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    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

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    S1
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    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    APTITUD ESPECIAL (Theodore Sturgeon)

    Publicado el domingo, julio 20, 2014
    Ahora que nos acercamos al año 2300, el juego de salón más popular parece ser el de elegir el Hombre del Siglo. Algunos prefieren a Baelben Gerson, porque reformó la Constitución mundial, y otros sostienen a Ikihara, por sus trabajos sobre los males de la radiación. Muy a menudo alguien vota al capitán Riley Riggs, y parece que diese en el blanco.

    Pero no, no. Soy sólo un viejo mastín del espacio, pero sé lo que digo. Fui oficial de comunicaciones con Riggs, no lo olviden, y aunque eso ocurrió hace sesenta años, lo recuerdo como si hubiese sido el mes pasado. Fue en la tercera expedición a Venus, el viaje que cambió la faz de la tierra; el viaje por el espacio que trajo los cristales de Venus, que hicieron de usted y usted las despreocupadas y felices mariposas que son ahora. Las cosas eran distintas en los viejos días. Conocíamos el peso de una jornada de trabajo de cinco horas, y nadie tenía robots personales, y teníamos que vestirnos nosotros mismos a la mañana. Bueno, quizá los hombres eran más duros entonces.

    De todos modos, el Hombre del Siglo estaba en aquella nave, el viejo Starlure, pero... no es Riggs.

    Era una excelente tripulación. No podía haber mejor capitán que Riggs ni mejor contramaestre que Blackie Farrel. Allí estaban también Zipperlein, el ingeniero, un hombre corpulento y callado de ojos pequeños, y sus técnicos electrónicos, Greaves y Purci; nunca atravesó el negro espacio un par de tragafuegos semejante. Y allí estaba Lorna Bernhard, el mejor piloto hasta entonces y desde entonces. Ella era mi muchacha, también, y una espléndida criatura. Había otras dos mujeres a bordo: una analista de rayos llamada Betty Ordway, y Honey Lundquist, oficial de control de averías. Pero las dos sólo vivían para su trabajo, y además eran bastante feas.

    Y como diversión teníamos también un personaje cómico, Slopes. Lo habían embarcado porque parecía saber algo de los cristales de Venus. No sé por qué se molestaron en embarcarlo. Cualquier trabajo de investigación con los cristales tendría que ser hecho en la Tierra cuando volviésemos, si volvíamos. Me imagino que habrán pensado que había sitio para él, y quizá lo necesitábamos para localizar los cristales, o algo así. Mientras, era inútil. Todos lo pensábamos y se lo repetíamos bastante a menudo, como para que no lo olvidase.

    En realidad no molestaba a nadie. Era sólo un hombre gracioso. Un cómico por naturaleza. No me refiero a esos que meten una placa antigravitatoria debajo del mantel y la encienden cuando alguien sirve la sopa, ni tampoco a esas almas de la fiesta que se ponen un collar de tubos fluorescentes al cuello y dicen que son marcianos. Con este Slopes ocurría que tenerlo cerca era ya algo automáticamente gracioso. Slopes era un hombre pequeño y con una cara que no era desagradable, pero que tampoco le servía de mucho. Su voz no era bastante profunda ni bastante alta; y no se le oía muy bien... Creo que el mejor modo de explicarlo es decir que era un Casi; un cabal Casi. Y la diferencia entre Casi y Todo —al menos en Slopes— era bastante graciosa, y uno tenía que aprovecharla. Así lo creían en todos los departamentos.

    Ninguno de nosotros lo conocía antes que subiese a bordo... cuando faltaban dos horas para partir, y con ropa de civil. Ése fue su primer error, aunque no sé si puedo llamarlo un error..., al fin y al cabo era un técnico civil. Pero todos nosotros salíamos de alguna rama del ejército, y naturalmente nos pusimos en guardia desde un principio. Purci, el segundo de los técnicos electrónicos, estaba paseándose por los pasillos cuando Slopes entró en la nave con sus aparejos, y en seguida lo tomó en sus manos. Purci llevó a Slopes a popa (es decir, abajo, ya que la nave se apoyaba verticalmente sobre las aletas de popa cuando estaba en tierra) y le enseñó dónde podía dejar sus aparejos. El armario que le mostró Purci resultó ser el depósito de los desperdicios, que recogía automáticamente la basura tan pronto como entrábamos en la ionosfera. No era un daño irreparable; había bastantes uniformes en el armario común que casi le servían, y podían darle un aspecto algo «reglamentario». Pero fue realmente divertido. Había que verle la cara cuando abrió el depósito de desperdicios a las seis horas de viaje. Aún ahora me río. Y durante el resto del viaje, cada vez que preguntaba dónde estaba algo, alguien decía: «¡Busca en la basura!», y toda la tripulación estallaba en carcajadas.

    Pero quizá lo más divertido fue cuando dejamos de acelerar y entramos en vuelo libre. Decidimos no recurrir durante un rato a la gravedad artificial, y todos menos Zipperlein, que estaba en los controles de vuelo, nos reunimos en el cuarto de oficiales. Sólo Slopes no sabía cuándo desaparecería la gravedad, y créanme, era difícil no echarse a reír y estropear el asunto. Todos nos habíamos acercado a un puntal o cerrojo para tomarnos de algo cuando llegara la hora. Slopes entró y se sentó a la mesa, inocente como un bebé. Greaves ocultaba con una mano el reloj de pulsera, con los ojos clavados en el segundero. Cuando faltaban tres segundos, ladró:

    — ¡Slopes! Ven aquí.

    Slopes lo miró parpadeando.

    — ¿Yo?

    Descruzó las piernas y se puso de pie, tímidamente. Había dado dos pasos cuando dejamos de acelerar.

    Creo que realmente nadie se acostumbró nunca a este cambio. Se siente un delicado golpe en el estómago y los canales semicirculares se rebelan violentamente. El cuerpo en tensión, de los pies a la cabeza, parece entumecerse y la confusión no acaba nunca; pues aunque uno no ignora que está cayendo, no sabe hacia dónde cae, y los reflejos esperan el golpe rápido y repentino que seguirá a la caída, y no hay ningún golpe, de modo que los reflejos enloquecen. El pelo le flota a uno a un lado y a otro, y con total independencia del intenso pánico, se siente la más condenada impresión de regocijo y bienestar. Lo llaman la euforia de Welsbach. Asunto psicológico. Liberación de la ansiedad en la ausencia de peso.

    Pero hablaba de Slopes.

    Cuando Zipperlein apagó los motores, Slopes empezó a flotar. El pie que se adelantaba rozó el piso y resbaló ligeramente en vez de dar un buen paso sólido. Echó los brazos hacia atrás, porque creía caer hacia ese lado, supongo, y cuando quiso dominar el movimiento de los brazos los hombros le cayeron hacia adelante mientras los pies iban hacia arriba. Slopes empezó a dar entonces un lento salto mortal, y habría dado toda la vuelta si no hubiese tocado el techo con los pies. Se quedó suspendido en el aire, con la cabeza abajo y los pies arriba, con nada de que colgarse, y la sensación de que aunque la sangre debía estar subiéndosele a la cabeza, nada ocurría. De pronto todo a su alrededor fue arriba, y no había ningún abajo. Movió las manos desordenadamente hacia el mamparo, el techo, la puerta, que no podía alcanzar. Por ese entonces nosotros ya nos habíamos recobrado —al fin y al cabo lo habíamos sentido antes— y podíamos disfrutar de la diversión.

    — ¡Dije «Ven aquí»! —soltó Greaves.

    Slopes pareció batir el aire y movió los pies como si bailara. De nada le valió; se quedó donde estaba, cabeza abajo, impotente. Rugimos. Slopes abrió y cerró la boca un par de veces y al fin alcanzó a decir:

    —Mmmmf. Mmmmf.

    Creí que me moría.

    —No seas tan huraño —dijo la chica Lundquist—. Baja y danos un beso.
    —Por favor... por favor —murmuró Slopes.
    —Háganle decir «por favor, queridos» —sugirió Betty Ordway.

    Nos reímos.

    —Quizá no le gustamos —dije—. Baja y júntate con nosotros, Slopesy.
    —Ofrézcanle un poco de basura —dijo alguien, y todos se rieron otra vez.

    Llegó Zipperlein agarrándose de las paredes.

    —Pero miren —dijo con su voz grave, sonora y uniforme—. El hombre puede volar.
    —Vive en las nubes —dijo el capitán.

    Todos nos reímos otra vez, no porque fuese gracioso, sino porque era el capitán.

    —Por favor —dijo Slopes—, bájenme. Bájeme alguien.
    —Me gustan los hombres que tienen los pies en la tierra —dijo Greaves—. Slopes, te pido que seas cortés y sociable.

    Zipperlein se rio.

    —Oh, ¿queréis que venga?

    Fue de la puerta a la escotilla, de la mesa a un cuadrante de luces, adelantando primero una mano velluda y luego la otra, hasta alcanzar el pie de Slopes.

    —Greaves te llama —dijo, y dio un tirón. Slopes giró sobre sí mismo.
    — ¡Oou! ¡Oou! —se quejó mientras daba vueltas, yendo de un extremo de la sala al otro, donde estaba Greaves. Greaves lo esperaba, con las manos en una barandilla y las piernas dobladas. Cuando Slopes llegó a su lado, levantó los pies y se los plantó en la espalda. Slopes dejó de girar y fue hacia el capitán. Riggs le dio con el hombro y me lo mandó a mí. Se lo devolví a Greaves. Greaves extendió una mano, pero no lo alcanzó, y Slopes golpeó el mamparo. Uno puede librarse del peso, pero la masa es otra cosa. Los setenta kilos de Slopes no lo habían dejado cuando golpeó la pared a gran velocidad. Se encogió junto al mamparo, lloriqueando.
    —Zip —dijo el capitán—. Encienda las planchas gravitatorias. Esto podría seguir todo el día.
    —Sí, señor —dijo el ingeniero, y desapareció.

    Yo había estado aferrándome a Loma, en parte porque sabía que ella se había abrazado a algo sólido, y en parte porque me gustaba aferrarme a ella.

    —Ace —me dijo Lorna—, ¿a quién se le ocurrió esto?
    —Adivina.
    —Ace —me dijo ella—, ¿quieres saber una cosa? Me asqueas.
    —Oh, vamos —dije sonriendo con una mueca—. Hubieras visto las cosas que me hacían cuando yo era cadete.

    Lorna se volvió a mirarme, y tenía en los ojos una expresión que yo sólo había visto dos veces. Esas dos veces habíamos dejado de hablarnos.

    —Una aprende algo nuevo todos los días —dijo—. Aun acerca de gente que cree conocer bien.
    —Sí —dije—, y es una suerte. En estos viajes puedes mirar mucho tiempo las estrellas, y las imágenes de las cintas grabadoras. Luego necesitas algo que rompa la monotonía. Creo que debemos a Slopes un voto de agradecimiento. Es un hombre muy divertido.

    Lorna dijo algo, pero no la oí. Todos se reían con demasiada fuerza. Zipperlein había encendido la gravedad artificial y Slopes había golpeado el suelo, donde se revolcaba ahora, tocándolo como si fuese el amor de su vida, y lo era en ese momento realmente. Todos hacen algo parecido cuando salen del vuelo libre.

    Oh, nos divertimos aquella tarde. Nunca lo olvidaré.

    Corrían muchos rumores a bordo acerca de nuestra misión. Ahora que disponemos de centenares de millones de cristales de Venus, no es fácil explicar lo que valían hace sesenta años. La segunda expedición a Venus trajo dos cristales, y fueron destruidos en las pruebas de laboratorio. El primero fue hecho trizas intencionadamente —nadie sabía entonces que era distinto de cualquier otro cristal— para poder someterlo a un análisis químico, preparar una solución y hacer crecer nuevos cristales. Pero los cristales de Venus no crecen. Se probaron sobre el segundo cristal resonancias de alta frecuencia. Alguien experimentó demasiado con las frecuencias y el cristal estalló. El estudio de la explosión mostró que habíamos tenido en nuestras manos (y ya no teníamos) la clave de la transmisión radial de energía, energía tan poderosa que cualquiera hubiese podido disponer de ella prácticamente gratis. Ya teníamos esa energía, pues el desarrollo de la técnica había hecho posible la fisión de los átomos de cobre. Pero la energía radiada era otro problema. Había que enviar un rayo del transmisor al receptor, y mantener el contacto aunque el receptor estuviera moviéndose en un automóvil o un helicóptero. El cristal de Venus podía hacerlo; vibraba con las frecuencias de energía, y enviaba de vuelta radiaciones que guiarían el rayo energético. Sólo había que reunir bastantes de esos cristales y podíamos deshacernos de millones de kilómetros de cables transmisores, y transformarlos en una fuente de energía que alimentaría la Tierra un par de siglos. No olviden que la humanidad había estado envolviendo el mundo en una red de cobre desde hacía cuatrocientos años.

    Así que para una Tierra que necesitaba urgentemente combustibles, no podía haber nada más importante que los cristales de Venus. Y lo único que se interponía en nuestro camino —aparte del viaje al planeta— eran los charlatanes.

    La primera expedición a Venus descubrió a los charlatanes, y respetuosamente los dejó tranquilos. La segunda expedición descubrió que los charlatanes tenían grandes depósitos de preciosos cristales... y salió de Venus como alma que lleva el diablo, luego de conseguir dos. Nuestra tarea consistía en traernos de vuelta toda una ristra de cristales, aunque los charlatanes se opusiesen. Las órdenes que habíamos recibido eran más que minuciosas, pero pueden resumirse así: «Traten con los charlatanes y consigan cristales. Si los charlatanes se oponen... consigan cristales de todos modos». —Espero que los consigamos pacíficamente —me dijo Lorna—. Los hombres ya han destruido y matado bastante.

    —No hay mucha diferencia, muchacha —le repliqué—. Los charlatanes no son gente.
    —Son civilizados, ¿no es cierto? ¿Casi?
    —Son salvajes —gruñí—. Y monstruos, además. Guarda tus simpatías para algunos simpáticos y hambrientos seres humanos como yo.

    Lorna me apartó las manos con un manotón y volvió a sus ordenadores.

    Una vez Slopes me preguntó acerca de los charlatanes.

    — ¿Son realmente humanos?
    —Humanoides —le dije brevemente. Me incomodaba un poco hablarle. Me había divertido mucho con él—. Caminan en dos patas, y tienen manos con un pulgar en oposición, y usan adornos. Los cristales son sólo eso para ellos. Pero respiran amoníaco en vez de oxígeno y Dios sabe qué metabolismo tendrán. ¿Por qué? ¿Piensas enfrentarlos?
    —Preguntaba nada más —respondió Slopes con suavidad.

    Esbozó tímidamente lo que era casi una sonrisa, y se alejó. Recuerdo que me reí al imaginarlo ante una pareja de charlatanes... las criaturas más terribles de la historia desde que algún antiguo narrador inventó el grifo. Todos menos dos de los tripulantes del Star-bound, la segunda nave expedicionaria, habían dejado caer sus paquetes y habían puesto pies en polvorosa a la sola vista de un charlatán. Los otros dos los habían enfrentado hasta que los charlatanes se pusieron a gritar. Los psicólogos hablaron mucho de ese ruido. Ningún ser humano normal puede soportarlo. Uno de los hombres echó a correr, y no tenía de qué avergonzarse. El otro no pudo acercarse al cohete; se quedó allí, paralizado de miedo, mientras los charlatanes chillaban y trompeteaban y golpeaban estremeciendo el suelo con sus puños escamosos. El hombre disparó un tiro al aire —tuvo bastante sentido común para no herir a los furiosos monstruos— con el propósito de asustarlos. Quizá lo hizo. Luego sólo recordó un griterío redoblado, un huracán de terribles ruidos animales que lo desmayó allí mismo. Cuando volvió en sí, las criaturas se habían ido. Los dos cristales estaban junto a él; los recogió y corrió ciegamente hacia el cohete. Le costó ocho meses a la más avanzada psicoterapia del mundo devolverlo a sus cabales, y dicen que nunca fue un hombre normal, a pesar de que llegó a viejo. No se sabía qué fantásticas emanaciones psíquicas usaban los charlatanes como armas, pero la sola idea de que Slopes los enfrentara me causaba una gracia enorme.

    Las horas pasaban rápidamente con él a bordo. Nunca olvidaré la noche en que Greaves le puso en un sándwich una cucharada de primocemento, la sustancia adhesiva más condenada que se haya inventado. Slopes lo mordió y los dientes superiores se le pegaron de inmediato a los inferiores. Corrió en círculos, lloriqueando, con medio sándwich colgándole de la cara, agitando inútilmente las manos. El alboroto fue descomunal. El cemento era totalmente inofensivo. (Es químicamente inerte, y se deshace con rapidez con una aplicación baja de rayos beta, que quiebra la cohesión molecular.) Pero no lo irradiamos hasta sentirnos realmente satisfechos. Me hubiera gustado que ustedes hubiesen estado allí.

    Nos olvidamos de Slopes cuando entramos en la atmósfera de Venus. Preparé las pantallas infrarrojas para Lorna —son un poco más claras que el radar en una atmósfera de amoníaco— y ella nos acercó elegantemente. Localizamos el sitio donde había descendido el Starbound presentando un mapa fotográfico al piloto automático y apareándolo a la pantalla visora.

    Lorna alzó la punta del cohete y ajustó los controles de los giróscopos. Bajamos de cola, apoyados en un decreciente pilar de fuego, mientras Lorna no desclavaba los ojos del señalador de ecos, que indicaba la solidez del suelo bajo la nave. Al fin sentimos una sacudida a un lado del cohete y pudimos considerarnos anclados. En aquellos días no había dispositivos anti-gravitatorios. Los magullones y riesgos han desaparecido para ustedes los jóvenes.

    No hay mucho que decir acerca de Venus. Era tan inútil y poco atractivo como lo es hoy... excepto que en alguna parte estaban los cristales que habíamos ido a buscar. Por las ventanillas no veíamos más que niebla. El radar y las pantallas infrarrojas revelaban un campo ondulado, despeñaderos, vegetación de un pálido azul, y ocasionalmente una especie de árbol, que como árbol era demasiado grande.

    Tuvimos que esperar unas doce horas a que el suelo se enfriara debajo de nosotros, y que desapareciesen el nitrógeno, el ácido nítrico, el nitrato de amoníaco, el ozono y el agua que nuestro descenso había fijado o liberado. La mayoría de nosotros pasó durmiendo esas horas. Pero no Slopes. Iba de las pantallas infrarrojas al aparato de radar, retrocedía, se adelantaba, corría a las pantallas de la derecha, la izquierda, de arriba y abajo. Hasta espiaba por las ventanillas, que la niebla escarchada había oscurecido, entornando los ojos para vislumbrar algún fragmento del disparatado paisaje venusino, envuelto en torbellinos de calor y reacciones químicas. Y fue Slopes quien nos despertó.

    — ¡Charlatanes! —chilló llamándonos—. ¡Miren! ¡Capitán Riggs! ¡Capitán Riggs!

    Estaba excitado como un chico de diez años, y debo admitir que la escena valía la pena. Nos apretamos alrededor de las pantallas.

    Afuera, entre las rocas y los pálidos arbustos azules, a doscientos metros de la nave, se movían unas cosas que nos hicieron abrir la boca y volver los ojos; aunque estábamos cuidadosamente adoctrinados. Eran más grandes que un hombre... Yo no había pensado en eso, por alguna razón. Eran mucho más grandes. En cuanto al resto... tuve una visión de garras amarillas, airados ojos rojos y unas escamas de un verde grisáceo bastante vivido... Nunca me gustó recordarlo.

    —Conectemos el sonido —dijo el jefe.

    Fui a la cámara de comunicaciones y encendí un amplificador. Luego conecté un micrófono exterior con el intercomunicador de la nave. Resonaron en el cohete los sonidos de un planeta extraño... un hueco sonido de viento, sorprendente, pues la niebla parecía inmóvil; chillidos y gritos como de pájaros, distantes y diferentes; y sobre todo eso, el continuo y repugnante parloteo de los charlatanes... el sonido por el que habían merecido ese nombre. Era como un clamor de locos, ronco y desatado. Saltaba bruscamente arriba y abajo en la escala, y difería horriblemente de los chillidos de los monos, parecía revelar una coherente inteligencia.

    — ¡Electrónica! —ladró el capitán—. Abran los depósitos de trajes y aparejos de locomoción. Sparks, no se mueva de su cámara. Quiero registros separados de la transmisión de cada traje. Piloto, atienda a las pantallas. Cuatro voluntarios junto a la puerta de salida. De prisa.

    Bueno, no quiero hablar mal del coraje del servicio del espacio. Hubiera sido agradable decir que todos a bordo hicieron sonar los talones y exclamaron: «¡A sus órdenes, señor!». Por otra parte, cuando hablé de los hombres del Starboundya aclaré que, dadas las circunstancias, no era nada vergonzoso que hubiesen echado a correr al ver a los charlatanes. Riggs pidió cuatro voluntarios; consiguió dos: Purci, a quien, sin dramatismos, no le importaba realmente un rábano, y Honey Lundquist, que supongo quería hacerse notar por alguna razón además de parecer tan doméstica como una cerca pintada de azul. En cuanto a mí, me alegró que me hubieran asignado el cuidado de mi equipo de transmisiones, y no tener que decidir. Al resto no lo acuso. Ni siquiera a Slopes, aunque yo seguía pensando que hubiera sido magnífico verlo ante un par de charlatanes hambrientos, por lo gracioso del contraste.

    Riggs no hizo comentarios. Se adelantó, entró en la cámara de equipos, y los otros dos lo siguieron. El resto los ayudamos a meterse en los trajes y cerrar las escafandras transparentes. Los tres probaron el aire y los comunicadores y fueron hasta la esclusa de aire. Les abrí la puerta.

    —Estableceremos contacto —dijo Riggs fríamente. Su voz venía de los altavoces y no directamente de él. Sonaba raro—. Intentaremos ante todo un contacto pacífico. Así que nada de armas. Yo llevaré un lápiz pistola, por si acaso. Ustedes dos quédense juntos y atrás. No nos separaremos mucho de la nave, y no permitan bajo ninguna circunstancia que nos cierren el camino de vuelta. Prueben las comunicaciones.
    —Hola —gruñó Purci.
    —Hola —murmuró Honey Lundquist.

    El jefe entró en la esclusa, con los otros dos detrás. Cerró la puerta, y abrí la esclusa exterior con el control remoto. Todos los que quedamos a bordo corrimos a las pantallas. Unos veinte o treinta charlatanes se apretaban junto a los arbustos. Aunque no podíamos ver aún al capitán y sus voluntarios, era evidente que los charlatanes los habían visto. Las criaturas se acercaron a la carrera; estos viejos ojos no vieron nunca espectáculo más terrible.

    — ¡Oh! —oí que decía Purci en el intercomunicador.
    — ¡Ji! —dijo Honey.
    —Tranquilos —dijo el capitán con voz nada tranquila.

    A mis espaldas oí un sonido apagado. Era Betty Ordway que se desmayaba. La dejé acostada y volví a mi puesto.

    Como de común acuerdo el grueso de los charlatanes se detuvo en lo alto de una pequeña loma entre nosotros y los matorrales, y tres de ellos se acercaron, uno adelante y dos atrás. En ese momento el capitán, que había avanzado bastante, se hizo visible, seguido por los otros dos. Los tres se detuvieron y los tres charlatanes se detuvieron también, y la multitud en la cima de la loma redobló increíblemente sus ruidos. No pude evitarlo; bajé el volumen de los altavoces. No aguantaba más. Loma me lo agradeció. Slopes se secó la cara, pasándose el pañuelo por los ojos para no perder detalle.

    Fue un momento de tensión... No hablo de silencio. Los charlatanes seguían con aquellos gritos de asombroso volumen, pero nada se movía. La acción se desencadenó con una terrible rapidez.

    El capitán alzó los brazos en lo que para él era obviamente un ademán de paz. Si se juzga por lo que pasó, los charlatanes lo tomaron como un espantoso insulto. Saltaron en el aire, los tres, y cuando tocaron el suelo corrieron de un lado a otro. Brincaron, aullando y rugiendo, y detrás la masa de los otros descendió por la pendiente de la loma. Oí en aquel tumulto un chillido de Honey Lundquist. Las tres figuras vestidas con trajes del espacio parecían muy pequeñas ante aquella ola de vociferantes gigantes. Vi que uno de los nuestros se desmayaba.

    — ¡Alto o hago fuego! —aulló Riggs fútilmente, y apuntó con el lápiz pistola.

    Uno de los voluntarios recogió la forma inerte del otro, se la puso sobre los hombros y empezó a arrastrarse hacia la nave. Riggs apuntó, disparó, se volvió y corrió sin esperar a ver el resultado de su tiro.

    Fue Slopes quien saltó al control de la esclusa, apretó la nariz contra la ventanilla, comprobó que los otros tres estaban dentro sanos y salvos y cerró la puerta exterior. Encendió la bomba de aire que aspiraría el amoníaco de la esclusa y volvió a las pantallas.

    El charlatán contra el que Riggs había disparado estaba tendido en el suelo, rodeado por un grupo. El ruido era infernal. Volví a mi cámara y bajé otra vez el volumen, pero el ruido le llegaba a uno hasta por los pies, a través de las planchas de la cubierta.

    Se abrió la puerta interior de la esclusa y apareció un capitán muy pálido. Detrás de él sus voluntarios... Honey Lundquist aturdida y Purci sobre sus hombros.

    —Se desmayó —dijo Honey innecesariamente, y dejó caer a Purci en nuestros brazos.

    Lo arrastramos a un rincón y miramos las pantallas.

    —Por lo menos alcancé a uno —jadeó Riggs.
    —No, no lo alcanzó, capitán —dijo Slopes.

    Era cierto. El postrado charlatán se incorporaba, balanceando su maciza y colmilluda cabeza, aullando.

    — ¿Son a prueba de balas? —preguntó Greaves.
    —No —replicó Slopes—. La bala se estrelló contra el cristal que lleva al cuello.

    El capitán Riggs gruñó.

    —No creo que nos acerquemos más a esos cristales en este viaje —predijo morosamente—. Nunca me dijeron que sería así. ¿Por qué no enviaron un crucero de guerra?
    — ¿Para matar a esas criaturas y sacarles los adornos a los cadáveres? —preguntó Lorna, burlona—. Hemos progresado mucho en los últimos mil años, ¿no es cierto?
    —No, no es ése el modo de encarar el problema—empecé a decir, pero Riggs me interrumpió.
    —Tiene razón, tiene razón, Lorna. Si no conseguimos que cooperen, tardaremos años en descubrir cómo fabrican los cristales. O de dónde los sacan. Y no disponemos de años. Sólo nos quedan cuatro días.

    Así es. Hace sesenta años una nave no llevaba mucho combustible. Los viajes se programaban para el tránsito más cercano de los planetas. Dejar Venus y correr detrás de la Tierra cuando los planetas empezaban a separarse otra vez, estaba fuera de la cuestión. Ahora, por supuesto, con energía de sobra, ocurre todos los días.

    Sacamos a Purci de su traje y lo revivimos. Estábamos dispuestos a jurar que los charlatanes habían usado contra él algún arma secreta. Purci no se asustaba fácilmente. Su desmayo había sido probablemente una respuesta particular a una particular altura de sonido... algo enteramente individual. Pero en aquel momento estábamos dispuestos a creer cualquier cosa de los charlatanes.

    La nave empezó a temblar.

    — ¡Nos atacan! —aulló Greaves.

    Pero no. El número de los charlatanes había aumentado. Toda la loma estaba cubierta de monstruos parecidos a hombres, monstruos corpulentos y escamosos. Todos charlaban insensatamente, y sentados en cuclillas golpeaban el suelo con sus puños como martillos.

    —Están enardeciéndose, parece —diagnosticó Zipperlein—. Capitán, salgamos de aquí. No estamos equipados para esto.
    —Nos quedaremos un rato —dijo Riggs—. Quiero estar seguro de haber hecho todo lo posible... aunque sea esperar sentados la hora de la partida.

    Yo tenía mis dudas, y a juzgar por las caras, los otros también. Pero nadie dijo nada. La nave se estremecía. Nos fuimos a comer.

    Unas trece horas antes del momento de la partida yo miraba malhumorado en una pantalla el enjambre de charlatanes, cuando sentí a alguien a mi lado. Era Slopes. Lo habíamos dejado bastante solo en los últimos tres días. Imagino que todos se sentían demasiado deprimidos para pensar en diversiones.

    —Míralos —gruñí, señalando con la mano la pantalla—. No sé si son los mismos o si han estado turnándose para que el ruido no pare. Sólo un venusino podría distinguir uno de otro. Para mí todos son iguales.

    Slopes me miró como si yo le hubiese dicho dónde estaban las joyas de la corona, y se alejó sin una palabra. Empezó a sacarse la ropa. Nadie le prestó atención. Quizá pensamos que iba a darse una ducha. Antes que ninguno de nosotros supiese qué ocurría, ya se había metido en un traje del espacio y estaba apretándose el casco.

    — ¡Eh, Slopes! ¿Adónde piensas ir?

    Slopes dijo algo, pero no pude oírlo. Eché atrás la mano y encendí el intercomunicador. Slopes repitió su respuesta, que era un simple: —Afuera—. Se metió en la esclusa y cerró la puerta.

    Riggs salió hecho una furia de la cámara de controles.

    — ¿Dónde se ha metido ese idiota?

    Fue a la esclusa, pero la luz roja sobre la puerta brillaba indicando que habían abierto la cámara, y Slopes se había ido.

    —Comuníquenme —gruñó Riggs, y lanzó un manotón a un micrófono de mi mesa—. ¡Slopes! —rugió.

    Apreté unos botones. La voz de Slopes llegó con una calma y claridad que no le conocíamos.

    —Sí, capitán.
    — ¡Vuelva en seguida!
    —Voy a ver si consigo esos cristales.
    —Va a ver si consigue suicidarse. Vuelva. ¡Es una orden!
    —Lo siento, capitán —dijo Slopes lacónicamente. Riggs y yo nos miramos, asombrados. Antes que el capitán pudiera emitir otra palabra, Slopes continuó—: Tengo una idea acerca de esos charlatanes, y soy el único calificado para llevarla adelante.
    — ¡Lo matarán! —rugió Riggs.
    —Sí, si estoy equivocado —dijo la serena voz de Slopes—. Bueno, si usted no se opone apagaré la radio. Tengo que pensar.

    Riggs estaba tomando aliento cuando vio que el indicador de las radiorrespuestas de Slopes se apagaba en el tablero. El aire se le escapó en unas sílabas obscenas.

    Todos corrimos a las pantallas. En ese momento empezaba a verse a Slopes, que se alejaba de la nave.

    — ¡Calificado! —gruñí—. ¿Para qué demonios puede estar él calificado?
    —Humanidad —dijo Lorna.

    Yo no supe qué quería decirme; Lorna miraba la pantalla con una cara blanca y tirante.

    Los charlatanes se lanzaron a una desenfrenada actividad tan pronto como vieron a Slopes. Corrieron, atropellándose prácticamente, para llegar a él. Tres o cuatro de los más rápidos se adelantaron gritando y entrechocando sus colmillos. Como si se deleitaran en el desamparo de Slopes, lo rodearon, saltando y vociferando, agachándose ocasionalmente para golpear el suelo con sus poderosos puños. Luego uno de ellos, de pronto, tomó a Slopes, lo alzó por encima de su cabeza y corrió con él loma arriba. La multitud se apartó para dejar paso a la criatura y volvió a cerrarse y la siguió mientras Slopes se perdía entre los arbustos azules.

    —No sé cómo se puede elegir esa forma de suicidio —susurró Purci.

    Honey Lundquist se echó a llorar.

    —No es un suicidio —dijo Lorna—. Es un asesinato. Y ustedes lo asesinaron.
    — ¿Quién? —pregunté—. No yo.
    —Sí, tú —estalló Lorna—, tú y el resto. Ese pobre hombre nunca lastimó a nadie. Le hicieron lo peor que se puede hacer a un ser humano. Lo persiguieron por lo que era, y no por nada que hubiese hecho. Y ahora se demuestra a sí mismo que es bastante hombre, bastante humano, y da su vida por la misión que no cumplimos.
    —Si salió para que lo mataran —dijo Betty Ordway con una lógica de hielo—, es un suicidio, no asesinato. Y no entiendo qué relación puede haber entre su conducta y los cristales.
    —Nunca vi que le dieras una mano —dijo Honey muy tiesa.

    Lorna no intentó un contraataque.

    —No lo conocí realmente hasta ahora —dijo avergonzada, y volvió a sus cuarteles.
    —Tenemos que ir a buscarlo —dijo Greaves.

    Todos dejaron que la frase quedara en el aire.

    —Saldremos dentro de trece horas —dijo Riggs, y se retiró al gabinete de los mapas.

    El resto de nosotros anduvo de un lado a otro tratando de no mirarse, pensando: Quizá fuimos un poco duros con el hombre, y maldita sea, nunca le hicimos daño, ¿no es cierto?

    Lo notamos todos casi al mismo tiempo, me parece. Luego de tres días de incesante parloteo había afuera un silencio mortal. Nos pusimos a hablar atropellándonos, y cerramos la boca luego de dos sílabas. Y me parece que todos empezamos a entender qué había querido decir Lorna.

    Fue Purci quien expresó con calma nuestro pensamiento.

    —No quería volver en esta nave. No quería volver a la Tierra. No se sentía bien en ninguna parte, pues nadie se había molestado en admitirlo. Y me parece que al fin se cansó.

    No creo que se pronunciaran cincuenta palabras —fuera de las referentes al trabajo— en las diez horas siguientes.

    No podían faltar más de noventa minutos para la partida cuando oímos volver a los charlatanes. Uno a uno alzamos la cabeza.

    —Quieren otro mordisco —dijo alguien. Una de las muchachas, creo, lanzó un juramento.

    Encendí las pantallas. El matorral bullía con charlatanes, que se acercaban en enjambres al cohete.

    — ¡Capitán! —llamé—, ¿qué le parece si partimos? Y les chamuscamos las escamas.
    —Cierra esa boca, imbécil —dijo Lorna. Fue apenas un susurro, pero yo hubiera jurado que se oyó en toda la nave—. ¡Traen de vuelta a Slopes!

    Lorna tenía razón. Tenía tanta razón... Con las piernas apretadas alrededor del pescuezo de un charlatán que venía haciendo cabriolas, la cara ligeramente azul a causa del poco oxígeno que le quedaba en el traje, con una amplia sonrisa, Slopes se acercaba a la nave, seguido y rodeado por centenares de aquellos escamosos horrores. El charlatán en que cabalgaba se arrodilló, y Slopes se apeó entumecido. Saludó con la mano y una cincuentena de las criaturas se puso en cuclillas y empezó a dar puñetazos en el polvo.

    Slopes caminó cansadamente hacia la nave, y cuatro charlatanes se acercaron también, con unos voluminosos bultos en la cabeza.

    — ¿La puerta está abierta? —alguien alcanzó a decir.

    Miré en el tablero. Estaba abierta.

    Sonaron unos pesados golpes en la esclusa, y llegó a nosotros un huracán cercano de charla que destrozaba los nervios. Luego se apagó la luz roja y oímos el gemido de la bomba de aire.

    Al fin la puerta interior se abrió y apareció Slopes. Tropezamos unos contra otros tratando de sacarle la escafandra.

    —Tengo hambre —dijo Slopes—. Y estoy espantosamente cansado. Y juraría que me he quedado sordo por el resto de mis días.

    Lo masajeamos y lo vestimos y lo alimentamos con sopa caliente. Se quedó dormido antes que termináramos con él. Había llegado la hora de partir. Lo metimos en su tarima, guardamos los cuatro grandes bultos en la bodega y luego de unos pocos resoplidos para advertirles a los charlatanes que debían retirarse, nos elevamos hacia las estrellas.

    En los cuatro bultos había ochocientos noventa y dos cristales de Venus, perfectos. Y en el viaje de vuelta tanto tratamos de compensar a Slopes por lo que había sufrido en su vida que empezamos a tener celos unos de otros. Y Slopes... ya no era más un Casi. Era definitivamente un Todo, con una voz vibrante y un paso elástico.

    Trabajó como un esclavo en aquellos cristales.

    —Tienen que ser sintetizados —fue todo lo que dijo al principio—. Los hombres y los charlatanes deben mantenerse aparte.

    De modo que... lo ayudamos. Y poco a poco oímos la historia. Cuanto más conocía la compleja estructura de los cristales, más decía Slopes. Así que antes de llegar a la Luna, ya habíamos descubierto la verdad.

    —A esos charlatanes —dijo Slopes— ustedes los juzgaron mal. Así pasa con los seres humanos... temen lo que no entienden. Es natural, pero ¿por qué pensar que cualquier emoción provocada en un animal extraño anuncia un ataque?

    «Imagínense que son algún animalito, una ardilla, por ejemplo. Se pasan ustedes la vida debajo de la mesa, comiendo mendrugos y atendiendo a sus propios asuntos. Hay media docena de seres humanos en el cuarto y uno de ellos cuenta un chiste acerca de un viajante y la hija de un granjero. Termina el cuento y todos se ríen. Pero ¿qué piensa la ardilla? Sólo oye una enorme y rugiente explosión de sonidos animales. Se hunde en sí misma, muerta de miedo.

    »Eso exactamente es lo que ocurre con los seres humanos y los charlatanes. Pero por esta vez la ardilla es el hombre.

    — ¿Quieres decir que esos monos-lagartos se reían de nosotros?
    —Escúchenlo —dijo el nuevo Slopes—. Qué indignado está. Sí, eso quiero decir, exactamente. Los charlatanes no vieron nunca nada más gracioso que un ser humano. Cuando salí de la nave, me llevaron a su aldea, llamaron a los vecinos de varios kilómetros a la redonda y organizaron un baile. Yo no podía equivocarme. Saludaba con la mano, y ellos rugían. Me sentaba... aullidos redoblados. Corría y saltaba... se tendían en el suelo y se morían de risa. De pronto, Slopes hizo a un lado su trabajo y habló como para sí mismo.
    —Eso duele de algún modo, ¿no es cierto? Los seres humanos no deben ser objeto de risa. Son los reyes de la creación, poderosos y dignos. Es inexcusable que un ser humano sea gracioso, por lo menos involuntariamente. Bueno, los charlatanes me dieron algo que ningún ser humano fue capaz de darme antes... el sentimiento de pertenecer a la humanidad. Pues lo que sufrieron ustedes cuando los charlatanes se acercaron, riendo, es lo que sufrí yo toda mi vida. No ocurrirá nunca más. No me ocurrirá a mí; pues gracias a los charlatanes he sabido que cualquier fulano es tan ridículo como yo. Los charlatanes son gente amable, agradecida. Les gustó la función, y me ofrecieron regalos. Cuando les indiqué que me gustaban los cristales, me dieron tantos que yo no podía llevarlos.

    Y yo también soy agradecido, y los cristales se fabricarán tan fácilmente en la Tierra que no será necesaria otra expedición a Venus. ¿No entienden? Si los hombres llegan a visitar con frecuencia a una raza que se ríe de ellos sólo al verlos... exterminarán a esa raza. Pensándolo bien, quizá no debían nombrar a Slopes el Hombre del Siglo. Quizás a él no le gustara que los charlatanes tuviesen mucha publicidad. Y no era muy buen amigo. Se casó con Lorna.


    Fin