BRASILIA, 30 AÑOS DESPUÉS
Publicado en
noviembre 13, 2011
Estos tréboles, diseñados para eliminar los embotellamientos de tráfico, realzan la simetría arquitectónica de la capital. Inserción: la Plaza de los Tres Poderes, corazón político de Brasil.Iba a ser la ciudad del futuro; la encarnación de las aspiraciones de Brasil. ¿Cómo le ha ido a la capital ubicada en la más apartada lejanía?
Por Samuel Schreiner y Dorrie SchreinerCIERTO DÍA, en medio de una árida llanura que se extiende 1148 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro, unos trabajadores iniciaron la construcción de la pequeña barraca de madera que serviría de residencia temporal a Juscelino Kubitschek, entonces presidente de Brasil. Al anochecer, abrieron una botella de whisky para celebrar el trascendental suceso. Por supuesto, el hielo era un lujo del que carecían, pero de pronto las nubes ocultaron el Sol, y comenzó a caer granizo del tamaño de cubitos de hielo. "¡Milagro, milagro!" , exclamaron los festejantes.
El "milagroso" suceso de aquel 23 de octubre de 1956 marcó el nacimiento de Brasilia, la nueva capital de Brasil. La edificación de la ciudad —que tardó sólo tres años y dos meses— constituyó una hazaña urbanística sin paralelo en la historia contemporánea. En 1959, André Malraux, ministro de Cultura de Francia, elogió así a los trabajadores: "Un murmullo de gloria acompaña al golpeteo de los yunques que saluda vuestra audacia, vuestra fe y al destino de Brasil". A continuación, calificó a la nueva ciudad, inaugurada el 21 de abril de 1960, de "Capital de la Esperanza". Al cabo de casi 29 años, Brasilia, ejemplo de planificación urbana funcional y humanística, se convirtió en la primera obra arquitectónica del siglo XX que registra la UNESCO en su catálogo de Lugares Patrimonio de la Humanidad.Ya en documentos oficiales que datan de 1761 se habla del proyecto de una ciudad capital en el interior del país, y en todas las constituciones brasileñas, desde 1789, se prevé la edificación de la ciudad, y se sugiere incluso que se ubique en el estado de Goiás. El objetivo histórico era que la atención pública se alejara del este, desde donde se miraba hacia el pasado, a Portugal y a Africa, y se fijara en el interior, al oeste, donde los brasileños pudieran desarrollar su agricultura y su industria. Con todo, quienes ocupaban el poder casi siempre pa-saron por alto la noción de una capital en el interior.En 1955, durante su campaña presidencial, Juscelino Kubitschek pronunciaba un discurso en un mitin celebrado en Jataí, población del estado de Goiás, cuando una voz masculina salida de la multitud gritó:—¿Hará usted honor a la Constitución de 1946?Instintivamente, Juscelino Kubitschek repuso: —Prometo hacerlo.Aquel ciudadano agregó:—¿Quiere decir con esto que construirá usted una capital en el interior?La idea de una ciudad nueva interesó a Kubitschek. Sería el símbolo del nuevo Brasil que deseaba crear. Por ello, contestó con un rotundo "Sí".El 2 de octubre de 1956, Kubitschek y sus más cercanos colaboradores volaron a Goiás para inspeccionar el sitio escogido entre los cinco recomendados por una firma consultora norteamericana; vieron un monótono cerrado, o sabana, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. "No había caminos, ni teléfonos", recordaría el arquitecto Oscar Niemeyer. "Parecía que nos encontrábamos en los confines de la Tierra. La naturaleza era hostil. Había polvo y lodo. Incluso el silencio era molesto: el ruido del silencio". Sin embargo, la configuración plana del terreno permitiría levantar grandes edificios y un aeropuerto, el desagüe era bueno y se contaría con el agua del cercano río Paraná. Para evitar las frecuentes dificultades en las obras públicas que se hacían a lo largo de varias administraciones, Kubitschek insistió en que la ciudad quedara concluida antes de que terminara su periodo presidencial.Kubitschek había escogido a Niemeyer para diseñar los edificios y supervisar la construcción. Se convocó a un concurso para seleccionar el plano regulador de la urbe. El ganador fue el arquitecto Lucio Costa. En el trazado del plano se cruzan dos líneas que forman ángulos rectos: "el signo de la Cruz", que tradicionalmente hacían los exploradores cristianos al tomar posesión de un territorio. Las modernas instalaciones gubernamentales se ubicarían a lo largo del eje este-oeste de la cruz; los barrios residenciales, en el norte-sur; alrededor de la intersección de ambos estaría la zona comercial: central de autobuses, hoteles, tiendas y otros edificios.Costa proyectó viviendas para una población calculada en 500,000 habitantes, que trabajarían en el gobierno o en empresas de servicio relacionadas con él. Dividió la zona residencial en superquadras; es decir, supermanzanas, en cada una de las cuales habría 11 edificios de apartamentos que a lo sumo tendrían seis pisos de altura y estarían separados por espacios verdes. Para cada cuatro supermanzanas proyectó una escuela, una iglesia y un centro comercial. "Al diseñar apartamentos de diversos tamaños y ubicaciones", explicó Costa, "mi intención era promover, en cada pequeña comunidad, una sana convivencia de las clases sociales de la capital".El arquitecto Niemeyer residió en la futura Brasilia los años que duraron los trabajos. Diseñó importantes edificios en 15 días, e incluso en menos. La construcción propiamente dicha se efectuó a un ritmo asombroso: una escuela, en 20 días; un teatro, en sólo tres. "Todos estábamos muy entusias-mados", comenta. "Aquello era como una cruzada. Se trabajaba las 24 horas del día". En 1960, 141.742 brasileños se mudaron a su nueva capital.Brasilia fue un proyecto audaz basado en un noble plan. Pero con el paso del tiempo comenzaron a surgir problemas, sobre todo en materia de vivienda. "Muchas de las dificultades de hoy se deben a que Brasilia ha atraído a más gente de la prevista por los planificadores", declara Heitor Reis, ex secretario de la Vivienda. En efecto, hasta ahora casi 2 millones de seres humanos han llegado a abarrotar el Distrito Federal, y hay un déficit de 60,000 apartamentos para la población de ingresos bajos. Y aunque hay suficientes escuelas en el plano piloto de Lucio Costa, según el censo de 1988 sólo se contaba con 519 escuelas primarias y 100 secundarias en el Distrito Federal.
El edificio inferior aloja la Cámara de Diputados y el Senado; las oficinas y los servicios burocráticos ocupan las torres.El primer ser humano nacido en Brasilia, el día de la inauguración, vive en la "ciudad satélite" de Ceilándia, porque no puede pagar un apartamento del plano piloto. El más modesto pisito cuesta hoy el equivalente de 27,355 dólares, y el alquiler mensual de un apartamento de ese mismo tamaño llega a 608 dólares. El planificador Lúcio Costa reconoce sin ambages que "la realidad resultó distinta de lo que se había planificado", y convirtió lo que él había querido que fueran superquadras democráticas en cotos privilegiados para los ricos.El tráfico vehicular es otro de los problemas de Brasilia. Diseñada para la era del automóvil, se dotó a la urbe de amplias avenidas y complicados tréboles para eliminar semáforos y embotellamientos. Ahora bien, como Brasilia ocupa una superficie de más de 5814 kilómetros cuadrados, el número de autos aumentó a tal grado que hay uno por cada 7.8 habitantes (en el resto del país, el índice es de uno por cada 11.2 habitantes). Por consiguiente, el tráfico se congestiona en la intersección de los ejes en las horas pico. Cuando disminuye la afluencia de vehículos se conduce a gran velocidad por toda la urbe, lo que contribuye a la alta tasa de accidentes que registra el país.A esto debe añadirse el clima. El viento acumula grandes nubes de polvo rojo, y la humedad relativa del aire baja en el invierno al 40 por ciento, en promedio, con lo cual se agudizan los padecimientos de las vías respiratorias. En 1989, cuando la humedad llegó sólo al 12 por ciento, el diputado federal Augusto Carvalho, quien padece de asma, para poder asistir a las sesiones de la Cámara de Representantes, necesitó recurrir frecuentemente al medicamento que llevaba en un aerosol. Por la noche colocaba un humidificador eléctrico o un lebrillo lleno de agua junto a la cama de su hijo, de tres años, también asmático. "A pesar de los inconvenientes", asevera Carvalho, "nada podría alejarme de Brasilia. Es la ciudad donde mejor se vive".También origina estrés la sensación de aislamiento y soledad. Como los edificios están separados por espacios amplios y hay calles anchas y paseos sembrados de césped, casi no existe circulación de peatones fuera de las superquadras. Comparada con Río o Sao Paulo, Brasilia carece de animación. Un estudio, aún no terminado, que dirige Josimar Franca, director del Departamento de Psiquiatría y de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Brasilia, indica que el 12 por ciento de los habitantes de la capital tiene problemas psicológicos debido al estrés. El alcoholismo afecta al 16 por ciento de la población de Gama, que ocupa el quinto lugar entre las ciudades sa-télites más pobres, y al diez por ciento de los residentes de la zona del plano piloto.Hay indicios que apuntan a un mejor porvenir para Brasilia. Se estudia la reforma del sistema de transporte público, a fin de reducir el tiempo que necesita la gente para trasladarse de las ciudades satélites al plano piloto. Se ha sugerido la construcción de un Metro, el cual reduciría en un 75 por ciento las horas que hoy se pierden en desplazarse de uno u otro de esos puntos.Para brindar mayor esparcimiento cultural y social, Brasilia ha sido anfitriona de espectáculos de prestigio internacional, como el Ballet Bolshoi, la Ópera de Pekín y la Twyla Tharp Dance Company. Además, en el Teatro Nacional se presentan obras dramáticas y funciones dedicadas a la danza o a la música; entre ellas, los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Cláudio Santoro, fundada en la capital. En los edificios públicos abundan las obras de pintores famosos, como Portinari y Bruno Giorgi, y en el Museo Artístico de Brasilia se exponen obras de artistas nacionales. También cuenta con el Jardín Zoobotánico, el Centro Deportivo Presidente Medici, el Parque Nacional Brasilia, el Parque Municipal y un complejo de edificios —165 tiendas y ocho cines— que mide 38,748 metros cuadrados.Para personas como Michel Emmanuel Félix Francois, Brasilia representa un ascenso en la escala social. Nació en Haití y viajó por muchas partes antes de asentarse en Brasilia, donde se casó con una brasileña con la que procreó una hija. Para hacer frente al alto costo de la vida en Brasilia, su esposa ocupaba un puesto en el Gobierno mientras él trabajaba como gerente, en el turno de la noche, de un gran hotel, y de día hacía las veces de guía y chofer. Gracias a relaciones que entabló en sus empleos, hace poco obtuvo una beca para realizar estudios de posgrado en administración de empresas, en una escuela internacional de Helsinki, Finlandia. A muchos brasilienses (gentilicio de los oriundos de la nueva ciudad) les entusiasma vivir en la capital.Para preservar el carácter de Brasilia como escaparate del progreso, sus defensores opinan que urge reorientar su crecimiento. La solución sería convertir a la capital en un polo de círculos concéntricos de desarrollo industrial y agrícola, que se extenderían más allá del Distrito Federal, de manera que quienes viven en las ciudades satélites trabajaran ahí y no tuvieran que trasladarse todos los días al plano piloto. "La idea de mi padre no se limitaba a la edificación de Brasilia", declaró Márcia Kubitschek, representante del Distrito Federal ante el Congreso Nacional y enérgica partidaria de esta solución. "Veía en la nueva capital el centro de un gran polo de desarrollo".El destino de Brasilia depende de su voluntad y de su capacidad para resolver sus problemas más apremiantes. Por otra parte, la mera existencia de esta capital sirve para recordar a todo Brasil lo que el país puede hacer. En la historia de Brasilia, lo más inspirador es que aún merece llamarse la "Capital de la Esperanza".