• GUARDAR IMAGEN


  • GUARDAR TODAS LAS IMAGENES

  • COPIAR IMAGEN A:

  • OTRAS OPCIONES
  • ● Eliminar Lecturas
  • ● Ultima Lectura
  • ● Historial de Nvgc
  • ● Borrar Historial Nvgc
  • ● Ayuda
  • PUNTO A GUARDAR



  • Tipea en el recuadro blanco alguna referencia, o, déjalo en blanco y da click en "Referencia"
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Todas Las Revistas Diners
  • Todas Las Revistas Selecciones
  • CATEGORIAS
  • Libros
  • Libros-Relatos Cortos
  • Arte-Graficos
  • Bellezas Del Cine Y Television
  • Biografias
  • Chistes
  • Consejos Sanos
  • Cuidando Y Encaminando A Los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Paisajes Y Temas Varios
  • La Relacion De Pareja
  • La Tia Eulogia
  • La Vida Se Ha Convertido En Un Lucro
  • Mensajes Para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud Y Prevencion
  • Sucesos-Proezas
  • Temas Varios
  • Tu Relacion Contigo Mismo Y El Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • CATEGORIAS
  • Arte-Gráficos
  • Bellezas
  • Biografías
  • Chistes que llegan a mi Email
  • Consejos Sanos para el Alma
  • Cuidando y Encaminando a los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Fotos: Paisajes y Temas varios
  • La Relación de Pareja
  • La Tía Eulogia
  • La Vida se ha convertido en un Lucro
  • Mensajes para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud y Prevención
  • Sucesos y Proezas que conmueven
  • Temas Varios
  • Tu Relación Contigo mismo y el Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Selecciones
  • Diners
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005

  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal
  • Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL JARDINERO (E.F. Benson)

    Publicado el domingo, febrero 01, 2015
    Durante las vacaciones de navidad dos amigos míos, Hugh Grainger y su esposa, habían alquilado durante un mes la casa en la que íbamos a presenciar esas extrañas manifestaciones, y cuando recibí la invitación para pasar con ellos quince días les devolví una respuesta afirmativa y entusiasta. Conocía ya muy bien esa agradable zona rural cubierta de brezales, y todavía era más íntimo mi conocimiento de los riesgos sutiles de su atractivo campo de golf. Me habían dado a entender que el golf nos ocuparía el día entero a Hugh y a mí, por lo que Margaret no se vería nunca obligada a tocar los instrumentos con los que se practicaba ese juego que tanto detestaba...

    Todavía había luz diurna cuando llegué allí, y como mis anfitriones estaban fuera di un paseo por el lugar. La casa y el jardín se encontraban sobre una meseta que daba al sur; abajo había un par de acres de pasto que descendían en pendiente hasta un torrente errabundo que cruzaba una pasarela, a cuyo lado se levantaba una cabaña de techo de paja rodeada por una parcela de huerta. Pegado al huerto corría un camino que cruzaba los pastos desde una puerta del jardín, y te llevaba hasta la pasarela, por lo que según lo que recordaba yo de la geografía del lugar debía constituir un atajo hasta el campo de golf, situado a menos de un kilómetro de allí. La cabaña estaba en las tierras de la pequeña finca, por lo que supuse enseguida que sería la casa del jardinero. Lo que se oponía a esa teoría tan simple y evidente era que parecía no estar habitada. Aunque la tarde era fría, de su chimenea no salían espirales de humo, y al acercarme más pensé que tenía ese aire de «espera» que tan a menudo comunican las casas deshabitadas. Allí estaba, sin el menor signo de vida, aunque dispuesta, como parecía garantizar su estado aparentemente perfecto, a que nuevos inquilinos volvieran a introducir en ella el aliento de la vida. La misma sensación provocaba el pequeño jardín, aunque las vallas estaban limpias y recién pintadas; los arriates se hallaban desatendidos y cubiertos de hierbas, y en la zona floral, junto a la puerta principal, había una fila de crisantemos que se habían marchitado en los tallos. Pero todo aquello no era sino la impresión de un momento, y no me detuve al pasar, sino que crucé la pasarela y subí por la pendiente de brezo que se extendía desde ella. Mi sensación geográfica no había fallado, pues inmediatamente vi delante de mí la sede del Club. Sin duda Hugh estaría a punto de llegar de su ronda vespertina, así que podríamos regresar juntos dando un paseo. Pero al llegar a la sede del Club el camarero me dijo que no hacía ni cinco minutos que la señora Grainger había venido en coche a buscar a su marido, por lo que tuve que regresar a pie por el camino que me había llevado hasta allí. Di un rodeo, como haría cualquier jugador de golf, para recorrer la calle de los hoyos diecisiete y dieciocho sólo por el placer de reconocerlos, y miré con respeto el enorme arenal que tan inexorablemente defiende el green, preguntándome en qué circunstancias llegaría hasta allí en la siguiente ocasión, si con un paso complaciente y superior, sabedor de que mi pelota reposaba con seguridad sobre el green, o el caminar pesado de aquél que sabe que le aguardan laboriosos esfuerzos.

    La luz de la tarde invernal había menguado rápidamente, y cuando al regresar crucé la pasarela había caído el crepúsculo. A mi derecha, poco más allá del camino, estaba la cabaña, cuyos muros encalados desprendían un brillo blanquecino al anochecer; y cuando desde allí desvié la vista a la estrecha plancha que cruzaba el torrente creí ver con el rabillo del ojo una luz en una de sus ventanas, lo que desautorizaba mi teoría de que estaba deshabitada. Pero cuando volví a mirar hacia allí directamente comprobé que me había equivocado: debió engañarme algún reflejo de las líneas rojizas crepusculares en el cristal, pues en el inclemente anochecer parecía más desolada que nunca. Me entretuve sin embargo junto a la puerta de la cerca baja, pues, aunque toda evidencia exterior afirmaba que estaba vacía, una sensación inexplicable me aseguraba, aunque irracionalmente, que no era así, que allí había alguien. Desde luego que no había nadie visible, pero aquella idea absurda me sugería que podía encontrarse en la parte trasera de la cabaña, tapado por la estructura intermedia, y aunque fuera extraño e irrazonable cobró importancia para mí el averiguar si era o no así, tan claramente mis percepciones me habían informado de que el lugar estaba vacío y tan firmemente una convicción me aseguraba de que la cabaña estaba habitada. Para ocultar mi curiosidad, en caso de que hubiera alguien, podía preguntar si aquel camino era un atajo hasta la casa en la que me albergaba, y aunque rebelándome contra lo que estaba haciendo, crucé el pequeño jardín y llamé a la puerta. No hubo respuesta, y tras aguardar después de llamar por segunda vez, y haber intentado abrir la puerta, encontrándola cerrada, rodeé la casa. No había nadie allí, evidentemente, y me dije a mí mismo que era como un hombre que mira bajo su cama en busca de un ladrón, pero que se quedaría realmente sorprendido si lo encontrara.

    Al llegar a la casa estaban ya allí mis anfitriones, y pasamos dos alegres horas, antes de la cena, en esa conversación inconexa y vehemente adecuada entre amigos que hacía tiempo que no se habían visto. Con Hugh Grainger y su esposa es imposible tocar un tema que no interese vivamente a uno u otro de ellos, y el golf, la política, las necesidades de Rusia, la cocina, los fantasmas, la posible victoria sobre el monte Everest y los impuestos se encontraron entre los temas de los que discutimos apasionadamente. Con todas aquellas posibilidades en juego era fácil estimular cualquiera de ellas, y en general se abordó una y otra vez el tema de los espectros.

    —Margaret ha cogido el camino directo a la locura —comentó Hugh en una de esas ocasiones—, pues ha empezado a utilizar el tablero. Me han dicho que si utilizas el tablero durante seis meses los doctores más cuidadosos estarán dispuestos a certificar tu locura. Le quedan cinco meses antes de ir a Bedlam.
    —¿Funciona? —pregunté.
    —Sí, y te informa de cosas interesantísimas —contestó Margaret—. Dice cosas que nunca habían pasado por mi cabeza. Esta noche podemos probar.
    —Oh, esta noche no —intervino Hugh—. Tengamos una noche de descanso.

    Margaret no le prestó atención.

    —No hay que hacer preguntas al tablero —siguió diciendo —, porque en la mente tienes entonces algún tipo de respuesta. Si yo pregunto si mañana hará buen tiempo, por ejemplo, es probable que yo misma haga que el lápiz conteste afirmativamente, aunque no esté tratando de empujarlo.
    —Y entonces suele llover—comentó Hugh.
    —No siempre, pero no interrumpas. Lo interesante es dejar que el lápiz escriba lo que él quiera. Muy a menudo sólo da vueltas y traza curvas, aunque podrían significar algo, pero de vez en cuando sale una palabra de cuyo significado no tengo la menor idea, por lo que es evidente que no podría haberla sugerido. Por ejemplo, ayer por la noche escribió «jardinero» una y otra vez. ¿Qué significará? El jardinero de aquí es un metodista con perilla. ¿Puede referirse a él? Oh, es la hora de vestirnos. Por favor, no llegues tarde, mi cocinera es muy sensible con respecto a la sopa.

    Nos levantamos y en ese momento se produjo en mi mente una conexión de ideas con la palabra «jardinero».

    —A propósito, ¿de quién es esa cabaña que hay en el campo, junto a la pasarela? ¿Es la casa del jardinero?
    —Solía serlo —contestó Hugh—. Pero el de la perilla no vive allí: en realidad allí no vive nadie. Está vacía. Si yo fuera el propietario de esto metería allí al de la perilla, y le descontaría el alquiler de su salario. Hay personas que no tienen ni idea de economía. ¿Por qué lo has preguntado?

    Me di cuenta de que Margaret me contemplaba con bastante atención.

    —Curiosidad —contesté—. Mera curiosidad.
    —No creo que fuera eso —intervino ella.
    —Pues lo era —contesté yo—. Simple curiosidad por saber si la casa estaba habitada. Cuando pasé junto a ella al dirigirme al Club me sentía convencido de que estaba vacía, pero al regresar tenía tanta seguridad de que había allí alguien que llamé a la puerta, y hasta la rodeé.

    Hugh nos había precedido en las escaleras, pero ella se demoró un poco.

    —¿Y no había nadie allí? —preguntó—. Es extraño: yo tuve la misma sensación.
    —Eso explica que el tablero escribiera «jardinero» una y otra vez —contesté yo—. Tenías la cabaña del jardinero en la mente.
    —¡Qué ingenioso! —exclamó Margaret—. Subamos rápidamente a vestirnos.

    Cuando subí al dormitorio se introducía por entre las cortinas un potente rayo de luna que me hizo mirar al exterior. Mi habitación daba al jardín y a los campos que había atravesado aquella tarde, y todo estaba fuertemente iluminado por la luna llena. Veía con toda claridad la cabaña de techo de paja con sus paredes blancas junto al torrente, y de nuevo supuse que el reflejo de la luz en el cristal de una de sus ventanas daba la impresión de que la habitación estuviera iluminada desde el interior. Me pareció raro que en ese mismo día hubiera tenido dos veces la misma ilusión, pero entonces sucedió algo todavía más raro. Mientras miraba con fijeza, la luz se apagó.

    La mañana no trajo el buen tiempo que había prometido la noche clara, pues cuando desperté el viento gemía y chocaban contra los cristales de mi ventana capas de lluvia del sudoeste. El golf estaba fuera de cuestión, y aunque la violencia de la tormenta se redujo un poco por la tarde, la lluvia caía con hosquedad uniforme. Me aburría en casa, y como mis dos amigos se negaron en redondo a poner un pie en el exterior, cogí un impermeable y salí a respirar un poco de aire. Para darle un objetivo al paseo tomé el camino que lleva al campo de golf en lugar del atajo embarrado que cruza los campos, con la idea de contratar un par de caddies para Hugh y para mí a la mañana siguiente, y me quedé un rato en la sala de fumadores ojeando las revistas ilustradas. Debí quedarme leyendo más tiempo del que pensé, pues repentinamente un rayo de luz crepuscular iluminó la página, y al levantar la vista vi que había cesado la lluvia y que la noche se aproximaba con rapidez. Por eso, en lugar de dar otra vez el largo rodeo del camino principal, regresé a casa por el sendero que cruza los campos. Aquel rayo crepuscular había sido el último del día, y otra vez, como veinticuatro horas antes, crucé la pasarela al anochecer. Hasta ese momento no había pensado conscientemente en la cabaña, pero ahora la luz que había visto allí la última noche, y que se extinguió de repente, pasó en un destello por mi mente, teniendo al mismo tiempo la convicción de que la cabaña estaba habitada. Simultáneamente, con esos veloces procesos del pensamiento, miré hacia ella y vi de pie junto a la puerta a un hombre. En la oscuridad no pude distinguir ningún rasgo del rostro, aunque estaba vuelto hacía mí, y sólo obtuve la impresión de que era un hombre alto y de constitución gruesa. Abrió la puerta, por la que salió una luz débil, como de una lámpara, entró en la cabaña y cerró tras él.

    Mi convicción, por tanto, era acertada. Aunque me habían dicho de manera terminante que la cabaña estaba vacía: entonces, ¿quién había entrado en ella como si regresara a casa? Una vez más, pero esta vez con cierta sensación de miedo, llamé a la puerta con la intención de plantear alguna pregunta trivial; volví a llamar, con más fuerza, para que no cupiera duda de que me habían oído. Seguí sin obtener respuesta y finalmente traté de abrir la puerta yo mismo. Estaba cerrada; entonces, dominando con dificultad un terror creciente, rodeé la cabaña mirando el interior por las ventanas que no estaban cerradas. Dentro estaba todo oscuro, aunque dos minutos antes había visto el resplandor de una luz que salía por la puerta abierta.

    De regreso empezó a formarse en mí mente una cadena de conjeturas y preferí no hacer alusión a aquella extraña aventura, pero tras la cena Margaret, entre las protestas de Hugh, sacó el tablero, que había persistido en escribir la palabra «jardinero». Mi suposición era desde luego absolutamente fantástica, y no quería sugerirle nada a Margaret... Durante bastante tiempo el lápiz resbaló por el papel trazando lazos, curvas y cumbres, como si fuera un diagrama de temperatura, y ella había empezado a bostezar y a cansarse del experimento antes de que apareciera ninguna palabra coherente. Después, de la manera más extraña dejó caer la cabeza hacia delante y pareció haberse quedado dormida.

    Hugh levantó la vista del libro que estaba leyendo y me habló en susurros.

    —La otra noche también se quedó dormida encima —dijo.

    Los ojos de Margaret estaban cerrados y tenía la respiración prolongada y tranquila del sueño, hasta que su cabeza empezó a moverse con una curiosa firmeza. Sobre la hoja grande de papel trazó una línea de escritura y al final su mano se detuvo con una sacudida, momento en el que despertó.

    Miró el papel.

    —Vaya —exclamó—. Así que uno de vosotros está tratando de gastarme una broma.

    Le aseguramos que no había sido así, y leyó lo que había escrito.

    —Jardinero, jardinero. Soy el jardinero. Quiero entrar. No puedo encontrarla aquí.
    —¡Dios mío, otra vez el jardinero! —exclamó Hugh.

    Al levantar la vista del papel vi que Margaret tenía sus ojos fijos en los míos, y antes incluso de que hablara supe lo que estaba pensando.

    —¿Regresaste a casa pasando por la cabaña vacía? —preguntó.
    —Así es. ¿Por qué?
    —¿Estaba todavía vacía? —dijo en voz baja—. O... ¿O había algo más?

    No quise contarle lo que había visto... o al menos lo que pensé haber visto. Si iba a producirse algo extraño, algo digno de observación, sería mucho mejor que nuestras respectivas impresiones no se fortalecieran la una a la otra.

    —Volví a llamar y no obtuve respuesta —dije.

    Se inició entonces nuestra retirada. Fue Margaret la que empezó, y después de que ella hubiera subido las escaleras, Hugh y yo nos dirigimos a la puerta principal para ver qué tiempo hacía. La luna brillaba otra vez en un cielo claro y dimos un paseo por el camino cubierto de losetas que había delante de la casa. De pronto Hugh se dio la vuelta con rapidez y señaló un ángulo de la casa.

    —¿Qué demonios es eso? —preguntó—. ¡Mira! ¡Allí! Ha dado la vuelta a la esquina.

    Tan sólo pude vislumbrar a un hombre alto de fuerte constitución.

    —¿No le viste? —preguntó Hugh—. Voy a rodear la casa y encontrarle; no me gusta que haya nadie merodeando por aquí de noche. Quédate aquí, y si da la vuelta por el otro lado pregúntale qué está haciendo.

    Hugh me dejó junto a la puerta principal, que estaba abierta, y allí esperé a que diera la vuelta completa. Apenas había desaparecido de mi vista cuando escuché con toda claridad unos pasos rápidos pero fuertes que venían hacia mí por el camino pavimentado desde la dirección contraria. Pero no veía absolutamente a nadie que pudiera causar esos sonidos de pasos rápidos. Se acercaron más y más a mí los pasos del ser invisible, y luego tuve un estremecimiento de horror al sentir que alguien, a quien no veía, pasaba junto a mí mientras me hallaba en el umbral. No fue un simple estremecimiento del espíritu, pues el contacto de ese ser fue el del hielo sobre mi mano. Traté de coger al intruso impalpable, pero se escapó, y un momento después escuché sus pasos en el parquet del suelo de la casa. En el interior alguna puerta se abrió y se cerró y no volví a oír nada de él. Un momento después apareció Hugh dando la vuelta a la esquina de la casa desde la que se habían aproximado los pasos.

    —¿Dónde está? —preguntó—. No iba ni veinte metros por delante de mí... era un tipo grande y alto.
    —No vi a nadie. Oí sus pasos por el camino, pero no vi nada.
    —¿Cómo es eso? —preguntó Hugh.
    —Quienquiera que fuese pareció rozarme al pasar y entró en la casa —contesté.

    Como estaba absolutamente seguro de que no habían sonado pasos en las escaleras de roble, buscamos en todas las habitaciones, una tras otra, de la planta baja. La puerta del comedor y la del salón de fumadores estaban cerradas, la que daba a la sala de estar se encontraba abierta, y la única otra puerta que podría haber dado la impresión de abrirse y cerrarse era la que daba a la cocina y los alojamientos del servicio. También allí nuestra búsqueda fue infructuosa; buscamos en el fregadero, la despensa, el armario del calzado y la sala de los criados, pero todo estaba vacío y tranquilo. Llegamos finalmente a la cocina, que estaba también vacía. Pero junto a la chimenea había una mecedora que se balanceaba como si alguien hubiera estado sentado en ella y se acabara de ir. Estaba allí, delante de nosotros, balanceándose suavemente, y parecía transmitir la sensación de una presencia, invisible ahora, más incluso de lo que lo habría hecho la visión de aquél que con toda seguridad había estado sentado allí. Recuerdo que quise sujetarla y detenerla, pero mi mano se negó a acercarse.

    Lo que habíamos visto, y especialmente lo que no habíamos visto, habría bastado para proporcionar casi a cualquiera una noche accidentada, y seguramente yo no me encontraba entre las excepciones de mente poderosa. Permanecí mucho tiempo acostado con los ojos y los oídos bien abiertos, y cuando finalmente empecé a dormitar me sacó de la tierra fronteriza del sueño el sonido, apagado pero inequívoco, de alguien que se movía por la casa. Se me ocurrió que los pasos podían ser los de Hugh, que llevaba a cabo una exploración solitaria, pero mientras me lo preguntaba llamaron a la puerta que comunicaba nuestras habitaciones, y como respuesta a lo que le pregunté me dijo que había acudido a ver si era yo quien paseaba con inquietud. Mientras hablábamos, los pasos cruzaron junto a mi puerta y las escaleras que conducían al piso superior crujieron. Un momento más tarde sonaron directamente encima de nuestras cabezas, en algún desván.

    —Ahí no están los dormitorios de los criados —me informó Hugh—. Nadie duerme allí. Debe haber alguien, vamos a comprobarlo.

    Iluminándonos con velas subimos las escaleras cautelosamente, y cuando estábamos arriba del tramo, Hugh, que iba un escalón delante de mí, lanzó una exclamación.

    —¡Algo ha pasado a mi lado! —dijo tratando de agarrar el aire vacío.

    Mientras Hugh hablaba, yo tuve la misma sensación, y un momento después las escaleras volvieron a crujir más abajo, mientras el ser invisible descendía. Durante toda la noche escuchamos por los pasillos sonidos de pasos, como si caminara alguien por la casa, y mientras me encontraba acostado escuchando recordé el mensaje transmitido a través de los dedos de Margaret sobre el lápiz del tablero. «Quiero entrar. No puedo encontrarla aquí...»

    Evidentemente alguien había entrado y buscaba diligentemente. Parecía que fuera el jardinero. Pero ¿qué jardinero era ese buscador invisible, y a quién buscaba?

    Al igual que cuando cesa un dolor corporal resulta difícil recordar con una sensación viva cómo era el dolor, a la mañana siguiente, mientras me vestía, intenté vanamente recuperar ese horror del espíritu que había acompañado a la aventura nocturna. Me acordé de que en mi interior algo me había repugnado cuando la noche anterior vi los movimientos de la mecedora y cuando escuché los pasos por el camino pavimentado del exterior, y también cuando por aquella presión invisible supe que alguien había entrado en la casa. Pero ahora, en la mañana tranquila que producía sensatez, y durante todo el día, bajo el sereno sol de invierno, no podía entender qué había sucedido. Como sucede con el dolor corporal, la presencia tenía que estar allí para poder entenderla, y no estuvo en todo el día. Hugh tenía la misma sensación; incluso se hallaba dispuesto a bromear sobre el tema.

    —Vaya si buscó bien, quienquiera que fuera y a quienquiera que estuviera buscando —observó—. Y, a propósito, ni una palabra a Margaret, por favor. No oyó nada de esos paseos, ni de la entrada de... lo que fuese. En cualquier caso no era un jardinero: ¿quién ha oído hablar de un jardinero que se pase todo el tiempo caminando por la casa? Si hubiéramos escuchado pasos por el bancal de patatas, estaría de acuerdo contigo.

    Margaret había decidido salir aquella tarde a tomar el té con unos amigos, y en consecuencia Hugh y yo tomamos un refresco en el Club después de la partida, y estaba oscureciendo ya cuando por tercer día consecutivo regresé a casa pasando junto a la cabaña encalada. Pero esa noche no tuve la sensación de que estuviera sutilmente ocupada; tenía un aspecto desolado, como suele suceder con las casas deshabitadas, y ninguna luz ni nada que se le pareciera brillaba a través de sus ventanas. Hugh, a quien le había contado las impresiones extrañas que había experimentado allí, las consideró con la poca seriedad que daba ya a los recuerdos de la noche, y seguía bromeando sobre ellas cuando llegamos a la puerta de nuestra casa.

    —Una perturbación psíquica, muchacho —me dijo—. Como un catarro de cabeza. Vaya, la puerta está cerrada.

    Llamó a la campana, golpeó la puerta y desde el interior sonó el ruido de una llave al abrirse y de los pestillos al retirarse.

    —¿Por qué estaba cerrada la puerta? —preguntó al criado que la abrió.

    El criado empezó a cambiar de posición, apoyándose primero en un pie y luego en el otro.

    —La campana sonó hace media hora, señor —dijo—. Y cuando fui a abrir había ahí fuera un hombre, y...
    —¿Y bien? —preguntó Hugh.
    —No me gustó su aspecto, señor, y le pregunté qué era lo que quería. No respondió nada, y debió marcharse tan deprisa que ni le vi hacerlo.
    —¿Y adonde pareció irse? —preguntó Hugh mirándome a mí.
    —No podría decirlo con exactitud, señor. Es que ni siquiera pareció que se marchaba. Noté algo que me rozó al pasar.
    —Es suficiente, gracias —le dijo Hugh bruscamente.

    Margaret no había regresado desde la visita, pero poco después, cuando escuchamos el crujido de las ruedas del coche, Hugh reiteró su deseo de que no le dijéramos nada de la impresión que ahora, por lo visto, compartía con nosotros una tercera persona. Llegó con el rubor de la excitación en el rostro.

    —No vuelvas a reírte de nuevo de mi tablero —dijo—. Me he enterado de la extraordinaria historia de Maud Ashfield... algo horrible, pero terriblemente interesante.
    —Suéltalo —le dijo Hugh.
    —Bueno, había aquí un jardinero. Solía vivir en la cabaña que hay junto a la pasarela, pero cuando la familia se iba a Londres su esposa y él se venían a vivir aquí como vigilantes.

    Las miradas de Hugh y la mía se encontraron; él apartó la vista.

    Sabía yo, con la misma seguridad que si estuviera dentro de su mente, que sus pensamientos eran idénticos a los míos.

    —Se había casado con una mujer mucho más joven que él —siguió diciendo Margaret—. Y gradualmente llegó a tener unos celos terribles de ella. Un día, en un ataque de pasión, la estranguló con sus propias manos. Poco después llegó alguien a la cabaña y le encontró sollozando encima de ella, tratando de devolverle la vida. Fueron a buscar a la policía, pero antes de que llegara él se había abierto la garganta. ¿No os parece horrible? Resulta bastante curioso que el tablero dijera: «El jardinero. Soy el jardinero. Quiero entrar. No puedo encontrarla aquí». Y yo no sabía nada al respecto. Volveré a utilizar el tablero esta noche. Ah, querido, el cartero viene dentro de media hora y tengo que redactar un presupuesto para enviarlo. Pero en el futuro ten más respeto con mi tablero, Hughie.

    Hablamos de la situación cuando se fue. Hugh, convencido de mala gana, pero que no deseaba admitir que hubiera algo más que una coincidencia tras ese «absurdo del tablero», insistió en que no le dijéramos nada a Margaret acerca de lo que habíamos oído y visto en la casa la noche anterior, ni del visitante extraño que, llegamos a la conclusión, entraría también esa misma noche.

    —Se asustará y empezará a imaginar cosas —me dijo—. En cuanto al tablero, lo más probable es que no haga otra cosa que garabatear y trazar curvas. ¿Quién es? ¡Entre!

    En alguna parte de la habitación había sonado una llamada rápida y perentoria. A mí no me pareció que sonara en la puerta, pero Hugh, cuando no obtuvo ninguna respuesta a sus palabras, se puso en pie de un salto y la abrió. Dio algunos pasos por el salón exterior y regresó.

    —¿No oíste nada? —preguntó.
    —Desde luego. ¿No había nadie?
    —Ni un alma.

    Hugh regresó junto a la chimenea y con bastante irritación arrojó al guardafuego un cigarrillo que acababa de encender.

    —Ha sido bastante desagradable —comentó—. Y si me preguntas si me siento cómodo, te diré que nunca en la vida me había sentido más incómodo. Estoy asustado, si es que quieres saberlo; y creo que tú también lo estás.

    No tenía yo la menor intención de negar tal cosa, y siguió hablando.

    —Tenemos que controlarnos. No hay nada que se contagie tanto como el miedo, y no debemos contagiar a Margaret. Pero sabemos que hay algo más que el miedo. Algo ha entrado en la casa y nos encontramos en una situación difícil. Nunca antes creí en esas cosas. Pero analicémoslo un momento. ¿Qué puede ser?
    —Si quieres saber lo que pienso—contesté—, creo que es el espíritu del hombre que estranguló a su esposa y luego se cortó la garganta. Lo que no veo es qué daño puede hacernos. En realidad a lo que tememos es a nuestro propio miedo.
    —Nos encontramos en una situación difícil —dijo Hugh—. ¿Y qué podemos hacer? Dios mío, si supiera qué podemos hacer no me preocuparía. Es el no saber... bueno, es hora de vestirnos.

    Margaret estuvo muy animada durante la cena. Como no sabía nada de las manifestaciones de esa presencia que habían tenido lugar en las últimas veinticuatro horas, le pareció interesantísimo que su tablero hubiera «sospechado» (esa fue su palabra exacta) acerca del jardinero, y de ese tema pasó a un solitario para tres igualmente interesante que su amiga le había enseñado, prometiendo iniciarnos en él después de la cena. Así lo hizo, y como no sabía que los dos, por encima de todo, queríamos mantenernos lejos del tablero, quedó complacida por el éxito de su solitario. Pero de pronto se dio cuenta de que la noche pasaba rápidamente y apartó las cartas al terminar una mano.

    —Y ahora, media hora de tablero —anunció.
    —Oh, ¿no podemos jugar otra mano? —preguntó Hugh—. Es el juego más divertido que he conocido en años. El tablero nos parecerá lentísimo después de esto.
    —Querido, si el jardinero vuelve a comunicarse, no te resultará tan lento—dijo ella.
    —Pero eso son tonterías —contestó Hugh.
    —¡Qué grosero eres! Pues entonces lee tu libro.

    Margaret ya había sacado su máquina y una hoja de papel cuando Hugh se levantó.

    —Por favor, Margaret, no lo hagas esta noche —dijo él.
    —Pero ¿por qué? No tienes que atender.
    —Bueno, en todo caso te pido que no lo hagas —insistió él. Margaret le observó atentamente.
    —Hughie, estás pensando algo —dijo ella—. Suéltalo. Me parece que estás nervioso Piensas que hay en eso algo extraño. ¿De qué se trata?

    Me di cuenta de que Hugh dudaba si decírselo o no y que decidió que sería mejor escoger la posibilidad de que el tablero escribiera insensateces.

    —Pues hazlo entonces —dijo él.

    Margaret vaciló. Evidentemente no quería enfadar a Hugh, pero la insistencia de éste debió parecerle de lo más irrazonable.

    —Bueno, sólo diez minutos. Y te prometo no pensar en jardineros.

    Nada más poner la mano en el tablero su cabeza cayó hacia adelante y la máquina empezó a moverse. Estaba sentado junto a ella, y lo que escribía sobre el papel me resultó inmediatamente visible. «He entrado», decía. «Pero sigo sin encontrarla. ¿La estáis ocultando? Buscaré en la habitación en la que os encontráis.»

    Lo que hubiera escrito además, y estuviera oculto todavía bajo el tablero, no lo supe, pues en ese momento recorrió la habitación una corriente de aire helado, y en la puerta sonó una llamada, esta vez inequívocamente, fuerte y perentoria. Hugh se puso en pie de un salto.

    —Margaret, despierta. ¡Algo está entrando!

    Se abrió la puerta y apareció la figura de un hombre. Entró, con la cabeza inclinada hacia delante, y la giró de un lado a otro, aparentemente observando con unos ojos fijos e infinitamente tristes todas las esquinas de la habitación.

    —Margaret, Margaret —volvió a gritar Hugh.

    Pero los ojos de Margaret también estaban abiertos; los tenía fijos en aquel temible visitante.

    —Cálmate, Hughie —dijo ella en voz baja levantándose mientras hablaba.

    Ahora el fantasma la miraba directamente a ella. En una ocasión se movieron los labios por encima de su barba espesa y rojiza, pero no salió de ellos sonido alguno; la boca sólo se movía y babeaba. Levantó la cabeza y vi, horrorizado, que en uno de los lados del cuello tenía abierta una herida roja y brillante...

    No tengo ni idea de cuánto tiempo duró aquella pausa, mientras los tres permanecíamos rígidos y paralizados, pues una inhibición mortal nos impedía movernos o hablar; imagino que como máximo fueron diez o doce segundos. Después el espectro se dio la vuelta y salió por donde había venido. Oímos sus pasos sobre el parquet del suelo; escuchamos el sonido de descorrer los pestillos de la puerta principal y un portazo que sacudió la casa.

    —Todo ha terminado —dijo Margaret—. ¡Que Dios tenga piedad de él!


    EL LECTOR puede dar a esta visita de los muertos aquella explicación que prefiera. Puede pensar que no fue en absoluto una visita de los muertos, diciendo que en el escenario en el que se produjo aquel asesinato y suicidio quedó alguna especie de registro emocional que en determinadas circunstancias podía traducirse en imágenes visibles e invisibles. Las ondas de éter, o de cualquier otra cosa, es concebible que pudieran retener la impresión de esas escenas; por así decirlo, se encontraban en una solución, dispuestas a precipitarse. O puede sostener que el espíritu del hombre muerto se manifestó realmente volviendo a visitar, con una especie de penitencia y remordimiento, el lugar en el que se cometió su crimen. Naturalmente ningún materialista sostendría un solo instante esa explicación, pero no hay nadie tan obstinadamente irrazonable como un materialista, indudablemente, sucedió allí un hecho terrible, y por eso no deja de tener sentido la última frase de Margaret.


    Fin