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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 48 en 48.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    LOS REGALOS DE EYKIS (Wayne W. Dyer)

    Publicado el miércoles, agosto 10, 2016
    A la promesa de Eykis,
    ¡un milagro para nuestro tiempo!
    Y a la memoria de John Lennon,
    que nos propuso imaginar que el mundo
    podía ser como un milagro.


    Esta novela es una obra de ficción. Los nombres, personajes,
    lugares e incidentes que se mencionan en ella son fruto de la
    imaginación del autor, o bien son utilizados en sentido ficticio.
    Cualquier parecido con acontecimientos, lugares o personas
    reales, vivas o fallecidas, es pura coincidencia.


    AGRADECIMIENTOS

    Mi gratitud a Michael Korda y a John Herman, (le Simon and Schuster, por su espléndida labor editorial; a Arthur Pine y Richard Pine, por el estímulo que me han dado y por su fe en el libro; y en especial a Susan Elizabeth Dyer, por la gran energía creativa que ha dedicado a la producción de esta novela, mi primera obra de ficción.


    La realidad no es un concepto; la realidad es mi vida cotidiana.
    J. KRISHNAMURTI


    INTRODUCCIÓN

    A lo largo de la historia, la narrativa ha sido un importante medio de comunicación. Desde las Fábulas de Esopo y las parábolas de la Biblia hasta Juan Salvador Gavota, pasando por otras muchas obras antiguas y modernas, tenemos agradables ocasiones de aprender poniéndonos en la situación del observador. Cuando las consecuencias de las acciones recaen sobre una zorra, un pájaro o un hijo pródigo, la punzada crítica resulta menos dolorosa. Pero vemos fácilmente en qué forma la verdad y la esencia universal de la narración nos atañen a todos. Esos ejemplos imaginarios nos impulsan hacia nuevas percepciones y emociones, hacia una nueva conducta.

    La ciencia y la tecnología nos han llevado a un espléndido mundo nuevo, que nos brinda mayores posibilidades que nunca. Sin embargo, en muchos aspectos nuestras actitudes y sentimientos no han evolucionado en consecuencia. Estamos mal equipados, para aprovechar las oportunidades que se nos presentan hoy en día, porque arrastramos creencias y percepciones erróneas sobre las realidades de nuestro mundo.

    ¿Cuáles serían las reacciones de un visitante de otro planeta ante nuestras complejas organizaciones de la Tierra? ¿Cómo veríamos nosotros la cultura de ese visitante? ¿Podemos compararnos favorablemente con otras civilizaciones? ¿Estamos dispuestos a aceptar una mirada objetiva? Los regalos de Eykis es un ejemplo de diálogo entre Un terrícola y una uranita, o sea un habitante de la Tierra y un habitante de Urano. Ambos son personas pacíficas, abiertas y amantes de la vida, y desean aumentar el bienestar colectivo. A través de ellas he podido observar en qué estado se encuentran nuestras sociedades e imaginar a dónde podríamos llegar si optásemos a favor de ciertas realidades. El incentivo de ser una parábola puede hacer que surjan entre nosotros más personas dispuestas a observar, pero en último término todos debernos mirar hacia dentro y observarnos a nosotros mismos.

    Como ustedes descubrirán, Eykis vive. ¡Viva Eykis!

    WAYNE W. DYER

    PRÓLOGO

    Se había designado la biblioteca como lugar don de devolver los birretes y togas alquilados. Estaba yo entre las estanterías llenas de papel y cuero, símbolos tradicionales de la sabiduría, con la muceta de mi toga doctoral torcida sobre los hombros como un dogal flojo, sosteniendo bajo el brazo el pergamino arrollado que certificaba mis calificaciones profesionales, con un ensayo del filósofo Bertrand Russell en las manos. El libro trataba de la felicidad, algo que yo había buscado, sin jamás encontrarlo, en los innumerables textos que habla leído hasta el momento.

    Alguien se me acercó por la espalda. Le reconocí por su leve arrastrar de los pies. En la universidad había quienes le llamaban excéntrico; otros, menos amables, le tildaban de viejo chiflado. Pero en la comunidad internacional de los científicos, sobre todo entre los físicos, se le reconocía como un genio.

    Me volví y le sonreí, saludándole con respeto no fingido.

    —Buenas tardes, profesor.
    —Ah, sí... Amigo mío, tengo un Regalo para usted.

    Él habla del profesor estaba salpicada de más mayúsculas que las que usábamos los demás. Me entregó un fajo de ecuaciones matemáticas que yo vela por primera vez.

    —Hace mucho tiempo, en mis primeros días de Experimentación, tuve un Ayudante. No quiso darse a conocer, alegando que, siendo un Visitante, su presencia podía constituir un Trastorno. En realidad, el Mérito era suyo, pero afirmó que la Responsabilidad era mía y que también debían ser míos todos los Resultados.
    —Nunca me ha hablado de él, que yo recuerde.
    —No, no. Ni le hablaré de él nunca más. Aun así él me dejó las Formulas Uranitas. He intentado descifrarlas, pero sélo he conseguido vislumbrar su sentido. Él me dijo que llegaría un Alumno Bien Dispuesto que continuaría el Viaje. De eso hace cuarenta años. He esperado mucho tiempo... —suspiró— El Alumno es usted.

    Por su rostro arrugado empezó a flotar una leve sonrisa, que finalmente brillo en sus ojos.

    — ¿Yo? ¿Qué formulas ha dicho usted? —pregunté, incrédulo.
    —Las Fórmulas Uranitas. Se refieren al Transporte Molecular. Mi viaje está casi acabado, pero el de usted empieza aquí —dijo, señalando las páginas mecanografiadas—. Bon voyage, Alumno. Quizás un día será Profesor.

    Me dirigió otra vez su agradable sonrisa, dio media vuelta y se alejó, arrastrando levemente los pies.

    — ¡Gracias por el regalo! —exclamé, aún desconcertado.

    Sin detenerse, me dirigió un tranquilo adiós con el brazo y desapareció detrás de una estantería.


    1
    La llegada


    ¿Quién lo hubiera creído? Aquel lugar llamado Urano parecía una reproducción exacta de la Tierra. Después de pasar varios años descifrando las Fórmulas uranitas, había realizado mi primer autotransporte a otro planeta, y la suerte había querido que llegase a uno que parecía idéntico al mío. Según las apariencias, en Urano todo era igual que en la Tierra.

    Yo había supuesto que, aun sin salir de mi sistema solar, tendría la oportunidad de ver algo nuevo, algo diferente, si llegaba a un planeta muy lejano. Pensaba que Urano estaba lo bastante lejos de la Tierra coma para ofrecerme una realidad completamente nueva; seres gaseosos que cambiasen de forma, o por lo menos algo digno de la vivida imaginación de los autores de Star Trek, cuya obra admiraba tanto. Me habla imaginado a mí mismo en túneles del tiempo, saltando millones de años hacia el futuro o hacia el pasado por alguna mágica posibilidad de trascender mi cuerpo. Los años de espera y de trabajo duro no me habían preparado para aquella sorpresa: la de que ¡no había sorpresa alguna!

    Los escritores e investigadores que creían posible la existencia de un planeta parecido al nuestro imaginaban reflejos de la Tierra sociedades en las que el bien y el mal estaban invertidos, y cosas semejantes. Yo no había pensado nunca, ni en los momentos en que dejaba volar la imaginación, que podía encontrarme con un planeta exactamente igual al mío. Era casi como silos habitantes de Urano se hubiesen propuesto reproducir nuestro mundo en todos sus detalles. Sus grandes océanos, cordilleras y desiertos eran un calco de los terrestres. Hasta tenían nombres idénticos. No solo habla un desierto del Sahara, sino incluso un Hotel Sahara. Sospeché que nos hablan espiado desde un observatorio muy potente y que hablan reconstruido la Tierra en Urano. Ciertamente hablan reproducido hasta el último detalle. En todas las ciudades grandes se producían atascos a las cinco de la tarde; en el «Tercer Mundo» reinaba el hambre; y existían grandes centros comerciales y pequeños coches de bajo consumo importados del «Japón». No habían olvidado nada.

    Empecé a pensar que era víctima de un engaño. Quizá se me había hecho creer que era el primer terrícola que visitaba otro planeta, sin que en realidad hubiera salido del mío. ¿Se habría descubierto mi secreto análisis de las Fórmulas y se me utilizaba como cebo propagandístico para engañar a los soviéticos, haciéndoles creer que habíamos conseguido un gran avance tecnológico que en realidad no existía? Recordaba vagamente haber visto una película sobre ese tema. Pero, en el fondo, estaba seguro de encontrarme en otro planeta. Había sentido el impacto del transporte molecular; había vivido el viaje supersónico que me alejaba de la Tierra por el vacío espacial. Estaba seguro, pero la duda no me dejaba en paz. Llegué a la conclusión de que la única manera de comprobar si estaba en Urano era prescindir de las apariencias y ver si también las personas eran iguales a los terrícolas como así parecía ser.

    Decidí elegir a una de aquellas personas y hablar detenidamente con ella; si resultaba ser como los terrícolas que conocía, volvería inmediatamente a la Tierra y trabajaría en la posibilidad de viajar más allá de nuestro sistema solar. No había viajado miles de millones de kilómetros con el solo fin de reencontrar mi mundo natal. Había iniciado aquella empresa con un deseo de aventura y emociones. La perspectiva de hallarme en un mundo nuevo de gente idéntica a la que había dejado atrás no me atraía especialmente.

    Me instalé en mi habitación, en uno de los mejores hoteles de Urano, conecté el televisor sin mirarlo y me puse a discurrir la manera de conocer a los habitantes de aquel mundo, que me resultaba al mismo tiempo extraño y familiar. No dejaba de ver la ironía de mi situación. Estaba en un mundo desconocido, pero tenía la sensación de no haber salido del mío. Hasta aquella habitación de hotel era como las que había visto mil veces: la minúscula pastilla de jabón, la pequeña dosis de champú en una bolsita de plástico marrón, la gastada limpieza de la colcha, la Biblia de Gideon, nunca abierta por nadie, en el cajón del armario...

    La cabeza me rebosaba de preguntas que formular a los uranitas, y me encontré dándole vueltas a la cuestión «¿Cómo hacerlo?» actitud que adoptaba a menudo para evitar emprender una acción. Mucho tiempo atrás había aprendido que la manera de llevar a término una cosa es ponerse a hacerla. Pero también habla aprendido a eludir esa realidad, que requería esfuerzo y sudor, además de todas las cualidades que me agradaba ver en los demás y descuidar en mí mismo. En lugar de poner manos a la obra, estaba utilizando ahora mi situación problemática para mantener mi pensamiento centrado en lo que podía o no podía hacer. Después pasé a una forma más avanzada de escapismo. Me puse a pensar en las preguntas que quería formular a los uranitas. ¿Tenéis guerras? ¿Os preocupan las leyes? ¿Cómo afrontáis el problema del cáncer, y cómo veis ese misterio llamado muerte? ¿Tenéis escuelas, y se da prioridad en ellas a las notas y a la obediencia? ¿Lleváis tejanos hechos a medida y, de ser así por qué? ¿Tenéis la misma historia que los terrícolas? ¿Tenéis noticia de nuestra existencia? ¿Nos visitaréis algún día y, en tal caso, vendréis en son de paz? ¿Tenéis armas nucleares? ¿Tenéis una Jane Fonda? ¿Sois idénticos a nosotros por dentro como lo sois por fuera? ¿Sentís emociones, temores, ansiedad? ¿Usáis tranquilizantes? Estas preguntas me bombardeaban el cerebro casi tan de prisa como acertaba a grabarlas en mi pequeño magnetófono. (Me pregunté, por cierto, si podría cambiarle las pilas en Urano.)

    Mientras dictaba, me di cuenta de que la palabra ansiedad había sido repetida por el televisor. No pude creerlo. Hasta entonces no había prestado atención al informador que hablaba en la pantalla, un hombre que tenía exactamente el mismo aspecto de los que yo había visto por todo mi país. El modelo ario de apostura televisiva*, que habría podido deslizarse en el asiento vacío de cualquier locutor de la televisión local de Seattle, Minneapolis, Atlanta o Toronto sin que nadie notase la diferencia, leía su texto de una manera tan insulsa, que yo había bajado el volumen mientras pensaba en la enorme tarea que me esperaba. Pero, mientras dictaba al magnetófono «¿Sentís emociones, temores, ansiedad; usáis tranquilizantes?» oí en el boletín de noticias las primeras palabras que me hicieron comprender que en Urano no era todo exactamente como en la Tierra. Fue casi como recibir un bofetón.

    Haciendo la transición de un bloque a otro, antes de que apareciese un anuncio, el señor Apostura Aria había dicho: «Aquí terminan las noticias locales. Permanezcan atentos a sus pantallas; dentro de unos momentos les ofreceremos la información deportiva, el boletín meteorológico y el informe sobre la ansiedad.»

    Había escuchado a medias la información nacional, que, salpicada de expresiones vacías como «los principales índices económicos», «las manifestaciones estudiantiles de protesta» y «las comisiones presidenciales de estudio», sonaban muy parecidas a las de la Tierra. Las noticias locales, el boletín meteorológico e incluso la información deportiva me resultaron también familiares, y lo soporté todo en espera de oír aquella parte del telediario, que me darla la primera pista para conocer a la gente de Urano, cuya cultura hasta el momento me había parecido igual a la mía.

    —Después de esta información comercial sobre una marca de cerveza, les ofrecemos el informe sobre la ansiedad correspondiente a mañana.

    ¡Un informe sobre la ansiedad, en el telediario! Me invadió la emoción. ¿Qué podía ser un informe sobre la ansiedad, y por qué formaba parte de las noticias?

    El informe fue breve y concreto.

    —Muy buenas noches. Aquí Eykis con el informe de hoy sobre la ansiedad. El riesgo de que la ansiedad ataque es elevado en las zonas más altas, y menor en nuestra ciudad. El viernes, las posibilidades de ataque serán del ochenta por ciento, menores durante el fin de semana. Para el lunes, la previsión es casi de ansiedad cero, incluso en montañas más altas, a mil ochocientos metros por encima del nivel del mar. Pero esta noche el peligro de una acometida de la ansiedad es mucho por b cual yo aconsejaría a todos ustedes que comprobasen inmediatamente su reserva de medicamentos preventivos. Seguramente no los necesitarán durante el fin de semana, pero es muy probable que a mediados de la semana que viene llegue a la zona un nuevo frente de ansiedad. Y con esto me despido de todos ustedes. Este informe les ha llegado por gentileza de Sindolor, el único producto de su clase que contiene ochocientos cincuenta miligramos de un ansiolítico, para ayudarles cuando lo necesiten. Es decir, cuando se les produzca inesperadamente un acceso de ansiedad. Recuerden: cuando ataca la ansiedad, Sindolor sale más a cuenta.

    Estaba asombrado. ¡Un informe sobre ataques de ansiedad en el telediario de la noche! Nunca lo hubiera imaginado. Por suerte atiné en grabarlo en mi magnetófono. Rebobiné la cinta y volví a escuchar el informe. Después lo escuché otra vez y cronometré su duración. Había durado un minuto. Volví a escucharlo varias veces, pensando que debía de tratarse de una broma. Quizás aquella Eykis era una actriz satírica que aparecía en el telediario de la noche, semejante a los personajes que en nuestros noticiarios se hacían pasar por críticos sociales y se ponían en ridículo vociferando ante la cámara, con fingida cólera, en contra de algún político o de algún mal social que hallaban especialmente ofensivo. Sabido era que, de creer realmente en lo que predicaban, harían algo por remediar el objeto de sus críticas, en lugar de sermonear inútilmente a sus amigos a través de las ondas. Siempre he creído que, al refugiarse en lo que los demás hacen o no hacen bien, los críticos demuestran su incapacidad de hacer cosa alguna.

    Pero Eykis no era así. Era franca, parecía hablar en serio y sentir como cosa propia su informe sobre la ansiedad. La impresión que me cause fue excelente no creía yo que aquel informe entrañase una comedia. Sin embargo decidí ver el siguiente telediario y comprobar Si lo que acababa de presenciar era fingido o auténtico. Y, efectivamente, media hora después, en otro canal, apareció otro informe sobre la ansiedad, con casi las mismas advertencias al público.

    Entonces tome la decisión de entrevistarme personalmente con aquella Eykis cuya sinceridad tanto me había conmovido. Necesitaba conocer a un uranita sensible a quien confiar mi identidad, y algo me decía que aquélla era la persona idónea. Eykis ayudaba a los demás y decía la verdad en términos ciaros y sencillos. Me inspiraba ya una completa confianza. Por algún motivo siempre Se, en mi interior, cuándo una persona me gusta, y en aquel caso lo supe inmediatamente. De antiguo me habla acostumbrado a no hacer caso de las normas por que se rigen la mayoría de los terrícolas, y a atender solo a los dictados de mi interior. Cuando se me apremia a pensar, sentir o actuar de una manera determinada, prescindo de los «no sé Si debo» y escucho solo a mi corazón. Ya de joven había descubierto que solo lamentaba aquellas cosas que habla dejado de hacer por algún temor o prohibición que yo mismo me imponía, nacidos de los criterios ajenos. Ciertamente hacía muchas cosas que no me gustaban o que me sallan mal, pero nunca lamenté haberlas hecho; simplemente, me prometía a mi mismo no repetirlas. En consecuencia, aprendí mucho de mis errores. Sólo me pesaba, y mucho, el haber querido actuar y no hacerlo, debido al temor de ser rechazado, o peor aún, de fracasar.

    En todas partes, de joven, me había encontrado con que los demás obedecían a unas normas heredadas de generación en generación. Muchas de aquellas normas no tenían base real alguna. Por ejemplo había oído miles de veces que «Se tarda mucho en conocer bien a una persona, y más aún en saber si se ha quiere». Pero a mí el corazón me había dicho siempre lo contrario. Un instante me bastaba para saber si quería a una persona, y me daba cuenta di que no necesitaba la «prueba del tiempo» para verificarlo.

    No obstante, siempre se me criticaba por decir «te quiero» demasiado pronto. «¿Si no me conoces, cómo puedes estar seguro de quererme?» Si me lo dices con tanta facilidad, cómo puedo saber que para ti soy realmente una persona aparte?» Pero abandoné las normas que los demás tanto respetaban, y con ello me convertí en motivo de mucha consternación. Y, a pesar de los ataques que se me dirigían por mi decisión de vivir según mis instintos, descubrí que nunca me sentía decepcionado de mí mismo por obedecer a mis primeros impulsos en lo referente a cómo y cuándo quería a los demás. Eran siempre los demás quienes se veían en aprietos ante mis rápidos juicios sobre a quién podía o no podía querer. En un primer encuentro, en una primera cita, los demás cuidaban siempre de decir sólo las palabras correctas, mientras yo avanzaba tranquilamente, confiando en mí mismo y orgulloso de mi facultad de pasar por alto toda norma que condicionase mis sentimientos.

    Era esa confianza instintiva lo que experimenté allí, en aquella habitación de un hotel uranita. Aunque sólo había visto en la pantalla del televisor la imagen de aquella mujer llamada Eykis, sabía ya que la quería. Era una persona en la que podía confiar para que me revelase cosas sobre su gente. Por mucho que Eykis me parecía tan familiar como si fuera oriunda de mi ciudad natal, ella era, en Urano. Mi primer contacto con algo muy diferente de cuanto habla yo conocido en la Tierra. Aquel elemento nuevo era el informe que sobre la ansiedad había dada ella con tanto interés. Aquél fue el primer momento de auténtica emoción que sentí en Urano. Hasta entonces me había desengañado aquel planeta modelado a imagen y semejanza de la Tierra. 0 viceversa. ¿Nos habíamos modelado nosotros a imagen y semejanza de ellos? Pero descarté en seguida tal posibilidad. En la Tierra no elaborábamos informes sobre los ataques de la ansiedad. Pronto sabría, por boca de la autora de aquel informe, cuanto hubiera que saber sobre los habitantes de Urano. Esa idea me llenaba de alegría, pues basta entonces había temido que el fruto de aquella visita, mi valoración de Urano en todos sus aspectos, consistiría e un informe de una sola palabra: «ídem».

    Sabía que la palabra «ídem» no impresionaría a mis conciudadanos terrícolas. Cuando menos, Eykis me ahorraría el dudoso honor de ser el primer cosmonauta que presentase un informe de viaje de una sola palabra. Me dormí aquella noche dándole gracias a Eykis.

    Mis instintos no fallaban jamás. Al día siguiente hablaría con aquella mujer maravillosa, de quien instintivamente me sabía enamorado.


    2
    Eykis


    Resultó ser la persona más asequible que había encontrado en mi vida. Llamé a los estudios aquella mañana y fijamos una cita para Las cuatro de la tarde. Ninguno de ambos hizo torpes esfuerzos por resultar cortés, y ella no se dio importancia diciendo que tenía muy llena su agenda. Yo había preparado toda una explicación que me hiciese lo más convincente posible a sus oídos, pero ella me lo puso todo muy fácil.

    —Buenos días. ¿Hablo con Eykis, la señorita que dio anoche, en el telediario, el informe sobre la ansiedad?
    —Sí.

    Estoy aquí de visita y me gustaría mucho hablar con usted en persona —le dije, dejándole la posibilidad de rehusar cortésmente una petición tan atrevida.

    —¿Qué desea saber? —me preguntó.
    —Me sería difícil explicárselo por teléfono. Le agradecería que me concediese una entrevista. Le aseguro que no correrá usted ningún peligro —dije para darle confianza.
    —Perdone, ha dicho ¿peligros?
    —Sí.
    —No conozco esta palabra. ¿Qué significa?
    —Quería decir que no le haré ningún daño, Sólo pretendo hablar con usted.
    —Otra palabra que no entiendo. ¿Qué significa «daño»?
    —¿Le parece que se lo explique cuando nos veamos? — le pregunté.
    —Sí —respondió, confusa pero dispuesta a complacerme.
    —¿A qué hora le convendría?
    —Esta tarde, a las cuatro. Iré a su hotel, ya que siendo forastero, quizá no conozca los transportes.

    En su voz no había rastro de sospecha ni de duda. Le di el nombre del hotel, y eso fue todo. Dentro de tres horas mantendría mi primera conversación con un habitante de aquel lugar llamado Urano. Cada vez veía más claro que mi interpretación inicial que hacía de aquel planeta una copia exacta de la Tierra, era incorrecta. Anoté tres cosas en mi cuaderno:


    1. ¿Informe sobre ansiedad?
    2. ¿No-concepto de peligro?
    3. ¿No-concepto de daño?


    Volví a pensar en la conversación telefónica. Eykis no había dudado de mí ni un instante. Su voz mostraba una confianza absoluta, y no me había puesto ninguna dificultad.

    Pasé las horas siguientes paseando por la ciudad. De nuevo me puse a buscar cosas que fuesen di rentes en Urano. Pero las diferencias que encontraba eran mínimas, casi imperceptibles. Decidí no perder más tiempo haciendo turismo, y la idea d descubrir sutiles diferencias fue borrada por la expectativa de mi próximo encuentro con Eykis. Con ella contaba para obtener respuestas sinceras a mis preguntas. Comencé a ver lo absurdo que era buscar diferencias externas. Había observado algunas, ciertamente, pero renuncié a basar mi investigación en las apariencias. Obedeciendo a mis Instintos, escucharía a la gente. Me centraría en Eykis, cuya sinceridad me había impresionado.

    Aquella tarde pasé tres horas con Eykis. Cuando se marchó, vi renovada mi fe en el viejo dicho «Las apariencias engañan». Por más que Urano tuviese todas las apariencias de mi planeta natal, lo cierto era que apenas se parecía a la Tierra. Antes de conocer a Eykis había perdido el tiempo intentando desentrañar los secretos de una cultura omitiendo lo que constituye precisamente dicha cultura, es decir la gente. En lugar de ir a las fuentes, me habla fijado en lo externo y no había visto nada. Toda la información que poseemos sobre los habitantes prehistóricos de la Tierra se basa en el mismo principio erróneo. Sacamos conclusiones sobre aquellos pueblos basándonos en sus objetos: su cerámica, sus armas, sus casas, etcétera. ¿Desearía yo ser juzgado e interpretado en razón del coche que conduzco o de los utensilios que uso para comer? ¿Dice un tenedor algo sobre mí? Yo utilizo un tenedor porque se me ha enseñado a hacerlo, pero también podría usar los dedos, o cualquier otra cosa que me sirviese para llevarme la comida a la boca. Cuando el coche no funciona voy a pie o hago autostop. ¿Qué dice sobre mí cualquiera de estas cosas? Muy poco, naturalmente. Y, sin embargo, hacemos muchas suposiciones absurdas sobre el hombre de Neanderthal sin tener sobre él más información que la que dan sobre nosotros nuestros tenedores.

    A sabiendas de que nuestro conocimiento colectivo sobre las culturas anteriores a la nuestra es infinitesimal, había iniciado mi visita a Urano con las mismas suposiciones erróneas. Yo había estudiado extensamente la filosofía oriental. Sabía el significado de la introspección, e incluso había dicho muchas veces a mis amigos: «Lo que importa no es lo que ocurre a nuestro alrededor ni lo que nos llega de fuera, sino lo que sucede en nuestro interior» y, cuando se me presentaba la oportunidad de aplicar esa idea, había fracasado lamentablemente. Pero, después de aquellas tres horas con Eykis, ya no volvería a olvidar esa verdad. A las siete de la tarde mi segundo día en Urano, había dejado de murar semejanzas externas entre nuestros mundos. Estas semejanzas carecían ya de sentido.

    Nunca olvidaré mi primera conversación con Eykis. Le pregunté si le molestaría que grabase nuestra conversación, y ella dijo que no. Lo cierto es que, en las tres horas largas que pasamos juntos, no puso objeción a nada.

    Decidí hablarle desde el principio con total franqueza. Le explique quién era, cómo había llegado y lo que hacía en Urano. Nervioso, dediqué unos momentos a exponérselo todo de la manera más clara posible, esperando que me creyese y que no se sintiese amenazada, o quisiese entregarme a las autoridades, que me someterían a interminables interrogatorios. (No podía librarme de la provinciana costumbre de ver a los habitantes de Urano tal como era yo, más bien que como eran ellos.) Eykis no pareció sorprenderse ante lo que le dije. Sin vacilar, me preguntó qué era lo que deseaba saber. Reprimiendo un vivo deseo de contarle todo lo concerniente a la Tierra, le formulé lo que creía que sería una pregunta sorprendente:

    —¿Por qué me cree usted? ¿Cómo sabe que no le miento y que no he venido a aprovecharme de usted de alguna manera? Yo podría ser algún chiflado...

    Ella pareció verdaderamente desconcertada.

    —No sé qué quiere decir eso de «miento» —dijo—. Explíquemelo, por favor.

    Ahora el desconcierto era mío.

    —Pues mentir significa no decir la verdad —expliqué.
    —Pero verdad es todo lo que existe —replicó ella prontamente. ¿Cómo es posible no decir la verdad?
    —Pues bien, Si yo intentase hacerle algún daño, y para engañarla le dijese que soy un terrícola venido aquí para conocerles a ustedes, siendo mi intención en realidad la de hacerle daño, eso, sin duda, sería mentir.
    —Pues ahí tiene una primera diferencia que anotar en su informe —repuso ella—. La gente de Urano no puede hacer eso. No estamos preparados para lo que usted llama mentir. Aquí, no decimos más que las cosas tal como son. En Urano sólo podemos actuar a partir de lo que es real. ¿Por qué querría nadie mentir? ¿No haría eso imposible el hablar con los demás? —preguntó, perpleja.
    —Sin embargo, los terrícolas no mentimos siempre — explique—. Sólo lo hacemos a veces, cuando lo necesitamos o cuando nos conviene.
    —Pero si la gente miente a veces, ¿cómo saben cuándo el otro está mintiendo y cuándo dice la verdad? ¿Acaso los terrícolas anuncian que van a mentir, a fin de poder comunicarse? —me preguntó con toda seriedad.
    —El propósito de la mentira quedaría anulado si uno la señalase de antemano —contesté.
    —Así pues, veo que la gente de su planeta no se comunica con sinceridad. No comprendo como es posible eso —dijo Eykis.
    —Pasemos a otro tema —sugerí.
    —¿Está usted mintiendo o diciendo la verdad? —me preguntó ella entonces.
    —Yo le prometo que siempre le seré sincero — declaré—. Jamás le mentiré.
    —Pues bienvenido a Urano —dijo Eykis—. Pero haga el favor de explicarme lo que significa sincero y lo que significa siempre.
    —Ser sincero es decir la verdad.
    —Ahora entiendo por qué no tenemos nosotros esa palabra. Y, ¿qué significa siempre?
    —Cuando aseguro que siempre le seré sincero — respondí——, quiero decir de ahora en adelante, durante todo el tiempo que nos tratemos.

    Ella pareció aún más desconcertada.

    —Ese concepto de siempre es nuevo para mí. Yo sólo sé de lo que ocurre ahora, y me basta con la certeza de que no me mentirá ahora. No comprendo cómo puede saber lo que hará siempre. Pero, si eso es lo que cree en este momento, me parece bien. No obstante, no dude que, si cambia de opinión antes de que llegue siempre, también me parecerá bien.
    —Pero siempre no llega nunca —objeté—-. Siempre es siempre.
    —Pues si no llega nunca, los dos estamos halando de lo mismo, del ahora. Creo que no necesitamos hablar más de siempre —concluyó.

    A mi empezaba a fatigarme la incapacidad de expresar mis ideas de un modo adecuado a su mentalidad extrañamente lógica. Me enredada en mis propias explicaciones. Ella no mostraba exasperación alguna ante mi incoherencia, sino sólo una leve desorientación. Su lógica era irrebatible, pero yo creía imposible el que aquella gente hubiera podido crear un planeta tan idéntico a la Tierra y a pesar de ello apegarse tanto a la realidad, que Eykis no comprendiese conceptos sencillos como el de mentir, el de siempre, el de sinceridad, peligro o daño. Naturalmente, Si para ella no existían, no podía comprenderlos. Sin embargo, yo era capaz de entender conceptos que no existían para mí. Quizá los habitantes de Urano fueran inferiores a nosotros. Yo ciertamente sabía lo que era la guerra, y nunca había conocido ninguna. Y sabia de Dios sin tener pruebas irrefutables de existencia. Anoté mentalmente que debía preguntarle más adelante sobre aquellas cosas. Por de pronto quería pasar a temas más inmediatos, sin perderme en un laberinto de pequeñas discusiones sobre barreras lingüísticas. (O se trataba de las barreras que creaba mi pensamiento limitado? Empecé a plantearme tal posibilidad.)

    —¿Que es un ataque de ansiedad? —le pregunté sin preámbulos.
    —La ansiedad no nos afecta regularmente. Sólo ataca en cantidades importantes cuando los vientos le son favorables. Difundimos la probabilidad de un ataque de ansiedad, y su intensidad, como servicio público —explicó.
    —¿Pero, qué es la ansiedad? —le pregunté, sin comprender nada.
    —La ansiedad se desplaza por el aire en forma de partículas microscópicas que tienen forma de pequeñas as, enes y eses, y de ahí su nombre. Esas partículas de ansiedad fueron descubiertas por un científico que trabajaba con un potente microscopio. Se llamaba Sindolor, y por eso el antídoto más conocido contra los ataques de ansiedad recibió el nombre de ese descubridor.
    —Pero ¿qué ocurre si la ansiedad ataca y uno se encuentra sin el antídoto, como usted lo llama? —pregunté.
    —La ansiedad puede tomar formas muy diversas. Si ataca en grandes cantidades y la persona no dispone del medicamento, puede llegar a causarle una depresión nerviosa. Pero, en general, la ansiedad ataca en cantidades menores, y los efectos son el malestar general, el nerviosismo, el miedo, los temores infundados, el tartamudeo, la excitación, la hipertensión arterial, etcétera. Como los efectos de un ataque de ansiedad pueden ser muy graves, los telediarios y noticiarios anuncian los ataques inminentes, para que todo el mundo pueda tomar sus precauciones. ¿Responde esto a su pregunta? —me preguntó con visible inquietud.
    —Sí, pero me sugiere mil preguntas más.

    En mi mente aparecían mil pensamientos. Nunca hubiera imaginado una explicación como aquélla. La ansiedad atacaba a los habitantes de Urano, y Eykis no podía haberme mentido, porque ella sabía mentir. ¡Extraño mundo!

    —¿Con qué frecuencia ataca la ansiedad? —pregunté.
    —Es muy difícil de prever. Sólo podemos hacer pronósticos para unos días. Lo habitual es que la ansiedad se presente casi de improviso. Por eso hemos de estar siempre alerta. A veces pasan meses sin que suframos ningún embate, y después tenemos tres o cuatro en una semana.

    Yo empezaba a ver que aquél era un fenómeno realmente singular. Decidí pedirle a Eykis que volviésemos a vernos lo antes posible y, si ella estaba de acuerdo, la invitaría a visitar la Tierra, para que viese como actuaba la ansiedad en otra realidad. Pero eso tendría que decírselo con cuidado.

    Antes de que pudiese empezar a plantearle los centenares de preguntas que me acudían a la mente, ella me preguntó:

    —¿Acaso no se dan ataques de ansiedad en la Tierra? Parece usted asombrado por lo que le he dicho.
    —Sí, sufrimos ataques de ansiedad —intenté explicar— , pero no es exactamente que la ansiedad ataque. De hecho, la ansiedad por sí misma no existe. La gente sufre ataques de ansiedad sin que la ansiedad ataque.

    A eso, Eykis quedó verdaderamente desconcertada. Pero no intentó juzgarme ni pareció ponerse nerviosa.

    —Bien —dijo—, y ¿poseen ustedes antídotos contra esa misteriosa ansiedad que no ataca?
    —Si —contesté—. Tenemos tranquilizantes, Sedantes, terapias y muchos medicamentos.
    —Aunque me ha dicho varias veces que la ansiedad no les ataca, después ha hablado de ataques de ansiedad.

    Asentí, avergonzado.

    —Siendo así —continuó—, ¿cómo saben los terrícolas cuándo van a ser atacados por la ansiedad, si, según usted, la ansiedad no ataca?
    —Percibimos sus síntomas —respondí.
    —Pero ¿desde dónde? ¿Como? ¿Qué indicios tienen?
    —Nos empezamos a poner nerviosos, tensos y malhumorados.
    —Pero ésas son las consecuencias de un ataque de ansiedad, no sus causas —replicó Eykis—. ¿Cómo pueden sentirse tensos si no hay ansiedad que les ataque?
    —Como le he dicho, la sentimos acercarse.
    —¿Desde dónde? —preguntó, ahora exasperada.
    —Desde nuestro interior, supongo —respondí, muy inseguro ya de mi lógica.
    —Pero, si viene del interior de las personas, no se trata en absoluto de un ataque de ansiedad, sino de simples pensamientos ansiosos. Para eso no deberían necesitar medicinas. Lo que necesitan es cambiar de pensamientos, ¿no cree? Parece muy sencillo. Qué bendición sería para nosotros que no nos atacase nunca la ansiedad. ¿Para qué quieren ustedes, los terrícolas, sentir ansiedad si la ansiedad no ataca? —preguntó, y esa vez me dio tiempo a responder.

    No pude ofrecerle una contestación inteligente. De hecho, tenía la impresión clara de no haberle dado aún ninguna respuesta que pudiese ser calificada de inteligente.

    —¿Podríamos continuar en otro momento esta conversación? ¿Podríamos seguir hablando mañana, o no existe para usted el concepto de mañana, ya que usted sólo está aquí ahora? —le pregunté, sin querer ser sarcástico, pero sintiéndome, no obstante, un poco molesto por sus palabras sobre la ansiedad de los terrícolas.
    —Pues claro que existe mañana —me replicó con firmeza—. Pero no se puede vivir ni sentir en el mañana. En Urano sólo se puede vivir el momento presente. Aunque estemos hablando del mañana, sólo tenemos el AHORA, pero podemos usar nuestro AHORA de la manera que queramos. A menos, naturalmente, que disponga uno de ordenadores antipreocupación o pueda permitirse el lujo de adquirir un activador de la culpabilidad, que son las dos únicas excepciones.

    Estuve a punto de reírme al oírle mencionar aquellas cosas tan extrañas, pero me di cuenta de que hablaba completamente en serio.

    —Antes de que pase a hablarme de ordenadores antipreocuación y de activadores de la culpabilidad, ¿le parece bien que nos encontremos en otro momento?
    —Nos encontraremos tantas veces como quiera, pero a condición de que usted me hable de ese lugar llamado Tierra. Por lo que me ha explicado, lo encuentro muy extraño. Al parecer, viven ustedes a diario en una realidad que para mí no existe. Quiero descubrir cuanto pueda acerca de ese lugar tan raro.

    Estuve a punto de protestar, pero no lo hice. Le dije que estaba de acuerdo en hablarle extensamente de mi planeta. Pasé una hora refiriéndome a todo lo que parecía importante en la Tierra. Le señalé que nuestros dos planetas parecían exactamente iguales, al menos en lo externo. Ella aceptó eso sin la menor extrañeza, y no hizo ningún comentario. Para Eykis, el hecho de que Urano y la Tierra se antojasen exactamente iguales era algo que pertenecía a la realidad. Pero, cuando empecé a hablarle de la gente de la Tierra y de las cosas que hacíamos, se mostró incrédula. Pareció totalmente desconcertada cuando le hablé de las guerras y los prejuicios; y, cuando aludí al matrimonio y al divorcio, a la religión y a la educación, me miró como si estuviese ante un monstruo de tres cabezas. Cuando empecé a hablarle de ¡a lucha por el dinero como medio de mejorar en la vida, me interrumpió.

    —¿Hay en la Tierra neuróticos como los hay aquí? — preguntó.
    —Claro que los hay. Muchísimos.
    —¿Y presentan los mismos síntomas que en Urano? — inquirió con impaciencia.
    —No estoy seguro de qué síntomas se dan en Urano, pero en la Tierra la neurosis aflige a casi todo el mundo, con toda una variedad de síntomas.
    —¿Cómo, por ejemplo?
    —La gente que se preocupa mucho acaba padeciendo úlceras, hipertensión, migrañas, calambres y otras molestias.
    —¿Y esas personas no disponen de computadoras antipreocupación?
    —Nunca había oído hablar de eso. Supongo que será algo propio de Urano.
    —Pues bien, si en la Tierra no existen esas computadoras...

    Pero se interrumpió, pues ya había formulado antes el mismo razonamiento y había visto que conmigo no la llevaba a ninguna parte. Antes que discutir sobre ese punto, prefirió seguir enterándose de cosas.

    Yo le hablé tan extensamente como pude de cómo los terrícolas tienden a vivir en el pasado o bien en el futuro. De que toman medicamentos para curarse la depresión, y de que la mayoría están descontentos de sí mismos. Le expliqué que mucha gente perseguía interminablemente el éxito y que casi nunca estaba satisfecha, que siempre se afanaban por adquirir más. Le dije que muchas personas sufrían temores infundados llamados fobias, que pocos individuos se querían verdaderamente a si mismos y que poquísimos eran capaces de dar amor a otros sin condiciones.

    Le hablé de los psiquíatras (palabra que ella no conocía, excepto como nombre de un tratamiento de las hemorroides), y de que en la Tierra millones de personas acuden a los terapeutas en busca de ayuda. Le hablé de la cólera, la indecisión, la ansiedad sin razón concreta y el desprecio de sí mismo. Ella lo iba escuchando todo y, cada vez que le hablaba de una conducta neurótica diferente, parecía sosegarse. Al igual que había hecho yo, tomó muchas notas y, cuando fueron casi las siete, me pidió que nos viésemos otra vez.

    —Aquí, en Urano, conocemos todas esas cosas y más —declaró—. Creo que, si he entendido bien todo lo que me ha contado, la gran diferencia consiste en que en Urano tenemos una razón para todas nuestras neurosis. Por lo que puedo deducir de esta breve entrevista, en la Tierra también existen neuróticos, pero aún estoy por ver que esas neurosis se basen en la realidad. No quiero sacar conclusiones precipitadas así, pues, esperaré a que hablemos de todo esto con calma, mañana, y entonces, si lo que sospecho es verdad, quizá podría volver con usted a la Tierra y verlo por mí misma. Como yo me baso exclusivamente en la realidad, quizá me servirá de algo ver cómo se puede estar neurótico sin una razón real. Todo esto me desconcierta, pero estoy dispuesta a no hacer juicios si usted accede a que le acompañe a la Tierra.

    Se había invitado ella misma, como si adivinase lo que yo pensaba proponerle. Nos despedimos, y cuando Eykis se hubo marchado me eché en la cama y me entregué a mis reflexiones. Tenía muchas cosas en que pensar, en preparación de nuestra entrevista del día siguiente. Me dormí con las palabras de Eykis resonando en mi cabeza: «Quizá me servirá de algo ver cómo se puede estar neurótico sin una razón real.» Esa era una cuestión en la que yo nunca había pensado.


    3
    La segunda visita


    Lo había decidido en plena noche, después de pasar varias horas revisando nuestra primera conversación y examinando los razonamientos extrañamente lógicos de Eykis. Tenía que animarla a emprender el viaje a la Tierra, para que pudiese ver a enorme diferencia que existía en la manera de pensar de nuestras respectivas gentes. Decidí hacer lo posible para conseguir que visitase mi planeta, pero antes quería yo aprender todo lo posible sobre ella y sobre lo que para mí era una extraña manera de pensar.

    Me había reconciliado con la geografía externa de Urano. Lo aceptaba como una copia prácticamente idéntica de la Tierra. Pero lo hablado el día anterior sobre la existencia de una razón para que una persona estuviese tensa, neurótica o triste me planteaba varios interrogantes. No alcanzaba a entender que la realidad de Eykis pudiese ser tan diferente de la mía. Había visto que los uranitas seguían diversas formas de conducta autodestructiva, y sentía una enorme curiosidad por cómo explicaría ella aquello. Había leído algunas cosas aquella noche.

    También había advertido en los uranitas una gran variedad de comportamientos que habrían podido producirse en la Tierra. Les había observado en atascos de tráfico, en los supermercados y en los restaurantes modestos. Había tomado notas cuidadosas y señalado con un asterisco aquellas conductas que eran paralelas a las que tan a menudo había visto en la Tierra. Tras componer todo un catálogo de actitudes neuróticas o autodestructivas por parte de los uranitas, apenas podía reprimir mi vanidad de terrícola ante la idea de preguntar a Eykis sobre los fallos de algunos puntos de sus razonamientos. Ella aseguraba que su mundo se basaba totalmente en la realidad, pero, desde mi llegada yo había visto un buen número de procederes neuróticos muy parecidos a los que se daban en la Tierra.

    Los temas que pensaba suscitar durante mi entrevista con ella estaban bien meditados, y

    Tenía preparados muchos ejemplos que indicaban que el mundo descrito por Eykis, tan basado en la realidad, tenía su irrealidad y su neurosis, igual que en la Tierra.

    Habíamos decidido que aquella entrevista, en la que ella respondería a mis preguntas y comentaría mis observaciones, se celebraría en el restaurante de mi hotel, mientras cenábamos.

    Eykis apareció muy animada y sonriente, y nos sentamos a la mesa.

    —Estoy segura de que tienes muchas preguntas que hacerme después de nuestro maratón de ayer —me dijo antes de que yo pudiese pronunciar una sola palabra.
    —Ya lo creo. Y me gustaría empezar en seguida, si no te importa. Acepto lo que señalaste ayer sobre los ataques de ansiedad, y entiendo el que tu gente utilice una frase como «Tengo un ataque de ansiedad», si de hecho la ansiedad ataca. Es más, reconozco que en la Tierra la ansiedad no ataca, y que a de ello la gente está sujeta a ataques de ansiedad. Si quieres acompañarme a la Tierra, quizás encontrarás la respuesta a esa desconcertante cuestión. En cuanto a mí, yo nunca he sufrido un ataque de ansiedad, de modo que la cosa no me concierne. Pero, ¿tendrías la bondad de explicarme qué quisiste decir con eso de los ordenadores antipreocupación y los activadores de la culpabilidad, antes de que me dé un ataque de ansiedad?
    —Esta noche no atacará la ansiedad; la previsión lo establecía con toda certeza.
    —Muy bien, déjalo estar. ¿Qué son los antipreocupación? —le pregunté.
    —¿No hay en la Tierra gente que se preocupa?
    —Sí, casi todo el mundo se preocupa en un momento u otro, y hasta tenemos personas que se preocupan neuróticamente, compulsivamente, y que viven siempre preocupados.
    —¿Y no tenéis antipreocupación en la Tierra?
    —En mi vida he oído hablar de eso.
    —Así, pues, ¿por qué os preocupáis en la Tierra?
    —Pues la gente se preocupa, sencillamente. Les preocupa caer enfermos, estrellarse en los aviones, la suerte de sus familiares. Preocuparse es algo muy corriente.
    —Pero ¿qué hace que la gente se preocupe? —insistió impaciente por lo que creía reticencia por mi parte.
    —Bueno, pues son las mismas personas las que se crean la preocupación, supongo.
    —Y ¿qué resuelven preocupándose? ¿Les impide esto ponerse enfermos? ¿Impide que sus familiares sufran un accidente, o que los aviones se estrellen?
    —No —respondí—. La preocupación no cambia en absoluto los acontecimientos. La gente ha aprendido a preocuparse, simplemente.
    —Pero, ¿por qué están dispuestos a gastar los preciosos momentos de su vida preocupándose por cosas que no pueden resolver? Parece tan absurdo... —dijo visiblemente perpleja.
    —¿Qué son esos antipreocupación que mencionaste ayer? ¿Se trata de alguna clase de bacterias invisibles, como las que forman la ansiedad, las que hacen preocuparse a los habitantes de vuestro planeta Urano?
    —Oh, no —replicó Eykis casi sobresaltada por lo absurdo de mi suposición—. Los antipreocupación son un adelanto tecnológico de Urano. Si algo va a ocurrir en el futuro próximo, como un viaje en avión o una enfermedad, los antipreocupación pueden dar una previsión exacta de lo que ocurrirá si uno emprende una acción determinada.
    —¿Quieres decir que esos antipreocupación pueden cambiar el futuro?
    —No, no es eso —respondió ella con cierta exasperación—. Funcionan de la manera siguiente. Supongamos que yo paso unos momentos preocupándome por el viaje en avión que tengo que hacer la semana que viene. Pues bien, pongo por escrito mis preocupaciones y las programo en el terminal del ordenador antipreocupación. Y el ordenador me dice cómo irá el vuelo. Si me indica que el avión se estrellará, puedo cambiar de planes para evitar ese vuelo.
    —Pero, ¿por qué no utiliza todo el mundo e ordenador antipreocupación? Si lo hiciesen, nunca tendrían nada de que preocuparse.
    —Naturalmente, casi todo el mundo lo utiliza, pero eso no elimina la necesidad de preocuparse.
    —¿Cómo es eso? Explícamelo, por favor —le rogué.
    —Te lo acabo de decir. Para obtener la información que se necesita, es necesario preocuparse antes. En Urano, todos tenemos una absoluta necesidad de preocuparnos a fin de evitar que nos ocurran desgracias. ¿No ocurre así en la Tierra?
    —No exactamente —respondí.
    —Me has dicho que en la Tierra casi todo el mundo se preocupa, ¿no?
    —Sí, así es, pero allí la preocupación nunca ayuda a nadie a ver el futuro. Esto es completamente imposible en nuestra realidad —respondí.
    —Y entonces, ¿por qué se preocupan? —volvió a preguntarme en aquel tono de desconcierto que ya me resultaba demasiado familiar.
    —Quizá sería mejor esperar a que visites la Tierra...

    Volvía a evadirme para no hacer el ridículo dándole la única respuesta que me venía a la cabeza una y otra vez: «No lo sé».

    —O sea que la preocupación sirve de mucho en Urano... —comenté—. Vaya, vaya. Bueno, y ahora háblame de esos activadores que mencionaste ayer en relación con el sentimiento de culpabilidad.

    Esperaba encontrar en aquella explicación algo que me fuese útil en mi relación con mi familia, la casi totalidad de cuyos miembros eran verdaderas máquinas de fabricar culpas, ya fuese a la hora de atribuirlas a otros o de asumirlas fervorosamente. Como de costumbre, Eykis empezó por preguntarme si en la Tierra existía la culpa.

    —Sí, en cantidades industriales —respondí.

    Le aseguré que pocas personas en la Tierra escapaban a las garras de la culpa, y le expliqué que ésta presentaba todos los matices, desde el sentirse un monstruo por haber decepcionado a la familia, hasta el considerarse despreciable por haber pasado por una puerta giratoria sin empujarla.

    —Bueno, pues en Urano la culpa también es algo muy frecuente, y sin ella no sé cómo podríamos sobrevivir. Es una cosa muy útil y muy buscada —explicó Eykis, dejándome con la boca abierta según intentaba imaginar lo que diría a continuación sobre las virtudes de la culpa en Urano.
    —¿Cómo puede ser útil la culpa? —inquirí, preguntándome con qué me saldría esta vez.
    —Sin la culpa no podríamos rebobinar, y habríamos de aceptar para siempre nuestros actos tal como los realizamos la primera vez.
    —¡Rebobinar! —exclamé—. Pero, ¿qué es de rebobinar? —le pregunté casi con un grito, atrayendo la atención de otras personas.
    —No me digas que no sabes lo que es rebobinar. Te he visto hacerlo una y otra vez en tu magnetófono. Cuando quieres volver atrás para escuchar algo, rebobinas.
    —Sí, pero eso ocurre en un magnetófono. ¡La gente no puede hacer lo mismo con su vida!
    —No pueden hacerlo exactamente como lo haces tú, pues tu botón de rebobinado te obliga a volver a oír la grabación exactamente como fue hecha primera vez. Pero un activador de rebobinado no es un aparato limitado y unidimensional, como tu magnetófono. Un activador de rebobinado da la posibilidad de rebobinar la vida cuando uno se siente mal por algo, y así puede corregir su error.
    —¿Quieres decir que en Urano podéis rebobinar partes de vuestra vida y corregir cosas a voluntad?
    —Sí, pero no podríamos hacerlo sin ayuda de la culpa.
    —Así que el sentimiento de culpa os da esa posibilidad de rebobinar, y podéis repetir la acción de que se trate? —le pregunté sin apenas creer lo que estaba saliendo de mis labios.
    —Pues claro —respondió Eykis, casi riéndose de mi incredulidad—. Si no se pudiese repetir una acción, ¿de qué serviría sentirse culpable por haberla ejecutado?
    —Y, ¿cómo se puede conseguir un activador de ésos?
    —No hay necesidad de «conseguirlo», como tú dices. A todos los uranitas se les regala uno el día que cumplen tres años. No sé cómo podríamos vivir si ellos.
    —¿Cómo funcionan, exactamente? —pregunté, algo molesto por su tono tranquilo, casi de superioridad.
    —Si uno ha hecho algo que no le gusta, como por ejemplo hablar groseramente a sus padres, cierra los ojos y se siente culpable durante cuarenta y cinco segundos, y después...
    —Espera un momento —le interrumpí—. ¿Qué quiere decir exactamente lo de sentirse culpable?
    —Pues... tener ideas de culpabilidad. En esto consiste la culpa, en unas ideas que dan lugar a un determinado sentimiento y actuación.
    —¿Qué clase de pensamientos, por ejemplo? —le pregunté.
    —Pues pensamientos como: «No habría debido decir eso...», «Me siento muy mal por haber mostrado tan mal genio...», «Soy una mala persona...», etcétera.
    —¿Y qué ocurre después? —pregunté.
    —El activador dispara el botón de rebobinado, y la persona puede volver a la conversación en la que cometió el error con sus padres.
    —¿Y sostienes que la persona puede volver a mantener esa conversación y cambiarla? —pregunté otra vez casi gritando.

    Si no me dominaba, corría el riesgo de que mi entrevista con Eykis fuese interrumpida por algún camarero.

    —Sí, se puede cambiar esa conversación. Uno habla a sus padres como cree que habría debido hacerlo, y así resuelve el problema.
    —¿Y para qué sirve la culpa? —pregunté, para asegurarme de que había oído bien.
    —Es evidente —respondió ella—. Sin la culpa no funciona el activador, y sin éste no se puede rebobinar. Por lo tanto, todos necesitamos la culpa para corregir nuestras actuaciones.
    —Pero, ¿qué ocurre cuando uno ha hecho algo muy grave, como robar o incluso lastimar físicamente a alguien? — quise saber.
    —Se hace lo mismo —contestó Eykis—. La persona utiliza su activador, rebobina y repite la acción. Después, aprende de lo ocurrido y se programa para no repetir el error cometido. Pero en Urano las gentes no se hieren unos a otros en el sentido de causarse lo que tú denominas daño físico. Con la pequeña excepción del rebobinado, nuestra realidad dicta que vivamos sólo en el presente. Y, cuando las personas viven plenamente el presente, no necesitan herir a los demás. Hay ocasiones en que hacemos o decimos cosas que nos gustaría corregir, y por eso existe la culpa y el rebobinado. Pero el herir gravemente a otros no es posible, pues nadie tiene absolutamente nada que ganar con ello. Sólo contamos, realmente, con el momento presente, ni más ni menos.
    —Esto es increíble. O sea que en Urano necesitáis la culpa para aprender del pasado...
    —Pues claro. ¿Vosotros no tenéis la posibilidad de rebobinar, como la tienen vuestros magnetófonos?
    —No —respondí muy serio.
    —Pero conocéis la culpa —dijo ella con énfasis.
    —Sí, la conocemos —respondí aún más serio.
    —¿Y la culpa es dolorosa, como aquí en Urano? — preguntó Eykis, al parecer para asegurarse de que estábamos hablando de lo mismo.
    —Mucho —respondí—. Los terrícolas se sienten a menudo obsesionados por ella.
    —Pero, si no pueden rebobinar y corregir lo que han hecho, ¿de qué les sirve sentirse culpables?
    —Pues quizá la culpa les ayuda a recordar que han obrado mal, y ese recuerdo les ayuda a no repetir el error — respondí débilmente.
    —Pero —replicó ella en seguida—, si la culpa os resulta dolorosa y no os sirve para revivir el pasado, ¿por qué no os limitáis a aprender de vuestros errores, dejáis de lado la culpa y os proponéis evitar esos errores en el futuro? —preguntó.
    —No lo sé... —confesé.
    —¿No os inmoviliza la culpa?
    —Sí.
    —Y, por más culpables que os sintáis, ¿nunca no podéis rebobinar y corregir las equivocaciones?
    —No, nunca.
    —Entonces me parece que una cosa es hacer algo que uno lamenta y sentirse mal por ello, y otra, muy diferente, hacer algo que uno lamenta y sentirse culpable durante mucho tiempo. Esto último constituye un doble error. Y también es una falta de responsabilidad.

    Nunca se me había ocurrido que la culpa pudiese Constituir una falta de responsabilidad, y le pregunté a Eykis:

    —¿Por qué una falta de responsabilidad?
    —Porque si adoptáis una reacción emocional que es dolorosa y que no va a provocar la corrección del error cometido, esa culpa os inmoviliza y os hace sentiros mal durante mucho tiempo. Yo veo en eso una falta de responsabilidad.
    —Pero, ¿no es vuestra culpa también una falta de responsabilidad? —le pregunté—. ¿No os sentís mal cuando cometéis algún error, y no es eso lo que denomináis culpa?
    —Sí, pero en Urano la culpa es necesaria para corregir lo que se ha hecho, y por eso resulta una actitud de lo más responsable. En la Tierra, según deduzco de lo que me has dicho, no podéis repetir el pasado, por lo cual creo que lo que deberíais hacer es aprender de vuestros errores, no repetirlos en el futuro y rechazar sensatamente la dolorosa culpa. Pero también me cuesta imaginar un mundo sin culpa. Aunque resulte dolorosa durante unos momentos, su utilidad es enorme. En Urano nadie querría prescindir de su activador de rebobinado, te lo aseguro.

    Yo estaba impresionado. Al igual que con sus antipreocupación, Eykis había conseguido una elocuente defensa de la culpa porque ésta era funcional. Empezaba a comprender lo que quería decir cuando afirmaba que la cultura de Urano se basaba en la realidad. Cuando una emoción no servía para un fin, se limitaban a no sentir la Según esa lógica uranita, los sentimientos de culpabilidad, cuya defensa había oído yo durante toda mi vida, carecían totalmente de sentido.

    Le mencioné a Eykis varias conversaciones que había oído en Urano, en las que la gente decía las mismas tonterías que tantas veces había oído yo en la Tierra. Le mostré una lista de frases, entre ellas las siguientes:

    «No debiste hacerlo así.»
    «Si me hubieses hecho caso, ahora no tendrías ese problema.»
    «No debiste hacer eso sin consultarme.»

    Cuando le señalé lo absurdo de esas frases, pareció sorprendida de que me hubiese fijado en ellas.

    —El «debiste», el «no debiste», y el «pudiste» son ayudas muy valiosas —explicó—. Incitan a las personas a sentirse culpables y, después, a rebobinar
    —¿De qué manera? —pregunté.
    —Al decir «debiste», está claro que una persona le dice a otra que no ha hecho una cosa tan bien como era posible. Entonces el oyente puede decidir sentirse culpable y repetir la acción, rebobinando, con lo cual se sentirá más satisfecho de sí mismo y su conducta será más positiva.
    —Pero, ¿qué ocurre si una persona cree que actuó bien y no está de acuerdo con el «debiste»? —pregunté.
    —Pues se limita a no hacer caso del «debiste». El objeto del «debiste» es dar la posibilidad de repetir la acción. Si las personas fuesen incapaces de rebobinar, no tendría sentido decirle a nadie «debiste».
    —Pero, Eykis —protesté—, ¿qué ocurre si a uno le disgusta realmente lo que ha hecho otra persona y cree que esa persona habría salido ganando si hubiese hecho la cosa a tenor de nuestro criterio? ¿Cómo comunicar a otro la necesidad de mejorar?
    —¿Quieres decir en caso de que la persona no pueda rebobinar y repetir la acción? —preguntó.
    —Sí, sí —respondí yo, que ya me había olvidado del dichoso rebobinado uranita.
    —La respuesta es tan sencilla que casi huelga. Se recomendaría a la persona no repetir en el futuro esa conducta negativa. De ningún modo se le diría «debiste», pues eso no serviría de nada. Pero me cuesta imaginar una vida sin la posibilidad de rebobinar.
    —¿Qué hacéis con los delincuentes si no sois partidarios de la culpa? —pregunté.
    —Yo no he dicho que no seamos partidarios de la culpa. Sois vosotros los que, al parecer, no sacáis ningún beneficio de ella. En Urano la culpa es algo muy útil, y no tenemos delincuentes. A cualquiera que se comporte de modo contrario a la ley se le exige que asuma la responsabilidad de su acto. La culpa le ayuda a hacerlo. Le hace pensar en lo que ha hecho y le induce a rebobinar y a corregir su actuación errónea. Y quien se niega a hacer eso debe también asumir la responsabilidad.
    —¿Qué ocurre cuando un delincuente se niega a rebobinar? —pregunté.
    —Es muy sencillo —dijo Eykis—. Quien ha robado algo debe devolverlo y pagar una indemnización. Los que se niegan a eso son encarcelados, y se les permite trabajar en obras de utilidad colectiva, como carreteras, bibliotecas, escuelas y todo tipo de servicios públicos. A los que rehúsan hacer ese trabajo se les aísla hasta que deciden ser responsables. Pero nuestras cárceles están prácticamente vacías, pues el rebobinar mediante la culpa elimina la necesidad del encarcelamiento. Es muy infrecuente que una persona decida no rebobinar y no repetir su conducta de una manera legal, o no hacerse responsable mediante el trabajo al que me he referido antes. Como estas dos opciones son tan razonables, casi nunca se hace necesario imponer el aislamiento.
    —¿Y qué ocurre en el caso de los delitos graves, de daños físicos o de asesinatos? —pregunté.
    —Esos conceptos de daño y de asesinato no existen aquí, ya que nosotros nos basamos estrictamente en la realidad. En Urano a nadie se le ocurriría tan siquiera dañar a otros, porque eso no le serviría absolutamente de nada. Nosotros sabemos intuitivamente que toda persona tiene derecho a ser lo que quiera ser. Por lo tanto, nadie pensaría en cambiar el modo de Vivir ajeno. Supongo que por daño y asesinato entiendes la posibilidad de cambiar a otros. Nosotros somos incapaces de eso; sencillamente, no está en nuestra realidad pensar ni actuar de esa manera.
    —Pero, ¿no crees que una persona capaz de actuar así, y en la Tierra hay muchas que son capaces y que lo hacen, debería ser obligada a sentirse culpable? —pregunté.
    —Si la culpa no pudiera hacerles rebobinar, no lo creo —respondió inmediatamente.
    —Pero, ¿esas personas no deberían ser obligadas a arrepentirse y a corregir su conducta?
    —Ahora hablas como si vivieses aquí, en Urano. El arrepentimiento se algo interno y voluntario, y la conducta es externa. Es posible cambiar la forma de actuar de una persona en el futuro. Pero, ¿por qué ha de guardar eso relación con la culpa? ¿Acaso una persona no puede aprender, arrepentirse y madurar, o incluso ser encarcelada y aislada, sin necesidad de sentirse culpable? —preguntó.
    —No estoy seguro —respondí.
    —Pues bien, yo puedo asegurarte que, si la culpa no llevase al rebobinado, aquí, en Urano, no existiría. Aunque ocurriesen en nuestra sociedad crímenes y violencias, la culpa no contribuiría a rehabilitar a nadie; lo más probable es que estimulase la repetición de los actos delictivos. Como he dicho antes, o bien uno rebobina y corrige su actuación al tiempo que aprende de ella, o bien sufre el castigo de la sociedad. La culpa no sirve para corregir nada si no se tiene la posibilidad de rebobinar.
    —Si todo el mundo se basa siempre en la realidad y puede rebobinar su vida para eliminar errores, ¿por qué veo en Urano indicios de los mismos problemas sociales que tenemos en la Tierra? ¿Qué me dices de vuestras cárceles y de vuestras clínicas de abortos? —le pregunté.
    —Estas palabras que usas pueden ser válidas para la Tierra, pero lo que has visto aquí son casas de corrección y centros de mujeres. En la Tierra quizás, esos nombres nuestros serian simples eufemismos para palabras más duras, pero en Urano son definiciones completamente literales. A veces las personas cometen actos que no pueden ser aceptados por la sociedad; en la Tierra esos actos corresponderían a lo que vosotros llamáis «hacer daño» a alguien. Debido a alteraciones de los diodos de dependencia, o a otras anomalías explicables, una persona puede negarse a rebobinar. En tal caso, necesita ser aconsejada, para que pueda ver por qué su actuación fue errónea. Una casa de corrección es un servicio de asesoramiento sobre rebobinado, un lugar en el que se vive. No es como una prisión si como un hogar. Su finalidad es la de corregir los errores de pensamiento. En realidad, la gente no es mala; ocurre, sólo, que está equivocada.

    »Los centros de mujeres se ocupan de todos los aspectos de la vida femenina. Se dan en ellos enseñanzas sobre bienestar físico, educación sexual, problemas generales de salud, necesidades ginecológicas, fertilidad y embarazo, y puericultura. Se atiende a los intereses de las mujeres de cualquier edad, ya se trate de su cuerpo, de su mente o de su espíritu. Con el rebobinado, no necesitamos del aborto, pero existen clases y consejeros para ayudar a las mujeres a pensar bien lo que hacen, de modo que no hayan de rebobinar una y otra vez. Y, debo añadir con satisfacción, no pesa ningún estigma social sobre quien decida tener un hijo, cualesquiera las circunstancias. Y tampoco el niño no sufre ninguna discriminación.

    —Explícame ahora por qué el telediario que vi al llegar a Urano incluía algunas noticias sobre centros de drogas. ¿Por qué existen lugares así en Vuestra civilización?
    —Otra vez has tomado las palabras al pie de la letra. Los productos químicos que no forman parte de la comida sólo se pueden conseguir a través de un centro de drogas, o centro de administración de fármacos. Los médicos y Tos farmacólogos vigilan mucho qué medicinas recetan, y las vitaminas y otras ayudas para la gente que siguen programas de salud holísticos (es decir, globales o totalizadores) para alcanzar un grado máximo de vitalidad y bienestar.

    Esto me pareció bien, y no quise perder tiempo haciéndola «defender» su realidad. Pero había otra cosa que me preocupaba de aquel telediario.

    —¿Qué razón válida podía justificar aquel gran lujo de armamento? Vi secuencias de películas sobre academias militares, en las que aparecían entrenándose muchachos y muchachas de uniforme. ¿Y por qué aquellos portaaviones y submarinos, además de gran despliegue de tropas que disparaban armas de artillería, si en vuestro mundo no existe el concepto del «daño»?

    Me sentía orgulloso de mis agudas Observaciones y estaba casi seguro de haber hallado una contradicción en las impecables explicaciones de Eykis sobre la conducta de los uranitas.

    —Ay, ay... ¡Qué engañosas son las apariencias! Me alegra decirte que tu descripción de lo que viste es completamente errónea. Con ayuda de la ciencia, hemos llegado a dominar el instinto de defensa del territorio y el de protección agresiva de la especie, así como la necesidad de lucha en prueba de nuestra fuerza y como medio de selección de nuestros dirigentes. El uso de la fuerza puede haber sido necesario en el pasado, para la supervivencia de los más aptos pero en una época racional sabemos que no es ése el funcionamiento que deseamos para nuestra sociedad. Y para dar al animal que todos llevamos dentro la posibilidad de expresarse sin herir a los demás, jugamos a la guerra, celebramos unos Juegos de la Guerra que constituyen las Olimpiadas Uranitas. Las academias militares que creíste ver no entrenan a soldados, sino a atletas. Los portaaviones transportan efectivamente aviones, pero eso es para ahorrar combustible a la hora de llevar los aviones a las competiciones. Y algunos de esos aparatos sólo sirven para vuelos muy cortos; de ningún modo podrían cruzar el océano.

    »Los submarinos participan en competiciones en el fondo del mar, pero las tripulaciones se entrenan en realidad para trabajar en el futuro en granjas oceánicas en las que los submarinos guardan los bancos de atunes del mismo modo que los vaqueros guardan las reses. Y los cultivos oceánicos son atendidos y cosechados por submarinos. Los Juegos Olímpicos constituyen una excelente manera de adiestrar a todo ese personal.
    »En cuanto a las tropas de artillería, las viste disparar contra blancos, no contra personas. Se turnan para cubrir el mismo territorio, de modo que las puntuaciones puedan darse con justicia. La artillería pesada, apuntando al aire, dispara fuegos artificiales. Éstos son calificados según su originalidad, variedad de colores y formas, tema, efectos combinados de imagen y sonido, etcétera. Los campeonatos finales se celebran siempre por la noche. Lo que viste debía de ser parte de un documental sobre las prácticas. ¿De qué te ríes?

    —Trato de imaginar qué pasaría en nuestra próxima conferencia cumbre si propusiésemos eliminar todas las armas nucleares y sustituirlas por una exhibición de fuegos artificiales.

    El pensamiento de Eykis era siempre impecablemente sensato. La preocupación y la culpabilidad existían en Urano sólo porque eran útiles. Los habitantes de aquel planeta no se herían unos a otros porque ello no habría servido de nada. La ansiedad atacaba, y de ahí la necesidad de tranquilizantes.

    Dejamos la conversación sobre la culpa e interrogué a Eykis sobre algo que había observado repetidamente en Urano: la gente hablando de sus fobias.

    —Sí, ya lo creo que sufrimos fobias. Suponen un gran problema, pero hemos aprendido a soportarlas. Forman parte de nuestra realidad, ya me entiendes... —declaró graciosamente, con una levísima sonrisa presuntuosa.
    —He oído en el autobús a una mujer que le decía a su amiga: «Me horrorizan los ascensores; siento ganas de no subir nunca más a ninguno». Explícame cómo es posible que una persona basada en la realidad, por utilizar tus mismas palabras, pueda decir algo tan irreal. Está claro que los ascensores no asustan a la gente.
    —¿Has subido alguna vez a un ascensor uranita Programa para asustar? —replicó ella muy seria.
    —¿Programado para asustar? Pero, ¿por qué? ¿Con qué fin?
    —Aquí, en Urano, los ascensores se construyen con altavoces en el interior. Cuando el programa es «Asustar», y eso puede ocurrir sin previo aviso, el altavoz emite un chillido terrible, agudo y rechinante. Es algo que pone los pelos de punta.
    —¿Y por qué no elimináis esos ruidos y os libráis así de esa fobia?
    —Porque los ascensores que asustan constituyen el antídoto contra esa estúpida música ambiental. Los ascensores se construyen de ese modo; la mayor parte de la gente aprende a adaptarse a ellos y no lo pasan tan mal. Pero a algunas personas los ascensores les resultan verdaderamente temibles. ¿Sienten los terrícolas fobias como el miedo a ascensores?
    —Sí, desde luego, pero no son los ascensores mismos los que asustan a la gente. Es la actitud que tienen algunas personas hacia los espacios pequeños y cerrados —respondí, sabiendo lo que iba a preguntarme ella a continuación, y que tampoco esta vez encontraría yo una respuesta sensata.
    —O sea que por eso te ha sorprendido el que nuestra gente diga: «Me dan miedo los ascensores» Nunca lo habías oído expresar así, ¿verdad?
    —Sí, amiga Eykis. Miles de veces.
    —Pero acabas de decir que en la Tierra los ascensores no están programados para asustar a nadie y, si es así, ¿por qué acusar a un ascensor del temor que tenga una persona a los espacios cerrados? —preguntó ella, completamente desconcertada, sorprendida.

    Decidí preguntarle sobre otras fobias, pues no tenía nada que decir, para aclarar mis palabras, aparte de la fórmula que ya había pronunciado demasiadas veces: «Lo entenderás cuando vayamos a la Tierra».

    —Dejemos por ahora los ascensores —propuse—. ¿Sufre de acrofobia la gente de Urano?
    —.Desde luego —respondió Eykis—. Las alturas asustan aquí a mucha gente. Es una fobia muy grave y muy corriente.
    —¿Cómo puede la altura asustar a nadie? —pregunté.
    —Las alturas no quieren que la gente las explore. Es así, simplemente, y en Urano todo el mundo lo sabe.
    —Pero, ¿cómo puede una altura querer algo? Una altura no es más que un lugar alto —insistí.
    —En Urano, no —replicó ella vivamente—, y no dirías eso si alguna vez te hubieses acercado demasiado a la cumbre de una montaña o al borde de un precipicio.
    —¿Acaso esos lugares están equipados con programas para asustar, como vuestros ascensores? —indagué, sintiéndome estúpido por formular siquiera semejante pregunta.
    —No, no es que existan programas para asustar, sino que todas las cumbres de nuestras montañas y nuestros precipicios se encuentran sobre bisagras —explicó ella.
    —¡¿Qué?! —exclamé, sin dar crédito a lo que había oído.
    —Vaya, no irás a decirme que en la Tierra no hay bisagras...
    —Pues claro que hay bisagras, pero las montañas y los precipicios no las tienen.
    —Pero, si no tienen bisagras, ¿cómo pueden volcarse las cumbres? —preguntó.
    —¿Y por qué demonios habría de «volcarse» la cumbre de una montaña? —exclamé, perdiendo casi la paciencia ante el absurdo giro que estaba tomando la conversación.
    —¿No me has dicho que habías oído hablar a varias personas de su temor a las alturas?
    —Así es.

    Lo había oído muchas veces, e incluso lo anoté para preguntarle sobre ello a Eykis.

    —¿Y cómo crees posible que nadie hablase así si las cumbres y los bordes de los precipicios no estuviesen sobre bisagras? Cuando la gente se acerca demasiado a ellos, su peso puede activar el sistema de control antialudes y hacer que las cumbres giren sobre las bisagras y se vuelquen. Por eso asustan las alturas a la gente. ¿Por qué otra causa podrían hacerlo?
    —¿Te ha ocurrido eso alguna vez?— le pregunté
    —No, nunca —respondió con vehemencia—. Nunca me han asustado las alturas. ¿Y a ti?
    —Bueno, nosotros ciertamente no tenemos bisagras en las cumbres de nuestras montañas ni en nuestros precipicios.
    —Entonces supongo que nunca habrás oído decir a ningún terrícola «Me dan miedo las alturas» —apuntó.
    —Ah, pues sí, lo cierto es que lo he oído muchas veces. Pero dejemos eso para otro momento. Estoy seguro de que te crearía una gran confusión si intentase explicártelo.

    Todas esas extrañas conversaciones me hacían sonreír interiormente pensando en lo que iba a ser para Eykis su visita a la Tierra. Las cosas que ella comprendía eran tan increíblemente sensatas... Ella no conocía más que su propia realidad, y yo empezaba a ver que, en muchos aspectos, aquella realidad estaba a años luz de la de la Tierra.

    En la Tierra se me consideraba una persona sumamente evolucionada, libre de barreras mentales. Pero allí, en Urano, estaba seguro de que Eykis empezaba a pensar de manera diferente sobre mí. Decidí seguir con nuestra conversación, aprender aquella noche cuanto pudiese. Eykis me había dicho que aquélla sería su última oportunidad de hablar largamente conmigo, pues tenía mucho trabajo atrasado. También me anunció que estaba disponiendo lo necesario para acompañarme a la Tierra, pasar allí quince días y observarlo todo por su cuenta. Todo lo que yo le había explicado sobre los ataques de ansiedad sin que la ansiedad atacase, sobre las fobias a los ascensores; aunque los ascensores no estuviesen programados para asustar a la gente, y sobre otros misteriosos fenómenos, había despertado su curiosidad por mi planeta de origen. Le interesaba mucho visitarlo personalmente.

    —¿No pondrá obstáculos tu familia? —le pregunté.
    —No, yo no permitiré que se disgusten —declaró inocentemente.
    —Pero, ¿cómo puedes tú permitir o no que otra persona se disguste?
    —Esconderé sus disgustadores y desconectaré los terminales de enfado de sus unidades portátiles —dijo, y a mí me tocó otra vez abrir la boca, asombrado.
    —Muy bien, muy bien, me rindo. ¿Qué es un disgustador? —le pregunté sonriendo.
    —¿Tratas de decirme que en la Tierra la gente no pueden disgustarse unos a otros?
    —Claro que pueden, y lo hacen constantemente, pero, ¿qué tiene eso que ver con un disgustador? —pregunté.
    —Otra vez me desconciertas. Pero no te pediré que me lo expliques hasta que vea a tu gente con mis propios ojos. No consigo imaginar que nadie puede disgustar a otro sin recurrir a un disgustador. Pero, respondiendo a tu pregunta, un disgustador es un aparato portátil muy ligero que se lleva en el cinturón, o en el bolso. Existe en muchos modelos diferentes, según lo que uno quiera gastar. El disgustador corriente tiene tres botones programados para los miembros principales de la familia del usuario. Un botón es para los hermanos, otro para los padres y otro para los abuelos o cualquier otra persona que viva en el mismo hogar. Existen también variedades más caras de disgustador que incluyen a los parientes políticos, a los compañeros de trabajo e incluso a los desconocidos.
    —Pero, ¿cómo funcionan? —quise saber.
    —Actúan por rayos láser invisibles. Por ejemplo, si uno quiere disgustar a su hermana, dirige el aparato hacia ella y ¡zas! oprime el botón «hermanos» y entonces, generalmente, ella exclama en tono de lamentación: «¡Mamá, mi hermano me ha da un disgusto!» ¿Lo entiendes?
    —¡Claro está que lo entiendo! —exclamé—. Es fantástico. ¿Quieres decir que en Urano uno no puede disgustar a otra persona sin utilizar un disgustador?
    —Cómo sería posible eso? —me replicó vivamente—. ¿Cómo se podría dar un disgusto a alguien sin un disgustador?

    No quise meterme en honduras. Me negué a contestar su pregunta e incluí el tema en la lista «Ya lo entenderás cuando vayamos a la Tierra», lista que no dejaba de crecer.

    Pero lo cierto es que medité intensamente y durante mucho rato aquella pregunta suya. Sabía que Eykis, ya muy desconcertada por mi incapacidad de responder inteligentemente a sus preguntas, no se sentiría satisfecha con mi referencia a la Tierra. Quizá su próxima visita le aclararía las cosas, pero yo empezaba a temer que aquella visita no haría sino confirmar las conclusiones a las que estaba llegando sobre los terrícolas.

    —¿Así es que tu familia no podrá disgustarse por tu viaje porque tú esconderás sus disgustadores? —repetí para estar seguro de haberlo grabado correctamente.
    —Los esconderé, o bien desconectaré las terminales esposa/madre. A mi familia le causaría molestias pasar dos semanas sin sus disgustadores, de modo que me limitaré a desconectar los láser que podrían afectarme a mí.
    —Asombroso, absolutamente asombroso... —fue cuanto acerté a decir—. Y esos botones de ira que has mencionado, ¿funcionan de manera similar?
    —Casi exactamente igual —respondió—, sólo que no son portátiles. La cólera es una respuesta emocional demasiado seria para que las personas lleven por ahí provocadores de ira, por lo que los terminales están fijos en casa de cada cual. El estado limita la venta de provocadores de ira porque pueden ser peligrosos. Aunque nadie sería capaz de «dañar» a otra persona, por utilizar una palabra tuya, un ataque de ira provocado puede dar lugar a cosas como rabietas, gritos, destrucción de objetos, etcétera. Por eso, casi nunca utilizamos nuestros provocadores de ira. Pero también es verdad que se puede encolerizar a otro pulsando ciertas combinaciones de botones.
    —O sea que piensas asegurarte de que tu familia no se disguste contigo manipulando sus botones, por así decirlo.
    —Voy a informarles, sencillamente, de que no quiero que me disgusten. No quiero que me encolericen ni encolerizarles yo a ellos. Después les explicaré lo que he hecho, y nadie se sentirá ofendido. ¿Se te ocurre alguna manera mejor de salvar la situación? —me preguntó muy seria.
    —No, ninguna —respondí sin vacilar—. Verdaderamente, es un método fantástico. Me gustaría llevarme algunos de esos aparatos a la Tierra.
    —¿Quieres decir que allí no tenéis disgustadores y provocadores de ira? —me preguntó.
    —Exactamente, Eykis.
    —O sea que en la Tierra nadie puede disgustar ni encolerizar a otros. ¿Es eso? —preguntó, casi esperanzada.
    —No, amiga mía —respondí.
    —Ya sé, ya sé. Lo entenderé cuando llegue allí.

    Temí que Eykis esperase conocer en la Tierra alguna especie de extraña tecnología que explicase el pensamiento y la conducta de sus habitantes. En tal caso, le aguardaba una buena sorpresa.

    Se me ocurrió entonces que, sin sus instrumentos mecánicos, la gente de Urano no sufriría nunca el dolor de la cólera o de las ofensas. Y me pregunté por qué querrían introducir en la sociedad unas emociones tan destructivas. Se lo pregunté a Eykis.

    —Hace mucho tiempo —explicó ella—, descubrimos que sin una cierta gama de emociones no teníamos estímulos para la creatividad. La vida era demasiado aburrida. La tecnología de que te he hablado era tan admirable y avanzada como la del automóvil, por ejemplo. Pero, como ocurrió con el automóvil, se hizo excesiva. La industria automovilística tiende a producir cada año modelos más grandes, más rápidos, más complicados. Esto es lo que ocurría con los disgustadores y los provocadores de ira. La competencia y el afán de consumo eran lo que dictaba su venta, más que las necesidades reales. Ahora la producción de esos aparatos está regulada por el Estado, al igual que la producción de automóviles y de otras cosas. Además, nuestros científicos buscan métodos alternativos, de la misma manera que estudian el transporte de masas, pero la utilización de esos dos aparatos está profundamente arraigada en la sociedad y no cambiará a menos que se demuestre la superioridad clara de otro sistema.
    —¿No necesitan de ti, en cierta medida, los miembros de tu familia? ¿No te echarán de menos cuando estés en la Tierra? —le pregunté, apartándome del tema de los disgustadores y provocadores de ira.
    —La dependencia es muy importante para los niños pequeños. Me preguntó, ¿cómo sobrevivirían sin ella?
    —No te estoy hablando de los niños pequeños, sino de los jóvenes capaces de pensar por su cuenta y de sobrevivir sin sus padres, como por ejemplo los adolescentes. También me refiero a los adultos que crean una dependencia mutua en el seno de su familia. ¿Qué me dices de eso?
    —Ya entiendo. Bien, pues nosotros, en casi todos los casos, desconectamos los diodos de dependencia de nuestros hijos cuando éstos llegan, más o menos, a ¡os once años, y entonces la dependencia —el apoyarse absolutamente en otra persona— resulta imposible. Pero debo reconocer que algunos uranitas necesitan depender más allá de los once años, muchas veces en plena edad adulta y, en algunos casos, toda la vida.

    Me pareció que por fin había dado con algo que entendía. Aquello de la dependencia me resultaba muy conocido, muy propio de la Tierra, y no quise dejarlo pasar.

    —¿Y por qué querría nadie seguir dependiendo de otros una vez es capaz de pensar, sentir y vivir independientemente? —le pregunté, casi como un fiscal que acabase de pillar a un testigo en una contradicción.
    —¿Acaso no has oído hablar de los defectos que pueden producirse en los diodos de dependencia? —me preguntó en tono de desdén hacia mi actitud acusadora. La dependencia es como una enfermedad. No nos enfadamos con la gente porque enferme. Si alguien tiene unos diodos de dependencia defectuosos, no es culpa suya. La persona a quien le ocurre eso sigue siendo dependiente durante un tiempo. En lugar de pensar siempre por sí misma, desea a menudo que otros piensen por ella. Achaca sus problemas a sus padres, y tiene razón. Sólo los padres rigen los diodos de dependencia, y un padre equivocado puede crearle a un hijo una dependencia duradera. Por suerte, en mi familia todos los diodos de dependencia funcionan bien. Todos somos capaces de pensar por nosotros mismos, nunca nos echamos la culpa de nuestros problemas, nos queremos mucho y compartimos infinidad de cosas. Por fortuna, todos mis diodos de dependencia fueron desconectados correctamente. A excepción de la confitura de celos de mi marido, que no utiliza casi nunca, tengo una magnífica familia de personas interdependientes e independientes. Nadie quiere dejar la marcha de su vida en manos de otra persona, pues eso eliminaría lo que en Urano valoramos más: la libertad. Pero hay que dar gracias a los padres inteligentes que desconectan nuestros diodos como es debido. Te aseguro que he visto familias en las que todos son dependientes y están obsesionados con la fidelidad al grupo, en lugar de preocuparse por ser individuos dentro de ese grupo. Eso puede resultar una verdadera pesadilla. Pero todo está en manos de quienes manipulan los diodos.

    Se interrumpió y me miró. Yo sabía lo que se avecina

    —Otra vez pareces desconcertado —observó Eykis—. Dime, ¿cómo podría existir dependencia alguna funcionando los diodos correctamente? No irás a decirme que...
    —Lo has adivinado —murmuré.
    —¿Que no hay diodos de dependencia en la Tierra?
    —Tú lo has dicho.
    —Y se os presentan dependencias en personas mayores de once anos?
    —Sí, ya lo creo. Pero, antes de que digas más, déjame hacerte otra pregunta —le rogué.
    —De acuerdo. Adelante con ella.
    —¿Qué me dices de esa confitura de celos? ¿Qué crees que pienso yo de eso?
    —Yo juraría que nunca has oído hablar de la confitura de celos, y que en la Tierra aún tenéis celos. Y después me dirás que no lo entenderé hasta que lo vea en la Tierra, cuando vayamos allí la semana que viene. ¿Me equivoco?
    —No. Y hasta intentaré explicar esa confitura de celos de la que nunca había oído hablar —declaré—. Cuando tu marido quiere sentir celos, se pone esa confitura en una tostada y se la come, y entonces siente celos. ¿No es así?
    —Casi, casi —respondió ella, conteniendo la risa para no ofenderme—. Sólo que la confitura de celos no se come, sino que, sencillamente, se frota en los dedos una pequeña cantidad de ella. Y, además, no sirve para sentir celos uno mismo, sino para darle celos a otra persona. Por ejemplo, mi marido me frota en los dedos un poco de confitura y entonces dice: «¡Me estás dando celos!» La causa de la conducta neurótica está siempre en la otra persona, ¿sabes? La confitura que me frota en los dedos le pone celoso a él y la confitura que se aplica él me pone celosa a mí. ¿Lo entiendes?
    —Pero, ¿para qué queréis sentir celos?

    Eykis bajó la mirada por primera vez y se sonrojó.

    —Es el mejor afrodisíaco —respondió sincera y confusa, esforzándose por templar la voz—. Nos gusta convencernos mutuamente de que en realidad no hay motivo para sentir celos.
    —¡Ésa es una confitura que a mí me gustaría probar! — exclamé risueño.

    Ella sonrió a su vez y se sosegó.

    —Estoy segura de que te gustaría —dijo.

    Y volvió a mirarme a los ojos como habla hecho siempre. Esa vez fui yo quien se ruborizó.

    —¿Sabes? —le dije, lo que me asusta es pensar que estamos empezando a entendernos.

    Ella sonrió y me preguntó si ya sabía lo suficiente y si podíamos empezar los preparativos de nuestro viaje a la Tierra.

    Yo estaba encantado de que, después de hablar durante tantas horas, por fin hubiésemos entendido algo de nuestras respectivas sociedades.

    —No —le dije—, déjame hacerte unas cuantas preguntas más. Creo saber en qué se diferencia vuestra sociedad de la nuestra, pero quisiera comprobarlo por mí mismo.
    —De acuerdo —respondió complaciente—. Y yo reservaré todas mis preguntas hasta que lleguemos a tu planeta. Pero, si he de serte totalmente sincera, debo decir que, si bien me alegra mucho el que entiendas mi realidad, estoy más que confusa acerca de cómo funciona la tuya. No entiendo nada. Todo me parece extrañísimo. Me has dicho una y otra vez que vosotros tenéis las mismas reacciones emocionales que nosotros, pero todavía no entiendo cómo ni por qué. Bien, tendré paciencia. Ha de haber alguna explicación lógica que por ahora se me escapa.

    Eykis estaba completamente equivocada en lo de la explicación lógica. Pero en aquel momento yo no quería decir ni hacer nada que pudiese desanimarla o que aumentase su desconcierto. Pasamos una hora más hablando sobre casi todos los temas de mi lista. Entretanto, ya había aprendido yo a contener mi sorpresa ante lo que parecían ser afirmaciones completamente disparatadas. Por fin había dejado de mirar a Eykis desde mi propia realidad, y la aceptaba tal como se me presentaba. Había aprendido a dejar de juzgarla y a ver que era incapaz de alterar la verdad. Eykis era la personificación del ser humano abierto a todo, de un ser que vive a gusto con la realidad de su sociedad y que desea crecer con cada nueva vivencia.

    Yo había leído mucho acerca de las personas que, carentes de barreras mentales, se atienen firmemente a su realidad. Tales personas se me antojaban seres humanos superiores capaces de trascenderse a sí mismos y a sus pequeñas preocupaciones y de darle un sentido claro a su vida. Era gente que vivía en la realidad, que nunca olvidaba la fundamental verdad de lo que existe. Pero las verdades de Eykis eran completamente nuevas para mí. Me había olvidado de que la realidad de una persona es precisamente eso, y de que no es algo que deba tomarse a risa, sino algo que hay que penetrar y aceptar. Con todo, era indiscutible que aquella realidad que se me presentaba ahora resultaba muy Peculiar. Aparatos y confituras, lociones y diodos, informes sobre los ataques de ansiedad, y más cosas. Pero ¡qué caramba! ¿No es igualmente increíble, extraña e irreal la realidad de un supuesto esquizofrénico? ¿Y no había aprendido yo tiempo atrás que ponerme en el lugar de otro era mucho más realista que considerarle chiflado?

    Eykis me ayudaba a yerme a mí mismo con objetividad. Me permitía reparar en mis juicios y prejuicios al demostrarme que ella era incapaz de albergar dichos juicios y prejuicios. Ella me descubriría su mundo, y yo había perdido el tiempo asombrándome y mostrándome incrédulo. En las horas pasadas a su lado había aprendido tanto sobre mí mismo como sobre Urano. Sobre todo, había descubierto que mi incredulidad hacia la realidad de Eykis se debía a un sólo hecho. Intentaba comprenderla en función de lo que yo era, y no en función de lo que era ella. Me hice el firme propósito de dejar de juzgarla así. En la Tierra me había enorgullecido de no actuar nunca de aquel modo con nadie, y ahora, en Urano, me mostraba de lo más etnocéntrico con Eykis. En consecuencia, cuando ella decía cosas que la misma víspera me habrían extrañado mucho, yo reaccionaba con tranquilidad. Estaba empezando a comprender su realidad, y esa comprensión venía del hecho de escucharla, no del haber discutido con ella.

    Cuando Eykis me habló de los puntos de acusación, calculados por los banqueros de acusación, comprendí lo que decía. Los puntos de acusación eran concedidos por los bancos de acusación, que informaban a la correspondiente división estatal. De acuerdo con eso, se pagaban los impuestos. En Urano, la acusación tenía un sentido.

    También la loción de autorrechazo me resultaba ahora fácil de entender. Algunas personas la utilizaban incluso para estimular el conocimiento de si mismas. El resultado final era una mejor comprenj6ø de sí mismo, pues el autodesprecio se desprendía junto con la piel muerta. No proteste de este sensato razonamiento por el hecho de que hubiese en tirano tanto autorrechazo. La loción podía causar aquellos problemas temporales, pero sus resultados eran positivos. Como me había dicho Eykis:

    De qué otro modo se puede explicar que las personas se rechacen tanto a sí mismas?.. Me explicó la importancia que tenía en Urano el temor al fracaso. Ese temor actuaba en conjunción con los antipreocupación, y servía a la gente para evitar el fracaso mediante el temor que éste les inspiraba. ¿Cómo discutir aquello?

    El segundo hecho sencillo que explicaba mi incredulidad ante la realidad de Eykis era el carácter en extremo sensato de dicha realidad. Aunque pareciese igual a la Tierra, algo faltaba en aquel planeta. Me parecía que el «eslabón perdido», por así decirlo, era precisamente lo que daba a mi planeta su carácter e historia distintivos (y desafortunados). Todo parecía ofrecer una explicación tan sensata... En Urano, las personas tenían razones para estar neuróticas. Dichas razones tenían que ver con su realidad. En cambio, no se me ocurría ninguna razón basada en la realidad en el caso de ningún terrícola neurótico o siquiera desgraciado. Y me angustiaba la incredulidad de Eykis ante mi incapacidad de dar una respuesta sensata. Ella no podía comprender una explicación «irreal» o no sensata; era, sencillamente, incapaz de ello. Pero siempre se mostraba amable y dispuesta a entenderlo todo en un futuro.

    Fue al hablarme del amor y de la sexualidad cuando realmente me emocionó. Una definición tan sencilla, un concepto tan fácil... Mientras escuchaba lo que me decía sobre el amor, pensaba que nunca había experimentado una alegría como aquélla, ni había conocido a nadie que la hubiese sentido. Por lo menos, no en la Tierra. Y lo que más me alarmaba era la duda de que fuera posible experimentarla en mi realidad, a menos que Eykis me enseñase cómo hacerlo. Pero ésa era una idea absurda. Yo no querría ni tan siquiera arriesgarme a que mi diodo de dependencia resultase defectuoso, o a que ella utilizase conmigo la confitura de celos... ¿O sí lo deseaba?



    SEGUNDA PARTE
    LA TIERRA

    4
    Primeras observaciones


    Como habíamos acordado Eykis y yo antes de salir de Urano, ella iba a pasar diez días viajando por todo nuestro planeta. Viajaría sola y de incógnito. No habría publicidad en torno a su llegada; ésta se mantendría secreta, tal como había sido mi visita a Urano. Eykis quería verlo todo con sus propios ojos, sin mi ayuda. Insistió mucho en quedar libre de observar a la gente y relacionarse con ella sin que nadie supiese quién era, y libre de investigar y hacer preguntas. Me aseguró que conseguiría verlo todo en diez días, ya que no disponía de más tiempo. Estuvo de acuerdo en grabar sus observaciones en un magnetófono y en anotar todas las preguntas que quisiera hacerme.

    Tan pronto como llegó, Eykis utilizó las Fórmulas Uranitas para realizar la desaparición más asombrosa que yo hubiese presenciado jamás. Habíamos convenido la hora y el lugar en que nos encontraríamos al cabo de diez días, y yo sabía que cumplirla su palabra. Eykis no habría podido actuar de otra manera. Cumplir su palabra formaba parte de su realidad.

    Mi primer impulso fue el de preocuparme por ella. Sonreí interiormente al recordar su descripción de los antipreocupación, y deseé que mi amiga hubiese tenido acceso a uno de aquellos ordenadores que me había descrito en Urano. Me habría gustado echar una ojeada al futuro para asegurarme de que no le amenazaba peligro alguno. Pero recordé sus palabras sobre la preocupación: «¿Por qué desperdician preciosos momentos de su vida preocupándose por cosas que no pueden remediar? Me parece absurdo». Suspendí, pues, todas las ideas de preocupación y decidí aprovechar los diez días siguientes.

    Repasé y ordené las cintas que había grabado y el gran número de notas acumuladas. Eykis me había hablado de muchísimas cosas; me abrumaba la perspectiva de escribirlo todo en un solo informe coherente. Había reflexionado sobre la importancia de sus mensajes. Sería maravilloso encontrar la manera de introducir en la Tierra aquella extraordinaria forma de pensar y sentir. Imaginaba un mundo en el que la gente utilizase la mente para rechazar los absurdos e innecesarios pensamientos destructivos que tantas vidas echan a perder. Imaginaba también la posibilidad de importar algunos de aquellos interesantes aparatos que Eykis me había descrito y mostrado. Pero ya encontraríamos bastante escepticismo sin necesidad de los aparatos...

    Volví a pensar en términos de comparación. Me resultaba difícil ver aquel planeta tal como era. Aún sentía el deseo de discutir, de demostrar que sus habitantes estaban equivocados y nosotros no. Ni una sola vez había oído a Eykis insinuar que nosotros fuésemos inferiores. Ciertamente nos encontraba desconcertantes, pero nunca pasó de eso en sus afirmaciones. Yo deseaba intensamente aprovechar aquellos nuevos conocimientos, utilizarlos para ayudar a mis congéneres a escapar a la obsesión colectiva de tomar medicamentos para remediar sus problemas, o de buscar respuestas en la terapia o en algún absurdo grupo de encuentro, o en gurús de cualquier tipo. Sabía que Eykis conocía secretos que podían serme útiles a mí y a mis semejantes, pero no veía cómo entrar en posesión de ellos, cómo conseguir que Eykis los compartiera con nosotros. Aquella mujer poseía una singular sensatez que, debidamente utilizada, podía transformar nuestro mundo.

    Pensaba en ella constantemente, preguntándome cómo le iría en su viaje por nuestro inmenso planeta. Sabía que no se sentiría extraña en nuestro inundo físico, pues había pasado toda su vida en un planeta gemelo del nuestro. Pero las sorpresas que le esperaban, aunque yo había pasado varios días preparándola, serían sin duda monumentales.

    —¡Están equivocados! —exclamó, entrando como una tromba en mi habitación del hotel en la fecha convenida.

    ¿No acababa yo de recordar que ella nunca había afirmado que estuviésemos equivocados? Me llevé una buena sorpresa. Eykis se puso a pasear por la habitación, casi fuera de sí.

    —¿Qué pasa? ¿Quién está equivocado? —exclamé, sin atinar siquiera a saludarla.
    —¡He descubierto la razón de la gran infelicidad que reina aquí, en la Tierra! —explicó, agitando los brazos mientras daba vueltas por la habitación—. He hablado con mucha gente, pero sobre todo la he observado. He escuchado a personas de todo tu mundo, en Asia, Europa, África, América del Norte y del Sur, y hasta en las Islas del Caribe y del Sur del Pacífico — dijo, e hizo una pausa para respirar—. Los dos conocemos el concepto de neurosis. Nosotros la sufrimos en Urano, y vosotros la padecéis aquí en las mismas proporciones. Vivís en una gran infelicidad, y vuestra gente rara vez habla o procede como si estuviese realizada. Todo nace de un defecto básico. El problema no es que seáis infelices o incluso que no estéis realizados; el problema estriba en que casi todos estáis equivocados.

    Se había calmado, pero su excitación ante su alarmante descubrimiento no disminuía su ardor por lo que estaba diciendo.

    —¡Si quieres enseñar a tu gente a ser feliz y a realizarse, has de enseñarles a pensar correctamente! —declaró.
    —¿Qué entiendes por pensar correctamente?
    —Mira —dijo—, tú viste en Urano ansiedad, celos, fobias, temores y autorrechazo. Viste a gente que volvía hacia otros sus disgustadores y les ponía nerviosos con los barriles de confusión. Viste todo esto. Ésa es, simplemente, nuestra realidad. Nosotros la aceptamos y después nos disponemos a ser felices y a realizarnos dentro de ella. Si esa realidad puede ser cambiada, nos esforzamos en cambiarla y encontramos un sentido en hacerlo. Pero yo acabo de ver en la Tierra a mucha gente que piensa, siente y se comporta en desacuerdo con la realidad. Casi toda la gente que he visto pensaba y procedía como si conociese una realidad diferente de la que existe. Pero siempre acababan siendo víctimas de la única realidad que existe. ¡ Esa gente se equivoca, se equivoca, y yo no alcanzo a entender por qué no se ponen a pensar, a sentir y a actuar correctamente! Así pues, señor Terrícola, explícame por qué tanto error...

    Nunca había visto a Eykis en semejante estado. Su confusión se imponía a su serenidad. Golpeaba la mesa con los puños, exigiendo respuestas. No estaba enfadada, ni siquiera molesta. Había usado la palabra «equivocados» varias veces, y yo quería conocer con más exactitud el sentido que le daba. Ya antes de que emprendiese su viaje por la Tierra, sabía yo que a Eykis le esperaban algunos sobresaltos, pero no imaginaba que su reacción fuese tan intensa.

    —Retrocedamos un poco —le rogué—. ¿Qué has visto que te haya hecho considerarnos tan equivocados?
    —En los primeros días que pasé aquí, descubrí que existen muchas diferencias físicas, pequeñas pero importantes, entre nuestros dos mundos. Pero esto no me interesaba mucho. Observé que vuestras armas disparaban munición de verdad, y que vuestras cárceles encerraban a personas que podían causar «daño» a los demás o a sí mismas. Reparé en los cerrojos que tenéis en las puertas, y en las pistolas que guardáis en casa. Esas cosas, y todas las demás extrañas manifestaciones de un mundo violento, no constituyeron sorpresas para mí, pues conozco bien la historia antigua de Urano.

    »Esas diferencias físicas las consideré problemas de evolución, y pensé que, a través de la experiencia, llegaréis a descubrir que es perfectamente posible eliminar de vuestro mundo esos elementos destructivos. Algún día podréis utilizar vuestras cárceles y submarinos para fines positivos, cuando habiendo comprobado lo absurda que es la competición, paséis a esa forma más avanzada de convivencia que se llama cooperación. Eso llegará cuando estéis preparados para ello, cuando seáis incapaces de soportar la violencia. Lo que realmente me sorprendió fue lo erróneo de vuestro pensamiento.

    Empezaré hablándote de mi primera observación, que ocurrió el lunes pasado, por la mañana, en la cola de un banco. Yo iba, simplemente, a sacar algún dinero, tal como me habías sugerido, y oí la conversación que mantenían las dos mujeres que estaban delante de mí. Conforme a lo que me habías pedido, la grabé en el magnetófono. Aquí la transcripción exacta.


    PRIMERA MUJER: Mi hermana no habría debido trasladarse a Florida hace veinte años. Si me hubiese escuchado, no se habría casado con aquel bruto y ahora no tendría los problemas que tiene.
    SEGUNDA MUJER: Sí, debió hacerte caso. Pero ya sabes lo que les pasa a las hermanas menores tienen que rebelarse.
    PRIMERA MUJER: No debió dejar a su familia de aquel modo. Si hubiese hecho lo que debía, ahora no se enfrentaría a un divorcio, y seguramente no se encontraría sola y cargada de hijos, y estoy segura de que tampoco necesitaría ir al psiquiatra.
    SEGUNDA MUJER: ¿Qué tal le va con el psiquiatra? PRIMERA MUJER: Pues se siente desgraciada por no haberme hecho caso hace veinte años. SEGUNDA MUJER: Bueno, es lógico que se sienta mal habiendo pasado todo lo que ha pasado.
    PRIMERA MUJER: Tienes razón. Es lógico que ahora sea una desgraciada. No lo sería si me hubiese hecho caso criando tenía veinte años.


    —Ahí tienes —dijo Eykis—. Al principio no pensé demasiado en ello, pero a los pocos días de observar tu planeta, me di cuenta de que toda esa conversación era simple y llanamente un error. La habré escuchado unas cincuenta veces, y la única conclusión a la que llego es que aquellas dos mujeres, para las cuales esa charla era perfectamente normal y sana, están equivocadas acerca de la naturaleza misma de la realidad en la que viven.
    —Por qué están equivocadas? —pregunté.
    —En primer lugar, tenías razón en lo del rebobinado. Aquí sólo pueden rebobinarse los magnetófonos. Los terrícolas no tienen la posibilidad de corregir sus errores.

    No le dije «Ya te lo había advertido», aunque era lo que pensaba. Sin embargo, comprendía su frustración ante la imposibilidad de comprender aquella primera conversación oída en la Tierra.

    —Todos estos «habría debido» y «no habría debido» son simples errores. Dime, si no hay posibilidad de rebobinado y si no existen activadores para efectuarlo, ¿qué se consigue dándole vueltas a lo que uno debió o no debió hacer?

    Calló un momento, y después siguió hablando sin esperar mi respuesta.

    —En este planeta no se pueden repetir las cosas. Siendo así, ¿por qué ha de decir la gente «habría debido», «no habría debido», y frases por el estilo?
    —Pero Eykis, ten en cuenta que eso sólo son formas de expresión. No significan lo que parecen —le dije sin convicción.
    —Pero son formas de expresión derivadas de un pensamiento erróneo, de un pensamiento que hace infeliz a la gente. Esas dos mujeres, sobre todo la primera, se iban enfureciendo cada vez más mientras lanzaban sus «habría debido». Los pequeños sermones que utiliza la gente de aquí están basados en la fantasía. ¿No te das cuenta?
    —Sí, y es algo que no pienso discutir. Estoy de acuerdo en que resulta bastante ridículo cuando se mira desde tu punto de vista —convine.
    —Pero no lo miro desde mi punto de vista, sino desde el punto de vista de esas mujeres. Y veo que están equivocadas respecto a la realidad en que viven. Si considerase esas frases desde mi punto de vista, habría podido enseñarles cómo solventar el problema de la hermana y retroceder veinte años. Pero aquí eso no es posible.
    —Bueno, y ¿por qué te preocupa tanto el que estén equivocadas? —le pregunté, porque la preocupación que mostraba era auténtica, sentida.
    —Me preocupa porque veo que, cuando la gente no tiene una idea correcta de su realidad, son prisioneros de unos grilletes que han forjado ellos mismos. Mientras sigan equivocados, no podrán liberarse. No es que esa conversación concreta hiciese infelices a esas dos mujeres. Es que la felicidad siempre es imposible cuando se ve incorrectamente la propia realidad.
    —Continúa —dije, intuyendo que había más.
    —¿Es que no lo ves, amigo mío? —exclamó, casi zarandeándome—. Aquella mujer no dijo: «Mi hermana tomó unas decisiones y ahora tiene que aceptar las consecuencias, y quizá tendrá que cambiar si esas decisiones que tomó ya no le sirven». Lo dijo fue: «Debió hacerme caso», y «No habría debido marcharse». A menos que yo esté tan equivocada como la mayoría de los terrícolas, me parece que en la Tierra no se puede repetir lo que ya se ha hecho, y por tanto los «habría debido» no tienen sentido.
    —Es verdad —reconocí.
    —Pues a pesar de eso, he oído no sé cuantas veces conversaciones del mismo estilo. Un viernes por la tarde oí a una empleada de la compañía telefónica decirle a un cliente, un caballero empeñado en que le arreglasen en seguida el teléfono: «Debió telefonear el miércoles». Y el hombre lo aceptó. Se alejó del mostrador como si la empleada hubiese dicho algo lógico, algo correcto. Pero ambos habían actuado de manera igualmente incorrecta. Me dieron ganas de susurrarle al hombre: «En la Tierra, cuando ya es viernes, no se puede hacer nada el miércoles. Es imposible». Pero recordé tus instrucciones y me comporté como simple espectadora. Por el momento, seré una simple espectadora.

    Inmediatamente me pregunté qué habría querido decir con aquello de «por el momento», pero lo pasé por alto.

    —Tienes razón, Eykis —dije——. No se puede hacer una cosa el miércoles cuando ya es viernes. Pero se puede hacer esa cosa el próximo miércoles, y seguramente es eso lo que quiso decir la empleada. De una manera desagradable, desde luego.
    —Es que no lo entiendes. La empleada no tenía ningún interés en ayudarle a que le arreglasen el teléfono. Lo que hizo fue echarle un sermón y dejar el problema sin resolver, en lugar de buscarle una solución. ¡Y lo peor de todo es que el hombre lo aceptó! Se alejó del mostrador moviendo la cabeza y diciendo: «Ignoraba que hubiese de venir el miércoles; es culpa mía...» Allí estaban dos personas hablando y ninguna era consciente de las realidades de la Tierra. ¿Cómo pueden hacer eso todos los habitantes de un planeta sin que éste se desintegre?

    Pero, antes de que pudiese contestarle, volvió a mirar la transcripción que estaba sobre la mesa.

    —Y otra cosa —agregó—. ¿Cómo puede decir una persona «Es lógico que sea desgraciada», casi como si estuviese a favor de la infelicidad de esa mujer, a favor de sus limitaciones?

    No supe qué responder a eso. Eykis estaba trastornada por lo que había oído. Como explicó más adelante, sufría por todos aquellos terrícolas que eran desgraciados sin necesidad. En su extraordinaria orientación hacia la realidad, no alcanzaba a entender que la gente pensara, sintiera y actuara de aquel modo. Llegó a declarar que, si estuviera en su mano conseguir que los terrícolas dejasen de equivocarse (sólo que dejasen de equivocarse, nada más) se acabarían los neuróticos en este planeta, pues por lo que había observado, no existían razones reales para estar neurótico. Eykis era la realista más idealizadora que hubiera yo conocido en mi vida.

    Me pidió una explicación sencilla de los dos fenómenos que había observado en aquella conversación. Primero, los «habría debido», cuando en la Tierra no se podía rebobinar, y segundo el «derecho a ser desgraciado». Desistiendo de justificar aquellas formas de expresión aparentemente inofensivas, reconocí que representaban valoraciones erróneas de nuestra realidad. Pero yo seguía sin comprender que ella les diera tanta importancia. Al fin y al cabo, las personas objeto de sus observaciones no eran terriblemente desgraciadas. Se trataba de seres normales y corrientes, aplicados a conversaciones que en la Tierra eran de lo más habitual. Cuando se lo dije así, Eykis me miró con tristeza.

    —Pero esto es precisamente lo que me inquieta, amigo mío. ¿No te das cuenta de lo extendido que está el error en tu mundo? Si es tan evidente en una conversación entre dos mujeres en la cola de un banco, o entre una empleada de teléfonos y un usuario, ello significa que todo el planeta está invadido por esa manera de pensar. Es la gente de la calle la que yo quería observar. Son ellos los que permiten conocer a un pueblo. Si ellos están afectados por ese mal, es muy probable que el mal esté aún más extendido entre los grupos dominantes de tu mundo. Si las personas que dirigen el campo de los negocios, el de la política y el de la educación sufren los mismos errores, y si aplican su pensamiento erróneo al cumplimiento de sus funciones, ese pensamiento erróneo penetrará literalmente en todos los grupos sociales. Y está claro que así ha sido, ya que están tan visiblemente afectadas las señoras normales que forman cola en los bancos.
    —Pero, ¿no crees que estás sacando conclusiones muy graves a base de unas charlas triviales? —le pregunté esperanzado.
    —Son precisamente las charlas triviales, como tú las llamas, las más reveladoras —replicó ella sin pestañear—. Pero no olvides que he pasado diez días estudiando atentamente tu planeta y que sólo te he hablado de mis primeras observaciones. Aquí tengo una maleta llena de cintas y de apuntes. Mi conclusión de que los neuróticos son personas que simplemente están equivocadas se funda en un gran número de actuaciones que he observado en la Tierra. Antes de ofrecerte lo que creo que serán unos buenos regalos para los habitantes de este planeta, quiero que veas el resto de mis notas, escuches las grabaciones y que me des algunas respuestas que quizá yo desconozco.

    Me mostré de acuerdo. Me interesaba enormemente conocer los resultados de su concienzudo estudio de nuestro mundo. Encontraba encantador el aspecto de Eykis cuando estaba perpleja y excitada al mismo tiempo. Era como una pila cargada, y expresaba su energía en todo lo que decía, incluso en las pequeñas singularidades de su personalidad. Sus ojos centelleaban cada vez que se disponía a mostrarme descubrimiento nuevo. Me encantaba su forma de ponerse en pie de un salto movida por el entusiasmo, o de golpear la mesa con el puño para recalcar sus manifestaciones. También me parecía seductora su sencilla franqueza, su manera de hablar, seria y clara. Eykis nunca utilizaba la indirecta ni la chanza; uno sabía siempre lo que quería decir.

    Yo estaba allí, sentado junto a ella, absorto en mis pensamientos sobre lo encantadora que era, no, sobre lo perfecta que era, y sin embargo ni siquiera me fijaba en su apariencia externa. No cruzaban, en absoluto, por mi mente las cosas a las que uno suele aludir cuando dice que una mujer es «encantadora». Sólo reparaba en la personalidad de aquella mujer, y no en su físico. Recordé con interés algo que ella había dicho antes y que yo casi había pasado por alto: «Unos buenos regalos para los habitantes este planeta». Aunque yo la consideraba a ella el mejor regalo, me daba cuenta de que Eykis se refería a otra cosa. Y también sabía que lo compartiría conmigo cuando estuviese en condiciones de hacerlo.

    En un momento dado, Eykis me rogó que aplazásemos nuestra conversación hasta el día siguiente. Había pasado una semana viajando y anotando sus observaciones y estaba agotada. Pero me constaba que no se quejaría de aquel cansancio. Los uranitas no se quejan de lo cansados que están; se van a reposar, sin más. En la realidad de Eykis, la queja no existía, sencillamente.

    Cuando se puso en pie para marcharse, después de que hubiésemos programado todo el siguiente día, me dijo que su visita a la Tierra llegaría pronto a su fin, y que quería mantener otra entrevista conmigo, en la cual haríamos los preparativos para sus últimas jornadas aquí. Me pidió que pensase cómo podían ser utilizados aquellos días de la mejor manera. Cuando ella entreabría la puerta, le di un beso muy ligero, en los labios. No fue un impulso sensual, sin, sencillamente, nuestro primer contacto físico.

    —Creo que te quiero, Eykis... —le dije con cierta torpeza.

    Tiempo atrás había aprendido a pronunciar aquellas palabras cada vez que sentía amor. Y en aquel momento lo sentía. Eykis reaccionó con la respuesta más singular que hubiera yo escuchado jamás:

    —Ya lo sé, y puedes estar seguro de que me doy cuenta de lo que significa ahora. Nos veremos mañana, a las nueve. Tenemos mucho que aprender el uno del otro. Buenas noches, como dicen aquí, como si una noche pudiese realmente ser buena o un día malo.


    5
    Observaciones finales de Eykis


    No había duda de que nos estábamos aproximando el uno al otro, a pesar de los esfuerzos de mi amiga por cumplir con su tarea de una manera objetiva, casi científica. Eykis seguía mostrando claras señales de emoción, señales en las que yo quería leer un significado más profundo que el que ella les daba. Aunque quizás aquello no fueran más que especulaciones por mi parte. Los breves días pasados en su compañía habían sido los más interesantes de toda mi vida, sin discusión. Yo había pasado semanas junto a presuntos gurús hindúes y tibetanos, estudiado a los antiguos maestros del Zen y hablado personalmente con los contemporáneos. Pero la comparación era imposible. Eykis era un personaje único. Las cosas que me decía eran tan alarmantemente sencillas que casi me dejaban fuera de combate antes de que pudiese asimilar-las. El único parangón que se aproximaba algo a su caso tenía que ver con momentos muy especiales que había vivido yo junto a niños muy pequeños, dueños todavía de su inocencia. Siento un gran respeto por los niños. Siempre me he sentido muy a gusto al lado de esos pequeños personajes que se ríen, bromean y ponen sus emociones sobre el tapete, de modo que uno pueda aceptarlas, rechazarlas o actuar con ellas a su antojo. Los niños proceden siempre con sencilla franqueza, y Eykis poseía todas las cualidades características de los chiquillos, además de un profundo conocimiento sobre cómo pensar de manera realista y la capacidad de expresar ese conocimiento sin majaderías. Yo pensaba constantemente en las cualidades internas de aquella mujer, que eran nuevas para mí. En eso pensaba, precisamente, cuando apareció ella, muy animada, a primera hora de la mañana, dispuesta a iniciar nuestra última jornada de observaciones compartidas.

    —Esta mañana vamos a dar un paseo —anunció con la espontaneidad que la distinguía.
    —De acuerdo, Eykis. Lo que tú digas.

    Salimos inmediatamente y cruzamos la ciudad hacia los muelles. Mientras caminábamos juntos, haciendo altos en algún que otro merendero, nos fuimos enfrascando en la experiencia que compartíamos. La intimidad con ella me iba resultando más fácil, y de vez en cuando le tomaba la mano mientras paseábamos. Ella no oponía resistencia alguna ni parecía afectada, en absoluto, por mi contacto. Lo aceptaba como mi manera de marchar a su lado, y no hacía de ello un problema. Pero a mí me encantaba tener su mano en la mía; sentía que aquello nos aproximaba. Sabía que para Eykis no significaba lo mismo, en absoluto, pero, por primera vez en mi vida, eso me tenía completamente sin cuidado.

    —Bueno, ¿qué es lo que te confunde más en los terrícolas? —le pregunté.
    —Pues ya te dije que, en mi opinión, la mayoría valoráis incorrectamente vuestra realidad. Ésa es una característica que parece darse en casi todas las actitudes que he observado.
    —Y en qué otra forma crees que nos equivocarnos en nuestra valoración de la realidad? —insistí, animándola a seguir con el tema.
    —Te hablaré más concretamente que ayer. Como sabes, en Urano doy por la televisión un informe sobre la ansiedad, y veo en esa labor un servicio público, es decir, un trabajo importante que ayuda a la gente a evitar la ansiedad.
    —Estoy de acuerdo —dije inmediatamente.
    —Pues bien, en el diario que llevo desde que llegué aquí, a la Tierra, he anotado que más de mil veces, en estos pocos días, he oído quejas de personas que decían «sufrir un ataque de ansiedad». Pero he descubierto que en la Tierra la ansiedad no ataca y, lo que es más, que la ansiedad ni siquiera se da aquí como tal. ¡Sencillamente, no existe! Y sin embargo la gente actúa como si existiera —se interrumpió para recuperar el aliento y continuó—: Sólo puedo deducir de eso que todos los que creen sufrir ataques de ansiedad se equivocan. Lo que ignoro, en cambio, es por qué desean equivocarse. En casi todas vuestras vivencias los terrícolas tenéis la posibilidad de elegir. Por eso me pregunto una y otra vez por qué esas personas optan siempre por el error. Después, hablando con vuestras asociaciones médicas y con vuestros facultativos, he comprobado que los tranquilizantes y otros medicamentos destinados a calmar la ansiedad se consumen en grandes cantidades. Y digo yo, ¿por qué ocurre eso si en vuestro planeta no existe la ansiedad?
    —Eykis, espera un momento. ¿Cómo puedes decir que en la Tierra no existe la ansiedad? No tienes más que mirar a la gente: se inquieta por sus relaciones con los demás, por su rendimiento en el trabajo, por la posibilidad de una guerra, por el dinero, por la economía, por su salud, y por otras muchas cosas. En la Tierra hay mucha ansiedad.
    —Bien —dijo Eykis—. ¿Y dónde está esa ansiedad de que hablas?
    —Bueno, el hecho de que no se la pueda ver no significa que no exista —afirmé sin convicción— Está en el interior de la gente.
    —Precisamente a eso quería ir yo —replicó ella—. Aquí no existe la ansiedad en sí misma, como se da en Urano. En la Tierra sólo existen individuos que piensan ansiosamente, y eso es una realidad muy diferente.
    —¿En qué forma lo es?
    —Pues en todas las formas posibles. En la Tierra domináis vuestros pensamientos, y cualquiera puede decidir por sí mismo cómo quiere pensar. Ése es vuestro rincón de libertad, por así decirlo. Pero en lugar de utilizar esa libertad para pensar en forma que os beneficie, cometéis dos errores capitales. El primero consiste en que elegís pensar ansiosamente, y el segundo en que achacáis las consecuencias a la ansiedad, en lugar de atribuirlas a vuestras propias decisiones. En consecuencia, tus congéneres dicen cosas como: «Sufro un ataque de ansiedad». Expresarse así es sencillamente incorrecto, por no hablar de los procesos mentales que ocultan semejantes frases.
    —Pero, ¿tan nocivo es eso? —le pregunté con toda seriedad.
    —¡Es desastroso! —exclamó Eykis con vehemencia. Cuando las personas atribuyen la culpa de su angustia a un mítico ataque de ansiedad, necesitan después un segundo mito para corregir el tiempo. El segundo mito es el de que tomando un antídoto, como por ejemplo un tranquilizante, se librarán de su imaginaria ansiedad.
    —De acuerdo, Eykis —repliqué—, pero ¿qué ocurre cuando una persona no dice sufrir un ataque de ansiedad, sino que simplemente la siente debido a la forma en que la tratan los demás, o por tropezar con algún obstáculo en el camino hacia sus objetivos?
    —Aún es más absurdo y disparatado que un terrícola experimente eso. En la Tierra, aparte de cómo le vayan las cosas a una persona o, como tú lo expresas, de cómo la traten los demás, esa persona tiene poder absoluto sobre lo que decide pensar. Ésa es vuestra realidad. Por tanto, cuando todo parece perdido o cuando estáis desengañados de los demás, aún podéis elegir entre abandonaros o no a pensamientos ansiosos. Si optáis por ellos, acabáis crispados, dolidos, atemorizados, furiosos, o hipertensos, sin más, todo lo cual no lleva a la felicidad ni a la realización personal. En cambio, si decidís en contra de la ansiedad, tenéis una oportunidad de corregir o desentenderos de los hechos externos y, además, de realizaros. Ya que ninguna de las dos opciones cambiará la realidad ni la manera en que los demás deciden actuar hacia la persona en cuestión, ¿por qué no habría de hacer esa persona la elección que más le beneficie?
    —Si lo planteas así, no puedo responderte, excepto para decir que la mayoría han adquirido la costumbre de elegir erróneamente, según tus palabras, porque es más fácil reprochar a otros de la propia ansiedad que aceptar la responsabilidad de esa ansiedad y librarse de ella.
    —Ésa es precisamente mi inquietud —dijo Eykis—. He llegado a la conclusión de que los terrícolas buscan eludir la responsabilidad de sus problemas, incluida la ansiedad. Eso les da una excusa a la hora de hacer lo que tendrían que hacer para cambiar. Mientras sigan creyendo que la ansiedad viene de fuera y no de dentro, no podrán hacer nada para ser más felices, y como además van por ahí llenos de medicamentos, eso reduce aún más sus posibilidades.
    —¿De forma que tú ves en ese autoengaño la causa de una total infelicidad? —le pregunté.
    —Sí, rotundamente —respondió—. No sólo impide la felicidad completa y sin límites, sino que puede dar lugar a decisiones más incorrectas y destructivas.
    —Pero, ¿cómo puede ser nada más destructivo que la ausencia de felicidad y la imposibilidad de cambiar tal situación? —inquirí.
    —He oído decir a una serie de personas que su ataque de ansiedad les había conducido a una depresión nerviosa.
    —Sí, puede ser —declaré.
    —Pero eso no puede ocurrir en la Tierra; es una pura ilusión —replicó.
    —No hablarías así si hubieses visto esas mentes destrozadas de las instituciones psiquiátricas —le aseguré.
    —Pero es que las he visto. Les he visitado y he hablado con sus amigos y parientes.
    —Habrás visto, pues, que no es una ilusión.
    —Los resultados no son ilusorios; son muy reales. Pero eso no cambia el hecho de que el razonamiento que llevó a esa gente a los sanatorios sea una ilusión. En primer lugar, aquí los nervios no causan las mismas depresiones que en Urano. He visto informes de autopsias practicadas a personas fallecidas a causa de tales conductas, y no encontré un solo caso de colapso nervioso. En la Tierra los nervios cumplen su función, y no sabéis que gran suerte es la vuestra, si se piensa en las verdaderas depresiones nerviosas que se dan en Urano. En segundo lugar, las personas que sufren esas ilusorias depresiones nerviosas, que parecen ser el resultado final de una serie de inexistentes ataques de ansiedad, no creen realmente haber elegido su padecimiento. Piensas literalmente que su desgracia ha sido causada por alguna otra persona, o personas y, lo que es aún más desconcertante, también esas «otras personas» creen ser responsables del pensamiento ansioso de sus amigos y familiares. Se sienten culpables constantemente, sin disponer de un activador de rebobinado, aparato que no existe en la Tierra. Esas personas son propensas a sufrir a su vez ilusorios ataques de ansiedad, que les llevan a veces a sus propias depresiones nerviosas imaginarias. Se trata de un círculo vicioso que nace de una causa: el pensamiento incorrecto. Es una total incorrección que los terrícolas habléis de «ataques de ansiedad», de cosas que os «ponen nerviosos», o que digáis: «Tengo una depresión nerviosa». ¿He hablado con bastante claridad?
    —Sí —admití

    Por primera vez me di cuenta de la frustración que debió sentir Eykis ante aquellos terrícolas de pensamiento erróneo, que podían tenerlo todo en cuanto a felicidad y a realización personal. Ella sabía que nuestra realidad, a diferencia de la suya, nos daba ¡a libertad de ser lo que quisiésemos. Casi podía oírla pensar: «Si en Urano no existiesen ataques de ansiedad, disgustadores y todas las demás cosas que son parte integrante de nuestra realidad, no habría barreras para nuestra potencial felicidad. Los terrícolas no tienen en su realidad razones para ser desgraciados, a pesar de lo cual casi todos eligen la infelicidad y acusan de ella a alguna otra persona o a una causa externa». Pero no dijo nada. En lugar de ello, y casi como si se diese cuenta de que le estaba leyendo el pensamiento, cambió completamente de táctica.

    —Hablando de acusar —dijo—, aquí eso parece darse con mucha frecuencia, y aún no he oído hablar de puntos de acusación ni de banqueros de acusación.

    Recordé entonces nuestra conversación en Urano, en la cual Eykis me explicó lo que eran los puntos de acusación, fiscalizados por los delegados electos de acusación. En Urano cada individuo recibía un número determinado de puntos de acusación que constaban en una cuenta de acusación, en el banco de acusaciones. Así, cuando alguien acusaba a otro de sus problemas, o atribuía a causas externas la responsabilidad de su suerte en la vida, era porque reaccionaba ante su realidad de la única manera que podía, es decir, con realismo. En Urano la gente sólo se entregaba a la acusación porque tenían un cupo de puntos de acusación, y por ninguna otra razón. Cuando le pregunté a Eykis por qué practicaban los uranitas algo tan neurótico, ella me dio una explicación que yo no entendí entonces, peri que ahora veía con claridad meridiana.

    —¿Te preguntas tú alguna vez por qué necesitáis agua dulce para beber cuando el setenta y cinco por ciento de la superficie terrestre contiene agua salada? ¿No sería mucho más lógico que bebieseis esta última? ¿Por qué no es así tu planeta? —indagó retóricamente, y pasó a responder a su propia pregunta. Necesitáis agua dulce debido a vuestra evolución física; vuestra realidad es así. Nosotros tenemos puntos de acusación, disgustadores y una serie de cosas que tú encuentras incomprensibles debido a nuestra evolución social.
    —Tienes razón, Eykis —dije, apartándome de mi excursión mental a Urano—. La acusación es una práctica de lo más corriente en nuestro mundo.
    —Pero es una ilusión —replicó ella—. Acusar es siempre un error contra la realidad, y aquí es de lo más frecuente.

    Intenté explicárselo.

    —Debes pensar, Eykis, que el acusar a otros es en realidad algo muy funcional. Nos permite descargar las culpas en causas exteriores a nosotros mismos y ahorrarnos el asumir riesgos. Nos ayuda a explicar por qué no nos hemos realizado y limita nuestras posibilidades de cambio. Es algo muy funcional, aunque desde luego resulte neurótico.

    Me sentí satisfecho de mí mismo; acababa de dar una buena explicación.

    —Desde luego que es funcional —dijo Eykis—, pero también sería funcional que bebieseis agua de mar, dada la gran cantidad de ella que existe. Y, ¿por qué no lo hacéis?
    —Porque nos moriríamos —respondí—. El agua de mar no sirve para beber, es tóxica.
    —Tú mismo lo has dicho. La acusación, y la ansiedad que resulta de ella, son tan tóxicas para la psique como lo es para el cuerpo el agua salobre. La gente no la bebe porque su realidad no lo permite. Pero, cuando esa misma realidad les pide a gritos no entregarse a la acusación, no le hacen caso y absorben el veneno, y después acusan al veneno y no a sí mismos de las tristes consecuencias. Es algo así como acusar al espejo de lo que refleja.
    —Qué clase de acusaciones has observado? —le pregunté.

    Hizo una inspiración profunda, como si fuese a decir muchas cosas de un tirón.

    —Bueno, es un pasatiempo internacional —afirmó—. Un día oí que le preguntaban a un hombre. «¿Por qué estás tan deprimido hoy?» Y él respondió: «Me ha deprimido la situación de la bolsa ¿Cómo puedo estar bien cuando mis acciones están mal? » Y ahora te pregunto yo: ¿Cómo puede la bolsa regir las emociones de una persona? Fui a enterarme y descubrí que la bolsa no guarda relación alguna con la situación emocional de la gente. A pesar de lo cual he oído a muchísimas personas achacar su infelicidad a la bolsa.

    Contuve la risa ante la absurda imagen que aparecía en mi mente: la bolsa repartiendo materialmente depresión. Eykis continuó:

    —Oí a un médico decir a una señora obesa: «¿Quién es responsable de su exceso de peso?» ella respondió con toda seriedad: «Sara Lee». Averigüé quién era aquella Sara, y descubrí que se trataba, simplemente, del nombre de una panadería. Imagínate, una mujer convencida de que le ha hecho engordar una panadera.
    —Sí, la gente elige estar gorda por medio de varias decisiones autodestructivas, y después echan la culpa a los demás.
    —Pero eso está tan generalizado que no entiendo cómo no veis la locura que implica esa manera de pensar.
    —¿Tienes algo más que decir sobre el tema de la acusación? —le pregunté.
    —Ese tema de la acusación me parece muy extenso — respondió ella—. Todo parece reducirse a quién acusa a los demás y quién acepta la responsabilidad de sí mismo. Y está claro que son muy pocos los que aceptan la responsabilidad de sí mismo y de sus vidas —concluyó Eykis con una tímida sonrisa, como excusándose de su sinceridad.
    —¿Pero habrás encontrado personas que pensasen basándose en la realidad? —pregunté esperanzado.
    —Poquísimas. Y las que estudié tendían, casi todas, a acusar, y sólo de vez en cuando miraban de frente la realidad.
    —Puedes darme un ejemplo?
    —Sí. Encontré a un hombre que parecía basarse en la realidad. No acusaba a los demás, y vivía feliz y realizado, física y mentalmente. Pero, cuando se ponía a alborotar en un restaurante y perdía la paciencia debido a la lentitud del servicio, explicaba su mal genio con uno de los comentarios más extraños que he oído aquí, en la Tierra.
    —Qué decía? —le pregunté, sin imaginar de qué se trataba.
    —Cuando sus amigos le pedían Vamos, cálmate, has venido aquí para pasarlo bien...», él respondía con toda seriedad: «Qué queréis que le haga ¡Soy italiano! ¡Siempre he sido así!» Ya me dirás qué relación guarda el ser italiano con el propósito de mostrarse intemperante. Me enteré de lo que significa en realidad ser italiano, y no tiene nada que ver con lo que él dice. Italiano significa «de Italia, país de la Europa meridional». Ni más ni menos. Sin embargo, él utiliza ese hecho como justificación.
    —Tienes razón, Eykis —dije con una sonrisa—. La gente atribuye a menudo las rarezas de su personalidad a su herencia cultural. Es más fácil que asumir la responsabilidad de esas rarezas. Aunque hasta ahora nunca había pensado en ello —le confesé—, lo cierto es que la gente de aquí elige su personalidad.
    —En Urano la gente no tiene esa libertad. Se les asigna el tipo de personalidad que les caracterizará. Aquel, en cambio cada individuo puede decidir lo que le gustaría ser. Al menos, eso es lo que he observado. Pero la gente actúa como si no tuviesen elección alguna a ese respecto.

    Eykis volvía a hablar de prisa, cosa que hacía cuando quería recalcar un punto. Y continuó:

    —He oído a la gente acusar a sus padres, a su clase social, a su raza, a su infancia y a otros factores. Pero, según mis investigaciones, parece ser que, ya de muy pequeños, todos los terrícolas tienen la posibilidad de usar su rincón de libertad, es decir de elegir sus pensamientos.
    —Pero Eykis, ¡no pensarás que los niños de la Tierra eligen su personalidad! ¿No crees que en realidad son los padres quienes forman y moldean a sus hijos, y que en verdad son parcialmente responsables de lo que sus hijos sean de mayores?
    —He de reconocer que mis observaciones son limitadas, pues sólo he estudiado vuestro planeta durante menos de diez días. Sin embargo, no estoy de acuerdo contigo.
    —¿Por qué? —le pregunté, escuchando con máxima atención.
    —He observado familias grandes y pequeñas en las que, por ejemplo, un padre alcohólico maltrata a todos sus hijos. Algunos de ellos le tomaban en serio y vivían atemorizados; otros no le hacían caso, y unos terceros le acusaban de su propia timidez. Yo creo que, si ese padre realmente formase sus personalidades, todos los hijos sedan lo que él quiere que sean. Pero cada hijo es diferente. Cada hijo reacciona de manera distinta. Ya de niños eligen su forma de pensar. Pero la tragedia no es ésa. El problema sale a la superficie cuando los hijos crecen y vuelven la mirada a su infancia en busca de explicaciones (es decir, acusaciones) para su falta de realización o de felicidad en la edad adulta, en lugar de decir: «De niño elegí reaccionar de esta o de aquella manera, y quizás entonces no podía hacer nada mejor, pero ahora sí puedo y, si no me gusta algo de mí mismo, no puedo acusar a mi padre, pues hacerlo sería como decir que no puedo mejorar a menos que cambie él.. En la Tierra, lo que hizo el padre es agua pasada, que yo sepa, y por tanto el acusarle es otra incorrección del pensamiento. Ni siquiera entonces el padre le hizo nada al niño; el niño eligió sus reacciones. Y si el hijo persiste en creer que el padre le perjudicó, sólo logrará seguir siendo infeliz.
    —Pero, ¿no ayudaría a ese hijo a cambiar más aprisa la comprensión de lo que hizo su padre?
    —Sí, claro, pero lo que interesa no es la comprensión de lo que hizo el padre, sino la comprensión de lo que hizo el hijo en cuestión; eso es lo importante. El decir El alcoholismo de mi padre me hizo tal como soy ahora no es comprensión, es una excusa, y además una excusa incorrecta.
    —Así pues, ¿qué sería una comprensión correcta?
    —Muy sencillo —respondió Eykis—. «Mis reacciones infantiles ante mi padre contribuyeron a crear lo que soy hoy. No fue culpa suya; él sólo hacía lo que era capaz de hacer. No se puede pedir a nadie que haga más de lo que es capaz de hacer. Si mi problema es la timidez y no me gusto tal como soy ahora, voy a dejar de ser tímido practicando nuevas actitudes no tímidas.» En Urano, disponiendo del rebobinado, podríamos arreglar eso rápidamente.

    Una vez más, mi amiga echaba a rodar los razonamientos acusatorios. Su sensata lógica le impedía utilizar excusas. Aquí, en un planeta en el que el libre albedrío y la elección individual son la única realidad, Eykis no veía, sencillamente, ninguna razón lógica para la acusación, sobre todo porque ella vivía en un planeta en el que el libre albedrío no se daba por sentado, y donde la culpa era inspirada por agentes externos. Pese a lo mucho que hablamos, ella fue incapaz de explicarse por qué nadie habría de acusar nunca a otros, ya que las consecuencias de la actitud acusatoria eran siempre tan destructivas para el autor de las acusaciones.

    Aquel día pasamos largas horas conversando. Yo experimentaba una nueva conciencia de mi potencial para la realización y la felicidad. Aunque no nos criticaba, Eykis mostraba asombro e incredulidad ante la abundancia de oportunidades de que disponíamos. Eykis resultaba una compañera divertidísima. Nos reíamos de nuestras locuras, conforme ella señalaba las notables diferencias que separaban su realidad de la mía. Mi hilaridad llegó al colmo cuando me contó una conversación que había oído sobre los complejos.

    —Oí a una mujer decir a su psiquiatra que su marido le habla causado un complejo, y que por eso se sentía inferior. Acusaba a su marido de sus propios sentimientos de inferioridad, aunque eso ya no me resultó nuevo.
    —¿Qué es lo que te llamó la atención, silo de la acusación ya lo esperabas? —le pregunté.
    —En aquel momento yo no sabía aún que vosotros no disponéis de grupos para el estudio de los complejos.
    —¿Qué es eso? —pregunté, sorprendido otra vez por las extrañas expresiones de Eykis.
    —En Urano, si se quiere profundizar una relación mediante el análisis de un complejo, uno acude al Departamento de Encuentros de la universidad y se apunta para el estudio de un complejo. Hacen uno por cónyuge, y sirve para una futura graduación en psicología, al tiempo que cada cónyuge aprende más sobre el otro.
    —¿Acaso te ha provocado alguien algún complejo? — quise saber.
    —Sí, ya lo creo; mi marido me causó uno hace bastantes años, por el volumen de mi busto.
    —¿Y qué pasó? ¿Qué fue de ese complejo? —pregunté con impaciencia.
    —Pues lo sufrí durante tres años. Imagínate, tres años con un complejo a causa de mis pechos. Claro que ése es el tiempo máximo que la ley autoriza para un complejo creado por el marido.
    —Pero, ¿en qué consistía el complejo? ¿Cómo te enfrentaste a él? —insistí.
    —Pues durante los tres años llevé un sujetador con relleno. Eso me movía constantemente hablar a los demás de las angustias que me causaban mis senos. Me miraba al espejo y me sentía inferior. Bueno, hacía todas las cosas que se hacen cuando el marido le crea a una un complejo por el tamaño de sus pechos —concluyó, muy seria.
    —Debiste de sentir alivio cuando pasaron los tres años y te libraste de ese complejo —comenté solidario.
    —Bueno, me alegré de haber hecho el estudio y de haber aprendido algo sobre las actitudes de mi marido. El estudio de los complejos forma parte de nuestro sistema educativo, en el departamento psicosexual. Además, yo le provoqué a mi marido un complejo de tres años sobre una pequeña parte de su anatomía.
    —Así pues, debió de sorprenderte el que aquella mujer le dijese a su psiquiatra que su marido le había creado un complejo, cuando aquí los complejos no pueden comprarse, como en Urano.
    —Ya lo creo que me sorprendió. Entré en todos los almacenes preguntando por el «departamento de complejos», y todos me creyeron chiflada.

    Imaginar a Eykis preguntando en un mostrador de información por el «departamento de complejos» resultaba de lo más cómico. Los dos nos reímos de la absurdidad de ir a comprar un complejo. Sin embargo, aquella mujer que hablaba con su psiquiatra creía realmente que su marido le había procurado su complejo de inferioridad.

    Aquellos momentos alegres de nuestra relación eran preciosos para mí. Me servían para ir asimilando el mensaje de Eykis, según el cual no eran los grandes problemas, sino nuestros hábitos de pensamiento, emoción y conducta, lo que les amargaba la vida a la mayoría de los terrícolas. Eykis me demostró claramente que ninguno de los grandes problemas de la Tierra existiría de no ser por el pensamiento erróneo que parecía infectarnos a casi todos. Y me insinuó que parte de los regalos que me reservaba consistían en la oportunidad de que todos los terrícolas eliminásemos aquellos grandes problemas. Pero yo no quería darle prisa. Nos reímos aún más con sus descripciones referentes a la multitud de personas que aquejadas de fobias, acusaban de sus temores a las cosas a las que temían. Recordó la cómica tarde que había pasado buscando ascensores con altavoces y programados para asustar a la gente. Tampoco había encontrado ninguna montaña con bisagras, pese a lo cual había oído a mucha gente decir una y otra vez: «Me miedo las alturas». Zanjó su frustrado intento de encontrar las causas de aquellas fobias con la conclusión de que los terrícolas se asustan a sí mismos y dirigen sus reproches a todo lo demás, para ahorrarse el cambiar su pensamiento incorrecto, que es en realidad la causa de sus temores. A esa conclusión llegó después de una afanosa búsqueda de lo que ella, a la luz de su visión realista de la vida, creía que tenían que ser las causas verdaderas de aquellas fobias.

    —¿Te gustaría conocer otro de mis descubrimientos? — me preguntó, rompiendo un largo silencio durante el cual los dos habíamos estado absortos en nuestros pensamientos.

    »He llegado a la conclusión de que la mayoría de los terrícolas participan todos los días de su vida en ejercicios de autorrechazo, y sé que aquí carecéis de la loción de autorrechazo, pues me be informado bien.

    Lo dijo casi con orgullo, como una niña que acabase de recibir su primer sobresaliente.

    —Y, además —continuó—, ahora sé exactamente por qué lo hacen, aunque al principio eso me dejó realmente atónita.
    —Cuéntame lo que has descubierto.
    —Bueno, es lo siguiente. Corrígeme si encuentras algún defecto en mi razonamiento.

    Asentí. Debo admitir que estaba impaciente por conocer sus conclusiones.

    —La gente es adiestrada, casi desde su nacimiento, para no gustarse a sí misma. Se espera de los niños que adquieran un sentimiento de autoestima a base de una dieta concebida exclusivamente para producir inseguridad. En la Tierra se admira la autoestima, pero sólo en los libros. También se habla mucho de la dignidad, pero ésta casi nunca es apoyada, ni siquiera estimulada. Vosotros creéis que socavando la confianza de los jóvenes les ayudáis a convertirte en adultos seguros de sí mismos. Parece un misterio, pero creo ver la razón.
    —Continúa —le rogué.
    —Decís a los jóvenes que han de aprender a pensar por sí mismos, pero rara vez les permitís hacerlo. En lugar de eso, les dais una educación que les impide a cada momento tomar decisiones. Les aleccionáis sobre cómo adquirir confianza en sí mismos, y después les impedís adquirir las experiencias que les llevarían a tenerla. Día y noche, en sus hogares, vuestros programas de televisión les muestran cómo lograr lo exactamente opuesto a la autoestima.
    —¿Qué quieres decir con «lo exactamente opuesto»?
    —Les decís que puede conseguirse el atractivo sexual a condición de comprar determinados tejanos, o de utilizar cierto perfume caro. Les mostráis constantemente imágenes de mujeres que se comportan como estúpidas, que se esfuerzan por complacer a sus hombres, que menean el cuerpo para llamar la atención, que se rocían con los perfumes adecuados y obtienen con ello el resultado apetecido, es decir, las miradas aprobadoras de los hombres; o bien decís a mujeres que no es posible resistirse a un hombre que fuma cierta marca de cigarrillos o que usa determinada loción para el afeitado. Y después esperáis que se conviertan en adultos seguros de sí mismos...!
    —Pero no boicoteamos la autoestima en todos los frentes —protesté.
    —Quizá no, pero dais más importancia a lo obediencia que al pensamiento responsable; valoráis más el encajar y el adaptarse que el ser independiente y creativo. Hacéis muy difícil el que las personas piensen por su cuenta, sobre todo los jóvenes. —Pero en Urano yo vi mucha dependencia y conformismo. ¿Por qué encuentras tan desconcertantes esas actitudes cuando las observas aquí?
    —De nuevo olvidas que nuestras realidades son diferentes. En Urano existen los diodos de dependencia, de los que ya hemos hablado largamente. Además, al ser la loción de autorrechazo una parte necesaria de nuestra existencia, no tenemos voz en el asunto. Pero aquí, en la Tierra, la cosa es muy distinta.

    Me había olvidado de las diferencias que separaban nuestras realidades. Eykis veía muy claras las exigencias de la realidad, y yo no quería que ella volviese en ese momento a su analogía del agua salobre y el agua dulce, que tan oportuna había encontrado hacía un rato.

    —Tienes razón —le dije—. Continúa, por favor.
    —No comprendo por qué sois tantos los terrícolas que os resistís al pensamiento independiente y a las ideas nuevas, cuando sin ellos es imposible el progreso. Os pasáis la vida hablando de progreso, y después hacéis todo lo posible para poner trabas a las únicas personas capaces de traerlo, las que piensan por sí mismas y no temen las ideas nuevas.
    —¿No crees que los jóvenes necesitan disciplina? ¿No deben aprender a respetar a sus mayores y a valerse en la vida? —le pregunté.
    —Las actitudes terrícolas a las que yo me refiero no tienen nada que ver con el respeto. No se puede respetar a nadie si uno no se respeta a sí mismo. O, para exponerlo de una manera más lógica, en la Tierra vuestra realidad dicta que no podéis dar lo que no tenéis. Además, de ninguna manera puede una persona convertirse en un adulto respetuoso de sí mismo si ha aprendido a conformarse y adaptarse. Una persona igual a todas las demás, ¿qué tiene para ofrecer? —preguntó sin esperar respuesta. Si queréis que los jóvenes sean disciplinados, debéis enseñarles a convertirse desde los primeros momentos de su vida en sus propios padres. Si lo único que queréis es que «se valgan», como tú has dicho, no tendrán conciencia del sentido de su vida, Porque esa conciencia sólo viene del conciliarse consigo mismo, y no del intentar agradar a todo el mundo. Finalmente, la idea de respetar a los mayores no tiene más sentido que la idea contraria, es decir, la de respetar a los menores. El respeto es algo que se gana, y el hecho de ser más viejo o más joven no tiene nada que ver.
    —Así, pues, ¿en qué consiste tu descubrimiento? — indagué.
    —Creo saber por qué todos parecéis tan decididos a inculcar el autorrechazo. No es porque no tengáis la loción de autorrechazo que nosotros usamos en Urano. Creo que lo hacéis para asegurar el empleo. No se me ocurre ninguna otra razón.
    —¿El empleo? ¿Qué tiene que ver el autorrechazo con el empleo?
    —Los tejanos a medida, los perfumes en cuyo envase aparecen afirmaciones falsas sobre el atractivo sexual, los vaporizadores para el aliento y los jabones desodorantes tienen que ser inventados, fabricados, vendidos, demostrados y anunciados por toda una cadena de trabajadores especializados. De la misma manera, los asistentes sociales, los terapeutas de todo tipo, los empleados y burócratas que hacen funcionar los servicios sociales son también pagados para desempeñar su función. El infinito despliegue de analgésicos, tranquilizantes y medicamentos de todas clases para tratar a las personas afligidas por una autoimagen desfavorable también contribuyen en gran manera a ese plan económico.

    Eykis habría podido continuar con muchos ejemplos más, pero la interrumpí.

    —Se diría que hablas de una conspiración para mantener neurótica a la gente a fin de sostener la economía — comenté.
    —Esto es lo que me confunde —replicó ella, pasando por alto la palabra «conspiración»—. La neurosis mantiene en vida vuestro sistema. Cuando la gente piensa de manera conformista, todos salen a la calle y compran las cosas que hay que tener para ser igual a todo el mundo. Es una ayuda para la economía el que la gente esté convencida de que pueden comprar el atractivo sexual, y cuando se estimula la dependencia y el autodesprecio se beneficia de ello mucha gente.

    Estaba realmente convencida de la veracidad de su teoría.

    —Tienes razón en muchas cosas —admití—. Pero no creo que se trate de un plan deliberado. Puede parecerlo, pero no creo que se haya discurrido todo esto como forma de mantener altos los niveles de empleo.
    —El que sea deliberado o no, no importa. Lo esencial es lo que ocurre. Las recompensas a la conformidad son omnipresentes, ya sea en China, en África, en Europa o en Norteamérica. En nombre de la obediencia se dice a la gente cómo ha de pensar. No importa que sea obediencia al Estado, a los maestros, a una empresa o siquiera a los padres; los resultados finales son los mismos. Las personas que tienen poca o ninguna confianza en sí mismas y que carecen de ideas innovadoras, se convierten en esclavas de aquellas que dan las órdenes. Y entonces los que mandan, que están igualmente afectados de inseguridad, conspiran para crear toda una sociedad de desdichados conformistas.

    Me habló de gente a la que había visto, o sobre la cual había leído, que oprimían a los demás y defendían esa conducta diciendo Yo cumplo con mi deber», u otra excusa igualmente fácil. Eykis volvió a golpear la mesa con el puño y dijo:

    —Quien haya sido estimulado a la independencia en su manera de pensar sería incapaz de hacer cosas tan horribles a otros en nombre del «cumplimiento del deber» o del «todo el mundo lo hace», ¿no crees? Por eso creáis trabajos de conformismo y el sistema funciona. Pero quizá podríamos dejar este tema —concluyó, casi sin aliento.

    Al parecer, mi amiga había estado pensando en los regalos a los que había aludido antes.

    —Por más que lo intento —dijo al cabo de unos momentos—, no alcanzo a entender por qué actuáis de forma tan poco realista ante vuestra realidad. Muchos os ponéis enfermos sin ninguna razón real. Muchos estáis fatigados o incluso os convertís en ancianos por razones que escapan a mi percepción. Pero olvidemos esto por ahora —concluyó—. Quiero hablarte de una cosa.
    —Si, dime —la animé—. Me has hablado de una propuesta, o de no sé qué regalo para la Tierra. Haré lo que me pidas.
    —Por el momento, debemos dejar de pensar en lo que no funciona y en las razones de que así sea. En el poco tiempo que nos queda, debemos dirigir nuestro pensamiento y energía a las soluciones. A las posibles maneras de que funcione mi propuesta. Esta noche pensaré un poco más en ella, y mañana podremos discutirla.

    Yo no tenía idea de lo que planeaba. Eykis había hablado repetidamente de la necesidad de pensar en términos de soluciones, más que de problemas, y estoy seguro de que nuestras prolongadas discusiones de los dos días anteriores le habían ayudado a ordenar sus ideas. Ahora veía nuestros problemas y entendía cómo pensábamos, sentíamos y actuábamos.

    ¿Qué podía ella ofrecer a todo un planeta? Cuando nos separamos aquella noche, había aumentado mi amor por ella. Empecé a pensar que Eykis tenía que marcharse dentro de pocos días, y hube de rechazar este pensamiento. La idea de no volver a verla me resultaba dolorosa, y no quería estropear aquel momento con mi angustia. Además, me dije a mí mismo riendo, conectaré los antipreocupación a las terminales adecuadas y los cambiaré. Cuando Eykis se marchó, me di cuenta que habíamos pasado casi todo el día en una pequeña cala artificial, sentados en un duro banco, sin que yo hubiera sentido ni un momento de incomodidad. Según se alejaba, tuve la certeza de oírla murmurar una y otra vez lo que había dicho con tanta claridad pocos momentos antes: «¿Por qué reaccionan de una manera tan poco realista ante su realidad? Nosotros podemos arreglar esta situación, si nos dejan».


    6
    La propuesta de Eykis


    Pasé aquella noche dando vueltas en la cama, haciendo trabajar mi mente a pleno rendimiento. No quería malgastar durmiendo unos momentos preciosos. Mi vida se había visto profundamente afectada por aquella mujer notable. Eykis era una especie de gurú. No la clase de gurú ante quien uno se arrodilla en busca de revelaciones. Era todo lo contrario. Era una diosa del sentido común, que le pedía a uno, en un lenguaje simple y objetivo, desprenderse de sus gafas oscuras y ver por sí mismo los errores de su vida.

    Su clara lógica y sus observaciones maravillosamente sensatas me hacían contemplarme a mí mismo y a mi mundo con ojos nuevos, con una mirada bien enfocada, sin la miopía de las costumbres y del pensamiento corriente. Eykis me estaba despertando, a mí, que siempre me había enorgullecido de mi «actitud consciente». Yo era ahora mucho más consciente de la cantidad de cosas que había dado por sentadas, aceptándolas, sencillamente, como la manera de pensar propia de la Tierra. Estaba empezando a poner en tela de juicio lo que pocos días antes consideraba «natural». Mi mente rebosaba de pensamientos nuevos y de formas de expresar lo que había empezado a aprender de Eykis. Me dormí, por fin, preguntándome qué regalos me ofrecería a la mañana siguiente mi extraordinaria amiga.

    —¿Qué te parecería una forma de pensar completamente nueva? —me preguntó Eykis el próximo día, en la cafetería donde habíamos convenido encontrarnos.
    —¿Qué quieres decir con una forma de pensar completamente nueva?
    —Supón que yo pudiese proporcionar a los habitantes de la Tierra, a todos, una forma completamente nueva de percibir su realidad. Te estoy hablando del mayor regalo que se puede imaginar: la oportunidad de conectar directamente con vuestra realidad, de manera tal que sean eliminados prácticamente todos los llamados problemas a que os enfrentáis.
    —Pero, ¿cómo? ¿De qué modo? —pregunté con impaciencia.
    —He estado pensando en eso mucho tiempo, a la manera uranita. Casi todos vuestros problemas nacen de la manera en que enseñáis a pensar a vuestros hijos. Si queréis conseguir algún día una verdadera evolución como pueblo, tenéis que romper de alguna manera la «cadena de pensamiento» que os mantiene prisioneros. Creo que yo podría dar a tu gente una oportunidad de entrar en contacto directo conmigo y con mi manera de pensar estrictamente realista. Sólo eso puede capacitaros para hacer de la Tierra el lugar que fue destinada a convertirse.
    —¿Cómo sabes tú en qué está destinada a convertirse la Tierra? —le pregunté, con el solo fin de que continuara hablando.
    —Pues pensando en lo que sería mi propio planeta si a nosotros no nos frenase nuestra realidad. Los uranitas no nos mostramos autodestructivos ni neuróticos sin un fin positivo. Es nuestra realidad lo que nos hace ser lo que somos. Si allí gozásemos de vuestras ventajas, las posibilidades que tendríamos de vida creativa y de realización personal serían inmensas. Puesto que evidentemente no puedo alterar mi realidad sin ayuda ajena, quizá me quepa ofrecer a tus congéneres la posibilidad de vivir felices y a gusto en la de ellos.
    —Pero, ¿no estamos nosotros cambiando nuestra realidad al no vivir en ella?
    —Pues claro que no —replicó ella vivamente—. Vosotros, los terrícolas, seguís viviendo cada día dentro de vuestra realidad. Es una condición de vuestra existencia. Pero os engañáis pensando según fórmulas que tienen poco que ver con esa misma realidad. Es como si no os gustase lo que existe y por ello inventaseis nuevos modos de pensar, para ayudaros a imaginar que la vida es lo que querríais que fuese, y no lo que verdaderamente es.

    Le di la razón, aunque a veces me costaba unos momentos de gimnasia mental comprender por qué estaba de acuerdo con ella.

    —Muy bien, así que la realidad es lo que es, y no somos realistas cuando creamos maneras de imaginar que es de otro modo.
    —Cierto —dijo Eykis—, pero creo que podríamos poner algún remedio a eso. ¿Estarías dispuesto a ayudarme?
    —Haré todo cuanto esté en mi mano, lo que sea — declaré.
    —Estupendo. Mira, he pensado lo siguiente. Me gustaría convocar a representantes de máximo nivel pertenecientes a varios campos de la actividad humana. Quiero que informes a tu gobierno de mi llegada y prepares una reunión de todo un día con representantes de varios sectores de vuestra sociedad, a escala mundial. Me presentaré a esas personas y les hablaré de mí y de nuestras respectivas visitas de estudio. Les expondré que hemos pasado unos días juntos en Urano, y lo que tú has descubierto; por qué decidí yo acompañarte a la Tierra, y lo que yo he observado de incógnito en vuestra civilización. Los delegados presentes en la reunión podrán hacerme cuantas preguntas deseen. Mi orientación hacia la realidad impedirá que yo desfigure lo que he visto, y podré dar a sus preguntas respuestas completamente fiables. Como soy incapaz de decir nada que se aparte de lo real, ellos podrán poner en práctica las conclusiones de esa conferencia. Así recibiréis, antes de mi marcha, el mejor regalo que pueda dejaros.

    Me seducía la idea de una conferencia sobre la realidad a la que asistieran representantes de diversas ramas de la actividad humana.

    —Pero, ¿qué ocurrirá silos gobiernos se niegan a participar, si deciden nombrar una serie de comités para estudiar tu propuesta, o para estudiarte a ti recurriendo a los detectores de mentiras, a investigaciones legislativas, al análisis psiquiátrico, etcétera, que es nuestra manera de hacer las cosas? Te meterán en una cárcel, o en un zoológico, y te observarán como si fueses un bicho raro.
    —Eso es cosa tuya —declaró ella, al parecer no preocupada por la burocracia terrestre—. Tú tienes que explicarles que esas opciones metodológicas no les servirían de nada. Ambos sabemos que yo puedo volver a Urano en cuanto quiera, a pesar de cualquier protesta por parte de los terrícolas. Tú sabes que yo soy incapaz de estudiar un problema en un comité, que sólo soy capaz de trabajar sobre las posibles soluciones. Y que igualmente soy incapaz de centrarme en lo que no se ha hecho o en lo que no habría debido hacerse. Yo siempre me centro en el HACER. Tendrás que convertirte en un humano perteneciente a la primera de las tres categorías que be observado.
    —¿Qué tres categorías? —le pregunté, cada vez más intrigado.

    Nunca La había oído hablar de aquello.

    —Perdona, pensé que te lo había explicado. En mi investigación he descubierto en la Tierra tres clases de seres humanos: los que dicen «Vamos a hacerlo», los que dicen «No puede Ser», y en tercer lugar, la categoría más numerosa, los que dicen «¿Qué ha pasado?» Tú tendrás que situarte en el primer grupo, y hacer cosas. Habrás de explicarles a esos delegados esa opción cero. Puedes mostrarles las pruebas que tienes, poner tus cartas boca arriba; y celebraríamos la conferencia el sábado, poco antes de mi regreso a Urano. Yo pienso seguir mi programa ocurra lo que ocurra. Si los delegados rechazan las cosas que tengo que ofrecer, te las daré a ti para que las distribuyas como quieras. Ésa es mi propuesta. Su fin es ayudar a la gente de la Tierra a cambiar su pensamiento a fin de que puedan mejorar su mundo y hacerlo funcionar bien. El pensamiento es el origen de todas las dificultades con que tropezáis, las grandes y las pequeñas. Los problemas que surgen en la política, la religión, la educación, la familia, los negocios, el ejército, la sociedad, la medicina, y todas las demás actividades humanas Son debidos al pensamiento irreal autoprogramado. Yo puedo intentar al menos dejaros unas nuevas formas de pensar que, en último término, pueden acabar con los problemas que han afligido a vuestra especie a lo largo de los tiempos. ¿Crees que podrás organizarlo así?
    —Pues, para serte sincero, no creo que sea tan fácil como imaginas el esquivar la complejísima burocracia que supone una empresa semejante. ¿Sabes?, en la Tierra preferimos estudiar los problemas a enfrentarnos a ellos. Eso reza sobre todo para los dirigentes. Pero te aseguro que lo intentaré, ya lo creo, y si tropiezo con los obstáculos a que estoy acostumbrado, puedo tomar el asunto en mis manos y representar yo, como un actor, a los dirigentes del mundo. Eso requeriría una cierta cantidad de investigación, pero conseguiré hacerla en los próximos días, y después podría filmar tus respuestas. En cualquier caso, me interesa muchísimo tu propuesta, Eykis, y me ocuparé de que llegue a mis congéneres, contra viento y marca. ¿Te basta con eso? —pregunté, esperando que no la entristeciese mi valoración realista de cómo responderían a su ofrecimiento los dirigentes de nuestro planeta.
    —¡Oh, has tenido una idea magnífica! —exclamó, sorprendiéndome con su disposición a cambiar de planes. Hagámoslo así. Te ahorrarás innumerables sesiones de persuasión, y tendrás siempre en tu poder las respuestas estrictamente realistas, que podrás usar de la manera adecuada. Dispondrás de sólo dos días para reunir las preguntas, y debes ordenarlas según lo que desearían saber los varios dirigentes, cuidando que no influya en ellas lo que has percibido durante el tiempo que hemos pasado juntos. La esencia de esta encuesta filmada debe ser el pensamiento. No nos proponemos destruir ninguna institución ni cuestionar ninguna de las realidades físicas de la Tierra. Recuerda que éstas son absolutamente perfectas, y recuerda también que, aparte de algunas pequeñas diferencias, son el duplicado exacto de mi realidad uranita. Nosotros nos centraremos en el mundo interior del pensamiento y de las actitudes que dan lugar a los problemas, como vosotros los llamáis.
    —Pero, ¿a qué aspecto del pensamiento y las actitudes terrícolas debo consagrarme durante nuestra última sesión? Te he oído decir que sólo nos «equivocamos» al pensar en forma autodestructiva o neurótica. Reconozco que me has dado muchos ejemplos del razonamiento incorrecto de los neuróticos, pero necesito conocer los componentes de nuestro pensamiento a fin de simular preguntas y respuestas de dirigentes de todos los ámbitos de nuestro mundo.

    Precisaba unas pautas que me ayudasen en mi tarea. Y, como no podía ser menos, Eykis me proporcionó un programa detallado que me capacitaría para emprender mi trabajo de la manera más eficaz e interesante posible.

    —Además de ser «incorrecto», buena parte de vuestro pensamiento está desenfocado. En consecuencia, practicáis razonamientos confusos, que dan lugar, en último término, a ideas autodestructivas.
    —¿En qué terrenos es más evidente ese pensamiento desenfocado? ¿Cómo se manifiesta?
    —Buena parte del pensamiento terrícola da lugar a una ilusión de felicidad que persiste durante toda una vida. Por ejemplo, la mayor parte de la gente se contenta con las apariencias, y con la cantidad en lugar de la calidad, tanto en sus actitudes, como en sus sentimientos y conducta. Pero en esas apariencias que la gente busca con tanto afán no hay posibilidad de felicidad, pues la felicidad es una actividad interior. ¿Comprendes a qué me refiero al hablar de pensamiento desenfocado?
    —Pero, ¿en qué modo conduce a errores el buscar las apariencias más que la calidad? —pregunté.
    —Las personas que dirigen su vida hacia las apariencias se fijan en cómo ven los demás sus posesiones. Abandonan su sentimiento de satisfacción por lo que están haciendo, en aras de una satisfacción futura que nunca puede llegar. Viven obsesionados por la idea de cómo verán los demás sus posesiones materiales, o bien llegan a buscar la felicidad en esas posesiones. Esas dos actitudes no conducen a nada, pues la felicidad es una empresa estrictamente humana que sólo puede ser vivida interiormente. Ni la cantidad de nuestros bienes ni los elogios que recibamos por ellos pueden proporcionarnos felicidad ni realización de ningún género. Por lo tanto, quienes buscan apariencias del tipo que sea con la esperanza de lograr felicidad, se equivocan por completo.
    —¿Y tú crees que la calidad del pensamiento un individuo puede conducir a la felicidad? —indagué.
    —Bueno, en primer lugar quiero que entiendas que no existe un camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Y la felicidad estriba en cómo decide uno pensar en cada momento de su vida. Cuando se piensa felicidad, se es feliz, al margen de lo que se esté haciendo o de cuál sea nuestra realidad del momento.
    —¿Luego tú crees que se puede ser feliz en cualquier momento, al margen de nuestras circunstancias de ese momento? —pregunté.
    —¡Pues claro! En cualquier momento puede uno elegir el pensamiento-felicidad, y en eso, precisamente, consiste la felicidad. Yo no pido a la gente que finja ser feliz cuando no lo es. Simplemente, creo que, ya que vosotros, los terrícolas, podéis elegir siempre lo que pensáis en cualquier momento, os cabe reenfocar vuestro pensamiento buscando la calidad de una vivencia, más que la impresión externa que da esa vivencia a uno mismo o a los demás. Por otra parte, es evidente que los objetos que uno acumula nunca pueden dar felicidad.
    —¿O sea que tú querrías que enseñásemos «pensamiento-calidad»y no «pensamiento-apariencias»? —le sinteticé.
    —Yo sólo digo que el pensamiento-apariencias lleva al pensamiento erróneo, y este último surte efectos desastrosos, a todos los niveles, sobre vuestra cultura. Educar a las personas en términos de calidad desde la misma infancia, permitiría crear futuras generaciones de personas orientadas hacia la calidad más que hacia las apariencias.
    —Pero, ¿cómo podríamos hacer eso en nuestro mundo, tan encaminado al lucro? —protesté ante la simplicidad de sus razonamientos.
    —Pregúntamelo el sábado —contestó, recordándome amablemente nuestra cita.
    —Has dicho que había otras formas de pensamiento confuso que daban lugar a los terribles errores de pensamiento que padecemos.
    —Sí, desde luego. Uno de ellos es que, en lugar del pensamiento ético, hacéis hincapié en el pensamiento-normas, e incitáis a vuestros jóvenes a imitaros.
    —Ética contra normas? —repetí.
    —Sí. Una persona que piensa en las normas es una persona que hace lo que le dicen, sin atender a la situación — dijo ella sin rodeos.
    —Pero las normas son necesarias —protesté—. Sin ellas se derrumbaría toda la sociedad. Por ejemplo, una norma es detenerse ante un semáforo en rojo. Imagínate lo que pasaría si la gente no lo respetase.
    —¿Por qué te detienes tú ante un semáforo en rojo? — preguntó.
    —Porque, si no lo hiciera, contravendría la ley, y además, seguramente, me pondrían una multa, o bien, peor aún, provocaría un accidente.
    —¿Quieres decir que si mañana se aprobase una ley nueva según la cual fuese legal pasar los semáforos en rojo, tu los pasarías.
    —¿Cómo? —fue cuanto pude decir.
    —La verdadera razón por la que te detienes ante la luz roja es que sería inmoral hacer lo contrario. El arriesgar tu vida o la de los otros es inmoral. —dijo. —Pero deberíamos hablar de cosas más importantes que las normas de tránsito.
    —Tú has elegido hablar de semáforos en rojo, no yo — me recordó—. Además, eso también podemos dejarlo para el sábado. Estoy segura de que tus especialistas estatales y de la docencia tendrán mucho que decir sobre la necesidad del pensamiento orientado hacia las normas.

    Anoté eso para recordarlo en el curso de mi investigación.

    —El pensamiento orientado hacia las normas sitúa la responsabilidad de la conducta más en la norma que en el individuo. Cuando se atribuye a las normas, leyes y reglas la causalidad del pensamiento humano, la moral debe pasar a segundo término. Cuando la gente basa su conducta en lo que los demás les dicen que es correcto, el pensamiento ético es casi imposible, y otra vez queda asfixiada la posibilidad de satisfacción y de felicidad.
    —¿De qué modo?
    —¡Aquí, en la Tierra, tenéis hasta «horas felices»! Eso significa, supongo, que hay otras horas que no pueden ser felices. Necesitáis una regla que os diga cuándo podéis ser felices, y una cierta cantidad de bebida barata para aseguraros de ello. Vuelvo a repetir que la felicidad es un fenómeno interior, y que las normas son fenómenos exteriores. La ética, en cambio, es un conjunto de normas interiores que nunca permiten a una persona comportarse de un modo dañino para las demás.

    El día que nos conocimos, Eykis ignoraba el significado de la palabra «dañino». Ahora lo conocía perfectamente.

    —¿De modo que el enseñar a las personas el pensamiento ético les acostumbraría a pensar por si mismas?
    —Sí, siempre y cuando ese pensamiento se basara en la verdadera ética. Quedaría eliminada la necesidad de tantas normas para casi todos los momentos de vuestra vida. Vosotros tenéis reglas prácticamente para todo, incluido cuándo podéis tomaros una cerveza, cómo os castigará Dios si no obedecéis las leyes, e incluso las asignaturas que debéis elegir en la escuela. ¿ Cómo puede nadie aprender a tomar decisiones por si mismo, si todas las decisiones están ya tomadas por las normas y las reglas en las que tanto os apoyáis? —preguntó.

    Yo hice lo que hacía siempre cuando no podía darle una respuesta sensata: respondí a su pregunta con otra pregunta.

    —Con esto van dos. La calidad en lugar de la apariencia, y la ética en lugar de las normas. ¿Algo más?
    —Sí, amigo mío. He observado que la mayoría de los terrícolas sustituyen en su pensamiento la integridad personal o autoridad por el dominio.
    —¿En qué se diferencian el pensamiento de dominio y el pensamiento de autoridad? —pregunté.
    —Muy sencillo. El pensamiento de dominio significa querer oprimir o sojuzgar a los demás. Buena parte del pensamiento que he observado entre vosotros se encamina al sometimiento de los demás, ya se trate de una nación que busca someter a otra, de padres que quieren someter a sus hijos, o de cónyuges que quieren someterse el uno al otro. Existe casi una obsesión universal por sojuzgar y dominar. Cuando el pensamiento se encamina a ver hasta qué punto puede uno dominar a los demás, no puede centrarse en la felicidad personal y en la autonomía. Como ya hemos establecido que la felicidad es un hecho interior, resulta que el pensamiento exterior o pensamiento de dominio lleva, en último término, a esta conclusión errónea: «Si consigo que la gente que me rodea sea como yo quiero, o incluso como soy yo, seré poderoso y, por tanto, feliz». —Así, pues, ¿en qué consiste el pensamiento «autoridad» o de «integridad», como tú lo defines?
    —Pues es todo lo contrario —declaró ella—. Es un proceso interior y no exterior. Una persona dedicada a incrementar su autoridad sobre sí misma, a hacerse más dueña de sus actos, a la capacidad de compartir ese dominio con otros, no busca dominar a nadie. Una persona así utiliza sus procesos mentales sólo para ser, y para permitir que sean también los que la rodean. No se entromete en la vida de nadie. Pretende sólo aprender de los demás, y no arbitrarlos o manipularlos. Ése es el pensamiento de integridad, y la persona que lo practica no necesita buscar la autoridad dominando a los demás, pues la tiene automáticamente. Quienes buscan la autoridad mediante el dominio demuestran carecer de la cualidad cuya posesión se empeñan en demostrar.
    —Pero, ¿y nuestros enemigos, aquellos que quisieran dominarnos a nosotros? ¿No debemos mostrarles que nos negamos a ello? —pregunté.
    —Otra vez es tu pensamiento de dominio el que te lleva a preguntar eso. Yo pienso globalmente. No hablo de ti como opuesto a «ellos». Todo el mundo debe ser educado para orientar su pensamiento hacia la integridad personal, y para acabar definitivamente un día con el concepto de enemigo. Mientras penséis en términos de nosotros/ellos, podréis cargar al enemigo la culpa de vuestros pensamientos de dominio. Pero también dejaremos eso para el sábado. Estoy segura de que saldrá a colación muchas veces. Hay otras dos ideas propias del pensamiento miope, y habrás de tenerlas en cuenta cuando prepares el programa del sábado, aunque coinciden en parte con las tres que acabo de exponer. La mayoría de los terrícolas mostráis un «pensamiento orientado al logro», como opuesto al «pensamiento orientado al conocimiento». En consecuencia, muchos terrícolas viven en el error y acaban neuróticos e insatisfechos.

    »El terrícola no acepta el tipo de pensamiento que busca el conocer por el simple interés de conocer. No le encuentra mucho sentido al conocimiento que no sirve para conseguir cosas. Por eso se da el supremo absurdo de estudiantes que compran notas sin preocuparse de adquirir ningún conocimiento de la asignatura en cuestión. Ese pensamiento encaminado a la obtención de cosas es otro camino que no lleva a ninguna parte.

    —¿Por qué? —la interrumpí, sólo para patentizarle que seguía su razonamiento.
    —Porque los logros son algo exterior, y la felicidad es algo interior. Una buena nota y la comprensión de un poema son dos cosas que no guardan relación alguna, y a pesar de ello, la mayor parte de la gente estudia poesía por la nota que va a conseguir. La utilidad de la comprensión de un poema no puede ser expresada en términos de logro, aunque esa lógica escapa a la mayoría de los terrícolas. Según el «pensamiento-conocimiento»’, cualquier cosa que se aprende puede beneficiar al sujeto y enriquecer su vida. Según el «pensamiento-logro», la persona debe poder medir, pesar o aplicar lo que estudia, y ello se manifestará más adelante, cuando recoja los frutos de su estudio o actividad. Pero si más adelante eso no llega —y en la Tierra no llega nunca, porque vosotros sólo tenéis el AHORA—, resulta que vuestro pensamiento-logro no ha servido para nada. Con el pensamiento-conocimiento, es decir el pensamiento por la pura alegría del conocimiento y todo lo que éste ofrece, la persona nunca puede ser infeliz ni sentirse desengañada, porque las recompensas interiores que obtiene son el mismo pensamiento, el sentimiento y la conducta en sí mismos. Espero que podamos ayudar a tu gente pasar del pensamiento-logro al pensamiento-conocimiento.
    —Pero, ¿no disminuirán entonces nuestras grandes conquistas? —le pregunté a Eykis, con verdadero temor.
    —Lo cierto es que las personas que persiguen el logro están destinadas a sentirse insatisfechas. Y lo que eso hace es reducir sus logros, precisamente lo que ellos buscan con desesperación. Pero reservemos también ese punto. Surgirán muchas preguntas en torno a él, estoy segura. Sospecho que se trata del error de pensamiento más extendido en vuestro planeta.
    —Has mencionado otro elemento de nuestro confuso pensar que nos lleva a conclusiones erróneas —le recordé
    —Sí, es un compendio de los cuatro anteriores. En lugar del pensamiento de serenidad y de paz interior, me parece que tos terrícolas están obsesionados por su mentalidad adquisitiva. El pensamiento de serenidad interior se enseña apenas en algunos lugares de vuestro planeta, por parte de ciertas religiones del Lejano Oriente, religiones de las que se ríe la mayoría de vuestra gente. Y sin embargo, el pensamiento de serenidad interior es la gran clave que está al alcance de prácticamente todos los habitantes de vuestro planeta. Cuando una persona aprende a pensar en función de su serenidad interior, apenas se ve afectada por enfermedades físicas o mentales. Vuestras personas más satisfechas las que alcanzan mayor éxito, vuestras mentes más innovadoras en todos los campos, parecen compartir este pensamiento de paz interior; sin embargo, a pocos les interesa conseguirlo. Lo que hacen, en lugar de ello, es perseguir cosas, logros, premios, trofeos, o la aprobación ajena. Si mi regalo a vuestra gente ha de servir de algo, debe ayudarles a transformar ese tipo de pensamiento. Es necesario que paséis del buscar adquisiciones al conseguir la perfección interior. Cuando alcancéis el objetivo de un sereno sentimiento de plenitud, veréis que lo adquirido será más que suficiente para reforzar vuestra serenidad. Debéis dejar de hacer las cosas al revés, dejar de intentar que sean las adquisiciones las que os proporcionen serenidad. Para expresarlo de una forma sencilla, eso último es imposible porque el pensamiento es erróneo. Bueno, nos encontraremos el sábado por la mañana, aquí mismo. Trae tus preguntas y disponte a representar tus diferentes papeles. Pregúntame lo que quieras. Yo hablaré sólo como sé hablar. Es decir, te expondré La Verdad, Vista por Eykis, la uranita. Anoté las cinco alternativas referentes al pensamiento:

    Pensamiento-calidad o Pensamiento-apariencias. Pensamiento ético o Pensamiento-normas. Pensamiento-conocimiento o Pensamiento-logro. Pensamiento-integridad o Pensamiento-dominio. Pensamiento-serenidad o Pensamiento adquisitivo. Después me marché apresuradamente, con mi cartera atiborrada de notas y cintas. Faltaban menos de cuarenta y ocho horas para el sábado. Presentía que iba a participar en el reparto de los mayores regalos que hubiese recibido nunca la humanidad. También me pregunté si llegaríamos alguna vez a desempaquetarlos. Pero, como habría dicho Eykis, el pensamiento-conocimiento nos llevaría automáticamente a los logros. Ahora, al menos, íbamos a tener el conocimiento. Yo sabía que no era posible pedir más.



    TERCERA PARTE
    LOS REGALOS DE EYKIS

    7
    Conversaciones basadas en la realidad


    Puse manos a la obra con plena conciencia de lo que quería hacer y del poquísimo tiempo de que disponía. Mi objetivo estaba claro. Tenía que proporcionar a Eykis un auditorio ante el cual ella pudiese ofrecer su especializada sabiduría a todos los habitantes de la Tierra. Yo no podía dejar pasar tan extraordinaria oportunidad sin aprovechar al máximo aquella mente abierta sólo a la realidad. Eykis se daba cuenta de lo que podía ofrecernos, y no se atribuía ningún mérito especial por ello. Era, sencillamente, incapaz de utilizar su cerebro en nada que discrepase de lo real. Ahora estaba en la Tierra, a millones de kilómetros de su hogar, dispuesta a mostrarnos su espacialísima personalidad.

    Yo deseaba invitar hasta el último de los dirigentes de todos los campos de la actividad humana, para que hablasen con ella. Aquello reportaría a la humanidad beneficios incalculables. En poco más de una semana Eykis había transformado mi manera de pensar. A raíz de nuestro encuentro, me había convertido en una persona mejor, más feliz, y el haber pasado unos días hablando con ella había hecho de mí una persona infinitamente más perspicaz y sensata. Me llenaba de euforia la proximidad de una experiencia muy intensa, la perspectiva de exponer a unas cuantas personas importantes a la influencia de mi distinguida amiga. Pero también conocía bien la realidad que iba a presentarnos. Disponíamos de un sólo día para recoger los regalos que iba a ofrecernos. Eykis se había negado en redondo a entrar en discusión alguna o a aceptar fastidiosos obstáculos burocráticos de ninguna especie. No le interesaba en absoluto ser juzgada ni participar en inútiles disputas con escépticos de mente estrecha. Yo había descubierto rápidamente que, cuando Eykis había dejado claro un punto, no alargaba la exposición insistiendo en él una y otra vez. Simplemente, decía lo que quería decir, en un lenguaje sincero y objetivo, y después, mientras aún me acicateaba el deseo de discutir, ella abandonaba el tema, sin contemplaciones. Eykis no se entregaba a la perorata ni al alegato emocional, ni mucho menos al sofisma.

    Habíamos discutido las normas básicas para la simulada conferencia de prensa del sábado. El número de participantes sería limitado a representantes del más alto nivel de teóricos y dirigentes de cinco campos distintos de la actividad humana. A cada uno de esos representantes se le concederían treinta minutos para preguntar o discutir lo que le interesara. Eykis respondería a todas las preguntas, sin restricciones ni limites. Cada participante podría elegir entre dialogar con ella o simplemente formularle preguntas, y yo debía preparar ocho horas seguidas de filmación en video para registrar hasta la última palabra de aquellas conversaciones o entrevistas. Al final, Eykis hablaría de varios puntos interesantes dirigiéndose a toda la audiencia. Después, a modo de conclusión, expondría a todos los que ella denominaba Secretos del Universo. Esos llamados secretos constituirían su regalo final para nosotros y, aunque se había referido a ellos varias veces durante nuestras discusiones, yo no sabía aún en qué consistían.

    Lo más difícil, para mi, era mi grado de participación. Yo debía desempeñar los papeles de los cinco dirigentes como si estuviese realmente viviendo en la mente y el cuerpo de cada uno de ellos. Sin perder tiempo, dediqué los dos días siguientes preparándome para la conferencia de prensa del sábado. Me sobrecogía la idea de lo que aquella película podía hacer por los habitantes de nuestro planeta. Al mismo tiempo, algo me atemorizaba. El pensamiento de Eykis era profundo, pero ella lo expresaba con gran sencillez, y yo temía que pudiese ser desdeñada por ingenua. Pero decidí no «preocuparme» por eso. Casi todos los grandes pensadores y creadores históricos han pasado ante sus contemporáneos por bobos e ingenuos. Recordaba yo que todos los grandes cerebros de que tenía noticia habían tropezado con la oposición constante de pensadores mediocres. Aun cuando todo el mundo desdeñase por el momento los regalos de Eykis, quizá llegaría el día en que los valorase. El mismo Jesucristo fue objeto de burlas en su tiempo, y los antiguos griegos obligaron a Sócrates a suicidarse porque hablaba demasiado, ellos, que habían inventado la democracia! Ya no había tiempo para pensar cómo sería recibida Eykis. Mi deber era cuidar de que pudiese damos todo lo que deseaba. Dejaríamos las críticas a los críticos.

    Mientras elaboraba mis preguntas, recordé que Eykis no había querido saber qué papel desempeñaría yo en cada momento, ni siquiera cuándo iba a pasar de un papel a otro. Me había dicho: «No necesito prepararme para ser yo misma». El sábado grabarás las verdades de Eykis. Haz lo que quieras, pregunta lo que desees, utiliza cualquier plan, o ninguno. El caso es hacerlo.

    El sábado por la mañana Eykis llegó muy puntual. Parecía maravillosamente animada y ansiosa por comenzar.

    —Parece que estás preparado —me dijo—. Si lo tienes todo a punto, empecemos. Procuremos que resulte natural y agradable para ambos.

    Su actitud resultaba tranquilizadora. Era evidente que quería hacer por que me sosegase, pues yo estaba hecho un torbellino de actividad.

    —Ya está ordenado casi todo —anuncié—. Por cierto que me alegro muchísimo de verte. Te he echado mucho de menos estos dos días, pero estaba tan ocupado pensando y preparándome para esto, que el tiempo me ha pasado volando.

    Me dirigió aquella mirada irónica que tan bien había llegado yo a entender. Estaba seguro de que ella no comprendía realmente lo que significaban las palabras «te he echado de menos», pues fue en ese momento cuando pareció desconcertada. Sin embargo, Eykis había aprendido también a no pedirme cuentas por aquella clase de expresiones, pues su breve estancia entre los terrícolas la había acostumbrado a nuestras extrañas maneras. En Urano la gente no decidía echarse de menos unos a otros cuando estaban temporalmente separados. Preferían ocuparse del momento presente, y no valoraban el amor según el baremo irreal del «echarse de menos». Mi amiga ya me había hablado de eso en una ocasión, explicándome con detalle cómo se conseguía en Urano ese contacto con el «ahora». Ella vivía totalmente inmersa en el momento presente.

    —En primer lugar, vamos a hablar de religión
    —le anuncié—. Tengo varias preguntas que hacerle sobre la manera en que practicamos la religión aquí, en la Tierra. Pero, antes de pasar a ese tema, quisiera saber cómo es la religión en Urano y qué lugar ocupa en su propia vida personal —dije, procurando meterme en mi papel de dirigente religioso con todo el fervor que ello requería.
    —¿Qué quiere saber sobre mi manera de vivir la religión? —respondió.
    —Bien, pues, en primer lugar, ¿es usted una persona religiosa?
    —Sí, me considero muy religiosa —contestó Eykis inmediatamente.
    —¿Cree en la existencia de un ser supremo, creador del universo?
    —La estimo muy posible, aunque sinceramente no puedo decir que lo crea. No lo sé. En Urano nadie lo sabe. Pero sin duda es posible. Yo no me preocupo por si lo creo o no. Valoro mi planeta y el universo; y vivo en ellos con toda la moralidad que me es posible. No me preocupa cuál fue el principio del universo; lo que me interesa es disfrutarlo y convertirlo en un lugar mejor para todos.
    —¿Cómo sabe usted lo que es moral si no cree en la existencia de Dios? —pregunté.
    —Cuando digo que no creo, no descarto en absoluto la posibilidad de la existencia de Dios. Es muy posible, incluso muy probable, que exista un Dios, y yo no me cierro a esa probabilidad. Pero es algo que ignoro, sencillamente, y por eso no utilizo la palabra «creer» en el sentido que le da usted. Por otra parte, la moral está bien definida en Urano. No es en absoluto un concepto religioso.
    —¿Cómo se definiría la moral de Urano?
    —Es muy sencillo: cualquier conducta que no estorbe el derecho de otra persona a vivir como desea, es una conducta moral —respondió.
    —Pero, ¿cómo puede decir semejante cosa, cuando ustedes emplean disgustadores, activadores de rebobinado y cosas por el estilo?
    —Ésa es nuestra realidad, escapa a nuestro arbitrio y no tiene nada que ver con la moral, de la misma manera que los DC-1O y los Skylabs forman parte de su realidad. Ustedes saben cómo producirlos y los producen, a pesar de que esas realidades ocasionan muertes. No consideran inmorales a las personas que las han inventado, que las fabrican o que las hacen funcionar. Una vez incorporadas a su realidad no pueden eliminarlas de un plumazo Existen porque existe el conocimiento necesario para crearlas. Pues bien, los disgustadores forman parte de nuestra realidad y no se diga más. En Urano, el estar disgustado no se considera malo, porque es una condición de nuestra realidad. Sería como decir que los tiburones son inmorales porque comen peces pequeños. Ésa es la realidad concreta de los tiburones, y no debe ser confundida con la realidad abstracta.
    —¿Cómo pueden saber lo que está bien y lo que está mal si carecen de una religión que les oriente? —proseguí.
    —La moral no tiene nada que ver con lo que está bien y lo que está mal; la moral es lo que he señalado hace un momento. Además, en la Tierra el bien y el mal no existen independientemente de la disposición del hombre a aplicar esas etiquetas —sentenció Eykis.
    —Pero nosotros distinguimos un bien y un mal — protesté, como imaginaba que habría hecho el dirigente religioso al que representaba—, y alguien tiene que mantener esos principios.
    —Ustedes cuentan con personas, personas religiosas y otras, que definen lo que es el bien y el mal, pero eso no significa que éstos existan.
    —Pero el matar, por ejemplo, es un crimen.
    —Excepto cuando se declaran guerras unos a otros. Entonces, matar es correcto y moral —dijo Eykis sin malicia aparente.
    —Pero la guerra es una excepción —repliqué.
    —Entonces también lo es decir que el matar es un crimen —afirmó—. Aquí en la Tierra, no existe moral aparte de la definición de la moral que hace el hombre según su conveniencia. Así es en la actualidad, y así ha sido siempre durante toda su historia.
    —¿Qué sugeriría usted para ayudar a la gente a ser más moral según su definición? —pregunté.
    —Lo único que puede hacer la gente es mirar dentro de sí misma. Se les puede educar para que piensen de una manera ética en lugar de pensar en las normas. La obediencia ciega a normas y leyes, sólo porque el sujeto pertenece a algún grupo religioso, puede conducir, y conduce, a actos tremendamente inmorales.
    —¿Tales como?
    —Tales como las guerras en nombre de la religión que se han producido en Irlanda, Irán, Irak, Siria y el resto de su mundo. Matar en nombre de la religión no deja de ser matar, aunque se denomine patriotismo o deber religioso. Si se acostumbrasen, y sobre todo si acostumbrasen sus jóvenes, a pensar éticamente, nunca recurrirían a matar por razón alguna. Y de ese modo elevarían sus principios morales ayudando a los individuos a pensar por sí mismos de una manera ética y autónoma. Un ser humano que creyese en la moral nunca aceptaría matar si considera inmoral ese acto. Y, si cada individuo utilizase su inteligencia y su conciencia para adoptar una actitud moral personal sobre el hecho de matar, no habría nadie que ordenase matar ni tampoco nadie que ejecutase esa orden —concluyó Eykis con vehemencia.
    —Pero, ¿no es utópico imaginar que, dadas esas condiciones, todo el mundo observaría una conducta moral? — pregunté.
    —La moral es una cuestión individual, no una cuestión de todo el mundo. Cuando ustedes enseñen y practiquen en todo su mundo el no matar, verán aparecer individuos que decidirán no matar. Sólo entonces tendrán ustedes una moral. A pesar de toda su retórica en el sentido contrario, en su planeta no existe un bien y un mal. Sólo existen individuos que colocan esas etiquetas. La función de un dirigente religioso y moral debería ser la de estimular a no matar, en lugar de ir a consolar a quienes luchan en las guerras. Sus iglesias deberían Sentirse gravemente ofendidas por las violaciones de la moral, en lugar de participar en crímenes que sólo condenan de palabra.
    —¿Le parecería bien que la gente de la Tierra creyese en Dios?
    —Son libres de hacerlo, si así lo desean. Lo que sí les diría es que dejen de pedirle a Dios lo que podrían hacer ellos mismos.
    —¿Por qué le pide eso a Dios la gente de aquí? — pregunté.
    —Porque tienen miedo de ser Dios. Quieren que otro les solvente las cosas. Utilizan la oración como medio para comunicarse con Dios, y prácticamente en todas las oraciones se pide a Dios que convierta el mundo en algo diferente de lo que es.
    —¿Cómo se le pide eso? —quise saber.
    —Fíjese en las oraciones que invocan ustedes. Señor, te ruego que resuelvas mis problemas. «Señor te ruego que ayudes a mi familia». «Señor, ayúdanos a ganar ese partido de fútbol«». Ésas son las plegarias de quienes pretenden que Dios haga las cosas en su lugar.
    —¿Qué forma daría usted a esas plegarias, Eykis?
    —Yo buscaría dentro de mí fuerzas que aliviasen el sufrimiento del mundo. Me pediría a mí misma un esfuerzo más, un paso más, y procuraría dejar de lamentarme y aceptar el mundo tal como es. Si quisiera atribuir a Dios el mérito de haberme concedido el libre albedrío, pues muy bien, pero yo no olvidaría lo que significa precisamente el libre albedrío. Y éste no tiene nada que ver con pedirle a Dios que haga cosas en mi lugar.
    —¿Así que usted cree que nosotros hemos convertido a Dios en un ser exterior a nosotros, a quien atribuimos méritos o culpas?
    —No sólo han convertido a Dios en un ser exterior, sino que han convertido la religión en un hecho exterior. Incluso miden la religiosidad de las personas por cosas que poco tienen, que ver con la verdadera religiosidad, por ejemplo su asistencia a la iglesia, sus recitaciones memorísticas de textos bíblicos que no comprenden, su actitud ante la regulación de la natalidad, los símbolos que veneran, etcétera. Un día oí a un hombre decirle a un amigo lo bien que le iba asistir a misa los sábados por la tarde, en lugar de los domingos por la mañana, porque así «se quitaba la misa de encima». El quitarse de encima los servicios religiosos no es buena señal cuando se pretende cultivar la integridad y la moral individual. De hecho, es precisamente lo contrario de lo que en un principio se quería conseguir.
    —¿Por qué dice usted que es lo contrario? —indagué.
    —Lo que han hecho con la religión en su planeta es tergiversar completamente lo que en un principio fue una forma de ayudar a la humanidad a mirar en su interior y, a través de eso, desarrollar los principios personales de conducta que convertirían el mundo en un lugar mejor. La religión se ha convertido en un catecismo de culpabilidad, preocupación, temor y ansiedad. Como usted sabe, yo veo en todo eso el resultado de un pensamiento incorrecto. El hombre ha utilizado la afiliación religiosa para expresar sus propios pensamientos erróneos, autodestructivos, sus ansias de poder, y después ha denominado «religión» a la conducta resultante. Sus colegas religiosos han utilizado casi constantemente el nombre de Dios para fines inmorales. En su planeta no se puede leer un periódico sin ver pruebas de ello. ¡Se producen guerras y ejecuciones en nombre de Dios! ¡Se efectúan asesinatos y robos, secuestros de aviones y actos de terrorismo, todo en nombre de Dios! —exclamó.
    —Pero los responsables de todo eso son obcecados, fanáticos —protesté—. No todos los dirigentes religiosos aprueban esas actividades.
    —Eso depende de quien coloque las etiquetas. —apuntó ella—. En sus guerras tienen ustedes a sacerdotes católicos, pastores protestantes, intérpretes del Islam y rabinos, que rezan para que Dios ayude a los suyos a matar más enemigos. Los que están de un lado exhortan a sus seguidores a considerar inmorales a todos los demás. Y no hablo únicamente de las guerras. Cuando ustedes les dicen a sus jóvenes: «Esto es lo que Dios quiere que hagáis», o bien «Si no vais a la iglesia, iréis al infierno», o «Complaced a Dios tal como nosotros queremos que se le complazca», les están quitando el libre albedrío de que hablábamos. Todo lo que incita a la gente a actuar con obediencia ciega a la autoridad, constituye una invitación a adaptarse y a comportarse como lo ordenan los denominados representantes de Dios. Cuando la conducta externa se convierte en el «bien», la califican ustedes de religiosa y la aplauden, y cuando esa conducta da lugar a guerras, a la obediencia ciega, al robo o a otras cosas, o bien no se preocupan por ello y lo denominan excepción necesaria, o bien lo castigan, según les convenga.
    —Pero, ¿no cree usted que habla con demasiada dureza de la religión? No me negará que cumple una función en nuestro mundo —dije.
    —No olvide —me recordó Eykis amablemente— que yo sólo puedo hablar de lo que es. No puedo decir lo que a usted le agradaría oír, sólo para complacerle a usted y a sus colegas. Pero, desde luego, la religión puede proporcionar, y en algunos casos proporciona, un magnífico servicio a la humanidad.
    —¿Cuáles considera usted que son los beneficios de la religión en la Tierra?
    —La religión proporciona a la gente la ocasión de observarse a si misma. Procura estímulos al alma y ayuda a la gente a analizar sus decisiones vitales. Les enseña cómo mejorar la calidad de la vida en la Tierra. La religión puede ser un medio de expresión del hombre, un estímulo para el desarrollo de la persona y para la apreciación de la belleza de su maravilloso mundo —respondió de una tirada.
    —Pero usted no cree que la religión proporcione esto tan a menudo como podría —dije, resumiendo el pensamiento de mi interlocutora.
    —Yo lo he visto muy pocas veces. Generalmente, la religión ha sido utilizada como instrumento del egoísmo del hombre, de su ansia de poder. Muchas de las acciones más inhumanas que ha conocido la Tierra se han ejecutado invocando a Dios o la religión como motivo.
    —¿Cómo utilizaría usted la religión, tal como la ha visto en la Tierra, de la manera más positiva? —pregunté, mientras pensaba que ya habíamos dedicado mucho espacio a aquel tema y que aún me quedaban varios personajes que representar ante Eykis.
    —En lugar de obligar a la gente a practicar una religión que les dice cómo han de pensar, anímenles a pensar por sí mismos. Ésa es la experiencia más religiosamente liberadora que puede darse en la Tierra. En lugar de imponer normas, leyes y dogmas a sus fieles, deberían ustedes pedirles que empezasen a asumir la responsabilidad moral de sus vidas. En lugar de valorar la conducta religiosa en términos de símbolos externos, y la valoraría por la capacidad que demuestra cada individuo de comprender su potencial moral. Si alguna vez se alcanzase ese objetivo (¿y quién sino ustedes, los dirigentes religiosos, están mejor preparados para asumir esa tarea?), todos los inmorales desastres que ustedes han provocado en su planeta, tales como las guerras, crímenes, hambres y degradaciones, pasarían a la historia.

    »Por lo que he podido ver, ustedes disponen de esa posibilidad, de la que carecemos en Urano. Nosotros tenemos una realidad que a menudo nos priva del libre albedrío. Pero ustedes, los terrícolas, están capacitados para pensar como deseen, y todos utilizan mal ese don. Con demasiada frecuencia, en las instituciones religiosas que crean con tanto orgullo, hacen todo lo posible por despojar a la gente de su moral individual, al tiempo que proclaman exactamente lo contrario en su retórica religiosa —concluyó.

    —¿De modo que usted trasladaría la religión, en todas sus formas, de lo exterior a lo interior? —le pregunté para asegurarme de haber entendido bien su afirmación.
    —Sí, pero no necesita aceptar mi opinión para convencerse de ello. Repase las enseñanzas de un importante maestro religioso de la Tierra, que lo dijo bien claro.
    —¿A quién se refiere? —pregunté, visiblemente intrigado.
    —Cuando a Jesucristo le preguntaron sus discípulos, como hacen todos los discípulos de todas las religiones: «¿Dónde hallaremos el Reino de los Cielos? ¿Cómo llegar a él?», Él les respondió con unas palabras que resumen cuanto yo he dicho aquí esta mañana: «No lo busquéis fuera de vosotros; el Reino de los Cielos está en vuestro interior». Ése es el mensaje. El Cielo no es un lugar al que se llega como recompensa por haber sido igual a los demás, ni por haber obedecido. Es un lugar que está dentro de uno. Eso es precisamente lo que yo quería decir cuando antes afirmé que a la gente le asusta SER Dios. Dios debe residir en cada persona. La gente debería mirar su propia capacidad de grandeza y buscar la fuerza para hacer las cosas por sí misma. El querer SER Dios no constituye, en absoluto, una falta de respeto. Significa tomar sobre los propios hombros la plena responsabilidad de una conducta moral, y utilizar el libre albedrío del que ustedes gozan en la Tierra. Lamento decir que he visto en la Tierra muy pocos indicios de que aun las personas más relacionadas con las religiones comprendan el pequeño y sencillo secreto del universo que Jesucristo reveló hace dos mil años: que el Reino de los Cielos esta en nosotros mismos.

    Pese a las muchas horas pasadas con Eykis, yo encontraba asombrosa su candorosa buena fe. Aquélla mujer exponía sus ideas sin rastro de la cautela que caracteriza casi todas las discusiones entre terrícolas. Afirmaba sólo lo que consideraba cierto. No conocía el doblez, la exageración ni el dorar la píldora. Aún así, yo estaba impaciente por cambiar de tema. Aunque me divertía representar el papel de una autoridad religiosa, me escocían un poco las francas respuestas de Eykis. La religión es uno de esos temas tan emocionales para la mayoría de nosotros, que me resultaba extraño oír hablar a mi amiga con tanta claridad. A ella no le preocupaba en absoluto la impresión que causara. Se mostraba tal como era, sin más, y basaba sus criterios en observaciones personales. Me encantaba aquel método suyo y mi afecto hacia ella crecía con cada cometo que pasaba.

    —Como representante del realista mundo de los negocios —dije, pasando a desempeñar mi segundo papel—, quisiera saber qué opina usted sobre cosas tales como los beneficios, el dinero y la producción.

    Acometí esa transición sin previo aviso.

    —Creo que es posible vivir felizmente en su planeta sin beneficios ni dinero —respondió ella—. Considero que el hecho mismo de trabajar para ganar dinero es autodestructivo, pues induce a la gente a pensar que las adquisiciones, los logros y las apariencias son las razones del trabajo. Y estas cosas nunca pueden dar lugar a la total satisfacción de la persona.
    —¿Por qué cree usted que esas cosas son malas? —le pregunté.
    —Yo no he utilizado la palabra «malas». Ciertamente, para el ser humano hay pocas cosas más satisfactorias que el trabajo. El trabajo es un medio de sentirse útil y realizado. Representa una estimulante forma de renovarse. Pero el trabajar por dinero, o incluso por lo que puede comprar ese dinero, es un callejón sin salida. En la Tierra no se puede alcanzar la satisfacción personal por medios exteriores, pues la felicidad es un proceso interior. Si una persona es feliz, es porque lo experimenta dentro de sí.
    —Pero el hecho de tener dinero, ¿no facilita la consecución de la felicidad interior? —pregunté.
    —No, de ningún modo. Esa es una de las ideas falsas que los cerebros orientados hacia el negocio desearían inculcar a todo el mundo. La idea de que el dinero da la felicidad es falsa. Si usted pudiese ver su mundo como lo veo yo, con ojos que perciben sólo la realidad, adoptaría un punto de vista diferente. En su planeta viven unos cuatro mil millones de almas. Apenas un uno o dos por ciento de esa gente dispone de dinero en abundancia. El noventa y ocho por ciento restante carece de medios, y sin embargo los más pobres de entre ellos son capaces de ser felices, de disfrutar con una puesta de sol, con una reunión familiar y con infinidad de otras cosas. Por el contrario, los más ricos de entre ustedes presentan los más altos índices de depresión y de suicidio, del sentimiento de vacío interior a pesar de los estómagos satisfechos y de todas las cosas que supuestamente hacen agradable la vida. A usted le convendría que todo el mundo creyese que el dinero hace la felicidad, pero yo debo contradecirle. El dinero no tiene nada que ver con la felicidad verdadera.
    —Si el dinero no tiene nada que ver con la felicidad, ¿por qué, pues, la gente lo busca con tanto afán? —repliqué.
    —Porque su pensamiento es erróneo. Se han convencido a sí mismos de que el hecho de acumular poder adquisitivo les dará seguridad y felicidad. O creen que deben acumular dinero a fin de ser personas responsables. Por eso se sacrifican hacen cosas que les desagradan, como mantener indefinidamente un trabajo rutinario o vivir en una ciudad que no les gusta, en nombre de la responsabilidad o de la búsqueda de la felicidad. Pero el dinero no tiene nada que ver con ninguna de ambas cosas.
    —Por favor, continúe —le rogué—. No veo cómo pueden los terrícolas ser personas realmente responsables si no se esfuerzan en mejorar su situación económica y si no trabajan para conseguir el dinero que les proporcionará una mayor calidad de vida.
    —Usted se aferra ciegamente a la doctrina de que «el dinero es felicidad y responsabilidad», la misma que impregna tantas culturas de la Tierra. Todo ese miedo a ser irresponsable y a no cumplir con las obligaciones hacia los seres queridos es un mito. Es sólo el resultado de mirar al mundo con el temor de lo que podría ocurrir. En realidad, los problemas no son sino invenciones de la mente. Cuando aparece una persona que ha sido siempre responsable, que ha cumplido con todas las obligaciones hacia su familia y hacia sí mismo, no se piensa que ésa es su realidad y que en ella habría que buscar la base del pensamiento de esa persona, sino se tiende a creer que su éxito es consecuencia de su trabajo, del dinero, de la suerte, de que no se haya producido una crisis económica, o de algún otro factor externo. En consecuencia, la gente comienza a pensar incorrectamente y a inventar catástrofes que no están basadas en la realidad. Como los humanos son reacios a aceptar el mérito de sus propios éxitos miran fuera de sí mismos en busca tanto de los méritos como de las culpas.

    »Si en la Tierra dispusiesen ustedes de trabajadores que mirasen a su interior y asumiesen la responsabilidad de sí mismos, esos hombres sabrían que pueden ir a cualquier lugar del planeta y tener éxito allí, Su éxito no guardaría relación con los hechos externos, con las circunstancias económicas ni con la suerte: sería un proceso interior que nunca podría serles arrebatado.

    Eykis se detuvo un momento, para beber un sorbo de agua, y después continuó:

    —Además, sus congéneres no comprenden la ironía que supone el trabajar por dinero.
    —¿Y en qué consiste esa ironía? —pregunté.
    —Si una persona persigue sus ideales y disfruta con lo que hace porque así es como ha decidido pensar, el éxito le llegará de maneras inesperadas, y en un grado que nunca había soñado —afirmó ella.
    —¡Pero usted no creerá que el dinero llega por sí mismo a la gente! —exclamé incrédulo.
    —El éxito llegará a la vida de esa persona en cualquier forma en que ella lo necesite. Los genios creativos de la Tierra (músicos, arquitectos, estadistas, escritores, actores, hombres de negocios, gastrónomos, diseñadores, ingenieros) no hacen por dinero lo que hacen, aunque a usted pueda parecerle lo contrario. ¿Imagina usted a un gran artista pensando: «Por este cuadro me pagarán tanto y más cuanto»? Es imposible. El mismo hecho de hacer lo que se hace, sea esto lo que sea, debería proporcionar satisfacción a la persona, Independientemente de cualquier recompensa externa. Ni siquiera los atletas mejor pagados se esfuerzan por el dinero propiamente dicho. ¿Cree usted que un jugador de béisbol a quien se paga menos una temporada se esforzará más el año siguiente, cuando se le retribuya mejor? No, porque el dinero es algo que viene por añadidura. El dinero y las demás recompensas que vienen por añadidura llegan cuando uno deja de centrarse en ellas y orienta su mente hacia el di frute de la vida y de lo que está haciendo.
    —Así pues, usted cree que damos demasiada importancia al acumular bienes y a las apariencias, en lugar de concedérsela a la calidad de las vivencias mismas —dije, intentando resumir y recordando lo que Eykis había expuesto en nuestra anterior entrevista.
    —Creo que ustedes piensan que la acumulación de bienes y las apariencias llevan en sí el germen de la felicidad, y eso es un error -dijo ella, corrigiendo mi conclusión.
    —Pero, si es un error el acumular dinero para comprar cosas a fin de ser feliz, por qué lo hace tanta gente? —insistí.
    —Porque ustedes perpetúan también el mito de la felicidad como proceso externo. No hay nada malo en los conceptos de «beneficio» o «dinero». Yo los juzgo por lo que son, y los apruebo. El mal está en que, según he visto, los terrícolas confunden esos conceptos con la felicidad y la realización personal.
    —Pues bien, ¿cuál es la función del beneficio y del dinero en la Tierra, según usted?
    —Sirven como medio de intercambio, para facilitar la circulación de bienes y servicios entre personas de todos los países y condiciones, y ésa es una función muy importante, y la verdadera finalidad del dinero y del beneficio.
    —¿Incitaría usted a la gente a trabajar para mejorar su calidad de vida aumentando sus ingresos y buscando ascensos? —le pregunté.
    —En la Tierra la calidad de vida sólo se relaciona, en la mentalidad de ustedes, pero no es así en la realidad. Repito, no lo es en la realidad. He observado a los habitantes de islas remotas, gente que no poseía una sola moneda y que se hacía el pan en casa. Eran seres contentos y satisfechos que no ambicionaban nada más. Y he observado a directivos en las viviendas más lujosas, hombres que, siendo dueños de ingentes cantidades de monedas, eran desgraciados hasta el punto de sufrir graves depresiones. Sus hijos pensaban en el suicidio porque temían no ser capaces de conservar toda aquella riqueza. Yo incitaría a la gente a trabajar por la alegría de lo que hacen, a extraer orgullo y satisfacción de sus actos, sean éstos los que sean. Si no consiguen eso, yo les incitaría a buscar otras actividades que les procuren satisfacción. Incitaría a los directivos a pensar con atención en lo que pueden hacer para convertir todo trabajo en motivo de satisfacción para quien lo realiza. La gente de su mundo debe procurar hallar alegría y serenidad dentro de sí misma, y aplicar esa energía a todo lo que haga. Siguiendo ese camino, pronto le llegarán los atributos del éxito, y le llegarán en cantidades suficientes. Quienes sigan persiguiendo los atributos del éxito descubrirán que éstos se les escapan constantemente y, lo que es aún más nefasto, sufrirán la extendida enfermedad del MÁS. ¿Me he expresado con bastante claridad? —preguntó Eykis.
    —Desde luego —contesté—. Pero, ¿cuál es la enfermedad del más?
    —En la Tierra, el más es la enfermedad que impide a la gente llegar al ahora. Ustedes viven un mundo de gente que lucha, cuando podrían vivir un mundo de gente que ha conseguido cosas. Cuando trabajan por dinero y por lo que éste puede proporcionarles en el futuro, ese «lo que puede proporcionar en el futuro» se convierte en la razón del trabajo y de la acumulación de dinero. Eso significa que, por mucho que acopien, nunca llegarán a la meta, pues lo que tienen sólo puede ser visto en función de «lo que proporcionará en el futuro». He visto a hombres de negocios gravemente afectados por esa enfermedad del «más». Han amontonado más de lo que podrán gastar nunca, y a pesar de ello consagran sus facultades a recordarse a sí mismos que deben conseguir todavía más. Persiguen el «más» y el «mejor» hasta el punto de destruirse a sí mismos, y comienzan a adoptar una forma aún más destructiva de pensamiento erróneo. Conciben la falsa idea de que son lo que hacen.
    —¿Y por qué es eso tan destructivo? —pregunté.
    —Porque constituye otro error. Cuando alguien cree que sus valores proceden de lo que hace, debe seguirse de ello que, cuando no puede hacer nada, cuando no puede lograr nada, carece de valor. Por eso se ve en todo su planeta gente que cae en depresiones cuando disminuyen sus beneficios, hasta el punto de necesitar tratamiento por parte de otras personas que sufren del «más». He observado a personas que se sienten inútiles cuando se retiran, porque creen que son lo que hacen. He visto a personas temerosas de fracasar, cuando está claro que en la Tierra no se puede crecer a menos que se esté dispuesto a fracasar, ¡y a fracasar muchas veces! La verdad, tal como yo la veo, es que el valor de una persona como tal persona viene de lo que ella decide creer sobre sí misma, y no de ninguna acumulación o logro. Y, cuando se confunde esto, se predispone uno para el sufrimiento, al margen de lo bien que se defienda esa creencia. ¿Me comprende?
    —Sí, pero ¿cuáles son las manifestaciones más habituales de ese sufrimiento? Al fin y al cabo, no todas las personas que se dedican a los negocios están al borde del suicidio, ni siquiera están ligeramente deprimidas —repliqué.
    —Los síntomas que he observado se encuentran en casi todos los aspectos de la vida para quienes los padecen, y todo nace del pensamiento erróneo a que tantas veces me he referido. Por ejemplo, he oído decir a muchos hombres de negocios que lo más importante de su vida eran las personas a las que amaban, su familia, y la seguridad de que esas personas eran felices. Pero esos hombres no estaban casi nunca con sus seres queridos. Vivían ocupados en acumular el dinero que, por lo visto, consideraban garantía de la felicidad de aquellas personas. Y entretanto fracasaba su matrimonio y se convertían en desconocidos para sus propios hijos. Paradójicamente, no tenían tiempo que dedicar a los seres que consideraban lo más importante de su vida.

    »El pensamiento de esos hombres es erróneo. En el fondo, saben que no pueden comprar la felicidad, y a pesar de ello se pasan los días intentando precisamente eso. Además, a menudo padecen la enfermedad de la prisa. Casi siempre van apresurados, incluso cuando no tienen ninguna razón real para ello. Se obsesionan con la perfección, y aplican a su vida personal el mismo enfoque, activo frente a pasivo, que dan a sus negocios. A menudo les he visto pedir a sus familiares cosas imposibles, insistiendo en que se comportasen como las estadísticas de un libro, y después preguntándose por qué los perdían. Además, su propio organismo se veía a menudo afligido por úlceras de estómago e hipertensión, por el alcoholismo y la ansiedad. Ésas son las Consecuencias de situar la felicidad fuera de uno mismo y de perseguir los falsos símbolos del éxito, de los cuales el principal son los signos monetarios. Esa ansia de dinero impera en la Tierra casi sin freno, y es algo completamente negativo. La gente piensa incorrectamente, y educa a sus hijos para que hagan lo mismo.

    —Pero no todo es malo. ¿No cree usted que la industrialización ha elevado el nivel de vida en todo el mundo? —protesté.
    —Yo no he dicho que el trabajo y el dinero fuesen malos. El problema radica en la manera en que el trabajo y el dinero son considerados y utilizados en su mundo. Yo estoy a favor del trabajo, que me parece una buena manera de vivir la vida y de sentir la propia dignidad. Pero su pregunta presupone también una verdad que, simplemente, no existe en su realidad: que el mundo industrializado es mejor que el no industrializado. Si mira usted las cosas con realismo, verá que por cada una de las mejoras en el nivel de vida de las que ustedes se enorgullecen, han de pagar un alto precio. Si mejoran los transportes, contaminan el aire. Si construyen grandes fábricas, infestan la atmósfera de productos cancerígenos. Si construyen grandes armas, crean la posibilidad de destruir su mundo en una conflagración espantosa.

    »En esos lugares “no civilizados”, donde el nivel de vida es tan bajo, la gente no lleva pistolas ni muere de cáncer. Aunque no pueden desplazarse de aquí para allá tan libremente como otros pueblos, no respiran ni beben desechos industriales. Viven en su tierra y no almacenan en ella armas nucleares. Están próximos a sus seres queridos, y no necesitan beber alcohol para pasar los días. En realidad, la elevación del nivel de vida es la justificación que da el hombre de negocios a casi todo lo que hace, y sin embargo, cuando es sincero consigo mismo, afirma: «Éramos más felices en los tiempos en que teníamos muy poco. Nos quedamos, y nuestros objetivos eran sólo sueños. El compartir aquellos sueños nos aproximaba más. Los años de escasez nos ofrecían tan poco en cuanto a cosas externas, que teníamos que mirar a nuestro interior». Y ésa es la naturaleza de la felicidad. Todo el sufrimiento que soportan ustedes los terrícolas viene de sus ansias y deseos. Cuando se detienen y se dedican, simplemente, a vivir y a disfrutar, el sufrimiento disminuye. No se precipiten a afirmar que esos pueblos incivilizados con sus bajos niveles de vida, tienen el monopolio de la desdicha y carecen de satisfacción personal y de felicidad. Lo cierto es que esos pueblos y ustedes tienen mucho que aprender unos de otros. En lugar de defender su gran sistema de beneficios monetarios, que no necesita defensa, ya que funciona bien, miren lo que están haciendo con él, lo que creen que les reserva en cuanto a felicidad. Si no pueden ser tan felices trabajando en su jardín como lo son en un elegante club nocturno, o mientras preparan un negocio, es que aún no han comprendido esa verdad básica de su realidad terrícola. Me refiero a la verdad que ya he mencionado antes: no hay un camino hacia la felicidad; la felicidad es el camino.

    Habíamos completado dos intensas discusiones, y Eykis seguía tan sosegada como lo había estado una hora antes. Para ella no representaba esfuerzo alguno ser sincera. Hablando de religión o de economía se sentía tan cómoda como un pez en el agua. Era natural y expresiva, y estaba dispuesta a considerar cualquier cosa que se le plantease. No sentía ninguna necesidad de impresionarme con su vocabulario, ni de citar pruebas estadísticas en apoyo de sus afirmaciones. No necesitaba citar a los expertos para sustentar sus opiniones.

    Pasé al tema siguiente, presentándome como un destacado pedagogo. Le pregunté sobre las prácticas educativas en Urano, y sobre lo que ella había observado en nuestras actitudes e instituciones docentes.

    —¿Cómo ve usted nuestros sistemas educativos, Eykis? —quise saber.
    —Lo que más me alarma de sus métodos de formación es la gran diferencia entre lo que ustedes proclaman hacer y lo que realmente hacen. En casi todas sus declaraciones administrativas sobre educación, declaran que su objetivo es el de fomentar el pensamiento individual, la autorrealización, proporcionar a cada niño la oportunidad de aumentar al máximo su capacidad de pensamiento autónomo. Pero no he visto ninguna actuación que condujese a esos elevados objetivos.
    —¿Dónde ve usted las manifestaciones de esa diferencia?
    —En casi todas sus escuelas. Cada vez que los jóvenes intentan desplegar cualidades creativas o pensar por su cuenta, eso es interpretado como un peligro e inmediatamente reprimido. Pocos maestros pueden soportar a un niño que pregunta «¿Por qué?» Ustedes conceden sus recompensas a aquellos alumnos que se adaptan mejor, a los que complacen a sus profesores o hacen sus deberes con rapidez y pulcritud. Existen pocas recompensas para el pensamiento independiente, que incluso parece ser castigado en la mayoría de los casos. Un alumno que no muestre necesidad alguna de aprobación, que no dé señales de culpa ni ansiedad por la falta de aprobación social, es considerado un elemento perturbador. Un niño que se niega a ser igual a los demás es señalado con el dedo; se le pide que se sienta culpable y que se arrepienta. Y sin embargo, esas cualidades, la ausencia de culpa, la independencia y el pensamiento libre, son las que ustedes califican de actitudes fructíferas, de actitudes que llevan a la realización personal. Repito que me parece una falta total de realismo el que ustedes señalen algo como finalidad de su sistema educativo y que después hagan exactamente lo contrario.
    —Pero los niños necesitan, antes que nada, que se les inculque una disciplina, para que más adelante puedan hacer juicios libres, independientes. Por eso insistimos en la necesidad de hacer bien las cosas, «a la manera del profesor». Además, si cada cual hiciese lo que le viniese en gana, no habría disciplina y sería materialmente imposible impartir enseñanza —declaré en mi mejor argot docente, con gran convicción.
    —Pues a mí me resulta imposible imaginar que un niño pueda aprender a pensar libremente si se le educa para lo contrario. Es como entrenar a alguien para que sea un gran corredor obligándole a estar sentado toda la vida. Una clase en la que todos los niños estuviesen activamente ocupados persiguiendo objetivos individuales no tiene por qué ser necesariamente caótica. Podría ser una clase en la que hubiera animación, interés, en lugar de la apatía que he observado en casi todas las aulas de vuestro planeta. En las aulas, los individuos podrían ayudarse entre sí. Podrían emprender actividades creativas, disponer de un mundo real en miniatura, por así decirlo, para explorar absolutamente cualquier terreno. Y en lugar de eso, se les manda a los alumnos que se sienten cada uno ante su pupitre y que hagan en silencio lo que se les ha ordenado. Eso conduce directamente al pensamiento incorrecto y neurótico de que hemos hablado.
    —¿Considera usted que un aula llena de alumnos sentados en silencio no es un ambiente adecuado para aprender?
    —Desde luego que no lo es. Usted sabe que cada uno de los habitantes de su mundo es único y exclusivo. ¿Cómo se puede aprovechar esa cualidad si se trata a todos los niños de la misma manera? —me interpeló.
    —Pero yo no creo que hagamos eso en nuestras escuelas de la Tierra... —protesté.
    —Bueno, voy a exponerle lo que yo he observado. Un lunes, el profesor explica un tema nuevo, la historia de Egipto, pongamos por caso. El profesor da el mismo material a todos los alumnos. Todos reciben la misma explicación y escuchan la misma discusión, todos estudian el mismo libro y hacen los mismos trabajos en casa, y el viernes se les somete a todos al mismo examen. ¿Está usted de acuerdo, hasta aquí?
    —Sí, sí, continúe.
    —Los alumnos que responden al examen de manera más satisfactoria, reciben una buena nota; los que simplemente «aprueban» reciben una nota inferior; y los demás suspenden. No hay nada previsto para esas diferencias individuales, que son parte integrante de la realidad. ¿Por qué se supone que todos los muchachos asimilarán la misma información con igual rapidez? ¿Por qué se castiga con una nota baja al estudiante que sólo ha contestado bien la mitad de las preguntas porque quizá necesita dos semanas para aprender el tema? ¿Por qué se pide a todos los estudiantes que aprendan exactamente al mismo ritmo? ¿Qué ocurre con los alumnos a quienes basta sólo un día para dominar la historia de Egipto, pero que necesitan una quincena para aprender a dividir con decimales? ¿Por qué se les obliga a sentarse en silencio escuchando unas cosas que ya dominan? Voy a decírselo, si le interesa.
    —Sí, hágalo —rogué.
    —Pues eso ocurre porque los tratan a todos igual. Enseñan a todos de la misma manera, en el mismo tiempo, y llaman más rápidos y más listos a Tos que pueden aprender exactamente de ese modo. En mi realidad, el ser capaz de asimilar algo más aprisa que otra persona sólo significa una cosa: rapidez. La lógica educativa de ustedes conduce a que haya siempre estudiantes medios y estudiantes inferiores a la media. Ustedes se empeñan en que todo el mundo se adapte a unas mismas normas. Enseñan a todos sus jóvenes a pensar y actuar de la misma manera. Pero, ¿qué puede ofrecer un joven al mundo si es exactamente igual a todos los demás? Ustedes aseguran esa igualdad con la absurda lucha por las notas, esas medallas al mérito estudiantil que conceden en listas yboletines. Ésa es la verdadera obsesión de los educadores de la Tierra: no el conocimiento ni el autodescubrimiento, sino la búsqueda de esas recompensas externas llamadas notas. Además, esas notas a las que han dado tantísima importancia, no tienen absolutamente nada que ver con la verdadera educación de una persona —declaró Eykis enfáticamente.
    —Pero, ¿qué tiene de malo recompensar con notas a los buenos alumnos?
    —Las notas y el conocimiento son dos cosas que se excluyen mutuamente. En realidad, las notas sirven para reducir la motivación para el conocimiento. —replicó ella.
    —¿Por qué? —pregunté.
    —Una nota es una cosa externa. Significa que una persona ha participado en el juego de la educación. El conocimiento es una cosa interna, que se refleja, en primer lugar, en lo que siente la persona respecto a lo que ha aprendido; en segundo lugar, en cómo le ayuda el conocimiento a perseguir sus ideales; y, en tercer Jugar, en lo que la persona como tal puede hacer con lo que ha aprendido. El conocimiento fomenta la confianza en uno mismo, y las notas dan lugar al autoengaño. Una nota en un boletín no tiene nada que ver con la realidad. Es un símbolo de adaptación. E incluso aquí, en la Tierra, donde la gente suele percibir tan mal su realidad, las notas guardan muy poca relación con lo real. A nadie le Interesa un boletín de notas cuando su titular lleva dos años fuera de la universidad, y ciertamente nadie juzgaría la capacidad de una persona adulta sobre la base de sus calificaciones académicas. Una persona que haya recibido las mejores notas hace sólo un año podría suspender hoy hasta el último de aquellos exámenes. En la Tierra lo que le vale a una persona respeto y progreso personal es su rendimiento presente.

    »Con frecuencia los que saben jugar bien el juego académico están en realidad mal preparados para enfrentarse al mundo. Y, por otra parte, muchos jóvenes que en la escuela se niegan a perseguir neuróticamente las buenas notas, resultan estar más orientados hacia la realidad y, por ello, tienen mucho más éxito en casi todo lo que hacen. En pocas palabras: el mundo educativo de la Tierra parece estar situado en un ámbito “irreal”.

    —Pero usted ha dicho antes que las notas reducen la motivación de los individuos. ¿Piensa usted verdaderamente que nuestro sistema educativo reduce la motivación humana en la Tierra?
    —Exactamente —respondió—. Cuando colocan ustedes a una persona en un sistema educativo en el cual la recompensa —la nota— no guarda relación con la actividad misma del aprender, la motivación disminuye. Por ejemplo, si le dan una buena calificación a una persona que lee cinco libros o consigue cincuenta flexiones gimnásticas, una nota inferior a quien lee cuatro libros y hace cuarenta flexiones, y así sucesivamente, ¿quién cree usted que querrá leer cien libros o hacer mil flexiones? Pues... casi nadie. Su sistema pedagógico pide a los estudiantes esforzarse en obtener una recompensa, y trabajar sólo cuando hay una recompensa. Como la recompensa de una buena nota no tiene nada que ver en realidad con el leer o el hacer flexiones, la motivación cesa cuando se ha conseguido la recompensa.
    —¿Y cómo podría cambiarse eso? —quise saber.
    —En primer lugar, las recompensas por el estudio deben ir aparejadas a la actividad concreta del estudio. La recompensa de la lectura, por ejemplo, no se encuentra en un boletín de notas, sino en el interior de la persona. Esa recompensa consiste en la satisfacción de comprender la vida a través de los escritores, en la emoción de perderse en una novela o de descubrir y aplicar una idea nueva, en la libertad que da el poder experimentar lo que han pensado otros, en el gozo y la satisfacción interior que implica leer para el desarrollo personal. Ésas son las recompensas de la lectura. De manera similar, la sensación personal de triunfo que se siente al estar en perfecto estado físico, la magnífica sensación que procede del estar en forma, la facultad de subir escaleras sin pararse a tomar aliento, de correr sin agotarse, de digerir y dormir sin dificultad, de enorgullecerse de una salud perfecta, son las recompensas del adiestramiento gimnástico. Cuando Ustedes empiecen a emparejar sus recompensas con la misma actividad educativa, entonces y sólo entonces, aumentará la motivación y disminuirá la apatía de los estudiantes —concluyó Eykis enfáticamente.
    —¿Y los profesores? ¿Cuál es su función?
    —En lo referente a la función del profesor también están ustedes confundidos. En la Tierra nadie puede enseñar nada a nadie. Es el que aprende quien decide llegar a saber determinadas cosas, y cualquier profesor con experiencia le dirá que, frente a un estudiante que ha decidido no llegar a saber una cosa, como por ejemplo el álgebra, ningún esfuerzo por «enseñarle» el álgebra servirá de nada. Esa la realidad en la Tierra. Y, a la inversa, cuando Un estudiante decide aprender el álgebra, la aprenderá, por más que el profesor se oponga. Yo creo que todos los terrícolas tienen la capacidad potencial de aprender algo, ya sea con ayuda de los profesores o sin ella. Los profesores verdaderamente grandes comprenden eso, y se entregan a su función de proporcionar a los individuos un ambiente adecuado para que tomen sus decisiones en cuanto al estudio. Y recalcan la importancia del estudio por la maestría, por encima de la lucha por las notas.
    —¿Qué entiende usted por maestría?
    —El estudio por la maestría significa que el objetivo de la educación es el de dominar el programa de estudios. El tiempo que tarde el estudiante en conseguir esto, no tiene importancia. Significa que cada individuo se somete a exámenes cuando él está preparado para ver lo que ha aprendido, y no en una fecha establecida para toda una clase. Significa que no hay castigos por ser más lento en el dominio de una materia. Significa que, cuando se adquiere un conocimiento, se adquiere con él una satisfacción interior, además de la buena nota, si uno la necesita para que conste en algún documento. Los resultados son la satisfacción personal y el orgullo interior, y uno recibe un título de maestría cuando muestra su dominio de las materias en cuestión. En un sistema educativo encaminado a la maestría, los estudiantes desean ayudarse unos a otros, en lugar de competir por los pocos trofeos que los educadores ponen a su alcance en forma de calificación, sociedades honoríficas y cosas semejantes. Cada estudiante tiene libertad para desarrollarse en terrenos de interés personal, y para explorar temas difíciles sin miedo al fracaso. El estilo del estudio es la colaboración y no la competición, y es imposible que los jóvenes copien.
    —¿Es imposible que copien? —repetí.
    —Sí. ¿Cómo podría copiar nadie si el objetivo de la educación es ayudar a cada individuo a alcanzar suS propios niveles de excelencia? Dígame, ¿cómo se puede copiar cuando las recompensas que se ofrecen son interiores y no exteriores?
    —La verdad es que nunca había pensado en eso —dije.
    —Imagine a una persona que se somete a un examen para ver hasta qué punto está preparada para pasar al siguiente nivel de aprendizaje. Ese estudiante va a medir sus progresos en una materia determinada. ¿Cómo podría nadie hacer trampa? He tenido ocasión de ver un experimento realizado en la Tierra, en el que ustedes sometían a unos polluelos a una prueba destinada a mostrar cuáles eran «tontos» y cuáles «listos». Se les colocó un trecho de alambre de espino delante de la comida, y los Polluelos que ustedes consideraron tontos se quedaron donde estaban y acabaron por morir de hambre. Los que ustedes calificaron de listos sortearon la barrera y alcanzaron la comida. Cuando unos polluelos rodean una barrera para conseguir sus recompensas externas, ustedes les consideran listos, pero, cuando los estudiantes hacen lo mismo, ustedes dicen que es hacer trampa.
    —Pero, ¿cómo podemos permitir, sin castigarles, que los estudiantes copien en los exámenes? ¿Acaso no han de aprender a valerse por si propios, como usted misma ha dicho antes? —le pregunté.
    —Se puede estimular a los jóvenes para que se ayuden unos a otros a lograr sus niveles máximos de conocimiento personal. En un mundo de individuos, el comparar a los muchachos unos con otros es una actividad carente de sentido. Si sus jóvenes estuviesen en un sistema educativo que valorase el conocimiento, pronto aprenderían a colaborar, en lugar de competir. Pero todo el mundo de ustedes se compone de personas que compiten unas con otras. Mientras la competición noble en un terreno de juego es sana y divertida, en la vida real es causa de antagonismos, odios, nacionalismos y teorías de superioridad racial. Las escuelas son el único lugar en que ustedes pueden empezar a fomentar un sentido de la colaboración. Qué ganaría un muchacho copiando en un examen en un sistema de maestría? ¡Absolutamente nada! El propósito de ese examen no es el de recompensar o castigar, sino el de ayudar a los jóvenes a medir su progreso personal. No deberían existir los embrutecedores exámenes colectivos ni las comparaciones de resultados. Todo eso debería ser sustituido por un sano ambiente de cooperación y ayuda. Y si esa misma cualidad fuese transferida a sus gobiernos, acabarían ustedes con la mayoría de las pequeñas disputas y juegos de poder que dan lugar a guerras y a amargos odios. Los profesores pueden hacer mucho para que la educación llegue a basarse un día en el conocimiento y no en la mentalidad competitiva y adquisitiva que hoy existe en esta sociedad en que están inmersos.
    —¿Cómo? —le pregunté, deseoso de conocer los detalles.
    —Pueden eliminar de la educación la idea de las recompensas externas, de la orientación hacia el dinero. Los estudiantes que se enfrentan a un profesor rígido y despótico sólo trabajarán cuando esté presente esa figura autoritaria. De manera similar a lo que ocurre en los negocios, cuando el profesor autoritario sale del aula, los estudiantes abandonan su comedia. Si esos profesores dominantes que tanto se enorgullecen de sus clases bien disciplinadas pudiesen verlas sólo por un momento en su ausencia, comprobarían pronto los resultados de su severidad. Y una vez terminada la educación formal, los profesores subsisten perpetuamente, fuera del aula. Muchos estudiantes que se han visto sometidos a esos profesores durante largos períodos no hacen nada bueno durante el resto de su vida. Llegan a despreciar todas las actividades de estudio porque las asocian con el pensamiento rígido y autoritario. En cambio, los profesores de un sistema realista de educación para la maestría, educan a los jóvenes a fin de que éstos lleguen a ser sus propios profesores. La presencia de una figura autoritaria en el aula no tiene nada que ver con la búsqueda individual del conocimiento y la maestría. He observado aquí, en la Tierra, que en las universidades e institutos de formación superior los estudiantes llegan a comprar notas con dinero. Los que persisten en eso y compran más notas reciben las mayores recompensas educativas externas. El mundo de ustedes está lleno de licenciados en filosofía y de titulados en muchas otras materias que han comprado buena parte de sus calificaciones, y que son incapaces de redactar una idea con claridad, y mucho menos de conseguir un trabajo. Y los únicos trabajos a los que aspiran son aquellos que les proporcionan crédito institucional para ayudar a otros estudiantes a comprar más notas.
    —¿Tiene usted, para terminar, alguna idea sobre cómo podemos hacer más eficaces nuestros sistemas educativos? —le pregunté, dándole a entender que nos acercábamos al final de aquel tema.
    —Es cuestión, simplemente, de que se basen ustedes en la realidad. El conocimiento es algo interno, y las adquisiciones son externas. Usted dice que les interesa el conocimiento y la persona interna, pero lo cierto es que canalizan toda la energía de los jóvenes hacia cosas externas, tales como calificaciones, exámenes, diplomas y títulos. La educación para el conocimiento, que su realidad terrestre permitiría tan bien, no existe, porque sus educadores piensan equivocadamente en los fines por oposición a los medios. Ese pensar en los medios es lo que correspondería a su mundo de individuos únicos, todos los cuales merecen una educación especializada. Sus hijos podrían salir de sus experiencias educativas ilusionados por la perspectiva de adquirir conocimientos por la alegría que ello entraña, unida a las innumerables oportunidades que se abren ante una persona culta. Pero con harta frecuencia los jóvenes salen del laberinto de la educación convertidos en otros tantos miembros del rebaño, pensando y balando exactamente como los demás.

    Yo no me cansaba de hablar con Eykis. Deliberadamente, mi amiga había reducido al mínimo las referencias a Urano durante nuestras tres conversaciones, porque los regalos que nos entregaba no consistían en una comparación entre nuestros dos mundos, sino en un legado para todos los terrícolas de alguien que nos veía con una óptica especial. Eykis me había explicado cómo era Urano. Se sorprendió ante el pensamiento «irreal» o, como ella lo denominaba «equivocado», que había descubierto en sus observaciones entre nosotros. Después, como buena realista, había asimilado lo visto y nos había aceptado tal como éramos. Pero ella sabía discernir, detrás del «cómo éramos», el «cómo podríamos llegar a ser». Como me había dicho varias veces, «Nosotros, los de Urano, estamos atrapados por nuestra realidad; pero aquí, en la Tierra, vuestras posibilidades de esplendor como planeta de pensadores libres es casi inimaginable». En ese contexto nos ofrecía sus regalos. No quería dejarnos un documento altisonante; nos daba unas instrucciones maravillosamente sensatas y sinceras.

    Me dispuse a encarnar otro personaje, para que Eykis dialogase conmigo en su incomparable estilo.

    —Represento a la práctica de la medicina —declaré—. ¿Qué ha observado usted sobre mi profesión en su visita aquí?
    —Estoy muy sorprendida ante el concepto de salud que impera en su planeta. Tanto entre el público en general como entre la clase médica, parece existir una mentalidad de enfermedad y no de salud. —respondió.
    —¿Qué entiende usted por mentalidad de enfermedad? —le pregunté.
    —Yo estoy acostumbrada a un enfoque de la medicina muy diferente. En Urano el paciente paga a su médico una prima mensual para que le mantenga sano. Si cae enfermo, deja de pagar hasta que el médico le cura. En la Tierra la gente cuenta de antemano con enfermar. Se programan a sí misma para esperar el empeoramiento. Quienes piensan así, llegan a creer que no pueden recobrar la salud sin tratamiento facultativo y sin medicamentos. Eso es otra forma de pensamiento erróneo, y se manifiesta especialmente en la forma en que consideran ustedes su organismo y en sus expectativas sobre su salud futura.

    »Su salud está directamente relacionada con el uso que hacen de su mente. Aquellos de ustedes que piensan positivamente en sí mismos tienen expectativas optimistas durante toda la vida. Eso Incluye sus expectativas de salud. Pero he observado que mucha gente dice cosas como: “Noto que me estoy resfriando. Mañana, seguramente, me pondré peor y tendré tos. Tendré fiebre y habré de estar unos días de baja.” Y, naturalmente, lo que esas personas aseguran de antemano, se cumple. He advertido que, cuando la gente espera empeorar, casi nunca se decepciona a sí misma.

    —¿Usted cree, pues, que, si se enseñase a la gente a pensar de otra manera, es decir, correctamente, como usted lo define, no se verían afectados por resfriados y otras dolencias menores? —le pregunté.
    —Exactamente. También he visto en la Tierra manifestaciones de pensamiento positivo. Esas personas que no se centran en sus dolencias, que esperan de verdad que un pequeño resfriado o síntoma gripal se alivie en lugar de empeorar, que no se quejan a los demás, son mucho menos vulnerables a esas enfermedades. Ustedes los terrícolas, son afortunados. La salud es, en la mayoría de los casos, cuestión de elección. Pueden elegir estar sanos, aunque pocos lo hacen.
    —Pero, ¿qué quiere decir con eso de la elección? —le pregunté—. No pensará usted que las personad eligen todas sus enfermedades...
    —Sí que lo pienso. Con la única excepción de las afecciones hereditarias. E incluso el grado en que esas «afecciones no elegidas» entorpecen la vida de una persona está en relación directa con sus actitudes y preferencias. Mire, permítame que invierta un momento los papeles y le haga una pregunta, doctor. ¿Cambiaría usted su buena salud por algo?
    —No. Sin buena salud, uno acaba por morir.
    —¿O sea que la salud es el aspecto más Importante de su vida personal? —preguntó Eykis.
    —Desde luego. La salud es de importancia capital para el individuo. Creo que todos los presentes estarán de acuerdo en eso, ya que, en último término, la ausencia de salud representa el final de la vida.
    —Así pues, ¿quiere usted explicarme por qué tan pocos de entre ustedes piensan y actúan en función de la salud, si ésta ocupa el primer lugar en su lista de prioridades personales? El pensamiento insano que he observado en la Tierra constituye para mí un misterio.
    —No acabo de entender lo que quiere decir con «pensamiento insano» —objeté.
    —Me refiero a sus actitudes ante la enfermedad y la salud —explicó Eykis—. Ustedes consumen cosas que cualquiera puede ver que son tóxicas, y lo hacen en grandes cantidades. Tabaco, alcohol, comidas grasas, conservantes, fármacos... Tratan sus cuerpos como si ignorasen que esas actitudes autodestructivas, que a su vez llevan a conductas autodestructivas, son perjudiciales. Sin embargo, saben que lo son. Ustedes imprimen advertencias en los paquetes, pero siguen consumiendo esos venenos. Todo eso constituye una elección.
    —¿Cree usted que ésta es otra manifestación de nuestro pensamiento erróneo? —le pregunté.
    —Claro que lo es. Ustedes se han habituado a pensar en la enfermedad, y también se han habituado a practicar ese pensamiento en su manera de vivir. Pero la cosa va mucho más lejos que los malos hábitos corporales y la mentalidad de enfermedad. Tiene que ver con el enfoque que ustedes dan al pensamiento-salud frente al pensamiento-enfermedad. Entre ustedes, la profesión médica está orientada hacia la enfermedad y no hacia el bienestar. Sus doctores atienden a los pacientes cuando éstos no se encuentran bien, o cuando está muy claro que algo va mal. La función del médico es arreglar lo que va mal o, más exactamente, lo que se ha permitido que vaya mal. Los terrícolas acuden a los médicos para que les curen y les devuelvan a la normalidad. Nadie parece pensar en vivir mejor de lo normal, sobre todo los médicos y los profesionales de la sanidad.
    —Nosotros, los médicos, hemos de actuar así. Hemos de ocuparnos de quienes lo necesitan con urgencia —expliqué, aún en mi papel de destacado facultativo.
    —¿Por qué la profesión médica no ayuda a la gente a superar su pensamiento-enfermedad, y no utiliza a los doctores principalmente como personas que ayudan a los demás a estar tan sanos como sea posible, y sólo en segundo lugar como sanadores de enfermos? —preguntó Eykis.
    —Ya intentamos enseñar medicina preventiva e inculcar el pensamiento-salud, como usted lo llama. Lo que ocurre es, sencillamente, que tenemos demasiado trabajo, que hemos de atender a tantos enfermos, que esa ocupación nos impide cambiar hacia lo que usted propone —expliqué.
    —Eso también es pensar equivocadamente. La clase médica alienta asimismo el pensamiento-enfermedad, y lo refuerza en los demás casi en todas sus prácticas. Son los médicos quienes recetan esas inmensas cantidades de tranquilizantes para inexistentes ataques de ansiedad. Ellos son quienes realizan las innecesarias operaciones quirúrgicas que se han convertido en habituales entre ustedes. Los médicos se apresuran a extender recetas para cualquier dolencia, sobre todo porque son víctimas también del pensamiento equivocado.
    —¿De qué manera somos víctimas de ese pensamiento? —pregunté un tanto irritado.
    —Se imaginan que son ustedes los que curan, que las medicinas que administran realizan la curación en el organismo del enfermo. Y eso es falso. —declaró ella con firmeza.
    —Pero, ¿cómo puede usted decir semejante cosa? Piense en lo que ha hecho la medicina en nuestro planeta. Se ha incrementado la esperanza de vida, se han eliminado algunas enfermedades virulentas, y la medicina mejora a diario la vida humana —le recordé.
    —Es cierto que han sido eliminadas muchas enfermedades y que la esperanza de vida ha mejorado, pero debemos atribuir el mérito a quien realmente lo tiene. ¡El héroe es el organismo humano, y no ustedes! Sus cuerpos son creaciones perfectas. Ningún médico puede arreglar un cuerpo que funcione mal. Sólo un cuerpo que funcione correctamente puede arreglarse a sí mismo. Ningún médico puede eliminar la poliomielitis; sólo el organismo humano puede hacerlo creando defensas. El que ustedes administren una vacuna y escriban la receta no significa que sean los que curan. Así como los educadores deben educar a sus alumnos para que sean sus propios maestros, y así como los padres deben ayudar a sus hijos a convertirse en padres para sí mismos. También los médicos deben enseñar a sus pacientes a convertirse en médicos de sí mismos. Habría que enseñar a cada persona a utilizar las facultades curativas inherentes a su cuerpo. Pero la mayoría de los médicos no lo hacen, porque no creen en las potencias del cuerpo. Prefieren creer que son ellos los que curan. Y así perpetúan el pensamiento incorrecto que da lugar a tanta enfermedad innecesaria en su mundo.
    —Parece que tiene usted en muy poca estima nuestra profesión médica —comenté.
    —Todo lo contrario —replicó Eykis vivamente—. La profesión médica es quizá la más avanzada de todas sus instituciones. Los métodos para eliminar la incompetencia son soberbios. Los médicos, como personas, obedecen a motivos muy nobles y son competentes en extremo. Lo que necesita corrección son las ideas equivocadas sobre lo que son los servicios sanitarios y en cuanto a quien realiza la curación.
    —Y, ¿cómo sugiere usted corregir esto? —pregunté.
    —En primer lugar, yo animaría a la profesión médica a considerar las ventajas del pensamiento-salud. Pienso en gente que acudiera a sus médicos no porque estuviese enferma, sino porque desease llegar a estar aún más sana. Los médicos podrían servir fundamentalmente para ayudar a la gente a adquirir actitudes mentales que redujeran las enfermedades psicosomáticas. Podrían vigilar la nutrición de sus pacientes, el ejercicio que hacen, el funcionamiento de su corazón, su capacidad pulmonar, su recuento sanguíneo y su resistencia. La gente empezaría a ver en los médicos no rectificadores para conseguir la normalidad, sino personas que les ayudan a superar la salud normal para alcanzar una salud extraordinaria. La gente se orientaría hacia la salud y el bienestar, en lugar de pensar siempre en la enfermedad. Los médicos facilitarían esa actitud desde el nacimiento de cada paciente, en lugar de combatirla. Y dejarían de actuar como si cualquiera que recomienda algo que no sea medicamentos o cirugía fuese un charlatán. Los médicos parecen temer las innovaciones, a pesar de su interés por la investigación, sobre todo en lo referente a la salud humana. En las culturas occidentales, suelen ser ellos los primeros en rechazar cualquier enfoque no médico o no medicamentoso de la salud humana. Prácticas tales como la meditación, la realimentación biológica (biofeedback), la hipnosis, el yoga, la terapia alimentaria, la acupuntura, o cualquier otra cosa de la que ellos sepan poco, son inmediatamente denunciadas como fraudulentas por la profesión médica, y a menudo transcurren muchos años antes de que algunos especialistas las acepten a regañadientes. Ustedes protegen exageradamente su visión unidimensional de la salud, y son demasiado reacios a admitir la posible existencia de otros enfoques susceptibles de combinarse con la medicina tradicional para crear todo un plantel de médicos orientados hacia la salud.
    —¿Y qué más? —pregunté para animarla a continuar.
    —También deberían replantearse su tendencia a depender de los medicamentos como factores de curación. Deberían pensar en el gran potencial reparador de la mente humana. Yo educaría a la gente para que dejase de buscar curas milagrosas fuera de sí misma y empezase a mirar hacia dentro, a examinar la ilimitada capacidad de su mente y su cuerpo para la convalecencia y la curación. Buena parte de las enfermedades que sufren ustedes, los terrícolas, radican en la mente. Eso se debe a que durante toda su vida han aceptado la idea de que padecer alguna enfermedad es una cosa normal, y de que, cuando la enfermedad se presenta, debe ser tratada con elixires externos y no internos. Es más, deberían reconsiderar los principios mismos de su profesión, como por ejemplo el uso rutinario de la cirugía para extirpar del cuerpo órganos sanos, y la inmovilización para casi todas las enfermedades, cuando, posiblemente, un ejercicio enérgico que favoreciese la circulación sería más curativo. Buena parte de sus ideas teóricas parecen basarse en la idea de que el ser humano es débil y vulnerable, y de que una enfermedad siempre requiere descanso. Sin embargo, se sabe que las personas activas tardan mucho menos tiempo en curarse de sus afecciones. La actividad es casi siempre censurada, sobre todo porque muchos doctores son gente más sedentaria de lo que yo hubiese imaginado.

    »He reparado en mélicos que fumaban y bebían, y que pesaban más de la cuenta, o adictos a algún medicamento, mientras daban consejos a sus pacientes. Debo confesar que eso escapa a mi mente lógica. Yo veo en la tendencia exagerada al uso de medicamentos una negligencia profesional. Medicamentos para las jaquecas, para los dolores de vientre, para la tensión nerviosa e incluso para la ansiedad. Ese recurso excesivo a los fármacos procede de su concepto de que la enfermedad es algo exterior a la persona. Ustedes creen que la enfermedad la provoca un bacilo transeúnte, el frío del invierno, el virus de la gripe, la vejez, una corriente de aire... Y, en consecuencia, buscan también en el exterior algo que les cure. Esa actitud explica su afición a las medicinas y su obsesión con las píldoras como panacea universal. Pero el proceso de curación, como todo lo demás, se encuentra en el interior de los pacientes a los que tratan. Las actitudes positivas hacia la salud como medio de eliminar la enfermedad, y ante la mente como factor de curación, son tratadas a menudo de herejías por la profesión médica, que no alcanza a ver la verdad porque está cegada por su propia educación rígida.

    —¿Y en qué consiste esa verdad?
    —Esa verdad consiste en que ningún médico de su planeta ha curado nunca a nadie. La curación la realizan la mente y el cuerpo del enfermo, y los tratamientos del médico no hacen más que facilitar ese proceso. Hasta que los médicos se eduquen a sí mismos y eduquen a sus pacientes sobre la gran capacidad curativa de su organismo perfecto, seguirán ustedes en un mundo que cada día se vuelve más dependiente de los medicamentos, sin necesidad. —afirmó Eykis.
    —¿De veras puede la gente alterar por el pensamiento su propensión a enfermedades graves? —indagué.
    —Desde luego. La gente es el capitán del barco que llamamos cuerpo. Todo cuanto sucede en el cuerpo es arbitrado por ese capitán, que puede curarlo de una enfermedad utilizando sólo una pequeña parte de su potencial. Todos los médicos de su planeta conocen qué es la voluntad de vivir. Aunque no pueden palparla, saben que los pacientes dueños de una firme voluntad de vivir tienen muchas más probabilidades de sobrevivir a cualquier enfermedad grave u operación quirúrgica seria. Esa voluntad debería ser cultivada en todos, y ello redundaría en una sana actitud ante la vida.

    »Son pocos los médicos que ignoran la capacidad destructiva de la mente. Saben que