EL CEMENTERIO DE LOS OLVIDADOS
Publicado en
octubre 21, 2026
No debería estar contando esto. Lo que se dice en el pueblo es que quien habla de ese cementerio... ya no vuelve a salir de él. Pero necesito que alguien sepa la verdad. Antes de que también me olviden.
Sucedió hace tres meses. Me llamaron para hacer el censo de las lápidas abandonadas, allá en la parte vieja del cementerio municipal. La zona que nadie visita desde hace más de cincuenta años. Los árboles han tragado las veredas, las cruces están rotas, y las inscripciones... la mayoría ya no se leen. Solo dicen que ahí entraste y ya no eres el mismo al salir.
Al principio todo parecía abandono común. Lápidas hundidas, musgo, silencio pesado. Hasta que llegué al final del recinto. Ahí estaba ella. Una tumba sin nombre, sin fecha, sin cruz. Solo una losa plana de piedra gris, completamente lisa, como si nunca le hubieran grabado nada. Y encima... flores frescas. Rojas como sangre, sin una sola hoja seca.
Me quedé helado. Nadie entraba ahí. Nadie pasaba de la verja cerrada con candado desde 1970. Y sin embargo, esas flores estaban recién cortadas.
Me acerqué despacio. Toqué la piedra. Estaba fría para un día de sol. Y entonces escuché. Vino de abajo. Un sonido suave, como alguien arrastrando las uñas por la piedra desde dentro.
Me eché para atrás. Mi corazón golpeaba tan fuerte que lo escuchaba más fuerte que el ruido bajo tierra. Quise irme. Pero algo me clavó los pies. Algo me dijo: "MIRA BIEN. NO OLVIDES ESTE LUGAR".
Esa noche no dormí. Al día siguiente regresé con la intención de confirmar que todo había sido mi imaginación. Llevé una cámara. Cuando llegué... las flores ya no estaban. En su lugar, sobre la piedra lisa, había escrito con algo oscuro, como tinta seca: "YA TE VI. VUELVE".
Corrí. Fui a la oficina del archivo histórico a buscar cualquier registro. No había nada. Ninguna tumba con esa ubicación. Ningún nombre. Ninguna fecha. Como si nunca hubiera existido. Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue que cuando llegué a mi casa... en la mesa de entrada, encima de mis papeles, había una flor roja, exactamente igual a las de la tumba. Y nadie tenía la llave.
Desde entonces no pasa un solo día sin que sienta que alguien está detrás de mí. No lo veo. Pero lo sé. Cuando camino por la calle, cuando me doy la vuelta bruscamente, cuando cierro los ojos para dormir... sé que está ahí. Esperando. Como si hubiera abierto algo que nunca debía tocar. Como si esa tumba no fuera para nadie más... sino para quien la encontrara.
Ayer regresé por última vez. La losa estaba entreabierta. Y ya no había duda. Desde abajo, en la oscuridad del hueco, alguien me llamó por mi nombre completo. Con voz suave, conocida, como si me hubiera estado esperando toda la vida.
No le contesté. Pero sé que ya es tarde. Porque cuando me fui... miré hacia atrás. Y sobre la piedra, mi nombre completo estaba grabado ahí. Con fecha de hoy.
Si alguna vez van a un cementerio viejo y encuentran una tumba sin nombre con flores rojas... no se acerquen. No la miren. Y sobre todo... no se pregunten para quién es. Porque si la encuentran... es para ustedes.
Fuente del texto:
Novelas, Historias y Creepypastas de terror