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octubre 11, 2023
Matías estaba muy orgulloso del rumbo que estaba tomando su vida. Había empezado comprando una pequeña casa para repararla y después venderla a mejor precio. Tras unos años de realizar esta práctica de forma continua, se encontraba comercializando mansiones. Ahí estaba parado frente a lo que creía su mayor logro, un hermoso caserón de antigua fachada. Estaba esperando por su cliente mientras admiraba los hermosos ventanales, y observó algo moverse en el interior. Tomó su celular para llamar a las autoridades, pero vio entonces salir un par de pájaros por un hueco bajo las ventanas.
De inmediato entró a la casa y subió hasta el segundo piso para hacerse cargo él mismo del desperfecto antes de que llegara su cliente, pues quería que todo estuviera perfecto para cerrar el trato al momento. Entró a la habitación y vio un hueco en la pared y seguido sintió un viento frío que lo hizo tiritar. Supuso que el viento provenía de aquel hueco. Se acercó al agujero en la pared y notó que el hoyo no cruzaba hasta el interior, solo se encontraba por fuera y el viento fue demasiado violento para provenir de alguna filtración.
Desconsertado, avanzó para salir del cuarto, pero se llevó un gran susto cuando vio que la puerta se cerró súbitamente casi en sus narices. Tratando de no perder el control, intentó abrirla, pero la misma no cedía. Volvió a sentir en su espalda un viento que le heló los huesos y un quejido lúgubre empezó a escucharse en la habitación. Asustado y ya desesperado siguió intentando abrir la puerta.
No sabía si voltear para ver lo que estaba pasando o tratar de tirar la puerta para salir corriendo de aquel lugar. Pero las dos opciones se suspendieron cuando escuchó hundirse la madera tras él y una voz cavernosa pronunció su nombre.
Su visión se empezó a nublar, sus fuerzas se desvanecieron, se sintió débil y empezó a caer al suelo. Le pareció una eternidad la caída y sintió su cuerpo tan diluido como si no tuviese un solo hueso, como si fuera tan solo un pedazo de gelatina. Parecía que todo se hundía.
A los pocos segundos de estar tirado en el suelo empezó a recapacitar. Debido a los nervios veía todo medio nublado, por lo que, a primera instancia, no pudo apreciar, a detalle, la horrible figura que se erguía ante él. En un intento desesperado, por escapar de aquella cosa que lo asechaba, se tiró por la ventana. Al volver en sí, con el rostro ensangrentado, miró hacia la ventana y aquello estaba aún ahí. No tenía rostro y solo se veía una notable silueta negra con forma de persona que iba desapareciendo lentamente.
Tras tremenda experiencia, Matías fue realista y aceptó que la casa no estaba desabitada. Dejó entonces escapar sus sueños, pues no tenía la sangre fría para mostrar aquel lugar que sería un infierno para cualquiera que lo habitase. Retiró el letrero de SE VENDE y se fue. Estaba consciente que de cualquier forma la casa sería algún día vendida, pero no por él.
Fuente del texto:
VERNE-EL PAÍS