sobre el pecho, tanto que las condecoraciones tintineaban.

    Harald Olsen se sostenía la barriga de la risa, y las lágrimas le corrían por las mejillas.

    —Tienen cada ocurrencia —gimió—. ¡Eso no puede ser verdad!

    Salomón miró afligido a uno y otro y dijo finalmente, en tono de reproche:

    —Tan descabellada no es la idea.

    En consecuencia todos rompieron en risas aún más fuertes, y Jerome exclamó:

    —En la Marina no van a tener más remedio que cambiar las normas sobre el afeitado.


    * * *

    A mediados de junio de 1986 habían terminado con los preparativos. Disfrazados de turistas, una sección de vanguardia de ochenta hombres fueron enviados en un vuelo a Madrid. Llegaron a últimas horas de la tarde, y llovía a cántaros. Dos funcionarios de la Guardia Civil, armados con automáticas y con esas cajitas chatas y de charol negro tan raras que se parecían más a implementos de cocina que a sombreros sobre la cabeza, controlaron sus pasaportes. Uno insistió en que Moses abriera su maleta de aluminio.

    —Miren a este nariz de oveja católica —gruñó Calahan. El funcionario revisó la maleta a fondo, observó al comandante con ojos oscuros y atentos que parecían un poco simples, pero siguió siendo correcto. Posiblemente no había entendido el comentario.

    Fueron conducidos por la ciudad al Hotel Escorial. Llovía sin parar. Steve siempre se había imaginado Madrid como una gran ciudad polvorienta, con un cielo plateado encima y hundido en una claridad sombría que ahogaba todos los colores, los envolvía en un velo de gris, tal como se encuentra sobre las imágenes de El Greco; pero la honorable metrópoli española se mostraba al brillo fresco de los colores, y las luces se reflejaban en el asfalto mojado.

    Al día siguiente Steve fue al Museo del Prado. Salomón Singer fue con él.

    La impresión que la famosa galería provocó en Steve fue paralizante. A él le gustaba el arte y amaba la pintura, sin embargo, la sombría galería de potentados católicos le impresionó; cretinos, todos muy vestidos, con hidrocefalia, sosteniendo el cetro como una matraca infantil, la tortura apenas escondida de sus deformidades físicas y espirituales; muchas veces la locura escondida con esfuerzo, envuelta en púrpura real. Tras grupos de rostros desconcertados, bien alimentados más allá de balaustradas de piedra, por encima de entradas a puertos abandonadas de prisa, signos de tormenta, horizontes oscurecidos, nubes amenazantes; infantas con túnicas valiosas y amplias, tan anchas como máquinas de barrido de calles. Entre ellas, un Arquímedes, sonriendo en su simpleza silenciosa, un deplorable Eureka alrededor de su boca sin dientes, rodeada de una barba oscura, dando lugar a pensamientos enfermizos. Y siempre repetidos los cuerpos horriblemente mutilados de los santos, cabezas cortadas servidas sobre bandejas de plata y cuellos almidonados y plisados; el Salvador crucificado cientos de veces, la carne maltratada y despedazada, el martirio.

    El éxtasis incomprensible de algunas representaciones le dio escalofríos. La fe extática le asqueaba; y con la palabra «fervor» se imaginaba ropa interior pocas veces cambiada de mujeres creyentes, envejecidas en castidad. Todo esto tenía para él algo profundamente inquietante, algo animal carente de gracia, como es el caso de algunos necrófagos. Y de hecho, ante alguna pintura muy antigua creía percibir el olor a muerte y descomposición. Agradecido, permaneció delante de cada Rubens y estaba encantado con la desnudez plena de sus representaciones vivaces de una sensualidad divertida. Al diablo con el carácter transitorio de la carne mientras se pudiera hacer uso de ambas manos y sentir la plenitud de la vida, se dijo Steve. Al diablo con todo este mundo occidental cristiano que se pudría hacia su destino misterioso como un Lázaro al que no se le aparecía ningún Salvador. Probablemente eran necesarias un par de correcciones bien diferentes en la historia de la humanidad para hacer de la Tierra un mundo habitable, para otorgar a este planeta aquella alegría brillante que prometía su vista desde el Universo: ser oasis, un solaz en los espacios del infinito universo.

    —Muchas veces me pregunto —dijo Salomón con el ceño muy fruncido y la nariz carnosa arrugada—a qué opinión llegarían visitantes extraterrestres si se les presentaran estas horribles imágenes de la crucifixión de Cristo, de Juan decapitado, de las terribles torturas de los santos cristianos.
    —Probablemente a la correcta —dijo Steve sarcásticamente, y levantó el cuello de su saco, como si quisiera protegerse detrás de él.
    —¿Nos considerarían caníbales?
    —¿No lo somos? —preguntó Steve—. De alguna manera seguimos siendo caníbales. Sólo que refinamos decididamente nuestras costumbres al comer, como es habitual en los pueblos civilizados.

    Después de una pausa, con la frente atravesada por profundas arrugas de preocupación, Salomón dijo:

    —También ellos, vinieran de donde vinieran, cargarían con sus dioses y demonios que les habrían perseguido a través de los milenios y hasta en sus sueños. Tal vez también ellos esperaran la salvación, conocerían demasiado bien todo esto y lo entenderían.

    Steve alzó los hombros y se dirigió a la salida. Cuando salieron a la calle por el portón, el sol salió de entre las nubes y los colores eran mucho más brillantes que antes. Steve tenía la sensación de que tras él se cerraba para siempre un altar móvil oscuro, confuso, con imágenes muy crueles. De repente tenía ganas de tomas un café fuerte y muy caliente, e invitó a Salomón a ir a una terraza.

    Encontraron un café que daba a la calle, abierto a pesar del tiempo frío, y tomaron asiento. Aún goteaba de los toldos coloridos, y sobre la superficie de las mesas de chapa pintadas de blanco había charcos de agua. La calle delante del local estaba recubierta de corchos, plenitud profusa, horneados en el asfalto en días cálidos de verano, pero más recuerdo que promesa. Mujeres reían, y el aire nocturno estaba lleno de frescor picante.

    Más tarde esa noche escribió una carta larga a Lucy en la que le confesaba que durante los cinco años de su ausencia no iba a recibir noticias suyas. Y le decía que la amaba por encima de todo.

    Dos días después los dividieron en dos grupos, y al finalizar la tarde dos grandes y nuevos autobuses turísticos los pasaron a buscar. «Málaga» decía en grandes letras sobre el parabrisas, incluso había un guía turístico que hacía algunos chistes en inglés duro, pero como nadie le hacía caso, pronto perdió toda su vivacidad. Después de alguna parada corta había desaparecido. La mayoría de los viajeros dormían. Los cristales oscuros falseaban el blando cielo de la tarde, haciendo de él un frente de tormenta amenazante. Entre La Roda y Albacete se hizo de noche, la zona más montañosa, Altos de Chinchilla, Sierra del Carrascal, después parada en Almansa, una cena completa; el estilo del hotel moderno y totalmente vacío intentaba evocar sin suerte el pasado moro; dos horas más tarde, Alicante, olor a mar. Los carteles a Málaga señalaban el sur. El autobús tomó la carretera al norte, de repente, en el cartel del autobús ponía «Barcelona». En un cartel al borde de la calle, iluminado brevemente por los faros, ponía «San Juan de Alicante», después «Campello», finalmente «Villajoyosa».

    El autobús se detuvo en un puerto minúsculo. Descendieron. Sólo había unas pocas luces encendidas. Los autobuses desaparecieron a través de calles estrechas, resonaron nuevamente subiendo las montañas, dejaron silencio detrás.

    El agua negra, recubierta de basura, pegaba con poco sonido contra el muelle. El viento que soplaba desde tierra, bajando de las montañas invisibles, llenas de alcornoques nudosos, era caliente, olía a roca muy soleada y salvia en flor. Barría trozos de papel y hojas caídas demasiado temprano hacia el puerto oscuro. Aunque era principio del verano, la atmósfera tenía algo de otoñal, algo definitivo, irrecuperable. Steve inspiró profundamente, sin embargo, no sintió alivio. También los demás callaban, como si sintieran el mismo hechizo.

    Desde un local turístico más atrás, en la playa, llegaban trozos de melodías de éxitos musicales. Un burro gritaba gimiendo desde lo más profundo de su pecho. Un gallo gritaba fuera de hora; todavía faltaba bastante para ser de día, la noche era como un trapo oscuro y caliente.

    En algún momento de los próximos días desaparecerían de este mundo sin dejar rastro y se hundirían en este enorme espacio oscuro, lleno de miles de millones de toneladas de agua y más millones de toneladas de vida, y penetrarían a través de ella en otra dimensión, en un desierto de sal clara por el sol sobre el fondo del mar, cinco millones y medio de años en el pasado.

    Steve intentó superar su angustia. Sobre las poderosas y desgastadas baldosas de piedra del muelle yacía una paloma muerta. Reprimió el impulso de empujarla al agua cubierta de basura. A alguna distancia había dos barcazas amarradas, y de alguna parte salieron repentinamente un par de marineros de la Marina y les ayudaron a subir a los botes. Minutos después se hicieron a la mar y dejaron atrás las luces del puerto, rastros finos de luz sobre las olas.

    Fuera del muelle del puerto, el mar estaba embravecido y la barcaza comenzó a oscilar. De vez en cuando a los hombres el agua les salpicaba el rostro, y el ruido de los motores cambiaba continuamente, dependiendo de cuan profundamente se hundía la hélice en el agua.

    Estaban sentados muy apretados sobre los bancos revestidos de plástico blanco. Nadie hablaba, sólo se oía la voz proveniente de la radio que un marinero sentado en la popa llevaba colgada del cuello, y su propia voz cuando alzaba el aparato y respondía.

    Después de quince minutos aproximadamente, vieron luces delante. Era la Fellow, que estaba anclada y protegida por la isla de Benidorm. Al amanecer se acercaron dos helicópteros de gran espacio. Mientras el primero se amarraba a cubierta tras descender con faros de búsqueda muy brillantes, el otro volaba en círculos encima del barco y con el fack-fack de las palas fustigantes de los rotores formaba arrugas en las ondas grises.

    Steve y Jerome, junto a dieciocho miembros más del grupo de operaciones, subieron a bordo del primer helicóptero, que emprendió vuelo de inmediato, mientras que el segundo bajaba. Después de dos horas de vuelo aproximadamente, aterrizaron sobre la cubierta del Thomas Alva Edison, que navegaba setenta millas marinas al sur de Mallorca.

    Steve estaba cansado y se sintió muy agradecido de que les indicaran de inmediato los camarotes. Sin embargo, tardó mucho en dormirse porque había tomado demasiado café para mantenerse despierto. Cuando por fin se durmió, soñó con una hilera de altares en los cuales las imágenes habían sido pintadas con pintura negra y ahora parecían pizarras recién limpiadas. Alguien a su espaldas decía impaciente que empezara de una vez. Steve miraba confuso el trozo de tiza en su mano y no tenía ni idea de con qué debía empezar, aunque reflexionaba febrilmente. Tampoco sabía quién se encontraba detrás de él, pero no se decidía a darse la vuelta por miedo a que pudiera ser el hombre de la máscara de cuero. Sentía miradas en el cuello, y su desesperación aumentó. Pero sus pensamientos daban vueltas en círculo sin sentido. De repente, detrás de él se oyeron risas variadas, como si se hubiera reunido un grupo de escolares, pero no eran risas claras de niños, sino risas descaradas de adultos. Steve intentó en vano reprimir las lágrimas, y sintió, avergonzado, que le corrían por las mejillas. Entonces reunió todas sus fuerzas y se giró de golpe. Creyó haber visto de pasada unos rostros de viejos sin dientes sonriendo, pero en ese momento se despertó.

    Steve sintió cómo la angustia y la profunda tristeza que le habían llenado le abandonaban y eran reemplazadas por un gran alivio. Se había despedido. Y poco después se había dormido profundamente, sin más sueños.

    El Edison era uno de los portajaulas camuflado como barco de suministros más moderno. Steve y Jerome, la unidad técnica básica bajo el mando de Calahan y cinco grupos más de dos y cuatro debían ser hundidos al pasado desde este barco.

    Como el reactor tardaba aproximadamente cincuenta horas en armar el campo artificial de gravitación de la jaula y los técnicos precisaban aproximadamente veinticuatro horas para bajar la jaula vacía, hacer el mantenimiento del generador y volver a cargar la jaula, sólo se podía bajar la jaula cada cuatro días. Esto sucedía siempre en las primeras horas de la mañana, cuando había suficiente claridad, de manera que el rayo de luz producido al soltarse la burbuja de gravitación se iluminara por el brillo del sol y no pudiera detectarse por satélite, pero también a tiempo para que la niebla de la mañana ocultara el vapor que pudiera aparecer.

    Para armar el campo Kafu, la jaula con su carga útil se bajaba con unos cables aproximadamente veinte metros por una esclusa en el casco del barco. Allí colgaba durante dos días y dos noches, hasta que se obtenía la potencia de campo necesaria y el ordenador del cronotrón producía el GO en la milésima de segundo exacta. Entonces se volvía a subir la jaula, se hacía el mantenimiento y se volvía a cargar. Durante todo el procedimiento había alerta máxima. El Edison estaba flanqueado continuamente por dos destructores que llevaban medios para asegurar submarinos, y por lo general había más unidades cerca en calidad de escolta.

    Steve y Jerome iban a bajar como tercer grupo; el grupo de Calahan, Olsen, Loorey y Singer debía seguir como cuarto. Esto significaba que tenían más de una semana de tiempo. Steve la pasó leyendo y jugando a las cartas. Podían beber alcohol (muy en contra de las costumbres por lo general tan severas en las instalaciones de la Marina) a voluntad, como si tuvieran delante una operación de aterrizaje difícil y rica en pérdidas.

    Steve pensó en Norman Mailer y en todo lo que había leído sobre la guerra en el Pacífico, cuando repentinamente se le ocurrió que había olvidado preparar material de lectura para los cinco años en el pasado. Aprovechó especialmente los días que le quedaban para revisar todo el barco en busca de libros. Pidió, tomó prestado y robó lo que pudo y de alguna forma le parecía útil. Al hacerlo descubrió que en un barco como éste nadaba junto a él una colección de literatura de lo más increíble. Su biblioteca, la que pudo reunir a muy corto plazo, naturalmente contenía fascículos de Cassius Low, Barry Rauhsack y Billy Hammock, pero también cosas exigentes, el viejo Bellow estaba representado, un par de Hemingways e indestructibles Henry Millers, e incluso algo del legendario Silverberg, de Hesse, Dostojewskij, Tolstoi, Flaubert, una selección de las obras de Mark Twain, el primer tomo de En busca del tiempo perdido de Proust, Los miserables de Víctor Hugo y un tomo con una selección de dramas de Strindberg con el título «Un sueño». Steve metió cuanto pudo en la profundidad del saco de marinero (tan largo como un hombre) que había sido permitido a los participantes de la expedición para sus cosas personales.

    En sus incursiones por el barco, Steve pudo determinar que el Edison albergaba menos personal militar que científico y técnico. Allí donde fuese se encontraba con batas blancas y monos color azul claro, pocas veces uniformes. Las conversaciones con esas personas eran poco productivas; entre ellos discutían en su jerga técnica: se hablaba de «equivalentes de potencia de campo», de «pulsaciones de gravitación en el ámbito de los gigavatios» y de «anchos de dispersión cronotrónicos en el sector de tiempo objetivo», de «emisiones temporales» y de «relación masa-recorridos de tiempo». Para ellos, los miembros del grupo de operaciones parecían representar conejillos de indias, se interesaban sobre todo por su peso corporal y por el peso del equipaje de sus candidatos. Consideraban a los temponautas como «carga útil» para sus jaulas, cuya masa debía ser determinada exactamente hasta las milésimas de gramos para poder ubicarla en lo posible exactamente en el «sector de tiempo» y mantener los «anchos de difusión cronométrica» tan bajos como fuera posible.

    Steve notó también que el Edison y sus barcos escolta navegaban continuamente en círculo. Mientras cargaban la jaula, tomaron rumbo este y siguieron casi exactamente el grado 38 de latitud hasta llegar 8°30' de longitud este, después tomaron rumbo al Sur y hacia la costa africana, dejaron las islas de La Galite a su izquierda y prosiguieron rumbo oeste. Después navegaron a aproximadamente treinta millas marinas de distancia de tierra firme paralelamente a la costa de Argelia. En este trayecto la potencia de campo de la jaula había alcanzado la altura requerida, y su contenido fue desacoplado. Esto sucedía por lo general a la altura del cabo Rosa, a veces también más al oeste, en dirección al cabo Bougaroun. Una mirada al mapa mostró a Steve que al norte de El Kala, Annaba, Chetaibi y Skikda, el fondo del mar descendía bastante plano a 1200 metros de profundidad presentaba pocas irregularidades. Inmediatamente después del desacople, los barcos se dirigieron al noroeste, dieron la vuelta aproximadamente después del tercer grado de longitud, que corresponde a la altura de Argelia, y el procedimiento empezó de nuevo.

    En la noche en la que el segundo grupo debía ser bajado, Steve despertó asustado. Creía haber oído un grito horrible en la profundidad del barco. Contuvo el aliento y escuchó en la oscuridad. Algunos momentos después oyó un ruido, como si golpearan con una llave inglesa pesada contra planchas de acero. Por un momento le vino a la cabeza la idea espantosa de que al construir el barco podría haber quedado encerrado por error en el laberinto de apuntalamientos y cuadernas un trabajador del astillero, y que ahora intentaría hacerse notar durante la noche por medio de señas de golpes. Naturalmente eso no tenía mucho sentido; el hombre ya haría mucho que estaría muerto (a no ser que viviera de ratas y lamiera el agua condensada de las planchas de acero). Pero Steve creyó oír que todos los barcos habían sido gasificados en el astillero para controlar la plaga de ratas. O sea que era impensable que durmiera pared contra pared con la momia de una rata. Encendió la luz y se levantó. Jerome, que compartía con él la cabina, dormía profundamente en su compartimiento. Steve se vistió y subió.

    Sobre cubierta soplaba un viento frío. El día amanecía, y el cielo al este parecía una laguna verde clara en la que flotaban oscuras un par de balsas de nubes delgadas. El Edison navegaba con toda su fuerza con rumbo oeste, y en popa el agua parecía hervir. Subía vapor que cubría el mar como un banco de niebla bajo. Steve se dirigió a la borda y miró hacia abajo.

    En ese momento creyó volver a oír el grito de horror que le había despertado. Durante un rato, un rayo de color rojo oscuro tembló por debajo del casco de la popa del barco y tiñó el agua, como si un cruel arponero hubiera encendido una carga de pólvora en el corazón de una ballena y ésta explotara en un torrente de sangre.

    Acababan de desacoplar, de popa salía vapor en abundancia y cubría el sol saliente. Steve se apresuró debajo de la borda y bajó al cronotrón para mirar cómo los técnicos recibían la jaula vacía.

    La subida de la jaula pareció durar una eternidad. Steve estaba en la galería enfrente de la gran central de mando acristalada que colgaba oscilante por encima del portón interno y transparente de las esclusas, y en la que el equipo de control del cronotrón estaba sentado a sus aparatos. Por los gestos y movimientos de la boca se veía que los técnicos transmitían instrucciones, sin embargo, no se podía escuchar ni una palabra, ya que la central de mando estaba aislada por completo contra sonidos.

    El viento gemía. Cables de acero chorreantes y brillantes de grasa se envolvían en tambores. Un árbol de cables, grueso como un hombre, revestido de material impermeable, desaparecía en el techo como una serpiente de otro mundo con manchas de color gris oscuro. Por fin apareció una sombra larga y oscura por debajo de la esclusa. El gemido de los motores de cabria sonaba como el canto de una ballena jorobada, y por fin el poderoso animal se levantó solo de las aguas oscuras, brillantes a la luz de los faros, y pareció doblar la espalda negra como el terciopelo, como si quisiera volver a tratar de dar un salto a las profundidades. Con un clic metálico ronco, el capullo de aproximadamente treinta metros de largo de la jaula de transporte encastró en su anclaje. Sonó una sirena. Se extrajo agua de la cámara de esclusas, después se abrieron los portales internos. Olía fuerte a sal y algas quemadas. Debajo de ellas estaba la superficie negro mate con estructura alveolar del aparato, un elipsoide delgado con un enorme bulto que sobresalía por detrás, donde desembocaba el árbol de cables. Allí se encontraba el grupo electrógeno del cronotrón, el generador de fuerza de gravedad.

    Se abrieron las válvulas y el aire entraba con fuerza a la celda evacuada de la jaula. Tuvo que esperar más de media hora hasta que los técnicos soltaron los tornillos; después subieron la tapa con una grúa y la giraron a un lado.

    Steve miró fijamente al espacio interior totalmente vacío. Hacía poco menos de una hora había cuatro hombres y un montón de material allí dentro. La noche siguiente, Jerome y él bajarían al cuerpo de la ballena y esperarían a que los técnicos cerraran la tapa, a que la jaula fuera retirada de las esclusas y bajada a veinte metros de profundidad. Y después tendrían que seguir esperando otras cincuenta horas mientras el generador, alimentado por el poderoso reactor del barco, cargaba el campo del cronotrón, hasta que llegara el momento decisivo y ellos enviaran a la ballena a la profundidad del tiempo para que les escupiera en una zona lejana.

    La grúa bajó un nuevo suelo de rejas que fue incorporado a la jaula que se encontraba dentro del campo, dentro de la burbuja de gravitación, una piel fina de energía que se conformaba en la parte interna de la jaula. Eso significaba que también soportes, suelos y aire eran trasladados por la anomalía gravitacional hacia el pasado cuando se lograba la potencia crítica de campo.

    Steve fue a desayunar, y encontró a Jerome sentado disfrutando de una doble porción de huevos fritos con panceta.

    —El último desayuno como la gente normal de los próximos cinco años —aseguró, masticando con placer—. Te hago una apuesta. —Sirvió a Steve una taza de café humeante—. Sería mejor que nos dieran gallinas y cerdos en lugar de estos concentrados de furcio de astronauta.

    Steve ordenó huevos revueltos con jamón y pinchaba sin ganas la comida. Tenía hambre, pero no apetito.

    Cuando terminaron, Jerome bajó para mirar cómo cargaban la jaula. Steve estuvo durante un tiempo dando vueltas por el barco. El sol brillaba con fuerza, y el Edison se movía con viento oeste fuerte en dirección noroeste, de tiempo en tiempo tomaba un poco de espuma y lo lanzaba a sotavento. Muy lejos, al sur, podía reconocerse, aunque no claramente, la costa africana. Al este se podían ver tres barcos más de la Marina con el mismo rumbo que el portajaulas.

    Prometía ser un hermoso día. Steve se buscó un libro, colocó una silla de cubierta en un lugar protegido por el viento e intentó leer, pero no podía concentrarse. Las gaviotas volaban por encima de él y dirigían la vista hacia abajo con una mirada sin vida. Él devolvió la mirada e intentó echarlas con la fuerza de su voluntad, sin embargo, sus pequeños cerebros perezosos no reaccionaban a sus impulsos de pensamiento y recibían sus intenciones a su manera. Maldiciendo, se limpió la caca asquerosa de pájaro de la manga de su cazadora.

    Al finalizar la tarde, Steve y Jerome acudieron a una revisión médica (un ritual superfluo, pero en cierto modo tranquilizador). Después, de pronto se dijo que la subida iba a retrasarse veinticuatro horas. El submarino atómico El este es rojo, que hacía varios días se había detenido en el puerto de Valletta de visita amistosa, había partido con destino desconocido. La prisa que dominaba el puente del Edison se difundió a todo el barco. Palabras en código por radio pasaban entre los portadores de la jaula y el barco con bandera, el crucero con cohetes USS Albany, y entre el almirantazgo y el equipo de operaciones en la base principal de Rota en la bahía de Cádiz. A eso de las 18:00 horas parecía que el submarino chino había sido descubierto de camino a Trípoli. Pero pasó una hora más hasta que se confirmó el anuncio y el Edison recibió el GO transitorio.

    Steve y Jerome, que durante todo ese tiempo estaban sentados en la enfermería en ropa interior y esperaban una resolución, se pusieron su ropa de viaje: un traje liviano especialmente elaborado con varios bolsillos, botas, capa de cuero y casco de acero, cinturón para armas con sostén para pistola, y paracaídas, por si al desacoplar sucedía algún imprevisto. A continuación recibieron las últimas instrucciones.

    —Dentro de sesenta horas estaremos por encima de la zona roja, el lugar de aterrizaje previsto. —Dijo el primer oficial del Edison, quien dirigía las operaciones del cronotrón, un hombre de casi cincuenta años, bajo, grueso y de espaldas anchas. Unos escasos cabellos grises bordeaban su calva bronceada. Tiraba continuamente de sus orejas grandes y salientes y masticaba su chicle con decisión furibunda, sin embargo, no lograba encubrir su nerviosismo. Los músculos de sus mejillas temblaban traicionándole. Con gestos remarcadamente distendidos señalaba las distancias y la posición del barco:—De momento nos encontramos 38°6' de latitud norte y 4°15' de longitud este. Zona de aterrizaje: entre 37°15' y 37°30' de latitud norte y entre 6°30' y 8°15' de latitud este, zona roja.

    Se interrumpió y se peleó a grito pelado por el intercomunicador con los técnicos de la jaula, que parecían ignorar sus órdenes porque consideraban una impertinencia su autorización a dar órdenes en asuntos técnicos.

    —La zona de aterrizaje se encuentra aproximadamente a tres millas de ustedes, según la fuerza y dirección del viento, y según la rapidez con la que bajen. El suelo es plano, desciende lentamente de sur a norte. Los suelos salinos prácticamente no permiten vegetación más alta, sin embargo, si de vez en cuando aparece algún árbol, ya hace tiempo que habrá sido derribado, a no ser que de hecho sean ustedes el grupo de aterrizaje que llegue primero. Probablemente encuentren un terreno aplanado en el que pueden aterrizar sin problemas también a oscuras.
    —¿Y le ha gustado el sitio? —preguntó Jerome.
    —¿Cómo? —preguntó el primer oficial irritado.
    —Bueno, habla como si ya hubiera estado allí —opinó Jerome alzando los hombros.
    —Existen descripciones indirectamente investigadas de los hechos que son de una probabilidad que limita en la seguridad, comandante —dijo venenoso el hombre de la Marina.
    —Tranquilícese. —Hizo señas negativas Jerome—. No lo decía en serio.
    —Lo mejor es que primero permanezcan en la zona roja, hasta que entren en contacto con la base, especialmente si aterrizan a oscuras. Las posibilidades son del 50 por ciento.
    —Lógico —suspiró Steve.
    —Después intenten establecer contacto con la base. Ésta se encontrará más o menos aquí. —Señaló la punta sur de Cerdeña y miró el reloj—. El tiempo apremia. En aproximadamente cuarenta y cinco minutos deberían estar en la jaula. Ordenen todavía un buen menú. Se les llevará antes de que cierren la jaula. Les deseo mucha suerte. —A continuación se dio mucha prisa en desaparecer en dirección al puente.

    Con una plataforma móvil fueron bajados a la jaula. El planeador cargado, el mecanismo de patas altas asegurado con bloques, estaba sobre la rejilla del suelo móvil, que caería hacia abajo al desacoplar.

    Poco antes de que colocaran la tapa a la jaula y ésta fuera cerrada herméticamente, les sirvieron la última comida. Steve sólo había pedido un montón de sandwiches y dos termos llenos de té, para estar equipado para los siguientes dos días y noches; Jerome tragó una porción doble de boeuf stroganoff y también recibió sus sandwiches y té. Su petición de una botella de ron y un paquete de seis cervezas fueron ignorados, al igual que sus protestas. Tuvo que conformarse con una lata de cerveza. Jerome se la tomó de mal humor y se puso cómodo en el asiento posterior del gato. Apenas habían colocado la tapa ya estaba dormido.

    Un talento admirable, se dijo Steve, que estaba acostado en la estrecha cabina del planeador, con el respaldo trasero tan inclinado hacia atrás como le era posible. Pero así había sido siempre. Si en el Cabo una partida había sido postergada por mal tiempo, Jerome dormía tranquilamente en su camastro hasta que había clareado nuevamente. A él nada parecía sacarle de quicio, mientras que Steve después de media hora ya tenía que luchar con ataques de claustrofobia. Sabía que las siguientes cincuenta horas serían las peores de su vida, y que cuando el momento decisivo llegara, estaría muerto de cansancio y sueño.

    Durante este tiempo estaban en contacto por radio con la gente de la tripulación de servicio, pero con la creciente energía del campo Kafu el contacto se volvía cada vez más débil, y aproximadamente cinco horas antes del desacople se interrumpiría por completo. Después estarían aislados, encerrados en un muro de tiempo que habían montado capa por capa a su alrededor, y no podrían decir con seguridad si tras este muro aún existía el presente, o si ya estaban cayendo por el vacío.

    No, no, se decía Steve, mientras la pared de la jaula aún pueda verse, estamos en el presente, colgamos aún seguros debajo de la quilla del Edison como la cría de un mono bajo la barriga de la madre, y sin embargo, encendió uno de los faros buscadores del deslizador, para asegurarse. Lo volvió a apagar y escuchó los ruidos provocados por la salida de las esclusas y el sonido cuando la jaula fue soltada. Poco después lo volvió a encender, y le dio vueltas porque creyó escuchar el sonido de agua. Trepó hacia fuera y observó atentamente la pared interna alveolar de la jaula. No se podía encontrar ni una gota de agua.

    Por un momento sintió claustrofobia. Rápidamente trepó de vuelta a la cabina, se colocó rápido la máscara sobre la cara y abrió la entrada de oxígeno. Inspiró algunas veces profundamente hasta que la sensación asfixiante pasó, después se reclinó.

    La voz del primer oficial le despertó. Miró el reloj. Sólo habían transcurrido seis horas. Aún faltaban cuarenta y cinco horas hasta el desprendimiento. Jerome estaba sentado silbando contento sobre el baño de campaña, que había descargado y armado sobre la reja al lado del morro del planeador.

    El primer oficial quería saber si todo estaba en orden.

    —Nos va fantástico —aseguró Steve mientras tapaba el auricular del aparato de radio porque Jerome le acababa de gritar que a la Marina le costaría un montón de dinero enviartambién al mioceno el montoncito que estaba haciendo a través de cinco millones y medio de... años.
    —Tendrán que pesarlo con oro —chilló.
    —¿Quieren que les pongamos un poco de música? —preguntó el primer oficial.
    —Nada en contra.

    Dos minutos después pudieron recibir el programa nocturno de radio Argelia a través del auricular.

    Jerome insistió en jugar un par de rondas de ajedrez, después de ponerse cómodos en el gato. Steve perdía cada juego porque no podía concentrarse. Jerome comía casi sin pausa. Su manera de manejar la situación, se decía Steve.

    Escucharon el programa matinal de la radio italiana, después el programa de la tarde de emisora Palermo. Finalmente estaban lo suficientemente al este para recibir a través del portaaviones impulsado por energía nuclear Richard G. Colbert y del viejo Chester W. Nimitz el programa emitido por AFN para el sur de Europa, sin embargo, la recepción empeoraba de hora en hora.

    También la voz del primer oficial, que se hacía oír a intervalos regulares, se volvió más débil poco a poco y quedó envuelta en un chasquido fino como el de un fantasma acústico.

    El día siguiente pasó con una lentitud torturante. A su alrededor crecía el puño poderoso de energía que les lanzaría más de cinco mil millones de años al pasado lejano.

    Jerome estaba sentado en el asiento del conductor y examinaba atentamente un mapa de la zona oeste del Mediterráneo que había extendido sobre el cuadro de mando. Quería grabar en su mente puntos destacados del paisaje. Steve estaba en el asiento trasero y volvía a leer a Proust después de mucho tiempo. Arriba probablemente ya estaría oscuro, delante de su ojo interior se abrió el paisaje inundado por el sol de Combray: el cielo como paralizado de Normandía; el silencio rodeado de insectos; aguas durmientes en jardines repletos de vegetación y atravesados por un silencioso deterioro; las pendientes inundadas de flores de amapola a ambos lados del camino; las rosas en su simpleza campesina, y el esplendor luminoso de los arbustos del espino, con un velo rosa pálido, de efecto casi ingrávido... Por un momento, Steve se hundió en su interior y cerró los ojos. Tenía todo exactamente delante de él: los arbustos, que formaban una secuencia interminable de capillas y ofrecían su decoración de capullos como en altares; la corteza rojiza de las ramas, rasgada por la antigüedad; el gris claro liso de ramas con pinchos; las jóvenes hojas peludas en su verde fresco, y la plenitud explosiva de las estrellas de las flores en blanco tierno, de las cuales sobresalían los estambres rojos como protuberancias. Sin embargo, algo no estaba del todo bien. En su memoria no lograba recordar el perfume. La sensación quedaba tapada por algo que era imposible de asir.

    La voz chirriante de un técnico, que parecía venir del otro lado del mundo, le sacó de sus pensamientos y anunció triunfante que su masa había sido determinada exactamente. Que ascendía en cien milésimas de exactitud a 5,38972833244 toneladas.

    Jerome señalaba hacia abajo, donde estaba el baño de campaña.

    —Valen oro, nuestros chicos de la NASA. —Cogió un sandwich y lo mordió—. Nada se pierde. Sistema cerrado.

    Radio Palermo emitía el programa nocturno, pero Sicilia parecía más alejada que Plutón. El chillido se volvió inidentificable otra vez, bajó a un puré de ruidos, y finalmente se convirtió en tortura. El susurro, producido por la creciente energía del campo de gravitación artificial se volvió más duro. Sonaba como si toneladas de pequeñísimas bolas de acero llovieran sobre una superficie de hormigón.

    Jerome se acostó sobre el asiento trasero del gato, y Steve trepó nuevamente a la cabina, donde permaneció dormitando. Algunas veces se despertaba bruscamente cuando oía un ruido como si apretaran y rasgaran una gran extensión de chapa de acero. La tensión entre el campo de gravedad artificial y el de la Tierra crecía. La materia que cargaba el campo de la jaula fue exigida hasta llegar al ámbito subatómico, y hasta que la burbuja de energía con su masa encerrada ya no lograba sostenerse en el continuo normal de espacio-tiempo.

    De repente, a Steve le llamó la atención lo que le estaba molestando hacía bastante tiempo, un olor aromático dulce como a vainilla o canela que se volvía cada vez más intenso. Recordó haber oído hablar de eso durante su formación teórica: un misterioso fenómeno concomitante del campo Kafu. Ya los primeros grupos que habían sido enviados al pasado habían informado sobre esto poco antes de desacoplar.

    Hacia la medianoche volvió a anunciarse el primer oficial. Su voz parecía venir de otra galaxia. Chillaba que todo estaba en orden y que la cuenta atrás iba de acuerdo a los planes. Calahan y Olsen estaban con él, pero sus voces apenas podían identificarse ya. Deseaban «buena caída».

    —A vosotros también —gritó Steve al micrófono. Pero no parecieron entenderle, ya que una voz llena de perturbaciones preguntó:—¿De verdad están ahí todavía?
    —Diles que traigan algo de beber —gritó Jerome desde la zona de carga—. Para que podamos celebrar el volver a vernos. Entretanto buscaremos un lugarcito cómodo para hacerlo.

    Poco después se interrumpió el contacto por radio. Se extendió el silencio, el olor dulce a canela se volvió más intenso y la temperatura comenzó a aumentar notablemente. Un rato después apareció un fenómeno que Steve conocía demasiado bien como astronauta: un temblor irregular de la gravedad, como si un impulsor de los cohetes no funcionara del todo bien. La burbuja de energía producida por el cronotrón comenzó a vibrar. Pronto alcanzarían la potencia de campo crítica.

    Jerome cerró bien todas las aberturas y llegó trepando a la cabina. Controlaron juntos los aparatos; todo funcionaba a la perfección. Cerraron la escotilla, se ajustaron los cinturones, apagaron los faros y esperaron.

    La temperatura continuó creciendo. Comenzaron a sudar y se soplaban oxígeno al rostro. Poco a poco, las paredes de la jaula parecían arder al rojo vivo. Respirando con dificultad, Steve luchó contra un nuevo ataque de claustrofobia. Al borde de su campo de visión aparecieron diseños coloridos de luz. Por un momento pensó que ya habrían pasado y que veían las estrellas, sin embargo, cuando alzó la cabeza, veía solamente los reflejos distorsionados del cuadro de instrumentos sobre el vaso de plástico del pulpito por encima de ellos, y detrás un brillo difuso.

    A lo lejos se percibía un tronar que se acercaba rápidamente y amenazaba reventar la jaula con su vibración.

    —¡Creo que ahora llegó el momento! —gritó Jerome tras él.

    El tronar aumentó. Períodos cortos alternos de sacudidas de gravedad y falta de gravedad se siguieron como el golpear de un carnero que lucha contra la presión del agua que fluye sobre él. La burbuja artificial de gravitación tiraba, se desgarró y se partió.

    ¡Jesús!, pensó Steve.

    Y nuevamente reventó el corazón de la ballena. Un momento de obnubilación.

    Y cayeron.

    ...cayeron por humo sangriento y trozos de nubes directos hacia el sol, un sol rojo profundo que tocaba el borde del horizonte occidental.

    Steve vio caer el suelo desmontable de la jaula tropezando hacia el vacío, empujó instintivamente el palo de mando hacia delante para estabilizar el vuelo del planeador; el impulso de movimiento que el Edison le había impuesto no era suficiente.

    Atravesaron un manto fino de nubes. Por debajo de ellos se extendía un paisaje increíble: planicies blancuzcas, con un halo rosa de la luz del atardecer, con manchas de vegetación y largas rayas de sombras, zonas montañosas, cuyas cimas aún se encontraban bajo la luz solar, mientras que sus flancos ya estaban envueltos en la oscuridad que ascendía de las planicies. Delante de ellos, en el noroeste, una gran superficie de agua se extendía hacia el oeste hasta donde llegaba la vista, y su ribera estaba mucho más al sur de lo que mostraban los mapas. El cielo púrpura de la tarde se dejaba iluminar como un recipiente de cobre. Una cadena de montañas, oscura y larga, se elevaba cada vez más hacia el sur: la costa del norte de África.

    El sol bajaba rápidamente por debajo del horizonte, las sombras se agudizaron. Descendían penetrando el atardecer.

    —Tenemos que darnos prisa con el aterrizaje, pronto estará oscuro —dijo Jerome. En ese momento les llegó el eco del estruendo de su materialización, que rodaba por los flancos montañosos de la costa como un poderoso retumbar.

    Steve bajó aún más la nariz del deslizador. Las superficies de carga ampliamente expuestas se batían en la turbulencia. La ribera del lago que se veía a la derecha transcurría en una curva que terminaba plana al suroeste hasta entrar a la zona de aterrizaje. Como la base podía ser pantanosa, Steve dejó caer el planeador más hacia el sur, para aterrizar a suficiente distancia de la costa.

    Entretanto, Jerome había puesto en funcionamiento la emisora y estaba transmitiendo la señal acordada.

    —La boya llama al ancla, la boya llama al ancla, por favor, venid. Corto.

    Escucharon atentos.

    Y no olviden que cada uno de los grupos podría ser el primero...

    De repente se oyó un crack en el receptor, después una voz gritó:

    —¡Apagad el transmisor! Si queréis salir vivos, guardad silencio, por Dios! ¡Manteneos sin falta a la escucha!

    Jerome había vuelto a apagar de inmediato el transmisor y dijo consternado:

    —Qué tono más cortés tienen por aquí. Pero ¿qué querrá decir con «Si queréis salir con vida...»?
    —Bueno, parece que las cosas no van tan bien como la Marina imaginó. Ya lo suponía.

    Steve espió hacia la creciente oscuridad y determinó que había algunos árboles en la zona de aterrizaje.

    —También tendrán sus motivos para no mantenerse demasiado tiempo en transmisión —gruñó. Acercó el palo de mando, cuando vio delante de sí una palmera en solitario cuya copa faltaba, detrás de ella arbustos, superficie vacía. Encendió los faros de aterrizaje maldiciendo. Se encontraban aproximadamente a veinte metros por encima del nivel. El terreno era bastante uniforme, pero cicatrizado por cráteres, como si le hubiera disparado la artillería: aquí y allá pasto quemado y arbustos carbonizados, entre manchas claras de arena. Steve levantó el morro del planeador y colocó los patines en posición vertical, aproximadamente cinco metros por encima del terreno. Después, primero posó el primer patín sobre el suelo, y después el otro. El morro se sacudió con fuerza hacia abajo, la rueda de atrás se posó suavemente, las ruedas de los patines tropezaron y frenaron el recorrido rápidamente, pasaban ramas rápido a lo largo de la cabina. Un par de veces el planeador osciló de un lado a otro, después arremetió contra algo elástico y quedó colgado allí.

    Steve apagó los faros de aterrizaje, se desabrochó el cinturón de seguridad y abrió la escotilla. El aire nocturno era increíblemente caliente y olía a sal. Los grillos hacían ruido. Jerome, que había trepado a la zona de carga por el agujero y allí buscaba con la linterna, gritó que todo estaba bien. Algunos minutos después volvió a la cabina armado con dos pistolas automáticas.

    —¿Crees que nos están tomando el pelo? —preguntó Jerome.
    —No es mi impresión en absoluto —dijo Steve con decisión—. Tampoco quiero intentar averiguarlo ahora —agregó con rabia.
    —¿Quién podría ser nuestro atacante?
    —Lo averiguaremos muy pronto seguramente.

    Steve escuchó hacia fuera en la oscuridad.

    Ramas crujiendo; en alguna parte, muy lejos, le pareció escuchar el ruido de un motor, un vehículo pesado. Parecía alejarse, y poco después ya no se oía nada.

    ¿Estarían realmente en el pasado? Steve se sentía igual que cuando iba en un vuelo de prueba con una máquina 4-Mach por encima del Atlántico y volvía después de cargar combustible. Por la tarde no podía quitarse la sensación de que no había estado realmente en Europa, sino que había vivido todo en una especie de simulador. Le parecía haber medido el trayecto en un mapa. La verdadera distancia permanecía tan abstracta como un dato de distancia astronómica. Su espíritu no había viajado junto con el resto, sólo había reaccionado a reflejos condicionados que le habían sido inculcados en años de capacitación; se percibía a sí mismo, sin embargo, como si apenas se hubiese movido del lugar. Así debe sucederle a un árbol que se trasplanta, se dijo Steve. Con sus sentidos limitados determina que el aire tiene otro gusto, el suelo se siente diferente, sin embargo, la distancia que le separa entre su lugar de emplazamiento anterior y el actual es inimaginable para él.

    Seguro que se encontraban en la cuenca del Mediterráneo. Las señales del paisaje eran las correctas. Y como esta cuenca no estaba llena de agua, no era posible que siguieran en el presente. Hace aproximadamente cinco millones y medio de años en esta cuenca no había agua. Ergo...

    —Hemos bajado sin problemas y nos hemos puesto bajo cubierta de inmediato —informó Jerome, que había trepado fuera y recorrido el planeador con una linterna—. Hemos tenido suerte. También aquí hay árboles.

    Iluminó delante de ellos. El planeador había atravesado arbustos livianos y tenía el morro enterrado debajo de unos matorrales espesos con enredaderas espinosas y hojas secas y duras que sólo cubrían la mitad.

    —Creo que lo mejor es que nos quedemos donde estamos. Por lo menos hasta la mañana o hasta recibir nuevas instrucciones —dijo Steve.

    Jerome asintió.

    —De todas formas no podemos hacer nada durante la noche. No quiero encender los faros antes de saber qué sucede aquí en realidad.

    Steve le dio un manotazo a un mosquito que había metido el aguijón en su frente.

    —Estas bestias parecen haberse acostumbrado rápidamente a nuevas costumbres alimenticias —refunfuñó—. Todavía no hay seres humanos en esta época, pero estos bichos ya tienen todos los recursos listos para recibirlos como corresponde cuando pongan sus pies en el escenario del mundo, para jorobarlos, diezmarlos por las enfermedades y hacer de sus vidas un infierno.
    —Increíble que todo esté listo y sólo falte el ser humano.
    —Y vio Dios que era bueno, pero después se puso grandilocuente y dijo: Hagamos el hombre a nuestra imagen y semejanza...

    De repente, en dirección sur, a quince o veinte kilómetros de distancia se oyó un disparo de artillería. Escucharon conteniendo el aliento, después oyeron un golpe. Parecía provenir de algún lugar aproximadamente a dos kilómetros al noroeste de ellos. Un rayo de luz muy claro desgarró la oscuridad.

    —Sin embargo, no parece que hayamos llegado al paraíso —dijo Jerome—. Esto promete ser más bien una cálida bienvenida.
    —Si no hubiéramos bajado tan rápido y en vertical, y si yo no hubiera guiado al planeador un poco hacia el sur, posiblemente ahora estaríamos exactamente en el lugar de donde procede el disparo —dijo Steve—. Probablemente han descubierto el ruido de la materialización y en base a él calcularon nuestro probable punto de aterrizaje.

    Aguzaron el oído preocupados, pero los disparos habían cesado.

    De pronto, el receptor volvió a revivir.

    —Bienvenidos al infierno —dijo una voz en inglés, con un acento apenas audible, pero duro—. ¿Habéis tenido un buen aterrizaje?
    —¡No contestéis! —gritó una voz más lejana—. No os dejéis confundir. Quieren descubrir vuestra posición para pegaros un tiro en la cabeza.

    El dedo índice de Jerome, que había oscilado doblado sobre el conmutador, se ablandó y cayó atrás.

    —De todas maneras es mejor que os rindáis lo antes posible, como han hecho la mayoría de vuestros camaradas. Estáis en peligro. La zona en la que habéis aterrizado está radiactivamente contaminada. No tenéis ninguna oportunidad. En tres o cuatro horas estaréis liquidados. Avisad para que os podamos sacar lo antes posible. Cada minuto cuenta, si no queréis morir.
    —Sed razonables —prosiguió otra voz—. No tenéis ninguna oportunidad. No existe un proyecto hondonada occidental, no lo hubo nunca. A vuestros predecesores les dimos un ultimátum. Un par de fanáticos realmente creyeron que podrían pasar por encima de nosotros. Hace tiempo que están muertos. Hemos hecho explotar el estrecho de Gibraltar. El agua sube. Vuestras reservas se encuentran en el fondo del mar. Estáis bloqueados y sin refuerzos. Avisad. Os sacaremos.
    —¡No permitáis que os convenzan para responder! —gritó una voz—. Os localizarían en segundos.
    —Se burlan de vosotros. Ninguno volverá al futuro.
    —Quieren desmoralizaros. No hagáis caso. No creáis ni una palabra.
    —¿Quiénes son ellos? —preguntó Jerome.

    Steve alzó los hombros.

    —Probablemente los jeques dormían menos profundamente de lo que nuestra Marina creía.

    La emisora de propaganda calló. La voz más lejana daba órdenes.

    —Descargad antes del amanecer y salid cuando la luz os lo permita. Nada de focos. Conducid en dirección norte, después noreste. Tan rápido como sea posible. Aprovechad cualquier cobertura. Poned atención a huellas frescas de camello. Si encontráis una tropa montada, disparad. Los bandidos quieren vuestra carga. Os sacaremos en cuanto podamos. Mantened recepción. Corto.
    —¿Sabes cómo son las huellas de camello? —preguntó Jerome.
    —Ni idea. No sabía que en esta época había camellos aquí.
    —Deben haberlos traído. Buena idea. No hay problemas de combustible.
    —O sea que son árabes.
    —Es muy probable. Y deben ser muy buenos si pueden debilitar tanto a nuestra gente que no consiguen asegurar la zona de aterrizaje.

    Del noroeste, donde había sonado el proyectil, ahora llegaba el sonido de trompetas que protestaban. ¿Mastodontes? Pájaros asustados chillaban. Después volvió la tranquilidad.

    Steve miró arriba, hacia las estrellas, pero no pudo encontrar ninguna constelación conocida. Habían aterrizado en el pasado realmente, habían traspasado un período de tiempo en el que la luz mide el abismo entre las galaxias. El sol aún tenía por delante más de cuatro mil años luz en su órbita alrededor del centro de la Vía Láctea antes de que surgieran las primeras pirámides.

    Como al día siguiente tenían un viaje agotador por delante, intentaron dormir un poco alternadamente, pero no tuvieron mucha suerte.


    9 - El calvario


    Steve se encargó de la primera guardia. Venus se veía brillante y claro en el cielo occidental, y bajaba lentamente hacia el horizonte. Una media luna finita y frágil parecía acercársele como una barca de vidrio. Cuando miraba hacia el sur, vio un cometa muy cerca por encima de las líneas de las montañas africanas. Su cola señalando rígidamente el Este hacía el efecto de una lluvia de chispas de una fragua. Era un cielo extraño y amenazante el que se les presentaba, el cielo de un mundo que aún no estaba organizado para los humanos, un cielo que aún mostraba las constelaciones confusas de una creación sin terminar. Y sin embargo, poco a poco le invadió la sensación de la realidad de este mundo, de su sustancia sensible. Adquirió forma, ya no era pasado abstracto, sino que se convirtió en un ahora, en el presente, que se dejaban respirar, gustar y tocar. Era como si se abriera un poro en el cuerpo poderoso del tiempo y que él penetrara allí como un microbio, como si recibiese de nuevo la corriente vital que había abandonado en otro lugar pero que llevaba consigo en dirección al futuro, allí donde su propio presente se encontraba en alguna parte como una galaxia lejana, separada de él por eones, como una isla cuya costa uno recuerda.

    Un ruido le despertó de golpe de sus pensamientos. Ramas que crujían, después se oyó un resoplido, como de un gran animal. Algún monstruo atravesaba muy cerca el matorral. Steve destrabó el seguro de la automática y de repente le pareció que estaba muy pobremente armado. ¿Sería un saurio? Tonterías. Para enfrentarse a un gran lagarto deberían haber sido catapultados diez veces más lejos al pasado. Probablemente era un mastodonte u otro mamífero enorme. La mayoría de las especies habían desarrollado formas grandes en el mioceno.

    Despertó a Jerome. Escucharon. Algo tocaba el planeador, lo rozaba, volvió a alejarse. Después el fantasma nocturno desapareció. Poco tiempo después la emisora volvió a sonar.

    —Parece que por ahora no podremos sacaros. Pero los ayudaremos en cuanto podamos. Salid rápido de la zona roja. Dejad el vehículo si es absolutamente necesario. La zona de aterrizaje está radiactivamente contaminada en parte. Volveremos a ponernos en contacto. Corto.

    Jerome cerró la escotilla maldiciendo y la atrancó.

    —Esos idiotas nos lo podrían haber dicho antes. ¡Maldita sea! Nos dejan aquí hervir en la sartén caliente sin saber nada.

    Steve intentó dormir un poco, pero en la estrecha cabina hacía demasiado calor y se asfixiaba. Se despertó cubierto de sudor. Se apretó la máscara de oxígeno contra la cara e inspiró profundamente algunas veces. Todavía faltaban aproximadamente dos horas para que despuntara el día.

    —¿Descargamos? —preguntó Jerome.

    Montaron los aparatos y accesorios y los guardaron en el gato. Después soltaron la parte trasera del planeador, liberaron el gato y el remolque de sus soportes, encendieron el motor y salieron fuera.

    Las estrellas se habían apagado. Durante la noche se había formado niebla. Al este ya aclaraba. Los contornos de los alrededores empezaron a destacarse.

    El deslizador había hecho un surco estrecho a través de los arbustos y de euforbios bajos, después se había metido en un matorral de espináceas y mimosas, y se había quedado ahí. No hubieran podido encontrar mejor escondite. Sólo la escotilla de la cabina y el timón lateral se veían.

    —Parece que tenemos suerte —opinó Steve—. Quizá podamos escabullimos sin ser vistos.

    Jerome pisó el acelerador. El terreno era bastante uniforme, tipo sabana, con pequeños arbustos de pasto duro, arbustos crecidos y grupos separados de árboles, en general euforbios; aquí y allá también palmeras. El gato avanzaba bien, pero era agotador conducir allí porque constantemente había que eludir arbustos que no se veían hasta el último momento.

    No habían avanzado ni quinientos metros, cuando oyeron el ruido de una explosión tras de sí. Steve miró hacia atrás y vio la zona donde habían aterrizado hundida en un torrente de luz color naranja. Sintió un temblor y vio, fantasmagórica en la niebla, la nube de explosión extendiéndose en forma de hongo.

    —¡Están disparando con granadas nucleares! —gritó.

    Jerome aceleró instintivamente para volver a frenar de inmediato porque casi choca contra un arbusto con espinas. El gato oscilaba bastante. Steve miraba fascinado hacia atrás, esperaba el próximo rayo que les destruiría y volaría formando polvo radioactivo. Sin embargo, no llegó.

    —¡Conduce más despacio! ¡Nos oirán a cien millas, maldición! —le gritó irritado Steve, y en el mismo momento lamentó haberse dejado ir. Jerome le echó una mirada enfadado, pero no dijo nada. Sudaba mucho por el esfuerzo de conducir. Tenía perlas de sudor en la frente y entre los pinchos oscuros de barba de tres días.
    —Para ellos los refuerzos parecen funcionar mejor que para nosotros si pueden disparar granadas atómicas así sin más —opinó Steve después de un rato—. No me sorprende que nuestra gente haya quedado tan a retaguardia. Será difícil bombear el petróleo de los jeques si están sentados sobre él.
    —Pues entonces, el golpe más osado y probablemente más caro de la historia de la humanidad sería una triste caída al agua, literalmente —dijo Jerome.
    —¿Crees que es verdad que han bombardeado el estrecho de Gibraltar?
    —Con esas cargas de explosivos que tienen a su disposición es totalmente imaginable —dijo Jerome alzando los hombros—. Pero tan rápido no se desborda el recipiente. Tendrán que hacer un agujero enorme para que se llene si las corrientes como el Nilo y el Ródano, así como un par de cientos de otros ríos pequeños, no pudieron evitar que se secara.
    —Cuando descendimos me pareció que la línea de la costa del mar de las Baleares estaba mucho más al sur que en los mapas de la reconstrucción topográfica.
    —Lo que me preocupa más son los rumores de que no hay posibilidades de volver al futuro.
    —¿Crees realmente que es posible que se hayan burlado de nosotros? —preguntó Steve estupefacto—. Eso significaría que... —Interrumpió cuando Jerome pisó el freno con todas sus fuerzas e hizo parar el gato de golpe.

    Steve miró por el retrovisor para tratar de descubrir el inesperado obstáculo, y miró fijamente. Entonces vio la cara más horrible que jamás había tenido delante. Sobre un caño de acero de aproximadamente cinco centímetros de diámetro que alguien había metido en el suelo había una cabeza humana cortada. Era la cabeza de un hombre joven; la boca abierta como para gritar mostraba una dentadura intac