• GUARDAR IMAGEN


  • GUARDAR TODAS LAS IMAGENES

  • COPIAR IMAGEN A:

  • OTRAS OPCIONES
  • ● Eliminar Lecturas
  • ● Ultima Lectura
  • ● Historial de Nvgc
  • ● Borrar Historial Nvgc
  • ● Ayuda
  • PUNTO A GUARDAR



  • Tipea en el recuadro blanco alguna referencia, o, déjalo en blanco y da click en "Referencia"
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Todas Las Revistas Diners
  • Todas Las Revistas Selecciones
  • CATEGORIAS
  • Libros
  • Libros-Relatos Cortos
  • Arte-Graficos
  • Bellezas Del Cine Y Television
  • Biografias
  • Chistes
  • Consejos Sanos
  • Cuidando Y Encaminando A Los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Paisajes Y Temas Varios
  • La Relacion De Pareja
  • La Tia Eulogia
  • La Vida Se Ha Convertido En Un Lucro
  • Mensajes Para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud Y Prevencion
  • Sucesos-Proezas
  • Temas Varios
  • Tu Relacion Contigo Mismo Y El Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • CATEGORIAS
  • Arte-Gráficos
  • Bellezas
  • Biografías
  • Chistes que llegan a mi Email
  • Consejos Sanos para el Alma
  • Cuidando y Encaminando a los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Fotos: Paisajes y Temas varios
  • La Relación de Pareja
  • La Tía Eulogia
  • La Vida se ha convertido en un Lucro
  • Mensajes para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud y Prevención
  • Sucesos y Proezas que conmueven
  • Temas Varios
  • Tu Relación Contigo mismo y el Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Selecciones
  • Diners
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL TWONKY (Henry Kuttner)

    Publicado el lunes, junio 29, 2015
    Los cambios de personal en Mideastern Radio eran tan frecuentes que a Mickey Lloyd le costaba acordarse de sus hombres. Constantemente había empleados que renunciaban para trabajar donde les pagaban mejores sueldos. Así que cuando ese hombrecillo cabezón salió distraídamente de un cuarto de almacenamiento, Lloyd le echó una ojeada al uniforme de trabajo pardo provisto por la compañía y dijo con tono mesurado:

    —La sirena sonó hace media hora. A trabajar.
    — ¿Trabajar-r-r? —al hombrecillo le costó articular la palabra.

    ¿Borracho? Lloyd, como capataz, no podía permitirlo. Tiró el cigarrillo, se acercó y lo olfateó. No, no era alcohol. Examinó la identificación en el uniforme del hombrecillo.

    —Dos-cero-cuatro. Ajá. ¿Eres nuevo aquí?
    —Nuevo. ¿Eh? —el hombre se frotaba un chichón en la frente; era un individuo menudo y extraño, calvo como un tubo, con una carucha arrugada y pálida, y ojos diminutos y desencajados.
    —Vamos, Joe. ¡Despierta! —Lloyd empezaba a impacientarse—. Trabajas aquí, ¿no?
    —Joe —dijo el hombre pensativamente—. Trabajar. Sí, trabajo. Yo los fabrico —le costaba pronunciar las palabras, como si tuviera una fisura palatal.

    Echándole una ojeada a la identificación, Lloyd aferró a Joe del brazo y lo arrastró a la sala de montaje.

    —Aquí está tu puesto. A trabajar. ¿Sabes lo que tienes que hacer?

    El otro irguió el cuerpo esmirriado.

    —Soy...experto —recalcó—. Los hago mejor que Ponthwank.
    —De acuerdo —dijo Lloyd—. Manos a la obra, entonces —y se marchó.

    El hombre llamado Joe titubeó. Se masajeaba la magulladura de la frente. El uniforme de trabajo le llamaba la atención, lo examinaba con curiosidad. Dónde... Oh, sí. Estaba colgado en el cuarto donde había aparecido. Sus ropas, naturalmente se habían disipado durante el viaje... ¿Cuál viaje?

    Amnesia, pensó. Había caído desde el...el algo, cuando la velocidad disminuyó y...se detuvo. ¡Qué extraño era ese cobertizo enorme, atestado de maquinaria! No le evocaba nada familiar.

    Amnesia, eso era. Era un obrero. Fabricaba cosas. En cuanto a la extrañeza del lugar, eso no significaba nada. Todavía estaba aturdido. Pronto se despejaría. Ya veía más claro.

    Trabajo. Joe se esforzaba por recordar mientras recorría la sala. Había hombres con ropa de trabajo, haciendo cosas. Cosas simples y obvias. Pero...qué infantiles y elementales.

    Tal vez fuera una guardería...

    Poco después Joe entró en un depósito y examinó algunos modelos terminados de radiofonógrafos. Conque eso fabricaban... Toscos y groseros. Pero a él no le correspondía juzgar. No. Su función era fabricar Twonkies.

    ¿Twonkies? El nombre le relampagueó en la memoria. Claro que sabía hacer Twonkies. Los había hecho toda la vida. Le habían entrenado especialmente. Ahora se usaba un modelo diferente de Twonky, pero qué diablos, para un obrero capaz, era cosa de niños.

    Joe volvió al taller y encontró un banco vacío. Se puso a construir un Twonky. Ocasionalmente se escabullía para robar el material que necesitaba. Una vez, cuando no pudo encontrar tungsteno, se apresuró en fabricar un pequeño artefacto para elaborar el material, y lo elaboró.

    Su banco estaba en un rincón apartado, mal iluminado, aunque había luz de sobra para los ojos de Joe. Nadie reparó en la consola que se estaba construyendo allí. Joe trabajaba muy, muy rápido. Ignoró la sirena del mediodía, y a la hora de salir, ya había terminado. Tal vez necesitaba otra mano de pintura; le faltaba el tono-lustre de un Twonky stándard. Pero ninguno de los otros tenía tono-lustre. Joe suspiró, se recostó bajo el banco, buscó en vano un cojín-de-reposo y se durmió en el suelo.

    Despertó pocas horas más tarde. La fábrica estaba desierta. ¡Qué extraño! Tal vez hayan cambiado los horarios. Quizás... Joe estaba desconcertado. El sueño le había disipado las brumas de la amnesia, si de eso se trataba, pero todavía estaba aturdido.

    Farfullando entrecortadamente, mandó el Twonky al depósito y lo comparó con los otros. En apariencia era idéntico a un combinado último modelo. Imitando el diseño de los otros, Joe había camuflado y disfrazado los diversos órganos y reactores.

    Volvió al taller. Las últimas brumas se le disiparon en la mente. Un escalofrío le sacudió los hombros.

    — ¡Gran Snell! —jadeó—. ¡Ahora entiendo! ¡He caído en un nudo temporal!

    Mirando perplejo alrededor, corrió al cuarto de almacenamiento donde había aparecido por primera vez. Se quitó la ropa y la colgó del gancho. Después Joe fue a un rincón, palpó el aire, cabeceó satisfecho y se sentó sobre nada, a un metro del suelo. Luego desapareció.


    —El tiempo es curvo —dijo Kerry Westerfield—. Eventualmente regresa al mismo punto donde se inició. Eso es la duplicación —apoyó los pies sobre una piedra que sobresalía de la chimenea y se estiró gozosamente. En la cocina, Martha hacía tintinear botellas y vasos—. Ayer a esta hora tomé un Martini —dijo Kerry—. La curva temporal indica que ahora tendría que tomar otro. ¿Me escuchas, ángel?
    —Lo estoy sirviendo —respondió el ángel.
    —Entonces has comprendido. Sigo adelante. El tiempo traza una espiral en vez de un círculo. Si llamas ‘a’ al primer ciclo, el segundo será ‘a más 1’, ¿entiendes? Lo que significa que hoy corresponde un Martini doble.
    —Sabía en qué terminaría tu explicación —repuso Martha, entrando en la sala espaciosa y revestida de roble; era una mujer menuda, morena, con una cara singularmente bonita y una silueta incomparable. El pequeño delantal de guinga lucía ligeramente absurdo combinado con pantalones y blusa de seda—. Y no fabrican ginebra a prueba de infinitud. Aquí tienes tu Martini —agitó el recipiente y acercó los vasos.
    —Muévelo despacio —advirtió Kerry—. Nunca lo agites. Eso es —aceptó el vaso y lo estudió apreciativamente; el cabello negro y entrecano le brilló a la luz de la lámpara mientras sorbía el Martini—. Bueno, muy bueno.

    Martha bebió lentamente, observando a su marido. Un tipo simpático, Kerry Westerfield. Era cuarentón, agradablemente feo, de boca ancha, y contemplaba la vida con un ocasional destello sardónico en la mirada. Hacía doce años que estaban casados, y eran felices.

    El fulgor tenue y tardío del crepúsculo se filtraba por las ventanas, perfilando el gabinete contra la pared, al lado de la puerta. Kerry lo observó satisfecho.

    —Nos ha costado bastante, pero...
    — ¿Qué? Oh, a los hombres les costó bastante subirlo por las escaleras. ¿Por qué no lo pruebas, Kerry?
    — ¿Y tú, no lo has probado?
    —El viejo ya era bastante complicado —dijo Martha con fastidio—. Esos aparatos me confunden. Me he criado con un Edison. Dabas vuelta una manivela y salían ruidos raros de una trompeta. Eso llegué a entenderlo. Pero esto... Aprietas un botón y suceden cosas extraordinarias. Ojos eléctricos, selección de tono, discos que se tocan por las dos caras, acompañados por gruñidos y chasquidos exóticos dentro de la consola... Tal vez tú entiendas algo del asunto. Yo prefiero no entender. Cada vez que paso un disco de Crosby en semejante aparato, Bing parece incómodo.

    Kerry comió una aceituna.

    —Voy a poner Debussy —señaló una mesa—. Te he traído un nuevo disco de Crosby. El último.

    Martha gesticuló alegremente.

    — ¿Puedo ponerlo, no?
    —Ajá.
    —Pero tendrás que enseñarme cómo.
    —Es sencillo —dijo Kerry, mirando con orgullo la consola—. Estos bebés son magníficos, ¿sabes? Hacen todo, menos pensar.
    —Ojala lavaran los platos —comentó Martha; dejó el vaso, se levantó y entró en la cocina.

    Kerry encendió una lámpara y se puso a examinar la radio nueva. El último modelo de Mideastern, con todas las novedades recientes. Era caro, pero no representaba un lujo para él. Además, el viejo ya estaba bastante maltrecho.

    Vio que no estaba enchufado. Tampoco se veían conexiones, ni siquiera el cable a tierra. Algo nuevo, tal vez. Antena y cable a tierra incorporados. Kerry se agachó, buscó un tomacorriente y conectó el aparato.

    Después abrió las portezuelas y examinó las perillas con absoluta satisfacción. Brotó un haz de luz azulada que le dio en los ojos. En el interior de la consola se oyeron chasquidos tenues y secretos. De pronto se acallaron. Kerry parpadeó, tocó perillas y palancas y se mordisqueó una uña.

    —Patrón psicológico probado y aprobado —dijo la radio con voz distante.
    — ¿Eh? ¿Qué habrá sido? —Kerry hizo girar una perilla—. Un radioaficionado... No. A esta hora, imposible. Hm.

    Se encogió de hombros y fue a sentarse al lado de la discoteca. Examinó rápidamente los títulos y los nombres de los compositores. ¿Dónde estaba El cisne de Tuonela? Allí, al lado de Finlandia. Kerry sacó el sobre y lo abrió. Con la mano libre extrajo un cigarrillo, se lo puso entre los labios y tanteó la mesa por los fósforos. El primero se le apagó.

    Lo arrojó al hogar. Estaba por encender otro cuando un ruido débil le llamó la atención. La radio se le acercó cruzando la sala. Un zarcillo con forma de látigo salió de alguna parte, recogió un fósforo, lo raspó contra la mesa —como había hecho Kerry— y acercó la llama al cigarrillo del hombre.

    Kerry actuó mecánicamente. Aspiró, y de pronto soltó el humo tosiendo convulsivamente. Se arqueó en dos, jadeante y momentáneamente ciego. Cuando recobró la visión, la radio estaba de vuelta en su sitio de costumbre.

    Kerry se mordisqueó el labio inferior.

    —Martha —llamó.
    —La sopa está lista —dijo ella.

    Kerry no respondió. Se levantó, se acercó a la radio y la miró, dubitativo. El cable estaba desconectado. Kerry volvió a conectarlo con cierta aprensión. Se agachó para examinar las patas de la consola. La terminación parecía muy buena. Su mano exploratoria no descubrió nada raro. Madera... Dura y tensa.

    Cómo diablos...

    — ¡La cena! —llamó Martha.

    Kerry arrojó el cigarrillo al fuego y salió lentamente de la sala. Martha le observó, mientras depositaba un recipiente con caldo sobre la mesa.

    — ¿Cuántos Martinis has tomado?
    —Sólo uno, el que me serviste. Creo que me he dormido un minuto —dijo vagamente Kerry—. Sí, claro.
    —Bien, despierta —ordenó Martha—. Y que sea la última vez que te duermes ante mi pastel. Al menos por una semana.

    Kerry buscaba en su billetera con aire distraído. Extrajo un sobre y se lo entregó a Martha.

    —Aquí tienes el billete, ángel. No lo pierdas.
    — ¡Oh! ¡Un compartimiento para mí sola! —Martha guardó el cartón en el sobre y gorjeó de felicidad—. Eres magnífico. ¿Seguro que podrás arreglarte sin mí?
    — ¿Eh? Sí... Creo que sí —Kerry saló el aguacate; tiritaba como si se recobrara de un mareo—. Claro, me las arreglaré. Tú ve a Denver y ayuda a Carol a tener el niño. Todo queda en familia.
    —Bien. Mi única hermana... Ya sabes cómo son ella y Bil —sonrió Martha—. Locos de remate. Ahora necesitarán de alguien más centrado.

    No hubo respuesta. Kerry, meditativo, masticaba el aguacate. Murmuró algo sobre Beda el Venerable.

    — ¿Qué pasa con él?
    —Una disertación, mañana. En cada curso nos ensañamos con Beda el Venerable, por alguna extraña razón. En fin...
    — ¿Ya tienes preparada la clase?
    —Claro —dijo Kerry; hacía ocho años que enseñaba en la universidad, y por cierto que a esta altura ya conocía bien las reglas del juego.

    Más tarde, mientras fumaban y tomaban el café, Martha miró la hora.

    —El tren saldrá pronto. Mejor termino de empacar. Los platos...
    —Los lavaré yo.

    Kerry siguió a su mujer hasta el dormitorio, y aunque quiso ayudarle, no pudo ser muy eficaz. Después bajó las maletas hasta el coche, esperó a Martha con el motor en marcha, y luego ambos partieron hacia la estación.

    El tren llegó a tiempo. Media hora después de la despedida Kerry guardaba el coche en el garaje y entraba en la casa bostezando poderosamente... Estaba cansado. Bien. Los platos. Después, una cerveza y a leer a la cama.

    Con una mirada aprensiva a la radio, entró en la cocina y se dispuso a lavar la vajilla. Sonó el teléfono. Kerry se secó las manos con un paño y atendió la llamada.

    Era Mike Fitzgerald, que enseñaba psicología en la universidad.

    — ¿Qué tal, Fitz?
    —Qué tal. ¿Se fue Martha ya?
    —Sí. Acabo de despedirla en la estación.
    — ¿Tienes ganas de charlar, entonces? Tengo un scotch excelente. ¿Por qué no vienes a casa y hablamos?
    —Me gustaría —dijo Kerry bostezando otra vez—, pero estoy muerto. Mañana será un día agotador. Dejémoslo para otra vez...
    —Claro. Acabo de corregir monografías y sentí la necesidad de airearme. ¿Qué pasa?
    —Nada. Espera un minuto —Kerry dejó el teléfono y miró por encima del hombro con el ceño fruncido. En la cocina había ruidos. ¿Qué demonios pasaba?
    —Cruzó la sala y cuando llegó a la puerta de la cocina quedó petrificado ante el espectáculo: la radio estaba lavando los platos.

    Al rato volvió al teléfono.

    — ¿Pasa algo? —preguntó Fitzgerald.
    —Mi nueva radio —dijo cautelosamente Kerry—. Está lavando los platos.

    Fitz tardó un momento en responder. Rió dubitativamente.

    — ¿Ah, sí?
    —Te llamo enseguida —dijo Kerry y cortó. Se quedó inmóvil un instante, mordiéndose el labio. Luego volvió a la cocina y se puso a mirar.

    La radio le daba la espalda, por así decirlo. Varios tentáculos de madera manipulaban los platos; los hundían en agua caliente y espumosa, los frotaban con una esponja, los sumergían en el agua limpia y por último los ordenaban en la bandeja de secado. Esos apéndices eran lo único que se movía. Las patas, al parecer, eran sólidas.

    — ¡Eh! —dijo Kerry.

    No recibió respuesta. Se acercó para examinar más detalladamente la radio. Los tentáculos surgían de una ranura bajo una de las perillas. El cable estaba colgando. No gastaba electricidad, entonces... ¿Pero qué...?

    Kerry retrocedió y se puso un cigarrillo en la boca. De inmediato la radio se volvió, encendió una cerilla y se la acercó. Kerry parpadeó mientras le estudiaba las patas. No podían ser de madera. Se curvaban con los movimientos, elásticas como goma. La radio se contoneaba de un modo muy peculiar.

    Cuando Kerry hubo encendido su cigarrillo, la radio volvió al fregadero para terminar su faena.


    Kerry llamó a Fitzgerald.

    —No bromeaba, hombre. Pero tengo alucinaciones o algo por el estilo. Esa maldita radio acaba de encenderme el cigarrillo.
    —Un momento —dijo Fitzgerald, vacilante—. ¿No me estás tomando el pelo, verdad?
    —No. Y tampoco creo que sea una alucinación. La cosa cumple con tus deseos. ¿Puedes venir a casa y probarme los reflejos?
    —De acuerdo —dijo Fitz—. Dame diez minutos. Prepárame un trago.

    Colgó. Kerry, después de hacer lo mismo, se volvió en el preciso instante en que la radio regresaba a la sala. El contorno cuadrado y macizo era ligeramente aterrador, como una especie de duende. Kerry tiritó.

    Siguió a la radio, que tomaba su ubicación original, inmóvil e imperturbable. Abrió las portezuelas, examinó la bandeja giradiscos, el brazo del fonógrafo y los otros botones y dispositivos. Aparentemente no había nada anormal. Tocó de nuevo las patas. No eran de madera, al fin y al cabo. Era difícil asegurarlo sin dañar el acabado. Naturalmente, Kerry se resistía a estropear la consola nueva con un cuchillo.

    Probó la radio y sintonizó las emisoras locales sin inconvenientes. El tono era bueno. Demasiado bueno, pensó. El fonógrafo...

    Escogió al azar La entrada de los boyardos de Halvorsen, puso el disco y cerró la tapa. No se oyó ningún sonido. Al investigar comprobó que la aguja se deslizaba normalmente a lo largo del surco, pero sin resultado audible. ¿Entonces...?

    Kerry sacó el disco cuando sonó el timbre. Era Fitzgerald, un hombre desgarbado y saturnino, de cara arrugada y correosa y cabello ensortijado gris y opaco. Le extendió una mano grande y huesuda.

    — ¿Dónde está mi trago?
    —Hola, Fitz. Ven a la cocina que prepararé algo. ¿Un whisky con soda?
    —De acuerdo.
    —Bien —Kerry le hizo entrar—. Pero no bebas todavía. Quiero mostrarte mi nuevo equipo.
    — ¿El que lava los platos? —preguntó Fitz—. ¿Qué más sabe hacer?

    Kerry le alcanzó un vaso.

    —No toca discos.
    —Oh, bueno. Un problema menor, si te hace las tareas domésticas. Echémosle un vistazo —Fitzgerald entró en la sala, escogió La siesta de un fauno y se acercó a la radio—. No está enchufada...
    —No tiene la menor importancia —le aseguró Kerry.
    — ¿Baterías? —Fitzgerald puso el disco en la bandeja y ajustó los controles—. Veinticinco centímetros...así. Ahora veremos —miró a Kerry con una sonrisa triunfal—. ¿Bien?

    Ahora toca.

    Tocaba.

    —Prueba con esa pieza de Halvorsen. Ten —dijo Kerry, y le alcanzó el disco a Fitzgerald, que empujó la palanca de expulsión y observó cómo se levantaba el brazo.

    Pero esta vez el fonógrafo se negó a tocar. La entrada de los boyardos no era de su agrado.

    —Qué raro —masculló Fitz—. Probablemente es el disco. Probemos con otro.

    Con Dafnis y Cloé no hubo problemas. Pero la radio se negó calladamente a tocar Bolero, del mismo compositor. Kerry se sentó y señaló una silla cercana.

    —Eso no demuestra nada. Ven aquí y observa. Todavía no bebas nada. ¿Te sientes perfectamente normal?
    —Claro. ¿Y bien?

    Kerry sacó un cigarrillo. La consola cruzó la habitación, recogió una caja de cerillas y le acercó la llama cordialmente. Luego volvió a colocarse contra la pared. Fitzgerald no hizo comentarios. Sacó un cigarrillo y esperó. Pero no ocurrió nada.

    — ¿Y? —preguntó Kerry.
    —Un robot. Es la única respuesta posible. ¿Dónde diablos lo has conseguido?
    —No pareces muy sorprendido.
    —Sin embargo lo estoy. Pero es que ya había visto algunos. ¿Sabes que Westinghouse los ha lanzado? Sólo que este... —Fitzgerald se palpó los dientes con una uña ¿Quién lo hizo?
    — ¿Cómo quieres que lo sepa? —preguntó Kerry—. La fábrica de radios, supongo.

    Fitzgerald entornó los ojos.

    —Espera un minuto. Realmente, no entiendo...
    —No hay nada que entender. Hace unos días compré este equipo. Entregué el viejo. Me lo trajeron esta tarde, y... —Kerry explicó todo lo sucedido.
    — ¿Quieres decir que no sabías que era un robot?
    —Exacto. Yo lo he comprado como radio. Y... Y...la maldita cosa me parece casi viva.
    —No —Fitzgerald meneó la cabeza, se levantó e inspeccionó detenidamente la consola—. Es una nueva clase de robot. Al menos... —titubeó—. ¿Qué otra cosa se podría pensar?

    Sugiero que te pongas en contacto con Mideastern mañana y les preguntes a ellos.

    —Abramos el gabinete y miremos adentro —sugirió Kerry.

    Fitzgerald accedió, pero el experimento resultó imposible. Los paneles, presumiblemente de madera, no estaban atornillados, y no parecía haber modo de abrir la consola. Kerry encontró un destornillador y lo usó, al principio con cautela, después con una especie de furor reprimido. No pudo desgajar un panel ni tampoco raspar la superficie oscura y tersa del gabinete.

    — ¡Demonios! —dijo al fin—. Cualquier conjetura es buena. Es un robot. Sólo que no sabía que podían fabricar algo de este tipo. ¿Y por qué en una radio?
    —No me lo preguntes a mí —dijo Fitzgerald—. Llama mañana a la fábrica. Ese es el primer paso. Naturalmente, estoy bastante desconcertado. Si se ha inventado una nueva clase de robot especializado, ¿por qué lo pondrán en una consola? ¿Y el movimiento de esas patas...? No hay ruedas.
    —Yo también me pregunto lo mismo.
    —Cuando se mueve, parece que las patas fueran de goma... Pero no lo son. Son duras como la madera. O el plástico.
    —La cosa me da miedo —dijo Kerry.
    — ¿Quieres pasar la noche en casa?
    —No. No, creo que no. El...robot no puede...hacerme daño...
    —No creo que se proponga eso. Te ha dado una mano, ¿verdad?
    —Sí —dijo Kerry, y fue a preparar otro trago.

    No llegaron a ninguna conclusión definitiva. Fitzgerald, varias horas más tarde, volvió a su casa preocupado. No estaba tan tranquilo como parecía, pero no quería alterar a Kerry.

    La irrupción de algo tan imprevisto en la vida normal era ligeramente perturbadora. Y sin embargo, como él había dicho, el robot no parecía ser peligroso.


    Kerry se llevó a la cama una nueva novela policial. La radio le siguió al dormitorio y suavemente le quitó el libro de la mano. Kerry manoteó instintivamente.

    — ¡Eh! —dijo—. ¿Qué diablos...?

    La radio regresó a la sala. Kerry la siguió y vio cómo guardaba el libro en la biblioteca. Al rato Kerry se retiró, cerró la puerta con llave y durmió agitadamente hasta el alba.

    Tambaleándose, en bata y pantuflas, volvió para echarle un nuevo vistazo a la consola. Estaba otra vez en su lugar, como si nunca se hubiera movido de allí. Kerry, bastante pálido, se preparó el desayuno.

    No pudo tomar más que una taza de café. La radio entró, le quitó la segunda taza con aire de reprobación y la vació en el fregadero.

    Ya era demasiado. Kerry Westerfield buscó el sombrero y el abrigo y huyó de casa. Tuvo el horrible temor de que la radio le siguiera, pero por suerte para su cordura, no fue así.

    Estaba empezando a preocuparse.

    En la mañana se hizo de tiempo para llamar a Mideastern. El vendedor no sabía nada. Era un equipo stándard último modelo. Claro que si no era satisfactorio...

    —Está bien —dijo Kerry—. ¿Pero quién lo ha fabricado? Eso es lo que quiero averiguar.
    —Un momento, señor —hubo una demora—. Procede de la sección del señor Lloyd, uno de nuestros capataces. —Déme con él, por favor.

    Pero Lloyd no fue muy útil. Tras mucho cavilar, recordó que el combinado había aparecido en el depósito sin número de serie. Se lo habían agregado después.

    — ¿Pero quién lo hizo?
    —Realmente no sé. Supongo que podría averiguado Si le parece bien, le llamaré para informarle.
    —No lo olvide —dijo Kerry y volvió a sus clases. La disertación sobre Beda el Venerable no fue lo exitosa que era de esperar.


    A la hora de almorzar vio a Fitzgerald, que se alegró de encontrarle.

    — ¿Has averiguado algo más sobre tu robot? —preguntó el profesor de psicología.

    Nadie podía oírles. Kerry suspiró, se sentó a la mesa y encendió un cigarrillo.

    —Nada. Es un placer poder hacer esto solo —se l enó los pulmones de humo—. Telefoneé a la compañía...
    — ¿Y...?
    —No saben nada. Salvo que no tenía número de serie.
    —Eso puede ser importante —dijo Fitzgerald.

    Kerry le contó los incidentes del libro y el café, y Fitzgerald miró pensativamente su leche.

    —Te he hecho algunos test psicológicos. No te conviene sobreexcitarte.
    — ¡Una novela policial!
    —Admito que exagero un poco. Pero puedo entender por qué el robot ha actuado de ese modo, aunque no sé cómo se las compuso —titubeó—. Es decir, sin inteligencia.
    — ¿Inteligencia? —Kerry se relamió los labios—. No estoy tan seguro de que sea sólo una máquina. Y no estoy chiflado.
    —No, claro que no. Pero dices que el robot estaba en la sala. ¿Cómo pudo saber que te disponías a leer?
    —Lo único que puedo imaginar es visión de rayos X y poderes de observación y asimilación increíblemente rápidos. Tal vez no quiere que yo lea nada, no sé. Realmente...
    —Todo un comentario —gruñó Fitzgerald—. ¿Sabes algo de teoría sobre máquinas de esa especie?
    — ¿Robots?
    —Puramente teóricas... Tú sabes que tu cerebro es un coloide, ¿no? Compacto, complejo, pero lento... Supón que elaboras un artefacto con una unidad radioatómica revestida de material aislante. El resultado es un cerebro, Kerry. Un cerebro con un número tremendo de unidades que interactúan a la velocidad de la luz. Una válvula de radio regula la corriente a razón de cuarenta millones de señales por segundo. Y teóricamente un cerebro radioatómico del tipo que acabo de mencionar concentraría percepción, reconocimiento, consideración, reacción y ajuste en un cienmilésimo de segundo.
    —Teóricamente.
    —De acuerdo. Pero me gustaría saber de dónde ha salido tu radio.

    Alguien se acercó para atenderles.

    —Señor Westerfield, le llaman por teléfono.

    Kerry se excusó y salió. Al volver, arrugaba las cejas oscuras, perplejo. Fitzgerald le miró, inquisitivo.

    —Un fulano llamado Lloyd, de la planta de Mideastern. He hablado con él acerca de la radio.
    — ¿Tuviste suerte?

    Kerry meneó la cabeza.

    —No. Bien...no mucha. No sabe quién la ha construido.
    — ¿Pero fue armada en la planta?
    —Sí. Hace dos semanas... Pero no se registró el nombre del operario. Lloyd parecía bastante sorprendido. Si una radio es armada en la planta, tienen que saber quién hizo el trabajo.
    — ¿Entonces?
    —Entonces nada. Le pregunté cómo abrir el gabinete, y dijo que era fácil. Sólo hay que destornillar el panel trasero.
    —No hay tornillos —dijo Fitzgerald.
    —Ya sé.

    Se miraron.

    —Daría cincuenta dólares por saber si el robot fue de veras construido hace apenas dos semanas —dijo Fitzgerald.
    — ¿Por qué?
    —Porque un cerebro radioatómico requeriría entrenamiento. Aun para cosas tan sencillas como encender un cigarrillo.
    —Me vio hacerlo una vez.
    —Y siguió el ejemplo. Los platos... Bien, inducción, supongo. Si ese aparato ha sido entrenado, es un robot. Pero si no...
    — ¿Sí? —le apremió Kerry.
    —No sé qué demonios es. Está tan cerca del robot como nosotros del Eohippus. Pero sí sé una cosa, Kerry. Es muy probable que ningún científico de hoy tenga los conocimientos necesarios para construir esa...cosa.
    —Razonas en círculo —dijo Kerry—. La cosa fue construida...
    —Ajá. ¿Pero, cómo, cuándo, por quién? Eso es lo que me preocupa.
    —Bien, tengo una clase en cinco minutos. ¿Por qué no vienes esta noche a casa?
    —No puedo. Tengo una conferencia. De todas maneras, te llamaré más tarde.

    Kerry salió cabeceando. Trataba de olvidar el asunto. Y lo lograba..., pero esa noche, mientras cenaba en un restaurante, tuvo miedo de volver a casa. Un duende le estaba esperando.

    —Brandy —le dijo al mozo—. Doble.

    Dos horas más tarde un taxi le dejaba frente a su casa. Estaba absolutamente borracho. Los objetos le flotaban delante de los ojos. Caminó hacia el porche con pasos vacilantes, subió las escaleras con excesivo cuidado y entró en la casa.

    Encendió una lámpara. La radio le salió al encuentro.

    Los tentáculos, delgados pero fuertes como el metal, se le enroscaron suavemente alrededor del cuerpo y le inmovilizaron. Kerry sintió un ataque de pavor. Forcejeó desesperadamente y trató de gritar, pero tenía la garganta seca.

    Del panel de la radio brotó un haz de luz amarilla que le encandiló. Luego le bajó hasta el pecho. De pronto Kerry sintió un gusto raro bajo la lengua.

    Un minuto después el rayo se apagó, los tentáculos desaparecieron de la vista y la consola regresó a su rincón. Kerry se tambaleó hasta una silla y se distendió, tragando saliva.

    Estaba sobrio. Lo que era totalmente imposible. Catorce medidas de brandy infiltran una buena dosis de alcohol en el cuerpo. Nadie podría, ni siquiera con una varita mágica, llegar de inmediato a la sobriedad. Pero era exactamente lo que había ocurrido.

    El robot trataba de colaborar. Sólo que Kerry habría preferido seguir borracho.

    Se levantó aprensivamente y se acercó a la biblioteca. Mirando de reojo a la radio, cogió la novela policial que intentara leer la noche anterior. Y, como lo había supuesto, la radio se la quitó de la mano y la puso de nuevo en el anaquel. Kerry, recordando las palabras de Fitzgerald, se miró el reloj de pulsera. Tiempo de reacción, cuatro segundos.

    Tomó un volumen de Chaucer y esperó, pero la radio no se movió. Sin embargo, cuando Kerry sacó un libro de historia el aparato se lo quitó suavemente de los dedos. En seis segundos.

    Kerry encontró una historia dos veces más gruesa.

    Tiempo de reacción: diez segundos.

    Ajá. Así que el robot leía los libros. Eso implicaba visión de rayos X y reacciones rapidísimas. ¡Por Josafat!

    Kerry probó con más libros, intrigado por el criterio del robot. Alicia en el país de las maravillas le fue arrebatado de las manos, los poemas de Millay no. Hizo una lista a dos columnas, para referencia futura.

    El robot no era, pues, un mero sirviente. Era un censor. ¿Pero cuáles eran las pautas de comparación?

    Poco después recordó su clase del día siguiente y hojeó las notas. Tenía que verificar varios puntos. No sin titubeos, tomó el libro de referencias que necesitaba y de inmediato el robot se lo quitó.

    —Un momento —dijo Kerry—. Lo necesito.

    Trató de arrebatarle el libro al tentáculo, pero fue inútil. La consola no le hizo caso. Con toda calma guardó el libro en el anaquel.

    Kerry se mordió el labio. Era demasiado. El maldito robot era un monitor. Se acercó subrepticiamente al libro, lo manoteó y salió de la sala antes que la radio atinara a moverse.

    Pero la cosa lo seguía. Oyó las blandas pisadas de esos...pies. Kerry se escurrió en el dormitorio y cerró la puerta con llave. Esperó, con el corazón en la boca, mientras el picaporte se movía suavemente.

    Un zarcillo delgado como un alambre se metió por la rendija de la puerta y tanteó la llave. Kerry brincó hacia adelante y echó la traba. Pero no sirvió de mucho. Las herramientas de precisión del robot —las antenas especializadas— la volvieron a su lugar; y luego la consola abrió la puerta, entró en la habitación y se acercó a Kerry.

    Sintió un acceso de pánico. Dio un respingo y le arrojó el libro a la cosa, que lo apresó en el aire. Al parecer, era todo lo que buscaba, pues la radio se volvió y salió meciéndose torpemente en las patas gomosas, l evándose el volumen prohibido. Kerry maldijo entre dientes.


    Sonó el teléfono. Era Fitzgerald.

    — ¿Bien? ¿Cómo te las arreglas?
    — ¿Tienes un ejemplar de la Literatura social de Cassen?
    —Creo que no. ¿Por qué?
    —Entonces lo buscaré mañana en la biblioteca de la universidad —Kerry le explicó lo sucedido, Fitzgerald soltó un silbido.
    — ¿Entrometido, verdad? Hm-m-m. Quién sabe...
    —Le tengo miedo.
    —No creo que se proponga hacerte daño. ¿Dices que te curó la borrachera?
    —Sí, con un rayo de luz. No es muy lógico.
    —Tal vez sí. El equivalente vibratorio del cloruro de tiamina.
    — ¿La luz?
    —Claro. Tú sabes que la luz solar contiene vitaminas... Eso no es lo importante. Te está censurando las lecturas...y parece que lee los libros con reacciones rapidísimas. Ese aparato, sea lo que fuere, no es un robot.
    —Cuéntamelo a mí —dijo amargamente Kerry—. Es un Hitler.

    Fitzgerald no rió.

    — ¿Por qué no vienes a pasar la noche en mi casa? —sugirió con cierta seriedad.
    —No —dijo Kerry con tozudez—. Ninguna radio va a echarme de mi propia casa. Antes la partiré a hachazos.
    —Bueno, supongo que sabes lo que haces. De todos modos, si pasa algo..., telefonéame.
    —De acuerdo —dijo Kerry, y colgó.

    Entró en la sala y miró fríamente a la radio. ¿Qué demonios era y qué intentaba hacer? Por cierto, no era un mero robot. Y por cierto que no estaba viva, en el sentido en que está vivo un cerebro coloide.

    Apretando los labios, se le acercó y jugueteó con las perillas y palancas. El compás errático y bullicioso de una orquesta bailable surgió de la consola. Sintonizó la banda de onda corta. Nada extraordinario allí. ¿Entonces?

    Entonces nada. No había respuesta.

    Al rato se fue a acostar.

    Al día siguiente, a la hora de almorzar, le mostró a Fitzgerald la Literatura social de Cassen.

    — ¿Qué tiene de particular?
    —Mira —Kerry hojeó el libro y señaló un pasaje—. Esto, ¿significa algo para ti?

    Fitzgerald leyó.

    —Sí. La idea esencial parece consistir en que el individualismo es esencial para producir literatura. ¿Correcto?
    —No lo sé —dijo Kerry, mirándole.
    — ¿Eh?
    —Estoy confundido.

    Fitzgerald se acarició el cabello gris, entornando los ojos y observando intensamente a Kerry.

    —Empieza de nuevo. No te...
    —Esta mañana —dijo Kerry, al borde de la impaciencia— fui a la biblioteca y busqué esta referencia. La leí, pero no significaba nada para mí. Sólo palabras. ¿Has visto cuando estás embotado por haber leído mucho? Tropiezas con una frase llena de proposiciones subjuntivas y no logras comprender... Bueno, era así.
    —Léela ahora —dijo calmadamente Fitzgerald, deslizando el libro encima de la mesa.

    Kerry obedeció, y alzó la vista con una sonrisa huraña.

    —Es inútil.
    —Lee en voz alta. Lo interpretaré contigo, paso a paso. Pero no sirvió de nada. Kerry parecía absolutamente incapaz de asimilar el sentido del pasaje.
    —Bloqueo semántico, quizá —dijo Fitzgerald, rascándose la oreja—. ¿Es la primera vez que te ocurre?
    —Sí... No. No lo sé.
    — ¿Tienes clases esta tarde? Bien. Vayamos a tu casa.

    Kerry corrió su plato a un lado.

    —De acuerdo. No tengo apetito. Cuando gustes.

    Media hora después estaban mirando la radio. Parecía absolutamente inofensiva. Fitzgerald desperdició un rato tratando de arrancar un panel, pero al fin desistió de esa tarea inútil. Buscó un lápiz y un papel, se sentó frente a Kerry y se puso a formular preguntas.

    En un momento se interrumpió.

    —Eso no lo habías mencionado hasta ahora...
    —Quizá se me habrá olvidado, y...

    Fitzgerald se golpeteó los dientes con el lápiz.

    —Ajá. La primera vez que la radio actuó...
    —Me dio en el ojo con una luz.
    —Eso no. Me refiero a...lo que dijo.

    Kerry parpadeó.

    — ¿Qué dijo? —titubeó—. “Patrón psicológico probado y aprobado”, o algo por el estilo. Creí que había sintonizado alguna emisora y captaba parte de un programa de preguntas y respuestas o algo así. Quieres decir...
    — ¿Las palabras eran fáciles de comprender? ¿Buen inglés?
    —Ahora que lo recuerdo, no —Kerry frunció el ceño—. Se arrastraban bastante. Las vocales eran duras.
    —Ajá. Bien, sigamos —intentaron un test de asociación verbal, y finalmente Fitzgerald se reclinó con aire preocupado—. Quiero cotejar este material con los últimos test que te he tomado. Me parece extraño... Endemoniadamente extraño. Me sentiría mucho mejor si supiera exactamente qué es la memoria. Hemos trabajado bastante en mnemótica..., memoria artificial. Sin embargo, puede que no tenga ninguna relación.
    — ¿Eh?
    —Esa máquina. O bien tiene una memoria artificial altamente entrenada, o está ajustada para un medio y una cultura diferentes. Te ha afectado...bastante.

    Kerry se relamió los labios.

    — ¿Cómo has dicho?
    —Implantándote bloqueos en la mente. Aún no he establecido las correlaciones. Cuando lo haga, quizá podamos elaborar alguna respuesta. No, esa cosa no es un robot. Es mucho más que eso.

    Kerry extrajo un cigarrillo; la consola se le acercó para encenderlo. Los dos hombres la observaron con un ligero estremecimiento de horror.

    —Mejor que pases la noche en mi casa —sugirió Fitzgerald.
    —No —dijo Kerry con un escozor de terquedad.


    Al día siguiente Fitzgerald buscó a Kerry durante el almuerzo, pero el hombre más joven no apareció. Telefoneó a la casa, y Martha atendió la llamada.

    — ¡Hola! ¿Cuándo regresaste?
    —Hola, Fitz. Hace una hora. Mi hermana se adelantó y tuvo el bebé sin mí, de modo que he vuelto a casa —se calló, y el tono de su voz alarmó a Fitzgerald.
    — ¿Dónde está Kerry?
    —Está aquí. ¿Puedes venir, Fitz? Estoy preocupada.
    — ¿Qué le pasa?
    —No... No sé. Ven enseguida.
    —De acuerdo —dijo Fitzgerald, y colgó mordiéndose los labios; estaba preocupado.

    Cuando un rato después tocó el timbre de los Westerfield descubrió que tenía los nervios totalmente crispados. Pero al ver a Martha se tranquilizó.

    Le siguió por la sala. Ante todo, Fitzgerald observó la consola, que estaba como siempre, y luego a Kerry, sentado al lado de la ventana, inmóvil. La cara de Kerry tenía una expresión ausente y tensa. Las pupilas estaban dilatadas, y parecía que le costaba reconocer a Fitzgerald.

    —Hola, Fitz —dijo.
    — ¿Cómo te sientes?
    —Fitz, ¿qué ocurre? —interrumpió Martha—. ¿Está enfermo? ¿Llamo al médico?

    Fitzgerald se sentó.

    — ¿Has notado algo raro en la radio?
    —No. ¿Por qué?
    —Entonces escucha —le contó toda la historia, observando cómo el escepticismo forcejeaba con una reticente credulidad en la cara de Martha.
    —Me parece realmente... —dijo ella al fin.
    —Si Kerry se pone un cigarrillo en los labios, esa cosa se lo enciende. ¿Quieres ver cómo funciona?
    —No, no. Supongo que sí —Martha tenía los ojos desorbitados.

    Fitzgerald le dio un cigarrillo a Kerry. Sucedió lo que era de prever. Martha no dijo una palabra. Cuando la consola volvió a su lugar, Martha tiritaba; luego ella se acercó a Kerry que la miró vagamente.

    —Necesita un médico, Fitz.
    —Sí —Fitzgerald no mencionó que un médico podía resultar completamente inútil.
    — ¿Qué es esa cosa?
    —Es más que un robot. Y ha recondicionado a Kerry. Te conté lo ocurrido. Después de cotejar los patrones psicológicos de Kerry descubrí que estaban alterados. Ha perdido casi toda la iniciativa.
    —Nadie pudo haber logrado eso...

    Fitzgerald arrugó el ceño.

    —Eso pensaba yo... Parece que se trata del producto de una cultura muy evolucionada, muy diferente de la nuestra. Marciana, tal vez. Es un objeto tan específico que encaja naturalmente en una cultura compleja. Lo que no entiendo es por qué luce exactamente igual que una consola de Mideastern.

    Martha tocó la mano de Kerry.

    — ¿Camuflaje?
    — ¿Pero por qué? Eras una de mis mejores alumnas en psicología, Martha. Considera esto lógicamente. Imagina una civilización donde se utiliza un artefacto como éste. Razona inductivamente.
    —Lo estoy intentando. No puedo pensar muy bien, Fitz. Estoy preocupada por Kerry.
    —Estoy bien —dijo Kerry.

    Fitzgerald unió las yemas de los dedos.

    —No es tanto una radio como un monitor. En esta otra civilización, quizá cada hombre posee uno, o quizá sólo unos pocos..., los que lo necesitan. Los mantiene en línea.
    — ¿Destruyendo la iniciativa?

    Fitzgerald hizo un ademán de impotencia.

    — ¡No lo sé! Así ha sucedido en el caso de Kerry. En otros..., no sé.

    Martha se levantó.

    —Creo que perdemos el tiempo. Kerry necesita un médico. Después podremos seguir discutiendo sobre eso —señaló la consola.
    —Sería una lástima destrozarla, pero... —dijo Fitzgerald mirando significativamente el aparato.

    La consola se movió. Salió del rincón contoneándose acompasadamente y caminó hacia Fitzgerald. Cuando él se levantó, los tentáculos surgieron y le apresaron. Un rayo pálido encandiló los ojos del hombre.

    Se disipó casi de inmediato; los tentáculos se retiraron y la radio regresó a su lugar. Fitzgerald quedó paralizado. Martha se incorporó con la mano en la boca.

    — ¡Fitz! —dijo con voz trémula.

    El titubeó.

    — ¿Sí? ¿Qué pasa?
    — ¿Te sientes bien? ¿Qué te hizo?

    Fitzgerald hizo una mueca.

    — ¿Eh? Sí, me siento bien...
    —La radio. ¿Qué te hizo?

    Fitzgerald miró la consola.

    — ¿Tiene algún problema? Temo que no entiendo mucho de reparaciones, Martha...
    —Fitz —ella se le acercó y le aferró el brazo—. Escúchame —le habló rápidamente: la radio, Kerry, la discusión...

    Fitzgerald la miraba atónito, como si no entendiera nada.

    —Supongo que estoy idiotizado. Realmente no entiendo de qué me hablas.
    —La radio... ¡Tú sabes! Dijiste que ha alterado a Kerry —Martha se interrumpió y se quedó mirándole.

    Fitzgerald estaba totalmente perplejo. Martha se comportaba de un modo raro. Qué extraño. Siempre la había considerado una muchacha bastante sensata. Pero ahora sólo decía sandeces. Al menos él no podía desentrañar el significado de las palabras. No tenían sentido.

    ¿Y por qué hablaba de la radio? ¿No le satisfacía? Kerry había dicho que era una buena adquisición, con un tono adecuado y los implementos más novedosos. Por un instante Fitzgerald se preguntó si Martha se había vuelto loca.

    En todo caso, tenía clases y se le hacía tarde. Se despidió. Martha no intentó detenerle. Estaba blanca como un papel.


    Kerry sacó un cigarrillo. La radio se le acercó con una cerilla encendida.

    — ¡Kerry!
    — ¿Sí, Martha? —dijo él con voz muerta.

    Ella miró fijamente la...radio. ¿Marte? Otro mundo... ¿Otra civilización? ¿Qué era? ¿Qué quería? ¿Qué intentaba hacer?

    Martha salió de la casa y entró en el garaje. Regresó empuñando firmemente un hacha pequeña.

    Kerry observó. Vio cómo Martha se acercaba a la radio blandiendo el hacha. Brotó un haz de luz, y Martha desapareció. A la luz del sol de la tarde quedaron flotando unas motas de polvo.

    —Destrucción de forma de vida hostil —dijo la radio, resbalando sobre las palabras.

    El cerebro de Kerry sufrió un vuelco. Se sentía mareado, aturdido y espantosamente vacío.

    Martha...

    Su mente era un torbellino. El instinto y la emoción luchaban con algo que las sofocaba. Abruptamente los diques se derrumbaron, los bloqueos desaparecieron, las barreras cedieron. Kerry gritó ronca, inarticuladamente, y se incorporó de un brinco.

    — ¡Martha! —aulló.

    No estaba. Kerry miró a su alrededor. ¿Dónde...?

    ¿Qué había ocurrido? No podía recordar.

    Se desplomó de nuevo en la silla, se frotó la frente. Sacó un cigarrillo con la mano libre, una reacción automática que provocó una respuesta instantánea. La radio se le acercó con una cerilla encendida.

    Kerry carraspeó convulsivamente y saltó de la silla. Ahora recordaba. Recogió el hacha y se abalanzó sobre la consola, mostrando los dientes en un rictus grotesco.

    El haz de luz brotó de nuevo.

    Kerry desapareció. El hacha cayó en la alfombra.

    La radio volvió a su lugar y permaneció inmóvil una vez más. Chasquidos tenues brotaron del cerebro radioatómico.

    —Sujeto básicamente inadaptable —dijo un momento después—. Ha sido necesario eliminarlo. Clic. Disposición total para el próximo sujeto. Clic.


    —La tomaremos —dijo el joven.
    —Oh, no se arrepentirán —sonrió el agente—. Es tranquila, aislada, y el precio es muy razonable.
    —No tanto — dijo la muchacha.
    —Pero es justo lo que estábamos buscando —completó el joven.
    —Claro, una propiedad sin amoblar sería más barata —dijo el agente, encogiéndose de hombros—. Pero...
    —Nos casamos hace poco —replicó el joven abrazando a su esposa—, y no hemos tenido tiempo de comprar muebles. ¿Te gusta, amor?
    —Hm-m-m. ¿Quién vivía antes aquí?

    El agente se rascó la mejilla.

    —Veamos. Un matrimonio llamado Westerfield, creo. Me la dieron para alquilar hará cerca de una semana. Un bonito lugar. Si no tuviera mi propia casa, ya le habría echado el ojo.
    —Bonita radio —dijo el muchacho—. ¿Ultimo modelo, no? —se acercó a la consola para examinarla.
    — Ven —llamó la muchacha—. Miremos de nuevo la cocina, ¿quieres?
    —Sí, amor.

    Salieron de la sala, de donde llegaba todavía el sonido de la voz tersa del agente, cada vez más remota. El cálido sol de la tarde penetraba oblicuamente por las ventanas.

    Por un momento hubo silencio. Luego...

    —¡Clic!


    Fin



    Notas

    (1) Aproximadamente. En realidad el nombre es irreproducible.
    (2) Por haberles vendido la Tierra.
    (3) Por mucho tiempo se creyó que los habitantes de Ceres eran invisibles. Luego se descubrió que Ceres no tenía habitantes.
    (4) Con ventosas, por supuesto.
    (5) Con lo que se alude al lector, que ha pasado por alto todo el trasfondo científico de esta crónica, elemental como era.