¡PELIGRO! LA TUBERCULOSIS AMENAZA DE NUEVO
Publicado en
febrero 07, 2022
No debemos descuidarnos en la lucha contra la tuberculosis. La Peste Blanca continúa haciendo estragos.
Por Don Murray (condensado de "The Kiwanis Magazine").
ES POSIBLE que usted, e incluso algunos médicos, crean que la tuberculosis ha sido derrotada. En esta falsa suposición estriba la razón principal de que la Peste Blanca siga haciendo estragos.
Este error es trágico, dado que la tuberculosis es una enfermedad esencialmente familiar. Cruelmente contagiosa, la infección puede pasar del esposo a su mujer, o a sus hijos, o incluso a sus vecinos. La persona que padece de una tuberculosis activa y no se percata de ello, contagia a un promedio de siete individuos, empezando por aquellos que conviven con él.
Es, por otra parte, una triste ironía que precisamente uno de los mayores triunfos médicos de nuestro tiempo, el desarrollo de las drogas antituberculosas, con su promesa de una victoria definitiva sobre este mortífero enemigo, haya contribuido en parte a crear esa falsa seguridad. Examinemos los hechos.
¿Han erradicado la tuberculosis aquellas drogas milagrosas? Después de una disminución progresiva en el número de los tuberculosos a lo largo de unos doce años, en la actualidad ha comenzado de nuevo a aumentar el número de casos declarados en la mayoría de los países. En todo el mundo, la tuberculosis causa aproximadamente unos dos millones de muertes todos los años.
Los pulmones de muchos millones de personas han estado infectados con el bacilo de la tuberculosis en algún momento de sus vidas. En la mayor parte de los casos, sin embargo, las defensas naturales del organismo han podido subyugar los gérmenes, acantonándolos detrás de una muralla formada por una masa celular llamada tubérculo, en donde vegetan sin actividad y, por tanto, sin causar daño alguno. Pero en muchos de los infectados, por el efecto de circunstancias especiales, como, por ejemplo, una dieta deficiente, alguna enfermedad intercurrente, o sencillamente una reinfección a través del contacto con una persona que padezca de una tuberculosis activa, se derrumba la resistencia del organismo y la antigua infección logra escaparse de su prisión en el tubérculo y se extiende en forma de una tuberculosis activa. Muchos miles de personas padecen así de una infección en período contagioso. Pero lo verdaderamente aterrador es el hecho de que una proporción altísima de estos enfermos no se percatan de que con cada golpe de tos o con cada simple estornudo extienden la infección a los que con él conviven. No sometido a tratamiento, el tuberculoso acusa una destrucción cada vez más amplia de sus pulmones, y la enfermedad acaba por afectar también otros tejidos vitales de su organismo. Por ello mueren tantos miles de enfermos todos los años.
Lo que las drogas pueden hacer. La estreptomicina, la INH (isoniacida) y el PAS (ácido para-amino-salicílico) se utilizan en varias combinaciones para el tratamiento de la mayoría de los casos de tuberculosis. Con su descubrimiento (la estreptomicina en 1944, el PAS en 1948, y la INH en 1952), un diagnóstico de tuberculosis ha cesado de entrañar una sentencia de muerte o una estancia de muchos años en un sanatorio antituberculoso, o ambas cosas a la vez. En la actualidad, la enfermedad exige una hospitalización de unos seis meses, y en algunos casos únicamente reposo domiciliario, para terminar el tratamiento con un período complementario de por lo menos un año con la administración de dichas drogas. La mayoría de las víctimas de la tuberculosis, una vez tratadas adecuadamente, se recuperan totalmente y pueden retornar a su vida habitual, aunque es obligatorio que se sometan a exámenes médicos periódicos durante todo el resto de su vida. Los archivos de los médicos están llenos de fichas de enfermos que han fallecido porque estaban convencidos de que no podían desarrollar de nuevo una tuberculosis activa.
Las drogas citadas no matan a los gérmenes que causan la tuberculosis. Únicamente inhiben su multiplicación, y entre tanto el organismo monta su propio sistema de ataque. Como los síntomas más molestos de la enfermedad acaban por desaparecer rápidamente con el tratamiento, muchos enfermos ignoran el consejo de sus médicos y abandonan el tratamiento prematuramente. Esto constituye un gravísimo error, puesto que permite el desarrollo de bacilos tuberculosos inmunes a las drogas usadas. Tales razas o cepas de bacilos podrían extenderse por todas partes para convertir nuevamente a la tuberculosis en una de las más graves amenazas a la vida humana.
Muchas personas han interpretado erróneamente el cierre de gran número de sanatorios antituberculosos. Su clausura no significa que las drogas antituberculosas hayan vencido a la tuberculosis. Sólo se debe al hecho de que esas drogas, al producir una rápida mejoría en casos que han sido tratados desde sus comienzos, permiten la continuación de la curación en el hogar y, por tanto, reducen el número de camas que han de ocupar los enfermos.
¿Dónde florece la enfermedad? La tuberculosis es una enfermedad que se ensaña sobre todo con los estratos más pobres de la población. Los suburbios más superpoblados señalan los núcleos más afectados. Las viviendas míseras, las dietas insuficientes, la ignorancia de simples medidas de higiene, explican por qué son precisamente las personas que viven en zonas no privilegiadas las que sufren una mayor incidencia en la enfermedad.
Las personas infectadas extienden la enfermedad por dondequiera que vayan. Cuando una niñera desarrolló una tuberculosis activa, los cuatro niños de una familia mostraron una reacción positiva a la prueba de la tuberculina cutánea, que señala cuándo los bacilos de la tuberculosis han entrado en el organismo.
Cuando un marinero de veinte años de edad fue diagnosticado de tuberculosis, se examinó a los 236 tripulantes de su barco: 62 eran tuberculosos y 30 de ellos requirieron tratamiento hospitalario durante 18 meses.
El conductor del autobús de un colegio padecía de una tuberculosis activa. Se examinó a los 266 niños que viajaban diariamente en las varias rutas de su itinerario. El 32 por ciento de estos niños mostró una reacción positiva a la tuberculina, cifra que era dieciocho veces más alta que la de los demás niños del colegio, examinados al mismo tiempo. En los niños con prueba positiva, los análisis de esputos y las radiografías de pulmón revelaron la existencia de cincuenta y dos casos de tuberculosis activa. Mientras menos edad tienen los niños, más probabilidad hay de que contraigan la tuberculosis. Por ello no fue de extrañar que los cinco niños de cinco años de edad que viajaban usualmente en el autobús desarrollaran una tuberculosis activa.
Las personas de edad son también especialmente vulnerables. Entre el 75 y 85 por ciento de las personas con más de setenta años de edad tienen bacilos de la tuberculosis en sus pulmones. Cuando se resfrían, desarrollan diabetes u otras enfermedades, e incluso a veces, cuando se les da algunas medicinas para enfermedades crónicas, estalla la tuberculosis activa. Pueden creer que únicamente padecen de una tos rebelde, cuando en realidad sufren de una tuberculosis plenamente desarrollada.
Muy a menudo la tuberculosis evoluciona sin diagnosticarse. Son muchos miles los enfermos que se diagnostican de tuberculosis únicamente en el momento de la muerte. Sin embargo, los síntomas de tuberculosis avanzada y activa son tan clásicos como fáciles de observar. Ya fueron descritos hace 4600 años en una tabla jeroglífica babilónica: "El enfermo tose frecuentemente, su esputo es espeso y en algunas ocasiones contiene sangre; su respiración tiene un sonido como de una flauta; su piel está fría, pero sus pies están calientes y suda profusamente". De cada tres enfermos de tuberculosis diagnosticados cada año, dos han llegado a este estado. Casi todos ellos podían haber sido diagnosticados antes, cuando su recuperación hubiese sido bastante probable y rápida.
Cómo protegerse. La mejor protección contra la tuberculosis para usted y su familia consiste en una buena nutrición, suficiente reposo y sueño para mantener altas las defensas de su cuerpo, y una buena higiene corporal. Hay que evitar el contacto con los que tosen y estornudan. Hay que exigir que todos los que tosen en la familia se tapen la boca. Un examen médico anual que incluya la prueba cutánea a la tuberculina ayuda a un diagnóstico precoz. Si un miembro de la familia tiene tuberculosis, se debe seguir el consejo del médico sobre el proceder a seguir cuando pase la fase del contagio.
Si usted ha padecido de tuberculosis activa o tiene reacción positiva a la tuberculina, no deje de hacerse una radiografía de pulmón una vez al año.