EL LLANTO DETRÁS DE LA PUERTA
Publicado en
octubre 15, 2026
Lo que cuento pasó hace 19 años. Tenía 10 años. No es inventado.
He logrado encajonar ese recuerdo, hasta hace poco, cuando un compañero contó algo parecido y todo el mundo se rió... menos yo. Porque en cuanto lo escuché, todo volvió de golpe, como si hubiera pasado ayer.
Tenía 10 años. Eran los funerales de los vecinos de al lado. Unos buenos señores que siempre me saludaban. Dicen que fue un accidente, pero nunca supe bien qué pasó. Solo recuerdo la casa llena de gente, el silencio pesado, el olor de las flores y las velas. Nosotros, los niños de la cuadra, nos fuimos al patio trasero porque nos aburríamos. Ahí había un columpio hecho con una llanta vieja, un subibaja de tablas podridas, y muchos árboles altos y matorrales tan tupidos que casi no entraba la luz. Jugábamos a las escondidas.
Yo corrí lo más lejos que pude. Me escondí detrás de una lavadora vieja y oxidada que estaba abandonada en una esquina. Me agaché ahí, conteniendo la risa, esperando que me buscaran. Y entonces lo escuché.
Un llanto. No era de niño. Era grave, roto, desesperado. Venía de cerca. Me asomé por encima de la lavadora y lo vi.
Era el señor que estaban enterrando. El mismo que estaba en el ataúd adentro de la casa. Estaba de pie frente a una puerta vieja de madera que tenía cerrada con candado, justo pegada a la pared trasera. Lloraba con los hombros temblando, la cabeza baja. No se veía bien su rostro, pero su ropa era la misma que llevaba puesto en el velorio.
Me quedé helado. No podía respirar. Y entonces vi algo que hasta el día de hoy me persigue cada vez que cierro los ojos:
De la oscuridad que había detrás de esa puerta, salió una mano. Pálida y larga... y lo agarró del brazo. Lo jaló suave pero con fuerza, hacia la sombra, hacia adentro. El señor no gritó. Solo dejó de llorar de golpe y desapareció.
Eso es lo último que recuerdo.
Después todo se vuelve negro. No sé cuánto tiempo pasé ahí tirado. Dicen que me encontraron desmayado entre los matorrales, pálido como un papel, sin poder despertar. Tal vez me llevaron al hospital, tal vez no. Mi mamá nunca me quiso contar nada. Cada vez que le preguntaba, me cambiaba de tema o me decía que solo me había dado un susto, que me había dormido y soñé cosas.
Pero yo sé lo que vi. No fue un sueño. Esa mano estaba real. El llanto estaba real. Y la forma en que se lo llevaron... eso no se me va a olvidar nunca. A veces me pregunto qué había detrás de esa puerta. Y por qué lo llamaban a él. Y por qué yo tuve que verlo.
Fuente del texto:
Novelas, Historias y Creepypastas de terror