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  • ● Quitar
  • ● Normal
  • FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación, el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo, y los recuadros LEER y DONAR. Esta opción está disponible sólo en las publicaciones; en Navega Directo, no.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    En esta sección no puedes ocultar los recuadros de OTROS TEMAS, S, LEER y DONAR.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 12 en 12.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    LA BÓVEDA DE LA BESTIA (Alfred E. Van Vogt)

    Publicado el lunes, septiembre 04, 2017
    El tema del monstruo fue el primero tocado por A. E. van Vogt y el que le dio sus primeros éxitos. Este cuento, el primogénito de su producción, trata, evidentemente, de un «monstruo», y contiene una trama realmente original, aunque no fuera apreciada así —al principio— por los editores, que se lo devolvieron sin publicar; aunque luego apareciera en numerosas antologías, como ejemplo del ser sin forma que puede transformarse en lo que quiera.

    El ser se arrastraba. Gemía de dolor y miedo. Informe, indefinido, y sin embargo cambiando de forma y tamaño con cada movimiento convulsivo, se arrastraba a lo largo del corredor del carguero espacial, luchando con su terrible ansia de tomar la forma de lo que lo rodeaba. Una mancha grisácea de materia en desintegración, que se arrastraba y caía en cascada, que rodaba, fluía y se disolvía, siendo cada uno de sus movimientos una agonía de lucha contra la anormal necesidad de convertirse en una forma estable. ¡Cualquier forma!

    El duro y gélido metal azulado de la pared del carguero con destino a la Tierra, o el grueso y elástico suelo. Contra el suelo era fácil luchar. No era como el metal, que atraía y atraía. Sería fácil transformarse en metal para toda la eternidad.

    Pero algo lo impedía. Un propósito implantado. Un propósito que tamborileaba en cada molécula, que vibraba de célula a célula con una intensidad que no variaba, que era como un dolor muy especial: hallar a la mayor mente matemática del sistema solar, y llevarla a la bóveda del metal definitivo marciana. El Grande debía ser liberado. ¡La cerradura de tiempo de números primos debía ser abierta!

    Este era el propósito que apremiaba a sus elementos. Este era el pensamiento que había sido grabado en su consciencia fundamental por las grandes y malvadas mentes que lo habían creado.

    Hubo un movimiento en el extremo más lejano del corredor. Se abrió una puerta. Sonaron pasos. Un hombre que caminaba silbando. Con un siseo metálico, casi un suspiro, el ser se disolvió, pareciendo momentáneamente como mercurio diluido. Luego se volvió de color marrón como el suelo. Se convirtió en parte del suelo, una extensión de goma marrón obscuro, algo más gruesa que el resto, de varios metros de largo.

    Era un verdadero éxtasis el yacer allí, simplemente quedar plano y tener forma, y estar casi tan muerto que no notaba dolor. La muerte era dulce y deseable. Y la vida un insoportable tormento. ¡Si pasase rápidamente la vida que se acercaba! Si la vida se detenía, le obligaría a tomar forma. La vida podía lograrlo. La vida era más fuerte que el metal. La vida que se aproximaba representaba tortura, lucha, dolor.

    El ser tensó su grotesco cuerpo, ahora plano, el cuerpo que podía hacer surgir unos músculos de acero, y esperó la lucha a muerte.


    El espacionauta Parelli silbaba alegremente mientras caminaba a lo largo del brillante corredor que surgía de la sala de máquinas. Acababa de recibir un telegrama del hospital. Su mujer estaba bien, y era un chico. Tres kilos doscientos, según decía el radio. Suprimió un deseo de gritar y bailar. Un chico. Desde luego, la vida era hermosa.

    El sur del suelo notó dolor. Un dolor primigenio que se infiltraba por sus elementos como un ácido ardiente. El suelo marrón se estremeció en cada una de sus moléculas mientras Parelli caminaba sobre él. Sentía la tremenda ansiedad de dirigirse hacia él, de tomar su forma. El ser luchó contra este deseo, luchó con terror, y lo hizo más conscientemente ahora que podía pensar con el cerebro de Parelli. Un pliegue del suelo rodó hacia el hombre.

    El luchar no servía de nada. El pliegue se convirtió en una masa que momentáneamente pareció transformarse en una cabeza humana. Una pesadilla gris de forma demoníaca. El ser siseó metálicamente, aterrorizado, y luego se desplomó palpitando con miedo, dolor y odio, mientras Parelli pasaba rápidamente... demasiado rápidamente para su reptante caminar. El débil sonido murió. La cosa se disolvió en el suelo marrón, y yació inmóvil, y sin embargo estremeciéndose por su incontrolable ansia de vivir... vivir a pesar del dolor, a pesar del terror. Vivir y llevar a cabo la misión de sus creadores.

    Diez metros más allá, en el corredor, Parelli se detuvo. Apartó de su mente los pensamientos de su esposa y su hijo. Giró sobre sus talones, y miró incierto a lo largo del pasadizo que salía de la sala de máquinas.

    — ¿Qué infiernos fue eso? —se preguntó en voz alta.

    Un extraño, débil pero realmente horrible sonido estaba creando ecos en su consciencia. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. ¡Que sonido tan demoníaco!

    Se quedó quieto. Era un hombre alto y de magnífica musculatura, desnudo de cintura para arriba, y estaba sudando por el calor generado por los cohetes, que deceleraban la nave tras su meteórica salida de Marte. Estremeciéndose, apretó los puños y caminó lentamente de vuelta por donde había venido.

    El ser latió con la fuerza de la atracción que sentía, un tormento que perforaba cada una de sus inquietas y agitadas células. Lentamente se dio cuenta de la inevitable e irresistible necesidad de tomar la forma de la vida.

    Parelli se detuvo incierto. El suelo se movía bajo él, y ante sus incrédulos ojos se alzó visiblemente una oleada, marrón y horrible, que creció hasta formar una masa bulbosa, viscosa y seseante. Una blasfema cabeza demoníaca se alzó sobre deformes hombros semihumanos. Unas huesudas manos que remataban malformados brazos, parecidos a los de un mono, le arañaron el rostro con ciega ira, cambiando a la vez que le atacaban.

    — ¡Buen Dios! —aulló Parelli.

    Las manos, los brazos que lo asían, se hicieron más normales, más humanos, marrones, musculosos. El rostro asumió facciones familiares, le apareció una nariz, ojos, la línea rojiza de una boca. De pronto, el cuerpo fue el suyo, incluso con sus pantalones, hasta con su sudor.

    — ¡...Dios! —hizo eco su imagen, y le palpó con dedos blanquecinos y una fuerza increíble.

    Jadeando, Parelli luchó por liberarse, y luego lanzó un tremendo golpe directamente contra el distorsionado rostro. La cosa emitió un alarido. Se dio la vuelta y corrió, disolviéndose mientras corría, luchando contra la disolución, emitiendo gritos semihumanos. Parelli la persiguió, con rodillas temblorosas y debilitadas por el asombro y la pura incredulidad. Extendió una mano, y tiró de los pantalones que se desintegraban. Le quedó un trozo en la mano, una masa fría, viscosa, y que se agitaba, que tenía el aspecto de arcilla húmeda.

    El tacto fue demasiado para él. Notando como se le revolvía el estómago, vaciló en su carrera. Oyó al piloto gritar desde proa:

    — ¿Qué sucede?

    Parelli vio la puerta abierta de la bodega. Con un jadeo, se abalanzó por ella, y salió un momento más tarde con una atomopistola en la mano. Vio al piloto que estaba mirando con ojos muy abiertos, la cara pálida, el cuerpo rígido, frente a una de las ventanas.

    — ¡Ahí está! —gritó el hombre.

    Una masa gris estaba disolviéndose en el borde del cristal, convirtiéndose en cristal. Parelli se abalanzó hacia adelante, empuñando la atomopistola. Una oleada recorrió el cristal, obscureciéndolo, y luego, por un instante, pudo atisbar una masa que emergía al frío del espacio por el otro lado de la ventana. El oficial llegó junto a él. Ambos contemplaron cómo la grisácea e informe masa se arrastraba hasta perderse de vista a lo largo del costado de la nave de carga.

    Parelli se recuperó con un estremecimiento.

    — ¡Tengo un trozo de esa cosa! —jadeó—. ¡Lo tiré al suelo de la bodega!

    Fue el teniente Morton quien lo halló. Una pequeña sección del suelo se alzó, y luego creció hasta tomar un tamaño extraordinariamente grande, mientras intentaba expandirse hasta alcanzar la forma humana. Parelli, con ojos alocados y distorsionados, la alzó con una pala. Siseó. Casi se convirtió en parte del metal de la pala, pero no pudo hacerlo porque Parelli estaba demasiado cerca. Éste se tambaleó llevándola, siguiendo a su superior. Decía histéricamente:

    —La toqué —y repetía—: La toqué.


    Una gran sección del metal del casco del carguero espacial se estremeció, adquiriendo una torpe vida, mientras la nave entraba en la atmósfera de la Tierra. Las paredes metálicas del carguero se tornaron rojas, y luego de un rojo blanco, pero el ser, incólume, continuó su lenta transformación en una masa gris. De una forma vaga se daba cuenta de que era hora de actuar.

    Repentinamente, se halló flotando libre de la nave, cayendo lenta y pesadamente, como si de algún modo la gravitación de la Tierra no tuviera acción sobre él. Una mínima distorsión en el interior de sus átomos hizo que fuera cayendo con mayor rapidez, como si de alguna extraña forma hubiera pasado a estar más sujeto a la gravitación. Bajo él, la Tierra se veía verde, y en la lejana distancia una ciudad reverberaba al Sol poniente. La cosa disminuyó su velocidad y flotó como una hoja que cae llevada por la brisa hacia la aún lejana superficie. Cayó junto a un puente situado sobre un arroyo en las afueras de la ciudad.

    Un hombre caminaba sobre el puente con pasos rápidos y nerviosos. Si hubiera mirado hacia atrás, se hubiera asombrado al ver cómo una réplica de sí mismo subía de la cuneta hasta el camino y comenzaba a caminar rápidamente tras él.

    ¡Encuentre al mayor matemático!

    Una hora más tarde; el dolor de aquel pensamiento era un embotamiento, dolor continuo en el cerebro de la criatura, como paseando por una calle atestada. El dolor del enfrentamiento, el esfuerzo de empujar, metiendo prisa a la masa humana que se aglomeraba a través de la no vista de sus ojos.

    ¡Encuentre al... matemático!

    — ¿Por qué? —preguntó el cerebro humano de la cosa. Y el cuerpo entero se estremeció por el shock de una pregunta tan herética. Los ojos marrones corrieron asustados de un lado para otro, como esperando un castigo instantáneo y terrible. El rostro se disolvió un poco en aquel breve momento de caos mental, y se transformó sucesivamente en el del hombre de nariz aguileña que pasó junto a él, y en el moreno rostro de la mujer alta que miraba el escaparate de una tienda.

    El proceso hubiera proseguido, pero el ser arrancó a su mente del miedo, y luchó para reajustar su rostro, haciéndolo igual al de un bien afeitado joven que salió caminando despreocupadamente de una calle lateral. El joven le miró, apartó la vista, y luego volvió a mirarle asombrado. El ser se hizo eco del pensamiento que se formaba en el cerebro del joven: « ¿Quién diablos es ése? ¿Dónde diablos he visto esa cara?» Media docena de mujeres se aproximaron en grupo. El ser se echó a un lado mientras pasaban. Su traje marrón tomó una tonalidad azul, el color del traje más cercano, cuando momentáneamente perdió el control de sus células externas. Su mente zumbaba con el charloteo acerca de trapos y:

    —Cariño, ¿no te pareció horrible con ese feo sombrero?

    Delante había una sólida masa de gigantescos edificios. La cosa agitó conscientemente su cabeza humana. Tantos edificios significaban metal; y las fuerzas que mantenían sólido el metal tirarían y tirarían de su forma humana. El ser comprendió la razón de esto con la comprensión de un hombrecillo de traje obscuro que pasaba junto a él, adormecido. El hombrecillo era una oficinista; el ser captó este pensamiento. Estaba pensando con envidia en su jefe, que era Jim Brender, de la firma comercial J. P. Brender y Compañía.

    Las implicaciones de este pensamiento hicieron que el ser se volviera abruptamente y siguiera a Lawrence Pearson, contable. Si los transeúntes se hubieran fijado en él se hubieran sentido asombrados, al cabo de un momento, al ver a dos Lawrence Pearson caminando calle abajo, uno a unos quince metros tras el otro. El segundo Lawrence Pearson había averiguado en la mente del primero que Jim Brender era un graduado por Harvard en matemáticas, finanzas y economía política, el último de una larga dinastía de genios financieros, que tenía treinta años de edad y era el director de la enormemente rica firma J. P. Brender & Co..

    —Yo también tengo treinta años —hicieron eco los pensamiento de Pearson en la mente del ser— y no tengo nada. Brender lo tiene todo... todo, mientras que lo único a lo que puedo aspirar yo es a la misma vieja casa de huéspedes hasta el fin de mis días.

    Estaba obscureciendo mientras ambos cruzaban el río. El ser apresuró el paso, adelantándose agresivamente. En el último instante, algún atisbo de su terrible objetivo se comunicó a la víctima. El hombrecillo se volvió, y lanzó un débil gemido mientras aquellos dedos de músculos de acero apretaban su garganta, con un terrible chasquido. El cerebro del ser se obscureció y tambaleó mientras moría el de Lawrence Pearson. Jadeando, luchando contra la disolución, recuperó finalmente el control de sí mismo. Con un único movimiento, tomó el cadáver y lo lanzó por encima de la barandilla de cemento. Hubo un chapoteo abajo, y luego un sonido de agua gorgoteando.

    La cosa que ahora era Lawrence Pearson caminó apresuradamente, y luego con más lentitud, hasta que llegó a una grande y destartalada casa de ladrillo. Miró ansioso el número, sintiéndose repentinamente inseguro de recordar correctamente. Con dudas, abrió la puerta. Surgió un haz de luz amarilla, y en los sensibles oídos de la cosa vibraron risas. Había el mismo zumbido de muchos pensamientos y muchos cerebros que en la calle. El ser luchó contra la avalancha de pensamientos que amenazaba inundar la mente de Lawrence Pearson. Se encontró en un grande e iluminado vestíbulo, que daba a una sala en donde una docena de personas estaban sentadas alrededor de una mesa de comedor.

    —-Oh, es usted, señor Pearson —dijo la casera desde la cabecera de la mesa. Tenía una nariz puntiaguda y boca delgada, y el ser la contempló intensamente por un breve espacio de tiempo. Le había llegado un pensamiento de su mente: tenía un hijo que era profesor de matemáticas en una escuela. El ser se alzó de hombros. Con una sola mirada había averiguado la verdad. El hijo de la mujer era tan poco intelectual como su madre—. Llega usted a tiempo —le dijo ella, tranquilamente—. Sarah, trae el plato del señor Pearson.
    —Gracias, pero no tengo apetito —replicó el ser; y su cerebro humano vibró con la primera risa silenciosa e irónica que jamás había sentido—. Creo que me iré a acostar.

    Durante toda la noche yació en la cama de Lawrence Pearson, con los ojos brillantes, alerta, dándose cada vez más cuenta de su propia realidad. Pensó: «Soy una máquina, sin cerebro propio. Uso el cerebro de otra gente. Pero, de alguna manera, mis creadores hicieron posible que sea algo más que un simple eco. Uso los cerebros de la gente para llevar a cabo mi misión.»

    Pensó en esos creadores, y notó cómo un pánico se extendía por su parte no humana, obscureciendo su mente humana. Tenía un vago recuerdo fisiológico de un dolor y de una desgarradora acción química que le resultaba aterrador.

    El ser se alzó al amanecer, y caminó por las calles hasta las nueve y media. A esa hora, se aproximó a la imponente entrada de mármol de la J. P. Brender & Co. Una vez dentro, se hundió en el confortable sillón con las iniciales L. P., y comenzó penosamente a trabajar en los libros que Lawrence Pearson había abandonado la noche anterior. A las diez, un alto joven de traje obscuro entró en el vestíbulo y caminó rápidamente ante las hileras de oficinas. Sonrió con tranquila confianza hacia todas partes. La cosa no necesitó del coro de «Buenos días, señor Brender» para saber que había llegado su presa. Se alzó con un suave y grácil movimiento que hubiera sido imposible para el verdadero Lawrence Pearson, y caminó rápidamente hacia el lavabo. Un momento más tarde, la imagen de Jim Brender surgió de la puerta y caminó con tranquila confianza hacia la puerta de la oficina privada a la que Jim Brender había entrado unos momentos antes. El ser llamó a la puerta, entró... y se dio cuenta simultáneamente de tres cosas: primero, había hallado la mente por la que le habían enviado; segundo, su mente-espejo era incapaz de imitar las más finas sutilidades del agudo cerebro del joven que lo contemplaba con asombrados ojos de color gris; y tercero, se percató del gran bajorrelieve metálico que colgaba de la pared.

    Con un shock que casi le trajo el caos, notó el tirón de aquel metal. Y con un relámpago de comprensión supo que era el metal definitivo, producto de las finas artes de los antiguos marcianos, cuyas ciudades metálicas, cargadas de tesoros de mobiliario, arte y maquinaría, estaban siendo lentamente extraídas por emprendedores seres humanos de debajo de las arenas en las que habían estado enterradas durante treinta o cincuenta millones de años. ¡El metal definitivo! El metal que ningún calor podía ni siquiera calentar, que ningún diamante o cualquier otro aparato de corte podía rascar, que jamás podría ser duplicado por los seres humanos, y que era tan misterioso como la fuerza seis que los marcianos obtenían aparentemente de la nada.

    Todos estos pensamientos se acumularon en la mente del ser, mientras exploraba las células de memoria de Jim Brender. Con un esfuerzo, la cosa apartó su mente del metal y clavó su mirada en Jim Brender. Captó la totalidad del asombro que llenaba su mente mientras se alzaba.

    —Buen Dios —dijo Jim Brender—. ¿Quién es usted?
    —Mi nombre es Jim Brender —dijo la cosa, consciente de su hosca diversión, y consciente también de que representaba un progreso para él el ser capaz de sentir una tal emoción.

    El verdadero Jim Brender se había recuperado.

    —Siéntese, siéntese —dijo efusivamente—. Esta es la coincidencia más asombrosa que jamás haya visto.

    Fue hacia el espejo que formaba un panel de la pared izquierda. Se miró primero a sí mismo, y luego al ser.

    —Asombroso —dijo—. Absolutamente asombroso.
    —Señor Brender —dijo el ser—, vi su foto en un periódico, y pensé que nuestra increíble semejanza haría que usted me escuchase, cuando de lo contrario ni me prestaría atención. Acabo de regresar recientemente de Marte, y he venido aquí para persuadirle a que vuelva a ese planeta conmigo.
    —Eso —respondió Jim Brender— es imposible.
    —Espere —dijo el ser— a que le haya dicho el motivo. ¿Ha oído hablar usted alguna vez de la Torre de la Bestia?
    — ¡La Torre de la Bestia! —repitió lentamente Jim Brender. Rodeó su escritorio y apretó un botón.

    Una voz que surgía de una ornamentada caja dijo:

    — ¿Sí, señor Brender?
    —Dave, búscame todos los datos sobre la Torre de la Bestia y la legendaria ciudad de Li en la que se supone que existe.
    —No necesito buscarlo —-llegó la rápida respuesta—, La mayor parte de los relatos marcianos se refieren a ella como la bestia que cayó del cielo cuando Marte era joven... Hay alguna terrible advertencia asociada a ella... La Bestia estaba inconsciente cuando fue hallada... se dice que a consecuencia de su caída por el subespacio. Los marcianos leyeron su mente, y se sintieron tan horrorizados por sus intenciones subconscientes que trataron de matarla, pero no pudieron. Así que construyeron una enorme bóveda, de medio kilómetro de diámetro y kilómetro y medio de alto, en la que encerraron a la Bestia, que al parecer tenía esas dimensiones. Se han llevado a cabo diversos intentos de hallar la ciudad de Li, pero sin éxito alguno. Generalmente, se cree que se trata de un mito. Eso es todo, Jim.
    — ¡Gracias! —Jira Brender cortó la conexión y se volvió hacia su visita-—. ¿Y bien?
    —No es ningún mito. Sé dónde está la Torre de la Bestia, Y también sé que la Bestia está viva.
    —Mire una cosa —dijo Brender de buen humor—. Me intriga su parecido conmigo. Pero no espere que me crea esta historia. La Bestia, si es que existió tal cosa, cayó del cielo cuando Marte era joven. Hay algunos expertos que mantienen que la raza marciana se extinguió hace un centenal de millones de años, aunque los cálculos más conservadores sitúan su fin hace veinticinco millones de años. Los únicos artefactos que restan de su civilización son sus construcciones en metal definitivo. Afortunadamente, cuando se acercaba su declive, lo construían casi todo con ese metal indestructible.
    —Déjeme hablarle de la Torre de la Bestia —dijo suavemente la cosa—. Es una torre tamaño gigantesco, pero sólo una treintena de metros surgían de la arena cuando la vi. Toda la parte superior es una puerta, y esa puerta está cerrada por una cerradura de tiempo, que a su vez ha sido ligada a lo largo de una línea de ieis al último número primo.

    Jim Brender le miró; y la cosa captó su pensamiento asombrado, la primera incertidumbre y el inicio de una credulidad.

    —El último —dijo Brender.

    Tomó un libro de una pequeña biblioteca situada en la pared junto a su escritorio y lo hojeó.

    —El número primo mayor que se conoce es... ah, aquí está: es 23058430092139351. Otros, según este experto, son los 77843839397, 182521213001 y 78875943472201 —frunció aún más el ceño—. Esto hace que todo este asunto resulte ridículo. El último número primo sería un número indefinido —sonrió a la cosa—. Si hay una Bestia, y está encerrada en una bóveda de metal definitivo, cuya puerta está cerrada por una cerradura de tiempo, ligada a lo largo de una línea de ieis al último número primo... entonces, la Bestia está atrapada. Nada en el mundo puede liberarla.
    —-Por el contrario —dijo el ser—, la Bestia me ha asegurado que la resolución del problema cae dentro de las capacidades de las matemáticas humanas, pero que se necesita una mente matemática nata, equipada con todo el entrenamiento matemático que pueda proporcionar la ciencia terrestre. Usted es ese hombre.
    — ¿Y espera que libere a ese ser malvado... y eso en el caso de que pudiera realizar ese milagro matemático?
    — ¡Nada de malvado! —estalló la cosa—. El ridículo miedo a lo desconocido fue lo que hizo que los marcianos lo aprisionaran, causándole un grave daño. La Bestia es un científico de otro espacio, accidentalmente atrapado en uno de sus experimentos. Y la nombro en masculino, aunque, naturalmente, no sé si su raza tiene una diferenciación sexual.
    — ¿Ha hablado con la Bestia?
    —Se comunicó conmigo por telepatía.
    —Se ha demostrado que los pensamientos no pueden atravesar el metal definitivo.
    — ¿Qué es lo que saben los humanos de la telepatía? Ni siquiera pueden comunicarse uno con otro, excepto bajo condiciones especiales —el ser hablaba despectivamente.
    —Eso es cierto. Y, si su historia es verdadera, entonces este es un asunto que compite al Consejo.
    —Éste es un asunto que compite a dos hombres: a usted y a mí, ¿Ha olvidado que la Bóveda de la Bestia es la torre central de la gran ciudad de Li, en la que hay miles de millones de créditos en un tesoro de mobiliario, arte y maquinaria? La Bestia exige que se la libere de su prisión antes de permitir que nadie excave en sus tesoros. Usted puede liberarla. Podernos repartirnos el tesoro.
    —Deje que le haga una pregunta —intervino Jim Brender—. ¿Cuál es su verdadero nombre?
    —P... Pierce Lawrence —tartamudeó la criatura. Por el momento, no podía pensar en una mayor variación del nombre de su primera víctima que invertir las dos palabras con un ligero cambio en el Pearson. Sus pensamientos se obscurecieron con la confusión cuando Brender prosiguió:
    — ¿En qué nave vino usted de Marte?
    —En... en la F4961 —tartamudeó caóticamente la cosa, mientras la furia aumentaba la confusión de su mente. Luchó por controlarse, notó que cedía, y repentinamente sintió el tirón del metal definitivo del bajorrelieve de la pared, y supo por ese tirón que estaba peligrosamente cerca de la disolución.
    —Eso debe ser un carguero —dijo Jim Brender; apretó un botón—. Carltons, averigüe si la F4961 llevaba a bordo un pasajero llamado Pierce Lawrence. ¿Cuánto tiempo le llevará?
    —Unos minutos, señor.

    Jim Brender se recostó en su sillón.

    —Es una simple formalidad. Si usted viajó en esa nave, entonces me veré obligado a prestar una seria atención a sus afirmaciones. Naturalmente, podrá comprender usted que no me es posible intervenir en un asunto como éste a ciegas.

    Sonó el zumbador.

    — ¿Sí? —dijo Jim Brender.
    —Sólo los dos miembros de la tripulación estaban a bordo de la F496I cuando aterrizó ayer. No había ningún pasajero llamado Pierce Lawrence.
    —Gracias —Jim Brender se puso en pie; dijo fríamente—: Adiós, señor Lawrence, No logro imaginarme qué era lo que esperaba ganar con esa ridícula historia. Sin embargo, ha sido muy intrigante y, desde luego, el problema que me presentaba era muy ingenioso.

    El zumbador sonaba de nuevo,

    — ¿Qué sucede?
    —El señor Gorson quiere verle.
    —-Muy bien. Háganle entrar.

    Ahora, la cosa tenía más control de su cerebro, y vio en la mente de Brender que Gorson era un magnate de las finanzas cuyo negocio era comparable a la firma de Brender. Vio también otras cosas, cosas que le hicieron salir de la oficina privada, del edificio, y esperar pacientemente hasta que el señor Gorson salió por la imponente entrada. Unos minutos más tarde había dos señores Gorson caminando por la calle. El señor Gorson era un vigoroso hombre de unos cincuenta años. Había vivido una vida sana y activa, y tenía duros recuerdos de muchos climas y varios planetas almacenados en su mente. La cosa captó lo alerta que estaban los sentidos de aquel hombre, y lo siguió cuidadosamente, con respeto, no muy decidida sobre la forma de actuar. Pensó: «he mejorado mucho desde la vida primitiva que no podía mantener su forma. Mis creadores, al diseñarme, me dieron la capacidad de aprender y desarrollarme. Me es más fácil luchar contra la disolución, y ser un humano. AI enfrentarme con este hombre, debo recordar que mi fuerza es invencible cuando la empleo correctamente».

    Con extremo cuidado, exploró en la mente de su proyectada víctima la ruta exacta de su paseo hasta su oficina. En su mente estaba grabada claramente la imagen de la entrada de un gran edificio. Luego, un largo corredor de mármol que llevaba a un ascensor que lo subía al octavo piso, saliendo a un corto pasillo con dos puertas. Una puerta daba a la entrada privada de su oficina. La otra a un almacén usado por las mujeres de la limpieza. Gorson había mirado al interior de ese lugar en varias ocasiones, y entre otras cosas, en su mente había el recuerdo de un gran baúl.

    La cosa esperó en el almacén hasta que Gorson pasó, sin sospechar nada, junto a la puerta. Ésta chirrió. Gorson se volvió, abriendo mucho los ojos. No tuvo oportunidad alguna. Un puño de sólido acero aplastó su rostro, convirtiéndolo en pulpa, hundiendo sus huesos en el cerebro. Esta vez, el ser no cometió el error de mantener su mente sintonizada con la de su víctima. Lo atrapó mientras caía, devolviendo a su puño de acero la apariencia de la carne humana. Con furiosa velocidad, introdujo el musculoso y atlético cuerpo en el gran baúl, y cerró cuidadosamente la tapa. Muy alerta, salió del almacén, entró en la oficina privada del señor Gorson, y se sentó frente al reluciente escritorio de nogal. El hombre que respondió a la llamada de un botón vio a John Gorson sentado allí, y escuchó a John Gorson decir:

    —Crispins, quiero que empiece a vender los stocks a través de los canales secretos, inmediatamente. Venda, hasta que le diga que ya basta, aunque piense que sea una locura. Tengo informes de algo grande.

    Crispins contempló hileras y más hileras de nombres de acciones, y sus ojos se fueron desorbitando por momentos.

    —Buen Dios —jadeó finalmente, con la familiaridad que le cabe a un consejero de confianza—. Todas estas son acciones de primera. No puede jugarse toda su fortuna en algo así.
    —Ya le he dicho que no estoy solo en esto.
    —Pero va contra la ley el hundir el mercado —protestó el hombre.
    —Crispins, ya ha oído lo que le he dicho. Voy a salir de esta oficina. No trate de ponerse en contacto conmigo. Le llamaré.

    La cosa que era John Gorson se puso en pie, sin prestar atención a los anonadados pensamientos que fluían de Crispins. Fue hacia la puerta por la que había entrado. Mientras salía del edificio, estaba pensando: «Todo lo que tengo que hacer es matar a media docena de gigantes de las finanzas, y empezar la venta de sus stocks de acciones. Y luego...»

    Hacia la una, todo había terminado. La bolsa no cerraba hasta las tres, pero a la una aparecieron las noticias en los teletipos de Nueva York. En Londres, donde estaba obscureciendo, los periódicos editaron un extra. En Hankow y Shangai, estaba amaneciendo un brillante nuevo día mientras los voceadores de periódicos corrían a lo largo de las calles, a la sombra de los rascacielos, gritando que la J. P. Brender & Co. había hecho suspensión de pagos, y que iba a efectuarse una investigación...

    —Nos enfrentamos —dijo el juez de distrito en su parlamento inaugural a la siguiente mañana— con una de las más asombrosas coincidencias de toda la historia. Una firma, antigua y respetada, con filiales y sucursales en todo el mundo, con inversiones en más de un millar de compañías de todo tipo, se encuentra en la bancarrota por un inesperado hundimiento de cada una de las acciones que posee dicha empresa. Llevará meses el acumular evidencias acerca de la responsabilidad de esta maniobra bursátil que ha ocasionado el desastre. Mientras tanto, no veo razón alguna, por molesta que esta acción pueda resultar para todos los viejos amigos del difunto J. P. Brender y de su hijo, para no aceptar la petición de los acreedores de que las propiedades de la citada compañía sean liquidadas en subasta, y que se utilicen los métodos que yo considere correctos y legales para...



    El comandante Hughes, de las Espacio-líneas Interplanetarias, entró truculentamente en la oficina de su jefe. Era un hombre pequeño pero extraordinariamente fibroso; y la cosa que era Louis Dyer lo contempló tensamente, consciente de la fuerza y poder de aquel hombre.

    — ¿Tienes mi informe sobre este caso de Brender? —comenzó a decir Hughes.

    La cosa se atusó el bigote de Louis Dyer nerviosamente, luego tomó una pequeña carpeta y leyó en voz alta:

    —Peligroso por razones psicológicas... el emplear a Brender... demasiados golpes seguidos. Pérdida de capital y posición... ningún hombre normal puede seguir siéndolo bajo... circunstancias. Désele una oficina... muéstrese amistad hacia él... désele una bicoca, o una posición en la que su indudable habilidad... pero no en una espacionave, en donde se necesita una enorme dureza tanto mental, como moral, espiritual y física...
    —Esos son exactamente los puntos que yo estoy señalando —interrumpió Hughes—. Sabía que verías a lo que me refería, Louis.
    —Naturalmente que lo veo —dijo la criatura, sonriendo hoscamente, pues por aquellos días se sentía muy superior—-. Tus pensamientos, tus ideas, tu código y tus métodos están grabados irrevocablemente en tu cerebro y —añadió apresuradamente— nunca me has dejado duda alguna sobre tu postura. No obstante, en este caso debo insistir. Jim Brender no aceptará una posición ordinaria ofrecida por sus amigos. Y es ridículo el pedirle que se subordine a hombres a los que es superior en todos los aspectos. Ha mandado su propio yate espacial; sabe más del aspecto matemático del trabajo que todo nuestro equipo directivo junto; y esto no refleja una mala opinión de nuestro equipo. Conoce los problemas del viaje espacial y cree que es exactamente lo que necesita. Por consiguiente, te ordeno y lo hago por primera vez en nuestra larga asociación, Peter, que lo coloques en el carguero espacial F4961 en lugar del espacionauta Parelli, que tuvo un colapso nervioso tras ese curioso asunto con el ser espacial, tal como lo describió el teniente Morton... Por cierto, ¿habéis encontrado la... esto... muestra de ese ser?
    —No. Desapareció el día en que fuiste a verla. Hemos puesto el local patas arriba... Era la materia más extraña que jamás se haya visto. Pasaba a través del cristal con la misma facilidad que la luz; uno podía pensar que se trataba de algún tipo de substancia lumínica... Además, me asusta. Un puro desarrollo simpodial, mucho más adaptable a su entorno que cualquier otra cosa descubierta hasta ahora; y esto quedándose corto. Te aseguro... pero escucha, no puedes apartarme con tanta facilidad del caso Brender.
    —Peter, no comprendo tu actitud. Es la primera vez que he interferido con tu trabajo, y...
    —Presentaré mi dimisión —gruñó aquel hombre tan preocupado.
    —Peter, tú eres quien ha creado el equipo de Espaciolíneas —la cosa ahogó una sonrisa—. Es tu hijo, tu creación, no puedes abandonado. Sabes que no puedes...

    Las palabras sisearon suavemente, convirtiéndose en alarma; pues en el cerebro de Hughes había aparecido la primera intención real de dimitir. Pues el solo hecho de oír hablar de sus logros, y la historia de su amado trabajo, le trajo una tal avalancha de recuerdos, una tal conciencia de cuan tremendo ultraje era esta amenaza de interferencia... Con un salto mental, la criatura vio lo que representaría la dimisión de aquel hombre: el descontento de los demás; la rápida percepción de la situación por Jim Brender; y su negativa a aceptar el trabajo. Solo había una forma en que escapar a aquello, y era que Brender fuera a la nave sin averiguar lo que había pasado. Una vez en ella, debía realizar un solo viaje a Marte, y no se necesitaba nada más.

    La cosa estudió la posibilidad de imitar el cuerpo de Hughes. Luego, agónicamente, se dio cuenta de que no había nada que hacer. Tanto Louis Dyer como Hughes debían estar allí hasta el último minuto.

    — ¡Pero escucha, Peter! —comenzó a decir caóticamente el ser, y luego añadió—: ¡Maldita sea! —pues era muy humano en su mentalidad; y el darse cuenta de que Hughes tomaba sus palabras como un signo de debilidad era enloquecedor. La incertidumbre se extendió sobre su cerebro como un manto negro.
    — ¡Le diré a Brender, en cuanto llegue dentro de cinco minutos, lo que pienso de todo esto! —estalló Hughes, y el ser supo que lo peor había sucedido—. Si me prohíbes que se lo diga, entonces dimitiré. Yo... ¡Buen Dios, tu cara!

    La confusión y el horror llegaron simultáneamente a la criatura. Supo bruscamente que su rostro se había disuelto ante la amenaza de ruina de sus planes. Luchó por controlarse, saltó en pie, viendo el increíble peligro. Más allá de la puerta de cristal esmerilado estaba la oficina general... el primer grito de Hughes atraería ayuda. Con una especie de sollozo, trató de obligar a su brazo a imitar un puño de hierro, pero no había metal alguno en la habitación para que le sirviera de base con la que tomar dicha forma. Solo había el sólido escritorio de nogal. Con un grito, el ser salto por encima del mismo, y trató de clavar un palo aguzado en la garganta de Hughes.

    Hughes maldijo asombrado, y tomó el palo con tremenda fuerza. Hubo una repentina conmoción en la oficina general, voces que se alzaban, gente que corría…

    Brender aparcó su coche cerca de la nave: luego se quedó un momento quieto. No es que tuviera duda alguna. Era un hombre desesperado, y por consiguiente podía intentar una jugada arriesgada. No le llevaría mucho tiempo averiguar si la ciudad marciana de Li había sido hallada. Si así era, entonces recuperaría su fortuna. Comenzó a caminar rápidamente hacia la nave. Mientras hacía una pausa junto a la pasarela que llevaba a la puerta abierta de la F4961, un enorme globo de metal brillante de noventa metros de diámetro, vio a un hombre que corría hacia él. Reconoció a Hughes.

    La cosa que era Hughes se aproximó, luchando por recuperar la calma. Todo el mundo era una llamarada de fuerzas que lo atraían en distintas direcciones. Evitó los pensamientos de la gente que se agolpaba en la oficina que acababa de abandonar. Todo había ido mal. Nunca había pensado hacer lo que había hecho. Había pensado pasar la mayor parte del viaje a Marte como una capa de metal en el casco exterior de la nave. Con un tremendo esfuerzo logró autocontrolarse.

    —Nos vamos ahora mismo —dijo.

    Brender pareció asombrado.

    —Pero eso significa que tendré que calcular una nueva órbita bajo las más dificultosas...
    —Exactamente —interrumpió el ser—. He estado oyendo a muchos hablar de su maravillosa habilidad matemática. Ya es hora de que pruebe con hechos las habladurías.

    Jim Brender se alzó de hombros.

    —No tengo objeción alguna. Pero, ¿cómo es que viene usted?
    —Siempre voy con los nuevos tripulantes.

    Sonaba razonable. Brender subió la pasarela, seguido de cerca por Hughes. La poderosa atracción del metal era el primer dolor verdadero que el ser sentía en muchos días. Ahora, tendría que luchar contra el metal durante un largo mes, luchar para retener la forma de Hughes y, al mismo tiempo, realizar un millar de obligaciones. Aquel primer dolor traspasó sus elementos, destruyendo la confianza que había ido acumulando durante los días pasados como ser humano. Y entonces, mientras seguía a Brender a través de la puerta, oyó un grito tras de sí. Miró apresuradamente hacia atrás. De varias puertas estaba surgiendo gente que corría hacia la nave. Brender estaba a varios metros de distancia, por el pasillo. Con un silbido que era casi un sollozo, el ser saltó hacia adentro, y tiró de la palanca que cerraba la gran puerta.

    Había una palanca de emergencia que controlaba las placas antigravitatorias. De un tirón, el ser la bajó. Instantáneamente experimentó una sensación de ligereza y de caída. A través del gran ventanal, el ser pudo entrever el campo de abajo, repleto de gente, blancos rostros que miraban hacia arriba, brazos que se agitaban. Luego la escena se hizo remota, mientras el atronar de los cohetes vibraba a través de la nave.

    —Supongo —dijo Brender, mientras Hughes entraba en la sala de control— que deseaba que yo pusiera en marcha los cohetes.
    —Así es —respondió con voz espesa el ser—. Dejo la parte matemática en sus manos.

    No se atrevía a permanecer tan cerca de los enormes motores metálicos, aunque estuviera el cuerpo de Brender para ayudarle a mantener su forma humana. Apresuradamente, comenzó a recorrer el corredor. El mejor lugar sería el camarote aislado.

    Bruscamente, se detuvo en su rápido caminar, quedándose de puntillas. Un pensamiento estaba surgiendo de la sala de control que acababa de abandonar... un pensamiento del cerebro de Brender, El ser casi se disolvió por el terror cuando se dio cuenta de que Brender estaba sentado a la radio, contestando a una insistente llamada de la Tierra.

    Entró violentamente en la sala de control y se detuvo, en seco, con sus ojos agrandándose en una expresión de desmayo similar a la de un humano. Brender se apartó de la radio con un solo movimiento giratorio. En sus manos llevaba un revólver. El ser leyó en su cerebro un inicio de comprensión de toda la verdad.

    —Usted es —gritó Brender— la cosa que vino a mi oficina y habló acerca de los números primos y la Bóveda de la Bestia.

    Dio un paso a un lado para cubrir una puerta abierta que llevaba hacia abajo por otro corredor. El movimiento dejó al descubierto para la criatura la pantalla visora. En ella estaba la imagen del verdadero Hughes. Simultáneamente, éste vio a la cosa.

    —Brender —aulló—, ése es el monstruo que Morton y Parelli vieron en su viaje desde Marte. No reacciona al calor o a los productos químicos, pero jamás probamos con las balas. ¡Dispare, rápido!

    Era demasiado, había demasiado metal, demasiada confusión. Con un gemido, el ser se disolvió. El tirón del metal lo transformó horriblemente en una masa semimetálica. La lucha por seguir siendo humano lo transformó en una horrenda figura compuesta de una bulbosa cabeza, con un ojo a medio desaparecer y dos brazos serpentinos unidos al semimetálico cuerpo. Instintivamente, luchó por acercarse a Brender, dejando que el influjo de su cuerpo lo transformase en más humano. El semimetal se convirtió en algo parecido a la carne, que trató de volver a su forma humana.

    — ¡Escuche, Brender! —la voz de Hughes sonaba apremiante—. Los tanques de combustible de la sala de máquinas son de metal definitivo. Uno de ellos esta vacío. Atrapamos en una ocasión una parte de ese ser, y no podía salir de una pequeña jarra de metal definitivo. Si puede acorralarlo hasta el interior de ese tanque mientras ha perdido el control de sí mismo, como parece ocurrirle con mucha facilidad...
    — ¡Veremos lo que puede hacer el plomo! —respondió Brender con voz quebradiza.

    ¡Bang! El ser aulló con su semiformada boca, y se retiró, mientras sus piernas se disolvían en una pasta grisácea.

    —Duele, ¿no? —Brender ganó terreno—. ¡Ve a la sala de máquinas, maldita cosa! ¡Al tanque!
    — ¡Adelante, adelante! —gritaba Hughes desde la pantalla.

    Brender disparó de nuevo. El ser produjo un sonido gorgoteante y se retiró de nuevo. Pero ahora era mayor, más humano. Y en una caricatura de mano estaba creciendo una caricatura del revólver de Brender.

    Alzó la inacabada e informe arma. Hubo una explosión, y la cosa lanzo un alarido. El revólver cayó al suelo convertido en una masa hecha jirones. La pequeña masa gris que lo había compuesto corrió frenéticamente hacia el cuerpo mayor, y se unió como un monstruoso crecimiento canceroso al pie derecho.

    Y entonces, por primera vez, los poderosos y malvados cerebros que habían creado la cosa trataron de dominar su robot. Furioso, pero consciente de que debía jugar cuidadosamente la partida, el controlador forzó a la aterrorizada y totalmente derrotada cosa a cumplir con su voluntad. Los alaridos agónicos cortaron el aire, mientras los inestables elementos eran obligados a cambiar. En un instante, la cosa tuvo la forma de Brender, pero en lugar de un revólver creció de una de las bronceadas y poderosas manos un lápiz de brillante metal. Centelleante como un espejo, destellaba en cada faceta como una gema increíble. El metal brilló débilmente, con una irradiación no terrena. Y donde había estado la radio y la pantalla con el rostro de Hughes quedó un abierto agujero. Desesperadamente, Brender disparó sus balas contra el cuerpo situado ante él, pero aunque la forma temblaba, ahora le miraba sin sentirse afectada. La brillante arma giró hacia él.

    —Cuando haya terminado —dijo—, quizá podamos hablar.

    Lo dijo tan suavemente que Brender, tenso para recibir la muerte, bajó asombrado su arma. La cosa prosiguió:

    —No se alarme. Lo que ve y oye es un androide, diseñado por nosotros para actuar en su mundo de espacios y números. Algunos de nosotros estamos trabajando aquí bajo condiciones muy difíciles para mantener esa conexión, así que tendré que ser breve.

    «Existimos en un mundo cuyo tiempo es inconmensurablemente mucho más lento que el suyo. Por un sistema de sincronización hemos preparado un número de estos espacios de tal forma que, aunque uno de nuestros días es millones de sus años, podamos comunicarnos. Nuestro propósito es liberar a Kaiorn de la bóveda marciana. Kaiorn fue atrapado accidentalmente en una distorsión temporal que el mismo causó y precipitado al planeta que ustedes conocen como Marte. Los marcianos, temiendo sin motivo su gran tamaño, construyeron una prisión muy diabólica, y necesitamos su conocimiento de las matemáticas peculiares de su mundo de espacios y números, que son exclusivas del mismo, para lograr liberarlo.

    La tranquila voz prosiguió, ansiosa, pero no de modo ofensivo; insistente, pero amistosa. Quien hablaba lamentó que su androide hubiera matado a seres humanos. Con mayor detalle, explicó que cada espacio estaba construido con diferentes sistemas de números, algunos todos negativos, algunos todos positivos, algunos mezcla de ambos, y la totalidad constituía una infinita variedad, y cada matemática estaba interrelacionada con la misma substancia del espacio que regía.

    La fuerza ieis no era realmente misteriosa. Era simplemente un flujo de un espacio a otro, el resultado de una diferencia de potencial. Sin embargo, este flujo era una de las fuerzas universales, a la que solamente otra fuerza podía afectar, la que había usado unos minutos antes. El metal definitivo era realmente definitivo. En su espacio tenían un metal similar, constituido por átomos negativos. Podía ver en la mente de Brender que los marcianos no sabían nada acerca de los números negativos, así que debían haber construido el suyo de átomos ordinarios. También podía ser logrado así, aunque no tan fácilmente. Y finalizó:

    —El problema se resume en que sus matemáticas deben decirnos cómo, con nuestra fuerza universal, podemos cortocircuitar el último número primo, es decir, bailar sus factores, de forma que la puerta se abra en cualquier momento. Puede usted preguntarse cómo pueden hallarse los factores de un número primo que solo es divisible por sí mismo y por el número uno. Este problema es, para su sistema, soluble únicamente mediante sus matemáticas. ¿Lo hará?

    Brender se metió el revólver en el bolsillo. Tenía los nervios en calma mientras decía:

    —Todo lo que ha dicho suena razonable y honesto. Si tuvieran deseos de causar problemas, les resultaría facilísimo el enviar a tantos de su especie como deseasen. Naturalmente, todo este asunto debe ser expuesto ante el Consejo...
    —Entonces no hay solución; el Consejo no podrá acceder a...
    — ¿Esperan que haga lo que no creen que la más alta autoridad gubernativa del sistema vaya a autorizar? —exclamó Brender.
    —Resulta inherente a la naturaleza de una democracia el que no pueda jugar con las vidas de sus ciudadanos. Tenemos un gobierno similar aquí, y sus miembros ya nos han informado de que, en una circunstancia similar, no aceptarían el dejar suelta una bestia desconocida entre su gente. Sin embargo, los particulares pueden correr riesgos que los gobiernos no aceptarían. Usted está de acuerdo en que nuestro argumento es lógico. ¿Acaso los hombres no siguen el sistema lógico?

    El Controlador, a través del ser, contempló atentamente los pensamientos de Brender. Vio dudas e incertidumbre, a las que se oponía un muy humano deseo de ayudar, basado en la convicción lógica de que no había peligro. Sondeando su mente, vio rápidamente que no era muy correcto, en los tratos con hombres, el confiar demasiado en la lógica. Siguió presionando:

    —A un particular le podemos ofrecer... todo. Con su permiso, en un minuto llevaremos esta nave a Marte; no en treinta días, sino en treinta segundos. Usted conservará el conocimiento de cómo se puede hacer esto. Y llegado a Marte, hallará usted que es la única persona viva que conoce la localización de la antigua ciudad de Li, de la que la Bóveda de la Bestia es la torre central. En esa ciudad se hallan literalmente miles de millones de créditos de un tesoro constituido por metal definitivo; y según las leyes de la Tierra, el cincuenta por ciento será de usted. Volverá a recuperar su fortuna, y podrá regresar a la Tierra este mismo día.

    Brender estaba pálido. Malevolentemente, la cosa contempló los pensamientos que recorrían su cerebro: el recuerdo del repentino desastre que había arruinado a su familia. Brender alzó torvamente la vista.

    —Sí —dijo—. Haré lo que pueda.


    Una yerma cordillera dejó paso a un valle de arena gris rojiza. Los débiles vientos de Marte lanzaban una nube de arena contra un edificio. ¡Y qué edificio! En la distancia, había parecido simplemente grande. Únicamente treinta metros se proyectaban por encima del desierto, treinta metros de altura y cuatrocientos cincuenta de diámetro. Centenares de metros, literalmente, debían de esconderse por debajo del inquieto océano de arena para darle un perfecto equilibrio de formas, la gracilidad, la belleza como de cuento de hadas que los ya desaparecidos marcianos exigían a todas sus construcciones, por enormes que estas fueran. Brender se sintió repentinamente pequeño e insignificante mientras los cohetes de su traje espacial lo llevaban algunos metros por encima de la arena hacia aquel increíble edificio.

    De cerca, la fealdad de su enorme tamaño se perdía milagrosamente en la riqueza de la decoración. Columnas y pilastras reunidas en grupos y ramilletes rompían la monotonía de las fachadas, reuniéndose y dispersándose de nuevo sin cesar. Todas las superficies de la pared y el techo se fundían en una abundancia de adornos e imitaciones de estuco, desvaneciéndose y rompiéndose en un juego de luces y sombras.

    El ser flotaba junto a Brender. Su Controlador dijo:

    —Veo que ha estado estudiando concienzudamente el problema, pero este androide parece incapacitado para seguir pensamientos abstractos, así que no tengo forma de conocer el camino seguido por sus especulaciones. No obstante, veo que parece estar usted satisfecho.
    —Creo que ya tengo la respuesta —dijo Brender—. Pero primero deseo ver la cerradura de tiempo. Subamos.

    Subieron hacia el cielo, pasando sobre el borde del techo del edificio. Brender vio una enorme superficie plana, y en su centro... ¡se le cortó la respiración!

    La débil luz del lejano Sol de Marte iluminaba una estructura localizada en lo que parecía ser el centro exacto de la gran puerta. La estructura tenía unos quince metros de alto, y parecía no ser más que una serie de cuadrantes que se unían en el centro, que era una aguja metálica que señalaba directamente hacia arriba. La cabeza de la flecha no era de metal sólido. En lugar de esto, era como si el metal se hubiera dividido en dos parles que se curvasen luego de nuevo buscando unirse. Pero sin llegar a hacerlo. Unos treinta centímetros separaban las dos secciones metálicas. Pero esta separación estaba enlazada por una vaga, tenue y verdosa llama de fuerza ieis.

    — ¡La cerradura de tiempo! —-afirmó Brender—. Creí que sería algo así, aunque esperaba que fuera mayor, más imponente.
    —Que no le engañe su frágil apariencia —respondió la cosa—. Teóricamente, la resistencia del metal definitivo es infinita; y la fuerza ieis sólo puede ser afectada por la energía universal que ya he mencionado. Es imposible decir cuál puede ser su efecto, dado que lleva consigo un desarreglo temporal de todo el sistema de números sobre el que está edificada esa área particular del espacio. Pero ahora díganos qué es lo que hemos de hacer.
    —Muy bien —Brender se sentó en una duna y apagó sus placas antigravitatorias. Se recostó sobre la espalda y contempló pensativo el cielo negroazulado. Por un momento, todas las dudas, preocupaciones y miedos le habían abandonado. Se relajó y explicó:
    -—La matemática marciana, como la de Euclides y Pitágoras, está basada en la magnitud sin fin. Los números negativos era algo que estaba más allá de su filosofía. Sin embargo, en la Tierra, y empezando con Descartes, se desarrolló una matemática analítica

    »Para los marcianos, solo había un número entre el uno y el tres. En realidad, la totalidad de tales números es un conjunto infinito. Y con la introducción de la idea de la raíz cuadrada de menos uno, o número i, y los números complejos, las matemáticas dejaron definitivamente de ser un simple asunto de magnitud, perceptible en imágenes. Solo el paso intelectual de la cantidad infinitamente pequeña al límite inferior de toda magnitud finita posible, dio el concepto de un número variable que oscilaba bajo cualquier número asignable que no fuera cero.
    »El número primo, siendo un concepto de magnitud pura, no tiene realidad en las matemáticas reales, pero en este caso estaba rígidamente enlazado con la realidad de la fuerza ieis. Los marcianos conocían al ieis como un flujo verde pálido de unos treinta centímetros de largo y que desarrollaba digamos un millar de caballos de vapor. (En realidad tenía 30.91434 centímetros y 1021.33 caballos de vapor, pero esto no tenía importancia). La energía producida nunca variaba, la longitud nunca variaba. De año en año, durante decenas de millares de años. Los marcianos tomaron la longitud como su base de medida, y la llamaron un el; y la energía corno su base de energía, y le llamaron un rd. Y a causa de la absoluta invariabilidad del flujo decidieron que era eterno.
    «También decidieron que nada podía ser eterno sin convertirse en primo. Toda su matemática estaba basada en números que podían ser descompuestos en sus factores, es decir, desintegrados, destruidos, convertidos en menos de lo que habían sido; y números que no podían ser transformados en factores, desintegrados o divididos en grupos más pequeños.
    «Cualquier número que pudiera ser descompuesto en sus factores era incapaz de ser infinito. Por el contrario, el número infinito debería ser primo.
    »Por consiguiente, construyeron una cerradura y la integraron a lo largo de una línea de ieis, para operar cuando el ieis dejase de fluir... lo que sería el fin de los tiempos, siempre que no hubiera interferencias. Para evitar esas interferencias, protegieron el mecanismo que producía el flujo con metal definitivo, que no podía ser destruido o corroído en forma alguna. Según sus matemáticas, esto resolvía su problema.

    —Pero usted tiene la respuesta al nuestro —dijo la voz de la cosa ansiosamente.
    —Es simplemente esto: los marcianos dieron un valor al flujo de un rd. Si ustedes interfieren con este flujo en cierto grado, por pequeño que este sea, ya no será un rd. Será algo menos. El flujo, que es una constante universal, se convertirá automáticamente en menos que una constante universal, en menos que infinito. El número primo deja de serlo. Supongamos que ustedes interfieren con él hasta llegar al último número primo menos uno. Entonces tendrán un número divisible por dos. De hecho, el número, como la mayor parte de los grandes números, se fraccionará inmediatamente en millares de piezas, es decir, que será divisible por decenas de millares de números más pequeños. Si el momento actual se aproxima a alguno de esos números menores, la puerta se abrirá inmediatamente en cuanto interfieran con el flujo.
    —Esto está muy claro —dijo el Controlador con satisfacción, y la imagen de Brender sonrió triunfal—. Ahora usaremos este androide para manufacturar una constante universal; y Kalorn quedará libre en breve —rio a carcajadas—. El pobre androide está protestando violentamente ante la idea de ser destruido pero, después de todo, sólo es una máquina, y además no muy buena. Y está interfiriendo con mi adecuada recepción de sus pensamientos. Óigalo gritar mientras le doy forma.

    Las palabras, dichas con tal sangre fría, dejaron helado a Brender, arrancándole de las cimas del pensamiento abstracto. A causa de la prolongada intensidad de su pensamiento, vio con aguda claridad algo que se le había escapado antes.

    —Un momento —dijo—. ¿Cómo es que el robot, enviado desde su mundo, vive al mismo ritmo temporal que yo, mientras que Kalorn continúa viviendo al de ustedes?
    —Una pregunta muy buena —el rostro de la criatura se deformó con una mueca triunfal mientras el Controlador continuaba—: Porque, mi querido Brender, le hemos engañado. Es cierto que Kalorn vive a nuestro ritmo temporal, pero eso se debe a un año de nuestra máquina. La máquina que construyó Kalorn, si bien se mostró eficaz paro transportarlo, no servía para adecuarlo a cada nuevo espacio cuando entraba en él. Con el resultado de que fue transportado, pero no adaptado. Naturalmente, fue posible para nosotros, sus ayudantes, el transportar una cosa tan pequeña como el androide, aunque no tenemos más idea de cómo está construida la máquina de la que pueda tener usted.

    »En resumen, podemos usar la máquina tal cual es, pero el secreto de su construcción está encerrado en el interior de nuestro propio metal definitivo, y en el cerebro de Kalorn. Su invención por Kalorn fue uno de esos accidentes que, según la ley de las probabilidades, no se repetirá en un millón de nuestros años. Ahora que usted nos ha suministrado el método de traer de regreso a Kalorn, podremos construir innumerables máquinas interespaciales. Nuestro propósito es controlar todos los espacios, todos los mundos... especialmente los que están habitados. Deseamos ser los dueños absolutos de todo el Universo.»

    La irónica voz calló, y Brender se quedó en su posición recostada, presa del horror. El horror era doble, debido en parte al monstruoso plan del Controlador, y también al pensamiento que estaba vibrando en su cerebro. Gruñó mientras se daba cuenta de que su aviso debía de estar entrando en el cerebro automáticamente receptivo del robot: «Espere», decía su pensamiento, «esto añade un nuevo factor. El tiempo...»

    Hubo un alarido lanzado por el ser cuando fue disuelto a la fuerza. El alarido se ahogó, convirtiéndose en un sollozo, y luego en silencio. Una complicada máquina de brillante metal se alzaba ahora en aquella enorme extensión marrón grisácea de arena y metal definitivo.

    El metal brilló; y entonces la máquina flotó por el aire. Se alzó hasta la punta de la flecha, y descendió sobre la verde llama de ieis.

    Brender conectó su pantalla antigravitatoria y se puso en pie de un salto. La violenta acción lo llevó a unas decenas de metros de altura. Sus cohetes escupieron fuego, y apretó los dientes para luchar contra el dolor de la aceleración. Bajo él, la gran puerta comenzó a girar, a desatornillarse, más y más aprisa, hasta parecer una peonza. La arena saltaba en todas direcciones, en un tornado en miniatura.

    A máxima aceleración, Brender se lanzó hacia un lado. Justo a tiempo. Primero, la máquina robot fue escupida de aquella tremenda rueda por simple fuerza centrífuga. Luego, la puerta se despegó y, girando ahora a un ritmo increíble, se lanzó en vertical hacia arriba y desapareció en el espacio.

    Una bocanada de polvo negro salió flotando de la negrura de la bóveda. Conteniendo su horror, voló hacia donde había caído el robot sobre la arena. En lugar del brillante metal, halló un amasijo de chatarra oxidada por el tiempo. El opaco metal fluyó torpemente, asumiendo una forma casi humana. Su piel era gris y tenía pequeñas arruguitas, como si estuviera a punto de desmoronarse por pura edad. La cosa trató de alzarse sobre sus encorvadas piernas, pero finalmente se quedó yacente. Sus labios se movieron y murmuraron:

    —Capté su pensamiento de aviso, pero no se lo transmití. Ahora, Kalorn está muerto. Se dieron cuenta de la verdad mientras estaba sucediendo. Llegó el fin del tiempo...

    Se quedó en silencio, y Brender prosiguió:

    —Sí, el fin del tiempo se produjo cuando el flujo se convirtió momentáneamente en menos que eterno... llegó en una fracción de segundo, hace algunos minutos.
    —Yo sólo estaba... parcialmente... bajo su... influencia. Kalorn era quien... Aunque tengan suerte... pasarán años antes de que... inventen otra máquina... Y uno de sus años es miles de millones... de los de ustedes... No se lo transmití... capté su pensamiento... y evité... que les llegara...
    —Pero, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué?
    —Porque me estaban haciendo daño. Iban a destruirme. Porque... me gustaba... ser humano. ¡Yo era... alguien!

    La carne se disolvió. Fluyó lentamente hasta convertirse en una masa de materia gris parecida a la lava. La lava crujió, se resquebrajó en secas y quebradizas piezas. Brender tocó una de las piezas. Se desmoronó en fino polvo. Recorrió con la vista aquel triste y desierto valle de arena y dijo, en voz alta y con compasión:

    —Pobre Frankenstein.

    Se dio la vuelta, y corrió hacia la lejana astronave.


    Fin