Publicado en
octubre 21, 2019
FOTO: Cortesía de Stacy Allison
ALTURAS QUE ESCALAR
PARA LA MONTAÑISTA Stacy Allison, la primera norteamericana en llegar a la cumbre del monte Everest, las montañas son metáforas. Como los retos de la vida, representan nuevas alturas que escalar. La impulsan a trabajar con empeño y a superar obstáculos... paso a paso.
En 1987, después de un primer intento fallido de escalar el Everest, Stacy admitió haberse decepcionado profundamente. Pero el fracaso resultó ser para ella una gran motivación. "Tuve que fallar para entender que la valía personal no se construye sobre un solo logro, sino sobre muchos objetivos fijados y al canzados a lo largo de los años".
Un año después, cuando al fin llegó a la codiciada cumbre, Stacy Allison comentó: "El Everest fue un escalón más, como cualquier otra meta de mi vida".
—Kirsten Conover, en The Christian Science Monitor
EL PAGO DE UNA DEUDA
AUDREY HEPBURN trabaja más arduamente como embajadora de buena voluntad del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) de lo que nunca trabajó cuando ensayaba su papel en una película. "Hice la prueba para que me dieran este empleo hace 45 años, y por fin lo obtuve", dijo a los voluntarios del UNICEF la primavera de 1991. La señora Hepburn se refería a la asistencia que le proporcionó una agencia de socorro de las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial. Vivía entonces en Holanda y, en 1945, ya había soportado cinco años de guerra y ocupación alemana.
"Aquel último invierno no nos quedaba absolutamente nada que comer", recuerda la actriz. "Yo estaba anémica y desnutrida". La agencia de socorro que ayudó a Audrey fue la predecesora del UNICEF... y el origen de la promesa que se hizo de saldar su deuda.
—Al Cohn, en Newsday
BUEN OJO PARA EL ÉXITO
MIENTRAS fue presidente de la Ford Motor Company, Donald Petersen nunca atrajo la atención pública, y se jubiló cuando tenía 63 años. Pero su éxito es evidente: de 1986 a 1988, la Ford consiguió lo inimaginable y superó las utilidades de la General Motors, compañía más grande que la Ford. Petersen logró esta hazaña porque se apegó a un principio empresarial basado en el sentido común: hay que cnncentrarse en los productos, y las ganancias vendrán solas.
Se cuenta que, un día, Petersen se paseaba por los estudios de diseño y preguntó a los especialistas si les agradaba lo que estaban haciendo. Cuando le contestaron que no, les sugirió que diseñaran algo que los entusiasmara. El resultado fue el Ford Taurus, uno de los mayores éxitos automovilísticos de los años ochentas en Estados Unidos.
"Administrar sólo para obtener ganancias", dice Petersen, "es como jugar al tenis con la vista fija en el marcador, y no en la pelota".
—Paul Ingrassia, en The Wall Street Journal
NADA DEL OTRO MUNDO
QUINCY DONES ha ganado 25 premios Grammy y ha compuesto los temas musicales de 38 películas, incluidas El color púrpura y Raíces. También reunió a los 60 talentos musicales más destacados de Estados Unidos en una maratónica sesión de grabación en la que produjo Somos el mundo, el evento para recabar fondos que se llevó a cabo en 1985 con el propó-sito de aliviar la hambruna en África. El resultado fue la canción más vendida del decenio.
La creatividad se le da a Jones de un modo natural. "Cuando estoy componiendo", refiere, "veo imágenes. Cuando veo imágenes, oigo música. Si me encuentro realmente inspirado, no puedo dejar el trabajo, porque las ideas me llegan sin cesar. Hago anotaciones en los taxis o en los aviones, utilizando para ello menús, envolturas de goma de mascar o cualquier cosa que tenga a la mano.
"A otras personas les parece extraordinario que yo vea y escuche en mi cabeza todas las partes y piezas de una obra, pero no es nada del otro mundo, porque es lo único que sé hacer. Ni siquiera soy capaz de conducir un automóvil..."
—Alan Ebert, en Lear's
UN DEFECTO PUESTO A SU SERVICIO
DOS VECES ganador del Premio Pulitzer de periodismo, Homer Bigart, que falleció en abril de 1991, no entró con el pie derecho en el Herald Tribune de Chicago en 1929. Era tímido, tartamudeaba mucho y escribía con desesperante lentitud. Entonces cayó en la cuenta de que podía aprovechar su defecto para realizar un mejor trabajo. Gracias a que era tartamudo daba la impresión de ser algo torpe. "Pe-pe-perdone", solía decir a su entrevistado, "n-n-no en-en-entendí lo que acaba de de-decir. P-p-por favor, rerepítalo".
Casi todos sus entrevistados se pulían entonces para tener la seguridad de que Bigart entendiera cabalmente las cosas. Por ello, sus artículos parecían más claros que los de otros, y las citas tenían un contenido invariablemente más rico.
—Richard Severo, en el Times de Nueva York