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    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

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    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    ¡NO LO LANCEN AL ESPACIO! ¡ES MÍO!

    Publicado el domingo, octubre 19, 2014


    Sección de Libros.

    "Nunca pensé", escribe Mary Jane Chambers, "que la vida al lado de un hombre de ciencia tuviese nada de anormal. Pero me quedaba mucho que aprender". Cuando Randy, su esposo, que era sicólogo e investigador, recibió el encargo de ayudar al adiestramiento de los astronautas norte-americanos, dio principio el aprendizaje de la autora. En las páginas siguientes, con la modesta comprensión de una esposa, nos cuenta las lágrimas, los trabajos y las risas que le ha costado acostumbrarse a un hombre que tiene los pies plantados en el laboratorio espacial, el corazón en la plataforma de lanzamiento de cohetes, la cabeza en las nubes... y la mirada puesta en la Luna.


    Condensado del libro de Mary Jane Chambers.


    MI AMOR por Randall Chambers nació en 1949; lo que constituye su pasión se manifestó mucho tiempo antes. Randy es lo que llamo un hombre del tipo científico, y la ciencia ha sido la pasión de su vida. Pero yo no sabía eso la noche en que nos conocimos en la Universidad de Indiana, en los Estados Unidos, donde ambos estudiábamos.

    Aunque entonces andaba yo muy ocupada preparando un examen, esa noche me di tiempo para asistir a una cena que ofrecía un centro estudiantil de la universidad. Hacía un tiempo desapacible y borrascoso. Los cabellos me azotaban la cara y los afeites se me cayeron mucho antes de que llegara al centro, calzada con botas, vestida con mis trapitos más viejos y con un montón de libros bajo el brazo. Probablemente no había en toda la universidad muchacha menos atractiva que yo, en esa ocasión en que conocí a Randy.

    Randall Chambers era hombre apuesto y de elevada estatura, de rizado cabello de color castaño y con unos chispeantes ojos azules que, al fijarse en mí, me hicieron sentir que iba a caerme en un estanque azul donde me ahogaría sin remedio. A la cena, nos sentaron uno al lado del otro, y por mi parte no me di cuenta siquiera de lo que comía.

    —¿En qué curso estás? —le pregunté sin rodeos.

    Yo cursaba mi último año de estudios y temía que él siguiera apenas el primero o bien el segundo.

    —Me gradué el año pasado —me respondió—. Actualmente estoy preparando la licenciatura.

    ¡Ah! Aquel era el hombre con quien había yo soñado: afable, apuesto, interesante. ¿Y qué fue lo que hice, Dios mío? Pues bien, terminada la cena me calcé las botas enlodadas, me puse el impermeable ensopado, recogí mis libros y me encaminé a la biblioteca.

    "Con seguridad que jamás lo volveré a ver", me decía.

    Por ese tiempo, claro está, nada sabía de lo que es el científico. Más tarde comprendí que había procedido yo con singular tino. Un hombre así no se deja impresionar por los afeites, ni por las pestañas postizas o por algún perfume exótico. En su sentir, una chica cubierta de barro que se pasa el tiempo en la biblioteca resulta tan irresistible como lo es una modelo para el fotógrafo. Randy ignoraba que mi interés por la biblioteca era un sentimiento que pasaría con los exámenes. Se imaginó que yo era toda una intelectual.

    A la tarde siguiente, una vez concluidas las pruebas, encontré a Randy, que me estaba esperando para invitarme a tomar una taza de café. Fue el primer paso en un noviazgo que tuvo las características de un tifón. Después del café volvimos juntos a la biblioteca, donde Randy me condujo hasta una sección que yo no había visto nunca y en que había varias hileras de gabinetes pequeños reservados para los estudiantes ya titulados. Reinaba allí un aire tranquilo y mustio, y aparte de nosotros no había nadie en el lugar.

    Randy se inclinó hasta acercar su cabeza a la mía, y pensé, soñadoramente, que sus ojos eran mucho más azules de lo que yo recordaba. De repente acudieron a mi memoria todas las advertencias que me había hecho mi madre. ¿Sería esta una de esas situaciones a las que ella se refería, al hablarme de ciertos bribones que abusan de las chicas inocentes?

    Randy acercó su mano a la mía... y con esto ya no dudé de las palabras de mi madre. En seguida, sin perder más tiempo, Randy extendió unas hojas de papel cubiertas de cifras y algunas gráficas, y procedió a explicarme los experimentos de sicología animal que estaba practicando.

    —Estos son los datos que hemos reunido acerca de los perros —me dijo—. Estamos estudiando su conducta ante diferentes estímulos y su habilidad para distinguir unos de otros.

    No entendía yo una palabra de lo que me decía, pero me parecía admirable.

    Mamá me había advertido también que, tarde o temprano, algún amigo me invitaría a su apartamento. Y no se equivocó. Llevaba yo tres o cuatro semanas de tratar a Randy cuando me invitó a conocer su habitación en el Alpha Hall. Reflexioné en ello durante algún tiempo. ¿Me respetaría Randy si aceptaba su invitación? ¿Perdería su amistad si la rechazaba? ¿Qué se propondría realmente? Me acordé de mi madre... que se hallaba a 500 km. de allí. Y accedí a ir.

    Daba yo por seguro que Alpha Hall era uno de los dormitorios destinados a los estudiantes. Sin embargo, cuando llegábamos a él mi perplejidad iba en aumento. ¿Era posible que aquel edificio, que más parecía un granero, fuese en verdad un dormitorio? Randy me indicó que guardara silencio, se adelantó unos pasos, lanzó una mirada de uno a otro extremo del lugar para asegurarse de que estábamos solos, y con un ademán. me ordenó que lo siguiera.

    Bajamos por una desvencijada escalera hasta alcanzar una puerta en la que se veía un letrero que rezaba : "Prohibida la entrada". De nuevo Randy se adelantó para comprobar que no había moros en la costa.

    El sótano en que nos hallábamos estaba dividido en dos partes. En una había dos catres de metal, dos escritorios y dos sillas. La otra contenía varias jaulas ocupadas por una docena de perros. Comprendí entonces que el sótano del Alpha Hall no era otra cosa que un laboratorio. Hacía también las veces de habitación de Randy en la universidad. Pasé, pues, una tarde locamente romántica conociendo los animales que Randy empleaba en sus experimentos.

    Al final Randy se mostró lo bastante romántico como para darme una sortija con un brillante. Me llevó consigo a la Sala del Pozo, una especie de fuente de los deseos que había en los terrenos de la institución, y allí me propuso matrimonio y me deslizó el anillo en el dedo.

    —Casémonos lo más pronto posible —me dijo.

    Yo creí percibir en su voz el acento de la pasión propia de un galán enamorado, pero lo que en realidad quería decir era que ya había dedicado a cortejarme un tiempo demasiado valioso. Quería casarse conmigo inmediatamente a fin de poder regresar a su laboratorio y continuar sus investigaciones.

    No se me había ocurrido que la vida al lado de un hombre del tipo Científico pudiera ser nada fuera de lo normal. Pero aún tenía yo mucho que aprender.


    "¡TENEMOS QUE ATRAPARLA VIVA!"


    NOS CASAMOS en septiembre. Después de la luna de miel, nos mudamos a la Universidad de Misurí, donde Randy debía proseguir sus estudios. Por aquel tiempo en todo centro universitario había un "sector pobre", correspondiente a los alojamientos de los estudiantes casados; y allí fuimos a parar. Randy y yo disponíamos de dos habitaciones en el segundo piso de una ruinosa casa situada no lejos del colegio. Otro joven matrimonio vivía al lado opuesto del pasillo, y en el tercer piso habitaban cuatro estudiantes chinos que, por las apariencias, se pasaban el tiempo cocinando algún pescado. El único cuarto de baño que había para uso de todos nosotros se hallaba precisamente al lado de nuestra puerta y servía también como fregadero de cocina. Los estudiantes chinos solían lavar sus platos en la bañera.

    El apartamento que teníamos estaba amueblado, pero en el sentido más escueto de la palabra. La cama parecía provenir de un asilo, la cómoda era sin duda desecho de un hospital de la Cruz Roja, y las sillas se dirían sacadas de una carbonera. Había además un refrigerador del que decidí que debíamos deshacernos. Con gran sorpresa mía, Randy consintió en ello. Por tanto, con el dinero que habíamos recibido como regalo de bodas, compramos un refrigerador eléctrico, resplandeciente y poco menos que nuevo.

    Al día siguiente de haberlo recibido preparé una gelatina de frutas exquisitamente aderezada y la puse a enfriar en el refrigerador. Cuando íbamos a comer abrí el refrigerador, metí la mano en busca de la gelatina... ¡y saqué una bandeja de material plástico en la que aparecían seis cabezas de rata congeladas!

    Desde entonces ya me he acostumbrado a encontrar frascos con sesos en salmuera y otras cosas semejantes en todos los rincones de la casa. Pero aquella vez recibí una impresión tremenda, que no se desvaneció porque Randy me explicara que las cabezas de rata formaban parte de un estudio que estaba haciendo acerca de los desórdenes del oído medio. Entonces vi la luz: comprendí por qué Randy había tenido tan grande interés en cambiar el refrigerador.

    La objetividad científica de Randy fue para mí una revelación más. El día en que una cucaracha invadió nuestra vivienda, corrí a buscar a mi marido para darle la desdichada nueva.

    —¿Parecía buscar agua o comida? —me preguntó.
    —¿Y cómo voy a saberlo yo? —exclamé.
    —Un amigo mío se dedica a estudiar la conducta de las cucarachas —me dijo, pensativo—. Las hace recorrer laberintos y aprender multitud de cosas.
    —¡Yo no tengo interés en enseñarle nada a esta cucaracha! —chillé—. ¡Lo único que quiero es que se largue de mi cocina!
    —No, no —protestó mi hombre de ciencia—. ¡Tenemos que atraparla viva!

    Por primera vez me mantuve en mis trece, y al día siguiente me hice del veneno para cucarachas más activo que pude conseguir.

    Una vez que Randy obtuvo su título de maestro en sicología experimental, se inscribió en la Universidad Western Reserve, en Ohio, con objeto de prepararse para el doctorado. Uno de sus nuevos profesores había recibido un contrato del gobierno para juzgar de la eficacia de los mecánicos que trabajaban en los aviones B-29, B-36 y B-50 de la Fuerza Aérea. Randy colaboró con él en esta tarea, y así llegó a conocer a fondo todas las piezas de que se componía el B-36. De este modo, del estudio del hombre y de los animales mi marido progresó al de la fisiología de los aviones. Quizá cayó entonces en la cuenta (si bien yo estuve muy lejos de hacer lo mismo, sin duda) de que estaba adquiriendo conocimientos básicos ideales para la investigación espacial. Si yo lo hubiera sabido, tal vez me habría vuelto a casa de mi madre sin más explicaciones.

    Por fin, nueve años después de haberse inscrito como estudiante universitario, Randy llegó al término de su carrera académica. Siempre habíamos planeado tener un hijo cuando mi marido terminase sus estudios superiores, Quiso la casualidad que el niño y los exámenes finales llegasen casi simultáneamente. Así pues Randy se encontró con que iba y venía nerviosamente por los corredores de la universidad una semana, y a la siguiente, bajaba y subía por los pasillos de la clínica de maternidad. Y a poco, Mark Randall Chambers hacía su entrada en este mundo, chillando vigorosamente.

    Dimos comienzo a la crianza de Mark científicamente, con la dirección de Randy. Esterilizábamos los biberones a la perfección y llevábamos un registro diario del peso del niño. Lo alimentábamos con estricto apego al horario, señalado. Randy llegó hasta poner el reloj despertador a las 2 de la mañana, por si se daba el caso de que el pequeno Mark mostrara repentinamente el buen sentido de dormirse durante toda la noche. Pasada la primera semana, el rorro pesaba un kilo más y Randy pesaba cuatro menos.

    Durante los años siguientes fuimos de mudanza en mudanza. Acabábamos apenas de instalarnos en Bar Harbor, en el Estado de Maine, donde Randy había obtenido una plaza, cuando la Fuerza Aérea lo llamó y tuvimos que trasladarnos a San Antonio (Tejas). Después pasamos a la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, donde Randy colaboró en la instalación de un laboratorio para el estudio de los efectos secundarios de sedativos y estimulantes. En el ínterin fuimos padres de un segundo niño, suceso que Mark ha resumido clara y sucintamente en su autobiografía escolar. "Cuando tenía yo tres años de edad", escribió el chico, "nació mi hermano Craig. Tardamos años enteros en acostumbrarnos a él".

    No sabría decir cómo se arreglan las cosas en una familia en que no hay científicos, pero al segundo de nuestros hijos lo tratamos desde un principio de muy diferente manera. Prescindimos de experimentos y de llevar un registro del peso del recién llegado. Le daba yo de comer, le cambiaba los pañales y me olvidaba de él hasta que soltaba el chillido.

    No llevábamos en la Universidad de Rutgers más de un mes cuando los rusos lanzaron su primer Sputnik. Desde ese momento Randy se convirtió en otro hombre. Se pasaba todas las horas libres de que disponía leyendo cuanto podía acerca de las hazañas espaciales. Entabló correspondencia con diversos laboratorios de medicina aeronáutica y con los centros de navegación espacial de la nación. Aunque la universidad le hizo ofrecimientos en extremo generosos para evitar que se marchara (un aumento de sueldo, una plaza vitalicia, ¡y hasta un sitio para estacionar su automóvil!) en Randy pudo más la atracción del espacio. Por tanto aceptó una oferta de la Armada con objeto de organizar los programas de adiestramiento para los primeros astronautas norteamericanos, entre ellos los del Proyecto Mercurio.


    CUENTAS DESCENDENTES QUE PASAN INADVERTIDAS


    RANDY inició sus labores en el Laboratorio de Aceleración de Medicina Aeronáutica, establecido cerca de Hatboro (Pensilvania), en septiembre de 1958. Hasta entonces no había oído yo hablar de una máquina centrífuga para seres humanos, y siendo como soy mujer del tipo ajeno a la ciencia y que tiene los pies sobre la tierra, no la supe apreciar del todo, al menos en un principio. Pero la máquina no tardó en mantener a Randy ocupado tanto tiempo, que habría podido llegar a detestarla sin necesidad de que nadie me apremiara a ello.

    La máquina centrífuga produce en tierra la situación de fuerza de aceleración a que estará sometido el astronauta durante ciertas etapas de un vuelo. Con ayuda de esta máquina los peritos en ciencias aeronáuticas pueden estudiar los efectos de la tensión experimentada en los momentos del lanzamiento, del desprendimiento de la cápsula, del encendido de cohetes de freno, de la vuelta a la atmósfera terrestre, así como en otras muchas etapas de una empresa espacial.

    La centrífuga misma presenta la apariencia de una grotesca máquina de feria, aunque, claro, mucho más complicada. Lleva un brazo de acero, de 15 metros de longitud, que, movido por un motor eléctrico de 1,5 millones de H.P. da vueltas en una sala circular, como la manecilla de un reloj gigantesco. Del extremo del brazo pende una cabina, que tiene la forma de una cápsula espacial y en la que puede ir un hombre. Vista desde afuera, la construcción, redonda y sin ventanas en que está encerrado aquel artefacto, muestra el aspecto de un gran pastel. En el interior, la sala, de unos 35 metros de diámetro, da la sensación de un gimnasio, tiene la intrincada red de cables de una estación de redifusión telefónica, y la agitación de una plataforma para el lanzamiento de cohetes.

    El Dr. Randall Chamhers conoció entonces días de verdadera felicidad. Después de haber experimentado en animales, en seres humanos y en aviones, se encontraba ante una máquina extraordinaria y el más espinoso de los problemas.

    —En mi calidad de director del adiestramiento en aceleración —me explicó—, colaboraré en preparar a los astronautas del Mercurio para su vuelo espacial.
    —¿Encierra eso algún peligro? —pregunté.
    —Bueno... —Randy vacilaba—. No es mucho lo que se ha ensayado en este campo. Ya sabremos algo más después de que me haya subido a la centrífuga.
    —¿Cómo? —exclamé—. ¿Después de que tú te hayas subido a ella? Yo creía que el adiestramiento era para los astronautas.
    —No podré adiestrarlos en la ejecución de una cosa que no sepa hacer yo mismo. Por otra parte, mientras yo esté encargado de esto, no quiero que sufran ningún daño.

    Apenas pude objetar, débilmente:

    —Miles de tocólogos no han tenido nunca un niño, y sin embargo me parece que son muy capaces de desempeñar su trabajo a maravilla.

    Pero mis palabras le entraron por un oído y le salieron por el otro.

    Randy empezó a montar en la máquina al mismo tiempo que un corto número de otros precursores: sicólogos, especialistas en biofísica, ingenieros y médicos cirujanos de aviación. A principios de 1959 se les unieron 23 pilotos de prueba de la NASA (Dirección Nacional de Aeronáutica y del Espacio), del cuerpo de Infantería de Marina, la Armada y la Fuerza Aérea, pilotos que participaron en la operación de adiestramiento y en el estudio de la eficacia de la máquina centrífuga. Aquella tarea sirvió de base a los programas de simulacro y de adiestramiento en aceleración seguidos por los astronautas durante los seis años siguientes.

    A menudo las pruebas practicadas eran extremadamente duras. El ocupante de la cabina experimenta la misma tensión por que pasa el astronauta durante el lanzamiento o al penetrar de nuevo en la atmósfera terrestre, momentos en que el peso de la gravedad le oprime el cuerpo con una fuerza muchas veces mayor que la que se experimenta en tierra. Esta tensión ocasionada por la gravedad, y a la que se denomina G, hace violencia al organismo y provoca dolores en el pecho, los brazos y las piernas. Además de que también puede alterar la vista y el habla, dificulta la respiración y es causa incluso de que se rompan los vasos sanguíneos capilares. Asimismo acelera el funcionamiento del corazón. Algunos de los que se sometían al experimento sufrían desmayos y debían descansar durante varias horas después de montar en la máquina. Otros quedaban privados del sentido de orientación y no podían andar sin ayuda ajena. Había ocasiones en que la rotura de vasos sanguíneos en ojos y piel ocasionaban en las víctimas sometidas a esas pruebas agudos dolores que se prolongaban durante días enteros.

    Acabé acostumbrándome a ver que mi marido regresaba a casa del trabajo cubierto de rasguños y magulladuras. Y llegué a aprender a no pestañear cuando oía hablar a Randy y a sus amigos de experimentos que designaban por nombres tales como "globos oculares adentro", "globos afuera", y debía contentarme con esperar que aquellos nombres no fueran fielmente descriptivos.

    A medida que las pruebas avanzaban, Randy y sus colaboradores ensayaban a montar en la máquina en diversas posiciones: hacia atrás, de frente, sentados, tendidos cuan largos eran. También iban en ella con los ojos vendados y sometidos al efecto de drogas que estaban aún en la etapa de experimentación. Incluso lo hacían después de una prolongada inmersión en el agua. Probaban medidores de la tensión arterial, la respiración, la temperatura y otras reacciones de un piloto, así como la forma en que este se desempeña bajo los efectos de la tensión. Asimismo inventaron dispositivos para proteger el organismo contra la tensión causada por la aceleración. Entre ellos se contaban divanes amoldados al cuerpo, trajes propios para resistir la fuerza de la gravedad, trajes con aire comprimido, asientos para aeronaves, y vestidos con aire y agua.

    El traje de aire comprimido se diría arrancado de las páginas de una vieja novela científica. Pero después de que Randy lo trajo a casa varias veces, dejó de causarme extrañeza y empecé a verlo como algo para mí perfectamente corriente, tanto como para la mujer de un mecánico pueda serlo un traje de faena.

    Debí haber comprendido que también los vecinos tenían necesidad de cierto tiempo para acomodarse a la edad espacial. No pensé en ello hasta un viernes por la tarde, cuando el chico que nos entregaba el diario vino a cobrar el dinero que le debíamos. Un traje de aire comprimido, con casco, guantes y demás, estaba echado en un sillón de la sala, y ofrecía el aspecto de algún visitante procedente del espacio extraterrestre. El pobre muchacho no acababa de cobrar y ya había emprendido la carrera para contarles a los vecinos que había aterrizado allí un platillo volador... ¡y que un marciano se encontraba instalado en la sala de la familia Chambers!

    Por aquellos primeros días de las investigaciones espaciales, algunos pensaban que los chimpancés podrían ser los pilotos ideales para la navegación espacial. Así pues, Randy discurrió un experimento por el cual podría comparar su propia habilidad con la destreza de un chimpancé en el manejo de los mandos de una astronave.

    Randy y el chimpancé, sentados uno junto al otro ante el doble tablero de instrumentos de la máquina, se sometieron a una prueba de cinco horas y media, rodeados por una multitud de colaboradores de Randy. Terminada la prueba, habría sido difícil determinar quién era el examinador y quién el examinado. El mono, que se mostraba tranquilo y descansado, no sólo se desempeñó irreprochablemente durante gran parte del experimento, sino que en momentos lo hizo mejor que Randy. ¡Y por añadidura estaba dispuesto a trabajar sin más retribución que unos plátanos!

    Era cierto que el chimpancé gozaa de algunas ventajas. Se presentaba a las pruebas tras de haber pasado una noche de completo reposo, mientras que Randy debía preocuparse por todos los problemas que el experimento entrañaba. Y bien pudiera ser que la manía del simio de lanzar un chillido capaz de helarle a uno la sangre en las venas cuando quedaba a la zaga en la prueba, y de palmotear cuando tomaba ventaja, le resultara un poco desconcertante a su rival humano.

    Cuando se consideró terminado el experimento, le pregunté a Randy qué se proponía hacer con las conclusiones a que habían llegado.

    —Pienso publicarlas en el Journal of Aerospace Medicine (Revista de Medicina Aeroespacial) —me contestó.
    —¿Incluyendo los detalles en que el chimpancé te superó?
    —¡Naturalmente! —exclamó—. En ello estriba lo más interesante.

    Por esa época estaba yo todavía lo bastante desprovista de espíritu científico para desear que aquello no llegara nunca a oídos de los vecinos.




    AZOTES Y SICOLOGIA


    LOS PRIMEROS astronautas llegaron para dar principio a su adiestramiento por la primavera de 1959, y los nombres de John Glenn, Alan Shepard, Gus Grissom, Scott Carpenter, Gordon Cooper, Wally Schirra y Deke Slayton no tardaron en ser bien conocidos de todos nosotros. Solamente durante su primera visita, los siete astronautas "volaron" unas 300 veces en la máquina centrífuga.

    Durante este tiempo también nuestros dos chicos, Mark y Craig, andaban estudiando la ley de la gravedad. Randy les había comprado una astronave de juguete, y los dos hermanos emprendieron su propio programa de adiestramiento astronáutico en el jardín trasero de casa. Su "máquina centrífuga" era una especie de rueda de feria en miniatura, en la que el "astronauta" rodaba de cabeza una y otra vez, como si ejecutara un salto mortal. Era un juguete que sólo a un científico espacial se le habría ocurrido darles a sus hijos... y Randy mismo les advirtió que se aferraran a él con ambas manos.

    Todos los chicos del barrio acudían a ver nuestra gran rueda, y al principio me atemorizaba la idea de que alguno de ellos se hiciera daño. Mis temores resultaron gratuitos: los otros chicos eran personas normales como yo y no quisieron aceptar la invitación a subir al aparatito. El mismo Mark, tras de dar en él algunas vueltas, llegó a la conclusión de que, en realidad, preferiría recorrer el camino de la vida con los pies en el suelo y la cabeza en alto.

    En cambio, Craig se aficionó a aquel adiestramiento como los astronautas mismos. Podía girar hacia adelante o hacia atrás hasta imprimir a la máquina la velocidad máxima. Mientras rodaba echaba la cabeza hacia atrás buscando que el viento le diera en la cara, como si imaginase que se trataba de un lanzamiento verdadero o de un verdadero reingreso en la atmósfera.

    Nuestros dos chicos no eran fáciles de educar, ya fuera en el aire o incluso en el suelo. La mayoría de las personas se han mostrado asombradas de ello, pues piensan que Randy, siendo un perito adiestrador de profesión, también en casa pondría en práctica las mismas facultades. Cierto es que de una de las paredes pende, debidamente enmarcado, un documento oficial por el que se hace constar que Randall Chambers se halla cumplidamente facultado para ejercer la sicología en el Estado de Pensilvania. Pero Mark y Craig, por su parte, han estado practicando un género superior de sicología desde que vinieron al mundo.

    Por ejemplo, la mayoría de los niños normales, según dicen los libros, duermen durante prolongados períodos si los rodea un ambiente tranquilo. En el caso de Mark y Craig no había tal: ya podía la casa estar en completa paz, que ellos no dejaban de interrumpir mi siesta.

    Randy decidió que yo era la causante del insomnio de los chicos, así como del mío propio.

    —Es que no los acuestas como se debe —me dijo en son de reproche—. Eres demasiado precipitada y brusca con ellos.

    Cierta noche mi marido resolvió enseñarme la forma correcta de meterlos en la cama.

    Una vez cumplidos todos los quehaceres que preceden a la hora de acostarse y que los niños estuvieron en la cama, Randy se acostó en la de Mark, al lado del chico. Como era de esperar, los dos hermanos se pusieron más parlanchines e inquietos que de costumbre. Lejos de conciliar el sueño, se mostraban cada vez con menos ganas de dormir.

    Mark acabó tomando las cosas por su cuenta. Se volvió hacia su padre y le dijo:

    —Bájate de mi cama para que me pueda dormir, ¿quieres?

    Y basta lo anterior para muestra del procedimiento profesional.

    Otro tema predilecto de los libros que tratan de la crianza de los niños es el que explica cómo enseñarlos a valerse por sí solos cuando quieren hacer sus necesidades personales, pero esos libros nada dicen del chico que toma esto con tanto entusiasmo que le da por meterse en todo cuarto de baño que le sale al paso. Nuestros dos chicos eran empedernidos amigos del cuarto de baño. Cuando íbamos en busca de casa, era seguro que Mark se encargaría de poner a prueba las condiciones del que había en el lugar. Craig, por su parte, era dado a visitar los retretes públicos... cuanto más públicos, mejor. Craig alcanzó el punto culminante de su carrera en el piso principal de una gran tienda.

    Randy y yo nos habíamos detenido a examinar unas telas para cortinas cuando notamos que Craig había desaparecido repentinamente. Por lo general, cuando se pierde un niño, sus padres no saben por dónde empezar a buscarlo. Pero nosotros no tuvimos la menor dificultad. Una multitud de personas, que reían a más y mejor, se hallaban congregadas alrededor de la cercana sección de muebles para baño. Randy y yo nos acercamos a aquel grupo de gente, y en seguida descubrimos a Craig, ocupado en demostrar, con gran satisfacción, el empleo de un retrete moderno. Mi marido y yo nos confundimos entre los espectadores durante un buen rato antes de que pudiésemos hacer acopio del valor necesario para adelantarnos y llevarnos de allí a nuestro hijo.

    Según cierta teoría acerca de la crianza infantil, los padres de familia deben pasar por alto las malas acciones de un niño y premiar las buenas. Esto es lo que hace Randy cuando tengo que salir y dejarlo encargado de sus hijos. Por reprobable que sea el comportamiento de los chicos, Randy no para mientes en ello, y por mi parte sólo puedo presumir lo que haya ocurrido guiándome por el desorden que encuentro en casa a mi regreso.

    A decir verdad, sí creo en la crianza "sicológica" de los niños; juzgo que, a la larga, resulta excelente para la formación del carácter. Pero nada puede remplazar a unos buenos azotes cuando se trata de corregir al niño sin tardanza.

    Y siempre que tengo que darles a los chicos con la palmeta, invariablemente les digo con la serena actitud de rigor :

    —Vuestro padre es sicólogo, pero yo no.


    LA LOCURA DE CHAMBERS


    LA NUESTRA es una calle tranquila, donde la posesión de una casa es cuestión solemne. Los setos se podan con regularidad, se recogen las hojas caídas y la nieve se levanta apenas toca el suelo; asimismo se destruye a los insectos, y los perros viven atados. Allí los cubos para desperdicios se llevan al jardín o patio trasero y se ocultan a la vista una vez que los ha vaciado el encargado de recoger la basura.

    Randy se ha acomodado a tal género de vida como pudiera hacerlo un cachorro de león entre una carnada de gatitos. Está de acuerdo en que se deben retirar los cubos de la basura y en que hay que podar los setos... pero estas son pequeñeces comparadas con los problemas científicos.

    La actitud de mi marido es causa de nerviosidad para algunos de nuestros vecinos. Uno de ellos, un botánico especializado en combatir la cizaña, vino a casa y, por mera cuestión de principio, regó nuestro herbazal con insecticidas. Otro se echó a cuestas la tarea de llevar nuestros cubos de basura al jardín trasero porque no podía tolerar verlos en la acera todavía dos días después de que el basurero había recogido los desperdicios.

    Si bien otros vecinos de nuestra calle tienen setos de flores en su jardín, nosotros tenemos un extenso sembrado de tomateras. Poco después de habernos mudado a aquella sección, Randy declaró que ya no había quien fuera capaz de cultivar un buen tomate. El tomate, decía, se debe cultivar como se hace en el Estado de Indiana. Y con esto plantó unos postes de casi tres metros de altura y ató a ellos otros palos similares para erigir una estructura semejante a una tienda de indio piel roja. A cada palo fijó una tomatera, y así la convirtió por fuerza en planta trepadora, quisiéralo ella o no. Me aseguró que tres docenas de tomateras no son demasiadas... para quien tiene verdadero gusto por los tomates.

    —Veo que está usted cultivando habichuelas trepadoras —me dijo uno de los vecinos.

    Al decirle que estábamos cultivando tomates trepadores, ya me imaginaba las preguntas que se haría en su interior: "¿Pensará el señor Chambers instalar un puesto de tomates frente a su casa? ¿No habrá nadie que se lo haya comunicado así a la dirección de urbanismo?"

    Pero, como de costumbre, la objetividad de Randy salió victoriosa. Mientras los vecinos cuidaban como esclavos de su jardín y sus macizos, Randy se hartaba de tomates : cocidos, al horno, estofados, rellenos, y los comía incluso a modo de piscolabis antes de acostarse.

    Aunque los adultos del barrio se muestran alarmados por nuestro jardín, a los chicos les encanta. El otoño pasado, cuando algunos de ellos se revolcaban a su sabor entre la hojarasca, un rapazuelo exclamó jubilosamente :

    —¡Señora Chambers! ¡Su familia es la única que tiene hojas!

    (Sí, y durante el invierno tenemos también las mejores pilas de nieve.)

    La chiquillería no está menos encantada con Fred, el esqueleto humano que a veces pasa la noche en casa, cuando a la mañana siguiente debe participar en un seminario en la sala donde está la centrífuga. Fred tiene una osamenta pulcra y brillante, cuyas partes van unidas entre sí con anillos de metal. Vestido con un traje espacial y sentado en el sofá de la sala, muestra un aspecto en extremo sociable.

    Randy juzga a los niños que nos visitan con el mismo amistoso optimismo que le anima hacia Mark y Craig. Firmemente convencido de que la práctica es el mejor maestro, les presta lupas, cámaras, reglas de cálculo y magnetófonos. La vez que la chiquillería resolvió construirse un refugio privado, Randy les llevó todas sus herramientas. No había pasado mucho rato y ya 15 chicos estaban martillando y aserrando en el jardín trasero, que, cubierto poco después de astillas de madera, ofrecía la apariencia de un naufragio. El refugio o club, ya terminado, tenía el aspecto de una gran perrera o de un estrecho retrete al aire libre, y una permanente inclinación a estribor.

    Pero la piéce de résistance de Randy es su tocón. Mejor conocido entre el vecindario por la locura de Chambers, el tocón tiene un metro de diámetro y otro tanto de altura, y presta a nuestro jardín trasero el toque final. Randy lo descubrió en un cementerio y tuvo que pagar para que lo trajeran a casa.

    —¿Qué piensa usted hacer con él? —le preguntaron los vecinos.
    —Pero, es que tengo necesariamente que hacer algo con él? —preguntó a su vez Randy.

    La verdad era que pensaba emplear el tocón a modo de estrado para unos seminarios que proyectaba celebrar en el jardín trasero, pero no creyó necesario explicarlo. Lo que sí resultó enojoso fue que, por esos mismos días, el vecino que habitaba la casa al norte de la nuestra se gastó una suma exorbitante ¡para que se llevaran un tocón que tenía en su jardín! Siempre que se volvía a mirar el nuestro, lo veía yo mover la cabeza con aire de perplejidad.



    EN ORBITA


    EL MÁS entusiasta de los "jockeys" de la máquina centrífuga entre los astronautas del plan Mercurio era John Glenn. Ensayaba montando en "la rueda", como él decía, hora tras hora. Una de las principales aportaciones a las fases iniciales del programa espacial fue la recomendación hecha por Glenn de que los astronautas deberían participar en las tareas de diseñar y poner a prueba el equipo que habrían de emplear. En el ambiente espacial tan fielmente reproducido por la centrífuga, Glenn y sus colegas podían comprobar la eficacia de la palanca de mando, los asientos, el sistema vital y las computadoras. Cuando se presentaba algún problema se hacían allí mismo las modificaciones necesarias.

    Hubo siete simulacros efectuados con la máquina centrífuga en el curso del Proyecto Mercurio, a partir del primero, llevado a cabo por el verano de 1959, y cada uno de los sucesivos era más complicado.

    Hacia la época en que Alan Shepard hizo al espacio el primer vuelo norteamericano tripulado, en mayo de 1961, me dejó atónita el conjunto de operaciones requeridas por un vuelo que duró poco más de 15 minutos. El vuelo que efectuó Gus Grissom en julio siguiente fue poco más o menos de la misma duración. No obstante, antes de un mes siguió a este el vuelo del ruso Gherman Titov, que permaneció en el espacio durante más de 25 horas y completó 17,5 órbitas a la Tierra.

    A pesar de que nuestros hombres de ciencia nunca han visto nuestra empresa espacial como parte de una competición, la reacción de Randy ante el vuelo de Titov fue de asombro y desencanto. Se preguntaba a menudo : "¿Cómo es posible que los rusos hayan logrado tanto en tan poco tiempo?"

    A mí me ponen muy nerviosa los vuelos espaciales. Quizá sea porque trato con los que trabajan entre telones, y porque he visto cómo se afanan para eliminar cualquier peligro. O tal vez me falta el temperamento apropiado. Sea como sea, me siento más inquieta de lo que parece estar cualquiera de los participantes en tales vuelos.

    Así me ocurrió especialmente el día en que John Glenn efectuó su vuelo orbital el 20 de febrero de 1962. El lanzamiento se había venido postergando interminablemente y lo habían suspendido diez veces a causa del mal tiempo. Por fin, sin embargo, el día decisivo parecía haber llegado.

    Randy y yo nos levantamos temprano y encendimos el televisor para ver el lanzamiento. (A menudo le he preguntado a Randy por qué no va a Cabo Kennedy para estar presente en uno de los lanzamientos, pues que son para él de tanto interés. Pero el lanzamiento está a cargo de un grupo especial; los investigadores están ocupados en proyectos que se pondrán en marcha dos o tres años más tarde. Sin embargo, Randy ha visitado Cabo Kennedy con objeto de tomar parte en la discusión de. algunos proyectos en ciernes.) Glenn se introdujo en su nave espacial a las 6:03 de la mañana. Enseguida ocurrieron algunos otros retrasos al hacer la cuenta descendente, y aproveché esos retrasos para dar el desayuno a los chicos. Por último, después que se solucionó cierto problema de combustible, que se reemplazó el cerrojo de la escotilla y se remediaron otras dificultades de orden menor, la cuenta llegó a su término. Y ante nuestros propios ojos, el cohete arrancó de la plataforma.

    El cohete se iba elevando más y más, dejando una estela de humo... y al fin desapareció.

    Randy y yo quedamos pasmados, sin respirar siquiera. Entonces, después de un silencio que nos pareció interminable, oímos la voz de Glenn diciendo:

    —Todos los sistemas listos...

    Oficialmente aquel vuelo se prolongó durante 4 horas; 55 minutos y 23 segundos. Para mí duró cuatro años. Y me temo que no me conduje muy científicamente, pues ya soltaba el llanto, ya decía la oración que ahora rezo en cada vuelo espacial: "Dios misericordioso, llévalos con bien. Guíalos, dirígelos, protégelos... y tráelos de regreso sanos y salvos, si tal es Tu voluntad".

    Antes solía pensar que los testigos de algún gran acontecimiento de la historia habían planeado hallarse presentes. Pero ahora me digo que quizá no fue así. A veces quienes se encuentran en primera fila son, en realidad, absolutamente incapaces de soportar la contemplación del suceso.

    De una cosa estoy bien segura. Si Randy pasa alguna vez de los simulacros de vuelos espaciales a los verdaderos, nadie llegará a ver ninguna de esas fotografías en que aparezca yo sonriendo valerosamente, como mujer de un astronauta. Estaré en Cabo Kennedy gritando:

    —¡No lo lancen al espacio!... ¡Es mío!


    LOS CHICOS DE LA PRENSA


    POR Los tranquilos días anteriores a esta era espacial, la única ocasión en que Randy apareció en los diarios fue cuando nos casamos. Ahora los periodistas seguían todos sus pasos. No tardaron en darse cuenta de que ignoraban totalmente cómo habérselas con un científico.

    Periodista: ¿Puede usted decirnos qué se logrará con el vuelo de hoy?
    Randy: Es que no fui yo, en realidad, quien planeó el vuelo. Lo único que hice fue colaborar en el simulacro hecho con la máquina centrífuga, a fin de estudiar algunos de los problemas que ofrece este vuelo.
    Periodista: ¿Qué problemas son esos, Dr. Chambers?
    Randy (poniendo fin a la entrevista): Aquí encontrará un artículo mío que podrá ilustrarlo. Se titula "Desempeño controlado bajo G con los mandos de posición laterales".

    Randy no alcanza a comprender por qué los periodistas andan siempre con tanta prisa. Para el científico la paciencia es requisito indispensable de cualquier logro importante. Cada vez que acude a una reunión donde ha de presentar algún estudio científico, se tropieza con reporteros que tienen señalado un plazo para entregar su crónica.

    —¿Podría usted decirnos, Dr. Chambers, de qué tratará su conferencia de esta tarde?
    —Sin duda. Mi estudio se titula "Los aspectos sicológicos y fisiológicos de la tensión por aceleración".
    —¿Puede usted explicarnos a qué se refiere?
    —¡Caramba! Voy a hablar durante 45 minutos. No es posible resumir la cuestión en una o dos frases. ¿Por qué no pasan ustedes a escucharme ?
    —¡Pero es que ya vamos a entrar en prensa!
    —Pues no comprendo cómo pueden ustedes informar acerca de lo que digo, antes de que lo haya dicho —repuso mi hombre de ciencia, perplejo.

    Cierta vez, pensando que quizá no había estado muy servicial, se propuso conducirse mejor. Antes de su siguiente disertación, informó a los periodistas que tendría listas varias copias del texto de su conferencia en una rueda especial de prensa que celebraría dos horas ante de la conferencia, la cual se había convocado para las 4 de la tarde.

    ¿Y qué sucedió? ¡Que un reportero se presentó a las 11 de esa mañana y pidió que se le proporcionara copia adelantada del material que se daría a conocer en la rueda de prensa!

    Sólo una vez han sorprendido a Randy desprovisto de su científica serenidad.

    Ocurrió el día del primer vuelo del Proyecto Mercurio. Los comentaristas de la televisión invadieron el laboratorio, arrastrando su equipo tras de sí, y alguién señaló a Randy como la persona que había dirigido parte del adiestramiento de los astronautas. Sin previo ensayo, incluso sin previo aviso, los comentaristas le enfocaron una cámara, le metieron un micrófono por las narices y le preguntaron :

    —¿Cuál es su opinión acerca del vuelo de hoy?

    Randy, en su estilo más escogido y erudito, replicó:

    —Me parece... ¡me parece estupendo!


    MIS AMIGOS DEL ESPACIO


    UNA MAÑANA, al despertar a las 4 de la madrugada, descubrí a Randy, vestido de pies a cabeza, con traje y corbata, y no se me ocurrió más que decir:

    —¿Llegas o te vas ?

    Quién sabe por qué mi pregunta parecía resumir nuestra existencia durante los experimentos con la máquina centrífuga, en preparación de los vuelos de la cápsula Géminis y de la selenave Apolo, que siguieron, a mediados del presente decenio, al programa Mercurio. Los científicos del espacio y los astronautas son gente vagabunda, que se pasan la vida volando, con tiempo apenas para hacer sus preparativos, de uno a otro centro de la NASA, o para acudir a cualquiera de los laboratorios de investigaciones aero-espaciales de la costa occidental de los Estados Unidos, y Randy no era una excepción a la regla.

    Me resultaba triste quedarme tan a menudo en un mundo habitado por muchachitos y compuesto al parecer de emparedados de mantequilla de cacahuate. Luego, cuando Randy regresaba, hallaba yo el reverso de la medalla. Pocos días había en que no se reunieran en casa pilotos de pruebas, astronautas, médicos de aviación, manejadores de computadoras o ingenieros, para comer con nosotros o pasarse la velada hablando de lo suyo. Yo nunca sabía cuántas personas se me presentarían a comer, ni cuándo les daría por venir, así que al poco tiempo nuestro comedor adquirió el ambiente de una especie de cafetería pública.

    La conversación de nuestros visitantes equivalía a toda una educación. Algún ingeniero hablaba de una "buena velocidad", y yo pensaba que se referiría tal vez a una velocidad de unos 80 km. por hora. Mas no: hablaba de 27.000 km. por hora. En otra ocasión uno de nuestros comensales se lamentaba de que debía cumplir sus investigaciones con un presupuesto de lo más mezquino. Ya me sentía movida a piedad cuando en esto agregó:

    —¿ Sabéis que no dispongo más que de un millón de dólares para hacer este trabajo?

    Nunca antes me había hecho cargo de cuán especializados son realmente los especialistas en investigación espacial. Y cierta calurosa noche de julio, Mark y Craig derribaron el ventilador de la ventana y lo rompieron... estando presentes un ingeniero mecánico, un ingeniero en aeronáutica, un ingeniero proyectista y un ingeniero en factores humanos. Apremiados por varios médicos y sicólogos que también se encontraban allí, los ingenieros examinaron el ventilador con cierta vacilación, pero no quisieron comprometerse a nada. Cada uno insistía en repetir :

    —No soy ingeniero en esta materia.

    Arreglaron por fin el desperfecto... con ayuda de un médico cirujano de aviación y de un sicólogo investigador. Después de lo sucedido, el incidente se convirtió en broma de cajón. Cuando alguien exponía algún problema, uno de nosotros solía replicar:

    "Lo siento, pero no soy ingeniero en la materia".

    En ocasión de una de nuestras reuniones a cenar, conocí a un joven ingeniero y piloto de pruebas, hombre que destacaba entre todos aunque todavía no lo habían elegido como uno de los astronautas que participarían en los proyectos Géminis y Apolo. Se llamaba Neil Armstrong, y había llegado al laboratorio a fin de tomar parte en algunos de los primeros experimentos de vuelo simulado.

    Nos encontrábamos en la sala, después de la comida, y conversábamos apaciblemente, cuando toqué uno de mis temas predilectos: el de la excesiva especialización de ingenieros y científicos.

    —Son demasiados los estudiantes de ingeniería que no saben nada de música, de literatura o de las otras artes —declaré—. Buen número de ellos ni siquiera han estudiado una lengua extranjera.

    Neil no se molestó en replicar a mis infundados comentarios. A poco se dirigió a la chimenea, tomó tres piezas escultóricas que Randy había traído de Grecia, y procedió a traducir las inscripciones labradas en ellas. Le he oído hablar también de las fórmulas físicas empleadas en los estudios de simulacros en la centrífuga; todo lo cual hace de él una persona notablemente bien preparada.

    En el curso de las semanas siguientes Neil nos visitaba con frecuencia, y él y Randy discutían hasta avanzada la noche, mientras tomaban el café en la sala. Después de una de estas veladas hallé una taza rota, que Neil había dejado caer accidentalmente.

    Ya había yo olvidado el incidente, o lo tenía casi olvidado, cuando, pasados unos días, el mensajero de una tienda dejó en mis manos una gran caja blanca. Al abrirla encontré en ella dos tazas y dos platitos iguales a los de mi vajilla. Neil había tomado nota del dibujo y había pedido que me enviasen un doble repuesto.

    Hoy, mientras se continúan escribiendo nuevos capítulos de la emocionante empresa espacial, me complazco en traer a la memoria aquella gentil y terrena acción de Neil. Lo único que lamento es no haber puesto alguna marca especial en una de esas tazas, una señal con que distinguirla, en vez de haberla confundido entre las demás. Pero claro está que entonces ignoraba yo que Neil sería el elegido para capitanear el vuelo del Apolo 11 a la Luna.




    EL EJEMPLAR ESTUDIO DE RANDY


    TUVE EN un tiempo un profesor que aseguraba que el buen escritor no emplearía nunca la palabra "indescriptible". En su opinión, el escritor debe ser capaz de describirlo todo. Sin embargo, este profesor no había visto nunca el estudio de Randy.

    Aquella habitación muestra, en sus mejores días, el aspecto de una biblioteca recién destruida por alguna explosión. Allí están representados veinte años dedicados a reunir datos, y toda una vida aplicada a salvar lo que no tiene salvación posible. En el lugar se ven pilas enteras de gráficas, apuntes, mapas de isobaras y cartas de pesas y medidas, así como mapas de una gran diversidad de lugares, el espacio extraterrestre inclusive. Abundan los itinerarios de ferrocarriles, viejas guías telefónicas de varias ciudades, además de un esterilizador que guarda una colección de instrumentos quirúrgicos antiguos, entre ellos un vetusto extractor de muelas y otro de amígdalas.

    El estudio sirve asimismo como depósito de un surtido de cerebros sintéticos, de corazones, orejas y cráneos, sintéticos también. Domina todo esto una réplica enorme del ojo humano que observa malignamente a todo visitante. Hay allí cuatro ficheros, a los que atribuyo el haber salvado del fracaso a nuestro matrimonio hace unos cinco años, cuando reemplazaron a varias cajas vacías de naranjas. Dos anticuados escritorios de persiana se apoyan mutuamente contra sus respectivos respaldos. En una esquina se alza un armario de innumerables gavetas, que perteneció a algún dentista del siglo XVIII, y se hacinan otros parias del mundo del moblaje, adquiridos en alguna tienda de piezas de segunda mano o recogidas de un tiradero.

    Ocupa el lugar de honor, en el centro de la habitación, una mesa de dibujo montada sobre ruedas y hecha con un gran trozo de ala de avión, resto de un aparato destrozado que se usó en un simulacro.

    Es de justicia mencionar que Randy ha tratado de sistematizar sus trebejos. Por ejemplo, una tabla que tiene 56 agujeros abiertos cuidadosamente y que está clavada encima de uno de los escritorios, guarda lápices y borradores, y una cartera que pende de un gancho, exactamente a siete centímetros bajo el techo, sin duda como precaución contra las inundaciones.

    En cuanto al resto de los objetos mencionados, así como varias docenas de otros más, no guardan orden, al menos perceptible a la mirada de un profano. Randy, sin embargo, da muestras de saber dónde está cada una de sus pertenencias. En una ocasión cometí el error de probar a poner orden en aquella confusión, y nunca he visto a mi marido tan enfurecido como entonces. Durante varios meses anduvo mascullando:

    —Extraviaste mis apuntes... Traspapelaste mi libro.

    Los científicos a quienes Randy se enorgullece en enseñarles su estudio, se manifiestan vivamente impresionados. Cierto visitante oriundo de Sudáfrica estaba a punto de regresar a su país, dispuesto a declarar que los Estados Unidos constituyen una sociedad matriarcal. Decía que bastaba con visitar los hogares norteamericanos para comprender que la mujer lo domina todo, que elige el mobiliario entero y que la mayoría de los hombres tienen que vivir en habitaciones que no son siquiera de su gusto.

    Pero entonces este sudafricano recorrió el estudio de Randy. A la vista de aquel increíble revoltijo, su rostro se iluminó. Estrechó la mano de Randy con efusión y lo felicitó por ser el amo de su casa.

    El hecho de que yo considere el lugar como un nido de ratas, mientras que Randy lo mira como un modelo de estudio, no constituye (según la conclusión a que he llegado) sino un aspecto del problema general de las diferencias entre los sexos. Hombres y mujeres se sienten atraídos hacia el matrimonio como resultado de la fascinación que en unos y otros ejerce el sexo opuesto. Pero aún no han dejado de resonar en los oídos del novio y la novia los acordes de la marcha nupcial, y ya empiezan, cada uno por su parte, á esforzarse en eliminar aquellas diferencias. Algunos llegan a incurrir en las molestias y los gastos de un divorcio sin otro resultado que vérselas otra vez, al casarse de nuevo, con el mismo problema: con una persona del sexo opuesto.

    No pretendo comprender la razon de que el sexo opuesto tenga por qué ser tan opuesto, pero me he formulado mi propia teoría (aunque no la respalda la menor sombra de evidencia científica), y es que el cerebro masculino es sinistrórsum por naturaleza. Estoy convencida de que la mayoría de los matrimonios se salvarían de irse a pique, si fuese mayor el número de mujeres que lo comprendan así.




    Y AHORA SON TRES


    UNO DE los más graves problemas que puede ocurrir a la que se case con un hombre de ciencia es que los vástagos de la pareja también resulten sabios. Cuando por primera vez observé en Mark y Craig cierta inclinación hacia la ciencia, ensayé heroicamente cortar aquella afición por lo sano. Les regalaba raquetas de tenis, pelotas, patines, y les proporcioné un maestro de música, pero todo ello me valió lo mismo que si hubiese tratado de convencer a un par de peces de que nunca le llegarían a tomar gusto al agua.

    A los ocho años Mark pidió que por Navidad le trajeran un microscopio, y al recibirlo dio en cultivar moho de pan con objeto de estudiarlo científicamente. Después, en las Navidades y cumpleaños siguientes, pidió un juego de química, un aparato de radio de galena, un telégrafo, un planetario en miniatura, una máquina de vapor, imanes, reglas de cálculo, modelos de aviones y cohetes nucleares, y toda una colección de enciclopedias.

    Una Navidad vino a casa un chico vecino nuestro para examinar aquel botín, y trajo consigo un regalo predilecto entre los que él mismo había recibido: un enorme camión de juguete. Echó una mirada a la colección de bártulos científicos de Craig y Mark, y exclamó:

    —Pero, ¿a ustedes no les regalaron nada con que jugar?

    Cuando Mark tenía once años y Craig ocho, entre ambos construyeron una computadora en el laboratorio que había instalado en el sótano. Hicieron el artefacto con una caja de cartón de regular tamaño, en una de cuyas paredes laterales practicaron una abertura que llevaba la leyenda "Preguntas". Estaba provista de gran número de esferas y botones, auténticos en apariencia, y emitía ruidos secos, propios de un mecanismo de verdad. Cuando el aparato tenía lista la contestación a alguna pregunta, se encendían luces, resonaban zumbadores y tocaban timbres.

    El juguete tenía el aspecto de una computadora verdadera y los chiquillos del barrio estaban encantados con ella. Pero todos acabaron enterándose de la verdad : aunque parecía auténtica, la caja estaba vacía y los hermanos Chambers se turnaban para ocultarse en ella y hacer las veces de "cerebro" de la máquina. Cuando Craig estaba dentro, la respuesta que la computadora daba invariablemente a la pregunta: "¿Cuántos años tienes?" era: "Ocho". En otra ocasión, devolvió la pregunta que se le había formulado con esta advertencia : "Usa letras de molde. La computadora no puede leer la letra manuscrita".

    También Mark llegó a denunciarse. Cuando uno de sus amigos propuso a la máquina un extenso problema de multiplicación, la computadora preguntó: "¿Cómo crees que voy a multiplicar una cantidad tan grande en un papelito tan pequeño?"

    El día en que Mark cumplió los doce años, se inició para nosotros la Era Zoológica. Nos pidió tres camaleones, tres salamandras acuáticas, dos tejones, varios caracoles de tierra, cuatro tortugas de otras tantas especies. Le regalé aquellos animales, así como algunas jaulas de diferentes tamaños, peceras y unas cajas de alimentos de exótica apariencia. Eso sí: me negué a hacer una envoltura especial para el frasco en que venían unos huevecillos de hormiga, como también para las lombrices vivas, que, según insistencia de Mark, se debían conservar en el refrigerador.

    Hacia los comienzos de aquella etapa, teníamos tres animales domésticos: "Manchitas", una especie de sabueso pequeño; "Diógenes", el gato, y un conejo que llevaba el nombre de "Bruno". Los animales recién llegados, sin embargo, se consideran como "especímenes", y por tanto debíamos referirnos a ellos sin sentimentalismos, con el calificativo de "mamíferos", "reptiles" o "anfibios".

    Una vez que los animales que Mark recibió en su cumpleaños quedaron instalados, Randy dio a los chicos tres ratones para que practicaran ciertos estudios de genética. Asimismo trajo a casa una ganga descubierta en una tienda de animales domésticos, ganga a la cual fue incapaz de resistir: una pareja de ratones con su carnada de nueve ratoncitos. Randy me aseguró que había comprado aquellos animalitos para premiar a Mark por sus excelentes notas escolares. (Las "excelentes notas escolares" consistían, por definición, en las más altas que era posible alcanzar en ciencias y en aritmética; la lectura y escritura parecían no tener ninguna importancia, según mi científico marido.)

    Aquel año todos en casa aprendimos no poco acerca de los roedores, incluyendo el hecho de que tres ratones pueden llegar a convertirse en una familia de 35 o 40 sin la menor dificultad. Mark, que trataba de llevar cuenta de las generaciones sucesivas, acabó designando sencillamente a sus miembros por "los nuevos vástagos" y "los viejos vástagos". El lenguaje biológico que empleaba resultaba a veces alarmante. Un día oí que preguntaba a uno de sus amigos:

    —¿No es ya hora de aparear a los abuelos?

    Su maestra, bonita jovencita que se iniciaba en la profesión, se quedó atónita el día en que Mark subió al estrado y le anunció tranquilamente:

    —Está encinta.

    La maestra recobró la voz tras un gran esfuerzo, y preguntó aprehensivamente:

    —¿Quién?
    —Mi ratona madre —repuso Mark, feliz.

    El índice de las bajas que se registraban en las filas de los especímenes, especialmente entre los roedores, era notablemente elevado. Esto se debía en gran parte al gato, Diógenes. Mark destetó a una carnada de ratoncitos y, con aire de orgullo, vendió cinco a una tienda de animales por 25 centavos cada uno y se guardó cuatro con el propósito de emplearlos en sus experimentos de selección.

    Diógenes se recuperaba por entonces de un ataque de pulmonía y le suponíamos muy delicado aún. Pero aprovechando una distracción de Mark, el gato saltó de su lecho de enfermo y dio buena cuenta de todo el resto de aquella generación.

    Mark gritó tanto que al día siguiente me di prisa a ir a la tienda de animales y allí compré de nuevo una pareja de sus propios ratones... al precio de 49 centavos el ejemplar.

    Como las víctimas de Diógenes no eran simples animales domésticos, sino especímenes, Mark no solía lamentar su pérdida durante mucho tiempo. Siempre que ocurría algún deceso, Mark colocaba el cadáver o lo que quedaba de él bajo el microscopio y procedía a practicar una autopsia. A menudo sus diagnósticos eran singularmente agudos. Después de examinar un pez que había encontrado la muerte por saltar fuera de la pecera, el muchacho comentó, con el aire de un patólogo experimentado:

    —Es que estaba encinta y se debía de sentir nerviosa.

    Está claro el porvenir que aguarda a mi segunda generación de científicos. Dentro de unos años, Mark, que para entonces sin duda, habitará un laboratorio canino, nos traerá a casa alguna muchacha a quien estará cortejando en la biblioteca, y Craig, de pie en su propia plataforma de lanzamiento, se estará despidiendo, agitando la mano, de alguna joven rubia de grandes ojos. Y por supuesto que ambos habrán elegido a esas chicas con ayuda de una computadora. La fiel compañera de Mark será una de esas mujeres capaces de hacer la disección de una rana sin titubeos, mientras que la inevitable elección de Craig será una joven astronauta que encontrará su felicidad en acompañarlo en un viaje a Marte.

    Una cosa puedo dar por segura: ni Mark ni Craig se unirán a una joven ajena a las ciencias y con los pies plantados en el suelo, como lo es ésta su madre. Ninguna computadora que se respete incurriría jamás en error semejante.


    LA NAVIDAD DEL APOLO 8


    HACIA 1966 el adiestramiento para la aceleración astronáutica era ya bastante corriente y la mejor parte de esta labor se cumplía en Houston (Tejas), donde se había construido una nueva centrífuga. Randy iba y venía entre esa ciudad y el lugar de nuestra residencia casi constantemente, haciendo de consultor durante el tiempo que tardó la construcción de la máquina, y hasta llegué a pensar que tal vez quisiera trasladarse allá tan pronto como quedase terminado el artefacto.

    Mas en el ínterin su interés se había extendido hasta incluir el campo de la tensión ambiental en su totalidad. Es esta una ciencia cuya importancia ha venido aumentando notablemente en el curso de los últimos diez años, y que en la actualidad comprende el estudio de las reacciones humanas no sólo ante los efectos de la aceleración, sino también ante los producidos por causas tales como el aislamiento, el ruido y la vibración. Así, pues, en agosto de 1968 Randy se incorporó al Centro de Investigaciones Rangley, de la NASA, donde se practican buena parte de los estudios avanzados en relación con aquellos problemas, y acabamos mudándonos a una amplia casa de una planta en Newport News (Virginia).

    Todavía no nos habíamos instalado del todo cuando ya se nos echaban encima el mes de diciembre y la temporada navideña. El día del lanzamiento del Apolo 8, Randy se levantó muy de mañana. Aquella misión era de vital importancia, pues constituía el primer intento de los científicos norteamericanos de poner en órbita de la Luna una astronave tripulada. Una vez que la máquina se elevó venturosamente, Randy empezó a comportarse como suele hacerlo mientras duran esos vuelos. Va y viene dedicado a su trabajo como de costumbre, pero con un ojo puesto en el televisor y un oído atento al aparato de radio. Cuando difunden algún informe acerca de los progresos de la astronave, Randy echa mano de su magnetófono y graba la trasmisión. Cada dos o tres horas sale en busca de los diarios y compra todos los que encuentra. El resto del tiempo pregunta constantemente:

    —¿Se ha recibido alguna noticia del vuelo?

    Pero Randy se dio tiempo para salir con los chicos y comprar tres árboles de Navidad: un arbolito para la habitación de Craig, uno de gran tamaño para la sala y un cedro vivo que Mark y Randy plantaron en el jardín delantero. Me intrigó en un principio ver que Randy hacía una media luna con un trozo de caucho espuma, pero cuando la roció con una luminosa pintura dorada y la colocó en la copa del cedro del jardín, comprendí su intención. Así celebraba en forma personal y original el vuelo a la Luna y la obra del centro de mando de la misión, establecido en Houston.

    En Nochebuena fuimos a la iglesia, pero a mi llegada sufrí cierto desencanto al ver que en el templo, completamente nuevo, no había ningún adorno, con excepción de una gran cruz de madera que colgaba del techo sobre el altar. A diferencia de nuestra iglesia de Hatboro, en que solían celebrarse los servicios navideños a la luz de los cirios, con villancicos y vistosos adornos, en esta no se veían cirios, no había flores de Nochebuena en el altar, ni coro, acomodadores o coronas florales propias de la ocasión, ni tampoco programas con cubierta verde y rojo.

    "¡Ay!" pensé. "Tendremos una Nochebuena austera". Y por un momento alimenté el deseo de verme de nuevo en nuestra iglesia de Pensilvania. Con todo, cuando desfilamos hacia el altar y nos arrodillamos para recibir la comunión,me sentí de pronto hondamente conmovida por la paz de la noche y la sencillez de aquella escueta iglesita. Y caí en la cuenta de que los acostumbrados adornos navideños me resultaban ya tan familiares que comenzaba a reaccionar a ellos mecánicamente.

    Cuando volvimos a casa, Randy y los muchachos encendieron un hermoso fuego en la chimenea de piedra gris, que ocupa toda una de las paredes de nuestra sala. Dimos al árbol de Navidad los últimos toques y en seguida apilamos a sus pies los regalos. Hacíamos todo esto, sin embargo, con sólo una parte de nuestros sentidos, pues nuestra atención estaba puesta en el televisor, colocado en un rincón de la habitación.

    Los chicos no mostraban ningún deseo de irse a la cama. Craig ayudaba a su padre a grabar las noticias relativas al vuelo a medida que la astronave se acercaba a la Luna, y Mark estaba muy atareado haciendo toda suerte de complicadas preguntas acerca del campo de gravedad de la Luna.

    E inopinadamente, en medio de aquella actividad, se recibió el mensaje de Navidad transmitido desde el Apolo 8. Con toda claridad, salvando el inmenso vacío del espacio extraterrestre, llegó hasta nosotros la voz de Frank Borman que daba lectura a las palabras iniciales del Génesis: "Al principio creó Dios los cielos y la Tierra". En la emoción de oír la voz del astronauta, rompí a llorar. Me daba cuenta cabal de que aquella expresión de fe provenía de tres seres humanos que se encontraban infinitamente más lejos que yo del ambiente y el ritual religiosos que les eran familiares.

    Volví hacia Randy los ojos empapados en lágrimas. Se hallaba de pie frente al televisor, sonriéndole a la pantalla del aparato con la expresión del capitán de un equipo deportivo que acaba de ejecutar la jugada con la cual ha conquistado el título de campeón. En épocas más sencillas que la presente, el hombre de ciencia podía aislarse en su laboratorio y trabajar por sí solo. Pero en nuestra era espacial el científico forma parte de un equipo en el que se combinan los conocimientos y la destreza de muchas y muy diversas disciplinas. No obstante, la impresión del triunfo alcanzado sigue siendo todavía muy personal. Randy, poco dado a emplear adjetivos, exclamaba con entusiasmo:

    —¡Magnífico!... ¡Extraordinario!... ¡Fabuloso!...

    También Randy se sentía complacido con aquella lectura del Génesis. Durante mucho tiempo se había esforzado en refutar la idea de que todos los hombres de ciencia son ateos. Especialmente le causa reverente impresión el solo pensar que existen millones de planetas e infinidad de sistemas solares, y, en su opinión a medida que aumenta nuestro conocimiento del universo, más ciertos nos sentimos de la existencia de Dios.

    Cerca ya del amanecer nos fuimos a la cama, demasiado emocionados aún para conciliar el sueño. Aquella Navidad del Apolo 8 había resultado la más fervorosa que había pasado en mi vida.




    ¿LA CIENCIA EN MARCHA?


    AL TRASLADARNOS a Virginia nos hallamos a 500 kilómetros de la máquina centrífuga de Pensilvania. Esto, además de la circunstancia de que Neil Armstrong y sus colegas astronautas habían terminado ya su adiestramiento y se encontraban prontos para poner pie en la Luna, me hacía esperar que por fin podríamos empezar a disfrutar de un poco de tranquilidad.

    Vivimos en una zona apacible. El Centro Langley se codea con la colonial población de Williamsburgo, en singular mezcla de pasado y futuro. Finos cargueros y pesadas barcazas, pausados mensajeros del momento actual, llegan continuamente al puerto para zarpar de él en constante movimiento. Y las magnolias y camelias que florecen en nuestro propio jardín prestan al lugar un aire de serenidad.

    Sin embargo, en nuestra propia casa se observan señales inequívocas de que la ciencia se ha puesto de nuevo en marcha. Libreros y escritorios están robando espacio en el cuarto de juegos a la mesa de ping pong, y la habitación empieza a tomar el aspecto de un anexo del estudio de Randy.

    En un rincón hay una centrífuga miniatura que Mark está construyendo para una feria científica escolar. El chico la hizo montando un motor sobre una cajita de madera a la que le añadió seis brazos. Al marchar el motor, unos cojinetes de bolas, que van en cada uno de los brazos, corren hasta el extremo de estos, y con ello se encienden unas lucecitas de colores. En esta forma, Mark puede observar la fuerza centrífuga en acción.

    Sobre la mesa de Craig, que ocupa uno de los rincones de la sala familiar, se apilan docenas de tarjetas blancas que muestran diversas manchas de tinta. El muchacho está preparando una prueba de personalidad a la que se propone someter a sus condiscípulos. Dado el adiestramiento que recibió en la infancia en su centrífuga de juguete, quizá llegue a ser el primer astronauta, de los comprendidos en el programa, que efectúe pruebas sicológicas durante el vuelo mismo.

    Poco después de haberse llevado a cabo el vuelo del Apolo 9, con que se demostró la eficacia del aparato que debería posarse en la superficie lunar, Randy entró precipitadamente en nuestra casa (ahora convertida en laboratorio) y puso entre mis manos un informe científico.

    —¡Mira esto! —exclamó, radiante de entusiasmo.
    —¡Ah, no, por Dios! —protesté con voz ahogada—. ¡No es posible! ¿Están proponiendo alguna otra especie de máquina centrífuga?
    —No andas muy descaminada —repuso Randy—. Es una centrífuga encerrada en una gran cámara de vacío. ¡Pero aparte de producir la tensión propia del aumento de la gravitación, como la otra máquina centrífuga, esta estará provista además de ciertos dispositivos para simular una reducción de la fuerza de gravedad y origina las condiciones ambientales que existen en la Luna, en Marte y otros planetas!
    —Yo creía que todos los problemas que acompañan a la preparación de los hombres para navegar en el espacio y regresar a salvo a la Tierra, estaban totalmente resueltos —comenté.
    —El problema que ahora tenemos por adelante estriba en determinar los efectos que el ambiente lunar producirá en el hombre, y si el hombre podrá trabajar en el suelo de la Luna. Como sabes, la Luna sólo tiene una sexta parte de la fuerza de gravedad de la Tierra. Con ayuda de un laboratorio dinámico como este, podremos estudiar toda una nueva serie de problemas.

    Randy está sinceramente convencido de que tales problemas son realmente nuevos... pero a mí ya comienzan a parecerme sospechosamente parecidos a los anteriores. Con todo, estamos ya en 1969, no en 1949, y hace tiempo que dejé de ser una recién casada. Después de 20 años de vida conyugal, cualquier esposa sensata ha renunciado a toda idea de cambiar a su marido. Y a la larga la mujer de un científico declarado acaba aprendiendo a llevar una vida "normal", según el concepto que de lo normal tiene su marido.

    En realidad, a estas alturas estoy cierta de que la experiencia me ha preparado para cualquier posible contingencia, con excepción de una, que sería la reproducida en la escena siguiente:

    Randall Chambers regresa a casa temprano, y no trae consigo sus voluminosas carteras de costumbre. Se pone a ordenar su estudio, desechando implacablemente sus más valiosos tesoros. Nos sentamos a la mesa a disfrutar con calma de la comida, sin que nos veamos interrumpidos por llamadas teléfonicas o por la visita de algún científico. Terminada la comida, Randall Chambers me ayuda a lavar los platos. Después me lleva hasta una cómoda poltrona colocada frente a la chimenea y me dice tiernamente en voz baja:

    —Me invitaron a volar a California, a ver un nuevo sistema regenerador y de sustentación de la vida, pero les respondí que prefería quedarme contigo en casa. A fin de cuentas, la ciencia no lo es todo.

    Pero si tal cosa llegase a ocurrir, tendría yo que ir a ver a algún consejero de problemas conyugales.