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LA EMPRESA donde trabajo se jacta de poseer un sistema de alta tecnología que permiite al personal saber quién se encuentra en la oficina y quién no. Hace poco, pregunté a una secretaria si estaba cierto supervisor. Me ofreció amablemente averiguarlo y salió del despacho. Momentos después, cuandro regresó, le pregunté si había recurrido al nuevo sistema.
HACE ALGUNOS AÑOS trabajé como vendedor de zapatos, y como parte de mi paga eran las comisiones, siempre tenía puesta la mira en posibles clientes.
EN LA TIENDA de neumáticos recibimos con frecuencia llamadas de clientes que no saben bien lo que necesitan. Sin embargo, cuando nos dicen qué auto tienen, es fácil ayudarlos. Cierta vez nos llamó una señora que deseaba adquirir unos neumáticos, pero no sabía ni el modelo ni el tamaño. Le pregunté qué tipo de coche tenía.
Mi PADRASTRO defendía en el tribunal a una mujer acusada de chocar contra un auto de la policía, y quería saber dónde había ocurrido el accidente. Así pues, preguntó:
DURANTE algunos años, mi esposa y yo hemos manejado un pequeño restaurante. Cuidamos mucho la calidad de la comida, así que cuando recibimos alguna inevitable queja, tomamos nota de ella.
UN DÍA, mi camioneta de correos se averió en una carretera muy transitada. Empujé el vehículo hasta la orilla del camino, encendí las luces de emergencia y fui a llamar a un taller mecánico. Cuando regresé a la camioneta a esperar, un auto se detuvo frente a mí.
DOY APOYO TÉCNICO a los clientes que compran los programas de computación que hace mi compañía. Un día ayudaba por teléfono a un cliente a instalar un paquete en una Macintosh. Para esto necesitaba borrar un archivo viejo.
LA LÍNEA AÉREA para la que trabajo requiere a veces que sus pilotos viajemos como pasajeros al aeropuerto de donde partirá nuestro propio vuelo. En una de esas ocasiones, otro capitán y yo nos sentamos uniformados en una de las primeras filas del avión. Estábamos esperando el despegue cuando nos dimos cuenta de que una joven se había quedado de pie en el pasillo, sin quitarnos los ojos de encima. Con aire de preocupación, se agachó y nos dijo en voz baja:
LOS MÉDICOS son famosos por su pésima caligrafía, y un colega mío, con el que comparto mi consultorio, no es la excepción. A través de los años, el boticario responsable de una farmacia cercana aprendió a leer sus garabatos. Un día llamó por teléfono al consultorio un boticario nuevo que no podía descifrar una receta.