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    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










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    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
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    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    LA PUERTA (Domingo Santos)

    Publicado el miércoles, abril 12, 2017
    Quizá, si hubieran séguido los cánones de lo que era considerado como tradicional, las cosas hubieran ido por otros rumbos. Los estándares preestablecidos señalaban que una invasión extraterrestre debía ser forzosamente poderosa, agresiva, cataclísmica, masiva, despiadada... y, naturalmente, ser una invasión.

    Pero los extraterrestres llegaron sin previo aviso una soleada tarde de agosto, en una solitaria navecilla de aspecto inofensivo que se posó suave y silenciosa en el gran prado frente al Capitolio de Washington. La nave no era ni ominosa, ni hostil, ni potente. Ni siquiera era bonita: tan sólo funcional. Y sus ocupantes no se revelaron tampoco como seres extraterrestres: eran simplemente robots.

    El ejército terrestre, por supuesto, cumplió de inmediato con su obligación. Veinte minutos después del aterrizaje la zona estaba acordonada por infantes perfectamente equipados, rodeada por poderosos carros de combate y sobrevolada por dos coberturas de helicópteros y reactores de despegue vertical. Pero todos ellos llegaron tarde, puesto que, cuando se presentó el primer contingente de tropas, los robots que ocupaban la nave ya habían salido al exterior y estaban trabajando tranquilamente.

    Habían aparecido por una puertecilla que se abrió silenciosa a un costado de la nave apenas ésta hubo tomado tierra, y se pusieron inmediatamente a la tarea. No hicieron el menor caso de los curiosos que se acercaron; ni siquiera volvieron sus metálicas cabezas cuando el primer jeep frenó con un espectacular derrape y los primeros infantes saltaron al suelo como quien desembarca en una playa cubierta por el fuego enemigo. Simplemente, siguieron trabajando.

    Estaban construyendo algo.

    El general Cúster, que hasta aquel momento se había sentido orgulloso de su nombre, estudió una vez más el plano que tenía desplegado sobre su mesa. Finas gotitas de sudor perlaban su frente.

    —Es inaudito —musitó—. Increíble.

    La zona estaba completamente cercada en un radio de cien metros en torno a la nave extraterrestre. Al principio, el general había dado orden de no acercarse más de lo prudente, en espera de acontecimientos. Luego había descubierto que, aunque quisieran, no podían acercarse cuando, al ver que los acontecimientos no se producían, dio orden de avanzar cautelosamente: una invisible barrera los detuvo a cincuenta metros de la nave, impidiéndoles cualquier penetración.

    Un teniente se introdujo en la tienda de campaña, sobando nerviosamente un informe.

    —Es como una cúpula, señor —dijo, entregándole los papeles—. No existe ningún punto de penetración.

    El general no hizo ningún comentario: cuando los generales se sienten desconcertados, evitan los comentarios con sus subordinados.

    —¿Los demás informes? —pidió.
    —Se están redactando, señor. Estarán listos en un par de horas.

    El general Cúster gruñó algo inconcreto. Echó una ojeada al informe: no decía nada de particular. Se habían efectuado las pruebas de rigor con todo tipo de aparatos de medición, se había intentado perforar la invisible pantalla por todos lados, se le habían disparado balas de cañón, de mortero, de ametralladora, de fusil y de pistola, se le habían lanzado granadas, se le habían aplicado explosivos plásticos, incluso se le habían tirado piedras. La barrera formaba como una cúpula en torno de toda la nave, incluso por debajo de la superficie del suelo hasta una profundidad desconocida, protegiendo a ésta y a los robots que trabajaban junto a ella de cualquier influencia exterior.

    Trabajaban... ¿haciendo qué?

    Nadie sabía decirlo exactamente. Parecía como si estuvieran construyendo algo. Pero no era muy grande. Dos veces el tamaño de un hombre, quizá un poco más. Alguien había hecho un comentario diciendo que era algo así como un arco o una puerta... Sí, realmente, parecía una puerta.

    Lo más exasperante de todo el asunto era la indiferencia de los robots. A nadie le gusta que le vengan un par de extraños a su casa y, sin decirle ni una palabra, se pongan a construirle un castillo de arena en medio del comedor. Eso, a escala cósmica, era lo que estaban haciendo aquellos absurdos armatostes metálicos, y quienes los habían enviado ni siquiera habían tenido la delicadeza de acompañarlos con un emisario de carne y hueso: solamente máquinas.

    Gruñó de nuevo.

    Salió al exterior. Era de noche. Pero potentes focos iluminaban el círculo de soldados y carros de combate. Una iluminación, por otra parte, totalmente innecesaria: en un momento determinado el general había ordenado apagar todas las luces y utilizar solamente infrarrojos para ver lo que ocurría, y los robots habían seguido trabajando tranquilamente en la oscuridad. Pero como los hombres no pueden ver en la oscuridad, el uso de los infrarrojos era un engorro y el general no quería perderse ningún detalle de lo que hacían aquellos montones de chatarra rodante, ordenó encender de nuevo todos los focos. También ordenó que se dispusieran en cuadro cuatro grabadoras de vídeo para registrar en todo momento lo que hacían aquellos seres metálicos. Y, a falta de nada más, esperó.

    Los primeros días habían sido un auténtico lío. La prensa no había tardado ni un minuto en hacer acto de presencia. Luego fueron las diversas cadenas de televisión, con sus equipos móviles, sus furgonetas y hasta sus puestos de hamburguesas propios. Empezaron a llegar enviados especiales de otros países. Hubo que habilitar un espacio reservado para ellos, y se dieron números para reservar turno, pese a lo cual se organizaron auténticos desmadres. Pero, aparte esos pequeños detalles marginales y las escaramuzas con los siempre odiados cuarto y quinto poder, no ocurría absolutamente nada digno de mención. Los robots seguían construyendo lo que fuera, impávidos ante todo y ante todos.

    Pero las altas esferas querían saber exactamente qué era todo aquello, y ponerle enérgico remedio. Deseaban acción.

    ¿Pero qué se podía hacer cuando los proyectiles de mayor poder de perforación resbalaban en el escudo de energía y se hundían en el suelo y salían desviados por el aire, y el láser producía el mismo efecto que la mantequilla sobre unas tostadas calientes? Quedaba la energía atómica, por supuesto, pero el general no se atrevía a utilizarla en aquel lugar crítico, pese a algunas insinuaciones de los halcones. Y las notas de protesta y las medidas diplomáticas que preconizaban las palomas eran tan inútiles como las armas, y casi igual de ridiculas.

    Se metió de nuevo en su tienda, mesándose los pocos cabellos que le quedaban.

    Poco después todos los informes estaban ante su mesa. Pero en conjunto no eran más que papel mojado. No revelaban nada que no pudiera deducirse por la más simple de las observaciones directas, Los exámenes efectuados a distancia —no cabía hacerlos de otra forma— indicaban que el metal de la nave y de los robots era una aleación desconocida: no se podía precisar más. Los robots se movían evidentemente por medio de impulsos electrónicos, pero se ignoraba la fuente. ¿La pantalla de energía? Misterio absoluto. ¿La propulsión de la nave? ¡Uf! ¿La posibilidad de que dentro del artefacto hubiera algún ser pensante dirigiendo toda la maniobra? Sí, cualquier cosa era posible. Lo único en que coincidían todos los informes era en declarar, a título exculpatorio, que desde aquella distancia y en aquellas condiciones era imposible precisar más, como si sólo se pudiera dictaminar con seguridad acerca de aquello que puede ser examinado al microscopio.

    —Señor, llaman del Pentágono —dijo el teniente, entrando por enésima vez en la tienda—. Esta vez es el presidente en persona. Quiere saber algo concreto. El oficial de comunicaciones pregunta si se pone usted.

    El general Cúster, campeón de mil batallas contra los enemigos de la democracia yanki, gruñó la obscenidad que hubiera deseado decirle al presidente pero que, pese a todas sus medallas, no se atrevía a pronunciar.

    Se fueron al tercer día.

    Durante aquel breve lapso de tiempo, los robots alienígenas habían trabajado sin el menor descanso, las veinticuatro horas del día, levantando la cosa. Luego, silenciosamente, recogieron todas sus herramientas y se metieron de nuevo en la navecilla. Ni en una sola ocasión habían alzado la vista (si es que tenían ojos) de lo que estaban haciendo, no habían dado muestras de ser conscientes de lo que ocurría a su alrededor fuera del domo, no habían mostrado la menor curiosidad por nada excepto su trabajo. Una vez terminado éste, la puerta de la nave se cerró a sus espaldas, y durante un segundo hubo expectación.

    Los aparatos detectores y de medición, que permanecían constantemente enfocados en la nave, detectaron un chasquido, y los indicadores señalaron, por una breve fracción de segundo, que la pantalla de energía había desaparecido tan repentinamente como apareció. El general Cúster aulló una orden, pero ya era tarde: el aparato dejó escapar un sonido en las fronteras de lo audible y dio un salto hacia arriba como impulsado por una gigantesca catapulta. Tres segundos más tarde todo rastro de él había desaparecido en el cielo.

    Pero en el suelo quedaba su obra. Por un momento el general Cúster no supo qué hacer. Luego, tragando dificultosamente saliva, consciente de los numerosos ojos, físicos y electrónicos, fijos en él, con el peso de Corea, Vietnam, Nicaragua, el Golfo Pérsico y cien mil heroicidades más sobre sus hombros, avanzó unos pasos, haciendo un expresivo gesto para que nadie le siguiera. Sabía que aquella imagen podía llegar a ser tan famosa como la de la pisada de Armstrong en la Luna, y el pensamiento le aflojó instantáneamente las tripas. No sabía lo que iba a ocurrir a continuación.

    Avanzó tanteando el terreno. Tras los primeros pasos, sacó su pistola de la funda y la amartilló. Luego pensó que aquel gesto era ridículo, pero mantuvo el arma firmemente asida. Se dirigió en línea recta hacia la obra de los robots, intentando que su paso fuera firme, y se detuvo a pocos pasos de ella. Aunque era de noche, la claridad de los focos permitía ver hasta el más mínimo detalle de la estructura. La examinó largamente, intentando deducir qué era, intentando descubrir algún indicio que le permitiera reconocerla como algo distinto de lo que a todas luces parecía ser. Adelantó una mano con intención de tocarla, pero la retiró unos milímetros antes de hacerlo, temeroso de no sabía qué. Aguardó una iluminación divina. No llegó. Finalmente se dio por vencido. Aunque le juraran lo contrario, en su mente de militar no cabría ya en todo el resto de su vida ninguna duda: aquello era, sencillamente, una puerta.

    —Lo siento, caballeros, pero aunque ustedes quieran que les diga lo contrario no puedo decirles otra cosa: es total y absolutamente una puerta.

    El reducido círculo de VIPs se agitó inquieto. El hombrecillo guardó sus instrumentos, se frotó las manos como si quisiera desprender de ellas un invisible polvillo, se quitó las gafas y las limpió con una gamuza. Bizqueó un poco.

    —Sin embargo, tiene que haber algo distinto —razonó el subsecretario de Estado—, Piense que su origen no es terrestre.
    —Eso es evidente —admitió el hombrecillo—. Ni su estructura, ni los materiales que la componen, ni su ornamentación, dejan lugar a dudas. Pero ahí terminan todas las diferencias: por lo demás, es una puerta con todas las de la ley.

    Miró hacia ella. Realmente era extraña. Se erguía allí, aislada en mitad del .césped, una incongruencia, sin ningún puntal ni apoyo que la sostuviera: sólo un marco y una hoja cerrando la abertura. Pero en aquellas dos simples cosas se hallaba implicado todo. No se trataba de una puerta funcional, ni siquiera era una recargada puerta de estilo barroco. Era, sencillamente... exótica. Aunque su forma fuese básicamente cuadrangular, la ornamentación no ponía en evidencia ninguna línea recta: tan sólo el conjunto, visto desde una cierta distancia, daba esa impresión. Era alucinantemente barroca, pero en un sentido distinto del que normalmente se le da a esa palabra. Sus motivos ornamentales no eran figurativos, y sin embargo tampoco podían calificarse estrictamente como abstractos. El hombrecillo intentó explicarlo de una manera simple:

    —Es algo hecho en otro mundo —dijo—, Alli los estándares de belleza siguen otros caminos distintos de los nuestros. Tal vez esta puerta, en su mundo de origen, sea algo estrictamente funcional. Tal vez las rocas de aquel planeta cristalicen en estas formas, o tal vez su vegetación posea estas estructuras. Pienso que nada puede surgir enteramente como un capricho de la mente racional: no poseemos tanta capacidad de creación. Aunque transformemos o estilicemos, básicamente necesitamos copiar. Esta puerta nos parece extraña simplemente porque en nuestro mundo no hay nada así.

    La hoja que cerraba la abertura de la puerta seguía la misma linea que el marco. Era gruesa, de unos veinte centímetros como mínimo, y tan exóticamente barroca como el resto. Todo el conjunto daba la impresión de tener un peso extraordinario, pero esto no se podría comprobar hasta que se la atacara directamente. Porque el material del que estaba hecha también era desconocido: no era madera, ni metal, ni siquiera plástico. Era algo distinto: el resultado de otra técnica.

    Y su utilidad...

    —Acepto todo lo que me discuta, profesor —dijo el secretario de la Guerra—, pero hay algo que no podré entender nunca. ¿Qué significado puede tener el que alguien erija una puerta así, aquí?
    —Tal vez sea un monumento —aventuró el hombrecillo.

    El consejero científico del presidente se echó a reír.

    —Absurdo —dijo. Tenía fama de ser un hombre muy lacónico.
    —Entonces, si realmente es una puerta, su única utilidad es la de dejar pasar de uno a otro lado —señaló el almirante Carrington, que era el hombre que más medallas había cosechado en su carrera militar, además de ser el suegro del presidente.
    —Muy bien, pero ¿de dónde a dónde? —quiso saber el secretario de la Guerra.

    Aquí el profesor se encogió ligeramente de hombros y volvió a colocarse las gafas.

    —Eso ya escapa a mis competencias —dijo, dando por zanjada la cuestión.

    El interés de los poderes públicos se tradujo en un deseo imperioso de saber: a) qué significaba aquella puerta, cómo, por quién y para qué había sido construida allí; b) cuál era su alcance militar, táctico o psicológico; c) si representaba algún peligro para la seguridad mundial.

    Automáticamente, tras la partida de la nave alienígena, la zona donde se hallaba la puerta fue declarada zona reservada, acordonada con vallas electrificadas y adornada con carteles de: «Zona estrictamente militar; prohibida absolutamente la entrada sin pase especial.» Un numeroso grupo de científicos, técnicos e investigadores, con el material más moderno que se sentían capaces de utilizar, acudió con ansias de sabueso. La puerta fue observada, tocada, manoseada..., pero nadie se atrevió a abrirla, ni mucho menos a cruzar su umbral.

    —Es evidente que hay un propósito específico en la construcción de este... monumento —dijo el general Cúster, que había sido nombrado Guardián de la Puerta y coordinador de operaciones del PPA (Proyecto Puerta Alienígena), pese a lo cual cada vez se sentía menos seguro de sí mismo—. Nadie es capaz de construir una puerta que no conduzca a ningún lado. Y, sin embargo, esto es aparentemente lo que ocurre aquí. A menos que nos hallemos ante...

    Hizo una pausa, mirando a todos los congregados. Uno de los científicos jóvenes se atrevió a hacer la sugerencia:

    —¿Una puerta dimensional?
    —Ajá —dijo rápidamente el general, satisfecho de que algún otro hubiera corrido con la responsabilidad de expresar con palabras lo que bullía en su mente—, Y si realmente es asi, nos encontramos ante algo que puede ser una amenaza real para la seguridad del mundo. No podemos permanecer cruzados de brazos ante una puerta que comunique, de una forma tan directa, con otros mundos quizá hostiles al nuestro.

    Miró a su alrededor, como esperando alguna ayuda, y sus ojos se fijaron en el hombrecillo que había sido el primero en examinar la puerta.

    —¿Qué opina usted de todo esto, profesor Stone? —preguntó, casi desafiante.

    El hombrecillo se encogió ligeramente de hombros.

    —Siempre he sido partidario de la comprobación directa de las teorías, general; el método científico per se me parece una estupidez, si no puede acompañarse de pruebas fehacientes. Si realmente esta puerta conduce a algún lado, lo único que hay que hacer es que vaya alguien, la abra y mire.

    Se produjo un tenso silencio. Una voz estrangulada entre la concurrencia exclamó:

    —¿Quiere decir que... pretende...?
    —Ajá —asintió el hombrecillo—. La observación nos ha indicado que la puerta tiene una hoja, un picaporte, y que en consecuencia parece susceptible de ser abierta. Entonces, ¿a qué esperamos, caballeros?

    Nadie respondió.

    Se habían reunido todos en torno a la puerta extraterreste: los VIPs de siempre, y algunos más añadidos a última hora, pues ya se sabe que los VIPs son una especie en constante expansión. Un intenso aire dramático flotaba en la atmósfera. El profesor Stone, con las gafas fuertemente apretadas contra el puente de sú nariz, estudiaba atentamente la alienígena estructura.

    —Se abre hacia este lado —indicó.
    —No se ven goznes —gruñó el consejero científico del presidente—, ¿Cómo puede estar tan seguro?
    —Bueno, un ligero examen y un poco de perspicacia personal. Observe que, si existe en la puerta algún picaporte, sólo puede ser esto —señaló una protuberancia cuya utilidad como picaporte podía ser en el mejor de los casos discutida, pero no compartida con ningún otro relieve o accidente de la hoja—, Y está sólo en este lado. En consecuencia, la puerta se ha de abrir de este lado, y empujando.
    —¿Por qué empujando? —preguntó el secretario de la Guerra, haciendo gala de la proverbial inteligencia inherente a su cargo.
    —Porque se supone que hay que cerrarla luego, y usted puede cerrar una puerta sin picaporte empujándola, pero nunca tirando de ella.
    —Entonces, se trata de una puerta de un solo sentido —dijo el secretario personal del presidente, cuya única razón de estar allí era poder informar luego al presidente de primera mano y sin los inevitables filtros de todas las demás secretarías.
    —Exacto. Desde el otro lado no puede ser abierta.
    —Cualquier cosa —rezongó el general Cúster, y se retiró del grupo.

    Se sentía cada vez más inseguro. La semana de exhaustivos estudios había sido una dura prueba para él, que había tenido que asistir a discusiones bizantinas que no llevaban ni podían llevar a ningún lado. Cada vez estaba más convencido de que había que volar aquella maldita cosa y olvidarse definitivamente de ella. Pero los científicos, por supuesto, no estaban de acuerdo. Aquello era para ellos como el crucigrama del periódico, sólo que más apasionante, y gratis. Un motivo estimulante para teorizar, hipotetizar y recorrer senderos ignotos, que siempre llevaban a callejones sin salida pero daban la oportunidad de volver atrás y buscar nuevas ramificaciones con la leve esperanza de llegar, alguna vez, a la salida del laberinto. Estériles juegos sin sentido, por supuesto. Pero aquel país había empezado a degenerar desde que el culto de la ciencia había sustituido al culto de las armas. Las reuniones científicas, discusiones y airadas diatribas no habían llegado, como era de esperar, a ninguna parte. Como tampoco habían dado ningún resultado los intentos de atacar, romper, derribar, mover, hacer bascular aquella mole. Finalmente, ante lo infructuoso de conseguir algún resultado práctico, y ante las presiones de un gobierno que deseaba hechos, no palabras y dilaciones, se había tenido que aceptar la sugerencia del profesor Stone: si no puedes derribar la puerta, ábrela y crúzala.

    Pero existía una incógnita: ¿qué habría al otro lado? Y un problema: ¿quién estaría dispuesto a cruzarla? Cruzar aquella puerta representaba entrar en lo desconocido. Y el hombre es capaz de enfrentarse a los más tremendos peligros siempre que sepa lo que son. Pero lo desconocido sigue imponiendo pavor.

    —Yo lo haré —dijo finalmente el profesor Stone—, Puesto que me han nombrado jefe del departamento científico de este proyecto, y la finalidad del mismo, diga usted lo que diga, general, es estrictamente científica, creo que nadie mejor que yo puede cumplir esa tarea.

    Hubo ciertas discusiones, por supuesto, expresadas más por pura obligación que por convicción, antes de que se aceptase la única candidatura. Cuando al final se llegó al acuerdo, el general Cúster carraspeó levemente y dijo:

    —Pero habrá que tomar medidas. Quiero que, antes de cruzar esa puerta, se ate usted una cuerda a la cintura...

    La carcajada del profesor Stone hubiera hecho enrojecer a un primate.

    —Oh, vamos, general —dijo el hombrecillo, secándose las lágrimas—, ¿Cree usted que, si se trata de una puerta a otra dimensión, una cuerda arreglará algo? No se preocupe, general, y déjeme a mí la parte técnica del asunto. Ya he tomado mis medidas, y puedo asegurarle que son las más efectivas que podemos tomar. Llevaré un traje totalmente hermético, con depósito independiente de oxígeno suficiente para cinco horas. En estos momentos le están acoplando un mecanismo regulador automático de la presión interna, de modo que pueda compensar siempre las necesidades de mi organismo cualquiera que sea la presión exterior, hasta unos límites razonables, por supuesto, o simplemente hasta que no exista. Llevaré también conmigo un transmisor de alta frecuencia y de largo alcance, conectado a un dispositivo automático que emitirá una señal constante y característica, algo así como un radiofaro. De este modo, aunque me ocurra algo y no pueda comunicarme, el radiofaro seguirá emitiendo y señalará mi localización. Son pocas seguridades, de acuerdo, puesto que no sabemos lo que hay al otro lado... pero es todo lo que se me ocurre por el momento. Después de una primera exploración, que será sumaria, por supuesto, ya que no soy ningún héroe, y una vez sepamos lo que hay allí, podremos adentrarnos más y mejor preparados en el otro lado.

    Ahora, mientras se enfundaba el engorroso traje que lo convertía en algo menos que un monstruo antediluviano, el profesor Stone sentía la clásica excitación que se experimenta ante lo fascinantemente desconocido. Con el auxilio de dos ayudantes, fue comprobando cuidadosamente todos los indicadores de que iba provisto su fabuloso traje de dos millones de dólares, fabricado apresuradamente por la NASA: presión, composición atmosférica externa, orientador magnético, orientador sónico, orientador radárico... Se ajustó el casco.

    —Bien, general —habló a través del altavoz—, ¿Me oyen?

    El general Cúster, con la alta plana mayor del PPA, se hallaba en una tribuna alzada para la ocasión en el lado entrada de la puerta, no muy lejos de ésta. Un ayudante manejaba el panel de mandos que conectaba con todos los indicadores del traje del hombrecillo. Asintió con la cabeza e hizo el signo de O.K. con la mano.

    —No sé si ésta será una ocasión histórica o no, profesor —carraspeó ante el micrófono—, pero de todos modos... buena suerte.

    El profesor Stone tampoco sabía si sería una ocasión histórica o no, aunque toda la televisión mundial tenía sus objetivos enfocados en su figura, desde la tribuna de la puerta erigida a un lado, para que pudieran verse claramente los dos lados de la puerta. Avanzó unos pasos, con la impresión de ser un astronauta en la Luna o un buzo en el fondo del mar. Sentía que le picaba todo el cuerpo: es la excitación, pensó. Me revuelve la sangre. Lo que más le excitaba era la ignorancia de lo que iba a encontrar. Como científico, cualquier enigma planteado ante él era una atracción irresistible, un velo que había que descorrer, una puerta que había que abrir... se rió ante la comparación. Aquello era algo que nunca comprenderían ni el general Cúster ni todos los pasmarotes de las altas esferas que se sentaban a su lado. Bien, pero debía decidirse. Llegó ante la puerta y se detuvo. Tiró de los cordones umbilicales que le unían al mundo de atrás, la cuerda del general, los conectores de todos los instrumentos que llevaba encima. Soy el hombre—instrumento, rió. ¿Iban a seguir conectándolo con el mundo que abandonaba, o se verían brutalmente cercenados apenas cruzara el umbral? Decidió no pensar más en ello. Más adelante vendría el momento de las comprobaciones; ahora era el momento de actuar.

    Conectó la videocámara que llevaba encajada en la parte frontal del traje.

    —¿Está listo, profesor? —preguntó una voz por los auriculares.
    —¡Claro que estoy listo, diablos! —gruñó. Adelantó una mano y la posó en lo que podía ser el picaporte.

    Experimentó la misma sensación que la primera vez que tocó la puerta, ya no sabía cuántos días antes: un leve y agradable cosquilleo. Electricidad estática, había pensado entonces. ¿Una vibración energética que mantenía tendido el puente con otros mundos?, pensó ahora. ¿Existía realmente aquella puerta, allí, en aquel espacio, como cosa material, o era solamente una proyección de energía? Intentó mover el picaporte: giró bajo la presión de sus dedos. Y se veía sólido, material. Le dio un cuarto de vuelta.

    Los micrófonos exteriores del traje captaron un leve clic.

    Contuvo la respiración, sintiendo que su corazón retumbaba como un trueno en sus oídos. Tiró, después empujó. La hoja, aparentemente tan pesada, se movió con facilidad.

    Empujó con más fuerza, tensando todos los músculos para controlar al máximo el movimiento. Lenta, suavemente, obedeciendo milimétricamente a su impulso, la puerta se fue abriendo. Su corazón era como un caballo desbocado. Empujó con más fuerza. La puerta se abrió del todo.

    Al otro lado se veía lo mismo que desde fuera del marco: el césped verde, con el Capitolio al fondo. Pero podía tratarse de una ilusión visual. La puerta funcionaba atravesándola, no mirando a través de ella. Inspiró profundamente, acumulando fuerzas.

    —¿Todo bien, profesor? —la voz del general, a través de los auriculares, le sobresaltó.
    —¡Y un cuerno! —gruñó—. ¿Quiere dejarme en paz, maldita sea?

    Avanzó un pie. Dudó. Aquél era el momento cumbre. Debía decidirse. Los grandes descubridores habían sido hombres intrépidos. Cerró fuertemente los ojos, dio el paso, traspuso la puerta.

    Esperaba alguna señal, algo revelador: un fuerte chasquido, un destello de luz, un rayo fulminador, un torbellino... el desplomarse de todo un mundo sobre su cabeza. No ocurrió nada. Abrió lentamente los ojos, temblando como una hoja. Miró, esperando ver mil maravillas.

    El prado ante él, el Capitolio al fondo. Pisando la verde hierba. Había cruzado la puerta... y estaba en el mismo sitio, sólo que al otro lado.

    —¡Profesor! —exclamó desencajada la voz del general en sus oídos—, ¡Podemos verle, no ha cruzado ninguna barrera! ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está?
    —¡Cállese, diablos! —gruñó. Algo había funcionado mal. Pensemos, se dijo. Si la puerta sirve para ir de un mundo a éste, es inútil que la cruce iniciando mi viaje en éste. El viaje hay que hacerlo al revés. Por eso en el lado de fuera no hay picaporte: para que nadie pueda hacer el camino a la inversa. Pero ahora la puerta está abierta. Puedo cruzarla. Y entonces...

    Giró en redondo y, sin pensarlo, dio un paso a la inversa. No cerró los ojos. Y aunque podía jurar que vio el rayo, oyó el trueno en sus oídos y captó el desplome de un mundo sobre su cabeza, cuando vio al general y a todos los demás mirándole allí delante en su tribuna con rostros entre asombrados y decepcionados, supo que tampoco ahora había pasado nada.

    Y el profesor Stone, de pie allí junto a la puerta, con todas sus precauciones, su traje estanco de presión regulable, sus indicadores insertados por todos lados, su botella de oxígeno y su emisor de radiofaro, se sintió repentinamente tan ridículo y fuera de lugar frente a los hombres que le contemplaban y a los objetivos de las cámaras que difundían su imagen por todo el mundo que no pudo hacer otra cosa más que echarse a reír a carcajadas.

    El informe que el general Cúster presentó al Pentágono y el PPA al presidente fue uno de los documentos más frustrantes de toda la historia de la humanidad.

    No había ninguna conclusión a lo largo de las tres mil y pico de páginas que lo componían. Mejor dicho, sí habla una: la conclusión unánime de todos los técnicos y científicos y expertos y militares que habían examinado la puerta de que se desconocía todo acerca de ella, excepto su incongruencia, su invulnerabilidad, y su aparente inocuidad. Los intentos, los ensayos, las pruebas, todo había fracasado. La puerta seguía allí, inmóvil, como riéndose de todos aquellos que habían intentado aprehender su secreto. No estaba clavada en el suelo, sino sencillamente anclada a él por extrañas fuerzas invisibles e indetectables. No tenía cimientos, pero aunque habían intentado socavar el suelo donde aparentemente se apoyaba había permanecido incólume, suspendida en el aire, riéndose de todos sus esfuerzos.

    Hubo reuniones precipitadas, discusiones, acusaciones mutuas, gritos. El general Cúster presentó su dimisión del proyecto. No le fue aceptada, pero se le agradeció el gesto. Y tras reconocer de forma unánime que cualquier medida que se adoptara sería completamente inútil, se decidió que la puerta extraterrestre constituía un misterio que no podía ser desvelado por la actual ciencia humana, y que por lo tanto debía ser constante y estrechamente vigilada.

    Así se creó la División de la Puerta: un grupo de ejército cuya misión sería vigilar día y noche aquel extraño monumento extraterrestre. Durante mucho tiempo, la valla del recinto que rodeaba aquella incongruencia se mantuvo electrificada, y los carteles que advertían que aquella zona era de estricta jurisdicción militar se mantuvieron en sus sitios. Llegaron especialistas de todas partes del mundo con la esperanza de ser ellos quienes desvelaran el misterio, demostrando así que eran más listos que sus omnipotentes colegas americanos, sin conseguir otra cosa más que demostrar que eran tan necios como sus antecesores. Tras el primer intento del profesor Stone, que mereció una amplísima difusión internacional, desde los noticiarios científicos hasta las revistas satíricas más sanguinarias, la puerta fue cruzada miles de veces, en todas circunstancias y con todos los aditamentos: en noches de luna llena, con armadura, en zapatillas, leyendo el periódico, la noche de San Juan, la noche de Halloween, completamente desnudos, caminando, corriendo, arrastrándose, el día de Navidad, el de Todos los Santos, sobre las manos, de puntillas... Todo sin el menor resultado.

    El tiempo fue pasando y, como suele suceder, las normas se relajaron poco a poco. Los turistas que acudían a Washington querían fotografiarse no sólo junto al Capitolio, sino también junto a la puerta. Los guardias y el recinto vallado se lo impedían. Empezaron a aparecer protestas en los periódicos. Se iniciaron algunas campañas. Un senador presentó una moción solicitando «fuera puesta al servicio del público aquella maravilla venida de otro mundo». Hubo una tormentosa sesión en el Capitolio, como consecuencia de la cual la verja electrificada desapareció y solamente quedó la puerta y dos soldados montando guardia, uno a cada lado, con la misión de no dejar acercarse a la gente, aunque sí hacer fotografías.

    Y las normas se siguieron relajando. Y las fotografías se hicieron cada vez desde más cerca, incluyendo personas y hasta grupos de turistas, y algunos tocaban la puerta, y pronto los más atrevidos quisieron cruzarla. Los guardias seguían impidiéndolo, y con ello se iban haciendo más y más impopulares. Hubo nuevas campañas, y otro senador, que aspiraba secretamente a la presidencia en las próximas elecciones, pidió que «se terminara con aquella dilapidación del erario público y despilfarro del meritorio esfuerzo de las fuerzas armadas, aboliendo de una vez por todas la División de la Puerta». Hubo otra tempestuosa sesión, y la guardia fue retirada.

    La puerta se convirtió así en objeto de curiosidad y juegos. Sus principales usuarios eran los turistas y los niños. Los turistas se fotografiaban junto a ella, apoyándose en la jamba y atisbando por la hoja abierta, o se filmaban cruzándola osadamente. Los niños, más atrevidos o más inconscientes, se subían a sus jambas o se colgaban de su dintel. Era sorprendente la suavidad con que se abría y cerraba, pese a lo masiva que era. Y nunca, nunca, le pilló los dedos a nadie.

    Así pasaron diez años. Y entonces, cuando hacía ya tiempo que la puerta había dejado de ser una hipotética amenaza y se había convertido en algo tan cotidiano que nadie le prestaba apenas atención, volvieron los extraterrestres.

    Fue también una tarde de agosto, a pleno sol. La navecilla, muy semejante a la que acudiera la primera vez, aterrizó plácidamente en el prado, junto a la puerta, exactamente en el mismo sitio en que lo había hecho su antecesora. Hubo un momento de expectación entre la gente que se congregó al saber la noticia, cuando se abrió la puerta de la nave y salieron los robots. Y brotó un profundo «¡oh!» de admiración cuando, tras los robots, apareció una alta y delgada figura de aspecto humano, rostro noble y ojos penetrantes: un extraterrestre de carne y hueso.

    El ejército llegó, como siempre, cuando los robots ya casi habían desmantelado la puerta. El jeep frenó con un derrape espectacular, y el general Cúster saltó al suelo y avanzó a grandes zancadas hacia el extraterrestre.

    —¡Eh, usted! —gritó—. ¡Espere, tengo unas cuantas preguntas...! —y se dio de narices contra la invisible cúpula de energía.
    —Es usted un militar —dijo entonces fríamente la voz de la delgada figura humana—. No me interesa hablar con los militares.

    Los robots estaban llevando la desmantelada puerta a la navecilla. Se apartó para dejarlos pasar, mientras el general Cúster golpeaba impotente la invisible barrera y soltaba denuesto tras denuesto. Cuando todo quedó recogido dio un postrer vistazo a su alrededor y, cuando el último de los robots desapareció dentro del aparato, se volvió para entrar también él.

    —¡Hey, espere! ¡Espere un minuto, por favor!

    Se volvió de nuevo. Un hombrecillo corría alocadamente hacia la nave, sujetándose unas gafas que cabalgaban a pelo sobre su nariz. Se detuvo jadeante al lado del general Cúster.

    —Espere, por favor —resopló, con un hilo de voz—. Necesito...

    Los ojos del extraterrestre parecieron sondearle hasta lo más profundo de su alma.

    —Venga —dijo tras un intervalo de apenas un segundo, adelantando una mano—. Acerqúese.

    El hombrecillo avanzó con precaución para no darse un golpe contra la barrera. Pero no había barrera. Anduvo más decidido. Tras él sintió el fuerte golpe de la cabeza del general contra la barrera cuando intentó seguirle apresuradamente, y la inmediata maldición.

    —Es usted un científico como yo —dijo el extraterrestre cuando el profesor Stone llegó a su lado—, ¿Qué desea de mí?
    —Esto... la puerta... —jadeó el profesor—. Me ha tenido diez años sin pegar ojo. Me he roto la cabeza una y mil veces intentando descubrir qué era y no lo he conseguido. ¡Y ahora vienen ustedes, se la llevan tranquilamente, y nos dejan en la más completa ignorancia! ¡No es ético, señor! ¡No es justo! ¡No quiero morirme sin saber antes qué demonios era esa... esa cosa que plantaron ustedes ahí!

    El extraterrestre sonrió.

    —Una máquina de tests —dijo simplemente.
    —¿Tests? —el hombrecillo parpadeó.
    —Ajá. Las instalamos en todos los planetas que exploramos en los que descubrimos algún signo de cultura. Ustedes la han llamado puerta: no es eso exactamente. En realidad se trata de un aparato de registro. Vea: todos los adornos que la forman son en realidad circuitos de registro, detección y evaluación. Actúan constantemente de forma automática, y transmiten sus datos a nuestro planeta madre. A través de esos datos podemos estudiar a distancia todas las culturas de la galaxia.
    —Estudiar... ¿cómo?

    A través de las reacciones de los habitantes de cada planeta. Ellos estudian nuestra máquina, sin saber que a su vez están siendo estudiados por ella. Sus métodos de investigación, las pruebas a las que la someten y los resultados que obtienen o creen obtener de las mismas nos dan una idea exacta de su estadio de evolución tecnológica. Y sus reacciones emotivas ante la puerta nos revelan el grado de evolución psicológica, mental y social.

    ¡Pero diablos! —gruñó el profesor, pateando el suelo—. ¡Usted puede decir lo que quiera, pero para mí eso es una puerta\

    Lo es, exteriormente y según los estándares de ustedes. Porque está adaptada a su idiosincrasia. Piense que, en cada planeta, nuestra máquina de tests adopta una forma distinta, según las características de la cultura que lo habita puestas al descubierto por nuestras investigaciones preliminares. Y su forma no es más que otro aspecto del test. Las reacciones de la raza ante esta forma aparente, su actitud ante algo que frecuentemente escapa a su lógica, nos da una idea clara de cómo funcionan sus procesos mentales, de cómo reaccionan como grupo. A través de ella hemos podido observar cómo el ejército de ustedes es ineficaz ante una situación que no puede medirse o controlarse, que sus investigadores son inquisitivos pero carentes de osadía e imaginación... —sonrió—. Bien, hacerle un detalle completo sería demasiado largo. ¿Ha comprendido ahora?

    —Sí... —el profesor asintió con la cabeza, aunque no parecía estar muy seguro—. Todo eso está muy bien, pero hay algo que aún no acabo de comprender. Dígame: han construido aquí una puerta en un lugar insólito y aparentemente sin ningún motivo. Me parece muy bien. Pero las cosas no se hacen nunca sin motivo. Así que tiene que haber algo más. Dígame: ¿dónde demonios conducía realmente esa puerta?

    La sonrisa del extraterrestre se hizo tan amplia como se lo permitía su delgado rostro.

    —¿Pero no comprende que ésta es precisamente la base de nuestra máquina de test? —dijo—, ¡La puerta no ha conducido nunca a ninguna parte!


    Fin