EL PADRE SIN CABEZA DEL CALLEJÓN DEL COROSO
Publicado en
octubre 29, 2026
Atiquizaya, EL SALVADOR.
En Atiquizaya, Ahuachapán, existe un lugar del que los habitantes más antiguos hablan en voz baja cuando cae la noche. Lo conocen como el Callejón del Corozo, y su fama está ligada a una aparición que, según cuentan, se manifiesta cerca de los vestigios de una antigua ermita. Le llaman el Padre sin Cabeza, una figura espectral que durante generaciones ha alimentado el miedo de quienes conocen su historia.
Los ancianos advertían que nadie debía caminar por aquel sector durante la madrugada, especialmente cuando el pueblo permanecía en silencio y la neblina comenzaba a cubrir los caminos. Según la leyenda, a esas horas podía aparecer un sacerdote vestido con una sotana oscura, caminando lentamente junto a las ruinas. A primera vista parecía un hombre común, hasta que uno descubría el detalle que helaba la sangre: sobre sus hombros no había cabeza.
Algunos habitantes creían que se trataba del espíritu de un antiguo sacerdote relacionado con la ermita, condenado a recorrer eternamente aquel lugar. Otros aseguraban que su aparición era una advertencia para quienes se atrevían a desafiar las historias que los mayores habían transmitido durante décadas.
Pero uno de los relatos más inquietantes habla de un campesino que acostumbraba levantarse alrededor de las dos de la madrugada para regar sus cultivos. Una noche, mientras caminaba por las cercanías del callejón, percibió un intenso olor a ropa nueva. Extrañado, se detuvo y miró hacia los restos de la antigua iglesia.
Entonces lo vio.
A pocos metros se encontraba un sacerdote inmóvil, vestido con una sotana impecable. El campesino intentó distinguir su rostro, pero bajo el cuello de la vestimenta solo encontró oscuridad. No había ojos, boca ni cabeza. Aterrorizado, apartó la mirada y aceleró el paso, aunque tuvo la extraña sensación de que alguien caminaba a su lado.
No escuchó pisadas, pero sentía aquella presencia cada vez más cerca. Cuando finalmente llegó a su casa, estaba pálido y temblaba sin poder explicar lo ocurrido.
Según la tradición oral, después de aquel encuentro comenzó a enfermar y su salud se deterioró progresivamente, hasta que murió dos años más tarde. Desde entonces, la historia quedó grabada en la memoria de quienes la escucharon.
Todavía hay quienes aseguran que, al pasar cerca del Callejón del Corozo durante la madrugada, se puede percibir un extraño aroma a ropa recién estrenada.
Y los más supersticiosos advierten que, si alguna noche encuentras a un sacerdote caminando solo entre las sombras, no intentes verle el rostro, porque quizá no tenga ninguno.
Y si sientes que alguien camina a tu lado, pero no escuchas sus pasos, no vuelvas la cabeza para comprobarlo. En el Callejón del Corozo, hay apariciones que es mejor no mirar dos veces.
Fuente del texto: Relatos de Terror