• GUARDAR IMAGEN


  • GUARDAR TODAS LAS IMAGENES

  • COPIAR IMAGEN A:

  • OTRAS OPCIONES
  • ● Eliminar Lecturas
  • ● Ultima Lectura
  • ● Historial de Nvgc
  • ● Borrar Historial Nvgc
  • ● Ayuda
  • PUNTO A GUARDAR



  • Tipea en el recuadro blanco alguna referencia, o, déjalo en blanco y da click en "Referencia"
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Todas Las Revistas Diners
  • Todas Las Revistas Selecciones
  • CATEGORIAS
  • Libros
  • Libros-Relatos Cortos
  • Arte-Graficos
  • Bellezas Del Cine Y Television
  • Biografias
  • Chistes
  • Consejos Sanos
  • Cuidando Y Encaminando A Los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Paisajes Y Temas Varios
  • La Relacion De Pareja
  • La Tia Eulogia
  • La Vida Se Ha Convertido En Un Lucro
  • Mensajes Para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud Y Prevencion
  • Sucesos-Proezas
  • Temas Varios
  • Tu Relacion Contigo Mismo Y El Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • CATEGORIAS
  • Arte-Gráficos
  • Bellezas
  • Biografías
  • Chistes que llegan a mi Email
  • Consejos Sanos para el Alma
  • Cuidando y Encaminando a los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Fotos: Paisajes y Temas varios
  • La Relación de Pareja
  • La Tía Eulogia
  • La Vida se ha convertido en un Lucro
  • Mensajes para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud y Prevención
  • Sucesos y Proezas que conmueven
  • Temas Varios
  • Tu Relación Contigo mismo y el Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Selecciones
  • Diners
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005

  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura en línea con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y la lectura sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada, desde libros completos hasta revistas Selecciones. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 30 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    PLATAFORMA ESPACIAL (Murray Leinster)

    Publicado el viernes, diciembre 02, 2016

    CAPÍTULO 1


    No había debajo más que nubes y encima sólo el firmamento. Joe Kenmore miró por la ventana del aeroplano, sobre el hombro del copiloto. Mantuvo la vista fija al frente, donde las nubes se unían con el firmamento, a muchos kilómetros de distancia..., y trató de imaginar el trabajo que le esperaba. En la sección de la cola del aeroplano, en el compartimiento de carga, había cuatro grandes cajas que contenían los giróscopos pilotos para el objeto más importante de cuantos estaban siendo construidos en la Tierra; un objeto que no podría funcionar sin ellos. El trabajo de Joe consistía en llevar a su destino esta maquinaria altamente especializada y extraordinariamente precisa, ayudar a instalarla y probarla una vez instalada.

    Se sintió inquieto. Por supuesto, el piloto y el copiloto, las únicas personas que se encontraban en el avión de transporte, además de él, eran competentes. Todas las precauciones imaginables serían tomadas para asegurar que un aparato tan absolutamente esencial como el giróscopo piloto llegara a su destino sin contratiempos. El cuidado con que lo trataban haría pensar que contenía huevos, en lugar de metal macizo, pulido, alisado y repulido hasta llegar a una precisión nunca antes lograda. Pero, de todas formas, Joe estaba preocupado. Había visto cómo se hacía el giróscopo piloto y había ayudado a hacerlo. Sabía las veces que se había dividido una milésima de centímetro en la fabricación de sus componentes y el equilibrio de sus partes móviles, sensible incluso a la respira-ción. Le hubiera gustado estar atrás, en el compartimiento de carga, con los aparatos, pero sólo la cabina de pilotaje estaba acondicionada para la presión, y la nave viajaba a seis mil metros de altura, volando hacia el oeste por el sur.

    Trató de tomarlo con calma. A seis mil metros, más de la mitad de la atmósfera terrestre se encontraba bajo él. Esperaba que el resto sería igualmente sencillo de superar, cuando los giróscopos estuvieran instalados y comenzara el movimiento hacia el vacío. Los giróscopos, naturalmente, iban a ser instalados en el primer satélite artificial habitado de la Tierra, permanente y verdaderamente decisivo. Había ya otros satélites fabricados por el hombre, se suponía que había más de doscientos objetos en órbita alrededor de la Tierra y fuera de la atmósfera. Algunos de ellos tenían cierta utilidad, pues informaban sobre los niveles de radiación solar y las formaciones de nubes terrestres, tal y como se veían desde el espacio; otros retransmitían los programas de televisión por todo el planeta, hogar de la humanidad. Pero la plataforma espacial iba a ser otra cosa. Iba a ser el peldaño inicial, verdaderamente el primero de una escalera imaginaria, por la cual comenzaría el hombre a trepar hacia las estrellas.

    Los astronautas habían rodeado la Tierra por el espacio exterior; algunos habían dado varias vueltas al planeta, pero todos habían regresado de nuevo a la Tierra, llevando consigo su cápsula espacial. La plataforma espacial no regresaría; sería habitada por hombres protegidos por enormes cubiertas que les servirían de escudo cuando pasaran a través de las radiaciones mortales del cinturón de Van Allen. Tendrían que refugiarse en superficies protegidas cuando los rayos solares convirtieran el espacio exterior en algo mortal para todas las formas conocidas de vida. Pero entre una cosa y la otra, podrían resolver problemas que nadie había podido atacar, debido a la falta de un satélite habitable en el espacio, y, por supuesto, desde el principio, sería la respuesta a la agresión y a las amenazas de guerra atómica.

    El copiloto del aeroplano se recostó en el respaldo de su asiento y se estiró perezosamente. En seguida, se desabrochó el cinturón de seguridad y se puso de pie. Caminó cuidadosamente al pasar junto a la columna entre los asientos del piloto y el copiloto, que contenía parte de las innumerables esferas y controles que los conductores de un moderno aeroplano multimotor deben vigilar y manejar. El copiloto fue a la cafetera y accionó un conmutador. Joe se agitó inquieto, deseando que fuera posible viajar atrás, al lado de las cajas de embalaje, pero su temor parecía absurdo.

    Se oía un constante rugido en la cabina. Al acostumbrarse al ruido de los motores, se percibía como a través de un cojín. El café estaba hirviendo. El copiloto sirvió el café en una taza de papel y se lo dio al piloto, que empezó a beberlo. El copiloto preguntó:

    —¿Quiere café?
    —No, gracias —replicó Joe.
    —¿Todo va bien?
    —Me encuentro muy bien —dijo Joe, comprendiendo que el copiloto deseaba conversar—. Esos aparatos con los que viajo..., la empresa de la familia ha estado trabajando en esa maquinaria durante varios meses. El terminado se hizo prácticamente con gran suavidad, como si se hubiera hecho con plumeros. Estuvieron durante cuatro meses solamente puliendo los ejes y equilibrando los rotores. En una ocasión, montamos un telescopio, pero aquello, comparado con este trabajo, era un juego de niños.
    —Además, tuvieron que estar vigilando para evitar los sabotajes, ¿no es así?
    —No —dijo Joe, sorprendido—. ¿Por qué?
    —No todo el mundo ansía que la plataforma sea lanzada —dijo el copiloto, torciendo la boca—. ¿Cuál cree usted que es el problema principal para los que la están construyendo?

    Sorbió un poco de café e hizo un gesto de enfado. Estaba demasiado caliente.

    —El problema principal es impedir que la hagan saltar —observó—. Hay infinidad de sputniks y objetos parecidos rondando, pero en cuanto la plataforma se encuentre en órbita, cargada con un buen número de cohetes de cabeza nuclear, muchos camorristas tendrán que andarse con cuidado. Por ello están haciendo todo lo posible por un mundo seguro para la política del poder.
    —He oído decir... —comenzó Joe.
    —No ha oído ni la mitad todavía —dijo el copiloto—. Los transportes aéreos han perdido en este trabajo casi tantos aviones como en Asia, cuando ése era el gran trabajo de transporte. Es una verdadera guerra local. ¡Nada los detiene! ¿No ha oído usted lo que se dice de eso?
    —Oh, supe que había algo de capa y espada en este asunto —dijo Joe cortésmente.

    El piloto bajó su vaso de papel y se lo dio, diciendo:

    —Cree que te estás burlando de él.

    Se volvió, para concentrarse nuevamente en la contemplación de los instrumentos que se encontraban ante él y del exterior a través del plástico de las ventanillas.

    —¿Eso cree? —dijo el copiloto escépticamente—. ¿No tienen cercas de alambre de púas en torno a su fábrica? ¿Ni placas de identidad, ni oficial de seguridad que grita como loco cada cinco minutos? ¿No tienen nada de eso? ¿O sí?
    —No —dijo Joe—; conocemos a todos los que trabajan en la fábrica. Los conocemos de toda la vida, porque la fábrica está en el mismo pueblo desde hace ochenta años. Comenzó produciendo carretas y arados, pero ahora se hacen herramientas y maquinaria de precisión. Es la única fábrica de las inmediaciones y todos los que trabajamos allí hemos sido compañeros de escuela, lo mismo que lo fueron nuestros padres. Por ello nos conocemos bien.

    El copiloto no estaba convencido.

    —¿No bromea?
    —No; lo digo en serio —le aseguró Joe.
    —Imagino que deben existir lugares así —dijo el copiloto con envidia—. ¡Si ustedes hubieran construido la plataforma! ¡Este trabajo es muy distinto! Ni siquiera podemos hablar con una muchacha sin darle explicaciones al servicio de seguridad y tenemos prohibido hablar con extraños y salir después de la caída de la noche.

    El piloto gruñó. El copiloto cambió de tono.

    —No es tan malo —admitió—, pero tampoco es divertido. La semana pasada fue mala; perdimos tres aviones. Uno explotó en el aire: sabotaje; llevaba materiales importantes. Otro se estrelló al despegar; llevaba instrumentos irreemplazables y alguien había colocado un detonador en uno de los servomotores. El tercero se paralizó en el aire cuando se disponía a aterrizar y se estrelló en el suelo. Tuvieron que raspar al recoger los pedazos. A este aparato le hicieron una reparación importante hace dos semanas. Los primeros tres viajes los hicimos con los dedos cruzados. Puede ser que todo vaya bien, pero yo no miraré con serenidad hacia el futuro, esperando llegar a una edad avanzada, mientras no hayan lanzado la plataforma. ¡Le aseguro que no!

    Fue a tirar el vaso de papel del piloto por una ranura.

    El aeroplano continuó su vuelo. No había sino nubes bajo él, y sobre él solamente el cielo. Las nubes estaban muy abajo y el cielo estaba simplemente arriba. Joe miró la sombra del avión, rodeada de un arco iris, que corría locamente por la irregular superficie de la capa de nubes. El aeroplano volaba sin cesar. Nada sucedía. Dos horas antes, habían abandonado el lugar donde recogieran los giróscopos pilotos en un trabajo más de transporte, el último. Joe recordaba con qué ahínco habían impedido los dos tripulantes que alguien se acercara al aparato en tierra, excepto los hombres que se encargaban de cargar las cajas, e incluso esos trabajadores habían sido vigilados sin cesar.

    Joe se agitó nerviosamente, sin saber cómo interpretar lo que le estaba diciendo el copiloto. La fábrica de Herramientas de Precisión Kenmore era propiedad de su familia, pero era más una empresa cívica que familiar. Los jóvenes del pueblo crecían con un dogma: lo más importante en la vida era el trabajo bien hecho, del mismo modo como se consideraba en otras partes el arado o la pesca marítima de profundidad. El padre de Joe era el propietario de la empresa y quizá Joe tuviera que dirigirla en el futuro, pero no podía esperar ser respetado por los hombres a menos que fuera capaz de manejar todas las herramientas de trabajo, así como de afinar una milésima al menos de cinco modos diferentes. Diez sería todavía mejor. Pero mientras el sentimiento de la gente de la fábrica no cambiara, no habría jamás algún problema de seguridad.

    Si el copiloto decía la verdad...

    Joe sintió que una ligera angustia interior se apoderaba lentamente de él. En su mente había una imagen, que parecía un sueño. Se trataba de algo grande y brillante, que flotaba silenciosamente en el vacío, con un fondo de estrellas detrás. Era la plataforma espacial.

    Otros satélites artificiales menores refulgirían al pasar junto a ella, llenos de envidia. Formarían un conjunto extraño y abigarrado: algunos de ellos en forma de cono; otros, parecidos a pelotas; otros, como pirámides, y de algunos brotarían antenas, semejantes a látigos, hacia todas las direcciones. Unos llevarían palas; otros parecerían objetos de pesadilla. Pero todos serían infinitamente más pequeños que la plataforma y estarían muy por debajo.

    Desde la plataforma, las estrellas se verían como claros puntos luminosos del tamaño de una cabeza de alfiler, sin cintilar, pues no habría atmósfera allí, y la oscuridad entre ellas sería absoluta, porque las separaría el espacio mismo. La plataforma era una luna. Una luna hecha por los hombres, en la que éstos podrían vivir y trabajar. Era un sueño, que parecía ser muy real, cuando Joe pensó en él. Tendría un brillo insoportable cuando el Sol se reflejara en ella y sería abrumadoramente negra en las sombras..., excepto cuando la luz reflejada de la Tierra la delineara, a veces, de modo irreal y fantástico.

    Lo más importante de todo consistía en que habría hombres en el interior, trabajando, mientras se recorría la órbita alrededor del mundo que la había creado. A veces, llegarían naves más pequeñas, supuso Joe, abriéndose camino y dejando detrás estelas de vapor, para llevarles alimentos a los tripulantes, además de aire y combustible. Y, eventualmente, alguna nave no regresaría de nuevo al enorme y cercano mundo. Llenaría sus tanques del combustible llevado por las otras naves..., y no pesaría nada en absoluto. Así, podría elevarse de la plataforma y, de repente, se encenderían los propulsores, arrojarían llamas y gases y se dirigiría, triunfante, hacia el exterior, alejándose de la Tierra. Y sería el primer navío espacial que se dirigiera hacia una estrella.

    Esta era la imagen que tenía Joe de la plataforma espacial. Era quizá un poco romántica, pero los hombres estaban actualmente trabajando para convertirla en realidad. El aparato de transporte se dirigía hacia una ciudad pequeña llamada Bootstrap, llevando uno de los artefactos más esenciales de la plataforma. En el desierto, cerca de Bootstrap, había una gigantesca construcción en forma de cobertizo y, en su interior, los hombres construían exactamente el monstruoso objeto que imaginaba Joe. Trataban de realizar el sueño de muchos hombres a lo largo de muchas décadas..., la plataforma necesaria, el punto de llegada y descanso de las naves; la plataforma de despegue, el punto de partida desde donde los exploradores del espacio iniciarían la marcha del hombre hacia el infinito.

    La idea que alguien intentara detener y obstaculizar una empresa de esa envergadura, le indignaba.

    El copiloto aplastó cuidadosamente su cigarrillo. El aeroplano volaba con una estabilidad mayor que la de un vagón de ferrocarril sobre la vía. Continuaba el constante ruido de los motores, inexplicablemente amortiguado. Todo era normal.

    —¡Escuche! —dijo Joe con enojo—. ¿Algo de lo que ha dicho es... para tomarme el pelo?
    —Desearía que así fuera, amigo —contestó el copiloto—. A usted puedo contárselo, aunque oficialmente sea secreto. Le diré...
    —¿Por qué a mí sí puede usted contármelo? —le preguntó Joe suspicazmente—. ¿Qué le hace creer que puede hablar libremente conmigo?
    —¡Le han dado pasaje en este aparato, y eso es muy significativo!
    —¿De veras?

    El piloto se volvió en su asiento para mirar a Joe.

    —¿Cree usted que transportamos pasajeros regularmente? —le preguntó con suavidad.
    —¿Por qué no?

    El piloto y el copiloto se miraron.

    —Explícale —dijo el piloto.
    —Hace aproximadamente cinco meses —dijo el copiloto—, un coronel del ejército emprendió un viaje hacia Bootstrap en un avión de carga. El aparato despegó y voló normalmente hasta encontrarse a unos treinta kilómetros de Bootstrap. Entonces cesó de comunicarse y se dirigió en línea recta hacia el edificio donde se fabrica la plataforma. Lo derribaron. Cuando se estrelló, produjo una explosión —el copiloto se encogió de hombros—. Tal vez no lo crea, pero, una semana después, encontraron en una ciudad del este el cadáver del coronel; lo habían asesinado.

    Joe parpadeó.

    —No fue el coronel quien viajó como pasajero —aclaró el copiloto innecesariamente—; era otra persona que, a treinta kilómetros de Bootstrap, debió haber matado al piloto para apoderarse de los controles. Suponen que quiso estrellarse contra los edificios. A bordo llevaba una bomba atómica. El detonador no funcionó.

    Joe comprendió lo que esto significaba. Locos y maniáticos podrían odiar la plataforma, pero ninguno podría disponer de una bomba atómica. Era preciso que detrás de él se encontrara una gran nación. De modo que no eran solamente los maniáticos quienes estaban contra la fabricación de la plataforma. Podía tratarse de naciones que no deseaban entrar en guerra, pero que estaban dispuestas a intentar cualquier cosa de menor gravedad. Y el resultado sería tan parecido a una guerra como fuera posible.

    El piloto dijo abruptamente:

    —¡Hay algo ahí abajo!

    El copiloto se precipitó sobre el asiento de la derecha. Estuvo en su lugar, con el cinturón de seguridad abrochado, en una fracción de segundo.

    —Verifica —dijo en un tono diferente—. ¿Dónde?

    El piloto señaló.

    —Vi algo oscuro en el hueco de esa nube.

    El copiloto hizo girar un conmutador y a los pocos instantes, un sonido nuevo se oyó en la cabina: Bip..., bip..., bip..., bip. Era débil, una especie de chirrido, como el ruido que hacen los murciélagos, que aumentaba de tono durante el breve espacio de tiempo en que eran audibles. El copiloto descolgó un micrófono de mano de la pared, por encima de su cabeza, y se lo acercó a los labios.

    —Llama el vuelo dos-veinte —dijo con voz tensa—. Alguien nos está vigilando por radar. Lo vemos nosotros. Estamos a seis mil metros y...

    En ese punto, el suelo de la cabina se inclinó notablemente.

    —Estamos ascendiendo. ¡No nos pierdan de vista y vengan pronto! ¡Corte!

    Apartó el micrófono de sus labios, y dijo, sereno:

    —Están usando el radar. Eso quiere decir que en la encrucijada hay algún trabajo sucio. ¡Alguien se está arriesgando!

    Joe apretó los puños. El piloto accionó algunas palancas de la columna que se encontraba entre los dos asientos de pilotaje, y dijo rápidamente:

    —Prepara los propulsores.

    El copiloto bajó una palanca, y dijo:

    —¡Listo!

    Todo sucedió en pocos segundos. El piloto había dicho «veo algo», e inmediatamente se había puesto a trabajar un equipo eficaz y rápido. Una llamada por radio pidiendo ayuda. El avión empezó a ganar altura para obtener una mayor claridad entre ellos y las nubes. Los propulsores estaban listos para encenderse. Eran estos propulsores de cohetes los que servían, con la ayuda de los jets, para doblar el impulso de los motores en el momento de despegar de terrenos cortos o desiguales en unos cuantos segundos. En el vuelo de línea recta, harían dar un salto al aparato como si se tratara de un conejo asustado. Pero no resistirían durante mucho tiempo.

    —No me agrada esto —dijo el copiloto con voz inexpresiva—. No veo que...

    Entonces se detuvo. Algo ascendió saliendo de las nubes. Era algo increíble y trivial a la vez: un aeroplano particular con alas plateadas, de dos motores, del tipo capaz de desarrollar una velocidad de quinientos kilómetros por hora en crucero y que llega casi a ochocientos si se le fuerza. Era un aparato costoso, pero no grande. Salió en línea recta de las nubes, se volvió perezosamente sobre su vientre y descendió, introduciéndose en la capa de nubes de nuevo. Parecía hacer piruetas entre las nubes..., donde nadie sensato las haría. Parecía una de esas cosas tontas para las que no se encuentra explicación.

    Pero en este caso sí había una explicación.

    En la parte más alta del lazo que había trazado, aparecieron líneas de humo blanco. No hubiera sido posible verlas contra las nubes, pero durante una fracción de segundo se distinguieron claramente contra las propias alas plateadas del aparato. Y no se trataba de vapor ligero. Era denso, una estela bien definida de propulsión a chorro.

    Subieron, dejando tras ellos una estela de humo serpenteante. Aumentaban su velocidad a cada instante.

    El piloto golpeó algo con la palma de la mano, hubo un angustioso momento de espera y luego el avión de transporte fue impulsado hacia delante, de tal forma que les cortó la respiración. Los propulsores bramaron y el aeroplano saltó. El sonido de los motores era cubierto por el rugido de los propulsores. Joe fue aplastado contra el respaldo de su asiento. Se debatió para tratar de vencer la fuerza que lo empujaba hacia atrás y oyó al piloto, que decía tranquilamente:

    —...cohetes. Si son dirigidos o de cabeza magnética, ¡nos derribarán!

    Pero no se trataba de una operación al descubierto; tenían la intención de asesinar. Definitivamente, querían sabotear la plataforma espacial. Y tanto los saboteadores, como los criminales y, en general, todos aquellos que operan en forma oculta, tienen una desventaja concreta: no pueden utilizar material que el personal autorizado encuentra útil. Si un saboteador emplea cohetes, no puede ensayar un complicado sistema de dirección para asegurarse que éste va a funcionar debidamente. No puede haber cuentas regresivas en la preparación de un crimen; es preciso ejecutarlo cuando se presenta la oportunidad. Por consiguiente, los medios empleados para atacar al avión de transporte debían ser, en cierto modo, primitivos: un aparato particular de dos motores y cohetes que podían seguir al blanco por medio del calor de sus escapes. Un aparato realmente de combate hubiera tenido a Joe y los otros absolutamente a su disposición. Pero no un aparato como aquél.

    El copiloto dijo, entre dientes:

    —No tienen cohetes de cabeza magnética. Pero tendrán fusibles de proximidad...

    Entonces el aparato pareció encabritarse. Probablemente ya había sobrepasado el límite de tensión para el que había sido diseñado. Sólo un cohete explotó con detonador. Los otros estallaron instantes después. Los detonadores eran de proximidad. Si hubieran rodeado al aparato, habrían volado junto con él; sólo habría quedado un confuso montón de despojos. Pero los propulsores lo habían empujado fuera del alcance de los cohetes. Se apagaron y pareció que el avión frenaba. El piloto lo puso en picada para ganar velocidad.

    El copiloto estaba diciendo fríamente por el micrófono:

    —Nos dispararon cohetes. Parecían ser como los tres punto cinco del ejército, con detonadores de proximidad. Fallaron, pero estamos muy solos.

    El aeroplano prosiguió su viaje a toda velocidad, mientras los dos pilotos vigilaban la capa de nubes que estaba bajo ellos. Movían sus cuerpos mientras miraban al exterior por las ventanillas, para que no les obstruyeran la vista.

    Al mismo tiempo que vigilaban, el copiloto continuó hablando por el micrófono.

    —No debe tener más de cuatro cohetes y está arrojando ahora su dispositivo de disparo. Pero es posible que tenga un compañero. ¡Será mejor que vengan aquí cuanto antes, si quieren atraparlo! ¡Seguramente, será el más inocente de los pilotos particulares que hayan visto nunca!

    Entonces, el piloto gruñó. Algo se destacaba sobre la formación de nubes, muy lejos hacia delante. Tres objetos. Eran aviones de combate, de reacción a chorro, que no daban la impresión de aproximarse, sino de aumentar de tamaño. Iban a más de quinientos nudos (dieciséis kilómetros por minuto) y el transporte se dirigía hacia ellos a su velocidad máxima. Los jets y el transporte se aproximaban uno a los otros a una velocidad que hubiera sido alarmante de no ser tan satisfactoria.

    El copiloto dijo con voz aguda por el micrófono que se encontraba sobre su cabeza:

    —Un Messner plateado, con signos rojos sobre las alas. El número comienza...

    Dio la letra y las primeras cifras del número del desaparecido aparato particular, que sin la citada designación no podría despegar ni ser servido en ningún aeropuerto. Joe oyó un insistente bip-bip-bip-bip, que era sin duda un radar en alguno de los aparatos de combate. No podía oír qué era lo que el copiloto recibía como respuesta a sus mensajes breves.

    Uno de los jets picó y se introdujo en la capa de nubes. Los demás continuaron acercándose. Trazaban grandes círculos cerca del transporte, cruzando delante, por encima y alrededor de él. Parecían estar dando vueltas alrededor de un objeto absolutamente inmóvil.

    El piloto continuó volando, con el entrecejo fruncido. El copiloto dijo:

    —¡Por supuesto que estoy a la escucha!... —hizo una pausa, y luego dijo—: Comprendido, gracias.

    Volvió a colocar el micrófono en su lugar, se secó la frente pensativamente y miró a Joe.

    —Quizá me crea ahora —observó—, cuando le diga que es una pequeña guerra la que han desencadenado para evitar que la plataforma sea lanzada.
    —He aquí el tercer jet que se eleva de nuevo.

    Era cierto. El jet que se había introducido entre la capa de nubes ascendía ahora saliendo de lo que parecía ser algodón con aire de gran satisfacción.

    —¿Hallaron al tipo ése?
    —Sí —dijo el copiloto—. Debió haber oído mi informe y no arrojó su radar. Permaneció entre las nubes y, cuando el jet fue en su busca, trató de chocar contra él. El jet lo hizo estallar. Quizá encuentren algo entre los despojos.

    Joe se humedeció los labios.

    —Trataba de destruirnos —protestó—. ¡Trató de destruirnos con cohetes! ¿Dónde los consiguió?

    El copiloto se encogió de hombros.

    —Puede que los haya pasado de contrabando o que los haya robado. Pudieron ser transportados a cualquier lugar en una camioneta. El aeroplano era un aparato particular y hay muchos que vuelan por todas partes. Pudo haber sido comprado con toda facilidad. Todo lo que necesitaba era una granja en algún sitio, donde pudiera colocar y sujetar un dispositivo para disparar los cohetes. El problema más importante es el de los informes. ¿Cómo sabía qué era lo que contenía este aparato?

    Una sombra pasó sobre el transporte. Era un jet que pasaba por encima y los dejaba atrás rápidamente. Movió las alas y cambió de curso.

    —Tenemos que aterrizar para revisar los daños —gruñó el piloto—. Los jets nos mostrarán el camino... ¡Como si tuviéramos necesidad de ello!

    Joe se apoyó en el respaldo del asiento. Todavía conservaba en su mente la imagen fascinante y encantadora de la plataforma espacial, terminada, flotando en su órbita, con el reflejo ardiente del Sol sobre ella y una multitud de estrellas más allá como fondo, envidiada y admirada por todos los satélites menores de forma extraña, que recorrían sus órbitas a un nivel más bajo en el espacio.

    Había estado relacionado con la manufactura de ciertos aparatos que debían formar parte del equipo de la plataforma, pero había pensado siempre en la plataforma en términos dramáticos y fascinantes, en relación con lo que lograría. Ahora la veía desde otra perspectiva. Cuando debe llevarse a cabo algo importante, las nueve décimas partes del trabajo de realización consisten en enfrentarse a los obstáculos creados por personas que no tienen nada que ver con ello. Comenzó a sentir un profundo respeto por aquella gente sobre la que nunca había pensado antes; las personas que realizaban el trabajo sencilla y tenazmente, a pesar de aquellos que se oponían a cualquier cambio.

    En aquel momento, la nave comenzó a descender hacia las nubes. Las atravesaron a ciegas, entre la niebla, y, de pronto, vieron la tierra firme y un campo de aterrizaje notablemente pequeño. El piloto y el copiloto iniciaron lo que parecía ser una conversación ritual y Joe comprendió confusamente que era tan esencial como todo lo demás.

    —¿Aceleración? —dijo el piloto.
    —Apagada.
    —¿Sopladores?
    —Bajos —dijo el copiloto.
    —¿Selectores de carburante?

    El copiloto movió las manos hacia los controles apropiados, verificando cada cosa.

    —Conectado el principal —dijo con naturalidad—. Alimentación cruzada, suprimida.

    El transporte se inclinó hacia abajo pronunciadamente, dirigiéndose hacia la pista de aterrizaje que había parecido tan pequeña antes, pero que se ampliaba considerablemente mientras se acercaban a ella.

    Joe se sintió abatido. Comenzó a comprender cuán complejo era el trabajo de preparar la plataforma para iniciar un viaje que en teoría debía durar una eternidad. Era desalentador pensar que, antes que una luna artificial pudiera ser construida y enviada al espacio, sucedían cosas tan triviales y salvajes como encontrar un avión particular en una capa de nubes y tener una lista de cosas que verificar sobre un avión de transporte antes de despegar y aterrizar..., tan sólo para asegurar que las partes necesarias, preciosas y precisas, podrían ser llevadas por el aire hasta el lugar de trabajo. Los detalles que formaban parte de la construcción de la plataforma comenzaron a parecerle una tarea enorme y quizá imposible.

    Pero el trabajo era valioso y Joe estaba contento de tomar parte en él.


    CAPÍTULO 2


    El avión de transporte estaba cerca de la puerta de un hangar en el aeropuerto militar y los mecánicos lo observaban desde cierta distancia. Un hombre se arrastró sobre el conjunto de cola y descubrió un agujero pequeño y desigual en el aluminio del estabilizador. Cuando explotaron los cohetes de guerra, algún fragmento había penetrado por allí. El piloto se aseguró a fin que el pequeño cohete no hubiera afectado algún miembro vital en el interior, y asintió. El mecánico realizó muy pulcramente el trabajo de colocar dos parches sobre los agujeros, arriba y abajo. Continuó su examen del fuselaje. El piloto se apartó.

    —Voy a comunicarme con Bootstrap —le dijo al copiloto—; cuida de todo.
    —Lo vigilaré con mucha atención —dijo el copiloto.

    El piloto se alejó en dirección a la torre de control. Joe miró en torno suyo. El aparato de transporte parecía muy grande, de pronto, sobre el suelo de concreto, con su tren de aterrizaje en forma de triciclo. En cierto modo, hacía pensar en un insecto enorme y deforme, muy estirado hacia arriba sobre patas inadecuadas, largas y delgadas. Sobre todo, el cuerpo de la sección de carga no parecía apropiado para un avión: la parte superior descendía suavemente hacia las superficies de estabilización, pero el fondo no iba en disminución. Terminaba, atrás, en una protuberancia cerrada por dos grandes puertas corredizas, que daba la impresión de ser un trabajo realizado toscamente. Había sido diseñado de este modo para que los objetos muy grandes pudieran ser introducidos por la abertura de cola, pero sus líneas no eran aerodinámicas y, definitivamente, no era bonito.

    —¿Penetró algo al interior del espacio de carga? —preguntó Joe, angustiado súbitamente—. ¿Han sufrido daños las cajas que están bajo mi responsabilidad?

    Después de todo, cuatro cohetes habían explotado demasiado cerca del transporte, y si un fragmento había golpeado al aparato, otros también podrían haberlo hecho.

    —En todo caso, no será nada grave —le dijo el copiloto—. Ahora lo sabremos.

    Pero un minucioso examen mostró que no había otras trazas de lo cerca que había estado el avión de ser destruido. Ciertamente, había sido forzado más allá de la tensión normal, pero eso les sucede frecuentemente a los aviones. Una verificación llevada a cabo sobre ciertos lugares en los que hubiera podido notarse una excesiva flexibilidad de las alas (las alas de un aeroplano grande no son completamente rígidas, porque si lo fueran, se harían pedazos en el aire), no presentó muestra alguna de daños. El aparato estaba listo para despegar nuevamente.

    El copiloto vigiló concienzudamente hasta que el único mecánico se retiró. El mecánico no era amable. Tanto él como los otros miraban con disgusto al avión, a Joe y al copiloto, porque ellos trabajaban sobre aviones jet y la sola sugerencia que debían ser vigilados no les agradaba en absoluto.

    —Creen que soy un sinvergüenza desconfiado —dijo el copiloto con acritud—. ¡Pero es preciso que lo sea! Los mejores espías y saboteadores del mundo se dedican a estorbar y tratar de impedir la terminación de la plataforma. ¡Conforme aparezcan mejores saboteadores, se dedicarán al mismo trabajo!

    El piloto regresó de la torre de control.

    —Órdenes especiales de vuelo —le dijo a su compañero—. Continuaremos en cuanto hayan cargado el carburante.

    Los mecánicos sacaron la manguera de carburante que salía del depósito. Un hombre trepó sobre una de las alas y otros le pasaron la manguera. Joe sintió deseos de hacer algún comentario, pero el copiloto estaba leyendo las instrucciones de vuelo. Era uno de esos momentos de distracción a los que todos somos propensos. Los dos hombres que formaban la tripulación del avión tenían en cuenta la necesidad de ser extremadamente desconfiados con respecto a todos los que se acercaran a su aparato, pero la operación de llenar los tanques de combustible era algo tan rutinario, que aprovecharon el tiempo, mientras los mecánicos cargaban el carburante, para leer sus órdenes de vuelo.

    Uno de los tanques sobre las alas estaba lleno y un hombre grande y sonriente, de cabellos claros, tiró de la manguera, haciéndola pasar por debajo de la nariz del avión, con el fin de hacerla llegar hasta la otra ala. Al estar cerca de la parte delantera del tren de aterrizaje, resbaló, y, para sostenerse, se apoyó en el eje que va hacia los cubos de las ruedas. Por un momento, su postura era ridícula y, cuando se incorporó, deslizó la mano al interior del espacio donde se recoge el tren de aterrizaje. Luego continuó arrastrando la manguera y se la pasó al hombre que se encontraba sobre el ala. Cuando el tanque estaba lleno, los encargados de poner el combustible saltaron a tierra y volvieron a llevar la manguera hacia su lugar junto al depósito. Eso fue todo. Pero, por alguna razón, Joe re-cordaba al hombre de pelo claro y la mano introduciéndose en el hueco del tren de aterrizaje durante una fracción de segundo.

    El piloto se guardó sus órdenes y el copiloto las suyas. Este último le hizo un gesto con la cabeza a Joe y los tres hombres treparon al compartimiento delantero, entrando por la puerta del piloto.

    Se sentaron en sus lugares y, entonces, tuvo lugar el extraño ritual para asegurarse del hecho que estaban cubiertos todos los requisitos necesarios para el despegue. El piloto accionó un conmutador y oprimió un botón. Un motor se puso en marcha con dificultad y tosió; luego el segundo, el tercero y el cuarto. El piloto escuchó, miró el cuadro de instrumentos y se mostró satisfecho. De la torre de control les llegó una orden. El piloto tiró del acelerador múltiple y el aparato comenzó a rodar. Pocos minutos después, se hallaba ante la larga pista de despegue. Una voz, procedente de la torre de control, se dejó oír por medio de un altavoz colocado sobre una de las paredes y el avión atravesó el campo, rugiendo. En pocos segundos, se elevó y trazó un gran círculo sobre el aeropuerto.

    —Recoge el tren de aterrizaje —dijo el piloto.

    El copiloto obedeció y siguió el resto del ritual del despegue. Las luces mostraron que el tren de aterrizaje estaba recogido. Comprobó varias otras cosas, que resultaron normales, permitiendo que el piloto se tranquilizara.

    —¿Sabe usted? —dijo el copiloto—. Esos saboteadores tienen algunos trucos verdaderamente ingeniosos. Nos han relatado algunos de ellos. Uno me impresionó, aun cuando es de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. En el Brasil había un campo desde el que despegaban los aviones que iban a África. Pero despegaban, se dirigían hacia el mar, volaban durante unos cuantos kilómetros y explotaban. Se perdieron así una docena de aviones. Había un sargento entre los mecánicos que colocaba granadas de mano en el hueco de las ruedas delanteras del tren de aterrizaje. Era alemán, estaba muy orgulloso de serlo y nadie había sospechado de él. Todo parecía en orden y al comprobar todo estaba bien, pero cuando el aparato estaba lejos y a buena altura, y el copiloto retraía el tren de aterrizaje, se comprimía un resorte que quitaba el seguro a la granada y explotaba. El jefe de mecánicos del campo atrapó finalmente al saboteador y casi lo mató, antes que la policía militar lograra contenerlo. Hay muchos así, que se introducen entre nosotros y nos obligan a ser precavidos. ¡Y lo somos, les guste o no a los técnicos de tierra!

    Joe dijo con sequedad:

    —Fueron precavidos, es cierto, excepto cuando estaban cargando el combustible. Dieron por supuesto que nada sucedería —les contó lo que había observado sobre el hombretón de pelo rubio y añadió—: Aunque, en realidad, no tuvo tiempo para meter nada.

    El copiloto parpadeó. Parecía preocupado.

    —Es verdad; no vigilé. ¿Lo hiciste tú?

    Cuando el piloto sacudió la cabeza, el copiloto dijo amargamente:

    —Y yo que me creía concienzudo en todo lo relativo a la seguridad. Gracias por decírmelo. Esta vez no hubo daño, pero fue un desliz importante.

    Miró ceñudo el tablero de instrumentos que tenía frente a él y el avión continuó su vuelo.

    Dejaron atrás la mitad de la distancia que debían recorrer, luego las dos terceras partes y entraron en la última parte del trayecto. No debía faltar más de una hora y media para que llegaran a su destino. Joe sintió una exaltación anticipada; la plataforma espacial era un sueño que tenía desde que era un niño y era también su sueño de adulto. Había sputniks, satélites con televisión y satélites meteorológicos y algunos astronautas habían ejecutado vuelos en órbita, pero todo eso conformaba solamente una etapa, y la plataforma espacial ya no lo era. Sería el comienzo de la verdadera conquista del espacio, ya que haría posibles los largos viajes espaciales. Ella misma no viajaría hacia la Luna o los planetas; navegaría en forma espléndida alrededor de la Tierra, siguiendo una órbita más allá de la cintura de Van Allen. Llevaría cohetes dirigidos con cabeza nuclear, de modo que todas las ciudades del planeta estarían indefensas bajo ella..., del mismo modo que todas las ciudades de la Tierra serían defendidas por ella. Esto último era lo que originaba los desesperados esfuerzos para destruirla antes que estuviera terminada.

    El copiloto habló de repente:

    —¿Cómo logró usted efectuar este viaje? Antes se lo pregunté pero evitó usted la respuesta. Habitualmente, incluso los generales tienen que aterrizar en Bootstrap. ¿Cómo lo logró? ¿Tiene usted relaciones en Bootstrap?

    Joe hizo a un lado sus pensamientos sobre lo que representaría en el futuro la plataforma espacial. No le había parecido notable el hecho que le permitieran viajar con los giróscopos hechos en la fábrica de su padre hasta su lugar de destino. Puesto que la compañía de su familia los había construido, veía como natural el acompañarlos. No se acostumbraba a la idea que todo el mundo era sospechoso para un oficial de seguridad relacionado con la plataforma espacial.

    —¿Relaciones? No; no tengo ninguna —luego recordó—: Ah, sí, conozco a alguien, aunque no en Bootstrap. Se trata del mayor Holt. Es posible que él me haya recomendado, ya que es amigo de mi familia desde hace varios años.
    —Claro —dijo el copiloto, con ironía—, es posible que él le haya recomendado. Es solamente el oficial en jefe de todos los servicios de seguridad del proyecto. Tiene a su cargo todo lo relacionado con la seguridad, desde los guardianes hasta las pantallas de radar, pasando por las escuadrillas de jets y el control de todo el personal que trabaja en los edificios. Si fue él quien lo recomendó, le ase-guro que está usted bien recomendado.

    Joe no había intentado causar sensación.

    —No lo conozco muy bien —explicó—; conoce a mi padre y su hija Sally me ha estado estorbando la mayor parte de mi vida. Le enseñé a disparar y es mejor tiradora que yo. Era muy linda de niña. Comenzó a gustarme cuando se cayó de un árbol, se rompió un brazo y no profirió ni un gemido —sonrió y añadió—: La última vez que la vi trataba de actuar como persona mayor.

    El copiloto asintió. Se escuchó un fuerte chirrido en alguna parte. El aeroplano alteró su curso y el reflejo de la luz del Sol cambió, al penetrar en la cabina desde un ángulo distinto. El aparato navegaba ahora con el piloto automático y se encontraba nuevamente muy por encima de la capa de nubes, a varios miles de metros de altitud, como convenía a los aeroplanos que viajaban hacia el sur o el oeste. Recorría su nuevo curso, a cincuenta y cinco grados del original. Joe supuso que se trataba de una de las previsiones de seguridad para los aparatos que se acercaban a la plataforma. Podía existir la orden a fin que no se aproximaran mucho en línea recta, para evitar que se dieran informaciones a personas curiosas en el terreno.

    El tiempo pasó y Joe volvió a pensar en la plataforma. Conservaba siempre en su mente la imagen de un objeto construido por el hombre, brillando a la luz cegadora del Sol entre la Tierra y la Luna. Pero comenzó a recordar ciertas cosas a las que antes no había concedido gran atención.

    Hubo oposición a la sola idea de una plataforma espacial desde el momento en que el proyecto fue propuesto seriamente. Los partidos políticos nacionalistas, los propagadores del odio, los sembradores de discordias, los locos, los excéntricos y los miembros fanáticos tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda se opusieron al proyecto. Algunos lo llamaron impío. Otros bramaron diciendo que era un proyecto que tenía como meta la supremacía mundial de los Estados Unidos. En realidad, los Estados Unidos habían tratado que fuera una empresa de las Naciones Unidas, pero el proyecto no pasó de la asamblea general. Lo atacaron tan furiosamente que ni siquiera llegó hasta el consejo..., donde de todas formas habría sido vetado.

    Pero fue precisamente ese ataque furibundo el que originó que fuera aprobado el proyecto por el Congreso de los Estados Unidos, organismo que estaba encargado de encontrar el dinero para su ejecución.

    A los ojos de Joe y a los de aquellos que habían puesto sus esperanzas en el proyecto, el mayor atractivo de la plataforma era que suponía el primer paso necesario para la iniciación de los viajes interplanetarios, con vehículos espaciales que todavía deberían ser creados. Pero había muchos científicos que deseaban desesperadamente verlo realizado para el progreso de sus propias ciencias. Se trataba de los experimentos de baja temperatura, de electrónica, observaciones meteorológicas, medidas de la temperatura de las estrellas, observaciones astronómicas, etc. Todos los científicos de todas las ramas de la ciencia podían enumerar diferentes razones en favor del proyecto. Incluso los científicos nucleares tenían una buena razón, posiblemente la mejor. Su argumento era que había nuevos desarrollos en la teoría nuclear que debían ser comprobados, pero que era imposible hacer los experimentos sobre la Tierra. Se trataba de varias reacciones que deberían producir energía ilimitada para todo el mundo, a partir de materiales verdaderamente abundantes. Pero había cierto peligro, originado en la misma abundancia de los materiales. Ningún hombre de sano juicio podría exponerse a destruir la Tierra y toda la humanidad, aun cuando sólo existiera una probabilidad entre cincuenta que así fuera, pero en una nave espacial, a varios millones de kilómetros de distancia y en el vacío, podría experimentarse con esas reacciones, tanto si eran peligrosas como si no lo eran. Pero el único medio de lograr que un laboratorio llegara a tal distancia de la Tierra era construir antes una plataforma espacial como punto de partida.

    Pero, a pesar de esas excelentes razones, fueron los enemigos de la plataforma quienes lograron que se construyera. El Congreso de los Estados Unidos no hubiera dedicado nunca fondos para una plataforma espacial por razones científicas, fueran cuales fueran los beneficios que se esperara obtener, pero la vehemencia de quienes odiaban la idea hizo que el Congreso considerara el proyecto como un medio de defensa nacional.

    Eran aspectos irónicos, en los que Joe nunca antes había pensado, como tampoco había considerado el peligro que corría la plataforma en construcción, a causa de los que intentarían destruirla. El protegerla era la tarea, nada fácil, del padre de Sally.

    Se preguntó si le gustaría a Sally vivir en donde se llevaba a cabo la obra más grandiosa que existía sobre la Tierra. Era una muchacha adorable. Recordó con agrado que había crecido y se había convertido en una muchacha muy atractiva. Tenía tendencia a recordarla siempre como la chiquilla traviesa que le ganaba siempre en natación, pero la última vez que la había visto, se había maravillado al ver lo bonita que era.

    Volvió nuevamente en sí. El aspecto del firmamento frente a ellos había cambiado. No había horizonte real, por supuesto. Un halo blanco se mezclaba imperceptiblemente con la capa de nubes, de manera que era imposible decir dónde comenzaba el cielo y dónde terminaban las nubes. Pero ya había huecos entre las nubes. El aparato continuó su vuelo y poco más tarde se encontraba sobre uno de los huecos en las nubes, y, al mirar hacia abajo, daba la sensación de estar en el borde de una montaña elevada.

    Los huecos aumentaron en número y se unieron unos a otros. Pronto no hubo ya huecos, sino nubes que flotaban, interrumpiendo la vista del paisaje. Después, incluso las nubes desaparecieron y el aire quedó limpio, pero todavía no podía precisarse el horizonte y se veía la tierra color marrón, cortada por algunas manchas verdes. Más allá se veían campos secos y obscuros. Desde seis mil metros de altura no era posible distinguir los detalles, pero sí los cambios de tono. Había manchas que posiblemente no eran manadas de ganado, pero aparentaban serlo, y, esparcidos, se veían también puntos verdosos que debían ser mezquites o algo similar. El suelo no era de verdadero desierto, pero la vegetación era estrictamente la de los climas secos.

    En ocasiones, había un halo en la lejanía y ante ellos, fuera a la izquierda o a la derecha. Y repentinamente oyeron un nuevo sonido que cubrió el monótono roncar de los motores. Joe lo oyó y miró atentamente.

    Algo apareció repentinamente, pasó como un rayo por delante de ellos. Era nuevamente un jet de combate y, por un instante, Joe vio la cordillera distante como si bailara a través de la estela que se desprendía del escape del jet, que los rodeó, vigilante.

    El piloto del transporte manipuló algo. Hubo un cambio en el ruido de los motores. Joe siguió la mirada del copiloto. El jet se aproximaba por la popa, con los frenos de picada extendidos para aminorar todo lo posible su velocidad. Se aproximó al transporte y entonces, el piloto tocó suavemente uno de los accesorios de control que estaban alejados de los demás y repitió el gesto varias veces. Joe, que estaba mirando el jet, lo vio a través de las aspas de las hélices. Había un efecto estroboscópico extraordinario. Uno de los dos propulsores de estribor se veía a través del otro, si se miraba de un solo golpe de vista, pero no tenía aspecto nebuloso, sino absoluta y completamente sólido. La peculiar alucinación se desvanecía y volvía a producirse. Por fin, se desvaneció completamente.

    El jet salió disparado hacia delante, recogiendo sus frenos de picada. Descendió ligera y graciosamente, y luego, poniendo proa al firmamento, ascendió casi verticalmente y se perdió de vista.

    —Control visual —dijo el copiloto con sequedad, dirigiéndose a Joe—. Teníamos que emitir una señal especial de este avión. No se la dijimos a usted y por ello no podría haberla duplicado.

    Joe lo dedujo con dificultad. El efecto visual de un propulsor visto a través del otro era una identificación, y era un tipo de señal que un pasajero clandestino jamás podría reconocer.

    —Además —dijo el copiloto—, tenemos una cámara de televisión sobre el tablero de instrumentos. Ahora está funcionando de modo que el interior de la cabina está siendo vigilado desde tierra. Así no podrá repetirse el truco del coronel impostor.

    Joe se sentó, calmado. Notaba que el aeroplano se inclinaba ligeramente hacia abajo y sus ojos se dirigieron hacia la esfera que indicaba la altitud y que mostraba un descenso de ochenta a cien metros por minuto. Era por su propio bien, puesto que la cabina estaba a presión, aunque no alcanzaba exactamente la presión al nivel del mar. Sin embargo, era mejor que la del exterior. Un descenso demasiado rápido podría causarles molestias. Ochenta a cien metros de descenso por minuto era más o menos lo apropiado.

    El suelo comenzó a mostrar sus rasgos: pequeñas hondonadas, manchas coloreadas, demasiado pequeñas para poder ser percibidas de más arriba. La sensación de velocidad aumentó. Después de varios largos minutos, el aparato se encontraba a sólo unos cuantos centenares de metros del suelo. El piloto tomó los controles manuales, desconectando el piloto automático. Después de esperar un momento, hubo un gimiente y mecánico bip-bip y cambió de curso.

    —Verá usted los edificios dentro de un minuto o dos —dijo el copiloto—. Me gustaría no haber perdido de vista a ese tipo de pelo claro cuando metía su mano en el emplazamiento de las ruedas del tren de aterrizaje. ¡No ha pasado nada, pero pudo haber pasado! ¡No debí perderlo de vista! —añadió agriamente, como si la idea le hubiera estado molestando.

    Joe observó. A mucha distancia, se veía una cadena montañosa, pero Joe se dio cuenta repentinamente de cuán llano era el terreno sobre el que estaban volando. Desde el borde del mundo, detrás de ellos, hasta el pie de las distantes montañas, el terreno era completamente llano. Se destacaban algunas hondonadas y depresiones en algunos sitios, pero ni la más diminuta colina. Era llano, absolutamente llano.

    Había un pequeño resplandor de luz solar reflejada, mientras el aparato continuaba su vuelo. Joe entrecerró los ojos; el Sol se reflejaba en las más pequeñas piedritas que había sobre la tierra color café; era en cierto modo como la concha de una almeja o como media naranja. Era la parte superior de una enorme esfera, demasiado grande para haber sido construida por el hombre.

    Había una línea delgada y blanca que corría a lo largo del terreno oscuro, atravesando toda la parte esférica que se veía. Se trataba de una autopista. Joe comprendió que la media esfera eran los cobertizos, los enormes edificios construidos para realizar la plataforma del espacio. Era algo gigantesco, colosal, la cosa más extraordinaria que el hombre había creado alguna vez.

    Había una pequeña proyección cerca de la base. Era un edificio administrativo para los oficinistas, los cronometradores y todos los empleados similares. Entrecerró nuevamente los ojos y vio sobre la autopista blanca un camión que parecía extraordinariamente largo, comprendiendo que no se trataba de un camión, sino de un convoy. Mucho más atrás, había un punto sobre la autopista, un autobús.

    No había trazas de actividad en ninguna parte, debido a que la escala era demasiado extrema. Había movimiento, pero las cosas que se movían eran demasiado pequeñas para poder ser vistas, en comparación con los enormes edificios. La gigantesca media esfera permanecía serenamente en la mitad del desierto.

    Era mayor que las pirámides.

    El aeroplano continuó descendiendo. Joe estiró el cuello y entonces se avergonzó, como un simplón. Miró hacia delante y a lo lejos vio unos puntos blancos que debían ser edificios. Era Bootstrap, la ciudad que había sido hecha especialmente para los constructores de la plataforma del espacio. Allí dormían, se alimentaban y participaban en los festejos que todos los hombres que trabajan en un proyecto tienden a organizar, aprovechando su tiempo libre.

    El aparato se inclinó notablemente.

    —El aeropuerto se encuentra a la derecha —dijo el copiloto—; es el de la ciudad y el trabajo. Los jets (hay siempre una escuadrilla en el aire) tienen un terreno en otra parte y todavía hay otro aeropuerto, el de propulsores, donde instruyen a los pilotos.

    Joe no sabía qué era un propulsor, pero no preguntó. Miró los cobertizos, el mayor edificio que había sido construido, y lo había sido para alojar la mayor esperanza de la humanidad, mientras estaba siendo montada. Él estaría allí y tendría que trabajar en el proyecto, sacando el contenido de las cajas que se encontraban tras él en el compartimiento de carga del avión de transporte e instalándolo finalmente sobre la plataforma misma.

    El piloto dijo:

    —¿Aceleración?
    —Desconectados —replicó el copiloto.
    —¿Sopladores?

    Joe no prestó atención. Era el ritual de antes de aterrizar. Miró hacia abajo a la pequeña y diseminada ciudad de barracones pintados de blanco, una sección comercial y áreas de juego bien definidas y planeadas, que nadie utilizaría. El aeroplano describía un gran semicírculo y el ruido de los motores se debilitaba, cuando Joe pensó que pronto iba a contemplar la plataforma espacial e incluso que podría cooperar en su construcción.

    El copiloto dijo ansiosamente.

    —¡Un momento!

    Joe sacudió la cabeza. El copiloto tenía la mano sobre la palanca del tren de aterrizaje. Sus labios estaban tensos.

    —No me gusta —dijo extraordinariamente tranquilo—. Es posible que esté loco, pero no olvido al hombre de cabello claro que metió la mano en el hueco del tren de aterrizaje. Y esto no me gusta.

    El aeroplano continuó su vuelo, dejando atrás el aeropuerto. El piloto retiró la mano muy cuidadosamente de la palanca que, al ser accionada, haría bajar el tren de aterrizaje. Se levantó de su asiento. Joe volvió a verle la cara. Sus labios estaban apretados, formando una línea delgada. Se dirigió a una trampa metálica que había en el suelo, la levantó y miró hacia abajo. Un momento después, encendió una linterna. Joe vio el borde de un espejo. Había dos, que servían para permitirles ver el tren de aterrizaje, que se encontraba bajo ellos. El copiloto quería estar totalmente seguro. Se puso en pie y quitó completamente la plancha de metal.

    —Hay algo en el emplazamiento del tren de aterrizaje —dijo en tono poco claro—. Me parece que es una granada y tiene una cuerda atada. Imagino que el tipo ese del cabello claro la colocó del mismo modo que aquel sargento alemán del Brasil. Sólo que rodó un poco y ésta explota al bajar el tren de aterrizaje. Creo que también estallará si aterrizamos sobre el vientre del avión. Será mejor que demos otra vuelta.

    El piloto asintió.

    —Antes —dijo el piloto con voz fría—, vamos a darles a tierra la descripción del tipo ese del cabello claro, para que puedan detenerlo, pase lo que pase.

    El copiloto tomó el micrófono que se encontraba colgado detrás de su asiento y comenzó a hablar. El transporte recorrió amplias circunferencias sobre el desierto, en torno al aeropuerto, mientras el copiloto explicaba que había una granada en el compartimiento del tren de aterrizaje, preparada de tal forma que explotaría al bajarlo. También era probable que explotara si el avión trataba de aterrizar sobre el vientre.

    Joe se sorprendió de no sentir miedo. Al contrario, estaba lleno de una cólera salvaje. Odiaba a la gente que deseaba destruir los giróscopos pilotos porque eran esenciales para la plataforma espacial. Los odiaba con mucha mayor fuerza de lo que consideraba posible. Estaba tan lleno de ira que no se daba cuenta que en caso de estrellarse, no sólo serían destruidos los giróscopos, sino que él mismo moriría automáticamente.


    CAPÍTULO 3


    El piloto hizo un examen bajo la trampa en el suelo, con la ayuda de una lámpara y los dos espejos, para ver el contenido del tren de aterrizaje, que no podía alcanzar con ningún instrumento. Joe oyó su informe por radio al aeropuerto.

    —Es una granada —dijo fríamente—, y necesitaron tiempo para colocarla tal y como está. En mi opinión, el avión fue saboteado cuando llevaron a cabo la última reparación y se dispuso que el detonador fuera colocado en algún otro lugar y en otro momento. Hemos estado volando durante dos semanas con la granada en el emplazamiento del tren de aterrizaje. Estaba oculta. Hoy, en el aeropuerto en donde nos han revisado el aparato en busca de daños, un hombre de pelo claro se las ingenió para tirar de una cuerdita, que sabía dónde se encontraba, y probablemente deshizo un nudo corredizo. La granada rodó hasta ocupar una posición nueva, y ahora, en cuanto descienda el tren de aterrizaje, explotará. Pueden ustedes imaginarse la situación.

    Era un excelente sistema de sabotaje. Si un aparato saltaba en pedazos dos semanas después de haber sido reparado, nadie supondría que la bomba había sido instalada con tanta anticipación para ser preparada más tarde. Un hombre que se limitara a tirar de una cuerdita para poner en marcha el dispositivo detonante, no llamaría tampoco la atención. Era posible que estuvieran volando actualmente docenas de aviones que llevaban en el tren de aterrizaje su propia destrucción.

    El piloto habló ante el micrófono.

    —Probablemente... —empezó a decir, pero calló—. Muy bien, señor.

    Se volvió y miró al copiloto, que fijaba la vista en el hueco, con expresión salvaje. El avión continuó volando en círculos, sin pasar de las esquinas más alejadas de la pista de aterrizaje que se encontraba bajo ellos.

    —Estamos autorizados para saltar —dijo brevemente—. Ya saben dónde están los paracaídas. Pero hay una probabilidad de aterrizar sobre el vientre sin que explote la granada, y voy a intentarlo.

    El copiloto sacudió la cabeza.

    —Voy a darle a él un paracaídas —dijo, indicando a Joe—. ¡Pero si tú aterrizas con el avión, yo también! Pregunta si es necesario que arrojemos la carga antes de aterrizar.

    El piloto volvió a levantar su micrófono, habló y escuchó:

    —Nos autorizan a arrojar lastre para aligerar el avión.
    —¡No arrojarán mis cajas! —gritó Joe—. ¡Voy a quedarme aquí para asegurarme que no lo hacen! ¡Si ustedes pueden tratar de aterrizar con este aparato, yo también puedo hacerlo!

    El copiloto se puso en pie y lo miró con el ceño fruncido.

    —Arrojaré todo lo que sea posible. ¿Quiere usted ayudarme?

    Joe lo siguió y atravesaron la puerta que conducía al compartimiento de carga.

    Era considerablemente amplio el espacio y hacía un frío muy fuerte. Las cajas procedentes de la factoría Kenmore eran las más pesadas de cuantas había sobre el transporte, pero había otras. El copiloto se abrió paso hasta la parte de proa y tiró de una palanca. En el extremo posterior del compartimiento de carga se abrieron unas grandes puertas curvas e inmediatamente se oyó el ruido de los motores con tal intensidad que era imposible hacerse oír y mantener una conversación. El copiloto sacó un montón de papeles coloreados y miró la caja de embalaje más próxima, hizo esmeradamente una marca en una hoja y comenzó a empujarla hacia las puertas.

    No era una operación sencilla en absoluto, puesto que tan cerca del suelo el aparato tenía tendencia a bambolearse y, además, el aire estaba agitado. Empujar una gran caja a través de una puerta, de tal modo que cayera a trescientos pies más abajo sobre la arena del desierto, no era un trabajo carente de peligro. Pero Joe le ayudó. Lograron que la caja llegara hasta la puerta y la impulsaron hacia afuera. El copiloto se asió del marco de la puerta y observó cómo aterrizaba; luego, escogió otra caja y la relacionó. En seguida, otra. Con la ayuda de Joe, las llevaron hasta la puerta y las arrojaron. El aeroplano continuó trazando círculos. El desierto, visto desde las puertas corredizas, parecía quedar atrás, reaparecía y volvía a quedar a popa. Joe y el copiloto trabajaban furiosamente, pero el copiloto verificaba cuidadosamente todos los materiales antes de arrojarlos al vacío. Luego, llegó el turno a un bulto y el copiloto llevó a Joe a un lado, dándole una explicación que no pudo oír. Empujaron y lanzaron otros objetos de carga.

    Deliberadamente se arrojaba la carga para que se destruyera. En una caja bordeada de cinta metálica, una pieza mecánica era visible a través del embalaje. Una caja marcada Instrumentos. Frágil. Todo ello fue consignado en un pedazo de papel de colores. Una pequeña dínamo. Caja tras caja. Una marcada Correspondencia, llena probablemente de impresos para los cronometradores.

    Supuestamente, ese era el contenido. Pero no fue así.

    La arrojaron al vacío, mientras el aparato continuaba bramando, y, repentinamente, a medio camino hacia el suelo, explotó la caja. Posiblemente, un detonador de tiempo había llegado al instante preciso fijado para la destrucción en ese momento. O quizá la pérdida de presión al caer habría hecho funcionar el detonador.

    El copiloto habló furiosamente sobre el ruido ensordecedor de los motores. Vengativamente, marcó el papel en donde figuraba la caja que había explotado. En seguida, volvieron al trabajo. Funcionaban bien como equipo. En pocos minutos, todo había sido arrojado, con excepción de las cuatro cajas que contenían los giróscopos. El copiloto las miró obstinadamente. Joe cerró los puños. Por fin, las puertas corredizas fueron cerradas y de nuevo fue posible hacerse oír.

    —El aparato está descargado —informó en cuanto llegó a la cabina—. Aclara que fue una caja la que explotó.

    El piloto señaló el número de remisión y la descripción de la caja que había sido en realidad una bomba suplementaria. Alguien había gastado demasiados esfuerzos e ingenio para asegurarse que los giróscopos no llegarían a la plataforma espacial. Era posible, incluso, imaginar que varias facciones habían saboteado simultáneamente el avión de transporte. Parecía que varios enemigos de la plataforma habían trabajado, cada uno por su lado, aunque disponiendo todos ellos de la misma información con respecto a la carga que transportaba el aparato.

    —Ahora voy a arrojar el combustible —dijo el piloto por el micrófono—. Trataré de aterrizar sobre el vientre.

    El avión voló en línea recta con más ligereza, balanceándose un poco. Pero cuando se arroja el combustible, es preciso disminuir la velocidad a no más de ciento setenta y cinco nudos, volando al mismo nivel. Luego, se supone que uno debe volar todavía cinco minutos en posición de desagüe después de haber arrojado el combustible..., aun así queda en el tanque suficiente cantidad para cuarenta y cinco minutos de vuelo.

    El avión giró y puso la proa en dirección al campo de aterrizaje que ahora se encontraba a gran distancia. Descendió cada vez más, hasta que pareció que iba a chocar con las irregularidades más pequeñas del terreno. A tan baja altura, la sensación de velocidad era muy grande.

    El copiloto volvió nuevamente al compartimiento de carga y volvió trayendo una brazada de paracaídas que arrojó al suelo.

    —Por si explota la granada —dijo amargamente.

    Joe le ayudó, y en los pocos minutos que pasaron antes que Bootstrap apareciera en lontananza, llenaron el suelo de la cabina con paracaídas recogidos, especialmente alrededor de los asientos de los pilotos. Y había un buen montón sobre el lugar exacto donde estaba la granada. Los suaves paracaídas absorberían la explosión más fácilmente que un material de mayor dureza, pero existía la posibilidad que no explotara.

    —¡Agárrense fuerte! —dijo el piloto.

    Las partes plegadizas de las alas estaban bajadas, de modo que disminuían un poco la velocidad del aparato descargado. Llegaron al borde de la pista del campo de aterrizaje volando a una altura menor a la de un hombre. Joe se aferró convulsivamente con las manos a una agarradera. Vio un coche de primeros auxilios que comenzaba a correr al lado de la pista y un vehículo contra incendios que se dirigía hacia la línea que seguía el aeroplano.

    Un metro y medio sobre la superficie del suelo, un metro. El piloto tiraba hacia atrás de la palanca de mando. Su cara estaba contraída y mostraba una expresión dura y severa. La cola descendió y se arrastró por el suelo, para en seguida, saltar. El aparato se inclinó, resbaló y giró a medias locamente; el mundo pareció haber llegado a su fin. Golpes, ruidos, chirridos de metal rasgado. Los tropiezos y rechinidos fueron ahogados por un rugido.

    Joe se liberó de donde había sido arrojado. Encontró al piloto, que se levantaba con dificultad, y fue hacia él para ayudarle. El copiloto se les unió y de repente se encontraron fuera del aparato y corriendo a toda la velocidad que podían desarrollar sus piernas.

    El bramido se convirtió en rugido. Se produjo una explosión y, en seguida, otra. Las llamas brotaron por todas partes. Los tres hombres corrieron a tropezones, al tiempo que el copiloto maldecía.

    —¡Nos hemos escapado de una buena! —dijo, jadeando—. Ese fuego...

    Joe oyó tras él estampidos y crujidos cada vez más fuertes. Algo explotó violentamente. Pensó que debía estar ya suficientemente lejos.

    Se volvió a mirar. Un despojo ennegrecido estaba envuelto en un fuego devorador. Las llamas eran monstruosas. Parecían elevarse hasta el cielo; llamas más violentas de lo que hubiera podido producir el combustible para cuarenta y cinco minutos de vuelo. Mientras Joe lo observaba, algo saltó en pedazos y las llamas crepitaron todavía con mayor furia. En esas condiciones, a una tem-peratura tan elevada, los delicados ajustes de los giróscopos se torcerían y estropearían, aunque el aterrizaje forzoso no los hubiera roto. Joe masculló rabiosamente.

    El aparato era ahora un esqueleto incompleto y retorcido, lamido por las llamas. El vehículo de primeros auxilios se detuvo junto a él con un chirrido.

    —¿Hay alguien herido? ¿Quedó alguien allí?

    Joe sacudió la cabeza, incapacitado para hablar por la ira. El camión empezó a echar espuma por sus boquetes. Los tanques contenían agua tratada con detergentes, de modo que se separaba en gotas finísimas cuando era pulverizado bajo una presión de ciento ochenta y dos kilos. Empapó el despojo de avión, arrojando una cantidad que hubiera bastado para ahogar a un hombre. Ningún fuego hubiera podido arder bajo un diluvio semejante. En pocos segundos, aparentemente, sólo quedaba una niebla blanca de vapor y humo, de substancias que se consumían sin llamas, que se fue desvaneciendo.

    Varias motos corrieron estruendosamente a través del campo de aterrizaje. Un automóvil negro que les seguía, se acercó al vehículo de primeros auxilios, se detuvo un momento y, luego, fue rápidamente hacia donde estaba Joe. La salvaje furia lo abandonaba, sólo para caer en la deses-peración más negra y enfermiza. No era culpa suya lo que había sucedido, pero era suya la responsabilidad de los giróscopos y que éstos llegaran bien a su destino. Su obligación no era permanecer irreprochable. Tenía que conducir los giróscopos hasta la plataforma y colocarlos sobre ella.

    Y no lo había hecho.

    El automóvil negro frenó y se detuvo. Dentro iba el mayor Holt. Joe, que lo había visto seis meses antes, se asombró. En tan corto tiempo, parecía haber envejecido mucho. El mayor miró severamente a los pilotos.

    —Arrojaron ustedes el combustible. ¿Qué es lo que está ardiendo ahora?

    Joe dijo pesadamente:

    —Arrojamos todo, excepto los giróscopos pilotos, que no arden. ¡Fueron embalados en la fábrica!

    Repentinamente, el copiloto produjo un gruñido incoherente y rabioso.

    —¡Ya entiendo! —dijo roncamente—. Ya sé...
    —¿Qué? —preguntó el mayor, interrumpiendo.
    —Colocaron la granada cuando efectuaron la reparación más importante —dijo el copiloto, demasiado enfurecido para maldecir—. Pero además..., además..., ¡puse en funcionamiento los extintores de incendios un momento antes de abandonar el avión! ¡Para inundar todo de CO2! ¡Pero no era CO2! ¡Eso es lo que arde!

    El mayor Holt volvió la cabeza. Alguien se materializó a su lado. Dijo, con dureza:

    —Tome los extintores de incendios, séllelos y envíelos a los laboratorios.
    —Sí, mayor.

    Un hombre fue corriendo hacia el despojo. El mayor Holt dijo fríamente:

    —Esto es nuevo. Debimos haberlo previsto. Háganse atender y vayan después al servicio de seguridad de la semiesfera.

    El piloto y el copiloto giraron sobre sus talones y se alejaron. Joe había comenzado a seguirlos cuando oyó la voz de Sally.

    —¡Joe! ¡Ven con nosotros, por favor!

    Joe no la había visto, pero estaba en el automóvil, pálida y con ojos atemorizados muy abiertos.

    —Estoy bien —dijo Joe con rudeza—. Quiero examinar esas cajas.

    El mayor Holt dijo rápidamente:

    —Están bajo vigilancia. Deben ser fotografiadas y sufrir otras formalidades antes que puedan ser tocadas. Además, deseo que me hagas un informe. ¡Vamos!

    Joe miró. Las motos estaban abandonadas y había ya una guardia armada alrededor del despojo humeante, vigilando a los hombres del vehículo contra incendios mientras éstos buscaban algún probable recrudecimiento de las llamas. Era necesario que nadie más estuviera cerca del lugar del accidente. Unas figuras se desplazaban hacia el borde del campo de aterrizaje. Habían tratado de aproximarse al lugar del accidente, pero los guardianes ejecutaban su trabajo. Nadie podía aproximarse y los espectadores tuvieron que retroceder.

    —¡Por favor, Joe! —dijo Sally, con voz trémula.

    Joe penetró en el coche pesadamente, y en cuanto se acomodó, el vehículo se puso en movimiento. Atravesaron velozmente el aeródromo y pasaron por la puerta de entrada. Las sirenas del vehículo ululaban mientras se dirigían hacia la ciudad. Bruscamente, dieron vuelta a la izquierda. En pocos segundos, se encontraban sobre una autopista amplia y blanca. Dejaron atrás la ciudad y se internaron por el desierto.

    Pero éste no estaba completamente vacío. Lejos, muy lejos, media esfera se elevaba hacia el cielo, resaltando contra el horizonte. El automóvil corría para guarecerse en ella. Las ruedas chirriaban. Joe miró la construcción y se avergonzó, porque era allí donde la plataforma estaba esperando los giróscopos pilotos, entre otras cosas, y él no había podido llevarlos.

    Sally se humedeció los labios. Sacó un pequeño estuche y lo abrió. Contenía vendas y varios frasquitos.

    —Tengo aquí un botiquín de primeros auxilios, Joe —dijo, insegura—. ¡Tienes quemaduras! ¡Déjame curarte siquiera las más graves!

    Joe se miró. Una de las mangas de su chaqueta estaba completamente carbonizada, su cabello estaba en parte chamuscado y una de las piernas de su pantalón mostraba señales de haber ardido alrededor del tobillo. Al ubicar sus quemaduras, le comenzaron a doler.

    El mayor Holt la observó, mientras ella extendía una capa de ungüento sobre la piel chamuscada, sin mostrar ninguna emoción en absoluto.

    —Cuéntame lo que pasó —ordenó—; todo.

    No parecía tener mucha utilidad, pero Joe le refirió todo, mientras el coche continuaba su camino. La gran semiesfera daba la impresión de ser cada vez mayor, pero no parecía acercarse. Sally continuaba curándole las heridas. Alcanzaron un convoy, hicieron sonar el claxon y lo rebasaron. Más tarde, se cruzaron con otro convoy de vehículos que se dirigían hacia Bootstrap. Continuaron.

    Joe terminó su relato tristemente.

    —Los pilotos hicieron todo lo humanamente posible, señor; incluso relacionaron las cajas que arrojaron. Señalamos una que explotó.
    —Esas eran las órdenes que tenían —dijo el mayor Holt, sin darle importancia—. En todo caso ahora sabemos algo más. Es probable que los pilotos tengan razón al suponer que el aparato fue saboteado durante las reparaciones y la granada se preparó más tarde. Voy a investigar todo inme-diatamente y vamos a tratar de reconstruir los hechos tal y como debieron suceder. Le dije a mi secretaria que enviara una orden de arresto contra el hombre que, según dices, puso en marcha el mecanismo de la granada sobre ese avión y..., hmmm..., ese CO2...
    —Eso no lo comprendí —dijo Joe. entristecido.
    —Los aeroplanos tienen sistemas de alarma contra incendios y botellas de CO2 para combatir el fuego —dijo el mayor—. Cuando se declara un incendio durante un vuelo, se enciende una luz roja en el tablero de instrumentos, mostrando dónde está el fuego. El piloto tira de una palanca y el CO2 inunda el compartimiento afectado, apagando el fuego. En este caso, puesto que iban a realizar un aterrizaje forzoso, el piloto obedeció las órdenes para esos casos e inundó todos los compartimientos con CO2, pero no era CO2, era otra cosa.
    —¡Oh, no! —dijo Sally horrorizada.
    —Las botellas de CO2 estaban llenas de una sustancia inflamable o de gas explosivo —dijo su padre, sin prestarle atención—. En lugar de imposibilitar un incendio, lo provocó. ¡De ahora en adelante tendremos que tener cuidado con esa nueva artimaña!

    Joe estaba demasiado abatido para dar cabida a sentimientos que no fueran una amarga tristeza y un odio mucho más amargo contra aquellos que estaban dispuestos a cometer toda clase de crímenes (y ya habían cometido muchos) al intentar la destrucción de la plataforma.

    El edificio que la albergaba se elevaba contra el cielo. Parecía monstruoso e increíble. Joe sintió deseos de llorar cuando el automóvil se detuvo ante un edificio angular de tres pisos. Desde el aire, ese edificio tan grande se veía como una brizna. Se bajaron del vehículo. Un centinela saludó cuando el mayor Holt abrió la marcha hacia el interior. Joe y Sally lo siguieron. El mayor señaló a Joe con el dedo pulgar y se dirigió a un hombre uniformado.

    —Consígale ropas, pida una conferencia de larga distancia con la compañía de aparatos de precisión Kenmore y déjele hablar; luego, tráigalo de nuevo a mi presencia.

    Dicho esto, desapareció. Sally trató de sonreírle a Joe. Estaba todavía muy pálida.

    —Mi padre es así, Joe. Tiene buen fondo, pero no es cordial. Me encontraba en su oficina cuando llegó el informe del sabotaje de tu aeroplano y salimos inmediatamente en dirección de Bootstrap; estábamos en camino cuando oímos la primera explosión. Yo..., creí que era tu avión, sabía que tú estabas a bordo y fue... muy desagradable, Joe.

    Había estado terriblemente asustada y, al recordarlo, se sobresaltó. Joe estuvo tentado de hundirle el pulgar en las costillas para darle ánimos, pero, de pronto, comprendió que ya no sería lo apropiado y se contentó con decir:

    —Estoy muy bien.

    Siguió al hombre uniformado. Comenzó a quitarse sus andrajosas y chamuscadas ropas. El sargento le trajo otras y se las puso. Estaba cambiando de bolsillos sus cosas personales, cuando el sargento regresó.

    —La compañía Kenmore en línea, señor.

    Joe fue al teléfono. En el camino, descubrió que las sacudidas que había soportado le habían producido numerosos dolores en distintos lugares.

    Habló con su padre.

    Tiempo después comprendió que había sido una conversación curiosa. Se sentía culpable porque le había sucedido algo a un trabajo que había costado ocho meses y que él escoltaba hasta su destino. Le explicó eso a su padre, pero éste no pareció darle importancia. No tanta como era debido; en lugar de eso, le hizo muchas preguntas ansiosas sobre él mismo. ¿Estaba herido? ¿Dónde? ¿Era grave? Joe estaba extrañadísimo al ver que su padre se preocupaba mucho más por esas cosas que por los giróscopos pilotos, pero respondió a todas las preguntas y le explicó cuál era la situación exacta y cierta esperanza remota que trataba de conservar. Su padre le dio consejos.

    Sally lo estaba esperando nuevamente cuando salió. Lo condujo a la oficina de su padre y lo presentó a su secretaria, una mujer extraordinariamente común, de expresión triste. Joe le explicó cuidadosamente que era preciso que entrara en contacto con el jefe Bender, que trabajaba en la plataforma. Era uno de los pocos especialistas que había abandonado la fábrica de los Kenmore para irse a trabajar a otro lado. Entre Joe y el jefe debían estimar los daños y las posibilidades de reparación.

    El mayor Holt escuchaba. Era un oficial militar, abrumado y cansado, de carácter brusco. Joe había conocido a Sally y, por consiguiente, también a su padre durante toda la vida, pero el mayor Holt no era un hombre cualquiera con quien uno podría desahogarse. Dijo algo y su entristecida secretaria escribió un salvoconducto para Joe. Luego dio órdenes por teléfono y preguntó varias cosas.

    Sally dijo:

    —¡Ya sé! Voy a llevarlo conmigo, ya conozco el camino.

    La expresión del rostro de su padre no cambió, se limitó a incluir a Sally en las órdenes que dio por teléfono. Luego, dijo brevemente:

    —El aparato estará vigilado y lo apartaremos tan pronto como sea posible. Entonces, podrás examinar las cajas. Voy a dar la autorización para que puedas hacerlo.

    Su secretaria buscó en un cajón del escritorio los impresos de órdenes, los llenó y se los tendió al mayor para que los firmara. Sally tiró a Joe del brazo y se lo llevó.

    Una vez fuera, dijo ella:

    —No merece la pena de discutir con él, Joe. Tiene un trabajo terrible y siempre está pensando en eso. Por suerte, tiene a la pobre señorita Ross, su secretaria, como sabes, que se limita a escuchar lo que él dice que debe hacerse, y lo escribe. A veces, pasa días enteros sin hablarle a ella directamente. ¡Pero las cosas están muy mal! Es como una guerra sin enemigos con quien pelear, sólo espías. ¡Y qué cosas hacen! Incluso, se sabe que, en una ocasión, colocaron una bomba sobre un camión que ellos mismos habían hecho que tuviera un accidente, para que todo aquel que tratara de ayudar muriera. ¡Es preciso hacer algo, sea lo que sea, o, de lo contrario...

    Lo condujo a una oficina que tenía una puerta que daba directamente al interior de la semiesfera. A pesar de su amargura, sentía una gran impaciencia por ver el interior. Pero antes, Sally tuvo que identificarlo como el Joe Kenmore que figuraba en las órdenes de su padre, le tomaron las huellas digitales y le hicieron permanecer de pie ante un aparato de rayos X. Luego, ella lo condujo a través de la puerta y se encontraron en la edificación donde la plataforma espacial estaba siendo construida.

    Era una enorme caverna de envoltura metálica y rejillas en forma de telarañas, llena de ruidos. Necesitó varios segundos para relacionar todo lo que veía y oía. El edificio tenía, en su centro, una altura de cuarenta pisos y estaba totalmente limpio, sin una sola columna o interrupción. Había lámparas de arco encendidas en sus extremos y bandas de cristal en lo alto, que permitían la entrada de una luz insuficiente. Todo ello hacía resonar la infinidad de ruidos diversos y sus ecos.

    Estaban utilizando pistolas de remachar. Además, había camiones que circulaban por el interior y el sonido extraño y duro de los sopletes soldadores. Pero el resplandor de los sopletes se veía solamente como fuegos fatuos, color blanco azulado, espectrales, contra la enormidad de lo que estaban construyendo.

    No se veía con claridad la plataforma espacial, que estaba todavía incompleta. Parecía verse a través de la niebla; daba la impresión de algo fantástico, debido en parte a los andamiajes que la cubrían. Pero Joe la contempló con tal emoción que le hizo olvidar su sentimiento de vergüenza.

    Era algo gigantesco, tenía las dimensiones de un transatlántico de forma un tanto extraña. Obscurecidas en parte por la armazón de frágil apariencia, había planchas brillantes metálicas, de blindaje, que formaban curvas prominentes y que ascendían con irregularidad, siguiendo normas peculiares. Sobre éstas estaban los miembros de la armazón, que brillaban también bajo la luz de múltiples lámparas de arco y que se elevaban hasta el techo de la inmensa caverna. La plataforma era magnífica y enorme y estaba alojada en una semiesfera metálica hueca que podría haberse to-mado por el firmamento mismo, tal era su magnitud. La plataforma en sí no tendría más de treinta pisos de altura, pero los hombres que trabajaban en la parte superior parecían motas de polvo. En el lado más alejado de la edificación, sobre el suelo, había hombres que también trabajaban y parecían puntos en movimiento. Joe no alcanzaba a ver sus piernas cuando caminaban. ¡Tanto la semiesfera como la plataforma eran monstruosas!

    Joe sintió los ojos de Sally clavados en él. Parecía estar orgullosa, en cierto modo, y él aspiró una profunda bocanada de aire en silencio.

    Sally dijo:

    —Vamos.

    Caminaron, atravesando hectáreas de terreno pavimentado de relucientes planchas de madera, hacia el objeto que iba a dar el primer paso verdadero a las estrellas. Conforme se acercaban al centro de la enorme sala, un gigantesco camión-remolque de dieciséis ruedas retrocedía, saliendo de una gran abertura bajo el andamiaje. Dio la vuelta con dificultad, rodeó con cuidado los andamios y se dirigió hacia una de las salidas laterales del edificio. Una sección del muro se levantó, doblándose hacia adentro como una cartera, y el camión de dieciséis ruedas salió con su remolque al aire libre, donde brillaba el Sol. Otros cuatro camiones lo siguieron. Al mismo tiempo, otros entraron. La sección del muro se cerró.

    En el aire flotaban los olores característicos de motores, de metal al rojo y de chispas eléctricas. Había ese indescriptible sonido que hace que un hombre pueda sentirse nostálgico y que se encuentra solamente en las grandes construcciones metálicas, donde se produce una atmósfera que no existe en ninguna otra parte. Joe caminaba casi como un sonámbulo, con Sally, silenciosa y satisfecha, a su lado. Bajo los andamiajes, que parecían velos convertidos después en enrejados, vio varias aberturas.

    Se encaminaron hacia uno de esos túneles. La masa de la plataforma se levantaba sobre ellos amenazadoramente. Los camiones circulaban por todas partes, entre el laberinto de las columnas de andamiaje. Varias jaulas de transporte cargadas esperaban ser subidas por los elevadores. Las tenazas de las grúas descendían, se cerraban fuertemente sobre las jaulas y las elevaban, hasta que se perdían de vista. Había un motor diesel funcionando en alguna parte. Un hombre se puso en pie, miró hacia arriba, agitó los brazos y el diesel ajustó su marcha a sus señales. Luego, varias jaulas vacías descendieron sobre la plataforma de un camión que esperaba, haciendo ruidos secos y metálicos. Alguien soltó los ganchos, el camión se puso en marcha y se fue.

    Sally habló con un hombre preocupado, en mangas de camisa y con una placa sobre la manga, cerca del hombro. Examinó con cuidado los pases que llevaba ella, utilizando una lámpara de mano para verlos mejor. Luego, los condujo al lado de un elevador. El ruido allí era muy fuerte. Una pistola de remachar repiqueteaba en algún sitio y las planchas metálicas de la plataforma parecían repetir cada estampido. Los ecos eran fuertes y la barahúnda fue para Joe algo infinitamente agradable. El hombre del brazal vociferó en un teléfono y una jaula de elevador descendió. Joe y Sally entraron. Joe abrazó con fuerza a Sally por el hombro y el elevador salió disparado hacia arriba.

    La enormidad del edificio y de la plataforma se hizo todavía más aparente mientras el elevador ascendía rápidamente. El suelo pareció extenderse, dejaron atrás la telaraña de vigas de andamiaje y pudieron ver que en las paredes laterales estaban siendo construidas algunas cosas. Joe vio una vagoneta de carga que se desplazaba más allá de los enigmáticos objetos. Era una vagoneta de no más de un metro veinte centímetros de altura, con ruedas de doce pulgadas, que arrastraba varias planchas metálicas planas con los bordes torcidos hacia arriba. Se deslizaban como sobre un tobogán. Sobre las planchas iba una carga misteriosa y la vagoneta se detuvo junto a unos tubos de acero que estaban siendo unidos entre sí, comenzando a descargar cosas de las planchas...

    El elevador frenó bruscamente, haciendo que Sally se sobresaltara un poco y, entonces, se detuvo.

    Allí, a veinte pisos de altura, una multitud de soldadores trabajaban sobre la cubierta de la plataforma. El blindaje, curvado hacia el interior, era un espacio amplio y deslustrado, paralelo al suelo. Más allá, había una gran brecha, donde las placas del blindaje no habían sido colocadas todavía, y los miembros de la armazón se elevaban todavía un largo trecho. La brecha, supuso Joe, podría ser más tarde la puerta de una recámara intermedia de presión. La superficie plana era seguramente para que se detuvieran por medio de imanes los cohetes-transporte que, procedentes de la Tierra, llevarían abastecimientos y reemplazantes a la tripulación de la plataforma, o combustible, que sería almacenado para su uso eventual por un navío espacial de exploración. Sí; un cohete atracaría aquí y luego avanzaría hacia el umbral de la puerta.

    El equipo de soldadores estaba compuesto por media docena de hombres que deberían haber estado trabajando, pero dos, después de haber arrojado al suelo sus herramientas, se peleaban a golpes salvajemente. Uno de ellos era alto y flaco, de cara angulosa y una expresión de furia intolerable. El otro era rechoncho, de tez obscura y mirada de desesperación. Un tercer hombre estaba dejando su soplete en el suelo, después de haberlo apagado cuidadosamente, con el propósito de intervenir. Otro hombre contemplaba la escena asombrado, con la boca abierta, y otro más trepaba por una escalera, procedente del nivel inferior del andamiaje.

    Joe puso la mano de Sally sobre la palanca vertical del elevador, disponiéndose instintivamente a entrar en acción.

    El larguirucho lanzó un terrible puñetazo que dio en el blanco y el gordo resintió el golpe. Joe vio su cara claramente durante un instante. No era la cara de un hombre enfurecido. Su mirada era la de un hombre angustiado y desesperado.

    De pronto, el hombre alto resbaló y perdió el equilibrio. El puño del hombre rechoncho golpeó. El flaco retrocedió tambaleándose y Sally gritó, temblorosa. El hombre alto se balanceaba sobre el borde del espacio plano. A sus espaldas, el blindaje se curvaba hacia abajo y bajo él había un abismo de veinte pisos, entre el laberinto de tubos de acero de los andamiajes. Si daba otro paso atrás, entraría inexorablemente en una pendiente, en la cual no podría detenerse.

    Dio el paso. La expresión del hombre rechoncho reflejó el horror. El hombre alto temblaba convulsivamente. No podía detenerse, y lo sabía. Retrocedería hasta pasar por encima del borde redondeado. Luego, caería. Aunque llegara a tocar el andamiaje, éste no lo detendría. Solamente alteraría el curso de la caída: su cuerpo, en vez de caer en línea recta, giraría locamente y caería, rebotaría y seguiría cayendo antes de estrellarse veinte pisos más abajo. Era horrible ver al hombre flaco que, tambaleante, retrocedía lentamente hacia la muerte.

    Entonces, saltó Joe.


    CAPÍTULO 4


    Durante un instante, en el aire, tuvo conciencia de todos los ruidos del edificio, del techo lóbrego todavía a veinte pisos por encima de él y el acero curvo, prominente y reluciente que se encontraba bajo él. Cayó, aterrizando al lado del hombre flaco con el brazo izquierdo extendido para compartir su ímpetu. Él solo hubiera tenido suficiente tiempo para abandonar la pendiente por la que el otro hombre se estaba deslizando hacia abajo, pero compartió el impacto, y ambos cayeron hacia delante. Sus brazos se encontraban sobre la superficie plana mientras sus cuerpos casi se deslizaban. Sentir que la gravedad tiraba de ellos, sin tener nada a qué aferrarse, era una verdadera pesadilla.

    Pero entonces, mientras la parte del cuerpo de Joe que se encontraba sobre la superficie plana se deslizaba, el mismo hombre gordo que había golpeado al larguirucho impulsándolo hacia atrás los aferró y comenzó a tirar de ellos frenéticamente para salvarlos.

    Luego, otro hombre les ayudó. El rostro del hombre rechoncho estaba gris, siendo su horror buena prueba del hecho que no había tenido la intención de cometer un crimen. Tanto el hombre que había dejado su soplete en el suelo como el que ascendió del nivel inferior del andamiaje co-menzaron a tirar también para llevarlos a terreno sólido. Al fin, estuvieron a salvo. Joe se puso en pie con esfuerzo, sintiéndose un poco enfermo. El hombre rechoncho de tez obscura comenzó a temblar horriblemente y el larguirucho avanzó hacia él.

    —¡No era mi intención matarle, Haney! —tartamudeó el gordo.
    —¡De acuerdo! ¡No tenía intención de matarme! —le espetó el larguirucho—. ¡Pero ahora, terminemos esto!

    Avanzó hacia el hombre que había estado a punto de causarle la muerte, pero éste dejó caer los brazos a los lados.

    —No quiero pelear más —dijo, con voz emocionada—; no aquí. Si quiere matarme, hágalo, pero no quiero pelear más. ¡No aquí!

    El larguirucho, Haney, refunfuñó.

    —Entonces, nos veremos esta noche en Bootstrap. ¡Ahora, a trabajar!

    El gordo recogió sus herramientas, temblando. Haney se volvió a Joe y le dijo con poca amabilidad:

    —Muchas gracias. ¿Qué desea?

    Joe sentía náuseas todavía. Es raro sentirse alborozado después que uno arriesga su vida por algún otro y, en su caso, había estado a punto de desplomarse desde veinte pisos de altura para estrellarse en el suelo. Tragó saliva y dijo:

    —Estoy buscando al jefe Bender. ¿Es usted capataz, Haney?
    —Jefe de equipo —dijo Haney. Miró a Joe y luego a Sally, que se aferraba convulsivamente a la palanca en donde Joe le había puesto la mano. Prosiguió—: Sí; el jefe se fue hoy. Tenía que ir a una ceremonia, un funeral quizá. ¿Quiere usted que yo le diga algo? Lo veré cuando termine mi turno de trabajo.

    Hubo un movimiento confuso en alguna parte de la plataforma y una figura pequeña salió de un hueco que algún día sería una cámara intermedia de presión, pero Joe no volvió los ojos hacia ella.

    —Dígale que Joe Kenmore está en la ciudad y lo necesita —dijo, con torpeza—; creo que se acordará de mí. Iré a buscarlo esta noche.
    —De acuerdo —dijo Haney.

    Joe miró la pequeña silueta que había salido de detrás del blindaje. Era un enano, con ropas de trabajo holgadas y manchadas como el resto de los hombres que trabajaban allá arriba. Joe, por supuesto, imaginaba cuál era su utilidad. Había rincones en donde un hombre normal no podía penetrar para hacer un remache o soldar una plancha metálica. Debía haber lugares que sólo un hombre diminuto podría inspeccionar. El enano miró a Joe sin expresión.

    Joe giró sobre sus talones y se dirigió al ascensor para ir al piso inferior. Haney le dio la mano y el enano levantó la suya en un saludo grave. El elevador se precipitó hacia abajo.

    —Has salvado la vida de ese hombre —dijo Sally, con voz poco firme—. ¡Pero me he llevado un susto de muerte!

    Joe trataba de no pensar en eso, pero todavía podía sentir bajo él la superficie metálica inclinada y el abismo de veinte pisos en línea recta. Fue una sensación terrible.

    —No reflexioné —dijo, inquieto—. Era una verdadera locura, pero salió bien, afortunadamente.

    Sally lo miró. El elevador continuaba su descenso veloz y los diversos niveles de andamiaje pasaban al lado de ellos, dando la sensación que éstos ascendían. Si Joe hubiera caído, habría recorrido todos esos niveles. No era agradable imaginarlo y se esforzó nuevamente en olvidar. El elevador aminoró su velocidad de descenso y, finalmente, se detuvo. Joe ayudó de modo absurdo a Sally a salir a terreno firme.

    —Considerando lo que sucedió en el aeropuerto —dijo Sally—, y lo que acabo de presenciar hace un instante, me da la impresión que estás dispuesto a morirte. ¿Te costaría mucho llevar una vida menos arriesgada durante cierto tiempo, Joe, al menos cuando yo esté presente?

    Él se esforzó en sonreír, pero todavía no se sentía bien.

    —Hasta que examine los giróscopos, no podré hacer nada —dijo, cambiando de tema—. Al jefe no lo veré hasta esta noche. ¿No podríamos pasear un poco y ver todo esto?

    Ella asintió. Salieron de la intrincada armazón que sostenía la plataforma y Sally señaló los muros laterales.

    —Vamos a ver los propulsores. ¡Son fascinantes!

    Ella abrió el camino. Nuevamente, la amplitud del edificio se hizo evidente. Había una pasarela sobre la parte interior de la pared curva y alguien se apoyaba en la barandilla, vigilando el interior del enorme edificio. Probablemente era un hombre del servicio de seguridad. Tal vez la pelea sobre la plataforma había sido observada y tal vez no. El hombre sobre la pasarela se veía poco más grande que una mota de polvo. Joe supuso que debía haber puestos de observación también sobre los muros exteriores, desde donde los observadores vigilarían el desierto en busca de objetos que se aproximaran.

    Joe se volvió suspirando a mirar el objeto monstruoso que se encontraba bajo el andamiaje. Ahora podía representarse su forma. Era en cierto modo como un huevo, pero se parecía más a algo a lo que Joe no lograba dar un nombre. Realmente era algo que no se parecía a ninguna otra cosa en la Tierra, y, cuando fuera lanzada al espacio, no quedaría nada semejante en el mundo.

    En cierto modo, sería un mundo en sí mismo, independiente de la Tierra que lo había fabricado. Habría tanques hidropónicos en los que crecerían plantas que servirían para purificar el aire y alimentar a la tripulación. Habría también telescopios y los hombres podrían estudiar las estrellas como nunca podrían bajo la turbulenta atmósfera terrestre. Todo esto estaría al servicio de la Tierra.

    Y para las comunicaciones. Había ya satélites para las comunicaciones, pero la plataforma los sobrepasaría a todos ampliamente. Recogería mensajes en microondas y los retransmitiría a receptores lejanos sobre la superficie curva de la Tierra, o bien los guardaría para retransmitirlos cuando se encontrara al otro lado del planeta. Almacenaría combustible con el que el hombre podría partir hacia las estrellas, y hacia el espacio, para poder llevar a cabo experimentos nucleares que no podían hacerse sobre la Tierra. Dispondría de cohetes atómicos que ninguna nación del mundo se atrevería a desafiar y, de este modo, contribuiría a mantener la paz sobre el planeta.

    Pero no podía crear la buena voluntad entre los hombres.

    Sally continuó caminando y llegaron a donde estaban siendo fabricados los objetos misteriosos. Era una fila, hacia la mitad de la pared lateral del edificio. Por comparación, eran de diseño simple y no excesivamente grandes. Los primeros eran sencillamente armazones de tubos metálicos que los hombres estaban soldando sólidamente unos con otros. No eran mayores que, por ejemplo, una casa-remolque. En parte, estaban llenos de tanques y tuberías y, un poco más lejos, donde un camión y un elevador descargaban un objeto enorme, se encontraban unos gigantescos motores que entraban en aberturas diseñadas especialmente para abrigarlos. Otros estaban siendo instalados, con cubiertas metálicas más o menos completas. Al final de la línea, una grúa estaba descargando uno terminado sobre la plataforma plana de un remolque. Al verlo en el aire, Joe lo reconoció. Podía decirse que se trataba de un avión jet, pero no era de ninguno de los tipos que habían sido utilizados hasta entonces. Se parecía más a un escarabajo que a ninguna otra cosa. Verdaderamente, no tendrían utilidad sino para la «operación escalonada».

    Cientos de esos abultados objetos se apiñarían a los lados de la plataforma, como un enjambre de abejas, la empujarían hacia arriba con sus motores de propulsión por separado, la levantarían de la base en donde había sido construida, empujando, haciendo grandes esfuerzos y resoplando hasta sacarla fuera del edificio. Pero su tarea no terminaría entonces. Manteniendo en alto la plataforma, la llevarían tan lejos, tan alto y tan velozmente como pudieran hacerlo sus potentes motores. Luego desarrollarían un último esfuerzo y producirían un nuevo impulso, por medio de los cohetes Jato de tamaño descomunal que habían sido construidos separadamente en el interior de cada uno de los propulsores, pero de tal modo que se encendieran todos al mismo tiempo.

    Luego, los inútiles objetos se desprenderían y volverían zumbando a la Tierra, mientras los propios cohetes de la plataforma proyectarían sus llamas de kilómetro y medio de longitud saliendo de la atmósfera, hacia el vacío.

    Pero la construcción de tales artefactos (los propulsores) y todas las otras actividades desarrolladas en el edificio no serían útiles si los enemigos de la plataforma lograban impedir que objetos tales como los giróscopos pilotos llegaran a su destino en buen estado.

    Joe dijo, intranquilo:

    —Puede que no sea de ninguna utilidad, pero es preciso que compruebe qué les ha sucedido a los giróscopos que traía, Sally.

    Ella no dijo nada, dio la vuelta y atravesaron el amplio espacio pavimentado de planchas de madera en dirección a la puerta por la que habían entrado.

    Al haber visto la plataforma espacial, todos los sentimientos de vergüenza y desaliento volvieron a apoderarse de él. Era algo insoportable. Salieron atravesando la puerta resguardada y Sally entregó los pases, mientras Joe era investigado cuidadosamente antes que lo dejaran partir.

    —No te agrada que te siga, ¿verdad? —dijo Sally, de improviso.

    Joe vaciló.

    —Eres muy agradable, Sally, pero si los giróscopos están verdaderamente destruidos, pues..., no me agradaría que nadie me viera en ese momento. No te enfades, por favor.
    —Comprendo —dijo Sally, con calma—. Voy a buscar a alguien que te lleve en automóvil hasta allá.

    Se fue y regresó con el hombre uniformado que había servido de chofer para el mayor Holt. Puso su mano momentáneamente sobre el brazo de Joe y dijo:

    —Si todo va verdaderamente mal, dímelo, Joe. Tú no te permitirás llorar, pero yo lloraré por ti —buscó su mirada y afirmó—: ¡Te lo aseguro, Joe!

    Él sonrió débilmente y salió hacia el automóvil.

    Sus sensaciones durante el trayecto hasta el aeropuerto no fueron muy agradables. Eran treinta y dos kilómetros desde el edificio de la plataforma, pero Joe temía lo que iba a ver y el viaje le pareció demasiado corto. El coche negro tomó la carretera, dio vuelta a la derecha al abandonar la autopista, siguió el atajo serpenteante y llegó al aeródromo.

    Los restos del avión de transporte se encontraban en el mismo lugar en que se había estrellado y ardido. Todavía había guardias armados alrededor, pero también un camión grúa y varios hombres trabajaban con sopletes sobre el destruido aparato. Buena parte de éste había sido ya examinado y marcado.

    Joe fue hacia los restos de las cuatro cajas de embalaje.

    La mayor de todas estaba torcida de forma sesgada, fuera por la fuerza del choque o por la explosión. La más pequeña era sólo una masa informe y carbonizada. Joe sintió un nudo en la garganta al abrir las cajas con las herramientas que le prestaron. El giróscopo piloto aplicaría una fuerza para que el giróscopo principal hiciera girar la plataforma espacial hacia cualquier dirección deseada o lo mantuviera absolutamente fijo. Actuarían, en cierto modo, como un mecanismo de dirección en el momento del despegue y realizarían otras funciones útiles, una vez en el espacio. Si una fotografía de una estrella debía hacerse, por ejemplo, era esencial que la plataforma se man-tuviera absolutamente inmóvil durante el tiempo que durara la exposición. Si era preciso lanzar un cohete dirigido, debía salir correctamente y los giróscopos pilotos eran necesarios también para recibir un cohete que llegara de la Tierra...

    Los giróscopos pilotos eran los aparatos de dirección de la plataforma del espacio y, más que adecuados, debían ser perfectos. Tan sólo para despegar eran ya muy necesarios. La plataforma no llegaría a su órbita sin ellos.

    Joe retiró las gruesas tablas carbonizadas y sacó las vigas que habían sido mordidas por las llamas. Arrancó las envolturas carbonizadas, pero parte de ellas no fue necesario arrancarlas; se desmenuzaron tan sólo al tocarlas y veinte minutos después sabía ya todo lo que necesitaba.

    Los rotores estaban arruinados. Los acopladores (conexiones entre el piloto y el giróscopo principal) se habían calentado al rojo vivo y el acero con que estaban solidificados había perdido su temple; sus dimensiones habían cambiado, de modo que ya no servirían. Pero no era eso lo más desastroso de todo.

    La verdadera tragedia eran los giróscopos mismos. Todo el buen funcionamiento de la plataforma dependería de su absoluta precisión y equilibrio estrictamente perfecto. Y los rotores estaban quebrados en una parte; las plataformas torcidas, y, puesto que las torceduras y muescas destruían la precisión del aparato, se convertía en algo inútil.

    ¡Y tan sólo para equilibrarlos habían sido necesarios cuatro meses!

    Había sido la pieza más perfecta de maquinaria de trabajo que se había realizado alguna vez en el mundo. Estaba equilibrada a un microgramo, a la millonésima parte del peso combinado de tres tabletas de aspirina. Debía girar a cuarenta mil revoluciones por minuto y por ello era preciso que estuviese perfectamente equilibrada, o, de lo contrario, la vibración sería intolerable. Si vibrase lo más mínimo, se partiría en mil pedazos, o si no, transmitiría las ondas sonoras a todo el material del que estaba formada la plataforma, envejeciéndolo. Si vibraba la más pequeña fracción de una diezmilésima de pulgada, se desgastaría, vibraría más fuertemente y se destruiría, destrozando posiblemente la plataforma. Era necesaria una precisión mucho mayor que la de los lentes de un telescopio astronómico.

    Puesto que estaba torcido, el aparato era tan inútil como si no hubiera sido fabricado en absoluto.

    Joe se sintió como se sentiría un hombre que tuviera a su cargo el mayor telescopio de la Tierra y se le rompiera, o como si hubiera ardido la más inapreciable obra pictórica del mundo, que estuviera a su cargo. Todavía peor.

    Un camión rodó por la pista, fue detenido por un guardia, y después de una breve conversación, se le permitió continuar. Iba a recoger las inútiles piezas del equipo en el que habían trabajado sin cesar durante ochos meses los mejores trabajadores y los mejores cerebros de la compañía de herramientas de precisión Kenmore y que, ahora, estaba destrozado.

    Joe, desesperado por el desastre, vigilaba mientras la grúa hacía bajar el gancho para que cayera sobre los que habían sido preciosos objetos. Los hombres apuntalaron los objetos pesados y deslizaron bajo ellos grandes tablones de madera. Por debajo, pasaron con destreza unas sogas para levantarlo todo. Las sombras eran largas y deformes, ya era una hora muy avanzada de la tarde, cuando el mecanismo de la grúa gimió, la carga se elevó y la primera de las cuatro cajas fue izada, ligeramente inclinada, y trasladada hasta el camión que había venido para recogerlas.

    Joe estaba paralizado. Vio que el objeto, por fin, ocupaba su lugar en el camión. Vigiló la maniobra con la segunda caja, y cuando las sogas se distendieron, se volvió sosegadamente. La tercera no bailó colgando de las sogas, solamente osciló. Pero al elevar la cuarta, las líneas que iban a la polea de la grúa estaban torcidas y, al elevarse, las líneas se desenmarañaron y la caja colgada giró, al principio rápidamente, luego lentamente. Tras una pausa, recomenzó a girar en la otra dirección.

    Joe contuvo la respiración. Creyó estar así durante varios minutos. La gran caja no estaba equilibrada y estaba girando. No vibraba. Giraba sobre su propio centro de gravedad, señalado sin posibilidad de error por la suspensión flexible.

    Esperó hasta que quedó sobre el camión y luego fue nerviosamente hacia el chofer del auto que lo había llevado allí.

    —Todo está bien —dijo, sintiendo un asombro profundo al oír sus propias palabras—. Voy a volver al edificio de la plataforma con el material que traje. No está muy dañado. Será posible ponerlo en orden, con la ayuda de uno o dos hombres que buscaré allí. ¡Pero no quiero que le suceda ninguna otra cosa!

    Y regresó a la semiesfera sobre la plancha posterior del camión que transportaba las cajas. El sol se puso antes que llegaran. Estaba sucio y desmelenado. El olor a madera quemada, aisladores y envolturas chamuscados y carbonizados era muy fuerte, pero él se sentía con ganas de cantar.

    Pensó que debía haber enviado un mensaje a Sally, diciéndole que no era preciso que llorara en lugar de él. ¡Se sintió estupendamente! ¡Sabía cómo hacer el trabajo que le permitiría despegar a la plataforma! Y se le hacía difícil esperar para decírselo a ella.

    Era magnífico estar vivo.


    CAPÍTULO 5


    No había nadie en el mundo para quien la plataforma careciera de importancia, pero para Joe y muchísima gente como él, era un sueño acariciado durante mucho tiempo, que ahora estaba convirtiéndose en realidad. Para algunos significaba la perspectiva de la paz y la esperanza de una vida tranquila, con hijos, nietos, mirando el futuro con serenidad. Algunas personas oraban por su éxito, ya que no podían participar de otro modo en su realización. Y, por supuesto, había hombres que no habían llegado al poder sin inteligencia, ni habían permanecido en él sin crueldad, y que sabían que, en cuanto la paz estuviera asegurada, su tiempo en el poder y su modo de vida habrían terminado. Por ello enviaban hombres desesperados y sin escrúpulos para que destruyeran el proyecto, costara lo que costara. Estaban dispuestos a pagar por ello o a cometer cualquier crimen con tal que la plataforma espacial no pudiera ser lanzada y que, de ese modo, los disturbios continuaran a ser la norma imperante de la vida sobre la Tierra.

    Y, además de todos ellos, había el conjunto de personas que la estaban construyendo.

    Joe fue en autobús a Bootstrap esa noche, con un grupo de los que trabajaban en el turno del mediodía, de dos a diez. De la pequeña ciudad, a treinta y dos kilómetros de distancia, salían grupos de autobuses, formando una procesión con sus faros de luces en la oscuridad. Penetraban en el área de descenso y se bajaban de ellos los trabajadores del último turno, de diez a seis, para ser investigados por el servicio de seguridad y admitidos al edificio en el que se construía la plataforma. Luego, los autobuses completamente vacíos se dirigían hacia donde esperaba Joe junto con los trabajadores que acababan de terminar su jornada, que se movían inquietos en torno a él.

    Los autobuses se detuvieron, abrieron las puertas, y los hombres que esperaban entraron en tromba, empujándose llenos de entusiasmo, llamándose unos a otros y precipitándose para ocupar los asientos o, simplemente, dejándose llevar por la corriente para penetrar en los vehículos.

    El autobús al que logró subir Joe se abarrotó en pocos segundos. Él se asió a una agarradera y no se dio cuenta de nada, porque estaba absorto en la idea maravillosa que había tenido para reparar los giróscopos pilotos. Los motores podían ser reemplazados fácilmente. Las causas de su desesperación primera habían sido que todo podía arreglarse, con excepción de lo más importante: la precisión absoluta del equilibrio de los giróscopos. Esto, le pareció que no podía ser realizado, basándose para emitir ese juicio en el hecho que en la fábrica habían necesitado cuatro meses. Cada uno de los giróscopos tenía un metro veinte centímetros de diámetro y pesaba doscientos veintisiete kilogramos, girando a cuarenta mil revoluciones por minuto. Tuvieron que ser fabricados a máquina con materias primas especiales, para evitar que saltaran en pedazos a causa de la fuerza centrífuga de desviación. Cada uno de ellos estaba recubierto con una capa de iridio, para evitar que se formaran puntos de óxido que los desequilibraran. Si los ejes y cojinetes no fueran centrados exac-tamente sobre el centro de gravedad de los rotores, los doscientos veintisiete kilogramos de acero a cuarenta mil revoluciones por minuto, armarían un gran escándalo. Literalmente, podían destruir la plataforma misma. «Exactamente en el centro de gravedad» quería decir exactamente. No podía haber ningún error por el cual estuviera el eje descentrado de una milésima o una diezmilésima de pulgada. ¡La precisión debía ser absoluta!

    Gozando por la solución que había encontrado, Joe se felicitó a sí mismo, mientras permanecía de pie en el autobús que esperaba. Afuera, pudo ver otro autobús que salía, con un gruñido del motor y una nube de humo que brotaba del tubo de escape. Se dirigió hacia la autopista y se alejó. Otros lo siguieron y, por fin, le llegó su turno al autobús de Joe. Se dirigieron hacia Bootstrap en convoy..., un larguísimo rosario de vehículos que, con los faros encendidos, rodaban uno detrás de otro.

    Afuera estaba oscuro. La semiesfera había sido alejada, por razones de seguridad, a un poco más de treinta y dos kilómetros de la ciudad, donde dormían, comían y se divertían los que trabajaban en ella. Una de las precauciones consistía en que nadie se quedara dentro de la semiesfera cuando salía un turno de trabajadores. Oficiales de seguridad recorrían el cobertizo desierto. A veces, se topaban con dificultades. El turno que entraba al trabajo pasaba también por un control de seguridad. Nadie podía penetrar a la base sin haber sido identificado plenamente. Llevaba tiempo presentar la placa de identidad, porque era preciso pasar por el sistema de vigilancia de la plataforma espacial, que estaba bien resguardada.

    La larga procesión de autobuses continuó rodando bajo el oscuro manto de la noche. Afuera estaba el desierto oscuro y encima muchas estrellas. De pronto, mientras la línea de vehículos continuaba su camino, una pequeña chispa atravesó disparada el firmamento, con la velocidad de un meteoro. En realidad, se trataba de uno de los satélites de mayor tamaño, un globo de papel de aluminio, inflado por el vapor de un hidrocarburo aromático, y cuyo objeto era ensayar las posibilidades técnicas del radio-reflejo. Se había esperado que permaneciera en órbita durante un año, más o menos, pero ya nadie se aventuraba a ubicar el fin de su existencia.

    Los hombres que iban en el autobús no la advirtieron. Aunque la hubieran notado, no le habrían concedido ninguna importancia. La atmósfera del vehículo olía a sudor, aceite y tabaco, y el aliento de algunos de los hombres guardaba todavía el olor de ajo de la comida del mediodía. Había ruido: una discusión se desarrollaba; el ruido del motor y los sonidos peculiares de las ruedas y las voces se confundían. Los hombres tenían que elevar la voz para hacerse oír, dominando la barahúnda. Era un verdadero barullo.

    Hubo una sacudida entre la multitud atestada, más pronunciada que las causadas por el movimiento del autobús. Alguien se abría paso a empujones de atrás hacia delante. El pasillo era estrecho y Joe se colgó de la agarradera, reflexionando contento en el rebalanceo de los giróscopos. No podría haber tolerancia; era preciso que fuera exacto y tampoco debería haber ninguna vibración...

    Las personas alrededor de él se apartaron y una mano le tocó el hombro.

    —Hola.

    Dio la vuelta y se encontró con el hombre flaco, Haney, a quien había visto sobre la plataforma y a quien había salvado la vida, impidiendo que cayera desde una altura de veinte pisos.

    —Hola —murmuró Joe.
    —Creí que era usted algún jefazo importante —rugió Haney—, pero los jefazos no viajan en los autobuses.
    —Voy a la ciudad para tratar de encontrar al jefe —dijo Joe.

    Haney gruñó y miró a Joe calculadoramente; sus ojos descendieron hasta las manos de Joe. Éste había estado examinando nuevamente las cajas y, aunque después se había lavado, la grasa de embalaje no se limpiaba con facilidad, y, sobre todo, cuando se mezclaba con hollín y carbón, era difícil de borrar. Haney perdió su desconfianza.

    —Habitualmente comemos juntos —observó, satisfecho porque Joe era regular, ya que sus manos no eran suaves y que el jabón no había borrado completamente las trazas de trabajo sobre ellas—. El jefe es un buen tipo. ¿Se une a nosotros?
    —Con mucho gusto —dijo Joe—, gracias.

    Una voz cascada salió de algún sitio cerca de las rodillas de Haney y Joe miró hacia abajo, sorprendido. El enano que había visto sobre la plataforma lo saludó con la cabeza. Se había deslizado tras Haney entre la multitud. Parecía erguirse por pura costumbre. Joe le hizo lugar.

    —Estoy bien —dijo el enano belicosamente.

    Haney hizo las presentaciones formales.

    —Mike Scandia —dijo—. Viene a comer con nosotros; desea ver al jefe.

    No hicieron ninguna referencia al peligro que había corrido Joe para impedir que Haney cayera desde una altura de veinte pisos. Ahora Haney dijo con calor:

    —Quería darle las gracias por haber mantenido la boca cerrada. ¿Es usted nuevo aquí?

    Joe asintió. El ruido en el autobús hacía difícil la conversación, pero Haney parecía estar acostumbrado.

    —Lo vi con la hija del mayor Holt —observó nuevamente—; por eso que creí que era un jefazo y supuse que usted o ella hablarían sobre Braun. Usted no lo hizo, ya que, de lo contrario, se hubiera armado un escándalo. De todos modos, yo resolveré ese asunto.

    Braun debía ser el hombre con el que Haney se había peleado, y si éste deseaba arreglar las cosas a su modo, no era algo que le concerniera a Joe, así que guardó silencio.

    —Braun no es mal tipo —continuó Haney—; algo loco, pero eso es todo. Provocó la pelea. ¡La provocó! ¡Allá arriba! ¡Pudo haber sido él quien cayera, y ahora yo estaría metido en un buen lío! Pero lo veré esta noche.

    El enano dijo algo mordaz, en su voz cascada.

    El autobús continuó rodando. Era largo el camino hasta Bootstrap. El desierto, afuera, estaba envuelto en una oscuridad profunda y no se apreciaban los detalles. En una ocasión, un convoy de camiones apareció ante ellos, cruzó y desapareció detrás, en dirección a la semiesfera. Joe lo oyó, pero no lo vio, porque pasaron por el otro lado.

    La noche se poblaba de luces y el autobús aminoró la marcha, en línea con los demás. Aparecieron edificios semejantes a barracones, que desfilaban sin cesar. Luego llegaron a una esquina y toda la luz exterior cambió. Los autobuses dieron vuelta en una curva y se detuvieron. Todo el mundo se apresuró a descender del vehículo, empujándose innecesariamente. Joe se limitó a dejarse llevar por la corriente.

    Se encontró sobre la acera, bajo las luces de neón que alumbraban la calle en ambos sentidos, rodeado por la multitud de trabajadores del turno medio, que habían acabado su jornada. Éstos remolineaban y se dispersaban, sin que, sin embargo, disminuyera el número de personas en torno a Joe. La mayor parte eran hombres. Había pocas mujeres. Los letreros luminosos proclamaban en un lugar que podía beberse cerveza; en otro, que era la Casa Joe; y, más allá, se encontraba el restaurante Sid. Acá había juego de bolos; acullá, billares. Un comercio, que permanecía abierto para que ese turno de trabajadores pudiera efectuar sus compras, vendía camisas de fantasía, ropas de trabajo estrictamente prácticas y excéntricos artículos de adorno personal. Había también un cine y, en alguna parte, una tienda de discos dispersaba por el aire música monótona. Había movimiento e infinidad de gente por todas partes, pero el centro de la calle estaba casi completamente desierto si se exceptuaban los autobuses. Había algunas bicicletas, pero prácticamente ninguna otra clase de tráfico rodado. Después de todo, Bootstrap era solamente una ciudad estratégica. Podían abandonar la ciudad cuando quisieran, pero había que someterse a las formalidades y los automóviles particulares no resultaban prácticos.

    —El jefe debe estar allá —le dijo Haney a Joe en el oído—. Venga.

    Se abrieron paso con los hombros a lo largo de la acera, entre peatones, que pertenecían todos al mismo tipo de personas: trabajadores de la construcción. Algunos de ellos habían tomado parte en todos los rascacielos, puentes y presas que habían sido levantados durante toda la vida de trabajo de un hombre. Solamente podía habérseles impedido trabajar en la plataforma espacial por medio de la oposición terminante del servicio de seguridad a que fueran contratados.

    Haney y Joe se dirigieron al restaurante Sid, con Mike, que se movía entre ellos grotescamente. Joe ordenó mentalmente todas las cosas que iba a decirle al jefe. Tenía un procedimiento para reparar los giróscopos pilotos. Tan sólo un punto de óxido echaría todo a perder. Habían soportado el golpe de un avión al estrellarse y un incendio; sin embargo, con su procedimiento, iba a realizar en diez días, o quizá menos, lo que habían tardado cuatro meses en la fábrica de su familia. Verdaderamente, tenía motivos para celebrar su idea.

    En el interior del restaurante Sid, una sinfonola funcionaba. Al fondo, en un reservado, cuatro hombres comían con apetito, contemplando un televisor, que se encendía con una moneda, sobre la pared. Se transmitía la lucha libre desde San Francisco, y un camarero les llevó una enorme bandeja de la que salía vapor y un olor delicioso.

    El jefe estaba allí, moreno, de cabello negro y reluciente. Era un indio mohawk, y tanto él como su tribu se dedicaban a trabajar en las construcciones de acero desde hacía ya mucho tiempo. Eran buenos trabajadores y había pocos trabajos de construcción importantes en los que los hombres de la tribu del jefe no hubieran intervenido. Cuarenta de ellos murieron en el peor de los accidentes de la construcción que registra la historia, cuando un puente casi terminado se desplomó sobre ellos, pero había no menos de dos docenas que trabajaban en la plataforma espacial. El jefe había trabajado en la fábrica, y había sido apreciado. Jugaba en el equipo de béisbol del pueblo y cantaba como bajo en el coro de la iglesia negra, pero, como no había ningún otro que hablara en su lengua india, se sintió solo. En ese tiempo, la plataforma espacial solicitaba trabajadores y ni una manada de caballos salvajes hubieran podido evitar que aceptara ese trabajo.

    Había reservado una mesa para Haney y Mike. Sus ojos se abrieron al ver a Joe, sonrió y faltó poco para que volcara la mesa al darle la mano.

    —¡Grandísimo pícaro! —dijo, cariñosamente—. ¿Qué haces tú aquí?
    —Hasta ahora, te estaba buscando —dijo Joe—. Tengo trabajo para ti.

    El jefe, todavía sonriente, sacudió la cabeza.

    —No puedo aceptar. Permaneceré aquí hasta que la plataforma se eleve.
    —De eso se trata —le dijo Joe—. Es preciso que encuentre una cuadrilla de obreros para reparar algo que traje y que se destrozó al aterrizar.

    Los cuatro hombres se sentaron. La barbilla de Mike sobrepasaba apenas el borde de la mesa. El jefe llamó a un camarero.

    —Carne para todos —ordenó. Se volvió hacia Joe y le dijo—: ¡Explícate!

    Joe les refirió su historia concisamente. Los giróscopos pilotos, que debían ser perfectos, habían sido destruidos por los saboteadores, que se dedicaron especialmente a inutilizarlos. El atentado con los cohetes de detonador de proximidad, que probablemente eran robados. La granada a bordo, que alguien preparó para que funcionara. La caja que, afortunadamente, explotó en el aire, después que la habían arrojado del avión. El aterrizaje forzoso y el incendio.

    El jefe gruñó. Haney apretó los labios. Mike tenía los ojos ardientes, con expresión enfurecida.

    —Hay muchos sabotajes —gruñó el jefe—, pero es difícil apresar a esos fulanos. Destruyeron los giróscopos para que el lanzamiento no pueda llevarse a cabo hasta que se fabriquen otros nuevos y poder disponer así de más tiempo para otros sabotajes.
    —Creo que es posible arreglarlos —dijo Joe, cuidadosamente—. Escuchen un momento, por favor.

    El jefe fijó los ojos sobre él.

    —Los giróscopos deben ser equilibrados de nuevo —dijo Joe—. Deben girar sobre su propio centro de gravedad. En la factoría los armamos, los hicimos girar y observamos cuál era el lado más pesado. Les quitamos metal hasta que funcionaron suavemente a quinientas revoluciones por minuto. Luego los hicimos girar a mil, y vibraban. Encontramos desequilibrios demasiado pequeños para poder ser notados antes. Hicimos las correcciones, les dimos mayor velocidad a los giróscopos, etcétera. Tratábamos de hacer que el centro de gravedad fuera el centro del eje, haciendo que el cen-tro del eje fuera el centro de gravedad. ¿Ven?

    El jefe dijo, impacientemente:

    —¡No hay otro modo de hacerlo! ¡No hay otro modo!
    —Yo veo otro modo —dijo Joe—. Cuando recogieron los despojos en el campo de aterrizaje, elevaron las cajas con una grúa. Los cables estaban enmarañados. Todas las cajas, excepto una, giraron. ¡Pero no se bamboleó ni una de ellas ¡Hallaron su propio centro de gravedad y giraron sobre él!

    El jefe frunció el ceño, sumido en profundos pensamientos. Luego, su rostro se iluminó.

    —¡Por las barbas de un chivo! —gruñó—. ¡Ya comprendo!

    Joe continuó, pasando grandes apuros para no mostrar una expresión de triunfo.

    —En lugar de hacer girar el eje y recortar el rotor, vamos a hacer girar el rotor y recortar el eje. Dispondremos el eje alrededor del centro de gravedad, en vez de tratar de desplazar el centro de gravedad hasta el centro del eje. Haremos girar los rotores sobre una base flexible de cojinetes y creo que todo irá bien.

    Para su sorpresa, fue Mike, el enano, quien dijo con calor:

    —¡Solucionó el problema! ¡Sí, señor, lo solucionó!

    El jefe respiró profundamente.

    —¡Sí! Y, ¿sabes cómo lo sé? En una ocasión, se construyó en la factoría una centrífuga de altas velocidades. ¿Recuerdas? —sonrió—. Era sólo un plato redondo con un eje en el centro y aletas en la parte posterior del plato. El eje fue colocado en un orificio demasiado grande, pero hicimos pasar por allí aire comprimido. Hizo que el plato flotara, el aire golpeó las aletas y giró con tanta dulzura como la de la miel. Se equilibró él mismo y no se bamboleó en absoluto. ¡Ahora vamos a hacer algo parecido!
    —Necesito un equipo de obreros para trabajar en ello —dijo Joe—, un equipo de tres o cuatro hombres, y puedo ocupar a quien quiera. Te escojo a ti y tú escoges los otros.

    El jefe sonrió abiertamente.

    —¿Tienes algo en contra, Haney? Tú, Mike y yo vamos a trabajar con Joe. ¡Miren!

    Sacó un lápiz de su bolsillo y comenzó a dibujar sobre el mantel de plástico. Entonces, en lugar de ello, tomó una servilleta de papel.

    —Es algo como esto...

    Los bistecs llegaron, crepitando sobre los platones en que habían sido cocinados. La parte exterior estaba tostada y el interior caliente y medio crudo. Los ejercicios intelectuales, como diseñar la forma en que trabaja una herramienta mecánica, no podían competir con el aroma, el aspecto y el sonido de los bistecs, y los cuatro se dejaron conquistar.

    Pero hablaron mientras comían, absortos y con una satisfacción cada vez más profunda conforme desaparecían los bistecs y tomaba forma en sus cabezas el método que iban a emplear. Por supuesto, no iba a ser del todo sencillo. Cuando los rotores estuvieran girando alrededor de su centro de gravedad, los recortes del eje harían que el centro cambiara. Pero el cambio sería infinitamente menos importante que el trabajo de limar los aros de los rotores. Si hacían girar los rotores y utilizaban al mismo tiempo un abrasivo sobre la parte superior del eje...

    —¡Debe ser un trabajo preciso! —advirtió Mike—. Necesitaremos mantener una superficie pulidora a un cuarto de vuelta detrás de la cuchilla de la máquina de cortar. Eso lo sostendrá.

    Joe recordó más tarde que se había sorprendido de ver que Mike conocía la teoría de los giróscopos, pero en aquel momento tragó lo que tenía en la boca rápidamente, para que las palabras pudieran salir.

    —¡Correcto! Y si cortamos demasiado hacia abajo, podemos blindar el cojinete hasta cierto grosor y cortarlo nuevamente...
    —Puede blindarse con iridio —dijo el jefe, sacudiendo el cuchillo con que estaba cortando su bistec—. Va a ser divertido. ¿Sin tolerancia, Joe?
    —Sin tolerancia —afirmó Joe—; será un trabajo preciso hasta los límites de lo que es posible medir.

    El jefe estaba radiante de alegría. La plataforma era un desafío a toda la humanidad. Los giróscopos pilotos eran esenciales para que la plataforma pudiera funcionar, y el satisfacer esa necesidad venciendo obstáculos que parecían imposibles era un reto para los cuatro hombres que se disponían a hacerlo.

    —Muy divertido —repitió el jefe, lleno de alegría.

    Terminaron sus bistecs, conversando. Devoraron enormes porciones de pastel de manzana, coronado absurdamente con montículos de helado de crema, conversando todavía animadamente. Tomaron café, interrumpiéndose los unos a los otros para trazar diagramas. Agotaron todas las servilletas de papel y estaban todavía absortos en ello, cuando alguien se acercó pesadamente a la mesa. Era el hombre grueso que había peleado con Haney sobre la plataforma: Braun.

    Dio un golpecito en el hombro de Haney y los cuatro hombres levantaron la vista.

    —Hemos peleado ya hoy —dijo Braun con voz extraña y rostro muy pálido—, pero no hemos terminado todavía. ¿Quiere que terminemos?

    Haney frunció el ceño.

    —Fue una tontería —dijo, enojado—. No era un lugar apropiado para pelear. Usted lo sabe.
    —Es verdad —dijo Braun con la misma voz extraña—. ¿Quiere que terminemos la pelea ahora?
    —Nunca eludo las peleas —dijo Haney, altivamente—. No rehusé pelear antes y tampoco lo hago ahora. ¡Usted provocó la riña a pesar que era una locura! Pero si ya venció la locura...

    Braun sonrió de manera muy rara.

    —Todavía estoy loco. Terminemos. ¿Quiere?

    Haney empujó su silla hacia atrás y se puso en pie, furioso.

    —¡De acuerdo, terminemos de una vez! Pudo haberme matado o yo a usted, tan cerca del abismo como estábamos.
    —¡Claro! Lástima que no muriera nadie —dijo Braun.
    —Esperen, amigos —dijo Haney fuera de sí, dirigiéndose a Joe y a los otros—. Hay una bodega en la parte de atrás de este local y Sid nos dejará pelear allí.

    Pero el jefe empujó hacia atrás su silla.

    —Bueno —dijo, sacudiendo la cabeza—, serviremos como testigos.

    Haney dijo con rebuscada cortesía:

    —¿No le importa? ¿No quiere avisar a alguno de sus amigos para que venga también?
    —No tengo amigos —dijo Braun—. ¡Vamos!

    El jefe fue decididamente a donde se encontraba el propietario del restaurante, le pagó la cuenta y habló con él. Sid asintió sin entusiasmo. No era cosa rara que le pidieran permiso para ir a su bodega con el fin que dos hombres pudieran pelear sin ser molestados. Bootstrap era una ciudad respetuosa de las leyes, porque el ser despedido del trabajo en la plataforma era perder el mejor empleo del mundo. Por ello, era necesario que las peleas se hicieran en secreto.

    Con el jefe mostrándoles el camino, atravesaron la cocina y salieron por la puerta de atrás del restaurante. La bodega estaba un poco más allá. El jefe entró, encendió la luz y echó una ojeada a su alrededor, satisfecho. La habitación estaba vacía, con excepción de unas cajas de cartón que estaban apiladas en un rincón. Braun se estaba quitando ya la chaqueta.

    —¿Quiere usted que haya asaltos? —le preguntó el jefe.
    —Quiero pelear —le respondió Braun insolentemente.
    —Bien —dijo el jefe—; entonces, ni patadas ni golpes bajos, y cuando uno de ustedes caiga al suelo, el otro le permitirá incorporarse. Esas son las reglas. ¿De acuerdo?

    Haney gruñó su conformidad y, a su vez, se despojó de su chaqueta, tendiéndosela a Joe; luego, se colocó frente a su adversario.

    El ambiente era curioso para una pelea. La bodega tenía paredes hechas de tablones de madera, el suelo estaba sucio, y del techo, en el centro del cuarto, pendía una sola lámpara. El jefe estaba de pie sobre el umbral de la puerta, disgustado. A él no le parecía correcto, no demostraban odiarse suficientemente para justificar la pelea. Tenían bastante terquedad y resolución, pero Braun estaba mortalmente pálido y tenía el rostro deformado..., pero no por el ansia de golpear y hacer daño. No; era otra cosa.

    Los dos hombres se enfrentaron, y, entonces, el rechoncho y moreno Braun le disparó un puñetazo a Haney. El golpe llevaba intención, pero casi nada más. Parecía como si Braun quisiera animarse para sostener la pelea que había insistido en terminar. Haney respondió con un directo que se desvió al chocar con la mejilla de Braun, y, entonces, se atacaron uno al otro, aporreándose sin ciencia ni destreza.

    Joe observaba la escena. Braun conectó un puñetazo que le hizo daño al otro, pero éste lo hizo retroceder dando traspiés. Volvió nuevamente a disparar puñetazo tras puñetazo, pero no tenía ni idea de cómo debe boxearse. Su único deseo era golpear, y lo hizo. Haney había estado malhumorado, más que enfurecido, pero comenzaba a enardecerse y a tomar la iniciativa.

    Derribó a Braun de un puñetazo. Éste se levantó con dificultad y atacó. Haney recibió un salvaje puñetazo en la oreja y respondió con un mazazo al plexo solar que hizo que Braun se doblara. El gordo volvió al ataque, disparando puñetazos.

    Haney le cerró un ojo, pero continuó peleando. Un directo a la mandíbula lo sacudió de pies a cabeza, pero no cesó. Haney le partió el labio, rompiéndole un diente, pero aún continuó.

    El jefe dijo, malhumorado:

    —¡Esto no es una pelea! ¡Deja de golpearlo, Haney! ¡No sabe defenderse!

    Haney trató de retirarse hacia atrás, pero Braun se lanzó sobre él, aporreándolo con furia hasta que Haney se vio obligado a derribarlo al suelo de nuevo. El gordo se puso en pie lentamente, se lanzó sobre Haney y fue derribado nuevamente. Haney se quedó quieto, resoplando con furia.

    —¡Abandone, necio! ¿Ha perdido usted el juicio?

    Braun comenzó a incorporarse de nuevo. El jefe intervino y le ayudó, mientras Haney lo miraba hoscamente.

    —Haney no continuará la pelea, Braun —dijo el jefe con firmeza—. No tiene usted ni una sola probabilidad a su favor. Terminado. Ya tiene usted bastante.

    Braun estaba ensangrentado y horriblemente aporreado, pero gritó:

    —¿Tiene bastante él también?
    —¿Se ha vuelto usted loco? —le preguntó el jefe—. ¡Ni siquiera tiene una marca!
    —Yo no tendré bastante, mientras no reciba él también lo suyo.

    Su respiración era jadeante, dando la impresión que sollozaba, como resultado de los golpes que había recibido en el cuerpo. No había sido una pelea, sino una verdadera paliza, pero Braun sacudía la cabeza para aclararse la vista.

    —¡Ya tienes bastante, Haney! —intervino Mike, el enano—. Ya estás satisfecho. ¡Díselo a él!
    —¡Claro que estoy satisfecho! —bufó Haney—. ¡No quiero continuar golpeándolo! ¡Ya me basta!
    —¡Bueno! ¡Bueno! —el jefe dejó libre a Braun, que jadeaba, y éste fue vacilante a donde había dejado su chaqueta y trató de ponérsela. Mike captó la mirada de Joe, asintió y éste ayudó a Braun a ponerse la chaqueta. Reinaba el silencio, sólo interrumpido por la respiración pesada y penosa de Braun.

    Se dirigió con paso inseguro hacia la puerta y, de pronto, se detuvo.

    —Haney —dijo con esfuerzo—. No le presenté mis disculpas antes de pelear con usted hoy; quise pelear antes. Pero ahora quiero que sepa que lo lamento mucho. Es usted un buen tipo, Haney. Yo estaba loco, ahora lo comprendo...

    Atravesó la puerta, dando traspiés, y desapareció.

    —¿Qué es lo que le sucede? —preguntó Haney, confuso.
    —Está loco —opinó el jefe—. Si iba a presentar disculpas...

    Mike sacudió la cabeza.

    —No quiso disculparse antes —dijo quedamente—, porque podías pensar que tenía miedo. Pero, después de probar que no le asusta una paliza..., se excusó, porque entonces sí podía hacerlo. Conozco muchos tipos que son infinitamente más desagradables que él.

    Haney se puso la chaqueta.

    —No lo entiendo —dijo sordamente—. La próxima vez que lo vea...
    —No volverás a verlo —dijo Mike—. Apuesto a que ninguno de nosotros vuelve a verlo.

    Pero se equivocaba.

    Salieron de la bodega, regresaron al restaurante Sid y el jefe le dio las gracias cortésmente al propietario por haber prestado su bodega para una pelea en secreto. Entonces, salieron a la calle comercial de Bootstrap, iluminada con luz neón.

    —¿Qué hacemos ahora? —preguntó Joe.
    —¿Dónde vas a dormir? —le preguntó el jefe con interés—. Puedo conseguirte una litera en donde vivo.
    —Voy a quedarme en la base —le respondió Joe con torpeza—. El mayor Holt conoce a mi familia desde hace mucho tiempo y voy a quedarme en su casa, detrás de la base.

    Haney levantó las cejas, pero no dijo nada.

    —Será mejor que te vayas, entonces —dijo el jefe—. Ya es medianoche y es posible que deseen cerrar las puertas. Ahí tienes el autobús.

    Un autobús iluminado estaba detenido al borde de la acera. Tenía las puertas abiertas, pero no había ningún pasajero. De tiempo en tiempo, un autobús hacía el recorrido entre la base y la ciudad, pero a la hora de cambio de turno de trabajo, una multitud de ellos viajaba en ambas direcciones. Joe se acercó y se subió al vehículo.

    —Iremos allá temprano —dijo el jefe—. Este trabajo no lo haremos por turnos, examinaremos las cosas, veremos qué hay que hacer y luego nos pondremos a trabajar. ¿De acuerdo?
    —De acuerdo —dijo Joe—, y gracias.

    Haney hizo con la mano un gesto de despedida y los tres hombres se alejaron, ocultando a Mike de vez en cuando las dos anchas siluetas de Haney y del jefe. Sin embargo, cuando se les veía, sus modales eran grotescos. El reflejo de todos los anuncios de diferentes colores que se encontraban sobre ellos los hacía parecer un trío muy pintoresco. Llegaron ante una cervecería y entraron.

    Joe se sentó. Estaba solo en el autobús. El chofer se había ido.

    Los ruidos de Bootstrap en la noche eran peculiares. Pasos, tintineo de timbres de bicicleta, voces, un aparato de radio que vociferaba en alguna parte, el altavoz de una tienda de discos y, por encima de todo, el ruido producido por la gente que se divertía.

    Alguien dio un fuerte golpe sobre el vidrio de la ventanilla junto a la que se encontraba Joe. Se sobresaltó, miró y vio a Braun, magullado y sangrando por la comisura de los labios, que le rogaba por señas que saliera a la puerta del autobús.

    Braun lo miraba de un modo diferente. Ya no parecía desesperado, ni terco, ni furioso. A pesar de la paliza que había recibido, parecía estar completa y, en cierto modo, espantosamente tranquilo. Parecía alguien que había llegado al final de su tormento y lo único que sentía era alivio.

    —Diga —inquirió—, la muchacha que le acompañaba a usted hoy..., es hija del mayor Holt. ¿No es así?

    Joe arrugó el entrecejo suspicazmente y asintió.

    —Dígale a su papá —continuó Braun— que le han dado un soplo caliente. ¡Un soplo caliente! Que vaya mañana a dos kilómetros al norte de la base y encontrará algo terrible. ¡Caliente! Dígaselo. A dos kilómetros.
    —Sí —le dijo Joe, cuyo ceño estaba cada vez más fruncido—. Pero, escuche...
    —No se olvide de decir «caliente» —repitió Braun.

    Por increíble que pudiera parecer, sonrió, luego giró sobre sus talones y se alejó. Joe regresó a su asiento en el autobús vacío, se sentó y esperó a que saliera hacia la base, tratando de adivinar cuál era el significado del mensaje. Puesto que era destinado al mayor Holt, debía tener algo que ver con la seguridad y ésta significaba defensa contra los sabotajes. «Caliente» podría significar «impor-tante», pero allí y en aquel tiempo, era muy probable que quisiera decir algo completamente diferente. En realidad, podía significar algo capaz de ponerle a uno los cabellos de punta, cuando se relacionaba con la plataforma espacial.

    Joe siguió esperando que arrancara el autobús y se convenció a sí mismo que el empleo que hacía Braun de la palabra «caliente» no significaba simplemente «importante». Sin ninguna duda, era otro el significado que le daba Braun.

    Sus dientes iban a comenzar a castañetear, pero Joe no permitió que lo hicieran.


    CAPÍTULO 6


    Cuando Joe llegó a la base, no pudo encontrar al mayor Holt allí, ni en la zona residencial de oficiales que se encontraba en la parte de atrás. Sólo encontró al ama de llaves, que bostezó mientras dejaba entrar a Joe. Sally estaría probablemente dormida desde hacía mucho tiempo. Joe no conocía ningún procedimiento para ponerse en contacto con el mayor Holt, pero creía que Braun era un buen tipo, porque si no fuera así, no habría insistido tanto en recibir una buena paliza antes de presentar sus excusas. Inquieto, se dejó conducir a una habitación con un catre y se durmió en seguida. Pero estaba extraordinariamente preocupado.

    En efecto, a la mañana siguiente, se despertó a una hora muy temprana, debido a que el mensaje de Braun permanecía en su mente. Estaba esperando en el piso bajo cuando apareció el ama de llaves, que parecía asustada.

    —¿El mayor Holt? —preguntó Joe.

    Pero el mayor ya se había ido. Sin duda se había conformado con no más de tres o cuatro horas de sueño. Había una taza de café vacía, cuyo contenido había bebido antes de regresar a la oficina del servicio de seguridad.

    Joe caminó hasta la cerca de alambre de espino que rodeaba la zona residencial de los oficiales y le explicó al centinela que se encontraba allí a dónde deseaba ir. Un adormilado chofer lo condujo, dando tumbos por el camino circular de menos de un kilómetro que llevaba al edificio de la seguridad. Una vez en éste, se las arregló para llegar hasta la oficina del mayor Holt.

    La melancólica y poco atractiva secretaria del mayor estaba trabajando ya y lo condujo ante el mayor Holt, que parpadeó al ver a Joe.

    —Hmm..., tengo noticias —observó—. Hemos seguido la pista a la caja que explotó poco después de ser arrojada del avión.

    Joe casi lo había olvidado, debido a que desde entonces habían sucedido demasiadas otras cosas.

    —Del asunto ese sacamos dos prisioneros muy interesantes —dijo el mayor—. Puede ser que hablen. No logramos arrestar al hombre del pelo claro que ayudó a llenar los tanques de carburante del aeroplano en que viniste, pero una inspección de emergencia de otros aparatos de transporte ha dado como resultado el hallazgo de otras tres granadas en el emplazamiento del tren de aterrizaje, que esperaban a que pusieran el mecanismo en funcionamiento. Además, otras dos botellas de CO2 contenían una sustancia muy diferente. ¡Un trabajo muy bueno!
    —Me alegro de ello, señor —dijo Joe cortésmente.
    —En total, hemos sufrido una pérdida en los giróscopos, pero tenemos probabilidades de impedir varios otros desastres. ¿Encontraste a los hombres que buscabas?
    —Los he encontrado, pero...
    —Voy a hacer la transferencia para que trabajen bajo tu dirección —dijo el mayor—. Dame sus nombres.

    Joe se los dijo y el mayor los escribió.

    —Muy bien. Ahora estoy ocupado, y...
    —Tengo algo que señalar —dijo Joe—, y creo que debe ser verificado cuanto antes. No me gusta nada en absoluto.

    El mayor esperó y Joe le explicó con mucho cuidado todo lo concerniente a la pelea sobre la plataforma del día anterior, la insistencia de Braun por terminar la pelea más tarde en Bootstrap y, más tarde, el soplo caliente que le había confiado a él, cuando ya todo estaba terminado. Y repitió el mensaje exactamente, palabra por palabra.

    El mayor, a decir verdad, no lo interrumpió. Escuchó con una expresión que pasaba de la severidad a la fatiga. Cuando concluyó Joe, tomó un teléfono y habló brevemente. Joe sintió algo así como una aprobación involuntaria. El mayor Holt no era una persona que un hombre cualquiera pudiera considerar como agradable y el trabajo del que tenía que ocuparse no era muy adecuado para hacerlo popular, pero era alguien que pensaba con rectitud y rapidez. No se molestó siquiera en pensar que «caliente» podía significar «importante».

    Cuando colgó el teléfono, dijo bruscamente:

    —¿Cuándo vendrán los componentes de tu equipo de trabajo?
    —Temprano —dijo Joe—, pero todavía no. Supongo que dentro de dos horas, más o menos.
    —Vete con el piloto —dijo el mayor—. Reconocerás qué quiso decir Braun tan pronto como cualquier otro, sea lo que sea.

    Joe se puso en pie.

    —¿Cree usted que el informe es exacto? ¿Que tiene un significado?
    —No es la primera vez —dijo el mayor sin emoción— que un hombre es obligado por medio del chantaje a hacer sabotajes. Si tiene familia en algún lugar del extranjero y le amenazan con la muerte o la tortura para sus familiares si no hace lo que ellos desean, se encuentra en una situación muy difícil. Ya sucedió antes. El hombre en cuestión no puede decirme a mí nada, porque está vigilado siempre, pero, a veces, encuentra una salida.

    Joe estaba confundido y su rostro lo mostraba claramente.

    —Puede tratar de llevar a cabo el sabotaje, después de haberlo señalado para ser apresado durante su ejecución. Si es apresado, la amenaza que pesa sobre sus seres queridos no se lleva a cabo en absoluto, con tal que mantenga la boca cerrada. Lo cual debe hacer. Y..., ¡ah!, te sorprendería comprobar cuán frecuentemente, individuos que no son nacidos en los Estados Unidos prefieren ir a la cárcel por sabotaje que cometerlo en realidad..., aquí.

    Joe parpadeó.

    —Si tu amigo Braun es apresado —continuó el mayor—, será castigado con severidad..., oficialmente. Pero, en secreto, alguien le informará que será dejado en libertad tan pronto estime él que no peligra ya su seguridad personal o la de los suyos. Y lo será. Eso es todo.

    Se enfrascó en sus papeles y Joe salió. En camino hacia donde tenía que encontrarse con el piloto del avión que iba a llevarlo a verificar el soplo, reflexionó sobre ciertas cosas y comenzó a sentir una especie de orgullo incipiente, pero bien definido. No estaba completamente seguro de saber expresarlo, pero, en cierto modo, era debido a que sentía que formaba parte de un país por el que podían llegar a sentir lealtad personas de diversas y muy diferentes procedencias. Puede haber muchas cosas que no vayan bien en una nación, pero cuando un ciudadano de origen extranjero llega a preferir ser castigado por un crimen antes de cometerlo, no es un país al que sea desagradable pertenecer.

    Cuando atravesó el amplio interior de la base y pasó junto al monstruo de creciente resplandor que era la plataforma espacial, llevaba con él, en lugar de Sally, un guardia de seguridad. Fue hacia las grandes puertas de vaivén por las que penetraban los grandes camiones cargados de materiales y en las que había guardias que controlaban cuidadosamente a todos los chóferes, antes de permitir la entrada de sus vehículos. Pero, en cierto modo, no resultaba algo irritante, no se trataba de desconfianza desdeñosa. Naturalmente, debía haber en el servicio de seguridad individuos rudos y violentos, que se pavonearían. Pero, incluso ellos, estaban guardando algo en lo que había hombres venidos de los más remotos rincones del planeta, dispuestos a perder la vida si fuera necesario.

    Joe y su guía llegaron a una de las entradas, cuando un camión de diez ruedas penetraba, cargado de brillantes láminas metálicas, atravesaron la abertura y salieron. El Sol acababa de salir y parecía enorme, pero muy lejano, y, de pronto, Joe comprendió por qué había sido elegido aquel lugar para construir en él la plataforma.

    El terreno era llano. En toda la extensión, hasta el horizonte, del lado oriental, ni siquiera un montículo se elevaba sobre la llanura. Era un desierto desnudo, árido y abrasado por el Sol, que carecía de rasgos, excepción hecha de los mezquites y los altos y delgados tallos de los matorrales de yuca. Pero era liso como una autopista; un lugar perfecto para que de él partiera la plataforma. No debería tocar el suelo en absoluto una vez que hubiera abandonado la base, pero, al menos, no tropezaría con ningún obstáculo al dirigirse hacia el horizonte.

    Un avión ligero apareció, inclinado y rodeando la superficie exterior grande y curva de la base. Aterrizó y rodó hasta la puerta; luego, giró elegantemente y su puerta del costado se abrió.

    Una mano vendada ondeó, saludando a Joe. Subió al aparato. El piloto del ligero y frágil aparato era el copiloto del avión de transporte. Era el hombre al que Joe había ayudado a arrojar la carga.

    Joe se instaló en el asiento de la derecha y el pequeño motor se puso en marcha. El aeroplano se lanzó hacia delante, sobre el suelo duro y árido del desierto, y se elevó. El copiloto (piloto, ahora) tronó amistosamente sobre el estruendo de los motores:

    —Hola. ¿No pudo dormir? ¿Le dolían las quemaduras?

    Joe sacudió la cabeza.

    —Me sentía molesto —respondió a gritos, y añadió—: ¿Quiere que le ayude, o vengo solamente para dar un paseo?
    —Antes, vamos a echar una ojeada —dijo el piloto por encima del estruendo del motor—. A dos kilómetros al norte de la base. ¿No es así?
    —Exacto.
    —Vamos a ver qué hay allí.

    El pequeño avión ascendió y, cuando se encontró a ciento cincuenta metros de altura, casi al mismo nivel que la cumbre del edificio de la base, se alejó y comenzó a hacer movimientos rápidos que parecían sin objeto. Luego, regresó. Realmente, se trataba de una misión de búsqueda. Joe miraba hacia el suelo desde su lado de la cabina. Era verdaderamente un aparato muy pequeño y, en consecuencia, su motor era mucho más ruidoso que los motores más potentes de los aviones grandes.

    —Estas quemaduras que recibí me mantuvieron despierto —dijo el piloto, mirando hacia abajo—, de modo que me levanté y, mientras deambulaba sin rumbo fijo, llegó la noticia que hacía falta alguien para pilotear este cacharro. Me ofrecí a hacerlo.

    Continuaron dando vueltas, avanzando y retrocediendo. Desde ciento cincuenta metros de altitud, en las primeras horas de la mañana, el terreno tenía una apariencia muy curiosa. El avión volaba lo suficientemente bajo para que hasta los más pequeños detalles fueran visibles, y, como era bastante temprano, los arbustos proyectaban una larga y tenue sombra. El terreno parecía estar rayado, pero todas las rayas iban en la misma dirección; eran las sombras.

    Joe exclamó de pronto.

    —¿Qué es eso?

    El aparato se ladeó en ángulo muy inclinado y volvió hacia atrás, luego volvió a ladearse. El piloto observaba cuidadosamente, y, alargando la mano, oprimió un botón. Hubo un ligero choque en el suelo. Volvieron a girar, inclinados sobre un ala, y Joe vio una nubecilla de humo que flotaba en el aire.

    —Ahí hay un hombre —le gritó el piloto—, que parece estar muerto.

    Volaron sobre el objeto que se encontraba en tierra y Joe vio una segunda bocanada de humo.

    —Nos observan por radar desde la base —gritó para poder ser oído por Joe, a medio metro de distancia—, y esto señala el lugar. Ahora, vamos a ver si hay algo que tenga relación con la parte caliente del soplo.
    —Alargó la mano hacia arriba detrás de su asiento y asió una caña, semejante a una caña de pescar de carrete muy ancho, que llevaba también audífonos gemelos y algo que parecía un pez de aluminio al final de la línea.
    —¿Conoce los contadores Geiger?

    Al asentir Joe, el piloto dijo:

    —Póngase este casco con audífonos y escuche.

    Joe se puso los audífonos. El piloto movió un interruptor y Joe oyó chasquidos, que no eran regulares ni de una frecuencia determinada. Eran chasquidos que se producían a intervalos irregulares, pero parecía ser que había cierto promedio por segundo.

    —Saque el contador por la ventana —le rogó el piloto— e indíqueme si los chasquidos se hacen más rápidos.

    Joe obedeció. El pez de aluminio se bamboleó y la línea se inclinó hacia la cola del avión arrastrada por el viento, trazando una curva entre la caña y el objeto de aluminio, cóncava en relación a la dirección que seguía el avión. El piloto miró hacia el suelo, entrecerrando los ojos, y comenzó a trazar un amplio círculo sobre el lugar en donde estaba tendido el hombre aparentemente muerto y sobre el cual flotaban ahora dos nubecillas de humo. De repente, cuando habían recorrido las tres cuartas partes del círculo que estaban trazando en su vuelo, los chasquidos irregulares se convirtieron en un rugido y Joe gritó:

    —¡Eh! ¡Ahora se oye fuerte!

    El avión se balanceó y volvió hacia atrás. El piloto señaló el botón que había oprimido él antes.

    —Apriételo cuando vuelva a oírlo fuerte.

    Los chasquidos..., luego el rugido. Joe apretó el botón y sintió el golpecito del disparador de humo.

    —Otra vez...

    El aparato se acercó más al lugar en donde se hallaba tendido el cadáver del hombre y Joe sintió la desagradable seguridad de saber quién era el muerto. Un nuevo aumento del volumen en los audífonos y Joe volvió a oprimir el botón.

    —Recójalo ahora —le dijo el piloto—, ya terminamos nuestro trabajo.

    Joe recogió todo, mientras el avión regresaba a la base. En el aire, detrás de ellos, flotaban varias nubecillas de humo, que habían sido detectadas desde el instante de su aparición. Alguien en la base sabía que en cierto lugar había algo que era preciso investigar. Las dos últimas nubecillas de humo significaban que había radiactividad en el aire donde flotaban. No era necesaria una información mucho más completa para comprender claramente el significado que Braun había querido dar a la palabra «caliente». Era caliente en el sentido que estaba relacionada con la radiactividad.

    El aparato descendió y aterrizó nuevamente cerca de las grandes puertas. Avanzó por el terreno y el piloto apagó el motor.

    —Hemos estado utilizando contadores Geiger desde hace varios meses —dijo complacido— y nunca antes habíamos notado nada. Esta vez estábamos preparados.
    —¿Para qué? —preguntó Joe. Pero conocía la respuesta.
    —Suponíamos que podía tratarse de polvo atómico —contestó el piloto—. Hace ya mucho tiempo se habló de él como posible arma. ¿Ha oído usted hablar alguna vez del informe Smyth? Nunca se intentó ponerlo en ejecución, pero pensamos que quizá lo utilizaran contra la plataforma. Si alguien llega a esparcir un poco de cobalto radiactivo, por ejemplo, podrían ser quemados los tres turnos de trabajadores, antes de descubrirlo. Posiblemente era esta la idea en este caso concreto, pero el tipo que debía encargarse de arrojar la materia radiactiva abrió el recipiente que la contenía para verla y eso le costó la vida.

    Saltó al suelo desde el avión y se dirigió hacia la puerta. Tomó un teléfono de manos de uno de los guardianes, habló cortantemente durante un momento y luego regresó sobre sus pasos.

    —Van a venir en su busca —dijo amablemente—. Espere usted aquí. Yo debo irme. ¡Hasta la vista!

    Subió al aparato, el motor tosió y el ligero avión se alejó velozmente. Poco después, estaba en el aire y seguía en dirección sur.

    Mientras Joe esperaba, algo salió de la base produciendo un sonido metálico. Era un tractor con un blindaje extraordinariamente pesado. Dentro viajaban varios hombres que llevaban también una rara armadura, que se estaban ajustando. El tractor remolcaba una plataforma de oruga sobre la que había una grúa y una gran caja recubierta de plomo, con tapadera. Se alejaron rápidamente hacia el norte.

    Joe comprendió. Tanto el vehículo como los hombres estaban protegidos contra la radiactividad. Se aproximarían al cadáver del hombre, lo levantarían y lo meterían en la caja recubierta de plomo junto con todo el material radiactivo que se encontrara a su alrededor. Ese equipo había tenido que ocuparse ya de una bomba atómica que un falso coronel intentaba arrojar contra la base. Habían estado preparados para esa emergencia y estaban siempre disponibles. Alguien había tratado de prever todos los medios que podrían ser empleados para tratar de destruir la plataforma.

    Un guardia fue en busca de Joe y lo condujo a donde esperaban el jefe, Haney y Mike, al lado de las cajas que todavía permanecían parcialmente abiertas y que encerraban los giróscopos pilotos. Tenían varias ideas nuevas sobre el trabajo y aparecieron nuevos problemas al ser descubiertos los giróscopos. Hicieron varios descubrimientos desalentadores, pero Joe se limitó a anotar las partes que podrían ser reemplazadas en el tiempo disponible para volver a equilibrar los rotores y, también, las que no podían, pero debían serlo.

    —¡Qué suciedad! —exclamó Haney tristemente, mientras trabajaban—. ¡Vamos a necesitar dos días tan sólo para limpiar todo esto!

    El jefe examinó los dos rotores. Eran grandes discos de un metro veinte centímetros con ejes extraordinariamente cortos y desarmables. Los extremos de los ejes eran conos muy bien pulidos, que se adaptaban con una precisión increíble dentro de soportes, con entalladuras intrincadas para asegurar la lubricación. Al ponerse en marcha el aparato, un aceite muy especial de sílice penetraba en los cojinetes a gran presión. El aceite, distribuido por los canales, formaría una película que, por medio de presión, evitaría que los ejes metálicos en movimiento entraran realmente en contacto con los cojinetes que los soportaban. De hecho, los rotores flotarían en aceite de la misma forma que la centrífuga que había mencionado el jefe flotaba sobre aire comprimido. Pero era preciso que estuvieran perfectamente equilibrados, porque cualquier desequilibrio haría que el eje perforara la película de aceite y el contacto de un metal con otro es indeseable en un objeto que gira a cuarenta mil revoluciones por minuto. Los ejes y los cojinetes se calentarían al blanco en fracciones de segundo y las consecuencias serían terribles.

    —Es preciso que lo hagamos girar en un torno —dijo el jefe con voz profunda—, para detener los mandriles, que tienen que ser forzosamente estos mismos cojinetes, debido a que ninguna otra cosa alcanzará la velocidad necesaria. Y será preciso que desmontemos y apartemos la placa base del torno de modo que haya espacio para los rotores. Y tenemos que hacerlos girar con el eje alineado con el eje de la Tierra.

    Mike asintió con convicción y Joe intuyó lo que él había señalado. Era bastante exacto. Un giróscopo de alta velocidad podría girar solamente unos minutos si su soporte estuviera orientado en otra dirección. Si un giróscopo de precisión tuviera su eje apuntando al Sol, por ejemplo, mientras funcionara, su eje tendría tendencia a seguir al Sol. Se opondría a la rotación de la Tierra y se estropearía.

    Tendrían que utilizar los mismos cojinetes cónicos, pero para proteger los canales de la lubricación, tendrían que usar láminas en forma de conos al principio, mientras girara a poca velocidad. Los extremos cónicos del eje deberían ser pasados nuevamente por las máquinas para ser bien alineados. Y los cojinetes debían ser montados de tal forma que los rotores pudieran encontrar su propio centro de gravedad.

    Habían utilizado muchas servilletas de papel la noche anterior examinando sólo esos problemas, pero ahora aparecieron otros nuevos, cuando las cajas vacías y los restos quemados de los embalajes fueron retirados.

    Trabajaron durante cuatro horas para limpiar el hollín y los restos carbonizados. La lista hecha por Joe de piezas pequeñas que deberían ser reemplazadas era tan larga como su brazo. Por supuesto, los motores deberían ser desechados y substituidos por otros nuevos. Considerando su velocidad (a la velocidad de trabajo, el campo de fuerza era prácticamente inexistente), era preciso que fueran reconstruidos de nuevo, lo cual significaba que la fábrica Kenmore debería trabajar sin descanso.

    Un mensajero llegó buscando a Joe. Lo llamaban de la oficina de seguridad. La melancólica secretaria del mayor Holt no levantó la vista cuando él entró y el mayor Holt mismo parecía más cansado que de costumbre.

    —Había un hombre allá afuera —dijo concisamente—. Creo que se trata de tu amigo Braun y te he hecho venir para que lo veas.

    Joe ya lo había supuesto.

    —Abrió un recipiente que contenía más de doscientos gramos de polvo finísimo de cobalto radiactivo y eso lo mató.
    —¿Cobalto radiactivo? —dijo Joe.
    —Exactamente. Doscientos gramos de ese polvo producen la misma radiación que ciento diez kilogramos de radio. Tenía instrucciones sin duda de colocarse en un punto tan elevado como fuera posible y arrojar el polvo al aire. Un polvo tan sumamente fino se difundiría casi de la misma manera que un fluido y hubiera contaminado la base de tal forma que no hubiera podido ser utilizada durante varios años..., haciendo a un lado el hecho que hubieran muerto todos los obreros que trabajan en los tres turnos.

    Joe tragó saliva.

    —¿Fue quemado?
    —Tenía el equivalente de ciento diez kilogramos de radio a pocos centímetros de su cuerpo y no era muy sano por naturaleza —dijo el mayor con rudeza—. Para contener ese material, el recipiente de berilio no era una protección suficiente y después de guardarlo durante varios minutos en el bolsillo, estaba condenado a morir aunque él quizá no lo supiera.

    Joe comprendió qué era lo que querían que hiciera.

    —Quiere usted que le diga si ese cadáver es el del hombre que me dio el soplo, ¿no es así?

    El mayor asintió.

    —Y después deseo que se someta usted a un control radiactivo. Es poco probable que..., ah..., llevara encima el cobalto ayer por la noche en Bootstrap. Pero en el caso que lo llevara, usted necesitará recibir un tratamiento preventivo sin duda. Y también los hombres que estaban con usted.

    Joe comprendió lo que quería decir. Braun había recibido un recipiente relativamente pequeño lleno de la sustancia más mortífera que existe en la Tierra. Cuando enviaban de Oak Ridge para usos científicos unos pocos miligramos, lo hacían en cajas gruesas de plomo. Braun llevaba encima más de doscientos gramos, doscientas mil veces más, en un recipiente que podía llevar en el bolsillo. En tales circunstancias, no sólo era un cadáver ambulante, sino que además significaba la muerte para todos los que pasaran junto a él.

    —En todo caso, alguien más ha podido ser contaminado —dijo el mayor sin emoción—, de modo que, voy a hacer sonar la alarma radiactiva y controlar a todos los habitantes de Bootstrap, para ver si no hay otras personas quemadas. Es muy probable que el hombre que le dio a Braun el recipiente esté también quemado. Pero, por supuesto, tú no mencionarás nada de lo que te digo.

    Le hizo un gesto de despedida y Joe se disponía a retirarse, cuando el mayor añadió bruscamente:

    —Te dije antes que habíamos encontrado tres aviones que llevaban granadas, pero ahora, el número total asciende a ocho. Los hombres que llevaron a cabo el sabotaje desaparecieron. Se desvanecieron repentinamente durante la noche pasada. Alguien les advirtió. ¿Hablaste con alguien de ello?
    —No, señor —respondió Joe.
    —Quisiera saber —dijo el mayor fríamente— cómo han conseguido saber que habíamos descubierto su artimaña.

    Joe se retiró, sintiendo frío en la boca del estómago. Tenía que identificar a Braun y luego, él mismo tendría que someterse a un control radiactivo. En ese orden. Tenía que identificar antes a Braun, porque si él había llevado el recipiente de cobalto radiactivo la noche anterior en el restaurante Sid, Joe estaría condenado a morir, y lo mismo el jefe, Haney y Mike, y todas las personas que estuvieron cerca de él. Por ello, Joe tenía que identificarlo antes que pudiera molestarle el hecho que él mismo iba a morir.

    Hizo la identificación. Braun estaba acostado muy decentemente en una caja recubierta de plomo, que tenía una mirilla de cristal a la altura de su rostro. No tenía rastros de heridas, exceptuando las marcas dejadas por su pelea con Haney. Las radiaciones lo habían quemado muy profundamente, pero no habían dejado ninguna marca. Había muerto antes que pudieran desarrollarse síntomas externos.

    Joe firmó un certificado y fue a someterse al control radiactivo para saber si podría seguir viviendo. Era una sensación peculiar, y lo más extraño de todo era que no estaba asustado. No estaba seguro de haber sido contaminado interiormente, ni lo estaba de haberlo sido. Sencillamente, no tenía miedo. Nadie cree nunca que va a morir en el sentido de cesar de existir. El más redomado cobarde permanece junto al muro donde va a ser fusilado o atado a la silla eléctrica, descubre que, de modo muy sorprendente, no llega a creer que lo que le suceda a su cuerpo va a matarlo a él, al individuo. Es por esta causa que un gran número de personas mueren con razonable dignidad, sabiendo que no vale la pena hacer demasiada alharaca por ello.

    Pero cuando los contadores Geiger recorrieron su cuerpo de los pies a la cabeza, siendo normal su temperatura y sus reflejos correctos, cuando estuvo seguro de no haber sido contaminado, sintió las rodillas flojas. Y esto también era natural.

    Fue caminando hasta donde se encontraban los giróscopos en reparación y vio que sus amigos se habían ido, dejándole unos apuntes garrapateados. Habían ido a buscar las herramientas mecánicas necesarias para llevar a cabo el trabajo que tenían entre manos.

    Continuó trabajando con los giróscopos estropeados, pensando en Braun y sintiendo una helada aversión hacia las personas que eran responsables de la muerte de Braun, como parte de un proyecto para provocar la muerte de todas las personas que trabajaban en la plataforma. Su aversión era mucho más profunda que su enojo, siendo respaldada por todo en lo que creía, que siempre había deseado y que esperaba ansioso. El enfado podía disminuir, pero lo que sentía, jamás. Pensó en ello mientras trabajaba, rodeado por todos los ruidos de la semiesfera.

    Una voz dijo:

    —Joe.

    Se enderezó y, volviéndose, vio que Sally estaba detrás de él, mirándolo muy seriamente.

    —Papá me explicó todo —dijo ella, tratando de sonreír— sobre el control radiactivo que indicó que estabas perfectamente. ¿Me permites felicitarte porque puedas permanecer por largo tiempo entre nosotros? ¿Y también porque..., porque el cobalto no estuviera nunca cerca de ti o de todos nosotros?

    Joe no supo qué responder exactamente.

    —Voy a entrar a la plataforma —le comunicó ella—. ¿Quieres acompañarme?

    Se limpió las manos con una hilacha de algodón.

    —Con mucho gusto. Mi equipo fue a buscar las herramientas mecánicas que necesitamos y, de todos modos, no puedo hacer gran cosa hasta que regresen.

    Se colocó a su lado y fueron caminando hacia la plataforma. Era algo que le parecía todavía mágico, sin importar la cantidad de veces que Joe lo había visto. Mucho más grande de lo que era posible creer. Su blindaje brillante relucía entre el andamiaje intrincado que lo rodeaba y también podían verse los fuegos fatuos de los sopletes de soldar en diversos lugares. Los ruidos de la semiesfera eran un tumulto constante en los oídos de Joe, aunque comenzaba a acostumbrarse a ellos.

    —¿Cómo puedes ir a todos sitios con tanta libertad? —le preguntó él—. Yo tengo que pasar siempre por infinidad de controles.
    —Te van a dar un pase permanente —le dijo ella—, pero es preciso que pase por los canales reglamentarios. En cuanto a mí, tengo influencia. Siempre entro atravesando la seguridad y tengo aleccionados a los guardias de las puertas. Además, tengo algo que hacer en la plataforma.

    Joe volvió la cabeza para mirarla.

    —Decoración interior —le explicó ella—, y no te rías, no es para embellecer, sino por razones psicológicas. La plataforma fue diseñada por ingenieros y gente con reglas de cálculo. Calcularon el medio para las maquinarias muy bien, pero habrá también hombres viviendo en ella y ellos no son máquinas.
    —No comprendo...
    —Diseñaron los jardines hidropónicos —dijo Sally, con cierto desdén—. Calcularon cuidadosamente que once pies cuadrados de superficie de hojas de una planta de calabazas sería suficiente para purificar todo el aire que consume un hombre en reposo..., al descomponer el anhídrido carbónico en oxígeno y carbono, y que para un hombre que trabajara sería necesaria otra superficie complementaria determinada para que el aire que respirara permaneciera puro. Por consiguiente, diseñaron el jardín de modo que pudiera contener la mayor superficie posible de hojas de calabaza. Suponían que el alimento le llegaría a la tripulación desde la Tierra, por medio de naves espaciales de transporte. Pero, ¿te imaginas a los hombres sobre la plataforma, flotando en el vacío, viviendo a base de alimentos deshidratados y llenándose ansiosamente de calabazas, porque sería la única cosa verdaderamente fresca de la que dispondrían?

    Joe comprendió el lado irónico.

    —Piensan en la eficiencia de las máquinas —dijo Sally, indignada—. Yo no comprendo gran cosa de máquinas, pero si no comprendo a los seres humanos, entonces, he perdido sin duda una enormidad de tiempo en las escuelas y otras partes. Yo protesté y el jardín no será tan eficiente como sistema de purificación..., renovador de aire si lo prefieres, pero va a ser un lugar agradable para cualquier hombre que vaya a él. Por lo menos, no olerán siempre a calabazas. He conseguido que agreguen algunas flores.

    Estaban ya muy cerca de la plataforma, a la que le faltaba poco para estar terminada. Joe la miró ansioso y sintió verdadera prisa. Trató de imaginarse que el andamiaje había sido retirado y que la plataforma flotaba en el espacio libremente, con los rayos abrasadores del Sol que se reflejarían sobre ella, teniendo como fondo las estrellas, que despedirían una luz fija, sin parpadeos. Pero más cerca, habría rápidos y envidiosos satélites en órbitas muy por debajo. Esos pequeños satélites más antiguos serían de forma extraña e irían desde el primer sputnik que dio la vuelta alrededor de la Tierra, hasta los satélites comerciales de televisión, que no eran tan satisfactorios como el hombre había esperado.

    Sally continuó hablando.

    —También presenté un argumento sobre las habitaciones. ¡Querían pintar con aluminio todas las paredes interiores! Les argüí que tanto en el espacio como fuera de él, dondequiera que vivan personas, habrá quehaceres domésticos. La plataforma va a ser su hogar, y es preciso que se sientan humanos en ella.

    Pasaron por una de las aberturas entre el laberinto de columnas. Por todas partes, en torno a ellos, había camiones, motores ruidosos y grúas. Joe apartó a Sally a un lado al ir hacia ellos un enorme camión con remolque que acababa de descargar algún gigantesco objeto para uso interno. El vehículo pasó junto a ellos. Sally fue delante y se dirigieron hacia un tramo de escaleras pro-visionales de madera, al pie de las cuales se encontraban dos guardias de seguridad. Sally habló con ellos, sonrieron y le indicaron a Joe que podía continuar su camino. Ascendió los escalones de madera, que serían retirados seguramente antes del lanzamiento de la plataforma, y, por primera vez, se encontró realmente dentro de la plataforma.

    Fue un momento de emociones vívidas. Durante las últimas veinticuatro horas había conocido la vergüenza y el peligro, y solamente un rato atrás había llegado a pensar indiferentemente en su propia muerte. Después, había resultado que podría seguir viviendo todavía por mucho tiempo. Sabía que Sally habría estado asustada, al menos por él, y que sus maneras indiferentes eran fingidas. Ella estaba al menos tan agitada interiormente como él.

    Y era la primera vez que se encontraba dentro de lo que iba a ser la primera nave espacial habitada que abandonaría la Tierra para un viaje sin regreso.


    CAPÍTULO 7


    Nadie hubiera podido experimentar las emociones que Joe había conocido en una noche y un día y continuar como de costumbre. El ver a un hombre que había preferido morir antes de matar a Joe, entre otros, tuvo su efecto, y también lo alteró el saber que pudo haberle matado sin que él mismo lo supiera. El examen para buscar quemaduras radiactivas, del cual podría deducirse que moriría muy pronto, fue otra experiencia dura. Y Sally..., había estado expuesta al peligro de radiación del cobalto, pero no lo supo sino cuando el peligro había desaparecido ya. En realidad, había estado mucho más temerosa por él que por ella misma y se daba cuenta claramente de ello. Cuando además de todo, se encontró Joe en la plataforma espacial, se sintió profundamente emocionado.

    Sin embargo, no habló de ello, sino que, por el contrario, hizo comentarios técnicos, examinando las paredes interiores y su alineación, casi desde la entrada provisional. En realidad, el blindaje de la plataforma era doble. La capa exterior era destinada a detener los meteoritos. Las partículas de polvo cósmico podrían chocar contra ella y explotar sin causar daños internos. También podrían perforarla sin provocar una falta de aire. Entre las dos capas de blindaje habría lana de vidrio para asegurar el aislamiento térmico. En el interior, después de la lana de vidrio, una capa de material elástico haría exactamente el mismo servicio que el blindaje de un tanque de gasolina a prueba de balas. Aun a velocidades meteóricas de más de setenta kilómetros por segundo, ningún meteorito de menos de un centímetro podría perforarla. Si uno lograra hacerlo, la capa de material elástico se cerraría herméticamente por sí misma, impidiendo rápidamente que el aire escapase. Joe podía explicar qué protegía las capas metálicas.

    —Cuando un proyectil viaja a más de una cierta velocidad —dijo Joe, mientras pensaba en algo completamente diferente—, no aumenta la probabilidad de hacer un agujero. A velocidades superiores a un kilómetro y medio por segundo, el impacto no puede ser transmitido de la parte frontal de la bala a la posterior. La sección posterior de este tipo de balas llega al punto del golpe antes de ser alcanzado por el golpe del choque; es algo parecido a lo que sucede en un choque de trenes, éstos no se detienen inmediatamente; cuando un meteorito golpee la plataforma, se acortará sobre sí mismo, como los vagones de un ferrocarril que choca con otro a gran velocidad.

    Sally escuchaba enigmáticamente.

    —Por eso, el efecto perforador no existe ahí —dijo Joe—. Cuando un meteorito choque con la plataforma, explotará, hará volar una parte de la capa metálica en cantidad igual a la de su masa, pero no más. Tomando peso por peso, una sopa de guisantes sería tan buena defensa como el acero reforzado.
    —¡Vaya! —dijo Sally—. ¡Debes leer todos los artículos de los periódicos!
    —Y con el uso de las matemáticas, se ha calculado que la plataforma no recibirá un golpe de meteorito durante los primeros veinte mil años que flote alrededor de la Tierra.
    —Veinte mil doscientos setenta, Joe —dijo Sally, tratando de bromear, pero su rostro reflejaba preocupación—. Yo también leo los artículos. En realidad, hay ocasiones en que sirvo de guía a los articulistas, cuando se les autoriza un permiso para visitar la plataforma.

    Los ojos de Joe se agitaron.

    —¡Tú conoces todo esto más que yo! Eso me pone en mi sitio, ¿no es así?

    Ella sonrió, pero ambos se sintieron incómodos. Luego penetraron más adentro en la nave espacial.

    —Hay mucho espacio —dijo Joe—. Pudo haber sido más pequeña.
    —Nueve décimos del total estarán vacíos cuando ascienda —dijo Sally.

    Por alguna causa, no se sentían bien juntos. Joe no debió tratar de dar lecciones a Sally acerca de la plataforma y ella podía haber evitado dar a entender tan claramente que había hablado demasiado. El vacío de la plataforma, cuando ascendiera, sería totalmente diferente al de los demás satélites pequeños. Éstos eran construidos en forma de cohetes; tenían que ascender con el combustible que ellos mismos llevaban y una gran proporción de ese combustible se gastaba solamente en perforar la atmósfera. Sus líneas tenían que ser aerodinámicas y sus proporciones pequeñas a causa de la resistencia del aire. Pero el caso de la plataforma era diferente, pocas ventajas tendría con un diseño apropiado para cortar el aire y, por lo contrario, perdería mucho. El método planeado para su lanzamiento permitía que fuera grande y ligera y, además, evadía las razones que justificaban la fabricación de pequeñas cápsulas en las que los astronautas repetidamente ascendían, para girar alrededor de la Tierra. Pero estaban casi riñendo sobre ese punto.

    Joe cerró la boca firmemente. Sally era la única persona en el mundo que lo juzgaría por lo que intentaba hacer más que por lo que realizaba. No iba a arriesgar su aprobación sólo por el afán de lucirse, y se calló.

    Llegaron al cuarto de máquinas. Eso no tenía nada que ver con la fuerza de movimiento de la plataforma. Era ahí donde estaban las máquinas que hacían habitable la plataforma; ahí estaban centrados los motores de servicio, el sistema de circulación del aire y las bombas de fluidos. A un lado del cuarto de máquinas se habían instalado ya los giróscopos principales, sólo esperaban que montaran los giróscopos piloto para controlarlos como el instrumento de dirección controlaba el timón de un transatlántico. Joe observó los giróscopos principales. Le eran familiares debido a los dibujos de trabajo, pero dejó que Sally continuara caminando y la acompañó sin intentar detenerse para observar cuidadosamente.

    Luego ella le mostró las habitaciones y él comenzó a sospechar que también necesitaba aprobación.

    Las habitaciones de la tripulación estaban centradas en un gran espacio abierto que medía 183 metros de largo por 61 de ancho y de alto. Había libreros, dos balcones y algunas sillas. Las puertas de las cabinas privadas estaban colocadas en diversos niveles, pero no había escalones que subieran a ellas. Sin embargo, había sillas, con cinturones para atarse a ellas cuando estuvieran en estado de ingravidez, había ceniceros que estaban ingeniosamente diseñados para parecer precisamente eso y no otra cosa, pero las cenizas no caerían dentro de ellos cuando la plataforma estuviera en el espacio. Tendrían que ser aspiradas por una fuerza de succión. El piso y el techo estaban cubiertos con alfombras sin dibujos.

    —Va a ser una sensación extraña —dijo Sally, casi defensivamente—, pero parecerá bastante normal. Creo que eso es lo importante. Esta habitación se asemejará más a una gigantesca biblioteca particular que a ninguna otra cosa. Uno no recordará a cada instante por las cosas que ve, que está viviendo en un medio totalmente sintético, ni se sentirá prisionero. Si todas las habitaciones fueran reducidas, el hombre se sentiría cautivo. De esta manera, cuando menos, puede pretender que no lo está.

    Su mente no estaba puesta totalmente en sus palabras. Joe la había asustado, ella quería provocar su interés e intentó obtenerlo en su propio nivel y por medio de las cosas que él consideraba importantes.

    —El gran problema estará en dormir —dijo ella.

    Él asintió, luego hicieron una pausa momentánea y continuaron observando el gran recinto. Sally se movió inquieta.

    —Tú ya has estado en un elevador que cae como una plomada, ¿no es así? Pues cuando la plataforma esté en el espacio, sucederá lo mismo, nada tendrá peso. Si estuvieras en un elevador que pareciera caer y caer durante horas y más horas, ¿crees que podrías dormir, Joe?

    Joe frunció el ceño. No había pensado mucho en eso, y sacudió la cabeza.

    —Es posible adaptarse cuando se está despierto —continuó Sally—, pero hacerlo dormido es algo completamente diferente. Tú has soñado que ibas cayendo y despertaste sobresaltado.
    —¡Por supuesto! —exclamó Joe, y luego dio un silbido—. ¡Ya veo! Uno se duerme y sentiría caer, de manera que se despierta por eso. Todos en la plataforma estarían cayendo constantemente..., o, cuando menos, esa es la sensación que tendrían.

    No veía ninguna solución, habían corrido muchas historias de medicamentos que permitían a los astronautas soportar horas y días de no pesantez cuando estaban en órbita. Él no sabía si eran ciertas, pero el temor de caer es el primer miedo experimentado por el ser humano, y no importa cuántos conocimientos adquiera el hombre respecto a que la ingravidez sería normal en la plataforma espa-cial, su mente consciente dejaba de funcionar cuando dormía y una subconciencia totalmente primitiva tomaba el mando y no estaría satisfecha. Podría despertarlo frenéticamente cuando dormitara, hasta que enloqueciera por el insomnio y sólo le permitiría dormir cuando estuviera completamente exhausto.

    —Va a ser difícil —comentó, preocupado—. Pero no podemos hacer gran cosa.
    —Yo sugerí algo —dijo Sally—, ellos lo construyeron y espero que dé buenos resultados —procedió a explicarle cuidadosamente, observando su rostro en busca de aprobación—. Se trata de un catre con una cubierta que se sujeta sobre un colchón inflado. Cuando una persona desee dormir, entrará en él e inflará el colchón. Eso lo mantendrá en el catre y ejercerá una ligera presión sobre él, por todos lados.

    Joe se sentía ansioso por expresar su aprobación, no le agradaba el hecho que ambos se sintieran nerviosos.

    —Será como si el hombre nadara —sugirió—; uno puede dormirse cuando flota, no se siente el peso, pero hay presión. Una persona podrá dormir si tiene la misma sensación que cuando flota en el agua. Sí; es un plan excelente, Sally, ¡creo que resultará! ¡Si uno siente que está flotando, no tendrá la sensación de caer! ¡Es una idea genial!

    Sally pareció sentirse más aliviada.

    —Yo llegué a esa conclusión en una forma muy diferente —dijo Sally—. Cuando dormimos, somos como bebés. Ya probé uno de esos catres. Se siente verdaderamente ligero, se tiene la sensación que alguien lo sostiene con sumo cuidado, como si fuéramos pequeñuelos rodeados de cuidados y seguridad.

    Luego ella se volvió abruptamente y le mostró la cocina. Todas las cacerolas estaban cubiertas y la parte superior de la estufa era de láminas de alnico, dispuestas como si fuera la parte superior de un mandil magnético. De esa manera, las cacerolas estarían fijas. Las cubiertas tenían una extraña capa que intrigó a Joe.

    —Es teflón plástico —comentó Sally—. No se derrite ni se quema. Cuando se infla, sujeta la comida sobre la base caliente de la cacerola. Fue diseñada para que la tripulación pudiera comer alimentos ya preparados; yo opiné que ya era bastante problema el tener que seguir nuevas costumbres para comer y colgaron una de las estufas de cabeza. Yo cociné huevos y tocino, y hasta hot cakes, con la tapadera de la sartén apuntando hacia el suelo. Ellos dijeron que el efecto psicológico sería inapreciable.

    Joe se sintió divertido, se había sentido incómodo porque al llegar a la plataforma, conversaron durante varios minutos sin la cordialidad que le era tan necesaria. Pero ahora se sentía impresionado y experimentó gran admiración.

    —Muy bien, Sally —le dijo—. Debes ser la primera chica en el mundo que piensa en los quehaceres domésticos en el espacio.
    —Las muchachas también irán al espacio, ¿no es así? —le preguntó sin mirarlo—. Si en otros planetas existen colonias, tendrán que hacerlo, y algún día hasta las estrellas...

    Sally se quedó inmóvil. De pronto la tensión entre ellos se desvaneció y Joe deseó hacer algo para demostrarle la admiración que sentía por ella y explicarle sus sentimientos. El interior de la plataforma estaba sumido en el más completo silencio. En algún sitio lejano, el aislador de lana de vidrio estaba siendo terminado y el ruido de los trabajadores se hizo audible, pero los corredores internos de la plataforma no eran resonantes. Estaban recubiertos con un material que ocultaba por completo la cubierta metálica. En ese instante, Joe y Sally estaban solos y él experimentó un sentimiento de ansiedad.

    La contempló anhelante. Su color estaba algo más encendido que lo normal. Era una chica agradable, ya lo había notado antes, pero ahora que la tensión no admitida que había reinado entre ambos había desaparecido y con el recuerdo de su temor cuando él había estado en peligro... Recordó también su absurda oferta de llorar en su lugar si se sentía mal por la destrucción de los giróscopos.

    Se encontró dando vueltas al anillo que llevaba en el dedo, se lo sacó, vio que estaba lleno de hollín y grasa a causa del trabajo que había estado haciendo. Él sabía que ella presentía lo que iba a hacer, pero Sally volvió la vista hacia otro lado.

    —Escucha, Sally —le dijo, torpemente—. Hace mucho tiempo que nos conocemos, me... eres muy simpática; sé que tengo algunas cosas que hacer todavía, pero... —se detuvo, tragó saliva, y, cuando Sally se volvió a verlo, su rostro no era ya tan grave ni tampoco tan sonriente—. Sally. ¿Cómo podría pedirte que usaras esto?

    Ella asintió con ojos brillantes.

    —Así está bien, Joe, me gustaría mucho.

    Los siguientes momentos fueron un interludio. Ella se echó a llorar ridículamente y le explicó que debía ser más cuidadoso y no arriesgar tanto su vida. Luego, escucharon un sonido muy débil que provenía desde el exterior de la plataforma. Era el ulular de una sirena, que gritaba dando gemidos cortos y agitados. El sonido se hizo más firme y continuó lanzando sus gemidos.

    —Es la alarma —dijo Sally, con ojos todavía humedecidos—. Todos tenemos que salir de la semiesfera. ¡Vamos, Joe!

    Regresaron por el camino que habían seguido y Sally miró a Joe. Sonrió repentinamente.

    —Cuando tenga nietos —le anunció—, voy a contarles que yo fui la primerísima chica en el mundo que fue besada en una nave espacial.

    Pero antes que Joe pudiera hacer realidad tal hecho, ella estaba en las escaleras, en plena vista, y comenzaba a descender, de manera que Joe se limitó a seguirla.

    La base se estaba vaciando. El desnudo piso de madera estaba salpicado de figuras que se encaminaban directamente hacia la salida de emergencia. Nadie se apresuraba, porque los encargados de seguridad gritaban que no era una alarma, sino una medida de precaución, y que no era necesario que se apresuraran. Habían sido informados por medio de radios portátiles que era una cuestión de rutina. Por medio de esos aparatos recibían órdenes o informes desde cualquier parte de la semiesfera o de la plataforma misma.

    Los camiones estaban colocados en línea en una manera ordenada, listos para salir por las puertas levadizas. Los hombres descendieron de los andamios, después de haber colocado las herramientas en sus debidas posiciones entre turnos, para ser contadas e inspeccionadas. Otros hombres descendían cómodamente de una línea de ensamblaje en uno de los carros. Excepción hecha del gigantesco objeto que se encontraba en el centro y del hecho que todos vestían sus ropas de trabajo, la escena era muy semejante a una sala de espera principal de alguna estación ferroviaria gigantesca, por la que cruzaran multitudes de personas en dirección a sus trenes.

    —No hay prisa —dijo Joe, después que oyó lo que anunciaban los encargados de seguridad—. Iré a ver qué encontró mi grupo.

    El trío (Haney, el jefe y Mike) acababa de llegar a los montones de escombros carbonizados que ahora estaban descubiertos. Sally se sonrojó casi imperceptiblemente cuando advirtió que el jefe había visto el anillo de Joe en su dedo.

    —Tendremos libre el resto del día, ¿no? —preguntó el jefe—. ¡Miren! Encontramos todo el material que necesitamos y van a darnos un taller para trabajar; mañana lo pondremos en orden y podremos comenzar. ¿Enviaste ya la lista de partes a la fábrica para que trabajen en ellas?
    —Voy a enviarla por facsímil. Después...

    El jefe sonrió con burla benigna.

    —¿Qué vas a hacer después de eso, Joe? Es decir, si tenemos el resto del día libre.

    Sally intervino apresuradamente.

    —Íbamos..., él iba a ir a un día de campo conmigo al lago Red Canyon. ¿Necesitan de veras hablar toda la tarde de negocios?

    El jefe rió. Había conocido a Sally, de vista cuando menos, en la fábrica Kenmore.

    —No, señorita —le contestó—. Sólo preguntaba; yo trabajé en ese proyecto de Red Canyon, hace varios años. Participé en la construcción de la presa que formó el lago; ahora debe estar muy bonito. Bien, Joe, te veré cuando empiece el trabajo nuevamente. Creo que no será hasta mañana.

    Joe comenzó a retirarse en compañía de Sally, cuando Mike lo llamó.

    —¡Joe! ¡Espere un momento!

    Joe regresó. La agrietada faz del enano estaba preocupada.

    —Quería decirle algo —dijo, con voz extraña—. Alguien se preocupó bastante a fin que el material no llegara aquí. No sospechan que puede arreglarlo; si descubren que nos han asignado un taller especial a nosotros, lo más probable es que piensen que deben tomar ciertas medidas.
    —Mmmm, sí —dijo Joe—. Cuídense bien, los tres.

    Mike lo miró de hito en hito y luego hizo una mueca.

    —Usted no comprende —le dijo—. ¡Muy bien! Es posible que yo esté loco.

    Joe volvió a reunirse con Sally. La idea del día de campo había sido una completa sorpresa, pero le agradaba. Salieron por la pequeña puerta que daba al edificio de seguridad. Los dejaron entrar. En ese lugar había una calma y eficiencia sorprendentes, aunque la rutina había sido interrumpida por la orden de suspender todo trabajo. Mientras subían a la oficina del mayor Holt, Joe oyó una voz que dictaba con naturalidad.

    —...el intento de sabotaje atómico fue completamente vencido en el exterior de la semiesfera, pero, de cualquier forma, no habría tenido la oportunidad de triunfar, porque los contadores Geiger habrían revelado cualquier intento de introducir material radiactivo...

    Continuaron su camino y Joe dijo:

    —Cualquiera diría que están dictando un anuncio comercial.
    —Quizá sea eso —dijo Sally—. Lo que dijo sobre los contadores Geiger es verdad, sólo que ahora usan aparatos de centelleo. Descubren un reloj de carátula radiada a seis metros de distancia.

    Joe asintió.

    —Tengo que sacar mis cosas de la máquina copiadora.

    Pero tenía que ver a la secretaria del mayor Holt, para enseñarle cómo enviar la lista de las partes pequeñas que necesitaba. Iría al lado oriental, donde estaba el receptor facsímil más cercano. De allí lo enviarían rápidamente a la fábrica, con un mensajero especial. La señorita Rose se sentó sombríamente ante su máquina y comenzó a escribir las iniciales de la petición de entrega, que era parte de la documentación. La lista de las partes pasó rápidamente por la máquina y volvió a aparecer.

    —Usted y Sally pueden descansar esta tarde —dijo la secretaria del mayor con morbidez—. Pero para el mayor Holt y para mí, no hay descanso posible.
    —Estoy seguro que a Sally le encantará que venga con nosotros —dijo Joe sin entusiasmo.

    La poco agraciada secretaria del mayor Holt sacudió la cabeza.

    —Hace más de un año que no tomo un día de descanso —suspiró—. El mayor depende mucho de mí. ¡Nadie más podría hacer lo que yo hago! ¿Van al lago de Red Canyon?
    —Sí. Creo que es un lugar muy agradable —dijo Joe.
    —Esta es una región terriblemente seca y árida —dijo la señorita Rose—. Y ése es el único cuerpo de aguas en 160 kilómetros, o más. Espero que de verdad sea bonito. Yo nunca he estado allí.

    Le devolvió la lista a Joe: una copia exacta de su puño y letra estaba reproducida a unos dos mil quinientos kilómetros de distancia y otra copia más llegaría a la fábrica Kenmore en menos de una hora. Y no podía haber errores de transmisión.

    Sally salió de la oficina de su padre, le sonrió a la señorita Rose y llevó a Joe hasta la entrada.

    —Tengo el auto —dijo, gozosa—, y cuando lleguemos a la casa, la canasta con la comida estará ya preparada. Estoy de acuerdo en que el lago es demasiado frío para nadar, porque recibe agua de las nieves, Joe, pero podemos mirarlo, es muy hermoso.

    Salieron. Los trabajadores de la plataforma se agrupaban en la flota de autobuses que acababan de llegar. El coche negro los estaba esperando; Joe abrió la puerta y Sally le entregó las llaves. Entonces, se quedó observando a los hombres que llenaban los autobuses.

    —Llevarán las noticias por todo Bootstrap —observó—, afirmando que se ha encontrado cobalto radiactivo y que es mejor que todos se hagan un examen de radiaciones. Braun pudo haberlo llevado consigo y algunas personas recibirán quemaduras leves, y otras, graves, pero tú la habrías recibido de seriedad. Por eso, quizá nadie más fue dañado. Probablemente Braun no la llevó a todas partes. Si alguien resulta quemado, será el hombre que lo entregó.

    Joe echó a andar el auto, arrancó y dio la vuelta a la semiesfera. Se detuvieron en la casa del mayor Holt para recoger la canasta de la comida que su ama de llaves había preparado, siguiendo las órdenes que había recibido por teléfono. Luego se alejaron. Red Canyon estaba a unos 130 kilómetros de la base y la única carretera que iba allá, pasaba por Bootstrap. Sin embargo, ya estaba lleno de autobuses que, en un viaje no previsto, corrían con menos decoro que de costumbre, Joe, que guiaba el auto negro, apenas logró hacer mejor tiempo que los autobuses mismos.

    Atravesaron la ciudad y su tráfico peculiar que estaba constituido principalmente por bicicletas. En el extremo opuesto había una caseta de seguridad que revisaba a todos los que pasaban. Sally empleó ahí su pase con muy buenos resultados. Luego, continuaron su camino por un paisaje árido, vacío y tostado por el sol, en dirección a las montañas del oeste. Todo parecía solitario, y, por primera vez, Joe pensó en la gasolina y miró preocupado el indicador.

    Sally sacudió la cabeza.

    —Pierde cuidado, el tanque está lleno: una cortesía de Vigilancia. Cuando dije a donde íbamos y le pedí el auto a papá, él ordenó que lo revisaran todo. Si puedo soportar esto, apuesto que seré una fanática precavida el resto de mis días.
    —Supongo que todo el mundo debe contagiarse —dijo Joe—. Mike, el enano, ya sabes quién, me llamó para sugerir que las personas que destrozaron los giróscopos podrían hacer lo mismo con nosotros para evitar que hagamos las reparaciones necesarias.
    —Eso ya es el colmo —dijo Sally, con firmeza—. Ellos no pueden saber que ustedes piensan que es posible hacerlo. Pero la preocupación hace estragos en todos. ¿No has notado que el pelo de papá está encaneciendo? Pues se debe a eso; y la señorita Rose está igualmente tensa. Las cosas se saben en una forma muy extraña; papá no ha podido saber cómo. En una ocasión, hubo sabotaje y él podía jurar que nadie tenía la información que lo hubiera hecho posible, excepto él y Rose. Ella estaba histérica, insistía en que quería que la encerraran en algún sitio para que nadie sospechara de ella. Renunciaría mañana mismo, si pudiera, ¡es espantoso...! —hizo una pausa y, luego, sonrió débilmente—. En realidad, esta tarde una probabilidad contra mil...

    Joe volvió la vista hacia Sally.

    —¿Qué?
    —Prometí que no iríamos a nadar y... —se detuvo, un poco turbada—. Hay dos pistolas en la cajuela. Papá te conoce y yo prometí que pondrías una de ellas en tu bolsillo cuando llegáramos al lago.

    Joe aspiró profundamente, ella abrió el compartimiento para guantes y él extrajo una pistola y le echó un vistazo. Era una .38 de gatillo interior. Una buena arma, además, muy segura. La colocó en el bolsillo, pero frunció el ceño.

    —Había pensado no preocuparme por nada —dijo, fastidiado—, pero ahora tendré que estar alerta todo el tiempo.
    —Quizá puedas mirar sobre mi hombro y yo pueda hacerlo sobre el tuyo —sugirió Sally—; así podremos vernos el uno al otro, de vez en cuando.

    Ella rió y él esbozó una sonrisa, pero la línea que surcaba su frente permaneció invariable.

    Continuaron velozmente por la carretera. En una ocasión, llegaron a un pequeño pueblo que parecía ser habitado por sólo un centenar de personas; había estaciones de gasolina y dos o tres tiendas de abastecimiento, que ciertamente eran demasiadas para ser sostenidas por los habitantes del lugar. Pero habían visto algunos potros atados a unas trancas y también algunos automóviles. La tierra en ese lugar era ondulada y las montañas habían ido creciendo hasta parecer grandes murallas que se dibujaban contra el cielo. Joe condujo el auto con cuidado al atravesar la única calle y, en el mismo centro de la ciudad, tuvo que dar una vuelta pronunciada para evitar a un perro, que dormía plácidamente en la carretera.

    Siguieron su camino. El automóvil dejaba detrás una estela de polvo blanco en los sitios en que éste yacía sobre la carretera. Giraba furiosamente cuando alguien pasaba sobre él.

    Llegaron al pie de las montañas. La carretera se hizo sinuosa al ascender por ellas. Joe tuvo que manejar dos horas enteras antes de llegar a la presa. Llegaron después de un descenso; era una gigantesca obra de albañilería, completamente alejada de la civilización, excepción hecha de la carretera. De la parte superior de la presa caía un penacho de agua.

    —La presa la usan para resolver el problema de irrigación —dijo Sally con aire profesional—, pero el lugar donde emplean el agua está muy lejos de aquí. La plataforma recibe toda la energía de aquí. Una de las pesadillas de papá es que alguien haga volar la presa, y la base y Bootstrap se queden sin corriente eléctrica.

    Joe permaneció silencioso. Condujo el coche por la vereda ascendente que trepaba por el cañón entre sesgos impresionantes. Era un lugar escabroso, pero de pronto llegaron a la cima del cañón; la parte superior de la presa y el lago aparecieron a la vez. Ahí, ante sus ojos, estaba una extensión de agua que se alejaba por las montañas rocosas a lo largo de kilómetros y kilómetros, para perderse finalmente de vista en una vuelta. Había árboles jóvenes, en la superficie del lago se veían pequeñas olas y en sus orillas crecía pasto verde. La estación generadora era una estructura baja que se encontraba en el centro mismo de la presa. No había nadie a la vista.

    —Por fin llegamos —dijo Sally, cuando Joe detuvo el auto.

    Él salió y dio la vuelta para abrirle la puerta, pero cuando llegó, ella ya descendía con la canasta en la mano. Él quiso llevarla, pero ella insistió en no soltarla. Finalmente, comenzaron a caminar amigablemente, cargándola entre los dos.

    —Ese lugar es muy bonito —dijo Sally, señalando un punto.

    Una pequeña saliente de roca penetraba hasta el lago. Formaba lo que podía ser casi una isla, de unos quince metros de un extremo a otro. Tenía algunos árboles pequeños, y Joe y Sally se dirigieron a ella, descendiendo por la ladera y atravesando el istmo rocoso que la unía con la tierra.

    Sally colocó la canasta sobre una piedra y rió, sin ningún motivo, cuando el aire hizo volar sus cabellos. Era un viento fresco que venía del lago y Joe se sorprendió al comprender que el aire se sentía diferente y olía a nuevo cuando soplaba sobre agua abierta, como la del lago. Hasta ese instante no había pensado realmente en la terrible sequedad del aire en Bootstrap y sus alrededores.

    La canasta se inclinó hacia un lado y la colocó más firmemente.

    —¿Tienes hambre?

    Su mente estaba literalmente vacía, con excepción de una sensación de comodidad y satisfacción por el hecho de estar en un lugar con un lago, pasto y la compañía de Sally, con quien podría gastar una buena parte de la tarde. Era una sensación agradable, y contento por ella abrió la tapadera de la canasta de la comida.

    Sobre las cosas para merendar estaba un revólver; era el otro que había estado en el compartimiento del auto. Sally no lo había olvidado. Joe lo miró y dijo irónicamente:

    —¡Juventud despreocupada y feliz...! ¡Eso somos nosotros! ¿Cuáles son los bocadillos de jamón, Sally?


    CAPÍTULO 8


    A pesar de todo, la tarde comenzó espléndidamente. Joe metió las botellas de soda al lago para que se enfriaran y se sentaron a comer, hablando y riendo de vez en cuando. A decir verdad, hicieron ambas cosas con más frecuencia de lo que pudieron imaginar anticipadamente. Joe, en particular, estaba más dispuesto a divertirse de lo normal. Había pasado por demasiadas pruebas y disturbios, pero las cosas comenzaban a verse mejor. Además, existía un pacto tácito con Sally que le parecía muy satisfactorio. Si Sally no hubiera sido muy atractiva, Joe habría gozado enormemente conversando con ella, pero era lo suficientemente hermosa como para deleitarse contemplándola. Habría sentido un gran interés en ella si Sally no hubiera estado interesada en él, pero ahora ella llevaba su anillo. Sally había tenido que ponerle una cuerdita en el interior para que le quedara bien. El solo hecho que la muchacha estuviera donde estaba, era suficiente para hacerlo sentir que el mundo le pertenecía.

    El único malestar era que de vez en cuando sentía en su bolsillo el peso de un objeto extraño, lo cual significaba que, en lo más profundo de su mente, palpitaba una preocupación molesta.

    Pasaron cuando menos una hora descansando tranquilamente con una sensación de satisfacción y abandono indescriptible. De tiempo en tiempo, Joe recordaba que debía observar la orilla, sobre todo cuando el peso en su bolsillo sacudía su memoria.

    Pero no lo hacía con frecuencia. Estaba en la orilla del lago, sacando las botellas frías, cuando captó un movimiento con el rabillo del ojo y se volvió velozmente.

    Eran el jefe, Haney y Mike, el enano, que los seguían un poco más atrás; llegaron a la pequeña península pasando sobre las rocas.

    Haney preguntó inmediatamente:

    —¿Todo va bien?
    —¡Por supuesto! —replicó Joe—. Todo está bien. ¿Qué sucede?
    —Mike tuvo una corazonada —dijo el jefe—; y..., yo recordé que había trabajado en su construcción hace doce o quince años —miró a su alrededor y concluyó—: Entonces era diferente.

    En ese instante, los ojos de Joe encontraron los suyos e hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, señalando a un lado, Joe comprendió la señal.

    —Voy a traer unas sodas más —dijo—. Jefe, ven a ayudarme a pescarlas.

    Sally sonrió a los otros dos e inspeccionó inmediatamente la canasta.

    —Todavía quedan algunos bocadillos —dijo, hospitalariamente— y un poco de pastel.

    Haney avanzó con cierta torpeza. Mike avanzó grotescamente. Joe sabía lo que pasaría por su mente, si Sally lo trataba como a un fenómeno... Pero Joe sintió una profunda satisfacción, porque estaba seguro que ella no lo haría y se fue a la orilla del lago.

    —¿Qué pasa, jefe? —preguntó, en voz baja.
    —Mike tuvo una corazonada —repitió el jefe—. Alguien trató de destruir el material que trajiste; lo lograron, pero nosotros nos comenzamos a preparar para repararlo. ¿Qué hicieron entonces? Atacarnos, eso no les importa. Si estaban dispuestos a destruir con polvo atómico la semiesfera con todo el personal en su interior, no se detendrían por cuatro crímenes más..., o cinco.

    Joe sacó una botella más del agua.

    —Mike me dijo algo parecido —observó—, pero me pareció muy improbable.
    —Sí; eso parece, pero eres tú quien dirige las cosas y serías el primer blanco. En cuanto a Haney, Mike y yo, no ganarían gran cosa matándonos. Ustedes, tú y ella, se marcharon solos, y Mike pensó que no estarían seguros.

    Joe sacó una botella y después otra.

    —Estamos bien, no hemos visto a nadie.
    —Eso no quiere decir que nadie los haya visto a ustedes —gruñó el jefe—. Un automóvil salió de Bootstrap veinte minutos más tarde, tripulado por tres hombres, y está estacionado en la parte inferior de la presa, donde no puede verse. Nosotros alcanzamos a verlo, y cuando subimos, vimos a tres tipos escondidos tras las rocas que están más allá. A mí me parece que están esperando que alguien regrese de la orilla del lago para evitar ser vistos por los empleados de la estación generadora, y esos serían tú y ella. ¿No crees?

    Joe sintió un frío que se apoderaba de él, no por sí mismo, sino por Sally.

    —No hay nadie más en este sitio. ¿A quién estarían esperando si no a ustedes? Esto le causaría terribles trastornos al mayor Holt, y Seguridad se vería conmocionada, lo cual daría oportunidades a los que están ansiosos por hacer algo de sabotaje. Además, impediría la reconstrucción de los giróscopos. Entonces sería cuando fueran tras Haney, Mike y yo.
    —Tengo una pistola y Sally tiene otra. ¿Quieres que vayamos con los tres tipos para preguntarles si verdaderamente buscan algo?

    El jefe dio un bufido.

    —¡Sé razonable! Me alegro que tengan esas pistolas; yo me traje un rifle .22 de una galería de tiro al blanco. Fue todo lo que pude conseguir. Pero de eso a ir en busca de pleitos... No, amigo, quiero ver el ascenso de esa plataforma. Yo me encargaré de este asunto; el sitio es perfecto, tienen que salir por esa abertura si quieren acercarse. No le digas nada a Sally; nosotros tendremos los ojos abiertos.

    Joe asintió, regresó con las botellas frías y encontró a Haney que comía solemnemente un bocadillo, sentado con las piernas cruzadas, de espalda al lago y observando la orilla. El jefe sacó de debajo del cinto el rifle .22 de repetición de donde había colgado oculto a lo largo de la cadera. Entonces, se fue caminando con completo descuido, siguiendo las pisadas de Joe, y dejó caer el rifle al lado de Mike.

    —Dijiste que tenías ganas de practicar un poco el tiro al blanco —le dijo, suavemente—. Aquí tienes tu rifle. ¿Quedan bocadillos todavía, señorita?

    Sally le pasó, sonriendo, el último que quedaba, dejó abierta la tapadera de la canasta y vio entonces que el revólver había desaparecido. Sus ojos encontraron los de Joe y él supo que había comprendido que sus amigos no habían ido solamente a turbar la soledad de su paseo. Lo tomó con calma. Eso le pareció a Joe una razón más para admirarla.

    —Yo voy a ir a nadar —dijo el jefe con aspavientos—. Hace tanto tiempo que no me meto en más agua que la de la regadera, que quiero darme una buena zambullida. Iré un poco más allá.

    Se alejó, mordiendo el bocadillo mientras caminaba, hasta desaparecer. Haney se recargó contra un sámago joven, mientras sus ojos vagaban escrutadores por la orilla, entre las rocas y la vegetación que crecía tras éstas.

    Mike comenzó a hablar con su voz débil y cascada.

    —¡De cualquier manera, es una locura! ¡Combatir el sabotaje cuando nosotros, los pequeños, podríamos apoderarnos del mando en una sola semana y reírnos del sabotaje! ¡Podríamos hacer todo el trabajo en las mismas narices de los saboteadores!
    —¿Tiene todos los cálculos? —preguntó Sally, vivamente interesada—. ¿Los publicaron alguna vez?
    —En una ocasión, gasté el sueldo de todo un mes para pagarle a un gran matemático que los revisó —dijo Mike, sardónicamente—. No encontró ni un solo error. ¡El margen era mayor de lo que yo suponía!
    —¡Joe! ¡Escucha esto! —exclamó Sally—. ¡Mike asegura que tiene la verdadera solución para el sabotaje y el propósito de la plataforma espacial!

    Joe se dejó caer al suelo, y dijo:

    —Dime.

    Estaba sombríamente alerta, ahí estaban unos hombres esperando que abandonaran la orilla del lago, pero como los otros habían llegado, esperarían a que todos se dirigieran a sus coches; estaban armados y planeaban matarlo a él y a Sally. Puesto que el jefe, Haney y Mike habían ido, ellos serían muertos también, porque con su muerte obstaculizarían la plataforma y porque en el tumulto que causaría, habría oportunidad de destruir todavía más.

    A Joe se le ocurrió que desde el punto de vista de un saboteador sería mucho más efectivo dejar su cuerpo en evidencia para que pudiera ser hallado y hacer que Sally desapareciera simplemente. Esto causaría una búsqueda mucho más desesperada todavía que la muerte de ella. Muchos abandonarían el trabajo en la plataforma para tratar de encontrarla y hombres de vigilancia serían destacados.

    Las mandíbulas de Joe se cerraron bruscamente al ocurrírsele tales ideas.

    Pero Mike tomó la palabra.

    —Olvídense de la plataforma durante un momento —dijo, autoritariamente, poniéndose en pie para gesticular, debido a que tenía solamente un metro seis centímetros de altura—. Piensen en un cohete lanzado en línea recta hacia la Luna. Tenemos un índice de carga útil de uno a ciento veinte..., ciento veinte toneladas de combustible por una tonelada de carga útil. Vamos a hacer aterrizar allí un hombre. Éste pesa noventa kilogramos y utiliza nueve kilogramos de alimentos, bebida y oxígeno al día. Le damos alimentos y aire para dos meses, quinientos cuarenta kilogramos. Una cabina de dos metros cuarenta de altura por tres metros cuarenta de lado. Setecientos veinticinco kilogramos, incluyendo aislamiento y refuerzos. Podemos enviarlo allá, vivirá durante dos meses y luego morirá por la falta de aire.

    Sally asintió.

    —Ya he visto cifras semejantes —admitió.
    —¡Pero tomen un tipo como yo! —dijo Mike, amargamente—. Peso veinte kilogramos en lugar de noventa. Utilizo menos de dos kilogramos de alimentos y aire al día. Una cabina para que yo viviera en ella tendría un metro cincuenta de altura por un metro ochenta de lado, y, siendo más pequeña, no necesitaría tanto refuerzo. Quizá más aislamiento, pero una cabina para mí pesaría noventa kilogramos. ¡Enviarme a mí a la Luna con provisiones para dos meses, significaría una carga útil de doscientos cuarenta kilogramos! Además, sería necesario un cohete más pequeño para llevarme a la Luna. ¡Sería posible hacerlo con un cohete de solamente cincuenta toneladas!
    —Comprendo —dijo Sally.

    Mike la miró suspicazmente, pero no había traza de burla en su expresión.

    —Sería necesario un cohete de mil doscientas toneladas para hacer llegar directamente a la Luna a un hombre de talla normal —dijo él, con repentina petulancia—, pero un tipo de mi talla podría hacer el mismo trabajo en uno de cincuenta toneladas. Y sería mucho más sencillo volver con un cohete en directo. Yo podría hacer un viaje de ida y vuelta. Podría llegar, aterrizar, recoger especimenes y regresar, venciendo la gravedad de la Luna, en un cohete de solamente ochenta toneladas contra..., contra... ¡Ya sabe lo que supondría un viaje de ida y vuelta sin escalas! Con la plataforma en órbita y pudiendo volver a llenar en ella los tanques de carburante, podrán colonizar la Luna, es cierto. Pero empleando tipos como yo es posible hacerlo cien veces antes y cien veces más fácilmente. ¡Y es verdaderamente absurdo que nadie lo intente! —luego dijo fríamente—: ¡Haney, sentado como estás, ofreces un blanco perfecto!

    El comentario era justo. Joe sabía que Sally se encontraba en la parte que daba al lago de la península y que había entre ella y la tierra firme rocas a prueba de balas. Pero Haney estaba sentado con las piernas cruzadas de tal modo que podía ver la orilla y no se había movido desde hacía mucho tiempo. Si alguien deseaba cometer un crimen desde lejos, Haney estaba ofreciendo la oportunidad de afinar bien la puntería. Cambió de posición.

    —¡Sí! —dijo Mike, con fina ironía, volviendo a su tópico—. ¡Puedo mostrarle las cifras! Hay muchos otros tipos como yo. Tenemos el cerebro tan desarrollado como las personas de talla normal, y si los jefazos hubieran contado con nosotros, los de pequeña estatura, podrían hacer la plataforma del tamaño de la casa de una familia y ya llevaría tiempo de estar en el cielo, tripulada por mí, y otros tipos de mi estatura podrían tripular los cohetes de transporte que llevarían carburante para almacenaje. Cuatro de nosotros podríamos tomar un cohete de seiscientas toneladas, salir en dirección de Marte y estar de regreso para la primavera, la próxima primavera, con todas las fotografías y los hechos necesarios para probarlo. Ya lo creo —entonces, hizo un gesto de impotencia—. Pero la realidad es otra. ¡Piense en ello ahora! ¡Ahora están construyendo los cohetes ferry!
    —Lo sé —dijo Sally, en tono de excusa—. Llevarán carburante, suministros y reemplazantes para la tripulación de la plataforma.
    —Pónganos a cuatro tipos, pequeños como yo, en un cohete ferry —dijo Mike, sardónicamente—. Tendríamos comida y aire para varios meses. ¡Instale un jardín hidropónico y comunicadores y constituiremos una plataforma en órbita! Envíen otro ferry para que se reúna con nosotros y tendremos proyectiles. Lancen tres cohetes ferry, con tipos de mi estatura como tripulantes, y nosotros podríamos unirlos en el espacio y tendríamos una plataforma en órbita y trabajando... ¿Qué utilidad presentaría entonces el sabotear la plataforma mayor? No sería útil en absoluto, porque nosotros podríamos hacer todo lo que se desea que haga la plataforma. Pero —añadió, amargamente—, ¿cree usted que habría alguien capaz de hacer algo tan sensato?

    Sus diminutos rasgos faciales estaban distorsionados en iracunda rebelión. Tenía razón, absolutamente. La humanidad podía haber llevado a cabo el viaje hacia otros planetas rápidamente y la plataforma del espacio podría estar en el cielo mucho antes, si los hombres consintieran en ser representados por enanos como Mike..., quien los hubiera representado muy valerosamente.

    Pero no lo harían así y Mike se desesperaba.

    Sally dijo tristemente:

    —¡Oh, Mike! ¡Todo eso es cierto y lo lamento mucho!

    Y lo pensaba así en realidad. A Joe le agradó Sally infinitamente en aquel preciso instante. No trataba a Mike con condescendencia, ni intentaba hacer que Mike se calmara con buenas razones. En lugar de ello, mostró sincera simpatía.

    Entonces, Haney dijo abruptamente:

    —¿Ha echado de menos alguien al jefe?

    Joe se dio de patadas mentalmente. El jefe había dicho que iba a nadar, y ahora, pero solamente ahora, Joe miró para ver qué estaba haciendo.

    Estaba muy alejado de la orilla, nadando sin prisa, a tres cuartas partes de la distancia hasta la central eléctrica, que se encontraba en medio de la presa. Llegaría y treparía por los escalones que habría probablemente del lado de la presa, corriente arriba. Iría a la central, explicaría la situación y una llamada telefónica a Bootstrap haría que los guardias de seguridad acudieran a toda velocidad por carretera; mucho antes que ellos, llegarían tropas de paracaidistas. Pero, antes todavía, el jefe conduciría hasta la orilla a los empleados de la central eléctrica y sería extraordinario que no poseyeran, al menos, escopetas de caza para disparar contra las aves acuáticas, tanto durante la temporada de caza como fuera de ella.

    Los hombres ocultos podían o no considerar el paseo a nado del jefe como prueba que éste había adivinado sus intenciones. Probablemente discutían ahora el asunto. Pero no podían saber que los de la península estaban armados.

    Durante varios minutos, no sucedió nada. El jefe no alcanzaba aún la central eléctrica. Haney cambió de postura.

    Mike dijo, con voz débil:

    —Vamos a tener visitas.

    Se acostó cuidadosamente en el suelo, a unos tres metros de Sally, en la posición más elevada sobre la ladera de la colina. Podía vigilar por encima del borde rocoso. Apoyó profesionalmente la culata del rifle .22 sobre su hombro y tomó puntería.

    Tres hombres salieron, paseando con mucha naturalidad, de entre los matorrales sobre la orilla y caminaron descuidadamente por la ribera rocosa que conducía al lugar del picnic. Su apariencia era como la de cualquiera en Bootstrap. Ordinarios, rudos, con ropas de trabajo...

    Haney se agachó y recogió varias piedras apropiadas para ser lanzadas. Su expresión mostraba su aflicción.

    Joe dijo:

    —Tenemos pistolas, Haney. Sally es una buena tiradora.

    Los hombres se acercaron, sus modales eran artificiosamente ordinarios. Joe se puso de pie, dejándose ver.

    —No nos visiten —gritó—. ¡No deseamos compañía!

    Uno de los hombres se llevó la mano al oído, como si no alcanzara a oír bien. Continuaron acercándose, sin hacer ningún gesto en absoluto de amenaza.

    Entonces, Joe sacó la mano de su bolsillo, empuñando la pistola que Sally le había dado.

    —¡Lo digo en serio! —dijo, cortante—. ¡Aléjense!

    Uno de los tres hombres habló con voz tajante. Al instante, los tres se lanzaron al ataque, sacaron las pistolas y dispararon, mientras avanzaban corriendo. Su propósito no era el de matarlos en ese instante, sino el crear el efecto desmoralizador del silbar de las balas, para poder cometer su crimen con mayor facilidad al encontrarse más cerca.

    Una piedra lanzada por Haney zumbó al lado de Joe y el rifle de pequeño calibre tosió en las manos de Mike. Joe se abstuvo de disparar. Disponía solamente de seis balas y tenía tres blancos diferentes. Con un revólver conocido hubiera comenzado a disparar, pero treinta metros era una distancia respetable para una pistola a la que no estaba habituado, máxime con blancos móviles.

    Uno de los tres atacantes dio un traspié y se desplomó al suelo. Otro pareció sonreír ampliamente, de pronto, con uno de los lados de la cara. Una bala calibre .22 le había rozado la mejilla. El tercero recibió un pedazo de roca arrojado por Haney, que le cortó la respiración y le hizo tirar la pistola. Joe disparó con calma sobre el hombre de la ancha sonrisa y lo hizo girar como una peonza. El rifle de Mike restalló de nuevo y el hombre al que había herido Joe giró sobre sus talones y corrió torpemente, alejándose. El que se había tropezado se puso en pie de un salto y huyó, cojeando terriblemente y apoyándose más sobre una pierna que sobre la otra. El hombre doblado en dos, abandonó, dio la vuelta y corrió también, todavía inclinado hacia delante y gimiendo.

    Mike maldecía, con su voz de enano. Estaba fuera de sí de rabia a causa del modo en que disparaba el rifle. Desviaba hacia arriba y hacia la derecha. La galería de tiro pagaba con cigarrillos las buenas puntuaciones y por ello, el arma no tiraba con precisión. Mike escupió de rabia.

    Hasta entonces, Joe había estado relativamente tranquilo; lo suficiente, en todo caso, porque tenía algo que hacer. Pero en ese preciso instante oyó decir a Sally:

    —¡Oh!

    Se volvió y vio que, sin saberlo él, no había permanecido parapetada, sino que estaba de pie, a su lado, con su pistola lista para disparar. Su cara estaba pálida y con expresión extraña. Se mesaba los cabellos. Un bucle quedó entre sus dedos. Una bala lo había cortado, justo por encima del hombro de ella.

    De pronto, Joe se sintió enfermo, débil y tembloroso. Agarró a Sally histéricamente, preguntando enloquecido si estaba herida en alguna parte, furioso con ella porque se había expuesto a las balas. Y mientras tanto, sus piernas chocaban una con la otra y la garganta se le anudaba, impidiéndole respirar.

    Luego, se oyeron fuertes ruidos de motor. Con la reverberación peculiar del sonido sobre el agua, dos motocicletas partieron de la central, avanzando por el borde superior de la presa. Se dirigieron hacia la orilla, llevando cinco hombres, uno de los cuales era el jefe, con un mantel rojo alrededor de la cintura y blandiendo un hacha, a defecto de otras armas.

    Entonces, por supuesto, el peligro había pasado. Tres hombres tenían la intención de asesinar a Sally y a Joe, y, cuando llegaron los amigos de Joe, los incluyeron en el plan. Pero los atacantes no tenían motivos para esperar una defensa armada. El armamento defensivo no había sido impresionante. Uno de los asaltantes fue puesto fuera de combate por un pedazo de roca lanzado por Haney. La pierna de otro había sido perforada y su mejilla abierta por dos balas calibre .22, disparadas por Mike, y Joe había herido en algún sitio al tercer hombre con su pistola. Los tres atacantes huyeron hacia los matorrales y dejaron por lo menos un arma detrás de ellos.

    Pero no era posible encontrarlos inmediatamente, y tenían aún dos pistolas. Siete hombres y una mujer, con Mike, no tenían nada que temer de ellos, teniendo en cuenta las escopetas de la central eléctrica. Pero no estaban equipados para darles la caza y faltaba poco para el ocaso.

    Los vencedores hicieron lo más sensato de todo. Permanecieron juntos y, luego, Joe y Sally, junto con el jefe, que había recuperado sus ropas, Haney y Mike, se dirigieron hacia Bootstrap. Dos de ellos viajaban en el automóvil negro del mayor y los otros en el desvencijado vehículo que habían alquilado para la tarde. Al descender por el desfiladero, se detuvieron junto al coche que habían conducido los atacantes, le quitaron la banda del ventilador y el distribuidor y continuaron su camino. Los hombres de la central regresaron a ésta y señalaron los hechos por teléfono. Los tres hombres que habían planeado el crimen se convirtieron en fugitivos, sin otros medios de transporte que sus piernas. Tenían a su disposición muchos miles de kilómetros cuadrados de territorio donde podían esconderse, pero era poco probable que tuviesen alimentos, ni que se los pudieran procurar en despoblado. Dos de ellos estaban heridos, y con perros, aeroplanos y organización sería fácil atraparlos por la mañana.

    De modo que Joe y Sally condujeron su automóvil de regreso a Bootstrap, seguidos de cerca por el otro coche. A la mitad del camino, encontraron los automóviles que iniciarían la caza de los hombres por la mañana. Después de eso, Joe se sintió mejor. Pero sus dientes estaban a punto de castañetear cada vez que pensaba en Sally, retirando de su cabello un bucle que había sido cortado por una bala.

    Cuando le presentaron su informe al mayor Holt, éste pareció de repente muy viejo. Sally explicó jadeante que el peligro que había corrido fue por culpa suya. Joe le había dicho que se guareciera y ella no lo había hecho.

    —La culpa fue mía —dijo el mayor con imparcialidad—. No debí permitir de ninguna manera que te alejaras de la base. No culpo a Joe.

    Pero no parecía contento. Joe se humedeció los labios. Estaba dispuesto a creer que cualquier vergüenza que pudiera sufrir era justificada, puesto que él había sido la causa por la que dispararan contra Sally.

    —Me culpo yo mismo, señor —dijo con aspereza—, pero prometo no volver a llevar a Sally a ninguna parte en tanto no haya sido lanzada la plataforma y que no haya por aquí ya ningún saboteador profesional.
    —Deberé ocuparme de eso un poco más de lo que lo hago —dijo el mayor con expresión ausente—. Tengo que ponerte en comunicación con tu padre, por teléfono. Tienes que explicarle, detalladamente, cómo está planeada exactamente la reparación de los giróscopos. Comprendí que ahora pueden ser duplicados más rápidamente. ¿Por medio del método que has imaginado?
    —Sí, señor —dijo Joe—. El balanceo era lo más difícil y creemos que está estropeado. Pero todo puede hacerse más rápidamente la segunda vez.
    —Explícale eso a tu padre —dijo el mayor—. La fábrica comenzará a duplicar los giróscopos inmediatamente. Mientras tanto, tu equipo de trabajadores se ocupará de los que están aquí.
    —Sí, señor.
    —Y voy a enviarte al campo de aterrizaje de los propulsores. Quiero dispersar los blancos a los que pueden apuntar los saboteadores, y tú eres uno de ellos. Tus hombres también. De tiempo en tiempo, discutirás con ellos y verificarás su trabajo. Si uno de ellos debe ser... despedido, tú podrás instruir a otros.
    —En realidad, es al contrario, señor —protestó Joe—. El jefe y Haney son muy buenos y Mike es inteligente.

    El mayor se agitó impacientemente.

    —Estoy considerándolo desde el punto de vista de la seguridad —dijo—. Tomando estas disposiciones, serán necesarios cuatro crímenes, en cuatro lugares diferentes, para impedir que los giróscopos sean reparados o duplicados. Pueden intentar uno o dos, pero cuatro no sería práctico. Imagino que buscarán otro punto débil por donde poder atacar.

    A Joe no le agradaba la idea de alejarse. Deseaba ocuparse del trabajo que él creía era su responsabilidad. Además, estaban sus sentimientos hacia Sally. Cuando estuviera ella en peligro, quería estar a su lado.

    —En cuanto a Sally, señor...
    —Sally —dijo el mayor, cansadamente— va a tener que restringirse hasta sentir que la cárcel sería preferible. Pero comprenderá la necesidad de ello. Será protegida todavía más cuidadosamente que antes..., y es posible que tú no lo percibas, pero ha sido protegida siempre concienzudamente.

    Joe vio que Sally le sonreía tristemente. Era desagradable, pero tenía razón el mayor. Era necesario. La diferencia entre las cosas que se hacen y las que no, frecuentemente no consiste más que en alguien que hace con terquedad las cosas necesarias que parecen carentes de importancia y sacrifica las que prometen placer. Joe no vería muy a menudo a Sally. El jefe, Haney y Mike iban a hacer el trabajo que realmente hubiera querido realizar Joe. Esas privaciones no deberían ser necesarias. Pero lo eran.

    —Muy bien, señor —dijo Joe con abatimiento—. ¿Cuándo debo ir al campo?
    —Inmediatamente —dijo el mayor—. Esta noche. La excusa oficial para enviarte allá es que has sido útil para descubrir trucos de sabotaje. Y lo eres. Pero no es esa la razón que me hace desear que vayas allá. ¡Quiero tenerte alejado de aquí!

    El mayor lo despidió con un gesto de la cabeza y un indefinible aire de ironía y Joe salió de su oficina, sintiéndose infeliz. Conversó largamente por teléfono con su padre. Éste no compartía el desagrado de Joe por su traslado a un lugar más seguro. Se comprometió a comenzar inmediatamente la fabricación de un conjunto de giróscopos de repuesto.

    Poco después, Sally salió de la oficina de su padre.

    —¡Lo siento, Joe!

    Él sonrió tristemente.

    —Yo también. No es agradable, pero para lograr que la plataforma sea lanzada... Supongo que podré telefonearte.
    —Puedes hacerlo —le dijo Sally—. ¡Y te aconsejo que lo hagas!

    Conversaron durante mucho tiempo esa tarde, muy satisfactoriamente y sin ninguna preocupación. Ninguno de ellos podría recordar mucho de lo que habían dicho. Probablemente no era algo extremadamente importante. Pero les parecía necesario tener más conversaciones como esa, aunque solamente fuera por teléfono.

    —Yo te llamaré —dijo Joe.

    Entonces, alguien se acercó a él para conducirlo al campo de los propulsores. Joe y Sally se separaron muy formalmente ante los ojos de un oficial de seguridad.

    Luego, Joe hizo un viaje aburrido en la oscuridad. El oficial de seguridad en cuestión no era muy amigable. Era probablemente una de esas personas serias que estiman que si mantienen cerrada la boca, no dejando escapar informaciones valiosas, se compensará su poca habilidad para mantener los ojos abiertos. Trató a Joe como si fuera una persona extremadamente sospechosa y era muy probable que así tratara a todo el mundo.

    Joe se adormeció en el automóvil.

    Estaba medio dormido al llegar, y no se molestó en enfadarse cuando le mostraron un cuarto muy pequeño en los barracones de los oficiales. Se acostó, haciendo subconscientemente una nota para comprarse ropa, especialmente interior, a la mañana siguiente. Pensó en ello mientras se metía entre las sábanas.

    Luego perdió la noción de las cosas, hasta que fue despertado temprano a la mañana siguiente por algo que sonó bajo su ventana como si fuera la señal del fin del mundo.


    CAPÍTULO 9


    No era, sin embargo, la señal del fin del mundo. Cuando Joe miró por la ventana que se encontraba al lado de su cama, vio un amanecer gris sobre un campo de aterrizaje que no había visto en absoluto la noche pasada. Había estructuras bajas e indefinibles que se reflejaban contra el Sol naciente. Cuando la luz fue más intensa, comprendió que las figuras angulares eran suspensores. Uno de ellos se movía, llevando algo que no pudo distinguir. El ruido que lo había despertado perdió intensidad. Parecía dar vueltas por encima de él y producía una especie de zumbido fastidioso, que no era natural en ningún motor de los que había oído hasta entonces.

    Se estremeció, de pie ante la ventana. A esa altitud, el amanecer era frío y desagradable, aunque más tarde haría calor. Pero quería saber qué había sido aquel ruido, absolutamente inimaginable. El aguilón de una grúa descendió, lentamente, y luego ascendió como si se hubiera librado de un gran peso. Poco a poco, la luz se hizo más brillante y Joe vio algo sobre el terreno. Pero, en realidad, no estaba directamente sobre el terreno. Reposaba en algo.

    Hubo diversos ruidos pequeños e indeterminados. Luego el maldito alboroto comenzó nuevamente. Algo se movió. Corrió pesadamente, saliendo de los contornos de los suspensores que lo tapaban a la vista. Aumentó de velocidad, hasta llegar a unos sesenta o setenta kilómetros por hora, más o menos. Cuando comenzó a correr sobre el campo poco iluminado, se oyó un estruendo. Parecía que todas las fábricas de calderas del mundo y todos los motores de explosión de la creación se habían reunido para ver qué producía el ruido más fuerte, funcionando todos a la vez.

    Era un propulsor. Joe lo reconoció, incrédulo. Era una de las creaciones extremadamente feas que eran montadas hacia la mitad del muro interior de la semiesfera. La forma de la parte superior tenía el aspecto de la mitad de una pieza de pan. En movimiento, parecía un tipo extraño de vehículo de ruedas, alzado como una oruga indignada y con una llama blanca azulada saliendo a chorros de su cola. Tenía un coqueteo recatado y juguetón, de lado a lado.

    Se elevó sobre el vehículo en que rodaba y éste arrancó veloz, con frenética agilidad. El vehículo cambió bruscamente de dirección y Joe lo perdió de vista. Miraba atentamente el propulsor, a unos seis metros de altura. Tenía la parte de abajo plana y la parte superior le parecía todavía a Joe como la redondeada mitad de una pieza de pan. Flotaba en el aire en un ángulo aproximado de cuarenta y cinco grados, aullando como un dragón aterrorizado (Joe comenzaba a escoger sus metáforas por entonces). Se meció, se bamboleó y ascendió lentamente. De pronto, pareció haber adquirido destreza en lo que estaba haciendo y comenzó bruscamente a ascender hacia el firmamento. Antes de salir disparado hacia arriba, había parecido pesado, torpe y poco impresionante. ¡Pero cuando ascendía, lo hacía verdaderamente bien!

    Joe asomó la cabeza por la ventana, estirando el cuello para contemplarlo. El estruendo sobrenatural que producía adoptó las características de un enjambre de abejas irritado. ¡Pero subía! Fue hacia arriba, sin ninguna gracia, pero con asombrosa velocidad. Era grande, pero se perdió en el cielo coloreado por el resplandor del amanecer, mientras Joe lo miraba boquiabierto todavía.

    Retiró la cabeza de la ventana y se vistió. Salió, cruzando la puerta de su habitación, a los pasillos vacíos y resonantes, buscando a alguien con quien hablar. Entró por error en un salón comedor en el que había muchas mesas, pero las sillas, alrededor de ellas, habían sido empujadas hacia atrás por personas apresuradas en ir a otro lugar. Sólo dos personas eran visibles allí, en un rincón del fondo.

    Otro estruendo, como el lamento de un volcán en formación. Comenzó, se desplazó y pasó por todo su desarrollo, hasta terminar en un zumbido vibrante y ascendente. Luego, otro. La puesta en marcha de los propulsores para sus vuelos matinales estaba evidentemente siendo llevada a cabo.

    Joe vaciló en el salón comedor vacío. Reconoció a las dos personas sentadas. Eran, respectivamente, el piloto y el copiloto del avión transporte que lo había llevado a Bootstrap y se había estrellado al aterrizar.

    Se dirigió hacia su mesa. El piloto lo saludó con la cabeza, con toda naturalidad, y el copiloto sonrió. Ambos estaban vendados todavía por las quemaduras, lo cual podía explicar que ellos permanecieran allá. Pero era posible que los retuvieran a causa de las investigaciones sobre el accidente.

    —¡Me alegro mucho de verlo a usted aquí! —dijo el copiloto jovialmente—. ¡Bien venido al hotel de Gink! ¡Pero no me diga que va a pilotear un propulsor!
    —No tengo la intención de hacerlo —dijo Joe.
    —Yo traté de hacerlo en una ocasión, por afición —le dijo el copiloto amablemente—. ¡Esos cacharros vuelan con la misma gracia que una elefanta sobre patines de ruedas! ¿Observó usted que no tienen alas? ¿Y vio usted dónde se encuentran las superficies de control?

    Joe sacudió la cabeza. Vio los restos de jamón, huevos y café. Estaba hambriento. Otro propulsor partió.

    —¿Cómo debo hacer para que me sirvan el desayuno? —preguntó.

    El copiloto le señaló una silla. Golpeó un vaso de cristal, haciéndolo tintinear. Una puerta se abrió en alguna parte, señaló a Joe y la puerta volvió a cerrarse.

    —En seguida se lo servirán —dijo el copiloto—. ¡Escuche! Yo sé ya que es usted Joe Kenmore. Yo soy Brick Talley y éste es el capitán, nada menos que el capitán Thomas J. Walton. ¿No está impresionado?
    —Muchísimo —le dijo Joe, y se sentó—. ¿Qué iba a decir sobre los tableros de control en los propulsores?
    —¡Se encuentran en la tobera! —dijo el copiloto identificado como Talley—. Como los proyectiles V-2, cuando los hicieron los alemanes. Las paletas, en el orificio de escape; parece increíble. Aterrizando y deslizándose sobre la cola como lo hacen, no tienen velocidad para que el aire adquiera fuerza de fricción en las aletas, aunque tuvieran alas sobre las que colocar las aletas. ¡Esos ruidosos objetos son apropiados para darle a uno pesadillas!

    Una puerta se abrió en alguna parte y un hombre uniformado, con un delantal, apareció llevando una bandeja. Sobre ésta había jugo de tomates, huevos con jamón y café. Le sirvió rápidamente a Joe y se fue.

    —Éste es el servicio del hotel de Gink —dijo Talley—: sin gestos innecesarios, ni cortesía hipócrita. Se disponía a comer todo eso él mismo, pero se lo dio a usted, y ahora se preparará una ración doble. Bueno. ¿Qué va a hacer usted aquí?

    Joe se encogió de hombros. Pensó que no sería adecuado ni digno de crédito decir que había sido enviado allí con el fin de esparcir un blanco al que los saboteadores podrían disparar.

    —Creo que estoy afectado aquí sólo en lo concerniente a las raciones de alimentación —observó—. Eventualmente, llegarán órdenes y podré saber de qué se trata.

    Atacó su desayuno. Los ruidos atronadores de los propulsores al elevarse hacían estremecerse el salón comedor y Joe observó entre bocado y bocado.

    —Curiosa manera de despegar, rodando...; parecía un camión.
    —Es un camión —dijo Talley—, un camión de gran velocidad. Hay cincuenta de ellos, fabricados especialmente para servir de tren de aterrizaje y permitir que hagan prácticas los pilotos de los propulsores. Como sabe, los propulsores están destinados a funcionar una sola vez.

    Joe asintió.

    —En teoría, no son para el despegue —explicó Talley—. Se colgarán de la plataforma y ascenderán con ella, empujándola. Luego, cuando la hayan hecho elevarse tanto como puedan, encenderán sus retropropulsores y volverán a la Tierra zumbando. Harán el trabajo del primer piso de un cohete, que puede ser aplicado a la plataforma. Pero los pilotos tienen que practicar el regreso y el aterrizaje. Para el entrenamiento, no importa cómo se eleven. Cuando descienden, son recogidos por un enorme camión especial con cremalleras de oruga que los trae de regreso. Luego, una grúa los eleva, los deposita sobre un camión de gran velocidad y recomienzan nuevamente la maniobra.

    Joe reflexionó mientras comía. Tenía sentido. La función de los propulsores, como tales, era la misma que la del primer piso de un cohete de múltiples unidades. Entre todos ellos, levantarían la plataforma del suelo, la sacarían de la base y la elevarían tanto como les fuera posible con sus motores jet. Deberían desplazarse simultáneamente hacia el este, a toda la velocidad que pudieran desarrollar. Luego, encenderían sus retropropulsores al mismo tiempo y, al hacerlo, actuarían como el segundo piso de un cohete múltiple. Entonces, su trabajo habría terminado y lo único que necesitarían hacer es volver a tierra con sus pilotos vivos, mientras la plataforma, actuando como su propio tercer piso, continuaría alejándose hacia el espacio.

    —La vida de un piloto de propulsor no es muy feliz —dijo Talley—. Cuando ha efectuado diez aterrizajes y sobrevive, es un experto. Después efectúa otros de tiempo en tiempo, solamente para no olvidarlo. ¡Esos tipos sudan!

    El piloto gruñó. Talley extendió los brazos.

    —De vez en cuando, uno descendía como no debía hacerlo y algo les sucedía a los motores. Quizá habían sido demasiado forzados. Ocasionalmente, explotaban.
    —¿Los motores de jet? —preguntó Joe—. ¿Explotan? ¡Eso es algo nuevo!
    —Una característica estrictamente especial de los