PLAYMOBIL, UN MUNDO DE JUGUETES
Publicado en
diciembre 25, 2011

Trátese de astronautas en una estación espacial, de caballeros ante un castillo medieval, o de mujeres de granjeros en el mercado, estas figurillas y decorados han conquistado los corazones infantiles en todo el mundo.
Por Edelgard SimonLA QUIETUD que reinaba en el cuarto de los niños era preocupante. Cuando juegan tres diablillos de ocho años de edad, para una madre el silencio es señal segura de que se está maquinando una travesura. De puntillas, fui a investigar, y encontré a mi hijo Christoph y a sus amigos, Félix y Daniel, acostados sobre sus barrigas, acomodando a un rey, a una reina, y a docenas de caballeros, guardias y corceles en preparación para un torneo medieval. Los tres estaban totalmente embebidos, estrenando los nuevos juguetes Playmobil de Christoph.
El toque de una trompeta, emitido por Félix ahuecando las manos sobre la boca, rompió el silencio de pronto. En seguida, hábilmente los niños comenzaron a mover las figurillas con las manos, haciendo alternativamente los papeles de rey o de reina, de caballeros victoriosos o caídos. Al terminar el combate, desmontaron el escenario medieval y crearon un mercado bullicioso. Al efecto, cambiaron las ropas de los caballeros para trasformarlos en comerciantes y artesanos; las figuras femeninas, por su parte, representaban ahora el papel de esposas de los granjeros.Esto sucedió hace ya diez años. Recientemente, cuando Christoph y Félix, hoy de 18 años de edad, me acompañaron a salir de compras, se detuvieron frente a un escaparate que mostraba sus juguetes favoritos de antaño. '' ¡Mira todas esas nuevas curiosidades!" , exclamó Christoph, muy emocionado. "¿No es una lástima que ya seamos demasiado viejos para jugar con ellas?" En realidad, desde sus humildes comienzos en 1974, cuando tres diferentes series de sus juguetes circularon en el mercado en paquetes que contenían cinco trabajadores de la construcción, cinco caballeros andantes o cinco indios piel roja, más los accesorios pertinentes, la organización Playmobil ha crecido hasta convertirse en todo un mundo de juguetes. En él, pueden encontrarse escenarios cotidianos, como el de un emplazamiento de construcción con sus grúas y mezcladoras de cemento. Los niños tienen la posibilidad de construir una estación espacial o de viajar en la historia a bordo de un barco pirata.Todos estos escenarios "se pueblan" con figurillas de hasta siete centímetros y medio de altura. Hoy, unos 700 millones de estas hacen las delicias de los niños en todo el mundo. Concebidas para atraer principalmente a niños de cinco a nueve años de edad, las minúsculas estatuillas se fabrican con plástico. Tan sólo el año pasado se emplearon unas 6000 toneladas de esta materia prima.El enorme éxito resultante dio a su creadora, la compañía geobra Brandstatter de Alemania Occidental, un sitio entre los principales fabricantes de juguetes del mundo. "Al paso de los años, se me ha dicho una y otra vez que los productos Playmobil tienen una apariencia demasiado modesta", observa el director general y propietario, Horst Brandstatter. ”Pero esto es intencional, pues los juguetes deben de permitir a los niños dar rienda suelta a sus propias fantasías y emociones. Es la gran variedad de juegos que ellos pueden inventar lo que ha hecho que nuestros juguetes sean tan populares".Largo ha sido el camino que geobra Brandstatter ha recorrido desde 1876, cuando Andreas Brandstatter, armero y cerrajero de oficio, fundó su taller en Fürth. Durante unos 40 años, Andreas se dedicó a forjar herrajes decorativos, hasta que su hijo Georg comenzó a fabricar y a vender diversos productos y juguetes metálicos. En 1921 la compañía se trasladó a Zirndorf, en las afueras de Nuremberg, en donde hasta la fecha se encuentran sus oficinas centrales.Tras la Segunda Guerra Mundial, la empresa empezó a utilizar el plástico en vez del metal, y se dedicó a la fabricación y venta exclusiva de teléfonos y accesorios de juguete. Cuando, a fines de 1950, la moda del hula-hula se propagó de Estados Unidos al resto del mundo, geobra Brandstatter se anotó un logro a su favor al emprender la fabricación del famoso aro en Alemania Occidental.El éxito animó a la compañía a incursionar en nuevos giros: equipos electrónicos, botes deportivos a base de materiales sintéticos, esquís acuáticos y depósitos de petróleo. Pronto se abrieron sucursales en las cercanas Dietenhofen y Unternbibert, así como en la isla de Malta. ”Pero los juguetes siguieron siendo nuestra principal línea de productos", agrega Horst Brandstatter, quien ha dirigido la empresa desde 1954.A finales de los años sesentas, la situación comenzó a cambiar. Con productos individuales, como alcancías y tractores de juguete, cuya creación era costosa, la compañía ya no podía satisfacer la demanda de los compradores, quienes cada año clamaban por algo nuevo en la Feria del Juguete de Nuremberg. Además, Japón y Hong Kong estaban inundando el mercado europeo con juguetes baratos. Por esto, geobra Brandstatter se concentró en sus otras líneas de producción, y en la fabricación de sistemas de anaqueles y escritorios para niños.Pero su dueño no desistió en materia de juguetes. Lo que la empresa necesitaba, pensó, era un juego que permitiese adiciones periódicas, a fin de satisfacer la demanda del mercado por la novedad, y proporcionara una base sólida que no pasara de moda. En 1971 pidió a su gerente de desarrollo de nuevos productos, Hans Beck, que se encargara del asunto.
Un elefante en plena actuación en el circoBeck, ebanista de oficio, de 42 años de edad, estaba familiarizado con los deseos infantiles. ”Tuve ocho hermanos y hermanas, todos menores que yo", relata, "y solía hacerles con mis propias manos muñecas y animales; una vez les fabriqué, incluso, una casa para muñecas". Así empezó de nuevo a crear figurillas. Dos factores eran importantes: la movilidad de brazos, piernas y cabeza, y una expresión facial neutral. ”Yo deseaba crear un juguete que estimulara al niño a jugar con imaginación", explica.Al cabo de cuatro semanas, Beck presentó a su jefe la primera figurilla Playmobil que había hecho de plástico y luego pintado. No obstante cierto esceptisismo de su parte, Brandstatter dio el visto bueno y se fabricaron los moldes para ver si el plástico que Beck tenía en mente era el adecuado. La producción en serie, sin embargo, no se inició hasta que la compañía arrostró una crisis de mercado.Al sobrevenir la primera escasez mundial de petróleo, en 1973, los precios del plástico en bruto se dispararon. La producción de artículos relativamente grandes, como los escritorios, resultaba ya incosteable. Por tanto, Playmobil se presentó al mercado en la Feria del Juguete de Nuremberg, en 1974.El producto no suscitó gran interés en el público. Brandstatter rememora: "Uno de los clientes, en la feria, me llevó aparte y me dijo: ustedes han hecho muchas cosas buenas y otras no tanto. Pero jamás produjeron algo tan desafortunado como estas figurillas". Sólo después de que un comprador holandés hizo un pedido, lo imitaron otros de Alemania Occidental.A fines del verano de 1974, en los anaqueles de las tiendas, Playmobil demostró ser un éxito inmediato. Cuando terminó ese año ya se habían vendido juegos por un total de tres millones de marcos. En 1981, las ventas brutas habían alcanzado los 100 millones de marcos; actualmente, ascienden a unos 200 millones de marcos anuales. La organización Playmobil ha abierto sucursales en España, Francia, Holanda, Gran Bretaña, Estados Unidos y Canadá; se exporta aproximadamente la mitad de la producción. En conjunto, la compañía emplea a 1740 personas, 40 de ellas tan sólo en el área de desarrollo de nuevos productos que dirige Beck. "Siempre estuve convencido de que Playmobil era un buen juguete, porque noté cuan espontáneamente lo aceptaban los niños", cuenta Beck. "Sin embargo, jamás soñé que lograra el éxito que ha obtenido".Hoy día, la empresa ofrece una gran variedad de conjuntos, desde una sencilla figurilla con accesorios, a un costo promedio de 4.50 marcos, hasta el sistema de trenes, tasado en unos 250 marcos. Cada nueva pieza se diseña primero sobre papel; luego, se elabora un modelo de plástico y se hacen los planos respectivos. Las figurillas curvilíneas requieren de un modelo a escala dos a tres veces mayor que el tamaño del original previsto. ”Luego", explica Hans-Joachim Fuhrich, gerente de operaciones en Dietenhofen, "una máquina recorre la traza de su forma y transfiere esta información a electrodos de cobre, los cuales desgastan el prototipo requerido en matrices de acero".Para la producción industrial, los moldes se conectan a máquinas que, a través de tubos especiales, embuten el plástico en bruto dentro de ellas. Luego, en cuestión de segundos, los moldes se abren y expulsan las piezas modeladas que, después de enfriarse, van a depositarse en grandes recipientes. La mayoría de los juguetes Playmobil se fabrican en partes para su ulterior ensamblaje. Y en tanto que las figurillas se concentran en la planta de la isla de Malta, otros artículos se envían para su terminación a subcontratistas, artesanos y talleres de minusválidos.De cuando en cuando, nuevos modelos se distribuyen entre párvulos de jardines de niños, a fin de prever la respuesta de consumo y de verificar la durabilidad relativa de los juguetes en condiciones de maltrato. Hasta ahora, el plástico ha demostrado ser un material sumamente durable.El peor enemigo de estos minúsculos juguetes sigue siendo la aspiradora, que suele tragarse las piezas más pequeñas, como el casco del motociclista o la pala del arenero. Por eso geobra Brandstatter ofrece un amplio surtido de piezas de repuesto.
Niños paseando en trineo.Particularmente satisfactorio para la empresa es que los artículos Playmobil se utilicen en los jardines de niños y en los primeros años de la escuela elemental. ”La mayoría de los niños más pequeños tienen dificultades para expresar verbalmente sus problemas'', observa la psicóloga pediatra Anne Kreitner. Y añade: "Playmobil permite la representación de papeles. Con ello, un niño con problemas en la escuela acaso opte por representar el papel del maestro que reprende a sus alumnos. Esto a mí me revela cómo se siente en realidad el niño". De igual manera, Playmobil constituye una eficaz herramienta para trabajar con niños retrasados mentales. Además, con las figurillas el padre o el maestro pueden ilustrar una conducta deseable mejor de lo que es posible hablando simplemente de ella.Los maestros emplean los juguetes para atenuar los problemas de motivación. "Cuando mis alumnos de tercer año estaban trabajando con Williwitt und Fischermann, un libro que trata acerca del océano, algunos de ellos tuvieron dificultades con el texto y perdieron interés", señala Bernhard Fischer. ”Un día llevé a clase el barco de pesca de Playmobil. Rápidamente, los niños lo armaron, al tiempo que aprendieron a seguir instrucciones". En subsecuentes jornadas, Fischer pidió a sus alumnos que leyeran en voz alta fragmentos del texto, y que luego representaran la escena del bote. En breve, dominaban ya el contenido del libro.Al preguntársele si acaso llegará el día en que no conciba ya ningún nuevo juguete, Hans Beck responde: "Antes de crear un personaje, un animal o una escena de Playmobil, por lo general observo la naturaleza y la vida cotidiana. Con la variedad que hay allí, no puedo imaginar siquiera que llegue el día en que se me acaben las ideas".