EL SONIDO DE LA CUERDA - EL AHORCADO DEL PUENTE BLACKFRIARS
Publicado en
octubre 10, 2026
Londres, REINO UNIDO.
El Puente de Blackfriars en Londres no solo es famoso por la arquitectura victoriana de sus pilares rojos, sino por ser el escenario de una de las muertes más oscuras e intrincadas del siglo XX: el asesinato del banquero italiano Roberto Calvi en 1982, cuyo cuerpo fue encontrado colgado de uno de sus arcos de hierro, con ladrillos en los bolsillos y las piernas sumergidas en la marea del Támesis.
Sin embargo, entre los barqueros, la policía metropolitana fluvial y los trabajadores nocturnos de la zona, circula desde mucho antes una leyenda vinculada a las estructuras inferiores del puente, donde la marea baja deja al descubierto los cimientos de piedra cubierta de moho.
Según la tradición oral londinense, en las noches de niebla densa (pea-souper), cuando el río parece una superficie de aceite negro, el espacio debajo del puente se convierte en una trampa acústica y visual.
Lo escalofriante de esta leyenda no es cruzarse con un fantasma común, sino el juego de los sentidos cuando caminas por el pasaje peatonal bajo la estructura o navegas cerca de los pilares a partir de las 3:00 AM:
El sonido del tráfico de la ciudad desaparece por completo. El aire dentro del túnel del puente se vuelve extrañamente pesado y huele a fango de río, hierro oxidado y cuerda de cáñamo húmeda.
De la nada, en la penumbra de las vigas superiores, se empieza a escuchar un sonido seco y metálico: chiiik... chiiik... chiiik... Es el sonido inconfundible de una cuerda gruesa bajo tensión extrema, balanceando un peso muerto de un lado a otro.
Si cometes el error de asomarte al barandal para mirar de dónde proviene el crujido, no verás nada colgado arriba. Sin embargo, al mirar hacia abajo, en el agua oscura iluminada por los faroles de la orilla, verás la sombra proyectada de un hombre colgado del cuello, balanceándose justo encima de ti.
Si te quedas paralizado mirando la sombra en el agua, la figura de la sombra levantará lentamente la cabeza refleja, revelando unos ojos desorbitados llenos de sangre y la boca abierta en un grito mudo, mientras sientes que una fuerza invisible te empuja hacia el borde del barandal para hacerte caer al río.
En noviembre de 2011, la tripulación de una patrulla de la RNLI (Real Institución Nacional de Salvamento Marítimo) acudió a una alerta bajo el puente de Blackfriars tras la llamada de un transeúnte que aseguraba haber visto a alguien saltar.
Al llegar al pilar central con la lancha de rescate, no encontraron a nadie en el agua, pero los dos rescatistas informaron en la bitácora oficial haber escuchado sobre sus cabezas un crujido mecánico sostenido de cuerda estirándose, acompañado por una baja repentina de temperatura que congeló el parabrisas de la embarcación en cuestión de segundos. Al encender los focos de alta potencia hacia las vigas superiores, el sonido cesó de golpe, dejando caer al agua una soga de cáñamo antigua, raída y podrida por la humedad, sin que hubiera ningún punto de anclaje de donde pudiera haber caído.
Hoy en día, quienes caminan de noche por la orilla del Támesis cerca de Blackfriars evitan detenerse bajo la sombra de sus arcos si el viento se calma de golpe.
Fuente del texto: IA Gemini.