¡BIENVENIDOS AL CIRCO DEL SOL!
Publicado en
julio 15, 2012
La mujer lagarto- Artistas como Andrea Ziegler hacen que el Circo del Sol sea un éxito mundial.
Fotografía: © AL SEIB; Todos los trajes: DOMINIQUE LEMIEUX.De Las Vegas a Disney World, de Europa a Australia, esta compañía circense produce magia y utilidades.
Por Brian JohnsonLAS VEGAS es el último lugar del mundo donde uno esperaría ver arte. Pero en el hotel Treasure Island, pasando las filas de jugadores pegados a las máquinas tragamonedas, el casino y el corredor de las tiendas de recuerdos, está por iniciarse un juego muy distinto en el elegante Teatro Mystére, que se localiza en las entrañas del hotel.
Con estrépito ensordecedor, un enorme tambor japonés, tocado por un percusionista que cuelga de un arnés, desciende del techo. De pronto el escenario se hunde y se transforma en una escalinata. Un hombre de torso desnudo surca el aire en una estructura cúbica de aluminio. Gimnastas con máscaras en la parte posterior de la cabeza trepan por unos postes. Hombres con botargas en forma de pera saltan en camas elásticas. Hay lagartos saltarines y cortesanos dieciochescos de pelucas empolvadas haciendo piruetas sobre candelabros llameantes. En lo alto, seis chicas trapecistas surcan el aire en cuerdas elásticas y hacen figuras que parecen estallidos de estrellas. En este circo los animales no son reales; son sólo gente disfrazada.El Circo del Sol de Montreal —una mezcla exótica de música, teatro, acrobacia y danza— es una celebración fantástica de los cuerpos celestiales. Al mismo tiempo es un negocio, una proeza de malabarismo empresarial no menos audaz que la que se ve en el escenario.Fundado en 1984 por un grupo heterogéneo de saltimbanquis de las calles de Quebec, el Circo del Sol ha crecido a pasos agigantados y se ha transformado en un acto de equilibrismo entre el arte y los negocios. Con operaciones en tres continentes, ha sido galardonado con cerca de 90 premios. Aparte de "Mystére", que no ha dejado de llenar el teatro de Las Vegas dos veces por noche desde 1993, y "Alegría", espectáculo permanente que se presenta en el hotel Beau Rivage, de Biloxi, Mississippi, el Circo tiene otras producciones que recorren el mundo: "Quidam", estrenada en 1996, se presentó en el verano de 1999 en ciudades europeas, mientras "Saltimbanco" (1992) recorre Australia.Y con un ingreso de 204 millones de dólares en 1998 y ganancias anuales de entre 15 y 20 por ciento, en promedio, la compañía crece a una velocidad vertiginosa. En octubre de 1998, el Circo estrenó en Las Vegas otro espectáculo permanente, una producción acuática titulada "O"; y en diciembre del mismo año se inauguró un teatro de la compañía con la presentación de un espectáculo especial, "La Nouba", en el Walt Disney World, de Orlando, Florida.En una era de empresas gigantescas, la autonomía del Circo del Sol se conserva milagrosamente intacta. Sus propietarios y administradores siguen siendo sus fundadores originales. Aunque tiene oficinas en Las Vegas, Amsterdam, Singapur y Orlando, la sede aún está en Montreal, en un edificio nuevo de 25 millones de dólares. Y pese a su éxito material, los saltimbanquis empresarios siguen siendo unos idealistas. "Jamás olvidamos nuestros orígenes", dice Daniel Gauthier, de 40 años y presidente de la compañía.Gauthier es copropietario de la empresa junto con el ex tragafuegos Guy Laliberté, de 39 años. Ambos desertaron de la escuela y huyeron de su casa en la adolescencia, pero hoy son prósperos padres de familia, cosmopolitas y bilingües, que se dedican en cuerpo y alma a reinventar el mundo del espectáculo. Dice Gauthier: "Siempre existe el peligro de que nos burocraticemos, pero hacemos todo lo posible por no convertirnos en una gran máquina controlada desde Montreal".EN EL INTERIOR de un edificio de siete pisos en la sede del Circo en Montreal, un grupo de acróbatas ensayan actos aéreos nuevos. En las alturas, los trapecistas se balancean de un lado a otro en un gran columpio doble hecho de tubos de metal en forma de galeón y sujeto al techo con goznes. Trazando en el aire un arco con el galeón, los acróbatas se sueltan y se atrapan por los brazos en un ritmo complicado.Dos artistas del trapecio —las gemelas Karyne y Sarah Steben, de 25 años y oriundas de Montreal— están acostadas una junto a la otra en unas esteras, en el piso. del gimnasio, haciendo ejercicios de estiramiento. Las gemelas han trabajado en el Circo desde los 16 años, cuando acudieron en respuesta a un anuncio en el periódico. Hablan del trabajo que hacen juntas con entusiasmo, arrebatándose la palabra: "Nuestro acto tiene un mensaje... le decimos algo al público... sí, la confianza, la complicidad... la increíble relación que se puede establecer con alguien a quien se ama".Las chicas idearon una escalofriante maniobra en la que se atrapan en el aire usando sólo los pies. A todos los artistas del Circo se les anima a dar rienda suelta a su imaginación.
Espectáculo acuático- "Cada vez empezamos con una página en blanco".
(izquierda) © VERONIQUE VIAL; (arriba) © AL SEIS."Cada espectáculo empieza con una página en blanco", explica Gilles Ste-Croix, director creativo del Circo, quien entró en la compañía como el hombre de los zancos. "A estas fechas ya hemos usado todas las acrobacias existentes. Este lugar se creó para explorar suertes nuevas".La sede de la compañía es un complejo de edificios blancos donde trabajan más de 500 de los 1800 empleados del Circo. El interior es un recinto inmenso que hace las veces de sala de ensayo, oficina y fábrica, y donde todos ven trabajar a los demás. Al alzar la vista, una publicista que mecanografía un comunicado de prensa ve pasar por su ventana a un trapecista en pleno vuelo. O, si es emprendedora, toma clases de trapecio después del trabajo.Los empleados, cuya edad promedio es de 32 años, se expresan con gran gusto de su trabajo, como si estuvieran participando en la construcción de una utopía. Y en cierta forma, así es. Las condiciones de trabajo y prestaciones que ofrece la compañía son inusitadamente progresistas. Los empleados reciben un buen salario, así como un porcentaje de las utilidades de la empresa.Pero el Circo del Sol no es una utopía. Es una fábrica de sueños que da utilidades. Entre los más de 200 trabajadores que laboran en el espacioso taller de vestuario en Montreal, una costurera puede pasarse el día pegando a mano 2500 lentejuelas en los flecos del traje que usará la muchacha de la cuerda elástica en Las Vegas."De niño siempre soñé con viajar", dice Laliberté. Se fue de su casa a los 14 años y se puso a tocar el acordeón en las calles. A los 18 se fue a Europa y cayó en el mundillo romántico de los acróbatas callejeros, donde aprendió a tragar fuego. Luego, cuando trabajaba como animador en un hostal para jóvenes de una ciudad pequeña al noreste de Quebec, Laliberté trabó amistad con Ste-Croix. Juntos, formaron el Club de los Tacones Altos, circo callejero concebido para participar en festivales. Luego, con Gauthier, otro animador del mismo hostal, fundaron el Circo del Sol.La compañía pasó de una mala temporada en Toronto a otra desastrosa en Niagara Falls, Ontario. Entonces, en 1987, Laliberté se jugó el todo por el todo con un contrato para ir al Festival de Los Angeles.Recuerda: "Los organizadores del festival no pagaban anticipos. Así que les dije que estaba dispuesto a correr el riesgo a cambio de publicidad y una función en la noche de la inauguración. Fue un éxito. Pero si no, no nos hubiera quedado dinero para regresar a Quebec".
PARA ENGROSAR SUS FILAS, el Circo recorre el planeta en busca de gimnastas, malabaristas, bailarines, clavadistas, payasos y músicos, y organiza audiciones en diversas ciudades.
El elenco es un grupo internacional dominado por europeos orientales y canadienses. Los idiomas más usados son el inglés y el francés. "Tenemos gente muy diversa", dice Laliberté. "Es como un mosaico".El mosaico incluye atletas de competencia que tienen que aprender a actuar en un conjunto teatral.TRAS BAMBALINAS, en "Mystére", el espacio es estrecho, y el decorado, muy sobrio. Entre representaciones, los artistas se pasean con el vestuario y el maquillaje a medio quitar. Un grupo ve un vídeo de la función que acaba de terminar, y dos acróbatas juegan un partido de ping-pong.Al fondo del pasillo, en la sala de fisioterapia, la mujer lagarto está acostada en la camilla de masaje. Un terapeuta le pasa un trozo de hielo por una pantorrilla. La mujer lagarto es Andrea Ziegler, bailarina menuda de vivarachos ojos verdes y pelo rojo muy corto.—Me torcí la pierna —dice. Atiborrada de antiinflamatorios, podrá actuar en la segunda función, pero sola: el hombre lagarto se ha roto un tobillo.Ziegler, de 26 años, fue elegida para el espectáculo "Mystére" entre los actores que representaron en Toronto El fantasma de la ópera, en 1997. Su trabajo consiste en saltar por el escenario y tratar de parecer reptil."El ambiente es mucho más relajado que en El fantasma", comenta. "Cuando llegué aquí, ensayé una sola vez y me mandaron a escena. Lo que tiene esta compañía de especial es que todos los artistas estamos pendientes unos de otros, nos damos ánimos y nos deseamos suerte".
LA COMPAÑÍA sigue creciendo, pero Laliberté y su socio no tienen ningún interés en ofrecer acciones al público.
Gauthier, el experto en finanzas, explica: "Un año podríamos decidir no tener ganancias para montar un espectáculo nuevo, y no queremos que los accionistas anden detrás de nosotros".Laliberté, el soñador, se expresa aún como un visionario con objetivos inalcanzables. "En 15 años", dice, "no hemos logrado nada. La verdadera prueba de fuego serán los próximos 10".CONDENSADO DE MACLEAN'S (27-VII-1998). © 1998 POR MACLEAN HUNER LTD., DE TORONTO, ONTARIO