<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531</id><updated>2012-02-12T20:44:35.386-05:00</updated><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ABRIL 1988'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ABRIL 1991'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 2002'/><category term='DATOS INTERESANTES. VALE LA PENA SABER'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - MAYO 1998'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - DICIEMBRE 1993'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - TEMAS RESCATADOS'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - ENERO 1995'/><category term='BELLEZAS DEL CINE Y TELEVISION'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - JUNIO 1995'/><category term='UN MUNDO INSEGURO'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - AGOSTO 1979'/><category term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category term='INFORMACION'/><category term='BIOGRAFIAS'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JULIO 1999'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - JULIO 1996'/><category term='CHISTES QUE LLEGAN A MI EMAIL'/><category term='z'/><category term='TEMAS VARIOS'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - MARZO 1995'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - MARZO 1979'/><category term='FOTOS: PAISAJES Y TEMAS VARIOS'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - ABRIL 1998'/><category term='ARTE - GRAFICOS'/><category term='PERSONAJES DISNEY'/><category term='zz'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ENERO 1998'/><category term='LIBROS-EN-LINEA'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category term='MENSAJES PARA REFLEXIONAR'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - SEPTIEMBRE 1995'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - JULIO 1994'/><category term='LA VIDA SE HA CONVERTIDO EN UN LUCRO'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - OCTUBRE 1998'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 1989'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ABRIL 1995'/><category term='SUCESOS-PROEZAS QUE CONMUEVEN'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - SEPTIEMBRE 1993'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - NOVIEMBRE 1976'/><category term='CONSEJOS SANOS PARA EL ALMA'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 2000'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - MARZO 1990'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - ABRIL 1994'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - AGOSTO 1980'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - SEPTIEMBRE 1996'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - MAYO 1993'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 1998'/><category term='SALUD Y PREVENCION'/><title type='text'>MOMENTO DIGITAL... lectura en línea</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mdarena.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4760</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-4394162067791200910</id><published>2012-02-12T18:12:00.001-05:00</published><updated>2012-02-12T18:14:28.032-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TEMAS VARIOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>EL EFECTO MOZART PARA NIÑOS</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 662px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-zEJbBD1CWMs/TzUdh275T2I/AAAAAAAATI8/bfulmZfXG0Y/s1600/EL%2BEFECTO%2BMOZART%2BPARA%2BNI%25C3%2591OS-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707500570281594722" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Don Campbell es una de las autoridades internacionales más reconocidas en el campo de la educación musical. Músico, pedagogo y escritor, su último libro se titula El efecto Mozart para niños. Allí, el autor presenta una guía básica para entender la importancia de la música en el desarrollo físico e intelectual de los chicos. Y explica por qué las melodías del compositor austríaco Wolfgang Amadeus Mozart son las más indicadas para la estimulación de bebés y niños.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Desde el principio de los tiempos, la humanidad ha percibido el poder de la vibración, el ritmo y el sonido. Incluso en muchas culturas, el mito de la creación describe un sonido primordial que dio origen, de la nada, al mundo. Los antiguos chinos y egipcios consideraban a la música como un elemento fundamental que reflejaba los principios rectores del Universo. Se creía que las melodías tenían el poder de elevar o degradar al ser humano, y hasta de cambiar el destino de toda una civilización. Por eso es que los seres humanos han hecho música a lo largo de toda la historia para celebrar sus fiestas religiosas, para implorar a la tierra y para alabar a sus dioses.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Han pasado los siglos y la ciencia confirma la verdad que se manifestó desde que el hombre dominó la tierra: los sonidos ayudan a crear estructuras en el espacio y tiempo. Sus efectos son claros y medibles, no sólo en los objetos sino también en los seres vivos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tal vez por eso los bebés, los recién nacidos y los niños pequeños tienen una extraordinaria receptividad a la música. En diversos estudios se ha comprobado que el cerebro del bebé es capaz de reconocer unidades estructurales de la música tales como la tonalidad, al altura y el ritmo. El músico, pedagogo y escritor Don Campbell reconoce todas virtudes y ventajas de la estimulación pre natal e infantil con música, pero agrega un dato más que interesante: la mejor música para bebés y chicos es la de Mozart.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;¿POR QUE MOZART?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La respuesta de Campbell es la siguiente: los ritmos, las melodías y altas frecuencias de la música de Mozart estimulan y recargan las regiones creativas y motivadoras del cerebro. Pero tal vez lo esencial en la grandeza de Mozart es que todos sus sonidos son puros y simples, y que su música es a la vez misteriosa y accesible.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La estimulación con música clásica puede comenzar durante el embarazo, y es especialmente importante después de los cinco meses de gestación. Una vez fuera del útero es muy importante continuar con esta práctica. El recién nacido abandona un ámbito cálido y tranquilo para introducirse en un medio que está lleno de estímulos sensoriales: luces, ruidos, olores, sensaciones nuevas a las que debe acostumbrarse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Durante las primeras semanas de vida, el bebé comienza a percibir semejanzas entre los ritmos de este mundo y el mundo que Había conocido dentro del útero. Por eso es tan importante que la mamá le haga escuchar las mismas melodías que oía durante el embarazo, ya que éstas pueden ser un maravilloso puente entre su primer hábitat y el que será su medio de ahora en adelante. Numerosas investigaciones han demostrado que durante las semanas posteriores al parto, nada alivia tanto al bebé como el sonido grabado de los latidos del corazón de la madre o la música clásica que oía antes de nacer.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Algunas de las melodías recomendadas para embarazadas y bebés recién nacidos son:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Variaciones en do mayor sobre la canción Ah! Vous diraije, maman (K. 265).&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Andante sostenuto de la Sonata para violín y piano en do mayor (K. 296). Es una hermosa canción de cuna que ayuda a equilibrar la mente y el corazón.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Andante de la Sinfonía n° 25 en sol menor (K. 183). No es una canción de cuna tradicional sino una pieza que invita a hablar y cantar mientras se escucha. Es ideal para la hora del baño del bebé, por ejemplo.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;JUGUETES PARA EL OIDO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Ya que el bebé ha estado aprendiendo sonidos vocales desde antes de salir del útero materno, nunca es demasiado pronto para presentarle las alegrías del lenguaje mediante la música y las canciones. Por ejemplo, una de las primeras habilidades que ha de dominar el recién nacido en su nuevo entorno es descubrir de dónde procede un sonido. Para esto, un adulto puede mover ligeramente un sonajero para captar su atención y luego situarlo en diferentes partes alrededor de su cabeza, de modo que el bebé tenga que descubrir de dónde procede el sonido que escucha.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La música y los sonidos tienen un papel fundamental en el desarrollo del pequeño, por eso es muy importante preocuparse porque el bebé escuche una amplia gama de estilos y géneros musicales. Si en casa hay algún instrumento musical (no importa cuál), sería bueno que la mamá o el papá le tocaran alguna melodía a su hijo. Para esto no hace falta que sean músicos, basta con que interpreten sonidos suaves que el bebé pueda reconocer. Y si además se animan a cantarle, mejor aún. El bebé reconocerá las voces familiares y les prestará más atención aún que si se lo pone frente a una grabación. También es una buena idea asociar determinadas melodías con ciertos momentos del día. Por ejemplo, puede amanecer siempre con la misma canción, jugar en su cuna escuchando otra melodía y escoger una tranquila para la hora del sueño. Los bebés reaccionan con mucha precisión y eficiencia a la sincronización musical. Y aprovechando este fenómeno, el poder de la música también puede guiarlo dulcemente hacia la armonización de una rutina diaria y de horarios más o menos fijos. Si acostumbramos a marcar con música los ritmos cotidianos del pequeño, es muy probable que sus horarios y hábitos sean más regulares.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así, la combinación de melodías caseras con otros ritmos (que por supuesto incluyen a Mozart) será una excelente estimulación para el recién nacido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;MÚSICA PARA BEBÉS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Durante las últimas décadas, los científicos han trabajado incansablemente para probar la hipótesis de que el feto oye, reacciona ante el sonido y aprende de él. Por los resultados de sus trabajos, ahora sabemos que:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ El oído es el primer órgano sensorial que se desarrolla dentro del útero.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ El sistema auditivo empieza a funcionar de tres a cuatro meses antes del nacimiento.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ Entre las semanas 28 y 30 de gestación, el feto comienza a reaccionar a los sonidos exteriores mediante alteraciones en su ritmo cardíaco.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ Determinados sonidos pueden afectar a la estructura y funcionamiento del sistema auditivo del feto.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ Los bebés prematuros que escuchan música clásica en la unidad de cuidados intensivos aumentan más de peso en menor tiempo que aquellos que no son estimulados con música.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ La familiarización con sonidos concretos antes del nacimiento podría inducir una preferencia por esos sonidos después del nacimiento.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 288px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-T3tySJey38w/TzUdhIwRnpI/AAAAAAAATIs/1S5NyqyhQ08/s1600/EL%2BEFECTO%2BMOZART%2BPARA%2BNI%25C3%2591OS-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707500557884825234" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;MOVIMIENTO AL COMPAS: DE SEIS A DIECIOCHO MESES&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Cuando el pequeño se siente, empiece a mantener el equilibrio y a estirar los brazos, puede ser muy estimulante elegir las Variaciones (K. 265) de Mozart y volverlas a escuchar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La melodía evoca la broma traviesa de la canción popular, pero además, la propia estructura de esta breve pieza es una lección sobre cómo aprenden naturalmente los bebés y chicos. Después de introducir la melodía original, Mozart la recrea en un plano ligeramente más complejo; la reinventa con embellecimientos rítmicos y melódicos y luego vuelve a recrearla hasta que es casi irreconocible en el estallido de juego melódico con que acaba. Mozart, a través de su música, parece reproducir la manera en la que los niños entienden al mundo, tomando un objeto o concepto nuevo, explorando sus posibilidades, volviéndolo de un lado a otro y jugando de mil maneras. Además, el proceso de adquirir control sobre sus músculos significa que también comenzará a reaccionar físicamente a la música. Alrededor del momento en que empiece a sentarse con facilidad, comenzará a expresar lo que siente con la música, saltando o agitando los brazos cuando escuche melodías que le resulten familiares. A los ocho meses ya podría intentar batir las palmas. Una vez que haya cumplido un año, sus reacciones a la música varían aún más, y es posible que a los dieciocho meses ya domine el ritmo de la música, meciendo todo el cuerpo y saltando al compás.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Durante todo este período, el sonido y el ritmo le sirven para coordinar su cuerpo con su cerebro. El menú Mozart para esta etapa puede incluir:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;√ Minueto de la Sinfonía de los juguetes de Leopold Mozart. Es una pieza compuesta por el padre de Wolfgang unos meses antes de que naciera su hijo.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;√ Danza alemana n° 2 en sol mayor (K 605).&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;√ Rondó (Allegro ma non troppo), de la Serenata n° 9 en re mayor (K. 320).&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;√ Andantino del Cuarteto para flauta en do mayor (K. 320). Adagio (tercer movimiento) del Cuarteto n° 20 en re mayor (K. 499).&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;√ Variaciones en do mayor sobre la canción Ah! Vous diraije, maman (K. 265). Es una melodía ideal para conciliar el sueño y tranquilizar al niño antes de acostarse.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;√ Marcha en re mayor (K. 335/320a, n° 1). Es una buena melodía para invitar a la acción: puede ser para el momento del juego, o a la hora de prepararse para salir a la calle. (La letra K y el número que figuran entre paréntesis después del nombre de la sinfonía hacen referencia al catálogo Kochel, en el que aparecen ordenadas las más de seiscientas composiciones de Mozart.)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Para más información, ver los libros&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• El efecto Mozart, Don Campbell, Editorial Urano.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• El efecto Mozart para niños, Don Campbell, Editorial Urano.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente: Revista MEDICINAS ALTERNATIVAS, Argentina Abril 2002&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-4394162067791200910?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/4394162067791200910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/4394162067791200910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/el-efecto-mozart-para-ninos.html' title='EL EFECTO MOZART PARA NIÑOS'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-zEJbBD1CWMs/TzUdh275T2I/AAAAAAAATI8/bfulmZfXG0Y/s72-c/EL%2BEFECTO%2BMOZART%2BPARA%2BNI%25C3%2591OS-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-5572709296942991950</id><published>2012-02-12T18:09:00.001-05:00</published><updated>2012-02-12T18:11:34.614-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='SALUD Y PREVENCION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>EL TRONCO, EJE VITAL Y EMOCIONAL</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 565px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-R5r5QSAlN5E/TzUfCxJIkqI/AAAAAAAATL8/bzWD7nymgKw/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-0.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707502235173819042" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Vivimos tan enclaustrados en la cabeza que lo que sucede de cuello para abajo, por así decir, nos resulta extraño o incluso ajeno. Pero vivir mejor a veces requiere decir ¡hola tronco!... mirando adentro.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Juan José Plasencia (&lt;a href="http://www.masajeplasencia.com/" target="_blank"&gt;www.masajeplasencia.com&lt;/a&gt;)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Para los antiguos samuráis, la capacidad de mantenerse estable dentro de la movilidad era uno de los ejes de su formación. El trabajo corporal realizado para alcanzar esta cualidad de &lt;em&gt;estabilidad móvil&lt;/em&gt; se centraba esencialmente en el tronco. El aspirante debía mantener su tronco erguido y resistente. Para comprender su importancia, se le comparaba con el tronco de un árbol, que independientemente de su grosor o tamaño, constituye el centro y la médula de su estructura; elementos determinantes para mantener el equilibrio energético y estructural entre las fuerzas opuestas del cielo y la tierra.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin pretender ser samuráis, la armonía y el equilibrio de nuestros movimientos también depende de la estabilidad que nos ofrece el tronco. De él arranca el impulso inicial para todas las acciones. La energía que nace en el tronco se irradia hacia las extremidades y es vital tanto para desplazarse como para interactuar con las fuerzas energéticas de la naturaleza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Conocido como &lt;strong&gt;torso&lt;/strong&gt; en lenguaje corriente, el tronco comprende desde la base del cuello hasta la cadera. Constituye la parte más voluminosa del cuerpo y puede llegar a pesar alrededor de la mitad del peso corporal. Su contorno está definido por tres zonas claramente diferenciadas: pecho, cintura y caderas, correspondientes en su morfología con los espacios internos del tórax, el abdomen y el vientre. En estos espacios se aloja el pulso constante de la vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como si se tratara de una importante sede de laboratorios secretos, el exterior del tronco aparece estable y protegido por una extraordinaria estructura compacta, formada por la columna vertebral, la caja torácica, la pelvis y la vasta musculatura que la recubre. La coordinación de los distintos grupos musculares, con su perfecto entramado de capas, ofrece sujeción, movilidad y estabilidad a todo el sistema óseo que conforma el tronco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;UN SISTEMA CON TRES CENTROS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;● En su parte anterior, el &lt;strong&gt;pecho&lt;/strong&gt; es la zona con que hacemos frente a las situaciones de la vida. A manera de escudo, resguarda y representa al &lt;em&gt;yo/mio&lt;/em&gt; o al &lt;em&gt;tu/tuyo&lt;/em&gt;, con sentido de identidad/propiedad, como cuando nos tocamos en el centro del pecho para indicar lo que nos concierne o cuando señalamos al otro en su centro para indicarle lo que le atañe. La imagen del Tarzán, el mitico &lt;em&gt;hombre-mono&lt;/em&gt; golpeándose el pecho, transmite la sensación de vigor que podemos alcanzar en esta zona del cuerpo, donde albergamos los anhelos de triunfar y conseguir nuestras metas. Nos sentimos seguros y &lt;em&gt;sacamos pecho&lt;/em&gt; para presumir, desafiar, mostrar entusiasmo o pasión. Por el contrario, la inseguridad. la vergüenza, el temor, la tristeza, la melancolía llevan a hundir el pecho, dando evidencia del abatimiento que nos invade.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;● La zona abdominal, sostenida por paredes musculares largas y planas, es la región donde se procesan el alimento y las emociones. En su centro, el ombligo indica la primera cicatriz que nos depara la existencia, dejando en esta parte del cuerpo una relación constante con el modo en que nos vincularnos al entorno. El abdomen es el lugar donde se digieren, bien o mal, las experiencias que la vida nos ofrece. En él se manifiestan claramente las sensaciones físicas de vacío y plenitud. Desde sus profundidades nos despertó por primera vez el hambre y seguramente en ellas hemos ahogado más de una rabieta o un impulso visceral. La cintura abdominal proporciona un centro de fuerza que se extiende hasta las extremidades, a partir de la cual se distribuye el equilibrio y se coordinan las fuerzas corporales para mantener la postura y el movimiento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;● En la parte más baja, la región del &lt;strong&gt;vientre&lt;/strong&gt; nos conecta con nuestro yo ancestral. Los instintos primarios e inconscientes generalmente surgen desde el vientre sin siquiera consultar a la mente. Sede del arraigo y la supervivencia, encarna la potencia vital. Es el recipiente de la energía sexual y la fecundidad, el recinto donde se origina la vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;UN PAISAJE PROTECTOR&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;En la parte posterior, la espalda es la gran protagonista del tronco. Inaccesible a los ojos, constituye nuestro respaldo. Su extenso territorio nos ofrece amparo, descanso y movilidad, sin olvidar su protección cuando nos enroscamos sobre el vientre, buscando resguardarnos en nuestro ser interior. Representa el eje central del cuerpo, definido por la columna vertebral o &lt;comi&gt;”vara de la vida”&lt;/comi&gt; para los tibetanos. Como una cadena articulada, la columna permite los movimientos del tronco, amortiguando los golpes en los desplazamientos y en los saltos. Cumple también la delicada función de proteger la médula espinal, por la que discurren las dos grandes ramas del sistema nervioso autónomo: el sistema simpático y el parasimpático. El primero estimula la actividad física y mental, predisponiendo a la persona a salir al exterior y proteger el interior. El segundo calma el cuerpo y la mente, estimulando las funciones básicas e induciendo estados de relajación y bienestar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los lados del tronco están formados por los músculos intercostales, que unen con forma cilíndrica la espalda con el frente, lugar donde descansan los brazos cuando caen libremente a ambos lados del cuerpo. Es en estos espacios donde los niños buscan cobijo bajo nuestras &lt;comi&gt;”alas”&lt;/comi&gt;. También en ellos atesoramos plácidas sensaciones de los brazos que nos levantaban en la primera infancia. para abrazarnos y permitirnos ver el mundo con seguridad desde las alturas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;TESOROS INTERNOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Interiormente, el tronco es un continente en constante actividad. En él se alojan los principales órganos vitales, encargados de cumplir con las funciones fisiológicas necesarias para mantener la vida. Al igual que se puede escuchar a través de las paredes de una habitación cerrada, si acercamos el oído a cualquier zona del tronco de una persona podremos percibir los sonidos de este laboratorio orgánico-emocional: el aire que entra y sale de los pulmones, la sangre que impulsa el corazón en cada latido, los movimientos gástricos que transforman el alimento en sustancias nutritivas y hasta el latir de una nueva vida en una mujer embarazada.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dispuestos a superar las situaciones extremas a las que los sometemos a menudo, cada órgano ocupa su lugar dentro del tronco. Desde allí trabajan unidos con la noble finalidad de ayudarnos a mantener una mejor calidad de vida. Conocer las funciones y relaciones orgánicas de estos órganos, así como los síntomas que alertan de sus desequilibrios, ayuda a cuidar de la salud y a apreciar los tesoros que guarda el tronco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;EL CORAZÓN Y LA ALEGRÍA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Es el centro de la circulación sanguínea, controla el movimiento de la sangre y asegura un flujo sanguíneo uniforme por todo el cuerpo, que se refleja en el cutis y la piel. Tradicionalmente se le ha atribuido gran influencia sobre la actividad mental y espiritual, la conciencia, la memoria emocional, la nobleza de los pensamientos y el sueño. Por el origen común y el continuo intercambio que existe entre la sangre y los fluidos corporales, el corazón controla el sudor. Según la medicina tradicional china, se le asocia con la alegría, el calor, el verano, el sabor amargo y el color rojo. Su órgano sensorial es la lengua y su secreción el sudor, sobre el cual ejerce su control. Sus tejidos corporales son los vasos sanguíneos. Cuando el corazón está débil, algunos de los síntomas que se pueden presentar son: alteraciones psíquicas, trastornos digestivos, endocrinos o sexuales, abatimiento, sudoración espontánea o anormal, palidez y vértigo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LOS PULMONES Y LA TRISTEZA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Los pulmones gobiernan la energía vital que procede del aire y la energia de los alimentos. Estas dos energías se acoplan en el pecho, asegurando la respiración y el ritmo cardiaco. También rigen la circulación energética e influyen en el movimiento de la sangre y de los líquidos orgánicos, además de desempeñar un papel importante en el equilibrio de los movimientos ascendentes, descendentes, de interiorización y exteriorización.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para la medicina china están asociados con la aflicción y la tristeza, el clima seco, el otoño, el sabor picante y el color blanco. Su órgano sensorial es la nariz y con ello el sentido del olfato y la secreción nasal. Sus tejidos corporales son la piel y los pelos. Los problemas pulmonares producen disnea, debilidad en la voz, dolores en el pecho. También pueden originar perturbaciones en el metabolismo de los líquidos y de la circulación energética y sanguínea, así como acumulación de flemas o mucosidades y edemas. Igualmente se pueden presentar trastornos en la piel, como poros dilatados y transpiración espontánea.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;EL HÍGADO Y LA IRA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El hígado almacena la sangre y regula su caudal. Es responsable de que la energía vital circule por todo el organismo, equilibrando sus movimientos de ascenso y descenso, de exteriorización y de interiorización. Está relacionado con la capacidad de movimiento y flexibilidad, ya que la sangre del hígado nutre a los tendones y ligamentos, entre los cuales se encuentran las uñas, por lo que las mantiene fuertes e hidratadas. También nutre los ojos, permitiendo ver con claridad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La medicina china lo vincula con la cólera y la irritabilidad, el viento, la primavera, el sabor agrio y el color verde. Sus órganos sensoriales son los ojos y la secreción lagrimal. Sus tejidos, los ligamentos y tendones. Las disfunciones hepáticas pueden reflejarse en trastornos oculares, sequedad o lagrimeo y secreciones oculares amarillentas. Pero también en estados de nerviosismo, descontrol emocional, susceptibilidad o depresión, trastornos menstruales, dificultades en el embarazo, limitación de movimientos, temblores y espasmos en las articulaciones.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;EL BAZO Y LA PREOCUPACIÓN&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Según la medicina china, asegura que el flujo sanguíneo esté controlado dentro de los vasos, ya que retiene la sangre en ellos. Su función de transportar la energía refinada garantiza que los músculos y las extremidades posean el tono y forma correctos. Se asocia con la reflexión y la comprensión, la humedad. la canícula o el estío, el sabor dulce y el color amarillo. Su órgano sensorial es la boca y su secreción, la saliva fluida. Sus tejidos, los músculos. Las alteraciones del bazo se reflejan en trastornos digestivos o del metabolismo de los líquidos, disminución del apetito, inflamaciones abdominales, falta de energía, fatiga muscular, cansancio y posibles hemorragias, como hematomas espontáneos. Las varices también se vinculan con él.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LOS RIÑONES Y EL MIEDO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Regulan el equilibrio del agua y de los líquidos del cuerpo, desempeñando la función de transformar y eliminar los residuos líquidos del organismo. Según la medicina china, nutren el cabello, y atraen y recogen la energía de los pulmones, para conservarla y permitir una respiración amplia y un buen proceso respiratorio. Almacenan tanto la energía vital heredada como la adquirida de la esencia de los alimentos que el organismo no ha utilizado en la nutrición. Controlan la maduración de las funciones sexuales, la fecundidad, el crecimiento y el desarrollo, desde el nacimiento hasta la edad adulta. Contribuyen a la producción de sangre a través de la médula ósea e intervienen en la constricción de las defensas orgánicas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Están asociados con el mie do, las fobias, el frío, el invierno, el sabor salado, y el color negro. Su órgano sensorial es el oído y la secreción, la saliva viscosa. Sus tejidos vinculados son los huesos. Los problemas renales pueden comportar trastornos del crecimiento y del desarrollo, envejecimiento prematuro, disminución de la energía sexual, esterilidad, incontinencia urinaria, dolor de espalda, debilidad en las rodillas, distrofias óseas, caries crónicas en los dientes, acúfenos, sordera, cabellos secos y frágiles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;MÁS ALLÁ DE LA CABEZA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Externa e internamente el tronco vibra, se expande y se contrae respondiendo a nuestras necesidades y a los estímulos que recibimos. Nos contiene y nos conmueve. En él se arremolinan todas las emociones que en ocasiones nos asfixian. Pero incluso, en los momentos de calma, cuando con satisfacción nos acariciamos el vientre… resulta imposible obviar la importancia determinante que tiene en nuestra vida.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;EL PODER RENOVADOR DE UN ABRAZO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El tronco es un territorio de vital importancia para la salud emocional. Los abrazos ejercen un poder terapéutico que nos renueva y fortalece emocionalmente. Abrazarse equivale a tocarse de manera amplia y profunda, liberar sentimientos y compartirlos, desatar nudos entre dos. Al abrazarse los cuerpos se comunican sin necesidad de palabras. Cuando nos entregamos en el abrazo, aprovechamos ese momento para transmitir lo que sentimos, permitiéndonos acompañar y estar acompañados en el palpitar y la respiración. Hay muchas maneras de abrazarse: es importante reconocer los &lt;strong&gt;verdaderos&lt;/strong&gt; abrazos, cuando podernos permanecer en ellos y disfrutar de ese momento en que nos atrevemos a bajar la guardia para permitirnos sentir y ser sentidos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;SESIÓN DE EJERCICIOS PARA GANAR CONCIENCIA DEL TRONCO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 288px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-FxPNDukrta8/TzUe2MQfRsI/AAAAAAAATLs/dEVWMTkZHK4/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707502019114124994" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;CENTRO Y EQUILIBRIO.&lt;/strong&gt; De pie, con los pies separados a la anchura de las caderas, inspira y, al soltar el aíre, flexiona una pierna sujetando la rodilla con la mano contraria. Gira la cadera manteniendo el torso en el eje central, como en la foto. Utiliza el otro brazo para mantener el equilibrio. Realízalo por ambos lados.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 310px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-tO9uacNzQL8/TzUe15bitWI/AAAAAAAATLg/oql_-GWq0FA/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707502014060213602" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;ESTIRAR LOS COSTADOS.&lt;/strong&gt; Sitúate de rodillas, con los glúteos sobre los talones, los pies levemente separados y los empeines apoyados en el suelo, con el torso erguido y los hombros relajados. Entrelaza los dedos como en la foto. Inspira profundamente y al soltar el aire eleva los brazos por encima de la cabeza. Estira la musculatura intercostal y aumenta la conciencia respiratoria.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 309px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-PjUw6YAeH6o/TzUe1lmP-lI/AAAAAAAATLY/4WgVtMcgrxg/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707502008736414290" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;ABRIR EL TÓRAX.&lt;/strong&gt; Mantén la posición anterior. Sitúa los brazos por delante del pecho, los codos a la altura de los hombros y las palmas de las manos hacia abajo. Respira profundo, y lleva los codos hacia atrás: al exhalar regresa a la posición inicial. Realízalo de 5 a 10 veces, siguiendo el ritmo respiratorio. Libera la tensión psico-emocional y relaja la parte alta de la espalda y el pecho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 324px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-W3rO263k9jI/TzUe1Oc8hVI/AAAAAAAATLM/UeSkC6GYLoU/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-4.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707502002523374930" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;EXTENSIÓN DEL TRONCO.&lt;/strong&gt; A partir del ejercido anterior, con los dedos entrelazados coloca las manos en la nuca y apoya la cabeza en ellas. Inspira mientras llevas despacio la cabeza hacia atrás, arqueando ligeramente la espalda. Libera lentamente el aire al regresar a la posición inicial. Este ejercicio abre el diafragma y estimula la energía. No lo realices si tienes molestias en la espalda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 313px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-IFJ7ssGoJ54/TzUe0x9cMTI/AAAAAAAATLA/edjwPTms83Y/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501994875040050" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;FLEXIÓN LATERAL.&lt;/strong&gt; Manteniéndote de rodillas, coloca una mano en la cintura y lleva el otro brazo estirado formando un medio arco por encima de la cabeza. Inspira y al soltar el aire inclina el torso, como se observa en la foto. Al regresar al centro coge aire, cambia la postura de los brazos y realízalo por el otro lado. Estira la musculatura baja del tórax y libera la tensión de los órganos vitales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 317px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-MNWFck__xMk/TzUebIsNyFI/AAAAAAAATKw/ishD8eujmvw/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-6.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501554300209234" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;FLEXIBILIZAR LA ESPALDA.&lt;/strong&gt; De pie, con los pies separados a la anchura de los hombros, flexiona las rodillas hasta que queden en la vertical de las puntas de los pies. Lleva los brazos por delante de los hombros completamente estirados. Inspira profundamente y al soltar el aire, con los brazos estirados proyecta el tronco hacia delante. Flexibiliza la musculatura y tonifica los órganos internos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 316px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-J7W9Kv5fUyc/TzUeZQY4pzI/AAAAAAAATKk/91x7UKMerSY/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-7.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501522006878002" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;TORSION DEL TRONCO.&lt;/strong&gt; De pie, con las piernas separadas al doble de la anchura de los hombros, inicia el ejercido con los brazos estirados hacia los lados. Lleva el torso hacia delante. Inspira profundamente y gira el torso hacia un lado mientras sueltas el aire. Acompaña el movimiento con los brazos, como en la foto. Activa la energía de los órganos internos y moviliza la columna vertebral.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 313px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-qlz_G1bDfs0/TzUeYxqvEsI/AAAAAAAATKY/X1_8o3kixg0/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-8.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501513760248514" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;ROTACIÓN DEL EJE VITAL.&lt;/strong&gt; De pie, con los pies separados a la anchura de los hombros, eleva los brazos y coloca las manos una frente a otra por encima de los hombros. Respira profundamente y con un movimiento lento, gira el torso hacia un lado y retén el aire unos segundos. Exhala el aire despacio, relajando la postura. Reduce la tensión muscular y orgánica. Estimula la energia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 315px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-QXDH-b-OPl4/TzUeYmwdh8I/AAAAAAAATKM/UwKzWZXMMsY/s1600/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-9.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501510831474626" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;ESTIRAMIENTO OPUESTO. &lt;/strong&gt; De pie, con una pierna adelantada, lleva un brazo por encima de la cabeza con la palma hacia arriba y la otra hacia abajo y hacia atrás, como en la foto. Inspira mientras giras lentamente el torso hacia el lado de la mano que mira hacia abajo. Relaja y suelta el aire. Realiza el ejercicio varias veces por ambos lados. Tonifica el tronco y equilibra la energía interna.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LIBROS RECOMENDADOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA ARIMONIA DEL GESTO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Patrick Germain. Ed Liebre de Marzo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VIVE TUS EMOCIONES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Juan Jose Plasencia. Ed. Urano&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA RESPIRACIÓN&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;B. Calais-Germain. Ed. Liebre de Marzo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente: &lt;a href="http://www.cuerpomente.es/" target="_blank"&gt;CUERPO MENTE - ESPAÑA - NOVIEMBRE 2008&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-5572709296942991950?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5572709296942991950'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5572709296942991950'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/el-tronco-eje-vital-y-emocional.html' title='EL TRONCO, EJE VITAL Y EMOCIONAL'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-R5r5QSAlN5E/TzUfCxJIkqI/AAAAAAAATL8/bzWD7nymgKw/s72-c/EL%2BTRONCO%252C%2BEJE%2BVITAL%2BY%2BEMOCIONAL-0.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-1081889387629787183</id><published>2012-02-12T18:08:00.000-05:00</published><updated>2012-02-12T18:09:05.035-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='SALUD Y PREVENCION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>KAMUT, EL CEREAL MAS COMPLETO</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 568px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-26VHyrH9PZg/TzUeAcYutMI/AAAAAAAATJo/0PFVNfGoxrs/s1600/KAMUT%252C%2BEL%2BCEREAL%2BMAS%2BCOMPLETO-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501095730721986" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;Pan rojo de kamut y semillas de calabaza.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Sus propiedades energéticas son superiores a las del trigo: 65% más de aminoácidos y 40% más de proteínas. Esto y carecer de características alergénicas lo convierten en un cereal único.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Laura Kohan&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La historia del kamut nos remonta al antiguo Egipto, de donde parece ser originario. Es en esos fértiles valles mesopotámicos, hace más de 8.000 años, donde se encuentran las primeras referencias a este &lt;comi&gt;"grano dorado"&lt;/comi&gt;, pariente primitivo del moderno trigo. Por desgracia, con la agricultura moderna y la demanda de más diversidad de productos, estos cultivos se fueron extinguiendo. Siglos más tarde, en la década de los 50 del siglo XX, reaparece misteriosamente, y lo hace a través de historias más o menos increíbles que intentan explicar cómo ha sido rescatado. La versión con más éxito cuenta que fueron descubiertos unos granos de kamut dentro de un sarcófago funerario egipcio, lugar en el que se solían incluir alimentos para acompañar a los difuntos en su viaje al más allá. Estos granos, se dice, fueron pasando de mano en mano hasta llegar a unos agricultores americanos que iniciaron cultivos que dieron lugar a toda una marca registrada en este país.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;PEQUEÑOS CULTIVOS APARTADOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Pero quizás la teoría que más se acerque a la realidad es la que explica cómo sobrevivió este grano gracias a los pequeños cultivos de campesinos de zonas apartadas, que no hicieron caso de las recomendaciones de un gobierno que incentivó sólo el cultivo de las variedades modernas, llevando el valiosísimo kamut a su casi total desaparición. Sea cual sea el origen de este antecesor de los cereales de grano duro, el &lt;em&gt;Triticum turgidum turanicum&lt;/em&gt;, tras haber sido sometido a muchos análisis, se ha convertido en la prueba fehaciente de que todavía existen alimentos puros que conservan casi las mismas características y propiedades que en sus orígenes, sin haberse contaminado por polinizaciones artificiales ni cruces transgénicos. Y este valiosísimo patrimonio genético inalterado es el responsable de su excepcional perfil nutricional, que le da la merecida categoría de ser uno de los cereales más completos que existen. Además, su presencia en el mercado biológico no es casual. El kamut posee una resistencia extraordinaria contra plagas y otras enfermedades, por lo que no necesita plaguicidas y otros productos químicos para combatirlas y lo convierte en un cereal idóneo para la agricultura ecológica.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero las comparaciones son odiosas, o al menos eso podría pensar algún productor de trigo común al comparar los resultados nutricionales entre su cereal y uno de los miembros de su familia más antiguos que se conocen. Lo primero que salta a la vista es la diferencia de tamaño, ya que el kamut posee uno de los granos más grandes, lo que ya nos anticipa que sus propiedades vienen en la misma proporción. Las energéticas son muy superiores a las del trigo por contener un 65% más de aminoácidos y más ácidos grasos y lípidos. Pero donde realmente destaca es en su aporte proteico, que llega a superar en un 40% al de cualquier variedad de trigo. Es esta excelente combinación de macronutrientes, a los que sumamos sus cuantiosos carhohidratos, lo que convierte a este cereal en un ingrediente ideal para la dieta de los niños y los deportistas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En cuanto a sus niveles de vitaminas y minerales, el kamut tampoco se queda atrás. Supera al trigo en cada uno de ellos, y más especialmente en vitamina E, vitaminas del grupo B, magnesio y zinc. Pero tiene otras muchas ventajas. Su composición lo hace ser más digerible y gracias a su bajo índice glucémico, es un cereal beneficioso para la alimentación de quienes sufren diabetes o están llevando una dieta hipocalórica. Pero quizás lo más reseñable es que el kamut carece de las características alergénicas del trigo, y ya hay varios estudios efectuados por la Asociación Internacional contra las Alergias Alimenticias que certifican que la mayor parte de las personas alérgicas al trigo común no reaccionan frente al kamut. Sin embargo, al estar todavía en fase de investigación, los que sufran alergia al trigo deberían acercarse a este ingrediente con prudencia. Hay que recordar que alergia e intolerancia no son la misma cosa. así que los celiacos deben evitar tomar cualquier alimento con kamut, ya que este cereal también contiene gluten.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gracias al aumento de producción e importación dentro del mercado biológico de este energético cereal, no deberíamos tener ninguna duda sobre cómo incluirlo en nuestra diera habitual. Hay tantas posibilidades comercializadas que podemos disfrutar de sus propiedades desde el desayuno hasta la cena. Y, como tiene bastante más sabor que el trigo común, con un dulzor natural de leve regusto a nuez, podemos mejorar las propiedades de nuestras creaciones. Podríamos empezar el día con un bol de leche de soja chocolateada y unos copos o cereales hinchados de kamut. O tal vez, si vamos con prisa, sólo un energético café con leche de kamut. Esta leche, en caliente, queda deliciosa como base de un &lt;em&gt;yogui tea&lt;/em&gt; o té de especias. En verano se puede tomar fría con una pizca de canela molida y cáscara de limón rallada muy fina, imitando a la leche merengada. A la hora de la comida, una rica alternativa a la pasta común serían unos macarrones de kamur con crema de espinacas y gratinados al horno. Si buscamos algo más ligero y rápido para el almuerzo, lo mejor es un cuscús de kamut mezclado con unas verduras de temporada al vapor. Tampoco debemos dejar de probar el kamut en su estado original, en grano. Para ello hay que tener en cuenta su extrema dureza, por lo que es bueno darle el mismo tratamiento que a las lentejas. Así, deberíamos dejarlo la noche anterior en remojo, utilizando la misma agua para cocerlo para no perder nurrientes. En esta agua pondríamos un buen chorro de tamari y unas hojas de laurel o romero para aromatizar. Lo ideal sería cocerlo en una olla a presión; si no, habrá que dejarlo un mínimo de una hora a fuego medio en función de la marca.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;TODOS LOS FORMATOS POSIBLES&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Si necesitamos un &lt;em&gt;snack&lt;/em&gt; de media tarde o una merienda, podemos comprar un bizcocho vegano elaborado con harina de kamut y acompañarlo de un té blanco. Para elaborar el bizcocho nosotros mismos, mezclaremos 3 tazas de harina, 1 taza de leche de soja, 1 taza de aceite de semillas, 2 tazas de azúcar moreno de caña, 1 plátano maduro y un sobre de levadura. A esta receta base le podemos agregar harina de algarroba, frutos secos, taquitos de manzana o ralladura de cítricos para personalizar el bizcocho. Y, cuando llega la hora de la cena, si tenemos invitados podemos elaborar unas pizzas de kamut y verdura rallada por encima. Con esta harina la masa nos quedará más compacta y mucho más sabrosa. Como verdura podemos mezclar zanahoria, calabacín, cebolla y pimientos rojos y verdes, y coronar cada porción con una aceituna. Si hemos dejado un recipiente de kamut cocido en la nevera también nos puede resolver una cena rápida y sana, ya que le va a dar un toque crujiente y nutritivo a una sopa o a un caldo de verdura.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;PAN ROJO DE KAMUT Y SEMILLAS DE CALABAZA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;INGREDIENTES PARA UN PAN&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 kilo de harina de kamut&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 2 remolachas cocidas medianas&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 100 g de semillas de calabaza crudas&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 2 cucharadas de miel&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 cucharada de bicarbonato&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 30 g de levadura de panadería&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 100 ml de aceite de girasol&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 cucharada de sal&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ELABORACIÓN&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En un vaso de agua tibia disolvemos la sal, la levadura, la miel y el bicarbonato. Agregamos harina hasta lograr una masa sin grumos. Dejamos reposar una hora en un sitio cálido. Hacemos un puré con las remolachas, añadimos aceite de girasol y lo mezclamos poco a poco con el resto de harina. Molemos la mitad de las semillas de calabaza y las agregamos. Incorporamos la masa fermentada y un poco de agua tibia, para obtener una masa homogénea y blanda. Untamos un molde con aceite, enharinamos, vertemos la masa, espolvoreamos con el resto de semillas y dejamos reposar otra hora. Horneamos a temperatura media unos 45 minutos o hasta que al pinchar en el centro salga caliente y seco. Si se dora demasiado, cubrimos con papel a mitad de la cocción. Enfriar antes de cortar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 649px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-EsdOQa6wjfM/TzUeAXshiGI/AAAAAAAATJY/oorsrwdDXHg/s1600/KAMUT%252C%2BEL%2BCEREAL%2BMAS%2BCOMPLETO-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501094471567458" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;KAMUT CREMOSO DE IDIAZABAL&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Un &lt;em&gt;risotto&lt;/em&gt; con el que deleitarnos mientras estimulamos nuestras defensas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 350 g de kamut en grano&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 200 g de Idiazábal&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 cebolla roja&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 vasito de vino tinto&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 10 ciruelas secas deshuesadas&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 ramita de canela&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 1 cáscara de limón biológico&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Varias ramitas de tomillo&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 2 hojas de laurel seco&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 2 cubitos de caldo vegetal biológico&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Aceite de oliva virgen&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ELABORACIÓN&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cocemos durante una hora y cuarto el kamut en 5 veces su volumen de caldo vegetal, con la canela, la cáscara de un limón, una ramita de tomillo y dos hojas de laurel seco. Picamos menudita la cebolla y la pochamos en un chorrito de aceite de oliva virgen. Cuando esté translúcida, agregamos vino tinto y dejamos 5 minutos para que evapore el alcohol. Bajamos el fuego e incorporamos el kamut cocido y las ciruelas cortadas en cuartos. Sin dejar que se pegue, añadimos un vaso de caldo vegetal (mejor si nos ha sobrado de cocer el kamut) y el queso en trozos. Removemos sin parar hasta que se disuelva el queso y servimos inmediatamente, decorando los platos con unas ramitas de tomillo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 640px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-KG0-dxMH5iY/TzUd_wLvLcI/AAAAAAAATJQ/PTk4DH9cMTQ/s1600/KAMUT%252C%2BEL%2BCEREAL%2BMAS%2BCOMPLETO-3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501083865066946" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;DULCES DE LECHE DE KAMUT Y CASTAÑAS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Un postre ligero pero energético, libre de lactosa, gluten y grasas saturadas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;INGREDIENTES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 2 litros de leche de kamut&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 250 g de puré de castañas&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 100 g de crema de almendras&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Media vaina de vainilla&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 200 g de azúcar moreno de caña integral&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 16 g de agar-agar en polvo&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 250 g de coco rallado&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• 100 g de almendra fileteada tostada&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ELABORACIÓN&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Calentamos la leche de kamut junto con la vaina de vainilla y, a fuego suave, vamos incorporando el azúcar, la crema de almendras y el puré de castañas. Quitamos la vainilla, le añadimos el agar-agar, lo disolvemos y dejamos que siga cociendo durante 3 minutos. Lo retiramos del fuego y metemos este liquido en un molde cuadrado o rectangular. Cuando se enfríe y cuaje, lo desmoldamos dándole la vuelta sobre una bandeja. Cortamos en cuadrados con un cuchillo muy afilado, que podemos calentar previamente en agua caliente para que el corte nos salga más limpio. Rompemos un poco la almendra fileteada, la mezclamos con el coco rallado y, al servir los cortaditos, los espolvoreamos por encima con esta mezcla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente: &lt;a href="http://www.larevistaintegral.com/" target="_blank"&gt;REVISTA INTEGRAL - OCTUBRE 2008&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-1081889387629787183?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/1081889387629787183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/1081889387629787183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/kamut-el-cereal-mas-completo.html' title='KAMUT, EL CEREAL MAS COMPLETO'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-26VHyrH9PZg/TzUeAcYutMI/AAAAAAAATJo/0PFVNfGoxrs/s72-c/KAMUT%252C%2BEL%2BCEREAL%2BMAS%2BCOMPLETO-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-2196793148154303341</id><published>2012-02-12T18:07:00.001-05:00</published><updated>2012-02-12T18:07:36.244-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>VÍCTOR HUGO, EL COLOSO</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 498px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-DsZqUWf3lH4/TzUeYYk3hlI/AAAAAAAATKA/GVFUz8kHsWE/s1600/VICTOR%2BHUGO%2BEL%2BCOLOSO.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501507024750162" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;En este año se cumple un siglo de la  muerte de este dinámico y  contradictorio genio, pero sus obras maestras literarias y su visión de la libertad aún perduran.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Jean-Marie Javron&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EN EL centésimo aniversario de su muerte, Víctor Hugo —poeta, novelista, dramaturgo, crítico, político— aún parece como sus contemporáneos lo vieron: un coloso. La riqueza de su obra sigue pasmándonos: 48 volúmenes traducidos por lo menos a 44 idiomas, y de los cuales se han vendido decenas de millones de ejemplares en todo el mundo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En realidad, la estatura literaria de Víctor Hugo es hoy de mayor magnitud. Como dijo el poeta y filósofo Paul Valéry: &lt;comi&gt;"Nadie como él ha poseído y ejercido en tal medida la facultad de poder decirlo todo"&lt;/comi&gt;. Jean-Paul Sartre lo conceptuó &lt;comi&gt;"el soberano indiscutible de su siglo"&lt;/comi&gt;. Y el poeta Philippe Soupault sostiene en nuestros días que Víctor Hugo, por la defensa que hizo de los oprimidos, &lt;comi&gt;"permite a quienes sufren protestar"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Nacido en 1802, el tercero de los hijos del general Léopold Hugo y de Sophie Trébuchet, Víctor fue un niño tan enfermizo, que sus padres pensaron que pronto moriría. Pero luego compensó con creces sus endebles primeros años. Al cumplir los 14, el muchacho era ya un prolífico poeta, autor de una tragedia en verso y de poemas que llenaban 11 cuadernos. Por si esto fuera poco, en él la capacidad de trabajo iba aparejada con la agudeza de raciocinio... y ya estaba consciente de cuán alto podía volar. &lt;comi&gt;"Quiero llegar a ser un Chateaubriand, o nada"&lt;/comi&gt;, escribió a los 15 años, refiriéndose al escritor francés más importante de la época.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Chateaubriand dirigía entonces el periódico &lt;em&gt;Le conservateur&lt;/em&gt; (&lt;comi&gt;"El conservador"&lt;/comi&gt;); Víctor y sus hermanos, Abel y Eugéne, fundaron una revista a la que llamaron &lt;em&gt;Le conservateur littéraire&lt;/em&gt;. En 16 meses, el joven Hugo publicó 112 artículos y 22 poemas firmados con 11 diferentes seudónimos, y así, casi él solo, llenaba las páginas de su publicación. Que su tema fuera la crítica teatral, la literatura extranjera o la política, la madurez y la amplitud de conocimientos del joven escritor eran asombrosas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A los 21 años era ya autor de cierta fama. Tras leer &lt;em&gt;Han de Islandia&lt;/em&gt;, la primera novela que Hugo dio a la estampa, el poeta Alfred de Vigny escribió: &lt;comi&gt;"He aquí una gran obra, hermosa y perdurable"&lt;/comi&gt;. A una obra maestra siguió otra obra maestra: la novela titulada &lt;em&gt;Bug-Jargal&lt;/em&gt;, escrita cuando el autor contaba 24 años; el drama en verso &lt;em&gt;Cromwell&lt;/em&gt;, que se estrenó un año después; y los poemas &lt;em&gt;Les orientales&lt;/em&gt;, el drama en verso &lt;em&gt;Marion Delorme&lt;/em&gt; y la novela &lt;em&gt;El último día de un condenado a muerte&lt;/em&gt;, los compuso Víctor Hugo a la edad de 27 años.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A sus 28, Víctor Hugo escribió &lt;em&gt;Nuestra Señora de París&lt;/em&gt; en sólo seis meses, tras haber empleado tres años en hacer investigaciones acerca del París medieval. Para obligarse a dar fin a esta épica novela, guardó bajo llave toda su ropa, salvo un abrigo tejido que le llegaba hasta los tobillos. El poeta Alphonse de Lamartine, después de haber leído las aventuras de la bella Esmeralda y de Quasimodo el jorobado, escribió: &lt;comi&gt;"Esto es Shakespeare, en forma de novela. Es la epopeya de la Edad Media"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Treinta años después, Hugo dio muestras de la misma energía al escribir &lt;em&gt;Los miserables&lt;/em&gt;, vastísimo fresco en el que denuncia la injusticia al relatar las desventuras de Jean Valjean, de Fantine y de la hija de esta, Cosette. En esa época, el maestro ya era miembro de la Academia Francesa, y el rey Luis Felipe lo había nombrado vizconde y Par de Francia; lo habían elegido diputado ante la Asamblea Nacional. Tanta era en aquel tiempo la fama del poeta, que los jefes de Estado visitantes solicitaban conocerlo, y le ofrecían disculpas por interrumpir su trabajo. Los libros hijos de la inspiración de este genio se vendían con tal rapidez, que muchas ediciones puestas a la venta a las 8 de la mañana, al mediodía ya se habían agotado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;André Maurois, el más distinguido biógrafo de Víctor Hugo, decía que habiendo empezado a leer las obras hugueanas a la edad de 15 años, durante toda su vida había seguido descubriendo &lt;comi&gt;"nuevos aspectos del genio del escritor"&lt;/comi&gt;, tanto en sus escritos como en el hombre mismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Si bien el genio literario de Víctor Hugo es indiscutible, su persona estaba llena de contradicciones. &lt;comi&gt;"¿Víctor Hugo? ¿Cuál?" &lt;/comi&gt;, escribió Henri Guillemin, ex profesor de literatura en la Universidad de Burdeos. Algunos de sus retratos muestran a un hombre de exquisita elegancia, mientras que en otros aparece con la cabellera desaliñada y mal vestido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Víctor Hugo era un mujeriego notorio. Enamorado profundamente de Adéle Foucher, con quien se casó cuando él contaba 20 años, escribió para ella algunos de los versos más bellos que un hombre haya dedicado jamás a una mujer:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Eres tú quien me toma de la mano cuando camino entre las sombras, Y los rayos del cielo llegan a mí desde tus ojos.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No obstante, a los ocho años de matrimonio, se habían retirado a dormir en alcobas separadas. Víctor conoció luego a Juliette Drouet, una actriz a quien él describía así: &lt;comi&gt;"pálida, de ojos negros, joven, esbelta, deslumbradora"&lt;/comi&gt;, y que sería su amante de toda la vida; el bardo le dedicaba poemas tan sublimes como los que había compuesto para su esposa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las relaciones de Víctor y Juliette eran un secreto a voces: todo París estaba al tanto, inclusive Adéle, quien a su vez engañaba al poeta con el mejor amigo de ambos, el escritor Charles Sainte-Beuve. Y pocos meses después de que Víctor iniciara su relación con Juliette, lo sorprendieron cometiendo adulterio con la señora Léonie Biard, joven periodista. El paso de los años jamás aminoró su ardor. Aun en sus últimos días, Víctor Hugo siguió anotando su &lt;comi&gt;"buena suerte"&lt;/comi&gt; en un diario especial, que escribía en español para no horrorizar a Juliette en caso de que diera con él.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La contradictoria actitud de Víctor Hugo respecto al dinero ilustra lo complejo de su desconcertante personalidad. A los 30 años de edad ya era rico, pero insistía en que Adéle llevara un registro cuidadoso de sus gastos domésticos, y todas las noches revisaba las cuentas. A Juliette, quien se pasaba los días copiando los manuscritos del escritor, le exigió que justificara la compra de una caja de polvos dentífricos, y en otra ocasión tuvo un arrebato de furia al ver a su amante con un nuevo delantal... que no era, en realidad, sino un chal viejo arreglado por ella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con todo, Víctor Hugo tuvo fama de ser uno de los hombres más generosos de su época. A los vecinos sin recursos les obsequiaba una canastilla para el bebé; entre otros repartía carbón y carne, y una vez por semana invitaba hasta a 40 chiquillos pobres a comer con él. Justo es señalar, al tratarse de la mezquindad de Víctor Hugo, lo que él mismo escribió refiriéndose al rey Luis Felipe: &lt;comi&gt;"Dicen que es un avaro, pero no se le ha comprobado"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El poeta fue, durante toda su vida, demasiado sincero, demasiado impulsivo y recto para comprender la política. Al ingresar a la Asamblea Nacional, en 1848, como diputado por el Partido Conservador, París atravesaba por una época de sangrientos motines. Su programa: &lt;comi&gt;"Estoy a favor del humilde contra el poderoso, y en pro del orden contra la anarquía"&lt;/comi&gt;, alarmó a la vez a los conservadores y a los izquierdistas. Sin embargo, cuando el general Jean-Baptiste Cavaignac sofocó brutalmente la insurrección, Víctor Hugo defendió a los presos políticos y denunció las violaciones a la libertad de prensa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Durante los meses siguientes, el gran hombre de letras protestó con vehemencia contra la pobreza, que investigó personalmente en los barrios miserables de París y de Lila. Defendió el sufragio universal cuando el Gobierno se preparaba a restringir el derecho de voto, y propuso que se abolieran la deportación por razones políticas y la pena capital. Con esto, el Partido del Buen Orden, a cuya planilla Hugo debía su elección, lo repudió como a individuo peligroso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Si bien Víctor Hugo había sido monarquista apasionado, entonces ya se había convertido en verdadero paladín del republicanismo y, a raíz del golpe de Estado de Luis Napoleón, en diciembre de 1851, el poeta huyó de París para evitar que lo detuvieran y, posiblemente, lo fusilaran. Así comenzó su exilio de 19 años: el precio que Víctor Hugo tuvo que pagar por sus convicciones.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El exilio, que Hugo pasó primero en Bélgica, después en la isla de Jersey y, por último, en Guernsey, no logró acallarlo. Siguió rebelándose contra toda restricción a la libertad y a los derechos humanos. La fuerza de sus libelos hizo de él una figura política nacional, y Hugo acabó por convertirse en la conciencia misma de todos los defensores del progreso. Su libro, &lt;em&gt;Napoleón el Pequeño&lt;/em&gt;, violenta denuncia de Luis Napoleón, que se había arrogado el título de Napoleón III, era introducido en Francia en los forros de la ropa y dentro de estatuillas en yeso del Emperador.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Víctor Hugo compró su residencia en Guernsey pese a las objeciones de Adéle, y se instaló en ella con la idea de que jamás volvería a ver a su patria. El poeta escribía largas horas durante la mañana en una habitación de la parte más alta de la casa; por la tarde salía a caminar con Juliette, que vivía en una casa cercana, y se pasaba las veladas jugando a los naipes y a varios juegos de salón con otros refugiados políticos. Recibía a ríos de visitantes que le llevaban noticias de Francia. Cuando se publicó &lt;em&gt;La leyenda de los siglos&lt;/em&gt; (un volumen de los poemas que escribió en el exilio), algunos literatos que hasta entonces se habían resistido a reconocer el genio del poeta, lo descubrieron de pronto. &lt;comi&gt;"Sólo Víctor Hugo ha hablado"&lt;/comi&gt;, comentó por esos días el autor Jules Renard. &lt;comi&gt;"Otros hombres, parlotean"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El poeta regresó a París el 5 de septiembre de 1870, un día después de instaurarse la Tercera República. El fin de su exilio fue una apoteosis. Había salido de Francia con el temor de ser reconocido; ahora sabía que millares de hombres y mujeres estaban esperando su regreso. Al arribar el tren a la estación de París, la muchedumbre comenzó a recitar versos de &lt;em&gt;Les chátiments&lt;/em&gt; (&lt;comi&gt;"Los castigos"&lt;/comi&gt;). Con ojos llenos de lágrimas, Víctor Hugo declaró: &lt;comi&gt;"En sólo una hora, me habéis compensado por diecinueve años de exilio"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mas para el poeta, ya en edad avanzada, aquellos fueron también días de duelo. Su primogénito había muerto a tierna edad, y su hija Léopoldine se había ahogado a los19 años de edad. Adéle, su esposa, había fallecido en 1868, y Georges, nieto del escritor, no tardó en seguirla. Ahora, sus dos hijos, Charles y Francois-Victor, fallecieron en el lapso de unos cuantos meses, y a su hija Adéle, única de sus cinco hijos sobrevivientes, tuvieron que internarla, por estar medio loca. &lt;comi&gt;"Si no creyera yo en la existencia del alma"&lt;/comi&gt;, escribió Hugo tras el deceso de Charles, &lt;comi&gt;"no viviría ni un minuto más"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Le quedaban Juliette y sus dos nietos, Jeanne y un segundo Georges, para solaz de su vejez. Sus nietos lo acompañaron durante las fiestas celebradas al cumplir Hugo 79 años, ocasión en que la Avenue d'Eylau fue rebautizada Avenue Victor Hugo, mientras varias orquestas tocaban la &lt;em&gt;Marsellesa&lt;/em&gt; al pie de la ventana del bardo. El primer ministro Jules Ferry y delegaciones de las principales ciudades de Francia acudieron a felicitarlo, y al mismo tiempo 600,000 personas desfilaron frente a la residencia del gran maestro y político.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El 21 de mayo de 1885, Víctor Hugo mandó llamar a sus nietos a su casa de París. El anciano los besó y les dijo: &lt;comi&gt;"Sed felices, pensad en mí, amadme siempre"&lt;/comi&gt;. El excelso poeta de Francia falleció al día siguiente. Sus últimas palabras fueron: &lt;comi&gt;"Veo una luz negra"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cincuenta y dos años después, durante la Guerra Civil española, el escritor francés André Malraux observó que algunos soldados republicanos llevaban en su bagaje ejemplares de &lt;em&gt;Los miserables&lt;/em&gt;. En la Segunda Guerra Mundial, una partida de combatientes de la Resistencia francesa se llamó Grupo Víctor Hugo. En 1944, año en que Charles de Gaulle otorgó el voto a las mujeres de Francia, el entonces jefe del Gobierno Provisional recordó que Víctor Hugo había preconizado esta medida desde 1872. Y al ser abolida en Francia, en 1981, la pena capital, también este suceso confirmó la visión del escritor, quien había combatido contra ella durante toda su vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al cumplirse un siglo de su muerte, Víctor Hugo sigue siendo un hombre de nuestro tiempo.&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-2196793148154303341?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2196793148154303341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2196793148154303341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/victor-hugo-el-coloso.html' title='VÍCTOR HUGO, EL COLOSO'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-DsZqUWf3lH4/TzUeYYk3hlI/AAAAAAAATKA/GVFUz8kHsWE/s72-c/VICTOR%2BHUGO%2BEL%2BCOLOSO.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-3543540011830518012</id><published>2012-02-12T18:05:00.002-05:00</published><updated>2012-02-12T18:06:25.365-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>SEA TRIUNFADOR Y NO PERFECCIONISTA</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 365px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-BBamFJmH8Nk/TzUeBKJPyMI/AAAAAAAATJ4/59xUp6AZA1w/s1600/SEA%2BTRIUNFADOR%2BY%2BNO%2BPERFECCIONISTA.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501108013811906" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;CONDENSADO DE &lt;comi&gt;"PSYCHOLOGY TODAY"&lt;/comi&gt; (NOVIEMBRE DE 1980). © 1980 POR PSYCHOLOGY TODAY. DE WASHINGTON. D.C. ADICIONES AL LIBRO &lt;comi&gt;''FEELING GOOD: THE NEW MOOD THERAPY"&lt;/comi&gt;. © 1980 POR EL DOCTOR DAVID D. BURNS. PUBLICADO POR WILLIAM MORROW AND CO. INC.. DE NUEVA YORK.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El perfeccionismo compulsivo puede bajar nuestro rendimiento y bloquear nuestro camino hacia el éxito. Un psiquiatra nos dice cómo superar este hábito contraproducente.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por el Doctor David Burns (Director del Instituto de Terapias Cognoscitiva y del Comportamiento en el Centro Médico Presbiteriano de la Universidad de Pensilvania)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;COMO PARTE de un estudio sobre productividad y salud emocional, formulé una serie de preguntas a un grupo de 150 vendedores, cuyos ingresos anuales iban de 10,000 a 150,000 dólares. Alrededor del 40 por ciento de ellos resultaron perfeccionistas. Como era de preverse, este grupo se sentía bajo mayor estrés que sus colegas que no lo eran. ¿Tenían más éxitos estos angustiados perfeccionistas? Por extraño que parezca, no era así. Mientras los perfeccionistas vivían con más ansiedades y depresiones, no se encontró ningún indicio de que ganaran más dinero que los demás vendedores.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En realidad, el desánimo y la tensión psíquica que a menudo azotan a los perfeccionistas pueden redundar en decremento de la creatividad y de la productividad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿A qué me refiero cuando digo perfeccionismo? No hablo del saludable afán de excelencia que cultivan las personas que se complacen en alcanzar normas elevadas, sino de los individuos que se afanan compulsivamente por alcanzar metas inalcanzables y juzgan su propia valía según los logros. Por consiguiente, viven aterrorizados ante el prospecto de fracasar. Se sienten acuciados y, al mismo tiempo, frustrados por sus logros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un profesor de historia que sufre de depresión crónica me dijo hace poco: &lt;comi&gt;"Sin mi perfeccionismo, yo no sería sino un mediocre. ¡Uf! ¿Quién quiere ser del montón?"&lt;/comi&gt; Este hombre ve en el perfeccionismo el doloroso precio que debe pagar por el éxito. La verdad es que está tan paralizado por el miedo al fracaso, que su productividad es muy inferior a la de muchos de sus colegas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La sugerencia de que los perfeccionistas podrían obtener éxito &lt;em&gt;a pesar&lt;/em&gt; de sus elevadas normas, y no gracias a ellas, les parece, en principio, poco realista a la mayoría de los perfeccionistas. No obstante, cada día hay más pruebas de que el perfeccionismo compulsivo no sólo es patológico, pues causa trastornos emocionales como depresión, angustia y estrés, sino también auto-destructivo en términos de productividad, relaciones interpersonales y estimación de sí mismo. Una razón de esto es que el perfeccionista enfoca la vida de manera distorsionada e ilógica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tal vez la principal distorsión mental que encontramos entre los perfeccionistas sea su enfoque de &lt;comi&gt;"todo o nada"&lt;/comi&gt;. Un ejemplo: el estudiante que, habituado a obtener las más altas calificaciones, se siente aniquilado cuando, en algún examen, logra una apenas ligeramente inferior; para él, no conseguir lo máximo equivale al fracaso. Este modo de pensar hace que el perfeccionista tema incurrir en errores y reaccione con vehemencia ante los descalabros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Otra distorsión frecuente es la tendencia a creer que un resultado negativo se repetirá indefinidamente, por lo cual se dice: &lt;comi&gt;"¡Jamás haré esto bien!"&lt;/comi&gt; Y, en vez de preguntarse qué puede aprender del error cometido, se reconviene a sí mismo: &lt;comi&gt;"¡No debí ser tan torpe! ¡No volveré a hacer eso!"&lt;/comi&gt; Tales reproches originan sentimientos de frustración y culpabilidad, que, irónicamente, llevan al perfeccionista a empantanarse en el mismo error. Así, el hombre queda atrapado en lo que el profesor Michael Mahoney, de la Universidad Estatal de Pensilvania, llama el síndrome &lt;comi&gt;"del santo o del pecador"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Este síndrome obra de la manera siguiente: cuando el perfeccionista se somete, por ejemplo, a un régimen alimenticio, se dice que deberá apegarse o no a tal o cual régimen que define en términos muy estrictos. Mientras lo sigue al pie de la letra, se siente eufórico; es el periodo de &lt;comi&gt;"santidad"&lt;/comi&gt;. La primera vez que se aparta de esa rutina, siente perdida la oportunidad de seguir a la perfección el régimen; la conclusión inicia un consecuente periodo de &lt;comi&gt;"pecado"&lt;/comi&gt;. Por ejemplo: el perfeccionista sometido a cierta dieta toma una sola cucharada de helado, y luego se siente tan mal por aquel evidente &lt;comi&gt;"fracaso"&lt;/comi&gt;, ¡que consume todo un litro de esa golosina!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por último, al parecer, muchos perfeccionistas están atormentados por el sentimiento de soledad y por ciertos desajustes en sus relaciones interpersonales. Como el perfeccionista teme y prevé un rechazo al juzgársele imperfecto, tiende a reaccionar defensivamente a la crítica, y también a juzgar con dureza a los demás. Su reacción, por lo general, frustra y aleja a otras personas, y podría provocar precisamente la desaprobación, a lo que más temen los perfeccionistas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para ayudar a los perfeccionistas a superar este hábito mental, primero les pido que hagan la lista de las ventajas y las desventajas de tratar de ser perfecto. Una estudiante de derecho que me consultó sólo escribió una ventaja: &lt;comi&gt;"A veces, puede rendir un trabajo excelente"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Luego, hizo una lista con seis desventajas del perfeccionismo. &lt;comi&gt;"&lt;em&gt;Primera:&lt;/em&gt; me pongo tan nerviosa con esta actitud, que a veces ni siquiera logro un trabajo aceptable. &lt;em&gt;Segunda: &lt;/em&gt; a menudo, no estoy dispuesta a correr el riesgo de cometer los errores necesarios para lograr un trabajo creativo. &lt;em&gt;Tercera: &lt;/em&gt; me inhibe para intentar cosas nuevas, &lt;em&gt;Cuarta: &lt;/em&gt; me obliga a ser autocrítica y me quita la alegría de vivir. &lt;em&gt;Quinta: &lt;/em&gt; no acierto a relajarme, pues siempre encuentro alguna imperfección. &lt;em&gt;Sexta:&lt;/em&gt; me vuelve intolerante hacia los demás, y a la postre me consideran una molesta juez"&lt;/comi&gt;. Basada en este análisis de costo-beneficio, la joven concluyó que la vida podría ser mucho más grata y productiva sin su actitud de perfeccionista.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando las metas que se ha propuesto usted son realistas, a menudo sentirá más serenidad y confianza, y tenderá a ser una persona más creativa y productiva. No estoy defendiendo con esto la actitud indolente y desaprensiva; lo que afirmo es que verá que puede realizar su mejor trabajo cuando su objetivo sea obtener buen rendimiento, decoroso, más que cuando se afane en lograr, atenazado por el estrés, una obra maestra.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esta estrategia me resultó útil cuando estaba escribiendo para publicaciones educativas y me había bloqueado el miedo a empezar a redactar. Cada vez que me sentaba a elaborar un borrador, me decía: &lt;comi&gt;"Esto debe ser algo sobresaliente"&lt;/comi&gt;. Y luego forcejeaba penosamente con la primera frase, hasta que abandonaba el intento, disgustado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En cambio, cuando en vez de ello me decía: &lt;comi&gt;"Sólo haré un borrador provisional"&lt;/comi&gt;, comprobaba que disminuía mi resistencia a escribir y mi rendimiento mejoraba sustancialmente. Además, me asombró que mejorara la calidad de mi redacción cuando no trataba de impresionar a otros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Si es usted un perfeccionista compulsivo, será sin duda muy hábil para tener presentes todas sus fallas y carencias. Se pasa la vida catalogando todos y cada uno de sus errores y fracasos. He aquí un método muy sencillo que puede ayudarle a revertir esta dolorosa tendencia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Haga cada día la lista de lo que hace bien. Lleve la cuenta de los puntos buenos que logre acumular. Esto acaso le parezca tan sencillo, que quizá lo juzgue vano; en tal caso, experimente con el método durante dos semanas. Predigo que empezará a concentrarse más en los aspectos positivos de su vida y, en consecuencia, se sentirá mejor acerca de su propia persona.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Otro método provechoso consiste en desenmascarar lo absurdo de pensar en lograr todo o nada, idea que suscita su perfeccionismo. Mire a su alrededor y pregúntese cuántas cosas hay en el mundo que puedan escindirse en categorías de todo o nada. ¿Acaso las paredes que lo rodean están inmaculadas? ¿O muestran siquiera un poco de polvo? ¿Su estrella cinematográfica favorita es &lt;em&gt;perfectamente&lt;/em&gt; hermosa? ¿Conoce usted a alguna persona que sea &lt;em&gt;totalmente&lt;/em&gt; tranquila y llena de aplomo en &lt;em&gt;todo&lt;/em&gt; momento? Todo se puede mejorar si lo examinamos con suficiente espíritu crítico. Por tanto, aprenda usted a reconocer la noción de todo o nada en lo que en realidad es: una práctica contraproducente, que no se ajusta a la realidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por último, puede usted combatir el perfeccionismo preguntándose: ¿Qué puedo aprender de mis errores? A modo de experimento, analice algún error que haya cometido y anote todo lo que haya aprendido de él. Jamás renuncie al derecho a equivocarse, porque, de hacerlo, perdería su habilidad para aprender cosas nuevas, y para progresar en la vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Recuerde que el temor acecha siempre detrás del perfeccionismo. Al fin y al cabo, hay un premio para el que intenta ser perfecto: así se protege la persona de la crítica, de arriesgarse a fracasar o de la desaprobación. Pero también le quita la oportunidad de crecer, de gozar de la aventura y de vivir con plenitud. Paradójicamente, encarar sus temores y reconocer su derecho a ser humano, puede hacer que se convierta usted en una persona mucho más feliz y productiva.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;PERFECCION CONTRA SATISFACCION&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Si ES usted un perfeccionista compulsivo, quizá le resulte difícil creer que puede disfrutar de la vida al máximo o alcanzar la verdadera felicidad sin que su objetivo sea la perfección. Puede poner a prueba esta idea. En una hoja de papel, anote una gran variedad de actividades; por ejemplo, segar el césped, preparar una comida, redactar un informe de trabajo. Califique la satisfacción que obtenga de cada una de estas labores evaluándolas de O a 100. Luego, calcule el grado de perfección con que ejecute cada una de ellas, en la escala de O a 100. A esto lo llamo Hoja de Antiperfeccionismo. Le ayudará a romper el ilusorio vínculo entre perfección y satisfacción.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Veamos cómo funciona: cierto médico conocido mío estaba convencido de que tenía que ser perfecto en toda ocasión. Por mucho que lograra, siempre se fijaba normas un poco más elevadas, y luego se sentía muy frustrado. Lo persuadí de que estudiara un poco sus diversos estados de ánimo y sus éxitos utilizando la Hoja de Antiperfeccionismo. Un fin de semana, la cañería de su casa se rompió, y se inundó la cocina. Tardó mucho tiempo, pero consiguió reparar el desperfecto. Como era un fontanero novato, el trabajo lo obligó a solicitar la valiosa ayuda de cierto vecino suyo. Al fin se concedió una puntuación de no más del 20 por ciento en la práctica de aquella actividad. Sin embargo, estimó el grado de satisfacción que le dio esa en un 99 por ciento, en contraste con el bajo índice de satisfacción que le daban otras actividades en que se desempeñaba muy bien.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esta experiencia con la Hoja de Antiperfeccionismo lo convenció de que no le era necesario llegar a la perfección en algo para disfrutarlo. Más aún: esforzarse por la perfección y por desempeñarse de manera excepcional no le garantizaba el goce, sino que tendía a darle menor satisfacción. El facultativo llegó a la conclusión de que, o bien renunciaba a su compulsivo afán de perfección y se ajustaba a una existencia gozosa y de gran productividad, o se aferraba a ese afán y se resignaba a sufrir continuas angustias y a una productividad mediocre. ¿Qué elegiría usted? ¡Haga la prueba!&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-3543540011830518012?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/3543540011830518012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/3543540011830518012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/sea-triunfador-y-no-perfeccionista.html' title='SEA TRIUNFADOR Y NO PERFECCIONISTA'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-BBamFJmH8Nk/TzUeBKJPyMI/AAAAAAAATJ4/59xUp6AZA1w/s72-c/SEA%2BTRIUNFADOR%2BY%2BNO%2BPERFECCIONISTA.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-5767249492691358022</id><published>2012-02-12T18:04:00.001-05:00</published><updated>2012-02-12T18:04:53.866-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>EL NIÑO Y LA GOLONDRINA</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 527px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-E6-WK6uC-lY/TzUd_6CCqaI/AAAAAAAATJE/WjTGbaifeOk/s1600/EL%2BNI%25C3%2591O%2BY%2BLA%2BGOLONDRINA.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707501086508755362" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;CUENTO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;© 1967 POR JACK COPE. ESTE CUENTO APARECIÓ POR PRIMERA VEZ EN &lt;comi&gt;"THE MAN WHO DOUBTED AND OTHER STORIES”&lt;/comi&gt;. PUBLICADO POR WILLIAM HEINEMANN. LTD. DE LONDRES. INGLATERRA.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;comi&gt;"Así es la vida"&lt;/comi&gt;, dijeron los adultos, encogiéndose de hombros cuando el pajarito quedó atrapado allá arriba, en los cables de alta tensión. Así es la muerte, pensó André, y se propuso hacer algo para evitarla.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Jack Cope&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;ALLÁ ARRIBA, sobre las gigantescas torres metálicas, los cables de energía eléctrica se extendían por encima del &lt;em&gt;veld&lt;/em&gt; (páramo) llano y yermo, hasta perderse en la lejanía. Uno de los masivos pilones estaba en el terreno de su padre, en un rectángulo cercado con alambres de púas. Las placas de advertencia, con una calavera y unos huesos pintados en rojo, decían en tres idiomas: &lt;comi&gt;"¡Peligro!"&lt;/comi&gt; Y aparecía allí una cifra enorme de voltios; miles de voltios. André tenía diez años, y sabía que los voltios eran electricidad y que los cables llevaban la energía muy lejos, a través del campo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;André llenaba los espacios vacíos de su vida echando a volar la imaginación, y los cables de energía hicieron que sus pensamientos viajaran hasta una mágica y remota comarca, entre máquinas enormes y fábricas ajetreadas. Allá estaban las puertas del mundo. André amaba entrañablemente los cables de energía. Abrían una puerta a sus pensamientos, permitiéndole remontarse muy lejos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En los anocheceres claros, cuando se congregaban las golondrinas, podía ver los cables como collares de grandes cuentas negras. Le gustaba oír el nervioso piar de los pájaros; le gustaba ver cómo se dejaban caer de los cables de cobre y cómo sus perfectas alas curvadas los levantaban por los aires. Volaban miles de kilómetros sobre tierra y mar, montañas y bosques; sobre países con los que él nunca había soñado; le abrían otra puerta, y también le gustaban mucho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una mañana, André observaba los pájaros, cuando toda una bandada alzó el vuelo desde los cables. Sin embargo, una de las golondrinas se rezagó, colgada, agitando mucho las alas. André vio que estaba atrapada de una pata. Se preguntó cómo pudo trabarse así; tal vez en una grapa o juntura. Su primer impulso fue volver corriendo a casa a contárselo a su madre, pero ella lo regañaría por arriesgarse a llegar tarde a la escuela. Por ello, montó en su bicicleta y se alejó, para alcanzar el autobús.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después de clases, al regresar del cruce de caminos, sintió angustia, pero no quiso levantar la mirada hasta estar muy cerca. La golondrina seguía allí, con las alas extendidas, pero inmóvil. André supuso que habría muerto. Luego la vio batir y plegar las alas. Se estremeció al pensar que llevaba todo el día allí colgada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El niño entró en su casa y llamó a su madre. Ambos se detuvieron bajo los cables a mirar al pájaro. La madre se protegía los ojos con la mano. Era una lástima, dijo, pero estaba segura de que, de algún modo, la golondrina lograría librarse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿No podríamos...? —empezó a decir André.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—No; no podríamos hacer nada, querido —le respondió, con firmeza, y él supo que hablaba en serio.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su padre llegó a casa a las 6 y tomó el té; después, tuvo algo de tiempo para trabajar en el pequeño huerto. André lo siguió, y pronto le habló de la golondrina.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Ya lo sé. Tu mamá me lo dijo.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Aún sigue allí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Bueno —replicó su padre—, no podemos hacer nada, ¿verdad?&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No, papá; pero...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Pero, ¿qué?&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;André dio un puntapié a una piedra y no dijo nada más.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Durante la cena, nadie mencionó a la golondrina, pero André sentía como si colgara sobre sus cabezas. Al irse a la cama, su madre le recomendó que no se preocupara por el pajarito, y agregó:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—No cae un gorrión sin que lo sepa nuestro Señor.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Es una golondrina, no un gorrión —la corrigió André—. Se va a quedar allí toda la noche, colgada de las patas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El día siguiente era sábado, y André no tuvo que asistir a la escuela. Lo primero que hizo fue mirar al exterior, y el ave aún estaba allí. André hubiera preferido ir a la escuela, en vez de estar pensando todo el día que la golondrina estaba allí, colgando del cruel cable. La mañana le pareció muy larga.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al acercarse a la casa, al mediodía, André volvió a levantar la mirada y lo que vio lo hizo quedarse allí inmóvil un buen rato, boquiabierto. Otras golondrinas revolaban en torno de su compañera atrapada, tratando de ayudarla. André corrió al interior de su casa, llevó de la mano hacia afuera a su madre, que volvió a protegerse los ojos al mirar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Sí, la están alimentando. ¡Qué extraño! —comentó.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por la tarde André se tendió en la hierba, y otras dos veces vio a las demás golondrinas aletear en torno de la prisionera, abriendo mucho los picos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sintió un nudo en la garganta al pensar cómo las otras aves ayudaban, pero las personas no hacían nada. Sus padres ni siquiera querían hablar de eso. Con la mirada aguzada, recorrió el camino que un buen escalador seguiría hasta lo alto de la torre. Pero una vez arriba, ¿qué hacer? ¿Cómo tocar la golondrina? Con sólo poner la mano cerca del cable, ¿no saltarían contra él aquellos miles de voltios?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lo único que se podría hacer era conseguir que alguien cortara la corriente durante un minuto, y entonces podría trepar como un mono hasta lo alto de la torre. Aquella noche, durante la cena, lo sugirió, y su padre se enfureció como nunca.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Mira, hijo —le advirtió—. No quiero que sigas preocupándote por ese pájaro. ¡Olvídalo!&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando su madre fue a darle las buenas noches, él ocultó el rostro en la almohada y no quiso besarla. Era algo que nunca había hecho, y es que estaba irritado contra los dos: dejaban a la golondrina colgada allá afuera, y no hacían nada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El domingo por la noche André dijo a su madre:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sólo está viva por los otros pájaros. Los vi otra vez alimentándola hoy.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Yo también los vi.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No podrá vivir mucho tiempo más. ¿Por qué no hace papá que desconecten la electricidad?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—No lo harían sólo por un pájaro, querido.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al ir rumbo a la escuela, a la mañana siguiente, André trató de no levantar la vista, pero no pudo evitarlo, y allí estaba la golondrina, abriendo y cerrando las alas. André sacó su bicicleta y se alejó a toda carrera. No podía pensar sino en el pájaro atrapado en el cable.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después de la escuela, tomó un autobús para ir a la ciudad. Al internarse en la zona de las fábricas, se orientó siguiendo hacia las cuatro altísimas chimeneas de la central eléctrica. Al llegar a la estación, se encontró ante una alta reja de hierro con barrotes puntiagudos y una gran puerta de hierro, cerrada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Miró a través de la reja y vio a unos trabajadores negros que estaban descansando, sentados al sol, ante un tablero de damas. Los llamó, y un hombre corpulento, en overol color marrón y un ancho cinturón de cuero, se acercó. André le explicó lo que quería: si cortaban la corriente, él podría trepar a salvar a la golondrina.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El hombre sonrió e hizo chasquear la lengua. Dijo que se llamaba Gas Makabeni. Sólo era un trabajador de mantenimiento y no podía cortar la corriente. Pero abrió la puerta y dejó pasar a André.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Habla con los que están allí adentro —le sugirió, sonriendo.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el interior, un ingeniero blanco condujo a André a través de un enorme vestíbulo lleno de tableros y consolas con carátulas y luces encendidas, y hombres con largas batas blancas, hasta llegar a una gran oficina. El corazón de André latía violentamente. De todas partes llegaba el zumbido de la estación generadora de energía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un hombre de cabello negro y lentes estaba sentado ante un escritorio. André no había pronunciado cinco palabras, cuando empezaron a temblarle los labios y se le escaparon dos lágrimas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Siéntate, hijo; no tengas miedo —lo tranquilizó aquel hombre.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Luego, intentó explicar a André la situación. ¿Qué pasaría si cortaran la energía eléctrica? Los trenes se detendrían, los hospitales quedarían a oscuras y quizá se interrumpiera una operación; los ascensores de la mina dejarían de funcionar de pronto, a 2500 metros de profundidad. Sabía que el niño estaba preocupado por la golondrina; pero cosas así sucedían, y así era la vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿La vida? —repitió André, pensando que más bien así era la muerte.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El hombrón sonrió. Apuntó el nombre y la dirección del niño y le dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Has hecho lo que has podido, André. Lamento no poder prometerte nada.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;André llegó tarde a su casa; su madre estaba enojadísima. Él le mintió, diciendo que lo habían dejado castigado en la escuela. No tuvo valor para mirar a la golondrina. Se sentía mal, porque todos iban a dejarla morir. &lt;comi&gt;"¡Así es la vida!"&lt;/comi&gt;, decían.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sería la medianoche cuando despertó. Su madre había entrado en la alcoba; se había puesto el quimono y había encendido la luz.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Un hombre pregunta por ti.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;André salió al porche y vio a su padre en pijama, y la espalda de un hombretón. ¡Era Gas Makabeni!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Gas! —gritó André—. ¿Van a hacerlo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Van a hacerlo —confirmó Gas.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Llegaron un reparador de líneas y un chofer. El reparador explicó al padre de André que se había ordenado hacer una desconexión, por mantenimiento, a la hora de mínimo consumo. Pidió que le mostraran dónde estaba el pájaro. André miró, con miedo, a su padre, que asintió con la cabeza y lo autorizó:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Ve con él. Enséñale dónde está.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El niño subió al camión de mantenimiento, junto a aquel hombre, el chofer y Gas. Sólo tardaron cinco minutos en colocar el vehículo en la posición adecuada bajo la torre y ajustar la escalera extendible. Gas enganchó una cadena a su cinturóny se puso el casco provisto de linterna. Se deslizó por la cadena y empezó a subir los escalones como si no tuviera ningún peso. Al mismo nivel de los aislantes del pilón, su linterna iluminó a la golondrina, que colgaba del cable. Se inclinó entonces, con mucho cuidado liberó la minúscula pata de la grapa del cable, y luego se metió la golondrina en el bolsillo de la pechera del overol.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un minuto después ya estaba abajo; sacó del bolsillo el pájaro y se lo dio al niño. André se quedó sin hablar, con el avecilla en la mano, sintiendo su tenue palpitar. A la luz de la linterna vio que el pecho era de color marrón pálido, señal de que era casi un polluelo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Gracias! ¡Gracias, Gas! ¡Gracias, señor!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;André sostuvo a la golondrina en el hueco de sus manos, inmóvil, con las puntas de las alas cruzadas. De pronto, dio dos saltitos y tendió las esbeltas alas. Luego las batió frenéticamente, y pareció que caería al suelo. Pero planeó casi a ras de tierra, y André recordaría tiempo después que, al desplegar del todo las alas y ganar altura, la golondrina tuvo un ligero estremecimiento de felicidad.&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-5767249492691358022?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5767249492691358022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5767249492691358022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/el-nino-y-la-golondrina.html' title='EL NIÑO Y LA GOLONDRINA'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-E6-WK6uC-lY/TzUd_6CCqaI/AAAAAAAATJE/WjTGbaifeOk/s72-c/EL%2BNI%25C3%2591O%2BY%2BLA%2BGOLONDRINA.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-1618758357259797131</id><published>2012-02-12T18:03:00.001-05:00</published><updated>2012-02-12T18:03:45.992-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>CUANDO EL MARQUÉS SE FUE A PIQUE</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 742px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-82tVDjCxdQM/TzUdgxCEcII/AAAAAAAATIg/5Gj_4IhBrNM/s1600/CUANDO%2BEL%2BMARQUES%2BSE%2BFUE%2BA%2BPIQUE.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707500551517008002" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Con todo el velamen desplegado, el hermoso y antiguo Marqués avanzaba poco a poco hacia el horizonte azul. El viento hinchaba sus velas... y el ángel de la muerte se cernía sobre él.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por John Dyson&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EL AVIÓN del Vuelo 40 de la American Aírlines, entre Los Ángeles y Nueva York, iba sobre Kansas City a las 15:30 horas del 3 de junio de 1984, cuando su copiloto, Paul McMillan, sentado ante los controles, oyó por la radio aterradoras noticias. Uno de 39 grandes veleros que participaban en una regata entre las Bermudas y Halifax, Canadá, había zozobrado la primera noche. &lt;comi&gt;"¡Dios mío!"&lt;/comi&gt;, exclamó McMillan. Su hijo Cliff estaba en uno de esos barcos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Transcurrió otra hora y media antes de que se confirmaran los peores temores de McMillan. Primero, sólo supo que un navío de tres palos se había hundido, como a las 4 de la madrugada, a unas 80 millas náuticas al norte de las Bermudas, con 28 personas aún a bordo. Luego oyó el nombre: el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para mitigar su angustia, McMillan no dejó de comunicarse con el control de tráfico aéreo. &lt;em&gt;Cliff es muy ágil. Si alguien logra salir de allí, será él&lt;/em&gt;, se decía. Sobrevolaba Chicago cuando le llegó la noticia de que se había rescatado a nueve sobrevivientes de los botes salvavidas. No se daban nombres. &lt;em&gt;Yo sé que está vivo. Yo sé que él es uno de los sobrevivientes.&lt;/em&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;AL NO encontrar trabajo cerca de su hogar, en Fairfield, Connecticut, Cliff McMillan, de 16 años, firmó contrato como aprendiz de marinero del crucero &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt;, de elegante y alto castillo de proa, enhiesto bauprés y que ostentaba en sus costados unas bandas ajedrezadas que parecían troneras. El &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt;, uno de los pocos grandes veleros que aún navegaban, se había construido en 1917 en los astilleros de España, para transportar fruta. En 1971, unos ingleses entusiastas de la navegación a vela, compraron el casco y lo restauraron fielmente.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Desde entonces, el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; había navegado muchas millas, y costeaba sus gastos al aparecer en películas. Con el nombre de &lt;em&gt;Beagle&lt;/em&gt;, de la Marina Real, participó en una serie televisiva inglesa acerca del viaje de Charles Darwin, por lo cual recorrió las aguas embravecidas de la Tierra del Fuego. En 1981, el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; fue sorprendido con todas las velas desplegadas por un huracán de intensidad 12 (con vientos hasta de 130 k.p.h.), y salió casi indemne de la prueba.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;También las regatas de grandes veleros tenían inmaculados precedentes de seguridad. Desde la primera competición, en 1956, muchos miles de muchachos originarios de dos docenas de países habían tripulado más de 100 altos veleros a través de los océanos, sin un solo accidente fatal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; pasó la primavera en Antigua, en las Antillas, llevando turistas en cruceros de un día, mientras se preparaba para la larga travesía. Su capitán era Stuart Finlay, de 42 años, de Lincoln, Massachusetts, instructor en jefe del Centro de Adiestramiento Marítimo del Caribe, con base en Antigua. El primer oficial era Dennis Ord, de 52 años, barbado lobo de mar inglés que, con un guiño en la mirada azul, afirmaba haber huido al mar a los tres años de edad y haber doblado el cabo de Hornos a bordo de una endeble bañera de tres palos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cliff McMillan era uno de los nueve grumetes que navegaban bajo los auspicios de la Asociación Norteamericana de Enseñanza de Navegación a Vela (ASTA, por sus siglas en inglés). Había dos maestros de la ASTA: Stuart Gillespie, de 41 años, y Susan Howell, de 37, experta en navegación de altura.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La tripulación pagada del barco: seis jóvenes marineros ingleses y una cocinera, lo habían llevado allí desde Inglaterra. Bronceados, con largas melenas quemadas por el sol, y pendientes de oro a la manera de los antiguos bucaneros, eran devotos servidores del barco. Su entusiasmo y jovialidad contagiaban a todo el que subía a bordo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tras un viaje de Antigua a San Juan, Puerto Rico, participó en una regata de 820 millas náuticas, hasta las Bermudas, contra otros cinco navíos; fueron cinco días de navegación fácil, bajo el sol; el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; salió vencedor, no sólo en su clase, sino en todas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y ahora iba rumbo a Halifax a unirse a otros 26 navíos que habían cruzado el Atlántico partiendo de Saint-Malo, Francia. El pronóstico del tiempo anunció que amainarían gradualmente los vientos huracanados de la noche anterior, y los organizadores de la regata no preveían contratiempos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fue un espectáculo muy emocionante ver que 39 veleros de 20 naciones cruzaron la línea de partida y enfilaron hacia Canadá, surcando las azules olas como los galeones de las epopeyas marinas. Las tripulaciones se saludaban a voces y agitaban los brazos. Las banderolas ondeaban en la brisa. La blanca espuma brillaba al sol. Con un pañuelo rojo anudado a la cabeza, a la manera de los piratas, Cliff se ganó su salario tirando de las cuerdas, aparejando el velamen y limpiando el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; hasta del último resto de cebolla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el navío se había izado hasta la última tela, excepto la camisa de noche del capitán. Los marinos vitoreaban gozosos el espectáculo. El capitán Finlay, de pie en el puente, con su hijo Christopher de 15 meses en brazos, exclamó: &lt;comi&gt;"¡Mira eso, Chris! ¿No es maravilloso?"&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y así, el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; empezó a avanzar poco a poco hacia el norte, mientras la fuerte brisa hinchaba sus velas superiores... con el ángel de la muerte a bordo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al anochecer, el viento arreció ligeramente. Aunque nada peligroso, el veloz cabeceo de la nave sobre las olas ponía a prueba los delicados estómagos de los nuevos grumetes, y muchos se marearon. Fueron acortando progresivamente el velamen para aminorar el movimiento del barco. A medianoche, el capitán subió al puente de mando con el pronóstico de los vientos que habían transmitido por radio: 30 nudos. Tranquilizado, ordenó seguir estabilizando la nave, y regresó a su camarote.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En turno de guardia, y sintiéndose mareado, Cliff buscó refugio bajo la estructura en que estaba atado el bote de hule. Susan Howell le llevó un poco de té, galletas y unas pastillas contra el mareo. Al no poder dormir por padecer dolores artríticos en los hombros, el segundo de a bordo, Dennis Ord, se ocupó en lavar platos en la cocina, y luego subió al puente. John Ash iba al timón, gozando del ondear de las velas en el oscuro cielo nocturno.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con sólo siete velas desplegadas, el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; avanzaba con facilidad. No obstante, sin que pudiese saberlo nadie, todos los navíos cercanos estaban en dificultades. El &lt;em&gt;Eagle&lt;/em&gt; y el &lt;em&gt;Simón Bolívar&lt;/em&gt; tuvieron que apartarse de su rumbo en un ángulo de 50 grados, y un velero polaco, Dar &lt;em&gt;Mlodziezy&lt;/em&gt;, perdió nueve velas. Un yate de la Marina italiana se retiró a las Bermudas, con el mástil averiado. El bergantín canadiense &lt;em&gt;Belle Blonde&lt;/em&gt;, de 50 metros de eslora, perdió un palo superior.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un chubasco azotó al &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; al cambio de guardia, a las 4 de la madrugada, pero la velocidad del viento no dio motivo de alarma. Cuando Andy Freeman, marinero de 22 años, cedió el timón a Phil Sefton, de la misma edad, se quedó en la cubierta. Cliff McMillan, mareado, se apoyaba en la amura; luego, al terminar su turno, bajó por la escala rumbo a su litera. Al subir, sintiéndose algo mareado, Bill Barnhart, grumete de 24 años, quedó cegado por la lluvia que le empapó los anteojos. El grumete John Ash, de 23, bajó junto con los otros que terminaban su turno de guardia, pero se le pidió quedarse, por si había que plegar velas, en caso de que a la lluvia siguieran fuertes galernas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces, sucedió lo increíble. Sin un susurro de advertencia, sopló un viento diabólico, igual que un súbito estallido, abrumando al &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; con tremenda potencia. La primera ráfaga lo volcó, haciendo que los tres mástiles quedaran sobre las olas. Torrentes de agua espumosa cubrieron el puente, ahora en posición vertical, e irrumpieron por las abiertas escotillas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando el barco fue azotado por estribor, Phil Sefton, reaccionó con prontitud: dio dos vueltas al timón, pero este no tuvo tiempo de &lt;comi&gt;"morder"&lt;/comi&gt; antes de salir del agua. El puente se inclinó a tal grado que Sefton se encontró de pie, al lado del cubo del timón. Junto a él, Andy Freeman patinó hasta quedar colgando precariamente del aparejo. El alférez Peter Messer-Bennetts, de 21 años, resbaló por toda la cubierta, trató de sostenerse; lo cubrió una oleada, que lo barrió.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pie en la parte baja de la cubierta, Dennis Ord vio que el barco escoraba como si cayera del cielo. &lt;comi&gt;"¡Quítenle las velas!"&lt;/comi&gt;, gritó. Saltando para obedecer la orden, Bill Barnhart iba avanzando por la cubierta, sosteniéndose a duras penas para cortar las cuerdas, cuando una ola surgió encima de él.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cerca del trinquete, Bob Cooper, de 20 años, oficial de guardia, sintió que el &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; aceleraba y luego parecía vacilar. Saltó sobre la escotilla y gritó: &lt;comi&gt;"¡Arriba todos!" &lt;/comi&gt; En el mismo instante, vio los mástiles que yacían horizontales con las velas hinchadas de agua; vio cómo se hundía la proa y luego lo arrastró al agua. Tomó aire y trató de impulsarse para cortar las cuerdas y liberar las velas. La visión de la nave, de costado bajo el agua, bajo la luz verde de la cocina de oficiales, quedó fija para siempre en la memoria de Cooper.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aguardando bajo la cubierta órdenes de plegar velas, John Ash supo que el barco estaba en peligro desde antes de oír el grito de Cooper. Subió corriendo por la escalera y estaba saliendo por la escotilla, cuando le pareció que todo el océano se precipitaba sobre él y lo lanzaba al interior. Al inundarse la cala, el peso levantó la nave, y Ash pensó que se enderezaría. Luego, sus velas empapadas volvieron a tirar de ella hacia abajo, y esa fue su perdición.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La primera sacudida lanzó a Cliff McMillan por encima de la mesa del camarote. Al azotarlo el agua, pasó silbando por las rejillas que había sobre su cabeza, como agua en una sartén ardiente. La escalera cayó por debajo de la horizontal, y él cayó de pie, y empezó a luchar contra el torrente que irrumpía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Detrás de él, Oswald Cole, de 18 años, se afanaba en abrir la escotilla corrediza. Al sentir el agua sobre él, aspiró profundamente. Al neutralizarse la presión, la escotilla se abrió y llegó nadando hasta la superficie: fue el último en salir. A popa, Phil Sefton había soltado el timón y trepó hasta la amura; estaba de rodillas sobre el costado horizontal del barco. Advirtiendo lo absurdo de tener que lanzarse al mar tan lejos de tierra, se ordenó: &lt;em&gt;¡Salta!&lt;/em&gt; Luego, el barco se hundió debajó de él, y siguió nadando.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;No HABÍA habido tiempo de sentir pánico; sólo la fría reacción a la rapidez con que sucedió todo. El barco se había volcado en 15 segundos, se anegó en 30 segundos, y en cerca de 45 desapareció de la faz del océano. Pero cuando el sumergido &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt; inició su última jornada, llevándose consigo 18 almas hasta 2600 brazas de profundidad, en su cubierta aún había dos hombres luchando por sobrevivir.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Atrapado bajo el cordaje que formaba una red sobre su cabeza, Bill Barnhart hizo tres grandes tajos con su cuchillo; luego, pasó a través de ellos, y salió a la superficie.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dennis Ord sabía, por haber trabajado de buzo en la perforación de pozos petroleros, que el pánico puede matar. Después de cortar el cabo de una boya que se había trabado en sus piernas, enfundó nuevamente el cuchillo, por si volvía a necesitarlo. Luego tuvo que subir casi cuatro metros, en desesperado impulso hasta la superficie.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dominando el rugido del viento, los sobrevivientes oyeron un silbido; se estaba inflando una balsa salvavidas, expelida automáticamente del barco. En ella lograron meterse Dennis Ord, Philip Sefton, Bob Cooper, Oswald Cole, John Ash, Bill Barnhart y Cliff McMillan, Andy Freeman, en otra balsa, pensaba que era el único sobreviviente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Stuart Gillespie se hallaba en la cabina de proa cuando el viento azotó. Sin tiempo para ponerse el chaleco salvavidas, se abrió paso hasta la cubierta, e inmediatamente se encontró sumergido. Al subir a la superficie, nadó hacia un volcado bote de hule, se aferró a él y el agua lo arrastró una gran distancia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con el navío se hundieron el capitán Finlay, la esposa de él y el bebé; tres miembros de la tripulación, cinco grumetes de la ASTA, procedentes de Estados Unidos y Canadá, y su consejera, Susan Howell; cinco grumetes de Antigua y un periodista británico.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Los SOBREVIVIENTES se dedicaron a achicar en sus botes salvavidas. Sabiendo que no había habido tiempo para transmitir un SOS, Ord mandó disparar bengalas rojas de petición de auxilio, y se animó al ver que cerca de allí alguien disparaba otro cohete.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las 4:25, avistaron los cohetes por el lado de popa en el balandro polaco &lt;em&gt;Smuga Cienia&lt;/em&gt;. Al no poder virar con el temible tiempo, radió la señal de alarma general, que captó la goleta polaca &lt;em&gt;Zawisza Czarny&lt;/em&gt;. La visibilidad era mala en altamar, pero poco después del alba avistaron las dos balsas salvavidas, de color anaranjado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Varios segundos después de que los ocho sobrevivientes treparon a bordo de la goleta, a las 7:55, una llamada de auxilio se oyó en toda la flota de veleros: &lt;comi&gt;"SOS… el Marqués a pique..." &lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El SOS desencadenó una operación general de búsqueda y rescate. Sesenta y dos millas al sur, el destructor canadiense &lt;em&gt;Assiniboine&lt;/em&gt; envió su helicóptero y navegó entre las altas olas hacia la escena del desastre, a toda velocidad. El velero guardacostas norteamericano &lt;em&gt;Eagle&lt;/em&gt; viró a 104 millas al norte de la posición radiada, pero no pudo avanzar contra el oleaje sin arriesgarse a sufrir averías. De las Bermudas partieron aviones y tres acorazados canadienses. El buque tanque noruego &lt;em&gt;Curro&lt;/em&gt;, rumbo a Filadelfia, también ayudó en la búsqueda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las 10:30 de la mañana, el helicóptero del &lt;em&gt;Assiniboine&lt;/em&gt; iba de regreso a reabastecerse de combustible, cuando avistó al exhausto Stuart Gillespie sosteniéndose del bote volcado, y lo recogió en un cesto suspendido de un cable.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;CUANDO el avión que hacía el Vuelo 40 empezaba a descender sobre el Aeropuerto Kennedy de Nueva York, Paul McMillan temió no poder concentrarse. Pidió a su capitán que se hiciera cargo del aterrizaje. Aunque tenía la más profunda fe en que Cliff se había salvado, no pidió información por radio, por si recibía malas noticias en pleno vuelo. Después de aterrizar, a las 18:47 horas no encontró ningún mensaje. Desde un teléfono de la terminal de pasajeros, McMillan llamó a los guardacostas. Le informaron: &lt;comi&gt;"¿Clifton McMillan?... Señor, el nombre de su hijo aparece en la lista de sobrevivientes"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿Qué gigantesco y extraño golpe de karate hundió al &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt;? El navío había soportado vientos de magnitud 12 a toda vela, por lo que aquello que lo haya volcado, con menos de la mitad del velamen, debió de ser inimaginable.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lluvia huracanada, vientos diabólicos, tromba... Cualquiera que haya sido el salvaje monstruo que surgió aquella noche en el Atlántico contra el viejo crucero &lt;em&gt;Marqués&lt;/em&gt;, llevaba la intención de matar.&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-1618758357259797131?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/1618758357259797131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/1618758357259797131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/cuando-el-marques-se-fue-pique.html' title='CUANDO EL MARQUÉS SE FUE A PIQUE'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-82tVDjCxdQM/TzUdgxCEcII/AAAAAAAATIg/5Gj_4IhBrNM/s72-c/CUANDO%2BEL%2BMARQUES%2BSE%2BFUE%2BA%2BPIQUE.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-4542262045615311614</id><published>2012-02-12T17:57:00.002-05:00</published><updated>2012-02-12T18:02:13.612-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>CARRERA BAJO EL CIELO DE CHINA</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 507px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-ZpZyeo9Fzoc/TzUdetvp0HI/AAAAAAAATIY/4xBDBdnTeYI/s1600/CARRERA%2BBAJO%2BEL%2BCIELO%2BDE%2BCHINA-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707500516274720882" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Basada en el diario de David Griffiths, esta es la historia de su notable maratón de 55 días, desde Pekín hasta Hong Kong. Su objetivo era recabar fondos para los impedidos, y en el camino pudo ver esta antigua tierra como pocos extranjeros lo han hecho.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por David Griffiths, con Robert Kiener. Foto: Law Chi Keung. Mapa: Howard S. Friedman&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Debo estar loco, &lt;/em&gt;pensé mientras corría por el liso e interminable camino que atraviesa a lo largo la llanura del norte de China. ¿Qué pudo adueñarse de un atleta aficionado inglés, de 43 años, razonablemente cuerdo, para tratar de correr más de 3000 kilómetros, desde Pekín hasta Hong Kong?&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;LA IDEA de la carrera se me ocurrió en 1982, cuando me invitaron a participar, siendo jefe del Centro Deportivo del Jubileo de Hong Kong, en el Maratón de Pekín. Después de la carrera me acerqué a los organizadores, la Compañía de Servicio Deportivo de China, y propuse que se realizara una carrera de un solo hombre a fin de recabar fondos para enviar a los atletas incapacitados de Hong Kong y de China a los Juegos Internacionales de 1984 para Incapacitados, en Nueva York, y a los Séptimos Juegos Mundiales en Sillas de Ruedas, que se celebrarían en Stoke Mandeville, cerca de Londres. Ellos aprobaron el plan, y el 22 de octubre de 1983 viajé en avión de Hong Kong a Pekín.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 1.&lt;/strong&gt; En esta helada y lluviosa mañana de martes, más de 1000 funcionarios del Gobierno, periodistas y curiosos acudieron a la Plaza Tiananmen, en Pekín, para verme arrancar. Hu Zhurong, ex poseedor de la marca nacional de salto con garrocha, quien quedó paralítico a raíz de un accidente que sufrió levantando pesas, apareció en su silla de ruedas para desearme buena suerte.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las 9 de la mañana en punto empecé a correr. Seis atletas chinos corrieron conmigo toda la mañana. Debimos de formar un espectáculo extraño. Además de un agente de seguridad, con expresión pétrea, que me seguía en un sedán negro de aspecto siniestro, mi comitiva consistía en dos choferes, mi intérprete, George, mi novia Cindy Choi y mi mejor amigo, el doctor Peter Diamond. Una camioneta, llamada por los mirones &lt;comi&gt;"El Gran Hotel Amarillo que se Mueve"&lt;/comi&gt;, nos servía de cocina, baño y ocasional dormitorio ambulante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después de correr unos cuantos kilómetros por los amplios bulevares de Pekín, de empinadas pendientes, sentí una punzada en la rodilla izquierda, pero la pasé por alto. Con más de 3000 kilómetros por recorrer —más de tres millones y medio de zancadas—, no podía permitirme sufrir ninguna lesión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hacia las 5 de la tarde atravesé la línea divisoria de la Municipalidad de Pekín (a unos 55 kilómetros de la Plaza Tiananmen) y me llené de júbilo al ver que la camioneta me aguardaba en un patio para carbón. Seguí el consejo que la noche anterior me había dado Qian Xinzhong, presidente de la recién formada Asociación Deportiva para los Incapacitados y consejero del Ministerio de Salud Pública: &lt;comi&gt;"Pon los pies en agua durante media hora cada noche. Cuando participé en la Larga Marcha, en 1934 y 1935 lo hice siempre que pude. ¡No me salieron ampollas!" &lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 3.&lt;/strong&gt; He aprendido a evitar las pilas de productos agrícolas diseminadas por los caminos. George me explicó que los agricultores sacan su trigo, mijo y frijol al camino para que los camiones los &lt;comi&gt;"trillen"&lt;/comi&gt; al pasar por encima.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 6.&lt;/strong&gt; Estuve a punto de chocar hoy. Un asno que tiraba de una carreta llena de piedras se encabritó al verme pasar y arrojó al conductor, que iba dormido, prácticamente a mis pies. El hombre, sin dientes, sonrió, se encogió de hombros, se sacudió el polvo y corrió tras el burro. Dio al pobre animal una buena paliza, y luego volvió a subir a la carreta. Cuando miré hacia atrás, 20 segundos después, el conductor ya estaba profundamente dormido otra vez.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 9.&lt;/strong&gt; Llegamos a Xingtai, población pintada de color azul celeste: muchas de las paredes, las casas, las fábricas, las tiendas, el hotel, y hasta mi habitación y mi cuarto de baño. ¡Qué contraste con los monótonos edificios grisáceos que hemos estado viendo durante ocho días!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La pintura azul apareció el año pasado, después de que el gobierno central de Pekín ordenó a cada provincia alegrar un poco sus pueblos. Los ancianos del lugar escogieron el azul, no sólo para inspirar a los demás, sino porque, casualmente, una gran fábrica de productos químicos que hay en las afueras del pueblo prepara un pigmento azul. ¡Y el hecho de que la lluvia pueda deslavar la pintura fomenta la economía local!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 10.&lt;/strong&gt; Hoy me dolió mucho la rodilla, y Peter me rogó que me sometiera a un tratamiento. En Handan visitamos al doctor Zhou Lixin, un viejo y nervudo acupunturista, que inmediatamente me hundió dos agujas de unos ocho centímetros, no esterilizadas, en la región lumbar. Mi pierna izquierda comenzó a sacudirse inconteniblemente, y al cabo de dos minutos me encontré cubierto de sudor. Cuando todo terminó, me sentí feliz. Peter y el doctor Zhou me ordenaron descansar por lo menos un día, pero, desde luego, no puedo hacerlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 12.&lt;/strong&gt; Gracias a las agujas del doctor Zhou, mi rodilla parece estar mejor. Al salir de una comuna, más de 1000 aldeanos me aclamaron cuando proferí todas las palabras que sé en mandarín: cinco expresiones: &lt;em&gt;nihao&lt;/em&gt; (hola), &lt;em&gt;cesuo zai na?&lt;/em&gt; (¿dónde está el retrete?), &lt;em&gt;xiexie&lt;/em&gt; (gracias), &lt;em&gt;jiayou&lt;/em&gt; (sigan adelante) y &lt;em&gt;zaijian&lt;/em&gt; (adiós).&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 14.&lt;/strong&gt; Inmediatamente después de las 5 de la madrugada me despertó en la camioneta una violenta sacudida. Un coro de cerdos, gallos, vacas y perros llenaba el patio circundante con un estrépito angustioso. Me enteré esta noche de que fue un terremoto que registró seis grados en la escala de Richter, y que más de 30 personas murieron.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esta tarde me volvió el ya familiar dolor de la rodilla izquierda mientras corría a través de la zona minera de carbón de Jixian. Peter y yo decidimos probar con una profunda inyección de esteroides en la rodilla, peligrosa aun en las mejores circunstancias. Mañana sabremos el resultado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 592px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-Fr6Dopv9u1A/TzUdetARZ4I/AAAAAAAATII/9C3qsFinwNg/s1600/CARRERA%2BBAJO%2BEL%2BCIELO%2BDE%2BCHINA-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707500516075988866" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 16.&lt;/strong&gt; En la llanura del norte de China, aparentemente interminable, se encuentran dispersos unos cuantos árboles, y parece que la pintaron con una polvosa brocha parda. En los caminos se ven hombres solitarios que llevan cargamentos de ladrillos, carbón, algodón, arena, madera y otras cosas, pero nunca se ven caravanas organizadas. Cada quien parece dedicado a su minúsculo trabajo, sin ninguna organización o supervisión sistemática.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como por milagro, no me ha vuelto ese dolor agudo en la rodilla; únicamente siento una sorda palpitación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 17.&lt;/strong&gt; En el Occidente se nos enseña a correr de cara al tránsito. Hacerlo en China equivale a coquetear con la muerte, porque los conductores que vienen en sentido contrario tratan de acercarse lo más posible para dejar espacio a los vehículos en el otro carril. Si vienen por detrás, siempre dejan un buen espacio para los corredores, carretas o burros que van en la misma dirección, o se detienen si el camino está cerrado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 18.&lt;/strong&gt; En Qixian, un caballero de 83 años con una ondeante barba gris se acercó a pedirme que le tomara una fotografía. Peter nos tomó una instantánea a él y a mí. Abrió mucho los ojos al ver la fotografía revelarse ante él; la tomó y anunció orgullosamente, ante todos los reunidos: &lt;comi&gt;"¡Ahora viviré feliz el resto de mis días!" &lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 20.&lt;/strong&gt; He notado en los campos unos montones de tierra, en grupos de cinco, ocho o diez. Estos montones de tierra no suelen tener más de un metro de altura y van formando una punta, como un sombrero chino tradicional. A menudo se encuentran en medio de la mejor tierra labrantía, y sin embargo las ristras de trigo, algodón y verduras recién plantadas se curvan siempre alrededor de ellos. Desde luego, son tumbas, colocadas así para el buen &lt;comi&gt;"feng shui"&lt;/comi&gt;. (Feng Shui, literalmente &lt;comi&gt;"viento y agua"&lt;/comi&gt;, es el arte chino de la adivinación. En este contexto se refiere a la creencia de que los lugares de descanso de los muertos deben armonizar con la naturaleza.)&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 23.&lt;/strong&gt; Después de salir del pueblo de Xixian, noté que los trigales habían dejado el lugar a los arrozales, y que los carabaos habían remplazado a burros, mulas, caballos y bueyes. Por primera vez desde que salí de Pekín, vi unas colinas suavemente onduladas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 27.&lt;/strong&gt; Law Chi-keung, mi fisioterapeuta de Hong Kong, se encontró con nosotros en Wuhan, el punto que marca la mitad del camino, antes de cruzar el río Yangtsé. Desde el majestuoso puente del Yangtsé, construido en 1957, contempla uno con admiración los barcos de recreo que pasan por abajo, rumbo al océano. La cercana torre de televisión casi equivale a la Torre Eiffel, y puede verse desde kilómetros a la redonda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 30.&lt;/strong&gt; Hoy, correr entre Wenquan y Choagyang fue una de las partes más gratas del viaje. ¡Qué contraste con la llanura del norte! ¿En qué otro lugar del mundo se pueden encontrar bambú, arbustos de té, palmeras, campos de trigo y de arroz dentro de una misma zona pequeña?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Corrimos por una tranquila carretera bordeada de árboles que gradualmente ascendía a una montaña de 600 metros de altura. Era como correr en los Alpes suizos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 37.&lt;/strong&gt; Centenares de personas de Hong Kong, y del mundo entero, me han enviado cartas para alentarme e incluyen donativos al fondo destinado a personas baldadas. Una de ellas dice: &lt;comi&gt;"Tengo ocho años y soy un impedido. Aquí van 65 centavos de dólar, de mis ahorros, para ayudar a los impedidos. Mi hermano tiene tres años y también está paralítico. Él manda 35 centavos. También mi padre enviará algo. Buena suerte"&lt;/comi&gt;. Anexo iba un cheque por 641 dólares. Me propongo correr mañana como una centella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 39.&lt;/strong&gt; Fuera de Chalin tropecé con un cortejo nupcial de 400 metros de longitud; los invitados llevaban regalos: mesas, sillas, guardarropas, radios, termos, un cerdo, un reloj de péndulo... todo lo que unos recién casados necesitan al establecerse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 40.&lt;/strong&gt; Durante 40 días, mi mundo ha sido de bombillas eléctricas, pisos polvorientos, paredes sucias, telarañas, redes desgarradas de mosquiteros, marcos de ventana que no embonan, excusados que no funcionan, almohadas duras, camas todavía más duras, y cubetas de agua fría para bañarse. También ha sido de banquetes de 20 platillos, de budines rellenos de hongos, huevos rellenos, pescado frito dulce, sopa de semillas de loto, mandarinas, espinacas, frijol germinado, pasteles, pan, carne de cordero, de tortuga, pescado, pollo, col, bizcochos, manzanas, cerveza, &lt;comi&gt;"maotai"&lt;/comi&gt; ( vino chino ), bistec y pepinos de mar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aunque he leído a escritores que afirman que China está a punto de perecer por inanición, después de 40 días de ir casi por donde he querido —haciendo paradas no previstas en casas, aldeas, comunas y granjas— no he visto la menor señal de mala alimentación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Escenas comunes: ancianos acurrucados chismorreando, fumando, jugando a las cartas; mujeres lavando ropa plácidamente, al borde de rápidas corrientes, cerditos corriendo alegremente por los caminos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 47.&lt;/strong&gt; Después de comer, fui a dar un paseo. Estaba yo lanzando piedrecitas a una anchurosa corriente cuando de pronto oí lo que me pareció el gemir de un animal herido, procedente de un macizo de bambúes, corriente abajo. Al acercarme, descubrí sorprendido a una joven campesina tendida de espaldas, en los dolores del parto. Mordía una toalla para sofocar sus gritos, y se aferraba a un yugo de madera que tenía a la altura de los hombros, para impulsarse. Un hombre de unos 25 años daba vueltas en torno suyo. Al verme, abrió mucho los ojos, y en su rostro apareció una expresión de terror.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Considerándome una amenaza, el hombre se alejó de la parturienta y se me acercó. Pero, de pronto, la mujer gritó, y entre sus piernas apareció la cabeza de un niño. La agresión del hombre cesó, y ambos corrimos a ayudar a la mujer. Tomé la cabecita y traté de confortar a la joven madre, que no dejaba de gritar. El niño —el primero que he visto venir al mundo— nació muerto. Deposité el pequeño cuerpo sin, vida en el blando suelo del bosquecillo, y ayudé al joven a atender a la mujer. Como no podíamos comunicarnos, fui alejándome discretamente, y los dejé con su dolor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No dije nada acerca del incidente, pues los agentes de seguridad chinos que viajaban con nosotros habrían tenido que informar de él. Según las reglas de control natal de China, una familia sólo tiene derecho a un hijo, y se dice que en las aldeas algunas mujeres han sido esterilizadas obligatoriamente por persistir en tener más hijos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 50.&lt;/strong&gt; Hice una pausa para saludar a un niño que estaba al lado de una anciana, curvada bajo el peso de dos cubetas suspendidas de un palo que llevaba sobre sus hombros. Inflé un globo para regalárselo al muchacho, y ella gritó horrorizada, dejando caer a mis pies las cubetas (llenas de excremento, recogido para emplearlo como fertilizante). Todavía no me lo he quitado de los zapatos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Día 54.&lt;/strong&gt; Mi último día en China se caracterizó por banderolas, globos y un banquete. Unos autobuses de turismo se detuvieron para que bajaran residentes de Hong Kong que visitaban China y deseaban fotografiarse conmigo. Especialmente me conmovió un hombre, impedido, que bajó del autobús y, cuando posamos juntos para una fotografía, me dijo: &lt;comi&gt;"Nos ha devuelto usted el amor propio"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un grupo de corredores de edad avanzada se unieron a mí para los últimos kilómetros. Al pasar por el puente de 38 metros de largo que separa China de Hong Kong, contuve el impulso de mirar hacia atrás. Supe que, si lo hacía, habría tenido que esforzarme por no llorar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En una breve ceremonia, el gobernador de Hong Kong y otros funcionarios me felicitaron. Una niña en silla de ruedas que representaba a las personas impedidas de Hong Kong, me entregó una medalla de oro. Al inclinarme para que me pusiera la medalla al cuello, noté que tenía rodeadas las piernas por abrazaderas. De pronto, pensé en todos los kilómetros que había corrido, y en que aquella niña nunca correría. Y sentí que las lágrimas rodaban por mis mejillas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Después de 55 días de camino, David Griffiths terminó oficialmente su maratón de 3000 kilómetros en el Campo Deportivo Wan Chai, de Hong Kong. Sus esfuerzos sirvieron para recabar más de 240,000 dólares para los atletas impedidos de Hong Kong y China.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-4542262045615311614?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/4542262045615311614'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/4542262045615311614'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/carrera-bajo-el-cielo-de-china.html' title='CARRERA BAJO EL CIELO DE CHINA'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-ZpZyeo9Fzoc/TzUdetvp0HI/AAAAAAAATIY/4xBDBdnTeYI/s72-c/CARRERA%2BBAJO%2BEL%2BCIELO%2BDE%2BCHINA-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-7650467441681099490</id><published>2012-02-12T17:54:00.000-05:00</published><updated>2012-02-12T17:55:17.646-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>UNA TREGUA ANTE LAS DIFICULTADES (Walter Edgardo Eckart)</title><content type='html'>&lt;em&gt;Sencillas sugerencias para estar a gusto con uno mismo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Una vez quise estar bien&lt;br /&gt;Y me senté en una silla a esperar....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pasó y nada cambió&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien me habló al oído,&lt;br /&gt;y entonces deje de esperar,&lt;br /&gt;me puse de pié&lt;br /&gt;y comencé a caminar.....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;WALTER E. ECKART – 2006&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;I&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;En el mundo alocado en el que vivimos, donde muchas veces sobran las cosas que uno &lt;comi&gt;“debe realizar”&lt;/comi&gt; y falta el tiempo para &lt;comi&gt;“acomodarse interiormente”&lt;/comi&gt;, para &lt;comi&gt;“arreglar y asumir”&lt;/comi&gt; los muchos o pocos problemas que podamos tener, una &lt;comi&gt;“tregua”&lt;/comi&gt; muchas veces viene bien. En otros casos es necesaria.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ahora .... ¿Qué es una tregua....?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Bueno, podríamos decir que es fundamentalmente &lt;comi&gt;“un tiempo”&lt;/comi&gt; que uno mismo lo define, para tener la oportunidad de intentar tomar distancia de los problemas que &lt;comi&gt;“afligen”&lt;/comi&gt; nuestro interior, para &lt;comi&gt;“mirar”&lt;/comi&gt; sin miedo nuestras dificultades y reflexionar serenamente sobre alguna forma de solución posible.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esto es más importante todavía cuando las dificultades que tenemos son de carácter psico-afectivo, es decir, cuando nuestras angustias provienen del desorden de algunos de nuestros &lt;comi&gt;“sentimientos”&lt;/comi&gt; y experimentamos la angustia, la soledad.... o sentimos que a nadie le importamos, o que somos inútiles para todo, o cuando hemos fracasado o terminado con una relación sentimental, o cuando nos sentimos frustrados, o impotentes, o simplemente &lt;comi&gt;“embroncados”&lt;/comi&gt; con todos.... con los demás, con la vida, con uno mismo, con Dios....etc.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por eso, ante un panorama como éste, conviene muchas veces &lt;comi&gt;“parar la pelota”&lt;/comi&gt;... conviene saber decirnos a nosotros mismos: &lt;comi&gt;“Tengo que darme un tiempo para enfrentar esta situación de una vez por todas, antes de que acabe conmigo”&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esta sería una muy buena reacción, propia de quien se ejercita en la madurez humana, no &lt;comi&gt;“esquivándole al bulto”&lt;/comi&gt; sino &lt;comi&gt;“enfrentándose a él...."&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ahora.... ¿Cómo hacer esto...? &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Bueno.... la experiencia humana y la reflexión de gente sabia demuestran que hay algunas reglas prácticas para seguir. Por ejemplo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;REFLOTAR LA ESPERANZA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se trata de buscar tener una mirada menos trágica de las cosas que nos afectan, tratando de entender al mismo tiempo que &lt;comi&gt;existe la posibilidad concreta&lt;/comi&gt; de superarlas. Si anulamos la esperanza, corremos el riesgo de creer que ninguna solución nos va ayudar. Es como aquello del dicho &lt;comi&gt;El que cree que se va a morir.... se muere nomás...&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUSCAR (Y ENCONTRAR) UNA AYUDA ADECUADA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Frente a los problemas, normalmente, nadie &lt;comi&gt;sale solo....&lt;/comi&gt;. A veces una persona con quien hablar, un profesional a quien acudir, un ser querido que nos inspire confianza, un cambio en nuestros horarios y tareas....etc.... a veces todo esto con frecuencia nos &lt;comi&gt;da una mano.....&lt;/comi&gt; que fomentan nuestra esperanza y facilitan la comprensión de lo que nos pasa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ELIMINAR LA ANSIEDAD&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La  ansiedad es como ese impulso que nos hace querer que todo lo malo que nos pasa sea resuelto de forma inmediata. En realidad, resolver nuestros propios problemas normalmente nos llevará  un &lt;comi&gt;tiempo perseverante&lt;/comi&gt; un tanto prolongado. Es como que necesitamos comprender que debemos ir paso a paso, gradualmente, perseverantemente pero –al mismo tiempo- sin enloquecernos, sin &lt;comi&gt;sobre exigirnos&lt;/comi&gt;..... La ansiedad, si la dejamos crecer, puede convertirse en uno de los peores enemigos para nuestro bienestar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SINCERARSE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se trata de aprender a no mentirse a &lt;comi&gt;uno mismo&lt;/comi&gt;.  En general, cuando padecemos problemas interiores, cuando las cosas que nos pasan abruman nuestras vidas y parece que ya no &lt;comi&gt;podemos más&lt;/comi&gt;,  se suele presentar la tentación de &lt;comi&gt;negar&lt;/comi&gt; (muchas veces inconscientemente) tales dificultades o, frecuentemente, &lt;comi&gt;echarle la culpa&lt;/comi&gt;  de los que nos pasa a otros, a la vida , a Dios.  &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En realidad, el camino sano es detectar con &lt;comi&gt;paz, verdad y serenidad&lt;/comi&gt; la &lt;comi&gt;raíz&lt;/comi&gt; y &lt;comi&gt;la historia&lt;/comi&gt; (que es de mucha importancia), de nuestras aflicciones,  y al mismo tiempo, &lt;comi&gt;analizarlas&lt;/comi&gt; también con &lt;comi&gt;paz, verdad y serenidad&lt;/comi&gt;, sin tratar de &lt;comi&gt;buscar responsables&lt;/comi&gt; sino aceptando serenamente que es cierto que realmente padecemos tal o cual conflicto, y que debemos poner nuestro mejor empeño en &lt;comi&gt;comenzar&lt;/comi&gt; a resolverlo, sabiendo de antemano que siempre necesitaremos de la ayuda de alguien o algunos para lograr nuestro cometido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ORDENAR NUESTRA JORNADA Y NUESTROS ESPACIOS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dice una frase &lt;comi&gt;conserva el orden y el orden te conservará&lt;/comi&gt;.  Cuando estamos muy afligidos o angustiados, tenemos la tendencia de &lt;comi&gt;echarnos al abandono&lt;/comi&gt;. Esto es muy perjudicial. En realidad conviene darle un orden a nuestra jornada (proponernos un horario para levantarnos, para comer, para asearnos, para descansar, para  distraernos, programar una visita a un amigo o familiar, etc.). Asimismo conviene mantener el orden y limpieza en los lugares que habitamos. La &lt;comi&gt;prolijidad&lt;/comi&gt; ambiental contribuye a nuestra serenidad y bienestar general.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ELIMINAR LA FANTASÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Muchas veces sucede que uno comienza un proceso para adquirir el bienestar interior y  al poco tiempo, normalmente por coincidencias, siente que todo se ha solucionado (aparentemente): por ejemplo: de pronto, las personas que no lo tenían en cuenta comienzan a hacerlo; la angustia que tenia increíblemente desaparece rápidamente, etc.  &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En casos así, donde &lt;comi&gt;parece&lt;/comi&gt; que todo se ha solucionado de un día para el otro, solemos tener la tentación de dejar el proceso que hemos iniciado, porque –para nosotros- &lt;comi&gt;ya todo está bien&lt;/comi&gt;. En realidad es todo una fantasía. Resolver los problemas interiores lleva tiempo y hay que ser conscientes de esto, y perseverar en lo que se ha comenzado hasta concluirlo. Se trata siempre de curar &lt;comi&gt;en serio nuestro interior&lt;/comi&gt; y no de &lt;comi&gt;hacer como que ya todo está bien...&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;II&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Estas orientaciones prácticas normalmente son muy efectivas. Sin embargo, no son suficientes.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En efecto, hay otros factores que se deben tener en cuenta a la hora de recomponer nuestro complejo mundo interior.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Estos &lt;comi&gt;otros factores&lt;/comi&gt; tienen cierta relación con nuestra  &lt;comi&gt;dimensión espiritual&lt;/comi&gt; y no solo con nuestra psico afectividad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En efecto y aunque algunos no estén de acuerdo con la existencia de la mencionada &lt;comi&gt;dimensión espiritual del ser humano&lt;/comi&gt;, para los que sí creemos en ella ésta juega un papel determinante en nuestro equilibrio psicológico y afectivo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por eso es bastante común que si uno &lt;comi&gt;revisa&lt;/comi&gt;  su propia historia personal, encuentre que en el pasado pudo haber cometido algunos actos que fueron más allá de lo psicológico y alcanzaron la esfera espiritual, produciendo consecuencias negativas que afectaron en su momento nuestro interior y lo siguen afectando en la actualidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para poner un ejemplo: una mujer que en su momento eligió deliberadamente &lt;comi&gt;abortar&lt;/comi&gt; (acto éste que contradice el principio moral de orden espiritual plasmado en la frase &lt;comi&gt;No matarás al indefenso&lt;/comi&gt;), probablemente sufra durante muchos años el trauma psicológico consecuente, y esto aún cuando hubiese &lt;comi&gt;reparado&lt;/comi&gt; la situación a nivel espiritual o religioso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es decir, muchas veces podemos cometer actos que atentan a nuestra moral, a nuestra religión,  que nos desestabilizan emocionalmente no solo en el momento de cometerlos sino que &lt;comi&gt;enferman&lt;/comi&gt;  nuestra &lt;comi&gt;psiquis&lt;/comi&gt; casi en forma permanente, causándonos diversos malestares, como la angustia, la tristeza, la depresión, etc.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Desde esta perspectiva es conveniente seguir también algunas orientaciones cuando hemos decidido sanear nuestro &lt;comi&gt;complejo mundo interior&lt;/comi&gt;. Por ejemplo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;APRENDER A PERDONARNOS Y A PERDONAR&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esto no significa  restarle importancia a algo que hicimos sino, por el contrario, evaluar nuestros actos otorgándoles toda la gravedad que se merecen, sin &lt;comi&gt;justificarlos&lt;/comi&gt;. Pero al mismo tiempo, significa adoptar una mirada &lt;comi&gt;misericordiosa&lt;/comi&gt; sobre nosotros mismos, &lt;comi&gt;benévola&lt;/comi&gt;, que no justifica pero si &lt;comi&gt;busca entender&lt;/comi&gt;, evitando la trampa de &lt;comi&gt;autojuzgarnos&lt;/comi&gt;. Y en el mismo sentido, respecto de los demás, siempre es aconsejable esforzarnos por &lt;comi&gt;entender&lt;/comi&gt; (sin justificar) los malos actos que otros pudieron haber cometido contra nosotros o nuestros seres queridos, esforzándonos en mirarlos también a estos con una mirada &lt;comi&gt;benévola&lt;/comi&gt;, sin caer en la trampa de &lt;comi&gt;esperar morbosamente&lt;/comi&gt; que nos &lt;comi&gt;pidan disculpas&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En síntesis: se trata aprender a &lt;comi&gt;perdonarnos siempre&lt;/comi&gt; y &lt;comi&gt;rectamente perdonar a los demás&lt;/comi&gt;, buscando siempre &lt;comi&gt;no justificar lo injustificable....&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ELIMINAR EL TEMOR&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando se trata de sanear nuestro mundo interior, nuestra psiquis, y a medida que vamos comprendiendo el camino que tenemos que recorrer para lograrlo,  es común que aparezca el &lt;comi&gt;temor&lt;/comi&gt;, que tiende a desalentarnos, a paralizarnos, como &lt;comi&gt;susurrándonos&lt;/comi&gt; al oído &lt;comi&gt;esto es demasiado para vos...no vas a poder&lt;/comi&gt;. Y no es raro que muchas veces se nos crucen por la cabeza cientos de recuerdos o ideas negativas que nos comienzan a atemorizar.  Por eso es conveniente recordar siempre que &lt;comi&gt;la peor batalla que se pierde es la que no se dá...&lt;/comi&gt;. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es decir, podemos atemorizarnos, pero igualmente conviene y necesitamos  intentarlo, aunque para ello debamos pedir ayuda sin avergonzarnos, o recurrir a un profesional competente, y hasta rezar (si somos religiosos). Se trata pues de tomar de todos los medios a nuestro alance para triunfar en nuestra lucha.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;DEJARNOS AMAR&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Muchas veces podemos caer en la tentación de &lt;comi&gt;endurecernos&lt;/comi&gt;, de ponernos una &lt;comi&gt;coraza&lt;/comi&gt; de manera que nadie se nos entrometa, que nadie nos &lt;comi&gt;invada&lt;/comi&gt;. Por hacer esto en ocasiones perdemos de vista a mucha gente, desde las más cercanas hasta las más lejanas, que habiendo percibido &lt;comi&gt;algo&lt;/comi&gt; de lo que nos pasa, busca alentarnos, querernos rectamente, darnos una mano.... Nos corresponde, pues, detenernos algunos momentos, hacer algunas pausas, y tratar de &lt;comi&gt;descubrir&lt;/comi&gt; a esta &lt;comi&gt;gente buena y gaucha&lt;/comi&gt;, para que descubriéndola nos animemos a aceptar el cariño y la ayuda que nos quieren brindar, aunque siempre debemos tener el cuidado de no confiar en personas &lt;comi&gt;interesadas&lt;/comi&gt; que nos puedan provocar un daño mayor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ERRADICAR LA &lt;comi&gt;DUDA ENFERMIZA Y ENFERMANTE&lt;/comi&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dice un viejo dicho &lt;comi&gt;Piensa bien antes de actuar.... pero no al extremo de angustiarte&lt;/comi&gt;. Es propio de una persona psicológicamente madura &lt;comi&gt;pensar bien&lt;/comi&gt; las decisiones que está por tomar. Es por eso que, normalmente, frente a algo que queremos hacer, primero lo reflexionamos, tratamos de descubrir los &lt;comi&gt;pro&lt;/comi&gt; y los &lt;comi&gt;contra&lt;/comi&gt;, evaluamos nuestra capacidad práctica de realizarlo, etc.  Eso es bueno.  Pero hay situaciones &lt;comi&gt;especiales&lt;/comi&gt;, como algunos  &lt;comi&gt;proyectos&lt;/comi&gt; que queremos realizar, que finalmente no los llevamos adelante porque hemos sido influenciados por una especie de &lt;comi&gt;un conjunto de dudas terribles y destructivas&lt;/comi&gt; que nos paralizan, nos hacen desconfiar de todo, especialmente de nosotros mismos, destruyendo  nuestra auto estima y haciéndonos creer que somos algo así como &lt;comi&gt;infradotados&lt;/comi&gt;.  &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por ejemplo: supongamos que una persona quiera iniciar un proceso de reconciliación con su familia, o con algún amigo. No sería extraño que la &lt;comi&gt;duda nefasta&lt;/comi&gt;  le &lt;comi&gt;dispare&lt;/comi&gt; ideas como &lt;comi&gt;¿Vos vas a tratar de arreglar las cosas....?¿No te parece que no te da el cuero&lt;/comi&gt;....?¿Ya te olvidaste de que vos fuiste el que provocó todo....?¿No te parece que serías hipócrita si lo hacés...? ¿Vos crees que a ellos les importa algo de vos....?. Y así, al permitirse pensar de esta forma la persona se confunde, pierde objetividad, y , lastimosamente, abandona con tristeza su proyecto de reconciliación.  &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Frente a esto conviene que tomemos conciencia de que, en general, siempre podremos hacer las cosas que nos gustarían, algunas veces con más esfuerzo y tiempo, otras con menos,  pero siempre con una actitud positiva, esperanzada y serena. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SER AGRADECIDOS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;comi&gt;El que no sabe agradecer tampoco sabe sonreír...&lt;/comi&gt;. Normalmente, si miramos nuestra propia historia personal, incluso desde cuando éramos chicos, podremos apreciar una gran cantidad de &lt;comi&gt;cosas buenas&lt;/comi&gt; que nos han pasado. Seguramente también descubriremos a mucha gente que sin esperar nada a cambio nos han hecho mucho bien: desde personas que apenas están en nuestra memoria, hasta aquellas con las cuales tenemos un trato asiduo, como amigos, parientes, etc. Poder &lt;comi&gt;descubrir&lt;/comi&gt; esto es de vital importancia para que &lt;comi&gt;brote&lt;/comi&gt; en nosotros un sentimiento de agradecimiento a los demás, a la vida, e incluso a Dios, si tenemos la gracia de creer en Él. En este sentido, &lt;comi&gt;ser agradecidos&lt;/comi&gt; es una forma de &lt;comi&gt;ser justos&lt;/comi&gt; y es una buena razón para dejar de lamentarnos de todos los males que nos han ocurrido. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es como que la persona agradecida sabe poner en la &lt;comi&gt;balanza&lt;/comi&gt; no sólo lo malo que le ha tocado vivir sino también lo bueno, y siente el impulso de intentar hacer cosas buenas por los demás, porque &lt;comi&gt;reconoce&lt;/comi&gt; que en la vida ha recibido mucho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EJERCITARSE EN LA GENEROSIDAD&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dice una sencilla frase: &lt;comi&gt;La generosidad es una de las mejores formas de recibir...&lt;/comi&gt;. Y es cierto. Cuando nos atrevemos a romper nuestro &lt;comi&gt;egoísmo&lt;/comi&gt;, cuando nos olvidamos al menos &lt;comi&gt;por un rato&lt;/comi&gt; de nosotros mismos,  cuando sin esperar ninguna forma de retribución nos animamos a darle una &lt;comi&gt;mano&lt;/comi&gt; a alguien, sin que nos la pidan sino por propia iniciativa nuestra, pareciera que &lt;comi&gt;una brisa suave y placentera&lt;/comi&gt; recorre nuestro interior, produciéndonos alivio y bienestar. Es cuestión de intentarlo, desde nuestras capacidades y posibilidades. En ocasiones alguien necesitará una &lt;comi&gt;mano&lt;/comi&gt; en lo económico. Pero muchas otras veces tendremos que dar otras cosas, como nuestro &lt;comi&gt;tiempo&lt;/comi&gt;, como nuestra &lt;comi&gt;escucha&lt;/comi&gt;, o algún consejo, etc.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;III&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Estas &lt;comi&gt;sencillas sugerencias para estar a gusto con uno mismo&lt;/comi&gt; no son las &lt;comi&gt;únicas&lt;/comi&gt; ni constituyen una especie de &lt;comi&gt;listado de normas estrictas&lt;/comi&gt; que deben ser cumplidas a cualquier precio. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como dijimos al principio, son simplemente &lt;comi&gt;pautas&lt;/comi&gt;, &lt;comi&gt;orientaciones&lt;/comi&gt; que nos conviene tenerlas en cuenta si queremos comenzar a resolver los múltiples conflictos que pueden estar socavando nuestro complejo mundo interior. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se trata pues de entender básicamente algunas cosas fundamentales, como por ejemplo, que estamos llamados,  y hasta &lt;comi&gt;destinados&lt;/comi&gt; podríamos decir, a ser hombres y mujeres de paz, (como dice el texto &lt;comi&gt;Busca la paz y corre tras ella...&lt;/comi&gt;), sabiendo que esa &lt;comi&gt;paz&lt;/comi&gt; que queremos conseguir la vamos a encontrar –paradójicamente- en un mundo complejo, problemático, desmoralizante, muchas veces &lt;comi&gt;destructor&lt;/comi&gt; de ilusiones e ideales, donde incluso podemos encontrar personas que –pareciera- se &lt;comi&gt;dedican&lt;/comi&gt; a dañar a los demás.  &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No podemos exigir ni fantasear con un mundo &lt;comi&gt;perfecto&lt;/comi&gt; para estar bien. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Solo tenemos un mundo: éste, en el nos toca vivir aún cuando muchas veces nos pueda lastimar. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y sólo tenemos &lt;comi&gt;una vida&lt;/comi&gt;, y más nos vale que busquemos incansablemente aquellas cosas que nos ayuden a estar bien, que nos hagan mejores personas aún en medio de nuestros dolores. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esas cosas que &lt;comi&gt;gradualmente&lt;/comi&gt; nos vayan ayudando a tener siempre una actitud esperanzada y agradecida, por la cual nos animemos siempre al &lt;comi&gt;gesto cordial&lt;/comi&gt; para con los otros, a la &lt;comi&gt;sonrisa franca&lt;/comi&gt; y a la &lt;comi&gt;mano siempre extendida&lt;/comi&gt; para el que la necesita.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se trata también de entender que si no somos nosotros quienes tomamos la iniciativa, de nada sirve (y es una fantasía) esperar que los demás cambien,  que los demás se vuelvan &lt;comi&gt;buenos&lt;/comi&gt;, cordiales, respetuosos, generosos, solidarios, etc. etc.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;comi&gt;La caridad empieza por casa...&lt;/comi&gt; dice el dicho. Bueno... &lt;comi&gt;la conquista de nuestro bienestar también....&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Nosotros somos los protagonistas de lo que hacemos con nuestras vidas y nadie nos puede sustituir en esta tarea. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;....y así, al caminar,&lt;br /&gt;me di cuenta que el camino era largo,&lt;br /&gt;lleno de baches y obstáculos.&lt;br /&gt;Pero, para mi sorpresa,&lt;br /&gt;vi a muchos otros&lt;br /&gt;marchando por la misma senda que yo.&lt;br /&gt;Y cuando me caí,&lt;br /&gt;alguien me dio una mano,&lt;br /&gt;y entonces lo entendí,&lt;br /&gt;y entonces también yo&lt;br /&gt;ofrecí mi mano débil&lt;br /&gt;y hubo alguien que la tomó&lt;br /&gt;y así reanudó su marcha....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Walter Eckart&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-7650467441681099490?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/7650467441681099490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/7650467441681099490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/una-tregua-ante-las-dificultades-walter.html' title='UNA TREGUA ANTE LAS DIFICULTADES (Walter Edgardo Eckart)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-5120027710318400688</id><published>2012-02-12T17:53:00.000-05:00</published><updated>2012-02-12T17:54:04.042-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>MI AMIGO PIDÉN (Luis Durand)</title><content type='html'>&lt;div id="negrilla"&gt;I&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La primera noche de mi llegada al campo, dormí nervioso y sobresaltado. Era como si todos los rumores que rondaban la casa, con su cortejo de misterios, estuvieran afuera acechándome, cual invisibles enemigos para lanzarse sobre mí en el momento propicio. Mis veinte años, que hasta entonces no conocieron el tormento del insomnio, no fueron suficientemente fuertes para vencer las zozobras que me asaltaban cada vez que la suave niebla del sueño llegaba a soltar mis nervios en tensión, dóciles al miedo de esa inquietante soledad. Fue, pues, una verdadera alegría de niño la que experimenté cuando oí el canto de las diucas, goterones de música y frescura que anunciaban el amanecer. Una luz desvaída y tenue se asomó en las ventanas, y entonces, allá lejos, sobre la curva ondulante de los cerros, una orla azul los destacó bajo el cielo aún desteñido.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Afuera, en el corredor, un perro bostezó gruñendo friolento, y desde el campo llegó el bramido de un buey, que puso una matiz de melancolía en el amanecer. Lentamente, la luz fue dibujando los cuadritos de la ventana, y, casi en seguida, una llamarada de sol naciente que se proyectó por detrás de los cerros, tiñó el cielo de un suave color de rosa. Una barra de oro que penetró a la estancia, por una de las ranuras del tabique, fue como si llegara un sonriente amigo, que después de darme los ¡buenos días! se burlara un poco de mis temores nocturnos. Traté entonces de dormir para resarcirme de mi penosa vigilia, pero desde afuera venía un llamado de vida tan intenso, una alegría tan jovial y robusta que, con súbito impulso, tiré las ropas hacia atrás y de un salto, fui a mirar por la ventana la maravilla del paisaje jocundo que ofrecía su magnificencia ante mi vista. Quedéme absorto contemplando las rubias sementeras, rizadas levemente por la brisa matinal. Allá entre los cerros de Adencul, la luz llenaba de niebla azulina las hondonadas. Los altos coihues, que un roce despiadado desnudara de la severa armonía de su follaje, semejaban un ejército de gigantes que en desordenado tumulto fueran escalando los empinados flacos. La masa imponente y densa de la montaña se doraba al sol, bajo el cielo limpio y celeste. Y más cerca, entre los árboles que rodeaban la casa, los pájaros madrugadores hacían oír la orquestación jubilosa de sus trinos, llenando el espíritu de frescas y suaves armonías.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sintiendo un vehemente deseo de correr por el campo; me vestí rápidamente. Estaba ansioso de saturarme de aquel aire vivificante y de bañarme en la pureza del amanecer. Al cruzar el patio de las casas, vi junto a una mediagua, que servía de bodega y almacén, a un caballo negro, de mediana alzada, que aún estaba sin ensillar. Amarrado bajo un sauce mimbre de hojas plomizas, que se enredaban en su mechón desteñido, casi castaño, enderezó las orejas al oír mis pasos, y luego, arqueando graciosamente la tabla del cuello, sus ojos vivos se fijaron en mí con insistente curiosidad. Casi en seguida se revolvió ágil, tratando de desasirse del jaquimón, y quedó mirándome de frente, con la cabeza erguida y una de sus manos adelantadas, en actitud de venir a mi encuentro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un hombre alto, de andar lerdo y pesado, subía en ese momento al faldeo trayendo una montura al hombro. Con la mano que traía libre, se tocó, al verme, el ala de su ancho sombrero. Era Otto, un suizo alemán apacible y bonachón, que desempeñaba las funciones de mayordomo en aquel fundo, adonde yo llegaba a estrenarme como administrador. Dejó la montura en el suelo, y después, con su aire desganado, fue a sacar la rasqueta y la escobilla que tenía guardada entre las ramas del sauce. En tanto, el caballo, ahora más tranquilo, había vuelto a su posición primitiva, restregando con vigor su cabeza en el tronco del árbol.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El mayordomo desató la cuerda del jaquimón y se la enrolló en el brazo. Volviéndose a mí, me dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Hay que estar atento con éste, porque es un diablo. Apenas uno se descuida se va no más, y después cuesta la vida dar con él.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lo miré extrañado, sin comprender al punto lo que me quiso explicar. Aunque no deseaba dar a conocer mi ignorancia de las cosas campesinas, no pude reprimir la pregunta:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Se va? ¿Y para dónde se va?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El hombre se quitó, con lerdo ademán, el cigarrillo de los labios y, dejando la rasqueta sobre el anca del caballo, me contestó:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Se va a los potreros y se esconde entre los montes. Éste sabe jugar a las escondidas mejor que los chiquillos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Es suyo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No, es de la hacienda. En días pasados, el patrón estuvo a punto de venderlo, después de un matasuelo que le dio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El caballo entonces, como si supiera que de él se hablaba, movió la cabeza varias veces, tal si deseara sacarse el freno que el mayordomo recién le había puesto, y luego, como para dar fe de su impaciente energía, golpeó reciamente el suelo con sus manos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Así es que es muy vivo este caballo? —le pregunté al hombre en el momento que le apretaba la correa del cinchón.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Es locazo. Hay que tener buenas piernas para sujetarse en él, porque es muy cachañero cuando se espanta o anda con la idea. Pero sabiéndolo llevar es de lo más tranquilo. Y sufrido como él solo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Experimenté el temor de que cuando aquel hombronazo montara al animal, éste se iba a hundir bajo su peso. Pero no ocurrió nada de eso. Se revolvió con gallarda viveza y antes de sentir el acicate, partió al galope por el camino que conducía a los potreros, donde ya comenzaba la siega de los trigos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;II&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Ha pasado más de un año desde aquella mañana fragante y luminosa que acabo de evocar. Ya, según declaración muy grave y sentenciosa de Felipe, el campero, me he convertido en un jinete más que regular, a quien ni los corcovos de una bestia mansa —los campesinos creen que son las que se sacuden más fuerte— puede sacarme fácilmente de la silla. He perdido la cuenta de los terribles golpes que me he dado para aprender a montar. Las bestias tienen un instinto seguro y una inteligencia muy clara para conocer al jinete novicio. Todos aquellos fieros porrazos se los debo a ese caballito negro, el Pidén este es su nombre—, que no ha tenido ningún respeto ni consideración para mi persona y me ha tratado con el desdén que pudiera haber tenido con un chico de diez años. En muchas ocasiones, al dejarme tirado sobre el camino, se burla de mí con verdadera crueldad. No contento con lo que ha hecho, se detiene a pocos pasos, y cuando voy a alcanzarlo, se aleja al trote como diciéndome: &lt;comi&gt;"Ven a pillarme si eres capaz"&lt;/comi&gt;. Y así, mientras voy tras de él, jadeante, él se entretiene en despuntar las hierbas a su alcance, para alejarse de nuevo cuando me siente próximo y repetir la escena en igual forma.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo esto fue haciendo nacer en mí una verdadera animadversión en su contra, que me incitaba a castigarlo, muchas veces sin motivo, y sólo guiado por el deseo de vengar algunas ofensas humillantes para mi moceril vanidad. Pero bien sabía el Pidén devolverme la mano con creces y, en ocasiones, con un poco de reiterada malignidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una tarde de fines de diciembre, había ido yo a vigilar las faenas de la corta a máquina que se estaba haciendo en el potrero del Maitén. El Pidén estaba ese día realmente insufrible. Me había sacudido los riñones bailando y atravesándome en el camino, con tales bríos que uno de los guardianes del poblado próximo, que me acompañaba, resumió su admiración por él, diciéndome:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Benaiga la bestiecieta bien alentá. Pocas veces había visto un caballito más jugoso.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aquel &lt;comi&gt;"jugoso"&lt;/comi&gt;, que en el primer momento no entendí era su característica más saliente. Era en realidad un caballo fogoso e incansable. Una marcha, por ruda y penosa que fuera, a través de los escarpados caminos de esas serranías, no era suficiente para apagar su fuego y dominar sus arrestos gallardos. Felipe, el campero, con su gesto desabrido, me solía decir:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Esa no es bestia pa que ande su mercé. Ta güena pa los chiquillos, que les gusta andar too el tiempo gilidiando con los animales. Usté, pa hacerse güen pión, necesita un caballo más tranquilo. Si los costalazos tamién duelen pues, iñor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero mi amor propio y mi juvenil vanidad, seguían empeñados en una lucha sorda con el Pidén, que apenas me sentía sobre sus lomos salía disparado haciendo cabriolas o dando botes, en los cuales, si no lograba ponerme a tiempo sobre la silla, me dejaba tirado, huyendo en seguida en loca carrera, algunas veces hacia las casas, hasta donde siempre sabía llegar por más que en el cerro se cerraron todos los pasos que daban acceso a ellas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin embargo, esa tarde, cuando ya estuvimos dentro del potrero, el Pidén se tranquilizó, demostrando cierto desgano que no era común en él. Por la orilla del trigal fue cortando espigas que sus fuertes dientes trituraban con deleite. Caminábamos despacio, al lado de una yunta de bueyes llamados &lt;comi&gt;"Los Solimanes"&lt;/comi&gt; y que empujaban la cortadora que iba devorando las espigas. Mas, de pronto, el ¡pi-pi-pi!... sorpresivo y angustiado de una perdiz, lo asustó haciéndolo dar un bote de costado, tan violento, que me dejó tendido debajo de uno de los bueyes. Como era su costumbre se disparó, resoplando estremecido de energía, en loca carrera por en medio del potrero. Le costó a los peones un verdadero esfuerzo rodearlo y traérmelo de nuevo. Venía con aire esquivo y a la vez altanero, trató de golpearme con una de sus manos cuando volví a subir en él. Uno de los inquilinos, el &lt;comi&gt;"Pichirruca"&lt;/comi&gt;, como lo llamaban por su porte exiguo, me apuntó:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Hay que ver el flaco bien idioso. Va a tener qué pedir piernas emprestá el patrón pa agarrarse en él.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aquella observación, hecha con risueña y maliciosa socarronería, me encendió de fastidio el rostro. Y tan luego como me sentí firme en él, lo castigué con las espuelas y el látigo, dando rienda suelta a mi ira. Pero el Pidén, lejos de doblegarse ante mi castigo, se revolvió enardecido y aun cuando hice todos los esfuerzos imaginables por dominarlo, partió en impetuosa carrera por en medio del trigal, ante la expectación temerosa de los peones que confiaban muy poco en mis piernas y temían que el caballo me estrellara en alguno de los postes del camino o me diera una rodada entre los ásperos surcos del faldeo. Pero aquel endiablado animal no sabía tropezar, y fue así cómo se internó conmigo en un tupido retazo de selva, en donde muy pronto sentí el recio y despiadado azote de las quilas sobre mi rostro y los crueles rasguños de los michayes que me desgarraban la ropa y me hacían sangrar las manos. Por lo demás, un estrellón cualquiera en alguno de los troncos salientes, me hubiera sido de fatales consecuencias. Hasta que de pronto vino a salvarme un accidente, parecido al que relata la leyenda bíblica, cuando Absalón quedó colgado de la cabellera, enredado en un árbol. La punta de un palo seco, al engancharse en la boca de mi poncho, me sacó en el aire de la silla, siéndome necesario realizar un verdadero esfuerzo de acrobacia para poder salir de aquella ridícula posición.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aún me avergüenza recordarlo. Yo, un ser racional, dotado de inteligencia y de sentimientos humanos, no supe ni pude contener mi ira, mi ciega furia. El Pidén, también enredado entre la tupida maraña del monte, esta vez no pudo huir. Entonces yo, temblando de rabiosa exaltación, he cogido un grueso garrote y lo he apaleado sin piedad, sin que él, amarrado, pudiera defenderse. Uno de sus ojos se ha cerrado por efecto de mis golpes. Junto al hocico le vierte sangre machacada de una honda herida. Él, bajo la penumbra suave de la selva, ha perdido su gallarda arrogancia. Achicado y encogido parece más flaco. En tanto, yo me he sentado sobre una piedra, al borde del estero que se desliza cristalino sobre su lecho de arenas brillantes. Hay un fresco y oloroso silencio que a ratos interrumpe el vibrante ¡cau-cau! de los chucaos, o el ¡té-té! dulce y gracioso de las tencas que se enamoran entre el follaje. Me lavo la cara y, como una excusa para justificar mi brutalidad, restaño con mi pañuelo la sangre de mis rasguños, mientras murmuro en voz baja:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Ha sido una suerte que no me haya muerto este chuzo bruto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Él, entretanto, permanece muy allegado al tronco del árbol en donde está amarrado. Un quejido leve, pero muy hondo se le escapa a ratos. Cuando me acerco, su ojo está horriblemente hinchado y en la herida del hocico se le ha formado una gruesa costra de sangre coagulada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sintiendo una indefinible mezcla de depresión y de vergüenza, lo llevo de las riendas hasta el estero. Se inclina hasta tocar el agua, y sin beber levanta la cabeza para quedarse inmóvil, como si hasta la respiración le faltara. Con mi pañuelo chorreando de agua fresca lavo sus heridas. Él se deja hacer, no sin dar algunas cabezadas en las cuales advierto su protesta y su sufrimiento. Refresco largo rato su ojo hinchado y al tocárselo, da un breve y recio tiritón. Después lo conmueve un largo suspiro, como si en ese suspiro quisiera vaciar toda la pena que lo agobia al verse, quién sabe si por primera vez, tan humillado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Regresamos tranco a tranco, en esa hora en que las lejanas se visten de púrpura y una delgada sombra destiñe el cielo; a esa hora en que el campo se puebla de rumores confusos: de trinos que son como musicales adioses, de gritos de niños y de voces lejanas a las que la vecindad de la noche presta un encanto empapado en misterio y poesía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;III&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Tras un sinnúmero de peripecias, peores o parecidas a las que acabo de narrar, he ido adquiriendo la seguridad necesaria para cabalgar sin temor a desagradables accidentes. Se aleja así la parte ruda y hostil del campo en cuyo paisaje bravío mis ojos iban descubriendo nuevas e insospechadas bellezas. La gente fue también despojándose de su corteza de esquivez y de su socarronería, un tanto hiriente para aquellos que no conocen su manera de ser ni saben apreciar la sencilla bondad que se alberga en sus almas, esquivas ante lo desconocido y llenas de confianza y casi infantil sinceridad cuando llegan a entregar su afecto.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dentro de mí comenzó de esta manera un proceso de descubrimiento de un mundo distinto al que hasta entonces conocía. La tierra, las plantas, los animales y los pájaros adquirieron dentro de mi espíritu inusitada importancia. Porque el campesino vive atento a todas las manifestaciones de la naturaleza, que influye directamente en el éxito o en el fracaso de sus empresas y en la alegría o el dolor de su existencia. Es el inmenso libro en que lee los signos que encienden su esperanza y robustecen su fe. El viento es la brújula por medio de la cual guía sus trabajos y que jamás lo engaña. El color del horizonte, el índice inequívoco que le anuncia lo que debe hacer al otro día. Toda la vida campesina sustenta su raíz en la tierra y su florecimiento en las señales que lee en la atmósfera o en el cielo. Mientras camina a través del campo, habla consigo mismo, pero dándose siempre ilusionadamente la respuesta que le conviene. La tierra es grande y todo lo que sobre ella se anima necesita vigilancia y cuidado. Que el potrero no se aniegue, que el buey flaco no se desbarranque, o que los pájaros no se ceben en las chacras donde el maíz nuevo atrae su voracidad. Para todo esto, el hombre necesita de un buen colaborador, y entre éstos, uno de los principales es el caballo, que muy pronto se convierte en su mejor amigo. Con él comparte todos los contratiempos y soporta las más rudas inclemencias. Fue así, en esta escuela, como aprendí a querer a los animales y con preferencia a aquél, que hasta ayer fue casi mi enemigo. Seguramente, porque notó en mis piernas, flojas para sujetarse sobre la silla y en mi torpeza para guiarlo, que yo era un extraño ahí en el campo, un intruso que no sabría amar las cosas hacia las cuales su instinto lo inclinaba.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mas, poco a poco, tras de tan nudos combates, fuimos notando que un vínculo fuerte y duradero nacía entre nosotros. Desde que las primeras luces alumbraban la tierra, salíamos a vagar por todos los rincones del fundo. Él conocía los más secretos senderos de la selva, los pasos más escondidos y las vertientes más claras. Había nacido entre esos cerros y sus primeros brincos de potrillo los dio al abrigo de esos montes, oyendo toda esa suave armonía a la cual mis oídos se iban acostumbrando con verdadero deleite. Sabía, además, dónde crecían las quilas más jugosas y los pastos más tiernos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se había convertido en el buen y leal compañero, que jamás se apartaba de mí, ni me hacía pasar por ninguna situación desmedrada. Al desmontarme, le sacaba el freno y le enganchaba las riendas en el garfio de la montura. Después, con una cariñosa palmada sobre el anca, lo animaba a pastar, a darse un banquete en aquellos pastizales o quilantares que había en los rincones escondidos de la selva. Él se quedaba vacilando largo rato, volviéndose a mirarme con sus ojos leales en los que yo leía claramente su promesa:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No tengas cuidado. Anda tranquilo, que yo te esperaré hasta que vuelvas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A veces, cuando me olvidaba de aflojarle la correa de la cincha, daba un recio sacudón. Esto equivalía a decirme:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No olvides que así tan apretado yo no puedo comer.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y cuando le daba en el gusto, resoplaba alegremente para expresarme su agradecimiento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una tarde fuimos a ver a unos labradores que estaban trabajando en un intrincado rincón de la selva. Intenté varias veces llegar hasta ellos sin poder encontrar el camino. Él estaba inquieto y nervioso, como en aquellos distantes días de su mal humor. En el silencio sólo interrumpido por las alegres carcajadas de los tordos, se oía el golpe lejano del hacha de los leñadores. Fastidiado de no poder encontrar el camino, le abandoné las riendas y entonces alzó su hermosa cabeza, enderezando las orejas y moviéndose rápidamente en sentido inverso. Oyó de nuevo el golpe de las hachas, e inmediatamente volvió grupas desandando el camino por donde íbamos y se internó en la selva. Muy luego fui sintiendo cada vez más recio el golpe de las hachas, hasta que llegamos donde los leñadores por un caminillo completamente escondido entre los helechos, cuya fresca suavidad nos envolvía como una caricia, mientras que de abajo subía una fragancia a tierra húmeda y a leños recién abiertos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Él también conoce muchos de los secretos de mis pequeños amores campesinos. Hay una casita escondida entre los cerros, donde una chiquilla, de labios encendidos y ojos reídores, me dice, con deliciosa torpeza en su lenguaje, todos los anhelos que palpitan en su corazón de dieciocho años. El Pidén, con una paciencia increíble dado su fogoso temperamento, me espera muy tranquilo bajo el galpón. Hubo ocasiones en que ya los pájaros comenzaban a anunciar el día, cuando nos marchábamos. En su obscuro rincón, él me acogía con un relinchito cariñoso, y a los pocos pasos se detenía detrás de la casa, junto a una ventana, donde él sabía que esa chiquilla me ofrecía la miel fresca y cálida de sus labios. Después nos vamos conversando de todas las incidencias del día. Él me contesta estirando el hocico y haciendo una especie de suave ronquido, a ratos resoplando alegremente. Hay terribles noches de lluvia, en que la ventisca y los truenos nos infunden verdadero pavor, cuando nos azotan y estallan sobre nosotros con violencia inaudita, como si nos fueran a derribar. Con la cabeza baja nos dejamos guiar por el instinto. Cruzamos lentamente la montaña, bajo cuyo espeso toldo de ramas la lluvia se escurre en gruesos goterones, enfangando el sendero. Al comienzo de una larga y peligrosa bajada, el Pidén sacude la cabeza con energía, para advertirme:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No te olvides de afirmarme las riendas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así lo hago y entonces casi se sienta para resbalar cuesta abajo, en el fango. Su leve ronquido se alarga como una queja. Siento una gratitud inmensa al ver todos sus sacrificios. Me dan deseos de bajarme y de abrazarlo, quién sabe de besarlo como si fuera un ser adorado. Llegamos hasta un tronco atravesado en el camino. Y esta vez él se desvía para apoyarse mejor, afirmando los cascos entre la corteza de los coigües que hay a los lados. Pasa una mano y después la otra. Cuando se siente bien seguro, salva el tronco con liviano impulso. Y otra vez resbalamos cuesta abajo, hasta llegar al plan, en donde me pide rienda, y aunque llueva o truene, o sea la noche de tinta, nos lanzamos a través de la obscuridad en una loca y jubilosa carrera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al llegar a la casa le saco la montura frente a la puerta. El Pidén, con paciencia ejemplar, espera que yo guarde los aperos de montar y en seguida nos encaminamos uno al lado del otro hacia la bodega. No siente ningún temor de entrar a obscuras conmigo hasta el rincón en donde están los sacos de avena. Mientras yo saco el grano y lo voy echando al cajón, él me acaricia con su relincho de regalón. Claro que me dice:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Échale otro poquito más. No te pongas mezquino.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Soy generoso con él, y casi siempre le sobra un poco de su ración. Me duermo arrullado por el ruido que en el corredor hacen sus poderosos dientes al triturar la avena. Pero no por eso deja de cuidar el grano que le sobra, cuando por las mañanas vuelve de tomar agua. Defiende su cajón, con talante agresivo, de las gallinas que llegan hasta allí a picotear. Hay ocasiones en que arma un verdadero escándalo de cacareos y gritos angustiados, cuando las ahuyenta con el hocico abierto y el belfo fieramente arriscado. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Algunos días, con el fin de que descanse, lo llevo hasta la puerta del potrero que conduce a los cerros, para que se vaya a reponer y a retozar todo cuanto quiera. Hay ocasiones en que esta excursión le causa verdadero gozo. Apenas lo suelto, emprende cuesta arriba una loca carrera, y en la primera explanada que encuentra, se revuelve relinchando alegremente. Empero, otras veces, se queda como un chiquillo enfurruñado y regalón, con los encuentros apoyados en la puerta y el cuello estirado por encima. Me dice:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No me voy ni me voy. Le tengo odio al cerro.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Yo acaricio su mechón castaño, en donde siempre hay &lt;comi&gt;"amores secos"&lt;/comi&gt; o rositas de espinas que le saco cuidadosamente. En tanto, le converso sobre lo fresco y jugoso que está el pasto en el rincón de las &lt;comi&gt;"Casas Viejas"&lt;/comi&gt; o los quilantos en la orilla del estero de las &lt;comi&gt;"Catorce Hectáreas"&lt;/comi&gt;. Pero no lo convenzo. Le da un topón a la puerta, y haciendo guiños impacientes, yo sé que me contesta:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eres un antipático. ¿Te gusta a ti salir a pasear cuando no tienes deseos?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por último se decide a caminar lentamente por la orilla de la cerca, cortando con paciencia inagotable las escasas hierbas y ramas que hay en los alrededores. Y tan pronto como se hace la noche, oigo que salta sobre el corredor, y cuando este llamado de atención no hace efecto en mí, viene a llamarme a la puerta con su simpático relincho. Conozco demasiado su lenguaje, y no dormiría tranquilo si no le diera lo que me pide. Algunas veces Felipe, con su cachaza habitual, comenta:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Hay que ver lo que se ha aguachado este flaco con su mercé. Si antes a éste, cuando lo soltaban al monte, había que hacer mingaco pa pillarlo, porque se ponía más ríspero que un potrillo de primera ensillada. Y no hubiera sío na eso, sino que se volvía perdiz por ey por las quebrás. Lo que tiene el flaquito que es muy agradecío. Con poquito embarnece y se pone luciecito.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En una ocasión transcurrieron casi ocho días sin que fuéramos a visitar esa amable casita, donde una chiquilla reídora nos acogía con manifiestas muestras de cariño. Las rencillas tan comunes en el amor nos tenían distanciados. El Pidén demostraba estar profundamente intrigado por este motivo. Rondaba inquieto por los alrededores de la casa, y en más de una ocasión lo encontré bajo el sauce, inmóvil, entregado a profundas y melancólicas meditaciones. Uno de esos días, un domingo de soledad y silencio, yo estaba en la galería leyendo un libro, sin entender lo que decían sus páginas, cuando el Pidén asomó su cabeza en la puerta. Me miró largo rato con expresión casi humana, y entonces avanzó una mano sobre el piso de tablas, donde su casco herrado resonó tan fuerte que él mismo se asustó. Retrocedió al darse cuenta de su osadía y vino a mirarme a través de los vidrios. Me estaba diciendo claramente:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué te pasa? ¿Por qué no vamos a pasear un rato? ¡Estamos tan aburridos!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aunque parezca ridículo confesarlo, experimenté una emoción tan honda y tan pura que los ojos se me humedecieron. Sin poderme contener, fui a abrazar su cuello y a acariciar su gracioso mechón, mientras le decía: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tienes razón; salgamos un rato. ¿Quieres tú que vayamos a verla?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un enérgico golpe en tierra de una de sus manos me dio la respuesta afirmativa. Y cuando oyó el ruido, tan conocido en él, de la argolla del cinchón arrastrándose sobre las tablas del piso, vino a pararse junto a la puerta. Después de limpiarlo y escobillarle cuidadosamente, le arreglo lo mejor que puedo sus lindas testeras granates que le caen al lado de su mechón castaño, y nos vamos galopando pausadamente. Es una deliciosa tarde de primavera que comienza. Un airecillo oloroso y musical juega entre el ramaje de la orilla del camino; una leve niebla azulina envuelve el campo que nosotros, como sintiendo una sutil caricia, vamos desgarrando. El sol, como si hubiera trasnochado entre unas nubes coquetonas y encarminadas, proyecta una luz desvaída, que es una fina lámina de oro sobre los diversos matices del paisaje. Desde un roble, una lloica me pellizca dulcemente el corazón con las cálidas y entonadas notas de su canto: ¡Chíu—chíu, chirriiiuuu!... &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;IV&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Pero la felicidad es breve, y sólo el recuerdo de los grandes afectos sigue viviendo en el corazón del hombre. De pronto han pasado muchas cosas tristes y desagradables. El amor que desbordaba mi corazón juvenil, me hizo olvidar responsabilidades y desatender obligaciones. Y entonces me han echado de esa tierra, en donde todo tenía un signo de simpatía para mi corazón de veinte años. También me olvidó aquella chiquilla que encendió mi primer amor. No encontró en mí esa áspera rudeza y ese dominio de macho fuerte que seguramente anhelaba su impetuosa alma de campesina. Mis quimeras de soñador la hicieron sentir el hastío antes de que fruteciera el cariño. En esta forma he tenido que irme, abandonando todo lo que amé y lo que amaba hasta entonces.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Mi caballo Pidén!, sólo entonces recordé que no era mío, que no podía llevármelo. Abrazado a su cuello he llorado a sollozos, con un llanto de niño sin amparo. Él restregó muchas veces su hocico en mi pecho. Sus grandes ojos, limpia fuente de sinceridad, me han mirado muy largo. Y cuando por fin me decido a marchar, él me sigue relinchando inquieto. Por encima de la puerta del potrero, como en aquellos días cuando no quería ir al cerro, tiende su cuello, en donde las crines negras se le esponjan bellamente, con el deseo de seguir tras de mí. Corre después nervioso y desesperado por la orilla de la cerca, para retornar a la puerta y quedarse mirándome. Ya voy lejos, y con el alma transida de tristeza sin remedio, cuando oigo su relincho vibrante, que me grita con dolorosa energía:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡No te vayas!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;TERMINOS EMPLEADOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;diuca : &lt;/strong&gt;(Fringilla diuca, Molina) Avecilla de color gris apizarrado, con una mancha blanca en la garganta y otra en el abdomen, rectrices y rémiges negras y pintas de tono acanelado en los muslos. la hembra se diferencia del macho en que todas las manchas grises aparecen teñidas de tono pardusco, los flancos, de café acanelado y la mancha del bajo vientre, de color canela oscuro y más extenso. Ligeramente mayor que un jilguero, es una de las aves chilenas más comunes, pues habita en los campos desde Coquimbo hasta Aisén. es característico su dulcísimo canto al amanecer. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;jaquimón : &lt;/strong&gt;Conjunto de correas o cuerdas que se coloca por la parte trasera de la cabeza de una caballería para afirmar el freno y la brida. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;matasuelo : &lt;/strong&gt;Golpe fuerte al caer. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;cachañero : &lt;/strong&gt;que hace cachañas o es diestro para hacerlas. Cachaña: acción ejecutada con maña o presteza para eludir un obstáculo o dificultad. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;benaiga : &lt;/strong&gt;¡Buena cosa!&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;alentá : &lt;/strong&gt;Sana, de buena salud.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;su mercé : &lt;/strong&gt;Fórmula de tratamiento usada por el inquilino o campesino para dirigirse a su patrón o a cualquier otra persona de clase social superior a quien considere digna de respeto. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;gilidiando : &lt;/strong&gt;Perturbando o molestando con una continua agitación, melindres, quejas o desasosiego. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;pión : &lt;/strong&gt;Peón.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;iñor : &lt;/strong&gt;Señor.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;idioso : &lt;/strong&gt;que tiene caprichos o manías. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;emprestá : &lt;/strong&gt;Prestada.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;quila : &lt;/strong&gt;Nombre común de varias especies de plantas gramíneas características por sus espiguillas trifloras y por sus tallos, unas veces rectos y otras ramificados y trepadores, muy empleados en cercos, techumbres de rancho y para lanzas entre los araucanos. Las&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;michay : &lt;/strong&gt;Nombre común de ciertos arbustos silvestres de hojas simples acompañadas de espinas en la base, flores pequeñas protegidas por bracteolos y fruto en baya. la madera es amarilla o blanca, la raíz y la corteza se usan para teñir de amarillo, los frutos comestibles han sido empleados por los indios para producir una chicha. en medicina popular, la infusión de las hojas se aplica en casos de inflamaciones. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;chucao : &lt;/strong&gt;(Pteroptochos rubecula) Ave pequeña, de unos 18 cm. La cabeza y el lomo son de un color gris apizarrrado, que en los ejemplares bien adultos tira al bermejo, mientras la garganta, zona anterior del cuello y el alto del pecho son de un rojo vivo, con su &lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;tenca : &lt;/strong&gt;(Turdus o minus thenca) Ave canora semejante al zorzal, del cual se distingue, sin embargo, por tener la figura más esbelta y delgada y la cola más larga. el plumaje es café claro por encima, con rayas longitudinales negruzcas en la cabeza, alas pardonegras con algunas líneas blancas, pecho y vientre de color café grisáceo pálido y se va aclarando hacia el abdomen hasta llegar a una coloración blanquecina. Igual que la garganta, las patas y el pico son negros, este último algo encorvado. Vive desde el valle de Copiapó hasta Valdivia, entre los arbustos y campos cultivados. Canta todo el año y sus trinos poseen una prodigiosa variedad de tonos. es también capaz de imitar el canto de las demás aves. (DECh)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;quilanto : &lt;/strong&gt;Matorral de quilas.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;aguachado : &lt;/strong&gt;Amansado.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;mingaco : &lt;/strong&gt;Congregación voluntaria de vecinos o amigos que hacen una labor en común, como siembra, cosecha, trilla, etc.; por lo cual no se paga, sino únicamente se da comida y bebida que muchas veces van acompañados con cantos y bailes. Se acostumbra asignar un p&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;ríspero : &lt;/strong&gt;Áspero; fogoso.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;sío na : &lt;/strong&gt;sido nada.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;ey : &lt;/strong&gt;Ahí.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;embarnece : &lt;/strong&gt;Resplandece (?)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;luciecito : &lt;/strong&gt;que luce.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;lloica : &lt;/strong&gt;Loica. (Sturnella militaris) Pájaro de la familia de los estorninos que se domestica con facilidad y es muy estimado por su canto dulce y melodioso. El macho es por encima de un pardo variegado de negro; la garganta, el centro del cuello, pecho y abdome&lt;/lista&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-5120027710318400688?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5120027710318400688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5120027710318400688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/mi-amigo-piden-luis-durand.html' title='MI AMIGO PIDÉN (Luis Durand)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-2348502735798556046</id><published>2012-02-12T17:51:00.000-05:00</published><updated>2012-02-12T17:52:31.671-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>LA PARENTELA DE LOS ELFOS (Lord Dunsany)</title><content type='html'>&lt;div id="negrilla"&gt;CAPITULO I&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Soplaba el viento del Norte y de él fluía rojos y dorados los últimos días del otoño. Solemne y fría caía la tarde sobre los marjales.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo estaba sumido en la quietud.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces la última paloma volvió a su casa de los árboles en tierra seca a la distancia, y su forma ya se había vuelto misteriosa en la niebla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo volvió a estar sumido en la quietud.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando la luz iba desvaneciéndose y la niebla volviéndose más espesa, el misterio vino arrastrándose de todas partes.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces las verdes avefrías vinieron plañideras y se posaron todas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y otra vez hubo silencio, salvo cuando una de las avefrías revoloteaba un trecho emitiendo el grito del descampado. Y acallada y silenciosa estuvo la tierra a la espera de la primera estrella. Entonces llegaron los patos y las maracas, bandada tras bandada: y toda la luz del día se desvaneció, salvo una franja roja sobre el horizonte. Sobre la franja aparecieron, negras y terribles, las alas de una bandada de gansos batiendo el aire de los marjales. También éstos descendieron entre los juncos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces aparecieron las estrellas y brillaron en la quietud y hubo silencio en los vastos espacios de la noche.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto irrumpieron las campanas de la catedral de los marjales que llamaban a oraciones vespertinas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ocho siglos atrás los hombres habían construido la enorme catedral a orillas de los marjales, o quizá fue hace siete siglos, o puede que nueve... lo mismo les daba a las Criaturas Silvestres.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que se celebraron las oraciones vespertinas, se encendieron las velas y las luces a través de las ventanas brillaban rojas y verdes en el agua, y el sonido del órgano vibró estruendoso sobre los marjales. Pero desde los lugares profundos y peligrosos, bordeados de musgo luminoso, las Criaturas Silvestres vinieron brincando para bailar sobre el reflejo de las estrellas, y por sobre sus cabezas los fuegos fatuos flotaban y fluían.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las Criaturas Silvestres tienen algo de humano en la apariencia, sólo que su piel es parda y apenas alcanzan los dos pies de altura. Sus orejas son puntiagudas como las de las ardillas, sólo que mucho más grandes, y saltan a alturas prodigiosas. Viven todo el día sumergidas en los estanques profundos en medio de los marjales más solitarios, pero de noche salen a la superficie y bailan. Cada Criatura Silvestre tiene sobre la cabeza un fuego fatuo que se mueve junto con ella; no tienen alma y no pueden morir, y son de la familia de los elfos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Toda la noche bailan sobre los pantanos andando sobre el reflejo de las estrellas (porque la sola superficie del agua no los sostiene por sí misma); pero cuando las estrellas comienzan a palidecer, se hunden una por una en los estanques donde tienen su hogar. O, si se retardan descansando sobre los juncos, sus cuerpos van desvaneciéndose y volviéndose invisibles al igual que los fuegos fatuos empalidecen a la luz, y de día nadie puede ver a las Criaturas Silvestres, de la familia de los elfos. Nadie puede verlas ni siquiera de noche, salvo que haya nacido, como yo, a la hora del anochecer, justo en el momento en que aparece la primera estrella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ahora bien, en la noche de la cual hablo, una pequeña Criatura Silvestre había ido deslizándose por el descampado hasta llegar a los muros de la catedral y bailó sobre las imágenes coloridas de los santos espejadas en el agua entre los reflejos de las estrellas. Y mientras brincaba en su fantástica danza, vio a través de los vitrales de colores el lugar donde la gente rezaba y oyó el órgano que sonaba estruendoso sobre los marjales. El sonido del órgano sonaba estruendoso sobre los marjales, pero el canto y las oraciones de la gente ascendían desde la más alta de las torres de la catedral como finas cadenas de oro y llegaban hasta el Paraíso y por ellas bajaban los ángeles desde el Paraíso a la gente, y desde ésta subían al Paraíso una vez más.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces, algo no distante del descontento perturbó a la Criatura Silvestre por primera vez desde que fueron hechos los marjales; y la blanda exudación gris y el frío de las aguas profundas no parecieron bastar, ni tampoco la llegada desde el Norte de los tumultuosos gansos, ni el frenético regocijo de las alas de las aves cuando cada una de sus plumas canta, ni la maravilla del hielo sereno que sobreviene cuando las agachadizas parten, y barba los juncos de escarcha y viste el descampado acallado de misteriosa niebla en la que el sol se vuelve rojo y bajo y ni siquiera la danza de las Criaturas Silvestres en la noche magnífica; y la pequeña Criatura Silvestre anheló tener alma e ir a venerar a Dios.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y cuando las oraciones de las vísperas terminaron y se apagaron las luces, volvió llorando entre los suyos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero a la noche siguiente, tan pronto como las imágenes de las estrellas aparecieron en el agua, se fue saltando de estrella a estrella hasta el borde más extremo de los marjales donde crecía un espeso bosque en el que vivía la más anciana de las Criaturas Silvestres.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y encontró a la Más Anciana de las Criaturas Silvestres sentada al pie de un árbol, al abrigo de la luna.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y la pequeña Criatura Silvestre dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Quiero tener un alma para venerar a Dios y conocer la significación de la música y ver la belleza íntima de los marjales e imaginarme el Paraíso.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y la Más Anciana de las Criaturas Silvestres le respondió:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué tenemos nosotras que ver con Dios? Sólo somos Criaturas Silvestres, de la familia de los elfos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero la pequeña sólo insistió:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Quiero tener alma.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces la Más Anciana de las Criaturas Silvestres dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No tengo alma que darte; pero si tuvieras alma, un día tendrías que morir, y si conocieras la significación de la música, tendrías que aprender la significación del dolor, y es mejor ser una Criatura Silvestre y no morir.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que la pequeña se fue llorando.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero las parientes de los elfos sintieron pena por la Criatura Silvestre; y aunque las Criaturas Silvestres no pueden apenarse mucho tiempo por no tener alma con qué hacerlo, por un rato sintieron lástima en el lugar donde deberían haber estado sus almas al contemplar la aflicción de su camarada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que la parentela de los elfos salió por la noche a hacerle un alma a la pequeña Criatura Silvestre. Y se trasladaron por sobre los marjales hasta llegar a los campos elevados entre las flores y las hierbas. Y allí recogieron una gran telaraña que la araña había tejido en el crepúsculo; y estaba cubierta de rocío.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En ese rocío habían brillado todas las luces de las amplias orillas del cielo y los colores cambiantes en los reposados espacios de la tarde. Y sobre él la noche maravillosa había resplandecido con todas sus estrellas. Luego las Criaturas Silvestres fueron con la telaraña salpicada de rocío hasta el borde de su morada, y allí recogieron un poco de la neblina gris que por la noche pende sobre los marjales. Y en ella pusieron la melodía del descampado que es transportada de un lugar al otro de los marjales al caer la tarde sobre las alas de los frailecillos dorados. Y también pusieron en ella el canto doliente que tienen que cantar por fuerza los juncos ante la presencia del arrogante Viento del Norte. Luego cada una de las Criaturas Silvestres dio alguno de sus atesorados recuerdos de los viejos marjales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pues podemos permitírnoslo—dijeron.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y a todo esto agregaron unas pocas imágenes de las estrellas que recogieron del agua. Sin embargo, el alma que las parientes de los elfos estaban haciendo, todavía no tenía vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces le agregaron las voces quedas de los amantes que caminaban solos y errantes tarde en la noche. Y después de eso esperaron hasta el amanecer. Y el majestuoso amanecer se hizo presente, los fuegos fatuos de las Criaturas Silvestres empalidecieron en la luz, sus cuerpos se desvanecieron y aún siguieron esperando al borde de los marjales. Y hasta ellos que se estaban allí esperando, por sobre campos y marjales, desde tierra y cielo, llegó el múltiple canto de los pájaros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;También a éste pusieron las Criaturas Silvestres en el trozo de niebla que habían recogido en los marjales, y lo envolvieron todo en la telaraña salpicada de rocío. Entonces el alma cobró vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y allí estaba en las manos de las Criaturas Silvestres, no mayor que un erizo; y cosas maravillosas había en ella, verdes y azules que cambiaban incesantes girando una y otra vez y en el gris que tenía en el centro, había un resplandor púrpura.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y a la noche siguiente se allegaron a la pequeña Criatura Silvestre y le mostraron el alma refulgente. Y le dijeron:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Si por fuerza has de tener alma y venerar a Dios, convertirte en mortal y morir, ponte esto sobre el pecho izquierdo algo por encima del corazón, penetrará en ti y te volverás humana. Pero si la coges, nunca podrás deshacerte de ella para volverte mortal nuevamente, a no ser que te la arranques y se la des a otro; y nosotras no te la recibiremos y la mayor parte de los seres humanos ya tienen alma. Y si no te es posible encontrar un ser humano sin alma, un día tendrás que morir, y tu alma no puede ir al Paraíso porque sólo fue hecha en los marjales.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A lo lejos la pequeña Criatura Silvestre vio las ventanas de la catedral iluminadas para el servicio de las oraciones vespertinas; la canción de la gente ascendía al Paraíso y los ángeles subían y bajaban por ella. De modo que agradecida se despidió con lágrimas de las Criaturas Silvestres, de la familia de los elfos, y se alejó saltando hacia la verde tierra seca llevando el alma en las manos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y las Criaturas Silvestres sintieron pena de que se hubiera ido, pero no por mucho tiempo, porque no tenían alma.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A orillas del marjal la pequeña Criatura Silvestre contempló por unos instantes los fuegos fatuos que saltaban de un lado a otro sobre el agua, y luego presionó el alma contra su pecho izquierdo algo por encima del corazón.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Instantáneamente se convirtió en una hermosa joven; sintió frío y estaba atemorizada. Se vistió como pudo de juncos y se acercó a las luces de una casa que se encontraba no lejos de allí. Abrió la puerta de un empujón, entró y encontró a un granjero con su mujer que comían sentados a la mesa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y la mujer del granjero condujo a la pequeña Criatura Silvestre con el alma y le trenzó el cabello; luego volvió a llevarla abajo y le ofreció la primera comida que hubiera nunca comido. Luego la mujer del granjero le hizo muchas preguntas:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿De dónde vienes?—le preguntó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—De los marjales.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿De qué dirección?—le preguntó la mujer del granjero.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Del Sur—respondió la pequeña Criatura Silvestre de alma flamante.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pero nadie puede venir de los marjales desde el Sur—dijo la mujer del granjero.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No, eso no es posible—dijo el granjero.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Yo vivía en los marjales.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Quién eres tú?—preguntó la mujer del granjero.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Soy una Criatura Silvestre y encontré un alma en los marjales; somos de la familia de los elfos&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hablando de ella más tarde, el granjero y su mujer decidieron que ella debía ser una gitana que se había perdido, y que el hambre y la intemperie la habrían desquiciado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que esa noche la pequeña Criatura Silvestre durmió en casa del granjero, pero su alma flamante permaneció despierta toda la noche soñando con la belleza de los marjales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No bien la aurora llegó al descampado y brilló sobre la casa del granjero, ella miró por la ventana hacia las aguas resplandecientes y vio la belleza interior del marjal. Porque las Criaturas Silvestres sólo aman los marjales y conocen su morada, pero ella ahora percibía el misterio de sus distancias y la seducción de sus peligrosos estanques con sus rubios musgos mortales, y sintió la maravilla del Viento del Norte que llega dominante de desconocidas tierras heladas y la maravilla del flujo y reflujo de la vida cuando las aves llegan a los pantanos al atardecer y al llegar la aurora se dirigen al mar. Y sabía que por sobre su cabeza muy por encima de la casa del granjero, se extendía amplio el Paraíso donde quizás ahora Dios se estuviera imaginando un amanecer mientras los ángeles tocaban quedo sus laúdes y el sol se levantaba sobre el mundo por debajo para regocijo de los campos y los marjales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y todo lo que el cielo pensaba, lo pensaban los marjales también; porque el azul de los marjales era como el azul del cielo y la forma de las grandes nubes del cielo se convertía en la forma de los marjales y a través de ambas corrían momentáneos ríos púrpuras, errantes entre orillas de oro. Y el vigoroso ejército de juncos aparecía de entre las sombras con todos sus penachos mecidos hasta donde la vista alcanzara. Y desde otra ventana vio la vasta catedral que recogía toda su inmensa fuerza para izarla en sus torres desde los marjales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dijo ella:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Jamás, jamás abandonaré los marjales.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una hora más tarde se vistió con gran dificultad y descendió para comer la segunda comida de su vida. El granjero y su mujer eran gente bondadosa y le enseñaron a comer.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Supongo que los gitanos no tienen cuchillo ni tenedor—se dijeron más tarde.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después del desayuno el granjero fue a ver al Deán, que vivía cerca de la catedral, y en seguida volvió para llevar consigo a casa de éste a la pequeña Criatura Silvestre con su alma flamante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Esta es la joven—dijo el granjero—. Este es el Deán Murnith.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Luego partió.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Ah—dijo el Deán—. Tengo entendido que te perdiste la pasada noche en los marjales. Era una noche terrible para que algo así sucediera.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Amo los marjales —dijo la pequeña Criatura Silvestre de alma flamante.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Vaya! ¿Cuántos años tienes?—preguntó el Deán.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No lo sé—respondió ella.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tienes que saber cuántos años tienes—insistió él.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Oh, unos noventa—respondió ella—o más.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Noventa años! exclamó el Deán.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No, noventa siglos—dijo ella—. Tengo la edad de los marjales.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces contó su historia: cómo había anhelado ser humano y venerar a Dios, tener un alma y ver la belleza del mundo, y cómo las Criaturas Silvestres le habían hecho un alma de telaraña, niebla, música y recuerdos extraños.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pero si eso es cierto—dijo el Deán Murnith—, está muy mal hecho. Dios no pudo haber tenido intención de que contaras con un alma.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Cuál es tu nombre?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No tengo nombre—respondió ella.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Debemos encontrar para ti un nombre de pila y un apellido. ¿Cómo te gustaría llamarte?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Canción de los Juncos—respondió ella.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eso no es de ningún modo posible—dijo el Deán.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Entonces me gustaría llamarme Terrible Viento Norte o Estrella en las Aguas—dijo ella.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No, no, no—dijo el Deán Murnith—, eso es totalmente imposible. Podríamos darte el nombre de Señorita Junco, si gustas. ¿Qué te parece María Junco? Quizá sería mejor que tuvieras aún otro nombre, digamos María Juana Junco.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que la pequeña Criatura Silvestre con el alma de los marjales tomó los nombres que se le ofrecieron y se convirtió en María Juana Junco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Y debemos encontrarte una ocupación—dijo el Deán Murnith—. Mientras tanto podemos ofrecerte una habitación aquí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Yo no quiero hacer nada—replicó María Juana—; sólo venerar a Dios en la catedral y vivir junto a los marjales.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces llegó la Señora Murnith y durante el resto del día María Juana permaneció en casa del Deán.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y allí con su nueva alma, percibió la belleza del mundo; porque ésta llegaba gris y grave desde las neblinosas distancias y se ensanchaba en las verdes hierbas y en los labrantíos hasta el viejo pueblo con casas provistas de gablete; y solitario en los campos lejanos se erguía un viejo molino de viento y sus honestas aspas hechas a mano giraban y giraban en los libres Vientos Anglos del Este. Muy cerca, las casas de gablete se inclinaban hacia las calles, sobre firmes maderos nacidos en viejos tiempos, todos juntas gloriándose de su belleza. Y destacándose de ellas, puntal sobre puntal, con inspiración de altura, se levantaban las torres de la catedral.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y vio a la gente que se trasladaba por las calles, ociosa y lenta, y entre ellas invisibles, musitando entre sí, sin ser oídos de los hombres vivos, sólo concentrados en cosas pasadas, se agitaban los fantasmas de antaño. Y dondequiera que las calles se abrieran hacia el Este, dondequiera que hubiera espacios entre las casas, irrumpía siempre la visión de los grandes marjales, como si respondieran a una barra de música fascinante y extraña que vuelve una y otra vez en una melodía, tocada por el violín de un músico tan solo que no toca otra barra alguna, de pelo oscuro y lacio, barbado en torno de los labios, de largos bigotes caídos, cuya tierra de origen nadie conoce.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo esto era bueno de ver para un alma nueva.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Luego se paso el sol sobre los campos verdes y los labrantíos y vino la noche. Una por una las luces gozosas de las lámparas iluminaron las ventanas de las casas en la noche solemne.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Luego sonaron las campanas en una de las torres de la catedral y su música se derramó sobre los techos de las viejas casas y se vertió por sobre sus aleros hasta que las calles estuvieron llenas de ella, y fluyó luego hacia los campos verdes y los labrantíos hasta llegar al vigoroso molino y llamó al molinero que se dirigió con paso afanado al servicio de oraciones vespertinas y hacia el Este y hacia el mar se extendió el sonido hasta los más remotos marjales. Y para los fantasmas que rondaban las calles, nada había cambiado desde el día de ayer.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces la mujer del Deán llevó a María Juana al servicio de oraciones vespertinas y vio allí trescientas velas encendidas que llenaban el pasillo de luz. Pero los firmes pilares se elevaban por la penumbra donde tarde y mañana, año tras año, cumplían su cometido en la oscuridad sosteniendo en alto la techumbre de la catedral. Y había más silencio allí que el silencio en que se sume el marjal cuando ha llegado el hielo y el viento que lo trajo se ha aquietado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto en esta quietud irrumpió el sonido del órgano, estruendoso, y en seguida la gente se puso a rezar y cantar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ya no le era posible a María Juana ver sus oraciones ascender como delgada cadena de oro, pues esa no era sino la fantasía propia de un elfo, pero imaginó con toda claridad en su alma flamante a los serafines en los senderos del Paraíso, y a los ángeles que se turnaban para vigilar al Mundo de noche.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando el Deán hubo terminado con el servicio, subió al púlpito un joven cura, el Señor Millings.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Habló de Abana y Pharpar, ríos de Damasco: y María Juana se alegró de que hubiera ríos que tuvieran tales nombres, y escuchó hablar de Nínive, la gran ciudad, con maravilla, y también de muchas otras cosas extrañas y novedosas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y la luz de las candelas brilló sobre el pelo rubio del cura y su voz bajó resonante por el pasillo, y María Juana se regocijó de que estuviera allí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero cuando el sonido de su voz se acalló, sintió una súbita soledad, que jamás había sentido antes desde que fueran hechos los marjales; porque las Criaturas Silvestres nunca padecen soledad ni experimentan nunca la desdicha, sino que bailan toda la noche sobre el reflejo de las estrellas; y, como no tienen alma, no desean nada más.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después de recogidas las limosnas, antes de que nadie se moviera para irse, María Juana recorrió el pasillo hasta llegar al Señor Millings.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Te amo —le dijo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;CAPÍTULO II&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Nadie sentía simpatía por María Juana.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Vaya, pobre Señor Millings—decían todos—. Un joven que prometía tanto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A María Juana la enviaron a una gran ciudad industrial de la región central del país donde se le había encontrado trabajo en una fábrica de telas. Y no había nada en esa ciudad que un alma pudiera ver de buen grado. Porque ignoraba que la belleza fuera algo deseable; de modo que hacia muchas cosas con máquina, todo en ella se apresuraba, se jactaba de su superioridad en relación con otras ciudades, se enriquecía cada vez más y nadie había que se apiadara de ella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En esta ciudad se le encontró a María Juana alojamiento cerca de la fábrica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las seis de la mañana, en noviembre, aproximadamente a la hora en que, lejos de la ciudad, las aves salvajes levantan vuelo de los serenos marjales y se dirigen a los perturbados espacios del mar, a las seis, la fábrica lanzaba un prolongado aullido con el que se llamaba a los trabajadores que trabajaban allí durante todas las horas del día, con excepción de dos horas destinadas a la comida, hasta que al oscurecer las campanas volvían a doblar fúnebres las seis.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Allí trabajaba María Juana con otras jóvenes en una alargada y tétrica estancia, donde gigantes con estridentes manos de acero machacaban lana hasta dejarla convertida en una larga franja de fibras. Durante todo el día se estaban allí rugiendo frente al desalmado trabajo. Pero María Juana no debía trabajar con ellos, aunque su rugido le perforaba sin cesar los oídos mientras sus estrepitosos miembros de acero iban y venían.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su tarea consistía en atender a una criatura más pequeña, pero infinitamente más astuta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tomaba la franja de Lana que los gigantes habían machacado y la hacía girar y girar hasta que quedaba retorcida y convertida en una resistente fibra delgada. Luego aferraba con dedos de acero la fibra recogida y se alejaba contoneándose unas cinco yardas para volver con más.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había dominado toda la sutileza de los trabajadores especializados y gradualmente había ido desplazándolos; sólo una cosa no era capaz de hacer: recoger los extremos de una fibra si ésta se rompía para volverlos a unir. Para esto se requería un alma humana, y la tarea de María Juana consistía en recoger los extremos de una cuerda rota; y, en el momento que ella los unía, la afanada y desalmada criatura los ataba por si misma.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo allí era feo; aun la lana verde que giraba y giraba no tenía el verde de la hierba, ni siquiera el verde de los juncos, sino un penoso verde parduzco que se adecuaba a una triste ciudad bajo un cielo lúgubre,&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando miraba por sobre los techos de la ciudad, tampoco allí había belleza; y bien lo sabían las casas, porque con horrible estuco mimaba como un mono grotesco los pilares y los temples de la antigua Grecia, fingiendo, la una delante de la otra, ser lo que no eran. Y al salir año tras año de estas casas y volver a entrar en ellas, y ver el fingimiento de pintura y estuco hasta quedar todo descascarado, las almas de sus pobres propietarios trataban de cambiarse por otras hasta fatigarse del intento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al llegar la noche María Juana volvía a su alojamiento. Sólo entonces, después de entrada la oscuridad, podía el alma de María Juana percibir cierta belleza en esa ciudad, cuando se encendían las lámparas y aquí y allí una estrella brillaba a través del humo. Habría ido entonces afuera para contemplar la noche, pero la vieja a la cual le había sido encomendada no se lo permitía. Y los días se multiplicaron por siete y se convirtieron en semanas, y las semanas pasaron y todos los días eran iguales. Y sin cesar el alma de María Juana lloraba por la presencia de cosas bellas y no las hallaba, salvo los domingos, cuando iba a la iglesia, y la dejaba para encontrar a la ciudad más gris que antes todavía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un día decidió que era preferible ser una Criatura Silvestre en los hermosos marjales que tener un alma que lloraba por la presencia de cosas hermosas sin hallar una siquiera. Desde ese día decidió deshacerse de su alma, de modo que le contó su historia a una de sus compañeras de fábrica y le dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Las otras jóvenes van pobremente vestidas y se desempeñan en un trabajo desalmado; seguramente alguna de ellas no tendrá alma y tomará de buen grado la mía. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero su compañera de fábrica le dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Todos los pobres tienen alma. Es lo único que tienen.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces María Juana observó con cuidado a los ricos dondequiera los hallara y en vano buscó a alguno que no tuviera alma.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un día, a la hora en que las máquinas descansan y los seres humanos que las atienden descansan también, el viento llegó de la dirección de los pantanos, y el alma de María Juana se lamentó amargamente. Entonces, como se encontraba fuera de los portones de la fábrica, el alma, de modo irresistible, la instó a cantar, y una canción desolada le salió de los labios como un himno a los marjales. Y en la canción se expresó plañidera la nostalgia que sentía por su hogar y por el sonido ululante del Viento del Norte, dominante y orgulloso, con su adorable señora de las Nieves; y cantó los cuentos que los juncos se musitan entre sí, cuentos que conoce la cerceta y la garza vigilante. Y por sobre las calles atestadas, su canción partió plañidera, la canción de los sitios descampados y de las salvajes tierras libres, plenas de maravilla y magia, porque ella tenía en su alma hecha por elfos, el canto de los pájaros y el estruendo del órgano en los marjales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dio la casualidad que en ese momento pasara por allí el Signor Thompsoni, el afamado tenor inglés, en compañía de un amigo. Se detuvieron y se pusieron a escuchar; todos se detenían y escuchaban.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—En mis tiempos no hubo nadie con voz semejante en Europa—dijo el Signor Thompsoni.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que en la vida de María Juana se produjo un cambio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se dirigieron cartas y finalmente se dispuso que, a las pocas semanas, tendría un papel protagónico en la Opera del Covent Garden.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De modo que debió ir a Londres a estudiar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Londres y las lecciones de canto eran algo mejor que la ciudad de la región central y esas terribles máquinas. Con todo, María Juana no era libre de vivir como se le antojara a la orilla de los marjales y estaba decidida a deshacerse de su alma, pero no encontraba a nadie que no tuviera ya una propia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un día se le dijo que los ingleses no querrían escucharla si se llamaba Señorita Junco, y se le pidió un nombre más adecuado por el que le gustara ser llamada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Me gustaría ser llamada Terrible Viento del Norte—dijo María Juana—o Canción de los Juncos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando se le dijo que eso no era posible y se le sugirió María Junchiano, ella cedió de inmediato como había cedido cuando se la separó de su cura; nada sabia de cómo se conducían los seres humanos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por fin llegó el día de la presentación en la Opera, un frío día de invierno.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y la Signorina Junchiano apareció en el escenario frente a una casa atestada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y la Signorina Junchiano cantó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y a la canción pasó toda la nostalgia de su alma, el alma que no podía llegar al Paraíso, pero que sólo podía venerar a Dios y conocer la significación de la música, y la melancolía impregnó la canción italiana como el infinito misterio de las colinas se trasmite con el sonido de los cencerros lejanos. Entonces en el alma de los que se encontraban en esa casa atestada se despertaron recuerdos desde mucho tiempo atrás enterrados que volvieron a vivir mientras duró aquella maravillosa canción.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y un frío extraño penetró en la sangre de todos los que escuchaban como si se encontraran a la orilla de los lúgubres marjales y soplara el viento del Norte.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y a algunos los movió a tristeza, a otros al dolor y a otros, en fin, a una alegría ultraterrena; de pronto la canción fue desvaneciéndose quejumbrosa como los vientos del invierno se desvanecen de los marjales cuando desde el Sur, aparece la Primavera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De este modo terminó. Y un gran silencio llenó como la niebla toda la casa poniendo fin a la animada conversación que mantenía Cecilia, Condesa de Birmingham, con un amigo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En esa mortal quietud, la Signorina Junchiano desapareció apresurada del escenario; volvió a aparecer corriendo por entre el público y se precipitó sobre Lady Birmingham.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Coged mi alma—le dijo—. Es una hermosa alma. Es capaz de venerar a Dios, conoce la significación de la música y puede imaginar el Paraíso. Y si vais a los marjales con ella, veréis cosas hermosas; hay una vieja ciudad allí construida de bellos maderos y fantasmas en sus calles.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lady Birmingham se quedó mirándola. Todo el mundo se había puesto en pie.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Mirad —dijo la Signorina Junchiano—, es un alma hermosa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y se cogió el pecho izquierdo algo por sobre el corazón, y allí estaba el alma brillando en su mano con luces verdes y azules que giraban y giraban y un resplandor púrpura en el medio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tomadla—dijo—y amaréis todo lo que es hermoso y conoceréis a los cuatro vientos, a cada cual por su nombre, y las canciones de los pájaros al amanecer. Yo no la quiero porque no soy libre. Ponéosla en vuestro pecho izquierdo, algo por encima del corazón&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo el mundo seguía en pie y Lady Birmingham se sentía incómoda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Por favor, ofrecedla a algún otro—dijo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pero todos tienen ya alma—dijo la Signorina Junchiano.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y todo el mundo estaba en pie todavía. Y Lady Birmingham cogió el alma en su mano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Quizá traiga buena suerte—dijo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sentía deseos de rezar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cerró a medias los ojos y dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Unberufen.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Luego se puso el alma sobre el pecho izquierdo algo por sobre el corazón en la esperanza de que la gente se sentara y la cantante se retirara.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Instantáneamente un montón de ropa cayó delante de ella. Por un momento, entre las sombras de las butacas, los nacidos a la hora del crepúsculo podrían haber visto a una criaturita parda que abandonaba el montón de roca y se dirigía saltando al vestíbulo brillantemente iluminado donde se volvió invisible para el ojo humano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Corrió aquí y allí por un instante, encontró luego la puerta y salió a la calle iluminada por faroles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los nacidos a la hora del crepúsculo podrían haberla visto alejarse saltando de prisa por las calles que iban hacia el Norte y hacia el Este, desapareciendo al pasar bajo los faroles y apareciendo luego con un fuego fatuo sobre la cabeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En una oportunidad un perro la percibió y se puso a perseguirla, pero quedó muy atrás.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los gatos de Londres, todos nacidos a la hora del crepúsculo, maullaron de modo terrorífico a su paso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En seguida llegó a las calles suburbanas, donde las casas son más pequeñas. Entonces se dirigió sin desvío alguno hacia el noreste saltando de techo en techo. Y de ese modo, en pocos minutos llegó a espacios más abiertos y luego a las tierras desoladas donde se cultivan los huertos destinados al mercado. Hasta que por fin se divisaron los buenos árboles negros con sus demoníacas formas en la noche. Y un gran búho blanco apareció, que subía y bajaba en la oscuridad. Y ante todas estas cosas la pequeña Criatura Silvestre se regocijaba como se regocijan los elfos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y dejó a Londres, que teñía el cielo de rojo, muy atrás; ya no le era posible percibir sus desagradables clamores y escuchaba en cambio nuevamente los ruidos de la noche.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y atravesó un villorrio que resplandecía pálido y amable en la noche; y volvió a salir al campo abierto otra vez, oscuro y húmedo; y se encontró con muchos búhos a su paso, raza que mantiene relaciones amistosas con la raza de los elfos. En ocasiones cruzó anchos ríos saltando de estrella a estrella; y, escogiendo su sendero al avanzar, para evitar los caminos ingratos y duros, antes de medianoche llegó a las tierras Anglas del Este.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y oyó allí el grito del Viento del Norte, dominante colérico, que guiaba hacia el Sur a sus gansos aventurados; mientras tanto, los juncos se inclinaban ante él cantando en voz baja y plañidera como remeros esclavos de algún fabuloso trirreme que se inclinaran y se mecieran al golpe del látigo y cantaran al mismo tiempo una canción dolida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y sintió el agradable aire húmedo que viste por la noche a las anchas tierras Anglas del Este y llegó nuevamente a un viejo y peligroso estanque en el que crecen los suaves musgos verdes y se zambulló en él hundiéndose más y más en las queridas aguas oscuras hasta que sintió entre los dedos de los pies el limo hogareño. De allí, del adorable frío que anida en el corazón del limo, salió renovada y regocijada para bailar sobre la imagen de las estrellas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dio la casualidad que esa noche yo me encontraba a orillas del marjal, tratando de olvidar los negocios humanos; y vi los fuegos fatuos que venían saltando de todos los sitios peligrosos. Y vinieron por bandadas durante toda la noche hasta formar una gran multitud y se alejaron danzando por sobre los marjales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y creo que hubo un gran festejo esa noche entre la parentela de los elfos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-2348502735798556046?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2348502735798556046'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2348502735798556046'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/la-parentela-de-los-elfos-lord-dunsany.html' title='LA PARENTELA DE LOS ELFOS (Lord Dunsany)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-6956556592061933565</id><published>2012-02-12T17:49:00.000-05:00</published><updated>2012-02-12T17:50:41.583-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>APÓLOGO (Gustavo Adolfo Bécquer)</title><content type='html'>&lt;p&gt;Brahma se mecía satisfecho sobre el cáliz de una gigantesca flor de loto que flotaba sobre el haz de las aguas sin nombre.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La Maija fecunda y luminosa envolvía sus cuatro cabezas como con un velo dorado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El éter encendido palpitaba en torno a las magníficas creaciones, misterioso producto del consorcio de las dos potencias místicas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Brahma había deseado el cielo, y el cielo salió del abismo del caos con sus siete círculos y semejante a una espiral inmensa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había deseado mundos que girasen en torno a su frente, y los mundos comenzaron a voltear en el vacío como una ronda de llamas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había deseado espíritus que le glorificasen, y los espíritus, como una savia divina y vivificadora, comenzaron a circular en el seno de los principios elementales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Unos chispearon con el fuego, otros giraron con el aire, exhalaron suspiros en el agua o estremecieron la tierra, internándose en sus profundas simas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Visnú, la potencia conservadora dilatándose alrededor de todo lo creado, lo envolvió en su ser como si lo cubriese con un inmenso fanal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Siva, el genio destructor, se mordía los codos de rabia. El lance no era para menos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había visto los elefantes que sostienen los ocho círculos del cielo, y al intentar meterles el diente, se encontró con que eran de diamante; lo que dice sobrado cuán duros estaban de roer.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Probó descomponer el principio de los elementos y los halló con una fuerza reproductora tan activa y espontánea que juzgó más fácil encontrar el último punto de la línea de circunferencia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De los espíritus no hay para qué decir que, en su calidad de esencia pura, burlaron completamente sus esfuerzos destructores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En tal punto la creación y en esta actitud los genios que la presiden, Brahma, satisfecho de su obra, pidió de beber a grandes voces.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Diéronle lo que había pedido, bebió, y no debió de ser agua, porque los vapores, subiéndosele a la cabeza, le trastornaron por completo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En este estado de embriaguez deseó alguna cosa muy extravagante, muy ridícula, muy pequeña; algo que formara contraste con todo lo magnífico y lo grandioso que había creado: y fue la humanidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Siva se restregó las manos de gusto al contemplarla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Visnú frunció el ceño al ver encomendada a su custodia una cosa tan frágil.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los hombres, en tanto, andaban mustios y sombríos por el mundo, ocultándose avergonzados los unos de los otros, cerrando los ojos para no ver a su alrededor tanto grande y eterno, y no compararlo involuntariamente con su pequeñez y su miseria.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Porque los hombres tenían la conciencia exacta de sí mismos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Queréis acabar de una vez con vuestros males? –les dijo Siva–. ¿Queréis morir?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Sí, sí! –exclamaron en tumulto–. ¿Para qué queremos este soplo de existencia?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo soy un estúpido, lo sé, y me avergüenzo de mi barbarie –decía uno.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo soy deforme –añadía el otro–, y me entristece el espectáculo de mi ridiculez.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Y tenemos estas y estas fallas y aquellas y las otras miserias –proseguían diciendo los demás, enumerando el cúmulo de males y defectos de que entonces, como ahora, se hallaban plagados los hombres.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es cosa hecha –dijo Siva, viendo la decisión de la humanidad entera.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y levantó la mano para destruirla; pero en aquel instante se interpuso Visnú.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esperad un día –exclamó, dirigiéndose a los hombres–, un día no más. Voy a daros de beber un elixir misterioso. Si mañana después de haberlo bebido queréis morir, que vuestra voluntad se cumpla.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los hombres aceptaron, y Siva dejó su presa refunfuñando entre dientes, porque conocía elingenio y la travesura de su competidor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Visnú que efectivamente era hombre, digo mal, era dios de grandes recursos en las ocasiones críticas, se las compuso de manera que a las pocas horas tenía ya hecho y embotellado su elixir en tal cantidad que tocó a frasco por barba.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pasó la noche, durante la cual los hombres no hicieron otra cosa que sorber por la nariz aquella especie de éter mágico; y cuando tornó a brillar la luz, vino Siva de nuevo a renovar sus proposiciones de muerte.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los hombres, al oírle, comenzaron por maravillarse y acabaron por reírsele en las barbas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Morir nosotros –exclamaron–, cuando un porvenir inmenso se abre ante nuestra vista!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo –decía el uno– voy a conmover el mundo con la fuerza de mi brazo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo voy a hacer mi nombre inmortal en la tierra.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo, a avasallar los corazones con el encanto de mi hermosura.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Y así, todos iban repitiendo;&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Morir yo, que siento arder en mi frente la llama del genio; yo, que soy fuerte; yo, que soy hermoso, yo, que seré inmortal!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Siva no daba crédito a sus ojos, y unas veces le daban ganas de rabiar y otras de reír a carcajada tendida ante el espectáculo de tan ridícula transformación. En aquel momento pasaba Visnú a su lado, y el genio destructor no pudo menos de dirigirle estas palabras:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué diantre les has dado a estos imbéciles, que ayer estaban todos mustios, cabizbajos y llenos de la conciencia de su pequeñez, y hoy andan con la frente erguida, burlándose los unos de los otros, creyéndose cada uno cual un dios?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Visnú, con mucha sorna, y dándole un golpecito en un hombro, se inclinó al oído de Siva y le dijo en voz muy baja:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Les he dado el amor propio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-6956556592061933565?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/6956556592061933565'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/6956556592061933565'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/apologo-gustavo-adolfo-becquer.html' title='APÓLOGO (Gustavo Adolfo Bécquer)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-4304795059939861959</id><published>2012-02-12T17:46:00.001-05:00</published><updated>2012-02-12T17:49:16.185-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-EN-LINEA'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>ROSTRO DE CALAVERA (Robert E. Howard)</title><content type='html'>&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 265px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-TUxJbvuDobM/TzUdFaU4I8I/AAAAAAAATHk/U-cWLa63bH4/s1600/ROSTRO%2BDE%2BCALAVERA%2B%2528Robert%2BE.%2BHoward%2529.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707500081565410242" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Serie Conan)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Prólogo&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Con esa sublime y egocéntrica estupidez que caracteriza a cierta subespecie de hombre frustrado que se introduce en la crítica de libros para hallar alguna compensación a su propia y singular falta de habilidad creativa, menospreciando la obra de quienes son creativos, un crítico, recientemente, desdeñó un libro de relatos sobrenaturales porque era, después de todo, «sólo pulp–ficción».1 El crítico no dio evidencias de estar capacitado para decir exactamente qué estigma iba unido a escribir para las revistas calificadas como «pulp». Por supuesto, siempre ha existido esta especie de pusilánime condescendencia por parte de varios caballeros de variopinta estrechez de espíritu e increíble limitación mental que presumen al colocarse a sí mismos en el pedestal como «críticos», pero que nunca han crecido superando el estado de patéticos gacetilleros que arrastran una existencia crepuscular en el menos digno de todos los oficios de la escritura: ése de hacer pedazos y desmenuzar la obra de escritores que tienen demasiada dignidad personal como para rebajarse al estado parasitario de tales aprovechados.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Escribir para las revistas «pulp» no es ni más ni menos difícil que hacerlo para cualquier otro mercado. El escritor de ficción para «pulps» puede que tienda más a ser un profesional, pero no hay razón para que sus obras no sean tan buenas como las de los escritores cuyos relatos aparecen en las mejores revistas. Relatos cortos de revistas «pulp» han aparecido regularmente en las listas honoríficas O'Brien, y han llegado a merecer premios en las antologías del premio Memorial O. Henry. Básicamente, el relato de la revista «pulp» se escribe para entretener y, muy a menudo, por esa razón, las sutilezas del personaje, las delicadezas del estilo y otras cosas parecidas deben ser menospreciadas en beneficio de la acción dramática, o melodramática si se prefiere decirlo así.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El difunto Robert E. Howard era un escritor de ficción para «pulps». Era, también, más que eso. Había en él la promesa de llegar a convertirse en un importante escritor regionalista americano y, con vistas a tal fin, había estado asimilando el folklore y la leyenda, la historia y los modelos culturales de su propio rincón lejano con el propósito de escribir seriamente sobre ellos, sólo para que tal promesa se viera truncada por el curioso complejo que le hizo quitarse la vida antes de empezar siquiera esos años centrales que, productivamente, podrían haber sido sus mejores años.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aunque este volumen de su obra es básicamente una selección de relatos aparecidos en Weird Tales, he intentado hacerlo lo más representativo posible de sus mejores obras. Sin embargo, Robert E. Howard no es presentado aquí como otra cosa que un escritor de ficción destinada a ser leída como entretenimiento. Su mejor relato es quizá Worms of the Earth (Gusanos de la Tierra),2 aunque muchos de sus contemporáneos han apreciado grandemente The Black Stone (La Piedra Negra) y The Valley of The Worm (El Valle del Gusano),3 al igual que otros relatos. En las historias concernientes a Solomon Kane, Bran Mak Morn, el rey Kull y Conan hay, posiblemente, más derramamiento de sangre y mayor generosidad en las matanzas que en cualquier otro grupo de relatos aparecido en las revistas «pulp» en América durante los años treinta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Han llegado a Arkham House 4 frecuentes peticiones de una colección con todos los relatos de Conan. Tal colección debería estar impresa en papel color sangre y ser presentada a los lectores con los adecuados redobles de tambor, pues si a Howard había algo que le gustase más que una buena pelea, no hay prueba de ello en sus relatos de Conan. Aparte de su inclinación a la sangre y a los truenos, Howard tenía una facultad para narrar historias que pocos de sus contemporáneos en Weird Tales igualaban. El relato era siempre lo principal... La atmósfera (que podía conseguir bastante bien), los personajes..., todo lo demás era secundario.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Posiblemente, no todas sus mejores historias estén incluidas en esta antología. He releído todo lo que apareció bajo su firma en Weird Tales o Strange Tales, y, bajo mi cauteloso juicio, creo que los relatos aquí recogidos forman parte de lo mejor. En asuntos de gusto, sin embargo, no haydiscusión posible; aunque otros puedan pensar de otro modo. No pude hallar justificación, por ejemplo, para imprimir de nuevo más aventuras de Conan. Lamento no haber podido reproducir algunos poemas de Howard, pero un grupo considerablemente grande de sus poesías puede hallarse en Dark of the Moon: Poems of Fantasy and the Macabre. El lector avispado notará que, pese al creciente interés de Howard en su Texas natal, y la promesa de que de su pluma iban a surgir obras más importantes, tan manifiesta en los últimos años, el primer Howard escribía de un modo más hábil que el Howard que creó y explotó al popular Conan.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para un tributo más adecuado a Howard, recomiendo las apreciaciones que de él hizo el difunto H. P. Lovecraft, incluidas aquí. Son excelentes, vividas e informativas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;August derleth Sauk City, Wisconsin&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;NOTAS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;1.&lt;/strong&gt; Revistas populares y de clara adscripción genérica (terror, aventuras, ciencia ficción, etc.), denominadas así por estar impresas en papel de pulpa de madera (pulp en inglés) de bastante baja calidad. (N. del T.)&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt; Publicado por esta editorial en el número 14 de la colección «Fantasy».&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt; Publicado por esta editorial en el número 9 de la colección «Fantasy».&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt; Editorial fundada por el propio Derleth para dar a conocer la obra de Lovecraft, primero, y de su círculo después. (N. del T.) Robert Ervin Howard: Un recuerdo&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;H. P. Lovecraft&lt;br /&gt;Texto original del Memoriam publicado por primera vez con ocasión de la muerte de Robert E. Howard en 1936.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La repentina e inesperada muerte el 11 de junio de 1936 de Robert Ervin Howard, autor de relatos fantásticos de incomparable vivacidad, constituye la peor pérdida sufrida por la literatura de lo sobrenatural desde la desaparición, hace cuatro años, de Henry S. Whitehead.  El señor Howard nació en Peaster, Texas, el 22 de enero de 1906, y tenía la edad suficiente como para haber presenciado la última fase de las exploraciones de los pioneros del sudoeste, la colonización de las grandes llanuras y la parte inferior del valle del Río Grande, y la espectacular ascensión de la industria petrolera con sus abigarradas ciudadesrelámpago. Su padre, el cual le sobrevive, fue uno de los médicos pioneros de la región. La familia ha vivido en el sur, al este y al oeste de Texas y en la parte occidental de Oklahoma; durante los últimos años vivió en Cross Plains, cerca de Brownwood, Texas. Educado en la atmósfera de la frontera, Howard no tardó en llegar a ser todo un devoto de sus viriles tradiciones homéricas. El conocimiento que tenía de su historia y sus costumbres populares era muy profundo, y las descripciones y reminiscencias que contienen sus cartas privadas ilustran la elocuencia y la fuerza con las que habría llegado a conmemorarlas literariamente de haber vivido más tiempo. La familia del señor Howard pertenece a una distinguida raigambre de plantadores sureños, de descendencia escocesa–irlandesa, con la mayoría de sus antepasados establecidos en Georgia y Carolina del Norte en el siglo XVIII.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Habiendo empezado a escribir a los quince años, el señor Howard logró colocar su primer relato tres años después, mientras estudiaba en el Howard Payne College, en Brownwood. Esterelato, Spear and Fang, fue publicado en Weird Tales en julio de 1925. Una fama más amplia le granjeó la aparición de la novela corta Wolfshead, en la misma revista, en abril de 1926. En agosto de 1928 dio comienzo a la serie de relatos en los que aparece Solomon Kane, un puritano inglés de combatividad incansable y acostumbrado a enderezar entuertos, cuyas aventuras le llevan a lugares extraños del mundo, incluyendo las ruinas llenas de sombras de ignotas ciudades primordiales de la jungla africana. Con estos relatos, el señor Howard dio con el que iba a ser uno de sus logros más efectivos, la descripción de vastas ciudades megalíticas del mundo primigenio, alrededor de cuyas oscuras torres y bóvedas laberínticas perdura un aura de miedo pre–humano y nigromancia que ningún otro escritor ha logrado imitar. Dichas historias indicaron también el desarrollo de ese arte entusiástico en la descripción de combates sanguinarios que llegó a ser tan típica de su obra. Solomon Kane, como otros varios héroes del autor, fue concebido durante su adolescencia antes de que lo incorporara a relato alguno. Durante toda su vida ávido estudioso de la antigüedad celta y otras fases de la más remota historia, el señor Howard dio inicio en 1929 (con The Shadow Kingdom, en el número de agosto de Weird Tales) a esa sucesión de relatos sobre el mundo prehistórico por la que muy pronto llegó a ser tan famoso. Las primeras muestras describían una era muy distante en la historia del hombre, cuando Atlantis, Lemuria y Mu se hallaban aún sobre las olas, y cuando las sombras de los hombres reptiles pre–humanos dominaban el escenario primigenio. La figura central de estos relatos era el Rey Kull de Valusia. En el Weird Tales de diciembre de 1932 apareció The Phoenix on the Sword, el primero de los relatos del Rey Conan el Cimmerio, que presentaba un mundo prehistórico posterior, un mundo de hace quizá unos 15.000 años, inmediatamente antes de los primeros destellos de la historia escrita. La elaborada medida y la precisa coherencia intrínseca con que el señor Howard desarrolló el mundo de Conan en sus relatos posteriores es algo bien conocido por todos los lectores de fantasía. Para guía propiapreparó un detallado esbozo casi–histórico de una inteligencia y una fertilidad imaginativa infinitas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mientras tanto, el señor Howard había escrito muchos relatos sobre los antiguos pictos y los celtas, incluyendo una serie muy notable que giraba alrededor del jefe Bran Mak Morn. Pocos lectores llegarán a olvidar nunca el horrible y avasallador poder de esa obra maestra de lo macabro, Worms of the Earth, aparecida en el Weird Tales de noviembre de 1932. Fuera de las series interconectadas existen otras fantasías llenas de fuerza, incluyéndose entre ellas la memorable novela por entregas Skull–Face, y algunos inolvidables relatos situados en un ambiente moderno, como Black Canaan, con su telón de fondo regional lleno de autenticidad y su poderosamente absorbente imagen del horror que acecha a través de los pantanos del profundo sur norteamericano, llenos de sombras malditas, infestados de serpientes, convertidos en impenetrables por el musgo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fuera del campo de la fantasía, el señor Howard era sorprendentemente prolífico y versátil. Su gran interés por los deportes (algo conectado quizá con su amor por el conflicto y la fortaleza de lo primitivo) le llevó a crear a su héroe, el boxeador profesional «Marinero Steve Costigan», cuyas aventuras en lugares lejanos y exóticos deleitaron a los lectores de muchas revistas. Sus novelas cortas sobre combates en el Oriente demostraron hasta el máximo su dominio del romanticismo a capa y espada, en tanto que sus cuentos cada vez más frecuentes sobre la vida en el oeste (tales como las series de «Breckinridge Elkins») mostraban su creciente habilidad e inclinación a reflejar los lugares con los que se hallaba directamente familiarizado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La poesía del señor Howard (extraña, belicosa y aventurera) no era menos notable que su prosa. Poseía el auténtico espíritu de la balada y la épica, y se hallaba marcada por el latido de la rima y una poderosa imaginería del temple más inconfundible y personal. La mayor parte de ella, en forma de supuestas citas de viejos escritos, sirvió para encabezar los capítulos de sus novelas. Es lamentable que no haya aparecido nunca publicada una recopilación de su poesía, y es de esperar que tales obras puedan ser recopiladas y publicadas de modo póstumo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El carácter y las dotes del señor Howard eran absolutamente únicos. Era, por encima de todo lo demás, un amante del mundo más sencillo y antiguo de los bárbaros, y de la época de los pioneros, cuando el coraje y la fortaleza ocupaban el lugar de la sutileza y la estratagema, y cuando una raza osada y carente de todo temor batallaba y sangraba, sin pedirle cuartel a la naturaleza hostil. Todos sus relatos reflejan su filosofía, haciendo derivar de ella una vitalidad que puede hallarse en muy pocos de sus contemporáneos. Nadie más que él podía escribir de modo más convincente acerca de la violencia y las matanzas, y sus pasajes bélicos revelan una aptitud instintiva para las tácticas militares que podrían haberle llevado a distinguirse en tiempos de guerra. Sus verdaderos dones eran aún más elevados que los que pueden llegar a sospechar los lectores de sus obras publicadas, y, de haber vivido, le habrían ayudado a dejar su huella en la más seria de las literaturas, con alguna obra de épica popular acerca de su amado suroeste.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es difícil describir lo que hizo destacar con tal agudeza a las historias del señor Howard; pero el auténtico secreto radica en que en cada una de ellas está él mismo, ya fueran ostensiblemente comerciales o no. Él era más grande que cualquier política para obtener beneficios que pudiese llegar a adoptar, pues incluso cuando de puertas afuera hizo concesiones a los editores guiados por Mammón y a los críticos comerciales, poseía una fortaleza y una sinceridad internas que llegaban a aflorar en la superficie y que ponían la huella de su personalidad en todo lo que escribió. Rara vez, si es que hubo alguna, creó un personaje o una situación corrientes, sin vida, y los dejó como tales. Antes de que hubiese terminado con ellos, siempre adquirían algún matiz de vitalidad y de realidad a pesar de la política editorial de las publicaciones populares..., siempre sacaban algo de su propia experiencia y conocimiento de la vida en vez de hacerlo del estéril herbario de los lugares comunes resecos de la literatura «pulp» No sólo sobresalía en las imágenes de contienda y masacre, sino que se hallaba casi igualmente sin rival en su habilidad para crear auténticas emociones de miedo espectral y temible suspense.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ningún autor, ni en los campos más humildes, puede llegar realmente a descollar a menos que se tome muy en serio su trabajo, y el señor Howard hizo exactamente eso hasta en los casos en que, conscientemente, pensó no hacerlo. Que tan genuino artista haya perecido, en tanto que centenares de escritorzuelos sin la más mínima sinceridad siguen fabricando fantasmas espúreos, vampiros, naves espaciales y detectives ocultistas es, ciertamente, una muestra lamentable de ironía cósmica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El señor Howard, familiarizado con muchos aspectos de la vida del sudoeste, vivía con sus padres en una zona semi rural del pueblo de Cross Plains, en Texas. Escribir era su única profesión. Sus gustos en cuanto a lectura eran amplios e incluían investigaciones históricas en campos tan dispares como el suroeste norteamericano, la Gran Bretaña prehistórica, amén de Irlanda, y el mundo prehistórico oriental y africano. En la literatura prefería lo viril a la sutileza, y repudiaba el modernismo de modo devastador y absoluto. El difunto Jack London era uno de sus ídolos. En lo político era liberal, y un acérrimo enemigo de toda forma de injusticia cívica. Sus diversiones básicas eran los deportes y viajar, diversión esta última que siempre daba pie a deliciosas cartas descriptivas llenas de reflexiones históricas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El humor no era su especialidad, aunque poseía, por un lado, un agudo sentido de la ironía y, por otro, estaba dotado de abundantes provisiones de cordialidad, alegría y jovialidad. Aunque poseía numerosos amigos, el señor Howard no pertenecía a ninguna capilla literaria y aborrecía todos los cultos centrados en torno a la afectación «artística». Sus admiraciones se dirigían más bien hacia la fortaleza del cuerpo y el carácter que hacia las proezas eruditas. Mantenía una interesante y voluminosa correspondencia con sus colegas escritores del campo fantástico, pero no llegó a encontrarse más que con uno de ellos en persona, E Hoffmann Price, cuyos logros y talento le impresionaron profundamente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El señor Howard medía casi un metro ochenta y tres centímetros, y poseía la impresionante estructura de un luchador nato. Era muy moreno, salvo en sus ojos, azules de tipo céltico. Y en los años más recientes su peso oscilaba siempre alrededor de los noventa kilos. Siempre seguidor de una vida esforzada y llena de pruebas, a menudo hacía recordar a su propio y famoso personaje, el intrépido guerrero, aventurero y conquistador de tronos por la fuerza, Conan el Cimerio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su pérdida, a los treinta años de edad, es una tragedia de primera magnitud, y un golpe del que la ficción fantástica tardará en recobrarse. La biblioteca del señor Howard ha sido cedida al Howard Payne College, donde formará el núcleo de la colección de libros, manuscritos y cartas Memorial Robert E. Howard Rostro de calavera&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;1. LA CARA EN LA NIEBLA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;No somos sino una hilera&lt;br /&gt;De mágicas sombras que vienen y van.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Omar Khayam&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El horror tomó por primera vez forma concreta gracias a la menos concreta de todas las cosas: un sueño de opio. Viajaba, libre del tiempo y el espacio, por las tierras extrañas que pertenecen a tal estado del ser, a un millón de millas de distancia de la Tierra y de todas las cosas terrenales; y, con todo, cobré conciencia de que algo cruzaba los ignotos vacíos..., algo que desgarraba implacablemente los telones formados por mis ilusiones y que se entrometía dentro de mis visiones.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No volví exactamente a la vida normal y al estado de vigilia, pero fui consciente de que veía y reconocía algo muy desagradable y que no parecía pertenecer al sueño que, en esos momentos, me hallaba disfrutando. Para quien no haya conocido jamás los deleites del opio, mi explicación debe parecerle caótica e imposible. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin embargo, yo era consciente de que las nieblas se abrían y, después, que una Cara se entrometía en mis visiones. Primero pensé que se trataba de una calavera; luego vi que era de un espantoso color amarillo, y no blanco, y que estaba provista de alguna horripilante forma de vida. En sus profundas cuencas centelleaban unos ojos y las mandíbulas se movían como si hablasen. El cuerpo, a excepción de los hombros altos y delgados, era confuso y carecía de forma pero las manos, que flotaban entre las neblinas que rodeaban a la calavera, eran horriblemente vividas y me llenaban de pavor. Eran como las manos de una momia, largas, flacas y amarillentas, con articulaciones nudosas y crueles uñas curvadas como garras.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces, para completar el vago horror que se estaba apoderando rápidamente de mí, sonó una voz... imaginad un hombre que lleve muerto tanto tiempo que sus órganos vocales hayan perdido la costumbre de hablar. Esa fue la idea que tuve y que, mientras escuchaba, me hizo sentir escalofríos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Un animal fuerte y que puede sea de utilidad. Cuidad de que se le dé todo el opio que necesite.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después, el rostro empezó a perderse en la distancia, mientras yo seguía sintiendo que el tema de la conversación era mi propia persona, y las nieblas giraron y empezaron nuevamente a espesarse. Mas, por un instante, una escena se me reveló con asombrosa claridad. Jadeé, sorprendido... o intenté hacerlo. Pues por encima de los extraños hombros de la aparición, otro rostro se delineó con claridad por un momento, como si su poseedor me estuviese mirando. Unos labios muy rojos, entreabiertos, unas pestañas largas y oscuras, ojos vividos y llenos de sombras, una borrosa nube de cabellos. Por encima de los hombros del Horror, una belleza que dejaba sin respiración me contempló un instante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;2. EL ESCLAVO DEL OPIO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Desde el centro de la Tierra me alcé, cruzando La Séptima Puerta,&lt;br /&gt;y en el Trono de Saturno me senté.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Omar Khayam&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Mi sueño acerca del rostro de calavera cruzó ese abismo, normalmente imposible de atravesar, que yace entre los encantamientos del opio y la realidad cotidiana. Me hallaba sentado, las piernas cruzadas, sobre una esterilla, en el Templo de los Sueños de Yun Shatu, y trataba de no perder los últimos restos de fuerza que le quedaba a mi cansado cerebro para recordar los hechos y los rostros.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Éste último sueño era tan distinto de todos los que había tenido antes que mi cansado interés se sintió espoleado hasta el punto de averiguar cuál era su origen. Cuando empecé por primera vez a experimentar con el opio, traté de hallar una base física o psíquica para explicar los desenfrenados vuelos de la imaginación a que daba lugar pero, últimamente, me había contentado con gozar de ellos sin buscar su causa o su efecto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿De dónde procedía esa inexplicable sensación de familiaridad que observaba en esa visión? Apoyé mi dolorida cabeza en las manos y, trabajosamente, busqué una clave. Un muerto viviente y una muchacha de extraña belleza que había atisbado por encima de su hombro. Entonces recordé.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Muy lejos, entre la niebla de los días y las noches que cubre de velos la memoria de un adicto al opio, se me había acabado el dinero. Parecía que habían pasado años, o posiblemente siglos, pero mi agotada razón me dijo que probablemente sólo habían pasado días. De cualquier modo, me había presentado como de costumbre en el sórdido cubil de Yun Shatu y había sido expulsado por Hassim, el enorme negro, al enterarse éste de que ya no me quedaba más dinero.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con mi universo haciéndose pedazos a mi alrededor, y con los nervios vibrando como cuerdas de piano a causa de la vital necesidad que sentía, me agazapé en el arroyo y gimoteé como una bestia, hasta que Hassim salió, contoneándose, y detuvo mis lamentos con un golpe que me derribó, medio inconsciente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando finalmente me puse en pie, tambaleándome y sin pensar en nada que no fuese el río que fluía con su frío murmullo en las proximidades... cuando me levantaba, una mano tan leve como una rosa se posó en mi brazo. Me volví, sobresaltado, y me quedé como hipnotizado ante la hermosura que se presentaba ante mis ojos. Unos ojos oscuros y límpidos me examinaban compasivos y la manecita que agarraba mi manga harapienta me condujo hacia la puerta del Templo de los Sueños. Retrocedí ante el umbral pero una voz casi inaudible, suave y musical, me instó a entrar y, lleno de una extraña confianza, seguí a mi bella guía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim se nos encaró en la puerta, alzando sus crueles manos y con una negra mueca frunciendo su frente de simio pero, mientras yo me encogía esperando un golpe, él se detuvo ante la mano que la muchacha había alzado y la orden imperiosa que ésta le dirigió.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No entendí lo que había dicho pero vi borrosamente, como entre nieblas, que le daba dinero al negro y que me conducía hasta una colchoneta donde me hizo recostar, colocando los almohadones como si yo fuese el rey de Egipto en vez de un sucio y harapiento renegado que sólo vivía para el opio. Su delgada y fresca mano reposó por un instante sobre mi frente y luego ella desapareció, en tanto que Yussef Alí se acercaba con la sustancia que mi alma pedía a gritos... y muy pronto me hallé de nuevo vagabundeando a través de los extraños y exóticos países que sólo el esclavo del opio conoce.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y sentado sobre la esterilla, dándole vueltas en mi mente al sueño del rostro de calavera, me asombré aún más. Desde que la muchacha desconocida volviese a llevarme al tugurio, yo había entrado y salido de él como antes, cuando tenía dinero abundante con el que pagar a Yun Shatu. Ciertamente, alguien le estaba pagando por mí y, en tanto que mi subconsciente me había dicho que era la muchacha, mi oxidado cerebro no había llegado a entender tal hecho por completo, o a interrogarse sobre sus razones. ¿Para qué hacerse preguntas? Así pues, alguien pagaba y los sueños de vivido colorido continuaban, ¿qué podía importarme eso? Mas ahora, empecé a hacerme preguntas. Pues la muchacha que me había protegido de Hassim y que me había traído el opio era la misma que había visto en el sueño del rostro de calavera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En la miseria de mi degradación, su encanto era como un cuchillo que me atravesaba el corazón y que hacía revivir, de un modo extraño, los recuerdos de los días en que yo era un hombre como los demás..., no un amargado y tembloroso esclavo de los sueños. ¡Qué lejanos y borrosos eran esos días, trémulas islas en la neblina de los años..., y qué negro mar me separaba de ellos!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Contemplé mi manga harapienta y la sucia mano semejante a una garra que emergía de ella; mi vista atravesó los celajes de humo que llenaban el sórdido cuarto, los camastros a lo largo de la pared en que yacían los soñadores de vacua mirada... esclavos, como yo, del hachís o del opio. Contemplé a los chinos calzados con zapatillas que iban quedamente de un lado para otro llevando pipas o quemando bolas de purgatorio concentrado sobre minúsculos braseros. Miré hacia donde se hallaba Hassim, los brazos cruzados, semejante a una gran estatua de basalto negro junto a la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y me estremecí y oculté el rostro entre las manos pues, con el débil amanecer de mi hombría recuperada, supe que este último sueño, el más cruel de todos, era algo fútil..., había cruzado un océano a través del que jamás podría volver, me había apartado del mundo de los hombres y las mujeres normales. Ahora no quedaba sino ahogar ese sueño como había ahogado todos los demás..., rápidamente y con la esperanza de que muy pronto pudiese alcanzar el Océano Definitivo que se halla más allá de todos los sueños.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así son estos huidizos momentos de lucidez, de anhelo, que echan a un lado los velos de todos los esclavos de la droga...; inexplicables, sin esperanza alguna de que puedan llegar a cumplirse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Volví pues a mis sueños vacíos, a mi fantasmagoría de ilusiones; pero a veces, como una espada hendiendo la neblina, a través de las montañas, las llanuras y los mares de mis visiones flotaba, como una música que se recuerda en parte, el resplandor de unos ojos oscuros y un cabello que parecía brillar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿Os preguntáis como yo, Stephen Costigan, americano, un hombre de ciertos logros y cultura, llegó a encontrarse tirado en un sucio tugurio del barrio bajo de Londres? La respuesta es sencilla...; no soy ningún libertino hastiado que buscase nuevas sensaciones en los misterios del Oriente. Os respondo... ¡Argonne! ¡Cielos, qué abismos y cumbres de horror acechan en esa simple palabra! Enloquecido por el continuo cañoneo..., hecho pedazos por éste. Días y noches interminables y un infierno rugiendo sobre la Tierra de Nadie donde yo estaba tendido, herido de bala, lleno de bayonetazos que me habían convertido en una ruina ensangrentada. Mi cuerpo se recuperó, no sé cómo; mi mente nunca lo hizo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y los fuegos huidizos y las sombras cambiantes de mi cerebro torturado me llevaron cada vez más y más abajo, descendiendo los peldaños de la degradación, sin importarme nada hasta que al fin hallé alivio en el Templo de los Sueños de Yun Shatu, donde maté mis rojos sueños con otros sueños..., los sueños del opio en los que un hombre puede bajar hasta los pozos más abismales de los más rojos infiernos o ascender hasta cumbres innombrables donde las estrellas son como alfileres hechos de diamante bajo sus pies.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las mías no eran las visiones del borracho o de la bestia. Llegué hasta lo inalcanzable, me hallé cara a cara con lo desconocido y en la calma del cosmos llegué a conocer lo que ni siquiera puede ser imaginado. Y, en cierto modo, me sentí feliz hasta que la imagen de una cabellera bruñida y unos labios rojos barrió mi universo hecho de sueños y me dejó, tembloroso, entre sus ruinas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;3. EL AMO DEL DESTINO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Y Aquel que te derribó en el Campo de Batalla&lt;br /&gt;Lo sabe todo... ¡Lo sabe! ¡Lo sabe!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Omar Khayam&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Una mano me sacudió ásperamente mientras yo emergía lánguidamente de mi última orgía de opio.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El Amo desea verte! ¡En pie, cerdo! Era Hassim el que así me sacudía y hablaba.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Que se vaya al infierno el Amo! –respondí, pues odiaba a Hassim..., y le temía.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Levántate o no habrá más opio –fue la brutal respuesta. Trémulo y presuroso me puse en pie.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Seguí al enorme negro que me condujo hasta la parte trasera del edificio, salvando el obstáculo que suponían los desdichados soñadores del suelo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Todos a cubierta! –medio canturreaba un marinero en un camastro–. ¡Todos!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim de un empujón abrió la puerta trasera y me indicó que entrase. Nunca antes había cruzado ese umbral y había supuesto siempre que llevaba a los aposentos privados de Yun Shatu. Pero su único mobiliario era un camastro, un ídolo de bronce de alguna clase ante el que ardía incienso, y una gran mesa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim me lanzó una mirada siniestra y cogió la mesa como si fuese a darle la vuelta. Giró como si se hallase sobre una plataforma móvil y con ella giró un pedazo del suelo, revelando una trampilla oculta en el suelo. Unos peldaños descendían hasta perderse en la oscuridad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim encendió una vela y con un gesto lleno de brusquedad me invitó a bajar. Así lo hice, con la estólida obediencia de un adicto a la droga, y él me siguió, cerrando la puerta sobre nuestras cabezas mediante una palanca de hierro que estaba unida al lado oculto del suelo. En la semi oscuridad, descendimos por los inseguros peldaños, yo diría que unos nueve o diez, y llegamos a un estrecho pasillo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aquí Hassim volvió a colocarse delante, sosteniendo en alto la vela ante él. Apenas podía distinguir los lados de aquel corredor con aspecto de caverna, pero sabía que no era muy ancho. La parpadeante luz mostraba que se hallaba desprovisto de toda clase de mobiliario a excepción de abundantes cofres de extraño aspecto que se alineaban a lo largo de las paredes..., receptáculos conteniendo opio y otras drogas, pensé yo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un continuo ruido de leves correteos y el destello ocasional de unos ojillos rojizos entre las sombras delataba la presencia de las vastas cantidades de grandes ratas que infestan la orilla del Támesis en esa zona.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces, más escalones surgieron de la oscuridad que teníamos ante nosotros cuando el corredor llegó bruscamente a su fin. Hassim ascendió por ellos y, una vez arriba, llamó cuatro veces en lo que parecía ser un techo. Se abrió una puerta oculta y por ella penetró un torrente de luz tenue y de apariencia fantasmal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim me hizo subir con rudeza y de pronto me hallé, pestañeando atónito, en un lugar tal como no había presenciado ni en mis más salvajes visiones. ¡Me hallaba en una jungla de palmeras en la que serpenteaban un millón de dragones de vividos colores! Entonces, a medida que mis asombrados ojos se acostumbraban a la luz, vi que no había sido transportado de pronto a otro planeta, como en un primer momento había pensado. Las palmeras estaban allí, y los dragones, pero los árboles eran artificiales y estaban colocados en enormes macetas y los dragones se retorcían en los gruesos tapices que ocultaban las paredes. La habitación ya era monstruosa por sí sola..., me pareció de unas dimensiones descomunales. Una espesa humareda, amarillenta y que hacía pensar en los trópicos, parecía cernirse sobre todo, disimulando el techo y engañando a quien mirase hacia lo alto. Vi que el humo emanaba de un altar situado ante la pared que estaba a mi izquierda. Me sobresalté. A través de la humareda azafranada que parecía remolinear, dos ojos, espantosamente grandes y vividos, me contemplaban centelleantes. El vago perfil de algún ídolo bestial cobró una forma indeterminada. Miré intranquilo lo que me rodeaba, fijándome en los divanes orientales, en las literas y en el extraño mobiliario, y entonces mis ojos se detuvieron para fijar su atención en un biombo lacado que se hallaba delante de mí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No podía ver más allá y no me llegaba sonido alguno de lo que hubiese al otro lado, pero sentía que unos ojos me examinaban a través de él, unos ojos que parecían penetrar, ardientes, hasta mi propia alma. Una extraña aura maligna emanaba de ese extraño biombo con sus raras tallas y sus blasfemos adornos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim hizo una profunda reverencia al estilo árabe ante el biombo y entonces, sin hablar, retrocedió para volver a cruzarse de brazos, como una estatua.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una voz quebró de pronto el pesado y opresivo silencio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tú, que eres un cerdo, ¿querrías volver a ser un hombre?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me sobresalté. El tono era frío e inhumano...; aún más, sugería unos órganos vocales que no hubiesen sido usados durante largo tiempo... ¡La voz que había oído en mi sueño!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí –repliqué, como en trance–. Me gustaría volver a ser un hombre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Siguió un lapso de silencio; luego la voz sonó de nuevo con un siniestro murmullo de fondo, como el de los murciélagos que vuelan en una caverna.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Haré de nuevo un hombre de ti porque soy amigo de todos los hombres rotos. No lo haré por precio alguno, ni por gratitud. Y te doy una señal para sellar mi promesa y mi voto. Pasa la mano a través del biombo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ante estas extrañas y casi incomprensibles palabras me quedé perplejo y luego, cuando la voz invisible repitió la última orden, avancé un paso y metí la mano por una rendija que se había abierto silenciosamente en el biombo. Sentí que me aferraban la muñeca y algo siete veces más frío que el hielo me tocó la palma de la mano. Luego mi muñeca quedó libre y, sacando de nuevo la mano, vi un extraño símbolo trazado en un color azul junto a la base de mi pulgar..., algo que se parecía a un escorpión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La voz habló de nuevo en un lenguaje sibilante que no entendí y Hassim avanzó con deferencia. Pasó la mano por detrás del biombo y luego se giró hacia mí, sosteniendo una copa que contenía algún líquido ambarino que me ofreció con una reverencia sarcástica. Lo acepté, vacilante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Bebe y no temas –dijo la voz invisible–. Es solamente un vino egipcio con cualidades salutíferas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así pues, alcé la copa y bebí; el sabor no era desagradable y, al devolverle el recipiente a Hassim, me pareció sentir una nueva fuerza y vitalidad recorriendo mis fatigadas venas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Quédate en la casa de Yun Shatu –dijo la voz–. Se te dará cobijo y alimento hasta que te halles lo bastante fuerte para trabajar. No usarás opio ni lo pedirás. ¡Vete!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como en sueños, seguí de nuevo a Hassim a través de la puerta secreta, bajé los peldaños, recorrí el oscuro corredor y ascendí a través de la otra puerta que nos llevaba al Templo de los Sueños.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al salir de la habitación trasera y entrar en la gran sala de los soñadores, me volví hacia el negro con mi mente llena de preguntas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Amo? ¿Amo de qué? ¿De la Vida? Hassim lanzó una risotada feroz y sardónica.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Amo del Destino!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;4.   LA ARAÑA Y LA MOSCA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Había una Puerta para la que no encontré Llave;&lt;br /&gt;Había un Velo a través del que no pude ver.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Omar Khayam &lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Me senté en los cojines de Yun Shatu y pensé con una claridad que me era nueva y extraña. En cuanto a eso, todas mis sensaciones eran nuevas y extrañas. Sentía como si hubiese despertado de un sueño monstruosamente largo, y aunque tenía las ideas algo entorpecidas, me parecía que las telarañas que durante tanto tiempo las habían recubierto habían sido parcialmente quitadas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me pasé la mano por la frente y noté que temblaba. Me hallaba débil y agitado y notaba los primeros inicios del hambre..., no de droga, sino de comida. ¿Qué había en el brebaje que había tomado en la recámara del misterio? ¿Y por qué me había elegido el «Amo», a mí entre todos los desdichados de Yun Shatu, para ser regenerado?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿Y quién era ese Amo? La palabra tenía un sonido vagamente familiar..., traté laboriosamente de recordar. Sí..., la había oído, yaciendo medio despierto en los camastros o en el suelo..., pronunciada en un murmullo sibilante por Yun Shatu, Hassim o Yussef Alí, el moro, susurrada en sus conversaciones en voz baja y mezclada siempre con palabras que no podía entender. ¿Acaso entonces no era Yun Shatu el amo del Templo de los Sueños? Había creído, al igual que los demás adictos, que aquel chino marchito poseía un indiscutible poder sobre aquel lúgubre reino y que Hassim y Yussef Alí eran sus criados. Al igual que los cuatro muchachos chinos que tostaban el opio con Yun Shatu, y Yar Khan, el afgano, Santiago, el haitiano, y Ganra Singh, el sikh renegado..., todos a sueldo de Yun Shatu, suponíamos, atados al señor del opio por los lazos del oro o del miedo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pues en el Barrio Chino de Londres, Yun Shatu era toda una personalidad y yo había oído decir que sus tentáculos cruzaban los mares hasta llegar a los más altos lugares donde se hablaban lenguas misteriosas y potentes. ¿Era Yun Shatu el que se hallaba detrás del biombo de laca? No; conocía la voz del chino y, además, le había visto ocupado en la parte delantera del Templo mientras nosotros franqueábamos la puerta trasera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se me ocurrió otra idea. A menudo, yaciendo en un estado cercano al estupor, en las últimas horas de la noche o con las primeras luces grises del alba, había visto hombres y mujeres que entraban sigilosamente en el Templo, con vestimentas y actitudes extrañamente incongruentes, fuera de lugar. Hombres altos y de porte digno, a menudo bien vestidos con trajes de noche, con los sombreros bien calados sobre la frente, y bellas damas, vestidas con sedas y pieles, el rostro velado. Nunca llegaban juntos y siempre se iban por separado y, escondiendo los rasgos, se apresuraban hacia la puerta trasera, por la que entraban, saliendo finalmente de nuevo por ella, a veces horas después. Sabiendo que el deseo de la droga es a veces frecuente en personas de alta posición, jamás me había hecho demasiadas preguntas al respecto, suponiendo que se trataba de hombres y mujeres ricos, de la alta sociedad, que habían caído víctimas de tal deseo y que en algún lugar en la parte trasera del edificio había una estancia privada para ellos. Pero ahora empecé a hacerme preguntas...; a veces esas personas se quedaban sólo unos instantes... ¿Era siempre el opio lo que venían buscando o acaso también ellos atravesaban ese extraño corredor y conversaban con El que se hallaba detrás del biombo?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mi mente jugueteó con la idea de un gran especialista al que acudían personas de toda clase para hallar la liberación del hábito de la droga. Y, con todo, era muy extraño que alguien así escogiese un tugurio de las drogas como lugar de trabajo..., y también era extraño que el propietario de esa casa le tuviese, aparentemente, tal reverencia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Apenas me empezó a doler la cabeza a causa de un esfuerzo mental al que ya no estaba acostumbrado, dejé el tema y grité pidiendo comida. Con una sorprendente prontitud, Yussef Alí me trajo una bandeja. Aún más, al salir me hizo una reverencia, dejándome para que siguiese rumiando las extrañas mudanzas que había sufrido mi posición en el Templo de los Sueños.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Comí, preguntándome lo que deseaba de mí El que se hallaba detrás del biombo. Ni por un momento supuse que sus acciones hubiesen sido motivadas por las razones que había expuesto; la vida del bajo mundo me había enseñado que ninguno de sus moradores se inclinaba hacia la filantropía. Y al bajo mundo pertenecía la recámara misteriosa, pese a su trabajada y extraña naturaleza. ¿Y dónde podía estar situada? ¿Qué distancia había andado yo por el corredor? Me encogí de hombros, preguntándome si no era todo un sueño provocado por el opio; entonces me miré casualmente la mano..., y el escorpión grabado en ella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Reunid a la tripulación! –musitó el marinero en su camastro–. ¡A toda!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hablar con detalle de los días que siguieron sería muy aburrido para cualquiera que no haya saboreado la espantosa esclavitud de la droga. Esperaba que el anhelo de la droga me atacase de nuevo..., esperaba, lleno de una sardónica desesperación. Todo el día, toda la noche..., otro día..., y finalmente el milagro se realizó en mi escéptica mente. En contra de todas las teorías y los supuestos hechos comprobados por la ciencia y el sentido común, el deseo de la droga me había abandonado tan repentina y completamente como un mal sueño. Al principio no pude dar crédito a mis sentidos y llegué a creer que seguía preso de alguna pesadilla de la droga. Pero era cierto. Desde el momento en que bebí la copa en el cuarto del misterio, no sentí ni el más ligero deseo de la sustancia que había sido para mí como la vida misma. Percibí confusamente que esto era algo, en cierto modo, maligno y ciertamente opuesto a todas las reglas de la naturaleza. Si el ser terrible que se hallaba detrás del biombo había descubierto el secreto para quebrar el terrible poder del opio, ¿qué otros secretos monstruosos había descubierto y cuál era su inconcebible poder? Como una serpiente, la idea del mal se deslizó en mi cerebro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Permanecí en la casa de Yun Shatu, tendido en un camastro o sobre cojines esparcidos por el suelo, comiendo y bebiendo lo que me apetecía, pero ahora que volvía a convertirme en un hombre normal, la atmósfera se me hacía cada vez más repulsiva y la visión de aquellos desdichados retorciéndose en sus sueños me traía desagradables recuerdos de lo que yo mismo había sido, y me repugnaba, haciéndome sentir náuseas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así pues un día, cuando nadie me veía, me levanté y salí a la calle para andar por el muelle. El aire, aunque estaba cargado de humo y olores desagradables, me llenaba los pulmones de una extraña frescura y despertaba un nuevo vigor en la que en tiempos fue una constitución poderosa. Cobré nuevo interés en los ruidos de los hombres que vivían y trabajaban, y la visión de un barco que estaba siendo descargado en un atracadero me llenó de emoción. No había demasiados estibadores y, finalmente, me hallé levantando bultos, tirando de ellos y transportándolos, y aunque el sudor chorreaba por mi frente y me temblaban los miembros a causa del esfuerzo, me sentía exultar ante la idea de que por fin era de nuevo capaz de trabajar, sin importarme lo bajo o poco interesante que fuese el trabajo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando al atardecer volví a la puerta de Yun Shatu, terriblemente cansado pero con la renovada sensación de la hombría que emana del trabajo honesto, me encontré a Hassim en el umbral.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Dónde has estado? –me preguntó con aspereza.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Trabajando en los muelles –le respondí prontamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No tienes que trabajar en los muelles –gruñó–. El Amo tiene trabajo para ti.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Encabezó la marcha y de nuevo atravesé las oscuras escaleras y el corredor subterráneo. Esta vez mis facultades estaban alertas y decidí que el pasillo no tendría más de treinta o cuarenta pies de longitud. De nuevo permanecí en pie ante el biombo de laca y de nuevo oí la voz inhumana de la muerte viviente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Puedo darte trabajo –dijo la voz–. ¿Estás dispuesto a trabajar para mí?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Asentí rápidamente. Después de todo, pese al miedo que me inspiraba la voz, me hallaba en una gran deuda para con su propietario.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Bien. Toma esto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al avanzar yo hacia el biombo, una seca orden me detuvo y fue Hassim el que se adelantó y tendió la mano por detrás para coger lo que se le ofrecía. Aparentemente, se trataba de un paquete de fotos y papeles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Estúdialos –dijo El que estaba detrás del biombo–, y aprende todo lo que puedas sobre el hombre de las fotos. Yun Shatu te dará dinero; cómprate ropas como las que llevan los marineros y alquila un cuarto en la parte delantera del Templo. Dentro de dos días, Hassim volverá a traerte ante mí. ¡Vete!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mientras la puerta secreta se cerraba por encima de mí, la última impresión que tuve fue que los ojos del ídolo, que parecían pestañear a través de la sempiterna humareda, me contemplaban burlones.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La parte delantera del Templo de los Sueños consistía en cuartos de alquiler, los cuales ocultaban el auténtico propósito del edificio bajo el disfraz de una pensión de los muelles. La policía le había hecho varias visitas a Yun Shatu pero nunca habían logrado pruebas que le incriminasen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así, establecí mi residencia en uno de esos cuartos y me puse a estudiar el material que se me había entregado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las fotos eran todas del mismo hombre, de considerable estatura, no muy distinto a mí en construcción y aspecto facial, excepto que él llevaba una espesa barba y tendía a ser rubio en tanto que yo era moreno. El nombre, como estaba escrito en los documentos adjuntos, era el mayor Fairlan Morley, comisionado especial de Natal y el Transvaal. El departamento y el cargo me resultaban nuevos y me pregunté sobre la conexión existente entre un comisionado africano y una casa de opio a la orilla del Támesis.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los papeles consistían en datos abundantes, copiados evidentemente de fuentes auténticas y concernientes todos al mayor Morley, y una serie de documentos privados que esclarecían considerablemente la vida privada del mayor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se daba una descripción exhaustiva del aspecto personal y las costumbres del mayor, algunas de las cuales me parecieron de lo más trivial. Me pregunté cuál podía ser el propósito de todo aquello y cómo El que estaba detrás del biombo había llegado a entrar en posesión de documentos de naturaleza tan íntima.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No pude hallar clave alguna para responder a esa pregunta pero apliqué todas mis energías a la tarea que se me había dispuesto. Tenía una profunda deuda de gratitud para con el desconocido que me lo pedía y estaba decidido a pagársela con toda mi capacidad. Nada, en esos momentos, me hacía pensar en una trampa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;5. EL HOMBRE DEL CAMASTRO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;¿Qué lluvia de lanzas te envió para jugar al amanecer con la Muerte?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Kipling&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Al expirar el plazo de dos días, Hassim me hizo una seña cuando me hallaba en la sala del opio. Avancé con paso firme y enérgico, lleno de confianza al haberle sacado todo lo posible a los documentos de Morley. Era un hombre nuevo; mi agilidad mental y mi fuerza física me sorprendían..., a veces no me parecían naturales.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim me contempló con los ojos medio cerrados y me indicó que, como de costumbre, le siguiese. Cuando atravesábamos la sala, se me ocurrió mirar a un hombre tendido en un camastro junto a la pared, fumando opio. No había nada sospechoso en sus ropas, descuidadas y harapientas, ni en su rostro sucio y barbudo o en su vacua mirada pero mis ojos, aguzados de un modo anormal, parecieron notar cierta incongruencia en los miembros bien construidos que ni siquiera las astrosas ropas podían disimular por completo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim me habló con impaciencia y yo me volví. Entramos en el cuarto de la parte trasera y mientras él cerraba la puerta y se volvía hacia la mesa, ésta se movió y una figura emergió por la puerta oculta. El sikh, Ganra Singh, un gigante delgado y de ojos siniestros, salió del umbral oculto y se dirigió hacia la puerta que daba a la sala del opio, donde se detuvo hasta que nosotros hubiésemos bajado y cerrado la entrada secreta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De nuevo permanecí entre los remolinos del amarillento humo y escuché la voz oculta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Puedes llegar a saber lo bastante sobre el mayor Morley como para suplantarlo con éxito?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sin duda –respondí, sorprendido por la pregunta–, a menos que me encontrase con alguien que le conociese más íntimamente aún.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo me encargaré de eso. Escúchame bien. Mañana zarparás en el primer barco a Calais. Allí te encontrarás con un agente mío que se te acercará apenas pongas pie en el muelle y te dará más instrucciones. Irás en segunda clase y evitarás toda conversación, ya sea con desconocidos o con cualquiera. Llévate los documentos. El agente te ayudará a prepararte y tu farsa empezará en Calais. Eso es todo. ¡Vete!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me fui, cada vez más asombrado. Evidentemente, todo aquel embrollo tenía un sentido, pero era un sentido que no podía ni imaginar. De nuevo en la sala del opio, Hassim me indicó que me sentase sobre unos cojines y le esperase. Respondió con un gruñido a mi pregunta, diciendo que él se adelantaba, tal y como se le había ordenado, para comprarme el billete del trasbordador. Partió y yo me senté, la espalda apoyada contra la pared. Mientras pensaba, de pronto me pareció que había unos ojos clavados en mí con tal intensidad que mi subconsciente los había notado. Alcé la vista con rapidez pero no parecía haber nadie mirándome. El humo se movía lentamente en la recalentada atmósfera, como de costumbre; Yussef Alí y los chinos iban y venían silenciosos atendiendo a las demandas de los soñadores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto, se abrió la puerta del cuarto trasero y de ella salió tambaleándose una figura extraña y horrible. No todos los que entraban en el cuarto trasero de Yun Shatu eran aristócratas y miembros de la alta sociedad. Esta era una de las excepciones, y alguien a quien recordaba por sus frecuentes entradas y salidas..., una figura alta y flaca, de informes y harapientas vestiduras, el rostro completamente oculto. Mejor que el rostro permaneciese oculto, pensé, pues sin duda los gruesos ropajes ocultaban una espantosa visión. El hombre era un leproso, que de algún modo había logrado rehuir la atención de los funcionarios públicos y al que se veía ocasionalmente vagando por las más miserables y misteriosas zonas del East End..., un misterio incluso para los más rastreros moradores de los barrios bajos de Limehouse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto, mi mente hipersensible cobró conciencia de una repentina tensión en la atmósfera. El leproso cruzó cojeando la puerta y la cerró detrás de él. Mis ojos buscaron instintivamente el camastro donde se hallaba el hombre que había despertado mis sospechas anteriormente. Podría haber llegado a jurar que hubo un destello amenazador de unos ojos fríos y acerados que se cerraron rápidamente. De una zancada llegué hasta el camastro y me incliné sobre el hombre acostado. Había en su rostro algo que no parecía natural..., un saludable bronceado parecía asomar por debajo de la palidez de su complexión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Yun Shatu! –grité–. ¡Hay un espía en la casa!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los acontecimientos se sucedieron entonces con vertiginosa velocidad. El hombre del camastro se incorporó de un salto, con la rapidez de movimientos de un tigre, y un revólver brilló en su mano. Un brazo nervudo me arrojó a un lado cuando intenté aterrarle y una voz seca y decidida se impuso sobre la naciente confusión:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Tú! ¡Alto! ¡Alto!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La pistola que había en la mano del extraño apuntaba al leproso, que se dirigía a grandes zancadas hacia la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Alrededor todo era confusión; Yun Shatu gritaba en chino como un poseso y los cuatro muchachos chinos y Yussef Alí acudían a la carrera, desde distintos puntos, los cuchillos destellando en sus manos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Vi todo esto con una claridad antinatural al mismo tiempo que no apartaba los ojos del rostro del extraño. Al no dar el leproso evidencia alguna de pararse, vi cómo los ojos se le endurecían hasta convertirse en alfileres acerados, llenos de decisión, afinando la puntería por encima del tambor del revólver..., los rasgos dominados por el terrible propósito del asesino. El leproso había llegado casi hasta la puerta de salida, pero la muerte le fulminaría antes de que pudiese cruzarla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y entonces, justo cuando el dedo del extraño se tensaba sobre el gatillo, me lancé hacia adelante y mi puño derecho se estrelló en su mandíbula. Cayó como derribado por un martillo pilón, el revólver disparando inofensivamente al aire.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡En ese instante, con el fogonazo cegador que a veces nos resuelve un enigma, supe que el leproso no era otro sino el Hombre Detrás del Biombo!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me incliné sobre el hombre caído que, aunque no totalmente inconsciente, se hallaba temporalmente indefenso a causa de mi terrible golpe. Luchaba con torpeza por levantarse pero yo le empujé de nuevo con rudeza al suelo y, agarrando la falsa barba que llevaba, se la arranqué de un tirón. Un rostro delgado y bronceado quedó al descubierto, cuyos fuertes rasgos ni siquiera la suciedad y la grasa de su disfraz podían alterar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Yussef Alí se inclinó sobre él, cuchillo en mano, los ojos convertidos en rendijas asesinas. Alzó su mano morena y nervuda..., y yo le detuve la muñeca.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡No tan aprisa, diablo negro! ¿Qué vas a hacer?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es John Gordon –siseó–, ¡el mayor enemigo del Amo! ¡Debe morir, maldito seas!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡John Gordon! Ese nombre me resultaba familiar, aunque no me parecía tener relación con la policía de Londres; tampoco era capaz de explicar la presencia de aquel hombre en el tugurio de Yun Shatu. Sin embargo, en cuanto a ese punto estaba decidido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sea como sea, no le matarás.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–!Esto último iba dirigido a Gordon que, con mi ayuda, se levantó vacilante, aún bastante aturdido. Y añadí maravillado–: Ese puñetazo habría derribado a un toro. No sabía que fuera capaz de tales cosas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El falso leproso se había esfumado. Yun Shatu me contemplaba tan inmóvil como un ídolo, las manos ocultas en sus anchas mangas, y Yussef Alí retrocedió, murmurando ominosamente y pasando el pulgar por el filo de su daga, mientras que yo sacaba a Gordon de la sala del opio y le hacía cruzar el bar de aspecto inocente que se hallaba entre dicha sala y la calle.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No tengo ni idea de quién eres ni de lo que haces aquí –le dije, una vez en la calle–, pero ya has visto que es un lugar muy poco saludable para ti. Sigue mi consejo y mantente alejado de él.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su única respuesta fue examinarme con la mirada y luego darse la vuelta, caminando con rapidez aunque con cierta vacilación hasta perderse de vista en la calle.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;6. LA MUCHACHA DEL SUEÑO &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Hace muy poco que he llegado a estas tierras&lt;br /&gt;Desde la lejana y sombría Thule.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Poe&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Oí unos leves pasos en el exterior de mi cuarto. El picaporte giró lenta y delicadamente; la puerta se abrió. Me puse en pie de un salto, lanzando un jadeo de sorpresa. Unos labios rojos entreabiertos, ojos oscuros como límpidos mares llenos de maravillas, una masa de brillantes cabellos... ¡en mi umbral miserable se hallaba la muchacha de mis sueños!&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entró y, girando con un movimiento sinuoso, cerró la puerta. Avancé de un salto, las manos tendidas, y me detuve al llevarse ella un dedo a los labios.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No hables muy alto –dijo, casi en un susurro–. Él no dijo que no pudiese venir aquí; pero...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su voz era suave y musical, con un deje extranjero en su acento que hacía que me resultase deliciosa. En cuanto a la muchacha en sí, cada frase y movimiento delataban al Oriente. Era como una brisa fragante que llegase del Este. Desde su cabellera negra como la noche, recogida por encima de su frente de alabastro, hasta sus diminutos pies, calzados con zapatillas puntiagudas de tacón alto, era la viva imagen del más alto ideal de la belleza asiática...; un efecto más aumentado que disminuido por la blusa y la falda inglesas que vestía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Eres preciosa! –dije, atónito–. ¿Quién eres?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Soy Zuleika –respondió con una tímida sonrisa–. Me... me alegro de gustarte. Me alegro de que no sigas soñando los sueños del opio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Cuan extraño era que una cosa tan insignificante fuese capaz de hacer latir tan locamente mi corazón!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Todo te lo debo a ti, Zuleika –dije, la voz enronquecida por la emoción–. Si no hubiese soñado contigo cada hora desde que me sacaste del arroyo, me habría faltado la fuerza para pensar siquiera que pudiese llegar a librarme de mi maldición.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se ruborizó de un modo encantador y entrelazó sus blancos dedos como si estuviese nerviosa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Abandonas mañana Inglaterra? –preguntó de pronto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí. Hassim no ha vuelto con mi billete –vacilé de repente, recordando la orden de silencio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Sí, lo sé, lo sé! –susurró ella con rapidez, abriendo más los ojos–. ¡Y John Gordon ha estado aquí! ¡Te vio!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Sí!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se me acercó con un movimiento rápido y flexible.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Debes fingir que eres otro hombre! Escucha, mientras lo hagas, no debes dejar que Gordon te vea nunca. ¡Te reconocería, sin importar cuál fuese tu disfraz! ¡Es un hombre terrible!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No entiendo –dije, completamente desorientado–. ¿Cómo me liberó el Amo de mi adicción al opio? ¿Quién es ese Gordon y por qué vino aquí? ¿Por qué se disfraza el Amo de leproso..., y quién es? Por encima de todo, ¿por qué voy a fingir que soy un hombre al que jamás he visto y del que nunca oí hablar?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No puedo..., ¡no me atrevo a decírtelo! –musitó, palideciendo–. Yo...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En algún lugar de la mansión resonaron las quedas tonalidades de un gong chino. La muchacha se sobresaltó como una gacela asustada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Debo irme! ¡Él me llama!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Abrió la puerta y la cruzó a toda prisa, deteniéndose un instante para electrizarme con una apasionada exclamación:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Oh, sahib, ten cuidado, ten mucho cuidado! Y se fue.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;7. EL HOMBRE DE LA CALAVERA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;¿Cuál es el martillo? ¿cuál la cadena?&lt;br /&gt;¿En qué horno se hallaba tu mente?&lt;br /&gt;¿Cuál es el yunque?&lt;br /&gt;¿Qué presa horrible Osa encerrar sus mortíferos terrores?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Blake&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Después de que mi bella y misteriosa visitante se hubiese marchado, me quedé sentado, pensando. Creí que, al menos, había dado con la explicación de una parte del enigma. Esta es la conclusión a que llegué: Yun Shatu, el señor del opio, era sencillamente el agente o el servidor de alguna organización o individuo que trabajaba a una escala mucho más importante, y cuya misión iba más allá de aprovisionar de droga a los adictos en el Templo de los Sueños. Ese hombre, u hombres, precisaban colaboradores en todos los medios; en otras palabras, me estaban introduciendo en un grupo de contrabandistas de opio que operaba a gran escala. Gordon, sin duda, se hallaba investigando el caso y su presencia en solitario probaba que no era un caso corriente, pues sabía que&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;ocupaba una elevada posición en el gobierno británico, aunque ignoraba cuál era exactamente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con opio o sin él, decidí cumplir mis obligaciones con el Amo. Mi sentido de la moral se había embotado un tanto en los oscuros senderos que había recorrido, y la idea de que me envolvía en un crimen despreciable no se me ocurrió. En realidad, me sentí más animado. Aún más, la simple deuda de gratitud se incrementó mil veces a causa la muchacha. Al Amo le debía el que fuese capaz de sostenerme en pie y mirar en sus límpidos ojos como debe hacerlo un hombre. Así pues, si deseaba mis servicios como contrabandista de droga, los tendría. Sin duda, iba a fingir que era algún hombre de tan alta consideración para el gobierno que las acciones normales de los oficiales de aduanas serían consideradas innecesarias; ¿acaso iba a introducir en Inglaterra alguna rara sustancia alucinógena?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esas eran las ideas que había en mi mente cuando descendí las escaleras, pero detrás de ellas flotaban otras suposiciones más atractivas... ¿Cuál era la razón de la presencia de la muchacha en este sucio antro, una rosa en un montón de basura, y quién era?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando entraba en el bar apareció Hassim, el ceño fruncido en una oscura mueca de ira y, eso creí, miedo. Llevaba un periódico doblado en la mano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Te dije que esperaras en la sala del opio –gruñó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Estuviste tanto tiempo fuera que me fui a mi cuarto. ¿Tienes el pasaje?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se limitó a emitir un gruñido y me apartó de un empujón entrando en la sala del opio y yo, de pie en el umbral, le vi cruzar la estancia y desaparecer en el cuarto trasero. Allí me quedé, cada vez más sorprendido, pues cuando Hassim me había empujado pude percibir que en el periódico había un artículo, justo debajo de su negro pulgar, el cual apretaba con fuerza como queriendo destacar en particular esa columna de noticias.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y con la antinatural celeridad de acción y juicio que parecían pertenecerme esos días, en ese fugaz instante leí:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Comisionado Especial Africano Hallado Muerto! El cuerpo del mayor Fairlan Morley fue descubierto ayer en la bodega de un barco abandonado en Burdeos...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No leí más detalles, ¡tenía suficiente para tener qué pensar! El asunto parecía estar cobrando un feo cariz. Pero...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pasó otro día. A mis preguntas, Hassim respondió, a regañadientes, que los planes habían sido cambiados y que no iría a Francia. Luego, un poco más avanzada la tarde, me indicó que fuese una vez más a la recámara del misterio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Permanecí ante el biombo de laca, sintiendo el escozor del humo amarillento en mis fosas nasales, con los dragones bordados retorciéndose en los tapices, las palmeras formando una masa impenetrable y opresiva.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Nuestros planes han sufrido un cambio –dijo la voz oculta–. No zarparás como se había decidido antes. Pero tengo otro trabajo que puedes realizar. Puede que éste vaya más con tus capacidades, pues admito que me has defraudado un tanto en cuanto a tu sutileza. El día anterior interferiste de un modo tal que sin duda me causará grandes inconvenientes en el futuro.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No dije nada, pero sentí cierto resentimiento en mi fuero interno.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Incluso después de hablar con uno de mis servidores de más confianza –prosiguió monótonamente la voz, sin señal alguna de emoción excepto una leve subida de volumen–, persististe en dejar libre a mi más mortal enemigo. Sé más circunspecto en el futuro.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Te salvé la vida! –dije, irritado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Y sólo por esa razón paso por alto tu error..., ¡esta vez! Una lenta furia nació en mi interior.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Esta vez! Aprovéchala bien, pues te aseguro que no habrá otra. Mi deuda contigo es mayor de lo que puedo esperar llegar a pagar nunca, pero eso no me convierte en esclavo tuyo. Te he salvado la vida..., la deuda está toda lo saldada que le es posible a un hombre. ¡Sigue tu camino y yo seguiré el mío!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una risa ronca y horrible me respondió, semejante al siseo de un reptil.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Estúpido! ¡Me pagarás con el trabajo de tu vida entera! ¿Dices que no eres mi esclavo? Yo digo que sí lo eres..., al igual que Hassim, el negro que está junto a ti..., al igual que lo es esa muchacha, Zuleika, que te ha embrujado con su belleza.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esas palabras hicieron que una ola de sangre ardiente invadiese mi cerebro y fui consciente de que, durante un segundo, un mar de furia apagó por completo mi cordura. Al igual que todos mis humores y sensaciones parecían haberse aguzado y exagerado esos días, del mismo modo ese ataque de ira superó todos los momentos de furia que había padecido antes.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Diablos del infierno! –aullé–. ¡Tú, demonio!..., ¿quién eres y qué poder tienes sobre mí? ¡Te veré, o moriré!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hassim se lanzó sobre mí pero yo le arrojé hacia atrás y de una sola zancada llegué hasta el biombo y, con un esfuerzo increíble, lo aparté a un lado. Y entonces retrocedí, las manos tendidas, chillando. Ante mí&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;se alzaba una figura alta y flaca, una figura grotescamente ataviada con un traje de seda bordada que le llegaba hasta el suelo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De las mangas del traje surgían unas manos que me llenaron de pavor..., manos largas, como las de un animal de presa, con dedos flacos y huesudos, las uñas curvadas como garras..., con la piel arrugada como un pergamino amarillento, como las manos de un nombre que llevase muerto mucho tiempo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las manos..., pero, ¡oh, Dios, la cara! Una calavera en la que no parecía haber vestigio alguno de carne pero a la que recubría una piel tirante de un color entre amarillo y marrón, haciendo resaltar todos los detalles de esa terrible faz muerta. La frente era alta y, en cierto modo, resultaba magnífica, pero la cabeza tenía los pómulos curiosamente estrechos, y bajo unas cejas arqueadas destellaban ojos tan grandes como charcos de fuego amarillo. La nariz tenía el puente alto y muy delgado; la boca era una simple hendidura incolora entre unos labios crueles y delgados. Un cuello largo y huesudo sostenía la espantosa imagen y completaba el efecto de un demonio con forma de reptil surgido de algún infierno medieval.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Me hallaba cara a cara con el hombre de mis sueños, el rostro de calavera!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;8. SABER OSCURO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El terrible espectáculo apartó por un instante de mi mente toda idea de rebelión. Se me heló la sangre en las venas y permanecí inmóvil. Oí que, detrás de mí, Hassim lanzaba una carcajada maligna. Los ojos del rostro cadavérico ardían como los de un demonio clavados en mí y, ante la satánica furia concentrada en ellos, me sentí desfallecer. Entonces el horror emitió una risa sibilante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Te hago un gran horror, señor Costigan; muy pocos, incluso entre mis sirvientes, pueden decir, como tú, que han visto mi rostro y que siguen vivos. Creo que me serás más útil vivo que muerto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Seguí callado, completamente vencido. Era difícil creer que aquel hombre estuviese vivo, pues su aspecto desmentía del todo esa idea. Tenía una espantosa semejanza a una momia. Pero cuando hablaba, sus labios se movían y en sus ojos ardía una vida horrenda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Harás lo que digo –habló abruptamente, y su voz había cobrado un tono imperioso–. Sin duda, conocerás o habrás oído hablar de sir Haldred Frentón.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo hombre culto de Europa y América estaba familiarizado con los libros de viajes de sir Haldred Frentón, escritor y aventurero.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esta noche irás a la residencia de sir Haldred...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Sí?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡ y le matarás!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me tambaleé. Esta orden era increíble... ¡indecible! Había caído lo bastante bajo como para traficar con opio, ¡pero asesinar deliberadamente a un hombre al que no había visto jamás, un hombre famoso por sus buenas acciones! Eso era demasiado monstruoso como para ni tan siquiera pensarlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿No te niegas?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El tono era tan abominable y burlón como lo era el silbido de una serpiente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Negarme? –grité, recobrando al fin mi voz–. ¿Negarme? ¡Demonio encarnado! ¡Por supuesto que me niego! Tú...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Algo en la gélida seguridad de sus maneras me detuvo...; me callé, lleno de aprensión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Estúpido! –dijo tranquilamente–. Rompí las cadenas del opio... ¿sabes cómo? ¡Dentro de cuatro minutos lo sabrás y maldecirás el día en que naciste! ¿No has pensado acaso en cuan extraña es la celeridad de tu cerebro, la resistencia de tu cuerpo..., un cerebro que debería ser lento y torpe, un cuerpo que debería hallarse débil y enfermo tras años de excesos? Ese golpe que derribó a John Gordon..., ¿no te has interrogado acerca de su potencia? La facilidad con que llegaste a dominar los documentos del mayor Morley... ¿no te has hecho preguntas sobre ella? ¡Estúpido, estás atado a mí por cadenas de acero, sangre y fuego! Te he mantenido vivo y cuerdo..., yo, sólo yo. Cada día se te ha dado el elixir vital en el vino que bebías. No podías vivir y mantenerte cuerdo sin él. ¡Y yo, solamente yo, conozco su secreto!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Miró un extraño reloj que había sobre una mesa junto a su codo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esta vez he hecho que Yun Shatu no añadiese el elixir... preveía la rebelión. La hora se acerca... ¡ah, ya ha llegado!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dijo algo más, pero no lo oí. No veía, ni sentía en el sentido humano de la palabra. Me retorcía a sus pies, gritando y sollozando en las llamas del infiernos tales como los hombres jamás han soñado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Sí, ahora sabía! Sencillamente, me había dado una droga de una fortaleza tan superior que había sumergido al opio. Mi antinatural capacidad se explicaba ahora..., había estado actuando sencillamente bajo el estímulo de algo que combinaba en su acción estimulante todos los infiernos, algo parecido a la heroína pero de efectos inadvertidos para la víctima. No tengo ni idea de lo que era, ni creo que lo supiese nadie salvo ese ser infernal que permanecía inmóvil contemplándome con&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;cruel diversión. Pero la droga había sostenido mi cerebro, infiltrando en mi constitución la necesidad de tenerla y, ahora, mi espantoso anhelo me desgarraba el alma.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Nunca, ni en los peores momentos de los cañoneos o del ansia de opio, experimenté nada parecido. Ardí con el calor de mil infiernos y me helé con un frío que ningún hielo podía igualar. Bajé arrastrándome hasta los más hondos pozos del tormento y ascendí hasta las torturas más encumbradas..., un millón de demonios aullantes me rodeaban, gritando y acuchillándome. Hueso a hueso, vena a vena, célula a célula, sentí desintegrarse mi cuerpo y esparcirse en átomos ensangrentados por todo el universo..., y cada célula por separado era todo un sistema de nervios que se estremecían y gritaban. Y desde los más apartados vacíos volvieron a reunirse para que el tormento fuese mayor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A través de las ardientes nieblas ensangrentadas oí gritar a mi propia voz, un monótono gimoteo. Luego, con los ojos desorbitados, vi una copa dorada, sostenida por una mano semejante a una garra, entrar en mi campo de visión..., una copa llena de un líquido ambarino.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con un alarido bestial, la cogí con ambas manos, apenas consciente de que el metal del recipiente cedía bajo mis dedos, y me la llevé a los labios. Bebí con frenética premura, y el líquido cayó sobre mi pecho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;9. KATHULOS DE EGIPTO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Tres veces más larga será tu noche&lt;br /&gt;Y el Cielo será como un manto de hierro.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El ser al que llamé Rostro de Calavera permanecía inmóvil observándome mientras yo, sentado en un diván, jadeaba, totalmente agotado. Sostenía en su mano la copa y examinaba el metal dorado, aplastado hasta perder la forma. Tal había sido la obra de mis dedos enloquecidos en el momento de beber.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Una fuerza sobrehumana, incluso para un hombre en tu estado –dijo con una especie de seca pedantería–. Dudo que ni tan siquiera Hassim pudiese igualarte. ¿Estás listo ahora para tus instrucciones?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Asentí sin mediar palabra. Ya el poder infernal del elixir fluía por mis venas, renovando mis consumidas fuerzas. Me pregunté durante cuánto tiempo podría vivir un hombre que, como yo, era quemado y reconstruido constantemente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Se te entregará un disfraz e irás solo hasta la residencia de Frentón. Nadie sospecha que se trame algo contra sir Haldred y tu entrada en el terreno y en la misma casa deberían ser algo relativamente fácil. No te pondrás el disfraz, que es de naturaleza muy singular, hasta que estés listo para entrar en los terrenos. Entonces te dirigirás hasta la habitación de sir Haldred y le matarás, rompiéndole el cuello sólo con las manos..., esto es esencial...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La voz prosiguió, semejante a un zumbido, impartiendo sus espantosas órdenes en un tono horriblemente despreocupado. Un frío sudor me perlaba la frente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Abandonarás entonces la residencia, cuidando de haber dejado la huella de tu mano en algún lugar bien visible, y el automóvil, que te estará esperando en algún sitio seguro de las cercanías, te volverá a traer hasta aquí, habiéndote despojado primero del disfraz. En caso de complicaciones posteriores, dispongo de bastantes hombres que jurarán que pasaste toda la noche en el Templo de los Sueños sin abandonarlo nunca. ¡Pero no deben verte! Sé precavido y ejecuta con seguridad tu tarea, pues ya conoces la alternativa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No volví a la casa del opio sino que fui conducido a través de enrevesados corredores, adornados con gruesos tapices, hasta un pequeño cuarto que no contenía más que un diván estilo oriental. Hassim me hizo entender que debía quedarme allí hasta después del anochecer y luego me abandonó. La puerta se cerró pero yo no hice esfuerzo alguno por descubrir si la habían cerrado con llave. El Amo del Rostro de Calavera me tenía sujeto con algo más que pestillos y cerrojos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sentado en el diván, en el extraño decorado de una recámara que bien podría haber sido una estancia de una zena india, me enfrenté a los hechos y libré mi combate. Aún quedaban en mí rastros de hombría..., más de los que el demonio había supuesto y, añadido a esto, había la desesperanza y la más negra furia. Hice mi elección y decidí el único curso de acción que me parecía posible.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto la puerta se abrió lentamente. La intuición me dijo a quien debía esperar, y no fui contrariado. Zuleika, una visión magnífica, se hallaba ante mí..., una visión que se burlaba de mí, hecha aún más negra por mi desesperación y que, sin embargo, me llenaba de una loca alegría y un salvaje deseo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Traía una bandeja de comida que puso a mi lado, sentándose luego sobre el diván, sus grandes ojos clavados en mi rostro. Era como una flor en una madriguera de serpientes, y su belleza se había adueñado de mi corazón.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Stephen! –musitó y, al pronunciar por primera vez mi nombre, sentí que me dominaba la emoción.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto, las lágrimas hicieron brillar sus luminosos ojos y puso su manecita en mi brazo. Yo la tomé con mis toscas manazos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Te han dado una tarea que temes y aborreces! –dijo, medio desfallecida.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí –dije, conteniendo los deseos de reír–, ¡pero aún lograré engañarles! Zuleika, dime..., ¿qué significa todo esto? Ella lanzó una mirada temerosa a lo que la rodeaba.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No lo sé todo –vaciló–, los apuros en que te hallas son todos culpa mía pero yo..., había esperado..., Stephen, te he observado cada una de las veces que acudiste a la casa de Yun Shatu, durante meses. No me viste, pero yo sí te vi y vi en ti, no al roto desecho que proclamaban tus harapos, sino a un alma herida, un alma que había sido golpeada terriblemente contra los escollos de la vida. Y desde lo más hondo de mi corazón me compadecí de ti. Entonces, cuando Hassim te maltrató ese día... –De nuevo las lágrimas afluyeron a sus ojos–. No pude soportarlo y yo sabía cómo sufrías por la falta del opio. Así que le pagué a Yun Shatu, y acudí al Amo y yo..., yo..., ¡oh, me odiarás por esto! –estalló en sollozos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No..., no..., jamás.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Le dije que eras un hombre que podría ser útil para él y le supliqué que hiciese que Yun Shatu te aprovisionase de lo que necesitabas. Ya se había percatado de ti, ¡pues tiene el ojo aguzado del mercader de esclavos, y el mundo entero es su mercado! Por lo tanto, hizo que Yun Shatu actuase como yo pedía; y ahora..., sería mejor que hubieses seguido igual, amigo mío.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡No, no! –exclamé–. ¡He conocido unos días de regeneración, aunque fuese falsa! ¡Me he hallado ante ti como un hombre, y eso vale por todo lo demás!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y todo lo que sentía por ella debió asomar en mis ojos, pues ella bajó la vista y se ruborizó. No me preguntéis cómo llega a enamorarse un hombre; pero yo supe que amaba a Zuleika..., había amado a esa misteriosa muchacha oriental desde que la vi por primera vez..., y, de un modo extraño, supe que ella, en cierta medida, correspondía a mi afecto. El darme cuenta de ello hizo más negro y desolado el camino que había elegido; pero, dado que el amor puro hace siempre más fuerte al hombre, preparó mi ánimo para lo que debía hacer.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Zuleika –dije, hablando con premura–, el tiempo vuela y hay cosas que debo saber. Dime, ¿quién eres y por qué permaneces en esta madriguera del Hades?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Soy Zuleika..., eso es todo cuanto sé. Soy circasiana por sangre y nacimiento. Cuando era muy pequeña me capturaron en una incursión turca y crecí en un harén de Estambul. Cuando era aún demasiado joven para casarme, mi amo me entregó como presente a..., a ÉL.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y quién es él? ¿El hombre del Rostro de Calavera?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es Kathulos de Egipto..., eso es todo lo que sé. Mi amo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Un egipcio? Entonces, ¿qué está haciendo en Londres? ¿Por qué todo este misterio?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se retorció las manos con nerviosismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Stephen, por favor, habla más bajo; siempre hay alguien escuchando, en cualquier lugar. No sé quién es el Amo, ni la razón de que se halle aquí o de sus acciones. ¡Lo juro por Alá! Si lo supiese te lo diría. A veces hombres de aspecto distinguido acuden a la sala donde el Amo les recibe, no aquella donde le viste, y él me hace danzar ante ellos y luego he de cortejarles un poco. Y siempre debo repetir exactamente lo que me digan. Eso es lo que debo hacer siempre..., en Turquía, en los Estados Bárbaros, en Egipto, en Francia y en Inglaterra. El Amo me enseñó francés e inglés y él mismo me educó de muchos modos. Es el mayor hechicero de todo el mundo y conoce toda la magia antigua, y lo sabe todo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Zuleika –dije–, pronto todo habrá acabado para mí, pero debes dejar que te saque de esto... ¡Ven conmigo y te juro que te alejaré de este demonio!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella se estremeció y escondió la cara.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡No, no, no puedo!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Zuleika –le pregunté con dulzura–, ¿qué poder tiene sobre ti, pequeña..., también la droga?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡No, no! –gimoteó–. No lo sé..., no lo sé..., pero no puedo... ¡Jamás podré huir de él!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Permanecí sentado, atónito, unos instantes; luego le pregunté:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Zuleika, ¿dónde nos hallamos ahora?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Este edificio es un almacén abandonado en la parte trasera del Templo del Silencio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Eso había pensado. ¿Qué hay en los cofres del túnel?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No lo sé. –De pronto, empezó a llorar quedamente–. También tú, un esclavo, como yo..., tú que eres tan bueno y fuerte..., ¡oh, Stephen, no puedo soportarlo!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sonreí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Acércate un poco, Zuleika, y te contaré cómo pienso engañar a Kathulos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella miró con extrema aprensión hacia la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Habla bajo. Me tenderé en tus brazos y, mientras finges acariciarme, me dirás lo que quieras al oído.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se deslizó en mis brazos y allí, en aquel diván adornado con dragones de aquella mansión del horror, conocí por primera vez toda la gloria de tener la esbelta figura de Zuleika cobijada entre mis brazos, y la suave mejilla de Zuleika apretada contra mi pecho. Su fragancia llenaba mi olfato, su cabellera me rozaba los ojos y todos mis sentidos vacilaban; entonces, con los labios escondidos por su sedoso cabello le hablé en un susurro apremiante:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Primero iré a avisar a sir Haldred Frentón... Luego iré a buscar a John Gordon y le hablaré de esta madriguera. Traeré a la policía hasta aquí, tú debes mantenerte en guardia y estar lista para esconderte de Él..., hasta que podamos entrar a la fuerza y matarle o capturarle. Entonces, serás libre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pero, ¿y tú? –dijo en un jadeo, palideciendo–. Necesitas el elixir, y sólo él...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tengo un modo de vencerle, pequeña –respondí. Su rostro se tornó increíblemente blanco y su intuición femenina llegó de un salto a la conclusión correcta.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Vas a matarte!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y por mucho que me dolió ver lo que sentía, también sentí una dolorosa alegría al ver que era por mi causa. Sus brazos me rodearon con más fuerza el cuello.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡No lo hagas, Stephen! –me suplicó–. Es mejor vivir, incluso...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No, a ese precio no. Es mejor terminar de modo limpio mientras me quede valor suficiente para hacerlo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Durante un instante me miró, presa de un torbellino de emociones; luego, apretando de pronto sus rojos labios contra los míos, se puso en pie de un salto y abandonó a toda prisa la habitación. ¡Qué extraños son los caminos del amor! Dos barcos embarrancados en las costas de la vida, nos habíamos acercado inexorablemente el uno al otro y, aunque entre nosotros no se había cruzado palabra alguna de amor, conocíamos lo que sentía el corazón del otro... A través de la mugre y los harapos, a través de las señales que marcan al esclavo, cada uno conocía el corazón del otro y desde el primer instante nos amamos de un modo tan puro y natural como había sido dispuesto desde los inicios del Tiempo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Este era para mí, ahora, el principio y el fin de la vida, pues tan pronto como hubiese completado mi tarea, apenas sintiese de nuevo los tormentos de mi maldición, el amor y la vida, la belleza y el tormento serían borrados a la vez de modo terrible y definitivo por una bala de pistola que haría pedazos mi cerebro antes de que se pudriese. Mejor una muerta limpia que...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La puerta se abrió de nuevo, dejando entrar a Yussef Alí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ha llegado la hora de partir –dijo lacónicamente–. Levántate y sígueme.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por supuesto, no tenía ni idea de la hora. No había ventana alguna en el cuarto que yo ocupaba..., no había visto ninguna ventana, en realidad. Los cuartos estaban iluminados por bujías colgadas de incensarios en el techo. Cuando me puse en pie, el joven y delgado moro me lanzó de soslayo una mirada siniestra.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Que esto quede entre tú y yo –dijo, sibilante–. Servimos al mismo Amo..., pero este asunto es puramente nuestro. Mantente a distancia de Zuleika..., el Amo me la ha prometido cuando lleguen los días del imperio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mis ojos se estrecharon hasta convertirse en rendijas clavadas en el iracundo y apuesto rostro del oriental, y en mi interior nació un odio como pocas veces he conocido. Mis dedos se abrieron y cerraron involuntariamente, y el moro, notándolo, dio un paso atrás, la mano en el cinturón.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ahora no..., ambos tenemos trabajo...; luego, quizá. –Añadió, en una repentina explosión de odio–: ¡Cerdo! ¡Hombre–mono! ¡Cuando el Amo haya terminado contigo saciaré mi daga en tu corazón!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Reí secamente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Hazlo pronto, serpiente del desierto, o te romperé la espalda con las manos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;10. LA CASA OSCURA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;¡Contra todos los grilletes y los Infiernos del hombre&lt;br /&gt;Yo solo, al fin, sin ayuda... me rebelo!&lt;br /&gt;&lt;em&gt; Mundy&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Seguí a Yussef Alí a lo largo de los corredores serpenteantes, por los peldaños (Kathulos no se hallaba en la sala del ídolo) y a lo largo del túnel, luego a través de las estancias del Templo de los Sueños y al exterior, a la calle, donde los faroles brillaban lúgubremente a través de la niebla y una leve llovizna. Más allá había un automóvil, con las cortinillas corridas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ese es tu coche –dijo Hassim, que se había unido a nosotros–. Cruza con naturalidad. No actúes de modo sospechoso, puede que estén vigilando el lugar. El conductor ya sabe lo que debe hacer.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después, él y Yussef Alí volvieron a entrar en el bar y yo di un paso hacia la calzada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Stephen! &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una voz que me hizo saltar de emoción el corazón pronunció mi&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;nombre! Una blanca mano me hizo señas desde las sombras de un portal. Me acerqué rápidamente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Zuleika!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Shhh!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me cogió del brazo, dejándome algo en la mano; distinguí confusamente un frasquito de oro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Escóndelo, aprisa! –me susurró, ansiosa–. No regreses, vete y escóndete. Está lleno de elixir..., intentaré conseguirte un poco más antes de que se acabe éste. Debes hallar un modo de comunicar conmigo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí pero, ¿cómo conseguiste esto? –pregunté asombrado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Se lo robé al Amo! Ahora, por favor, debo irme antes de que me eche de menos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y de un salto volvió al portal, desapareciendo. Permanecí allí, indeciso. Estaba seguro de que, como mínimo, había arriesgado su vida para hacer esto y me desgarraba el miedo de pensar lo que podría hacerle Kathulos si descubría el robo. Pero volver a la mansión del misterio sería, ciertamente, provocar las sospechas, y quizá me fuese posible llevar a cabo mi plan y devolver el golpe antes de que El del Rostro de Calavera se enterase del engaño de su esclavo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así pues, crucé la calle hasta donde me esperaba el automóvil. El conductor era un negro al que no había visto antes, un hombre delgado de talla media. Le contemplé con firmeza, preguntándome si había visto algo. No pareció haberse enterado de nada y decidí que, incluso si me había visto retroceder entre las sombras, no podía haber visto lo sucedido en ellas ni haber sido capaz de reconocer a la muchacha.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se limitó a dirigirme una seña de asentimiento mientras yo me instalaba en el asiento trasero y un momento después cruzábamos las calles desiertas y llenas de niebla. Supuse que el fardo que había a mi lado era el disfraz mencionado por el egipcio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Recordar de nuevo las sensaciones que experimenté mientras rodábamos a través de la noche, oscura y lluviosa, sería imposible. Me sentí como si estuviese ya muerto y las calles desiertas y tristes que me rodeaban fuesen los senderos de la muerte por los que mi fantasma había sido condenado a vagar eternamente. Había en mi corazón una alegría torturante y un lúgubre desespero..., aquel del hombre condenado. No era que la muerte en sí me repeliese, ya que demasiadas veces muere la víctima de la droga como para rehuir la última...; pero era duro desaparecer justo cuando el amor había entrado en mi estéril vida. Y aún era joven.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una sonrisa sardónica cruzó por mis labios... También los hombres que murieron a mi lado, en la Tierra de Nadie, eran jóvenes. Me subí la manga y apreté los puños, tensando los músculos. No había ningún peso superfluo en mi constitución, y bastante carne había desaparecido, pero los grandes bíceps seguían abultando como nudos de hierro, pareciendo indicar una fuerza enorme. Pero yo sabía que mi fortaleza era falsa, que en realidad yo no era sino la cáscara rota de un hombre, animada sólo por el fuego artificial del elixir, sin el cual hasta una frágil muchacha podría derribarme.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El automóvil se detuvo entre unos árboles. Nos hallábamos en los aledaños de un barrio muy distinguido y sería algo más de medianoche. A través de los árboles vi una gran casa que recortaba su negra figura contra los resplandores lejanos del Londres nocturno.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Espero aquí –dijo el negro–. Nadie puede ver el automóvil desde la carretera o la casa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sosteniendo una cerilla de modo que su luz no pudiese ser detectada desde fuera del coche, examiné el «disfraz» y me costó bastante contener una risa histérica. ¡El disfraz era la piel entera de un gorila! Poniéndomela debajo del brazo me dirigí hacia el muro que rodeaba la residencia de Frentón. Unos cuantos pasos y los árboles donde se ocultaba el negro con el coche se confundieron en una masa oscura. No creí que pudiese verme pero, para más seguridad, no me encaminé hacia la gran puerta de hierro delantera sino hacia el muro lateral, donde no había puerta. No había luz alguna en la casa. Sir Haldred estaba soltero y yo estaba seguro de que toda la servidumbre hacía ya rato que dormían. Escalé el muro con facilidad y me deslicé por el oscuro jardín hasta una puerta lateral, llevando aún el grotesco «disfraz» bajo el brazo. La puerta estaba cerrada, tal y como había previsto, y yo no deseaba despertar a nadie hasta hallarme seguro en el interior de la casa, donde el ruido de las voces no llegaría a oídos del que me había seguido, si es que alguien lo había hecho. Cogí el pomo con las dos manos y, ejerciendo lentamente la fuerza inhumana que poseía, empecé a retorcerlo. El eje giró entre mis manos y el cerrojo interior se quebró de pronto, con un ruido que resonó en el silencio como un cañonazo. Un instante más y ya estaba en el interior, cerrando la puerta a mis espaldas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Di un solo paso en la dirección en que creía estaba la escalera, entre las tinieblas, y luego me detuve cuando el haz de una linterna me dio de lleno en el rostro. Al lado del haz luminoso distinguí el destello del cañón de una pistola. Más allá flotaba un rostro delgado, entre las sombras.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Quédese donde está y levante las manos!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Así lo hice, dejando caer el fardo al suelo. Había oído esa voz solamente una vez pero la reconocí... Supe, al instante, que el hombre que sostenía la linterna era John Gordon.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Cuántos le acompañan? Su voz era seca e imperiosa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Estoy solo –respondí–. Lléveme a un cuarto desde donde no puedan ver luz en el exterior y le contaré algunas cosas que desea saber.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Permaneció callado; luego, indicándome con una seña que recogiese el bulto que había dejado caer, se apartó y, con otro gesto, me hizo seguirle hasta la siguiente habitación. Allí me dirigió hacia una escalera y, una vez arriba, abrió una puerta y encendió la luz.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Estábamos en un cuarto con las cortinas corridas. Durante todo el trayecto Gordon no había bajado la guardia y ahora permanecía inmóvil, apuntándome aún con su revólver. Vestido con ropas convencionales, resultaba un hombre alto, delgado pero de constitución poderosa, más alto que yo pero no tan corpulento, con los ojos color gris acerado y rasgos bien perfilados. Algo en aquel hombre me atraía, aunque percibí el morado en su mandíbula, allí donde mi puño le había golpeado en nuestro último encuentro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No puedo creer –dijo, con tono resuelto–, que esta aparente torpeza y falta de tacto sean reales. Sin duda, tiene usted sus razones para desear que me halle ahora en una habitación cerrada, pero sir Haldred está suficientemente protegido incluso en estos momentos. Quédese quieto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con el cañón del arma en mi pecho, me registró la ropa en busca de armas ocultas, pareciendo ligeramente sorprendido al no hallar ninguna.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Con todo –musitó para sí mismo–, un hombre capaz de romper una cerradura de hierro con las manos desnudas, mal precisa armas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Está malgastando un tiempo precioso –dije, impaciente–. Fui enviado aquí esta noche para matar a sir Haldred Frentón.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Quién le envió? –la pregunta fue como un disparo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El hombre que suele disfrazarse de leproso. Asintió, un vago brillo en sus ojos centelleantes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, mis sospechas eran correctas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sin duda.  Escúcheme con atención...  ¿Desea la muerte o el arresto de ese hombre? Gordon rió secamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Mi respuesta sería superflua para alguien que lleva en la mano la marca del escorpión.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, siga mis indicaciones y sus deseos se cumplirán. Sus ojos se entrecerraron, llenos de sospecha.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Así que éste era el significado de esa entrada sin disimulo y sin resistencia –dijo lentamente–. ¿Acaso la droga que le dilata las pupilas le trastorna también la mente, como para creer que puede tenderme una emboscada?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me apreté las sienes con las manos. El tiempo corría y cada momento era precioso... ¿Cómo podía convencer de mi honestidad a este hombre?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Escuche; me llamo Stephen Costigan, de América. Frecuenté el tugurio de Yun Shatu y fui adicto al opio, como habrá supuesto, sólo que ahora soy esclavo de una droga más fuerte. A causa de tal esclavitud, el hombre que usted conoce como un falso leproso y a quien Yun Shatu y sus amigos llaman «Amo», adquirió dominio sobre mí y me mandó aquí para matar a sir Haldred..., la razón, sólo Dios la conoce. Pero he conseguido hacerme con cierta cantidad de esa droga que necesito para vivir, y temo y odio al Amo. ¡Escúcheme y le juro por todo lo santo y lo blasfemo que antes de que salga el sol el falso leproso estará en su poder!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pude ver que, a pesar suyo, Gordon estaba impresionado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Hable, rápido! –dijo secamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Con todo, podía notar aún su incredulidad y un sentimiento de inutilidad me invadió.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Si no va a ayudarme –dije–, déjeme marchar y, como sea, hallaré un modo de llegar hasta el Amo y matarle. Me queda poco tiempo..., tengo las horas contadas y aún he de cumplir mi venganza.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Déjeme oír su plan, y hable deprisa –respondió Gordon.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es bastante sencillo. Volveré al cubil del Amo y le diré que he hecho lo que me había encargado. Usted debe seguirme de cerca con sus hombres y mientras que yo mantengo ocupado el Amo con esa conversación, rodee la casa. Luego, a mi señal, irrumpa en ella, mátelo o cójalo prisionero.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon frunció el ceño.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Dónde se halla esa casa?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El almacén de la parte trasera de Yun Shatu ha sido convertido en un auténtico palacio oriental.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El almacén! –exclamó–. ¿Cómo es posible? En un primer momento pensé en eso, pero lo hice examinar cuidadosamente desde el exterior. Las ventanas están tapiadas y las arañas han tejido sus telarañas en ellas. Las puertas están condenadas con clavos por fuera y los sellos que indican que el almacén está abandonado como siempre no han sido forzados ni manipulados en modo alguno.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entraron por un túnel –contesté yo–. El Templo de los Sueños está directamente conectado con el almacén.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–He cruzado la calle que hay entre los dos edificios –dijo Gordon–, y las puertas del almacén que dan a ella están, como ya he dicho, selladas con clavos desde el exterior, igual que las dejaron los propietarios. Aparentemente, no hay salida trasera de ninguna clase desde el Templo de los Sueños.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Un túnel conecta los edificios, con una puerta en el cuarto trasero de Yun Shatu y la otra en la sala del ídolo del almacén.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–He estado en el cuarto trasero de Yun Shatu y no hallé tal puerta.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La mesa está colocada encima. ¿Se fijó en la gran mesa en el centro del cuarto? Si la hubiese hecho girar, la puerta secreta se habría abierto en el suelo. Ahora, veamos mi plan: yo entraré en el Templo de los Sueños y me enfrentaré al Amo en la sala del ídolo. Usted tendrá hombres secretamente apostados delante del almacén y en la otra calle, delante del Templo de los Sueños. El edificio de Yun Shatu, como sabe, está enfrente del muelle, en tanto que el almacén, encarado en dirección opuesta, da a una callejuela que corre paralela al río. A mi señal, deje que los hombres de la calle irrumpan en la parte delantera del almacén, en tanto que, simultáneamente, los que se hallan delante de Yun Shatu deben invadir el Templo de los Sueños. Que se dirijan hacia el cuarto trasero, disparando sin piedad a cualquiera que intente detenerlos y, una vez allí, que abran la puerta secreta como le he explicado. No habiendo, por lo que yo sé, otra salida en el cubil del Amo, él y sus servidores intentarán huir, forzosamente, por el túnel. Así, les cerraremos las dos únicas salidas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon meditó esto en tanto que yo estudiaba su rostro conteniendo el aliento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Puede ser una trampa –murmuró–, o un intento de alejarme de sir Haldred, pero...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Contuve la respiración.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Soy jugador por naturaleza –dijo lentamente–. Voy a seguir lo que ustedes, los americanos, llaman un palpito... ¡Pero, si me está mintiendo, que Dios le ayude!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De un salto me puse en pie.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Gracias a Dios! Ahora, écheme una mano con este disfraz, pues debo llevarlo cuando regrese al automóvil que me espera.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entrecerró levemente los ojos mientras yo desplegaba el horrendo disfraz y me preparaba para ponérmelo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esto muestra, como siempre, el sello de la mano del amo. ¿Le instruyó, sin duda, para que dejase huellas de sus manos, embutidas en esos horrendos guantes?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, aunque no tengo ni idea de la razón.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Creo que yo sí. El Amo es famoso por no dejar pistas auténticas que indiquen sus crímenes. Un gran simio huyó de un zoológico cercano esta tarde y eso me parece demasiado obvio como para deberse a&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;una simple cuestión del azar, dado este disfraz. Habrían acusado al mono de la muerte de sir Haldred.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No tuve dificultad en vestirme el disfraz y la ilusión de realidad así creada era tan perfecta que me arrancó un estremecimiento cuando me vi en el espejo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ahora son las dos –dijo Gordon–. Teniendo en cuenta el tiempo que tardará en volver a Limehouse y el que tardaré yo en dar las instrucciones a mis hombres, le prometo que a las cuatro y media la casa estará bien rodeada. Deme un poco de ventaja, espere aquí hasta que yo haya salido de la mansión, para que pueda llegar, al menos, al mismo tiempo que usted.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Bien! –Impulsivamente, le estreché la mano–. Habrá allí, sin duda, una muchacha que no está implicada en modo alguno con las maldades diabólicas del Amo, y es sólo una víctima de las circunstancias, como lo he sido yo. Trátela con gentileza.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Así se hará. ¿Qué señal debo aguardar?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No tengo posibilidad de hacerle ninguna señal y dudo mucho de que cualquier ruido dentro de la casa se pudiese oír en la calle. Que sus hombres entren al dar las cinco.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me di la vuelta dispuesto a irme.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–He entendido que le aguarda un hombre en un coche. ¿Es posible que sospeche algo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tengo un modo de descubrirlo y, si sospecha –repliqué con dureza–, volveré solo al Templo de los Sueños.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;11. LAS CUATRO TREINTA Y CUATRO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Dudando, soñando cosas que&lt;br /&gt;Jamás antes mortal alguno osó soñar.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La puerta se cerró silenciosamente a mis espaldas, el oscuro caserón más imponente que nunca. Crucé a la carrera el jardín, agazapado, una figura tan grotesca y espantosa que no tuve duda alguna de que si me veían sería tomado por un mono gigantesco y no por un hombre. ¡Tan hábilmente había sido concebido el plan del Amo!&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Trepé el muro y me dejé caer al suelo, abriéndome paso a través de la oscuridad y la llovizna hasta el grupo de árboles que ocultaban el automóvil.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El conductor negro era visible en el asiento delantero. Yo jadeaba y traté, por todos los modos, de simular las reacciones de un hombre que acababa de cometer un asesinato a sangre fría y huye de la escena de su crimen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿No oyó nada, ningún ruido, algún grito? –siseé, cogiéndole del brazo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ningún ruido, salvo un leve choque cuando entró –me contestó él–. Hizo un buen trabajo, nadie que pasase por el camino podría haber sospechado nada.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Ha estado todo el tiempo en el coche? –pregunté.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando me contestó que sí, le cogí del tobillo y pasé la mano por las suelas de su calzado; estaba perfectamente seco, al igual que la pernera del pantalón. Satisfecho, me instalé en el asiento trasero. Si hubiese pisado el suelo, el zapato y la tela mojados lo habrían delatado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Le ordené que no pusiese en marcha el motor hasta que me hubiese quitado la piel de mono, y después nos lanzamos a través de la noche y yo empecé a ser presa de la duda y la incertidumbre. ¿Por qué iba Gordon a fiarse de la palabra de un extraño, un antiguo aliado del Amo? ¿No desdeñaría acaso mi historia como los delirios de un adicto enloquecido por la droga, o como una mentira destinada a llevarle a una trampa o a hacerle cometer un error? Y, con todo, si no me había creído, ¿por qué me había dejado ir?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No podía sino confiar en él. De cualquier modo, lo que Gordon hiciese o dejase de hacer no podía afectar demasiado a mi destino final, aunque Zuleika me hubiese aprovisionado de algo que no haría sino alargar el número de mis días. Mis pensamientos se centraron en ella y, más que mi esperanza de vengarme de Kathulos, era la esperanza de que Gordon fuese capaz de salvarla de la garras del demonio lo que me sostenía. De cualquier modo, pensé, si Gordon me fallaba, seguía contando con mis manos y, si podía aferrar con ellas el huesudo cuerpo del Rostro de Calavera...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto, me hallé pensando en Yussef Alí y sus extrañas palabras, cuya importancia venían ahora a mi memoria, ¡El Amo me la ha prometido en los días del imperio!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los días del imperio, ¿qué podía significar eso?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El automóvil frenó por fin ante el edificio que ocultaba el Templo del Silencio, ahora oscuro y callado. El viaje me había parecido interminable y, antes de bajar, miré hacia el reloj situado en el salpicadero del coche. El corazón me dio un salto, eran las cuatro y treinta y cuatro y, a menos que mis ojos me engañasen, vi un movimiento en las sombras al otro lado de la calle, fuera del alcance de los faroles. A estas horas de la noche sólo podía tener dos significados: algún esbirro del Amo aguardando mi regreso o, de lo contrario, Gordon había cumplido su palabra. El negro se marchó con el coche y yo abrí la puerta, crucé el abandonado bar y entré en la sala del opio. Los camastros y el suelo estaban sembrados de soñadores, pues lugares como éste no saben nada del día o de la noche tal y como los conocen la gente normal, pero todos yacían sumidos en el estupor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las luces, entre el humo y el silencio, destellaban como una neblina sobre toda la escena.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;12. AL DAR LAS CINCO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Vio las colosales huellas de la muerte Y muchas figuras fatídicas.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Chesterton&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Había dos muchachos chinos acuclillados ante el fuego, mirándome sin pestañear mientras yo me abría paso entre los cuerpos recostados y me dirigía hacia la puerta trasera. Por primera vez atravesé en solitario el corredor y tuve tiempo suficiente para interrogarme de nuevo sobre el contenido de los extraños cofres que se alineaban a lo largo de las paredes.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuatro golpes en el suelo y, un instante después, estaba en la sala del ídolo. Lancé un respingo de sorpresa, el hecho de que al otro lado de una mesa estuviese sentado Kathulos, en todo su horror, no fue la causa de mi exclamación. Excepto por la mesa, la silla en la que estaba sentado el Rostro de Calavera y el altar, ahora sin incienso que lo velase, ¡la sala estaba totalmente vacía! Los feos muros desnudos del almacén se ofrecieron a mi vista, en vez de los costosos tapices a los que había llegado a habituarme. Las palmeras, el ídolo, el biombo lacado..., todo había desaparecido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ah, señor Costigan, sin duda se hace usted preguntas.  La muerta voz del Amo se inmiscuyó en mis pensamientos. Sus ojos de serpiente brillaban de un modo maligno. Los dedos largos y amarillentos se entrelazaban sobre la mesa con un movimiento sinuoso.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me creyó un idiota confiado, sin duda! –dijo de pronto–. ¿Acaso pensaste que no te haría seguir? ¡Estúpido! ¡Yussef Alí te pisaba los talones a cada instante!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Permanecí un momento mudo e inmóvil, como helado por el impacto de esas palabras en mi mente; luego, cuando me di cuenta de lo que significaban, me lancé hacia adelante con un rugido. En el mismo instante, antes de que mis tensos dedos pudiesen cerrarse sobre el horror que se mofaba de mí al otro extremo de la mesa, irrumpieron hombres procedentes de todas direcciones. Giré en redondo y, con la claridad del odio, distinguí entre el remolino de rostros salvajes el de Yussef Alí, y mi puño derecho se estrelló en su sien con el impulso de hasta el último gramo de fortaleza que poseía. Mientras caía, Hassim me golpeó, haciéndome caer de rodillas, y un chino me arrojó una red sobre los hombros. Logré ponerme en pie, rompiendo las resistentes fibras como si fuesen hilos y entonces un garrote blandido por Ganra Singh me dejó tendido en el suelo, aturdido y sangrando.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Manos delgadas y musculosas me apresaron, atándome con cuerdas que me mordían cruelmente la carne. Emergiendo de las nieblas de la semiinconsciencia, me hallé yaciendo en el altar, con un Kathulos enmascarado que se alzaba sobre mí como una macilenta torre de marfil. Alrededor, en semicírculo, se hallaban Ganra Singh, Yar Khan, Yun Shatu y algunos más a los que conocía como asiduos del Templo de los Sueños. Más allá de ellos, y el verla me hirió el corazón, distinguí a Zuleika agazapada en el umbral, el rostro lívido y las manos apretadas contra las mejillas, en una actitud de abyecto terror.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No confié plenamente en ti –dijo Kathulos, con voz sibilante–, así que mandé a Yussef Alí para que te siguiese. Llegó antes que tú al grupo de árboles y, siguiéndote al interior de la residencia, oyó tu más que interesante conversación con John Gordon, ¡pues trepó el muro de la casa como un gato, agarrándose al alféizar de la ventana! Tu conductor se retrasó a propósito para darle a Yussef Alí el tiempo suficiente para regresar. De todos modos, ya había decidido cambiar de residencia. Mis posesiones están ya en camino hacia otra casa, y tan pronto como nos hayamos librado del traidor..., ¡tú!, también nosotros partiremos, dejando una pequeña sorpresa para tu amigo Gordon cuando llegue a las cinco y media.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mi corazón saltó repentinamente esperanzado. Yussef Alí había entendido mal y Kathulos permanecía aquí, falsamente seguro, en tanto que la fuerza de detectives de Londres ya había rodeado silenciosamente la casa. Por encima del hombro, vi cómo Zuleika abandonaba la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Miré fijamente a Kathulos, absolutamente inconsciente de lo que decía. No faltaba mucho para las cinco, si se entretenía lo bastante... Y entonces me quedé helado al pronunciar una palabra el egipcio y avanzar Li Kung, un chino flaco y cadavérico, desde el silencioso semicírculo, sacando de su manga una daga larga y delgada. Busqué con la mirada el reloj que seguía en la mesa y desfallecí. Aún faltaban diez minutos para las cinco. Mi muerte no importaba tanto, dado que, sencillamente, se había apresurado lo inevitable, pero en mi mente pude ver a Kathulos y sus asesinos huyendo mientras la policía aguardaba a que diesen las cinco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Rostro de Calavera se detuvo de golpe y permaneció inmóvil, como escuchando. Creo que su increíble intuición le advirtió del peligro. Le dirigió una seca retahíla de órdenes a Li Kung y el chino se lanzó hacia adelante, la daga levantada sobre mi pecho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto, el aire se sobrecargó de tensión y movimiento. La afilada punta de la daga se cernía sobre mí..., ¡y, alto y claro, se oyó el sonido de un silbato de la policía y, casi inmediatamente, un estruendo terrorífico desde la parte delantera del almacén!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Kathulos se movió frenéticamente. Siseando órdenes como un gato enfurecido, se lanzó hacia la puerta oculta y los demás le siguieron. Las cosas sucedieron con la celeridad de una pesadilla. Li Kung había seguido a los otros, pero Kathulos le lanzó una orden por encima del hombro y el chino giró en redondo para lanzarse a la carrera hacia el altar donde yo seguía tendido, la daga en alto, el rostro lleno de desesperación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un grito sonó por encima del clamor y, mientras yo me retorcía desesperadamente para evitar la daga que caía sobre mí, distinguí fugazmente cómo Kathulos se llevaba a Zuleika por la fuerza. Entonces, con un esfuerzo frenético, caí del altar justo cuando la daga de Li Kung, arañándome el pecho, se hundía unos centímetros en la superficie llena de manchas oscuras, donde quedó vibrando.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había caído al lado del muro y no podía ver lo que estaba ocurriendo en la sala, pero me pareció que, a lo lejos, podían oírse los débiles y espantosos gritos de muchos hombres. Entonces Li Kung logró desclavar la daga del altar y saltó, como un tigre, por encima de éste. Simultáneamente, un revólver disparó desde el umbral, el chino dio una voltereta, la daga escapando de su mano y se derrumbó en el suelo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon llegó corriendo desde el umbral donde, unos instantes antes, había estado Zuleika, la pistola aún humeante en ristre. Le seguían tres hombres enérgicos y de fuertes rasgos que vestían de paisano. Cortó mis ataduras y me puso en pie.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Rápido! ¿Adonde se han ido?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Salvo por la presencia de Gordon y sus hombres, y la mía, la sala estaba vacía, aunque en el suelo había dos cadáveres.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Encontré la puerta secreta y, tras unos segundos de búsqueda, localicé la palanca de apertura. Con los revólveres desenfundados, los hombres se agruparon a mi alrededor y lanzaron miradas nerviosas hacia la negra escalera. Ni un sonido llegaba desde la oscuridad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Esto es increíble! –musitó Gordon–. Supongo que el Amo y sus sirvientes siguieron este camino cuando abandonaron el edificio, ya que ahora no están aquí, y Leary y sus hombres tendrían que haberles detenido o en el túnel o en el cuarto trasero de Yun Shatu. De cualquier modo, pase lo que pase, deberían haberse comunicado con nosotros ya.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Cuidado, señor! –exclamó de pronto uno de los hombres.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon, profiriendo un insulto, usó la culata de su arma para aplastar a una enorme serpiente que se había arrastrado silenciosamente hasta nosotros por los peldaños desde la oscuridad inferior.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Veamos esto –dijo, incorporándose de nuevo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mas antes de que pudiese pisar el primer peldaño, le detuve; pues, poco a poco, empezaba a entender confusamente lo que había ocurrido, empezaba a entender el silencio en el túnel, la ausencia de los detectives, los gritos que había oído unos minutos antes mientras yacía en el altar. Examinando la palanca que abría la puerta, hallé otra, más pequeña, y empecé a creer que conocía el contenido de los misteriosos cofres del túnel.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Gordon –dije, la voz ronca–, ¿tiene una linterna? Uno de los hombres sacó una muy potente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Dirija la luz hacia el túnel pero, si aprecia su vida, no ponga el pie en esos peldaños.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El rayo de luz cortó las sombras, iluminando el túnel, delineando una escena que no abandonará mi cerebro mientras viva. En el suelo del túnel, entre los cofres que ahora aparecían abiertos, yacían dos hombres que habían sido miembros del más selecto servicio secreto de la policía londinense. Los miembros retorcidos y el rostro horrendamente distorsionado, allí yacían y, por encima de ellos, casi cubriéndolos, se enroscaban docenas de espantosos reptiles, cuyas escamas relucían con mil colores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El reloj dio las cinco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;13. EL MENDIGO CIEGO QUE TENÍA COCHE&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Parecía un mendigo como hay muchos Buscando unas migajas y cerveza&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Chesterton&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El alba, gris y fría, empezaba a insinuarse sobre el río mientras nosotros entramos en el abandonado bar del Templo de los Sueños. Gordon estaba interrogando a los dos hombres que habían permanecido de guardia en el exterior del edificio en tanto que sus infortunados compañeros&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Señor, tan pronto como oímos el silbato, Leary y Murken entraron corriendo en el bar y penetraron en la sala del opio, mientras que nosotros esperábamos aquí en la puerta del bar, según sus órdenes. En ese mismo instante, varios drogadictos harapientos salieron dando tumbos y los cogimos. Pero no salió nadie más y no oímos nada de Leary y Murken; así que nos limitamos a esperar aquí hasta que usted llegó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿No vieron a un negro gigantesco, o al chino, Yun Shatu?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No, señor. Un poco después llegaron los patrulleros y dispusimos un cordón de vigilancia alrededor de la casa, pero no vimos a nadie.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon se encogió de hombros; unas cuantas preguntas rutinarias le habían asegurado que los cautivos eran adictos inofensivos, y los había dejado marchar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Están seguros de que no salió nadie más?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, señor..., no, espere un momento. Un viejo mendigo, ciego, salió, lleno de suciedad y vestido con harapos, con una chica igualmente harapienta guiándole. Le detuvimos un instante pero no mucho..., ese pobre desgraciado era inofensivo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Sí? –Gordon dio un respingo–. ¿Qué camino siguió?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La chica le guió por la calle hasta la siguiente manzana y entonces se detuvo un automóvil, ellos entraron y se marcharon, señor. Gordon le miró fijamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La estupidez del detective londinense se ha convertido justamente en un chiste internacional –dijo, sarcástico–. Sin duda, no se les ocurrió que hubiese algo de extraño en el hecho de que un mendigo de Limehouse se fuese en su propio coche.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y luego, despidiendo con un gesto impaciente a sus hombres, que intentaban decir algo más que los disculpase, se volvió hacia mí y pude ver el cansancio dibujado en las cuencas de sus ojos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Señor Costigan, si sube a mi apartamento quizá podamos aclarar algunas cosas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;14. EL IMPERIO NEGRO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;¡Oh, las nuevas lanzas mojadas en la sangre vital&lt;br /&gt;mientras la mujer gritaba en vano!&lt;br /&gt;¡Oh, los días que precedieron a los ingleses! ¿Cuándo&lt;br /&gt;volverán esos días?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mundy&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Gordon encendió una cerilla y, distraído, dejó que se consumiera entre sus dedos. Su cigarrillo turco colgaba, aún sin encender, entre sus dedos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es la conclusión más lógica a la que podemos llegar es que el eslabón débil en nuestra cadena era la falta de hombres –decía–. Pero, ¡maldita sea!, no se puede poner en pie de guerra a todo un ejército a las dos de la madrugada, ni siquiera con la ayuda de Scotland Yard. Fui a Limehouse, di órdenes para que los patrulleros me siguieran tan pronto como pudiesen, formando un cordón de vigilancia alrededor de la casa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Llegaron demasiado tarde para evitar que los sirvientes del Amo se escabullesen por las puertas laterales y las ventanas, sin duda, y les fue fácil arreglárselas con sólo Finnegan y Hansen para vigilar la parte delantera del edificio. De todos modos, llegaron a tiempo para evitar que el Amo en persona huyese de ese modo; sin duda, se retrasó para ponerse su disfraz y, de ese modo, poder huir. Le debe su huida a su osadía, su astucia y el descuido de Finnegan y Hansen. La muchacha que le acompañaba...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Era Zuleika, sin duda –le contesté lleno de inquietud, preguntándome de nuevo qué era lo que la ataba al hechicero egipcio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Usted le debe la vida –dijo secamente Gordon, encendiendo otra cerilla–. Estábamos entre las sombras, delante del almacén, esperando que diese la hora y, por supuesto, ignorantes de lo que sucedía dentro de la casa, cuando una muchacha apareció en una de las ventanas con rejas y nos pidió, por el amor de Dios, que hiciésemos algo, pues estaban asesinando a un hombre. Así pues, irrumpimos de inmediato. Sin embargo, cuando entramos no la vimos por ninguna parte.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sin duda, regresó a la sala –musité–, y el Amo la obligó a acompañarle. Quiera Dios que no sepa nada de su engaño.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No sé –dijo Gordon, dejando caer la cerilla calcinada–, si adivinó nuestra verdadera identidad o si, sencillamente, hizo esa llamada por desesperación.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»De todos modos, la cuestión principal es que las evidencias indican que, al oír el silbato, Leary y Murken invadieron el cubil de Yun Shatu por delante en el mismo instante en que yo y otros tres hombres atacábamos la parte delantera del almacén. Dado que tardamos algunos segundos en derribar la puerta, es lógico suponer que descubrieron la puerta secreta y entraron en el túnel antes de que nosotros lo hiciésemos en el almacén.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»E1 Amo, conociendo de antemano nuestros planes, y sabiendo que de haber una invasión se realizaría a través del túnel y teniendo listos los preparativos para tal emergencia...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un estremecimiento involuntario me recorrió todo el cuerpo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–...el Amo hizo funcionar la palanca que abría los cofres; los gritos que oyó mientras yacía en el altar eran los alaridos de la muerte de Leary y Murken. Luego, dejando detrás al chino para que acabase con usted, el Amo y los demás descendieron al túnel, por increíble que parezca, y se abrieron paso, sin sufrir daño alguno, entre las serpientes, entrando en la casa de Yun Shatu y escapando, desde allí, tal y como he dicho antes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Eso parece imposible. ¿Por qué no les atacaron las serpientes? Gordon encendió al fin su cigarrillo y dio unas bocanadas antes de replicar.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Puede que los reptiles tuviesen toda su horrenda atención concentrada en los moribundos, o también... En otras ocasiones he tenido que enfrentarme a pruebas indiscutibles del dominio que el Amo posee sobre bestias y reptiles de las categorías más primitivas o peligrosas. De qué manera él y sus esclavos pasaron sin sufrir daño por entre esos demonios escamosos debe seguir siendo, por ahora, uno de los muchos misterios sin solventar concernientes a ese extraño hombre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me removí inquieto en mi silla. Eso me llevaba al propósito de aclarar las cosas que me había llevado a las ordenadas pero extrañas habitaciones de Gordon.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Aún no me ha contado –dije con cierta brusquedad–, quién es ese hombre y cuál es su misión.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–En cuanto a quién es, sólo puedo decir que es conocido con el nombre que usted le da: el Amo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Nunca le he visto sin máscara, y no conozco su nombre auténtico ni su nacionalidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ahí puedo aclararle un poco las cosas –le interrumpí–. Le he visto desenmascarado y he oído el nombre que le dan sus esclavos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los ojos de Gordon parecieron arder y le vi inclinarse hacia adelante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Su nombre –proseguí– es Kathulos y dice ser egipcio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Kathulos! –repitió Gordon–. Y dice que pretende ser egipcio. ¿Tiene alguna razón para dudar que esa sea su nacionalidad?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Puede que sea de Egipto –respondí con lentitud–, pero, de algún modo, es distinto de cualquier humano que yo haya visto o pueda llegar a ver. Puede que su avanzada edad explique algunas de sus peculiaridades, pero hay ciertas diferencias hereditarias que por mis estudios antropológicos sé que han estado presentes desde el nacimiento..., rasgos que serían anormales en cualquier otro hombre pero que son perfectamente normales en Kathulos. Admito que eso puede sonar paradójico pero, para apreciar en su totalidad la horrible inhumanidad de ese ser, tendría que haberlo visto en persona.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon estuvo escuchándome atentamente mientras yo trazaba con rapidez un retrato del egipcio tal y como le recordaba..., y su apariencia estaba grabada indeleblemente para siempre en mi cerebro. Cuando acabé, él asintió.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Como le he dicho, nunca he visto a Kathulos excepto disfrazado de mendigo, leproso o cosas parecidas..., siempre cubierto casi totalmente de harapos. Con todo, también a mí me ha impresionado una extraña diferencia en él, algo que no está presente en los demás hombres.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon se golpeó rítmicamente la rodilla con los dedos, costumbre que delataba su gran preocupación por un problema, sea del tipo que sea.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Me ha preguntado cuál es la misión de ese hombre –empezó a hablar lentamente–. Le diré todo lo que sé.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Mi posición en el Gobierno inglés es única y bastante particular. Estoy a cargo de lo que podría calificarse de un departamento nómada, una oficina creada con el único propósito de satisfacer mis necesidades especiales. En tanto que oficial del servicio secreto durante la guerra, convencí al Gobierno de la necesidad de crear ese departamento y mi capacidad para ponerme al frente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Hace unos diecisiete meses fui enviado a Sudáfrica para investigar las razones de la intranquilidad que se ha estado propagando entre los nativos del interior desde la guerra mundial y que, en los últimos tiempos, ha cobrado proporciones alarmantes. Allí encontré por primera vez el rastro de ese hombre, Kathulos. Descubrí, de modo bastante tortuoso, que África era un caldero en el que hervía la rebelión, desde Marruecos a Ciudad del Cabo. El viejo, viejo juramento había sido pronunciado de nuevo: los negros y los mahometanos, unidos, echarían al mar a los hombres blancos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Este pacto había sido hecho antes pero siempre, fuese como fuese, se había roto. Ahora, sin embargo, percibí un gigantesco intelecto y un genio monstruoso detrás del velo, un genio lo bastante poderoso como para crear tal unión y sostenerla. Trabajando a partir de indicios y pistas apenas susurradas, seguí el rastro hasta el África central y Egipto. Allí, al fin, obtuve pruebas definitivas de que existía tal hombre. Las murmuraciones hablaban de un muerto viviente..., un hombre con el rostro de calavera. Me enteré de que ese hombre era el gran sacerdote de la misteriosa sociedad del Escorpión, en África del norte. Se hablaba de él, al mismo tiempo, como Rostro de Calavera, el Amo y el Escorpión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Siguiendo el rastro que me proporcionaron funcionarios sobornados y secretos de estado puestos al descubierto, al fin le hallé en Alejandría, donde le vi fugazmente por primera vez en un tugurio del barrio indígena, disfrazado de leproso. Oí con claridad cómo le llamaban "poderoso Escorpión" los nativos. Pero se me escapó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Entonces se desvanecieron todos los rastros; la pista se borró por completo hasta que llegaron a mí rumores de extraños acontecimientos en Londres y regresé a Inglaterra para investigar una aparente filtración en el Ministerio de Guerra.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Como había pensado, el Escorpión me precedió. Ese hombre, cuya educación y astucia superan a todo aquello con lo que me he enfrentado hasta ahora, es sencillamente el líder e instigador de un movimiento de alcance mundial, como nunca antes se ha visto en este planeta. ¡Planea, en una palabra, exterminar la raza blanca!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»¡Su meta definitiva es un imperio negro, con él como emperador del mundo! Y con ese fin ha unido en una monstruosa conspiración a los negros, los cobrizos y los amarillos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ahora entiendo lo que Yussef Alí quería decir con «los días del imperio» –murmuré.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Exactamente –dijo Gordon, conteniendo a duras penas su exaltación–. El poder de Kathulos es ilimitado e imposible de adivinar. Sus tentáculos se extienden como los de un pulpo hasta los más altos lugares de la civilización y los más lejanos rincones del mundo. Y su arma básica es ¡la droga! Ha inundado Europa y, sin duda, también América con el opio y el hachís y, pese a todos los esfuerzos, ha sido imposible descubrir la brecha en las barreras a través de las que llega la sustancia infernal. Con ella atrae y esclaviza a hombres y mujeres.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Me ha hablado de hombres y mujeres de la aristocracia que vio acudir al tugurio de Yun Shatu. Sin duda eran adictos a la droga pues, tal como le he dicho, el hábito acecha a las más altas esferas, personas de ocupantes puestos en el Gobierno que, sin duda, acudían a conseguir la sustancia que anhelan dando a cambio secretos de estado, información interior y la promesa de protección para los crímenes del Amo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»¡Oh, no actúa a tontas y a locas! Antes de que llegue la oleada negra, estará preparado... si le permitimos salirse con la suya, los gobiernos de los países de raza blanca serán hormigueros de corrupción, los hombres blancos más fuertes estarán muertos. Los secretos de guerra de los blancos serán suyos. Cuando llegue el momento, preveo un levantamiento simultáneo contra la supremacía blanca de todas las razas de color, razas que, en la última guerra, aprendieron el modo de luchar del hombre blanco y que, conducidas por un hombre como Kathulos y armadas con las mejores armas del blanco, serán casi invencibles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Una corriente constante de rifles y munición ha estado afluyendo al este de África y no fue detenida hasta que yo descubrí su fuente. Hallé que una sólida firma escocesa, digna de toda confianza, introducía de contrabando esas armas entre los nativos, y hallé más aún: el director de esa firma era un esclavo del opio. Eso fue bastante. Vi la mano de Kathulos en el asunto. El director fue arrestado y se suicidó en su celda... Ésa es sólo una de las muchas situaciones que requieren mi intervención.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Igual pasa con el caso del mayor Fairlan Morley. Como yo, él ocupaba un cargo de naturaleza muy flexible y había sido enviado al Transvaal para trabajar en el mismo caso. Mandó a Londres cierta cantidad de documentos secretos para que fuesen puestos a buen recaudo. Llegaron hace unas semanas y fueron guardados en la caja fuerte de un banco. La carta que los acompañaba daba instrucciones explícitas de que debían ser entregados únicamente al mayor en persona cuando él fuese a buscarlos o, en caso de que muriese, a mí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Tan pronto como supe que había zarpado de África, mandé hombres de confianza a Burdeos, donde pretendía poner pie, por primera vez, en tierra europea. Aunque no lograron salvar la vida del mayor, confirmaron su muerte pues hallaron su cuerpo en una nave abandonada cuyo casco estaba embarrancado en la playa. Se hicieron esfuerzos para mantener secreto el asunto pero, fuese como fuese, se filtró a los periódicos con el resultado...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Empiezo a entender por qué debía fingir que yo era el desgraciado mayor –le interrumpí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Exacto. Con una barba falsa y el pelo negro teñido de rubio, se habría presentado en el banco, habría recibido los documentos del banquero, el cual apenas conocía al mayor Morley y era fácil engañarle, y los documentos habrían caído en las manos del Amo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»En cuanto al contenido de esos documentos, no puedo hacer sino conjeturas pues las cosas han estado ocurriendo con demasiada velocidad como para que me fuese posible hacer una llamada y obtenerlos. Pero deben referirse a temas estrechamente relacionados con las actividades de Kathulos. Cómo llegó a enterarse de su existencia y de cláusulas establecidas por la carta que los acompañaba es algo de lo que no tengo ni idea pero, como dije, Londres está plagado de espías suyos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Buscando más pistas, frecuenté con asiduidad Limehouse disfrazado tal y como me vio por primera vez. Acudí a menudo al Templo de los Sueños y, una vez, hasta me las arreglé para entrar en el cuarto trasero, pues sospechaba la existencia de alguna especie de lugar de citas en esa parte del edificio. La ausencia de todo tipo de salida me sorprendió y no tuve tiempo de buscar puertas secretas pues fui expulsado por ese negro gigantesco, Hassim, que afortunadamente no sospechó mi verdadera identidad. Me di cuenta de que, muy a menudo, un leproso entraba o salía del cubil de Yun Shatu y, finalmente, se me ocurrió que, sin duda alguna, ese supuesto leproso era el Escorpión en persona.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»La noche en que me descubrió en el camastro, en la sala del opio, había acudido allí sin tener ningún plan en especial. Al ver que Kathulos se iba, me decidí a levantarme y seguirle, pero usted lo echó a perder.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se acarició pensativamente el mentón y lanzó un risa algo amarga.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Fui campeón de boxeo amateur en Oxford –dijo–, pero ni Tom Cribb en persona podría haber evitado ese golpe..., o haberlo encajado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Lo lamento de verdad.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No hace falta que se disculpe. Me salvó la vida inmediatamente después. Me hallaba aturdido, pero no lo bastante como para no darme cuenta que ese diablo cobrizo, Yussef Alí, ardía en deseos de sacarme el corazón a cuchilladas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Cómo llegó a la residencia de sir Haldred Frentón? ¿Y por qué no batió el tugurio de Yun Shatu?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No hice que batieran el lugar porque sabía que, de un modo u otro, Kathulos sería avisado y nuestros esfuerzos no darían ningún resultado. Me hallaba en casa de sir Haldred esa noche porque me las he arreglado para pasar con él al menos un rato cada noche desde que volvió del Congo. Preveía que atentarían contra su vida desde el momento en que supe, de sus propios labios, que estaba preparando, a partir de los estudios que realizó durante su viaje, un tratado sobre las sociedades secretas nativas del oeste de África. Hizo alusión a que las revelaciones que contendría serían, como mínimo, sensacionales. Dado que destruir a los hombres que podrían ser capaces de alertar al mundo occidental sobre el peligro que corre obra, obviamente, a favor de Kathulos, supe que sir Haldred era un hombre marcado. La verdad es que hubo dos claros atentados contra su vida durante el viaje que hizo desde el interior de África hacia la costa. Así que puse a hombres de confianza para que lo vigilasen que, incluso ahora, lo siguen haciendo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Haciendo una ronda por la casa, a oscuras, oí el ruido producido por su entrada y, advirtiendo a mis hombres, fui a interceptarle. En el momento de nuestra conversación, sir Haldred estaba sentado en su estudio, con las luces apagadas, con un hombre de Scotland Yard a cada lado, el arma desenfundada. Sin duda, esa vigilancia es la responsable de que fracasase el plan que había llevado a Yussef Alí hasta allí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tras una pequeña pausa, prosiguió:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pese a usted mismo, algo en su modo de actuar me convenció. Admitiré que tuve algunos momentos de duda mientras aguardaba en la oscuridad, antes del amanecer, en el exterior del almacén.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De pronto, Gordon se puso en pie y, acercándose a una caja fuerte que había en un rincón del cuarto, sacó de ella un grueso sobre.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Aunque Kathulos prácticamente me ha dado jaque en cada uno de mis movimientos –dijo–, no me he quedado de brazos cruzados. He tomado nota de los que frecuentaban el tugurio de Yun Shatu, he compilado una lista parcial de los hombres de más confianza del egipcio, con sus descripciones. Lo que me ha contado me ha permitido completar esa lista. Como sabemos, sus esbirros se hallan esparcidos por todo el mundo y, posiblemente, hay centenares de ellos aquí, en Londres. Con todo, esta lista es de los que creo que pertenecen a su círculo más íntimo y que se hallan ahora con él, en Inglaterra. Él mismo le dijo que muy pocos, incluso entre sus seguidores, le han visto alguna vez sin máscara.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Revisamos juntos la lista, que contenía los siguientes nombres: «Yun Shatu, chino, de Hong–Kong, sospechoso de contrabando de opio, guardián del Templo de los Sueños, residente en Limehouse durante siete años. Hassim, ex jefe senegalés, buscado en el Congo francés por asesinato. Santiago, negro, huido de Haití bajo sospecha de atrocidades como adorador del vudú. Yar Khan, afridi, sin datos. Yussef Alí, moro, tratante de esclavos en Marruecos, sospechoso de ser espía alemán durante la guerra mundial, instigador de la rebelión de los fellahin en el Nilo superior. Ganra Singh, Labore, India, sikh, contrabandista de armas en Afganistán, tomó parte activa en los tumultos de Lahore y Delhi, sospechoso de asesinato en dos ocasiones, hombre muy peligroso. Stephen Costigan, americano, residente en Inglaterra desde la guerra, adicto al opio, hombre de notable fuerza. Li Kung, del norte de China, traficante de opio.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había líneas que subrayaban de modo significativo tres nombres: el mío, el de Li Kung y el de Yussef Alí. No había nada escrito junto al mío, pero siguiendo al de Li Kung, garabateado apresuradamente en la descuidada escritura de Gordon, se podía leer lo siguiente: «Muerto de un tiro por John Gordon durante la incursión en el tugurio de Yun Shatu.» Y, siguiendo al nombre de Yussef Alí: «Muerto por Stephen Costigan durante la incursión en el tugurio de Yun Shatu.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Reí, sin demasiados deseos de hacerlo. Con imperio negro o sin él, Yussef Alí nunca estrecharía en sus brazos a Zuleika, pues nunca había llegado a levantarse del lugar donde yo le había derribado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No sé –dijo Gordon sobriamente mientras plegaba la lista y la guardaba en el sobre–, qué poder tiene Kathulos para unir a los negros y los amarillos y hacer que le sirvan, para unir de ese modo a enemigos tan viejos como el mundo. Entre sus seguidores hay hindúes, musulmanes y paganos. Y allá, entre las nieblas del Este, donde se hallan en acción fuerzas misteriosas y gigantescas, esa unión está llegando a su cima, y su escala es monstruosa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Miró su reloj.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Son casi las diez. Siéntase como en su casa, señor Costigan, mientras yo visito Scotland Yard para ver si se ha descubierto alguna pista en lo referente al nuevo cuartel general de Kathulos. Creo que las redes están empezando a cerrarse sobre él y, con su ayuda, le prometo que localizaremos a la banda, como máximo, en una semana.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;15. LA MARCA DEL TULWAR&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El mundo ahíto yace junto a su soñolienta compañera&lt;br /&gt;En la bien ordenada tierra; pero los flacos lobos aguardan.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mundy&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Permanecí sentado, solo, en las habitaciones de John Gordon y me reí sin ninguna alegría. Pese al estímulo del elixir, la tensión de la noche anterior con su pérdida de sueño y sus agotadores acontecimientos, empezaba a afectarme. Mi mente era un caótico remolino en el que los rostros de Gordon, Kathulos y Zuleika oscilaban con cegadora rapidez. Toda la cantidad de información que Gordon me había dado parecía desordenada e incoherente.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entre todas mis ideas, un hecho destacaba con gran claridad. Debía descubrir el último escondite del egipcio y liberar a Zuleika de sus manos..., si es que aún vivía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una semana, había dicho Gordon..., me reí de nuevo, una semana y no estaría en condiciones de ayudar a nadie. Había descubierto la dosis adecuada de elixir que debía usar..., conocía la cantidad mínima que requería mi organismo... Y sabía que, como máximo, el frasquito me duraría cuatro días. Cuatro días para recorrer los cubiles de las ratas de Limehouse y el Barrio Chino, cuatro días en los que encontrar, en algún lugar entre los laberintos del East End, el cubil de Kathulos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ardía de impaciencia por comenzar la búsqueda, pero la naturaleza se rebeló y, tras llegar vacilante hasta un diván, caí en él e inmediatamente me quedé dormido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Alguien estaba sacudiéndome.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Despierte, señor Costigan!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me senté, pestañeando. Ante mí se hallaba Gordon con el semblante preocupado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Costigan, en esto anda metido el diablo! ¡El Escorpión ha vuelto a actuar!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De un salto me puse en pie, aún medio dormido y dándome cuenta sólo a medias de lo que estaba oyendo. Me ayudó a ponerme el abrigo, me lanzó el sombrero y luego, su firme brazo medio empujándome, me hallé fuera del apartamento y bajando las escaleras. En las calles los faroles estaban encendidos. Había dormido un tiempo increíble.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Una víctima lógica! –oí que decía mi compañero–. ¡Tendría que haberme notificado su llegada al instante!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No entiendo... –empecé a decir, medio aturdido.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Nos hallábamos en la esquina y Gordon llamó a un taxi, dando la dirección de un hotel pequeño y poco ostentoso en un barrio de buena reputación de la ciudad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El barón Rokoff –dijo secamente mientras el coche se lanzaba por las calles a una velocidad temeraria–, un agente ruso conectado con el Ministerio de Guerra. Regresó de Mongolia ayer y, aparentemente, se escondió. Sin duda, se había enterado de algo vital concerniente al lento despertar del Este. No se había comunicado aún con nosotros y no tenía idea de que se hallase en Inglaterra hasta ahora.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Y se ha enterado...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El barón fue hallado en su cuarto, su cadáver mutilado espantosamente!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El respetable y convencional hotel que el desgraciado barón había escogido como escondite se hallaba levemente alterado, pese a la discreción impuesta por la policía. La dirección había intentado mantener oculto el asunto pero, de algún modo, los huéspedes se habían enterado de la atrocidad y muchos estaban marchándose a toda prisa..., o preparándose para hacerlo, ya que la policía planeaba retenerlos a todos para la investigación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El cuarto del barón, que estaba en el último piso, se hallaba en un estado imposible de describir. Ni siquiera en la Gran Guerra había visto yo un desorden tan absoluto. Nada había sido tocado; todo seguía exactamente igual como lo había encontrado la doncella una media hora antes. Mesas y sillas yacían hechas pedazos en el suelo y los muebles, el suelo y las paredes estaban salpicados de sangre. El barón, que en vida había sido un hombre alto y musculoso, yacía en el medio de la habitación, un espectáculo horrible. Le habían hendido el cráneo a la altura de la frente, de su axila izquierda partía una profunda herida que le cruzaba las costillas y el brazo izquierdo colgaba sostenido solamente por unas fibras de carne. El rostro, frío y barbudo, mostraba una indescriptible expresión de horror.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Debieron de usar algún tipo de arma pesada y curva –dijo Gordon–, algo parecido a un sable, y el golpe debió de ser de una fuerza terrorífica. Fíjese, allí un golpe fallido ha dejado una señal de varias pulgadas de profundidad en el marco de la ventana. Y allí, en el grueso respaldo de esa pesada silla, que ha sido hendida como si fuese un simple panel de madera. Un sable, seguramente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Un tulwar –musité sobriamente–. ¿Acaso no reconoce la obra del carnicero del Asia central? Yar Kahn ha estado aquí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El afgano! Por supuesto, llegó cruzando los tejados y descendió hasta el alféizar de la ventana mediante una cuerda con nudos atada a algo del tejado. A eso de la una y treinta la doncella, que pasaba por el corredor, oyó un estruendo terrible en el cuarto del barón..., y un grito repentino que cesó de golpe con un espantoso gorgoteo, apagado en seguida; ruido de fuertes golpes, curiosamente ahogados, como los que podría causar una espada cuando se hunde profundamente en la carne humana. Después, todos los sonidos cesaron de pronto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Llamó al director, intentaron abrir la puerta y, hallándola cerrada y al no recibir respuesta a sus llamadas, la abrieron con la llave maestra. Sólo había el cadáver, pero la ventana estaba abierta. Hay una extraña diferencia con el procedimiento habitual de Kathulos. Le falta sutileza. A menudo sus víctimas han parecido morir de causas naturales. No lo entiendo demasiado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No veo mucha diferencia en cuanto al resultado final –dije–. Tal como están las cosas, no se puede hacer nada para atrapar al asesino.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Cierto –dijo Gordon, con un fruncimiento del ceño–. Sabemos quien lo hizo pero no hay pruebas..., ni una huella dactilar. Incluso si supiésemos dónde se esconde el afgano y lo arrestásemos, no podríamos probar nada, habría una decena de hombres dispuestos, con sus juramentos, a proporcionarle una coartada. El barón volvió ayer mismo. Probablemente Kathulos no supo de su llegada hasta esta noche. Sabía que por la mañana Rokoff me haría saber su presencia y me contaría lo que había descubierto en el norte de Asia. El egipcio sabía que debía golpear con celeridad, y, faltándole tiempo para preparar una forma de crimen más segura y elaborada, mandó al afridi con su tulwar. No podemos hacer nada, al menos hasta no haber descubierto el escondrijo del Escorpión; nunca sabremos lo que descubrió el barón en Mongolia, pero podemos estar seguros de que tenía relación con los planes y aspiraciones de Kathulos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Bajamos por las escaleras y, otra vez en la calle, se nos unió Han–sen, uno de los hombres de Scotland Yard. Gordon sugirió que volviésemos andando a su apartamento y yo agradecí la oportunidad de que el frío aire nocturno borrase de mi atormentado cerebro algunas de sus telarañas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mientras andábamos por las calles desiertas, Gordon lanzó repentinamente una salvaje maldición.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Estamos siguiendo un auténtico laberinto que no lleva a ninguna parte! ¡Aquí, en el mismo corazón de una metrópolis civilizada, el enemigo más directo de esa civilización comete crímenes de la más repugnante naturaleza y sigue libre! Somos como niños perdidos en la noche, luchando contra un mal invisible..., teniendo que vérnoslas con un demonio hecho persona, de cuya verdadera identidad nada se sabe y sobre cuyas auténticas ambiciones sólo podemos hacer conjeturas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Nunca hemos logrado arrestar a uno de los esbirros de confianza del egipcio, y los escasos secuaces y servidores suyos que hemos logrado hacer prisioneros han muerto misteriosamente antes de que pudiesen contarnos nada. Insisto: ¿Qué extraño poder posee Kathulos para dominar a esos hombres de credos y razas tan distintas? Los hombres que se hallan con él en Londres son, por supuesto, en su mayoría, renegados, esclavos de la droga, pero sus tentáculos se extienden por todo el Este. Su dominio es grande: el poder que hizo volver atrás a Li Kung, el chino, para matarle a usted enfrentándose a una muerte segura; el que envió a Yar Kahn, el musulmán, sobre los tejados de Londres para cometer un crimen; el que retiene a Zuleika, la circasiana, bajo sus invisibles lazos de esclavitud.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Sabemos, por supuesto –prosiguió, tras un silencio meditativo–, que el Este posee sociedades secretas que se hallan detrás y por encima de todo credo. Hay cultos en África y en el Oriente cuyo origen se remonta a Ofir y el hundimiento de la Atlántida. Ese hombre debe ser una potencia en alguna o, posiblemente, en todas esas sociedades. ¡Pero si, aparte de los judíos, no conozco ninguna raza oriental que no sea tan despreciada por las otras razas orientales como la de los egipcios! Y, pese a todo, aquí tenemos a un hombre, un egipcio según él mismo dice, controlando las vidas y los destinos de musulmanes ortodoxos, hindúes, sintoístas y adoradores del diablo. Es antinatural.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»¿Ha oído alguna vez –dijo, volviéndose de pronto hacia mí–, mencionar el océano en conexión a Kathulos?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Nunca.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Hay una superstición muy extendida en el norte de África, basada en una leyenda muy antigua, según la cual el gran líder de las razas de color saldrá del mar! Y, una vez, oí hablar a un berebere del Escorpión como «El Hijo del Océano».&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ese es un término respetuoso entre esa tribu, ¿no?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí; pero sigo pensando en ello de vez en cuando.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;16. LA MOMIA QUE REÍA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Riendo como las calaveras esparcidas que yacen&lt;br /&gt;Tras las batallas perdidas, vueltas hacia el cielo,&lt;br /&gt;Lanzando su eterna carcajada.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Chesterton&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;–Una tienda abierta, ¡a esas horas! –indicó Gordon de pronto.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La niebla había caído sobre Londres y, a lo largo de la silenciosa calle que estábamos atravesando, los faroles destellaban con el extraño halo rojizo característico en semejantes condiciones atmosféricas. El eco de nuestros pasos resonaba lúgubremente. Incluso en el corazón de una gran ciudad hay siempre partes que parecen olvidadas y abandonadas de todos. Esa calle era una de ellas. No había ni un policía a la vista.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La tienda que había atraído la atención de Gordon se hallaba justo delante de nosotros, en la misma acera. No había ningún letrero encima de la puerta, tan sólo una especie de emblema que se parecía a un dragón. La luz salía del umbral abierto y los pequeños escaparates que lo flanqueaban. Dado que no se trataba de un café ni de la entrada a un hotel, nos entregamos a ociosas especulaciones sobra la razón de que estuviese abierta a esas horas. En cualquier otra circunstancia, supongo que ninguno de los dos habría prestado atención, pero nuestros nervios se hallaban tan excitados que sospechábamos instintivamente de todo lo que se saliese de lo corriente. Entonces sucedió algo que se hallaba claramente fuera de lo normal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un hombre muy alto y delgado, notablemente encorvado de hombros, asomó repentinamente de entre la niebla delante nuestro, un poco más allá de la tienda. Sólo pude verle un instante..., tuve la impresión de una increíble delgadez, de ropas ajadas y arrugadas, de un sombrero alto de seda calado hasta las cejas, de un rostro totalmente oculto por una bufanda; luego dio la vuelta y entró en la tienda. Un viento frío parecía susurrar en la calle, retorciendo la niebla y dándole la forma de espectros huidizos, pero el frío que me invadió era superior al del viento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Gordon! –exclamé, bajando la voz, muy excitado–, ¡o mis sentidos ya no son dignos de confianza o Kathulos en persona acaba de entrar en esa casa!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los ojos de Gordon llamearon. Ahora estábamos muy cerca de la tienda y, acelerando el paso hasta convertirlo en una carrera, se lanzó hacia la puerta, el detective y yo pisándole los talones.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un extraño surtido de mercancías se ofreció a nuestras miradas. Las paredes estaban cubiertas de armas antiguas y en el suelo había montones de objetos curiosos, ídolos maoríes se codeaban con pebeteros chinos, y recortándose oscuramente contra hileras de raras alfombras orientales y chales latinos había armaduras medievales. El lugar era una tienda de antigüedades. Nada vimos de la figura que había despertado nuestro interés.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un viejo extrañamente ataviado con un fez rojo, una chaquetilla bordada y zapatillas turcas surgió de la parte trasera de la tienda; parecía ser de origen levantino.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Desean algo, señores?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tiene usted abierto hasta muy tarde –dijo Gordon con brusquedad, sus ojos recorriendo velozmente la tienda en busca de algún escondite secreto que pudiese ocultar el objeto de nuestra persecución.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, señor. Entre mis clientes se cuentan muchos profesores excéntricos y estudiantes de horario bastante irregular. Los barcos que llegan de noche traen con frecuencia piezas para mí y, muy a menudo, tengo clientes aún más tardíos. Tengo abierto toda la noche, señor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sólo estamos dando un vistazo –replicó Gordon, dando la vuelta y añadiendo, en un aparte dirigido a Hansen–: Vaya a la parte trasera y detenga a quien intente salir por ahí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen asintió y se dirigió, como por casualidad, hacia la parte trasera de la tienda. La puerta nos era claramente visible, entre un panorama de muebles antiguos y sucios tapices colgados de los muros para su exhibición. Habíamos seguido al Escorpión, si es que era él, tan de cerca que no creía que hubiese tenido tiempo de atravesar toda la tienda y salir de ella sin que le hubiésemos visto al entrar, pues habíamos tenido los ojos clavados en la puerta trasera desde que entramos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon y yo vagamos entre las curiosidades, sopesándolas y discutiendo sobre algunas, pero no tengo ni la menor idea de cuáles eran. El levantino se había sentado, las piernas cruzadas, sobre una esterilla morisca cerca del centro de la tienda y, aparentemente, nuestras exploraciones no le merecían más que un mínimo interés.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No tiene ningún sentido continuar con esta ficción –me dijo Gordon, al cabo de un rato, hablando en voz baja–. Hemos mirado en todos los lugares en que podía estar oculto el Escorpión. Voy a revelar quien soy y mi autoridad y haremos registrar todo el edificio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Justo cuando hablaba un camión se detuvo en el exterior y dos fornidos negros entraron en la tienda. El levantino parecía haber estado esperándoles, pues se limitó a señalarles la parte trasera de la tienda y ellos le contestaron con un gruñido de asentimiento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon y yo les observamos atentamente mientras se dirigían hacia un enorme sarcófago que estaba apoyado contra la pared, no muy lejos de la parte trasera. Lo bajaron hasta dejarlo en el suelo y lo llevaron hasta la puerta, transportándolo cuidadosamente entre los dos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Alto! –Gordon dio un paso adelante, levantando la mano imperiosamente–. Soy un agente de Scotland Yard –dijo rápidamente–, y tengo autoridad para hacer lo que crea oportuno. Bajen esa momia; nada saldrá de esta tienda hasta que no lo hayamos examinado concienzudamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los negros obedecieron sin una palabra y mi amigo se volvió hacia el levantino quien, aparentemente tranquilo y sin dar siquiera muestras de interés, seguía sentado fumando un narguile turco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Quién era ese hombre alto que entró justo antes de nosotros, y adonde se ha ido?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Nadie entró antes que ustedes, señor. O, si alguien lo hizo, como yo estaba en la parte trasera de la tienda, no le vi. Ciertamente, señor, tienen libertad para registrar mi tienda.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y eso fue lo que hicimos, combinando la habilidad de un experto del servicio secreto y de un ciudadano del bajo mundo, en tanto que Hansen permanecía estoicamente en su puesto; inmóviles junto al sarcófago tallado, los dos negros nos observaban sin expresión alguna y el levantino, sentado como una esfinge sobre su esterilla, lanzaba nubecillas de humo al aire. Toda la escena parecía sumamente irreal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por último, desconcertados, volvimos junto al sarcófago, el cual era, ciertamente, lo bastante largo como para esconder incluso a un hombre de la talla de Kathulos. El objeto no parecía estar sellado como era lo usual, y Gordon lo abrió sin dificultad. Nuestros ojos contemplaron una forma amorfa, cubierta totalmente de vendajes. Gordon apartó algunos y reveló una pulgada o algo más de un brazo marchito, marronáceo y de aspecto semejante al cuero. Se estremeció involuntariamente al tocarlo, como haría un hombre al contacto de un reptil o de alguna criatura inhumanamente fría. Tomando de un estante cercano un idolillo metálico, golpeó con éste el tórax y el brazo. Los dos sonaron a objetos sólidos, casi como si fuesen de madera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon se encogió de hombros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Muerto desde hace dos mil años, como mínimo, y supongo que no debo arriesgarme a destruir una momia valiosa simplemente para probar lo que ya sabemos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Volvió a cerrar el sarcófago.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Puede que la momia se haya deteriorado un poco, incluso con una exposición tan leve, pero espero que no haya sido así.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esto último iba dirigido al levantino que se limitó a replicar con un gesto cortés de la mano, en tanto que los negros levantaban una vez más el sarcófago y lo llevaban hasta el camión, en el que lo cargaron y, un momento después, la momia, camión y negros se habían desvanecido entre la niebla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon siguió husmeando en ¡a tienda, pero yo permanecí inmóvil, como aturdido, en mitad de ella. Primero lo atribuí a mi mente, caótica, dominada por la droga, pero había tenido la sensación de que a través de los vendajes del rostro de la momia unos grandes ojos habían ardido clavados en los míos, unos ojos como charcos de fuego amarillo, unos ojos que hendían mi alma y me dejaban petrificado. Y cuando el sarcófago fue transportado a través de la puerta, había sabido que la cosa que contenía, muerta sólo Dios sabe hace cuantos siglos, se había estado riendo, de un modo horrendo y silencioso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;17. EL MUERTO DEL MAR&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon chupó ferozmente su cigarrillo turco, mirando abstraído, sin verle en realidad, a Hansen que estaba sentado ante él.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Supongo que debemos apuntarnos otro fracaso. Ese levantino, Kamonos, es evidentemente un secuaz del egipcio y las paredes y los suelos de su tienda están probablemente cribados de paneles secretos y puertas capaces de desorientar hasta a un mago.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen contestó algo pero yo no dije nada. Desde que habíamos vuelto al apartamento de Gordon, había sido consciente de una sensación de extremada languidez y torpeza que no podía ser explicada ni siquiera por mi estado. Sabía que mi organismo estaba lleno de elixir..., pero mi mente parecía extrañamente lenta y mi entendimiento torpe, en contraste directo con el estado medio de mi mente cuando estaba estimulada por la droga infernal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Este estado se estaba disipando con lentitud, como la niebla que flota en la superficie de un lago, y yo sentía como si me estuviese despertando gradualmente de un sueño largo y antinaturalmente profundo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Daría lo que fuese por saber si Kamonos es en verdad uno de los esclavos de Kathulos o si el Escorpión logró huir a través de alguna salida natural cuando nosotros entrábamos –decía Gordon.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es cierto que Kamonos es su sirviente –me encontré diciendo de pronto con extrema lentitud, como si buscase las palabras adecuadas–. Cuando nos íbamos, noté que su vista se clavaba en el escorpión que llevo trazado en la mano.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entrecerró los ojos y, a punto de abandonar la tienda, se las arregló para acercarse a mí y susurrarme, a toda prisa: «Soho, cuarenta y ocho».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon se puso en pie como un resorte bruscamente liberado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Increíble! –dijo secamente–. ¿Por qué no roe lo contó de inmediato?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No lo sé.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mi amigo me observó con atención.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Me di cuenta de que al volver de la tienda parecía un hombre intoxicado –dijo–. Lo atribuí a algún efecto residual del opio. Pero no es así. Kathulos, sin duda, es un magistral discípulo de Mesmer, su poder sobre los reptiles venenosos lo demuestra, y estoy empezando a creer que es la auténtica fuente de su poder sobre los seres humanos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»De algún modo, el Amo le cogió desprevenido en esa tienda y logró un dominio parcial sobre su mente. No sé desde qué escondrijo envió sus ondas mentales para trastornarle el cerebro, pero estoy seguro de que Kathulos se hallaba en algún lugar en esa tienda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Lo estaba. Estaba en el sarcófago.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El sarcófago! –exclamó Gordon, con cierta impaciencia–. ¡Eso es imposible! La momia lo llenaba por completo y ni un hombre tan delgado como el Amo podría haber tenido espacio suficiente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me encogí de hombros, incapaz de discutir su argumento pero, de algún modo extraño, estaba seguro de la veracidad de lo que había dicho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Kamonos –prosiguió Gordon– no es, indudablemente, miembro del círculo íntimo y no sabe nada de su cambio de lealtades. Viendo la marca del escorpión supuso, sin duda, que era usted un espía del Amo. Puede que todo eso sea una trampa, pero tengo la impresión de que ese hombre era sincero. El número cuarenta y ocho del Soho debe de ser el nuevo punto de encuentro del Escorpión.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;También yo presentía que Gordon estaba en lo cierto, aunque en mi fuero interno anidaba la sospecha.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Anoche recogí los documentos del mayor Morley –prosiguió–, y los estudié mientras usted dormía. En su mayor parte corroboraban lo que ya sabía..., hacían hincapié en el nerviosismo de los nativos y repetían la teoría de que detrás de todo se hallaba un genio portentoso y único. Pero había algo que me interesó muchísimo y que pienso que también le interesará.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sacó de su caja fuerte un manuscrito con la letra apretada y precisa del infortunado mayor y, con una voz monocorde que poco traicionaba su intenso interés, me leyó el pesadillesco relato siguiente:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Considero que vale la pena dejar por escrito este asunto..., en cuanto a si tiene alguna relación con el caso que me ocupa, los hechos posteriores lo demostrarán. En Alejandría, donde pasé varias semanas buscando nuevas pistas en lo concerniente a la identidad del hombre conocido como el Escorpión, conocí, a través de mi amigo Ahmed Shah, al famoso egiptólogo profesor Ezra Schuyler, de Nueva York. Me confirmó lo que me habían declarado varias personas no expertas acerca de la leyenda del hombre del océano. Este mito, transmitido de generación a generación, se pierde en las más densas nieblas de la antigüedad y, en pocas palabras, consiste en que algún día surgirá del mar un hombre que llevará al pueblo de Egipto a la victoria sobre el resto de los pueblos. Esta leyenda se ha extendido por todo el continente de modo que ahora todas las razas negras consideran que hace referencia al advenimiento de un emperador universal. El profesor Schuyler me dio su opinión personal de que el mito guardaba cierta relación con la perdida Atlántida la cual, mantiene él, se hallaba entre los continentes de África y América del Sur y de cuyos habitantes eran tributarios los antepasados de los egipcios. Las razones de tal relación son demasiado extensas y poco concretas como para anotarlas aquí, pero en apoyo de su teoría me narró una historia extraña y fantástica. Dijo que un amigo íntimo suyo, Von Lorfmon, de Alemania, una especie de aventurero científico, ahora difunto, navegaba hace algunos años por las costas del Senegal con el propósito de investigar y clasificar los raros especímenes de fauna marina que se encuentran allí. Usaba para tal labor un pequeño mercante, con una tripulación de moros, griegos y negros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Cuando llevaban unos días sin ver tierra, avistaron algo que flotaba y dicho objeto, una vez recogido y subido a bordo, resultó ser un sarcófago de la especie más curiosa. El profesor Schuyler me explicó en qué aspectos difería del estilo corriente egipcio, pero de su disertación más bien técnica saqué meramente la impresión de que se trataba de un objeto de forma extraña en el que había tallados caracteres que no eran ni cuneiformes ni jeroglíficos. El sarcófago estaba recubierto de una gruesa capa de laca que lo hacía impermeable al agua y absolutamente estanco, y Von Lorfmon tuvo considerables dificultades para abrirlo. Sin embargo, se las arregló para hacerlo sin estropear el sarcófago, revelando así una momia de lo más extraña. Schuyler dijo que nunca llegó a ver ni la momia ni el sarcófago, pero que según la descripción dada por el patrón griego que se hallaba presente al abrirse el sarcófago, la momia difería tanto de un hombre corriente como el sarcófago del tipo convencional.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»E1 examen demostró que el sujeto no había sufrido el proceso usual de momificación. Todas sus partes se hallaban tan intactas como en vida, pero el cuerpo entero se había encogido y endurecido hasta una consistencia cercana a la de la madera. Estaba recubierto de vendajes que se convirtieron en polvo, desvaneciéndose en el instante que los tocó el aire.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Von Lorfmon quedó impresionado por el efecto que esto tuvo sobre la tripulación. Los griegos no demostraron un interés superior a] normal en cualquier hombre, ¡pero los moros, y aún más los negros, parecieron volverse locos a un tiempo! Mientras el sarcófago era izado a bordo, se arrodillaron todos en la cubierta y prorrumpieron en una especie de cántico de adoración, y fue necesario usar la fuerza para impedirles entrar en el camarote donde se destapó la momia. Hubo varias peleas entre ellos y los griegos de la tripulación, y el patrón y Von Lorfmon creyeron mejor poner rumbo al puerto más próximo a toda prisa. El patrón lo atribuyó a la aversión natural que sienten todos los hombres de mar ante un cadáver a bordo, pero Von Lorfmon pareció notar en ello un significado más profundo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Atracaron en Lagos y esa misma noche Von Lorfmon fue asesinado en su camarote y la momia y su sarcófago se desvanecieron. Todos los marineros negros y moros desertaron esa misma noche del navío. Schuyler dijo (y aquí el asunto cobraba un aspecto más siniestro y misterioso) que inmediatamente después ese difuso malestar entre los nativos empezó a crecer y cobrar forma tangible; lo relacionaba, de algún modo, con la vieja leyenda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Asimismo, un aura de misterio rodeaba la muerte de Von Lorfmon. Se había llevado la momia a su camarote y, previendo un ataque de la fanatizada tripulación, había cerrado y atrancado cuidadosamente la puerta y los ojos de buey. El patrón, hombre digno de confianza, juró que era virtualmente imposible entrar desde el exterior. Y las señales existentes indicaban que los cerrojos habían sido abiertos desde el interior. Al científico lo mataron con una daga que formaba parte de su colección y que fue hallada en su pecho.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Como he dicho, inmediatamente después el caldero africano empezó a hervir. Schuyler dijo que en su opinión los nativos consideraban que la vieja profecía se había cumplido. La momia era el hombre del mar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Schuyler opinaba que todo era obra de los atlantes y que el hombre del sarcófago era un nativo de la perdida Atlántida. Cómo llegó a la superficie el sarcófago a través de las incalculables brazas de agua que cubren la tierra olvidada, es algo sobre lo que no se aventuró a ofrecer teoría alguna. Está seguro de que en algún lugar, en los laberintos plagados de espectros de las junglas africanas, la momia ha sido entronizada como dios y que, inspirados por esa cosa muerta, los guerreros negros se están reuniendo para una colosal matanza. Cree, también, que algún astuto musulmán está impulsando directamente la temida rebelión.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon dejó de leer y me miró.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Las momias parecen tejer una extraña danza a través de la urdimbre del relato –dijo–. El científico alemán tomó varias fotos de la momia con su cámara, y fue después de verlas (ya que, extrañamente, no fueron robadas junto con el objeto) cuando el mayor Morley empezó a creerse cercano a algún monstruoso descubrimiento. Su diario refleja su estado mental y se hace incoherente..., su condición parecía estarse acercando a la locura. ¿Qué descubrió para perder de tal modo el equilibrio? ¿Supone acaso que los hechizos mesméricos de Kathulos fueron usados contra él?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esas fotos... –empecé a decir.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Cayeron en manos de Schuyler y él le entregó una a Morley. La encontré entre el manuscrito.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me alargó la foto, mientras me observaba atentamente. La miré, me puse en pie vacilante y me serví una copa de vino.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No es un ídolo muerto en una choza de vudú –dije, la voz temblorosa–, sino un monstruo animado por una vida temible, recorriendo el mundo en busca de víctimas. Morley vio al Amo..., por eso su mente se hizo pedazos. ¡Gordon, como que estoy vivo que ese rostro es el de Kathulos!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon se me quedó mirando, sin habla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La mano del Amo, Gordon –y me reí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cierta tétrica alegría hendió las nieblas de mi terror ante la imagen de aquel inglés de nervios acerados que se había quedado mudo, indudablemente por primera vez en su vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se humedeció los labios y, con una voz que a duras penas era reconocible, dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, Costigan, en nombre de Dios, nada es seguro o estable, y la humanidad se tambalea al borde de abismos indecibles de horror sin nombre. Si ese monstruo muerto descubierto por Von Lorfmon es en verdad el Escorpión, devuelto a la vida de algún modo espantoso, ¿qué pueden contra él los esfuerzos de los mortales?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La momia en la tienda de Kamonos... –dije yo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, el hombre de la carne endurecida por mil años de no–existencia... ¡Debía de ser Kathulos en persona! Habría tenido el tiempo justo para desnudarse, revestirse con los vendajes de lino y tenderse en el sarcófago antes de que entrásemos. Recordará que el sarcófago, apoyado contra la pared, estaba parcialmente oculto por un gran ídolo birmano que obstruía nuestra visibilidad y, sin duda, le dio tiempo para llevar a cabo sus propósitos. Dios mío, Costigan, ¿con qué horror del mundo prehistórico estamos tratando?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–He oído hablar de fakires hindúes que podían lograr provocarse un estado muy parecido a la muerte –dije–. ¿Acaso no es posible que Kathulos, un oriental astuto y lleno de recursos, se pusiese a sí mismo&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;en tal estado y sus seguidores depositasen el sarcófago en el océano, allí donde era seguro que lo encontrasen? ¿Y acaso esta noche, en la tienda de Kamonos, no podía hallarse en tal estado? Gordon negó con la cabeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No. He visto a esos fakires. Ninguno de ellos se fingió muerto hasta el extremo de encogerse y endurecerse..., en una palabra, de resecarse. Morley, relatando en otro lugar la descripción del sarcófago tal y como la anotó Von Lorfmon y fue transmitida a Schuyler, menciona el hecho de que había gran cantidad de algas adheridas a éste..., algas de una clase que sólo se encuentra a grandes profundidades, en el fondo del océano. La madera, asimismo, era de una clase que Von Lorfmon no logró reconocer o clasificar, pese al hecho de que era una de las mayores autoridades vivientes sobre la flora. Y sus notas destacan con énfasis una y otra vez la enorme vejez del objeto. Admitió que no había modo de decir cuál era la antigüedad de la momia, pero sus alusiones indican que él la remontaba no a miles, ¡sino a millones de años!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»No. Debemos enfrentarnos a los hechos. Ya que usted está seguro de que el rostro de la momia es el de Kathulos, y un fraude es casi imposible, una de estas dos cosas debe ser cierta: el Escorpión no murió nunca sino que, hace eones, fue colocado en ese sarcófago y su vida preservada de algún modo o, de lo contrario..., ¡estaba muerto y fue devuelto a la vida! Cualquiera de las dos teorías, considerada a la fría luz de la razón, es absolutamente insostenible. ¿Estamos todos locos?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Si alguna vez hubiese recorrido el camino que lleva al país del opio –dije sobriamente–, podría creer en cualquier cosa. Si hubiese contemplado los terribles ojos de reptil de Kathulos, el hechicero, no dudaría que estuvo al mismo tiempo muerto y vivo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Gordon miró por la ventana, su delgado rostro lleno de agotamiento bajo la luz grisácea que había empezado a filtrarse por los cristales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–De cualquier modo –dijo–, hay dos sitios que tengo la intención de explorar concienzudamente antes de que el sol vuelva a salir: la tienda de antigüedades de Kamonos y el número cuarenta y ocho del Soho.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;18. LA PRESA DEL ESCORPIÓN&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;En tanto que desde una orgullosa torre en la ciudad&lt;br /&gt;La muerte, como un gigante, nos contempla.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;POE&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Hansen roncaba en el lecho en tanto que yo recorría a grandes zancadas la habitación. Otro día había transcurrido en Londres y de nuevo los faroles brillaban entre la niebla. Sus luces me afectaban de un modo extraño. Parecían latir, olas de sólida energía, estrellándose en mi cerebro. Retorcían la niebla dándole formas extrañas y siniestras. Candilejas del escenario formado por las calles de Londres, ¿cuántas escenas terribles habían iluminado? Me apreté con fuerza las sienes doloridas, luchando por hacer que mis pensamientos volviesen del laberinto caótico en el que se habían extraviado.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No había visto a Gordon desde el amanecer. Siguiendo la pista del «número 48 del Soho», se había marchado para preparar una incursión en ese lugar y había creído mejor que yo permaneciese a cubierto. Preveía algún atentado contra mi vida y, asimismo, pensó que si yo me dedicaba a investigar en los tugurios que había frecuentado anteriormente, levantaría sospechas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen seguía roncando. Me senté y empecé a examinar los zapatos turcos que llevaba. Zuleika había calzado zapatillas turcas... ¡Cómo flotaba a través de mis ensoñaciones, haciendo brillar las cosas más prosaicas con su hechizo! Su rostro me sonreía desde la niebla; sus ojos parecían lanzar destellos desde los faroles vacilantes; el fantasma de sus pisadas resonaba una y otra vez en las recámaras llenas de neblina de mi cráneo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Eran como un estribillo sin fin, obsesivo, angustioso, hasta que creí oír un eco de aquellas pisadas, quedo y cauteloso, resonando en la salita que había más allá del cuarto. De pronto, alguien llamó a la puerta, sobresaltándome.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen seguía dormido mientras yo atravesaba el cuarto y abría sin tardanza la puerta. Un remolino de niebla había invadido el pasillo y a través de él, como si fuese un velo plateado, la vi..., Zuleika se alzaba ante mí con su cabellera resplandeciente, sus rojos labios entreabiertos y sus enormes ojos oscuros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me quedé sin habla, como un imbécil, y ella lanzó una rápida mirada hacia el extremo del corredor, luego entró y cerró la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Gordon! –susurró, con voz llena de emoción–. ¡Tu amigo! ¡El Escorpión le ha atrapado!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen se había despertado y ahora contemplaba boquiabierto, con expresión de estupidez, la extraña escena que se desarrollaba ante sus ojos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Zuleika no le prestó atención.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Oh, Stephen! –exclamó ella, y en sus ojos brillaron las lágrimas–. He intentado por todos los medios conseguir un poco más de elixir, pero me ha sido imposible.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Eso no importa –dije, recobrando al fin el habla–. Cuéntame lo de Gordon.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Regresó él solo a la tienda de Kamonos y Hassim y Ganra Singh le cogieron prisionero, llevándole a la casa del Amo. Esta noche se reunirán los servidores del Escorpión para el sacrificio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Sacrificio! –Un espantoso escalofrío de miedo me recorrió la columna vertebral. ¿Acaso no había límite alguno a todo este horror?–. Aprisa, Zuleika, ¿dónde se encuentra esa casa del Amo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–En el Soho, número cuarenta y ocho. Debes avisar a la policía y enviar muchos hombres para rodearla, pero no debes ir en persona...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen se puso en pie de un salto, ansioso por emprender la acción, pero yo me giré hacia él. Ahora tenía el cerebro despejado, o al menos lo parecía, y estaba funcionando a velocidades casi imposibles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Espere! –Me volví de nuevo hacia Zuleika–. ¿Cuándo tendrá lugar ese sacrificio?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Cuando salga la luna.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Eso es unas pocas horas antes del alba. Hay tiempo de salvarle, pero si atacamos la casa le matarán antes de que podamos llegar hasta él. Y sólo Dios sabe cuántos seres diabólicos vigilan todas las entradas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No lo sé –gimoteó Zuleika–. Debo irme ahora, o el Amo me matará.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ante esas palabras algo se rompió en mi cerebro, algo que parecía una ola de exultación salvaje y terrible me invadió.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El Amo no matará a nadie! –grité, alzando los brazos–. ¡Antes de que el este enrojezca con el alba, el Amo morirá! ¡Lo juro, por todo lo sagrado y lo que no lo es!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hansen se me quedó mirando, atónito, y Zuleika se encogió un poco cuando me giré hacia ella. Un rayo de luz, infalible e inequívoco, había iluminado mi cerebro exaltado por la droga.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sabía que Kathulos era un mesmerista..., que sabía perfectamente cual era el secreto para dominar el cerebro y el alma de otra persona. Y sabía que, al fin, había dado con la razón de su poder sobre la muchacha. ¡Mesmerismo! Al igual que una serpiente fascina a un pajarillo, atrayéndolo hacia ella, así retenía el Amo a Zuleika con invisibles grilletes. Tan absoluto era su poder sobre ella que se mantenía incluso cuando estaba fuera de su vista, actuando sobre grandes distancias.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sólo una cosa podía romper ese dominio: el poder magnético de alguna otra persona cuyo control sobre ella fuese más fuerte que el de Kathulos. Puse mis manos sobre sus frágiles hombros y la obligué a que me mirase.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Zuleika –dije imperiosamente–, aquí estás segura; no volverás con Kathulos. No es necesario. Ahora eres libre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero supe que había fracasado incluso antes de empezar. Sus ojos me miraban asombrados, llenos de un miedo irracional y, finalmente, ella empezó a retorcerse débilmente entre mis brazos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Stephen, por favor, déjame ir! –suplicó–. Tengo que irme... ¡debo irme!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La llevé hasta la cama y le pedí a Hansen que me dejase sus esposas. Me las alargó, el rostro lleno de dudas, y yo cerré una de las manillas en la cabecera del lecho y otra en torno a su esbelta muñeca. La muchacha gimoteó un poco pero no se resistió, sus límpidos ojos buscando los míos en una muda súplica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Obligarla a cumplir mi voluntad de un modo tan aparentemente brutal me partía el corazón, pero no me quedaba más remedio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Zuleika –dije con ternura–, ahora eres mi prisionera. El Escorpión no puede culparte por no volver a su lado cuando no te es posible hacerlo..., y antes del amanecer estarás completamente libre de su dominio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me volví hacia Hansen y le hablé, con un tono que no admitía disputa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Quédese aquí, sin abrir la puerta, hasta que yo vuelva. No permita bajo ningún concepto que entren extraños..., es decir, cualquier persona a la que usted no conozca. Y le encarezco, por su honor de hombre, que no suelte a la muchacha, no importa lo que pueda decirle. Si ni yo ni Gordon hemos vuelto a las diez del día de mañana, llévela a esta dirección, esa familia fue amiga mía y cuidarán de una chica sin hogar. Me voy a Scotland Yard.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Stephen –gimió Zuleika–, ¿vas al cubil del Amo? Te matarán. ¡Envía a la policía, no vayas tú!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me incliné, estrechándola en mis brazos, sintiendo sus labios en los míos, y luego me arranqué a su abrazo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los dedos espectrales de la niebla parecían querer atraparme, fríos como manos de cadáveres, mientras yo recorría las calles a toda prisa. No tenía un plan, pero uno empezaba a formarse en mi cerebro, hirviendo ya en el caldero estimulado por la droga de mi mente. Me detuve al ver a un policía que hacía su ronda y, llamándole con una seña, garabateé una escueta nota en un pedazo de papel arrancado de una agenda y se lo tendí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Lleve esto a Scotland Yard; es una cuestión de vida o muerte relacionada con John Gordon.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ante la formulación de ese nombre, una mano enguantada hizo un veloz gesto de asentimiento, pero el leve sentimiento de seguridad que me había proporcionado su rápida reacción murió en mi interior mientras yo proseguía mi carrera. La nota explicaba brevemente que Gordon estaba prisionero en el número 48 del Soho y aconsejaba que se hiciera de inmediato una incursión en dicho número con abundantes efectivos... No, no se aconsejaba, se ordenaba, en nombre de Gordon.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La razón de mis actos era muy sencilla: sabía que el primer ruido producido en la incursión sellaría la muerte de Gordon. Fuese como fuese, debía llegar antes a su lado y protegerle o liberarle con anterioridad a la llegada de la policía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El tiempo parecía interminable pero, al fin, las austeras líneas del edificio número 48 del Soho se alzaron ante mí, un espectro colosal entre la niebla. Ya era bastante tarde; poca era la gente que osaba enfrentarse a la niebla y a la humedad cuando me detuve en mitad de la calle ante ese ominoso edificio. No había luz alguna en las ventanas, ni arriba ni en el piso de abajo. Parecía abandonado. Pero muy a menudo el cubil del Escorpión parece desierto hasta que, de pronto, la muerte silenciosa ataca sin previo aviso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Allí me detuve, y una loca idea me asaltó de pronto. De un modo o de otro, el drama habría terminado al amanecer. Esta noche era el clímax de mi carrera, la cima definitiva de mi vida. Esta noche yo era el eslabón más fuerte de toda esta extraña cadena de acontecimientos. Mañana carecería de importancia el que yo estuviese vivo o muerto. Saqué de mi bolsillo el frasco del elixir y lo miré. Racionado cuidadosamente, tendría para dos días. ¡Dos días más de vida! O..., necesitaba el estímulo como jamás lo había necesitado antes; la tarea que se hallaba ante mí era una como ningún ser humano podía esperar llevar a cabo. Si bebía todo lo que me quedaba del elixir, no tenía idea alguna de cuánto durarían sus efectos, pero estaba seguro de que, al menos, abarcarían el resto de la noche. Y las piernas me temblaban; mi mente padecía extraños períodos de un vacío absoluto; la debilidad del cuerpo y del cerebro parecía asediarme. Alcé el frasco y, de un solo trago, lo vacié.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por un instante creí morir. Nunca había tomado tal cantidad. El cielo y el universo vacilaron y sentí como si fuese a estallar en un millón de fragmentos temblorosos, como un globo de acero quebradizo que estalla de pronto. Cómo un fuego infernal, el elixir corría por mis venas, ¡y me convertía en un gigante! ¡Un monstruo! ¡Un superhombre! Di la vuelta y con grandes zancadas me acerqué hacia el amenazador umbral hundido entre las sombras. No tenía ningún plan; no me parecía necesario. Al igual que un borracho que se dirige ciegamente hacia el peligro, así entré yo en el cubil del Escorpión, magníficamente consciente de mi superioridad, confiado como un emperador en mi estimulada capacidad y tan seguro como las estrellas inmutables del camino que se abriría ante mí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Oh, no existió jamás superhombre alguno como el que llamó imperioso a la puerta del número 48 del Soho entre la niebla y la llovizna!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuatro veces llamé, la vieja señal que los esclavos habían utilizado para ser admitidos en el cuarto del ídolo de Yun Shatu. Se abrió una rendija en el centro de la puerta y unos ojos oblicuos me contemplaron llenos de cautela. Parecieron agrandarse un poco al reconocerme y luego volvieron a entrecerrarse con malignidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Estúpido! –dije, irritado–. ¿Acaso no ves la señal? Sostuve mi mano ante la rendija.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿No me reconoces? Déjame entrar, maldito seas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Creo que fue la loca audacia de la treta lo que la hizo triunfar. Con seguridad, todos los esclavos del Escorpión tenían conocimiento de la rebelión de Stephen Costigan, y estaban enterados de que se le había marcado para morir. Y el mismo hecho de que yo viniese hasta aquí, desafiando a mi destino, fue lo que confundió al encargado de la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La puerta se abrió y yo la crucé. El hombre que me había dejado entrar era un chino alto y flaco al que había conocido yo como criado de Kathulos. Cerró la puerta a mi espalda y vi que nos hallábamos en una especie de vestíbulo iluminado por una débil lámpara cuyo resplandor no podía divisarse desde la calle ya que las ventanas estaban cubiertas con gruesos cortinajes. El chino me con templó, indeciso, con ojos llameantes. Yo le devolví la mirada, lleno de tensión. Entonces la sospecha ardió en sus ojos y su mano pareció volar hacia su manga. Pero en ese instante ya me había lanzado sobre él y su flaco cuello se quebró como una rama podrida entre mis manos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Deposité su cadáver sobre el suelo cubierto de gruesas alfombras y escuché. Ni un ruido quebraba el silencio. Caminando con la cautela de un lobo, los dedos extendidos como si fuesen garras, me introduje en la siguiente habitación. Estaba amueblada al estilo oriental, con divanes, alfombras y cortinajes bordados de oro, pero no albergaba vida humana. La atravesé y me dirigí hacia la siguiente. La luz parecía derramarse de los incensarios que colgaban del techo y las alfombras orientales ahogaban el ruido de mis pasos; parecía que me estuviese moviendo en un castillo encantado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A cada momento, aguardaba una oleada de silenciosos asesinos surgiendo de las puertas o de los cortinajes y biombos en los que se retorcían los dragones. Reinaba un silencio absoluto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Exploré una habitación tras otra y, por último, me detuve al pie de las escaleras. Del inevitable incensario brotaba una luz incierta, pero la mayor parte de los peldaños estaban envueltos en la oscuridad. ¿Qué horrores me aguardaban allí arriba?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero el miedo y el elixir son malos compañeros y yo ascendí esos peldaños en los que acechaba el terror tan atrevidamente como había entrado en esa mansión del miedo. Las habitaciones que descubrí en el piso de arriba se parecían mucho a las de abajo y tenían en común con ellas el hallarse vacías de toda vida humana. Busqué un ático pero no parecía haber puerta alguna que condujese hasta él. Volviendo al primer piso, busqué una entrada al sótano, pero, de nuevo, mis esfuerzos fueron infructuosos. Poco a poco, la asombrosa verdad se me fue imponiendo: haciendo excepción de mi persona y del muerto que yacía, grotescamente retorcido, en el vestíbulo exterior, no había hombre alguno, muerto o vivo, en la mansión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No podía entenderlo. Si no hubiese habido muebles en la casa habría llegado a la conclusión natural de que Kathuios había huido..., pero no había señal alguna de huida que yo pudiese distinguir. Todo esto era increíble, fuera de lo común. Permanecí inmóvil en la enorme biblioteca envuelta en sombras, pensando. No, no me había equivocado de casa. Aunque no existiese el mudo testimonio del cadáver en el vestíbulo, todo en la habitación indicaba la presencia del Amo. Allí estaban las palmeras artificiales, los biombos de laca, los tapices, incluso el ídolo, aunque ahora no hubiese incienso alguno alzándose ante él. Los muros estaban cubiertos con grandes estanterías de libros, de raras y costosas encuadernaciones. Como descubrí tras un rápido examen, libros en cada uno de los idiomas del planeta, y sobre cada tema posible, la mayor parte de ellos exóticos y fuera de lo normal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Recordando el pasadizo secreto en el Templo de los Sueños, examiné la pesada mesa de caoba que se alzaba en el centro de la habitación. Pero mi examen no dio resultado alguno. En mi interior se alzó una repentina llamarada de furia, primitiva e irracional. Cogí una estatuilla que descansaba encima de la mesa y la estrellé contra el muro cubierto de estanterías. El ruido que hizo al romperse habría debido sacar a la banda de su escondite. ¡Pero el resultado fue mucho más sorprendente!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La estatuilla chocó con el borde de una estantería y, al instante, todo el panel de los estantes con su carga de libros giró silenciosamente hacia afuera, ¡revelando un angosto umbral! Como en la otra puerta secreta, una hilera de escalones llevaba hacia abajo. En otro momento me habría estremecido ante la idea de bajar por ellos, con los horrores del otro túnel frescos en mi cerebro pero, inflamado como me hallaba por el elixir, me lancé hacia adelante sin vacilar siquiera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dado que no había nadie en la casa, debían de hallarse en el túnel o en el escondite al que llevase éste. Crucé el umbral, dejando abierta la puerta; así la policía podría encontrarla y seguirme, aunque, de un modo extraño, tenía la sensación de que, desde su principio hasta su horrendo final, iba a estar solo en toda mi aventura.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Bajé una distancia considerable y, finalmente, la escalera desembocó en un corredor a nivel del suelo cuya anchura sería de unos seis metros..., algo francamente asombroso. Pese a la anchura, el techo era más bien bajo y de él colgaban unas pequeñas lámparas de forma extraña que arrojaban una luz bastante tenue. Recorrí a toda prisa el corredor, como la vieja Muerte en busca de sus víctimas y, mientras lo atravesaba, me fijé en su construcción. El suelo estaba hecho con grandes losas y los muros parecían haber sido construidos con enormes bloques de piedra cuidadosamente tallada. El pasadizo no parecía una obra moderna; los esclavos de Kathulos jamás habían creado ese túnel. Algún camino secreto de los tiempos medievales, pensé..., y, después de todo, ¿quién sabe qué catacumbas yacen debajo de Londres, cuyos secretos son más grandes y más tenebrosos que los de Babilonia y Roma?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me adentré más y más, y supe al fin que debía de hallarme a bastante profundidad. El aire estaba cargado y rancio, y una fría humedad goteaba desde las piedras del techo y los muros. De vez en cuando veía pasadizos más estrechos que se perdían en la oscuridad pero decidí seguir el pasillo principal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una feroz impaciencia me dominaba. Me parecía que llevaba horas caminando y, pese a todo, lo único que veían mis ojos era muros húmedos y desnudos, losas austeras y lámparas goteantes. Me mantuve atento, buscando cofres de apariencia siniestra u objetos similares..., pero no vi nada parecido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y entonces, cuando estaba a punto de prorrumpir en salvajes maldiciones, otra escalera se alzó ante mí surgiendo de entre las tinieblas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;19.   FURIA OSCURA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El lobo acorralado contempló lo que le rodeaba&lt;br /&gt;Con la luz llama maligna de sus ojos.&lt;br /&gt;Recordando su deuda, dijo: «¡Aún he de causar estragos,&lt;br /&gt;antes de que llegue mi hora!»&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mundy&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Con la cautela del lobo, ascendí por la escalera. Unos seis metros más arriba había una especie de estancia a partir de la cual nacían otros corredores, muy parecidos al de más abajo por el que había llegado. Se me ocurrió la idea de que las profundidades de Londres debían estar llenas de tales pasadizos secretos, uno por encima del otro.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Unos metros por encima de aquella estancia, los escalones cesaban ante una puerta, y allí me detuve vacilante, inseguro en cuanto a si debía arriesgarme a llamar o no. Mientras permanecía allí, meditando, la puerta empezó a abrirse. Me pegué al muro, ocultándome todo lo posible. La puerta se abrió al fin por completo y un moro apareció en el umbral. Sólo pude lanzar una mirada a la estancia que había más allá, por el rabillo del ojo, pero mis sentidos inhumanamente aguzados percibieron que la habitación se hallaba vacía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y en ese mismo instante, antes de que pudiese girarse, le propiné al moro un golpe mortífero que le alcanzó en la mandíbula, haciéndole caer por las escaleras para derrumbarse al pie de éstas como una masa informe, sus miembros grotescamente retorcidos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mi mano izquierda detuvo la puerta antes de que se cerrase estruendosamente y, en un momento, la hube cruzado hallándome en la habitación contigua. Como había pensado, estaba vacía. La atravesé rápidamente y entré en la siguiente. Estas habitaciones estaban amuebladas de un modo ante el que la mansión del Soho palidecía insignificante. Bárbaro, terrible, espantoso..., tales palabras sólo pueden dar una ligera idea de los horrendos espectáculos que se ofrecieron a mis ojos. La mayor parte de los adornos, si es que se trataba de adornos, la formaban calaveras, huesos y esqueletos enteros. Había momias que parecían mirar desde sus sarcófagos y en las paredes se alineaban los reptiles disecados. Entre esas siniestras reliquias colgaban los escudos africanos de piel y bambú, sobre los que se entrecruzaban las azagayas y las dagas de combate. Aquí y allá asomaban ídolos obscenos, negros y terribles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y entre tales muestras de barbarie y salvajismo, esparcidos, había jarrones, biombos, alfombras y tapices de la más refinada artesanía oriental; el efecto producido era extraño e incongruente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había atravesado ya dos de esas estancias sin ver ni un alma cuando llegué a unas escaleras que subían. Ascendí por ellas, varios tramos de peldaños, hasta llegar a una puerta en el techo. Me pregunté si seguía hallándome bajo tierra. Levanté la puerta cautelosamente. Mis ojos distinguieron la luz de las estrellas y, precavidamente, me asomé al exterior. Allí me detuve. En todas las direcciones a mi alrededor se extendía un gran tejado más allá de cuyo borde centelleaban, por todos lados, las luces de Londres. No tenía ni idea en qué edificio estaba, pero pude ver que era alto, pues me pareció hallarme por encima de la mayoría de las luces que podía ver. Entonces vi que no estaba solo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sobre las sombras del parapeto que rodeaba el borde del tejado, una forma amenazadora y enorme se recortaba contra las estrellas. Dos ojos me contemplaban centelleando con una luz que no era totalmente racional; las estrellas arrancaban destellos plateados de una curva hoja de acero.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Yar Khan, el asesino afgano, se me encaraba entre las sombras silenciosas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una exultación fiera y salvaje me invadió. ¡Ahora podía empezar a pagar la deuda que tenía con Kathulos y toda su banda infernal! La droga me hacía arder las venas y enviaba oleadas de un poder inhumano y una oscura furia recorriendo todo mi ser. Me lancé a la carrera, un salto silencioso y mortífero.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Yar Khan era un gigante, más alto y fornido que yo. Tenía un tulwar, y desde el momento en que le vi supe que estaba lleno de la droga a cuyo uso estaba habituado: heroína.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al verme llegar, alzó su pesada arma en un arco letal, pero antes de que pudiese golpear yo le aferré la muñeca con que sostenía la espada en una presa de hierro y con la mano que me quedaba libre le propiné golpes terribles en el plexo solar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; De ese espantoso combate librado en silencio por encima de la ciudad dormida, con sólo las estrellas como testigos, poco recuerdo. Recuerdo que me tambaleé, avanzando y retrocediendo, trabado en un abrazo de muerte. Recuerdo la áspera barba que me raspaba la carne mientras sus ojos incendiados por la droga me contemplaban llenos de ferocidad, clavados en los míos. Recuerdo el sabor de la sangre caliente en mi boca, el regusto que mi temible exultación me dejaba en el alma, una fuerza y una furia inhumanas que nacían avasallándolo todo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¡Dios, qué espectáculo para la vista, si alguien nos hubiese visto en ese tétrico tejado, dos leopardos humanos, enloquecidos por la droga, haciéndose pedazos entre sí!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Recuerdo su brazo rompiéndose como un trozo de madera podrida bajo mi presa y el tulwar cayendo de su mano inútil. Puesto en desventaja por un brazo roto, el final era inevitable y, con una salvaje explosión de fuerza, le llevé hasta el borde del tejado y le hice inclinarse por encima del parapeto. Por un instante luchamos allí; luego, le hice soltar su presa y le lancé al espacio y, mientras caía en la oscuridad, sólo tuvo tiempo de lanzar un alarido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me puse en pie, levantando los brazos hacia las estrellas, una estatua terrible de triunfo primordial.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y por el pecho me corrieron hilillos de sangre surgida de las hondas heridas que las frenéticas uñas del afgano me habían infligido en el cuello y el rostro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me volví, lleno de la astucia de un loco. ¿Acaso nadie había oído el ruido de la batalla? Tenía los ojos clavados en la puerta por la que había venido, pero un ruido me hizo girar en redondo y, por primera vez, noté que había algo parecido a una torre surgiendo del tejado. No había ninguna ventana, pero sí una puerta y, mientras miraba, esa puerta se abrió y una colosal forma oscura se recortó a la luz que brotaba del interior. ¡Hassim!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Salió al tejado y cerró la puerta, los hombros encorvados y el cuello tendido mientras miraba a un lado y a otro. Le derribé al suelo, inconsciente, con un golpe que contenía todo mi odio. Me incliné sobre él, aguardando algún signo de que recobraba el conocimiento; luego, a lo lejos, en el cielo, cerca del horizonte, vi un débil tinte rojizo. ¡La luna estaba saliendo!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En nombre de Dios, ¿dónde estaba Gordon? Mientras permanecía inmóvil e indeciso, me llegó un extraño sonido. Se parecía, curiosamente, al zumbido que producirían muchas abejas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Avanzando en la dirección de donde parecía provenir, atravesé el tejado y me incliné por encima del parapeto. Un espectáculo increíble, como salido de una pesadilla, se ofreció a mi vista.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A unos seis metros por debajo del nivel del tejado en el que me hallaba, había otro tejado, del mismo tamaño y, claramente, parte del mismo edificio. A un lado limitaba con la pared; en los otros tres lados había un parapeto varios metros más alto que el de mi tejado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el tejado había una multitud, de pie, sentada, acuclillada, todos apretujados unos contra otros... Y, sin excepción, todos eran ¡negros! Había centenares de ellos, y lo que había oído era el murmullo de sus conversaciones en voz baja. Pero lo que atrajo mi atención fue aquello en lo que tenían clavada la mirada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el centro del tejado se alzaba una especie de teocali de unos tres metros de alto, casi exactamente igual a los hallados en México y sobre los que los sacerdotes de los aztecas sacrificaban víctimas humanas. Éste, salvo en lo tocante a su escala, infinitamente menor, era una copia exacta de esas pirámides sacrificiales. Sobre su cima truncada había un altar curiosamente esculpido y, a su lado, se alzaba una figura flaca y oscura a la cual ni tan siquiera la horrenda máscara que llevaba podía ocultar a mi vista... Santiago, el hechicero vudú de Haití. Sobre el altar yacía John Gordon, desnudo hasta la cintura y atado de pies y manos, pero consciente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Vacilante, me aparté del borde del tejado, desgarrado por la indecisión. Ni el estímulo del elixir podía competir con esto. Y entonces, un mido me hizo volver en mí para ver a Hassim que, medio aturdido, luchaba por ponerse de rodillas. Llegué junto a él tras dar dos largas zancadas e, implacablemente, le derribé de nuevo. Noté entonces un objeto extraño que llevaba colgando del cinturón. Me agaché para examinarlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Era una máscara similar a la que llevaba Santiago. Mi mente saltó entonces rauda concibiendo un salvaje y desesperado plan. Anduve con cautela hasta la torre y, abriendo la puerta, examiné el interior. No vi a nadie que hiciese falta acallar, pero sí una túnica de seda que colgaba de un gancho en la pared. ¡La suerte del drogado! La cogí y cerré de nuevo la puerta. Hassim no parecía dar señales de recobrarse pero, para asegurarme, le golpeé de nuevo en la mandíbula y, cogiendo su máscara, corrí hacia el borde del tejado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un canto ronco y gutural ascendía hacia mí, discordante, bárbaro, apenas ocultando la enloquecida sed de sangre que en él subyacía. Los negros, hombres y mujeres, se balanceaban hacia adelante y hacia atrás siguiendo el ritmo salvaje de su cántico de muerte. En el teocali, Santiago seguía inmóvil como una estatua de basalto negro, mirando hacia el este, el cuchillo en alto..., una imagen salvaje y terrible, desnudo como estaba a excepción de su taparrabos de seda y la máscara inhumana en el rostro. La luna asomaba ya un borde rojizo por encima del horizonte oriental y una débil brisa removía las grandes plumas negras que oscilaban sobre la máscara del sacerdote vudú. El cántico de los adoradores descendió de tono hasta convertirse en un murmullo siniestro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A toda prisa me puse la máscara de muerte, me coloqué bien la túnica y me preparé para el descenso. Estaba dispuesto a dejarme caer, bien seguro con la soberbia confianza de mi locura que aterrizaría sin sufrir daño alguno; pero al trepar por encima del parapeto descubrí una escalera de acero que descendía. Evidentemente, Hassim, uno de los sacerdotes vudú, pretendía bajar por aquí. De tal modo descendí, a toda prisa, pues sabía que cuando el extremo inferior de la luna iluminase los edificios de la ciudad, esa daga inmóvil bajaría hasta hundirse en el pecho de Gordon.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Envolviéndome bien en la túnica pa
