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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura en línea con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y la lectura sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada, desde libros completos hasta revistas Selecciones. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 30 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que el header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación en el blog
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o solo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), simplemente da click en LECTURAS, por ejemplo, y seguido en GUARDAR POST.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Si has agregado una publicación desde el SIDEBAR, automáticamente aparece este caracter ۩ en el menú, indicando que se ha guardado una publicación desde el SIDEBAR, y para poder agregar la publicación actual debes darle click a ese caracter, seguido eliges si lo deseas guardar en MIS LECTURAS o en alguno del MENU PERSONAL.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.
    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.
    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo básico.


    PRIORIDAD DE LOS ESTILOS: De izquierda a derecha, siendo el de la izquierda superior; la prioridad es la siguiente:
    PREDEFINIDO - LY, LL, P1 a P16 - G3 - G2 - G1 - POR POST - POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3 - ESTILOS 1 a 9 o BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha, o presiona "intro" en cualquier otro tema de la lista en texto; y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    MEMORIAS DE UNA MUJER DEL ESPACIO (Naomi Mitchison)

    Publicado el miércoles, marzo 22, 2017

    Introducción

    La ciencia ficción, a diferencia de los subgéneros literarios (narraciones del Oeste, de amor, de detectives y similares), siempre extiende las fronteras de la novela. La capacidad de asombrar y estimular la imaginación es su función básica, y el tomarse ciertas libertades con respecto a los modos tradicionales de narrar una historia es una consecuencia natural. Memorias de una mujer del espacio tiene poco parecido con una novela convencional: carece de principio significativo o de clímax, no tiene trama y la caracterización de sus personajes, aparte de la de la heroína del espacio, es esquemática. Tampoco pretende ser un libro de falsas memorias; casi no dice nada de los primeros años de la vida de Mary, simplemente narra una serie de anécdotas afines sobre la investigación científica interplanetaria. ¿'Resulta importante su debilidad como novela? Para cualquier aficionado a la ciencia ficción la respuesta debe ser —en absoluto—.

    Memorias no es simplemente una buena novela de ciencia ficción: contiene varios y muy distintos méritos para que se le conceda un lugar de honor en el género. Para empezar, es una de las pocas novelas de este tipo que explota las ilimitadas posibilidades, extrañas y cómicas, de la sexualidad humana. Incluso entre los escritores masculinos de ciencia ficción escasean los temas sexuales: Consideren Her Ways, de John Wyndham; Los amantes, de Philip José Farmer, y The Disappearance, de Philip Wylie, constituyen tres notables excepciones. Existen muy pocas escritoras de ciencia ficción, pero entre las obras de este pequeño círculo resulta difícil pensar en otro libro que trate el sexo tan cándida y deliciosamente como Memorias. La mano izquierda de la obscuridad, de Úrsula Le Guin, describe con detalle una sociedad bisexual, pero de una manera tan clínica que nadie habría podido adivinar que su autor era una mujer, si Le Guin hubiese escogido un seudónimo neutro (¿bisexual?). En cambio, no hay posibilidad de error por lo que se refiere al sexo de la autora de Memorias.

    Que Naomi Mitchison haya roto en su primera novela de ciencia ficción (la segunda, Solution 3, fue publicada después de una laguna de trece años, en 1975) la barrera del sexo resulta sorprendente; pero que haya escrito con un deleite tan abierto y amplio sobre la experimentación sexual desde una perspectiva femenina constituye un logro aún más pasmoso, cuando uno piensa que Memorias fue publicado en 1962, antes de que Betty Friedan, con su Mística de la feminidad, abriera la ruta de la liberación de la mujer. Mary es una mujer totalmente emancipada, pero, al igual que Germaine Greer, no ha perdido nada de su feminidad ni de su inteligencia emocional al obtener su independencia. Y, además, téngase en cuenta que Naomi Mitchison tenía sesenta y tres años cuando escribió este libro.

    Ciertamente, podemos disfrutar del ingenio e ironía de Memorias sin saber nada de su autora, pero Naomi Mitchison es una mujer tan extraordinaria (tanto por la gama de sus intereses como por la de sus talentos) y ha puesto tantas de sus opiniones y valores en el personaje de Mary, que algunos datos sobre su vida enriquecerán la apreciación del lector de su obra. Nació al final de la era victoriana, en 1897, hija de un famoso y brillante científico de Oxford, J. S. Haldane. Los Haldane de Gleneagles pertenecían a un distinguido clan escocés de las clases altas, y Naomi pasó su infancia en casas y castillos amplios, cómodos y bien acondicionados. Uno de sus tíos fue un célebre Lord Canciller, lord Haldane. Pero ella fue siempre un miembro disidente de la clase alta, y a lo largo de toda su vida ignoró las barreras sociales y clasistas con tanto éxito como se emancipó de los tabúes sexuales de la época victoriana. A los dieciocho años de edad se casó con un abogado rico pero izquierdista, G. R. Mitchison, quien en 1945 se convirtió en diputado laborista y, en 1964, fue nombrado par vitalicio y ministro del Gobierno Laborista. El radicalismo, una pasión por la justicia social y su propia modalidad de socialismo no doctrinario han teñido todas las actividades políticas de la escritora, ya sea en el distrito electoral de su marido, o como miembro (durante más de veinticinco años) del consistorio del condado de Argylshire, o (durante dieciocho años) del Consejo Consultivo de las Highlands, o en sus muchos compromisos en nombre de los perseguidos y necesitados: refugiados, gitanos, desempleados.

    Sus actividades políticas tan sólo han canalizado una pequeña parte de su sorprendente energía. Como escritora, ha participado en casi todos los géneros literarios: poesía, teatro, historia, textos políticos, varias docenas de novelas (entre las cuales una, The Corn King and the Spring Queen, que merece ser catalogada entre los clásicos de la ficción histórica, junto a las obras de Mary Renault y Zoé Oldenbourg), muchos cuentos cortos y varios libros infantiles. Ha editado dos importantes simposios sobre la situación mundial: An Outline of Knowledge for Boys and Girls and their Parents, en los años treinta, y What the Human Race is up To en los sesenta. También ha encontrado tiempo para la crítica, el ensayo y la reseña en periódicos y revistas.

    Si tan sólo se hubiese dedicado a los asuntos públicos y a la literatura, los logros de su vida ya habrían sido suficientemente relevantes; pero, mientras educaba a cinco hijos, también se dedicó de manera seria y enérgica a las actividades clásicas de la agronomía escocesa: la granja, la silvicultura y la pesca; y aún le sobró tiempo para ser una de las personas más pródigamente hospitalarias que quien esto escribe haya conocido. Antes de la Guerra, en la casa de Londres de los Mitchison, que dominaba el Támesis en Hammersmith Malí, y, de los años treinta en adelante, en una casa escocesa del siglo XIX en Carradale, en la costa oeste de la península de Kintyre, ha recibido visitantes a una escala decimonónica. Pero las fiestas veraniegas en su casa de Carradale y de Hogmanay son completamente diferentes de las reuniones convencionales de los ricos. Para empezar, su hospitalidad, al igual que su escritura, carece totalmente de pretensiones. Segundo, sus fiestas son magníficamente heterogéneas: científicos ganadores del premio Nóbel, jefes tribales de Botswana, ministros del gabinete, escritores eminentes, líderes sindicales y académicos destacados, la rara mezcla de embajadores y estudiantes, veterinarios, granjeros y pescadores, para no hablar de los niños, nietos, amigos y amigos de amigos. Y ella se encuentra en su elemento, o en varios de sus elementos al mismo tiempo, ayudando en la cocina, ordeñando vacas, almacenando la cosecha, pescando salmones con red, nadando, bailando danzas escocesas, charlando y escuchando de sol a sol. Tiene un incansable interés por la gente y un apetito insaciable por el estímulo de las ideas nuevas.

    Este disfrute de la humanidad (y de toda la humanidad, no sólo del grupo familiar o clase en el que uno nace) es uno de los rasgos sorprendentes de estas memorias de una mujer del espacio. La credibilidad científica del libro constituye otro punto de interés. Memorias apenas se molesta en describir los instrumentos técnicos de la ciencia ficción normal y corriente, pero es una de las relativamente escasas novelas de ciencia ficción escrita desde dentro de la comunidad científica y que comunica al lector una confianza absoluta en la infraestructura científica de la historia. La autora conoce su inmunidad desde el principio: las discusiones sobre la teoría y técnicas del injerto presentan una completa verosimilitud. Naomi Mitchison no es un científico en activo (una de las pocas cosas que no es), pero gracias a su nacimiento, educación y compañías, posee una comprensión instintiva del método y valores científicos. Su padre era un fisiólogo célebre; su hermano, J. B. S. Haldane, habría de ganar igual renombre como genético. Desde su más temprana infancia, ella ha vivido entre la élite científica. Niels Bohr, nos cuenta, le dio un pequeño cántaro para su casa de muñecas, y en el diario que escribía cuando tenía siete años, ella menciona el encuentro con el profesor D'Arcy Thompson, —que sabe más de ballenas que ninguna otra persona del mundo—. Toda su vida fue conociendo y aprendiendo de hombres como D'Arcy Thompson en diferentes campos científicos, y dichos encuentros frecuentemente han sido en beneficio mutuo: véase, por ejemplo, las agradecidas referencias a los Mitchison y a Carradale que hace J. D. Watson en su libro La doble hélice. Claramente, los genes científicos heredados han pasado a la siguiente generación. Sus tres hijos son profesores en diferentes campos de la ciencia. El mayor es catedrático de bacteriología de la Royal Postgraduate Medical School y sus otros dos hijos son profesores de zoología en Edimburgo y en University College, Londres, respectivamente.

    Hemos hablado del inagotable interés de Naomi Mitchison por la gente de todo tipo; pero la protagonista de Memorias muestra una dedicación y una curiosidad casi franciscanas por el mundo animal; de hecho, por todas las criaturas ajenas, ya sean terrestres o no. La especialidad de Mary, dentro de la investigación espacial, es la comunicación. Y la satisfacción que Mary obtiene de sus esfuerzos por relacionarse con gusanos, mariposas y algunos de los habitantes más exóticos de lejanos planetas, encuentra su paralelo en la propia vida de su creadora. Naomi Mitchison aún no ha escrito una autobiografía formal, pero en su libro Small Talk: Memoirsof an Edwardian Childhood (Bodley Head, Londres, 1973) nos ofrece algunas notas sobre sus inclinaciones en este sentido. Dice lo siguiente sobre los ratones, por ejemplo:

    Una de las cosas más agradables de mi infancia eran mis ratones. Después del desayuno, me ponía mi túnica o bata de ratones (era azul obscuro) y los sedosos animalitos salían de su jaula, poniéndose a vagar sobre mi cuerpo; no sé cómo o por qué nos comunicábamos, pero presumiblemente lo hacíamos.

    O sobre un pato llamado Timothy Titus:

    Timothy Titus de Tavistock debió de ocupar mi mente durante la mayor parte del tiempo que pasé fuera de la escuela durante un verano entero. Alguien me regaló un patito amarillo, el más débil de una carnada, que probablemente no habría sobrevivido en las condiciones de la granja. Se desplomó en mis manos con los ojos cerrados. Pero le dimos whisky y se recuperó totalmente. Era como si formara parte de mí; me seguía por todos lados en la casa y el jardín de St. Margaret's-Road, primero en brazos y luego tambaleándose en las escaleras, escalón tras escalón. Aprendí rápidamente a interpretar sus graznidos y él soportaba la idea de regresar a la granja como un pato adulto y no casero sólo cuando yo le decía que se convertiría en rey.

    0 sobre los conejillos de Indias:

    Fue bastante más tarde de haberme roto la pierna que empecé a criar conejillos de Indias. Yo tenía doce años y aquélla era la primera pareja, precursora de cientos, a la que logré hacer que me royeran una verruga del índice de la mano derecha, poniéndola junto a la redecilla donde asoman las zanahorias. La verruga nunca volvió a salir. Pero los conejillos de Indias, cuyo lenguaje, una vez más, empecé a interpretar e imitar, y sus numerosos descendientes, continuaron, hasta bien pasada la niñez, llevándome al mundo casi adulto de la genética primitiva.

    O sobre un guacamayo llamado Polly:

    Nunca consideré a Polly una mascota. Polly fue una persona que murió en mis brazos. Nos lo había dejado un primo: nunca supimos su edad. Era inmensamente cariñoso, y yo pensaba que comprensivo. Cuando me rompí la pierna, Polly caminaba suave, cuidadosamente, a fin de no hacerme daño, y venía hasta mi cara, besándome con el pico abierto y con su suave lengua seca... O, si se sentía excepcionalmente amistoso, vomitaba pelotillas de comida para ofrecérmelas. Mientras estuvo con nosotros, fui capaz de comunicarme con los guacamayos del zoológico, incluso con los grandes de color rojo y amarillo (Polly era verdiazul), y hacerlos responder, hacerlos sentarse en mi muñeca y que me dejaran acariciarlos.

    Había animales imaginarios al igual que reales. Ella recuerda vagamente haber domado una mariposa. Una anécdota aún más reveladora de Small Talk describe sus recuerdos relativos a su matrimonio con una liebre. Las experiencias o fantasías de este género hacen que algunas de las más extrañas aventuras de Mary en Memorias parezcan menos extravagantes.

    La buena ciencia ficción nunca es pura fantasía o pronóstico del futuro, sino que siempre se relaciona con el aquí y ahora. Memorias trata de la comunicación con la fauna extraterrestre, pero su verdadero tema, mucho más cercano a nosotros, son los problemas con los que todos nos enfrentamos al tomar contacto e intentar comprender a personas de una cultura diferente a la nuestra. Al describir la lucha de Mary por entender e identificarse con la vida de especies lejanas, Naomi Mitchison vuelve a describir sus propias experiencias. Unos cuantos años antes de escribir Memorias, el Consejo Británico le pidió que recibiera a un grupo de visitantes africanos para tomar el té en Carradale. En este grupo se encontraba un joven llamado Linchwe, heredero del título de jefe de la tribu Bakgatla, en la que por entonces era la colonia británica de Bechuanalandia, aunque muy pronto obtuvo su independencia, cambiando su nombre por el de Botswana. Este azaroso encuentro resultó ser de gran importancia, pues dio lugar a una invitación por parte de Linchwe para que la escritora visitara su país, y esa primera visita fue seguida de otras muchas. En 1963, Naomi Mitchison recibió un honor único: fue elegida Madre de los Bakgatla. Desde entonces ha pasado varios meses al año viviendo y ayudando a su tribu adoptiva. Contados son los que han tenido el valor y la imaginación necesarios para hermanar dos culturas tan diferentes.

    Naomi Mitchison es una experta en comunicación por derecho propio, y es la fuerza de su propia experiencia personal la que le permite escribir, en Memorias, este extraordinario pasaje:

    Recuerdo que Peder me dijo que la humillación, de cualquier forma que se produjera, era una etapa necesaria de la exploración. Los confiados y los imperturbables nunca pueden ser los mejores exploradores. Me pareció difícil comprenderlo en ese momento, aunque me parece que ahora sí lo comprendo. Me dijo que había que dejarse hacer, incluso si esto significaba que se rieran de uno tras el acto, pues no debe haber barrera alguna entre uno y los otros seres. Siempre hay que evitar la incredulidad. Humillación. Desde el mismo fondo, cuando el ser moral e intelectual que tan cuidadosamente construimos ha sido derribado, cuando no hay nada entre nosotros y el aplastante pie de la realidad, entonces podemos, final y genuinamente, observar y conocer. Y el proceso de humillación, decía Peder, debe tener lugar una y otra vez.

    En otro lugar, con el mismo espíritu, ella escribe:

    Me pregunto si la interferencia de Francoise fue verdaderamente mucho peor que la interferencia que todos cometemos cuando viajamos a otros mundos por el mero hecho de estar ahí, de quedarnos parados y observar, de recopilar información.

    En el momento en que escribo esta introducción, Naomi Mitchison tiene setenta y nueve años de edad. Según nuestra idea de la edad, es una mujer vieja, pero como Mary observa en Memorias: —Los años horarios, al fin y al cabo, han perdido todo sentido, aunque los utilicemos en la infancia y la adolescencia.— Naomi ha tenido tanto éxito en acortar la distancia entre las generaciones como en acortar la distancia entre culturas, y la interfertilización de las edades y grupos sociales que ha sido la tónica de Carradale, sin duda la ha ayudado a mantener su juventud psicológica. Existen varios comentarios muy atinados en Memorias sobre la brecha generacional:

    Hay que dejar a los jóvenes solos. ¡Cuántas veces me he repetido eso! Y, por lo general, yo diría que he actuado consecuentemente.

    O:

    Hoy día, resulta extraño que un padre tenga demasiadas responsabilidades hacia su hijo. Al contrario, hay más posibilidades de que suceda lo contrario. Ya no se suspira tiernamente por los hijos, al menos no después de los primeros meses. Se les trata como seres humanos, como individuos, con el inalienable derecho a no ser poseídos, a tener su propio espacio y su propio tiempo.

    Resulta difícil recordar, cuando uno conoce personalmente a Naomi

    Mitchison, que ha sido una escritora famosa y de éxito durante ya casi cincuenta años y que su primera entrada en el Who's Who tuvo lugar en 1941. De hecho, al leer sus sucesivas notas biográficas en Who's Who, se consigue una visión muy satisfactoria de sus preocupaciones fundamentales. Es una de esas personas (el difunto sir Osbert Stiwell era otra) que ofrecen generosamente algún trozo escogido de sí mismas cuando hablan de sus aficiones, sólo que las aficiones de Naomi Mitchison han cambiado muchas veces a lo largo de los años. He aquí algunos de sus ofrecimientos más selectos:

    Caminar delicadamente
    Desatar nudos
    Aprender nuevas técnicas
    Encontrarse en otro lugar
    Acelerar las ruedas de Dios
    Un poco de peligro
    Transmitir deleite mutuo cuando es posible
    Cruzar barreras.

    Si en última instancia uno pregunta cuál es el tema de Memorias de una mujer del espacio, estas contribuciones al Who's Who ofrecen una respuesta adecuada.

    —HlLARY RUBINSTEIN, 1976


    1


    Pienso en mis amigos y en los padres de mis hijos. Pienso en mis hijos, pero pienso menos en mis queridos cuatro seres normales que en Viola. Y pienso en Ariel. Y en el otro. A veces me pregunto qué edad tendría si contase los años de hibernación durante la exploración. Sería un pensamiento alarmante si esta clase de pensamientos me alarmasen. Luego, empiezo a preguntarme cuántos viajes más realizaré, suponiendo, desde luego, que no me mate. Me han pedido en varias ocasiones que sea la líder, pero no me interesa ese tipo de responsabilidad. Sé que me olvidaría de mi expedición si me encontrase con un problema de comunicación verdaderamente interesante; y uno nunca debe olvidarse de su expedición. En esta expedición que ahora planeamos, de regreso al mundo de las mariposas, ni siquiera estoy segura de querer ser líder suplente. Tan sólo quiero pensar en problemas de comunicación y en las alteraciones que puedan haber ocurrido desde que nos fuimos.

    Algunas veces pienso en mi vida en términos de tiempo: mi propio tiempo y los tiempos tan diferentes de las otras personas. Y a veces, pienso en ella en términos de problemas morales. Nosotros los terrícolas siempre hemos tenido problemas morales, o eso nos dicen los exploradores del pasado. Muchas otras formas de vida consciente no se han preocupado por estas cosas. No obstante, existen algunos planetas que han tenido un sistema moral aún más complicado que el nuestro, especialmente cuando no sólo hay una especie dominante, sino dos o tres. Quizá seamos privilegiados en este aspecto.

    Cuanto más exploramos, más problemas surgen. Sin embargo, ¿podía haber sido de otra manera? No lo creo. Los humanos empezaron a agotar los problemas morales serios cuando empezó realmente la exploración del espacio. La mitad del siglo XX estuvo llena de ellos, pero cuando se vio que la mayoría tenía una solución sumamente sencilla (siempre y cuando se deseara una solución, claro) se registró un verdadero peligro de aburrimiento moral. Bueno, ahora ya no podemos decir lo mismo.

    Naturalmente, a primera vista no nos dimos cuenta de que la hibernación iba a crear dificultades. Fueron necesarios unos cuantos grandes escándalos para aclarar la situación, y, después de todo, el tabú terrícola del incesto tiene una base biológica bastante sensata. Hoy día, la relación padre-hijo está bastante bien organizada, de manera que ya no sentimos la tentación de enamorarnos de nuestros hijos, por mucho que hayan crecido durante nuestros períodos de hibernación; en ciertas ocasiones, creo que nos sobrecondicionamos, de manera que no nos sentimos atraídos hacia ellos ni siquiera de forma normal y afectiva. No soportaría que esto me sucediese a mí. Pero, por supuesto, también están los hijos de nuestros amigos.

    Sin embargo, sé tan bien como los demás que uno no debe dejarse atraer, y al menos todos los padres de mis hijos tenían la misma edad que yo o eran mayores. Hay que dejar a los jóvenes solos. ¡Cuántas veces me he repetido esto! Y, por lo general, yo diría que he actuado consecuentemente.

    Aun así, ése es el menor de los problemas, ya que es estrictamente terrícola, aunque, naturalmente, en otros mundos con una organización sociosexual comparable, surgen los mismos problemas. Vly me dice que esto no sucede en Marte, y es lógico. Mucho más importantes son nuestros problemas causados por interferencias. Antes de que se establecieran las reglas para los exploradores espaciales, había constantes ejemplos de interferencia deliberada con otras formas de vida, que terminaban casi siempre de manera desastrosa, haciendo que la comunicación fuese menos sencilla durante varias generaciones. Esto sigue siendo aún una gran tentación, y por eso el castigo es irrevocable: ser enviado a la Tierra o al planeta de origen y no poder ser nunca más un explorador. Es decir: quedar atado al tiempo. Y cuan a menudo hay que emplear aún este castigo. Yo misma he estado a punto de sufrirlo. De la misma manera que he estado a punto de que mi estabilidad personal se alterara y sacudiera de manera irreversible.

    Naturalmente, los jóvenes son impacientes. Yo también lo era, lo sé. Las olas de curiosidad se levantan y uno toma apresuradamente conciencia de todas las galaxias. Incluso cuando uno se da cuenta de que llevará años el aprender a comunicarse, se impacienta por salir. No es casual que la mayoría de los circuitos de atajo practicables, así como casi todos los impracticables, fueran descubiertos por personas de menos de treinta años. De hecho, algunos han sido hallados por hombres y mujeres que se han dado cuenta de que su conformación genética era tal que la comunicación siempre sería difícil. El conocimiento de las otras ciencias puede ser prestado o compartido, pero la comunicación es esencial. Y, entretanto, los otros mundos nos esperan.

    Uno lee y observa, se impregna en 3 y 4 dimensiones, practica el desapego ante acontecimientos aparentemente horribles y repugnantes; uno se entrena para adoptar puntos de vista extraños. Y se nos habla de la hibernación. Fue mi madre la que me habló de ello. Ella acababa de regresar de un viaje y, en seguida, yo noté que, a pesar de que yo había crecido y sentido en cada una de las células de mi cuerpo el maravilloso paso de las estaciones terrícolas, la primavera ártica, el flameante relámpago de los monzones, el estruendo de los huracanes del Atlántico Occidental, ella no parecía haber cambiado. Siendo niña, yo había aceptado esto sin ninguna preocupación; existen personas mayores fijas en la vida de uno y en el grupo amado de uno, con quienes experimentamos por vez primera el juego sexual, los versos y la pintura. Para mí y para mis amigos, los padres y abuelos iban y venían, aunque ocasionalmente uno llegaba a una edad en la que él o ella decidían abandonar la exploración y volver a radicarse en el tiempo. Entonces, con gran rapidez, morían. O, en ocasiones, podía haber padres que no eran exploradores, sino, por ejemplo, administradores, aunque también ellos podían viajar a largas distancias bastante a menudo, experimentando la hibernación. Pero no siempre sucedía así. Estas personas empezaban a parecer viejos; eso nunca le sucedió a mi madre.

    Todos podemos amar a nuestros padres. Nuestros conflictos con la gente mayor no los implican, debido simplemente a que no se encuentran cerca para que reaccionemos contra ellos. Ya bastante reaccionamos contra los terrícolas que no son exploradores... los pobres; y no porque se consideren inferiores. Y, por supuesto, me di cuenta de que mi madre me había dado un año de su vida, estabilizándome: el acostumbrado año de movimientos lentos que, a decir verdad, siempre he disfrutado, a pesar de ser una rendición momentánea ante el tiempo. Hay momentos, ¿no es así?, en los que la rendición es deliciosa, incluso ante ese viejo enemigo. Así que mi madre me lo explicó todo, y varias de las cosas que había leído sin comprender se aclararon. La hibernación no resulta sencilla, después de todo, aunque tengamos un nombre para denominarla. Siempre pienso que es la madre la que debe explicar eso. Fue la última vez que estuvimos juntas. Ella nunca regresó de su siguiente viaje y nadie pudo saber exactamente lo que le había sucedido a la nave. Tal vez todos se encontraban en estado de hibernación cuando todo acabó. Resulta bastante extraño que mi padre se encontrara en el mismo viaje; creo que él tenía intención de que fuese su último viaje. Pero cuando me enteré de ello, ya habían pasado muchos años terrícolas. Yo esperaba con una excitación intensa mi primer viaje.

    Supongo que una de las cosas que resulta más difícil de aceptar es que uno tenga que desarrollar una personalidad estable y, no obstante, saber que ésta será inevitablemente modificada por las otras formas de vida con las que uno se comunicará, y que estas alteraciones biofísicas tienen que aceptarse. Y tan sólo pueden ser aceptadas por las personas estables. Y la obtención de la estabilidad, incluso después de lo que la madre ha hecho durante el primer año, toma la mitad de una vida antigua.

    Para el mundo de la guardería, hasta la edad de treinta o treinta y cinco años, no hay ningún lugar como la Tierra, la hermosa tierra que tan a menudo casi hemos destruido; con toda su amigable fauna, al alcance del cariño. Por encima de todo, para la niña. Quizá no esté de moda, pero siempre pienso que la biología y, lógicamente, la comunicación son esencialmente obra, y gloria, de las mujeres... Sí, ya sé que han habido mujeres físicas como Yin Ih y astrónomas moleculares (me acuerdo de Jane Rakadsails, de su maravilloso rostro negro y sin edad abierto en una gran sonrisa). Pero, de cierta manera, las disciplinas de la vida parecen ser más congénitas para la mayoría de nosotras las mujeres.

    Siempre me ha parecido curioso que existan algunas cosas en la exploración que simplemente no podemos pensar que sucederán, a pesar de todas nuestras advertencias y ejemplos. ¿Se trata de un fracaso de la comunicación? ¿O de la imaginación? ¿Es que la comunicación borra la imaginación que, de cierta manera, es solitaria? Mi grupo se encuentra trabajando en este momento con algunos voluntarios sumamente jóvenes y quizá obtengamos algún resultado. La dificultad parece radicar en el hecho de que dentro del mundo de guardería creemos ser personalidades estables, completamente seguras. No podemos pensar en una eventual desviación, en que la interferencia puede constituir una tentación. No para nosotros, pensamos. ¡Qué joven se puede ser! Y esto sucede a pesar de los libros, películas y contactos de todo tipo. Está claro que es necesaria una sobreestabilización para enfrentarse a impactos posteriores, y la existencia de este exceso de estabilidad nos hace incapaces de tomar precauciones contra lo que seguramente sucederá, como habríamos podido hacer de habernos sentido débiles de alguna manera.

    Todo se logra al final, pero el impacto de los otros mundos sobre esta estabilidad aparentemente inamovible llega como por sorpresa. Nadie disfruta sus primeros cambios de personalidad. La mayoría de nosotros alguna vez hemos probado algunos de los alucinógenos que producen cambios temporales, pero, por alguna razón, esto no nos prepara suficientemente. Al menos en mi caso. Incluso, en ocasiones, los jóvenes realizan el experimento de convertirse en carnívoros temporales, en un intento de cambiar su personalidad. Yo nunca lo hice, pero sucede que soy golosa y tengo una consciencia muy desarrollada del gusto y textura de lo que como. Además, creo que una chica dedicada a la comunicación está condenada a encontrar este acto imposible; no hay ningún tipo de vida comestible en la Tierra que no pueda evocarnos una ligera empatía.

    Aunque, por supuesto, esperaba ansiosamente, como es lógico entre humanos, dedicarme a la exploración, descubrí que mi primer mundo era extraño y desconcertante. Lo recuerdo con claridad. Naturalmente, uno no se inicia visitando lugares del todo desconocidos o muy peligrosos y, por suerte, también existe un infinito (o ¿no es infinito?). Bueno, no soy yo la que debe decidir, escoged vosotros. Se me consideraba buena para la comunicación (y lo soy, desde luego, o no estaríais comprendiendo esta página que leéis), así que se me asignó a un grupo de expertos, todos ellos jóvenes, excepto nuestro líder, Peder Pedersen, el matemático. ¡Qué suerte tuve de empezar con él! Sí, mucha suerte. Hay algo fascinante en los detalles del primer viaje espacial. Después de un tiempo, se hacen terriblemente aburridos, y quizá esto también sea conveniente, si no uno tendría menos oportunidad para la contemplación que, después de todo, requiere condiciones de ligera incomodidad. Normalmente, hoy día contemplo durante todo el vuelo espacial, ya sea dentro o fuera del tiempo, pero en esos días yo no dominaba ninguna de las técnicas usuales de contemplación ni habría resultado normal a esa edad.

    El planeta era Lambda 771, de la serie Q. ¿Ya estáis ahí? No tiene una atmósfera impracticable y en comparación presenta un menor problema de gravedad. Pero aún no se había establecido comunicación. La dificultad no residía en ningún tipo de actitud hostil. Ese tipo de problemas había sido casi completamente vencido, excepto en esas pocas galaxias que todos conocemos. Pero en Lambda 771, la descendencia evolucionaría de los habitantes del planeta procedía de forma radial, algo así como una estrella de mar con cinco brazos, que a su vez se desarrollaba a partir de una espiral. Las había de varios tamaños, desde unos cuantos centímetros hasta casi un metro de diámetro. Al principio, no estaba claro si éstas eran formas jóvenes y adultas o razas diferentes, pero todas ellas tenían brazos que podían parcialmente retraerse, aplanarse, etc., fijados con émbolos que podían utilizarse para sostener herramientas. Entre sus principales artefactos había construcciones amplias y bajas, profusamente decoradas en las partes laterales inferiores de sus techos, en su mayoría con formas de hocico y hongos espirales. Había que ponerse en cuclillas para verles, pero valía la pena. Estas criaturas tenían un tope superior e inferior definidos, necesarios, después de todo, para la gravedad. Pero la forma radial que había surgido del capullo en espiral había sido conservada a lo largo de su evolución, dominando todos los procesos mentales y psíquicos.

    Es solamente en circunstancias como ésta cuando nos damos cuenta de que estamos construidos bilateralmente, siguiendo principios selectivos. Peces más que equinodermos. Yo sabía esto de cierta manera, pero cuando llegó la hora de intentar establecer comunicación, esto aumentó mis dificultades mucho más de lo que yo pensaba. También me apresuré a terminar con mi período de aclimatización, una cosa estúpida, pero todos los exploradores jóvenes son iguales.

    Tuve que separarme completamente del resto de la expedición, lo que no me resultó fácil, ya que por entonces me sentía muy fuertemente atraída por otro miembro de ella, T'o M'Kasi. El continúa siendo una persona extraordinariamente hermosa, aunque, con mucha razón y corrección, se ha esterilizado. Por ese entonces, él no era nada etéreo; tenía el delicioso cabello rizado del grupo étnico de su padre, pero nunca me dejaba tocarlo... al principio, al menos. Era un geólogo clásico, aunque desde entonces ha hecho algunos progresos.

    Bueno, yo no podía dejar que esto constituyera un obstáculo para mí, aunque admito que permití que lo fuera durante algunas horas. Luego reuní mis diferentes instrumentos de transmisión y recepción. Lógicamente, había traído demasiados conmigo. Todos lo hacemos al principio. Más tarde aprendí algo al respecto. T'o vino y se puso a observarme; recuerdo que trataba de manejar algunas estructuras cristalinas de las que parecía desconfiar. Y con razón, como resultó ser, pero eso no sucedió sino más tarde. Llevaba guantes, pero se le pegaron los dedos en el polvo y se los quitó. Sus dedos eran largos y del color de una galleta bien horneada; me parecía poder sentirlos con mis dientes y mi lengua. Me dijo: —Ten cuidado, Mary. Quizá tengan un bloqueo con respecto a la comunicación. Si quieren detenerte, no continúes.—

    —Así que, ¿en cuántas expediciones has tomado parte?—, le dije, comprobando mis circuitos con gran cuidado.
    —En tres –dijo él, y lo vi acercarse de reojo. Y, al mismo tiempo, sentí un poco de miedo. Sólo un poco, claro; yo había sido aceptada y catalogada como una persona totalmente estable y me daba perfecta cuenta de que no me habrían asignado a esta misión si hubiese sido peligrosa y no simplemente difícil–. Recuerda los trucos –dijo–, nunca te quites los protectores. ¿De acuerdo, Mary?—
    —De acuerdo—, dije.

    Comenzó a ayudarme con los circuitos, pero yo le pedí que no lo hiciera; era algo que, después de todo, hay que hacer solo. Pero me gustó que lo intentara y que hubiera acercado su cabeza tan cerca de mi mano, que tan sólo tenía que extender mis dedos... y ahí estaba, la deliciosa mata de diferentes tensiones capilares, hormigueando contra los nervios digitales como ningún pelo rubio y flácido puede hacerlo. No apartó la cabeza.


    2


    Resultaba bastante problemático comunicarse con esos seres radiales. Naturalmente, pasé algún tiempo con los que parecían menos importunos mientras ideaba las mejores técnicas de comunicación a utilizar. Lógicamente, sus órganos principales eran centrales y no se encontraban orientados en ninguna dirección. Pronto me aseguré que cualquier irregularidad en el anillo periférico del material óptico-cerebral era considerada como un defecto, pero quedaba la duda sobre si éste era moral o físico.

    En ocasiones, también llevaban puesta una especie de cobertura artificial translúcida que podía proteger el anillo o hacerlo más visible, y que parecía ser conservada bajo el cuerpo; o posiblemente ser transpirada desde la parte inferior. Se pegaba a los dedos si se tocaba, y emanaba un olor totalmente nuevo para mí y difícil de describir. Resultaba extremadamente difícil decir lo que era esto sin perpetrar una interferencia. Y yo tenía mucho cuidado al respecto, sobre todo tratándose de mi primer planeta.

    Después de un tiempo, no obstante, me di cuenta de que debía concentrarme en lo que sucedía durante los períodos de una actividad bastante extraña en la que, en primer lugar, un radiado se metía bajo una cubierta y empezaba a moverse, primero en una dirección y luego en otra; aparentemente, la dirección inicial se elegía totalmente al azar o, en cualquier caso, nunca encontramos evidencia alguna de lo contrario. Estoy casi segura de que ésta era una especie de reversión hacia la espiralidad. En nuestro mundo, las especies que hacen movimientos espirales giran en una sola dirección, pero no creo que éste haya sido el caso de los ancestros de mis radiados. Descubrí en este mundo una pequeña forma de vida que producía conchas, y me interesé al ver que sus movimientos espirales giraban en ambas direcciones. De cualquier manera, la danza comenzaba con un individuo. Luego, otro se daba cuenta de ello y se aproximaba. Ambos se acoplaban a manera de ruedas dentadas, cada brazo entrando en un hueco. Después, por lo general bastante rápidamente, aparecían otros, de manera que en cosa de media hora se formaba una densa alfombra de ellos, los del interior acoplados y los exteriores aparentemente agitándose e intentando entrar hacia el centro, especialmente si había tantos que la cubierta no podía protegerlos a todos. Si estos seres hubiesen tenido ancestros con seis brazos, el acoplamiento habría resultado más sencillo; ya que siempre quedaban lagunas entre la perfección de la alfombra, incluso si los brazos se encontraban retraídos, expandidos o ajustados de otra manera. Y parecía que el objetivo era que todos se aproximaran, quedándose quietos y tranquilos.

    Cuando se lograba esto durante un momento, las membranas que cubrían los ojos, que eran de un verdiazul profundo en contraste con el amarillo ocre del cuerpo, se cerraban y el anillo cerebral, con sus nódulos marcados en los nervios del brazo central, parecía aplanarse. Teníamos algunos conocimientos sobre la anatomía de estas criaturas debido al hecho de que, ocasionalmente, vimos como uno de ellos era muerto por un tipo de enemigo insectoide, no muy diferente del mosquito, pero de unos treinta centímetros de longitud, con mandíbulas succionadoras extremadamente duras que caían sobre los radiados desde arriba. A éstos les llamábamos muescas. Parecían carecer de conciencia de todo tipo, así que estábamos dispuestos a considerarlos provisionalmente como seres inanimados. Desde luego, uno puede comunicarse con cualquier forma de vida, por destructiva e inconsciente que ésta sea; pero aún no había llegado ese momento. Mientras tanto, esto nos había permitido, en este mundo, efectuar la disección y preservación de uno de sus habitantes. Solamente podíamos esperar que no hubiésemos interferido con ningún rito funerario.

    Era contra estas muescas, pensábamos, que nuestros radiados construían sus decoradas protecciones. Entretanto, las muescas clavaban las mandíbulas primero en el anillo ocular, matándolos en cuestión de minutos. Ninguna de ellas nos había atacado, pero siempre existía la posibilidad de que lo hicieran. En varias ocasiones habían atacado a piezas de aparatos que tenían alguna parte brillante que tal vez les parecían ojos. No íbamos a correr ningún riesgo.

    Una vez que me hube instalado con los radiados, probé varios medios de comunicación hasta que, finalmente, logré establecer contacto. Recuerdo que me llevó largo tiempo. Hoy en día, probablemente me habría acercado mucho más rápidamente y con pasos más certeros hacia la solución de mi problema, pero después de todo, éste era mi primer mundo. Había días en que me sentía totalmente frustrada, pero simplemente no podía regresar y decirle a T'o M'Kasi o a cualquiera de los otros que había sido incapaz de establecer contacto.

    Entretanto, hice un cierto número de observaciones que complementaban las que estaban realizando otros miembros de la expedición. Decidí que lo mejor era andar en cuclillas lo más posible a fin de tener el mismo punto de vista estético que el resto de los habitantes del planeta. De no haberlo hecho, probablemente no me habría dado cuenta de la naturaleza de algunos de sus artefactos móviles. De hecho, no siempre podía figurarme para qué los utilizaban, si es que tenían algún uso, pero podía admirarlos. Observaba un objeto redondeado de un material que no pude reconocer, pero que tenía decoraciones en su interior, sumamente parecidas a las que, de tanto en tanto, dentro de la historia estética de la humanidad, se sienten orgullosos de producir los trabajadores del cristal. Aparentemente, se trataba de algo enrollado alrededor del anillo ocular mediante un rizo muscular. No podía ver en ello ningún tipo de utilidad. Y, súbitamente, mi admiración estética pareció encontrarse con un eco. Me di cuenta de que había establecido contacto.

    Como siempre en los problemas de comunicación, el primer paso fue el más difícil. Una vez que uno veía qué tipo de relación había que buscar, era cuestión de pasar a una rápida recopilación de datos. Después de todo, yo había sido entrenada para ello. A un determinado momento de mi proceso (o, mejor dicho, nuestro proceso conjunto), ya que los radiados estaban tan dispuestos a comunicarse por su parte como yo), tuve un golpe de suerte. Vi a una muesca caer en picado y alcancé a matarla en pleno vuelo. Me pareció bastante extraño, pues nunca había matado a nadie. La Tierra, después de todo, está libre de enemigos. Yo sabía que las muescas eran consideradas seres inanimados, pero aun así, me sentí impresionada por mi propia acción. No sucedió lo mismo con los radiados.

    Bueno, no os aburriré con mis observaciones. Los descubrimientos de la expedición se encuentran, naturalmente, en el Registro. Recuerdo que cometí un error sumamente ridículo acerca de su vida sexual. Este fue corregido en una edición posterior; todo se debía a mi propia antropomorfización. Me lo habían advertido repetidas veces, pero una nunca sabe con seguridad cómo le cogerán estas cosas. Sin duda, mi impulso subconsciente se encontraba firmemente atado a mí misma y a T'o.

    Sin embargo, mi concentración consciente se fijaba totalmente en los radiados. Gradualmente, durante un período de semanas, desarrollé comunicaciones, primero desde la aprobación o rechazo generalizados y las armonías simples, luego con observaciones más complejas y precisas, estéticas, mentales o matemáticas. Después continuamos, una vez que ellos cooperaban completamente, hacia desarrollos más avanzados.

    Por supuesto, tuve que adaptarme, cual una bailarina, a mis comunicadores. Esta es una de las razones por las que, como he dicho, creo que la ciencia de la comunicación es tan esencialmente femenina. Se acopia perfectamente a nuestros patrones sexuales. Y mientras más me adaptaba a ellos, más me desligaba de mis propios conceptos morales. Al darme la vuelta sobre el colchón (por ese entonces yo tenía uno de esos bastante especiales que se doblan hasta casi desaparecer, inflándose al contacto con cualquier tipo de atmósfera; ahora hago meditación y no necesito colchón alguno), incluso la simple elección entre derecha o izquierda me parecía innatural. Derecha o izquierda: ¡alteraciones imposibles!

    En comunicación, como lógicamente os dais cuenta, mediante la constante sucesión de a o b, de elecciones entre a o b, se pueden efectuar juicios instantáneos tan rápidamente como sea posible con la técnica semiintuitiva que todos hemos aprendido, que es mental y manual, ya que también hace uso de instrumentos. Encontré que cada vez me era más difícil hacer estas sucesivas elecciones. Era como caminar en arenas movedizas, un arrastre de otros conceptos.

    Uno está tan acostumbrado a un cerebro bilateral, a dos ojos, dos orejas, etc., que considera natural todo eso y lo que surge de ello. Incorrecta pero inevitablemente. Mis radiados tenían un aspecto totalmente diferente. A medida que los empecé a conocer mejor, me di cuenta de que, de muchas maneras, eran altamente —civilizados—, en nuestro concepto de la palabra. Pero ellos nunca pensaban en términos selectivos. Comenzó a parecerme sumamente extraño que yo lo hiciese y que tantos de mis juicios fueran ambivalentes: bueno y malo, negro y blanco, ser o no ser. Incluso si uno admitía que los juicios morales e intelectuales eran cambiantes y temporales, éstos aún parecían existir. Por encima de todo, los juicios de precisión científica. Pero después de un cierto período de comunicación con los radiados todo esto quedó confuso. Si la alternativa significa, no uno de dos, sino uno, dos, tres o cuatro de cinco, entonces la acción se complica y reduce su velocidad al tipo de ritmo y complejidad que resultan apropiados para un organismo con cientos de lo que en tiempo evolucionario eran simples succionadores y aparatos dé sostén, pero que con el desarrollo se habían adaptado a la locomoción, la retención de alimentos, el manejo de herramientas, las más finas delicadezas del tacto y, probablemente, a otras finalidades de las que yo sólo me di cuenta parcialmente. Así pues, descubrí que sin ninguna sensación de torpeza, se podían hacer dos o más elecciones, más o menos conflictivas aunque nunca opuestas. Gradualmente, noté que yo adoptaba la misma manera de pensar.

    A medida que fui conociendo a mis radiados como individuos (lo que siempre resulta difícil con una especie totalmente diferente, pues uno tiende a memorizar la individualidad mediante marcas y deformaciones banales y cosas por el estilo) las cosas se hicieron más difíciles. Ellos no se ponían nombres como lo hacemos los terrícolas y como nos imaginamos que se hace en la mayoría de los mundos. Existían, no obstante, nombres de grupo sumamente parecidos. Lentamente, comencé a olvidar mi propio nombre.

    Resulta obvio que sus matemáticas fuesen diferentes, aunque en un principio me pareció muy difícil comprenderlo. Parecía ser exactamente lo que necesitaban para sus propósitos tecnológicos, pues tenían tecnología y uno se daba cuenta de ello apenas podía diferenciar entre los objetos naturales y los modificados en este mundo tan particular. Lo más extraño era que, en mi opinión, eran totalmente ineficaces para luchar contra las muescas. Probablemente, esto tenía algo que ver con su vista; desde luego, ellos no enfocaban a través de agujeros en anillos de músculos contráctiles como lo hacemos nosotros. No percibían sólo dos, sino un gran número de imágenes de tipo mucho más difuso, que constituían una clase de percepción intuible a través de su arte. Naturalmente, la visión era de la misma calidad, toda redonda, de manera que no había ni frente ni detrás, pero parecían incapaces de ver cualquier cosa que se encontrase a una gran distancia por encima de ellos, distancia a la que volaban las muescas y desde la que se lanzaban en picado. Así que las muescas parecían proceder d* la nada, sin explicación, súbita e inevitablemente. Sentí ganas de hacerles probar, pero eso habría sido interferencia.

    Ellos construían esas protecciones decoradas y mientras se mantenían debajo de ellas estaban seguros, pero no cuando salían. No obstante, interior y exterior constituían una distinción demasiado aguda y opuesta para que ellos la comprendieran.

    Y, después de algún tiempo, tampoco yo la podía comprender, debido a que me estaba adaptando más y más al mundo de las cinco elecciones. Naturalmente, no me daba cuenta de que esto afectaba a mi propia personalidad. Yo tan sólo pensaba que todo iba como debía ir, que todo se estaba abriendo, que yo apreciaba cada vez más el pensamiento y las acciones del mundo que había elegido. Cuando empezaban sus bailes giratorios, yo me sentía girar emocionalmente con ellos, incluso si de hecho estaba inmóvil o casi; sentía que me confundía con una relación multifacética, no simplemente ojo a ojo. En una etapa posterior, pareció que los problemas se resolverían por sí mismos, aunque a veces persistían algunas incertidumbres que, de cualquier manera, no parecían tener mucha importancia. No me resulta fácil recordar todo esto, debido a que las palabras que utilizo son demasiado agudas y poco ambiguas, simples palabras de terrícola que a menudo tienen términos antitéticos precisos.

    También descubrí que empezaba a pensar sobre los problemas generales de filosofía de una manera que parecía nueva y llena de posibilidades. Y, no obstante, por alguna razón, no podía concentrarme en ellos directamente como lo había hecho en mis días en la Tierra. Tenía una idea por la noche, después del trabajo, o, de hecho, varias ideas; éstas parecían ser comprensibles, parecían arrojar una nueva luz sobre algún tipo de realidad. No obstante, faltaba algo. Y, más tarde, descubrí que también algo faltaba en mis fantasías sobre T'o M'Kasi.

    Yo había supuesto que tomaría una decisión acerca de su persona. Pero ¿quién era yo? Empecé a tener la sensación de que lo que me estaba sucediendo era algo semejante a lo que sucede bajo la influencia de algunos de los alucinógenos, cuando la naturaleza de la percepción se divide, de manera que varios aspectos del objeto que normalmente vemos como uno solo, parecen separados. Recuerdo con cierta ligera inquietud que pasó algún tiempo antes de que mi personalidad se reintegrara tras algunas de estas experiencias con drogas, y empecé a pensar que debía regresar con el resto de la expedición. ¿Regresar? ¿Atrás? No tenía ningún significado, ¿o sí?

    Bueno, recogí mis aparatos, mis notas y mi protección con bastante torpeza, y luego me puse en contacto con los demás. Había enviado algunos mensajes de tanto en tanto a nuestra base, como lo hacíamos todos cuantos trabajábamos solos, pero cada vez me había preocupado menos de hacerlo y de comprobar lo que ellos respondían. Cualquiera de ellos. Entonces algo sucedió. Llevaba puestos mis protectores pero había levantado la máscara de los ojos; ésta era una pantalla que en ocasiones se enturbiaba. Miré hacia arriba y alrededor lentamente, supongo que imitando de cierta manera a los radiados, y súbitamente me di cuenta de que una muesca se encontraba encima de mí y se lanzaba directamente hacia mis ojos. Y por un momento, fui incapaz de ponerme a salvo; pensé en las posibilidades más simples: bajar mi protector visual, agachar la cabeza de manera que los protectores me cubriesen, levantar la mano, cerrar los ojos... todas me parecían tan iguales que no podía realizar ninguna de ellas. Afortunadamente, volví a afirmar mi identidad, reaccioné en dos segundos, suficientes para agacharme de manera que la muesca se estrelló contra mis protectores, formando una masa informe. Pero me sentí bastante afectada. Observando la muesca aplastada, me pareció que mi acción había sido azarosa e irrazonable. Seguramente, debía haber habido algo más.

    T'o M'Kasi vino a buscarme. Parecía diferente... ¿o lo era? ¿Dónde se encontraba esta diferencia, en él o en mí? Ni siquiera podía decidir en qué consistía esa diferencia... si había alguna. Era como si yo me encontrase, curiosamente, en otro lugar. Como si él me hablara desde una barrera. No podía situarlo. Luego, él dijo algo que me despertó: —Has estado con ellos durante demasiado tiempo. Ahora piensas radialmente, ¿no es así?— Supongo que lo hacía, ¿por qué no? — ¿Quieres permanecer cambiada?—, me preguntó. ¿Cambiada, pensé, cambiada? Ahora nos encontrábamos bajo protección. Comencé a despojarme lentamente de mis protectores.

    —A todos nos ha sucedido un poco lo mismo –dijo él–. Nos encontramos con que pensamos de la misma manera que ellos si establecemos algún contacto. Y tú eres la que más contacto has tenido, Mary. Solamente hay una manera rápida de librarse.—
    — ¿En qué consiste? –pregunté turbada, puesto que ahora me daba perfectamente cuenta de que mi personalidad había cambiado y de que yo no deseaba permanecer así. Quería volver a ser lo que era, es decir: lo que él y yo habíamos sido–. ¿Qué es? ¿Qué debo hacer?—
    —Haz una elección, Mary. Una elección rápida entre dos posibilidades, pero rápido.—
    —Dame un motivo de elección entonces—, dije y todavía no sabía lo que él iba a decir, aunque si hubiera sido yo misma en ese momento lo habría sabido seguramente.
    —Bueno –dijo él–, ¿quieres tener un bebé conmigo?— Recuerdo que no contesté. No podía. — ¿Bebé o no bebé? –dijo–. Dos alternativas, Mary. Escoge rápido.—

    Ahora sabía perfectamente lo que mi personalidad original habría deseado y contestado. Había tomado una decisión durante la primera semana que estuve sola, mientras aún estudiaba a los radiados, y todavía no había sido modificada por ellos, había decidido que sería una buena idea tener un bebé a mi regreso a la Tierra. Incluso podía concebirlo durante el viaje espacial, ya que, extrañamente, éste no producía malestares. Esto implicaría tener que dejar la exploración durante dos años, pero yo tenía varias ideas sobre la teoría de la comunicación en las que trabajaría. Por supuesto, algunas personas preferían hacer varias exploraciones antes de permitirse el placer de tener un bebé, pero siempre he pensado que éste es un modo de comportamiento bastante estricto e incluso antibiológico. Además, también quería tener un bebé moreno. Y había querido tocar a T'o por todas partes. Había querido meter mis dedos entre sus cabellos, y dejarlos caer a lo largo de su cuello y de sus brazos. Yo sabía que era eso lo que había deseado; pero lo sabía como si lo hubiese estado leyendo en un libro, y el libro se encontrara en otra galaxia. Si tan sólo, pensaba, la pregunta se me hubiese hecho entonces y T'o me hubiese observado como lo hacía ahora...

    Me quedé ahí, en el refugio de la base, entre las cosas de la Tierra, cada una con su uso definido, que, de cierta manera, la hacía peculiar y anormal. Observé con interés que, en ese momento, no podía hablar. Resultaba imposible hacer lo que alguna vez consideré natural: tomar una decisión. Parecía ridículo, casi incorrecto, tener que enfrentarse a una respuesta directa positiva o negativa. Reaccioné en contra de ello. Y aun así, continuaba tratando desesperada y furiosamente, de encontrar mi propia personalidad y mi propio punto de vista, puesto que era a eso adonde regresaría tras este girar y rodar. Y, rápido, me decía, rápido, y él decía lo mismo entre dientes. Pero no podía regresar a mí misma. No podía hablar. No podía decir sí.


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    Sí, ése es el tipo de aprietos en los que uno se mete. Salí de éste a tiempo, pero demasiado tarde para T'o. Por supuesto, todo eso pasó hace mucho tiempo. Apenas puedo recordar la sensación de haber sido despegada de mi base, la sorpresa y el resentimiento que sentí a medida que regresaba dificultosamente a la normalidad. Cuando volví a ser una personalidad definida con alternativas dobles, ya no podía decir sí: T'o estaba en otra expedición. De hecho, tuve mi primer hijo cinco años más tarde. Y de una manera totalmente diferente.

    Primero se habían realizado dos expediciones y, naturalmente, cuando hablo de años lo hago en términos de años subjetivos. Los años horarios, después de todo, han dejado de tener sentido, aunque los utilizamos durante la infancia y la adolescencia. Debieron ser útiles en otras épocas, pero en ese entonces nos encontrábamos a la merced de los relojes. Cuando hablé sobre esto con otras personas de mi edad, descubrí que sus personalidades muy a menudo recibían un golpe en su primera expedición, reestabilizándose luego más firmemente. Quizá esto sea lo normal en los exploradores. No creo que los marcianos hayan tenido nunca la misma dificultad, pero resulta difícil formular la pregunta adecuada que nos dará la información. Yo nunca lo he logrado, ni siquiera con Vly.

    Extrañamente, fue mi segunda expedición la que casi terminó con mi carrera. Su destino era una colonización Epsilon. Os acordaréis de los epsíes; se encontraban entre nuestros primeros contactos, después que empezamos a viajar a las galaxias, y en cierta manera resultaron ser un contacto extremadamente útil. Aunque creo que varias personas fueron expulsadas de la exploración espacial a causa de ellos. Los epsíes se encontraban mucho más adelantados que nosotros en teoría del espacio y también en algunos aspectos de química, y estaban perfectamente dispuestos a compartir la información, una vez superados los malentendidos iniciales (que fueron extremadamente desagradables para los implicados, aunque esto sucedió mucho antes de mi época). No obstante, por alguna razón, los epsíes no me podían gustar. Cuando se es niño, se aprende a amar todo tipo de vida, pero, inevitablemente, una más que otra. El ser humano no puede ser neutral. Y, penosamente, los epsíes eran como centópodos: sus partes bucales se habían desarrollado según este mismo patrón y tenían el mismo aplanamiento, sin duda debido a las exigencias de su mundo original y a la necesidad de esconderse bajo los estratos de roca purpúrea que aparecían por todo su planeta natal.

    Por supuesto, hacía mucho que habían superado esta necesidad, aunque sus viviendas estaban construidas en forma de delgadas capas (éstas no carecían de interés arquitectónico, una vez que dominaron los materiales de construcción) y sus enemigos se habían extinguido hacía un par de milenios. Pero una vez que la evolución ha avanzado tan lejos en una dirección, uno no puede hacer nada al respecto, como han descubierto muchas especies a su pesar. Los patrones se endurecen; las mutaciones no pueden cambiar la estructura. Y de cualquier manera, los epsíes pensaban que eran admirables, exactamente como lo pensamos nosotros. Las decoraciones metálicas que tendían a llevar exageraban exactamente aquellos rasgos que el observador humano se inclinaba a considerar menos agradables. A nosotros los humanos (y casi resulta lo mismo entre machos como entre hembras) nos gustan las criaturas que son calurosas, redondeadas y agradables al tacto y en el olor, aunque el olor, lógicamente, es el sentido más individual y subjetivo. Si encontramos criaturas de este tipo, estamos dispuestos a ser simpáticos con ellas y a pensar en ellas como lo hacemos con nosotros mismos, aunque no sean inteligentes. Pero los epsíes no tenían ninguna de estas atractivas cualidades; tan sólo eran inteligentes. Su materia cerebral se extendía a lo largo de sus laterales ondeados y cuando contestaban preguntas difíciles se ponían rígidos de manera típica y reconocible. En reposo intelectual, sus piernas se rizaban incluso cuando en verdad no estaban avanzando y, de hecho, el tercio superior de su cuerpo usualmente estaba erguido. Pero les gustaba que les hicieran preguntas y, en ocasiones, yo pensaba que esto se debía al mismo escalofrío de inmovilidad momentánea que les producían los interrogatorios.

    Yo me dedicaba, desde luego, a la comunicación; ésa iba a ser mi especialidad durante todas mis primeras expediciones y, de hecho, aún considero que resulta agradable trabajar en los viejos problemas. Las técnicas de comunicación habían sido razonablemente elaboradas por la primera y segunda expediciones al planeta de los epsíes, pero aún había algunos cabos sueltos por atar. Estaba ansiosa por dedicarme a ellos, incluso después de ver una película en cuarta dimensión sobre mis futuros contactos. Pensaba que, a pesar de no saber, en ese momento, cómo, estaba destinada a amarlos. Nunca sucedió.

    La atmósfera y la gravedad sin duda lo hacían más difícil. La gravedad no era tan mala como en tantos otros mundos, pero cansaba, incluso con la técnica usual del elevador de presión, y perjudicaba los pies; todos hacíamos ejercicios con los pies diariamente, pero debíamos tener mucho cuidado con nuestras atmósferas individuales. Este tipo de cosas se hace automáticamente, pero yo me sentía algo incómoda durante la mayor parte del tiempo. Estaba de nuevo con Peder Pedersen; él nos había advertido del peligro de las alucinaciones: al menor descuido comienzan. Me acuerdo que en una ocasión creí ver a T'o.

    Los epsíes habían colonizado su nuevo planeta vigorosamente en tiempos de rigidez moral, que afortunadamente los humanos habían atravesado y dejado atrás para cuando alcanzaron la excelencia técnica en viajes espaciales, cosa que los epsíes habían logrado antes. Su nuevo planeta era, al menos a nuestros ojos, mucho más agradable que el original. La vegetación era preciosa, de tintes de azul claro y de formas exquisitas. Había serpenteantes lagos de algo similar al agua. Y también había una fauna local por la que uno sentía inmediatamente simpatía.

    En realidad ellos no eran genuinamente homínidos, pero una pensaba como si lo fueran. Tenían cabezas redondeadas, ojos amplios y obscuros con pestañas, manos en forma de garra y eran sumamente juguetones. Los epsíes no jugaban, preguntaban y respondían, se decoraban, elaboraban sus viviendas y su organización técnica y no les molestaba el hecho de aparearse poco frecuentemente. Sus apareamientos producían enormes cama das que pronto se independizaban, pero a las que había que alimentar. Los epsíes eran carnívoros.

    En cierta época, solamente un cierto porcentaje de estas grandes carnadas sobrevivía. Fue debido a su creciente tasa de supervivencia que la colonización se hizo urgente. Desde luego, nosotros habíamos hecho un estudio especial sobre el tema antes de la expedición. Nuestros deberes, los llamábamos, ya que se hacían totalmente en la Tierra. Resultaba evidente, gracias a las películas de cuatro dimensiones, que los hábitos alimenticios y de matar a los epsíes eran desagradables. Sin embargo, esto no era algo muy nuevo. Recuerdo que Peder Pedersen, al ver una foto, me dijo sonriendo: —Imagínate estar detrás de esa boca.— Este era un ejercicio muy difícil pero necesario antes de que pudiera establecerse una comunicación adecuada y yo tenía mucho cuidado en mejorar la experiencia de mi última expedición. El imaginarse tener la misma forma que nuestros contactos era elemental para considerar las técnicas de comunicación, pero a veces había que ser sumamente cuidadoso para volver a la propia identidad.

    La última expedición había intentado llegar a este planeta, pero en realidad había pasado todo el tiempo en el planeta original Epsilon, donde había mucha información por recolectar. Peder me insinuó que los miembros de la última expedición habían sido, bueno, personal casi totalmente no biológico. No quiero criticar otras disciplinas, pero sé cómo son los químicos moleculares. Y los epsíes tenían mucha información para ellos. Su atmósfera producía unos complejos químicos muy peculiares que dejaban a los viejos y aburridos carbones en la edad de piedra. Yo no encuentro esto muy agradable pero para ciertas personas es delicioso.

    Bueno, el despegue fue como siempre. Los instrumentos, la excitación, el borrón del tiempo. Y luego, este mundo hermoso, excepto, como ya he dicho, por la atmósfera y, hasta cierto punto, por la gravedad. Yo ya había decidido qué tipo de bloqueo de comunicación debía vencer y me encontraba muy emocionada ante la perspectiva. Habían i visado a los epsíes de nuestra llegada y éstos habían preparado una zona para nosotros. Incluso habían construido unas estructuras en las que podíamos gozar de nuestra propia atmósfera (en verdad bastante ingeniosas, con pasajes interpenetrantes para su propia atmósfera y la nuestra, de manera que ellos podían entrar en nuestra casa y comunicarse con nosotros a través de un sistema de conductos inteligentemente diseñados... si es que se les podían llamar conductos). Todos expresamos nuestro agradecimiento y satisfacción, pero el material del edificio era totalmente transparente y confieso que notaba una sensación muy curiosa al tener a los epsíes deslizándose al otro lado de una transparencia. Esto se acusaba aún más debido a que ellos no habían sido totalmente capaces de imaginar la configuración tridimensional de los humanos y la mayoría de las habitaciones eran corredores estrechos. Solamente había uno o dos lugares donde podíamos cruzarnos mutuamente con alguna comodidad. Esto era especialmente incómodo para Peder Pedersen, que para entonces había desarrollado cierta solidez de tipo escandinavo. Pero la carencia básica de intimidad era desagradable, y cuando esto se complicó con la presencia de alguna ligera fuga en uno o dos de los conductos de comunicación (pronto descubrimos cuáles) con las consiguientes alucinaciones, la mayoría de nosotros empezó a tener malas reacciones.

    Naturalmente, uno podía retirarse a la nave para descansar; cuando el lenguaje de Peder Pedersen se relajaba completamente hasta llegar a transformarse en arcaicas blasfemias noruegas (resultaba curioso que durante tanto tiempo hubiesen sido más teológicas que sexuales; ya desarrollé una larga teoría al respecto), el resto de nosotros siempre lograba convencerle de que regresara. Recuerdo haberle preguntado a uno de ellos qué edad creía que él tenía. En ese tiempo, parecía inmensurablemente más viejo. Resulta raro que yo haya pensado eso. Pero, por mi parte, no regresé muchas veces a la nave; yo creía que debía aprovechar mi tiempo al máximo.

    Silis Grasni, que había estado en la primera expedición a Epsilon, pero a quien conocí por vez primera cuando regresé (ella se encontraba en Marte para dar una conferencia y, espero, para probar sus vinos, durante la mayoría de los meses de preparación previos a nuestra salida), me dijo que los colonos epsíes probablemente eran bastante diferentes de los originales. —Es necesario ser diferente para ser colono. Es igual en todas partes. Incluso nosotros –dijo Silis–. Los antiguos epsíes habrían tenido un poco más de tacto, aunque habría resultado lo mismo. Incluso eran una especie diferente en su planeta natal. –Me di cuenta de que fruncía un poco el ceño–. Quizá no sean muy cariñosos, pero me gustaban.— Para aquel entonces, ya sabía lo que había querido decir.

    Bueno, uno tiene que hacer concesiones a la mentalidad de los colonos. Sabemos bastante acerca de ella gracias a nuestra propia historia, pero era la primera vez que me encontraba con ella en la vida real y no tenía ninguna otra norma social epsíe con la cual juzgar a los habitantes del planeta colonizado. Los químicos de la otra expedición habían demostrado un desinterés singular por las normas biológicas.

    Durante el primer período, solamente me había comunicado con los epsíes que entraban en nuestra vivienda. Desembrollamos algunos de nuestros problemas y pude hacer preguntas que aún no habían sido formuladas sobre disciplinas científicas y filosóficas. Todo esto resultaba interesante y satisfactorio, pero pronto comencé a preguntarme qué otras entidades biológicas podían ser contactadas en este planeta. Nuestro botánico, que gozaba entre las arboledas azules, pensaba que habían posibilidades definidas. Y de esa manera, empecé a darme cuenta de la existencia de la fauna de cabeza redonda y ojos obscuros.

    Mi primer intento recibió una respuesta inmediata y pronto descubrí que construían refugios, se decoraban con hojas azules y floqueadas, y con una especie de protuberancia brillante en forma de nuez, formando figuras con su espesa y sedosa piel. Y luego descubrí que parte de sus actividades recreativas era algo que sólo podría denominar canto y baile. De hecho, llegué a sentir tanta simpatía que las encontré hermosas y conmovedoras, hasta el punto de que, al principio, pensé que podía ser una alucinación parcial hasta que todas las pruebas que pude idear me demostraron que no lo era.

    Supongo que su principal característica era la vivacidad. No resulta muy sencillo explicar lo que uno quiere decir con esta palabra. A medida que se movían con rapidez, entrando y saliendo de las arboledas azules, balanceándose rítmicamente sobre la vegetación caída, meneando y manoseando con sus especies de dedos, moviendo rápidamente las garras delanteras o traseras y sobre todo bailando, parecían emanar un brillo que podía tener algo que ver con la circulación de una sustancia de apariencia sanguínea, acerca de la que más tarde habríamos de descubrir demasiadas cosas, colocada bajo su piel semitransparente y ligera. Se peleaban, abofeteándose mutuamente, o se esparcían y perseguían en una agradable actividad sexual. Tan pronto como me puse en contacto con ellos, nunca me cansé de observarlos y unirme a ellos en la medida en que la torpeza de mi traje ambiental y la presión de la gravedad me lo permitían. Acostumbraban mirarme a los ojos y frotarlos rápidamente con las garras o los labios, pero la ventana los mantenía fuera. Yo pensaba en lo mucho que me gustaría tener un contacto aún más próximo.

    Naturalmente, intenté establecer comunicación. No oculté esta intención y también empecé a hacer preguntas a los epsíes. Resultaba evidente que existía una relación íntima entre los epsíes y estos otros seres. Finalmente, encontré un epsíe que obviamente sabía todo al respecto. Nos era siempre difícil hablar con ellos en privado; esto sucede siempre, lógicamente, con aquellas especies por las que no se puede sentir ninguna emoción. Quizá si uno se hubiera permitido odiar a los epsíes, hubiera podido comunicar con ellos en privado. Pero el odio es algo por lo que ningún explorador se debe sentir culpable.

    De cualquier manera, este epsíe era más grande que el resto y sumamente decorado; sus pies estaban totalmente incrustados de metales que producían un efecto muy impresionante al rizarse. Nuestra comunicación no se realizaba, por supuesto, a través de sonidos, y ellos no mostraban ningún interés por los nombres propios (incluso suponiendo que los tuvieran). Entre nosotros, a éste le llamábamos Glitterboy. Parecía disfrutar de las preguntas que hacía sobre las otras especies. Utilizaba un nombre para ellas, asociado al concepto de una esfera o círculo; yo lo traduje por —los redondos—. Por lo visto esto tenía algo que ver con la forma de sus ojos y cabeza. Él nos comunicó que si queríamos saber más sobre los —redondos—, debíamos ir a verle en un momento que él indicaría. Peder estaba sumamente interesado y dijo que él también vendría. Todos los demás estaban ocupados con sus propios problemas.

    Mi siguiente intento consistió en comunicarme con los —redondos— con respecto a los epsíes. Esto resultó ser mucho más difícil, debido a que yo no tenía noción alguna del conocimiento que los primeros tenían de las otras especies. Comencé mostrándoles fotografías, hasta de tamaño natural, pero no tenían idea alguna de cómo organizar o percibir la información proveniente de fotografías. Después, logré que uno de los otros me ayudara a hacer algunas diapositivas en tercera dimensión, las cuales, después de muchos intentos frustrados, finalmente reconocieron. Su reacción fue de cólera. Golpearon y despedazaron las diapositivas y algunos huyeron. Me preguntaba qué era lo que estaba a punto de descubrir.

    —Debes recordar la tercera regla—, dijo Peder Pedersen.
    —Ninguna interferencia –respondía automáticamente, ya que una la oye tan repetidas veces. Y luego–: Pero, ¿no crees que...?—
    —Te están empezando a gustar los "redondos", Mary –dijo–. Y resulta difícil apreciar a nuestros amigos inteligentes.— Señaló con la cabeza hacia el extremadamente separado pero tan íntimo pasillo que se encontraba a unas cuantas pulgadas de distancia de nuestras mejillas y manos. Había un epsíe al final que obviamente esperaba ser interrogado. —Es más simple estar en un mundo –continuó– donde ninguna de las estructuras corporales y ninguno de los arquetipos de acción o pensamiento nos son suficientemente reconocibles como para adoptar actitudes morales hacia ellos.— Recuerdo que mientras me echaba hacia atrás (ya que, por supuesto, la habitación era demasiado estrecha para hacer otra cosa), empecé a tener considerables dudas acerca de lo que iba a ocurrir. No obstante, esto pasó unos cuantos días antes de recibir la indicación de Glitterboy. Entretanto, hice un buen número de exploraciones exteriores. Además de los —redondos—, existían varios tipos de fauna bastante extraños en su forma, desde una cosa de apariencia gelatinosa que se escurría entre las arboledas azules, hasta unos reptiles gregarios que mis —redondos— acostumbraban levantar por la cola, aunque no se los comían, y un gran animal nocturno que nunca pude ver claramente. Experimentábamos cuidadosamente con la vegetación, comiendo cantidades muy pequeñas. Pero, para nosotros, era totalmente incomestible; ésta es una de las decepciones de un nuevo mundo, por al menos para los exploradores jóvenes: a menudo se encuentra algo que nos da la sensación de ser aún más delicioso que una ciruela o un melocotón... ¡pero raramente lo es! Llegó el momento. Glitterboy nos indicó que debíamos acompañarle. Me agradaba la presencia del viejo Peder, caminando pesadamente dentro de su traje ambiental, sufriendo por la atmósfera que le causaba un cierto número de molestias y dolores que nunca confesaba, pero que sin duda le hacían blasfemar a menudo. No había comunicación oral en este planeta, los epsíes no habían pensado en ello, tal vez debido a que tenían tanta sensibilidad, y tal vez emoción, en los pies. Dudo que se cansaran de cualquier manera que fuese significativa para un ser humano. A pesar de ser joven, incluso yo me cansaba. Recuerdo que Peder me dijo: —Mejor que te sientes y descanses, Mary.— En ese tiempo, yo pensaba que me lo decía para poder descansar él mismo, de manera que me sentaba a su lado. Pero ahora estoy segura de que en realidad me observaba y en verdad pensaba que estaba cansada. Se había acostumbrado a sus propias molestias.

    Glitterboy se escurrió sobre roca y arena, bajo la fronda de los ondulantes árboles azules o de sus troncos caídos. Al moverse, el tercio delantero de su cuerpo, que se mantenía erecto cuando se le interrogaba, regresaba a nivel del suelo y entraba en acción. Sus pies hacían un ruido susurrante y alegre. Lo que me parecía curioso era que no había ningún —redondo—, aunque vi muchas protuberancias de gelatina y ranas hinchadas.

    Antes de partir, le pregunté a Peder si debíamos llevar armas. Todas las expediciones llevan algunas para fines defensivos en casos de extrema emergencia. Y, por supuesto, para acabar con uno mismo o sus amigos de manera relativamente indolora en ciertas ocasiones (sólo que demasiado frecuentemente, en éstas, uno no tiene el arma). En teoría, sabía cómo utilizarlas, pero jamás las había visto en la práctica. Peder sonrió y dijo que llevaría todo lo necesario. Era mejor que yo no llevara nada. —Recuerda: si te sientes en peligro, haz preguntas –dijo–, preguntas.—

    Llegamos a uno de sus edificios, una simple pared de una sustancia cristalina, una combinación química que hacía posible la atmósfera. Glitterboy comenzó a comunicarse, diciéndonos que ahora veríamos para qué servían los —redondos—. Repentinamente, me di cuenta de que sus partes bucales se movían de una manera muy desagradable, al menos para mí. Recuerdo que me habían dicho anteriormente, cuando observaba la película, que debía imaginarme detrás de esa boca. Ahora no podía hacerlo, pero intenté no demostrarlo.

    Como siempre sucedía en las estructuras epsíes, la puerta se encontraba empotrada en la parte superior; Peder y yo tuvimos que agacharnos para entrar. Al erguirnos de nuevo, nos encontrábamos en un patio alto y angosto, cuyas paredes tenían unas cuantas escaleras muy inclinadas y estrechas que ascendían para llegar, aparentemente, a un parapeto que corría a lo largo de la parte superior. El patio estaba lleno de —redondos—, y éstos se encontraban en un estado de terrible agitación, miedo, ansiedad y violencia. Algunos corrían y brincaban, otros parecían congelados en posturas innaturales. Algunos cantaban, pero no las canciones que acompañaban las danzas y el juego sexual. Podía darme cuenta de que Peder no lo consideraba un canto, pero yo, habiendo pasado más tiempo con ellos, sí que lo hacía. Toda la escena me recordaba algo que no podía definir, pero luego lo logré. Se trataba de una serie de fotografías que había visto durante mi curso de historia social. Eran de lo que antiguamente se denominaba internos de un hospital psiquiátrico, un —basurero— como se decía en aquel tiempo, en el que se encerraba a la gente violenta y agitada. Lo que vi fue una combinación de estas fotografías y era exactamente así como se veían los pobres —redondos—, a excepción de ese brillo que ya había visto brotar de ellos durante los períodos de acción.

    Glitterboy irguió su tercio delantero y comenzó a comunicarse tan rápidamente que no pude comprender lo que decía. Parecía hablar de una fórmula de química orgánica y, según mi interpretación posterior, ésta se refería a la sangre o al líquido de apariencia sanguínea que circulaba tan rápida, y apetitosamente para él, dentro de los —redondos—; y también, a las necesidades químicas de su propio cuerpo, que él conocía perfectamente. Pero había algo en el tono de toda la conversación que resultaba espantosamente repulsivo. Y también peligroso, incluso para nosotros mismos. Miré a Peder; a través de la ventanilla de su traje espacial, éste me echó una mirada que decía: —Pregunta.—

    — ¿Para qué utilizáis...?—, empecé, y de nuevo Glitterboy soltó más información de la que yo podía canalizar y, súbitamente, se lanzó contra los —redondos—. Lo mismo hicieron varios otros epsíes que se habían mantenido tranquilamente cerca de las paredes. Una puerta se abrió en el otro extremo y los —redondos— empezaron a correr llenos de un pánico que yo traducía por —No, no, no—. Pero Glitterboy ya había subido una de las escaleras, llegando al parapeto. Yo pensé que lo mejor era seguirle, pues no me gustaba nada la idea de atravesar la puerta con los —redondos—. Las escaleras eran difíciles de subir, siendo demasiado inclinadas para la fuerza de gravedad, y demasiado angostas por carecer de barandal en el lado exterior. Fue peor para Peder que, en efecto, tuvo que arrastrarse hasta arriba. Tampoco el parapeto superior era demasiado amplio, pero quizá fuera preferible que el peligro que corríamos nos distrajera de lo que sucedía abajo.

    Glitterboy parecía sostener una especie de instrumento metálico, tan extraño de forma como el resto de sus herramientas. Luego vi para qué servía: a medida que los —redondos— pasaban por debajo de la puerta con la cabeza agachada, él u otro ponían este instrumento o uno similar sobre sus cabezas, presionándolo. Tras este hecho, cada uno de los —redondos— soltaba un breve grito alto y agudo, apenas audible a través de las compuertas auditivas de nuestros trajes ambientales. Pero continuaban corriendo. Pasaban por un corredor aún más estrecho, entrando en otro patio. Y luego parecían calmarse.

    Sí, esto era seguro. Deambulaban, no saltaban ni gritaban ni cantaban ni expresaban ninguna emoción violenta y, aparentemente, no sentían dolor alguno. Caminamos cuidadosamente a lo largo del parapeto hasta encontrarnos justo encima de ellos. Me di cuenta de que ese brillo de actividad tan peculiar había desaparecido. ¿Qué había pasado?

    Luego, vi que algunos de ellos eran conducidos, gentilmente y sin problemas, hacia un corral más lejano cercado por altas paredes. Glitterboy se apresuró en esa dirección, bajando por el muro. Nos miramos los dos y Peder sacudió ligeramente la cabeza. Continuamos observando a los —redondos—. Por lo que yo podía comprender, lo que comunicaban era consentimiento. Cuando se les acercaba un epsíe, no parecían perturbados, a pesar de que incluso los más débiles de éstos les habían producido una rabia y un terror tan grandes.

    Pero ¿qué sucedía en el corral del fondo? De repente, Glitterboy salió de él, tambaleándose. Había algo horrendo chorreando de sus partes bucales.

    Más tarde, Silis me dijo que en su mundo original los epsíes no chorreaban. Pero Glitterboy era un colono: se puso rígido, alzando sus muy retraídos pies, adoptando la cómoda posición de los epsíes cuando se les interrogaba. Le pregunté rápidamente qué había estado haciendo, y él me respondió, como esperaba, en términos bioquímicos de absorción pero con una cierta excitación. Nos dijo que debíamos ver (e incluso participar) en el proceso. Desde luego, resultaba esencial que, en tanto que miembros de una expedición, observásemos y, en la medida de lo posible, participásemos, pero los epsíes se habían dado cuenta de que sus alimentos no eran comestibles para los terrícolas. Tan sólo fue un estallido de entusiasmo el que hizo que Glitterboy nos invitase al banquete.

    No obstante, observamos, tomamos notas e hicimos preguntas. Era como lo habíamos supuesto. En el corral, los epsíes saltaban sobre los —redondos— y los chupaban. Estos últimos parecían contener entre siete y ocho litros de líquido sanguíneo, relativamente más, dado su peso y talla, que los humanos. Los cuerpos secos (una vez que el proceso de absorción había finalizado) eran elaborados y utilizados como material de construcción. Los —redondos— no parecían oponerse a lo que sucedía, aunque la mayoría respingaba a la primera picadura. Ciertamente, no tenían miedo. Cuando Peder formuló una pregunta sobre la circulación de este líquido sanguíneo, Glitterboy y otro epsíe abrieron cortésmente el cuerpo de un —redondo— vivo. El órgano se encontraba inesperadamente en la parte superior, pero no había ninguna estructura pulmonar comparable a la de los mamíferos. El rasgo anatómico más familiar lo constituía el cerebro dentro de la cabeza, aunque debajo de un cráneo membranoso en vez de óseo. Esto facilitaba que los epsíes les dieran ese pequeño golpe que transformaba a los combatientes y rebeldes —redondos— en seres dóciles y tranquilos, reduciendo también la velocidad de la circulación, lo que permitía una ingestión algo más sencilla y menos sucia. Si es que esto les importaba. Incluso el —redondo— cuyas estructuras internas nos eran mostradas, no parecía estar sufriendo o tener miedo. Incomodidad sí, pero ésta desapareció con la muerte. Dejándome a mí el sufrimiento.

    Peder Pedersen y yo reconstruimos el resto de la historia. No se capturaba a toda la población de —redondos—, sino sólo la cantidad suficiente para que durase algún tiempo. Los demás, al reproducirse, ocuparían su lugar.

    Hubo un tiempo en que se les acorralaba, pero entonces se les golpeaba en el cerebro. Tuve la repugnante sensación de que Glitterboy al menos sentía lástima por ellos. Ahora resultaba casi demasiado fácil e incontestable. Sí, antiguamente los —redondos— se sublevaban ocasionalmente contra los epsíes, saltaban sobre ellos, arañando con sus garras los vulnerables ojos y manchas cerebrales, y muy a menudo llegaban a escapar... no todos, pero sí algunos de ellos. Esto ya no sucedía. Todos pensaban que la puerta abierta era una salida; podían ver a algunos de sus compañeros moviéndose pacíficamente al otro lado de ella. Todo estaba dispuesto de manera que no pudiesen ver los instrumentos metálicos.

    Empecé a sentirme tan llena de odio por los epsíes que apenas me comunicaba con ellos. Ellos se dieron cuenta de que había algún fallo pero no sabían cuál. De cualquier manera, Peder Pedersen lo sabía. Él me dijo a través de nuestro enlace de radio, que recuerdo que distorsionaba las voces de manera que la suya sonaba varios tonos más baja que su voz normal y ligeramente titubeante: —Cualquier cosa que pienses hacer significa interferencia.— Lo sabía, lo sabía. Y aun así, no podía soportarlo. Me sentía jadeante. Sabía que si hubiese tenido el arma la habría utilizado. —He visto cosas mucho peores –dijo Peder Pedersen–, sin hacer interferencia.—

    Miré a los —redondos— y epsíes que se encontraban abajo, y me sentí girar ligeramente sobre el borde del parapeto; me recobré con un estirón que apretó mi traje ambiental. En la pequeña fuga que sobrevino, tuve una serie de alucinaciones sobre episodios religiosos. Naturalmente, uno aprende toda esa extraña historia durante la adolescencia y a menudo vuelve a vivir algunas experiencias religiosas anteriores. Cuando era niña, sentía una fuerte atracción por algunos de los desarrollos del Islam en la primera parte del siglo XXI. Pero estas alucinaciones eran completamente cristianas, e incluían una crucifixión en la que el protagonista era destrozado y desangrado interminablemente. Recuerdo haber señala do a alguien o a algo que el corazón se encontraba en la posición humana, pero que podía ser fácilmente trasladado para convertirlo en un órgano circulatorio —redondiano—. Todas las especies de seres que había visto en libros y películas, venían a lamer la sangre, los epsíes al final.

    Como sucede a menudo en las alucinaciones, todo pareció suceder durante un largo período de tiempo, aunque en el tiempo de las pulsaciones y del ritmo de respiración tan sólo tomó algunos segundos. Pero yo era consciente en algún rincón de la memoria de que la práctica abierta de una religión terrícola en otros mundos contaba como interferencia; se trataba de una vieja decisión que ya no tenía gran interés, puesto que muy pocas expediciones incluían a personas genuinamente interesadas por esas cosas. No obstante, me parecía que la única manera de lograr mis fines era subir yo misma a la cruz y sangrar, explicando en voz alta que yo no había sido golpeada en la cabeza, que estaba totalmente consciente y que esta sangre era gratuita y estaba a la disposición de todos, en lugar de la de los —redondos—. Me esforcé por comunicar esto a todos los diferentes mundos, al tiempo que me compadecía por encontrarme irrevocablemente atada a un pesado trozo de madera, de manera que ya nunca podría ser una exploradora.

    Pero entonces sentí que me tocaban unas manos, unas manos terrícolas y una voz me decía: —Debes bajar, bajar—, con el ligero susurro estático de la voz de Peder. ¿Cómo podía bajar de la cruz? Pero tenía que hacerlo de alguna manera. Entonces la alucinación empezó a desvanecerse y vi que Peder sostenía los bordes forzados de mi traje ambiental y me empujaba hacia los escalones... Había otra escalera, igualmente empinada y estrecha, al otro lado del muro.

    Descendí como pude, con un dolor de cabeza posalucinatorio que empezaba a tronar en la base de mi cráneo. En el espacio protegido por las paredes aún continuaba todo ese horror. Durante el regreso, Peder Pedersen comenzó a contarme, a través del crepitante en lace radiofónico, su infancia en una parte aún bastante remota de la Tierra, de la nieve derritiéndose y de los abedules cubriéndose de hojas, de los niños recogiendo bayas y del sol de medianoche, de las luces nórdicas que habían sido tan maravillosas antes de haber puesto los ojos en galaxias y visiones mucho más extrañas, y que volvería a ser maravilloso cuando uno fuera viejo y decidiera retirarse para siempre al tibio regazo de la Tierra. De alguna forma, esto me hizo recobrar mi consciencia normal. Descansé durante una hora o dos en la nave, lejos de la vista de los epsíes, hasta que se me pasaron el dolor de cabeza y el odio.

    No obstante, la alucinación retuvo mi atención. ¿Podría haber hecho algo, de alguna manera, siguiendo esas líneas? No sé cómo lo hubiera hecho, incluso ahora no lo sé. Y aun así, ahora siento que tendría que saberlo. Pero en ese momento todo lo que sentía era una profunda vergüenza. Me sentía extremadamente humillada debido a que había sido tan inútil. De cierta manera, había fracasado, tal vez traicionado a aquellos a quienes consideraba mis amigos. Este sentimiento me persiguió durante toda la expedición; ni siquiera el hecho de haber podido derribar algunas de las barreras de comunicación que habían desconcertado a mis predecesores en el mundo epsíe, me sirvió para recuperarme. Sólo fue durante el aterrizaje al final del vuelo, con ideas inminentes sobre la Tierra en la cabeza, que hablé de esto a Peder Pedersen. Recuerdo que él dijo que la alucinación, como quiera que se produjese, era una etapa necesaria de la exploración. Las personas confiadas y tranquilas nunca podían ser grandes exploradores. Resultaba difícil comprenderlo entonces, aunque ahora creo entenderlo. Dijo que hay que estar dispuesto a ser engañados, incluso cuando esto significa que se rían de uno después, debido a que no debe haber barrera alguna entre uno mismo y los otros seres... Siempre hay que evitar la incredulidad. La humillación. Desde el mismo fondo, cuando el ser moral e intelectual que tan cuidadosamente hemos construido ha sido totalmente derribado, cuan do no queda nada entre uno y el descuidado y aplastante pie de la realidad, entonces puede uno, final y genuinamente, observar y conocer. Y el proceso de humillación, dijo Peter, debe repetirse una y otra vez.

    No era así como una se imaginaba, cuando niña, que eran los grandes exploradores. Pero creo que hay algo de verdad en ello.


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    Al principio, el sentimiento de fracaso y humillación era solamente doloroso. No podía enfrentarme a las tareas de preparación de otra expedición y, no obstante, sabía que el problema moral entre epsíes y —redondos— era bastante simple; un problema que, de hecho, habían encontrado en diversas formas varias expediciones. Si tan sólo T'o hubiese estado ahí... El me habría sacado de mis penas y podríamos haber sido felices en la Tierra. Pero no funcionó; nuestros años subjetivos no parecían sincronizarse. Ni siquiera podía escribir correctamente mis observaciones. Peder Pedersen era extraordinariamente comprensivo, pero se encontraba en otra expedición. El me pidió que fuera en ella, pero no lo hice. No podía.

    Empecé a interesarme un poco en ciertos aspectos de inmunología y frecuentaba a los inmunólogos en uno de sus centros. Entonces ocurrió algo que hizo saltar la corriente. Como sabéis, los tejidos extraños producen anticuerpos en los organismos de los mamíferos vivos. Pero tomemos un tejido tan extraño que incluso no pueda ser reconocido como enemigo y, así no produzca ningún anticuerpo. Y supongamos que también sea de una especie que puede hacer una simbiosis con un cuerpo mamífero que lo reciba, y desarrollarse. Durante largo tiempo esto no era más que una simple suposición teórica. Más tarde, repentinamente, se hizo posible. El tipo de vida de un pequeño planeta aislado tenía exactamente estas características y requisitos, y algunos especímenes habían sido traídos a la Tierra; todo el mundo estaba de acuerdo en que estos seres estaban tan lejos de la inteligencia como para permitir el experimento sin objeciones morales. Los seres fueron totalmente regenerados a partir de partes muy pequeñas, muy parecidas a las que todos hemos observado en la lombriz de tierra. Si se les mantenía en un ambiente adecuado, se desarrollaban hasta llegar a ser animales completos, pero a una escala muy pequeña y con muy pocas posibilidades de vida, aunque resultaba posible alimentarlos y criarlos hasta llegar a algo parecido a la madurez.

    Pero si se injertaban en un humano, no sólo sobrevivían sino que llegaban a su tamaño normal, casi un metro de largo. Luego se desarrollaba un cuello entre ellos y sus receptores y, normalmente, se separaban de éstos. A primera vista, parecían carecer de forma definida, eran un poco repulsivos. Una tenía la sensación de que se encontraban en la etapa evolutiva desde la cual podían desarrollarse en una de las muchas direcciones posibles, pero ésta aún no estaba decidida. El comportamiento de los injertos hizo que esta idea pareciera más plausible. Habría sido incorrecto hablar en términos de inteligencia, pero sin duda existía una organización del comportamiento y de la sensibilidad que daba un carácter definido a estos seres. Con respecto a ellos era totalmente sensato hablar de placer y dolor, de memoria, ansiedad y, posiblemente, afecto. Carecían de estructura ósea, pero tenían un cierto grado de algo parecido a una rigidez cartilaginosa. No resultaba desagradable tocarlos, pues tenían una capa exterior normalmente bastante suave, que aparentemente podían endurecer a voluntad. Aparentemente también podían desarrollar, a voluntad, unos pseudópodos, usualmente tres o cinco, que les ayudaban a reptar y que quizá también eran útiles para otros fines. Podían ingerir alimento, aunque en condiciones de laboratorio éste debía estar totalmente macerado. De alguna manera podían percibir ciertos objetos cercanos, aunque no resultaba claro cómo lo hacían. Algunos tipos de objetos o estímulos parecían producir actividad; podían reptar rápidamente, acercándose o alejándose de algo que habían percibido.

    Pero ¿qué tipo de percepción era ésa? Parecían carecer de órganos definidos; de cierta manera, se trataba de un efecto total, bastante diferente de cualquier cosa terrestre e, incluso, de cualquier tipo de vida extraterrestre. Todo esto resultaba desconcertante y mi primer contacto con dichos seres fue a través de mi tarea de comunicaciones. Estaba desconcertada, pero sumamente interesada.

    Al principio, los injertos habían sido hechos en vanos animales de laboratorio: perros, cerdos, chacales, caballos, el gentil znydgi de Marte y unas cuantas otras especies. Los resultados habían sido inesperados. Aparentemente, el comportamiento era tomado, al menos hasta cierto punto, del receptor. En el caso de los perros esta actitud era evidente. A todos los perros de este centro les gustaban los técnicos de laboratorio, y particularmente uno que era el encargado del contacto regular con ellos; lo mismo hicieron los injertos, que se retorcían ansiosamente en dirección a la persona preferida. Con los znydgis, que carecían de afecto, a pesar de ser tan divertidos y pacíficos, los injertos no se movían hacia los técnicos, pero tampoco tenían miedo de ellos. También parecía que los injertos sobre chacal y hiena se desarrollaban mejor cuando su comida estaba mezclada con jugos de carne; esta misma dieta, suministrada a los injertos sobre caballo, no fue aceptada.

    Se efectuaron uno o dos injertos sobre animales salvajes a los que se había condicionado deliberadamente para que rechazaran y desconfiaran de los técnicos de la guardería de animales. Esta conducta se reprodujo en los injertos, que se contraían y rehuían a las personas en cuestión. Por supuesto, todo esto resultaba mucho más complicado de lo explicado, y mientras yo me encontraba ahí, se efectuaron un cierto número de experimentos neopavlovianos. También se hicieron, desde luego, muchísimas observaciones anatómicas y citológicas, que deberían ser desarrolladas más tarde. Esto conllevaba ciertas cuestiones éticas: estos seres habían sido traídos de su planeta natal bajo el supuesto de que estaban completamente por debajo de cualquier nivel de consciencia, para no hablar de inteligencia, lo que habría hecho dicha acción bastante dudosa. Los experimentos de enjertación fueron efectuados mediante escisión de pseudópodos, lo que aparentemente podía llevarse a cabo sin afectar de ninguna manera al donante. Pero si se intentaba cortar cualquier parte del cuerpo principal, con o sin los pseudópodos expelidos, esto causaba incomodidad, quizá dolor, y una aversión duradera hacia cualquier persona que lo hiciera o intentara hacerlo. Pero ¿era esto memoria y una vez más un efecto total no localizado?

    De hecho, toda la cuestión resultaba desconcertante. No se sabía gran cosa de su planeta natal. No se le había considerado particularmente interesante o útil, y no había posibilidades de que se hiciera una expedición a él durante un buen tiempo. Pero ésta no era una razón para suspender la investigación. Obviamente, la siguiente etapa consistía en probar la técnica de enjertación en un receptor humano.

    Estaba hablando sobre esto con Pete Lorim, uno de los inmunólogos; él decía que no resultaría demasiado difícil; el injerto tomaría unos dos o tres meses y, la primera vez, causaría algunos inconvenientes. Pero su dificultad personal residía en que él y Silis Grasni salían juntos muy a menudo; de hecho, fue a través de ella que conocí al grupo de inmunólogos. Él pensaba que Silis pronto le permitiría hacerle un bebé y no sabía cómo lo tomaría ella al verle con un gran injerto. Naturalmente, no se critica a otro científico en medio de un experimento, pero si éste va a hacerle un hijo a una, se puede ser un poco remilgada. Por aquel entonces, Silis era sumamente atractiva (aunque me cansaba de oír a la gente hablando de ella) y me di cuenta de que él tenía razón. —De otra manera, ¿lo harías?—, le pregunté.

    —Desde luego –dijo él–. Pero espero que alguno de los otros lo haga. Tan sólo es cuestión de aislarse durante un par de meses... y aburrirse, creo.—

    Entonces dije: —No creo que ésta sea una labor para un hombre. Debes lograr que una mujer lo haga. Ella tendría una relación mejor con el injerto.—

    Meditó un momento y luego dijo: — ¿No es posible que quizá logre una relación demasiado buena?—

    —Dudo que eso sea posible –dije–. Después de todo, una relación verdaderamente íntima quizá signifique una posibilidad de comunicación..., algún tipo de comunicación, de cualquier manera. –Y luego dije–: ¿Y si fuera yo?—

    Bueno, lo arreglamos. Iría y permanecería en el centro de inmunización. Ahí tenían una biblioteca y una filmoteca excepcionales; podría llenar muchas lagunas. Yo tenía otra razón para hacerlo, quizá no muy altruista. Justo debajo del centro había una amplia zona plantada con legumbres y frutales, en la que se habían empleado y seguían empleando un cierto número de nuevas técnicas. Algunos de los vegetales eran importaciones directas de las galaxias, siempre cuidadosamente supervisadas en caso de que tuvieran demasiado éxito (recordaréis la alga venusina que parecía resolver todos los problemas proteínicos del mundo hasta que empezó a bloquear el golfo de México). Algunos de los miembros del personal de la Administración Sanitaria eran bastante agradables y sostuvimos algunas discusiones interesantes. Naturalmente, había un buen número de vegetales irrigadores de los canales de Marte. Uno apenas puede pensar en lo reducida que es la gama gustativa de las legumbres y frutas terrestres, incluso teniendo en cuenta las de todas las zonas; de hecho, casi se puede comprender por qué nuestros ancestros eran carnívoros tan obstinados.

    De cualquier manera, creo que la textura de una parte de la vegetación galáctica, con su diferente constitución carbónica, explica parte de la diferencia. ¡Qué suerte que nuestras enzimas se las arreglaran para adaptarse! Se habían realizado algunas hibridaciones de injertos bastante satisfactorias llevadas a cabo parcialmente por Sí lis. Había mangos mejorados y una especie mejorada de pera, pequeña pero deliciosa. Hoy día se nota la tendencia a cultivar frutas y legumbres más pequeñas, para ofrecer un mayor alcance a la armonía culinaria.

    No obstante, a pesar de ser muy golosa, ésta no fue mi razón principal. Y después de todo, uno aprovecha esos intervalos en la dieta espacial que es horrendamente utilitaria. Pero sin duda, esto hizo que la idea de una larga permanencia en el Centro fuera más tolerable. Entretanto, observaba los injertos en proceso, así como los adultos, tan cuidadosa y asiduamente como me era posible. Me intrigaban los efectos sobre los animales de laboratorio que habían sido receptores. Por supuesto, había mucha comunicación entre ellos y los técnicos del laboratorio. Había que explicar muchas cosas a los animales o éstos se habrían podido sentir sumamente incómodos y, en especial los carnívoros, habrían debido ser reprimidos de una manera antiética. Todos habían encontrado que la experiencia era fastidiosa y estaban ligeramente enfermos al final, a pesar de la alimentación suplementaria y, en especial, de la ingestión extraordinaria de líquidos, pero todos se recuperaron rápidamente una vez retirado el injerto, que podía desprenderse fácilmente cuando llegaba a edad adulta y empezaba a moverse por sí solo. Lógicamente, el experimento fue planeado en sus términos, y para la mayoría de los animales, esto era algo que hacían por sus humanos más queridos, debido a su cariño y lealtad; a fin de obtener una mayor estima y afecto. Los animales más activos se sentían muy pesados y yo me preguntaba si esto no rebasaba lo que cabía esperar del simple peso y torpeza de los injertos.

    Una cosa interesante era que tanto perros como caballos reconocían a sus injertos, días, e incluso semanas más tarde, aparentemente por el olfato, y a mí me parecía que los injertos también los reconocían. Este patrón de reconocimiento era menos fuerte en los cerdos y no se presentaba en los znydgis. Una gran perra labrador aún se preocupaba por su injerto después de cuatro meses, sintiendo que éste debía haber cambiado o crecido y, de hecho, tomado una apariencia más canina. Su propio técnico de laboratorio y yo tratamos de comunicarle seguridad, pero sin lograr un éxito completo. La perra sabía que no era un cachorro, sino un injerto y, no obstante, de cierta manera ella no estaba segura. Lo mismo sucedió con la hiena.

    Les comuniqué a los perros que yo iba a hacer lo mismo que ellos y sufriría un injerto; algunos de ellos se sintieron preocupados y agitados. Pero no pude averiguar si el proceso les había disgustado debido a su incomodidad física o por cualquier otra razón. De cualquier manera, no pude descubrir otra cosa y lo que yo iba a hacer se acomodaba perfectamente a mi disposición hacia la humillación; me pondría en relación íntima con una forma de vida ininteligente. ¿Se podía llegar más bajo? No obstante, al mismo tiempo, era consciente de que esto constituía un material de investigación excitante y nuevo.

    Decidimos hacer el injerto en mi muslo, donde habría un amplio suministro sanguíneo. Arreglamos una especie de cabestrillo, a fin de que no me incomodara en absoluto durante las primeras semanas. Ninguno de nosotros podía estar seguro de lo rápido que crecería y, en efecto, durante unos cuantos días estábamos bastante ansiosos por saber si prendería. Casi parecía como si, después de todo, se estuviesen desarrollando anticuerpos, pero afortunadamente no fue así; de haberlo sido, habría sido necesaria una teoría completamente nueva, y durante las pocas horas en que esto pareció posible, todos hablábamos acerca de ello con gran excitación, pero sin la menor idea de lo que hubiese podido representar.

    Ninguno de los experimentos anteriores había sido efectuado en una especie primate; siempre resultaba difícil explicar a cualquiera de los grandes simios un experimento de larga duración que pudiese incomodarlos. Cooperaban gustosamente en todo lo que tuviese un interés estético o fuese activo o estimulante de cierta manera y, por supuesto, estábamos en términos tan amigables con ellos que nadie habría soñado con obligarlos. Ignorábamos qué efectos podrían tener los injertos sobre el ciclo menstrual femenino. A sugerencia mía, este injerto fue realizado a medio ciclo y, para nuestro mayor interés, no hubo ovulación. A medida que el injerto crecía, comencé a sentir malestares del tipo que uno sabe que eran comunes durante el embarazo, aunque esto ya no sea así.

    Tan pronto como quedó claro que el injerto había prendido, lo medimos cada dos días. Al principio yo era completamente objetiva respecto a esto, pero gradualmente empecé a agitarme de una manera que no era normal para mí y esto sorprendió claramente a mis colegas científicos. Empecé a ser posesiva con respecto a mi injerto; no podía pensar fríamente en él. Si el cabestrillo que lo contenía chocaba contra algo, no podía descansar hasta estar totalmente segura de que se encontraba perfectamente bien, como, de hecho, siempre resultó.

    Y luego, tras unas siete semanas durante las cuales el injerto había crecido vigorosamente, éste empezó a dar muestras de movimiento independiente. Para entonces mis actividades eran muy reducidas, aunque aún podía caminar lentamente hacia la biblioteca. Esta tenía un solárium lleno de plantas interesantes y hermosas, algunas de ellas experimentales y, en ese lugar, yo acostumbraba sacar a mi injerto de su cabestrillo para que pudiera moverse. Mis colegas iban y venían, trayéndome muy a menudo alimentos y bebidas suplementarios, (¡comí docenas de sus mangos mejorados!) que yo creía necesitar. Bebía el doble que normalmente y, aun así, me sentía insatisfecha. Pensaba en cuánto me gustaría nadar, pero incluso un baño ordinario resultaba difícil con el injerto. A veces me sentaba con los pies y las manos en el agua, pero eso no era exactamente lo que yo quería, aunque me calmaba durante un momento. Silis venía y me hablaba de Pete, y Pete de Silis. Y gradualmente, aunque me sentía menos bien y, desgraciadamente, menos capaz de hacer uso de la biblioteca, acepté mis sentimientos de humillación.

    Pensaba interminablemente en el injerto o, mejor dicho, no pensaba, sino refunfuñaba. No podía pensar en él si no tenía un nombre, y lo llamé, con espléndida impropiedad, Ariel. Tenía la sensación de que era parte de mí, de la misma manera que Ariel y Calibán son parte de Próspero, como normalmente se les puede ver en representaciones de La tempestad, una de las piezas teatrales que mejor se compara a los tratamientos verdaderamente modernos, con todos sus efectos, y yo la había visto recientemente.

    Cuando habían transcurrido dos meses desde que me había sido injertado, Ariel ya mostraba un considerable grado de vida; era muy flexible, pues no le había aparecido ninguna rigidez y empezaron a salirle pseudópodos. Pronto logró voltearse, de manera que se encontraba más cerca de mí, y empezó a encaramarse sobre mí gradualmente, moviéndose contra mi muslo con los pseudópodos tendiendo hacia la línea central de mi cuerpo. Al mismo tiempo, me di cuenta de que mis senos comenzaban a hincharse ligeramente y los pezones a obscurecerse.

    Pete pensaba que podría haber habido un efecto semejante en las perras, aunque éste nunca llegó a una verdadera lactación, pero también estaba seguro de que mi injerto era más activo que los otros. Discutimos qué patrones de comportamiento o alternativas eran los mejores para que él las copiara de mí. Pensé que podía ser interesante escuchar música. Sin duda, la música entra por los oídos, pero no termina ahí. Beethoven, siendo sordo, oía su música mientras la escribía. Lo mismo hacía, dos siglos más tarde, el extraño genio Battacharya Three. También decidimos que debía concentrarme en alguna teoría numérica. Pensé que también era conveniente observar algunos cuadros, de manera que traté de asimilar, a un nivel tan profundo como me era posible, arte figurativo y abstracto de varias escuelas del pasado y del presente.

    Hice esto con asiduidad creciente durante los dos últimos meses. De hecho, conservé a Ariel durante casi cuatro meses. Había alcanzado un tamaño y actividad aparentemente adultos hacia el final del tercer mes y Pete estaba completamente dispuesto a realizar la separación. Pero de cierta manera, él era (¿cómo podría decirlo?) carne de mi carne. Al principio, esperaba sentir por el injerto lo que habría sentido por un tumor, alegrándome de librarme de él. Pero esto no sucedió así. Para entonces, Ariel medía más de un metro. Le agradaba encontrarse lo más cerca posible de mi línea media, llegándome a la boca e insertando delicadamente un pseudópodo entre mis labios y en otras partes. Hablé de esta actividad con Silis, puesto que el efecto que esto me causaba era desconcertante. Ella, me alegro de poder decirlo, se rio y me dijo que no debía preocuparme. Aún puedo recordar, por encima de todo recuerdo de los padres de mis hijos posteriores, la sensación y el gusto del pseudópodo de Ariel sobre mi lengua, algo totalmente único.

    Aún sentía esas curiosas ganas de nadar. Tal vez en un ambiente diferente lo habría intentado. Pero me sentía atontada. Recordaba, no obstante, algunas de mis comunicaciones con los animales de laboratorio, que sufrieron todos ellos la necesidad de agua. Seguí hablando con la perra labrador, una criatura maravillosa, dorada y de ojos cálidos, y con uno de los Chacales que también tenía buena memoria y habilidad para comunicarse. Ambos querían chapotear en el agua, pero la bañera que tenían era demasiado poco profunda. Pensé que esto debería continuar.

    Sin embargo, el lazo entre el injerto y yo se encogía, era poco más que un tallo corto entre nosotros, estrechándose día tras día y del que Ariel tiraba más y más con sus sacudidas. Una mañana, incluso eso había desaparecido; todo lo que quedaba era una pequeña zona irritada en mi muslo que pronto desapareció. No obstante, durante cosa de una hora, no me atreví a decírselo a Pete. En lugar de sentirme aliviada por la separación, sentía que no podía soportarla. Incluso lloré un poco. Entonces entró Silis; me ayudó a levantarme, pues yo no había podido caminar desde hacía un par de semanas y me sentía débil. Había estado en un amplio lecho bajo, donde todo lo tenía al alcance de la mano. Miré a Ariel que se movió dudosamente y sacó cinco pseudópodos, instalándose después en la parte del lecho donde yo había estado. Pete entró acompañado por uno o dos miembros de su grupo y dijo que observarían. Un poco de ejercicio me iría bien. Pero, por alguna razón, no tenía ánimos de ir lejos; aún me sentía llorosa. Me dolían los senos, pero no hubo lactancia. Cuando regresé, el pobre de Ariel estaba agitado y ansioso, obviamente. Me puse de rodillas e inmediatamente culebreó y rodó hacia mí otra vez.

    Fue doloroso durante dos o tres días; no podía evitar sentir un cierto grado de culpabilidad, aunque esto resultaba muy irracional, como todo el mundo decía. Pero pasé bastante tiempo con Ariel. La educación musical tuvo un éxito tremendo. Si yo estaba fuera y Ariel se ponía nervioso, tan sólo había que encender la música que yo le había inculcado, y esto le producía un efecto inmediatamente calmante y aparentemente placentero. ¿Cómo? Estas criaturas, en forma de injertos o en su planeta natal, carecían de órganos auditivos específicos. Este constituía un caso aún más extraño de percepción global. La música tampoco parecía afectar a los injertos sobre perros o cerdos, aunque pensamos que había te nido algún efecto sobre uno o dos de los injertos sobre equinos y bovinos.

    No obstante, los cuadros, por cerca que se les mostrasen, no producían efecto alguno. Me preguntaba si era posible que la música llegase en forma de vibración directa (anteriormente me había dado cuenta de que los injertos, por lo general, se daban cuenta de las vibraciones de la maquinaria, centrífugas, etc., incluso cuando estaban a cierta distancia), pero la apreciación musical, en efecto, le había llegado a través de mí. Una cosa de la que me di cuenta era que, en la comida macerada, Ariel compartía mis gustos. Tenía que contener mucha fruta... y mangos para escoger.

    Continué embrollándome con la comunicación, probando varias técnicas sin resultado alguno. Una cosa estaba clara: Ariel y yo siempre nos habíamos reconocido mutuamente, incluso entre un cierto número de seres de nuestras respectivas especies. No podría decir cómo reconocía a Ariel, pero siempre lo hacía. Un día estaba preocupada a causa de esto. Estaba en el suelo junto a Ariel, quien había crecido bastante y, para entonces, había desarrollado una cierta cantidad de nudosidades. Estábamos en mi antigua morada, el solárium de la biblioteca (cuando huelo ciertas flores me acuerdo vívidamente de todo lo que sucedió). Ariel comenzó a expeler un pseudópodo, cubriendo mi mano que se encontraba con la palma hacia arriba. Después de un momento advertí que me presionaba la piel, a veces suave, a veces fuertemente, y unos cuantos segundos después, empecé a preguntarme si no seguía un ritmo... Y si era así, ¿qué? Con gran cuidado, empecé a tomar notas con mi otra mano. Y sí, seguía un ritmo... era una comunicación de pura progresión numérica.

    ¡Fue tremendo! Llamé a los demás. Repetimos nuestros ritmos. Yo contestaba con presiones. Era lento debido a que sólo podía efectuar un ritmo de punto y raya, pero era maravilloso, era un principio. ¡Cuántas posibilidades debía haber! Si esto era un comportamiento organizado, iba mucho más allá de cualquier cosa que hubiésemos logrado con cualquier mamífero terrestre que no fuéramos nosotros mismos. Pero ¿lo era? ¿O se debía al hecho de que Ariel y yo formábamos irrevocablemente parte de un mismo ser?

    Bueno, ésa fue una semana de conferencias que nunca olvidaré. Apenas se supo la noticia, todo el mundo se apresuró a venir al centro. Fue mucho más allá que la inmunología; empezamos a discutir a todos los niveles. Teníamos planes para realizar injertos masivos en voluntarios humanos y marcianos. Otro para recolonizar el planeta de Ariel con seres educados. Pero... ¿no sería esto una interferencia? Argumentos filosóficos y neoteológicos surgieron alrededor de nosotros. Empecé a sentirme muy poco experimentada y un poco incierta. Y entonces... entonces murió Ariel.

    No hubo ningún aviso. No parecía haber habido nada incorrecto. Tampoco conocíamos ningún límite respecto al lapso de vida de esos seres. Pero un día me encontré con que Ariel estaba completamente inmóvil. Llamé a Pete y ambos lo observamos. Una horrenda sustancia blanda cubrió la superficie de Ariel. Luego, ante nuestros ojos, Ariel se disolvió, licuándose y convirtiéndose en materia amorfa. Ariel, carne de mi carne.

    Ignorábamos la respuesta. ¿Podría ser que Ariel había absorbido tanto que no podía tener vida lejos de mí? No obstante, se habían dado todas las apariencias de una vida separada y muy vivaz. Ni siquiera parecía que el cuello del injerto se hubiese roto, como sucedía generalmente, por ejemplo, con los injertos caninos. Las pruebas bioquímicas de la materia que había sido Ariel no fueron satisfactorias. Pero parecía que yo no había cambiado en absoluto. Casi había deseado que no fuera así. Esa era la medida de mi pesar.

    Durante un tiempo, la conferencia me lanzó a un mar de discusiones, excitación, desilusión, incertidumbres y planes. Se hablaba de otros receptores humanos y más experimentos; habría muchos voluntarios, por supuesto. Pero por aquel entonces yo creía que debía decirles que no corrieran riesgos, que no permitieran que esta infelicidad y esta pérdida volvieran a suceder. Aun así, no pude decirlo. Me sentía paralizada. Y después me enteré de una expedición que pensaba que podía ser interesante. El personal era parte terrícola y parte marciano, y eso era algo que siempre había ansiado. También era probable que hubiese algunos elementos de peligro y tensión. Y también ansiaba vivirlos.

    Silis y Pete me ayudaron a hacer mis preparativos.


    5


    En esta expedición hubo mucho más peligro del que yo esperaba. Resultó ser la desastrosa expedición a Jones 97, como todo el mundo la llamó. Os acordaréis de ella. Yo fui una de las afortunadas. De hecho, puedo acordarme de muy poca cosa; todo parece un sueño entre mis recuerdos. Tan sólo conservo una vaga sensación del obscuro paisaje jonesiano, tremulante y ruinoso. La explosión que me ensordeció durante varios días no existe dentro de mi memoria. Solamente tengo recuerdos claros a partir del momento en que Vly se puso en contacto conmigo, comunicándome confianza y afecto con todo su ser. Él era un marciano experto en comunicaciones, mi colega en esta expedición. Como sabéis, los marcianos hablan raramente y sólo lo hacen en las que consideran situaciones embarazosas. Se comunican a través de un sentido táctil altamente desarrollado. Esto se inició cuando vivían bajo tierra, en la obscuridad original en la que vivieron durante muchos milenios; habían aprendido gradualmente a comunicarse a distancia; su visión a larga distancia mejoró simultáneamente, pero la comunicación táctil es su manera rápida y natural de comunicarse.

    Vly se comunicaba con toda su lengua, dedos, puntas de los pies y órganos sexuales. Yo estaba muy agradecida, fue muy amable por su parte, más aún si se considera que en una expedición mixta los marcianos nunca desean comunicarse con los humanos, excepto para finalidades estrictamente técnicas y científicas. Fue a través de ese sentimiento de gratitud hacia él, de la liberación de tensiones, que llegué a sentirme incierta y vacilante. ¿O fue solamente gratitud? ¿Podría haber sido algo más fisiológico, menos etéreo? Difícil de decir.

    Apenas podía respirar; cada latido del corazón constituía un triunfo. Cuando, finalmente, pude enfocar los ojos y fijarlos sobre un objeto dado, sentí un bienestar extraordinario, que no desmentía en absoluto el dolor que empezaba a sentir en casi todos los músculos que habían sido forzados y en los dos o tres huesos que me había roto. También estaba ensordecida y no me habría podido comunicar con mis colegas humanos. De hecho, como recordaréis, la mayoría de los terrícolas de la expedición Jones murieron; fueron los miembros marcianos de la expedición los que rescataron a los que habían sobrevivido. Sus conchas correosas y esponjadas estaban mejor adaptadas para lo que sucedió que el recubrimiento humano de piel y músculos sobre huesos frágiles, y todas sus áreas táctiles estaban muy bien protegidas; nosotros los humanos habíamos pensado que este mundo ya había sido suficientemente estudiado en cuestiones de seguridad y no tomamos las debidas precauciones. ¡Qué equivocados estábamos! Uno no espera perder las cuatro quintas partes del personal de una expedición, y ésta incluía a Von Braun.

    Al principio, simplemente, no podía aceptarlo. Tampoco Olga, a quien llegaría a conocer muy bien más tarde. Era su primera expedición y, en tanto que botánica, había quedado desilusionada: los liquenoides de Jones 97 eran aburridos y nada hermosos; no parecían poseer propiedades químicas o biológicas de algún interés. Ella había empezado por buscar crecimientos microscópicos y fue gracias a que se encontraba boca abajo mirando el interior de una hendidura, que se había sal vado. Los marcianos la levantaron en estado inconsciente, al igual que a mí, y la llevaron de regreso a la nave. Por supuesto, los marcianos se quitaron sus cubiertas protectoras a fin de comunicarse. Esto siempre resultaba un poco desconcertante, puesto que en algunas cosas eran sumamente parecidos a nosotros, pero sus zonas descubiertas eran ligeramente diferentes. Recuerdo que Olga se sonrojó, adquiriendo ese color rosa típico de los nórdicos, la primera vez que vio a dos marcianos en comunicación total. —Pero –dijo– ¿qué están haciendo?—

    —Comunicándose, charlando –dije yo–, claro, con sus órganos sexuales. Y recuerda que todos ellos son bisexuales; tan sólo toman características monosexuales en ciertas ocasiones específicas y muy seriamente, querida Olga.—
    —Debería ser más serio—, dijo Olga, soltando un suspiro.
    —Sí, sí, desde luego—, dije, aunque no lo creyera, al menos de esa manera, pero después de todo era su primera expedición. Luego le expliqué cómo los órganos sexuales descubiertos y móviles, que Olga apenas se había dignado observar, eran particularmente sensibles y podían comunicar finos matices de significado. Yo me comunicaba a través de estos órganos para expresar los matices más finos y no experimentaba ninguna repulsión; eso habría sido muy poco ético. —Al principio, les parecíamos terriblemente impresionantes –le dije a Olga– por la manera con que nos cubríamos lo que debería estar descubierto. No podían acostumbrarse a ello. Pensaban que debíamos tener algún terrible tabú contra la comunicación. En cuanto establecimos relaciones amistosas mutuas, lo que sucedió bastante pronto, mucho antes de empezar la exploración de las galaxias, empezaron a hablarnos de ello. A los primeros exploradores les quitaron los pantalones, preguntándoles después con mucha simpatía si no se sentían mejor así.—

    Recuerdo que Olga echó la cabeza hacia atrás y se rio tan fuertemente como antes se había sonrojado. — ¿Aún piensan que somos horribles?—, preguntó.

    Yo le dije que a mí me parecía que sí, pero que se habían acostumbrado a nosotros. Se habían acostumbrado a nuestros graciosos hábitos y vestimentas, a la curiosa monosexualidad de nuestras vidas y al hecho de que todos éramos demasiado grandes. La mayoría de los marcianos medían unos cuatro pies o algo más y nunca engordaban demasiado. Ciertamente, no nos encontraban atractivos. El mero hecho de parecemos a ellos y ser verdaderamente alienígenas, estaba en contra nuestro. La repulsión instintiva tan sólo podía superarse mediante un acto deliberado de empatía, que sólo podían realizar los más inteligentes.

    Había sido sumamente difícil para los marcianos llevarnos a la pesada y maciza Olga, a mí y al pobre Zeke, quien murió más tarde, a la nave. Algunos de ellos también se habían hecho daño, pero esto no les había hecho desistir de tratar de salvar a cualquiera de nosotros al que pudieran alcanzar; muchos habían volado hechos pedazos. Vly era el único marciano al que yo podría llamar razonablemente amigo. Conocía bastante bien a los otros, pero no con la profundidad con la que había llegado a conocer a Vly. Puesto que se expresan tan raramente con palabras y creen que en las ocasiones ordinarias es incorrecto hacerlo, me sentí muy halagada y honorada cuando Vly me dijo su nombre con palabras. Aparte de ser un experto en comunicaciones, él era un brillante matemático y, también, viticultor. No es que esas largas vainas desnudas se parezcan a las uvas, pero el resultado es deliciosamente similar. De manera que cuando me dijo su nombre y, con un esfuerzo, me llamó Mary, sentí que habíamos superado una barrera.

    Así que, cuando recobré totalmente la consciencia en la nave (ya habíamos despegado para entonces) estaba contenta de comunicarme con Vly. Al principio quería estar con él todo el tiempo. Si me dejaba para ir a efectuar algunas reparaciones de navegación (varias cosas de la nave se habían roto y el despegue había sido muy difícil), me sentía triste e inquieta. Si me dormía, me despertaba sollozando por él. Después de algún tiempo, me di cuenta que estaba medio desnuda; me habían cortado mi traje ambiental en el brazo roto, en el hueso roto de mi pie y en todas las partes de mi cuerpo donde había contusiones. Me dolían un poco cuando Vly se comunicaba conmigo, a pesar de ser muy ligero, pero prefería tenerlo ahí en vez de quedarme sola. No me sentía totalmente identificada, y necesitaba contacto. Estoy segura de que también habría ayudado a Olga si algo semejante hubiese ocurrido con ella, pero ella solamente había practicado la comunicación con ellos a nivel botánico. Y tampoco le habría gustado estar desnuda. Por supuesto, los marcianos preferían intentar establecer contacto con aquellas áreas del cuerpo humano que tenían más sensaciones táctiles. Normalmente, respetaban nuestros tabúes, pero no en una emergencia como ésta.

    Antes del desastre, yo era la única que me sentía totalmente cómoda al comunicarme, aunque existía una cierta compaginación entre humanos y marcianos en términos más generales y en símbolos matemáticos, que eran comunicados fácilmente, al menos entre los matemáticos de ambos bandos. El mismo Von Braun era bastante malo en esto. Obviamente, a algunos marcianos les disgustaba comunicarse, incluso conmigo. Pero con Vly, el hecho de que los marcianos normalmente encuentran a los humanos bastante repulsivos, fue superado mediante una curiosidad puramente científica y la delicada empatía hacia un colega, que ya he mencionado. Gradualmente, a medida que pasaban los días, empecé a poder respirar, oír y moverme de nuevo, aunque con un poco de dolor y dificultad. Empecé a darme cuenta de lo que había sucedido: la destrucción de mis amigos y colegas, y la pérdida de nuestros datos. Pero esto sucedía dentro de una atmósfera de confianza creada por los marcianos. Ellos se encontraban tan impresionados y tristes como el resto de nosotros a causa del desastre que había sufrido la expedición, y tan ansiosos de aprender la lección como nosotros, pero la muerte de los terrícolas no tuvo el mismo impacto emocional. Olga se recuperó algo más pronto que yo. Ella se encontraba con Zeke cuando éste murió a causa de sus múltiples heridas, pero los marcianos finalmente lograron comunicarle un poco de confianza, lo que, en opinión de Olga, facilitó las cosas. Colocamos su cuerpo en un congelador; quizá hubiese algo que aprender de él. Ninguno de nosotros era fisiólogo y todos conocíamos la horrible forma que adopta cualquier objeto grande cuando se le empuja a través de los compartimentos para que entre en órbita.

    Cuando Olga venía a verme, caminando lentamente debido a las heridas de la espalda, siempre me cubría. Yo le decía: —No te preocupes. Ellos quieren tener al alcance una zona táctil tan grande como sea posible para comunicarse.—

    —A mí no me gustaría—, me decía.
    —Sí, pero tú no te dedicas a la comunicación –le dije–. No puedo permitir que nada me obstaculice y cuando realizamos comunicaciones detalladas, preguntas y respuestas, es necesario encontrarnos a medio camino.—
    —Estás intentando saber lo que sucedió cuando todo fue destruido en Jones 97, ¿no es así? ¿De eso trata la comunicación? –dijo Olga, y luego me preguntó–: Vly, ¿es macho o hembra, o ambos en este momento?—

    Me acuerdo que le respondí: —Debe ser ambos. A menos que la impresión de todo esto le haya provocado características monosexuales, pero no las he notado.— Se me ocurrió que ésta podría ser una posibilidad. Yo sabía, gracias a la historia marciana, que una impresión muy fuerte podía hacer que un grupo tomase un sexo o el otro durante períodos bastante largos, aunque siempre se recobraban.

    No obstante, dejé de pensar en esto durante la reconstrucción lenta y metódica de lo que había sucedido en Jones 97. Se trataba de una catástrofe —natural—, pero ignorábamos lo que la había producido: si lo que había sucedido estaba dentro del poder de la fauna que habíamos observado y con la que habíamos tratado de establecer contacto, o si no habíamos sido capaces de darnos cuenta de la existencia de otra forma de vida completamente diferente, posiblemente no en el planeta mismo, pero en el mismo sistema. Gradualmente, los marcianos y nosotros llegamos a la conclusión de que la respuesta debía encontrarse entre estas líneas y que sólo sería posible solucionar el misterio mediante otras expediciones. Sopesábamos posibilidades, buscando y encontrando precedentes, y al mismo tiempo los marcianos, Olga y yo nos sentíamos unidos emocionalmente por una lealtad solar muy calurosa.

    Parecía que iba a ser un largo viaje, ya que parte del equipo esencial de la nave había sido destruido y no podíamos entrar en completa hibernación. Podíamos disminuir nuestro metabolismo básico para evitar problemas de comida, atmósfera, etc., así que arreglamos parcialmente la cuestión del tiempo, pero sin duda gastábamos algo de energía y tiempo haciendo cálculos y planes. Tras el primer júbilo de regresar a la vida, empecé a sentirme peor, y no conocía bien las causas de este malestar. El choc, suponía yo. Le pregunté a Vly si todos los marcianos habían sufrido un choc de características semejantes. Él me dijo que sí, y añadió que la mayoría del grupo había descubierto, tras uno o dos días, que se encontraba en una condición de monosexualidad activa. —Mira—, me dijo (trato de traducir lo mejor que puedo). Para ese entonces yo podía pensar completamente con imágenes y sentimientos marcianos, así que nuestra comunicación era fácil y siempre cariñosa. La mayoría de estos contactos los hacíamos cara a cara, con las yemas de los dedos. Miré, y cuando él la señaló, resultaba claro que incluso en sus trajes protectores, estrictamente prácticos, había una cierta diferencia. Sí, uno podía verla incluso en sus rostros, aunque sus órganos sexuales en sí mostraban poco cambio, lo que no era inesperado tomando en consideración hasta qué punto éstos eran utilizados no como zonas de actividad sexual, sino de comunicación. —Y tú, Vly, ¿qué eres? No, déjame adivinarlo. Eres un macho.—

    Y así era, me dijo él, añadiendo después que esperaba no haber activado inadvertidamente ninguno de mis óvulos durante la primera fase de comunicación. —Apenas estabas consciente –me dijo–, y yo tenía que acercarme todo lo posible.—

    Estaba sumamente interesada. Esa, me alegro de decirlo, fue mi primera reacción. — ¿Estás seguro que eso puede ocurrir?—, le pregunté.

    —En raras ocasiones –dijo él–, pero ha sucedido entre las dos especies principales y entre znydgis y uno de vuestros animales, el coatí, creo. Pero también creo que los resultados han dado unos haploides.—
    —No veo por qué debían serlo...—, dije.
    —Ni yo tampoco –respondió–. Pero yo no soy ginecólogo. ¿Piensas que pudo haber sucedido y, en ese caso, te causaría algún problema?—

    Los rostros marcianos no son muy buenos para expresar preocupación, pero él vocalizó mi nombre, —Mary, Mary—, con una atención que expresaba... bueno, tal vez lo que todos los colegas intelectuales deberían sentir el uno por el otro, pero que raramente sienten. No dije nada durante uno o dos minutos. Pero algunas observaciones sobre mi persona que había llevado a cabo, empezaron a cobrar sentido. Entonces empecé a sentirme bastante alarmada por el aspecto personal de esta situación. Vly captó mi inquietud, reaccionando rápidamente y diciéndome que no pasaría nada. Yo no estaba tan segura de ello. Naturalmente, en condiciones terrícolas, si tuviese lugar una fertilización no deseada (o, como en este caso, una activización), lo cual sucede ocasional aunque raramente, esto puede arreglarse con facilidad. Pero no pasa lo mismo en una nave espacial.

    Muy rápidamente pensé en un cierto número de aspectos de lo que estaba sucediendo. Si esta activación diese por resultado un haploide viviente, ¿qué forma tendría? Probablemente sería pequeño, hembra y estéril. ¿Y el cerebro? ¿Y el cuerpo? ¿Qué derecho tenía yo de crear este ser? Sabía que nunca podría ser normal, pero ¿podría ser feliz? Sin duda, este proceso podía interrumpirse no de la manera usual con toda seguridad y certeza, pero de alguna otra forma. Sin embargo, ¿no implicaría esto interrumpir un experimento interesante y, quizá, valioso? Un haploide. La activación producía un vástago sin ninguno de los llamados genes paternos, duplicándose los de la madre, de manera que los genes recesivos podrían salir de sus obscuros rincones románticos o psíquicos haciendo estragos. ¿Debía permitir yo que esto sucediera? No, había que detenerlo sin duda alguna, en ese mismo instante. Empecé a pensar en las diferentes maneras y medios, pero...

    Entonces, repentinamente, pensé en lo contrariada que estaría Olga y afortunadamente, eso me pareció suficientemente gracioso como para distraerme. Sentí la presión comunicativa de las yemas de Vly, pero no sintonicé durante un momento. Esto le disgustó mucho. Se puso a explorar con su lengua, pero yo comencé a reír, muy groseramente para un marciano. Muy preocupado, el pobre Vly buscó otra buena área táctil, me descubrió los senos y comenzó a tocarlos con su lengua y los dedos. Esto era tan terrícola (y no obstante, tan profundamente no terrícola) que tardé un poco en volver a establecer comunicaciones serias. Para entonces, él había empezado a suponer que había hecho algo, aunque no podía ver cómo o por qué, que bloqueaba completamente la comunicación, y estaba tan agitado que no emitía bien. Finalmente comprendí que trataba de preguntarme si podía disponer del huevo activado, en caso de que yo estuviese embarazada. Estaba un poco confundido con respecto a la fisiología humana, pues ése no era su campo.

    —No –dije–, dejaré que se desarrolle. Será interesante.— Ya había empezado a pensar que un viaje espacial de esta duración sin hibernación resultaría aburrido. Antes de saber dónde me encontraba, empecé a sentirme exaltada. Deseaba comunicárselo lo más rápidamente posible. Tomé su órgano sexual y comencé a comunicarme a través de él. Parecía sumamente curioso que en su aspecto no comunicativo esto tuviera tantos efectos en un terrícola.

    ¡Cuánta razón tenía sobre la actitud que Olga tomaría! Ella estaba genuina y horriblemente enfadada y ofendida. Sólo cuando le dije que el viaje podría durar varios años aparentes, incluso con las reducciones temporales que pudiésemos lograr, la idea de un nuevo ser empezó a parecer atractiva. Pero ella me preguntaba angustiosamente qué marcianos eran machos y cuáles hembras y, con una actitud bastante estúpida, evitó a los machos durante algún tiempo. De nada servía explicarle que una cosa semejante sólo podía ser el resultado de un accidente muy raro. Ningún marciano habría querido conscientemente fertilizar a una terrícola. El hecho de que Vly y yo nos quisiésemos mutuamente era algo muy poco corriente; nuestro trabajo y conocimientos comunes nos habían llevado a una empatía y a una ausencia de repulsión y torpeza por ambas partes que sólo parecía posible entre comunicadores profesionales.

    Habría podido reducir el ritmo de mi metabolismo, de manera que el desarrollo del embrión también fuese más lento. De hecho, con el sistema de hibernación en perfectas condiciones, esto puede realizarse. Silis lo logró perfectamente en una de sus expediciones. A veces me pregunto cómo sería Silis si yo contase sus años horarios. Pero, desde luego, nunca lo hago.

    De cualquier manera, esta vez no podría ser. El parto no fue demasiado difícil, aunque tuvo lugar sin algunas de las precauciones terrícolas usuales. Pero, naturalmente, yo tenía conocimientos teóricos de relajación muscular y, tratándose de un haploide, Viola era considerablemente más pequeña que un niño normal, aunque muy bien proporcionada. Lógicamente, ella era totalmente terrícola, pero yo le puse Viola para que su nombre se pareciese lo más posible a Vly, quien se vio muy implicado en el asunto. Los marcianos, desde luego, poseen sentimientos paternales muy fuertes, aunque las acciones resultantes, a veces nos pueden parecer extrañas. Le dije que Viola no sólo era una flor adorable, delicada y multicolor, y un instrumento musical, sino que también tenía un gran parecido con los seres heterosexuales que tenemos en la Tierra. Sin embargo, cuando intenté contarle el cuento de Twelfth Night, todo se hizo incomprensible y posiblemente, para él, algo indecente.

    En realidad, no me importó; yo estaba encantada con mi pequeña criatura y, muy pronto, también lo estuvo Olga. La alimentación constituyó un ligero problema, ya que su boca era demasiado pequeña para mi pezón al principio, pero nos acomodamos. El viaje continuaba. Casi todos habíamos regresado a nuestra consciencia y metabolismo normales para el parto y los días siguientes, pero no se podía seguir así. Lo discutimos, Vly y yo en particular. No sabíamos qué efectos tendría la técnica de reducción metabólica en Viola y desde entonces, ambos nos sentíamos sumamente responsables hacia esta pequeña criatura, pero al final decidimos que debíamos intentarlo; de otra manera, al menos yo tendría que mantener un metabolismo normal para adaptarme al suyo y esto habría significado un problema alimenticio, aparte de los otros efectos.

    Y funcionó. Todos reducimos nuestro metabolismo. Pero que nosotros supiéramos, esto nunca se había hecho con una niña pequeña, y sin duda produciría efectos irregulares en ella. A medida que nos acercábamos a nuestra galaxia y dejamos de hibernar, y a medida que nos aproximábamos al Sistema Solar y que el tiempo se aceleraba, hasta cuando finalmente empezamos a establecer contacto con la base, parecía que Viola había crecido parcialmente, transformándose de bebé a niña tan rápidamente que era como si algún proceso reprimido estuviese desarrollándose de golpe.

    Todo esto me parecía sumamente excitante. Ciertamente, obtuve muy poco de ese placer animal e instintivo que se obtiene de la prolongada infancia de un niño humano normal, cosa que sentí con mis otros hijos. Pero me parecía que este desdoblamiento rápido y adorable era algo extrañamente ligero y jubiloso, sobre todo cuan do quedó claro que el pequeño volumen cerebral no se traducía en una diferencia de coeficiente de inteligencia. De vez en cuando pensaba que, si este accidente tan original hubiese sucedido en la Tierra o en el Sistema Solar, yo habría terminado con la activación sin ni siquiera considerarlo como un problema... y qué triste habría sido. Este pequeño ser, tan feliz y delicioso, no completamente humano y no obstante mío... Me acuerdo tan bien de la ternura que sentía por ella... Y extrañamente, sentía la misma ternura por Vly.


    6


    Seguidamente, tomé parte en un viaje relativamente corto, aunque incluía un problema de comunicación que no alcancé a resolver completamente. Aún existen muchos problemas como ése. Se trataba de una de esas inteligencias globales que no se diferencian en entes somáticos, aunque tienen unos parásitos bastante extraños; al principio habíamos decidido comunicarnos con ellos y se habían presentado algunos problemas. Lógicamente, éste no fue el primer error de este tipo y uno a veces topa con verdaderas dificultades: ¿cuál es el ser a través del cual se intentará establecer contacto? Se trataba de un mundo horrible y muy desagradable, con una atmósfera particularmente letal. Estoy contenta de haberlo dejado.

    Uno de los miembros de la expedición (en realidad un hijo de mi padre menor que yo, aunque de otra mujer) tuvo un accidente producido por un fallo muy ligero de su aislamiento; cuando lo trajimos de regreso a la nave estaba muy enfermo. Durante un tiempo pensábamos que no podríamos salvarlo, aunque lo conseguimos. Miss Hayes era la directora de esa expedición, y nunca hasta ahora había perdido a uno de sus miembros.

    Él quería hacerme un hijo, pero yo me negué; el parentesco era demasiado próximo. Ya estaba bastante preocupada por Viola, puesto que resultaba evidente que ella tenía algunas de las debilidades que se asocian al haploidismo, aunque era preciosa. Afortunadamente, mis genes son buenos en su conjunto, pero me preocupaban esos repentinos dolores de cabeza que le daban. Y la idea de volver a mezclar genes me intranquilizaba, aunque pensaba que me gustaría tener un hijo, y dedicarme un año a la estabilización; al mismo tiempo tenía mucho material con el cual trabajar. Finalmente el padre que escogí no tenía más que un lejano parentesco conmigo. Se trataba de un explorador célebre por el que aún siento el mayor respeto; conoceréis su nombre. Quizá lo elegí casi demasiado sensata y deliberadamente; nuestro hijo es inteligente y satisfactorio, y aún puede llegar a ser tan bueno como su padre. Mis relaciones tanto con el padre como con el hijo son sumamente felices. Pero pensé que no debíamos tener un segundo hijo.

    Después de eso, estaba ansiosa de unirme a la expedición que iba a resolver los problemas de los injertos, o al menos ésa era mi intención. Se acababa de descubrir, mediante la consulta de toda la vieja información de la primera expedición, que las simbiosis eran diferentes según se practicaran en condiciones terrícolas o en su planeta original. Parecía importante resolver esto.

    Pete Lorim iba de jefe. Silis estaba en otra expedición. Olga tenía intenciones de ir, puesto que parecía haber algunas plantas acuáticas y semiacuáticas bastante interesantes, y ella pensaba que podría resultar útil el reproducir los injertos en condiciones lo más parecidas a su planeta natal durante los experimentos de transplante realizados en la Tierra. Pero entonces también ella encontró a alguien con quien quería profundamente tener un hijo, así que decidió tomarse el tiempo para ello. Sin embargo, tenía una media hermana que también era una botánica muy competente y que tenía una gran afición por transplantar cosas de un planeta a otro, aunque hay que tener mucho cuidado al hacerlo por razones obvias. Al igual que Olga, Rima a veces es dura con la gente, pero es increíblemente paciente y tiene unos dedos muy delicados con las plantas.

    Puesto que éste era un planeta con una atmósfera razonable, tenía pensado llevar a uno de los animales del laboratorio, una perra labrador. Su nombre era Daisy. ¡Querida Daisy! Era la nieta del labrador original que había sido uno de los primeros animales experimentales. No sé si le —hablaron— de los injertos, pero sin duda algo se le había dicho; ella sentía una especie de comprensión temperamental por ellos. Se parecía mucho a su hermosa abuela. Habíamos establecido una relación muy buena y yo pensaba que podría explicarle algunos aspectos del trabajo.

    Entonces me topé con T'o M'Kasi de nuevo, por mero accidente, en el restaurante de un aeropuerto en donde me estaba quejando de la fruta. Ya podrían tenerla fresca, al menos ahí. Entonces me oyó y se acercó. Lo vi con las flores de la terraza como fondo y ya no me interesó seguir quejándome, afortunadamente para el chef del aeropuerto. Empezamos a hablar y me di cuenta de que su voz era la misma. Y sus manos. Ambos perdimos nuestros aviones. Él me dijo que la expedición para la que se estaba preparando saldría casi inmediatamente, tan pronto como se llevasen a cabo todas las comprobaciones. Tenía que reemplazarse una pieza averiada. Yo tenía que darme prisa. No había ninguna dificultad, pero no era cuestión de otras alternativas esta vez. Y antes de darme cuenta, ya no estaba en condiciones para ir en la expedición de Pete.

    No obstante, había hablado con ellos sobre la conveniencia de llevar a algunos de los animales de laboratorio y, finalmente, Pete decidió llevar a Daisy, la perra labrador, y a uno de los chacales, Kali, otro amigo mío que era particularmente rápido e inteligente. Yo quedé encantada con ello, porque de otra manera, si tomaba parte en una expedición después de tener a mi nuevo bebé, como lógicamente tenía intención de hacer, tal vez no los habría vuelto a ver, debido a su corta vida y al estar sometidos al paso del tiempo. Resultaba sumamente raro que se pusieran en hibernación miembros de otras comunidades animales. Pero estos dos que habían crecido en un ambiente de laboratorio eran diferentes y podían asimilar más conceptos humanos. Les di una idea preliminar de manera que, cuando viniera el momento, al menos fueran cooperativos. Normalmente, los técnicos de la reserva de animales no hacen exploraciones pues son gente muy enraizada, pero uno de ellos decidió que le gustaría acompañar a Daisy y Kali. De cierta manera era un hombre mal integrado y en realidad deseaba alejarse completamente de su grupo. Tenía un aspecto diferente al de los exploradores, pero parecía que se adaptaría.

    T'o y yo fuimos al —té— y los vimos partir. De una cierta manera, yo lo lamentaba un poco, pero no profundamente. Podría haber esperado, pero T'o iba a participar en lo que se consideraba una exploración peligrosa; de hecho regresó sano y salvo, pero otros dos perdieron la vida. De cualquier modo, había un año de estabilización para otro bebé, tres años de mi vida en la Tierra, en las garras del tiempo.

    Pero en realidad pasé un año delicioso con mi hija de pelo rizado y piel morena y mi hijo ojiazul, tan diferente de ella, que comenzaban a hablar y a comprender acerca de números, distancias y categorías. Y también estaba la pequeña Viola, a quien yo ayudaba a superar sus dificultades haploides y a desarrollar sus mejores talentos. ¡Me sentía como las madres del siglo XX! Lo hacía todo: les cantaba y bailaba, les daba de comer en la boca; les enseñaba a tratar a las abejas y arañas, gentil y comprensivamente; les estabilicé, susurrándoles al oído las ecuaciones binómicas y fundamentales cuando estaban medio dormidos. Los introduje en un grupo de su edad, retirándome progresivamente a medida que se integraban. Así debía haber sido una madre en los viejos tiempos; sólo que yo podía librarme de ello, ésa era la diferencia. Qué maravilloso resultaba, a pesar de las pequeñas lamentaciones, encontrarse de nuevo en la nave entre mis instrumentos y mesas, pensando intencionada e ininterrumpidamente. Y también era maravilloso, después de pensarlo, entrar en meditación e hibernación.

    Sin embargo, en cierto modo siempre me he sentido más próxima a Viola. Su integración no podrá nunca ser completa al cien por cien. Creo que ella aún me necesita un poco, incluso para compartir sus felicidades y éxitos. Las debilidades físicas pudieron ser superadas, pero siempre siento que, siendo su único progenitor, tengo una doble responsabilidad. El hecho de que la activación accidental de Vly iniciara su desarrollo, hizo de él una especie de padre, inhibiendo sus sentimientos naturales de repulsión hacia una hembra terrícola. Además, le gusta la pequeña estatura de Viola. Él ha procurado visitar deliberadamente la Tierra, asegurándose de que yo me encontraba ahí, y a menudo hemos ido a verla juntos. Hay algo en todo esto que me hace estar segura de que se trata de un factor positivo dentro de la gran ecuación moral.

    La siguiente expedición, en la que había dos participantes marcianos, era a un mundo de gran belleza, pero no era del todo fácil. La atmósfera, aunque no verdaderamente peligrosa, era densa y la gravedad era tal que comprobamos que nos las arreglábamos mejor utilizando aletas y avanzando con movimientos seminatatorios. Había que acostumbrar los músculos a esto. Los peces-ave, que eran los principales habitantes de este planeta, se contorsionaban con un movimiento de propulsión de sus relucientes membranas. Había una abundante vegetación de gloriosos colores suaves. Esta se abría y cerraba alrededor nuestro, mientras que los peces-ave, sin alarma alguna, pasaban contorsionándose. La especie dominante se parecía bastante al delfín, con ojos y cerebro amplios, pero también se movía con un movimiento de tirabuzón. Estamos muy acostumbrados a tratar a los delfines y delfinoides como nuestros iguales intelectuales o, en ciertos temas, como superiores, de manera que no resultó demasiado difícil establecer comunicación. Desgraciadamente, nosotros les recordábamos una forma de vida que habían exterminado recientemente por razones comprensibles. Resultó difícil comunicarles muy rápidamente que, en realidad, nosotros éramos diferentes. Y colocaron una especie de trampa para nosotros, algo parecido a una valla electrificada, sólo que con otra clase de energía. Fue uno de los dos marcianos el que cayó en ella. En estas circunstancias siempre hay una dificultad psicológica en una expedición mixta. De cierta manera, los terrícolas se sintieron aliviados de que no hubiese sido uno de ellos, aunque trataron de compensar la pérdida con mejores tratos al marciano restante, quien sentía un resentimiento y un aumento de su repulsión innata hacia los humanos. Pero una vez más intentamos superarlo, de manera que se creó una situación artificial.

    Yo estaba realmente contrariada. Había establecido buenas relaciones con el marciano muerto, quien era un pariente de Vly (no me pidáis que explique los parentescos marcianos) y sentía que en parte había sido por culpa mía por no ser más rápida en mis comunicaciones. No obstante, finalmente logramos establecer contacto con los delfinoides. Siempre resulta más sencillo hacerlo cuando la fauna se encuentra en tamaño reconocible. La verdadera dificultad surge cuando existe, por ejemplo, algún tipo de inteligencia que se extiende en finas capas sobre una galaxia entera. O también cuando, simplemente, no reconocemos las principales formas de vida... como en Jones 97.

    A medida que obtenía mayor habilidad y práctica, podía realizar mayores progresos en este sentido, aunque ninguno de nosotros ha logrado aún establecer comunicación con algunas formas muy remotas. Como sabéis, ciertas galaxias no son visitadas y, en efecto, las observamos con gran cautela. Incluso en galaxias dentro de las que tenemos un cierto contacto o donde la vida ha tenido lugar muy esporádicamente, existen ciertos sistemas que todavía no planeamos visitar. Tal vez llegue el momento (estoy segura de que así será) en que establezcamos contacto. Yo tengo una o dos ideas sobre las que trabaja mi grupo, pero se necesita mucha investigación y experimentación, y no podemos esperar obtener resultados muy rápidamente.

    Uno de los más extraños de estos mundos, debido a que la respuesta era tan obvia (una vez vista), lo visité con una expedición mineralógica. Fue mi primera experiencia con la gente del Ministerio de Mineralogía y, al principio, no los encontré simpáticos; más bien se trataba de expertos en un campo y método determinados que utilizaban cualquier cosa que les fuese útil de otras disciplinas científicas, pero que, de cierta manera, carecían de una curiosidad ampliamente desarrollada: el don supremo del hombre. No obstante, realizaban una labor sumamente necesaria en el campo de la investigación mineralógica y, gradualmente, empezaron a caerme bien. Había un hombre que se había enamorado locamente de la imagen de mi pequeña Viola; en aquel entonces, ella se había hecho bastante famosa en los juegos de la televisión. Yo había hecho dos expediciones desde su nacimiento y, aunque me parecía que había transcurrido muy poco tiempo, había sido suficiente como para que ella creciera y tuviese éxito. Aunque, ¿sería eso todo? Yo tenía la esperanza de que fuese feliz, pero ella aún era subadulta. ¿Y cuando fuera adulta? Durante nuestra última comunicación a larga distancia, ella se había reído de unas cartas, muy serias según yo, que había recibido, escritas por ese tipo del Ministerio. Tuve gran cuidado de no decirte nunca a éste que yo sabía de la existencia de esas cartas. Naturalmente, Viola es estéril y quizá sea mejor así, ya que era demasiado pequeña como para tener un hijo de un padre humano. Por el momento, su estatura no le preocupaba en absoluto. Ella se encontraba con un grupo de personas jóvenes, y yo pensaba que probablemente ella no sufría por ser diferente de los demás en cierto aspecto. Esto hubiera podido complicar las cosas en algunos momentos de la historia de la Tierra, pero ahora ya estamos tan acostumbrados a comportarnos cortésmente con seres vivientes de tantas formas y especies que una mera diferencia de tamaño no tiene la menor importancia.

    Durante parte del período de hibernación de este viaje, yo estaba en meditación, pero mi técnica no se encontraba suficientemente desarrollada y resbalaba continuamente hacia la nada. Finalmente, cuando regresé a mi estado normal, estábamos en órbita alrededor de un mundo que parecía consistir en su superficie de colinas uniformemente convexas y densamente pobladas de bosques o cubiertas de alguna manera. No podíamos ver ningún océano, tan sólo una obscuridad que podría ser agua entre esas colinas redondas.

    Los minerólogos ya sabían, a través de análisis espectroscópicos y otras técnicas, que habían algunos minerales muy valiosos en este planeta. Se veía que estaban ansiosos de llegar a ellos. La realidad es que utilizamos demasiados minerales. Teníamos muchas discusiones al respecto.

    Preparamos nuestro lugar de aterrizaje mediante la técnica usual de limpieza, tratando de prevenir a toda la fauna utilizando ruidos, calor y explosiones, incómodos pero no letales, antes de la verdadera limpieza. Era una cuestión de rutina, pero siempre me hace sentir incómoda. Podíamos destruir inconscientemente alguna forma de vida a la que ninguno de estos estímulos hubiese hecho salir de la zona y, desde luego, destruíamos vegetación. No obstante, no hay alternativa posible.

    El problema atmosférico y gravitacional no era demasiado serio y los minerólogos, que siempre pasan muy poco tiempo en aclimatación, se escabulleron con una gran variedad de máquinas ruidosas que no me decían nada, aunque personalmente me había interesado bastante en uno de ellos, un joven llamado Quinag..., un tipo tranquilo, pero delicioso. No podía imaginarme lo que él hacía en el Ministerio, pero supuse que quizá se hubiese comportado mal en otros tiempos. El hombre que le había escrito esas cartas a Viola nunca habría podido comportarse indebidamente.

    Peder Pedersen también estaba ahí. Este era, decía él, su último viaje. Se había negado a aceptar el puesto de jefe, sintiendo que ya no tenía la fuerza y flexibilidad necesarias. Nuestro jefe era esa extraña mujer que se llamaba a sí misma 513, debido a que ella había pertenecido al grupo que prescindía de nombres y de muchas otras cosas. El Ministerio creía en ella y quizá le confiaron algunos secretos; eran muy dados a ese tipo de cosas.

    Al principio llevamos a cabo exploraciones directas y anticuadas; no pude encontrar ninguna especie con la que establecer comunicación, aunque existían algunas pequeñas formas de vida que se escabullían como ratones o gambas entre los intersticios de la densa vegetación que cubría las colinas, así como unas formas aladas aún más reducidas, de colores brillantes. La vegetación predominante era de tres clases. Existía una planta alta, cilíndrica y flexible que se movía rítmicamente. Después de observarla durante algún tiempo, nos dimos cuenta de que tenía una cabeza muy simple, dos mandíbulas (¿o se trataba de gruesas hojas endurecidas?) que se abrían y cerraban, captando ocasionalmente algún ser alado. Había unos arbustos un poco más densos que se mecían y temblaban; yo opinaba que éstos eran claramente unos animales, utilizando una clasificación bastante arcaica, y estaba dispuesta a observarlas cuidadosamente antes de sacar alguna conclusión que pudiera destruir o herir a alguna de ellas. Y también había unas formas hexagonales, enromadas en su parte superior, con bultos, franjas y radios de espléndidos colores. ¿Qué eran? Eran duras, pétreas, y pensábamos que tal vez eran coralinas. Durante algún tiempo fuimos incapaces de no considerarlas como artefactos, como si fuesen columnas de algún templo extraordinario, y aun así, esto parecía improbable, especialmente debido a que parecían crecer de la dura roca subyacente que se encontraba cubierta, hasta donde podíamos imaginarnos, por unos pocos centímetros de polvo y desperdicios. No obstante, esta suposición nos hizo ponernos a buscar alguna inteligencia hábil que hubiese podido construir esas columnas. Si la hubiésemos encontrado, sin duda habríamos podido establecer comunicación con ella. Sin embargo estas formas excitaron a nuestros minerólogos puesto que parecía que algunas de sus brillantes coloraciones se debían a rastros del extraño mineral que estaban buscando.

    Inmediatamente cortaron algunos especímenes y los trajeron a la nave discutiendo excitadamente sobre las posibilidades de extracción a gran escala. 513 dijo secamente que era preferible saber qué eran estos objetos, cuál era su finalidad y para qué o por quién serían utilizados. Era mejor así; incluso cortar algunas piezas de manera tan casual era un poco inmoral, y algunos de nosotros estábamos preocupados por ello. No estábamos muy acostumbrados a los métodos del Ministerio.

    Algunas exploraciones más nos llevaron a bajar las pendientes hasta la orilla de los obscuros y sinuosos lagos que rodeaban las bases de las grandes colinas redondas. No había playa, tan sólo un denso enjambre de peces que se arqueaba sobre la capa superior del agua. Era agua, aunque con un cierto número de minerales dentro de su pesada composición, y totalmente imbebible. Esta capa superior estaba poblada por una vida de un orden muy inferior; recogimos un cierto número de especímenes. Eran esteras de vegetación, por lo general, grandes células individuales tejidas conjuntamente, pero algunas eran un poco más complejas, un material muy valioso para nuestros taxonomistas, que disfrutaron mucho comparándolas con formas de vida de otros mundos de la misma galaxia y de otras partes. Era evidente que las escamas se habían desarrollado a partir de una forma acuática, pero probablemente habían encontrado condiciones más seguras más allá de la capa superior del agua, aunque a veces descendían a ella para alimentarse. Pero no encontré ningún tipo de consciencia con el que hubiese podido comunicarme, mucho menos algo que hubiese podido construir las columnas.

    Se había discutido acerca de la oportunidad de bajar a los lagos. Tuvimos que abrirnos camino entre los peces, los penachos emplumados y las duras columnas con ciertas dificultades. Por lo que a nosotros respectaba, los peces eran totalmente innocuos; no había nada que pudiera herir incluso una mano desnuda. Pero los minerólogos, que estaban interesados en traer grandes cantidades de agua para analizarla, querían abrir y nivelar el camino. Peder y yo nos oponíamos. De manera que, afortunadamente, fue 513 quien le dijo a la gente del Ministerio que debían esperar. Cuando se quejaron de la pérdida de tiempo, ella les dio una lección sobre la naturaleza del tiempo que los mantuvo quietos. Entretanto, Quinag estaba ocupado en seducirme. No hay mejor manera de pasar esa media hora en la que nada importante sucede, y como parecía que no había ninguna vida consciente con la que yo pudiera establecer comunicación (aunque seguí preocupándome por ello, utilizando y descartando varias hipótesis), pensé que era muy probable que tuviera muchas medias horas libres. Pero decidí que él sería un padre muy poco adecuado; después de todo, una pide más que simple apariencia y destreza. Él tenía relaciones con una chica de su grupo, llamada Soo, cuyo corazón claramente no estaba en la mineralogía. Yo pensaba que ella no era suficientemente adulta como para participar en una expedición espacial.

    Cada vez más, teníamos dos intereses diferentes. Un grupo deseaba, por encima de todo, descubrir qué tipo de planeta era éste, cuál era su naturaleza, la razón y el resultado de esas colinas redondas e idénticas, cada una de las cuales (para entonces ya habíamos explorado varias otras) tenía el mismo recubrimiento. Descubrimos que nuestros botes inflables eran perfectamente adecuados y nos abrimos camino entre los peces. Siendo tan suaves, éstos no representaban más que un pequeño obstáculo, incluso si llegaban a cogernos un brazo o la pala del remo (los lagos eran demasiado angostos como para poder utilizar un motor), pero descubrimos que ingerían pedazos de pan de malta sin dificultad alguna y acostumbrábamos alimentarlos a menudo, especialmente cuando queríamos acallarlos mientras hacíamos nuestras propias observaciones sobre la capa superior de fauna y flora. Pasé buena parte de mi tiempo haciendo esto, puesto que no podía continuar con mi propio trabajo; a pesar de ello, siempre resulta excitante trabajar con la disciplina de otras personas. Había una sorprendente multitud de formas sumamente pequeñas; empezamos a ponerles nuestros nombres y, luego, el de todos nuestros amigos.

    Teníamos dos teorías acerca de la investigación de los peces y la vegetación emplumada. Quizá tenían consciencia; habíamos visto formas tan raras como éstas en otros mundos; sin embargo, investigamos las que se encontraban cerca del borde de nuestra zona de limpieza; parecían tener raíces que se enterraban profundamente en las rocas. Pero no había ninguna prueba de conciencia.

    Pero el otro grupo lo formaban los minerólogos, quienes, convencidos de que los especímenes de material que habían analizado eran lo que habían estado buscando, ahora querían llevar tanta cantidad como pudiera soportar la nave. También evaporaban buena parte del agua. Pero eran las columnas duras las que realmente les interesaban. Algunas habían sido destruidas debido a la técnica de limpieza utilizada para nuestro aterrizaje, y la mayoría de los restos se los había llevado el viento; como en tantos mundos, había un viento continuo y unidireccional que soplaba ligeramente pero que nunca cesaba. Cortaron dos o tres columnas cerca de la orilla y vieron que solamente les interesaban los primeros dos o tres centímetros que se hundían en la roca; la mayor parte de los minerales se concentraba en las hermosas prominencias y lomos que diferían ligeramente entre un espécimen y el siguiente, aunque generalmente tenían, más o menos, la misma forma. Dentro, la médula rígida era obviamente de origen animal... Pero ¿cuándo?

    ¿En qué momento se conectaban con la vida? ¿Cuándo encontraríamos, pensaba yo, un espécimen joven? ¿Existía una pista obvia que se nos hubiese escapado? Eso era lo que pensaba 513 y dijo que probablemente se tratase de algo bastante claro, pero que debíamos cambiar continuamente nuestro enfoque: en algún momento, emergería la explicación. Continué tratando de cambiar mi enfoque, aunque mientras lo cambiaba, veía a Quinag.

    Algunos de nosotros tratamos de encontrar en las capas superiores del agua algún tipo de fauna que pudiese construir estructuras de esta clase, quizá en colonias. Encontramos algunas, pero eran diminutas y parecían adultas; ésa no era la explicación. También observábamos el área de aterrizaje para ver si descubríamos algún tipo de regeneración de cualquiera de las formas. Hicimos algunos experimentos in situ y encontramos que el tipo emplumado respiraba, aunque no podíamos ver lo que ingería. Gradualmente, todos empezamos a preguntarnos si no habría alguna conexión entre las tres formas de vida, especialmente cuando descubrimos que donde los minerólogos habían arrancado una columna, el pez que se encontraba a su lado empezaba a decaer, quedándose inactivo, y las formas emplumadas no se expandían completamente. ¿Era eso todo? Peder Pedersen pensaba que había descubierto una especie de vibración. Los instrumentos corroboraron su afirmación, aunque no muy marcada. Yo no la había notado. Empezamos a elaborar una teoría de las conexiones, pero éstas debían encontrarse bajo el nivel de las rocas de la superficie o a través de la atmósfera; esta última tesis parecía más probable, así que instalamos varios tipos de interceptores experimentales. Si la extirpación de una columna iba a destruir o dañar seriamente las otras formas, tendríamos que tener mucho cuidado con la interferencia. Los minerólogos, entretanto, continuaban recogiendo, aunque Quinag no era muy diligente en la práctica.

    Desde la cima de nuestra colina podíamos ver todos los alrededores, colina tras colina, todas más o menos iguales, cada una de ellas separada de la siguiente por una franja más amplia o más estrecha de obscuras aguas profundas. Yo estaba observando entre dos columnas. Me sentía bastante irritada porque éste era un momento de descanso y Quinag se había ido con Soo. Me decía a mí misma que esa clase de resentimientos mezquinos no encajaba en una exploradora de mi edad y experiencia, pero aun así, sentía su escozor. Los peces voladores saltaban sobre mi cabeza. Empecé a concentrarme y a observar. Súbitamente, sentí que estaba a punto de darme cuenta de lo que había en este mundo, tan sólo tenía que observar más atentamente las conexiones. Logré deshacerme de todos los pensamientos sobre Quinag y me concentré aún más. Me parecía que sucedía algo extraño. Una de las colinas más lejanas se elevaba muy lentamente y, al mismo tiempo, otras dos parecían hundirse. Quizá, pensé, esto había sucedido anteriormente pero no le habíamos prestado atención durante el tiempo suficiente para notarlo. Una dejó de moverse; las otras aún parecían sumirse en el mar, aunque resultaba difícil asegurarlo debido a la forma completamente redonda de estas colinas, todas con el mismo recubrimiento. Sí, al menos una de ellas se hundía.

    Y súbitamente me di cuenta de que ese paisaje de columnas y peces voladores era exactamente el que se ve en un microscopio de baja graduación al observar un erizo de mar. Estas colinas simplemente eran enormes equinodermos.

    Me puse a reír. Resultaba demasiado obvio y, desde luego, peligroso. La obscura agua había cubierto la otra colina o, mejor dicho, la colina se había hundido; tan sólo era una pequeña isla redonda. Pero ¿no habrían desarrollado estos enormes equinodermos alguna clase de conciencia o inteligencia? ¿Se podía establecer algún tipo de contacto? ¿Qué estímulos los hacían elevarse y hundirse? ¿Cómo eran por debajo? ¿Cómo podríamos descubrirlo?

    Fui directamente a ver a 513. —Ah –dijo ella–, esto corresponde a las vibraciones.— Me mostró un par de notas sobre el corte de los pilares. Estos cortes iban seguidos de vibraciones y éstas parecían ir aumentando. —Mi propia teoría era algo diferente, pero no te aburriré contándotela, pues supongo que nuestras actividades están siendo detectadas por nuestros anfitriones, quienes probablemente empezarán a espulgarse. Voy a llamar al Ministerio inmediatamente.— Lo hizo y explicó nuestra posición. Calculé que la otra forma que había visto hundirse había tardado una hora en hacerlo. Pero, sin duda, esto podía acelerarse. Las vibraciones se producían más rápida y regularmente. Era preferible cargar todo en la nave y estar listos para despegar en cualquier momento.

    La gente del Ministerio estaba muy disgustada. No se conformaban. Le recordaron a 513 ciertas necesidades y promesas. No podía creerlo: utilizaban los términos más estúpidamente trillados. 513 les interrumpió: su deber era preocuparse por la seguridad de la expedición; dijo fríamente que probablemente estábamos cometiendo interferencia, cosa que ella tendría que mencionar en su informe, pero no habría medidas punitivas si la tarea era interrumpida inmediatamente.

    Quinag se me había acercado y me preguntó con un susurro si no pensaba que era un absurdo. ¿513 no se estaba comportando como una madre autoritaria? Si regresaban con un cargamento razonable, el Ministerio había prometido una bonificación. ¿No era absurdo hablar de interferencias? Él tenía una voz y una manera de tocar sumamente atractivas, pero yo había pensado súbitamente en un posible método de comunicarme con el ser que se encontraba bajo nuestros pies. —No discutas—, le dije. Esas fueron las últimas palabras que le dirigí, pues me lancé hacia mis instrumentos y Peder vino detrás de mí. Quinag no estaba interesado; no, no era su campo.

    Había dos o tres técnicas de ajuste posibles. Las probé todas. Finalmente, empecé a recibir y era alarmante. Lo que vi fue una ira manifestada con colores y formas extraordinarios. Apenas podía comprender, y mucho menos intentar alterarla. Yo no podía comunicarme con él. Los colores y las formas se convulsionaban y había un temblor perceptible bajo nuestros pies. Peder dijo: —Creo que voy a ayudar con los equipajes.— Estaba repitiendo suavemente los tacos noruegos que yo recordaba de la expedición a Epsilon.

    Encontré al minerólogo en jefe aún discutiendo con 513, pero cuando les informé sobre lo que pasaba, ambos se pusieron de acuerdo. Empecé a buscar a Quinag; no" estaba ahí, ni tampoco Soo. Todos nos pusimos a trabajar arduamente y, más tarde, hubo otro temblor y alguien gritó desde la orilla del lago donde estaban desinflando los botes. Estábamos empezando a hundirnos. Los zoólogos llegaron muy agitados, arrastrando el bote medio desinflado y las jaulas con sus especímenes más recientes. Nuestro ser se hundía más rápidamente que el que había observado y, por alguna razón, no me sorprendí. La alarma comenzó a sonar y todo el mundo se amontonaba para entrar en la nave. Se perdería algún equipo, pero no más del que parecería necesario perder en este tipo de emergencia. Los navegantes estaban en su sitio. Vi al jefe del personal del Ministerio con una gran protuberancia proveniente de una de las columnas, era tan grande que apenas podía con ella. Yo ayudaba a los zoólogos, pues mis aparatos ya estaban guardados. Podíamos ver cómo subía el agua, y cómo los peces voladores se inclinaban hacia delante sobre la orilla solapada. No quedaba nadie en el área de aterrizaje; los dos zoólogos estaban izando una última jaula, yo tiré de ella desde la nave, luego les di una mano y la puerta se cerró detrás de ellos. Colocamos las jaulas en sus pozos rápidamente. La vibración se hizo continua. —A sus puestos de despegue—, decían los altavoces telepáticos.

    Corrimos a nuestros sitios y nos recostamos, dejando que los asientos nos asieran. Y luego la tensión del ascenso, y luego la falta de peso y el silencio. De nuevo podíamos movernos y tomar algo antes de entrar en hibernación.

    Recuerdo que se rompieron varias cosas, nada muy importante, pero no habíamos colocado las cosas tan bien como habríamos hecho si se nos hubiese advertido con más tiempo. Entonces, el jefe de personal del Ministerio dijo: — ¿Dónde está Quinag?—, y me lo dijo con un tono acusador.

    Yo dije: —Debe estar aquí—, ya que no podía creer que no estuviese a bordo, y luego le grité a 513: — ¿Dónde está? ¿Has comprobado?—

    Ella permaneció en su sitio con un semblante muy grave, y dijo: —El recibió la misma advertencia que todos los demás; debía estar ayudando a estibar, pero no lo hizo.—

    — ¡Siempre eludiendo su deber!—, dijo el jefe de personal del Ministerio, medio histéricamente y aún apuntándome. Desde luego, yo sabía que no aprobaba nuestras relaciones. 513 continuó: —No teníamos alternativa. Teníamos que despegar cuando lo hicimos, ni dos segundos más tarde.—
    —Así que le abandonó –dijo el tipo del Ministerio–, ¡para que se ahogara!—
    —Me temo que sí, para que se ahogara –dijo 513–. Lo mismo que a la pobrecita de Soo.—

    Me giré hacia el muro y lloré sin hacer ruido. Sabéis qué poco espacio hay en una nave espacial. Escuchaba a medias a Peder Pedersen hablando con el hombre del Ministerio. Después se acercó a mí y me puso el brazo sobre los hombros, un brazo fuerte, pesado y viejo, tan diferente al de Quinag, pero no me importó. Me dijo: —No tenía otra alternativa.—

    —Pero ella sabía que no había regresado, al pasar lista.—
    —Lo sabía, pero tenía que tomar una decisión. Yo habría hecho lo mismo si hubiese sido jefe de la expedición. Afortunadamente, nunca he tenido que hacerlo.—
    —Sí, en realidad fue su culpa.—
    —Claro que fue su culpa. No creo que fuera el tipo de gente para participar en una expedición. Y esa pobre chica. “Sí –dije–. Probablemente él había querido... Oh, Peder, ¿no fue también en parte culpa mía?—
    —No mucho –dijo–, y no queda más que olvidarlo. Lo intentarás, ¿no es así?—

    Pero, de cierta manera, una nunca olvida completamente. Aunque morir ahogado es una muerte dulce para un explorador. Sólo que, en realidad, él no era un explorador. No era como Peder y como yo. Por lo general, los exploradores tienen muertes más crueles. Pero, siendo exploradores, saben cómo enfrentarse a ellas.


    7


    Más tarde, tuve un hijo con Peder Pedersen, un niño rubio. Él había sido padre en una sola ocasión anterior y su primer hijo se había matado en un desastre durante su segundo viaje. El me habló de ello después de la hibernación en nuestro viaje de regreso, cuando aún me encontraba considerablemente trastornada; me era útil enterarme de lo que le había sucedido a otras personas. Se habían recopilado pruebas materiales más tarde y no era el tipo de muerte que uno quisiera para alguno de sus hijos. En una parte de su mente, Peder todavía no se había resignado, aunque podía dar mucho alivio a los demás. Pensaba que ya no haría más exploraciones verdaderas, tal vez una conferencia de vez en cuando en nuestra propia galaxia, pero nada demasiado lejano. Era un padre a disposición de cualquiera de mis hijos, y llevaba a Viola para que visitara a su padre. Después de pasar uno o dos meses con Peder, empecé a preguntarme por qué no me había apresurado a escogerlo como padre de mis hijos. Creo que él se habría negado, probablemente en más de una ocasión.

    Mientras tanto, se habían efectuado algunas injertaciones masivas en el centro, y yo estaba ansiosa de saber lo que sucedía al respecto. Había estado ausente durante varios años terrícolas y ese atractivo joven (¿tenía 18 o 28?, las edades se olvidan tras la adolescencia) era Ket, el hijo de Pete y Silis (sabía que Silis le daría un nombre novedoso). Pete había estado fuera durante casi diez años, aunque sin duda éstos tan sólo ocuparían un año más o menos de su tiempo subjetivo. Silis había regresado desde hacía algún tiempo para tener otro hijo, no de Pete, sino de un topólogo que había estado trabajando en problemas de galaxias remotas. Era indudable que sostenía muy buenas relaciones con ese joven de quien era madre. Me dijo todo acerca de los injertos, sintiendo que representaba a su padre. Tenía la sensación de que Ket se estaba identificando demasiado con Pete, posiblemente debido a los sentimientos reprimidos hacia su madre. No obstante, era una persona muy agradable. Discutimos largamente los planes de Pete y cuando éste regresó, estábamos listos para realizar experimentos de mucho mayor alcance.

    Parecía que, más tarde o más temprano, todos los injertos habían muerto, no solamente mi Ariel, causando gran pena, no a los znydgis, por supuesto, ni tampoco a ningún macho experimental, sino en mayor o menor grado a las yeguas, chacales hembras, perras y puercas. Unos cuantos marcianos se habían ofrecido como voluntarios y siempre abandonaban su estado bisexual para convertirse en hembras monosexuadas. Ellas experimentaban el mismo tipo de pena que yo ya había conocido. Además, todos los injertos se habían desintegrado al morir, exactamente como Ariel.

    Además, a pesar de que se había observado que los receptores tenían una sed terrible, como de hecho la había tenido yo, deseando bañarse o nadar cuando esto no era posible, si lo hacían, los injertos siempre se derretían. Aparentemente las paredes celulares tan sólo se conservaban durante unos pocos momentos. Toda la integración bioquímica se rompía. Dos de los receptores marcianos, por ejemplo, habían ido a nadar (lo que les resulta sumamente fácil gracias a las bolsas de aire que tienen debajo de las conchas), perdiendo sus injertos. Esto condujo a realizar más experimentos. El mero hecho de salpicarle con agua hacía que el injerto sufriera un proceso en el que su piel externa se suavizaba y se resquebrajaba su rigidez interna.

    No obstante la mayor parte del esfuerzo de investigación había sido dirigido a estudiar las características que los injertos tomaban de sus receptores, y éstas eran sumamente raras. Por ejemplo, los injertos sobre marcianos habían tomado una aversión hacia los humanos, especialmente hacia los machos, que las marcianas actuales cortésmente habían evitado mostrar. La música seguía siendo la adquisición más fácilmente transferida de receptor a injerto. Ningún otro injerto había repetido la demostración matemática de Ariel. Pero, me decía, tampoco ningún otro injerto ha sido amado tanto.

    No teníamos una idea cierta de cuándo regresaría Pete. Ya que, con un desvío u otro, los viajes espaciales de esa distancia eran muy inciertos y, seguramente, continuarán siéndolo. Supongo que algún día podremos comunicarnos simultáneamente entre galaxias. ¿O no será así? Bueno, la vía aún no está abierta, aunque se están realizando algunos trabajos preliminares, gran parte de los cuales resultan (pero no lo digáis) singularmente inútiles. A veces me pregunto si en realidad quiero tal cantidad de eficiencia en la comunicación. ¿No le quitaría algo a la exploración, algo que perderíamos, una cierta tensión espiritual que tan sólo se produce con el aislamiento?

    Sin embargo, pensé que era preferible alistarme a tiempo en otra expedición. Había tenido la tentación de quedarme en el centro inmunológico e incluso efectuarme un injerto. Resulta extraño cómo, habiendo experimentado un injerto anteriormente, vacilaba ante la idea de llevar a cabo otro; una mezcla de atracción y repulsión que era demasiado fuerte para formar parte de ninguna situación normal. También la habían sentido todos los animales de laboratorio, al igual que yo. Bueno, debía volver a intentarlo. Después empecé a darme cuenta de que mis intenciones respecto al centro no eran puramente racionales o científicas, no sólo por el hecho de que los injertos me conmovían emocionalmente, sino también a causa del joven Ket. Comencé a darme cuenta de que si no tenía cuidado, cometería interferencia entre él y el grupo de su edad. Por supuesto, esto no lo prohíbe código alguno, pero todos nos damos cuenta de que no debemos hacerlo.

    Me encontré con que miss Hayes estaba reuniendo un grupo biológico integrado solamente por mujeres para llevar a cabo la exploración de un planeta que distantes sondas habían diagnosticado como probablemente habitable; tenía una atmósfera razonable y, seguramente, alojaba formas de vida de alguna especie. Olga, que había estabilizado satisfactoriamente a su hijo, tomaría parte en esta expedición. Miss Hayes me pidió que las acompañara y que fuera jefe suplente; yo le dije que no me importaría. Todo el asunto parecía acoplarse perfectamente a mis necesidades. Resultó ser una expedición extremadamente interesante y, puesto que terminó implicándonos en un problema moral bastante complicado, la describiré con más detalles. Entretanto, me despedí de Ket e hice una escena al decirles adiós a Peder y Viola. Peder me explicó (y resultó serme muy útil) cómo instalar el tipo más moderno de rejilla protectora de pantalla.

    Aún no teníamos noticias de Pete cuando despegamos. No fui capaz de negarme a una última conversación a media distancia con Ket antes de cambiar mis ropas terrícolas por un traje espacial decente. Las conversaciones a media distancia muestran bastante agradablemente el color. El viaje pasó sin incidentes; mientras nos encontrábamos en nuestro circuito de observación próxima, pensé en una posible nueva técnica. Hablé de ello con Francoise, mi ayudante de comunicaciones en esta expedición; parecía ser una chica muy brillante. Pero dependería de las tensiones moleculares y, naturalmente, no teníamos idea de con qué tipo de seres trataríamos de establecer contacto. Había dos lunas bastante cerca de este planeta, que habían provocado un cierto número de problemas de navegación, pero nada demasiado difícil. Resultaba conmovedor ver cuán excitada estaba Nadira, nuestro miembro más joven, en su primera expedición.

    El espacio de tierra firme (eso es lo que afortunadamente resultó ser) que habíamos escogido para nuestro aterrizaje, se encontraba libre de cualquier objeto artificial o aparentemente artificial y, desde luego, era razonablemente plano, sin gran vegetación. Sólo cuando exploramos los bordes que había entre las hendeduras y los arbustos, encontramos la raza de habitantes que, más tarde, siempre denominamos orugas. Lógicamente, este nombre no se parecía en nada al que se daban ellos mismos, pero tardamos algún tiempo en establecer comunicación, aunque podíamos oírlos hablando entre ellos, a través de lo que obviamente era un contacto auditivo. Ni tampoco era el nombre que nosotros les dimos al principio, puesto que ignorábamos qué tipo de vida tenían. Los totalmente desarrollados medían al menos un metro de largo y, al principio, los habíamos equiparado, no tanto con formas de larvas, como con tipos de vida marina madura. Era tan evidente que estas criaturas tenían alguna forma de consciencia e inteligencia, que no podíamos pensar en llevar a cabo observaciones anatómicas. No obstante, siempre resulta tan placentero encontrar una forma de consciencia genuina que uno no escatima las horas extra.

    Sin embargo, observamos sus hábitos, especialmente debido a que estábamos seguros de que estas criaturas eran vegetarianas. Su preferencia por la humedad, por revolcarse en materias vegetales semilíquidas, particularmente en las ciénagas color violeta y en las algas purpúreas, nos alentó a seguir la suposición marina. Tampoco vimos a ningún individuo del que pudiesen ser la forma larval. Su aparato respiratorio no era conocido, y podían desaparecer durante horas entre las húmedas profundidades de las algas, reapareciendo con cambios de color, a menudo muy impresionantes; al menos ése era el único cambio que detectábamos al principio. Estos pantanos de algas casi siempre se encontraban en el fondo de una hendidura y parecían ser muy profundos. Casi tuvimos un horrible accidente en uno de ellos. Encima de aquel nivel había varios tipos de vegetación, con o sin lo que a primera vista parecía clorofila y, a veces, de una gran belleza. Aunque cueste creerlo, la memoria se confunde. Mientras investigaba esto, fui la primera que estableció contacto con otra forma de vida, aunque de una manera bastante desagradable.

    Para entonces, habíamos llegado a la conclusión de que principalmente debíamos tomar en consideración que éste era un mundo invertebrado; igualmente, para nuestra mayor sorpresa, era un mundo sin seres voladores. Había algunas formas con apariencia de araña o cangrejo, en ocasiones algo peligrosas, y en las tibias lagunas había una extraordinaria multitud de formas de vida marina en las que aún estábamos trabajando. La mayoría de ellas parecía estar a un nivel preconsciente o, al menos, preinteligente, aunque miss Hayes, que tenía más experiencia que cualquiera de nosotras, siempre nos aconsejaba no efectuar juicios precipitados. Ya habíamos reunido un cierto número de especímenes y tomado un conjunto de fotografías y notas.

    Pasaba mi tiempo de aclimatación con Olga. Uno no puede desdeñar esto en una expedición, aunque ciertas personas lo consideran una pérdida de tiempo. Yo siempre encuentro que me sugiere muchas ideas. Olga pasaba el tiempo hablando excitadamente sobre plantas; afortunadamente, la atmósfera era tan buena que podíamos salir sin máscaras. ¡Querido oxígeno, querido bióxido de carbono, queridas hojas! Lo que se había desarrollado en ese planeta era un proceso casi igual a la clorofila y nos sentíamos en casa cuando salíamos juntas. A veces, casi envidiaba la obstinada curiosidad de Olga. Pensábamos que podíamos lograr una visión general con un poco de botánica aplicada. Mientras trepábamos por las hendeduras, sin seguridad de dónde nos cogíamos, nos atábamos con cuerdas. Ya estábamos hartas de los pantanos.

    Por lo que respecta a la botánica, creo que podría lograr comunicar la belleza tan peculiar de las flores que encontramos en el borde de la hendidura, pero llevaría tiempo. El inglés no sería la lengua terrícola adecuada para expresarla. Los ingleses han colmado con tantas palabras armoniosas a sus propias flores –los danzantes narcisos atrompetados, las primaveras a la orilla del río, todas las flores silvestres shakespearianas, el más hermoso de los árboles: el cerezo– que tienen dificultades para pensar en términos adecuados, incluso en las otras flores silvestres de la generosa Tierra que no crecen en suelo inglés. Los japoneses tienen el mismo defecto. Se podría hacer el intento en neosánscrito. Permitidme solamente decir que esos botones titubeantes y delicadamente alados aceleraban mi pulso y respiración. Olga, colgando de la cuerda debajo de mí, ronroneó de placer como un león y señaló con el dedo.

    Acerqué la mano y, luego, por un momento pensé que la planta me había hecho algo, que me había pinchado con aguijones o púas diminutas. Pero ¿cómo? Parecía estar inmóvil. Luego Olga gritó y volvió a apuntar. Vi que algo venía hacia mí, una ráfaga de luz y color. Corté un solo botón y me dejé caer hacia un lado de la hendidura junto a Olga, que arrancó una rama de apariencia de helecho que había frente a nosotras.

    Los aguijones y púas que habían sido tan cercanamente físicos se retiraron, dejándome con un horrible sentimiento de culpa que no era un sentimiento adulto en absoluto, ni hablar, era un sentimiento abrumador que buscaba un castigo. No fue sino hasta que me encontré llorando con una respiración húmeda y un poco enfermiza saliendo de mi nariz y boca, que me di cuenta que me había comunicado con... — ¿Qué son?—, pregunté, y ella me murmuró: —Mariposas, tan sólo grandes mariposas.—

    Eso parecía facilitar un poco las cosas. Ella se agachó y recogió la flor, guardándola rápidamente en su caja de botánico; lo sucedido no pareció afectarle y yo me alegraba de que se encontrara fuera de mi vista. De otra manera, quizá me habría obligado a intentar reponerla en su sitio original. Gradualmente, el sentimiento de culpabilidad fue desapareciendo. Ahora, sólo deseaba reiniciar la comunicación, incluso a través del dolor, con ese ser con el que me había comunicado.

    Olga hizo una fotografía. Cuando la revelamos, dimos una conferencia al respecto. Parecía ser un insecto volador que no habíamos detectado. Creo que fue Nadira quien sugirió, con bastante timidez debido a que ella era la menos experimentada del equipo, que las orugas eran... orugas cuya forma adulta finalmente había aparecido. Pero teníamos algunas dudas acerca de esta hipótesis y no vimos más mariposas durante un tiempo.

    Mientras tanto, habíamos hecho bastantes progresos al comunicarnos con las orugas. Al principio nos habíamos concentrado en el simple complejo de placer y dolor. Esto resultó más sencillo cuando Francoise descubrió que a esas criaturas les gustaba ser tocadas, al menos en ciertas partes de sus cuerpos. Fue ella la que desarrolló una relación de simpatía con ellas. Empecé a tener grandes esperanzas en ella; parecía poner el corazón en el trabajo. Era su tercera expedición y, de vez en cuando, pasaba algún tiempo con mi grupo, de manera que la conocía bastante bien, aunque tal vez Nadira, que se encontraba más cerca de ella en edad subjetiva, la conocía mejor. Por supuesto, resulta bastante incierto, en una expedición, saber quién de todos los miembros del equipo será el que tenga esta relación de simpatía o empatía hacia otras formas de vida que aún tenemos tendencia a llamar —instintivas—. Pero por lo general sucede y es extremadamente importante y útil. Francoise me enseñó a tratar a estas criaturas satisfactoriamente, facilitando así mi trabajo de comunicación.

    Gran parte de su placer consistía en comer y defecar. Normalmente había bastantes residuos de celulosa en sus alimentos, que aparecían en cápsulas de varios colores obscuros y brillantes. Estas formaban la base de estructuras de forma muy elaborada que obviamente proporcionaban un gran placer estético a aquel que las arreglaba y a los que venían a verlas. Las orugas acariciaban estas cápsulas con sus suaves piernas embotadas y mantenían un coro continuo de sonidos placenteros, rodeando al afortunado artista de tacto y, aparentemente, celebridad. Nosotros podíamos ver el interés de esas formas, generalmente asimétricas, pero no carentes de significado matemático; predominaban los azules y rojos profundos y su aroma no era desagradable. Cuando vieron que nos interesábamos, las orugas nos hicieron un sitio, y en esas ocasiones logramos nuestras primeras comunicaciones con éxito. Gradualmente, todos llegamos a apreciar a las orugas cada vez más, y a notar que este aprecio era recíproco.

    Francoise pensaba que esta elaboración de formas podría tener un significado biológico. Incluso bajo inspección y manejo íntimos, no habíamos podido descubrir ninguna característica sexual entre estas criaturas, y esto en sí sugería que eran formas larvales cuyo sexo sólo aparecería en los adultos. No obstante, no podíamos estar seguros.

    Fue una vez más Francoise quien, a través de su simpatía por estas criaturas, llegó a una especie de solución. Para entonces ya lográbamos un cierto grado de comunicación a nivel —irvenir—, —agradable-desagradable—. Resultaba evidente que ellos se daban cuenta de que éramos amistosos, con algunos intereses semejantes a los suyos, no como los cangrejos, que eran carnívoros y sus enemigos declarados. Acostumbrábamos llevar nuestras raciones al campo y comerlas donde estas criaturas pudiesen observarnos. Esto provocó su simpatía, aunque deseaban ver los resultados del proceso digestivo. Creo que Francoise aceptó mostrárselo, pero ellos encontraron que el producto era estéticamente desilusionante e intentaron demostrarle su lástima e incluso algunas ideas sobre cómo lograr un mejor resultado. Este fue uno de los primeros puntos importantes de comunicación superior entre nuestros grupos.

    Fue un poco después de esto que Francoise se dio cuenta de lo que sucedía en los pantanos de algas violetas y este descubrimiento nos apartó durante un tiempo de la teoría larval, puesto que resultó ser un prolongado revuelco sexual en el que tomaban parte un cierto número de individuos. El proceso en sí no era claro y no parecía probable que las orugas fueran machos y hembras en sentido estricto. Sin embargo, el resultado no sólo era un curioso tipo de fertilización, cuyo significado se hizo evidente más tarde, vino también un aumento de la temperatura y un gran acceso de placer. Para entonces les habíamos convencido de permitirnos tomar una muestra sanguínea de vez en cuando, y fue entonces que descubrimos, después del revuelco y para nuestra mayor sorpresa, que tenía lugar una mitosis celular generalizada. Los mismos individuos regresaban varias veces para efectuar revuelcos sucesivos.

    Las orugas, debido a su cariñosa preocupación por Francoise, deseaban que ella compartiera esta experiencia y ella habría hecho un intento de unirse a ellos, estoy segura, de no ser porque nuestro aparato respiratorio no era adecuado para este tipo de trabajo. No obstante, nuestros contactos marchaban muy satisfactoriamente y nuestros cuadernos de notas se llenaban..., cuando los acontecimientos tomaron otro giro.

    Normalmente, estos revuelcos en los pantanos tenían lugar cuando ambas lunas brillaban juntas en el cielo; si aumentábamos la luminosidad con nuestras poderosas lámparas de rayos, parecía que venían más orugas y se quedaban durante más tiempo. Comían abundantemente durante el período de fertilización, de manera que después había una gran actividad estética con los residuos, que eran de colores más brillantes que usualmente. Cada pedazo de terreno plano estaba cubierto por sus diseños o por la producción de material para ellos. Al mismo tiempo, el nivel del pantano era perceptiblemente más bajo cuando las orugas salían de él. Aún no habíamos descubierto el paradero de la siguiente etapa de la actividad reproductiva y tampoco obtuvimos ninguna aclaración respecto a las orugas, pero creo que todos esperábamos llegar a descubrir algún aspecto de reproducción en cualquier momento. Nunca habíamos visto orugas de menos de ocho centímetros de largo.

    Una noche estábamos observando una de estas reuniones en el fondo de la hendidura que, entre nosotros, llamábamos comúnmente Wardour Street. Era curioso ver cómo gran parte del viejo Londres había sobrevivido. Teníamos un gran sentimiento de simpatía y afecto hacia esas criaturas, en parte porque todas éramos mujeres.

    Nos inclinamos y observamos; los rayos de nuestras lámparas aumentaban la luminosidad de las lunas. Francoise y Nadira hablaban en voz baja, nuestros aparatos de grabación y transmisión estaban totalmente ajustados. Las orugas se retorcían, los colores latían a través de la suave semitransparencia de su piel; sus patas trabajaban continuamente, las manchas de sus ojos brillaban. Varias de ellas establecieron una alegre comunicación con nosotras. No les afectaba el hecho de que estuviésemos ahí observándolas; de hecho, parecían darnos la bienvenida.

    Y entonces, unas alas empezaron a descender sobre nosotras... o, mejor dicho, no sobre nosotras sino sobre las orugas. Tan sólo sentimos el roce del sentimiento que se proyectaba sobre las criaturas. Lo identifiqué como el mismo sentimiento de culpa que había sentido cuando arranqué las flores y mi reacción inmediata fue de un extremo resentimiento en nombre de las orugas, cuyo placer estaba perjudicado. Una podía verlo a través de su comportamiento, incluso antes de que comenzaran a comunicarse: una comunicación que era un desgarrador grito de socorro; así que súbita y culpablemente pensé en mis propios hijos (un sentimiento muy irracional e inquietante), sobre todo en Viola y en mi Jon, el hijo de Peder.

    Las infelices orugas se encrespaban o se arrastraban hacia fuera, los colores palidecían, las manchas de los ojos se ofuscaban. Parecían fruncirse como si tuvieran un agostamiento interno. Las observábamos llenas de compasión, sin saber si debíamos actuar, ni cómo hacerlo. No obstante, también observábamos a los atacantes, el revoloteo y la agitación de alas; sus colores sobrepasaban cualquier otro que yo haya visto en cualquier planeta de cualquier sol. Sus antenas estaban rígidas y apuntaban como armas ofensivas, sus patas resplandecían y se replegaban como si fueran una extraña armadura. Había varios de ellos y, por un momento, uno u otro se balanceaba de manera que se le podía ver, como sin duda nos podían ver con sus brillantes ojos facetados, a veces semejantes a un diamante, a veces como un zafiro o una esmeralda. Pero lo que sucedía estaba más allá de nosotras, ignorábamos la razón de esta ira y de este juicio que era proyectado sobre los infelices reptiles del pantano de algas.

    Dos de las orugas habían trepado hasta llegar a Francoise. Ella se inclinó, las acarició y ayudó. Yo hice lo mismo con una que vino hacia mí, pero noté que mi propia mano temblaba. Aunque una no se encuentre directamente bajo su influjo, un torrente de culpa semejante es enervante. ¿Y qué habían hecho nuestros pobres y blandos amigos? Hubo un momento en que me pareció que esto se hacía inteligible, cuando yo también empecé a considerar que estas criaturas infelices y encorvadas eran, en cierta manera, culpables. Luego, el contacto se hizo confuso, las alas se alzaron y las mariposas se habían ido.


    8


    Observábamos las orugas. Nos preguntábamos si algunas de ellas estaban muertas, pero no era así. Aquellas que se habían paralizado completamente empezaron a relajarse y a abandonar el lugar; sus piernas sin huesos apenas caminaban. Ninguna de ellas regresó al pantano color púrpura. Aquellas que se encontraban más cerca de nosotras comenzaron a comunicarse, al principio con una queja y pena informes que gradualmente se transformaron en algo más coherente que yo casi podía traducir en palabras: —Siempre, siempre vienen cuando estamos contentas, nos detienen, detienen la felicidad, ¿por qué lo hacen? Hacen daño, hacen daño, Somos malas. Apagan la luz. Nos consumen de dolor. Dolor. Somos malas. Ellos nos han cambiado, nos han cambiado. Nunca volveremos a ser felices.—

    Francoise y yo les comunicamos confianza, pero seguíamos confusas. ¿Habían cambiado en realidad nuestras amigas? ¿No podrían nunca más deleitarse dentro de su revuelco de fertilización múltiple en los pantanos profundos? ¿Habían sido sus amos tan crueles para apartarlas de esto? Y de ser así, ¿por qué? Era mejor preguntárselo a nuestras amigas. Empezamos preguntándoles —por qué—. Su respuesta fue un apagado lamento de culpa. Sin embargo, parecía claro que no sabían de qué eran culpables. Tan sólo tenían este sentimiento de que eran —malas—, pero ignoraban el sentido de esta palabra. Parecía como si fuesen heridas desde su interior por un poder desconocido. Ya que no podían autoanalizarse, tan sólo les hacíamos más daño al preguntar al respecto. No obstante, había una cosa, por encima de todo, que debíamos preguntar: ¿cuál era la relación entre los dos tipos de seres? ¿Era posible que nuestras orugas fueran, de hecho, formas larvales de esas mariposas? Y de ser así (aunque la cuestión carecía de significado para ellas, pues no podía ser transmitida), ¿qué sucede cuando envejecen? Logré formular esta pregunta. —Nos apagamos –dijeron–, nos desintegramos, nos vamos.— —Y antes de que llegaran aquí, ¿qué sucedía?— —Éramos pequeñas. Iguales pero pequeñas. Nuestras vidas son de una sola pieza.—

    Lo intentamos de otra manera. Les preguntamos si los invasores, para los que las orugas tenían una palabra que significaba —amos— o —causantes de dolor—, venían en otras ocasiones. —Sí, vienen, vienen salidos de la nada, llegan. Súbitamente llegan. Siempre que estamos contentas nos detienen. Nos impiden hacer formas, las rompen. Siempre nos hacen daño, nos desprecian. Nosotras somos felices. Siempre regresan. Ayúdenos, por favor, ayúdenos.—

    Resultaba difícil no sentirse conmovida. Dimos una conferencia al respecto. Varias criaturas acompañaban a Francoise; de hecho, no querían separarse de ella. No podíamos ver ningún daño físico en ellas, pero obviamente se encontraban dañadas; sus colores eran opacos, carecían de vitalidad; su comunicación con nosotras se convertía constantemente en sonidos inarticulados. Todas nosotras las acariciábamos, intentando comunicarnos; por supuesto, ellas no comprendían lo que nos decíamos mutuamente.

    Una de las decisiones que tomamos fue continuar nuestras exploraciones. Habíamos avanzado bastante lentamente en términos de territorio. Las primeras expediciones habían gastado sus energías y equipo de —exploraciones—, mientras que las tendencias actuales iban encaminadas a la aclimatación y un conocimiento detallado de un sitio que se convierte en —casa—. Así, nosotras nos habíamos concentrado en el estudio intensivo de una pequeña área y, específicamente, en la comunicación con las orugas, así como con una o dos otras especies, aunque ninguna de ellas había desarrollado suficiente conciencia para establecer comunicación. No habíamos intentado llevar a cabo ninguna exploración físicamente difícil, especialmente porque no estábamos adaptados al contacto ni al olor de parte de la flora que tenía un efecto muy desagradable en nosotras. Miss Hayes y yo habíamos decidido, cuando preparábamos la expedición, que no nos sobrecargaríamos con equipo de transporte; el espacio, después de todo, es limitado e incluso un vehículo ligero ocupa mucho espacio. Desde luego, también la interposición de cualquier sustancia material entre uno y el problema hace que la comunicación sea más difícil. Sin embargo, ahora debíamos recapacitar. Si estas criaturas, como parecía probable, eran formas larvales de sus atacantes, debíamos intentar descubrir los estadios intermedios: el huevo, la etapa intermedia entre mariposa y oruga, y la crisálida o forma similar, la etapa intermedia entre oruga y mariposa.

    Miss Hayes fue la primera en levantarse y abandonar la conferencia. Ella, siendo de la generación mayor, se sentía más atraída por la exploración espacial; su empatía hacia otras especies estaba menos desarrollada. Ella se había dedicado preferentemente a cubrir lagunas con clasificaciones sistemáticas. Y le gustaba trabajar sola; era probable que, en alguna expedición posterior, ella se pondría en una posición en la que moriría, igualmente sola, pero haciendo observaciones importantes. Esa sería su elección. ¡Qué felicidad cuando la muerte coincide con nuestra elección!

    No la esperábamos de regreso sino hasta varias horas más tarde, quizá después. El resto de nosotras nos preocupábamos del grupo de orugas que había venido a nosotras poniéndose bajo nuestra protección, y a través de las cuales supimos que había habido aún más castigo por parte de sus señores y opresores volantes. Habíamos decidido que debíamos colocar algún tipo de protección de rejilla de rayos encima de ellas, lo que al menos daría alguna confianza a nuestros invitados, ninguno de los cuales comía. Afortunadamente, Peder no sólo me había enseñado cómo montarla, sino que también había persuadido a miss Hayes para que llevara una de las más modernas. La sacamos, y Olga y yo comenzamos a alimentarla mediante la minicomputadora. Resultaba fascinante observar cómo se ajustaba por sí misma.

    Luego miss Hayes regresó, diciendo que había visto uno o dos especímenes de oruga evidentemente muertos que fueron devorados por los cangrejos.

    Estábamos realmente contrariadas. ¡Pobres criaturas, tan suaves e infelices! Y lo que miss Hayes había visto y sobre lo que todas hablábamos debió, por su misma vehemencia, ser escuchado por las orugas, ya que la que se encontraba a mi lado comenzó a comunicarse de una manera sorprendente. En general, su comunicación siempre había sido colectiva, pero ésta parecía expresar que la muerte directa a causa del ataque de los cangrejos era terrible, pero comprensible. La muerte causada por las mariposas no lo era, ya que no había sido infringida para alimentarse. Los cangrejos las devoraban, pero eso no formaba parte de sus intenciones mortales. Y un cuerpo que no había sido muerto para alimento debía ser escondido, dejarlo tranquilo, no debía ser visto. Tenían razón, ya que matar para comer era correcto. Pero lo que estaba sucediendo no lo era. Era incorrecto, sumamente incorrecto, y ahora parecía inevitable que siguiera sucediendo, aquí o allá. Los amos, los castigadores, siempre atacaban, golpe tras golpe. Cuando una pensaba que estaban lejos, entonces regresaban.

    Les expliqué lo mejor que pude el funcionamiento de la rejilla de rayos y la protección que debía darles. Una de las navegantes había empezado a recoger orugas y a colocarlas bajo la protección. Pero mi amiga no estaba tranquila, pues movía su cabeza con ojos extraños y prominentes. —No puedo quedarme con vosotras –me dijo–, debo alejarme, alejarme de vosotras.—

    —Pero ¿adónde vas a ir?—
    —No lo sé –dijo–, me estoy haciendo vieja. Tengo que... tengo que...— Y luego su comunicación se hizo confusa y empezó a moverse, rígida y lentamente.
    — ¡Permanece bajo la rejilla de rayos! –le dije–. Estarás segura. Os estamos ayudando.— Pero fue inútil. La cabeza de mi amiga volvió a moverse espasmódicamente y me llegó un mensaje de afecto y despedida. Después encorvó su cuerpo, sus piernas se apretaron y continuó moviéndose hacia fuera de la protección. —La seguiré –dije, sintiéndome extrañamente conmovida–. Mantendré el contacto. Quizá esto nos lleve a encontrar lo que estamos buscando.— Cuando me iba, vi que también una de las amigas de Francoise abandonaba el lugar, dirigiéndose hacia el mismo camino. Luego, otra que había estado acostada, casi inerte y enroscada, se nos unió.

    Pasaron de largo por sus lugares de alimentación y, luego, por varias sorprendentes formaciones de píldoras, sin prestarles atención. Luego, apresuraron el paso. Llegaron a una espesura de vegetación enredada y llena de savia que yo sabía, por experiencias anteriores, que tenía dos efectos desagradables en los humanos. Las hojas producían una inflamación como la de las ortigas, y el aroma, aunque no era muy fuerte, producía vómitos, aparentemente mediante una estimulación nerviosa directa. No obstante, las orugas se internaron en la espesura, sintiendo o no estos efectos. Así que estaba obligada a seguirlas. Me protegí las manos y la cara lo mejor que pude y tomé aire. No obstante, se produjo el vómito, siendo tan severo que antes de que cruzara la espesura empecé a agarrar ciegamente las hojas y ramas de manera que toda mi piel quedó cubierta de inflamaciones. Afortunadamente, éstas no permanecieron más que un par de horas, pero fue sumamente desagradable mientras duró.

    Detrás de la espesura había un soto de grandes árboles de una clase que nunca había visto, con hojas que caían verticalmente. No los toqué, pero luego me di cuenta de que eran totalmente innocuos. Cada una de las orugas empezó a trepar laboriosamente. Intenté comunicarme con ellas sin resultado. Me senté, sintiéndome débil y agitada, observándolas trepar y colgarse lentamente de las ramas.

    Pero, incluso cuando lo hacían, parecían endurecerse y ponerse rígidas. Toqué una: se encontraba pegada a la rama por su último par de patas; en ninguna parte de su cuerpo persistía la sensación de carne viva que, hace tan poco, gustaba tanto de ser tocada y acariciada, esa suavidad que habíamos llegado a conocer tan bien. Ajusté mi equipo de intercomunicación, me puse en contacto con las otras y les dije que esto era lo que buscábamos. Había descubierto el estadio intermedio. Habría esperado pero, naturalmente, no tenía idea de cuánto tiempo duraría el estadio de crisálida. No aconsejé a nadie que atravesase la espesura, pero cuando decidiera regresar se lo notificaría a fin de que alguien estuviese esperando en el otro lado con la ayuda apropiada. Un segundo ataque de vómito de las proporciones del anterior sería bastante duro.

    Durante algún tiempo vagué por el bosque. Estaba lleno de crisálidas, rígidas, quietas y extremadamente silenciosas. No nos habíamos dado cuenta de la existencia de estos árboles al evitar la espesura. Mi cara y mis manos ya no me hacían tanto daño, aunque aún estaban hinchadas y algunas picaduras habían atravesado mis ropas, especialmente alrededor de un tobillo. Sentí un cierto rencor al pensar en los remedios que había en el campamento y que me habrían aliviado. Y luego empecé a sentir miedo. Sin duda, esto se debía sobre todo al vómito; tenía sed, pero no podía remediarla. Pero empecé a sentir miedo del silencio. Una vez más me puse en contacto con las otras, pero su voz parecía irreal y poco reconfortante. En una expedición, una normalmente no piensa en la Tierra ni en las relaciones terrícolas; resulta una distracción cuando hay que estar plenamente concentrado. Pero ahora me encontré súbitamente recordando a Peder. No obstante, tras el primer destello de alivio, también éste parecía irreal. Lo que era cada vez más real era el completo silencio y esos cuerpos rígidos e inmóviles, de un metro más o menos de largo, dentro del rigor de un cambio de apariencia mortal.

    Luego el silencio súbitamente terminó, produciéndose un pequeño ruido, ridículo y agudo, a mi izquierda. Me acerqué lo más rápida que pude y observé la ruptura del viejo cuerpo seco que ahora sólo era, obviamente, un estuche o una máscara. Algo intentaba salir, aparentemente con dolor, ya que empezó a comunicarse casi inmediatamente. No pude comprender exactamente lo que decía, ni tampoco trataba, sin duda, de tomar contacto conmigo. Me encontraba debajo de él, que miraba fijamente hacia arriba, rociado con una humedad posnatal que se fue secando lentamente.

    Resultaba evidente que sería una mariposa. Tenía las patas acorazadas, un inicio de color de joya en los ojos aún opacos y, encorvada sobre la espalda, tenía una masa grisácea y acanalada que parecía ser el principal centro de dolor, a través del que pasaban sacudidas continuas. Deseaba tanto ayudarla, como habría podido hacerlo en su vida anterior. Al mismo tiempo, busqué cuidadosamente cualquier señal de diferenciación sexual, pero no encontré ninguna. Y luego, otra crisálida comenzó a romperse y más mensajes de dolor, angustia y necesidad de ayuda fueron surgiendo, causándome un nuevo ataque de vómito, debido a mi sentimiento de inutilidad y el consecuente desprecio hacia mi persona. Sin embargo, éste fue suave comparado con el que había sufrido anteriormente.

    Finalmente, las criaturas recién nacidas recibieron respuesta. Un barullo de alas, sobrecogedor como nunca, comenzó a descender, puesto que el movimiento que las hacía bajar siempre era el final de un zigzagueo muy rápido. Había dos mariposas sobre la criatura que había surgido primero, aparentemente alentándola, ya que ésta empezó a moverse más rápidamente y sus mensajes eran menos lastimosos, más excitados. Ambas mariposas se concentraron sobre la masa de alas, revoloteando alrededor de ella, usando aparentemente sus garras y antenas dobladas hacia abajo para desenvolverla, secarla y calmarla. De repente, me pareció que la nueva mariposa ya no sentía dolor. Los colores empezaron a palpitar y fluctuar a través de ella; empezó a endurecerse, erguirse y abrillantarse a todo lo largo de su cuerpo y alas; los colores de joya brillaban en sus ojos. Me miró, pero ni siquiera pareció reconocerme como un ser viviente, como un enemigo o amigo potencial. Yo me encontraba tan ocupada observándola que no vi el principio de la arremetida contra la segunda emergente.

    La estaban matando, marchitándola y aplastándola sin ninguna violencia física, sino mediante el fuego de su sentimiento de culpa, que yo podía sentir derramándose a través de mi persona. Una culpa odiosa e inescapable, una desilusión (desilusión pura, ya que se debía a algo desconocido), llenaron todas y cada una de las partes de la que alguna vez había sido una oruga. La recién nacida perdió confianza, toda voluntad de nacer y vivir. Murió. Luego vi que su masa de alas no era uniforme. Si hubiese vivido, habría tenido un ala tullida. Pero no había sobrevivido, al menos no en su nueva vida.

    Me incliné para observarla, en parte por compasión, pero principalmente para tomar medidas y notas. Estaba particularmente interesada en sus pies, ya que me parecía que el primer par se había desarrollado, como yo había sospechado al observar las mariposas en acción, formando garras con sensibilidad, lo cual implicaba la existencia de una porción que no estaba acorazada y que utilizaba para fines manuales. Entonces, llegaron súbitamente los cangrejos y me quité rápidamente de su camino; hasta ahora no nos habían atacado, pero me desagradaban sus métodos. Entonces vi que el nuevo individuo estaba a punto de emprender el vuelo y que los otros, habiendo terminado con su asesinato, lo alentaban. Sacudieron la rama en la que éste se encontraba. La nueva mariposa vaciló, aleteó y, de repente, se alzó y echó a volar. Sentí una rara sensación de sorprendente alegría que, de haberla experimentado completamente, habría sido lo más increíble que haya vivido. A pesar de haber conocido (y espero aún conocer) muchas alegrías. No era solamente el deleite del nuevo movimiento, de la luz después de la obscuridad, una vida de forma soberbia, sino que también parecía ser una sensación de justificación, casi totalmente virtuosa, una virtud pura sin origen ni intención. Las otras mariposas se elevaron con ella. Luego, una de ellas regresó y se dirigió hacia mí. Di un paso atrás, casi asustada. Yo había tomado partido por el otro bando. ¿Iba a tratarme esta criatura hostil como si fuese una oruga? Sabía que me encontraba debilitada debido al vómito y al dolor. Había traído mi arma... esa cosa que nunca, en todas mis expediciones, había utilizado. ¿Era éste el momento de tenerla preparada? Admito que tenía miedo de la mariposa. No obstante, al mismo tiempo, mi curiosidad que tan a menudo me ha salvado en momentos de emergencia, era más fuerte que mi miedo; así que esperé, tratando de calmarme, intentando notar los ritmos del cambio de colores de las alas y ojos de la mariposa, sin identificarlos esta vez.

    Su primer mensaje parecía ser, una vez más, de culpa, y pensé que me estaba equiparando a las orugas; sin embargo no era tan fuerte, tan absoluto, como los golpes que les daban a éstas. Había una especie de giro en él y eso era lo que yo debía comprender. Si las mariposas hubieran hecho algún tipo de sonido habría resultado más fácil, pero ésta era una comunicación totalmente compuesta de destellos que no se dividía, ni analizaba ni trataba de objetos y acciones, sino que expresaba estados enteramente emocionales e intelectuales. Lo que yo captaba ahora parecía ser una inculpación emocional a causa de mis pensamientos e intenciones, pero mezclado con una comprensión intelectual. Parecía pedirme un contraste entre la mariposa recién salida, viva y alegre, y la muerta y maltratada. Luego, me pidió que me diera cuenta de que esta última estaba muerta debido a su propia naturaleza. Y, debido a ello, me culpaba, me culpaba, me culpaba.

    Intenté responderle con un estado emocional o intelectual tan completo como me fue posible, siguiendo las líneas de la simple curiosidad intelectual, pero no era sencillo. Me sentí aliviada al descubrir que la mariposa parecía comprender mi dificultad, aunque con impaciencia. De ninguna manera se trataba de un enemigo directo. Sus antenas temblaban y sus ojos cambiaban rápidamente de color. Cuando me comunicó ese estado de impaciencia, me sentí ridículamente confusa e incapaz de pronunciar palabra (o estado). Cualquiera que fuese su método de comunicación, éste tenía una dirección y un impacto tremendamente fuertes. Súbitamente, la mariposa echó a volar en zigzag y desapareció, dejándome una sensación de pérdida que, más tarde, asocié con sus rápidas salidas.

    Con esta tristeza, deseando tener una dosis de alcohol, cafeína o algún otro estimulante similar, regresé al árbol en el que mi pobre amigo colgaba, rígido y probablemente en proceso de cambio. Vi a cierta distancia otro nacimiento, pero no pude llegar a tiempo. Debió ser un despegue rápido y alegre. También encontré una mariposa tullida, medio comida, muerta, sin duda, de culpa.

    ¿Tenían estas nuevas mariposas algún recuerdo de su estado anterior? Me parecía sumamente dudoso. Cualquier tipo de organización mnemónica debió haber sido desorganizada durante el cambio de un ser a otro, ya que, obviamente, la memoria siempre depende de algún orden y patrón biológico en cualquier especie. Y entonces empecé a pensar en las células de las orugas en las que había tenido lugar la mitosis posterior al revuelco. ¿Había una ruptura citológica completa o subsistían las células individuales? Pensaba que podía encontrar la evidencia en el espécimen medio devorado. Resultaba extraño el asco que sentía, en mi estado, al tocarlo.

    Me quedé ahí, con la mano sobre la crisálida de mi amigo, quien obviamente nunca me reconocería ni querría comunicarse de nuevo conmigo. Mi tristeza sólo se desvaneció cuando empecé a recibir señales de mis compañeras, diciéndome que las orugas venían en esta dirección y que, si se dirigían a este bosque, yo debía hacer un esfuerzo para salir cuando todos los remedios estuviesen listos, o bien miss Hayes vendría a traerme ayuda. Respondí que haría el esfuerzo. No había razón alguna para hacer otra cosa. Sin duda habríamos podido utilizar algún medio para destruir parte de la dañina espesura, pero esto habría contravenido la política fundamental de no interferencia.

    Esperé a que llegaran las primeras de este grupo de orugas. Las acaricié y ellas respondieron débil y cariñosamente antes de trepar en sus árboles y colocarse en lo que para ellas era un equivalente de la muerte: de hecho, podría convertirse en su verdadera muerte si sus amos consideraban que su desarrollo no era adecuado. Luego regresé atravesando la espesura. Fue extremadamente desagradable; de hecho, al dar el último paso hacia campo abierto, apenas me encontraba consciente. Cuando volví a abrir los ojos, tenía la cabeza sobre la rodilla de Olga; observaba la familiar cicatriz que atravesaba la mejilla de miss Hayes como si fuera algo de gran importancia, como quizá lo era: un símbolo de noble curiosidad biológica. El dolor y la náusea iban cediendo. Pronto pude ponerme de pie.

    Lo que siguió fue una larga e interesante discusión técnica sobre lo que teníamos que hacer para que la comunicación de las mariposas se hiciese algo inteligible para nosotros, es decir, en conjunto, afirmaciones con implicaciones de opuestos, no la síntesis completa de los estados que éstas nos comunicaban. Pensábamos que sería necesaria cierta cooperación por su parte. Incluso nosotros debemos intentar simplificar y sintetizar nuestras propias comunicaciones.

    Mientras tanto, ¡qué insignificante nos parecía la vieja y feliz actividad de las orugas! Sin elaboraciones de diseños artísticos, sin revuelcos. No obstante, vimos bastantes más orugas jóvenes, pero parecía que se comunicaban muy poco, incluso entre ellas, y sus actividades no parecían coordinadas. ¿Habían sido capaces sus mayores de comunicarles la leyenda y el terror de las mariposas? ¿Habían recibido la advertencia?

    Francoise estaba sumamente deprimida; se había implicado demasiado en el asunto, más de lo que nos tocaba por derecho. Después de todo, en nuestras exploraciones espaciales, nosotros los terrícolas debemos tener cuidado de no dejar que nuestros compasivos corazones se mezclen en los problemas de otras especies o de otras formas de vida completamente extrañas. No obstante, es exactamente lo que hacemos, una y otra vez. Francoise acostumbraba ir a llorar sobre los viejos diseños de excremento que ahora se secaban, siendo arrastrados por el viento. En ocasiones, Nadira la acompañaba y consolaba, al igual que una de las navegantes. Miss Hayes despachó largas expediciones, en el curso de una de las cuales perdió la última falange de un dedo. Olga escribía notas. Ella creía que era preferible recoger sus especímenes durante la noche, puesto que durante el día había más probabilidades de que las mariposas la atacaran. Ella era la menos susceptible de todas nosotras respecto a sus mensajes de ira y culpa, pero incluso ella tenía tendencia a considerarlos opresivos. Entretanto, yo trabajaba febrilmente en el problema de comunicación.

    Afortunadamente, mis colegas en el bando de las mariposas habían estado haciendo otro tanto. Pero, sin duda, no fue una cuestión de suerte; hasta donde puedo acordarme, teníamos la única solución. Por lo menos nuestras coordenadas concordaban.

    Estábamos todas allí cuando sucedió: las mariposas iniciaron el descenso. Francoise había traído dos orugas y las mimaba. Apenas habían empezado a elaborar diseños elementales y ella se sentía un poco reconfortada. Cuando Olga señaló hacia lo alto y gritó, ella recogió las orugas y las protegió con sus brazos.

    Había dos de esas mariposas, una de las cuales tenía formas o ritmos predominantemente rojos que en ocasiones tendían a convertirse en una especie de gris (aunque éste no es el color exacto) que era difícil de observar, ya que nos producía una especie de choc visual. Presumiblemente, se trataba de un color infrarrojo que no podíamos ver. Descubrí que sucedía lo mismo con las predominantemente rojas y también, con las predominantemente azules, con las que se tenía la misma experiencia que con el ultravioleta. La otra mariposa era de los tonos medios del espectro.

    Empezaron a comunicarse con nosotras utilizando lo que podría denominarse un discurso, de haber sido audible. O, mejor dicho, la roja comenzó a comunicarse conmigo, después de algunos ajustes, pero la otra se ocupaba de arrojar andanadas de culpa sobre Francoise. Estaba tan interesada en esta apertura del circuito cerrado que ni siquiera me di cuenta de ello, hasta que Francoise soltó un grito. No tenía idea de hasta qué punto había sobrevivido el viejo argot, al menos entre los antiguos alumnos de la Sorbona. Incluso la mariposa se contuvo ante la intensidad y concentración de su estado emocional. Luego, volvió a empezar.

    Aún teníamos una pequeña sección de rejilla de rayos en su lugar y Olga se apresuró a programar la computadora para que ésta produjese más, mientras que Francoise se agachaba entrando bajo la rejilla, sosteniendo las orugas y, desgraciadamente, escupió. Obviamente, la rejilla de rayos no la protegía completamente ni tampoco a sus orugas. Las veía retorcerse y sacudirse y me las arreglé para comunicarle a la mariposa roja que esto debía detenerse para que continuáramos hablando. Ahora intentaré poner en frases la sustancia de nuestra conversación, partiendo, desde luego, de las notas que varios de nosotros tomamos separadamente en ese momento, y después confrontamos; no todos obtuvimos el mismo sentido y, en ocasiones, todo se hacía confuso; tampoco pienso que nuestros mensajes siempre fueran inteligibles para ellas. Más tarde, ambas mejoramos la situación. Sin duda, las mariposas hubiesen deseado empezar el contacto de otra manera, pero fueron desviadas por Francoise y sus orugas. — ¿Por qué las protege? –dijeron ellas–. No es correcto.—

    Les dije: —Todas queremos ayudarlas. Son tiernas y están tristes. ¿Por qué les hacéis daño?—

    —Debemos hacerles daño –dijeron las mariposas–. Debemos hacerles daño, castigarlas. Así no harán estas cosas, estas perversas.—
    — ¿Por qué deseáis detenerlas? Es parte de su vida. Algún día serán iguales a vosotras.—

    A las mariposas no les agradó que yo mencionara esto; las vibraciones trepidaban y, no obstante, era algo que ya sabían. Entonces, la roja se expresó cuidadosamente y con claro disgusto: —Lo que son, hace lo que serán. Son ellas quienes nos hacen.— Yo asentí. La mariposa apuntó sus fieras y trepidantes antenas contra Francoise y yo tuve la sensación, confirmada posteriormente, de que estas antenas eran altamente direccionales pudiendo concentrar comunicaciones emocionales. —Las retiene –dijo la mariposa–. Las ayuda a equivocarse. Las ayuda a formar diseños.—

    — ¿Por qué no deben hacer diseños?—, pregunté. Durante un momento, la mariposa roja no se comunicó con nosotras y la otra volaba iracunda sobre la rejilla de rayos. Entonces la roja dijo: —Si hacen esa cosa, cuando renacen las alas... –La comunicación se hizo confusa–. Las alas... sufren daño. Las alas... no brotan.—

    De manera que quizá ésta era la explicación de lo que yo había visto. — ¿Por qué?—, dije. Ambas mariposas comenzaron a comunicarse con nosotras y resultaba difícil descifrar, pero yo logré deducir que, como lo confirmaríamos más tarde, la elaboración de diseños conllevaba (al menos ésa era su teoría) una concentración de energía e interés en las partes viscerales por oposición a la zona de desarrollo de las futuras alas, y la exteriorización de un ritmo o forma que debería ser interno (según las mariposas). Fue entonces que me di súbita mente cuenta de que el ritmo del color de las alas de las mariposas era comparable, aunque más complejo, a los diseños de excrementos que elaboraban las orugas. Parecía que las mariposas esperaban obligar a las orugas a conservar e interiorizar estos ritmos, y una de las cosas que más odiaban eran esas grandes muestras de diseños, como los que habíamos visto al principio, y que habían constituido el principio de nuestro verdadero contacto con las orugas; de hecho, éstas habían sido las primeras actividades que habían despertado empatía en Francoise y, más tarde, en el resto de nosotros.

    Carecíamos de medios para comprobar si la teoría de las mariposas era correcta y yo pensaba que serían necesarias algunas observaciones anatómicas para verificarla. Francoise, que, después de todo, no había visto surgir las criaturas semialadas de las crisálidas, simplemente no les creía. Ella quería decir que lo único que deseaban las mariposas era poder, que habían inventado esta historia para autojustificarse, pero, tal vez por fortuna, no llegaba a comunicar estos pensamientos, sino como un estado de completa incredulidad.

    De repente, una de las mariposas volvió a comunicarse con nosotras, obviamente acerca de Francoise: —Nos impide hablar. Odia. Regresaremos.— Y se fueron tan rápidamente como habían venido.

    Esto nos dio mucho que discutir y empezamos a encontrarnos con que, incómodamente, estábamos tomando partido. Miss Hayes consideraba que las mariposas eran una forma de vida sumamente interesante, un contacto y un estimulante posiblemente intelectuales. Francoise decía fríamente que lo que nos habían dicho era imposible y falso. Ella podía sentir el odio y la crueldad que había detrás de esas ideas. Ella mimaba a las dos pequeñas orugas que se relajaban un poco. —La elaboración de diseños es su forma más alta de actividad y felicidad –decía ella–. No podemos abandonarlas. Al menos yo no puedo.—

    Nadira estaba de acuerdo con ella en la cuestión de la lealtad y, sin embargo, tenía el suficiente sentido común como para darse cuenta de que ambas estaban adoptando un punto de vista poco científico. Las navegantes estaban preocupadas. Lo mismo sucedía con la geóloga, quien no quería pensar en el problema. Olga se reía y molestaba a todas las demás. Yo sólo deseaba continuar con la comunicación y elaborar mejores métodos. Además, aunque había sentido simpatía por las orugas, aunque no durante sus revuelcos, yo opinaba que, ahora, lo esencial era ser razonablemente objetivo. No obstante, se me ocurrió que las tensiones particularmente violentas que se habían venido creando entre nosotros podrían haberse relajado un poco si esta expedición hubiese comportado uno o dos hombres.

    Fue unos días más tarde que regresaron las mariposas. Y sin duda, Francoise alentaba a los pequeños, que crecían rápidamente, a hacer diseños. De hecho, ella traspasaba su deber de simpatía, llegando a algo muy cercano a la interferencia. Esto preocupaba a miss Hayes y a mí: ¿qué debíamos hacer?

    Estaba con Olga reparando y probando una pieza del equipo y discutiendo algunos detalles del viaje de regreso. Las mariposas descendieron sobre nosotras con un desliz perfecto. La comunicación comenzó casi antes de que estuviésemos listas. Ahora se dedicaban a explicar la otra manera en que las orugas les parecían especialmente censurables. Hablaban de los revuelcos y me tomó algún tiempo comprender lo que decían, ya que gran parte de ello era tan importante para las mariposas que no alcanzaban a analizar o desmenuzar sus estados emocionales directos sobre la cuestión. Tampoco su impaciencia facilitó las cosas mientras fui incapaz de comprenderlas. A lo que llegamos fue a que estas orugas fertilizadas en grupo renacían en forma de mariposas que, tarde o temprano, tendrían que poner huevos. El proceso de ovulación mataba invariablemente a la mariposa, no sólo debido a la tensión física, sino también debido a la certeza de que estaba condenada a dar vida a decenas, quizá cientos (no entendí bien las cifras) de estas formas inferiores, la mayoría de las cuales cometerían inevitablemente perversidad tras perversidad y, de esa manera, jamás alcanzarían un estado de bienaventuranza.

    Intenté hacerles ver que, si no se pusieran huevos, no sólo no habría orugas, sino que tampoco habría mariposas. Esto fue desdeñado. Se nos dijo que, en muy raras ocasiones, una oruga sin fertilizar (probablemente alejada por el ataque de las mariposas de todo intento de revolcarse en los pantanos, siendo disuadida de ello hasta el punto de tomar la forma de crisálida, pero sin ser asesinada) podría llegar, a su debido tiempo, a renacer. Si también se le había disuadido de fabricar diseños y tenía alas perfectas, no había ninguna razón para que no viviese eternamente. Las mariposas no tenían, hasta donde podíamos ver, enemigos naturales. Tampoco les afectaban las estaciones, tal y como éstas eran en este planeta en particular.

    Era difícil hablar de enfermedad o, lo que es lo mismo, de desgaste y envejecimiento. Pero parecía que un pequeño número de estos individuos estériles estaba con vida y en un estado que mis informadoras no podían comunicar, excepto que, si una mariposa vuela sobre la laguna, existe la mariposa y la mariposa reflejada. El estado de estos individuos, comparado al de los otros, era como la mariposa misma.

    Nos costó al menos dos horas llegar a esta conclusión. Al final se fueron apresuradamente, dejándonos a ambas con la desconcertante sensación de pérdida. No obstante, regresaron muy rápidamente y, luego, todas ellas se lanzaron al unísono sobre un cúmulo de flores. Ya habíamos observado que existían algunas flores de las que extraían (hasta donde podíamos figurarnos) no el néctar, sino la esencia misma. Otras eran utilizadas en una especie de juego rítmico que a veces realizaban las mariposas. Resultaba imposible decir si había un elemento de goce estético en todo esto, aunque parecía que ciertos colores y formas muy hermosos eran tan atractivos para las mariposas como para nosotros. Cualquier interferencia con las flores era considerada censurable, no exactamente igual que las actividades de las orugas, pero merecía un rudo ataque. Sus efectos eran parcialmente físicos debido a que este ataque era utilizado para alejar otros tipos de insectos que podrían dañar las flores, pero que quizá no eran susceptibles del estado de culpabilidad total que provocaba su otra forma de ataque; de aquí la sensación de picadura puramente física que yo había experimentado.

    La roja quería saber por qué —Eso— había arrancado las flores. Le expliqué que Olga solamente quería un espécimen de cada una, tratando de hacerle ver que ella las conservaba con gran cuidado. Me di cuenta con ciertas dificultades de que ellos deseaban comprobar esto. Olga sacó uno de nuestros mejores especímenes. Naturalmente, con los problemas que nos presentaba el empaque de todos nuestros materiales dentro de un espacio bastante restringido durante el transporte de regreso, éste no se encontraba en condiciones de museo. Me fue imposible hacerles comprender que habría procesos posteriores que les devolverían aproximadamente su verdadera belleza.

    Ambas mariposas se agitaron sumamente. Creo que pensaban que Olga no sólo había arrancado la flor, sino su color, textura y esencia. De vez en cuando, ambas dejaba caer una ducha de espinas que me molestaban más que a Olga. Traté de calmarlas diciéndoles que este objeto tan poco atractivo no sólo sería restaurado, sino que sería utilizado para fines de conocimiento y admiración. Pero resultaba difícil adivinar lo que sucedería ante el estado de agitación en el que se encontraban las mariposas. Súbitamente, dieron media vuelta y se fueron, agitando sus alas con movimientos tan rápidos que no eran visibles; en un momento las habíamos perdido de vista. —Bueno—, dijo Olga, sacudiéndose como un perro que acaba de salir del agua.


    9


    Las usuales dificultades menores de navegación de nuestro regreso se estaban resolviendo, como pueden ser resueltos los problemas matemáticos, si se hacen los esfuerzos adecuados y si se posee el equipo idóneo. Pero la sensación de que la expedición estaba dividida en opiniones e, incluso, quizá también en objeto, no resultaba nada agradable, limitando la cooperación que era vital en esta etapa. Francoise pasaba todo su tiempo alentando al grupo de jóvenes orugas que crecían rápidamente, a excepción de aquellas que habían quedado permanentemente dañadas y a las que parecía prodigar una cantidad bastante irracional de cuidados y cariño. Por lo que respecta a las demás, decía ella con un tono desafiante, pronto comenzarían a elaborar diseños y, más tarde, entrarían en la etapa del revuelco en los pantanos. Yo estaba considerablemente preocupada al respecto, especialmente porque, habiendo recibido la visita de las mariposas dos o tres veces, había logrado clarificar varios puntos. Pero en ese momento Francoise parecía inmune a los argumentos y razonamientos ordinarios. Uno de los miembros de la tripulación, que resultó tener un don especial para nuestro tipo de comunicación, estaba totalmente de su lado. Miss Hayes había salido sola en una exploración, en parte, creo, para pensar sobre todo esto y, mientras bajaba al fondo de una hendidura, descubrió uno de los elementos faltantes.

    Más tarde me contó que ella atribuía el pesar que empezaba gradualmente a abrumarla, a medida que se alejaba, a las preocupaciones que le causaba la expedición y al temor de que la irracionalidad temporal de Francoise se extendiera a otros individuos, lo que fácilmente podía hacer que el despegue fuese más difícil y peligroso, no sólo para nosotros, sino también para nuestros especímenes. No obstante, en condiciones normales este tipo de preocupación la habría hecho tomar resoluciones mentales, al menos. Ahora, éstas se hacían más y más opresivas, recordándole bruscamente unas experiencias terrícolas que había sublimado hacía mucho y a las que por aquel entonces podía considerar con calma y a menudo con humor. Ahora, estas experiencias le pesaban; tenía la sensación de haber sufrido una pérdida irreparable, como si repentinamente se hubiese dado cuenta de que toda su vida profesional había sido un sueño. En cierto momento había tomado la decisión incorrecta: después de eso, nada tenía ningún valor. Este sentimiento era tan fuerte que casi había suspendido toda observación y, en este estado, pasó muy cerca de la fuente de toda esta tormenta de pesar (como se daría cuenta después, con ese alivio que se siente al despertarse de una pesadilla). Lógicamente, se trataba de una mariposa que yacía agonizando. Ese ser tan enorme y hermoso que sabíamos que repugnaba tanto a las orugas. Sus antenas estaban caídas, sus garras se apretaban y relajaban continuamente. Estremecimientos de colores y ritmos rotos atravesaban sus alas y los huevos que ponía desgarraban su cuerpo, dejando un rastro sobre las algas que se iba hundiendo gradualmente, quizá no hasta el fondo, pero al menos bajo la superficie. Resultaba difícil saber si se trataba o no de ese dolor que nosotros y muchas otras especies terrícolas y extraterrícolas experimentamos. Lo que comunicaba eran ondas de pesar y desaliento sumamente profundas.

    Tan pronto como se dio cuenta de lo que sucedía, miss Hayes intentó entrar en contacto con ella con compasión. No obstante, la compasión pura es algo demasiado humano; pareció que no era efectiva. A pesar de lo sucedido a miss Hayes, quizá esto no era todo. Ella empezó a pensar que, perteneciendo a una generación ligeramente mayor que la mayoría de nosotras, tal vez no estaba al corriente de las últimas técnicas de comunicación; parecía posible que yo o una de las otras tendría más éxito. Hizo una llamada general, convocándonos a todas, y todas nos apresuramos a ir al lugar que ella 'había indicado. Finalmente, ahí estaba la última pista que aún no habíamos encontrado.

    Olga y yo éramos las que nos encontrábamos más cerca, ya que estábamos llevando a cabo algunas observaciones botánicas y ecológicas. Cuando llegamos, encontrándonos en la zona de pesar, también nosotras intentamos establecer comunicación, pero parecía imposible lograrlo. En los viejos tiempos, la maternidad debió haber sido igualmente dolorosa para las madres terrícolas (es decir, si el dolor del desgarramiento de tejidos en un planeta puede equipararse al de otro). No obstante, estas madres siempre sentían orgullo, sentimientos de realización y creación que compensaban el dolor y el miedo. Con ellos comenzaban los sentimientos maternales; el orgullo activo se convertía en paciencia pasiva, la creación en solicitud hacia la cosa creada: algo muy parecido a los sentimientos de nuestros días.

    Pero la mariposa no tenía sentimientos maternos, ni podría tenerlos. Estos no formaban parte de su evolución. Los huevos cuidarían de sí mismos, aunque algunos perecieran y, cuando abriesen el cascarón, se habrían transformado en seres totalmente extraños para su madre y, una vez más, capaces de sobrevivir por sí solos. Los sentimientos maternales no podían tener ningún objeto. La ovulación de la mariposa era, por consiguiente, una pura pérdida. Tampoco podíamos comunicarle de modo alguno que, de cualquier manera, ella estaba continuando la vida, que era parte de un proceso que no intentábamos explicar, tan sólo queríamos comunicárselo para consolarla.

    La mariposa parecía más débil; los colores de sus alas, extendidas y palpitantes, eran menos brillantes. No parecía que pudiese ver. Ahora, tan sólo unos cuantos huevos surgían del extremo, horriblemente desgarrado, del oviducto (¿era realmente un oviducto?). Tal vez era simplemente una salida desgarrada y abierta a través de los tejidos del abdomen mediante simple presión. Esperábamos poder investigarlos más tarde. ¿Cuántos huevos había puesto? Miss Hayes no lo sabía a ciencia cierta debido a que, cuando ella llegó hacía buen rato que había comenzado el proceso. Probablemente los primeros huevos ya se encontraban bajo la superficie de algas. Sin embargo, se podía calcular, dado el tamaño de los huevos y de la mariposa, que había puesto entre cincuenta y cien.

    Entonces, Francoise y Nadira llegaron al lugar de la escena. Francoise dijo poca cosa, pero de lo que di) resultaba obvio (y para mí curioso) que no sintiera la misma compasión por las orugas que por la mariposa que sufría igualmente. Mientras aún estábamos observando con desagrado esta escena, puesto que nos era imposible escapar del área de pesar que nos producía recuerdos y presagios, a pesar de que sabíamos que no tenía nada que ver con nosotras (excepto como animales semejantes), sucedió otra cosa. Otras tres mariposas descendieron en picado con sus zigzagueos cegadores, dando muestras de gran perturbación.

    Me preguntaba si podrían llevarle alguna ayuda a su agonizante amiga que casi había dejado de poner huevos; de ser así, resultaba imposible conocer su naturaleza, que bien podía ser de una especie compasiva intelectual más que emocional, como si no nos trascendiera sino que sólo estuviera fuera de nuestro enfoque. Sentí una diferencia en la ola de pesar, casi un cambio de actitud; sin embargo, era difícil captarlo totalmente, debido a que yo me había hundido en un pesar profundo e irracional por la muerte de mi padre; algo sumamente ilógico que, ordinariamente, nunca habría ocurrido, ya que yo me sentía orgullosa y feliz de mi padre, quien había elegido llevar a cabo una interesante y fructuosa experimentación que era incompatible con la vida humana. Pero ahora, el recuerdo de su rostro era un centro de pesar. Más tarde, con la misma intensidad, me acordé de mi madre, imaginándome con una vividez terrible qué habría pensado de mí, de su niña (para ella siempre fui su pequeña niña adorada), en los momentos anteriores a la explosión de su nave, cuando todo lo que contenía explotó en la enorme y solitaria oquedad que hay entre las galaxias. Al tiempo que pensaba en ambos, podía sentir cómo algunas lágrimas resbalaban por mi rostro, y vi que Olga (¡quién lo iba a decir!) se encontraba igualmente afectada. Más tarde, ella me dijo que también ella había pensado en su difunta madre (su padre, un administrador, aún estaba vivo).

    Cuando me desembaracé de este extraño fantasma personal, súbitamente me di cuenta de un cambio en la mariposa agonizante, pues ésta parecía estar en contacto con las otras, ya que tenía las antenas levantadas. El pesar estaba cambiando de carácter, tal vez espiritualizándose. Entonces, Francoise gritó: —Miren—, y vimos que atacaban los huevos más recientes. Este ataque parecía ser del tipo físico que Olga y yo habíamos experimentado cuando recogíamos flores. Los huevos semitransparentes se arrugaban como si estuvieran expuestos a un calor intenso. Con algunas dificultades acerqué la mano al lecho de algas (no estoy segura de la profundidad que tenía en ese lugar) y tomé una. Por un momento, el contacto me produjo una sensación de picor, pero lo traje con algunos otros huevos a la nave. Había muchos datos anatómicos y bioquímicos que aún necesitábamos.

    Entonces, Francoise se sacudió enojada; las mariposas la habían reconocido y arremetían contra ella por su culpa... esto es lo que se logra por defender los revuelcos de las orugas. Inmediatamente, ella trabó un fiero enredo sentimental con ellas, contrario a toda nuestra ética de no interferencia, que ella había aceptado de todo corazón, al igual que todos los demás, antes de comenzar la expedición. Afortunadamente, tanto ella como las mariposas estaban demasiado agitadas, por diferentes razones para poder establecer comunicación. También logré turbar un poco las ondas pues no quería problemas. Pero ¡qué estúpido era todo aquello! En parte, sin duda, por la manera con la que la nube de pesar estaba afectando a Francoise. Me imaginaba (y al preguntarle más tarde resultó que yo tenía razón) que la había llevado a pensar en sus dañadas y miserables orugas. Sus hijos. Hasta entonces, no había tenido hijos propios.

    Luego el pesar desapareció súbitamente. Una vez más, volví a sentirme en equilibrio. La mariposa había muerto.

    Era sumamente curioso: el color de sus alas se hizo borroso, estático y, de cierta manera, horrible, como una alfombra o cortina mal diseñada. Tampoco había la misma firmeza en sus tintes y sombras. Todas sentimos una especie de perturbación, especialmente debido a que esperábamos que se nos permitiese llevarnos el cuerpo. Pero ¿podríamos hacerlo? Las mariposas que ahora zigzagueaban encima de nuestras cabezas no eran las mismas con las que nos habíamos comunicado y no parecían comprender nada acerca de nuestras intenciones a través de lo que yo o las otras les decíamos. No obstante, después de un momento, la mariposa roja, con la que habíamos desarrollado una comunicación casi a nivel hablado, vino a unirse a las otras tres. Logramos explicarle que nos hubiera gustado llevarnos el cadáver de su amiga a nuestro campamento. Esto tuvo el efecto más impredecible. Las mariposas mostraron una ira y un resentimiento apasionados y, después de un momento, pude llegar a la conclusión de que nos estaban identificando con los cangrejos del bosque.

    Por supuesto de nada servía contrariarse; traté de comunicarles que, a causa de la admiración que sentíamos por la belleza de la mariposa, nos habíamos sentido movidas a hacer dicha petición, pero quizá no pude esconder totalmente nuestro interés científico. De cualquier manera, la respuesta fue que ellas deseaban absorberlo, ingerirlo, es decir, comerlo, y que no nos lo podían permitir. Parecía que esta mariposa no era considerada al igual que las recién nacidas que ellas habían reventado tan casualmente, abandonándolas para ser devoradas. Esta era una de ellas que había sido derribada por un destino que quizá ellas tampoco evitarían. Esta mariposa había bailado sobre los capullos en su mayor perfección. Era parte de ellas.

    Tuvimos que aceptarlo*, en contra de nuestra voluntad, y ver cómo levantaban y se llevaban un cuerpo lleno de problemas, hacia un destino desconocido. —A las orugas se las comen los cangrejos –dijo amargamente Francoise–, y a esas mariposas les importa un bledo.— A estas alturas, parecía incapaz de no hacer una cuestión personal de todo.

    —Mejor rascamos esta superficie –dijo miss Hayes, tocando el borde del pantano de algas con su pie–, a ver si podemos encontrar huevos vivos.—
    — ¡No! –dijo Francoise–. ¿Cómo podemos convertirnos en sus enemigos, nosotras también?— Pero Nadira logró calmarla y llevarla a un estado mental más racional. Probablemente, un buen número de siglos de respeto hindú por la vida, que es bastante diferente del europeo (a menudo ambos son mutuamente ininteligibles), sumado a una educación en biología que provocaba otro tipo de respeto, habían terminado por hacer de Nadira una persona más civilizada que Francoise, cuyos ancestros habían sido soldados y carnívoros, partidarios y vividores apasionados. Dichas cuestiones históricas tienen su efecto.

    Vimos que el pantano no era profundo en ese punto y logramos recoger un cierto número de huevos. Quizá sería posible conocer, a partir de su desarrollo, cuándo romperían el cascarón. Esa noche efectuamos un trabajo fascinante con ellos, la mayor parte del cual, naturalmente, fue introducido en nuestro informe. Sin embargo, Francoise se negaba a seguir adelante. Habría sido interesante saber si las mariposas se daban cuenta anticipadamente de lo que les iba a suceder, si la ovulación se producía repentinamente, si existía alguna preparación, emocional o física. Si un muy alto porcentaje, incluyendo probablemente a aquellas que 'habían asistido a la muerte, tendrían que pasar a través de ese trance (inexorablemente), esto compensaría la violencia de sus ataques sobre los revuelcos en los pantanos de las orugas. ¿En qué momento sabía una mariposa que formaba parte de la minoría no fertilizada? ¿O mantenían esta esperanza hasta el final?

    Discutimos esto una y otra vez durante los días siguientes. De cierta manera, era similar a lo que sucedía en los tiempos pasados en la vida terrestre, cuando la gente no arriesgaba su vida tan deliberada e intelectualmente como lo hacemos los exploradores, pero podía morir debido a una dolorosa y compleja destrucción de tejidos comparable a esta que habíamos presenciado en otro planeta. También eso debió haber sido motivo de pesar, resentimiento e ira.

    Luego, las dos mariposas con las que nos habíamos comunicado al principio, regresaron con su tosquedad e insistencia usuales en la sensibilidad inmediata de ellas, sin que les importara lo que estuviésemos haciendo. Ahora, simplemente, nos comunicaban que las siguiéramos, que las siguiéramos. Estaban sumamente agitadas, pero con una agitación placentera. Ni siquiera atacaron a Francoise.

    Nos apresuramos a seguirlas, lo que resultó bastante difícil. Nos llevaron a través de una espesura formada por algunas de esas plantas singularmente desagradables que, al igual que las que se encontraban cerca de la arboleda en la que una crisálida colgaba en cada árbol, picaban cualquier piel que estuviese desprotegida y, al mismo tiempo, producían una sensación de náusea. Fue mientras aún estábamos muy incómodas debido a esto último, que empezamos a experimentar algo totalmente nuevo.

    Esto se hace muy difícil de describir, a menos que utilice analogías. Pero se parecía a ese sueño que creo que todos los terrícolas 'han tenido en el que finalmente resulta evidente que todos los problemas son ridículamente simples y resolubles, una vez que se descubre un principio: a saber, que la felicidad y conocimiento completos y eternos se encuentran al alcance de la mano. Por supuesto, se trata de una negación de la condición humana, aunque sea algo por lo que hemos luchado durante algún tiempo. Así pues, los elementos de esta sensación constituían un optimismo sin variaciones, basado en una percepción e introspección universales casi alcanzadas. Nuestra náusea y dolor se habían desvanecido dentro de este resplandor de felicidad o, en la medida que aún estaban ahí, no tenían importancia; tenían la misma importancia que el escozor de una vieja cicatriz que siente una persona que está escuchando el primor de una soberbia pieza de orquestación. —Estáis cerca –nos dijeron las mariposas–, muy cerca.— Y de cierta manera, estábamos seguras (o al menos yo lo estaba) que ellas también compartían esa zona de sentimientos en la que nosotras habíamos entrado.

    Fue curioso que ninguna de nosotras hubiese notado la presencia de la otra mariposa hasta que casi estábamos dentro de la zona. Supongo que esperábamos ver un juego y brillo de colores aún más sorprendentes. De hecho casi era incolora, aunque los ritmos de color aún variaban entre los grises y los cremas, el crepúsculo y el amanecer temprano de sus alas abiertas. Estaba dando vueltas alrededor de un árbol que tenía unos capullos particularmente hermosos y de forma curiosa; se encendió una vez, aparentemente para encontrar una percepción estética más intensa cuyos ecos me llegaban en forma de una sensación aumentada de bienestar o esperanza. Podía ver cómo miss Hayes sonreía mientras la aceptaba y a Olga algo confusa, puesto que ella había considerado las flores de una manera algo depredadora.

    La mariposa roja estableció comunicación, diciéndonos que ésta era una de las que había escapado a la condenación común. Traté de averiguar qué edad podía tener, pero era evidente que la roja no lo sabía. Me senté sobre una roca; parecía que no había ninguna razón para irse... nunca. ¿Qué mejor estado que éste? Miss Hayes y Nadira también se sentaron y, luego, Olga y las dos navegantes, una a cada lado de ella. No estoy segura de cuánto tiempo pasamos ahí, pero, de repente, sentí que Francoise me sacudía.

    Su rostro estaba descompuesto y rojo de esfuerzo. — ¡Vámonos! –decía ella–. Vámonos. Recuerda lo que hacen... el dolor.— Era evidente que ella luchaba contra las sensaciones de felicidad y paz, y yo sentí, debido a mi propia felicidad, que debía ayudarla, rompiendo con ese estado si era necesario. Dejé de comunicarme con las mariposas. Probablemente, ya habíamos experimentado lo suficiente para nuestros fines de comprensión y para el posterior informe. Disfrutar aún más de esa bendición podría tener un efecto desmoralizador sobre nosotras, disminuyendo nuestras capacidades de pensar o actuar de una manera totalmente inteligente. Ahora, Francoise hablaba con voz violenta: — ¡Crueldad! –decía–, crueldad y opresión. Nada que se base en ellas puede ser correcto.—

    — ¿Es que estamos buscando el bien y el mal? –le dije–. ¿No estamos observando? ¿No es por ello que nos encontramos aquí?—
    —Nos están cambiando –dijo Francoise– deliberadamente. Al menos... a ti.—

    ¿Era eso verdad? ¿Estaba siendo indebidamente influenciada por las mariposas, hasta el punto en que ya no podía observar crítica y detalladamente? Deseaba oír otra opinión, preferentemente la de miss Hayes, pero sentía una cierta renuencia en molestarla, sacándola de su gran felicidad. No parecía que ella la experimentara frecuentemente, ni que tuviese grandes probabilidades de volver a hacerlo. De hecho, la felicidad de esta intensidad es rara en los humanos adultos y aún más en aquellos que han superado la edad media, cuando empiezan a tener lugar los inevitables procesos degenerativos que afectan la mente al igual que los tejidos. Tal vez Olga podría ayudarme a efectuar mi propio juicio. Pero me parecía difícil sacarla de este estado rosa y sonriente en el que se encontraba, contemplando la mariposa inmortal.

    Nosotras tres y las navegantes nos alejamos un poco, hasta salir de la zona inmediata de felicidad aguda, cruzando una colina de piedra. Me encontré pensando en nuestros especímenes geológicos, todos bien envueltos para su transporte; también pensé en lo raro que resultaba que nuestra geóloga hubiese sido tan poco afectada por las mariposas, y en las diferencias genéticas y ambientales de los humanos, de las que sabemos tan poco. Nuestra geóloga esperaba, por ejemplo, que la gente del Ministerio de Mineralogía se interesase. Yo esperaba que no fuese así. Dejamos a Nadira, la más joven, y a miss Hayes, la mayor, en su contemplación y comunión con el éxtasis; dudo que se hubieran dado cuenta de que nos habíamos ido. Nos sentamos; desde ahí, uno podía ver los recodos de algunas hendeduras y la planicie en donde habíamos visto por primera vez los diseños de las orugas. Desarrollamos una discusión bastante racional. ¿Tenían las mariposas un derecho moral a comportarse con tanta crueldad con sus propias larvas a fin de obtener, ocasionalmente, ese estado de bienaventuranza? —Si se lo pudieran explicar a las orugas...—, dijo Olga con un suspiro.

    —Eso no es posible –dijo Francoise–. Yo he intentado explicarles, y a mí me quieren, que algún día no morirán simplemente, sino que se transformarán en mariposas. No pueden comprenderlo. Es... demasiado para ellas. No hay manera de transmitirlo.—
    —De manera que todo parece una opresión desenfrenada—, dijo Olga pesarosamente, considerando el hecho.
    — ¡Es una opresión desenfrenada!—, dijo Francoise.

    Olga continuó como si no la hubiese oído: —Esta clase de cosas han sucedido en la historia humana, creo. Cuando las buenas cosas del presente eran sacrificadas en aras de las buenas cosas del futuro. Sí, esta postergación del placer tenía lugar tanto en los países capitalistas durante sus períodos de mayor desarrollo industrial, como en mi propio país después de la revolución. Pero, aunque a muchos les pareciera una tiranía (ya que ellos nunca verían las cosas buenas), siempre ha existido la posibilidad de comunicación para algunos individuos. No, ya sé que no es lo mismo, Francoise, pero ¿te sirve de analogía?—

    Francoise sacudió la cabeza. Una de las navegantes comenzó a decir que, en conjunto, ella estaba de acuerdo; ella lo expresó con símbolos matemáticos. Francoise no puso atención, tan sólo frunció el ceño. Entonces continué yo, diciendo: — ¿No resulta más parecido a lo que se hizo en la historia humana en nombre de la religión? Cuando la gente era torturada y quemada viva a fin de salvar su alma en la otra vida, en la que quizá la mayoría no creía. Pero los torturadores sí creían en ella. Nuestros antepasados hicieron esto en Europa y estoy segura que los de Nadira hicieron lo mismo en Asia. Hasta ahora, he considerado que estas acciones eran inexplicables y singularmente repugnantes, pero ahora pienso que empiezo a comprenderlas.—

    — ¿Habríamos podido soportar la inquisición española?—, dijo Francoise.
    — ¡No, no! Pero el estado futuro que postulaban no era real...—
    — ¿Así que tú piensas que esto –y apuntó hacia atrás de la colina con su pulgar– es real, que es una justificación para toda esa miseria y ese dolor? Esa frustración de todo lo que constituye para las orugas su... civilización.—
    —Si la quieres llamar así... –dijo Olga, añadiendo–: Sí, tal vez tengas razón. Sin la elaboración de diseños, los revuelcos no son nada. Tan sólo bultos.—

    Durante un momento me puse a comunicarme con la mariposa. Le dije: —Esto que acabamos de ver creo que es una justificación.—

    — ¡No! –dijo Francoise–. No, estos individuos... son poco numerosos...—
    —Pero si no mueren, el número aumenta—, observó Olga.
    —Me pregunto –dijo Francoise– si en realidad no mueren. O si creéis la afirmación de las mariposas simplemente porque queréis hacerlo.—

    Yo dije: —Creo que es preferible preguntarle a ésta si, en realidad, se considera inmortal, y si es así, con qué pruebas. Cuánto tiempo ha permanecido en este estado. Si puede acordarse de un estado menos bienaventurado. Si alguna otra, en su mismo estado, ha muerto o... desaparecido. Hay mucho que preguntarle... si podemos hacerlo.— Olga asintió. Tomé a Francoise del brazo, y le dije: —Mira, Francoise, aunque pensemos que está bien o mal, no podemos alterarlo. Incluso no podemos intentar alterarlo. Pronto nos iremos.—

    —Abandonando –dijo Francoise– a aquellos que necesitan protección.

    –Se pasó el dorso de la mano por los ojos–. ¡Sois crueles!—, dijo, y apartó su brazo de mi mano.

    —En absoluto –dijo Olga–. No es nuestro mundo, ¿o sí?—

    Durante un rato, Francoise permaneció sentada, debatiéndose, podíamos verlo, entre su amor por las orugas y su conocimiento de que no debíamos interferir en otros mundos. Iba en contra de la ética más fundamental de la exploración espacial, que había sido ordenada a generaciones de humanos debido a una serie completa de errores, a menudo basados, como el suyo, en la compasión. Ella sabía todo esto, al igual que nosotras. No tuvimos que repetírselo. Empecé a pensar en el tipo de preguntas que tendríamos que formular a la mariposa inmortal y de qué manera podían integrarse en un sólo estado de curiosidad que pudiese ser transmitido. Olga pensaba en lo mismo, pero conocía menos el problema de comunicación. Ella también quería un espécimen botánico del árbol de las mariposas.

    Después de unos instantes, Francoise empezó a hablar razonablemente, uniéndose a la discusión sobre las otras cosas que debíamos descubrir. Me pareció que la intensidad de la comunicación con la mariposa inmortal sobre su propio estado era algo inferior. Tal vez ahora podíamos molestarla. Regresamos. Miss Hayes volvió la cabeza y nos sonrió.

    La comunicación con esta mariposa era mucho más difícil que con las que ya habíamos desarrollado un mensaje. No obtuvimos respuestas directas verdaderamente satisfactorias. Ninguna de nosotras estaba segura de la exactitud de la memoria de las mariposas. Aparentemente, ésta recordaba un estado de desarrollo anterior, no obstante, sólo en tanto que mariposa. Esperaba continuar desarrollándose, pero no teníamos idea alguna sobre lo que representaría este desarrollo; quizá alcanzaría estados intelectuales incluso muy por encima del nuestro. Ocasionalmente, se nos insinuó esto y yo, al menos, tuve la certeza de que la felicidad comunicada tan sólo era una parte del estado en el que se encontraba la mariposa; podíamos percibir la emoción pero no el estado mental detallado ni la totalidad del estado estético.

    Seguramente había otras mariposas que se habían desarrollado de la misma manera y continuaban desarrollándose. No, no morían. Tampoco desaparecían. La mariposa predominantemente roja que estaba tratando de ayudar en la comunicación, también continuó comunicándose. Deducimos que algunas cualidades podían ser desarrolladas por la mariposa —normal— estando con estas otras. No obstante, podía llegar el día en que tuvieran que irse. Las inmortales querían que se fueran. Preguntamos, con tanto tacto como pudimos, si la mariposa roja podría convertirse en una de ellas. Esta se agitó desesperadamente y captamos que era posible, pero no probable. Más probable, mucho más probable, la condenación llegaría debido a algo que había sucedido en otro lugar. La mariposa sentía una terrible renuncia a comunicarnos que la oruga de la que ella se había desarrollado quizá había cometido alguna acción que le impediría ser perfecta. De hecho, podía estar fertilizada, en cuyo caso también esta mariposa, algún día, quizá súbitamente, sabría que tendría que poner huevos y que esos odiados huevos la destruirían.

    Por supuesto, nos dimos cuenta de que, probablemente, un simple examen citológico aclararía esta duda. Pero las mariposas siempre habían evitado tener contacto físico con nosotras, y no creíamos que nos fuera posible ni tan siquiera obtener unas muestras de sangre. Las mariposas evitaban tener contacto directo con las orugas y parecía como si el contacto con los recién nacidos fuera algo que les exigiera un tremendo esfuerzo.

    Miss Hayes, al igual que yo, había observado algunos de los nacimientos. Al menos uno de cada cuatro parecía estar mutilado en cierta manera, siendo destruido. Ella nos llamó y logramos llevar uno o dos cuerpos al campamento antes de que los cangrejos los devoraran, y hacer algunas observaciones anatómicas y citológicas. Parecía que había un apiñamiento de las células que habían sufrido la mitosis, de manera que, a su debido tiempo, se podría desarrollar algo parecido a un ovario fertilizado. Pero la anatomía era aún bastante incierta, como si la diferenciación completa aún no hubiese tenido lugar, excepto en los órganos externos, las alas, piernas, garras, ojos, etc. Parecía que había primeros indicios de órganos en la región de la cabeza, de lo que no estábamos seguras. Probablemente tenían algo que ver con la comunicación. Parecía existir una conexión nerviosa con las antenas. ¡Si tan sólo hubiéramos podido obtener una mariposa adulta completamente desarrollada!

    Aún había un buen número de preguntas por responder acerca de este planeta. Estas quedarían para futuros exploradores. Habíamos acumulado suficientes respuestas, siendo una expedición preliminar. Uno nunca debe hacer demasiado sin tomarse el tiempo de meditarlo.

    Mientras tanto, era evidente que las mismas mariposas consideraban que un cierto número de ellas eran inmortales, y que los estados en que éstas existían y seguirían existiendo durante su desarrollo eran de una naturaleza tal que justificaban cualquier cosa que se hiciese para alcanzarlos. De hecho, nunca hubo ninguna necesidad, entre las mariposas, de justificar lo que hacían a las orugas. Resultaba ser un procedimiento obvio Tan obvio como la fundición del cobre para producir el acero o la molienda de los granos de trigo para hacer el pan. No podíamos comunicarles ninguna clase de compasión humana, al menos no hacia las larvas. Me pareció que lo que mostraban hacia la agonizante mariposa en ovulación era una especie de compasión, aunque quizá no era una compasión humana. Después de todo esto, me parecía evidente que no podíamos intervenir a favor de las orugas. Al final de una prolongada discusión, me pareció que esto era también evidente para Francoise y para Nadira.


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    Habíamos fijado definitivamente nuestra fecha de salida. Miss Hayes había efectuado todos los cálculos, comprobando todos los detalles con los navegantes. Lo hizo todo con meticuloso cuidado y completa confianza en sí misma, lo