MINIATURAS DESTRUCTORAS DE MISILES NUCLEARES
Publicado en
diciembre 11, 2011

Ideado a partir de tecnología que está al alcance de cualquiera, este aparato puede llegar a constituir la defensa más eficaz y barata contra los proyectiles intercontinentales soviéticos.
Por Ralph Kinney BennettSon gigantes aterradores de hasta 35 metros de altura, capaces de lanzar oleadas de ojivas nucleares sobre las indefensas ciudades de.Estados Unidos, dando a sus habitantes menos de 30 minutos de aviso. Sólo por el precario equilibrio entre estos misiles balísticos intercontinentales (ICBM) soviéticos y los norteamericanos se ha conjurado hasta ahora este peligro. Siempre se ha pensado que los misiles nucleares son demasiado rápidos, eficaces y numerosos para poder defenderse de ellos. Pero ahora, está a punto de perfeccionarse un dispositivo minúsculo e ingenioso que ofrecerá la posibilidad de desarrollar un sistema de defensa contra los ICBM de bajo costo y notable eficacia. Se trata de "Brilliant.Pebbles" (Guijarros Brillantes) un triunfo de la física tradicional y la microelectrónica moderna, cuya producción podría iniciarse en los primeros años de la próxima década. He aquí cómo se concibió y desarrolló este artefacto.UNA MAÑANA de noviembre de 1986, Lowell Wood, hombre barbado, de aspecto osuno, y físico experto en alta energía en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en California, conversaba a la hora del desayuno con Greg Canavan, especialista en armas avanzadas del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. La conversación derivó hacia cierta controversia candente sobre la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, popularmente conocida como "la guerra de las galaxias"). El punto era el siguiente: en caso de poner en órbita un aparato destinado a destruir ICBM soviéticos, ¿cómo asegurar la supervivencia de ese dispositivo? ¿No sería acaso otro blanco vulnerable?
Se trataba de un asunto particularmente crítico para Wood y Canavan. Ambos creían que destruir una multitud de proyectiles y ojivas nucleares en el cielo requeriría artefactos costosos y complicados, como por ejemplo emisores de rayos láser o de haces de partículas subatómicas, los cuales pudieran aniquilar a los proyectiles desde lejos. Recurrir a esas armas implicaría poner en órbita una gran cantidad de equipo. Y los proyectiles antibalísticos, o "piedras inteligentes", más convencionales, que chocarían con los ICBM en algún punto de su trayectoria, se conservarían en "garajes" en órbita, y serían guiados hacia sus blancos por satélites. Todos esos aparatos constituirían blancos muy expuestos al ataque del enemigo.Canavan se había hecho experto en los diversos métodos de proteger objetos en órbita: blindaje, facilidad para maniobrar, señuelos, interferencia electrónica y armamento defensivo. Los técnicos más brillantes de la SDI incorporaban algunos o todos estos elementos en ciertos sistemas en etapa de proyecto. Pero, como Canavan le recordó en ese momento a Wood, tales esfuerzos estaban dando como resultado equipo demasiado voluminoso y costoso.Era tiempo de enfocar el asunto de alguna manera novedosa, y Canavan expuso una idea muy interesante: crear, como primera arma defensiva, un tipo especial de piedra inteligente, que funcionara por sí sola, pero tan pequeña que resultara difícil de detectar, y tan barata que para los soviéticos no valiera la pena hacer un esfuerzo para destruirla. "Que sea tan insignificante que no le hagan caso", propuso Canavan. A Wood, sin embargo, los proyectiles de esa clase le parecían lentos y torpes, comparados con los rayos láser. Bromeando acerca de su tamaño, los describió como "postes de teléfono con máquinas del tamaño de un Volkswagen en un extremo"."Pero se pueden hacer mucho más pequeños", insistió Canavan, y mencionó los notables avances en el campo de la miniaturización electrónica, además de la disponibilidad de materiales más ligeros y cohetes más pequeños y eficaces. En vista de que poner objetos en órbita costaba de 4500 a 11,000 dólares por kilo, toda disminución de tamaño significaba un ahorro.Los dos científicos sabían que el proyectil no tenía que ser grande para cumplir con su misión destructora. Una piedra inteligente se desplazaría en órbita a la velocidad de ocho kilómetros por segundo. (La bala de un rifle de alta velocidad viaja aproximadamente a 750 metros por segundo.) Un ICBM viajaría quizá a seis kilómetros por segundo. En un choque a tales velocidades, cualquier objeto de cuatro por seis centímetros haría añicos a un enorme ICBM.El mayor problema era el tamaño de las piezas necesarias para poner en órbita una piedra inteligente y maniobrarla. Ese aparato tendría que contar con buenos "ojos" para detectar un ICBM, con una computadora para identificarlo y con motores de cohete para interponerse en su trayectoria. "Habría que reducir todo eso en más de un 90 por ciento", subrayó Wood.Canavan replicó que era posible, y con tecnología de miniaturización electrónica que se encontraba ya disponible. Le dijo a Wood: "Has estado tanto tiempo dedicado a perfeccionar complicadas armas de rayos láser y haces de partículas que no te has enterado de los adelantos logrados en otros campos".Wood aún dudaba, pero no dejó de tomar notas. Al terminar el desauno, estaba decidido a volverse experto en misiles interceptores, aunque fuera sólo para demostrar a su amigo que se equivocaba.DISPOSITIVOS ASOMBROSOS
En su trabajo relacionado con armas de rayos, Wood rendía cuentas a la Oficina de Energía Dirigida del SDI, cuyo jefe era Jack Hammond, quien hasta hacía poco había supervisado proyectos de piedras inteligentes.
Hammond opinó que Canavan podría tener razón acerca del potencial de la miniaturización.El general James Abrahamson, entonces director de la SDI, había dado inicio a una gran variedad de trabajos para desarrollar equipo nuevo, más ligero, resistente, sencillo y confiable. Además, el general había hecho hincapié en la necesidad de que fuera costeable. Creía que la amenaza de los ICBM desaparecería cuando resultara más fácil y barato destruirlos que construirlos.El reto de las rocas inteligentes en miniatura no tardó en acaparar la atención de Wood. Con ese nuevo interés, el científico anduvo curioseando por el amplísimo mercado tecnológico de Estados Unidos, y se llevó sus buenas sorpresas. Conocía motores de retropropulsión de 70 centímetros de altura y 50 de diámetro, que costaban 150,000 dólares cada uno, pero descubrió que SDI había desarrollado motores que le cabían en la palma de la mano y costaban 20,000 dólares. Además, gracias a los avances en el diseño de aditamentos tales como las válvulas eléctricas, estos motores podían activarse y desactivarse en milésimas de segundo, cien veces más rápidamente de lo que Wood hubiera imaginado. Todo ello hacía posible construir un aparato lo bastante ágil para darle la batalla a un objeto que viajara a ocho kilómetros por segundo.También encontró microcircuitos de silicio del tamaño de una uña, capaces de realizar hasta 30 millones de cálculos por segundo. Y descubrió un microcircuito detector de rayos infrarrojos, con el cual una cámara podía "ver" en la completa oscuridad. Esas cámaras estaban ya en el mercado, para emplearse en sistemas electrónicos de vigilancia nocturna. Encontró asimismo cámaras de video del tamaño de un libro, que reproducían imágenes con una calidad superior a la de algunos sistemas militares, los cuales costaban miles de veces más. Por todas partes había tecnología disponible; sólo faltaba aprovecharla creativamente.Wood empezó a preparar el proyecto de una pequeña piedra inteligente, superior a todas las demás. Primero se concentró en los "ojos". Un colega en Livermore había desarrollado una cámara con una minúscula retina electrónica y una lente de ojo de pescado, que obtenía imágenes extraordinariamente definidas. El aparato podía reducirse a la dimensión de un globo ocular humano. Y si se equipaba con detectores de rayos infrarrojos y ultravioleta, funcionaría aun en la oscuridad y entre nubes.Wood también tenía planes ambiciosos para el cerebro del dispositivo, una computadora minúscula que debía programarse para que distinguiera entre los ICBM y los cohetes científicos inofensivos, por ejemplo. Además, conocería la localización de cada depósito subterráneo de ICBM en la Unión Soviética y las claves de lanzamiento de los ICBM móviles. En el caso de que algunos fueran disparados hacia el norte, contra Estados Unidos o un país aliado, el aparato estaría particularmente alerta. Sería capaz de rastrearlos, elegir uno y dirigirse hacia él para interceptarlo. Incluso descartaría los que ya fueran blanco de otras piedras inteligentes.Semejantes capacidades requerirían una computadora como la CRAY-1, la más eficaz y rápida en el mundo. Pero ese aparato era más o menos del tamaño de un refrigerador, y pesaba cerca de cuatro toneladas y media. Afortunadamente, los expertos de Livermore aseguraron a Wood que, con microcircuitos novedosos y formas distintas de conectarlos, era posible crear una computadora capaz de realizar 60 millones de cálculos por segundo y lo suficientemente pequeña para caber en una lata de cerveza.Lo genial del artefacto que Wood vislumbraba no era solamente su reducido tamaño, sino la pasmosa facilidad con que cumpliría su cometido. No requeriría de grandes satélites para detectar su blanco, ni una estación para permanecer a la expectativa. Sería capaz, por sí solo, de patrullar el cielo en órbita, a 500 kilómetros de la superficie terrestre.Cuando el legendario cofundador de Livermore, Edward Teller, supo del proyecto de Wood, se mostró escéptico. Él también había trabajado en la planeación de armamento novedoso, así que llamó al innovador para que le explicara de qué se trataba. Wood Id hizo en forma tan convincente que Teller se convirtió en su promotor, y accedió a hablar con el general Abrahamson del asunto.SUEÑO TECNOLOGICO
En octubre de 1987, una mañana, Wood y Teller llegaron a la oficina del general Abrahamson, en la sede de la SDI, del Departamento de Defensa norteamericano.
Abrahamson escuchó durante más de una hora la explicación que los dos científicos hicieron de un aparato de aspecto peculiar, de un metro de longitud y menos de 50 kilos de peso. Sería extraordinariamente expedito, y tendría ojos y cerebro muy avanzados. El general declaró que le parecía por demás interesante, y que pronto visitaría Livermore para estudiarlo y comprobarlo en detalle.Algunas semanas después, casi al año de aquel primer desayuno, Canavan y Wood se reunieron otra vez. De uno de los dos portafolios repletos que llevaba, Wood extrajo un plano completo de su aparato. Luego, como un joyero que mostrara sus más preciadas gemas, empezó a sacar minúsculos dispositivos de alta tecnología, incluyendo un giróscopo en miniatura y una cámara con lente de ojo de pescado, objetos que cabrían juntos en una azucarera. También mostró listas de precios, propuestas de contratistas y esquemas del funcionamiento de la piedra inteligente. Canavan estaba maravillado.El general Abrahamson y Jack Hammond fueron a Livermore el 25 de noviembre de 1987. Vieron simulacros del aparato en acción en una pantalla de computadora, examinaron el equipo, hablaron con algunos científicos e interrogaron a Wood y su equipo hasta bien entrada la noche.Cuando Abrahamson salió de Livermore estaba convencido. Aquel proyecto era producto del tipo de ideas audaces e innovadoras que a él le gustaban. Ordenó a Hammond, quien ya había autorizado un financiamiento moderado, que lo aumentara sustancialmente, a fin de hacer realidad esas asombrosas piedras inteligentes. Para la primavera de 1988 se reconocía ya la gran importancia del invento en la integración de un sistema de defensa estratégica.El 13 de marzo de 1988, en una conferencia que dictó durante la celebración del quinto aniversario de la SDI, Lowell Wood habló de sus piedras inteligentes, y de cómo habían evolucionado hasta convertirse en "guijarros brillantes"; es decir, en misiles interceptores pequeños que podían dirigirse en forma independiente. La denominación de Guijarros Brillantes fue adoptada desde entonces para el proyecto.Debido a que se han publicado muy pocos detalles al respecto, la prensa ha hecho circular una gran cantidad de información equívoca, obtenida en gran parte de entrevistas con militares y contratistas a quienes convendría la subsistencia de los sistemas que las piedras inteligentes desplazarían. Sin embargo, en 1989 el Departamento de Defensa estadunidense invirtió 46 millones de dólares para seguir con la investigación y el desarrollo del dispositivo de Wood, pues considera que representa una buena esperanza en lo referente a la defensa de los misiles nucleares.EL MAYOR RETO
Aunque podrían funcionar en forma autónoma, los guijarros brillantes permanecerán bajo el control del Comando Espacial norteamericano en tierra. Gracias a la capacidad de sus "ojos", podrán cumplir con funciones rutinarias de vigilancia en tiempos de paz. Para que pesen menos, Wood y sus colegas han reducido al mínimo la estructura. El dispositivo se compone ahora de solamente los motores de retropropulsión, los tanques de combustible, los ojos y los instrumentos de comunicación y navegación. Los avances tecnológicos se dan con tal rapidez que Wood y su equipo no han elegido un diseño definitivo para la computadora de los guijarros, y esta se Vuelve cada vez más inteligente y más pequeña.
Todos los componentes del artefacto se están probando concienzudamente en experimentos en los que se simula el medio hostil del espacio, y las diversas formas posibles de ataque soviético: impulsos electromagnéticos, rayos gamma, rayos X, haces de neutrones, rayos láser. Wood confía en que su guijarro pasará todas las pruebas. Sea como sea, el uso que se ha hecho de la alta tecnología existente en estos aparatos quizá haya modificado el rumbo de la defensa estratégica. Significa que es posible colocar los elementos básicos de un sistema de defensa dentro de unos cuantos años, y con el tiempo ir agregando aparatos más complicados, como los emisores de partículas subatómicas.Quizá el obstáculo más grande en el camino de la habilitación de los guijarros brillantes sea el político. Wood cree que pueden producirse y ponerse en órbita a un costo de 330,000 dólares cada uno. El precio total dependerá de la cantidad que se desee utilizar; serán de 3000 a 10,000, según se estima. Su viabilidad y su beneficio en relación con el costo reducen los reparos a una sola pregunta: ¿hay o no hay voluntad de realizar el proyecto?