• GUARDAR IMAGEN


  • GUARDAR TODAS LAS IMAGENES

  • COPIAR IMAGEN A:

  • OTRAS OPCIONES
  • ● Eliminar Lecturas
  • ● Ultima Lectura
  • ● Historial de Nvgc
  • ● Borrar Historial Nvgc
  • ● Ayuda
  • PUNTO A GUARDAR



  • Tipea en el recuadro blanco alguna referencia, o, déjalo en blanco y da click en "Referencia"
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Todas Las Revistas Diners
  • Todas Las Revistas Selecciones
  • CATEGORIAS
  • Libros
  • Libros-Relatos Cortos
  • Arte-Graficos
  • Bellezas Del Cine Y Television
  • Biografias
  • Chistes
  • Consejos Sanos
  • Cuidando Y Encaminando A Los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Paisajes Y Temas Varios
  • La Relacion De Pareja
  • La Tia Eulogia
  • La Vida Se Ha Convertido En Un Lucro
  • Mensajes Para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud Y Prevencion
  • Sucesos-Proezas
  • Temas Varios
  • Tu Relacion Contigo Mismo Y El Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • CATEGORIAS
  • Arte-Gráficos
  • Bellezas
  • Biografías
  • Chistes que llegan a mi Email
  • Consejos Sanos para el Alma
  • Cuidando y Encaminando a los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Fotos: Paisajes y Temas varios
  • La Relación de Pareja
  • La Tía Eulogia
  • La Vida se ha convertido en un Lucro
  • Mensajes para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud y Prevención
  • Sucesos y Proezas que conmueven
  • Temas Varios
  • Tu Relación Contigo mismo y el Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Selecciones
  • Diners
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    LA CAZA DE LA PERDIZ ROJA (Miguel Delibes)

    Publicado el domingo, septiembre 01, 2013
    ¿Roja, jefe? ¿A qué ton le dice usted roja a la perdiz?
    —Se dice roja, ¿no?

    En el rostro del Juan Gualberto, el Barbas, se dibuja un gesto socarrón, displicente. Alza los hombros:

    —¡Hombre, por decir!
    —La perdiz tiene el pico rojo, ¿no? A ver.
    —Y las patas rojas, ¿no?
    —A ver. -Entonces... El Juan Gualberto es taimado y sentencioso. Lo era ya veinte años arriba, a raíz de cumplir los cincuenta. El buen perdicero, el perdicero en solitario, reserva la premura para una necesidad. Verbigracia: cuando el bando apeona hacia la ladera y es preciso sorprenderle a la asomada. Por lo demás, el Juan Gualberto, el Barbas, es cauto y cogitabundo; gusta de llamar al pan, pan y al vino, vino.
    —Por esa regla de tres lo mismo podría decirle usted roja a la chova de campanario.
    —Lo mismo.

    Pero el Cazador, que conoce la perdiz pardilla, la perdiz andina y la perdiz nórdica, sabe que ninguna como la patirroja:

    —Mire usted, Barbas, para bajar una pardilla o una perdiz cordillerana basta con reportarse.

    El Barbas, para aculatar mejor la escopeta, saca el brazo derecho fuera de la americana. Su hombro izquierdo está tazado, deshilachado por el tirón del morral. El Juan Gualberto, el Barbas, lleva más de cincuenta años en el oficio y conoce el ganado y sus trochas y sus querencias. Cuando echa un cacho en el campo se coloca en el cruce de dos caminos, al amparo de un carrasco, porque la liebre, como es sabido, busca el perdedero por las veredas:

    —La caza no avisa.
    —No avisa; no, señor.
    —Ya conoce usted el refrán: al cazador, leña; al leñador, caza. Así es.

    El Juan Gualberto utiliza una escopeta de gatillos exteriores, mohosa y desajustada, que no vio la grasa desde la guerra de Marruecos. Cuando tira, para extraer el cartucho vacío, introduce por la boca del cañón una ramita seca de fresno a modo de baqueta y empuja hasta que sale. El Juan Gualberto, el Barbas, fuma sin echar humo, fuma una vieja colilla que es en su boca como la lengua, un apéndice inseparable. A veces la prende con un chisquero de mecha, de fuego sin llama y, en esos casos, en torno al Barbas se forma una atmósfera irrespirable, de paja quemada. Pero el Barbas prende su colilla para dejarla apagar otra vez:

    —Es la manera de sacarle el gusto al tabaco, jefe.

    El perro del Juan Gualberto, el Barbas, atiende por Sultán, y está viejo y sordo y desdentado como el amo. Es un perrote carniseco y zambo, fruto de un cruce pecaminoso de loba y pastor. Pero aún rastrea y se pica y, si la pieza aguarda, hasta hace una muestra tosca y desangelada, las muestras del Sultán son inevitablemente toscas y desangeladas, pero advierten, sirven, al menos, para que uno se ponga en guardia. Y si la liebre se arranca, ladra y alborota como un podenco.

    —¿Qué tiene usted que decir de este perro?
    —Nada.
    —Por eso -el Barbas mira tiernamente para el bicho-. Al animal sólo le falta hablar.

    El Juan Gualberto, el Barbas, para todo encuentra salida y si el Cazador le dice que su perro es viejo, ya se sabe, replicará que los años dan experiencia. Y si el Cazador le dice que nada para Castilla como un perdiguero de Burgos, dirá que los perros de raza son como esos señoritos de escopeta repetidora y botas de media caña que luego no pegan a un cura en un montón de nieve. Y si el Cazador le dice que su perro ha perdido los vientos, le saldrá con que los vientos únicamente sirven para enloquecer a los perros y levantar las perdices en el quinto pino.

    A menudo, el Juan Gualberto, se queda como pensativo, la colilla perdida entre los pelos de la cara, la frente fruncida notablemente bajo la boina pringosa, la misma boina que dejó en el pueblo, allá por el año nueve, para sentar plaza.

    —Digo yo que qué tendrá esto de la caza que cuando le agarra a uno, uno acaba siendo esclavo de ella. Así es.
    —Digo yo, jefe, que esto de la caza tira de uno más fuerte que las mujeres.
    —Más fuerte.
    —Y más fuerte que el vino.
    —Más.

    Al Barbas, es punto menos que inútil andarle con altas filosofías. La caza tira de uno porque sí, porque se nace con este sino, como otros nacen para borrachos o para mujeriegos. Para Juan Gualberto, el Barbas,la caza tira de uno y sanseacabó. Al Barbas, es punto menos que inútil mentarle a don José Ortega y Gasset.

    —¿Era ese señor una buena escopeta?
    —Era una buena pluma.
    —¡Bah!

    Don José Ortega entendía que mediante la caza todavía el hombre civilizado "puede darse el gusto durante unas horas o unos días de ser paleolítico", es decir, de retornar a un estado provisional de primitivismo. No es una mala razón. Mas aún cabe preguntarse si un ejercicio que requiere tamaño sacrificio queda compensado por el hecho de sentirse paleolítico durante una jornada. El Cazador presume que don José Ortega omitió volver la medalla, es decir, recapacitar en las ventajas del retorno, o sea en la revalorización de las pequeñas cosas, en las satisfacciones que ordinariamente desdeñamos: unas zapatillas, unas alubias calientes, un baño tibio o un brasero de picón de encina. De este modo, la caza se convierte en un doble placer, en un placer de ida y vuelta. Durante seis días de la semana el Cazador se carga de razones para olvidar durante unas horas los convencionalismos de la civilización, la rutina cotidiana, lo previsible. Al séptimo, sale al campo, se satura de oxígeno y libertad, se enfrenta con lo imprevisto, siente la ilusión de crear su propia suerte... pero, al propio tiempo, se fatiga, sufre de sed, padece calor o frío. En una palabra, en una sola jornada, el Cazador se carga de razones para abandonar su experiencia paleolítica, y retornar a su estado de domesticidad confortable.

    —Desengáñese, jefe, el torero torea porque tiene sangre torera y el cazador, caza porque tiene sangre cazadora. Esto de la caza nace con uno; se mama. Todo lo demás son cuentos.

    El Juan Gualberto mira de frente y al mirar ahonda, le desnuda a uno por dentro y el Cazador titubea. En la frente, bajo la boina, se le dibujan al Juan Gualberto unos surcos profundos, paralelos, como los de la nava, abajo, en derredor del Castillo.

    —Madrugar -añade, y escupe, y el escupitajo tiembla unos segundos en la púa de un cardo reseco-. Para el cazador no es sacrificio madrugar. El sacrificio es acostarse la noche del sábado. ¿Es cierto esto, jefe, o no es cierto?

    Al Cazador le basta el presentimiento de una perdiz para que en su interior se desate una revulsión psíquica. El Cazador puede asegurar que ni un solo día de caza oyó el despertador. Es él -el Cazador- quien a las seis y media de la mañana -hora que durante el resto de la semana salta sobre él en la total inconsciencia- despierta al despertador oprimiéndole el ombligo para que no alborote. Antes, de doce a seis, el Cazador se ha despertado media docena de veces. Contra esto no hay quien luche.

    —Tanto le digo del hambre, el frío o el dolor de pies. ¿Es que le duelen a usted los pies, jefe, cuando se le arranca una perdiz bien recia de entre unas escobas?
    —No señor; no duelen.
    —¿Y siente frío entonces?
    —No, Barbas.
    —¿Y siente hambre?
    —Tampoco.

    El Barbas levanta el dedo índice a la altura de su boina:

    —Por eso -dice.

    El Juan Gualberto, el Barbas, tiende la noble, profunda mirada sobre la nava apuntada de cereales. Del otro lado, se encadenan los tesos, blancos y desguarnecidos, como una muralla.

    En puridad, el Cazador no siente la fatiga o el hambre o el frío sino cuando la ausencia de caza es total; cuando tras horas y horas de patear el monte no salta pieza, ni se observa rastro de ellas, como si ese trozo de mundo hubiese sido previamente arrasado para su propio escarnio. Basta, sin embargo, que una perdiz se arranque en ese instante para que toda molestia se disipe; para que surja, de nuevo, el hombre íntegro y ávido que era el Cazador al iniciarse la jornada. Ante una perdiz que apeona surco arriba o en raudo vuelo hacia el monte, el Cazador se electriza, en fulminante metamorfosis se convierte en hombre-primitivo, se estimulan sus facultades de acecho, mimetismo y simulación. En suma, ante una perdiz que escapa, el Cazador se siente desafiado. Toda una ardua jornada de fatigas e incomodidades no logrará sino enconar el reto. El Cazador no cejará mientras no procure a "su rival" un escarmiento.

    —¿Sabe usted, Barbas, lo que decía don José Ortega sobre lo que el cazador siente en el momento de disparar?

    El Juan Gualberto se atusa las barbas complacidamente:

    —Ese don José -dice- ¿era una buena escopeta?
    —Era una buena pluma.
    —¡Bah!

    Don José Ortega y Gasset afirmaba que el cazador, en el momento de disparar, le invade una suerte de vacilación compasiva, "como un fondo inquieto de conciencia ante la muerte que va a dar al encantador animal". Empero, el Cazador vacila ante este noble gesto de vacilación que tan generosamente le atribuye don José Ortega en el trance culminante de la caza.

    —Déjese de monsergas. Se ve que ese don José no sudó nunca una perdiz por una ladera.

    Al subir de precio la munición, el Juan Gualberto empezó a fabricar los cartuchos en casa. Hacía la pólvora con clorato y azúcar y en vez de perdigón metía pedaZos de clavos. El pistón lo recargaba con dos cabezas de cerillas, de forma que al oprimir el gatillo,la explosión demoraba cuatro o cinco segundos. Primero hacía "psssssssso" y cuatro o cinco segundos después retumbaba el disparo. El Juan Gualberto, el Barbas, había de seguir todo ese tiempo la pieza por los puntos de la escopeta si aspiraba a derribarla.

    —Aviado iría uno si se le ocurriera vacilar, ¿eh, jefe?

    El Cazador confiesa, con un poco de rubor, que nunca vaciló ante una perdiz, entre otras razones porque unos instantes de vacilación ante una perdiz en Castilla bastan para desperdiciar la oportunidad de cobrarla. El Cazador es de natural pacífico y le repugna, por ejemplo, el sacrificio a sangre fría de las aves de corral. El fenómeno natural de la muerte, le trastorna. Pero con la caza es distinto. El Cazador jamás caza a sangre fría. Las perdices se la calientan de inmediato; le basta el primer vuelo, el desafío inicial. Todos los esfuerzos que seguidamente realiza el Cazador van encaminados a abatirla. La persecución, ladera arriba, en agotadora caminata va avivando , en él un instinto de crueldad que llegado el momento decisivo no le permite vacilar sino, si es caso, precipitarse y pensar: "Paga tú por todas". Las perdices no tuvieron compasión del Cazador, le han traído y llevado, le han hecho subir y bajar, literalmente le han extenuado... Sería inconsecuente que en el instante de apretar el gatillo, el Cazador vacilase. La caza origina en el Cazador una segunda naturaleza. Esa hipersensibilidad que muchos seres sentimos ante la agonía de una bestia, se esfuma en el monte. Es más, el cazador menos amigo de las escenas cruentas, se siente muy capaz, en plena, ardorosa faena, de cortar el último resuello del animal herido con las propias manos. Horas después, enrolado nuevamente en la vida doméstica, es muy posible que el Cazador vacile en el momento de propinar un palmetazo a una mosca.

    —¿Sabe usted lo que me dice la Celsa cada vez que mata el capón allá para Navidad?
    —¿Qué le dice?
    —Que sujete y no me acobarde; que con las perdices no me ando con tantos miramientos.
    —¿Y usted qué hace?
    —Ya ve, sujetar, pero cada vez que salta la sangre, créame que me da una vuelta asi el estómago; se me hace que voy a devolver.

    El Sultán merodea en torno al Barbas. El Juan Gualberto no necesita hablarle al Sultán. Le basta con mirarle. A veces el animal olfatea ansiosamente las tres perdices que penden de la cintura del Barbas y una pluma dorada y gris se alza en el aire transparente del páramo.

    El sol declina y la sombra maciza del castillo se proyecta, como un oscuro monstruo, sobre la nava. El Juan Gualberto chupetea la colilla ávidamente, como si, de pronto, le hubieran asaltado las prisas:

    —Atienda; cuando la perdiz valía dos reales nadie se tomaba el trabajo de salir al campo por ella. Pero ahora que la perdiz da la peseta, ocurre lo que con el cangrejo: se acaban el primer día. Hay otras dos razones que ayudarán a explicar el porqué del placer de la caza de la perdiz: la primera, el hecho de que las piezas cuya captura se busca sean, en cierto modo, animales preciados y, segunda, el que la perdiz esté dotada por la naturaleza de unos instintos sutiles y unas dotes físicas que se traducen en una estrategia defensiva verdaderamente admirable. A menudo, en circunstanciales reuniones de cazadores, el Cazador escucha frases como ésta: "A mí tanto me da una perdiz como una urraca; el caso es tirar tiros". Esto es posible, mas también es indudable que el que esto afirme no tiene nada de cazador; será, a lo sumo, un consumado pirotécnico. El Cazador se goza en perseguir a un animal que, sobre saber defenderse, encierra un valor en sí. Esto quiere decir que abatir una perdiz no es lo mismo que abatir un alcaraván; no depara el mismo placer cinegético pese al éxito de ambos disparos. Quedamos, pues, en que únicamente la caza de animales que "sirven para algo" justifica el ejercicio venatorio. Entre cazadores se emplea despectivamente la frase de " ése va por carne " cuando, en realidad, todos, en mayor o menor medida, vamos a por carne. De lo contrario, organizaríamos cacerías de grajos, más abundantes y que por su carácter esquivo, sirven también para ejercitar la puntería. Para el Cazador carece de gracia abatir un animal cinegética y gastronómicamente inútil.

    Ahora bien, no basta que la presa sea apetitosa para despertar la satisfacción cinegética; es preciso, además, que el animal sepa defenderse y que no debilitemos esas posibilidades defensivas mediante una estrategia alevosa. La satisfacción que procura derribar desde un jeep una perdiz a peón es muy modesta al lado de la satisfacción que depara derribarla tras accidentada persecución por una ladera. El Cazador no ha cazado nunca urogallos durante el celo del macho, pero imagina que la sigilosa aproximación por el bosque, al ritmo del canto amoroso y confiado del animal, buscando el ángulo de tiro más adecuado, podrá ciertamente levantar en un alma cazadora furtivas emociones, pero nunca la pura y decantada emoción venatoria cuya última manifestación, y no por cierto la más importante, es el disparo. A este respecto convendrá advertir que no es mejor cazador quien más afina la puntería; la caza es un proceso muy complejo en el que se conjugan factores más decisivos que el de la simple destreza. De otro modo el tiro al blanco llenaría más cómodamente nuestras exigencias de este orden.

    —Parece como que hablara usted del año veinte, coño.
    —No es eso, Barbas. No hablo de lo que es sino de lo que debería ser.
    —Por eso.

    Allá por el año veinte, el Juan Gualberto era un hombre libre, tras un animal libre, sobre una tierra libre. Aún no había subido la munición y el Juan Gualberto compraba cartuchos de pólvora con humo que eran más económicos. Por entonces, el Juan Gualberto no había oído hablar del ojeo. Por entonces, para comer peces todavía era necesario mojarse el culo. Pero aquellos tiempos quedan muy lejos.

    —Antaño las perdices se cazaban con las piernas, ¿es cierto esto, jefe, o no es cierto?
    —Cierto, Barbas. -Hoy basta con afinar. Así es.
    —¿Y sabe quién tuvo la culpa de todo?
    —¿Quién, Barbas?
    —Las máquinas.
    —¿Las máquinas?
    —Atienda, jefe, las máquinas nos han acostumbrado a tener lo que queremos en el momento en que lo queremos. Los hombres ya no sabemos aguardar.
    —Puede ser.
    —¿Puede ser? El hombre de hoy ni espera, ni suda. No sabe aguardar ni sabe sudar. ¿Por qué cree usted que va hoy tanta gente al fútbol ese? El Cazador se encoge de hombros.
    —Porque en la pradera hay veintidós muchachos que sudan por ellos. El que los ve, con el cigarro en la boca, se piensa que también él hace un ejercicio saludable. ¿Es cierto o no es cierto?
    —No lo sé, Barbas.

    El Juan Gualberto consiguió su primera escopeta cuando era aún un rapaz. Se la cambió al Cirilo, el sacristán, por un reloj de bolsillo que se paraba cada dos horas. A los veinte minutos del trueque, el Juan Gualberto, que era aún un rapaz, se llegó donde el Cirilo y le dijo para cubrirse: "Cirilo, para que no me viera mi madre con la escopeta la tiré por encima las bardas del corral y con el golpe se ha marrotado toda". El Cirilo, el sacristán, rompió a reír "Peor para ti -le dijo-. Nadie te mandó ser tan bruto." Pero al día siguiente, el Cirilo buscó al Juan Gualberto y le dijo: "Oye, tú, ¿sabes que tu reloj se para cada dos horas?". El Juan Gualberto puso cara de inocente. "Bueno -dijo-. Al fin y al cabo ahora estamos iguales." El Juan Gualberto se enmaraña las barbas con sus dedos nerviosos. Añade:

    —Los hombres de hoy ni saben aguardar ni saben sudar, se lo digo yo. Por eso se inventaron el ojeo. Antes la perdiz se cazaba con las narices del perro y las piernas del cazador. Sólo ahora se matan con escopeta. Pero yo digo, jefe, cuando el hombre tiene que esconderse para hacer una cosa, es que esa cosa que hace no está bien hecha.

    La nava se incendia con el último sol de noviembre y la sombra negra del castillo gatea por el sembrado y alcanza ya casi las faldas peladas de los cerros de enfrente. El sol muerde la línea de las colinas y parece ensancharse e inflamarse. El Barbas apunta el inmenso globo incandescente con su dedo grande y áspero.

    —Se hincha cuando se acuesta, como las gallinas.
    —Sí.

    El Juan Gualberto se pasa los dedos por las barbas, y se rasca con un ruido como de rastrojos hollados:

    —Desengáñese -dice- los hombres de hoy ya no tienen paciencia. Si quieren ir a América agarran el avión y se plantan en América en menos tiempo del que yo tardo en aparejar el macho para ir a Villagina. Y yo digo, si van con estas prisas ¿cómo coños van a tener paciencia para buscar la perdiz, levantarla, cansarla y matarla luego, después de comerse un taco tranquilamente a la abrigada charlando de esto y de lo otro? Y no es aquello de que lo hagan los señoritos. Los señoritos empezaron con ello pero el mal ejemplo cunde y hoy, como yo digo, todo cristo caza al ojeo.

    En principio el ojeo requería para sus practicantes una holgura económica que hoy no es necesaria, al menos para su sucedáneo, el ganchito. Sin duda, el ojeo mediante una dilatada cuadrilla de ojeadores, con banderolas, cuerno de avisos, pantallas, secretarios y caballerías en los costados, continúa siendo un deporte aristocrático. Pero de hecho, el ojeo, en su versión popular, el ganchito, puede practicarse hoy con cuatro perras gordas; son suficientes cinco chavales -los primogénitos de las escopetas para que el acoso de los pájaros hacia la línea de fuego se produzca. El caso es alterar la esencia misma de la caza y, que en lugar de buscar la pieza con un gasto personal de energías, sea la pieza la que se desgaste buscándonos a nosotros, sus matadores. De este modo la caza se convierte en un deporte pasivo; en un ejercicio de tiro aséptico y sin sorpresa.

    —Luego le vendrán a usted con que no se matan más perdices al ojeo que cazando a rabo. ¡Mentira podrida! Precisamente anteanoche, me leía don Ctesifonte, el maestro, una entrevista con uno de esos señorones de postín, que se ufanaba de haber cobrado quinientas perdices en una sola cacería. ¿Cree usted que ese señor moviendo las pantorrillas y con el perro al lado puede hacer una carnicería semejante en una ladera que yo me sé?
    —No es fácil, Barbas.
    —Bueno, pues don Ctesifonte dale con que a esos señores que nos visitan, políticos o lo que sean, hay que entretenerles de alguna manera. Pero lo que yo me digo, si lo que esos señores quieren es matar el rato, que les suelten cuatro pichones en una pradera y todos contentos.

    El morral del Juan Gualberto, deshinchado como un globo deshinchado, ofrece un aspecto desolador.

    —Y lo que pasa. Liebres no quedan, ¿de qué? Y de las perdices no se fíe usted mucho. Ya ve, sin ir más lejos, en Villagina, el año pasado. De que se abre la veda, se planta alli un autobús con treinta escopetas: veinte delante y diez de retranca. Bien. Van y contratan veinte mozos del pueblo. Ojeo va, ojeo viene, las que no mataban los unos, las mataban los otros. ¿Qué cree usted que quedó allí al cabo de tres días? Si levanto los cinco dedos de la mano tenga usted por seguro que exagero. ¿Sabía usted, jefe, que ahora a los extranjeros les da por venir a divertirse a España matando nuestras perdices?
    —Necesitamos divisas, Barbas.

    La frente del Juan Gualberto se pliega como el fuelle de un acordeón, como su morral, como la nava abajo ya medio adormecida.

    —Déjese de coplas. Por lo que dice don Ctesifonte, la vida en España para los únicos que está cara es para los españoles. ¿No es hora de que la pongamos también cara para los extranjeros esos que vienen por nuestras perdices? Y si no, vea usted mismo lo que pasó con los toros.
    —¿Qué pasó con los toros, Barbas?
    —No se haga de nuevas. Los extranjeros esos se metieron en las plazas de toros por ver cómo nos divertíamos los españoles. Sólo por eso: Pero todo les chocaba tanto que a los españoles que aún iban a los toros les divertía más que la fiesta ver las caras que ponían los turistas esos. Y como ellos venían con la bolsa bien repleta, pues nada, que los toros empezaron a subir de precio y se pusieron por las nubes. Y un día los extranjeros esos dijeron: "Bueno, ya está; ya sabemos cómo se divierten los españoles". Y dejaron de ir a la plaza. ¿Y qué cree usted que pasó entonces?
    —¿Qué, Barbas?
    —Pues pasó que los precios ya no bajaron. Pero los españoles no podíamos subir a los precios. Y las plazas, pues eso, se quedan, desde entonces, medio vacías.

    El Juan Gualberto hace una pausa. Mecánicamente se acaricia la barba y tiende la mirada por la nava oscurecida. En el páramo reina el silencio. De pronto, sobre el monticulo de tomillos, un macho da el "co-reché". El Barbas ladea la cabeza:

    —Mire donde anda la zorra de ella.

    El caso es que la perdiz roja se ha puesto de moda en el mundo. El hecho tendría una importancia relativa si esta especie se diera en todas partes. Pero si concluimos que la patirroja común apenas pervive -malvive- en limitadas zonas de Francia y en la Península Ibérica, es muy comprensible que los españoles pongamos un apasionado fervor en conservarla. El Cazador no llega a aquello de decir que lo que haya en España deba ser para los españoles -entre otras razones porque la gran tirana del siglo XX, la divisa, también reclama sus fueros- pero sí que los españoles debemos ser los privilegiados en su disfrute, de forma que las trabas que el extranjero encuentre para hacerse con una perdiz española sean al menos parejas con las que encuentra un español, digamos, para hacerse con un Volkswagen.

    —Don José Ortega decía que la caza se justifica en razón de su escaseZ, Barbas. ¿Qué le parece?

    El Juan Gualberto mira al Cazador esquinadamente, casi torvamente:

    —A saber con qué se come eso.
    —Barbas, don José Ortega quería decir que si las perdices se nos metieran en casa por la ventana, no nos molestaríamos en cazarlas.

    Los pardos ojos del Juan Gualberto se han vuelto escépticos:

    —Ese don José -dice- ¿era por un casual una buena escopeta?
    —Era una buena pluma.
    —¡Bah!

    Según Ortega, la suprema razón que explica el hecho de que en el mundo se cace es que hay y ha habido siempre poca caza. En efecto, la superabundancia de piezas ocasionaría, en seguida, saciedad y hastío. El confitero no come caramelos ni paladea el farmacéutico pastillas para la tos. No obstante, el Cazador debe aclarar que no caza por el hecho de que haya pocas piezas, sino instigado por la esperanza, repetida cada jornada, de que por una vez se quiebre la racha de escasez. No hay cazador que al salir al campo no piense en hacer una buena percha. Luego viene el tío Paco con la rebaja y un día tras otro, el Cazador ha de regresar con las orejas gachas. Porque con la caza sucede como con todo, que el forastero jamás encuentra lo que busca en su fase de mayor abundancia o plenitud. Si el Cazador interroga a un pastor o a un campesino, le dirá que "para perdices, el año pasado" y "para liebres cuando la guerra". Es presumible, sin embargo, que si el Cazador hubiese subido al mismo páramo "el año pasado" o "cuando la guerra" no hubiera encontrado allí mayor abundancia de perdices o de liebres. Pero, pese a todo, el Cazador no abdica porque cada vez espera que se repita la eventualidad de "el año pasado" o de "cuando la guerra". En toda cacería hay un momento propicio, a veces unos minutos, que hay que aprovechar para poblar la percha y llenar el zurrón. Éste es un fenómeno no sometido a una causalidad definida pero que habrá comprobado todo el que sea cazador. Mas luego, acontece que, como con la guerra, el Cazador, en su tertulia, hace tabla rasa de las horas amargas que pasó en el monte sin ver pieza y, por contra, reconstruye, amorosa y morosamente, los instantes más gloriosos de cada cacería. El Cazador no quiere recordar los malos tragos; es un desmemoriado consciente. Al igual que el hombre enamorado, se oculta los defectos del objeto de su pasión y sobrestima sus virtudes. De aquí que para el Cazador, el momento más feliz de toda cacería esté fuera de la cacería, es decir en ese momento en que concluidos los preparativos se dispone a partir y presiente ante sí una jornada afortunada, diáfana e inacabable.

    —Mire, y perdone si le ofendo, jefe, pero a ustedes, los que escriben, siempre les gustó enredar las cosas. En mi pueblo, desde chico oí decir que valen más las vísperas que las fiestas. ¿No es eso lo que usted quiere decir?
    —Algo parecido a eso, Barbas.
    —Pues podía ahorrarse tanto rodeo. En cuanto al señor Ortega ese, si lo que le gusta es que haya poca caza que aguarde un poco. A la vuelta de diez años no van a quedar aquí ni tampoco media docena de perdices resabiadas. Se lo dice el Juan Gualberto.
    —¿Por el ojeo, Barbas?
    —Por el ojeo y por lo que no es ojeo.

    El Juan Gualberto se acoda enfurruñado en las rodillas y sus pupilas se ensombrecen. Tras las colinas, allí donde se ha puesto el sol, el cielo toma un color encendido, rojo escarlata. Del tomillar llega otra vez la llamada del macho de perdiz. Por el cielo cruza, muy alto y bullicioso, un bando de calandrias que suben a acostarse entre los rastrojos del páramo.

    El tono de voz del Juan Gualberto se hace confidencial.

    —¿Quiere usted saber las perdices que se apiolan en este término con el reclamo de marzo a junio?
    —¿Cuántas?
    —Si le digo que un ciento de parejas seguramente me quede corto.
    —¡Qué barbaridad!
    —Qué barbaridad, eso digo yo, qué barbaridad. Y lo que yo me digo, eso del reclamo es como si a usted el día de la boda le aguarda el antiguo novio de su mujer con un trabuco detrás de la cortina. ¿Es eso caza, jefe?

    Las barbas del Juan Gualberto, veinte años atrás, eran unas barbas macizas y negras, rígidas como las púas del erizo. Hoy, las barbas del Juan Gualberto son ralas y blancas, aceitadas como el pelo del castor. Él las acaricia con fruición, sin advertir la metamorfosis. Chupa, ahora, de la colilla como si en ello le fuera la vida. Luego mueve la cabeza de un lado a otro como con desesperanza:

    —Mal camino, créame. Hágase cuenta además de que las licencias que ayer eran diez, son hoy mil y que con los automóviles y las motos y los "jepes" esos no queda mato por registrar. ¿Dónde se va a meter la perdiz?

    El Cazador piensa que si las actuales condiciones se prolongan, la perdiz española va a pasarlo muy mal. El campo se domestica, la destrucción de nidos queda impune, la caza de polladas a caballo en agosto y septiembre es un ejercicio normalmente aceptado, la matanza de perdices en la temporada de codorniz es un episodio cinegético sin importancia, los alaristas y lancheros actúan con la venia oficial...

    —¿Tenía usted noticia, jefe, de que en Belver de los Montes agarraron quinientas parejas vivas para los americanos esos? Bueno, pues por si fuera poco, el lacero estaba autorizado a quedarse con las estranguladas. Imagine; en todo el término no se ha vuelto a ver un pájaro. Y va para cinco años.

    El Juan Gualberto se incorpora y se echa las manos a los riñones. Las tres perdices muertas se balancean en su cintura. El Sultán da dos vueltas en torno suyo observando sus movimientos. El Juan Gualberto se estira poco a poco pero no llega a hacerlo del todo. Sus setenta años le pesan en las paletillas. El crepúsculo es quedo y transparente. Abajo, en la nava, las chimeneas de las casitas de adobe alientan ya en torno al castillo.

    —Se nota el relente. Vamos bajando.

    El Juan Gualberto y el Cazador toman un camino de herradura. La escarcha empieza a rebrillar en las rodadas. De vez en cuando, el Barbas se detiene:

    —Si lo que quiere su amigo, el señor Ortega ese, es que haya poca caza, que aguarde de aqui a diez años. Para entonces todo escoñado. Y si no, al tiempo.

    El Juan Gualberto, el Barbas, camina un poco encorvado, la escopeta colgada de un raído portafusil, pero sus zancadas son firmes, de una decadente pero bien llevada dignidad. La escarcha desciende mansa, calladamente sobre el páramo y de vez en cuando crepita levemente el rastrojo. En la punta de la nariz del Juan Gualberto empieza a formarse una gotita minúscula, transparente, que, al cobrar volumen, rueda entre sus bigotes, como una gota de rocío.

    —Digo, Barbas, que aún los cotos pueden salvar la perdiz.

    El Juan Gualberto escupe recio, sin detenerse. El Juan Gualberto, escupe por el hueco que le queda junto al colmillo izquierdo, en el maxilar superior. El Cazador no sabe aún lo que el escupitajo del Juan Gualberto entre los relejes helados quiere decir. El Sultán, sin embargo, olfatea obstinadamente en el barro, allí donde el escupitajo del amo ha hecho blanco.

    —Los cotos ¿sabe lo que piensa un servidor de los cotos?
    —¿Qué, Barbas?
    —Que no me disgustarían si el Juan Gualberto pudiera entrar en ellos.

    El camino alcanza el borde de la vaguada y abajo parpadean tímidamente las cuatro bombillas del pueblo.

    —Mire usted, jefe, en los cotos cría tan ricamente la perdiz, cierto. Pero las cuatro que crian fuera también se meten en ellos de que suenan cuatro tiros. ¿Puede decirme qué saca en limpio, con los cotos esos, el Juan Gualberto?

    El ideal cinegético es incontestablemente el ejercicio de la caza en libertad: hombre libre, sobre tierra libre, contra pieza libre. Y así fue como la caza se ejercitó en los primeros tiempos de la Historia. Pero aquella época era otra época. El hombre cazaba para alimentarse pero también para defenderse. El hombre, centrado en una naturaleza hostil, estaba en condiciones de inferioridad con sus armas rudimentarias. Mas las circunstancias fueron cambiando. Los hombres se extendieron, progresaron, dominaron la tierra. Al arco sucedió el fusil, y a la naturaleza abrupta y hosca sucedió el campo productivo, la tierra domesticada. Al propio tiempo que el hombre se multiplicaba, la caza disminuía y ante tal contingencia, fueron surgiendo las trabas y cortapisas. La caza empezó a dejar de ser un hecho natural y pasó a ser un hecho reglamentado. El hombre perdía su libertad, es decir, debía someter su impulso cinegético a un control personal y a un límite de tiempo. La naturaleza dejaba de ser libre y aparecieron los cotos y los vedados. El animal dejaba, asimismo, de ser libre desde el momento en que su acoso se sujetaba a un límite de tiempo y lugar y su multiplicación se activaba artificialmente. En una palabra, surgió la Ley con sus papeles para evitar que en este duelo hombre-animal, tan viejo como el mundo, este último terminara por extinguirse y, con ello, el hombre-cazador pasara a ser un recuerdo histórico.

    —Pues yo digo, Barbas, que de no ser por los cotos, a la perdiz ya podíamos cantarla un réquiem. Y de la liebre, mejor es no hablar.

    Las perdices que cuelgan de la cintura del Barbas se bambolean y, a cada paso, sacuden su trasero enjuto. La gota que se desbordó por sus bigotes se ha fraccionado en minúsculas partículas y sus pelos brillan ahora como los tallos truncados de los rastrojos.

    —Ése es otro cantar, jefe. Pero yo digo, el terreno libre nunca debe ser más chico que los vedados. Y al paso que vamos el Juan Gualberto tendrá que cazar en el tejado de su casa. ¿Es cierto esto o no es cierto?

    El proceso de la caza ha culminado en nuestro tiempo con la democratización de este deporte. En las edades pasadas se reservaba la caza para el señor. El señor -o lo que se entendía por tal- dedicaba sus ocios a la caza para conservarse en forma para la guerra. El plebeyo, entonces, no era sino un morralero. Hoy, la caza se ha popularizado. Esto no quita para que continúe habiendo cacerías más o menos aristocráticas, pero el derecho de cazar debe ser defendido y protegido no sólo pensando en aquéllos sino en el último peón de la jerarquía social. La hora de los privilegios está agonizando y todos debemos esforzarnos para que sea lo más breve posible.

    El Cazador debe anticipar que al hablar de abolir privilegios no aboga por una proscripción sistemática de cotos y vedados, sino porque la extensión de éstos sea suficiente para facilitar la procreación de las especies, pero no tan dilatados que conviertan el derecho del pueblo para ejercitar la caza en una quimera.

    —¿Quiere saber usted qué haría yo si fuera Franco algún día?
    —¿Qué, Barbas?

    El Juan Gualberto se pasa por los bigotes el envés de la mano y con un rápido ademán apaga las puntitas incandescentes de sus pelos.

    —Pues mire usted, si yo fuera Franco algún día, pondría un coto aquí y otro allá. Pero cotos de verdad, ¿comprende? Unos cotos cerrados para todos, con una guardería fina, donde no se diera entrada ni al Espíritu Santo. Así la caza criaría desahogada y todos contentos; los pobres y los ricos. Tras la pelada muralla de los tesos, asoma un cuerno la luna. Es una luna anaranjada, friolenta, que imprime forma y consistencia a la bruma que sube del arroyo.

    El goce más completo para el cazador estriba en derribar una perdiz en terreno de nadie. Los cotos, dígase lo que se quiera, dejan siempre un poso de amargura. Aquellas piezas, tal vez cobradas en abundancia, "son de alguien", "tienen un dueño", no son enteramente silvestres. Quiérase o no, el coto emana un tufo de privilegio y lo que uno haga dentro de él, es fruto de una concesión. Por otra parte, y como consecuencia de esto, la pieza de coto trasciende domesticidad, se le antoja al cazador enervada y vacilante; carece, en resumen, de la estupenda bravura, pongo por caso, de la perdiz de ladera, rodeada de mil peligros, ágil y nerviosa, siempre al acecho. Además...

    —¿Es que hay más, Barbas?
    —Aguarde. Luego traería a los extranjeros esos para exterminar las alimañas. Ellos lo pasarían en grande y nosotros agradecidos. ¿Sabe usted que un águila con crías necesita por lo bajo tres perdices diarias o liebre y media para alimentarlas? No le digo nada del turón, la urraca o el raposo. Ésos no se sacian nunca de comer.
    —Pero, Barbas...
    —Aguarde, jefe, aún no he concluido. Luego diría, los furtivos a la cárcel; el que mate una perdiz en veda, fuera la escopeta y fuera la licencia. Y si quiere seguir cazando que las corra a pie. ¿ Cree usted que si la guardería empezase a retirar licencias estas cosas se iban a repetir? Ya ve usted, sin ir más lejos, este año en Villagina, los cazadores del pueblo, de que se abrió la codorniz, dale con la perdiz hasta que acabaron con ella. Y yo le decía al Mamerto: "¿Es que estáis locos, Mamerto?". Y el Mamerto decía: "Más vale asi que no que nos las maten los de fuera". A ver, ellos se recordaban de lo del autobús ese y se comprende.

    El Juan Gualberto parte un dedo con otro dedo y concluye:

    —Perdices así se cogieron en agosto en Villagina. Ni lo que un gurriato abultaban, que hasta mentira parece.

    La noche se ha echado del todo y cuando el Barbas calla, se sienten las pisadas sobre los relejes helados. La luna levanta con prisas, como si quisiera terminar cuanto antes su recorrido. El Cazador olfatea ya el aroma a paja quemada y el Sultán inicia un trotecillo camino adelante hasta que se pierde en la oscuridad.

    —Déjese estar, Barbas, la perdiz es dura.
    —¡Coño, jefe, duro es el hierro y se mella! Y, si no, mire los caños de mi escopeta.

    Las callejas del pueblo, con los relejes hinchados, bordeados de estiércol, están desiertas y silenciosas. En la esquina, la taberna de la señora Elisea, bulle de animación y cada vez que se abre la puerta, las palabras calientes forman un vaho dulce y confortador en la noche. A mano derecha, pegando a la iglesia, está la casa del Barbas. Es una casita molinera, de adobe, con dos pequeñas ventanas y la boquera de la cuadra al lado. El Juan Gualberto, el Barbas, se recuesta en el dintel antes de entrar.

    —Aún nos queda un consuelo, Barbas. ¿Sabe usted que en algunas granjas están criando perdices como quien cria gallinas?

    El Juan Gualberto escupe con fuerza, con despecho, con una mal reprimida irritación.

    —¡Perdices de gallinero! ¡Lo que nos faltaba! ¿Es que cree usted que la perdiz de una ladera que yo me sé puede fabricarse en casa?
    —Dicen que se aclimatan bien, Barbas.
    —Se aclimatan, se aclimatan... Por ahí terminaremos. Por matar gallinas y patos de corral, eso. ¡Eso es lo que nos aguarda si Dios no pone remedio!

    Del baile -una cuadra encalada- frente a la taberna de la señora Elisea, llega una musiquita un si es no es triste y como abortada. Por encima de ella retumba, de pronto, la voz de la Celsa, una voz áspera, gastada, que se amplifica en el desnudo zaguán y rebota en la calleja oscura:

    —¡Juan Gualberto! Es que te has dormido ¿di?

    El Juan Gualberto mueve la cabeza de un lado a otro parsimoniosamente. Mira de frente al cazador y señala la puerta con el pulgar:

    —Ellas no se acostumbran. Tiene celos siempre.
    —Ya.

    El Juan Gualberto, el Barbas, se descuelga la escopeta y la toma del guardamanos. Se queda unos instantes quieto, como pensativo:

    —¿Sabe usted qué me decía ella,la Celsa, allá por el año diez a poco de casarnos?
    —¿Qué, Barbas?

    El Juan Gualberto sonríe resignadamente; levanta la mano izquierda y toca con ella el hombro del Cazador:

    —Oiga, jefe, no lo va usted a creer, pero de que ella,la Celsa, me veia asi, con la canana a la cintura y el morral a las espaldas, se me ponía blanca como la cera y me decía: "¿Otra vez? Pero ¿puede saberse qué tienen las perdices que no tenga yo?".

    El Barbas cabecea de nuevo sin dejar de sonreír. Se inclina sobre la hoja inferior de la puerta y descorre el cerrojo. Al cabo, se vuelve:

    —Y bien pensado -dice- no le faltaba razón. ¿Quiere usted decirme, jefe, qué tienen las perdices que no tengan ellas?
    —Hombre, Barbas...

    El Juan Gualberto empuja la media hoja de la puerta y ya en el oscuro zaguán se toca con un dedo el vuelo de la boina y dice formulariamente:

    —Con Dios.


    Fin