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T E M A S










VUELVE POR SUS FUEROS LA SANGUIJUELA

Publicado el domingo, agosto 26, 2012

¿Sabandija repugnante? ¿Panacea de curanderos medievales? No. He aquí una de las maravillas de la medicina moderna.


Por Alan Road


FREDERICK PERSSON, tripulante del carguero sueco Carmen, se encontraba en cubierta ayudando a atracar el barco en el puerto inglés de Bristol, cuando una cuerda que llevaba enrollada en la mano derecha se tensó bruscamente y le dejó cuatro dedos a medio arrancar.



Lo llevaron sin tardanza a la unidad especial de cirugía reconstructiva del Hospital Frenchay, donde los médicos determinaron que era imposible salvar dos de los dedos a causa de las graves lesiones que presentaban. El cirujano plástico Donald Sammut reimplantó los otros dos utilizando las técnicas de microcirugía más avanzadas, en una delicada operación que duró ocho horas. "Me alegro mucho de que me hayan quedado aunque sea tres dedos", comentó con gratitud el joven sueco al salir del quirófano.

Pero el alivio le duró poco. A las 48 horas los dedos se le empezaron a amoratar. "Había una obstrucción circulatoria cada vez más grave", explica el cirujano.

Como ya nada podía hacerse por medios quirúrgicos, Sammut recurrió a uno de los más antiguos auxiliares de la medicina: la sanguijuela. Durante dos días le aplicó a Persson en los dedos varias de estas criaturas negruzcas y escurridizas, que al chuparle el exceso de sangre estimularon la re-conexión de las venas y el restablecimiento de la circulación. Al cabo de dos semanas, en noviembre de 1993, Persson regresó en avión a su país.

Las sanguijuelas, entre las que se distinguen unas 650 especies, son gusanos anélidos de amplia distribución geográfica. Varían en longitud desde 1.3 hasta 45 centímetros, y no todas chupan sangre. Respiran por la piel, poseen dos corazones y pueden pasar varios meses sin comer. Algunas tienen bocas. chupadoras en ambos extremos del cuerpo.

La mayoría de la gente no las ve con buenos ojos. "Si algo detesto en este mundo, son las sanguijuelas", decía Humphrey Bogart al vadear un río en la película La reina de Africa.

Pero, para sorpresa de muchos, las sanguijuelas están haciendo un feliz retorno al campo de la medicina. En años recientes, la Hirudo medicinalis, la especie usada con fines curativos, ha obrado sus discretos milagros en miles de pacientes recién operados y en infinidad de víctimas de accidentes en todo el mundo.


SED INSACIABLE


Cuando la sanguijuela se prende a la carne de un paciente con sus 300 dientes (dejando una marca en forma de Y invertida), inyecta un potente anestésico, y la persona no siente dolor. En cuanto comienza a succionar, segrega una mezcla de sustancias anticoagulantes que preservan la pureza de la sangre y la continuidad del flujo. Aunque el animal deja de chupar al cabo de 20 o 30 minutos, el sangrado puede continuar varias horas, con lo cual se despeja hasta la obstrucción circulatoria más pertinaz.



Las orejas son especialmente difíciles de reimplantar porque tienen vasos sanguíneos muy delgados (medio milímetro de diámetro a lo más). Cuando a Guy Condelli, niño de cinco años radicado en Medford, Massachusetts, un perro le arrancó una oreja, fue posible reimplantársela en una operación que duró 12 horas, pero al cabo de tres días se le puso morada.

Joseph Upton, cirujano que dirigió la intervención y que había curado heridas en Vietnam con sanguijuelas, decidió valerse de ellas una vez más. En el curso de seis días le aplicó sucesivamente a Guy 12 sanguijuelas en la oreja, hasta que las criaturas se desprendían, ahítas de tanto chupar. El último día del tratamiento, la circulación se restableció, y a la mañana siguiente la oreja recuperó su color normal.

El cirujano Peter Mahaffey contribuyó a difundir de nuevo el uso de las sanguijuelas en Gran Bretaña a raíz de un exitoso reimplante de dedo que realizó en 1979, y pese a la oposición de sus colegas, que consideraban la idea como un "retroceso". El médico recuerda que en su juventud no era raro que los jugadores de rugby se aplicaran sanguijuelas al final de un partido para curarse los ojos morados. Hoy siempre tiene a la mano un frasco lleno de ellas en la unidad de cirugía plástica del Hospital Lister, en la ciudad de Stevenage.

"He visto muchos casos de dedos mutilados en un torno o en una prensa, que se salvaron gracias a las sanguijuelas", señala el cirujano, de 47 años. "Cada una cuesta ocho libras esterlinas; una ganga si se tiene en cuenta que estas criaturas pueden decidir el éxito de una costosa operación que dure hasta 24 horas y requiera la intervención de varios cirujanos y enfermeras especializadas".


CURIOSIDAD INFANTIL


Las sanguijuelas de Mahaffey, así como las que salvaron los dedos de Frederick Persson y la oreja de Guy Condelli, provenían del único criadero de estos animales que hay en Gran Bretaña, el cual fue fundado por el doctor Roy Sawyer en la localidad de Hendy, en Gales del Sur. Cada mes, la compañía de Sawyer, Biopharm, suministra 5000 ejemplares a médicos y hospitales de todo el mundo.



Sawyer conoció las sanguijuelas de niño, en las ciénagas de su nativa Carolina del Sur. "Muchas veces se me prendían al cuerpo cuando iba a nadar. Yo no les hacía caso; para mí no eran más que una molestia necesaria, como los mosquitos".

Con el tiempo, las aplicaciones que estos animales han tenido en la historia de la medicina fascinaron a Sawyer. "Con ellos se practicaban sangrías leves en las primeras etapas de las enfermedades inflamatorias", explica. "Durante siglos, el único tratamiento quirúrgico aparte de la amputación fue la sangría".


AFICION HECHA OFICIO


Luego de obtener un doctorado en zoología en la Universidad de Gales, en Swansea, Sawyer dedicó más de diez años a escribir el tratado en tres volúmenes Leech Biology and Behaviour ("Biología y comportamiento de la sanguijuela"), y hoy es quizá la máxima autoridad del mundo en la materia. En su criadero mantiene unos 80,000 ejemplares de diversas especies, que se reproducen en depósitos de vidrio a temperaturas bien reguladas. Para alimentarlos, compra sangre de vaca en un matadero cercano, la vierte en tripas de cerdo y deja que los animales succionen por periodos de 20 minutos.



El futuro de la sanguijuela en el terreno de la medicina parece muy promisorio. En 1977 Sawyer encabezó una expedición a las selvas de la Guayana Francesa en busca de la esquiva Haementeria ghilianii, una sanguijuela gigante llamada así en honor del naturalista italiano del siglo XIX Vittore Ghiliani, quien la descubrió en la desembocadura del río Amazonas. Luego de seis semanas de incomodidades, los expedicionarios reunieron 30 ejemplares.

Reproduciendo las condiciones ambientales de los pantanos sudamericanos en sus laboratorios, Sawyer ha logrado aumentar a 10,000 el número de especímenes. La saliva de estos gusanos contiene una potente enzima (a la que Sawyer ha llamado hementina), capaz de disolver coágulos de sangre con rapidez. "Se están llevando a cabo estudios de ingeniería genética para producir hementina en gran cantidad", revela. "Resultaría paradójico que una plaga del Tercer Mundo llegara a ser un recurso fundamental en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en los países desarrollados".

En la actualidad, 80 por ciento de las transacciones comerciales de Biopharm, que ascienden a 500,000 libras esterlinas anuales, provienen de la venta de sustancias extraídas de saliva de sanguijuela. Hasta la fecha se han obtenido de estos animales más de una decena de medicamentos, y Sawyer espera que con el tiempo sus aplicaciones se extiendan al tratamiento de las embolias, la artritis y el glaucoma.

"Después de todo, parece que hay cierto fundamento científico en lo que nuestros abuelos decían de la sanguijuela", concluye el experto. "Es una auténtica farmacia viviente".
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