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  • FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 32 en 32.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    EL TALENTO DE HARVEY (Howard Fast)

    Publicado el martes, octubre 17, 2017
    Harvey Kepplemen no tenía idea de que tuviera ningún talento especial para nada, basta un domingo a la mañana, durante el desayuno, cuando. hizo que se materializara, de la nada, un bollito recién hecho.

    Puso en equilibrio al universo. Reforzó el orden de las cosas. El hombre es el hombre, y especialmente en esta era de igualdad, cuando la uniformidad ha llegado a ser una pasión y una religión, sería injusto que un ser humano decente de cuarenta años no tuviera absolutamente ningún talento. Sin embargo, Harvey Kepplemen carecía de todo talento. Hasta esa mañana. Igual que se dice "Fulanito es bajo", "Sutanita es gorda", "Menganito es bien parecido", de Harvey decían: "No tiene nada. No tiene ningún talento. Ni vigor. Es pálido. Sin sangre. Ninguna habilidad. Ni aptitud". Era un tipo callado, amable, de mediana estatura, ni feo ni buen mozo, ojos pardos y pelo castaño que empezaba a ralear moderadamente, tenía dientes pasables, con alguna corona de oro, y las uñas limpias. Era contador y ganaba dieciocho mil dólares al año.

    Así era. Nunca se enojaba, ni se sentía deprimido o de mal humor. Para cualquiera que se hubiera detenido a observarlo, le habría parecido una persona alegre. Sólo que nadie se detenía a observarlo. La madre de Suzie, su esposa, le preguntó una vez a su hija: "¿Harvey está contento siempre?" "¿Contento? A mí no me ha parecido nunca que estuviera contento".

    Ni a ninguna otra persona, pero eso se debía a que nadie perdía el tiempo pensando en Harvey. Tal vez si hubieran tenido hijos, éstos se habrían formado alguna opinión acerca del padre, pero se trataba de un matrimonio sin hijos. No era un matrimonio desgraciado, ni muy feliz. Era, simplemente, un matrimonio sin hijos.

    Sin embargo, Suzie era moderadamente feliz. Era una mujer pequeña, morena, bastante atractiva, y aceptaba a Harvey tal cual era. Ninguno de los dos era rebelde. La vida era como era. Los domingos a la mañana eran siempre iguales. Dormían hasta tarde, aunque no demasiado tarde.. Comían una comida que equivalía a desayuno y almuerzo a la vez, exactamente a las once. Suzie preparaba tostadas, dos huevos para cada uno, tres tajadas de panceta para cada uno, jugo de naranjas y café. Ponía sobre la mesa dos frascos de dulce, mermelada importada, como le gustaba a Harvey, y jalea de uvas, que le gustaba a ella.

    Esa mañana se le ocurrió a Harvey que tenía ganas de comer un bollito recién horneado.

    —¿Sí? —dijo Suzie—. No sabía que te gustaran de manera especial. Te gustan las tostadas.
    —Sí, claro —dijo Harvey—. Me gustan las tostadas.
    —Y siempre comemos tostadas.
    —Como tostadas en el almuerzo, también —dijo Harvey.
    —Hubiera comprado bollitos.
    —Yo estaba pensando en esos bollitos que comía cuando era chico. Eran muy livianos y crocantes. Daban dos por cinco centavos. ¿Qué te parece, dos bollitos por un níquel?
    —Parece increíble.
    —Ya no hay de esos bollitos, y a ese precio —dijo Harvey con un suspiro—. ¿No sería lindo si levantara la mano y me sirviera uno del aire?

    Y entonces Harvey alzó la mano y se sirvió un bollito de la nada. Se quedó sentado con la boca abierta, el brazo congelado en el aire, mirando el bollito. Luego bajó el brazo lentamente y colocó el bollito sobre la mesa sin dejar de mirarlo fijamente.

    —¡Qué magnífico, Harvey! —dijo Suzie—. ¿Era una sorpresa para mí? Lo hiciste muy bien.
    —¿Qué hice?
    —Sacaste ese bollito del aire —Suzie lo tomó—. Está caliente. Eres muy inteligente, Harvey —Partió el bollito y lo probó— ¡Qué bueno! ¿Dónde lo compraste, Harvey?
    —¿Qué?
    —El bollito. Espero que habrás comprado mas.
    —¿Qué bollito?
    —Este.
    —¿De dónde salió?
    —¡Harvey, lo acabas de sacar de no sé dónde! ¿Te acuerdas de ese mago que actuó en la fiesta de Lucy Gordon? El hacía lo mismo con palomas blancas. Tú lo hiciste muy bien también con el bollito, y para mí fue. una gran sorpresa. Me imagino cuánto habrás practicado...
    —No practiqué nada.
    —¡Harvey!
    —¿De verdad saqué el bollito del aire?
    —Sí, señor mago —dijo Suzie con orgullo. Se sentía verdaderamente orgullosa, y ésa era una sensación nueva para ella. Aunque nunca se había sentido avergonzada de Harvey, tampoco nunca había estado orgullosa de él.
    —No sé cómo lo hice.
    —Vamos, Harvey, deja de tomarme el pelo. Estoy terriblemente impresionada. De verdad.

    Harvey tomó el bollito, cortó un pedazo y lo probó. Era muy fresco. Pan muy bueno, como el que solía comprar de niño a dos centavos y medio.

    —Pónle un poco de manteca —sugirió Suzie.

    Harvey le puso manteca a su pedazo y luego un poco de' mermelada. Se chupó los labios apreciativamente. Suzie le sirvió otra taza de café.

    Harvey terminó el bollito. Suzie no quiso más que el pedacito inicial.

    —Es muy curioso —dijo él—. Levanté la mano y lo tomé del aire.
    —Vamos, Harvey.
    —Eso es lo que hice. Eso es exactamente lo que hice.
    —Se te están enfriando los huevos —le recordó Suzie. El meneó la cabeza.
    —Es imposible. ¿De dónde vino, entonces?
    —¿Quieres que los vuelva a poner en la sartén?
    —Escucha, Suzie. Quiero que me escuches. Empecé a pensar en esos bollitos que comía cuando era chico, y dije: "¿No sería lindo tener uno en este momento, levantar la mano y servirme uno, así?" —Uniendo la acción a la palabra, tomó otro bollito del aire y lo tiró sobre la mesa como si fuera un carbón encendido.
    —¿Ves lo que quiero decir? Suzie juntó las dos manos.
    —¡Maravilloso! ¡Magnífico! Te estaba mirando y no vi cómo lo hiciste. Harvey tomó el bollito.
    —No hice nada —dijo—. No he estado practicando prestidigitación. Tú me conoces, Suzie, y sabes que no sé hacer ni siquiera un truco con los naipes.
    —Por eso es tan maravilloso, porque tenías todas esas habilidades que ignorabas, y ahora las utilizas.
    —No, no. Fíjate cuando jugamos al poker, y me toca dar a mí, y todos se ríen porque ni siquiera sé mezclar los naipes, y cuando lo intento se me caen todos.

    Suzie abrió los ojos, y por primera vez se dio cuenta de que su marido estaba sentado a la mesa con una remera sin mangas ni bolsillos y que no tenía ningún equipo, salvo la comida que se le estaba enfriando sobre el plato.

    —Harvey, ¿quieres decir que...?
    —Quiero decir... —dijo él—. Sí.
    —Pero, ¿de dónde? La panadería de Gettleson queda a tres cuadras.
    —No hacen de estos bollitos en lo de Gettleson. Permanecieron mirándose, en silencio.
    —Debe ser un talento especial tuyo —dijo Suzie por último. Más silencio.
    —¿Serán bollitos únicamente? —dijo Suzie—. ¿Sólo eso? ¿Qué te parece si pruebas con una masita?
    —No me gustan —dijo Harvey dolorosamente.
    —Hay unas con relleno de ciruelas que te gustan. Cuando están calientes y tienen mucho dulce adentro.
    —Ya no hay de ésas.
    —¿Te acuerdas cuando fuimos a Washington, y nos detuvimos en ese motel cerca de Baltimore? Nos dijeron que tenían su propio cocinero que había trabajado en un gran hotel en Alemania, sólo que no era nazi ni nada por el estilo, y él mismo hacía las masitas y nos gustaron muchísimo. ¿Por qué no piensas en una de ésas, con relleno de ciruelas?

    Harvey pensó en una de ésas. Con la mano temblando tomó una masita tan llena de dulce de ciruelas, en el espacio que había entre él y Suzie, que casi se deshizo en su mano. Se le cayó en el plato de huevos fríos.

    —Arruinaste los huevos —dijo Suzie.
    —Estaban fríos, de cualquier manera.
    —Sí, claro. Puedo freír otros.

    Harvey metió el dedo en el relleno de ciruelas y luego se lo chupó pensativamente. Rompió la masa y se la comió, sin importarle el pedazo de huevo que tenía pegado.

    —¿Para qué voy a hacer más huevos? —observó Suzie—. Ya no tendrás hambre, después de comer eso dulce. ¿Está rico?
    —Delicioso.

    De repente, Suzie quiso saber de dónde había venido la masita con relleno de ciruelas.

    —Tú lo viste. Tú me dijiste que la pidiera.
    —¡Dios mío, Harvey!
    —Yo me siento igual. Qué cosa rara, ¿no?
    —Sacaste esa masita del aire.
    —Eso es lo que estoy tratando de decirte.
    —Fue un truco —dijo Suzie—. Me siento descompuesta, Harvey. Me parece que voy a vomitar.

    Se levantó y corrió al baño. Harvey oyó cómo apretaba el botón del inodoro. Luego oyó que se lavaba los dientes. Cuando volvió al comedor estaba más segura de sí. Le dijo a Harvey como si nada hubiera pasado que había leído un artículo en la sección revista del New York Times en que decían que los llamados milagros y fenómenos religiosos del pasado eran simplemente hechos científicos que actualmente son totalmente comprensibles.

    —¿Cómo es eso, querida? —le preguntó Harvey.
    —Quiero decir que la masita debe haber venido de alguna parte.
    —De Baltimore —dijo Harvey.
    —¿Quieres probar con alguna otra cosa? —preguntó ella.
    —No, es mejor que no.
    —Me parece que debemos llamar a mi hermano Dave.
    —¿Para qué?
    —No quiero herir tus sentimientos —dijo Suzie—, pero Dave sabe qué se debe hacer.
    —¿Con respecto a qué?
    —Ya sé que Dave no te gusta...

    Dave era un hombre grande, dominante, arrogante, una persona insensible que despreciaba a Harvey.

    —Dave no me gusta —reconoció Harvey. No le gustaba alimentar sentimientos de hostilidad hacia nadie—. Pero puedo llevarme bien con él —agregó—. Quiero decir, Suzie, no sabes cuánto trato de que me guste sólo porque es tu hermano, y cuando estoy con él...
    —Harvey —lo interrumpió ella—. Ya lo sé. —Y telefoneó a Dave.

    Dave siempre comía tres huevos para el desayuno. Harvey, sentado a la mesa del desayuno, miraba tristemente cómo se llenaba su cuñado mientras su mujer, Ruthie, explicaba cómo era la digestión de Dave, que nunca había tomado un laxante.

    —Dave tiene un léma —explicaba Ruthie—. Uno es lo que come.
    —El cerebro necesita alimentos, el cuerpo también —decía Dave—. ¿Qué problema tienes, Harvey? Estás preocupado. Deprimido. Cuando veo a un tipo deprimido sé qué es lo que le pasa. A veces uno está deprimido, otras veces no. Ese es el secreto de la vida, Harvey. Tan sencillo. ¿Hay más panceta, Suzie?

    Suzie llevó la panceta a la mesa, se sentó, y luego explicó lo que había pasado esa mañana. Dave sonrió sin dejar de comer.

    —Me parece que no entendiste bien —dijo Suzie.

    Dave se limpió la boca, siguió masticando con vigor, y luego felicitó a los Kepplemen.

    —Ruthie —dijo—, ¿cuántas veces he dicho que lo que les pasa a Harvey y Suzie es que no tienen sentido del humor? ¿Cuántas veces?
    —Como cincuenta —contestó Ruthie agradablemente.
    —No es extraordinario —dijo Dave comprensivamente—, pero está bien. Harvey hace que se materialicen cosas del aire. Muy bien.
    —Cosas no. Unos bollitos y masitas.
    —¿Bollitos? —repitió Ruthie.
    —De esos que hacían cuando yo era chico —explicó Harvey—. Se deshacen por dentro y son crocantes por fuera.
    —Aquí hay un poco del segundo bollito –dijo Suzie, dándoselo a Ruthie, que lo examinó antes de morderlo con cuidado—. ¿Te acuerdas que papá mojaba los bollitos en el café? —le dijo Suzie a Dave.
    —Hay que ponerles manteca primero —le dijo Dave a Ruthie—. Pruébalo.
    —No crees ni una sola palabra —dijo Suzie, y volviéndose hacia su esposo, le dijo: — Hazlo de nuevo, Harvey. Demuéstrales.

    Harvey meneo la cabeza.

    —Vamos, Harvey, no te hagas rogar —dijo Dave—. Un sólo bollito. ¿Qué te cuesta? Por primera vez esa mañana, Harvey se sentía bien, realmente bien. Extendiendo la mano en el aire sacó un bollito caliente de la misma nariz de su cuñado, lo miró un momento y luego lo puso sobre el plato de Dave.
    —¡Dios mío! —exclamó Ruthie.

    Suzie sonreía con alborozo. Dave miraba el bollito con la boca abierta, sin decir palabra.

    —Está caliente. Cómelo —dijo Harvey con un tono de autoridad en la voz. Era la primera. vez que hablaba así a su cuñado.

    Dave meneó la cabeza.

    Harvey partió el bollito y le puso manteca, que se derritió sobre el pan tibio. Se lo dio a Dave, que mordió con cuidado.

    —No está mal, no está mal —Dave tragó dos bocados. Volvía a ser dueño de sí mismo—. ¿Cómo lo haces? –preguntó—. Es imposible. Eres la persona más torpe que conozco con un mazo de naipes, así que no puedes tener esta destreza. ¿Cómo lo haces Harvey?

    Harvey sólo meneó la cabeza.

    —Es un don —dijo Suzie.
    —¿Lo sentiste venir, Harvey? —quiso saber Dave—. Quiero decir, ¿poco a poco, o cómo fue?
    —¿Sólo bollitos? —quiso saber Ruthie.
    —Masitas también —dijo Suzie.
    —¿Qué masitas?
    —Con relleno de ciruela.
    —Eso lo tengo que ver —dijo Dave—, y entonces Harvey sacó una masita del aire. Dave se quedó mirando fijo y asintió, y luego probó la masa—. ¿Es eso todo? ¿Bollitos y masitas?
    —No he probado otra cosa.

    Una sonrisa lenta y astuta se extendió por el rostro de Dave. Metió la mano en el bolsillo y sacó un rollo de billetes. Tomó uno de diez dólares y lo puso sobre la mesa.

    —¿Sabes lo qué es esto, Harvey? Harvey lo miró sin comentarios.
    —¿Y?
    —Eso podría causar problemas.
    —¿Por qué?
    —Serían falsos.
    —Vamos, Harvey. ¿Qué falsos? ¿Estás falsificando bollitos y masitas?
    —Eso es diferente... Cuando se trata de dinero es un delito.

    Las dos mujeres escuchaban y miraban con los ojos muy abiertos, sin decir palabra. Ahora estaban discutiendo problemas de moral, y lo que había sido algo muy simple se convertía en algo complicado.

    —No conozco a ningún contador que no haya cometido algún delito. Vamos, Harvey. Harvey seguía negando con la cabeza.
    —Es un don —explicaba Suzie—. Me da miedo. No debes tratar de persuadir a Harvey a que haga algo que no quiere hacer. Tú no lo quieres hacer, ¿verdad, Harvey? —le preguntó a su esposo—. Tienes que querer hacerlo para hacerlo.
    —Escucha, Harvey, sé sincero conmigo –dijo Dave—. ¿Hiciste algo así antes? ¿Has estado practicando?
    —¿Cómo se puede practicar?
    —Eso es lo que te pregunto. Porque esto es algo grande, muy grande, Harvey. Si es un don que te surgió de pronto, entonces no tienes obligaciones con nadie. Puedes materializar una masita, o un billete de diez dólares. ¿Qué diferencia hay?
    —En un caso, falsificación —dijo Harvey.
    —Pavadas. Las masitas, ¿son falsificadas, o verdaderas?
    —Sigue siendo falsificación, a pesar de tu argumento.
    —Harvey, estás loco. Estás con los tuyos, con gente que te quiere. Estás protegido. Suzie es tu mujer. Yo soy su hermano. Ruthie es mi mujer. Somos tu familia. ¿Quién te va a denunciar? ¿Yo? ¿Iba yo a matar a la gallina de los huevos de oro? ¿Ruthie? No le dejaría hueso sano.
    —Así es, te lo juro —dijo Ruthie ansiosamente—. Eso te lo puedo garantizar, Harvey. Me rompería todos los huesos del cuerpo.
    —¿Suzie? Suzie, ¿denunciarías tú a Harvey? Una mujer no puede declarar en contra de su marido. Por eso te digo, Harvey, que aquí estás seguro.
    —En realidad —dijo Suzie— es como un juego de salón, Harvey. Como si estuviéramos jugando a la Oca, o algo parecido. Todo en broma. El juego es así: Dave te dice: haz aparecer un billete de diez dólares del aire. Tú lo haces. ¿Qué tiene eso de malo?
    —Tal vez uno de un dólar —dijo Harvey, porque los argumentos lo estaban convenciendo.
    —Muy bien —dijo Dave, sacando un dólar del bolsillo—. Yo mismo debería haberlo propuesto, Harvey. Hoy en día un dólar no vale absolutamente nada. Es una broma. — Puso el billete sobre la mesa y lo extendió—. Cuando yo era chico, se podía comprar algo con un dólar. Hoy, nada.

    Harvey asintió, suspiró hondo, levantó la mano y tomó el billete de un dólar del aire. Suzie dio un chillido de satisfacción y Ruthie aplaudió, encantada. Dave sonrió, tomando el billete para extenderlo junto al otro sobre la mesa. Lo examinó detenidamente, y meneó la cabeza.

    —Perdiste, Harvey.
    —¿Qué quieres decir con eso?
    —Pues, es parecido a un billete de un dólar. La cara de Washington está bien, y dice "un dólar", pero el color no está muy bien, es demasiado verde...
    —Te falta la letra chiquita —exclamó Ruthie—. Donde dice que es moneda de curso legal.

    Harvey vio que así era. La estampilla verde brillante del Ministerio del Tesoro era del mismo color que el resto del billete. Faltaban los números de serie, y el reverso se parecía a un billete de un dólar, pero no demasiado.

    —Está bien, está bien, no te pongas nervioso —le dijo Dave—. Nadie esperaba que lo hicieras perfecto de la primera vez. Lo que tienes que hacer es fijarte bien en el original, y luego intentarlo otra vez.
    —Prefiero no hacerlo.
    —Vamos, Harvey, vamos. No te achiques ahora. ¿Quieres probar con un billete de diez?
    —No, voy a intentar de nuevo con el de un dólar.

    Levantó la mano y la cerró sobre un billete de un dólar. Todos lo examinaron con ansiedad.

    —Bien, bien —dijo Dave—. Perfecto, no. Harvey, te olvidaste del sello, y el papel no está bien. Pero está mejor. Apuesto que éste pasaría.
    —¡No! —Harvey se apoderó de los dos billetes falsos y se los guardó en el bolsillo.
    —Está bien, está bien. No pierdas la calma, Harvey. Lo intentaremos de nuevo.
    —No.
    —¿Cómo no?
    —No. Estoy cansado. Y tengo que pensar un poco en todo esto. Estoy medio loco con todo lo que pasa. ¿Cómo estarías tú si te pasara a ti?
    —Hombre, compraría la General Motors en una semana.
    —Yo no creo que tenga ganas de comprar la General Motors ni ninguna otra cosa. Tengo que pensar un poco.
    —Harvey tiene razón —dijo Suzie—. Eres demasiado insistente, Dave. Harvey tiene derecho a pensar un poco.
    —Y mientras piensa, se esfuma su nuevo don.
    —¿Cómo lo sabes?
    —Bueno, le vino de repente. ¿No se le puede ir de la misma manera?
    —No me importa si eso ocurre —dijo Suzie con lealtad—. Harvey tiene derecho a pensar en todo esto.
    —Está bien. No me voy a mostrar irrazonable. Sólo te pido que cuando haya meditado me llames. Voy a conseguir unos billetes de veinte y de cincuenta. Me parece que no debemos intentarlo con billetes más grandes, por ahora.
    —Te llamaré.
    —Está bien. No te olvides.

    Cuando se hubieron ido Dave y Ruthie, Harvey le preguntó a su mujer por qué había quedado en llamarlo.

    —Yo no necesito a Dave —dijo—. Tú y Dave me tratan como a un imbécil.
    —Se lo prometí para que se fuera.
    —Me gustaría que por una vez estuvieras de mi lado y no del de él.
    —Eso no es justo. Siempre estoy de tu lado. Deberías saberlo.
    —Pues no lo sé.
    —Está bien, ¿por qué no lo agrandas más? ¿Por qué no piensas, ahora que ellos se han ido? —Se metió en el dormitorio, dio un portazo, y encendió la televisión.

    Harvey se quedó sentado en la sala, pensando. Sacó del bolsillo los dos billetes, los estudió un momento, los rompió, y dirigiéndose al baño los tiró al inodoro y apretó el botón. Regresó al diván y siguió pensando acerca del asunto. Ya empezaba a oscurecer, y sentía hambre. Fue a la cocina y encontró jamón y pan y una cerveza. Pero tenía ganas de comer una hamburguesa, no como las hacía Suzie, secas, insulsas, como cuero, sino tiernas y jugosas. Pensando que se había casado con una cocinera abominable, se sirvió una hamburguesa del aire. Estaba hecha a la perfección. Cuando probaba el primer bocado entró Suzie.

    —¿Para qué vas a pensar en mí? —dijo ella—. Podría morirme de hambre mientras tú te llenas la panza.
    —¿Desde cuándo te mueres de hambre?
    —¿De dónde sacaste la hamburguesa?

    Harvey tomó otra hamburguesa de la nada y la puso frente a su esposa.

    —Tiene mucha cebolla —dijo Suzie—. Sabes perfectamente que odio la cebolla. Harvey se levantó y tiró la hamburguesa en el tacho de basura.
    —Harvey, ¿qué estás haciendo?
    —Como no te gusta la cebolla...
    —No puedes tirar la comida así...
    —¿Por qué no? —Harvey sentía que había cambiado, y el cambio podía resumirse en esas tres palabras, ¿por qué no? ¿Por qué no? Tomó otra hamburguesa del aire, esta vez sin cebollas, una hamburguesa seca, tal como las hacía ella.
    —Permíteme invitarte —dijo con frialdad.

    Ella mordió la hamburguesa y luego le informó, con la boca llena, que se estaba comportando de manera muy extraña.

    —¿Extraña? ¿En qué sentido?
    —Extraña, Harvey. Tienes que reconocer que estás actuando de manera muy rara.
    —Está bien, pero ésta es una situación muy especial.
    —¿Qué quieres decir?
    —Quiero decir que puedo hacer materializar cosas —dijo Harvey—. Eso es muy especial. Nada de todos los días. Por ejemplo, ¿quieres torta de chocolate? —levantando la mano se sirvió un trozo de torta de chocolate y se lo ofreció. Pruébala.
    —Harvey, todavía estoy comiendo la hamburguesa, y no creas que no me doy cuenta de que lo que puedes hacer es muy especial.
    —Pero no soy un chico —dijo Harvey—. Tengo cuarenta y un años.
    —No eres un fracasado, Harvey.
    —No te engañes. Soy un fracasado. ¿Qué tenemos? Cinco mil dólares en el banco, un departamento de cuatro dormitorios, no tenemos chicos, no tenemos nada, soy una nulidad a los cuarenta y un años.
    —No me gusta oírte decir esas cosas, Harvey.
    —Sólo estoy tratando de decirte que tengo que pensar en esto. Tengo que acostumbrarme al hecho de que puedo extraer cosas del aire. Es un talento muy especial. Tengo que convencerme de eso.
    —¿Por qué? ¿No crees en tu propio talento, Harvey?
    —Sí y no. Por eso tengo que pensar un poco. Suzie asintió.
    —Entiendo —comió la torta de chocolate y luego fue al dormitorio y volvió a encender el aparato de televisión.

    Harvey la siguió y entró en el dormitorio.

    —¿Por qué dices que entiendes? ¿Por qué siempre me dices que entiendes? —Ella trataba de concentrar su atención en la pantalla del televisor, y negó con la cabeza—.
    —¿Quieres apagar ese maldito cajón? —gritó Harvey.
    —No me grites, Harvey.
    —Escúchame entonces. Has visto cómo saco esas cosas del aire y me dices que entiendes. Te sirvo un trozo de torta de chocolate, y me dices que entiendes. Yo no entiendo nada, pero tú me dices que entiendes.
    —Así son las cosas, Harvey. Mandan gente a la luna, y yo no entiendo nada de eso, pero así es la ciencia. Me parece magnífico que puedas sacar cosas del aire, Harvey. Me parece que si le ponen la información a una computadora, podrías saber cómo es.
    —Entonces, ¿por qué dices que entiendes?
    —Entiendo que quieras pensar en ello. ¿Por qué no te sientas a pensar en ello?

    Harvey cerró la puerta del dormitorio y regresó al living para pensar en el asunto que lo preocupaba. La cabeza le explotaba de tantas ideas. Algunas eran muy creativas, como hubieran dicho sus amigos en las agencias de publicidad. Otras no. Otras eran simplemente la cristalización de sus insatisfacciones. Si el día anterior alguien le hubiera dicho que él estaba lleno de insatisfacciones, él lo habría negado con seguridad. Ahora reconocía que era un hecho al que podía hacer frente. Estaba insatisfecho con su vida, con su empleo, su hogar, su pasado, su futuro y su mujer. Nunca se había propuesto ser contador. Era algo que había sucedido. Siempre había soñado con vivir en una espaciosa casa en el campo, y sin embargo vivía en un departamento miserable, de paredes endebles, en un edificio enorme y mal construido, en la Tercera Avenida en Nueva York. Su pasado era monótono, y su futuro no prometía mucho más. ¿Su mujer? Pensó en su mujer. Suzie no le disgustaba; eso no. No tenía nada en contra de ella, pero tampoco nada definitivo en su favor. Era una mujer baja, morena y bonita, pero no se podía acordar exactamente cómo se había casado con ella. En realidad, le encantaban las rubias grandes, altas, bellas y abundantes. Soñaba con mujeres así, las miraba por la calle, se dormía pensando en ellas y cuando se despertaba seguía pensando en ellas.

    En este momento se puso a pensar en una de ellas. Y comenzó a sonreír. Se le había ocurrido una idea y no podía librarse de ella. Se sentó erguido en la silla y miró la puerta del dormitorio. Oyó el televisor a todo volumen a través de la puerta cerrada.

    —¡Al diablo con todo! —exclamó. Había nacido un nuevo Harvey Kepplemen. Sé irguió en el asiento—. Alta, rubia, hermosa —murmuró, y meditó si quería que fuera inteligente—. ¡Al diablo con la inteligencia!

    Extendió las manos al aire y de pronto allí estuvo, pero no pudo sostenerla y entonces se cayó cuan larga era, extendida sobre el piso. Era una mujer rubia, completamente desnuda, una mujer muy hermosa, de senos grandes y magníficos, ojos azules, abiertos, pero muy inmóvil, aparentemente sin vida.

    Harvey la miraba.

    Se abrió la puerta del dormitorio y apareció Suzie, que también se quedó mirándola.

    —¿Qué es eso? —gritó Suzie.

    La respuesta era obvia. Harvey tragó con fuerza, cerró la boca, y se inclinó sobre la hermosa rubia.

    —¡No la toques!
    —A lo mejor está muerta —dijo Harvey sin fuerzas—. Tengo que tocarla para averiguarlo.
    —¿Quién es? ¿De dónde vino?

    Harvey se dio vuelta para mirar a Suzie a los ojos.

    —No.

    Harvey asintió.

    —No. No puedo creerlo. ¿Eso? —Suzie se acercó hasta llegar junto a la rubia. —Tiene como dos metros de alto. Harvey, ¿qué clase de degenerado eres?

    Harvey la tocó con discreción justo debajo de los enormes senos. Estaba tan fría como un pescado muerto.

    —¿Y?
    —Está tan fría como un pescado muerto —replicó Harvey sombríamente.
    —Búscale el pulso.
    —Está muerta. Mírale los ojos. —Le buscó el pulso—. No tiene pulso.
    —Magnífico —dijo Suzie—. La has hecho muy bien, Harvey. Henos aquí con una mujer rubia muerta, con glándulas mamarias de tamaño gigante. ¿Qué pasa ahora?
    —Me parece que deberías cubrirla —sugirió Harvey débilmente.
    —¿Qué te parece que voy a hacer? —Suzie exclamó, dirigiéndose al dormitorio de donde regresó con una frazada que apenas si cubrió al enorme cuerpo.
    —¿Qué hago ahora? —se preguntó Harvey.
    —Devuélvela al lugar de donde la sacaste.
    —Estás bromeando.
    —Haz la prueba —dijo Suzie, una mujer que él no conocía, fría y desagradable—. Si puedes sacar cosas así del aire, a lo mejor puedes volverlas a poner allí.
    —¿Cómo? ¿Por qué no me dices cómo, ya que eres tan inteligente y lo sabes todo?
    —No soy una degenerada.
    —¿Quién es degenerado? ¿Por qué dices eso? Suzie descubrió el cuerpo.
    —Mírala.
    —Está bien, ya la he visto. ¿Qué hacemos con ella?
    —Qué harás tú, querrás decir.
    —Está bien, está bien. ¿Qué hago?
    —Álzala y devuélvela.
    —¿Adónde?
    —Adonde diablos sea que sacas estas cosas, junto con tus roñosos bollitos y tus inmundas masitas.

    Harvey meneó la cabeza.

    —Hace mucho que estamos casados, Suzie. Nunca te he oído hablar así.
    —Antes nunca me regalaste una rubia muerta, de dos metros.
    —Supongo que no —dijo Harvey, sacando del aire una masita rellena de ciruelas.
    —¿Para qué haces eso?
    —Quiero ver si la puedo devolver.
    —Mira, Harvey —dijo Suzie, suavizando el tono de la voz—, no tienes que devolver una masita, sino a esta bestia. —Mientras ella hablaba, Harvey trataba de perforar el aire con la masita—. Harvey, deja eso.

    Dejó de hacerlo, rezando esperanzado para que regresara al ámbito desconocido de donde había salido, pero se le cayó desparramándose sobre uno de los inmensos senos, y el relleno de ciruelas cubrió la enorme glándula mamaria. Harvey corrió a buscar una servilleta, trató de limpiar pero sólo consiguió empeorar las cosas. Suzie lo ayudó con una esponja húmeda y toallas de papel.

    —Deja que yo lo haga, Harvey.

    Limpió bien y mientras lo hacía, Harvey levantó una de las largas y robustas piernas.

    —Suzie, yo no podría.levantarla. Se necesitaría una grúa. Debe pesar ciento veinte kilos.
    —Supongo que siempre quisiste una así. Está fría como el hielo.
    —¿Crees que yo la maté? —preguntó el con tristeza.
    —No sé. Me parece que voy a llamar a Dave.
    —¿Para qué?
    —El sabrá qué es lo que hay que hacer.
    —Por mí, tu hermano Dave puede morirse..
    —Como ésta. Claro. ¿Por qué no deseas que me muera yo también?
    —Nunca te deseé la muerte. Estoy hablando de tu hermano Dave.
    —Por lo menos se le puede ocurrir algo.
    —A mí también —dijo Harvey—. Tengo una idea sencilla. Llamar a la policía.
    —¿Qué? Harvey, ¿estás loco? Está muerta. Tú la hiciste así, muerta. Tú la mataste.
    —La hice muerta, sí. ¿Qué hacemos, entonces? ¿La cortamos en pedacitos y la tiramos por el inodoro? Ninguno de los dos podemos ver sangre. ¿La tiramos en un baldío? Ni con el roñoso de tu hermano podríamos levantarla.
    —Harvey —rogó ella—. Pensemos qué podemos hacer.

    Pensaron durante unos minutos, y luego Harvey llamó a la policía.

    Un cadáver, según descubrió Harvey ese día, requería todo un equipo. Había nueve hombres dando vueltas por el pequeño departamento. Ocho tenían funciones específicas: realizaban tareas relacionadas con la ambulancia, eran oficiales de uniforme, etc. Entre ellos se encontraban, además, el fotógrafo, el experto en impresiones digitales y el forense. El noveno era un hombre de enormes hombros, vestido de particular, que se llamaba teniente Serpio. Era él quien les decía a los demás lo que debían hacer y nunca sonreía. Harvey y Suzie lo observaban desde el sofá en que estaban sentados.

    —Está bien, sáquenla —dijo Serpio. Lo intentaron.
    —Nunca vi nada igual —murmuraba el forense—. Tiene más de dos metros.
    —Kelly, no te quedes ahí parado, ¡ayúdalos! —le dijo Serpio a uno de los policías uniformados.

    Kelly se unió a los de la ambulancia, y entre todos alzaron a la enorme rubia hasta ponerla sobre la camilla Colgaba de los dos extremos. Cuando se la llevaron, Suzie le dijo a su marido:

    —No eres un degenerado, Harvey, sino un puerco chauvinista. Eso es lo que eres, un puerco que utiliza a las mujeres como objeto sexual.
    —Está bien —dijo Harvey—. Nunca le hice nada a nadie, y ahora todos se me echan encima para aplastarme.
    —Un puerco chauvinista —repitió su mujer.
    —A mí no me parece que lo sea.
    —Si piensas en ello, verás que tengo razón.
    —¿De qué murió, doctor? —le preguntó el teniente Serpio al forense.
    —Quien sabe. A lo mejor se rompió la espalda de soportar todo ese peso que llevaba adelante. Me la llevo, y después de abrirla un poco, le paso el informe.

    El departamento quedó con menos gente. Aún estaban Serpio y un policía de uniforme. Serpio, de pie frente a Harvey y a Suzie, los miraba con atención.

    —Cuéntenmelo de nuevo —dijo.
    —Ya se lo conté.
    —Cuéntemelo de nuevo. Tengo mucho tiempo. Hace veinte años que practico en esta ciudad, y creía que ya lo había visto todo. Pero no es así. Esto rompe la monotonía de mi trabajo y me proporciona una nueva actitud ante las cosas. ¿Quién es ella?
    —No sé.
    —¿De dónde salió?.
    —La saqué del aire.
    —Ya lo sé. La sacó del aire. Podría enviarlo al manicomio directamente, sólo que estoy intrigado. ¿Siempre saca cosas del aire?
    —No, señor —contestó amablemente Harvey—. Desde esta mañana.
    —¿Y usted? —le dijo a Suzie—. ¿Usted también saca cosas del aire? Ella negó con la cabeza.
    —Es un don de Harvey.
    —¿Qué otras cosas saca Harvey del aire? —preguntó el teniente con paciencia.
    —Masitas.
    —¿Masitas?
    —Con relleno de ciruelas —explicó Harvey. El teniente pensó un momento.
    —Ya veo. Dígame, señor Kepplemen, ¿por qué con relleno de ciruelas, si no es preguntar demasiado?
    —Eso lo puedo explicar yo —interrumpió Suzie—. Cuando estábamos en Baltimore...
    —Déjelo explicar a él.
    —Porque me gusta —dijo Harvey.
    —¿Qué tiene que ver Baltimore?
    —Las hacen muy bien allí —dijo Harvey.
    —¿A las masitas?
    —Si, señor.
    —¿Quiere decirme ahora quién es la rubia?
    —No lo sé.
    —¿Quiere decirme cómo murió?
    —No lo sé.
    —El médico dice que hace horas que murió. ¿Cuándo vino aquí?
    —Ya se lo dije.
    —¿Dónde están sus ropas, Harvey?
    —Se lo dije. La hice así, tal cual estaba.
    —Está bien, Harvey —dijo el teniente con un suspiro—, voy a tener que arrestarlo a usted y a su esposa y llevarlos conmigo, porque con una explicación como la que me dan no me queda otra alternativa.. Ahora les voy a decir cuáles son sus derechos. No, al diablo con eso. Vamos a hacer otra cosa. Los dos se vienen conmigo, y no los vamos a arrestar todavía hasta que no sepamos de qué murió. ¿Qué les parece?

    Harvey y Suzie asintieron, sombríos.

    Camino a la estación de policía, en la calle Centre, iban sentados en el asiento de atrás, cuchicheando.

    —Demuéstraselo con una masita —decía Suzie todo el tiempo.
    —No.
    —¿Por qué no?
    —No quiero hacerlo.
    —Pues no te cree. Eso se ve a la legua. Si sacaras una masita tal vez te creería.
    —No.
    —¿Una hamburguesa?
    —No.

    El teniente Serpio los condujo a una oficina donde había muchos policías uniformados y otros vestidos de civil, les indicó un mostrador y les dijo, muy solícito:

    —Siéntense aquí los dos, y no se pongan nerviosos. Si quieren algo, le dicen a ese hombre que está detrás del mostrador.

    Luego se dirigió al mostrador y le dijo algo en voz baja al tipo que estaba detrás. Después de un par de minutos el policía del mostrador se acercó a ellos y les dijo:

    —Quédense sentados aquí y no se pongan nerviosos que todo se va a arreglar. ¿Quiere una masita con relleno de ciruela, Harvey?
    —¿Por qué?
    —Por si tiene hambre. No es molestia. Lo mando al chico, y en cinco minutos vuelve con la masita. ¿Qué le parece?
    —No —contestó Harvey
    —Me parece que deberíamos llamar a un abogado —dijo Suzie.

    El policía se fue, y Harvey le preguntó a su mujer a quién pensaba llamar, ya que no conocían a ninguno.

    —No sé, Harvey. Siempre hay abogados a quienes se puede llamar. Tengo miedo.
    —Piensan que estoy loco o que soy un asesino; Así estamos. Ojalá nunca hubiera visto a ese roñoso hermano tuyo.
    —Harvey, sacaste esa masita del aire antes de que mi hermano pisara nuestra casa.
    —Es verdad —dijo Harvey.

    En ese momento el forense, sentado frente al teniente Serpio y al jefe de detectives, les decía:

    —No es un asesinato, porque esa rubia enorme nunca estuvo viva.
    —Soy un hombre muy ocupado —dijo el jefe de detectives—. Tengo once homicidios esta noche, justo hoy que es domingo, sin contar los dos suicidios. Así que no me confundan más.
    —Yo estoy confundido también.
    —Bien. ¿Qué pasa con la rubia, entonces?
    —Está muerta sólo en un sentido técnico. Como ya dije, nunca estuvo viva. Ha sido fabricada por una especie de doctor Frankenstein o algún otro tipo de loco. Afuera está bien, excepto que el que la hizo se olvidó de las uñas de los pies. Por dentro no tiene corazón, ni riñones, ni pulmones, ni sistema circulatorio, prácticamente carece de sangre, porque lo que tiene no es sangre.
    —¿Qué tiene adentro, entonces? —preguntó Serpio.
    —Algo así como carne cruda.
    —¿De qué demonios habla? —exigió el jefe de detectives.
    —No sé —dijo el forense.
    —Vamos, vamos, le traigo una rubia muerta, de dos metros de alto, que hace que uno quiera ser un jugador de basket, soltero, sin importarle que esté muerta, y sale diciéndome que nunca estuvo viva. He visto a muchas que están más muertas que vivas, pero siempre ha habido un momento en que estaban vivas.
    —Esta no. Ni siquiera tiene columna vertebral, así que no pudo ni siquiera pararse y defenderse. Creo que voy a escribir una monografía sobre este caso, para publicar en Inglaterra. Es curioso, pero uno puede publicar una cosa así en Inglaterra y lo respetan. Aquí no. Y ya que estamos, ¿de dónde la sacaron?
    —Es un caso de Serpio.
    —¿Estaba desnuda?
    —Tal como está ahora —dijo Serpio—. La encontramos tirada en el suelo en el departamento de un matrimonio de apellido Kepplemen. El es contador. Los tengo arriba.
    —¿Los acusó de algo?
    —¿De qué?
    —Algo extraordinario —dijo el forense—. Uno tiene un trabajo como éste en el que no pasa nada interesante durante años. ¿De dónde dicen ellos que salió?
    —Este tal Harvey Kepplemen —replicó Serpio; observando al jefe de detectives— dice que la sacó del aire.
    —¿Sí?
    —¿De qué diablos hablas, Serpio? —dijo el jefe de detectives.
    —Eso es lo que dice él. Dice que saca masitas rellenas de ciruela del aire, y de ahí sacó también a ella.
    —¿Masitas rellenas de ciruela?
    —Así es.
    —Muy bien —dijo el jefe de detectives—. Tengo que suponer que estás cuerdo y que no estás borracho. Si estás loco, te damos una cura de reposo. Si estas borracho, te doy una paliza. Tráelos aquí a esos dos.
    —Tengo que estar presente —dijo el forense—. No puedo dejar de estar presente. Esta vez Serpio no lo llamó Harvey, sino señor Kepplemen.
    —Señor Kepplemen —dijo con suavidad—, el jefe de detectives quiere verlo en su despacho.
    —Estoy cansada —se quejó Suzie.
    —Un poco más, y a lo mejor podemos aclarar todo esto. ¿Qué le parece, señora Kepplemen?
    —Quiero que sepa —dijo Harvey—, que nunca me había sucedido algo así. Tengo buen nombre. Hace dieciséis años que trabajo en la misma compañía.
    —Eso ya lo sabemos, señor Kepplemen. En seguida terminamos.

    Unos minutos después todos estaban en el despacho del jefe de detectives: Harvey y Suzie, Serpio, el jefe y el forense. El jefe sirvió café.

    —Sírvanse, señores Kepplemen —dijo—. Han tenido un día cansador. —Su voz era dulce y suave—. Me han dicho que puede sacar masitas del aire. Puedo mandar a comprar algunas, pero para qué, si usted las consigue por nada, ¿no?
    —Bien...
    —A Harvey no le gusta sacar cosas del aire —dijo Suzie—. Le parece que está mal hacerlo. ¿Verdad, Harvey?
    —Pues —dijo Harvey, inquieto— pues... nunca en la vida tuve ningún talento. Mi madre era Ruth Kepplemen... —Se interrumpió, mirándolos en la cara, uno por uno.
    —Siga, Harvey —dijo el jefe de detectives—. Díganos lo que quiera.
    —Bien, era una artista. Pintó muchos cuadros, y continuamente le decía a sus amigos que su hijo Harvey no tenía absolutamente ningún talento para nada.
    —¿Qué pasó con las masitas?
    —Bueno, Suzie y yo pasamos una vez por Baltimore...
    —El teniente Serpio ya nos contó eso. Se me ocurre que como todos estamos tomando café, y es más de medianoche, sería una buena idea que usted sacara unas masitas del aire.
    —¿No me cree? —dijo Harvey con tristeza.
    —Digamos más bien que queremos creerle, Harvey.
    —Por eso queremos que nos lo demuestre, Harvey —dijo Serpio—, para que le creamos y terminemos esto.
    —Esperen un momento —dijo el forense—. ¿Estudió biología alguna vez, Harvey? ¿Fisiología? ¿Anatomía?

    Harvey negó con la cabeza.

    —¿Cómo es posible?
    —Nos mudábamos de ciudad continuamente. Hay muchos blancos en mi educación.
    —Ya veo. Pues bien, Harvey, veamos cómo lo hace.

    Harvey extendió la mano pero no sucedió nada. En su rostro se pintaban la confusión y el desencanto. Probó por segunda y por tercera vez, sin resultado.

    —Harvey, prueba con bollitos —le rogó Suzie. Lo intentó, también sin resultado.
    —Harvey, concéntrate —rogó Suzie. Se concentró, pero sin resultado.
    —Harvey, por favor —rogó Suzie, y entonces, cuando se dio cuenta de que no había nada que hacer, se volvió a los policías y les dijo que era culpa de ellos, y amenazó con buscar un abogado y demandarlos.
    —Serpio, ¿por qué no haces que un policía lleve a los Kepplemen a su casa? —sugirió el jefe de detectives. Cuando se fueron Serpio, Harvey y Suzie, le dijo al forense que había pocas cosas que no veía un policía en su vida.
    —Ahora ya lo he visto todo —dijo—. Dígame, doctor, ¿le tomó las huellas digitales a la muerta?
    —No tenía huellas digitales.
    —¿Cómo?
    —Así son las cosas —dijo el forense—. El sueño de todos los muchachos: una bomba de dos metros de alto con 130 de busto. ¿Cómo puedo extender un certificado de defunción para algo que nunca vivió?
    —Ese es problema suyo. Sigo pensando que debí dejarlos detenidos a esos dos.
    —¿Por qué?
    —Por eso no los detuve, por carecer de razón.
    —¿Es religioso usted, doctor?
    —Ojalá lo fuera.
    —Quiero decir que esto es una especie de milagro.
    —Todo es un milagro: la vida, la muerte...
    —Sí. Bueno, póngale Jane Doe, y métala en la heladera antes de que empiece a husmear la prensa. Lo único que nos falta.
    —Sí, lo único que nos falta —repitió el forense.

    Mientras tanto, ya de regreso en el departamento, Suzie lloraba desconsoladamente mientras Harvey trataba de consolarla explicándole que nunca hubiera podido hacer un billete de diez dólares exactamente igual a los verdaderos.

    —¿A quién le importan los malditos billetes?
    —¿Por qué lloras, entonces, querida?
    —¡"Querida"! Tantos años que he vivido contigo, y todo lo que querías era una enorme mujerona de dos metros de alto con 130 de busto.
    —Porque nunca conseguí nada de lo que quería —trató de explicar Harvey.
    —¿Ni siquiera a mí?
    —Excepto tú, querida.

    Se fueron a la cama, y todo volvió a ser lo mejor que podía ser.


    Fin