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    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    BROADWAY Y SUS CANCIONES DE CUNA (Isaac Asimov)

    Publicado el domingo, mayo 11, 2014
    Por primera vez en la historia de los Viudos Negros, el banquete mensual se celebraba en un departamento privado. Emmanuel Rubin había insistido en términos parlamentarios, mientras su barba rala se sacudía furiosa de un lado a otro.

    Él sería presidente la próxima vez, había dicho, y el presidente era monarca absoluto dentro de las cláusulas del reglamento. Pero en ningún lado de éste se determinaba específicamente el lugar de reunión.

    —De acuerdo con las tradiciones —comenzó a decir Geoffrey Avalon con esa solemnidad que lo caracterizaba—, siempre nos hemos reunido aquí.
    —Si la tradición es el amo —dijo Rubin—, ¿para qué existe el reglamento?

    Y al final consiguió lo que quería, al concluir diciendo que era un cocinero magistral. Entonces Mario Gonzalo sonrió.

    —Vamos para oler cómo quema las hamburguesas —dijo.
    —Jamás sirvo hamburguesas —dijo Rubin acaloradamente, pero ya todo el mundo había aceptado la invitación. Avalon y James Drake habían llegado en el mismo tren desde el otro lado del Hudson y estaban en el vestíbulo del edificio de departamentos de Rubin, en West Side, esperando que el portero les prestara atención. Era evidente que no podrían entrar sin el permiso del portero, a menos que recurrieran a la violencia.
    —Es la mentalidad de fortaleza —musitó Avalon—. La misma que hay en toda Nueva York. No puedes ir a ningún lado sin que te observen estos ojos de lince y te registren de armas.
    —Tienes razón —dijo Drake con su voz ronca y suave, y encendió un cigarrillo—. Es mejor eso a que te asalten en el ascensor.
    —Supongo que sí —dijo Avalon sombríamente.

    El portero se volvió hacia ellos. Era bajo, de cara redonda y calvo. Una franja de cabello gris hacía juego con su bigote corto e hirsuto como el de Drake, pero más generoso. No parecía en absoluto imponente, pero su uniforme gris le daba un aire de autoridad que, aparentemente, era suficiente para disuadir a cualquier intruso.

    —¿Señores? —dijo.

    Avalon se aclaró la garganta y habló con su voz de barítono más impresionante para ocultar una timidez que a nadie se le habría ocurrido suponer en un individuo tan alto, derecho e imponente.

    —El Dr. Drake y el Sr. Avalon buscan el departamento del Sr. Emmanuel Rubin, en el 14, AA.
    —Drake y Avalon —repitió el portero—. Un momento. —Se dirigió hacia el intercomunicador y habló por el micrófono. El sonido áspero de la voz de Rubin se oyó claramente.
    —Hágalos subir, hágalos subir.

    El portero les abrió la puerta para dejarlos entrar, pero Avalon se detuvo dudando en el umbral.

    —A propósito, ¿suelen tener muchos incidentes aquí?

    El portero asintió con aire de importancia.

    —Algunas veces, señor. Por mucho que se haga, siempre suceden cosas. Hubo un robo en un departamento del vigésimo piso el año pasado. No hace mucho tiempo atacaron a una señora en los lavaderos. Suceden cosas así.
    —¿Puedo acompañarlos, señores? —dijo una voz amablemente.

    Drake y Avalon se volvieron a mirar al recién llegado. Hubo una pausa perceptible en que ninguno de los dos lo reconocieron, pero en seguida Drake lanzó una breve risita.

    —Henry, cuando no trabaja en el restaurante se vuelve usted de lo más elegante.

    Avalon tuvo una reacción bastante más explosiva.

    —¡Henry! ¿Qué hace...? —Se interrumpió incómodo.
    —El Sr. Rubin me invitó, señor. Dijo que ya que la comida no se realizaría en el restaurante y yo no podría tener el placer de servirles, sería entonces su invitado. Creo que ése era su propósito al insistir en que la comida se celebrara aquí. Uno no lo diría, pero el Sr. Rubin es un caballero sentimental.
    —Espléndido —dijo Avalon con gran entusiasmo, como si quisiera reparar su sorpresa anterior—. Portero, este señor viene con nosotros.
    —¿Quisiera consultar con el señor Rubin, señor? —dudó Henry.

    El portero, que había mantenido la puerta abierta pacientemente todo ese tiempo, dijo:

    —Está bien. Suban.

    Henry asintió y los tres atravesaron un vestíbulo espacioso, pintado de azul, hacia los ascensores.

    —Henry, hace años que no veo un traje como el suyo —dijo Drake—. Provocaría un alboroto si caminara por Nueva York vestido así.

    Henry se observó brevemente. Su traje era de un marrón oscuro y de un corte tan clásico que Drake se estaba preguntando seriamente dónde se encontraría el establecimiento que vendía esa ropa. Los zapatos eran de un negro sobrio, la camisa de un blanco radiante y la corbata angosta de un gris apagado, sujeta con un sencillo alfiler de corbata.

    Coronando el conjunto, un sombrero hongo de color marrón oscuro que Henry se quitó tomándolo por el ala.

    —Hacía mucho tiempo que no veía un sombrero hongo —dijo Avalon.
    —Ni siquiera un sombrero —dijo Drake.
    —Es la libertad de esta época —dijo Henry—. Cada cual hace su gusto ahora, y éste es el mío.
    —Lo malo es que para alguna gente hacer su antojo es atacar mujeres en los lavaderos —dijo Avalon.
    —Sí —asintió Henry—. Oí lo que dijo el portero. Esperemos al menos que hoy no haya tropiezos.

    Uno de los ascensores llegó a la planta baja y una señora descendió con su perro. Avalon echó una mirada al interior, a izquierda y derecha, antes de entrar, y luego subieron hasta el piso catorce.

    Estaban todos reunidos, o casi todos. Rubin llevaba el delantal de su mujer (que tenía bordado el nombre "Jane" con grandes letras) y se movía apresurado. En el aparador había una colección completa de botellas y Avalon se había autodesignado cantinero improvisado, después de rechazar a Henry.

    —Siéntese, Henry —dijo Rubin en voz alta—. Usted es el invitado.

    Henry se sentía incómodo.

    —Tienes un lindo departamento, Manny —dijo Halsted con su ligero tartamudeo.
    —Más o menos -déjame pasar un segundito-, pero es pequeño. No tenemos niños, por supuesto, de modo que no necesitamos que sea mucho más grande, y vivir en Manhattan tiene sus ventajas para un escritor.
    —Sí —dijo Halsted—. Me enteré de algunas de las ventajas allí abajo. El portero dijo que las mujeres han tenido problemas en el lavadero.
    —¡Ah, qué diablos! —dijo Rubin despreciativo—. Algunas de esas damas buscan problemas. Desde que la delegación china ante las Naciones Unidas se instaló en un hotel a unas pocas cuadras de aquí, algunas de esas matronas andan viendo el peligro amarillo en todas partes.
    —Y robos también —dijo Drake. Rubin tenía una expresión desdichada como si cualquier mancha en la reputación de Manhattan fuera una ofensa personal.
    —Podría haber pasado en cualquier parte, y Jane fue descuidada.

    Henry, el único sentado a la mesa frente a una copa aún sin tocar, pareció sorprendido, pero con una expresión que no dibujaba ni una sola arruga en su rostro.

    —Perdone, Sr. Rubin —dijo—, ¿se refiere a que fue en su departamento donde robaron?
    —Sí, bueno. Creo que la cerradura del departamento puede abrirse con un trozo de celuloide. Es por eso que todo el mundo instala, además, cerraduras complicadas.
    —Pero ¿cuándo sucedió eso? —preguntó Henry.
    —Hace cerca de dos semanas. Les repito que fue culpa de Jane. Salió al pasillo a pedirle a alguien una receta o algo por el estilo y no le echó llave a ambas cerraduras. Eso es como pedir que algo suceda. Los rateros tienen cierto instinto para estas cosas, una especie de percepción extrasensorial. Ella regresó justo cuando el vago salía y hubo un gran escándalo.
    —¿Le sucedió algo a ella? —preguntó Gonzalo, con sus ojos que ya de ordinario eran prominentes casi fuera de las órbitas.
    —Nada, en realidad. Se asustó, eso fue todo. Gritó y aulló, que fue lo mejor que pudo haber hecho. El tipo corrió. Si yo hubiera estado aquí lo habría perseguido y atrapado. Si yo hubiera...
    —Es mejor no intentarlo —dijo Avalon severamente, empujando el cubo de hielo con el dedo para revolver su aperitivo—. El resultado final de una caza puede ser un cuchillo en las costillas. Tus costillas.
    —Escúchame —dijo Rubin—. En mis tiempos enfrenté a tipos con cuchillo. Son fáciles de mane... Un momento. Algo se está quemando —dijo—, y se abalanzó hacia la cocina.

    Alguien golpeó a la puerta.

    —Observa por la mirilla —dijo Avalon.
    —Es Tom —dijo Halsted luego de mirar, y abrió la puerta para dejarlo entrar.
    —¿Cómo entraste sin que te anunciaran? —preguntó Avalon. Trumbull se alzó de hombros.
    —Me conocen, aquí. He visitado a Manny antes.
    —Además —dijo Drake—, un importante funcionario de gobierno como tú está más allá de toda sospecha.

    Trumbull resopló y frunció aun más las múltiples arrugas de su cara, pero no respondió a la provocación. Todos los Viudos Negros sabían que era un experto en códigos. Lo que hacía, nadie lo sabía, aunque todos tenían la misma sospecha.

    —¿Alguno contó ya los toros? —dijo Trumbull.
    —En realidad, parecen una manada.

    Gonzalo se rió.

    Las estanterías que llenaban las paredes estaban salpicadas de toros de madera y cerámica de todos los tamaños y colores, y había varios más sobre la mesa y sobre la televisión.

    —Hay más en el baño —dijo Drake saliendo de allí.
    —Te apuesto —dijo Trumbull— a que si cada uno de nosotros cuenta todos los toros de este lugar cada uno obtendrá un resultado diferente y todos estaremos equivocados.
    —Te apuesto —dijo Halsted— a que ni el mismo Manny sabe cuántos tiene.
    —¡Eh, Manny! —gritó Gonzalo—. ¿Cuántos toros tienes?
    —¿Contándome a mí? —respondió Rubin entre ruidos de ollas y asomando la cabeza por la puerta de la cocina—. Una de las buenas cosas que tiene comer aquí, es que pueden estar seguros de que no les servirán hígado como entrada. Comerán berenjenas con todo tipo de ingredientes y no me pregunten los detalles porque es receta mía. Yo la inventé... Y... Ese toro se hará pedazos si se te cae, Mario, y Jane los conoce a todos de memoria y los inspeccionará uno por uno cuando regrese.
    —¿Escuchaste lo del robo, Tom? —preguntó Avalon. Trumbull asintió.
    —No se llevó mucho, por lo que sé.

    Rubin entró atropelladamente trayendo algunos platos.

    —No ayude. Henry. Oye, Jeff, deja esa copa por un minuto y ayúdame a poner los cubiertos... Es pavo asado, de modo que prepárense a decirme si quieren pechuga u otra presa, y además les voy a servir relleno, quieran o no, porque eso es lo que hace...

    Avalon puso el último cubierto con un floreo y dijo:

    —¿Qué es lo que robaron, Rubin?
    —¿Se refiere al tipo que entró aquí? Nada. Jane debe de haber regresado justo cuando él comenzaba. Revolvió algunas de las cosas en el botiquín, supongo que buscando drogas. Creo que se llevó algunos billetes chicos, y además dio vuelta mi equipo de grabación. Tal vez haya intentado llevarse mi estereofónico portátil para empeñarlo, pero sólo consiguió moverlo un poco... A propósito, ¿quién quiere música?
    —Nadie —gritó Trumbull indignado—. Si empiezas a hacer ese condenado bullicio, te robaré el aparato estereofónico y tiraré todas tus cintas al incinerador.
    —¿Sabes, Manny? No me gusta decírtelo, pero el relleno estaba aun mejor que las berenjenas —dijo Gonzalo.
    —Si tuviera una cocina más grande... —gruñó Rubin. Desde afuera llegó el aullido de una sirena. Drake señaló la ventana abierta con el pulgar sobre su hombro.
    —La canción de cuna de Broadway.

    Rubin agitó la mano negligentemente.

    —Te acostumbras. Si no son los bomberos, es una ambulancia; si no es una ambulancia, es un coche de policía; si no es... El tráfico no me molesta.

    Por un momento pareció perdido en sus propios pensamientos. Luego una expresión de la más profunda malignidad le cruzó por el rostro.

    —Son los vecinos los que me molestan. ¿Saben cuántos pianos hay solamente en este piso? ¿Y cuántos tocadiscos?
    —Tú tienes uno —dijo Trumbull.
    —No lo pongo a las dos de la mañana al máximo volumen —dijo Rubin—. No sería tan terrible si éste fuera un edificio de departamentos antiguo, con paredes gruesas como el largo de mi brazo. Lo malo es que éste tiene sólo ocho años de antigüedad y ahora hacen los muros de papel de aluminio revestido. ¡Diablos! Las paredes transmiten el sonido. Pon tu oído junto a la pared y podrás oír el ruido de cualquier departamento en cualquiera de los tres pisos de arriba y de abajo. Y no es que puedas realmente escuchar la música y gozarla —continuó—. Oyes nada más que los condenados bajos, tam, tam, tam, aun nivel subsónico que te hace agua los huesos.
    —Ya sé lo que es —dijo Halsted—. En mi edificio tenemos una pareja que pelea y mi esposa y yo escuchamos, pero nunca podemos entender las palabras, sólo el tono de voz. Es desesperante. Algunas veces, sin embargo, es un tono de voz interesante.
    —¿Cuántas familias tienes aquí, en este edificio? —preguntó Avalon.

    Rubin estuvo haciendo cómputos en voz baja durante un rato.

    —Cerca de seiscientas cincuenta —dijo.
    —Bueno, si insistes en vivir en una colmena —dijo Avalon— tienes que aceptar las consecuencias. —Su barba gris y bien recortada parecía vibrar de moralidad.
    —Eso me sirve de gran consuelo —dijo Rubin—. Henry, ¿gusta servirse otra porción de pavo?
    —No, realmente, Sr. Rubin —dijo Henry con cierta impotente desesperación—. Simplemente no puedo... —Y se detuvo con un suspiro ya que le habían servido el plato hasta el tope—. Me parece que se siente bastante alterado, Sr. Rubin —dijo—, y de algún modo tengo la impresión de que hay algo más que los ruidos de los pianos.

    Rubin asintió y por un momento sus labios temblaron como si estuviera muy excitado.

    —Le aseguro que hay algo más, Henry. Es ese maldito carpintero. Puede ser que lo oigan ahora.

    Inclinó la cabeza en actitud de escuchar y automáticamente la conversación se detuvo y todos escucharon. Excepto el constante trajinar del tráfico allá afuera, no se oía nada.

    —Bueno, tenemos suerte —dijo Rubin—. No lo está haciendo ahora; en realidad, hace un tiempo que ya no lo hace. Escúchenme todos, el postre fue una especie de desastre y tuve que improvisar. Si alguien no lo quiere comer, tengo una torta de confitería que normalmente no recomendaría, ustedes entienden...
    —Déjame ayudarte a servir eso —dijo Gonzalo.
    —De acuerdo. Cualquiera menos Henry.
    —Eso —dijo Trumbull— es una especie de snobismo al revés. Este tipo, Rubin, lo está poniendo en su lugar a usted, Henry. Si no estuviera tan condenadamente consciente de que usted es el camarero, le permitiría ayudar a servir.

    Henry miró su plato todavía lleno y dijo:

    —Mi frustración no proviene tanto de no poder ayudar a servir como de no poder entender.
    —¿No poder entender qué? —preguntó Rubin, acercándose con los postres sobre una bandeja. Era algo muy parecido a mousse de chocolate.
    —¿Hay un carpintero que trabaja en este edificio? —preguntó Henry.
    —¿Qué carpintero? ¡Ah! ¿Se refiere a lo que dije? No, no sé qué diablos es. Simplemente lo llamo un carpintero. Está siempre golpeando. A las tres de la tarde, a las cinco de la mañana. Siempre martillando. Y cada vez que estoy escribiendo y desearía tener silencio especialmente... ¿Cómo está la crema de Bavaria?
    —¿Era eso? —preguntó Drake observándola con recelo.
    —Eso es lo que comenzó siendo —dijo Rubin—, pero la gelatina no se endureció y tuve que improvisar.
    —A mí me parece exquisita, Manny —dijo Gonzalo.
    —Un poco dulce —dijo Avalon—, pero no soy muy aficionado a los postres.
    —Está un poco dulce —dijo Rubin con condescendencia—. El café estará listo en un minuto; y no es instantáneo, tampoco.
    —¿Martillando qué, Sr. Rubin?

    Rubin ya estaba lejos, y no fue sino cinco minutos después, con el café ya servido, cuando Henry pudo preguntar otra vez.

    —¿Martillando qué, Sr. Rubin?
    —¿Qué? —preguntó éste.

    Henry alejó su silla de la mesa. Su rostro amable pareció adquirir cierta dureza.

    —Sr. Rubin —dijo—, usted preside esta noche y yo soy el invitado del club a esta comida. Quisiera un privilegio que usted, como presidente, puede concederme.
    —Bien, pida —dijo Rubin.
    —Como invitado, es tradicional que yo sea interrogado. Francamente, no deseo serlo, ya que al contrario de lo que sucede con otros invitados, estaré en el banquete del próximo mes y en el del siguiente, en mi habitual función de camarero, por supuesto. De modo que prefiero... —Henry se detuvo dubitativo.
    —¿Prefiere guardar su intimidad, Henry? —preguntó Avalon.
    —Quizá yo no lo diría precisamente así —comenzó Henry; pero luego, interrumpiéndose, dijo—: Sí, así es, exactamente. Quiero mi intimidad. Pero desearía algo más. Quisiera interrogar al Sr. Rubin.
    —¿Para qué? —preguntó Rubin, los ojos agrandados por efecto del aumento de sus gruesos lentes.
    —Algunas de las cosas que he oído esta noche me intrigan y no puedo lograr que usted conteste a mis preguntas.
    —Henry, está usted borracho. He contestado todas sus preguntas.
    —Aun así, ¿puedo interrogarlo formalmente, señor?
    —Adelante.
    —Gracias —dijo Henry—. Quiero saber más sobre los ruidos molestos que ha estado oyendo.
    —¿Se refiere a ese carpintero ya la canción de cuna de Broadway?
    —Eso lo dije yo —intervino Drake en voz baja, pero Rubin hizo como si no le oyese.
    —Sí. ¿Cuánto tiempo lleva eso?
    —¿Cuánto tiempo? —preguntó Rubin vehementemente—. ¡Meses!
    —¿Muy fuerte?

    Rubin pensó un rato.

    —No, no muy fuerte, supongo. Pero se puede oír. Llega en los momentos más extraños. Nunca se puede predecir.
    —¿Y quién hace el ruido?

    Rubin dejó caer el puño sobre la mesa tan repentinamente que su taza de café tembló.

    —De eso se trata, justamente. No es tanto el ruido a pesar de lo irritante que puede llegar a ser. Podría soportarlo si lo entendiese; si supiera quién es; si supiera qué está haciendo; si pudiera dirigirme a alguien y pedirle que no lo haga por un rato, cuando tengo especial dificultad con algún argumento. Es como ser perseguido por un espiritista.

    Trumbull alzó la mano.

    —Un momento. Dejémonos de espiritismos y tonteras. ¿No estarás tratando de incluir esto en el campo de lo sobrenatural, Manny? Primero, aclaremos una cosa...
    —Es Henry quien está interrogando, Tom —interrumpió Halsted.
    —De lo cual estoy enterado —dijo Trumbull, asintiendo rígidamente con la cabeza—. ¿Puedo hacer una pregunta, Henry?
    —Si está por preguntar por qué al oír el ruido el Sr. Rubin no puede decir de dónde viene, es lo que estoy apunto de preguntar yo —dijo Henry.
    —Continúe —dijo Trumbull—. Entretanto me serviré más café.
    —¿Quiere contestar la pregunta, Sr. Rubin? —dijo Henry.
    —Supongo que es difícil que ustedes entiendan. Veamos, dos de ustedes viven al otro lado del Hudson, uno en uno de los sectores más antiguos de Brooklyn, y el otro en Greenwich Village. Tom vive en una de esas elegantes casonas refaccionadas. No estoy seguro de dónde vive Henry pero sé que no será en una de estas modernas colmenas, como Avalon las llama. Ninguno de ustedes vive en uno de esos modernos edificios de departamentos de veinticinco pisos o más, con veinticinco departamentos en cada piso y un hermoso esqueleto de concreto que conduce maravillosamente el sonido. Si se tratara de alguien que tiene un buen tocadiscos puesto a todo volumen, podría ser capaz de decir si viene de arriba o de abajo, aunque no apostaría. Si quisiera podría ir de puerta en puerta por todo este piso y luego de puerta en puerta por el piso de abajo y lo mismo por el de arriba. Supongo que así sería capaz de decir de qué departamento proviene si apoyo el oído contra la puerta correcta. Si es un martilleo suave, sin embargo, es imposible decir de dónde viene. Uno puede escuchar apoyado contra la puerta y no serviría. El sonido no se propaga tanto a través del aire y la puerta, sino a través de las paredes. Escúchenme: he llegado a recorrer puerta por puerta cuando me he enfurecido lo suficiente. No sé cuántas veces he reptado por los corredores.

    Gonzalo se rió.

    —Si te sorprenden haciendo eso, ese portero de abajo comenzará a informar sobre vagos de aspecto vicioso que andan espiando por ahí.
    —Eso no me preocupa —dijo Rubin—. El portero me conoce. —Una expresión de tímida modestia apareció repentinamente en el rostro de Rubin—. Es un admirador mío.
    —Sabía que debías de tener alguno en algún lado —dijo Trumbull, pero Henry estaba apartando lo que quedaba de pavo en su plato y parecía más descontento que nunca.
    —Supongamos que tu admirador no está de turno —dijo Gonzalo polémicamente—. Tiene que haber portero durante las veinticuatro horas y tu admirador tiene que dormir.
    —Todos me conocen —dijo Rubin—, y éste, el tipo que está en la entrada ahora, Charlie Wiszonski, tiene el turno de cuatro de la tarde a doce de la noche los días de semana, que es el turno más pesado. Es un hombre mayor... Permítame retirar la mesa.
    —¿No podría hacerlo otro, Sr. Rubin? —preguntó Henry—. Desearía seguir interrogándolo y quiero volver al carpintero. Si el sonido se propaga a través de las paredes y usted lo oye, ¿no hay mucha otra gente que también lo oye?
    —Supongo que sí.
    —¿Pero si molesta a tanta...?
    —Eso es otra cosa irritante —dijo Rubin—. No molesta... Gracias, Roger. Deja los platos en la batea de la cocina, simplemente. Yo me encargaré de ellos después... Este carpintero no parece molestar a nadie. Durante el día los maridos están afuera y muchas de las mujeres también, y los niños no abundan en este edificio. Las mujeres que se quedan en casa están haciendo las tareas domésticas. Por la tarde todo el mundo pone la televisión. ¿A quién le preocupa un martilleo ocasional? A mí me preocupa porque estoy en casa día y noche y soy escritor. A mí me preocupa porque soy una persona creativa que tiene que pensar un poco y necesita algo de tranquilidad.
    —¿Le ha preguntado a otros sobre eso? —dijo Henry.
    —Oh, de vez en cuando lo he hecho. —Inquieto, golpeó su taza con la cuchara—. Supongo que su próxima pregunta será qué dijeron.
    —Debería adivinar —dijo Henry—, por su expresión de frustración, que nadie admitió haberlo oído.
    —Bien, se equivoca. Uno o dos dijeron algo parecido a que lo habían oído algunas veces. El problema es que a nadie le importa. Incluso si lo oyeran no les importaría. Los neoyorquinos son tan insensibles al ruido que uno podría volarlos y no les importaría.
    —¿Qué supone que hace esa persona para producir tal ruido? —preguntó Avalon.
    —Me parece que es un carpintero. Quizá no sea profesional, pero intenta serlo. Podría jurar que tiene un taller allá arriba. A pesar de todo podría jurarlo. No hay nada más que lo explique.
    —¿Qué quiere decir que a pesar de todo podría jurarlo? —preguntó Henry.
    —Consulté a Charlie sobre esto.
    —¿Al portero?
    —¿De qué sirve un portero? —preguntó Gonzalo—. ¿Por qué no te dirigiste al superintendente? ¿O al dueño?
    —¿De qué sirven ellos? —dijo Rubin impaciente—. Todo lo que sé del dueño es que deja que el aire acondicionado se descomponga cuando más calor hace porque prefiere arreglarlo con goma de mascar de la mejor calidad. Y para llegar al superintendente tienes que tener conocidos en Washington. Además, Charlie es un buen tipo y nos entendemos bien. Qué diablos, cuando Jane tuvo el incidente con ese ratero y yo no estaba aquí, fue a... Charlie a quien llamó.
    —¿No llamó a la policía? —preguntó Avalon.
    —Claro que sí. ¡Pero primero a Charlie!

    Henry estaba terriblemente descontento.

    —De manera que consultaron al portero respecto al martilleo. ¿Qué dijo?
    —Dijo que no había reclamos. Era el primero que oía. Dijo que investigaría. Lo hizo y me juró y rejuró que no había ningún taller de carpintero en ningún lugar del edificio. Dijo que había enviado gente a cada departamento con el pretexto de revisar el aire acondicionado... ése es el modo más seguro de entrar en todos lados.
    —¿De modo que después el portero olvidó el asunto?
    —Supongo que sí. Yeso me molestó también. Vi que Charlie no me creía. No creía que hubiera ningún martilleo. Me dijo que yo era el único que lo decía.
    —¿La Sra. Rubin lo oye también?
    —Por supuesto. Pero tengo que hacérselo notar. A ella tampoco le molesta.
    —Quizá sea alguna chica que practica castañuelas —dijo Gonzalo—, o algún instrumento de percusión.
    —¡Vamos! Sé distinguir entre algo rítmico y un martilleo intermitente.
    —Quizá sea un niño —dijo Drake—, o algún animal doméstico. Una vez viví en un departamento, en Baltimore, y tenía un martilleo justo sobre mi cabeza, como si alguien dejara caer algo cientos de veces al día. Y eso es lo que era. Tenían un perro que no se cansaba de recoger un hueso de juguete y de dejarlo caer. Conseguí que pusieran una alfombra barata.
    —No es un chico y no es un animal —porfió Rubin—. Ojalá dejaran de suponer que no sé lo que oigo. Escúchenme, yo trabajé en una carpintería una vez. Soy, además, un carpintero bastante bueno. Conozco el sonido de un martillo sobre la madera.
    —Quizá sea alguien que está haciendo reparaciones en su casa —dijo Halsted.
    —¿Durante meses? Es más que eso.
    —¿Es así como está la situación ahora? ¿Hizo algún otro intento de localizar el lugar después que el portero le falló? —preguntó Henry.

    Rubin frunció el ceño.

    —Traté, pero no fue fácil. Todo el mundo tiene teléfono, pero no figuran en la guía. Es parte de la mentalidad de la fortaleza, a la que Avalon se refiere. Y sólo conozco a un par de personas con las que puedo hablar. Llamé a las puertas más probables, y luego de presentarme pregunté sobre el particular, pero todo lo que conseguí fueron malas miradas.
    —Yo me daría por vencido —dijo Drake.
    —Yo no —dijo Rubin, golpeándose el pecho—. El mayor problema fue que todo el mundo pensó que yo era una especie de chiflado. Incluso Charlie, creo. La gente común parece recelar en general de los escritores.
    —Lo cual puede tener su justificación —dijo Gonzalo.
    —Cállate —dijo Rubin—. De modo que pensé que lo mejor sería presentar alguna prueba.
    —¿Cuál? —preguntó Henry.
    —Bien, grabé el condenado martilleo, por supuesto. Pasé dos o tres días prestando atención y entonces, cada vez que comenzaba, encendía el magnetófono y lo grababa. Me trastornó todo el trabajo, pero conseguí casi cuarenta y cinco minutos de martilleo... no muy fuerte, pero se podía oír. Y fue algo interesante, porque si uno lo escucha se da cuenta de que el tipo ese debe ser un pésimo carpintero. Los golpes no son parejos y fuertes. No tiene ningún control sobre el martillo y es esa irregularidad la que cansa. Una vez que uno consigue tomar el ritmo adecuado se puede martillar todo el día sin cansarse. Lo hice muchas veces...
    —¿Y le hizo escuchar la grabación al portero? —interrumpió Henry.
    —No. Un mes atrás acudí a una autoridad superior.
    —¿Entonces fuiste a ver al superintendente? —preguntó Gonzalo.
    —No. Existe algo llamado comité de inquilinos.

    Hubo una sonrisa general de aprobación en la que sólo Henry no participó.

    —No pensé en eso —dijo Avalon. Rubin hizo una mueca.
    —La gente no piensa en eso en casos como éste, porque el único propósito del comité parece ser perseguir al propietario. Es como si nadie se hubiera enterado jamás de que un inquilino puede molestar a otro, aun cuando yo diría que nueve de cada diez molestias en un edificio de departamentos provienen de las relaciones entre vecinos. Eso les dije. Yo...
    —¿Es usted miembro regular del comité, Sr. Rubin? —volvió a interrumpirlo Henry.
    —Soy miembro, por supuesto. Todo inquilino es miembro automáticamente.
    —Me refiero a si asiste regularmente a las reuniones.
    —En realidad, ésa fue la segunda reunión a la que concurrí.
    —¿Lo conoce a usted la gente que asiste regularmente?
    —Algunos, sí. Además, ¿qué tiene que ver eso? Me presenté yo mismo: "Rubin", dije, "14, doble A", y me puse a hablar. Como había llevado el magnetófono, lo levanté en alto y lo mostré. Dije que en él estaba la prueba de que algún idiota era una molestia pública, que lo había fechado con día y hora y que si era necesario vería a mi abogado. Dije que de ser el propietario quien hiciera ese ruido todos los concurrentes a esa reunión estarían aullando para que se iniciase una acción conjunta contra él. ¿Por qué, entonces, no reaccionar de la misma manera contra uno de los inquilinos?
    —Debe de haber sido un discurso de lo más elocuente —gruñó Trumbull—. Una lástima que no haya estado allí para oírte. ¿Qué dijeron?
    —Quisieron saber quién era el inquilino que hacía ese ruido y no les pude decir —repuso Rubin con el ceño fruncido—. De modo que lo olvidaron. Nadie había oído el ruido y, de todos modos, a nadie le interesaba.
    —¿Cuándo se celebró la reunión? —preguntó Henry.
    —Casi un mes atrás. Y ellos tampoco se han olvidado. Realmente fue un discurso elocuente, Tom. Los dejé fritos. Lo hice deliberadamente. Quería que la noticia se extendiera y así fue. Charlie, el portero, dijo que la mitad de los inquilinos estaban hablando de eso... que era lo que yo quería. Quería que ese carpintero se enterara. Que supiera que yo estaba tras él.
    —Seguramente, no querrá usted que haya violencia, Sr. Rubin... —dijo Henry.
    —No necesito la violencia. Sólo quería que lo supiera. Ha estado bastante sosegado las últimas semanas, y apuesto a que seguirá así.
    —¿Cuándo es la próxima reunión? —preguntó Henry.
    —La próxima semana... Quizá vaya.

    Henry sacudió la cabeza.

    —Sería mejor que no fuese, Sr. Rubin. Creo que sería mejor si se olvidara de todo esto.
    —No estoy asustado de ese tipo, sea quien sea.
    —Estoy seguro de que no, Sr. Rubin, pero encuentro peculiar esta situación en varios aspectos...
    —¿En qué aspectos? —preguntó Rubin rápidamente.
    —Es... es... Puede parecer melodramático, lo admito, pero... Sr. Avalon, usted y el Dr. Drake llegaron a la entrada del edificio un momento antes que yo y hablaron con el portero.
    —Sí, así es —dijo Avalon.
    —Quizá llegué demasiado tarde. Puede ser que me haya perdido algo. Me parece, Sr. Avalon, que usted le preguntó al portero si solían suceder incidentes deplorables en este edificio y él dijo que había habido un robo en un departamento del vigésimo piso el año pasado y que una mujer había sido atacada en el lavadero.

    Avalon asintió pensativamente.

    —Sin embargo —continuó Henry—, él sabía que nos dirigíamos al departamento del Sr. Rubin. ¿Cómo, entonces, no mencionó que en este departamento había habido un robo hace apenas dos semanas?

    Hubo una larga pausa.

    —Quizá no quería ser chismoso —dijo Gonzalo.
    —Nos habló de los otros incidentes. Quizás haya sido una explicación intrascendente, pero cuando me enteré del robo me sentí molesto. Todo lo que he oído desde entonces ha aumentado mi sensación de intranquilidad. Es admirador del Sr. Rubin. La señora acudió a él en cierto momento y, sin embargo, no mencionó nada de eso.
    —¿Qué te sugiere todo eso, Henry? —preguntó Avalon.
    —¿Que está implicado de algún modo?
    —¡Vamos, Henry! —dijo Rubin de inmediato—. ¿Me vas a decir que Charlie es cómplice de los ladrones?
    —No; pero si algo extraño está sucediendo en este edificio, podría ser muy útil deslizarle un billete de diez dólares al portero de vez en cuando. Puede ser que no sepa de qué se trata. Lo que quieren puede parecerle bastante inofensivo... pero luego, cuando entran en su departamento, puede ser que de pronto él entienda más que antes. Se siente implicado y no querrá hablar más de eso. Por su propio bien.
    —De acuerdo —dijo Rubin—. ¿Pero qué es lo que le parece tan peculiar? ¿El carpintero y su martilleo?
    —¿Por qué alguien estuvo espiando el piso, esperando a que usted y su esposa dejaran el departamento solo y con una llave puesta nada más?— preguntó Henry—. ¿Y por qué, cuando el Sr. Avalon mencionó el incidente de la mujer del lavadero, usted, Sr. Rubin, lo descartó en seguida haciendo referencia a la delegación china ante las Naciones Unidas? ¿Hay alguna relación?
    —Sólo que Jane me contó que algunos de los inquilinos estaban preocupados por la posibilidad de que los chinos ocuparan este edificio.
    —Tengo la impresión de que ésa es una razón poco válida para su non sequitur. ¿Dijo su esposa que el hombre que había sorprendido saliendo del departamento era un oriental?
    —Oh, no puede usted tener en cuenta eso —dijo Rubin, alzando los hombros expresivamente—. ¿Cómo se puede realmente notar...?
    —Un minuto, Manny —interrumpió Avalon—. Nadie te está preguntando si el ratero era realmente chino. Todo lo que Henry pregunta es si Jane dijo que lo era.
    —Dijo que le pareció que era; que tuvo la impresión... ¡Vamos, Henry! ¿Va a decir que se trata de espionaje?

    Henry continuó imperturbable.

    —Sume todo esto al asunto de ese martilleo irregular... Creo que el Sr. Rubin dijo específicamente que esa irregularidad era característica de un mal carpintero. ¿No será que esa irregularidad la produce un espía hábil? Por lo que yo sé, el punto débil de todo sistema de espionaje está en enviar la información. En este caso, no habría ningún contacto entre el que la envía y el que la recibe, ningún punto de referencia intermedio, nada que pueda ser abierto o interceptado. Sería el sonido más natural e inocente del mundo, algo que nadie puede oír, excepto la persona que está escuchando... y, como el azar lo ha querido, un escritor que desea concentrarse en su trabajo y al que lo distraen hasta los ruidos más insignificantes. Incluso así, podría interpretarse que se trata de alguien que está martillando... un carpintero.
    —¡Vamos, Henry! Eso es estúpido —dijo Trumbull.
    —Pero, entonces, ¿cómo explica un robo donde no se llevaron prácticamente nada?
    —Tonterías —dijo Rubin—. Jane regresó demasiado pronto. Si se hubiera demorado cinco minutos más, el estereofónico habría desaparecido.
    —Mire, Henry —dijo Trumbull—. Ha hecho cosas asombrosas otras veces y no quiero descartar completamente nada de lo que usted dice. No obstante, eso es muy improbable.
    —Quizá pueda presentar alguna evidencia.
    —¿De qué tipo?
    —Tendría que usar las grabaciones que el Sr. Rubin hizo del martilleo. ¿Podría traerlas, Sr. Rubin?
    —Nada más fácil —dijo Rubin, y desapareció hacia el interior.
    —Henry, si piensa que voy a escuchar un estúpido martilleo y le voy a decir que está en código, está loco —advirtió Trumbull.
    —Sr. Trumbull —dijo Henry—. No sé qué funciones desempeña usted en el gobierno, pero presumo que dentro de un momento querrá ponerse en contacto con la gente adecuada, y sugiero que comience por interrogar exhaustivamente al portero y que...

    Rubin regresó con el ceño fruncido y la cara roja.

    —Es extraño. No puedo encontrarlas. Creí que sabía exactamente dónde estaban, pero no las encuentro. Bueno, nos quedamos sin pruebas, Henry. Tendré que... ¿Las habré dejado en algún lado?
    —La prueba es la ausencia de las grabaciones, Sr. Rubin —dijo Henry—, y creo que ahora sabemos qué buscaba el ratero y por qué no ha habido más martilleos desde entonces.
    —Creo que sería mejor que hiciera... —Comenzó a decir Trumbull, pero el sonido del timbre lo detuvo.

    Por un momento, todos quedaron paralizados. Luego, Rubin musitó:

    —No creo que sea Jane que regresa temprano. —Se levantó pesadamente, se dirigió hacia la puerta y atisbó por la mirilla. Miró fijamente unos instantes y luego dijo—: ¡Qué diablos! —y abrió violentamente la puerta.

    Allí estaba el portero, Con el rostro arrebatado y visiblemente intranquilo.

    —Me llevó tiempo conseguir que alguien me reemplazara —dijo—. Escúchenme... no quisiera tener problemas, pero... —Sus ojos iban de una a otra persona nerviosamente.
    —¡Cierra la puerta, Manny! —gritó Trumbull. Rubin atrajo al portero hacia adentro y cerró la puerta.
    —¿Qué pasa, Charlie?
    —Hay algo que me tiene cada vez más preocupado. Y ahora alguien me preguntó si había problemas aquí... Usted, señor —dijo dirigiéndose a Avalon—. Luego empezó a llegar más gente y creo que sé de qué se trata. Supongo que alguno de ustedes está investigando el robo, pero yo no sabía qué estaba sucediendo, si bien supongo que no estuve bien, y quisiera explicar. Ese tipo...
    —Nombre y departamento —lo apremió Trumbull.
    —¡King! Vive en el 15-U —dijo Charlie.
    —De acuerdo. Venga a la cocina conmigo. Manny, voy a hacer esa llamada telefónica desde aquí —dijo, y cerró la puerta de la cocina.

    Rubin alzó los ojos, como si estuviera escuchando algo, y luego dijo:

    —¿Martillando mensajes? ¡Quién lo hubiera creído!
    —Exactamente por eso es por lo que funcionó —dijo Henry suavemente—. Y podría haber seguido funcionando de no haber habido en el mismo edificio un escritor de -si me permite decirlo- marcada excentricidad.


    Fin