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    Si te gusta lo que ofrece el Blog, te invito a que nos ayudes a que siga funcionando y poder, además, agregar temas nuevos.

    Gracias por tu visita!

    PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.

    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    En cualquier parte del blog, cada tema tiene un "+", el cual, al darle click, te da la opción de elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar, elige dónde, y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar,
    selecciona la opción y luego la imagen.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 32 en 32.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    ESTACIÓN ARAMINTA 2 (Jack Vance)

    Publicado el miércoles, agosto 16, 2017

    La culminación de una novela tan intensa como singular.


    El descubridor del planeta Cadwal fundó la Sociedad Naturalista de la Tierra para que lo administrara como reserva natural de acuerdo con las directrices de la Carta, documento que a efectos legales actúa como su constitución. La única construcción humana que se permite en Cadwal es la Estación Araminta, encargada de controlar la Reserva y el acceso a las áreas turísticas, estando prohibido cualquier tipo de explotación de los recursos del planeta a fin de mantener su integridad.

    Con el paso de las generaciones, lo que inicialmente era casi un cuerpo burocrático se ha convertido en una sociedad cerrada en sí misma y estructurada en torno a las directrices de la Carta. Las familias que se encargan de los diferentes aspectos de la administración de Cadwal tienen limitado su crecimiento, y han desarrollado un complejo sistema de puntuación para los jóvenes, basado en factores hereditarios por un lado y en los resultados de sus estudios por otro, que deben alcanzar un IE (Índice de Estatus) de 20 o inferior para ganar la ciudadanía al llegar a su mayoría de edad; en caso contrario se ven obligados a abandonar el planeta.

    Glawen Clattuc, un joven nativo de Cadwal que aspira a conseguir la ciudadanía, descubre muy pronto que la rígida sociedad de la Estación de Araminta, es mucho más frágil de lo que parece. Su trabajo en el Negociado B, la fuerza de policía local, le pone sobre la pista de una conspiración que involucra a los yips, la cual puede poner en peligro la propia supervivencia del asentamiento. Además, Glawen ha sabido por la joven Wayness que el original de la Carta ha desaparecido de la sede de la Sociedad Naturalista en la Tierra; la situación de Cadwal como reserva sería insostenible si la noticia llegara a divulgarse.

    Estación Araminta es un verdadero triunfo. Escrita cuando Vance se acercaba a su setenta cumpleaños —una edad en la que la mayoría de los escritores apenas recuerdan sus años mas creativos—, Estación Araminta no sólo mantiene toda la frescura de su obra anterior, sino que supera en intensidad y ambiciones a sus novelas mas logradas. Un libro unico de un escritor deslumbrante.

    Para
    David Alexander
    Kin Kokkonen
    Norma Vance


    Resumen del volumen anterior

    El joven Glawen Clattuc se encuentra particularmente afectado por las directrices de la Carta, debido a que su madre no era nativa de Cadwal. Al cumplir los dieciséis años se le comunica su índice de Estatus inicial, que resulta ser de 24, pese a un intento de lograr que sea superior por parte de su tía Spanchetta, que abriga un intenso odio hacia su padre. Glawen entra así a trabajar en el Negociado B, el servicio de policía de la Estación Araminta, junto a su padre, teniendo unas expectativas razonables de obtener la ciudadanía a los dieciocho años.

    Por su parte, su primo Arles, hijo de Spanchetta, que tiene un IE de 16, se muestra del todo indolente en sus estudios, sabiéndose seguro de su posición. Ambos primos se sienten atraídos por la joven Sessily, pero ésta rechaza los avances de Arles y acepta salir con Glawen en una excursión para cazar mariposas, surgiendo una relación afectiva entre ellos. Sessily quiere las mariposas para confeccionar el traje con el que actuará en la Fantasmagoría, una representación de la compañía de Mimos de Maese Floreste.

    Un incidente durante la excursión pone de manifiesto que los yips que trabajan en la Estación Araminta, una mano de obra barata procedente del atolón Lutwen, se han venido dedicando sistemáticamente a robar armas y piezas diversas de planeadores.

    Glawen ha quedado en reunirse con Sessily después del espectáculo, pero la joven desaparece misteriosamente y, más tarde, se descubre que ha sido asesinada. Glawen y su padre investigan los detalles del suceso y llegan a la conclusión de que algún miembro del grupo de los Leones Temerarios, entre los que se cuenta Arles, podría estar implicado. Pese a las sospechas de Glawen con respecto a su primo, el crimen queda sin resolver.

    El grupo de los Leones Temerarios, en el que Glawen se ha visto obligado a ingresar como parte de su trabajo en el Negociado B, realiza una excursión a Yipton, la cercana ciudad de los yips. Durante la investigación realizada por Glawen y Kirdy, miembro a su vez del Negociado B, este último es hecho prisionero. Una vez rescatado, Kirdy se sume en un estado de extrema apatía.

    Glawen se relaciona progresivamente con Wayness, hija de Egon Tamm, Conservador de Stroma y responsable último de la Reserva. El hermano de la joven muere durante un accidente que involucra una vez más a los yips, y ésta confiesa a Glawen su intención de viajar a la Tierra para efectuar una investigación largamente postergada. El objeto de la misma consiste en averiguar el paradero de la Carta, desaparecida del depósito de la Tierra, para lo cual, si es necesario, se ofrecerá como nueva secretaria de la Sociedad Naturalista, a fin de que la pérdida del documento no pueda ser utilizada en perjuicio de la Reserva.



    Capítulo 1
    1


    Wayness partió de la Estación Araminta a bordo del paquebote Faerlith Winterflower, de las Líneas Perseian, que la conduciría por el Manojo de Mircea hasta Andrómeda 6011 IV, un planeta de paso donde transbordaría a un crucero espacial Glistmar Explorer Route, que realizaría el resto del viaje hasta la Tierra.

    La partida de Wayness dejó un vacío deprimente en la vida de Glawen. De la noche a la mañana, su existencia había pasado a ser triste y monótona. ¿Por qué había permitido que se marchara tan lejos, más allá del alcance de la percepción humana? Se repetía a menudo la pregunta, y la respuesta siempre venía acompañada de una sonrisa de pesar: no le habían dejado otra elección. Wayness había tomado su decisión sin contar con nadie, basándose en su criterio. Nada se podía objetar, pensaba Glawen, sin la menor convicción.

    En algunos aspectos, podía compararse a Wayness con una fuerza de la naturaleza: en ocasiones benigna y afectuosa (sobre todo en las últimas semanas), en otras misteriosa e incomprensible, pero siempre reacia al control humano.

    Glawen meditó sobre aquel individuo único llamado Wayness Tamm. Si por alguna circunstancia extraordinaria se viera dotado de poderes divinos y le asignaran la agradable tarea de diseñar a una nueva Wayness, disminuiría la proporción de obstinación testaruda e independencia terca e intratable, no lo suficiente para perjudicar el sabor de la mezcla, sino para que fuera un poco más… Glawen vaciló, sin encontrar la palabra adecuada. ¿Maleable? ¿Predecible? ¿Servil? No, nada de eso. Cabía la posibilidad de que el ser divino creador de la Wayness original hubiera realizado su trabajo con una pericia tan consumada que ninguna mejora fuera posible.

    Para ocupar sus energías, Glawen se matriculó en varios cursillos, que después de concluir le permitirían presentarse al examen de Primer Grado de la CCPI. Un aprobado, acompañado de una competencia demostrable en uso de armas, técnicas prácticas, control de emergencias y lucha cuerpo a cuerpo le calificarían como Agente Ordinario de la CCPI, proporcionándole estatus de CCPI y autoridad a lo largo y ancho de la Extensión Gaénica. Varios otros miembros del Negociado B habían alcanzado dicho estatus. Scharde había pasado del primer grado a Agente de la CCPI de Segundo Nivel, lo cual permitía al Negociado B funcionar como filial de la CCPI.

    Kirdy Wook anunció que él también aspiraba al estatus de CCPI, pero no parecía tener prisa en asistir a las clases. Por lo visto, se había recuperado de su odisea de Yipton, excepto por una tendencia a la vaguedad y una serie de hábitos bruscos o impacientes, que todo el mundo esperaba que desaparecieran cuando se recobrara por completo. Kirdy todavía se negaba, o tal vez era incapaz, a hablar de sus experiencias. En cuanto dejó el hospital, se borró de los Leones Temerarios y no volvió a relacionarse con el grupo.

    Durante un tiempo, Glawen intentó entablar conversaciones con Kirdy, en la esperanza de ayudarle a adoptar una actitud más positiva. Glawen descubrió que era como intentar coger el mercurio. Kirdy se limitaba a escuchar en un hosco silencio la mayor parte del rato, y dibujaba una extraña media sonrisa con los ojos vidriosos, en los cuales Glawen creía detectar señales de hostilidad y desprecio. Kirdy no contribuía con comentarios de su cosecha, y si Glawen no volvía a hablar, los dos permanecían sentados en un silencio total. A las preguntas, o bien no respondía, o se demoraba en largas parrafadas que no tenían ninguna relación con la cuestión.

    Kirdy había sido famoso por su buen humor; ahora, daba la impresión de que consideraba incomprensible la levedad. Siempre que Glawen hablaba con ligereza o ironía, Kirdy le dirigía una mirada tan gélida y malhumorada que las palabras se le atragantaban a Glawen.

    Un día, Glawen observó que Kirdy se desviaba para no encontrarse con él, y desde aquel momento desistió de sus esfuerzos.

    Glawen comentó con Scharde la conducta de Kirdy.

    —Está pasando algo casi divertido. Kirdy sabe que si apruebo el examen de la CCPI saltaré un nivel por encima de él en el Negociado. El único recurso de Kirdy es presentarse también al examen. Eso significa no sólo estudiar a fondo, sino también el temible riesgo de suspender, que en el caso de Kirdy es real, puesto que flojea en matemáticas y en las demostraciones prácticas.
    —No pasará el psicométrico, eso es seguro.
    —Ése es el dilema de Kirdy. No sé cómo se las arreglará, como no rece para que yo fracase de una forma tan vergonzante que dimita del Negociado B y me pase a enología, junto con Arles.
    —Pobre Kirdy. Lo ha pasado muy mal.
    —Estoy de acuerdo: pobre Kirdy. Lo cual no facilita la tarea de trabajar con él.

    Desde Watertown, una ciudad de Andrómeda 6011 IV, llegó una carta de Wayness, escrita mientras esperaba el transbordo a uno de los cruceros espaciales Glistmar. Había escrito: «Ya añoro mi hogar, y te echo de menos muchísimo. Es sorprendente cómo una persona puede aprender a amar, confiar y depender de otra hasta tal punto, y no ser consciente de ello hasta que esa persona desaparece de su vida. Ahora ya lo sé». Y terminaba: «Volveré a escribir desde Tierens, con las últimas noticias sobre la situación. Espero que, por algún milagro, sean buenas, pero no confío demasiado. En cierto modo, me muero de ganas por meterle mano al problema, aunque sólo sea para ahuyentar otros de mi mente».

    El verano pasó. El vigésimo cumpleaños de Glawen vino y se fue. El último antes del vigésimo primero; el Día del Suicidio, como se le llamaba en ocasiones. Glawen se debatía entre la esperanza y la desesperación. Su índice de Estatus continuaba siendo 22. Podría haber sido peor, pero también mejor.

    El smollen siguiente, Arles trajo como invitada a la Cena de la Casa Clattuc a Drusilla co-Laverty, ante la evidente sorpresa y desaprobación de Spanchetta.

    Arles fingió no darse cuenta. Drusilla estaba de excelente humor, y no hizo el menor caso a Spanchetta, lo cual enfureció aún más a la mujer.

    Arles se mantuvo sentado durante la cena con dignidad mayestática, hablando poco, excepto a Drusilla, y en tono confidencial. Iba vestido con elegancia: chaqueta negra, pantalones rojos, camisa blanca y faja azul en la cintura. El atavío de Drusilla era menos conservador, incluso extremado. Su vestido era de raso a rayas negras, rosa y naranja, con un generoso escote. Un turbante negro, adornado con una pluma negra alta, ceñía sus rizos rubiorosados; puntas de elfo negras se alzaban cinco centímetros por encima de sus orejas. Por puro atrevimiento, el conjunto superaba al vestido púrpura y rojo de Spanchetta, y la expresión de ésta, cuando se tomó la molestia de examinar a Drusilla, transparentó un disgusto total.

    Drusilla se negó a inhibirse. Rió a pleno pulmón con frecuencia, a veces sin motivo aparente. Contribuyó con sus opiniones a todas las conversaciones que tenían lugar alrededor de la mesa, cotorreó, hizo bromas y sedujo a sus nuevos conocidos con cabeceos y sonrisas, guiños y pucheros.

    Scharde, después de observarla con disimulo, se volvió hacia Glawen.

    —Admito mi confusión. ¿No es uno de los ligues favoritos de Namour?
    —Creo que ya cortaron, o quizá se trate de un amorío propio de la estación, porque lo cierto es que Drusilla aún va de gira con los Mimos.
    —Da la impresión de que ya es un poco talludita. A Floreste le gusta tener sangre joven en su compañía.
    —Ya no actúa. Es la ayudante de Floreste.
    —Arles parece un gato que acaba de atrapar un gigantesco ratón. Eso me confunde aún más. Pensaba que Arles ya no iba detrás de las chicas.
    —Y yo también. Parece que estábamos equivocados. Drusilla es una real hembra, no cabe la menor duda.
    —Ya lo creo. —Scharde apartó la vista—. Bien, no es mi problema, y me alegra decirlo.
    —Fíjate en Arles. Creo que está a punto de soltar un discurso.

    Arles se había levantado y, por un momento, paseó una sonrisa alrededor de la mesa, esperando a que las conversaciones enmudecieran. Por fin, dio unos golpecitos en su copa de vino con un cuchillo.

    —¡Damas y caballeros, por favor! ¡Reclamo su atención! Deseo dar una noticia. Tengan la bondad de escucharme. Observarán, sentada a mi lado…, ¿cómo habría podido pasar desapercibida?, a una criatura encantadora y maravillosa, a la que muchos de ustedes habrán reconocido como la honorable y distinguida Drusilla co-Laverty. Posee tanto talento como encanto, y durante algunos años ha ayudado a Floreste a obrar milagros con sus Mimos, pero las cosas cambian. En respuesta a mis súplicas, Drusilla ha accedido a convertirse en una Clattuc. ¿Me he expresado con claridad?

    Arles paseó la vista alrededor de la mesa, mientras los congregados aplaudían.

    —Confesaré más secretos todavía a los presentes. Hoy hemos firmado el contrato y la unión ha sido legalizada por el Registrador. ¡Todo está consumado!

    Arles hizo una reverencia cuando el grupo prorrumpió en felicitaciones. Drusilla levantó una mano, con la cabeza perfectamente ladeada, y agitó los dedos.

    —Fíjate en Spanchetta —murmuró Scharde a Glawen—. Está meditando si sufrir o no un infarto.

    Arles continuó hablando.

    —No es necesario decir que estoy tan asombrado como ustedes por mi buena suerte. Partimos de inmediato en un romántico periplo que nos llevará muy lejos, a lugares míticos y misteriosos. ¡Pero volveremos, se lo prometemos! ¡No hay lugar comparable a la Estación Araminta en toda la Extensión Gaénica!

    Arles se sentó y estuvo ocupado varios minutos en responder a brindis y preguntas.

    —De modo que se van a lugares míticos y misteriosos —musitó Scharde.
    —Me pregunto de dónde habrá sacado Arles el dinero. De Spanchetta no, desde luego.
    —Quizá Drusilla haya prosperado de repente.
    —No será por lo que le paga Floreste. El dinero de los Mimos va a parar a la fundación pro Orfeo. Drusilla tiene suerte de que le cubra los gastos de traslado y manutención, más los extras que pueda inventarse.
    —Tal vez realiza negocios por su cuenta.
    —Ojalá sean negocios en que Arles le sirva de ayuda.

    Al día siguiente, Arles y Drusilla partieron a bordo del crucero de lujo Mircean Lyre, de las Líneas Perseian. A última hora, Scharde se reunió con Glawen.

    —El rompecabezas está resuelto. Intercambié unas cuantas palabras con Floreste y el problema de la riqueza de Arles ha desaparecido. No posee la menor fortuna, y Drusilla todavía menos. ¿Cómo han podido embarcar hacia «lugares míticos y misteriosos»? Muy sencillo. Drusilla hace un viaje de rutina, dedicado a concertar contratos para los Mimos. Cada año se encarga de eso. Floreste ha negociado tarifas baratas para su personal; tanto Arles como Drusilla entran en esa categoría. Sus gastos son mínimos, y en cuanto a los lugares míticos y misteriosos, se refieren a sitios como Soum, Natrice, el Hogar de Liliander y Tassadero, planetas que se encuentran en el circuito habitual de Floreste. En su mayoría, son bastante aburridos.
    —Me pregunto dónde piensan vivir cuando regresen —murmuró Glawen—. ¿Crees que Spanchetta les acogerá de buena gana?
    —Sin la menor efusión.

    Glawen fue a mirar por la ventana.

    —A mí también me gustaría viajar. A la Tierra, sobre todo.
    —Espera a tu próximo cumpleaños.

    Glawen cabeceó con amargura.

    —Como colateral, puedo ir a donde me apetezca, especialmente si no vuelvo.
    —No seas tan pesimista. Aún no eres un paria. Estoy seguro de que podremos convencer al viejo Dorny de que coja una borrachera mortal de necesidad. Descant es otra cosa. No se jubilará y hará todo lo posible por seguir con vida.
    —No puedo preocuparme por esas minucias —gruñó Glawen—. Si me echan a patadas de la Casa Clattuc, qué le vamos a hacer. Como no puedo viajar a planetas míticos y misteriosos como Arles, ni siquiera a la Tierra, creo que saldré a navegar en el balandro. Tal vez hasta la isla Thurben. ¿Quieres acompañarme? Acamparemos un par de días en la playa.
    —No, gracias. La isla Thurben no es de mi agrado. Si vas, coge mucha agua; no encontrarás ni una gota en Thurben. Y no vayas a nadar a la laguna.
    —Creo que iré. Al menos, es un cambio.


    2


    Glawen cargó de provisiones el balandro, llenó los depósitos de agua, recargó la unidad de energía, y después, sin más ceremonias, soltó amarras y zarpó del muelle Clattuc.

    A baja potencia, surcó el río Wan hasta la desembocadura y salió a mar abierto. Izó velas a un cuarto de milla de la orilla, y con viento de estribor se desplazó hacia el este, un curso que, de seguirlo indefinidamente, le conduciría a la costa oeste de Ecce.

    Glawen conectó el piloto automático y se sentó para disfrutar del gorgoteo de la estela, el amplio cielo azul, los cabeceos de la embarcación al cabalgar sobre las largas olas.

    La orilla de Araminta se convirtió en un punto grispurpúreo en el horizonte, y no tardó en desaparecer. El viento cambió de dirección. Glawen se ciñó al viento lo máximo posible.

    El día transcurrió, sin otro panorama que el perezoso océano azul, el cielo y alguna ocasional ave marina.

    A última hora de la tarde, el viento amainó, hasta dar paso a una calma chicha cuando anocheció. Glawen bajó las velas, y la embarcación se movió al compás del oleaje. Glawen fue a la bodega, preparó una olla de estofado, la subió a cubierta y cenó, además de un pedazo de pan y una botella de clarete Clattuc, mientras los colores del crepúsculo teñían el cielo.

    Aparecieron las estrellas. Glawen se acomodó y estudió las constelaciones. El flujo del Manojo de Mircea, junto con Lorca y Sing, se encontraba por debajo del horizonte. En el cénit centelleaba el amasijo conocido como Perseo Alzando la Cabeza de Medusa; las dos estrellas rojas resplandecientes, Cairre y Aquin, representaban los ojos de Medusa. Hacia el sur, localizó un círculo de cinco estrellas blancas, llamado el Nautilus. En el centro del círculo brillaba una estrella amarilla de décima magnitud, demasiado apagada para verse. La estrella era el Viejo Sol. Por allí, surcando el vacío en un gran crucero espacial Glistmar, se encontraba Wayness. ¿Qué tamaño aparentaría desde aquella distancia? ¿El de un átomo? ¿Más pequeño aún? Un interesante problema. Glawen bajó a la sentina y calculó. Wayness, de pie a cien años luz de distancia, parecería tan grande como un neutrón a una distancia de mil doscientos cincuenta kilómetros.

    —Algo es algo —dijo Glawen—. Ahora ya lo sé.

    Volvió a la cabina. Escrutó el cielo, comprobó que todo funcionaba como era debido y regresó a la sentina, dejando que el balandro se ocupara de sí mismo.

    La mañana aportó una brisa favorable del sur. Glawen izó velas y la embarcación se dirigió hacia el noreste.

    A mediodía del día siguiente divisó la isla Thurben, un cúmulo más o menos circular de arena y residuos volcánicos, de tres kilómetros de diámetro, en el que crecían espinos verdegrisáceos, unos pocos tomillos dispersos y otros tantos dendrones semáforo esqueléticos. En el centro se alzaba un peñasco de basalto volcánico. Un arrecife de coral rodeaba la isla y creaba una laguna de doscientos metros de anchura. Un par de estrechos rompían el arrecife, en los extremos norte y sur de la isla, y permitían el acceso a la laguna. Glawen bajó las velas e impulsó el balandro por el estrecho del sur, a contracorriente. Lanzó el ancla a sesenta metros de la playa, en un agua tan transparente que parecía agrandar los detalles del fondo: tambores coralinos, anémonas, moluscos blindados; peces diminutos y faloriales se acercaron a investigar el barco, el ancla y la cadena del ancla, y después se alejaron para aguardar acontecimientos: basura, un nadador, o alguien que cayera por la borda.

    Glawen utilizó la grúa para levantar el bote de su basada y bajarlo por el costado. Descendió al bote, con muchas precauciones, cargado con un rollo de cuerda, uno de cuyos extremos había atado previamente al caperol del balandro. Conectó el motor del bote y puso proa a la playa, dejando que la cuerda se fuera desenrollando.

    El bote se detuvo sobre la arena. Glawen saltó a tierra y puso el bote fuera del alcance del oleaje. Ató la cuerda al tronco retorcido de un espino, y de esta forma protegió por partida doble el balandro de una súbita ventolera.

    Ahora ya podía campar a sus anchas. No tenía nada que hacer: ni trabajo, ni rutina, ni nada que le robara tiempo. Para eso había venido.

    Examinó los alrededores. Detrás de él había espinos, algunos tomillos, unas pocas balsaminas, ocasionales horcas negras y escuálidas, y una prominencia de basalto quebradizo en el centro de la isla. Delante, la laguna, de aspecto inocente y pacífico, donde estaba fondeado el balandro. A derecha e izquierda, idénticas franjas de arena blanca, flanqueadas por arbustos de espinos verdegrisáceos y tomillos, de largas y esbeltas hojas, plateadas en la parte inferior y escarlata en la superior. El menor soplo de brisa ondulaba la superficie de la laguna, que centelleaba a la luz del sol, mientras los tomillos arrojaban destellos plateados y escarlata.

    Glawen se sentó en la arena. Escuchó.

    Silencio, salvo por el susurro del agua que se movía arriba y abajo de la playa.

    Se tumbó sobre la arena y dormitó bajo el sol.

    Pasó el tiempo. Un cangrejo de tierra pellizcó el tobillo de Glawen. Éste se removió, pataleó y se incorporó. El cangrejo de tierra huyó despavorido.

    Glawen se puso en pie. El balandro flotaba plácidamente. Syrene se había desplazado en el cielo. Nada más había cambiado. De hecho, pensó Glawen, había poco que hacer en la isla Thurben, excepto dormir, contemplar el paisaje o, en un arranque de energía, pasear a lo largo y ancho de la playa.

    Miró a la derecha, y después a la izquierda. Como no advirtió diferencias en ninguna de ambas direcciones, se encaminó hacia el norte. Su cercanía ahuyentó a los cangrejos de tierra, que huyeron hasta el borde del agua y se volvieron a mirarle. Lagartos azules saltaron sobre sus patas traseras y corrieron a buscar refugio con grandes zancadas en los arbustos de espinos, donde recobraron el valor y lanzaron furiosos desafíos.

    La orilla se desviaba hacia el este, rodeando el extremo norte de la isla. Glawen llegó a un punto opuesto al estrecho que atravesaba los arrecifes por el norte, un canal natural similar al del sur, que permitía el acceso de las embarcaciones a la laguna. Glawen rodeó la curva de la playa y se paró en seco, estupefacto y confuso.

    Habían tenido lugar cambios desde su última visita. Un tosco muelle se internaba en la laguna. Cerca del pie del muelle, un pabellón de bálago y bambú, al estilo de los yips, proporcionaba refugio del sol y la lluvia.

    Glawen permaneció varios minutos inmóvil, examinando la zona. No vio huellas recientes en la arena. Los alrededores parecían desiertos.

    Glawen se serenó un poco y avanzó hacia el pabellón, aunque algo tenso y cauteloso. La brisa agitó hebras de bálago marrón. El interior estaba seco, polvoriento y desocupado. De todos modos, Glawen se arrepintió de no haber traído un arma. En situaciones de este tipo, su bulto y peso le habrían tranquilizado.

    Glawen se alejó del pabellón. Contempló el muelle, perplejo. ¿Para qué podía servir? ¿Un campamento para pescadores yips alejados de sus bases? Glawen reparó en un extraño artilugio sujeto al muelle, a unos diez o doce metros de la orilla. Se trataba de una grúa provista de una viga situada sobre ella, como una especie de horca, que debía de servir para alzar objetos de las embarcaciones y depositarlos sobre el muelle, o viceversa.

    Glawen caminó hasta el final del muelle, que se hundió y crujió bajo su peso. Forzó la vista en dirección al estrecho y el desierto océano azul que se extendía al otro lado. A derecha e izquierda, la plácida laguna. Hacia la orilla, la franja de playa que seguía la curva de la isla. Abajo, pilotes de bambú desaparecían en el fondo; debían de medir unos cuatro metros y medio de longitud. Menudas olas dibujaban sobre la arena formas y sombras. Glawen escudriñó el fondo marino y los pelos de su nuca se erizaron. Había hecho un descubrimiento escalofriante. Al principio, no dio crédito a sus ojos.

    No había error. En el fondo, cerca del final del muelle, distinguió una grotesca confusión de huesos humanos. Algunos estaban recubiertos de arena; las algas envolvían otros, y los demás yacían al descubierto, como desnudos, tan sólo arropados por las sombras móviles.

    Glawen se obligó a examinar los huesos. Era difícil calcular el número de individuos a quienes pertenecían. El movimiento del agua distorsionaba la percepción. En cualquier caso, los huesos parecían pequeños y delicados.

    Glawen tuvo la impresión de que alguien le observaba. Giró en redondo y escrutó la orilla. Nada daba la impresión de haberse alterado. No se veía ni rastro de seres vivos, aunque era posible que una docena de ojos invisibles le estuvieran espiando desde la espesura.

    Los nervios le estaban jugando malas pasadas, se dijo Glawen.

    Volvió a la playa. Se quedó un momento contemplando el muelle, el pabellón y la grúa. Una nueva idea cruzó por su mente: ¿y si alguien le había visto llegar y, aprovechando su ausencia, había subido a bordo de su barco y zarpado? El corazón le dio un vuelco. Thurben no era la isla más apropiada para naufragar, con cangrejos de tierra como único manjar, y bastante indigesto, y agua de mar como bebida.

    Glawen regresó a la playa corriendo, y cada pocos metros volvía la vista atrás.

    El balandro continuaba donde lo había dejado. Su semiataque de pánico se disipó. Estaba solo en la isla. No obstante, había perdido la tranquilidad. La playa ya no podía considerarse un plácido lugar donde haraganear unos cuantos días.

    La tarde estaba bastante avanzada. La brisa había cesado por completo. Ni el agua del mar ni la de la laguna se movían. Glawen decidió aprovechar la brisa de la mañana para partir. Bajó el bote al agua y volvió al balandro.

    Syrene se puso. Las tinieblas cayeron sobre la isla Thurben. Glawen preparó y devoró su cena, subió a la cabina y pasó dos horas escuchando los leves e inidentificables sonidos procedentes de la orilla. Las constelaciones refulgían en lo alto, pero Glawen no les prestó atención esa noche. Su mente estaba absorta en especulaciones más sombrías.

    Por fin, se tendió en su catre. Yació despierto, la vista clavada en las tinieblas, incapaz de controlar las ideas que acudían a su mente. Por fin, se sumió en un sueño inquieto, despertándose en ocasiones al creer oír que alguien había subido a bordo.

    La noche prosiguió su camino imperturbable. Lorca y Sing se alzaron por detrás de la isla y treparon hacia el cénit. Glawen se durmió por fin, tan profundamente que ni siquiera el amanecer logró despertarle. Por fin, cuando Syrene ya llevaba casi tres horas en el cielo, despertó, nervioso y ojeroso.

    Consumió un desayuno de té y gachas en la cabina. Desde el norte soplaba una brisa excelente para el regreso. Las columnas y cúpulas de brillantes cúmulos blancos, que surgían sobre el horizonte en dirección sur, acentuaban el azul profundo del mar. El mundo parecía limpio e inocente. Lo que había visto en el extremo norte de la laguna resultaba tan incongruente con este soleado mundo blanco y azul que hasta se le antojó irreal.

    Glawen decidió llevar a cabo otra rápida inspección del muelle y el pabellón antes de zarpar; igual descubría algo que había pasado por alto el día anterior. Saltó al bote y se dirigió a toda máquina hacia el norte de la laguna, mientras nubes de raudos faloriales plateados le seguían.

    El bote llegó al estrecho del norte. El pabellón y el muelle seguían tal como los había visto el día anterior. Glawen encaminó el bote hacia la playa, saltó a tierra con la boza y la ató a uno de los pilares de bambú.

    Se detuvo un momento a contemplar los alrededores. Como el día anterior, sólo descubrió silencio y desolación. Continuó hasta el final del muelle. La brisa rizaba la superficie de la laguna, impidiendo ver con claridad el fondo, pero los huesos seguían en su sitio.

    Glawen volvió a la orilla y examinó el pabellón. Detrás de una zona abierta protegida por la sombra, en la parte delantera, había ocho compartimentos, sólo amueblados con gruesas esterillas. No había cocina ni cuarto de baño, salvo un retrete en la parte posterior del pabellón.

    Glawen decidió que ya había visto bastante; no había sido presa de alucinaciones durante su primera visita. Volvió a bordo del bote y se internó en la laguna. Mientras el bote se alejaba del muelle, Glawen miró hacia el estrecho y divisó, a unas dos millas mar adentro, un par de velas latinas hinchadas por la brisa.

    El curso del barco le conducía al estrecho del norte.

    Glawen regresó a toda velocidad hacia su balandro. Dadas las circunstancias, desarmado como iba, no podía permitirse el lujo de una batalla naval, y era preciso huir cuanto antes. Una vez saliera a mar abierto, estaría a salvo. Con el viento a favor, el catamarán le alcanzaría. Con el viento en contra o en calma, su unidad motriz le alejaría con suma facilidad del catamarán, carente de motor.

    Glawen subió al balandro, se colgó los prismáticos al hombro y trepó al mástil. Enfocó los prismáticos en el barco que llegaba y vio que se trataba de un catamarán de dos palos y unos dieciocho o veinte metros de eslora, demasiado grande para ser un pesquero yip. Glawen comprobó con alivio que su curso le conducía al estrecho del norte. Existían escasas posibilidades de que le vieran. El esbelto mástil gris del balandro se confundiría contra el fondo de espinos y dendrones semáforo.

    Glawen vigiló hasta que el catamarán desapareció por la curva de la isla, y luego bajó a cubierta. Contempló la laguna, indeciso. La prudencia le instaba a partir cuanto antes de la isla Thurben. Por otra parte, si avanzaba con cautela playa arriba, a la sombra de los arbustos de espinos, quizá descubriría la identidad de los tripulantes del catamarán. En caso de que le vieran, podría retroceder de inmediato, subir a bordo del balandro y huir. ¿Qué iba a hacer? ¿Retirarse con prudencia, o emprender la exploración? De haber tenido una pistola, la respuesta habría sido automática. Desarmado por completo, salvo por un cuchillo de cocina, deliberó durante diez segundos.

    —Soy un Clattuc —dijo en voz alta—. La sangre, la naturaleza y la tradición me dictan la forma de actuar.

    Sin pensarlo dos veces, cogió el cuchillo de cocina, provisto de una afilada hoja de quince centímetros, lo encajó entre el cinturón y la camisa, se acercó a la orilla en el bote y corrió playa arriba, protegido por los arbustos de espinos.

    Mientras corría, mantenía la vista clavada al frente, por si alguien del catamarán también había tenido la idea de explorar la playa, pero no vio a nadie, lo cual le evitó la necesidad de elegir entre incómodas opciones.

    Divisó los palos del catamarán. Avanzó unos cuantos centenares de metros más, y ante su vista aparecieron el muelle y el barco. Glawen trepó la pendiente de la parte posterior de la playa y siguió caminando, oculto por los matorrales. Al poco, gateó y reptó hasta acercarse a unos cincuenta metros del pabellón. Se tiró al suelo y examinó la escena con los prismáticos.

    Cuatro yips de piel dorada iban y venían del barco al pabellón. Ya habían llevado a tierra almohadas, alfombras y sillas de mimbre, y ahora estaban disponiendo una mesa larga. Sólo llevaban túnicas blancas cortas y parecían muy jóvenes, aunque negras capuchas ocultaban sus cabezas y caras.

    Seis hombres más, adultos, se sentaron en las sillas de mimbre. Vestían túnicas sueltas grises y, al igual que los yips, ocultaban su identidad mediante capuchas negras. Estaban sentados en silencio y con serenidad: hombres de cierta riqueza, incluso importancia, a juzgar por sus posturas y la forma de erguir la cabeza. No se comunicaban entre sí, como aislados mutuamente a propósito. Glawen fue incapaz de adivinar su lugar de origen. Ninguno era yip; ninguno parecía un Naturalista de Throy y, casi con seguridad, no eran ciudadanos de la Estación Araminta.

    Algo se mascaba en el ambiente. Los seis hombres de las túnicas grises estaban sentados muy tiesos e inmóviles, y sus capuchas creaban una atmósfera siniestra e irreal. Glawen se dio cuenta de que no corría peligro. Los cuatro yips y los seis hombres estaban enfrascados en sus propios asuntos. Glawen les contempló fascinado y dejó de hacer especulaciones.

    Un peculiar elemento nuevo entró en escena. Una mujer alta y huesuda, de torso amplio y enormes piernas y brazos, muy diferente de los yips y los hombres encapuchados, bajó del barco. En lugar de capucha, utilizaba una máscara negra, que ocultaba su nariz y ojos, pero dejaba al descubierto sus mejillas lisas y su rotundo mentón. La piel de estas zonas y de sus brazos desnudos era de un blanco perlífero, en tanto una mata de pelo color arena se elevaba cinco centímetros por encima de su ancho cráneo. El único indicio de femineidad eran los dos pechos caídos y las potentes caderas ceñidas por unos pantalones cortos sueltos.

    La mujer llegó al final del muelle y paseó la vista en torno suyo. Habló unas pocas palabras con los yips; dos corrieron al barco y regresaron con cajas de madera, que depositaron sobre la mesa. Levantaron las tapas, sacaron botellas de vino y copas, que llenaron y ofrecieron a los seis hombres sentados. Los otros dos trajeron ramas del arbusto de espinos y encendieron un fuego.

    La mujer volvió hacia el barco. Subió a bordo y desapareció en el camarote. Pocos momentos después, surgió un grupo de muchachas yips, seguidas por la mujer. Las chicas recorrieron el muelle con paso vacilante, mirando a derecha e izquierda, y también a la ceñuda mujer que caminaba detrás. Eran seis, en la flor de la juventud, de grandes ojos color topacio, rasgos delicados y cabello color miel. Entonces. Glawen adivinó la procedencia de los huesos esparcidos en el fondo de la laguna, y también lo que iba a suceder a continuación.

    Los seis hombres encapuchados continuaban inmóviles y silenciosos. Las seis muchachas inspeccionaron la zona, con expresión de inocencia en la que empezaba a insinuarse la inquietud. Una severa palabra de la mujer las conminó a sentarse en la arena.

    Glawen comprendió enseguida lo que se avecinaba. Petrificado, contempló el inexorable desarrollo de los acontecimientos.

    Por fin, ya no pudo aguantar más. Volvió sobre sus pasos, deprimido y asqueado, hasta llegar al balandro, cargando con la cuerda que había desatado del tronco de un espino.

    Syrene se hundió por el oeste y Glawen reflexionó sobre lo que había visto, sin saber qué hacer. De haber llevado armas encima, la solución habría sido sencilla.

    El sol desapareció, llegó el crepúsculo, y poco después la oscuridad cayó sobre la isla Thurben. Glawen alzó el ancla y, sin forzar la marcha, condujo el balandro hacia el norte de la laguna, guiado por la playa blanca, que la luz de las estrellas teñía de un tono lechoso. Una nube de faloriales fosforescentes le seguía por debajo de la quilla, semejantes a gruesos cables plateados de diez centímetros de longitud. Despedían un resplandor móvil que iluminaba el fondo.

    Delante, en la orilla, apareció el parpadeo de la hoguera. Glawen lanzó con cautela el ancla por la borda, para que la cadena no hiciera ruido. Examinó la playa con los prismáticos. Aún continuaba la actividad. Glawen esperó una hora, y luego bajó al bote. Con el motor a un cuarto de potencia, avanzó a escasa velocidad hacia el muelle, alejado de la orilla. Una burbuja móvil que arrojaba una luz amarilloverdosa, compuesta por diez mil faloriales, surcaba las aguas.

    La hoguera estaba a punto de extinguirse. Glawen desvió el bote hacia el muelle. Avanzó centímetro a centímetro por la laguna en tinieblas, en dirección al catamarán. Los cascos se tocaron. Se aferró a la regala del catamarán y aguzó el oído. Ni el menor ruido. Trepó a bordo con el mayor sigilo. Se quedó inmóvil. Silencio. Se acercó a las amarras de popa, las cortó con su cuchillo y las tiró a un lado. Se deslizó hasta la proa agachado y cortó las amarras correspondientes. El catamarán flotó libremente. Una oleada de alegría asaltó a Glawen. Corrió de vuelta hacia su bote.

    Un ruido sordo, un roce, una gigantesca presencia. Era la mujer, que había salido al presentir que algo iba mal. La luz de las estrellas reveló la forma de Glawen, así como la distancia que separaba al barco del muelle. La mujer lanzó un grito de rabia estrangulado, corrió por el techo del camarote y se lanzó sobre Glawen con los brazos extendidos y los dedos engarfiados. Glawen intentó retroceder, pero se enredó con los obenques y la mujer le agarró. Emitió un inarticulado grito de triunfo y cerró las manos en torno a su cuello.

    Glawen cayó de rodillas, con el rostro apretado contra el estómago de la mujer. Percibió el hedor de su cuerpo. «¡No puede ser! ¡No puedo acabar así!», pensó desesperado. Enderezó las rodillas y lanzó la cabeza contra la mandíbula de su atacante. Ésta gruñó y aflojó su presa. Glawen golpeó ciegamente, aferró la máscara y la bajó con violencia, hasta que cubrió los ojos de la mujer, que consiguió apartarla. Glawen hundió el cuchillo en su abdomen. La mujer lanzó un grito de horror y asió el mango. Glawen apoyó un pie en el techo de la cabina, empujó con todas sus fuerzas y propulsó hacia atrás a la mujer, que tropezó con la borda y cayó al mar. Glawen, jadeante, miró hacia abajo. El brillo de los faloriales iluminaba el rostro de la desconocida; daba la impresión de que le había crecido una barba compuesta de cables plateados retorcidos. Glawen la miró un instante a los ojos, que contemplaban abiertos de par en par la tragedia que le estaba sucediendo. Glawen observó su frente, tatuada con un curioso símbolo negro: una horquilla de dos puntas, que se curvaban hacia dentro.

    El veneno de los faloriales paralizó a la mujer; cables plateados surgieron de todo su cuerpo. El aire huyó de sus pulmones, y se hundió lentamente hasta el fondo.

    Glawen escudriñó la orilla. Los ruidos, apagados por el susurro de la corriente entre los pilones, no habían despertado a nadie.

    Glawen, todavía estremecido y algo aturdido, bajó con cautela al bote. Ató una cuerda al caperol del catamarán y el otro extremo a la argolla de popa del bote. Conectó el motor y arrastró el catamarán hasta el lugar donde había anclado el balandro.

    Trasladó la sirga a una de las cornamusas de popa, subió el bote a bordo y se dirigió hacia el sur, remolcando el catamarán.

    Por fin, alguien del pabellón se dio cuenta de que el catamarán había desaparecido. Glawen oyó gritos de consternación y sonrió para sí.

    Atento al tenue brillo del oleaje a su derecha, donde las olas rompían sobre los arrecifes, Glawen viró lentamente hacia el sur. Donde terminaba la línea de espuma blanca, encontró el paso del arrecife. Salió del canal y se encontró en mar abierto, lejos ya de la maldita isla Thurben.

    Glawen continuó remolcando el catamarán, impulsado por el motor, un par de horas más; después, izó velas y dejó que el viento empujara las embarcaciones hacia el sur.

    Al recordar el olor de la mujer, Glawen se desnudó por completo y se lavó bien. Se cambió, comió pan con queso y bebió media botella de vino. Ya de mejor humor, subió a cubierta y pasó una hora sentado en la cabina.

    Por fin, se removió, largó la vela, comprobó la sirga, aseguró todo, bajó al catre y se durmió.

    Por la mañana, Glawen subió al catamarán. No encontró nada que le diera una pista sobre la identidad de sus ocupantes.

    Glawen trasladó los instrumentos de navegación del catamarán al balandro; sin duda, habían sido robados de la Estación Araminta.

    Prendió fuego al catamarán y regresó al balandro. Navegó hacia el sudoeste, impulsado por una fresca brisa. Las llamas se elevaron sobre el agua, visibles entre el humo negro. A medida que aumentaba la distancia, las llamas se hicieron poco a poco invisibles y desaparecieron. Sobre el horizonte sólo quedó un hilo de humo negro.


    3


    Tras navegar un día y una noche con vientos variables, Glawen avistó la costa del continente. Una hora después de que Syrene hubiera rebasado el cénit, Glawen se adentró en el río Wan. Una hora más tarde estaba sentado en las oficinas del Negociado B y relataba sus aventuras a toda la jerarquía superior, el llamado Zoo: Scharde Clattuc, el enjuto lobo gris; Ysel Laverty, el jabalí; Rune Offaw, el implacable armiño y, casi perdido en su enorme butaca de cuero, el pequeño orangután calvo, Bodwyn Wook.

    Glawen terminó su relato.

    —Les dejé abandonados y muy desdichados. Cuatro yips y seis personas más, de origen desconocido. Se habrán registrado en el hotel, diría yo.
    —Absolutamente sorprendente —dijo Bodwyn Wook—. Y totalmente intolerable, no hace falta decirlo. —Miró al techo y habló en su tono más didáctico—. Varias preguntas acuden a mi mente. ¿Quién ha organizado esas diversiones? No tiene por qué ser Titus Pompo, aunque seguro que colabora. ¿Cuántas veces ha ocurrido? Una o dos, como mínimo, a juzgar por los huesos. ¿Quiénes son esas seis personas encapuchadas? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo las abordaron, y quién? ¿Quién es, o mejor dicho, quién era esa mujer de la frente tatuada? No cabe duda de que pronto encontraremos respuestas a algunas de estas preguntas, pero yo no me quedaré satisfecho hasta averiguar todos los detalles de este horrendo escándalo. Por fin, ¿cuál debe ser nuestra reacción a corto plazo? —Bodwyn Wook se reclinó en la butaca—. Espero sus opiniones, caballeros.

    Rune Offaw habló al cabo de una breve pausa.

    —Pronto se sabrá en Yipton que el catamarán ha desaparecido. Considero que es una buena oportunidad para que Titus Pompo ordene una investigación. Podría enviar otro barco, o su propio avión, si es que existe. Deberíamos estar preparados para aprovechar esta posibilidad, que no es muy grande, lo admito.
    —¿Qué sugiere usted?
    —Creo que deberíamos enviar de inmediato un transporte para recoger a los hombres abandonados, y disponer una emboscada con dos o tres aviones bien armados. Si Titus Pompo envía su hipotético avión, podremos optar entre obligarlo a descender, derribarlo o traerlo aquí, a la Estación Araminta. Si aparece un barco, capturaremos a los yips y hundiremos la embarcación.

    Bodwyn Wook paseó la mirada por el grupo.

    —No se me ocurre un plan mejor. A menos que haya objeciones, procedamos ahora mismo.


    4


    Scharde pilotó el enorme transporte turístico de la Agencia hasta la isla Thurben, acompañado por cuatro agentes del Negociado B. Al aproximarse a la isla, Scharde disminuyó la velocidad y descendió a una altitud de trescientos metros. Luego, se desvió hacia el norte y sobrevoló la laguna, hasta situarse encima del muelle y el pabellón. Dos aviones más y un segundo transporte, cargado con provisiones de agua y comida para tres días, ya habían aterrizado en el pico central, desde donde el radar vigilaba el mar y el cielo.

    El radar de Scharde mostraba un mar y un espacio aéreo vacíos. Utilizó los prismáticos para inspeccionar la zona que se extendía bajo sus pies, y descubrió a los cuatro yips acurrucados con aire desconsolado en la playa, cerca de la base del muelle. Los otros seis hombres no se veían por parte alguna.

    Scharde aterrizó cerca del pabellón. Saltó a la arena, seguido de sus tres acompañantes. Los yips les miraron con apatía. Scharde hizo un ademán.

    —Entren en el transporte.

    Se levantaron con dificultades.

    —Dennos agua —susurró uno con voz hueca.
    —Dadles de beber —ordenó Scharde a sus hombres.

    Los seis hombres salieron del pabellón, demacrados y con los ojos desorbitados. Se habían quitado las capuchas negras, quedando así de manifiesto que se trataba de hombres de edad madura y aspecto corriente, sin duda pertenecientes a la alta sociedad. Avanzaron con paso vacilante hacia Scharde, suplicando agua con voz entrecortada.

    Scharde indicó el transporte.

    —Suban a bordo y les darán agua.

    Los seis hombres subieron al compartimento de pasajeros, donde les dieron agua. Scharde elevó el transporte y regresó a la Estación Araminta.

    Pasaron quince minutos. Los náufragos habían bebido hasta reventar, y ahora estaban valorando la situación.

    —¡Oiga, piloto! —gritó uno—. ¿Adónde nos llevan?
    —A la Estación Araminta.
    —Estupendo. Puede que aún consiga llegar a tiempo de embarcar.
    —Temo que no —respondió Scharde—. Están todos detenidos, bajo cargos muy serios. No irán a ninguna parte.
    —¡Cómo! ¡No hablará en serio! ¡Después de las privaciones y agonías que hemos sufrido!
    —¡Carece de base legal para eso! —gritó otro—. Soy un jurista de considerable prestigio, y le aseguro que no es posible. Tengo la intención de exigir una sustanciosa indemnización, y tal vez demandarles por daños y perjuicios.
    —¿A quién? ¿A la Estación Araminta?
    —A Empresas Ogmo, claro está. No prestaron los servicios prometidos.

    Otro miembro del grupo abundó en el comentario.

    —Tiene toda la razón. ¡Estoy indignado y me niego a ser detenido!
    —¿También es usted jurista? —preguntó Scharde.
    —Temo que no puedo presumir de tal distinción, aunque tengo empleados a varios. Controlo cierto número de instituciones financieras, incluido un importante banco. No estoy acostumbrado a que me traten mal.
    —¡Las privaciones a que me he visto sometido son imperdonables! —afirmó enardecido otro miembro del grupo—. Mis derechos han sido violados, y toda la responsabilidad recae sobre la Estación Araminta.
    —Creo que no le sigo —dijo Scharde.
    —Es muy sencillo. Me engatusaron con la promesa de una exquisita recepción y las agradables diversiones de Cadwal; en cambio, sólo he conocido privaciones, sed, angustia e incomodidades. Alguien ha de pagar la culpa.
    —Sospecho que la culpa la pagará usted —rió Scharde.
    —Soy un Acólito de Tercer Grado en el Kadesh de Bogdar —gritó otro—. Sus acusaciones son ofensivas. Nuestra misión es promulgar el Derecho, no dar ejemplo en cada detalle ínfimo de nuestra vida. ¡Rechazo enérgicamente sus viles insinuaciones, y debo insistir en el debido respeto a mi hábito!
    —Muy bien —dijo Scharde.

    Al llegar a la Estación Araminta, los náufragos, pese a un gran despliegue de protestas, fueron encerrados en un viejo almacén de piedra. Después, uno tras otro, fueron conducidos al despacho de Bodwyn Wook para ser interrogados. Se encontraban presentes Scharde, el Conservador Egon Tamm y Glawen.

    Los cuatro yips fueron los primeros en ser sometidos a interrogatorio, por separado. Cada uno contó más o menos la misma historia. Todos eran cadetes ump, especialmente elegidos para colaborar en las excursiones a la isla Thurben. Este último caso había sido el tercero de una serie iniciada un mes antes. Conocían a la mujer muerta como «Sibil». Había participado en la segunda orgía, pero no en la primera. Los cuatro yips detestaban y temían a Sibil. Sus exigencias eran perentorias y no toleraba la lánguida negligencia a la que estaban acostumbrados. La incesante preocupación de Sibil era la pulcritud y la puntualidad. De esta forma se expresaron los yips, y todos habían recibido su buena ración de golpes y bofetadas.

    El último yip en ser interrogado fue Saffin Dolderman Nivels; así se identificó, y contestó a las preguntas como si participara en una cordial y relajada conversación.

    —Me alegra mucho saber que Sibil ha muerto —manifestó—. Ponía nervioso a todo el mundo, y nadie se divertía en los espectáculos.
    —Ni siquiera las chicas —insinuó Scharde.
    —Ah, bien, era de esperar. De todos modos, las excursiones saldrán mejor con Sibil bajo el muelle, en lugar de sobre la playa. Será instructivo echar un vistazo a sus huesos.

    Bodwyn Wook sonrió.

    —Saffin, vive usted en un mundo extraño y portentoso.

    Saffin inclinó la cabeza.

    —Yo también pienso lo mismo. No conozco ningún otro, por supuesto, y es una pena. Soy la clase de hombre que adereza su pescado no sólo con salsa de dragón, sino también con chutney de placaminero dulce.
    —Las excursiones tenían lugar cada dos semanas —dijo Egon Tamm—. ¿Iba a continuar así en el futuro?
    —No lo sé, señor. Nadie se molestó en avisarme. —Saffin les miró de uno en uno, con una vaga sonrisa. Se puso en pie, vacilante—. Ahora, señores, si han terminado con sus preguntas, mis camaradas y yo seguiremos nuestro camino. Ha sido un placer hablar con ustedes, pero el deber nos reclama con voz de hierro, y no debemos eludirlo.

    Bodwyn Wook lanzó una risita.

    —El sociólogo Porlock afirmaba que los yips carecían de sentido del humor. Tendría que haber escuchado sus bromas mordaces. Es usted un asesino, y algo peor. No irá a ninguna parte, salvo a la cárcel.

    El rostro de Saffin expresó una decepción mayúscula.

    —¡Temía que adoptara esa actitud, señor! Me ha entendido mal. Las tareas que ha mencionado no eran de nuestro agrado, pero ¿qué podíamos hacer? Para un buen cadete, la obediencia es esencial.

    Bodwyn Wook cabeceó violentamente.

    —¿No tenían otra alternativa que cometer esos crímenes bestiales?
    —¡Ninguna en absoluto! ¡Se lo juro!
    —Podría haber dimitido —sugirió Scharde.

    Saffin meneó la cabeza.

    —No habría sido una buena idea.
    —Se equivoca —dijo Bodwyn Wook—. Pronto descubrirá que sí lo habría sido; de hecho, la mejor idea de toda su vida.
    —Con toda justicia —se lamentó Saffin—, debería pensar en nuestras necesidades. Cuándo los woskers ricos vienen con los dientes brillantes ¿hemos de rechazar su dinero?

    Bodwyn Wook hizo caso omiso de la pregunta.

    —¿Daban dinero los woskers ricos a Sibil?
    —¡Ni a Sibil, ni a mí! ¡Ni un dinket por un trabajo bien hecho!
    —¿Hablaba Sibil con los woskers? ¿Le hacían preguntas acerca de su tatuaje? ¿Le contó algo a usted?

    Saffin agitó los dedos en un gesto de desdén.

    —Sibil sólo me hablaba para darme órdenes, que debía obedecer al instante. Tenía amistad con el segundo grupo, y hablaba con ellos, pero sólo en relación con su conducta.
    —¿Qué quiere decir?
    —Era una gente muy rara, en muchos sentidos, y no tocaron a las chicas, pero Sibil profirió amenazas e insistió en que fornicaran. Se esforzaron en obedecer, por temor a que cumpliera sus amenazas.
    —¿Cuáles eran esas amenazas?
    —Dijo que debían fornicar o bien con las chicas, o con ella. Podían elegir. Todos se apresuraron a poseer a las chicas.
    —Era la alternativa más sabia, sin duda —dijo Bodwyn Wook—. Creo que yo también habría hecho lo mismo. ¿En qué otros sentidos era rara esa gente?

    Saffin sólo pudo proporcionar vagas impresiones.

    —Eran muy extraños, pero también lo era Sibil, y ahora que lo pienso, se habló de otra excursión, con un grupo formado por cuatro mujeres y cuatro hombres. Me pregunté qué actividades tendría en mente Sibil.
    —Tal vez pensaba emplear sus expertos servicios.

    Saffin parpadeó.

    —Yo no me dedico a esas ocupaciones.
    —Nunca lo sabremos, y toda especulación al respecto es inútil. ¿Qué más puede decirnos?
    —Nada más. Estoy seguro de que ya se habrán convencido de mi inocencia. ¿Puedo irme?

    Bodwyn Wook lanzó un bufido de incredulidad.

    —¿Es que no se da cuenta de las atrocidades que ha cometido? ¿No se siente culpable? ¿No se siente avergonzado?
    —Señor, es usted viejo y sabio, pero no puede percibir cada ínfima y delicada fase del cosmos.
    —¡De acuerdo! ¿Y qué?
    —Es posible que yo conozca algún detalle nimio, pero ajeno por completo a su experiencia personal.
    —¡De acuerdo, y van dos! Algunas sutilezas de su trabajo con las chicas sobrepasan mi capacidad inventiva hasta extremos inconcebibles.
    —Si tal es el caso, ¿me consideraría irrespetuoso si le explicara las reglas por las que usted, yo y todo el mundo hemos de gobernar nuestra conducta, con el fin de hacer más placentera nuestra vida?
    —¡Hable! Siempre estoy dispuesto a aprender.
    —¡«Ahora» es «ahora»! ¡Ahí tiene el lema liberador! Debe repetírselo una y otra vez. «Pasado» y «tiempos pretéritos» son meras construcciones mentales. Lo pasado, pasado está. Se ha evaporado, convertido en la abstracción de nada. Podría ser que los llamados «acontecimientos del pasado» jamás hubieran tenido lugar, y lo mejor y más apropiado para nosotros es contemplarlos a esta luz. Créame, señor, no sólo esta vez, sino mil veces más. Jamás sucumba a las malas costumbres. Entregarse a los recuerdos, a melancólicos arrebatos por los buenos y viejos tiempos, es señal segura de senilidad. Hay que tomar la vida como viene: nunca hay que buscar asidero en lo ya acaecido. ¡«Ahora» es «ahora»! Todo lo demás es trivial e inútil. En términos prácticos, «ahora» es cuando deseo abandonar esta tétrica habitación, que huele a generaciones y generaciones de woskers, y salir de nuevo al aire libre y al sol.
    —Y así será —dijo Bodwyn Wook—. Su elocuencia me ha conmovido profundamente. Se ha ganado la suspensión de la ejecución, si mis colegas están de acuerdo. —Se volvió hacia los demás—. ¡Saffin acaba de proclamar verdades como puños! Recomiendo que, en lugar de colgar de un árbol a estos villanos, o encerrarles a perpetuidad en una oscura mazmorra, les dispensemos un dulce y útil futuro. Primero, irán a la isla Thurben, y mientras disfrutan del sol y el aire libre, destruirán el muelle y el pabellón, devolviendo la isla a su estado salvaje anterior. Después, serán conducidos a Cabo Journal, donde los inmensos espacios abiertos y furiosos vientos gratificarán el espíritu indomable de Saffin. La satisfacción de dedicar su vida a una obra útil será un placer añadido. Miel sobre hojuelas, por así decirlo.
    —A mí también me ha emocionado la filosofía de Saffin —dijo Egon Tamm—. Su propuesta es magnífica, como Saffin sin duda ratificará.
    —En efecto —dijo Bodwyn Wook—. Saffin, es usted un hombre afortunado. De momento, sin embargo, ha de volver a la cárcel.

    Saffin fue sacado entre protestas. Bodwyn Wook se recostó en la butaca.

    —Es difícil sentenciar a alguien con una mirada tan límpida y una sonrisa tan espontánea… Bien, Saffin sería el primero en rechazar el sentimentalismo. ¿Qué hemos averiguado?
    —Algunos detalles curiosos —dijo Scharde—. Que suscitan más preguntas que respuestas, por supuesto.
    —Me desconcierta Sibil —dijo Egon Tamm—. Si yo me encargara de esas excursiones, contrataría a una azafata que fuera encantadora y grácil… A Sibil no, desde luego.
    —Es un rompecabezas —dijo Bodwyn Wook—, pero hemos de seguir adelante. Scharde, creo que ha intercambiado unas palabras con nuestros prohombres, ¿no?
    —Poseo escasa información. Todos son hombres de edad madura y buena posición. Todos se describen como personas importantes. Todos se sienten indignados por su confinamiento, y varios han proferido amenazas. Todos se sienten agraviados y se creen víctimas de una estafa.

    Bodwyn Wook exhaló un suspiro.

    —Supongo que deberíamos escuchar sus quejas. Quizá obtengamos alguna información más.

    Los seis participantes en la excursión a la isla Thurben fueron introducidos, uno tras otro, en el despacho y sometidos a interrogatorio. Al igual que los yips, todos contaron la misma historia. Se habían enterado de la excursión por unos folletos publicados por Empresas Ogmo, que habían obtenido en sus agencias de viajes. Todos describieron su interés como mera curiosidad, aunque todos habían pagado a su agencia mil soles, como precio por el pasaje a la Estación Araminta. Nadie había conocido a ninguna persona relacionada con Empresas Ogmo hasta llegar a Yipton. En aquel momento, Sibil se ocupó de ellos. Todos reafirmaron su escala social, y se describieron como personas ricas e importantes. Ninguno se consideraba un pervertido, sino gente corriente en busca de «un poco de juerga» o «echar una cana al aire». Uno se indignó.

    —¿Yo, un pervertido? ¡Usted está loco!

    Los seis intentaron ocultar su identidad bajo un nombre falso, para evitar el escándalo o desagradables rumores.

    —No serviría de nada montar un alboroto, así de claro —afirmó uno, que se autocalificaba de ranchero—. Mi esposa se preocupará muchísimo.
    —No hace falta que se entere —dijo Bodwyn Wook—, a menos que desee tenerla a su lado cuando le ejecuten. A nosotros nos da igual colgarle bajo su nombre auténtico o no.
    —¿Eh? ¿Qué dice? ¡No hablará en serio!
    —No soy un hombre frívolo. ¿Tengo aspecto de payaso?
    —No.
    —Eso es todo por ahora, señor.

    El ranchero salió con paso vacilante, mirando hacia atrás por si captaba alguna señal tranquilizadora, que no se produjo.

    Otro miembro del grupo, que se autodenominó «financiero y banquero», y dijo llamarse Alvary Irling, se quejó aún con más amargura, y amenazó con emprender acciones legales si sus exigencias no se cumplían.

    —¿Cómo podrá entablar acciones legales, si está muerto? —preguntó Bodwyn Wook.
    —¿Muerto? ¿Cómo voy a estar muerto?
    —La ejecución por asesinato suele causar la muerte, excepto en casos excepcionales.
    —¡Esto es absurdo! —afirmó Alvary Irling en tono despectivo.
    —Conque absurdo, ¿eh? —rugió Bodwyn Wook—. ¿Ve aquel shardash? Es posible que antes de que termine el día, cuelgue de esa rama que sobresale, y todos disfrutaremos del espectáculo.
    —Deseo consultar con mi abogado —repuso con frialdad Alvary Irling.
    —¡Petición denegada! Sólo serviría para complicar un sencillo procedimiento, a menos que también le colguemos a él, por conspiración para entorpecer la justicia.
    —Si es una demostración de buen humor, la considero grotesca. Soy un importante hombre de negocios, y esta detención me está causando graves inconvenientes.

    Alvary Irling fue conducido a la celda improvisada entre gritos de protesta.

    Bodwyn Wook meneó la cabeza en señal de irritación.

    —No veo motivos para perder más tiempo en este desagradable asunto. El Conservador tiene la última palabra en cuestiones de esta índole, por supuesto.
    —Sólo puede haber un veredicto —dijo Egon Tamm—. Primero, ejecución de esos seis, y segundo, identificación de los organizadores y tratamiento similar para ellos, dondequiera que se les encuentre.
    —Estoy completamente de acuerdo —dijo Bodwyn Wook. Reparó en la expresión de Scharde—. ¿Me equivoco, o tiene otras ideas?
    —Permítame que relacione algunos hechos —dijo Scharde—. Primero: sabemos que tarde o temprano los yips intentarán invadir la provincia de Marmion; si triunfan, se acabó la Reserva. En este momento, quizá podamos rechazarles. Nuestros medios son inadecuados, y no podemos comprar lo que necesitamos porque carecemos de dinero. Reflexionen un momento. Tenemos en custodia a seis criminales acaudalados. Si les matamos, nos quedamos con seis cadáveres. Si cada uno de ellos paga una generosa reparación, un millón de soles por cabeza, digamos, tendremos seis millones de soles, suficiente para adquirir dos aviones armados y un puesto de cañones permanente sobre el estrecho de Marmion.
    —No es limpio, justo ni atrayente —se quejó Bodwyn Wook.
    —Pero muy práctico —replicó Egon Tamm—. Además, no necesitaré consultar con esos malditos Pacifistas. No conseguirá seis millones de soles de otra manera, al menos de Throy.
    —Muy bien. Decidido —dijo Bodwyn Wook—. Sugiero que añadamos un recargo de mil soles por cabeza, para financiar nuestra investigación de Empresas Ogmo. —Habló por el micrófono—. Traigan a los seis prisioneros.

    Los seis soumjianos, vestidos aún con las túnicas grises que habían llevado en la isla Thurben, entraron con aspecto hosco en el despacho, y se alinearon contra la pared. Impulsado por un malicioso capricho, Bodwyn Wook llamó al alguacil.

    —Ahí los tiene: seis bribones en fila. Haga una buena fotografía para el expediente y anote los nombres con todo cuidado. —Se dirigió a los prisioneros—. Procuren decir su verdadero nombre al alguacil. Si intentan engañarnos, no tardaremos en descubrir la verdad, y será peor para ustedes.
    —¡Basta ya! —gritó el que se hacía llamar Alvary Irling—. ¿Qué más da el nombre que usemos?

    Bodwyn Wook no hizo caso de la interpelación.

    —Sus crímenes son horripilantes. Deberían demostrar cierta vergüenza, porque remordimiento sería esperar demasiado. No les voy a dar ningún sermón; les aburriría demasiado. Les debe de interesar más averiguar que ya les hemos juzgado y decidido su castigo. ¡Basta! ¡Ni el menor comentario! Escúchenme con atención: cada uno de ustedes merece la extinción instantánea que se reserva a los insectos nocivos. Me encantaría verles bailar al unísono en el shardash, tal vez al compás de un cuarteto de cuerda, y es posible que todavía ocurra.

    »Bien, pese a la repulsión que produce en esta sala su mera presencia, hemos llegado a la conclusión de que necesitamos dinero antes que cadáveres. Para no andarnos con rodeos, pueden evitar la muerte mediante el pago de una multa de un millón de soles por cabeza.

    Los seis acusados permanecieron en silencio unos instantes, mientras sus perspectivas cambiaban y asimilaban el impacto de la nueva calamidad. Uno tras otro, empezaron a murmurar, hasta expresar a voz en grito su aflicción.

    —¿Un millón de soles? ¡Como si nos pide las lunas de Geidion!
    —¡Pagar un millón de soles representaría mi ruina!
    —¡Si vendiera todas mis propiedades, apenas conseguiría reunir un millón de soles!

    Por fin, Bodwyn Wook perdió la paciencia.

    —Muy bien. Los que quieran pagar pónganse en aquel rincón. Scharde, ¿será tan amable de colgar a los demás?
    —¡Quiero pagar —gritó uno de los hombres, aterrorizado— pero no creo que consiga reunir esa cantidad en tan poco tiempo!
    —¡Ni yo tampoco! —chilló otro—. ¡No solemos llevar en los bolsillos un millón de soles! ¿No pueden disminuir la cifra a digamos, diez mil, o incluso nueve mil soles?
    —¡Ajá! —exclamó Bodwyn Wook—. ¿Quieren regatear? Pagarán la cantidad acordada, ni un dinket menos.

    Scharde habló en voz baja con sus colegas.

    —Observo que Alvary Irling, el banquero, guarda un hosco silencio. Supongo que será él quien pague la multa. Se me ocurre que podría conceder préstamos a sus compañeros y pagarnos la suma total de seis millones seis mil soles. Cuando regrese a Soumjiana, podrá negociar las deudas de la manera acostumbrada.
    —Una propuesta muy poco feliz —dijo Alvary Irling—. No es mi problema recaudar rescates para ustedes.
    —¡Todo lo contrario! —exclamó Bodwyn Wook—. Es una idea noble y práctica, que simplifica la transacción.
    —Tal vez desde su punto de vista. Yo soy banquero, no un mecenas.
    —¿Ha existido alguna vez algo más diferente? —preguntó Bodwyn Wook—. Los términos siempre han sido contradictorios.
    —No sé nada de estas personas. No me han presentado a ningún colateral, y no tengo la seguridad de que pagarán su deuda.
    —Siéntese a la mesa y extienda los pagarés. Para usted, son gajes del oficio, e incluso existe la posibilidad de obtener beneficios que dulcifiquen su tarea.
    —Esto es irregular, inconveniente y, en definitiva, un mal negocio —gruñó Alvary Irling—. Preveo miles de dificultades.
    —De ninguna manera —replicó Bodwyn Wook—. Prepare un cheque contra su banco por la cantidad de seis millones seis mil soles, y nosotros lo cursaremos por los canales reglamentarios. En cuanto el dinero esté en nuestras manos, las puertas de la cárcel se abrirán para ustedes.
    —¿Cómo se llama su banco? —preguntó Scharde.
    —Yo soy el Banco de Mircea.
    —¡Una sólida institución! —exclamó Bodwyn Wook—. En circunstancias más felices, sería un placer hacer negocios con usted. Antes de que nos abandone, le consultaré respecto a mis inversiones.


    5


    Glawen, de pie junto al mostrador de recepción del Hotel Araminta, examinaba a las personas presentes en el vestíbulo. Un numeroso contingente acababa de llegar a bordo del paquebote Sublume Overdyne, de las Líneas Perseian. ¿Cabía la posibilidad de que alguna de estas personas educadas y correctas, en apariencia, trajera consigo billetes para una excursión «Consumación del Goce» a la isla Thurben?

    Examinó primero a un grupo, y después a otro. No era preciso que estuvieran compuestos exclusivamente por varones. Según Saffin, Sibil había proyectado divertir a un grupo de cuatro hombres y cuatro mujeres. Cualquier persona que viajara a Yipton podía ser considerada sospechosa.

    No debería ser difícil identificar a esas personas. Los visitantes de Yipton ya eran registrados para comprobar que no llevaban moneda de curso legal; el registro podía extenderse a los billetes para la «Consumación del Goce».

    ¿Y después? Glawen apartó la vista. Por suerte, a él no le competía tomar esas decisiones.

    Glawen se dirigió a la oficina del director y examinó con sumo cuidado el registro de huéspedes, y tomó notas cuando lo consideró necesario.

    El trabajo le exigió dos horas. Cuando hubo terminado, abandonó el hotel y se encaminó al Viejo Cenador, para encontrarse con su padre, que había realizado investigaciones similares en la terminal del espaciopuerto.

    Chilke le llamó cuando pasó junto al hangar de la pista.

    —¿Adónde vas?
    —Al Viejo Cenador.
    —Te acompañaré, si no te molesta.
    —En absoluto.

    Los dos caminaron por la Carretera de la Playa, y luego se desviaron por Wansey Way.

    —Quería hacerte una consulta —dijo Chilke—. Hay algo que me reconcome.
    —Si algo va mal, yo soy inocente.
    —Es por algo que hice una vez. Tu padre me contó lo de la isla Thurben, y mencionó a una dama con muy mal genio llamada Sibil.
    —La recuerdo muy bien.
    —Según Scharde, que recibió la información de ti, la tal Sibil llevaba un tatuaje negro en la frente, una horquilla de dos puntas dobladas hacia dentro.
    —Ésa fue mi impresión. Sólo le eché un vistazo, pero fue suficiente.
    —Todo esto es muy extraño. No entiendo qué está pasando.
    —¿Por qué dices eso?
    —Recuerdo que te conté —prosiguió Chilke, al cabo de un momento—, hace unos años, cómo había llegado a la Estación Araminta.
    —Exacto, aunque no recuerdo los detalles, me avergüenza reconocerlo. Según creo recordar, Namour andaba de por medio. Trabajabas en un rancho cuya dueña quería casarse contigo.
    —Bastante aproximado. ¿Recuerdas cómo describí a la dama en cuestión?
    —No mucho. Me parece que era alta, grande y algo corpulenta.
    —Correcto. Tenía también la piel blanca, y un tatuaje en la frente: una horquilla de dos puntas, dobladas hacia dentro.
    —¿Sospechas que podía ser Sibil?
    —Como no he visto a Sibil, no puedo decirlo, pero sé algo con toda seguridad: no fue la casualidad lo que me trajo a la Estación Araminta. Pero si no fue casualidad, ¿qué, y por qué? En especial, ¿por qué yo, Eustace Chilke? Si se lo preguntara a Namour, se reiría en mi cara.
    —No cabe duda de que tienes razón. Me asombra pensar en las cosas que sabe Namour y guarda en secreto.

    Chilke rió.

    —Namour es un fenómeno, pero me interesa saber cuál era el aspecto de esa Sibil, aparte de grande, malvada y tatuada.
    —Cuentas con los datos principales. Tenía espalda de hombre, grandes caderas y estómago, todo músculo, pero nada de busto, dos bolsas diminutas que procuraba ignorar. Tenía la mandíbula larga, mejillas hundidas y nariz larga, que tal vez se había roto tiempo atrás en una pelea. Su piel era blanca como la tiza, y su boca una simple marca gris. ¿Su cabello? Tirando a color arena y tieso, como un cepillo. En conjunto, yo la llamaría medianamente fea y, encima, olía fatal.
    —Eso no encaja mucho con madame Zigonie, dejando aparte el tatuaje y el gran culo. Tenía la cara redonda, con mejillas redondas y un estupendo busto, por no mencionar los rizos negrorrojizos.
    —Quizá llevaba peluca.
    —No creo. Me alegro de que Sibil fuera otra persona. Deberías averiguar en qué lugar utilizan las damas ese tipo de tatuajes.
    —Buena idea. Llamaremos a Información de la CCPI; somos una filial, como ya sabrás.
    —Eso te convierte en un agente de la CCPI al cien por cien. La gente se toma muy en serio ese rango en toda la Extensión Gaénica. —Chilke se detuvo—. Ya he averiguado lo que quería. Vuelvo al trabajo.

    Glawen se encaminó al Viejo Cenador. Scharde aún no había llegado. Se sentó a una mesa apartada, a la sombra del follaje. Pidió un plato de pescado salado y una botella del Elixir Verde Suave de Diffin, y se dispuso a esperar.

    Transcurrió el tiempo. Glawen pidió otra botella de vino, se inclinó hacia adelante y movió la copa de un lado a otro, de modo que franjas de luz surcaron el líquido verde claro.

    Cierta extensión de raso bermejo se interpuso en su visión. Levantó poco a poco los ojos, muy consciente de lo que iba a ver: un vestido negro bordado con pájaros púrpura posados en ramas verdes, un cuello blanco y ancho, una cara grande en la que centelleaban unos ojos negros como ópalos de fuego y, como remate, una enorme masa de rizos oscuros, ceñidos mediante misteriosos métodos en una forma casi cilíndrica, si bien Spanchetta se había aficionado últimamente a permitir que algunos rizos traviesos cayeran sobre sus orejas.

    Spanchetta examinó a Glawen con una expresión burlona que sólo conseguía disimular a medias el desagrado y la desaprobación. Glawen le devolvió la mirada, como un pájaro hipnotizado por una serpiente.

    —¿Es así como la gente del Negociado B desperdicia el tiempo? —preguntó Spanchetta—. Veo que pertenezco al negociado equivocado. A mí también me gusta descansar.
    —Está cometiendo un error —replicó con educación Glawen—. Estoy aquí por orden de mis superiores. Pese a las apariencias, estoy trabajando.

    Spanchetta cabeceó.

    —Como no tienes nada mejor que hacer, quizá puedas proporcionarme alguna información.
    —Haré cuanto esté en mi mano. ¿Quiere tomar asiento?

    Spanchetta ocupó la silla opuesta.

    —Explícame, si quieres, el secreto que ahora impregna el Negociado B. Todo el mundo sabe que algo se está tramando, pero nadie se toma la molestia de averiguarlo. ¿Por qué tanta actividad furtiva?

    Glawen sonrió y meneó la cabeza.

    —Me pone en un brete. No puedo contestarle.
    —¡Claro que puedes! ¿No has escuchado mi pregunta? ¿Has perdido el uso de la lengua?
    —Suponga que esos secretos existen. Suponga que por algún motivo me han sido confiados. En tal caso, tendría prohibido revelar mis conocimientos a cualquiera que me lo preguntara. Es un caso hipotético, por supuesto. En todo caso, si desea tranquilizar su mente, ¿por qué no se lo pregunta a Bodwyn Wook?

    Spanchetta emitió un sonido de desdén.

    —Hablas mucho, de una manera poco común, diría yo. Es más que notable. ¿Cuánto vino has trasegado, mientras estabas sentado aquí, trabajando?
    —No mucho. ¿Le apetece una jarra?
    —No, gracias. Debo volver cuanto antes a mi trabajo, y sería de mal gusto entrar en mi oficina tambaleándome y cantando, como parece ser del todo aceptable en el Negociado B.
    —¿Qué sabe de Arles? —preguntó Glawen, para cambiar de tema y a falta de otro mejor—. ¿Ha tenido noticias, o también sus actividades están calificadas como «secretas»?

    Antes de que Spanchetta pudiera contestar, Scharde se acercó a la mesa. Se sentó y miró con curiosidad a Spanchetta.

    —¿Vienes o te vas? ¿Quieres tomar una copa de vino con nosotros?

    Spanchetta vaciló, y después, con gran dignidad, aceptó la invitación.

    —He intentado averiguar el significado de los susurros y señales furtivas que se producen cada vez que dos o más personas del Negociado B se encuentran. Glawen ha encontrado un inteligente método de evadir las preguntas. Propone toda clase de hipótesis y acertijos, y mientras yo intento adivinar las respuestas, cambia de tema. Quizá tu espectro de discreción sea más amplio.
    —Eso espero. Para ser exacto, hay muchas cosas que nos preocupan en los últimos tiempos, teniendo en cuenta los sucesos de Stroma y los impedimentos de Titus Pompo. Vamos a perder la paciencia con él.
    —Justo cuando has llegado, Spanchetta iba a comunicarme las últimas noticias acerca de Arles —dijo Glawen.
    —Eso no es del todo cierto —resopló Spanchetta—. No he tenido noticias.
    —Bueno, es probable que Arles esté ocupado en sus asuntos —dijo Scharde. Sirvió una copa a Spanchetta—. Aún me intriga que le alentaras a casarse con una colateral, y encima una Laverty.
    —Yo no alenté el enlace —replicó Spanchetta con voz plañidera—. De hecho, me sorprendió que Arles diera ese paso sin consultarme. Tal vez sospechaba que Drusilla, con sus ambiguos antecedentes, no habría sido mi primera elección.
    —La suerte está echada —dijo Scharde.
    —Precisamente. —Spanchetta bebió la mitad de la copa de un solo trago. La dejó sobre la mesa con brusquedad—. En cualquier caso, tú eres el menos indicado para criticar. Todavía recuerdo que despreciaste y maltrataste a la pobre Smonny, empujándola a la desesperación.
    —Fue un caso trágico —convino Scharde—. De todos modos, sospecho que acabó en buen estado. Era una mujer con una voluntad de hierro. Me extraña que no te enteraras.
    —De ningún modo. Simonetta era una muchacha sensible y encantadora.
    —Una especie de demonio, si no recuerdo mal. Spanny y Smonny: menuda pareja hacíais.

    Spanchetta no se dignó hacer comentarios. Vació la copa y se puso en pie.

    —Como no trabajo en el Negociado B, considero que debo volver a mi puesto, sin saber nada más que antes.

    Spanchetta abandonó el Viejo Cenador. Scharde sacó un cuaderno de notas.

    —He ido a la terminal del transbordador, por eso me he retrasado. He apuntado unos nombres, pero podemos compararlos con la lista del espaciopuerto y la lista del hotel, y descubrir sus planetas de procedencia.
    —Se me ocurrió algo mientras estaba en el hotel. Una nave cargada de turistas llegó esta mañana. Algunos podrían llevar billetes «Consumación del Goce».
    —Es cierto. Comentaré el asunto a Bodwyn Wook; tal vez quiera investigar la posibilidad. De momento, comparemos nuestras listas.


    6


    Tras salir del Viejo Cenador, Glawen se encaminó a las oficinas del Negociado B, donde fue interceptado por Hilda, la delgada y adusta secretaria. Hilda desconfiaba de todos los Clattuc por lo que ella consideraba sus costumbres «burlonas y dominantes». Contemplaba a Glawen con particular suspicacia, puesto que a las típicas cualidades Clattuc añadía otra dimensión, de elaborada y casi siniestra educación, que sólo podía ser falsa. ¡Sin la menor duda! Glawen era un maestro de la intriga. ¿Cómo, si no, se había ganado con tanta rapidez la buena opinión del Supervisor? Por lo tanto, a la petición de Glawen de ser recibido inmediatamente por Bodwyn Wook, Hilda afirmó que Bodwyn Wook no deseaba ser molestado, y había dado órdenes a tal efecto, lo cual, en cierto sentido, era el caso.

    Después de una espera que duró una hora, Bodwyn Wook se asomó al despacho de fuera y vio a Glawen sentado en una silla.

    Bodwyn Wook se paró en seco.

    —¡Glawen! ¿Qué haces sentado ahí tan tranquilo? ¿No tienes nada mejor que hacer?
    —Ya lo creo, señor, pero su secretaria prefiere que me quede sentado en esta silla.

    Bodwyn Wook fulminó a Hilda con una fría mirada.

    —¿Qué tonterías son ésas? ¡Sabe muy bien que Glawen puede entrar en cuanto haga acto de aparición!
    —Sus órdenes fueron explícitas.
    —¡Da igual! A partir de ahora, interprételas con una inteligencia más flexible. ¡Nos ha hecho perder el tiempo a todos! Ven, Glawen.

    Bodwyn Wook le precedió hasta su despacho y se dejó caer sobre su gran butaca negra.

    —¿Qué has averiguado?

    Glawen colocó tres hojas de papel sobre el escritorio.

    —Mi padre y yo examinamos los registros del espaciopuerto, el hotel y el transbordador. Éstos son los nombres que coinciden con las tres excursiones.

    Bodwyn Wook estudió las listas.

    —El primer grupo sería éste de Natrice: sir Mathor Borph y sir Lonas Medlyn, de Halcyon City, y también CS Guntil, CS Foum, CS Nobile, CS Koldach, CS Rolp y CS Buler, de Lanklands. ¿CS? Este título honorífico me desconcierta. ¿Qué significa «CS»?
    —No lo sé.

    Bodwyn Wook apartó la hoja de Natrice.

    —Segundo grupo: seis personas de Tassadero, que si no me equivoco, es un planeta de la Estrella de Zonk. Zonk, por supuesto, era Zab Zonk el Pirata, tristemente conocido a lo largo y ancho del Manojo. Ummm. No veo ninguna referencia a Sibil.
    —Pensamos que debía de ser «S. Devella, del Pico de Pogan».
    —Estos otros hombres proceden de la Tierra de Lutwiler. ¿Qué significa esta palabra entre paréntesis, «zubenitas»?
    —Busqué Tassadero en la guía de referencia. Fexelburg es el espaciopuerto, «una ciudad moderna y progresista», según la guía. La Tierra de Lutwiler está en la Estepa del Este, y se encuentra habitada por miembros de la secta zubenita.

    Bodwyn Wook miró la tercera lista.

    —Éstos son los caballeros de Soum, que tenemos detenidos. Parece que aquí no hay sorpresas. —Bodwyn Wook apartó las listas y se recostó en la butaca—. Da la impresión de que hemos hecho pequeños progresos. Permíteme que te explique mis ideas. Las excursiones dependen de tres elementos: Titus Pompo, los clientes y el organizador, a veces conocido como Empresas Ogmo. De momento, es el único elemento desconocido, pero no podemos dejarlo así. Es posible que sea la peor sanguijuela del lote, y también que sea alguien ya conocido por nosotros. En esta ocasión, me abstendré de lanzar conjeturas o adelantar nombres; ni la más mínima especulación. Baste decir que es preciso seguir su pista, identificarle y detenerle. ¿Qué opinas?
    —Nada, señor. Estoy de acuerdo.
    —Muy bien. —Bodwyn Wook alzó los ojos al cielo—. Señalaré que, con el fin de llevar a cabo una investigación, se necesitan investigadores. Tu nombre ha sido mencionado a ese respecto. Se te pediría viajar a otros planetas, a Natrice, Tassadero y Soum, y realizar en cada uno las pesquisas convenientes. ¿Te interesa el programa?
    —Sí, señor.
    —Esta persona, que a falta de mejor nombre llamaré Ogmo, habrá dejado huellas. Ha tratado con agencias de viajes y publicado un folleto. Habrá tenido que pagar dinero a las agencias de viajes, que luego habrá sido transferido a Ogmo. Esas transacciones habrán dejado algún rastro que, debidamente seguido, debería conducirnos a Ogmo. ¿Me he expresado con claridad?
    —Sí, señor.
    —Bien. Aparte de estos puntos generales, no puedo ofrecer otras directrices. Tú y tu colega tendréis que usar vuestro notable ingenio y desarrollar vuestro propio método de investigación. Bien, ¿alguna pregunta?
    —Sí señor, ya lo creo. Ha empleado la palabra «colega». Ya he sufrido la amarga experiencia de trabajar con un colega, llamado Kirdy, y no quiero repetir el mismo error. Estoy convencido de que trabajaré mejor solo.

    Bodwyn Wook frunció el ceño y carraspeó.

    —Temo que en este caso, por desgracia, deberemos dejar de lado tus preferencias personales. Por diversos motivos, todos de considerable importancia, considero mejor que trabajes con un colaborador.

    Glawen buscó palabras, pensó y desechó cierto número de comentarios, mientras Bodwyn Wook le observaba con la imperturbabilidad de un búho.

    —¿En quién ha pensado? —preguntó Glawen.
    —Trabajar con un ayudante no es el fin del mundo —dijo Bodwyn Wook—. Tal vez tu anterior experiencia con Kirdy no salió muy bien, pero hemos de aprender de nuestros errores. Estarás al mando, y estoy seguro de que la ayuda adicional de los ojos, las manos y la fuerza de una mente Wook serán de utilidad. Además, como ya he indicado, existen otros motivos que justifican esta medida.
    —¿Quiere decir que debo trabajar con Kirdy… otra vez?
    —Un trabajo responsable es esencial para la recuperación de Kirdy. Ha de bajar de las nubes y tocar con los pies en el suelo. —Bodwyn Wook habló por el interfono—. ¿Está Kirdy ahí?

    Kirdy entró en el despacho. Sus ojos se posaron en Glawen, y al instante adoptaron un aspecto vidrioso.

    —Aquí estáis los dos, ¡juntos de nuevo! —exclamó Bodwyn Wook con exageración—. Desde aquel incidente en Yipton, Kirdy ha estado un poco descentrado, pero ahora está en plena forma, dispuesto a todo. Lo que necesita son estímulos y mucho trabajo, para ejercitar los talentos que son su marca de nacimiento Wook. Esta investigación es la receta adecuada y una oportunidad que no podemos desperdiciar, teniendo en cuenta, además, que ya habéis trabajado juntos.

    Kirdy sonrió, un lento y frío torcimiento de boca.

    —En efecto.
    —Aunque sólo fuera por ese motivo —se apresuró a decir Glawen—, es posible que Kirdy se sienta incómodo al trabajar conmigo como subordinado. Sería mejor que…
    —¡Tonterías! —dijo Bodwyn Wook—. A estas alturas, ya conocéis las fobias y excentricidades mutuas, y deberíais colaborar con total armonía.

    Kirdy asintió vigorosamente.

    —Me parece una oportunidad maravillosa.
    —Asunto arreglado —dijo Bodwyn Wook. Habló por el interfono—. ¡Hilda, por favor!

    Hilda entró en el despacho.

    —Prepare credenciales de viaje para Glawen y Kirdy —ordenó Bodwyn Wook—. Les asciendo en este mismo momento al grado de sargento. Utilicen ese rango.
    —¡Espere! —gritó Glawen—. Si se me pide tratar con la policía de otros planetas, prefiero credenciales más altas, aunque sólo sea para esta misión en particular. Sugiero el rango de capitán, como mínimo.
    —¡Bien pensado! Hilda, ocúpese de ello.

    Hilda bufó y dirigió una mirada envenenada a Glawen.

    —¿Y Kirdy? ¿Sólo será sargento? También tratará con la policía.

    Bodwyn Wook hizo un gesto ampuloso.

    —¡Muy bien! Los dos, durante esta misión, serán capitanes de la policía de Cadwal. ¡Los capitanes más jóvenes en toda la historia del Negociado B!
    —Glawen aún no posee pleno estatus de Agencia —indicó Hilda—, y a juzgar por como van las cosas, nunca lo obtendrá. ¿No es una extravagancia nombrarle capitán?
    —En absoluto —replicó Bodwyn Wook—. Ni la ley ni el sentido común impiden que un colateral alcance el rango para el que está capacitado.

    Hilda volvió a bufar.

    —He oído decir que para ciertas enfermedades, orgullo, engreimiento y cuna Clattuc, la mejor medicina es una potente dosis de humildad.
    —¡Ajá! —gritó Bodwyn Wook—. La sabiduría popular oculta en ocasiones la verdad más absoluta… ¿Qué dices, Glawen?
    —Cité otro ejemplo de sabiduría popular. Por lo visto, nadie lo oyó.
    —Dijo «La vaca que nunca ha parido da una leche muy amarga» —habló Kirdy con voz apagada.

    Bodwyn Wook se frotó el mentón.

    —Original, sí; relevante, no. Hilda, ¿adónde va?
    —Tengo trabajo que hacer.
    —Llame a la oficina de viajes y averigüe el siguiente vuelo a Soumjiana, Soum.
    —Se lo puedo decir ahora mismo —intervino Glawen—. El Rayo Sagitariano parte a mediodía de mañana.
    —Muy bien. Capitán Clattuc, capitán Wook, diríjanse cuanto antes a la agencia de viajes, compren billetes y vayan a hacer las maletas. Sugiero que se las arreglen con una pequeña por cabeza. Vengan mañana por la mañana a buscar las credenciales, dinero y los consejos finales.

    Glawen y Kirdy salieron del despacho. Descendieron la escalera en silencio.

    —Sentémonos un momento en la rotonda —dijo Glawen, cuando llegaron a la planta baja.
    —¿Por qué?
    —Quiero decirte algo.

    Kirdy siguió a Glawen hasta un banco situado cerca de la fuente central. Glawen se sentó e invitó a Kirdy a que le imitara.

    Kirdy se negó, tirante.

    —Me quedaré de pie. ¿Qué quieres?

    Glawen habló con voz desprovista de toda emoción.

    —Debemos resolver ahora mismo los temas pendientes entre nosotros. Ya no se puede esperar más.

    Kirdy rió. Un sonido hueco, rasposo.

    —No tengo prisa. Puedo esperar… a que llegue el momento adecuado.
    —El momento adecuado es ahora.
    —¿De veras? —rió Kirdy—. ¿Te toca a ti marcar el compás que debo seguir?
    —Me toca a mí conseguir que esta misión se desarrolle sin problemas. Dadas las actuales condiciones, no es posible.
    —Una deducción correcta. ¿A qué acuerdo debemos llegar?
    —Hablemos de tu antagonismo. No está justificado.

    Kirdy frunció el ceño, perplejo.

    —No hablas con sensatez. Al fin y al cabo, es mi antagonismo, no el tuyo. ¿Cómo sabes en qué se basa?
    —Sufriste mucho en Yipton. Yo no compartí tus padecimientos, y por este motivo estás resentido. ¿Me equivoco?
    —Hasta cierto punto.
    —Tus errores provocaron tus problemas. No es racional culparme a mí. Es obra de tu subconsciente, que no quiere admitir su fallo. Debes controlarte.

    Kirdy volvió a reír.

    —Ahórrate los tópicos. Emplearé los procesos mentales que considere convenientes.

    Glawen estudió el rostro de Kirdy. Las grandes facciones marcadas, en otro tiempo tan apacibles, sonrosadas y plácidas, parecían haberse convertido en rígido cartílago.

    —¿Por qué no utilizas tu antigua mente consciente? —preguntó Glawen, inquieto—. A mí me parece un buen plan.
    —¡Qué poco sabes! Ésa mente fue reducida a añicos, que se mueven de un lado a otro de mi cabeza como murciélagos en un cuarto oscuro. Considero que son una fuente de problemas, puesto que ahora están bajo el control de otra mente, y los problemas subsistirán. —Kirdy apretó el índice contra el pulgar—. Así. Y así…
    —Y así, ¿qué?
    —Nada.
    —¿Quieres un consejo?
    —Escucharé, tanto si me gusta como si no. Algo aprenderé. —Kirdy dirigió a Glawen una sonrisa significativa—. ¡Aconséjame, Glawen! Vamos a ver cómo me ayudas en mi carrera.
    —Primero, ¿a qué vienen tantas prisas por eliminar tu antigua mente? Quizá volverá a acoplarse. Segundo…
    —Ya sé lo que vas a decir. Quédate en casa. Descansa, disfruta de la vida, lee libros entretenidos. Deja que Glawen prospere en paz y tranquilidad.
    —Llámalo como quieras, pero los hechos son los hechos. No podemos trabajar juntos si cada vez que te doy la espalda me clavas un hacha. Eso provoca que la situación sea tensa.

    Kirdy reflexionó.

    —Sólo desde tu punto de vista.
    —¡No acabas de captar lo principal! ¡No existen motivos para que adoptes esa actitud!

    Kirdy miró al otro lado de la rotonda y habló en tono de aburrimiento.

    —¡Oh, tengo motivos! ¡Varios motivos! ¡Muchos motivos! ¡Nunca los sabrás! Es posible que no puedan ser traducidos a palabras, incluso que sean irracionales. De ser así. ¿Qué más da? Yo los siento, sin embargo.
    —Si reconoces que esos motivos son irracionales, ¿no los puedes desechar?
    —Si es necesario.
    —¿Estás de acuerdo en que es necesario?
    —Reflexionaré sobre el tema… ¿Adónde vas?
    —Al despacho de Bodwyn Wook.
    —Te acompaño.

    Hilda les condujo en silencio al despacho interior. Bodwyn Wook levantó la vista, irritado.

    —¿Qué pasa ahora?
    —La situación es imposible —dijo Glawen—. ¡Kirdy no está en sus cabales! ¡Ni siquiera ha prometido que no me matará!
    —¡Pues claro que no! —estalló Bodwyn Wook—. ¿Por qué debería hacerlo? ¿Te he prometido yo que no te mataré? ¿Y Hilda? ¿Y los demás? ¡Estás al borde de un ataque de histeria!

    Glawen consiguió conservar la voz serena.

    —Se lo diré de otra manera. Un equipo no puede funcionar si sus miembros no se tienen mutua confianza. Kirdy no está cuerdo y no sé cómo voy a trabajar con él.

    Bodwyn Wook se volvió hacia Kirdy.

    —Acabemos con esto de una vez por todas. ¿Estás cuerdo o no?
    —Yo me considero cuerdo.
    —¿Puedes trabajar con Glawen?
    —Sería más apropiado preguntar «¿Puede él trabajar conmigo?».

    Glawen empezó a hablar, pero Bodwyn Wook levantó los brazos.

    —Puedes irte, Glawen. Hablaré con Kirdy y zanjaré el problema. ¡Ni una palabra más! Nos veremos por la mañana.

    Glawen salió del despacho, atravesó la oficina exterior y bajó la escalera. Ya en la rotonda, paseó de un lado a otro, sopesando y desechando en su mente planes desesperados. Por fin, maldijo por lo bajo, se dirigió a la oficina de viajes y compró pasajes para el Rayo Sagitariano. Por la noche, no dijo nada sobre sus problemas, y Scharde tampoco le preguntó. Por la mañana. Glawen se encaminó a las oficinas del Negociado B y en el camino se encontró con Kirdy, ataviado con su reluciente uniforme nuevo, en el que destacaban los rojos galones de capitán. Kirdy miró a Glawen de arriba abajo, con desaprobación.

    —¿Por qué no vas de uniforme?
    —Porque no me da la gana, y porque no es adecuado para la misión.
    —No eres tú, sino yo, quien debe decidirlo.

    Kirdy caminó a paso ligero hacia las oficinas del Negociado B, seguido de Glawen.

    Al llegar al Negociado B, Glawen se presentó a Hilda, quien depositó ante él una carpeta con los documentos. Glawen los examinó. Todo parecía en orden.

    —¿Dónde está mi dinero?

    Hilda le tendió un paquete, con las manos temblorosas de renuencia.

    —Cuente el contenido. Encontrará mil soles. Es una gran cantidad de dinero. Vaya con cuidado; no se le entregará más.

    Glawen contó el dinero, guardó los documentos y el paquete en el bolsillo interior de la chaqueta. Hilda le contempló con fría diversión.

    —Si lleva el dinero en el bolsillo, se lo robarán de inmediato. Que la costurera le cosa unos bolsillos en el interior de las perneras de los pantalones. Es donde debe llevar el dinero.
    —Esos bolsillos de que habla ya están colocados, pero he postergado su utilización. Temí que quitarme los pantalones en su presencia la ofendería.
    —¡Buf! —resopló Hilda—. ¿A mí qué más me da? —Movió la cabeza en dirección al despacho interior—. Ya puede entrar. El Supervisor le está esperando.

    Glawen cruzó la puerta y vio que Bodwyn Wook estaba de pie junto a la ventana.

    —Soy Glawen, señor.

    Bodwyn Wook se volvió y caminó lentamente hacia el escritorio. Se sentó y, por fin, se dignó reparar en Glawen.

    —¿Preparado para partir?

    Glawen le dirigió una mirada penetrante. ¿Estaba equivocado, o el proceder de Bodwyn Wook se le antojaba un tanto forzado?

    —No, señor —respondió con firmeza—. No estoy preparado para partir. Sólo puedo reiterar que Kirdy es incapaz de realizar un trabajo coherente. Le encontré vestido con el uniforme nuevo, anunciando a toda la Extensión que es un agente del Negociado B. Aún peor, me riñó por no ir de uniforme.
    —¡Ay, sí! El pobre Kirdy está un poco distraído. Confío en tu tenaz sentido común para equilibrar la balanza. ¿Has recibido los documentos, el dinero, las píldoras de rectificación?
    —Recogí un botiquín en la farmacia.
    —Tira el medicamento llamado Erythrist; no sirve de nada, sobre todo contra la comezón soumjiana. Te darán un específico en el espaciopuerto de Soum; lo recogerás cuando pases la taquilla. Por lo tanto, ya estás preparado.

    Glawen empezó a sentirse desesperado.

    —Señor, no puedo trabajar con Kirdy en estas condiciones.
    —¡Ya basta! Hemos de mirar a largo plazo. La experiencia no sólo ayudará a Kirdy, sino que puede aumentar tus capacidades.
    —¿Cuál es mi misión, pues? ¿Investigar el caso de la isla Thurben, o proporcionar terapia a Kirdy?

    La voz de Bodwyn Wook adquirió un tono severo.

    —¡Basta, Glawen! Tus angustias empiezan a aburrirme. ¿De veras necesita tu pregunta una respuesta?
    —Lamento molestarle, señor, pero tal vez sea inevitable. ¿Lleva Kirdy dinero propio?
    —Se le ha entregado una suma sustancial.
    —¿Cuánto, exactamente?
    —Dos mil soles, si tanto te interesa. Es mucho dinero, pero podría ser necesario acudir al soborno.
    —A mí sólo me han dado mil soles.
    —Será suficiente.
    —¿Ha dejado absolutamente claro que yo doy las órdenes?
    —Bien… Creo que estaba más o menos implícito.

    Glawen respiró hondo.

    —Haga el favor de describir por escrito mis prerrogativas, indicando que Kirdy ha de obedecer mis órdenes hasta el último detalle.

    Bodwyn Wook hizo un ademán desenfadado.

    —En este asunto, hemos de ser prácticos. He dejado el tema de la autoridad un poco vago. Como ya sabes, quiero reforzar la autoestima de Kirdy de todas las maneras posibles. De hecho, es posible que haya insinuado que él tenía el mando de la misión.

    Glawen tiró los documentos y el dinero sobre el escritorio.

    —En ese caso, mi presencia sólo puede tener efectos adversos sobre la misión. El esfuerzo que Kirdy ponga en juego para intentar asesinarme, y mis esfuerzos por tratar de evitar mi muerte, son contraproducentes. Renuncio a la operación definitivamente, con tremendo alivio.

    Un brillo de furia apareció en los ojos de Bodwyn Wook.

    —¡Te estás pasando! Sugiero que moderes tu tono.
    —Aún mejor, me iré con la música a otra parte. Le deseo buenos días. —Hizo una reverencia y se encaminó rabioso hacia la puerta.
    —¡Vuelve aquí! —le conminó Bodwyn Wook—. ¿No sabes seguir una broma? Eres tan soso como Hilda. Tendrás tu informe por escrito.
    —Quiero mucho más que eso. Debe informar claramente a Kirdy de mi autoridad, y debe degradarle a sargento.
    —¡No puedo hacer eso! Ya he confirmado su ascenso.
    —Explique que cometió una equivocación. Además, yo me encargaré de cuidar los dos mil soles. Él sólo llevará cien soles. Después, ordénele que se quite el uniforme y vista de paisano.
    —¡Eso es imposible! ¡La nave despega dentro de una hora!
    —Hay tiempo. Si es necesario, la nave esperará. En cualquier caso, no subiré a bordo a menos que me licencie de la terapia de Kirdy. Prefiero mil veces más ir solo.

    Bodwyn Wook agitó la cabeza.

    —¡Eres un demonio! ¡Si la insolencia fuera ladrillos y la insubordinación mortero, podrías construirte un gran palacio!
    —¡No, señor! ¡Usted no se rendiría con tanta facilidad si yo estuviera equivocado!

    Bodwyn Wook rió.

    —No intentes psicoanalizar a tu supervisor. Éste es el acto más flagrante de todos. ¡Hilda! ¿Dónde está Kirdy?
    —Aquí, en la oficina.
    —Hágale pasar.

    Kirdy entró en el despacho. Bodwyn Wook se puso en pie.

    —He intentado manejar este asunto quitándole importancia. Me equivoqué, y ahora debo enmendar mi error. No hay animosidad en mi decisión; los dos me gustáis, pero en toda misión sólo puede haber un jefe, y será Glawen. Kirdy, le obedecerás en todas las órdenes sujetas a la legalidad. Debo reducir tu rango a sargento, temporalmente, y debes quitarte el uniforme, puesto que se trata de una investigación secreta. Si tienes resentimientos contra Glawen, olvídate de ellos, o renuncia a la misión. ¿Qué dices?

    Kirdy se encogió de hombros.

    —Lo que usted diga.
    —Tomaré esa frase como una afirmación. Finalmente, me haré cargo del dinero que Hilda te entregó antes.

    Kirdy permaneció inmóvil, pálido. Sólo sus ojos poseían vida. Hundió poco a poco la mano en el bolsillo, sacó el paquete de dinero y lo dejó sobre la mesa.

    —No debes considerar esto una derrota o un revés. Ante ti se abre una espléndida carrera. ¿Algo que decir?
    —He oído sus órdenes.
    —¿Intentarás trabajar con Glawen en términos amistosos?
    —Trabajaré con él, por el bien de la Estación Araminta. Mis sentimientos son cosa mía.
    —No eres el compañero ideal, desde luego —dijo Glawen—, pero hemos de trabajar juntos, por lo visto. Seamos sinceros. Estás convaleciente, pero todavía padeces una incapacidad que ayer me describiste. ¿Te dificultará dicha incapacidad la plena cooperación?

    Kirdy permaneció en silencio. Bodwyn Wook y Glawen le miraron, al igual que Hilda desde el fondo del despacho, todos preparados para la respuesta limitada o ambigua que apartaría irrevocablemente a Kirdy de la operación.

    —Sí. Trabajaremos juntos —respondió Kirdy con voz apagada.
    —Entonces, ponte ropas de calle y ve directamente al espaciopuerto —replicó Glawen—. Nos veremos a bordo de la nave.

    Kirdy se marchó. Glawen esperó diez segundos: luego, avanzó y cogió el dinero de la mesa.

    —Haremos lo que podamos.

    Salió del despacho.

    Bodwyn Wook suspiró.

    —Clattuc o no, tiene una buena cantidad de sangre Wook. Admiro de verdad a ese orgulloso bribonzuelo. Es rápido de decisiones y muy duro, pero suavizado por cierta ternura. Ojalá fuera hijo mío.

    Hilda bufó.

    —Ya me ha pasado la edad de esos deseos. De todos modos, de vez en cuando deseo. De haber existido un Glawen cuando era joven, las cosas me habrían ido de forma muy diferente.



    Capítulo 2
    1


    Cuando Glawen entró en el Rayo Sagitariano, experimentó un estremecimiento de placer. Nunca había viajado a otros planetas. Kirdy, por su parte, se había desplazado a lo largo y ancho del Manojo de Mircea con los Mimos de Floreste. Los planetas del itinerario, Natrice, Soum y Tassadero, no representaban ninguna novedad para Kirdy y embarcó con semblante hosco. Se detuvo varias veces para mirar atrás, como tentado de abandonar la empresa.

    Un mozo les guió hasta sus camarotes. Glawen sólo se demoró lo suficiente para dejar la maleta sobre un estante y colgar su capa, antes de dirigirse al mirador, desde el cual pudo ver la cubierta de observación del espaciopuerto. Allí estaban su padre y Bodwyn Wook, que habían acudido para despedirles y darles las últimas instrucciones. Bodwyn Wook se había mostrado terminante en algunos puntos.

    —¡Olvídate de que eres un Clattuc y de que echas fuego por la nariz! El caso es delicado, y con delicadeza hay que tratarlo. Ni el lenguaje brusco ni el sarcasmo aceleran la eficacia de la policía extraplanetaria: han carecido de tus ventajas, y debes proceder con amabilidad. De hecho, obedece todas las leyes locales, tanto si las entiendes como si no. Sois agentes del Negociado B, filial de la CCPI, pero la policía local suele pasar de esas monsergas.

    Scharde abundó en las observaciones de Bodwyn Wook.

    —En Tassadero, será conveniente que os vistáis al estilo local. Los buhoneros os abordarán nada más desembarcar, y os animarán a comprar su mercancía. Pese a los gritos, los insultos y el ridículo, esperad hasta llegar a Fexelburg; entonces, id a una tienda que tenga los precios marcados. De lo contrario, os estafarán. El espíritu de Zab Zonk el Pirata pervive de muchas maneras en Tassadero.

    Bodwyn Wook añadió otra advertencia.

    —¡No os mezcléis en política bajo ningún concepto! Las facciones son particularmente fanáticas en Natrice, que será vuestra primera escala. Existen pocas oportunidades de que os enreden, pero de todos modos callaos vuestras opiniones.
    —Creo que no habrá problema —contestó Glawen—. En Natrice, evitar la política. En Tassadero, vestir a la moda, pero no dejarse estafar. ¿Qué debemos temer en Soum?
    —El matrimonio —dijo Scharde—. Si te acuestas con una chica, insiste en que antes firme un rechazo específico a toda intención matrimonial. Los formularios se venden en quioscos y bombonerías.
    —Sugiero que subáis a bordo —dijo Bodwyn Wook—. Puede que la nave despegue mientras estéis escuchando nuestras instrucciones finales.

    Glawen, de pie junto al ventanal del mirador, saludó con la mano a Scharde y Bodwyn Wook, pero ellos no le vieron. Glawen tragó saliva y fingió que no sentía corazonadas ni temores.

    Algunos pasajeros retrasados llegaron corriendo desde la terminal y subieron a la nave. Sonó un timbre. Glawen escuchó el impacto sordo de las puertas al cerrarse, seguido de un zumbido apenas perceptible. La nave se elevó hacia el cielo sin aparente aceleración.

    Glawen paseó la vista por el mirador. No vio a Kirdy. Volvió la vista hacia el exterior. Kirdy había sufrido penosas experiencias y merecía toda la compasión que las circunstancias permitieran.

    Cadwal se convirtió en una bola, iluminada por el resplandor blanco limón de Syrene. Hacia el sur, Throy era una mera cuña negroverdosa. Glawen intentó localizar Stroma, sin éxito. Nostálgicos recuerdos de Wayness acudieron a su mente. ¿Cuándo volvería a verla? ¿Qué le contaría ella?

    Kirdy se acercó a paso lento, el rostro sombrío, la mirada vaga. Glawen comprendió que pasaría de largo sin decirle nada. Pese a su anterior amago de compasión, se irritó un poco.

    —¡Kirdy! —llamó—. ¡Estoy aquí! ¡Soy Glawen!

    Kirdy se detuvo, reflexionó un momento y se reunió con Glawen junto a la ventana.

    —Permíteme proponerte un silogismo —dijo Glawen—. El mundo es real. Yo formo parte del mundo, luego soy real.

    Kirdy meditó.

    —No estoy seguro de que la lógica sea totalmente rigurosa. Tendrías que haber enunciado la primera premisa de esta manera: «El mundo está compuesto de partes reales», o «Cada parte del mundo es real». Y a continuación: «Yo soy una de esas partes». En este último caso, dejas sin resolver la cuestión de si un agregado de partes reales constituye necesariamente un conjunto real.
    —Pensaré en ello —prometió Glawen—. Entretanto, tú y yo estamos a bordo de la nave. No podemos evitarnos mutuamente, al menos no del todo. Éstos son los hechos.

    Kirdy se encogió de hombros y desvió la vista.

    —¿Aún disfrutas del panorama? —preguntó cortésmente Glawen—. Supongo que lo habrás visto muchas veces.

    Kirdy miró por la ventana, como si sólo ahora hubiera reparado en el panorama.

    —Como bien has dicho, lo he visto otras veces. No cambia mucho. Unas veces, Lorca y Sing cuelgan ahí fuera como un par de aves carroñeras, pero otras no. A Floreste nunca le gusta verlos; piensa que traen mala suerte. Tiene docenas de manías parecidas, a las que nosotros hacemos caso omiso.
    —¿Cuánto tiempo estuviste con los Mimos?
    —Siete años. Empecé cuando tenía diez. Fui una de las primeras Pulgas Saltadoras.
    —Debió de ser muy divertido.

    Kirdy gruñó.

    —Floreste nos obligaba a trabajar con ahínco. La mitad del tiempo no sabíamos dónde estábamos, aunque solíamos hacer la misma ruta: Natrice, Soum, en ocasiones llegábamos hasta Protagne, Tassadero o Nuevo Calvario, incluso hasta el Mundo Azul de Mildred, y luego volvíamos al Manojo y Old Lumas, y una o dos veces fuimos al Mundo de Caffin. De ahí no pasamos.
    —¿Por qué?
    —Llegábamos hasta donde Floreste podía conseguir transporte barato. Es avaro como un demonio, no para amasar fortuna, sino por el nuevo Orfeo.
    —¿Cuál de esos planetas te gustó más?

    Kirdy habló con voz monótona.

    —Floreste nos daba de comer mejor en Soum. Natrice era aburrido y muy pacato, sobre todo en las Tierras Flacas, donde la comida era aborrecible. Nos daban pastelillos de ortigas y sopa de lagarto negro agria. Los únicos postres eran unas bolitas arrugadas, parecidas a pasas; luego averigüé que eran insectos resecos. Floreste sólo iba a las Tierras Flacas cuando no había fechas disponibles en Poinciana, Halcyon o Summer City. Los Científicos de Sanart tienen una ley que prohíbe los espectáculos heterosexuales ante públicos heterosexuales. Floreste no hizo caso de la ley, pero nadie le molestó, porque los espectáculos eran muy inocentes, sobre todo entre los Científicos de Sanart.
    —¿Los Científicos de Sanart? —La comprensión alumbró en la mente de Glawen—. Ahora entiendo el significado de las siglas CS.
    —Todos son CS esto, o CS aquello. Indica dignidad.
    —¿Y las mujeres? ¿También reciben esa distinción?
    —Ya les gustaría, pero ellas son RS.
    —¿Qué significa eso?

    Kirdy se encogió de hombros.

    —Floreste dijo que significaba «recipiente», pero debía de estar bromeando. Llevan largos vestidos negros y peculiares sombreros negros. Floreste dijo que se debía a que las mujeres son intrínsecamente frívolas. Las Científicas parecían más afligidas que otra cosa. Me dijeron que cada mañana, al amanecer, se bañan en agua fría.
    —Yo también estaría afligido.

    Kirdy cabeceó.

    —Nos contaron historias extrañas sobre los Científicos de Sanart.
    —La más extraña es que seis Científicos de Sanart fueron a la isla Thurben, junto con sir Mathor Borph y sir Lonas Medlyn, de Halcyon.
    —Esos dos últimos son Patrunes, que significa «aristócratas». Por lo general, no se llevan bien con los Científicos de Sanart, pero supongo que en la isla Thurben todos los gatos son pardos. Bien, al fin y al cabo, no es mi problema.

    Glawen le miró desconcertado.

    —Claro que es nuestro problema, si nos ayuda a identificar a Ogmo.
    —¿No crees que es una pérdida de energías? Es otro de los famosos exabruptos de Bodwyn Wook. El viejo babuino teme que de lo contrario, nadie le haga caso. Las fiestas en la isla Thurben han cesado. ¿Qué más quiere?
    —Quiere capturar a los responsables, para que no vuelvan a hacerlo. Me parece una buena idea.
    —No estoy tan seguro. Líbrate de un villano, y otros dos vendrán a ocupar su lugar. Todo este asunto es una falacia, un enredo caprichoso. ¿Y a quiénes les toca hacer de espías, sudorosos e incómodos? ¿A Bodwyn Wook? Ni hablar. A un par de jóvenes lacayos. Glawen Clattuc y Kirdy Wook.
    —Es nuestro destino —dijo con tristeza Glawen.
    —¡Bah! ¿Para qué molestarse? Lo mismo ocurre en Yipton, si alguien se molesta en pagar el precio.
    —Sospecho que tienes razón. —Una suave voz anunció por los altavoces que la comida iba a servirse—. En cualquier caso, nos han asignado esta misión y prefiero hacerlo bien antes que mal. ¿Qué opinas?

    Kirdy se limitó a lanzar una mirada impenetrable a Glawen, que éste fingió no ver.

    Los dos se encaminaron al comedor y se sentaron a una mesa. Una pantalla exhibió el menú. Kirdy lo miró, y luego apartó la vista.

    Glawen enarcó las cejas. Kirdy era una caja de sorpresas.

    —¿Qué te apetece? —preguntó.
    —Me da igual. Lo mismo que tú.

    Glawen no quería hacerse responsable de lo que comiera Kirdy.

    —Será mejor que elijas algo. No quiero que me eches la culpa si no te gusta lo que te sirven.
    —Tomaré pan y estofado.
    —Una comida sencilla, aunque aquí le llaman ragout.
    —Me da igual como lo llamen.

    Glawen pidió los platos. Sirvieron el ragout a Kirdy, pero no lo encontró de su gusto.

    —Quería un estofado a secas. A éste le han añadido alguna extravagante salsa galáctica. Ojalá hubieras pedido estofado, como yo quería.
    —Después de esto, te ocuparás de tus propias comidas. Para empezar, ¿por qué he de pedir tu estofado?

    Kirdy se encogió de hombros, sin más explicaciones. Glawen le observó con disimulo.

    —Aquellas trizas de tu mente consciente ¿ya han empezado a encajar?
    —Creo que no.
    —Es una lástima. Bodwyn Wook confía en que este viaje, con nuevos paisajes y nuevas experiencias, te siente bien. ¿Cuál es tu opinión?
    —Está equivocado, pero es el jefe y hay que obedecerle.
    —Es una forma de mirarlo.
    —Considerándolo todo —prosiguió Kirdy, con voz tétrica—, es posible que pronto vuelva a casa. No sé nada sobre ese tal Ogmo. Quizá esté bien, quizá esté mal. Me han impuesto tu compañía, pese a mi rechazo. Cada vez que hablas, mis puños se cierran con el deseo de aplastarte la cara. Tal vez sea el acto correcto, pero soy un hombre precavido y desisto, porque puede que necesite tu ayuda, entre esta gente extraña y estos extraños ruidos. Me quedaría solo. Solo, solo, como si tanteara en la oscuridad.

    Glawen consiguió esbozar una sonrisa preocupada.

    —Las premisas son erróneas, pero el análisis es correcto. Si me aplastaras la cara, no sólo te aplastaría yo la cara, sino que poca cosa más podría hacer contigo. Por lo tanto, continúa desistiendo, porque soy tu jefe y es una orden.

    Kirdy se humedeció los labios.

    —Es verdad. Muy preciso.

    A medida que transcurría el viaje, Kirdy se hizo más dependiente, una situación que Glawen consideraba fastidiosa y peculiar. Los temas favoritos de Kirdy eran los viejos tiempos, cuando Glawen y él eran niños. Recordaba detalles, con minuciosa exactitud, incidentes que Glawen había olvidado; luego, extraía significados y presagios que Glawen solía considerar exagerados e inapropiados.

    Después de estos episodios, Glawen intentaba desviar el foco de atención de Kirdy hacia la actualidad. Una mañana, por fin, después del desayuno, Kirdy habló de sus experiencias en Yipton.

    —Hasta yo estoy asombrado. Pensaron que era un gamberro sumiso, un ser hecho de masilla y gachas, con excrementos de pájaro por cerebro.

    Kirdy hizo una pausa para reflexionar y dirigió una sonrisa de amarga ironía a algunas personas estupefactas de una mesa próxima.

    —De modo que me dieron la primera dosis de droga, e incluso mencionaron su nombre. «Vas a probar un poquito de nyene», dijo el yip, un pequeño sapo viscoso que bien podía ser el mismísimo Titus Pompo. «Te acercará a las verdades fundamentales y verás el flujo de la existencia desde abajo y desde arriba al mismo tiempo. Es un paisaje muy interesante, según me han dicho».

    »Fue entonces cuando comprobaron mi valor. De una patada le rompí la mandíbula a uno. Le di un puñetazo a otro y le rompí los huesos de la cabeza, y sus ojos dieron vueltas como un juguete cómico. Miré a Titus Pompo, le llamaré así, pero se zambulló debajo de la mesa. Aparté la mesa y salté de un lado a otro, con la intención de aplastarle. Después, pensé en descuartizarle, pero entraron muchos umps, de modo que salté por la ventana y caí al canal.
    »No me encontraron, porque me oculté en el barro, bajo los pilotes, y nadie osó venir en mi busca. —Kirdy emitió una risita gutural que puso los pelos de punta a Glawen—. Estaba libre, en el reino de los yoots. ¡Ay, qué tiempos aquellos! ¿Cómo describirlos? Es un lugar hediondo, lleno de limo. Los yoots, así les llaman los yips, lo han convertido en su reino. ¿Cómo tratar con los yoots? ¿Con lógica y cordialidad? ¿Qué hacen debajo de Yipton? ¡Inverosímil! Les horroricé con mis hazañas, y huían nada más oír mi voz, que les llamaba con dulzura. Me comí sus crías, cogí el pescado que habían capturado y también me lo comí, y he aquí el gran secreto, ¡el auténtico gran secreto! Los peces devoran a otros peces que sueltan el nyene a modo de veneno, que a su vez es neutralizado por una sustancia de los primeros peces, a la que los yoots llaman glemma.
    »En cuanto ingerí la glemma, me sobrevino un cambio. Dejé de ser aquel terrible ser salvaje, los yoots perdieron el temor y empezaron a reptar hacia mí. Tienen miedo de ver sus propias tripas, así que destripé a algunos, pero no me dejaron en paz. Pensé en nadar por el canal al anochecer, coger una barca y dirigirme hacia el Marmion. Llevé a la práctica el plan, pero fui capturado y conducido a presencia del supuesto Titus Pompo.
    »Esta vez, se tomó muchas molestias conmigo. Me ató hasta inmovilizarme. “¡Ahora veremos!”, dijo Titus Pompo. “¿Probamos un poco más de nyene?”.
    »Me drogaron, pero la sustancia no obró efecto. Fingí enloquecer, para que me devolvieran a mi gente, y regresé a la Estación Araminta. Y después… Mis perspectivas han cambiado. He descubierto nuevas metas.

    Kirdy enmudeció bruscamente.

    —¿Cuáles son las nuevas metas? —le urgió Glawen.

    Kirdy miró a Glawen de soslayo.

    —No puedo confiar en nadie. Ahora lo sé. De todas las realidades, es la más segura: la más pura, dulce y única verdad. Todo lo demás es hedor, limo y espacios angostos.

    Glawen no encontró respuestas.

    —Si tus metas son loables —dijo al cabo de unos momentos—, ¿por qué guardarlas en secreto?
    —Da igual. Ahora no me extenderé en ese sentido. Un día, descubrirás el alcance de mi idea.
    —Dudo que me interese —replicó con frialdad Glawen.

    Kirdy le miró con sus ojos azules, gélidos y opacos, que en otro tiempo habían sido sinceros y dóciles.

    —No debes estar seguro de nada. Todo cambia. Hasta noto cambios en mí. En un tiempo, era duro e impenetrable. Veía con absoluta penetración, como nunca antes. Descubría el engaño bajo cualquier disfraz. Veía a la gente haciendo cabriolas y contoneándose, vestida de manera ridícula. Antes, mi subconsciente absorbía tales mensajes, y los apartaba de mi mente consciente. Ahora, el subconsciente es el consciente y la nueva claridad de mi visión es ilimitada. Lucidez absoluta. ¡Incluso tú, Glawen! Tus actitudes afectadas no me ocultan nada.

    Glawen lanzó una breve carcajada.

    —Si te ofenden, sugiero que regreses a la Estación Araminta en la primera nave que salga de Poinciana. Me las arreglaré muy bien solo. ¿Ha quedado clara mi actitud, o debo precisarla aún más?
    —Es innecesario.
    —Bien… ¿Qué harás? ¿Volverás a Cadwal?
    —Estudiaré el asunto.


    2


    El Rayo Sagitariano deceleró, pasó junto a la estrella azul Blaise (el «Demonio de los Ojos Azules») y descendió hacia Natrice. Glawen divisó desde el mirador un planeta de modestas dimensiones, cuya mitad estaba iluminada por el resplandor azul de Blaise. Pequeños casquetes de hielo polar se destacaban como manchas blancas; la densa atmósfera y las elevadas neblinas de cristales de hielo, que reflejaban la mayoría de los actínicos dañinos de Blaise, ocultaban otros aspectos de la topografía.

    Los mozos habían dispuesto en el gran salón del Rayo Sagitariano un enorme globo geográfico que representaba Natrice. Mientras estudiaba el globo, Glawen había averiguado que los hemisferios eran más o menos simétricos. Un estrecho mar ecuatorial, el Mirling, rodeaba el globo, y una llanura costera flanqueaba cada orilla. Al norte y al sur, el paisaje se inclinaba y plegaba, hasta convertirse primero en tierras altas de clima templado, después en elevadas montañas, y por fin en la tundra que se extendía hasta los casquetes polares. En el hemisferio norte, las regiones que se iniciaban al otro lado de la llanura costera eran las Tierras Flacas; las zonas correspondientes eran los Condados Salvajes. La población de Natrice, debido a circunstancias históricas, no era extensa. El Mirling separaba unas cuantas ciudades pequeñas, la mayor de las cuales era Poinciana, que también albergaba el espaciopuerto. La siguiente en importancia era Halcyon, casi directamente al otro lado del Mirling.

    Los primeros colonos permanentes habían llegado cuando Natrice aún se encontraba «Más Allá», es decir, fuera de las fronteras definidas de la Extensión Gaénica. Se trataba de piratas retirados, esclavistas, fugitivos y desesperados de todo tipo, junto con una muestra de criminales normales. Les había unido el deseo de disfrutar con tranquilidad de su riqueza, a salvo de las persecuciones de la CCPI. A tal efecto, habían establecido extensas propiedades a lo largo de las orillas del Mirling, empleando una arquitectura que armonizaba con el entorno. Cúpulas amplias y bajas de espuma de hormigón creaban espaciosas zonas frescas y recoletas, de colores apagados. Estanques sombreados y maravillosos jardines rodeaban las mansiones. La fascinante flora nativa coexistía con ejemplares importados igualmente notables. Había palmeras de todas clases, parasoles verdes, picacielos negros, salmáticos de ramas caídas y hojas verdeazuladas en forma de corazón, limoneros dulces de follaje verde oscuro, perpetuamente en flor y henchidos de exquisitos frutos, jazmines, hinanos, kahaleas, ramifolias que se alzaban sobre diez patas torcidas, batecerebros, de ramas terminadas en nudos similares a garrotes, hierba del cielo, de tallos rosados, azules, verdes y violeta, utilizados para bordear senderos, helechos plateados y helechos negros, que gritaban cuando se les tocaba, dendrones enmarañados de los que colgaban centenares de flores gong carmesíes, híbridos de rosa y glicina, enredaderas globo y flores llama de Cadwal, toneles grotescos a franjas rojas, negras y blancas.

    En dicho entorno natural, los degolladores, violadores de tumbas, esclavistas y canallas en general se convirtieron en los Patrunes de Natrice. Vivían con absoluto decoro, enseñaban honor, responsabilidad y virtud a sus hijos, y se distanciaron de los antiguos camaradas, que solían pedirles préstamos, acosar con recuerdos de los buenos tiempos e incluso solicitar su consejo sobre la mejor manera de llevar a cabo algún crimen atroz. Para evitar tales episodios, los Patrunes adoptaron modales aristocráticos y adiestraron a sus hijos en una altivez majestuosa, y así pasaron los siglos, Los Patrunes se transformaron en auténticos aristócratas, y sus orígenes, en objeto de conjeturas humorísticas, o incluso de tímido orgullo.

    Cuando la Extensión Gaénica envolvió al Manojo de Mircea, una oleada de inmigrantes invadió Natrice, para disgusto de los Patrunes. Los más numerosos fueron los Científicos de Sanart, una orden de filósofos naturópatas que se establecieron en las Tierras Flacas. Llegaron de todas partes de la Extensión Gaénica en un flujo continuo, hasta que los Patrunes cerraron el espaciopuerto de Poinciana a la inmigración. Los Científicos hicieron caso omiso de la prohibición y abrieron su propio espaciopuerto en un prado de las tierras altas; el flujo prosiguió, sin que los Patrunes pudieran evitarlo. Por fin, la invasión menguó y cesó, al parecer porque todos los Científicos de Sanart de la Extensión Gaénica ya habían llegado a Natrice, en número superior al millón. Trabajaron pequeñas tierras, fundieron suficiente metal y cortaron bastante madera para satisfacer sus necesidades y, en general, se mantuvieron apartados, sin tratar de propagar sus creencias, que consideraban una verdad patente.

    Esta presunción debía de ser correcta, porque la filosofía de Sanart era desarmantemente simple. Afirmaban que el hombre gaénico era un ser natural hecho de materias naturales; su salud, bondad, fuerza y cordura dependían de una sincronía total con «las lentas y suaves armonías de la naturaleza», para emplear su expresión. Éstas pocas palabras resumían la Idea, de la que los Científicos de Sanart derivaban otros corolarios, más o menos elaborados. Disfrutaban con los procesos elementales: los truenos, los rayos, el fluido del agua, el calor del sol, la rica sustancia de la tierra, el paso de las estaciones. Se consideraban buenos y merecedores de su disfrute los placeres y alimentos naturales. Se consideraban malos y, por tanto, a evitar, los alimentos sintéticos, los espectáculos artificiales, las costumbres antinaturales, la estética abstracta… Lealtad, fortaleza de carácter, empeño y austeridad: virtudes positivas, que contribuían a la Verdad y a la Idea. Intemperancia, complacencia en los excesos y tolerancia indiscriminada eran defectos, junto con la glotonería, el despilfarro y los excesos lujuriosos y sensuales. La Idea nunca se recomendaba o predicaba. Era un concepto de energía natural, sin dejar de ser un pensamiento humano a escala humana. Por encima de todo, los Científicos de Sanart despreciaban el misticismo. Aborrecían a los sacerdotes y sus religiones, que los Científicos consideraban necias y ridículas, hasta el punto de lindar con la estupidez criminal.

    Se deploraba casi igual el hedonismo y lujo de los Patrunes, parásitos de los rendimientos de la riqueza invertida. La reacción ordinaria de un Científico de Sanart era encogerse de hombros y dar media vuelta, tal vez con una sonrisa pesarosa («que los Patrunes se revuelquen en su envilecimiento a placer»), de no ser por una circunstancia perturbadora: sus frivolidades y orgías constituían un mal ejemplo para los jóvenes impresionables, cuando por un motivo u otro iban a la ciudad. Regresaban a las Tierras Flacas con la cabeza llena de tonterías, contrarias a la Idea. Algunos «se desviaban» y trataban de propagar las nuevas ideas. Cuando se les reprendía o corregía, estos «malos» adoptaban una actitud desafiante y abandonaban las Tierras Flacas. La situación no mejoraba. Antes bien, las nuevas ideas infectaban cada vez más a los jóvenes de las Tierras Flacas, como una insidiosa enfermedad.

    Los delegados de distrito se reunían cada tres años en un Sínodo Mundial. En los últimos, se habían utilizado palabras fuertes en relación con los Patrunes, a los que se calificaba de fuente de problemas. Las voces más radicales exigían acción directa para librar a Natrice de «sus degenerados, cuyas vidas son como llagas purulentas».

    Estas propuestas siempre eran derrotadas en las votaciones, pero por márgenes cada vez más estrechos. Cierta tensión se había apoderado de las Tierras Flacas.

    Junto con los Científicos de Sanart, una miscelánea de otras gentes había llegado a Natrice, aportando nuevas habilidades, nuevos talentos, nuevas empresas. Los recién llegados, después de reunir una pequeña fortuna, se dieron aires de grandeza e imitaron el estilo de vida de los Patrunes, ante el disgusto de los Científicos, pero cuanto más se esforzaban, más eran desairados por los Patrunes, hasta que por fin se resignaron a su estatus inferior.

    El Rayo Sagitariano aterrizó en el espaciopuerto de Poinciana. Glawen y Kirdy desembarcaron y subieron a una carreta con toldo, que atravesó la pista, bajo la luz de Blaise, hasta llegar a la terminal. En la oficina de información turística les recomendaron el Hotel Relinda.

    —Es un lugar de primerísima categoría —afirmó el empleado, un joven atractivo ataviado con prendas blancas anchas, al estilo de los Patrunes—. El Rolinda es absolutamente moderno y goza de las mejores prestaciones cosmopolitas.
    —Floreste reservaba para los Mimos el Hostal Mirlview —dijo Kirdy, en tono melancólico.
    —Definitiva y decididamente inferior —replicó el empleado—. Se pone énfasis en lograr resultados tolerables con el mínimo esfuerzo. Es donde se alojan los Científicos de Sanart cuando vienen a la ciudad. ¿Debo añadir algo más?
    —El Mirlview era muy austero —reconoció Kirdy—. De todos modos, fueron tiempos felices. En aquellos días, tenía mucho que aprender, y también que padecer.

    Su voz enmudeció.

    —Bien —dijo el empleado—. En conciencia, no puedo recomendar el Mirlview. Las personas de buen gusto y bien relacionadas eligen inevitablemente el Rolinda. Es caro, cierto, pero ¿qué más da? Si desembolsar uno o dos dinkets produce dolor de cabeza, lo mejor es quedarse en casa, para que las frugalidades propias no ofendan a los miembros de la industria turística. ¿Están de acuerdo?
    —Por supuesto —contestó Glawen—. Yo soy un Clattuc y Kirdy es un Wook. Para nosotros, lo mejor nunca es demasiado bueno; ambos ponemos mermelada y mantequilla al pan.
    —¿De veras?
    —Por supuesto. ¿Cómo se va al Rolinda? ¿Hemos de caminar, con este calor?
    —Claro que no. El hotel pone a su servicio un lujoso vehículo, refrigerado y con una amplia selección de cervezas.
    —¿Cómo obsequio a los huéspedes?

    El joven enarcó las cejas.

    —¡Mi querido señor!
    —Tiene un recargo, pues.
    —Un recargo sustancial, se lo aseguro. Existe un ómnibus. Lo utilizan los tacaños, los menesterosos, los Científicos de Sanart y los vagabundos. Es rápido, práctico y barato, pero carece de otras ventajas. Si, como yo, están maldecidos por una propensión a la despreocupación caprichosa, prueben el ómnibus, para divertirse un poco. Para delante de la terminal.
    —Nos será útil. Una pregunta más: ¿cuáles son las principales agencias turísticas?
    —Sugiero sin la menor vacilación, como las más prestigiosas, la Agencia Phlodoric y Viajes Bucyrus. Encontrarán ambas oficinas en el paseo del Hotel Relinda, para su mayor comodidad.
    —¿Las personas que viajan a otros planetas utilizan por lo general esas agencias?
    —Correcto, señor.

    Glawen y Kirdy subieron al ómnibus y llegaron al Hotel Rolinda, un complejo de cuatro cúpulas bajas y casi chatas dispuestas de forma que dejaban un espacio de ochenta metros en el centro. En este espacio crecía un jardín al que protegía de los ardientes rayos de Blaise un armazón elevado de cristal gris. A derecha e izquierda se alzaban un par de esbeltas torres de cristal gris, que albergaban las habitaciones de los huéspedes.

    El ómnibus se detuvo bajo una partiere de cristal gris. Glawen y Kirdy bajaron y fueron recibidos por ráfagas de aire frío. Atravesaron una cortina de niebla perfumada y penetraron en un espacio poco iluminado, de tales dimensiones que no se podía abarcar de un solo vistazo. Un techo blanco, bajo en las paredes laterales, se curvaba hasta alcanzar una altura de nueve metros en el centro. El mostrador de recepción se extendía a lo largo de una pared; al otro lado, un comedor lindaba con el jardín.

    Glawen y Kirdy se acercaron al mostrador, donde les asignaron habitaciones en el decimonoveno nivel de la torre norte. Descubrieron que las habitaciones estaban amuebladas de manera confortable, en un estilo neutro y de colores suaves, que se olvidaba nada más apreciar la vista que permitían las paredes de cristal gris.

    Glawen contempló el paisaje, tan diferente de todo cuanto había conocido. Cientos de cúpulas blancas bajas se extendían de forma irregular y, en apariencia, al azar hasta perderse de vista, cada una rodeada por masas de follaje oscuro. Hacia el sur, y tanto a derecha como a izquierda, se extendía el pacífico Mirling, que la luz de Blaise parecía dotar de una sedosa superficie azul. Un panorama intrigante y extraordinario, pensó Glawen, si bien demasiado abrumador, demasiado luminoso, demasiado insistente en los tonos blanco y azul.

    Glawen apartó la vista. Se duchó en un cuarto de baño de monolítico cristal azulgrisáceo, iluminado por misteriosos medios desde el interior de su propia sustancia. Primero, se aplicó un buen chorro de espuma perfumada, y después se aclaró con agua perfumada. Volvió al dormitorio y descubrió que habían dejado para su uso las prendas anchas blancas de moda en Poinciana. Se vistió, salió al pasillo y llamó a la habitación de Kirdy.

    No hubo respuesta. Glawen estaba a punto de irse, cuando la puerta se abrió. Kirdy se asomó, con su cabello rubio despeinado y arrugas de preocupación en su rostro rubicundo.

    —¿Por qué me molestas? —Reparó en la indumentaria de Glawen y le miró con suspicacia—. ¿Adónde vas?
    —Al vestíbulo. Quiero hacer unas cuantas preguntas. Reúnete conmigo cuando estés listo, y comeremos.

    Kirdy compuso una expresión malhumorada.

    —Tenías que haberme avisado de que íbamos a salir. Pensaba comer en la habitación.
    —Come donde quieras. Baja cuando estés listo. Si no me ves, siéntate y espera. No saldré del hotel, creo.
    —¡Al diablo! Espérame, pues. Tardaré un cuarto de hora o así. ¿De dónde has sacado la ropa?
    —La dejaron mientras me duchaba, pero no voy a esperarte. Tengo trabajo que hacer. Si no me ves, siéntate y ponte a mirar a las chicas.
    —¡Siempre dificultando las cosas! —gruñó Kirdy—. ¿Por qué no puedes ser sensato, para variar? Has de aprender a tenerme en cuenta a mí y a mis opiniones.
    —Esto es absurdo. Eres tú quien ha de ser sensato. ¡Nuestra misión es muy seria!

    La garganta de Kirdy latió y pareció hincharse. Habló con voz ominosa.

    —Noto ausencia de respeto. No te importan mis sentimientos. Tienes los ojos entornados, en señal de desprecio. Haces caso omiso de mis palabras, como si no hablara, y me vienes con hipócritas evasivas. Hablas con impertinencia de mí y de mis estudios. No soy una persona que se deba tomar a la ligera, como ya he demostrado en diversas ocasiones. Tú también has de aprender mucho de mí.

    Glawen le miró sin expresión, falto de palabras. Se irritó. Loco o no, debía cortar las alas a Kirdy. Un instante después, reflexionó. La ira sólo serviría para divertir a Kirdy y reforzar su actual postura. Glawen habló con frialdad.

    —Tus modales son impresentables. Está claro que no podemos trabajar juntos. Los dos nos alegraremos de que vuelvas a Cadwal. Continuaré solo la misión.

    Una sonrisa torcida deformó la boca de Kirdy.

    —¡Ajá, capitán Clattuc! ¡Eso es lo que deseabas desde el primer momento!
    —Piensa lo que quieras. Bodwyn Wook me pidió que vinieras; por eso estás aquí, con la esperanza de que te recuperes.
    —¿Y me culpas a causa de mis dificultades? Muy generoso por tu parte.
    —Te equivocas. Soy responsable ante Bodwyn Wook, y continuaré aguantándote, pero sólo si decides en este mismo momento cambiar de actitud. Eso significa que debes comportarte como una persona normal. Me niego a seguir soportando tus arranques de cólera.

    Kirdy le fulminó con la mirada, mientras abría y cerraba las manos. Glawen le observó con atención, preparado para lo que fuera.

    —Decídete —dijo.

    Kirdy le siguió la corriente.

    —Lo que pides es más fácil decirlo que hacerlo —gruñó.
    —Sospecho que no es tan difícil como imaginas. Un comportamiento correcto debería ser algo natural en un Wook. Sabes cómo debes actuar. ¿Por qué no lo haces?
    —Como ya te he dicho, es más fácil decirlo que hacerlo.
    —Me da igual, sea fácil o difícil. Hazlo o vuelve a casa.
    —Hago lo que puedo.
    —Eso significa que sólo harás lo que te dé la gana, y eso no es suficiente. Decídete. Un comportamiento sensato, o la primera nave de vuelta a casa.

    Kirdy cerró la puerta con estrépito. Glawen dio media vuelta y bajó al vestíbulo. En aquel momento, Kirdy estaba furioso, pero Glawen creía que de una forma cuerda y normal. Dentro de pocos minutos, se serenaría y consideraría la situación. Glawen le imaginó de pie junto a la pared de cristal gris, su cara grande surcada por arrugas de concentración. Tal vez los fragmentos de su antigua mente consciente volverían a encajar, forzados por la necesidad, y recobrarían su dominio normal sobre el subconsciente. Tal vez el astuto subconsciente fingiría normalidad y trataría de engañar a Glawen. Qué pena que Bodwyn Wook no estuviera a mano para lidiar con el problema, pensó Glawen.

    Glawen preguntó en el mostrador de recepción por la ubicación de la Agencia Phlodoric y Viajes Bucyrus. El empleado indicó un amplio pasillo que daba la vuelta al jardín central, flanqueado por tiendas.

    —Encontrará esas oficinas en el Paseo. Las dos agencias gozan de excelente reputación y sus clientes son gente muy bien relacionada, incluyendo a Patrunes, por descontado. Sirrah Kyrbs dirige la Agencia Phlodoric; Sirrah Fedor despliega idéntica eficacia en Viajes Bucyrus.

    Glawen visitó primero la Agencia Phlodoric. Se identificó ante Sirrah Kyrbs y fue conducido apresuradamente a un despacho trasero, por si algún cliente importante reparaba en su presencia.

    Sirrah Kyrbs, un hombre corpulento de edad madura, cuidadosamente ataviado, acicalado, perfumado, peinado y calzado, dedicó a Glawen una cortesía formal, aunque algo rígida.

    —Señor, siento una natural curiosidad por los motivos de su visita.
    —Se los explicaré a continuación, pero antes déjeme preguntarle si hace negocios con Empresas Ogmo.
    —¿Empresas Ogmo? Creo que no, pero consultaré mis archivos. —Sirrah Kyrbs pulsó algunos botones en el ordenador de su despacho, pero no descubrió ninguna información al respecto—. Lo siento, pero no puedo ayudarle.
    —¿Qué sabe de las Excursiones «Consumación del Goce» a Cadwal?

    Syrrah Kyrbs meneó la cabeza, perplejo.

    —Lo mismo le digo.
    —Gracias, señor.

    Glawen se marchó.

    En Viajes Bucyrus, Sirrah Fedor no le proporcionó más información que Sirrah Kyrbs. Glawen regresó al vestíbulo, donde encontró a Kirdy, bien vestido y en pleno control de sus facultades, al parecer, sentado en un rincón de la sala.

    Glawen se acercó a él. Kirdy se puso en pie de un brinco.

    —¿Dónde te habías metido?

    Su voz no revelaba la menor emoción, aunque sonó un poco tensa, pensó Glawen. ¿La pregunta? Podía entenderse como una queja irritada o razonable curiosidad. Glawen decidió conceder a Kirdy el beneficio de la duda.

    —He preguntado en las dos agencias de viajes. Ninguna admite tratar con Empresas Ogmo, ni se les han encargado excursiones «Consumación del Goce». Los dos directores parecen honrados.
    —¿Adónde nos conduce eso?
    —Vamos a comer y hablemos.

    El restaurante lindaba con el jardín, que ocupaba una zona superior a los sesenta metros de diámetro, bajo la cúpula de cristal gris. Plantas de todo tipo crecían por doquier, hasta distintas alturas, desplegando hojas de todas las características. En el centro, un peñasco de basalto negro se alzaba quince metros sobre el suelo del jardín. Un chorro de agua brotaba de una fuente cercana a la cima y descendía, saltaba y daba lugar a un agradable murmullo. Desde el restaurante surgían senderos que se adentraban en el jardín y conducían a mesas ocultas entre el follaje.

    Glawen y Kirdy se sentaron en el borde del jardín. Les sirvieron una comida de gran calidad. Kirdy, al ver los precios, meneó la cabeza, sumido en melancólicos recuerdos.

    —Con lo que este almuerzo nos va a costar, Floreste daría de comer a los Mimos durante una semana. En aquellos días, ignorábamos la diferencia, o tal vez nos daba igual. Éramos un grupo atolondrado; siempre había jolgorio. No sé si podría adaptarme ahora a ese tipo de vida. Tenía sus aspectos atrayentes, desde luego. Las chicas eran muy bonitas, revoloteaban a nuestro alrededor, y sin embargo eran inaccesibles. Floreste se encargaba de ello. No era nada permisivo. Si amabas, amabas en vano, al menos hasta el final de la gira. Después, por supuesto, podías hacer lo que quisieras, si no era ya demasiado tarde. Con todo, fueron buenos tiempos.
    —Muy lejanos —comentó Glawen—. Hablemos de nuestra situación. Está claro que…
    —He pensado seriamente en ello —le interrumpió Kirdy—. Comprendo tu punto de vista. Para que la investigación progrese es preciso que trabajemos en armonía. No es necesario que tú me caigas bien, o viceversa, pero hemos de encontrar un sistema que nos permita trabajar juntos.
    —Exacto. Utilizaremos el sistema normal y tradicional. Yo doy las órdenes: tú obedeces. No se admiten arranques de mal humor. No quiero arranques emocionales ni amenazas: me distraen del trabajo. Eso es todo. El sistema de siempre, o ninguno en absoluto, lo cual significa que yo voy a la mía y tú regresas a Cadwal.
    —Comprendo y estoy de acuerdo.

    Glawen recordó sus temores sobre el astuto subconsciente y la normalidad fingida.

    —En este momento, te pareces mucho al antiguo Kirdy —dijo, como llevado por la curiosidad—. ¿Has encajado los fragmentos de tu antigua mente, por así decirlo, o se ha adaptado tu segunda mente a la situación real?

    Kirdy exhibió una breve y tensa sonrisa.

    —¿Situación real? Es una expresión ambigua, que divierte, como mínimo, a una de mis mentes. Con toda sinceridad, es como si hubiera visto la luz. Durante todo este tiempo he sostenido la teoría de que mi conducta anterior a Yipton estaba gobernada por lo que llamaré Mente A, y después de Yipton por la Mente B. Acabo de comprender que esto no era correcto. En verdad, la Mente B ha dominado durante muchos años, en tanto la Mente A era el intermediario que se hacía cargo de lo que tú denominas «situación real». Creo que esta regla general es aplicable a todo el mundo: tú, yo, Bodwyn Wook, Arles, Namour, todos. La Mente B es la ciudadela; la Mente A es el heraldo que sale corriendo para entregar mensajes aquí y allí, y que de vez en cuando trae noticias del mundo exterior.
    —No sé nada sobre el tema —admitió Glawen—. Es muy posible que estés en lo cierto. De momento, quiero tu plena colaboración: nada de amenazas, nada de resentimientos, nada de lamentos. ¿Serás capaz de controlarte hasta ese punto?
    —Naturalmente —replicó Kirdy con frialdad—. Soy capaz de hacer cualquier cosa que considere pertinente.
    —¿Y lo harás?

    El rostro de Kirdy se tensó, una señal que Glawen consideró inquietante.

    —Haré lo que pueda —fue la breve respuesta de Kirdy.
    —Lo siento —dijo Glawen—. Como ya he dicho antes, no es suficiente. Quiero un sí o un no, de una vez por todas, sin reservas ni evasivas.
    —En ese caso, sí.

    La voz de Kirdy había vuelto a adoptar un tono apagado y mecánico. Glawen exhaló un profundo suspiro. No podía hacer más, excepto confiar en terminar la investigación cuanto antes y regresar a la Estación Araminta.

    Los dos terminaron de comer en silencio. Glawen se levantó de la mesa.

    —He de hacer algunas preguntas más en las agencias de viajes. Puedes acompañarme o esperar en el vestíbulo, lo que tú prefieras.
    —Te acompañaré.

    Los dos se encaminaron por el Paseo hasta la Agencia Phlodoric. Sirrah Kyrbs, sentado ante su escritorio, les miró con rostro apático. Se levantó y les recibió con una tensa reverencia.

    —¿En qué puedo servirles?
    —Le presento a mi colega, sargento Kirdy Wook. Quiero hacerle unas cuantas preguntas más, si es tan amable.
    —Responderé tal como prescribe la ley, dentro de los límites que dicte mi discreción.
    —No tema. Su información será guardada en total secreto.
    —Pregunte.
    —¿Le suena el nombre «sir Mathor Borph»?
    —Naturalmente. Sir Mathor es uno de nuestros principales clientes.
    —¿Y sir Lonas Medlyn?
    —Conozco el nombre. Su familia es de una calidad algo inferior a la de sir Mathor.
    —Tengo entendido que tanto sir Mathor como sir Lonas viajaron en fecha reciente fuera del planeta. Supongo que se encargó usted de los trámites.
    —No estoy autorizado a comentar los asuntos de nuestros clientes, señor.
    —Creo que hasta cierto punto, deberá dejar a un lado sus escrúpulos. Se trata de una investigación policíaca oficial. Es su deber ayudarnos, al tiempo que vela por los intereses de la empresa. Además, sus revelaciones serán consideradas confidenciales.
    —Ummm. ¿Cómo defiendo los intereses de mi empresa si me dejo arrastrar por una verborrea imprudente?
    —No necesito describirle los poderes coactivos de la CCPI, pero Phlodoric no sobreviviría si las compañías de transporte se negaran a aceptar billetes expedidos por la agencia.
    —Ummm. ¿Me permite ver sus credenciales?
    —Por supuesto. —Glawen sacó su documentación y Kirdy le imitó—. Verá que somos afiliados de pleno derecho a la CCPI.

    Sirrah Kyrbs se encogió de hombros y le devolvió la documentación.

    —En Natrice no se tiene en gran estima a la CCPI, una actitud que debe de remontarse a los primeros pobladores, sin duda. De hecho, no hay delegación permanente de la CCPI en Natrice. Bien, da igual. Intentaré contestar a cualquier pregunta razonable.
    —Gracias. Supongo que vendió billetes a sir Mathor y a sir Lonas.
    —No es ningún secreto. Hace algunos meses que sir Mathor y sir Lonas embarcaron hacia Cadwal a bordo del Espada de Piedra Alphecca, de las Líneas Perseian.

    Glawen cabeceó.

    —Correcto. Bien, ¿qué me dice de seis Científicos de Sanart? Sus nombres serían…

    Sirrah Kyrbs hizo un breve ademán.

    —Conozco al grupo, y me sorprende que se decidieran a viajar por un motivo en apariencia frívolo. Esas personas, como quizá sepa, suelen ser de ideas fijas.
    —¿También compraron los billetes por su mediación?
    —En persona no. Vendí un lote de seis billetes, a sus nombres, a una joven que se presentó como su representante.
    —¿Cómo se identificó?
    —No se molestó en hacerlo. La tomé por una persona de otro planeta, poco relacionada. No era una Científica de Sanart, desde luego.
    —¿Se alojó en el hotel?
    —Creo que no. Quiso los billetes al instante, para ahorrarse otro viaje.
    —¿No tiene la menor pista sobre su identidad?
    —Ninguna. Pagó la factura en metálico y me olvidé del asunto, excepto cuando me divertí un momento pensando en los Científicos y los Patrunes, viajando juntos hacia el mismo destino, y me pregunté si se hablarían.
    —Una situación peculiar —murmuró Glawen.
    —En nuestro negocio se ven muchas, y no es problema nuestro especular sobre quién va a donde con quién, si entiende lo que quiero decir.
    —Oh, ya lo creo.
    —No puedo decirle más. Si quiere más información, sugiero que acuda a los implicados.
    —Una idea excelente. Tendría que habérseme ocurrido a mí. ¿Dónde puedo encontrar a sir Mathor y a sir Lonas?

    Sirrah Kyrbs hizo una leve mueca.

    —Estaba pensando en los Científicos. Los Patrunes no se dignaron dar la menor información; se limitaron a comprar sus billetes.
    —Todo puede sernos útil. Formularemos unas cuantas preguntas a sir Mathor, y quizá pueda aclarárnoslo todo.

    Sirrah Kyrbs carraspeó, paseó la mirada por el despacho, enlazó las manos a la espalda y se inclinó hacia Glawen.

    —Confieso mi curiosidad. ¿Cuál es la naturaleza de este asunto?
    —En esencia, una complicada trama de chantajes. Es posible que las víctimas hubieran sido los Patrunes, de no haber dado nosotros pasos decisivos.
    —Entiendo, aunque sería bastante difícil chantajear a los Patrunes. Ellos son, en sí, la ley, por eso no hay representación de la CCPI en Natrice. Los Patrunes dictan su propia justicia, pasando de todo lo demás. Como los Científicos de Sanart hacen lo mismo, es fácil comprender por qué se producen a menudo fricciones y hostilidades.
    —¿Dónde encontraremos a sir Mathor y a sir Lonas?
    —Sir Mathor habita en la histórica finca Borph, a las afueras de Halcyon, al otro lado del Mirling. Según tengo entendido, sir Lonas es su fiel compañero y ayudante, y comparte la residencia.
    —¿Cómo se llega a la finca Borph?
    —Muy sencillo. Vuele hasta Halcyon, alquile un taxi y recorra unos cuarenta y cinco kilómetros paralelo a la orilla. El avión sale cada media hora y, si no pierde el enlace, el viaje dura una hora y media, dos a lo sumo. Creo que hoy ya es demasiado tarde para emprender el viaje.
    —Yo también opino lo mismo —dijo Glawen—. Bien, una cosa más. Queremos encontrar a sir Mathor en casa cuando lleguemos, y si conociera nuestro propósito por adelantado, es posible que se encontrara ausente. ¿No pensará llamar a sir Mathor, creyendo que le va a hacer un favor?

    Sirrah Kyrbs sonrió de mala gana.

    —Intento mantenerme lo más alejado posible de este asunto.
    —Muy prudente.
    —Me atreveré a darle un consejo. Necesitará un sombrero para protegerse de los rayos de Blaise, y porque es el atavío adecuado para ir al campo. Encontrará una selección de sombreros en su habitación. El blanco de ala ancha es el apropiado para viajar de día.
    —Gracias, tanto por el consejo como por la información.


    3


    Glawen y Kirdy emplearon el resto de la tarde en pasear al azar. Recorrieron las tiendas del Paseo, contemplaron la actividad que se desarrollaba en la piscina del hotel, echaron un vistazo a los periódicos desplegados en la sala de lectura y, a última hora de la tarde, se encaminaron al salón para tomar una copa. Una hora después, subieron a sus habitaciones y se cambiaron para cenar, una convención rigurosamente obligatoria en el Hotel Rolinda.

    Glawen encontró prendas apropiadas, pues el paje de hotel había examinado su equipaje, sin encontrar nada conveniente. Glawen examinó las prendas: pantalones de lustrosa seda trenzada negra, una blusa azafrán oscuro, una chaqueta escarlata rabioso de guarniciones negras, corta por delante, como un frac por detrás, una cinta negra para la cabeza de cinco centímetros, con un par de adornos a la moda de hilo plateado que temblaban encima, como antenas de insecto.

    Después de vestirse, permaneció indeciso un momento, salió repentinamente de la habitación y bajó al vestíbulo. Se sentó desde donde pudiera ver los siempre fascinantes movimientos de los demás invitados y se dispuso a esperar.

    Pasaron veinte minutos antes de que Kirdy apareciera, con aspecto incómodo y algo torpe en su atavío oficial, como si fuera una talla más pequeño. Tenía la boca apretada, como irritado porque Glawen no le hubiera informado sobre sus movimientos.

    Glawen no hizo el menor comentario. Se levantó y ambos, en un silencio tirante, atravesaron el enorme vestíbulo y salieron al jardín restaurante.

    Tomaron asiento en una mesa que se encontraba diez metros dentro del follaje, un aislamiento ilusorio, pero convincente y muy agradable. Una luminosidad verdeazulada bañaba la zona, como si brotara del follaje. Glawen supuso que era debido a una sustancia fluorescente mezclada con la savia y sueros vegetales, que una radiación de alta potencia estimulaba a brillar.

    Glawen y Kirdy se sentaron sobre almohadones que presentaban complicados diseños de color pardo, negro y blanco. Las sillas, con respaldo en forma de abanico, eran de roten trenzado, de un estilo que se remontaba a miles de años antes, nacido en el antiguo Oriente de la Vieja Tierra. El roten crujía cuando se movían. Un mantel negro, pardo y blanco cubría la mesa; los cubiertos eran de madera. Orquídeas rojas colgaban sobre sus cabezas. A un lado, un macizo de lobelias blancas desprendía una luz blanca como el marfil. Música, de un estilo conocido como Gitanesque Antiguo, apenas audible, llegaba hasta sus oídos como arrastrada por la brisa de un lugar lejano e irreal.

    Kirdy encontró impresionante el restaurante y su decoración.

    —Se nota el esfuerzo de cerebros competentes. Han creado un ambiente romántico y dramático. Todo oropeles, falsificaciones y tonterías, desde luego, pero muy bien hecho.
    —Eso pienso yo —contestó Glawen, mientras se preguntaba qué podía significar, en su caso, este nuevo aspecto de Kirdy—, pero es una falsificación auténtica, no una imitación.
    —¡Exacto! —exclamó Kirdy con voz ampulosa—. Gracias al esfuerzo humano, este lugar, que era un batiburrillo, se ha transformado en algo con personalidad propia. Incluso me atrevo a decir que es una obra de arte, puesto que responde a todas las cuestiones críticas. Es artificial y utiliza elementos naturales para trascender la Naturaleza, que es la auténtica definición del arte. ¿Estás de acuerdo?
    —No veo motivos para disentir —dijo Glawen. Esta versión particular de Kirdy se parecía bastante al Kirdy pomposo y filosófico de cinco años antes—. He oído otras definiciones, desde luego. Da la impresión de que todo el mundo tiene guardadas una o dos definiciones para ocasiones como ésta.
    —¿De veras? ¿Cuál es la tuya?
    —De momento, se me escapa. El barón Bodissey utiliza «arte» como sinónimo de «faramalla», aunque es posible que le cite fuera de contexto. Es probable que aprobara tu concepto del restaurante como forma de arte. De hecho, no se me ocurren motivos para rechazarlo.

    Kirdy ya había perdido interés en la idea. Imprimió a su cabeza la típica sacudida que indicaba buceo en los recuerdos.

    —Cuando era Mimo, no tenía ni idea de que existían lugares así. Floreste lo sabía, pero nos mantenía en la inopia.

    Ja, pensó Glawen. La fase analítica de Kirdy había dado paso a lo que Glawen denominaba el «autobiógrafo».

    —Apenas sabíamos en qué planeta estábamos —musitó Kirdy—. Los hoteles siempre olían raro, a antiséptico indefinido, y en ellos hacía demasiado calor o demasiado frío. La comida siempre era mala, aunque aquí en Natrice, cuando actuábamos en las fiestas de algún Patrune, siempre nos regalaban con exquisiteces. ¡Ay, qué memorables banquetes! —Kirdy sonrió—. En sitios como el Hostal Mirlview, las cosas eran muy diferentes. Nos servían gachas fritas con verduras hervidas, o lija al vapor con cuajada, o calabaza adobada con tripas. Al menos, nadie sentía la tentación de repetir, ni siquiera Arles, que se gastaba toda la calderilla en dulces. De todos modos, lo pasábamos muy bien. —Kirdy dirigió a Glawen una mirada de curiosidad—. Nunca te apuntaste a los Mimos. Me pregunto por qué.
    —Carezco del talento necesario.
    —Y yo, y Arles. Floreste nos adjudicaba papeles de primordiales, ogros y demonios de la tempestad, para lo cual no se necesita mucho talento. Caras diferentes, voces diferentes, pero los mismos alaridos y carcajadas. ¡Sí, eran buenos tiempos! —Kirdy adoptó una expresión remota y relajada.

    Kirdy continuó desgranando recuerdos, hasta que Glawen se aburrió y cambió de tema.

    —Mañana puede ser un gran día.
    —Espero que averigüemos algo más que hoy.
    —No ha ido tan mal. Hemos descubierto a otro actor del drama.
    —Ah, ¿sí? ¿Quién?
    —Una joven extraplanetaria que compra billetes para Cadwal en lotes de seis.
    —Deberías llamarla una «actriz» del drama, no un «actor».
    —Quiero saber su nombre; el género puede esperar. ¿Quién puede ser? Quizá sir Mathor lo sepa.
    —Sir Mathor ni siquiera te dirá si es de día o de noche —gruñó Kirdy—, ya te lo adelanto. La CCPI no significa nada para los Patrunes; dictan sus propias leyes.
    —Ya lo veremos.

    Por la mañana, Glawen se vistió con esmero, y utilizó su ropa en lugar de las prendas proporcionadas por el hotel.

    Kirdy llamó a la puerta, y Glawen le dejó entrar. Kirdy se había vestido a la moda local y miró perplejo a Glawen.

    —De ti siempre se puede esperar una excentricidad. ¿Quieres explicarme por qué te comportas de esta manera?
    —¿Te refieres a mi ropa? No tiene nada que ver con la excentricidad.
    —¿Piensas explicármelo?
    —Desde luego. Los Patrunes tienen una pobre opinión de sus vecinos. Sir Mathor nos tomará más en serio si vamos vestidos a nuestro estilo.

    Kirdy parpadeó y reflexionó.

    —¿Sabes una cosa? Creo que tienes razón. Dame dos minutos para cambiarme.
    —Muy bien. Esta vez, yo te esperaré a ti, pero date prisa.

    Nada más terminar de desayunar, Glawen y Kirdy fueron en ómnibus al aeropuerto. Subieron a un avión, volaron sobre el Mirling y aterrizaron en Halcyon, tras un viaje de media hora.

    Era media mañana. El cielo estaba encapotado. Blaise, una gran perla azul, parecía flotar entre capas de luz prismática: orquídea, rosa, verde pálido.

    Al salir del aeropuerto de Halcyon, Glawen y Kirdy vieron una fila de taxis, donde vehículos controlados mediante sistemas informáticos internos estaban al servicio de las personas que necesitaban transporte.

    Un letrero exhibía las instrucciones:


    1. Seleccionar un vehículo. Subir y sentarse.
    2. El mecanismo de control solicitará que usted precise su destino. Responda de esta manera: «La residencia de tal o cual persona», o «Las oficinas de tal o cual empresa». Por lo general, es suficiente.
    3. Hay que pagar una tarifa. Introduzca las monedas en las ranuras correspondientes. Pague por adelantado el tiempo de espera. El vehículo le devolverá lo que sobre.
    4. Puede dar las siguientes órdenes: «Ve más deprisa», «Ve más despacio», «Para», «Cambia de destino a tal o cual sitio». Otras directrices son innecesarias. El vehículo circulará a la velocidad que calcule más apropiada, por la ruta más rápida. Le rogamos que no maltrate el equipo.

    —Parece bastante sencillo —dijo Glawen.

    Escogió un vehículo bajo de dos asientos, protegido de la luz de Blaise por una burbuja de cristal verde oscuro. Sin embargo, Kirdy se rezagó y contempló el vehículo con el ceño fruncido.

    —Vamos a cometer una imprudencia.

    Glawen le miró asombrado.

    —¿Por qué?
    —No se puede confiar en estos coches. Son guiados por cerebros extraídos de cadáveres. Lo averiguamos por fuentes fidedignas cuando éramos Mimos. Los cerebros no son necesariamente de cadáveres recientes.

    Glawen lanzó una carcajada de incredulidad.

    —¿Quién te ha dicho eso?
    —Alguien bien informado, pero no recuerdo quién. Tal vez Arles, al que es difícil engañar.
    —En ese caso, debía de estar bromeando. Estos coches están guiados por ordenador.
    —¿Estás seguro?
    —Por supuesto.

    Kirdy siguió remoloneando.

    —¿Cuál es el problema? —preguntó Glawen, exasperado.
    —En primer lugar, el coche es demasiado pequeño. Los asientos son estrechos. Creo que deberíamos coger un taxi, con un chófer de verdad, que hará exactamente lo que le mandemos. Estos vehículos son insensibles a los deseos humanos. Hacen lo que consideran mejor, aunque eso signifique arrojarnos de cabeza al mar.
    —A mí no me preocupa. Si empieza a hacer tonterías, sólo necesitamos decir «¡Para!». Aquí tienes uno de cuatro asientos; podrás acomodarte en dos. Sube o espérame aquí, como prefieras.

    Kirdy masculló por lo bajo y subió con cautela al cuatro plazas.

    —Este sistema es absurdo. Todo es absurdo. Toda la Extensión Gaénica es absurda, incluido tú, con tus ideas extravagantes y tu sonrisa de bacalao.

    La sonrisa de Glawen, que él consideraba cordial y afable, se petrificó en su cara. Subió al vehículo. Una voz surgió de la malla del panel frontal.

    —¡Bienvenidos, damas y caballeros!
    —¡Ya lo ves! —exclamó Kirdy en tono de triunfo—. ¡Este trasto ni siquiera sabe qué clase de personas somos!
    —Han subido dos personas —dijo la voz—. ¿Falta alguien?
    —No —contestó Glawen.
    —¿Cuál es su destino?
    —La residencia de sir Mathor Borph, a unos cuarenta y cinco kilómetros al este por la carretera de la costa.
    —La distancia exacta es de 44,52 kilómetros —dijo la voz—. El viaje de ida son tres soles. El de ida y vuelta, cinco soles. Hay que pagar ahora. El tiempo de espera es a un sol por hora. Pueden introducir todo el dinero que deseen. Les será devuelta la diferencia.
    —Ordena a ese trasto que circule con cuidado —murmuró Kirdy.
    —¿Están preparados para partir? —preguntó el vehículo—. Si es así, digan «Preparados».
    —Preparados.

    El vehículo salió a la carretera y dio varias vueltas.

    —¡No ha entendido nuestras instrucciones! —exclamó Kirdy, disgustado—. Está confuso.
    —Creo que no —respondió Glawen—. Nos lleva hacia la autovía de la costa por la ruta más rápida.

    Un momento después, el coche desembocó en una amplia avenida que corría paralela a la costa, y aceleró de inmediato a una velocidad que levantó las protestas de Kirdy.

    Glawen no le hizo caso y Kirdy se tranquilizó poco a poco, aunque seguía sin aprobar algunos aspectos de la misión.

    —Sir Mathor no sabe que vamos. Se considera grosero presentarse en casa de alguien sin previo aviso.
    —Somos agentes del Negociado B, no necesitamos ser educados.
    —De todos modos, tendríamos que haber avisado a sir Mathor. Al fin y al cabo, es un Patrune. Si no hubiera querido vernos, nos lo habría dicho.
    —Quiero verle, independientemente de que a él le guste o no. He venido a Natrice para eso.
    —Puede ser muy brusco…, incluso grosero.
    —¿Con un Clattuc y un Wook? No es probable.
    —Quizá desconozca nuestros antecedentes.
    —Si es necesario, le informaremos al respecto, pero con suavidad, para no herir sus sentimientos.
    —Bah —gruñó Kirdy—. Nunca sé cuándo hablas en serio.
    —Eso parece indicar buena salud mental. Es posible que el viaje constituya una excelente terapia.

    Kirdy no hizo comentarios. Los dos circularon en silencio por un paisaje en el que se mezclaban vegetación tropical, terrenos cultivados, zonas de jungla desbordante, donde se alzaban árboles de noventa metros, superados por dendrones gigantescos con parasoles de follaje marrón que se elevaban a sesenta metros por encima. Algunos huecos en el follaje permitían ver fugazmente las aguas azul lavanda del Mirling, bañado por la luz brumosa de Blaise. Ocasionales carreteras secundarias se alejaban en dirección al mar hacia la finca de algún Patrune, protegida por un muro alto.

    El vehículo no tardó en salir de la autovía. Se internó por una carretera lateral y se detuvo ante un portal.

    —Éste es el destino especificado. ¿Desean regresar ahora mismo?
    —No. Espera.
    —La tarifa de espera es de un sol por hora, a pagar por adelantado. Les será devuelta la diferencia.

    Glawen introdujo cinco soles en el receptáculo.

    —El coche aguardará sus órdenes durante cinco horas. Hagan el favor de elegir un santo y seña para asegurar la prioridad de uso.
    —Spanchetta —dijo Glawen.
    —Este vehículo queda reservado durante cinco horas a nombre de Spanchetta —canturreó el coche.

    Kirdy dirigió una mirada de desaprobación a Glawen.

    —¿Por qué has dado ese nombre?
    —Es el primero que me ha venido a la cabeza.
    —Ummm —resopló Kirdy—. Espero que no nos obligue a demostrar nuestra identidad.
    —Eso no me preocupa. Bien, escúchame con atención. Voy a darte instrucciones. No intervengas en la conversación a menos que yo te haga una pregunta directa. Si efectúo una afirmación falsa, no me corrijas; es posible que lo haga a propósito. No demuestres antagonismo ni cordialidad. Mantén una actitud de cortés indiferencia, aunque nos abrumen de improperios. No admires a las damas que puedan estar presentes. En general, compórtate como un verdadero Wook de la Casa Wook.
    —Me siento inclinado a protestar contra esas instrucciones.
    —No me importa en lo más mínimo. Protesta todo cuanto quieras, mientras obedezcas.
    —No sé si podré cumplirlas a rajatabla. Compórtate como un Wook, cúbreles de improperios, admira a las damas…
    —Lo repetiré una vez más —dijo Glawen, y así lo hizo—. ¿Está claro?
    —Naturalmente —contestó Kirdy—. Al fin y al cabo, por algo soy sargento del Negociado B.
    —Bien. —Glawen se acercó al portal y pulsó un botón.
    —Señores, anuncien sus nombres y el propósito que les trae —dijo una voz.
    —Somos Glawen Clattuc y Kirdy Wook, del Negociado B de la Estación Araminta, Cadwal. Deseamos hablar con sir Mathor Borph sobre un asunto importante.
    —¿Tienen cita?
    —No.
    —Un momento, por favor. Anunciaré sus nombres.

    Pasaron los minutos. Kirdy comenzó a inquietarse.

    —Está claro…

    El portal se deslizó a un lado. Un hombre alto, de musculatura impresionante, piel oscura, cabello cano y ojos gris pálido se erguía en la entrada. Inspeccionó a los dos visitantes con desapasionada minuciosidad.

    —¿Son ustedes nativos de Cadwal?
    —Exacto, señor.
    —¿Cuál es el motivo de su visita?
    —¿Es usted sir Mathor?
    —Soy sir Lonas Medlyn.
    —El motivo de nuestra visita está relacionado especialmente con sir Mathor.
    —¿Son agentes de negocios, o abogados, o evangelistas religiosos?
    —Nada de eso.
    —Entren, por favor.

    Sir Lonas les precedió por un sendero pavimentado con losas de piedraconcha blanca. Glawen y Kirdy le siguieron bajo árboles floridos, cruzaron un estanque mediante un puentecillo y subieron hacia un conjunto de amplias cúpulas bajas. Una puerta se deslizó a un lado. Sir Lonas les invitó a entrar en un vestíbulo circular, indicándoles que esperaran. Desapareció por un portal. Glawen y Kirdy contemplaron con admiración el vestíbulo. Una docena de ninfas talladas en mármol se erguían sobre pedestales alrededor de la sala; el suelo de alabastro se veía desnudo de adornos. Del techo colgaba, por mediación de un cable plateado, una esfera de cristal de unos sesenta centímetros de diámetro, de hipnótica claridad.

    Sir Lonas volvió.

    —Pueden entrar.

    Les introdujo en un espacio tan inmenso que resultaba imposible abarcar de inmediato. Al fondo, paneles de cristal daban a una terraza que dominaba una piscina, a la que proporcionaba sombra un armazón alto de cristal gris. Al atravesar el cristal, la luz de Blaise se refractaba alrededor del disco central azul marino en anillos concéntricos de color: carmín, verde intenso, púrpura, azul oscuro, azul celeste, naranja rabioso, rosa. Una docena de personas de diversas edades chapoteaban en la piscina, mientras un grupo de otras tantas estaba sentado a la sombra de los parasoles.

    Sir Lonas se acercó a hablar con sir Mathor, un hombre en los albores de la madurez, alto, de cabello rubiogrisáceo corto, facciones regulares y buena forma física, que se puso en pie de un salto y entró en el gran salón. Se detuvo a unos tres metros de Glawen y Kirdy para examinarles a sus anchas. Glawen creyó intuir a una persona segura, sin afectaciones, algo dada a los excesos, pero sin cambios bruscos de carácter. De hecho, si bien apuesto, vivaz y en pleno dominio de las convenciones sociales, sir Mathor parecía de lo más vulgar.

    Sir Mathor, a su vez, no se molestó en ocultar su sorpresa al calibrar la calidad y estilo de sus visitantes.

    —¿Son ustedes de la Estación Araminta, Cadwal? —preguntó—. Un lugar muy remoto. ¿Qué les trae por aquí?
    —Ya he mencionado a sir Lonas que somos representantes de nuestro Negociado B —contestó Glawen—. Soy el capitán Glawen Clattuc; éste es mi ayudante, el sargento Kirdy Wook. Aquí tiene nuestras credenciales.

    Sir Mathor las desechó con un ademán. Seguía desconcertado, si bien parecía algo divertido.

    —Está claro que es usted un joven sincero; no dudo que está diciendo la verdad. Sólo me pregunto qué desea de mí.
    —A menos que alguien asumiera sus identidades, sir Lonas y usted visitaron hace poco la Estación Araminta. Deseamos investigar las circunstancias de dicha visita. ¿Podemos sentarnos, o prefiere que sigamos de pie?
    —¡Lo lamento muchísimo! ¡Una estremecedora falta de cortesía! ¡Siéntense, se lo ruego!

    Sir Mathor señaló un sofá. Glawen y Kirdy se sentaron, pero sir Mathor paseó lentamente de un lado a otro, delante de ellos, tres pasos en cada dirección. Por fin, se detuvo.

    —¿Mi reciente visita a la Estación Araminta, dice usted? ¿Está seguro de los hechos?
    —Puede confiar en nuestra profesionalidad señor. De hecho, somos una filial de la CCPI. Usted empleó un nombre falso en la Estación Araminta, pero no se trata de algo anormal o perseguible, y no es el motivo de nuestra visita, desde luego.
    —Extraordinario —dijo sir Mathor—. Estoy totalmente perplejo.
    —No me extraña, señor —dijo Glawen—. Es necesario que comprendamos la situación. Espero que se avenga a hablar del tema con nosotros hasta el último detalle.

    Sir Mathor se dejó caer en un sillón bien acolchado. Se reclinó y estiró las piernas. Miró a sir Lonas, que seguía de pie en silencio, las manos enlazadas a la espalda.

    —Lonas, ¿quieres ser tan amable de servirnos un aperitivo? Tal vez un poco de ese excelente Escarcha Amarilla. Yo también tomaré.

    Sir Lonas asintió y se alejó. Sir Mathor devolvió su atención a Glawen y Kirdy.

    —Bien. Lo mejor será que me diga exactamente el tipo de información que desea.
    —Hace unos dos meses, ustedes fueron a Yipton, y luego hicieron una excursión a la isla Thurben. Allí se dedicaron a actividades ilegales, tanto en Cadwal como en toda la Extensión Gaénica.

    Sir Mathor echó la cabeza hacia atrás y lanzó una carcajada, un sonido metálico y musical, sin el menor rastro de humor.

    —¿Han venido a detenerme?

    Glawen meneó la cabeza.

    —No somos tan ingenuos, sir Mathor, pero no hay de qué reírse. Esos crímenes tienen nombres muy feos.
    —Sí, sí. Palabras feas describen a menudo saludables procesos. —Sir Mathor contempló a sir Lonas mientras éste servía copas de ponche helado—. Dígame una cosa: ¿ha hablado de este asunto con las demás partes implicadas en la excursión?
    —El procedimiento exige que formule mis preguntas de forma ordenada —respondió con educación Glawen—. No obstante, me pregunto qué más da.

    Sir Mathor perdió un instante la compostura.

    —¡Muchísimo! Si quiere información, bien, se la daré, siempre que no aborde a esas otras personas. Al menos, de momento.
    —Sugiero que me refiera los hechos. Empiece contando cómo se enteró de la excursión.

    Sir Mathor exhaló un suspiro.

    —Hablaría con usted más tranquilo si conociera sus objetivos. Tengo la impresión, ahora que lo pienso, de que si sólo tuviera ganas de castigar a los participantes en la excursión, trabajaría en colaboración con la CCPI. ¿Extorsión? ¿Chantaje? No parece que vaya por ahí, aunque le aseguro que perdería el tiempo. Entonces, ¿qué? ¿Qué persigue?
    —No busque misterios donde no los hay, se lo ruego. El caso nos ha indignado. Nos gustaría castigar a todos los implicados, sobre todo a los más cercanos. Con toda sinceridad, no parece usted el tipo de persona deseosa de identificarse con un episodio tan repugnante.
    —Tiene toda la razón. Estoy ocupado en temas más urgentes. —Sir Mathor calló y se dio unos golpecitos en la barbilla con la punta de los dedos—. No sé muy bien cómo manejar este asunto. —Se enderezó en el sillón—. Tal vez sepan que en Natrice estamos librando una guerra sorda y desesperada con un enemigo que nos supera en la proporción de veinte a uno. Si estalla la violencia, sufriremos enormes pérdidas. No es una exageración decir que nos estamos jugando la supervivencia…, y emplearemos cualquier arma que tengamos a mano.
    —Ah —dijo Glawen—. Empiezo a entender. ¿Se refiere a los Científicos de Sanart?
    —Me refiero a una de sus facciones, los llamados Ideacionistas. Son unos fanáticos que hacen virtud de la severidad. En el pasado, nos han atacado económica, filosófica y verbalmente, lo cual nos era indiferente. Desde hace poco tiempo, bandas de saqueadores anónimos bajan desde los Condados Salvajes y nos atacan de noche, dedicándose al asesinato y el pillaje.

    »Ésa es nuestra apurada situación. Nuestro enemigo está motivado por su “Idea”, que en sí no es innoble. Sus virtudes son evidentes: ¿existe alguna fuerza más violenta que la generada por un empacho de virtud? ¿Cómo combatir a la virtud? ¿Con depravación? ¿Es mejor la depravación que la virtud, a fin de cuentas? Discutible. Como mínimo, la depravación ofrece al que la practica diversas opciones. Personalmente, detesto los extremismos. Sólo deseo vivir plácidamente, sin privarme de nada. Y aquí me tiene, sentado, atrapado por estos arranques de Sanart. Quieren que abrace su Idea. Yo me resisto. Debo adoptar por fuerza una incómoda postura de autodefensa y cautela. La dulzura de mi alma se ha agriado. Me empujan, mal que me pese, hacia el odio.
    »¿Qué hacer? Sentarse en una butaca a pensar, como yo ahora. Estimular la mente con Escarcha Amarilla, como yo ahora. —Sir Mathor bebió de su copa—. ¿No beben los caballeros?

    —No es correcto ni prudente beber mientras se está de servicio —respondió Glawen—. Como máximo, tiñe la investigación de un falso aire de camaradería. En el peor de los casos, la bebida contiene drogas o veneno. No es una simple obsesión neurótica. Me gustaría ver cómo usted o sir Lonas beben de estas copas.

    Sir Mathor rió.

    —Sea como sea, reflexionamos sobre cómo tratar con esos Científicos de Sanart. No queremos destruirles. Nos contentaríamos con que moderaran su fervor y nos dejaran vivir nuestras inútiles, ociosas, innobles, pero muy gozosas vidas.

    »Con este fin, hemos trazado un plan para confundir y desmoralizar a nuestros enemigos, para que al final también ellos aprendan las maldades de la frivolidad y los perversos alicientes de la laxitud. Confiamos alcanzar este objetivo demostrando la hipocresía y la secreta inmoralidad de los Ideacionistas más conspicuos.
    »Ahora que sabe esto, debe empezar a comprender. Elegimos a los seis Científicos más ardientes. Yo me encargué de que recibieran pasajes a Cadwal, junto con la noticia de que el Conservador deseaba introducir la Idea en la ideología conservacionista. ¿Querrían los seis eminentes Científicos asistir a un coloquio en Cadwal, con todos los gastos pagados?
    »No hace falta decir que los seis Científicos aceptaron, y el resto ya lo saben.

    —¿Los Científicos se comportaron en la isla Thurben tal como usted esperaba?
    —De una manera soberbia. Les aplicamos una buena dosis de antiinhibidores; todas sus represiones se disiparon. Llevaron a cabo espectaculares hazañas, que fueron cuidadosamente grabadas.

    »Y así, en estado de confusión, los seis Científicos volvieron a las Tierras Flacas. Intuían que algo horroroso había sucedido, y ninguno podía recordar los detalles del coloquio, y todos estaban seguros de que los potentes vinos de Cadwal les habían emborrachado. Durante el viaje de regreso sólo hablaron de los peligros latentes en la uva, y todos querían que cada uno de los otros se disculpara. En cuanto a la grabación, nos hemos encargado de que sea proyectada durante el próximo Sínodo. El impacto será tremendo.

    —Es posible que los delegados adivinen la verdad.
    —La mayoría se decantarán por creer en el escándalo. Incluso entre los escépticos, las imágenes quedarán grabadas en sus cerebros para siempre, y contradirán un millón de homilías.
    —Tiene razón —dijo Kirdy, con voz profunda.
    —¿Se permitirá a los Patrunes proyectar ese material en un Sínodo? —preguntó Glawen.

    Sir Mathor sonrió, como por obra de un chiste privado.

    —Le diré esto: se han llevado a cabo los preparativos convenientes. La grabación se hará pública. En este momento, el asunto se nos ha ido de las manos. —Sir Mathor se reclinó en el sillón—. Ahora, ya lo saben todo.
    —Todo no. Al principio, ¿cómo se enteró de las excursiones a la isla Thurben?

    Sir Mathor frunció el ceño con aire pensativo.

    —No lo sé. Habladurías en alguna fiesta, o algo por el estilo.
    —Me parece imposible. Su excursión fue la primera, seguida de otras dos.
    —¿De veras? Acepto la corrección, pero da igual: es agua pasada.
    —Falso. La gente que organizó la excursión sigue libre.
    —Temo que no puedo ayudarle al respecto.
    —¿Recuerda quién organizó las fiestas?
    —Compré los billetes en una agencia. Más tarde, hablé con una jovencita muy presentable, y ella se encargó de las gestiones. Después, un hombre telefoneó para decir que había entregado los billetes y las invitaciones, y que los seis ideacionistas habían aceptado.
    —¿Cómo se llamaba? ¿Qué aspecto tenía?
    —No puedo decírselo: no llegué a verle.

    Glawen se puso en pie. Kirdy le imitó, con algo más de lentitud.

    —Por ahora, nos basta con eso —dijo Glawen—. Quizá no vuelva a saber nada más de nosotros, pero eso deben decidirlo mis superiores.
    —¿Sabían que venía a verme?
    —Por supuesto.
    —¿Dónde están?
    —En la Estación Araminta.
    —Ah. ¿Cuáles son sus planes?
    —Como ya le he explicado, nuestra preocupación principal es identificar a los capitostes de Empresas Ogmo. Usted no parece inclinado a ayudarnos, de modo que continuaremos nuestras pesquisas en otra parte.

    Sir Mathor se pellizcó el mentón con aire pensativo.

    —Vaya. ¿Y dónde está esa «otra parte»?
    —No puedo contestar a su pregunta, señor.
    —Sospecho que pretende interrogar a los Ideacionistas respecto al hombre que compró los billetes.
    —Desde luego. ¿Por qué no, si pueden identificar al hombre?
    —Por diversos motivos —respondió sir Mathor, en tono razonable—. Primero, no quiero que le identifiquen. Segundo, no confío en su discreción, ahora que el Sínodo está próximo. —Se puso en pie y volvió la cabeza—. ¿Tengo razón, Lonas? No deberían hacerlo, ¿verdad?
    —Yo diría que no.
    —Caballeros —dijo sir Mathor a Glawen y Kirdy—, desde el primer momento temí que llegáramos a esto. Me planteé toda clase de posibilidades: las sopesé mientras hablábamos. Siempre llegué a una amarga conclusión. Lonas, ¿cuál es tu opinión?
    —La conclusión es amarga.
    —Ocúpate de ello, rápida y silenciosamente, para no perturbar a nuestros amigos. Caballeros, dentro de un momento estarán vagando por la tierra que se extiende más allá de las estrellas. ¡Ojalá pudieran enviarnos buenas noticias de esas benditas regiones! Sin embargo, estoy seguro de que su belleza les aturdirá.

    La voz de sir Mathor era suave y tranquilizadora. Sir Lonas avanzó una zancada, y luego otra.

    Kirdy lanzó de repente un ronco aullido, una demostración de furia rabiosa. Cuando sir Mathor se quedó estupefacto, Kirdy descargó su enorme puño, que le golpeó con la fuerza de un garrote. La cara de sir Mathor se torció de una forma extraña, y puso los ojos en blanco. Un objeto metálico cayó de su mano, una pequeña pistola. Glawen la recogió, mientras Kirdy se volvía hacia el sorprendido sir Lonas, que le sacaba treinta centímetros de estatura y cincuenta kilos de peso. Kirdy agarró a sir Lonas por su áspero cabello negro, dobló su enorme cabeza y le golpeó en el cuello. Sir Lonas se derrumbó sobre una butaca y cayó hacia atrás, pataleando frenéticamente, mientras Kirdy, que no cesaba de emitir quejidos y lamentos, buscaba la forma de lanzarse sobre su cuerpo agitado. Sir Lonas rodeó con las piernas la cintura de Kirdy; éste descargó una lluvia de puñetazos sobre el grave y hermoso rostro, pero sir Lonas consiguió arrastrar al suelo a Kirdy y procedió a estrangularle. Glawen avanzó y disparó una bala en la nuca de sir Lonas.

    Kirdy se puso en pie, jadeante. Glawen miró hacia la terraza. Nadie se había enterado de lo ocurrido en el salón.

    Kirdy bajó la vista hacia sir Mathor.

    —Está muerto —dijo, perplejo—. Le he abierto la cabeza. Me duele la mano.
    —Deprisa —dijo Glawen—. Hemos de arrastrarle hasta la habitación contigua.

    Necesitaron combinar las fuerzas de ambos para tirar de sir Lonas, agarrándole cada uno por un tobillo. Glawen alisó la arrugada alfombra y recogió una silla caída.

    —Vámonos.

    Salieron corriendo de la casa y subieron al vehículo que les esperaba.

    —Digan el nombre al cual está reservado el coche —dijo éste.

    Kirdy miró angustiado a Glawen.

    —¿Te acuerdas? Me he olvidado. Qué cosa tan extraña.

    Durante unos terribles instantes, el nombre también eludió a Glawen.

    —¡Spanchetta! —gritó.

    El vehículo les condujo de vuelta al aeropuerto de Halcyon donde tuvieron que esperar veinte angustiosos minutos a que el avión partiera hacia Poinciana.

    Mientras sobrevolaban el Mirling, Glawen reflexionó sobre lo ocurrido. Ni Kirdy ni él habían llamado la atención en su trayecto hacia la finca Borph; no existían motivos para asociarles con las dos muertes. De hecho, los Patrunes creerían que había sido una banda de terroristas Sanart. No obstante, el día anterior habían mencionado los nombres de sir Mathor Borph y sir Lonas Medlyn a alguien. ¿A quién? Al director de la agencia de viajes Phlodoric. En cuanto la noticia de la muerte de sir Mathor llegara a sus oídos, se lanzaría inevitablemente hacia el teléfono y llamaría a la policía. «He de denunciar un incidente, tal vez relacionado con el caso». Así empezaría la conversación, y la policía detendría al cabo de una hora a Glawen Clattuc y Kirdy Wook, de la Estación Araminta, Cadwal. En Natrice, los Patrunes definían la ley y la forma de aplicarla. Harían caso omiso de su filiación a la CCPI.

    Otro pensamiento aumentó los temores de Glawen. La policía también extraería información del vehículo alquilado. Averiguarían que un par de sospechosos habían volado a Poinciana, y la policía de Poinciana ya estaría esperando la llegada del vuelo.

    El avión aterrizó en el aeropuerto. Los dos llegaron sin problemas a la terminal. Glawen no vio señales de actividad policíaca.

    Los pensamientos de Kirdy parecían correr parejos a los de Glawen. Tocó el codo de Glawen y señaló.

    —Mira allí.

    Glawen se volvió. En el espaciopuerto adyacente descubrió el bulto familiar del Rayo Sagitariano, del que habían descendido tan sólo un día antes.

    —Sí —dijo Glawen—. Tu instinto y mi lógica conducen a la misma conclusión.
    —Aquel pasillo nos lleva a la terminal espacial —dijo Kirdy.

    Sin más comentarios, los dos subieron a un tapiz rodante que les condujo a la terminal espacial. Se dirigieron al mostrador donde se vendían los billetes.

    —¿Cuándo sale el Rayo Sagitariano? —preguntó Glawen.
    —Dentro de una hora, señor.
    —¿Cuál es la siguiente escala?
    —Soumjiana, en el planeta Soum.
    —Nos va de perlas. ¿Quedan pasajes?
    —Sí, señor, tanto en primera como en segunda clase.
    —Queremos dos camarotes individuales de segunda clase.
    —Muy bien. Necesitaré trescientos soles y sus tarjetas de identidad.

    Glawen pagó el dinero. Los dos exhibieron sus credenciales y recibieron los billetes.

    Se alejaron del mostrador.

    —Nuestro equipaje continúa en el hotel —gruñó Kirdy.
    —¿Quieres ir a buscarlo? —preguntó Glawen—. Hay tiempo de sobra, y es probable que aún no hayan encontrado los cadáveres.
    —¿Y tú qué harás?
    —Creo que subiré a la nave.

    Kirdy meneó la cabeza, nervioso.

    —Yo también.
    —Pues vamos… Sin embargo…

    Glawen vaciló.

    —Y ahora ¿qué?
    —También hay tiempo de hacer una llamada telefónica.
    —¿Para qué? ¿A quién vas a llamar?
    —A algún Ideacionista. A CS Foum, por ejemplo. Quiero saber quién le vendió el billete.
    —¿Crees que te lo va a decir por teléfono? —rezongó Kirdy—. Hará miles de preguntas, y al final no dirá nada.
    —También puedo avisarle del complot, que, a pesar de todo, me parece injusto.
    —Aún no he llegado a entender ese complot. De todos modos, considero que la controversia ni nos va ni nos viene.

    Glawen exhaló un suspiro.

    —He de darte la razón. De hecho, cuanto más lo pienso, más te doy la razón.
    —En tal caso, subamos a la nave.


    4


    Las estrellas del Manojo de Mircea, pese a su rutilante brillo, eran de tamaño y luminosidad normal. Vergaz, el sol blancorrosáceo que destellaba en el cielo de Soum, no constituía una excepción.

    El Rayo Sagitariano descendió hacia Vergaz, se orientó primero hacia la órbita de Soum, después hacia su plano de rotación diurna, y aterrizó por fin en el espaciopuerto de Soumjiana. Cargamento y pasajeros, incluyendo a Glawen y Kirdy, fueron bajados y el Rayo Sagitariano prosiguió su ruta por el Manojo hacia su escala final en Andrómeda 6011 IV.

    Glawen preguntó en la terminal espacial por los enlaces a Tassadero que pasaban por la Estrella de Zonk, un sistema solitario y aislado, situado a un lado del Manojo. Averiguó que un par de pequeños paquebotes cubrían la ruta: el Camulke, que despegaba dentro de cuatro días, y el Kersnade, que lo hacía dentro de un mes. Ninguna fecha les convenía si aparecía la necesidad de viajar a Tassadero, a menos que terminaran en cuatro días las pesquisas que debían realizar en Soum. La posibilidad no parecía tan remota, y Glawen reservó pasajes a bordo del Camulke, ante el desagrado instantáneo de Kirdy.

    —¿Por qué demonios insistes en esta frenética carrera contra reloj? ¿Nunca tienes en cuenta los deseos de los demás? Yo digo que trabajemos con calma y disfrutemos de nuestra estancia. Las salchichas son especialmente buenas en Soumjiana.

    Glawen rechazó con educación las protestas de Kirdy.

    —Por lo que sabemos, el tiempo puede ser un factor crítico en el caso. De ser así, Bodwyn Wook no se tomaría a la ligera que nos dedicáramos a gandulear y comer salchichas, sobre todo a expensas del Negociado.
    —Bah —murmuró Kirdy—. Cuando Bodwyn Wook y yo salimos a pasear, ha de aprender a seguir mi paso.

    Glawen rió.

    —No pretenderás que me lo crea.

    Kirdy se limitó a rezongar y mirar por el rabillo del ojo, mientras Glawen terminaba los trámites en el mostrador de reservas.

    Mientras esperaban los billetes, Kirdy preguntó con voz sedosa:

    —¿Y si no podemos terminar el trabajo en cuatro días?
    —Nos preocuparemos de eso cuando llegue el momento.
    —Supón que ocurra.
    —Casi todo depende de las circunstancias.
    —Entiendo.

    Era media mañana. Glawen y Kirdy se dirigieron a Soumjiana en un coche de tránsito elevado y atravesaron un distrito compuesto de edificios industriales y pequeños talleres, fabricados todos con espuma de cristal, azul pálido, verde agua, rosa o amarillo limón pálido. A derecha e izquierda, la ciudad se extendía sobre una llanura uniforme, en la que sólo destacaban las siluetas de delgados árboles negros que señalaban las rutas de los bulevares importantes.

    En términos geológicos, Soum era un planeta viejo. Desde hacía mucho tiempo, las montañas habían quedado reducidas a lomas. Innumerables riachuelos serpenteaban a lo largo y ancho del país. Los siete mares conocían tan sólo las tempestades más lánguidas.

    Los soumjianos, como su planeta, eran de temperamento manso y afable. Cierta escuela de sociólogos, que se autodenominaban los Deterministas Circunstanciales, sostenían la idea de que el plácido entorno había moldeado la psique de los soumjianos. Otro grupo, que se calificaban de meros sociólogos, abrazaban la teoría del «puro misticismo y total disparate». Afirmaban que, a lo largo de los siglos, personas de cien tipos raciales diferentes habían llegado como inmigrantes a Soum, adaptándose por necesidad a las costumbres de las demás y, de paso, aprendiendo la tolerancia y el compromiso, virtudes integradas en la personalidad del soumjiano actual. Hombres y mujeres disfrutaban de los mismos derechos y tendían a vestirse igual; existía poco misterio o encanto en la sexualidad. Por tanto, los crímenes sexuales eran poco comunes, al igual que los estallidos de celos asesinos, mientras que los grandes amores y las aventuras románticas eran poco más que el tema de especulaciones soñadoras, a menos que alguien se pudiera permitir servicios como los ofrecidos por Empresas Ogmo en sus excursiones «Consumación del Goce».

    Cuando llegaron al centro de Soumjiana, Glawen y Kirdy se alojaron en la Posada de los Viajeros, que daba al Octaclo, como se llamaba a la gran plaza central octogonal.

    Kirdy parecía inquieto y algo fuera de sí. Glawen le explicó sus planes con todo detalle.

    —Tenemos una lista de las agencias de viajes utilizadas por los soumjianos que viajaron a la isla Thurben. Visitaremos estos lugares y trataremos de identificar el vínculo que las relaciona con Empresas Ogmo. Tal vez podamos descubrir una dirección, una cuenta bancaria, o incluso una persona con nombre y cara.
    —Tal vez.
    —Si procedemos con celeridad, es muy posible que terminemos antes de que transcurran los cuatro días, dando por sentado que consideremos necesario ir a Tassadero. Ojalá no.

    Kirdy aún no se había reconciliado con el plazo.

    —Puede que cuatro días sean insuficientes. De todos los lugares en que actuaron los Mimos, éste era nuestro favorito. A todo el mundo le gustaban las salchichas. Verás salchicherías por toda la ciudad, sobre todo en el Octaclo. En una de éstas, las salchichas eran particularmente sabrosas, y me muero de ganas por averiguar la dirección. Floreste nunca nos dejaba comer más de dos por cabeza, actitud que todos considerábamos rigurosa y avara. Dos salchichas sólo servían para embelesar a una persona. Estoy decidido a localizar la mejor y mi favorita salchichería. Tardaré más de cuatro días. Si es así, ¿qué más da? ¡Por fin me hincharé de esas maravillosas salchichas!

    Glawen abrió la boca para hablar, pero volvió a cerrarla. ¿Qué podía decir? Empezó de nuevo.

    —Kirdy, ¿me has escuchado?
    —Pues claro.
    —No hemos venido a buscar salchichas, ni que fueran una combinación de néctar, ambrosía y esencia de rosas. Si quieres buscar salchichas, no puedo impedírtelo, pero no te acompañaré.

    Los ojos azules de Kirdy centellearon.

    —¡Esto es absurdo! ¡Hemos de permanecer juntos!
    —Eso sí me parece sensato. Tú sigue el rastro de las maravillosas salchichas, yo buscaré Empresas Ogmo, y todos seremos felices.
    —Bah. En primer lugar, cuatro días no bastan.
    —¿A ti o a mí?
    —A mí. No quiero darme prisa, y correr de una salchichería a la siguiente, comiendo salchichas a dos manos.
    —Muy bien. Quédate cuanto quieras.
    —Ah. ¿sí? ¿Y tú?
    —Me iré en cuanto termine.

    La cara sonrosada de Kirdy adoptó una expresión ofendida.

    —Tu actitud es muy desagradable.

    Pese a sus buenas intenciones, Glawen se irritó.

    —¡Ja! Tú y tu búsqueda de salchichas. No me lo puedo creer. ¿No recuerdas para qué hemos venido?

    Kirdy sonrió con amargura.

    —Me acuerdo muy bien, pero ya no me interesa. ¿Qué más da ahora? Es agua pasada. Ahora es ahora, y ahora es cuando estoy vivo.
    —Es totalmente inútil enfadarse contigo. Vamos, es la hora de comer. Come salchichas, si te apetece; me parece una adicción inofensiva. Pensándolo bien, a mí también me gustan las salchichas.

    Colocadas a intervalos alrededor del Octaclo, pequeñas salchicherías impregnaban el aire de apetitosos olores. Kirdy insistió en comprar y devorar dos salchichas en cada una de cuatro diferentes salchicherías.

    —Muy buena, pero no es la salchicha que ando buscando —dijo en cada uno de los locales. —O bien—: Estas salchichas son excelentes, pero les falta algo. Vamos a ésa salchichería de allí; quizá sea la que busco.

    Kirdy comió las salchichas con deliberada lentitud, masticando un bocado cada vez, mientras Glawen le contemplaba con una mezcla de fastidio y diversión. Al parecer, Kirdy confiaba en sabotear los planes de Glawen mediante el expediente de hacerle perder tanto tiempo que Glawen se viera obligado a aplazar su partida, pero mientras Kirdy comía salchichas, Glawen iba localizando las agencias de viajes que deseaba visitar en un plano de la ciudad. Casi todas estaban ubicadas en el Octaclo, o cerca de éste. Cuando Kirdy se encaminó hacia la quinta salchichería, Glawen señaló una de las agencias de viajes, a escasos metros de distancia.

    —La hora de comer ha terminado. Estaré allí. Come salchichas o regresa al hotel, como quieras.
    —Aún no he terminado de comer.
    —Qué pena. El trabajo nos espera.

    Kirdy dio media vuelta y siguió a Glawen hasta la agencia de viajes.

    Así transcurrió la tarde, todo el segundo día y la mañana del tercero. Kirdy perdía el mayor tiempo posible y Glawen extraía un sombrío e irracional placer de frustrar las tácticas dilatorias de Kirdy. Durante ese período, Glawen visitó todas las agencias de viajes de su lista, obteniendo resultados similares en cada una. Todas habían efectuado los trámites con una joven bien parecida que vestía prendas de estilo extraplanetario. Desde la perspectiva soumjiana, su atributo más llamativo era su descarada femineidad, cuyo recuerdo provocaba leves sonrisas en los hombres y bufidos despectivos en las mujeres. La describieron como de estatura mediana, figura curvilínea y cabello negro, castaño, castaño rojizo, rojo, rubio y plateado; al parecer, se había cambiado el color en función de su estado de ánimo o su indumentaria. La calificaron de «extranjera exótica», «schlemielish» (un adjetivo más allá de la comprensión de Glawen), «presumida», «exhibicionista: todo tetas, culo y pestañas», «algo lanzada», «descastada fina, si sabe a qué me refiero». Y «¡Misteriosa! Le pregunté su nombre y dijo que era la “O” de “Ogmo”. ¿Usted lo entiende?». «La tomé por lo que era: una lagartona». Y «Entró como una actriz, todo poses». Y «Le pregunté dónde tenían lugar esas fiestas “Consumación del Goce”, y ella contestó “En Cadwal”. Le pregunté si todas las chicas de Cadwal eran tan bonitas como ella. Se limitó a sonreír y dijo que no era su lugar favorito, que estaba pasado de moda».

    Glawen se interesó en todas las agencias por los trámites económicos.

    —Cuando usted vendía esos billetes para las excursiones «Consumación del Goce», recibía dinero. ¿Qué pasaba con ese dinero? ¿Lo recogía la joven?

    En cada caso, la respuesta era la misma.

    —Transferíamos el dinero a la cuenta de Ogmo en el Banco de Mircea. Nos habían dado esas instrucciones y las cumplimos al pie de la letra.
    —¿Ha visto a esa joven en otras ocasiones?
    —No, señor.
    —¿Sabe dónde están las oficinas de Empresas Ogmo?
    —No, señor.

    Glawen no podía evitar una sensación de decepción. Las pistas más prometedoras de la investigación no habían dado el menor resultado. Sólo había averiguado que una joven iba y venía, sin dejar el menor rastro de su identidad, aunque su personalidad e incluso su apariencia habían adquirido una borrosa realidad.

    Kirdy comió su lote habitual de salchichas, llevó a cabo su intento habitual de prolongar la hora de comer, y su falta de éxito habitual provocó una andanada de amargas protestas. Glawen no le hizo caso y, seguido a dos pasos de distancia por Kirdy, cruzó el Octaclo en dirección al Banco de Mircea, banco que casualmente dirigía Alvary Trling, aún detenido en la Estación Araminta.

    Ya en el banco, Glawen se vio obligado a discutir, amenazar y exhibir sus credenciales en cuatro niveles de funcionarios cada vez más importantes, hasta que por fin tuvo acceso a alguien provisto de la autoridad y voluntad de proporcionar información. Entretanto, Kirdy esperaba en el vestíbulo, sin perder de vista los movimientos de Glawen, como si sospechara que tuviera intención de darle esquinazo.

    El directivo del banco escuchó con atención la petición de Glawen, y después meneó la cabeza.

    —No puedo ayudarle. Empresas Ogmo es una cuenta ciega. Cualquiera puede depositar el dinero, que luego desaparece, en lo que a nosotros concierne. Sólo pueden retirarse fondos utilizando el código apropiado. La cuenta es secreta y anónima; sólo podría serlo más si no existiera.
    —¿Podría localizar la cuenta, si quisiera?
    —Un genio de la informática podría localizar la cuenta si depositara fondos a nombre de Empresas Ogmo y rastreara la actividad del ordenador. Podría averiguar el código, pero no estoy seguro. Lo que no podría identificar sería al titular de la cuenta.
    —¿Y si se lo ordenara, digamos, Alvary Irling, sin reparar en gastos?

    El ejecutivo examinó a Glawen con una expresión calculadora y curiosa al mismo tiempo.

    —Utiliza ese nombre con gran desenvoltura —dijo en tono indiferente.
    —¿Por qué no? En estos momentos, es huésped de la Estación Araminta. Si yo me sintiera inclinado a sugerírselo, le despediría a usted al instante.
    —Vaya. —El ejecutivo ordenó los papeles esparcidos sobre su escritorio—. Posee usted una gran influencia. Interesante. Haga el favor de pedirle que me ascienda al cargo de primer director ejecutivo, con un generoso sueldo.
    —Podría hacerlo, si usted me proporcionara la información que necesito.

    El ejecutivo meneó la cabeza con tristeza.

    —Tengo las manos atadas. No es nada relacionado con las normas del banco. Sólo el impositor conoce la clave. Su nombre no aparece en los registros del banco.

    Glawen salió del banco, seguido de Kirdy. Volvieron a la Posada de los Viajeros. Glawen estaba de muy mal humor.

    Se dejó caer en una butaca del vestíbulo. Kirdy, con una críptica sonrisa en los labios, se quedó de pie y le miró.

    —Y ahora ¿qué?
    —Ojalá lo supiera.
    —¿Quieres seguir con la investigación?
    —¿A quién puedo interrogar? ¿Qué preguntas he de hacer?

    Kirdy se encogió de hombros para manifestar su indiferencia.

    —Hay muchas cosas más que averiguar. Soum es un planeta grande.
    —Deja que reflexione sobre el asunto.
    —Piensa, piensa.

    Kirdy se alejó para examinar un tablero de anuncios. Lanzó un grito de regocijada sorpresa y atravesó a grandes zancadas el vestíbulo.

    —¡No podemos irnos de Soum! ¡Es imposible que nos marchemos ahora!
    —¿Por qué?
    —¡Mira el cartel!

    Glawen se acercó al tablero sin demasiado interés, y descubrió un cartel impreso con vivos colores.

    El famoso empresario
    Maese Floreste
    regresa a Soumjiana
    con su brillante grupo
    Los Niños Abandonados del Manojo.
    Se aconseja reservar entradas por anticipado.


    —Falta un mes o más para que vengan —dijo Glawen—. Nos iremos mañana.
    —¿Mañana? —exclamó Kirdy, estremecido—. ¡No quiero irme mañana!
    —Quédate todo el tiempo que quieras, pero no me molestes con más lamentos absurdos.

    Kirdy miró a Glawen y los músculos de su rostro se tensaron.

    —¡Te aconsejo que moderes tu lenguaje! No estás hablando con un niño.

    Glawen suspiró.

    —Lo siento. No tenía intención de ofenderte.

    Kirdy cabeceó con mesurada dignidad.

    —Debo hacer una sugerencia.
    —Mientras no esté relacionada con las salchichas o los Mimos, la escucharé.
    —Es obvio que la investigación se reduce a un montón de tonterías. Lo sospeché desde el principio. Creo que deberíamos pasar una o dos semanas más en Soum, ocuparnos de ciertos asuntos y tomar la primera nave de vuelta a Cadwal.
    —Si quieres, vete —respondió Glawen—. Mi deber es terminar la investigación lo mejor que pueda. Eso significa que mañana he de ir a Tassadero.

    Kirdy apretó los labios y desvió la vista hacia el otro lado del vestíbulo.

    —El deber está muy bien, si es necesario, pero este deber es absurdo e innecesario.
    —No eres tú quien debe decidirlo.
    —¡Claro que soy yo quien debe decidirlo! ¿En qué otra persona podría confiar a este respecto? ¿En ti? ¿En Bodwyn Wook? ¿En Arles? Excelentes personas todos, ¡pero yo soy yo! Si pienso que cierto «deber» es innecesario, me niego a meterme en líos. Es indigno andar de un lado a otro sin propósito. Mi dignidad me prohíbe ponerme en ridículo. Siempre ha sido así y siempre lo será.
    —De acuerdo —le interrumpió Glawen—. Toma las decisiones que quieras, pero no me atormentes con ellas. Mañana me iré a bordo del Camulke. Ven o quédate.


    5


    La Estrella de Zonk, una enana blanca de insignificante luminosidad, se movía sola en un abismo negro situado a un lado del Manojo, acompañada por un solo planeta cercano, Tassadero.

    Tres razas habitaban Tassadero: los zubenitas de la Tierra de Lutwiler, en un número aproximado de cien mil; unos cincuenta mil nómadas que vagaban por las Grandes Estepas y las Regiones Lejanas, y tres millones de habitantes en la Tierra de Fexel, que incluía la ciudad de Fexelburg. Estas tres razas conservaban su identidad propia, y daban lugar a un apartado especial en el índice Planetario:

    Los pueblos de Tassadero son social y psicológicamente inmiscibles, y quizá también genéticamente. Cada raza considera a las otras dos repulsivas desde el punto de vista físico, y se entrecruzan con tanta frecuencia como un número igual de colibrís, lenguados y camellos.

    Los fexels pertenecen a la raza gaénica normal; el turista medio considera que es la menos peculiar de las tres razas. Cultivan un sofisticado estilo de vida, tal vez algo demasiado entusiasta. Algunos observadores tal vez encuentren su afán por la novedad y las modas poco estimulante.

    Desde la perspectiva fexel, los zubenitas son fanáticos religiosos de origen incierto y costumbres desagradables, mientras que califican a los nómadas de simples bárbaros. A su vez, los nómadas tildan de «petimetres atolondrados, intelectuales y pisaverdes» a los fexels. Los nómadas afirman descender de los piratas que mucho tiempo atrás habían lanzado sus ataques desde Tassadero. Zab Zonk era el rey de los piratas, y jamás se había descubierto su tumba, que según los rumores contenía un gran tesoro. Cada año, miles de «zonkeros» llegan desde otros planetas y pasan semanas o meses rastreando las estepas y las Regiones Lejanas, en busca de la escurridiza tumba. Es de señalar que los zonkeros traen con ellos su propio tesoro, en forma de divisas.

    Otros aspectos pueden interesar al turista, cansado y aburrido después de fracasar en la búsqueda de la tumba. Puede inspeccionar los así llamados «ríos de fango púrpura» o disfrutar de los deportes de invierno en Monte Esperanza. Es un volcán extinguido de seis mil metros de altura, cuyas pendientes permiten espectaculares pistas de esquí de treinta kilómetros de largo.

    Glawen, sentado en el salón del Camulke, dejó a un lado el índice Planetario. Kirdy se encontraba de pie junto a la ventana de observación, contemplando de mal humor el flujo brillante del Manojo. El último intento de Glawen por entablar conversación había conseguido como respuesta un monosílabo indiferente. Había rehusado pedir opinión a Kirby sobre Fexelburg, y adquirido la publicación oficial de la Agencia de Información Turística de Fexel, un hermoso volumen titulado Guía Turística de Tassadero. Una entrada describía el tesoro de Zonk con todo lujo de detalles. El texto aseguraba a los cazadores de tesoros interesados que «las autoridades garantizan a quien encuentre tan valioso tesoro que será recompensado con su valor total, libre de impuestos, derechos de aduana, deducciones o tasas especiales».

    Kirdy apartó la vista de la ventana.

    —Escucha esto —dijo Glawen. Leyó el párrafo en voz alta. Mientras leía, Kirdy se volvió una vez más hacia la ventana—. ¿Qué te parece?
    —Una conmovedora muestra de generosidad y gentileza por parte de las autoridades… Yo no opino.

    Kirdy había hablado sin volver la cabeza.

    —También dice: «Se recomienda no comprar mapas que afirmen revelar la exacta localización del tesoro. Es sorprendente la cantidad de dichos mapas que se llega a vender. Si alguien se lo ofrece, pregúntele: “En lugar de venderme este mapa, ¿por qué no va usted a ese lugar y se queda el tesoro?”. El vendedor estará preparado para la pregunta, pero aunque su respuesta sea convincente, no lo compre, porque sin duda será falso».
    —¡Ja! —exclamó Kirdy—. Arles compró uno de esos mapas a un viejo que afirmaba estar a punto de morir y quería que un joven recto como Arles disfrutara del tesoro, lo cual pareció razonable a Arles, pero Floreste no le dejó ir a la Estepa del Norte en busca del tesoro.
    —Me parece algo injusto. Arles podría haber destinado esa riqueza a un buen fin. Comprar un yate espacial para los Leones Temerarios, por ejemplo.
    —Eso afirmó.

    Glawen devolvió su atención a la Guía Turística. Averiguó que los «ríos de fango púrpura» eran en realidad colonias de medusas púrpura que atravesaban la estepa en columnas de cuatrocientos metros de largo y treinta de ancho. Según la Guía Turística, los «ríos de fango» eran espectáculos que entusiasmaban a los más indiferentes: «Estos maravillosos fenómenos son notables por el misterio que encierran. Nos estremecen con su belleza sobrenatural. Una vez más, conviene advertir al lector. No todo es tan espléndido. El olor que despiden estos grandes gusanos es muy acre. Se aconseja a la gente remilgada estudiar a estos seres desde un lugar donde el viento sople en dirección contraria[1]». Glawen siguió leyendo y descubrió un artículo titulado «Zak Zonk: su presencia en canciones y relatos», en el que se referían sus hazañas y se calculaba el alcance de su fabuloso tesoro.

    Hasta el momento nos hemos ceñido a lo que podríamos llamar hechos aproximados (escribió el autor). ¿Han sido otros tan juiciosos? Decidan ustedes mismos, a partir de este ejemplo de lo que se sabe sobre Zonk. Aquí tienen su brindis favorito:

    «¡Gloria a Zonk, Supremo, Total y Poderoso Emperador de las Excelencias, de la Vida y la Muerte, del Presente y el Pasado, del Aquí y el Allí, de todas las cosas Conocidas y Desconocidas, del Universo y del Más Allá! ¡Gloria a Zonk! Así sea. Bebamos».

    Cuando firmaba, Zonk era más modesto, y su caligrafía, extrañamente delicada: «Zonk, Primer y Último Superhombre».

    De fuentes desconocidas pero muy remotas procede este apostrofe:

    «ZONK: Encarnación de Febo, Sublimación de todas las Bellezas Melodiosas, Aquel que consume el Uiskebaugh y realiza las Diecisiete Señales del Amor».

    Enfrentada a tales perspectivas, la verdad ha de plegarse, sin disculpas ni arrepentimientos, a las convenciones más afables de la leyenda.

    Kirdy se alejó de la ventana y se sentó en una silla con las piernas extendidas, la cabeza echada hacia atrás y la vista clavada en el techo. Glawen dejó el libro.

    —¿Qué opinas sobre Tassadero? —preguntó.
    —Fexelburg no está mal —respondió con voz monótona Kirdy—. Las tierras interiores son espantosas. Los «ríos de fango» te ponen la piel de gallina. Tampoco me gusta la comida. En las ciudades, lo condimentan todo con especias extrañas y verduras peculiares, y no creo que les guste ni a ellos, pero han de comerlo porque es la moda. Nunca sabes qué esperar, y tampoco lo reconoces cuando llega. —Kirdy lanzó una siniestra carcajada—. Los rancheros comen bastante bien, pero Floreste nos arruinó la visita. Fue cuando vimos el fango púrpura.
    —¿Qué hizo Floreste?
    —El ranchero nos invitó a su rancho y nos ofreció un banquete delicioso. Su mujer y sus hijos quisieron que les obsequiáramos con alguna de nuestras representaciones, pero Floreste, viejo bastardo avaricioso, exigió un pago en metálico. El ranchero se rió y nos mandó de vuelta a Fexelburg. Todo el mundo se enfadó muchísimo con Floreste. Yo estuve en un tris de abandonar la compañía. —Kirdy emitió una amarga carcajada—. ¡Ojalá me hubiera quedado! ¡No existían preocupaciones ni temores! Todo el mundo sabía lo que debía hacer. En ocasiones, cuando Floreste no estaba al acecho, nos escapábamos a ligar con las chicas. Algunas eran auténticas preciosidades. ¡Qué tiempo tan feliz!
    —¿Actuasteis alguna vez en la Tierra de Lutwiler? —preguntó Glawen.
    —¿En la Tierra de Lutwiler? —Kirdy frunció el ceño—. ¿No viven ahí los zubenitas? Nunca nos acercamos a ellos. No aprueban tales frivolidades, como no sea gratis.
    —Qué raro. ¿Para qué fueron a la isla Thurben?

    El interés de Kirdy, nunca demasiado grande, se difuminó, y reanudó su contemplación del techo. Glawen dio gracias en silencio porque la investigación llegaba a su término.

    A su debido tiempo, el Camulke aterrizó en el espaciopuerto de Fexelburg. Glawen y Kirdy desembarcaron, y oficiales vestidos con uniformes rojos y azules, extraordinariamente elegantes, aceleraron las formalidades de entrada.

    El oficial de guardia en el mostrador donde se controlaba a los visitantes procedentes de otros planetas examinó con mirada crítica sus documentos y vestimenta.

    —¿Son ustedes agentes acreditados de la policía de Cadwal? —preguntó con educada incredulidad.
    —Exacto —contestó Glawen—. También estamos afiliados a la CCPI.

    El oficial no se impresionó.

    —Eso significa poco para nosotros. En Fexelburg no tenemos gran aprecio por la CCPI.
    —¿Por qué?
    —Digamos que nuestras prioridades son diferentes. Se exceden en legalismos y se quedan cortos en flexibilidad. Sin embargo, en casos prácticos nos son de utilidad.
    —¡Sorprendente! La CCPI suele estar bien considerada.
    —¡En Fexelburg no! Party Plock es el ayudante, juez, doble comandante, o algo por el estilo, y un auténtico obseso en lo que respecta a las ordenanzas. Por estos pagos debemos estar preparados para todo; al fin y al cabo, Tassadero es en su mayor parte una estepa salvaje. Flexibilidad es la consigna, y al diablo el libro de ordenanzas. Si el triple comandante Partric Plock y sus secuaces ponen objeciones, no hay manera de evitarlo. En Fexelburg, lo primero es lo primero.
    —Me parece razonable. Me interesa conocer a ese temible Plock.

    El oficial dirigió una socarrona mirada de soslayo a la indumentaria de Glawen.

    —Si va vestido así, le cerrará la puerta en las narices y, encima, le llamará payaso.
    —¡Ajá! —exclamó Glawen—. Por fin comprendo su desaprobación. Son las únicas ropas que llevamos. Perdimos el equipaje y aún no lo hemos reemplazado.
    —¡Cuánto antes mejor! Sugiero que se pongan en manos de un sastre competente. ¿Cuál es su hotel?
    —Aún no lo hemos elegido.
    —Permítanme sugerirles el Lambervoilles, que tiene un gran prestigio y mucho estilo. En Fexelburg somos ultramodernos en todos los sentidos, y no encontrarán nada desaliñado o de mala apariencia.
    —Eso me tranquiliza.
    —Recuerden: ¡lo primero es lo primero! Antes de acudir al Lambervoilles, vístanse de modo apropiado. El Salón Nouveau Cri está justo enfrente del Lambervoilles. Les vestirán de una manera decente.
    —¿Cuál es el medio de transporte más conveniente?
    —Salgan de la terminal y suban al tranvía. Al poco, dejarán atrás una estatua heroica de Zab Zonk en la matanza de Dirdie Panjeon. Bajen en la siguiente parada. Verán a la derecha el Lambervoilles, y a la izquierda el Nouveau Cri. ¿Está claro?
    —Muy claro, y gracias por los consejos.

    Los dos salieron de la terminal. Subieron a un reluciente tranvía negro de metal y cristal, que les transportó con celeridad al centro de Fexelburg. Era media mañana. La Estrella de Zonk, un ancho disco pálido, se había encaramado hasta la mitad del cielo. A derecha e izquierda se extendían los suburbios de Fexelburg, hileras de casas pequeñas construidas según un vistoso diseño arquitectónico. Cada una procuraba exhibir una decoración diferente, para diferenciarse de los vecinos. Esbeltos frooks negros nativos, de treinta metros de altura, bordeaban los bulevares.

    El tranvía se internó en una amplia avenida que conducía al corazón de Fexelburg. Vehículos privados circulaban a toda velocidad a ambos lados del tranvía. Se trataba de vehículos largos, bajos, aerodinámicos, más diseñados para la ostentación que para la utilidad. Todos estaban esmaltados en colores vívidos, y a menudo ondeaba una bandera con el emblema del club automovilístico al que pertenecía el propietario. Cada vehículo contaba con una serie de teclados que, situados sobre el tablero de control, permitían al ocupante ejecutar melodías mientras conducía, con frecuencia a todo volumen, para que los ocupantes de los demás vehículos y los peatones disfrutaran también de la música.

    Al menos, pensó Glawen, la ciudad de Fexelburg latía con una frenética energía.

    Kirdy seguía disgustado, con las comisuras de la boca apretadas, como si hubiera probado algo amargo. Glawen se preguntó si aún lamentaba haber abandonado Soumjiana antes de completar su exploración de las salchicherías. O tal vez no le gustaba Tassadero.

    El tranvía dejó atrás una gran estatua, que plasmaba a Zab Zonk en el momento de ejecutar a una amante infiel. Glawen y Kirdy descendieron en la siguiente parada, una pequeña plaza, frente al Hotel Lambervoilles, el cual, como los demás locales de Fexelburg, anunciaba su presencia con un enorme letrero móvil. Kirdy señaló el letrero como si hubiera descubierto algo excepcional.

    —¡Allí está! ¡El Lambervoilles! Floreste siempre nos llevaba al Flinders Inn, donde se alojan los nómadas.
    —Tal vez Floreste se considere un nómada, y también a los Mimos.
    —¡Vamos! —le apremió Kirdy—. No hay tiempo para bromas.
    —Mil disculpas.

    Glawen y Kirdy cruzaron el bulevar, saltando y corriendo para esquivar a los coches que pasaban a toda velocidad, indiferentes a los peatones. Cada conductor interpretaba una alegre melodía en el teclado de su tablero de control.

    A unos cuantos metros, un llamativo letrero anunciaba la sastrería Nouveau Cri. Plasmaba a un hombre que entraba por una puerta con un vestido negro anticuado y salía al instante vestido con elegantes prendas nuevas. Volvía a entrar y reaparecía con una indumentaria diferente. El hombre del traje negro volvía a entrar una y otra vez por la puerta, y siempre salía con un conjunto nuevo.

    Kirdy se paró de repente.

    —¿Adónde vas? ¡El hotel está allí!

    Glawen le miró perplejo.

    —¿No recuerdas lo que nos dijo el oficial del espaciopuerto?

    Kirdy frunció el ceño. Había esperado ir directamente al Lambervoilles, para regalarse con un baño caliente y un par de horas de siesta.

    —Ya compraremos la ropa más tarde.

    Glawen no le hizo caso, y siguió caminando hacia el Nouveau Cri, mientras Kirdy contemplaba desconsolado el Lambervoilles. Kirdy reparó de repente en la ausencia de Glawen. Lanzó una exclamación de sorpresa y corrió en su persecución, irritado.

    —¡Podrías decir algo, antes de escurrirte como una sabandija!
    —Lo siento —dijo Glawen—. Creí que me habías oído.

    Kirdy se limitó a gruñir. Los dos entraron en la sastrería. Un empleado de su misma edad salió a su encuentro, se detuvo, contempló su indumentaria, y después habló en tono desdeñoso.

    —¿Qué desean los señores?
    —Queremos cambiar de ropa —contestó Glawen—. Nada demasiado complicado. Nos quedaremos poco tiempo.
    —Les proporcionaré lo que necesitan. ¿Qué dimensión categórica ocuparán?

    Glawen meneó la cabeza, confuso.

    —Esos términos no me resultan familiares.
    —Es una forma sutil de preguntarnos si nos consideramos caballeros o parias —explicó Kirdy.

    El empleado hizo un ademán delicado.

    —Son personas extraplanetarias, por lo que veo.
    —Exacto.
    —Bien, ¿cuál es su profesión? Es importante que su ropa refleje sus perspectivas sociales. Es un tópico de la industria de la confección.
    —¿Acaso no es obvio? —preguntó Glawen con altanería—. Yo soy un Clattuc; mi amigo es un Wook. Eso debería contestar a su pregunta una docena de veces.
    —Supongo que sí —admitió el empleado—. Parece concluyente. Bien, vamos a la selección. Como caballeros, desearán vestir como caballeros, sin términos medios ni falsas economías. Déjenme pensar. Como mínimo vestuario, necesitarán un par de trajes, o mejor tres: uno informal, otro serio, y el tercero ceremonial. A continuación, un atavío apropiado para los almuerzos oficiales. Ropa deportiva para las diversiones de la tarde, que pueda utilizarse para ir en coche, si bien es preferible un atuendo de gala completo para conducir. Para los acontecimientos sociales vespertinos en compañía de damas encantadoras, lo que nosotros llamamos nuestro aporreapájaros gris pálido. Veladas vespertinas, de dos niveles, y atuendo para la cena, formal e informal. Con los debidos accesorios, y una selección de sombreros, dos docenas como mínimo.

    Glawen levantó una mano.

    —¿Todo eso para una semana de estancia?
    —Un vestuario del Nouveau Cri despertará la admiración a lo largo y ancho de la Extensión Gaénica, sobre todo mientras dure la moda de esta estación, que posee una gran personalidad.
    —Ha llegado la hora de ser realista —dijo Glawen—. Elija un traje para cada uno, adecuado a todas las situaciones, con el que podamos entrar en el Lambervoilles, y uno o dos informales. No necesitaremos nada más.
    —Caballeros —exclamó el empleado, en tono desconsolado—, haré lo que deseen, pero consideren mi ejemplo personal. Honro mi cuerpo y lo trato con la generosidad que merece. Lo baño con agua de lluvia y jabón de aceite de perla, le aplico loción Koulmoura, y froto mi cabello con tintura de calistenia. A continuación, la ropa interior inmaculadamente blanca y limpia, y una elección de prendas absolutamente escrupulosa. Trato bien a mi cuerpo, que a su vez me sirve a las mil maravillas.
    —Una espléndida asociación, por lo visto —dijo Glawen—. En cualquier caso, mi cuerpo es menos exigente, y al de Kirdy le da igual. Denos la ropa que he pedido, no demasiado cara, y seremos felices, cuerpos y todo.

    El empleado lanzó un bufido de desdén.

    —Por fin he comprendido sus necesidades. Haré lo que pueda.

    Ataviados con sus nuevas prendas, Glawen y Kirdy se dirigieron confiados hacia el Hotel Lambervoilles. Ni el portero ni los empleados del mostrador central opusieron dificultades, y les asignaron habitaciones en lo alto de la torre central que dominaba la plaza. Mientras subían en el ascensor, Kirdy anunció su intención de bañarse y marcharse después a la cama.

    —¿Cómo? —exclamó Glawen—. ¡Ni siquiera es mediodía!
    —Estoy cansado. Nos conviene descansar.
    —Puede que a ti, pero no a mí.

    Kirdy emitió un gemido de auténtica frustración.

    —¿Qué propones, pues?
    —Tú haz lo que quieras. Yo bajo al restaurante a comer.
    —¿Y me vas a dejar solo y hambriento?
    —Si duermes, no te darás cuenta.
    —Claro que me daré cuenta, dormido o despierto. ¡Bah! Como siempre, insistes en hacer la tuya. ¿Es que mis deseos no significan nada?

    Glawen lanzó una cansada carcajada.

    —No sé a qué viene esa pregunta. Nos han enviado para investigar, no para dormir. Y tú debes de estar tan hambriento como yo.
    —Te advierto que la comida es rara —murmuró Kirdy—. Nos darán gusanos y plumas con salsa de gangaree picado, además de jengibre y almizcle como guarnición. Ponen jengibre en todo; está de moda en Tassadero.
    —Tendremos que ponernos en guardia.

    Los dos bajaron al restaurante. Letreros y placas pregonaban las excelencias de platos nuevos, pero Glawen pidió por fin el menú titulado «Cocina tradicional y dietética para ancianos y enfermos», que prometía comida más o menos a su gusto.

    Durante el almuerzo, Kirdy propuso una vez más que subieran a sus habitaciones para entregarse a un período de relajación total. Glawen repitió que podía hacer lo que le diera la gana.

    —Tengo otros planes en mente.
    —Sin duda relacionados con nuestra inútil investigación.
    —Yo no pienso que sea inútil.
    —¿Qué esperas averiguar? Todas las agencias de viajes cantan la misma canción. Te tomarán el pelo.
    —No podemos estar seguros si no preguntamos.
    —Ya estoy harto de agencias de viajes —gruñó Kirdy—. Venden donuts y te cobran el doble por el agujero.
    —En cualquier caso, podemos interrogar a los zubenitas que fueron a la isla Thurben, puesto que conocemos sus nombres.
    —No dirán ni pío. ¿Por qué iban a hacerlo?
    —Quizá porque se lo preguntaremos con educación.
    —¡Ja ja! Vana esperanza. En este planeta, como en los demás, la gente sólo se esfuerza en fastidiar. —Kirdy sacudió la cabeza en señal de amarga desesperación—. ¿Por qué es así? Nunca hay respuestas a mis preguntas. De hecho, ¿por qué estoy vivo?
    —Esa respuesta, al menos, es evidente. Estás vivo porque no estás muerto.

    Kirdy lanzó a Glawen una mirada suspicaz.

    —Tu comentario es más sutil de lo que pretendías. A decir verdad, no puedo imaginar otra condición, lo cual puede ser un poderoso argumento en favor de la inmortalidad.
    —Es posible. A mí no me cuesta imaginar esa otra condición. No me cuesta nada imaginarme vivo y a ti muerto. ¿Sirve esto para debilitar tu argumento en favor de la inmortalidad?
    —Te equivocas de medio a medio. Hay algo seguro, como mínimo: los zubenitas no te dirán nada si piensan que les vas a traer problemas. Y hablando de problemas, ¿te has fijado en los dos hombres sentados a aquella mesa?

    Glawen miró en la dirección que Kirdy había indicado.

    —Ahora sí.
    —Sospecho que son detectives de policía, y que nos están vigilando. No me gustan estas situaciones. Me ponen nervioso.
    —Debes de tener mala conciencia.

    La cara de Kirdy adquirió un tono más sonrosado de lo habitual. Clavó por un instante sus ojos azules en Glawen, se volvió a medias en la silla y miró hacia el otro lado del comedor.

    —Ha sido una broma —dijo Glawen—, pero no te has reído.
    —No era divertida.

    Kirdy continuó taciturno.
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