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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura en línea con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y la lectura sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada, desde libros completos hasta revistas Selecciones. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 30 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que el header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación en el blog
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o solo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), simplemente da click en LECTURAS, por ejemplo, y seguido en GUARDAR POST.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Si has agregado una publicación desde el SIDEBAR, automáticamente aparece este caracter ۩ en el menú, indicando que se ha guardado una publicación desde el SIDEBAR, y para poder agregar la publicación actual debes darle click a ese caracter, seguido eliges si lo deseas guardar en MIS LECTURAS o en alguno del MENU PERSONAL.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.
    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.
    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo básico.


    PRIORIDAD DE LOS ESTILOS: De izquierda a derecha, siendo el de la izquierda superior; la prioridad es la siguiente:
    PREDEFINIDO - LY, LL, P1 a P16 - G3 - G2 - G1 - POR POST - POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3 - ESTILOS 1 a 9 o BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha, o presiona "intro" en cualquier otro tema de la lista en texto; y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    EL SIGNO DE LABRYS (Margaret St. Clair)

    Publicado el domingo, abril 06, 2014

    I


    Existe un hongo que crece en las paredes que sirve para alimentarles. Es de color violeta, de un violeta rojizo obscuro y que tiene un sabor bueno y dulce. La gente lo busca entre las rendijas de las rocas.

    Las cuevas, en si mismas, no son demasiado profundas, aunque la zona excavada desciende a una gran profundidad. Tales cuevas subterráneas nunca estuvieron totalmente ocupadas, ni existía ahora en tiempos de paz su necesidad, si bien tampoco estaban totalmen—te abandonadas. Las gentes viven ahora en ellas por la razón de que allí se disfruta de la quietud, e incluso de ciertas instalaciones lujosas. Existen en estas cuevas, almacenados, todos los artículos y géneros necesarios para la vida en cantidades impresionantes, si se sabe dónde hallarlos. Aunque, claro está, el aire no está tan purificado como debería desearse.

    Para llegar a donde yo vivo, en, la hilera denominada E3, es preciso pasar por habitaciones repletas de muebles archivadores, computadoras y refrigeradores repletos a su vez de bandejas y más bandejas de antibióticos. Sé dónde poder hallar pronto lámparas para linternas y la larga caminata que debo realizar entre aquel dédalo de pasillos y galerías no es cosa que me moleste. No puedo soportar vivir en la superficie, donde los bulldozers mantienen una despierto sin poder conciliar el sueño la mitad de la noche, con sus ruidos, y donde es indispensable el tener que mantenerse de algún modo en contacto con las demás gentes.

    Aquella noche, yo había vuelto a mi estancia más bien tarde. No sabía si tenía algo que hacer o no: voy allí por las mañanas y a veces me ponen a trabajar. Otras veces, me paso el día entero vagando de un lado a otro. El trabajo consiste en realizar algo que cualquier hombre con una regular fuerza física pueda hacer, como trasladar cajas de un almacén de un lugar a otro. Yo he movido las mismas cajas una y otra vez. Pero tal ocupación, le mantiene a uno entretenido en algo y le impide a uno pensar demasiado. Cada sábado se me entregaba un boleto y si no me lo daban, para el caso era igual. Tengo todo un cajón de mi mesa lleno de ellos.

    De cualquier forma, aquella noche me habían mantenido ocupado hasta bastante tarde. Cuando me aproxime a mi pequeña estancia, vi que la luz surgía por los contornos de la puerta. Aquello indicaba claramente que alguien debería encontrarse en el interior y me resultó francamente molesto.

    Resulta curioso de qué forma uno rehuye el contacto con los demás en estos tiempos. En parte, por supuesto, es el hábito de evitar cualquier contacto ajeno resultante de las epidemias tan terribles que se sucedieron. Sin embargo, las epidemias habían sido prácticamente alejadas hacía años. Por ahora, aunque las muertes son muy escasas, continuamos persistiendo en el hábito de evitar cualquier proximidad con nadie. Deseamos vivir separados tinos de otros. No podemos soportar la compañía de otra persona.

    Y allí me encontraba con alguien en el interior de mi apartamiento subterráneo. No me gustó en absoluto. Cuando me decidí a entrar me hallaba de un humor de perros.

    La persona que estaba en el interior se levantó cortésmente al entrar yo. Era un joven delgado y esbelto vestido con el uniforme ciruela obscuro propio del FBY. Tenía los ojos y los cabellos de color muy claro.

    — Mr. Sewell — me dijo —. Soy del FBY. Aquí tiene mi identificación. —Y. extrajo del bolsillo un carnet que me mostró.
    — Humm... — respondí.

    El FBY no es popular. No es que tenga fama de ser brutal con la gente, por cuanto sabemos del gobierno que rige nuestros destinos actualmente, es sencillamente la organización policial FBY, y claramente yo tampoco sé explicarme la aversión que todos sentimos por ella. Tal vez sea el recuerdo pasado de la "ciencia" que para un hombre joven de mi generación, sólo sirve para recordarle el terror. Mas existe el rumor reciente de que esta organización está tramando algo para sus propios propósitos. Además, los hombres del FBY son poco amistosos, al propio tiempo que bastante impersonales. Su falta de amistad parece una tónica general del cuerpo y su impersonalidad petulante. Como digo, no gozan de ninguna simpatía y son muy poco populares.

    — Mr. Sewell — continuó, esta vez sonriendo amistosamente —, he venido a buscarle a usted en demanda de información. Bien, mi nombre es Ames, Clifford Ames. Se nos ha dicho que está usted en contacto con una joven a quien tenemos un especial interés en localizar. Su nombre, al menos el nombre con el que suele ser conocida, es Despoina.

    Yo fruncí el entrecejo.

    — No he oído jamás ese nombre antes — le repuse —. Resulta un nombre bastante singular.
    — No tiene, naturalmente, por qué responderme — dijo el hombre del FBY—, pero creo que conseguiríamos todos una gran ventaja si pudiera hacerlo.
    — ¿Ventaja para mí? — le dije yo —. ¿Qué clase de ventaja puede existir para nadie en los días que vivimos?

    El policía se puso a reír.

    — En eso creo que tiene bastante razón concedió —. Pero se nos ha dicho que no solamente está usted en contacto con ella, sino que esa Despoina, o Espoina, o como se llame, está viviendo actualmente con usted.
    — ¿Viviendo conmigo? — le respondí sorprendido, más que molesto —. Nadie vive aquí conmigo. No podría soportar la proximidad con nadie. Si registra mi vivienda, verá que no existe ni la menor traza de ninguna presencia femenina.
    — Sí, es cierto, no hay nadie con usted. Pero nos gustaría mucho localizarla.
    — Ya se lo dije, jamás oí hablar de tal mujer. — La constante sonrisa del policía me estaba sacando de quicio —. De todas formas, no conozco a ninguna mujer. ¿Por qué buscan ustedes a ésa en particular? ¿Sospechan que es contagiosa?
    — Creemos que es una portadora de gérmenes.

    Un escalofrío me recorrió la espalda. Los portadores de gérmenes eran gentes que, enloquecidas por la destrucción y el horror a través del cual habíamos vivido, esparcían deliberadamente y diseminaban por doquier los virus neurolíticos que lo mataban todo. Eran una masa ciega de asesinos. O, al menos, así se decía de estas personas. Personalmente, nunca me había tropezado con ninguna.

    — Aun así, lamento no poder ayudarle — le repuse —. Puede creerme, no sé nada de todo esto, en absoluto.
    — Pues nuestros informes...
    — Han debido ustedes ser mal informados.
    — Bien — Ames se dirigió hacia la puerta —. Usted trabaja muchas horas, ¿no es cierto? Le estuve esperando mucho tiempo. Tiene usted que trabajar desde las siete a las seis o algo parecido...
    — ¡De las siete a las seis! — repuse riendo entonces —. Oh, no, así no trabajan ni los hombres de los bulldozers, en el nivel B. Mi trabajo es mucho menor que todo eso.

    Ames dejó escapar un suspiro. Parecía que yo hubiera revelado algo importante y significativo sin saberlo. Me miró con ojos de simpatía.

    — De siete a seis o de ocho a cinco, de cualquier forma es algo pesado, ¿no le parece? — dijo deliberadamente. — A propósito — continuó Ames —. No le he dado a usted la descripción de la joven que andamos buscando — Se dice que tiene una talla de tipo medio, esbelta y de esqueleto frágil, con una notable piel clara. A menos que no se la haya cortado o teñido, tiene una cabellera de un rojo dorado muy atractiva. ¿Sabe usted de una mujer que responda a estas señas? — Le vuelvo a repetir que no conozco a ninguna mujer, en absoluto. Ni siquiera he hablado con ninguna desde hace casi tres años, excepto para decirle buenos días ocasionalmente a la mujer que hay en la oficina donde trabajo. Pero ésta es más bien pequeña y de mediana edad.
    — Ya comprendo — repuso Ames —. Bien, si cambia de parecer y se decide a cooperar con nosotros, puede tomar contacto conmigo en esta dirección. — Y me alargó una tarjeta de visita.

    La tomé sin darle importancia; ni siquiera me molesté en leerla, y me la guardé en el bolsillo. ¡Qué forma más descarada de mentirme!

    — No es cuestión de cooperar con ustedes. Es que, sencillamente, no tengo nada que poder manifestar a usted. ¿Tendrá usted dificultades para hallar la salida? Si quiere puedo prestarle una linterna eléctrica, si es que le puede ser útil. — Todo lo que deseaba era quitármelo de encima.

    Abrió la puerta de mi cuarto y salió al comedor.

    — Gracias, no es preciso su ofrecimiento. Conozco un pasillo más corto.

    Mientras le miraba desde el umbral, Ames echó mano de un pequeño tubo de entre un cierto número de dispositivos que llevaba colgado de su cinturón y lo dirigió hacia el techo como si quisiera localizar algún lugar determinado. Movió aquel tubo que proyectaba una luz especial por el techo y tras un par de segundos sentí una fresca corriente de aire. En el techo del corredor aparecía un agujero de dos pies de diámetro.

    Ames devolvió el tubo a su cinturón y volvió a sacar otra cosa. Parecía un haz de cuerdas finas de bramante. Lo arrojó hacia arriba en dirección al agujero del techo y comprendí que se trataba de una escala de cuerda extremadamente ligera y manejable.

    El oficial del FBY puso una mano a cada lado de la escala y comenzó a subir por ella. Cuando se hallaba a medio camino en su ascensión se volvió y me dijo:

    — También nosotros, los hombres de FBY, sabemos hacer cosas de magia.

    Siguió ascendiendo hasta llegar al tope. La escala pendió en el aire unos momentos hasta ser recogida desde arriba. El techo volvió a quedar tan sólido como estaba antes y la abertura había desaparecido junto con el policía.

    Yo volví a mi cuarto. Lo que acababa de ver me volvió pensativo. No había nada improbable en el hecho de que existieran salidas de emergencia en varios lugares de la gigantesca caverna subterránea, salidas de escape conocidas sólo por unas pocas personas. Pero ¿qué es lo que significaba el comentario hecho por Ames? Yo estaba bien seguro de haberlo oído correctamente. ¿Por qué habría dicho que el podía hacer cosas mágicas también?

    Sacudí la cabeza confuso. Me dirigí a la alacena y tomé una lata de comida en conserva para prepararme la cena y después me detuve. En realidad, no tenía apetito. La entrevista con Ames lo había hecho desaparecer, en más de un sentido, además. La conversación que habla sostenido con él era la más larga que jamás hubiera tenido con nadie en años. Aquella proximidad de otro ser humano me enfermaba. Y por encima de todo aquello, se encontraba el FBY.

    Al final preparé un gran plato de hongos de color violeta y comí con ellos. Los había recogido en la última semana y aún permanecían dulces y frescos. Habrían estado mejor ligeramente hervidos; pero no me encontraba en forma alguna dispuesto a ocuparme de la cocina. Cuando comí lo suficiente y quedé satisfecho, puse el plato en la alacena. Traté de leer un libro de texto sobre bioquímica; pero no pude mantener la atención ni siquiera en una sola página.

    Al fin dejé el libro de lado. Despoina. Una chica esbelta con cabellos de color de un rojo dorado y una piel blanca. ¿Para qué deseaba encontrarla el FBY? ¿Y qué pudo haberles hecho pensar que estaba en contacto conmigo?


    II


    Si en los días en que vivimos los seres humanos podemos aguantar la proximidad de otros seres apenas unos minutos, es algo singular cuán diferente es el caso con los muertos. En mi camino hacia el trabajo, suelo pasar por uno de los vastos campos donde yacen las víctimas de la epidemia, cada una encerrada en un saco de plástico a toda prueba, esperando ser enterradas. No siento la menor antipatía por ellas.

    Con todo, debería ser horrible. Los sacos de plástico son traslúcidos y uno puede captar de un vistazo la espantosa visión de lo que contienen. Pero el horror está ausente. Todo lo que siempre he sentido ha sido un gran sentimiento de piedad a la vista de tanta desgracia.

    Los bulldozers estaban trabajando cuando llegué hasta ellos aquella mañana. Siempre lo estaban, existe incluso un turno nocturno. Lo extraordinario es que hayan hecho tan poco. Supongo que la razón se deba en parte a la naturaleza del trabajo a realizar y en parte a que apenas existen suficientes hombres que se ocupen de tales trabajos. Resulta muy difícil encontrar razones que induzcan a la gente a que trabaje.

    Llegué al almacén. La mujer de la oficina me hizo una señal con la cabeza. La antipatía y aversión que 'a gente siente hacia los demás seres humanos en nuestros días, no es menos marcada entre varones y hembras que entre miembros de un mismo sexo. La gente satisface sus necesidades sexuales en contactos de quince minutos y se alejan el uno del otro inme—diatamente. No existe ninguna forma de vida por la que nadie se interese. Yo supongo que a nadie le preocupa.

    El capataz me puso a trabajar llevando de un lado a otro una pila de cajas. Era la misma que había transportado hasta la parte norte del almacén dos días antes. Ahora todo se reducía a volverlas a traer al lugar de origen de nuevo.

    Mientras estaba ocupado en mi trabajo volví a pensar en el hombre del FBY. Esta organización (se la llamó así cuando comenzaron las epidemias, específicamente para ocuparse de los brotes, aunque reconstruida sobre otra más anterior) ha tenido siempre la fama de estar muy unida y obedecer a un principio muy complicado. ¿Será que la gente del FBY está en condiciones de hallarse unida entre sí, mientras que el resto de nosotros somos incapaces de hacerlo? ¿O será simplemente su famosa «disciplina» lo que les permite trabajar juntos?

    Llegado el mediodía, el capataz me dijo que podía volver a mi cuarto. Al salir vi que otros trabajadores del almacén se ocupaban en trasladar mis mismas cajas hacia el sur.

    Los hombres de los bulldozers tomaban el almuerzo cuando pasé junto a ellos. De entre el grupo, uno de corta talla y moreno me llamó la atención.

    — ¡Eh, Mac! ¿Te gustaría ponerte al frente de una de esas máquinas?

    Yo me detuve.

    — ¿Necesitáis hombres?
    — Sí. Yo te enseñaré cómo manejarlo. Empleé el resto del día aprendiendo cómo manejar un bulldozer, mientras que el hombre que me había llamado Mac me pasaba a gritos las instrucciones que consideraba necesarias.

    Hacia las cinco comprendí por qué los enterramientos iban tan despacio. En primer lugar, no había hombres que excavasen con herramientas manuales, y un bulldozer no es precisamente la herramienta adecuada a pesar de su gran fuerza excavadora. Y en segundo término, no existía orden ni arreglo, en absoluto, para disponer de los cuerpos en las fosas. Teníamos que ponerlos en la pala de los bulldozers y enterrarlos uno a uno. Pero mis sentimientos respecto a los cuerpos aquellos no habían cambiado. Seguían llenándome de piedad, como una especie de ternura por algo perdido irremisiblemente.

    Cuando volví a mi cuarto, me dirigí al lavabo para lavarme las manos. Le di la vuelta al grifo; pero no había agua. Aquello era serio. Todas las habitaciones en el nivel E3 — diseñado para alojar a los más importantes empleados del gobierno, contenían un lavabo, una cama y una estufa de dos fuegos, alimentada con baterías eléctricas. Todas las habitaciones de una misma hilera subterránea recibían el agua de un depósito común.

    Me dirigí al cuarto vecino próximo al mío y abrí el grifo. Tampoco había agua. No se me hubiera podido ocurrir semejante cosa. Tenía que hacer algo. ¿En qué dirección debería desplazarme, hacia arriba o hacia abajo?

    Sin duda, algo debería ocurrirle al depósito de reserva. No pude imaginarme que se hubiese terminado el suministro líquido. Había sido diseñado y montado para más de cincuenta años de buen servicio. Lo más probable es que alguna clase de hongos hubiera cre—cido y desarrollado de tal forma en la conducción principal que hubiese terminado por cortar el agua.

    Cuanto más se desciende a niveles bajos en las cavernas, más lujosa es la instalación. Pero el pensamiento de los niveles bajos, siempre me había repelido por instinto... Trataría de hacerlo a uno próximo más bajo y a medio camino de ser posible.

    Empaqueté lo más interesante para mí, unos cuantos libros, alguna ropa y un surtido de latas de conserva con alimentos deshidratados. Siempre estaría en condiciones de obtener cualquier clase de alimento de las enormes reservas apiladas en los niveles. Y salí de mi cuarto. Con una maleta en la mano, caminé a lo largo del sombrío corredor hasta llegar al F1, una fila de cuartos diferentes del F, que era un nivel separada. Después descendí un par de escaleras y volví hacia la izquierda.

    No había caminado mucha distancia en el F1 cuando noté que una de las luces rojas instaladas en un panel de señales en el corredor lucía intermitentemente. Aquello significaba que algo iba mal a todo lo largo de la fila, sin que pudiera imaginarme qué podría ser. Tal vez no fuese nada serio, ya que, de lo contrario, todo el sistema estaría cerrado al paso, excepto en las salidas de emergencia.

    Vacilé. ¿Debería volver atrás? El nivel F2 estaba a poca mayor profundidad de lo que yo hubiera deseado y además, sentía una enorme curiosidad. Continué andando. Una puerta se abrió delante de mí. En ella apareció un hombre apoyándose en el umbral. Vacilaba sobre sus pies, dando el aspecto y la sensación de hallarse enfermo o borracho.

    Produjo un extraño ruido con la garganta y después la palabra «siete» surgió de sus labios. Luchó desesperadamente por respirar y acabó a los pocos segundos por caer colapsado a mis pies.

    Yo tuve entonces un instante de pánico. Había ya visto a mucha gente morir así, en la época en que las epidemia alcanzaron su mayor virulencia. Pero era posible que este hombre estuviese borracho. Le examiné desde cierta distancia.

    Ahora, existe, como lo fueron antes, dos tipos de enfermedades epidémicas mortales. La más común era la pulmonar, donde las células propagadoras del mal proliferaban dentro de los pulmones hasta impedir toda respiración a la víctima, muriendo, literalmente por asfixia. Los cuerpos de la gente que moría de esta horrible manera, aparecían deformados e hinchados'. Las células propagadoras de la epidemia, secretaban una enzima que destruía la conductividad de las células nerviosas y la muerte seguía tan rápidamente tras la ingestión por las víctimas de los bacilos propagadores de la peste que la pobre víctima parecía ser fulminada por un rayo. Moría antes de darse cuenta de lo que estaba ocurriéndole.

    El hombre caído sobre el corredor cerca de mis pies, vestía el uniforme obscuro de color ciruela propio del FBY. Mirándole, veía que las costuras de su traje se distendían bajo la presión terrible de la hinchazón de su cuerpo a punto de estallar. No había la menor duda de que había muerto. Ni tampoco de que la causa de su muerte era la epidemia pulmonar, en su forma de fermentos respiratorios. Las células que en forma de esporas se expandían por el aire se diseminaban fácilmente. Con mi maleta aún en la mano, me volví rápidamente deshaciendo el camino que había hecho. Me detuve cuando me encontré de nuevo en el E 3; Me hallaba realmente aterrado. Las epidemias pulmonares se llevan un par de horas en causar la muerte, tras el contagio y la exposición al aire libre y yo ciertamente me había hallado expuesto en esa forma. Dejé pasar las dos horas siguientes sentado al borde de mi cama, escuchándome mi propia respiración y tosiendo o haciendo inhalaciones de aire experimentalmente.

    Llegaron las siete y aún continuaba vivo. O ninguna de aquellas esporas me había alcanzado, o es que gozaba de alguna inmunidad especial contra la epidemia. Respiré profundamente. Seguía pensando en irme a otro lugar cualquiera a vivir, y todavía no había tomado la cena. Pensé qué debería hacer respecto al hombre muerto en el F1. Era preciso comunicarlo a los enterradores, para que acudiesen a embalar el cadáver en un saco de plástico, para su enterramiento. Pero por otra parte, odiaba la idea de mezclarme en el asunto.

    Finalmente decidí que aquello era un problema que concernía sólo al FBY. Se decía que solían mantenerse entre ellos en estrecho contacto, por tanto, pronto encontrarían al compañero muerto.

    Y entonces me marché por la otra parte contraria del corredor, hacia el nivel D de las cavernas. Las acomodaciones de aquel nivel, estaban dispuestas para tres o cuatro personas. Finalmente encontré acomodo en una habitación sin amueblar, excepto cuatro literas de una pobreza espartana. Pero funcionaba la luz y el agua y existía la clásica cocina de dos fuegos alimentada por electricidad. Bien, el problema era encontrar algo que comer.

    Eché un vistazo a mis provisiones. Tenía hambre; pero nada me parecía bueno. Lo que realmente deseaba, desde luego, eran algunos hongos de color violeta, frescos, dulces y apetitosos.

    La gente solía comerse esta clase de hongos porque es casi lo único fresco y natural que posee en este mundo subterráneo. Cuando las esporas propagadoras de las terribles epidemias escaparon de manos de los científicos que habían estado experimentando con ellas, y comenzaron las horrorosas plagas, no fueron solamente los seres humanos los que perecieron por ellas. Murieron también los animales domésticos, dándose el caso de que la mortalidad aún fue superior entre ellos, afectándose igualmente las plantas y vegetales alimenticios.

    Algunas plantas alimenticias se extinguieron, como por ejemplo, el trigo, la cebada y el arroz. Murieron además todos los árboles. No he visto un árbol desde hace diez años. Y las células germinales de los vegetales corrientes, como las lechugas y tomates, mutaron hasta hacerse polipoides. En nuestros días, una lechuga es una planta de diez pies de altura, cubierta con una especie de corteza y tan comestible como pudiera serlo un estropajo.

    Sin embargo los hongos son buenos, frescos, crujientes y dulces. Cuando se les cuece ligeramente, tienen un ligero sabor a castañas de agua. Y es curioso que uno no se canse de su sabor. La dificultad estriba en encontrarlos. Suelen crecer más allá de la parte de las cavernas que han sido arregladas para que viva la gente o bien entre las desnudas rocas.

    Saqué de la maleta una bandeja y un cuchillo. Si se cortan con el cuchillo en vez de arrancarlos, vuelven a crecer normalmente. Me puse una linterna eléctrica en el cinturón y salí a buscarlos.

    El lugar a donde me dirigía, se hallaba al final del E3, mi antigua fila de viviendas. Los hongos crecerían probablemente en muchos otros lugares de los subterráneos; pero allí, al menos, estaba seguro de encontrarlos.

    Era una larga y tediosa caminata. Resultaba preciso dar muchos rodeos y subir una y otra vez entre las rendijas de las rocas para llegar al lugar en que crecían los hongos. Debía a veces arrastrarme sobre pies y manos. Llegué al sitio y comprobé con satisfacción que los hongos habían vuelto a crecer abundantemente desde la última vez, y pude fácilmente llenar mi bandeja. Comencé a abandonar la rendija rocosa. Mi cinturón se enganchó en un saliente de la roca y la linterna alumbró el lugar. Y vi, rudamente esculpido en la piedra, una señal en forma de número 7.

    Mi corazón latió apresuradamente. Tomé entonces la linterna y examiné el signo aquel, cuidadosamente. No, no era un 7, sino un símbolo mucho más antiguo. Alguien tuvo que haber encontrado realmente una gran dificultad para hacerlo, había dibujado sobre la roca grisácea, el antiguo signo de Labrys, el hacha con doble cabeza.

    Seguí pensando en aquello casi todo el tiempo que tardé en volver a mi alojamiento. Aquel signo pudo estar allí desde mucho antes; pero yo me encontré inclinado a suponer lo contrario, porque cuando comencé a buscar por allí los hongos, había rebuscado todos los rincones de aquella rendija de la roca con el mayor cuidado. Pero alguien, recientemente, lo había dibujado. ¿Por qué? Por lo que yo sabía, era la única persona que en realidad conocía la localización de aquella rendija particular. Por unos instantes de vértigo mental, llegué a pensar si no habría sido yo mismo quien dibujase tal signo. Pero estuve bien seguro de no ha—berlo hecho, a poco de reflexionar.

    Una vez de vuelta a mi cuarto, lavé cuidadosamente los hongos y los puse a cocer con un poco de caldo de ternera. Pero estaba visto que la cena de aquella noche estaría llena de sorpresas. Cuando fui a buscar el plato donde poner la comida, encontré un trozo oblongo de papel depositado en el lugar más visible del utensilio de cocina.

    Era una simple nota. Aquella nota, escrita con tinta de un color marrón pálido, era lacónica: «Mr. Sewell, venga a la galería inferior sobre las once de la noche». Estaba firmada con una simple «D».

    Mi reacción fue estrujar el papel con cierta rabia entre los dedos. Ames, el policía del FBY tuvo que haberla dejado y aquello debía representar o bien un intento de embrollarme activamente con la misteriosa Despoina o, más verosímilmente, la idea de obtener una confesión de culpabilidad de mi conocimiento con ella.

    Pero detuve el curso de mis pensamientos. ¿Cómo habría sabido Ames el sitio donde encontrarme? Ni yo mismo había sabido, hasta el último momento, que iría a elegir un alojamiento en el nivel D. Para él, el estar en condiciones de hallarme diez minutos más tarde de haberme cambiado de lugar, significaba que el FBY me tenía custodiado bajo estrecha vigilancia constante. Y si realmente me vigilaban tan estrechamente, tendrían que saber con toda seguridad que yo no tenía el menor contacto con Despoina, y que jamás 1o había tenido.

    Recogí la nota y volví a examinarla con más cuidado. La tinta con que estaba escrita era tan espesa, que daba la impresión de formar parte del mismo papel, una pasta oscura de color marrón pálido que casi podía emplearse como papel de lija. La escritura a mano resultaba correcta, hasta elegante en los caracteres. Resultaba sorprendentemente fácil leerla. ¿Una escritura de mujer? Sí, podría ser; tenía un carácter más bien egoísta, desde un punto de vista grafológico.

    Me tomé la cena y me sentí inquieto, sin ganas de descansar. No iba a ir a la cita, desde luego. Pero a las once menos cuarto, un misterioso impulso me hizo recargar la linterna eléctrica y ponerme en marcha. La galería inferior se encuentra en su estado natural. Cuando las cavernas se arreglaron para servir de vivienda a los seres humanos y fueron excavados los niveles inferiores, se les consideró estructuralmente demasiado débiles para ser utilizados. Y quedó tal y como lo que había sido: un inmenso espacio cavernoso de doscientos por trescientos pies, con un techo bajo y unas cuantas estalactitas. No resultaba ni siquiera algo espectacular.

    No me encontré a nadie en el camino. Tiene que haber mucha otra gente que vive en las cavernas; pero apenas nos encontramos los unos a los otros. Cuando esto ocurre, miramos de lado. Es mejor hacerlo así. La galería, por supuesto, se hallaba en la más completa obscuridad. Hasta donde podía alcanzar el rayo de luz de mi linterna, fui alumbrando los alrededores, haciendo circuitos de luz parciales, de tanto en tanto, en las paredes... Nadie. Pero aquello era tan grande, que una docena de personas muy bien pudieran haberse ocultado en alguna parte burlando la luz de mi linterna.

    Esperé. Dejé la linterna encendida y seguí alumbrando con ella la obscuridad circundante. Finalmente, oí un ruido. Parecía el de unos pasos. Y llamé:

    — ¿Quién está ahí?

    No hubo respuesta. Yo comenzaba a ponerme nervioso y cansado de aquello, y pensé en volver. Pero un soplo de aire fresco pasó junto a mí. Tenía un cierto olor a humedad. Y entonces, una voz neutral, sin timbre especial y sin eco, habló como si lo hiciera en mis propios oídos.

    — «Bendito... seas.»

    Di una vuelta a mi alrededor. Envié el rayo de luz de la linterna intentando perforar aquella obscuridad circundante.

    —¿Quién está ahí? — repetí —. ¿Quién es usted? ¡Salga y muéstrese! ¡Vamos, muéstrese!

    Mis gritos se desvanecieron. No hubo respuesta alguna. El más absoluto silencio. Ni la menor pisada. Absolutamente nada.


    III


    Me desperté tarde a la mañana siguiente tras un sueño inquieto y poco reparador y me fui a mi nuevo trabajo bastante tarde. Pero no importaba. Trabajé el resto del día con el bulldozer. Resultaba singular lo bien que me sentía haciendo aquel trabajo. Cuando volví a mi alojamiento, al final de la jornada, Ames estaba esperándome.

    —¿Cómo supo usted dónde encontrarme? — le pregunté.

    Ames se encogió de hombros.

    — Cuando vi que se había cambiado, todo fue cuestión de suponer a qué nivel se habría trasladado y de abrir puertas.
    — Humm... ¿Y qué es lo que desea ahora?
    — Lo que antes. Que me ponga usted en contacto con Despoina.
    — Ya le dije y vuelvo a repetírselo una vez más, que no tengo el menor contacto con ella.
    — ¡Oh! Entonces, ¿qué me dice de esto? —. Y me mostró la nota que me había llegado la noche pasada. Fui un estúpido, olvidando de destruirla.
    — Esa nota fue dejada en mi poder, sin la menor intervención por parte mía. No tengo la menor idea de quién pudo dejarla.
    — ¿Acudió usted a la cita?
    — Pues... sí.
    —¿Y qué ocurrió?
    — Nada.
    — ¿Absolutamente nada? No puedo creerlo, amigo.
    — Creí haber oído unos pasos — respondí de mala gana —. Y después una voz dijo: «Bendito seas». No sé quién pudo haberlo dicho, ni en qué sitio estaba.

    La cara de Ames comenzó a enrojecer.

    — ¡Bendito seas! — repitió lentamente —. Sí, ciertamente es ella. Lléveme a ella, Sewell.
    — Si pudiera... pero no puedo. Pero si pudiera hacerlo... ¿Por qué tiene tanto deseo de verla?
    — Es cosa de mi organización... Ningún daño le ocurrirá a esa mujer.

    Yo solté la risa. — No habla usted como si realmente fuese una cuestión de organización. Parece usted personalmente implicado en el asunto.

    — No... — dijo, y después pareció reconsiderar la cuestión —. He sido infectado con la epidemia — continuó con voz pausada —. Ella puede curar estas cosas.

    Me retiré involuntariamente de Ames.

    — ¿De qué forma?
    — Es algo nuevo. Estaré muerto en un par de semanas.
    — Pues tiene usted que tener unos nervios del diablo para venir hasta aquí...
    — No se halla usted en peligro, Mr. Sewell. Parece que no se dé cuenta; pero puedo asegurarle de que usted se halla inmunizado contra la epidemia.

    Le miré inquisitivamente. No tenía aspecto de hallarse enfermo. Parecía más bien optimista y seguro de sí mismo.

    — ¿Cómo puede ella ayudarle a usted? Usted dijo al principio que era una portadora de gérmenes.
    — ¿Dije eso? Despoina puede matar las esporas de la epidemia con sólo mirarlas.

    Aquello no era absolutamente imposible. Yo había oído relatos de tales cosas cuando las plagas se hallaban en su apogeo, aunque en cierta forma me resistía a creer en tales cosas. En mi mente obtuve la conclusión de que era un condenado embustero, a pesar de su atildado y petulante aspecto, y a pesar también de su severo uniforme

    — No me parece bastante bueno lo que me dice — repuse finalmente —. Si pudiese, que no puedo, pero si realmente pudiera — volví a repetir— tendría que tener una razón de más peso que ésa que me da usted.

    Su rostro se descompuso como un papel que se estruja entre las manos.

    — ¡Tengo que echarle el guante! — gritó desesperadamente —. ¿Cuánto tiempo voy a poder seguir viviendo así?
    — Así... ¿cómo? — le pregunté.
    — Tal vez usted está tan entontecido que no sufra por nada — me dijo — Quizá se halle usted tan embrutecido que ni siquiera se dé cuanta de que está sufriendo. Pero yo estuve... muy cerca de ella, hace dos o tres años. Cuando ese hielo que parece envolvemos a todos se derrita un poco, se dará cuenta de qué forma este aislamiento nos está hiriendo a todos.
    — Así es como vive todo el mundo en estos días que vivimos — le dije —. No podemos nadie soportar la presencia de otra persona.
    — Sí. Pero todo ello solía ser diferente. La gente podía compartir cosas, trabajar juntos, construir y crear. Todas las cosas descansan en ese principio. Los lazos entre los seres humanos fueron la base de todas las sociedades. Ahora, esos lazos han fallado. Y ahora también, hemos dejado de pensar o de sentir como seres humanos.

    Yo comenzaba a sentirme incómodo y a disgusto. No era sólo por lo que Ames estaba diciendo; era su sola presencia física. Deseaba que se marchara cuanto antes. Y le dije:

    — Esas son cuestiones puramente filosóficas, mister Ames. Vayamos al grano. ¿Estuvo usted enamorado de esa mujer? — Y aquellas palabras sonaron extrañas al salir de mi boca.
    — No lo sé — repuso Ames. Estaba temblando, todo su cuerpo parecía estremecerse en sucesivas conmociones —. Bien, eso no importa. Ella... ¿es que no lo comprende, estúpido? Ella podría acabar con este entumecimiento que nos mata lentamente. Usted es más joven que yo — continuó — y tal vez sea ésa la causa de su estupidez. Usted no ha vivido todavía lo suficiente como para darse cuenta del horror que yace bajo el hielo.

    Suspiré resignado.

    — A pesar de todo, estoy totalmente incapacitado de llevarlo con ella. Y puesto que es una cuestión personal, y no un interés institucional del FBY, tal vez no le importe decirme qué es lo que le hace pensar que yo puedo hacerlo.
    — Usted es una persona de su misma especie. — ¿Qué quiere decir con eso?

    Yo me encontraba ya al borde de mi paciencia, si continuaba allí estaba seguro de que me lanzaría contra él. Calculé que teníamos aproximadamente la misma estatura y peso, aunque tal vez él fuese una pulgada más alto que yo. Y que probablemente estaría más entrenado en combatir mano a mano contra cualquier hombre de lo que yo lo estaba.

    — ¿Piensa usted que yo puedo darle la sensación de estar «cerca» en la forma que sea, de derretir el hielo?
    — Usted es un miembro de su misma especie, vuelvo a repetirle — me dijo —, pero no lo sabe. Tiene usted todos los signos.
    —¿Qué signos?

    Ames no respondió. Yo avancé un paso hacia él.

    Ames se retiró en la misma medida, como si sintiese casi instintivamente el disgusto de hallarse en contacto con otra persona diferente.

    — ¿Qué signos? — insistí —. ¿Qué clase de persona es Despoina?

    Ames había dejado de temblar ostensiblemente. Me sonrió con simpatía.

    — Se lo diré a usted — repuso —, porque ello no le afectará nada especialmente. Para cuando usted compruebe lo que quiero decirle, ya será demasiado tarde. Usted es de la misma especie de Despoina. Despoina es una bruja.


    IV


    Una bruja es una vieja que vuela por los aires montada en una escoba... Me hallaba echado en mi litera, pensando, tras haberse marchado Ames. Si uno toma esa definición de bruja literalmente, la observación de Ames no tenía el menor sentido. Ames había dicho que Despoina era joven, había explicado que era muy bella, con una esbelta figura, una piel delicada y blanca y una hermosa cabellera dorada. Aparte de que nadie, ni joven ni viejo, puede volar por los aires sobre una escoba.

    Una bruja es una mujer que ha hecho tratos con el diablo, con lo cual goza de privilegios y poder para dañar las cosechas y el ganado de sus vecinos. Pero los únicos diablos que yo había visto en mi vida eran mis antiguos prójimos, los seres humanos, y que yo recuerde ninguno tenía ni cosechas ni ganado a quien dañar en esta época. Dejé escapar un suspiro y doblé la almohada para tener la cabeza en alto. De todas formas, ¿ qué habría querido significar Ames? Había dicho, además, que yo era como ella, que yo era uno de su misma especie.

    Acostado y sin conciliar el sueño, con los brazos bajo la cabeza, fui reviviendo mi pasado. Yo había nacido en Peabody, un pueblecito de Massachusetts, hacía veinticinco años. Mi madre había sido una sensible mujer, y mi niñez había transcurrido feliz. La cosa que recordaba más vívidamente de aquellos años, era su maravillosa habilidad para cocinar aquellos panes algo salados de no muy buen olor, pero deliciosos, y sus pasteles al horno, sus confituras y otras golosinas que me hacían completamente feliz.

    Las epidemias llegaron cuando yo cumplí los quince años. Primero sólo aparecieron unos cuantos casos, dejando estupefactos a los médicos; después fue como un torrente desbordado que causaba la muerte a centenares, a millares, sin distinción de edades ni condición.

    Yo había sobrevivido. Se me ocurrió pensar que tal vez mi capacidad de sobrevivir a aquella espantosa epidemia se debería a la afición de mi madre por cocer él pan poniéndole fermentos y levaduras que yo había masticado y tragado en forma de bollos salados. Ames había dicho que yo era inmune y tal vez lo fuese; aquélla podía ser una causa tan buena para haber adquirido tal inmunidad, como otra cualquiera más o menos razonable dentro del misterio de mi propia supervivencia. Las epidemias fueron terriblemente virulentas durante cinco años; cinco años de desorganización social creciente y de rehuir el contacto con los demás seres humanos. Yo vi morir a muchísima gente. Y para mí, cinco años de vagar, de ir de un lado a otro, sin rumbo fijo, con la más espantosa indiferencia a todo. Aquello me había traído hasta el momento presente. Y entre todo ello, no podía ver nada que hiciese de mí un brujo, ni nada que pudiera parecérsele.

    Me levanté de la litera y me preparé algo de comer. La única conclusión que podía sacarse de todas las declaraciones de Ames es de que se engañaba a sí mismo y de que todo era invención de su propia mente. La sola evidencia de la existencia de Despoina, por lo que a mí respectaba, se debía sólo a él. No hay ninguna regla que diga que entre los hombres del FBY no pueda existir algún chiflado.

    Comí, leí durante un rato y perdí bastante tiempo removiéndome entre las sábanas de papel de la litera. Desperté a las dos de la mañana, surgiendo de un sueño que apenas si me había dejado recuerdo alguno, a una sensación de horror abismal y desamparo.

    Me levanté temblando, en las sombras que me rodeaban. Me dirigí a encender la luz; pero aquello no me ayudó mucho. Ames había dicho que existía el gran horror bajo el hielo; parecía que el hielo había disuelto un tanto de aquel horror en el ambiente. Lo que me torturaba inconscientemente, era la conciencia de que pudiera morir donde yacía, en mi litera, solo y abandonado y que mí cuerpo no pudiese, tal vez, ser encontrado por semanas, si es que al final era encontrado. Existía una peculiar sensación en blanco de mi temor profundo, el horror al vacío.

    M final, aquel temor cedió en parte. Me dirigí hacia mi maleta y saqué un libro que trataba de una moderna teoría científica. Tuve que esforzarme en poner toda mi atención sobre la primera página impresa. Comencé a sentir temblores en todo el cuerpo y cuando detuve la lectura creí sentir una helada fijación de mi propia soledad y aislamiento. Pero poco a poco, fue creciendo mi interés en aquel libro y finalmente, tras un par de horas, conseguí recobrar el sueño perdido. Dejé la luz encendida y con el libro sobre el pecho, acabé por dormirme definitivamente.

    Me incorporé a mi trabajo en los bulldozers a la hora usual a la mañana siguiente. El día transcurrió en calma hasta el mediodía. Después, al remover uno de los sacos de plástico que como sudarios transparentes envolvían los cadáveres a enterrar, observé que el cuerpo que había en el interior se movía torpemente.

    Era el de un hombre, vi claramente los botones de su chaqueta. Su cuerpo aparecía rígido; pero sus brazos y piernas se movían lentamente, como si tratase lánguidamente de efectuar movimientos de natación. Di un grito. Dejé el cuerpo sobre el suelo y salté de mi asiento del bulldozer Corrí hacia Jim, el hombre responsable de mi incorporación al equipo de trabajo.

    — Uno de los cuerpos... está vivo — murmuré asustado.
    — ¿De veras te lo crees? — Y soltó una carcajada. Se aproximó al bulldozer y observó al hombre enfundado en el saco de plástico.
    — No — afirmó —. Está bien muerto. Suelen hacer a veces esos movimientos. Es el gas. Ya he visto alguno que otro en esas mismas condiciones —. Y se alejó nuevamente del lugar.

    Yo volví a mi asiento en la máquina, continuando mi trabajo. Pero procuré no tocar al hombre que estaba moviéndose en aquella forma. Me dediqué enterrando a otras personas el resto del día.

    Cuando volví a mi cuarto, me hallaba realmente cansado. Disponía de una ducha; el agua estaba sólo tibia en aquel nivel donde ahora vivía, y después fui a buscar ropas nuevas de papel. Al moverlas, algo se deslizó cayendo al suelo.

    ¿Qué habría sido? Me incliné y lo busqué. Finalmente, conseguí localizarlo. Era un anillo de oro. Estaba construido con una piedra plana de forma elíptica, y supuse que sería cornalina, grabada como una joya; La observé bajo la luz junto a mi litera, para tratar de comprender bien qué objeto era aquel. Era una mujer, desnuda hasta la cintura, con los cabellos en largos bucles. Sus manos se hallaban bajo sus pechos como sosteniéndolos y vestía de cintura abajo una vaporosa falda que le llegaba hasta los pies. Estos, parecían estar atados juntos con una cuerda, aunque este detalle resultaba más difícil el poderlo apreciar. En conjunto, era una joya sorprendente y realmente singular El vestido de la mujer parecía de la época cretense. Resultaba increíble que tuviera en mis manos algo proveniente de tan lejana época, a través de tantos siglos; pero el oro del anillo y el engaste resultaba de lo más extraordinario, abonando en tal creencia. Traté de ponérmelo en los dedos. El hueco era demasiado pequeño para cualquiera de mis dedos, excepto para el meñique e incluso en éste, tuve que realizar cierto esfuerzo para encajarlo. Volví a sacarlo y aún permanecía mirándolo, como fascinado, cuando sentí un ruido en la puerta de mi cuarto.

    — Entre — dije.

    Era Ames. Tenía los ojos hinchados, como los de un hombre que le ha sido imposible dormir.

    — Venía a preguntarle... ¿Qué es lo que tiene en la mano?

    Yo apreté la mano sobre el anillo.

    — Nada.
    — Vamos, amigo —. Y súbitamente una pistola apareció en su mano derecha —. Entréguemela — ordenó.

    Vacilé unos instantes. Pero el anillo había llegado hasta mí de forma totalmente imprevista y no había razón para que él no pudiera verlo si lo deseaba. Se lo entregué.

    Ames pareció contener la respiración.

    — Es el anillo de Despoina — dijo —. Se lo he visto en la mano mil veces. ¿Quién se lo ha dado? ¿Cómo lo tiene usted ahora?
    — Estaba sobre mi maleta cuando volví del trabajo.
    — ¿Sin ningún mensaje? Yo sí que sé lo que quiere decir Ella se lo envía como un pasaporte, un salvoconducto que le permitirá pasar ante los guardianes. Ella desea que vaya usted a verla.
    — ¿Pasar ante qué guardianes? ¿Dónde? Y si lo que quiere es que vaya a verla, ¿por qué no lo expresa de algún modo?
    — Son los guardianes de los niveles bajos — dijo Ames, respondiendo a mis preguntas como si fueran las de un niño —. Debí haber comprendido dónde estaba ella cuando le dijo que la encontrase en la galería más baja de los subterráneos. Pero usted, naturalmente, no hubiera podido acercarse allí; nadie puede hacerlo sin algo que le sirva como salvoconducto para los guardianes.

    Le miré. Estaba dando vueltas y más vueltas al extraño anillo, entre sus dedos, con la boca abierta en una estúpida admiración.

    — Mr. Ames — le dije entonces —. No creo una sola palabra de todo eso. ¿Existe realmente una persona que sea esa Despoina? Por cuanto yo puedo deducir, ha sido usted mismo quien dejó ese anillo sobre mi maleta.
    — ¿Pude haberlo hecho, verdad? — repuso riendo forzadamente.

    Ames continuaba con una brillante mirada en sus ojos, dando vueltas y examinando cuidadosamente el misterioso anillo.

    Yo volví a vacilar. Resultaba razonable asumir que si yo le decía que podía quedarse con el anillo y que tenía mi permiso para utilizarlo para hacer una visita a la mítica Despoina, como salvoconducto, se marcharía, feliz y satisfecho y me dejaría en paz. Ames se hallaba desequilibrado, ciertamente; pero en el fondo de la cuestión yo creí que no había sido él el que había dejado tal anillo en mi poder. — Yo... — comencé a hablar y me detuve en seguida. Recordé el horror al vacío que me había asaltado la noche última —. Deme ese anillo — le ordené decididamente.

    Ames me miró fijamente. Deliberadamente deslizó el anillo en su dedo meñique, sus manos eran más pequeñas que las mías.

    — Ahora es mío — repuso, mientras me apuntaba con su pistola.
    — ¡Diablos! Guárdelo en mala hora, si es que tanto lo desea — exclamé, arreglándomelas para encogerme de hombros. Pero en el acto di un salto y le eché mano a la garganta.

    La pistola se le cayó de la mano; pero se disparó una fracción de segundo antes y sentí una especie de temblorosa parálisis recorrerme el brazo derecho. Pero aún conservaba el uso de mi brazo izquierdo. Le rodeé fuertemente y un segundo después ambos rodábamos por el suelo.

    — Ames era un buen luchador y conocía muy bien los puntos sensibles a la presión. Y yo sólo disponía de un brazo. Durante un par de minutos me las arreglé para aguantarle bien atenazado. Pero después se echó sobre mi a costa de un gran esfuerzo y comenzó a golpear mi cabeza sobre el suelo de la caverna.

    Pero repentinamente sentí cómo su cuerpo se relajaba. Fui a echarle nuevamente mano a la garganta, pensando que seria un truco de su parte. Pero su cuerpo pareció quedar paralizado y torpe. Cuando dejó de moverse, le empujé a un lado y me incorporé.

    Tenía la cara enrojecida y la boca abierta. Le tomé el pulso, sin poder hallarlo de ningún modo. Una bocanada de baba verdosa se escapaba por la comisura de la boca. Por unos instantes le miré sin comprender nada de lo ocurrido. Después lo comprendí todo. Era la forma neurolitica de la epidemia.

    ¿De qué forma le había alcanzado? ¿Y por qué no lo había hecho conmigo? Me dejé caer en mi litera jadeante. Tras unos segundos, sacudí la cabeza. No podía hallar la respuesta de todo aquello.

    Me levanté y me dirigí al cuerpo de Ames. Le saqué el anillo del dedo y cuidadosamente lo puse en el mío.

    Había dicho que Despoina había enviado aquel anillo como un salvoconducto y que deseaba verme junto a ella. Muy bien. Despoina podía tener o no tener una existencia real. Pero yo iría a comprobarlo.


    V


    La luz sigue brillando conforme se van descendiendo los niveles de las cavernas, hasta que llegado un momento determinado, se encuentra uno envuelto en una completa obscuridad. O al menos, esa es la historia que se conocía. Con esto quiero expresar que no era preciso esperar que llegase el día para que me pusiera en marcha en busca de Despoina, o pensar que aquella noche pudiera tener alguna ventaja en mi favor. Pero estaba cansado y hambriento y además no podía decidir lo que hacer con Ames.

    Me quedé un rato mirando fijamente el cuerpo caído del miembro del FBY. La baba verdosa le cubría ya la mejilla y el cuello de su uniforme. Había ido a llamarme de una forma privada, lo que significaba sin duda alguna, que el FBY, probablemente, no tenía la menor idea de dónde pudiera encontrarse. Si me marchaba de allí y le dejaba abandonado y su cuerpo se corrompía durante varias semanas, las esporas resultantes de la forma neurolítica de la epidemia se esparcirían por todo el sistema de ventilación de las cavernas. Y ni que decir tiene, que cualquiera que abriese la puerta de aquel cuarto, moriría a los pocos segun—dos. Dejaría así, tras de mí, una trampa mortal para el que llegase después.

    Por otra parte, Ames había muerto luchando conmigo, en un cuarto donde yo vivía normalmente. Si lo informaba así al equipo de enterramiento, tendría dificultades con el FBY. Y todo lo que yo deseaba era emprender mi camino, una vez hubiera comido y des—cansado.

    Aquella incapacidad para decidir lo que debía de hacer, aquella estúpida falta de resolución y en una cuestión tan decisiva, resultaba un cambio radical en mi personalidad. Pero me resultaba difícil comprender a qué era debido.

    Finalmente, decidí subir al nivel E, llevándome mis pertenencias personales y hacer una llamada anónima al equipo de enterradores. Aun así, algo me retenía cerca de Ames muerto. Allí permanecí dentro de la más completa indecisión, preguntándome si debía llevarme su cinturón con sus armas y su colección de dispositivos, que podrían serme muy útiles, por supuesto, aunque sintiendo un vago temor de lo que pudiera ocurrirme por tal acción. Incluso después de haber llegado a la puerta para marcharme, me volví mirando el cuerpo sin vida de Ames y permaneciendo algunos minutos todavía. Finalmente, casi salí corriendo de aquella habitación. No me llevé el cinturón.

    Dejé mis sacos en una cocina de comunidad en el nivel C, subí hasta el E e hice mi llamada anónima. En la cocina, donde por supuesto, no había nadie, me preparé una sopa concentrada y abrí una lata de bolas de carne en conserva. Aquel alimento no tenía muy buen sabor y me dejé la mayor parte intacta. Pensé en mi situación y entonces se me planteó el problema de dónde dormir...

    Pensé en las filas y filas de habitaciones y de pequeños cubículos existentes como acomodación para toda una ciudad, casi de un pueblo entero de trogloditas. En cualquier nivel individual, cualquier cama era exactamente igual a otra. El sudor comenzó a correrme por todo el cuerpo y mis manos temblaban. Me hallaba en un estado de pánico agudo e irrazonable. Me mojé los labios. Sí, dormiría... dormiría...

    Me pareció que el único lugar posible para dormir aquella noche era en la rendija rocosa existente al final del E3, donde había visto el signo de Labrys tallado en la desnuda roca.

    Y de nuevo, el recuerdo de aquella cosa fantástica e insospechada que había encontrado, no me produjo temor. Entré en uno de los dormitorios, arrollé el colchón de espuma de goma allí existente e hice con él un bulto llevadero. Tras alguna indecisión más, dejé mis maletas en la cocina y con el colchón enrollado volví al E3. Me llevó cierto tiempo maniobrar y empujar el colchón de goma espuma hasta el lugar que deseaba ocupar. Por fin lo conseguí y pude dormir. Antes, había conseguido situarme con relativa comodidad en la hendidura de la roca. El signo misterioso del hacha doble se hallaba por encima y a la izquierda de mi cama, creciendo tras ella racimos de hongos apetitosos y verdegueantes. Existía una leve corriente de aire a través de la hendidura rocosa y por lo que pude calcular, procedente de un lugar lejano de los largos corredores del E3. Yo estaba recostado dando cara al corredor. No se me ocurrió imaginar por que había ido hasta allí y tomarme tanto trabajo para pasar una noche incorfortable tumbado sobre la roca, a pesar del colchón de espuma de goma. Antes de que—darme dormido, sostuve en mis dedos el anillo de Despoina frente a mis ojos. Pero la luz existente era demasiado pobre y apenas si me permitía ver la piedra tallada en forma elipsoidal engastada en el anillo.

    Dormí sorprendentemente bien. En una ocasión me incorporé a medias con la vaga impresión de que pasaba bastante gente corriendo en una larga distancia en los sombríos corredores del E3. Pensé, medio adormilado que deberían ser los enterradores yendo a buscar el cuerpo de Ames; pero probablemente aquello no sería así; el cuerpo estaba en el nivel D, el existente sobre el que yo ocupaba en aquel momento, y no parecía razón bastante clara para que la gente pasara corriendo a aquella profundidad.

    Me desperté después de las siete y media. Me incorporé en el colchón, bostecé y me estiré. Mis músculos estaban un tanto embotados y tenía la piel cálida. Mientras me deslicé serpenteando fuera de la rendija rocosa, sentí un vértigo pasajero.

    Una vez fuera, de nuevo en el E3, me ocupé de mis cosas. No tenía apetito y estaba fuera de toda cuestión ir a buscar alimentos a niveles más bajos, aunque se decía siempre que eran mejores que los de los niveles más altos. En mis bolsillos tenía uña linterna, una botella de agua y una navaja. Eso era todo. Podría no necesitar nada de todo ello. Tal vez lo más inteligente habría sido tomar la pistola paralizante de Ames; pero ya era demasiado tarde para pensar en ello. Dudé mucho de que las armas pudieran ayudarme, de cualquier modo. Debería confiar antes que todo en la suerte... y en el anillo de Despoina.

    El agua de la botella se había terminado, y traté de llenarla de nuevo en la fuente existente en el nivel, cuando recordé que algo iba mal en el suministro del líquido elemento en el E3. Bien, lo haría en el F. Deseaba emprender la marcha cuanto antes. Y me dirigí hacia la escalera.

    Es importante tener una justa comprensión de lo que es un nivel. No es, que se diga, como el piso en un edificio destinado a oficinas. Un nivel puede estar a cien o a ciento cincuenta pies de profundidad y subdividido en diversas hileras. También, el acceso a ellos, no es cosa uniforme. Los niveles superiores son simples y rectos en toda su dimensión y a ellos se tiene acceso o se marcha de ellos por medio de escaleras, ascensores o elevadores de otro género. Personalmente me disgustan los elevadores, ya que si se interrumpe la corriente, puede quedarse uno atrapado allí indefinidamente. Pero los niveles superiores son fáciles. Mas cuando uno decide bajar, comienzan las dificultades. Las entradas y salidas, están usualmente cerradas. Creo que la razón consiste en parte en proteger los niveles inferiores de la intrusión para los VIP de personas no autorizadas, en parte también para proveer de un reducto en caso de que el «enemigo» resulte victorioso y finalmente debido a la pasión por el secreto que caracteriza la mente de los militantes.

    Sea cual fuera la razón, las dificultades existen. Se dice que el F es el último de los niveles donde uno puede entrar fácilmente.

    Comencé a bajar las escaleras. Resultaban pesadas, tediosas y demasiado pendientes. Sabía que por allí cerca debería existir algún escalador; pero no tuve la menor intención de molestarme buscándolo.

    Las escaleras dieron un par de vueltas completas y finalmente llegaron a un rellano. Yo estaba seguro de que no era el F, sino uno de los subniveles y comencé a huronear a mi alrededor, abriendo puertas y rebuscando entre cortos corredores hasta hallar las escaleras descendentes, una vez más. Era tan pendiente que resultaba peligrosa, pero para mis propósitos eran buenas, así y todo.

    La escalera se detenía en varias ocasiones; pero yo siempre me las arreglaba para encontrar dónde recomenzar de nuevo. Finalmente, llegué al nivel F. Lo cierto es que no sé qué había estado esperando. Ames había hablado de guardianes; pero no era razonable pensar que pudieran estar apostados tan altos como en el nivel F.

    El F había sido diseñado como el nivel para el laboratorio; pero durante su construcción habían surgido inconvenientes. El F1 y el F2, los niveles parciales, que se habían ideado para alojar a los empleados del laboratorio, se habían construido de forma que daban la impresión de los dos brazos de una «y» griega. Los niveles parciales se hallaban, pues, a una considerable distancia del primario y no sé qué hubiese ocurrido si los niveles hubieran estado habitados, según la intención que presidió su construcción; supongo que los empleados y trabajadores del laboratorio habrían cambiado de empleo.

    La parte del F donde yo me encontraba en aquella parecía ser una zona de servicio: había puertas ostentando el letrero de «Alto Voltaje» y «Conservación» y el corredor era alto y estrecho. Corría recto por seis o siete pies y después parecía descender un par de escalones. Había una fuente para beber a mi izquierda y allí llené mi botella. El agua discurría bastante fresca, aunque con un ligero olor a azufre. La encontré algo nauseabunda.

    Me colgué el frasco del agua en el cinturón y me encaminé a lo largo del corredor hasta donde cambiaba de nivel. Y allí quedé detenido por la sorpresa.

    El espacio que tenía frente a mí era ancho, tal vez de unos veinte por cincuenta pies, alfombrado con algo espeso recubierto de un blanco brillante. La cubierta de aquella alfombra resultaba suave, aunque bastante espesa en cualquier caso y me quedé mirándola fijamente, tratando de saber de qué tejido estaría construida. ¿Tejido? ¿No serían hongos? Después noté que el moteado de la superficie estaba en constante movimiento y sentí que mi corazón comenzaba a latir pesadamente.

    Aquel espacio que tenía frente a mí, de un muro a otro, estaba repleto de ratas blancas.

    Se movían incansablemente, saltaban y abrían la boca las unas a las otras, se hallaban tan espesas como empaquetadas al igual que las sardinas en una lata; entonces comprendí que mi primera apreciación no distaba mucho de creer que se trataba de un felpudo particularmente denso. Dos escalones, a unas nueve pulgadas de altura, me separaban de ellas. Sin prisa, descendí los dos tramos de escalera y comencé a caminar entre las ratas. Traté de apartarías con mis zapatos, antes de pisar fuerte en el suelo, me repelía la idea de aplastarlas al paso. El que ello sucediera aumentaba mi repulsión.

    El resultado de mis primeros tres pasos fue sorprendente. Había tratado de evitar el haberlas pisado, pero tuve la sensación de sentir una bajo mis pies. Y entonces, a todo alrededor, ampliándose como una ola de destrucción v de muerte, comenzaron a morir. Chi—llaban, se revolcaban, jadeaban para respirar, caían sobre la espalda y quedaban colapsadas en amplios círculos frente a mí. Era como observar los círculos que van alejándose de una piedra arrojada a la tranquila superficie de un lago.

    Aquellas ondas de muerte parecían llegar hasta lejos y volver sobre sí mismas. Las ratas de la periferia volvían hacia el centro. Observando aquello con una fascinada repugnancia, observé que se dirigían hacia mi, mientras se alimentaban con un apetito feroz de las que ya estaban muertas. Las devoradoras de sus compañeras se movieron hasta entonces, mas en un momento dado, permanecieron inmóviles, con los hocicos en alto. Y entonces, como si hubiesen oído una señal, inaudible para mí, se volvieron y emprendieron una loca huida, algunas de ellas hacia el final del espacio abierto y otras a través de una serie de agujeros en la parte baja de los muros.

    Era como el escuchar el agua correr en una fregadera. Creo que no transcurrieron más de sesenta segundos hasta que todo el espacio frente a mí quedase vacío del todo, quedando tan sólo tres montones enormes de ratas muertas.

    Respiré profundamente sorprendido todavía y tras unos instantes comencé a marchar hacia delante, evitando aquellos racimos de ratas muertas. Tenía todo el cuerpo empapado en sudor. La angustia no me abandonaba.

    Al final del corredor, una puerta se abrió y en ella apareció una joven. Vestía un delantal blanco de laboratorio sobre una falda de lana; e incluso calzada como iba con zapatos de tacón alto, resultaba más bien bajita de estatura. Sus cabellos oscuros, rizados en corto, le dejaban las orejas al descubierto. Su piel aparecía pálida, de un lustre perlífero, singularmente pálido para el resto de su tez y de sus rojos labios. En una de sus manos empuñaba una especie de cuchillo con una curiosa empuñadura. No me di cuenta hasta más tarde de que se trataba de un athame.

    Sus ojos se agrandaron de sorpresa al verme. Vaciló un instante y después vino hacia mí con las manos en las caderas.

    — ¿Qué ha ocurrido con las ratas? — le pregunté cuando estuvo a cierta distancia. Lo cierto es que no supe por qué hice aquella pregunta.
    — Volvieron a sus jaulas — replicó indiferente —. Ocho a cinco.
    — Diez a tres — respondí automáticamente —. No se acerque más a mí.
    — ¿Por qué no? — preguntó ella, pero se detuvo v me miró con más atención. — Soy un portador de la epidemia neurolitica.

    Ella soltó una franca sonrisa. No era la clase de respuesta que podía esperar, tras mi anterior declaración.

    — ¿Qué le hace a usted pensar semejante cosa? — me preguntó.
    — Las mismas ratas. Murieron tan pronto como me acerqué a ellas. Tiene que ser la epidemia.

    Ella volvió a reír. Su risa, como su voz, resultaban broncas y lentas.

    — Bien, no ha sido así. Murieron porque existe un desequilibrio constitucional en sus cerebros y cualquier agitación inesperada las mata. Está relacionado con su tropismo de cuatro—cuatro fuera de sus jaulas y vuelta de nuevo a ellas. ¿Y... quién es usted? — continuó —. Me dio usted la contraseña, pero no creo que sea Gerald. No tiene el aspecto según la descripción que de él tengo, en absoluto.
    — Gerald ha muerto — repuse confiadamente.
    — ¿Cómo lo sabe usted?
    — Le vi morir. Estaba en el F1 hace un par de días. Murió de la forma pulmonar de la epidemia —. Conforme hablaba, tenía ante mí la vívida imagen del hinchado cuerpo del hombre del FBY tumbado a mis pies. No se me ocurrió pensar por qué yo hablaba con tanta confianza en el sentido de saber que era «Gerald» de quien ella estaba hablando.
    — Oh. . .—. Y tiró por el aire el cuchillo, volviendo a cogerlo hábilmente por el mango —. Entonces, ella estaba equivocada, pues... — concluyó pensativamente.
    — ¿Quién estuvo equivocado? — pregunté.
    — ¿No lo sabe? — repuso a su vez preguntando —. Todavía no me ha dicho quién es usted.

    Sentí una misteriosa y repentina atracción por aquella joven. Suponía que a los pocos instantes, siguiendo mi instinto, estaría deseando alejarme de ella; pero por el momento presente, me sentí singularmente contento de tenerla de compañía. Además, no existía ninguna razón de peso para que no pudiera contestarle.

    — Mi nombre es Sam Sewell — dije —. Estoy tratando de hallar la salida desde el nivel F al inferior.

    Ella quedó silenciosa unos instantes. Después, repuso:

    — Siga adelante. Le deseo buena suerte.
    — ¿Sabe usted dónde está la salida?
    — Una cualquiera de las varias que existen. Pero yo sólo conozco una.

    Se había vuelto y dirigido caminando lentamente junto a mí hacia el espacio abierto frente a nosotros. Se oyeron chasquidos suaves detrás y me volví para ver a un robot de andar bípedo no humanoide, recogiendo las ratas muertas en una especie de recogedor de basura.

    — ¿Hace siempre eso? — pregunté a la joven.
    — Sí. En caso contrario, este nivel se haría inhabitable.

    Frente a nosotros y a la izquierda, se abrió una puerta y un hombre rechoncho en mangas de camisa apareció en ella. Cuando nos vio se apresuró a volver al interior.

    — ¿Quién es? — le pregunté.
    — No lo sé. Un hombre.
    — ¿No es usted la única que vive en este nivel? — inquirí, curioso.
    — No, no. Existen doscientos o trescientos laboratorios en él, algunos de ellos muy bien equipados. Cuando llegaron las epidemias, no murieron todos los científicos. Muchos de ellos vinieron aquí a los subterráneos para continuar sus trabajos de investigación.
    — Bien, y puesto que usted conoce esa salida, ¿querría mostrármela?

    Ella repuso con un ligero encogimiento de hombros:

    — Venga a mi oficina y allí hablaremos de todo ello.

    Llegamos a la puerta por donde se había asomado al principio. Yo comencé a entrar; pero la joven me retuvo. — Esa no es mi oficina. Acababa justamente de salir de ella.

    — ¿Y usted, come y duerme aquí? — le pregunté.
    — Uh... Me traje un colchón y algo para cocinar desde el F2. Me siento bastante confortable. Suelo bañarme en un gran tanque del laboratorio.

    El gran espacio había terminado ante nosotros y seguía un estrecho corredor que torcía hacia la izquierda. La luz allí, era diferente, algo menos sombría y con un ligero toque de color naranja. Habría marchado unos quince pies en tal dirección cuando ella me presionó en los hombros.

    — Agáchese — me advirtió —. Es peligroso.
    — ¿Peligroso? ¿Por qué?
    — ¿Lo ignora?
    — ¿Es que no puede decírmelo?
    — No, en absoluto.

    Ella suspiró.

    — Los animales de laboratorio siempre se apartan de las radiaciones ionizantes si tienen oportunidad de hacerlo. Creía que usted sería sensible a tales radiaciones.
    — Pues bien, no lo soy. ¿De qué se trata?
    — Alguien, en ese laboratorio que hay más allá a continuación, ha instalado unos potentes Rayos X demasiado cerca del muro. Consumen un alto voltaje y se extienden en una amplia zona que llega hasta el corredor y a la altura del corazón de un hombre de talla normal. Puede que no le maten las radiaciones durante algún tiempo. Pero existe una endiablada cantidad de roentgens en todo esto.
    — ¿Y por qué razón? ¿Por qué ha tenido alguien que hacer eso?
    — Lo ignoro. Puede que tenga algo dentro de alguna jaula al otro lado del corredor y que desee irradiar, algo que no pueda moverse. O puede también, que trate de situar una especie de barrera contra cualquier movimiento que se produzca en el corredor. Ignoro cuál pueda ser el motivo real. Pero resulta peligroso. Vamos, agáchese.

    Nos habíamos detenido en nuestra marcha conforme hablábamos. Entonces, acurrucados de forma que nuestros cuerpos sólo levantasen del suelo una pequeña altura de unos tres pies, fuimos deslizándonos hacia adelante.

    — Ya puede ponerse en pie — me advirtió.

    Así lo hice. Mi cuerpo estaba tembloroso y el sudor me corría por la espalda.

    — ¿Existen otras trampas mortales como esa por todo esto? — pregunté.
    — No lo creo. Bien, ya casi estamos. ¿No se siente bien?

    Consideré la pregunta de la joven.

    — Creo que me duele un poco la cabeza.
    — Ah, vamos. — Y abrió una puerta de la parte derecha del corredor —. Esta es mi oficina.

    La seguí hasta el interior. Me señaló un sillón y ella a su vez, tomó asiento tras una mesa de despacho.

    Se parecía curiosamente a un gabinete de consulta de un médico. Los mismos muebles rígidos de madera fuerte, la mesa, y ella en sí misma, cuidadosa, atenta, y con el impersonal atractivo que toda mujer, buen médico, suele tener. Pero el temible cuchillo estaba situado entre nosotros, sobre el papel secante de la mesa. No podía apartar los ojos del athame.

    — Ahora — dijo ella —, desea usted que le enseñe la salida desde el nivel F hasta el inferior...
    — Esa es la idea.
    — ¿Para qué quiere usted ir abajo?
    — He sido enviado allí.
    — Ah. Pero, ¿por qué debería yo mostrarle el camino?

    Vacilé. Después le mostré la mano en la que llevaba puesto en un dedo el anillo de Despoina. Sus ojos parpadearon. Alargó una mano y tocó suavemente la talla de la gema del anillo mientras lo contemplaba con atención.

    — Sí... le ayudaré. Pero tendrá usted que darme ese anillo.
    — ¿Cómo cree que puedo hacer tal cosa? Es mi salvoconducto a través del G. Jamás llegaría a esa profundidad sin llevarlo puesto.

    Ella se encogió de hombros. Se produjo entonces un ruido murmurante, parecido al caer de las hojas en otoño, o como la lluvia, tal parecía que grandes partículas de niebla soplasen contra la ventana.

    —¿Qué es eso? — pregunté yo entonces.
    — Las ratas. Salen cada cuatro horas.
    — Pero... no hace aún cuatro horas que llegué al F.
    — Oh, sí que han pasado. ¿No se lo ha parecido a usted?
    — Pues no, en absoluto.
    — Es curioso. — Me miró rápidamente y después apartó los ojos hacia otra parte —. Parece como si fuese usted uno del viejo...
    —¿Del viejo qué?
    — Ya lo sabrá más tarde. Bien, pues, le ayudaré sin que tenga que darme el anillo. Pero es indispensable que primero me haga una promesa. Se lo diré mientras lo vaya viendo. Hay mucho tiempo todavía por delante, para que pueda detenerse, si le parece oportuno. Venga a la habitación próxima.

    La habitación de al lado era también como el gabinete de consulta de un médico. Existía en ella una tumbona, una mesa con guantes y diversas soluciones químicas y un autoclave de gran tamaño. Pero en un rincón había un sillón de brazos, con correas sujetadoras a lo largo de tales brazos del mueble. Miré más abajo y los mismos sujetadores existían, sin duda para las piernas también.

    — Siéntese aquí — me dijo. Entonces había adoptado un aire serio —. Hay cosas que debo hacer antes de que pueda ayudarle en lo que desea.

    Miré al sillón. Ataduras y...

    — Supongamos que me niego — dije.
    — Entonces, tendrá que buscar la salida usted mismo. — La joven rió —. Jamás la encontrará. Tampoco la encontrará ninguna otra persona, de eso puede estar bien cierto.
    — Pero... ¿qué es lo que va a hacer conmigo?
    — Si se lo digo antes de tiempo, la cosa no irá. — La joven pareció vacilar unos instantes —. No hay nada más que yo pueda hacer — dijo al fin —. Siéntese.

    Aquella atmósfera de misterio me impresionó siniestramente, pero de alguna forma tenía confianza en ella. Me senté sobre el duro cuero del asiento del sillón y ella amarró las ataduras sobre mis brazos y piernas.

    — Me siento bastante desamparado — dije, tratando de intentar darle a la cuestión un aire de broma.
    — Tiene que estarlo — respondió sencillamente.

    Me sentí totalmente ligado al sillón. Ella se inclinó sobre la esmaltada mesa y pareció darse prisa buscando alguna cosa. Al final se volvió hacia mí. Lo que sostenía en la mano me produjo una gran sorpresa. No sé exactamente qué habría estado esperando, una aguja hipodérmica, tal vez o algún bisturí. Pero lo que tenía en sus manos era lo propio que suele tener una mujer sobre su tocador... un espejo corriente. El marco y la empuñadura eran de plata labrada.

    Se aproximó a mí y lo sostuvo frente a mi rostro.

    — ¿Qué ve usted? — me preguntó.
    — Mi propia cara.
    — ¿Qué aspecto tiene? Desequilibrada —. Y era cierto —. Y que estoy sudando mucho más de lo que pensaba.
    — Hummm.. .—. Ella dejó el espejo a un lado. Se mordió el labio inferior durante un instante. Después trajo de una vitrina próxima una ampolla que colocó bajo mi nariz.
    — Respire hondo — dijo en una voz neutral —. Procure retenerlo en sus pulmones.

    Obedecí. La substancia que contenía aquella ampolla era algo aromático, como alcanfor, o cierto tipo de especias. Tenía además un cierto gusto amargo.

    — ¿Qué tal se siente ahora? — me preguntó tras haber inhalado aquella substancia unas cuantas veces, normalmente.
    — Muy bien... Me gustaría que se marchara lejos de mi.
    — ¿Por qué? — preguntó sin moverse.
    — No sé.. Quisiera no tenerla cerca de mí. Por favor, váyase lejos...

    Deliberadamente avanzó un paso hacia mí. Yo dejé escapar una especie de quejido de desagrado y me dejé caer hacia atrás en el sillón.

    — Márchese... — dije entre dientes.
    — ¿Qué sensación le produzco? — me preguntó.
    — No puedo soportarla. Usted... Por favor, márchese y pronto. Si pudiera, la mataría ahora mismo. Me está torturando.

    Ella se había aproximado aún más. Prácticamente se hallaba sobre mí. Su rostro estaba junto a mis ojos. Yo luché para desatarme de las ligaduras del sillón.

    — ¡Váyase! — grité desesperadamente —. Aléjese... váyase...
    — ¿Y si le tocase ahora?
    — La... No. No lo haga.

    Sonrió levemente. Con suavidad depositó su mano suave junta a una de las mías. Fue como si tocase mi propia carne en vivo y directamente a mis nervios. Sentí que aquella sensación me recorría como una corriente de fuego todo mi cuerpo y un agudo dolor que no olvidaba nada. Dondequiera que tenía una terminación nerviosa, hasta allí llegaba el dolor.

    Creo que grité. Jadeaba y luchaba desesperadamente por respirar. Después, la obscuridad pareció partir del interior de mi cerebro, envolviendo todo mi ser y cubriéndome los ojos.

    Cuando recobré el uso de los sentidos, ella estaba desatando la última ligadura. Me pareció verla más pálida que de ordinario y que su frente estaba perlada de sudor.

    — ¿Qué tal se siente ahora? — me preguntó.
    — Mejor. Pero sigo deseando que se marche de aquí.

    Ella hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.

    — La droga que le he dado a inhalar — dijo —, intensifica la repulsión que la gente siente hacia cualquier otra persona desde que comenzaron las epidemias. Por supuesto, tiene otras propiedades diversas también.

    La joven volvió a tomar el espejo y a ponerlo frente a mis ojos.

    — ¿Qué es lo que ve esta vez?
    — Una niebla. Ahora se aclara... Veo a un hombre desnudo perseguido por ciervos...
    — ¿Dónde está ese hombre?
    — Tras de mí. En el espejo. En mi cabeza... No son ciervos... son perros. Están cogiéndolo...
    — ¿Quién es ese hombre? — interrumpió la joven —. ¿Le conoce usted?
    — Nunca lo he visto antes... Ah, sí. Lo conozco. Es Sam Sewell. Soy yo mismo...
    — Creo que ahora está usted en condiciones de seguir adelante — declaró. Y tiró el espejo sobre la tumbona de la clínica —. Descanse en mi hombro. Se encontrará más débil de lo que se imagina.

    Me ayudó a salir del sillón y en dirección al autoclave. Me encontraba tan débil como si estuviera convaleciente de una larga enfermedad y no sentí más vergüenza de apoyarme en el pequeño y delicado hombro de la joven, de la que hubiera sentido un inválido. A mi olfato llegó un delicado perfume de rosas procedente de sus hermosos cabellos obscuros y bri—llantes.

    Permanecimos en pie frente al autoclave.

    — Su promesa — me dijo —, antes de que le ponga en condiciones de salir.
    — De acuerdo. ¿Qué es lo que debo prometer?
    — Va usted en busca de Despoina. Cuando vuelva, me ayudará usted a salir de aquí hacia los niveles altos.
    — ¿A la superficie?
    — Sí.
    — ¿Y por qué no lo hace usted sencillamente? No hay nada que le prohiba hacerlo cuando quiera...

    Ella me miró con una mirada oblicua.

    — Sí que lo hay. Prometa que me ayudará.

    No vi la razón de negarlo.

    — Está bien, le ayudaré.

    Ella pareció respirar aliviada, como si hubiese estado reteniendo el aliento. Entonces apretó un pedal en el suelo. La autoclave se abrió.

    — Métase dentro — me dijo —. En la abertura de la autoclave.
    — ¿Ahí?
    — Sí. No está caliente. Ponga sus hombros y brazos en el interior. Yo le levantaré las piernas.

    La imagen de lo que estaba ocurriendo me pareció tan cómica que dejé escapar una débil sonrisa burlona. La miré. Ella no parecía estar nada divertida con todo aquello.

    — Es la única salida de este nivel que yo conozco — me dijo —, y le hubiera resultado imposible hallarla sin mi intervención. Es algo en parte físico y en parte psicológico lo que hice. Si espera demasiado tiempo, todo se destruirá. Entonces no habría nada que pudiera hacer en su favor.
    — Pero... esto sólo es un autoclave. Una gran autoclave. Pero no parece que mediante ella se vaya a ninguna parte.
    — Lleva hasta el nivel G. No discuta ahora. ¿Es que eso no significa nada para usted? Está comportándose como un tonto.
    — Pero...

    Cuanto más espere, más peligroso resultaría. ¡De prisa! No le estoy engañando.

    Su voz era plenamente sincera. Vacilé una fracción de segundo y después introduje mi cabeza y los hombros en la abertura del autoclave.

    Tras de mí sentí cómo me levantaban las piernas. Para ser una joven delicada, resultaba inesperadamente fuerte y vigorosa. No pude ver otra cosa más, excepto una fuerte corriente de aire soplar.

    — ¡Muévase hacia adelante con los brazos! — me dijo, mientras me empujaba hacia adelante, en la forma en que se introduce un lápiz en un sacapuntas.

    Obedecí. Se produjo un ligero chasquido, mi cabeza pareció haber chocado con algo. En seguida sentí que caía suavemente deslizándose por un plano inclinado.

    — ¡Recuerde su promesa! — gritó detrás de mí —. Conserve los brazos sobre la cabeza y trate de permanecer relajado. Mi nombre es Kira. Recuérdeme y no lo olvide.

    Yo traté de responder algo, de gritar alguna cosa. Pero mis pulmones parecían carentes de aire. Mi cuerpo caía aceleradamente en aquella angosta obscuridad por la que se iba deslizando.


    VI


    Cantaba un pájaro. Oía sus notas en una forma metálica, reiterativa, insistente... remotamente durante algún tiempo, antes de que saliera de mi estado de estupor. Finalmente, levanté la cabeza y me senté. Traté de averiguar dónde estaba.

    La superficie sobre la que descansaba mi cuerpo era suave; miré con atención y comprobé que era hierba. Sobre mi cabeza existía un tupido entrelazamiento de ramas de árboles y hojas verdes. Me hallaba sentado entre dos árboles, en una especie de bosquecillo. Una suave brisa, fresca y agradable, me despeinaba el cabello.

    Me dolía la cabeza violentamente; me sentí tentado a tumbarme de nuevo. ¿Dónde estaba? No ciertamente en la superficie; allí no hay árboles... no había visto un árbol, aparte de la hierba, desde hacía diez años. Aquél tenía que ser el nivel G. Pero... ¿cómo había conseguido llegar hasta allí? No pude recordar nada entre el último empujón que me dio Kira, mi caída acelerada por la obscuridad y oír el canto de aquel pájaro.

    Me volví ligeramente y miré a mi alrededor. El movimiento hizo que la cabeza me doliese aún más y dejé escapar un quejido de dolor. El pájaro, que había permanecido silencioso desde que me incorporé a medias, tuvo que haberse alarmado por mis movimientos. De todas formas, dejó escapar una especie de chillido y se alejó. Me pareció verlo un instante; era un pájaro pequeño, una especie de pardillo.

    Sí, aquello debía ser el nivel G. Pero... qué espacioso, qué enorme en amplitud, como para permitirse el lujo de contar con árboles en cantidad y de pájaros como en un parque público. Procuré afirmar mi cabeza durante unos instantes y después intenté ponerme de pie.

    No pude ver el menor signo de la forma en que había llegado hasta allí. El bosque de árboles parecía seguir y seguir hasta perderse de vista. El «cielo» tenía un aspecto azulado, bien iluminado por cierto. Caminé unos cuantos pasos y tuve pronto que recostarme en un árbol en busca de apoyo. Mi jaqueca me llegaba en oleadas, cada una más terrible que la anterior. Repentinamente me incliné hacia adelante y vomité.

    No había gran cosa en mi estómago; pero cuando acabaron las náuseas me encontré mejor. Todavía seguía sostenido contra el árbol, una especie de abedul, cuando vi a una chica que se dirigía hacia mí.

    Vestía una blusa blanca con mangas de encaje cortas y un escote tan bajo que se apreciaban los pezones de sus pechos a menos de media pulgada de distancia. La parte baja de su vestido eran unos pantalones excesivamente cortos, de terciopelo, apretados a los muslos. En los pies se calzaba unas sandalias brillantes cuyos lazos subían entrelazados hasta media pierna, a la manera de las zapatillas de satín de una bailarina. Era un estilo de vestimenta que yo recordaba haber visto en la superficie hacía ya diez años atrás, justo antes de comenzar las terribles plagas. Pero los escotes de las blusas, entonces, habían sido algo más subidos. Los cabellos de la chica eran de un negro muy brillante, con una flor roja que parecía un hibisco prendida en ellos. Sus labios aparecían pintados de un rojo brillante. No existía nada de apagado en el colorido general de su vestimenta; pero con todo, daba la impresión de algo desvaído, marchito, como un trozo de tela que ha sido lavado muchísimas veces o gastado por el tiempo y la luz. Su busto aparecía como el de una mujer de robustos pechos y redondas caderas, aunque las piernas correspondían a una mujer esbelta y más huesuda.

    — ¡Hola! — me saludó —. Has roto la hierba. Vi a otro hombre que hizo eso en otra ocasión. Tienes que venir desde lo alto. — Hablaba con una voz de chiquilla, más bien en tono afectado, aunque atrayente v al propio tiempo algo irritante.

    Miré tras de mí, siguiendo la dirección de su mirada. Era cierto, la hierba donde había estado tumbado aparecía deshecha y pálida. En el acto revivieron mis temores.

    — Aléjate de mí — le avisé —. Soy un portador de epidemias.

    La joven dejó escapar una risita inocente.

    — Bah, no te preocupes por eso. No podrías infectarme con nada. He sido inmunizada contra todo ataque posible de epidemias. Nosotros somos aquí gente importante, ya debes saberlo.
    — Pero... destruí la hierba.

    Ella se encogió de hombros.

    — De todas formas, no es ninguna hierba saludable ni interesante. Probablemente llevarías contigo algunas esporas en las ropas que la han afectado. Eso puede arreglarse fácilmente. ¿Cómo va la guerra?
    — ¿Qué guerra?
    — La guerra que discurría por todas partes, cuando este nivel fue cerrado a toda influencia, estúpido. La guerra comenzó cuando el enemigo dejó libres las esporas de las epidemias.

    Aquello era tan distinto de lo que realmente había sucedido, que sólo pude limitarme a mirarla fijamente. Las plagas que asolaron la Humanidad habían comenzado cerca de un desgraciado laboratorio de Newark, que las había expandido por todo el país, matando a nueve de cada diez personas y cruzando los océanos con los grandes aviones de pasaje hacia Europa y el resto del mundo. El «enemigo» no había tenido nada que ver en todo aquello. Las últimas noticias que cualquiera hubiese podido tener de la gente de otros países tenían, cuando menos, cinco años de antigüedad; y lo habían sido en el sentido de que todo el mundo había sufrido parecida suerte a la nuestra. Presumiblemente, ellos habían sido reducidos a la misma suerte de parasitismo y desunión que nosotros habíamos sufrido.

    — No hay ninguna guerra — dije al fin.
    — ¿Quieres decir que todo se ha arreglado ya? ¡Es absurdo! Habrían bajado hasta aquí para decirnos que había terminado, O... ¿es que eres algún espía? — preguntó con desconfianza.

    Resultaba inútil discutir con ella, me sentí casi desesperado.

    — No soy ningún espía. Estoy tratando sólo de ir al nivel que existe bajo éste. No me interesa lo más mínimo lo que sucede aquí.
    —¿Y por qué quieres ir hacia abajo? Aquí se está muy bien. Yo diría que maravillosamente...

    Como respuesta, le mostré el anillo de Despoina. Lo miró con ojo crítico.

    — Eso es una imagen curiosa — dijo al final —. Tiene que ser algo muy antiguo. — Y volvió a dejar escapar una sonrisita infantil —. Me estoy figurando qué tal se iría vestida en ropas como ésas...

    No cabía la menor duda que aquel salvoconducto para llegar hasta Despoina, no tenía el menor significado para ella.

    — Oye, guapa, ¿tienes alguna idea de cómo descender desde este nivel al inferior?
    — No, ¿por qué habría de saberlo? No hay nada interesante por ahí abajo — dijo con un gesto enfurruñado. Se aproximó a mí presionando contra mi cuerpo su hombro y sus muslos —. Me gustas, ¿sabes? — dijo con una candidez artificiosa —. Eres joven y atractivo, algo fresco. Diferente. Nuevo. Estoy tan cansada de los hombres viejos y de los chicos...
    — Gracias. ¿No sabe nadie en este nivel la forma de descender hasta el próximo inferior?
    — No lo creo. Tal vez pudiera saberlo un técnico. Pero aquí no existen técnicos. No son gente importante... quiero decir, como nosotros.

    Habíamos ido caminando mientras hablábamos y me encontré a mí mismo todavía tembloroso, en cierta medida y confuso. Ahora estábamos llegando al borde del bosque de aquellos árboles. Frente a nosotros se alzaba un gran edificio.

    Era una hermosa estructura, construida en una ligera elevación del terreno, con amplias escalinatas que daban acceso. Estaba coronado por una cúpula achatada. Se veía a diversas personas entrar y salir de él, las mujeres vestidas con variantes del mismo tipo de vestido que llevaba mi guía y los hombres con pantalones a medio muslo y camisas de colores chillones, propias de las playas tropicales. — ¿Qué es eso? — pregunté.

    — El casino. ¿Te gustaría visitarlo en primer término?
    — ¿Un casino? ¿Es que tenéis aquí juego?
    — Ah, sí. Ruleta, baccarat, chemin de fer, de todo. Pero resulta muy aburrido jugar por dinero — me confió —. No hay nada que comprar con él. Las chicas, a veces, jugamos por nosotras mismas. Apostamos durante una semana o un mes o algo así.
    —¿Y qué ocurre si perdéis?
    — Entonces la casa dispone de nosotras por la misma duración de tiempo. Tenemos que hacer lo que ellos quieran. Resulta muy divertido.

    Las actividades sociales del nivel G parecían ser una tapadera para algo no muy distante de la verdadera prostitución. Sin embargo, no era nada que me importase gran cosa. Lo que tenía que hacer y realmente me importaba era conseguir descender hasta el nivel inferior.

    — Vayamos a echar un vistazo al casino — le dije.
    — Bien... Podríamos ir también a la playa. Es una playa deliciosa.
    — ¿Una playa? ¿Aquí? ¿A semejante profundidad en estos subterráneos?
    — Oh, sí. Con agua salada, arena y lugar para tostarse a la luz. Tenemos incluso mareas. Somos una gente importante los que vivimos aquí, ya sabes.

    Tomó mi mano y tiró de mí con aire infantil. Parecía haberse olvidado de todo lo anterior y de lo que le había preocupado pensando que yo pudiera ser algún espía. La palma de su mano estaba húmeda y cálida y suave al tacto.

    — ¿Cómo te llamas, guapa? — le pregunté mientras marchábamos por un sendero arenado.
    — Cindy Ann. ¿No te parece un bonito nombre? ¿Y el tuyo?
    — Humm... Me llamo Sam.
    — Sam... — Ella pronunció mi nombre con cierto acento extraño, como si pronunciase Zam —. También es un nombre bonito. Zam...

    La arena nos llegó de repente y se extendía a unos diez pies de distancia frente a nosotros. Seguimos por ella hasta ]legar al agua. Como había dicho Cíndy Ann, aquello era, sin lugar a dudas, una playa, aunque toda su extensión no fuese más que de unos ciento cincuenta pies. Tenía una forma de herradura y ambos brazos se perdían entre malezas.

    — ¿Hasta dónde llega? — pregunté.
    — No lo sé. Está dispuesta de forma como si pareciese que existen millas de agua. Pero nadie nada más allá de cincuenta pies.

    La arena estaba constelada por docenas de bañistas. Sus trajes de baño eran los más inverosímilmente reducidos que jamás yo hubiera visto; los hombres se tapaban estrictamente con lo que podía ser muy bien una hoja de parra y las mujeres gastaban bromas con lo que llamaban entre sí «una corbata y un tapón», lo cual proporcionaba una razonable descripción de la realidad. Todos estaban deliciosamente bronceados; pero en cierta forma, al igual que ocurría con Cindy Ann, daban la impresión de ser algo desvaído, desteñido. Mientras observaba todo aquello, fui sorprendido por algo singular en el conjunto de la escena que admiraba y repentinamente me di cuenta de lo que podía ser en realidad. Los bañistas yacían muy juntos unos junto a otros; la gente, en las entradas y salidas del casino, pasaban unos junto a otros, sin aparente disgusto. En otras palabras, aquellos habitantes del nivel G parecían gozar de la antigua costumbre de desearse la recíproca compañía.

    — Cindy Ann — le dije a la chica —, ¿os ha importado alguna vez a los que aquí vivís permanecer unos junto a otros? Arriba, en la superficie, nos molesta que cualquier persona permanezca junto a nosotros sólo unos minutos.
    — Pues yo podría estar contigo por cualquier duración de tiempo — me respondió —. De todas formas, una noche entera.

    Sus gestos amorosos se estaban convirtiendo en algo embarazoso para mí.

    — Ya comprendo. Pero ¿eso no os molesta? — A veces — repuso sobriamente —. A veces nos encerramos en nuestras casas, alejándonos de los demás por días enteros. Pero usualmente tomamos un comprimido eufórico y en seguida gustamos de la compañía de los demás.
    — ¿Una píldora eufórica? ¿Una especie de tranquilizante?
    — Oh, muchísimo mejor. Cuando te tomas una píldora eufórica te sientes a las mil maravillas. Feliz y relajado. Te gusta todo el mundo, especialmente todas las gentes importantes que viven aquí.

    Cindy había retenido mi mano todo aquel tiempo. Entonces me volvió la mano deliberadamente y recorrió con uno de sus dedos la palma. Me miró inquisitivamente.

    — ¿Qué te pasa? ¿Es que no te sientes bien?
    — Si tengo que decir la verdad, no del todo — le repuse —. Me duele mucho la cabeza y tengo el estómago trastornado. Además, quisiera marcharme de aquí.
    — Tú lo que necesitas es una píldora eufórica — dijo la chica. Se rebuscó en los pequeños bolsillos de sus pantalones cortos y extrajo una diminuta pastilla de color rosa que me entregó —. Tómala, yo me tomaré otra. Te sorprenderás de ver lo bien que te sientes ea seguida.

    Miré aquello con cierta duda y recelo. Pero me sentía peor por momentos físicamente, y aquel comprimido podría ayudarme... además de sentir una gran curiosidad. Me puse el pequeño comprimido en la lengua y lo tragué con una bocanada del agua sulfurosa que contenía mi cantimplora de plástico sujeta a la cintura.

    Ella me vigiló llena de interés.

    — Nosotros las tragamos en seco, son tan diminutas...— Y para demostrarlo abrió la boca, se lanzó al interior el pequeño comprimido y lo tragó en el acto.
    — Vamos a sentarnos en los matorrales — me dijo.

    Me condujo a lo largo de la playa hasta el lugar en que se desvanecía entre matojos y pequeños arbustos. Paseamos en el interior de aquella maleza vegetal hasta poner una barrera entre la gente que se bañaba y nosotros.

    — Sentémonos — me dijo —. Podemos charla r—. Sonrió picarescamente, y puso los ojos en blanco.

    Me senté junto a ella. Aquella píldora debía ya estar haciéndome efecto, porque me sentía muchísimo mejor. Cindy Ann me parecía tremendamente atractiva... llena de un juvenil encanto y de una tentadora coquetería.

    Me miró a los ojos. Se aproximó más a mí y me atrajo hacia si.

    — Bésame, Sam..

    Tenía la boca húmeda y cálida. Por un instante, a su contacto, sentí el estallido del viejo instinto separacionista, de disyuntiva repulsión a que estaba acostumbrado de mi vida en las cavernas subterráneas; después de todo, sólo hacia un rato que estaba junto a ella. Pero el efecto de la píldora eufórica era potente; y tomándola en mis brazos la besé apasionadamente. Le soltó la cinta que le sujetaba la blusa por detrás y la saqué por su cabeza. Después me las arreglé para despojarla de sus «shorts». No tenía ninguna otra prenda debajo.

    Tenía los pechos un tanto grandes y abultados y sentí un febril deseo irrefrenable de poseerla. Ella se aplastó contra mí y yo tomé todo el placer que se me ofrecía, antes de volver a darle sus pequeños «shorts» de terciopelo.

    De pronto sentí que se ponía rígida en mis brazos. Sus ojos rodaron en sus órbitas, quedándose en blanco. Casi en el acto la sentí pesada y en casi completo colapso. Su boca permaneció abierta y observé cómo se escapaba de ella un hilo de baba verdosa. Al principio apenas si pude darme cuenta de lo que había ocurrido. La llamé por su nombre y la sacudí vigorosamente. De su rostro había desaparecido el color y la saliva verdosa le corría por el cuello. Le tomé el pulso, pero había dejado de latir. Puse entonces el oído sobre su pecho y traté de escuchar el latido cardíaco. No oí ningún latido. Estaba muerta. Estaba muerta y yo era, sin duda alguna, un portador de la espantosa epidemia neurolítica. ¿Qué hacer en tales circunstancias? Allí había una mujer muerta junto a mí. ¿Cómo me las arreglaría para salir del nivel G? ¿Y de qué forma podría acercarme a cualquiera para solicitar auxilio sin condenarlo a la misma muerte?


    VII


    Comencé a darme cuenta de que estaba en un estado físico realmente singular. Me dolía la cabeza, teniendo los pies y las manos casi helados, volviéndome de momento en momento las mismas náuseas que había experimentado al llegar. Además, estaba la terrible frustración del placer tan repentinamente interrumpido y del deseo que sentía por la pobre Cindy Ann, que me dejó temblando y debilitado en extremo. Y con todo, junto a tales sensaciones negativas, sentía que era algo enorme, tan alto como para sobresalir por encima de hombres gigantescos, capaz de romper en mis manos una roca de granito en pedazos con mis propios dedos y que, además, disponía de una doble visión en mis ojos.

    ¿Una doble visión? ¿Qué diablos me hizo suponer tal cosa? Me puse en una posición más cómoda para considerar la situación, teniendo junto a mí a la pobre chica muerta. La doble visión... Bien, si esta palabra significa algo, yo debería estar en condiciones de ver... Fijé entonces mis ojos en la mujer muerta que yacía junto a mí.

    Fue una fantástica experiencia. Su carne parecía disolverse suavemente conforme la miraba. Primero se hicieron visibles sus costillas, después sus pulmones encerrados en la caja torácica, con su corazón sin movimiento en el lugar correspondiente. Mi mirada fue aún más profunda todavía y entonces vi su columna vertebral y finalmente la hierba bajo ella. Todo era real y con sus colores naturales, nada parecido a una película de Rayos X, sino con sus propias tonalidades bastante acentuadas.

    Moví la posición de mis ojos dentro de su cuerpo y ocurrió lo mismo. Observé que uno de sus riñones parecía definidamente situado más bajo que el otro en su pelvis, lo que pudo haberle causado seguramente disturbios de importancia, de haber vivido más. Me froté los ojos y volví a mirar. La visión persistía. Pero aquello podía ser muy bien una alucinación, después de todo. Deseaba probar conmigo mismo, para estar seguro de que no lo era.

    Miré al cinturón de los «shorts» de terciopelo de la infortunada Cindy Ann. La cajita de píldoras de la cual había sacado las dos que habíamos tomado antes, estaba dentro de un pequeño bolsillo del lado derecho de la prenda. Si metía la mano y encontraba la cajita en el lugar en que la estaba viendo, aquello probaría mi sorprendente facultad de doble visión.

    No quise tocarla, y además había visto que ella la puso justamente en el lugar en cuestión. Sabía que estaba allí y hallarla por tanto en aquel lugar no probaría gran cosa. Necesitaba una comprobación más objetiva.

    Me puse en pie y miré a mi alrededor. A pocos pies de distancia había un árbol y sobre él intenté la facultad de mi doble visión.

    No resultó interesante ver cómo se disolvía la corteza y el interior anatómico de las fibras de madera del árbol. Dirigí mis ojos hacia un cruce existente en el tronco del árbol v allí me sentí recompensado al ver, completamente escondido de mi vista ordinaria, un nido de pájaros que se me hizo perfectamente visible. El nido, construido en el interior del hueco, contenía cuatro polluelos desnudos de pluma.

    Debió haber sido fácil comprobar una cosa como aquella. Cogí una rama horizontal y subí hasta la misma altura del cruce de las ramas. El esfuerzo no tenía nada de agradable; y yo, que me creí capaz de deshacer una roca de granito con mis manos, apenas si llegué con fuerzas suficientes al lugar que deseaba ver. Pero antes de volver al suelo comprobé que, efectivamente, al natural, existía aquel nido con sus cuatro polluelos sin pluma en el hueco, que piaron al sentir mi presencia, seguramente en demanda de alimento.

    No era, por tanto, ninguna alucinación. Pero sí que podría ser una especie de sueño elaborado de alguna forma... o una serie sistematizada de quimeras... No tenía sentido todo aquello. Yo me encontraba en una forma física de lo más peculiar. Me estaban ocurriendo una serie de cosas extremadamente singulares. Pero no estaba soñando, ni me sentía alucinado, ni fuera de la realidad circundante. La facultad que mi mente había elegido de «doble visión» existía realmente en mí. ¿Cómo podría usarla para que me resultase útil?

    Volví a sentarme en el suelo junto al cuerpo de Cindy Ann, para pensar sobre el asunto. Su proximidad no me molestó en absoluto. Era como hallarse junto a una caja vacía o a un hato de ropas viejas. Supongo que aquella sensación se debería a no sentir ninguna responsabilidad moral por su muerte. Aparte de que no había demostrado tener mucha personalidad mientras estuvo viva. No se había perdido gran cosa.

    Ames había afirmado que el anillo de Despoina era un pasaporte para conseguir pasar a través de los guardianes en los niveles más bajos de las cavernas. Yo había entendido, desde luego, que cuando él se refirió a guardias, quiso decir, efectivamente, tal y como yo lo seguía entendiendo, «guardianes». Ciertamente aquello era lo que Kira, en el nivel F, me había parecido ser. Pero la palabra «guarda» tenía otra significación.

    Uno suele referirse, por ejemplo, a un guardacadenas, hablando de una bicicleta, o a un guardabarros hablando de un automóvil. ¿Se habría referido Ames al empleo de esa palabra en este segundo sentido? En tal caso, el «guarda» en este nivel en que ahora me encontraba podría ser una pieza de maquinaria que el anillo de Despoina podía activar... o desactivar.

    Había otra cosa también. Ames había dicho que Despoina me deseaba junto a ella. En tal caso, ¿no podría esperar alguna clase de cooperación proveniente de ella misma o de alguno de sus agentes? ¿No me ayudaría a llegar hasta ella?

    Levanté el anillo a la altura de mis ojos y lo miré. Lo estuve haciendo por lo que debió ser un buen rato. Pude ver mi mano a través del anillo y los huesos en el interior. Pero eso fue todo lo que ocurrió.

    Finalmente, dejé escapar un suspiro de resignación y me puse en pie. La mejor cosa que podía pensar era la de vagabundear por el nivel G y mirar las cosas y la gente con mi facultad de mi doble visión. No pensé que pudiera infectar con la epidemia a nadie por el simple hecho de pasear a través del nivel G. Después de todo, Cindy Ann, había estado en contacto físico conmigo antes de haberla infectado.

    ¿Adónde debería dirigirme primero? ¿Al casino? Parecía un lugar poco verosímil o adecuado, de todos modos, para encontrar un «guardián». (Y si lo encontraba, ¿estaría en condiciones de reconocerlo, hombre o mujer? ¿Me ayudaría a ello mi doble visión?) Volvería por el sitio en que anduve paseando con Cindy Ann hasta el bosquecillo en donde había caído procedente del nivel superior y vería qué podría hallar de interesante por allí.

    Me llevó cosa de cinco minutos volver al punto de partida, en el lugar justo en que caí al llegar al nivel G, y en el sitio en que la hierba se había estropeado.

    Kira había insistido y hecho resaltar de que mi percepción del tiempo estaba alterada y aquello pudo haber tenido un efecto mucho más largo. Antes de que dejase el bosquecillo por completo, había cruzado un pequeño riachuelo murmurante y agradable con un lecho de guijarros y arena. ¡Un riachuelo, en aquella profundidad! La verdad es que existían cosas hermosas y sorprendentes en el nivel G.

    Más allá del riachuelo se encontraban, distribuidas al azar, grupos de casas de habitación. Cada una de ellas estaba situada entre matorrales o pequeños árboles y flores, y mientras que parecían algo más pequeñas que las casas de ostensible lujo existentes en la superficie, eran, no obstante, de buen tamaño. Aquí y allá se observaban gentes que entraban o salían de aquellas casas.

    Nadie me dedicó mucha atención, excepto una o dos mujeres que me miraron con cierta curiosidad especulativa. Una de ellas incluso me sonrió con un gesto de saludo, al que correspondí. Sin duda pensó que me conocería. Supongo que la explicación se debe a que siempre he tenido un rostro corriente, o con palabras más exactas, una faz plástica. Cuando yo crecía en mi juventud, los otros muchachos se irritaban por que no hallaban forma de localizarme en un grupo fotográfico hecho en común. Y aquí, en el nivel G, a despecho de mi indumentaria, debería tener el aspecto vulgar y corriente de otro hombre cualquiera.

    Pronto me di cuenta que los vestidos que llevaba Cindy Ann respondían más bien a un tipo conservador. Dos de las mujeres con las que me crucé en el camino llevaban unas blusas que dejaban totalmente al descubierto sus pechos, teniendo en cuenta que no eran precisamente ni las más jóvenes ni las más bonitas de cuantas salpicaban los terrenos del nivel en que me hallaba.

    Sin importar que fuese hombre o mujer, yo miraba a todos cuantos pasaban a mi lado con mi doble vista. Vi una enorme cantidad de anatomías humanas y pude haber descubierto, de haberlo deseado, muchos secretos viscerales. Pero no vi a ninguna persona que me pareciese verosímilmente lo que pudiese ser considerado como un «guardián».

    Pasé por un apretado cinturón de árboles y después llegué a lo que parecía ser un centro comercial. Cindy Ann me había dicho que el dinero no tenía allí ninguna utilidad; pero las gentes entraban y salían en las diversas tiendas con paquetes de alimentos congelados y lo que parecían ser ropas y los más diversos objetos para el hogar. Una de aquellas tiendas parecía ser una farmacia. En ninguna parte vi un dependiente o vendedor. Supongo que los constructores del nivel G habían tenido en cuenta que sus artículos fuesen demasiado buenos para que los utilizase nadie que no fuese una persona «importante». Pero a pesar de la ne—gativa de Cindy Ann, deberían existir algunos técnicos en el nivel, aunque sólo fuese para mantener en marcha la compleja maquinaria que lo gobernaba. Hay siempre un límite para lo que es capaz de hacer un robot.

    No entré en ninguna de aquellas tiendas... Tenía miedo de ser reconocido como un extraño, ya que ignoraba el procedimiento a seguir para obtener cualquier mercancía. Paseé tan lentamente como me fue posible y traté de inspeccionar a las gentes que se encontraban en su interior.

    Aquel «centro de comercio» daba lugar a otro cinturón de árboles y éste a más casas. Conforme andaba a todo lo largo de aquel complejo viviente, pensé hasta qué límite podía ser ilimitado el número y la cantidad de objetos y provisiones existentes para aquellas personas que allí vivían. Algunas de las personas que vi llegaron al nivel cuando eran niños, cuando el peligro de la guerra había parecido tan inevitablemente inmediato. Se habían hecho ya personas adultas, mientras que las plagas y epidemias habían causado destrozos incalculables en la superficie y aún seguían entrando en las tiendas adquiriendo objetos de todas clases. Habían sido preparados para vivir en los subterráneos para un cuarto de siglo o tal vez medio siglo, y el material necesario y la cultura asegurados para mantenerlos felices y seguros. Cuando se sentían atacados por el tedio, siempre podían tomar una píldora eufórica.

    ¡Qué enorme era aquel nivel G! Podían estar justificados los árboles, cuyo follaje serviría para mantener purificada la atmósfera y los troncos para ocultar los pivotes enormes de acero que soportaban los niveles superiores. Pero un riachuelo... casas privadas de habitación... un casino... e incluso toda una playa real, con todo el espacio apropiado. Yo había leído en algu—na ocasión que la excavación de los niveles había costado 300.000 dólares por cada pie cúbico de tierra removida.

    Grande como era aquel nivel, tenía naturalmente, sus límites. Más pronto o más tarde llegaría a un punto en que desapareciera la ilusión de boscaje y lejanía para encontrarme frente a la roca desnuda de las profundidades.

    Al fin alcancé el borde del segundo grupo de casas. Había otro cinturón de árboles y su correspondiente espacio de flores y arbustos. El sendero que había seguido, tocaba a su fin. Vi, por fin, la roca desnuda frente a mis ojos. Y casi pegada literalmente a la roca, una pequeña casa, algo inesperado. Era pequeña y aunque no ruinosa, no estaba ciertamente en muy buen estado de conservación. Las ventanas necesitaban hacía tiempo un repaso de pintura así como las paredes y el porche de entrada. Probablemente sería prefabricada. Las enredaderas y la hiedra que crecían dentro de grandes macetas, tenían un pobre aspecto. ¿Quién podría vivir en el nivel G, en una casa como aquella?

    Pero pensé haber hallado la solución. El técnico que Cindy Ann afirmó no existía y que yo creí estar seguro de que debería ser. Casi sin pensarlo, me adelanté dos pasos en el porche y llamé a la puerta.

    Se produjo una espera silenciosa. Después, oí que alguien se movía en el interior. Volví a llamar. Por fin, una mujer apareció en la puerta. No abrió la puerta del todo, sino que permaneciendo con el cuerpo dentro asomó la cara. Era una mujer de mediana edad, con unas facciones duras e inteligentes en su expresión.

    — ¿ Quién es? — preguntó secamente.

    Yo había estado pensando en qué responder. Y entonces, las palabras parecieron abandonarme. Me limité a levantar la mano hacia ella, mostrándole el anillo de Despoina.

    Aquella mujer me disparó una mirada decidida y autoritaria.

    — ¡No sé nada de todo eso! — gritó con vehemencia —. ¡No sé nada sobre eso, no más que si fuese un perro! — Y cerró la puerta con fuerza alejándose y sin dejarme tiempo a reaccionar.

    Volví a llamar y seguí haciéndolo durante un buen rato. Pero ella no volvió a dar signos de vida. Al fin me marché... «no más que si fuera yo un perro». ¿Qué habría querido decir con aquello? Después, se me ocurrió pensar, con el sentido de una oportunidad perdida inútilmente, de que no hice uso sobre ella, de mi facultad de la doble visión. Pero tal vez no hubiera servido de nada el hacerlo.

    Comencé a caminar de nuevo. Durante un buen rato, fui andando pegado a la pared rocosa del nivel de la caverna. El camino no resultaba fácil a causa de las pilas enormes de trozos de roca y de soportes de acero, que a la altura de la rodilla, iban bordeando la pared del subterráneo, teniendo que verme obligado a realizar constantes rodeos en uno u otro sentido. Pero me parecía que allí, junto al borde de la excavación subterránea, debería existir d camino lógico que sirviera de salida del nivel G en que me hallaba, hacia el inferior que con tanto anhelo deseaba encontrar.

    No hallé nada. Ya iba cansándome, hasta decidir abandonar la inútil búsqueda. Abandoné tal propósito por la periferia del nivel G y entonces decidí volver al centro, donde el caminar resultaba mucho más fácil, cuando vi ante mí un destello de color familiar. Me aproximé rápidamente y comprobé que era una parcela de hongos de color púrpura que crecían en profusión y con gran riqueza. No sé por qué; pero me sentí muy animado, La primera impresión que me dieron tales hongos, era el comprobar que estaba realmente hambriento. Saqué el cuchillo y corté un buen puñado de ellos, suculentos y magníficos. Los mastiqué lentamente, apoyado sobre la roca y me supieron a gloria. Era lo primero que comía desde hacía mucho tiempo, tal vez, según pude calcular, varios días. Rocié aquella comida vegetal con algunos tragos del agua sulfurosa de mi cantimplora, llena en el nivel F.

    Mientras tapaba la cantimplora, pensé en Kira. Su forma de jugar con el cuchillo me vino a la mente y traté de imaginar qué es lo que habría querido darme a entender con aquello. Después, continué marchando de nuevo, junto a la pared rocosa. Nada. Cada bulto rocoso de las paredes, se parecía exactamente a cualquier otro. Yo continué todavía caminando de aquella forma obstinadamente, hasta hallarme demasiado cansado para continuar. Decidí, pues, dirigirme definitivamente hacia el centro del nivel G en busca de cualquier sitio en que poder descansar.

    Cuando ahora recuerdo el nivel G, siempre lo hago con la idea de un caminar sin fin. Estaba cansado, tanto, que apenas si tenía ya fuerzas para echar un pie delante del otro y la sensación de percepciones de cuanto me rodeaba se volvía más y más ausente.

    Me detuve al fin. Me encontraba en uno de aquellos bosquecillos de árboles en alguna parte del inmenso nivel G. Pensé que no debería estar muy lejos del casino y de la pequeña playa. Aquel era tan buen sitio para descansar como otro cualquiera. Supuse que nadie me encontraría en aquel lugar, a menos que cualquier par do amantes se aproximasen por puro accidente. De todos modos, lo único importante para mí era descansar.

    Me tumbé limpiamente sobre la hierba. Me prometí solemnemente que tras haber descansado, continuaría buscando sin descanso la tan ansiada salida del nivel G... pero tras haber dormido.

    Creo que me quedé dormido en cuanto estuve en el suelo. Mis sueños cayeron sumidos en una profunda inconsciencia, como en un olvido misericordioso para mi fatiga física. Era como llegar al fondo de un mar en donde me diese la bienvenida el total olvido de las cosas.

    Finalmente, creo que comencé a surgir a la superficie. Algo estaba frotándome la mejilla y yo creía moverme para evitarlo. Sin embargo, aquello persistía, dulce y constantemente. Tras bastante tiempo abrí los ojos. No había recobrado del todo la consciencia de mi situación; pero ya sentía una gran curiosidad. ¿Qué sería aquello que frotaba una y otra vez mi mejilla?

    Parpadeé, bostecé y entonces tuve que reírme. Un perrazo de pelo marrón rojizo, hermoso y magnífico estaba sobre mí. A pesar de haberme despertado, allí continuaba lamiendo insistentemente mi mejilla.


    VIII


    Aquel hermoso perro llevaba un collar al cuello. Su nombre estaba grabado en él. «Dekker». Pensé que resultaba un nombre realmente singular para un perro.

    Me incorporé a medias acariciando al hermoso animal. Hacía ya tanto tiempo que no veía un perro... Le tiré de sus orejas sedosas y el hermoso animal movió el rabo amistosamente.

    Se sentó frente a mí, haciéndome gestos de cariño, mientras jadeaba con su lengua fuera. Con bastante pesadez, conseguí ponerme en pie. Aquel sueño me había hecho un gran bien, incuestionablemente, pues me sentía más fuerte, más seguro de mí mismo y lo que era muy importante, mi jaqueca había desaparecido. Al propio tiempo, los cambios físicos experimentados antes en mí, habían progresado aún más. Me sentía el cuerpo con toda la piel cálida y a menos que no me sujetase la cabeza, los objetos de mi alrededor parecían dar vueltas como un tiovivo. El simple esfuerzo de adelantar un pie para andar me mojaba en sudor.

    «Dekker», sentado frente a mí, emitió un corto gruñido. Por primera vez le miré haciendo uso de mi nueva facultad de doble visión.

    Su cuerpo, hasta donde podía apreciar, era el de un can perfectamente normal. Habría servido de modelo para algún libro ilustrado que se titulase «La Anatomía de un Perro». Pero su cabeza parecía diferente.

    Resultaba más difícil observar en su interior; pero cuando conseguí obtener una visión a través del cráneo canino, me quedé sorprendido y confuso. No parecía tener sentido lo que vi entonces.

    Yo insistí en profundizar en lo más recóndito de su anatomía cerebral, haciendo un gran esfuerzo. Entonces comprobé, no sin sentir un extraño estremecimiento> que tenía un cerebro doble. ¿Doble visión y doble cerebro? Sí. Pero sobre los dos hemisferios normales de los mamíferos, «Dekker» poseía otra pequeña estructura, en una especie de lóbulo lleno de complicadas circunvalaciones. No era desde luego un tumor, ni una creación producto de cualquier enfermedad; era ciertamente un doble cerebro.

    Me quedé sorprendido al máximo. ¿Era, pues, el perro, el guardián de la salida del nivel? Yo sabia que me hallaba en condiciones físicas anormales, tal vez el haber imaginado semejante idea era la prueba de mi anormal condición física. «Dekker» dejó de hacer señas cuando le miré fijamente. Entonces, se puso a cuatro patas vivamente y emprendió un ligero y alegre trote delante de mí. Tras haber marchado algunos pasos se detuvo y me miró sobre su espalda. Dejó escapar un ligero ladrido. Sin la menor duda, me indicaba que le siguiera.

    Me condujo hasta la playa. Aún permanecía bastante llena de bañistas, el «sol» estaba tan alto como de costumbre. Volviéndose y estando seguro de que yo le seguía, marchó con paso rápido a través de la arena hasta encontrar un trozo de palo de unos tres pies de longitud que tomó entre los dientes y lo depositó a mis pies. Deseaba sin duda que jugase con él.

    Por un momento, permanecí bastante confuso. Un perro, que podía o no tener algo que iba mal en el interior de su cabeza con aquel doble cerebro, quería entablar una especie de juego amistoso con un extraño. ¿Sería aquello la explicación del porqué me había despertado e insistido en que le siguiera hasta la playa? Bien, según esto, yo debería arrojar el palo a alguna distancia para comenzar el juego.

    Haciendo señas hacia el palo, ladró con insistencia. Bien, no me haría ningún daño jugar un poco con aquel perro tan simpático. Con cierta torpeza, me incliné, recogí el palo y lo arrojé. El animal galopó lleno de entusiasmo sobre la arena, rociando con ella a un par de bañistas. Una chica rodó sobre si misma para apartarse del galope del animal.

    Todos parecían conocer a «Dekker» y no hallar nada de raro en su juego tras el palo.

    Un par de veces más, volví a tirarlo a distancia y él fue a recogerlo trayéndomelo nuevamente a mis pies. La cuarta vez, cuando me agachaba a recogerlo, emitió una especie de gruñido significativo para que yo le entendiese. Yo creí sentirme molesto por el juego. Hasta entonces, me había divertido en cierta forma con el perro, porque no tenía otra cosa mejor que hacer. Pero aquello comenzó a fastidiarme.

    «Dekker» miró entonces al agua, después a mí v nuevamente en dirección al agua de la playa. ¡Oh, allí estaba sin duda la clave! Supuse que lo que deseaba era que se lo tirase al agua. Y entonces, él se lanzaría para sacarlo y devolvérmelo. ¡Pero aquello seguiría siendo una estúpida pérdida de tiempo! Sin ningún entusiasmo, tomé el palo y lo arrojé al agua.

    Cayó más allá del borde de la suave playa y flotó suavemente sobre la superficie líquida, hundiéndose y levantándose en suaves oleadas. El perro se lanzó, nadó con la habilidad propia de los animales de su especie y volvió en seguida trayéndome el palo a mis pies. El animal estaba mojado del chapuzón y al inclinarme para tomar el palo en mis manos, se sacudió fuertemente, rociándome de agua salada. Llegué a la conclusión de que estaba tan falto de cerebro como un vulgar perro de aguas. Bien, tiraría el palo por última vez y acabaría así aquel tonto juego. El palo fue a caer a unos diez pies de distancia del sitio en que habla caído anteriormente. «Dekker» lo miró y se dejó caer sobre sus patas traseras.

    — ¡Vamos! — le ordené —. ¡Tráelo aquí!

    El perro no hizo el menor movimiento; pero sus ojos inteligentes se volvieron hacia mí y después hacia el trozo de palo flotando en las aguas.

    — ¡Vamos, perezoso! — insistí —. ¡Ve a traerlo!

    Deliberadamente se incorporó, dio media vuelta y se dejó caer sobre sus patas traseras, volviéndome la espalda y mirando el lugar. Aquella acción tenía, sin duda alguna, algo de deliberado en su concepción, a despecho del concepto de corta inteligencia que yo me había formado momentos antes de él. Entonces miré al lugar indicado por el animal y donde sin duda él deseaba que yo mirase.

    El palo que yo había arrojado se hundía y volvía a flotar suavemente en el agua, pero siguiendo un lento movimiento. Aquel movimiento fue incrementándose fuertemente hacia la derecha.

    ¿ Existiría allí alguna clase de corriente? ¿ Era aquello lo que el perro deseaba que yo comprendiese?

    Observé lo que ocurría con toda curiosidad y atención mientras el perro estaba agachado junto a mí. El palo llegó a cierto punto en su movimiento hacia la derecha y comenzó entonces a marchar en derecho, alejándose de la playa más y más rápidamente cada vez. Entonces, cuando había alcanzado una distancia de unos ciento cincuenta pies, desapareció. No pude decir si es que lo había perdido de vista sencillamente o es que en realidad había desaparecido de nuestra vista. Pero ¿dónde pudo haber ido? Cindy Ann había dicho que nadie llegaba nadando más allá de cincuenta o sesenta pies de la playa, aunque el agua parecía extenderse por millas de distancia. ¿Hacia dónde iría el palo? Presumiblemente la playa era una piscina de agua salada de grandes dimensiones con alguna especial disposición de compleja maquinaria para dar la perfecta ilusión de oleaje natural propio de un mar e incluso, en ciertas ocasiones, el determinar la subida y bajada de mareas. Pero no me pareció que tal maquinaria hiciese aquel efecto de succión hacia el exterior que yo había apreciado. ¿Qué había sido del palo arrojado?

    «Dekker» me miró intencionadamente. Cuando estuvo seguro de contar con mi atención, corrió a lo largo de la playa, rebuscó por los alrededores y me trajo otro palo. Parecía dar a entender claramente que volviese a arrojarlo, como había hecho con el anterior. Me sentí obligado a repetir el juego, tirándolo con fuerza suficiente para que llegase a la distancia del anterior. Y una vez más se repitió lo ocurrido, su movimiento lento al principio y más rápido después, siempre hacia la derecha, y entonces un rápido movimiento alejándose de la playa. Y de nuevo, también, un punto determinado en que al llegar allá el palo desaparecía como tragado por el agua.

    Intenté hacer uso de mi nueva facultad de la doble visión a través del agua, para ver si encontraba alguna especie de maquinaria que pudiese ser la responsable del movimiento que se había producido. Pero a algunos pies de distancia aquella doble visión era tan efectiva como mi vista normal. Solo pude tener la impresión de una cierta turbulencia y de un caer de agua verdosa. Aquello era todo.

    El juego con el perro me había fatigado. El sudor me corría por el rostro. Tenía el cuerpo tan mojado por el sudor como si me hubiese dado ya un baño y, sin embargo, sentíalo más caliente que nunca. Me senté en la playa para pensar en todo aquello. «Dekker» estaba junto a mí, tranquilo, con su hermosa cabeza apoyada sobre una de mis rodillas. ¿Qué sería lo que hiciese moverse los palos arrojados en aquella peculiar forma? No. La cuestión no era aquélla. Más bien consistía en por qué quería el animal que yo me diese cuenta. ¿Habría sido sólo un juego? Tal Vez; pero, con todo, su acción parecía llena por completo de un propósito definido. Existía una razón evidente del porqué «Dekker» deseaba que yo fuese testigo de aquel movimiento hacia afuera de la playa y de la final desaparición de los palitos arrojados al agua. Permaneció tranquilamente en aquella posición junto a mí. Después se levantó y puso su nariz bajo mi mano, levantándola y haciendo que la cabeza quedase bajo ella. Pensé al principio que le gustaba que le hubiese acariciado y le froté cariñosamente su cabeza marrón rojiza y sus sedosas orejas. Pero no se trataba de aquello: se retiró, me miró fijamente y pareció también pensar inteligentemente frente a mí. Después tomó mi muñeca suavemente entre sus fuertes dientes hasta inclinarse de forma que tuviese que apoyarme en el codo. Puso sus patas delanteras sobre mis piernas y sostuvo mi mano frente a mis propios ojos.

    Me miré a mi propia mano. Una mano corriente, excepto el hecho de que estuviese caliente, a una temperatura como si tuviese una fuerte fiebre. Pero... sí, allí estaban mis dedos v en uno de ellos el anillo de Despoina. Aquello era lo que el animal deseaba hacerme ver. Lo comprendí súbitamente. El lugar por donde desaparecían los palos que habían servido de juego era la salida del nivel G. El perro no había hecho otra cosa que mostrarme la forma de salir de allí.

    — «Dekker»... — dije.

    El perro había soltado mi muñeca y me observaba con el aliento contenido. Parecía que ni siquiera respiraba. A través de su cráneo yo podía ver aquel extraño segundo cerebro situado por encima de su cerebro normal canino.

    — «Dekker», ¿es ésa la salida de este nivel? ¿Hacia dónde se dirigen los palos?

    Los perros no suelen, naturalmente, hacer gestos afirmativos con la cabeza; pero emitió un corto ladrido, decisivo y sin lugar a dudas.

    Aquel ladrido significaba exactamente: Sí. Yo dudé aún. Yo sólo era un nadador moderado y aun siendo real lo que «Dekker» estaba dándome a entender, sentía miedo de que la corriente me hundiese hacia alguna especie de maquinaria en la que pudiese resultar atra—pado. Yo no suponía que existiese un flujo descendente de agua desde el nivel G hacia el inferior, sino pensaba únicamente que debería abandonarme a la pura aventura.

    «Dekker» pareció emitir un suspiro, el impaciente suspiro de un perro que ha estado esperando mucho tiempo para que su amo se decida a dar un paseo en su compañía. Después, cogió entre sus dientes el extremo de mis pantalones y me llevó en dirección al agua. Me puse a reír. Sí realmente había tenido mucha paciencia.

    — Está bien, muchacho — le dije —. Allá voy.

    Marchamos sobre la arena juntos hasta adentramos en el agua. No debía ser cosa muy corriente que la gente se bañase con toda la ropa puesta; pero en cualquier caso, nadie pareció dedicarme la menor atención. Probablemente pensarían que estaba borracho, si es que pensaban en algo. Su curiosidad parecía atrofiada en la misma forma que sus personalidades.

    Cuando nos adentramos a cierta distancia, yo comencé a nadar y «Dekker» lo hizo igualmente junto a mí. Creo que el agua me habría hecho un gran bien, de no haberme sentido tan febril. En aquellas circunstancias me resultaba fría como el hielo. Nadamos jun—tos, por lo que me pareció una gran distancia. Yo me hallaba interesado al descubrir que incluso a aquella distancia de la playa, la ilusión de ser un espacio ilimitado continuaba en igual forma, aunque a poco descubrí que una especie de muralla detectora surgía a poca distancia frente a mi.

    Súbitamente, «Dekker» que se hallaba a mi izquierda, se volvió y nadó contra mí, forzándome a hacerlo hacia la derecha.

    — ¿Es por aquí, viejo amigo? — le dije cariñosamente. El simpático animal emitió una especie de gruñido que podía traducirse como una afirmación sin lugar a dudas.

    Seguí nadando en la dirección que «Dekker» me había señalado tan claramente. Tras unos minutos, hallé una suave corriente hacia la derecha y comprobé entonces que me movía claramente hacia donde habían desaparecido los dos palitos arrojados en el anterior juego con el perro. Me alegré de hallar la corriente, ya que mis brazos se hallaban alarmantemente fatigados de nadar.

    Dekker» no siguió nadando conmigo. Se quedó en el sitio desde donde me empujó hacia la derecha, moviendo sus patas delanteras y sin dejar de mirarme. Le hice una señal con la mano; resultaba tan humano que lo lógico era decide adiós. Entonces, la corriente cambió de dirección y comencé a sentirla mucho más fuertemente. Me di cuenta de que empezaba la gran aventura. ¿Hacia dónde? La muralla de roca ya estaba muy próxima. La ilusión del espacio se había desvanecido. Podía darme cuenta de la pintura de la roca y las capas de tela metálica frente a ella. Repentinamente, me sentí tragado hacia abajo por la corriente. Semiinconsciente, debía haber esperado algo parecido v no intenté luchar contra aquello. No hubiera resultado beneficioso para mí de haberlo hecho; la atracción, por lo demás, resultaba irresistible. Era como si la mano de un gigante me hubiese atrapado por los pies y tirase hacia abajo con fuerza ciclópea. El agua se cerró sobre mi cabeza. Me encontré en un mundo verde y semitransparente. Sentí un rugido impreciso en mis oídos. Hacia abajo, siempre hacia abajo...

    En la lejanía, y delante de mí, pude darme cuenta de la existencia de una mancha de luz.


    IX


    ¡Caballo, caballo! — grité —. ¡Adelante!

    Eché una pierna sobre el remo, curiosamente grabado al extremo y que relinchaba como un caballo y comencé a hacer cabriolas y a corvetear alrededor del confuso resplandor de una hoguera.

    Los otros iban también montados y me seguían. Se aproximaban más y más al fuego de la hoguera, en forma de espirales hacia el interior del fuego hasta que al fin saqué el remo de entre mis piernas, recobré el equilibrio un instante y me lancé rectamente hacia el fuego.

    Sentí el fuego abrasarme conforme me aproximaba a la hoguera y súbitamente el rudo cambio del fresco aire de la noche. Se produjo un grito de aprobación y los otros comenzaron a su vez a gritar desaforadamente sobre las llamas, volando como pájaros, las chicas tan valientemente como los jóvenes de aquel grupo. Todos gritaban conforme saltaban y marchaban y yo pensé: «El trigo crecerá bien alto este año».

    Volví a subirme sobre el remo y comencé mis danzas en forma de espirales; pero esta vez hacia el exterior del fuego de la hoguera. La luz del fuego resultaba demasiado brillante, incluso alejándome de ella, parecía continuar siéndolo cada vez más y sentí terror. ¿Estaba asustado, en aquella noche embriagadora, alrededor de aquella fascinante hoguera? Mi corazón latía con fuerza y el fuego se hacía más y más brillante.

    Aquella luz llegó a ser algo inmisericorde, algo tan luminoso que derrotaba cualquier clase de piadosas sombras que pudieran haberla atenuado. Traté de esconder la cabeza, tapándola con mi brazo y recular hacia las rocas en busca de las sombras. Pero resultaba en vano. Era la iluminación de aquella estancia especial.

    Al fin abrí los ojos. La luz no era el terrible resplandor que me había parecido en sueños; aunque bastante fuerte y absolutamente desprovista de sombras. Traté de levantarme. Por primera vez me di cuenta de que mi enfermedad — no había otra explicación para tal estado, había progresado hasta el extremo de que no sólo mis percepciones eran irreales y poco dignas de confianza de mi parte, sino que los pensamientos acerca de mis propias percepciones, tampoco lo eran. Me encontré un tanto desarmado... Bien, había poco que pudiera hacer acerca de todo aquello.

    Me hallaba echado sobre una pequeña prominencia del terreno rocoso, con las espalda sobre la piedra desnuda y rodeado de una intensa luz sin sombras a mi alrededor. El techo rocoso del recinto era bajo y el espacio que tenía ante mí no era demasiado grande, digamos de unos veinte por veinte pies. Al final de aquella estancia, había una puerta rectangular abierta en la propia roca.

    Intenté incorporarme apoyándome en un codo. Aquel simple movimiento hizo que todo girase a mi alrededor como un tiovivo, pareciéndome surgir pequeñas nubes por todas partes. Cuando pude ponerme en posición erecta y mi cabeza en posición normal, las nubes parecieron volver a desaparecer en el interior de las rocas. Me miré a mí mismo. Todavía estaba vestido con la camisa y los pantalones de papel, pero mis zapatos habían desaparecido. Tenía la ropa seca, excepto los pantalones un poco húmedos.

    ¿Qué habría sido de mis zapatos? ¿De qué forma habría ido a parar a aquel extraño lugar? Recordé cómo me dirigía nadando hacia la mancha de luz, luchando por mantenerme vivo contra la succión y la tremenda confusión de la corriente de agua y me pareció que repentinamente, me condujo hacia arriba. Yo había nadado desesperadamente y a veces había tragado agua, cuando me faltaba la respiración. Después debí haber sido empujado hacia abajo o hacia arriba, hasta perder todo sentido de la dirección, hasta parecerme estar sobre una dura superficie de madera. Aquello me había sucedido ya en la obscuridad. Casi no pude verme mis propias manos. Me había parecido hallarme en una especie de jaula. Entonces, aquella jaula había comenzado a descender. ¿Qué ocurrió tras aquello? No me era posible recordarlo. Pude haberme quedado dormido, tal vez. Tenía la remota impresión de haber sido expulsado con gran fuerza de aquella especie de jaula en cierto punto y haber caído por fin en una superficie donde se respiraba el perfume embalsamado de flores en la primavera.

    Aquello tuvo que haber sido un sueño, sin duda. Pero no existía nada en mis recuerdos que me indujera a suponer qué habría sido de mis zapatos.

    Traté de ponerme en pie. ¡Buen Dios, qué mal me sentía! Me dolían todos los huesos de mi cuerpo, como si estuviera realmente muy enfermo y el pecho lo sentía como un gran hueco, sin nada en el interior. La piel la tenía roja y ardiente. Mi facultad de la doble visión, la había perdido totalmente. Apenas si podía retener la visión de cualquier objeto de los existentes a mi alrededor. En cuanto 10 intentaba, todo se desenfocaba de mi vista.

    Durante un rato continué yaciendo sobre la roca desnuda. Si continuaba en aquel estado, ¿qué iba a ocurrirme en semejante lugar? No había hecho un viaje tan aventurado y peligroso, sólo para quedarme en aquella situación, donde la fiebre estaba consumiéndome. Yo había descendido a aquel bajo nivel de las cavernas para encontrar a... Hice un esfuerzo para mirarme a la mano y ponerla frente a mis ojos. Sí, el anillo de Despoina estaba en su lugar.

    Inesperadamente comencé a temblar febril. Los dientes me castañeteaban tan violentamente que tuve que hacer un enorme esfuerzo por mantener la boca cerrada y juntar las piernas pegándome a la roca. Al poco cesó aquel ataque y mi piel comenzó a arder de nuevo.

    Conseguí hacerme con mi cantimplora que destapé. El agua que contenía estaba caliente y con el gusto sulfuroso de siempre; pero la vacié de un trago. Me pareció sentirme un poco mejor; pero el sudor comenzó a brotar por toda la piel y sentí con ello un alivio al mojárseme el cuerpo. Por unos minutos, comencé a sentirme casi a gusto. Mi linterna y la navaja, habían desaparecido.

    Me puse de rodillas y después en una posición semierecta. Al pie de aquella elevación en que me hallaba, existía una especie de mapamundi con los países de la Tierra marcados en brillantes colores. Me di cuenta de que si deseaba ir de un sitio a otro, como por ejemplo desde Angola a la Patagonia, todo lo que tenía que hacer era poner un pie en el lugar correspondiente. Los reinos del mundo y su gloria subsiguiente. ¿O sería algo que yo había leído en algún libro?

    Llegué al fondo de aquella pequeña prominencia rocosa y no encontré nada, excepto unos cuantos lugares de diferente coloración naturales en la propia esencia de la roca. Me dirigí como un borracho hacia la puerta rectangular de salida de aquella estancia y un hombre surgió ante mis ojos y se me quedó mirando. En sus manos portaba una antorcha flameante. Aparecía vestido de gris obscuro, con unas ropas brillantes que colgaban de su pecho y sus muslos en grandes pliegues. Tenía el rostro escondido tras una máscara de gris obscuro. Le vi con extraordinaria agudeza visual; pero en la forma en que hubiera podido observarlo por el lado contrario de unos gemelos de ópera.

    Levanté la mano para que pudiese ver bien el anillo de Despoina. Hizo un gesto de aprobación con la cabeza, bajó la antorcha ardiente que llevaba en la mano y se encaminó a la salida. Yo le seguí hacia aquella puerta rectangular. Allí, en un reducido espacio, estrecho como un pasadizo, existían cinco entradas abiertas en la roca igualmente, una junto a otra y todas frente a mí.

    ¿Por cuál debería entrar? Mientras permanecía en pie vacilante, cinco hombres surgieron de la roca con sendas antorchas flameantes que quedaron mirándome sin hacer el menor gesto.

    — ¿Qué camino debo seguir? — pregunté, pero ninguno me respondió. Se adelantaron hacia mí con aire amenazador y tuve que mostrarles el anillo para que volvieran a recular al punto de partida.

    Después, quedé libre de seguir adelante; pero, ¿qué puerta debería franquear? Recuerdo que grité, sin saber por qué: ¡El nido del cuco! — y me dirigí hacia la puerta del centro.

    Me pareció por un instante que estaba obscuro; pero al poco me di cuenta que existía la misma luz difusa sin sombras, que parecía bañarlo todo por todas partes. Los muros y el suelo, todo daba la impresión de emitir una misteriosa luz fluorescente, sin sombras. Me hallaba en un largo corredor. Continué marchando por él, deteniéndome aquí y allá y apoyándome contra una de las paredes rocosas del corredor para descansar de mi fatiga y mi extenuación. Una de las veces, mientras me había detenido para descansar, un sapo surgió repentinamente de la pared, me miró y cuando vio el anillo gritó:

    — ¡Dejen pasar!

    Pero en aquel instante una verdadera hilera de armas parecidas a rifles surgieron apuntándome y dispuestas a hacer fuego sobre mí. Traté de imaginarme dónde había espacio en el corredor para aquel número de armas de fuego. Comprendí que aunque me echara a tierra quedaba expuesta mi espina dorsal al ataque mortífero de aquellas armas y que sería alcanzado. Pero levanté en alto el anillo de Despoina y las armas se retiraron tan misteriosamente como habían aparecido amenazándome.

    Más tarde traté de imaginar cuánto de todo aquello pudo haber sido cosa real. Los hombres no surgen así como así de la roca pura y aquella hilera de rifles tampoco podía surgir de un corredor tan estrecho. Pero el nivel había sido diseñado como un reducto es—pecial, con objeto de conservar en él lo más preciado de la vida de cuanto quedaba en el país, tras las devastadoras epidemias que habían asolado al mundo. Era natural que entre sus fantásticos y misteriosos dispositivos existiera lo que para mí resultaba totalmente incomprensible, y que guardara entre sus secretos unas armas defensivas altamente elaboradas. La gente a quien yo había preguntado sobre el particular, o lo ignoraban o jamás explicaron nada al respecto.

    El corredor de roca pura por donde yo continuaba tenía de tanto en tanto vueltas y rincones. Por dos veces más me vi confrontado con cinco puertas y otras tantas tuve que hacer la elección por mí mismo.

    Después, y repentinamente, el piso de roca cedió bajo mis pies y caí rodando por un tramo de escaleras. Allí también creí hallarme en la obscuridad; pero en seguida volví a comprobar que estaba alumbrado por todas partes por aquella luz difusa, brillante e inmisericorde que hería los ojos y que no tenía sombra alguna en ningún sentido. No importaba cuán fuerte cerrase los párpados, mis ojos seguían percibiendo aquella terrible luz sin piedad

    Mis oídos comenzaron a percibir y sentir una extraña sensación. Me pareció comprender que había descendido mucho hacia las entrañas de la tierra. Tenía sed, pero se había terminado hasta la última gota de mi cantimplora. Además me sentía hambriento. No era razonable pensar que los hongos crecieran en aquellas rocas bañadas por semejante luz. No pude descubrir ni rastro de ellos, que entonces y más que nunca, hubieran resultado para mi apremiante apetito el más delicioso manjar.

    De tanto en tanto sentía momentos de oscurecimiento. A veces sentía como si la sangre huyese de mis ojos y la obscuridad me recubriera con un espeso manto. Posiblemente debí continuar dando traspiés en una especie de semiinconsciencia. En tales momentos, al menos, creí sentir un alivio contra el efecto desesperante de aquella luz implacable.

    No puedo decir cuánto tiempo continué aquella marcha desesperada. Más tarde pude casi estar seguro que debí haberlo hecho, al menos, por una duración aproximada de dos días completos. Muchas veces debí volver sobre mis pasos y seguir las curvas de aquel espantoso laberinto sin rumbo fijo. No había nada directo en mis pasos frente a una dirección determinada. Pero, por fin, llegué frente a una puerta.

    Era una puerta, no una entrada. Conforme me dirigía a ella, un semicírculo de espadas de reluciente acero surgieron como protegiéndola y dirigidas directamente hacia mi pecho. Después se reunieron corno formando las puntas de una corona; pero una corona amenazadora y temible. Volví sobre mis pasos nuevamente, dando traspiés contra las paredes del corredor. Aquel arco de acero me siguió hasta que acabó por disolverse en el aire y desaparecer de mi vista. Me mantuve en el colmo del agotamiento, sacudiendo la cabeza. Debí haber mostrado el anillo. Al fin intenté caminar de nuevo hacia adelante. Alguien lanzó una granada de mano sobre mí.

    Me inclino a creer que aquella granada era real. Explotó de una forma espantosa en aquel confinado espacio, aumentando el sonido por el retumbar de las paredes y el suelo rocoso. Además, más tarde pude comprobar que las esquirlas de roca desprendidas me hirieron en los brazos y en el pecho, con pequeñas cortaduras. Sí, aquella granada de mano había sido cosa real, y no ninguna alucinación. No me mató, seguramente porque me encontraba bastante alejado del lugar en que cayó, dentro del corredor. Yo traté de protegerme la cara con los brazos cuando vi surgir la bomba de mano. Conforme el sonido de la terrible explosión fue desvaneciéndose en la lejanía de los corredores y el polvo de la roca fue sedimentándose, continué hacia adelante con mi andar vacilante y los puños crispados extendidos frente a mí. Lo hice para que en todo momento pudieran verme el anillo de Despoina. Llegué por fin nuevamente a la puerta. No ocurrió nada entonces. Di una vuelta al abridor y entré.

    Pudo haber sido una trampa engañabobos, pero no lo era. Yo había ya dejado de preocuparme por nada. No ocurrió nada, como dije antes.

    Se trataba de una pequeña habitación, una oficina más bien, con una mesa de despacho en la que destacaba una verdadera batería de teléfonos, una cama plegable y un pequeño tocador muy próximo. Sobre la mesa se veía una pequeña bandera americana; pero uno de los extremos estaba replegado sobre la bandera y en él estaba dibujado el siglo de Labrys, el hacha de doble cabeza.

    Levanté uno de los teléfonos. Oí una especie de zumbido; pero supuse que sería algo ilusorio. Nadie estaba al otro extremo, jamás debió estarlo, seguramente. Ni ninguno de aquellos timbres debió probablemente haber sonado jamás.

    Me senté en la mesa. La luz existente en aquel despacho era una luz de tipo normal y no la luz implacable del resto del nivel H. Por un momento mi cabeza pareció hallarse firme y comprobé dónde me hallaba. Aquello era el santuario, el corazón mismo del nivel H. Había llegado al centro mismo de aquel fantástico mundo del nivel H. Pero no existía ninguna otra cosa allí.


    X


    Sobre la mesa yacía un pisapapeles redondo de cristal. Era un disco cristalino, con filos redondeados. Lo tomé en mis manos y miré a su través. Durante bastante tiempo no ocurrió nada. Después, el cristal se nubló y pude contemplar una escena algo horrorosa, llena de figuras que se movían contra una obscuridad tempestuosa, mientras, sobre la escena en cuestión, se hallaba dispuesto un rojo resplandor y un incierto moverse de algo humeante. Por alguna razón que no pude comprender, aquella escena llegó a aterrarme, y con dedos temblorosos volví a dejar el disco cristalino sobre la mesa.

    Me di cuenta de que estaba sediento. Me levanté con verdadero esfuerzo de la mesa, mientras todo en la habitación me daba vueltas y el suelo parecía hundirse bajo mis pies, y con un infinito trabajo, apoyándome en los muebles, pude aproximarme al lavabo.

    Tomé un vaso de papel impermeable, abrí el grifo del agua y aunque surgió ésta un tanto verdosa, como dando el aspecto de contener algas en ella, lo llené cuando menos cinco veces, hasta saciarme. Era agua fresca y tenía, a pesar de todo, un buen sabor.

    Miré hacia la litera. ¿Por qué no? No podía resistir más, estaba rendido mortalmente y enfermo, y me dejé caer en ella. Estaba por cierto el colchón que contenía bien arreglado con muelles finos, como la cama apropiada para alguna persona importante. Caí en el instante en un sueño profundo.

    Debí dormir mucho tiempo. Lo que me despertó fue algo cuya singularidad parecía no ser inmediatamente aparente: la habitación estaba a obscuras. Nadie puede imaginarse en tales circunstancias lo que aquello significaba. Durante días, incluso desde que había pasado la noche en las rocas, bajo el signo de Labrys, la doble hacha, habla vivido en una constante luz cegadora a veces, brillante siempre, sin ningún paliativo a tan terrible luz. Y ahora estaba sumido en la obscuridad. No me moví al comprobarlo y no vi razón alguna para hacerlo.

    Me pareció sentirme con la cabeza completamente despejada; pero tenía la impresión de que mi consciencia estaba separada de mi cuerpo.

    Me parecía estar cerniéndome en el espacio teniendo la cabeza separada a un nivel superior, a unos dos pies de distancia hacia la derecha, observando, sin mucho interés, lo que pudiera o no suceder. Supongo que mi desorientación mental llegó en aquel momento al máximo. Había dejado de sufrir las alucinaciones propias de la alta fiebre; pero mi presente confusión mental había mezclado el presente, el pasado e incluso ciertas visiones premonitorias del futuro, sin reconocer diferencias apreciables entre todos aquellos recuerdos y conceptos mentales. Todo se quedaba reducido al «ahora».

    Lo que me hizo finalmente levantarme de la litera fue una leve sensación de curiosidad. La habitación estaba entonces a obscuras y aquello significaba claramente que alguien había apagado la luz. Pero... ¿quién? ¿Por qué? ¿Tendría todavía el anillo de Despoina?

    Me toqué la mano y me sentí aliviado al comprobar que la sortija continuaba en su sitio, en mi dedo.

    Reposé todavía bastante más tiempo y decidí por fin levantarme. Y entonces me di cuenta de que mis pies estaban ligados. No atados a la cama, sino ligados uno al otro. Me incliné sobre la cuerda que los ligaba, palpando en la obscuridad ambiente prácticamente impe—netrable y traté de aflojar la ligadura. Pero estaban muy bien atados, con nudos maestros y sobre los cuales no pude hacer nada. Y había perdido mi navaja.

    No me sentí aterrado por aquello, sólo curioso. Me pareció que aquello había ocurrido antes. Desplacé las piernas hasta ponerlas en forma de poder incorporarme. Después, tratando de orientarme en relación con la litera, comencé a marchar dando saltitos en dirección a la puerta. Era un trabajo difícil ir andando a saltos en tales condiciones, pero no imposible. De nuevo sentí la impresión de algo familiar. Cuando llegué a la puerta la abrí y miré por el corredor.

    El corredor, a su vez, estaba sumido en la obscuridad. No tanto como en el interior de la oficina, ya que pude percibir una leve claridad, como una especie de luz fantasmal hacia lo lejos. Me agarré al pestillo de la puerta para sostenerme. Me incliné cuanto pude intentando oír algo en alguna dirección y apenas si pude oír nada que me proporcionase algún signo de vida en aquellos alrededores.

    ¿Adónde debería dirigirme? ¿Qué debería hacer? Seguramente había llegado al fondo de todas las cosas de forma irremediable y aquello sería el fin para mí. Después se produjo una especie de tirón en mis pies. Era como si alguien hubiese decidido que el período de búsqueda por mi parte hubiese terminado definitivamente y yo debiera dirigirme rectamente hacia algún lugar determinado.

    Vacilé unos instantes. El tirón misterioso volvió a repetirse. Comencé a dar saltos en la dirección en que me sentía atraído. Dando aquellos cortos saltos por aquel método tan incómodo y exhaustivo, fui haciendo algunos progresos hacia adelante. Me veía obligado a detenerme con frecuencia para cobrar aliento. Cada vez que lo hacía, el tirón misterioso me obligaba a seguir. No pude explicarme hacia dónde me dirigía, naturalmente. A veces tenía la sensación de pasar por rincones y revueltas de aquel laberinto, y hasta llegué a creer que volvía al punto de partida. Pero, no obstante, de alguna forma se me hizo claro que me dirigía en una dirección predeterminada de antemano por algo o por alguien. La presión que sentía en los oídos me indicaba que descendía más y más en las entrañas de la tierra. Sin duda ya no estaba en el fondo del nivel H, sino mucho más profundamente de lo que había imaginado.

    Me hallaba apoyado en la pared, jadeando, cuando una sombra más obscura que las demás se movió frente a mí. Era la de un hombre, vistiendo una especie de cogulla sobre la cabeza, que ocultaba sus facciones. Sentí un extraordinario terror ante su vista.

    — ¡El sabueso! — me oí decir a mí mismo entre dientes. Entonces yo mismo me puse la mano en la boca para evitar que mis sentimientos me traicionasen y pudiera dejar escapar algún grito.

    La sombra desapareció y una vez más sentí el tirón en mis pies ligados por las cuerdas.

    Comencé a sentir frío, un frío intenso. Pude comprobar que me subía por los pies una sensación helada que me causaba unos terribles escalofríos. Era como si fuese dando pequeños saltos sobre una superficie helada. Después me incliné apoyándome sobre las manos y comprobé que, efectivamente, la superficie sobre la que andaba en tales condiciones era de hielo puro. Había llegado a una tal profundidad, en la que discurría a saltos sobre un río helado.

    Y repentinamente me encontré frente a unos árboles. Sombras más obscuras a las que me dirigí siguiendo obedientemente los tirones sentidos en mi marcha. Una o dos veces creí darme cuenta de que no se trataba de árboles realmente, sino de grandes pilares, en parte formados por la naturaleza en aquellas profundidades y en parte artificiales. Pero pronto volví a pensar en ellos como árboles verdaderos. Entonces comencé a apreciar alguna luz más intensa. A despecho de la circunstancia, resbalé y caí de espaldas. Tuve que rodar sobre mí mismo y aferrarme al suelo helado y resbaladizo para sostenerme junto al tronco de uno de aquellos misteriosos árboles.

    Allí permanecí un tiempo considerable, descansando y reflexionando. Cuando volví a emprender la marcha sentí que me invadía una gran laxitud. De las ligaduras de mis pies, algo debió haberse aflojado, debido también a los esfuerzos que hice en tal sentido, y me sentí aliviado del dolor y la fatiga. No habría dado más de otros cuatro saltos con los pies atados siempre, cuando un hombre surgió frente a mí, de detrás de uno de aquellos inmensos pilares que sostenían la caverna. Tenía la cabeza de un ciervo, con toda su cornamenta — debía ser una máscara, sin la menor duda —, y aparecía totalmente desnudo, excepto una banda de cuero por debajo de la rodilla derecha. Tenía las manos junto a la espalda.

    — ¿Qué mano te gustará tener? — me preguntó en una voz ruda y profunda.
    — La izquierda — repuse sin vacilar.

    Aquello también me pareció que había sucedido antes y que mi respuesta estaba de acuerdo con alguna regla familiar. Sin duda debía serlo, aunque no fuese ninguna regla aprendida en la vida de Sam Sewell.

    Silenciosamente, aquel hombre enmascarado abrió mi camisa dejándome el pecho al descubierto. Y entonces, con la precisión de un cirujano, puso sus dedos sobre el lugar exacto de mi corazón. Tenía las manos increíblemente frías. Un escalofrío espantoso pareció atravesarme el cuerpo hasta llegar a la espina dorsal y caer después sobre mi propio corazón, Era como si lo manejase con dedos de hielo. Lo sentí latir desesperadamente para no caer en colapso contra aquella misteriosa fría presión que estaba ejerciendo.

    — ¿Quién es usted? — pregunté apenas sin aliento.
    — El señor de las puertas de la Muerte. Y de la Vida.

    Retiró sus manos de mi cuerpo. Sentí que mi sangre volvía a circular por mis venas, y mi corazón, que latía desesperadamente, se rehizo en su ritmo regular nuevamente.

    — Ahora es preciso que conozcas el dolor.

    Y mientras así hablaba, adelantó su mano derecha, en la que vi un látigo de tres colas. Por un momento cruzó los brazos sobre el pecho, tocándose los hombros con las manos. Después levantó el látigo y me golpeó brutalmente. Creo que debí gritar de dolor. No sentía exactamente una sensación dolorosa, sino otra de horror, más bien como Si los golpes del látigo amenazaran algo más que mi cuerpo físico. Aquellos golpes eran como llamaradas de fuego, algo impalpable y espiritual . Alguien que me lea debe conocer seguramente lo que quiero explicar con estas palabras.

    Yo vacilé a causa de aquel castigo bárbaro que estaba infligiéndome y traté de escaparme hacia adelante. Pero no pude moverme, hasta que al fin pude gritar:

    — ¡Lo sé! ¡Lo sé!

    Al oírme hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Una vez más cruzó las manos sobre el pecho.

    — Bendita sea — dijo. Y se dirigió tras uno de los troncos de aquellos árboles, desapareciendo de mi vista.

    Permanecí en pie vacilante, esperando el tirón de mis pies que me permitiera seguir desplazándome. No llegó ningún nuevo impulso y tras un rato de angustiosa espera comencé a dirigirme hacia adelante. Me pareció que a cierta distancia frente a mí aparecía un leve resplandor que destacaba de entre la semiobscuridad reinante.

    Sí. No era una ilusión. Seguí dando aquellos breves saltos dolorosamente, y tras un rato aprecié una inconfundible luz parpadeante.

    Y sucedió de repente. En un momento dado, me hallaba entre los pilares y al siguiente me hallé frente a un amplio espacio. Y allí estaba Despoina.

    Despoina, la tan angustiosamente buscada. Estaba seguro por completo de que era ella. Permanecía en pie ante una muralla de roca pesadamente recubierta de hongos de color de púrpura que formaban como un maravilloso tapiz natural. Vestía las ropas de la mujer tallada en la joya de mi anillo.

    Sus hermosos cabellos de fuego caían sueltos sobre sus hombros. La blancura de su cuerpo resultaba impresionante y fantástica. A sus pies se hallaban encendidos dos candeleros, y a cada lado de aquel extraño trono en que parecía sentirse como una reina, apa—recían dos leones acurrucados. Se movieron, y pude darme perfecta cuenta de que eran hombres enmascarados con una piel de león.

    Sí, Despoina. Por ella, yo había pasado toda aquella angustiosa serie de mortales aventuras, descendiendo, siempre más, hacia las entrañas de la tierra y había errado tan dolorosamente Su anillo había sido mi salvoconducto y su nombre mi estrella polar. Y ahora que estaba frente a ella no sentía absolutamente nada...

    Seguí dando saltos forzados con mis pies amarrados. Ella ni se movió de su hierática postura, ni habló una palabra. Yo saqué el anillo de mi dedo y se lo mostré, ofreciéndoselo. En aquel momento final, me sentí como el recadero que entrega un telegrama.

    Su rostro permaneció inmutable. Tomó el anillo y lo deslizó en uno de sus dedos. Y repentinamente, como si aquella acción suya hubiese tenido la virtud de romper el hechizo que tenía helado mi cuerpo y mi espíritu, sentí que mi indiferencia había desaparecido por completo. La miré con ojos atónitos, con una mirada nueva.

    Era como si yo hubiese acabado de nacer y ella fuese el primer ser viviente que mis ojos hubieran contemplado. Sentí una extraordinaria sensación de frescura y de delicia interior que me embargó por completo.

    El titilar de las candelas parecía llenar el aire con un diminuto, fino y alegre polvo de estrellas, en una cascada alegre de brillantes chispas. Ardían en rastros de oro a través de los cuales vi sonreír el maravilloso rostro de Despoina.

    — Benditos sean mis pies, que me han conducido hasta aquí — dije.

    Uno de los hombres con cabeza de león se inclinó hacia adelante y en un instante me desató los complicados nudos de mis ataduras. Cayeron fácilmente, formando como un círculo de cuerda a mis pies. — Benditos sean tus pies — dijo entonces Despoina. Su voz parecía casi una caricia. Volví a sentir de nuevo aquella impresión de infinita delicia.

    — Bendita sea mi boca que ha...

    Súbitamente se produjo un terrible ruido, mezcla de estampidos y conmociones profundas de entre los pilares gigantescos de la caverna y hacia mi izquierda. Despoina se había vuelto hacia el inesperado ruido y yo la seguí con la mirada. Y observé cómo aquellos distantes soportes gigantescos de la caverna se desplomaban, como si fuesen castillos de naipes.

    Es preciso que yo me encontrase en un estado de extrema debilidad respecto al equilibrio de mis sentimientos conscientes, ya que conforme vi desplomarse las sólidas columnas de piedra del recinto, aquella escena real cambió totalmente para mí y en su lugar me vi rodeado de una tremenda columna de fuego que parecía envolverlo todo. Aquella llamarada ardía con un brillo cegador, como si se hubiese mezclado azufre en ella. No percibí ningún olor sofocante, sólo aquel fuego terrible y cegador.

    — ¡Las drogas! — grité con angustia —. ¡Lo prometiste! ¡Yo te creí! ¡Yo seguí ciegamente a las llamas!

    Nadie respondió a mi angustioso llamamiento. El fuego parecía lamerme las facciones y traté como un loco de apartarme de él. Una espantosa obscuridad pareció abatirse súbitamente sobre mí, mientras creía percibir el calor de un horno envolviéndome por todas partes. Y caí entre aquellas máscaras doradas.


    XI


    Mi vuelta a la consciencia fue totalmente clásica. Esto es, durante un cierto tiempo antes de abrir los ojos me hallé remotamente consciente de que alguien me había proporcionado un trago de agua, de que había arreglado la cama en que yacía y de que había ejecutado otros servicios en mi obsequio. A veces intentaba levantarme, pero carente de fuerzas volvía a caer en una especie de semiinconsciencia. Al fin pude abrir los ojos y mantenerlos abiertos. La habitación en que me hallaba estaba levemente iluminada, pero pude ver a alguien sentado en una silla contra una de las paredes. E hice la clásica pregunta:

    — ¿Dónde estoy?

    La mujer se levantó de su asiento y se aproximó junto a mi cama.

    — Bien — dijo —, al fin ha venido. Lo cierto es que le ha costado bastante tiempo el conseguirlo.

    Era Kira. Aún a través de mi visión confusa de las cosas, pude apreciar que ofrecía un aspecto fatigado en extremo.

    — ¿Dónde estoy? — volví a preguntar.
    — En el nivel F. En mis habitaciones.
    — ¿Hace mucho tiempo que estoy aquí?
    — Casi diez días. Y bastante fastidiado, por cierto.
    — ¿Cómo conseguí llegar hasta aquí?
    — No haga tantas preguntas. Se encuentra débil todavía. Vuelva a tratar de dormir. Yo estaré en el cuarto de al lado, donde me dormiré también un poco, que buena falta me hace.
    — Pero...
    — No discuta. Sé qué es lo que más le conviene —. Y me dirigió una severa mirada, alejándose después. Sentí cómo se cerraba la puerta del otro cuarto.

    En su rudeza y falta de cortesía sentí, no obstante, un cierto sentimiento de seguridad. Creo que sonrió entre dientes. Di la vuelta y a poco caí nuevamente en un profundo sueño.

    Me despertó mucho después, tocándome en un hombro.

    — Ya ha dormido demasiado — me dijo Kira, apareciendo más descansada que la vez anterior y con mejor aspecto. Deslizó un brazo bajo mis hombros, ayudó a levantarme y me arregló la almohada para seguir descansando. Después apareció con una bandeja de alimentos
    — ¿Puedo ayudarle a tomarlos? — me preguntó.
    — Creo que no hará falta, gracias. Puedo manejar el tenedor.
    — De acuerdo —. Y se sentó frente a mí, tomando a su vez su comida.

    Lo que me trajo era un plato de hongos purpúreos, estofados con unos cubitos de alimento de carne de buey concentrada y cebollas deshidratadas. No era nada extraordinario, pero sabía bien. Terminé mi plato rápidamente y pude comerme otro más.

    — Kira, es usted una buena cocinera — le dije al terminar.

    Ella sonrió.

    — Gracias. Pensé que le gustaría. Esa ya es una buena señal. — Y se llevó la bandeja.
    — ¿Señal de qué? Kira... ¿cómo es que llegué hasta aquí? Lo último que recuerdo es que me encontraba en el nivel H.
    — Yo le traje — repuso, poniéndose un dedo sobre el labio inferior con indecisión —. Supongo que lo habrá podido suponer. El FBY atacó el nivel H y se llevaron prisionera a Despoina.
    — ¿Cómo es posible? ¿Cómo es que pudieron llegar hasta allí?
    — No me gustaría explicárselo —. Arregló de nuevo las almohadas para hacerme descansar de nuevo —. Vamos, vuelva a dormir. Necesita más descanso.
    — ¿Espera usted que vuelva a dormirme, tras haber oído una cosa así?
    — Sí, lo espero — repuso con agudeza y sequedad —. Le contaré más cosas cuando se despierte de nuevo. Las cosas aparecerán bastante mejor así, ya comprenderá...
    — Pero Despoina...
    — No le harán ningún daño. Vamos, duérmase.

    Y me dormí una vez más. Kira había apagado la luz al salir y la habitación quedó sumida en una agradable obscuridad. Creí oír un cierto rascar como de garras de animales tras la pared, que me despertó; pero pronto volví a dormirme.

    Cuando desperté vi a Kira disponiéndose a lavarme el rostro, y corno me expresó, a servirme en lo que fuera preciso.

    — Deseo conocer cuanto ha ocurrido — insistí cuando estuve limpio.
    — Primero el desayuno — repuso decididamente —. He preparado unos buenos huevos revueltos.

    Tras haberlos comido, por cierto que me resultaron gustosos, y se hubo llevado los platos, volví a decirle:

    — Y ahora dígame, por favor, lo ocurrido. ¿Cómo se las arregló el FBY para llegar hasta allí? Cuando vi deshacerse los pilares de roca y toda la estructura de la caverna del nivel H, poco antes de perder el conocimiento... ¿fue el FBY quien realizó el ataque?
    — Creo que sí. No sé nada acerca de esas paredes ni pilares de roca. Pero el FBY le siguió a usted hasta donde se hallaba Despoina.
    — ¿Seguirme hasta semejante profundidad? ¿Cómo ¿ pudo haber ocurrido eso? ¿Acaso les ayudó usted misma?

    Kira se volvió, roja de indignación.

    — Es usted el estúpido más grande que he conocido en toda mi vida. ¿Ayudarles? Por supuesto que no lo hice. Me maniataron y estuvieron vigilándome con una pistola. Tuve la suerte de que no me torturasen para hacerme hablar.
    — Le pido perdón, Kira — le dije —. ¿Pero cómo pudieron hallar el camino? Yo no dejé el menor rastro tras de mí.
    — Claro que sí lo dejó. Poseen un dispositivo supersensitivo, algo parecido a una especie de manómetro que capta los cambios de temperatura y de presión que un ser humano va dejando tras los lugares en que ha permanecido. La gente va sembrando el aire de moléculas constantemente a su paso.
    — ¿Y han empleado eso?
    — Sí. Les lleva cierto tiempo su empleo, sin embargo: Anduvieron huroneando en el nivel F casi medio día hasta hallar finalmente el autoclave.
    — Pues no comprendo cómo pudieron pasar a su través sin el proceso a que usted me sometió a mí...

    Ella sonrió sombríamente.

    — Uno de ellos no pudo hacerlo. Hicieron un verdadero desastre; pero al fin los demás lo consiguieron. Bien — dijo cambiando el curso de la conversación — ¿quiere levantarse un rato? Podría así hacerle la cama.
    — Oh, sí, gracias, Kira.

    Ella puso un brazo bajo mis hombros y me ayudó a encontrar una posición en que pude permanecer sentado al borde de la cama. Me echó una manta por encima para taparme.

    — No tengo ninguna pieza de ropa lo suficientemente grande como para cubrirle del todo. Vamos, apóyese en mí para llevarle hasta la silla.

    Hice lo que indicó. Al percibir bajo mi estatura el frágil cuerpo de Kira me sentí avergonzado al tener que ser auxiliado por una criatura a la que yo sobrepasaba en peso en treinta kilos. Y con todo, ella tuvo de alguna forma que haberme traído desde el nivel H y llevado hasta sus propias habitaciones, cuidando de todas mis necesidades mencionables o no, durante casi diez días.

    — Kira... es usted una buena chica — le dije.

    Ella se sonrojó un tanto.

    — Vamos... no tiene importancia.

    Apreté su mano con afecto, que ella me devolvió con igual sentimiento. Después se dedicó a arreglar la cama. Mientras la observaba, volví a preguntarle:

    — ¿Cómo consiguió sacarme de manos del FBY?
    — Pagué un precio — repuso sencillamente, sin perder la naturalidad.

    Repentinamente, se me ocurrió pensar que estaba mintiendo. No sé por qué pude estar seguro de tal cosa en aquel momento. Kira era una mujer honesta, básicamente; pero no era precisamente un ser transparente o una persona fácil de entender. Pero yo estaba seguro de que no había sobornado al FBY para dejarme escapar. Se había pagado un precio, ciertamente... pero ¿a quién?

    — ¿Cuánto de lo que vi en esos niveles era real? — pregunté a Kira.
    — No sé lo que vio — me repuso alisando las sábanas.
    — Bien... — Y le referí todo lo sucedido en el nivel G—. El perro, por ejemplo. ¿Tenía realmente un doble cerebro, o sería algo ilusorio?

    Ella sacudió la cabeza.

    — No lo creo. Existen animales así. Creo que usted gozó temporalmente de esa facultad de la doble visión. Tal vez algún día llegue a poseerla por completo y para bien suyo.
    — No estoy muy seguro de que me gustase. Oh, y Cindy Ann. ¿Se contagiaría de la epidemia a causa mía?
    — Lo dudo. El procedimiento y curso de la inmunización de las gentes del nivel G les ha dejado más frágiles de lo que ellos puedan suponer. Creo que ella murió de un ataque al corazón.
    — Kira... ¿es usted médico?

    Ella se puso a reír francamente.

    — Pues... algo así. Será mejor que se vuelva ahora a la cama.

    Volvió a ayudarme a meterme en la cama. Me dejé caer con un suspiro de fatiga. Las limpias sábanas con su frescura, me hicieron sentirme bastante mejor. — Hay muchas otras preguntas que deseo hacerle, Kira — le dije.

    — Lo sé. Pero es mejor que se duerma otro peco ahora.

    Cuando volvió con el almuerzo, le pregunté:

    —¿Qué es ese ruido que he oído en las paredes? Como si algún animal rascase la pared con sus garras o algo parecido. No creo que se trate de las ratas blancas que vi antes cuando llegué aquí por primera vez.

    Creí verla palidecer. Se dirigió hacia la puerta y cerró por dentro.

    — No hay por qué preocuparse ahora — dijo, con un suspiro de alivio —. Mientras estén las puertas cerradas...
    — ¿Pero de qué se trata?
    — Uno de esos científicos de ahí fuera... Sorensen, creo que se llama. Ese Sorensen ha estado realizando experimentos de cruces con animales de laboratorio. Este que ha oído usted puede comerse cuanto encuentre en su camino, incluso los hierros de su jaula como si fuesen papeles. Pero por alguna razón, jamás se atreve a morder la madera.
    — ¿Es carnívoro?
    — En principio, no. Le gusta roer. Pero no come cuando roe.
    — Bien, entonces no debe ser peligroso.
    — Bueno, lo cierto es que le repele la madera y la puerta está cerrada.
    — ¿Es tal vez por eso por lo que lleva usted siempre ese cuchillo a la mano? ¿Para protegerse?
    — Pues es una de las razones. El nivel F no está desprovisto de peligros. Debo saber protegerme a mí misma.
    — Entonces, ¿por qué sigue permaneciendo aquí?

    Kira permaneció callada.

    — Vamos, cómase su almuerzo — dijo finalmente —. Tengo muchas cosas que hacer en la cocina. Y además debo ir a los almacenes cuanto antes mejor en busca de provisiones.

    Al hacer ademán de llevarse la bandeja, la interrumpí:

    — Siéntese y charle un poco conmigo. Hay muchísimas preguntas que quisiera hacerle.
    — Humm... — replicó Kira; pero puso la bandeja sobre una mesa y se sentó en el filo de mi cama.
    — ¿Cuántas de mis percepciones del nivel H fueron reales? ¿Qué fue lo que me hizo sentirme tan enfermo? ¿Y por qué Despoina deseaba que fuera hasta ella? Supongo que sí era una persona real, de todos modos...

    Kira rió. Pude percibir el delicioso perfume de rosas que solía usar.

    — Sí, Despoina era una persona real. Cuénteme lo que sucedió en el nivel H.

    Me llevó algún tiempo relatarle todas mis aventuras.

    — Bien — dijo ella cuando terminé mi relato —. El hombre con la capucha no era real. Tampoco eran las llamas que vio usted, que eran una simple ilusión. O más exactamente, un antiguo recuerdo. Debe ser su propia memoria la que le responda a sus preguntas en ese sentido.
    — ¿Mi memoria? Nada parecido a eso me ha ocurrido jamás en la vida.

    Ella me miró con una mirada oblicua.

    — No dije cuándo ocurrió o pudo haber ocurrido. Pero se trataba de un recuerdo. El hombre con la máscara de ciervo estaba realmente allí yo creo — continuó —. Para que sepa, el flagelamiento con el látigo es parte del rito. Ese rito fue interrumpido por el FBY, y de no haber sido así, habría usted comprendido la razón dé todo ello.
    — ¿Y Despoina? ¿Y aquellos hombres con máscaras de león?
    — Estaban realmente presentes. Despoina había hecho ciertos cambios... Eso es lo que había hecho de ella una gran... — ¿Una gran qué? — me apresuré a preguntar impaciente —. Kira, vosotros... todos ustedes parecen relacionados de algún modo. Usted insinúa y vuelve a insinuar. ¿Por qué no dice nada nunca directamente? ¿Por qué todo este misterio?

    Kira sonrió:

    — Nosotros insinuamos las cosas, en parte porque algunas de ellas sólo pueden decirse indirectamente y en parte porque ignoramos qué es lo que usted sabe ya. De todas nuestras insinuaciones, usted comprobará, tal vez, algún día que ha comprendido lo que había allí.

    Suspiré desesperado y rodé mi cabeza de un lado a otro en la almohada. Kira volvió a reírse.

    — ¿Más preguntas todavía?
    — Sí. ¿Por qué he estado tan enfermo? ¿Por qué Despoina me emplazó a ir hasta ella?

    Usted tenía el anillo de Despoina. ¿Se le ocurrió mirar en el interior?

    — Pues creo que no. Me interesaba sólo el exterior de la joya.
    — Sí. Si hubiese mirado en el interior, creo que habría encontrado una fina película de color marrón como embadurnándolo.
    — ¿Una película de qué?
    — De cierta carga de esporas propagadoras de la epidemia. Para que comprenda, yo no sé completamente qué es lo que Despoina estaba tratando de hacer. Ignoro cuanto se halla en su mente. Pero usted puede haberse dado cuenta de algo... Lleva en mi compañía ya muchas horas. ¿Siente el deseo de marcharse de mi lado?
    — Pues no ciertamente que no. Es realmente singular.
    — No lo es. Creo que es lo que estaba tratando de hacer. Su infección de esa particular tendencia y el recobrarse de ella, han producido el efecto de ponerle a usted en condiciones de tolerar la proximidad de los seres humanos, en la forma usual que se producía antes de estallar las epidemias. Despoina le infectó a usted deliberadamente. Ames, quien no tenía completamente su... digamos, constitución física y psíquica, murió cuando tocó el anillo. Pero ella ha tratado también de hacer de una forma más sencilla que las personas se soporten unas a otras y he ahí por qué el FBY, como organización, se haya interesado en ella.
    — Pues la gente en el nivel G parecía muy capaz de vivir en comunidad social — dije pensativamente —. Lo hacían, desde luego, tomando comprimidos eufóricos. Kira se encogió de hombros.
    — Les era preciso tomar dosis cada vez más altas de la droga. Tras un cierto tiempo, se encerraban en cualquier pequeño espacio temblando de pies a cabeza o comenzaban a golpearse la cabeza contra las paredes.
    — Pues Cindy Ann no mencionó nada de eso.
    — Imagino que se sentiría avergonzada de hacerlo.
    — Pero ¿por qué hizo Despoina que llegara hasta ella? Pude haber sido infectado por el anillo y haber permanecido en el nivel E. Pude muy bien haber seguido el curso de los acontecimientos y de mi enfermedad quedándome allí.
    — Ya le dije que yo no sé del todo lo que hay en su mente. Ella no confía en mí. Pero creo que ella estaba tratando de ensayar si usted era uno de los de la vieja clase.
    — ¿De la antigua clase? ¿Qué quiere decir con eso?

    Kira volvió a encogerse de hombros.

    — Ya ha tenido usted una gran cantidad de indicaciones al respecto.
    — Humm... ¡He pasado por la prueba?
    — Creo que sí. Incluso las dificultades que tuvo, los sitios en que falló, eran sitios en que alguien de la vieja especie hubiera fallado.

    Yo seguía sin comprender aquel lenguaje de Kira. Mirando hacia atrás, creo que debí haber sido cegado deliberadamente. — Pero el FBY la capturó — insistí yo —. ¿Es que Despoina no pudo prever que el EBY me seguiría hasta ella?

    Los ojos de Kira relampaguearon.

    — Sigo diciéndole a usted que no sé bien cuánto existe en su mente. Es cierto que la capturaron, en efecto. A ella y a su gente. El FBY los retiene ahora.

    La voz de Kira no había cambiado en absoluto y con todo, yo estaba totalmente convencido de que estaba mintiendo. Yo no podía creer que la mujer que había visto a la parpadeante luz de los candeleros tan bella y con los pechos desnudos, hubiese caído igno—miniosamente en las manos del FBY.

    — Me gustaría saber... — comencé a decir pensativamente.
    — ¿Saber qué? — interrumpió Kira de forma cortante.
    — Quisiera saber si queda todavía gente en el nivel H.
    — Bien, puede que la haya, Pero jamás lo sabremos.
    — ¿Por qué no?
    — Porque el FBY, cuando salió de allí con Despoina y los suyos, cerraron para siempre el nivel H. Nadie podrá jamás volver de nuevo a él.

    Yo no repuse. Pero estaba íntimamente resuelto, tan pronto como hubiese recobrado mi fuerza normal, a intentar descender de nuevo hasta el nivel H.


    XII


    El carcelero echó la cuerda de cáñamo alrededor de mi cuello, y sin embargo no quise resistirme a tal acción; era mi amigo y sin duda que aquello sería por mi bien.

    — Durará poco — me dijo al oído. Y puso un trozo de madera cogiendo los dos cabos de la cuerda y comenzó a retorcerla para estrangularme poco a poco. La cuerda comenzó a apretarme la garganta. No podía respirar. Mis ojos comenzaron a salirse de sus órbitas. ¡Cuánto tiempo tardaba! ¿Por qué no se daría más prisa? Contra mi voluntad, mis manos se dirigieron hacia las cuerdas luchando por soltarlas.
    — ¡Detente! — me gritó —. Es mejor así que morir quemado.

    Yo seguí frenéticamente luchando por soltar la cuerda de cáñamo. El carcelero la sostuvo contra mi esfuerzo. Sus manos seguían apretando inexorablemente la cuerda.

    Me desperté con un grito estrangulado de emoción contenida. En la obscuridad, traté de buscar a Kira. Cuando comencé a sufrir las pesadillas que ella me había explicado que serían para mi «desarrollo», Kira había llevado su cama junto a la mía, diciéndome que si despertaba sin ella junto a mí, podría acrecentarse en mí el miedo a quedarme dormido.

    La encontré e hice presión sobre su cuerpo. Ella suspiró y medio dormida, me dijo:

    — ¿Qué ocurre, Sam?
    — He tenido otro sueño.
    — ¿Cuál?
    — He soñado que un carcelero, mientras me hallaba en prisión, en un calabozo sucio y apestoso, trataba de estrangularme con una cuerda que retorcía poco a poco ayudándose con un trozo de madera. Y que se suponía que yo debía luchar contra él, ya que pensaba que era mi amigo...

    Y probablemente lo era — repuso Kira. Bostezó —. Si tienes más sueños, Sam, creo que no es preciso que tengas que despertarme. Ahora puedes hacerlo sin mí. Estás mejorando mucho al tener esa clase de sueños. Vamos, vuelve a dormirte.

    Apreté una de sus manos finalmente, di la vuelta y traté de dormir nuevamente en mi cama. La última cosa en que pensé antes de dormir fue: «Ella dice que estoy mejorando. Muy bien. Mañana, si tengo la oportunidad de hacerlo, trataré por todos los medios de volver al nivel H».

    El desayuno consistió en un café instantáneo y unos pastelillos daneses que ambos tomamos de una lata de conservas. Kira estaba recogiendo las tazas y llevándolas al fregadero cuando le dije:

    —¿Has oído el ruido ése que se produce en la entrada? ¿Esa especie de rascar con garras en la pared? ¿Es lo que yo pienso?

    Ella se detuvo y escuchó.

    — Ah, sí, es eso. — Y suspiro —. Es el monstruo creado por Sorensen. Tendré muy pronto que salir fuera y me gustaría evitar que entrase aquí. La mayor parte de las cosas que hay en el nivel F no me molestan; pero aborrezco ese montón de basura.
    — ¿A qué se parece?
    — No importa la forma que pueda tener. Si te lo dijera, te suministraría nuevo material para sufrir más pesadillas. — Y se fue hacia la fregadera de la pequeña cocina y comenzó a lavar el servicio del desayuno.
    — Kira, ¿por qué permaneces en este nivel? — le pregunté al volver.
    — He sido estacionada aquí — me repuso brevemente.
    — ¿Para llevar a cabo algo en especial? ¿Es eso lo que quieres decir?
    — En parte, sí. Ya en parte porque yo...
    — Vamos, acaba de decirlo.
    — No es nada que te importe — repuso secamente —. Si debieras saberlo, te lo diría.
    — Cuando estuve antes en d nivel F, me hiciste prometer que yo te ayudaría a volver de nuevo a la superficie.
    — Sí, así es.
    — ¿Qué pensaste que podría yo hacer?
    — Pensé que podrías usar tu influencia en el tribunal para ayudarme a volver.
    — ¿Con Despoina?
    — Supongo que sí.

    Aquel intercambio de palabras, estaba comenzando a tener la exasperante característica que habían tenido la mayor parte de mis intentos de conseguir información de Kira y que ya habían acabado con mi paciencia.

    — ¿Y qué hay ahora sobre el particular? — le dije —. ¿Debe seguir en pie tal promesa?

    Se dirigió hacia una vitrina y la abrió.

    — No tenemos otra cosa para el almuerzo más que huevos deshidratados. Tendré que ir a los almacenes. ¿Crees que podrás bañarte por ti mismo?

    Se refería a la pequeña ducha existente en un rincón de la habitación próxima. Era posible contar con aquella comodidad en el vivir del nivel F, porque la mayor parte de los laboratorios la tenían, disponiendo de un cuarto completo de aseo por cada tres o cuatro habitaciones. Pero tenían un carácter elemental y muy simple.

    — Seguro — respondí —, creo que todo irá bien. Pero, ¿qué hay de ese monstruo de Sorensen? Es probable que esté ahí fuera en la puerta.
    — No me molestará — repuso ella — mientras cuente con esto en la mano. — Y echó mano del athame, aquél enorme y extraño cuchillo que con tanta frecuencia y con tan maravillosa habilidad sabía manejar.
    — Yo diría que con un trozo de madera sería suficiente.
    — No. Es así mejor. No puede soportar el ruido que produce el vibrar de la hoja del athame.

    Yo debí aparecer ante ella con aire de duda en sus palabras porque me repuso a renglón seguido:

    — No te preocupes, Sam. No saldría de aquí si creyera que es peligroso. No me llevará esto más de media hora. Kira se dirigió hacia la vitrina, como una especie de alacena de cocina y tomó de ella un saco fuerte tejido de una especie de lona flexible y sin duda muy resistente. Con el saco en una mano y el cuchillo en la otra se dirigió hacia la puerta.
    — Volveré pronto — dijo, y se marchó.

    Oí cómo sus pasos se perdían en el hall. Tan pronto como la creí lo bastante alejada de mí, me levanté de la cama. Todavía me sentía débil y vacilante y tuve que detenerme y apoyarme en la pared. Poco a poco, deteniéndome para descansar y agarrándome en el mobiliario, me dirigí a la puerta de intercomunicación.

    La habitación próxima había sido el dormitorio de Kira. Ahora no había allí nada, excepto la ducha y algunas ropas de uso corriente colgadas de unos percheros incrustados en la pared. Atravesé la habitación, hacia la otra, donde se hallaba la «consulta de Kira». Seguía dándome cuenta de lo débil que estaba todavía.

    Aquella habitación de consulta estaba en idéntica forma a cuando la vi por primera vez; el diván, el sillón con sus ligaduras para brazos y piernas y el autoclave. El autoclave era lo que me interesaba.

    Maniobré como pude para introducirme en el aparato. Estaba resuelto a pasar a través de él para alcanzar de nuevo el nivel H y seguía estándolo a pesar de mi debilidad física. De pronto me asaltó la idea de que estaba conduciéndome de una forma poco agradecida respecto a Kira. Después de todo, ella me había salvado la vida.

    Miré a mi alrededor. Bajo el diván había una especie de trineo con el aspecto de haber sido fabricado por un aficionado, con una cuerda amarrada a un extremo. Traté de imaginarme si habría sido valiéndose de aquella especie de trineo con lo que Kira pudo salvarme y sacarme del fondo del nivel H. Abrí el autoclave, de una capacidad parecida a la de una gran bañera y conseguí meter en el aparato la cabeza y los hombros. Empujé mi cuerpo hacia adelante y comencé a hurgar contra la superficie metálica de la parte opuesta. Parecía perfectamente algo sólido. En mi mente existía la débil esperanza de que tocaría alguna especie de resorte o algo parecido y que sería de tal forma transportado hacia el lugar de caída y escape como me hubo sucedido la vez primera, sin el sentimiento de culpa de haber sido desamparado deliberadamente por Kira.

    Pero no fue aquello lo que sucedió. Anduve tocando aquí y allá durante un cierto tiempo, sin conseguir otra cosa que el ruido débil y metálico que era de esperar. Y repentinamente — tuve sin duda que haber hecho trepidar los goznes — la tapa del autoclave se cerró sobre mi cabeza. Comencé a hurgar por todas partes. Al cerrarse, mi camisa quedó atrapada en parte por la tapa del aparato. Traté de hacer uso de mis brazos para ayudarme, pero no había espacio suficiente. La camisa que llevaba puesta era de tejido y no de papel y continuaba estando sujeta y teniéndome prisionero sin poder accionar en ningún sentido. Me sentí como un hombre atrapado por una gigantesca almeja.

    Traté de empujar hacia arriba la tapadera del autoclave. Pero no tenía apenas fuerzas y además tampoco conseguía llegar bien al lugar preciso. Me encontraba todavía en aquella ridícula y embarazosa situación, cuando Kira entró en las habitaciones.

    La primera indicación que tuve de su presencia, fueron sus palabras un tanto ácidamente pronunciadas.

    — ¿Qué estás tratando de hacer, Sam? ¿Dándote tú mismo un baño de vapor a presión?
    — Sácame de aquí — grité.
    — No. — Se oyeron una especie de ruidos apagados y yo calculé que había ido a sentarse en el diván —. No, hasta que me digas qué es lo que estabas tratando de hacer.
    — Yo creo que resulta obvio — repuse con dignidad —. Conseguir llegar hasta el nivel H de nuevo, por supuesto.
    — ¿El nivel H? — Su voz estaba impregnada de una auténtica sorpresa —. Ya te dije que estaba totalmente cerrado para siempre y que es inaccesible. Nadie podrá volver a entrar en él. ¿Es que has supuesto que estaba mintiendo?
    — ¡Sácame de aquí!
    — Está bien. — Kira se aproximó hasta el autoclave y comenzó a tirar de mi camisa. Nadie hubiera podido acusarle de su falta de cuidado aparente, más tarde comprobé toda una serie de abrasiones a lo largo de mi espalda, y cuando consiguió sacarme de allí me propinó un fuerte cachete en las nalgas que me hizo perder el equilibrio y casi caer de cabeza al suelo.

    Me volví furioso encarándome con ella. Pero ella me devolvió la misma furiosa mirada, sin parpadear y al cabo de unos instantes, comencé a reír. Había algo de irresistiblemente cómico en la dignidad y propia confianza de la chica en sí misma.

    — La cosa no es para tomarla a broma — me dijo severamente —. No me gusta que nadie sospeche que digo mentiras. — Y se sentó en el diván.
    — Lo siento, Kira. Pero...
    — Pero dudabas de mí, ¿eh? — Y lanzó al aire el athame volviéndolo a coger con mano experta.
    — De veras lo siento — repetí.

    Dejó el athame a un lado, se sentó en el diván y me habló más serena:

    — Cuando el FBY subió procedente del nivel H, volaron el G con granadas de mano. El G es ahora un espantoso montón de escombros. La totalidad de su espacio está lleno de cascotes y de trozos de acero retorcido. No creo que jamás hayas visto cosa semejante.

    Parecía imposible dudar de lo que decía Kira.

    — ¿Y qué ha ocurrido con aquella gente?
    — Han muerto todos.
    — ¿Y no les ha importado al FBY semejante masacre.
    — No, ¿por qué habría de importarles? Todos eran la peste.
    — Así que los han considerado a todos como portadores de la epidemia.

    Ella se encogió de hombros.

    — El FBY es ahora la nueva epidemia.
    — ¿Todos han muerto? — pregunté angustiado. Recordé la mujer a quien había mostrado el anillo de Despoina.

    Kira desvió la mirada.

    Creo que dos personas consiguieron salir con vida. Y un perro. Pero no creo que nadie más haya podido salir de allí a menos de disponer de algún medio muy potente.

    — Nadie puede salir de allí — repetí pensativo.

    Oh, alguien ha podido hacerlo. Pero el FBY es eficiente y trataron por todos los medios de bloquear el H. Tú y yo salimos. Tienes que aceptarlo, Sam. Bien, y ahora que estás mucho mejor — dijo ella, tomando un acento práctico de las cosas —, es tiempo de empezar a entrenarte y fortalecerte. ¿Has tomado el baño?

    — No. ¿Qué diferencia puede establecer?
    — La tiene, sin embargo. Toma un buen baño, enjabónate bien y cámbiate con ropas limpias. Te traeré una toalla.

    Cuando volví de la ducha, me estaba esperando en la habitación del autoclave. Había estado pensándolo mientras me vestía y me dirigí sin rodeos a Kira.

    — Kira... ¿eres tú Despoina disfrazada.?

    Se me quedó mirando con la boca abierta un poco por la sorpresa.

    — ¿Que si yo soy... quién?
    — ¿Eres Despoina? Podrías muy bien serlo, ya sabes...
    — No, desde luego que no. ¿Qué te ha hecho pensar semejante cosa?
    — Pues en principio, tienes su misma altura y... — No, somos distintas. Ella es algunas pulgadas más alta que yo.
    — Las dos tenéis esta tez pálida, casi nacarina. El cabello puede estar teñido...
    — Bien, no lo es. ¿Y qué respecto al color de los ojos?
    — Yo no pude apreciar bien el color de sus ojos. Vuestras figuras son muy parecidas.
    — No. Ella tiene los pechos mayores que los míos. Yo no me encontraba satisfecho, incluso ante aquellas negativas razonadas de Kira.
    — ¿Eres tal vez, pariente de ella? Te pareces mucho a Despoina, de todos modos...
    — Ella es una prima mía en un grado muy lejano. Mucha gente entre nosotros está emparentada por la sangre. A veces, de forma muy remota. Bien, ahora siéntate en esa silla. Voy a ponerte una venda en los ojos.

    Obedecí. Mientras me ataba un pañuelo de seda negra tapándome los ojos, me di cuenta de lo profundamente decepcionado que me hallaba. Hubiera deseado que Kira fuese Despoina, aunque me di cuenta al pensarlo, de que era demasiado bajita para ser la mujer maravillosa que vi entre aquellas columnas allá bajo en el fondo del nivel H. Pero la comunicación entre Despoina y yo había sido ruda, corta y dolorosa, interrumpida cuando el FBY irrumpió en el santuario y me sentía insatisfecho de todo, a menos que aquello hubiera comenzado de nuevo.

    Sentí como el rascar de una cerilla. Kira estaba sosteniendo algo bajo mi nariz.

    — Aspira — dijo — y aguanta el aire en tus pulmones hasta que puedas. Esto te resultará más bien placentero, Sam. No tienes que temer nada.

    Inhalé aquel humo en mis pulmones. Tenía un cierto gusto a resma y algo también a alcanfor y mucho de perfume de violetas.

    — ¿Qué es esto? — pregunté cuando lo hube exhalado.
    — Le llamamos kat. Solemos utilizarlo muchísimo. Ahora resulta difícil conseguirlo, cuando las plantas crecen con tanta dificultad.
    — Oí un ruido en el hall — dije a Kira a los pocos instantes —. Mis latidos cardíacos han aumentado sensiblemente.
    — No le prestes atención a ese hecho — me replicó Kira como ausente —, son las ratas blancas, en su ir y venir de rutina. Ahora puedes oír ese ruido con más claridad desde donde nos encontramos, eso es todo. Y ahora, dirige tu vista desde el interior de tus globos oculares, como si tratases de ver por encima de tu cabeza. No trates de ver nada en concreto, en particular, sino sencillamente, mirar.

    Intenté seguir aquellas instrucciones que me parecían una cosa imposible.

    — No veo nada — dije tras unos momentos —. Ni comprendo tampoco cómo podría hacerlo.
    — ¿De veras? Tal vez esto pueda ayudarte. — Y apretó los dedos pulgares por encima de mis ojos, presionándolos ligeramente —. ¿Y ahora puedes ver algo?
    — Sí — repuse excitado —. Veo, tus propias manos que me presionan. Las veo de un rojo difuso. También advierto una especie de corriente de luz que surge de ellas...
    — Eso está bien — repuso Kira complacida —. Mírame ahora, sobre la parte superior de tu cabeza. ¿Ves algo?
    — Si — dije todavía realmente excitado —. Te veo, como en una silueta de color rojo y existe un lugar muy brillante entre tus ojos. Veo también otro lugar, no tan brillante justo en medio de tus pechos.
    — Bien, creo que es un excelente resultado, para ser la primera vez — dijo Kira. Entonces, me quitó la venda de los ojos —. No queremos fatigarte en exceso. Ahora vamos a intentar otra cosa distinta.

    Kira cubrió una de las brillantes bandejas de su consulta con unos grandes papeles e introdujo debajo un puñado de objetos que sacó de una bolsa.

    — Cuando te pregunte cuántas cuentas hay, responde en el acto. No trates de contarlas.

    Aquello me resultó fácil. — Cuatro — respondí.

    Ella abrió el puño y dejó caer más cuentas.

    — ¿Y ahora?
    — Uh... siete.
    — No las cuentes — me dijo con severidad —. Te dije que no lo hicieras. ¿Y ahora?
    — No puedo...
    — Sí, sí puedes. ¿Cuántas cuentas hay ahora?
    — Treinta y seis.
    — ¿Y ahora? — Y añadió más cuentas a las que había mientras hablaba.
    — Setenta y ocho.
    — ¿Y ahora?
    — Posiblemente no podría...
    — Dímelo rápidamente — me ordenó entre dientes.
    — Ciento trece. No, catorce.
    — Muy bien. ¿Y ahora? — Y quitó alguna cantidad de la bandeja.
    — Ochenta y dos.
    — ¿Y esta vez?
    — Cuarenta, exactamente.
    — ¿Y ahora?
    — Las has tomado todas excepto una. Pero de todas formas, parece como si hubiera más.
    — Humm... — Kira volvió a poner las cuentas en la bolsa de donde las había tomado y la colocó en la vitrina —. Esto es suficiente por ahora. Tengo que ocuparme de preparar algo para el almuerzo.

    Tras haber comido, Kira sugirió que me acostase para descansar un rato.

    — Saldré un poco — me dijo.
    — ¿A dónde vas, Kira? Todos, o casi todos los días, sales casi a la misma hora.
    — Tengo asuntos que atender — replicó impasible —. Si puedes dormirte un buen rato, hazlo. Creo que esto te hará bien. — Y tomó el cuchillo —. No me alejaré mucho.

    Una vez que me quedé solo, permanecí intranquilo. Anduve dando vueltas de un lado a otro, hasta que al final, quedé en una situación de un cierto relajamiento en una especie de duermevela. Fui despertado por unos golpes dados en la puerta de entrada.

    Aquello me alarmó. Casi antes de que pudiera levantar la cabeza de la almohada, se abrió la puerta y un hombre introdujo los hombros y la cabeza por la puerta entreabierta.

    — Oh, perdone — me dijo —. ¿Está Tanith aquí?
    — No, estoy solo.
    — Oh — repuso simplemente y cerró la puerta.

    Cuando volvió Kira, algo más tarde, le referí lo sucedido con el inesperado visitante.

    — Preguntó por Tanith — le dije finalmente.
    — ¿Tanith? — Y enarcó un tanto las cejas —. ¿Qué aspecto tenía?
    — Más bien grueso y de una mediana edad. No le miré muy bien. Sin embargo creo haberle visto antes en alguna parte.
    — Ah, hay toda clase de gentes en este nivel. Algunas de estas personas tienen las más variadas razones para venir.

    Aquel asunto parecía quedar cerrado a ulterior discusión. Pero me di cuenta de que ella parecía ausente y distraída por el resto del «día». Pongo entre comillas esta palabra, ya que no existía alteración entre la luz y la obscuridad en cualquiera de las hileras de los niveles subterráneos. Pero estaba obscuro en el interior de nuestro dormitorio cuando Kira volvió y encendió la luz, permanecíamos despiertos por unas dieciséis horas o así y dormíamos unas ocho horas. Nos fuimos a dormir temprano, ya que yo me encontraba fatigado. Me desperté una vez durante la noche al oír el peculiar arañar y rascar procedente del monstruo de Sorensen al exterior de la puerta de nuestra habitación. La puerta, no obstante, estaba cerrada y pude oír el respirar tranquilo y acompasado de Kira en su cama, próxima a la mía. Nos encontrábamos en seguridad, Kira y yo, de cualquiera de los peligros que pudieran provenir de los corredores del nivel F.

    Al día siguiente, Kira continuó con sus entrenamientos y su terapéutica para fortalecerme. Entre ellos, existían unas series de juegos, al parecer infantiles y sin significado aparente alguno para mí, pero que sin duda deberían tener alguna importante significación. Por ejemplo, una de las veces, había hecho que me vendase yo mismo los ojos y después me rogó que anduviese dando vueltas palpando las paredes de la habitación, diciéndome que estaba caminando por un es trecho paso entre los escarpados de una alta montaña.

    De repente, me ordenó que me detuviese. Obedecí en el acto.

    — ¿Qué habría sucedido si no me hubiese detenido? — le pregunté cuando me hube quitado la venda de los ojos.
    — Había una trampa en tu camino. Habrías caído y te hubieras matado.

    Pense si estaba gastándome alguna broma; pero cuando la miré, su rostro apareció perfectamente serio.

    Kira repitió los entrenamientos del día anterior. Pero tan pronto como acabamos de tomar el almuerzo, Kira me indicó que intentara ahora algo completamente diferente.

    Me dio para tragar una píldora blanca, explicándome que se trataba de un anestésico suave.

    — No es un hipnótico, ni incluso un sedante explicó. No estoy intentando que duermas, sino de adormecer un tanto la impresión de tus sentidos. Y ahora, acuéstate relajado en tu cama.

    Cuando estuve acostado, puso una máscara negra sobre mis ojos.

    — No quiero que ninguna luz pase a través de esa máscara, todo lo que deseo es que no veas nada naturalmente — me explicó.
    — ¿Qué idea persigues con este experimento? — le pregunté.
    — Al suprimir todas las impresiones lumínicas del exterior, deseo que te reconcentres en ti mismo. Trata de no moverte ni de estar nervioso. Permanece tranquilo y deja que fluyen tus pensamientos de una forma natural.
    — ¿Y si me quedo durmiendo?
    — No creo que lo hagas; pero si así fuese, todo irá bien de cualquier modo. Estaré en la habitación de al lado, con la puerta abierta, en caso de que te sientas asustado. ¿Tienes que preguntarme algo más antes de que te obture los oídos para aislarte de los ruidos exteriores?
    — ¿Cuánto tiempo debo permanecer así?
    — No más de cinco o seis horas, en todo caso. Te observaré de tanto en tanto para ver cómo va la cosa. ¿De acuerdo?

    Yo aprobé con un gesto de la cabeza. Con todo cuidado insertó unos suaves tapones en mis oídos.

    Entonces, sin visión y sordo respecto al exterior, con mis propias sensaciones un tanto reducidas, me parecía que estaba más o menos como en situación de estar durmiendo en una habitación tranquila y sin ruidos. Y con todo, el resultado fue completamente distinto. Casi desde el primer instante en que Kira taponó mis oídos, comenzaron a formarse una serie de brillantes imágenes detrás de mis párpados vendados y mis ojos cerrados. Eran de tipo arquitectónico, al principio, como una especie de galerías enormes llenas de columnas, y balaustradas con extrañas formaciones en relieve o por el contrario con figuras grabadas a bu—ril, habitaciones con techos enarcados y paredes recargadas de artesonados y figuras cuadriculadas de misteriosa forma. Y todo el conjunto en colores brillantes donde destacaban el azul cielo, el rojo y los verdes intensos y las columnas resplandeciendo de un fantástico color de ámbar contra un intenso azul cielo.

    Las imágenes se sucedían, unas a otras rápidamente. Aparecían por un instante, para desaparecer mágicamente al siguiente. A veces los mismos elementos volvían a aparecer en una nueva combinación cual si se sacudiese el interior de un caleidoscopio, y otras veces aquellas imágenes aparecían de forma totalmente nueva, sin nada que me preparase para observar las respecto a las anteriores.

    Durante bastante tiempo, estuve observando aquel fantástico mundo de maravillosas imágenes con la atención tensa. No me encontraba intranquilo, ni nervioso. No sentía el menor deseo de mover mi cuerpo lo más mínimo en ningún sentido, y con toda certidumbre, no estaba dormido. Pero conforme continuaba aquel flujo constante de imágenes, poco a poco comencé a sentirme cansado, después se me hizo algo opresivo y finalmente me sentí francamente asustado.

    Sin embargo, aquello continuaba sin cesar. No había sitio alguno en mi mente que pudiera retraerme de aquella contemplación de extrañas imágenes tan vivas de colorido y extrañas formas. Al final, con un tremendo esfuerzo por mi parte, creo que conseguí apartar mi atención, o alejarlas de mi mente, no estoy muy seguro, procurando dejar aquellas formas aisladas en sí mismas. Entonces comprendí que mi consciencia ya no estaba allí.

    Yo, o alguien llamado Sam — tal vez mi otro yo, se hallaba en un lugar triste, sombrío y de tonos apagados, en un mundo de color y luz opaco, como si fuese una inmensa llanura incolora y deprimente. Era como algo anterior a la creación del mundo. Algo que no cambiaba.

    Me sentí levantado por Kira, que me destapaba los oídos.

    — Voy a descubrirte los ojos — me dijo al oído —, pero no los abras inmediatamente. Así. Y ahora ¿qué tal te sientes?

    Consideré la respuesta.

    — Como si hubiese estado muerto.
    — ¿Y además?
    — Me he sentido culpable de algo. Al morir, hay siempre alguna culpa.
    —¿Has sentido algún horror? — me preguntó con entonación profesional.
    — ¡Sí, sí!
    — Ahora puedes abrir los ojos. ¿Qué tal te sientes respecto a mí?

    Una extraña emoción me invadió repentinamente.

    — Te odio — le dije.

    Ella se puso a reír.

    — Bien, eso es cosa perfectamente natural. ¿Quieres marcharte lejos de mi?
    — No, quiero quedarme aquí y estrangularte.

    De nuevo se puso a reír y se sentó al borde de mi cama.

    — Has mejorado considerablemente — me contestó a la par que sus labios dibujaban una suave y encantadora sonrisa.
    — ¿ Por qué me levantaste cuando lo hiciste? — le pregunté.
    — Porque al mirarte vi que las lágrimas corrían por tus mejillas.

    Yo dejé escapar un prolongado suspiro.

    — ¿Cuánto tiempo estuve aislado del mundo real en esa forma?
    — Unas cuatro horas. Los resultados habrían sido mejores si hubiera podido ponerte en un baño de agua a la temperatura de tu cuerpo. Pero ni que decir tiene que no dispongo de tales facilidades. Puedes levantarte ahora, Sam, pero muévete con lentitud. Te encontrarás tembloroso y agitado durante algún corto espacio de tiempo.

    Me incorporé despacio, bostezando y frotándome el rostro con las manos. Saqué los pies fuera de la cama y me puse en pie. — Mi sentido del tiempo es muy confuso — le dije a Kira —. Parece que lo mismo puede ser ahora medianoche que el amanecer de un nuevo día.

    — Sí. Ven a mi consulta y te mostraré algo. Tendrás que trabajar de firme antes de que puedas hacer esto.

    Cuando estuvimos en la habitación que contenía el diván y el autoclave, me dijo.

    — Para esto no voy a vendarte los ojos Pero vuélvelos hacia el rincón, lejos de mí, hasta que yo te avise cuando puedes mirar.

    Cumplí sus instrucciones. Oí el ruido de las ratas blancas en el corredor. Después, tras unos cinco minutos, la voz de Kira me advirtió:

    — Ahora puedes mirar.

    Me volví hacia el ruido de su voz. Ella ya no estaba allí. No la había sentido dirigirse hacia la puerta, ni tampoco que se abriese.

    — ¿Dónde estás? — pregunté intrigado.
    — Justamente aquí. — Su voz sonó perfectamente clara y procedía del mismo lugar en que había permanecido cuando me advirtió que apartase los ojos hacia un rincón, lejos de ella.
    — Pero... no te veo por ninguna parte.
    — Mira con más fijeza.
    — Pues... ahí se nota algo muy borroso. Pero no puedo verte, Kira. No estás ahí, en absoluto.
    — Eso está muy bien. No había hecho esto desde hacía algún tiempo.

    Y repentinamente apareció claramente en el lugar en que esperaba haberla visto.

    —¿Qué ha sido eso?
    — ¡Ah! Secretos del oficio... Desvanecimiento corporal. Algo que se halla tras todos los relatos de magia. Es difícil de hacer y algo además muy exhaustivo para el que lo practica.

    Era evidente que parecía exhausta. Tenía la frente perlada de sudor y se notaban unas líneas de fatiga alrededor de sus bellos ojos y su boca.

    — ¿Quieres decir que puedes hacerte invisible mediante algún proceso mental tuyo?
    — Sí, es cierto. Pero es terriblemente difícil conseguirlo y sólo puede durar relativamente poco tiempo.
    — Pero... ¿cómo ha podido tener algún efecto en mis propios ojos?

    Kira se encogió de hombros.

    — No sabemos cómo se produce.
    — ¿Podré yo hacerlo también?
    — Creo que sí. Si lo intentas con gran esfuerzo.

    Se produjo entonces un prolongado silencio. Kira se había dejado caer en el diván con la cabeza abatida. Volví a oír procedente del hall nuevamente el característico ruido de las ratas blancas.

    — Resulta singular — le dije —. Las ratas vuelven fuera de su horario de rutina. Hace muy poco que las oí saliendo al corredor.

    Kira levantó la cabeza y escuchó. Respiró agitada.

    — No me gusta eso — dijo tras unos instantes —. Son sensibles a las vibraciones, ya sabes. La última vez se alteraron en su rutina de una forma terrible, cuando el FBY estuvo tras tus pasos.


    XIII


    El corredor se hallaba repleto de una niebla helada y brillante a través de la cual, en el extremo más lejano, pude ver confusamente las figuras achaparradas de hombres que se movían. Parecían dirigirse hacia nosotros, con grandes mangueras en las manos, de cuyos extremos surgían chorros de copos de nieve. La niebla brillaba como si sobre ella cayera la luz de la luna. Todo estaba en total silencio, y parecía como si el aire hubiera comenzado a helarse cayendo en grandes Copos de nieve que caían suavemente al suelo.

    Cerré la puerta de prisa. Ya estaba temblando de frío. Me dirigí a Kira.

    — Es el FBY. Esa es la causa de que las ratas se equivocasen de horario ayer. Están sembrando todo el nivel con nieve carbónica.
    — No se trata del FBY — repuso ella, que permanecía contra la pared —. Ellos creen que tú has muerto, yo hice que te viesen muerto tirado contra una roca en el nivel G. Es el equipo de enterramientos. Jaeger tiene que haberlo dicho.
    — ¿Jaeger? ¿Quién es? Bueno, no importa ahora, tenemos que marcharnos de aquí inmediatamente.
    — ¿Y adónde? — repuso ella —. No hay lugar adonde podamos dirigirnos. El nivel G ha sido sellado y bloqueado y tienen guardias estacionados en las salidas del nivel E.
    — ¿Es que no existen salidas de emergencia?
    — Sí, hay varias. Pero todas están en el corredor. Si salimos, el equipo de enterradores volverá sus mangas sobre nosotros.
    — Pero entonces... ¿es que vamos a quedarnos aquí hasta quedar congelados y morir así?

    Kira levantó la cabeza y me dirigió una mirada vaga.

    — ¿Y qué otra cosa podemos hacer? No hay nada...

    Ella había estado manejando el athare con una de sus manos. Entonces lo levantó a la altura de sus ojos, lo miró fijamente y después lo arrojó con indiferencia en el suelo.

    La miré fijamente sin dar crédito a mis ojos. Aquella indiferencia, aquella resignación sin esperanza de parte de la persona a quien yo siempre había visto tan segura de sí misma, tan optimista y eficiente, me chocó como algo absurdo y anormal, además de resultarme algo inexplicable. Apenas si pude respirar normalmente. Me di cuenta de hasta qué punto había confiado en ella.

    — ¡Tiene que haber algo que podamos intentar! — exclamé tras unos segundos de vacilación.
    — ¿Qué? — Sus dientes castañeteaban. Después, como si no fuese a mí, dijo:
    — ¿Por qué no nos ayudas? Tú le llamaste a ti; pero yo salvé su vida. ¿ Es que no estoy lo bastante castigada ya? ¿Tiene él también que sufrir lo mismo?

    No pude comprender lo que decía ni a quién se dirigía con aquellas palabras. Ciertamente que apenas las había oído, ya que algo me vino a la cabeza, como procedente de alguna parte.

    — Kira, ¿qué hay respecto a esas esporas y fermentos de los cuales te cuidas cada tarde? Dispones de una gran colección. ¿No hay entre ellos algo que pueda ayudarnos?

    Ella pareció recobrar aliento.

    — Sí — repuso pensativa —, hay un hongo que florece a bajas temperaturas. Produce alucinaciones que después no pueden recordarse. Tal vez con ellos... Pero no puedo dirigirme hacia mi almacén. El único acceso es por el corredor.

    Kira se dejó caer sobre la pared.

    — Podemos ir hacia allá — le dije dándole ánimos y con toda decisión. Su desesperanza había dejado de afectarme y me sentí dispuesto a sonreír —. Ese juego del espejo que me mostraste ayer... creo que puede ser usado para ayudarnos a nosotros mismos.
    — Sí, supongo que sí. Oh, hace un frío terrible aquí.
    — Pero tomó el espejo con su luz colgante de la vitrina y me lo entregó.

    Abrí la puerta un poco y miré afuera.

    — Se aproximan cada vez más — le dije —. Dos de ellos están mirando hacia aquí.

    Di la vuelta al espejo en su marco. El metal estaba tan frío que casi me heló las manos.

    — ¿En qué dirección está tu almacén? — le pregunté —. Hemos de ir los dos. Cualquiera que permanezca aquí fenecerá por congelación.
    — Hay que ir en derecho por el corredor hasta el primer cruce, después hacia la izquierda. Después yo te señalaré el camino. — De acuerdo. — El espejo giraba ahora suavemente —. Voy a tratar de proyectar algo que pienso pueda interesarles — le dije a Kira —. Cuando abra la puerta, corre. Yo me quedaré unos momentos hasta estar seguro de que el espejo funciona.

    Colgué el espejo sobre el borde superior de la puerta. Seguía rotando bien, llenando la habitación con destellos de luz. La puerta se abrió hacia el exterior, según recordaba que lo hacía. Vacilé un instante, recordando lo que Kira me había enseñado. Después abrí la puerta de par en par. Nos vimos azotados por una bofetada de viento helado, glacial. Kira, inclinándose, se dio prisa saliendo delante de mí. Vi un destello de luz y después algo que flotaba serenamente sobre la masa de niebla, como una extraña flor. No se oía ruido alguno procedente del equipo de enterramientos, como si se hubieran detenido momentáneamente. Sabía que tendría que darme prisa. Me esforcé en emplear toda la habilidad que Kira me había enseñado.

    Aquel resplandor de luz entre la niebla aumentó hasta comenzar a adoptar la forma de un surtidor y creí verme a mí mismo encerrado dentro de un saco de plástico como los utilizados para los enterramientos.

    Era ya hora de entrar en acción. Me agaché y salí corriendo a todo correr. El aire estaba tan helado que parecía congelar mis pulmones. No volvieron las mangueras sobre mí. Yo resultaba casi invisible por la rotación que producía el espejo, y además, la apariencia de aquel saco sobre los surtidores producidos por la extraña luz de la niebla, había vuelto nerviosos e inquietos al personal del escuadrón de enterramiento. Salí corriendo corredor adelante, giré a la izquierda y me reuní a poco con Kira. Lo singular de la cuestión era que, excepto nosotros, nadie parecía haberse dado cuenta de la incursión en el nivel F del escuadrón de enterramientos.

    Kira me tomó de la mano. El aire resultaba allí más templado. Ambos respirábamos jadeantes; pero no nos atrevimos a aminorar la marcha. Kira me condujo por un verdadero dédalo de vueltas y revueltas del nivel F. Para entonces ya caminábamos a menor velocidad. Yo ya había perdido todo sentido de la orientación. Finalmente, ella se detuvo frente a una puerta encristalada.

    El almacén de Kira era una gran habitación, repleta de hileras de vasares de cristal y de acero, dispuestas en gran cantidad de estanterías. Sobre muchos objetos aparecía una cubierta cristalina.

    — Mis experimentos necesitan luz — me explicó —. Al que buscamos no le es precisa y lo que necesita más bien es frío.

    Y tomó uno de aquellos receptáculos de cristal. Los lados estaban fabricados de un plástico opaco y el termómetro determinaba que en su interior existía una temperatura de 14 grados centígrados.

    — ¿Hueles algo? — me preguntó.

    Yo aspiré el aire circundante.

    — Creo que sí. Me parece oler a algo parecido a las alheñas en el verano.

    Kira aprobó con un gesto de la cabeza.

    — Esto es lo que causa las alucinaciones — dijo Kira —. El hongo exhala ese dulce olor como subproducto de su propio metabolismo vegetal. Evita el respirarlo mucho tiempo.
    — ¿Y podrá pasar a través del traje protector del equipo de enterramientos?
    — Creo que sí. Es muy volátil y dispongo de una gran cantidad del producto. Cuando la pequeña mezcla frigorífica comience a volatilizarse se expande rápidamente. El óxido carbónico es precisamente lo que necesita para su expansión inmediata y rápida.
    — ¿Cómo has planeado el poder usarlo?
    — Se extenderá como un gradiente del frío. Creo que si lo extiendo en el hall, proliferará inmediatamente en dirección adonde se encuentra el escuadrón de enterramientos.

    Kira tomó el frasco encristalado bajo el brazo y se dirigió hacia la puerta. Una vez más yo había estado haciéndole preguntas y ella respondiéndome; pero la relación entre nosotros había sufrido un cambio notable.

    — Kira, lo que yo deseo es salir a través del F1 de soslayo. Tú te harás más visible que yo. Antes de salir al hall, mira y fíjate en qué lado se encuentran los guardias y el escuadrón.

    Obedientemente, Kira volvió a dejar el frasco sobre una de las vitrinas. Cerró los ojos y se puso las manos sobre ellos durante unos instantes en que permaneció inmóvil.

    — Estoy tratando de hallar la entrada del F1 — me dijo tras unos instantes —. Ya la tengo. Sí, hay un guardia, un hombre provisto de un arma y una manguera, estacionado allí.
    — ¿Y qué hay del escuadrón de enterramientos?
    — Creo que o bien se han dividido o hay dos escuadrones. Uno viene en esta dirección, aunque pueden no hallarnos y pasar de largo. Sí, han vuelto. Vienen a lo largo de este corredor, aunque aún se encuentran a bastante distancia. Están entre nosotros y la entrada al F1.

    Se apartó las manos de los ojos y me miró desesperanzada.

    — Creo que todo es inútil, ya te lo dije — me advirtió.

    Existía una verdadera razón para encontrarse desesperado; pero yo no me hice eco de su desesperación y su abatimiento.

    — ¿Han bloqueado sólidamente todo el corredor con la nieve?
    — No. Todavía no.
    — Entonces, pasaremos, cueste lo que cueste — le dije decididamente.

    Kira todavía tenía en sus facciones la sombra de la duda; pero yo recogí el frasco de los hongos alucinatorios y me dirigí hacia la puerta. Me asomé lo suficiente como para apreciar a la distancia en que aún se hallaba la gente del escuadrón de enterramientos. Entonces destapé el frasco, metí la mano en él y, al igual que si fuese una siembra de semillas en el campo, fui rociando aquellos hongos refrigeradores a todo lo ancho del corredor.

    Hacía una frío terrible y aquel producto parecía quemarme las manos; después me encontré con señales de erosiones superficiales como consecuencia de haberlos manejado. Los hongos en si eran de una bella especie, brillando como objetos delicados, de un blanco helado y daban el aspecto de flores congeladas por una helada de invierno al exterior de una ventana. Cayeron sin ruido de mis manos y se rociaron suavemente por el corredor. Durante unos instantes no sucedió nada. Kira se había aproximado a mí y miraba a través de la abertura de la puerta. Pero una ráfaga de viento gélido nos golpeó de nuevo el rostro y aquel precioso cultivo comenzó a responder a semejante temperatura glacial.

    Lentamente al principio y después con creciente velocidad, comenzó a expandirse por todas partes. La dirección en el movimiento hacia el escuadrón de enterramientos resultó, al principio, casi imperceptible. Pero aumentaba sin cesar y aquel cultivo se alejaba de nosotros en busca de su objetivo.

    Kira temblaba de excitación. Sentí cómo sus dedos temblaban en mi brazo.

    — Si eso pudiera... Pero aún disponen de las mangueras — la oí decirme suavemente al oído.

    Puse mi brazo alrededor de los hombros de Kira, mientras que los hongos, cada vez con mayor rapidez, crecían y se extendían por el corredor hacia los hombres armados que lo custodiaban. Los últimos metros de su creciente progresión parecieron como una ola que se estrellase contra un acantilado rocoso.

    Algo tuvo que haber alarmado a la gente del escuadrón de enterramientos por aquel misterioso movimiento silencioso de los hongos. Dos de ellos se volvieron hacia nosotros, lanzando por las bocas de sus mangueras chorros de nieve carbónica. Se comportaban como si atacasen a un inesperado enemigo que les amenazase de forma tan súbita. Pero aquellos hongos se unían a la nieve carbónica como si su vida vegetal sintiese un extraño placer en hacerlo. La concentración de frío alrededor de las mangueras, les resultaba una delicia orgánica y de una forma ávida parecían asociarse a las formas cristalinas salidas de las mangueras. A los pocos momentos, todas las bocas de sus mangueras parecían hallarse obturadas definitivamente con unos extraños tapones de blanco brillante.

    No pude darme cuenta si aquella gente se había apercibido de la presencia de Kira y de la mía. Pero los hongos subían y continuaban extendiéndose alegremente por las mangueras y después rodeando la armadura protectora del frío de los individuos del escuadrón y envolviendo totalmente sus trajes a prueba de frío. Yo capté el suave y dulzón perfume de aquel aroma de flores de verano que exhalaban los hongos del misterioso cultivo de Kira.

    Los hombres que formaban el escuadrón parecieron súbitamente vacilar y sentirse como embriagados. Uno de ellos dejó la manguera suavemente sobre los hongos del suelo y comenzó, tras una ridícula cortesía frente a su compañero más próximo, a bailar una fan—tástica danza. Después cayó como colapsado de cara a un montón formado en parte por los hongos cristalinos y en parte por la nieve carbónica esparcida por las mangueras.

    Los otros comenzaron a comportarse de forma parecida. Uno de ellos comenzó a dar vueltas y más vueltas como un trompo, mientras que otro parecía intentar agarrarse a una barra inexistente en el aire. Al fin todos acabaron por caer en el suelo de aquel alfombrado blancor del hall del corredor. Las bocas de las mangueras, atascadas por los hongos, habían dejado ya hacía rato de lanzar la nieve carbónica.

    Me volví hacia Kira.

    — ¿Crees que estarán todos inconscientes?
    — No. Pero lo que están viendo ahora no tiene la menor relación con la realidad que tienen ante sus ojos.
    — Entonces, creo que es llegado el momento de que intentemos huir.
    — De acuerdo, Sam. — Por primera vez desde la invasión del nivel F, Kira parecía haber vuelto a recobrar su antigua confianza en sí misma —. Llena aquí de aire tus pulmones, y procura no respirar al paso de la zona sembrada de hongos. Si no tenemos cuidado, nos ve—remos en seguida como ellos se encuentran ahora.

    Yo vacilé. Kira pareció comprender lo que pasaba por mi mente, ya que se apresuró a decirme:

    — Creo que el frío no nos hará demasiado daño. Cuando estos hongos crecen, recalientan el ambiente en seguida.
    — Magnífico. — La tomé de la mano y abrí la puerta.

    Los dos habíamos llenado nuestros pulmones de aire, y nos dirigimos rápidamente hacia donde se encontraba el escuadrón de enterramiento por entonces bastante bien recubierto con los hongos de Kira. Tan pronto como tropezamos con trozos de consideración llenos de hongos, aminoramos la marcha. Resultaba algo suave bajo nuestros pies y resbaladizo; haber corrido en aquellas condiciones hubiera sido tan peligroso como hacerlo por una superficie helada. Delante de nosotros se hallaban montones de individuos del escuadrón y después un montón enorme de nieve carbónica, sobre los cuales, los hongos crecían de forma exuberante. Más adelante, aquella pequeña colina de nieve llenaba el corredor casi por completo, excepto en un claro a mano izquierda por la parte alta del montón.

    Nuestra carrera anterior se había reducido notablemente hasta un paso ligero; nos hundíamos hasta la rodilla a cada paso. Yo no había tenido más remedio que volver a respirar aquel aire, y casi en seguida vi una vívida imagen de Ames, colgando de una escalera y haciendo gestos como un mono, ofreciéndome un par de zapatos para andar por la nieve. En el acto me di cuenta de que estaba sufriendo una alucinación producida por el aroma exhalado por los hongos. Pero me asustó.

    Saltamos sobre los cuerpos de los hombres del equipo de enterramientos y comenzamos a subir por la ladera de la colina de nieve carbónica. El frío ya no resultaba tan insoportable; pero el perfume a flores de verano de los hongos era excesivo. Procuré evitar caer en alucinaciones y continué mi camino de una forma más bien dolorosa. Aquello resultaba demasiado para mí. Las apariencias irreales que surgían frente a mí, habían dejado de causarme terror; más bien me resultaban agradables. Me habría sentado confortablemente para gozar de ellas.

    Kira, me miró con facciones en las que se pintaba la desesperación. Con el resto de sus fuerzas, me retorció la mano brutalmente por la muñeca para arrancarme del hechizo. El dolor que me produjo, tuvo la virtud de aclarar mis ideas y a poco comprobé que nos hallábamos en la cima de aquella colina formada por la nieve carbónica.

    Kira andaba hundida hasta las rodillas, como atrapada por los hongos que había creado. La tomé por las axilas y la empujé hacia adelante sobre la cresta y ya en dirección a la bajada opuesta. Después, y aquello fue lo último que pude hacer, me lancé tras ella.

    Caímos dando tumbos hacia el otro lado. Alcanzamos el fondo con un golpe seco. Allí creo que tuvimos que descansar durante un buen rato. Pero el aire que nos daba en el rostro era fresco y puro, libre de la intoxicación emanada del perfume alucinante de los hongos. Finalmente me puse en pie.

    Miré en la situación en que nos hallábamos. Hacia la izquierda, desde donde había venido la gente del escuadrón, el corredor se hallaba sólidamente bloqueado por la nieve carbónica a temperaturas bajo cero. Pero la desviación de la derecha, aparecía libre al paso. La barrera de hielo entre nosotros y la entrada al Fi quedaba detrás. Nos encontrábamos, por fin, al otro lado.


    XIV


    Aunque el montón enorme de hielo quedaba detrás, entre nosotros y la entrada al F1 allí estaba sin embargo el guardia que Kira había visto con un tanque de óxido carbónico a la espalda y una pistola. Pudo habernos disparado o habernos congelado, lo cual en realidad> no habría establecido una gran diferencia.

    Lo que necesitábamos hacer, esencialmente, era conseguir pasar al guardia de la entrada, sin que pudiera advertirlo. Habíamos ya evitado al equipo de enterramiento dos veces, una físicamente por medio de las exhalaciones alucinatorias, y psicológicamente mediante el uso del espejo. El espejo ya estaba fuera de todo alcance... pero ¿nos sería posible volver a utilizar los hongos?

    Como si hubiese adivinado mis pensamientos, Kira me dijo:

    — Los hongos no podrán sernos ahora de utilidad. No existe nieve en las proximidades del guardia para que puedan crecer con su rapidez característica. Además, no podremos volver a exponernos de nuevo. Eso proporciona una acumulación tóxica que nos haría comenzar a ver visiones antes de intentarlo. Hemos de pensar en otra cosa distinta. — Y me miró en una pre—gunta muda e inquisitiva.

    Me sacudí la cabeza para aclarar mis ideas. El olor a flores de verano aún permanecía en el ambiente y me resultaba difícil concentrarme. La luz resultaba bastante intensa por todas partes en el nivel E para que cualquier objeto resultase difícil de apreciar. Pero aquella pequeña colina de hielo, tenía una sombra y allí, en un lugar determinado de la obscuridad, en un azul pálido y resplandeciente contra el muro, vi el signo de Labrys, el hacha de la doble cabeza.

    Por un instante pensé que fuese una alucinación. Pero Kira lo veía igualmente, con los ojos bien abiertos y su máxima atención puesta en el signo.

    — Nunca vi el signo así dibujado antes — me dijo por lo bajo —. Con la cabeza hacia abajo y el mango hacia arriba...
    — Tú crees... — Y entonces, dándome cuenta de lo que aquel signo significaba, mis palabras surgieron apresuradamente —: Kira, ¿hay alguna salida de emergencia en esta parte del corredor? ¿En el techo, más concretamente?
    — ¡Oh, sí! ¡Sí, allí es!
    — Entonces, ya lo tenemos. ¿Puedes abrirla?
    — Lo intentaré.

    Kira comenzó a deslizar sus manos por la parte del muro más próxima a nosotros, aparentemente sin rumbo fijo. Durante unos momentos no ocurrió nada. Pero continuó repitiendo aquellos movimientos de busca hasta que al fin una sección cuadrada del corredor, se descorrió hacia un lado, en el techo, mostrando una abertura obscura sobre nuestras cabezas. Casi en el acto, sentí una tenue corriente de aire, sólo era cuestión de alcanzar la salida.

    — Es lástima que no pudiéramos salir volando en una escoba — dijo Kira, mirando a la abertura del techo. Noté que temblaba violentamente, más por la tensión nerviosa, que por el frío, según imaginé —. Tendrás que subirme encima de tus hombros, Sam, y ayudarme así a llegar hasta ella. Una vez esté arriba, tiene que haber alguna escala de cuerda o algo que permita que yo pueda ayudarte a subir también.

    Comenzó por quitarse sus zapatos de tacón alto. La tomé en mis brazos y tras algunos forcejeos, me las arreglé para que pusiera sus pies en mis hombros. No pesaría más allá de los cincuenta kilos. Ella se balanceó peligrosamente. Después me gritó:

    — ¡Súbeme más! — y simultáneamente dio un salto hacia arriba, consiguiéndose asirse con las manos a la abertura. Tuvo que haber hallado algo donde sujetarse porque un instante después la sentí colgando sobre mi cabeza.

    Momentos después, sentí que sobre el pecho me rozaba una cuerda.

    — ¡De prisa! — me urgió Kira —: Ya vienen tras nosotros, están a un par de vueltas de distancia por el corredor... No te olvides de mis zapatos.

    Miré y nadie venía aún por el corredor. Me eché los zapatos en los bolsillos y trepé por la cuerda nudosa que me había arrojado. Tan pronto como penetré por la abertura del techo, Kira presionó un botón y comenzó a deslizarse la sección que cerraba la abertura.

    Miré hacia abajo. Nadie se veía aún por el corredor y aquella pequeña colina de hielo brillaba resplandeciente bajo la iluminación permanente del nivel. Por un instante tuve la impresión de que había comenzado otra Edad del Hielo y que el nivel E era una vasta llanura sobre la cual se extendía el triunfo del silencio lunar de la nieve.

    La compuerta se había cerrado. Nos hallábamos en un espacio de unos cuatro pies cuadrados, con una estrecha subida en forma de chimenea por encima de nuestras cabezas. No estaba totalmente a obscuras, tanto las paredes como aquella chimenea tenían algo de luz fosforescente y podíamos vernos el uno al otro con cierta facilidad.

    Kira se llevó un dedo a los labios advirtiéndome el más absoluto silencio, apuntando entre tanto hacia la chimenea que ascendía sobre nuestras cabezas. Una vez más la empujé hacia arriba, esta vez con más facilidad, y ella volvió a dejar la cuerda para mí. Comenzamos así a subir por aquella rendija, tras haberle entregado sus zapatos.

    Aquel vertedero se parecía en realidad a una estrecha chimenea con asideros y huecos para los pies y manos a convenientes intervalos. Nos hallábamos a unos pies de altura en nuestra ascensión, cuando creí oír un vago y confuso ruido procedente del corredor que teníamos bajo nuestros pies, y me di cuenta que el escuadrón de enterramientos había llegado ya hasta allí. Entonces comprendí la advertencia de guardar silencio que Kira me había hecho momentos antes.

    Ascendíamos firmemente. No podía creer que hubiésemos podido escapar de las manos del escuadrón tan fácilmente y conforme transcurrían los segundos sin sentirnos perseguidos, comencé a sentirme realmente aliviado. Percibí la vaga sensación de hallarme protegido por el destino.

    Seguimos ascendiendo. Tenía la imaginación vagando en el pensamiento de que jamás, ni antes, ni nunca, yo hubiese estado destinado a un futuro que, con Despoina siempre en mi pensamiento, podría tener algo de inesperado, en donde mi imaginación se extraviaba.

    Kira se detenía de tanto en tanto para descansar en aquella escalada, apoyándose contra uno de los lados de la chimenea y respirando profundamente para recobrar alientos. Fue tras uno de aquellos altos en el camino cuando me dijo en voz baja:

    — Ahora podemos hablar, Sam.

    Mis fantásticas especulaciones desaparecieron como por encanto al enfrentarme con la realidad.

    —¿Se supone que existirá una salida de emergencia? — le dije en un murmullo de voz —. Creo que hemos subido lo suficiente como dos veces la altura del nivel E. Y en una emergencia real, nadie habría podido conseguirlo, en absoluto.

    Kira sonrió entre dientes suavemente.

    — Los niveles están llenos de ingeniosos dispositivos y de trampas ocultas que casi nunca funcionan. Tuvieron tanto dinero para construirlos, cuando se dedicaron a extenderse por las cavernas subterráneas, que los niveles resultaron un conjunto de errores al final. Pero creo que daremos eventualmente con el nivel E.

    Subimos y continuamos subiendo más y más. Los costados del vertedero por el que ascendíamos se habían vuelto más rudos y se habían obscurecido sensiblemente. Finalmente, Kira advirtió:

    — Creo que estamos en el final.
    — ¿Quieres decir en el nivel E?
    — No, todavía no. Pero debe existir algún lugar por aquí cerca en que podamos descansar.

    Se detuvo y se apoyó contra el lado derecho de la chimenea. Mirando hacia arriba la vi empujando con fuerza la superficie hacia su izquierda. No ocurrió nada. Ella esperó un momento, braceó y volvió a insistir.

    Esta vez funcionó algo. La totalidad del trozo de pared del vertedero se rompió en pedazos hacia adentro. A través de aquella abertura irregular se hicieron visibles las paredes fosforescentes de una habitación.

    — ¿Qué puede ser eso? — pregunté. La pared se había roto como la corteza de un pastel al horno.
    — Líquenes. Tienen el mismo aspecto que el resto de la chimenea y resultan bastante fuertes. Pero si se sabe dónde presionar, salta en pedazos. Antes de que comenzasen las epidemias se empleaban mucho los líquenes y hongos.
    — Entremos — sugerí —. Estoy cansado. No veo que haya razón para que no podamos descansar un buen rato.

    La seguí y entramos en una habitación que me recordó en cierto modo la de los áticos en donde yo había vivido en mis años de infancia en Peabody y donde realicé mis travesuras infantiles. Era de grandes dimensiones, con el suelo de madera sin pintar, teniendo como único mobiliario una litera y un pequeño tocador discretamente disimulado tras una cortina que caía desde el techo.

    — ¿Para qué se construiría esto? — pregunté, mirando a mi alrededor.

    Kira se encogió de hombros.

    — Imagino que su constructor tenía ciertas nociones sobre las posibilidades de combates de guerrillas y acciones por sorpresa entre los que habitaban aquí y los que ocuparon el nivel F. Pero lo ignoro, en realidad, con certeza. Tal vez se hizo para gastar más dinero. — Sentémonos. No es de extrañar que esté realmente fatigado. Apenas si hemos dormido algunas horas y desde que llegó el escuadrón de enterramientos no hemos hecho otra cosa que correr y saltar, o sufrir un constante temor. Hay algo de fatigante en sentirse atemorizado.

    Ella se sentó en la litera y tras unos momentos se acostó. Yo lo hice a su lado.

    — ¿Estaremos aquí seguros? — le pregunté.
    — Creo que sí. Cuando estoy cansada, sólo veo las cosas a retazos. Pero por lo que he sacado en conclusión esa gente aún continúa en los corredores. Los que gaseamos estarán volviendo en sí. Creo que tienen que suponer que no ha escapado nadie.
    — ¿No les haría sospechar el truco del espejo? — insistí.
    — No más de lo que ya lo estaban al respecto. El nivel F siempre ha tenido fama de ser un extraño lugar, donde suceden cosas misteriosas y «científicas».
    — Resulta sorprendente que nadie haya tratado de salir del nivel F — dije yo. El frío nos alertó a nosotros dos. Pero los demás parecen no haberse dado cuenta.
    — Supongo que el escuadrón de vigilancia puso algún hipnótico en el aire antes de llegar. A nosotros no nos afectó, porque somos en cierto aspecto bastante diferentes a ellos, físicamente considerados. O puede que haya sido por alguna otra razón.

    En aquella habitación solitaria y desnuda existía una tranquilidad agradable. Cuando Kira dejó de hablar, yo podía escuchar los latidos de mi propio corazón. Aquella quietud me recordó el mido constante que siempre había existido en el nivel F. Algunos ruidos no tenían significado concreto, otros habían resultado amenazadores. Pero siempre presentes. Volví a preguntar a Kira:

    — Dijiste que Jaeger tuvo que haberlo dicho. ¿Quién es?
    — Es el individuo que te preguntó acerca de Tanith el otro día. Va por todas partes preguntando por ella — repuso Kira —. Es uno de los pocos que salieron vivos de esos sacos de plástico empleados para los enterramientos.

    Se me vino entonces a la memoria el hombre muerto y encerrado en el saco transparente, que no obstante se movía. Lo había visto cuando trabajaba con el bulldozer.

    — ¿Crees que ha sido así? ¿Quieres decir que no estaba muerto cuando lo pusieron dentro?
    — Sí. O al menos él lo dice así. Particularmente, creo que vio cómo enterraban a Tanith, su novia. De todas formas, eso le ha dejado trastornado mentalmente. Piensa que los demás son propagadores de la epidemia. Yo le detuve una vez al querer hacer una llamada anónima al escuadrón de enterramientos.
    — ¿Y esa gente seria capaz de congelar a toda la población de un nivel de los subterráneos sólo por una llamada anónima?
    — No sé qué sería lo que les pudiera decir — repuso Kira. Bostezó —. Si continúas haciendo preguntas, ¿por qué no te acuestas en vez de estar ahí sentado al borde de la cama? Creo que nos hará bien dormir un poco. Después pensaremos en subir hasta el E.
    — Una pregunta todavía. ¿Por qué te hallabas tan desmoralizada cuando vimos por primera vez al escuadrón de enterramientos?
    — Me recordaba... bueno, no es nada que te importe, Sam. Acuéstate. Y duerme.

    Obedecí la primera orden; pero me resultaba imposible dormir. Mi mente estaba repleta de preguntas y de incertidumbre. Al final, tras haber estado junto a ella durante bastante tiempo, le murmuré al oído:

    — ¿Estás despierta, Kira?
    — ¿Qué harás cuando lleguemos al nivel E?
    — Me quedaré unos cuantos días, hasta que el F se deshiele de nuevo. Después volveré allá. He sido estacionada especialmente allí. Tú puedes quedarte en la superficie, Sam. Te irá bien. He hecho ya todo lo que podía hacer por ti.

    Una vez más caímos en un prolongado silencio. El proyecto que había bosquejado para mí me sumió en el desaliento y el estupor. El futuro sin Kira... ¿qué futuro podría ser? Entonces comprendí lo que aquella chica significaba en mi vida. Me había vuelto a la vida hablándome del futuro como una especulación, incluso como una esperanza. Ella me había devuelto el deseo de vivir y pensar en el porvenir.

    Me aproximé a ella y la tomé en mis brazos.

    — Kira, déjame volver contigo adonde tú vayas. Deja que me quede contigo en el nivel F. Si es que tienes que permanecer allí, yo también me quedaré. Ya estamos uno junto al otro, cariño. Y creo que casi enamorados. Podríamos ser felices los dos, incluso en el nivel F. Es un lugar desagradable; pero seríamos amantes, querida.

    Ella no había rehusado mi abrazo; pero había adoptado una actitud totalmente pasiva.

    — No — repuso suavemente —. Lo siento mucho, Sam.

    Yo no quise dejarla escapar.

    — ¿Por qué no? ¿No te encuentras a gusto junto a mí también?
    — Oh, sí, Sam. Pero existe una razón para que no podamos ser amantes.
    — ¿Cuál? ¿Alguna especie de prohibición como la que hace que tengas que quedarte recluida en el F?
    — No, no es eso... Tendré que decírtelo. Soy tu hermana, Sam.

    Abrí mis brazos, de los que se deshizo Kira. Medio me incorporé asombrado por aquella revelación y me apoyé en un codo, mirándola fijamente. Ella me miró a su vez sin parpadear.

    — ¿Mi hermana? ¿Estás segura? ¿Cuánto tiempo hace que lo sabes?
    — Sí, estoy segura. Lo sé desde la primera vez que me dijiste tu nombre.

    Me senté en el borde de la litera con la cabeza entre las manos. El tono de su voz tenía una poderosa fuerza de convicción. Habría alguna explicación para aquello, ella me diría cómo tan extraordinaria circunstancia pudo ser posible.

    No puse en duda de que me dijo la verdad. Pero por el momento, — el futuro se me apareció como una página en blanco.


    XV


    Me alejé de Kira, triste y aplanado, dos días después de hallarnos en el nivel E. En aquel intervalo hablamos hablado mucho, de muchas cosas. Ella me había hablado con detalles de su descendencia familiar, por cuanto sabía sobre el asunto. Estaba cierta de que si no era mi hermana, al menos era media hermana.

    Mi padre — ella c