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    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

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    B5
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    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    hola

    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL REPARADOR DE BIBLIAS (Tim Powers)

    Publicado el jueves, abril 27, 2017
    —Pero aún servirá para hacer juramentos, ¿no? —murmuró Dick, intranquilo por la maldición de que se había hecho acreedor.
    —¿Una biblia a la que falta un trozo? —replicó Silver con sorna—. Ni hablar. No comprometería más que jurar sobre un cancionero.
    —¿De verdad? —preguntó Dick con cierto alborozo—. Entonces, yo diría que también es algo que vale la pena tener.

    ROBERT LOUIS STEVENSON,
    La isla del tesoro



    Al otro lado de la autopista estaba el viejo Humberto, un punto negro en el campo pardo, entre la vía del tren y el quitamiedos, que empujaba un cochambroso carrito de supermercado por la acera agrietada. El primer sol de la mañana proyectaba su sombra hasta la línea divisoria, pero al parecer ya estaba tan borracho que iba apoyado en el carrito, usándolo a modo de andador. Era probable que no durmiera nunca, aunque tampoco se podía decir que estuviera nunca muy despierto.

    Humberto había trabajado lo suyo. A aquellas alturas se dedicaba a hablar y gesticular con gente muerta hacía mucho, que sólo existía en su recuerdo distorsionado. Pero aquella mañana, mientras Torres lo observaba, fue indudable que el viejo lo miró fijamente desde el otro lado del asfalto y saludó con la mano. Apenas era una silueta que se recortaba contra la luz del sol: sus pantalones de camuflaje, su barba blanca y su gorra de piel de mapache a lo Daniel Boone formaban un contorno amorfo; pero era posible que también le estuviera sonriendo.

    Tras un momento de vacilación, Torres agitó la mano e hizo un gesto con la cabeza. Él no estaba borracho de buena mañana; podía caminar sin apoyarse y no estaba rodeado de personas imaginarias. Tenía intención de mantener esas diferencias con Humberto, pero suponía que los hermanaba la profesión y que debería mostrar cierto respeto a un compañero que, simplemente, no había sabido retirarse a tiempo.

    Se guardó en el bolsillo el paquete de Camel y el cambio, dio la espalda al viejo y cruzó el aparcamiento en dirección al descampado que tenía que atravesar para llegar a su casa.

    Se había retirado; al menos, ya no quería saber nada de las inmersiones profundas. Últimamente se conformaba con trabajos de poca monta: coches, biblias, gafas o ropa de segunda mano... La mitad del trabajo consistía en convencer a sus clientes de que el trabajo estaba hecho. Siempre usaba agua bendita de verdad, de las botellas de cinco litros que llenaba en la pila de plata de la iglesia de Santa Ana, pero por mucho que impresionara a los clientes, en su opinión sólo servía para mojar.

    La puerta del garaje estaba abierta, y varias cabras se asomaban al jardín contiguo con las patas delanteras en la verja. Se detuvo a arrancar unos cuantos de aquellos matojos altos y peludos parecidos a la salvia que crecían por toda la zona, y se los dio a las cabras para que se entretuvieran. En ocasiones, si llegaba un cliente en un momento como aquel, susurraba algo a los animales, se quedaba callado, como si escuchara, y asentía.

    Tenía el Toyota aparcado en la calle porque la entrada estaba ocupada por el Dodge Dart blanco de un cliente. Ya había terminado de instalar un «botón del dolor» en el salpicadero: si el coche no arrancaba, el dueño podría tomar medidas: «¿Conque esas tenemos? A ver si te gusta esto». Al otro lado del cortafuegos, el cable que salía de aquel botón estaba atornillado a la carcasa del carburador. Era una tontería, pero tenía que parecer convincente.

    También tenía que expulsar a un fantasma balbuceante del reproductor de música del coche. Había usado una lata de aire comprimido y unos imanes, y aquello sí que no había sido ninguna tontería. Si la disposición de los imanes respecto a los altavoces era correcta, habría conseguido crear un efecto Bernoulli con el chorro de aire que apuntaba al diafragma del altavoz de forma que, cuando se disparase, dejara de oírse el monólogo titubeante que se superponía a la música que estuviera sonando. Aquel día pensaba sacar aquel trasto viejo a la autopista y, suponiendo que fuera capaz de alcanzar la velocidad necesaria, conduciría en dirección norte, sudoeste y oeste para poner a prueba el apaño. Ganaría doscientos dólares si lograba que desapareciera la voz y, en cualquier caso, cien por el botón del dolor.

    También tenía que reparar un par de biblias; se sacaría como mínimo cincuenta dólares por cada una, y sólo tenía que sujetar la página a una tablilla en el bastidor y quemar el pasaje que sus clientes consideraban intolerable con un pirógrafo; una simple cuchilla no tenía tanta autoridad como el hierro candente. Después, por supuesto, tocaba empapar el libro mutilado en agua bendita para que siguiera siendo válido pese a las alteraciones. Los versículos que le tocaba quemar con más frecuencia eran San Mateo 19, 5-6 y San Marcos 10, 7-12, ya que condenaban las segundas nupcias tras el divorcio, pero también era habitual que le encargaran borrar San Mateo 25, 41-46, donde Jesús prometía el Infierno a aquellos que negaran auxilio a los desamparados. Hasta tenía una oferta: un paquete de eliminación de las treinta y tantas alusiones al adulterio. Había biblias personalizadas que, al cabo de unos años, acababan con la cubierta y poca cosa más.

    Abrió la puerta de un empujón, puesto que nunca cerraba con llave, y se dirigió a la cocina para coger una cerveza del punto álgido del fregadero. La luz del contestador estaba intermitente, y pulsó el botón de reproducción después de abrir la lata de Budweiser.

    —Transmítele este mensaje a Torres —dijo la voz grabada—. ¡Apunta el número que te voy a dictar! Es muy importante; asegúrate de que lo reciba. —La voz recitó un número, y Torres lo escribió.

    El aparato llevaba de fábrica un mensaje pregrabado con voz femenina: «No hay nadie que pueda atender su llamada en este momento». Normalmente, quienes llamaban pensaban que vivía con una mujer, y no debía de parecer muy fiable, porque no era infrecuente que insistieran mucho en que le transmitiera el mensaje.

    Marcó el número y, al cabo de un momento, contestó un hombre.

    —¿Señor Torres? Necesitamos que nos ayude, igual que hizo con la familia Fota hace cuatro años. Se han llevado a nuestra hija y hemos recibido una nota de rescate. La teníamos en una cafetera, con unas rosas atadas alrededor...
    —Lo siento —interrumpió Torres—, pero ya no me dedico a ese tipo de trabajos. Le recomiendo que llame al señor Seaweed, de Corona, que es más joven. ¿Quiere que le dé su número?
    —Hablé con él la semana pasada, pero después me enteré de que usted había vuelto al negocio, y es mejor que Seaweed.

    El pobre Humberto había seguido haciendo inmersiones profundas. Torres también las estuvo haciendo más tiempo del debido, y como resultado, muchos libros que le habían encantado de joven se le habían vuelto incomprensibles.

    —Lo siento mucho, pero lo he dejado definitivamente. —Dicho aquello, colgó el teléfono.

    Ni siquiera había negociado el rescate cuando se llevaron a su propia hija, tres años atrás. Su mujer lo había dejado, incapaz de entender que, de haberse salido con la suya, era más que probable que le hubiera tocado pasarse el resto de la vida cambiando los pañales a un marido retrasado.

    Amelia, su hija, había muerto de unas fiebres a la edad de ocho años. Estaba enterrada en el terreno que había detrás del cementerio católico, y casi todos los domingos, Torres y su mujer visitaban la tumba y se aseguraban de que siempre estuviera cubierta de montones de peluches y molinillos. Una caja de plástico negra con tapa trasparente, plantada a modo de lápida, contenía el certificado de defunción que demostraba que había muerto en un hospital. Indudablemente, su alma había ido al Cielo, pero decidieron retener su fantasma para que no tuviera que vagar por el frío y ruidoso semimundo; Torres lo vinculó a una de sus muñecas de trapo. Todos los domingos por la noche le llevaban caramelos, tabaco y un chupito de ron; no parecía muy apropiado para una niña, pero en cierto modo, todos los fantasmas tenían la misma edad. Torres siempre encendía y apagaba los cigarrillos antes de colocarlos frente a la muñeca; también mordía los caramelos: los fantasmas necesitaban que alguien les empezara las cosas.

    Pero un día entraron unos ladrones y se llevaron la muñeca. En su lugar dejaron una nota en la que ponía: «Señor Torres, si quiere recuperar a su hija, deme un poco de su sangre». También había un teléfono.

    Normalmente, las notas de rescate pedían que el destinatario se hiciera un tatuaje, que era como otro que tenía el secuestrador, y si obedecía, este le arrebataba un montón de recuerdos, la capacidad de sentir afecto y la facultad de soñar. Pero cabía la alternativa de ofrecer sangre de alguien que tuviera el alma rota tal como la tenía Torres; por ello, muchas familias que sufrían uno de aquellos robos acudían a él y le ofrecían grandes sumas a cambio de un poco de sangre que les ahorrara la necesidad de someterse al temible tatuaje vampírico.

    A veces, cuando los padres del fantasma estaban divorciados, el ladrón era el otro cónyuge, ya que los tribunales se negaban a dictaminar sobre la custodia de los hijos muertos. O también podía ser un pretendiente despechado... En esos casos no pedían ningún rescate, pero en algunas ocasiones, Torres había conseguido rastrear al ladrón y recuperar el tarro, la caja o la botella que contuviera el fantasma.

    Sin embargo, lo más habitual era que tuviera que ceñirse al trato: citarse con el secuestrador y entregar una taza de sangre, aproximadamente, a cambio del fantasma robado; y cada vez, junto con la sangre, perdía un trozo de alma.

    El teléfono volvió a sonar, y Torres se acabó la cerveza decidido a no contestar.

    Diez años atrás era una mera consideración abstracta: si pensaba en ello, que tampoco era frecuente, suponía que podía perder gran parte del alma sin echarla de menos; a fin de cuentas, seguro que iría al Infierno de todas formas por habérsela roto deliberadamente a los dieciocho años. Tenía la impresión de que dispersarla equivalía a eludir el pago de un impuesto. Pero a los treinta y cinco años ya había perdido el pelo; se le habían roto tantos vasos sanguíneos en la retina que casi no veía por el ojo izquierdo, y cuando intentaba leer una novela larga le resultaba imposible seguir la trama. Al parecer, junto con la sangre y los fragmentos de su hipotética alma había perdido integridad física y mental.

    Pero los ladrones no querían la sangre para aumentar su integridad; era casi lo contrario. Torres lo veía como una especie de bótox espiritual.

    Se trataba por lo general de médiums, adivinos, videntes..., metafísicos en general; y más que la evasión que representaban los recuerdos y sueños ajenos, así como la capacidad de sentir afecto, buscaban una forma de amortiguar el ruido extrasensorial producido por las vidas y las muertes de los humanos. Torres lo imaginaba como un centenar de radios que sonaran a la vez, con la mitad de los locutores borrachos como cubas, lloriqueando, soltando risitas estúpidas o buscando camorra.

    Pero no lo sabría nunca, porque había roto todas las antenas de su alma a los dieciocho años, la noche en que mató a un borracho que lo atacó con una navaja en un aparcamiento. Consiguió desarmarlo y lo dejó inconsciente golpeándole la cabeza contra un parachoques, pero después, y sólo porque podía, le clavó la navaja en el pecho. La fiscalía dictaminó que había sido homicidio involuntario, en legítima defensa, de modo que no presentó cargos. Pero tenía el alma rota.

    Saltó el contestador, pero no se oyó nada después del mensaje saliente. Torres tiró la lata de Budweiser a la papelera y se dirigió al salón, que se había convertido en taller con el paso de los años.

    Cometer un asesinato era la forma más eficaz de romperse el alma, y Torres había rescatado su primer fantasma aquel mismo año, sin cobrar, sólo para averiguar si su alma proporcionaba la desconexión provisional de la humanidad que tanto valoraban los metafísicos. Pudo comprobar que funcionaba a la perfección.

    Llevaba veinte años reparando biblias, pero sólo hacía un par que se había forjado una reputación en aquel campo, y había sido por accidente: un día de verano, tres testigos de Jehová encorbatados aparecieron en su puerta, y salió al jardín a debatir las Escrituras con ellos. «Déjenme esa biblia —les había dicho —y les demostraré en qué se equivocan.» Cuando se la entregaron, la abrió por el primer capítulo del Evangelio de san Juan y empezó a leer en voz alta. Tenía la vista tan deteriorada que se vio obligado a sacar la lupa, y no se dio cuenta de que la atravesaba un rayo de sol hasta que prendió el libro. Los testigos de Jehová huyeron despavoridos y, al parecer, hicieron correr la voz de que le bastaba con tocar una biblia para que estallara en llamas.


    Estaba sujetando al bastidor una biblia vieja y desgastada, sobre la mesa de mármol, con el propósito de eliminar los comentarios de San Pablo en contra de la homosexualidad, cuando oyó tres golpes en la puerta: el primero, vigoroso; los otros dos, apenas un roce. Se dio cuenta de que, como no estaba cerrada, el visitante la había abierto sin querer. Dejó el pirógrafo en el cenicero y salió al vestíbulo.

    En el umbral había un hombre bajo y fornido, con bigote, que tenía una caja en las manos y se agitaba incómodo de un lado a otro.

    —Señor Torres... —Acompañó el saludo con una sonrisa, pero inmediatamente después puso una cara tan lúgubre que dio la impresión de que no volvería a sonreír jamás—. Se han llevado a mi hija.

    Quizá la caja de zapatos fuera el altar en que guardaba el fantasma de su hija, en un tarro de mermelada o un frasco de perfume, probablemente rodeado de lazos y corazoncitos de caramelo. Resultaba un tanto austera, pero era posible que la usara sólo para los viajes: el equivalente de una jaula para gatos.

    —Acabo de llamar —continuó—. Ha saltado el contestador, pero tenía la esperanza de que estuviera en casa de todas formas.
    —Ya no me dedico a negociar rescates de fantasmas —dijo Torres con resignación y paciencia—. Debería llamar a Seaweed, de Corona.
    —No quiero recuperar ningún fantasma. —Le tendió la caja—. De eso se encargó ayer el viejo Humberto. Esto es para usted.
    —Si Humberto rescató a su hija —dijo Torres mirando la caja con aprensión, sin aceptarla—, ¿a qué ha venido?
    —No estoy hablando de ningún fantasma. Mi hija tiene doce años, y ayer se la llevaron cuando volvía del colegio. Le daré mil quinientos dólares si la recupera. Esto es un regalo que quiero hacerle. Humberto me ha ayudado a conseguirlo.
    —¿Han secuestrado a su hija? —Torres dio un paso atrás—. ¿Viva? ¡Dios mío, llame a la policía inmediatamente! ¡O al FBI! ¿Cómo se le ocurre acudir a mí con...?
    —En la policía no se tomarían en serio la nota de rescate —contestó sacudiendo la cabeza—. Creerían que el secuestrador quiere dinero y no que sus condiciones son sinceras. —Respiró a fondo y volvió a tenderle la caja—. Tenga.

    Torres la aceptó; pesaba muy poco. Levantó la tapa con precaución. Dentro, en un lecho de romero y estampitas católicas, había una muñeca de trapo que Torres reconoció al instante.

    —Amelia —susurró. La sacó de la caja y pudo sentir el temblor del fantasma de su hija, tanto tiempo añorado—. ¿Se la consiguió Humberto?

    «No me extraña que me haya saludado esta mañana —pensó—. Espero que no le consumiera mucha alma; casi no le queda.»

    —Quédesela. No le pido nada a cambio, pero le ruego que me ayude a salvar a mi hija.
    —¿Qué ponía en la nota de rescate? —Torres se resistía a invitarlo a entrar.
    —«Juan Manuel Ortega»; me llamo así. «Tengo a Elizabeth, y la mataré y le sacaré toda la sangre si no convence a Terry Torres para que me dé un poco de la suya.»
    —Llame a la policía —dijo Torres—. Lo de desangrar a su hija es un farol. ¿De qué podría servirle la sangre de una niña? ¿Cuándo ha recibido esa nota? Cada minuto...

    Pareció que Ortega se disponía a decir algo con vehemencia, pero habló con un hilo de voz:

    —Mi hija Elizabeth... mató a su hermana el año pasado. Sacó el fusil del armario y... No sabía lo que hacía; es una niña. No sabía que estaba cargado...

    Torres se dio cuenta de que había arqueado las cejas. Estaba seguro de que la niña sabía de sobra que el fusil estaba cargado y había matado a su hermana deliberadamente, con lo que se le había roto el alma; también estaba seguro de que el secuestrador era consciente de ello, aunque el padre lo ignorase.

    «Su hija es una asesina. Como yo.»

    Sin embargo, el secuestrador no podría usar la sangre de la niña para hacerse con su alma rota y debilitada, como sí podía hacerse con la de Torres, a menos que...

    —Su hija... —Hizo un esfuerzo para contener la alteración de su voz—. ¿Ha empleado la magia alguna vez? —«¿O sigue teniendo el alma virgen?», añadió para sus adentros.
    —Puede ser. —Ortega apretó la mandíbula con fuerza—. Me dijo que había atrapado el fantasma de su hermana en mi máquina de afeitar eléctrica, y creo que era verdad. He dejado de usarla, pero me parece oírla por las noches.

    «En ese caso —pensó Torres—, al secuestrador, su sangre le resultaría tan útil como la mía. Puede que no tanto, porque seguro que la mía es más opaca, más antigua y teñida por la magia, pero le serviría de todas formas.»

    —Aquí tiene mi teléfono. —Ortega le entregó una tarjeta y siguió hablando para que no lo interrumpiera—. Y el secuestrador insiste mucho en que la sangre que necesita es la suya. Lo dejo en sus manos. Salve a mi hija, por favor.

    Giró en redondo y se encaminó a paso ligero hacia una furgoneta que estaba aparcada detrás del Toyota. Torres lo siguió, pero le daba el sol en el ojo casi ciego y tenía que avanzar a tientas. Se detuvo al oír que el vehículo arrancaba y se ponía en marcha. Probablemente, la mujer de Ortega estaba esperando al volante.

    «Debería llamar yo a la policía —pensó mientras miraba la furgoneta, que se alejaba—. Aunque tiene razón: se tomarían en serio el secuestro, pero no creerían que el secuestrador no quiera dinero. Pero quiere mi sangre; me quiere a mí.
    »¡Una niña viva! Yo no rescato vivos, sino fantasmas, y además ya lo he dejado.
    »Esa niña es como yo.»

    Volvió a la casa y dejó la muñeca de trapo en la encimera, apoyada en la tostadora. Casi mecánicamente, se sacó el paquete de Camel del bolsillo de la camisa, encendió un cigarrillo, lo apagó en el fregadero y lo dejó en el mármol, junto a la muñeca.

    Volvió a encenderse por sí solo. Sonó el teléfono, pero Torres no contestó; se quedó mirando la muñeca y el cigarrillo encendido.

    —No hay nadie que pueda atender su llamada —dijo la mujer del mensaje pregrabado—... y me tenía en el televisor, papá, para que cambiara los canales. Me decía «dos», «cuatro», «once»... y yo ponía el canal que fuera.

    Torres se dio cuenta de que se había sentado en el suelo de linóleo. El fantasma no había encontrado nunca la forma de comunicarse mientras estaba con él y su mujer.

    —Lo siento, Amelia —dijo compungido—, pero pagar tu rescate me habría matado. No quieren dinero; quieren...
    —¿Qué? —dijo quien hubiera llamado—. ¿Está el señor Torres?
    —Por lo menos me daba ron —dijo la voz de Amelia—. Y no te habría matado, en realidad.

    Torres se puso en pie. Tenía cuarenta años, pero se sentía anciano. Abrió un armario; en el estante superior estaba la botella de ron de 75° de Amelia, junto a la vajilla de porcelana que no usaba nunca. La cogió y le sacudió el polvo.

    —Pienso decirle lo grosera que has sido —dijo quien fuera que estuviera llamando—. Esto no tiene ninguna gracia. —Colgó.
    —No. —Torres sirvió una buena cantidad de ron en una taza de café—. No me habría matado, pero me habría dejado hecho un vegetal. No sería capaz de... trabajar, hablar, pensar...

    «Si ya casi no entiendo las tiras cómicas del periódico», pensó.

    —¡Me tenía en el televisor, papá! Era su mando a distancia.

    Torres dejó la taza en la encimera y sintió vibrar el asa mientras la soltaba. El olor penetrante del alcohol se hizo más intenso, como si se estuviera evaporando.

    —Y me daba caramelos —añadió la voz de Amelia desde el contestador—. Los Sugar Babies me gustan más que los Reese's Pieces. —Torres le había dado siempre Reese's Pieces, pero en aquella época, la niña no podía informarlo de sus preferencias.
    —A los que no rescataba nadie nos ponía encima de la tele; la tenía llena de tarros, cajas y demás, y nos hacía cambiar lo que decía la gente; le hacíamos decir maldiciones. —El teléfono sonó de nuevo; Amelia chistó desde el contestador, y después preguntó con impaciencia—: ¿Qué? ¿Qué?
    —¿Puedes darle un recado a Terry Torres? —dijo una voz de mujer—. Que no se te olvide, por favor. Apunta este número. —Recitó un teléfono, y Torres lo memorizó automáticamente—. Tengo a mi marido en un despertador, pero se está desvaneciendo; cada vez sueño menos con él, aunque me lo ponga debajo de la almohada, y las pastillas de menta... Sólo se ha comido media en un año. Hay que potenciarlo; díselo a Terry Torres. Estoy dispuesta a pagar mil dólares.

    «Le pediré más —pensó Torres—. Seguro que paga lo que le pida.» ¿Potenciarlo? La única forma de potenciar un fantasma que se estuviera desvaneciendo, y todos se desvanecían más tarde o más temprano, consistía en añadir otra alma al contenedor, y tenía que ser de recién nacido, para que aportara vitalidad pero no tuviera todavía una personalidad que interfiriese con la otra.

    Lo había hecho varias veces, y aunque sólo eran fantasmas, no almas ni personas, siempre tenía la sensación de que estaba echando ratones en un terrario para que los devorase una gran serpiente ciega.

    —Con eso podrá comprar un montón de Sugar Babies —comentó el fantasma de Amelia.
    —¿Qué? Dale el recado, por favor.
    —Me he aprendido el número —dijo Amelia cuando la mujer cortó la llamada.
    —Yo también.

    Las comadronas vendían fantasmas de bebé, pero le repugnaba la idea de conseguir uno.

    —Mamá ha muerto —anunció Amelia.

    Torres fue a decir algo, pero soltó un bufido. Bebió un trago del ron de Amelia para cobrar fuerzas.

    —¿De verdad?
    —Desde luego. Siempre que se muere alguien, todos nos enteramos. Supondrían que no darías sangre por ella, ya que no quisiste darla por mí. Los Sugar Babies son mejores que los Reese's Pieces.
    —Sí, ya me lo has dicho.
    —¿Podré quedarme con sus anillos? Me quedarían muy bien en la cabeza.
    —No sé qué fue de ella.

    «Es verdad —cayó en la cuenta de repente—. No tengo ni la más remota idea.» Miró la muñeca y se preguntó por qué tanto empeño en conservar esas cosas.

    Tenía una biblia en la repisa de la chimenea, en el salón. Estaba relativamente intacta, aunque por supuesto, tenía las hojas abarquilladas por la inmersión en agua bendita. Había eliminado media docena de versículos del Antiguo Testamento relacionados con la brujería; se planteó suprimir el «No matarás» del Éxodo, pero después pensó que junto con el mandamiento podía desaparecer su forma de ganarse la vida.

    Después de negarse a pagar el rescate del fantasma de Amelia eliminó también el versículo Ezequiel 44, 25: «No se acercarán a muerto alguno para no contaminarse; sólo por el padre, la madre, el hijo, la hija, el hermano o la hermana que no haya tenido marido se contaminarán».

    El no había querido contaminarse o, mejor dicho, seguir contaminándose, por su propia hija muerta, que había acabado ayudando a maldecir desde algún televisor.

    Volvió a sonar el teléfono, y levantó el auricular antes de que saltara otra vez el contestador.

    —¿Sí?
    —¿Señor Torres? —dijo una voz de hombre—. Tengo aquí delante un recipiente de silencio. Tiene doce años y no está metida en ningún tarro.
    —Su padre ha venido a verme.
    —Como recipiente, lo prefiero a usted. La niña no está mal, pero aún tiene el alma un poco traslúcida y entraría ruido.

    A Torres lo asaltaron varias anécdotas sobre metafísicos que acababan por perder la razón a fuerza de estar oyendo constantemente el estruendo de los pensamientos.

    —Mi padre ha dejado de jugar a eso —dijo Amelia—, Y ya me ha recuperado.

    Torres recordó el saludo que había cruzado con Humberto aquella mañana.

    Miró hacia el salón. Pasó la vista por la biblia que tenía en el bastidor, y llegó a los libros que conservaba en un estante, encima de la chimenea: libros de bolsillo, libros de tapa dura con el título grabado en oro, libros con la guarda desgastada... ¿Qué encontraba antes en ellos? Un vínculo con la vida de otras personas que, desde los dieciocho años, no podía obtener de ninguna otra manera. Pero a aquellas alturas tanto le habría dado que estuvieran en blanco: de vez en cuando sacaba uno, lo abría y se esforzaba por leer, con ayuda de la lupa; pero aunque entendía las palabras, era incapaz de seguir el hilo.

    «Esa niña es como yo.
    »¿Habría conseguido rehacerme si lo hubiese intentado? Debería convencer a su padre para que la ayude a intentarlo.»

    —Vaya con la niña al punto de reunión —dijo Torres. Se apoyó en la encimera; a pesar de su resolución, la cabeza le daba vueltas—. Acudiré con sus padres, para que se la lleven.

    «Ya estoy muerto —pensó—. Su padre recurrió a mí, pero en el Libro pone que es lícito que haga eso por una hija. Y para mí, para el muerto, es la única forma que me queda de establecer un vínculo con otras vidas, aunque sean de desconocidos.»

    —Y usted vendrá conmigo.
    —De eso nada —dijo Amelia—. Tiene que traerme ron y caramelos.

    En vida, Amelia habría mostrado al menos un poco de preocupación por la niña secuestrada.

    «Todos debemos la mente a Dios —pensó Torres—, y quien renuncie a ella hoy, mañana se verá recompensado.»

    —Sí —dijo Torres. Cogió la taza de ron y, aunque estaba temblando, lo vertió sobre la cabeza de la muñeca de trapo. El alcohol la empapó y formó un charco en la encimera—. ¿Cuánto es el rescate?
    —Una cantidad razonable —le aseguró su interlocutor.

    Torres se sintió aliviado; estaba seguro de que todo lo que le quedaba era una cantidad razonable; en cualquier caso, era probable que el secuestrador no se conformara con eso. Encendió el mechero y lo acercó a la muñeca, que quedó envuelta en un resplandor azul con forma de lágrima. Se apartó, dispuesto a golpear las alacenas con un trapo húmedo si prendían. La muñeca carbonizada empezó a deshacerse en pedazos.

    Amelia no dijo nada más por el contestador, pero a su padre le pareció oír un largo suspiro. Esperaba que fuera de alivio.

    —Tengo una condición —dijo Torres.
    —¿Qué?
    —¿Tiene una biblia? Entera; sin reparar.
    —Puedo comprarla.
    —Cómprela y tráigamela.
    —De acuerdo. Entonces, ¿trato hecho?

    El ron se había consumido, y la muñeca había quedado reducida a una masa negra con unas pocas ascuas. Llenó la taza en el grifo y la volcó encima; se acabó el resplandor.

    Suspiró hasta vaciarse los pulmones.

    —Sí. ¿Dónde quedamos?


    Fin