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    Si te gusta lo que ofrece el Blog, te invito a que nos ayudes a que siga funcionando y poder, además, agregar temas nuevos.

    Gracias por tu visita!

    PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.

    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    En cualquier parte del blog, cada tema tiene un "+", el cual, al darle click, te da la opción de elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar, elige dónde, y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar,
    selecciona la opción y luego la imagen.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 32 en 32.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    PUNTO MUERTO (Sandra Brown)

    Publicado el lunes, septiembre 18, 2017

    Capítulo 1


    —Acabo de oír el boletín de noticias en la radio del coche.

    Tiel McCoy no inició la conversación telefónica con palabras superfluas. Fue directa al grano en el instante en que Gully la saludó. No había necesidad de preámbulos. A decir verdad, seguramente él estaría esperando su llamada.

    Pero se hizo el tonto de todos modos.

    —¿Eres tú, Tiel? ¿Qué tal las vacaciones?

    Sus vacaciones habían empezado oficialmente aquella misma mañana, cuando abandonó Dallas y emprendió camino hacia el oeste por la Interestatal 20. Había conducido sin parar hasta Abilene, donde se había detenido para visitar a su tío, que llevaba cinco años instalado allí, en una residencia. Recordaba al tío Pete como un hombre alto y robusto, con un irreverente sentido del humor, capaz de zamparse un costillar entero asado a la barbacoa y de lanzar una pelota de softball más allá de los límites del parque.

    Aquel día, sin embargo, había compartido con él una comida compuesta por palitos de pescado apelmazados y guisantes de lata, y luego un episodio de la telenovela Guiding Light. Le había preguntado si podía hacer alguna cosa por él aprovechando su visita, como escribirle una carta o ir a comprarle una revista. Él le había sonreído con tristeza, le había dado las gracias por ir a verlo y luego había llamado a una auxiliar, quien lo había acomodado en la cama como a un niño para que pudiese echarse su siesta.

    En el exterior de la residencia, Tiel había respirado agradecida una buena bocanada de aquel aire abrasador y arenoso del oeste de Texas con la esperanza de erradicar el olor a vejez y resignación que impregnaba el centro. Se sentía aliviada por dejar atrás las obligaciones familiares, aunque culpable de sentirse así. Con un acto de fuerza de voluntad, se sacudió de encima la frustración y se recordó que estaba de vacaciones.

    Oficialmente, el verano no había llegado todavía y hacía un calor poco habitual para el mes de mayo. En la residencia no había encontrado ningún lugar a la sombra donde aparcar y el interior del coche estaba tan caliente que podría incluso haber horneado galletas en el salpicadero. Puso el aire acondicionado a tope y buscó una emisora de radio donde sonara otra cosa que no fueran Garth, George y Willie.

    —Voy a pasármelo estupendamente. Este tiempo fuera me irá muy bien. Me sentiré mucho mejor después de esto.

    Repetía este diálogo interno como un catecismo, intentando convencerse de la verdad de todo ello. Había abordado las vacaciones como el equivalente a tomarse un laxante con mal sabor.

    Las oleadas de calor hacían que la autopista pareciera ondularse y el movimiento resultaba hipnótico. La conducción se hizo automática. Su cabeza empezó a divagar. La radio emitía un ruido de fondo del que Tiel apenas era consciente.

    Pero al escuchar el boletín informativo notó como si el asiento empezara a pincharle. Todo se aceleró de repente: el coche, las pulsaciones de Tiel, su cabeza.

    Palpó a tientas el interior de su gran bolso de piel hasta dar con el teléfono móvil y marcó el número directo de Gully. Declinando de nuevo cualquier conversación innecesaria, le dijo:

    —Dame detalles.
    —¿Qué dicen en la radio?
    —Que un estudiante de secundaria de Fort Worth ha secuestrado a la hija de Russell Dendy esta mañana a primera hora.
    —Ese es el quid de la cuestión -confirmó Gully.
    —El quid, sí, pero quiero detalles.
    —Estás de vacaciones, Tiel.
    —Se acabaron. Voy a dar la vuelta en la siguiente salida. — Consultó el reloj del salpicadero-. Estaré en la emisora hacia las…
    —Espera un momento. ¿Dónde estás, exactamente?
    —A unos ochenta kilómetros al oeste de Abilene.
    —Hmm.
    —¿Qué, Gully?

    Le sudaban las manos. Empezaba a experimentar aquel conocido cosquilleo en el estómago que sólo notaba cuando seguía la pista de una historia muy interesante. Aquel subidón de adrenalina tan único que no daba pie a confusiones.

    —Vas de camino a Angel Fire, ¿no?
    —Eso es.
    —La región noreste de Nuevo México… Sí, ahí está. — Debía de estar consultando un mapa de carreteras mientras hablaba-. Pero no importa. No pienses más en este caso, Tiel. Te apartaría de tu camino.

    Estaba poniéndole el cebo, y ella sabía que se lo estaba poniendo, aunque en esas circunstancias no le importaba que lo hiciera. Quería una parte del pastel. El secuestro de la hija de Russell Dendy era una gran noticia, y prometía convertirse en una noticia mayor aun antes de que terminara.

    —No me importa desviarme. Dime dónde tengo que ir.
    —Bien -dijo, andándose con rodeos-, pero sólo si estás segura.
    —Estoy segura.
    —De acuerdo, entonces. No muy lejos de donde estás encontrarás una salida hacia la autopista dos-cero-ocho. Coge en dirección sur hacia San Angelo. Cuando llegues a la zona sur de San Angelo, vas a cruzarte con…
    —Gully, ¿cuántos kilómetros me alejaré de mi camino dando este rodeo?
    —Creí que no te importaba.
    —Y no me importa. Simplemente me gustaría saberlo. Una aproximación.
    —A ver, veamos. Más o menos… unos quinientos kilómetros.
    —¿Desde Angel Fire? — preguntó con un hilo de voz.
    —Desde donde estás ahora. Sin contar el resto de camino hasta Angel Fire.
    —¿Quinientos kilómetros ida y vuelta?
    —Sólo ida.

    Soltó un prolongado suspiro, aunque tomó las medidas necesarias para que él no lo oyera.

    —Has dicho la autopista dos-cero-ocho dirección sur hasta San Angelo, y luego ¿qué?

    Sujetaba el volante con la rodilla, el teléfono con la mano izquierda y tomaba notas con la derecha. Había puesto el coche en control de velocidad automático, pero su cerebro iba a toda máquina. Sus jugos periodísticos bombeaban más rápido incluso que los pistones del motor. Las imágenes de agradables y largas veladas en un porche, sentada en una mecedora, se transformaron en cuñas radiofónicas y entrevistas.

    Pero estaba anticipándose. Le faltaban los hechos más relevantes. Cuando se los solicitó, Gully, maldita sea, siguió mostrándose terco.

    —Ahora no, Tiel. Estoy más ocupado que un empapelador manco, y tú tienes muchos kilómetros que hacer. Cuando llegues a donde tienes que ir, tendré mucha más información.

    Frustrada y tremendamente molesta con él por ser tan tacaño con los detalles, le preguntó:

    —¿Y cómo dices que se llama la ciudad?
    —Hera.

    Las autopistas eran rectas como una flecha, flanqueadas a ambos lados por interminables praderas con algún que otro rebaño pastando hierba mantenida con riego artificial. Las siluetas de los pozos petrolíferos se perfilaban contra un horizonte sin nubes. De vez en cuando, se le cruzaban matojos de hierbas secas en la carretera. Una vez pasado San Angelo, apenas vio más vehículos.

    «Es curioso -pensó- cómo resultan a veces las cosas».

    Normalmente se habría desplazado a Nuevo México en avión. Pero unos días atrás había decidido ir a Angel Fire en coche, no sólo porque así podría visitar al tío Pete de camino, sino también para ir adoptando una mentalidad de vacaciones. El largo viaje le daría tiempo de desconectar, de olvidarse de los problemas de trabajo, de iniciar el periodo de descanso y relajación antes de llegar al lugar elegido en la montaña, de modo que, cuando pusiera el pie allí, se sentiría de vacaciones.

    En casa, en Dallas, se movía a la velocidad de la luz, siempre con prisas, siempre trabajando para cumplir los plazos de entrega. Aquella mañana, una vez superado el límite occidental de Fort Worth y después de haber dejado atrás el caos urbano, cuando las vacaciones se convirtieron en una realidad, había empezado a anticipar los días idílicos que tenía ante ella. Había soñado despierta en riachuelos cantarines y transparentes, caminatas por senderos flanqueados por álamos, aire fresco y limpio, e interminables mañanas perezosas junto a una taza de café y una buena novela.

    No habría ninguna agenda que seguir, nada sino horas ociosas, una virtud en sí misma. A Tiel McCoy no le daba vergüenza alguna aburrirse. Ya había retrasado tres veces sus vacaciones.

    —O los gastas o los pierdes -le había dicho Gully en referencia a los días de vacaciones acumulados.

    Le había soltado un sermón sobre lo mucho que mejoraría su rendimiento y su disposición si se tomaba un descanso. Y eso se lo decía un hombre que en los últimos cuarenta y pico años no había disfrutado más que de unos pocos días de vacaciones…, contando la semana obligatoria para la extirpación quirúrgica de la vesícula biliar.

    Cuando ella se lo recordó, él la miró con el ceño fruncido.

    —Precisamente. ¿Quieres acabar siendo una antigualla fea, arrugada y patética como yo? — Entonces sí que dio en el clavo-. Que te tomes unas vacaciones no significa poner en peligro tus oportunidades. Cuando regreses, tendrás todavía todo tu trabajo esperándote.

    Al instante dedujo lo que había detrás de sus astutos comentarios. Ofendida porque había dado en el blanco del verdadero motivo de su negativa a abandonar el puesto de trabajo en cualquier momento, había consentido a regañadientes marcharse una semana. Había hecho las reservas, preparado el viaje. Pero todos los programas incluyen un pequeño punto de flexibilidad.

    Si alguna cosa exigía flexibilidad, era el presunto secuestro de la hija de Russell Dendy.

    Tiel sujetaba con cuidado entre el pulgar y el índice el pegajoso auricular del teléfono público, sin ganas de tocar la superficie más de lo necesario.

    —Muy bien, Gully. Ya estoy aquí. Bueno, cerca, al menos. De hecho, me he perdido.

    Gully soltó una sonora carcajada.

    —¿Demasiado excitada como para concentrarte en las indicaciones?
    —Oye, ni que me hubiera pasado una próspera metrópoli. Tú mismo lo dijiste, ese lugar casi ni aparece en los mapas.

    Su sentido del humor había ido desapareciendo a medida que perdía sensibilidad en el trasero. Hacía horas que se le habían dormido las posaderas de tanto estar sentada. Desde que había hablado con él se había detenido una única vez y sólo por extrema necesidad. Tenía hambre, sed, estaba cansada, malhumorada, dolorida y adormilada, pues había recorrido una buena parte del viaje con el sol de cara. El aire acondicionado del coche había empezado a concentrar vapor de agua de tanto utilizarlo. Una ducha sería como una bendición.

    Gully no mejoró en absoluto su humor cuando le preguntó:

    —¿Cómo te las has arreglado para perderte?
    —He perdido el sentido de la orientación después de que el sol empezara a ponerse. El paisaje es igual por donde quiera que mires. Y más incluso con el anochecer. Estoy llamándote desde un pequeño supermercado en una ciudad con ochocientos veintitrés habitantes, según reza un cartel en la entrada, y creo que la cámara de comercio falsificó la cifra en su favor. Es el único edificio con luz en kilómetros a la redonda. La ciudad se llama Rojo algo.
    —Flats. Rojo Flats.

    Naturalmente, Gully conocía el nombre completo de aquel oscuro villorrio. Seguramente sabía también el nombre del alcalde. Gully lo sabía todo. Era una enciclopedia andante. Recopilaba información igual que los responsables de las fraternidades recopilaban los números de teléfono de los alumnos.

    La emisora de televisión donde trabajaba Tiel tenía un director de informativos, pero el tipo que ostentaba el cargo dirigía el negocio desde un despacho alfombrado y era más contable y administrador que un jefe con ejercicio práctico.

    El hombre de las trincheras, el que trataba directamente con los reporteros, redactores, fotógrafos y editores, el que coordinaba agendas y escuchaba las historias lacrimógenas y pegaba broncas cuando tocaba pegar broncas, el que en realidad dirigía el departamento de informativos, era el jefe de redacción, Gully.

    Llevaba en la emisora desde los inicios, a principios de la década de los cincuenta, y había dejado dicho que sólo lo sacarían de allí arrastrándolo con los pies por delante. Moriría antes que jubilarse. Trabajaba una jornada de dieciséis horas y cuando no lo hacía estaba de mal humor. Poseía un vocabulario de lo más pintoresco e innumerables analogías, un extenso repertorio de historias sobre los viejos tiempos en las ondas y, aparentemente, carecía de vida fuera de la sala de redacción. Su nombre de pila era Yarborough, algo que sólo sabían contadas personas. Todos los demás le conocían estrictamente como Gully.

    —¿Piensas darme este misterioso trabajo o no?

    No tenía ninguna prisa.

    —¿Y qué ha pasado con tus planes de vacaciones?
    —Nada. Sigo de vacaciones.
    —Ya.
    —¡De verdad! No he cancelado mi semana libre. Simplemente estoy retrasando su inicio, eso es todo.
    —¿Y qué dirá ese nuevo novio?
    —Ya te lo he dicho mil veces, no hay ningún novio.

    Gully soltó una de aquellas risas imperturbables de fumador empedernido que servía para comunicar que sabía que mentía, y que ella sabía que lo sabía.

    —¿Llevas encima la libreta? — le preguntó de repente.
    —Sí, claro.

    Los gérmenes que pudiera haber pululando por el teléfono debían de haberla asaltado ya. Resignada, afianzó el auricular en el hombro y lo sostuvo allí con la mejilla mientras extraía del bolso un cuaderno y un bolígrafo y los instalaba en la estrecha repisa de metal situada bajo el teléfono de pared.

    —Dispara.
    —El chico se llama Ronald Davison -empezó Gully.
    —Esa parte ya la he escuchado en la radio.
    —Le conocen por Ronnie. Está en el último año, igual que la Dendy. No se graduará con matrícula, pero es un chico de notables. Hasta hoy nunca se había metido en problemas. Después de las clases de primera hora de la mañana, ha salido zumbando del aparcamiento de estudiantes a bordo de su furgoneta Toyota, llevándose a Sabra Dendy a punta de pistola.
    —La hija de Russ Dendy.
    —Su única hija.
    —¿Está el FBI en el tema?
    —El FBI. Los Texas Rangers. Cualquier cosa. Todo sirve mientras lleven una placa. La repetición de lo de Waco. Todo el mundo reclama la jurisdicción y quiere entrar en acción.

    Tiel necesitó un momento para captar todo el alcance de la historia. El pequeño pasillo donde estaba situado el teléfono público conducía a los servicios. En una de las puertas había un dibujo de color azul que representaba a una vaquera vestida con falda de flecos. En la otra, como cabía esperar, la silueta de un vaquero con zahones y su correspondiente sombrero, haciendo girar un lazo por encima de la cabeza.

    Tiel miró por el pasillo y vio que entraba en la tienda un hombre de verdad. Alto, delgado, con el sombrero Stetson calado hasta las cejas. Saludó con un movimiento de cabeza a la cajera del establecimiento cuyo cabello, encrespado por un exceso de permanentes, llevaba teñido de un tono ocre muy poco favorecedor.

    Más cerca de donde Tiel se encontraba había una pareja mayor mirando souvenirs, sin prisas por volver a subir a su furgoneta Winnebago. O, al menos, Tiel supuso que la Winnebago aparcada junto al surtidor de gasolina era suya. La mujer estaba leyendo los ingredientes de un bote de una de las estanterías a través de sus gafas bifocales. Tiel la oyó exclamar:

    —¿Mermelada de pimientos jalapeños? Por Dios.

    La pareja se desplazó entonces hacia donde estaba Tiel, rumbo hacia sus respectivos lavabos.

    —No te entretengas, Gladys -dijo el hombre. Apenas tenía vello en las piernas, blancas y ridículamente delgadas, con aquellos holgadísimos pantalones cortos color caqui y zapatillas deportivas de suela gruesa.
    —Tú encárgate de tus asuntos y yo me encargaré de los míos -le replicó ella con elegancia. Al pasar junto a Tiel le lanzó un guiño como queriéndole decir «los hombres se creen muy listos, pero nosotras lo somos más». En otro momento, aquella anciana pareja le habría parecido a Tiel encantadora y simpática. Pero ahora estaba ocupada leyendo a conciencia las notas que había tomado de Gully, casi palabra por palabra.
    —Has dicho que se la ha llevado «a punta de pistola». Una elección de palabras muy especial, Gully.
    —¿Puedes guardarme un secreto? — Bajó la voz de forma significativa-. Porque voy a quedar retratado si esto sale a la luz antes de nuestro siguiente boletín. Tenemos la noticia antes que cualquier otra emisora o periódico del estado.

    A Tiel empezaba a picarle el cuero cabelludo, lo que solía ocurrirle cuando era consciente de que estaba escuchando algo que ningún otro periodista sabía aún, cuando descubría el elemento que distinguiría su reportaje de todos los demás, cuando su exclusiva tenía el potencial de proporcionarle un premio periodístico o los elogios de sus colegas. O de garantizarle el lugar más privilegiado en el noticiario Nine Live.

    —¿A quién iba yo a contárselo, Gully? Estoy compartiendo espacio con un vaquero recién salido de la pradera que está comprando una caja de seis cervezas Bud, una abuela insolente y su marido que no son de la zona…, lo que adivino por su acento. Y dos mexicanos que no hablan inglés.

    La pareja estaba ya en la tienda cuando ella entró. Los había oído hablar entre sí en español mientras calentaban un paquete de burritos en el microondas.

    —Linda… -dijo Gully.
    —¿Linda? ¿Le has dado la noticia a ella?
    —Tú estás de vacaciones, ¿lo recuerdas?
    —¡Unas vacaciones que me recomendaste tomar! — exclamó Tiel.

    Linda Harper era otra periodista, una periodista condenadamente buena y la rival no declarada de Tiel. Le dolía que Gully hubiese asignado a Linda una historia tan estupenda que, por derecho propio, debería pertenecerle a ella. Al menos, así lo veía.

    —¿Quieres oír esto o no? — le preguntó con un tono avinagrado.
    —Adelante.

    El hombre mayor salió del lavabo de caballeros. Avanzó hasta el final del pasillo, donde se detuvo para esperar a su esposa. Para matar el tiempo, extrajo una videocámara de una bolsa de nailon con el logotipo de una compañía aérea y se puso a revisarla.

    —Esta tarde -dijo Gully-, Linda ha entrevistado a la mejor amiga de Sabra Dendy. Y ahora, agárrate. La Dendy está embarazada de Ronnie Davison. De ocho meses. Han estado escondiéndolo.
    —¡Bromeas! ¿Y los Dendy no lo sabían?
    —Según la amiga, nadie lo sabía. Es decir, hasta la pasada noche. Los chicos comunicaron la noticia a los padres, y Russ Dendy se puso hecho una fiera.

    La cabeza de Tiel iba por delante, rellenando huecos.

    —De modo que no se trata de un secuestro. Sino de una versión contemporánea de Romeo y Julieta.
    —No he dicho eso.
    —¿Pero…?
    —Pero ésa sería mi primera conjetura. Un punto de vista que comparte la mejor amiga y confidente de Sabra Dendy. Afirma que Ronnie Davison está loco por Sabra y que no le tocaría ni un pelo. Ha dicho que Russell Dendy lleva más de un año oponiéndose al romance. Nadie es lo suficientemente bueno para su hija, son demasiado jóvenes para saber lo que quieren, la universidad es obligatoria, etcétera. Supongo que te haces una idea de la situación.
    —Sí.

    Y lo peor era que Tiel McCoy no estaba en ella y Linda Harper sí. ¡Maldita sea! Elegir justo ese momento para ir de vacaciones.

    —Regreso esta noche, Gully.
    —No.
    —Creo que me has hecho perder el tiempo por aquí para que me resulte imposible regresar.
    —No es verdad.
    —¿A qué distancia estoy de El Paso?
    —¿El Paso? ¿Quién ha mencionado El Paso?
    —O San Antonio. Lo que quede más cerca. Podría llegar allí en coche esta noche y pillar un vuelo de Southwest por la mañana. ¿Tienes los horarios a mano? ¿A qué hora sale el primer vuelo para Dallas?
    —Escúchame, Tiel. Lo tenemos cubierto. Bob está trabajando en la puesta en marcha de la búsqueda de los fugitivos. Linda está con los amigos, los maestros y las familias de los chicos. A Steve lo tengo prácticamente instalado en la mansión de los Dendy, de modo que estará allí por si reciben alguna llamada pidiendo un rescate, lo que no creo que ocurra. Y, de todos modos, estos chicos aparecerán seguramente antes de que tú puedas regresar a Dallas.
    —¿Y entonces qué hago yo aquí en medio de esta condenada nada?

    El anciano le lanzó una mirada de curiosidad por encima del hombro.

    —Escucha -dijo Gully entre dientes-. ¿Te acuerdas de la amiga? Sabra le mencionó hace unas semanas que cabía la posibilidad de que ella y Ronnie huyeran a México.

    Apaciguada por el hecho de que estaba más cerca de la frontera mexicana que de Dallas, Tiel preguntó:

    —¿A qué parte de México?
    —No lo sabía. O no quiso decirlo. Linda tuvo que retorcerle el brazo para sacarle eso. No quería traicionar la confianza de Sabra. Pero lo que sí dijo es que el padre de Ronnie -su verdadero padre; su madre se volvió a casar- les apoya en su complicada situación. Hace un tiempo les ofreció su ayuda en caso de que la necesitaran. Y te digo que te sentirás muy mal por haberme gritado cuando te explique dónde cuelga el padre cada día su sombrero.
    —¿En Hera?
    —¿Satisfecha?

    Debería haberse disculpado, pero no lo hizo. Gully la comprendió.

    —¿Quién más sabe esto?
    —Nadie. Pero lo sabrán. Tenemos a nuestro favor que Hera es una ciudad a la que casi sólo se llega a caballo, que no está en ninguna ruta importante.
    —Cuéntame más -murmuró ella.
    —En cuanto corra la voz, todo el mundo tardará un poco en llegar allí, incluso en helicóptero. Definitivamente, tienes ventaja.
    —¡Gully, te quiero! — dijo, excitada-. Dime cómo puedo ir hasta allí.

    La mujer mayor salió entonces del baño de señoras y se reunió con su marido. Le regañó por toquetear la videocámara y le ordenó que la guardara de nuevo en la bolsa antes de que la rompiera.

    —Como si tú fueras una experta en videocámaras -le replicó el hombre.
    —Al menos he dedicado tiempo a leer el libro de instrucciones. Y tú no.

    Tiel se tapó el oído con la mano para oír mejor a Gully.

    —¿Cómo se llama el padre? Davison, me imagino.
    —Tengo dirección y teléfono.

    Tiel anotó la información con la misma rapidez con la que él la soltó.

    —¿Tengo cita con él?
    —Estoy trabajando en ello. A lo mejor no accede a ponerse ante las cámaras.
    —Conseguiré que acceda -dijo ella con confianza.
    —Te mando un helicóptero con un fotógrafo.
    —Mándame a Kip, si está disponible.
    —Podéis encontraros en Hera. Puedes hacer la entrevista mañana, tan pronto como esté arreglado lo de Davison. Y luego, sigues con tu feliz viaje.
    —A menos que allí continúe la historia.
    —Eso es. Esa es la condición, Tiel. — Se lo imaginó sacudiendo la cabeza con terquedad-. Haces esta parte y luego te largas a Angel Fire. Y punto. Fin de la discusión.
    —Lo que tú digas. — No le costaba nada acceder ahora y luego, si los acontecimientos lo justificaban, ya discutirían sobre el tema.
    —Está bien, veamos. Sales de Rojo Flats… -Debía de tener el mapa en la mesa, pues en cuestión de segundos empezó a darle instrucciones sobre cómo llegar-. No deberías tardar mucho en llegar. No tendrás sueño, ¿verdad?

    Nunca estaba más despierta que cuando iba detrás de una historia. Su problema era más bien al contrario, desconectar y dormir.

    —Me compraré algo con cafeína para el camino.
    —Contacta conmigo en cuanto llegues. Te he reservado una habitación en el motel…, sólo hay uno. No tiene pérdida. Me han dicho que está junto al semáforo intermitente, el único que hay. Te esperarán despiertos para entregarte la llave de la habitación. — Cambió de tema y preguntó-: ¿Crees que se cabreará tu nuevo novio?
    —Por última vez, Gully, no hay ningún nuevo novio.

    Colgó y efectuó otra llamada… a su nuevo novio.

    Joseph Marcus estaba tan enganchado al trabajo como ella. Tenía programado tomar un avión a primera hora del día siguiente, de modo que se imaginó que estaría trabajando en su despacho hasta tarde, poniéndolo todo en orden antes de ausentarse varios días. Tenía razón. Cogió el teléfono del despacho al segundo tono.

    —¿Te pagan las horas extras? — le preguntó, bromeando.
    —¿Tiel? Hola. Me alegro de oírte.
    —Es muy tarde. Temía que no respondieras.
    —Un acto reflejo. ¿Dónde estás?
    —En medio de la nada.
    —¿Va todo bien? ¿Has tenido algún problema con el coche o algo por el estilo?
    —No, todo marcha estupendamente. Te llamaba por un par de cosas. Primero, porque te echo de menos.

    Era la estrategia a seguir. Dejar claro que el viaje seguía en pie. Dejar claro que se trataba de un retraso, no de una cancelación. Asegurarle que todo era maravilloso, luego informarle del pequeño cambio en sus planes de escapada romántica.

    —Si me viste anoche.
    —Pero muy poco tiempo, y ha sido un día muy largo. En segundo lugar, llamaba para recordarte que pongas un bañador en la maleta. La sauna de los apartamentos es pública.

    Después de una pausa, le dijo él:

    —De hecho, Tiel, te agradezco que llames. Necesitaba hablar contigo.

    Algo en ese tono de voz impidió a Tiel seguir diciendo tonterías. Dejó de hablar y esperó a que fuese él quien llenase el silencio que se prolongaba entre los dos.

    —Podría haberte llamado hoy al móvil, pero no es el tipo de cosas que… El hecho es que… Y estoy fatal por esto. No te imaginas cuánto lo siento.

    Tiel estaba con la mirada clavada en las innumerables perforaciones del metal que rodeaba el teléfono.

    Permaneció tanto rato mirándolas fijamente que los agujeritos empezaron a juntarse. Absorta, se preguntó para qué servirían.

    —Me temo que no puedo escaparme mañana.

    Ella había estado conteniendo la respiración. Y soltó el aire, liberada. Aquel cambio de planes le aliviaba la culpabilidad que sentía por tener que ser ella quien los cambiara.

    Sin embargo, antes de que pudiera hablar, prosiguió él:

    —Sé las ganas que tenías de hacer este viaje. Igual que yo -se apresuró a añadir.
    —Permíteme que te lo ponga más fácil, Joseph. — Tímidamente, se confesó-: La verdad es que llamaba para decirte que necesito un par de días antes de llegar a Angel Fire. De modo que no pasa nada si lo retrasamos un poco. ¿Crees que podríamos reunimos, pongamos… el martes en lugar de mañana?
    —No entiendes lo que pretendo decirte, Tiel. No podemos reunimos.

    Los agujeritos volvieron a juntarse.

    —¡Oh! Ya veo. ¡Qué desilusión! Bueno…
    —La situación es muy tensa. Mi esposa encontró el billete de avión y…
    —¿Perdón?
    —He dicho que mi esposa encontró…
    —¿Estás casado?
    —Bueno…, sí. Pensé que lo sabías.
    —No. — Notaba los músculos de la cara rígidos e inflexibles-. No habías mencionado la existencia de la señora Marcus.
    —Porque mi matrimonio no tiene nada que ver contigo, con nosotros. Hace mucho tiempo que no es un matrimonio de verdad. En cuanto te explique mi situación en casa, lo comprenderás.
    —Estás casado. — Esta vez era una afirmación, no una pregunta.
    —Tiel, escucha…
    —No, no, no pienso escuchar, Joseph. Lo que voy a hacer es colgarte, hijo de puta.

    Se aferró al auricular que diez minutos antes había sido tan reacia a tocar, y siguió así incluso después de devolverlo a su sitio. Se apoyó en el teléfono, su frente presionaba con fuerza el metal perforado mientras sus manos sujetaban el grasiento auricular.

    Casado. Parecía demasiado bueno para ser verdad, y lo era. El guapo, encantador, simpático, ingenioso, atlético, exitoso y económicamente seguro Joseph Marcus estaba casado. De no ser por un billete de avión, habría tenido un romance con un hombre casado.

    Reprimió las náuseas y dedicó un momento más a recuperarse. Más tarde mimaría su ego herido, se recriminaría ser tan ingenua y lo maldeciría hasta no poder más. Pero en aquel momento tenía trabajo que hacer.

    La revelación de Joseph la había dejado tambaleándose de incredulidad. Estaba inmensamente furiosa. Se sentía terriblemente herida, pero lo que por encima de todo la incomodaba era su candidez. Razón de más para no permitir que aquel hijo de puta influyera en su rendimiento profesional.

    El trabajo era su panacea, su apoyo vital. Si estaba feliz, trabajaba. Si estaba triste, trabajaba. Si estaba enferma, trabajaba. El trabajo era la cura de todas sus enfermedades. El trabajo era el remedio para todo…, incluso para una congoja tan profunda que la hacía sentirse como si estuviese a punto de morir.

    Lo sabía perfectamente.

    Recuperó su orgullo, junto con las notas sobre la historia de Dendy y las instrucciones que Gully le había dado para llegar a Hera, Texas, y se obligó a ponerse en marcha.

    En comparación con la penumbra del pasillo, la iluminación con fluorescentes del supermercado resultaba desmesuradamente brillante. El vaquero se había ido. La pareja de ancianos estaba hojeando las revistas. Los dos hombres de habla hispana comían sus burritos y conversaban entre sí en voz baja.

    Tiel intuyó sus miradas abrasadoras al pasar por su lado de camino a las neveras. Uno le dijo algo al otro que le llevó a reírse con disimulo. Era fácil imaginar la naturaleza del comentario. Afortunadamente, su español estaba muy oxidado.

    Abrió la puerta de la nevera y seleccionó para el camino un paquete de seis refrescos de cola de alto voltaje. De uno de los estantes con tentempiés eligió una bolsa de pipas de girasol. En la universidad había descubierto que abrir las pipas saladas para extraer de ellas la semilla era un ejercicio manual que la ayudaba a mantenerse despierta mientras estudiaba. Esperaba que el remedio surtiera también efecto mientras conducía aquella noche.

    Se debatió entre comprar o no una bolsa de caramelos recubiertos de chocolate. El mero hecho de que el asqueroso hombre con el que llevaba semanas saliendo resultara estar casado no significaba que pudiera utilizarlo como excusa para darse un atracón. Por otro lado, si alguna vez había merecido permitirse un capricho…

    La cámara de seguridad situada en la esquina del techo explotó en mil pedazos de vidrio y metal.

    Por instinto, Tiel dio un salto hacia atrás para protegerse de aquel ruido ensordecedor. Pero la cámara no había explotado sola. Acababa de entrar un joven y le había disparado con una pistola. El pistolero apuntó a continuación hacia la cajera, que lanzó un grito agudo antes de que el sonido pareciera congelarse en su garganta.

    —Esto es un atraco -dijo en un tono melodramático, y en cierto sentido innecesario, ya que estaba claro que lo era.

    Y a la joven que lo acompañaba, le dijo:

    —Sabra, vigila a los demás. Avísame si alguien se mueve.
    —De acuerdo, Ronnie.

    «Tal vez muera -pensó Tiel-. Pero al menos tendré mi historia».

    Y no tendría que desplazarse hasta Hera para conseguirla. Le había llegado sola.


    Capítulo 2


    —¡Usted! — Ronnie Davison apuntó con la pistola en dirección a Tiel-. Venga aquí. Tiéndase en el suelo.

    Incapaz de moverse, se limitó a mirarle boquiabierta. Soltó la bolsa de pipas de girasol y el paquete de refrescos, gateó hasta el lugar indicado y se colocó tal y como se le ordenaba. Pasado el susto inicial, se mordió la lengua para no preguntarle por qué estaba complicando el secuestro con un robo a mano armada.

    Pero dudaba de que en aquel momento el joven estuviera receptivo a preguntas. Además, hasta que no supiese lo que tenía pensado para ella y los demás testigos, quizá fuera mejor no revelar que era periodista y que conocía su identidad y la de su cómplice.

    —Vengan aquí y tiéndanse en el suelo -ordenó a la pareja de ancianos-. Vosotros dos. — Apuntó con el arma hacia los mexicanos-. ¡Venga! ¡Moveos!

    Los ancianos obedecieron sin protestar. Los mexicanos permanecieron donde estaban.

    —¡Si no venís aquí, disparo! — gritó Ronnie.

    Sin levantar la cabeza y dirigiendo sus palabras hacia el suelo, dijo Tiel:

    —No hablan inglés.
    —¡Cállese!

    Ronnie Davison rompió la barrera del idioma y se hizo entender agitando la pistola. Moviéndose lentamente, a regañadientes, los hombres se unieron en el suelo a Tiel y a la pareja de ancianos.

    —Las manos detrás de la cabeza.

    Tiel y los demás hicieron lo que se les pedía.

    Con los años, Tiel había cubierto docenas de noticias en las que transeúntes inocentes, que se habían convertido en testigos de un crimen, acababan encontrándose en el escenario del mismo tendidos bocabajo en el suelo y muertos de un disparo en la nuca, ejecutados sin ningún motivo excepto el de encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado. ¿Estaría su vida destinada a acabar así?

    Curiosamente, más que miedo sentía rabia. ¡No había hecho aún todo lo que quería hacer! Practicar el snowboard le parecía una gozada, pero no había tenido todavía tiempo de intentarlo. Mejor dicho: no se había tomado el tiempo libre necesario para intentarlo. Nunca había visitado el valle de Napa. Quería ver París otra vez, no como una estudiante de secundaria bajo supervisión estricta, sino por su cuenta, libre para callejear a su antojo por los bulevares.

    Había objetivos todavía pendientes de alcanzar.

    Cuántas historias le quedarían por cubrir si su vida terminaba en aquel momento. Nine Live ficharía a Linda Harper por defecto, y eso no era justo en absoluto.

    Además, no todos sus sueños tenían que ver con lo profesional. Ella y otras amigas solteras bromeaban sobre el reloj biológico pero, en privado, su tictac incesante la angustiaba. Si moría aquella noche, lo de tener un hijo pasaría a ser uno más de sus muchos sueños sin cumplir.

    Luego estaba lo otro. Lo más importante. Aquel poderoso sentimiento de culpa que alimentaba su ambición. Aún no había hecho lo suficiente como para hacer las paces con ello. No había expiado todavía las duras palabras pronunciadas con rabia e impertinencia y que, trágicamente, habían resultado proféticas. Tenía que vivir para resarcir ese agravio.

    Contuvo la respiración, esperando la muerte.

    Pero Davison tenía la atención puesta en otra cosa.

    —Usted, el del rincón -gritó el joven-. ¡Venga aquí! O mataré a los viejos. Depende de usted.

    Tiel levantó la cabeza lo justo para poder ver por el espejo de aumento colocado en una esquina a la altura del techo. Se había equivocado. El vaquero no se había ido. Vio por el espejo cómo, con toda calma, devolvía un libro de bolsillo a su correspondiente lugar en el expositor giratorio. Avanzó despacio por el pasillo, se quitó el sombrero y lo dejó sobre un estante. A Tiel le dio la impresión de que lo conocía, pero lo atribuyó a que lo había visto antes, cuando había entrado en el establecimiento.

    Los ojos, que mantenía fijos en Ronnie Davison, tenían en sus extremos el rastro de unas finas arrugas. Su boca, una mueca de gravedad. Una cara que decía «No juegues conmigo» y que Ronnie Davison leyó muy bien. Nervioso, fue pasando la pistola de una mano a otra hasta que el vaquero quedó tendido junto a uno de los mexicanos con las manos enlazadas detrás de la cabeza.

    Mientras sucedía todo eso, la cajera había ido vaciando el contenido de la caja en una bolsa de plástico.

    Al parecer, aquel remoto establecimiento no estaba equipado con una caja de seguridad nocturna a la que fuera a parar automáticamente el dinero. Por lo que Tiel pudo distinguir, la bolsa que Sabra Dendy cogió de manos de la cajera guardaba una cantidad apreciable de dinero.

    —Tengo el dinero, Ronnie -dijo la hija de uno de los hombres más ricos de Fort Worth.
    —Muy bien. — Dudó, como si no estuviese seguro de qué hacer a continuación-. Usted -dijo, dirigiéndose a la aterrorizada cajera-. Tiéndase en el suelo con los demás.

    Debía de pesar unos cuarenta kilos y desconocer la existencia de la crema de protección solar. La piel que le colgaba de los huesudos brazos era como un pellejo. Tiel se dio cuenta de ello mientras la diminuta mujer se tendía a su lado. El terror le había provocado un hipo espasmódico.

    Cada uno tenía su propia manera de reaccionar al miedo. La pareja de ancianos había desobedecido las órdenes de Ronnie de mantener las manos en la nuca. La mano derecha del hombre sujetaba con fuerza la izquierda de su mujer.

    «Ya está -pensó Tiel-. Ahora nos matará a todos».

    Cerró los ojos e intentó rezar, pero llevaba bastante tiempo sin practicar. No se acordaba de ningún pasaje especialmente poético de la Biblia. Quería que su súplica resultara elocuente y conmovedora, convincente e impresionante, lo bastante atractiva como para distraer a Dios de las demás plegarias que le llegaran en aquel preciso momento.

    Pero era probable que Dios no aprobara los motivos puramente egoístas por los que quería seguir con vida, de modo que lo único que se le ocurrió fue: «Padre celestial, no dejes que muera, por favor».

    Cuando el grito quebró el silencio, Tiel pensó que procedía de la cajera. Miró rápidamente a la mujer que tenía a su lado para ver la inexplicable tortura a la que había sido sometida. Pero la mujer seguía gimoteando, no gritando.

    La que había gritado era Sabra Dendy, y aquel primer sonido sorprendente fue seguido por un «¡Oh, Dios mío! ¡Ronnie!».

    El chico corrió hacia ella.

    —¿Sabra? ¿Qué pasa? ¿Qué sucede?
    —Creo que es… ¡Oh!, Dios mío.

    Tiel no pudo evitarlo. Levantó la cabeza para ver qué sucedía. La chica lloriqueaba y miraba horrorizada el charco de líquido que se había formado a sus pies.

    —Ha roto aguas.

    Ronnie volvió rápidamente la cabeza y miró fijamente a Tiel.

    —¿Qué?
    —Que ha roto aguas. — Repitió la afirmación con más aplomo del que en realidad tenía. De hecho, el corazón le martilleaba. Aquello podría ser la chispa que encendiera al chico y le hiciera llevar las cosas a una rápida conclusión, como matarlos a todos, para luego ocuparse de la crisis de su novia.
    —Tiene razón, joven. — Sin miedo, la anciana se sentó y se dirigió a él con la temeridad que había demostrado al sermonear a su marido por toquetear la videocámara-. El niño está llegando.
    —¿Ronnie? ¿Ronnie? — Sabra se remetió entre los muslos la falda del vestido playero, como pretendiendo impedir el curso de la naturaleza. Dobló las rodillas y fue bajando hasta quedarse sentada sobre sus talones-. ¿Qué podemos hacer?

    Era evidente que la chica estaba asustada. Ni ella ni Ronnie parecían expertos en robos a mano armada. Ni en partos tampoco. Haciendo acopio de la misma valentía que había demostrado la anciana, Tiel se sentó también.

    —Yo sugeriría…
    —¡Cállese! — gritó Ronnie-. ¡Que todo el mundo se calle!

    Se arrodilló junto a Sabra sin dejar de apuntar con la pistola.

    —¿Tienen razón? ¿Significa esto que llega el bebé?
    —Creo que sí. — Sabra movió afirmativamente la cabeza, agitando con ello las lágrimas y dejándolas rodar mejillas abajo-. Lo siento.
    —No pasa nada. ¿Cuánto tiempo…? ¿Cuánto tiempo tenemos antes de que nazca?
    —No lo sé. Creo que varía.
    —¿Te duele?

    Le llegó a los ojos una nueva oleada de lágrimas.

    —Lleva doliéndome un par de horas.
    —¡Un par de horas! — gritó él, alarmado.
    —Pero sólo un poco. No pasa nada.
    —¿Cuánto hace que empezó? ¿Por qué no me lo dijiste?
    —Si se ha puesto de parto…
    —¡Le he dicho que se calle! — le gritó a Tiel.
    —Si se ha puesto de parto hace un rato -insistió ella, empeñada en sostenerle la mirada-, será mejor que pidas asistencia médica. Inmediatamente.
    —No -dijo Sabra al instante-. No la escuches, Ronnie. — Le agarró por la manga-. Estoy bien. Estoy…

    Le vino un dolor. Estaba desencajada. Respiraba con dificultad.

    —¡Oh!, Dios. Dios mío. — Ronnie examinó la cara de Sabra, mordiéndose el labio. La mano que sujetaba la pistola titubeaba.

    Uno de los mexicanos -el más bajo de los dos- se puso de pronto en pie y se abalanzó hacia la pareja.

    —¡No! — gritó Tiel.

    El vaquero intentó agarrar al mexicano por la pierna, pero falló.

    Ronnie disparó la pistola.

    La bala hizo añicos el cristal del armario refrigerado, lo que provocó un ruido horripilante, y taladró una garrafa de plástico. Todo quedó salpicado por cristales y leche.

    El mexicano se detuvo en seco. Pero antes de detenerse del todo, la inercia hizo que su cuerpo se balanceara ligeramente hacia delante, luego hacia atrás, como si las botas se hubiesen quedado pegadas al suelo.

    —¡No te muevas o disparo!

    Ronnie tenía la cara congestionada. No era necesario hablar el mismo idioma para transmitir el mensaje. El más alto de los dos se dirigió a su amigo en español y en voz baja. El hombre retrocedió hasta llegar a su punto de partida, y entonces volvió a sentarse.

    Tiel lo miró de reojo.

    —Podría haberte volado esa estúpida cabeza tuya. Guárdate tu machismo para otra ocasión, ¿de acuerdo? No quiero que me maten por eso.

    Pese a no comprender nada, el tipo captó por dónde iba. De forma arrogante, su mirada ardía de rencor por verse censurado por una mujer, pero a ella la traía sin cuidado.

    Tiel se volvió hacia la joven pareja.

    Sabra estaba ahora tendida en el suelo de costado, las rodillas dobladas sobre el pecho. De momento, estaba tranquila.

    Sin embargo, Ronnie estaba a punto de perder los nervios. A Tiel le costaba creer que a lo largo de una única tarde un estudiante que nunca había causado problemas se hubiese transformado en un asesino a sangre fría. No creía que el chico tuviera pensado matar a nadie, ni siquiera en defensa propia. De haberle querido dar al hombre que había cargado contra él, lo habría tenido fácil. Pero, en cambio, parecía más molesto que nadie por haber tenido que disparar la pistola. Tiel suponía que había errado el tiro intencionadamente y que había disparado sólo para acentuar su amenaza.

    O podía estar completa y terriblemente equivocada.

    Según la información de Gully, Ronnie Davison procedía de un hogar roto. Su verdadero padre vivía lejos, de modo que las visitas no podían haber sido demasiado frecuentes. Ronnie vivía con su madre y su padrastro. ¿Y si todas estas circunstancias hubieran supuesto un problema para el pequeño Ronnie? ¿Y si su personalidad se hubiera visto alterada por la separación forzosa de su padre y llevara años reprimiendo su odio y su desconfianza? ¿Y si hubiera estado ocultando sus instintos asesinos tan bien como él y Sabra habían logrado ocultar el embarazo? ¿Y si la reacción de Russell Dendy a la noticia le hubiera llevado al borde del abismo?

    Estaba desesperado, y la desesperación era un elemento motivador muy peligroso.

    Seguramente, ella sería la primera en recibir el disparo por haber hablado. Pero no podía quedarse allí en el suelo y morir sin al menos haber intentado evitarlo.

    —Si esta chica te importa algo…
    —Ya le he dicho antes que se callara.
    —Sólo intento evitar un desastre, Ronnie. — Puesto que él y Sabra habían estado hablando entre sí, no le extrañaría que conociese su nombre-. Si no consigues ayuda para Sabra, te arrepentirás de ello durante el resto de tu vida. — La escuchaba, de modo que decidió aprovechar su apreciable indecisión-. Supongo que el niño es tuyo.
    —¿Qué demonios se cree? Claro que es mío.
    —Entonces estoy segura de que su bienestar te preocupa tanto como el de Sabra. Necesita asistencia médica.
    —No le hagas caso, Ronnie -dijo Sabra con voz débil-. El dolor va mejor. Tal vez fuera una falsa alarma y nada más. Estaré bien si puedo descansar un poco.
    —Puedo llevarte a un hospital. Tiene que haber alguno por aquí cerca.
    —¡No! — Sabra se sentó y le agarró por los hombros. Lo descubriría. Vendría a por nosotros. No. Esta noche seguiremos conduciendo hasta llegar a México. Podemos conseguirlo, ahora que tenemos algo de dinero.
    —Podría llamar a mi padre…

    Ella negó con la cabeza.

    —A estas alturas, es probable que papá haya ya contactado con él. Que lo haya sobornado o algo por el estilo. Lo haremos solos, Ronnie, lo quiero así. Ayúdame a incorporarme. Vamonos de aquí. — Pero le sobrevino otro dolor mientras luchaba por levantarse y se llevó la mano al abdomen-. ¡Oh, Dios mío, oh, Dios mío!
    —Esto es una locura. — Antes de que a Tiel le diese tiempo de procesar la orden emitida por su cerebro, ya estaba en pie.
    —¡Oiga, usted! — gritó Ronnie-. Vuelva al suelo.

    Tiel le hizo caso omiso, pasó por su lado y se agachó junto a la chica.

    —¿Sabra? — Le cogió la mano-. Apriétame la mano hasta que pase el dolor. Eso te ayudará.

    Sabra le cogió la mano con tanta fuerza que Tiel temió que le hiciese picadillo los huesos. Pero lo aguantó, y juntas superaron la contracción. Cuando las facciones de la chica empezaron a relajarse, Tiel susurró:

    —¿Mejor ahora?
    —Hmm. — Entonces, presa del pánico, preguntó-: ¿Dónde está Ronnie?
    —Está aquí.
    —No te abandonaré, Sabra.
    —Creo -dijo Tiel- que deberías decirle que llamara a urgencias.
    —No.
    —Pero corres peligro, y también el bebé.
    —Nos encontraría. Nos atraparía.
    —¿Quién? — preguntó Tiel, aun sabiéndolo. Russell Dendy. Tenía reputación de ser un implacable hombre de negocios. Por lo que sabía de él, Tiel no se lo imaginaba más flexible en sus relaciones personales.

    Habló entonces Ronnie, rudamente:

    —Vuelva con los demás, señora. Eso no le importa.
    —Ha empezado a importarme desde el momento en que me has apuntado con una pistola y has amenazado mi vida.
    —Vuelva allí.
    —No.
    —Mire, señora…

    Vaciló al ver que un coche estacionaba en el aparcamiento. La luz de los faros barrió el establecimiento.

    —¡Maldita sea! ¡Oiga, señora! — Se acercó a la cajera y la sacudió con la punta del zapato-. Levántese. Apague las luces y cierre la puerta con llave.

    La mujer negó con la cabeza, rehusando hacer caso de lo que le decía, a pesar de lo precario de la situación.

    —Haga lo que dice -le dijo la anciana, que seguía a su lado-. No nos pasará nada si hacemos lo que nos dice.
    —¡Rápido! — El coche acabó deteniéndose junto a uno de los surtidores de gasolina-. Apague las luces y cierre la puerta.

    La mujer se puso en pie, tambaleándose.

    —Se supone que no debo cerrar hasta las once. Faltan todavía diez minutos.

    De no haber sido tan tensas las circunstancias, Tiel se habría reído de su observancia ciega de las reglas.

    —Apagúelas ahora mismo. Antes de que salga del coche -dijo Ronnie.

    Avanzó hacia el mostrador, con los zuecos golpeándole los talones. Las luces del exterior se apagaron con sólo tocar un interruptor.

    —Ahora cierre la puerta.

    Sin que cesase su clic-clac, se dirigió hacia otro panel de control situado detrás del mostrador y le dio a otro interruptor. Las puertas se cerraron electrónicamente con un sonoro crujido.

    —¿Cómo se abren? — le preguntó Ronnie.

    Era un chico listo, pensó Tiel. No quería quedarse atrapado dentro.

    —Sólo con darle de nuevo al interruptor -respondió la cajera.

    El vaquero y los dos mexicanos seguían tendidos en el suelo bocabajo y con las manos en la nuca. El hombre que se estaba acercando a la puerta no podía verlos. Tiel y Sabra, en un pasillo situado entre dos hileras de estanterías, quedaban también fuera de su campo de visión.

    —Que nadie se mueva. — Ronnie se agachó sobre la mujer de más edad y la agarró por el brazo para levantarla.
    —¡No! — gritó su esposo-. Déjala en paz.
    —¡Cállese! — ordenó Ronnie-. Si alguien se mueve, le disparo.
    —No va a dispararme, Vern -le dijo ella a su esposo-. No me pasará nada siempre y cuando todo el mundo conserve la calma.

    La mujer siguió las instrucciones de Ronnie y se agazapó junto a él detrás de una nevera de refrescos de forma cilindrica. El chico controlaba perfectamente la puerta desde detrás de la máquina.

    El cliente trató de abrir, descubrió que estaba cerrado y gritó.

    —¡Donna! ¿Estás ahí? ¿Cómo es que has apagado las luces?

    Donna, llorando detrás del mostrador, permaneció muda.

    El cliente atisbo por el cristal.

    —Ya te veo -dijo, al descubrirla-. ¿Qué pasa?
    —Respóndale -le ordenó Ronnie en un susurro.
    —Estoy…, estoy enferma -dijo ella, lo bastante fuerte como para que pudiese oírse al otro lado de la puerta.
    —Demonios, no puedes tener nada que no haya tenido yo ya. Abre. Sólo quiero diez dólares de gasolina y un paquete de seis de Miller Light.
    —No puedo -gritó ella, con los ojos llenos de lágrimas.
    —Vamos, Donna. Será un momento y me largo. Todavía no son las once. Abre la puerta.
    —No puedo -aclaró ella al mismo tiempo que su voz se elevaba hasta el grito-. Tiene una pistola y va a matarnos a todos. — Se dejó caer tras el mostrador.
    —¡Mierda!

    Tiel no sabía quién había soltado la palabrota, pero reflejaba exactamente lo que ella pensaba. Pensaba también que si Ronnie Davison no disparaba a Donna, la cajera, tal vez ella sí lo habría hecho.

    El hombre de la puerta retrocedió, luego dio un traspié, se volvió y salió corriendo hacia el coche. El vehículo dio marcha atrás, derrapando, giró y volvió a la carretera.

    El anciano imploraba:

    —No le hagas daño a mi mujer. Te lo suplico, no le hagas nada a Gladys. No le hagas daño a mi Gladys.
    —Cállate, Vern. Estoy bien.

    Ronnie le gritaba a Donna con rabia por haber sido tan estúpida.

    —¿Por qué ha hecho esto? ¿Por qué? Ese tipo llamará a la policía. Estaremos atrapados. Por todos los demonios, ¿por qué ha hecho eso?

    Se le partía la voz de frustración y miedo. Tiel supuso que estaba tan espantado como todos los demás. Incluso más. Porque, independientemente de cómo acabara solventándose la situación, tendría que enfrentarse no sólo a las consecuencias legales, sino también a la ira de Russell Dendy. Que Dios le ayudara.

    El joven ordenó a la cajera que saliese de detrás del mostrador y se situara en un lugar donde él pudiera verla.

    Tiel no estaba segura de que ella fuera a obedecerle. Tenía toda la atención centrada en la chica, que sufría una nueva contracción.

    —Apriétame la mano, Sabra. Respira. — ¿No era eso lo que se suponía que tenían que hacer las mujeres cuando se ponían de parto? ¿Respirar? Era lo que hacían en las películas. Soplaban y resoplaban y… gritaban hasta no poder más-. Respira, Sabra.
    —¡Oiga! ¡Oiga! — gritó de repente Ronnie-. ¿Adonde piensa usted que va? Vuelva allí y échese al suelo. ¡Lo digo en serio!

    No era momento de andar provocando al irritado joven, y Tiel pretendía decirle a quien quisiera que estuviese haciéndolo que lo dejase correr. Levantó la vista, pero se calló los reproches en cuanto el vaquero se arrodilló al otro lado de Sabra.

    —¡Aléjese de ella! — Ronnie acercó el cañón de la pistola a la sien del vaquero, un movimiento que fue ignorado al instante, igual que los gritos de amenaza del joven.

    Unas manos que parecían acostumbradas a manejar tachuelas y postes de alambradas acabaron posándose sobre el abdomen de la chica. Lo palparon con delicadeza.

    —Puedo ayudarla. — Tenía la voz ronca, como si llevara mucho tiempo sin hablar, como si el polvo del oeste de Texas se hubiese acumulado en sus cuerdas vocales. Miró a Ronnie-. Me llaman Doc.
    —¿Es usted médico? — preguntó Tiel.

    Su mirada calmada se dirigió hacia ella y repitió:

    —Puedo ayudarla.


    Capítulo 3


    —No la toque -dijo Ronnie con ferocidad-. Aparte sus sucias manos de ella.

    El hombre llamado Doc siguió presionando el abdomen de la chica.

    —Está en la primera o la segunda fase del parto. Sin saber hasta qué punto está dilatada, es difícil calibrar lo cerca que está del final. Pero los dolores son frecuentes, por lo que supongo que…
    —¿Supone?

    Sin hacer caso a las palabras de Ronnie, Doc le dio a Sabra una palmadita en el hombro para animarla.

    —¿Es tu primer bebé?
    —Sí, señor.
    —Puedes llamarme Doc.
    —De acuerdo.
    —¿Cuánto hace que empezaste a notar los primeros dolores?
    —Al principio era una sensación rara, ¿sabe? Bueno, me imagino que no lo sabe.

    Él sonrió.

    —No tengo experiencia personal en el tema, no. Descríbeme qué sientes.
    —Como justo antes de la regla. Más o menos.
    —¿Una presión aquí abajo? ¿Y unas punzadas muy fuertes?
    —Sí. Muy fuertes. Y dolor en los ríñones. Creí que simplemente estaba cansada por llevar tanto tiempo seguido sentada en el coche, pero cada vez era peor. No quise decir nada.

    Su mirada se trasladó a Ronnie, que asomaba por encima de las anchas espaldas de Doc. Estaba pendiente de todas y cada una de sus palabras, pero sin dejar en ningún momento de apuntar la pistola hacia las personas que seguían tendidas en el suelo como cerillas en fila.

    —¿Cuándo empezaron los síntomas? — preguntó Doc.
    —Hacia las tres de esta tarde.
    —Por Dios, Sabra -gruñó Ronnie-. ¿Ocho horas? ¿Por qué no me lo dijiste?

    Se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas.

    —Porque habría arruinado nuestros planes. Quería estar contigo pasase lo que pasase.
    —Calla. — Tiel le acarició la mano-. Si lloras te sentirás peor. Piensa en el bebé que viene en camino. Ya no puede faltar mucho. — Miró a Doc-. ¿No es eso?
    —Cuando se trata de un primer hijo, nunca se sabe.
    —¿Qué supone?
    —Dos, tres horas. — Se levantó para mirar a Ronnie cara a cara-. El nacimiento será esta noche. Lo fácil o difícil que sean el parto y el nacimiento depende de vosotros. Necesita un hospital, una sala de partos bien equipada y personal médico. Además, el bebé precisará de atención médica inmediata después de nacer. Ésta es la situación. ¿Qué piensas hacer?

    Sabra gritó con la llegada de otro dolor. Doc se agachó a su lado y monitorizó la contracción poniéndole las manos sobre el abdomen. Su brusca manera de fruncir el entrecejo alertó a Tiel hasta preocuparla.

    —¿Qué sucede? — le preguntó.
    —No tiene buena pinta.
    —¿Qué?

    Él hizo un movimiento negativo con la cabeza, indicando con ello que no quería comentarlo delante de la chica. Pero Sabra Dendy no era tonta. Captó su preocupación.

    —Algo va mal, ¿verdad?

    Hay que decir a favor de Doc que no se anduvo con rodeos.

    —No va mal, Sabra. Sólo que es un poco más complicado.
    —¿Qué?
    —¿Sabes lo que significa un parto de nalgas?

    Tiel se quedó sin respiración. Oyó el sonido de lamentación de Gladys.

    —Es cuando el bebé… -Sabra hizo una pausa para tragar saliva-. Cuando el bebé está colocado al revés.

    Él asintió solemnemente.

    —Creo que tu bebé está mal colocado. No tiene la cabeza hacia abajo.

    La chica empezó a sollozar.

    —¿Qué puede hacer?
    —A veces no es necesario hacer nada. El bebé se da la vuelta solo.
    —¿Qué es lo peor que puede ocurrir?

    Doc miró a Ronnie, que era quien había formulado la pregunta.

    —Se realiza una cesárea, lo que evita a la madre y el niño un parto penoso y duro. El nacimiento por vía vaginal resulta peligroso y puede poner la vida de ambos en peligro. Sabiendo esto, ¿permitirás que alguien llame a urgencias y consiga ayuda para Sabra?
    —¡No! — gritó la chica-. ¡No pienso ir a ningún hospital, no lo haré!

    Doc le dio la mano.

    —Tu bebé podría morir, Sabra.
    —Usted puede ayudarme.
    —No tengo el equipo necesario.
    —Puede hacerlo de todos modos. Sé que puede.
    —Sabra, escúchale, por favor -le aconsejó Tiel-. Sabe de qué habla. Un parto de nalgas podría ser extremadamente doloroso. Además podría poner en peligro la vida del bebé o causarle graves deficiencias. Por favor, pídele a Ronnie que siga el consejo de Doc. Que nos deje llamar a urgencias.
    —No -dijo ella, negando con terquedad con la cabeza-. No entienden nada. Mi padre juró que ni yo ni Ronnie volveríamos a ver al bebé después de su nacimiento. Quiere darlo.
    —Dudo que…

    Pero Sabra no dejó terminar a Tiel.

    —Dijo que el bebé no significaría para él más que un cachorro no deseado que se entrega en la perrera. Y cuando dice algo, lo dice en serio. Se llevará a nuestro bebé y nunca volveremos a verlo. Además, nos separará. Dijo que lo haría y lo hará. — Empezó a sollozar.
    —¡Oh!, pobre -murmuró Gladys-. Pobrecitos.

    Tiel miró a los demás por encima del hombro. Vern y Gladys se habían sentado, estaban acurrucados el uno contra el otro, él abrazándola de modo protector. Ambos contemplaban apesadumbrados la escena.

    Los dos mexicanos hablaban entre sí en voz baja, lanzando hostiles miradas a su alrededor. Tiel esperaba que no estuviesen tramando otro intento de vencer a Ronnie. Donna, la cajera, seguía tendida en el suelo bocabajo, pero murmuró:

    —Pobrecitos…, lo dudo. Casi me mata.

    Ronnie, que acababa de tomar una decisión, miró a Doc y dijo:

    —Sabra quiere que la ayude usted.

    Doc pareció a punto de rebatirle. Pero entonces, quizá por el factor tiempo, cambió de idea.

    —Está bien. Por lo pronto, haré lo que pueda, empezando por una exploración interna.
    —Se refiere a…
    —Sí. A eso me refiero. Necesito saber hasta qué punto está avanzado el parto. Necesito algo con lo que poder esterilizarme las manos.
    —Tengo un producto para lavarse las manos sin agua -le dijo Tiel-. Es antibacteriano.
    —Muy bien. Gracias.

    Hizo el amago de levantarse, pero Ronnie la detuvo.

    —Vaya a buscarlo y vuelva enseguida. Recuerde que la vigilo.

    Regresó al punto donde había soltado el bolso, los refrescos y las pipas de girasol. Extrajo del bolso el bote de plástico con el producto para lavar las manos. Entonces, llamando la atención de Vern, hizo ver como si se llevara una videocámara al ojo. De entrada, él se quedó perplejo, pero entonces Gladys le dio un codazo en las costillas y le susurró alguna cosa al oído. Asintiendo, indicó con la barbilla en dirección al expositor de revistas. Tiel recordó que cuando el atraco había empezado ellos estaban deambulando por allí.

    Regresó con el bote y se lo entregó a Doc.

    —¿No deberíamos ponerle algo debajo?
    —En el coche tenemos pañales infantiles.
    —¡Gladys! — exclamó Vern, avergonzado por la confesión de su esposa.
    —Nos vendrían estupendamente -dijo Tiel, recordando los apositos protectores desechables que había visto en la cama del tío Pete en la residencia. Con ellos, el personal se evitaba tener que cambiar toda la ropa de cama cada vez que un residente sufría un accidente-. Iré a por ellos.
    —Y un cuerno -se opuso Ronnie-. Usted no. Que vaya este señor. Ella -dijo, apuntando a Gladys con la pistola-, ella se queda aquí.

    Gladys le dio un golpecito cariñoso a la huesuda rodilla de Vern.

    —No me pasará nada, cariño.
    —¿Estás segura? Si te sucediese cualquier cosa…
    —No me pasará nada. Este chico tiene más cosas por las que preocuparse que por mí.

    Vern despegó del suelo su raquítico cuerpo, sacudió el trasero de su pantalón corto y se dirigió hacia la puerta.

    —Es evidente que no puedo traspasar el cristal.

    Ronnie le dio un codazo a Donna, quien al instante empezó a implorarle que le perdonara la vida. Le ordenó que callase y que abriera la puerta, lo que hizo al momento.

    En la puerta, Ronnie y el anciano intercambiaron una mirada llena de significado.

    —No te preocupes, volveré -le aseguró el anciano. No haría nada que pusiese en peligro la vida de mi esposa. — Y, pese a que Ronnie Davison pesaba veinte kilos más que él y le sacaba un palmo de altura, le lanzó una advertencia-. Si le haces daño, te mato.

    Ronnie abrió la puerta de un empujón y Vern salió. Su intento de correr un poco fue inintencionadamente cómico. Tiel observó su avance por el aparcamiento hasta llegar a los surtidores de gasolina y subir al Winnebago.

    Doc hablaba con Sabra animándola durante otra contracción. Cuando cedió, la chica se relajó y cerró los ojos. Tiel miró a Doc, que observaba a la chica.

    —¿Qué más necesitaría?
    —Guantes.
    —Veré qué puedo encontrar.
    —Y un poco de vinagre.
    —¿Vinagre destilado normal?
    —Hmm. — Después de una breve pausa, comentó-: Se muestra usted tremendamente fría bajo presión.
    —Gracias. — Siguieron observando a la chica, quien, por el momento, parecía haberse quedado dormida. Tiel preguntó en voz baja-: ¿Acabará mal?

    Los labios del vaquero se comprimieron en una tensa línea.

    —No, si puedo evitarlo.
    —¿Cómo de mal…?
    —¿Qué murmuran ustedes dos?

    Tiel miró a Ronnie.

    —Doc necesita unos guantes. Iba a preguntarle a Donna si tienen en la tienda.
    —De acuerdo, adelante.

    Dejó a Sabra para avanzar hacia el mostrador. Donna estaba de pie tras él, esperando para abrir la puerta en cuanto Vern regresara. Miró a Tiel con recelo.

    —¿Qué quiere?
    —Donna, por favor, mantenga la calma. La histeria no hace más que empeorar la situación. De momento, estamos todos seguros.
    —¿Seguros?!Ja! Es la tercera vez que me pasa.
    —¿Que la atracan?
    —Mi suerte está condenada a agotarse. La primera vez eran tres. Llegaron tranquilamente, vaciaron la caja y me encerraron en el congelador. De no haber aparecido el repartidor de leche y yogures, me habrían encontrado muerta. La segunda vez, un tipo enmascarado me aporreó en la cabeza con la culata de la pistola. Sufrí una conmoción cerebral y estuve seis semanas sin trabajar por los fuertes dolores de cabeza. Estaba tan mareada, que me pasaba el día vomitando. — Su estrecho pecho subió y bajó al ritmo de un profundo suspiro de resignación. Es sólo cuestión de tiempo. Las probabilidades van en mi contra y uno de estos días acabaré muerta. ¿Cree que nos dejarán fumar?
    —Si tanto miedo tiene, ¿por qué no lo deja y se busca otro trabajo?

    Miró a Tiel como si se hubiese vuelto loca.

    —Mi trabajo me gusta.

    Si ésa era la lógica, tal vez sí fuese verdad que Tiel se estaba volviendo loca.

    —¿Tiene guantes de látex en la tienda? De esos que utilizan los médicos.

    Movió su cabeza con rizos de permanente.

    —De la marca Rubbermaid. Sí. Creo que tengo dos pares más allá, junto a los productos de limpieza del hogar.
    —Gracias. Tranquilícese, Donna.

    Cuando Tiel pasó junto a Gladys, se inclinó y le dijo en voz baja:

    —¿Hay cinta en la videocámara?

    La anciana asintió.

    —Quedan dos horas. Y está rebobinada. A menos que Vern lo echase todo a perder cuando estuvo toqueteándola.
    —Si puedo traérsela…
    —¡Eh! — gritó Ronnie-. ¿De qué cuchichean ahora?
    —Teme por su esposo. Estaba tranquilizándola.
    —Ahí está -dijo Gladys, señalando hacia la puerta.

    Donna quitó el pestillo automático y entró Vern, tambaleándose todo él excepto sus piernas de palillo, y oculto detrás de un montón de ropa de cama. Ronnie le ordenó dejar en el suelo la montaña de cojines y mantas, pero el anciano se negó.

    —Está todo limpio. Si lo dejo caer, se ensuciará. La señora necesita un lugar confortable y he pensado que estas toallas también podrían ser útiles.
    —De hecho, es muy buena idea, Ronnie -dijo Tiel-. Puedes examinar el material cuando lo haya dejado en el lugar adecuado.

    Además de los pañales que había ido a buscar a la furgoneta, Vern había cogido dos cojines, dos mantas, dos sábanas limpias y varias toallas de baño. Ronnie no encontró nada escondido entre todo aquello y le dio su aprobación a Tiel para que preparara una camilla improvisada, lo que hizo enseguida mientras Sabra se apoyaba con fuerza contra Doc.

    Tiel utilizó una de las sábanas y reservó la otra para después, por si surgía la necesidad. Cuando hubo acabado, Doc acostó a la chica en la improvisada cama. Se instaló en ella agradecida. Tiel le colocó uno de los pañales desechables bajo las caderas.

    —No son para lo que piensan -declaró Vern.

    Tiel y Doc miraron a la vez al anciano, sorprendidos al ver que se inclinaba para hacerles una confidencia.

    —No sufrimos incontinencia.

    Tiel apenas pudo reprimir una sonrisa.

    —No le hemos preguntado al respecto.
    —Estamos de luna de miel -explicó Vern en tono confidencial-. Todas las noches nos ponemos a ello. Y de día también, si nos apura la necesidad. Ya saben lo ardientes que son los novios en luna de miel. Estos pañales no son precisamente lo más cómodo del mundo, pero a ninguno de los dos nos gusta la humedad y así no tenemos que cambiar las sábanas después de cada vez.

    El anciano guiñó un ojo, dio media vuelta y obedeció las instrucciones de Ronnie de reunirse con los demás. Se sentó junto a su esposa, quien le abrazó y le estampó un sonoro beso en la mejilla, alabándolo por su valentía.

    Tiel, percatándose de que estaba boquiabierta, cerró la boca chocando los dientes. Su mirada se deslizó hacia Doc, empeñado en cronometrar los dolores de parto de Sabra, aunque con una sonrisa dibujada en los labios.

    Miró a Tiel levantando las cejas y la sorprendió mirándolo. Emitió un sonido sordo que pasó por una risa.

    —¿Los guantes?
    —¿Qué?
    —¿Ha preguntado por los guantes?
    —¡Oh!, sí, hay dos pares de Rubbermaid.

    Movió la cabeza.

    —Igual de bien que unos guantes de cuero de trabajo. ¿Y qué hay del vinagre?
    —Viene de camino.

    Y gasas.

    Tiel pidió permiso a Ronnie para mirar por los pasillos, donde encontró varias botellas de plástico de vinagre, una caja de gasas esterilizadas y un paquete de pañales infantiles desechables. Lo cogió todo. Cuando ya volvía hacia donde estaba Sabra, hubo algo más que captó su mirada. En un arranque de inspiración, añadió al conjunto dos cajas de tinte para el cabello.

    Cuando llegó junto a la chica, Sabra estaba escuchando con atención lo que Doc le explicaba.

    —No va a ser agradable, pero intentaré no hacerte daño, ¿de acuerdo?
    —La chica asintió y miró a Tiel con aprensión.
    —¿Te han realizado alguna vez una exploración ginecológica, Sabra? — le preguntó en voz baja.
    —Una vez. Cuando fui a que me recetaran pildoras anticonceptivas. — Tiel levantó la cabeza desconcertada, y Sabra bajó la vista, sintiéndose claramente incómoda-. Dejé de tomarlas porque engordaba.
    —Ya veo. Bien, entonces, si has pasado ya por una exploración, sabrás lo que puedes esperar. Seguramente no será peor que esa primera exploración. ¿No, Doc?
    —Procuraré que sea lo más leve posible.

    Tiel le apretó la mano a la chica.

    —Estaré aquí mismo por si…
    —No, quédese aquí conmigo. Por favor. — Le indicó a Tiel que se agachara a su lado para consultarle en privado alguna cosa-. Es un hombre muy agradable -dijo, hablándole a Tiel en voz baja directamente al oído-. Actúa como un médico y habla como un médico, pero no lo parece… ¿Sabe a lo que me refiero?
    —Sí, sé a lo que te refieres.
    —De modo que me siento un poco extraña con él…, ¿sabe? ¿Podría, por favor, ayudarme a quitarme las bragas?

    Tiel se enderezó y miró a Doc.

    —¿Nos concede un momento, por favor?
    —Por supuesto.
    —¿Qué sucede? — quiso saber Ronnie en cuanto Doc se levantó.
    —La señora necesita un poco de intimidad. Por mi parte. Y también por la tuya.
    —Pero yo soy su novio.
    —Razón por la cual eres la última persona del mundo que quiere a su lado observándola.
    —Tiene razón, Ronnie -dijo Sabra-. Por favor.

    El chico se alejó con Doc. Tiel le subió la falda a Sabra y la ayudó mientras ella levantaba las caderas con dificultad y se bajaba la ropa interior.

    —Ya estamos -dijo Tiel con delicadeza, cogiendo de las manos de Sabra la empapada prenda que la chica había convertido en un bulto del tamaño de una pelota de ping pong.
    —Siento que esté tan pegajosa.
    —Sabra, a partir de ahora mismo vas a dejar de pedir perdón por todo. Nunca he pasado por un parto, pero estoy segura de que no lo abordaría ni con la mitad de la dignidad que tú estás mostrando. ¿Estás más cómoda ahora? — Era evidente que no. Por la mueca de Sabra era fácil adivinar que estaba sufriendo una nueva contracción-. ¿Doc?

    Apareció en un instante y presionó las manos sobre el abdomen de Sabra.

    —Esperemos que se dé la vuelta él solo.
    —Me gustaría que fuera niña -le dijo Sabra, entre respiración y respiración.

    Doc sonrió.

    —¿De verdad?
    —A Ronnie también le gustaría una niña.
    —Las hijas son estupendas, tiene razón.

    Tiel lo miró de reojo. ¿Tendría hijas?, se preguntó. Lo había tomado por un soltero, un solitario. A lo mejor porque su aspecto recordaba al hombre de Marlboro. Nadie se imagina al hombre de Marlboro con una mujer y una familia a cuestas.

    ¿A lo mejor…? Tiel no podía quitarse de encima la sensación de que había visto antes a Doc. Pero lo que le resultaba vagamente familiar debía de ser su parecido con los duros modelos de los anuncios de tabaco.

    Superado el dolor, Doc puso las manos en las rodillas elevadas de la chica.

    —Intenta relajarte todo lo posible. Y avísame si te hago daño, ¿de acuerdo?
    —¡Oh!, espere. — Tiel cogió una de las cajas de tinte para el cabello y la abrió. Al ver la expresión de curiosidad de Doc, le dijo-: Viene con un par de guantes desechables. No serán estupendos; seguramente ni siquiera serán de su talla -añadió, mirando sus varoniles manos, pero son mejores que nada.
    —Buena idea.

    Doc separó los guantes de plástico del papel encerado al que estaban pegados y consiguió introducir las manos en ellos. Eran pequeños y no encajaban bien, pero le dio las gracias a Tiel y volvió a asegurarle a Sabra que intentaría hacer todo lo posible para que la exploración no resultase desagradable.

    —Esto te ayudará.

    Por cuestión de pudor, Tiel extendió la segunda sábana por encima de las rodillas de la chica.

    Doc la miró dándole su aprobación.

    —Ahora relájate, Sabra. Terminaré antes de que te hayas dado cuenta.

    La chica respiró hondo y cerró los ojos con fuerza.

    —Primero voy a lavar la zona con una toallita de éstas. Luego aplicaré un poco de vinagre. A lo mejor está frío.

    Le preguntó qué tal iba mientras vertía el vinagre y lo secaba con unas gasas.

    —Bien -respondió ella, tímidamente.

    Tiel se dio cuenta de que también ella aguantaba la respiración.

    —Respira hondo, Sabra. Te ayudará a relajarte. Hagámoslo juntas. Respira hondo. Ahora suelta. — Sabra se estremeció con la penetración-. Otra vez. Vuelve a tomar aire con fuerza. Suelta. Eso es. Ya no falta mucho. Todo va muy bien.

    Pero no era así. O al menos eso era lo que decía la expresión de Doc. Retiró la manos de entre los muslos de la chica y, escondiendo su preocupación, la felicitó por lo bien que estaba haciéndolo. Se retiró los guantes y cogió la botella de producto para limpiar las manos, con el que se frotó con fuerza manos y antebrazos.

    —¿Va todo bien?

    Ronnie estaba de nuevo allí. Y pese a que era él quien había formulado la pregunta, Doc dirigió su respuesta a Sabra.

    —No estás muy dilatada.
    —¿Qué significa eso?
    —Significa que el parto es disfuncional.
    —¿Disfuncional?
    —Es una palabra complicada, pero es el término médico que se aplica a tu situación. Por lo fuertes y frecuentes que son los dolores, deberías tener el cuello de la matriz más dilatado de lo que lo está. El bebé empuja para salir, pero tú no tienes todas las partes de tu cuerpo preparadas aún para el nacimiento.
    —¿Qué puede hacer?
    —Yo no puedo hacer nada, Ronnie, pero tú sí. Puedes detener toda esta locura y llevar a Sabra a un lugar donde reciba los cuidados médicos que necesita.
    —Ya se lo he dicho, no.
    —No -repitió Sabra.

    El teléfono sonó antes de que la discusión siguiera adelante.


    Capítulo 4


    El inesperado y estridente sonido sorprendió a todo el mundo.

    Donna era la que estaba más cerca del teléfono.

    —¿Qué hago? — preguntó.
    —Nada.
    —Ronnie, tal vez deberías dejar que respondiera -sugirió Tiel.
    —¿Por qué? Seguramente no tiene nada que ver conmigo.
    —Podría ser. ¿Pero y si resulta que sí tiene que ver contigo? ¿No preferirías saber a qué te enfrentas?

    Lo reflexionó unos segundos, y luego le dio su permiso a Donna para que respondiera.

    —¿Diga? — escuchó un momento, y dijo a continuación-: Hola, sheriff. No, no estaba borracho. Tal y como le ha dicho, este chico nos tiene retenidos a punta de pistola.

    De pronto, la parte delantera del edificio se vio bañada por una fuerte luz. Todo el mundo dentro había estado tan concentrado en la situación de Sabra que nadie había oído la llegada de los tres coches patrulla que acababan de encender los faros delanteros. Tiel dedujo que el sheriff llamaba desde una de las unidades, aparcadas un poco más allá de los surtidores de gasolina.

    Ronnie se ocultó detrás de un expositor de aperitivos y gritó:

    —Dígales que apaguen estas condenadas luces o disparo a alguien.

    Donna transmitió el mensaje. Hizo una pausa para escuchar, y dijo a continuación:

    —Unos dieciocho, supongo. Se llama Ronnie.
    —¡Cállese!

    Ronnie le apuntó con la pistola. Ella se estremeció y soltó el auricular.

    Se apagaron entonces las luces de los coches, dos pares casi simultáneamente, el tercero unos segundos después.

    Sabra gimoteó.

    —Escúchame, Ronnie -dijo Doc.
    —No. Cállese y déjeme pensar.

    El joven estaba aturdido, pero Doc insistió, hablando en voz baja y con impaciencia:

    —Si es eso lo que quieres, quédate aquí y arregla esto como te plazca. Pero lo más valiente sería dejar salir a Sabra. Las autoridades la llevarán al hospital, que es donde debería estar.
    —No iré -dijo la chica-. No sin Ronnie.

    Tiel intentó convencerla.

    —Piensa en tu bebé, Sabra.
    —Estoy pensando en nuestro bebé -respondió entre sollozos-. Si mi padre le pone las manos encima, nunca volveré a verlo. Y tampoco pienso abandonar a Ronnie.

    Viendo que su paciente estaba al borde de una crisis de histeria, Doc retrocedió en su actitud.

    —Está bien, está bien. Si no accedes a marcharte, ¿qué te parece esto? ¿Y si pidiésemos que entrase un médico?
    —Usted es médico -dijo Ronnie.
    —No el tipo de médico que Sabra necesita. No tengo instrumental. No tengo nada que darle para aliviar el dolor. Va a ser un parto difícil, Ronnie. Podrían producirse todo tipo de complicaciones graves y no estoy cualificado para tratarlas. ¿Estás dispuesto a poner en peligro la vida de Sabra y la del niño? Porque esto es lo que estás haciendo si permites que la situación siga tal y como está. Podrías perder a uno de ellos o a los dos. Y entonces, independientemente de cómo acabara esto, no habría valido para nada.

    Tiel estaba impresionada. Ni ella podría haberlo dicho con mejores palabras.

    El joven reflexionó un momento sobre las palabras de Doc y luego le hizo un ademán a Tiel en dirección al mostrador y al auricular que colgaba del mismo. Después de que Donna lo hubiese soltado, se había oído la voz de un hombre durante un rato, preguntando qué sucedía. Pero ahora permanecía en silencio.

    —Usted es buena largando -le dijo Ronnie a Tiel-. Hable usted.

    Tiel se puso en pie y se abrió paso entre Sabra y Doc. Pasó junto al expositor de aperitivos y caminó hasta el mostrador. Cuando marcó el número de la policía no perdió el tiempo. Tan pronto como respondió la telefonista, dijo:

    —Necesito que me llame el sheriff. No haga preguntas. Está al corriente de esta situación de emergencia. Dígale que llame otra vez al supermercado.

    Colgó antes de que la telefonista llevara a cabo el interrogatorio rutinario, lo que supondría una preciosa pérdida de tiempo.

    Esperaron todos en tenso silencio. Nadie decía palabra. Gladys y Vern estaban sentados y abrazados el uno al otro. Cuando Tiel miró en su dirección, Vern llamó sutilmente su atención hacia la bolsa que tenía en su regazo. De un modo u otro, la había conseguido sin que Ronnie se percatase de ello. Un mañoso Casanova. Sólo esto constituía ya un buen reportaje, pensó Tiel. Excepto que tenía uno mejor aún, en el que no era sólo la periodista, sino también una de las participantes. Gully se pondría eufórico. Si con este reportaje no conseguía garantizarse un puesto en Nine Live…

    Pese a que esperaba que sonara el teléfono, dio un respingo en cuanto lo hizo. Respondió de inmediato.

    —¿Quién es?

    Evitó la respuesta directa al decir:

    —¿Sheriff?
    —Marty Montez.
    —Sheriff Montez, he sido designada portavoz. Soy uno de los rehenes.
    —¿Corre algún tipo de peligro inmediato?
    —No -respondió, creyendo en su respuesta.
    —¿Está siendo coaccionada?
    —No.
    —Hágame un resumen.

    Empezó con un breve y conciso relato del atraco, a partir del disparo de Ronnie a la cámara de seguridad.

    —Fue interrumpido cuando su cómplice se puso de parto.
    —¿De parto? ¿Quiere decir parto, tener un bebé?
    —Eso es exactamente, sí.

    Después de una prolongada pausa durante la cual se escuchaba perfectamente la trabajosa respiración de un hombre con sobrepeso, dijo:

    —Respóndame si puede hacerlo sin correr peligro, señorita. ¿Son por casualidad estos atracadores un par de chicos de instituto?
    —Sí.
    —¿Qué pregunta? — exigió saber Ronnie.

    Tiel tapó el auricular con la mano.

    —Ha preguntado si Sabra tenía dolores y le he respondido.
    —¡Dios! — exclamó el sheriff. Comunicó en voz baja a sus lugartenientes, o al menos eso fue lo que Tiel se imaginó, que los que habían tomado rehenes eran los chicos «de Fort Worth». Y entonces le preguntó a ella-: ¿Hay alguien herido?
    —No. Estamos todos ilesos.
    —¿Quiénes son todos, además de usted? ¿Cuántos rehenes hay?
    —Cuatro hombres y dos mujeres, además de mí.
    —Habla usted muy bien. ¿No será por casualidad una tal señorita McCoy?

    Intentó que Ronnie, que la escuchaba atentamente y controlaba muy de cerca sus expresiones faciales, no se diese cuenta de su sorpresa.

    —Correcto. Nadie ha resultado herido.
    —Usted es la señorita McCoy pero no quiere que sepan que es reportera de televisión. Comprendo. Su jefe, un tipo llamado Gully, ha llamado dos veces a la oficina diciendo que usted había desaparecido. Dijo que había salido de Rojo Flats y tenía que llamarle…
    —¿Qué está diciendo? — preguntó Ronnie.

    Tiel interrumpió al sheriff.

    —Por el interés de todos, estaría muy bien si pudiese proporcionarnos un médico. Un ginecólogo, a ser posible.
    —Dígale que traiga consigo todo lo necesario para un parto difícil.

    Tiel transmitió el mensaje de Doc.

    —Asegúrese de que está al corriente de que el bebé viene de nalgas -añadió Doc.

    Después de que Tiel transmitiera eso, el sheriff le preguntó quién le daba aquella información.

    —Se hace llamar Doc.
    —Me toma el pelo -dijo el sheriff.
    —No.

    «Doc es uno de los rehenes -oyó que comentaba. Doc dice que la chica Dendy necesita un especialista, ¿habéis oído?».

    —Eso es, sheriff. Y lo antes posible. Nos preocupa tanto ella como el bebé.
    —Si se rinden, la llevaremos enseguida al hospital. Se lo garantizo.
    —Me temo que esta eventualidad no entra en el plan.
    —¿Davison no la deja marchar?
    —No -dijo Tiel-. Ella se niega a irse.
    —Mierda, vaya lío -dijo, con un potente suspiro-. Está bien, veré qué puedo hacer.
    —Sheriff, no tengo palabras para expresar lo mal que está pasándolo esta joven. Y…
    —Adelante, señorita McCoy. ¿Qué?
    —La situación está controlada -dijo lentamente-. De momento, todo el mundo está tranquilo. No tome medidas drásticas, por favor.
    —Ya la he captado, señorita McCoy. Nada de exhibiciones, nada de fuegos artificiales, ni equipos especiales, ni nada de eso.
    —Exactamente. — Se sintió aliviada al ver que la había entendido-. Hasta el momento, nadie ha resultado herido.
    —Y a todos nos gustaría que la cosa siguiese así.
    —Me alegra oírle decir eso. Por favor, por favor, consiga un médico lo más rápidamente posible.
    —Estoy en ello. Le doy el número del teléfono que llevo conmigo.

    Tomó nota del número de memoria. Montez le deseó suerte y colgó. Tiel devolvió el teléfono al mostrador, contenta de ver que se trataba de un modelo antiguo sin manos libres. Ronnie habría querido oír futuras conversaciones.

    —Está tratando de conseguir un médico.
    —Eso me gusta -dijo Doc.
    —¿Cuánto tardará en llegar?

    Volviéndose hacia Ronnie, respondió Tiel:

    —Llegará lo antes posible. Voy a ser sincera contigo. Ha adivinado tu identidad y la de Sabra.
    —¡Oh!, mierda -gruñó el chico-. ¿Qué más puede salimos mal?
    —¡Los han localizado!

    Cuando se oyó el grito procedente de la habitación contigua, Russell Dendy casi derriba al agente del FBI que casualmente se interponía en su camino. No pidió perdón por haber derramado el café hirviendo en la mano del agente. Entró a toda prisa en la biblioteca de su casa que, desde aquella mañana, se había convertido en un puesto de mando.

    —¿Dónde? ¿Dónde están? ¿Le ha hecho algún daño a mi hija? ¿Está bien Sabra?

    El responsable del caso era el agente especial William Calloway. Un hombre alto, delgado, casi calvo que, de no ser por la pistola que llevaba colgada, más parecía un banquero especializado en hipotecas que un agente federal. Su comportamiento tampoco casaba con el estereotipo. Era tranquilo y de voz suave…, casi siempre. Russell Dendy había puesto a prueba la actitud agradable de Calloway.

    Cuando Dendy entró en la habitación lanzando preguntas, Calloway le indicó que se calmara y continuó con su conversación telefónica.

    Dendy, impaciente, pulsó una tecla del teléfono y por el altavoz se filtró una voz femenina:

    —Se trata de Rojo Flats. Prácticamente en medio de la nada, al sudoeste de San Angelo. Van armados. Han intentado atracar un pequeño supermercado, pero el atraco se ha visto frustrado. Ahora mantienen rehenes en el interior del establecimiento.
    —¡Maldita sea, maldita sea! — Dendy hundió el puño de una mano en la palma de la otra-. ¡Ha convertido a mi hija en una delincuente común! Y ella no comprendía por qué no me gustaba.

    Calloway volvió a indicarle que bajara la voz.

    —Ha dicho que van armados. ¿Hay algún herido?
    —No, señor. Pero la chica está de parto.
    —En la tienda.
    —Afirmativo.

    Dendy maldijo profusamente.

    —¡La retiene en contra de su voluntad!

    La mujer incorpórea dijo:

    —Según uno de los rehenes, que habló con el sheriff, la joven se niega a irse.
    —Le ha lavado el cerebro -declaró Dendy.

    La agente del FBI de la oficina de Odessa siguió como si no le hubiese oído.

    —Al parecer, uno de los rehenes tiene conocimientos médicos. La está controlando, pero han pedido un médico.

    Dendy dio un puñetazo en la mesa del despacho.

    —Quiero que saquen a Sabra de allí, ¿me han oído?
    —Le hemos oído, señor Dendy -dijo Calloway, cada vez con menos paciencia.
    —No me importa si para ello tienen que utilizar una carga de dinamita.
    —Pues a mí sí me importa. Según el portavoz, nadie está herido.
    —¡Mi hija está de parto!
    —Y la llevaremos a un hospital lo antes posible. Pero no haré nada que ponga en peligro la vida de los rehenes, de su hija o del señor Davison.
    —Mire, Calloway, si piensa abordar la situación como un pusilánime…
    —La forma de abordarla depende de mí, no de usted. ¿Comprendido?

    Russell Dendy tenía reputación de ser un verdadero hijo de puta.

    Desgraciadamente, conocerlo en persona no había disipado ninguna de esas leyendas ni cambiado la idea preconcebida que Calloway tenía del millonario.

    Dendy dirigía de forma despótica diversas empresas. No estaba acostumbrado a ceder el control a nadie, ni siquiera a dar un voto de confianza a otra persona en cuanto a cómo gestionar las cosas. Sus negocios no tenían nada que ver con la democracia, y tampoco su familia. La señora Dendy no había hecho en todo el día otra cosa que sollozar y secundar las respuestas de su marido a las tentativas preguntas de los agentes sobre su vida familiar y su relación con su hija. No había ofrecido ni una opinión que difiriera de la de su marido, ni expresado ningún tipo de observación personal.

    Calloway había dudado desde el principio de la acusación de secuestro que había lanzado Dendy. Y se había inclinado hacía la versión más probable: Sabra Dendy había huido de casa con su novio para escapar de un padre dominante.

    El rapapolvo de Calloway había dejado a Russ Dendy prácticamente echando espumarajos de rabia por la boca.

    —Voy para allá.
    —No se lo aconsejo.
    —Me importa una mierda lo que usted me aconseje.
    —En nuestro helicóptero no hay plaza para más pasajeros -le gritó el agente a la espalda de Dendy.
    —Pues iré con mi Lear.

    Salió precipitadamente de la habitación y empezó a vociferar órdenes a su banda de omnipresentes lacayos, tan silenciosos y discretos como muebles hasta que las estridentes órdenes de Dendy los ponían en marcha. Salieron en fila detrás de él. La señora Dendy quedó completamente ignorada y sin invitación para acompañarle.

    Calloway desconectó el altavoz y cogió el auricular para oír con más claridad a la agente.

    —Me imagino que lo habrás oído.
    —Veo que estás de lo más ocupado, Calloway.
    —Sólo faltaba esto. ¿Qué tal los agentes locales?
    —Por lo que tengo entendido, Montez es un sheriff competente, pero esto le sobrepasa y es lo bastante listo como para saberlo. Ha buscado el apoyo de los Rangers y de la patrulla de tráfico.
    —¿Crees que les molestará nuestra presencia?
    —¿No es así siempre? — le respondió ella secamente.
    —Nos ha llegado como un secuestro. Voy a dejarlo así hasta que lo tenga más claro.
    —De hecho, seguramente Montez se alegrará de quitarse el problema de encima. Su principal preocupación es que no haya heroicidades. Quiere evitar un derramamiento de sangre.
    —Entonces hablamos el mismo idioma. Creo que lo que tenemos aquí es simplemente a un par de chicos asustados que se han visto atrapados en una situación y no saben cómo salir de ella. ¿Qué sabes de los rehenes, si es que sabes algo?

    Se los enumeró primero por sexo.

    —Uno de ellos ha sido identificado por el sheriff Montez como un ranchero local. La cajera es empleada fija del establecimiento. En Rojo Flats la conoce todo el mundo. Y luego está esa tal señorita McCoy que ha hablado con el sheriff 'Montez.
    —¿Qué se sabe de ella?
    —Trabaja como reportera para un canal de televisión de Dallas.
    —¿Tiel McCoy?
    —¿La conoces?

    La conocía, y se formó una imagen mental de ella: delgada, cabello corto y rubio, ojos claros. Azules, seguramente verdes. Salía por televisión casi todas las noches. Calloway la había visto también fuera de los estudios, entre otros periodistas, con relación a alguno de los casos criminales que investigaba. Era agresiva, pero objetiva. Sus reportajes nunca eran incendiarios o explosivos porque sí. Era guapa y tremendamente femenina, pero su trabajo merecía toda credibilidad.

    Saber que una periodista televisiva de su calibre se encontraba en el epicentro de esta crisis no le emocionaba en absoluto. Era un factor adicional del que podía haber prescindido muy fácilmente.

    —Estupendo. Ya tenemos una periodista en la escena.

    Se pasó la mano por la nuca, en el punto donde empezaba a acumularse la tensión. Sería una noche larga. Predecía que Rojo Flats, un lugar que hasta ahora nadie conocía, se vería pronto inundado por los medios de comunicación, contribuyendo con ello al caos total.

    La agente le preguntó:

    —Tu intuición, Calloway. ¿Crees que ese chico secuestró a la hija de Dendy?

    Calloway murmuró:

    —Sólo me pregunto por qué la chica ha tardado tanto en huir.


    Capítulo 5


    Mientras esperaban la llegada del médico que se les había prometido, Doc encontró entre las existencias de la tienda unas tijeras y un par de cordones de zapatos. Los puso a hervir en un recipiente que se utilizaba normalmente para hervir el agua que luego se mezclaba con las bebidas calientes instantáneas. Cogió también de las estanterías compresas, esparadrapo y un paquete de bolsas de basura.

    Le preguntó a Donna si tenían aspiradores. Viendo que ella le miraba sin comprender nada, le explicó:

    —Es como una jeringa con un émbolo de caucho. Sirve para limpiar la mucosidad de la garganta y la nariz de los bebés.

    La mujer se rascó el codo.

    —De eso no tenemos.

    Ronnie se puso nervioso cuando Doc cogió el recipiente con el agua hirviendo. Le ordenó que dejara que fuese Gladys quien vertiera el agua, a lo que la anciana accedió satisfecha.

    Después de aquella actividad, la espera se hizo interminable. Todos los que estaban en el establecimiento se daban cuenta de que cada vez iban llegando más vehículos. La distancia entre los surtidores de gasolina y la entrada de la tienda parecía una zona desmilitarizada; seguía despejada. Pero la zona comprendida entre los surtidores y la carretera estaba ocupada por completo por vehículos oficiales y de urgencias. Cuando ese espacio quedó lleno, empezaron a aparcar en la cuneta de la carretera, llenando ambos lados de la vía estatal. No habían llegado corriendo, pero la ausencia de luces y sirenas hacía su presencia aún más inquietante.

    Tiel se preguntó si en la parte trasera del edificio se viviría también tanta actividad como enfrente. Era evidente que la posibilidad se le había pasado por la cabeza también a Ronnie, pues acababa de preguntarle a Donna por la existencia de una puerta trasera.

    Y ella le respondió:

    —¿Ves el pasillo que conduce a los servicios? ¿Ves esa puerta? Detrás está el almacén. También la nevera donde me encerraron aquellos locos.
    —He preguntado por una puerta trasera.
    —Está cerrada a cal y canto desde el interior. Tiene una barra que la cruza y las bisagras están también por dentro. Pesa tanto que apenas si puedo abrirla cuando me traen entregas.

    Si Donna decía la verdad, nadie cruzaría aquella puerta trasera sin hacer ruido. Ronnie se enteraría con tiempo suficiente de cualquier intentona.

    —¿Y los lavabos? — quiso saber entonces-. ¿Hay alguna ventana?

    Ella negó con la cabeza.

    —Es verdad -gorjeó Gladys-. He estado en el de señoras. Y si quieres conocer mi opinión, creo que un poco de ventilación no le iría mal.

    Dejando de lado esas preocupaciones, Ronnie pasó entonces a repartir su atención entre Sabra, sus rehenes y el movimiento en el exterior, que iba en aumento, lo cual era más que suficiente para mantenerlo ocupado. Tiel se disculpó por abandonar el lado de Sabra y le preguntó a Ronnie si podía ir a por su bolso.

    —Tengo las lentes de contacto secas. Necesito la solución hidratante.

    El chico miró de reojo el bolso que estaba sobre el mostrador. Tiel lo había dejado allí después de extraer de él el producto para lavarse las manos que le había pedido Doc. Parecía estar reflexionando sobre la conveniencia de darle permiso cuando ella dijo:

    —No tardaré ni un segundo. No puedo alejarme mucho tiempo de Sabra. Le gusta tener a otra mujer a su lado.
    —Está bien. Pero la vigilo. No se crea que no lo hago.

    La valentía del joven estaba seriamente afectada. Estaba asustado y agotado, pero seguía con el dedo pegado al gatillo de la pistola. Tiel no quería ser la responsable de forzar la situación al límite.

    Se acercó hasta el mostrador para que Ronnie pudiera verla cómo buscaba en el bolso el frasquito de la solución. Lo destapó e inclinó la cabeza hacia atrás para echarse unas gotas.

    —Maldita sea -maldijo en voz baja, llevándose un dedo al ojo. Se retiró entonces las lentillas, hurgó en el bolso en busca de otro frasco de líquido y empezó a limpiar las lentes de contacto con la pequeña cantidad de solución que había depositado en la palma de la mano.

    Sin volverse a mirar a Gladys y Vern, se dirigió a ellos con un susurro.

    —¿Hay cinta dentro de la cámara?

    Vern, bendito sea, estaba examinando una piel muerta en un dedo de la mano izquierda y tenía un aspecto tan conspirador como el que podría tener un monaguillo.

    —Sí, señora.
    —Y baterías cargadas -añadió Gladys, como si estuviese enrollando a la altura del tobillo su calcetín de deporte. Lo miró bien y entonces, después de decidir que le gustaba más tal y como estaba antes, volvió a desenrollarlo. Está todo preparado para ponerla en marcha. Prepárese. Tenemos a punto un plan para distraerle.
    —Espere…

    Antes de que Tiel pudiese terminar la frase, Vern se arrancó a toser. Gladys se levantó de un salto, dejó su bolsa sobre el mostrador al alcance de Tiel y empezó a darle golpes a su esposo en la espalda.

    —¡Oh!, Señor. Vern, que no te dé uno de esos ataques de ahogo. Mira que atragantarte ahora con tu propia saliva. ¡Por el amor de Dios!

    Tiel echó un vistazo a su contacto y vio dónde había quedado la bolsa. Entonces, mientras todo el mundo, incluyendo a Ronnie, observaba al anciano respirando con dificultad y boqueando en un esfuerzo por recuperar el ritmo de su respiración y cómo Gladys lo sacudía como si de una alfombra se tratara, hurgó en la bolsa en busca de la cámara.

    Conocía lo bastante bien las videocámaras caseras como para saber dónde estaba el interruptor de encendido. Lo activó y pulsó la tecla de grabación. La depositó entonces en la estantería, encajada entre cartones de tabaco y rezando para que pasase desapercibida. No albergaba grandes esperanzas sobre la calidad de la película, pero pensó que los vídeos de aficionados habían sido de un valor incalculable en el pasado, incluyendo la película de ocho milímetros del asesinato de JFK y el perturbador vídeo de la paliza de Rodney King en Los Angeles.

    La tos de Vern fue menguando. Gladys pidió permiso a Ronnie para ir a buscarle una botella de agua.

    Tiel guardó en el bolso el líquido limpiador de las lentes de contacto y la solución hidratante y a punto estaba de retirar la mano cuando vio de refilón, en el interior del bolso, su grabadora. A veces, en las entrevistas, utilizaba la minúscula grabadora para complementar la grabación del vídeo. Así, después, si quería escuchar la entrevista para redactar el guión, no tenía que buscar una sala de edición donde poder visionar el vídeo. Podía escucharla de nuevo en la pequeña grabadora.

    No la había llevado consigo intencionadamente. Era una herramienta de trabajo, no un objeto de vacaciones. Pero allí estaba, escondida en el fondo del bolso, mirándola como un ídolo a la espera de ser desenterrado. Se la imaginó irradiando una brillante aura dorada.

    Palpó el aparato grabador y lo deslizó en el bolsillo de sus pantalones justo en el momento en que Sabra lanzaba un grito agudo. Desesperado. Ronnie miró a su alrededor en busca de Tiel.

    —Voy -le dijo.

    Después de levantar el pulgar en dirección a los ancianos actores, corrió junto a Sabra.

    Doc parecía preocupado.

    —Los dolores no son tan frecuentes, pero cuando sufre uno es muy agudo. ¿Dónde demonios está ese médico? ¿Por qué tardan tanto?

    Tiel secó la frente sudorosa de Sabra con unas gasas que había humedecido con agua fresca.

    —¿Resultará efectivo cuando esté aquí? ¿Qué será capaz de hacer en estas circunstancias?
    —Esperemos que tenga cierta experiencia con partos de nalgas. O a lo mejor puede convencer a Ronnie y Sabra de que no hay más remedio que hacer una cesárea.
    —Y si no fuera éste el caso…
    —Pues muy mal -dijo apesadumbrado-. Para todos los implicados.
    —¿Se las apañará sin una jeringa de aspiración?
    —Espero que el médico traiga una. Debería.
    —¿Y si no ha dilatado…?
    —Cuento con que la naturaleza siga su curso. A lo mejor el bebé da la vuelta solo. Eso ocurre…

    Tiel acarició la cabeza de la chica. Sabra parecía adormilada. No habían empezado aún las fases finales del parto y estaba agotada.

    —Suerte que puede echar estas siestecitas.
    —Su cuerpo sabe que más tarde necesitará de todas sus fuerzas.
    —Me gustaría que no tuviese que sufrir.
    —Sufrir es una putada, de acuerdo -dijo, casi para sus adentros-. El médico puede darle una inyección que le alivie el dolor. Algo que no perjudique al feto. Pero sólo hasta cierto punto. Cuanto más cerca esté el momento del parto, mayor riesgo supone la administración de fármacos.
    —¿Y la epidural? ¿No la administran en las fases finales del parto?
    —Dudo que el médico intente un bloqueo en estas condiciones, a no ser que esté lo bastante seguro.

    Después de un momento de reflexión, dijo Tiel:

    —Creo que seguir por la vía natural es una locura. Supongo que pensar esto me convierte en una desgracia para la mujer en general.
    —¿Tiene hijos?

    Cuando sus ojos conectaron con los de ella, notó como si acabaran de pincharla justo debajo del ombligo.

    —¡Oh!, no. — Bajó rápidamente la vista-. Sólo digo que si algún día los tengo, cuando los tenga, quiero fármacos con una F mayúscula.
    —La entiendo perfectamente.

    Y Tiel tuvo la impresión de que así era. Cuando volvió a mirarlo, él volvía a prestar atención a Sabra.

    —¿Tiene usted hijos, Doc?
    —No.
    —Antes hizo un comentario sobre las hijas que me llevó a pensar…
    —No. — Rodeaba con la mano la muñeca de Sabra, el pulgar buscando el punto exacto para contar las pulsaciones-. Ojalá tuviese un manguito para conocer la tensión arterial. Y espero que traiga un fetoscopio.
    —¿Qué?
    —Sirve para controlar el latido fetal. Hoy en día, los hospitales utilizan modernos aparatos de ultrasonidos. Pero con un fetoscopio nos apañaríamos.
    —¿De dónde ha sacado toda esta formación médica?
    —Lo que de verdad me preocupa -dijo, desoyendo su pregunta- es si le practicará o no una episiotomía.

    Tiel puso mala cara sólo de pensar en la incisión y en la delicada zona donde debía realizarse.

    —¿Cómo la haría?
    —No será agradable, pero si no la practica, la chica podría rasgarse y eso sería más desagradable si cabe.
    —Todo esto que dice no es nada bueno para mis nervios, Doc.
    —Me imagino que todos hemos tenido días mejores para nuestros respectivos nervios. — Volvió a levantar la cabeza y la miró-. Por cierto, me alegro de que esté aquí.

    La mirada era intensa, sus ojos tan atractivos como antes, pero esta vez ella no se amedrentó y no apartó la vista.

    —No estoy haciendo nada constructivo.
    —El simple hecho de estar con ella ya es mucho. Cuando le venga un dolor, anímela a no luchar contra él. La tensión de los músculos y del tejido que rodea el útero sólo sirve para aumentar las molestias. El útero está hecho para contraerse. Debería dejar que hiciese su trabajo.
    —Eso es muy fácil de decir.
    —Sí, es fácil de decir -admitió, con una débil sonrisa-. Respire con ella. Inspire profundamente por la nariz y suelte el aire por la boca.
    —A mí también me irán bien esas respiraciones profundas.
    —Lo está haciendo usted muy bien. Ella se siente a gusto con usted. Neutraliza su timidez.
    —Antes admitió que le daba vergüenza estar con usted.
    —Comprensible. Es muy joven.
    —Ha dicho que no tiene usted aspecto de médico.
    —No, me imagino que no.
    —¿Lo es usted?
    —Soy ranchero.
    —¿Es entonces un vaquero de verdad?
    —Crío caballos, tengo un rebaño de reses. Conduzco una furgoneta. Todo eso me convierte en un vaquero.
    —Entonces, ¿cuándo aprendió…?

    El sonido del teléfono interrumpió su conversación. Ronnie cogió el auricular.

    —¿Diga? Soy Ronnie Davison. ¿Dónde está el médico?

    Hizo una pausa para escuchar. Tiel adivinó por su expresión que lo que estaba escuchando no le gustaba.

    —¿El FBI? ¿Cómo es posible? — Y entonces explotó: ¡Yo no la he secuestrado, señor Calloway! Era una fuga. Sí, señor, ella también es lo que más me preocupa. No. No. Se niega a ir a un hospital.

    Escuchó durante más tiempo y luego miró de reojo a Sabra.

    —De acuerdo. Si el teléfono alcanza. — Tirando al máximo del cable trasladó el teléfono hasta donde estaba Sabra-. El agente del FBI quiere hablar contigo.

    Dijo Doc:

    —Levantarse no le irá mal. De hecho, podría hacerle bien.

    Él y Tiel sujetaron a Sabra y la ayudaron a incorporarse. Avanzó a pasitos lo suficiente como para coger el auricular que le tendía Ronnie.

    —¿Diga? No, señor. Lo que le ha dicho Ronnie es verdad. No pienso irme sin él. Ni siquiera para ir al hospital. ¡Debido a mi padre! Dijo que se llevaría a mi bebé, y siempre hace lo que dice. — Sorbió por la nariz para contener las lágrimas-. Por supuesto que vine voluntariamente con Ronnie. Yo… -Cogió aire y se agarró a la camisa de Doc.

    Él la cogió en brazos y la condujo de nuevo hasta la improvisada cama, depositándola delicadamente en ella. Tiel se arrodilló a su lado y, tal y como Doc le había explicado, aconsejó a Sabra que se relajara, que no luchara contra la contracción y que respirara.

    Ronnie seguía hablando ansioso por teléfono.

    —Escuche bien, señor Calloway. Sabra no puede seguir hablando. Tiene una contracción. ¿Dónde está el médico que se nos prometió? — Miró a través de la luna del escaparate. Sí, ya lo veo. Por supuesto que le dejaré entrar.

    Colgó el auricular de un golpe y dejó de nuevo el teléfono en el mostrador. Se dirigió entonces hacia la puerta pero, dándose cuenta de lo expuesto que quedaría de ese modo a los posibles francotiradores, volvió a esconderse detrás del expositor de aperitivos.

    —Cajera, no abra hasta que esté frente a la puerta. Luego, tan pronto como haya entrado, cierre enseguida. ¿Entendido?
    —¿Qué te piensas? ¿Que soy estúpida?

    Donna esperó hasta que el médico empujara la puerta para darle al interruptor. En cuanto entró, todo el mundo, incluyendo el joven médico, escuchó el sonido metálico de la puerta al cerrarse de nuevo.

    Nervioso, el médico miró por encima del hombro hacia la puerta antes de presentarse.

    —Soy…, soy el doctor Cain. Scott.
    —Acerqúese.

    El doctor Scott Cain era un hombre atractivo, de altura y constitución mediana, de unos treinta y cinco años de edad. Con los ojos abiertos de par en par, examinó a las personas acurrucadas formando un grupo justo delante del mostrador. Gladys le saludó con la mano.

    Su mirada volvió enseguida a Ronnie.

    —Estaba realizando visitas por el condado cuando me han localizado. Nunca me imaginé que me llamarían para asistir una emergencia de este tipo.
    —Con todos los debidos respetos, doctor Cain, vamos mal de tiempo.

    Tiel compartía la impaciencia de Doc. Era evidente que el doctor Cain estaba muy verde y que le daba pavor verse convertido en actor de aquel drama. No había llegado a comprender del todo la gravedad de la situación.

    Doc preguntó si le habían informado acerca de la condición en la que se encontraba Sabra.

    —Me han dicho que estaba de parto y que podría haber complicaciones.

    Doc le indicó el lugar donde estaba postrada la chica.

    —¿Puedo? — le preguntó Cain a Ronnie, mirando asustado la pistola.
    —Abra el maletín.
    —¿Qué? Ah, sí, por supuesto. — Abrió el maletín negro y lo mantuvo así para que Ronnie lo inspeccionase.
    —Está bien, adelante. Ayúdela, por favor. Lo está pasando mal.
    —Eso parece -observó el médico, viendo cómo Sabra sufría y gemía ante la llegada de una nueva contracción.

    La chica, por instinto, buscó la mano de Tiel. Tiel se la apretó con fuerza y siguió hablándole y dándole ánimos.

    —Ha llegado el médico, Sabra. A partir de ahora todo irá mejor. Te lo prometo.

    Doc estaba dándole al médico la información pertinente.

    —Tiene diecisiete años. Es su primer hijo. Su primer embarazo.

    Tomaron posiciones junto a la chica, Doc al lado derecho de Sabra, el doctor Cain a sus pies, Tiel a su izquierda.

    —¿Cuánto tiempo lleva de parto?
    —Las contracciones preliminares han empezado a media tarde. Ha roto aguas hace dos horas. Después de eso, los dolores han aumentado mucho, y durante la última media hora han ido disminuyendo.
    —Hola, Sabra -le dijo el médico a la chica.
    —Hola.

    Le puso las manos en la barriga y la examinó con presiones ligeras.

    —Viene de nalgas, ¿verdad? — preguntó Doc, buscando la confirmación de su diagnóstico.
    —Sí.
    —¿Cree que podrá darle la vuelta al feto?
    —Eso es muy complicado.
    —¿Tiene experiencia en partos de nalgas?
    —He ayudado en algunos.

    No era la respuesta esperada. Preguntó entonces Doc:

    —¿Ha traído un manguito para la tensión?
    —Lo tengo en el maletín.

    El médico siguió examinando a Sabra palpándole con delicadeza el abdomen. Doc le pasó el manguito, pero él se negó a cogerlo. Estaba hablándole a Sabra.

    —Relájate y todo irá bien.

    La chica miró de reojo a Ronnie y le sonrió esperanzada.

    —¿Cuánto falta para que llegue el bebé, doctor Cain?
    —Eso es difícil de saber. Los bebés tienen mentalidad propia. Preferiría llevarte al hospital mientras tengamos tiempo para ello.
    —No.
    —Sería mucho más seguro para ti y para el bebé.
    —No puedo ir por culpa de mi padre.
    —Está muy preocupado por ti, Sabra. De hecho, está fuera. Me ha dicho que te diga…

    El cuerpo de la chica se contorsionó como si sufriera un espasmo muscular.

    —¿Que está aquí mi padre? — Su voz era aguda, presa del pánico-. ¿Ronnie?

    La noticia le había descompuesto tanto como a Sabra.

    —¿Cómo ha llegado hasta aquí?

    Tiel le dio unos golpecitos en el hombro para animarla.

    —No pasa nada. Ahora no pienses en tu padre. Piensa en tu bebé. Sólo deberías preocuparte por eso. Todo lo demás se solucionará.

    Sabra se puso a llorar.

    Doc se inclinó hacia el médico y le susurró enfadado:

    —¿Por qué demonios le ha dicho eso? ¿No podía esperar a darle la noticia?

    El doctor Cain parecía confuso.

    —Pensé que le consolaría saber que su padre estaba aquí. No han tenido tiempo de darme todos los detalles de la situación. No sabía que esta información la pondría así.

    Doc parecía dispuesto a estrangularlo, y Tiel compartía su impulso.

    Doc estaba tan enfadado que apenas movía los labios al hablar. Pero, consciente de que cualquier exhibición de rabia sólo serviría para empeorarlo todo, siguió centrado en el asunto que tenían entre manos.

    —Cuando la exploré no había dilatado mucho. — Y, mirando el reloj, añadió-: Pero ha pasado ya una hora desde entonces.

    El médico asintió.

    —¿Cuánto? ¿Cuánto había dilatado, quiero decir?
    —Unos ocho o diez centímetros.
    —Mmmm.
    —Eres un hijo de puta.

    El gruñido de Doc obligó a Tiel a levantar la cabeza de repente. ¿Lo había oído bien? Pues sí, al parecer, ya que el doctor Cain lo miraba consternado.

    —¡Hijo de puta! -repitió Doc, esta vez exclamando y rabioso.

    Lo que sucedió a continuación quedó, para toda su vida, borroso en la memoria de Tiel. Nunca consiguió recordar exactamente la rápida secuencia de acontecimientos, pero cualquier evocación de los mismos siempre le daba ganas de comer chile.


    Capítulo 6


    La camioneta del FBI aparcada en la franja asfaltada que se extendía entre los surtidores de gasolina y la carretera estaba equipada con toda la parafernalia de alta tecnología que solía utilizarse para destacamentos, vigilancias y comunicaciones. Se trataba de un puesto de mando móvil apostado en Midland-Odessa y que había sido movilizado y transportado a Rojo Flats. Había llegado minutos después de que aterrizara el helicóptero de Calloway procedente de Fort Worth.

    En la zona no había ninguna pista de aterrizaje capaz de acomodar un aparato mayor que un avión fumigador. Por lo tanto, el jet privado de Dendy había volado hasta Odessa, donde un helicóptero chárter le esperaba para trasladarlo a continuación hasta la pequeña ciudad. A su llegada, había vociferado de camino a la furgoneta exigiendo saber exactamente cuál era la situación y cómo pensaba solucionarla Calloway.

    Dendy se había convertido en un engorro y Calloway había tenido ya del millonario todo lo que era capaz de digerir antes incluso de que Dendy empezara a machacarle a preguntas sobre la maniobra que estaba en aquel momento en marcha.

    Todos los ojos estaban clavados en el monitor de televisión, que transmitía la imagen en directo recogida por una cámara situada en el exterior. Vieron cómo Cain entraba en el establecimiento y permanecía allí, de espaldas a la puerta, hasta perderse de vista.

    —¿Y si no funciona? — preguntó Dendy-. ¿Entonces, qué?
    —El «entonces qué» dependerá del resultado.
    —¿Se refiere a que no tiene un plan alternativo en marcha? ¿Qué tipo de equipo dirige usted aquí, Calloway?

    Estaban a punto de enzarzarse en una pelea. Los demás hombres de la camioneta permanecieron expectantes para ver quién explotaba primero, si Dendy o Calloway. Irónicamente, fue una declaración del sheriff Marty Montez la que desactivó la tensión explosiva.

    —Puedo ahorrarles el suspense a ambos y decirles directamente que esto no va a funcionar.

    Como cortesía -y también como una inteligente maniobra diplomática-, el agente Calloway había invitado al sheriff del condado a unirse a aquella conferencia de alto nivel.

    —Doc no es tonto -prosiguió Montez-. Enviando a ese novato no está haciendo otra cosa que buscarse problemas.
    —Gracias, sheriff Montez -dijo secamente Calloway.

    Entonces, como si la declaración de Montez hubiese sido profética, se oyeron disparos. Dos se produjeron prácticamente a la vez, y otro varios segundos más tarde. Los primeros dos los paralizaron a todos. El tercero los puso en acción. Todo el mundo se puso en movimiento y empezó a hablar a la vez.

    —¡Jesús! — vociferó Dendy.

    La cámara no les mostraba nada. Calloway cogió unos auriculares para poder escuchar las comunicaciones que se producían entre los hombres apostados delante del establecimiento.

    —¿Han sido disparos? — preguntó Dendy-. ¿Qué sucede, Calloway? ¡Ha dicho que mi hija no correría ningún peligro!

    Calloway gritó por encima del hombro:

    —Siéntese y estese quieto, señor Dendy, o tendré que pedir que se lo lleven físicamente fuera de la camioneta.
    —¡Si la caga, seré yo quien me lo llevaré físicamente de este planeta).

    A Calloway se le puso la cara blanca de rabia.

    —Cuidado, señor. Acaba de amenazar la vida de un oficial federal.

    Dicho esto, ordenó a uno de sus subordinados que se llevara a Dendy. Necesitaba saber de inmediato quién había disparado a quién y si alguien había resultado herido o muerto. Mientras intentaba descubrirlo, lo que menos necesitaba era a Dendy profiriéndole amenazas.

    Dendy explotó:

    —¡No me voy de aquí ni loco!

    Calloway dejó al alterado padre en manos de sus subordinados y regresó a la consola para pedir información a los agentes apostados en el exterior.

    Tiel había visto con incredulidad cómo el doctor Scott Cain extraía rápidamente una pistola de una pistolera que llevaba en el tobillo y apuntaba con ella a Ronnie.

    —¡FBI! ¡Suelta el arma!

    Sabra había gritado.

    Doc había seguido maldiciendo a Cain.

    —¡Llevamos todo este tiempo esperando un médico! -gritó-. ¡Y nos traen esto! ¿Qué tipo de trampa estúpida es ésta?

    Tiel se había puesto en pie rápidamente y suplicaba:

    —No, por favor. No dispare. — Había temido ver caer a Ronnie Davison ante sus propios ojos.
    —¿No es médico? — había chillado el desesperado joven-. Nos prometieron un médico. Sabra necesita un médico.
    —¡Suelta el arma, Davison! ¡Ahora mismo!
    —Maldita sea, qué pérdida de tiempo. — Doc tenía las venas del cuello hinchadas de rabia. De no tener una pistola en las manos, Tiel se imaginaba que Doc le habría saltado al agente al cuello-. Esta chica tiene problemas. Un problema que pone en peligro su vida. ¿Es qué no lo han entendido, federales hijos de puta?
    —Ronnie, haz lo que te dice -le había implorado Tiel-. Ríndete. Por favor.
    —¡No, Ronnie, no lo hagas! — había sollozado Sabra-. Papá está ahí fuera.
    —¿Por qué no dejan los dos las pistolas? — Aunque el pecho de Doc seguía subiendo y bajando por la agitación, había recuperado parte de su compostura-. Nadie tiene por qué resultar herido. Podemos ser razonables, ¿no?
    —No. — Ronnie, convencido, había agarrado la pistola con más fuerza si cabe-. El señor Dendy me hará arrestar. Nunca volveré a ver a Sabra.
    —Tiene razón -había dicho la chica.
    —Tal vez no -había observado Doc-. Tal vez…
    —¡Contaré hasta tres para que sueltes el arma! — había gritado Cain. También él parecía resquebrajarse por la presión.
    —¿Por qué ha tenido que hacer esto? — le había gritado Ronnie.
    —Uno.
    —¿Por qué nos ha engañado? Mi novia está sufriendo. Necesita un médico. ¿Por qué nos ha hecho esto?

    A Tiel no le había gustado nada la forma con que el dedo índice de Ronnie se tensaba alrededor del gatillo.

    —Dos.
    —¡He dicho que no! No pienso entregarla al señor Dendy.

    Y justo en el momento en que Cain había gritado «Tres» y disparado su arma, Tiel había cogido una lata de chiles de la estantería más cercana y le había aporreado con ella la cabeza.

    Había caído como un saco de cemento. El disparo había fallado el blanco, que era el pecho de Ronnie, pero había pasado rozando a Doc antes de estamparse contra el mostrador.

    De manera refleja, Ronnie había disparado su pistola. El único daño que la bala había provocado era en una plancha de yeso de la pared opuesta.

    Donna había gritado, se había dejado caer al suelo y se había cubierto la cabeza con las manos, para seguir gritando a continuación. Con la confusión resultante, los mexicanos se habían puesto en pie y casi habían derribado a Vern y Gladys con sus prisas.

    Tiel, percatándose de que pretendían hacerse con la pistola del agente, la había mandado debajo de un cajón congelador de un puntapié, para que no pudieran alcanzarla.

    —¡Atrás! ¡Atrás! — les había gritado Ronnie. Había vuelto a disparar para subrayar sus palabras, pero apuntando muy por encima de sus cabezas. Pese a que la bala había rebotado en el aparato de aire acondicionado, había conseguido impedir su avance.

    Todos se encontraban ahora como en una escena congelada, esperando a ver qué sucedía a continuación, quién sería el primero en moverse, en hablar.

    Resultó ser Doc.

    —Haced lo que os dice -ordenó a los dos mexicanos. Levantó la mano izquierda, con la palma vuelta hacia el exterior, indicándoles con ello que retrocedieran. Tenía la mano derecha protegiendo el hombro derecho. Y apareció sangre entre sus dedos.
    —¡Está herido! — exclamó Tiel.

    Sin hacerle caso, razonó con los dos mexicanos, que evidentemente se negaban a obedecer.

    —Si salís corriendo por esa puerta, seréis responsables de acabar con el estómago lleno de balas.

    No comprendían ni el idioma ni la lógica, sólo la insistencia de Doc de que siguieran donde estaban. Le increparon con un trepidante español. Tiel captó varias veces la palabra «madre». Y se imaginaba el resto. Sin embargo, ambos hicieron lo que Doc les pedía y se escondieron de nuevo en su puesto original, murmurando entre sí y lanzando hostiles miradas a su alrededor. Ronnie seguía apuntándoles con la pistola.

    Donna alborotaba más que Sabra, que apretaba los dientes para no gritar mientras un nuevo dolor de parto se apoderaba de ella. Doc ordenó a la cajera que dejara de hacer aquel ruido tan terrible.

    —No viviré para ver amanecer mañana -gemía.
    —Tal como va la suerte, es probable que sí -le espetó Gladys-. Ahora, cállese.

    Como si le hubiesen puesto un tapón en la boca, los lloros de Donna cesaron al instante.

    —Cógete aquí, cariño. — Tiel había regresado a su puesto junto a Sabra y le daba la mano mientras pasaba la contracción.
    —Sabía… -Sabra se interrumpió para jadear varias veces-. Sabía que papá no lo dejaría correr. Sabía que nos seguiría la pista.
    —No pienses en él ahora.
    —¿Cómo está? — preguntó Doc, uniéndose a ellas.

    Tiel le miró el hombro.

    —¿Está herido?

    Él negó con la cabeza.

    —La bala sólo me ha rozado. Escuece, eso es todo.

    Limpió la herida con una gasa a través del desgarrón de la manga, luego la cubrió con otra gasa y le pidió a Tiel que cortará un trozo de esparadrapo. Mientras él sujetaba la gasa en su lugar, ella la aseguró con el esparadrapo.

    —Gracias.
    —De nada.

    Hasta aquel momento, nadie había prestado atención al hombre inconsciente. Ronnie se le acercó, pasándose la pistola de una mano a otra y secándose las palmas húmedas con los pantalones vaqueros. Movió la barbilla en dirección a Cain.

    —¿Y ése?

    Tiel pensó que era una muy buena pregunta.

    —Seguramente seré condenado a años de prisión por hacer esto.

    Doc le dijo entonces a Ronnie:

    —Te recomiendo que me dejes arrastrarlo hacia fuera, para que los colegas que tiene en esa condenada camioneta sepan que sigue vivo. Si piensan que está muerto o herido, la cosa podría ponerse fea, Ronnie.

    Ronnie miró con aprensión hacia el exterior y se mordió el labio mientras reflexionaba sobre la sugerencia.

    —No, no. — Miró a Vern y Gladys, que parecían estárselo pasando tan bien como dos personas en la montaña rusa de un parque temático-. Busquen cinta aislante -les dijo Ronnie-. Estoy seguro de que la hay por aquí. Átenle de manos y pies.
    —Lo único que conseguirás si haces eso es hundirte aún más, hijo -le aconsejó Doc con delicadeza.
    —No creo que pueda hundirme ya más.

    La expresión de Ronnie era de tristeza, como si sólo ahora empezara a comprender la gravedad de su situación. Lo que parecía una aventura romántica cuando él y Sabra emprendieron la huida se había convertido en un incidente con tiros y el FBI. Había cometido varios delitos. Estaba metido en un grave problema, y era lo bastante inteligente como para saberlo.

    La pareja de ancianos se acercó al agente inconsciente. Cada uno de ellos lo cogió por un tobillo. Para ellos suponía un esfuerzo, pero fueron capaces de arrastrarlo lejos de la vista de Sabra, para que Tiel y Doc tuvieran más espacio para actuar.

    —Me encerrarán para siempre -continuó Ronnie-. Pero quiero que Sabra esté a salvo. Quiero que su viejo prometa que le permitirá quedarse con nuestro hijo.
    —Entonces, acabemos con esto aquí y ahora.
    —No puedo, Doc. No sin antes tener esa garantía por parte del señor Dendy.

    Doc hizo un ademán en dirección a Sabra, que jadeaba con un nuevo dolor.

    —Mientras tanto…
    —Nos quedamos aquí -insistió el chico.
    —Pero Sabra necesita un…
    —¿Doc? — dijo Tiel, interrumpiendo.
    —… hospital. Y pronto. Si de verdad te preocupa el bienestar de Sabra…
    —¿Doc?

    Irritado por la segunda interrupción de su fervoroso discurso, se volvió abruptamente y le dijo impaciente:

    —¿Qué?
    —Sabra no puede ir a ninguna parte. Veo el bebé.

    Doc se arrodilló entre las rodillas levantadas de Sabra.

    —Gracias a Dios -dijo, con una carcajada de alivio-. El bebé se ha dado la vuelta, Sabra. Veo la cabeza. Estás coronando. En unos minutos tendrás a tu bebé.

    La chica rió, una risa demasiado juvenil para encontrarse en el lío en que estaba metida.

    —¿Irá bien?
    —Creo que sí. — Doc miró a Tiel-. ¿Me ayudará?
    —Dígame qué tengo que hacer.
    —Traiga más pañales de éstos y repártalos a su alrededor. Tenga una de las toallas a mano para envolver al bebé. — Se había arremangado la camisa por encima de los codos y estaba lavándose a fondo las manos y los brazos con el producto limpiador de Tiel. Luego los bañó en vinagre. Pasó las botellas a Tiel-. Utilícelo con generosidad. Pero rápido.
    —No quiero que Ronnie mire -dijo Sabra.
    —¿Por qué no, Sabra?.
    —Lo digo en serio, Ronnie. Vete.

    Doc le habló al chico por encima del hombro.

    —Tal vez sea lo mejor, Ronnie.

    El chico se apartó a regañadientes.

    Doc encontró un par de guantes en el maletín de médico de Cain y se los puso… con mucha destreza, observó Tiel.

    —Al menos ha hecho algo bien -murmuró-. Hay una caja entera. Póngase un par.

    Acababa de conseguir ponerse los guantes cuando Sabra tuvo otra contracción.

    —No empujes si puedes evitarlo -le instruyó Doc-. No quiero que te rasgues. — Colocó la mano derecha en el perineo para aguantar y evitar la ruptura de tejidos, mientras su mano izquierda descansaba con delicadeza en la cabeza del bebé-. Vamos, Sabra. Ahora jadea. Muy bien. Póngase detrás de ella -le dijo a Tiel-. Incorpórela un poco. Apóyele la espalda.

    Ayudó a Sabra a superar el dolor y, cuando hubo acabado, la chica se relajó apoyándose en Tiel.

    —Ya está casi, Sabra -le dijo Doc con mucha amabilidad. Estás haciéndolo muy bien. Estupendamente, en realidad.

    Y Tiel habría dicho lo mismo de él. Era de admirar la forma tranquila y competente con que estaba manejando la situación con una chica tan asustada como Sabra.

    —¿Está bien?

    Tiel había estado observándolo con franca admiración, pero no se dio cuenta de que se dirigía a ella hasta que él levantó la vista.

    —¿Yo? Sí, estoy bien.
    —Espero que no se desmaye o algo por el estilo.
    —No lo creo. — Entonces, gracias a que su compostura resultaba contagiosa, dijo-: No, no me desmayaré.

    Sabra gritó, se sacudió hasta quedar medio sentada y refunfuñó por el esfuerzo de expulsar al bebé. Tiel le acarició la zona lumbar de la espalda, deseosa de poder hacer más para aliviar el sufrimiento de la chica.

    —¿Está bien? — El ansioso padre estaba completamente ignorado.
    —Intenta no empujar -le recordó Doc a la chica-. Todo saldrá bien sin necesidad de aplicar ningún tipo de presión adicional. Libera ese dolor. Bien, bien. La cabeza ya está casi fuera.

    La contracción había dejado abatida a Sabra, cuyo cuerpo se derrumbó de agotamiento. Estaba llorando.

    —Duele.
    —Lo sé. — Doc hablaba con voz tranquilizadora pero, sin que lo viese Sabra, su rostro registraba una profunda preocupación. Sabra sangraba profusamente porque el tejido se había rasgado-. Vas muy bien, Sabra -dijo mintiendo-. Pronto tendrás a tu bebé.

    Muy pronto, resultó ser. Después de toda la preocupación que había provocado el lento progreso del bebé, los segundos finales de la llegada al mundo fueron de pura impaciencia.

    Durante la siguiente contracción, casi antes de que Tiel fuese capaz de asimilar el milagro del que estaba siendo testigo, vio emerger la cabeza del bebé bocabajo. La mano de Doc la guió sólo un momento antes de que, instintivamente, se puso de lado. Cuando Tiel vio la cara del recién nacido, sus ojos abiertos de par en par, murmuró:

    —¡Oh!, Dios mío -y lo dijo literalmente, como una plegaria, porque era un fenómeno de visión sobrecogedora, casi espiritual.

    Pero allí se detuvo el milagro, porque los hombros del bebé seguían sin poder salir al exterior.

    —¿Qué sucede? — preguntó Ronnie al oír a Sabra gritar.

    Sonó el teléfono. Donna era la que más cerca estaba y fue quien respondió.

    —¿Diga?
    —Sé que duele, Sabra -dijo Doc-. Con dos o tres contracciones más deberíamos estar, ¿de acuerdo?
    —No puedo -sollozó ella-. No puedo.
    —Ese tipo que se llama Calloway quiere saber quién ha recibido los tiros -les informó Donna. Nadie le prestó atención.
    —Lo estás haciendo estupendamente -decía Doc-. Prepárate. Jadea. — Miró a Tiel de reojo y le dijo-: Ayúdela.

    Tiel se puso a jadear con Sabra mientras veía las manos de Doc manipulando el cuello de la criatura. Al darse cuenta de lo alarmada que estaba, dijo Doc en voz baja:

    —Sólo compruebo que el cordón no esté enrollado.
    —¿Está bien? — preguntó Sabra, apretando los dientes.
    —Hasta el momento es un nacimiento de libro.

    Tiel oyó que Donna le decía a Calloway:

    —No, no ha muerto, pero merecería estarlo, igual que el condenado loco que lo ha mandado aquí. — Y colgó el auricular de golpe.
    —Ya estamos, ya estamos. Tu bebé está aquí, Sabra. — A Doc le caía el sudor desde el nacimiento del pelo hasta las cejas, pero parecía no darse cuenta de ello-. Eso es. Sigue así.

    Aquel grito obsesionaría los sueños de Tiel durante muchas noches. Los hombros del bebé aparecieron rasgando más tejido. Una pequeña incisión con anestesia local le habría evitado aquella agonía, pero no había remedio.

    La única bendición de todo aquello fue el bebé, que se abría paso y acabó deslizándose en las manos de Doc.

    —Es una niña, Sabra. Una belleza. Ronnie, tienes una hija.

    Donna, Vern y Gladys lanzaron vítores y aplaudieron. Tiel se tragó las lágrimas mientras veía a Doc poniendo bocabajo a la recién nacida para limpiarle las vías respiratorias, ya que carecían de aspirador. Afortunadamente, la niña lloró de inmediato. Una amplia sonrisa de alivio inundó sus graves facciones.

    Tiel no pudo quedarse maravillada durante mucho tiempo, pues Doc le pasó enseguida a la recién nacida. Era tan resbaladiza que temía que se le cayera de las manos. Pero consiguió acunarla y envolverla en una toalla.

    —Colóquela sobre el vientre de su madre. — Tiel siguió las órdenes de Doc.

    Sabra se quedó mirando asombrada a su llorona recién nacida y preguntó, con un amedrentado susurro:

    —¿Está bien?
    —Los pulmones lo están, desde luego -dijo Tiel, riendo. Hizo un inventario rápido-: Tiene todos los dedos en pies y manos. Parece que tendrá el pelo claro, como el tuyo.
    —Ronnie, ¿quieres verla? — Sabra le llamó.
    —Sí. — El chico dividía su mirada entre ella y los mexicanos, que parecían totalmente desencantados ante la maravilla del nacimiento-. Es preciosa. Bueno, quiero decir que lo será en cuanto esté limpia. ¿Cómo estás tú?
    —Muy bien -respondió Sabra.

    Pero no era así. La sangre había saturado rápidamente los pañales. Doc intentaba cortar la hemorragia con compresas.

    —Pídale a Gladys que me traiga más. Me temo que vamos a necesitarlo.

    Tiel llamó a Gladys y le dio el recado. En medio minuto estaba de vuelta con una nueva bolsa de pañales.

    —¿Han conseguido atar a ese hombre? — preguntó Tiel.
    —Vern sigue en ello, pero no irá a ninguna parte.

    Mientras Doc continuaba trabajando en Sabra, Tiel intentó distraerla.

    —¿Qué nombre le pondrás a tu hija?

    Sabra examinaba a la recién nacida con evidente adoración y con un amor incondicional.

    —Katherine. Me gustan los nombres clásicos.
    —También a mí. Y creo que Katherine le quedará muy bien.

    De pronto, el rostro de Sabra se contorsionó de dolor.

    —¿Qué sucede?
    —Es la placenta -explicó Doc-. El lugar donde ha estado viviendo Katherine durante estos nueve meses. Tu útero se contrae para expulsarla igual que hizo con Katherine. Dolerá un poco, pero nada que ver con tener el bebé. Una vez fuera, te limpiaremos y te dejaremos descansar. ¿Qué te parece?

    Y dirigiéndose a Tiel, dijo:

    —Prepare, por favor, una de esas bolsas de basura. Tendré que guardar esto. La examinarán más adelante.

    Hizo lo que se le pedía y volvió a distraer a Sabra hablándole del bebé. En un breve espacio de tiempo, Doc había envuelto la placenta para retirarla lejos de la vista, aunque seguía unida al bebé por el cordón. Tiel quería preguntar por qué no lo había cortado todavía, pero él seguía ocupado.

    Cinco minutos después, Doc se quitó los ensangrentados guantes, cogió el manguito de la tensión arterial y se lo colocó a Sabra en el bíceps.

    —¿Cómo vas?
    —Bien -respondió, aunque tenía los ojos hundidos y ojerosos. Y una débil sonrisa-. ¿Qué tal lo lleva Ronnie?
    —Deberías hablar con él para terminar con esto, Sabra -le dijo Tiel con delicadeza.
    —No puedo. Ahora que tengo a Katherine, no puedo correr el riesgo de que mi padre la entregue en adopción.
    —No puede hacerlo sin tu consentimiento.
    —Mi padre puede hacer cualquier cosa.
    —¿Y tu madre? ¿De parte de quién está?
    —De mi padre, naturalmente.

    Doc leyó el medidor y soltó el manguito.

    —Trata de descansar un poco. Estoy haciendo todo lo posible para minimizar la hemorragia. Más adelante te pediré un favor, de modo que ahora me gustaría que echases un sueñecito si puedes.
    —Me duele. Aquí abajo.
    —Lo sé. Lo siento.
    —No es culpa suya -dijo débilmente. Se le empezaron a cerrar los ojos-. Lo ha hecho superbién, Doc.

    Tiel y Doc vieron que su ritmo de respiración se regularizaba y que los músculos empezaban a relajarse. Tiel separó a Katherine del pecho de su madre. Sabra murmuró unas palabras de protesta, pero estaba demasiado agotada como para oponer resistencia.

    —Sólo voy a limpiarla un poco. Cuando te despiertes, podrás volver a tenerla contigo. ¿De acuerdo?

    Tiel aceptó el silencio de la chica como su permiso para llevarse al bebé.

    —¿Y el cordón? — le preguntó a Doc.
    —He estado esperando por seguridad.

    El cordón había dejado de latir y ya no tenía un aspecto fibroso, sino más fino y más plano. Lo ató por dos puntos con los cordones de zapatos, dejando un par de centímetros entre ellos. Tiel volvió la cabeza cuando lo cortó.

    Con la placenta ya totalmente separada del bebé, Doc pudo cerrar herméticamente la bolsa de basura y, confiando de nuevo en la ayuda de Gladys, le pidió que guardase la bolsa en la nevera antes de seguir con los cuidados de la madre.

    Tiel abrió la caja de toallitas húmedas.

    —¿Cree que son seguras para el bebé?
    —Me imagino. Para eso son -respondió Doc.

    Pese a que Katherine hizo algún que otro puchero de protesta, Tiel la limpió con las toallitas, que olían agradablemente a polvos de talco. Sin experiencia previa con recién nacidos, la tarea la puso nerviosa. Entre tanto, siguió controlando el suave ritmo de la respiración de Sabra.

    —Aplaudo su coraje -observó-. No puedo evitar sentir compasión por ella. Por lo que sé de Russell Dendy, yo también habría huido de él.
    —¿Lo conoce?
    —Sólo a través de los medios de comunicación. Me pregunto si habrá contribuido a que nos mandaran a Cain.
    —¿Por qué le ha dado ese golpe en la cabeza?
    —¿Se refiere a mi ataque contra el agente federal? — preguntó, haciendo de ello una triste broma-. Intentaba evitar un desastre.
    —Elogio su rápida intervención y me gustaría haber pensado antes en ello.
    —Tenía la ventaja de estar a sus espaldas. — Envolvió a Katherine en una toalla limpia y la presionó contra su pecho para darle calor-. Me imagino que el agente Cain cumplía simplemente con su deber. Y meterse en una situación como ésta exige cierto grado de valentía. Pero no quería que disparase a Ronnie. Y, con la misma intensidad, no quería tampoco que Ronnie le disparara. Actué por impulso.
    —¿Y no estaba un poco cabreada al descubrir que Cain no era médico?

    Tiel le miró y le lanzó una sonrisa conspiradora.

    —¿Eso le pareció?
    —Se lo prometo.
    —¿Cómo sabía que no era médico? ¿Qué fue lo que le delató?
    —Las constantes vitales de Sabra no le preocuparon de entrada. Por ejemplo, no le tomó la tensión arterial. No parecía comprender la gravedad de su estado, de modo que empecé a sospechar de él y puse a prueba sus conocimientos. Cuando el cuello de la matriz está dilatado entre ocho y diez centímetros, significa que todo está a punto. Cateó el examen.
    —Es posible que a los dos nos sentencien a años de trabajos forzados en la prisión federal.
    —Mejor que dejarle que disparara a Ronnie.
    —Desde luego. — Miró de nuevo a la niña, dormida ahora-. ¿Y el bebé? ¿Está bien?
    —Echémosle un vistazo.

    Tiel puso a Katherine en su regazo. Doc desplegó la toalla y exploró a la diminuta recién nacida, cuya altura no alcanzaba ni la medida de su antebrazo. Sus manos se veían grandes y masculinas en contraste con el color rosado del bebé, pero su forma de tocarla estaba llena de ternura, sobre todo cuando palpó el cordón que colgaba de su barriguita.

    —Es pequeña -comentó-. Me imagino que unas dos semanas prematura. Pero parece estar bien. Respira correctamente. De todos modos, debería estar en la unidad de neonatos de un hospital. Es importante que la mantengamos caliente. Intente cubrirle la cabeza.
    —De acuerdo.

    Estaba inclinado muy cerca de Tiel. Lo bastante cerca como para que ella pudiese distinguir cada una de las pequeñas arrugas que marcaban los extremos de sus ojos. El iris era de un color gris verdoso, las pestañas muy negras, varios tonos más oscuras que su cabello castaño. La barbilla y la mandíbula mostraban una barba incipiente que resultaba muy atractiva. A través del desgarro de la manga de la camisa se dio cuenta de que la sangre había traspasado el improvisado vendaje.

    —¿Le duele el hombro?

    Cuando él levantó la cabeza sus narices estuvieron a punto de chocar. Sus miradas permanecieron unidas durante unos segundos antes de que él volviese la cabeza para observar la herida del hombro. Parecía como si se hubiese olvidado de su existencia.

    —No. Está bien -y añadió rápidamente-: mejor que le ponga uno de esos pañales y luego vuelva a taparla.

    Tiel, con poca maña, le puso el pañal al bebé mientras Doc iba a comprobar el estado de la madre.

    —¿Toda esta sangre…? — Tiel, expresamente, dejó la pregunta sin concluir, temerosa de que Ronnie pudiera oírla. Tiel no había presenciado nunca un nacimiento y por lo tanto no sabía si la cantidad de sangre de Sabra era normal o motivo de alarma. A ella le parecía una cantidad fuera de lo común y, si había interpretado bien la mirada de Doc, él también estaba preocupado.
    —Mucha más de la que debería ser. — No alzó la voz por el mismo motivo que ella. Cubrió las piernas de Sabra con la sábana y empezó a masajear su abdomen-. A veces, así se consigue detener la hemorragia -dijo para responder la muda pregunta de Tiel.
    —¿Y si no lo consigue?
    —Pues no tardaremos en enfrentarnos a un problema de verdad. Me gustaría haberle podido practicar una episiotomía, haberle ahorrado todo esto.
    —No se culpe de ello. En estas circunstancias y dadas las condiciones, lo ha hecho maravillosamente bien, doctor Stanwick.


    Capítulo 7


    Le salió antes de que pudiera recordarlo. No pretendía que Doc se enterase de que lo había reconocido. Todavía no, al menos.

    Aunque, tal vez, su desliz hubiera sido subconscientemente intencionado. Tal vez se había dirigido a él por su apellido sólo para ver su reacción. Su deseo ardiente, típico de una reportera, de provocar una respuesta a una pregunta o de conseguir una declaración inesperada la había incitado a pronunciar su nombre para ver cuál sería su reacción espontánea, improvisada y, por lo tanto, candida.

    Su reacción espontánea, improvisada y candida fue contundente. En orden secuencial, pareció primero asombrado, luego desconcertado, luego fastidiado. Finalmente, fue como si sus ojos hubiesen desaparecido tras una persiana.

    Tiel le sostuvo la mirada, prácticamente desafiándole a negar que era el doctor Bradley Stanwick. O que lo había sido en una vida anterior.

    El teléfono volvió a sonar.

    —Demonios -gruñó Donna-. ¿Qué les digo esta vez?
    —Déjeme responder a mí. — Ronnie cogió el teléfono. ¿Señor Calloway? No, tal y como le ha dicho la señora, no está muerto.

    Sabra se había espabilado con el sonido del teléfono. Pidió que le dejaran a la niña. Tiel depositó el bebé entre sus brazos. La nueva madre arrulló a su pequeña deciéndole lo encantadora que era, lo bien que olía.

    Tiel se puso en pie y estiró los músculos. Hasta aquel momento no se había dado cuenta de lo abrumadora que había sido la última hora del parto y el nacimiento. Su fatiga no podía compararse con la de Sabra, naturalmente, pero de todos modos estaba agotada.

    Físicamente agotada, pero mentalmente con las pilas cargadas. Evaluó la situación. Gladys y Vern estaban sentados juntos, en silencio, cogidos de la mano. Parecían cansados pero satisfechos, como si los acontecimientos de la noche fuesen una representación cuyo objetivo era mantenerlos entretenidos.

    Donna se abrazaba su huesudo pecho con sus flacuchos brazos y jugueteaba con los pellejos que se suponía que eran los codos. El mexicano más alto y delgado estaba concentrado en Ronnie y el teléfono. Su amigo observaba al agente del FBI, que mostraba signos de estar recuperando el conocimiento.

    Vern había dejado al agente Cain sentado con la espalda apoyada en el mostrador y las piernas estiradas. Le había atado los tobillos con cinta adhesiva de color plateado. Las muñecas habían seguido el mismo camino y estaban atadas a la espalda. Tenía la cabeza inclinada sobre el pecho y de vez en cuando intentaba levantarla, gimoteando cada vez que lo hacía.

    —Lo tenemos atado -le explicaba Ronnie a Calloway por teléfono-. Hemos disparado casi al mismo tiempo, pero el único herido ha sido Doc. No, está bien. — Ronnie miró a Doc de reojo y éste asintió indicándole que estaba de acuerdo con sus palabras-. ¿Quién es la señorita McCoy?
    —Yo -dijo Tiel, dando un paso adelante.
    —¿Cómo es posible? — Ronnie le echó a Tiel una rápida mirada de perplejidad-. Supongo que no pasa nada. ¿Cómo ha sabido su nombre? De acuerdo, espere un momento. — Mientras le pasaba el auricular a Tiel, le preguntó-: ¿Es usted famosa o algo así?
    —No, si lo fuera, te habrías dado cuenta. — Cogió el auricular-. ¿Diga?

    La voz sonaba oficial: clara y concisa.

    —Señorita McCoy, le habla Bill Calloway, agente especial del FBI.
    —Hola.
    —¿Puede hablar libremente?
    —Sí.
    —¿Está sufriendo algún tipo de intimidación?
    —No.
    —¿Cuál es la situación ahí?
    —Exactamente tal y como Ronnie se la ha descrito. El agente Cain ha estado a punto de provocar un desastre, pero hemos podido evitarlo.

    Pillado por sorpresa, el agente tardó un poco en responder.

    —¿Perdón?
    —Enviarlo aquí ha sido muy mala idea. La señorita Dendy necesitaba un ginecólogo, no la caballería.
    —No sabíamos…
    —Pues ahora ya lo saben. Esto no es ni Mount Carmel ni Ruby Ridge. Y no pretendo decirle con esto cómo debe hacer su trabajo…
    —¿De verdad? — dijo él, secamente.
    —Pero le animo a que coopere con el señor Davison a partir de ahora.
    —La política de la agencia es no negociar con quien toma rehenes.
    —No se trata de terroristas -exclamó ella-. Son una pareja de niños que están confusos y asustados y que creen haber agotado todas sus alternativas.

    Se oían voces alteradas de fondo. Calloway tapó el micrófono para poder hablar con alguien. El agente Cain levantó la cabeza y miró a Tiel con ojos legañosos. ¿La habría reconocido como la que le había dejado grogui con una lata de chile?

    —El señor Dendy está muy preocupado por el bienestar de su hija -dijo Calloway cuando volvió a entrar en línea-. La cajera…, ¿Donna?, me ha dicho que Sabra ha dado a luz.
    —Una niña. Las dos están… estables. — Tiel miró de reojo a Doc y él le respondió con un pequeño movimiento afirmativo con la cabeza-. Puede asegurarle al señor Dendy que su hija no corre un peligro inmediato.
    —El sheriff Montez me informa de que está con ustedes un hombre del lugar que posee cierta formación médica.
    —Tiene razón. Ha atendido a Sabra durante el parto y el nacimiento.

    Doc entrecerró un poco los ojos…, el pistolero a punto de desenfundar.

    —El sheriff Montez no recuerda su apellido. Dice que lo conocen por Doc.
    —Correcto.
    —¿Sabe cómo se apellida?

    Tiel consideró las distintas alternativas. Había estado totalmente involucrada en el parto y el nacimiento, pero no sabía muy bien qué estaba sucediendo fuera. Había oído el sonido de rotores de helicópteros. Podría tratarse de aparatos de la policía y de asistencia médica, pero apostaría a que aquel ruido indicaba también la llegada de medios de comunicación procedentes de Dallas -Fort Worth, Austin, Houston-. Emisoras importantes. Cadenas de televisión.

    El papel activo que estaba desempeñando en aquella historia había aumentado automáticamente su valor en los medios. No era lo que podría calificar como famosa, pero, con toda humildad, tampoco era una desconocida. Dentro de su mercado televisivo aparecía casi cada noche en las noticias. Aquellos noticiarios se emitían también en canales más locales de Texas y Oklahoma, lo que se traducía en varios millones de telespectadores. Era la chispa de sabor en una historia ya jugosa de por sí. Si a la mezcla se le añadía el ingrediente del doctor Bradley Stanwick, que había desaparecido tres años atrás de la escena pública envuelto en un gran escándalo, aparecía un sabroso potaje que provocaría un hambriento frenesí entre las filas de la prensa.

    Pero Tiel quería que fuese su potaje.

    Si proporcionaba la identidad de Doc en aquel momento, podía despedirse de la exclusiva. Todo el mundo informaría antes que ella. La historia estaría en antena antes de que ella hubiera podido publicar su primer reportaje. Cuando llegara el momento de producir su relato personal del suceso, la reaparición del doctor Stanwick se habría convertido ya en una noticia del pasado.

    Seguramente, Gully nunca la perdonaría por esta decisión, pero, de momento, conservaría su precioso bocado como su ingrediente secreto.

    De modo que evitó darle a Calloway una respuesta directa.

    —Doc ha hecho un trabajo increíble bajo circunstancias muy arduas. Sabra le responde favorablemente. Confía en él.
    —Tengo entendido que resultó herido durante el tiroteo.
    —Un rasguño, nada más. Todos estamos bien, señor Calloway -dijo, impaciente-. Estamos agotados pero, por lo demás, ilesos, y no me cansaré de subrayarlo.
    —¿No está siendo forzada a decir esto?
    —Por supuesto que no. Lo último que quiere Ronnie es que alguien resulte herido.
    —Eso es verdad -dijo el chico-. Sólo quiero poder salir de aquí con Sabra y mi hija, libres para seguir nuestro camino.

    Tiel transmitió su deseo a Calloway, quien dijo:

    —Señorita McCoy, ya sabe que no puedo permitir que eso suceda.
    —Siempre se pueden hacer excepciones.
    —No tengo autoridad para…
    —Señor Calloway, ¿está usted en posición de hablar libremente?

    Después de una pausa momentánea, dijo:

    —Adelante.
    —Si ha tenido usted algún tipo de interacción con Russell Dendy comprenderá perfectamente por qué estos dos jóvenes están desesperados hasta el punto de haber hecho lo que han hecho.
    —No puedo hacer comentarios sobre lo que acaba de decir, pero entiendo por dónde va.

    Al parecer, Dendy podía oírle.

    —Ese hombre es un tirano, sin lugar a dudas -continuó Tiel-. No sé si está al corriente de esto, pero ha dado su palabra de separar a la fuerza a la pareja y de entregar al bebé en adopción. Lo único que quieren Ronnie y Sabra es libertad para decidir su futuro y el de su hija. Se trata de una crisis familiar, señor Calloway, y como tal debería gestionarse. A lo mejor el señor Dendy consentiría la actuación de un mediador que les ayudara a solucionar sus diferencias y alcanzar un acuerdo.
    —Ronnie Davison tiene aún muchas cosas por las que responder, señorita McCoy. Atraco a mano armada, para empezar.
    —Estoy segura de que Ronnie está dispuesto a aceptar la responsabilidad de sus acciones.
    —Déjeme hablar con él. — Ronnie le cogió el auricular-. Escuche, señor Calloway, no soy un delincuente. No lo he sido hasta hoy, quiero decir. Ni siquiera me han puesto nunca una multa por exceso de velocidad. Pero no pienso permitir que el señor Dendy dicte el futuro de mi hija. En la situación en la que me encuentro, no veo otra manera de alejarme de él.
    —Cuéntale lo que hemos decidido, Ronnie -gritó Sabra.

    La miró, allí tendida con la recién nacida entre sus brazos, y su rostro adquirió una expresión de dolor.

    —Hable con el padre de Sabra, señor Calloway. Convénzale de que nos deje tranquilos. Entonces soltaré a todo el mundo.

    Se quedó a la escucha por un momento y dijo:

    —Sé que las dos necesitan un hospital. Cuanto antes mejor. De modo que tiene una hora para darme la respuesta. — Otra pausa-. ¿O qué? — dijo, evidentemente repitiendo la pregunta de Calloway. Ronnie volvió a mirar a Sabra. Ella apretó el bebé con más fuerza contra su pecho y movió afirmativamente la cabeza-. Se lo diré en una hora. — Colgó en seco.

    Entonces, dirigiéndose a los rehenes, dijo:

    —Muy bien, ya lo han oído. No quiero hacer daño a nadie. Quiero que todos salgamos de aquí. De modo que pido a todo el mundo que se relaje. — Miró el reloj colgado en la pared-. Sesenta minutos y todo podría haber terminado.
    —¿Y si el viejo no accede a dejaros tranquilos? — preguntó Donna-. ¿Qué piensas hacer con nosotros?
    —¿Por qué no se sienta y se calla? — le dijo Vern, en tono quejumbroso.
    —¿Por qué no se va a la mierda, viejo? — le replicó. Usted no es mi jefe. Quiero saberlo. ¿Viviré o moriré? ¿Empezará a dispararnos de aquí a una hora?

    Un incómodo silencio se apoderó del grupo. Todas las miradas se volvieron hacia Ronnie que, terco, se negaba a reconocer la pregunta muda de aquellos ojos.

    El agente Cain o bien había vuelto a quedar inconsciente, o bien no levantaba la cabeza avergonzado por su fracaso al no haber dado por concluida aquella situación. En cualquier caso, tenía todavía la barbilla pegada al pecho.

    Donna seguía rascándose los codos.

    Vern y Gladys mostraban signos de fatiga. Ahora que la emoción del nacimiento había acabado, su vivacidad se había desvanecido. Gladys tenía la cabeza apoyada en el hombro de Vern.

    Tiel se puso en cuclillas junto a Doc, que se ocupaba de nuevo de Sabra. La chica tenía los ojos cerrados. La pequeña Katherine dormía en brazos de su madre.

    —¿Cómo está?
    —Esta condenada hemorragia…, y la tensión arterial está cayendo.
    —¿Qué puede hacer?
    —Lo he intentado con masajes en la zona del útero, pero en lugar de detener la hemorragia la ha aumentado. — Tenía la frente arrugada de pura consternación-. Hay algo más.
    —¿Qué?
    —La lactancia.
    —¿Podría la niña empezar a mamar tan pronto?
    —No. ¿Ha oído hablar alguna vez de la oxitocina?
    —Supongo que es algo de mujeres.
    —Es una hormona que ayuda a producir leche materna. Y sirve también para que el útero se contraiga, lo que a su vez reduce la hemorragia. La succión estimula la liberación de la hormona.
    —¡Oh! Entonces, ¿por qué no ha…?
    —Porque pensé que a estas alturas estaría ya de camino al hospital. Además, la chica ya tenía bastantes cosas a las que enfrentarse.

    Permanecieron un momento en silencio, ambos mirando a Sabra y su preocupante palidez.

    —Temo también una infección -dijo él-. Maldita sea, las dos necesitan hospitalización. ¿Qué tal es ese Calloway? ¿El típico tipo duro de pelar?
    —Sólo piensa en su trabajo, eso está claro. Pero parece razonable. Dendy, por otro lado, es un maniaco delirante. Lo he oído de fondo profiriendo amenazas y ultimátums. — Miró de reojo a Ronnie, que dividía su atención entre el aparcamiento y el dúo de mexicanos, que cada vez parecían más nerviosos-. No nos ejecutará, ¿verdad?

    Sin prisas por responder a su pregunta, Doc acabó de cambiar los pañales que Sabra tenía debajo de su cuerpo, se acomodó de nuevo junto al cajón frigorífico y levantó una rodilla. Apoyó en ella un codo y se pasó la mano por el pelo. En la ciudad necesitaría un buen corte. Pero en aquel entorno, ese aspecto descuidado encajaba estupendamente.

    —No sé qué hará, señorita McCoy. El misterio de lo que el ser humano es capaz de infligir a sus semejantes es algo que siempre me ha fascinado y me ha repelido a la vez. No creo que el chico tenga en la cabeza ponernos en fila y empezar a matarnos, pero no hay nada que garantice que no lo haga. En cualquier caso, hablar sobre ello no influirá en el resultado.
    —Una perspectiva bastante fatalista.
    —La que ha preguntado ha sido usted. — Se encogió de hombros con indiferencia-. No tenemos por qué hablar de ello.
    —¿Entonces de qué quiere que hablemos?
    —De nada.
    —Y una mierda -dijo ella, con la esperanza de sorprenderle y consiguiéndolo-. Usted quiere saber cómo lo he reconocido.

    Apenas la miró, y no dijo nada. Se había construido una armadura, pero parte del trabajo de ella consistía en atravesar armaduras invisibles.

    —Cuando lo vi pensé que me resultaba familiar, pero no lo ubiqué. Entonces, durante el parto, justo antes del nacimiento, caí en quién era. Creo que la pista definitiva fue su forma de tratar a Sabra.
    —Tiene una memoria excelente, señorita McCoy.
    —Tiel. Y tal vez mi memoria sea mejor que la del ciudadano medio. ¿Sabe? Fui yo quien llevó su noticia. — Recitó la identificación del canal de televisión para el que trabajaba.

    Murmuró él una palabrota.

    —¿De modo que estuvo entre las hordas de periodistas que convirtieron mi vida en un infierno?
    —Soy buena en mi trabajo.

    Soltó él una carcajada de desprecio.

    —Estoy seguro de que lo es. — Colocó mejor sus largas piernas sin dejar de mirarla ni un instante-. ¿Le gusta lo que hace?
    —Mucho.
    —¿Le gusta aprovecharse de la gente que ya está en lo más bajo, exponer sus tribulaciones al escrutinio público, hacer que les resulte imposible recoger los pedazos de una vida hecha pedazos?
    —¿Culpa a los medios de sus dificultades?
    —En gran parte, sí.
    —¿Por ejemplo?
    —Por ejemplo, el hospital se derrumbó bajo el peso de la mala publicidad. La mala publicidad generada y alimentada por gente como usted.
    —Usted generó su propia publicidad negativa, doctor Stanwick.

    Enfadado, volvió la cabeza y Tiel se dio cuenta de que le había tocado la fibra sensible.

    El doctor Bradley Stanwick había sido un oncólogo de renombre que dirigía uno de los centros de tratamiento del cáncer más avanzados del mundo. Acudían al mismo pacientes de todas partes, normalmente en un último intento esperanzado de salvar la vida. Su clínica no podía salvarlos a todos, por supuesto, pero mantenía un excelente historial en cuanto a aliviar los estragos de la enfermedad y prolongar la existencia, además de proporcionar al paciente una calidad de vida que hacía que mereciese la pena vivir durante más tiempo.

    De ahí la cruel ironía que se produjo cuando la joven, bella y vivaz esposa de Bradley Stanwick se vio sorprendida por un cáncer de páncreas inoperable.

    Ni él ni sus brillantes colegas pudieron retardar su rápida diseminación. Semanas después del diagnóstico quedó confinada en la cama. Ella misma optó por un tratamiento agresivo con quimioterapia y radiaciones, pero los efectos secundarios fueron casi tan letales como la enfermedad que el tratamiento pretendía combatir. Su sistema inmunitario se debilitó; desarrolló una neumonía. Uno a uno, los demás sistemas empezaron a flaquear, luego a fallar.

    Se negó a que le administraran analgésicos porque no quería tener los sentidos embotados. Sin embargo, durante sus últimos días de vida, su sufrimiento se hizo tan intenso que finalmente consintió en que le dieran un fármaco que ella misma podía administrarse por vía intravenosa.

    Todo esto lo averiguó Tiel investigando. El doctor y la señora Bradley no se convirtieron en noticia hasta después del fallecimiento. Hasta su muerte, no fueron más que una triste estadística, las víctimas de una penosa enfermedad.

    Pero después del funeral, los contrariados suegros empezaron a hacer correr el rumor de que su yerno podía haber acelerado el fallecimiento de su esposa. Concretamente, de que le había permitido quitarse la vida poniendo una dosis tan elevada en el mecanismo de administración que en realidad ella había sucumbido bajo los efectos de una cantidad letal de narcóticos. Alegaron que el motivo de querer acelerar las cosas no era otro que una cuantiosa herencia.

    Tiel había considerado desde el principio que aquellas alegaciones eran pura tontería. De antemano se sabía que la esperanza de vida de la señora Bradley era cuestión de días. Un hombre que esperaba heredar una fortuna podía permitirse esperar a que la naturaleza siguiera su curso. Además, el doctor Stanwick era adinerado por derecho propio, aunque destinaba gran parte de sus ingresos a la clínica oncológica en forma de fondos para la investigación y para el cuidado de pacientes indigentes.

    Aun habiéndole practicado la eutanasia a su esposa, Tiel no estaba dispuesta a tirar la primera piedra. La controversia en torno a la eutanasia la ponía en un dilema moral para el que no tenía una solución satisfactoria. En lo que a aquel tema se refería, tendía a coincidir con el orador más vehemente.

    Pero, desde un punto de vista estrictamente práctico, dudaba mucho que Bradley Stanwick arriesgara su reputación, ni siquiera por su querida esposa.

    Desgraciadamente para él, sus suegros insistieron hasta que la oficina del juez del distrito ordenó una investigación…, que resultó ser una pérdida de tiempo y de personal. No se encontraron pruebas que sustentaran los cargos de acto criminal que había interpuesto la familia de la fallecida. No había indicios de que el doctor Stanwick hubiera hecho alguna cosa para acelerar la muerte de su esposa. El juez del distrito declinó incluso presentar el caso al gran jurado, afirmando que no había base para ello.

    Pero la historia no terminó aquí. Durante las semanas que los investigadores pasaron interrogando al doctor Stanwick, sus colegas, su personal, amigos, familia y antiguos pacientes, todos los aspectos de su vida fueron extensamente examinados y debatidos. Vivía bajo una sombra de sospecha que era especialmente incómoda, pues la mayoría de sus pacientes estaban considerados enfermos terminales.

    El hospital donde ejercía su práctica se convirtió también pronto en el centro de atención. En lugar de apoyarle, los administradores votaron por unanimidad revocar sus privilegios en el centro hasta que quedara libre de toda sospecha. Bradley Stanwick, que no era tonto, sabía que nunca quedaría libre de toda sospecha. En cuanto se siembra una semilla de duda en la opinión pública, suele encontrar terreno fértil y florecer.

    Quizá la traición definitiva llegó por parte de sus socios en la clínica que había fundado. Después de haber estado trabajando juntos durante años, de formar equipo en investigaciones y casos de estudio, de combinar sus conocimientos, habilidades y teorías, de entablar amistades además de alianzas profesionales, le pidieron la dimisión.

    Vendió su parte de la clínica a sus antiguos socios, pagó la hipoteca de su finca en Highland Park por una mínima parte de su valor y, con una actitud de «Que os jodan a todos», abandonó Dallas con rumbo desconocido. Y allí terminó la historia. Si Tiel no se hubiese perdido y acabado en Rojo Flats, seguramente nunca habría vuelto a pensar en él.

    Le preguntó entonces:

    —¿Es Sabra la primera paciente que trata desde que abandonó Dallas?
    —No es una paciente, y no la he tratado. Yo era oncólogo, no ginecólogo. Ésta ha sido una situación de emergencia y he respondido a ella. Igual que lo ha hecho usted. Igual que lo ha hecho todo el mundo.
    —Eso es falsa modestia, Doc. Ninguno de nosotros podría haber hecho por Sabra lo que usted ha hecho.
    —Ronnie, ¿puedo beber algo? — le gritó de repente al chico.
    —Claro. Por supuesto. Tal vez los demás también quieran beber alguna cosa.

    Doc se inclinó para coger de la estantería una caja con botellas de agua. Después de coger dos de las botellas para él y para Tiel, pasó el resto al chico, que le pidió entonces a Donna que las repartiese.

    Se bebió de un solo trago prácticamente la mitad de la botella. Tiel giró el tapón y bebió de su botella, suspirando después de beber un buen trago.

    —Buena idea. ¿Intentando cambiar de tema?
    —Lo ha adivinado.
    —¿Ya no practica la medicina en Rojo Flats?
    —Ya se lo dicho. Soy ranchero.
    —Pero por aquí le conocen como Doc.
    —En una pequeña ciudad, todo el mundo lo sabe todo de todos.
    —Pero debe habérselo dicho a alguien. Si no, ¿cómo habría corrido la voz…?
    —Mire, señorita McCoy…
    —Tiel.
    —No sé cómo corrió la voz de que en su día practiqué la medicina. E incluso sabiéndolo, ¿qué le importa a usted?
    —Simple curiosidad.
    —Ya. — Tenía la mirada fija al frente, lejos de ella-. Esto no es una entrevista. No conseguirá ninguna entrevista de mí. ¿De modo que por qué no se ahorra saliva? Tal vez la necesite después.
    —Antes del…, del episodio, llevaba usted una vida muy activa. ¿No echa de menos ser el centro de las cosas?
    —No.
    —¿No se aburre aquí?
    —No.
    —¿No se siente solo?
    —¿Por qué?
    —¿No le falta compañía?

    Él volvió la cabeza y se acomodó en su posición de tal manera que sus hombros y su torso quedaron prácticamente frente a ella.

    —A veces. — Bajó la vista, la miró-. ¿Se presenta voluntaria para ayudarme al respecto?
    —¡Oh!, por favor.

    Y cuando ella respondió aquello, él se echó a reír, haciéndole saber que no lo había dicho en serio.

    Se odiaba por haber caído en aquella trampa. — Pensaba que estaba por encima de las majaderías sexistas.

    Y de nuevo serio, le dijo:

    —Y yo esperaba que en un momento como éste estuviera por encima de formular preguntas, especialmente preguntas personales. Justo cuando empezaba usted a gustarme.

    Curiosamente, su forma de observarla ahora, con aquella mirada intensa de querer indagar, tuvo un efecto mayor que la insinuación sexual más zalamera. Aquello era falso. Esto era real. Sentía cosquillas en el estómago.

    Pero un estruendo en el otro extremo de la tienda hizo que ambos se levantaran de un salto.


    Capítulo 8


    Tiel había bautizado con el nombre de Juan al mexicano más bajo y robusto. Era él quien había causado aquella conmoción. Estaba inclinado sobre el agente Cain, maldiciéndolo con ganas…, o se imaginaba que era eso lo que estaba haciendo. No dejaba de gritarle en español.

    Cain gritaba todo el rato «¿Qué demonios?» y luchaba en vano por liberarse de la cinta adhesiva.

    Ante la consternación de todos, Juan cogió otro trozo de cinta y le tapó la boca al agente del FBI para acallarle. Mientras, el compañero más alto de Juan disparó un corrido de palabras en español con lo que parecían reproches por el repentino ataque de Juan sobre el agente.

    Ronnie, pistola en mano, gritó:

    —¿Qué sucede? ¿Qué hacéis ahí? ¿Qué ha pasado, Vern?
    —Maldita sea si lo sé. Estaba medio dormido. Me he despertado cuando han empezado a pelearse y a gritarse entre ellos.
    —Le ha saltado encima -aportó Gladys, con sus remilgados modales-. Sin motivo aparente. No me fío de él. Ni tampoco de su amigo, la verdad.
    —¿Qué pasa? -preguntó Doc.

    Los mexicanos se quedaron de repente en silencio, sorprendidos de que hablara español. Juan era el que más sorprendido parecía. Volvió la cabeza y se quedó mirando fijamente a Doc. Impertérrito ante aquella mirada abrasadora, Doc repitió de nuevo la pregunta.

    —Nada -murmuró Juan, casi para sus adentros.

    Entonces Doc se levantó e intercambió miradas con el mexicano.

    —¿Y bien? — preguntó Tiel.
    —¿Y bien qué? Mi vocabulario en español no llega más allá de decir hola, adiós, por favor, gracias y mierda. Y nada de ello se aplica a esta situación en particular.
    —¿Por qué le has saltado encima? — le preguntó Ronnie al mexicano-. ¿A ti qué te pasa?
    —Está medio chiflado -dijo Donna-, eso es lo que le pasa. Lo supe en el momento en que le puse los ojos encima.

    Juan respondió en español, pero Ronnie negó con la cabeza, impaciente.

    —No te entiendo. Quítale eso de la boca. ¡Hazlo! — le ordenó, viendo que Juan no le obedecía de inmediato. Ronnie se hizo entender representando a modo de pantomima la acción de arrancarle la cinta a Cain, que escuchaba y observaba los sucesos con los ojos como platos y asustado.

    El mexicano se agachó, tiró de un extremo de la cinta adhesiva y se la arrancó. El agente dio un brinco de dolor y luego gritó:

    —¡Eres un hijo de puta!

    Juan parecía satisfecho consigo mismo. Miró de reojo a su compañero y ambos se echaron a reír, como si les divirtiesen las circunstancias incómodas en las que se encontraba el agente.

    —Vais a ir todos a la cárcel. Todos y cada uno. — Cain miró con odio a Tiel-. Especialmente usted. Usted es la culpable del lío en el que estamos metidos.
    —¿Yo?
    —Usted ha bloqueado a un oficial federal y le ha impedido llevar a cabo su deber.
    —Le he impedido acabar innecesariamente con una vida humana a cambio de ganarse medallas, quedarse a gusto, o lo que sea que le motivara a entrar aquí y complicar aún más una situación ya complicada de por sí. Bajo el mismo conjunto de circunstancias, volvería a machacarle.

    La mirada hostil del agente pasó de un rehén a otro, hasta aterrizar finalmente en el mexicano que le había atacado.

    —No lo entiendo. ¿Qué demonios les pasa a ustedes? — Hizo un ademán en dirección a Ronnie-. El enemigo es él, no yo.
    —Lo único que pretendemos es que esta situación no termine en desastre -dijo Doc.
    —La única manera de que así sea es con una rendición total y con la liberación de los rehenes. La política de la agencia es de no negociar.
    —Eso ya nos lo ha dicho Calloway -le explicó Tiel.
    —Si Calloway me cree muerto…
    —Ya le hemos contado que no lo está.

    El agente se mofó de Ronnie.

    —¿Y qué te hace pensar que va a creerte?
    —El que yo se lo haya confirmado -dijo Tiel.

    Doc, que estaba de nuevo con Sabra, dijo:

    —Necesito otro paquete de pañales.

    No podían ser para el bebé, pensó Tiel razonando. Katherine no podía haberse mojado tanto. Una sola mirada le bastó para comprender que los recambios eran para Sabra. La hemorragia seguía sin decrecer en intensidad. Más bien había aumentado.

    —Ronnie, ¿podría coger otro paquete de pañales?
    —¿Qué sucede? ¿Va algo mal con la niña?
    —El bebé está bien, pero Sabra no para de sangrar.
    —Dios mío.
    —¿Puedo coger los pañales?
    —Claro, claro -dijo, sin pensarlo.
    —Vaya clase de héroe eres, Davison -observó Cain en tono sardónico-. Estás dispuesto a dejar que tu novia y el bebé mueran con tal de salvar el pellejo. Sí, para dejar que una mujer se desangre hasta la muerte se necesita ser valiente de verdad.
    —Ojalá ese mexicano le hubiese dejado la boca tapada -gruñó Donna-. La tiene de lo más sucia, agente.
    —Por una vez tiene usted razón, Donna -dijo Gladys. Y dirigiéndose a Cain, añadió-: Lo que ha dicho es despreciable.
    —¡Ya está bien, a callarse todos! — dijo Ronnie. Todo el mundo se quedó en silencio al instante, excepto los dos mexicanos, que seguían dialogando en voz baja.

    Tiel corrió al lado de Doc con el paquete de pañales desechables. Lo abrió como pudo y desplegó un pañal para dárselo. Doc se lo colocó a Sabra debajo de las caderas.

    —¿Qué le ha hecho pensar en esto?
    —La hemorragia traspasa las compresas enseguida. Y estos pañales están recubiertos de plástico.

    La conversación era un murmullo. Ninguno de los dos quería asustar a la chica ni aturullar más a Ronnie, que no dejaba de mirar el reloj de pared colgado detrás del mostrador. La larga aguja de los minutos daba vueltas con terrible lentitud.

    Doc se instaló junto a Sabra y le cogió la mano.

    —Sigues sangrando un poco más de lo que me gustaría.

    Los ojos de la chica se clavaron en los de Tiel, que le había posado una mano en el hombro para consolarla.

    —No es necesario alarmarse. Doc piensa por adelantado. No quiere que las cosas empeoren hasta el punto de luego no poder mejorar.
    —Tiene razón. — Se colocó a su lado y le habló en voz baja-. ¿Podrías, por favor, replantearte lo de ir al hospital?
    —¡No!

    Siguió suplicándole:

    —Antes de decir que no, escúchame un minuto. Por favor.
    —Por favor, Sabra. Deja que Doc se explique.

    Los ojos de la chica se movieron de nuevo hacia Doc, pero lo miraron con cautela.

    —No sólo pienso en ti y la pequeña -dijo-, sino también en Ronnie. Cuando antes dé todo esto por finalizado, mejor será para él.
    —Mi padre lo matará.
    —No, no lo hará. No, si tú y Katherine estáis a salvo.

    Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas.

    —No lo comprenden. Sólo simula querernos a salvo. Anoche, cuando le explicamos lo del bebé, amenazó con matarlo. Dijo que de poder, me abriría para quitármelo allí mismo y luego lo estrangularía con sus propias manos. Odia a Ronnie hasta este punto, odia que estemos juntos.

    Tiel lanzó un grito sofocado. Jamás había oído una palabra de elogio sobre Russell Dendy, pero aquel testimonio de su crueldad resultaba escalofriante. ¿Cómo era posible tener tan poco corazón? Los labios de Doc quedaron reducidos a una fina línea.

    —Así es mi padre -continuó Sabra-. Odia que le lleven la contraria. Nunca nos perdonará haberle desafiado. Mandará a Ronnie a la cárcel para siempre, y se asegurará de que nunca jamás yo vuelva a ver a mi niña. No me importa lo que me haga. Me da lo mismo lo que me ocurra si no puedo estar con ellos.

    Agachó la cabeza y descansó la mejilla sobre la recién nacida. La pelusilla de color melocotón de la cabecita se empapó de las lágrimas que rodaban por las mejillas de Sabra.

    —Los dos han sido estupendos conmigo. De verdad. Odio defraudarlos. Pero no me harán cambiar de idea. Me quedaré aquí hasta que permitan que Ronnie y yo salgamos con la promesa de mi padre de dejarnos tranquilos. Además, Doc, confío en usted más que en cualquier médico del hospital donde me mandara mi padre.

    Doc se limpió el sudor de la frente con la mano y suspiró. Miró a Tiel, que se encogió de hombros, derrotada.

    —Está bien -dijo a regañadientes-. Haré lo que pueda.
    —Eso no lo dudo. — Sabra hizo una mueca de dolor. ¿Tan mal estoy, de verdad?
    —Con la hemorragia provocada por el desgarro no puedo hacer nada. Pero en cuanto a la hemorragia vaginal… ¿Te acuerdas cuando antes te dije que descansaras porque a lo mejor después te pediría que hicieses algo por mí?
    —Sí.
    —Bien, pues me gustaría que dieses de mamar a Katherine.

    La chica miró asombrada a Tiel.

    —Amamantarla hará que el útero se contraiga y reducirá la hemorragia -le explicó.

    Doc sonrió a Sabra.

    —¿Lista para intentarlo?
    —Me imagino -respondió, aunque no parecía estar muy segura.
    —Te ayudaré. — Tiel buscó las tijeras, que estaban ya limpias-. ¿Por qué no las utilizas para recortar la costura de los hombros del vestido? Así no tendrás que desnudarte y después ya lo volveremos a coser.
    —Eso estaría bien. — Parecía aliviada de dejar parte de la toma de decisiones en manos de Tiel.
    —Dejaré a las señoras un poco de intimidad. ¿Señorita… Tiel…?

    Doc le hizo un ademán para que se pusiera en pie y mantuvieron una breve conversación privada.

    —¿Sabe algo del tema?
    —Ni idea. Mi madre dejó de darme el pecho cuando yo tenía tres meses. No lo recuerdo.

    Él sonrió débilmente.

    —Me refiero a haber estado en otro lado que no sea el receptor.
    —Ya sabía a lo que se refería. Era un chiste. Pero la respuesta sigue siendo no.
    —Bien, entonces Katherine será quien más sepa de las tres. Posiciónela correctamente y actuará por instinto. Al menos espero que así lo haga. Unos minutos en cada pecho.
    —De acuerdo -dijo Tiel, asintiendo rápidamente.

    Se arrodilló junto a Sabra y empezó a cortar con las tijeras el hombro del vestido playero.

    —A partir de ahora, te sugiero que empieces a vestir partes superiores que se abrochen por delante. O algo suelto que puedas levantarte para tapar a Katherine. En una ocasión, en un vuelo largo hacia Los Angeles, me senté junto a una madre y su bebé. Ella estuvo todo el tiempo amamantando a su hijo, y nadie excepto yo se dio cuenta. Y si yo me di cuenta fue porque iba sentada a su lado. Permaneció todo el rato tapada.

    Aquella charla era intencionada, pensada para distraer a Sabra y aliviar su pudor. Cuando las costuras estuvieron cortadas, Tiel bajó uno de los lados de la parte superior del vestido.

    —Ahora bájate el tirante del sujetador y la copa. Trae, ya te sujeto yo a Katherine. — Sabra miró cohibida a su alrededor-. Nadie puede verte -le garantizó Tiel.
    —Lo sé. Pero me resulta extraño.
    —Claro que lo es.

    Cuando Sabra estuvo lista, Tiel le devolvió a Katherine. La recién nacida había estado dando grititos, pero, en el momento en que sintió la plenitud del pecho de Sabra junto a la mejilla, su boca empezó a buscar el pezón. Lo encontró, intentó aferrarse a él pero no pudo. Después de varios intentos, el bebé se puso a sollozar. Agitó las manitas cerradas en dos puños y se puso colorado.

    —¿Va todo bien? — gritó Doc.
    —Sí -mintió Tiel.

    Sabra lloraba frustrada.

    —No me sale bien. ¿Qué es lo que hago mal?
    —Nada, cariño, nada -dijo Tiel, consolándola-. Katherine sabe tanto de ser bebé como tú de ser mamá. Aprenderéis juntas vuestros papeles. Esto es lo que lo hace tan maravilloso. He oído decir que el bebé intuye la frustración de su madre. Cuanto más relajada estés, más fácil resultará. Respira hondo unas cuantas veces, luego vuelve a intentarlo.

    El segundo intento no fue más exitoso que el primero.

    —¿Sabes qué? Creo que es la postura -observó Tiel-. Es incómoda para ti y para ella. A lo mejor podrías sentarte.
    —No puedo. Me duele mucho el trasero.
    —¿Y si Doc te sujetara la espalda? Te aliviaría la presión abajo y te permitiría acunar a Katherine con más comodidad.
    —Entonces me verá -protestó, llorando.
    —Lo arreglaré para que no te vea. Espera aquí. Vuelvo enseguida.

    Había visto un expositor con camisetas de recuerdo. Antes de que Ronnie tuviera tiempo incluso de preguntarle qué hacía, corrió hacia él y arrancó una. Se dio cuenta de que estaba llena de polvo, pero era inevitable. Y casi cuando iba a darse la vuelta, arrancó una segunda camiseta del expositor.

    Cuando regresó con las camisetas, Katherine estaba en plena rabieta. Todos los presentes en el establecimiento mantenían un respetuoso silencio. Tiel extendió una de las camisetas de talla supergrande sobre la madre y el bebé.

    —Ya está. Así no podrá ver nada. ¿De acuerdo?
    —De acuerdo.
    —¿Doc?

    Apareció en un abrir y cerrar de ojos.

    —¿Sí?
    —¿Podría colocarse detrás de Sabra y sujetarla por la espalda, tal y como yo hice durante el parto?
    —Por supuesto.

    Se arrodilló detrás de la chica y la ayudó a colocarse medio sentada.

    —Ahora recuéstate en mi pecho. Vamos, relájate, Sabra. Ya está. ¿Estás cómoda?
    —Sí, estoy bien. Gracias.

    Tiel levantó un extremo de la camiseta lo suficiente para fisgonear por debajo. Katherine había dejado de llorar y había iniciado de nuevo su búsqueda instintiva.

    —Ayúdala, Sabra -le instruyó en voz baja. Sabra actuó también por instinto. Con sólo una pequeña maniobra y un poco de astucia, el bebé succionó y la niña empezó a mamar con fruición.

    Sabra rió encantada. También Tiel. Dejó caer la camiseta y le sonrió a Doc.

    —Supongo que todo va bien.
    —Son profesionales. — El elogio de Tiel generó una amplia sonrisa en los secos labios de Sabra. Tiel le preguntó-: ¿Habías pensado en darle el pecho?
    —La verdad es que ni me lo había planteado. Estaba tan preocupada con que alguien descubriese el embarazo, que apenas tuve tiempo de pensar en nada más.
    —Puedes probarlo, y luego, si no te funciona, puedes pasar al biberón. Alimentar con biberón no es ninguna vergüenza.
    —Pero he oído decir que la lactancia materna es lo mejor para el bebé.
    —Eso es lo que he oído yo también.
    —¿Tiene niños?
    —No.
    —¿Está casada?

    Parecía que Sabra hubiese olvidado la presencia de Doc. Estaba de espaldas a él, de modo que para ella era casi como un mueble. Tiel, sin embargo, lo tenía de frente y era muy consciente de que no se perdía ni una palabra.

    —No. Soltera.
    —¿Lo ha estado alguna vez?

    Después de dudar un poco, respondió:

    —Hace años. Por poco tiempo.
    —¿Qué sucedió?

    Su mirada gris verdosa no titubeó.

    —Seguimos direcciones distintas.
    —¡Oh! Qué mal.
    —Sí, la verdad.
    —¿Cuántos años tenía entonces?
    —Era joven.
    —¿Y cuántos tiene ahora?

    Tiel rió nerviosa.

    —Soy más mayor. Cumplí treinta y tres el mes pasado.
    —Mejor que se apresure para encontrar a alguien. Si es que quiere familia, claro.
    —Pareces mi madre.
    —¿Quiere?
    —¿Si quiero qué?
    —¿Quiere tener esposo e hijos?
    —Algún día. A lo mejor. He estado muy ocupada con mi carrera.
    —Podría ser madre soltera.
    —Me lo he planteado, pero no estoy muy segura de que fuera a querer eso para mi hijo. No lo sé todavía.
    —No me imagino no querer formar una familia -dijo la chica, sonriendo con cariño a Katherine-. Ronnie y yo sólo hablamos de esto. Queremos tener una casa grande en el campo. Con muchos niños. Yo soy hija única. Ronnie tiene un hermanastro menor que él, se llevan doce años. Queremos una familia grande.
    —Una ambición muy admirable.

    Sin interrumpir la conversación, Doc le indicó con un movimiento de barbilla a Tiel que había llegado el momento de cambiar de lado. Tiel ayudó a Sabra, y Katherine empezó, feliz y sin dilación, a succionar el otro pecho.

    Entonces, la chica les sorprendió echando la cabeza hacia atrás y preguntando:

    —¿Y usted, Doc?
    —¿Yo, qué?
    —¿Que si está casado?
    —Mi esposa murió hace tres años.

    A Sabra le cambió la cara.

    —¡Oh!, lo siento mucho.
    —Gracias.
    —¿Cómo murió? Si no le importa que se lo pregunte.

    Comentó lo de la enfermedad de su esposa sin mencionar el conflicto que siguió a su desaparición.

    —¿Tiene hijos?
    —Por desgracia, no. Justo empezábamos a hablar de iniciar una familia cuando cayó enferma. Igual que la señorita McCoy, ella tenía su carrera profesional. Era microbióloga.
    —Caramba, debía de ser inteligente.
    —Brillante, de hecho. — Sonrió, aunque Sabra no pudo verlo-. Mucho más inteligente que yo.
    —Debían de quererse mucho.

    La sonrisa fue apagándose poco a poco. Lo que Sabra no podía imaginarse, pero que Tiel sí sabía, era que aquel matrimonio había sido irregular y problemático. Durante la investigación de las circunstancias que rodearon la muerte de Shari Stanwick, se descubrió que ella había tenido un romance extramatrimonial. Bradley Stanwick conocía la infidelidad de su mujer y asumió generosamente su parte de culpa. Su horario laboral era tremendamente exigente y le mantenía alejado de casa.

    Pero los dos se querían y estaban empeñados en que el matrimonio continuase adelante. Cuando se diagnosticó la enfermedad, estaban siguiendo terapia matrimonial y planeaban seguir juntos. De hecho, la enfermedad les había unido más. Al menos, fue lo que él explicó a quienes le acusaban.

    Tiel se dio cuenta de que, incluso después de tanto tiempo, el recuerdo del adulterio de su esposa seguía doliéndole.

    La expresión pensativa de Doc cambió en cuanto se dio cuenta de que Tiel lo miraba.

    —Ya hay bastante por el momento -dijo, con más brusquedad de la que seguramente pretendía.
    —De todos modos, ya ha dejado de succionar -dijo Sabra-. Creo que se ha dormido.

    Mientras Sabra volvía a arreglarse la ropa, Tiel cogió a la pequeña y la cambió. Doc acomodó de nuevo a la chica y verificó el pañal que le había colocado.

    —Mejor. Gracias a Dios.

    Tiel acunó al bebé y le besó la cabecita antes de devolverlo a los brazos de su madre.

    Sonó el teléfono. Había pasado una hora.

    Todo el mundo dio un respingo y prestó atención. Aunque esperado, el sonido del teléfono resultó enervante porque representaba el curso de su futuro. Ahora que el desenlace de los acontecimientos era inminente, todos parecían aborrecer la idea de tener que oír la respuesta de Calloway a las exigencias de Ronnie. Especialmente este último, quien parecía incluso más nervioso que antes.

    Miró a Sabra e intentó sonreír, aunque no pudo mantener la expresión durante mucho tiempo.

    —¿Estás segura, Sabra?
    —Sí, Ronnie. — Lo dijo en voz baja pero con resolución y dignidad-. Totalmente segura.

    El chico se secó el sudor de las manos en el pantalón antes de coger el auricular.

    —¿Señor Calloway? — Entonces, después de una pausa momentánea, exclamó-: ¡Papá!


    Capítulo 9


    —¿Quién es éste?

    Cuando el recién llegado fue escoltado hasta la camioneta del FBI, Calloway había ignorado la maleducada pregunta de Russell Dendy y se había levantado para estrecharle la mano a aquel hombre.

    —¿Señor Davison?
    —Esto debe de ser una broma -había soltado Dendy con cara de asco-. ¿Quién le ha invitado?

    Calloway había hecho como si Dendy no estuviese allí.

    —Soy el agente especial Bill Calloway.
    —Cole Davison. Me gustaría poder decir que es un placer conocerlo, señor Calloway.

    A juzgar por su aspecto, se diría que Davison era un ranchero. Iba vestido con unos pantalones Levi's descoloridos y botas de vaquero. Su camisa blanca almidonada lucía cierres nacarados en lugar de botones. Al entrar en la camioneta, se había despojado educadamente de un sombrero de paja que le había dejado una marca en el pelo y una señal rosada en la frente, varios tonos más pálida que los dos tercios inferiores de su bronceado rostro. Era de complexión fuerte y caminaba con las piernas arqueadas.

    Pero no era ranchero, sino el propietario de cinco restaurantes franquiciados de comida rápida, y vivía en Hera sólo para huir de «metrópolis» como Tulia y Floydada.

    Calloway le había dado la bienvenida con un «Gracias por venir tan rápidamente, señor Davison».

    —Habría venido independientemente de que me lo hubiese pedido o no. En cuanto me enteré de que estaba aquí mi chico, quise venir enseguida. Cuando llamó usted estaba ya saliendo por la puerta.

    Dendy, que estaba furioso en un segundo plano, había agarrado a Davison por el hombro y le había obligado a volverse. Le clavó el dedo índice en la cara.

    —La culpa de que mi hija esté metida en este lío es suya. Si le sucede alguna cosa, es usted hombre muerto, igual que ese bribón que ha engendrado…
    —Señor Dendy -le había interrumpido Calloway, muy serio-. Estoy de nuevo a punto de hacerle desaparecer físicamente de esta camioneta. Una palabra más y lo echo.

    El millonario, haciendo caso omiso de la advertencia de Calloway, había continuado con su arenga.

    —Su hijo -había dicho- ha seducido a mi hija, la ha dejado embarazada y luego la ha secuestrado. A partir de ahora, la misión de mi vida será que nunca vuelva a ver la luz del día ni a respirar un ápice de libertad. Pienso asegurarme de que pase en la cárcel cada segundo de su miserable vida.

    Cabe decir que Davison mantuvo su frialdad.

    —Me parece, señor Dendy, que usted tiene parte de culpa en todo esto. Si no hubiese sido tan duro con estos chicos no habrían sentido la necesidad de huir. Sabe tan bien como yo que Ronnie no se llevó a la chica en contra de su voluntad. Se quieren y han huido de usted y de sus amenazas. Eso es lo que yo pienso.
    —Me importa una mierda lo que usted piense.
    —Pues a mí no -había dicho gritándole Calloway a Russell Dendy-. Quiero saber lo que opina el señor Davison de la situación.
    —Puede llamarme Cole.
    —De acuerdo, Cole. ¿Qué sabe usted de todo esto? Cualquier cosa que pueda decirnos sobre su hijo y su estado de ánimo nos resultará útil.

    A lo que Dendy había dicho:

    —¿Por qué no aposta francotiradores? ¿Un equipo de fuerzas especiales? Eso sí que sería útil.
    —El uso de la fuerza pondría en peligro la vida de su hija y de su bebé.
    —¿Bebé? — había exclamado Davison-. ¿Ha nacido ya?
    —Por lo que tenemos entendido, hace dos horas que ha tenido una niña -le había comunicado Calloway-. Nos informan de que ambas están bien.
    —Nos informan -había dicho Dendy en tono de mofa-. Por lo que yo sé, mi hija está muerta.
    —No está muerta. No, según la señorita McCoy.
    —Tal vez estuviera hablando para salvar su propio pellejo. ¡Ese lunático podría estar apuntándola con una pistola en la cabeza!
    —No creo, señor Dendy -había dicho Calloway, luchando por mantener la calma-. Y tampoco lo cree nuestro psicólogo, que ha estado escuchando mi conversación con la señorita McCoy. Ella parece controlar perfectamente sus actos, no como una persona coaccionada en algún sentido.
    —¿Quién es esta señorita McCoy? — había querido saber Davison.

    Calloway se lo había explicado, y luego había observado a Davison con atención.

    —¿Cuándo fue la última vez que habló con Ronnie?
    —Anoche. Él y Sabra estaban a punto de ir a casa de los Dendy para explicarles lo del bebé.
    —¿Cuánto tiempo hace que conocía el embarazo?
    —Unas cuantas semanas.

    Dendy estaba rojo como un tomate.

    —¿Y no consideró usted adecuado decírmelo?
    —No, señor. Mi hijo confió en mí. No podía traicionar su confianza, aunque le animé a que se lo explicara. — Luego le había vuelto la espalda a Dendy y había dirigido a Calloway el resto de sus comentarios.
    —Hoy he tenido que ir corriendo a Midkiff porque se había estropeado una freidora. No he vuelto a casa hasta última hora de la tarde. He encontrado una nota de Ronnie en la mesa de la cocina. Decía que habían venido con la esperanza de verme. Decía que habían huido juntos y que se dirigían a México. Decía que cuando supiesen dónde iban a parar, me lo harían saber.
    —Me sorprende que decidieran visitarle. ¿No tenían miedo de que intentara convencerlos de que regresaran a casa?
    —La verdad, señor Calloway, es que le dije a Ronnie que siempre que necesitaran mi ayuda, se la ofrecería gustoso.

    Dendy había atacado tan rápidamente que nadie lo vio venir, y menos Davison. Dendy cayó con todo su peso sobre la espalda de Davison. Éste se habría derrumbado hacia delante de no ser porque Calloway le cogió para evitar la caída. Ambos hombres chocaron entonces contra la pared de la camioneta, que estaba cubierta de ordenadores, monitores de televisión, videocámaras y equipos de vigilancia. El sheriff Montez agarró a Dendy por el cuello de la camisa y le obligó a retroceder, aplastándolo contra la otra pared.

    Calloway había ordenado a uno de sus subordinados que de una vez por todas se llevara a Dendy de allí.

    —¡No! — Dendy se había quedado sin aire y luchaba por respirar. Aun así, consiguió decir-: Quiero oír lo que tenga que decir. Por favor.

    Algo más apaciguado, Calloway había accedido.

    —Se ha terminado esta mierda, Dendy. ¿Me ha entendido?

    Dendy estaba sofocado y furioso, pero asintió.

    —Sí. Ya me ocuparé más tarde de este hijo de puta. Pero ahora quiero saber qué sucede.

    Restaurado el orden, Calloway le había preguntado a Davison si se encontraba bien. Davison había recogido del suelo su sombrero de vaquero y lo había sacudido contra la pernera del pantalón para limpiarlo.

    —No se preocupe por mí. Lo que importa son esos chicos. Y también el bebé.
    —¿Cree que Ronnie venía a verlo por cuestión de dinero?
    —Podría ser. Independientemente de lo que opine el señor Dendy, no les ofrecí mi ayuda para huir. De hecho, justo lo contrario. Les aconsejé que se enfrentaran a él. — Los dos padres intercambiaron miradas cargadas de intención-. De todos modos -continuó Davison-, calculo que podrían tener ahorrado algo de dinero. Ronnie trabaja, al salir del instituto, en prácticas en un campo de golf y gana para sus gastos, pero su sueldo no alcanzaría para financiar un traslado a México. Hoy no lo he visto, pero imagino qué es lo que tenía decidido.

    Hizo un ademán en dirección al establecimiento, con una expresión llena de remordimiento.

    —Mi chico no es un ladrón. Su madre y su padrastro han hecho un buen trabajo con él. Es un buen chaval. Supongo que estaba desesperado y quería ocuparse de Sabra y del bebé.
    —Ya se ha ocupado bien de ella, sí. Le ha arruinado la vida.

    Sin prestar atención a Dendy, Davison le había preguntado a Calloway:

    —¿Cuál es el plan? ¿Tiene algún plan?

    Calloway había puesto al corriente al padre de Ronnie Davison. Y mirando el reloj, había añadido:

    —Hace cuarenta y cinco minutos nos concedió una hora para convencer al señor Dendy de que los dejara tranquilos. Quieren su palabra de que no interferirá en sus vidas, que no entregará el bebé. Que…
    —¿Entregar el bebé? — Davison había mirado a Dendy con evidente repugnancia-. ¿Les ha amenazado con quitarles el bebé? — Su expresión de desdén hablaba por sí sola. Movió la cabeza con tristeza y se volvió hacia Calloway-: ¿Qué puedo hacer yo?
    —Comprenda, señor Davison, que Ronnie tendrá que enfrentarse a cargos criminales.
    —Supongo que él ya lo sabe.
    —Pero cuanto antes libere a los rehenes y se rinda, mejor para él. Nadie ha resultado herido hasta el momento. Nada grave. Me gustaría que todo siguiera así, por el bien de Ronnie, así como por el de los demás.
    —¿Sufrirá algún daño?
    —Tiene mi palabra de que no.
    —Dígame qué quiere que haga.

    Aquella conversación había acabado con Cole Davison realizando una llamada al establecimiento en el momento en que expiraba el plazo.

    —¡Papá! — exclamó Ronnie-. ¿Desde dónde llamas?

    Tiel y Doc se habían avanzado para escuchar con detalle lo que Ronnie hablaba por teléfono. A juzgar por la reacción del chico, no esperaba que la llamada fuera de su padre.

    Por lo que Gully le había contado anteriormente, Tiel sabía que estaban muy unidos. Se imaginó que Ronnie sentiría una mezcla de vergüenza y azoramiento, como experimenta cualquier niño sorprendido por un padre a quien respeta haciendo alguna cosa mal. A lo mejor el señor Davison conseguía convencer a su hijo de que entendiera el problema en el que se había metido y le influyera para dar por terminada aquella situación.

    —No, papá, Sabra está bien. Ya sabes lo que siento por ella. No haría nada que le hiciese daño. Sí, ya sé que debería estar en un hospital, pero…
    —Dile que no pienso abandonarte -le gritó Sabra.
    —No soy sólo yo, papá. Sabra dice que no irá. — Mientras escuchaba, tenía la mirada clavada en ella y el bebé-. Parece que también está bien. La señorita McCoy y Doc se han encargado de ellas. Sí, ya sé que es muy serio.

    El joven tenía las facciones tensas de tanta concentración. Tiel miró a los demás rehenes. Todos, incluyendo los mexicanos, que ni siquiera entendían el idioma, permanecían inmóviles, en silencio y alerta.

    Doc sintió su mirada cuando cayó sobre él. Se encogió levemente de hombros y luego volvió de nuevo su atención a Ronnie, que sujetaba el auricular con tanta fuerza que los nudillos de la mano se le habían quedado blancos. Tenía la frente empapada de sudor. Sus dedos apretaban nerviosos la empuñadura de la pistola.

    —A mí también me parece que el señor Calloway es un hombre decente, papá. Pero lo que diga o garantice carece de importancia. No huimos de las autoridades. Huimos del señor Dendy. No pensamos donar a la niña para que la adopten unos desconocidos. ¡Sí que lo haría! — subrayó el chico, con la voz rota por la emoción. Lo haría.
    —No lo conocen -dijo Sabra, con una voz tan rota como la de Ronnie.
    —Te quiero, papá -le dijo Ronnie al auricular-. Y siento haber hecho que te avergüences de mí. Pero no puedo ceder. No hasta que el señor Dendy prometa que dejará que Sabra se quede con el bebé.

    Fuera lo que fuese lo que escuchara Ronnie, le hizo mover la cabeza y sonreír con tristeza a Sabra.

    —Hay una cosa más que tú, el señor Dendy, el FBI y todos los demás deberíais saber, papá. Nosotros, Sabra y yo, hicimos un pacto antes de dejar Fort Worth.

    Tiel sintió una presión en el pecho.

    —¡Oh!, no.
    —No queremos vivir separados. Creo que sabes lo que quiero decir, papá. Si el señor Dendy no deja de controlar nuestra vida, nuestro futuro, no queremos ningún futuro.
    —¡Oh!, Dios. — Doc se pasó la mano por la cara.
    —Sí, papá -insistió el chico. Miraba a Sabra, quien asintió solemnemente-. No viviremos el uno sin el otro. Díselo al señor Dendy y al señor Calloway. Si no nos dejan marchar y seguir nuestro propio camino, nadie saldrá vivo de aquí.

    Colgó rápidamente. Nadie se movió ni dijo nada durante unos momentos. Entonces, como si se hubieran puesto de acuerdo, todos empezaron a hablar a la vez. Donna se puso a gimotear. El agente Cain siguió con su letanía de «Nunca saldrás de ésta». Vern le declaró su amor a Gladys, mientras ésta le suplicaba a Ronnie que pensase en el bebé.

    Ronnie se dirigió entonces a ella.

    —Mi padre se encargará de Katherine y la criará solo. No permitirá que el señor Dendy le ponga las manos encima.
    —Lo hemos decidido todo con antelación -dijo Sabra-. Anoche.
    —No puedes decirlo en serio -le dijo Tiel-. No puedes.
    —Sí. Es la única forma de que comprenda lo que sentimos el uno por el otro.

    Tiel se arrodilló a su lado.

    —Sabra, el suicidio no es una manera viable de hacer entender una cosa o de salir ganando en una discusión. Piensa en tu niña. Nunca te conocería. Ni a Ronnie.
    —Igualmente, nunca sabría de nosotros. No, si mi padre se saliese con la suya.

    Tiel se incorporó y se situó junto a Doc, que intentaba convencer también con urgencia a Ronnie.

    —Llevándote tantas vidas por delante, la vida de Sabra, sólo conseguirías validar la baja opinión que Dendy tiene de ti. Tienes que ser más listo que él, Ronnie.
    —No -dijo el chico, testarudo.
    —¿Es ése el legado que quieres dejarle a tu hija?
    —Lo hemos pensado mucho -dijo Ronnie-. Le dimos al señor Dendy una oportunidad para que nos aceptara y se negó. Es nuestra única salida. Lo he dicho en serio. Sabra y yo preferiríamos morir…
    —No creo que estén convencidos.
    —¿Qué? — Miró a Tiel, que era quien le había interrumpido. Doc se volvió también hacia ella, igualmente sorprendido por su declaración.
    —Te apuesto a que piensan que estás tirándote un farol.

    Antes, cuando Ronnie estaba intentando convencer a Calloway de que todos los rehenes, incluyendo el agente Cain, estaban sanos y salvos, se le había ocurrido una idea. La había aparcado temporalmente mientras ayudaba a Sabra a amamantar a su hija. Pero la idea volvía a aferrarse con fuerza a su cabeza e iba ampliándose incluso mientras la expresaba.

    —Para que sientan el impacto de tu decisión, necesitan comprender que vas totalmente en serio.
    —Es lo que les he dicho -dijo Ronnie.
    —Pero ver es creer.
    —¿Qué está sugiriendo? — dijo Doc.
    —Ahí fuera están los medios de comunicación. Estoy segura de que entre ellos hay algún cámara de mi canal. Deja pasar al cámara para que te filme. — El chico la escuchaba. Ella siguió convenciéndolo-. Nosotros estamos viéndolo -dijo, haciendo un gesto hacia todos los allí congregados-. Pero por teléfono es imposible transmitir tu sinceridad. Si Calloway pudiera verte mientras le hablas, ver que Sabra está totalmente de acuerdo, entonces creo que él, tu padre y el señor Dendy darían más credibilidad a tus palabras.
    —¿Se refiere a que saldría por televisión? — preguntó Donna, satisfecha con el plan.

    Ronnie estaba machacándose el labio inferior con los dientes.

    —¿Qué opinas, Sabra?
    —No lo sé -dijo, insegura.
    —Otra cosa -prosiguió Tiel-. Si el señor Dendy pudiese ver a su nieta, es posible que se retractara. Dices que le tienes más miedo a él que al FBI.
    —Así es. Es mucho más despiadado.
    —Pero es un ser humano. Las imágenes de Katherine podrían resultar tremendamente convincentes. Hasta ahora no ha sido más que «el bebé», un símbolo de vuestra rebelión contra él. Si la filmásemos se convertiría en algo real, podría hacer que se replantease su postura. Y con tu padre y el agente Calloway trabajando con él, creo que se debilitaría y capitularía.
    —El agente Calloway no va a poner la política de la agencia en un compromiso. — Cain podría haberse ahorrado saliva, nadie hizo caso ni de él ni de su comentario.
    —¿Qué me dices? — preguntó Tiel-. ¿No merece la pena intentarlo? Tú no quieres matarnos, Ronnie. Y tampoco quieres matarte a ti ni a Sabra. El suicidio es una solución permanente para un problema temporal.
    —¡No voy de farol!

    Tiel se aprovechó de su explosión emocional.

    —¡Bien! Eso es exactamente lo que tienen que ver y oír. Utiliza el vídeo para convencerlos de que no pretendes retractarte.

    El chico luchaba contra su indecisión.

    —¿Qué piensas, Sabra?
    —A lo mejor deberíamos probarlo, Ronnie. — Miró a la pequeña que dormía en sus brazos-. Lo que ha dicho Doc del legado que le dejamos a Katherine… Si existe otra salida a todo esto, ¿no crees que al menos merece la pena intentarlo?

    Tiel contuvo la respiración. Estaba lo bastante cerca de Doc como para darse cuenta de que también él estaba tenso como la cuerda de un piano.

    —Está bien -dijo escuetamente Ronnie-. Que pase un tipo de ésos. Y mejor que les diga que no tiendan trampas como nos hicieron con él -dijo, señalando a Cain.

    Tiel soltó el aire, temblorosa.

    —Y aunque lo intentaran, yo no les dejaría. En el caso de que no haya llegado aún nadie de mi canal, esperaremos a que llegue. A menos que yo reconozca al cámará, no lo dejaremos pasar, ¿de acuerdo? Te doy mi palabra. — Se volvió hacia Cain-. ¿Cómo puedo contactar con Calloway?
    —No…
    —No me venga con pamplinas. ¿Qué número tiene?


    Capítulo 10


    Tiel estaba lavándose el pecho con una de las toallitas de bebé cuando intuyó un movimiento a sus espaldas. Se dio rápidamente la vuelta y sería difícil afirmar quién quedó más desconcertado, si ella o Doc. Los ojos de él cayeron involuntariamente sobre su sujetador de blonda de color lila. Tiel notó que la inundaba un sofoco.

    —Lo siento -murmuró él.
    —Estaba hecha un asco -le explicó ella, devolviendo el tirante a su lugar para esconder su delantera. La blusa se le había quedado tiesa al secarse el líquido sanguinolento con el que se había empapado al coger a la recién nacida y apretarla contra su pecho. Doc estaba hablando con Ronnie, de modo que Tiel había aprovechado aquel momento de intimidad para quitarse la blusa y lavarse. Pero Doc había vuelto antes de lo esperado. He pensado que era mejor que me aseara un poco antes de aparecer ante la cámara.

    Tiró la toallita y cogió la camiseta sobrante que antes había arrancado del expositor. Se la puso y entonces extendió los brazos. La parte frontal de la camiseta estaba estampada con la bandera del estado de Texas y debajo de ella aparecía la palabra «HOGAR».

    —No es precisamente alta costura -comentó con tristeza.
    —Por aquí sí lo es.

    Fue a ver a Sabra y luego se reunió otra vez con Tiel cuando ésta se sentó con la espalda apoyada en el cajón frigorífico. Ella le pasó una botella de agua que él bebió sin remordimiento.

    —¿Cómo está? ¿Mejor?

    Doc movió la cabeza en un dudoso gesto afirmativo, pero manteniendo la frente fruncida de preocupación.

    —Ha perdido mucha sangre. Ha coagulado, pero necesita unos puntos de sutura.
    —¿No había sutura en el maletín de médico?

    Él negó con la cabeza.

    —Ya lo he mirado. De todos modos, aunque la hemorragia ha menguado, la infección me preocupa de verdad.

    Sabra y el bebé dormían. Después de la conversación telefónica de Tiel con el agente Calloway para preparar la filmación, Ronnie había regresado a su puesto. Lo que más le preocupaban eran los mexicanos y Cain. Los vigilaba con atención. Vern y Gladys dormitaban con las cabezas una al lado de la otra. Donna hojeaba una revista de cotilleo, más o menos lo que debía de hacer cuando tenía poco trabajo.

    De momento, todo estaba tranquilo.

    —¿Y la niña? — le preguntó Tiel a Doc.
    —Va aguantando. — Había auscultado a Katherine con el estetoscopio del maletín de médico-. El latido cardiaco es fuerte. Los pulmones suenan bien. Pero me sentiré mucho mejor cuando reciba cuidados neonatales de manos expertas.
    —Tal vez no falte mucho para eso. Mi amigo Gully dirige nuestra sección de noticias. Lleva varias horas al corriente de que me encuentro entre los rehenes. Estoy casi segura de que el personal de nuestro canal ya está ahí fuera. Calloway está comprobándolo y me ha prometido decirme algo lo antes posible. Tengo toda la confianza depositada en la efectividad del vídeo. Esto acabará pronto.
    —Eso espero -dijo él, echando una mirada de preocupación a la joven madre y a su hija.
    —Ha hecho usted un trabajo estupendo, Doc. — El la miró receloso, como a la espera de ver qué sucedía a continuación-. Lo digo sinceramente. Es usted muy bueno. A lo mejor debería haber elegido la obstetricia o la pediatría en lugar de la oncología.
    —A lo mejor -dijo, triste-. Mi porcentaje de éxito en la lucha contra el cáncer no fue muy espléndido.
    —Tuvo un porcentaje de éxito estupendo. Muy por encima de la media.
    —Sí, bueno…

    «Sí, bueno, pero no pude curar a quien de verdad importaba. A mi propia esposa.» Tiel acabó mentalmente la frase por él. No tenía sentido discutir lo dignos de elogio que habían sido sus esfuerzos por conquistar la enfermedad cuando, desde su perspectiva, la única baja le había hecho perder toda la guerra.

    —¿Qué fue lo que le llevó a la oncología?

    Al principio no parecía dispuesto a responder. Pero al final dijo:

    —Mi hermano pequeño murió de un linfoma a los nueve años.
    —Lo siento.
    —Fue hace mucho tiempo.
    —¿Cuántos años tenía usted?
    —Doce o trece.
    —Pero su muerte tuvo un impacto duradero sobre usted.
    —Recuerdo lo duro que fue para mis padres.

    Había perdido a dos seres queridos a manos de un enemigo que no había podido derrotar, pensó Tiel.

    —Se sintió impotente para salvar a su hermano o a su esposa -comentó en voz alta-. ¿Por eso lo dejó?
    —Usted estaba allí -dijo él, secamente-. Sabe por qué lo dejé.
    —Lo único que sé es que no estaba dispuesto a compartirlo con los periodistas, lo que es muy poco.
    —Y seguirá siendo muy poco.
    —Estaba amargado.
    —Estaba cabreado. — Levantó la voz hasta el nivel de un susurro encendido, pero fue lo suficiente como para que Katherine se estremeciera en brazos de su madre.
    —¿Con quién estaba cabreado? — Sabía que estaba tentando demasiado la suerte. Si le presionaba demasiado fuerte, demasiado rápido, acabaría cerrándose del todo. Pero estaba dispuesta a correr ese riesgo-. ¿Estaba enfadado con sus suegros por haberle interpuesto una alegación infundada? ¿O con sus socios por haberle retirado su apoyo?
    —Estaba enfadado con todo el mundo. Con todos. Con el maldito cáncer. Con mi incompetencia.
    —De modo que se limitó a tirar la toalla.
    —Eso es. Pensé: «¿Y para qué sirve todo eso?».
    —Ya entiendo. De modo que desapareció en esta tierra de nadie donde realmente podía ser útil.

    El sarcasmo de sus palabras no pasó inadvertido a Doc. Sus facciones se tensaron, cada vez más molesto.

    —Mire, no necesito que ni usted ni nadie analice mi decisión. Ni que la cuestione. Ni que la juzgue. Si decidí convertirme en ranchero, o en bailarina, o en holgazán, no le importa a nadie.
    —Tiene razón.
    —Y hablando de tópicos -añadió, con el mismo tono mordiente-, esa idea suya de la grabación…
    —¿Qué le pasa?
    —¿Es estrictamente en beneficio de Ronnie y Sabra?
    —Naturalmente.

    La miró con total desconfianza, y eso le dolió a ella. Incluso rió entre dientes, escéptico.

    —Pienso que todo lo que podamos hacer para persuadir a Dendy ayudara a terminar con esta situación. — La explicación sonaba a la defensiva incluso para sus propios oídos, pero continuó de todos modos-. No tengo la impresión de que el agente Calloway se lo esté pasando bien con esta situación. Diga lo que diga Cain, Calloway parece un hombre decente que está haciendo su trabajo, pero al que no le gusta pensar en disparos y derramamiento de sangre. Creo que está dispuesto a probar y negociar un acuerdo pacífico. Simplemente he ofrecido mis servicios, que creo que facilitarán una resolución pacífica.
    —Lo que también le generará un reportaje sensacional.

    Su voz cálida e intuitiva, así como su penetrante mirada, la hicieron culpablemente consciente de la grabadora que llevaba en el bolsillo del pantalón.

    —De acuerdo, sí -admitió, incómoda-, será un gran reportaje. Pero me siento personalmente implicada con estos chicos. Les he ayudado a traer a su hija al mundo, de modo que mi idea no es del todo egoísta. No es usted objetivo, Doc. No le gustan los periodistas en general y, dada la experiencia que ha tenido con los medios, su aversión es comprensible. Pero no tengo el corazón tan frío, ni carezco de sentimientos como usted evidentemente supone. Me importa mucho lo que les suceda a Ronnie y a Sabra y a Katherine. Me importa lo que nos suceda a todos nosotros.

    Después de una prolongada pausa, dijo él muy despacio:

    —Eso lo creo.

    Su mirada era tan penetrante como antes, pero el contenido era distinto. El calor de la vejación que la había ido sofocando se intensificó gradualmente hasta convertirse en un calor de otro estilo.

    —Ha estado estupenda, ¿sabe? — dijo él-. Con Sabra. Podía haberme dejado solo. Asustarse. Vomitar. Desmayarse. Cualquier cosa. Pero ha sido una influencia tranquilizadora. Una verdadera ayuda. Gracias.
    —De nada. — Rió en voz baja-. Estaba tremendamente nerviosa.
    —Y yo.
    —¡No! ¿De verdad? Nadie lo diría.

    Él exploró su corazón, como si le hiciese una radiografía.

    —Pues lo estaba. No tenía mucha experiencia en partos. Observé unos cuantos en mi época de estudiante. Asistí un par cuando estaba de residente, pero siempre en un hospital bien equipado, esterilizado, y con más médicos y enfermeras. Prácticamente había olvidado todo lo que pude aprender. Ha sido una experiencia espeluznante para mí.

    Antes de volver a mirarlo, ella se quedó por un instante con la mirada perdida.

    —Yo estuve nerviosa hasta el momento en que vi a la pequeña coronando. Entonces, la magia de todo aquello me superó. Fue… tremendo. — La palabra se quedaba corta para definir la memorable experiencia, pero no estaba segu