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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura en línea con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y la lectura sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada, desde libros completos hasta revistas Selecciones. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 30 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que el header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación en el blog
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o solo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), simplemente da click en LECTURAS, por ejemplo, y seguido en GUARDAR POST.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Si has agregado una publicación desde el SIDEBAR, automáticamente aparece este caracter ۩ en el menú, indicando que se ha guardado una publicación desde el SIDEBAR, y para poder agregar la publicación actual debes darle click a ese caracter, seguido eliges si lo deseas guardar en MIS LECTURAS o en alguno del MENU PERSONAL.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.
    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.
    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo básico.


    PRIORIDAD DE LOS ESTILOS: De izquierda a derecha, siendo el de la izquierda superior; la prioridad es la siguiente:
    PREDEFINIDO - LY, LL, P1 a P16 - G3 - G2 - G1 - POR POST - POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3 - ESTILOS 1 a 9 o BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha, o presiona "intro" en cualquier otro tema de la lista en texto; y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL MECENAS (William Rotsler)

    Publicado el domingo, marzo 09, 2014

    A Don Pfeil y a Paul C. Turner, que se han interesado por la obra, me han ayudado, estimulado y protegido.


    Lo misterioso es lo más hermoso que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y toda ciencia verdaderos.
    Albert Einstein


    Capítulo 1


    Desde su cubo casi negro, ella le contemplaba, tranquila, silenciosa, respirando con normalidad, simplemente mirándole. Está desnuda hasta las caderas, rodeadas por un cinturón de pedrería, y se sienta majestuosamente sobre una pila de lujosos cojines. Su largo cabello blanco cae en cascada sobre sus hombros color de albaricoque y brilla ligeramente, reflejando alguna luz oculta.

    Cuando uno se acerca más al sensatrón de tamaño natural, es alcanzado por las vibraciones. El asombroso realismo de la imagen tridimensional no puede ser suficientemente expresado, porque el retrato de una de las cortesanas más importantes de la historia, realizado por Michael Cilento, es una gran obra de arte.

    Mientras se examina el cubo, la imagen de Diana Snowdragon pierde de algún modo su tranquilidad y se vuelve voraz de una forma sutil, imponente, apremiante. No es un desnudo, está desnuda. Pueden oírse los atrayentes sonidos de una música tierna... o casi tierna. El poder de aquella personalidad excepcional es sobrecogedor, como en persona, pero en la interpretación de este artista se exponen muchas otras facetas.

    El retrato de Diana en cubo sensatrónico es aclamado universalmente como una obra maestra. La modelo está encantada.

    El artista se sentía asqueado, y me dijo que el ego de la modelo le impedía darse cuenta de la realidad que él había construido.

    Pero este cubo fue el que proporcionó a Michael Benton Cilento la fama que quería, necesitaba y aborrecía. Era su primer cubo sensatrónico grande, y los cubos estaban comenzando a ser utilizados por los artistas y por los científicos. En aquel momento se estaba poniendo «de moda» trabajar en sensatrones, y por todas partes se hablaba superficialmente de cepillos de electrones, redes ciliares, pantallas multiestratificadas, zonas de transmisión, moldeadores en blanco y simetría comunicativa.

    Los sensatrones son el único maridaje entre la ciencia y el arte, por lo menos por ahora. La ciencia está constantemente supliendo las herramientas de los artistas, tanto si se trata de una pintura inalterable que todavía tendrá brillo dentro de mil años como de un cepillo de electrones para producir meticulosas alteraciones en un sistema de rastreo. Los grupos quiver ya están explorando los nuevos instrumentos a base de ondas cerebrales, que crean música sólo en el propio cerebro.

    Pero el furor del momento lo constituyen los sensatrones. Igual que los brillantes trajes de la generación quiver fueron absorbidos por los medios de comunicación y explotados, el mundo de la publicidad está impaciente porque sean posibles los sensatrones inmensos, réplicas de los productos del tamaño de un edificio, gritando «¡Cómprame!» dentro de tu cerebro. En previsión he ordenado a uno de mis laboratorios de investigación trabajar en un ingenio obturador que deje fuera los ruidos electrónicos que imagino.

    Los cubos pueden ser tan imponentemente naturales, que los rumores de que nos arrebatan parte de nuestra alma persisten. Quizá sea cierto. No se trata sólo de que las cámaras capturen el exterior, proporcionando la base en la que se apoya el artista sensatrónico para su obra, sino que los grabadores alfa y beta, las máquinas EEG, los finísimos receptores de los latidos del corazón, todo eso graba lo que va sucediendo en nuestro interior. Muchos artistas utilizan una mezcla de varias grabaciones, tomadas a lo largo de numerosas sesiones. Algunos emplean momentos específicos o humores únicos, grabándolos y proyectándolos después por los diferentes conos sónicos y proyectores alfa—beta. El artista añade su interpretación personal a estas proyecciones, creando un concierto de ondas casi musical, trabajando sobre cualquier cerebro humano dentro del área de recepción. La prerrogativa del artista continúa siendo seleccionar, eliminar, disminuir o realizar cualquier otro cambio que desee. Algunos artistas del retrato sensatrónico muestran las debilidades emocionales, además de las fuerzas, y otros son aduladores. Otros artistas están experimentando con grabaciones intercambiadas: mujer en lugar de hombre, animales como modelos, sustitutos completamente abstractos de la realidad. Todo el que lo intenta, le añade una nueva perspectiva.

    Lo que Mike Cilento quería hacer era proyectar la verdad como él la veía. Quizá retiraba un estrato del alma. Yo he estado próximo al modelo de un retrato sensatrónico y he encontrado que el cubo era mucho más interesante que la persona, pero únicamente puede suceder esto cuando el artista es de más talla que el tema.

    El retrato de Mike de la prostituta más infame —y rica— de nuestra sociedad le hizo famoso de la noche a la mañana. Incluso los reprocubos que pueden comprarse hoy son impresionantes, pero el original, con sus ingeniosos y sutiles circuitos y sus transmisiones concentradas, es desconcertante.

    Un coleccionista de Roma me llamó la atención sobre Cilento y, después que hube visto el cubo Snowdragon, conseguí que me lo presentaran. Nos encontramos en la villa de Santini, en Ostia. Como la mayor parte de los artistas jóvenes, había oído hablar de mí.

    Estábamos junto a una piscina, y sus primeras palabras fueron:

    —Usted patrocinó durante años a Wiesenthal, ¿no es verdad?

    Yo asentí con alguna cautela, porque por cada artista al que se ayuda, hay diez que te lo exigen.

    —Su ópera Moctezuma era una porquería.

    Yo sonreí.

    —Fue bien recibida.
    —No entendió a ese azteca más de lo que entendió a Cortés.

    Me miraba con aire desafiante.

    —De acuerdo, pero cuando yo la escuché, ya era demasiado tarde.

    Se relajó y dio una patada al agua, mirando de soslayo hacia dos hijas de un barón del mineral lunar, que pasaban casi desnudas a nuestro lado. Parecía haber dejado algo en claro, y no tenía nada más que decir.

    Cilento me intrigó. Durante un cierto número de años «descubriendo» artistas, me había encontrado con todos los tipos, desde los tímidos que se escondían hasta los que bruscamente demandaban mi patronazgo, incluso con algunos que se mostraban indiferentes hacia mí, como parecía serlo Cilento. Pero otros muchos actuaban de esa forma, y yo había aprendido a no tener en cuenta otra cosa que no fuera el trabajo terminado y la capacidad de trabajar.

    —Su cubo de la Snowdragon es soberbio —le dije.

    Echó ojeadas en otra dirección.

    —Sí —asintió. Después de haberlo pensado dos veces, añadió—: Gracias.

    Durante un momento hablamos del cubo, y me dijo lo que pensaba de la modelo.

    —Pero le ha hecho famoso —le dije.

    Me miró de reojo y, después de un momento, comentó:

    —¿Es ésa la razón del arte?

    Me eché a reír.

    —La fama es muy útil. Abre las puertas. Posibilita las cosas, hace más fácil ser todavía más famoso.
    —Proporciona amantes —dijo Cilento con una sonrisa.
    —También puede matar —añadí yo.
    —Es una herramienta, señor Thorne, igual que los circuitos moleculares, la integración dinámica o un destornillador. Pero puede dar la libertad. Yo quiero esa libertad; todos los artistas la necesitamos.
    —¿Esa es la razón por la que escogió a Diana como modelo?

    Hizo una mueca y asintió.

    —Además, esa hembra era un enorme desafío.
    —Eso imagino —reí pensando en Diana a los diecisiete años, hermosa y voraz, trepando con sus garras por las monolíticas murallas de la sociedad.

    Bebimos algo, compartimos después un psicodélico en las ruinas de un templo de Vesta y pasamos a llamarnos Mike y Brian. Sentados sobre las antiguas piedras, nos reclinamos contra el pedestal de una columna desmoronada y contemplamos las luces de la villa de Santini, allá abajo.

    —Un artista necesita la libertad —decía Mike— más que la pintura o la electricidad, o los diagramas para el cubo, o la piedra, más que la comida. Los materiales pueden conseguirse siempre, pero la libertad para emplearlos es preciosa. El tiempo de que dispone resulta limitado.
    —¿Qué me dices del dinero? Eso es libertad también —observé.
    —A veces. Puedes tener dinero sin libertad, no obstante; pero generalmente la fama significa dinero.

    Asentí pensando que en mi caso era justamente lo contrario.

    Contemplamos la luz de aquella media luna sobre el mar Tirreno, y cada uno se absorbió en sus pensamientos. Yo pensé en Madelon.

    —Me gustaría que retrataras a una persona —pedí—. Una mujer. Una mujer muy especial.
    —Ahora mismo no —dijo—. Más adelante quizá. Hay varios encargos que quiero hacer.
    —Cuando tengas tiempo, acuérdate de mí. No es una mujer corriente.

    Me miró mientras lanzaba una piedrecilla colina abajo.

    —Estoy seguro de ello —añadió.
    —Te gusta trabajar sobre mujeres, ¿verdad? —le pregunté.

    Vi su sonrisa en el resplandor de la luna, y dijo:

    —¿Has deducido eso por un solo cubo?
    —No. He comprado los tres pequeños que hiciste antes.

    Me miró fijamente.

    —¿Cómo te enteraste de que existían siquiera? No se lo había dicho a nadie.
    —Algo tan bueno como el cubo Snowdragon no podía salir de la nada. Tenía que haber cosas anteriores. Rastreé a sus propietarios y se los compré.
    —La anciana es mi abuela —dijo él—. Me dio algo de pena venderlo, pero necesitaba dinero.

    Haré que se lo envíen, apunté mentalmente.

    —Sí, me gusta trabajar con mujeres —asentía él suavemente, reclinado sobre la palidez de la columna—. A los artistas siempre les ha gustado retratar a las mujeres. Capturar... capturar esa sombra huidiza del destello de un relámpago... en pintura, en piedra, en yeso, en madera o en película... o con construcciones moleculares.
    —Rubens las veía regordetas y alegres —dije yo—. Lautrec, depravadas y reales.
    —Para Da Vinci fueron misteriosas —comentó él—. Matisse las vio ociosas y voluptuosas. Miguel Ángel apenas las vio. Picasso, en una infinita y loca variedad.
    —Gauguin... sensuales —proseguí—. Henry Moore, como abstracciones, un punto de partida para la forma. Las mujeres de Van Gogh reflejaban el genio loco de su propio cerebro.
    —Cézanne las veía cual vacas plácidas —Mike rió—. Fellini como criaturas de muchas facetas, en parte ángeles, en parte bestias. En las fotografías de André de Dienes las mujeres son fantasías realistas, eróticas y extrañas.
    —Tennessee Williams las concibió como caníbales insanos, repulsivos de una forma fascinante. Las mujeres de Sternberg eran irreales, duras, dramáticas — dije yo—; las hembras de Clayton, adversarios rapaces.
    —Jason las ve como ángeles ligeramente confusos —exclamó Mike, divertido por el jueguecito—; Coogan, como monstruos maternales.
    —¿Y tú? —le pregunté.

    Quedó en silencio, y la sonrisa se desvaneció. Después de un largo instante, contestó:

    —Supongo que las veo como ilusiones.

    Hacía girar entre sus dedos el fragmento de una piedra de la época de César y hablaba suavemente, casi para sí mismo.

    —Ellas... de alguna forma, no son completamente reales. Los críticos dicen que he creado una obra maestra del realismo erótico, un hito en el arte figurativo. Pero... ellas son... fuegos fatuos. Son increíblemente reales sólo durante un segundo..., en el siguiente, fantásticamente inciertas. Las mujeres nunca son iguales de un momento a otro. Quizá por eso me fascinan.

    Después de aquello no volví a ver a Mike durante un cierto tiempo, aunque continuamos en contacto. Hizo un retrato de la princesa Helga de los Países Bajos, vestida con gran modestia, con el cubo lleno de sus famosas doce esculturas de oro y vibraciones de amor y paz.

    Para los monjes de Wells, en Marte, Mike hizo un enorme cubo de Buda, que se convirtió rápidamente en una atracción turística. La venta de reprocubos proporcionaba al monasterio una pequeña fortuna.

    Todo lo que a Mike se le ocurría hacer era adquirido rápidamente y los encargos fluían de individuales, compañías, fundaciones, y hasta de movimientos. Lo que realizó fue un sencillo desnudo de su amante del momento. La pose era bastante erótica, pero las vibraciones resultaban fuertemente pornográficas y, después de que Mike la abandonó, la muchacha obtuvo un contrato de la Metro Universal. El joven sha del Irán compró el cubo para instalarlo en sus Jardines de Babilonia, reconstruidos hacía tiempo.

    Debido a su utilización de los proyectores de ondas alfa, beta y gamma, así como a sus avances en la sónica diferencial, Mike fue el protagonista de un ejemplar monográfico de la revista Modern Electronics.

    Mike había pagado sus deudas con el arte, porque cuando estudiaba en Cal Tech, había trabajado en el proyecto Escudo, una aproximación sistemática a la defensa electrónica contra partículas de baja energía para ser empleada en las estaciones espaciales. Después de graduarse había trabajado en el complejo sobre ondas cerebrales que tenían los laboratorios Bell en Long Island. Lo dejó cuando consiguió una beca Guggenheim para su trabajo artístico.

    La General Electric recogió de su cubo Mujer de placer algunas de las modificaciones de Mike, con el fin de utilizarlas en sus nuevos proyectores de imágenes multiestratificadas y generadores de ondas beta. Para los artistas que empleaban modelos u objetos tridimensionales para grabar el ciclo básico de las imágenes —como la respiración, el ruido del agua al correr o la repetición de acontecimientos—, Nakamura Limitada ofrecía una cámara de nuevo diseño, con patrones circulares de distribución, que contenía muchas de las sugerencías de Mike. Para el artista que trabajaba en abstracciones originales, Mike construyó su propio cepillo de electrones ultrasensible y un generador de imágenes empalmado con un computador de gráficos, que producía un número casi infinito de variables. Mike Cilento estaba demostrando ser un innovador y un ingeniero, además de artista; una combinación poco frecuente.

    Volví a encontrarme con Mike en la inauguración de su serie «Sistema solar», en el Gran Museo de Atenas. Los diez cubos colgaban del techo, cada uno mostrando una interpretación libre del sol y los planetas desde el generador esférico —que era el Sol— hasta el duro y reluciente cojinete de bolas: Plutón.

    Mike parecía enjaulado, como un tigre en una trampa, pero estaba muy contento de verme. Cuando lo secuestré a mi apartamento en la parte antigua de la ciudad, fue un cautivo a petición propia.

    Al entrar suspiró, lanzó su chaqueta a una silla estilo vital y se dirigió a la terraza. Yo cogí dos vasos y una botella de vino de Creta y me reuní con él.

    Suspiró de nuevo, se hundió en la silla y sorbió el vino. Me reí y le pregunté:

    —¿Demasiada fama para ti?

    Me lanzó un gruñido.

    —¿Por qué querrán siempre que los artistas vayan a las inauguraciones? El arte habla por sí solo.
    —Relaciones públicas. Quieren tocar el borde de la creatividad. Quizá se les quede pegada un poco.

    Volvió a gruñir, y nos retiramos a un cómodo silencio, contemplando el Partenón sobre nosotros, provisto de iluminación nocturna.

    Al fin habló.

    —Siempre he querido ser artista y nada más, como esos niños que desean ser astronautas o futbolistas. Es un honor lograrlo. He pintado y he hecho escultura. He realizado mosaicos luminosos y diseños con motas brillantes. Hasta he probado por un tiempo con la música. Ninguna de esas cosas parecía responder realmente a lo que buscaba. Pero creo que la construcción molecular es lo que más se acerca.
    —¿A causa de su extremo realismo?
    —En parte. Abstracción, realismo, expresionismo... sólo son etiquetas. Lo que importa es lo que está. Las ideas y emociones que transmites. Las unidades sensatrónicas son instrumentos de trabajo bastante buenos. Se puede trabajar sobre las emociones casi directamente. Cuando la General Electric tenga listas las nuevas unidades, creo que será posible conseguir de las ondas alfa matices todavía más sutiles. Y, por supuesto, con más unidades se podrán hacer cosas más complejas.
    —Eres tan ingeniero como artista —le dije.

    El sonrió y sorbió su vino.

    —En todos los medios o técnicas existe gente que los considera como su banquete particular.

    Fíjate en los actores. En un tiempo sólo existía el teatro, la obra iba de principio a fin, en directo y sin repetición de escenas. Después vinieron las películas, las grabaciones y las escenas rodadas sin seguir un orden. Sin la línea emocional, que va del principio al final. Se necesita un tipo particular de actor que pueda disciplinarse y acostumbrarse a esos saltos adelante y atrás. En los días del mimo, probablemente había actores soberbios que se perdieron porque su arte estaba en la voz.

    —¿Y hoy? —le apremié.
    —Hoy el artista que no pueda dominar la electrónica lo pasará mal en muchas de las artes. Leonardo da Vinci podría hacerlo, pero Miguel Ángel no, probablemente. Hay muchos artistas excelentes nacidos fuera de su época, en ambas direcciones.

    Hice la pregunta dirigida a menudo a artistas que trabajaban en campos no tradicionales.

    —¿Por qué el sensatrón te parece un medio tan excelente?
    —Es inmensamente versátil. El brazo de una pluma sólo puede hacer un cierto número de cosas y sugerir otras. Un óleo es algo estático. Intenta ser real, pero es un momento congelado, aunque a veces los momentos congelados son mejores que el movimiento. Una película, una grabación, una obra de teatro, todas transmiten una variedad de significados y emociones, incluso cambios de localización y de perspectiva. Son instrumentos muy eficaces. Cuantas más cosas puedas comunicar, mejor. Con la energía del sensatrón se pueden transmitir al que lo ve tales emociones y sentimientos, que se convierte en un participante, en vez de en un simple espectador. Participación. Compromiso. Yo no haría un sensatrón para comunicar algunas cosas, simplemente porque es muy complicado y presenta la ventaja de la comunicación. Pero las unidades sensatrónicas pueden hacer casi todo lo que realice cualquier otra forma de arte. Por eso me gustan. No porque sean la forma artística de moda ahora mismo.
    —¿Tuviste problemas para conseguir tu primera licencia? —le pregunté.
    —No, los de la Guggenheim lo arreglaron —movió la cabeza—. Es extraña la idea de necesitar obtener una licencia para poder hacer una obra de arte.

    Antes de que yo pudiera hablar, levantó la mano.

    —Sí, ya sé. Si no vigilasen a las personas que controlan los proyectores alfa y omega, nos amontonaríamos ante las urnas para votar por un dictador, sin siquiera saber que no lo queríamos. O eso temen ellos.
    —Es una fuerza poderosa, difícil de combatir. Tu propio cerebro te está diciendo compra, compra, compra, consume, consume, consume, y resulta bastante duro luchar contra eso. Hay que considerar las licencias como recetas médicas.

    El asintió con la cabeza.

    —¿Te imaginas esto?: «Lo siento, Miguel Angel, pero este bloque de mármol de Carrara necesita una licencia de prioridad IX, y tú sólo tienes una del IV». Y Miguel Angel diría: «Pero yo quiero hacer esa estatua de David, ¿no lo entiende? Un muchacho alto, fuerte, con una honda, con un cierto aspecto huraño. ¿No será porque va a ir desnudo, verdad?» «Usted sencillamente vaya al Comité de Control Artístico, en el centro de la hermosa Florencia, Signor Buonarroti, y rellene los papeles por triplicado, primero el apellido, después el nombre propio. Y recuerde que la claridad es importante. Hable con el papa Julio; quizá pueda echarle una mano en esto».

    Nuestra risa resonó amablemente en la noche.

    —Pero el arte y la tecnología coexisten ahora más estrechamente que nunca — dije.
    —¡Oh, entiendo! —suspiró Mike—, pero no tiene por qué gustarme.

    Me acordé del Pornotrón que alguien me había regalado y que colgaba del techo de mi apartamento de Moscú. Una noche pasada con una saludable rubia que tocaba el clarinete había sido suficiente para convencerme de que no necesitaba estímulos artificiales para mis placeres sexuales. Era como si te metiesen a la fuerza en la boca tu postre favorito.

    Permanecimos en silencio. La antigua ciudad murmuraba para nosotros. Me acordé de Madelon.

    —Todavía quiero que hagas aquel retrato de una persona que me es muy querida —le recordé.
    —Pronto. Primero quiero realizar un cubo sobre una muchacha que conozco. Pero tengo que buscar otro lugar para trabajar. Allí van a molestarme, ahora que han averiguado dónde estoy.

    Yo mencioné mi villa de Sikinos, en el Egeo, y Mike pareció interesado; así que se la ofrecí.

    —Allí hay un antiguo granero que podrías utilizar como estudio. Tiene una planta de fusión controlada de plasma, de forma que habrá toda la energía que necesites. Hay una casa, la pareja que la cuida, y cerca, un pueblecito. Me sentiría honrado si la aceptases.

    Asintió graciosamente a la oferta; yo hablé de Sikinos y de su historia durante un rato.

    —Las civilizaciones más antiguas son las que más me interesan —dijo Mike—. Babilonia, Asiria, Sumeria, Egipto, el valle del Eufrates. Creta me parece como un recién llegado. Todo era nuevo entonces. Todo estaba por inventar, por ver, por crear. Entonces los dioses no se hallaban divididos entre la cristiandad y los restantes. Había un dios, una creencia para cada uno, fuese grande o pequeño. No existían ni Dios ni los antidioses. Todo era más sencillo, hasta la vida misma.
    —Y más desesperada también —repliqué—. Monarcas despóticos. Enfermedades. Ignorancia. Superstición. De acuerdo, había que inventárselo todo, porque no se había inventado demasiado.
    —Estás confundiendo la tecnología con el progreso. Ellos tenían aire limpio, tierras nuevas, frescura. Entonces el mundo no había sido agotado.
    —Tú eres un pionero, Mike —le dije—. Estás trabajando en algo totalmente nuevo.

    Se rió y bebió un trago de vino.

    —En realidad, no. Todo arte comenzó siendo ciencia y toda ciencia empezó como arte. Los ingenieros han estado empleando los sensatrones antes que los artistas. Antes de eso, docenas de líneas de pensamiento y de invención se cruzaron en un punto y se convirtieron en sensatrones. Casualmente, éstos son un medio mejor de decir ciertas cosas. Para decir otras cosas, un dibujo a pluma, un poema o una película sería más eficaz. O quizá para no decirlas en absoluto.

    Yo me eché a reír, y observé:

    —El artista no ve cosas; se ve a sí mismo.

    Mike sonrió, y durante largo rato contempló fijamente la estructura de columnas sobre la colina.

    —Sí, ciertamente es así —dijo suavemente.
    —¿Es ésa la razón por la que haces tan bien a las mujeres? —le pregunté—. ¿Ves en ellas lo que quieres ver, esas facetas «tuyas» que te interesan?

    Giró su desgreñada cabeza oscura y me miró.

    —Creía que eras una especie de hombre de negocios, Brian. Pero suenas a artista.
    —Lo soy. Las dos cosas. Un hombre de negocios con talento para hacer dinero y un artista sin ningún talento en absoluto.
    —Hay montones de artistas sin talento. En su lugar usan la persistencia.
    —A menudo he deseado que no lo hicieran —gruñí yo—. Todo el mundo se piensa a sí mismo como artista. Si yo tengo algún talento, será el de comprender que no poseo ninguno. Sin embargo, soy un conocedor de primera clase. Por eso quiero que hagas un cubo de mi amiga.
    —Persistencia, ¿lo ves? —se echó a reír—. Mientras esté en Sikinos haré un desnudo muy erótico. Después quizá necesite hacer algo más relajante. Podría ser tu amiga entonces, si me interesa.
    —Quizá ella no sea tan relajante. Es... un original.

    Lo dejamos así, y le dije que se pusiese en contacto con mi oficina de Atenas cuando estuviese listo para ir a la isla y que ellos lo arreglarían todo.

    Más tarde me enteré, casi por accidente a través de un amigo, que Mike había sido temporalmente «reclutado» para trabajar en algo llamado el Proyecto Guardian. Le llamé por el video y tropecé con una muralla de prohibiciones y vigilancia que me impidieron hablar con él en la Estación Tres, el satélite espacial para investigación médica. Afortunadamente conocía a un general de las fuerzas espaciales, que compartía mi pasión por la escultura esquimal y los viejos westerns de Louis L'Amour. El lo arregló, y me encontré a Mike saliendo de su turno.

    —¿Qué te están obligando a hacer: el retrato del comandante?

    Sonrió fatigadamente y se derrumbó sobre su catre, haciendo girar el receptor con el pie para quedar dentro del radio de transmisión.

    —Nada tan fácil. Guardian es el antiguo Proyecto Escudo, sólo que ahora con Prioridad Uno.

    Mandaron fuera de aquí a todo el mundo bajo observación y trajeron sangre nueva. Parecen creer que les puedo ayudar.

    —¿Puedo hacer algo? ¿Quieres que intente sacarte de ahí? Conozco a algunas personas influyentes.

    Negó con la cabeza.

    —No. Pero gracias de todos modos. Me dieron a escoger entre un reclutamiento prioritario y un contrato. Sólo quiero terminar con esto de una vez y volver a vivir a mi manera.

    Contemplaba los papeles que tenía en la mano con ojos que no veían.

    —¿Son las partículas de baja energía la causa del problema?

    Asintió.

    —Estar expuesto a ellas durante un período de tiempo largo; ése es el problema. Sobreviene un cambio repentino en el metabolismo que es desastroso. A menos que podamos controlarlo, limitará el tiempo que el hombre puede permanecer en el espacio. —Levantó un bulto del tamaño de un dedo pulgar—. Creo que esto podría conseguirlo, pero no estoy seguro. Es el prototipo de un Sistema Molecular a escala que yo diseñé.
    —¿Puedes conseguir una patente? —pregunté automáticamente.

    Volvió a negar y se rascó la cara con el aparatito.

    —Cualquier cosa que diseñe es suya. Está en el contrato. Mira, el problema no está en la unidad, sino en esos condenados sistemas sensores y de control. Primero tienes que encontrar las partículas; luego, atraer su atención. ¡Dios, si solamente pudiera mandarlas al subespacio y librarme de ellas...! —Su voz se apagó y contempló el aparato.

    Después de un minuto o dos, movió la cabeza e hizo una mueca.

    —Lo siento. Escucha, ya te llamaré más tarde. Acabo de tener una idea.
    —¿Inspiración artística? —dije, haciendo un gesto.
    —¡Hum! Sí, supongo que sí. Me perdonas, ¿verdad?
    —Claro.

    Golpeó el control y me encontré contemplando estáticos. No le volví a ver en cinco meses; después recibí su llamada transmitida a través de Base Sahara a mi hotel de Pekín. Dijo que no podía hablar sobre el Proyecto Guardian, pero que estaba disponible para aceptar la oferta de Sikinos, si todavía estaba abierta. Le envié directamente a la isla, y pasaron dos meses más antes de saber nada de él. Recibí un dibujo a pluma con la vista que se contemplaba desde la terraza de la villa y una muchacha desnuda tomando el sol. Después, a finales de agosto, sonó una llamada suya en mi oficina de Problemas Generales.

    —He terminado el cubo sobre Sofía. Estoy en Atenas. ¿Dónde te encuentras? En tu oficina fueron muy misteriosos e insistieron en retransmitir ellos mismos mi llamada.
    —Ese es su trabajo. Parte del mío es no dejar que algunas personas sepan dónde estoy o qué hago. Pero me encuentro en Nueva York. El martes iré a Bombay, pero podría resolverlo todo allí. Estoy ansioso por ver el nuevo cubo. ¿Quién es Sofía?
    —Una chica. Se ha marchado.
    —¿Eso es bueno o malo?
    —Ninguna de las dos cosas. Estoy en casa de Nikki. Ven a verme. Me gustaría saber qué opinas del nuevo. Me sentí repentinamente orgulloso. —El martes en casa de Nikki. Dale recuerdos míos a ella y a Barry. Colgué y marqué el número de Madelon.


    Capítulo 2


    La hermosa Madelon. La rica Madelon. La famosa Madelon. La Madelon de los superlativos. Madelon la Desconcertante. Madelon, la Ilusión. La vi a sus diecinueve años, delgada pero voluptuosa, de pie en el centro de un semicírculo de hombres que la admiraban en una aburrida fiesta de San Francisco. La quise intantáneamente, sintiendo una especie de «shock de reconocimiento» del que a veces se habla.

    Me miró por entre los hombros de un ejecutivo de comunicaciones y un magnate de aceites fósiles.

    Su mirada era firme y su rostro tranquilo. Me sentí un poco tonto mirando, y muchos de los reflejos automáticos que los hombres ricos desarrollan para ahorrarse dinero y un corazón roto entraron en acción. Comencé a alejarme, y ella sonrió.

    Me detuve, mirándola todavía. Se disculpó con el hombre que hablaba con ella en aquel momento y se inclinó hacia adelante. —¿Te vas ya? —me preguntó. Asentí, ligeramente confuso. Pidió permiso encantadoramente al semicírculo, reluctante a dejarla partir, y se acercó a mí.

    —Estoy lista —dijo de aquella forma segura y calmosa que era característica suya. Yo sonreí, aunque todos mis circuitos protectores se hallaban activados y alertas. Mi ego había sido tocado.

    Nos dirigimos hacia el ascensor de cristal que descendía por el exterior del complejo de la torre Fairmont, y contemplamos la niebla que, acercándose desde las colinas, cerca de Twin Peaks, descendía sobre la ciudad. — ¿Dónde vamos? —preguntó ella. —¿Dónde te gustaría ir?

    Yo había conocido a un millar de mujeres que se me habían pegado con todo el deseo, encanto y casualidad —aparentemente naturales— posibles entre una muchacha pobre y un hombre rico. Algunas habían sido atrevidas, otras sutiles, algunas tan sutiles como se puede serlo en este mundo. Unas pocas habían ofrecido sinceramente un arreglo comercial. En un tiempo había aceptado un poco de cada cosa. Pero ésta... ésta era, o bien distinta, o más sutil que la mayoría de ellas.

    —Tú esperas que yo diga: «Adonde tú vayas», ¿no es verdad? —contestó ella con una sonrisa.
    —Sí. De una forma u otra.

    Abandonamos el ascensor y nos dirigimos directamente hacia el garaje vigilado. A veces entrar en el propio coche aparcado en una calle pública es algo peligroso para un hombre rico.

    —Bueno, ¿dónde vamos?

    Ella me sonrió, mientras Bowie sostenía la puerta abierta. Esta chasqueó al cerrarse detrás de nosotros, reflejando la seguridad que poseía en realidad.

    —He estado considerando dos alternativas. Mi hotel y trabajar con unos documentos..., o Tierra, Fuego, Aire y Agua.
    —Las dos cosas. Nunca he estado en ninguno de esos dos sitios.

    Recogí el micrófono interior.

    —Bowie, llévanos a Tierra, Fuego, Aire y Agua.
    —Sí, señor. Informaré a Control.

    La muchacha rió y dijo:

    —¿Te está vigilando alguien?
    —Sí, mi oficina local de control. Tienen que saber dónde estoy, incluso si no quiero que me encuentren. Es el castigo por tener negocios en diferentes zonas horarias. De paso, ¿vamos a usar algún nombre?
    —Claro, ¿por qué no? —sonrió—. Tú eres Brian Thorne y yo soy Madelon Morgana. Tú eres rico y yo soy pobre.

    La miré de arriba abajo, desde el cabello despreocupadamente alborotado a las frágiles sandalias.

    —No, creo que quizá no tengas dinero, pero no eres pobre.
    —Gracias señor —dijo ella.

    San Francisco rodaba a nuestro lado, una ciudad antigua pero digna que guardaba el paso reluctantemente con el mundo moderno, y muchas veces lo mejoraba. Al doblar una esquina, vimos cerca una pequeña manifestación, próxima a una de las oficinas gubernamentales. Blake oscureció las ventanas y giró hacia el mar. Frenó bruscamente cuando comenzaba a girar, y escuché el repiqueteo de las piedras contra la carrocería y el parabrisas.

    —Sujétense —dijo Bowie por el micrófono interior.

    El coche giró como un rayo. Se oyó el crujido de algo bajo los neumáticos; después nos lanzamos hacia adelante, entre una granizada de piedras y otros golpes.

    Miré a Madelon, que se sujetaba a una correa y observaba alerta en todas direcciones, aunque las ventanas opacas no mostrasen nada.

    —Bowie se las arreglará —le dije, pero mi mano se apoyaba en uno de los paneles secretos, detrás del cual había una Smith & Wesson Antidisturbios con cuatro grandes cartucheras cargadas y los controles exteriores del gas lacrimógeno.

    El coche se detuvo repentinamente; luego dio media vuelta, lanzándonos hacia adelante contra los cinturones de seguridad, y con un chirriar de neumáticos, nos abalanzamos sobre algo, probablemente un obstáculo. Oí un fuerte golpe, después un grito, y marchamos rápida y suavemente.

    Al cabo de unos cuantos minutos Bowie nos devolvió de nuevo el paisaje de la ciudad, y descendimos una colina, subiendo luego por otra.

    —¿Algún herido? —pregunté.
    —Un zongo con una barra de hierro saltó desde una valla, pero le vi levantarse e intentar alcanzarnos. Tendré que denunciarlo mañana para que lo encierren, señor Thorne.
    —Gracias, Bowie.
    —¿Te suceden a menudo este tipo de cosas? —preguntó Madelon.

    Me encogí de hombros.

    —Los hombres frustrados necesitan blancos... —Volví a encogerme de hombros; no siempre podía culparles a ellos—. Un coche con chófer, una mujer hermosa... No quiero lastimar a nadie, pero tampoco quiero que me lastimen a mí.
    —¿Por qué protestaba toda aquella gente, de todas formas? —le preguntó Madelon a Bowie.
    —No lo sé, señorita. Aquí no hay muchas manifestaciones a causa de la falta de alimentos. Puede que haya sido un grupo del Trabajo Semanal, o alguna de la gente de Zeropop protestando contra alguna nueva norma. Es difícil decirlo. A veces la gente se hace zongo sin ningún motivo definido, como una especie de resultado de todo lo demás.

    Madelon suspiró y ajustó su cinturón de forma que pudiese acercarse más a mí.

    —¡Socorro! —susurró, mientras nos cogíamos las manos.

    Cuando llegamos a Tierra, Fuego, Aire y Agua, Bowie me llamó disculpándose, al ir yo a cruzar la puerta. Le dije a Madelon que esperase, y fui a escuchar el informe por el interfono. Al reunirme con Madelon en el interior, ella me sonrió y me preguntó:

    —¿Qué tal era mi informe? Cuando yo adopté un aire inocente, ella se echó a reír.
    —Me sorprendería muchísimo que Bowie no tuviese ya un informe sobre mí de tu Control, o de quien sea. Dime, ¿soy alguien peligroso, una anarquista, una terrorista o algo así? Yo sonreí, porque me gusta la gente perceptiva. —Me dicen que eres la hija ilegítima de madame Chiang Kai Chek y Johnny Potseed, convicta de drogas, indigencia y publisciencia. —¿Qué es publisciencia?
    —No tengo ni la menor idea. Mi omnisciente personal me dice que tienes diecinueve años, naciste en Montana y eres una semihuérfana que trabajaste durante once meses en una oficina de la Blackfoot National Enterprises en Great Falls. Sus ojos se dilataron, y jadeó. —¡Lo averiguaron por fin! ¡Mis desesperados secretos han sido revelados!

    Me tomó del brazo y me empujó hacia el ascensor que nos dejaría en la caverna subterránea. Una vez dentro del abarrotado artefacto, me miró con grandes ojos inocentes.

    —¡Oh, señor Thorne, cuando accedí a cuidar de sus hijos, no sabía que quería salir conmigo esta noche!

    Giré lentamente la cabeza y la contemplé con un rostro granítico, sin hacer caso de los curiosos ni de las risitas.

    —La próxima vez que te encuentre cometiendo publisciencia con mi afghano, te dejaré en casa.

    Sus ojos se humedecieron y se volvieron tristes.

    —No, por favor. Le prometo que seré buena. Cuando volvamos a casa podrá azotarme de nuevo.

    Enarqué las cejas.

    —No. Creo que con llevar el collar será suficiente. —La puerta se abrió—. Ven, querida. Perdonen, por favor.
    —Sí, amo —dijo ella humildemente.

    La zona Tierra del club era el interior de una de las muchas colinas de San Francisco, espolvoreado con un plástico estructural de forma que parecía una cueva recién excavada, aunque bastante fuerte. Descendimos por el pasadizo curvo que conducía hacia el torbellino de ruido formado por un famoso grupo quiver y salimos a una gigantesca caverna hemisférica. Por encima de nuestras cabezas, una celosía de concreto soportaba una piscina transparente, repleta de nadadores desnudos y semidesnudos. Algunos eran invitados, y otros, artistas profesionales.

    En un extremo había una cascada, y en las hornacinas de la pared ardían las antorchas, mientras una luz parpadeante, como la de una hoguera, se proyectaba sobre todo. El grupo quiver sonaba desde una áspera caverna excavada en las paredes de tierra, a medio camino de la piscina.

    Mientras la tomaba del brazo para conducirla entre la muchedumbre quivering sobre la pista de baile, dije:

    —Sabes que no existe ninguna señora Thorne ni hijos.

    Ella me sonrió con serena confianza.

    —Eso está bien.

    La noche se arremolinó a nuestro alrededor. Los vientos soplaban aromáticos y cálidos, frescos y revigorizantes después. Por encima de nosotros, la gente se lanzaba al agua con galaxias de burbujas a su alrededor. Un grupo quiver daba paso a otro; atezados animales, vestidos con falsas pieles de león y cabello desgreñado; las mujeres, con los pechos al aire y provocativas.

    En cien minutos Madelon se convirtió en cien mujeres distitas, pero sin ningún esfuerzo aparente. Todas eran ella, desde una hosca sirena a una vociferante adolescente. Confieso que me enamoré perdidamente y dejé de preocuparme de si me estaría tendiendo una trampa.

    La elemental decoración actuaba como un estimulante, y la gente se nos unió, riendo, bebiendo y viajando; unos iban y otros venían. Madelon era un imán que atraía la alegría y el placer, y yo me sentí muy orgulloso.

    Hacia el amanecer regresamos a la superficie y pulsé un timbre para llamar a Bowie. Fuimos a ver la salida del sol sobre la bahía; después nos retiramos a mi hotel. En el ascensor le dije:

    —Tendré que compensar a Bowie por esto. Pocas veces estoy fuera hasta tan tarde.
    —¿Sí?

    Su rostro mostraba una expresión traviesa; luego se dulcificó, y nos besamos delante de la puerta de mi habitación. Mientras entrábamos, ella comenzó a desvestirse con gran naturalidad y riendo me empujó dentro de la ducha, mientras yo estaba apreciando la belleza de su esbelta y joven figura. Nos enjabonamos y deslizamos nuestros cuerpos uno contra el otro, sintiéndome más joven y más vivo de lo que me había sentido durante años.

    Hicimos el amor, y la música sonó como nunca. En el exterior, la ciudad se despertaba y comenzaba sus negocios. ¿Qué puede decirse cuando dos personas hacen el amor por primera vez? A veces es un desastre, porque ninguno de los dos conoce al otro, y ese desastre colorea los acontecimientos que siguen. Pero a veces es excitante y nuevo y maravilloso y gratificante y hace que quieras repetirlo una y otra vez.

    Aquello cambió mi vida.

    La llevé a Tritón, la ciudad dentro de una burbuja en el fondo del Mediterráneo, cerca de Malta, donde quedamos maravillados ante la branquia orgánica de investigación y vimos atracar a los submarinos rastreadores de plancton. Nos ajustamos unas membranas branquiales artificiales y buceamos entre rocas y peces a grandes profundidades. Su cabello se desplegaba como el de una sirena. Nos sumergimos y salimos con una escolta de veloces peces linterna. «Descubrimos» los herrumbrosos restos de una galera de guerra fenicia e hicimos el amor a veinte brazas de profundidad.

    En Cos, el lugar de nacimiento de Hipócrates, Hilary dio una gran fiesta en su villa, y asistimos al estreno de una película de Thea Simon. Comimos fruta en la terraza y estuvimos viendo las naves que partían hacia el espacio desde la Base Sahara.

    —Es tan hermoso —dijo ella, mirando los rastros luminosos de los cohetes abandonados por las naves al describir sus arcos. Los rastros se enredaban y se esfumaban, debido a las corrientes de aire, convirtiéndose en abstractos de neón en la luz del atardecer.

    Asentí en medio de la penumbra. Detrás de nosotros oía cómo Las fuentes de Roma, de Respighi, reemplazaba al soñador Pájaro de las Visiones. Madelon y yo permanecimos sentados en el amigable silencio nocturno.

    Los garabatos caligráficos del neón casi se habían desvanecido cuando alguien encendió en el jardín, bajo nosotros, una escultura cinética provista de computador. Era un complejo de luces y reflejos deslumbrantes que giraban arrolladoramente, obra de Constantino 7, un artista cinético muy popular en aquel momento. Sus numerosas partes que bajaban se abrían y relampagueaban; estaban controladas por una cinta numérica escogida al azar, de forma que nunca era repetitiva.

    Madelon la miró durante un rato; después dijo:

    —Mi vida acostumbraba a ser así. Oh, sí. Corriendo de una parte a otra, siempre deprisa, sin ir a ningún sitio, muy brillante y au courant. Supongo que estaba intentando averiguar quién era yo. Yo era... yo soy... muy ambiciosa, pero me siento culpable de ser así.
    —No lo hagas —dije yo—. Sin ambición nunca se consigue nada.
    —Todavía no estoy segura... de saber quién soy. Ni siquiera de saber lo que quiero. —Extendió una mano y me tocó—. Sé que te quiero y que quiero estar contigo...
    —Pero... —exclamé.
    —Tú no eres el mundo, pero me proporcionas el mundo mayor que conozco.

    Su voz era seria y baja, mientras la escultura cinética era devuelta a la oscuridad, probablemente por alguien que la liberaba de su miseria.

    —Tú has sido siempre diferente —dijo ella—, porque siempre eres el mismo. Eres... como una roca.

    Hice una mueca en la oscuridad de la noche.

    —Nací completamente adulto de la cabeza de Júpiter.

    Ella me devolvió la sonrisa y me dio unos golpecitos en el brazo.

    —Sabes, intentar averiguar quién eres es la cosa más solitaria que hay. Si no eres tú, ¿quién eres? —Suspiró y durante un momento permaneció en silencio—. He sido muchas personas. Pero todos esos papeles eran yo, eran facetas de mí. Pero tú eres siempre tú. Te he observado hablando con los famosos y con los desconocidos, con los que son alguien y con los que no son nada. Eres exactamente igual. Solamente te he visto impacientarte con los estúpidos y con los que malgastan el tiempo. Cuando estás alegre lo compartes y cuando algo te hiere lo ocultas, pero resultas siempre tú.
    —Esa es la impresión que siempre dan los demás: que ellos son los profundos y los completos, pero que tú eres inseguro, fragmentado, incompleto. Pero eso no es cierto. Todos sufrimos un proceso de crecimiento. Hasta una roca se convierte en gravilla y la grava en arena y la arena en arenisca y ésta en roca.

    Después me reí en la oscuridad y murmuré que había pegado un resbalón y me había metido en filosofías.

    —¿Cómo eras cuando eras una niña? —le pregunté.

    Yo conocía las fotografías de su dossier, pero no a ella.

    —Era delgada y no tenía pechos, y quería pechos y caderas para poder ser una mujer de verdad. Después, cuando tuve pechos y caderas y todo lo demás, descubrí que para ser una mujer hacían falta muchas más cosas. Aprendí. Sobreviví. ¿Cómo eras tú de pequeño?

    Pensé por un momento y dije:

    —Pequeño. Aislado. Repleto de sueños. Ignorante. Obstinado. Inquisitivo. . —¿Querías ser artista?
    —Sí. Pero me faltaban algunos empalmes para ello.
    —Pero eres famoso como un aficionado a las artes...
    —Eso es muy distinto de ser un artista —comentó—. Muy distinto.

    Madelon dijo con una sonrisa:

    —Me encanta ir contigo a museos, galerías, estudios y cosas así. Dices lo que te pasa por la imaginación y no intentas hacerte el sofisticado.

    Tomé un sorbo de vino e hice girar el vaso.

    —Nunca he sido un hombre que piense que en un museo se debe estar especialmente silencioso. Mientras no moleste a nadie más ni invada su intimidad, siempre me he sentido libre para hablar, reír, discutir o callarme. El arte no es sagrado para mí, no de esa forma. Algo que está en un marco o sobre un pedestal no necesita ni mi silencio ni un discurso. Una cosa que esté en un marco no se convierte automáticamente en arte, simplemente es algo que alguien ha enmarcado.
    —¿La ley de Sturgeon? —sugirió Madelon—. El noventa por ciento de las cosas son toscas, incluyendo esta afirmación.
    —Sí, y me temo que la proporción sea todavía mayor en el arte. Durante toda mi vida adulta la gente siempre procura estar cerca de mí en las galerías, porque si estoy con alguien, hablo de lo que veo y siento, y algunas personas, incluso extranjeros, parecen encontrarlo interesante. O quizá simplemente no sea corriente. Intento no hablar de lo que creo que el artista quería decir o sentía, sino de lo que yo siento o de lo que el artista me ha transmitido.
    —¡Oh —exclamó Madelon— cómo me disgustan los que te lo intentan explicar!

    Yo también me reí.

    —Nunca me oirás decir: «Una síntesis única de lo puramente somático y sutilmente conceptualizado, con una comunicación casi verbal a nivel cognoscitivo estético». Nunca atribuiré motivos e intelectualizaciones a hombres a quienes no conozca personalmente, y bien además.
    —Pero hay influencias que son obvias —señaló Madelon.
    —¿Recuerdas aquella exposición peruana que vimos? En la jungla, donde vivieron aquellos ceramistas y artesanos, y que era su única realidad —su único concepto de realidad—, crearon esos vasos con figura de jaguar que son la manifestación de miedo y de respeto más fiera y aterradora que he visto nunca. Podría hablar del impacto de la Iglesia sobre alguno de los artistas que pintó lo que sentía, y después añadió las aureolas y los símbolos del santo que había seleccionado.
    —Pero todos los artistas están influenciados por su época —insistió Madelon— . Y las épocas por los artistas.
    —Por supuesto. Pero yo siempre hablo por mí, no por el artista. Si éste o ésta tienen algún valor, la obra habla más alto, más claro y más escuetamente que cuanto pudiese decir yo y durante mucho más tiempo.
    —¿Qué te parecen esos nuevos, los fragmentalistas? Trabajan con computadores y cámaras de nubes y nunca llegan a ver su obra; sólo se enteran de lo que sucedió.
    —Sí, de lo que existió durante un nanosegundo o dos y desapareció después. Puesto que nadie puede ver su arte, supongo que ésa es la razón por la que arman tanto ruido con él. Sus obras no pueden decir nada; por tanto, lo hacen ellos.

    Madelon me sonrió en la oscuridad.

    —Brian, nunca he visto a nadie que no fuese un artista activo, trabajando, que estuviese tan interesado en el arte como tú.

    Yo me encogí de hombros.

    —Es simplemente parte de mi vida. Cuando la gente compra arte para hacer una inversión, no me gusta. Futuros artísticos es una frase que he oído demasiado a menudo. Quizá sea como comprar futuros orgasmos, no lo sé. —Contemplé de nuevo las borrosas estelas luminosas—. Siempre he intentado ser yo mismo. Pero el mejor yo posible. Mis mayores yerros tienen lugar cuando me fallo a mí mismo.

    Me volví y sonreí a la mujer más hermosa que conocía.

    —¿Y qué querrás ser cuando te vuelvas mayor?
    —Yo —dijo ella—. La mejor posible, solamente.
    —¿Te interesaría invertir en un futuro orgasmo? —le pregunté.

    Ella se desenroscó graciosamente de la silla, sonriente y sedosa.

    —¿Me estás pidiendo que me olvide de los muchos placeres de Hilary, mi querido señor?
    —Pues sí. Tenía en la imaginación algo más íntimo.
    —Estaba pensando que ojalá estuvieses tomando tus pildoras ESP, querido. Estaba pensando en algo parecido yo también.

    Volamos a San Salvador y cabalgamos entre las altas hierbas de mi rancho ganadero e hicimos el amor junto a un riachuelo. Madelon fue testigo de mi reprimenda a un capataz perezoso que había permitido que el ganado consumiese un porcentaje demasiado alto de los preciosos cereales. Ella no lo mencionó hasta después de nuestra visita a la reserva ecológica en el Gran Arrecife Coralino, cuando estábamos paseando por la playa de Bora—Bora al atardecer.

    Madelon me miró tras un largo silencio.

    —A veces eres muy duro con la gente, ¿sabes? Pides demasiado.
    —No. Sólo lo mejor. Cuando te dejas satisfacer con la mediocridad, tú mismo te conviertes en mediocre.

    Ella dio una patada a la arena e hizo una mueca, mientras decía:

    —La civilización moderna ha colocado la mediocridad al mismo nivel de la excelencia..., y después desprecia la excelencia por haberse rebajado.
    —Bien, bien —dije—. Y yo tengo que ser duro con la gente.
    —Eres famoso, y supongo que la gente lo espera.
    —Tengo una reputación. Eso quiere decir que han oído hablar de mí, pero no saben nada de mí. Cuando se es famoso, la gente lo sabe todo acerca de uno. Si se es conocido, lo saben todo sobre uno, se quiera o no.
    —Suena como si hubieras hecho un estudio —comentó ella con la luz del sol poniente dando tintes rojizos a su rostro.
    —Un mecanismo de defensa. Una figura pública es alguien que ha salido más de una vez en el video. Una celebridad es alguien cuyo rostro conoces, pero cuyo nombre no puedes recordar. O al contrario. Una figura famosa es una vieja celebridad. Una figura destacada es una antigua figura famosa, mientras que una actriz es una figura joven y famosa.

    Ella se detuvo y me rodeó con sus brazos.

    —Sabía que llegarías al sexo.
    —Me parece que por esta noche ya hemos pontificado bastante —dije, y la besé. —Pontifícame aquí mismo —exclamó ella, desprendiéndose del sarong de tela brillante.
    —Suponte que te dogmatizo.
    —¡Oh, maravilloso! —dijo ella empujándome hacia la oscura arena, bajo nubes púrpura ribeteadas de rosa.

    En Ankara visitamos el complejo de tumbas excavadas en un acantilado rocoso, donde tres generaciones de la misma familia habían esculpido una fantasía en mármol y alquilado espacio en la tumba a los ricos. Madelon comentó sobre todos aquellos años de excavación y acarreo de arena:

    —El tiempo no tiene nada que ver con la creación del arte.

    Yo añadí:

    —No importa si les llevó diez años, diez minutos o diez generaciones. El arte debe serlo por sí mismo. El artista no puede estar al lado diciendo: «Mirad, esta parte me llevó tres años y en aquella otra empleé un invierno completo». Hemingway escribió dos de sus mejores cuentos antes de almorzar, y después volvió a trabajar. La Capilla Sixtina llevó años. El tiempo que se emplea es algo que solamente le interesa al artista. Si trabaja lentamente, podría ser difícil retener la totalidad de la visión durante el tiempo necesario. También podría limitar su resultado final, y no ser capaz de decir todo lo que quiere podría ser frustrante. Pero el trabajo lento quizá diese más oportunidades de una interacción con la obra. Todo depende del artista.
    —¿No te gusta esto? —preguntó ella, haciendo un gesto hacia la línea del acantilado, cubierta de fachadas, terrazas y pórticos.
    —Sí, pero lo importante es que existe, no el tiempo que tardó en hacerse. Es como decir que una cosa es mejor porque tardó mucho tiempo en hacerse, y eso ciertamente no es verdad.
    —¿Entonces lo importante es la visión del artista y su habilidad para transmitir su visión?
    —Sí, para el espectador. Para el artista podrá ser haberlo hecho y lo cerca que haya llegado de satisfacer su visión etérea con la realidad.
    —Entonces, cuanto más se aproxime la realidad de la obra terminada a la visión que él tenía, ¿mejor es la obra?
    —Bueno, será más conseguida. Después todavía tendríamos que ocuparnos del valor de la visión.
    —¡Oh, Dios, esto es interminable! ¿Cuántas visiones bailan dentro de la cabeza de un pintor?
    —Una sola cada vez.

    El mundo era nuestro terreno de juego, un hermoso juguete. Hasta podíamos lamentar los duros, aunque necesarios, métodos que estaban utilizando para reducir la población de la India mientras volábamos sobre París dirigiéndonos hacia la féte de André, en la cual las mujeres más bellas de Europa aparecieron cubiertas de joyería corporal esculpida y poco más.

    La llevé a la excavaciones de Ur, en el ardiente y polvoriento valle del Eufrates, pero permanecimos en una villa móvil con aire acondicionado. Navegamos por el océano Indico con Karpolis, mientras las revueltas de Bombay causaban la muerte de cientos de miles de personas. El resto del mundo parecía muy lejano, y realmente no me importaba mucho, porque estaba deleitándome en un festín de amor. Mi hombre de confianza, Huo, se encargaba de los asuntos de rutina, y durante un tiempo puse casi todo lo demás a un lado.

    Volamos hasta Estación Uno y «bailamos» en la atmósfera sin gravedad de la llamada «Pista Estelar», en la gran sala del eje central. Tomamos un transporte a la Luna para que Madelon la visitase por primera vez. Observé la Base Tycho con ojos nuevos y un sentido de aventura y maravilla que provenía de la muchacha. Subimos a la Cúpula Copérnico, y después echamos un vistazo al nuevo Observatorio Juventud, en la cara de atrás. Juntos contemplamos las estrellas. Viéndolas con tanta claridad, tan próximas y sin un solo parpadeo, sentí casi dolorosamente el deseo de visitarlas, y lo mismo le sucedió a ella. Empaquetados en el interior de unos voluminosos trajes, dimos un paseo sobre la superficie, ligeramente molestos por la discreta vigilancia de un guía del Tour Lunar que se encontraba allí para cuidar que los novatos no enredasen demasiado.

    Disfrutamos a fondo cada minuto de aquel viaje. Por la noche, en la cama, hablábamos sobre las estrellas y la vida alienígena y hacíamos la clase de planes para el futuro que hacen los amantes.

    Yo estaba enamorado. Estaba ciego, indefenso, sensible, feliz, loco y completamente atontado. Gasté una fortuna emocional, y la di por bien gastada.

    Ciertamente estaba enamorado.

    Pero el amor no puede reprimir, ni puede ser comprado, ni siquiera con amor. El amor solamente puede ser regalo, libremente dado, libremente aceptado. Empleé mi dinero como un instrumento, de la misma forma que Cilento usaría un esquema de rastreo para que nos proporcionase tiempo y placer, no para comprar a Madelon.

    Todos aquellos viajes costaban una fortuna, pero ésa era una de las razones por las que yo tenía dinero. Yo podía haber dejado de trabajar para gastarlo hacía mucho tiempo, pero sabía que afectaría seriamente mi capital con encargos, proyectos, viajes de placer y mujeres. Ya comenzaba a pensar en un viaje a Marte con Madelon, pero aquello significaría un mes de ausencia, y era una porción de mi tiempo demasiado grande para sustraerla de las obligaciones que tenía.

    A cambio la introduje en mi mundo. Había acontecimientos públicos notorios, conciertos, exposiciones y fiestas. Ella compartía mi entusiasmo por encontrar y ayudar a los artistas jóvenes de todos los campos, desde el pobre campesino mejicano con un talento natural para la escultura en arcilla hasta el peludo y hosco eslavo que tenía la casa llena de extraordinarias grabaciones del sintetizador, que muy pocas personas habían oído.

    Las observaciones de Madelon sobre arte, sobre la gente y las cosas, sobre filosofía, sobre lo grande y lo pequeño, eran siempre interesantes y a menudo profundamente agudas y perspicaces.

    —La realidad es irreal para los que no son . cuerdos —dijo una vez—, y la locura parece irreal a los cuerdos.

    Durante Warlock, la ópera de Douglas Weiss, ella me susurró:

    —Los actores intentan fundir los deseos de la infancia con las necesidades de los adultos.

    Yo la miré enarcando las cejas, mientras me hizo una mueca, encogiéndose de hombros.

    —Mi mente está divagando —dijo.

    Durante una fiesta en el interior de una burbuja del complejo Ondina, mientras a cien brazas por encima rugía una tempestad, se volvió hacia mí tras haber estado observando a un grupo de gente.

    —Si no puedes ser más de lo que eres, tienes que poner empeño en ser todo lo que puedes ser.

    Saliendo del recolector de plancton Thor Heyerdhal, comentó:

    —Yo siempre me despido sin más. Es la única forma de no verme agobiada con citas que no podré cumplir.

    También comentaba que Texas constituía el mayor estado de la Unión libre de glaciares y que Peter Brueghel era un artista que podía dibujar una multitud.

    Pero la vida con Madelon distaba mucho de ser una vida de viajes y sexo. Era variada y compleja, sencilla y rápida, lenta y cómoda... todas esas cosas.

    —¿Cómo has llegado a ser tan rico? —me preguntó Madelon una noche, después de haberme visto autorizar un gasto considerable en un determinado proyecto—. ¿Tu familia es rica?
    —No, mi padre era ingeniero y mi madre se dedicaba a la música. No vivíamos pobremente, pero tampoco nos sobraba nada. A veces me pregunto por qué soy rico..., o más bien cómo he llegado a serlo. Creo que conozco la razón. Fue para permitirme ciertos lujos. Para hacer las cosas que me gustaban se necesitaba dinero. Descubrí que tenía talento. El dinero se puede conseguir si se desea con la fuerza suficiente.
    —Eso suena como un cliché —dijo ella—. Conozco montones de personas que quieren desesperadamente tener dinero.
    —Sí, lo desean desesperadamente, pero no están dispuestos a hacer todo aquello que hay que hacer. O no tienen el talento necesario. Supongo que yo soy un explotador. Veo una necesidad y la satisfago lo mejor que puedo. No intento crear necesidades que en realidad sean simples deseos. Tuve buena suerte, talento suficiente y estuve dispuesto a la hora de hacer los deberes. Trabajé durante muchas horas, horas muy duras.
    —Yo también trabajé muchas y duras horas —dijo Madelon— y tuve que hacer un montón de cosas que no me apetecían, pero no soy rica.
    —¿Es eso lo que quieres, ser rica?
    —Supongo que no. Pero deseo ser libre, y para eso se necesita dinero generalmente.
    —Sí, a veces. Tener un poco de dinero también permite ser libre, pero hay otros problemas cuando uno se encuentra en esa situación. Lo sé porque he conocido las dos cosas.

    Continué enseñando a Madelon ese mundo privado de los ricos, mi mundo, con las casas «seguras» en varias partes del globo; las playas privadas, los coches veloces, las colecciones, las reuniones y las tonterías. Le presenté valiosos amigos como Burbee, el senador; Dunn, el percusionista; gente como Hilary, Bárbara, Greg, Joan y el resto. Tenía trajes de Queen Kong de Shanghai y atuendos enjoyados de Simpson. Tuvo cosas y experiencias, y yo compartía su placer y su interés.

    Aprendí mucho sobre ella. Me enteré de esos asuntos pequeños, íntimos, que son hábitos reveladores..., lo intrascendente, lo aburrido. Casi nunca utilizaba maquillaje, pero llevaba siempre cinco clases diferentes de champú. Raras veces se ponía enferma, pero sufría de dolores en las uñas de los pies, que le crecían hacia dentro. Insistía en dormir en el lado derecho de la cama, pero siempre parecía levantarse una hora antes que yo. Algunos de sus trajes los llevaba siempre a cualquier parte del mundo, aunque teníamos guardarropas en todas las casas. Si decidíamos reunirnos con alguien importante o conocido, se leía religiosamente todo lo que encontraba sobre ellos, pero siempre parecía dar a la persona en cuestión la impresión de que reaccionaba ante ella como una persona, no como un sha, o un príncipe de la corona, o un ganador de un premio de Bellas Artes. Tenía todo lo que quería, o eso pensaba yo, y de ahí surgió probablemente mi primer error.


    Capítulo 3


    Quería a Madelon y la conseguí. Obtener la mujer que deseaba no había sido nunca muy difícil. Encaramado sobre mi dinero y mi fama, me encontraba muy alto. A veces me preguntaba cuál sería mi éxito como amante sin dinero, pero era demasiado perezoso para probar.

    Quería a Madelon porque era la mujer más hermosa que había visto en mi vida y la menos aburrida. Tarde o temprano, todas las mujeres me habían aburrido, y la mayor parte de los hombres también. Cuando no hay sorpresas, hasta la persona más atractiva resulta insípida. Madelon provocó en mí una gran variedad de sensaciones, desde el amor al odio, algunas veces, pero nunca me resultó aburrida, pues el aburrimiento es el mayor pecado. Hasta aquellos que se esfuerzan en no ser aburridos pueden serlo, si sus esfuerzos se notan.

    Pero el interior de Madelon era tan bello como su exterior, y yo ya había tenido mi ración de carne hermosa y mentes subdesarrolladas.

    No se trataba exactamente de haber «conseguido a Madelon, sino que me casé con ella. Le resultaba atractivo. Nuestra vida sexual transcurría excelentemente, y mi riqueza constituía exactamente lo que a ella le convenía. Mi dinero era su libertad.

    Me abrí a ella como no lo había hecho con nadie más. Intenté mostrarle mi mundo, por lo menos la parte que se refería al arte. La parte que comprendía los negocios era una especie de partida, un ajedrez global o poker interplanetario, aburrido para la mayor parte de la gente.

    La llevé a un concierto de un joven músico sintetizador, cuya carrera estaba siendo patrocinada por una de mis fundaciones. Después, cuando estábamos tumbados sobre un colchón de agua cubierto de pieles, bajo la cúpula de cristal de mi apartamento de Nueva York, contemplando las luces de los rascacielos y las motas de helio, que recordaban insectos voladores, me preguntó:

    —¿Son todos los músicos tan arrogantes como ese compositor de música electrónica que te acorraló junto a la chimenea?
    —No, gracias a Dios no. Pero cuando se está convencido de haber creado algo qué el mundo debe conocer, se está ansioso de presentarlo.
    — ¡Pero él te estaba exigiendo que tú le patrocinaras! —sacudió la cabeza airadamente, esparciendo su cabello sobre mi pecho—. ¡Vaya un ego!
    —Todo el mundo lo tiene —dije, acariciándola con la yema de los dedos—. La gente está segura que el mío es muy grande, a causa de todos los acontecimientos a los que asisto y por todo eso del arte. Pero yo quiero ayudar a que el arte salga a la luz, en vez de extender mi propia fama ni mi ego.
    —¡Oh, Brian! —dijo ella dando un saltito y apretando su voluptuoso cuerpo contra el mío—, a veces te rebajas demasiado a ti mismo. No le contesté. La gente nunca lo entendía. Ella sí lo haría (o eso esperaba yo) a su debido tiempo.

    Yo quería ser una especie de mecenas de la creatividad, y no rascar mi ego contra el pedestal de la grandeza.

    Respiré profundamente, y dije:

    —¿Por qué no nos casamos?

    Sus ojos se dilataron de asombro.

    —¿Casarnos?

    Se sentó y agitó la mano a su alrededor, señalando las relucientes torres de Nueva York.

    —¿Quieres decir legalmente, ante Dios y ante todo el mundo?

    Yo asentí, y ella pareció divertida.

    —¿A qué viene eso? —preguntó—. Si resultase que yo me encuentro entre ese pequeño porcentaje de mujeres a las que no hacen efecto las inyecciones, siempre podría abortar, o tú podrías reconocer al niño. No hay necesidad de que nos casemos, Brian.
    —¿Y qué me dices de tu familia? —pregunté—. Por lo que me indicas, tu padre es un tigre a la antigua.
    —El no me dice lo que tengo que hacer, aunque le gustaría hacerlo.
    —Bueno, digamos que seguramente yo le agradaría más si estuviésemos casados.
    —Creía que nunca buscabas la aprobación de alguien para hacer una cosa.
    —Soy una persona autocomplaciente en extremo —sentencié—. Solamente hago lo que quiero hacer. Algún día quiero ir a Marte, y allí iré. Quizá tenga que pasarme sin ir a las estrellas, no obstante. Pero ahora mismo lo que quiero es que nos casemos legalmente y además delante de todos.
    —¿Y qué es lo que querrás mañana? —preguntó ella—. ¿No estar casado?

    La atraje hacia mí y la besé.

    —Parece que no me entiendes, querida. Soy un hombre muy poderoso y consigo todo lo que quiero.

    Ella me miró a través de ojos entornados.

    —¿Oh? ¿De verdad? ¿Puedo decir algo yo al respecto?
    —Lo que quieras.
    —En ese caso, digo que sí.

    Nos casamos dos semanas más tarde en lo alto del Templo de los Magos de Uxmal, Yucatán. Era el atardecer, y el templo se encontraba orientado hacia el este. Estaban unos pocos amigos íntimos, que llevaban antorchas. No existía ninguna razón particular en el hecho de haber escogido una pirámide maya como escenario. Sencillamente se trataba de que allí no había turistas, porque habían cerrado el templo durante un mes para comenzar unas nuevas excavaciones.

    Bebimos y festejamos toda la noche, haciendo los brindis de rigor y recibiéndolos. El padre de Madelon estaba allí, un nervudo y resistente hombre de unos cincuenta años, que decía poco y veía mucho. El y yo estábamos en el mismo borde occidental de la piedra, sobre los anchos y elevados escalones y escuchando la canción que había escrito Alison, que venía del otro lado del templo. Contemplamos la oscura jungla, viendo el débil bulto de las ruinas a nuestra derecha y la tienda blanca que cubría los hallazgos de la nueva tumba.

    —Thorne —dijo Sam Morgana—, si le hace daño a mi hija, le convertiré en carne picada para perros.

    Me volví y observé su rostro huesudo, duro en la noche. El bebió un sorbo de su vino y me mira inexpresivo.

    —No me gustan las amenazas, Sam —repliqué—. Ni siquiera esa clase de amenazas.

    Hizo un gesto de asentimiento.

    —A mí tampoco.

    Terminó su vino y regresó al otro lado del templo, dejándome solo. Después de un rato llegó Madelon y me rodeó con su brazo.

    —¿Qué te parecen los sacrificios de las vírgenes? —le pregunté.
    —No estoy capacitada.
    —¡Oh, vaya! Ya sabía yo que teníamos que haber esperado.
    —No es demasiado tarde para llamar a Vírgenes de Alquiler.

    Nos quedamos allí durante un tiempo, y el mundo estaba en silencio. La noche y la jungla, la luz de las estrellas y la luna creciente mostrando un pasadizo plateado entre las lustrosas hojas oscuras más abajo. Los invitados comenzaban a marcharse, riendo y deseándonos todo tipo de felicidades, bajando los escalones agarrados a la cadena de seguridad. Sam fue el último en partir. Se quedó mirándonos por un momento; luego saludó con la mano y comenzó el descenso.

    Madelon se separó de mí y corrió hasta él para darle un beso de despedida; después nos quedamos solos.

    Regresamos al lado oriental del templo y vimos que nuestros amigos habían erigido un lecho pagano para nosotros, justo en el interior de la puerta rectangular. Estaba cubierto de pieles, y un espléndido dosel de tela brillante colgaba por encima y detrás de nosotros. Había varias velas gruesas que parpadeaban a consecuencia de la fresca brisa prematinal, unos cuencos llenos de fruta fresca y una botella de vino. El aire estaba cargado con el aroma de flores exóticas y de la primitiva jungla.

    Cuando la primera luz de la aurora iluminó el oriente, hicimos el amor en el mismo lugar donde cientos de años antes los jefes mayas habían saludado a su dios, el Sol.

    Tras nuestro matrimonio, Madelon Morgana no se convirtió en Madelon Thorne, sino en Madelon Morgana. Maduró de una forma maravillosa y deliciosa. Se las arregló bien, con tacto y con dignidad, en el nuevo status que pasó a ocupar instantáneamente. Ser la esposa o la compañera de alguien rico, famoso o poderoso es muchas veces una posición llena de problemas.

    Era interesante observar cómo probaba la fuerza de sus alas. Al principio, yo era un ayudante conveniente y atractivo, un refugio, un profesor, un hombro, una puerta abierta, un defensor. Le gustaba lo que yo era para ella; más tarde le gustó todavía más quién era yo.

    Nos convertimos en amigos, además de en amantes.

    Por supuesto, en el transcurso del tiempo ella tuvo otros amantes, de la misma forma que yo conocí a otras mujeres que me interesaron, con un interés distinto al que sentía por ella.

    Ninguno poseía a Madelon, ni siquiera yo. Sus otros amantes no eran muy frecuentes, pero resultaban completamente reales. Yo nunca los conté, aunque sabía que Control podía obtener los datos en los computadores de la sección de vigilancia. No es que yo quisiera vigilarla; ella debía ser vigilada para su propia protección. Era una consecuencia de ser rico; qué mejor forma de sacarme unos cuantos millones que el antiguo y deshonroso método del secuestro. Protegerme contra un asesino era casi imposible si el hombre era inteligente y decidido, pero los equipos de vigilancia me confortaban cuando ella no estaba cerca de mí. Mientras tanto, y siempre que podía, estudiaba mazeru con Shigeta y tiro al blanco con Wesley. Los propios reflejos constituyen la mejor protección.

    En cuatro años, Madelon sólo había tenido dos amantes que, en mi opinión, estuviesen por debajo de ella. Uno era un rudo minero, que había hecho una fortuna en las minas marcianas cerca de Bradbury, y, junto con su nueva riqueza, desprendía una cierta vitalidad animal. El segundo fue una estrella de cine, encantador y guapo, pero esencialmente hueco. Fueron relaciones temporales, y cuando ella se dio cuenta de que me disgustaban, las rompió inmediatamente, algo que ninguno de los dos individuos pudo comprender nunca.

    Pero Madelon y yo éramos amigos, además de marido y mujer, y nadie es conscientemente duro con un amigo. Yo insulto frecuentemente a la gente, pero nunca soy duro. El gusto de Madelon era excelente, y sus otras relaciones, generalmente llenas de aprendizajes y alegrías, de forma que las dos que me resultaron desagradables constituyeron una absoluta minoría.

    Michael Cilento fue diferente.

    Yo hablé con Madelon, que estaba en el Egeo con un nuevo amante, y después volé al encuentro de Mike en casa de Nikki. Nuestro encuentro fue cálido.

    —Nunca te agradeceré lo bastante que me hayas dejado la villa —dijo abrazándome—. Fue muy bello, y Nikos y María, sumamente amables conmigo. Hice algunos dibujos de su hija. Pero la isla... ¡ah! Es hermosa, muy pacífica, sin embargo..., en cierta forma, excitante.
    —¿Dónde está el nuevo cubo?
    —En la galería Atenas. Están haciendo una exposición individual de un solo cubo.
    —Bien, vamos allá. Estoy ansioso de verlo. —Me volví hacia mi empleado Stamos—. Madelon vendrá pronto. Por favor, llévela directamente a Atenas. Vamos..., estoy excitado —le dije a Mike.

    El cubo, como todas las obras de Mike, era de tamaño natural. Sofía tenía la piel aceitunada y grandes pechos, y yacía sobre un sofá cubierto por una espesa piel, enroscada como un gato, pero completamente a la vista. En la obra había una opulencia, una riqueza, que recordaba las odaliscas de Matisse. Pero el puro erotismo animal de la muchacha lo arrollaba todo.

    Era la diosa Madre, la Tierra, Eva y Lilith a la vez. Era la princesa pagana, la primera sacerdotisa de Baal, la gran prostituta de Babilonia. Estaba desnuda, pero un signo solar brillaba oscuramente entre sus pechos. A su espalda, a través de un arco de piedra antigua y desgastada, se veía un mundo joven, verde y fresco detrás de una alta muralla. Aquí se percibía el tiempo, un escenario mucho más allá de la historia conocida, cuando los mitos eran hombres y monstruos quizá reales.

    Yacía sobre pieles de animales, sugiriendo vagamente un abandono lascivo, con todas las partes de su cuerpo al descubierto y una manzana medio comida en su mano. Una referencia tan directa a Eva hubiese resultado ridicula si la obra no poseyese un puro y crudo poder. Abruptamente, el simbolismo de la Eva bíblica y la manzana del conocimiento adquirían una realidad, un significado.

    Aquí, en algún lugar del pasado del hombre, había un cambio completo. De la sencillez a la complejidad, de la inocencia al conocimiento y, más aún, quizá a la sabiduría. Y siempre los íntimos y personales deseos secretos del cuerpo.

    Todo esto en un solo cubo, en un rostro.. Me acerqué a uno de los lados. La muchacha no cambió; únicamente ahora la veía de costado, pero la vista a través del arco resultaba diferente. Se veía el mar, extendiéndose hasta un horizonte inalterable bajo pesadas nubes. Las olas rodaban, silenciosas y cubiertas, por una capa de petróleo.

    Desde atrás se vislumbraba la parte contemplada por la voluptuosa muchacha: una habitación en penumbra, un pasillo que conducía a ella, iluminado por temblorosas antorchas, disolviéndose en la oscuridad... ¿en el tiempo hacia el tiempo? La Madre Tierra esperaba.

    El cuarto lado era una sólida muralla de piedra detrás de la mujer; sobre dicha muralla había una argolla de la que pendía una cadena. ¿Símbolo? ¿Decoración? Pero Mike era demasiado artista para incluir en su obra algo que no tuviese un significado, porque la decoración es simplemente un diseño sin contenido.

    Me volví hacia él para decirle algo, pero Mike miraba hacia la puerta.

    Madelon estaba en la entrada, mirando hacia el cubo. Se acercó despacio, registrándolo con los ojos, fijamente, misteriosamente. No dije nada, sino que me hice a un lado. Observé a Mike y mi corazón se retorció. La estaba contemplando con tanta intensidad como ella miraba el cubo sensatrónico.

    Mientras Madelon se acercaba, Mike se inclinó hacia mí.

    —¿Esta es tu amiga? —preguntó.

    Yo asentí.

    —Haré ese cubo que querías —dijo él suavemente.

    Esperamos en silencio, mientras Madelon, sin decir nada, rodeaba el cubo. Advertí que estaba excitada. Bronceada y en espléndida forma, vestía un modelo original de Draco, recién salida de su exploración submarina del Egeo, en compañía de Markos. Por fin, con un remolino de su falda, se separó del cubo y se dirigió directamente a mí. Nos besamos y nos abrazamos durante largo tiempo.

    Estuvimos un buen rato mirándonos a los ojos.

    —¿Estás bien? —le pregunté.
    —Sí.

    Ella me miró durante un largo instante más, buscando en mis ojos el rastro de una posible herida que pudiese haber causado, con una suave sonrisa en su rostro. En ese lenguaje abreviado e íntimo de viejos amigos y viejos amantes, me interrogó con la vista.

    —Estoy estupendamente —no mentía. Continuaba siendo su amigo, aunque no tan a menudo su amante. Pero todavía tenía más que la mayoría de los hombres, y no hablo de mis millones. Yo tenía su cariño y su respeto, mientras los otros contaban generalmente sólo con su interés.

    Se volvió hacia Mike sonriendo.

    —Tú eres Michael Cilento. ¿Quieres hacer mi retrato o usarme como modelo?

    Era lo bastante perceptiva como para saber que se trataba de algo más que de una simple diferencia de matiz.

    —Brian ya me ha hablado de ello —dijo.
    —¿Y bien? —no se sorprendió.
    —Antes de que pueda hacer un cubo, necesito siempre pasar algún tiempo con mi modelo.

    «Excepto con el cubo de Buda», pensé yo con una sonrisa.

    —Todo el que necesites —exclamó Madelon.

    Por encima de ella, Mike me miró con las cejas en alto. Yo hice un gesto de asentimiento. Fuese lo que fuese lo que se necesitase, me halaga pensar que comprendo el proceso creativo mejor que la mayoría de la gente que no es artista. Lo que era necesario era necesario; lo que no, carecía de importancia. Con Mike, la tecnología había dejado de ser otra cosa que un inconveniente mínimo entre él y su arte. Ahora sólo necesitaba intimidad y comprensión de lo que intentaba hacer. Y eso quería decir que necesitaba tiempo.

    —Usad el Transjet —dije yo—. Blake Mason acaba de terminar la casa de Malagasy. Vivid allí o viajad de un lado a otro una temporada. Mike me sonrió. —¿Cuántas casas tienes, de paso? —Me gusta cambiar de ambientes. Hace que la vida sea más interesante. Por mucho que intente pasar desapercibido de los noticieros, continúan encontrándome, y no puedo estar en tantos sitios a la vez como me gustaría. Mike se encogió de hombros. —Yo pensaba que un poco de fama sería de utilidad, y lo ha sido, pero sé lo que quieres decir. Después de las entrevistas en el mundo del arte y la exposición en Jimmy Brand, parece que no puedo ir a ninguna parte sin que haya alguien que me reconozca.
    —Lo dulce con lo amargo —sentencié.
    —Brian utiliza también un cierto número de personajes —dijo Madelon.

    Mike arqueó las cejas.

    —Las vidas secretas de Brian Thorne, completas con todos sus pasaportes y tarjetas de crédito —comentó ella riendo. Mike me miró y yo expliqué: —Es necesario cuando estás en el centro de una estructura de poder. A veces, necesitas escapar de todo eso, o sencillamente, no ser tú durante algún tiempo. Es algo parecido a los cambios de estilo de un artista. La casa de Malagasy pertenece a «Ben Ford» de Publitex... Yo no he estado allí todavía; así que tú puedes ser Ben.


    Capítulo 4


    La gente ha dicho que yo quería que aquello sucediese. Pero no se puede luchar contra la marea; viene y se va cuando quiere. Madelon era distinta de cualquier otra persona que yo hubiese conocido. Ella era su propia dueña. Poca gente lo es. Hay muchos que son reflejos de los demás espejos de la fama, del poder o de la personalidad. Muchos dejan que otros piensen por ellos. Algunos no son en realidad personas, sino números de una estadística.

    Pero Madelon era distinta a los demás. Ella daba y recibía, sin tener en cuenta muchas cosas, exigiendo únicamente sinceridad. Era dura para sus amigos, porque hasta los amigos requieren algunas veces un poquito de falsedad que les ayude.

    Se ajustaba a mi propia definición de la amistad: los amigos deben interesarte, divertirte, ayudarte y protegerte. No pueden hacer otra cosa. El nivel hasta el que cumplen con estos requisitos define el grado de amistad. Sin interés no hay comunicación; sin diversión no hay aliciente; sin ayuda y protección no hay confianza, ni sinceridad, ni seguridad, ni intimidad. La amistad es una calle de dos direcciones, y Madelon era amiga mía.

    Michael Cilento resultaba también distinto de la mayoría de las personas. Era un original, en camino de convertirse en leyenda. En el primer nivel existen personas que son «interesantes» o «diferentes». A los que están por debajo de esto, no debiera permitírseles que malgasten nuestro tiempo. En el escalón siguiente, hacia arriba, están los únicos; después, los originales, y finalmente esos, raros, que son leyendas.

    Podría halagarme a mí mismo diciendo que yo era diferente, posiblemente en los buenos días, único. Madelon era indiscutiblemente original; pero a mí me parecía que en Michael Cilento había algo extra, el arte, el impulso, la visión, el talento, que podía convertirle en una leyenda o destruirle.

    Así que se marcharon juntos a Magalasy, en la costa africana; a Capri, a Nueva York. Después supe que estaban en Argel. Mi Control mantenía sobre ellos una vigilancia especial, algo más que la usual protección que yo proporcionaba a Madelon. Pero yo no la llevaba en persona. Era asunto suyo.

    Un informe del video los mostró en Estación Uno, bailando en la gran sala de baile sin gravedad de la esfera. Aun sin recurrir a Control, yo era informado de lo que hacían y de dónde estaban por una legión de personas que encontraban placer en decirme dónde estaban mi mujer y su amante y lo que hacían y qué aspecto tenían y lo que decían, y así sucesivamente.

    En cierta forma, nada de esto me sorprendía. Conocía a Madelon y sus gustos. Conocía a las mujeres hermosas. Sabía que los cubos sensatrónicos de Mike servirían a muchas mujeres de pasaporte a la inmortalidad.

    Por supuesto, Mike no era el único artista que trabajaba en aquello, pues Hayworth y Powers estaban exhibiendo obras al mismo tiempo y Coe ya había hecho su gran «Familia». Pero las mujeres preferían a Mike. Los presidentes y los reyes buscaban a Cinardo y a Lisa Araminta. Las estrellas de cine pensaban que Hampton estaba de moda. Pero todas las grandes bellezas escogían a Mike en primer lugar.

    Yo estaba decidido a que Mike tuviese el tiempo y la intimidad necesarios para hacer un cubo sensatrónico de Madelon, y cursé instrucciones a todas mis casas, oficinas y sucursales para que Mike y Madelon fueran protegidos de los reporteros, de los chiflados y de la gente poco interesante en cuanto fuera posible.

    Aquel anhelo por poseer un retrato sensatrónico de Madelon era puramente egoísta por mi parte. Supongo que quería que el mundo supiese que ella era «mía», tan mía como podía pertenecer a alguien. Comprendí que todos mis encargos artísticos resultaban, en el fondo, egoístas.

    No os confundáis... Yo disfrutaba con el arte que ayudaba a hacer posible, con unos cuantos errores que me hacían mantenerme alerta. Pero soy un hombre de negocios muy rico, muy inteligente, muy famoso, mas nadie me recordará más allá de la memoria de unos pocos amigos fieles.

    El arte que ayude a crear hará que mi recuerdo siga viviendo. En eso no soy el único. Algunos fundan universidades, crean becas o construyen estadios; otros, casas enormes; otros hacen que se apruebe una determinada ley. Estos no siempre son actos de puro egoísmo, pero a menudo el ego tiene que ver con ello, estoy seguro, especialmente si lo que crean está libre de impuestos.

    A través de los años le he encargado a Vardi que hiciese los Hados para el jardín—terraza del complejo de Problemas Generales, mi principal corporación y base financiera. Presioné a Darrin con el fin de que hiciese las esculturas de las Montañas Rocosas para la United Motors. Persuadí a Willoughby que realizara su serie sobre la bestia dorada en mi casa de Arizona. Caruthers hizo sus cubos de la serie «Hombre» a causa de un encargo de mi compañía Manpower. Los paneles de Elinor Ellington, que están ahora en el Metropolitan, fueron hechos para mi finca de Tahití. Doné a la universidad de Pennsylvania el dinero para impregnar esos centenares de losas de arenisca con grabados marcianos y poder traerlos a la Tierra sin que sufrieran daños. Durante cinco años pagué un subsidio a Eklundy para que escribiese su Sinfonía Marciana. Patrociné en Sidney el primer concierto musical aéreo.

    Mi ego había obtenido unos resultados perfectos.

    Recibí una grabación de Madelon el mismo día que una llamada del papa, quien quería que le ayudara a convencer a Mike para que hiciese las esculturas de su tumba. La nueva Iglesia Reformada estaba de nuevo interesada en promover el arte, una tradición de dos mil cien años de antigüedad.

    Recibir una grabación de Madelon, en lugar de una llamada, donde yo podía contestar, me hirió. Empecé a sospechar que la había perdido.

    Mis reforzados estratos de sofisticación me decían volublemente que yo mismo me lo había buscado, que hasta había intrigado para conseguir aquello. Pero mis instintos de animal me dijeron que había sido un imbécil. Esta vez no resulté demasiado inteligente.

    Dejé caer la cinta en el reproductor. Estaba grabando desde un jardín de líquenes marcianos en el Trumpet Valley, y las rocas de granito a su espalda aparecían cubiertas con los colores herrumbrosos, verde oliváceos y negros relucientes de los trasplantes alienígenas. Yo había conseguido que Ecolco le concediese a Tashura la beca necesaria para que el trasplante desde Marte fuera posible. Los sutiles y matizados colores parecían formar un fondo apropiado para su belleza y su mensaje.

    —Brian, es fantástico. Nunca he conocido a nadie igual.

    Me sentí morir un poco y me entristecí. Otros la habían divertido; su cuerpo fresco y dorado los había deseado; habían resultado momentáneamente misteriosos, pero esta vez... supe que esta vez era distinto.

    —Va a comenzar el cubo en Roma la semana que viene. Estoy muy excitada. Estaré en contacto contigo.

    Vi cómo oprimía el control remoto, y la cinta terminó. Puse a mi hombre Huo sobre la pista, y la encontré en la Ciudad Eterna, con un aspecto radiante.

    —¿Cuánto quiere por hacerlo? —pregunté.

    A veces, a mi cerebro de hombre de negocios le gusta poner las cosas en su sitio por orden, antes de que haya confusiones y malentendidos. Pero estaba vez fui brusco, rudo y hasta brutal, a pesar de que mis palabras habían sido pronunciadas en un tono normal y ligero. Pero todo lo que podía ofrecer eran los medios para que el cubo sensatrónico lograse hacerse.

    —Nada —dijo ella—. Lo va a hacer gratis. Lo va a hacer porque quiere, Brian.
    —Eso es una tontería. Yo se lo encargué. Hacer un cubo cuesta dinero. El no es tan rico.
    —Dijo que te comunicase que quiere hacerlo sin necesidad de que le pagues. Ahora ha salido a comprar unas redes ciliares nuevas.

    Me sentí engañado. Yo había provocado la serie de acontecimientos que terminarían en la creación de un retrato sensatrónico de Madelon, pero iba a verme privado de mi única contribución, mi única relación. Tenía que salvar algo.

    —Será... será un cubo extraordinario. ¿Estaría Mike en contra si yo construyese una estructura apropiada para albergarlo?
    —Creía que querías ponerlo en la nueva casa de Battle Mountain.
    —Sí, pero pensé que podría hacerse una pequeña cúpula especial de piedra pulverizada quizá en la cumbre. Algo extra para una obra maestra de Cilento.
    —Suena como un santuario. —Su rostro estaba tranquilo, pero sus ojos me escudriñaban.
    —Sí —contesté lentamente—, tal vez lo sea.
    —Nadie debería llegar a conocerte tan bien que pueda leer en tu mente cuando tú mismo no puedes.

    Cambié de tema, y durante unos cuantos minutos hablamos sobre varios amigos. Steve estaba en el Proyecto Venus. Un couturier de moda, que acababa de lanzar una línea inspirada en los recientes hallazgos de tabletas marcianas. Un nuevo escultor que trabajaba con magnaplásticos. Los diseños de Blake Mason para los Jardines de Babilonia. Un festival en Río, al que Jules y Gina nos habían invitado. El deseo del papa de que Mike hiciese su tumba. Resumiendo: todo el cotilleo, trivialidades y cosas importantes que tienen que decirse los amigos.

    Hablé de todo, excepto de lo que quería hablar.

    Cuando nos despedimos, Madelon me dijo con una sonrisa triste y orgullosa que nunca había sido tan feliz. Asentí y corté; después me quedé mirando la oscura pantalla sin verla. Durante un largo instante odié a Michael Cilento, y probablemente nunca estuvo más cerca de la muerte. Pero yo amaba a Madelon y ella amaba a Mike; por tanto, él debía vivir y ser protegido. Sabía que ella también me quería a mí, pero era —y siempre lo había sido— un tipo distinto de amor.

    Asistí a una reunión en el departamento científico de Base Tycho y contemplé la zona que rodeaba a la Tierra, verde—castaño—azulada y veteada de blanco, prestando sólo una mínima atención a los que hablaban.

    Fui a una reunión petrolífera en Hargesisa, Somalia. Visité en Samarcanda a una antigua amante, vendí una compañía, compré una serpiente electrónica para el Louvre, visité a Armand en Narbona, compré una compañía, le encargué un concierto a un nuevo compositor que me gustó en Ceilán y le regalé al Prado un Caruthers de la primera época.

    Iba. Venía. Pensaba en Madelon. Pensaba en Mike. Después volvía a hacer lo que mejor se me daba: ganar dinero, trabajar, terminar las cosas, dejar pasar el tiempo.

    Acababa de llegar de una reunión del Consejo de Ecología del continente norteamericano, cuando Madelon me llamó para decirme que el cubo estaba terminado y sería instalado en la casa de Battle Mountain a fines de aquella semana.

    —¿Qué tal está? —pregunté.

    Ella sonrió.

    —Juzga por ti mismo.
    —Bruja presumida —dije haciendo una mueca.
    —Es el mejor hasta ahora, Brian. El mejor sensatrón del mundo.
    —Te veré el sábado.

    Corté y me tomé el resto del día libre; cené temprano con dos rubias suecas e hice una pequeña purificación carnal. En realidad, no me sirvió de mucho.

    El sábado pude ver dos diminutas figuras saludándome con la mano desde la pasarela que unía la casa con la cima de la espiral rocosa donde estaba la pista de aterrizaje del helicóptero. Tenían las manos cogidas.

    Madelon estaba bronceada, preciosa, reluciente, vestida de blanco, con un collar de Cartier. Sus hombros y pechos se hallaban cubiertos de tatuajes temporales, con brillantes facetas de fuego líquido. Saludó a Bowie mientras se acercaba hacia donde me encontraba yo, entrecerrando los ojos ante el polvo que se arremolinaba todavía, a causa de las hélices del helicóptero.

    Mike estaba allí, vestido de negro, con un aspecto acosado.

    «¿Estás empezando a sentirlo, eh muchacho?», pensé. Había una especie de emoción viciosa en pensarlo, y me avergoncé.

    Madelon me abrazó, y juntos nos encaminamos sobre la pasarela directamente hacia la nueva cúpula de piedra pulverizada en el jardín, sobre el borde de un acantilado de doscientos pies de altura.

    El cubo era magnífico. No había existido nunca nada igual, ni existirá.

    Era el cubo mayor que había visto en mi vida. Después los he visto mayores, aunque ninguno mejor. Su impacto resultaba sobrecogedor.

    Madelon se sentaba como una reina sobre lo que después se ha venido conociendo como el Trono Precioso, un enorme bloque sólido semejante a un trono, que parecía ser en parte trono, en parte joya, en parte un sueño. Era inmensamente complejo, provisto de esquemas electrónicos facetados, que producían el efecto de una joya soberbiamente cortada y que, de alguna forma, era también líquido. Unicamente por aquel trono Michael Cilento hubiese conquistado un puesto en la historia del arte.

    Pero sobre dicha obra de arte aparecía sentada Madelon, desnuda. Su cabello caía hasta la cintura en una sencilla cascada. Miraba directamente, muy erguida, casi pudorosamente, con una expresión parecida al triunfo.

    Me atrajo desde la entrada. Todo el mundo, todo lo demás, fue olvidado, incluyendo al original y al creador, que estaban conmigo. Sólo existía el cubo. Las vibraciones comenzaban a alcanzarme, y mi pulso aumentó. Incluso el saber que los generadores de pulso trabajaban sobre mis ondas alfa y que los proyectores de transmisión hacían esto y las ondas sónicas aquello y que mis propias ondas alfa eran sincronizadas y vueltas a reproyectar sobre mí, no me afectaba. Sólo me afectaba el cubo. Todo lo demás había sido olvidado.

    Estábamos sólo el cubo y yo con Madelon dentro, más real que la realidad.

    Caminé hasta ponerme delante. El cubo se hallaba ligeramente elevado, de forma que ella se sentaba bastante por encima del suelo, como una reina. A su espalda, detrás de sus ojos violeta oscuro, detrás de la increíble presencia de la mujer, había un fondo neblinoso, que podía haber estado moviéndose y cambiando.

    Permanecí allí un largo rato, mirando, experimentando.

    —Es increíble —susurré.
    —Da la vuelta —dijo Madelon.

    Sentí una nota de orgullo en su voz. Me moví a la derecha y fue como si Madelon me siguiese con los ojos sin moverlos, caminando detrás al percibirme, alerta, viva, dispuesta para mí. La imagen electrónica sobre las superficies multiestratificadas ya era real. Los cepillos electrónicos de Mike habían transformado las directas imágenes básicas del video en formas sutiles, con variaciones llenas de sabiduría y frágiles matices a muchos niveles diferentes, que revelaban y ponían énfasis delicadamente.

    La figura de Madelon se sentaba allí, orgullosamente desnuda, respirando normalmente con aquel movimiento tan fantásticamente parecido al verdadero posible para los hábiles constructores moleculares. La figura no tenía nada de la extravagancia que Caruthers o Stibbard daban a las suyas, tan encantados con su habilidad para infundir «vida» a sus obras, que no veían nada más.

    Pero Mike tenía control. En su obra había fuerza y una reserva que exigía que el espectador pusiese algo de su parte.

    Me situé en el lado posterior. Madelon ya no estaba sentada sobre el trono. Este se hallaba vacío; detrás, extendiéndose hasta el horizonte, había un océano, y sobre las altas olas, las estrellas. Brillaban nuevas constelaciones. Relampagueó un meteoro. Me puse junto a uno de los costados. El trono no había cambiado, pero Madelon volvió. Se encontraba allí sentada, como una reina esperando.

    Di la vuelta al cubo. Estaba en el otro lado, esperando, respirando, existiendo. Pero por atrás se había ido.

    «¿Adonde?»

    Miré largo rato los ojos de la figura dentro del cubo. Ella me devolvió la mirada. Me pareció percibir sus pensamientos. Su rostro cambió. Pareció a punto de sonreír; se entristeció, y después volvió a su magnificencia.

    Me retiré al interior de mí mismo. Me acerqué a Mike para felicitarle.

    —Estoy sobrecogido. No tengo palabras.

    El pareció aliviado ante mi aprobación.

    —Es tuyo —dijo.

    Yo asentí. No había nada más que decir. Era la obra de arte más importante que había visto. Era algo más que Madelon o que la suma de todas las Madelones que sabía que existían. Era la Mujer, además de una mujer específica. En presencia de un arte semejante, me sentí humilde. Era mío únicamente en el sentido de que yo podía albergarlo. No lograba contenerlo. Tenía que pertenecer al mundo.

    Les miré. Había algo más. Percibí de qué se trataba, y me sentí morir un poco más. Un destello de odio hacia los dos cruzó por mi mente y desapareció, dejando únicamente el vacío.

    —Madelon viene conmigo —dijo Mike.

    Yo la miré. Ella asintió ligeramente, mirándome gravemente, con una profunda preocupación en sus ojos.

    —Lo siento, Brian.

    Yo hice un gesto de asentimiento, con la garganta repentinamente oprimida. Era casi un trato de negocios; la mayor obra de arte del mundo a cambio de Madelon; hasta resultaba un trato comercial. Me volví otra vez a mirar el sensatrón, y esta vez la imagen de Madelon parecía triste y compasiva. Mis ojos estaban húmedos y el cubo temblaba. Les oí partir y un rato después de que el ronroneo del helicóptero se hubiese desvanecido estaba allí todavía, mirando el cubo, a Madelon, mirándome a mi mismo.

    Supe que se fueron a Atenas, y después a Rusia durante una temporada. Cuando marcharon a la India, donde Mike quería hacer su serie sobre los Hombres Santos, cancelé la discreta vigilancia que Control mantenía aún sobre los dos. A él le vi en una charla y parecía retirado, hablando de las presiones que le proporcionaba la fama. Madelon no estaba en el espectáculo, ni él la mencionó para nada.

    Como una parte de mi puesta al día en tecnología, me pasaron un artículo del Science News donde se hablaba de Mike, considerando sus conquistas técnicas, y no el aspecto artístico. Parecía que el Sistema Molecular a Gran Escala era un éxito y que gran parte del mérito se le debía a él mismo. El resto del artículo versaba sobre los detalles de su investigación básica.

    Todo aquello parecía muy lejos de mí, pero las viejas costumbres persisten durante largo tiempo. Mi primer pensamiento al ver la nueva exposición de Dolan fue si le gustaría a Madelon. Compré en Cartier un traje completo de joyas esculpidas antes de acordarme, y terminé regalándoselo a mi compañera de un fin de semana en México para desembarazarme de él.

    Compré compañías. Hice muchas cosas. Realicé encargos de arte. Vendí compañías. Fui a sitios. Cambié de amantes. Gané dinero. Libré batallas en la Bolsa. Perdí algunas. Arruiné a gente. A otros los hice ricos y felices. Estaba muy solo.

    A menudo vuelvo a Battle Mountain. Allí es donde está el cubo.

    Su grandeza nunca me aburre; cada vez que lo veo es diferente, porque cada vez yo soy diferente. Pero tampoco Madelon me había aburrido nunca, al contrario que todas las demás mujeres, que tarde o temprano me revelaban su superficialidad o mi falta de habilidad para encontrar algo más profundo.

    Contemplo la obra de Michael Cilento y sé que es un artista de su época, pero como muchos artistas, no de su época. Usa la tecnología de su tiempo, la actitud de un alienígena y el mismo asunto básico como tema que han empleado generaciones de fascinados artistas.

    Michael Cilento es un artista de mujeres. Muchos han dicho que es el artista que captó a las mujeres como son, como ellas querían ser y como él las veía, todo en una obra de arte.

    Cuando contemplo mi cubo sensatrónico y todos los restantes de Cilento que he adquirido, me siento orgulloso de haber contribuido a la creación de un arte semejante. Pero cuando miro el de Madelon, que es mi cubo favorito, me pregunto a veces si el cambio valió la pena.

    El cubo es algo más que Madelon o que la suma de toda la suma de todas las Madelones que han existido. Pero la realidad del arte no es la realidad de la realidad.

    Después de la exposición retrospectiva de Cilento en el Moderno, las gacetillas sociales no me dijeron nada sobre ellos durante varios meses.

    Desganadamente, pedí a Control que lo investigase.

    La investigación reveló que ocupaban un estudio en Londres, pero las preguntas al vecindario resultaron en que nadie les había visto desde hacía un mes aproximadamente y nadie contestaba las llamadas. Di permiso para que efectuasen con discreción una entrada ilegal. Al cabo de unos minutos estaban otra vez hablando conmigo en Tokio, vía satélite.

    —Probablemente usted en persona debería ver esto, señor —dijo el hombre.
    —¿Se hallan bien? —pregunté, y me dolía.
    —No están aquí, señor. Trajes, papeles, efectos de toda clase, sí, pero de ellos no hay rastro.
    —¿Hicisteis comprobaciones en las aduanas? ¿Registrasteis el edificio?
    —Sí, señor, antes que ninguna otra cosa. Nadie sabe nada, pero...
    —¿Qué?
    —Aquí hay algo que usted debería ver.

    El estudio era grande, una combinación de patio de basuras, taller, laboratorio de un científico loco y galería de arte, parecido a cualquier otro estudio de artista sensatrónico que yo hubiese visto. Más tarde observaría los detalles... las botellas de vino de flor pintadas con rostros alegres, los diminutos cubos sensatrónicos que le hacían feliz a uno con sólo cogerlos en la mano y ver cómo cambiaban, los libros de arte, con nuevos dibujos hechos sobre las reproducciones de los antiguos, las ánforas, mapas y diagramas.

    Más tarde deambularía entre los desperdicios, el polvo y el arte digno de figurar en museos y vería unos pocos bocetos sobre lienzo que, indudablemente, eran de Madelon. Encontraría las joyas bárbaras, las alegres trifotos, las cintas, el casco persa lleno de flores secas, la piedra pintada dentro del refrigerador, envuelta en papel de aluminio, la mariposa de permaplástico, el sandwich medio mordisqueado.

    Pero todo lo que vi cuando entré fueron los cubos.

    Compré el edificio y ordené algunos cambios en su estructura. No quería mover ni un milímetro ninguno de los cubos. El único que cogí fue el que todos los críticos e informadores denominaron Los amantes. No podía mantenerlo escondido del mundo, aunque enseñarlo me hiciese daño.

    El otro cubo era más bien un instrumento, una herramienta, toscamente terminado, pero complejo; en realidad no se trataba de una obra de arte, y no quise que lo movieran.

    Una vez que fue conocido, la gente se peleaba por Los amantes de una forma curiosamente ávida. Los museos rogaban, regateaban, suplicaban, se comprometían, se agrupaban en falanges pidiendo giras, se traicionaban unos a otros, se reagrupaban para intentarlo otra vez.

    En cierta forma, es todo lo que me queda de ellos. Proseguí con los pasos más obvios en la investigación, pero no hallé el menor rastro de ellos, ni en la Tierra, ni en la Luna, ni en Marte. Ordené a Control que abandonase su búsqueda cuando se hizo evidente que no querían ser encontrados, o que no era posible encontrarlos.

    Pero de algún modo todavía están aquí, vivos. En el cubo.

    Están de pie mirándose el uno al otro. Desnudos. Mirándose a los ojos, cogidos de la mano. Bajo sus pies crecen unas flores diminutas y una rica hierba fresca. En la mano libre de Mike hay algo brillante que él le da a Madelon. Una estrella de energía. Un pequeño universo resplandeciente. Se lo está ofreciendo.

    A sus espaldas, el cielo. Grandes y hermosas nubes de primavera se mueven majestuosamente sobre el azul. Más lejos, más allá, unas antiguas rocas desgastadas, muy parecidas al Valle del Monumento, en Arizona, o a la Corona, en Marte, cerca de Burroughs. Ese fue el primer lado que yo vi.

    Me aproximé lentamente al lado derecho. No cambiaban. Continuaban mirándose a los ojos, con una sonrisa ligera y sabia en sus labios. Pero el fondo estaba constituido por estrellas. Una muralla de estrellas detrás de la hierba, a sus pies. El espacio. El espacio profundo, lleno de increíbles enanos rojizos, monstruosos gigantes azules, puntos brillantes como el hielo, millones y millones de soles que creaban una neblina estrellada y vagabunda entre la negrura.

    El tercer lado era otro paisaje, visto desde la cumbre de una colina, con mar rojo—violeta en la distancia y dos lunas.

    El cuarto, la oscuridad. Cierta clase de oscuridad. Algo estaba allí atrás, detrás de ellos. Unas vagas figuras se formaban, desaparecían, se volvían a formar de nuevo, ligeramente diferentes, cambiantes...

    Entonces aparecía yo. Creo que soy yo. No sé por qué lo creo. Nunca le he dicho a nadie que pienso que una de las caras borrosas es la mía, pero lo creo firmemente.

    Las vibraciones eran sutiles, casi inadvertidas hasta que se había estado contemplando el cubo durante un buen rato. Eran vibraciones pacíficas, aunque en cierta forma excitantes, como si las grabaciones de ondas cerebrales sobre las que se basaban estuviesen anunciando algo diferente de una forma maravillosa. Hay libros escritos sobre este único cubo, y cada escritor ha hecho su propia interpretación.

    Pero nadie más vio el otro cubo.

    Es una panorámica con el mismo paisaje que se ve en la tercera cara de Los amantes. Si se da la vuelta a su alrededor, surge una vista de 360° desde lo alto de una colina no muy elevada. En una de las direcciones se observa la costa curva de una bahía de agua rojo—violeta, y detrás, apenas entrevisto, algo que podrían ser espirales, rocas, o posiblemente torres. En la otra dirección, la hierba verde— azulada se ondula en la suave brisa hacia las lejanas montañas. El ciclo es largo, varias veces más que cualquier sensatrón actual; dura unas treinta horas. Pero no pasa nada. El viento sopla, la hierba forma pequeñas olas, las mareas vienen y van. Un sol caliente del tipo G. La luz de la luna sobre el agua. Vibraciones de paz. Tranquilidad.

    Cuando me encontraba solo en aquel estudio, tocaba la lustrosa superficie de la cristalita, pero ésta no cedía; sin embargo, un mundo alienígena parecía al alcance de la mano. ¿O lo estaba en realidad? La investigación de Mike sobre las partículas, ¿abrió alguna puerta nueva para él? Tenía miedo de mover el cubo, porque quizá estuviese alineado con algo.

    Es que, sabéis, hay huellas en el terreno.

    Dos pares que comienzan en el cubo y se alejan hacia las lejanas espirales.

    Puse a trabajar al mejor de mis equipos de investigación. Se llevaron los diagramas y los apuntes que encontraron sobre el espacio interdimensional. Incluso tuvieron en cuenta un conjunto de varias cifras garrapateadas sobre el tablero de una mesa.

    A veces conecto el monitor y veo el cubo con el estudio solitario y cerrado, y me preguntó:

    «¿Dónde están? ¿Dónde están?»


    Capítulo 5


    Durante casi dos años después de la desaparición de Madelon y Mike me convertí en una especie de robot, ejecutando las acciones de Brian Thorne, siendo Brian Thorne casi por reflejo. Pero era un hombre distinto, menos amigable en mis modales, pasando de ser un melancólico ermitaño enclaustrado en una casa o en alguna isla a un playboy que daba una fiesta tras otra. La partida de Madelon provocó un flujo de jóvenes damas de cuerpos lozanos que habían estado esperando con impaciencia la oportunidad, todas prometiéndome su versión íntima del Valhalla, del Paraíso o del Infierno.

    Hubo veces en las que me perdí en camas a todo lo largo y ancho del mundo, abriéndome paso entre masas de carne joven de primera clase, insensatamente licencioso, dejando de forma desvergonzada que mis negocios marchasen solos, con una atención mínima por mi parte. A menudo sustituí la cualidad que realmente necesitaba en las mujeres por la cantidad, y me sentí desilusionado después, retirándome a meditar sobre el universo y a observar mi barriga.

    Pero la carne volvía a tirar de mí, y otra vez rompía la concha y emergía, corriendo hacia los sitios de reunión, detonando sensoides, llevando mi cuerpo hasta el límite de lo que podía soportar, tomando sobredosis de sexo, estimulantes fuertes, y sobre todo variedad, variedad en todas las cosas. Una vez seleccioné a una muchacha llamada Millicent Abigail Fletcher como mi compañera únicamente porque su piel color chocolate contrastaba muy bien con un traje de joyas doradas que había visto. Le cambié el nombre por el de Juno y nunca le permití ponerse otra cosa que aquel atuendo completamente revelador, incluso cuando hacíamos el amor. Mi sentimiento de culpabilidad por haberla tratado como un objeto me envió otra vez al retiro, esta vez en el Himalaya.

    Regresé de las nieves, impaciente con el cupulado Shangri—La, y caí de nuevo sobre el mundo con un gran ruido. Compré un par de gemelas idénticas, rubias, bronceadas y voluptuosas casi hasta lo grotesco, y las convertí en mis constantes compañeras, llamándolas Derecha e Izquierda y vistiéndolas como imágenes la una de la otra. Estaba en una terraza de New Metropolitan, esperando a Harold y Stephanie, flanqueado por mis relucientes bellezas, y comenté que el desnudo era una forma artística inventada por los griegos en el siglo V.

    —Antes de eso era sexo religioso —dije.
    —Oh, soy devotamente sexual —dijo Izquierda.
    —Yo también —añadió secamente Derecha, mientras el adorno del pezón de su pecho izquierdo me rasgaba el chaleco, moviéndose automáticamente ante cualquier mención del sexo.

    Al día siguiente hice que firmasen con un buen agente, y me fui a Berlín. Me sentía triste y desgraciado y me apiadaba de mí mismo. Un comentario ocioso ante Von Arrow de que cierto artista era malísimo porque se dedicaba a calcar sus desnudos, casi destruye la carrera de aquel hombre.

    Fue mientras me encontraba de aquel humor cuando me dediqué con más intensidad al estudio del mazeru, llegando a ser lo suficientemente violento como para que Shigeta me diese un buen revolcón, seguido de una conferencia sobre control, equilibrio y concentración.

    Me desperté una mañana con aspecto de estar recién salido de un huevo y percibí que a cada uno de mis costados había una muchacha desnuda debajo de las sábanas de satén; no podía recordar cómo se llamaban ni estaba muy seguro de cómo habían llegado hasta allí. Yací tranquilamente, escuchando los sosegados sueños de las muchachas, inmune e indiferente a los firmes pechos y maduras caderas curvilíneas a mi alcance. Miré fijamente el enorme panel apagado del canal abstracto por encima de nuestras cabezas, que en aquel momento era de color plateado y reflejaba el procaz trío debajo. Vi las imágenes distorsionadas y arrugadas, la piel negra, la blanca, la dorada, y tuve negros pensamientos.

    Me levanté y di un paseo descalzo por la curva de la playa tahitiana antes de que amaneciese. Cuando las anónimas y olvidadas muchachas se despertaron y estaban desayunando fruta, yo me hallaba en una mesa de conferencias a mil kilómetros de distancia, discutiendo sobre intereses y créditos.

    No creo haber sido cruel en el tratamiento que daba a las jóvenes bellezas que, de hecho, se vendían a mí, o por lo menos se alquilaban. Son compañeras agradables, y las más inteligentes saben que el tiempo que pasan conmigo es una inversión. Directamente les regalo acciones o trabajos y les facilito oportunidades en las inversiones de hermanos y padres, a veces de los maridos. Nuestras relaciones son parecidas a un negocio, un proceso de intercambio de risa, sexo y compañía.

    Esto no quiere decir, ni por asomo, que todas mis amigas femeninas pertenezcan a esta clasificación, aunque soy amigo de muchas mujeres a quienes conocí de esta forma. Muchas de mis amigas son esposas, amantes o compañeras de amigos míos, mujeres sabias y maravillosas cuya amistad valoro tanto como la de cualquier hombre.

    Pero siempre queda ese asunto del sexo. El sexo tiene un principio, un medio y un final tanto en acciones individuales como en relaciones. Cuando llegaba el momento en que una mujer ya no me interesaba o era yo el que no le interesaba a ella, hacía una sugerencia a un productor de cine, si ella quería y era el tipo apropiado. Podía pasar de mi cama a ver su nombre escrito sobre la pantalla de todos los televisores de cuatro continentes. Podía reunir a alguna moza de rico cuerpo y boca caliente con un artista sensatrónico como Coe, proporcionar el encargo necesario y la ayuda de mi firma Publitex para «glorificar» el asunto, y así habría nacido otra estrella, resultado de una semana en Madagascar o de varios días de deliciosa lascivia en el mundo submarino de Atlantis. Que mi compañía publicitaria ganase dinero, que de paso se ayudase a un artista, que el sensatrón pudiese ser regalado a algún museo o fundación y que mi productora Voyage tuviese una nueva estrella, era completamente incidental. Haría lo mismo por cualquiera que simplemente me gustase o por alguien a quien yo admirase, sin ningún tipo de sexo o egoísmo por mi parte. Era algo que realizaba casi por reflejo: separar el trigo de la paja, arrancar a los que valían de la pobreza, haciéndoles mejorar de posición.

    Todo esto era consecuencia de mi dinero, que existía, en parte, a causa de esto. El dinero, más allá de un cierto punto, es sólo riqueza. La riqueza, más allá de un cierto punto, no tiene sentido. Está ahí, tú sabes que está ahí, pero ni siquiera sabes con seguridad cuánto hay. Solamente te preocupas cuando no está. El dinero es una carga, una responsabilidad y, sólo ocasionalmente, una alegría.

    He traído a colación el asunto de mi riqueza únicamente para proporcionar un punto de referencia. Es bien sabido que soy uno de los quinientos hombres más ricos del mundo. No es tan conocido que soy uno de sus artistas más frustrados. La prensa ofrece a menudo mi biografía en relación con algún suceso poco ortodoxo, y uno de sus clichés favoritos consiste en llamarme «El hombre que convierte en oro todo lo que toca». Esto es una supersimplificación que me molesta. Parecen pensar que todo lo que se necesita para hacer dinero es tener dinero. Pero más de un millonario se ha visto reducido a vivir de rentas por tomar demasiadas veces decisiones equivocadas. Muchos pequeños inversores han subido por tomar las decisiones correctas en el momento apropiado. La prensa sensacionalista tiene tendencia a referirse a esos ascensos meteóricos como producto de un golpe de suerte, de una afortunada jugada de dados.

    La suerte juega una parte en cualquier aventura en la que no se conocen todos los factores. Uno de mis equipos arqueológicos, modestamente dotado, que se encontraba excavando en unas ruinas marcianas, cerca de Bradbury, fue lo suficientemente «afortunado» como para descubrir el tesoro que ha llegado a conocerse bajo el hombre de «Las joyas reales de Ares», aunque no exista ninguna prueba científica de que sean joyas reales, ni siquiera de que alguna vez haya existido una monarquía marciana. Es este tipo de suerte el que hace que la prensa nunca me pierda de vista, que sea el niño mimado de Noticias Universales y el blanco de más planes para adquirir riqueza con rapidez de lo que pudiera creerse.

    Todos los hombres que tengan un crédito con clasificación por lo menos de una estrella son una atracción para vividores, estafadores, mujeres ambiciosas y recaudadores de impuestos. Todos los ricos aprenden a proteger su tesoro por medio de información, sospechas, inteligencia, fuerza, investigación, avaricia, sistemas de aviso preventivos, ingenio y, a menudo, falta de escrúpulos. Cuando uno se convierte en lo que la prensa ha denominado el super—rico, se vuelve también un imán automático que provoca innumerables informes secretos, planes, deseos, odios y envidias. Disparan contra ti simplemente porque eres rico. Eres insultado, seducido, ignorado, traicionado, y tienes que pagar más que los demás... no por causa tuya, sino porque simplemente posees dinero.

    Pero teniendo todo esto en cuenta, es mejor ser rico que pobre y mejor super— rico que simplemente rico, porque eso te permite hacer cosas que muy pocas personas pueden hacer. En primer lugar, la riqueza te proporciona un cierto grado de intimidad. En un mundo rebosando con ocho billones de personas y más en camino, una verdadera intimidad es casi imposible, excepto para los que son muy ricos y para los locos incurables.

    Al ser rico, he sido capaz de atiborrarme desvergonzadamente de las dos cosas que considero más importantes: arte y mujeres.

    Todo cambió cuando fui a Marte.

    Yo no necesitaba ir a Marte. Los presidentes de varias de mis compañías me pidieron que no lo hiciera, cuando lo mencioné como posibilidad. Por lo menos una docena de mujeres lo consideraron una desesperada tragedia, no a causa de su gran preocupación personal o de su amor, sino porque torcería el desarrollo de ciertas aventuras que habían imaginado conmigo. Mis amigos, que me conocían bien, se encogieron de hombros y me desearon suerte, pero no creo que ninguno de ellos esperaba que me fuese realmente. Pocos hombres en mi posición lo han pensado siquiera en serio. Yo no tenía ningún negocio urgente en Marte. Simplemente quería ir.

    Pero ser el lazo de unión de cientos de líneas de poder y responsabilidad me convertía en un prisionero de mi propio dinero y de aquellos que dependían de la estabilidad de mi «imperio». La única forma de que yo pudiera irme era escapándome, y eso no resultaba fácil. Sabía que hasta mis propios guardias de seguridad podrían considerar la mayor lealtad impedirme la marcha, puesto que mi vida estaría en peligro, y lograrían hacerlo filtrando la noticia. Ciertamente, todos los presidentes de mis compañías y la mayoría de mis accionistas consideraban innecesario que me pusiese en peligro de aquella forma. Si yo iba, ellos también, y no precisamente a Marte.

    Pero la aventura de ir más allá de la Luna me excitaba. Siempre había sido así, mas, en cierta forma, nunca había tenido tiempo antes, no lo había buscado. Cuando era un niño, vi por primera vez una película de una toma de superficie en Touchdown, y nunca había olvidado el sentimiento de excitación. Entre los estallidos y los crujidos, oía aquella frase ruda, pero estremecedora: «¡Hoy Marte, mañana las estrellas!»

    Mi preocupación por el cuarto planeta me había llevado a intervenir fuertemente en casi todo lo marciano, aunque mi preocupación natural me hizo apartarme de alguno de los planes más fraudulentos, como las Residencias Marcianas, la Fundación para el Conocimiento Secreto, el asunto Deimos y el ridículo descubrimiento del «Canal de polvo». Fueron mis equipos de exploración marciana los que descubrieron las antiguas ruinas de Burroughs y Wells y exploraron la gigantesca zona de Nix Olympica. Debo admitir que fui yo quien sugerí a Mizaki y Villarreal, y más adelante al grupo Tannberg, que utilizasen los nombres que tanto nos habían intrigado y divertido en nuestra juventud.

    Sin embargo, no era realmente yo, sino mi dinero el que hablaba. Todo lo que podía esperar era una línea en una historia del arte, como uno de los Borgias, o como el Papa. Yo era solamente el protector de artistas sensatrónicos como Cilento, Caruthers y Willoughby. Era mi dinero el que había ayudado a la creación de los jardines de Vardi, la Sinfonía Marciana número 1 de Eklundy y las impresionantes esculturas de Darrin en las Montañas Rocosas. Yo no había creado aquellas obras de arte. No era más que un operador de láser colgado de un acantilado en el Monte Elbert, o un modelador de cemento trabajando bajo la mirada de Vardi. Yo proporcioné el ladrillo, los electrodos y la energía de fusión. Sabía que lo que un artista necesita en realidad es tiempo y material para hacer lo que quiere hacer, la apreciación de alguien dispuesto a pagarlo y, lo más importante, libertad para poder hacerlo. Eso era lo que yo suministraba.

    Ahora era yo el que quería la libertad para hacer algo por mí mismo.

    Ir al Planeta Rojo era una de estas cosas.

    Cuanto más pensaba en ir, más deseaba hacerlo. También me impulsaba, en cierta forma, el encontrarme otra vez en primer plano, como resultado de una exposición retrospectiva de las obras de Michael Cilento en la Galería Landau. El misterio de su desaparición era lo suficientemente dramático como para asegurarme otra tanda de publicidad, y de nuevo se me estaba complicando a mí en el asunto.

    Sencillamente, era el momento de irme.

    Para Marte no se necesitaban pasaportes. El tráfico no era tan denso y las bases chinas, rusas y americanas se hallaban bastante alejadas, de forma que no existía, en realidad, fricción. Todo lo que se necesitaba para hacer el viaje era un razonable estado de salud y una increíble cantidad de dinero. Mandar a Eklundy a pasearse por el borde de Nix Olympica y a dormir en el Gran Hall había costado más de un millón de francos suizos, pero a cambio recibimos su sinfonía, más el reciente concierto para la Montaña de Hielo y otros más que vendrían en un futuro. Todavía había costado más permitirle a Poweli su estancia en la cordillera John Carter, pero yo creía que había valido la pena con creces.

    Sin embargo, no podía comprar sencillamente un billete y marcharme. Incluso después que el viaje se había reducido de siete meses a uno y se había convertido en un asunto mucho menos dramático, la gente como yo recibiría demasiada publicidad. Sé que éste es supuestamente un mundo libre, más libre y más democrático que ningún otro de la historia, pero algunas personas son más libres que otras. Yo no era una de ésas. Pertenecía a aquellos por los que se armaría tanto jaleo que las vibraciones recorrerían todas las líneas de poder, todo aquel gigantesco laberinto financiero e industrial. Habría miedo, bancarrotas, cambios de poder y, posiblemente, hasta muertes. Cuando Jean Michel Voss desapareció insensatamente durante sólo ochos días, metido en un Viaje Sensorial con una muchacha de cada raza y un Memorex—Diez, el rumor de que había muerto se extendió desde Beirut, cruzó Siria y Turquía y causó el colapso del tambaleante gobierno Bajazet, el sabotaje de las plantas de acero de Karabuk y la insurrección de Ankara, que costó más de cien mil vidas. Indirectamente, demoró la formación de la Unión del Oriente Medio y obstaculizó sus planes para el establecimiento de una colonia en Marte en lo que ahora es Grand—canal.

    No, tenía que ser extremadamente cuidadoso. Mi compañía Golden Congo se encontraba en medio de conversaciones delicadas con la gente de United Africa. Mi compañía de petróleo de Baluchistán tenía problemas con el nuevo gobierno del país. El nuevo gobernador de Maryland estaba haciendo una investigación, ansioso de publicidad, en el proyecto arcológico de Hargerstown. General Motors no estaba decidida a cooperar con mi complejo de Problemas Generales en la nueva patente de turbina.

    Ningún negocio es estático. La vida tampoco. Incluso completar un proyecto engendra nuevos proyectos. El principio o fin de algo en una vida como la mía es una pieza de un complicado casar cartas, y yo era el jugador. Incluso cuando tenía que ver poco o nada con un proyecto personalmente, cuando estaba en tercer lugar o era un simple accionista, seguía estando relacionado. Si algo me pasaba, se transmitía a todo lo demás.

    Tenía que arreglar las cosas indirectamente. Llamé a Carol Oakland, de Exploraciones Marcianas.

    —¿Cómo va el documental sobre la bóveda?
    —Está casi terminado, seflor. Avery ofrecerá una proyección en circuito cerrado dentro de unos días. Informaremos a su oficina. El mes que viene saldrá la nueva edición del libro de las Joyas Reales, señor Thorne. Suponemos que quiere que lo lance Publitex.

    Era una buena oportunidad.

    —Sí, por supuesto. De hecho, creo que también ellos podrían llevar el proyecto del Palacio Estrellado. Quizá debiéramos enviar a alguien en persona. ¿Quién está disponible?

    Ella sonrió.

    —Todos querrán hacer ese viaje. Kramer, Reiss, posiblemente Harrison. Todos son buenos.
    —¿Qué le parece Braddock? Quizá sea el mejor —advertí su expresión y añadí rápidamente—. No se preocupe. Le daré una nueva expropiación para éste. Déjele vagabundear un rato por allí para que llegue a sentir el lugar, y no le presione para que mande informes.
    —Sí, señor. Nunca le he visto, pero si a usted le gusta... —se detuvo sólo un momento—. Ahora mismo me enteraré de su dirección.
    —Bien. ¿Cómo va todo lo demás?

    Carol pareció repentinamente cansada.

    —Cropsey está en la cárcel. Es el que estaba trabajando en las correlaciones entre la estela 45—16 de Burroughs y los nuevos hallazgos en el Yucatán.
    —Sí. Le recuerdo. No hay mucha evidencia para empezar, mas podría probarse que los marcianos nos visitaron. ¿Pero qué le sucedió?
    —Lo encontraron con una mascota, señor, un... Doberman.
    —Dios. ¿En qué demonios piensa? Sabe muy bien que esas cosas están muy por encima del límite legal. ¿Por qué no tiene un hámster, o, por lo menos, un permakitten, algo que no coma tanto?
    —Era muy aficionado a él, señor. Vive... vivía... en esa vieja torre arcológica de Omaha, una de las antiguas de verdad, un lugar antiguo y encantador, parecido a dos pirámides invertidas cortándose. Sólo unos quinientos mil habitantes.
    —Sí. Conozco la forma en que construían. Continúe.
    —Bien, la policía buscaba una especie de culto de la misa negra que, supuestamente, estaban haciendo sacrificios humanos. Ya sabe, eso que causa furor, esos tipos antitecnológicos. A la policía le dieron los nombres confundidos, forzaron la puerta que no era y... bueno, se encontraron a Armand con el animal...
    —¿Qué multa le pusieron?
    —Peor que eso, señor Thorne. Es su tercera detención. En Borneo tenía una camada completa de gatos y un perro pastor sin licencia en Atlanta. Uno esperaría que aprendiese... —suspiró profundamente—. Supongo que le dejarán trabajar en la cárcel, pero quizá no...
    —Muy bien. Haga por él lo que pueda. Sería de esperar que la gente se diese por enterada de que ya no podemos permirtirnos el lujo de tener animales domésticos. Quizá algún día, cuando superemos la crisis alimenticia...
    —No destruyeron al animal, señor, eso es algo. Fue enviado a la reserva de Argentina. Quizá algún día...
    —Sí, por supuesto. Algún día. ¿Embargaron la estela o algo así?
    —No, señor. Hicimos recoger todos sus documentos cuando vaciaron su apartamento. He dado la piedra cúbica a Mitleman para que la estudie.
    —Estupendo. Lo está haciendo muy bien, siga así.

    Cerré el contacto y después marqué el número de Sandler, mi principal contable.

    —Sandler, necesito... ¡hum!... seis millones para un proyecto privado.

    Sus cejas se arquearon y vi cómo su mano desaparecía de la pantalla para posarse sobre un computador.

    —¿En la Operación Epsilón no hay un beneficio extra?

    El asintió.

    —Sin embargo, no llega a tanto —dijo.

    No me preguntó para qué lo quería. Su departamento se ocupa del Cómo y del Cuándo. El mío era el del Por qué.

    —El Proyecto Dakota resultó por debajo del presupuesto, y la diferencia aún no ha sido devuelta. El Louvre quiere todavía aquel Picasso. Véndaselo. Movilice algunas de mis acciones de la Lune Fabrique. Todo eso póngalo a nombre de Diego Braddock.

    De nuevo sus ojos escudriñaron mi rostro, pero no dijo nada. Sus dedos se movieron y miró el resultado.

    —Eso casi será suficiente. Quizá tenga que vender las próximas cosechas de marihuana de Baja, más debo verlo. ¿Cuánto tiempo tengo?
    —¿Será suficiente con una semana?

    Se masticó el interior de un carrillo durante un momento, y después asintió.

    —Listo en diez días. —Hizo una pausa, y luego preguntó—: ¿Esto es transacción confidencial?

    Yo se lo confirmé.

    —Recuerda que habrá algunos problemas en justificar las transferencias.
    —No se preocupe —señalizó—. Yo me encargo de eso.

    Por poco añado: «Cuando regrese», pero me detuve a tiempo. Sandler no estaba implicado en. la trama referente a la personalidad de Diego Braddock, y no veía ninguna razón para ponerle en peligro, proporcionándole una información con la que no necesitaba preocuparse.

    Envié la onda de cierre y me recosté en mi asiento. Las ruedas que enviarían a «Diego Braddock» a Marte se habían puesto en marcha.

    Todos los hombres ricos que conozco tienen por lo menos una personalidad siempre dispuesta, una persona inexistente completa con sus documentos oficiales, su historia, informes, cuentas bancarias, certificados médicos, dirección y cualquier otra cosa que fuera necesaria. Se supone que dichas personas son necesarias, por negocios, por razones personales o por ambas cosas. A veces son creadas para divertirse, a la manera en que Harun—al—Ras—hid se ponía los harapos de mendigo para vagar por las noches de Bagdad; el deseo de convertirse en alguien diferente, aunque sea sólo por una noche, es muy fuerte.

    Yo tengo varias personalidades de ese tipo, más dos que me vi forzado a terminar, completas con sus certificados de defunción y urnas cinerarias. En varias partes del mundo existen oficinas y casas para Andrew Garth, Howard Scott Miles, Waring Brackett y Diego Braddock. Todos ellos tenían profesiones que permitían viajes frecuentes o vivían de sus rentas. Yo renovaba con bastante frecuencia el «reparto», y únicamente Billy Bob Culberson, un genio parapléjico que vivía en Lampasas, Texas, los conocía a todos. Se divertía creando personalidades realistas y auténticas. Solamente una vez debí interferir, y eso sucedió cuando tenía a uno de los personajes trabajando para otro y manteniendo correspondencia con un tercero. Se estaba haciendo demasiado complejo para mí, aunque a él le divirtiese.

    Es un juego infantil, pero necesario, en ciertas áreas de los negocios. Utilizando los formatos existentes, construí cuidadosamente un esquema que mi mano derecha e izquierda, Huo, pudiese seguir, una vez que yo hubiese partido. Era necesario que él conociese la verdad, de forma que pudiese manipular apropiadamente las «filtraciones» y noticias que crearían la ilusión de mis movimientos sobre la Tierra.

    En cualquier momento todo el mundo sabría dónde me hallaba. Control estaría informando a través de la oficina de Huo. Parecería que nada extraordinario sucedía, fuera del inquieto zigzagueo normal en Thorne.

    Brian Thorne se encontraba en un Viaje Sensorial privado de cinco días de duración en su casa de Battle Mountain. Ninguna comunicación. Iba a ser localizado en los Andes y su destino «filtrado» en el último momento. Muchos correrían hacia allí, pensando que tenía alguna información nueva sobre los recientes descubrimientos de hierro.

    Después iba a ser visto en Mississippi, en Tsingta «de incógnito» y navegando en el mar de Tasmania con Tommi Mitchell.

    Para entonces yo ya estaría en Marte. Un informe grabado por mí con antelación sería entregado por Huo al consejo directivo de Problemas Generales. Se enfadarían, pero resultaría demasiado tarde. En su propio interés tendrían que continuar con el mantenimiento de la farsa de lanzar a Brian Thorne de un lado a otro del mundo.

    Me sentí como un chico faltando a clase para ir al circo.

    Y me encantaba el sentimiento.

    Diego Braddock era una de mis personalidades más fáciles de encarnar y mantener, porque su trabajo consistía en hacer preguntas sobre cualquier cosa que se le antojara, una situación no muy distinta de la de su jefe, mucho más arriba en la organización, un cierto Brian T.

    Como Diego Braddock, escritorcillo de Publitex, vestido con mi traje espacial y con la oportuna licencia, embarqué en el transporte de Base Sahara Tres a Estación Dos. En mi bolsillo interior, sellado con la huella del pulgar, había billetes de marcañcías de seis contenedores que ya estaban siendo acomodados en el Vasco Núñez de Balboa, allá arriba en la estación espacial.

    El dinero que había «robado» de mis propias compañías, se había ido en el valor de aquellos seis contenedores que eran, en cierta forma, mis baratijas y lentejuelas para los nativos. Contenían óvulos y esperma bovinos congelados, más el aparato que daría a los nuvomarcianos sus primeros rebaños de ganado... si sobrevivían. Había cintas de evasión y tejido vibrante, unos cuantos garrafones de vino, todos de bodegas que soportaban bien los viajes, dentro de tubos estáticos sellados. El mayor de los contenedores poseía un ambiente interno propio y contenía diminutas mutaciones de semillas procedentes del Centro de Investigación Marciana de la Universidad de California, árboles y plantas que los científicos esperaban que se adaptarían a la joven atmósfera de Marte, muy fina todavía.

    El transporte desgarró el nubarrón que se había formado del superficial Lago Sahara, hacia el sur; después las compuertas de seguridad volvieron a su lugar y nos encontramos en el espacio. El viaje fue corto y rápido, y nos colocamos junto a la Estación Dos sin ningún incidente.

    Me desaté el cinturón y me dejé flotar, disfrutando con la conocida ingravidez. Salté del asiento y cerré herméticamente la parte delantera de mi traje mientras me acercaba a la escotilla de salida con mis compañeros de viaje.

    La azafata nos condujo al interior de una compuerta, donde fuimos saludados por un técnico muy serio, quien nos indicó que sujetásemos una delgada guía y nos introdujésemos en las tuberías de transferencia. Otro técnico eficiente (una mujer) nos esperaba en el extremo opuesto del corto pasillo, indicándonos que siguiésemos acercándonos a la estación. Era un lugar atareado, y no había tiempo para papar moscas. Más tarde sí lo tendríamos para que la vasta belleza del espacio nos dejase atónitos. El romanticismo de ir a Marte quedaba reducido a «Siga adelante, hombre», y a la orden, que partió de un comunicador, de que todos los pasajeros del Balboa se presentasen rápidamente en Descontaminación.

    —¿No confían en Descontaminación Terrestre? —pregunté al técnico que colgaba mi traje en el interior de un recipiente cilindrico de seis lados.

    Ni siquiera me miró.

    —No se quede ahí parado, amigo; muévase y vaya al mostrador E.
    —¿Han sido embarcadas mis mercancías?
    —Eso se hace rutinariamente a través de Descontaminación. ¡Vamos! ¡Tengo que reciclar esta compuerta!

    Me trasladé junto a los demás desde el centro ingrávido de la enorme lata hasta la gravedad Punto Ocho de la superficie exterior, a través de las tuberías radiales, pasando junto a los signos claramente marcados de Descontaminación.

    En un esfuerzo algo exagerado para esquivar a un neófito del molinete me golpeé la cabeza, no contra los acolchados laterales del conducto, sino contra el borde de una escotilla. Pero, por lo demás, la sensación de estar flotando era deliciosa. Mucho más real que los bailes en el gran salón de Estación Uno. Allí yo había sido cuidadosamente atendido siempre, pero esta vez sabía que el comandante de la estación no me guiaría personalmente. Diego Braddock era solamente un trabajador a sueldo, un don nadie.

    Me empujaron a través de Descontaminación, junto con una pareja de marinos destinados a la guarnición de policía del Centro Ares, que estaban delante de mí, y un geólogo de Minerales del Planeta Rojo, llamado Pelf, iba detrás. Se nos devolvieron los trajes y fuimos apiñados en las pequeñas naves de servicio que transportaban mercancías y pasajeros cientos de kilómetros hasta el punto donde las naves—asteroides tenían sus órbitas de aparcamiento.

    Pasamos en silencio junto a varias de las naves para vuelos largos más antiguas, que hacía tiempo que habían perdido su forma esférica original bajo la adición de cúpulas, bodegas extra, cilindros estáticos, antenas, modificaciones, tetraedros exteriores para el almacenamiento de equipajes, apéndices para la carga extraordinariamente finos y protuberancias, soldadas al vacío, atestadas de sensores. La mayor parte de aquellas naves servían ahora como vehículos de investigación o hacían el trayecto entre la órbita de la Tierra y la de la Luna. El complaciente copiloto señaló la nave de pasaje Emperador Ming—Huang, una de las bruñidas naves nuevas en el trayecto lunar.

    Justo después se encontraba el Presidente Kennedy, en construcción, y detrás el Presidente Washington, con un enjambre de transportes y pequeñas naves transbordando mercancía y pasaje procedentes de Luna City.

    —Allí se encuentra el Neil A. Armstrong —dijo el piloto—. Lo están modificando de nuevo.

    Se rió y prosiguió:

    —En el espacio una nave puede hacerse vieja, pero rara vez morirá.
    —Las naves viejas nunca mueren; sencillamente se modifican —añadió el copiloto, repitiendo el viejo cliché.

    Pelf se inclinó a mi lado para señalarme un punto delante de nosotros, donde sólo podíamos ver una mota irregular que se destacaba sobre la media luna.

    —¡Allí!

    El piloto asintió y oprimió un botón.

    —Dos diecisiete a Balboa NE—cinco, solicitando comprobación en el computador de la aproximación. Corto.
    —Dos—diecisiete, éste es Balboa NE—cinco. Confirmado cincuenta—seis— cinco, corto.
    —Roger, Balboa, corto.
    —Mira —dijo Pelf—. Más.

    Ante nosotros se encontraban las naves—asteroides, rocas del tamaño de una montaña, transportadas hasta allí en su mayor parte desde el Cinturón Asteroidal por PanLunar o Transworld, o por empresas independientes. Masas de unidades energéticas y vitales son enviadas al espacio, encuentran los asteroides, determinan su centro de masa y realizan las grandes perforaciones centrales. Se insertan y sellan las unidades cilindricas, se comprueba la orientación y, si es necesario, grandes aparatos láser cortan fragmentos para equilibrar la roca, y así se crea una nave. Tripulaciones, especialmente entrenadas, las transportan a la órbita terrestre, donde son excavados almacenes para la mercancía en la antigua roca, se taladran túneles hasta la superficie para que sirvan de compuertas de acceso y observación y se realiza un estudio más cuidadoso sobre la forma en que el asteroide debe ser consumido para una autodestrucción eficiente.

    Las naves—asteroides se consumen a sí mismas literalmente. Se excava en la roca para proporcionar combustible a la unidad de fusión; estas excavaciones deben ser cuidadosamente preparadas para preservar el equilibrio de la nave. El asteroide proporciona combustible, capacidad de almacenaje y protección de los meteoritos y de las radiaciones.

    No son bonitas, pero son grandes, funcionan mejor y son más rápidas que cualquier otra cosa inventada por el momento. Las antiguas naves tenían que transportar su combustible, mientras que en estas voluminosas bellezas la propia nave es el combustible. Un viaje de siete u ocho meses ha sido reducido a cuatro o cinco semanas, y el comercio continúa aumentando de volumen. El copiloto señaló una brigada de trabajadores que encajaban una unidad cilindrica en el interior de una enorme roca ahuecada, unas veinte veces mayor.

    —Ese no es el tipo de nave que utiliza el capitán Láser.
    —El capitán Láser —rezongó el piloto—. Si mi nave hubiese visitado tantos planetas alienígenas como la suya, siendo saboteada, averiada, capturada, remolcada por el espacio y devorada por dinosaurios, provistos de inteligencia, tan a menudo como la suya, estaría en órbita de reparación el noventa por ciento del tiempo.

    Los dos pilotos se enzarzaron en una amigable discusión sobre las venturas del legendario héroe del espacio admirado en las pantallas de televisión en dieciocho idiomas diferentes, pero yo continué mirando hacia adelante, buscando nuestro punto de destino.

    Naturalmente, había visitado estaciones espacíales antes, y varias veces la Luna generalmente en viajes de negocios, pero dos veces por placer. La Luna era una vacación exótica, cara, pero fácilmente abordable en un buen número de vuelos comerciales.

    Marte era diferente.

    Para todos los propósitos prácticos, la Luna estaba muerta, pero en Marte había habido vida, vida inteligente, con una civilización asombrosamente probable que se hubiese desarrollado pronto, porque Marte era indudablemente más joven que la Tierra y su civilización evolucionó con gran rapidez, alcanzando su cenit y desapareciendo siglos antes de que los hombres fuesen mucho más que cazadores y recolectores.

    Marte era tan misterioso para nosotros como lo había sido Africa en el siglo XIX cuando los exploradores que buscaban el nacimiento del Nilo encontraron culturas desconocidas, nuevas especies y grandes maravillas.

    Con un viaje a Marte, un montón de trabajo y un poco de suerte, un hombre podía llegar a ser rico, conseguir escapar del idiotizante pantano de ocho billones de personas y ver una porción del cielo.

    A pesar de las desgracias, las muertes y los sufrimientos, los gastos y las desilusiones, explorar Marte era romántico.

    Y yo no había hecho nada romántico desde hacía mucho tiempo.

    Ataviados con unos voluminosos trajes espaciales, hicimos el transbordo desde el transporte hasta el conducto receptor del Balboa, agrupándonos como ovejas en el interior de la gran compuerta Richter, esperando obedientemente a que los expertos nos dijesen qué teníamos que hacer a continuación.

    Flotábamos, torpes e ingrávidos, tropezando los unos con los otros, mientras esperábamos; algunos estaban cabeza abajo respecto a los demás. No es que eso resultase importante, pues no habría gravedad hasta que los poderosos motores comenzasen a impulsarnos. Pero para la mayoría aquello era desorientador y confuso, y vi que algunos se agarraban a los cables de seguridad y procuraban mantenerse apartados de un payaso que parecía pensar que dar patadas y bracear le pondría de nuevo en la posición normal y que cuanto más rápido patease, más rápido volvería a sincronizar con nosotros.

    Gracias a Dios, un tripulante lo agarró y lo lanzó contra uno de los cables, de donde se colgó hasta que se abrió la compuerta interna. Yo había estado intentando ver quiénes eran mis compañeros de viaje, pero el anonimato sexual y social de los trajes me lo impidió.

    Una voz que provenía de la radio de nuestros trajes nos dijo que comenzásemos a impulsarnos a lo largo de los cables de seguridad que colgaban de las cuatro paredes del pasaje aparecido detrás de la compuerta, y nos pusimos en marcha, formando una quebrantada columna. Los más habilidosos o experimentados pronto ganaron velocidad y avanzaron vacilantes por el pasaje, surcando el vacío como focas. Los demás luchamos con nuestros reflejos, y tarde o temprano recorrimos el largo trayecto hasta el núcleo central donde había otra compuerta neumática.

    El cilindro a presión era del tamaño de una pequeña torre, con departamentos para mercancías especiales en el extremo «delantero», luego los camarotes de los pasajeros, después los módulos de servicio, la sala de control y la planta de fusión de energía al «fondo» o «detrás», o en lo que sería el fondo cuando el impulso restaurase la gravedad.

    No tenía ni idea de cómo habían decidido emparejar a unos con otros, pero me tocó en suerte compartir el camarote con el hombre llamado Franklin R. Pelf. Instantáneamente me ofreció sus servicios como experimentado viajero del espacio; sin embargo me disgustó, aunque era educado y considerado.

    —¿Sabes que este viejo cacharro hizo el tercer viaje a Marte? Quiero decir, el tercero de las naves—asteroides, aquel en que iban Russell y Bailey. Más tarde te enseñaré la marca del láser en el muelle A, en el lugar donde Russell mató a Bailey en el viaje de vuelta, después de haber cogido ese parásito vitus.

    Era el auténtico tipo pégate—a—mí—muchacho.

    —Quizá debiera haber salido en el Espíritu de la Revolución o hasta en el Leif Ericson III. En ésos tienen mejores camarotes. Pero mis asuntos son muy urgentes. Trabajo en mineral puro.

    No. Estaba pensando en la histórica nave incrustada en aquel pedazo de basura espacial, inconcebiblemente antiguo, igualándolo con los viejos y baqueteados vapores volanderos de la historia y poniéndole a todo el asunto un montón de romanticismo.

    Pero Pelf no tenía deseos de dejarme en paz. En cuanto se enteró de que yo era de Publitex, comenzó a suministrarme un montón de paparruchas sobre las eternas glorias de Minerales del Planeta Rojo, las bellezas de Grabrock, etc. Le odié desde el principio, y nunca dejé de hacerlo. En él había una especie de vigilancia sinuosa que hacía sonar en mí los circuitos de alarma engrasados por casi dos décadas de viajar y negociar en la mayor parte de los países del mundo. Si yo hubiera sido Brian Thorne, en lugar del apacible Diego Braddock, nunca habría llegado a diez kilómetros de donde yo estuviese. Este es un tipo de protección que el dinero puede dar... listillos de mente rápida que son tus listillos para vigilar a los otros listillos.

    Pero aquí estaba yo, encerrado en un pequeño mundo de doscientas almas durante un mes, con un compañero de camarote a quien ya odiaba, y ni siquiera habíamos abandonado la órbita.

    Estábamos todavía colocando el equipaje, y él ya había avanzado bastante en eso de «Quién eres, qué haces, cómo puedes ayudarme». Salpicado por encima, como si fuese crema de chocolate, iba el omnipresente «¡Chico, yo puedo ayudarte!» en el tono que yo había oído empleado por mercaderes multimillonarios de alfombras árabes vendiendo derechos petrolíferos, por zares billonarios de alguna compañía de servicios, por senadores territoriales y hasta por unos cuantos presidentes, ministros y regentes del trono.

    Esta gente te hace favores y espera que se los devuelvas. Si no los aceptas no estás obligado, pero sustraerse a su aceptación es, a menudo, muy difícil; los países soberanos pueden convertir tu negativa en un incidente internacional y las mujeres hermosas quizá ataquen tu hombría. Pelf estaba en un punto medio entre estos dos extremos.

    Rápidamente encerré mi impedimenta en los armarios y me dirigí hacia los muelles de control. Como Brian Thorne, habría sido invitado a permanecer en el puente durante el despegue; pero como Braddock, lo más que pude conseguir fue permiso para quedarme en una cámara de observación bajo presión, mientras emprendíamos nuestra ruta hacia el planeta del dios de la guerra.

    La Tierra quedaba debajo, azul, blanca y hermosa, una extraña panorámica tan familiar como cualquiera que pudiera contemplarse en la Tierra. Miles de películas, diez mil reportajes, nos habían enseñado cómo nosotros, a bordo de la nave espacial terrena, describíamos nuestra órbita alrededor de una estrella de poca importancia. La forma en disminución del planeta Madre era vista tantas veces como cualquier estrella del video. Recordaba haberla visto «en vivo y en directo» desde la nave insignia American Eagle cuando emprendió el primer viaje tripulado a los satélites de Júpiter, únicamente que esta vez no había una pantalla sobre la pared, sino una curvilínea cúpula de plastex delante de mí. Y allá fuera, los billones de seres humanos de la Tierra. Y Brian Thorne.

    El intercomunicador anunció el inmediato encendido del generador, y comprobé mi cinturón de seguridad, aunque sabía que al principio el movimiento del vehículo apenas sería discernible. Aumentaríamos gradualmente la velocidad hasta llegar al punto de vuelta; después «retrocederíamos» hasta ponernos en órbita alrededor de Marte. Hubo un ligerísimo temblor; y luego muy lentamente, el creciente terráqueo fue quedando a un lado de la escotilla, y comenzamos nuestra marcha hacia la larga curva del cuarto planeta.

    Me quedé en la cámara de observación hasta que llamaron para cenar, y con un suspiro me desabotoné y me reciclé pasando por la compuerta. Sujeté los cables y me lancé como una flecha hasta la compuerta de la nave. Sonreía, sintiendo el repetido estremecimiento de comenzar una aventura ¡Iba a Marte! Me sentía un niño escapando de la escuela, un soldado licenciado, un criminal fuera de la cárcel, mucho más joven, ¡un aventurero en camino! Brian Thorne en Marte. Brian Thorne contra la reina de Deneb.

    Brian Thorne y los piratas del espacio del Medusa IV.

    Entré en el salón con una sonrisa en el rostro.

    Me dirigía automáticamente hacia la mesa del capitán, cuando advertí la seña de Pelf. Entonces recordé que en una nave, ya fuese sobre agua o en el espacio, las categorías sociales eran establecidas rápidamente. Los importantes, en sentido relativo, se sentaban la primera noche en la mesa del capitán. Los demás, o casi todos, lo harían tarde o temprano, pero la primera y segunda noche fijarían el orden social con la solidez del cemento. Diego Braddock no había sido invitado aquella noche.

    Mientras me deslizaba en mi asiento, nuestro genial anfitrión Franklin R. Pelf me puso al corriente. Me presentó a los dos marinos, a Quam Lem, un administrador que se dirigía a la base de la República del Pueblo en Polecanal, a un biólogo y a un ecólogo destinados a la nueva colonia de Northaxe.

    Pero mis ojos continuaban fijos en la mesa del capitán. El comandante de marines, un político del Centro Ares, el dueño de las minas Enyo y Eris cerca de Northaxe y los dos médicos eran simplemente el fondo, unos maderos decorativos, en lo que a mí me concernía.

    Todo lo que yo veía era la mujer.

    —¿Quién es ésa? —interrumpí el calculado y encantador abordaje de Pelf al plácido Quam Lem. Se volvió hacia mí con irritación, rápidamente disfrazada. Siguió mis ojos hasta el único blanco posible.

    Sonrió. Era la sonrisa de un lagarto.

    —¿Preciosa, verdad?
    —El título no importa. ¿Quién es?
    —Nova Sunstrum.

    Aparté mis ojos de ella y le miré.

    —Parece oriental, o algo así.
    —Lo es a medias. Su padre es prácticamente el dueño de Bradbury y su madre fue uno de los primeros colonos enviados por la República del Pueblo a Polecanal —su mueca de lagarto se hizo más íntima—. ¿Te gustaría que te la presentase?

    De nuevo cerré las acorazadas hojas de mi ego a mi alrededor. Se encendió la señal de No te confíes.

    —Es un viaje largo —dije, concentrándome en mi ensalada—. Imagino que acabaré conociéndola.

    Pelf me hizo un gesto y murmuró.

    —Estoy seguro de ello —y reemprendió su conversación con Quam Lem.

    No volví a mirar hacia ella. Nuestros ojos se habían cruzado al entrar yo, y ella había permanecido tranquilamente inexpresiva, escuchando, en apariencia, al político que se sentaba a su lado, un hombre de educado encanto. El contacto se había roto cuando yo me senté.

    Las mujeres hermosas —y me alegro de poder decir esto— no son una novedad en mi vida. Mantenerlas lejos de mi vida había sido un problema durante más de quince años, desde que había aparecido en la lista de los «Cien solteros más ricos» de la revista Time. Sabía que a bordo del Balboa habría mujeres, puesto que habían formado casi la mitad de los exploradores y colonos originales, pero esperaba encontrar técnicos, una enfermera o dos, incluso una administrativa o una científica, y ciertamente unas cuantas esposas por correspondencia, cada una con un buen título en alguna de las especialidades necesarias allá.

    Por tanto, no me sorprendió en absoluto encontrar una mujer físicamente hermosa, pero me sentí sorprendido de encontrar magia. Ese tipo de combinación era algo que ni estaba buscando ni esperaba.

    No podía negar la carga eléctrica de aquella magia, y eso me inquietaba. Me había pasado por la cabeza «arreglar» que alguna de mis compañías subsidiarias enviase a Arleen o Karin, o quizá a la exótica Charla, alguien que me acompañase en el largo viaje de ida y vuelta. Hubiesen saltado de alegría ante la oportunidad, principalmente por tenerme a mí y a mis millones para ellas solas. Pero había decidido que no necesitaba aquello, y no confiaba en que ninguna de ellas guardase silencio. Llevarme conmigo a una mujer hermosa sería tanto como pagar un anuncio en un noticiario mundial.

    Pero aquí estaba una mujer cuya belleza había hecho sonar una cuerda dentro de mí. Se sentaba como una reina en el núcleo de acero de un baqueteado vehículo antiguo, lleno de cicatrices. Sonreí hacia mi yogur. Todo lo que necesitaba era niebla cubriendo las escotillas, una fórmula secreta, el tataranieto de Hitler con un plan para izar la esvástica sobre el suelo rojo, uno o dos personajes cómicos y un médico borracho para que hiciese la operación quirúrgica necesaria en el cerebro. Pelf era un agente secreto, y Nova Sunstrum, su cómplice. Quam Lem ocultaba en su traje espacial algún traicionero plan para apoderarse de Marte y las hojas tanna que el delgado ecólogo había escondido en el material del suyo devolverían la vida a la antigua raza de los marcianos.

    Brian Thorne y la emperatriz de Marte.

    Otra vez.

    Melancolía.

    Comencé a pensar que se habían dado cuenta de todo y habían preparado el asunto para «sacarlo de su rutina y conseguir que se normalizase».

    Terminé de comer, me vestí y me dirigí otra vez hacia la cámara de observación, sin lanzar ni siquiera una mirada al largo cabello negro de Nova Sunstrum, que le llegaba a la cintura, a sus rasgados ojos oscuros, a su piel dorada o a su boca, que sonreía dulcemente.

    Sólo que eso es justamente lo que habría hecho Brian Thorne. Que sean ellas las que vengan a mí. Hasta aquellas que se hacían las desentendidas y no parecían tener prisa, se cruzaban en mi camino para que yo tropezase con ellas.

    Yup, eso es lo que habría hecho el suave y mundano Brian Thorne, de forma que eso fue lo que yo hice, excepto que yo era Diego Braddock e iba a continuar siéndolo en tanto me fuera posible.

    Contemplé fijamente el disco azul—verde—blanco—tostado que se retiraba lentamente, pero estaba viendo los oscuros ojos y la cascada de cabello negro.

    Nova Sunstrum.

    Nova Sunstrum.

    Había en ella un uso inconsciente de su sensualidad que yo encontraba muy excitante, aunque creía que la muchacha era consciente de gran parte de su sexualidad. Seguramente un mes en una proximidad de aquel tipo, afectaría tanto a los pasajeros machos como a las hembras bisexuales de la nave. Repentinamente comprendí la posición en que se encontraba. Ella no era la única mujer. Había dos técnicos en computadores, una regordeta botánica, un ramillete de enfermeras, tres mujeres que se habían casado por poderes, quienes sumaban siete títulos entre las tres, y una robusta oficial administrativa con billete para la base rusa de Nabokov.

    Pero Nova Sunstrum era la típica belleza física que hace que las cabezas se vuelvan. Hasta en la Tierra debía haber sido el foco de atracción de muchos deseos. El protocolo de la nave nos acercó con bastante rapidez. La segunda cena me halló en la mesa del capitán, porque incluso un publicista de segunda fila tiene un cierto status y una cierta utilidad para la compañía Navio Estrella que operaba el Balboa. Fui presentado a Nova Sunstrum por el capitán García Ramírez.

    Sus ojos me observaron con calma. Acercó a sus labios un vaso de vino en forma de tulipán.

    —¿Y qué hace usted, señor Braddock?

    Sorbió un poco de vino, mientras yo meditaba mi respuesta.

    —Apuntar con un dedo —dije.

    Ella arqueó las cejas. Ignoró al político del Centro Ares, que estaba intentando atraer su atención con la historia de cómo había dominado una situación difícil con los nativos en el Centro Ares. Me observó fijamente. Me sentí impulsado a explicarme un poco más.

    —Señalo y hago los ruidos apropiados, y la gente comienza a prestar atención. El señalado se hace famoso, o por lo menos conocido.
    —¿Le gusta ser un señalador, señor Braddock? —preguntó.

    Sólo durante un segundo pensé que quizá el frágil disfraz que me había confeccionado para esta aventura había sido descubierto. Un ligero tinte para pasar del castaño oscuro al negro, con un cambio de nombre y de documentación y la simple inverosimilitud de que B. Thorne se encontrara a bordo, me habían parecido suficientes. Ahora, en cierta forma, no estaba tan seguro.

    —A veces —contesté a su pregunta—. Depende de lo que esté señalando.
    —¿Señala usted cosas o personas?

    La dama botánica que se sentaba a mi lado se había incorporado a la conversación.

    —Ambas. Cualquiera que me interese.
    —Es uno de los de Publitex —dijo el político rápidamente—. Señorita Sunstrum, ¿puedo llamarla Nova? Por supuesto, conozco a su padre.

    Un hombre extraordinario. Vamos a estar juntos aquí durante bastante tiempo y...

    —Sí ¿verdad? —ella sonrió al político—. Habrá tiempo para casi todo, ¿no es así?

    Le dio la espalda y me preguntó suavemente:

    —¿Y qué hay en Marte que le interese, señor Braddock?
    —Todo —dije, mirando sus ojos oscuros, intentando leer en ellos y viendo únicamente mis diminutos y borrosos reflejos.
    —¿Y eso no hará difícil señalar una cosa determinada? —preguntó la señorita Blount.
    —Me las arreglaré para encontrar algo que señalar, estoy seguro —contesté, pero mis ojos continuaban fijos en aquella belleza nacida en Marte.

    Nova sonrió y desvió la vista hacia la sopa de algas y soya, mientras la señorita Blount me enterraba bajo portentosas historias de cómo se estaba devolviendo la vida a los estériles desiertos marcianos y de lo bien que se había adaptado el Lycoperscion esculentum, dando unos tomates soberbios con sabor salado.

    Después de cenar volví a mi sitio favorito, la cámara de observación, que todavía estaba en el lado «de abajo», mirando hacia la Tierra. Me tumbé en el sofá, abrí mi traje y divagué sobre un montón de cosas, desde negocios no terminados a negocios que tenía que terminar ¿Sería capaz Warfield de desbaratar la fusión con Selenite Limitada a propósito de aquel asunto del cráter Eratóstenes? El parque de atracciones Mythos ¿atraería el público calculado? ¿Mantendría Huo mi rastro moviéndose por el mapa sin una detección prematura? Me pregunté qué tal le iría a Africaine en su nuevo filme y si del proyecto Valencia resultarían realmente alojamientos baratos. Pensé en el coste del arcotólogo para jubilados y si el complejo hotelero malayo se abriría en el tiempo previsto.

    Y pensé en Nova Sunstrum.

    ¿Se trataba de una agente de Navahoe Organization para distraerme? ¿Habían averiguado algo sobre mi viaje los muchachos de Quebec? ¿Estaba metido en esto Clarke, con sus tácticas de juego sucio? ¿Era algo preparado por el grupo de Raeburn en Toronto?

    Enfadado, eché a un lado aquellas ideas. Yo no podía hacer nada en relación con ello. Las ruedas giraban, los computadores zumbaban, la gente pasaba de la casilla A a la B. Todo estaba dispuesto para funcionar sin mí, por lo menos por un rato. Si moría o me mataban, ¿continuarían los de Problemas Generales manteniendo la farsa de Brian Thorne «descansando» o «de vacaciones» o «viajando» mientras ellos se adueñaban de porciones de mi imperio?

    Pero en realidad, ¿qué importaba? Si yo moría, ¿qué importaría eso? Hacía mucho tiempo que había establecido legados para algunos de mis amigos. Algunas organizaciones, movimientos y fundaciones serían felices. Michele, Louise, Huo, Langley y Caleb tendrían su parte. ¿Qué le importaría ahora al mundo que Brian Thorne no regresase nunca? Unos cuantos artistas encontrarían otros protectores. Puede que cierta música dejase de escribirse, que no se construyesen ciertos sensatrones ni se pintasen ciertas obras. Pero el mundo seguiría adelante.

    Desde luego, no era el mejor ramillete de pensamientos de mi vida.

    Así que, para cambiar, me concentré completamente en Nova. Si yo fuese Brian Thorne, ya habría recibido un informe cifrado de Huo sobre ella, conteniendo todo lo que valía la pena saber, todo lo que podía ponerse en palabras, grafías o películas; mas como Diego Braddock, tendría que emplear mis instintos, los mismos que me habían llevado de ser Brian Thorne, un inversor diversificado en esto y aquello, a ser Brian Thorne.

    Decidí que necesitaba a Nova Sunstrum.

    Quería hacer el amor con ella, hacerle el amor a aquel voluptuoso cuerpo, hacer el amor con aquella mente mercuriana que detectaba. Quería penetrar en su carne y acoplarme con sus pensamientos más íntimos. Copular sólo en la carne, por muy bella que sea ésta, es agradable, pero apenas significa nada. Ya había tenido bastante de eso. Quería algo más.

    Alguien como Madelon.

    Su recuerdo llegó sin ser solicitado, atrapándome en un momento desgraciado. Fluyeron las imágenes y sentimientos del pasado, impulsadas por algo quizá oculto. Yo había amado. ¿Volvería a hacerlo? Nova y Madelon entraban y salían de mi conciencia como gitanas arrastradas por el espacio.

    Nova, fresca y única.

    Madelon, perdida y especial.

    Era demasiado pronto, y todavía no sabía lo bastante. Pero me conocía a mí mismo lo suficiente como para reconocer el golpe. Alejé los sentimientos más que conocidos, encerrándolos otra vez en el armario oscuro, donde esperaba que se cubrirían de polvo y se evaporarían silenciosamente, sin ser vistos ni sentidos. Sabía que estos sentimientos habían sido «descontaminados» muchas veces y que eran meras sombras del dolor primitivo, pero no habían desaparecido por completo.

    Nova era el ahora; Madelon, el ayer. En este instante no sentía deseos de Madelon, sino, solo curiosidad. Lo que yo tenía era algo maltratado, uno de los mayores dolores de la vida; mas había sobrevivido y había conocido a Nova. Era muy consciente de estar construyendo una fantasía sobre unos cimientos muy tenues. Sabía poco sobre ella, aunque sentía mucho.

    ¡Oh, cómo nos cogemos a nosotros mismos!

    Oí la compuerta a mis espaldas reciclándose y, volviendo la cabeza, la vi aparecer a la luz de la compuerta interna. Ella me vio, vaciló durante un momento, musitó después una disculpa y comenzó a retirarse.

    —¡No se vaya! —dije rápidamente.
    —No sabía que hubiese alguien aquí dentro —exclamó—. No quería entrometerme.
    —No, por favor, entre.

    Ella saltó sobre el borde de la escotilla, oprimiendo los controles de la compuerta para que se cerrase y se reciclara. Durante un momento permaneció mirando hacia fuera; luego comenzó a quitarse el traje.

    —Odio estas cosas. Es como ir metida en una caja de cartón.

    La observé mientras se lo quitaba y lo hizo con gracia, siendo un proceso tan embarazoso como es. Decididamente, me atraen las mujeres con gracia, especialmente cuando pueden tenerla bajo circunstancias desfavorables.

    Llevaba sólo un sencillo y fino traje blanco que se pegaba a su piel dorada como leche derramada. Se abrazó a sí misma y dijo:

    —¡Hace frío ahí fuera!
    —Siéntese aquí —sugerí, y oprimí un circuito calorífero.

    Se enroscó en el mullido asiento como un gato, y sus labios dibujaron una ligera sonrisa, mientras contemplaba el planeta Tierra. Tenía un aroma delicado, algo que no podía localizar.

    Dejé que transcurriesen largos minutos, mientras mis ojos iban de una vista hermosa a otra no menos bella.

    —¿No es exquisito? —preguntó ella.
    —Sí —contesté, y quería decir más.
    —Es la segunda vez que le veo, ¿sabe? Quiero decir ae verdad. La primera vez fue hace ocho años cuando vine a la Tierra para ir a la Universidad.
    —Has nacido en Marte, ¿no es cierto? Creo que alguien me lo dijo.
    —Sí. En Bradbury.
    —Debes estar contenta de poder librarte de la extragravedad terrestre.

    Ella me sonrió.

    —Oh, sí, pero eso me ha puesto muy fuerte. ¡Ahora seré en Marte una amazona! —se rió suave y delicadamente, echando hacia atrás un mechón del largo cabello negro—. ¿Ha estado antes en mi planeta, señor Braddock?

    Yo negué con la cabeza.

    —Entonces no sabrá a qué señalar, ¿no es verdad?

    Levanté lentamente un puño; un dedo se disparó y señaló hacia ella. De nuevo se rió un poco y preguntó:

    —¿Soy famosa ahora?
    —Eres conocida.

    Pausadamente, apretando la boca en una sonrisa, levantó su pequeño puño y mirándolo fijamente sin mirarme a mí, como si su mano fuese algo aparte, apuntó con un dedo hacia mí. Después siguió la dirección que apuntaba y pareció asombrada de lo que encontraba.

    —Por la espada y el escudo de Ares —exclamó solemnemente—, creo que he conocido a alguien.

    Durante un momento estuvimos así sentados, señalándonos el uno al otro con el dedo; luego ella prosiguió:

    —Me dijeron que señalar no era de buena educación.

    Cerró el puño con un estallido de su boca, y yo fingí que colocaba mi puño en una percha.

    — ¡Nova Sunstrum!
    — ¡Diego Braddock! —dijo ella con la misma solemnidad.

    Durante un rato observamos la Tierra; después yo pregunté:

    —¿Estás contenta por volver?

    Pensé que era una pregunta banal, pero quería continuar con la conversación.

    — ¡Oh, sí! Ha pasado mucho tiempo, aunque recibía cintas casi en cada nave. Marte crece verdaderamente rápido, casi con demasiada rapidez. Donde antes había únicamente desiertos, ahora aparecen granjas. Se está formando una atmósfera. El aire en la Tierra me parecía muy pesado, espeso y lleno de porquería. En casa el aire será frío, pero limpio.

    Se recostó en su silla, y no pude decidir si aquel despliegue de las riquezas de su cuerpo era conscientemente atrevido o inconscientemente ingenuo. Ella suspiró, y los únicos sonidos fueron los vagos zumbidos provenientes de algún profundo lugar en el interior del asteroide, transmitidos a través de la roca y los chasquidos de las lecturas en el tablero repetidor delante de nosotros.

    Lentamente su rostro cambió de expresión, y en sus labios se formó una sonrisa tímida. Había algo en su aspecto que hizo surgir en mí las señales de aviso. Sin mirarme me dijo:

    —¿Usted me desea?

    Después sus ojos giraron para mirarme, oscuros y rasgados.

    Esperé un segundo y, cuidadosamente, asentí.

    —Por supuesto. Eres hermosa. Y... eres mi tipo.

    Hice un gesto con la mano.

    —Si en tu interior eres tan mujer como en tu exterior... —dejé la frase a medias.
    —¿Entonces, soy un tipo?
    —Todo el mundo lo es. A algunos tipos respondemos, por las razones que sean, y a otros no.
    —Me han deseado muchos hombres —continuó.
    —Estoy seguro de que es cierto, pero no necesitas citar testigos.

    Su sonrisa se hizo más amplia y se movió de una forma muy autoconsciente y sensual.

    —¿Entonces me protegerá usted?

    Suspiré.

    —¿Protegerte? ¿De los hombres? ¿De los demás? ¿Por qué? Eres adulta, una mujer, un ciudadano.
    —Estoy cansada de que me manoseen. Crecí en Marte, con todo el espacio a mi alrededor. Vivir en la Tierra es como vivir en una caja. Siempre me sentí encerrada, oprimida. Tenía tan poco espacio personal.

    Ahora parecía triste.

    —Estoy harta de eso. Quiero volver a casa —me miró otra vez entre la mata de cabello negro.
    —Quizá, si yo... ya me entiende, estuviese con usted, no sentiría tantas presiones.
    —¿La señora desea un campeón? Si a bordo hubiese algún zongo que realmente quisiese conseguirte, yo podría ser «accidentado» durante alguna oscura guardia, o encontrarme con que había salido a dar un paseo por el exterior de esta piedra sin llevar puesto el traje. Lo mismo le sucedería a cualquier otro hombre que fuese lo suficiente loco como para tratar de «protegerte».

    Ella me miró muy enfadada y se sentó en posición erguida, abombando el pecho.

    —Usted me desea, pero ni siquiera intentaría protegerme.

    Hizo un sonido grosero y se dejó caer hacia atrás, con su largo cabello negro flotando sobre sus hombros y cayendo por delante de su rostro como una negra catarata. —Cuando vine a la Tierra en el Armstrong no hubo peleas serias —comentó—, pero entonces sólo tenía dieciséis años. Ahora... es distinto.

    —Debes haberte divertido probando tus poderes allá en la Tierra —dije haciendo un guiño. Ella resopló, mas no sin mirarme—. Ahora los viajes no son como en los viejos tiempos, cuando duraban siete u ocho veces más. Pero incluso un mes en el espacio... Bueno, por ejemplo, ¿qué sucedería si te dedicases a sonreírle solamente a un tripulante, el mismo tripulante, todos los días?

    Ella lanzó su cabello hacia atrás y me miró con orgullo.

    —Se enamoraría de mí locamente —contestó despreocupadamente—. Siempre lo hacen.
    —Y ése es el problema. En la Tierra, en la Luna, quizá incluso en Marte, no estaríamos encerrados todos juntos en una intimidad forzada, sin vida privada, penetrando cada uno en el territorio del otro. Hasta en esos masivos edificios—ciudades, en los arcólogos más atestados, no nos hallaríamos tan limitados. Este es un ambiente cerrado. Tú, yo, todos tenemos que actuar de forma responsable. En un lugar superpoblado no se grita fuego.

    Ella volvió la cabeza y miró el creciente terráqueo que se desvanecía.

    —Usted habla como Primrose o Billinger, mis profesores, esos viejos canguros: «Asume tus responsabilidades, querida». «Pórtate de una forma adulta. No causes alteraciones.» ¿Qué saben esos sacos arrugados qué es la vida?

    De nuevo se enderezó, expandiendo desafiantemente su amplio pecho, herencia encantadora de sus antepasados escandinavos.

    —He pasado años controlada por otras personas: profesores, encargados de seguridad que sabían qué era lo que más me convenía, los factores de mi padre, la gente del banco. Algunas veces me escapé de ellos y me enfurecía cuando me encontraban.

    Me miró melancólicamente.

    —Pensé que sería divertido estar contigo. Pareces poderoso y un poquito triste y das la impresión de saber muchas cosas; ¡pero sólo eres munga seca como los demás! «¡No te portes así, querida! ¡Pórtate bien, Nova!»

    Se puso en pie ante mí, inestable a causa de la poca gravedad, haciendo girar el tejido que daba la impresión de estar mojado y brillaba a la fría y débil luz de la Tierra y al resplandor rojizo del calefactor.

    —No seré un problema para ti. No habrá problemas. No soy promiscua.
    —Quizá sería mejor que lo fueras —dije—. Las revoluciones empiezan cuando uno o unos pocos acaparan todos los bienes.
    —¡Yo...!

    Dejó la frase sin terminar y volvió a sentarse abruptamente. Otra vez había desaparecido la fría y calmosa mujer de mundo. Lo que yo veía era una mimada hija de la riqueza, acostumbrada al poder de su belleza y su personalidad, ansiosa de perderse en los imaginarios placeres de la libertad e insegura tanto de sí misma como del mundo.

    Después, muy lentamente, vi cómo aquel estado de ánimo volvía. Su rostro pasó de ser duro e inconmovible a la elegancia y a la serenidad. Su postura se dulcificó lentamente, y pareció más tranquila.

    Por fin volvió otra vez su mirada hacia mí. Antes de que pudiese hablar, yo dije:

    —Me gustas más cuando juegas a ser la reina del espacio exterior.

    Ella parpadeó, y después rompió a reír, recostándose contra el blanco asiento. Me gustó su risa, porque era llena y libre y porque podía reírse de sí misma. Luego se puso seria y se compuso, echando hacia atrás su largo cabello negro.

    —¡Tú! —exclamó acusadoramente, haciendo esfuerzos para no sonreír—. ¿Cómo sabes que no soy la reina del espacio?

    Yo hice una mueca.

    —No lo sé. Si alguien puede saberlo sois vos... majestad.
    —Bueno, quizá lo sea algún día. Cuando Marte consiga su independencia, mi padre podría ser el rey.
    —Serás vieja y estarás rodeada de biznietos antes de que Marte sea lo suficientemente independiente en todos los aspectos como para poder quedarse solo. No hables como si Marte estuviese siendo oprimido bajo las botas de los opresores terráqueos. Os lleváis más de lo que os corresponde.

    Sus hombros se derrumbaron.

    —Dios, la verdad es que no eres nada divertido. Describo una pequeña fantasía y la destrozas. Sería tan agradable poder pensar que algún día podría ser la reina de Marte.

    Me encogí de hombros.

    —En una democracia no hay demasiado romanticismo, ¿verdad? No hay príncipes gemelos, ni princesas robadas por gitanas, ni hombres encerrados en trajes espaciales de acero, ni inesperadas revelaciones sobre los regalos de nacimiento, ni amantes de los reyes dictando la política desde el lecho...
    —Te sigues burlando de mí.
    —Sí. Te pido disculpas.

    Las palabras me salieron sin pensar. Brian Thorne nunca se disculpaba. Por lo menos, no con palabras. La gente lo tomaría por una señal de debilidad o de indecisión. Era agradable no tener que ser un gran señor todo el tiempo.

    —Vete a la cama y sueña con los antiguos marcianos —le dije—. Salieron de sus polvorientas tumbas y entraron en ti cuando naciste. La última princesa real, Xotolyl XV, está dentro de ti y te guiará. ¡Un día la crisálida de tu carne mortal se abrirá, y nacerá el primogénito de la nueva dinastía marciana!

    Sus ojos brillaban y sus labios estaban abiertos.

    —Grandes alas de mariposa de sueños de gloria revolotearán otra vez bajo las lunas gemelas —proseguí dramáticamente—. Los espíritus del distante y desconocido pasado se apiñarán a tu alrededor, se mezclarán con los presentes y te conducirán hasta esa oculta, antigua e intocada bóveda de tiempo y misterio donde los muertos señores de Marte realizaban sus sacrificios a dioses inmemoriales, a esos dioses que ahora duermen bajo las rojas arenas. Marte volverá a verdear. Los canales se llenarán de nuevo de agua limpia, portadora de vida. Las murallas y las fortificaciones de los viejos tiempos volverán a elevarse con mayor grandeza que la primera vez, y se hará la guardia en esas curiosas barbacanas. Habrá festines con vino viejo y fruta fresca; habrá diversiones y maravillas, y se repartirán los honores. Allí estarás tú, vestida con las relucientes joyas y trajes de la reina... ¡Nova I, la reina de Marte!

    Hubo un largo silencio, mientras me contemplaba maravillada.

    —¡Dios mío! ¡Estás completamente loco!

    Se puso en pie de un salto y se tiró en mi regazo, abrazándome y riéndose. Se separó y me miró con ojos centelleantes y con su boca a sólo una lengua de distancia de la mía.

    Mis manos reposaban sobre sus brazos desnudos y suaves, y la atraje hacia mí. No opuso resistencia; su rostro se dulcificó y sus ojos se cerraron. Nos besamos suavemente, sin pasión, pero con gentileza y con un tranquilo cariño.

    Después de un largo rato se separó un poco, y dijo hoscamente:

    —No te he dado permiso para acercarte al trono...
    —Siempre he sido un rebelde —y la acerqué más para otro beso.

    Fue más largo y se hizo más intenso. Con un repentino gemido ronco Nova me abrazó con más fuerza, y nuestro beso se convirtió en hambre. Yo respondí.

    Tras un largo momento retrocedió y me miró muy seria, registrando mi rostro con sus oscuros y rasgados ojos. Después, con una especie de movimiento brusco y eficiente, asintió, saltó de mi regazo y comenzó a ponerse su traje. La ayudé y no dijimos nada más.

    Mientras ella se introducía en el voluminoso aparejo y yo la abotonaba, flotábamos. Luego ella se sujetó al borde de la escotilla, me hizo una mueca, cerró de un golpe la placa del rostro y oprimió el control de la compuerta. Descendimos por el pasaje excavado por medio del láser, saltando y jugando como delfines, riendo y sujetándonos el uno al otro. Nos agarramos a un cable justo a tiempo para frenar y volvimos a entrar en el núcleo central en una relativa sobriedad.

    Mi camarote estaba más cerca, pero se encontraba allí Pelf; así que fuimos al de Nova. Lo compartía con una enfermera que rara vez dormía allí, e hicimos el amor por primera vez en el estrecho catre de Nova Sunstrum.

    No hay dos encuentros sexuales exactamente iguales el uno al otro. Cada pareja deletrea sus relaciones interpersonales con un conjunto diferente de posiciones, distintos ritmos y secuencias, lenguajes corporales y palabras distintas de la última pareja, e incluso del último acto de la misma pareja. Cada orgasmo explota en forma única a través de la mente, provocando una carambola de recuerdos, sensaciones y fantasías en forma diferente cada vez.

    Desde el principio Nova y yo comprendimos que nos entendíamos, no sólo en la unión, sino en el silencioso acuerdo en la posición o en la elección, en el momento, lugar, ritmo y humor, ya gentil y cariñosamente, ya en forma frenética y exigente. Hay veces en las que se hace el amor y veces en las que es un acto puramente físico. En cuanto a esto, parecíamos sincronizar y respondíamos sin palabras, que no eran necesarias ni serían adecuadas.

    Una de las cosas que yo había aprendido de forma dura, pero que Nova parecía comprender instintivamente, era que cada persona tiene sólo su propia clase de amor que dar, no la de la otra. Me sentía afortunado porque las clases de amor que nos dábamos el uno al otro eran muy parecidas.

    También había aprendido que no se puede amar a una persona completamente, a menos que este amor sea abierto. ¿Qué es mejor: amar, estar enamorado o anticipar el amor?

    El amor significa un ego con la parte interior hacia fuera, pero entre dos amores debe pasar un cierto tiempo. Yo lo había dejado transcurrir salvaje y locamente, y ahora era otra cosa. Era el momento de convertirme, por designación, en el consorte real de la reina de Marte, en amante de la princesa Nova, para ser Brian y Nova, quizá incluso BrianyNova, NovayBrian.

    Debo admitir que ella lo hacía muy bien, en su trabajo para evitar que las varias facciones pro—Nova explotasen. Nos sentíamos orgullosos de pensar que los otros pasajeros habían necesitado casi dos semanas para enterarse de que dormíamos juntos, pero quizá los amantes son los últimos en enterarse de lo que los demás ya saben. Para evitar que los celos subieran demasiado, ella pasaba gran parte del tiempo bailando, cenando y sonriendo a otros hombres, desde el capitán hasta el marinero más inferior. Naturalmente, eso me ponía furioso, emoción que encontré extraña y degradante. Brian Thorne nunca se hubiese sentido celoso. Pero yo era Diego Braddock.

    El mes se hizo al mismo tiempo corto y largo. En cierta forma, parecía como si hubiésemos llegado de repente y, en otra, fue un viaje largo porque sucedieron muchas cosas.

    La regordeta señorita Blount tuvo affaires de coeur con el comandante de marines, con el número dos de la nave y con el mordaz y pequeño técnico con el que se prometería hacia el final del viaje. Una de las enfermeras fue causa de un duelo entre un tripulante y uno de los marines. Este ganó, y fue sometido a consejo de guerra.

    Hubo un considerable intercambio de amantes, como era de esperar, y me sentí afortunado por tener que pelear solamente con dos hombres, un fogonero que saltó sobre mí y estuvo a punto de matarme y el biólogo, que había llamado Nova a una variante del Glycine soja, con la esperanza de despertar su atención. Durante una tranquila fiesta en el salón se volvió zongo, y durante el resto del viaje estuvo sometido a sedantes.

    Fue la suave naturaleza de Nova la que mantuvo a raya a la mayoría de los hombres y manejó aquellos problemas con gracia y tacto. Siempre es mejor que sea la mujer la que intente suavizar los egos alborotados. Deja en todos un humor mucho más agradable que el que sigue a cualquier violencia. Yo no creo que ésta sea una prueba de fuerza interior, pero tampoco el tacto y la dulzura debieran ser considerados como debilidades.

    Sucedieron también cosas de otro tipo; por ejemplo, pasar cerca de una nave robot cargada de mineral, que se dirigía por la ruta larga, lenta y barata a la órbita terrestre, y una espléndida vista de una llamarada solar fenomenal. Nada espectacular, pero rompió la monotonía de viajar por el espacio.

    Nova y yo no nos relacionamos mucho con los otros pasajeros ni con la tripulación, aunque se organizaban muchas actividades con el fin de que ésta no permaneciese ociosa. Al principio, éramos invitados a formar parte del equipo de balonmano o a una de las cenas para gourmets de la señorita Blount, pero pronto disminuyeron las invitaciones, al rechazarlas nosotros cortésmente una y otra vez.

    La mayor parte del tiempo nos explorábamos el uno al otro. Nova demostraba un extraordinario conocimiento de la arqueología marciana.

    —Cuando era pequeña, jugaba en el Palacio Estrellado y me sentaba en el trono del Gran Hall; yo hacía de reina de Marte; Georgie, de gran visir, y Sabra, de reina usurpadora. Cuando Exploraciones Marcianas realizó todos los grandes descubrimientos, yo era prácticamente una niña. Evans acostumbraba a sentarme en su regazo, y veíamos juntos los hologramas. Yo utilizaba un cristal de esmeralda del palacio como pisapapeles.
    —¿Dónde crees que fueron los marcianos o qué piensas que les pasó? —le pregunté.
    —Supongo que agotaron su ciclo. Crecieron, maduraron, envejecieron, se hicieron seniles y murieron como las otras razas. ¿Dónde están los asirios, los mayas? Sus esparcidos restos fueron absorbidos por otras culturas, sólo que en Marte no hay otra cultura absorbente. Por tanto, se extinguieron como los dinosaurios, los tigres, la cabra almizclera...
    —¿Qué pasa con todas esas leyendas de los supermarcianos que se convirtieron en criaturas hechas de pura energía?
    —Leyendas. Leyendas humanas. El deseo humano de alcanzar la plenitud, como el crear a Dios a su imagen, para poder entenderlo. Quizá tengan razón; quizá la Fundación para el Conocimiento Secreto tenga la llave de la verdad. Con unas treinta galaxias para cada ser humano, cualquier cosa es posible —dijo ella.
    —Y eso sólo en este universo.
    —¡Oh, ese tipo de ideas, son sencillamente fantásticas! Se necesitaría una mente, o un computador, o algo mucho mayor que la mía en cualquier caso para abarcar más de un universo. Incluso la idea de unos agujeros negros saltando fuera del espacio—que—nosotros—conocemos y volviendo convertidos en quasares es algo muy difícil de entender.
    —Si es cierto —dije—, entonces es confortante saber que hay un exterior y un interior. Si hay un «exterior», entonces podría existir otro universo. Si hay otro, podría haber universii.
    —Esa palabra no existe, Diego.
    —Sólo estaba comprobando si me escuchabas. ¿Qué te parece universa?
    —No, Diego. La idea de agujeros negros saltando fuera y dentro es aterradora. ¿Qué sucedería si hubiese demasiados agujeros? ¡Todo podría venirse abajo!
    — ¡Rápido! ¡Este es un trabajo para el capitán Láaaaser! Se evitan catástrofes planetarias, holocaustos a coste reducido, seres malvados de un espacio exterior cualquiera derrotados y capturados; se salvan universos. Tres naves FTL, sin esperas ni comprobaciones; el primero en llegar será el primero en ser atendido.
    —¡Oh, Diego..A

    El tiempo que pasaba junto a Nova era instructivo, delicioso, gratificante, alegre, extático y estimulante para la mente.

    Sabía que me estaba enamorando, y la gran trampa existente en eso siempre ha consistido en que pocas veces se lucha contra ello. Una vez que se comienza, no quiere uno detenerse. Tenía una mujer que me interesaba y el tiempo que necesitaba para aprender a conocerla.

    Aquí debo confesar que estaba un poco orgulloso. Como «Brian Thorne», era muy poco corriente que no consiguiese a la mujer que deseaba. Dinero, fama y encanto son grandes afrodisiacos. Pero como «Diego Braddock», me parecía que era yo el que me ganaba el amor de Nova Sunstrum, y no podía sentirme más feliz.

    Le dije que la amaba a la mitad de la segunda semana; era la primera vez que pronunciaba aquella frase desde Madelon, algo que resultaba fácil para muchos hombres, pero nunca ha venido a mis labios con facilidad. Algunos lo dicen y se lo creen, por lo menos por un momento, o lo dicen cínicamente, a sabiendas de su falsedad, porque creen que es lo que la otra persona quiere oír. Nunca lo he dicho si no era honradamente, y Nova constituía sólo la tercera mujer a quien se lo había dicho.

    Estaba en mis brazos desnuda, acurrucada en su estrecho camastro, cuando lo hice. Se echó hacia atrás para mirarme, con el rostro serio y preocupado.

    Me estuvo estudiando atentamente, y durante un fugaz momento pensé que quizá había hecho lo único que ella no quería, que había estropeado «un juego» cuyas reglas no conocía, realizando la única cosa prohibida en aquellos días de amor, de conocimiento y de alegría.

    Después sus labios se abrieron y dijo lo mismo; el miedo se disolvió y la alegría explotó sobre nosotros. Hicimos el amor en un estallido de placer frenético que nos dejó sin palabras, exhaustos y muy felices.

    Sexualmente, era como si cada vez fuese la primera. Había en ella frescura, vitalidad y, a veces, una gran perspicacia. Resultaba al mismo tiempo inocente y sabia, etérea y la tierra madre. Parecía tener instintivamente la habilidad y la ingenuidad erótica de la Gran Prostituta de Babilonia; sin embargo, no había en ella ni rudeza ni indelicadeza.

    Para un hombre como yo, acosado por mil cuerpos soberbios con habilidades artificialmente adquiridas, suponía volver a nacer. Hacer las mismas cosas, ya viejas, por primera vez era un milagro de la mente. Yo había sido estropeado por las mujeres, a veces cariñosamente, siempre conscientemente, por sus propias razones o por las mejores razones, pero las que más contaban —Suzanne, Gloria, Michele, Louise, Vincene y, por supuesto, Madelon— me habían estropeado para las demás.

    Estaban también aquellas que tenían los cuerpos más espléndidos, los ojos más grandes, habilidades amatorias de una variedad asombrosa, mentes rápidas y astutas y una tenacidad interior semejante a la del acero. A veces había pensado que en algún lugar debían existir fábricas secretas donde se criase a aquellas esbeltas criaturas como si fuesen puras—sangres, con genealogías de primera clase y brigadas de profesores de estilo, una facultad de inteligentes ladrones que entrenaban a aquella mujeres y las enviaban al mundo. Aquellas bellezas de cuerpos suaves y mentes brillantes, constituían un tipo muy familiar para todos los hombres ricos. Las hermosas, pero poco inteligentes, eran seleccionadas a niveles inferiores, con presidentes de corporaciones, cultivadores de algas y ejecutivos de espectáculos importantes. Las listas, realmente listas, continuaban ascendiendo, y formaba el grupo de mujeres que yo conocía casi diariamente, a veces por accidente, a veces de forma cuidadosamente preparada, concebida para lucirlas desde la perspectiva más favorable para ellas. Algunas tenían hasta managers, y todas abogados.

    Ocurría de forma que no me importaba. Todas querían salir de la masa, y si una constituía un buen ejemplo de un tipo que me gustase, la compraba. Un sencillo asunto de negocios; no importa lo graciosamente que se expusiera. A veces ninguno de los dos lo discutía, dejando que todo fuese arreglado por los abogados o por los intermediarios.

    Pero Nova era distinta. Que cada amor sea diferente, que resulte algo nuevo cada vez, es la preocupación de todos los amantes. O quizá se tratase de que Diego Braddock difería de Brian Thorne. Como Braddock, como Howard Scott Miles, como Waring Brackett, como Andrew Garth, yo había solicitado y obtenido la atención de algunas mujeres. Pero en el rincón secreto de mi mente siempre quedaba la duda de que de alguna forma ellas sabían que yo era Brian Thorne.

    Quizá fuese el viaje a Marte lo que me hubiese hecho dejar atrás aquel rincón y, con él, aquellas ideas. No importaba. Tal vez no quería únicamente llevar la carga de una gran interrogante. En ser alguien distinto de Brian Thorne había una estupenda sensación de libertad, de la misma forma que, a veces, un magnífico sentimiento en ser Brian Thorne.

    Pero lo fundamental del asunto estribaba en que quería enamorarme de alguien. Quería estar enamorado, no desear a alguien. Era el momento apropiado, la mujer adecuada, y yo estaba listo.

    ¡Qué extraño mundo éste en el que el capricho tiene la fuerza del acero, cuando la casualidad toma el aspecto del destino, cuando un estado de ánimo cambia una vida! Pero así es. Somos una hoja arrastrada por la corriente y, ya sea en rápidos o en un tranquilo remanso, bajamos por el río. Nosotros, las hojas, proclamamos con orgullo nuestra libre voluntad, nuestra libertad de elección, nuestras poderosas ambiciones, y todo experimenta cambios cuando la corriente cambia.

    Estábamos sentados en nuestro emplazamiento favorito, la cámara de observación, contemplando las estrellas.

    —Siempre he deseado que inventasen una máquina del tiempo —dije.
    —¿En qué dirección irías?
    —Hacia atrás. Es la única dirección que conozco. Hacia adelante voy de todas formas, sin necesidad de una máquina del tiempo. Hay cosas que me gustaría hacer.
    —¿Salvar a Juana de Arco, a Kennedy, a Lincoln?
    —Oh, eso sería bastante inteligente, pero lo que me gustaría hacer de verdad es volver a 1888 o a 1889. Probablemente a un campo de girasoles en Arlés. Iría a comprarle unos cuantos cuadros a un pintor loco y maravilloso. No le diría lo famoso que llegaría a ser o el valor que alcanzaría su obra en sí misma, y hasta en dinero. Eso podría arruinarle con más rapidez que la locura, que la soledad. Pero me gustaría hablar con él y animarle en la única forma en que los artistas necesitan que se les dé ánimos: comprando su obra.

    »A todos los artistas se les da palabras en exceso; lo que necesitan es una ayuda tangible, pragmática. Quizá Van Gogh no hubiese caído rápidamente en la locura, no se habría vuelto loco. ¡Piensa en los cuadros que podríamos tener!

    —Podrías ir a Tahití —dijo Nova— y salvar los Gauguins que fueron quemados, o la biblioteca de Alejandría. —Sí, es cierto. Pero Van Gogh... es amigo mío. A través de los años me ha conmovido como muy pocos lo han hecho ese pobre hombre loco.
    —El es siempre el ejemplo que utiliza la gente que quiere indicar lo menospreciado de sus obras —comentó Nova—. Durante toda su vida sólo vendió un cuadro, y además de eso, le tomaron por loco. El mismo pensaba que estaba loco, y se volvió loco. Y también lo encerraron en aquel extraño lugar.

    Sonreí y dije:

    —¡Oh, sé que es muy egoísta por mi parte, pero no me importa! ¡Imagínate pasando una semana en Arlés, viendo a Vincent salir al amanecer y volver al atardecer con un cuadro o dos! ¡Dios mío, qué emoción! Toda la noche hablando sobre arte con Gauguin y Van Gogh, observando cómo Vincent pintaba por la noche, ¡haciendo que estrellas cual éstas de ahí fuera adquirieran una vida sobrecogedora!
    —Es el momento para las fantasías —señaló Nova esbozando una mueca.
    —Quizá podría llevarme a París a aquellos bastardos arruinados para que pudiesen ver lo que estaban haciendo los otros. El pobre Lautrec, borracho y sin dinero, que solía pasear con otros pintores, colegas suyos, y después se detenía para señalar algo con su bastón y discurseaba sobre ello, porque sus piernas mutiladas y doloridas necesitaban descansar. Una vez Cézanne cortó un cuenco con frutas de un cuadro y lo cambió por comida, porque era la única parte que alguien quería comprar.
    —Quizá ayudarles hubiese sido lo peor que pudieses hacer —dijo Nova.
    —Sí. Lo sé. La gente como Picasso, Matisse, Bonnard, ese borracho de Utrillo, en realidad no necesitan ayuda, al menos no la bastante como para regatear con la historia; pero Van Gogh... ¡Añadir un año a su vida hubiese significado quizá cien cuadros más! ¡Qué tesoro! Por algo así sí intervendría, probablemente cerca del final, cuando, en caso de que hiciese algo mal, la pérdida de obras no significaría mucho. ¡Cómo me gustaría!
    —¡Romántico!
    —¡Verdaderamente, y repítelo tres veces! —suspiré—. Lo siento, Vincent —dije a las estrellas—; nací un poco tarde para servirte de algo.

    Estábamos en su litera. Nova me daba la espalda descansando tranquilamente, después de un período de exploración amorosa bastante prolongado. Puse mi mano sobre su cadera, sintiendo el hueso bajo la carne y la curva de su cintura. Moví la mano y la llené por completo con su muslo, sintiendo realmente la gran cúpula de carne, la textura de la piel, la flexión y los movimientos de los músculos que se encontraban debajo. Ahora parecía diferente a unos cuantos minutos antes, cuando, en el frenesí del orgasmo, había abarcado ambos hemisferios. Allí la piel era distinta, distinta de la piel de la parte baja de su pierna o de sus pechos.

    Recorrí con los dedos la larga acanaladura de su columna, palpando las protuberancias; luego bajé de nuevo tocando ligeramente los hoyuelos que la flanqueaban en la parte superior de sus redondeadas nalgas.

    Mi mano encerró un pecho, y ella se apretó contra mí, murmurando dulcemente, oprimiendo su cuerpo contra el mío. Sentía dentro de mi mano el peso y la redonda riqueza. Percibía su intimidad y cómo sus pezones se endurecían lentamente dentro de mi palma.

    Mi mano se deslizó sobre el liso y tenso estómago, acariciando el tibio vello, y ella ladeó la cabeza con un suspiro, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Sonrió y exclamó:

    —Aprovecha el momento propicio.
    —Te amo —dije.
    —Lo sé —contestó.

    Lo primero que yo había advertido en Nova era su belleza. Después vi su belleza. El porte, la conciencia de sí misma y de los demás, la perspicacia, los modales, incluso en una persona tan joven, eran excepcionales. Por supuesto, las mujeres hermosas se muestran fácilmente seguras cuando perciben directamente la inseguridad de la mayor parte de la gente.

    Pero el haber advertido su belleza física en primer lugar, y a ella luego, no quiere decir que yo sea una persona superficial, sino simplemente que era su baza más evidente y la faceta que vi primero. A menos que con anterioridad sepamos algo sobre una persona, eso es siempre lo que advertimos antes: su forma de actuar y su aspecto. Yo conozco a menudo mujeres hermosas y he desdeñado a señoras estupendas por las que otros se dejarían matar. Esto no quiere decir que sea insensible o raro, sino sólo que no resultaban las mujeres adecuadas para mí, o que el momento no era el apropiado. La búsqueda y el esperado encuentro de la persona apropiada para compartir nuestra vida se lleva una buena parte de nuestro tiempo y nuestra atención. Generalmente nos conformamos con trocitos y fragmentos de un montón de gente distinta.

    Bernstein, en un retrato mío en Fortune, dijo que yo tiendo a juzgar las cosas estéticamente en primer lugar, las mujeres incluidas, y advirtió que parecía excluir a los hombres de este juicio estético. En eso tenía razón pues en un mundo que admite abiertamente, y hasta alienta, la bisexualidad, yo sencillamente no estaba interesado en los aspectos físicos de los hombres, por lo menos mientras hubiese mujeres a nuestro alrededor.

    Pocas veces me ha importado lo que otras personas consideraban como hermoso. Si sus gustos coincidían con el mío, estupendo. Si no, ¿qué más daba? Si yo creía que una mujer era de alguna manera bella, entonces era bella, y no me importaba lo que pensasen los demás. Había aprendido pronto que tenía el coraje de mis convicciones, por lo menos en cuanto a la belleza se refería, y que los demás seguían a menudo las modas, los gustos de la mayoría, aceptando los estándares de otros.

    Pero la belleza física o su ausencia es generalmente lo primero que advertimos sobre los demás, llamémoslo así o de otra forma cualquiera. Si tenemos alguna noticia en avance, ya sea por reputación, cuadros u obras de cualquier tipo, nos formamos una opinión y después intentamos ajustar esas opiniones a priori al individuo que nos encontramos en la realidad. Desgraciadamente, el tener pies de paja resulta una condición muy propia de los humanos.

    He advertido que las reputaciones a menudo son inmerecidas, incompletas o reflejan una imagen tal como es vista y «conocida» por otros y guardan poca relación con la realidad, de forma que intento recordar esto cuando conozco la reputación de algunas personas.

    Formar una opinión sobre el trabajo de alguien a quien no se conoce, también puede ser un pasatiempo peligroso. Conozco escritores de cuentos viriles, populares, de rápida acción, que son físicamente cobardes y mentalmente insípidos. Conozco políticos de noble apariencia, que son todo fachada, los portavoces de los intereses a los que pertenecen. Conozco escritores de prosa sensible y de una perspicacia monumental, que tienen ramalazos mezquinos, crueles, insensibles; escultores sepultados en la bebida, ministros ateos, machos homosexuales, reinas del encanto frígidas y sacerdotes lujuriosos. Conozco actores cuya reputación de donjuanes oculta su impotencia. Conozco maestras tímidas y silenciosas que en la cama son increíbles. Conozco a mujeres sumamente bellas, envidiadas por todas las demás, que no creen que son hermosas y piensan que la gente les está mintiendo.

    Pero cuando hablé con Nova, primero en aquella cámara de observación y luego en otros sitios, fui muy consciente de su feminidad, de sus tempranas exploraciones con el poder de su belleza. Mas debía de estar encontrando el camino a través del misterioso accidente de su belleza, descubriendo los parámetros de modo que pudiera estabilizarse. No parecía estar utilizándolo para adquirir un poder dictatorial sobre los demás. Su confianza en su propia habilidad para dominar una nave cargada de hombres se basaba en la inexperiencia, no en egocentrismo.

    Cuando llegué a conocer su mente tan bien como su voluptuoso cuerpo, la encontré constantemente inquisitiva, totalmente interesada y raramente aburrida. Vi cómo convertía el intento de violación por parte de un fogonero en una conferencia de una hora que él le dio sobre los delicados balances que deben mantenerse en la ampolla magnética para que funcione y puedan abrirla por un extremo, a fin de que escapen fragmentos del sol contenido en su interior. Cuando le dejó, él resplandecía, orgulloso de sí mismo, muy halagado por su interés y un poco sorprendido de que su erección hubiese desaparecido.

    Cuanto más sabía sobre Nova, más quería conocer.

    ¿Puede haber una alabanza mayor?


    Capítulo 6


    A pesar de las dificultades todos sobrevivimos, excepto el tripulante que había perdido el duelo, del que la prensa y el video en la Tierra sacaron un partido increíble. La enfermera, bastante fea, fue apodada la Blanca Tentadora y otros títulos fantásticos, y se hizo famosa y muy solicitada.

    El Balboa se colocó en órbita de amarre. El transporte llegó desde Phobos y nos trasladó al Centro Ares, la «capital» de Marte. El disco de este planeta era un enorme globo, apizarrado, castaño y rojo tostado, y la única señal de vida, el Elizabeth II, se encontraba en órbita de aparcamiento muy cerca de nosotros. Mientras descendíamos, podíamos ver los verdes campos rectangulares alrededor de Polecanal, y más allá, el tiznón de Grabrock y Northaxe. Sobre el polo, bajando el Rille, Grandcanal City era una mota en el horizonte de la noche cuando descendíamos hacia el Centro Ares. ., Amanecer en Marte.

    Un aire frío y fino, tan fino como para requerir máscaras y botellas de oxígeno, aún a pesar de todos los años de terraformación, tan frío aún. incluso en «verano», como para necesitar trajes térmicos. Grandes extensiones arenosas y onduladas, donde se advertían las suaves elipses de los antiguos cráteres y la ardiente mordedura de la arena, lo penetraban todo.

    Amanecer en Marte.

    Sobre el costado del transporte, la rosada luz tenía un resplandor suave. El último pasajero desembarcó y desapareció detrás de la pared de cemento rosa, mientras la nave salía para ir a buscar la mercancía.

    —Vamos —dijo Nova— por aquí.

    Nos agachamos para protegernos de la arena en movimiento, a causa del despegue de la nave y, haciendo un ángulo, nos dirigimos hacia el vehículo de energía de fusión que nos esperaba. Un hombre de pecho enorme, que llevaba un traje térmico azul lleno de remiendos, echó una ojeada y saltó del artefacto abrazando a Nova efusivamente.

    — ¡Nova! ¡Que me maten si no te has convertido en lo más hermoso que nunca...!

    Me vio con ella y se sintió obviamente molesto. Su mirada fue de ella hacia mí y de mí hacia ella. Su rostro era amistoso, pero dispuesto a cambiar en cualquier sentido.

    —Johann, éste es Diego Braddock. Johann Tarielovich es una especie de tío.

    El hombretón volvió a abrazarla y me hizo un guiño.

    —Siento decir que un hombre al que una muchacha considera como su tío nunca será nada más que un amigo para ella. Tendió una mano, después la retiró y se quitó el guante. La apreté con mis dedos helados y sentí como si aquel hombre estuviese excavado en hielo. Sus ojos pasaban rápidamente de mi cara a la de ella, pidiendo de nuevo información. Luego gruñó, asintiendo sabiamente y sacudiendo la cabeza:
    —¡Vamos, doch, subid a bordo antes de que estos botaslimpias se congelen!
    —¡Dvigat, dvigat! —gritó a los dos últimos en subir—. ¡Moveos!

    Saltó a su asiento e hizo una seña a Nova para que se sentase junto a él. Yo me senté al fondo, cerca de un marine, que ya estaba maldiciendo su destino, sin importarle las maravillas de encontrarse en otro planeta.

    En otro planeta.

    En Marte.

    Me reí para mí y escudriñé el horizonte en busca de la cordillera John Carter, mientras dábamos botes por la carretera que conducía al complejo de burbujas del Centro Ares, pensando que aquellos primeros exploradores no habían olvidado la herencia de su juventud. En principio, unos cuantos lugares habían recibido sus nombres de los astrónomos; otros eran denominados en función de lo que había sucedido allí, como Touchdown, donde había tocado la superficie la primera nave; otros, según su aspecto, como Piedrarroja, Mano Roja y Montaña de Hielo. La denominación de un lugar era un tanto optimista, aunque algún sitio del planeta tenía que llamarse así, pero hasta el momento Marsport resultaba una diminuta avanzadilla con un pequeño campo de aterrizaje.

    El orgullo de sus descubrimientos había hecho que los primeros exploradores ignorasen por completo los elegantes nombres latinos como Mare Hadtriacum, Syrtis Major y Amazonis, utilizando solamente aquellos nombres que juzgaban con derecho a permanecer.

    Wells.

    Bradbury, donde se descubrió el gran Palacio Estrellado.

    Grandcanal City, donde no había ningún canal.

    Burroughs, con algunas de las reliquias y murallas más espléndidas encontradas hasta la fecha.

    El Rille, Grabrock y Northaxe, donde se habían encontrado los hallazgos arqueológicos más antiguos.

    En una cadena montañosa, llamada John Carter, ¿qué nombre podía tener la primera mina de extraños diamantes carmesíes sino Dejah Thoris?

    Arlington Burl, que había venido en el Balboa con nosotros, había denominado a sus minas gemelas Enyo, diosa de la batalla, y Eris, diosa de la discordia, descritas como la madre, hermana, mujer e hija de Ares. Sus hijos, Phobos y Deimos, dioses del tumulto y del terror, volaban por encima de nuestras cabezas.

    Pero demasiada fantasía puede cegar la realidad. Una brusca sacudida me lanzó contra Pelf, que, desde que yo me había pegado a Nova, no me había molestado especialmente en el viaje. Hizo un gesto y me empujó a mi posición normal amistosamente. Le di las gracias con una inclinación de cabeza y entorné los ojos para protegerme del polvo, contemplando las cúpulas y torres del Centro Ares delante de mí. Aire recién fabricado se desprendía de la cuba de los altos hornos, procedente del acelerador de masa del horno de fusión, creando un viento constante que se alejaba en todas direcciones, esparciendo la nueva atmósfera sobre el planeta. Pero mi mente no estaba en el proyecto de terraformación, sino en aquella molesta preocupación concerniente a Pelf, de la que no podía librarme. Seguía sintiendo que éste me espiaba, pero quizá lo hiciese con todo el mundo. Me he acostumbrado a ser espiado directa e indirectamente, electrónicamente y por informes dirigidos por computador que, supuestamente, predecían mis reacciones futuras, basándose en acciones anteriores. Me he llegado a acostumbrar a todo eso, pero nunca me ha gustado. Había erigido entre nosotros una muralla de un mes de longitud y más alta de lo que él pudiese saltar. Esperaba que resistiese.

    Rodábamos por el interior de la larga cúpula segmentada, y advertí la habilidad que habían alcanzado en el empleo de espuma pulverizada de arena silícea sobre el complejo de estructuras globulares. La compuerta giró y nos dirigimos hacia la cúpula más antigua, descolorida y ruinosa, pero que continuaba en servicio. Johann nos guió hasta la estructura más grande del centro de la cúpula, un edificio de cuatro pisos, construida con bloques rosados de arena fundida. La mayor parte de los otros edificios aparecían erigidos de manera similar.

    —Ya estamos —dijo apagando el motor—. Cuando lo traigan, volveré y recogeré vuestros equipajes.

    Se acercaron varios hombres vestidos con gastados trajes térmicos, menos uno que tenía uno nuevo y reluciente. Algunos eran conocidos de mis compañeros de viaje, y se entabló una conversación general, ruido, caos y una fiesta. Nova fue arrebatada y se maravillaron ante ella; la besaron, la abrazaron, la desearon y pasó de uno a otro, pues existía un bienhumorado deseo de contemplarla.

    Johann estaba cerca, con los pulgares metidos en su cinturón, admirando a Nova mientras ésta reía y besaba a la muchedumbre que le daba la bienvenida. Yo sentía que de cuando en cuando me miraba y, al fin, nuestros ojos se encontraron.

    Señaló a Nova con un movimiento de cabeza.

    —Ciertamente ha crecido bien, y pronto.

    Yo asentí, esperando impaciente que volviese junto a mí. Johann rebuscó en uno de sus bolsillos y sacó una bolsa, ofreciéndome una pizca de algo que reconocí como Cannabis sativa Ares III, fantásticamente caro en la Tierra. Rehusé y le di las gracias. Quería que todas mis primeras impresiones fuesen claras. Habría tiempo suficiente para expandir mis sentidos cuando desease explorar otros aspectos de este mundo.

    Dos hombres de trajes azul—pálidos, ligeramente bebidos, llevaban a Nova sobre sus hombros, y ella les gritaba alegremente. En las espaldas de sus trajes térmicos sobresalía un bordado que representaba una gran llamarada solar en color rojo, con una manzana dorada en el centro.

    Ignoré la continua inspección de Johann, y no creo que ni siquiera los computadores de Raeburn, me hayan diseccionado alguna vez con más profundidad. Simplemente esperé a que Nova fuese «mía» de nuevo, aunque quizá no lo hice con demasiada gracia. Sentirme celoso era una emoción sorprendente, y a mí no me gustaba ser sorprendido.

    Finalmente Nova se deslizó nuevamente al suelo y se liberó, corriendo hacia mí, sonrojada y feliz. Me empujó hacia adelante para presentarme a un grupo de nuvomarcianos, como son aficionados a llamarlos los noticieros terrestres. Ninguno pareció demasiado entusiasmado, especialmente cuando vieron que Nova se colgaba de mi brazo, mas sus reacciones se limitaron a cruzar miradas entre ellos.

    Cambié apretones de manos con Iceberg Eddie, D'Mico, Endrace, Iván el Mayor e Iván el Menor. Kum Ling, Jalisco y un pesado y solemne bruto, llamado —o quizá grabado— Aleksandrovich, me destrozaron la mano. Había más y seguían llegando otros; los nombres de todos se mezclaban; algunos estaban contentos, otros resentidos, algunos indecisos, otros amargos, pero la mayoría me dieron la bienvenida de forma bastante cortés.

    Mientras todo el mundo salía en bandadas por la compuerta, perdí a Nova a manos del último grupo y me encontré flanqueado por Johann y Endrace.

    —¿Qué te va pareciendo Marte? —me preguntó Endrace.
    —No estoy seguro de ser bien acogido —dije.
    —¡Oh, demonios, no te preocupes demasiado! —respondió Endrace—. Si Nova se decidiese por uno de nosotros, habría quince areneros que se figurarían que éste no era lo bastante bueno para ella, y lo enterrarían en la arena alguna noche de poca luz. Pero un extraño (bueno, no eres uno de nosotros) es diferente; por tanto, no tendremos que pelearnos unos con otros.
    —Solamente conmigo, ¿eh?

    El me hizo una mueca, y atravesamos la compuerta cuya función era únicamente mantener en el interior la presión, ligeramente superior a la normal en la Tierra.

    —Sin embargo, podríais perder a Nova si eligiese a un extraño.
    —Demonios, amigo, ella es la princesa de Marte, ¿no lo sabías? De todas formas, ningún minero comido por la arena es lo suficientemente bueno para ella. Al final tendría que ser algún príncipe de visita, o algo así.
    —¿Todos vosotros le habéis estado llamando princesa de Marte desde que era pequeña?
    —Eso parece. Su padre comenzó a llamarla princesa, supongo que en la forma en que todos los padres lo hacen, y como era tan condenadamente bonita, se extendió. Siempre ha sido muy simpática, y a la gente le encantaba enseñarle cosas y llevarla a visitar sitios. Se convirtió en algo así como su derecho, ¿entiendes? Eso hace que la mayoría de los excavadores, duros como la roca, eviten pasarse de la raya. Pero si uno de ellos actuase alguna vez un poco como zongo con respecto a ella, siempre habría cuatro o cinco de nosotros dispuestos a tener una conversación con él sobre sus malos modales.

    Al salir de la compuerta sentí la diferencia de presión. Miré a Johann y le pregunté:

    —¿Vendréis cuatro o cinco a charlar conmigo alguna noche sin luna?

    El y Endrace hicieron gestos divertidos.

    —Difícilmente estamos sin luna aquí, compadre, pero no da mucha luz.

    Se rascó la barbilla e intercambió una mirada con Endrace. Johann me miró, y su mueca se convirtió en una cierta sonrisa.

    —Todavía no sé sobre qué podríamos tener que charlar contigo.

    Los demás iban delante de nosotros, diseminados por las calles que se curvaban alrededor de las cúpulas interiores y las otras estructuras. Sobre nuestras cabezas estaba la gran cúpula geodésica principal y, a través de los lechosos triángulos, erosionados por la arena, podía ver las cúpulas adyacentes. Se nos iban uniendo ya más habitantes de la ciudad más importante de Marte, algunos sobrios y otros no. Rodearon a las nuevas enfermeras y a las otras damas, y hasta entablaron conversaciones con alguno de los hombres. Los marines fueron recogidos por un oficial y, reluctantemente, nos dejaron.

    Johann iba señalando alguna de las vistas locales: el Emporium de Fosatti, la taberna El Escudo y la Espada, el Gran Hotel Marciano, el Royal Bar y Cluster's. Yo continuamente intentaba ponerme a la altura de Nova o, por lo menos, no perderla de vista.

    Pero lo que veía en Marte continuaba atrayendo mi atención, tanto las cosas pequeñas como las grandes. Había murallas de losas de arena, ásperas y desiguales, brillando ligeramente a causa del plástico con que habían sido impregnadas bajo presión y de los finos copos de mica. Estos aparecían en muchas de las estructuras sin tejado y de lados planos dentro de la cúpula. Las cúpulas interiores, la mayoría con compuertas neumáticas de seguridad, eran las usuales construcciones de espuma de roca.

    Algunas de las paredes habían sido separadas por medio del láser de rocas más duras, y aquí y allí, embebidos en la piedra arenisca, aparecían artefactos dignos de figurar en un museo, fósiles y rocas de piedra cortadas. Vi varios relieves erosionados en rosa más fuerte y rojo polvoriento, tan borrosos como las monedas antiguas, extraños e indescifrables.

    Pero, por supuesto, todo lo marciano era digno de estar en un museo, simplemente a causa de su novedad y rareza. Nos detuvimos un momento en el Royal Bar; en la pared del fondo, una sencilla losa monumental de fibra petrificada, había grabado un esquema de volutas que podía ser puramente decorativo, los once mandamientos marcianos, un anuncio político o una lista de compras. Resultaba hermoso, pero ilegible.

    Me fui quedando rezagado con respecto a los demás, distraído con aquellas cosas. Cuando llegué al centro de la cúpula no había nadie cerca de mí; así que me detuve para mirar a mi alrededor, convertido en el perfecto turista. En la intersección de tres calles estrechas que se curvaban alrededor de las cúpulas interiores más antiguas, se erguía un pilono de roca antigua, demasiado grande para transportarlo a la Tierra, suponiendo que los nuvomarcianos lo hubiesen permitido. Era un objeto familiar para casi todos los terrestres. Me detuve sorprendido, sobresaltado y deleitado, aunque ya sabía que se encontraba en algún lugar allí cerca.

    Dejé que desde el último de los jubilosos mineros hasta los demás desaparecieran por el otro extremo de la calle, sus brazos rodeando a las alborotadas enfermeras. Me olvidé de Nova, porque había encontrado al Coloso de Marte.

    Ese es el nombre por el que se le conoce, aunque no resultaba tan grande. Sus cinco metros de altura producen el efecto de algo gigantesco. Es de un color rojo oscuro herrumbroso, y su forma original se ha desvanecido por la acción del tiempo y del clima. Se yergue como una gigantesca figura envuelta en un sudario, vagamente humanoide, alienígena o cualquier cosa similar.

    Tenía que ser la representación de un ser inteligente, no una escultura abstracta ni una formación natural. Había en ella demasiada autoridad, demasiada «presencia» para que fuese solamente un retrato o la inspirada representación de un ideal.

    —Es bello, ¿verdad?

    Nova se reclinaba contra la pared castaño—pálida de una fábrica de trajes térmicos, con las manos detrás observando cómo miraba yo la estatua.

    —Creía que te habías ido con los otros.

    Ella movió la cabeza y sonrió. Miré hacia la punta de aquella graciosa espiral de roca que había sido esculpida, según los expertos, veinte mil años antes de que los egipcios levantasen la pirámide de Keops. Generalmente ocupaba la cubierta de la mitad de los libros que trataban sobre Marte, con las gruesas murallas del Grand Hall detrás, medio enterradas en los remolinos de arena.

    Extendí la mano y la toqué. Estaba fría y pulimentada por los finos vientos; no obstante, era sensual bajo mis dedos. Los surcos en volutas de algo que tenía que ser una vestimenta, pero que con la misma facilidad podía haber sido unas gigantescas alas plegadas, se deslizaron bajo mi palma mientras tocaba al mismo tiempo.

    Un estallido de risa lejana me arrebató del lugar adonde me había ido. Brian Thorne ya estaba calculando lo que costaría y cómo podría llevarse a la Tierra, pero Diego Braddock estaba diciendo que la dejase ahí, junto con todos los hallazgos marcianos. Si la gente quería verlos, que viniese aquí. No se mete en un remolque al Gran Cañón y se le pasea por el mundo como espectáculo.

    Me reí de mí mismo. Brian Thorne podía permitirse venir aquí, pero el 99,9 por 100 de la población no podría. ¿Sabrían lo que estaban viendo si lo viesen? Toda mi vida había oído los comentarios en los museos:

    «Este es aquel que se volvió loco, ¿te acuerdas? Se cortó una oreja para dársela a una (entre susurros) prostituta.
    »Dejó a su mujer y a su familia y se marchó a pintar en el Pacífico Sur. ¡Pero mira esto! Ni siquiera sabe pintar bien la arena. Cuando Wilma y yo fuimos allí el año pasado con Tahití Tours, tomamos algunos estéreos de cómo es de verdad aquello.
    »Era una especie de enano. Bebía una cosa llamada absenta, que pudre el cerebro como los piojos.
    »¡El viejo Pablo les tomó el pelo a todos! ¡Compraban cualquier cosa a la que pusiese su nombre!
    »El valor intrínseco del espacio negativo es resaltado por el cambio cromático en el área positiva, como todo el mundo puede ver. El artista quería decir aquí, en esta sección gris y ondulante, que la naturaleza innata en el hombre es violenta y derrotista, en mi opinión...
    »¿No es fantástico?
    »Lo compraría si fuese de color azul. Me gusta el azul. Iría bien con el Estilo Vital de los muebles nuevos, ¿verdad, cariño?
    »¡Mi robot de cuatro años puede hacer eso bien!»

    Moví la cabeza. Probablemente algún gruñón vestido de pieles y lleno de piojos, acurrucado en la cueva de Trois Fréres, había rezongado porque Ogg estaba ensuciando las limpias y hermosas paredes calizas con sus garabatos y porque de todas formas aquello no se parecía en nada a Grunt, el Matador de Osos.

    El Coloso de Marte.

    Volví a levantar la vista. Creo que estás a salvo de ese gran devorador del arte, Brian Thorne.

    Nova me cogió de la mano.

    —Vamos, todo el mundo va a la posada del Planeta Rojo.

    Enarqué las cejas. La posada del Planeta Rojo era el restaurante, hotel, sala de juego y prostíbulo más famoso en más de cuarenta y ocho millones de millas.

    —¡Oh, vamos! Todo el mundo estará allí.

    Recorrí la calle junto a ella, pasando varias oficinas de aquilatación, un taller de reparaciones de los vehículos—oruga apropiados para viajar por la arena y una oficina del Departamento de Asuntos Marcianos. Pasamos por una compuerta y entramos en otra cúpula, una especie de aparcamiento amplio para los orugas, remolques capsulares, removedores de enormes ruedas, excavadoras y scootersr En el centro aparecía un taller de reparaciones y un almacén de piezas sueltas. Nova me condujo bordeando la pared izquierda, que se curvaba ligeramente hacia una compuerta lateral.

    Contemplé los maltratados y resistentes vehículos, todos de pequeño tamaño, y vi uno con las palabras Nova III entre Uschi Luv y Le Zombie. Más allá observé un Miss Nova, pulcramente escrito sobre una enorme excavadora Caterpillar. Todo el lado izquierdo resultaba desgastado por la arena hasta poner al descubierto el metal, pero el nombre había sido cuidadosamente repintado.

    Indudablemente, Nova era conocida por aquellas partes.

    Hay algo de hermoso en cierta maquinaria, en ciertas herramientas. El mazo de un escultor, el Colt del Ejército, calibre 44, de 1860, la planta de fusión modelo C, de la General Electronic, el jeep de la segunda guerra mundial, la versión Randall del cuchillo Bowie, el motor Lafitte de la GM, el Colt 2 láser, algunos coches de carreras, los submarinos individuales tipo Tiburón... todos son hermosos ejemplos de la fusión entre arte y funcionalidad. El tosco, voluminoso y funcional Ford—oruga era una de estas bellezas. No había sido diseñado por ningún artista. Ningún estilista había suavizado sus rasgos mediante una achocolatada capa de fino acero con bandas cromadas. Poca gente podía permitirse traer hasta aquí algo, excepto lo elementalmente necesario, y el coste de cada oruga ya era varias veces el del coche de carreras Sahara estriado más caro.

    Pero habían resultado un triunfo de la belleza sin adornos, produciendo en sus poseedores un cierto cariño. Trabajaban, respondían, tenían personalidad. Cualquier artesano sabe lo que significa tener la herramienta adecuada para hacer un tipo de trabajo determinado, y los mineros de Marte eran conscientes de que tenían la herramienta adecuada.

    Haraganeé detrás de Nova, inspeccionando modificaciones personales en los vehículos, disfrutando al tocar aquellas máquinas tanto como disfrutaba inspeccionado un Henry Moore o un Gene Lamont. Vi cómo Nova me miraba con una sonrisa irónica desde la compuerta abierta, y eché a correr detrás de ella.

    Toda mi vida había sido difícil explicarle a los demás que todo el arte no está encerrado en las paredes de un museo o en las salas de conciertos. Una hoja recién caída en la alcantarilla, una herramienta desgastada por la mano del que la utiliza, los reflejos de una megalópolis en la pared de espejos de un edificio, una distante pirámide arcológica proyectada contra el atardecer, todo eso me había agradado tanto como los imaginativos grabados de Goya o Piranesi, o como Turandot. Una cascada de cabello rubio sobre una desnuda espalda dorada o los signos borrados por la marea, me deleitaban tanto como un fragmento de Praxíteles o una representación de Los diez mundos, de Kerrigan.

    Supongo que algunas de estas cosas no son arte, sino belleza, y que quizá una cosa se convierte en arte únicamente cuando ha sido tocada por la mano o por la mente del hombre. Pero la belleza forma tanta parte del hombre como la fealdad, la locura o la oscuridad. Para mí la belleza última era la de la persona total, no sólo la belleza cosmética, sino también la interior, mucho más importante. La había encontrado una vez en Madelon.

    ¿Estaba de nuevo cerca de encontrarla?

    Los años de natural precaución me habían impedido exponerme más allá de un cierto límite con Nova. Quizá era el secreto de personificación Thorne— Braddock, quizá la negativa a ser herido otra vez, tal vez todo, lo conocido y lo desconocido.

    Hice una mueca, y los melancólicos pensamientos que habían fluido por mi mente se desvanecieron.

    —Es bonito —dije, dando unas palmaditas a un oruga que parecía marcado por la viruela.

    Ella compuso una expresión de despreocupado acuerdo, pero que lo relegaba a lo cotidiano. Me sentí vagamente como si fuese su pupilo.

    La próxima cúpula era muy ruidosa, no tan grande como la primera, pero estaba densamente poblada. Varias compañías, gremios y sindicatos mantenían «hoteles» para sus miembros y empleados. Sobre una inmensa pared de arenisca, unas letras cortadas a láser anunciaban a todo el mundo que aquello era el Salón y Hostal del Sindicato Minero Marciano. Al lado, un mosaico con piedras semipreciosas incrustadas anunciaba el Elysium, una sala de psicodélicos. Tres hombres vestidos de amarillo salían cuando nosotros pasábamos, con los rostros enrojecidos y los ojos dilatados.

    Un incoherente gemido de deseo salió del mayor de ellos, casi ahogando el saludo del pelirrojo: «¡Hola, preciosa!» Se dirigieron hacia nosotros y se inclinaron a la derecha riendo.

    —¡Eh, Nikolai, no puedes navegar mejor aquí de lo que lo haces en el Cimmerian!

    El pelirrojo se reía del hombretón cuyo rostro se nubló, mientras apartaba la vista de la figura de Nova. Enfocó sobre el alegre pelirrojo, y sin previo aviso le golpeó detrás de la oreja con un poderoso puño. El más pequeño de los dos hombres se tambaleó y cayó sobre una rodilla.

    —¡Maldito seas, Romeo desinflado! ¡Eso me ha hecho daño!

    Pero Nikolai tenía la atención concentrada en Nova. Acababa de tomar drogas sensoras que le habían excitado, mas sin dejarle satisfecho, y estaba listo para una mujer. Cualquier mujer.

    —Tranquilo, amigo —dije dando un paso adelante.

    Un brazo parecido al de un oso me empujó abruptamente a un lado y me caí, quedándome sin aliento durante un momento. Me puse de pie y la vi forcejeando en sus brazos, mostrando en su rostro más disgusto que miedo. Di un paso hacia adelante, y el tercer hombre, que hasta entonces había permanecido en silencio, hizo brillar una navaja ante mí.

    Quizá si me hubiese parado a pensar me habrían matado. Pero no pensé. Simplemente respondí. Según me había enseñado Shigeta, no emprendí ninguna respuesta predecible de karate o kung fu, sino la engañosa combinación de varias disciplinas, llamada mazeru, apropiada para aquellos que no desean dedicar sus vidas a emprender completamente una sola materia. Estaba en el grado inferior: el de gunjin o clase «soldado». Utilicé el empujón de mi rodilla contra el hombre del cuchillo para impulsarme sobre el prominente Nikolai.

    Me enrosqué alrededor de su cabeza, arrastrándole conmigo, rodando cuando llegamos al suelo. Con un rugido se levantó, bloqueando al pelirrojo que se abalanzaba contra mí. Salté, golpeando el rostro de Nikolai con una bota y atrapando al pelirrojo con un golpe usui que arruinó su garganta.

    Oí la voz de Shigeta: «Nunca debes luchar, excepto como entrenamiento o como espectáculo. Pero si lo haces, lucha hasta vencer. Un combate no es una conversación cortés».

    El pelirrojo había caído, tosiendo ruidosamente. El hombre del cuchillo me miraba, sujetándose la rodilla.

    —¡Me la has roto, maldito ladrón de cisternas!

    Nikolai, de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo, sacudía la cabeza. La sangre goteaba de su nariz" aplastada hasta el suelo rosáceo. Miré a Nova que, a su vez, contemplaba a los tres hombres. Sus ojos vinieron a mí con una especie de horror.

    —Sólo estaban un poco borrachos. Yo me las hubiera arreglado.

    Hice un gesto señalando el hombro desgarrado de su traje térmico.

    —Seguro.

    El hombre con la rodilla rota continuaba insultándome.

    —¡Gusano oxidado, se te ha ido esa condenada mano! ¡Me has fastidiado mi maldita rodilla, botalimpia asqueroso!
    —Limpia tu lengua —le dije—. Calla la boca. Llamaremos a un médico.
    —Sólo queríamos jugar un poco con la señora, ¡maldición!
    —Quizá la señora no quería jugar con vosotros.
    —¿Tu cacharro ha volcado o algo así? ¡Herir de este modo a un hombre!

    No le mencioné su cuchillo. Eché una ojeada a Nikolai; después fui al Elysium y hablé con el larguirucho empleado.

    Volví y le dije a Nova:

    —Dentro de unos minutos llegará un equipo médico de la Cúpula Ocho.

    Estaba de rodillas, intentando ayudar al pelirrojo a respirar mejor. Me dirigió una mirada venenosa.

    —¡Podrías haberlos matado!

    Miré al cielo.

    —Vamos a la posada.
    —¿ Abandonándolos ?

    Rechazó mi sugerencia, y yo comencé a sentirme indignado. Hacía un minuto aquellos hombres habían intentado violarla, y en el minuto siguiente estaba allí haciendo de Florence Nightingale en Marte.

    —¿Por dónde se va? —pregunté.

    Agitó un brazo hacia la parte más ruidosa de la cúpula. Unos cuantos transeúntes, borrachos y curiosos, estaban formando un pequeño grupo.

    —¡Dios me bendiga! —exclamó uno de ellos mientras me alejaba—. Nikolai y sus brutos. Me pregunto si fueron los muchachos de Tolliver.

    La posada del Planeta Rojo era la mayor estructura que había visto hasta el momento en el planeta. Sólo unos cuantos meses más joven que la cúpula más antigua, mayor que yo y considerablemente más famosa. Cuando se construyó había sido un escándalo, y ahora se había convertido en una leyenda simplemente porque los independientes nuvomarcianos querían que estuviese allí, mandando al infierno a los remilgados del planeta materno. En la Tierra había abundancia de lugares de diversión y sexo con encantadores profesionales bisexuales controlados por computadoras. En la Tierra había shows sexuales tridimensionales, contratos de trabajo que, en un mundo absolutamente superpoblado, equivalían a la esclavitud y miles de especialistas. En la Tierra existían «sesiones equilibrantes» donde hombres y mujeres podían experimentarlo todo, desde un placer extremo hasta el masoquismo más intenso, en cantidades cuidadosamente aplicadas.

    Pero todo lo que había en Marte se reducía a la posada del Planeta Rojo y sitios parecidos.

    A decir verdad, no estaba en contra de aquello. El sexo en la Tierra había llegado a ser casi ritual, decididamente democrático, despreocupado en demasía y muy extraño. Con el sexo se vendía todo y, por si eso no bastase, los viajes sensoriales proporcionaban cualquier cosa que uno creyese no haber experimentado. Incluso los ilegales sondeos cerebrales de los centros de placer podían realizarse a determinado precio.

    Había un aire pasado de moda en relación a la posada, o quizá se trate de que la palabra es intemporal. Se veía un intercambio social, directo y personal. Esto no era Número—A—Servicio—Prostitución, impersonal y tremendamente eficiente: ¡Click! Hembra morena, 1,80, 101,6—60, 96—81, 44 centímetros, talla D, puntuación en habilidad fellatio 12, según el pedido. Conocedora del período barroco y los reinos menores. Embriofita. B. A., Universidad de Saskatchewan de Artes Eróticas. Crédito mínimo, período uno, abonado en cuenta XL—7—4522—T—8733. ¡Click! Macho, 2,10 metros, rubio, pene veintinueve centímetros, musculatura tipo 6, calificación 11. Conocedor del Método Zorgasmo. Primitivo fútbol americano y decoración interior del período Plastiforme. M. A. Escuela de Sexualidad Creativa de Boston. B. A., del Climoxite. Crédito mínimo, períodos uno a cinco, abonado en cuenta GA—6— 487—W—8990. ¿Click!»

    Según lo pedido.

    Justamente lo que siempre habíamos querido. Tan perfecto que comprábamos más, intentando variaciones. Unidades de placer. Usar y tirar. «¡Aquí Concubinas Americanas, buenos días» Nymphetrom Inc. «¡Filie de Joie, salut, cherie!» Brutos, ilimitado. «Hola, precioso, aquí está mi tarjeta. Trabajo con el Grupo de Aventureras». Prostitutas del Mundo Ltd. «Hombres de Fantasía, Nueva York y París». El Macho Negro, Chicago. «Permítanos arreglar su próximo asunto amoroso...». Número—A—Machos, pida nuestro catálogo de machos provistos de todas las cualificaciones. «Quizá haya visto nuestro anuncio en la televisión...»

    En la posada del Planeta Rojo existían las casualidades. Paramour Inc. estaba a unos cuantos millones de millas de distancia. La Sociedad Oscar Wilde no se conocía aquí. La ninfomanía era una palabra, no una corporación.

    Johann puso en mi mano una jarra de algo alcohólico y amargo. Tenía un brazo alrededor de una alegre mujer llamada Bettina, y se reían. Paneles sintéticos de fabricación marciana rodeaban la puerta, manteniendo el ruido dentro de unos límites. Los recién llegados eran saludados con brindis, especialmente las mujeres, que estaban sonrojadas.

    Cientos de cintas dramáticas habían reconstruido la posada, generalmente mayor y con más colorido del que tenía. Las primeras estrellas del video representaban a las prostitutas de buen corazón, con exuberantes bustos y trajes de ricas telas. Tiroteos con láser tenían reducido el salón a cintas en una docena de aventuras. Michael Tackett y Gregory Battle contuvieron aquí a adversarios muy superiores en número. Margo Masters y Lila Fellini se habían recostado contra varias versiones de la enorme barra, cortada de una simple roca de rubí y bruñida hasta dar un brillo increíble.

    Era supervisto, multiplicado y superpuesto.

    Nova entró cuando yo iba por el segundo vaso de la bebida local. Oí los gritos antes de verla encaramándose sobre los hombros de alguien para poder encontrarme antes.

    En sus ojos había fuego.

    —Wheaten acaba de morir —dijo. Debía de ser el pelirrojo—. Un buen hombre muerto porque tú tenías que hacerte el héroe.
    —Yo...

    Se volvió y desapareció entre la muchedumbre. Unos cuantos lo habían oído, y algunos me miraron con malos ojos. Johann bajó cuidadosamente su jarra. Sin mirarme me preguntó cómo había sido. Le conté la historia lo más objetivamente que pude.

    Suspiró y bebió un largo trago de cerveza.

    —Se lo andaba buscando. Había cambiado mucho desde que Nova se marchó. Hace casi dos años que está en el equipo de Nikolai, y son una banda de cobardes. Estuvieron a punto de ser expulsados del Sindicato, a causa del asunto de la mina Planeta Rojo. Rudos, aunque no insoportables con frecuencia.

    Se detuvo, y sentí que sus ojos se posaban sobre mí.

    —¿Lo hiciste todo tú solo?

    Me sentí idiota. Nunca me había considerado un luchador, un asesino. Había estudiado con Shigéta para hacer ejercicio y para sentirme seguro. Nunca pensé utilizar aquello, a pesar de una pelea en vna callejuela de Montevideo, en el sector de Canelones, y de otra en los «Suburbios Provisionales» en el diseminado y traicionero complejo arcológico de Rangún, con más de tres millones de indios hambrientos.

    Pero allí yo había sido Brian Thorne. Una llamada al helitaxi, y estaba cenando con el gobernador o relatando el asunto, como si fuese una divertida anécdota, en la terraza de las Torres Bolívar.

    Aquí era Diego Braddock, un extranjero de Publitex, un intruso botalimpia, y encima asociado con Nova.

    ¿Lo seguía estando? ¿O pertenecía al tipo chico—encuentra—chica, chico— pierde—chica?

    Yo no había pedido que aquellos borricos de cerebro reblandecido agarrasen a Nova. Ella no hubiese podido hacer nada —excepto relajarse y disfrutar—, a pesar de su recién estrenado savoir faire terrestre.

    Pelf salió de la muchedumbre, me miró de soslayo y desapareció. ¿Por qué no podía haber sido Pelf, el de las manos melancólicas?

    —H