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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 48 en 48.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    EL MUNDO DE LA MUERTE (Harry Harrison)

    Publicado el lunes, noviembre 03, 2014

    CAPITULO I


    Con un suave suspiro el tubo de servicio soltó una cápsula mensajera en la taza receptora. El timbre de aviso sonó una sola vez y quedó silencioso. Jason dinAlt miró azorado a la inofensiva cápsula como si fuera una bomba de relojería.

    Algo malo ocurría. Sintió anudarse la tensión dentro de él. Esto no era ninguna nota rutinaria del servicio o una comunicación del hotel, sino un mensaje personal sellado. Sin embargo no conocía a nadie en este planeta, ya que había llegado en una nave interestelar hacía menos de ocho horas. Si hasta su nombre era otro —lo había cambiado al tiempo que lo hacía de nave— no podían haber mensajes personales. No obstante aquí había uno.

    Rasgando el precinto con la uña del pulgar, quitó la tapa. El grabador del interior de la cápsula, del tamaño de una canica, dio a la voz grabada un sonido metálico, sin ningún indicio de quién le llamaba:

    —Kerk Pyrrus quisiera ver a Jason dinAlt. Estoy esperando en el vestíbulo.

    Esto era irregular, pero no podía evitarlo. Todas las probabilidades eran que el hombre fuese inofensivo. Un vendedor, quizás, o un caso de confusión de identidad. Sin embargo Jason puso cuidadosamente la pistola detrás de una almohada del sofá, con el seguro fuera. Dio la señal a conserjería para que dejasen subir al visitante. Cuando se abrió la puerta, Jason estaba hundido a un lado del sofá, tomando una bebida en un vaso largo.

    Un luchador retirado. Esa fue la primera impresión de Jason cuando el hombre traspuso la puerta. Kerk Pyrrus era una encanecida mole de roca humana, su cuerpo moldeado aparentemente con lisas tiras de músculo. Su ropa gris era tan austera que casi era un uniforme. Atada a su antebrazo portaba una arrugada y muy gastada pistolera, de la que asomaba confesamente la boca de una pistola.

    —Usted es dinAlt, el jugador —dijo, bruscamente, el desconocido—. Quiero hacerle una proposición.

    Jason miró por encima del vaso, dejando que su mente jugara con las posibilidades. Este era o la policía o la competencia, y no quería tener nada que ver con ninguna de las dos. Tenía que averiguar mucho más antes de meterse en tratos.

    —Lo siento, amigo —dijo Jason, sonriendo—. Pero no soy la persona apropiada. Me gusta, pero mis jugadas siempre parecen favorecer más a los casinos que a mí mismo. Por lo tanto usted comprenderá...
    —No vayamos con tonterías el uno con el otro —interrumpió Kerk, con voz profunda—. Usted es dinAlt y es Bohel también. Si quiere más nombres, mencionaré el planeta de Mahaut, el casino de Nébula y muchos más. Tengo una proposición que nos beneficiara a los dos, y vale más que la escuche.

    Ninguno de los nombres causó la más mínima alteración en la semisonrisa de Jason. Pero su cuerpo estaba completamente alerta y en tensión. Este musculoso desconocido sabía cosas que no tenía derecho a saber. Era el momento para cambiar de tema.

    —Eso que lleva ahí es todo un pistolón —dijo Jason—. Pero las pistolas me ponen nervioso. Le agradecería que se la quitara.
    —No, nunca lo hago —respondió Kerk, mirando ceñudo la pistola, como si la estuviera viendo por primera vez. Parecía estar ligeramente incómodo por la indicación.

    El período de prueba había pasado. Jason necesitaba tener alguna ventaja si quería salir vivo de ésta. Mientras se inclinaba hacia adelante para poner el vaso sobre la mesa, dejó caer su otra mano con naturalidad detrás del cojín. Estaba tocando la culata de la pistola cuando dijo:

    —Temo que tendré que insistir. Siempre me siento un tanto molesto cerca de personas que estén armadas —Jason siguió hablando para distraer la atención mientras sacaba la pistola de golpe. Rápida y suavemente.

    Podía haber estado haciéndolo a cámara lenta sin que eso hubiera importado. Kerk Pyrrus estaba muy quieto mientras la pistola salía, mientras apuntaba en su dirección. Hasta el mismísimo último instante Kerk no actuó. Cuando lo hizo, el ademán no fue visible. Antes, su pistola estaba en la pistolera, después estaba apuntando entre los ojos de Jason. Era una disforme y maciza arma con un orificio delantero lleno de marcas y ralladuras demostrativas del mucho uso que se hacía de ella.

    Jason sabía que si levantaba su propia arma una fracción de centímetro más, sería hombre muerto. Dejó caer el brazo con cuidado, furioso consigo mismo por tratar de sustituir la reflexión por la violencia. Kerk guardó su propia pistola dentro de la pistolera con la misma facilidad con que la había sacado.

    —Basta ya de eso —dijo Kerk—. Vayamos al grano.

    Jason se inclinó hacia la mesa y cogiendo el vaso echó un buen trago, lo cual reprimió su irascibilidad.

    Era rápido manejando una pistola —más de una vez su vida había dependido de ello— y ésta era la primera vez que había sido superado. Y, además, con toda sencillez, lo que hacía el asunto doblemente irritante.

    —No estoy dispuesto a hacer tratos —dijo acremente—. He venido a Cassylia para tomarme unas vacaciones, para alejarme del trabajo.
    —No nos engañemos, dinAlt —dijo, impacientemente, Kerk—. Usted nunca ha trabajado en una ocupación honrada en toda su vida. Es un jugador profesional y es por eso que estoy aquí, para hacer negocios con usted.

    Jason reprimió su ira con esfuerzo y echó la pistola al otro extremo del sofá para no sentirse inducido al suicidio. Había estado completamente seguro de que nadie lo conocía en Cassylia y estuvo esperando con deleite una gran partida en el casino. Se inquietaría luego por eso. Este tipo con aspecto de luchador parecía saberse todas las respuestas. Le daría algún tiempo para que se explicara y así sabría a qué atenerse.

    —Está bien, ¿qué quiere usted?

    Kerk se sentó en una silla que crujió ominosamente bajo su peso, y sacó un sobre de un bolsillo. Dio unos ligeros golpes con los dedos en el interior y soltó un puñado de relucientes billetes galácticos sobre la mesa. Jason los miró de soslayo, luego se incorporó de repente.

    —¿Qué son...? ¿Falsificaciones? —preguntó mirando uno a contraluz.
    —Son totalmente legítimos —le dijo Kerk—. Los recogí en el banco. Exactamente veintisiete cédulas, o veintisiete millones en documentos de crédito. Quiero que usted las use como efectos bancarios cuando vaya al casino esta noche. Apueste con ellas y gane.

    Parecían bastante legítimas, y podían ser comprobadas. Jason las tocó cuidadosamente mientras examinaba al otro hombre.

    —Ignoro lo que está usted tramando —dijo—. Pero se dará cuenta de que no puedo dar garantías. Juego, pero no siempre gano.
    —Usted juega... y gana cuando quiere —dijo ásperamente Kerk—. Lo comprobamos minuciosamente antes que viniera a verle.
    —Si quiere usted decir que hago trampas... —cuidadosamente, Jason reprimió su ira, de nuevo, y la mantuvo bajo control. No le reportaría ningún beneficio el incomodarse.
    —Quizás usted no lo llama hacer trampas, francamente no me importa —continuó Kerk con la misma voz uniforme, sin hacer caso de la ira creciente de Jason—. Por lo que a mí se refiere puede tener usted las mangas forradas de ases y electroimanes en los dedos de los pies, con tal de que gane. No estoy aquí para discutir cuestiones de ética con usted. He dicho que tenía una proposición.

    »Hemos trabajado duramente para ganar ese dinero, pero sin embargo no es suficiente. Para ser exacto le diré que necesitamos tres mil millones en créditos. El único modo de conseguir esa suma es jugándose estos veintisiete millones en efectos bancarios.

    —¿Y qué gano yo con ello? —Jason hizo la pregunta fríamente, como si alguna pizca de la fantástica proposición tuviera algún sentido.
    —Todo lo que pase de tres mil millones es para usted, eso sería bastante justo. Usted no está arriesgando su propio dinero, pero está en situación de tener el suficiente para mantenerse de por vida si gana.
    —¿Y si pierdo?
    —Ciertamente, hay la probabilidad de que usted pierda —Kerk reflexionó por un momento, no gustándole la idea—. No había pensado en eso.

    »Si usted pierde... —Kerk llegó a una decisión—, bien, supongo que eso es un riesgo que tendremos que correr. Aun cuando creo que entonces le mataría. Los que perdieron su vida para conseguir los veintisiete millones merecen al menos eso —lo dijo tranquilamente, sin malignidad, y era más una decisión meditada que una amenaza.

    Poniéndose en pie de un salto, Jason volvió a llenar su vaso y ofreció otro a Kerk, el cual lo cogió con un signo de agradecimiento. Jason anduvo de aquí para allá, no pudiendo estarse quieto. Toda la proposición le ponía furioso, pero al mismo tiempo ejercía una fatal fascinación. Era un jugador y esta conversación era para él como la visión de drogas para un adicto.

    Deteniéndose de repente, se dio cuenta de que se había decidido hacía ya un rato. Ganara o perdiera —viviera o muriera—, ¿cómo podía rechazar la oportunidad de apostar con una cantidad como esa? Se volvió de repente y apuntó el dedo hacia el hombretón sentado en la silla.

    —Lo haré. Usted probablemente sabía que lo haría desde el momento en que entró aquí, pero yo también quiero poner algunas condiciones. Quiero saber quién es usted, y quiénes son esos de los que estaba hablando. Y de dónde salió el dinero. ¿Es robado?

    Kerk apuró su vaso y lo alejó de él.

    —¿Dinero robado? No, todo lo contrario. Es el trabajo de dos años de extraer y refinar mineral. Fue extraído en Pyrrus y vendido aquí en Cassylia. Puede comprobarlo muy fácilmente. Yo mismo lo vendí. Soy el embajador pyrrano para este planeta —Kerk sonrió ante la idea—. No es que eso signifique mucho. Soy embajador por lo menos para otros seis planetas, pero es útil para hacer negocios.

    Jason miró al musculoso hombre de cabello gris y gastada ropa de corte militar, y resolvió no reír. Uno oía hablar de cosas extrañas afuera, en los planetas limítrofes y cada palabra podía ser cierta. Jamás había oído hablar de Pyrrus, aun cuando eso no significara nada. Había más de treinta mil planetas conocidos en el universo habitado.

    —Comprobaré lo que me ha dicho usted —dijo Jason—. Si es cierto, podemos hacer tratos. Llámeme mañana...
    —No —dijo Kerk—. El dinero ha de ser ganado esta misma noche. Ya he emitido un cheque por estos veintisiete millones; el asunto saltará tan alto como las Pléyades a menos que depositemos el dinero por la mañana, de modo que ese es nuestro tiempo límite.

    A cada momento, todo el asunto se volvía más fantástico y más intrigante para Jason. Miró el reloj. Aún había tiempo para averiguar si Kerk mentía o no.

    —Esta bien, lo haremos esta noche—dijo—. Pero tendré que tener una de esas libranzas para comprobarlo.
    —Cójalas todas —dijo Kerk, levantándose para irse—; no lo volveré a ver hasta después de que usted haya ganado. Estaré en el casino, por supuesto, pero no me reconozca. Valdría más que no supieran de dónde ha salido el dinero o cuánto tiene usted.

    Luego se fue, después de un triturante apretón de manos que oprimió la mano de Jason como tomillo de carpintero. Jason estaba a solas con el dinero. Extendiendo las libranzas en forma de abanico, fijó la vista en sus superficies de sepia y oro, tratando de unir la realidad con el entendimiento. Veintisiete millones en créditos. ¿Qué había de impedirle trasponer la puerta con ellos y desaparecer? Nada realmente, excepto su propio sentido del honor.

    Kerk Pyrrus, el hombre cuyo segundo nombre era el mismo que el del planeta del cual procedía, era el necio más grande del universo. O realmente sabía lo que estaba haciendo. Por la manera en que se había desarrollado la entrevista, esto último parecía ser lo más seguro.

    —Kerk sabía que yo preferiría apostar con ese dinero antes que robarlo —dijo torcidamente.

    Deslizó una pequeña pistola dentro de la pistolera de su cinturón se metió el dinero en el bolsillo, y salió.


    CAPITULO II


    El recepcionista robot del banco emitió un solo silbido de impulso electrónico cuando Jason le presentó una de las libranzas e iluminó un tablero que lo guió hasta ver al presidente Wain. Wain era un cortés empleado que puso unos ojos como platos y perdió algo de su color moreno cuando vio el fajo de libranzas.

    —¿Usted... desea depositar esto aquí con nosotros? —preguntó mientras sus dedos las alisaban inconscientemente.
    —No hoy —dijo Jason—. Me fueron entregadas en pago de una deuda. Tenga la bondad de comprobar que son auténticas y cambiarlas. Quisiera notas de crédito de quinientos mil.

    Sus dos bolsillos interiores estaban repletos cuando Jason salió del banco. Los billetes eran legítimos y Jason se sentía como una caja de caudales andante. Esta era la primera vez en toda su vida que llevar una gran cantidad de dinero le resultaba incómodo. Hizo señas a un heliotaxi que pasaba, y se dirigió directamente al casino, donde sabía que estaría seguro. Por algún tiempo.

    El casino de Cassylia era el lugar de recreo del grupo de sistemas estelares cercano. Era la primera vez que Jason lo veía, aun cuando conocía bien el tipo. Había pasado la mayor parte de su vida adulta en casinos como éste, en otros mundos. El decorado se diferenciaba pero siempre eran los mismos. Juego y buenas maneras en público, y entre bastidores, todo el vicio privado que uno pudiera pagar. Teóricamente no había límite en las partidas de juego, pero eso era verdad sólo hasta cierto punto. Cuando la casa resultaba perjudicada realmente, las honradas partidas dejaban de ser juego limpio y el gran ganador tenía que vigilar sus pasos muy cuidadosamente. Estas eran las fuerzas superiores contra las cuales Jason dinAlt había luchado innumerables veces, anteriormente. Estaba precavido pero no muy inquieto.

    El comedor estaba casi vacío y el maître se precipitó rápidamente al lado del desconocido con su vestidura magníficamente cortada. Jason era delgado y more— no y se movía con maneras desenvueltas. Más como el dueño de una fortuna heredada que como un jugador profesional. Esta apariencia era importante y Jason la cuidaba. La cocina parecía ser buena y la bodega resultó ser maravillosa. Jason mantuvo una profesional y entusiasta conversación con el somelier mientras esperaba la sopa, luego se dispuso a saborear la comida.

    Comió despacio y el gran comedor se llenó antes que hubiera terminado. Observando el festín con un largo cigarro en la boca, mató algún tiempo más. Cuando finalmente se dirigió a las salas de juego, estaban llenas y activas. Paseó alrededor de la sala, soltando unos cuantos billetes de a mil. Apenas se cuidó de cómo jugaba, prestando más atención al aire de las partidas. El juego parecía enteramente legal y nadie era víctima de manejos arteros. Eso podía cambiar con rapidez, Jason se daba cuenta de ello. Usualmente no era necesario; el tanto por ciento de la casa bastaba para asegurar el beneficio.

    Una vez vio a Kerk mirando por el rabillo del ojo, pero no le prestó atención. El embajador estaba perdiendo invariablemente pequeñas sumas y parecía estar inquieto. Probablemente esperando a que Jason empezara a jugar en serio. Sonrió y siguió paseándose.

    Jason se quedó en la mesa de los dados como hacía usualmente. Era el modo más seguro de obtener pequeñas ganancias. ¡Y si lo siento esta noche, puedo limpiar este casino! Ese era su secreto, la fuerza que ganaba con él, invariablemente, y de cuando en cuando le permitía un éxito y salir escapado antes que los ladrones a sueldo llegaran a recobrar el dinero.

    Le llegaron los dados y tiró un ocho de manera firme. Las apuestas eran pequeñas y no se apresuró, sólo se mantuvo alejado de los sietes. Hizo el punto y pasó una natural. Luego jugó y los dados siguieron moviéndose.

    Sentado allí, haciendo pequeñas apuestas automáticamente mientras los dados rodaban alrededor de la mesa, Jason consideraba ese poder curiosamente. Después de todos los años de trabajo, todavía no sabemos gran cosa de las fuerzas «Psi». Se puede adiestrar a la gente un poquito, y perfeccionar las facultades un poco más, pero eso es todo.

    Se sentía esta noche; sabía que el dinero de su bolsillo le proporcionaba el estado de ánimo adicional que a veces le ayudaba. Con los ojos medio cerrados cogió los dados, y dejó que su pensamiento acariciara suavemente el patrón de hundidos puntos. Luego los dados saltaron de su mano y fijó la vista en un siete.

    Estaba ahí.

    Más fuerte de lo que lo había sentido en años. El firme peso de los millones en billetes lo había hecho. El mundo a todo su alrededor estaba bien definido y claro y los dados completamente bajo su dominio. Sabía hasta el último billete que tenían los otros jugadores en sus carteras y era consciente de las cartas en las manos de los jugadores detrás de él.

    Lenta y cuidadosamente, aumentó las apuestas.

    No había que hacer ningún esfuerzo con los dados; rodaban y se incorporaban como perros amaestrados. Jason se tomó su tiempo y se concentró en la sicología de los jugadores y el croupier. Le llevó casi dos horas hacer subir su dinero de la mesa a setecientos mil. Luego sorprendió al croupier haciendo señales de que tenían a un jugador con elevadas ganancias. Esperó a que el hombre de mirada dura se acercara para vigilar el juego, después sopló sobre los dados, apostó todas sus ganancias y lo disipó todo en una sola tirada. El hombre de la casa sonrió dichosamente, el croupier se sosegó; y, mirando por el rabillo del ojo, Jason vio que Kerk se ponía lívido.

    Sudando, pálido, temblándole ligeramente las manos, Jason se desabrochó la chaqueta y sacó uno de los sobres de billetes nuevos. Rompiendo el precinto con el dedo, soltó dos de ellos sobre la mesa.

    —¿Podríamos tener una partida sin límite? —preguntó—. Quisiera... recobrar parte de mi dinero.

    El croupier estaba esforzándose en reprimir su sonrisa en este momento; miró de soslayo al jefe de sala, el cual hizo una rápida seña afirmativa con la cabeza. Tenían un incauto entre ellos y se proponían limpiarlo. Había estado jugando con dinero de su cartera toda la tarde; ahora estaba abriendo un sobre sellado para tratar de recuperar lo que había perdido. Un sobre grueso, además, y probablemente dinero que no era suyo. No es que a la casa le importara lo más mínimo. Para ellos el dinero no tenía lealtades. El juego continuó, con la gente del casino en una muy sosegada disposición de ánimo.

    Lo cual era justamente del modo que los quería Jason. Necesitaba penetrar en ellos tan hondamente como pudiera antes que alguno se diese cuenta de que pudiera tocarles perder. La violencia empezaría entonces y Jason quería demorarla tanto como fuera posible. Sería difícil ganar sin problemas, y su fuerza psíquica podía irse tan aprisa como había venido. Eso ya le había ocurrido anteriormente.

    Estaba jugando contra la casa, ahora, los otros dos jugadores eran simples comparsas, y una multitud se había agolpado apretadamente alrededor, para mirar. Después de perder y ganar un poquito, Jason hizo una serie de naturales y su pila de fichas doradas creció más y más. Había cerca de mil millones ahí, tanteó. Los dados todavía estaban cayendo fieles, si bien Jason estaba empapado de sudor por el esfuerzo. Apostando la pila de fichas entera trató de coger los dados. El croupier fue más rápido y se los quitó.

    —La casa pide dados nuevos —dijo sencillamente.

    Jason se enderezó y se enjuagó las manos, contento por el alivio momentáneo. Esta era la tercera vez que la casa cambiaba de dados para tratar de interrumpir su racha de ganancias. Era su privilegio. El hombre de la mirada dura abrió la cartera como hiciera antes y sacó un par al azar. Quitando la envoltura de plástico, los echó a lo largo de la mesa hacia Jason. Aparecieron con un siete natural y Jason sonrió.

    Cuando Jason los sacó con la pala, la sonrisa se marchitó lentamente.

    Los dados eran transparentes, primorosamente fabricados, igualmente sobrecargados en todos lados y torcidos.

    El pigmento de los puntos en cinco lados de cada dado era alguna mezcla de metal pesado, probablemente plomo. El sexto lado era una mezcla férrica. Rodarían equilibrados a menos que chocaran con un campo magnético, lo cual significaba que toda la superficie de la mesa podía ser imantada. No podría haber distinguido la diferencia si no hubiera observado los dados con la mente. Pero, ¿qué podía hacer?

    Agitándolos despacio, miró rápidamente alrededor de la mesa. Ahí estaba lo que necesitaba. Un cenicero con un imán en la base para fijarlo al canto metálico de la mesa. Jason cesó de agitar los dados y los miró extrañamente, luego alargó el brazo y cogió el cenicero. Echó la base contra su mano.

    Mientras levantaba el cenicero, hubo un gesto de asombro unánime de todas partes. Los dados estaban fijados allí, al revés, mostrando las cajas.

    —¿Es esto lo que llaman dados genuinos? —preguntó. El hombre que había echado fuera los dados alargó rápidamente la mano hacia el bolsillo de su cadera. Jason fue el único que vio lo que ocurrió después. Estaba observando esa mano atentamente, sus propios dedos cerca de la culata de su pistola. Mientras el hombre alcanzaba su bolsillo, una mano salió de la multitud detrás de él. Por su dimensión y la forma cuadrada sólo podía pertenecer a una persona. El grueso pulgar y el dedo índice se afianzaron rápidamente alrededor de la muñeca del hombre de la casa, luego se soltaron y desaparecieron. El hombre gritó chillonamente y levantó el brazo, su mano colgando flojamente, como un guante, de los rotos huesos de la muñeca.

    Con su flanco bien protegido, Jason podía continuar con el juego.

    —Los dados viejos, si no tiene inconveniente en ello —dijo tranquilamente.

    Aturdidamente el croupier los empujó. Jason los agitó con presteza y los echó. Antes que dieran en la mesa se dio cuenta de que no podría dirigirlos: el poder psíquico transitorio se había perdido.

    Dieron vuelta sobre vuelta. Y mostraron el siete.

    Contando las fichas mientras eran empujadas hacia él, halló que había añadido un poquito menos de mil millones en billetes. Los otros estarían ganando esa cantidad si abandonaba el juego ahora; pero no eran los tres mil millones que necesitaba Kerk. Bien, tendría que bastar. Mientras echaba mano a las fichas sorprendió la mirada de Kerk al otro lado de la mesa y el otro hombre movió la cabeza con un firme gesto negativo.

    —Que siga el juego —dijo cansadamente Jason—; una tirada más.

    Sopló sobre los dados, los pulió con el puño del vestido, y se preguntó cómo se había metido en este asunto. Miles de millones rodando sobre un par de dados. Eso era tanto como la renta anual de algunos planetas. Lo único que hacía posible apuestas como esa era el hecho de que el gobierno planetario tenía una participación mayoritaria en el casino. Los agitó todo el tiempo que pudo, tratando de recuperar el dominio que había huido de él, luego soltó los dados.

    Cualquier otra cosa se había detenido en el casino y la gente estaba de pie sobre mesas y sillas para mirar. No salía un sonido de esa gran multitud. Los dados rebotaron en la mesa con un repique que sonó fuerte en medio del silencio y rodaron sobre el paño.

    Un cinco y un uno. Seis. Todavía podía salir airoso. Alzando los dados con la pala, Jason les habló, musitó los antiguos conjuros que traían suerte y tiró otra vez.

    Se necesitaron cinco tiradas antes que Jason obtuviera el seis.

    La muchedumbre repitió el suspiro de Jason y alzaron sus voces rápidamente. Jason quería descansar, tomar aliento, pero sabía que no podía. Ganar el dinero era sólo parte del trabajo, ahora tenían que largarse con él La cosa tenía que parecer casual. Estaba pasando un camarero con una bandeja de bebidas. Jason lo paró y le metió un billete de cien en el bolsillo.

    —Las bebidas corren por mi cuenta —gritó mientras cogía la bandeja de las manos del camarero.

    Los admiradores vaciaron prontamente los vasos llenos y Jason apiló las fichas en la bandeja. La colmaban sobradamente, pero en este momento apareció Kerk con una segunda bandeja.

    —Tendré mucho gusto en ayudarlo, señor, si me lo permite —dijo.

    Jason lo miró y se lo concedió con una risotada. Era la primera vez que tenía una imagen clara de Kerk en el casino. El hombre llevaba una holgada chaqueta sobre lo que debía ser un falso abdomen. Las mangas eran largas y en forma de bolsa, por lo cual parecía grueso más bien que musculoso. Era un sencillo pero eficiente disfraz.

    Llevando cuidadosamente las cargadas bandejas, rodeados de una multitud de excitados clientes, los dos se abrieron camino hacia la ventanilla del cajero. El propio gerente estaba allí, mostrando una forzada sonrisa abierta. Y hasta esta sonrisa se le marchitó mientras contaba las fichas.

    —¿Podría usted volver por la mañana? —dijo—. Temo que no tenemos tanto dinero a mano.
    —¿Qué pasa? —gritó Kerk—. ¿Están intentando escaparse de pagarle? Bien que cogieron mi dinero sin problemas mientras perdía. ¡Ahora les toca pagar!

    Los espectadores, satisfechos siempre de ver que la casa perdía, expresaron su conformidad, gruñendo. Jason puso fin al asunto en voz alta.

    —Seré razonable. Déme el dinero contante que tengan y aceptaré un cheque por el resto.

    No había ninguna salida. Bajo la atención vigilante de la jubilosa multitud, el gerente llenó un sobre con billetes y extendió un cheque. Jason le dio una rápida ojeada, luego se lo metió en un bolsillo interior. Con el sobre bajo un brazo, siguió a Kerk hacia la puerta.

    A causa de los espectadores, no hubo ningún problema en la sala principal, pero en el momento que llegaron a la puerta lateral dos hombres entraron, cerrándoles el paso.

    —Un momento... —dijo uno.

    No terminó la frase. Kerk pasó sobre ellos sin aflojar el paso derribándolos de un solo golpe como a bolos de madera. Luego Kerk y Jason estuvieron fuera del edificio y andando de prisa.

    —Al aparcamiento —dijo Kerk—. Tengo un coche allí.

    Cuando doblaron la esquina, había un coche que se dirigía hacia ellos. Antes que Jason pudiera sacar la pistola de su funda, Kerk estaba en frente de él. Su brazo subió y su grande y disforme pistola rasgó la tela a lo largo de la manga y saltó a su mano. Un solo tiro mató al conductor y el coche se desvió y rechinó. Los otros dos hombres que le acompañaban murieron al salir por las portezuelas, las pistolas cayéndose de sus manos.

    Después de eso no tuvieron más problemas. Kerk condujo a la máxima velocidad alejándose del casino; la rota manga de su chaqueta se agitaba con la brisa, ofreciendo vislumbres de la voluminosa pistola que reposaba atrás, en la pistolera.

    —Cuando tenga la oportunidad —dijo Jason—, tendrá que enseñarme cómo hace el truco de la pistola.
    —Cuando tengamos la oportunidad —respondió Kerk, mientras hacía entrar el coche en la vía de acceso a la ciudad.


    CAPITULO III


    El edificio frente al cual pararon era una de las más distinguidas residencias de Cassylia. Por el camino, Jason había contado el dinero y separado su parte. Casi dieciséis millones en efectivo. Sin embargo no parecían enteramente reales. Mientras descendían frente al edificio, dio el resto a Kerk.

    —Aquí tiene sus tres mil millones. No crea que fue fácil —dijo Jason.
    —Podía haber sido peor —fue su única respuesta.

    La voz grabada sonó en el micrófono del otro lado de la puerta.

    —El señor Ellus se ha ido a acostar. ¿Tendrían la bondad de volver a llamar por la mañana? Todas las entrevistas se convienen con antelación.

    La voz dejó la frase sin concluir mientras Kerk abría la puerta de un solo empujón. Lo hizo casi sin esfuerzo, con la palma de la mano. Mientras entraban, Jason miró los residuos de roto y retorcido metal que pendían de la cerradura y se maravilló otra vez de su compañero.

    Fuerza... se dijo. Más que fuerza física, el hombre es como una fuerza elemental. Tengo la sensación de que nada lo puede parar.

    Esto lo ponía furioso, y al mismo tiempo lo fascinaba. No quería dejarle hasta que averiguara más acerca de Kerk y su planeta. Y sobre «esos» que habían muerto por el dinero que él apostara en el juego.

    El señor Ellus era viejo, algo calvo e irascible, y no estaba de ninguna manera acostumbrado a que turbaran su reposo. Sus acompañantes se detuvieron de repente cuando Kerk echó el dinero sobre la mesa.

    —¿Está siendo cargada la nave, Ellus? Aquí tiene el saldo debido.

    Ellus manoseó los billetes por un momento antes que pudiera contestar la pregunta de Kerk.

    —La nave... sí, por supuesto. Empezamos a cargarla cuando usted nos entregó el depósito. Tendrá que perdonar mi confusión pero esto es un poco irregular. Nunca realizamos operaciones de este volumen con dinero en efectivo.
    —Es de este modo que me gusta hacer tratos —le respondió Kerk—. He cancelado la factura, esto es la suma total. Pero, ¿qué me dice usted de un recibo?

    Ellus había extendido el recibo antes que se recobrara de su asombro. Lo asió apretadamente mientras miraba con aire de incomodidad a los tres mil millones desplegados delante de él.

    —Esperen... no puedo coger este dinero. Tendrán que venir mañana al banco, es lo corriente —resolvió firmemente Ellus.

    Kerk alargó el brazo y suavemente extrajo el papel de la mano de Ellus.

    —Gracias por el recibo —dijo—. No estaré aquí por la mañana, por lo tanto esto deberá bastarle. Y si usted está inquieto por el dinero, sugiero que se ponga en comunicación con la mayor parte de la guardia o policía privada de su equipo. Se sentirá mucho más seguro.

    Mientras salían por la destrozada puerta, Ellus estaba marcando frenéticamente números en el teléfono.

    Kerk contestó a la rápida pregunta de Jason antes que éste pudiera efectuarla.

    —Me figuro que usted querrá vivir para gastar ese dinero que tiene en el bolsillo, por lo cual he reservado dos plazas para nosotros en una nave interplanetaria —dio un vistazo al reloj del coche—. Sale dentro de dos horas aproximadamente, por tanto tenemos mucho tiempo. Tengo hambre, vamos a un restaurante. Espero qué usted no tenga nada en el hotel que quiera recoger. Sería un poco difícil.
    —Nada por lo que valga la pena exponerse a que lo maten a uno —dijo Jason—. Pero ¿dónde podemos ir a comer? Hay unas cuantas preguntas que quisiera hacerle.

    Bajaron cuidadosamente hacia los niveles de transporte hasta que estuvieron seguros de que nadie los había seguido. Kerk metió el coche en un oscuro astillero de carga donde lo abandonaron.

    —Siempre podemos adquirir otro coche —dijo—; probablemente tienen éste localizado. Volvamos atrás, hacia la vía de transportes. He visto un restaurante allí mientras pasábamos por ella.

    Oscuras y destacadas siluetas de transportadores terrestres llenaban el lugar de aparcamiento. Se abrieron camino alrededor de las ruedas altas como hombres y llegaron al cálido y ruidoso restaurante. Los conductores y los trabajadores de la madrugada no les prestaron atención mientras encontraban un puesto al fondo del local y pedían una comida servida automáticamente.

    Kerk cortó un pedazo de carne de la gruesa tajada frente a él y se lo metió alegremente en la boca.

    —Haga sus preguntas —dijo—, ya me estoy sintiendo mucho mejor.
    —¿Qué hay en esta nave que usted dispuso para esta noche? ¿Por qué clase de cargamento estuve arriesgando mi pellejo?
    —Pensé que usted estaba arriesgando su pellejo por dinero —dijo secamente Kerk—. Pero esté seguro que fue por una buena causa. Este cargamento significa la supervivencia de un mundo. Armas de fuego, municiones, minas, explosivos y cosas semejantes.
    —¡Tráfico de armas! —Jason se atragantó con un bocado de comida—. ¿Qué está usted haciendo? ¿Financiando una guerra privada? ¿Y cómo puede hablar de supervivencia con un cargamento mortal como ese? No trate de decirme que estas cosas tienen un uso pacífico. ¿A quiénes están ustedes eliminando?

    La mayor parte del buen humor del hombre grueso se había disipado; en su rostro se mostraba esa torva expresión que Jason ya conocía bien.

    —Sí, uso pacífico sería la justa palabra. Porque eso es fundamentalmente todo lo que queremos. Vivir en paz. Y no se trata de a quiénes estamos eliminando, sino qué estamos eliminando.
    —Habla usted en acertijos —dijo Jason—. Lo que dice no tiene sentido.
    —Tiene bastante sentido —le dijo Kerk—. Pero sólo en un planeta del universo. ¿Cuánto sabe usted de Pyrrus?
    —Absolutamente nada.

    Por un momento Kerk se envolvió en sus recuerdos, tomando una expresión abstraída. Luego continuó.

    —El género humano no pertenece a Pyrrus; sin embargo, hace casi trescientos años que está allí. La esperanza de vida de la población es de dieciséis años. Por supuesto la mayoría de los adultos viven más allá de eso, pero la elevada mortalidad infantil rebaja la media.

    »Es todo lo que un mundo humano no debiera ser. La gravedad es casi dos veces la de la Tierra. La temperatura puede variar diariamente de la ártica a la tropical. El clima... bien, uno tiene que conocerlo para creerlo. Es distinto a todo lo que uno haya visto en ninguna otra parte de la galaxia.

    —Estoy aterrorizado —dijo fríamente Jason—. ¿Qué tienen ustedes? ¿Reacciones de metano o cloro? He estado en planetas como ese...

    Kerk dio un fuerte manotazo en la mesa. Los platos saltaron y las patas de la mesa crujieron.

    —¡Reacciones de laboratorio! —gruñó—. Parecen poderosas en el banco de pruebas. Pero, ¿qué ocurre cuando se tiene un mundo lleno de esas mezclas? En un instante de tiempo galáctico toda la fuerza es encerrada en sutiles y estables mezclas. La atmósfera puede ser deletérea para un respirador de oxígeno, pero considerada en sí misma es tan inocua como la cerveza clara.

    »Hay sólo una combinación que es puro veneno como atmósfera planetaria. Abundancia de H20, el disolvente más universal que uno pueda encontrar, más oxígeno libre sobre el cual obrar...

    —¡Agua y oxígeno! —interrumpió Jason— ¿Se refiere usted a planetas como la Tierra o Cassylia? ¡Eso es absurdo!
    —De ninguna manera. Porque usted nació en esta clase de ambiente, lo aceptó como justo y natural. Da por supuesto que los metales se corroen, los litorales se alteran, y las tempestades dificultan las comunicaciones. Estos son incidentes normales en mundos de oxígeno—agua. En Pyrrus estas condiciones son llevadas al enésimo grado.

    »E1 planeta tiene una inclinación del eje de casi 42°, por tanto hay una tremenda variación de temperatura de estación a estación. Esta es una de las principales causas de una capa de hielo cambiando constantemente. El clima que esto produce es espectacular por decirlo suavemente.

    —Si eso es todo —dijo Jason—, no veo por qué...
    —Eso no es todo, es solamente el principio. Los mates mayores ejecutan la doble función destructiva de suministrar vapor de agua para mantener las condiciones atmosféricas en movimiento, y generar gigantescas mareas. Pyrrus tiene dos satélites, Samas y Bessos; los cuales se unen a veces para elevar los océanos con mareas de treinta metros. Y hasta que no se ha visto a una de estas mareas lanzarse sobre un volcán en activo, no se ha visto nada.

    Los elementos pesados son los que nos llevaron a Pyrrus, y estos mismos elementos mantienen el planeta en un hervor volcánico. Ha habido al menos trece supernovas en la inmediata vecindad estelar. Pueden encontrarse elementos pesados en la mayor parte de sus planetas, tanto como atmósferas completamente irrespirables. El trabajo y explotación de minas a largo plazo no puede ser efectuado si no es por una colonia que sea autosuficiente. Este es el caso de Pyrrus, donde los elementos radioactivos están encerrados en el núcleo planetario, rodeados por una cubierta de elementos más ligeros. Y mientras que esto permite la atmósfera que necesitan los hombres, también proporciona una incesante actividad volcánica a medida que el plasma fundido se abre camino por la fuerza hacia la superficie.

    Por primera vez, Jason calló. Trataba de imaginar cómo sería la vida en un planeta constantemente en guerra consigo mismo.

    —He guardado lo mejor para lo último —dijo Kerk con áspero humor—. Ahora que tiene usted una idea de cómo es el ambiente, piense en la clase de formas de vida que lo pueblan. Dudo que haya una sola especie de otros mundos que viviera allí un minuto. Las plantas y los animales de Pyrrus son duros. Combaten al mundo y luchan unos contra otros. Centenares de miles de años de eliminación genética han producido cosas que causarían pesadillas hasta a un cerebro electrónico. De hojas de armadura, venenosas, con extremidades de garras y bocas de espolón. Eso describe todo lo que anda, aletea o solamente se asienta y crece. ¿Ha visto alguna vez una planta con dientes, que muerda? No creo que quiera ver eso. Tendría que estar en Pyrrus y eso significa que moriría en unos segundos, al salir de la nave. Hasta yo tendré que someterme a un entrenamiento de recuperación antes que pueda salir fuera de los edificios de aterrizaje. La lucha perpetua por la supervivencia mantiene a las formas de vida luchadoras y cambiantes. La muerte es fácil, pero las maneras de esparcirla son demasiado numerosas para registrarlas.

    La desdicha se elevaba como un peso sobre los anchos hombros de Kerk. Tras largos momentos de meditación, Kerk se sacudió visiblemente como para liberarse de ella. Devolviendo su atención a la comida y recogiendo la salsa del plato, comunicó parte de sus sentimientos.

    —Creo que no hay ninguna razón lógica por la cual debiéramos permanecer y hacer esta guerra interminable. Excepto que Pyrrus es nuestro hogar.

    El último pedazo de pan empapado con salsa desapareció y Kerk blandió el vacío tenedor hacia Jason.

    —Dichoso usted que es un habitante de otro mundo y nunca tendrá que ver eso.
    —Está equivocado sobre ese punto —dijo Jason tan sosegadamente como pudo—. Voy con usted.


    CAPITULO IV


    No diga estupideces —dijo Kerk mientras oprimía un botón para pedir un segundo bistec—. Hay maneras mucho más sencillas de suicidarse. ¿No se da cuenta de que es millonario, ahora? Con lo que tiene en el bolsillo, puede recrearse durante el resto de su vida en los planetas de placer. Pyrrus es un mundo de muerte, no un lugar de excursión para turistas jubilados. No puedo permitir que regrese usted conmigo.

    Los jugadores que pierden la calma no duran mucho. Jason estaba ahora enfadado. Sin embargo, esto se mostraba sólo de un modo negativo, en la falta de expresión del rostro y la tranquilidad de la voz.

    —No me diga lo que puedo o no hacer, Kerk Pyrrus. Usted es un hombre imponente con una pistola rápida, pero eso no lo convierte en mi guardián. Todo lo que puede hacer es impedir que yo vaya en su nave. Pero fácilmente puedo llegar allí de otra manera. Y no trate de decirme que quiero ir a Pyrrus por simple turismo cuando no tiene ni idea de mis verdaderas razones.

    Jason ni siquiera trató de explicar sus razones; eran sólo medio percibidas y demasiado personales. Cuanto más viajaba, más las cosas le parecían las mismas. Los viejos y civilizados planetas se sumían en una monótona semejanza. Los mundos fronterizos tenían todos el tosco parecido a campamentos en un bosque. No es que los mundos galácticos lo aburrieran. Sólo que había encontrado sus limitaciones; sin embargo no había hallado las suyas propias. Hasta que conoció a Kerk no había reconocido a ningún hombre como su superior, o ni siquiera su igual. Esto era más que egocentrismo. Era encararse con los hechos. Ahora le forzaban a enfrentarse con el hecho de que había todo un mundo de gente que pudiera ser superior a él. Jason no podría quedar satisfecho hasta que hubiera estado allí y comprobarlo por sí mismo. Aun cuando sucumbiera en el intento.

    Nada de esto podía serle explicado a Kerk. Había otras razones que Kerk comprendería mejor.

    —Usted no está pensando con vistas al futuro cuando me impide ir a Pyrrus —dijo Jason—. No mencionaré ninguna deuda moral que haya contraído conmigo por ganar ese dinero que usted necesitaba. Pero, ¿y qué me dice de la próxima vez? Si usted necesitó ese cúmulo de efectos mortíferos una vez, probablemente lo necesitara de nuevo algún día. ¿No valdría más tenerme presente —probado y fiel— que imaginar algún nuevo y quizás incierto proyecto?
    —Eso tiene sentido —dijo Kerk, masticando pensativamente un bocado de su segunda ración de carne—. Y debo confesar que no había pensado en eso antes. Un defecto que tenemos los pyrranos es una falta de interés por el futuro. Permanecer vivos día a día es bastante trabajo. Por tanto propendemos a hacer frente a las necesidades urgentes en el momento en que llegan y dejar que el confuso futuro cuide de sí mismo. Puede venir. Espero que todavía esté vivo cuando lo necesitemos. Como embajador pyrrano para muchos lugares, lo invito oficialmente a venir a nuestro planeta con todos los gastos pagados. Con tal que cumpla por completo todas nuestras instrucciones en lo referente a su seguridad personal.
    —Aceptado —dijo Jason. Y se preguntó por qué estaba tan animado firmando su propia sentencia de muerte.

    Kerk estaba devorando el tercer postre cuando su reloj dio un pequeño zumbido. El hombre soltó el tenedor inmediatamente y se levantó.

    —Hora de irse —dijo—. Entramos de servicio.

    Mientras Jason se ponía en pie, Kerk metió monedas en el cajero electrónico hasta que apareció luz de «pagado». Luego los dos estaban afuera y andando de prisa.

    Jason no se sorprendió en absoluto cuando salieron a una escalera pública móvil justamente detrás del restaurante. Estaba empezando a darse cuenta de que desde que salieron del casino todos los pasos que daban habían sido planeados y regulados cuidadosamente. Sin duda, se había extendido la alarma y estaban siendo buscados por todo el planeta. Pero hasta ahí no habían notado la más ligera señal de persecución. Esta no era la primera vez que Jason tenía que ir un paso por delante de las autoridades, pero era la primera vez que tenía que dejar que algún otro lo llevara de la mano mientras lo hacía. Hubo de sonreír a su propia conformidad automática. Había sido un solitario durante tantos años que encontraba un cierto placer acompañando a otro.

    —Dese prisa —gruñó Kerk después de dar un rápido vistazo al reloj.

    Anduvo con paso firme y vivo sobre los peldaños de la escalera móvil. Subieron cinco niveles de esa manera —sin ver a otra persona— antes que Kerk aflojara y dejara que la escalera hiciese el trabajo.

    Jason se enorgullecía de mantenerse en buen estado físico. Pero la apresurada subida, después de una noche sin dormir, lo dejó jadeando fuertemente y empapado en sudor. Kerk, con la frente fresca y respirando normalmente, no mostraba la más ligera señal de que hubiera estado corriendo.

    Estaban en el segundo nivel de los motores cuando Kerk dejó los lentos peldaños ascendentes e hizo señas a Jason para indicarle que lo siguiera. Mientras trasponían la salida a la calle un coche paró al borde de la acera frente a ellos. Jason tuvo bastante juicio para no echar mano a la pistola. En el momento exacto en que alcanzaron el coche, el conductor abrió la portezuela y salió. Kerk le pasó una hoja de papel sin decir una palabra y se metió detrás del volante. Apenas hubo tiempo para que Jason pasara dentro de un brinco antes que el coche arrancara. El cambio se había efectuado en menos de tres segundos.

    Había habido sólo un vislumbre del conductor en la tenue luz, pero Jason lo había reconocido. Por supuesto nunca había visto antes al hombre, pero después de conocer a Kerk no podía confundir la sólida robustez de un nativo pyrrano.

    —Eso que le ha dado era el recibo de Ellus —dijo Jason.
    —Claro. Ese se ocupa de la nave y el cargamento. Estarán fuera del planeta y a distancia segura antes que se descubra que Ellus es el beneficiario del cheque del casino. Por lo tanto cuidemos ahora de nosotros mismos. Le explicaré el plan con todo detalle para que no haya equivocaciones por su parte. Le describiré todo el asunto una vez y si hay preguntas que hacer las hará sólo cuando yo haya terminado.

    Los tonos de mando eran tan automáticos que Jason se encontró escuchando obedientemente. Si bien una parte de su mente hubiera querido verlo sonreír al verle asumir tan rápidamente su propia incompetencia.

    Kerk hizo girar el coche hacia la corriente de tráfico que saliendo de la ciudad se dirigía hacia el puerto espacial. Conducía sin dificultad mientras hablaba.

    —Hay una búsqueda organizada en la ciudad. Estoy seguro de que los cassylianos no quieren dejar ver que son malos perdedores, por tanto no habrá nada tan evidente como un control de carreteras. Pero el puerto hormigueara con todos los agentes de que dispongan. Saben que una vez el dinero sale del planeta, desaparece para siempre. Cuando rompamos el cerco, ellos estarán seguros de que todavía llevamos el dinero encima. Por tanto no habrá dificultad para el despegue de la nave con el armamento.
    —Usted quiere decir —Jason parecía estar un poco asombrado— que nos estamos ofreciendo como señuelos para proteger el despegue de la nave.
    —Podría decirse de ese modo. Pero puesto que hemos de escapar del planeta de todos modos, no hay ningún perjuicio en usar nuestra salida como una cortina de humo para ocultar las operaciones. Pero cállese hasta que yo haya terminado, como le he dicho. Otra interrupción y lo echo fuera del coche.

    Jason estaba seguro de que lo haría. Escuchó atentamente —y quietamente— mientras Kerk repetía palabra por palabra lo que le había dicho antes. Luego continuó:

    —La entrada de coches oficiales estará probablemente abierta de par en par con todo el tráfico que deben tener. Y muchos de los agentes no irán de uniforme. Podríamos hasta seguir adelante y pasar al campo sin ser reconocidos, aunque lo dudo. No tiene importancia. Pasaremos por la puerta y nos dirigiremos a la planta de despegue. El «Pride of Darkhan», para el cual tenemos pasajes, estará dando su toque de sirena de dos minutos y descolgando la pasarela. Cuando lleguemos a nuestros asientos, la nave despegará.
    —Todo eso está muy bien —dijo Jason—, Pero ¿qué estarán haciendo los guardias durante este tiempo?
    —Disparando sobre nosotros y unos contra otros. Nos aprovecharemos de la confusión para embarcar.

    Esta respuesta no ayudó a sosegar el ánimo de Jason, pero la dejó correr por el momento.

    —Perfectamente, digamos que llegamos a bordo. ¿Por qué no impiden el despegue hasta que hayamos sido sacados y detenidos?

    Kerk le reservó una desdeñosa mirada antes de volver la vista a la carretera.

    —He dicho que la nave era el «Pride of Darkhan». Si usted hubiera estudiado este sistema, sabría lo que eso significa. Cassylia y Darkhan son planetas hermanos y rivales en todo. Hace menos de dos siglos que hicieron una guerra intersistema que casi los destruyó a los dos. Actualmente viven en una neutralidad armada que ninguno osa violar. En el momento en que pongamos los pies a bordo de la nave estamos en territorio de Darkhan. No hay ningún convenio de extradición entre los dos planetas. Cassylia puede querernos pero no hasta el extremo de empezar otra guerra.

    Esa fue toda la explicación que hubo tiempo para dar. Kerk hizo girar el coche, sacándolo de la corriente del tráfico y conduciéndolo hacia un puente que mostraba la inscripción: «Coches oficiales solamente». Jason experimentó una sensación de falta de protección mientras rodaban bajo las austeras luces del puerto en dirección a la vigilada puerta del frente. Estaba cerrada.

    Otro coche se acercó a la puerta desde el interior y Kerk redujo la velocidad del suyo a una marcha lenta. Uno de los guardias habló al conductor del coche que estaba dentro del aeropuerto, luego hizo señas al vigilante de la puerta. La puerta de la barrera empezó a girar hacia dentro y Kerk pisó el acelerador.

    Todo ocurrió al momento. La turbina gimió, los neumáticos chillaron sobre la carretera y el coche se lanzó contra la puerta, abriéndola violentamente. Jason tuvo una fugaz visión de los boquiabiertos guardias, después el coche estaba patinando alrededor del ángulo de un edificio.

    Sonaron unos cuantos disparos detrás de ellos, pero ninguno les acertó.

    Conduciendo con una sola mano, Kerk movió la otra debajo del tablero de instrumentos y arrancó una pistola que era la gemela del monstruo sujeto a su brazo.

    —Use ésta en vez de la suya —dijo—. Lleva balas explosivas impulsadas por cohetes. Hacen un gran estrépito. No se moleste en disparar contra nadie, yo cuidaré de eso. Sólo cause un poco de ruido y hágales mantener las distancias. De este modo.

    Hizo un único disparo rápido, sin apuntar, fuera de la ventanilla lateral y pasó la pistola a Jason casi antes que la bala alcanzara el blanco. Un camión vacío estalló con un rugido, lloviendo fragmentos sobre los coches de alrededor y haciendo huir a los conductores, llenos de pánico.

    Después hubo un paseo de pesadilla a través de un manicomio. Kerk conducía con un aparente desprecio por la muerte violenta. Otros coches los siguieron y se perdieron en acrobáticas volteretas. Kerk y Jason recorrieron casi toda la extensión del campo, dejando un rastro de humeante confusión.

    Luego los perseguidores estaban detrás de ellos y la única cosa que había delante era la esbelta silueta del «Pride of Darkhan».

    El «Pride» estaba rodeado por una alambrada, debido al planeta del que era originario. La entrada estaba cerrada y guardada por soldados con armas apuntadas, preparadas para disparar al coche que se aproximaba. Kerk no hizo ninguna tentativa para acercarse a ellos. En vez de eso alimentó las últimas reservas de potencia del coche y se adelantó hacia la alambrada.

    —Cúbrase el rostro —gritó.

    Jason puso los brazos delante de la cabeza en el momento en que chocaban.

    Hubo un chillido de metal roto, la alambrada se dobló enrollándose alrededor del coche, pero no se rompió. Jason salió volando del asiento, y dio en el rellenado guardafangos. Cuando Kerk tuvo la torcida portezuela abierta, Jason se dio cuenta de que el paseo había acabado. Kerk debió haber visto el giro de los globos de sus ojos porque no habló; sólo arrancó a Jason de allí y lo tiró sobre el capó del motor del destrozado coche.

    —Trepe sobre la alambrada y corra hacia la nave —gritó.

    Si había alguna duda sobre lo que pretendía, mostró a Jason un ejemplo de excelente carrera. Era inconcebible que alguien de su corpulencia pudiera correr tan de prisa, sin embargo lo hizo. Se movía más como un tanque al ataque que como un hombre. Jason se sacudió la confusión de su cabeza y él mismo corrió con alguna rapidez. No obstante, estaba escasamente á medio camino de la nave cuando Kerk dio con la pasarela. Estaba ya desatada de la nave, pero los asombrados auxiliares cesaron de recogerla cuando el imponente hombretón subió los peldaños de un brinco.

    En lo alto se volvió y disparó sobre los soldados que estaban atacando por la puerta abierta. Los soldados se detuvieron, recularon y devolvieron el fuego. Muy pocos dispararon sobre la figura de Jason, que corría desesperadamente.

    La escena frente a Jason giraba a cámara lenta. Kerk permanecía en lo alto de la rampa, devolviendo el fuego serenamente, que enviaba a todo su alrededor. Podía haber encontrado resguardo en un instante a través de la portilla abierta detrás de él. La única razón por la cual permanecía allí era para cubrir a Jason.

    —Gracias —dijo Jason, jadeante, mientras ganaba los últimos peldaños pasarela arriba, saltaba al otro lado del portillo y se desplomaba en el interior de la nave.
    —No hay de qué —dijo Kerk mientras se unía a Jason, agitando la pistola para enfriarla.

    Un malcarado oficial de la nave retrocedió fuera de la línea de fuego y los miró a los dos de arriba abajo.

    —¿Y qué diablos está pasando aquí? —gruñó.

    Kerk tocó el cañón de la pistola con el pulgar humedecido, luego soltó el arma de nuevo dentro de la pistolera.

    —Somos honrados ciudadanos de otro sistema planetario que no han cometido ningún delito. Los salvajes de Cassylia son demasiado bárbaros como compañía civilizada. Por esto nos vamos a Darkhan —aquí están nuestros pasajes— en cuyo soberano territorio creo estamos en este momento.

    Esto último fue añadido en beneficio del oficial cassyliano, que acababa de subir a lo alto de la pasarela y estaba levantando una pistola.

    No podía culparse al soldado. El vio huir a los reclamados. A bordo, además, de una nave de Darkhan. Le invadió la ira y afianzó la pistola.

    —¡Salgan de ahí, canallas! No escaparán tan fácilmente. Salgan despacio con las manos arriba o los destruyo.

    Era un helado instante de tiempo que se alargaba más y más sin quebrarse. La pistola apuntaba a Kerk y Jason. Ninguno de ellos intentó coger su propia pistola.

    La pistola se encogió un poquito cuando el oficial de la nave se movió, luego se fijó de nuevo sobre los dos hombres. El hombre de Darkhan no se había movido mucho, sólo había dado un paso a través de la compuerta. Esto bastó para situarlo junto a una especie de caja roja a ras de la pared. Con un sólo y rápido ademán, levantó la tapa de golpe y puso el pulgar sobre el botón del interior. Al tiempo que sonreía, sus labios se desconcharon para mostrar su dentadura. Se había decidido, y fue la arrogancia del oficial cassyliano lo que había sido el factor determinante.

    —Dispare un solo tiro dentro de territorio de Darkhan y aprieto este botón —gritó—. Y usted sabe lo que hace este botón... Todas sus naves lo tienen también. Cometa un acto hostil contra esta nave y alguien apretará un botón. Cada varilla de control de la pila atómica de la nave saltará de su alojamiento y la mitad de su inmunda ciudad saltará por los aires por la explosión —la sonrisa del hombre corpulento estaba esculpida en su rostro y no había duda de que haría lo que decía—. Adelante, dispare. Creo que disfrutaría apretando esto.

    La sirena de aviso de despegue estaba ululando ahora; la luz de la cerrada compuerta destellaba un airado mensaje desde el puente. Igual que cuatro actores de un horrendo drama, los hombres se encararon el uno con el otro un momento más.

    Luego el oficial cassyliano, gruñendo con inexpresable y frustrada ira, se volvió y retrocedió hacia la pasarela con presteza.

    —¡Pasajeros a la nave! Cuarenta y cinco segundos para despegar. ¡Despejen el aeropuerto! —el oficial de la nave cerró de golpe la tapa de la caja y la acerrojó mientras hablaba.

    Apenas hubo tiempo para preparar las literas de aceleración antes que el «Pride of Darkhan» despegara.


    CAPITULO V


    Una vez la nave estuvo en órbita, el capitán envió a buscar a Jason y Kerk. Kerk tomó la palabra y fue enteramente franco en relación a las actividades de la noche anterior. El único hecho de importancia que excluyó fue la experiencia de Jason como jugador profesional. Bosquejó un bello cuadro de dos afortunados extranjeros a quienes las fuerzas malignas de Cassylia querían despojar de sus ganancias en el juego. La totalidad de esto se ajustaba a la imagen preconcebida del capitán acerca de Cassylia. En fin, felicitó a su oficial por la corrección de sus acciones y empezó la preparación de un largo informe a su gobierno. Cumplimentó a los dos hombres, dejándoles plena libertad en la nave.

    Fue un viaje corto. Jason tuvo tiempo escasamente para coger el sueño antes que aterrizaran en Darkhan. No llevando equipaje, fueron los primeros en pasar el puesto de aduanas. Salieron del edificio justamente a tiempo para ver aterrizar otra nave en una distante hoya. Kerk se paró para observarla y Jason siguió su mirada. Era una nave gris y rayada. Con los gruesos contornos de una nave de carga, pero ostentando tantos grandes cañones como un crucero.

    —La suya, por supuesto —dijo Jason.

    Kerk hizo una señal afirmativa y empezó a andar en dirección a la nave. Mientras subía se abrió una de las compuertas pero no apareció nadie. En vez de ello una escala plegable descendió hasta el suelo, rechinando. Kerk trepó por ella y Jason lo siguió con aire displicente. De algún modo, sentía, esto superaba las conductas de no afectación y tontería.

    Jason estaba habituándose, sin embargo, a los usos pyrranos. El recibimiento a bordo de la nave para el embajador fue sólo lo que esperaba. Nada. El propio Kerk cerró la compuerta y encontraron unas literas mientras sonaba la bocina con el toque de despegue. Los motores de retropropulsión rugieron y la aceleración crepitó sobre Jason.

    Y no paró. En vez de ello se hizo más intensa, quitando el aire de los pulmones de Jason y la vista de sus ojos. Jason gritó pero no podía oír su propia voz por causa del estruendo dentro de sus oídos. Piadosamente, su conciencia se oscureció.

    Cuando recobró el conocimiento la nave estaba a cero G. Jason mantuvo los ojos cerrados y dejó que el dolor se escurriera de su cuerpo. Kerk habló de repente; estaba junto a la litera.

    —Es culpa mía, Meta, debiera haberle hecho saber que llevábamos un pasajero «uno—G» a bordo. Usted podía haber moderado un poquito su usual despegue rápido.
    —No parece que le haya dañado mucho pero, ¿qué está haciendo aquí?

    Jason percibió con agradable asombro que la segunda voz era la de una muchacha. Pero no le interesaba lo suficiente para tomarse la molestia de abrir sus doloridos ojos.

    —Se dirige a Pyrrus. Traté de disuadirlo de ello, claro, pero no pude hacerle cambiar de opinión. Es una 1 lástima, también, quisiera haber hecho más por él. Es el que consiguió el dinero para nosotros.
    —Oh, eso es horrible —dijo la muchacha. Jason se preguntó por qué era horrible. Esto no tenía sentido para su embotada mente—. Habría valido mucho más que se hubiera quedado en Darkhan —continuó la muchacha—. Es muy bien parecido. Creo que es una lástima que tenga que morir.

    Eso era demasiado para Jason. Abrió un ojo a la fuerza, luego el otro. La voz pertenecía a una muchacha de unos veintiún años que estaba de pie junto a la litera, mirando a Jason con fijeza. Era hermosa.

    Los ojos de Jason se abrieron más mientras se daba cuenta de que era muy hermosa, con la clase de hermosura que nunca había encontrado en los planetas del centro de la galaxia. Todas las mujeres que había conocido tenían un cutis pálido, hombros hundidos, rostros grises cubiertos de colorantes y tinturas. Eran el resultado de siglos en los que se habían permitido arraigar en la raza rasgos degenerativos, ya que el progreso de la medicina mantenía vivos más y más tipos no aptos para la supervivencia.

    Esta muchacha era exactamente lo opuesto en todos los aspectos. Era el producto de la supervivencia en Pyrrus. La poderosa gravedad que producía protuberantes músculos en los hombres, daba una firme energía a los correosos músculos femeninos. La joven tenía el esbelto cuerpo de una diosa, un cutis color canela y un rostro perfectamente modelado. El cabello, muy corto, circundaba la cabeza como una diadema de oro. La única cosa no femenina en ella era la pistola que portaba en una abultada pistolera atada al antebrazo. Cuando vio abrirse los ojos de Jason le sonrió. Los dientes eran tan uniformes y tan blancos como Jason había esperado.

    —Soy Meta, piloto de esta nave. Y usted debe ser...
    —Jason dinAlt. Fue un miserable despegue, Meta.
    —Realmente lo siento mucho —la muchacha rió—. Pero haber nacido en un planeta de dos G te hace un poquito inmune a la aceleración.
    —Venga, Meta —dijo Kerk, dando un reservado gruñido—, echaremos un vistazo al cargamento. Parte del nuevo material tapará las brechas del perímetro.
    —Oh, ciertamente —dijo la muchacha, palmoteando de contento—. Leí las posibilidades, son simplemente maravillosas.

    Igual que una niña con un vestido nuevo. O una caja de bombones. Eso es tener simpatía hacia las bombas y los lanzallamas. Jason sonrió torcidamente a ese pensamiento mientras salía de la litera gruñendo. Los dos pyrranos se habían ido y Jason se arrastró penosamente a través de la puerta tras ellos.

    Le llevó mucho tiempo encontrar el camino de la bodega de carga. La nave era grande y al parecer sin tripulación. Jason finalmente encontró a un hombre durmiendo dentro de una de las brillantemente iluminadas cabinas. Reconoció en él al conductor que les había pasado el coche en Cassylia. El hombre que un momento antes había estado durmiendo profundamente, abrió los ojos tan pronto como Jason penetró en la pieza. Estaba vigilante.

    —¿Cómo llegaré a la bodega de carga? —preguntó Jason.

    El otro le informó, cerró los ojos y se volvió a dormir al instante antes que Jason pudiese siquiera darle las gracias.

    En la bodega, Kerk y Meta habían abierto algunas de las cajas y estaban riendo de gozo mientras examinaban el mortífero contenido. Meta, con un bote de presión en los brazos, se volvió hacia Jason en el momento en que éste trasponía la puerta.

    —Mire esto —dijo la muchacha—. Este polvo de ahí dentro; para nosotros es absolutamente inofensivo. Sin embargo, es instantáneamente destructivo para todas las formas de vida vegetal... —se detuvo de repente como si se diera cuenta de que Jason no compartía su extremado placer—. Lo siento. He olvidado por un momento que usted no es un pyrrano. Por lo cual realmente no me comprende, ¿verdad?

    Antes que Jason pudiera responder, el altavoz gritó el nombre de la muchacha.

    —De prisa —dijo Meta—. Venga conmigo al puente mientras resuelvo las ecuaciones. Podemos hablar allí. Conozco tan poco de cualquier otro lugar fuera de Pyrrus que tengo una infinidad de preguntas para hacerle.

    Jason la acompañó al puente donde la muchacha relevó al oficial de servicio y empezó a tomar las lecturas de los instrumentos. Parecía estar fuera de lugar entre los aparatos; era una vigorosa pero flexible figura con un sencillo mono espacial de una sola pieza. Sin embargo, no se podía negar la eficiencia con que manejaba su trabajo.

    —Meta, ¿no es usted un poco joven para ser el piloto de una nave interestelar?
    —¿Usted cree? —la muchacha reflexionó por un momento—. Realmente no sé qué edad deben tener los pilotos. Hace unos tres años que estoy pilotando y tengo casi veinte. ¿Es eso una edad menor de la usual?

    Jason abrió la boca para hablar, luego rió.

    —Supongo que todo depende del planeta del que uno es originario. En algunos lugares tendría usted dificultades para disponer de la autorización. Pero apuesto a que las cosas son diferentes en Pyrrus. Según sus normas usted debe tener la clasificación de anciana.
    —Vamos, usted está bromeando —dijo serenamente Meta mientras introducía datos en el ordenador—. He conocido a señoras ancianas de algunos planetas. Están arrugadas y tienen el cabello blanco. No sé qué edad tienen; lo pregunté a una pero no quiso decírmelo. Sin embargo estoy segura que deben tener más años que ninguna de Pyrrus; nadie parece tan viejo allí.
    —No quiero decir viejo en ese aspecto —Jason buscó la palabra justa tanteando—. No vieja, sino desarrollada, madura. Una persona adulta.
    —Todos somos adultos —respondió Meta—. Al menos poco después de salir de los distritos. Y hacemos eso a los seis años. Mi primer hijo es adulto, y el segundo lo sería también, pero murió. Por tanto yo seguramente debo de serlo.

    Eso parecía decidir el asunto para Meta, si bien Jason reflexionaba acerca de los extraños conceptos, y en el fondo qué existía detrás de sus palabras.

    Meta introdujo los últimos datos, volviendo su atención a Jason.

    —Me alegro que esté usted a bordo en este viaje, aun cuando siento que vaya a Pyrrus. Pero tendremos mucho tiempo para hablar, y hay tantas cosas que quiero preguntarle. Referente a otros planetas. Y por qué la gente va por ahí obrando del modo que lo hace. De ninguna manera como en nuestro país donde uno sabe todo el tiempo por qué la gente está haciendo las cosas —miró con ceño por encima del ordenador por un momento, luego restituyó su atención a Jason—. ¿Cómo es su planeta nativo?

    Una tras otra asomaron a los labios de Jason las usuales mentiras que contaba a la gente, y las desechó. ¿Por qué molestarse en mentir a una muchacha a la cual realmente no le importaba si uno era siervo o noble? Para ella sólo había dos clases de gente en la galaxia. Pyrranos y el resto. Por primera vez desde que había huido de Porgorstorsaand dijo a alguien la verdad sobre su origen.

    —¿Mi planeta nativo? Aproximadamente el final del ramal de vía férrea más sofocante y más aburrido del universo. Uno no puede creer en la ruinosa decadencia de un planeta que es primordialmente agrario, dividido en clases sociales y está completamente satisfecho de su propia existencia tediosa. No sólo no hay allí ningún cambio, sino que nadie desea cambiar. Mi padre era un labrador, por tanto yo habría sido labrador también, si hubiera escuchado el consejo de mis superiores. Era inconcebible, tanto como prohibido, que hiciera ninguna otra cosa. Y todo lo que yo quería hacer era contrario a la regla. Tenía quince años antes que aprendiera a leer, en un libro hurtado de un colegio liberal. Después, cuando me embarqué clandestinamente en una nave de carga para otros mundos a los diecinueve años, debí haber quebrantado todas las leyes del planeta. Felizmente. Salir de mi planeta nativo fue para mí como salir de la cárcel.
    —No puedo imaginar un lugar como ese —dijo Meta, moviendo la cabeza al pensar en ello—. Pero estoy segura de que no me gustaría vivir allí.
    —Seguro de que no le gustaría —dijo Jason sonriendo—. De modo que una vez que estuve en el espacio, sin conocimientos ni aptitudes para nada, erré de aquí para allá metiéndome en una cosa y otra. En esta era de la tecnología, yo estaba completamente fuera de lugar. Oh, supongo que podría haber prosperado en algún ejército, pero no valgo mucho para recibir órdenes. Todas las veces que jugué por dinero me fue bien, por tanto poco a poco me metí en ello de lleno. La gente es la misma en todas partes, de modo que me las arreglo para mantenerme muy bien dondequiera que vaya a parar.
    —Sé lo que usted quiere decir tocante a que la gente es igual, pero es muy diferente —dijo Meta—. No soy clara en modo alguno, ¿verdad? Lo que quiero decir es que en nuestro planeta sé lo que la gente va a hacer y el por qué lo hace al mismo tiempo. Los habitantes de todos los otros planetas obran igualmente, como usted ha dicho, sin embargo se me hace muy difícil comprender por qué. Por ejemplo, me gusta probar la comida local cuando descendemos sobre un planeta, y si hay tiempo siempre lo hago. Hay bares y restaurantes cerca en todos los puertos espaciales, por tanto voy allá. Y siempre tengo molestias con respecto a los hombres. Quieren invitarme a beber, cogerme la mano.
    —Bien, una muchacha sola en esos fonduchos de los puertos ha de esperar cierta cantidad de interés de los hombres.
    —Oh, lo sé —dijo Meta—. Lo que no comprendo es por qué no escuchan cuando les digo que no me interesan y que se vayan. No hacen más que reír y acercarme una silla, usualmente. Pero he hallado que una sola cosa surte efecto dondequiera que esté. Les digo que si no cesan de molestarme les romperé un brazo.
    —¿Los detiene eso? —preguntó Jason.
    —No, por supuesto. Pero después de romperles el brazo se van. Y los otros no me molestan tampoco. Es mucho jaleo innecesario y la comida es normalmente muy mala.

    Jason rió. Especialmente mientras se daba cuenta de que esta muchacha podía romperle un brazo a cualquier individuo de los puertos espaciales de la galaxia. Era una extraña mezcla de ingenuidad y energía, distinta a toda persona que nunca antes hubiera conocido. Otra vez se dio cuenta de que tenía que visitar el planeta que producía personas como ella y Kerk.

    —Hábleme de Pyrrus —pidió Jason—. ¿Por qué usted y Kerk suponen automáticamente que cae» muerto tan pronto como llegue? ¿Cómo es el planeta?
    —No se lo puedo explicar —dijo Meta

    Todo calor había huido ahora de su rostro—. Tendrá que verlo por sí mismo. Sé eso después de visitar algunos de los otros mundos. Pyrrus no es semejante a nada de lo que la otra gente de la galaxia haya conocido jamás. Realmente no lo creerá hasta que sea demasiado tarde. ¿Quiere prometerme algo?

    —No —respondió Jason—. Al menos hasta después que sepa lo que es y haya decidido.
    —No salga de la nave cuando aterricemos. Usted estaría bastante seguro a bordo, y yo haré otro viaje de aquí a unas semanas.
    —No quiero prometer nada de eso. Saldré cuando desee hacerlo —Jason sabía que sin duda había una razón para las palabras de la muchacha, pero se resentía de su automática superioridad.

    Meta terminó su trabajo sin otra palabra. Había una tensión en el lugar que les impedía hablar a los dos.

    Hasta el día siguiente Jason no volvió a ver a la muchacha, y entonces fue completamente por casualidad. Meta estaba en la cúpula de observación de los astros cuando Jason entró, levantando la vista hacia la oscuridad llena de chispas del móvil cielo. Por primera vez Jason la vio fuera de servicio, llevando alguna otra cosa que un mono de trabajo. Esto era una bata fina y suavemente reluciente que se ceñía a su cuerpo.

    —Las estrellas son tan maravillosas —dijo Meta, son— riéndole—. Venga a ver.

    Jason se paró cerca de la muchacha, levantando la vista. Los diseños extrañamente geométricos del móvil cielo le eran familiares, sin embargo tenían todavía la virtud de atraerlo. Aún más ahora. La presencia de Meta producía una turbadora diferencia en el sombrío silencio de la cúpula. Su ladeada cabeza casi reposaba sobre el hombro de Jason, la diadema del cabello eclipsando parte del cielo, el suave olor de él penetrando en las ventanas de su nariz.

    Casi sin pensar, los brazos de Jason rodearon a la muchacha, sintiendo él la cálida solidez de la carne bajo la fina bata. Meta no se ofendió por ello, pues cubrió las manos de Jason con las suyas.

    —Usted está sonriendo —dijo Meta—. También le gustan las estrellas.
    —Mucho —respondió Jason—. Pero más que eso. Recuerdo la anécdota que me contó. ¿Quiere romperme un brazo, Meta?
    —Por supuesto que no —dijo muy seriamente la muchacha, luego devolvió la sonrisa—. Usted me gusta, Jason. Aun cuando no sea pyrrano, me gusta mucho. Y he estado tan sola...

    Cuando Meta levantó la vista hacia Jason, él la besó. La muchacha devolvió el beso con una pasión que no contenía vergüenza o falsa modestia.

    —Mi cabina está aquí cerca, sólo hay que bajar al pasillo —dijo Meta.


    CAPITULO VI


    Después de eso estuvieron juntos constantemente. Cuando Meta estaba de servicio Jason llevaba la comida al puente y conversaban, Jason supo muy poco más de su mundo desde entonces; por acuerdo tácito no trataban el asunto. Jason hablaba de los diversos planetas que había visitado y de la gente que había conocido. Meta era una interesada oyente y el tiempo pasaba con rapidez. Gozaban el uno en la compañía del otro y estaba resultando un viaje maravilloso.

    Luego terminó.

    Había catorce personas a bordo de la nave, sin embargo Jason nunca había visto más de dos o tres a la vez. Había un turno de servicios fijo que observaban en la conducción de la nave. Cuando no estaban de servicio, los pyrranos atendían a lo suyo de una manera intensa y orgullosa. Sólo cuando la nave se estabilizó y el altavoz clamó «reunión» se juntaron todos ellos.

    Kerk estaba dando órdenes para el aterrizaje y hacían repentinas preguntas de aquí y de allá. Todo ello era técnico y Jason no se molestó en seguirlo. Era la actitud de los pyrranos lo que atraía su atención. Su habla tendía a ser más rápida ahora tal como lo eran sus movimientos. Eran como soldados preparándose para una batalla.

    Su igualdad causó impresión a Jason por primera vez. No es que parecieran iguales o hicieran las mismas cosas. Era la manera en que se movían y reaccionaban lo que causaba la notable semejanza. Eran como grandes y talludos gatos. Andaban de prisa, tiesos y prontos a saltar en todo momento, sus ojos no dejaban de moverse ni por un instante.

    Jason trató de hablar a Meta después de la reunión, pero la muchacha era casi una extraña. Respondía con monosílabos y sus ojos no hacían frente a los de Jason, sólo los rodeaban. No había nada que Jason realmente pudiera decir, por tanto Meta se movió para irse. Jason empezó a sacar la mano para pararla, luego lo pensó mejor. Habría otras ocasiones para hablar.

    Kerk era el único que prestó un poco de atención a Jason, y sólo para ordenarle que se dirigiera a una litera para protegerse de la aceleración.

    Los aterrizajes de Meta eran infinitamente peores que sus despegues. Al menos mientras aterrizaba en Pyrrus. Había repentinas oleadas de aceleración en todas direcciones. En un momento hubo un descenso libre que parecía interminable. Había fuertes golpes contra el casco que hacían retemblar el armazón de la nave. Era más parecido a una batalla que a un aterrizaje y Jason se preguntaba cuanto de verdad habría en eso.

    Cuando la nave finalmente aterrizó, Jason ni siquiera lo supo. Los dos G constantes eran como deceleración. Sólo el lento descenso del lamento de los motores de la nave lo convenció de que estaban en tierra. Desabrochar las correas e incorporarse le costó un gran esfuerzo.

    Dos G no parecía ser tan malo. Al principio. Andar requería el mismo esfuerzo que se necesitaría para llevar en hombros a un hombre del mismo peso. Cuando Jason alzó el brazo para abrir el cerrojo de la puerta era tan pesado como dos brazos. Lentamente fue hacia la compuerta principal arrastrando los pies.

    Todos estaban allí delante de él; dos de los hombres hacían rodar cilindros transparentes desde una habitación cercana. Por su peso manifiesto y el modo como resonaban cuando chocaban, Jason advirtió que estaban hechos de metal transparente. No podía imaginar ningún uso posible para ellos. Cilindros huecos de un metro de diámetro, más largos que un hombre. Cerrados por un extremo con goznes y precintos por el otro. Hasta que Kerk hizo girar el disco del precinto y abrió uno de ellos no se hizo evidente su uso.

    —Métase —dijo Kerk—. Cuando esté encerrado dentro, le sacaremos de la nave.
    —No, gracias —le dijo Jason—. No tengo ningún especial deseo de hacer un aterrizaje aparatoso en su planeta encerrado como un salchichón envasado.
    —No sea necio —fue la rápida respuesta de Kerk—. Todos saldremos dentro de estos tubos. Hemos estado fuera demasiado tiempo para arriesgarnos a andar por la superficie sin readaptación.

    Jason se sentía un poco tonto mientras observaba como los otros se metían dentro de los tubos. Escogió el más cercano, se deslizó en el interior de él con los pies primero, y cerró la tapa de un tirón. Cuando apretó el disco del centro, éste descendió a presión oprimiendo un precinto flexible. En el espacio de un minuto el contenido de C02 del cerrado cilindro subió y un regenerador de aire del fondo se puso en marcha zumbando fuertemente.

    Kerk fue el último en entrar. Primero inspeccionó los precintos de todos los otros tubos, luego pinchó el escape del mecanismo de paro del flujo de aire. Mientras éste empezaba a girar, Kerk con rapidez se encerró en el cilindro restante. Los portillos interiores y exteriores se abrieron lentamente y una tenue luz se filtró dentro a través de un manto de sesgada lluvia.

    Para Jason, toda la cosa parecía un anticlímax. Toda esta preparación para absolutamente nada. Largos e inquietos minutos pasaron antes que apareciera un camión de carga conducido por un pyrrano. Cargó los cilindros en el camión como un envío de cargamento inanimado. Jason tuvo la desdicha de viajar en el fondo de la pila de modo que no pudo ver absolutamente nada cuando arrancaron.

    Hasta que los cilindros transportadores de hombres fueron descargados dentro de un lugar con paredes de metal, Jason no vio la primera muestra de vida nativa pyrrana.

    El conductor del camión estaba cerrando una maciza puerta exterior cuando algo penetró por la entrada rápidamente y chocó con la lejana pared. A Jason le llamó la atención el movimiento; se fijó para ver qué era y entonces la cosa volante descendió en derechura hacia su rostro.

    Olvidando que estaba protegido por la pared del cilindro de metal, Jason desvió su cabeza. El extraño ser o animalejo golpeó el transparente metal y se pegó a él. Jason tuvo la oportunidad para examinarlo con todo detalle.

    Casi era demasiado horrible para creérselo. Como si fuera un portador de la muerte reducido a los mínimos elementos indispensables. Una boca que partía la cabeza en dos; hileras de dientes, serrados y afilados. Alas coriáceas y con los extremos terminados en garras y otras más largas en los miembros que rasgaban la pared metálica.

    El terror invadió a Jason, mientras veía que las garras estaban haciendo estrías en el transparente metal. Dondequiera que la saliva de la criatura tocara, el metal se oscurecía y se desconchaba bajo la acometida de los dientes.

    La lógica decía que esto eran sólo rasguños en la superficie del sólido tubo. No podían importar. Pero el ciego e irrazonable miedo hacía acurrucarse a Jason y apartarse tanto cuanto podía. Encogiéndose dentro de él, buscando escape.

    Sólo cuando la criatura voladora empezó a disolverse, Jason se dio cuenta de cómo era el lugar por fuera. Cortinas de líquido salían de todos lados, cayendo en espesa lluvia hasta que los cilindros fueron cubiertos. Después de un último choque de sus garras, el animal pyrrano fue arrastrado por la presión. El líquido desapareció a través del suelo y siguieron un segundo y un tercer chaparrón.

    Mientras los productos químicos eran bombeados, Jason luchó por contener sus emociones. Estaba sorprendido de sí mismo. Por muy horrendo que fuera el animalejo, no podía comprender el miedo que le pudo causar a través de la pared del tubo precintado. Su reacción fue enteramente desproporcionada a la causa. Aun con el animal destruido y fuera del alcance de su vista, necesitó de toda la fuerza de voluntad para calmar sus nervios y devolver su respiración a la normalidad.

    Meta paseaba fuera y Jason se dio cuenta de que la operación de esterilización había finalizado. Abrió su propio tubo y salió penosamente. Meta y los otros se habían ido ya y sólo permanecía un desconocido de rostro de halcón, esperándolo.

    —Soy Brucco, encargado de la readaptación. Kerk me ha dicho quién es usted; siento que esté aquí. Pero venga conmigo, necesito unas muestras de su sangre.
    —Ahora me siento exactamente como en casa —dijo Jason—. La vieja hospitalidad pyrrana.

    Brucco sólo gruñó y salió golpeando con los pies.

    Jason lo siguió a lo largo de un pasillo que conducía a un laboratorio estéril.

    La doble gravedad era fatigante, un constante esfuerzo para los doloridos músculos. Mientras Brucco hacía pruebas con la muestra de sangre, Jason descansaba. Se había casi sumido en un sueño penoso cuando Brucco regresó con una cubeta de frascos y agujas hipodérmicas.

    —Asombroso —declaró—. Ni un solo anticuerpo en su suero que le pudiera servir en este planeta. Traigo una cantidad de antígenos aquí que lo harán sufrir como una bestia durante un día por lo menos. Quítese la camisa.
    —¿Han hecho esto con frecuencia? —preguntó Jason—. Quiero decir ¿desangrar de ese modo a un extranjero para que pueda gozar de los placeres de su mundo?

    Brucco le pinchó con una aguja que parecía como si royera el hueso.

    —No a menudo, seguro que no. La última vez fue hace años. Media docena de investigadores de algún instituto, dispuestos a pagar bien por la oportunidad de examinar las formas de vida locales. No nos negamos. Siempre necesitamos dinero de curso legal en la galaxia.
    —¿Cuántos de ellos vivieron? —musitó vagamente Jason. Ya empezaba a sentirse aturdido a causa de las inyecciones.
    —Uno solo. Lo sacamos a tiempo. Les hicimos pagar por adelantado, por supuesto.

    Al principio Jason creyó que el pyrrano estaba bromeando. Luego recordó que tenían muy poco sentido del humor. Si una mitad de lo que Meta y Kerk le habían dicho era cierto, la relación de seis a uno no era mala en modo alguno.

    Había una cama en la sala contigua y Brucco lo ayudó a dirigirse a ella. Jason se sentía narcotizado y probablemente lo estaba. Se sumió en un sueño profundo y en un ensueño.

    Miedo y odio. Se mezclaban a partes iguales y caían sobre su ánimo poniéndole los nervios al rojo vivo. Si era un sueño, no quería volver a dormir nunca más. Si no era un sueño, quería morir. Intentó luchar contra él, pero sólo se sumió más profundamente. No había principio ni fin al miedo y ningún modo de escapar.

    Cuando Jason recobró el conocimiento, no podía recordar ningún detalle de la pesadilla. Sólo el miedo permanecía. Estaba empapado de sudor y le dolían todos los músculos. Debió haber sido la gran cantidad de inyecciones, juzgó finalmente; eso y la brutal gravedad. La reflexión no le quitó el sabor del miedo de la boca, sin embargo.

    Brucco metió la cabeza por la puerta y miró a Jason de arriba abajo.

    —Creía que se había muerto —dijo—. Ha dormido una buena hora. No se mueva. Traeré algo para que se recupere.

    La recuperación vino en forma de otra aguja y un vaso de líquido de mal aspecto. Le calmó la sed, pero le hizo sentir un hambre atroz.

    —¿Quiere comer? —preguntó Brucco—. Apuesto a que sí. He acelerado su metabolismo para que se fortalezca más de prisa. Es la única manera de vencer a la gravedad. Sin embargo, le produce a uno mucho apetito por algún tiempo.

    Brucco comió al mismo tiempo y Jason tuvo una oportunidad para hacer algunas preguntas.

    —¿Cuándo tendré ocasión para observar su fascinante planeta? Hasta ahí este viaje ha sido tan interesante como una estancia en la cárcel
    —Sosiéguese y goce de la comida. Probablemente pasarán unos meses antes que pueda salir fuera. Si es que puede hacerlo algún día.
    —¿Podría quizás explicarme por qué? —Jason sintió que su mandíbula colgaba y la cerró con un chasquido.
    —Por supuesto. Usted tendrá que pasar por el mismo curso de instrucción que siguen nuestros niños. Esto les ocupa seis años. Claro, son sus primeros seis años de vida. Por tanto uno creería que usted, como adulto, podría aprender más de prisa. Pero, por otra parte, ellos tienen la ventaja de la herencia. Todo lo que puedo decir es que usted saldrá de estos edificios sellados cuando esté preparado.

    Brucco había terminado de comer mientras hablaba, y estuvo allí mirando a los desnudos brazos de Jason con creciente desazón.

    —La primera cosa que debemos conseguirle es una pistola. Me pone enfermo ver a alguien desarmado.

    Por supuesto, Brucco llevaba su propia pistola continuamente, aun dentro de los edificios sellados.

    —Cada arma es adecuada a su poseedor y sería inservible para cualquier otra persona —dijo Brucco—. Le mostraré por qué —condujo a Jason hacia una armería atestada de armas mortíferas—. Meta el brazo aquí mientras hago los ajustes.

    Era una máquina semejante a una caja con una sujeción de pistola al lado. Jason agarró la sujeción y apoyó el codo sobre una abrazadera metálica. Brucco fijó unos sensores que tocaban su brazo, luego copió los resultados de los medidores. Leyendo las cifras de la lista, entresacó diversos componentes de los arcones y prontamente montó una pistolera y una pistola. Con la pistolera atada al antebrazo y la pistola en la mano, Jason observó por primera vez que estaban unidas por un cable flexible. La pistola se ajustaba perfectamente a su mano.

    —Este es el secreto de la pistolera —dijo Brucco, golpeando ligeramente el cable flexible—. Está totalmente flojo mientras uno está usando el arma. Pero cuando se quiere devolverla a la pistolera...

    Brucco hizo un ajuste y el cable se convirtió en varilla que arrebató la pistola de la mano de Jason y la suspendió en el aire.

    —Luego el retorno —el tenso cable zumbó y lanzó de nuevo la pistola dentro de la pistolera—. La acción de extracción es lo contrario de esto, por supuesto.
    —Un magnífico artefacto —dijo Jason—. Pero ¿cómo la saco? ¿He de silbar o hacer algo parecido para que la pistola salga de sopetón?
    —No, no es de mando sónico —respondió Brucco con semblante tranquilo—. Es mucho más exacto que eso. Ahora, use la mano izquierda y coja la culata de una pistola imaginaria. Atiese el dedo del gatillo. ¿Nota el molde de los tendones de la muñeca? Los impulsores sensitivos tocan los tendones de su muñeca derecha. Ignorando todas las señales excepto 1a que dice «mano dispuesta para recibir la pistola». Después de algún tiempo el mecanismo se hace completamente automático. Cuando uno quiere la pistola, la tiene en la mano. Cuando no, está en la pistolera.

    Jason hizo los movimientos para cogerla con la mano derecha, torciendo el dedo índice. Sintió un repentino y quebrantador dolor en la mano y hubo un fuerte rugido. La pistola estaba en su mano —la mitad de los dedos estaban entumecidos— y el humo se alzaba en espirales del cañón.

    —Por supuesto sólo hay cartuchos sin bala en la pistola hasta que uno sepa manejarla. Las pistolas están siempre cargadas. No hay mecanismo de seguridad. Observe la falta de una guarda para el gatillo. Eso le permite a uno doblar el dedo sobre el gatillo un poquito más cuando se saca el arma de manera que la pistola dispare en el mismo instante en que alcanza la mano.

    Era sin duda el arma más asesina que Jason hubiera manejado nunca, tanto como la más difícil de usar. Enfrentándose al ardiente dolor de los músculos causado por la fuerte gravedad, Jason pugnó por dominar el diabólico ingenio. Tenía un irritante modo de desaparecer dentro de la pistolera cuando Jason estaba a punto de apretar el gatillo. Aún era peor su tendencia a salir con ímpetu antes que uno estuviera completamente preparado. La pistola escapaba hacia el lugar donde debiera estar la mano. Si los dedos no estaban correctamente colocados, eran empujados violentamente a un lado. Jason suspendió el ejercicio sólo cuando toda su mano fue una lívida abolladura.

    El dominio completo llegaría con el tiempo, pero Jason podía ya comprender por qué los pyrranos nunca se separaban de sus pistolas. Sería como separarse de una parte del propio cuerpo. El movimiento de la pistolera a la mano era demasiado rápido para que Jason lo detectara. Era ciertamente más rápido que la corriente nerviosa que conformaba a la mano en la posición de sujeción de la pistola. Para todos los fines prácticos era como tener un rayo en la punta del dedo. Apúntese el dedo y «pum», he ahí la explosión.

    Brucco había dejado que Jason practicara solo. Cuando su mano doliente no pudo asir más, Jason paró y se marchó hacia su propia habitación. Al doblar un ángulo, tuvo un rápido vislumbre de una figura familiar que se desviaba de él.

    —¡Meta! ¡Espera un momento! Quiero hablarte. La muchacha se volvió impaciente mientras Jason subía arrastrando los pies, andando tan de prisa como podía con la duplicada gravedad. Todo en Meta parecía diferente de la muchacha que había conocido en la nave. Llevaba unas gruesas botas que llegaban a la altura de las rodillas, su cuerpo estaba oculto bajo abultados pantalones de algún tejido metálico. La ajustada cintura era realzada por una especie de cartuchera. Su misma expresión era fríamente esquiva.
    —Te he echado de menos —dijo Jason—. No me había dado cuenta que estabas en este edificio —trató de coger su mano pero Meta la puso fuera de su alcance.
    —¿Qué es lo que quieres? —preguntó Meta.
    —¡Qué es lo que quiero! —repitió Jason con ira poco encubierta—. Soy Jason, ¿me recuerdas? Somos amigos. Está permitido que los amigos se hablen sin «querer» nada.
    —Lo que ocurrió en la nave no tiene nada que ver con lo que ocurre en Pyrrus —Meta se adelantó impaciente mientras hablaba—. He terminado mi reacondicionamiento y debo volver al trabajo. Tú permanecerás aquí dentro de los edificios sellados, de modo que no te veré.
    —¿Por qué no te quedas con el resto de los niños? Eso es lo que tu tono implica. Y no intentes salir. Hay algunas cosas que tenemos que arreglar primero.

    Jason se equivocó sacando la mano para detener a Meta. Realmente no supo lo que ocurrió después. En un momento estaba de pie; en el momento siguiente caía al suelo, abierto de brazos y piernas. Su espalda estaba muy magullada, y Meta había desaparecido pasillo abajo.

    Mientras regresaba a su propio cuarto cojeando, Jason maldecía en voz baja. Cayendo sobre la dura cama, trató de recordar en primer lugar las razones que lo habían traído aquí.

    Y las comparó con la continua tortura de la gravedad, los sueños llenos de terror que ella sugería, el automático desprecio de esta gente para todo forastero.

    Rápidamente reprimió la creciente tendencia a compadecerse a sí mismo.

    Según las normas pyrranas, él era débil y desmañado. Si quería que tuvieran un mejor concepto de él debería cambiar mucho.

    Rendido de fatiga se sumió en seguida en un pesado sueño, que fue interrumpido sólo por el vivo pavor de sus pesadillas.


    CAPITULO VII


    Por la mañana Jason despertó con un fuerte dolor de cabeza y la sensación de que no había dormido. Mientras tomaba una parte de los cuidadosamente dosificados estimulantes que le había dado Brucco, se preguntó otra vez sobre la combinación de factores que llenaban su sueño con tales horrores.

    —Coma aprisa —le dijo Brucco cuando se reunieron en el comedor—. No puedo dedicar más tiempo para su instrucción individual. Se unirá a las clases regulares y seguirá los cursos establecidos. Sólo venga a mí si hay algún problema especial que los instructores o entrenadores no sepan manejar.

    Las clases, como Jason debiera haber esperado, se componían de niños pequeños de rostro severo. Con sus macizos cuerpos y maneras serías, eran fácilmente identificables como pyrranos. Pero eran, sin embargo, lo bastante niños para considerar muy divertido tener un adulto en las clases. Acurrucado detrás de uno de los menudos pupitres, el coloradote Jason no lo consideraba ciertamente como una broma.

    Toda semejanza con una escuela normal terminaba en la forma física de la sala de enseñanza. Por un lado, todos los niños —por pequeños que fueran—llevaban una pistola encima. Y los cursos estaban enteramente involucrados con la supervivencia. La única calificación posible en una asignatura como ésta era del ciento por ciento y los estudiantes repetían la lección hasta que la habían aprendido perfectamente. No se daban cursos de las materias escolares normales. Probablemente éstas eran estudiadas después que el niño se graduaba en la escuela de supervivencia y podía hacer frente solo al mundo. Lo cual era una lógica y serena manera de considerar las cosas. En verdad, la lógica y la sangre fría podían definir toda la actividad pyrrana.

    La mayor parte de la mañana la empleó en el manejo y estudio de uno de los medikits que estaban sujetos alrededor de la cintura. Este era un analizador de infección y veneno que se ajustaba sobre una herida de punción. Si estaban presentes toxinas, el antídoto era automáticamente inyectado en el sitio. Sencillo de manejar pero increíblemente complejo en su estructura. Puesto que todos los pyrranos reparaban su propio equipo —uno sólo podía culparse a sí mismo si fallaba— tenían que aprender la construcción y reparación de todos los aparatos. Jason lo hizo mucho mejor que los pequeños estudiantes, aun cuando el esfuerzo lo fatigó.

    Por la tarde, Jason hizo su primera práctica con un aparato de adiestramiento. Su instructor era un muchacho de doce años, cuya fría voz no ocultaba su desprecio para el débil habitante de otro mundo.

    —Todos los aparatos de adiestramiento son duplicados físicos de la verdadera superficie del planeta, alterada constantemente a medida que cambian las formas de vida. La única diferencia entre ellas es el distinto poder de destrucción. Esta primera máquina que usted probará es por supuesto la misma en la cual son iniciados los nenes...
    —Usted es demasiado amable —murmuró Jason—. Su halago me confunde.

    El instructor continuó, no haciendo caso de las interrupciones.

    —...dentro de la cual son metidos los nenes tan pronto como pueden arrastrarse. Es real en apariencia si bien está completamente desactivada.

    Aparato de adiestramiento era una palabra inexacta, Jason se dio cuenta de ello mientras entraban por la maciza puerta. Esto era un pedazo del mundo exterior duplicado en una inmensa cámara. Jason no necesitó sustraerse mucho a la realidad para olvidar el pintado techo y el sol artificial arriba en lo alto e imaginarse a sí mismo al aire libre por fin. La escena parecía bastante apacible. Aun cuando unas nubes amontonándose sobre el horizonte amenazaban con una violenta tempestad pyrrana.

    —Usted debe pasear por ahí y examinar las cosas —dijo a Jason el instructor—. Cuando quiera que toque algo con la mano, se le informará de ello. De este modo...

    El muchacho se inclinó y empujó con el dedo una brizna de la blanda hierba que cubría el suelo. Inmediatamente una voz gruñó desde unos ocultos altavoces:

    —Hierba venenosa. Hay que llevar botas en todas las ocasiones.

    Jason se hincó y examinó la hierba. La brizna tenía en la punta un duro y reluciente gancho. Se dio cuenta con un sobresalto que todas las simples briznas de hierba eran iguales. El suave y verde prado era una alfombra de muerte. Mientras se enderezaba, vislumbró algo debajo de una planta de anchas hojas. Un animal agazapado cubierto de escamas, cuya ahusada cabeza terminaba en un largo espolón.

    —¿Qué es eso del fondo de mi jardín? —preguntó Jason—. Ustedes ciertamente dan a los nenes agradables compañeros de juego.

    Jason se volvió y se dio cuenta que estaba hablando al aire; el instructor se había ido. Se encogió de hombros y acarició el escamoso monstruo.

    —Un diablo cornudo —dijo la voz impersonal desde el aire—. La ropa y el calzado no son ninguna protección. Mátelo.

    Un vivo estampido quebró el silencio mientras la pistola de Jason se disparaba. El diablo cornudo cayó de costado, programado para reaccionar al cartucho sin bala.

    —Bien... estoy aprendiendo —dijo Jason, y la idea lo complació.

    La palabra «mátelo» había sido usada por Brucco mientras le enseñaba a manejar la pistola. Su estímulo había alcanzado un nivel inconsciente. Jason fue consciente de querer disparar sólo después que hubo oído el tiro. Su respeto para las técnicas de adiestramiento pyrranas subió.

    Jason pasó una tarde realmente desagradable vagando por el jardín de los horrores de los niños. La muerte estaba en todas partes. A pesar de que todo el tiempo la voz impersonal le dio severos avisos en lenguaje sencillo. Así Jason pudo protegerse, más bien que ser destruido. No había creído que la muerte violenta pudiera llegar en tantas formas repulsivas. Aquí todo era mortífero para el hombre, desde el insecto más pequeño hasta la planta más grande.

    Tal unidad de propósito parecía completamente antinatural. ¿Por qué era este planeta tan contrario a la vida humana? Jason hizo una anotación mental para preguntarlo a Brucco. Mientras tanto trató de encontrar una forma de vida que no estuviera ávida de su sangre. No lo consiguió. Tras una larga búsqueda, encontró la única cosa que cuando se la tocaba no atraía un aviso mortal. Era un trozo de roca que sobresalía de un prado de hierba venenosa. Jason se sentó sobre ella con una agradable sensación y levantó los pies del suelo. Un oasis de paz. Pasaron unos minutos mientras proporcionaba descanso a su cuerpo abrumado por la gravedad.

    —¡HONGOS PUDRIENDOSE! ¡NO LOS TOQUE!

    La voz sonó a dos veces su volumen habitual y Jason saltó como si hubieran disparado sobre él. La pistola estaba en su mano, buscando un blanco. Sólo cuando se inclinó y miró con suma atención a la roca donde había estado, comprendió. Había manchas parduscas que no estaban allí cuando se sentó.

    —¡Oh, diablos tramposos! —gritó al artificio—, ¡A cuántos niños habéis ahuyentado de esa roca después de que creyeron haber encontrado un poco de paz!

    Jason se resentía de la falsedad de la pista de condicionamiento, pero la respetaba al mismo tiempo. Los pyrranos aprendían muy tempranamente en la vida que no había seguridad en este planeta, excepto la que se proporcionaban ellos mismos.

    Al mismo tiempo que se instruía sobre Pyrrus, Jason estaba adquiriendo también una nueva percepción de la naturaleza interior de los pyrranos.


    CAPITULO VIII


    Los días se convertían en semanas en la escuela, separada del mundo exterior. Jason casi se enorgullecía de su capacidad para tratar con la muerte. Reconocía a todos los animales y plantas del jardín de infancia y había ascendido a monitor donde las bestias hacían cargas asesinas contra él. La pistola eliminaba a los agresores con aburrida regularidad. Las continuas clases diarias empezaban a aburrirlo también.

    Aun cuando la gravedad todavía lo oprimía, sus músculos estaban haciendo grandes esfuerzos para adaptarse. Después de las clases diarias, Jason ya no se hundía inmediatamente en la cama. Sólo las pesadillas empeoraban. Finalmente las había mencionado a Brucco, el cual mezcló un brebaje que les quitó la mayor parte de su terrorífico efecto. Los sueños continuaban todavía pero Jason era sólo vagamente consciente de ellos al despertar.

    Cuando Jason hubo superado todos los artilugios que mantenían vivos a los pyrranos llegó a dominar un simulador de lo más realista, separado tan sólo por el grueso de un cabello de lo real. La diferencia era la calidad. El veneno de los insectos producía hinchazón y dolor en lugar de muerte inmediata. Los animales podían hacer magulladuras y herir su carne, pero no llegaron a desgarrar sus miembros. No te podían matar en este simulador, pero ciertamente podía acercarse mucho a ello.

    Jason vagaba por esta vasta y peripatética selva con el resto de los niños de cinco años. Había algo un poquito jocoso, triste, sin embargo, en el horror nada infantil de los pequeños. Si bien todavía podían reír dentro de su vivienda, se daban cuenta de que no había alegría afuera. Para ellos la supervivencia estaba enlazada con lo deseable y la aceptación social. De esta manera Pyrrus era una sencilla sociedad en blanco y negro. Para demostrar su valía a sí mismo y a su mundo, uno sólo tenía que permanecer vivo. Esto tenía gran importancia para la supervivencia de la raza, pero producía efectos embrutecedores en la personalidad individual. Los niños se convertían en asesinos, de gestos constantemente avizores para eludir la muerte.

    Algunos de los niños se graduaban en el mundo exterior y otros ocupaban sus puestos. Jason observó este trasiego por algún tiempo antes de que se diera cuenta que la totalidad de los del grupo original con los cuales él había entrado se habían ido. Ese mismo día buscó al jefe del centro de adaptación.

    —Brucco —preguntó Jason—, ¿cuánto tiempo piensan retenerme en esta galería de tiro para párvulos?
    —No lo estamos «reteniendo» aquí —le dijo Brucco en su usual tono irritado—. Estará aquí hasta que consiga tener la suficiente habilidad para sobrevivir en el exterior.
    —Lo que tengo es la divertida sensación de que nunca seré lo bastante bueno a sus ojos. Ahora puedo desmontar y montar de nuevo todos sus malditos artefactos en la oscuridad. Soy un certero tirador con este cañón. En este mismo momento, si tuviera que hacerlo, podría escribir un libro sobre la flora y la fauna completas de Pyrrus, y cómo destruirlas. Pero tengo la idea de que hago un trabajo casi tan bueno ahora como nunca lo haré. ¿Es eso cierto?
    —Creo, es decir, usted sabe que no nació aquí, y... —Brucco se retorció con el esfuerzo para ser evasivo, pero no acertó.
    —Vamos, vamos —dijo Jason gozosamente—. Un serio y viejo pyrrano como usted no debiera tratar de mentir a uno de las razas más débiles, especializado en esa clase de cosa. No hay que decir que siempre seré débil con esta gravedad, así como que tengo otros impedimentos innatos. Lo reconozco. Pero no estamos hablando de eso, ahora. La cuestión es: ¿Mejoraré con más adiestramiento, o he alcanzado ya el punto máximo de mi propio desarrollo?
    —Con el curso del tiempo habrá mejoras por supuesto... —Brucco empezaba a sudar.
    —¡Astuto demonio! —clamó Jason, meneando ligeramente un dedo hacia el hombre—. Diga sí o no, ahora. ¿Adelantaré actualmente con más adiestramiento?
    —No —dijo Brucco y aún parecía estar conturbado. Jason lo tanteaba como en una jugada de póker.
    —Ahora consideremos eso. No adelantaré, sin embargo aún estoy pegado aquí. Eso no es una casualidad. De modo que le deben haber ordenado que me retenga. Y por lo que he visto de este planeta, he de reconocer que muy poco, diría que fue Kerk quien le ordenó que me retuviera aquí. ¿Es eso cierto?
    —Kerk sólo lo ha estado haciendo por su propia seguridad —dijo Brucco—. Procurando mantenerlo vivo.
    —La verdad ha salido —dijo Jason—. Por tanto olvidémonos ahora de ello. No vine aquí para destruir robots con su progenie. Así que haga el favor de indicarme la puerta de la calle. ¿O es que hay alguna ceremonia de graduación, primero? Discursos, entregas de diplomas, sables en lo alto...
    —Nada parecido a eso —interrumpió Brucco—. No comprendo cómo un hombre hecho y derecho como usted puede decir tantas tonterías todo el tiempo. No hay nada de eso, por supuesto. Sólo algún trabajo final en una parte de la cámara de supervivencia. Es una casa cercada unida al exterior a excepción de que están excluidas las formas de vida más violentas. Y aún algunas de esas se las arreglan para encontrar la entrada de vez en cuando.
    —¿Cuándo salgo?—preguntó abruptamente Jason. —Mañana por la mañana. Procure primero descansar bien esta noche. Lo necesitará.

    Hubo un cierto aire ceremonial en la graduación. Cuando Jason entró en el despacho por la mañana, Brucco deslizó un macizo cargador para pistola a través de la mesa.

    —Estas son balas reales —dijo—. Estoy seguro que las necesitará. A partir de este momento la pistola siempre estará cargada.

    Salieron hacia una gruesa compuerta de aire, la única puerta con cerrojos que Jason había visto en el centro.

    Mientras Brucco la abría y retiraba los cerrojos, un serio muchacho de ocho años con una pierna vendada subió cojeando.

    —Este es Grif —dijo Brucco—. Permanecerá con usted, adonde quiera que vaya, de ahora en adelante.
    —¿Mi guardia de corps personal? —preguntó Jason, mirando con desprecio al rechoncho muchachito que escasamente alcanzaba su pintura.
    —Podría llamarlo así —dijo Brucco, haciendo girar la puerta—. Grif se lió con un ave de sierra, por tanto no podrá hacer ningún trabajo efectivo por algún tiempo. Usted mismo ha reconocido que nunca podrá igualarse a un pyrrano, de modo que debiera alegrarse por tener un poco de protección.
    —Siempre dos palabras amables, así es usted, Brucco —dijo Jason.

    Se inclinó y estrechó la mano al muchachito. Hasta los niños de ocho años daban un apretón de manos que quebrantaba los huesos.

    Los dos pasaron por la compuerta y Brucco cerró de golpe la puerta interior detrás de ellos. Tan pronto como estuvo cerrada, la puerta exterior se abrió automáticamente. Estaba abierta sólo en parte cuando la pistola de Grif rugió dos veces. Luego salieron a la superficie de Pyrrus, atravesando el humeante cuerpo de uno de los animales. Muy simbólico, pensó Jason. Le preocupaba también el comprobar que no sólo no había pensado que pudiera entrar algo, sino que ni siquiera podía identificar la bestia por sus restos carbonizados. Miró alrededor cuidadosamente, esperando que podría disparar el primero la próxima vez.

    Esta fue una vana esperanza. Las pocas bestias que aparecían en su camino eran siempre vistas primero por el muchacho. Después de una hora de esto, Jason estaba tan irritado que destruyó de un tiro una planta espinosa de aspecto maligno. Esperaba que Grif no lo miraría con demasiada atención. Por supuesto el muchacho lo hizo.

    —Esa planta no estaba cerca. Es estúpido malgastar buena munición con una planta —dijo Grif.

    No hubo ninguna molestia verdadera durante el día. Jason acabó aburriéndose, aun cuando estaba empapado por los frecuentes chubascos. Si Grif era hábil para mantener una conversación, no lo demostró. Todos los intentos de Jason fallaron. El día siguiente transcurrió del mismo modo. Al tercer día, apareció Brucco y miró a Jason cuidadosamente de arriba a abajo.

    —No me gusta decirlo, pero supongo que está usted tan preparado para irse ahora como lo estará siempre.

    Cambie los tapones de la nariz para filtro de virus todos los días. Revise siempre las botas por si hay rasgaduras. Los repuestos de medikits deben renovarse una vez a la semana.

    —Y limpiarme las narices y llevar calzoncillos. ¿Algo más? —preguntó Jason.

    Brucco empezó a decir algo, luego cambio de opinión.

    —Nada que usted no debiera saber bien ya. Manténgase alerta. Y... buena suerte.

    Brucco acompañó estas palabras con un triturante apretón de manos que fije totalmente inesperado. Tan pronto como el entumecimiento abandonó su mano, Jason y Grif salieron por la gran compuerta de entrada.


    CAPITULO IX


    Por muy reales que fueran las cámaras de adiestramiento no habían preparado a Jason para la superficie de Pyrrus. Había la semejanza básica, por supuesto. La sensación de hierba venenosa debajo de los pies y el errático vuelo de un ave de aguijón en el último instante antes que Grif la abatiera de un tiro. Pero estas cosas apenas se notaban con el fragor de los elementos alrededor de él.

    Estaba cayendo un fuerte aguacero, más parecido a una cortina de agua que a un conjunto de gotas sueltas. Vivas ráfagas de viento la rasgaban, lanzando el diluvio al rostro de Jason. Jason se aclaró los ojos y escasamente pudo distinguir las formas cónicas de dos volcanes en el horizonte, que vomitaban nubes de humo y llama. El reflejo de este infierno era una sombría rojez sobre las nubes que pasaban velozmente en grandes masas por encima de ellos.

    Hubo un golpeteo sobre su casco y algo saltó para salpicar el suelo. Jason se dobló y recogió una piedra de granizo tan gruesa como su pulgar. Una repentina racha de granizo batió dolorosamente su espalda y cuello; Jason se enderezó de prisa.

    Tan repentinamente como empezara, cesó la tormenta. El sol era abrasador, derritiendo las piedras de granizo y enviando espirales de vapor hacia arriba desde la calle húmeda. Jason sudaba dentro de su ropa acorazada. Pero antes que hubiera andado una manzana, estaba lloviendo otra vez y Jason temblaba de frío.

    Grif caminaba con firmeza y siempre al mismo ritmo, indiferente a la climatología cambiante y a los volcanes que rugían sobre el horizonte y hacían retemblar el suelo bajo sus pies. Jason procuraba no hacer caso de su malestar e igualar el paso del muchacho.

    El paseo era deprimente. Las macizas y achaparradas casas lucían parduscas a través de la lluvia, más de la mitad de ellas en ruinas. Seguían una vía peatonal en medio de la calle. A ambos lados de ellos pasaban los ocasionales camiones blindados. La acera del medio de la calle extrañó a Jason, hasta que Grif derribó algo que salió con violencia de entre las ruinas de una casa en dirección a ellos. La situación central les daba alguna oportunidad para ver lo que se estaba acercando. De repente Jason se sintió muy cansado.

    —Supongo que no habrá nada parecido a un taxi en este planeta —dijo.

    Grif sólo miró azorado y frunció el ceño. Era obvio que nunca antes había oído la palabra. Por tanto siguieron caminando con esfuerzo, el muchacho reculando al paso tenaz de Jason. En el espacio de media hora, habían visto todo lo que Jason quería ver.

    —Grif, esta ciudad suya está ciertamente descuidada. Espero que las otras estén en mejor estado.
    —No sé qué quiere usted decir con descuidada. Pero no hay otras ciudades. Algunas minas situadas fuera del perímetro. Pero ninguna otra ciudad.

    Esto sorprendió a Jason. Siempre había imaginado al planeta con más de una ciudad. De repente se dio cuenta que había muchas cosas que ignoraba sobre Pyrrus. Desde el aterrizaje había empleado todo su esfuerzo en los cursos de supervivencia. Había una gran cantidad de preguntas que quería hacer, pero a otra persona que no fuese su refunfuñante guardia de corps de ocho años. Había una persona que estaría más capacitada para decirle lo que quería saber.

    —¿Conoces a Kerk? —preguntó al muchacho—. Al parecer es embajador para muchos lugares pero su último nombre...
    —Ciertamente, todos conocen a Kerk. Pero está atareado, usted no debiera molestarlo.
    —Puedes ser vigilante de mi cuerpo —dijo Jason, meneando un dedo hacia el muchachito—. Pero no eres vigilante de mi alma. Es decir que yo hago de cebo y tú continúas para matar a los monstruos. ¿Está bien?

    Se resguardaron de una repentina tormenta de piedras de granizo del tamaño del puño. Luego, con poca educación, Grif mostró el camino hacia uno de los mayores edificios del centro. Había más gente allí y algunas personas hasta miraron a Jason de soslayo por un momento, antes de volver a sus ocupaciones. Jason subió penosamente dos tramos de escalera antes que llegaran a una puerta con un letrero que decía: COORDINACION Y SUMINISTROS.

    —¿Está Kerk ahí dentro? —preguntó Jason.
    —Ciertamente —le dijo el muchacho—. Está encargado de eso.
    —Excelente. Ahora te tomas una buena bebida fría o el almuerzo o algo, y te reúnes conmigo dentro de un par de horas. Me imagino que Kerk puede cuidar de mí y hacer ese trabajo tan bien como tú.

    El muchacho se detuvo indeciso por unos segundos, luego se desvió. Jason se secó un poco más de sudor y abrió la puerta con un empujón, pasando adentro.

    Había un puñado de personas en el despacho al otro lado. Ninguna de ellas levantó la vista hacia Jason y le preguntó que quería. Todo tiene un objeto en Pyrrus. Si Jason venía aquí, debía tener una buena razón. Nadie pensaría en modo alguno preguntarle qué asunto lo traía. Jason, acostumbrado a la pequeña burocracia de un millar de mundos, esperó por unos momentos antes de comprenderlo. Sólo había otra puerta en la sala, en la distante pared. Jason se dirigió a ella arrastrando los pies y la abrió.

    —Me estaba preguntando cuándo se dejaría usted ver —dijo Kerk, levantando la vista de una mesa cubierta de papeles.
    —Mucho antes si usted no lo hubiera impedido —le dijo Jason mientras se sentaba fatigadamente en una silla—. Al fin me di cuenta que podía pasar el resto de mi vida en su cruel escuela de párvulos si no hacía algo sobre ello. Por lo tanto aquí estoy.
    —¿Preparado para regresar a los mundos «civilizados», ahora que ha visto bastante de Pyrrus?
    —No —dijo Jason—, Y me estoy cansando de que todos digan que me marche. Empiezo a creer que usted y el resto de los pyrranos están tratando de ocultar algo.
    —¿Qué podríamos tener para ocultar? —Kerk sonrió ante la idea—. Dudo que ningún planeta tenga una existencia tan simple y unidireccional como la nuestra.
    —Si eso es verdad, ciertamente no tendrá inconveniente en contestar unas cuantas preguntas directas sobre Pyrrus, ¿eh?

    Kerk empezó a protestar, luego rió.

    —Bien hecho. Debiera saber ya que es inútil discutir con usted. ¿Qué quiere saber?

    Jason trató de encontrar una posición cómoda en la dura silla, luego desistió.

    —¿Cuál es la población de su planeta? —preguntó. Kerk vaciló por un momento, luego dijo: —Aproximadamente treinta mil. No es mucho para un planeta que hace tanto tiempo que está habitado pero la razón de eso es obvia.
    —Bien, una población de treinta mil —dijo Jason—. Pero ¿qué me dice del control de la superficie de su planeta? Me sorprendió descubrir que esta ciudad dentro de su muro protector —el perímetro—es la única del planeta. No consideremos las minas puesto que obviamente son sólo anexos de la ciudad. ¿Diría usted, pues, que dominan poco más o menos la superficie del planeta en la proporción en que lo hicieron en el pasado?

    Kerk cogió un largo tubo de acero de la mesa que usaba como pisapapeles y jugueteó con él mientras meditaba. El acero macizo se dobló como goma entre sus manos mientras Kerk se concentraba en la respuesta.

    —Eso es difícil de decir, de sopetón. Debe haber registros de esa clase de asuntos, aun cuando yo no sabría dónde encontrarlos. Depende de tantos factores...
    —Olvidemos eso por ahora, pues —dijo Jason—. Tengo que hacer otra pregunta que realmente es más importante. ¿No diría usted que la población de Pyrrus está menguando invariablemente, año tras año?

    Hubo un fuerte golpe mientras el tubo golpeaba la pared. Luego Kerk estaba de pie frente a Jason, con las manos extendidas hacia el hombre más bajo, el rostro colorado y airado.

    —¡No diga eso! —rugió—. ¡Que no se lo oiga decir otra vez!

    Jason se estuvo tan quieto como pudo, hablando despacio y escogiendo cada palabra con cuidado. Su vida estaba en la balanza.

    —No se enoje, Kerk. No tenía la intención de ofender. Estoy de su lado, ¿recuerda? Puedo hablarle porque usted ha visto mucho más del universo que los pyrranos que nunca salieron del planeta. Usted está habituado a discutir asuntos. Usted sabe que las palabras son sólo símbolos. Podemos hablar y comprender que uno no tiene que encolerizarse por simples palabras...

    Kerk bajó los brazos lentamente y se alejó un paso. Luego se volvió y llenó un vaso con agua de una botella de la mesa escritorio. Se mantuvo de espaldas a Jason mientras bebía.

    Muy poco del sudor que Jason se quitó de su empapado rostro fue causado por el calor de la sala.

    —Siento... haber perdido la calma —dijo Kerk, cayendo pesadamente en el sillón—. No ocurre de ordinario. He estado trabajando con dureza últimamente, y debo estar nervioso —no hizo ninguna alusión a lo que había dicho Jason.
    —Nos ocurre a todos —le dijo Jason—. No empezaré a describir el estado en que estaban mis nervios cuando llegué a este planeta. Finalmente tengo que reconocer que todo lo que usted dijo sobre Pyrrus es verdad. Es el lugar más mortífero de toda la galaxia. Y sólo los nativos pyrranos pueden sobrevivir aquí. Puedo arreglármelas para andar a tientas un poquito después de mi adiestramiento, pero sé que nunca tendría ninguna probabilidad de salir airoso por mí mismo. Usted probablemente sabe que tengo a un muchachito de ocho años como guardia de corps. Le da una buena idea de mi verdadera situación aquí.

    Reprimida la ira, Kerk había recobrado ya el dominio sobre sí mismo. Sus ojos se estrecharon cavilando.

    —Me sorprende oírle decir eso. Nunca creí que le oyera reconocer que alguien podía valer más que usted en cosa alguna. ¿Es por eso que vino aquí? Para demostrar que valía tanto como cualquier pyrrano nativo.
    —Apúntese un tanto a su favor —reconoció Jason—. No creía que eso fuera tan evidente. Y me alegro de ver que su mente no está tan ceñida por los músculos como su cuerpo. Sí, reconozco que esa fue probablemente mi razón para venir, eso, y la curiosidad.

    Kerk estaba siguiendo su propio pensamiento.

    —Usted vino aquí para demostrar que valía tanto como cualquier nativo pyrrano. Sin embargo ahora reconoce que cualquier pyrrano de ocho años puede sobrepujarlo. Eso no se ajusta a lo que sé de usted. Si usted da con una mano, debe estar cogiendo con la otra. ¿De qué manera siente aún su natural superioridad? —Kerk preguntó eso suavemente, pero había una carga de tensión detrás de sus palabras.

    Jason pensó mucho antes de responder.

    —Se lo explicaré —dijo finalmente—. Pero no me agarre del pescuezo por ello. Estoy jugando con que su mente civilizada puede dominar sus reflejos. Porque tengo que hablar de cosas que son estrictamente tabú en Pyrrus.

    »A los ojos de su gente soy un canijo porque procedo de otro mundo. Dese cuenta, sin embargo, de que esto es también mi fuerza. Puedo ver cosas que están ocultas a ustedes por una larga asociación. Usted comprende la vieja cuestión de no poder ver el bosque por servir de estorbo los árboles.

    Kerk asintió con una seña y Jason prosiguió.

    —Para continuar todavía con la analogía, aterricé en una nave aérea, y al principio todo lo que pude ver fue el bosque. Para mí ciertos hechos son claros. Creo que ustedes los conocen también, sólo que mantienen sus pensamientos cuidadosamente reprimidos. Son pensamientos ocultos que son completamente tabú. Le voy a revelar el mayor de estos pensamientos secretos y espero que pueda dominarse bastante bien para no matarme.

    Las manazas de Kerk se apretaron sobre los brazos del sillón, la única indicación de que había oído. Jason habló tranquilamente, pero sus palabras penetraban tan suave y fácilmente como un bisturí hurgando en un cerebro.

    —Creo que los seres humanos están perdiendo la guerra en Pyrrus. Después de cientos de años de ocupación ésta es la única ciudad del planeta, y está casi en ruinas. Como si en otro tiempo tuviera una población mayor. Esa maniobra que hicimos para conseguir el cargamento de material de guerra fue una suerte. Pudiera no haber surtido efecto. Y si no lo hubiera hecho, ¿qué le habría ocurrido a la ciudad? Ustedes están andando sobre el borde quebradizo de un volcán y no quieren reconocerlo.

    Todos los músculos del cuerpo de Kerk estaban rígidos mientras él se mantenía tieso en el sillón, su rostro punteado con gotitas de sudor.

    Un pequeño empujón llevado demasiado lejos y el hombre estallaría. Jason buscó una manera de disminuir algo la tensión.

    —No disfruto al contarle estas cosas. Lo estoy haciendo porque estoy seguro que usted las conoce ya. No puede hacer frente a estos hechos porque entonces tendría que reconocer que toda esta lucha y destrucción no tienen objeto. Si la población está descendiendo invariablemente, su lucha no es más que una forma particularmente cruenta de suicidio racial. Podrían salir de este planeta, pero eso sería reconocer la derrota. Y estoy seguro que los pyrranos prefieren la muerte a la derrota.

    Cuando Kerk se levantó a medias de su asiento Jason se alzó también, gritando sus palabras a través de la niebla de ira del otro.

    —Estoy tratando de ayudarlo, ¿comprende eso? Extirpe la hipocresía de su mente, lo está destruyendo a. usted. Ahora mismo está librando una batalla ya perdida. Esto no es una guerra verdadera, sólo un desastroso tratamiento de síntomas. Igual que cortar los dé— dos cancerosos uno a uno. El único resultado ha de ser la derrota final. Usted no quiere darse cuenta de ello.

    Es por eso que preferiría matarme antes que oírme decir lo que no quiere oír.

    Kerk estaba fuera del sillón ahora, abalanzado encima de Jason como una torre mortal a punto de caer. Sostenido sólo por la fuerza de las palabras de Jason.

    —Debe empezar a encararse con la realidad. Todo lo que uno puede ver es una lucha perpetua. ¡Debe empezar a darse cuenta de que se pueden tratar las causas de esta lucha y terminaría para siempre!

    El significado penetró, el impacto de las palabras disipó la ira de Kerk. Kerk cayó de nuevo en el sillón, con una expresión casi jocosa en el rostro.

    —¿Qué diablos quiere usted decir? ¡Usted parece un sucio removedor!

    Jason no preguntó qué era un removedor, pero registró el nombre.

    —Usted está diciendo tonterías —dijo Kerk—. Esto es sólo un mundo alienígena que debe ser combatido. Las causas son hechos con existencia propia.
    —No —insistió Jason—. Considérelo por un momento. Cuando usted está ausente de este planeta por un espacio de tiempo más o menos largo, tiene que hacer un curso de reacondicionamiento. Para saber cómo han empeorado las cosas mientras usted estaba fuera. Bien, eso es una proyección lineal. Si las cosas empeoran cuando uno se extiende hacia el futuro, tienen que mejorar si uno se retrae hacia el pasado. Es también una buena teoría —aun cuando no sé si los hechos me apoyan— decir que si uno se aleja suficientemente lejos en el pasado se alcanzará un tiempo en que el género humano y Pyrrus no estaban en guerra el uno con el otro.

    Kerk estaba sin habla ahora, no pudiendo hacer nada excepto permanecer sentado y escuchar mientras Jason lo hería en lo vivo con golpes de ineludible lógica.

    —Hay pruebas para apoyar esta teoría. Hasta usted reconocerá que yo, aun cuando no soy ningún competidor para la vida pyrrana, estoy ciertamente muy versado en ella. Y toda la flora y fauna pyrranas que he visto tienen una cosa en común. No son funcionales. Nada de su inmenso arsenal de armas es usado para luchar la una contra la otra. Sus ponzoñas no parecen actuar contra la vida pyrrana. Son buenas sólo para dar muerte al homo sapiens. Y eso es una imposibilidad física. Durante los trescientos años que los hombres han estado en este planeta, las formas de vida no podrían haberse adaptado naturalmente de esta manera.
    —¡Pero lo han hecho! —rugió Kerk. —Tiene usted mucha razón —le dijo sosegadamente Jason—. Y si lo han hecho, ha de haber alguna fuerza actuando. Obrando de qué modo, no tengo ninguna idea. Pero algo ha hecho que el mundo de Pyrrus declarara la guerra, y quisiera averiguar qué es ese algo. ¿Cuál era la forma de vida dominante aquí cuando llegaron sus antepasados?
    —Estoy seguro de que no lo sé —dijo Kerk—. No estará sugiriendo que hay en Pyrrus otros entes sensibles que los de origen humano. Criaturas que están organizando al planeta para combatirnos.
    —No lo estoy sugiriendo, es usted quien lo dice. Eso significa que usted está captando la idea. Yo no tengo ninguna suposición sobre qué produjo este cambio, pero ciertamente quisiera averiguarlo. Entonces vería si se puede cambiar de nuevo. No prometo nada, por supuesto. Convendrá usted, sin embargo, que vale la pena investigarlo.

    Con el puño golpeando la palma de la mano, sus fuertes pisadas haciendo retemblar el edificio, Kerk paseaba de aquí para allá a lo largo de la sala. Estaba en guerra consigo mismo. Nuevas ideas combatían viejas creencias. Era tan repentino... y tan difícil no creer.

    Sin pedir permiso, Jason se sirvió un poco de agua fría de la botella y se hundió de nuevo en la silla, agotado. Algo entró por la abierta ventana zumbando, haciendo un agujero en la protección. Kerk lo destruyó sin alterar el largo paso, sin siquiera saber lo que había hecho.

    La decisión no tardó. Acostumbrado a una viva actividad, el corpulento pyrrano encontraba imposible no decidir de inmediato. La caminata cesó y Kerk miró a Jason sin vacilar.

    —No digo que usted me haya convencido, pero me es imposible encontrar una respuesta válida para sus razonamientos. Por tanto, hasta que lo haga, tendremos que obrar como si fueran verdaderos. Pero, ¿qué piensa hacer usted? ¿Qué puede hacer?

    Jason marcó los puntos con dos dedos.

    —Uno: necesitaré un sitio para vivir y trabajar que esté bien protegido. Así en vez de gastar mis energías en permanecer vivo puedo dedicarme a estudiar este proyecto. Dos: quiero que alguien me ayude, y actúe como guardia de corps al mismo tiempo. Y alguien por favor, con un poco más de interés que mi actual perro guardián. Sugeriría a Meta como la persona más adecuada para esta tarea.
    —¿Meta? —Kerk estaba sorprendido—. Es piloto espacial y operadora de la red de defensa; ¿podría ser de valor en un proyecto como éste?
    —Muchísimo. Tiene conocimiento de otros mundos y puede modificar sus puntos de vista, al menos un poquito. Y debe saber tanto de este planeta como cualquier otro adulto instruido y puede contestar todas las preguntas que yo haga —Jason sonrió—. Además es una muchacha atractiva, en cuya compañía disfruto.
    —Me estaba preguntando —gruñó Kerk— si llegaría a mencionar esa última razón. Sin embargo, las otras tienen sentido, por tanto no voy a discutir. Arreglaré una sustitución para Meta y haré que envíen a la muchacha aquí. Hay muchos edificios sellados que pueden usar.

    Después de hablar a uno de los auxiliares del despacho exterior, Kerk hizo unas llamadas. Las órdenes exactas fueron transmitidas rápidamente. Jason observaba todo ello con interés.

    —Perdone usted por preguntar —dijo finalmente—. Pero, ¿es usted el dictador de este planeta? No hace más que castañear con los dedos y todos saltan.
    —Supongo que así parece —reconoció Kerk—. Pero eso es una imagen falsa. Nadie tiene pleno mando en Pyrrus, ni hay nada que se asemeje a un régimen democrático. Al fin y al cabo, nuestra población total es aproximadamente del número de una división del ejército. Todos hacen el trabajo para el cual están mejor cualificados. persas actividades están repartidas por departamentos de los cuales está encargada la persona más calificada. Yo dirijo Coordinación y Suministros, que es la sección más indefinida. Llenamos los huecos entre departamentos y manejamos gestiones de fuera del planeta.

    Meta llegó entonces y habló a Kerk. No hizo caso en absoluto de la presencia de Jason.

    —Me han relevado y enviado aquí —dijo—. ¿De qué se trata? ¿Un cambio en la lista de vuelos?
    —Podríamos llamarlo así —dijo Kerk—. Desde ahora cesa de todas sus tareas habituales y es destinada a un nuevo departamento, de Investigación e Indagación. Ese hombre de aspecto cansado de ahí es el jefe de su departamento.
    —Sentido del humor —dijo Jason—. Del único nativo de Pyrrus que lo tiene. Enhorabuena, todavía hay esperanza.
    —No comprendo —Meta miró de aquí para allá entre los dos—. No lo puedo creer. Quiero decir un nuevo departament... ¿por qué? —estaba nerviosa y conturbada.
    —Lo siento —dijo Kerk—. No quise ser cruel. Pensé que quizás usted estaría más cómoda. Lo que he dicho es cierto. Jason tiene una idea —o puede tenerla— de inmenso valor para Pyrrus. ¿Quiere usted ayudarlo?
    —¿Tengo que hacerlo? ¿Es una orden? —Meta había recobrado la serenidad. Y un poco de ira—. Usted sabe que tengo trabajo que hacer. Estoy segura que se dará cuenta de que es más importante que nada que una persona de fuera del planeta pueda imaginar. El realmente no puede comprender...
    —Sí. Es una orden —la energía había retornado a la voz de Kerk. Meta se sonrojó por la viveza del tono.
    —Tal vez yo pueda explicarlo —interpuso Jason—. Al fin y al cabo, todo el asunto es idea mía. Pero primero quisiera tu cooperación. ¿Quieres quitar el cargador de tu pistola y entregarlo a Kerk?

    Meta parecía estar asustada, pero Kerk asintió con expresión grave.

    —Sólo por unos momentos, Meta. Tengo mi pistola, por tanto usted estará segura aquí. Creo que sé lo que Jason está pensando, y por experiencia personal temo que tiene razón.

    De mala gana Meta pasó el cargador y quitó la bala de la recámara de la pistola. Sólo entonces Jason se explicó.

    —Tengo una teoría sobre la vida en Pyrrus, y temo que tendré que destruir algunas ilusiones cuando lo explique. Para empezar, debe reconocerse el hecho de que su gente está perdiendo la guerra aquí lentamente y eventualmente pueden ser aniquilados...

    Antes que Jason estuviera a mitad de la frase, la pistola de Meta estaba apuntando entre sus ojos y la muchacha estaba apretando fieramente el gatillo. Sólo había odio y repulsión en su expresión. Ese era el pensamiento más terrible del mundo para Meta. Que esta lucha a la que todos ellos consagraran sus vidas estuviera ya perdida.

    Kerk asió a Meta de los hombros y la sentó en su sillón, antes de que ocurriera algo peor. Pasó algún tiempo antes que la muchacha pudiera calmarse suficientemente como para escuchar las palabras de Jason. No es fácil el admitir que te han destruido las racionalizaciones cuidadosamente elaboradas durante toda una vida. Sólo el hecho de que Meta hubiera visto algo de otros mundos le permitía escuchar.

    La luz de la locura seguía todavía en sus ojos cuando Jason hubo acabado, explicándole las cosas que él y Kerk habían discutido. Ella seguía sentada, llena de tensión, abalanzándose hacia las manos de Kerk como si ellas fueran las únicas cosas que le impedían saltar sobre Jason.

    —Quizás es demasiado para asimilarlo en una sola sesión —dijo Jason—. Por tanto expresémoslo en términos más sencillos. Creo que podemos encontrar una razón para este implacable odio a los humanos. Tal vez no olemos bien. Quizás encuentre una esencia de sabandijas pyrranas trituradas que nos hagan inmunes cuando nos frotemos con ella. Todavía no lo sé. Pero sean cuales fueren los resultados, tenemos que efectuar la investigación. Kerk está de acuerdo conmigo en eso.

    Meta miró a Kerk y éste asintió con una seña. Los hombros de Meta se hundieron con una sensación de repentina derrota. La muchacha habló en un débil tono de voz.

    —No... puedo decir que estoy de acuerdo, o tan siquiera que comprendo todo lo que has dicho. Pero te ayudaré. Si Kerk cree que eso es lo razonable.
    —Lo creo —dijo él—. ¿Quieres que te devuelva el cargador de tu arma? ¿No dispararás más sobre Jason? —Fue una estupidez por mi parte —dijo ella fríamente mientras recargaba su arma—. Si tuviese que matarlo, lo podría hacer con mis manos desnudas.
    —Yo también te quiero, amor —Jason le sonrió.
    —¿Estás preparada?
    —Naturalmente —respondió Meta, arreglándose un mechón de su cabello—. Primero tendremos que encontrar un sitio donde puedas quedarte. Yo me ocupo de eso. Después, del trabajo del nuevo departamento te encargas tú.


    CAPITULO X


    Bajaron la escalera en un frío silencio. En la calle, Meta destruyó un ave de aguijón que no podía haberlos atacado. Hubo un airado placer en la acción. Jason decidió no reprenderla por malgastar munición. Valía más que disparara contra un ave que sobre él.

    Había espacios vacíos en uno de los edificios para ordenadores. Estos estaban herméticamente sellados para mantener lejos de los delicados aparatos a los animales de Pyrrus. Mientras Meta sacaba una cama de ruedas de los almacenes, Jason entraba penosamente un escritorio, una mesa y sillas desde un despacho vacío cercano. Cuando Meta regresó con un colchón neumático, Jason cayó inmediatamente sobre él con un suspiro agradecido. El labio de Meta se frunció un poquito ante la obvia debilidad de Jason.

    —Acostúmbrate al espectáculo —dijo Jason—. Pienso hacer tanto como pueda de mi trabajo mientras me mantengo en posición horizontal. Tú serás mi fuerte brazo derecho. Y ahora mismo, brazo derecho, desearía me pudieras proporcionar algo para comer. También pienso hacer la mayor parte de mis comidas en la posición tumbada ya dicha.

    Resoplando con repugnancia, Meta salió de estampida. Mientras estaba fuera, Jason mascó el cabo de un bolígrafo de un modo pensativo, luego hizo unas cuidadosas anotaciones.

    Después que hubieron terminado la casi insípida comida, Jason empezó la investigación.

    —Meta, ¿dónde puedo encontrar registros históricos de Pyrrus? Toda clase de información sobre los primeros tiempos de les colonizadores de este planeta.
    —Nunca he oído hablar de nada semejante a eso. Realmente no sé...
    —Pero tiene que haber algo, en alguna parte —insistió Jason—, Aun cuando su sociedad en nuestros días dedique la totalidad de su tiempo y energías a la supervivencia podemos estar seguros de que no siempre fue de ese modo. Todo el tiempo que se estuvo desarrollando su cultura la gente llevó registros, hizo anotaciones. Pero, ¿dónde buscaremos? ¿Tenéis una biblioteca aquí?
    —Por supuesto —dijo Meta—. Tenemos una excelente biblioteca técnica. Pero estoy segura que no habrá nada de eso.

    Procurando no lanzar ningún quejido, Jason se levantó.

    —Déjame ser el juez de eso. Sólo ves por delante.

    La busca en la biblioteca fue una operación completamente automática. Un índice proyectado daba el número de llamada para cualquier texto que hubiera de ser consultado. La cinta era entregada treinta segundos después que hubiera sido marcado el número. Las cintas devueltas eran metidas en un carrete y guardadas de nuevo automáticamente. El mecanismo funcionaba de un modo perfectamente uniforme.

    —Maravilloso —dijo Jason, apartándose del índice—. Un homenaje al ingenio tecnológico. Sólo que no contiene nada de valor para nosotros. Únicamente pilas de libros de texto.
    —¿Y qué otra cosa debiera haber en una biblioteca? —Meta parecía estar perpleja.

    Jason empezó a dar explicaciones, luego cambió de opinión.

    —Más tarde investigaremos eso —dijo—. Mucho más tarde. Ahora hemos de encontrar una dirección. ¿Es posible que haya algunas cintas —o hasta libros impresos— que no estén registrados en este aparato?
    —Parece improbable, pero podríamos preguntar a Poli. Vive en alguna parte de por aquí y está encargado de la biblioteca. Su trabajo consiste en registrar los nuevos libros y cuidar del mecanismo.

    La única puerta que conducía al fondo del edificio estaba cerrada con cerrojos.

    —Si está vivo, esto debiera conseguirlo —dijo Jason.

    Apretó el botón de fuera de servicio del tablero de mandos. Esto produjo el efecto deseado. A los cinco minutos la puerta se abrió y Poli pasó por ella moviéndose con lentitud.

    Normalmente la muerte llegaba temprano en Pyrrus. Si los achaques retardaban el desarrollo de un hombre, las siempre preparadas fuerzas de destrucción remataban prontamente la tarea. Poli era una excepción a esta regla. Sea lo que fuere lo que lo había atacado originalmente, había hecho un buen trabajo. La mayor parte del lado inferior de su cara había desaparecido. Su brazo izquierdo estaba torcido e inútil. El daño al tronco y las piernas lo había dejado con la sola capacidad para pasar de un lugar al otro dando trompicones.

    Sin embargo todavía tenía un brazo bueno y sus ojos seguían intactos. Podía trabajar en la biblioteca relevando a un hombre plenamente capaz. Cuánto tiempo había estado arrastrando su inútil cuerpo por el local, nadie lo sabía. A pesar del dolor que llenaba sus ojos de bordes enrojecidos y húmedos, había permanecido vivo. Envejeciendo, más que ningún otro pyrrano que Jason hubiera conocido. Bamboleó hacia adelante y desconectó el timbre de alarma que lo había llamado.

    Cuando Jason empezó a explicarse, el viejo no prestó atención. Sólo después que el bibliotecario hubo sacado de su ropa un audífono, Jason se dio cuenta que también era sordo. Jason explicó otra vez lo que buscaba. Poli hizo una señal de asentimiento y escribió la respuesta en una tablilla.

    «Hay muchos libros, abajo en el almacén.»

    La mayor parte del edificio estaba ocupada por los aparatos—robots de registro y clasificación. Avanzaron lentamente por entre las hileras de maquinaria, siguiendo al lisiado bibliotecario hacia una atrancada puerta del fondo. El hombre señaló hacia ella. Mientras Jason y Meta pugnaban para soltar las trancas encostradas por el tiempo, Poli hizo otra anotación en la tablilla.

    «No ha sido abierta en muchos años. Ratas.»

    Las pistolas de Jason y Meta aparecieron cautamente en sus manos mientras ellos leían el aviso. Jason terminó solo de abrir la puerta. Los dos nativos pyrranos estaban colocados de cara al ensanchado boquete. Fue bueno que estuvieran ahí. Jason no podría haber manejado lo que salió por esa puerta.

    Ni siquiera la abrió por sí mismo. Los ruidos que habían hecho frente a la puerta debieron haber atraído a todos los bichos de la parte inferior del local. Jason había soltado el último cerrojo y empezado a tirar del pomo, y entonces la puerta se abrió con fuerza desde el otro lado.

    Que se abriera la entrada al infierno y se vería lo mismo que salía. Meta y Poli estaban disparando codo a codo sobre la masa de asquerosidad que rezumaba de la puerta. Jason saltó a un lado y tiró contra el ocasional animalejo que pasaba por allí. La destrucción parecía continuar para siempre más.

    Pasaron largos minutos antes que el último animal con garras hiciera su salida de mortal empuje. Meta y Poli estaban expectantes por si había más; alegremente excitados por la oportunidad para impartir destrucción. Jason se sentía un poco angustiado después del sigiloso y feroz ataque. Una ferocidad que los pyrranos reflejaban en sus caras. Vio un rasguño en el rostro de Meta donde uno de los animales la había alcanzado. La muchacha parecía haberlo olvidado.

    Sacando su botiquín, Jason rodeó los apilados cuerpos. Algo se meneó en el medio y un rápido tiro lo inmovilizó. Luego Jason asió a la muchacha y acercó las sondas del analizador al rasguño. El aparato sonó con unos golpes secos y Meta saltó mientras la aguja de antitoxinas daba un pinchazo. Se dio cuenta por primera vez de lo que Jason estaba haciendo.

    —Gracias, no me había dado cuenta —dijo Meta—. Había tantos bichos y salían tan de prisa...

    Poli llevaba una potente linterna y, por tácito acuerdo, Jason la aguantó. A pesar de estar lisiado, el viejo era todavía un pyrrano cuando se trataba de manejar una pistola. Se abrieron paso lentamente a través de los desechos que llenaban la escalera.

    —¡Qué hedor! —dijo Jason, haciendo una mueca—. Sin estos tapones de filtro en la nariz, creo que solo el olor me mataría.

    Algo se lanzó hacia el interior del rayo de luz y un disparo lo paró en el aire. Las ratas habían estado allí mucho tiempo y protestaban por la intrusión.

    Al pie de la escalera miraron alrededor. Allí había habido libros y registros en un tiempo. Habían sido sistemáticamente mascados, roídos y destruidos durante décadas.

    —Me gusta el cuidado que tienen con sus libros viejos —dijo con disgusto Jason—. Recuérdeme de no prestarles ninguno.
    —Puede que no tuvieran ninguna importancia —dijo fríamente Meta—, o estarían bien guardados arriba en la biblioteca.

    Jason vagó tristemente por las salas. No quedaba nada de importancia. Fragmentos y trozos de documentos e impresos. No lo suficiente en un solo sitio para molestarse en reunirlo. Con la punta de una acorazada bota, golpeó airadamente un montón de deshechos, dispuesto a abandonar la búsqueda. Había un brillo de herrumbroso metal bajo la basura.

    —¡Aguanta esto!

    Jason entregó la lámpara a Meta y, olvidando el peligro por un momento, empezó a apartar los fragmentos. Apareció una lisa caja de metal con una cerradura automática embutida en ella.

    —¡Es una caja de bitácora! —dijo Meta, sorprendida.
    —Eso es lo que he pensado —dijo Jason—. Y si lo es, podemos estar de suerte al fin y al cabo.


    CAPITULO XI


    Cerrando el sótano de nuevo, llevaron la caja de vuelta al flamante despacho de Jason. Sólo después de rociarla con desinfectante la examinaron atentamente. Meta limpió unas letras grabadas en la tapa.

    —T. E. POLLUX VICTOR Y. Eso debe ser el nombre de la nave espacial de la que salió esta caja. Pero no reconozco la clase, o lo que puede significar «T.E».
    —Transporte Estelar —le dijo Jason, mientras probaba el mecanismo de la cerradura—, He oído hablar de ellas pero nunca he visto una. Fueron construidas durante la última ola de expansión galáctica. Realmente no eran nada más que gigantescos recipientes metálicos unidos en el espacio. Después de cargarlos de gente, maquinaria y pertrechos, solían ser remolcados hasta el sistema planetario que hubiera sido escogido. Estos mismos remolcadores y cohetes de un sólo disparo frenaban a la nave de transporte estelar para el aterrizaje. Luego las dejaban allí. El casco era una útil fuente de metal y los colonos podían empezar inmediatamente a construir su nuevo mundo. Y esas naves eran grandes. Todas ellas tenían capacidad para por lo menos cincuenta mil personas.

    Sólo después que lo dijo, Jason se dio cuenta de la importancia de sus palabras. La grave mirada de Meta lo daba a entender bien. Había ahora menos gente en Pyrrus de la que había habido durante la colonización original.

    Y la población humana, sin controles de la natalidad rigurosos, usualmente aumentaba en proporción geométrica. Jason recordaba el picante dedo del gatillo de Meta.

    —Pero no podemos estar seguros de cuántas personas había a bordo de ésta —dijo apresuradamente Jason—. Ni siquiera de que esto sea la caja de bitácora de la nave que se posó en Pyrrus. ¿Podrías encontrar algo con que abrir esto a la fuerza? La cerradura está hecha una simple masa con la corrosión.

    Meta descargó su ira sobre la caja. Sus dedos se las arreglaron para hacer una brecha por la fuerza entre la tapa y el fondo. La muchacha la dislocó. El herrumbroso metal chilló y se rasgó. La tapa se soltó en sus manos y un grueso cuaderno cayó sobre la mesa.

    La inscripción de la cubierta destruía todas las dudas. CUADERNO DE BITACORA DE LA NAVE DE TRANSPORTE ESTELAR «POLLUX VICTORY». CON RUMBO A UN PUERTO EXTRANJERO DE SETANI A PYRRUS 55.000 COLONOS A BORDO.

    Meta no podía argumentar ahora. Permanecía detrás de Jason con los puños apretados y leía por encima de su hombro mientras él volvía las frágiles y amarillentas hojas. Rápidamente pasó la parte inicial que abarcaba los preparativos del despegue y la travesía. Sólo cuando hubo llegado al momento del aterrizaje empezó a leer despacio. El impacto de las antiguas palabras saltó sobre él.

    —¡Aquí está! —gritó Jason—. La prueba positiva de que estamos en el buen camino. Hasta tú tendrás que reconocer eso. Léelo, aquí mismo.

    «...desde el segundo día que partieron los remolcadores, hemos quedado completamente solos. Los colonos todavía no se han acostumbrado a este planeta, aun cuando tenemos charlas de orientación cada noche. Tanto como los encargados de la propaganda a los que he estado machacando veinte horas al día. Creo que realmente no puedo censurar a la gente; todos ellos vivían en los subterráneos de Setani y dudo que vieran el sol una sola vez al año. Este planeta tiene un clima extremo, peor que todo lo que he visto en un centenar de otros planetas. ¿Me equivoqué durante las etapas del planteamiento original no insistiendo en llevar colonos de uno de los mundos agrarios? Gente que pudiera manejarse en campo raso. Estos setanianos de ciudad temen salir con la lluvia. Pero por supuesto se adaptaron completamente al 1,5 de gravedad de su planeta nativo de modo que el 2 G de aquí no les molesta demasiado. Eso fue el factor que nos decidió. De cualquier modo, es demasiado tarde ya para hacer nada sobre ello. O sobre el perpetuo ciclo de lluvia, nieve, granizo, huracanes y cosas semejantes. La solución será explotar las minas para poder vender los metales y construir ciudades climatizadas.
    »Lo único de este abandonado planeta que no está realmente contra nosotros son los animales, unos cuantos depredadores al principio, pero los guardas acabaron pronto con ellos. El resto de las formas de vida silvestre no nos molestan. ¡Me alegro por eso! Han estado luchando por la existencia tanto tiempo que nunca he visto un conjunto de aspecto más mortífero. Hasta los pequeños roedores no más grandes que la mano de un hombre están acorazados como tanques...»

    —No creo una palabra de eso —interpuso Meta—. No puede ser sobre Pyrrus eso que está diciendo... —sus palabras se extinguieron gradualmente mientras Jason mudamente señalaba a la inscripción de la cubierta.

    Jason continuó examinando las páginas, pasándolas rápidamente. Un párrafo le llamó la atención y se detuvo. Apretando el dedo contra el lugar de referencia leyó en voz alta.

    «...y siguen acumulándose las dificultades. Primero Har Palo con su teoría de que el vulcanismo está tan cerca de la superficie que el suelo se mantiene caliente, y las mieses crecen muy favorablemente. Aun cuando tenga razón, ¿qué podemos hacer? Debemos contar con nosotros mismos si queremos sobrevivir. Y ahora esta otra cosa. Parece ser que el fuego del bosque impelió a una gran cantidad de nuevas especies en nuestra dirección. Animales, insectos y hasta aves han atacado a la gente. (Nota para Har. compruebe si la posible migración periódica podría explicar los ataques). Ha habido catorce muertes por heridas y envenenamiento. Tendremos que observar las reglas para aplicación de lociones contra los insectos en todas las ocasiones. Y, supongo, construir alguna clase de defensa en el perímetro para impedir que los animales más grandes entren en el campamento».

    —Esto es un principio—dijo Jason—. Al menos ahora conocemos el verdadero carácter de la lucha en que estamos empeñados. No hace a Pyrrus más fácil de manejar, ni hace a las formas de vida menos peligrosas, saber que en otro tiempo estuvieron mejor dispuestas para con el género humano. Todo lo que esto hace es mostrar el camino. Algo se posesionó de las tranquilas formas de vida, las agitó, y convirtió a este planeta en una gran trampa de muerte para el género humano. Ese algo es lo que quiero descubrir.


    CAPITULO XII


    Una posterior lectura del cuaderno de bitácora no mostró ninguna nueva evidencia. Había mucha más información sobre la primitiva vida de los animales y las plantas y cuán destructivos eran estos, tanto como sobre las primeras medidas de protección contra ellos. Interesante históricamente, pero de ninguna utilidad para hacer frente a la amenaza. El capitán evidentemente no creía que las formas de vida se estuvieran alterando en Pyrrus, creyendo en vez de ello que estaban descubriendo nuevas especies. No vivió para cambiar de opinión. La última anotación en el cuaderno, menos de dos meses después del primer ataque, era muy breve. Y con un carácter diferente de letra.

    «El capitán Kurkowski ha muerto hoy, por envenenamiento causado por la picadura de un insecto. Su muerte es muy lamentada.»

    El «por qué» del repentino cambio planetario todavía tenía que ser descubierto.

    —Kerk debe ver este cuaderno —dijo Jason—. Debiera tener alguna idea de los resultados que se van obteniendo. ¿Podemos conseguir transporte, o vamos andando hasta la casa municipal?
    —Andando, por supuesto —dijo Meta.
    —Entonces lleva el cuaderno tú. Con 2 ges de gravedad encuentro muy difícil ser un caballero y llevar los paquetes.

    Acababan de entrar en el despacho exterior de Kerk cuando un agudo alarido brotó de la pantalla del teléfono. A Jason le llevó un momento darse cuenta de que era una señal acústica, no una voz humana.

    —¿Qué es eso? —preguntó.

    Kerk pasó por la puerta de repente y se adelantó hacia la entrada de la calle. Todos los hombres de la oficina iban en la misma dirección. Meta parecía estar azarada, ladeándose hacia la puerta, luego mirando a Jason de nuevo.

    —¿Qué significa eso? ¿No me lo puedes decir? —insistió Jason, sacudiendo el brazo de Meta.
    —Alarma en el sector. Un ataque a gran escala a través del perímetro defensivo. Debemos acudir todos, excepto los guardias de otras partes del perímetro.
    —Bien, vete pues —dijo Jason—. No te inquietes por mí. No me pasara nada.

    Sus palabras obraron como una descarga. La pistola de Meta estaba en su mano y la muchacha se había ido antes que Jason hubiera terminado de hablar. Jason se sentó fatigadamente en la desierta oficina.

    El anormal silencio del local empezaba a desesperarlo. Trasladó su silla hasta donde estaba la pantalla del teléfono e hizo girar el disco del aparato para conectarlo. La pantalla se llenó de color y sonido. Al principio Jason no pudo comprender nada de ellos en absoluto. Había sólo un confuso revoltillo de rostros y voces.

    Era una especie de canal múltiple destinado a uso bélico. Un número de imágenes eran mantenidas sobre la pantalla a un mismo tiempo, hileras de cabezas o confusos fondos donde el que la usaba había salido del campo de visión. Muchas de las cabezas estaban hablando al mismo tiempo y el parloteo de sus voces no tenía ningún sentido.

    Después de examinar los mandos y hacer unas cuantas pruebas, Jason empezó a comprender el funcionamiento. Aun cuando todas las estaciones estaban en la pantalla en todas las ocasiones, sus canales de audición podían ser regulados. De esa manera dos, tres o más estaciones podían ser reunidas en un enlace. Estarían en comunicación la una con la otra, pero no fuera de contacto con las demás estaciones.

    La identificación entre la voz y el sonido era automática. Siempre que una de las imágenes proyectadas hablaba, la imagen tomaba un vivo color rojo. A fuerza de ensayos y errores, Jason captó el canal de audición para las estaciones que quería y trató de seguir el curso del ataque.

    Muy pronto se dio cuenta que esto era algo fuera de lo corriente. De algún modo, nadie lo aclaró, había sido rota un área del perímetro y tuvieron que levantar defensas de emergencia para encapsularla. Kerk parecía estar a cargo de ello, al menos era el único con un transmisor general. Lo usaba para dar órdenes a todos los grupos.

    Las persas y menudas imágenes se desvanecieron y el rostro de Kerk apareció por encima de ellas, ocupando la pantalla entera.

    —Todas las unidades del perímetro envíen el 25 por ciento de su dotación al área 12.

    Las pequeñas imágenes reaparecieron y el parloteo aumentó, con luces rojas fluctuando de rostro a rostro.

    —...abandonen el primer piso, las bombas de sílice no pueden alcanzarlo.
    —Si aguantamos seremos interceptados, pero el ángulo saliente de la fortificación está más allá de nosotros en el flanco occidental. Pidan ayuda.
    —NO MERW... ¡ES INUTIL!
    —...y los tanques de napalm están casi agotados

    ¿Instrucciones?

    —El camión está todavía ahí, mándenlo al almacén de provisiones, encontrarán los materiales que necesitan reponer.

    Del barullo de la conversación, sólo los dos últimos fragmentos tenían algún sentido. Jason había observado los indicios abajo cuando entró. Los primeros dos pisos de la casa debajo de él estaban atestados de pertrechos bélicos. Esta era su oportunidad para entrar en acción.

    Estar ahí sentado y observar era frustrante. Particularmente cuando había una terrible emergencia. No se sobrevaloraba, pero estaba seguro de que siempre habría sitio para otra pistola.

    Cuando hubo bajado lentamente hasta el nivel de la calle, un camión de turbina había parado de golpe frente a la plataforma de caiga. Dos pyrranos estaban sacando barriles de napalm que hacían rodar con atrevido desprecio por su propia seguridad. Jason no osó entrar en ese remolino de metal rodante. Encontró que podía ser de ayuda metiendo los pesados barriles en el camión mientras los otros los hacían subir rodando. Aceptaron su ayuda sin agradecimiento.

    Era un trabajo agotador y agobiante el arrastrar los pesados barriles contra la fuerte gravedad. Un minuto después, Jason trabajaba con el tacto a través de una roja niebla de golpeante sangre. Se dio cuenta que la tarea estaba acabada sólo cuando el camión arrancó de repente y él fue lanzado al suelo. Yacía allí, su pecho levantándose y bajando alternativamente. Mientras el pesado vehículo cogía velocidad, todo lo que Jason pudo hacer fue levantarse rápidamente y saltar al fondo. Podía ver bastante bien, pero estaba todavía jadeando cuando frenaron en la zona de lucha.

    Para Jason, fue una escena de increíble confusión.

    Armas disparando, llamas, hombres y mujeres corriendo por todos lados. Los barriles de napalm fueron descargados sin su ayuda y el camión desapareció para ir a buscar más. Jason se arrimó a una pared de una casa medio destruida y trató de orientarse. Era imposible. Parecía haber un gran número de animalejos; mató a dos que lo atacaron. No pudo hacer más que eso, no le fue posible determinar el carácter de la lucha.

    Un pyrrano, su tostado rostro, pálido por el dolor y el esfuerzo, subió dando un traspiés. El brazo derecho, húmedo de carne viva y goteando sangre, colgaba fláccidamente al costado. Estaba cubierto con espuma quirúrgica recientemente aplicada. El hombre sostenía la pistola con la mano izquierda, un cabo de cable de control pendiendo de ella. Jason creyó que el pyrrano estaba buscando asistencia médica. No podía haber estado más equivocado.

    Agarrando la pistola con los dientes, el pyrrano asió un barril de napalm con la mano útil y lo lanzó de lado. Luego, con la pistola otra vez en la mano, empezó a hacer rodar el barril por el suelo con los pies. Era una faena lenta y pesada, pero el hombre estaba todavía en la lucha.

    Jason se abrió paso a empujones a través de la agitada muchedumbre y se encorvó sobre el barril.

    —Déjeme hacerlo —dijo—. Usted puede protegernos a los dos con la pistola.

    El hombre se quitó el sudor de la frente con el dorso del brazo y miró a Jason. Pareció reconocerlo. Mientras sonreía su gesto era de dolor, vacío de humorismo.

    —Sí, hágalo. Yo puedo todavía disparar. Dos medios hombres... quizás igualemos a un entero.

    Jason se estaba afanando con demasiado empeño para ni tan siquiera advertir la injuria.

    Una explosión había abierto un hoyo en la calle del frente. Dos personas estaban en el fondo, ahondándolo aún más con palas. Toda la cosa parecía insensata. Al tiempo que Jason y el hombre herido avanzaban haciendo rodar el barril, los cavadores salieron del hoyo de un salto y empezaron a disparar hacia el fondo. Uno de ellos se giró, una chica, que escasamente tendría catorce años.

    —¡Alabado sea el perímetro! —resolló la muchacha—. Encontraron el napalm. Uno de los nuevos horrores se está abriendo camino hacia el área 13, acabamos de encontrarlo.

    Mientras hablaba hizo girar el barril, quitó el tapón de un puntapié, y empezó a verter el helado contenido dentro del hoyo. Cuando hubo echado la mitad de él, la muchacha tiró al mismo barril adentro de una patada. Su compañero se sacó una caja de material combustible del cinturón, la encendió, y la echó al hoyo.

    —Retrocederán rápidamente. No les gusta el calor —dijo el compañero.

    Esto era un decir. El napalm prendió, lenguas de fuego y ondulante y grasoso humo subieron hacia el cielo. Bajo los pies de Jason el suelo se movía y andaba. Algo negro y largo se meneó en el corazón de la llama, luego se elevó hacia el cielo formando un arco por encima de sus cabezas. En medio del calor abrasador todavía se movía con extraños y bruscos meneos. Era inmenso, por lo menos de dos metros de espesor y sin ninguna indicación en cuanto a su longitud. Las llamas no lo pararon, sólo lo confundieron.

    Jason tenía alguna idea de la longitud de esa cosa mientras la calle se abría y se doblaba por espacio de cincuenta metros a cada lado del hoyo. Grandes curvas del animal empezaron a brotar del suelo. Jason descargó la pistola, como hicieron los otros. No pareció hacer ningún efecto. Más y más gente estaba apareciendo, armada con una variedad de armas. Los lanzallamas y las bombas parecían ser las más eficaces.

    —Salgan del área, vamos a saturarla. Retírense.

    La voz era tan fuerte que hizo vibrar el tímpano de Jason. Jason se volvió y reconoció a Kerk, que había llegado con más camiones cargados con napalm y otros explosivos. Llevaba un altavoz a la espalda, el micrófono colgado frente a los labios. Su voz amplificada produjo una inmediata reacción en los combatientes. Empezaron a moverse.

    Había aún dudas en la mente de Jason referente a lo que debía hacer. ¿Salir del área? Pero, ¿de qué área? Se adelantó hacia Kerk, antes que se diera cuenta de que el resto de los pyrranos estaban yendo en la dirección contraría. Hasta bajo la presión de dos gravedades, corrían ligeros.

    Jason experimentó la clara sensación de quedar solo en escena. Estaba en el medio de la calle, y los otros habían desaparecido. No quedaba nadie. Excepto el hombre herido el cual Jason había ayudado. Este fue hacia Jason dando trompicones, agitando el brazo útil. Jason no pudo entender lo que dijo. Kerk estaba gritando órdenes desde uno de los camiones. Estos habían empezado a moverse también. Jason notó, de golpe, lo desesperado de la situación y empezó a correr.

    Era demasiado tarde. Por todos lados el suelo estaba abollándose y resquebrajándose a medida que más bucles de la cosa subterránea forzaron su paso hacia la luz. La seguridad estaba adelante. Frente a él se alzaba un arco gris incrustado con suciedad.

    Hay segundos de tiempo que parecen durar una eternidad. Un momento de tiempo subjetivo que se alarga y extiende hasta una distancia infinita. Este era uno de esos momentos. Jason se paró, helado. Hasta en el cielo el humo colgaba inmóvil. El bucle alzado en alto, de extraña vida alienígena, estaba delante de él, cada detalle de una claridad punzante.

    Del grosor de un hombre, con costillas y gris como vieja corteza de árbol. Multitud de zarzillos le sobresalían por todas partes, prolongaciones pálidas y entrelazadas que se retorcían despacio con movimientos reptilescos. De forma de planta, pero que se movía con los movimientos de un animal. Y abriéndose, cuarteándose. Esto era lo peor.

    Aparecieron hendiduras y aberturas. Bocas que se abrían de repente y vomitaban una horda de pálidos animales. Jason oyó sus chillidos, agudos pero distantes. Vio los dientes semejantes a agujas que guarnecían las quijadas.

    El terror de lo desconocido lo mantenía paralizado allí. Como si estuviera muerto. Kerk estaba gritándole a través del altavoz, otros estaban disparando sobre el animal que atacaba. Jason no percibía nada.

    Luego, avanzaba rápidamente, empujado por un hombre duro como una roca. El hombre herido estaba todavía allí, tratando de sacar a Jason. Con la pistola afianzada en las quijadas, arrastró a Jason con el brazo útil hacia el animal. Los otros cesaron de disparar. Vislumbraron la idea, y ciertamente era buena.

    Una anilla de la animada masa formó bóveda en el aire, dejando una abertura entre su cuerpo y el suelo. El pyrrano herido aseguró los pies y tensó los músculos. Usando una sola mano, con un único empujón, levantó a Jason del suelo y lo lanzó bajo el arco animado. Zarcillos en movimiento rozaron su rostro como abrasadoras llamas, luego Jason se había escapado, y estaba rodando por el suelo. El pyrrano herido saltó detrás de él.

    Era demasiado tarde. Había habido una oportunidad para que huyera una sola persona. El pyrrano lo podía haber hecho fácilmente; en vez de ello había empujado primero a Jason. La cosa, percibió movimiento cuando Jason rozó los zarcillos. El animal descendió y sujetó al hombre bajo su peso. El pyrrano desapareció del alcance de la vista a medida que los zarcillos se arrollaban alrededor de él y los animalejos pululaban. El gatillo de su pistola debió ponerse en posición de tiro automático porque el arma siguió disparando mucho después que el hombre debiera estar muerto.

    Jason se arrastró. Algunos de los animalejos con garras corrieron hacia él, pero fueron muertos a tiros. Jason era ajeno a esto. Luego unas rudas manos lo levantaron y tiraron de él, haciéndolo avanzar. Jason cayó en el interior de un camión y el rostro de Kerk, rojo de ira, estaba en frente del suyo. Uno de los gigantescos puños se cerró sobre la pechera de Jason; luego su cuerpo fue alzado y sacudido como un flojo saco de trapos. Jason no protestó y no lo podría haber hecho aun cuando Kerk lo hubiera matado.

    Cuando fue tirado al suelo, alguien lo recogió y lo metió en la parte de atrás del camión. Jason no perdió el sentido mientras el camión arrancaba, pero no se podía mover. En un momento la fatiga se iría y él se incorporaría. Sólo estaba un poco cansado, eso era todo lo que le ocurría. Mientras que pensaba esto, se desvaneció.


    CAPITULO XIII


    Igual que en los viejos tiempos —dijo Jason cuando Brucco entró en el cuarto con una bandeja de comida. Sin una palabra Brucco sirvió a Jason y a los heridos de las otras camas, luego se fue—, Gracias —voceó Jason mientras el hombre se retiraba.

    Una humorada, un quiebro de una sonrisa burlona, como era habitual. Ciertamente. Pero aun mientras sonreía y los labios modelaban una burla, Jason los sentía como una capa exterior. Algo emplastado con una animación propia. Por dentro estaba entumecido e inamovible. Su cuerpo estaba tieso mientras los ojos todavía observaban a esa bóveda de extraña carne que descendía y ahogaba al pyrrano manco con su millón de ardientes dedos.

    Podía sentirse a sí mismo debajo de la bóveda. Al fin y al cabo, ¿no había ocupado el hombre herido su lugar? Terminó la comida sin darse cuenta que comía.

    Desde esa mañana, en que había recobrado el sentido, había sido de este modo. Reconocía que debiera haber muerto allá fuera en esa calle desgarrada por la lucha. Su vida debiera haberse extinguido, por caer en. el error de creer que podía realmente ayudar a los combatientes pyrranos. En vez de molestar y obstruir el paso. Si no hubiera sido por Jason, el hombre del brazo lastimado habría sido traído aquí a la segundad de los locales de reacondicionamiento. Reconocía que estaba yaciendo en la cama que pertenecía a ese hombre.

    El hombre que había dado su vida por la de Jason.

    El hombre cuyo nombre ni siquiera conocía.

    Había drogas en la comida y lo hicieron dormir. Los cojines medicinales absorbieron el dolor y la crueldad de las quemaduras donde los tentáculos habían chamuscado su rostro. Cuando despertó la segunda vez, el contacto con la realidad había sido restablecido.

    Un hombre había muerto para que él pudiera vivir. Jason se encaró con el hecho. No podía restituir esa vida, por más que quisiera. Lo que sí podía hacer era dar valor a la muerte de ese hombre. Si se podía decir que alguna muerte era valiosa... Obligó a sus pensamientos a salir de esa vía.

    Jason sabía lo que tenía que hacer. Su trabajo era aún más importante ahora. Si podía resolver el enigma de este mundo mortífero, podría pagar en parte la deuda que tenía.

    Incorporarse hizo que la cabeza le diera vueltas y se pegó al lado de la cama hasta que disminuyó su mareo. Los otros del cuarto no hicieron caso de él mientras lenta y penosamente se ponía la ropa. Brucco entró, vio lo que Jason estaba haciendo, y salió otra vez sin una palabra.

    Vestirse le llevó mucho tiempo, pero finalmente lo hizo. Cuando Jason salió de la sala encontró a Kerk espetándolo allí.

    —Kerk, quiero explicarle...
    —¡No me explique nada! —el estruendo de la voz de Kerk rebotó del techo y las paredes—. Yo le explicaré a usted. Se lo digo una vez y esa será la última. No tienen necesidad de usted en Pyrrus, Jason dinAlt, ni usted ni sus preciosos y extraños proyectos se necesitan aquí. Dejé que usted me convenciera una vez con su retorcida palabra. Lo ayudé a expensas de trabajos más importantes. Debiera haber sabido cuál sería el resultado de su «lógica». Ahora he comprendido. Welf murió para que usted pudiera vivir. Valía dos veces más como hombre de lo que usted nunca valdrá.
    —¿Welf? ¿Era ese su nombre? —preguntó Jason con tropiezos—. No sabía...
    —Usted ni siquiera lo sabía —los labios de Kerk se retiraron de los dientes con una mueca de disgusto—. Ni siquiera conocía su nombre, sin embargo el hombre murió para que usted continuara su miserable existencia.

    Kerk escupió, como si las palabras dieran un soez sabor a su lenguaje, y se dirigió hacia la puerta de salida pisando con furia. Casi como una idea tardía, se volvió hacia Jason.

    —Usted permanecerá aquí dentro de los edificios sellados hasta que regrese la nave dentro de dos semanas. Luego saldrá de este planeta para no volver. Si no lo hace lo mataré al instante. Con placer —Kerk traspuso la puerta.
    —Espere —gritó Jason— Usted no puede decidir así como así. Ni siquiera ha visto la evidencia que he descubierto. Pregunte a Meta... —la puerta se cerró con estrépito y Kerk desapareció.

    Todo el asunto era estúpido. La ira empezaba a sustituir a la inútil desesperación de un momento antes. Lo estaban tratando como a un niño irresponsable, la importancia de su hallazgo del cuaderno de bitácora completamente ignorada.

    Jason se volvió y vio por primera vez que Brucco estaba parado allí.

    —¿Ha oído eso? —le preguntó Jason.
    —Sí. Y estoy completamente de acuerdo. Puede considerarse afortunado.
    —¿Afortunado! —Jason era el colérico ahora—. Afortunado por ser tratado como un niño tonto, con desprecio por todo lo que haga...
    —He dicho afortunado —interrumpió Brucco—. Welf era el único hijo superviviente de Kerk. Kerk tenía grandes esperanzas en él, lo estaba adiestrando para ocupar su puesto con el tiempo —Brucco se volvió para irse pero Jason lo llamó.
    —Espere. Compadezco a Welf. No puedo sentirlo más sabiendo que era el hijo de Kerk. Pero al menos explica por qué Kerk está tan dispuesto a deshacerse de mí como de la evidencia que he descubierto. El cuaderno de bitácora de la nave...
    —Lo sé, lo he visto —interrumpió Brucco—. Meta lo trajo. Un documento histórico muy interesante.
    —¿Es eso todo lo que usted puede considerar? ¿Como un documento histórico? ¿Se le escapa su significado?
    —No se me escapa —respondió brevemente Brucco—. Pero no puedo ver que tenga vigencia actualmente. El pasado es inmutable y en el presente debemos defendemos. Eso basta para ocupar todas nuestras energías.

    La presión de la inutilidad se activó dentro de Jason, pugnando por encontrar un modo de liberarse. Adonde quiera que se dirigiese, sólo había indiferencia.

    Pero siguió hablando:

    —Usted es un hombre inteligente, Brucco, pero no puede ver más allá de la punta de su nariz. Supongo que es inevitable. Usted y el resto de los pyrranos son superhombres según las normas de la Tierra. Resistentes, endurecidos, invencibles, rápidos sacando la pistola. Caigan donde quiera, lo hacen de pie. Harían unos perfectos tiradores de Texas, miembros de la policía montada del Canadá, vigilantes de policía de las marismas de Venus... cualesquiera de los fabulosos luchadores fronterizos del pasado. Y creo que es ahí donde realmente pertenecen. Al pasado. En Pyrrus, el género humano ha sido empujado al límite de adaptabilidad en músculos y reflejos. Y esto es un punto muerto. El cerebro fue lo que sacó al género humano de las cavernas y lo puso de camino a los astros. Cuando empecemos a pensar con los músculos otra vez, volveremos a estar de camino a esas cavernas. ¿No es eso lo que son ustedes los pyrranos? Un manojo de hombres de las cavernas golpeando a animales en la cabeza con hachas de piedra. ¿Se paran alguna vez a pensar por qué están aquí? ¿Qué hacen y adonde van?

    Jason tuvo que detenerse; estaba agotado y jadeante. Brucco se restregó la barbilla meditando.

    —¿Cavernas? —preguntó—. Por supuesto no vivimos en cavernas ni usamos hachas de piedra. No comprendo su punto de vista en absoluto.

    Era imposible discutir, o tan sólo enojarse. Jason empezó a responder, luego se rió en vez de hacerlo. Con una risa nada jocosa. Estaba demasiado fatigado para discutir más. Seguía chocando con este mismo muro de piedra con todos los pyrranos. La suya era una lógica del momento. El pasado y el futuro eran inmutables, imposibles de conocer... y faltos de interés.

    —¿Cómo va la lucha en el perímetro? —preguntó finalmente, deseando cambiar de tema.
    —Está acabada. O en las últimas etapas al menos.

    Estaba entusiasmado mientras mostraba a Jason fotografías de los atacantes. No advirtió el reprimido encogimiento de hombros dé Jason.

    —Este fue el ataque más serio que hemos sufrido en años, pero lo detuvimos a tiempo. Aborrezco pensar lo que habría ocurrido si hubieran pasado unas semanas más sin que fuesen descubiertos.
    —¿Qué son esos animales? —preguntó Jason—. ¿Culebras gigantescas de alguna clase?
    —No sea absurdo —resopló Brucco. Golpeó ligeramente el estéreo con la uña del pulgar—. Raíces. Eso es todo. Muy modificadas, pero no obstante raíces. Se introdujeron bajo el muro del perímetro, penetrando mucho más hondo que todo lo que habíamos combatido anteriormente. No son una verdadera amenaza en sí mismas pues tienen muy poca movilidad. Mueren pronto después de cortarlas. El peligro vino al ser utilizadas como túneles de paso. Están completamente carcomidas por conductos excavados por animales, y dos o tres especies de bestias viven en una especie de simbiosis en su interior. Ahora que sabemos lo que son podemos vigilarlas. El peligro estaba en que podían haber socavado completamente el perímetro y entrado desde todos los lados al mismo tiempo. No podríamos haber hecho mucho en tal caso.

    AI borde de la destrucción. Viviendo en el borde de un volcán. Para los pyrranos era un motivo de satisfacción todo día que pasaba sin ser totalmente aniquilados. Parecía no haber modo alguno de cambiar su actitud. Jason dejó que la conversación cesara ahí. Sacó el cuaderno de bitácora del Pollux Victory de la vivienda de Brucco, y lo devolvió a su propio cuarto. Los pyrranos heridos no hicieron caso de Jason mientras se echaba en la cama y abría el cuaderno por la primera página.

    Durante dos días no salió de la sala. Los heridos se fueron pronto y Jason tuvo la habitación para él solo. Página por página examinó el cuaderno, hasta que conoció todos los detalles de la colonización de Pyrrus. Sus anotaciones y contramarcas se acumulaban. Hizo un mapa exacto del establecimiento original sobrepuesto a uno moderno. No concordaban en modo alguno.

    Era un punto muerto. Con un mapa mantenido sobre el otro, lo que había sospechado era dolorosamente claro. Las descripciones de series continuas de rocas y rasgos distintivos físicos del cuaderno de bitácora eran bastante exactas. La ciudad obviamente había sido trasladada desde el aterrizaje. Los registros que hubieran sido guardados estarían en la biblioteca, y Jason había agotado esa fuente. Toda otra cosa habría sido dejada atrás y destruida haría ya mucho tiempo.

    La lluvia azotaba la gruesa ventana por encima de su cabeza, iluminada de repente por un relámpago. Los volcanes invisibles estaban activos de nuevo, haciendo vibrar el suelo con sus rugidos en lo hondo del terreno.

    La sombra de la derrota se abatía lentamente sobre Jason. Ciñendo sus hombros y oscureciendo, todavía más, el sombrío día.


    CAPITULO XIV


    Jason pasó un día deprimido tendido en la litera repasando toda la historia y forzándose a aceptar la derrota. La orden de Kerk de que no podía salir del local sellado le ataba las manos completamente. Se sentía cerca de la solución, pero no iba a poder alcanzarla nunca.

    Un día de derrota era todo lo que podía aceptar. La actitud de Kerk era completamente emocional, sin atemperar por la más ligera sombra de lógica. Este hecho seguía hiriéndote en lo vivo hasta que Jason no pudo ignorarlo por más tiempo. El razonamiento emocional era algo de lo que había aprendido a desconfiar tempranamente en la vida. No estaba de acuerdo con Kerk en lo más mínimo, lo cual significaba que tenía que aprovechar los diez días restantes para resolver el problema. Aun cuando ello significara desobedecer a Kerk, tenía que hacerse.

    Tomó el papel de notas con renovado entusiasmo. Las primeras fuentes de información habían sido agotadas, pero debía de haber otras. Mascando el estilo y pensando con ahínco, lentamente formó una lista de otras posibilidades. Toda idea, por muy extraña que fuera, fue anotada. Cuando la hoja estuvo llena, borró los términos vagos y los imposibles, como consultar registros históricos de otro mundo. Este era un problema pyrrano y terna que ser resuelto en este planeta o no podría hacerlo.

    La lista llevaba a dos probabilidades. O registros antiguos, libretas o diarios que particulares pyrranos tuvieran en su poder, o historias verbales que hubieran sido transmitidas a las generaciones de viva voz. La primera alternativa parecía ser la más probable y Jason obró de acuerdo con ella en seguida. Después de una cuidadosa revisión del botiquín y la pistola, fue a ver a Brucco.

    —¿Qué hay de nuevo y destructivo en el mundo desde que me fui?—preguntó.
    —Usted no puede salir, Kerk lo ha prohibido —dijo Brucco, mirándole enfurecido.
    —¿Le encargó Kerk que me vigilara para ver si obedecía? —la voz de Jason era sosegada y fría.

    Brucco se restregó la mandíbula y frunció el ceño cavilando. Finalmente sólo se encogió de hombros.

    —No, no lo estoy vigilando, ni quiero esa tarea. A lo que parece, esto está entre usted y Kerk y puede permanecer de ese modo. Márchese cuando quiera. Y hágase matar en algún lugar para acabar de una vez por siempre con las molestias que nos causó.
    —Agradezco sus buenos deseos —dijo Jason—. Pero instrúyame sobre la vida salvaje.

    La única mutación nueva con el que las precauciones rutinarias no le valdrían era un lagarto color pizarra que escupía una ponzoña sumamente venenosa con mortal precisión. La muerte ocurría en cuestión de segundos si la saliva tocaba la piel desnuda. Los lagartos tenían que ser localizados y muertos antes que se acercaran demasiado. Una hora de tiro al lagarto en la cámara de adiestramiento lo hizo hábil en el procedimiento exacto.

    Jason salió de los locales sellados sin ruido y nadie lo vio marchar. Se guió por el mapa hasta las casuchas más cercanas, arrastrando los pies fatigosamente por las calles polvorientas. Era una tarde calurosa y tranquila, quebrada sólo por ruidos sordos a lo lejos, y el ocasional estampido de su pistola.

    Hacía fresco dentro del edificio de gruesas paredes, y Jason se sentó en un banco, descansando allí hasta que el sudor se secó y su corazón cesó de golpear. Luego se dirigió a la sala de recreo más cercana para empezar su investigación.

    Antes de que comenzara, la cosa estaba terminada. Ninguno de los pyrranos guardaba artefactos antiguos de ninguna clase y juzgaba que toda la idea era muy divertida. Después de la vigésima respuesta negativa, Jason estaba dispuesto a aceptar la derrota en esta línea de investigación. Había tanta probabilidad de encontrar a un pyrrano con documentos antiguos como de hallar un paquete de cartas del abuelo en la mochila de un soldado.

    Esto dejaba una única posibilidad: las historias verbales. De nuevo Jason inquirió con la misma falta de resultados. Los pyrranos ya no veían la gracia que podía tener el juego y empezaban a gruñir. Jason paró mientras estaba todavía de una pieza. El comisario le sirvió una comida que sabía a pasta de plástico y a pulpa de madera. Lo comió rápidamente luego se puso a cavilar frente a la bandeja vacía detestando aceptar otro callejón sin salida. ¿Quién le podría dar soluciones? Todas las personas a las que había hablado eran muy jóvenes. No tenían interés o paciencia para contar historias. Eso era una afición de los viejos, y no había personas de edad avanzada en Pyrrus.

    Con una sola excepción que Jason supiera, el bibliotecario, Poli. Era una posibilidad. Un hombre que trabajaba con registros y libros pudiera tener interés por algunos de los más antiguos. Hasta quizás pudiera recordar haber leído volúmenes ahora destruidos, Un indicio muy débil, realmente, pero que tenía que ser investigado.

    Encaminarse a la biblioteca casi mató a Jason. Las lluvias torrenciales hacían el suelo inseguro, y la luz opaca hacía difícil ver lo que se acercaba. Un buscapiés se aproximó lo suficiente para arrancar un trozo de carne a su pierna antes que Jason pudiera destruirlo. La antitoxina lo aturdió y perdió un poco de sangre antes de que pudiera curar la herida. Llegó a la biblioteca, agotado y colérico.

    Poli estaba trabajando en el mecanismo de uno de los aparatos para catalogar. No cesó hasta que Jason le hubo dado una palmadita en el hombro. Ajustándose el adminículo para el oído, el pyrrano se colocó en una posición tranquila, atento y encorvado, esperando a que Jason hablara.

    —¿Tiene usted documentos o cartas antiguas que haya guardado para su uso particular? Un movimiento de la cabeza, no. —¿Y qué me dice de historias... usted sabe, de grandes acontecimientos que hayan ocurrido en el pasado, y que alguien le pudiera haber contado cuando era joven?

    Negativo.

    Resultados negativos. Toda pregunta era contestada por un movimiento de la cabeza de Poli, y muy pronto el viejo se irritó y señaló al trabajo que no había terminado.

    —Sí, sé que usted tiene trabajo que hacer —dijo Jason— Pero esto es importante.

    Poli movió la cabeza airadamente y alargó la mano para apartar el adminículo del oído. Jason buscó tanteando una pregunta que recibiera una respuesta más positiva. Había algo que estaba tirando de su pensamiento, una palabra que había oído y anotado, para ser examinada más tarde. Algo que Kerk había dicho...

    —¡Ya lo tengo! —tenía la palabra ahí, en la punta de la lengua—. Un momento, Poli, sólo una pregunta más. ¿Qué es un «removedor»? ¿Ha visto alguna vez uno o sabe qué hacen, o dónde pueden ser encontrados?

    Sus palabras fueron interrumpidas mientras Poli giraba y azotaba el rostro de Jason con el dorso del brazo útil. Aun cuando el hombre era viejo y lisiado, el golpe casi fracturó la mandíbula de Jason, lanzándolo a él a través del suelo con deslizante movimiento. Medio aturdido, Jason vio que Poli se dirigía hacia él cojeando, haciendo sordos y ronroneantes ruidos con su arruinada garganta, mientras lo que quedaba de su cara se retorcía y se agitaba por la ira.

    Esta no era ocasión para la diplomacia. Moviéndose tan de prisa como podía por la fuerte gravedad, arrastrando penosamente los pies, Jason se adelantó hacia la puerta cerrada. No podía competir con ningún pyrrano en una lucha mano a mano, fuera joven y menudo o viejo y lisiado. La puerta se abrió con estrépito mientras Jason pasaba, y casi se cerró sobre el rostro de Poli.

    Afuera la lluvia se había transformado en nieve y Jason caminó a través del agua nieve, restregando su dolorida mandíbula y dando vueltas al único dato que tenía. Removedor era una palabra clave; pero, ¿de qué? ¿Y a quién se atrevería a pedirle más información? Kerk era el hombre al cual había hablado del mejor modo, pero ya no podía recurrir a él. Eso dejaba sólo a Meta como una posible fuente. Quería verla en seguida, pero lo invadió una repentina fatiga. Necesitó de toda su energía para volver a los locales de la escuela, avanzando penosamente y dando trompicones.

    Por la mañana comió y salió temprano. Quedaba sólo una semana. Era imposible apresurarse y echaba maldiciones mientras arrastraba su doblemente pesado cuerpo hacia el centro de asignación. Meta estaba de servicio nocturno en el perímetro y debiera estar pronto de vuelta a su vivienda. Se encaminó allá y estaba yaciendo en la litera de Meta cuando ella llegó.

    —Sal —dijo la muchacha con voz inflexible—. ¿O te tengo que echar?
    —Paciencia, por favor —dijo Jason mientras se incorporaba—. Sólo estaba descansando aquí, esperando a que volvieras. Tengo una única pregunta, y si quieres contestarla por mí me iré y cesaré de molestarte.
    —¿Qué es? —preguntó Meta, golpeando con el pie impacientemente.

    Pero había también una sombra de curiosidad en su voz. Jason pensó cuidadosamente antes de hablar.

    —Pero no intentes disparar sobre mí. Sabes que soy un extranjero charlatán, y me has oído decir algunas cosas tremendas sin pegarme. Ahora tengo otra cosa más tremenda que decir. Hazme el favor de mostrar tu superioridad con respecto a las otras personas de la galaxia conteniéndote y no reduciéndome a simples átomos.

    La única respuesta de Meta fue un golpecito con el pie, por tanto Jason tomó aliento y se arrojó.

    —¿Qué es un «removedor»?

    Por un momento Meta estuvo callada, inmóvil. Luego miró a Jason con aversión.

    —Realmente encuentras los temas más repulsivos.
    —Puede ser —dijo Jason—, pero eso todavía no contesta mi pregunta.
    —Es... bien, la clase de cosa de las que no habla la gente.
    —Yo lo hago —le aseguró Jason. —¡Bien, yo no! Es la cosa más repugnante del mundo, y eso es todo lo que voy a decir. Habla a Krannon, pero no a mí.

    Meta lo asió del brazo, mientras hablaba y Jason fue arrastrado al pasillo. La puerta se cerró de golpe tras él y Jason musitó «Luchadora» en voz baja. Su ira se esfumó mientras se daba cuenta de que Meta le había— dado un indicio a pesar suyo. El paso siguiente, era averiguar quién o qué era Krannon.

    El centro de asignación tenía en la lista a un hombre llamado Krannon y daba el número de su teléfono y el sitio de trabajo. Estaba cerca y Jason fue allí andando. Un vasto edificio cúbico sin ventanas, con la única palabra SUMINISTROS junto a cada una de las puertas cerradas. La pequeña entrada por la que pasó consistía en una serie de mecanismos automáticos que lo rodearon con rociadas de rayos ultrasónicos, ultravioletas, antibióticos, cepillos giratorios y tres enjuagues finales. Por último fue recibido, más húmedo pero mucho más limpio, en el área central. Hombres y robots estaban apilando cajas para el transporte de mercancías y preguntó a uno de los hombres por Krannon. El hombre lo miró de arriba abajo fríamente y escupió sobre sus zapatos antes de responder.

    Krannon trabajaba solo en un espacioso local de almacenaje. Era un hombre rechoncho vestido con unos pantalones remendados cuya única expresión era de intensa tristeza. Cuando Jason entró el hombre cesó de arrastrar fardos y se sentó encima del más cercano. Los surcos de la desdicha estaban esculpidos en su rostro y parecían hacerse más profundos mientras Jason explicaba lo que buscaba. Todas las preguntas sobre la historia antigua de Pyrrus lo aburrían también y bostezaba abiertamente. Cuando Jason terminó, el hombre bostezó de nuevo y ni siquiera se molestó en responderle.

    Jason esperó un momento, luego preguntó otra vez.

    —He dicho si usted tendría libros, documentos, registros antiguos o algo por el estilo.
    —Ciertamente ha escogido el individuo adecuado para molestar, extranjero —fue la única respuesta. Después de hablarme no va a tener más que problemas.
    —¿Por qué? —preguntó Jason.
    —¿Por qué? —por primera vez, el hombre estaba animado de algún otro sentimiento aparte de la aflicción—. ¡Le diré por qué! Cometí un error una vez, uno sólo, y conseguí una condena perpetua. Para toda la vida, ¿qué le parece eso? Sólo, estando solo todo el tiempo. Hasta recibiendo órdenes de los removedores.
    —¿Removedores? ¿Qué son los removedores? —Jason se dominó, impidiendo que el júbilo se manifestara en su voz.

    La atrocidad de la pregunta detuvo a Krannon; parecía imposible que pudiera haber un hombre viviente que nunca hubiera oído hablar de los removedores. La dicha quitó parte de la tristeza de su rostro mientras se daba cuenta que tenía un oyente cautivo que escucharía sus cuitas.

    —Los removedores son traidores, eso es lo que son. Traidores a la raza humana y deben ser destruidos. Viven en la selva. Las cosas que hacen con los animales...
    —¿Quiere decir que son personas? ¿Pyrranos como usted mismo? —interpuso Jason.
    —No como yo, señor. No cometa ese error otra vez si quiere seguir viviendo. Quizás descabecé un sueño en la guardia una vez, por lo cual me gané este trabajo. Eso no quiere decir que la cosa me agrade o me agraden ellos. Hieden, realmente hieden, y si no fuera por la comida que recibimos de ellos todos morirían mañana mismo. Esa es la clase de trabajo en la que realmente podría poner el corazón.
    —Si ellos les surten de comida, ustedes deben darles algo en recíproca correspondencia.
    —Mercancías, collares de cuentas, cuchillos, los artículos usuales. Suministro lo envía en cajas de cartón y yo entrego la remesa.
    —¿Cómo? —preguntó Jason.
    —Por camión blindado hasta el sitio de la entrega. Luego retrocedo para recoger después la comida que han dejado a cambio.
    —¿Puedo acompañarlo en el próximo envío?

    Krannon frunció el ceño por un momento.

    —Sí, creo que no hay inconveniente si usted es lo bastante estúpido para venir. Puede ayudarme a cargar. Está entre cosechas ahora, por tanto el próximo viaje será de aquí a ocho días...
    —Pero eso es después que salga la nave, será demasiado tarde. ¿No puede ir antes?
    —No me cuente sus problemas, señor —gruñó Krannon, poniéndose de pie—. Es para ese tiempo que voy y no cambio la fecha por usted.

    Jason se daba cuenta que había sacado del hombre tanto como era posible en una sola entrevista. Se puso de camino hacia la puerta, luego se volvió.

    —Una cosa —pidió—. Dígame, ¿qué aspecto tienen estos salvajes, los removedores?
    —¿Cómo voy a saberlo? —clamó Krannon—. Negocio con ellos, no les hago el amor. Si alguna vez viera uno, lo tumbaría al momento de un balazo.

    Krannon dobló los dedos y la pistola saltaba hacia dentro y hacia fuera de su mano mientras lo decía. Jason salió tranquilamente.

    Mientras yacía en la litera, proporcionando descanso a su cuerpo fatigado por la fuerte gravedad, buscó un modo de hacer que Krannon cambiara la fecha de la remesa.

    Sus millones en cartas de crédito no tenían valor en este mundo sin moneda corriente. Si el hombre no podía ser convencido, tenía que ser sobornado. ¿Con qué? La mirada de Jason rozó el armario donde todavía estaba colgada su ropa de otros mundos, y tuvo una idea.

    Había llegado la mañana antes que Jason pudiera volver al depósito de provisiones; y estaba un día más cerca de su límite. Krannon no se molestó en levantar la vista de su trabajo cuando Jason entró.

    —¿Quiere esto? —dijo Jason, entregando al paria una caja lisa guarnecida en oro, con un único y gran diamante engastado en la tapa.

    Krannon gruñó y le dio vueltas en sus manos.

    —Una chuchería—dijo—. ¿Para qué sirve?
    —Bien, cuando uno aprieta este botón se tiene lumbre.

    Apareció una llama por un agujero del tope. Krannon hizo un movimiento para devolver el artefacto.

    —¿Para qué necesito una llama pequeña? Tenga, guárdelo.
    —Espere un momento —dijo Jason—. Eso no es todo lo que hace. Guando se aprieta la piedra del centro, sale una de estas cosas —una bolita negra del tamaño de su uña cayó en la palma de su mano—. Una bomba pequeña, hecha de ultranita sólida. Sólo hay que apretarla con fuerza y lanzarla. Tres segundos después explota con potencia suficiente para destruir este edificio.

    Esta vez Krannon sonrió ligeramente mientras echaba mano a la caja. Las armas destructivas y mortíferas son como un dulce para un pyrrano. Mientras que el hombre la examinaba, Jason hizo una proposición.

    —La caja y las bombas son suyas si traslada la fecha de la próxima remesa a mañana, y me deja acompañarlo.
    —Esté aquí a las 05.00 —dijo Krannon—. Salimos temprano.


    CAPITULO XV


    El camión ascendió con estruendo hasta la entrada del perímetro y se detuvo. Krannon hizo señas a los guardias a través de la ventanilla delantera, luego corrió una cortinilla metálica sobre ella. Cuando las barreras se abrieron repentinamente, el camión —realmente un gigantesco tanque blindado—empezó a avanzar despacio. Había una segunda barrera después de la primera, que no se abrió hasta que la interior estuvo cerrada. Jason miró por el periscopio del ayudante del conductor mientras la barrera exterior se alzaba. Lanzallamas automáticos fulguraron a través de la abertura, interrumpiéndose sólo cuando el camión los alcanzó. Un área agostada rodeaba la entrada del perímetro; detrás de eso comenzaba la selva. Inconscientemente Jason se tiró hacia atrás del asiento.

    Todas las plantas y animales de los cuales sólo había visto muestras, existían aquí en superabundancia. Ramas y enredaderas rodeadas de espinos se entrelazaban formando un sólido tapete a través del cual pululaba la vida silvestre. Un ruido furioso se lanzó sobre ellos; golpetazos y arañazos resonaban en el blindaje. Krannon rió y cerró el conmutador que electrificaba la parrilla exterior. Los ruidos de arañazos se fueron apagando mientras la bestia completaba su descenso a lo largo del blindaje hasta dar en el suelo.

    Era un trabajo de marcha lenta, de lenta conducción, el penetrar en la selva. Krannon tenía el rostro oculto por la cubierta del periscopio y manejaba los mandos silenciosamente. A cada kilómetro, la marcha parecía mejorar, hasta que Krannon finalmente alzó el periscopio y abrió el blindaje de la ventanilla. La selva era todavía densa y letal; pero nada parecida al área inmediatamente alrededor del perímetro. Parecía como si la mayor parte de las fuerzas letales de Pyrrus estuvieran concentradas en el área particular alrededor del asentamiento. ¿Por qué?, se preguntaba Jason. ¿Por qué este planetario, intenso y dirigido odio?

    Los motores pararon y Krannon se levantó, estirándose.

    —Hemos llegado —dijo—. Descarguemos.

    Había roca desnuda alrededor del camión, una loma redondeada que sobresalía de la selva, demasiado llana y empinada para que la vegetación se asentara. Krannon abrió los escotillones de carga y sacaron las cajas y paquetes. Cuando terminaron, Jason se desplomó, agotado, sobre la pila.

    —Vuelva adentro, partimos en seguida —dijo Krannon.
    —Usted. Yo me quedo aquí mismo.
    —Métase en el camión o lo mato —dijo Krannon, mirando a Jason fríamente—. Nadie se queda ahí fuera. Por un lado no podría vivir una hora solo. Pero peor que eso, lo atraparían los removedores. Lo matarían inmediatamente, por supuesto, pero eso no es lo importante. Usted lleva consigo equipos que no podemos dejar pasen a poder de ellos. ¿Quiere ver a un removedor con una pistola?

    Mientras el pyrrano hablaba, los pensamientos de Jason se habían proyectado hacia adelante. Esperaba que Krannon fuera tan duro de cabeza como rápido de reflejos.

    Jason contemplaba los árboles, dejando que su mirada subiera por las gruesas ramas. Aunque Krannon todavía estaba hablando, estaba consciente automáticamente de la atención de Jason. Cuando los ojos de Jason se dilataron y la pistola saltó en su mano, la propia pistola de Krannon apareció y él se giró en la misma dirección.

    —¡Allá... en la copa! —voceó Jason y disparó hacia la maraña de ramas.

    Krannon disparó también. Tan pronto como lo hizo, Jason se lanzo hacia atrás, se acurrucó hasta quedar hecho una pelota, bajando rodando la roca inclinada. Los disparos habían apagado el ruido de sus movimientos, y antes que Krannon pudiera volverse, la gravedad lo había arrastrado pendiente abajo hacia el interior del denso follaje. Crujientes ramas lo abofetearon, pero frenaron su caída. Cuando cesó de moverse, estaba perdido entre las plantas. Los disparos llegaron demasiado tarde para acertarlo.

    Yaciendo allí, cansado y magullado, Jason oía al pyrrano maldecirlo. Krannon rodeó la roca corriendo y disparó unos cuantos tiros, pero se guardó de penetrar entre los árboles. Finalmente se dio por vencido y retrocedió hacia el camión. El motor se puso en movimiento, las ruedas rechinaron y rascaron roca abajo y de nuevo hacia el interior de la selva. Hubo ruidos sordos y estampidos que se extinguieron gradualmente.

    Entonces Jason estuvo solo.

    Hasta ese instante no se había dado cuenta de cuán solo estaría. Rodeado nada más que de muerte, el camión ya lejos y fuera del alcance de la vista. Tuvo que dominar un irresistible deseo de correr tras de él. Lo que estaba hecho, hecho estaba.

    Esto era exponerse mucho, pero era la única manera de ponerse en contacto con los removedores. Eran salvajes, pero no obstante eran parte del linaje humano. Y no; habían caído tan bajo como para suspender el comercio con los pyrranos civilizados. Tenía que contactar con ellos, hacerse su amigo. Averiguar cómo se las habían arreglado para vivir seguros en este mundo de locura.

    Si hubiera habido otra manera de resolver el problema la habría aceptado; no le gustaba el papel de héroe martirizado. Pero Kerk y su ultimátum le habían obligado a adoptar un sistema que le disgustaba. El contacto tenía que hacerse aprisa y éste era el único camino.

    No se podía decir dónde estaban los salvajes, o cuándo llegarían. Si los bosques no eran demasiado letales, podía esconderse allí, escoger la ocasión para acercarse a ellos. Si lo encontraban entre los suministros, pudieran ser capaces de liquidarlo allí mismo en un típico reflejo pyrrano.

    Andando cautelosamente, se aproximó a la hilera de árboles. Algo se meneaba sobre una rama, pero desapareció mientras Jason se acercaba. Ninguna de las plantas inmediatas a uno de los árboles de grueso tronco parecía venenosa, por tanto se deslizó detrás de él. No había nada destructivo a la vista y eso le sorprendió. Dejó que su cuerpo se relajara un poquito, apoyándose en la áspera corteza.

    Algo blando y opresivo cayó encima de su cabeza, su cuerpo estaba cogido por una zarpa de acero.

    Cuanto más luchaba, más fuerte le cogía hasta que la sangre tronó en sus orejas y los pulmones gritaron por aire.

    Sólo cuando se relajó disminuyó la presión. La primera sensación de pánico disminuyó un poco en cuanto se dio cuenta de que no era un animal quien lo atacó. No sabía nada referente a los removedores, pero eran humanos, por tanto todavía tenía una posibilidad de salir airoso.

    Sus brazos y piernas estaban sujetos, la pistolera se había soltado de su brazo. Se sentía extrañamente desnudo sin ella. Las fuertes manos lo cogieron de nuevo y lo lanzaron al aire, para caer boca abajo contra algo caliente y blando. El pavor lo oprimió otra vez, pues era un gran animal de alguna clase. Y todos los animales pyrranos eran letales.

    Cuando el animal echó a andar, transportándolo, el pánico fue sustituido por una sensación de júbilo creciente. Los removedores se las habían arreglado para conseguir una tregua con por lo menos una forma de vida animal. Tenía que averiguar cómo. Si pudiera obtener ese secreto —y llevarlo de vuelta a la ciudad— justificaría todo su trabajo y su sufrimiento. Podría incluso justificar la muerte de Welf si la vieja guerra pudiera ser ralentizada o detenida.

    Los miembros fuertemente atados de Jason le dolían terriblemente al principio pero se le entumecieron al quedar sin circulación. La galopada proseguía eternamente. Jason no terna ningún medio para medir el tiempo. Un aguacero lo empapó, luego notó que su ropa desprendía vapor mientras salía el sol.

    El paseo acabó finalmente. Jason fue arrancado del lomo del animal y echado al suelo. Sus brazos quedaron libres mientras alguien desataba las ligaduras. Al reemprenderse la circulación se saturó de dolor mientras yacía allí, forcejeando para moverse. Cuando sus manos finalmente le obedecieron, las alzó hasta su rostro y desgarró la envoltura, un saco de gruesa piel. La luz lo cegó mientras respiraba ávidamente el aire puro.

    Parpadeando frente al resplandor, miró alrededor. Yacía sobre un pavimento de toscas tablas, el sol poniente reluciendo en sus ojos a través de la entrada sin puerta de la casa. Había un campo arado fuera, que se extendía siguiendo la curva de la loma hasta el borde de la selva. Estaba demasiado oscuro para ver mucho más dentro de la cabaña.

    Algo obstruyó la luz de la entrada, una figura alta semejante a un animal. Mirando con más atención Jason se dio cuenta que era un hombre de larga cabellera y barba espesa. Iba vestido con pieles; hasta sus piernas estaban envueltas con polainas de piel. Sus ojos estaban fijos sobre su cautivo, mientras que una mano acariciaba un hacha que colgaba de su cintura.

    —¿Quién es usted? ¿Qué quiere? —preguntó de repente el barbudo.

    Jason escogió sus palabras despacio, preguntándose si este salvaje tendría el mismo carácter irascible que los habitantes de la ciudad.

    —Me llamo Jason. Vengo en son de paz. Quiero ser su amigo...
    —¡Mentiras! —gruñó el hombre, y sacó el hacha de su cinturón—. Trampas inútiles. Lo vi esconderse. Esperaba matarme. Pero antes lo mataré yo.

    Probó el filo de la hoja con un calloso pulgar, luego la levantó.

    —¡Aguarde! —dijo desesperadamente Jason—. Usted no lo entiende.

    El hacha descendió.

    —Soy de otro mundo y...

    Un fuerte golpe lo estremeció mientras el hacha se hundía en la madera contigua a su cabeza. En el último instante, el hombre la había apartado bruscamente. Agarró la pechera de Jason y lo levantó hasta que sus rostros se tocaron.

    —¿Es cierto? —gritó el hombre—. ¿Es usted de otro mundo?

    Su mano se abrió y Jason cayó hacia atrás antes de que pudiera responder. El salvaje saltó por encima de él, hacia el fondo oscuro de la cabaña.

    —Khes debe estar informado de esto —dijo mientras buscaba algo en la pared. La luz brotó.

    Todo lo que Jason pudo hacer fue mirar con asombro. El hirsuto salvaje cubierto de pieles estaba manejando un aparato de radio. Los encallecidos dedos llenos de costras de mugre abrieron diestramente los circuitos de golpe, y marcaron un número.


    CAPITULO XVI


    No tenía sentido. Jason trató de conciliar el moderno aparato con los salvajes y no pudo. ¿A quién estaba llamando el hombre? La existencia de un aparato de radio significaba que había por lo menos otro. ¿Era Rhes una persona o una cosa?

    Con un esfuerzo mental, Jason reprimió sus pensamientos hasta ponerlos en orden. Había algo nuevo ahí, factores con los que no había contado. Continuó diciéndose que había una explicación para todo, una vez que uno tenía los hechos ordenados.

    Jason cerró los ojos, impidiendo que entraran los deslumbrantes rayos del sol por donde el astro atravesaba las copas de los árboles, y reconsideró los hechos. Se dividieron claramente en dos clases: los que había observado por sí mismo, y los que había sabido por los habitantes de la ciudad. Esta última clase de «hechos» los retendría, para ver si concordaban con lo que sabía. Había una buena probabilidad de que la mayor parte, o la totalidad, de ellos resultaran falsos.

    —Levántese —chirrió la áspera voz, taladrando sus pensamientos—. Nos vamos.

    Las piernas de Jason estaban todavía entumecidas y apenas podía usarlas. El barbudo resopló con disgusto y lo levantó de un tirón, apoyándolo en la pared exterior. Jason se agarró a la nudosa corteza de los troncos cuando lo dejaron solo. Miró a su alrededor, tomando impresiones.

    Era la primera vez que estaba en una granja desde que había huido de su planeta nativo. Un mundo diferente con una ecología diferente, pero la semejanza era bastante clara para Jason. Un campo recién sembrado se extendía colina abajo frente a la choza. Arado por un experto labrador. Surcos iguales y bien trazados que seguían el contorno de la ladera. Otra casa de troncos más grandes estaba junto a ésta, probablemente un granero.

    Hubo un gangoso sonido detrás de él y Jason se volvió con presteza... quedando helado. Su mano buscó la inexistente pistola y su dedo apretó un gatillo que no estaba allí.

    Algo había salido de la selva y subía silenciosamente hacia él. Tenía seis gruesas patas con pies armados de zarpas que se hundían en el suelo. El cuerpo de dos metros de largo estaba completamente cubierto de desgreñada pelusa, excepto el cráneo y los lomos. Estos estaban cubiertos con un caparazón de planchas córneas. Jason pudo ver todo esto porque la bestia estaba lo suficientemente cerca. Esperó la muerte.

    La boca del animal se abrió; en parte semejante a una rana, sobresaliendo del pelado cráneo, y mostrando dobles hileras de dientes mellados.

    —Aquí, Fido —dijo el barbudo, surgiendo de detrás de Jason y castañeando con los dedos.

    La bestia saltó hacia adelante pasando por encima del aturdido Jason, y frotó su cabeza contra la pierna del hombre.

    —Buen perrito —dijo el hombre, mientras sus dedos rascaban bajo el borde del caparazón allí donde se unía a la carne.

    El barbudo había sacado dos de las monturas del establo a las que ensilló y embridó. Jason apenas reparó en los detalles de piel tersa y largas patas, mientras subía encima de uno. Sus pies pronto estuvieron sujetos a los estribos. Cuando se pusieron en marcha, la bestia con cabeza de calavera los siguió.

    —Buen perrito —dijo Jason, y sin ningún motivo se echó a reír.

    El barbudo se volvió y lo miró con ceño hasta que Jason calló.

    Cuando entraron en la selva, oscurecía. Era imposible ver bajo el espeso follaje, y no usaron ninguna luz. Los animales parecían saber el camino. Había ruidos extraños y silbidos agudos alrededor de ellos, pero eso no molestaba demasiado a Jason. Quizás la manera automática en que el otro hombre emprendiera el viaje lo tranquilizaba. O la presencia del «perro», que sentía más bien que veía. El viaje era largo, pero no demasiado incómodo.

    El movimiento regular del animal y su propia fatiga vencieron a Jason y cayó en un sueño intranquilo, despertándose con un sobresalto cada vez que se hundía hacia adelante. Al fin, durmió incorporado en la silla. Pasaron horas de este modo, hasta que Jason abrió los ojos y vio un cuadro de luz delante de él. El viaje había acabado.

    Tenía las piernas tiesas e irritadas por el roce de la silla. Después que sus pies estuvieron fuera de las estriberas, bajar le costó un esfuerzo y casi se cayó. Se abrió una puerta y Jason entró. Sus ojos necesitaron unos momentos para acostumbrarse a la luz, hasta que pudo distinguir al hombre de la cama frente a él.

    —Venga aquí y siéntese.

    La voz era llena y fuerte, habituada a dar órdenes. El cuerpo era el de un inválido. Una manta lo cubría hasta la cintura; más arriba de ella la carne era flácida y pálida, moteada con nódulos rojos, y colgaba flojamente sobre los huesos. Parecía no quedar nada del hombre excepto la piel y el esqueleto.

    —No es muy agradable —dijo el hombre de la cama—, pero me he acostumbrado a ello —su tono cambió de repente—. Naxa ha dicho que usted era de otro mundo. ¿Es eso cierto?

    Jason hizo una señal afirmativa, y su respuesta animó al esqueleto viviente. La cabeza se alzó de la almohada y tos ojos de cercos rojos buscaron los de Jason.

    —Me llamo Rhes y soy un... removedor. ¿Quiere ayudarme?

    Jason se extrañó de la vehemencia de la pregunta de Rhes, completamente desproporcionada con el escaso volumen de su significación. Sin embargo no podía percibir ningún motivo para dar ninguna otra que la primera y clara respuesta que acudía a sus labios.

    —Por supuesto lo ayudaré, por todos los medios que pueda. Mientras ello no implique daño para ningún otro. ¿Qué necesita?

    La cabeza del enfermo había retrocedido flojamente, fatigada, mientras Jason hablaba. Pero el fuego todavía ardía en los ojos.

    —Esté seguro... no quiero dañar a otros —dijo Rhes—. Todo lo contrario. Como usted ve, sufro de una enfermedad que nuestros remedios no curan. De aquí a unos días más habré muerto. Pero he visto... que la gente de la ciudad... usa un artefacto; lo aplican sobre una herida o una mordedura de animal. ¿Tiene usted uno de estos aparatos?
    —Eso parece ser una descripción del medikit —Jason tocó un botón de su cintura que soltó el aparato médico en su mano—. Tengo el mío aquí. Analiza y trata la mayor parte...
    —¿Querría usarlo para mí? —interrumpió Rhes, su voz apremiante de repente.
    —Lo siento —dijo Jason—, Debiera haberme dado cuenta.

    Se adelantó y aplicó el aparato sobre uno de los lugares inflamados del pecho de Rhes. Apareció la luz de funcionamiento y la fina saeta de la sonda del analizador descendió. Cuando salió, el aparato zumbó, luego sonó tres veces con golpes secos mientras tres distintas agujas hipodérmicas penetraban en la piel. Después la luz se extinguió.

    —¿Eso es todo? —preguntó Rhes, mientras observaba a Jason, que devolvía el aparato a su cinturón.

    Jason hizo una señal afirmativa, luego levantó la vista y notó las húmedas huellas de lágrimas en el rostro del enfermo. Rhes se apercibió de ellas al mismo tiempo y se las quitó restregando con fuerza.

    —Cuando un hombre está enfermo —gruñó—, el cuerpo y todos sus sentidos se vuelven traidores. No creo haber llorado desde que era un niño... pero debe darse cuenta de que no es a causa de mí mismo que estoy llorando. Es por el incalculable número de víctimas de mi gente que murieron por falta de ese pequeño aparato que usted usa con tanta naturalidad.
    —Sin duda ustedes tienen medicamentos, médicos propios.
    —Médicos que usan hierbas medicinales y médicos brujos —dijo Rhes, relegando a todos ellos al olvido con un movimiento de la mano—. Los pocos hombres trabajadores y honrados se desaniman por el hecho de que los curanderos por fe pueden curar mejor usual— mente que la pócima más fuerte.

    La conversación había fatigado a Rhes. El hombre se detuvo de repente y cerró los ojos.

    Sobre su pecho, los espacios inflamados estaban ya perdiendo su irritado color a medida que las inyecciones producían su efecto.

    Jason miró de prisa alrededor de la habitación, buscando indicios que le indicaran el camino a seguir para resolver el misterio de esta gente.

    El pavimento y las paredes estaban hechas de tablas de madera unidas, libres de pintura u ornamento. Parecían simples y toscas, adecuadas sólo para los salvajes que había esperado encontrar. ¿O es que no eran toscas? La madera tenía una vasta veta semejante a una llama. Cuando Jason se acercó inclinando el cuerpo vio que se había frotado cera sobre la madera para realzar este diseño. ¿Era esto la obra de salvajes, o de artistas que procuraban sacar todas las ventajas posibles de materiales nobles? El efecto final era muy superior a la pintura pardusca y a las habitaciones con chapas de acero remachado de los pyrranos residentes en la ciudad. ¿No era cierto que los dos extremos de la escala artística tendían a la simplicidad? Los aborígenes incultos daban una sencilla interpretación de una idea clara y creaban belleza. En el otro extremo, el crítico sofisticado desechaba la excesiva prolusión de detalles y adornos y buscaba la claridad exacta del arte en el cual no existía desorden ni confusión. ¿A qué extremo de la escala estaba mirando ahora?

    Estos hombres eran salvajes, le habían dicho eso. Iban vestidos con pieles y hablaban en un farfullado y chapucero lenguaje, al menos Naxa. Rhes reconocía que prefería los curanderos por fe a los médicos. Pero, si todo esto era cierto, ¿dónde encajaba el aparato de radio en el cuadro? O el techo resplandeciente que iluminaba la habitación con una suave luz.

    Rhes abrió los ojos y miró a Jason con curiosidad, como si lo viera por primera vez.

    —¿Quién es usted? —preguntó—. ¿Y qué está haciendo aquí?

    Había una fría amenaza en sus palabras, y Jason sabía por qué. Los pyrranos de la ciudad odiaban a los «removedores» y, sin duda, el sentimiento era mutuo.

    El hacha de Naxa había demostrado eso. Naxa había entrado silenciosamente mientras ellos hablaban, y se había quedado allí con los dedos junto al mango de esta misma hacha. Jason sabía que su vida estaba aún en peligro, hasta que diera una respuesta que satisfaciera a estos hombres.

    No podía decir la verdad. Si sospecharan que estaba espiando entre ellos para ayudar a la gente de la ciudad, sería el fin. Sin embargo, tenía que ser libre para hablar del problema de la supervivencia.

    La respuesta le llegó tan pronto como hubo planteado el problema. Sólo había necesitado un momento para considerar todo esto, mientras se volvía y encarándose con el inválido, respondió en seguida. Procurando mantener la voz normal e indiferente.

    —Soy Jason dinAlt, ecólogo; por tanto ve usted que tengo las mejores razones del universo para visitar este planeta...
    —¿Qué es un ecólogo? —interrumpió Rhes.

    No había nada en su voz que indicase si planteaba la pregunta seriamente, o como una trampa. Todos los vestigios de la franqueza de su anterior conversación habían desaparecido; su voz tenía la mortífera calidad del veneno de un aguijón. Jason escogió las palabras cuidadosamente.

    —Explicado con sencillez, la ecología es la parte de la biología que examina las relaciones entre los organismos y su medio ambiente. Hasta qué punto los factores relativos al clima y otros influyen en las formas de vida, y hasta qué punto las formas de vida a su vez influyen unas en otras y en el medio ambiente.

    Jason sabía que todo eso era exacto; pero realmente sabía muy poco más sobre la materia, por lo cual siguió adelante con rapidez.

    —Oí historias sobre este planeta, y finalmente vine aquí para obtener información de primera mano. Hice cuanto trabajo pude al amparo de la ciudad, pero no bastaba. La gente allí cree que estoy loco, pero accedieron a dejarme hacer un viaje aquí.
    —¿Qué providencias tomaron para su regreso? —interrumpió Naxa.
    —Ninguna —le dijo Jason—. Parecían estar muy seguros de que me matarían inmediatamente y no tenían esperanzas de que volviera. Se negaron a dejarme marchar bajo mi propia responsabilidad y tuve que escaparme.

    La respuesta pareció satisfacer a Rhes y su rostro mostró una triste sonrisa.

    —Creerían eso, esos inútiles. No pueden avanzar un metro fuera de sus muros sin un coche blindado grande como un establo. ¿Qué le contaron sobre nosotros?

    De nuevo Jason percibió que muchas cosas dependían de su respuesta. Esta vez pensó cuidadosamente antes de hablar.

    —Bien, quizás logre que esa hacha penetre en el dorso de mi cuello por decir esto, pero he de ser sincero. Ustedes deben saber lo que piensan. Me dijeron que ustedes eran unos sucios e ignorantes salvajes, que olían. Y... bien, tenían extraños hábitos que practicaban con los animales. Que a cambio de vituallas, ellos les suministraban collares de cuentas y cuchillos...

    Los dos pyrranos rompieron a reír convulsivamente al oír esto. Rhes paró pronto, por debilidad, pero Naxa siguió riendo hasta provocarse un fuerte acceso de tos y tuvo que echarse agua sobre la cabeza con un botijo de calabaza.

    —Eso lo creo bastante bien —dijo Rhes—, Parece ser la sarta de estupideces que dirían. Esa gente no sabe nada del mundo en que viven. Espero que el resto de lo que usted ha dicho sea cierto, pero aun cuando no lo fuera, está usted en su casa. Es de otro mundo, lo sé. Ningún zarrapastroso de aquí habría levantado un dedo para salvarme la vida. Usted es el primer extranjero que mi gente haya conocido jamás y por eso es doblemente bienvenido. Lo ayudaremos por todos los medios a nuestro alcance. Mi fuerza es su fuerza. — Estas últimas palabras tenían un tono ritual y, al tiempo que Jason las repetía, Naxa hizo una seña con la cabeza para confirmar la exactitud de esto. Mientras, Jason percibió que era algo más que una frase hecha. La dependencia mutua significaba la supervivencia en Pyrrus, y sabía que estas gentes permanecían juntos hasta la muerte frente a los peligros mortales que los rodeaban. Esperaba que las palabras rituales lo encerraran dentro de esa esfera protectora.
    —Eso basta por esta noche —dijo Rhes—. La enfermedad me ha debilitado, y su remedio me ha convertido en gelatina. Usted se quedará aquí, Jason. Hay una manta, pero ninguna cama, al menos por ahora.

    El entusiasmo había sostenido a Jason hasta ahí, haciéndole olvidar los esfuerzos del largo día bajo la doble gravedad. Poco después la fatiga le asestó un golpe físico. Tenía vagos recuerdos de haber rehusado tomar alimentos y envolverse con la manta sobre el suelo. Después de eso, el olvido.


    CAPITULO XVII


    Cada centímetro cuadrado del cuerpo le dolía donde la doble gravedad había apretado su carne contra la firme madera del pavimento. Tenía los ojos legañosos y la boca llena de un indescriptible sabor que salía a ráfagas. Incorporarse le costó un gran esfuerzo y tuvo que ahogar un gruñido mientras crujían sus articulaciones.

    —Buenos días, Jason —gritó Rhes desde la cama—. Si no creyera tanto en nuestros curanderos, me vería «Aligado a decir que algún milagro de su aparato me ha curado durante la noche.

    No había duda que el hombre iba mejorando. Los espacios inflamados habían desaparecido y la ardorosa brillantez se había ido de los ojos. Estaba sentado, apoyado en la cama, observando cómo el sol matinal derretía la granizada de la noche en los campos.

    —Hay carne ahí en el armario —dijo—, y agua o visk para beber.

    El visk resultó ser una bebida destilada de extraordinaria fuerza que disipó al instante la confusión del cerebro de Jason, si bien le dejó zumbando los oídos. Y la carne era un trozo tiernamente ahumado, el mejor manjar que había probado desde que saliera de Darkhan. Tomados juntos, restablecieron su confianza en la vida y en el futuro. Bajó el vaso con un suspiro de alivio y miró a su alrededor.

    Una vez libre de la presión inmediata por su supervivencia y el agotamiento que esto llevaba consigo, sus pensamientos volvieron automáticamente a su problema. ¿Cómo era realmente esta gente, y cómo se las habían arreglado para sobrevivir en el yermo mortífero? En la ciudad le habían dicho que eran salvajes. Sin embargo había un aparato de radio cuidadosamente guardado y en uso allí en la pared. Y a la entrada una ballesta que disparaba unos dardos metálicos hechos a máquina; podía distinguir las muescas de las herramientas visibles en las juntas. Lo único que necesitaba era más información. Podía empezar a deshacerse de parte de sus falsos conocimientos.

    —Rhes, usted se rió cuando le conté lo que decía la gente de la ciudad, tocante a que les suministraban chucherías a cambio de alimentos. ¿Qué cambian realmente con ustedes?
    —Cualquier cosa dentro de ciertos límites —dijo Rhes—. Pequeños artículos manufacturados, tales como componentes electrónicos para nuestros aparatos de radio. Aleaciones inoxidables que nosotros no pódeme» conseguir en nuestras fraguas, instrumentos cortantes, transformadores electroatómicos que producen energía con cualquier elemento radioactivo. Aparatos semejantes a esos. Dentro de lo razonable nos suministran todo lo que pedimos que no esté en la lista prohibida. Tienen gran necesidad de los alimentos.
    —Y los artículos de la lista prohibida...
    —Armas, por supuesto, o cualquier cosa que pudiera ser convertida en un arma poderosa. Saben que fabricamos pólvora, por tanto no podemos conseguir nada como tubos fundidos que pudiéramos convertir en cañones para armas de fuego. Perforamos los cañones de nuestros propios rifles a mano, aun cuando la ballesta es más silenciosa y más rápida en la selva. Tampoco les gusta que sepamos mucho, por lo cual el único tipo de lectura que nos llega son manuales de apoyo técnicos, vacíos de fundamentos teóricos.

    »La última categoría proscrita de que tengo conocimiento es la medicina. Esto es lo único que no puedo comprender, que me hace arder de odio cuando pienso en el número de fallecimientos que podrían haberse evitado.

    —Conozco sus razones —dijo Jason.
    —Pues infórmeme, porque no puedo pensar en ninguna.
    —La supervivencia, es bien sencillo. ¡Dudo que usted se dé cuenta de ello, pero tienen una población en descenso. Su extinción es sólo cosa de años. Por el contrario su pueblo por lo menos debe tener una estable —si no ligeramente creciente— población pese a haberse desarrollado sin defensas mecánicas. Por tanto en la ciudad les odian y los envidian al mismo tiempo. Si les dieran medicina y ustedes prosperasen estarían ganando la batalla que ellos han perdido. Me figuro que los toleran como un mal necesario, para proporcionarles víveres, de otra manera desearían verlos muertos a todos.
    —Eso tiene sentido —gruñó Rhes, dando un golpe de puño contra la cama—. La clase de retorcida lógica que uno esperaría de los hombrezuelos. Nos emplean para alimentarlos, y a cambio nos dan lo menos posible y al mismo tiempo nos privan del saber que nos sacaría de esta precaria existencia. Peor, mucho peor, nos separan de las estrellas y del resto de los hombres —el odio que expresaba su rostro eran tan intenso que Jason retrocedió inconscientemente.
    —¿Cree usted que somos salvajes, Jason? Actuamos como animales y nos parecemos a ellos porque tenemos que luchar por la existencia a un nivel animal. Sin embargo tenemos conocimiento de los astros. En esa arca de allí, precintada con metal, hay más de treinta libros, todos los que tenemos. Novelas la mayor parte de ellos, con algo de historia y ciencia general intercalada. Suficiente para mantener vivos los relatos de la colonización de aquí y el resto del universo exterior. Vemos aterrizar las naves en la ciudad y sabemos que allá arriba hay mundos sobre los cuales sólo podemos fantasear sin llegar nunca a conocerlos. ¿Se extraña que odiemos a estas bestias que se llaman a sí mismas hombres, y que los destruyéramos en un instante si pudiéramos? Tienen razón en impedirnos poseer armas, porque tan seguro como que el sol sale por la mañana, los mataríamos a todos si pudiéramos, y conseguiríamos las cosas que nos han negado.

    Era una dura condena, pero esencialmente veraz. Al menos desde el punto de vista de los perdedores. Jason no trató de explicar al colérico hombre que los pyrranos de la ciudad consideraban su actitud como la única posible y lógica.

    —¿Cómo empezó esta lucha entre sus dos grupos?
    —No lo sé —dijo Rhes—. He reflexionado acerca de ello muchas veces, pero no hay registros de este período. Ciertamente sabemos que todos nosotros, descendemos de colonos que llegaron al mismo tiempo. En algún lugar, en algún tiempo, los grupos se separaron. Quizás fue una guerra, he sabido de ellas por los libros. Tengo una teoría parcial, si bien no puedo probarla, que fue por la situación de la ciudad.
    —Situación... no comprendo.
    —Bien, usted conoce a los hombrezuelos, y ha visto dónde está su ciudad. Se las arreglaron para colocarla justamente en el centro del lugar más salvaje de este planeta. Usted sabe que no se preocupan de ninguna cosa viviente excepto de sí mismos; disparar y matar es su única lógica. Por tanto no considerarían dónde construir su ciudad, y se las arreglaron para hacerlo en el lugar más estúpido imaginable. Estoy seguro que mis antepasados se dieron cuenta del disparate y procuraron decírselo. Eso sería motivo suficiente para una guerra, ¿no es cierto?
    —Lo pudiera haber sido si eso es realmente lo que ocurrió —dijo Jason—. Pero considero que plantea el problema al revés. Es una guerra entre la vida pyrrana nativa y los humanos, cada una de las dos partes luchando para destruir a la otra. Las formas de vida cambian continuamente, procurando esa destrucción final del invasor.
    —Su teoría es aún más desatinada que la mía —dijo Rhes—. Eso no es cierto en absoluto. Reconozco que la vida no es demasiado tranquila en este planeta —si lo que he leído en los libros acerca de otros planetas es verídico— pero no cambia. Uno tiene que andar con pies ligeros y mantenerse alerta con respecto a toda cosa viviente de tamaño superior a uno mismo, pero puede sobrevivir. De cualquier modo, realmente no importa por qué. Los hombrezuelos siempre buscan problemas.

    Jason no quiso insistir en su argumento. El esfuerzo de obligar a Rhes a modificar su actitud básica no valía la pena, aun cuando fuera posible. No había logrado convencer a nadie de la ciudad de las mutaciones letales aun cuando podían observar todos los hechos. Rhes aún podía proporcionar información, sin embargo.

    —Supongo que no es importante saber quién principió la lucha —dijo Jason en interés del otro, sin creerse una palabra de ello—. Pero usted tendrá que convenir en que la gente de la ciudad está permanentemente en guerra con toda la vida local. Su pueblo, sin embargo, se las ha arreglado para domesticar por lo menos a dos especies que he visto. ¿Tiene usted alguna idea de cómo se hizo esto?
    —Naxa estará aquí dentro de un minuto —dijo Rhes, señalando a la entrada—, tan pronto como haya cuidado de los animales. Pregúntele a él. Es el mejor hablador que tenemos.
    —¿Hablador? —dijo Jason—. Tenía una idea distinta sobre él. No habló mucho, y lo que dijo era, bien... un poco difícil de entender a veces.
    —No esa clase de habla —replicó impacientemente Rhes—. Los habladores cuidan de los animales. Amaestran a los perros y doryms, y los mejores como Naxa procuran siempre trabajar con otras bestias. Visten toscamente, pero es porque tienen que hacerlo. Les he oído decir que a los animales no les gustan los productos químicos, el metal o la piel curtida, por lo tanto llevan pieles sin curtir generalmente. Pero no deje que el mugre lo engañe, no tiene nada que ver con la inteligencia.
    —¿Doryms? ¿Son esas sus bestias de transporte, la clase que montamos viniendo hacia aquí? Rhes hizo una seña afirmativa. —Los doryms son más que bestias de carga, son realmente un poquito de todo. Los grandes animales machos arrastran los arados y otras máquinas, mientras que los animales más jóvenes son empleados para carne. Si quiere saber más, pregunte a Naxa, lo encontrará en el establo.
    —Quisiera hacerlo —dijo Jasón, levantándose—. Sólo que me siento desnudo sin la pistola...
    —Cójala, por supuesto, está en esa caja de la entrada. Pero tenga cuidado con los bichos sobré los cuales dispare.

    Naxa estaba en el fondo del establo, puliendo una de las uñas semejantes a azadas de los dedos de las patas de un dorym. Era una escena extraña. El hombre vestido de pieles allí con la enorme bestia, y el contraste de una lima de glucinio y cobre y placas electrolumínicas que alumbraban el trabajo. El dorym abrió las ventanas de su nariz y se separó con violencia cuando Jason entró. Naxa acarició su pescuezo y le habló suavemente hasta que el animal se sosegó y se detuvo, temblando ligeramente.

    Algo rebulló en la mente de Jason, con la sensación de que un músculo no usado por largo tiempo estaba siendo puesto en tensión. Una sensación extrañamente familiar.

    —Buenos días —dijo Jason.

    Naxa dijo algo gruñendo y volvió a su trabajo con la lima. Observándolo por unos momentos, Jason trató de analizar esta nueva sensación. Picaba y se escabullía cuando Jason trataba de asirla, esquivándolo. Sea lo que fuere, había comenzado cuando Naxa había hablado al dorym.

    —¿Podría usted hacer entrar a uno de los perros aquí, Naxa? Me gustaría ver más de cerca a uno.

    Sin levantar la cabeza de su trabajo, Naxa dio un débil silbido. Jason estaba seguro que no podía haber sido oído afuera del establo. Sin embargo un minuto después uno de los perros pyrranos entró silenciosamente.

    El hablador frotó la cabeza de la bestia, musitando— le algo, mientras el animal lo miraba resueltamente a los ojos.

    El perro se puso intranquilo cuando Naxa se volvió para ocuparse del dorym. Rondó por el establo, husmeando, luego fue con rapidez hacia la puerta abierta. Jason lo hizo volver.

    Al menos pensó hacerlo. En el último momento no dijo nada. Nada en alta voz. Por impulso repentino se calló, sólo llamó al perro con el pensamiento. Pensando las palabras «ven acá», dirigiendo el impulso al animal con toda la fuerza y dominio que siempre había empleado para tirar los dados. Mientras lo hacía, se dio cuenta que había pasado mucho tiempo desde que hubiese siquiera pensado usar sus fuerzas psi.

    El perro se paró y se volvió hacia Jason.

    Vaciló, mirando a Naxa, luego empezó a andar hacia donde estaba Jason.

    Visto así de cerca, el animal era un lebrel de pesadilla. Las peladas planchas protectoras, los menudos ojos de rojos cercos, y los innumerables dientes chorreantes de saliva poco hacían para inspirar confianza. Sin embargo Jason no tenía miedo. Había una armonía entre el hombre y el animal que era entendida. Sin intención consciente, Jason alargó la mano y rascó al perro a lo largo del lomo, donde sabía que picaba.

    —No sabía que fuera usted un hablador —dijo Naxa. Mientras los observaba, había amistad en su voz por primera vez.
    —Yo no lo sabía tampoco hasta hace poco —dijo Jason.

    Miró a los ojos del animal frente a él, rascó el arrugado y fiero lomo, y empezó a comprender.

    Los habladores debían tener facultades psi bien desarrolladas, eso era claro ahora. No existen las barreras de raza o forma extraña cuando dos seres vivientes comparten mutuamente sus emociones. Primero empatía, de modo que no hubiera odio o temor. Después de eso, comunicación directa. Los habladores pudieran haber sido los que primero se abrieron paso a través de la barrera del odio en Pyrrus y aprendieron a vivir con el espíritu nativo. Otros podían haber seguido su ejemplo; esto quizás pudiera explicar cómo se formó la comunidad de los «removedores».

    Ahora que se estaba concentrando en ello, Jason era consciente del flujo de pensamientos apacibles alrededor de él.

    La consciencia del dorym estaba emparejada con otros semejantes a estatuas del fondo del establo. Jason sabía sin salir afuera que otras más de las grandes bestias estaban en el campo de detrás..

    —Todo esto es nuevo para mí —dijo Jason—. ¿Ha reflexionado acerca de ello alguna vez, Naxa? ¿Qué es lo que siente uno siendo un hablador? Quiero decir, ¿Sabe usted por qué es que uno puede hacer que los animales lo obedezcan, mientras que otras personas no pueden conseguirlo de ninguna de las maneras?

    Reflexionar de esta manera perturbaba a Naxa. Pasó los dedos por su espeso cabello y frunció el ceño mientras respondía.

    —Nunca lo pensé. Tan solo lo hago. Procuro sólo saber si la bestia es buena realmente, luego puedo adivinar lo que van a hacer. Eso es todo.

    Era evidente que Naxa nunca había considerado el origen de su facultad para dirigir a los animales. Y si él no lo había echo, probablemente ningún otro tampoco. No tenían motivos para hacerlo. Sencillamente aceptaban los poderes de los habladores como uno de los hechos de la vida.

    Las ideas encajaban una tras otra en su mente, como las piezas de un rompecabezas. Había dicho a Kerk que la vida nativa de Pyrrus se había unido para presentarle batalla al género humano, no sabía el por que.

    Bien, todavía no sabía por qué, pero estaba teniendo una idea del «cómo».

    —¿A qué distancia estamos de la ciudad, aproximadamente? —preguntó Jason—. ¿Tiene usted una idea de cuánto tiempo nos llevaría llegar allí en dorym?
    —Medio día para ir medio para volver. ¿Por qué? ¿Quiere usted ir?
    —No quiero entrar en la ciudad, todavía no. Pero quisiera acercarme a ella —le dijo Jason.
    —Vea lo que dice Rhes —fue la respuesta de Naxa. Rhes concedió permiso de inmediato, sin hacer preguntas. Ensillaron y partieron en seguida, para terminar el viaje de vuelta antes del anochecer.

    Habían estado viajando por espacio de menos de una hora antes que Jason percibiera que estaban yendo en la dirección de la ciudad. A cada minuto que pasaba, la sensación se hacía más fuerte. Naxa era consciente de ello, también, meneándose en la silla callando sus sentimientos. Tuvieron que seguir tocando y tranquilizando a las monturas, que se estaban poniendo temerosas e inquietas.

    —Esto está lo bastante lejos —dijo Jason. Naxa hizo alto, complacido.

    El mudo pensamiento se revolvía en la mente de Jason, llenándola. Podía percibirlo a todos lados; sólo que mucho más fuerte frente a ellos, en la dirección de la invisible ciudad. Naxa y el dorym reaccionaban de la misma manera, inquietamente incómodos, ignorando la causa.

    Una cosa estaba ahora clara. Los animales pyrranos eran sensibles a la emisión psí; probablemente también las plantas y las formas inferiores de vida. Quizás se comunicaban por ella, puesto que obedecían a los hombres que teman un gran dominio de la misma. Y en esta área había una capa de radiación psí tal como nunca antes había experimentado. Si bien sus facultades personales se centraban en la telekinesia —el control mental de la materia inanimada— era sensible sin embargo a la mayor parte de los fenómenos mentales. Mirando un suceso deportivo, había sentido muchas veces el grito unánime de mentes diversas expresando el mismo pensamiento. Lo que percibía ahora era semejante a eso.

    Pero terriblemente distinto. Una multitud se alegraba por algún triunfo en el campo, o se abatía por una derrota. La sensación se mezclaba y se alteraba a medida que el juego avanzaba. Ahora la capa de pensamientos era interminable, fuerte y aterradora. No se transformaba muy bien en palabras. Era parte odio, parte miedo, y la suma de ambos: destrucción.

    «ANIQUILEMOS AL ENEMIGO» era el término más aproximado en que Jason podía expresarlo. Pero era más que eso. Una interminable corriente de violencia y estragos mentales.

    —Retrocedamos ya —dijo Jason, de repente golpeado y afligido por las sensaciones que había dejado lo penetraran. Mientras emprendían el viaje de regreso, empezó a comprender varías cosas.

    Su repentino e inexplicable miedo cuando el animal pyrrano lo había atacado el primer día de su estancia en el planeta. Y las periódicas pesadillas que no habían cesado por completo, ni siquiera con drogas. Las dos cosas eran su reacción al odio teledirigido en la ciudad. Aun cuando por alguna razón ignorada no lo había percibido directamente hasta ahora, le había afectado lo bastante para ocasionarle una fuerte reacción emocional.

    Rhes estaba dormido cuando regresaron y Jason no pudo hablarle hasta la mañana. A pesar de la fatiga del viaje, permaneció despierto hasta altas horas de la noche, repasando en su mente las novedades del día. ¿Podía informar a Rhes de lo que había descubierto? No muy bien. Si hacía eso, tendría que explicar la importancia de su descubrimiento y para qué pensaba usarlo. Nada que ayudase a los habitantes de la ciudad le gustaría lo más mínimo a Rhes. Mejor no decirle nada hasta que todo el asunto estuviera acabado.


    CAPITULO XVIII


    Después del desayuno, Jason dijo a Rhes que quería regresar a la ciudad.

    —Usted ha visto bastante, pues, de nuestro bárbaro mundo, y desea volver entre sus amigos. Quizás para ayudarlos a destruirnos —Rhes lo dijo en broma pero había una sombra de fría malicia detrás de sus palabras.
    —Espero que realmente no creerá eso —le dijo Jason—. Debe darse cuenta que lo contrarío es lo cierto. Quisiera ver esta guerra civil terminada y a su pueblo recibiendo todos los beneficios de la ciencia y la medicina que les han sido negados. Haré todo lo que pueda para que esto se consiga.
    —Ellos nunca cambiarán —dijo tristemente Rhes—, por tanto no pierda el tiempo. Pero hay una cosa que usted debe hacer, para su protección y la nuestra. ¡No confiese, o insinué siquiera, que ha hablado con ningún removedor!
    —¿Por qué no?
    —¿Por qué no? ¡Significaría su muerte! ¿Es usted tan ingenuo como para suponer otra cosa? Harán todo lo posible para procurar que no subamos demasiado alto, y con mucho preferirían vernos muertos a todos. ¿Cree que vacilarían en matarlo si sospechasen siquiera que se ha puesto en contacto con nosotros? Se dan cuenta —aun cuando usted no lo haga— que usted puede sin ayuda alterar la relación de fuerzas de este planeta. El hombrezuelo quizás puede considerarnos como seres que estamos s