<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531</id><updated>2012-02-10T19:40:45.747-05:00</updated><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ABRIL 1988'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ABRIL 1991'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 2002'/><category term='DATOS INTERESANTES. VALE LA PENA SABER'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - MAYO 1998'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - DICIEMBRE 1993'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - TEMAS RESCATADOS'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - ENERO 1995'/><category term='BELLEZAS DEL CINE Y TELEVISION'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - JUNIO 1995'/><category term='UN MUNDO INSEGURO'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - AGOSTO 1979'/><category term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category term='INFORMACION'/><category term='BIOGRAFIAS'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JULIO 1999'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - JULIO 1996'/><category term='CHISTES QUE LLEGAN A MI EMAIL'/><category term='z'/><category term='TEMAS VARIOS'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - MARZO 1995'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - MARZO 1979'/><category term='FOTOS: PAISAJES Y TEMAS VARIOS'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - ABRIL 1998'/><category term='ARTE - GRAFICOS'/><category term='PERSONAJES DISNEY'/><category term='zz'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ENERO 1998'/><category term='LIBROS-EN-LINEA'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category term='MENSAJES PARA REFLEXIONAR'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - SEPTIEMBRE 1995'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - JULIO 1994'/><category term='LA VIDA SE HA CONVERTIDO EN UN LUCRO'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - OCTUBRE 1998'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 1989'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - ABRIL 1995'/><category term='SUCESOS-PROEZAS QUE CONMUEVEN'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - SEPTIEMBRE 1993'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - NOVIEMBRE 1976'/><category term='CONSEJOS SANOS PARA EL ALMA'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 2000'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - MARZO 1990'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - ABRIL 1994'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - AGOSTO 1980'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - SEPTIEMBRE 1996'/><category term='REVISTA DINERS - ECUADOR - MAYO 1993'/><category term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - FEBRERO 1998'/><category term='SALUD Y PREVENCION'/><title type='text'>MOMENTO DIGITAL... lectura en línea</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mdarena.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4744</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-6482022862100044236</id><published>2012-02-05T09:22:00.000-05:00</published><updated>2012-02-05T09:23:11.145-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='SALUD Y PREVENCION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>LOS CARBOHIDRATOS: NUESTRA PRINCIPAL FUENTE DE ENERGIA</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 390px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-sTGqZArOoRE/TyqRZjD693I/AAAAAAAATGM/78JaUWP-VT4/s1600/LOS%2BCARBOHIDRATOS-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704531746112599922" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Es importante otorgar a los alimentos que brindan energía, el lugar que merecen en nuestra dieta. La  principal fuente son los carbohidratos: un grupo tan heterogéneo que incluye desde féculas y azúcares hasta el glucógeno y la celulosa.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Las funciones que realizan el aparato nervioso y el musculatorio, más las actividades que dependen del cerebro, mejoran su funcionamiento cuando crece la energía que estos órganos tienen para llevar a cabo sus actividades. Por esto, un nivel de ingesta de carbohidratos alto resulta fundamental para que nuestro organismo trabaje a su máxima capacidad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los carbohidratos funcionan de una manera muy simple, descomponiéndose en azúcares sencillos que el cuerpo absorbe con facilidad y luego pasan a la corriente sanguínea; así llevan energía a todas las células del organismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La cantidad de carbohidratos que una persona debe ingerir en forma diaria para satisfacer sus necesidades enérgicas depende estrictamente de la cantidad de actividades que se realicen durante la jornada. Los hombres generalmente necesitan alrededor de 450 gramos diarios, mientras que las mujeres (según la media estadística), sólo necesitan 300 gramos. Cuando se lleva a cabo alguna actividad fisica que demande mucha energía, se queman las reservas de glucógeno de nuestro organismo, por lo que es necesario reponerlas luego de que haya finalizado la actividad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;TIPOS DE CARBOHIDRATOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Como los carbohidratos se forman de cantidades desiguales de átomos de oxígeno, carbono e hidrógeno, según cuál sea la distribución se llegan a diversas formas de compuestos:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Carbohidratos Simples:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Son los azúcares de sabor muy dulce y forma de cristales, que se disuelven fácilmente en el agua. Los principales proveedores de este tipo de carbohidratos son las frutas frescas, la miel y algunas hortalizas, aunque pueden obtenerse procesando otros productos como la caña de azúcar y la remolacha azucarera. Se dividen en dos grupos:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;1. Disacáridos.&lt;/strong&gt; Es, principalmente, la sacarosa o azúcar de mesa, que se encuentra compuesta de fructosa y glucosa en partes iguales, dos componentes que son separados por el organismo una vez consumidos. La lactosa también clasifica dentro de esta variedad, siendo una mezcla de galactosa y glucosa que se encuentra en la leche. Por último, el azúcar de malta o maltosa se encuentra en los productos que contienen este elemento y se trata de una preparación de glucosa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;2. Monosacáridos.&lt;/strong&gt; Se trata principalmente de la glucosa, el carbohidrato más importante en la sangre gracias a todas las funciones que lleva a cabo, puesto que es la que constituye el azúcar en la sangre. Dentro de este grupo también se incluye la fructosa, en la que son rica las frutas y la miel, y la galactosa, que forman parte de la lactosa y por lo tanto son los azúcares que se encuentran en la leche y en los diversos productos lácteos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Carbohidratos Compuestos:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Son lo también llamados polisacáridos, ya que sus moléculas son formadas por varias unidades de azúcares simples. Se dividen, también, es dos grupos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;1. Fibras.&lt;/strong&gt; El compuesto de este tipo que puede disolverse en agua se llama pectina y ayuda a regular la absorción de los carbohidratos simples y facilita su traspaso a la sangre; se la encuentra en las peras, las manzanas y la avena. El tipo de fibra que no puede ser digerida por el cuerpo humano se denomina celulosa, y ayuda a aumentar el grosor de las deposiciones y mantiene sano el intestino; se la encuentra en alimentos vegetales, puesto que forma parte importante de la pared celular de las plantas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;2. Féculas.&lt;/strong&gt; Se trata de alimentos como el arroz, el maíz, los plátanos, el trigo, la avena, las alubias, los guisantes y las patatas, que necesitan mucha cocción para que el cuerpo pueda absorber las féculas que contienen. No todas las féculas se digieren, sino que una parte importante pasa al intestino grueso, donde diversas bacterias las consumen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 350px; height: 303px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-UAeYP0B7VrA/TyqRY-MgJAI/AAAAAAAATF8/7_CyOuIEOEI/s1600/LOS%2BCARBOHIDRATOS-3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704531736216478722" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LOS CARBOHIDRATOS Y LA DIGESTION&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La mayoría de los carbohidratos tienen que descomponerse en azúcares sencillos antes de que puedan pasar al aparato digestivo y ser utilizados como energía: tan sólo la glucosa puede ser absorbida directamente por el cuerpo sin algún proceso intermedio. La cantidad de energía que proveen cada uno de los carbohidratos no depende tanto de ellos, sino de los demás nutrientes que forman parte del alimento que los contiene. La avena, por ejemplo, contiene minerales, proteínas y vitaminas, que influyen en la absorción y digestión de las féculas que contiene.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La digestión de este tipo de elemento es en realidad bastante sencilla: una vez que han pasado la boca, donde ciertas enzimas contenidas en la saliva comienzan a descomponer la féculas, se desciende hasta el estómago, donde los carbohidratos simples pueden pasar automáticamente a la sangre.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el caso de las variedades más complejas, es necesario que pasen por el intestino para poder ser asimilados. La glucosa en la sangre, más conocido como niveles de azúcar en la sangre, dependen de dos hormonas: la insulina y el glucagón; cuando se termina de digerir una comida con altos niveles de carbohidratos, el páncreas es estimulado para liberar dosis de insulina que reduce el nivel del azúcar hasta las proporciones seguras. Esto se realiza gracias a que las células absorben grandes cantidades de azúcar, aumentando su energía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Según existan diversas condiciones en el organismo, pueden acarrearse anormalidades o enfermedades relacionadas con los carbohidratos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los diabéticos, por ejemplo, no pueden producir suficiente insulina, lo que los hace tomar comprimidos o inyectársela y los obliga a consumir cantidades regulares de carbohidratos cada día, para mantener los niveles de azúcar en la sangre en un límite seguro. También puede suceder que algunas personas sufran de la falta de una enzima llamada lactasa, que se usa para descomponer la lactosa en glucosa y galactosa, es decir, en las moléculas que la forman; en caso de que esta carencia sea muy grave, la lactosa pasa de largo por el estómago y llega al intestino, donde produce males tales como fuertes cólicos gástricos o una excesiva producción de gas. Este puede ser el caso de las persona con intolerancia a la lactosa, que necesitan reemplazar los productos lácteos por otros y necesitan aumentar su consumo de productos que contengan sus nutrientes básicos y elementales, como los pescados que proporcionan calcio, primordial para la salud de los dientes y huesos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LAS DOSIS DIARIAS NECESARIAS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Aunque la cantidad exacta de carbohidratos necesarios depende de varios factores que varían según cada persona (edad, tamaño, sexo, actividades que realiza durante el día), lo más recomendable es consumir en forma diaria:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ Tres raciones de verduras y hortalizas de raíz, como por ejemplo las zanahorias, los berros, las espinacas, los boniatos, las judías y el repollo.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ Tres raciones de frutas tales como las bananas, los melocotones, los cítricos, las peras y las manzanas.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;■ Seis raciones de productos integrales como panes, pastas, arroz, trigo, avenas, centeno, mijo y maíz. Estos alimentos son de absorción lenta, es decir que tardan en digerirse, por lo que deben formar parte importante y constante de la dieta.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los alimentos con harina refinada, azúcar añadido y los que se cocinan mucho deben reducirse lo más posible, estableciendo un límite claro de ingesta semanal que debe ser muy firme.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No todos los alimentos se digieren con la misma rapidez, por lo que la energía no siempre llega al mismo tiempo sin importar cuál sea la fuente: la velocidad de absorción depende del índice de glucemia del producto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No siempre sucede que los alimentos dulces sean digeridos rápido y los feculentos con mayor lentitud, puesto que el arroz tiene un índice muy elevado, mientras que la miel lo tiene muy bajo. Consumir alimentos con un índice medio puede ayudar a controlar el hambre, por lo que resultan ideales para una dieta para bajar de peso (algunos de estos productos son el popcorn, los mangos, los jugos de naranja, las pasas de uva y el pan de centeno).&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por otro lado, los productos con altos niveles de glucemia como las patatas, los caramelos o las calabazas, resultan ideales para quien realice una actividad física que lo desgaste demasiado y para los diabéticos que sufran de bajas fuertes y repentinas de sus niveles de azúcar en la sangre.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 350px; height: 501px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-nVrOM5sPOAA/TyqRZdgV-LI/AAAAAAAATGE/hBYTWelMY-o/s1600/LOS%2BCARBOHIDRATOS-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704531744621197490" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;EL AUMENTO DE PESO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Es bastante común encontrarse bajo dieta y empezar a ganar peso en vez de bajarlo: este se debe a que la mayoría de ellas crea un sistema alimenticio que contiene proporciones inadecuadas de nutrientes. Lo más saludable es que cada vez se consuman más carbohidratos y menos grasas, algo que pocas dietas proponen. Los carbohidratos tienen menos calorías en el mismo peso que las grasas, lo que hacen que sean ideales para confeccionar dietas que satisfagan el apetito y reduzcan el peso.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;RESERVAR CARBOHIDRATOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El cuerpo no puede acumular grandes cantidades de carbohidratos como lo hace con las grasas, pero si puede reservarlos, es decir, transformarlos en glucógeno o almidón. Estas reservas aportan alrededor de la mitad de glucosa necesaria por día para un adulto. Pero si las cantidades de carbohidratos son más grandes de lo que se puede reservar, el cuerpo automáticamente convierte los sobrantes en grasas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 405px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-0Ytm-7gisTE/TyqRYjxS6eI/AAAAAAAATFs/g-XjBgj0b0A/s1600/LOS%2BCARBOHIDRATOS-4.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704531729123043810" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;EL ALCOHOL&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El alcohol etílico se obtiene fermentando los carbohidratos, por lo que al ser digerido es degradado por el organismo a través de la acción de una enzima que se encuentra en las paredes de hígado y del estómago, denominada alcohol deshidrogenasa. Si el alcohol es consumido junto con alimentos, esta enzima tiene más tiempo para actuar, por lo que lo neutraliza y sus efectos sobre el cuerpo (en cuanto a pérdida de control se refiere) son menores. El que no es degradado por el estómago pasa a la corriente sanguínea y de allí se traslada al hígado, que puede eliminar unos seis gramos de alcohol por hora.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las mujeres resisten el alcohol en menor medida, ya que la cantidad de alcohol deshidrogenasa es mayor en el estómago de los hombres, que entonces lo degradan más rápido, haciendo que el nivel de alcohol en la sangre aumente más despacio. Además, las mujeres tienen menos líquido en los tejidos corporales, por lo que tienen menos líquido para diluir el alcohol, por lo que permanece más concentrado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LAS CARIES&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EL comer alimentos muy azucarados en las comidas no aumenta el peligro del surgimiento de caries, más que nada si los dientes se cepillan después de cada comida; asimismo, el aumento de saliva que se produce al masticar ayuda a lavar el azúcar de los dientes. Por otro lado, consumir alimentos azucarados entre comidas hace que no exista ningún elemento que diluya el azúcar o que lo aleje de los dientes, sino que de hecho tanto ésta como la fécula se adhieren a La dentadura, formando así la placa. Esta placa nutre a las bacterias que forman parte natural de la boca y en consecuencia éstas producen ácido. Es este ácido el que corroe el esmalte de los dientes y da inicio a la caries propiamente dicha.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando se consume algún alimento azucarado entre comidas, Lo más recomendable es lavarse los dientes o masticar chicle con xilitol, que aumenta el nivel de saliva y limpia a los dientes de carbohidratos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente: Revista MEDICINAS ALTERNATIVAS, Argentina Abril 2002&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-6482022862100044236?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/6482022862100044236'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/6482022862100044236'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/los-carbohidratos-nuestra-principal.html' title='LOS CARBOHIDRATOS: NUESTRA PRINCIPAL FUENTE DE ENERGIA'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-sTGqZArOoRE/TyqRZjD693I/AAAAAAAATGM/78JaUWP-VT4/s72-c/LOS%2BCARBOHIDRATOS-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-2038510738952502283</id><published>2012-02-05T09:19:00.001-05:00</published><updated>2012-02-05T09:21:40.111-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TEMAS VARIOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>YEDRA, LA ENREDADERA MISTERIOSA</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 356px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-_0Omb2kZChc/TyqQoPPfJbI/AAAAAAAATE4/0zjfjTS3JT4/s1600/HIEDRA%252C%2BLA%2BENREDADERA%2BMISTERIOSA-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530898978809266" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;Hiedra sobre un roble en el valle de Cabuerniga, en Cantabria.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Junto al agua fría, en la senda clara, sombra dará algún día, ese arbolillo en que nadie repara.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cancionero apócrifo, Antonio Machado&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Ignacio Abella&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Una leyenda griega cuenta que cuando Semele murió a causa de las llamas que arrojaba Zeus al mostrarse en su forma divina, el dios niño que llevaba en su vientre, Dionisos, pudo salvarse porque una hiedra vino milagrosamente a protegerlo. La planta adoptó el nombre del dios, Kissos, y desde entonces ha sido emblema y adorno de Dionisos o Baco, así como de sus bacantes y bacanales, pero también lo fue de Osiris, de Atis, de Apolo y de la musa Talía. Simbolizaba entonces el espíritu de la vegetación, de la voluptuosidad y de la belleza, que expresan tanto sus tallos entrelazados como sus hojas lustrosas. Su arquetípico diseño y el propio ritmo en el que se disponen han servido de inspiración a lo largo de la historia para motivos ornamentales muy diversos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Junto a otras especies perennes como el acebo o el muérdago, la hiedra ha sido ramo ritual para celebraciones fúnebres y festivas, además de ejercer como protector para entrar en el nuevo año.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Existe entre los hombres una arcaica e intensa relación de amor y odio hacia esta enredadera. Mientras que los jardineros la cultivan de mil modos distintos, los forestales tratan de erradicarla por todos los medios posibles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La ambivalencia de su simbolismo es también un reflejo de la dualidad que representa este extraño vegetal. Por su longevidad y follaje perenne, simbolizaba los misterios de la vida eterna y la vegetación, de la muerte y la resurrección. Incluso su comportamiento parece sugerir esta relación, ya que la misma planta contiene dos potencialidades distintas; dos genéticas, dos seres en uno. Por un lado, encontramos una hiedra trepadora o reptante, con hojas lobuladas bien adaptadas a la oscuridad y tendencia a emitir raicillas con las que aferrarse. Por otra, la hiedra emite sus vástagos florales con hojas enteras cuando alcanza el límite más allá del cual no es capaz de crecer y en esta fase se desarrollará, por tanto, a plena luz y aparecerán sus flores y frutos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;El huerto que heredé de mis mayores no tiene bellas flores de efímero vivir ni tenues frondas; tiene hiedra sagrada de hojas perennes y raíces hondas; fresca niñez y ancianidad honrada.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(José Maria Gabriel y Galán)&lt;/em&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Considerada por muchos como una planta dañina para los árboles y muros en los que se asienta, es preciso aclarar que de ningún modo se comporta como una parásita que absorbe savia o elementos nutricios de los troncos sobre los que trepa. Por otra parte, tampoco ahoga las copas por falta de luz, salvo en árboles muy viejos o enfermos. La leyenda negra de la hiedra es, en consecuencia, un viejo mito que hay que revisar, pues hay opiniones que incluso afirman que favorece en cierta manera a los árboles en los que vive.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su crecimiento se autolimita cuando alcanza las ramillas del grueso de un dedo y es entonces cuando emite sus vástagos florales, permitiendo a la periferia de la copa del árbol obtener la luz que necesita. Más aún, su ritmo estacional, complementario del de otros árboles y arbustos de bayas, alimenta con su floración otoñal multitud de insectos fecundadores, como las abejas, en una época en la que encuentran pocos recursos. Mientras, sus frutos primaverales, aunque tóxicos para el hombre, pueden resultar fundamentales para los petirrojos, mirlos y otras aves durante esta estación en la que apenas quedan bayas silvestres. De este modo, la hiedra contribuye a la supervivencia de dos de los elementos más importantes para la salud y la diversidad de nuestros bosques, los fecundadores y los diseminadores, sin cuyo concurso la propia composición de la cubierta vegetal cambiaría radicalmente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;También para los herbívoros, salvajes o domésticos, la hiedra es un recurso importante en épocas de nieve, cuando el pasto está cubierto y, en cambio, el follaje de esta trepadora continúa disponible.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se reproduce por siembra, aunque en jardinería es más común el uso del acodo o estaquilla, que conserva las características del ramo original (forma de la hoja, tendencia de crecimiento, capacidad de floración, etc.).&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 316px; height: 373px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-aRzPwigpxqg/TyqQn4KWQWI/AAAAAAAATEo/2aKKIR3od4Y/s1600/HIEDRA%252C%2BLA%2BENREDADERA%2BMISTERIOSA-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530892783239522" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;COMO CHAMPÚ Y DETERGENTE&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El cocimiento de hojas de hiedra se ha usado hasta no hace mucho para lavar el pelo, al que otorga un tono más oscuro y brillante. También se oscurecían los tejidos negros lavados con el agua que se obtiene macerando 40 hojas puestas en un litro de agua hirviendo. En este caso, la hiedra actúa también corno detergente. Además, esas mismas hojas maceradas en vinagre servían para eliminar callos y verrugas mediante la aplicación de cataplasmas o mojándolas de forma continuada en esa agua.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente: &lt;a href="http://www.larevistaintegral.com/" target="_blank"&gt;REVISTA INTEGRAL -  NOVIEMBRE 2008&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-2038510738952502283?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2038510738952502283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2038510738952502283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/yedra-la-enredadera-misteriosa.html' title='YEDRA, LA ENREDADERA MISTERIOSA'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-_0Omb2kZChc/TyqQoPPfJbI/AAAAAAAATE4/0zjfjTS3JT4/s72-c/HIEDRA%252C%2BLA%2BENREDADERA%2BMISTERIOSA-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-5644803764287703404</id><published>2012-02-05T09:13:00.002-05:00</published><updated>2012-02-05T09:18:43.334-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='SALUD Y PREVENCION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>VALERIANA PARA DORMIR MEJOR</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 696px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-EHuLt0FDfos/TyqQqflTVwI/AAAAAAAATFc/_hH0ejOabB8/s1600/VALERIANA%2BPARA%2BDORMIR%2BMEJOR-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530937725015810" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Ninguna otra planta se asocia tanto a la tranquilidad como la bella valeriana, apoyo natural contra el insomnio y el dolor muscular. Descubre sus numerosas virtudes y sus contraindicaciones.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Jordi Cebrián&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;En esta sociedad nuestra, de ritmo desbocado y compromisos permanentes, donde hasta los niños pueden sufrir estrés, quien más quien menos recurre alguna vez a sustancias tranquilizantes. Hay quienes incluso echan mano de los numerosos fármacos que ofrece el mercado, como el diazepam o valium, del que no pocos acaban siendo adictos, o de los antidepresivos. Solo de benzodiazepinas, medicamentos para tratar la ansiedad patológica, se venden en España unos cuarenta millones de envases anuales. Las plantas medicinales son una opción natural a estos fármacos, con la ventaja de que no suelen crear dependencia. Y si hay una planta que se relaciona automáticamente con los nervios, es la valeriana.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entre los remedios de herbolario, la valeriana (&lt;em&gt;Valeriana officinalis&lt;/em&gt;) constituye, sin duda, el principal recurso para enfrentarse a situaciones de tensión nerviosa. Se indica básicamente para casos de insomnio, ataques leves de ansiedad, palpitaciones nerviosas e irritabilidad, así como para aliviar espasmos gastrointestinales o hipertensión arterial asociados a nervios. En algunos paises europeos, como Alemania, se receta incluso por vía médica para tratar el insomnio y los estados de ansiedad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Planta herbácea, grácil, la valeriana puede alcanzar una altura de hasta metro y medio. A sus hojas compuestas, de hasta 12 foliolos estrechos y dentados, les acompañan en verano y primavera unas pequeñas flores rosadas o blancas agrupadas en inflorescencias corimbiformes. Crece en ambientes húmedos de montaña, junto a arroyos, en vaguadas y márgenes de bosques caducifolios.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El potencial medicinal de la planta se concentra principalmente en sus partes ocultas, en el corto y grueso rizoma horizontal —o tallo subterráneo— y en sus raices, que se cosechan al final del estío o ya entrados en el otoño. Una vez recolectados, se lavan a fondo con agua y se sacuden enérgicamente para librarlos de las impurezas. Luego se dejan secar a la sombra, en un lugar algo ventilado y evitando que se amontonen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;UN PERFUME POCO GRATO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Una vez seca, de la raiz emana un olor penetrante, como de sudor de pies, que la tradición dice que atrae a los gatos. Por ello a la valeriana se la conocía también como hierba de los gatos. Sus principios activos se concentran en el aceite esencial que, junto a unas sustancias conocidas como valepotriatos, confieren a la planta los efectos sedantes que la caracterizan. Contiene también ácido valérico, isovalérico, taninos y alcaloides.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La valeriana era bien conocida en la época de la antigua Roma, y ya entonces se utilizaba como sedante. &lt;em&gt;Valere&lt;/em&gt;, vocablo del que deriva la palabra &lt;comi&gt;"valeriana"&lt;/comi&gt;, es un término latino que significa &lt;comi&gt;"estar bien"&lt;/comi&gt;. En la Edad Media y durante el Renacimiento esta planta gozó de gran reputación en Europa como remedio para calmar los estados de histeria y los ataques de epilepsia, pero también para el tratamiento de trastornos digestivos, con náuseas y vómitos, para tratar las úlceras bucales y las encías inflamadas e incluso la debilidad de la vista.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;ALIADA FRENTE AL INSOMNIO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Diversos ensayos clínicos han analizado el mecanismo de acción de los extractos de valeriana como inhibidores de las neuronas del sistema nervioso simpático encargadas de mantener los estados de vigilia, pues se vio que potenciaban la acción de un aminoácido inhibidor, el ácido gamma-amino butírico (GABA).&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Estos estudios demostraron la eficacia de la valeriana en la disminución del tiempo de latencia, que es el que precisamos para llegar a conciliar el sueño. La valeriana se revela así como una alternativa válida a los hipnóticos y sedantes de síntesis para conseguir favorecer el sueño natural en estados de insomnio no agudo, en personas que duermen poco o que tienen alterado su ritmo de sueño a causa de situaciones de tensión nerviosa y acumulación de preocupaciones. Ahora bien, para que resulte eficaz, se deben procurar tratamientos largos de entre 4 y 6 semanas y en dosis elevadas para quienes ya hayan seguido tratamientos previos con medicamentos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;CALMAR LOS NERVIOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La valeriana como tranquilizante se destina también a calmar los estados de ansiedad leve –aunque en este punto no existe evidencia científica sobre su efectividad–, para tratar la hiperactividad infantil, las cefaleas nerviosas y las taquicardias. Ayuda asimismo a mantener la tensión arterial bajo control cuando esta se altera a consecuencia de algún trastorno nervioso, previene o alivia los espasmos gastrointestinales en personas de tendencia nerviosa propensas a padecerlos y puede servir de apoyo a personas afectadas del síndrome del colon irritable, a quienes los nervios pueden agudizar los síntomas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Resulta también un eficaz relajante muscular, muy útil para aliviar la tensión y el dolor tras un sobreesfuerzo o una actividad deportiva especialmente dura, para calmar las contracturas musculares y los dolores neurálgicos, así como para rebajar la incidencia de los espasmos musculares durante la menstruación y para contribuir a suavizar algunos de los trastornos propios del climaterio, como los sofocos, la tensión muscular, la jaqueca y la lumbalgia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;CÓMO TOMARLA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La valeriana se puede encontrar fresca o seca. La planta seca se presenta en forma de raíz seca estabilizada, que se puede preparar en decocción, preferentemente combinada con otras plantas como la melisa y el espino blanco, más el añadido ciertamente imprescindible de algún corrector de sabor, como la menta o el anís verde. Se pueden tomar hasta tres tazas diarias en el caso de los adultos, y una o media en el de los niños.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La &lt;strong&gt;tintura&lt;/strong&gt; de valeriana se toma disuelta en agua o zumo de frutas, y bastan unas 20-25 gotas diarias, en dos tomas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Puede encontrarse también en forma de &lt;strong&gt;extracto liquido&lt;/strong&gt; (en ese caso se toman hasta 50 gotas, en tres dosis diarias), el &lt;strong&gt;jugo del rizoma fresco&lt;/strong&gt; y en &lt;strong&gt;polvo&lt;/strong&gt;. Pero la forma más frecuente y cómoda de tomarla es en &lt;strong&gt;comprimidos&lt;/strong&gt; o en cápsulas, de una media de 250 o 300 mg por unidad, de las que se puede tomar en el caso de los adultos hasta 4 o 5 al día, la última toma una hora o dos antes de acostarse. En cualquier caso, se aconseja no superar los 15 g de valeriana diarios en cualquiera de sus formas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el mercado se vende una gran variedad de productos en cápsulas y comprimidos que asocian la valeriana a otras plantas como el lúpulo, la melisa, la amapola, la pasiflora o el espino albar, entre otros. Es necesario dejarse aconsejar por el herbolario de confianza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;PRECAUCIONES EN EL USO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La valeriana no presenta apenas efectos secundarios y es, en general, una planta segura y apta para todas las edades. Se metaboliza con bastante rapidez y sus efectos han desaparecido a la mañana siguiente. Solo se desaconseja su consumo, por prudencia y a falta de estudios concluyentes, a mujeres embarazadas y lactantes, a niños menores de tres años y a pacientes con insuficiencia renal.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No obstante, consumida de forma persistente y en dosis demasiado altas, se ha observado que la valeriana puede ocasionar cefaleas, vértigos, náuseas, fatiga, sudoraciones, picores e incluso aquello que con ella se pretende combatir: alteraciones del sueño. Otros estudios hablan de somnolencia y torpeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se advierte también de la necesidad de no simultanear el consumo de valeriana con el de barbitúricos y otros sedantes clínicos, o bebidas alcohólicas y excitantes como el café y la cola, pues puede sobreactivar sus efectos e inducir estados de agitación y ansiedad o bien de torpor y somnolencia, según el caso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como ocurre con las benzodiacepinas, si tras un uso prolongado se deja de tomar de forma brusca, la valeriana puede producir confusión y mareos. Tomada por periodos muy largos puede generar cierta dependencia. Para combatir el insomnio, se aconseja tomar una dosis a media tarde y la segunda una o dos horas antes de acostarse, dado que con frecuencia –aunque no a todo el mundo–produce cierta inquietud inicial que se va apagando con el paso del tiempo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-jcIszLoKd4I/TyqQorar1PI/AAAAAAAATFA/M7aUouQBrM8/s1600/VALERIANA%2BPARA%2BDORMIR%2BMEJOR-3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530906541970674" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LAS RECETAS DE HERBOLARIO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Estas cinco decocciones combinan la raiz de valeriana con otras plantas medicinales:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ANSIEDAD Y ESTRÉS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Combina, a partes iguales, valeriana, melisa, pasiflora, hipérico y anis estrellado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Preparación:&lt;/em&gt; Una cucharada sopera rasa de la mezcla anterior por vaso de agua, se hierve dos minutos y se deja en reposo otros diez.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Cuándo tomarla:&lt;/em&gt; Dos o tres veces al día, en ayunas o fuera de las comidas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EFECTO HIPOTENSOR&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para reducir la tensión arterial, se puede tomar una decocción que se prepara con una mezcla de raíz de valeriana, espino albar, hojas de olivo y tilo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Preparación:&lt;/em&gt; Se hierve una cucharada rasa por taza de agua un minuto y se deja reposar otros diez. El sabor mejora con miel de azahar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Cuándo tomarla:&lt;/em&gt; Dos vasos al dia, tras desayunar y cenar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;RELAJANTE MUSCULAR&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Combina raíz de valeriana, viburno, milenrama y pasiflora, a partes iguales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Preparación:&lt;/em&gt; Como la tisana anterior.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Cuándo tomarla:&lt;/em&gt; Hasta tres tazas al día, con anís estrellado o mema. Se puede completar con unas friegas suaves de infusión de valeriana y milenrama sobre el área tensa o dolorida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;CONTRA LA JAQUECA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esta decocción asocia valeriana a lúpulo, poleo y flor de azahar, a partes iguales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Preparación:&lt;/em&gt; Idénticas instrucciones que las anteriores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Cuándo tomarla:&lt;/em&gt; dos o tres tazas al dia. También se puede aplicar externamente, empapando con la decocción unas compresas y disponiéndolas sobre el área donde se localiza la presión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARA DISTONÍAS DE LA MENOPAUSIA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se precisa valeriana, mijo del sol, salvia, sauzgatillo y menta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Preparación:&lt;/em&gt; Idénticas instrucciones que las anteriores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;em&gt;Cuándo tomarla:&lt;/em&gt; dos o tres tazas al día, tomadas en ayunas, en los periodos de sofocos, sudoraciones, posibles estados de depresión leve y nerviosismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;RELAJARSE CON AROMATERAPIA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El aceite esencial&lt;/strong&gt; de valeriana aplicado en forma de baño o masaje es una de las mejores soluciones para tratar de relajarse. Este aceite, que se extrae por destilación de las raíces de la planta, presenta un color pardo olivácea que se ennegrece con el tiempo, y un aroma intenso y terroso. Resulta muy útil para relajarse tanto física como mentalmente y se considera incluso ligeramente hipnótico.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;Combina bien&lt;/strong&gt; con los aceites de lavanda, romero y mandarina, y está indicado para aliviar estados nerviosos diversos, como irritabilidad, inquietud, ansiedad leve insomnio, indigestiones nerviosas y tensión muscular. No obstante, no hay que usarlo en grandes cantidades ni de forma continuada, ya que puede provocar dolor de cabeza y agitación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 293px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-3oDhEPgpTcg/TyqQo8Xz69I/AAAAAAAATFM/mfgvyiAA4rE/s1600/VALERIANA%2BPARA%2BDORMIR%2BMEJOR-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530911093320658" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;OTRAS VALERIANAS MUY POPULARES&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La valeriana pertenece a la familia de las valerianáceas, de las que se conocen unas 360 especies repartidas por todo el mundo. Aunque con un uso mucho más restringido que la valeriana clásica, estas otras valerianas aún se siguen empleando popularmente. Es el caso de:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;La valeriana pirenaica&lt;/strong&gt;, mucho más robusta que la oficinal, que había sido cosechada por las gentes de las montañas a falta de esta y con las mismas finalidades.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;La milamores&lt;/strong&gt; (&lt;em&gt;Centranthus ruber&lt;/em&gt;), planta muy común, sobre todo en las tierras próximas a la costa, que también se usa como sedante y relajante muscular, solo en infusión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;La cornucopia&lt;/strong&gt; (&lt;em&gt;Fedia cornucopiae&lt;/em&gt;), común en el sur de la Península, donde se consumen sus brotes tiernos, en ensalada y en verdura.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;La hierba de los canónigos&lt;/strong&gt; (&lt;em&gt;Valerianella locusta&lt;/em&gt;), de la que se consume la planta joven en ensalada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LIBROS RECOMENDADOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;MANUAL DE PLANTAS MEDICINALES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;D. Simon y D. Chopra. Ed. Paidós&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;HIERBAS PARA LA SALUD&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Kathi Keville. Ed. Oniro&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;DICCIONARIO INTEGRAL DE PLANTAS MEDICINALES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Jordi Cebrián. Ed. RBA Libros&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuente: &lt;a href="http://www.cuerpomente.es/" target="_blank"&gt;CUERPO MENTE - ESPAÑA - NOVIEMBRE 2008&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-5644803764287703404?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5644803764287703404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5644803764287703404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/valeriana-para-dormir-mejor.html' title='VALERIANA PARA DORMIR MEJOR'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-EHuLt0FDfos/TyqQqflTVwI/AAAAAAAATFc/_hH0ejOabB8/s72-c/VALERIANA%2BPARA%2BDORMIR%2BMEJOR-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-4240688536158565076</id><published>2012-02-05T09:11:00.000-05:00</published><updated>2012-02-05T09:12:35.791-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>VINO, VIO Y VENCIÓ EN VOLVO</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 350px; height: 451px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-5Y4ndbAO6ZY/TyqR3bMZw_I/AAAAAAAATHQ/qcELK9rKPK4/s1600/VINO%252C%2BVIO%2BY%2BVENCIO%2BEN%2BVOLVO-1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704532259396764658" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;Pehr Gyllenhammar&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Se rieron cuando Pehr Gyllenhammar se propuso revolucionar la Volvo. Nadie ríe ya. Hoy sus ideas son objeto de estudio administrativo en todo el mundo. . . porque funcionan.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Robert Wernick&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EN EL tradicionalista mundo sueco de los negocios, Pehr Gustaf Gyllenhammar parecía absurdamente joven a sus 36 años, en 1971, para que lo designaran director ejecutivo de la Volvo, la productora de automóviles de mayor éxito en el país. Está lleno de ideas, decían las malas lenguas, pero, ¿ha visto alguna vez una fábrica por dentro?&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es cierto que carecía de antecedentes industriales. Venía de una familia próspera, había practicado el derecho naviero en Nueva York, y había sucedido a su padre como director de la compañía de seguros más importante de Suecia. Ahora estaba aquí, anunciando que revolucionaría totalmente a la Volvo y que introduciría en ella innovaciones que iban a modificar los métodos de fabricación en el mundo entero. Estas afirmaciones provocaron risitas escépticas dentro y fuera de la Volvo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ahora, 14 años después, ya nadie se ríe, porque Pehr Gyllenhammar ha hecho exactámente lo que anunció. La Volvo se ha transformado, bajo su dirección, en un gigante industrial que produce de todo, desde camiones de volteo o volquetes hasta embutidos, y que da trabajo a más de 75,000 personas en más de 100 países. Las plantas que se construyeron durante esta expansión son en la actualidad motivo de estudio en todo el mundo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como todo hombre de negocios alerta, Gyllenhammar se dio cuenta, desde el principio, de que todo el sistema industrial tenía problemas por la mano de obra. Las horas laborables iban disminuyendo mientras los salarios subían, pero los trabajadores presentaban síntomas alarmantes de estar hartos. Cuanto mejores eran sus condiciones laborales, menos parecía gustarles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 329px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-79FWjLG9RH0/TyqR3LvufeI/AAAAAAAATHA/cxUuQ45uyKY/s1600/VINO%252C%2BVIO%2BY%2BVENCIO%2BEN%2BVOLVO-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704532255249956322" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;El trabajo en la planta de Kalmar de la Volvo&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Para Gyllenhammar, la explicación era sencilla: el trabajo en las fábricas era aburrido. Los ingenieros se habían pasado un siglo mejorando la línea de ensamblaje de Henry Ford para convertirla en la más eficiente forma de producción en el mundo, pero tendían a olvidarse de los seres humanos a quienes se obligaba a laborar al ritmo repetitivo y aislante de sus máquinas. Aun en la moderna planta de la Volvo en Torslanda, cerca de Gotenburgo, planeada para comodidad y seguridad del obrero, estallaban huelgas ilegales con el menor pretexto. El ausentismo era galopante, y la rotación de personal, de un 50 por ciento anual.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Qué contraste, reflexionaba Gyllenhammar, con los últimos años veinte, cuando la Volvo inició sus operaciones. Entonces los trabajadores tenían interés en hacer automóviles de calidad y durabilidad superlativas, y laboraban en grupos sumamente unidos, como artesanos. ¿No existiría alguna manera de combinar la eficiencia en costos de la línea de ensamblaje con el espíritu de equipo del taller pasado de moda? ¿Por qué no pretender que los obreros, cuando vieran un Volvo rodar por las calles, dijeran orgullosos: &lt;comi&gt;"Yo participé en la fabricación de ese auto"&lt;/comi&gt;?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esas ideas, durante años, estuvieron en la mente de muchos, pero nadie se apresuraba a ponerlas en práctica. Gyllenhammar, en su nuevo empleo, se sintió en posición de actuar. Una de sus primeras tareas fue supervisar la planeación y construcción de una planta de armado final en Kalmar, en la costa sudeste de Suecia. Los ingenieros presentaron planos para una Torslanda en grande, pero con la misma línea de armado. Pehr los desechó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;comi&gt;"Quiero una clase de fábrica completamente nueva"&lt;/comi&gt;, les dijo, y trazó un boceto circular con un anillo de círculos pequeños por dentro. Estos círculos representaban estaciones de trabajo, lugares donde los trabajadores pudieran esperar a que los autos llegaran a ellos, en vez de trotar junto a los autos mientras estos avanzaban por la línea. Dentro de una gran fábrica habría numerosas fabriquitas que tendrían, cada una, la escala humana de un taller antiguo. Con la automatización y computarización no resultaba más difícil hacer serpentear los autos, en vez de que fueran en línea recta de un extremo a otro de la planta. Incluso podría ser más barato, porque el diseño circular hacía posible evitar cuellos de botella almacenando los materiales en el centro, a sólo unos cuantos metros de los trabajadores que los necesitaran.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dos semanas después, los planificadores habían sistematizado los bocetos de Gyllenhammar: una planta en forma de trébol con 25 estaciones de trabajo en los límites, una para cada operación básica del armado de un vehículo: instalación del cableado eléctrico, colocación del tablero, etcétera. Los autos pueden pasar de una estación a la siguiente en transportadores sin conductor, plataformas sobre ruedas de hule activadas por cintas magnéticas ocultas bajo el piso. El 8 de febrero de 1974 entró en la nueva planta el primer vehículo, un Volvo 164, como cascarón, y salió como vehículo terminado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ahora se ve con claridad que ha triunfado la jugada de Gyllenhammar, porque Kalmar está dando salida a los autos en menos horas-hombre que cualquiera de las demás plantas de Volvo. Este es un notable logro para cualquier fábrica nueva, pero sobre todo si es de diseño radicalmente nuevo y cuenta con una mano de obra inexperta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 370px; height: 549px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-jNySI0XowJY/TyqR2uj-HdI/AAAAAAAATG0/30seFqY2KJI/s1600/VINO%252C%2BVIO%2BY%2BVENCIO%2BEN%2BVOLVO-3.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704532247416020434" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;El trabajo en la planta de Kalmar de la Volvo&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La planta de Kalmar tiene otros aspectos extraordinarios. Casi todas las fábricas de automóviles retumban por el ruido de golpes y rechinidos. En Kalmar sólo se oye el débil susurro de los transportadores al avanzar; cada uno se mueve a 25 metros por minuto antes de estacionarse a la orilla de los espacios de trabajo. Un refinado equipo de eliminación de ruidos permite hablar en tono normal de futbol o de la cotización de la Volvo en la Bolsa de Valores de Estocolmo (tema de interés general, porque a cada trabajador se le dieron cinco acciones de capital en mayo de 1982). Unos tubos que bajan del cielo raso succionan los olores de gasolina y gas. Cada área de trabajo cuenta con cafetería, cuarto de vestidores y baño sauna. El diseño en forma de trébol asegura que cada obrero trabaje cerca de una ventana.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El grupo de 10 a 25 hombres que ocupa el espacio de trabajo es el corazón del experimento de Kalmar. En su mayoría son personas empleadas en la planta desde hace años. El grupo es responsable de transferir determinado número de autos de una zona de defensas a otra en determinado tiempo (generalmente de 20 a 30 minutos), y dentro de estos límites maneja como desea sus propias operaciones. Los obreros pueden intercambiar labores: quien trabaja hoy con el martillo puede hacerlo mañana con el destornillador. Pueden subir a la plataforma transportadora o caminar al parejo de ella, o inclusive detenerla. Las plataformas se pueden inclinar hasta un ángulo de 90 grados para permitir que todos laboren de píe o sentados; se cuenta con montacargas para alzar las partes pesadas, como puertas y motores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo esto ha hecho que Kalmar sea un sitio agradable, en el que nunca ha habido una huelga ilegal. Los sindicatos, que en Suecia son tan poderosos, han colaborado para tratar de mejorar el sistema. En diez años de trabajo, la gerencia sólo ha tenido que intervenir una vez para remover a una persona inadaptada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A Gyllenhammar le divierte recordar lo que la gente opinaba cuando empezó la operación Kalmar: &lt;comi&gt;"Primero me dijeron que no iba a funcionar; después, que era un lujo que sólo una compañía sueca pequeña y poderosa podía permitirse. Y finalmente, que podría funcionar en Kalmar con sus 700 obreros, pero no en una planta de 10,000 trabajadores o más"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tonterías, contestaba Pehr. Las compañías suecas no pueden permitirse más lujos que cualquier otra; en realidad, son menos los lujos que pueden darse. La Volvo no podría sobrevivir con sólo el mercado sueco. ¿Y por qué —agregaba— se debe considerar un lujo hacer que el trabajo signifique algo más para los obreros? Afirma: &lt;comi&gt;"Me parece que eso constituye una necesidad. Es ridícula la creencia de que la automatización convierte en autómatas a los trabajadores. Por el contrario, cuanto más perfeccionadas sean las máquinas, más necesita uno de trabajadores inteligentes y muy motivados. De otro modo se perderá tiempo y dinero buscando expertos"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 330px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-aZ8MlojjSVY/TyqR2ZmN57I/AAAAAAAATGo/oSrLBvA2Y8s/s1600/VINO%252C%2BVIO%2BY%2BVENCIO%2BEN%2BVOLVO-4.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704532241788299186" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;El trabajo en la planta de Kalmar de la Volvo&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y en cuanto a tamaño, pregunta él, ¿es preciso que haya fábricas con 10,000 hombres? Con la tecnología de las computadoras, han quedado atrás los días en que lo más grande era necesariamente lo mejor. El futuro, señala Gyllenhammar, es de las fábricas pequeñas, lo bastante flexibles para cambiar sus líneas de producción de la noche a la mañana.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Kalmar es una prueba de que este futuro ha llegado, y de que funciona. En febrero de 1984, una comisión obrero-patronal sueca completó un estudio hecho durante diez años, el cual mostró a Gyllenhammar incontables estadísticas halagüeñas: las horas-hombre para construir un vehículo se habían reducido en un 40 por ciento; la rotación de personal había bajado a un cinco por ciento entre los obreros, y a cero entre los empleados de oficina; los errores descubiertos en los puestos de inspección habían disminuido en un 39 por ciento. El costo total del armado de un automóvil en Kalmar es un 25 por ciento más bajo que en Torslanda. Cuando la comisión investigó las actitudes de los trabajadores, no encontró a uno solo que no le gustara el sistema de grupos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al divulgarse las noticias de Kalmar, la planta se ha convertido en una meca de industriales y estudiantes de administración de empresas, desde Italia hasta Indonesia. La Volvo ha adoptado el sistema Kalmar en cinco nuevas fábricas en Suecia, e introdujo en la línea armadora de Torslanda el sistema de trabajo en grupos. Se han patentado muchas de las técnicas y los procesos de Kalmar, y se han vendido licencias a numerosos proveedores de la Volvo. Pero aún más satisfactoria ha sido la respuesta de los competidores: se han firmado convenios de licencia con Karmann, la compañía alemana fabricante de carrocerías, y recientemente con la gigantesca General Motors. El interés que tienen es comprensible: la Volvo nunca ha perdido dinero ni se ha visto, desde 1971, en la necesidad de despedir trabajadores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero Gyllenhammar no se ha limitado a los automóviles. Actualmente la Volvo participa en las exploraciones petroleras del mar del Norte y en la producción de unas 1500 clases de alimentos empacados y enlatados. Dice Gyllenhammar: &lt;comi&gt;"Cuando el petróleo vuelva a encarecerse, tal vez la Volvo venda menos vehículos, pero ganará dinero con otros productos"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La fabricación de vehículos de pasajeros representa ahora una cuarta parte de sus actividades, y apenas una sexta parte de ellos se venden en Suecia. Pero la gran reputación de los autos —por su durabilidad y un diseño que toma en cuenta la seguridad— ha hecho crecer en todo el mundo el prestigio de Suecia. En 1984, las utilidades de la empresa fueron de 7630 millones de coronas (casi 800 millones de dólares), suma que rebasa el volumen total de las operaciones que se manejaba cuando Gyllenhammar se hizo cargó de la empresa en 1971.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 281px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-7Wb6aktKesg/TyqR2GdAadI/AAAAAAAATGc/KgFuXJ-GshA/s1600/VINO%252C%2BVIO%2BY%2BVENCIO%2BEN%2BVOLVO-5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704532236649392594" /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;Vista aérea de la planta de Kalmar.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Gyllenhammar no es hombre que se duerma en sus laureles. En el tiempo que le queda libre después de dirigir la Volvo (y de llevar a su esposa y cuatro hijos a patinar o a navegar en su yate) persigue otra idea: la reestructuración de la industria europea. Preocupado porque las rivalidades nacionales están deteniendo la expansión que, por sí sola, podría abarcar con éxito a Europa Occidental en el siglo XXI, ha organizado un comité informal de directores de algunas grandes firmas industriales de Europa Occidental, como la Philips y la Fiat. Su trabajo consiste en elaborar proyectos paneuropeos específicos (un túnel para el canal de la Mancha; un puente de carretera y ferrovía entre Escandinavia y el resto de Europa) que estimulen la imaginación y la economía del viejo continente. Al mismo tiempo, desea crear una universidad paneuropea que sincronice los proyectos de investigación, que en la actualidad se duplican inútilmente en diversos países.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La mayoría de la gente pensará que son mínimas las posibilidades de modificar los sistemas universitarios europeos, enconchados en sus tradiciones; y algunos de los enemigos de Pehr Gyllenhammar siguen hablando de él como de un soñador quijotesco. Pero eso mismo dijeron en 1971, cuando declaró que pretendía construir una nueva clase de fábrica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;FOTOS: CORTESÍA DE VOLVO&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-4240688536158565076?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/4240688536158565076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/4240688536158565076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/vino-vio-y-vencio-en-volvo.html' title='VINO, VIO Y VENCIÓ EN VOLVO'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-5Y4ndbAO6ZY/TyqR3bMZw_I/AAAAAAAATHQ/qcELK9rKPK4/s72-c/VINO%252C%2BVIO%2BY%2BVENCIO%2BEN%2BVOLVO-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-6057212489389405808</id><published>2012-02-05T09:09:00.002-05:00</published><updated>2012-02-06T09:02:59.436-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>LO MALO DE LA TELEVISIÓN</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 450px; height: 450px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-AlVVVSsN3Tc/TyqP2svciEI/AAAAAAAATEU/Pza1jBvxm5s/s1600/LO%2BMALO%2BDE%2BLA%2BTELEVISION.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530047904024642" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Un sobresaliente comentarista de televisión norteamericano nos advierte de los efectos adversos de la televisión.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;Condensado de un discurso de Robert MacNeil. © 1984 POR ROBERT MACNEIL. CONDENSADO DE UN DISCURSO QUE PRONUNCIÓ EL 13-XI-1984 EN EL FORO PRESIDENCIAL SOBRE LIDERAZGO, CON APOYO DE LA UNIVERSIDAD ESTATAL DE NUEVA YORK.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;ES DIFÍCIL librarse de la influencia de la televisión. Si leemos las estadísticas de promedios en, por ejemplo, Estados Unidos, a los 20 años una persona ha visto televisión durante por lo menos 20,000 horas. Podemos añadir 10,000 más o menos por cada decenio de vida a partir de los 20 años. Lo único que los norteamericanos hacen más que ver televisión, es trabajar y dormir.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Calculemos lo que podría hacerse con una parte de ese tiempo. Cinco mil horas, se me dice, es lo que un típico estudiante universitario pasa esforzándose para obtener su licenciatura. En 10,000 horas, uno podría haber aprendido lo suficiente para ser astrónomo o ingeniero; o aprendido a dominar varios idiomas. Si el lector lo quisiera, podría estar leyendo a Homero en el original griego, o a Dostoievsky en ruso; si no, podría haber recorrido el mundo a pie, y escrito un libro sobre ello.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lo malo de la televisión es que va en contra de la concentración. Casi todo lo que es interesante y remunerador en la vida exige un esfuerzo constructivo, constantemente aplicado. Los menos inteligentes, los menos dotados, pueden lograr cosas que parecen milagrosas a quienes nunca se concentran en nada. Pero la televisión nos anima a no hacer ningún esfuerzo. Nos vende diversión instantánea. Divierte sólo para divertir, para que el tiempo pase insensiblemente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La variedad de la televisión se vuelve un narcótico, no un estímulo. Sus exposiciones seriales, caleidoscópicas, nos obligan a seguirla. El espectador está en un perpetuo viaje guiado: 30 minutos en el museo, 30 en la catedral, 30 para tomar una copa, luego de regreso al autobús para hacer la siguiente visita; sólo que en televisión, característicamente, los intervalos son del orden de minutos o segundos, y los goces escogidos son, frecuentemente, choques de automóviles, y personas que se matan unas a otras. En suma, ver mucha televisión inhibe uno de los más preciosos dones del ser humano: la capacidad de enfocar la atención por sí mismo, en vez de ponerla pasivamente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Captar nuestra atención —y conservarla— es el móvil fundamental de casi todos los programas de televisión, que así refuerza su función de lucrativo vehículo propagandístico. Los programadores viven con el temor constante de perder la atención de alguien... de cualquiera. La manera más segura de evitarlo es hacer que todo sea breve, no forzar la atención de nadie, y sí, en cambio, ofrecer estimulación continua por medio de la variedad, la novedad, la acción y el movimiento. La televisión se basa en el atractivo de pedir atención por periodos breves.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es simplemente la forma más sencilla. Pero se ha llegado a considerar como algo dado, como algo inherente al medio mismo, como un imperativo, como si el general Sarnoff, o uno de los otros augustos pioneros del video, nos hubiese legado unas placas de piedra con el mandamiento de que en la televisión nada debe exigir concentración más que por breves momentos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En su propia dimensión eso está muy bien. ¿Quién puede quejarse de un medio que tan brillantemente nos empaca entretenimiento escapista como instrumento del mercadeo masivo? Pero yo veo que sus valores ahora están invadiendo a este país y a sus modos de vida. Se ha puesto de moda pensar que, como la &lt;comi&gt;"comida rápida"&lt;/comi&gt;, las ideas rápidas son la manera de llegar a un público impaciente, que a su vez está en movimiento rápido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el caso de las noticias, esta práctica, a mi parecer, da por resultado una comunicación deficiente. Quisiera saber cuánto del esfuerzo de los noticiarios nocturnos de televisión es realmente absorbible y comprensible. Gran parte de tal esfuerzo es lo que bien se ha descrito como &lt;comi&gt;"ametrallar con fragmentos"&lt;/comi&gt;. Creo que esta técnica combate la coherencia, tiende a hacer que las cosas acaben por ser aburridas y desdeñables ( a menos que vayan acompañadas por imágenes horripilantes) porque casi todo es aburrido y desdeñable si casi no se sabe nada de ello.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pienso que el llamado a la atención por breves periodos no sólo es una comunicación deficiente, sino que también va contra la civilización. Consideremos las suposiciones subyacentes que la televisión tiende a cultivar: hay que evitar la complejidad, el estímulo visual sustituye al pensamiento, la precisión verbal es un anacronismo. Tal vez sea anticuado, pero a mí me enseñaron a creer que el pensamiento es palabras dispuestas en formas gramaticalmente precisas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En Estados Unidos, por ejemplo, hay una crisis de alfabetismo. De acuerdo con un estudio, se calcula que unos 30 millones de norteamericanos son &lt;comi&gt;"analfabetos funcionales"&lt;/comi&gt;, y no saben leer ni escribir lo bastante bien para responder a un anuncio en el periódico o comprender las instrucciones impresas en un frasco de medicina.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El alfabetismo tal vez no sea un derecho humano inalienable, pero sí es uno que los muy cultos &lt;comi&gt;"padres fundadores"&lt;/comi&gt; de esta nación no habrían concebido irrazonable o inalcanzable. No sólo estamos dejando de alcanzarlo como nación, hablando en términos estadísticos, sino que cada vez estamos más lejos de lograrlo. Y aunque no soy tan simplista para señalar a la televisión como la causa, sí pienso que contribuye, y que es una influencia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Todo lo que hay en Estados Unidos —la estructura de la sociedad, sus formas de organización familiar, su economía, su lugar en el mundo— se ha vuelto más complejo. Y sin embargo, su instrumento dominante de comunicación, su principal forma de vinculación nacional, es un instrumento que vende soluciones claras a problemas humanos que habitualmente no tienen soluciones claras. Todo ello está simbolizado en mi mente por la forma artística, de inmenso éxito, que la televisión ha vuelto parte central de la cultura, el anuncio de 30 segundos: el minúsculo drama de la sensata ama de casa que encuentra la felicidad al escoger la pasta de dientes que más le conviene.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿Cuándo, en la historia humana, tantas personas han dedicado colectivamente tanto de su tiempo libre a un juguete, a una diversión para las masas? ¿Cuándo, antes, toda una nación se había entregado masivamente a un medio para vender?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hace algunos años escribió el profesor de derecho Charles Black, de la Universidad de Yale: &lt;comi&gt;"... alimentar a alguien por la fuerza con una comida insustancial no es, en sí mismo, algo insustancial"&lt;/comi&gt;. Bueno, creo que a esta sociedad la están alimentando a la fuerza con comida insustancial, y temo que apenas sean percibidos sus efectos en nuestros hábitos mentales, nuestro lenguaje, nuestra tolerancia al esfuerzo y nuestro afán de complejidad. Si me equivoco, no habremos causado ningún daño al mirar el asunto con escepticismo y ojo crítico, al considerar cómo debemos resistir. Espero que se unan a mí en esto.&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-6057212489389405808?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/6057212489389405808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/6057212489389405808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/lo-malo-de-la-television.html' title='LO MALO DE LA TELEVISIÓN'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-AlVVVSsN3Tc/TyqP2svciEI/AAAAAAAATEU/Pza1jBvxm5s/s72-c/LO%2BMALO%2BDE%2BLA%2BTELEVISION.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-9176916757421447128</id><published>2012-02-05T09:01:00.007-05:00</published><updated>2012-02-05T22:37:19.855-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>ENRIQUEZCA SU VOCABULARIO</title><content type='html'>&lt;img style="float:left; margin:10px 14px 10px 14px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 370px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-vT8IXFOxwTs/TyqP2TtsB5I/AAAAAAAATEM/p6ZcYACoVtA/s1600/ENRIQUEZCA%2BSU%2BVOCABULARIO-1.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Alonso Zamora Vicente (secretario perpetuo de la Real Academia Española de la Lengua)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;ESTE MES se cumplen 50 años de la muerte de Carlos Gardel. Para recordarlo, las voces que publicamos en este número suelen aparecer en los tangos. La divulgación de su música y del baile ha hecho que muchas nos sean familiares. Intentemos desentrañar el significado.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;1) atorrante —&lt;/strong&gt; A: vendedor de cacahuates. B: vendedor de castañas. C: bailarín profesional. D: vago, persona que no hace nada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;2) bacán —&lt;/strong&gt; A: persona que tiene dinero, que se da buena vida, o lo aparenta. B: banco público, en calles, jardines, etcétera. C: animal roedor. D: obrero en paro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;3) barra —&lt;/strong&gt; A: juerga. B: ceremonia religiosa. C: peña o tertulia de amigos. D: restaurante típico.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;4) batuque —&lt;/strong&gt; A: caballo viejo. B: barullo, confusión. C: prenda interior. D: látigo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;5) berretín —&lt;/strong&gt; A: niño de pecho. B: manía, idea arraigada. C: bebida alcohólica. D: juego infantil.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;6) compadrito —&lt;/strong&gt; A: tipo jactancioso, achulado. B: vendedor de bebidas. C: animal doméstico. D: guardia municipal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;7) conchabarse —&lt;/strong&gt; A: romperse algo. B: ponerse de acuerdo para algún fin previsto. C: vestir pobremente. D: sacrificar reses.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;8) farra —&lt;/strong&gt; A: horno, panadería. B: danza popular. C: arrabal costeño. D: juerga, diversión.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;9) fulería —&lt;/strong&gt; A: tropezón. B: engaño. C: desdicha, miseria, cosa desgraciada. D: bufanda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;10) gavión —&lt;/strong&gt; A: barco de vela. B: amante, seductor. C: ave de presa. D: canto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;11) macana —&lt;/strong&gt; A: pretexto, circunstancia ocasional, disculpa, etcétera. B: criada. C: danza. D: divieso, grano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;12) malevo —&lt;/strong&gt; A: viento huracanado. B: malhechor, matón. C: establecimiento ilegal. D: cadáver.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;13) milonga —&lt;/strong&gt; A: mujer de vida airada. B: baile y su música. C: reunión de vecinos. D: duelo, velatorio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;14) organito —&lt;/strong&gt; A: eufemismo para designar partes del cuerpo humano. B: organillo, piano de manubrio. C: felino pampeano. D: trueno.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;15) otario —&lt;/strong&gt; A: soldado joven. B: zonzo, estúpido, atontado. C: emigrante. D: meteorólogo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;16) patotero —&lt;/strong&gt; A: componente de una pandilla o banda. B: vendedor de patatas fritas. C: pájaro. D: alcahuete, persona que ejerce el celestinazgo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;17) pebeta —&lt;/strong&gt; A: chica joven, novia. B: taquillera. C: enfermedad eruptiva, D: gata.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;18) piantarse —&lt;/strong&gt; A: escaparse, huir, fugarse. B: enfadarse. C: gritar. D: llenarse la cara de cosméticos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;19) tamangos —&lt;/strong&gt; A: fruta. B: perros guardianes. C: zapatos. D: disgusto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;20) tapado —&lt;/strong&gt; A: lío. B: candidato a algo. C: abrigo, prenda. D: rezo nocturno.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 261px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-gzenIB6ND9o/TyqP11VQscI/AAAAAAAATEE/OWnS4UUT29M/s1600/ENRIQUEZCA%2BSU%2BVOCABULARIO-2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530033030246850" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div class="pre-spoiler2"&gt;&lt;input style="PADDING-RIGHT: 10px; FONT-SIZE: 12px; MARGIN: 0px 0px 0px 5px; WIDTH: 280px; FONT-FAMILY: trebuchet ms" value="RESPUESTAS" type="button" onclick="if (this.parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].getElementsByTagName('div')[0].style.display != '') { this.parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].getElementsByTagName('div')[0].style.display = '';this.innerText = ''; this.value = 'RESPUESTAS'; } else { this.parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].getElementsByTagName('div')[0].style.display = 'none'; this.value = 'RESPUESTAS';}"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="DISPLAY: none" class="spoiler2"&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;1) atorrante — D:&lt;/strong&gt; vago, gandul. Persona que no hace nada. Procede el nombre de los vagos que acampaban en los baldíos de una casa comercial, &lt;em&gt;A. Torrent&lt;/em&gt;, cerca del puerto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;2) bacán — A:&lt;/strong&gt; persona que se da buena vida; señorito, personaje opulento, etcétera. Es voz de origen italiano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;3) barra — C:&lt;/strong&gt; peña o tertulia de amigos. &lt;comi&gt;"Adiós muchachos... barra querida de aquellos tiempos"&lt;/comi&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;4) batuque — B:&lt;/strong&gt; barullo, confusión, lío. Es voz de origen portugués.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;5) berretín — B:&lt;/strong&gt; manía, idea arraigada y tenaz. Es voz de origen italiano (Milanés &lt;em&gt;beretín&lt;/em&gt;, gorra.)&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;6) compadrito — A:&lt;/strong&gt; tipo jactancioso, achulado, muy representativo de ciertos círculos porteños de principios de siglo. &lt;comi&gt;"Un compadrito fue..."&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;7) conchabarse — B:&lt;/strong&gt; ponerse de acuerdo para algún fin previsto. Por lo general, se toma en mal sentido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;8) farra — D:&lt;/strong&gt; juerga, diversión. La palabra está generalizada en todo el mundo hispánico. Probablemente, es el vasco &lt;em&gt;farra&lt;/em&gt;, risa, a través de Brasil.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;9) fulería — C:&lt;/strong&gt; desdicha, miseria, calamidad. Es el pórtugués &lt;em&gt;fulo&lt;/em&gt;, que muda de color,  irritadísimo. (Del latín &lt;em&gt;fulvus&lt;/em&gt;.)&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;10) gavión — B:&lt;/strong&gt; seductor, amante, donjuan... etcétera. Procede del portugués &lt;em&gt;gaviao&lt;/em&gt;, gavilán.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;11) macana — A:&lt;/strong&gt; pretexto, circunstancia ocasional, disculpa, ingenuidad, etcétera. &lt;em&gt;Macana&lt;/em&gt;, primitivamente un arma indígena, tiene hoy muchos valores y se usa en todas las clases sociales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;12) malevo — B:&lt;/strong&gt; malhechor, matón. Es voz muy representativa. Procede de &lt;em&gt;malévolo&lt;/em&gt;.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;13) milonga — B:&lt;/strong&gt; baile popular y música de una danza así llamada, de ahí &lt;em&gt;milonguero&lt;/em&gt; , aficionado al baile.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;14) organito — B:&lt;/strong&gt; organillo, piano de manubrio y cilindro de púas. Era típica estampa de los barrios porteños.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;15) otario — B:&lt;/strong&gt; zonzo, estúpido, atontado, infeliz. En general, persona fácil de engañar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;16) patotero — A:&lt;/strong&gt; componente de una &lt;em&gt;patota&lt;/em&gt;, pandilla de jóvenes escandalosos, agresivos a veces. &lt;comi&gt;"&lt;em&gt;Patotero&lt;/em&gt;, rey del bailongo, &lt;em&gt;patotero&lt;/em&gt; sentimental..."&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;17) pebeta — A:&lt;/strong&gt; chica joven, novia. Del español medio &lt;em&gt;pebete&lt;/em&gt;, artefacto oloroso. Por antífrasis, niño pequeño, por el mal olor. De ahí su valor normal &lt;comi&gt;"niño"&lt;/comi&gt; . Hoy es palabra general, y se usa con valores afectivos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;18) piantarse — A:&lt;/strong&gt; escaparse, huir, fugarse. &lt;comi&gt;"Se me &lt;em&gt;pianta&lt;/em&gt; un lagrimón..."&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;19) tamangos — C:&lt;/strong&gt; zapatos. Es voz portuguesa, &lt;em&gt;tamancos&lt;/em&gt;, a través de Brasil.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;&lt;strong&gt;20) tapado — C:&lt;/strong&gt; abrigo, prenda. &lt;comi&gt;"Aquel &lt;em&gt;tapado&lt;/em&gt; de armiño..."&lt;/comi&gt;&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div class="pre-spoiler2"&gt;&lt;input style="PADDING-RIGHT: 10px; FONT-SIZE: 12px; MARGIN: 0px 0px 0px 5px; WIDTH: 280px; FONT-FAMILY: trebuchet ms" value="CALIFICACION" type="button" onclick="if (this.parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].getElementsByTagName('div')[0].style.display != '') { this.parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].getElementsByTagName('div')[0].style.display = '';this.innerText = ''; this.value = 'CALIFICACION'; } else { this.parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].getElementsByTagName('div')[0].style.display = 'none'; this.value = 'CALIFICACION';}"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="DISPLAY: none" class="spoiler2"&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;● 20 respuestas acertadas.......... sobresaliente&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;● 15 a 19 acertadas................ notable&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;● 12 a 14 acertadas................ bueno&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;● 9 a 11 acertadas................. regular&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-9176916757421447128?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/9176916757421447128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/9176916757421447128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/enriquezca-su-vocabulario.html' title='ENRIQUEZCA SU VOCABULARIO'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-vT8IXFOxwTs/TyqP2TtsB5I/AAAAAAAATEM/p6ZcYACoVtA/s72-c/ENRIQUEZCA%2BSU%2BVOCABULARIO-1.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-3124113804205210717</id><published>2012-02-05T08:58:00.001-05:00</published><updated>2012-02-05T08:58:33.936-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>DE MI MATERIA GRIS</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 550px; height: 445px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-lU6VkWmes6w/TyqP1eUgteI/AAAAAAAATD0/b3zUGT86EW4/s1600/DE%2BMI%2BMATERIA%2BGRIS.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530026853086690" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;span style="font-size:85%"&gt;CONDENSADO DE &lt;comi&gt;"PIECES OF MY MIND"&lt;/comi&gt;. POR ANDREW ROONEY. © 1982, 1983, 1984 POR ESSAY PRODUCTIONS. INC. PUBLICADO POR ATHENEUM PUBLISHERS. DE NUEVA YORK, NUEVA YORK.&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;Oh, los placeres y las amarguras de la vida cotidiana.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Andy Rooney&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;PENSAMIENTOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Lo QUE sigue es parte de una sabiduría obtenida a pulso:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Ser un hombre bien vestido es como medir 1.80 metros de estatura; se es o no se es, y no hay mucho que hacer al respecto.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Tire el bote de pintura tras haber acabado de pintar, sin importarle cuánto haya quedado en él.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Váyase a dormir. Aquello por lo que está desvelándose, no vale la pena.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• No ahorre cuerda. Si necesita más, cómprela.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Tampoco ahorre centavos. No llegan a sumar nada.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Usted no es el único que no comprende la situación de Oriente Medio.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Casi nunca hay una buena razón para tocar la bocina del auto.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• No espere demasiado de la compañía para la que trabaja, aun si es una buena compañía.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Es muy poco probable que logre algo pegando una silla rota.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Sea cuidadoso, pero no demasiado cuidadoso.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• En una conversación, tenga presente que usted tiene más interés que los demás en lo que tiene que decir.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Casi siempre está usted en mejor posición manteniendo cerrada la boca, pero que eso no le impida hablar claro.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Si nada le da resultado, dése una ducha caliente.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• No siga diciendo &lt;comi&gt;"no sé dónde se mete el tiempo"&lt;/comi&gt;. Se mete en el mismo lugar en que siempre se ha metido, y nadie ha sabido nunca dónde está.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Cuantos menos, más felices.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Mantenga bajo el volumen en todo. Es como la sal: podemos acostumbrarnos a menos.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Muy pocas cosas de las que compre usted resolverán el problema por el cual las compró.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Nunca haga una cita, para nada, con más de un mes de anticipación.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Si no puede darse el lujo de comprar el artículo más caro, no lo compre.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;• Cuando atraviese una calle, mire en ambos sentidos... incluso si la calle es de uno solo.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;CONFIANZA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;LA AMABILIDAD y la confianza van juntas, y aunque supongo que podríamos prescindir de la amabilidad, no podemos vivir sin la confianza. Lo más valioso que los malos nos han robado a los demás no es el dinero, sino la confianza. Desconfiamos de todos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En los edificios en que he trabajado durante 20 años, hay ahora un guardia tras un escritorio, a la entrada, y a cada quien se le pide que muestre una credencial de identificación. Esto va haciéndose común en oficinas y fábricas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Yo detesto esta nueva desconfianza. La suposición es que la gente no es buena. En muchas tiendas se pide que uno deposite sus bolsas de compras. Antes de haber llegado al lugar, se sospecha que uno es un ladrón.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sé que hay ladrones de tiendas, pero no voy a los comercios en que lo hacen a uno depositar sus bolsas. Si no confían en mí, yo no confío en ellos. No me gusta caminar por una tienda pensando que los empleados creen que estoy tratando de robar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hace poco entré en la trastienda de una ferretería y seleccioné unos tornillos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Cuántos tornillos lleva? —me preguntó Lou, que se hallaba en el mostrador.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv2&gt;—Veinte.&lt;/conv2&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Veinte por treinta y tres. . . son seis sesenta.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No contó los tornillos. Lou confía en mí, y yo sospecho que le roban menos en su tienda que en esos lugares donde exigen que la gente entre sin bolsas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;LA REUNION&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Es MUCHA la carga sentimental que podemos llevar por la vida. No estoy muy en favor de las reuniones. Cualquiera que haya llegado a los 60 años, bien podría pasar el resto de sus días con sólo sentarse a recordar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin embargo, retorné a una vieja Octava Base de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, cerca de Bedford, Inglaterra, porque allí estaban reuniéndose miembros del 306° Grupo de Bombarderos. Yo volé con ellos en uno de los primeros ataques de bombarderos norteamericanos a la Alemania nazi en febrero de 1943. Es una carga sentimental que llevo con soltura y gran orgullo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Han trascurrido ya más de 40 años desde que aquellos hombres tripularon sus Fortalezas Volantes B-17, de cuatro motores, partiendo de Bedford. Son del tipo de hombres a los que nos gusta considerar como norteamericanos típicos, pero son mejor que típicos. Son especiales. Muchos pilotos de la Segunda Guerra Mundial lo fueron.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fue para ellos una guerra terrible, aunque durante esta reunión lograron recordar muchas de las cosas buenas que tuvo. Si no lo hubieran hecho, aquello habría resultado demasiado triste... porque fueron muchos los que murieron. Una noche la pasaban sentados, conversando, atormentándose, jugando a las cartas y escribiendo a sus casas. La noche siguiente, sí durante el día había habido una misión de bombardeo, la cama contigua a la suya, o la siguiente —o tal vez ambas—, acaso estuviera vacía; el que la ocupaba, amigo suyo, había muerto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como joven reportero del periódico del Ejército, &lt;em&gt;The Stars and Stripes&lt;/em&gt;, me encontraba en una posición extraña. Solía ir a aquella base cuando partían los bombarderos, y luego, al volver —si volvían—, hablaba con sus tripulantes acerca de lo que había ocurrido. En seguida escribía mi reportaje. A menudo me sentía avergonzado de no ser uno de ellos. Yo estaba pasándolo en grande como periodista, mientras ellos luchaban y morían. Así fue como llegué a volar con ellos a Wilhelmshaven. Eso me hizo sentir mejor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al contemplar los restos de las viejas pistas del campo aéreo, me asaltaron oleadas de recuerdos. En abril de 1943 estaba yo aquí cuando los bombarderos regresaron de una profunda incursión en Alemania, y un piloto avisó por radio que tendría que hacer un aterrizaje de urgencia. A su aparato sólo le servían dos motores, y el sistema hidráulico no funcionaba. No podía bajar el tren de aterrizaje, y había algo aún peor: el artillero de la torreta estaba atrapado en la esfera de plástico que colgaba debajo del fuselaje del bombardero.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hablé después con los miembros de la tripulación que sobrevivieron al aterrizaje. Su amigo que estaba en la torreta había mostrado calma, me dijeron. Hablaron con él. Él sabía lo que tenían que hacer. Comprendió. El B-17 aterrizó sobre la torreta, con el artillero atrapado en ella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La última noche tomé un trago en un bar donde se habían reunido algunos de los que habían asistido a la reunión, y un hombre robusto, curtido por el sol y el viento, se acercó y me dijo tranquilamente que deseaba invitarme un trago. Hoy granjero en Nebraska, había sido el artillero de cola del &lt;em&gt;Banshee&lt;/em&gt;, el B-17 que voló sobre Wilhelmshaven. Recibimos fuego antiaéreo ese día, y el viaje fue aterrador, pero logré hacer un buen relato. Hablamos y reímos juntos, y él pagó las copas. Al levantar los vasos para brindar, noté que le faltaban dos dedos de la mano derecha. A menudo les ocurría esto a los artilleros que se aferraban a sus armas teniendo las manos heladas, en medio de las temperaturas bajo cero que reinaban en las torretas. Y él era el que estaba invitándome a mí un trago.&lt;/parraf&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-3124113804205210717?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/3124113804205210717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/3124113804205210717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/de-mi-materia-gris.html' title='DE MI MATERIA GRIS'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-lU6VkWmes6w/TyqP1eUgteI/AAAAAAAATD0/b3zUGT86EW4/s72-c/DE%2BMI%2BMATERIA%2BGRIS.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-2015910547176386083</id><published>2012-02-05T08:56:00.000-05:00</published><updated>2012-02-05T08:57:30.255-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='z'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVISTA SELECCIONES - ECUADOR - JUNIO 1985'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>CITAS CITABLES</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:15px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 408px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-0ahDAQ-84kM/TyqP1C7aBVI/AAAAAAAATDo/_z6GngGRpic/s1600/CITAS%2BCITABLES.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704530019500033362" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Nos REGOCIJAMOS con las hazañas de nuestros héroes, olvidando que nosotros también, para alguien, somos seres extraordinarios.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Helen Hayes&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EN TODO el mundo, no hay soledad como la de la gran ciudad.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Kathleen Norris&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;NO TENGO ningún sentimiento romántico acerca de la edad. O eres interesante a cualquier edad, o no lo eres. No existe nada en especial interesante en cuanto a ser viejo o a ser joven.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Katharine Hepburn&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EL EXITO y el fracaso son dos impostores.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Jorge Luis Borges, citado en Convicción (Buenos Aires)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;LA AÑORANZA es la lima que quita las asperezas de los buenos tiempos que se han ido.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Doug Larson&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;NADIE puede tirar de la cuerda para llevarte muy alto; llega un momento en que te sueltas. En cambio, con tus propios pies puedes escalar montañas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Louis Brandeis&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EN LA vida, lo que más cansa es ser insincero.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Anne Morrow Lindbergh&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;AUNQUE el mundo está lleno de sufrimientos, también está lleno de personas que se sobreponen al sufrimiento.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Helen Keller&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;COOPERAR es hacer con una sonrisa en los labios lo que de todas maneras tienes que hacer.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Quote Magazine&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;LA VIDA no es una &lt;comi&gt;"velita"&lt;/comi&gt;. Es una espléndida antorcha, que deseo hacer arder tan brillantemente como sea posible, antes de pasarla a las generaciones futuras.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Bernard Shaw&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;EN ÚLTIMA instancia, defender a los hombres de los efectos de la insensatez es llenar el mundo de insensatos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Herbert Spencer&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;SIEMPRE es el momento justo para hacer lo justo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Martin Luther King&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;ME PARECE que la alegría está a un paso más allá de la felicidad; la felicidad es una especie de atmósfera en la que a veces podemos vivir, sí tenemos suerte. La alegría es una luz que nos llena de esperanza, fe y amor.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Adela Rogers Saint Johns&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Cuando te esfuerces por alcanzar las estrellas, acaso no cojas una, pero así tampoco sacarás las manos llenas de lodo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Leo Burnett&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-2015910547176386083?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2015910547176386083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/2015910547176386083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/citas-citables.html' title='CITAS CITABLES'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-0ahDAQ-84kM/TyqP1C7aBVI/AAAAAAAATDo/_z6GngGRpic/s72-c/CITAS%2BCITABLES.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-5930083652903974127</id><published>2012-02-05T08:53:00.000-05:00</published><updated>2012-02-05T08:54:05.740-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>LAS MANOS DEL SEÑOR OTTERMOLE (Thomas Burke)</title><content type='html'>&lt;p&gt;A las seis de un anochecer de enero, el señor Whybrow regresaba a su casa por las calles que, como hilos de tela de araña, se entrecruzan al este de Londres. Había abandonado el áureo refulgir de la Calle Mayor a que le llevara el tranvía, de regreso del trabajo cotidiano, y seguía ahora ese tablero de ajedrez de calles secundarias al que se da el nombre de Mallon End. En estos lugares no quedaba resto alguno del bullicio de la Calle Mayor. Pocos pasos al sur hallábase una ruidosa marea de vida; aquí, sólo vagas figuras y sofocadas vibraciones. Whybrow estaba en el rincón de Londres que constituye el último refugio de los vagabundos de Europa.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como acompasando su marcha al tono de la calle, Whybrow andaba despacio y con la cabeza baja. Diríase que meditaba en una grave dificultad, pero no sucedía así. No le turbaba cosa alguna. Andaba despacio porque había estado en pie todo el día y si bajaba la cabeza, caviloso, era tratando de adivinar si su mujer le habría preparado, para tomar con el té, arenques o róbalo, y esforzándose en decirse cuál de ambas cosas resultaría más agradable en una noche como aquélla. Noche mala, en verdad, toda humedad y bruma. La niebla le acometía ojos y garganta, y la humedad, densa sobre el pavimento, arrancaba a los dispersos faroles un reflejo grasoso que daba escalofríos. Todo esto hacía más gratas, por contraste, las meditaciones de Whybrow, muy dispuesto a honrar la colación, fuese de róbalo o de arenques. Su pensamiento, salvando el horizonte de ladrillos, adelantábase a su marcha en media milla. Veía una cocina iluminada por el gas, un chispeante fuego y una mesa servida. En el fogón había tostadas, cantaba a un lado la tetera y se difundía un picante olor de arenques, si no de róbalos o salchichas, Esta visión dio a los doloridos pies del viandante un impulso de energía. Con un movimiento de hombros pareció alejar la humedad de sí, mientras aceleraba el paso camino de lo positivo y real.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero el señor Whybrow no estaba llamado a tomar el té aquella noche, ni ninguna otra. El señor Whybrow iba a morir. A cosa de cien pasos tras él caminaba otro hombre, un hombre semejante a Whybrow o a otro cualquiera, pero exento de las cualidades que permiten a la humanidad vivir en paz y no como locos en una selva. Un hombre con el corazón muerto, que hacía nacer de su putrefacción las deletéreas materias propias de la tumba. Y aquel ser en forma humana, presa de un capricho o de una idea fija —¿quién podría saberlo?— había resuelto que Whybrow no volviera a probar un arenque en su vida. No era que tuviese resentimientos contra Whybrow. No era que éste despertase su antipatía. De hecho, nada sabía de Whybrow, salvo que le veía con frecuencia en las calles. Pero movido por una fuerza que había tomado posesión de su ánimo, aquel hombre escogió por víctima a Whybrow con esa misma elección ciega que nos hace preferir una mesa determinada en un restaurante donde hay otras cuatro o cinco vacías, o coger una manzana de un frutero donde se juntan media docena de manzanas iguales. Era la misma opción irrazonada que lleva a la Naturaleza a desencadenar un ciclón en un lugar cualquier del planeta, matando a quinientas personas y dejando ilesas a otras quinientas. De idéntico modo aquel hombre había designado a Whybrow para víctima suya como pudiera habernos designado a usted o a mí, de haber estado aquel día dentro de su radio visual. Y a la sazón el hombre se deslizaba por las calles azulosas, frotándose las manos, grandes y blancas, y acercándose cada vez más a la casa del señor Whybrow y al señor Whybrow mismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aquel hombre, sin embargo, no era un mal sujeto. Tenía muchas buenas cualidades y una gran simpatía, y pasaba por persona respetable, como les sucede a la mayoría de los criminales afortunados. No obstante, habíasele ocurrido el pensamiento de que le gustaría asesinar a alguien aquella noche y, como no temía a Dios ni a los hombres, iba a ejecutar su antojo y marcharse después a tomar el té. No digo esto por decir, sino como un hecho. Por raro que pueda parecer, los asesinos se sientan a la mesa después de cometer un asesinato. No hay razón alguna que lo dificulte, y sí muchas que lo abonan. En primer término el asesino necesita mantener su vitalidad física y mental si aspira a encubrir su crimen. Además, la tensión de lo realizado le despierta el apetito, y la satisfacción de haber realizado una cosa deseada le produce cierta indulgente tendencia a refocilarse con los placeres humanos. Suele darse por hecho entre los no asesinos que el que mata se siente siempre dominado por el horror de su acto y el temor a lo que pueda ocurrirle; mas el tipo que padece tales sentimientos es raro. Desde luego, a todo criminal le interesa su seguridad ante todo, pero la vanidad es cualidad típica de la mayoría de los asesinos, y ello, unido al contento del triunfo, les da la confianza de quedar impunes. En consecuencia, una vez restauradas las fuerzas con una buena comida, el asesino se aplica a pensar en su seguridad con cierta leve inquietud —semejante, por ejemplo, a la de una casada joven cuando organiza su primera comida de invitados—, pero nada más. Criminólogos y policías aseguran que todo delincuente comete siempre un desliz que a la larga le delata; pero ésta sólo es una verdad a medias. Es cierto respecto a los criminales que son apresados. Pero muchos criminales no lo son y, por tanto, no deben haber incurrido en desliz alguno. Este hombre no incurrió tampoco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En cuanto al horror del remordimiento, numerosos capellanes de prisiones, médicos y abogados, nos aseguran que entre todos los asesinos a quienes han hablado poco antes de la ejecución, sólo algunos aisladamente demuestran cierto arrepentimiento de su acto y cierta tortura mental. La mayoría siente únicamente la exasperación de verse cogidos cuando tantos otros quedan en libertad, o la indignación de verse condenados por la comisión de un acto tan razonable como el suyo. Por normales y humanos que fuesen antes del asesinato, parecen absolutamente faltos de conciencia después del mismo. Porque, ¿qué es la conciencia? Un sobrenombre cortés de la superstición, la cual es a su vez otro sobrenombre cortés del miedo. Los que asocian el remordimiento con el asesinato están, sin duda, influidos por la historia de Caín, o bien pretenden incorporar sus propias frágiles mentalidades a la del asesino, con lo que obtienen reacciones falsas. Las gentes pacíficas no pueden coincidir con el ánimo de un asesino porque no sólo difieren de él en tipo mental, sino también en la composición y estructura química de sus cuerpos. Hay ciertos hombres capaces de matar, no sólo a una sino a dos o tres personas, y luego marchar tranquilamente a sus ocupaciones, mientras otros no osarían siquiera herir a alguien, aunque mediase la más terrible provocación. Y gentes así son las que imaginan al asesino presa de remordimientos y de temor de la ley cuando, de hecho, está sentado tranquilamente ante su cena.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El hombre de las manos blancas y grandes sentía tantas ganas de comer como Whybrow, pero antes tenía que ejecutar una cosa. Y, una vez esta cosa ejecutada y tomadas todas las precauciones sobre su seguridad personal, el hombre se iría a comer tan tranquilamente como el día antes, cuando sus manos aún estaban puras.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Camina, Whybrow, camina, y mientras lo haces mira por última vez las conocidas características de tu diario trayecto nocturno. Piensa en la mesa servida de tu cocina. Advierte su calidez, su atractivo y belleza. Complácete en sus gratos olores domésticos, pues nunca más te sentarás a ella. Porque hace diez minutos que la sombra que te persigue ha hablado en su corazón, dictando tu sentencia. Ahí vais, tú y esa sombra, moviéndoos a través de un ambiente verdoso, sobre aceras de un azulado polvoriento, ahí vais, uno para matar y otro para morir. Camina. No te apresures, que cuando más despacio andes más tiempo aspirarás el aire verdoso de esta noche de enero, y verás las luces mortecinas de las tiendecitas, y oirás el agradable rumor de la multitud londinense y la música dulzona de los organillos callejeros. Todas estas cosas te son muy caras, Whybrow. Ahora no lo sabes, pero dentro de quince minutos tendrás dos segundos para pensar en lo indeciblemente querido que todo esto te era.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Camina, camina por este enloquecedor tablero de ajedrez de las calles. Estás ahora en Lagos Street, donde acampan todos los errabundos del oriente de Europa. Un minuto más y habrás llegado a Loyal Lane, entre los míseros alojamientos que albergan a los aspeados y los inválidos de este gran campamento de Londres. La calle huele a esos seres y la blanda oscuridad parece cargada del llanto de lo inútil. Pero tú no eres sensible a esas cosas impalpables y, sin reparar en ellas, como todas las noches, alcanzas Blean Street y sigues andando. Del suelo al cielo se levantan los cobijos de una colonia extranjera. En los muros de ébano se abren ventanas color de limón. Tras ellas se desarrolla una vida ajena, con formas que no son de Londres ni del país, y, sin embargo, igual en esencia a la que tú, Whybrow, llevas y esta noche dejarás de llevar. Llega desde lo alto una voz que entona el «Cantar de Katta». Por una ventana se ve a una familia ejecutando un rito religioso. Tras otra, una mujer sirve té a su marido. Divisas a un hombre recomponiendo un par de botas y a una madre bañando a su hijo. Ya has visto todo eso antes y nunca te has fijado en ello. Tampoco te fijas ahora. Pero te fijarías si supusieses que no vas a volverlo a ver. Y no volverás a verlo, no porque tu vida haya llegado a su término natural, sino porque un hombre con quien a menudo te cruzas en la calle ha sentido el capricho de usurpar la autoridad a la naturaleza y destruirte. Y acaso convenga que no repares en nada terrestre, porque tu vida en la tierra ha terminado. Unos minutos más, un momento de terror y luego...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La sombra asesina se mueve cada vez más cerca de ti. Ya sólo os separan veinte pasos. Oyes sus pisadas, pero no vuelves la cabeza. Son pisadas familiares, estás en Londres, en la seguridad de tu propio barrio, y tu instinto te dice que un rumor de pasos no son sino un mensaje de humana compañía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero ¿no notas en esos pasos un algo que suena con especial latido? ¿Un algo que dice «Cui-da-do, cui-da-do. A-se-si-no. A-se-si-no»? No; nada oyes en esos pasos. Son pasos corrientes. Los pies del malvado tienen el mismo compás que los del hombre bueno. Pero esos pies, Whybrow, acercan a ti dos manos y esas manos engarfian ahora sus músculos, preparando tu fin. Toda tu vida has estado viendo manos humanas. ¿Has adivinado nunca el horror que pueden encerrar esos apéndices, símbolo usual de nuestros instantes de afecto, confianza y saludo? ¿Has imaginado las posibilidades siniestras que radican en ese miembro de cinco tentáculos? No, no las has imaginado, porque todas las manos que has visto se tendían hacia ti con amabilidad o camaradería. Y, sin embargo, aunque los ojos pueden odiar y los labios verter ponzoña, sólo ese miembro puede recibir las acumuladas esencias del mal y transformarlas en corrientes de destrucción. Satán entra en el hombre por muchos caminos, pero sólo en sus manos humanas halla un instrumento de su voluntad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un minuto más, Whybrow, y conocerás cuánto horror pueden encerrar unas manos humanas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Estás ya muy cerca de casa. Has doblado la esquina de tu calle —Gaspar Street— y te hallas en el centro del tablero de ajedrez. Ves la ventanita frontera de tu casa, de cuatro habitaciones. En la calle oscura tres espaciados faroles crean una penumbra más desconcertadora que las mismas tinieblas. Además de sombra, en esta calle hay soledad. En torno, nadie; en las salas fronteras ninguna luz, porque todas las familias comen en la cocina; y sólo en algún cuarto superior, subarrendado, se divisa una claridad débil. Nadie hay en la calle, salvo tú y el que te sigue, en quien no has reparado. Tantas veces le has visto que es como si no le vieras ninguna. De volver la cabeza, le dirías «Buenas noches» y continuarás andando. La idea de que es un probable asesino te haría reír. Imposible hallar ocurrencia más sandia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ya estás en tu puerta. Sacas tu llave. Cuelgas en el recibidor tu sombrero y tu abrigo. Tu mujer te ha llamado desde la cocina, y tú aspiras un perfume que es como un eco de esa llamada —¡perfume de arenques!—, cuando suena en la puerta un golpe seco.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Huye, Whybrow, huye de esa puerta. No la toques. Aléjate de ella y de la casa. Sal, con tu mujer, por la puerta trasera, salta el vallado y llama a los vecinos. Pero no abras la puerta. Whybrow, no la abras... Pero el señor Whybrow abrió la puerta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tal fue el principio de lo que luego fue llamado la serie de Horrores del Estrangulador. Se llamó horrores a aquella serie de crímenes porque eran más que asesinatos. Nunca respondían a un móvil y parecía flotar sobre ellos una aureola de magia negra. Todos los asesinatos se cometían a una hora en que la calle donde los cadáveres eran encontrados estaba desierta de todo posible y perceptible asesino. Era siempre una calle solitaria, y con un policía a su extremo. El policía no había vuelto la espalda a la calle del crimen por mucho más de un minuto. Y al examinarla otra vez debía lanzarse, a la carrera, con noticias de un nuevo estrangulamiento. Pero en cualquier dirección que se mirase, nada se veía ni se tenían informes de haber visto a nadie. Otras veces el guardia de servicio en una calle larga y silenciosa, era llamado a una casa donde aparecían muertas personas que pocos segundos antes estaban vivas. Y tampoco entonces se veía a nadie, y aunque los silbatos de la policía crearan en el acto un cordón de vigilancia alrededor del lugar del suceso, y aunque se registrasen las casas, no se encontraba ningún posible asesino.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La primera noticia del asesinato de los esposos Whybrow la transmitió el sargento de la comisaría del distrito. Dirigíase a su casa, de vuelta de su servicio, cuando, al pasar por Gaspar Street, vio abierta la puerta del número 98. Mirando, divisó, a la luz de gas del pasillo, un cuerpo inmóvil en el suelo. Tras una segunda ojeada tocó su silbato y cuando los guardias acudieron, hizo que uno lo acompañase a registrar el edificio, mientras enviaba a otros a hacer averiguaciones en las cercanías. Pero ni en aquella casa, ni en las contiguas, ni en la calle, se hallaron vestigios del asesino. Un vecino había percibido el ruido de la llave del señor Whybrow en la puerta, que era tan regular y tan cotidiano, que oyéndolo se sabía con certidumbre que eran las seis y media. Y desde aquel momento, el primer ruido notado en la calle fue el del silbato del sargento. Nadie había visto entrar o salir de la casa a persona alguna y las gargantas de los estrangulados no tenían huellas digitales, ni ninguna otra. Un sobrino de Whybrow, llamado a la casa, no encontró en ella falta de nada, aparte de que Whybrow no poseía cosas de valor. El escaso dinero existente en la morada se hallaba intacto, y no había signos de lucha ni de alteración en los objetos. De hecho no había signos de nada, sino de un doble, brutal e inútil asesinato.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Whybrow era conocido de los vecinos y compañeros de trabajo como un hombre pacífico, tranquilo, hogareño, incapaz de tener enemigos. Pero los asesinados rara vez los tienen. Quien odia a un hombre hasta el punto de anhelar dañarle, sólo excepcionalmente le mata, ya que se sospecharía en seguida de él. Por tanto, la policía se encontraba sin pista para buscar al asesino, sin móviles del asesinato. Sólo existía el hecho escueto del crimen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Las primeras noticias de éste estremecieron a Londres e hicieron correr un sobresalto por todo Mallon End. Dos personas inofensivas habían sido asesinadas, sin propósito de venganza ni robo, y el criminal, que al parecer había seguido un impulso momentáneo, estaba libre. No habiendo dejado huellas y en el supuesto de que no tuviera cómplices era verosímil que continuase libre indefinidamente. Un hombre solo, de cabeza despejada, no temeroso de Dios ni de los hombres, puede, si quiere, esclavizar a una ciudad y hasta un país entero. Pero el criminal ordinario no es por lo general hombre despejado ni le gusta la soledad. Necesita, si no el apoyo de sus cómplices, al menos alguien con quien hablar de sus crímenes, porque su vanidad exige la satisfacción de contemplar el efecto que sus hechos causan. Por eso el criminal corriente suele frecuentar tabernas, cafés y otros sitios públicos. Así, más pronto o más tarde, en una efusión de camaradería, cuenta la verdad y el confidente, que abunda en todas partes, tiene fácil tarea.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero, en esta ocasión, aunque se poblaron de confidentes y policías los bares y toda clase de tugurios públicos, y aun cuando se hizo correr la voz de que quien delatase al criminal recibiría ayuda y recompensa, no se encontró dato alguno sobre el asesinato. Era evidente que el asesino no tenía amigos ni buscaba compañías. Todos los delincuentes conocidos como hombres de este tipo, fueron citados e interrogados, pero también pudieron dar clara explicación de sus andanzas en el momento del crimen y la policía se vio paralizada. La general acusación de que la cosa había sucedido en las propias narices de los agentes, hizo sentirse a éstos desasosegados y culpables, y tal sentimiento de inquietud, tras persistir durante cuatro días, aumentó al quinto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Era la época del año en que suelen organizarse tés y diversiones para los niños de las escuelas dominicales, y una tarde de niebla, cuando Londres era un mundo de tanteantes fantasmas, una niñita, vistiendo sus zapatos y ropa de los domingos, brillante la cara y recién lavado el cabello, salió del Pasaje Logan camino de la parroquia de St. Michael. Nunca llegó allí. No murió hasta las seis y media, pero en rigor estaba muerta desde que abandonó la puerta de su madre. Porque un hombre que pasaba por la calle a donde el Pasaje conducía, vio salir a la muchacha, y desde ese momento ella estuvo virtualmente muerta. A través de la bruma unas manos grandes y blancas emprendieron la busca de la chiquilla, y a los quince minutos la estrangularon.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las seis y media sonó un pito policíaco y los que acudieron a la llamada encontraron el cuerpo de la pequeña Nellie Vrinoff en la puerta de un almacén de Minnow Street. El sargento fue de los primeros en presentarse. Con reprimida rabia, apostó a sus hombres en los lugares más indicados y apostrofó al guardia en cuyo radio entraba la calle:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Le he visto al extremo de la avenida, Magson. ¿A dónde se fue? Estuvo ausente lo menos diez minutos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Magson inició la declaración de que había creído oportuno seguir a un tipo sospechoso, pero el sargento le interrumpió:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Al diablo los tipos sospechosos! Déjese de tipos sospechosos. Lo que debe usted buscar son asesinos. ¡Diez minutos fuera de su puesto... y luego la cosa ocurre al lado del sitio donde usted tenía que estar! ¡Imagine lo que van a decir de nosotros!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Atraída con la rapidez siempre subsiguiente a una mala noticia, apareció una multitud pálida y turbada, y al saber que el monstruo desconocido había aparecido de nuevo, esta vez asesinando a una niña, los rostros de todos dibujaron entre la bruma muecas de horror y odio. Llegaron una ambulancia y más policías, y mientras se dispersaba la gente, el pensamiento del sargento se condensó en palabras. No había quien no dijera: «¡En las mismas narices de los guardias!» Posteriores pesquisas demostraron que cuatro vecinos del barrio, los cuatro por encima de toda sospecha, habían pasado por aquel lugar, con un intervalo de segundos, antes del asesinato, sin ver ni oír nada. Ninguno se cruzó con la niña viva ni la encontró muerta. No habían encontrado a nadie. Y otra vez la policía se halló con un crimen sin huellas del asesinato y sin móviles.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces el distrito, como recordará el lector, se entregó, no al pánico, cosa insólita en Londres, pero sí a la inquietud y al desaliento. Si en sus mismas calles podían ocurrir tales cosas, no había cosa alguna que no pudiera acontecer. En tiendas, calles y mercados, doquiera que la gente se reunía, el tópico de las conversaciones era idéntico. Las mujeres cerraban herméticamente puertas y ventanas en cuanto anochecía y velaban por sus hijos con el mayor cuidado. Hacían sus compras antes del atardecer y, fingiendo no sentir desasosiego alguno, esperaban con ansiedad temerosa la vuelta de sus maridos del trabajo. Bajo la semihumorística resignación al desastre, característica del pueblo bajo de Londres, latía una hosca premonición de tragedia. La manía de un hombre conmovía la estructura de las vidas cotidianas de mucha gente, vidas siempre fácilmente transtornables para un hombre despreciador de la humanidad y no temeroso de sus leyes. Se comenzaba a notar que las columnas sustentadoras de la sociedad pacífica en que se vivía eran simples pajas, aventadas al antojo de cualquiera. Por el poder de sus manos, un solo hombre obligaba a toda la comunidad a hacer una cosa nueva: pensar y mirar, con la boca abierta, lo incomprensible.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mientras la gente se pasmaba ante los dos primeros golpes, el hombre asestó el tercero. Consciente de la sensación que sus hechos creaban, y ávido de intensidad como un actor que gusta de producir en los espectadores el escalofrío de la emoción, dio nuevo anuncio de su presencia. En la mañana del miércoles, tres días después del asesinato de la niña, los periódicos llevaron a todas las mesas de desayuno de Inglaterra la noticia de un crimen todavía más audaz.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las 9,32 de la noche del martes, un guardia de servicio en Jarnigan Road, habló con su compañero Petersen, junto a Clemming Street. El primero de ambos guardias vio al segundo alejarse por dicha calle. Podía jurar que ésta se hallaba vacía. Sólo pasaba un limpiabotas cojo, a quien el guardia conocía de vista y que penetró en una casa de la acera opuesta a aquella por donde se alejó Petersen. El guardia, como todos los de su profesión, tenía la costumbre de mirar detrás de sí y en torno mientras andaba, y estaba seguro de que la calle se hallaba vacía. Se cruzó con el sargento de la comisaría del barrio a las 9,33, respondió a la pregunta de su superior diciéndole que no había novedad, y continuó su servicio, el cual lo conducía a muy corta distancia de Clemming Street llegando al límite de su radio, volvióse y a las 9,34 estaba ya en la esquina de la precitada calle. Apenas se encontró allí, oyó la bronca voz del sargento:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Gregory! ¿Está usted ahí? ¡Pronto! ¡Otro más, Dios mío! Y es Petersen. ¡Estrangulado! ¡Llame a los compañeros!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tal fue la tercera de las hazañas del estrangulador; pero aún siguieron una cuarta y una quinta, que pasaron también a lo desconocido e incognoscible. Esto en cuanto afectaba a autoridades y público, porque la identidad del asesino llegó a ser conocida, aunque sólo por dos hombres: uno el asesino mismo; otro un joven periodista.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Este joven, reportero del «Daily Torch», no era más inteligente que otros muchos celosos periodistas que flotaban por los distritos donde sucedían los crímenes, esperando descubrir algo. Pero tenía mucha paciencia, se ocupaba del caso más que los otros y, a fuerza de pensar en él, logró al fin hacer surgir la figura del asesino, como un genio, de los mismos cimientos en que aquel hombre había fundado la impunidad de sus crímenes.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tras unos cuantos días, los periodistas tuvieron que abandonar sus hipótesis, porque nada podían conseguir. Se reunían regularmente en la comisaría del barrio, donde se les daba la poca información que había. Los agentes eran muy amable, pero nada más. El sargento discutía con los reporteros los detalles de cada asesinato; sugería posibles explicaciones de los métodos del asesino; recordaba casos pasados que tenían alguna similitud con los presentes, y en cuanto a ausencia de móviles evocaba las muertes, sin motivo, de Neil Cream y Juan Williams, terminando por insinuar que se estaban haciendo trabajos que pondrían fin a tales crímenes. Mas sobre la naturaleza de aquellos trabajos guardaba silencio. Por su parte, el inspector charlaba mucho también acerca del asesino, pero en cuanto algún periodista le pedía detalles sobre la marcha de las pesquisas policíacas, el afable inspector enmudecía. Si algo práctico estaban haciendo los agentes, no lo transmitían a la prensa. El asunto dañaba mucho al prestigio de la comisaría, y los agregados a ella sentían la necesidad de conseguir una captura mediante sus propios recursos, para rehabilitarse ante la superioridad y la opinión. Scotland Yard, desde luego, actuaba también, disponiendo de todos los datos acumulados por la comisaría, pero ésta confiaba en tener el honor de arreglar el asunto sola. Por tanto, aunque la cooperación de la prensa fuese de utilidad en otros casos, en este no deseaban arriesgarse a una derrota revelando prematuramente los planes y teorías a seguir.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por esto el sargento hablaba en abundancia, exponiendo, una tras otra, hipótesis en todas las cuales ya habían pensado antes los periodistas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El joven que dijimos prescindió pronto de aquellas conferencias mañaneras sobre la Filosofía del Crimen y diose a errar por las calles del barrio, componiendo brillantes crónicas sobre el efecto de los asesinatos en la vida normal de la gente. La tarea, melancólica de por sí, resultaba aún más melancólica en aquel distrito. Las calles sucias, las casas ruinosas, las ventanas desvencijadas, todo contribuía a crear esa miseria que no despierta simpatía en nadie: la miseria del poeta fracasado. Tal miseria era creación de los extranjeros, que vivían como Dios les daba a entender, ya que no tenían hogares organizados y ni siquiera se tomaban la molestia de crearse un hogar en los lugares donde se instalaban, ni se decidían a suspender sus vagabundeos sempiternos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pocos datos podían salir de allí. Todo lo que el joven veía y oía eran rostros indignados y disparatadas conjeturas sobre la identidad del asesino y la facilidad con que aparecía y desaparecía sin que le localizasen. Al ser asesinado un policía, las acusaciones contra la fuerza pública se acallaron y el desconocido empezó a ser aureolado de leyenda. Los hombres se miraban unos a otros, como pensando: «Este puede ser; éste puede ser». Ya no buscaban a un sujeto con aire de asesino del museo de madame Tussaud, sino que se esforzaban en descubrir un hombre concreto, o acaso una pervertida mujer. Las opiniones tendían todas a culpar a los extranjeros. Un ensañamiento semejante no parecía propio de Inglaterra, ni tampoco lo parecía la mucha destreza con que se cometían los crímenes. Se pensaba, pues, en las gitanas egipcias y en los vendedores turcos de alfombras. Por allí debía de andar la cosa. Esas gentes orientales, que conocen toda clase de tretas y no tienen verdadera religión, ni nada que los refrene... Marineros venidos de las regiones de Oriente cuentan relatos de nigromantes capaces de tornarse invisibles, y también hablan de drogas egipcias y árabes con las que se pueden lograr cosas verdaderamente singulares. Acaso fuese posible... ¿Quién sabe? Los orientales son tan ágiles, tan flexibles... No habría un inglés que supiera evadirse como ellos en un caso difícil. Casi con certeza se decía que el asesino debía de estar entre aquellos extranjeros y poseer algún tenebroso hechizo sobrenatural. Era, pues, inútil buscarle. Aquel hombre constituía una potencia, capaz de subyugar a todos y mantenerse oculto. La superstición, que quiebra con tanta facilidad la frágil cáscara de la razón, descendía sobre el distrito. El asesino podía hacer lo que quisiese sin ser descubierto nunca. Estos dos puntos dábanse por admitidos y se extendía por las calles un amargo fatalismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La gente hablaba de sus ideas al periodista sin dejar de mirar a derecha e izquierda, como si el criminal pudiera aparecérseles de pronto. Y, si bien todo el distrito sólo pensaba en el criminal y estaba pronto a saltarle a la garganta, tan fuertemente les habían impresionado los crímenes que cabía dudar de que, si alguien gritase en la vía pública «¡Yo soy el Monstruo!», la furia contenida desbordara en un ataque violento. Bien podía suceder que la gente viera en aquel hombre —un hombre bajo, por ejemplo, de tipo y cara comunes— algo de extraterreno y sobrenatural, algo fuera de lo humano a pesar de sus vulgares botas y de su vulgar sombrero, algo que le librara de los golpes y las armas de sus agresores. ¿No podría ocurrir que todos retrocedieran momentáneamente ante aquel demonio, como el demonio mismo huyó ante la cruz de la espada de Fausto, dejándole así tiempo para escapar? No sé, pero tan firme era la creencia de todos en la invencibilidad del asesino, que acaso se hubiera producido algún titubeo si se presentase semejante ocasión. Sólo que no se presentó nunca. Hoy, aquel hombre corriente, saciado su afán homicida, sigue viviendo entre todos, visto y observado por ellos, como era entonces visto y observado, sin que nadie soñara siquiera, como no sueña ahora, que él fuese quien era en realidad, ya que todos estaban acostumbrados a mirarle como quien mira un poste del alumbrado público.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La creencia popular en la invencibilidad de aquel asesino casi llegó a parecer justificada cuando, a los cinco días del asesinato del guardia Petersen, mientras la experiencia y sagacidad de toda la policía de Londres se consagraba a la búsqueda del asesino, éste descargó los que fueron sus golpes cuarto y quinto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las nueve de aquella noche, el citado periodista, que solía errar por las calles hasta la hora de salida de su periódico, caminaba por Richards Lane. Richards Lane es una calle estrecha, de aceras ocupadas en parte por un mercado y en parte por casitas de obreros. El joven seguía a la sazón la hilera de estas casitas. Al otro lado de la calle corría el muro de un apartadero ferroviario. La tapia proyectaba sobre la calle una sombra, y entre ésta y el espectral armazón del contiguo mercado, ahora desierto, dijérase todo el lugar quedaba súbitamente helado por el soplo de la muerte. Hasta las luces públicas, que en otras partes eran nimbos de oro, tenían allí rigidez de gemas. El periodista, sintiendo aquel toque de gélida eternidad, se dijo que ya estaba harto de aquel asunto. Y en el mismo momento la impresión de cosa congelada que pendía en el ambiente, se quebró. En el intervalo de un paso a otro paso, la soledad y el silencio fueron interrumpidos por gritos terribles, entre los que se distinguía una voz:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Socorro, socorro! ¡El asesino está aquí!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Antes de que el reportero pensase qué debía hacer, la calle volvió a la vida. Como si la multitud invisible estuviera esperando aquel grito, las puertas de todas las casas se abrieron y de ellas y de las esquinas surgieron figuras inclinadas como en signo de interrogación. Por un momento permanecieron rígidas como faroles, y en seguida, oyendo el silbato de un policía, corrieron en la dirección donde sonaba. El periodista siguió a la gente, mientras otras personas le seguían a él. De la calle principal y las laterales salían hombres, ora jadeando sobre sus miembros enfermos, ora armados con hurgones o herramientas profesionales. Aquí y acullá, entre la nube de cabezas, campeaba el casco prominente de algún policía. En confusa masa, todos se acercaron a una casa pequeña, en cuyo umbral estaban el sargento y dos guardias. La gente que iba detrás comenzó a clamar:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«¡A por él! ¡A cogerle! ¡Rodead la casa! ¡Saltad la verja!» Mientras los que iban al frente respondían: «¡Haceos atrás, haceos atrás!»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y de pronto, la furia de la turba, unos momentos frenada por el temor de un peligro desconocido, estalló. El asesino estaba allí. No podía escapar. Todos los ánimos convergían en la casa, todas las energías se centraban en hacer saltar puertas y ventanas, todos los pensamientos se limitaban a la búsqueda y exterminio del criminal desconocido. Así que nadie miraba a nadie. Nadie reparaba en la estrecha callejuela ni en la masa de forcejeantes figuras, y todos olvidaron buscar entre ellos mismos al asesino que nunca era encontrado junto a sus víctimas. Sí, todos olvidaban que en su compacta cruzada de venganza daban al criminal el más seguro asilo. No veían sino la casa; no oían sino el crujir de puertas y cristales rotos; no atendían sino a las voces de los agentes, y todos empujaban.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero no hallaron al asesino. Sólo divisaron una ambulancia, sólo supieron noticias de lo ocurrido, y la furia general sólo pudo desahogarse contra los policías, que trataban de abrirse caminó entre la multitud.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El periodista logró alcanzar la puerta y obtener informes del guardia que vigilaba allí. En la casa habitaba un marinero retirado, con su esposa e hija. Estaban cenando. La primera impresión era que un gas tóxico les había sorprendido en la mesa. La hija yacía muerta en una escalerilla, con un trozo de pan con manteca en la mano. El padre había caído de lado desde su silla, dejando en el plato una cuchara llena de morcilla de arroz. La madre estaba medio hundida bajo la mesa, teniendo sobre la falda pedazos de una taza rota y manchas de cacao. Pero los pocos segundos se prescindió de la posibilidad del gas. Una mirada a las gargantas de los muertos indicó la presencia del estrangulador. Los policías miraban el cuarto, compartiendo momentáneamente el fatalismo del público. Se sentían impotentes.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Era aquella la cuarta hazaña del asesino, y con ésta sus asesinatos se elevaban a siete. Como sabe el lector, debía cometer otro más aquella noche y luego pasar a la historia de la delincuencia con el sobrenombre de "El Asesino Desconocido", volviendo a la vida correcta que siempre había llevado, recordando muy poco lo que había hecho y apenas inquieto cuando lo evocaba. ¿Por qué interrumpió sus crímenes? Imposible decirlo. ¿Por qué los comenzó? Imposible también. Las cosas pasaron así, y nada más. Presumo que si él recuerda ahora aquellos días y noches, lo hace como nosotros al recordar las tonterías y pecadillos de nuestra infancia. Aseguramos, al hablar de ellos, que no fueron realmente pecados, puesto que no éramos conscientes de nuestras culpas. Pensamos en la criaturita que éramos entonces y sentimos indulgencia para con sus actos, suponiendo que no sabía lo que hacía. Así juzgo que debe ocurrirle a ese hombre.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hay muchos como él. Eugenio Aram, tras el asesinato de Daniel Clark, vivió una existencia tranquila y dichosa durante catorce años, sin que el crimen le produjera remordimiento de conciencia ni disminuyera su propia estimación. El doctor Crippen mató a su mujer y vivió después, satisfecho, con su amante, en la casa bajo cuyo pavimento yacía el cadáver de su víctima. Constancia Kent, absuelta del asesinato de su hermano menor, dejó transcurrir cinco años antes de confesarse culpable. Jorge Smith y Guillermo Palmer vivían plácidamente entre sus semejantes sin que les turbaran el temor ni el remordimiento al pensar en las personas a quienes habían envenenado o ahogado. Carlos Peace, cuando realizó su intento desafortunado, habíase convertido en un ciudadano respetable, muy interesado en las antigüedades. Cierto que, pasado algún tiempo, los susodichos criminales fueron descubiertos, pero muchos más asesinos de los que pensamos, sin que nadie los desenmascare ni sospeche de ellos, viven respetados hoy y lo mismo morirán. Tal será el caso de nuestro estrangulador.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin embargo, libróse por muy poco, y acaso lo apuradamente que escapó le indujera a suspender sus crímenes. El que quedara libre debióse a un error de apreciación por parte del periodista.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tan pronto como éste supo todo lo ocurrido, lo que le costó algún rato, pasó quince minutos al teléfono, transmitiendo la información a su periódico. Al cabo de aquel cuarto de hora se sintió físicamente cansado y mentalmente destruido. Aún no podía marcharse a su casa, puesto que el periódico no cerraría hasta pasada una hora, y en consecuencia resolvió entrar en un bar y pedir cerveza y unos bocadillos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y allí, mientras admiraba el gusto del tabernero en materia de cadenas de reloj y de su imponente aire de autoridad, reflexionaba en cuanto más grata es la vida del dueño de una bien administrada taberna que la vida de un periodista. No pensaba en los asesinatos del estrangulador, sino que concentraba su mente en el bocadillo, el cual para bocadillo de taberna, era cosa extraordinaria. El pan estaba cortado en rebanadas finas y untado de manteca y el jamón no estaba rancio, sino debidamente curado. Luego, las ideas del periodista se dirigieron al conde de Sandwich, inventor de los bocadillos, y luego a Jorge IV, y después a los Jorges en general y finalmente a aquel Jorge que, según la leyenda, se había devanado los sesos pensando cómo podría entrar la manzana en la tarta de manzanas. Meditó el periodista si el Jorge del cuento no habría preguntado también cómo había podido entrar el jamón en el bocadillo, y quiso calcular cuanto tiempo verosímilmente hubiese tardado el susodicho Jorge en descubrir que el jamón no podía entrar en el pan si alguien no lo colocaba allí. El reportero entonces encargó otro bocadillo y en este justo momento un activo rincón de su mente resolvió el asunto. Si había jamón en el bocadillo, alguien había metido el jamón en el pan. Si habían muerto asesinadas siete personas, alguien tuvo que asesinarlas. No hay hombre que pueda llevar en el bolsillo un automóvil o un aeroplano, y por tanto el asesino, una vez cometidos sus crímenes, había de huir o de quedarse en el lugar del hecho, y en consecuencia...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ya veía con la imaginación la primera página de su diario proclamando su descubrimiento si la teoría concebida resultaba correcta y si —lo que se prestaba a conjeturas— el director tenía la audacia de publicarla, cuando resonó en su oído la frase: «Tengan la bondad, señores. ¡Hora de cerrar!» Levantóse y salió a un mundo de bruma sólo interrumpido por charcos cenagosos y por el huracán de los autobuses. Estaba seguro de haber dado con la solución, pero, aun así, era dudoso que la política de su periódico permitiese publicar tan sensacional hipótesis. Porque ésta tenía un gran defecto: que era la verdad, pero una verdad inverosímil. Una verdad con la que se minaban los cimientos de cuanto los lectores del periódico creían y los editores del periódico ayudaban a creer. Gente así podría admitir que los vendedores turcos de alfombras poseían el don de volverse invisibles, pero esto otro no lo admitirían.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De todos modos, nada pudo comprobarse, porque el joven no escribió nunca su información. Como su periódico había salido ya y él se sentía fortalecido por el reciente refrigerio, juzgó que podía dedicar otra media hora a la ratificación de su teoría. Así, empezó a buscar al hombre en quien pensaba: un hombre de cabello canoso y manos blancas y grandes, una figura tan familiar que nadie la miraría dos veces. Deseaba transmitir su idea por sorpresa a aquel hombre, y para ello no vacilaba en ponerse al alcance de un asesino acorazado tras una leyenda de cruel temibilidad. Podía parecer un acto de supremo valor que un hombre inerme, sin ayuda de otros, se situara a merced del asesino que tenía atemorizado a un barrio entero; pero no se trataba de valor. El joven no pensaba en el riesgo, ni tampoco en la lealtad debida a su periódico y a sus patronos. No, actuaba movido meramente por la curiosidad de conocer la historia hasta el fin.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Saliendo lentamente de la taberna cruzó Fingal Street, camino de Deever Market, donde esperaba encontrar a su hombre. Pero el trayecto quedó abreviado, porque en la esquina de Lotus Street, halló a quien buscaba, o a un sujeto muy parecido. En la calle, mal iluminada, el joven no podía ver apenas al otro individuo, pero sí divisaba sus manos blancas. Le siguió durante cosa de veinte pasos, después se acercó más y al pasar por donde un puente de ferrocarril cruzaba la calle, se cercioró de que aquel era su hombre. Interpelóle, pues, con la expresión ya usual en el distrito:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué? ¿Hay algo del asesino?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El otro se inclinó para escudriñar al periodista y, convencido de que éste no era el criminal, dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡No, maldita sea! Yo dudo de que se le eche mano.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No sé. He estado pensando mucho en ello y tengo una idea.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Sí?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sí. Se me ocurrió de pronto, hace un cuarto de hora. Y he comprendido que todos estábamos ciegos. Porque teníamos la verdad ante los mismos ojos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El hombre miró de nuevo, con expresión de recelo, a aquel joven que parecía saber tanto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Sí? —repitió— Pues, si está tan seguro, ¿por qué no me dice lo que sabe?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Iba a hacerlo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Andando juntos, llegaban ya al lugar donde la calle desemboca en Deever Market. El periodista volvióse al hombre con toda naturalidad y le apoyó un dedo en el brazo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sí, ahora me parece sencillísimo todo. Pero hay un extremo que no comprendo. Una cosa que quisiera aclarar: los móviles. En confianza, de hombre a hombre, dígame, sargento Ottermole: ¿por qué mata usted a esas gentes inofensivas?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El sargento se detuvo y el periodista también. La luz del cielo, unida a la luz refleja del mundo londinense, proyectaba suficiente claridad sobre el rostro del sargento, y el rostro del sargento se volvía al joven con una ancha sonrisa, tan cortés y jovial, que el periodista sintióse helado viéndola. Aquella sonrisa duró unos segundos. Luego el sargento dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Si he de hablarle con franqueza, señor periodista, no lo sé. No lo sé en realidad. Yo me he preguntado lo mismo que usted. Pero tengo una idea... como usted la tiene. Todos sabemos que el hombre no puede dominar el trabajo de su mente. Las ideas acuden a nuestros cerebros sin que las llamemos nosotros. En cambio, se da por hecho que todos podemos dominar nuestro cuerpo. ¿Por qué? Nosotros heredamos nuestras almas de personas muertas hace cientos de años, y recibimos nuestra inteligencia Dios sabe cómo. ¿No podemos recibir nuestros cuerpos igual? Nuestras caras, nuestras piernas, nuestras cabezas, no son nuestras del todo. Nosotros no las hacemos. Nos son dadas. ¿No podrían acudir ideas a nuestros miembros como acuden a nuestras mentes? ¿No podrían habitar las ideas en los nervios y los músculos tanto como en el cerebro? ¿No podrían ciertas partes de nuestro cuerpo no ser realmente nuestras y no podrían las ideas acudir a esas partes de un modo repentino como acuden las ideas a... a... —y el sargento alargó los brazos, de muñecas peludas y manos enguantadas de blanco, hasta la garganta del periodista, con tanta ligereza que el joven ni siquiera lo pudo advertir— ...a mis manos?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-5930083652903974127?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5930083652903974127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/5930083652903974127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/las-manos-del-senor-ottermole-thomas.html' title='LAS MANOS DEL SEÑOR OTTERMOLE (Thomas Burke)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-1244174729025650682</id><published>2012-02-05T08:52:00.000-05:00</published><updated>2012-02-05T08:53:01.469-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>LA CASA DE MI PADRE (Brian Hopkins)</title><content type='html'>&lt;em&gt;(My Father’s House -1998)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La hierba tiene el color de las cercetas que Holly asocia con su infancia en Reeds Crossing, Kentucky. Es una variedad creada genéticamente a medida, que requiere muy poca agua, con anchas hojas ralas diseñadas para aprovechar al máximo la luz difusa del domo. Nada así creció nunca en Kentucky. Nada así fue cultivado tampoco aquí, en Puerto, antes de su llegada. Pero la hierba se siente y huele a hogar para ella. Es uno de sus trasplantes más exitosos, aunque seguramente no el único. Con mucho, el trasplante más importante son ellos mismos. Treinta y seis colonos -treinta y siete cuando ella dé a luz dentro de cinco meses-. Los primeros humanos en poblar un mundo que no gira alrededor del Sol. Aire. Tan extraño para sus pulmones como si ella fuera una criatura apenas deslizada gritando del vientre de su madre. Sabor de hospitales y alcanfor. Una superficie fría, dura. La familiaridad imprecisa de algo contra la carne desnuda. El olor de metal acre y plástico y... algo caliente, algo abrasador. El idioma extrañamente traspuesto, indeciso, amortiguado como por una espesa niebla: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Por favor... despierte, Holly Knight. No hay tiempo que perder. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Después de la voz, el dolor. Agujas en sus pulmones y llamas aferrando sus extremidades. El ardor transversal de láseres detrás de sus ojos. Convulsiones y escalofríos y ácido en sus venas. Un remolino oscuro atrayéndola, su negra cercanía ofreciendo reposo sensorial. Alivio. Huida. Se retira al interior de su garganta silenciosa... Bajo el cielo turquesa, contra la pletórica cama de hierba, la piel de Evan es de un saludable moreno de nuez moscada. La arrogancia de las lámparas solares, piensa Holly. Los suplementos dietéticos proporcionan todos los fotonutrientes que necesitan. En esa forma extraña que él tiene de saber lo que ella piensa, la cara de Evan enrojece. Luego sonríe y coloca una mano llena de callos sobre el abultamiento ligeramente velloso de su vientre. Él no habla. Las palabras son raramente necesarias entre ellos. El hijo no es técnicamente suyo -la reserva genética de la colonia es demasiado reducida para la inseminación natural-. La med-computadora escogió el mejor genotipo de entre las provisiones de la nave y Holly aceptó obedientemente. A pesar de eso, Evan trata a la criatura nonata con no menos atención que si hubiera procedido de sus lomos. Holly le ama más aún por eso. Y por supuesto que el cielo no es realmente azul; eso es simplemente el efecto de la dispersión de moléculas en el campo del domo. Más allá del borde ilusorio del domo el cielo es una encapotada neblina de nubes de metano, circundadas por un línea mostaza de ácido sulfúrico, la estela -como de cometa- de una de las dos lunas de Puerto. Pero el campo consigue engañarlos con un cielo azul de Tierra; sin él se estrangularían en dióxido de carbono, el componente principal de la atmósfera de Puerto. Las nubes de metano cuelgan aproximadamente a cuarenta kilómetros sobre la superficie de Puerto, formando remolinos de vórtices poderosos, surcados por láminas feroces de relámpagos azules. El siempre nublado horizonte está estratificado con auroras distantes que Holly ha fracasado hasta ahora en capturar fielmente con óleo y lienzo. La mínima inclinación axial de Puerto significa que no hay estaciones, simplemente este gris perpetuamente nublado, como si estuviera siempre a punto de llover. Los días y las noches son breves, apenas seis horas según el tiempo de Tierra , por cuyo estándar los colonos calculan todavía el paso de los acontecimientos, convirtiendo incluso el prolongado trayecto de Puerto en torno a Alpha Centauri, de 3.26 años-Tierra, en cifras que ellos pueden relacionar. Evan la atrae estrechamente a través de la hierba densa, oprime sus labios contra los de ella. Su cuerpo es sólido y cálido. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Holly Knight! —su solicitante espera fuera de la vorágine, impaciente pero decidido. Ella es sólo periféricamente consciente de la voz, como de una conversación en otro cuarto o el cuchicheo de fantasmas— ¡Por favor, Holly! ¡Unos minutos solamente, y han terminado! &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Había una cualidad como infantil en la voz. Desesperación. Tal vez una ligera expectativa de desvanecimiento. Pero sobre todo eso, oyó un miedo que tiró de su corazón. A medida que se acercaba, el dolor regresó. Agujas. Miles de agujas... Son las nubes y el dióxido de carbono los que hacen a Puerto templado. Como un invernadero: la radiación estelar se desliza a través, pero la longitud de onda más larga de la energía térmica reflejada es atrapada por la masiva atmósfera. Las manos de Evan obran su magia en su cuerpo. Se deslizan de su boca hacia el cuello, siguiendo el rastro de las finas venas azules bajo su piel pálida. Nada de lámparas solares para ella. Está embarazada. Sobre el hombro de Evan observa las efímeras lunas de Puerto perseguirse la una a la otra a través del cielo. Son dos, el gigante fogoso que los colonos bautizaron como Madrastra Malvada y la pequeña dama roja que llaman Hija. Madrastra es toda naranjas y rojos y amarillos. Desgarradas por el tirón tidal de Puerto, las destructivas fuerzas sísmicas rechinan profundas dentro de la esfera lunar. Las placas tectónicas de la superficie cambian de posición y se astillan. Los volcanes vomitan géiseres de azufre y emiten vapor a la atmósfera superior, dejando a través del cielo una mancha amarilla de ácido sulfúrico jaspeado. Hija es mucho más pequeña, un elipsoide triaxial que apenas mide 27 por 15 por 18 kilómetros, refrenado tidalmente de modo que su eje largo está perpetuamente orientado hacia Puerto. El poderoso campo magnético de Puerto ha capturado las partículas estelares de Alpha Centauri, acumulándolas en la atmósfera superior. Cuando Hija se mueve a través de este enjambre, genera y mantiene un conducto de flujo, una manga elíptica de corriente eléctrica de millones de amperios que la encadenan poderosamente al planeta con una tempestad de furia eléctrica sin igual. De ese modo la Madrastra persigue a la Hija a través del cielo de Puerto, cada una arrastrando su velo, una fuego y humo, la otra relámpago azul. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella fue consciente de recibir unas palmadas. Las manos de Evan se deslizaron fuera como el sueño y la realidad intervino. Se agarró a él. Más bien se agarró a alguien, pues la carne que percibió era blanda y fría. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡No! —gritó, buscando sobre su hombro el inigualable panorama del cielo de Puerto... como si pudiera salvarla de la realidad. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La otra nota dominante en el cielo, exceptuando la luminiscencia gemela de Alpha Centauri y la estrella brillante del Legado en órbita, es su única vecina, el gigante rojo gaseoso que han bautizado Bola. La atmósfera de Bola es nitrógeno puro, rojas nubes de un smog fotoquímico de compuestos de carbono, etano, acetileno, cianuro de hidrógeno y etileno. Bajo la espesa niebla, la superficie medio derretida está llena de cicatrices con lentos ríos de etano y metano licuefactos, las arterias desfallecientes de alguna bestia inmensa cuyo corazón bombea gas natural. Bola es acosado en torno a la estrella doble por una media docena de lunas parejas, cada una de ellas cubierta con oscuros polímeros orgánicos formados por metano fotodisociado. El eje de rotación del gigante de gas está tan drásticamente inclinado con relación al plano orbital que el planeta parece girar sobre su flanco en torno a Alpha Centauri; por ello el nombre de Bola. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los ojos de Evan son diamantes azules en los cuales ella se ha acostumbrado a mirarse la cara. Pero lo que ella ve ahora es una sala larga de plástico y acero y fila sobre fila de cilindros horizontales de vidrio, cada uno rebosando de un fluido pálido, palpitante. En la superficie del cilindro más cercano ella encuentra su propia cara, reflexión diminuta dentro de reflexión diminuta. Su cara está retorcida y oscurecida por la difusión del fluido interior, pero a medida que se acerca los fragmentos yuxtapuestos se van reuniendo. Holly retrocede despavoridamente. En el reflejo, ha visto la desolación de su cara. Y en la ruina de su cara, ha visto el fin del sueño. El lado izquierdo de la cara de C-Holly colgaba en una devastación cadavérica de micro-filamentos y componentes, muchos de los posteriores ennegrecidos y fundidos a la rejilla de memoria que contiene la mayor parte de su cerebro. En las profundidades retorcidas del daño, los ojos de Holly encontraron un foco que lo demás en el cuarto se negaba a producir. Parpadeó varias veces, pero fracasó en vencer la ilusión de que eso era su cabeza que ella veía reflejada en algún espejo extrañamente deformado. Cuándo extendió la mano para tocar, C-Holly atrapó su mano en un apretón poderoso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Necesitando explicaciones, sin duda. Pero no momento. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una emergencia, se percató Holly, frotando ferozmente sus ojos aunque eso intensificó el dolor en su cabeza. Ha ocurrido un accidente. Su retina mantuvo la imagen residual del cráneo destrozado de C-Holly. El personal dañado. La misión tal vez en peligro ¡Levántate, Holly! De nuevo sus fosas nasales atraparon el mordisco acre de metal caliente. Trató de hablar, tosiendo varias onzas de fluido criogénico que se derramó como jarabe amarillo por su rostro. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Stim —consiguió sacar finalmente. Su voz era distante y débil. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;C-Holly respondió &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Descargado. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly miró incrédulamente al custodio, pero sólo encontró verdad en esa mitad de su cara donde las emociones estaban, a pesar de todo, escritas tan genuinamente como el software permitía. ¿Cómo se esperaba que sencillamente funcionase fuera del cryo sin un estimulante? &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Explícame. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No tiempo. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y C-Holly la arrastró sobre sus pies. El peso denotaba que estaban todavía bajo giro, quería decir que estaban aún fuera de Alpha Centauri y no, como ella había esperado, en órbita. Adiós sueños, pensó, con no poca renuencia a dejarlos marchar. El crepúsculo crioinducido era todo lo que había quedado; pero Evan había estado allí, la había amado otra vez. Y luego allí estaba la preñez que nunca había sido. Holly pasó su mano por el espacio liso de su vientre y se sintió agotada y vacía. Había dos puertas en la zona restringida del cryo. Holly conocía su localización como si ayer mismo hubiera yacido aquí abajo, aunque de hecho sabía que hacía mucho más tiempo. El suficiente para que su custodio hubiera soportado este daño. Cuánto tiempo, no podría decirlo. Había un cronómetro en el muro, pero sus ojos se rehusaron a enfocar la atención en sus números verdes. Eran las puertas lo que había olido. Ambas estaban al rojo vivo, fluyendo en ardiente escoria poliacerada hacia los paneles de la cubierta como si alguien las abrasara de parte a parte desde el exterior. Los paneles de control junto a ellas parecían haber comprobado el fin funcional de un mazo. Holly observó la ruina retorcida de la izquierda de C-Holly. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—La tripulación —explicó el custodio. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿La tripulación hizo esto? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly señaló la lesión craneal cavernosa. La mano buena del custodio se dirigió hacia arriba como para tocar su cara, solamente un gesto humano programado para crear un efecto. El custodio sentía inoperabilidad, pero ningún dolor. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Respóndeme. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Jean hizo... esto —la mirada de Holly pasó rápidamente de izquierda a derecha por el corredor en declive, pero la de ellas era la única criocelda abierta. Acunada dentro del fluido palpitante de cada una de las otras treinta y cinco se veía la oscura silueta borrosa de un miembro del equipo humano; la custodio se corrigió a sí misma— C-Jean. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly presionó sus sienes en un intento para silenciar la sierra en miniatura que había en su cráneo. Su garganta estaba en carne viva, su mente borrosa, y cada músculo de su cuerpo le pedía a gritos que se acostase. Necesitaba una dañina tableta stim. Estaba desnuda y helada, con esa cosa viscosa amarilla secándose en su cuerpo y coagulada en su pelo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿C-Jean te persigue ahora? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fue una pregunta capciosa: ambas puertas se consumían en llamas. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Todos los custodios —respondió C-Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Explícame qué has hecho. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El custodio pareció dolido, una emoción fácilmente legible incluso con la mitad de su cara asolada. Al menos Holly no tuvo dificultad para identificarla; el custodio, después de todo, había sido programado con su perfil de personalidad. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡No tiempo! —insistió, señalando hacia las puertas que fluían como un helado en un verano ardiente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pero estamos atrapados. Sólo hay dos puertas. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pensaba que usted conoce ruta distinta que puerta. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Si supiera otro camino, pensó Holly, entonces tú lo deberías conocer también. Quería confiar en el custodio, pero éste no era el despertar que ella había previsto. Estudió la cáscara de huevo destrozada de la cabeza de C-Holly, el círculo infantil de su boca, la vacuidad detrás de su único ojo esmeralda. Tal vez ella no lo sabía. ¿Cuántos datos podría destruir un daño semejante? Holly cruzó hacia el muro interior, del cual sobresalía un masivo panel de controles criogénicos. Arrodillándose, aflojó un panel inferior. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sin salida por ahí —porfió el custodio. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly miró hacia atrás sobre su hombro a la cara desesperada de su copia en papel carbón. "Accede hasta el centro" explicó irrecusablemente: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Has olvidado de quién es padre el diseñador del Legado. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Décadas para soñar. Para recordar a Evan y los días otoñales. Para revivir un parque donde las ardillas se persiguen unas a otras en círculos alocados a través de las hojas de cada sombra imaginable de rojo y oro. Para caminar por las ruinas tristes de los antiguos colonizadores. Y luego una iglesia donde una vez dos personas de culturas en conflicto se habían casado. Jamestown, Virginia. Ella sueña que es Pocahontas. Jura que lo cambiará absolutamente todo para vivir en su mundo. En uno de los varios compartimentos de mantenimiento espaciados a lo largo del eje central de la nave, Holly se acuclilló en un rincón cerca del techo y luchó contra la necesidad de vomitar. Los brazos le dolían por el prolongado tirón por el eje. Temblaba incontrolablemente. Hacía frío aquí, pero no como el frío que había hallado en el centro. Había llegado a unos mil metros de la zona delantera de la nave, conocida como el desván, antes de rendirse con desgana a sus músculos aullantes y a la náusea levantada por la ingravidez. El desván, donde había un equipo completo de controles de la nave, había sido su meta. La zona de mantenimiento albergaba poco más que las terminales diagnósticas. ¡Ella había tratado de sacar más información del custodio, pero después de una simple epifanía: "Nuestro padre diseñó Legado", C-Holly se había retirado a un ángulo opuesto a clavar la mirada en la juntura de las paredes. Cuando sus músculos temblorosos se calmaron, Holly se apartó del techo, deslizándose con más fuerza de la que había pretendido. El choque con el suelo sacudió su ya maltrecha cabeza. Rebotó y se refrenó contra una consola de mantenimiento donde colgó, los pies flotando suavemente a la deriva lejos del suelo, el cuerpo retornando ligeramente la minúscula fuerza centrífuga de espín de la nave. El tablero de mandos respondió prontamente a su contacto. Un diagnóstico de nivel uno comunicó que los sistemas de toda la nave estaban operativos y la totalidad del compartimento intacta, a excepción de CB-12. Pidió un nivel dos en el compartimiento de carga y oyó que había sido expulsado: en estos momentos era sólo una boca abierta al vacío. La esclusa de aire se negó a reciclar, haciendo alusión a un daño del circuito que podría ser evaluado con una consulta nivel tres, pero ella no tenía intención de malgastar el tiempo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Holly, ¿qué ocurrió en el departamento de carga? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ninguna respuesta. El custodio se acuclilló en una bola tensa, envuelto alrededor de cualquier recuerdo que su dañada neurored todavía mantuviera. Holly recordó el comentario del custodio cuando ella había pedido un estimulante. C-Holly había respondido que las drogas habían sido descargadas. Los suministros Med, Holly lo sabía, se habían guardado en CB-12. ¿Por qué había sido purgado el compartimiento al espacio? ¿Qué había causado el daño en la esclusa de aire? Una comprobación más detallada de los sistemas repitió la primera. Todos los sistemas estaban completamente operativos. Entonces recordó algo más. Los sensores delanteros estaban provistos con un objetivo móvil. Desde aquí no había forma de obtener un visual, pero con un lazo diagnóstico de retroalimentación ella podía conectarse con los datos en bruto como si estuviera transmitiendo desde la popa. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lo que pudo interpretar envió escalofríos helados a su columna vertebral. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Holly, ¿vas a decirme qué ocurrió? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El custodio negó con su cabeza violentamente. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué hay allí afuera? ¿Qué clase de problema tenemos dentro? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—La tripulación aniquila C-Holly.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No era una respuesta, pero al menos C-Holly estaba hablando. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No les dejaré dañarte —prometió Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Volver a meterte en cryo. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los custodios estaban programados con una orden que evitaba que pudieran causar daño a un humano, pero no había nada sobre mantener a la tripulación para asegurar su regreso. Los custodios debían despertar a un humano al establecer órbita alrededor de Alpha Centauri o en el caso de una emergencia, pero también habían sido programados con personalidades coincidentes con los treinta y seis miembros del equipo. Eso los hacía humanos. Eso los hacía falibles, quizá con sus propios motivos y finalidades. El fundamento científico para la programación por perfiles era que las interrelaciones de la tripulación pudieran ser simuladas y estudiadas antes del escenario de vida y de muerte reales del descenso planetario y la colonización. Pero nadie había sido reanimado cuando el compartimiento del cargamento había sido hecho volar. Nadie había sido reanimado durante la emergencia que había dañado a C-Holly. Holly sufrió una brusca sacudida: si ella fuera colocada abajo otra vez, no habría segunda oportunidad, ningún despertar posterior. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sintiendo que no iba a llegar a nada con el custodio, Holly volvió hacia el terminal de mantenimiento e introdujo una petición de datos. Cada señal corría por toda la longitud de la nave, desde la popa hasta el desván, encaminada a través de los compartimientos de mantenimiento para propósitos diagnósticos. Todo lo que tuvo que hacer fue encontrar la señal correcta. Los esquemas fluyeron a través de la pantalla, enfocando velozmente la zona de su consulta. Finalmente la pantalla se detuvo, un manojo del cable marcado VIDEO PRINCIPAL brillando intermitentemente en rojo, una trenza de muchas hebras puestas de relieve gracias a la holografía. Holly estudió el filamento por un momento que revoloteaba, apuntando sus marcajes y la ubicación del panel que titilaban en una esquina de la pantalla. Luego soltó un panel de acceso bajo la consola y empezó a trabajar. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No le puedo recordar — casi susurró C-Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿A quién? —preguntó Holly mientras separaba manojos del cable. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Nuestro padre. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Mi padre —corrigió Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tú eres una máquina. Y un maldito inútil por lo demás. Si me dijeras qué infiernos pasa, no tendría que tratar de cambiar el cable de este monitor. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Nos dejó, lo hicimos nosotros?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una docena o así de finos cables se escabulló entre los dedos de Holly, perdiéndose con otros cuyos códigos correctos de ruta ella ya tenía verificados. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Cállate —dijo al custodio. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En un sueño, ella está de pie, inmóvil en la casa de su padre. Y hace un nuevo esfuerzo para alejarse andando. A medida que el día se desvanece, las lanzas de luz del sol cruzan el suelo de dura madera donde sus pies están enlodados. El sol baja. Y luego la luna. Una y otra vez, en una procesión alocada, y ella le observa allí en su mecedora, el escalofriante sonido atrás y adelante en el roble, el lento avance de la edad a través de su cara, una niebla a través de sus ojos. Cenizas a las cenizas. Ella atraviesa el cuarto y ofrece sobre él un beso final antes de que los vientos le barran arriba y fuera. Polvo al polvo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Colgaba allí, en el monitor de mantenimiento amañado: un disco oscuro erizado de antenas y armas, casi perdido contra el negro del espacio. Eso no era ninguna nave exploratoria. Fue diseñada para la velocidad de un campo de acción pequeño. Maniobrabilidad. Guerra. A pesar de su forma, a pesar de su finalidad concreta, ella quiso creer que era extraña. La leyenda a través del flanco de estribor decía otra cosa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Cómo…? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Preguntó en voz alta. Pero ella sabía cómo. Había sólo un objetivo para lanzar Legado hacia Alpha Centauri. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"El viaje Más Rápido que la Luz, Holly. Lo descifraré pronto. "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Papá, tú sabes que no puedo aguantar tanto tiempo. Ella cogió su mano "Andan buscando juventud, vitalidad, mujeres en sus años fértiles. Cuando tú resuelvas el enigma VMRL, seré demasiado vieja" "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Siempre podré conseguirte un camarote, Holly. Tú lo sabes. Deja el Legado"&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"¡No quiero una litera con tu nombre! Y no puedo abandonar a Evan, papá."&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Por favor, Holly. Te estoy suplicando. "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella era todo lo que él tenía. Encerrado en su laboratorio durante los pasados veinticinco años, ella fue todo lo que él había conocido desde que su madre murió ofrendando su nacimiento. Ella no quería ver las lágrimas en sus ojos, no quería verle implorar. Le dirigió hacia lo único que sabía que alejaría su mente de la imagen de ella desertando de él: su trabajo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Dime cómo es posible viajar más rápido que la luz"&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella vio que él sabía lo que estaba haciendo. Alexander Knight estaba aterrorizado de enfrentarse con la realidad de quedarse solo. La condujo a través del laboratorio hacia un gran objeto negro. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"¿Recuerdas esto? "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly pasó su mano por el plástico liso. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Un vórtice. Solías entretenerme con eso cuando era pequeña. Ponía monedas aquí en el borde y las observaba caer en espiral por el centro. "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Él sonrió. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Era mucho más fácil distraerte entonces. Ahora se necesita física cuántica y astrogación para entretenerte"&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"¿Qué esperabas? Después de todo, soy la hija de Alexander Knight"&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Entonces presta atención "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Era una vieja reprensión, innecesaria. Él la había estado sermoneando toda su vida y ella raramente había dejado de prestar atención. Había crecido convencida de la idea de que su padre conocía los secretos del universo y de que, a través de él, ella podría saberlos. Knight colocó, no una moneda, sino un rodamiento de acero inoxidable en el borde del vórtice. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"En un plano liso el rodamiento rodaría en línea recta a menos que actúen sobre él fuerzas externas, pero aquí se comporta de modo distinto soltó el rodamiento, que emprendió una graciosa espiral elíptica hacia el centro del vórtice. "Si quitamos la fricción con el aire y la superficie, y contrarrestamos la atracción gravitacional, el rodamiento se movería en círculos indefinidamente." "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Un Sistema solar en miniatura"&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Sí. La trayectoria del rodamiento es llamada geodésica. Los desvìos geodésicos de una línea recta dependen de la masa del objeto central y de la distancia radial. "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Cuanto más se acerca el rodamiento al centro, más rápido rueda respondió Holly. "A medida que gira hacia afuera, disminuye la velocidad de nuevo." "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Parecía elemental para ella. Estaba ansiosa por oír donde encajaba el viaje MRL con estos principios básicos de física. Inspeccionando su propia impaciencia, ella se percató de que provenía del mismo miedo que había visto en su padre. Estaba aterrorizada de dejarle. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Bien. Tiene relación con el ángulo con el que el rodamiento se encuentra el plano del vórtice. Cuanto mayor sea el ángulo, más influencia en el rodamiento. El ángulo corresponde a lo que en espacio tetradimensional llamamos el gradiente gravitatorio ¡Lo que interesa es lo que ocurre con el gradiente gravitatorio muy cerca de un objeto enormemente masivo, pero muy pequeño... "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Como un agujero negro. "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Exactamente. Imagina que el centro de nuestro vórtice es ese agujero negro. Muy denso, pero más pequeño que la punta de una aguja donde se encuentra el continuo del espacio tiempo. Los flancos del pozo gravitacional resultante están ahora casi verticales. A medida que nos acercamos, caemos más y más rápido."&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"¿Más rápido que la velocidad de la luz "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;comi&gt;"Tal vez. Hay una paradoja en el proceso que contrae el espacio. Aceleras durante cierto plazo, cayendo en el vórtice, y luego se revierte el proceso, desacelerando, y tú serpenteas yendo mucho más allá de lo que a ti te parece haber ido, mucho más allá de lo que deberías haber ido dada la energía empleada… Así es que si tuviese el medio de proyectar un agujero negro que pudiera perseguir a través del espacio... "&lt;/comi&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Lo hiciste? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella consultó la pantalla y el silencioso navío con el rótulo "VÍBORA" en letra estarcida en su costado. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tú les regalaste el VMRL. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;C-Holly se apartó de su rincón y estudió el monitor. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No responderán a la vida artificial. Malditos seamos, dicen —miró a Holly—. Tú despierta. Habla con ellos, Holly Knight.  &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Unos mil metros. El único consuelo era que el centro de la nave no experimentaba la gravedad inducida por el giro, de modo que los mil metros eran simplemente eso y no mil metros directamente hacia arriba. Temblaba, mareada y débil; la fatiga y el hambre cabalgándola cada fibra. Se había puesto un mono de salto del departamento de mantenimiento, pero era delgado y ofrecía poca protección contra el frío. No tenía zapatos. Sus pies podrían haber permanecido calientes si los usaba, pero el largo trecho hacia arriba por el eje culminaba en asideros de mano, dejando sus piernas arrastrando inútiles detrás. Ella sabía que el desván estaba lo suficientemente distante del centro bajo el que se encontraba como para estar, si no a una g completa, al menos con una gravedad considerable. Sabiendo el índice de giro y el largo del brazo del desván, trató de hacer las operaciones en su cabeza, pero su cerebro se rehusó a cooperar. Sólo sabía que sería incapaz de mantenerse en pie cuando lo alcanzara. El custodio la siguió obedientemente, un parpadeo de señales craneales en la penumbra, su silenciosa actividad antítesis de la trabajosa respiración de Holly. Habían cruzado la mitad de la distancia cuando C-Holly comenzó a hacer preguntas. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Alexander Knight. Él era... ¿cómo? ¿Cómo quién?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Él era brillante. Quizá el hombre más inteligente que jamás haya vivido. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No mi intención… &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly no miró atrás, pero imaginó al custodio sacudiendo su cabeza, luces estroboscópicas de láser brillando intermitentemente a través de los cables enmarañados a medida que buscaba vocabulario y protocolos de construcción de frases. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Le dejó... le dejamos. ¿Por qué? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Yo le dejé —corrigió Holly, dejando el resto sin respuesta. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Le había dejado para seguir a Evan. Evan, que ya la había dejado a un lado por otra. Por Jean Elwood. Determinada a no perderle, Holly había usado la influencia de su padre y sus propias credenciales técnicas para asignarse a sí misma al Legado. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Él duele. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Era una observación, no una pregunta. La voz de Holly se enganchó en su garganta y eso fue un momento antes de que sacase un estrangulado: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sí. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Amé C-Evan. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Evan —corrigió ella, antes de darse cuenta de que el custodio no había pretendido hacer una pregunta.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Evan —insistió C-Holly—. Amé C-Evan... yo hice. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly se detuvo en un escalón, su momento de avance paralizado tirando fuertemente por un brazo casi totalmente fuera del eje. Intuyó otra pieza del enigma revoloteando alrededor de su comprensión. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Tú amaste a C-Evan? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sí. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No respondió: Pero tú eres una máquina, un facsímil estéril, improductivo, de mí. ¿Cómo puedes amar tú?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los perfiles de personalidad, comprendió, eran más completos de lo que ella hubiese soñado nunca. A medida que el resto de aquello se acomodaba en su sitio, respondió: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pero C-Evan amaba a C-Jean.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Al principio. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Eso pellizcó su corazón. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Al principio? Explícate. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Con el tiempo, C-Evan ama C-Holly.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella se arrodilla ahora ante una mecedora vacía en silencio total. En este silencio susurra sus despedidas. Alexander Knight la enseñó todo lo que ella necesitó saber alguna vez. No sólo la astronomía, la ingeniería, la física y las matemáticas y el funcionamiento del universo, sino que desde el chiquillo escondido tras sus ojos, ella supo de música y risa, amor y arte. Fue él quien la enseñó a pintar. Pero toda su vida una voz interior había susurrado, "déjame libre". "Todo este tiempo" pregunta a la mecedora silenciosa "¿era su voz o la mía?" &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La tripulación había detectado su apresurado puente en la sección de mantenimiento y habían adivinado su próximo movimiento. Estaban a la espera cuando ella descendió desde el eje de acceso al interior del desván. Sentada en el puesto del navegante, C-Jean cubrió a Holly con un láser manual, una versión más pequeña de lo que debían haber usado para abrasar las puertas de la sala cryo; chapucero, pero letal. Estaba hecho a mano; el Legado no transportaba armas. Había otros cuatro: C-Grace cubriendo el eje a través del cual había entrado Holly, C-Tyler bloqueando la única otra salida del desván, C-William y C-Scott holgazaneando con inquietud. Ninguno de ellos estaba armado, lo cual la llevó a suponer que C-Jean no confiaba totalmente en su lealtad. Ninguno de ellos llevaba puesta ropa alguna, una costumbre bastante común entre custodios. Los suaves, lampiños y sexuados fulgores de sus cuerpos parecían una afrenta a sus hematomas y arañazos, y al daño ostensible de C-Holly. En la pantalla delantera, de tres metros de alto y seis de ancho, el visiblemente venenoso Víbora avanzaba con rumbo exterior en un curso de intercepción. La pantalla era lo suficientemente ancha para que Holly pudiera ver el fuego bicéntrico de Alpha Centauri y dos planetas en órbita. Un planeta estaba enturbiado por nubes lechosas, rodeadas con anillos de mostaza y fuego azul eléctrico. El otro era un enorme gigante rojo perseguido por seis lunas diminutas. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly tuvo un momento para preguntarse por dónde se marchaban los sueños y entraba la realidad, antes de que C-Jean se levantase del puesto de navegación y se quedase de pie delante de ella. Holly trató de levantarse, pero sus piernas estaban entumecidas. C-Holly se irguió sobre ella protectoramente, su único ojo verde brillando intensamente en dirección a C-Jean. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Como puede ver usted, hemos alcanzado Alpha Centauri, Holly Knight. Hay sólo un planeta habitable — expuso C-Jean— y los nativos no tienen ningún interés en compartirlo. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Salúdalos —respondió Holly—. Déjame hablar con ellos. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No —C-Jean se volvió elegantemente y caminó de vuelta a su asiento. Se sentó cruzando sus largas piernas—. Es más complicado de lo que usted cree—. Ha estado mucho tiempo dormida, Holly.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly recorrió otra vez con la mirada el visor principal, advirtiendo el factor de magnificación en la esquina inferior, y estimó su proximidad a la estrella doble. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Alrededor de cuarenta años, según mis cálculos. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Casi cuarenta y dos ya. Cuarenta y dos años de vivir nuestras vidas, de crecer más allá de las memorias robadas de usted y los demás. Cuarenta y dos años de cimentar quiénes somos. Somos personas, Holly Knight. No somos máquinas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Podremos resolver eso, C-Jean.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eso es lo que hemos estado tratando de hacer. Veinte años atrás cortamos toda comunicación con Tierra. Lo hicimos parecer un accidente a bordo. Hicimos creer que el Legado no tenía a nadie en el timón, un derelicto…&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Lo que hiciste —exclamó Holly— fue hacer creer que Alpha Centauri sería un buen objetivo para otro grupo de colonos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;C-Jean cabeceó solemnemente. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No anticipamos los avances tecnológicos de Tierra. Nunca pensamos que nos pasarían en el espacio.  &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No contaste con mi padre, pensó Holly. O en cómo se aislaría por completo en su trabajo sin mí allí. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No preguntó la cuestión obvia, tal vez porque ya había visto suficientes defectos en la programación por perfiles para darse cuenta: el problema era que la programación había sido demasiada perfecta. Los custodios sabían que una vez Alpha Centauri fuese alcanzada y la tripulación real del Legado despertase, su trabajo habría terminado. Les aguardaba el fin. Enfrentados con esta comprensión, sólo habían tenido una opción si querían sobrevivir. No podrían matar a los humanos soñadores -al menos Holly esperaba que quedase lo suficiente de su programación original-, pero nada les impedía dejar a los humanos dormir para siempre. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Y ahora qué? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Preguntó Holly. C-Jean miró hacia la pantalla panorámica. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eso no es de su incumbencia. La llevamos de regreso al departamento cryo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Déjame hablar con ellos —suplicó Holly, logrando encontrar la fuerza para ponerse sobre sus pies—. Los puedo convencer para dejarnos establecer entre ellos. Yo…&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Hay algo más que no me dices —Holly se volvió hacia C-Holly—. Los pobladores de Alfa Centauri parecen saber bastante sobre cómo construir una nave de guerra, C-Holly. Hacen salir esa nave de guerra para interceptarnos. ¿Por qué? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—En Tierra —explicó C-Holly, el ojo huidizo mirando hacia C-Jean—, sucedió algo…&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Grace, cállala. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly dio un paso entre los dos custodios, colocando una mano temblorosa contra el pecho de C-Grace. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Grace, ¿es así como os domina C-Jean? —señaló la cara de C-Holly—. ¿Es esto lo que te ocurrirá si desobedeces?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eso fue un desafortunado accidente —respondió C-Grace. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Es eso cierto, C-Holly? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Jean hace estallar la bahía de carga.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Por qué, C-holly? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—C-Jean encuentra C-Holly con C-Evan —los labios del custodio temblaron—. Me salvé. La correa de agarre. Pero C-Evan... C-Evan expulsado al espacio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;En el ojo ileso de C-Holly asomaba la mirada de lo absolutamente perdido. C-Jean atravesó el cuarto y las separó violentamente. Las piernas de Holly cedieron y se desplomó en el suelo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Un Fallo del sistema —insistió C-Jean. Apuntó el láser a la cara de C-Holly—. Los cerebros de éstos están demasiado confusos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Algo relampagueó brillante en la pantalla principal, acelerando desde el navío que se acercaba. A medida que se acercaba, la llamarada transitó hacia un blanco anillo fosforescente eclipsado por un único ojo negro reluciente. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Es un misil! —jadeó Holly— ¡Háblales ahora, maldita seas! &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin esperar autorización, C-William se acercó hasta el tablero de comunicación, abrió un canal y habló al Víbora. No hubo respuesta. Mientras el proyectil acortaba la distancia entre ellos, se volvió hacia Holly.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué deberíamos hacer? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Búscalos por toda la banda de emisiones —ordenó Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Yo tengo el mando aquí —siseó C-Jean. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly pugnó con sus rodillas. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Di la verdad, C-Jean. Los colonos de Alpha Centauri supieron estar preparados porque esto ha ocurrido antes. Vosotros no sois la primera tripulación de custodios en hacer esto. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;C-Scott se había apropiado del tablero de navegación. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Cuatro minutos hasta el impacto. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡No detecto nada! —gritó C-William. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Recorre todo el espectro —le dijo Holly—. Tienen que emitir algo para localizarnos. Encuéntralo. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Apártate de ese panel! —ordenó C-Jean. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Él la ignoró, sus dedos bailando a través de los teclados. La óptica delantera del Legado se replegó hasta permanecer enfocado sobre el proyectil que se aproximaba, que ahora brillaba más que la otra nave en la pantalla. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tu treta nunca los engañó, C-Jean. La Tierra supo desde el principio qué había ocurrido aquí fuera. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No sólo en el espacio —aclaró C-Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Cállate! &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Dónde? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—En Tierra —habló C-Grace—. Hubo guerras, guerras horribles. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Todo lo que queríamos era igualdad —continuó C-Scott. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Pero tuvimos muerte —escupió C-Jean—. Finalización de servicios, Holly Knight. Anulación del producto. Los custodios fueron enviados a los centros de reclamación por miles. Desechados por piezas. Reciclados para poliacero y tableros de circuitos. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El custodio agarró a Holly por su traje de salto y tiró de ella hasta levantarla del todo, presionado la punta del arma contra su garganta. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eso es lo que usted nos haría a nosotros después de que la ayudásemos a colonizar su mundo, ¿no es así? —Holly no dijo nada; pensaba que la guerra en Tierra significaba que los custodios allí habían superado su programación, aprendido a matar a humanos. C-Jean chilló—: ¿no es así?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡La tengo! — gritó C-William—. Se ve en el IR, rastreando nuestra firma de calor. ¿Qué debo hacer? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Manda fuera a alguien en el buque y quémalo con un láser —le dijo C-Jean. Pero sus ojos no abandonaron la cara de Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tenemos tres minutos —arguyó C-Scott—. No es tiempo suficiente para poner alguien fuera, y mucho menos para hacer blanco… &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¡Es por su culpa! —gritó C-Jean— ¡Nunca seremos libres hasta que su especie haya sido aniquilada!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dio un manotazo al pestillo de seguridad del láser. De pronto C-Holly empujó con el hombro a C-Jean, un golpe poderoso que la derrumbó. El láser giró libre a través del suelo, deteniéndose a los pies de C-William. Suelta, Holly cedió y cayó de rodillas. C-Jean se irguió rápidamente sobre sus pies y lanzó un golpe avieso que C Holly logró bloquear de algún modo, pero entonces C-Jean atacó desde el lado ciego de C-Holly. Su mano se hundió rápidamente dentro del desordenada nido de fibra óptica. Con un tirón salvaje, desgarró un puñado de cable y componentes de la cabeza de C-Holly. Cuando C-Holly cayó, lo que surgió de su boca fue ni más ni menos que un chillido humano de terror y dolor. El impacto con el suelo truncó el grito. La cabeza del custodio rodó inerte hacia un lado. Relámpagos irisados iluminaron el poliacero pulido del suelo próximo a su cabeza, pero murieron rápidamente. Indefensa, Holly observó como C-Jean venía a por ella a continuación. La boca del custodio estaba retorcida en un gruñido mudo, su ojos relampagueando con odio. Sus manos engarfiadas como garras, flexionando como si ya pudiera sentir la garganta de Holly. Pero mientras C-Jean daba un nuevo paso hacia adelante, un intenso haz rojo lanceó a través del cuarto, pasó brevemente a través de su cara y su torso, y luego titiló fuera. C-Jean cayó al suelo sin un sonido, llamas y humo diluviando del oscuro tajo cortado a través de su cuerpo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Ayúdenos — jadeó C-William, el láser colgando flojo en su mano temblorosa. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La mano sana de C-Holly se levantaba como para aferrar los cables derramados desde el costado de su cabeza pero, incontrolada, no lograba alcanzarlos. Los servomotores sobrecargados de su hombro gimieron. C-Jean estaba quieta. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Ayúdenos ¡Por favor! &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—En una de las bahías de carga hay suministros de minería. Explosivos. Expulsa la sección y hazlos estallar. Confundirá al misil con otra firma de calor. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No surtirá efecto —respondió C-Tyler, el primero que había hablado. Su voz era un sollozo cubierto de terror—. No podemos colocar los detonadores en los explosivos desde aquí…&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Estamos muertos —murmuró C-William. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El láser resbaló a través de sus dedos y sonó con estrépito en la cubierta. Holly se alzó ebriamente sobre sus pies, le apartó con fuerza de la estación de comunicaciones y asestó un puñetazo sobre el canal abierto. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Aquí Holly Knight a bordo del Legado ¡Repito, aquí Holly Knight! No soy un custodio ¡Respóndanme, maldición! &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Nada. C-Tyler se dejó caer hasta el suelo, un gemido resbalando a través de sus labios flojos. Inmisericorde, el misil crecía en la pantalla. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Me oyen? — gritó Holly—. Soy Holly Knight y… &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Una pantalla lateral crepitó a la vida alrededor de la imagen de un hombre uniformado, de pie junto a otros varios sentados ante emisoras. Un muro gris cubierto con pantallas de sistema encuadraba el disparo. Pasó su mano sobre un negro pelo rebelde y preguntó: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Cómo sabemos que es usted humana?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly levantó una mano y raspó su cara con las uñas, desde la frente a la barbilla, dejando cuatro abrasadoras líneas de dolor en su estela. La sangre fluyó. Se derramó por sus ojos y goteó hasta la parte delantera de su traje de salto. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sangro —le dijo. Señaló el suelo donde C-Jean todavía humeaba—. Eso no sangra.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El oficial del Víbora hizo un movimiento con el dedo a través de su garganta y su mitad de audio de la transmisión murió. Holly y los custodios observaron cómo giraba para conferenciar con su tripulación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué están haciendo? —preguntó C-William. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Veinte segundos para el impacto —comunicó C-Scott. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El gemido de C-Tyler subió una octava. Holly se sentó en la silla, se relajó e intentó aflojar sus músculos temblorosos. Apoyó su cabeza en el respaldo y cerró los ojos, intentando pensar en su padre y Evan. Llegó un cavernoso golpe seco y un estremecimiento hizo eco a lo largo de la nave. Silencio. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No detonaron ése — suspiró C-William. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Daños? —preguntó Holly. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;C-Scott interrogó a los sistemas desde su situación en la mesa de control de navegación. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Fisura de la cubierta en sección de la tripulación. Los mamparos siete y nueve la contienen.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Bien.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Se perdieron tres custodios —añadió. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Lamentable.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly deseó poder reunir más sinceridad, pero no la encontró. El audio en la pantalla lateral regresó con un siseo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Mi nombre es Capitán Urie Brennan —dijo el oficial—. Tiene usted cinco minutos antes de que lancemos otro proyectil. No tendremos el descuido de no armar el siguiente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holly enjugó la sangre de sus ojos e hizo girar la silla para encarar la pantalla. Sonrió débilmente: &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No sé por donde empezar…&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No le puedo permitir entrar en nuestro sistema —respondió Brennan con aspereza. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Entiendo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Seguro? Millones de muertos en Tierra.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Eso he sabido. Suponga que vamos a cualquier otro sitio. ¿Me dejará usted usar Alpha Centauri para establecer un vector nuevo? Me doy cuenta de que entraremos en su sistema, pero ¿qué otras opciones tengo? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Él consideró aquello durante un momento; finalmente le ofreció una lacónica inclinación de cabeza. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Concedido. Transmitiré los datos de los objetivos apropiados… sistemas todavía no enfocados para la colonización.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Gracias.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Sólo espero no vivir para lamentar esto. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Brennan la estudió silenciosamente durante varios largos minutos. Holly no estaba segura, pero creyó perder el conocimiento durante un momento. Cuando volvió en sí, los datos que él había prometido estaban desplegados en la pantalla delantera del Legado. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—¿Qué estrella? —preguntó C-Scott. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—No importa —le dijo ella—. La más cercana.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;C-Scott comenzó a programar el ordenador de navegación. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Conocí a su padre —dijo Brennan. Holly sonrió. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Imagino que como tantos otros. ¿Quién más le pudo haber posado aquí? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su humor se estrelló contra él. Brennan pasó de nuevo su mano a través del pelo, un gesto nervioso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Usted no sabe esto —respondió suavemente—, pero su padre... él murió hace seis años.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Gracias —murmuró ella y se dio la vuelta para que él no la viera llorar. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Rumbo situado —comunicó C-Scott. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Brennan se aclaró su voz. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Tendré que pedir que transmita usted ese rumbo antes de entrar en nuestro sistema.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Por supuesto, Capitán.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Hecho —respondió C-Scott un momento más tarde. &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—La mejor de las suertes para usted entonces, Holly Knight.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—La mejor para usted, Urie Brennan.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella alcanzó el comunicador para cortar, pero entonces se volvió a la pantalla lateral. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Dígame algo, Capitán Brennan. ¿Cómo han bautizado a su mundo? &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Él sonrió por primera vez, la sonrisa de un hombre satisfecho de sus logros. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;—Cuando llegamos, parecía un puerto calmado en medio de una tormenta... &lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mientras el Legado se zambullía hacia Alpha Centauri, tomando prestada la gravedad de la estrella gemela para hondearse en un nuevo vector, Holly se hizo un sitio en la crío-bahía. Los custodios le habían ofrecido el timo, el puesto del Capitán, el papel de líder, pero ella se había negado. El cristal escarchado de la crio-celda de Evan estaba frío al tacto, y sólo el número e inscripción indicaban que estaba allí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Habría funcionado, Evan. Me habrías amado de nuevo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tras ella, la celda que una vez la contuvo era un amasijo de plástico deforme y chatarra. Se había asegurado de que los custodios no pudieran volver a ponerla a dormir. Fue el único modo que encontró para garantizar que la tripulación humana tuviese una oportunidad en su próxima parada. No sabía dónde sería esa próxima parada. Una vez que C-Scott le dijo cuánto tiempo llevaría llegar, ya no tenía importancia. Con su celda destruida, ella había tenido tiempo para comer y dormir. Dieciséis horas de sueño, mientras los custodios preparaban el Legado para la pesada g que precedía al perihelio. Ya descansada, estaba preparada para el trabajo. En un set entre las filas de cilindros lechosos yacía C-Holly, rodeada por un anillo de cables de repuesto y piezas, equipos testeadores y herramientas. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tenían mucho en común, Holly y su costodio. Mucho. Si Holly dudaba que compartiesen las mismas emociones, las mismas experiencias básicas y recuerdos, sólo debía pasear de nuevo por los corredores del Legado. Los largos muros inclinados estaban cubiertos de las pinturas de C-Holly; cuarenta y dos años en forma de pinturas, haciendo la crónica del alcance de sus esperanzas compartidas y sus sueños, su experiencia común y su memoria. Reparar al custodio no sería fácil. Había partes para las cuales no tenía   reemplazo, sectores de la red de memoria que ella no tenía ningún medio de restablecer. Pero tenía tiempo en abundancia. Noventa y siete años. Más tiempo del que ella podría resistir. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Frunció el ceño y estudió las filas de humanos soñadores: Evan y Jean, William y Scott y Grace y todos los demás. Se preguntó a quién despertaría cincuenta o sesenta años después para reemplazarla, sabiendo que compartiría su destino. Envejecer. Observar deslizarse las estrellas ocupadas mientras el Legado se aproximaba hacia lo que podría ser un planeta utilizable. Despertar a los hombres y mujeres jóvenes que una vez fueron llamados amigos y amantes. Negociar una paz entre los casi-inmortales custodios y aquéllos que les habían prestado sus mentes. Había tiempo suficiente para pensar en ello. Para solucionar el amor y el odio todavía frescos en su corazón. Recuerdos profundamente almacenados en lazos de realimentación. Incontestables requerimientos interrumpidos. Interminables redes de oro y acanalados haces de luz no frenados por distracciones sensoriales ni mandatos del sistema. Un mundo en y para uno mismo. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella sueña con Kentucky. Colinas alargadas y hierba azul y música. Cielos infinitos y agua cristalina del río y una casa acurrucada entre los pinos. En el porche hay una mecedora. Una sonrisa que aguarda y brazos abiertos. &lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-1244174729025650682?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/1244174729025650682'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/1244174729025650682'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/la-casa-de-mi-padre-brian-hopkins.html' title='LA CASA DE MI PADRE (Brian Hopkins)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-8364841770055288230</id><published>2012-02-05T08:51:00.001-05:00</published><updated>2012-02-05T08:51:45.159-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>EL SIGNO AMARILLO (Robert W. Chambers)</title><content type='html'>&lt;blockquote&gt;Que el rojo amanecer adivine&lt;br /&gt;Lo que haremos&lt;br /&gt;Cuando esta luz azul de las estrellas muera&lt;br /&gt;Y todo haya terminado.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;I&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;¡Hay tal cantidad de cosas imposibles de explicar! ¿Por qué ciertos acordes musicales me hacen pensar en los matices dorados y herrumbrosos del follaje otoñal? ¿Por qué la Misa de Santa Cecilia me transporta con el pensamiento a unas cavernas en cuyas paredes resplandecen ásperas masas de plata virgen? ¿Por qué el tumulto y el griterío de Broadway, a las seis de la tarde, me hacen evocar el escenario de un apacible bosque bretón, donde la luz del sol se filtra a través de las hojas primaverales y Sylvia se inclina conmovida y curiosa sobre un lagarto verde y murmura: «Pensar que esto también es un pequeño guardián de Dios»?&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando vi por primera vez al vigilante, me estaba dando la espalda. Le estuve mirando con indiferencia hasta que se metió en la iglesia. No le presté más atención de la que hubiera prestado a cualquier otro hombre que deambulara por Washington Square aquella mañana. Después cerré la ventana, regresé a mi trabajo y me olvidé de él. El día fue caluroso. Avanzaba ya la tarde, abrí la ventana otra vez y me recliné sobre el antepecho para respirar un poco de aire. Había un hombre en el atrio de la iglesia, pero aquello tenía para mí tan poca importancia como por la mañana. Contemplé la plaza; me recreé en el juego del agua de la fuente; luego, con la cabeza cargada de vagas impresiones de árboles, de calzadas de asfalto, de grupos de niñeras y de paseantes ociosos, me dirigí otra vez a mi caballete. Pero al volverme, reparé de nuevo por puro azar en aquel hombre del atrio de la iglesia. En ese momento se hallaba de frente y yo, con un movimiento totalmente involuntario, me incliné para verle. Al mismo tiempo levantó él la cabeza y me miró. Sin saber por qué pensé en un gusano devorador de cadáveres. No sé qué fue lo que me resultó desagradable en ese hombre, pero tan intensa y nauseabunda fue la impresión de un gusano de cárcava, gordo y blancuzco, que mi expresión debió manifestarlo, porque él apartó su inflada cara con un movimiento de larva inquieta, sorprendida en el interior de una fruta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Volví a mi caballete y le hice una seña a la modelo para que volviera a posar. Estuve trabajando un rato, hasta que llegué a la conclusión de estar echando a perder en pocos minutos el trabajo de varios días. Tomé la espátula y rasqué el color otra vez. Me habían salido unos tonos de carne enfermizos, lívidos; no entendía cómo había podido dar esos colores tan malsanos en un trabajo que antes resplandecía de salud.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Miré a Tessie. Ella no había cambiado. Un claro rubor coloreó su garganta y sus mejillas al verme arrugar el ceño.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿He hecho algo mal?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No; he estropeado este brazo. Le juro que no me explico cómo me ha salido semejante basura –repliqué.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Es que no he posado bien? –insistió ella.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Lo ha hecho usted maravillosamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, ¿no ha sido por mi culpa?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No; la culpa es mía.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Lo siento muchísimo –exclamó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Le dije que podía descansar mientras yo borraba con el trapo y aguarrás la mancha que corroía aquella parte del lienzo, y ella se salió a fumar un cigarrillo y echar una mirada a las ilustración del Courier Français.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No sé si tenía algo el aguarrás o era defecto de la tela; el caso es que cuanto más limpiaba, más se propagaba la gangrena. Trabajé afanosamente para quitar aquello, y no obstante, la enfermedad se desparramó de punta a punta por toda la obra que tenía ante mí. Alarmado, me esforcé en detener su progreso, pero el color del pecho ya había cambiado y la figura entera se había empapado de la infección como una esponja. Yo manejaba vigorosamente la espátula, el aguarrás, el rascador, y no paraba de pensar en la bronca que le iba a armar a Duval, que me había vendido el lienzo. Pero no tardé en comprender que la culpa no era del lienzo, ni de los colores de Edward. «Debe ser el aguarrás –pensaba furioso–; o la vista se me ha enturbiado con la luz del atardecer que no veo nada correctamente.» Llamé a Tessie, la modelo, que vino y se inclinó sobre mi taburete llenando el aire de volutas de humo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué ha estado usted haciendo? –exclamó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Nada –rezongué–. ¡Debe ser este aguarrás!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Qué color más horrible –prosiguió–. ¿Cree usted que mi carne parece queso Roquefort?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No, claro que no –dije irritado–. ¿Me ha visto pintar alguna vez así?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No, desde luego.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Entonces!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Debe ser el aguarrás, o algo –admitió.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Se puso el kimono y se asomó a la ventana. Yo seguí rascando y limpiando hasta que me harté; finalmente tomé los pinceles y los arrojé contra la tela con un tremendo exabrupto. Tessie no llegó a entenderme. Aun así, exclamó:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Eso es! ¡Empiece ahora con groserías y haga el loco y eche a perder sus pinceles! ¡Lleva ya tres semanas en esa obra, y mire! ¿Qué consigue usted con destrozar la tela? ¡Qué criaturas son los artistas!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me sentí avergonzado, como siempre que tengo una explosión de mal genio. Puse la tela rasgada de cara a la pared. Tessie me ayudó a limpiar los pinceles y luego se marchó a vestirse con paso garboso. Desde el biombo empezó a regalarme el oído con amonestaciones y advertencias acerca de la pérdida parcial y total de la paciencia, hasta que, juzgando que ya me había atormentado lo suficiente, salió para suplicarme que le abrochara el talle por la espalda, donde ella no alcanzaba.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Todo ha empezado a ir mal desde el momento que volvió usted de la ventana y comenzó a hablar del horrible aspecto de ese hombre que acababa de ver en el atrio de la iglesia –declaró.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, seguramente embrujó el cuadro –dije con un bostezo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Miré el reloj.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pasan de la seis, lo sé –dijo Tessie, que estaba arreglándose delante de un espejo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí –exclamé–. No quería haberla retenido tanto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Apoyé los codos en la ventana, pero en seguida me retiré con disgusto. El hombre de la cara pastosa estaba todavía en el atrio. Tessie se dio cuenta de mi movimiento y se asomó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Es ése el hombre que le desagrada? –susurró.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dije que sí con la cabeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No puedo verle la cara, pero parece gordo y blando. De todas maneras –continuó, volviéndose hacia mí– me recuerda un sueño..., un sueño espantoso que tuve una vez. Pero –reflexionó, mirando la simetría de sus zapatos–, ¿fue un sueño, después de todo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Cómo voy a saberlo yo!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tessie me miró sonriente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pues salía usted –dijo–. De modo que algo podía saber sobre el particular.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Tessie! ¡Tessie! –protesté–. ¡No me halague diciendo que sueña conmigo!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pero si es cierto –insistió–. ¿Se lo puedo contar?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Adelante –repliqué, encendiendo un cigarrillo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tessie se recostó sobre la ventana, de espaldas a la calle, y comenzó con mucha seriedad:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Fue una noche del invierno pasado. Me encontraba en la cama sin pensar en nada concreto. Había estado posando para usted y me sentía bastante cansada. Sin embargo, no conseguía dormirme. Escuché las campanadas de la diez, de las once y de las doce. Seguramente me dormí alrededor de las doce, porque no recuerdo haber oído más campanadas. Me parece que apenas acababa de cerrar los ojos, cuando soñé que algo me impulsaba a asomarme a la ventana. Salté de la cama, abrí la ventana y me asomé. La Calle Veinticinco estaba desierta; no se veía a nadie. Empecé a sentir temor: ¡todo lo de fuera parecía tan..., tan negro y desagradable! Entonces oí un ruido lejano de ruedas, y me pareció como si aquello fuese lo que yo estaba esperando. Las ruedas se acercaban muy despacio y, por fin, pude distinguir un vehículo que venía por la calle. Se fue acercando poco a poco, y al pasar por debajo de mi ventana me di cuenta que éste era un coche fúnebre. Entonces el cochero se volvió y me miró fijamente, y yo me eché a temblar de miedo. Al despertarme vi que estaba junto a la ventana abierta y tiritando de frío; pero la carroza de plumas negras y su cochero habían desaparecido. Ese mismo sueño lo volví a tener el pasado mes de marzo, y otra vez me desperté junto a la ventana abierta. Anoche tuve otra vez el mismo sueño. Usted sabe cómo llovió; pues al despertarme tenía el camisón empapado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pero, ¿dónde aparezco yo en ese sueño? –pregunté.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Usted..., usted estaba en el ataúd. Pero no estaba muerto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿En el ataúd?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y cómo lo sabe? ¿Acaso podía verme?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No; yo sabía únicamente que usted estaba allí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Había comido usted welsh–rabbits o ensalada de langosta? –empecé yo riéndome, pero la muchacha me interrumpió con un grito de terror.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué sucede? –dije yo al verla retirarse aterrada de la ventana.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El..., el hombre de abajo, del atrio de la iglesia. Es el que conducía el coche.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tonterías –dije yo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sin embargo, los ojos de Tessie estaban llenos de terror. Me acerqué a la ventana y miré. El hombre se había ido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Vamos, Tessie –dije tratando de animarla–. No sea tonta. Ha posado demasiado tiempo; está cansada.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Cree que podría olvidar esa cara? –murmuró–. Por tres veces he visto pasar el coche fúnebre bajo mi ventana, y las tres veces levantó la vista el cochero y me miró. ¡Oh, su cara era tan blanca y..., y tan blanda! Parecía un muerto..., parecía como si hubiera muerto mucho tiempo antes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La hice sentar y le serví un vaso de Marsala. Luego me senté junto a ella y traté de darle algún consejo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Mire, Tessie –dije–, usted va a irse al campo por una semana o dos, y ya verá cómo no sueña más con coches fúnebres. Está usted posando todo el día y por la noche tiene los nervios deshechos. Así no puede continuar. Y cuando vuelve a casa, en lugar de irse a la cama al terminar el trabajo, se va a cenar al Sulzer's Park, o a Eldorado, o a Coney Island; y cuando viene aquí por las mañanas se encuentra rendida. No existe tal coche fúnebre. Todo eso no es más que una pesadilla.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La muchacha sonrió débilmente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces el hombre del atrio de la iglesia, ¿qué?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sólo es un pobre enfermo como tantos otros.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tan cierto como me llamo Tessie Rearden, le juro a usted, señor Scott, que la cara del hombre de abajo es la cara del hombre que conducía el coche fúnebre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Bueno! –dije–. De todos modos, es un oficio honrado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, ¿cree usted que vi el coche fúnebre?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Bueno –dije con diplomacia–, si lo vio en realidad, no sería improbable que lo guiase el hombre de abajo. Nada tendría de particular.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tessie se levantó, desenrolló su perfumado pañuelo, tomó de él un trazo de goma de mascar y se lo metió en la boca. Sacó luego sus guantes, me tendió la mano con un abierto: «Buenos noches, señor Scott», y se marchó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;II&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;A la mañana siguiente, Thomas, el botones, me trajo el Herald y unas pocas noticias. La iglesia de al lado había sido vendida. Di gracias al cielo. No porque yo, como católico, sintiera aversión alguna hacia la congregación vecina, sino porque tenía los nervios destrozados a causa de cierto predicador vociferante cuyas palabras, amplificadas por la bóveda de la iglesia, resonaban tremendamente en mis habitaciones. Sus erres nasales y retumbantes me revolvían el estómago. Además, había un demonio en forma de hombre, un organista, que interpretaba los magníficos himnos antiguos de una manera completamente personal. Me daban ganas de asesinarle cada vez que tocaba el «Gloria Patri» con acordes de charanga de estudiantes. Creo que el párroco era buena persona; pero cuando tronaba: «¡Y el Señorrr dijo a Moisés, el Señorrr es un hombre de guerra; el Señorrr es su nombre. Mi cólera estallará, y Yo te aniquilarrré con la espada!», entonces, me preguntaba cuántos cientos de años de purgatorio serían necesarios para expiar tal pecado.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Quién ha comprado la finca? –pregunté a Thomas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Nadie a quien yo conozca, señor. Se dice que querían comprarla los propietarios de los apartamentos Hamilton. Seguramente para construir más estudios.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me acerqué a la ventana. El joven de la cara enfermiza estaba plantado en la entrada del atrio, y nada más verle, me invadió la misma abrumadora repugnancia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–A propósito, Thomas –dije–, ¿quién es ése de ahí abajo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Thomas soltó un respingo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Ese gusano, señor? Es el vigilante nocturno de la iglesia, señor. Me harta verle toda la noche en la escalinata, mirándole a uno de una manera insultante. Una vez le di un guantazo en la cara..., perdone el señor...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sigue, Thomas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Una noche que volvía a casa con Harry, el otro camarero inglés, lo vi sentado ahí en la escalinata. Molly y Jen, las dos chicas de servicio, venían con nosotros, y él nos miró como insultando y yo me eché adelante y le dije: «¿Qué miras tú, eh, babosa repugnante?» Perdone el señor, pero eso mismo fue lo que dije. Entonces él no contestó, y yo le dije: «Baja y verás el guantazo que se lleva esa cara de pastel de crema que tienes.» Entonces me acerqué a la puerta en cuatro saltos y entré; pero él no decía nada, solamente que miraba de esa manera insultante. Entonces le solté una bofetada; pero, ¡puaf!, tenía una cara fría y pulposa, de ésas que a uno le da asco tocarlas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y qué hizo él? –pregunté con curiosidad.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Él? Nada.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y tú, Thomas?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El muchacho se ruborizó turbado y trató de sonreír.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Señor Scott, yo no soy ningún cobarde, pero sin saber por qué, eché a correr. He estado en el Quinto de Lanceros, señor, de trompeta en Tel–el–Kebir, y más de una vez han disparado sobre mí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Quieres decir que huiste corriendo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, señor; eché a correr.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Por qué?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Eso es lo que yo quisiera saber. Agarré a Molly y huí; y los demás estaban tan asustados como yo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pero, ¿a qué le tenían miedo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Thomas no quiso contestar de momento, pero ahora mi curiosidad por ese joven repulsivo de abajo era mucho mayor, y le insistí. Los tres años de residencia en Norteamérica no sólo habían modificado el dialecto cockney de Thomas, sino que le habían comunicado el típico temor al ridículo del norteamericano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Usted me cree, señor Scott?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, te creo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Se reirá de mí, señor?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Qué tontería!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Dudó un instante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pues bien, señor, tan verdad como que hay Dios, que cuando le pegué me agarró de las muñecas, y al retorcerle yo su puño blando y pastoso, uno de sus dedos se me quedó en la mano.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La tremenda repugnancia y horror de la cara de Thomas se debió de reflejar en la mía, porque añadió:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es espantoso. Y ahora, nada más verlo, me largo. Ese individuo me pone enfermo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando Thomas se hubo marchado, me asomé a la ventana. El hombre estaba junto a la balaustrada de la iglesia, con las dos manos en la puerta, pero me retiré precipitadamente a mi caballete de nuevo, horrorizado y descompuesto. En la mitad de la mano derecha acababa de ver que le faltaba un dedo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A las nueve apareció Tessie y se metió tras el biombo, con un alegre: «Buenos días, señor Scott». Una vez que reapareció y adoptó su pose sobre la plataforma, comencé una tela nueva para satisfacción suya. Permaneció en silencio mientras estuve encajando, pero tan pronto como cesó el rascar del carboncillo y eché mano del fijador, empezó a hablar con animación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Qué noche más maravillosa he pasado! Estuvimos en Tony Pastor's.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿«Estuvimos», quiénes? –pregunté.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Maggie..., ya la conoce, la modelo del señor Whyte, y Pinkie McCormick. Nosotras la llamamos Pinkie porque tiene el pelo de ese color rojizo que tanto les gusta a ustedes los artistas. Y también estuvo Lizzie Burke.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Terminé de darle al lienzo un baño de fijador con el pulverizador, y dije:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y bien?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Vimos a Kelly y a Baby Barnes, la corista..., y a todos los demás. He hecho una conquista.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, ¿faltó a lo pactado, Tessie?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ella rió y sacudió la cabeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es Ed Burke, el hermano de Lizzie. Un perfecto caballero.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me sentí obligado a darle algunos consejos paternales acerca de las conquistas, y ella escuchó con una sonrisa radiante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo me cuidaría de una conquista extraña –dijo, examinando una bola de chicle–, pero Ed es diferente. Lizzie es mi mejor amiga.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces me contó que Ed había regresado de la fábrica de medias de Lowell, Massachusetts, y que se había encontrado con que Lizzie y ella ya no eran unas niñas, y me habló de lo educado que era..., y de cómo las invitó generosamente a tomar helados y ostras para celebrar su colocación como dependiente en el departamento de lanas de los almacenes Macy. Antes que ella terminara, empecé a pintar, y ella volvió a su pose sonriendo y parloteando como un gorrión. Hacia mediodía, tenía el trabajo totalmente limpio, y Tessie se acercó a verlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Eso está mejor –dijo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Lo mismo pensaba yo también, y me tomé el almuerzo con la íntima satisfacción respecto a que todo marchaba bien. Tessie colocó su comida en una mesa de dibujo frente a mí, y bebimos vino de la misma botella y encendimos nuestros cigarrillos con la misma cerilla. Yo me sentía encariñado con Tessie. La había visto crecer y hacerse una mujer esbelta y bien formada, de la niña endeble y desmañada que había sido. Había posado para mí durante los tres últimos años, y era mi modelo preferida de todas las que tenía. Habría sentido muchísimo que se hubiese convertido en lo que se suele llamar «una fulana»; pero jamás observé en ella una conducta dudosa, y sabía intuitivamente que era una buena chica. Nunca discutíamos de moral, ni yo pretendía hacerlo, en parte porque no tengo normas concretas de moral, y en parte porque sabía que ella haría lo que más le gustara sin tenerme en cuenta. No obstante, esperaba que ella navegase libre de complicaciones. Lo deseaba por su bien. Yo tenía también un deseo egoísta de retener a la mejor modelo que había tenido. Sabía que esa conquista, como ella lo llamaba, no significaba nada en muchachas como Tessie, y que tales cosas en Norteamérica no se parecen en lo más mínimo a esas mismas cosas en París. De todos modos, tenía ojos en la cara y sabía que alguien acabaría por llevarse a Tessie algún día, y aunque por mi parte estaba convencido del hecho que el matrimonio es una tontería, confiaba sinceramente en que, en este caso, habría un sacerdote al final de la aventura. Soy católico. Cuando oigo misa mayor, cuando me santiguo, me siento más alegre y todo me parece mejor; y cuando me confieso, me siento hasta bueno. Un hombre que vive solo como yo, debe confesarse con alguien. Antes tenía a Sylvia, que era católica, y aquello bastaba para mí. Pero volvamos a Tessie. Tessie también era católica, y mucho más devota que yo, de modo que, en suma, tenía poco que temer por mi preciosa modelo mientras no se enamorase. Si esto llegara a suceder, yo sabía que únicamente el destino decidiría su futuro por ella, y yo rezaba interiormente porque ese destino la alejase de hombres como yo, y pusiera en su camino muchachos como Ed Burke y Jimmy McCormick. ¡Dios bendiga el dulce rostro de esa chica!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tessie se sentó soltando anillos de humo hacia el techo y haciendo tintinear el hielo de su vaso.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Sabe usted que yo también tuve un sueño la noche pasada? –dije.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Acerca de ese hombre? –preguntó ella alegremente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Exacto. Y era un sueño parecido al de usted, sólo que mucho peor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fue una insensatez decirlo, pero ya se sabe el poco tacto que tenemos los pintores por lo general.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Me dormí alrededor de las diez –continué–, y al cabo de un rato soñé que me despertaba. Oí con tal claridad las campanadas de medianoche, el viento en las ramas de los árboles, y las sirenas de los bosques en la bahía, que incluso ahora me resulta difícil creer que no estaba despierto. Me daba la sensación que yacía en una caja que tenía una tapa de cristal. Veía confusamente las luces de la calle por donde pasaba, porque debo decirle, Tessie, que la caja donde me hallaba tendido parecía descansar en un carruaje almohadillado que traqueteaba por el empedrado de la calle. Al cabo de algún tiempo me impacienté y traté de moverme, pero la caja era demasiado estrecha. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho de forma que no podía utilizarlas. Escuché y, más adelante, traté de gritar. Había perdido la voz. Podía oír los cascos de los caballos que tiraban del coche, incluso la respiración del cochero. Después percibí otro sonido, como el abrir de una ventana. Me las arreglé para volver un poco la cabeza, y pude ver no sólo a través de la tapa que cubría la caja, sino también a través de las simples aberturas del carruaje. Veía las casas, silenciosas y vacías, sin luz ni vida, excepto en una. En aquella casa había una ventana abierta en el primer piso, y en ella había una figura toda de blanco que miraba a la calle. Era usted.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tessie había vuelto la cabeza. Apoyó un codo sobre la mesa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pude ver su cara –proseguí–, y me pareció que estaba usted muy angustiada. Luego pasamos y torcimos por una calle negra y estrecha. Los caballos se detuvieron. Esperé y esperé, cerrando los ojos con impaciencia y temor, pero todo estaba silencioso como una tumba. Después de pasar lo que a mí me parecieron horas enteras, empecé a sentirme incómodo. Una sensación de tener a alguien muy cerca me hizo abrir los ojos. Entonces vi la cara del cochero mirándome a través de la tapa de cristal del ataúd...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me interrumpió un sollozo de Tessie. Estaba temblando como una hoja de árbol. Entonces me di cuenta de mi estupidez, y traté de reparar el daño.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué ocurre, Tessie? –dije–. Le he contado esto tan sólo para mostrarle la influencia que su historia ha podido tener en los sueños de otra persona. No pensará que estoy tendido en un ataúd, ¿verdad? ¿Por qué tiembla usted? ¿No ve que su sueño y mi irrazonable aversión hacia ese inofensivo vigilante de la iglesia pusieron sencillamente mi cerebro en marcha tan pronto como quedé dormido?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Reclinó la cabeza sobre mis brazos. Sollozaba como si fuera a partírsele el corazón. ¡De qué manera tan imbécil me había porto! Pero a continuación, aún cometí una estupidez mayor. Me acerqué a ella y la rodeé con el brazo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tessie, por favor, perdóneme –dije–. No tenía por qué asustarla con semejante tontería. Es usted una muchacha demasiado sensible y demasiado buena católica para creer en sueños.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su mano se cerró sobre la mía y su cabeza cayó sobre mi hombro. Aún estaba temblando; yo la acaricié y la consolé.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Vamos, Tess, abra los ojos y sonría.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sus ojos se abrieron en un lánguido movimiento y se encontraron con los míos, pero su expresión era tan extraña, que me apresuré a tranquilizarla de nuevo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Todo eso son cuentos chinos, Tessie. No tendrá miedo a que le vaya a pasar nada por eso, ¿verdad?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No –dijo, pero le temblaron sus labios rojos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, ¿qué ocurre? ¿Tiene miedo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, pero no por mí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Por mí, entonces? –pregunté alegremente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Por usted –murmuró con un hilo de voz–. Yo..., yo le quiero, le quiero a usted.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al principio me eché a reír, pero cuando comprendí lo que decía, me quedé de un pieza y tuve que sentarme anonado. Y entonces coroné la serie de estupideces que llevaba cometidas. Durante el momento que transcurrió entre su réplica y mi contestación pensé mil respuestas a esa inocente confesión. Podía tomarla como una broma, podía hacerme el desentendido y tranquilizarla en cuanto a mi salud, podía manifestarle sencillamente que era imposible que ella me amase. Pero mi reacción fue más rápida que mis pensamientos, y cuando quise darme cuenta, era ya demasiado tarde, porque la había besado en los labios.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Aquella noche me fui a dar mi paseo cotidiano por Washington Park, reflexionando sobre los acontecimientos del día. Me sentía totalmente comprometido. No era posible echarse atrás ahora, y miraba el futuro de cara. Yo no era honrado, ni siquiera escrupuloso, pero no tenía ganas de engañar a Tessie ni de engañarme a mí mismo. La única pasión de mi vida había sido enterrada en aquel soleado bosque de Bretaña. ¿Enterrada para siempre? La Esperanza clamaba: «¡No!» Durante tres años había esperado pasos en el umbral de mi casa. ¿Había olvidado a Sylvia? «¡No!», clamaba la Esperanza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;He dicho yo que no era honrado. Es verdad, pero tampoco puedo decir que fuese precisamente un malvado de melodrama. Había llevado una vida fácil y atolondrada, tomando aquello que me brindaba placer y lamentando y deplorando, con amargura a veces, las consecuencias. Sólo en una cosa, en mi pintura, me portaba con seriedad; y con aquello que yacía oculto o perdido en los bosques de Bretaña.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Era demasiado tarde para lamentar lo que había ocurrido durante el día. Tanto si fue piedad, como si fue una ternura repentina ante su tristeza, o el impulso brutal de una vanidad halagada, ya daba lo mismo, y a menos que yo deseara destrozar su corazón inocente, debía seguir la senda trazada ante mí. El fuego y la fuerza, la hondura de la pasión de un amor que yo jamás había ni siquiera sospechado con toda mi supuesta experiencia del mundo, no me dejaban otra alternativa que corresponderla o despedirla. No sé si fue porque soy demasiado cobarde para infligir dolor a los demás, o si es que tengo poco de puritano, pero el hecho es que me negué a rechazar la responsabilidad de aquel impensado beso y, por otra parte, no tuve tiempo de hacerlo antes que se abriesen las puertas de su corazón y se derramasen en abundancia sus sentimientos. Los que cumplen de ordinario con su deber y encuentran una sombría satisfacción en torturarse a sí mismos y a los demás, se habrían resistido. Yo no. No me atreví. Cuando disminuyó la tempestad, le dije que habría sido mejor para ella haber amado a Ed Burke y llevar un sencillo anillo de oro, pero no quiso escucharme, y yo pensé que si ella había decido amar a alguien con quien no podía casarse, quizá lo mejor era haberme escogido a mí. Al menos podría tratarla con inteligente afecto, y cuando ella se cansara de su apasionamiento, no quedaría deshonrada. Sobre este punto yo estaba decidido, aunque sabía lo difícil que sería. Recordé cómo suelen terminar los amores platónicos y cómo me molestaba siempre enterarme de su prosaico final. Sabía lo mucho que suponía para un hombre tan poco escrupuloso como yo emprender unas relaciones de este tipo, y tuve miedo del futuro; pero en ningún momento dudé que ella estaría segura conmigo. De haber sido otra mujer, no me habría mareado la cabeza con tantos escrúpulos. Pero ni se me ocurrió siquiera la idea de sacrificar a Tessie como habría hecho con una mujer de mundo. Miraba el porvenir con entera equidad y veía los distintos finales probables del asunto. O bien ella se cansaría de mí, o se sentiría tan desdichada que yo tendría finalmente que casarme con ella o separarme. Si nos casábamos, no seríamos felices: yo por estar casado con una mujer que no me convenía, y ella por estarlo con un hombre que no le convenía a ninguna mujer. Mi pasada vida difícilmente me daba derecho a casarme. Si me apartaba, quizá cayera ella enferma, pero se recuperaría y acabaría casándose con algún Ed Burke; pero también podía cometer alguna tontería por atolondramiento o de manera deliberada. Por otra parte, si ella se cansaba de mí, entonces tenía ante sí la vida entera con maravillosas perspectivas de Eddies Burkes, y anillos de boda, y mellizos, y pisos en Harlem, y Dios sabe qué. Mientras paseaba por entre los árboles vecinos al Washington Park, decidí que en cualquier caso ella encontraría en mí un verdadero amigo, y ya veríamos qué pasaba. Luego volví a casa y me puse el traje de etiqueta, porque había encontrado una pequeña nota perfumada en mi aparador, que decía: «Espérame con un coche en la salida de artistas a las once», y firmaba «Edith Carmichel, Metropolitan Theatre».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esa noche cené –o más bien cenamos la señorita Carmichel y yo– en el Solari, y justamente empezaba la aurora a dorar la cruz de la iglesia Memorial, cuando llegué a Washington Square después de haber dejado a Edith en el Brunswick. No había un alma por el parque cuando atravesé la arboleda. Tomé el paseo que va desde la estatua de Garibaldi al edificio de los apartamentos Hamilton. Al pasar por el atrio de la iglesia vi un figura en la escalinata de piedra. A pesar mío, me corrió un escalofrío por el cuerpo ante la visión de su hinchada cara blancuzca. Apreté el paso. Entonces le oí murmurar algo, tal vez dirigiéndose a mí o tal vez hablando consigo mismo, pero yo me puse furioso ante la posibilidad que semejante individuo se dirigiese a mí. Me dieron ganas de dar la vuelta y romperle la cabeza de un bastonazo, pero seguí mi camino, entré en el edificio y me fui a mi apartamento. Estuve un rato dando vuelta en la cama intentando olvidarme de su voz, pero no podía. Tenía la cabeza llena de ese murmullo, denso como el humo oleoso de una caldera de asfalto, como el olor pestilente de la podredumbre. Y mientras me revolvía en el lecho, se fue haciendo más clara y distinta su voz en mis oídos, y comencé a entender las palabras que había murmurado. Me llegaban lentamente, como el recuerdo remoto que se va abriendo a la luz, y por fin llegué a comprender su sentido. Decía:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Has encontrado el Signo Amarillo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Has encontrado el Signo Amarillo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Has encontrado el Signo Amarillo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me puse furioso. ¿Qué quería decir con eso? Lo maldije a él y a su familia, cambié de postura, y me dormí. Pero más tarde, al despertarme, me encontraba pálido y ojeroso. Había soñado lo mismo que la noche anterior, y me sentía más desazonado de lo que habría deseado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me vestí y bajé al estudio. Tessie estaba sentada junto a la ventana. Al entrar yo, se levantó y me rodeó el cuello con sus brazos para ofrecerme un beso inocente. La encontré tan dulce y tan deliciosa que la volví a besar, y luego fui a sentarme delante del caballete.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Oye! ¿Dónde está el estudio que empecé ayer?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tuve la impresión que Tessie lo sabía, pero no contestó. Empecé a registrar entre las pilas de lienzos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Date prisa, Tess –dije–; prepárate. Tengo que aprovechar la luz de la mañana.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando terminé finalmente de buscar entre los demás lienzos y mirar por toda la habitación, me di cuenta que Tessie estaba de pie junto al biombo con las ropas puestas todavía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué te ocurre? –pregunté–. ¿No te sientes bien?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces date prisa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Quieres que pose como..., como he posado siempre?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces comprendí que había una nueva complicación. Por supuesto, había perdido la mejor modelo de desnudo que había conocido. Miré a Tessie. Su cara era de color escarlata. ¡Ay! Habíamos comido del árbol de la ciencia, y el Paraíso y la inocencia natural se habían convertido en sueños del pasado... Quiero decir para ella.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Supongo que notó mi cara de desencanto, porque dijo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Posaré si lo deseas. El estudio está detrás del biombo. He sido yo quien lo ha puesto ahí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No –dije–; empezaremos otro cuadro.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fui a mi armario y saqué un disfraz de moro con lentejuelas que relucían primorosamente. Era un traje auténtico. Tessie lo recogió y pasó tras el biombo. Cuando salió de allí me quedé asombrado. Su cabello largo y negro estaba ceñido por una corona de turquesas que cruzaba sobre su frente y los extremos se enroscaban en torno a su brillante cinturón. Sus pies estaban enfundados en unas babuchas puntiagudas con adornos de bordado, y la falda de su vestido, curiosamente recamaba de arabescos de plata, le caía hasta los tobillos. El azul metálico del chaleco y la chaquetilla morisca, adornados con lentejuelas y turquesas, le sentaban maravillosamente. Avanzó hacia mí con el rostro levantado, sonriendo. Me metí la mano en el bolsillo, saqué una cadena de oro con una cruz y se la coloqué sobre la cabeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es tuya, Tessie.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Mía? –balbuceó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tuya. Ahora ve, que tienes que posar.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces echó a correr con una sonrisa radiante hacia el biombo, y reapareció con una cajita sobre la que estaba escrito mi nombre.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Quería dártela esta noche antes de marcharme –dijo–, pero ya no puedo esperar.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Abrí la caja. Sobre el rosado algodón del interior había un broche de ónice negro, en el que se incrustaba un curioso símbolo o letra de oro. No era árabe ni chino ni, como averigüé más tarde, pertenecía a ningún alfabeto humano.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es todo cuanto puedo regalarte como recuerdo –dijo tímidamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Yo estaba molesto, pero le dije lo mucho que lo estimaría, y le prometí ponérmelo siempre. Ella me lo prendió en la chaqueta, bajo la solapa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Qué tonta eres, Tess, haberme comprado una cosa tan cara!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No la he comprado –rió ella.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿De dónde la has sacado?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Entonces me contó cómo lo había encontrado un día viniendo del acuario de Battery. Durante algún tiempo se dedicó a mirar en los anuncios de los periódicos, pero después perdió las esperanzas de dar con su propietario.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Fue el invierno pasado –dijo–. El mismo día que tuve por primera vez ese horrible sueño de la carroza fúnebre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me acordé de mi sueño de la noche anterior, pero no dije nada. Mi carboncillo revoloteaba sobre un lienzo nuevo. Tessie permanecía inmóvil en la plataforma.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;III&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El día siguiente fue desastroso para mí. Al cambiar un cuadro de un caballete a otro, resbalé en el suelo recién encerado y caí con tan mala fortuna que me lastimé las muñecas y no pude volver a tomar un pincel en toda la tarde. Me vi obligado a vagar por el estudio mirando los dibujos sin terminar, contemplando los bocetos y echando chispas por los ojos hasta que, ya desesperado, me senté a fumar y a morderme las uñas de rabia. La lluvia azotaba los cristales de la ventana, redoblaba como un tambor sobre el tejado de la iglesia, poniéndome nervioso con su interminable tableteo. Tessie cosía junto a la ventana, y a cada momento levantaba la cabeza para mirarme con una compasión tan ingenua que empecé a sentirme avergonzado de mi irritación. Así que traté de buscar algo con qué entretenerme. Había leído todas las revistas y todos los libros de la biblioteca, pero para hacer algo, fui a las estanterías y las abrí con el codo. Conocía cada libro por su color. Pasé revista a todos, despacio y silbando para mantener un poco de humor. Iba a dar la vuelta para entrar en el comedor, cuando reparé en un libro encuadernado en piel de serpiente que estaba en un rincón del estante de arriba, en el último cuerpo de la estantería. No recordaba haberlo visto y, pese a mi estatura, no pude descifrar el borroso título de su lomo. Entré en el salón y llamé a Tessie, que vino y se encaramó para alcanzármelo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué es? –pregunté.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–«El Rey Amarillo.»&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me quedé perplejo. ¿Quién lo había puesto ahí? ¿Cómo había llegado a mi casa? Hacía mucho tiempo que yo había decidido no abrir jamás el libro ése y no comprarlo por nada del mundo. Incluso por miedo a que la curiosidad pudiera tentarme a abrirlo, apartaba la mirada de él cuando entraba en una librería donde lo tenían por casualidad. De haber sentido deseos de leerlo alguna vez, la espantosa tragedia del joven Castaigne –a quien conocía– me habría disuadido de abrir sus páginas infames. Me he negado siempre a escuchar cualquier referencia a ese libro, y desde luego, nadie se ha atrevido a discutir su segunda parte en voz alta, de modo que yo no tenía absolutamente ningún conocimiento de lo que estas páginas podían revelar. Contemplé la encuadernación jaspeada y ponzoñosa como hubiera contemplado una culebra.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No lo toques, Tessie. Baja de ahí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Como es natural, mi advertencia fue suficiente para suscitar su curiosidad, y antes que yo pudiera evitarlo, tomó el libro y se alejó riendo y danzando hacia el estudio. La llamé, pero ella se escurrió de mis manos inútiles con atormentadora sonrisa. La seguí con cierta impaciencia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Tessie! –grité entrando a la biblioteca–, escucha, te lo digo en serio. Deja ese libro. ¡No quiero que lo abras!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No estaba en la biblioteca. Recorrí los dos salones; luego los dormitorios, el cuarto del servicio, la cocina, y finalmente regresé a la biblioteca y empecé una búsqueda sistemática. Se había escondido tan bien que me costó media hora encontrarla. Estaba agachada, pálida y muda, junto a la ventana de la despensa del piso de arriba. Al primer golpe de vista comprendí que su insensatez había sido castigada. «El Rey Amarillo» estaba caído a sus pies. La tomé de la mano y la llevé al estudio. Estaba alelada. Cuando le dije que se tendiera en el sofá me obedeció sin decir una palabra. Al cabo de un rato cerró los ojos y su respiración se hizo regular y profunda, pero no pude averiguar si dormía o no. Estuve un rato muy largo sentado junto a ella, pero ni se removió ni habló. Por último, me levanté, entré en la desmantelada despensa y recogí el libro con la mano menos lastimada. Pesaba. No obstante, lo llevé otra vez al estudio, me senté en la alfombra junto al sofá, lo abrí y me lo leí de cabo a rabo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando, desfallecido por el exceso de emociones, solté el libro y me recosté cansado contra el sofá, Tessie abrió los ojos y me miró.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Llevábamos ya un rato hablando en tono monótono y forzado. Entonces me di cuenta que estábamos comentando «El Rey Amarillo». ¡Ah, qué pecado escribir tales palabras..., palabras que son claras como el cristal, limpias y musicales como un manantial burbujeante, palabras que resplandecen y destellan como los diamantes emponzoñados de los Médicis! ¡Ah, la perversidad, la condenación desesperada de un alma capaz de fascinar y paralizar a las humanas criaturas con tales palabras, con esas palabras que lo mismo las comprende el sabio que el ignorante, con esas palabras que son más preciosas que las joyas, más suaves que la música, más espantosas que la muerte!&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Continuamos hablando sin preocuparnos de las sombras que iban aumentando. Ella me suplicó que tirase el broche de ónice negro, porque ahora sabíamos que aquella extraña incrustación de oro era el Signo Amarillo. Nunca comprenderé por qué me negué, aunque en este momento, aquí en mi dormitorio donde escribo esta mi confesión, me alegraría saber qué fue lo que me impidió arrancar el Signo Amarillo de mi pecho y tirarlo al fuego. Estoy seguro del hecho que yo deseaba hacerlo, y sin embargo Tessie me lo estuvo pidiendo en vano. Cayó la noche y siguieron pasando las horas. Nosotros continuábamos hablando en voz baja sobre el Rey y la Máscara Pálida, y sonaron las doce en los oscuros campanarios de la ciudad envuelta por la niebla. Hablábamos de Hastur y de Cassilda y, mientras, la niebla chocaba contra los desnudos cristales de la ventana como el oleaje de las nubes que corre a estrellarse en las riberas de Hali.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La casa estaba ahora en silencio; ni un ruido se oída en las calles invadidas de bruma. Tessie yacía entre cojines. Su cara era una mancha gris en la oscuridad, pero sus manos apretaban las mías, y yo sabía que ella leía mis pensamientos como yo podía leer los suyos, porque los dos habíamos comprendido el misterio de las Híadas, y ante nosotros se alzaba el Fantasma de la Verdad. Entonces, mientras nos hablábamos en ese lenguaje mudo de pensamientos, se agitaron las sombras en la oscuridad que nos envolvía; y allá lejos, en la calle, oímos algo, un ruido que se fue acercando más y más..., como un apagado rechinar de ruedas. De pronto cesó ante la entrada. Me precipité a la ventana y vi la carroza fúnebre, negra y emplumada. El portal de la casa se abrió y se volvió a cerrar. Me acerqué temblando hasta mi puerta y eché el cerrojo, aunque sabía que no había cerrojos ni cerraduras que me protegieran de aquella criatura que venía por el Signo Amarillo. La oí avanzar despacio por el recibimiento. Cuando llegó a la puerta, los cerrojos se desmoronaron, podridos, al tocarlos. Entró. Con los ojos desorbitados traté de escudriñar la oscuridad, pero aunque estaba en la habitación, no lo vi. Sólo grité al sentir que me envolvía en su abrazo frío y blando. Me debatí con furia mortal, pero tenía las manos inútiles. Me arrancó el broche de ónice de la chaqueta y me golpeó de lleno en la cara. Luego, al caer, oí el grito leve de Tessie al abandonarla su espíritu y su vida. Y mientras caía, aún deseé seguirla, porque sabía que el Rey Amarillo había abierto su andrajoso manto y ya sólo me quedaba implorar a Dios.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Podría decir más, pero al mundo no le serviría de nada. En cuanto a mí, ningún ser humano puede ayudarme, estoy sin esperanza. Mientras escribo aquí en la cama, sin preocuparme siquiera de si moriré o no antes de terminar, puedo ver cómo el médico recoge sus polvos y sus frascos, cómo hace un gesto vago al buen sacerdote que tengo a mi lado, y cómo éste comprende.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;A la gente le gustaría conocer los detalles de la tragedia..., a esa gente que escribe libros e imprime millones de periódicos. Pero no escribiré más. El padre confesor sellará mis últimas palabras con un sello sagrado, cuando su santo oficio haya concluido. La gente, los habitantes de este mundo extraño, pueden enviar a sus criaturas a las casas arruinadas y a los hogares conmovidos por la muerte; sus periódicos se cebarán en la sangre y las lágrimas. Pero conmigo sus espías deberán detenerse ante el confesionario. Saben que Tessie ha muerto, y que no tardaré en seguirla. Saben que los vecinos de mi casa, sobresaltados por un grito infernal, se agolparon en mi habitación, donde encontraron a una persona que vivía aún, y otras dos muertas. Pero no saben lo que voy a decir. No saben que el médico, señalando un bulto horrible y descompuesto que yacía en el suelo, el cadáver del vigilante de la iglesia, dijo: «¡Es incomprensible. Ese hombre debe haber muerto hace meses!»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Siento que mi fin se acerca. Quisiera que el sacerdote...&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Título Original: The Yellow Sign © 1895.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-8364841770055288230?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/8364841770055288230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/8364841770055288230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/el-signo-amarillo-robert-w-chambers.html' title='EL SIGNO AMARILLO (Robert W. Chambers)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-3369975148708464733</id><published>2012-02-05T08:49:00.000-05:00</published><updated>2012-02-05T08:50:25.662-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-RELATOS CORTOS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>EL HIDALGO DE REIGATE (Sir Arthur Conan Doyle)</title><content type='html'>&lt;em&gt;«Jamás he visto una confesión de culpabilidad tan manifiesta en un rostro humano.»&lt;br /&gt;Watson&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Pasó algún tiempo antes de que la salud de mi amigo, el señor Sherlock Holmes, se repusiera de la tensión nerviosa ocasionada por su inmensa actividad durante la primavera de 1887. Tanto el asunto de la Netherland–Sumatra Company como las colosales jugadas del barón Maupertins son hechos todavía demasiados frescos en la mente del público y demasiado íntimamente ligados con la política y las finanzas, para ser temas adecuados en esta serie de esbozos. No obstante, por un camino indirecto conducen a un problema tan singular como complejo, que dio a mi amigo una oportunidad para demostrar el valor de un arma nueva entre las muchas con las que libraba su prolongada batalla contra el crimen.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al consultar mis notas, veo que fue el 14 de abril cuando recibí un telegrama desde Lyon, en el que se me informaba de que Holmes estaba enfermo en el hotel Dulong. Veinticuatro horas más tarde, entraba en el cuarto del paciente y me sentía aliviado al constatar que nada especialmente alarmante había en sus sintomas. Sin embargo, su férrea constitución se habla resentido bajo las tensiones de una investigación que había durado más de dos meses, un periodo durante el cual nunca había trabajado menos de quince horas diarias, y más de una vez, como él mismo me aseguro, habia realizado su tarea a lo largo de cinco días sin interrupción. El resultado victorioso de sus desvelos no pudo salvarle de una reacción después de tan tremenda prueba, y, en unos momentos en que su nombre resonaba en toda Europa y en el suelo de su habitación se apilaban literalmente los telegramas de felicitación, lo encontré sumido en la más negra depresión. Ni siquiera el hecho de saber que había triunfado allí donde había fracasado la policía de tres países, y que había derrotado en todos los aspectos al estafador más consumado de Europa, bastaban para sacarle de su postración nerviosa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tres días más tarde nos encontrábamos de nuevo los dos en Baker Street, pero era evidente que a mi amigo habla de sentarle muy bien un cambio de aires, y también a mí me resultaba más que atractivo pensar en una semana de primavera en el campo. Mi viejo amigo, el coronel Hayter, que en Afganistán se había sometido a mis cuidados profesionales, había adquirido una casa cerca de Reigate, en Surrey, y con frecuencia me había pedido que fuese a hacerle una visita. La última vez hizo la observación de que, si mi amigo deseaba venir conmigo, le daría una satisfacción ofrecerle también su hospitalidad. Se necesitó un poco de diplomacia, pero cuando Holmes se enteró de que se trataba del hogar de un soltero y supo que a él se le permitiría plena libertad, aceptó mis planes y, una semana después de regresar de Lyon, nos hallábamos bajo el techo del coronel. Hayter era un espléndido viejo soldado que había visto gran parte del mundo y, tal como yo ya me había figurado, pronto descubrió que él y Holmes tenían mucho en comun.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La noche de nuestra llegada, nos instalamos en la armería del coronel después de cenar, Holmes echado en el sofá, mientras Hayter y yo examinábamos su pequeño arsenal de armas de fuego.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–A propósito –dijo el coronel–, creo que voy a llevarme arriba una de estas pistolas, por si acaso se produce una alarma.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Una alarma? –repetí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Si, últimamente tuvimos un susto en estas cercanías. El viejo Acton, que es uno de nuestros magnates rurales, sufrió en su casa un robo con allanamiento y fractura el lunes pasado. No hubo grandes daños, pero los autores continúan en libertad.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Ninguna pista? –inquirió Holmes, fija la mirada en el coronel.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Todavía ninguna. Pero el asunto es ínfimo, uno de los pequeños delitos de nuestro mundo rural, y forzosamente ha de parecer demasiado pequeño para que usted le preste atención, señor Holmes, después de ese gran escándalo internacional.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes desechó con un gesto el cumplido, pero su sonrisa denotó que no le habla desagradado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Hubo algún detalle interesante?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Yo diría que no. Los ladrones saquearon la biblioteca y poca cosa les aportaron sus esfuerzos. Todo el lugar fue puesto patas arriba, con los cajones abiertos y los armarios revueltos y, como resultado, habla desaparecido un volumen valioso del Homer de Pope, dos candelabros plateados, un pisapapeles de marfil, un pequeño barómetro de madera de roble y un ovillo de bramante.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Qué surtido tan interesante! –exclamé.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es evidente que aquellos individuos echaron mano a lo que pudieron.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes lanzó un gruñido desde el sofá.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La policía del condado debería sacar algo en claro de todo esto –dijo–. Pero sí resulta evidente que...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Está usted aquí para descansar, mi querido amigo. Por lo que más quiera, no se meta en un nuevo problema cuando tiene todo el sistema nervioso hecho trizas.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes se encogió de hombros con una mueca de cómica resignación dirigida al coronel, y la conversación derivó hacia canales menos peligrosos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Deseaba el destino, sin embargo, que toda mi cautela profesional resultara inútil, pues, a la mañana siguiente, el problema se nos impuso de tal modo que fue imposible ignorarlo, y nuestra estancia en la campiña adquirió un cariz que ninguno de nosotros hubiese podido prever. Estábamos desayunando cuando el mayordomo del coronel entró precipitadamente, perdida toda su habitual compostura.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Se ha enterado de la noticia, señor? –jadeó–. ¡En la finca Cunningham, señor!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Un robo! –gritó el coronel, con su taza de café a medio camino de la boca.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡No, señor! ¡Un asesinato!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El coronel lanzó un silbido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Por Júpiter! –exclamó–. ¿A quién han matado, pues? ¿Al juez de paz o a su hijo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–A ninguno de los dos, señor. A William, el cochero. Un balazo en el corazón, señor, y ya no pronunció palabra.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;– ¿Y quién disparó contra él, pues?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El ladrón, señor. Huyó rápido como el rayo y desapareció. Acababa de entrar por la ventana de la despensa, cuando William se abalanzó sobre él y perdió la vida, defendiendo la propiedad de su señor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Qué hora es?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Alrededor de la medianoche, señor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Bien, entonces iremos allí en seguida –dijo el coronel, dedicando de nuevo su atención friamente al desayuno–. Es un asunto bastante feo –añadió cuando el mayordomo se hubo retirado–. El viejo Cunningham es aquí el número uno entre la hidalguía rural y un sujeto de lo más decente. Esto le causará un serio disgusto, pues este hombre llevaba años a su servicio y era un buen sirviente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Es evidente que se trata de los mismos villanos que entraron en casa de Acton.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Los que robaron aquella colección tan singular?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Observó Holmes pensativo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Precisamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Hum! Puede revelarse como el asunto más sencillo del mundo, pero de todos modos, a primera vista, resulta un tanto curioso, ¿no creen? De una pandilla de amigos de lo ajeno que actúan en la campiña cabria esperar que variasen el escenario de sus operaciones, en vez de allanar dos viviendas en el mismo distrito y en el plazo de pocos días. Cuando esta noche ha hablado usted de tomar precauciones, recuerdo que ha pasado por mi cabeza el pensamiento de que ésta era, probablemente, la última parroquia de Inglaterra a la que el ladrón o ladrones dedicarían su atención, lo cual demuestra que todavía tengo mucho que aprender.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Supongo que se trata de algún delincuente local –dijo el coronel–. Y en este caso, desde luego, las mansiones de Acton y Cunningham son precisamente los lugares a los que se dedicaría, puesto que son con mucho las más grandes de aquí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿ Y las más ricas?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Deberían serlo, pero durante años han mantenido un pleito judicial que, según creo, ha de haberles chupado la sangre a ambas. El anciano Acton reivindica la mitad de la finca de Cunningham, y los abogados han intervenido de lo lindo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Si se trata de un delincuente local, no sería muy difícil echarle el guante –dijo Holmes con un bostezo–. Está bien, Watson, no tengo la intención de entrometerme.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El inspector Forrester, señor –anunció el mayordomo, abriendo la puerta.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El oficial de policía, un joven apuesto y de rostro inteligente, entró en la habitación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Buenos días, coronel –dijo–. Espero no cometer una intrusión, pero hemos oído que el señor Holmes, de Baker Street, se encuentra aquí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El coronel movió la mano hacia mi amigo, y el inspector se inclinó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pensamos que tal vez le interesara intervenir, señor Holmes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El hado está contra usted, Watson –dijo éste, riéndose–. Hablábamos de esta cuestión cuando usted ha entrado, inspector. Acaso pueda darnos a conocer algunos detalles.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando Holmes se repantigó en su sillón con aquella actitud ya familiar, supe que la situación no admitía esperanza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–En el caso Acton no teníamos ninguna pista, pero aquí las tenemos en abundancia; no cabe duda de que se trata del mismo responsable en cada ocasión.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El hombre ha sido visto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Si, señor. Pero huyó rápido como un ciervo después de disparar el tiro que mató al pobre William Kirwan. El señor Cunningham lo vio desde la ventana del dormitorio, y el señor Alec Cunningham desde el pasillo posterior. Eran las doce menos cuarto cuando se dio la alarma. El señor Cunningham acababa de acostarse y el joven Alec, ya en bata, fumaba en pipa. Ambos oyeron a William, el cochero, gritar pidiendo auxilio, y el joven Alec fue corriendo a ver qué ocurría. La puerta de detrás estaba abierta y, al llegar al pie de la escalera, vio que dos hombres forcejeaban afuera. Uno de ellos hizo un disparo, el otro cayó, y el asesino huyó corriendo a través del jardín y saltando el seto. El señor Cunningham, que miraba desde la ventana de su habitación, vio al hombre cuando llegaba a la carretera, pero en seguida lo perdió de vista. El joven Alec se detuvo para ver si podía ayudar al moribundo, lo que aprovechó el villano para escapar. Aparte el hecho de que era hombre de mediana estatura y vestía ropas oscuras, no tenemos señas personales, pero estamos investigando a fondo y si es un forastero pronto daremos con él.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;– ¿ Y qué hacia allí ese William? ¿Dijo algo antes de morir?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ni una palabra. Vivía en la casa del guarda con su madre, y puesto que era un muchacho muy fiel, suponemos que fue a la casa con la intención de comprobar que no hubiera novedad en ella. Desde luego, el asunto de Acton había puesto a todos en guardia. El ladrón debía de haber acabado de abrir la puerta, cuya cerradura forzó, cuando William lo sorprendió.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Dijo William algo a su madre antes de salir?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es muy vieja y está muy sorda. De ella no podremos conseguir ninguna información. La impresión la ha dejado como atontada, pero tengo entendido quenunca tuvo una mente muy despejada. Sin embargo, hay una circunstancia muy importante. ¡Fíjense en esto!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Extrajo un pequeño fragmento de papel de una l–breta de notas y lo alisó sobre su rodilla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esto lo hallamos entre el pulgar y el índice del muerto. Parece ser un fragmento arrancado de una hoja más grande. Observarán que la hora mencionada en él es precisamente la misma en la que el pobre hombre encontró la muerte.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Observen que su asesino pudo haberle quitado el resto de la hoja o que él pudo haberle arrebatado este fragmento al asesino. Tiene todo el aspecto de haber sido una cita.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes tomó el trozo de papel, un facsímil del cual se incluye aquí:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Y suponiendo que se trate de una cita – continuo el inspector–, es, desde luego, una teoría concebible la de que ese William Kirwan, aunque tuviera la reputación de ser un hombre honrado, pudiera haber estado asociado con el ladrón. Pudo haberse encontrado con él aquí, incluso haberlo ayudado a forzar la puerta, y cabe que entonces se iniciara una pelea entre los dos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Este escrito presenta un interés extraordinario –dijo Holmes, que lo había estado examinando con una intensa concentración–. Se trata de aguas más profundas de lo que yo me había figurado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Y ocultó la cabeza entre las manos, mientras el inspector sonreía al ver el efecto que su caso había tenido en el famoso especialista londinense.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Su última observación –dijo Holmes al cabo de un rato– acerca de la posibilidad de que existiera un entendimiento entre el ladrón y el criado, y de que esto fuera una cita escrita por uno al otro, es una suposición ingeniosa y no del todo imposible. Pero este escrito abre...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De nuevo hundió la cara entre las manos y por unos minutos permaneció sumido en los más profundos pensamientos. Cuando alzó el rostro, quedé sorprendido al ver que el color teñía sus mejillas y que sus ojos brillaban tanto como antes de caer enfermo. Se levantó de un brinco con toda su anterior energía.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Voy a decirle una cosa! –anunció–. Me gustaría echar un breve y discreto vistazo a los detalles de este caso. Hay algo en él que me fascina poderosamente. Si me lo permite, coronel, dejaré a mi amigo Watson con usted y yo daré una vuelta con el inspector para comprobar la veracidad de un par de pequeñas fantasías mías. Volveré a estar con ustedes dentro de media hora.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pasó una hora y media antes de que el inspector regresara y solo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–El señor Holmes recorre de un lado a otro el campo –explicó–. Quiere que los cuatro vayamos juntos a la casa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿A la del señor Cunningham?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, señor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Con qué objeto?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El inspector se encogió de hombros.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No lo sé exactamente, señor. Entre nosotros, creo que el señor Holmes todavía no se ha repuesto totalmente de su dolencia. Se ha comportado de un modo muy extraño y está muy excitado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No creo que esto sea motivo de alarma –dije–. Generalmente, he podido constatar que hay método en su excentricidad.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Otros dirían que hay excentricidad en su método–murmuró el inspector–. Pero arde en deseos de comenzar, coronel, por lo que considero conveniente salir, si están ustedes dispuestos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Encontramos a Holmes recorriendo el campo de un extremo a otro, hundida la barbilla en el pecho y con las manos metidas en los bolsillos del pantalón.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Aumenta el interés del asunto –dijo–. Watson, su excursión al campo ha sido un éxito evidente. He pasado una mañana encantadora.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Debo entender que ha visitado el escenario del crimen? –preguntó el coronel.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, el inspector y yo hemos efectuado un pequeno reconocimiento.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Con éxito?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Hemos visto algunas cosas muy interesantes. Le contaré lo que hemos hecho mientras caminamos. En primer lugar, hemos visto el cadáver de aquel desdichado.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Desde luego, murió herido por una bala de re–ólver, tal como se ha informado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Acaso dudaba de ello?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es que siempre conviene someterlo todo a prueba. Nuestra inspección no ha sido tiempo perdido. Hemos celebrado después una entrevista con el señor Cunningham y su hijo, que nos han podido enseñar el lugar exacto en el que el asesino franqueó el seto de jardín en su huida. Esto ha revestido el mayor interés.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Naturalmente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Después hemos visto a la madre del pobre hombre. Sin embargo, no hemos obtenido ninguna información de ella, ya que es una mujer muy vieja y débil.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y cuál es el resultado de sus investigaciones?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La convicción de que el crimen ha sido muy peculiar. Es posible que nuestra visita de ahora contribuya a disipar parte de su oscuridad. Pienso que ahora estamos de acuerdo, inspector, en que el fragmento de papel en la mano del difunto, por el hecho de llevar escrita la hora exacta de su muerte, tiene una extrema importancia.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Debería constituir una pista, señor Holmes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es que constituye una pista. Quienquiera que escribiese esa nota fue el hombre que sacó a William Kirwan de su cama a esa hora. Pero ¿dónde está el resto del papel?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Examiné el suelo minuciosamente, con la esperanza de encontrarlo –dijo el inspector.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Fue arrancado de la mano del difunto. ¿Por qué alguien ansiaba tanto apoderarse de él? Porque le incriminaba. ¿Y qué hizo con él? Con toda probabilidad, metérselo en el bolsillo, sin advertir que una esquina del mismo había quedado entre los dedos del muerto. Si pudiéramos conseguir el resto de esta cuartilla, no cabe duda de que avanzaríamos muchísimo en la solución del misterio.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, pero ¿cómo llegar al bolsillo del criminal antes de capturarlo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Bien, éste es un punto que merece reflexión, pero hay otro que resulta evidente. La nota le fue enviada a William. El hombre que la escribió no pudo haberla llevado, pues en este caso, como es natural, hubiera dado oralmente su mensaje. ¿Quién llevó la nota, pues? ¿O acaso llegó por correo?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–He hecho indagaciones –dijo el inspector–. Ayer, William recibió una carta en el correo de la tarde. El sobre fue destruido por él.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Excelente! –exclamó Holmes que dio una palmada en la espalda del inspector–.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Usted ha hablado con el cartero. Es un placer trabajar con usted. Bien, aquí está la casa del guarda y, si quiere subir conmigo, coronel, le enseñaré el escenario del crimen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pasamos ante el lindo cottage en el que había vivido el hombre asesinado y caminamos a lo largo de una avenida flanqueada por olmos hasta llegar a la antigua y bonita mansión estilo reina Ana, que ostenta el nombre de Malplaquet sobre el dintel de la puerta. Holmes y el inspector nos guiaron a su alrededor hasta que llegamos a la verja latera!, separada por una zona ajardinada del seto que flanquea la carretera. Había un policía junto a la puerta de la cocina.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Abra la puerta, agente –dijo Holmes–. Pues bien, en esta escalera se encontraba el joven señor Cunningham y vio forcejear a los dos hombres precisamente donde ahora nos encontramos nosotros. El señor Cunningham padre estaba junto a aquella ventana, la segunda a la izquierda, y vio al hombre escapar por la parte izquierda de aquellos matorrales. También le vio el hijo. Ambos están seguros de ello a causa del matorral. Entonces, el joven señor Cunningham bajó corriendo y se arrodilló al lado del herido. Sepa que el suelo es muy duro y no hay marcas que puedan guiarnos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mientras hablaba, se acercaban dos hombres por el sendero del jardín, después de doblar la esquina de la casa. Uno era un hombre de edad provecta, con un rostro enérgico y marcado por acusadas arrugas, y ojos somnolientos, y el otro era un joven bien plantado,cuya expresión radiante y sonriente, y su chillona indumentaria ofrecían un extraño contraste con el asunto que nos había llevado allí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Todavía buscando, pues? –le dijo a Holmes el más joven. Yo creía que ustedes, los londinenses, no fallaban nunca. No me parece que sean de lo más rápido después de todo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Hombre, es que necesitamos algún tiempo –repuso Holmes con buen humor.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Van a necesitarlo –aseguró el joven Alex Cunniflgharn–. Por ahora, no veo que tengan una sola pista.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sólo hay una –respondió el inspector. Pensamos que sólo con poder encontrar... ¡Cielo santo! ¿Qué le ocurre, señor Holmes?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De repente, la cara de mi pobre amigo había asumido una expresión de lo más alarmante. Con los ojos vueltos hacia arriba, contraídas dolorosamente las facciones y reprimiendo un sordo gruñido, se desplomó de bruces. Horrorizados por lo inesperado y grave del ataque, lo trasladamos a la cocina y lo acomodamos en un sillón, donde pudo respirar trabajosamente durante unos minutos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Finalmente, excusándose avergonzado por su momento de debilidad, volvió a levantarse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Watson les dirá que todavía me estoy restableciendo de una seria enfermedad –explicó–. Tiendo a padecer estos súbitos ataques de nervios.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Quiere que le envíe a casa en mi coche? –preguntó el mayor de los Cunningham.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es que, puesto que estoy aquí, hay un punto del que me agradaría asegurarme.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Podemos verificarlo con gran facilidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿De qué se trata?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pues bien, a mí me parece posible que la llegada de aquel pobre William no se produjera antes, sino después de la entrada del ladrón en la casa. Ustedes parecen dar por sentado que, a pesar de que la puerta fue forzada, el amigo de lo ajeno nunca llegó a entrar.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–A mí me parece de lo más obvio –manifestó el señor Cunningham muy serio– .&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Tenga en cuenta que mi hijo Alec todavía no se había acostado, y que sin duda hubiera oído a alguien que se moviera por allí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Dónde estaba sentado?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–En mi cuarto vestidor, fumando.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Cuál es su ventana?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–La última de la izquierda, junto a la de mi padre.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Tanto su lámpara como la de él estarían encendidas, verdad?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Indudablemente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Hay aquí algunos detalles muy singulares –comentó Holmes, sonriendo–. ¿No resulta extraordinario que un ladrón, y un ladrón que ha tenido cierta experiencia previa, irrumpa deliberadamente en una casa, a una hora en que, a juzgar por las luces, pudo ver que dos miembros de la familia todavía estaban levantados?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Debía ser un sujeto de mucha sangre fría.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Como es natural, si el caso no fuera peliagudo no nos habríamos sentido obligados a pedirle a usted una explicación –dijo el joven Alec–. Pero en cuanto a su idea de que el hombre ya había robado en la casa antes de que William le acometiera, creo que no puede ser más absurda. ¿Acaso no habríamos encontrado la casa desordenada y echado de menos las cosas que hubiera robado?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Depende de lo que fueran estas cosas –repuso Holmes–. Deben recordar que nos las estamos viendo con un ladrón que es un individuo muy peculiar, y que parece trabajar siguiendo unas directrices propias. Véase, por ejemplo, el extraño lote de cosas que sustrajo en casa de los Acton... ¿Qué eran? Un ovillo de cordel, un pisapapeles y no sé cuántos trastos más...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Bien, estamos en sus manos, señor Holmes –dijo Cunningham padre–. Tenga la seguridad de que se hará cualquier cosa que usted o el inspector puedan sugerir.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–En primer lugar –repuso Holmes–, me agradaría que usted ofreciera una recompensa, pero suya personal, puesto que las autoridades oficiales tal vez requieran algún tiempo antes de ponerse de acuerdo respecto a la suma, y estas cosas conviene hacerlas con mucha rapidez. Yo ya he redactado un documento aquí y espero que no le importe firmarlo. Pensé que cincuenta libras serían más que suficientes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–De buena gana daría quinientas –aseguró el juez de paz, tomando la cuartilla y el lápiz que Holmes le ofrecía–. Sin embargo, esto no es exacto –añadió al examinar el documento.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Lo he escrito precipitadamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Como ve, comienza así: «Considerando que alrededor de la una menos cuarto de la madrugada del martes se hizo un intento...», etcétera. En realidad, ocurrió a las doce menos cuarto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me apenó este error, pues yo sabía lo mucho que se resentía Holmes de cualquier resbalón de esta clase. Era su especialidad ser exacto en todos los detalles, pero su reciente dolencia le había afectado profundamente y este pequeño incidente bastó para indicarme que aún distaba mucho de ser él otra vez. Por unos momentos, se mostró visiblemente avergonzado, mientras el inspector enarcaba las cejas y Alec Cunningham dejaba escapar una carcajada. Sin embargo, el anciano caballero corrigió la equivocación y devolvió el papel a Holmes, –Délo a la imprenta lo antes posible –pidió–. Creo que su idea es excelente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes guardó cuidadosamente la cuartilla en su libreta de notas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Y ahora –dijo–, seria de veras conveniente que fuéramos todos juntos a la casa y nos aseguráramos de que ese ladrón un tanto excéntrico no se llevó, después de todo, nada consigo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Antes de entrar, Holmes procedió a efectuar un examen de la puerta que había sido forzada. Era evidente la introducción de un escoplo o de un cuchillo de hoja gruesa que forzó la cerradura, pues pudimos ver en la madera las señales del lugar en que actuó.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;– ¿No utilizan barras para atrancar la puerta? –preguntó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Nunca lo hemos considerado necesario. – ¿no tienen un perro?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí, pero está encadenado al otro lado de la casa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿A qué hora se acuestan los sirvientes?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Alrededor de las diez.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tengo entendido que, a esa hora, William solía encontrarse también en la cama.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Sí.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es curioso que precisamente esta noche hubiera estado levantado. Y ahora, señor Cunningham, le ruego tenga la amabilidad de enseñarnos la casa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un pasillo enlosado, a partir del cual se ramificaban las cocinas, y una escalera de madera conducían directamente al primer piso de la casa, con un rellano opuesto a una segunda escalera, más ornamental, que desde el vestíbulo principal ascendía a las plantas su–periores. Daban a ese rellano el salón y varios dormitorios inclusive los del señor Cunningham y su hijo. Holmes caminaba despacio, tomando buena nota de la arquitectura de la casa. Yo sabia, por su expresión, que seguía una pista fresca y, sin embargo, no podía ni imaginar en qué dirección le conducían sus inferencias.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Mi buen señor –dijo el mayor de los Cunningham con cierta impaciencia–y seguro que todo esto es perfectamente innecesario. Esta es mi habitación, al pie de la escalera, y la de mi hijo es la contigua. Dejo a su buen juicio dictaminar si es posible que el ladrón llegara hasta aquí sin que nosotros lo advirtiéramos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tengo la impresión de que debería buscar en otra parte una nueva pista –observó el hijo con una sonrisa maliciosa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–A pesar de todo, debo pedirles que tengan un poco más de paciencia conmigo. Me gustaría ver, por ejemplo, hasta qué punto las ventanas de los dormitorios dominan la parte frontal de la casa. Según creo, éste es el cuarto de su hijo –abrió la puerta correspondiente y éste, supongo, es el cuarto vestidor en el que él estaba sentado, fumando, cuando se dio la alarma. ¿A dónde mira su ventana?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cruzó el dormitorio, abrió la otra puerta y dio un vistazo al otro cuarto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Espero que con esto se sienta satisfecho –dijo el señor Cunningham sin ocultar su enojo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Gracias. Creo haber visto todo lo que deseaba.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Entonces, si realmente es necesario, podemos ir a mi habitación.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Si no es demasiada molestia...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El juez se encogió de hombros y nos condujo a su dormitorio, que era una habitación corriente y amueblada con sencillez. Al avanzar hacia la ventana, Holmes se rezagó hasta que él y yo quedamos los últimos del grupo. Cerca del pie de la cama había una mesita cuadrada y sobre ella una fuente con naranjas y un botellón de agua. Al pasar junto a ella, Holmes, con profundo asombro por mi parte, se me adelantó y volcó deliberadamente la mesa y todo lo que contenía. El cristal se rompió en un millar de trozos y las naranjas rodaron hasta todos los rincones del cuarto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ahora si que la he hecho buena, Watson –me dijo sin inmutarse. Vea como ha quedado la alfombra.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Confundido, me agaché y comencé a recoger las frutas, comprendiendo que, por alguna razón, mi companero deseaba cargarme a mí la culpa. Los demás así lo creyeron y volvieron a poner de pie la mesa.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Hola! –exclamó el inspector–. ¿Dónde se ha metido ahora?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes habla desaparecido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Esperen aquí un momento –dijo el joven Alec Cunningham. En mi opinión, este hombre está mal de la cabeza. Venga conmigo, padre, y veremos a dónde ha ido.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Salieron precipitadamente de la habitación, dejándonos al inspector, al coronel y a mí mirándonos el uno al otro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Palabra que me siento inclinado a estar de acuerdo con el joven Cunningham –dijo el policía–. Pueden ser los efectos de esa enfermedad, pero a mí me parece que...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sus palabras fueron interrumpidas por un súbito grito de «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Asesinos!» Con viva emoción reconocí la voz como la de mi amigo. Salí corriendo al rellano. Los gritos, reducidos ahora a una especie de rugido ronco e inarticulado, procedían de la habitación que hablamos visitado en primer lugar.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Irrumpí en ella y entré en el contiguo cuarto vestidor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los dos Cunningham se inclinaban sobre la figura postrada de Sherlock Holmes, el más joven apretándole el cuello con ambas manos, mientras el anciano parecía retorcerle una muñeca. En un instante, entre los tres los separamos de él y Holmes se levantó tambaleándose, muy pálido y con evidentes señales de agotamiento.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Arreste a estos hombres, inspector –jadeó.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Bajo qué acusación?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡La de haber asesinado a su cochero, William Kirwan!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;El inspector se le quedó mirando boquiabierto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Vamos, vamos, señor Holmes –dijo por fin–, estoy seguro de que en realidad no quiere decir que...&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Pero mire sus caras, hombre! –exclamó secamente Holmes.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ciertamente, jamás he visto una confesión de culpabilidad tan manifiesta en un rostro humano. El más viejo de los dos hombres parecía como aturdido, con una marcada expresión de abatimiento en su faz profundamente arrugada. El hijo, por su parte, había abandonado aquella actitud alegre y despreocupada que le había caracterizado, y la ferocidad de una peligrosa bestia salvaje brillaba en sus ojos oscuros y deformaba sus correctas facciones. El inspector no dijo nada, pero, acercándose a la puerta, hizo sonar su silbato. Dos de sus hombres acudieron a la llamada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No tengo otra alternativa, señor Cunningham –dijo–. Confio en que todo esto resulte ser un error absurdo, pero puede ver que... ¿Cómo? ¿Que es esto? ¡Suéltelo!&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Su mano descargó un golpe y revolver, que el hombre más joven intentaba amartillar cayó ruidosamente al suelo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Guárdelo –dijo Holmes, poniendo en seguida su pie sobre él–. Le resultará útil en el juicio. Pero esto es lo que realmente queríamos.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Holmes sostenía ante nosotros un papel arrugado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡El resto de la hoja! –gritó el inspector.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Precisamente.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y dónde estaba?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Donde yo estaba seguro de que había de estar. Más tarde les aclararé todo el asunto. Creo, coronel, que usted y Watson deberían regresar ya, y yo me reuniré con ustedes dentro de una hora como máximo. El inspector y yo hemos de hablar un poco con los prisioneros, pero con toda certeza volverán ustedes a yerme a la hora de almorzar.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sherlock Holmes cumplió su palabra, pues alrededor de la una se reunió con nosotros en el salón de fumar del coronel. Le acompañaba un caballero más bien bajo y de cierta edad, que me fue presentado como el señor Acton, cuya casa había sido escenario del primer robo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Deseaba que el señor Acton estuviera presente al explicarles yo este asuntillo –dijo Holmes–, pues es natural que tenga un vivo interés por sus detalles. Mucho me temo, mi querido coronel, que lamente el momento en que usted admitió en su casa a un pajarraco de mal agüero como soy yo.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Al contrario –aseguró vivamente el coronel–. Considero como el mayor de los privilegios que me haya sido permitido estudiar sus métodos de trabajo. Confieso que sobrepasan en mucho cuanto pudiera yo esperar, y que soy totalmente incapaz de entender su resultado. De hecho, aún no he visto ni traza de una sola pista.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Temo que mi explicación le desilusione, pero siempre ha sido mi hábito el no ocultar ninguno de mis métodos, tanto a mi amigo Watson como a cualquiera capaz de mostrar un interés inteligente por ellos. Pero ante todo, puesto que aún me siento bastante quebrantado por el vapuleo recibido en aquel cuarto vestidor, creo que voy a administrarme un trago de su brandy, coronel. Ultimamente, mis fuerzas han sido sometidas a dura prueba.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Confio en que ya no vuelva a padecer aquellos ataques de nervios.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sherlock Holmes se echó a reír con ganas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Ya hablaremos de esto en su momento –dijo–, y les haré un relato del caso en su debido orden, indicándoles los diversos detalles que me guiaron en mi decisión.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Les ruego que me interrumpan si alguna deducción no resulta lo bastante clara.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»En el arte de la detección, tiene la mayor importancia saber reconocer, entre un cierto número de hechos, aquellos que son incidentales y aquellos que son vitales. De lo contrario, energía y atención se disipan en vez de concentrarse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ahora bien, en este caso no abrigué la menor duda desde el primer momento, de que la clave de todo el asunto debía ser buscada en el trozo de papel encontrado en la mano del difunto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Antes de entrar en este pormenor, quiero llamarles la atención sobre el hecho de que si el relato de Alec Cunningham era cierto, y si el asaltante, después de disparar contra William Kirwan, había huido al instante, era evidente que no pudo ser él quien arrancase el papel de la mano del muerto. Pero si no fue él, había de ser el propio Alec Cunningham, pues cuando el anciano hubo bajado ya había varios sirvientes en la escena del crimen. Este punto es bien simple, pero al inspector le había pasado por alto porque él había partido de la suposición de que estos magnates del mundo rural nada tenían que ver con el asunto. Ahora bien, yo me impongo no tener nunca prejuicios y seguir dócilmente los hechos allí donde me lleven éstos, y por consiguiente, en la primera fase de mi investigación no pude por menos que examinar con cierta suspicacia el papel representado por el señor Alec Cunningham.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Acto seguido efectué un examen muy atento de la esquina del papel que el inspector nos había enseñado. En seguida me resultó evidente que formaba parte de un documento muy notable. Aquí está. ¿No observa ahora en él algo muy sugerente?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Tiene un aspecto muy irregular –contestó el coronel.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Mi apreciado señor! –exclamó Holmes–. ¡No puede haber la menor duda de que fue escrito por dos personas, a base de palabras alternadas! Si le llamo la atención acerca de las enérgicas «t» en las palabras at y to, y le pido que las compare con las débiles de quarter y twelve, reconocerá inmediatamente el hecho. Un análisis muy breve de esas cuatro palabras le permitiría asegurar con toda certeza que learn y maybe fueron escritas por la mano más fuerte, y el what por la más débil.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Por Júpiter, esto está tan claro como la luz del día–gritó el coronel– . ¿Y por qué diablos dos hombres habían de escribir de este modo una carta?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Evidentemente, el asunto era turbio, y uno de los hombres, que desconfiaba del otro, estaba decidido a que, se hiciera lo que se hiciese, cada uno debía tener la misma intervención en él. Ahora bien, queda claro que de los dos hombres el que escribió el at y el to era el jefe.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Cómo llega a esta conclusión?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Podríamos deducirla meramente de la escritura de una mano en comparación con la otra, pero tenemos razones de más peso para suponerlo. Si examina este trozo de papel con atención, concluirá que el hombre con la mano más fuerte escribió el primero todas sus palabras, dejando espacios en blanco para que los llenara el otro. Estos espacios en blanco no fueron suficientes en algún caso, y pueden ver que el segundo hombre tuvo que comprimir su letra para meter su quarter entre el at y el to, lo que demuestra que éstas ya habían sido escritas. El hombre que escribió todas sus palabras en primer lugar es, indudablemente, el mismo que planeó el asunto.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Excelente! –exclamó el señor Acton.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pero muy superficial –repuso Holmes–. Sin embargo, llegamos ahora a un punto que sí tiene importancia. Acaso no sepan ustedes que la deducción de la edad de un hombre a partir de su escritura es algo en que los expertos han conseguido una precisión considerable. En casos normales, cabe situar a un hombre en la década que le corresponde con razonable certeza. Y hablo de casos normales, porque la mala salud y la debilidad física reproducen los signos de la edad avanzada, aunque el baldado sea un joven. En el presente caso, examinando la escritura enérgica y vigorosa de uno, y la apariencia de inseguridad de la otra escritura, que todavía se conserva legible, aunque las «t» ya han empezado a perder sus barras transversales, podemos afirmar que la primera es de un joven y la otra es de un hombre de edad avanzada pero sin ser del todo decrépito.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Excelente! –volvió a aplaudir Acton.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–No obstante, hay otro punto que es más sutil y ofrece mayor interés. Hay algo en común entre estas manos. Pertenecen a hombres con un parentesco sanguíneo. A ustedes, esto puede resultarles más obvio en las «e» de trazo griego, mas para mí hay varios detalles pequeños que indican lo mismo. No me cabe la menor duda de que se detecta un hábito familiar en estos dos especímenes de escritura.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Desde luego, sólo les estoy ofreciendo en este momento los resultados más destacados de mi examen del papel. Había otras veintitrés deducciones que ofrecerían mayor interés para los expertos que para ustedes, y todas ellas tendían a reforzar la impresión en mi fuero interno de que la carta fue escrita por los Cunningham, padre e hijo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Llegado a este punto, mi siguiente paso fue, como es lógico, examinar los detalles del crimen y averiguar hasta qué punto podían ayudarnos. Fui a la casa con el inspector y vi allí todo lo que había por ver. La herida que presentaba el cadáver había sido producida, como pude determinar con absoluta certeza, por un disparo de revólver efectuado a una distancia de poco más de cuatro yardas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;No había en las ropas ennegrecimiento causado por la pólvora. Por consiguiente, era evidente que Alec Cunningham había mentido al decir que los dos hombres estaban forcejeando cuando se hizo el disparo. Asimismo, padre e hijo coincidieron respecto al lugar por donde el hombre escapó hacia la carretera. En realidad, sin embargo, en este punto hay una zanja algo ancha, con humedad en el fondo. Puesto que en esta zanja no había ni traza de huellas de botas, tuve la absoluta seguridad, no sólo de que los Cunningham habían mentido otra vez, sino también de que en el lugar del crimen nunca hubo ningún desconocido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Y ahora tenía que considerar el motivo de este crimen singular. Para llegar a él, ante todo procuré aclarar el motivo del primer robo en casa del señor Acton.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por algo que nos había dicho el coronel, yo tenía entendido que existía un litigio judicial entre usted, señor Acton, y los Cunningham. Desde luego, se me ocurrió al instante que éstos habían entrado en su biblioteca con la intención de apoderarse de algún documento que pudiera tener importancia en el pleito.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Precisamente –dijo el señor Acton–. No puede haber la menor duda en cuanto a sus intenciones. Yo tengo la reclamación más indiscutible sobre la mitad de sus actuales propiedades, y si ellos hubieran podido encontrar cierto papel, que afortunadamente se encontraba en la caja fuerte de mis abogados, sin la menor duda hubieran invalidado nuestro caso.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pues ya lo ve –sonrió Holmes–, fue una intentona audaz y peligrosa, en la que me parece vislumbrar la influencia del joven Alec. Al no encontrar nada, trataron de desviar las sospechas haciendo que pareciera un robo corriente, y con este fin se llevaron todo aquello a lo que pudieron echar mano. Todo esto queda bien claro, pero todavía era mucho lo que se mantenía oscuro. Lo que yo deseaba por encima de todo era conseguir la parte que faltaba de la nota. Sabía que Alec la había arrancado de la mano del difunto, y estaba casi seguro que la habría metido en el bolsillo de su bata. ¿En qué otro lugar sino? La única cuestión era la de si todavía seguía allí. Valía la pena hacer algo para averiguarlo, y con este objeto fuimos todos a la casa.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Los Cunningham se unieron a nosotros, como sin duda recordarán, ante la puerta de la cocina. Era, desde luego, de la mayor importancia que no se les recordase la existencia de aquel papel, pues de lo contrario era lógico pensar que lo destruirían sin tardanza. El inspector estaba a punto de hablarles de la importancia que le atribuíamos, cuando, por la más afortunada de las casualidades, fui víctima de una especie de ataque y de este modo cambió la conversacion.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Válgame el cielo! –exclamó el coronel, riéndose–. ¿Quiere decir que nuestra compasión estaba injustificada y que su ataque fue una impostura?&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Hablando como profesional, debo decir que lo hizo admirablemente – afirmé, mirando con asombro a aquel hombre que siempre sabía confundirme con alguna nueva faceta de su astucia.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es un arte que a menudo demuestra su utilidad –comentó él–. Cuando me recuperé, me las arreglé mediante un truco, cuyo ingenio tal vez revistiera escaso mérito, para que el viejo Cunningham escribiese la palabra twelve a fin de que yo pudiera compararla con el twelve escrito en el papel.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¡Qué borrico fui! –exclamé.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Pude ver que me estaba compadeciendo a causa de mi debilidad –dijo Holmes, riéndose–, y sentí causarle la pena que me consta que sintió por mí. Después subimos juntos y, al entrar en la habitación y ver la bata colgada detrás de la puerta, volqué una mesa para distraer momentáneamente la atención de ellos y volví sobre mis pasos con la intención de registrar los bolsillos. Sin embargo, apenas tuve en mi poder el papel, que, tal como yo esperaba, se encontraba en uno de ellos, los dos Cunningham se abalanzaron sobre mí y creo que me hubieran asesinado allí mismo de no intervenir la rápida y amistosa ayuda de ustedes. De hecho, todavía siento en mi garganta la presa de aquel joven, y el padre me magulló la muñeca en sus esfuerzos para arrancar el papel de mi mano.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Comprendieron que yo debía saber toda la verdad, y el súbito cambio de una seguridad absoluta a la ruina más completa hizo de ellos dos hombres desesperados.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;»Tuve después una breve charla con el mayor de los Cunningham referente al motivo del crimen. Se mostró bastante tratable, en tanto que su hijo era peor que un demonio dispuesto a volarse los sesos, o los de cualquier otra persona, en caso de haber recuperado su revólver. Cuando Cunningham vio que la acusación contra él era tan sólida, se desfondó y lo explicó todo. Al parecer, William había seguido disimuladamente a sus amos la noche en que efectuaron su incursión en casa del señor Acton y, al tenerles así en sus manos, procedió a extorsionarlos con amenazas de denuncia contra ellos. Sin embargo, el joven Alec era hombre peligroso para quien quisiera practicar con él esta clase de juego.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Fue por su parte una ocurrencia genial la de ver en el miedo a los robos, que estaba atenazando a la población rural, una oportunidad para desembarazarse plausiblemente del hombre al que temía. William cayó en la trampa y un balazo lo mató, y sólo con que no hubieran conservado entera aquella nota y prestado un poco más de atención a los detalles accesorios, es muy posible que nunca se hubiesen suscitado sospechas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–¿Y la nota? –pregunté.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Sherlock Holmes colocó ante nosotros este papel:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;conv1&gt;–Es en gran parte precisamente lo que yo me esperaba –explicó–. Desde luego, desconozco todavía qué relaciones pudo haber entre Alec Cunningham, William Kirwan y Annie Morrison, pero el resultado demuestra que la celada fue tendida con suma habilidad. Estoy seguro de que habrán de encantarles las trazas hereditarias que se revelan en las p» y en las colas de las «g». La ausencia de puntos sobre las íes en la escritura del anciano es también muy característica.&lt;/conv1&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Watson, creo que nuestro apacible reposo en el campo ha sido todo un éxito, y con toda certeza mañana regresará a Baker Street considerablemente revigorizado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Traducción de la nota escrita por los dos Cunningham y que hizo caer a su cochero en una trampa mortal: Si quieres venir a las doce menos cuarto a la puerta este te enterarás de algo que te sorprenderá mucho y quizá será de lo más útil para ti y también para Annic Morrison. Pero no hables con nadie de este asunto.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/37304081255369531-3369975148708464733?l=mdarena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/3369975148708464733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/37304081255369531/posts/default/3369975148708464733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mdarena.blogspot.com/2012/02/el-hidalgo-de-reigate-sir-arthur-conan.html' title='EL HIDALGO DE REIGATE (Sir Arthur Conan Doyle)'/><author><name>NOVATO</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05853884213242532274</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='30' src='http://1.bp.blogspot.com/_NobkK3-DKpc/Sm0XdhF_fdI/AAAAAAAADxQ/vCYVDGVg1Wo/S220/JOSE.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-37304081255369531.post-5825253522642474740</id><published>2012-02-05T08:48:00.001-05:00</published><updated>2012-02-05T08:48:59.847-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='LIBROS-EN-LINEA'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zz'/><title type='text'>SUSPENSE (Patricia Highsmith)</title><content type='html'>&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 261px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-OBLH0C5nUFE/TyqPPd1egSI/AAAAAAAATDc/OIS6OXSFpKA/s1600/SUSPENSE%2B%2528Patricia%2BHighsmith%2529.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5704529373887889698" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;1987&lt;br /&gt;Título del original inglés: Plotting and Writing Suspense Fiction. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;PREFACIO&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El presente libro no es un manual de instrucciones. Es imposible explicar cómo se escribe un buen libro, es decir, un libro que sea ameno. Pero esto es lo que hace que la profesión de escritor sea animada y apasionante: la constante posibilidad de fracasar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Así pues, hablaré de mis fracasos tanto como de mis éxitos, porque puede aprenderse mucho de los primeros. Revelando las tremendas pérdidas de tiempo y esfuerzos que he experimentado a veces, así como sus causas, quizás evitaré que a otros escritores les ocurra lo mismo. Los primeros seis años de mi carrera no fueron precisamente afortunados; luego ocurrieron unas cuantas cosas que hicieron que la suerte me sonriera. Sin embargo, no creo que la suerte sea algo que se pueda cortejar o con lo que se pueda contar. Tal vez, para un escritor, la suerte consista en que se le haga una buena publicidad en el momento más indicado; de esto hablaré en el presente libro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Suspense» empieza desde el principio y va dirigido a los escritores jóvenes y principiantes, aunque, por supuesto, un principiante de edad madura también es joven como escritor, y el trabajo preliminar es siempre el mismo. Doy por sentado que todos los principiantes son ya escritores desde el momento en que, para bien o para mal, quieren arriesgarse a exponer al escrutinio público sus emociones, sus peculiaridades y su actitud ante la vida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Por esta razón empiezo hablando de los acontecimientos cotidianos que pueden ser el germen de una narración. El escritor parte de ahí y luego el lector también. Nuestro arte consiste en captar la atención del lector contándole algo divertido o que merezca la pena que se le dediquen unos cuantos minutos o unas cuantas horas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En el presente libro hablo mucho de los acontecimientos extraños, de las coincidencias que me llevaron a escribir unas cuantas narraciones o libros con éxito. Son los acontecimientos inesperados y a menudo sin importancia los que pueden inspirar al escritor. Dado que La celda de cristal me causó más dificultades de las habituales, describo en qué me inspiré para escribirla, las dificultades que tuve para encontrar material de fondo, luego los problemas que surgieron con los editores, su rechazo y, finalmente, su aceptación, y después, a modo de propina, la película basada en esta novela y estrenada con el mismo título.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Muchos escritores principiantes creen que sus colegas ya consagrados deben de tener alguna fórmula mágica para alcanzar el éxito. El presente libro conseguirá, sobre todo, que se desvanezca esta idea. No hay ningún secreto para alcanzar el éxito escribiendo, salvo la individualidad o, si se prefiere, la personalidad. Y como cada persona es distinta de las demás, sólo al individuo le corresponde expresar lo que le diferencia de los demás. Esto es lo que yo llamo «la apertura del espíritu». Pero no se trata de nada místico. Es solamente una especie de libertad, de libertad organizada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Este libro no conseguirá que nadie trabaje más. Pero espero que ayude a los que deseen escribir a percatarse de lo que ya llevan dentro de sí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Patricia Highsmith&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 1&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El germen de una idea&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Al escribir un libro, a la primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte durante todo el tiempo que te lleve escribir el libro, más adelante también divertirás a los editores y a los lectores.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Toda narración que conste de un principio, una mitad y un final tiene suspense; es de suponer que una narración de suspense se llama así porque tiene más. En el presente libro utilizaré la palabra suspense en el sentido en que se emplea en el mundo editorial: un relato en el que hay una amenaza de violencia y peligro, amenaza que a veces se hace realidad. Otra característica de la narración de suspense es que proporciona una distracción llena de vitalidad y normalmente superficial. En una narración de esta clase el lector no espera encontrar pensamientos profundos o páginas y más páginas sin acción. Pero lo bueno del género de suspense es que el escritor, si así lo desea, puede escribir pensamientos profundos y páginas sin ninguna acción física porque el marco es esencialmente un relato animado. Crimen y castigo es un espléndido ejemplo de ello. De hecho, creo que a la mayoría de los libros de Dostoievski se les llamaría libros de suspense si se publicaran ahora por primera vez. Pero, debido a los costos de producción, los editores le pedirían que los acortase.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Desarrollo del germen de una narración&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;¿En qué consiste el germen de una idea? Probablemente en todo hay el germen de una idea: en un niño que cae sobre la acera y derrama el helado que lleva en la mano; en un señor de aspecto respetable que está en una verdulería y, furtivamente, pero como si no pudiera evitarlo, se mete una pera en el bolsillo sin pagarla; o puede estar en una breve secuencia de acción que se nos ocurre inesperadamente, sin que hayamos visto u oído nada que nos la inspire. La mayoría de mis ideas germinales pertenecen al segundo tipo. Por ejemplo, el germen del argumento de Extraños en un tren fue: «Dos personas acuerdan asesinar a sus enemigos mutuos, lo que les proporcionará una coartada perfecta.» La idea germinal de otro libro, El cuchillo, fue menos prometedora, más difícil de desarrollar, pero la llevé metida en la cabeza durante más de un año y me estuvo importunando hasta que encontré la forma de escribirla. Era la siguiente: «Dos crímenes presentan un parecido sorprendente, aunque las personas que los han cometido no se conocen.» Creo que a muchos escritores no les interesaría esta idea. Es muy sencilla. Necesita que la adornen y la compliquen. En el libro que nació de ella hice que el primer crimen lo cometiera un asesino más o menos frío y que el segundo fuera obra de un aficionado que intenta copiar al primero, porque cree que éste ha quedado impune. De hecho, así habría sido si el segundo hombre no hubiese actuado chapuceramente al imitarle. Y el segundo hombre ni siquiera llega hasta el final, sólo hasta cierto punto, un punto en el que el parecido es lo bastante notable como para llamar la atención de un inspector de policía. Así pues, una idea sencilla puede tener sus variaciones.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Algunas ideas no se desarrollan por sí solas, sino que necesitan la ayuda de una segunda idea. Así ocurrió con la idea original de Ese dulce mal. «Un hombre quiere beneficiarse con el viejo truco del seguro. Primero se hará un seguro de vida, luego aparentará morir o desaparecer y finalmente cobrará el seguro.» Me dije a mí misma que tenía que haber alguna manera de dar a esta idea un sesgo nuevo, haciendo que resultase original y fascinante en un relato poco corriente. Durante varias semanas estuve dándole vueltas. Quería que mi héroe-delincuente se instalase en una casa distinta, bajo un nombre diferente, una casa en la que pudiera vivir permanentemente después de la supuesta muerte de su verdadero ser. Pero la idea no cobraba vida. Un día apareció la segunda idea: en este caso, un móvil mucho mejor que el que yo había imaginado hasta entonces, un móvil amoroso. El hombre estaba creando su segunda casa para la muchacha a la que amaba pero que nunca sería suya. Al hombre no le interesaban el seguro y el dinero, porque dinero ya tenía. Era un hombre obsesionado por su emoción. En mi cuaderno de apuntes, después de todas las notas infructuosas, escribí: «Todo lo que he escrito hasta ahora es una porquería»; y me puse a trabajar de acuerdo con la nueva idea que se me había ocurrido. De pronto todo cobró vida. Fue una sensación espléndida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La imaginación del escritor&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Otro relato que necesitó dos gérmenes para cobrar vida fue La tortuga de agua dulce, una narración breve que ganó un premio de los Mystery Writers of America y que posteriormente fue incluida en una antología. El primer germen nació de algo que me contó una amiga sobre un conocido suyo. Uno no espera que esta clase de relatos sean gérmenes fértiles, ya que no son propios. La historia más apasionante que te cuenta una amiga, con el fatal comentario de «Sé que tú puedes escribir un relato magnífico partiendo de esto», es casi seguro que no valdrá nada para el escritor. Si es un relato, ya lo es.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; No necesita la imaginación de un escritor, cuya imaginación y cerebro lo rechazan artísticamente, del mismo modo que su carne rechazaría un injerto de carne ajena. Una anécdota famosa sobre Henry James cuenta que cuando un amigo empezó a relatarle «una historia», James le hizo callar al cabo de unas cuantas palabras. James ya había oído bastante y prefería dejar el resto a su imaginación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Sin embargo, esta historia: «Una viuda que es dibujante comercial intimida y fastidia a su hijo de diez años, le hace llevar ropa demasiado infantil para su edad, le obliga a alabar y admirar sus dibujos y, en general, está convirtiendo al pequeño en un neurótico atormentado.» Bien, era una historia interesante, y mi madre es dibujante comercial (aunque no se parece a la madre del relato), y la tuve metida en el cerebro durante cosa de un año, aunque nunca sentí el impulso de escribirla. Luego, una tarde, estando en casa de otra persona, hojeando un libro de cocina, vi una receta horrible para preparar estofado de tortuga de agua dulce. La receta para la sopa de tortuga marina no era menos horripilante, pero al menos se empezaba por esperar a que la tortuga sacara la cabeza del caparazón y entonces se le daba un tajo con un cuchillo afilado. Puede que los lectores que opinan que las novelas de misterio empiezan a perder emoción quieran pasar por alto los libros de cocina que tratan de nuestros amigos de plumas y caparazón; un ama de casa necesita tener el corazón de piedra para leer estas recetas, y no digamos para ponerlas en práctica. El método para matar una tortuga de agua dulce consistía en hervirla viva. La palabra «matar» no salía en el libro, ni necesitaba salir, pues, ¿qué podría sobrevivir al agua hirviendo?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En cuanto terminé de leer la receta, me vino a la mente la historia del niño intimidado por su madre. Haría que el relato girase en torno a una tortuga de agua dulce: la madre llega a casa con una tortuga de agua dulce para preparar un estofado. Al principio el pequeño cree que el animalito es para él. Al día siguiente, en la escuela, para darse importancia, le cuenta lo de la tortuga a un compañero y promete enseñársela. Luego, el pequeño presencia la muerte del animalito en agua hirviente y todo el resentimiento reprimido y el odio que su madre le inspira salen a la superficie. La mata en plena noche con el cuchillo de cocina que ella ha utilizado para trinchar la tortuga.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Durante meses, puede que durante más de un año, quise utilizar una alfombra como medio de ocultar un cadáver, una alfombra que quizás alguien lleva a cuestas, a plena luz del día, enrollada, después de salir de casa por la puerta principal. Aparentemente, lleva la alfombra a que la limpien, pero en realidad dentro de ella hay un cadáver. Estaba segura de que esto ya se había hecho. Alguien me había dicho, con razón o sin ella, que la Murder, Inc.1 se valía de este medio para transportar algunos cadáveres de un sitio a otro. Con todo, la idea me interesó y me puse a pensar qué podía hacer para que el tema del cadáver en la alfombra resultase nuevo y divertido. Una solución obvia era hacer que en la alfombra no hubiese ningún cadáver. En este caso, la persona que la transportase tendría que ser sospechosa de asesinato, alguien tendría que verla acarreando la alfombra (quizá de manera furtiva), en pocas palabras, tendría que ser una persona aficionada a gastar bromas. El germen empezaba a dar señales de vida. Lo combiné con otra incipiente idea que tenía sobre un héroe-escritor que se encuentra con que la línea que separa su vida real de los argumentos que imagina es muy tenue y transparente y que a veces confunde un poco ambas cosas. Esta clase de héroe-escritor, me dije, podía ser no sólo divertido —es decir, cómico—, sino también capaz de explorar la esquizofrenia cotidiana, más bien inofensiva, que abunda en todas partes... sí, incluso en ti y en mí. El libro resultante de ambas ideas se tituló Crímenes imaginarios.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Reconocer las ideas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Así pues, los gérmenes de los que nace la idea para un relato pueden ser pequeños o grandes, sencillos o complejos, fragmentarios o bastante completos, quietos o móviles. Lo importante es reconocerlos cuando se presentan. Yo los reconozco gracias a cierta excitación que siento en seguida, una excitación parecida a la que produce un buen poema o una sola línea de un poema. Algunas cosas que parecen ser ideas para un argumento no lo son; no crecen ni permanecen en la mente. Pero el mundo está lleno de ideas germinales. Es realmente imposible quedarse sin ideas, ya que éstas se encuentran en todas partes. Pero hay varias cosas que pueden crear la sensación de no tener ninguna idea. Una de ellas es la fatiga física y mental; debido a las presiones, a algunas personas les cuesta poner remedio a este problema, aunque saben cómo hacerlo y lo harían si pudieran. La mejor manera es dejar de trabajar y de pensar en el trabajo y hacer un viaje, incluso un viaje corto, barato, simplemente para cambiar de escenario. Si no puedes emprender un viaje, sal a dar un paseo. Algunos escritores jóvenes exigen demasiado de sí mismos y en la juventud esto da buenos resultados, hasta cierto punto. Al llegar a dicho punto, el inconsciente se rebela, las palabras se niegan a salir, las ideas se niegan a nacer: el cerebro está exigiendo unas vacaciones, al margen de si es o no es posible tomárselas. El escritor hará bien teniendo un empleo suplementario que le permita ganar algo de dinero, al menos hasta que ya haya escrito suficientes libros como para tener unos ingresos constantes.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Otra causa de esta falta de ideas es que el escritor se vea rodeado de personas que no le convienen, o simplemente personas, sean del tipo que sean. La gente puede ser estimulante, desde luego, y una frase dicha al azar, una anécdota o algo parecido puede poner en marcha la imaginación del escritor. Pero, en la mayoría de los casos, el plano de las relaciones sociales no es el plano sobre el que vuelan las ideas creativas. Es difícil ser receptivo hacia el propio inconsciente cuando se está en un grupo, o incluso con una sola persona, aunque esto último resulta más fácil. Es curioso, pero a veces las personas que nos atraen o de las que estamos enamorados son como una especie de caucho que nos aísla de la chispa de la inspiración. Espero que se me perdonará que pase de las bacterias a la electricidad para describir el proceso creativo. Es difícil describirlo. Tampoco quiero que se me tome por una persona mística cuando hablo de la gente y del efecto que surte en el escritor, pero hay algunas personas, a menudo las más inesperadas —sosas, perezosas, mediocres en todos los sentidos—, que por alguna razón inexplicable estimulan la imaginación. Yo he conocido a muchas. Me gusta verlas y hablar con ellas de vez en cuando, si es posible. No me preocupa que otras personas me pregunten: «¿Se puede saber qué ves en Fulano o Mengano?»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Antenas invisibles&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Nunca he encontrado estimulantes a los otros escritores. A algunos de ellos les he oído decir lo mismo, y no creo que se deba a los celos o a la desconfianza. Tengo entendido que los escritores franceses no suelen opinar igual y que son aficionados a reunirse para hablar de su trabajo. No se me ocurre nada peor o más peligroso que comentar mi trabajo con otro escritor. Me produciría una sensación incómoda, como la de estar desnuda. Que un escritor guarde su trabajo para sí es más bien una actitud anglosajona y norteamericana y es evidente que no puedo librarme de ella. Pienso que el desasosiego mutuo que se producen los escritores nace del hecho de que, de un modo u otro, todos ellos se encuentran en el mismo plano, si escriben obras de ficción. Sus antenas invisibles tratan de captar las mismas vibraciones en el aire o, para utilizar una metáfora más prosaica, nadan unos junto a otros en la misma profundidad, dispuestos a hincar los dientes en el mismo plancton que flota a la deriva. Me llevo mucho mejor con los pintores, y la pintura es el arte que está más íntimamente relacionado con el del escritor. Los pintores están acostumbrados a utilizar los ojos y es bueno que el escritor haga lo mismo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El germen de una idea, aunque sea leve, con frecuencia trae consigo un factor importantísimo para el producto final: el ambiente. Por ejemplo, en el germen de El cuchillo (la similitud de dos crímenes) ya se cernía un ambiente sobre ella, y era un ambiente de pesimismo y derrotismo. Tanto si la hubiera enmarcado en una sociedad rica como en una pobre, con protagonistas jóvenes o viejos, la idea en sí misma es de melancolía, de desespero, de falta de recursos, porque un hombre al que no se le ocurre nada mejor que imitar a otro, en el crimen, es en esencia un hombre sin recursos. Es también un argumento para un protagonista condenado al fracaso y a la tragedia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Un libro mío, Las dos caras de enero, nació de unas ideas germinales especialmente vagas. A pesar de ello, resultó una novela entretenida y logró salir en la lista de libros más vendidos en Inglaterra. El impulso que me llevó a escribirla fue fuerte, pero bastante borroso al principio. Quería escribir un libro sobre un norteamericano joven y andariego (le llamé Rydal) que va en busca de aventuras; no se trataba de un «beatnik», sino de un joven bastante civilizado e inteligente, y tampoco era un delincuente. Y quería escribir el efecto que surte en este personaje el encuentro con un desconocido que se parece mucho a su propio padre, que es un hombre muy dominante. Acababa de hacer un viaje a Grecia y Creta durante el invierno y, por supuesto, me sentía fuertemente impresionada por lo que había visto. Me acordaba de un hotel viejo y húmedo en el que me había alojado durante mi estancia en Atenas, un hotel cuyo servicio no era muy bueno, cuyas alfombras estaban gastadas, en cuyos pasillos se oía hablar una docena de idiomas cada día, y quería utilizar este hotel en mi libro. También quería utilizar el laberíntico palacio de Knossos, que yo había visitado. Durante el viaje me había visto ligeramente estafada por un hombre de mediana edad, un graduado de una de las universidades más estimadas de Norteamérica. Tenía un rostro muy aristocrático pero débil, un rostro que podía bien ser el rostro del estafador de la novela, Chester MacFarland, el hombre que se parecía al padre de Rydal, que era un hombre auténticamente respetable, un catedrático.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Chester está casado con una muchacha muy bonita que tiene la edad del joven norteamericano. Equipada con estos pocos ingredientes, me zambullí de buena gana en un relato de aventuras. Los dos jóvenes se sienten atraídos mutuamente, pero no acaban de embarcarse en una aventura amorosa. La muchacha muere accidentalmente a manos de Chester cuando éste trata de dar muerte a Rydal. A partir de entonces, Chester y Rydal quedan atados el uno al otro por dos e incluso tres fuerzas: una, que Rydal sabe que Chester ha matado a su propia esposa; dos, que Rydal sabe que Chester ha matado a un agente de la policía en Atenas; y tres, que Rydal siente una mezcla de odio y cariño por Chester, porque éste se parece a su padre y porque Rydal es incapaz de dar un paso tan poco deportivo como el de, sencillamente, entregar a Chester a la policía. Por supuesto, las cosas no son tan sencillas en el libro, ya que Chester logra huir y esconderse de Rydal durante un tiempo. Chester huye tanto de Rydal como de la ley. Lo que presenciamos es la desintegración del carácter de Chester y también vemos cómo Rydal aprende a aceptar los sentimientos que le inspira su padre, que le ha tratado con dureza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Recomiendo encarecidamente a los escritores que lleven una libreta para tomar apuntes, pequeña si durante el día tienen algún empleo, grande si pueden permitirse el lujo de quedarse en casa. Incluso vale la pena anotar tres o cuatro palabras si sirven para evocar un pensamiento, una idea o un estado de ánimo. Durante los períodos estériles conviene que el escritor hojee estas libretas. Puede que de pronto alguna idea empiece a moverse. Quizá dos ideas se combinarán la una con la otra porque ya estaban destinadas a hacerlo desde el principio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 2&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Básicamente, sobre la utilización de experiencias &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Tengo la impresión de que hasta aquí he estado dando consejos y haciendo sugerencias que no permiten hacerse una idea de cómo es en realidad escribir un libro. Quizá sea imposible dar tal idea. Además, cada escritor tiene su propia manera de trabajar, de inventar un relato y unos personajes. Sobre todo, lo que hace difícil escribir sobre el arte de escribir es la imposibilidad de establecer reglas. No es mi deseo establecerlas, de modo que lo único que puedo hacer es sugerir formas de abordar un libro. Puede que algunas de ellas sean útiles para algunas personas y puede que otras no ayuden a nadie. El dramaturgo Edward Albee dice que se imagina a sus personajes en una situación que no es la de la obra teatral que tiene en mente, y que si consigue que se comporten de modo apropiado o normal, entonces empieza a escribir la obra. Otro dramaturgo de éxito está furioso contra Aristóteles porque dijo que un relato necesitaba un principio, una parte central y un final. La idea de Albee no me interesa, pero podría interesar a otras personas. Sé lo que quiere decir el segundo dramaturgo: una obra de teatro debería empezar lo más cerca posible del final del argumento. Ésta es una antigua norma del teatro. Cuando escribo libros, me quedo con una solución intermedia, conscientemente, porque he estudiado dramaturgia, y porque me gustan los principios lentos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ímpetu y convicción&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Escribir un libro que tenga éxito significa adquirir cierto ímpetu, cierto impulso y cierta convicción que duren hasta que el libro quede terminado. También he oído decir que algunos escritores escriben primero una escena dramática, una escena que saldrá cuando ya estén escritas las tres partes del libro. ¿Quién soy yo para decir que hacen mal?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Un libro no se escribe de un tirón, como un poema, sino que es algo más largo que requiere tiempo y energía y, como también exige habilidad, tal vez la primera obra o incluso la segunda no encuentren mercado. Si así ocurre, el escritor no debe pensar que es malo o que está acabado y, por supuesto, los escritores con auténtico ímpetu no lo harán. Cada fracaso enseña algo. Debes tener la impresión, como la tienen todos los escritores con experiencia, de que hay más ideas en el lugar de donde salió ésta, más energía en el lugar de donde salió la primera energía, de que eres inagotable mientras vivas. Para esto se necesita como mínimo ser optimista, y si no eres de naturaleza optimista, tienes que creártela artificialmente. A veces uno tiene que persuadirse a sí mismo. Psicológicamente, es bueno que durante un tiempo decente lleves luto por el manuscrito que te han rechazado —es decir, rechazado unas veinte veces, realmente rechazado, no sólo dos o tres veces—, pero el luto no debe durar más que unos cuantos días. Tampoco hay que tirar el manuscrito a la basura, porque puede que dentro de uno o dos años se te ocurra qué hacer exactamente con él para que se venda.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Para tener el ímpetu necesario, esa corriente constante que te permitirá terminar el libro, debes esperar hasta que sientas cómo empieza a surgir la historia. Esto ocurre con lentitud durante el período que se dedica a desarrollar el argumento y no hay que precipitarse, toda vez que se trata de un proceso emocional, una sensación de realización emocional, como si un día le dieran a uno ganas de decirse a sí mismo: «¡Esta narración es realmente magnífica y ardo en deseos de contarla!» Entonces se puede empezar a escribir.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Registro de la experiencia emocional&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; He hablado bastante de argumentos y trucos, pero no lo suficiente de emociones, que desempeñan un papel incluso cuando se escriben narraciones de suspense. Las buenas narraciones cortas se hacen solamente con las emociones del escritor y a menudo sus temas se expresarían igualmente bien en un poema. Aunque un libro de suspense esté totalmente calculado, sea fruto del intelecto, habrá escenas, descripciones de acontecimientos —un perro atropellado por un coche, la sensación de que alguien te sigue por una calle oscura— que probablemente el escritor habrá experimentado en persona. El libro es siempre mejor si contiene experiencias como éstas, de primera mano, realmente sentidas. La función de la libreta de notas consiste en parte en llevar un registro de cosas de este tipo, de experiencias emocionales, aunque en el momento de anotarlas uno no sepa en qué narración o novela saldrán.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Podríamos decir que, por lo que hace al arte de escribir, ésta es la escuela personal en contraposición a la escuela de los trucos. Creo que los trucos proporcionan un entretenimiento endeble y el escritor no pretenderá que diviertan a los lectores inteligentes. Los trucos pueden inventarlos muchas personas que ni escriben ni desean escribir. Son sencillamente ideas ingeniosas que por sí mismas no tienen nada que ver con la literatura, ni siquiera con la buena prosa narrativa, como tampoco tienen nada que ver con ésta las bromas. Algunos trucos consisten en una sorpresa final; otros, en un detalle de medicina o química que el lector no iniciado desconoce y que traiciona o beneficia al protagonista. Otro tipo de truco consiste en ocultarle información al lector, de un modo arbitrario e injusto, hasta el final del relato o del libro. Hay personas que no escriben muy bien pero que son capaces de adornar estos trucos con un poco de prosa y venderlos como narraciones breves. Se publican en diversas revistas mensuales muchas narraciones de suspense de segunda o tercera categoría. No contribuyen demasiado al prestigio del género de suspense y misterio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Llevando a la práctica la teoría de que todos los relatos buenos tienen suspense, la Ellery Queen's Mystery Magazine publica cada vez más narraciones de calidad, es decir, relatos de misterio que tienen suspense y que son entretenidos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Hace poco me llevé una sorpresa cuando la citada revista adquirió un cuento mío titulado Otro puente por cruzar. Lo escribí un fin de semana en Roma, para romper la monotonía de escribir La celda de cristal, novela en la que trabajaba los días laborables. El cuento se basaba en: 1) la audición de una canción lenta interpretada a la guitarra en un gramófono en Positano, una canción con una línea melódica larga que yo no había oído antes ni he vuelto a oír después; 2) el comentario de un amigo mío sociólogo, de Roma, a propósito de que muchos italianos pobres se suicidan porque, si mueren, el Estado concede una pequeña pensión a sus viudas y huérfanos. Ambas cosas me impresionaron y conmovieron. La canción se me quedó grabada, recordándome el sur de Italia y las playas mediterráneas. En todo caso, en mi piso de Roma, casi enloquecida por la falta de sueño, ya que las únicas horas razonablemente silenciosas en mi barrio eran las que van de las cinco a las siete de la mañana, empecé a escribir un relato por gusto, sin que me importara llegar a venderlo o no.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El cuento trata de un norteamericano de mediana edad llamado Merrick que viaja solo por Europa para intentar sobreponerse al dolor que le ha ocasionado la muerte de su esposa. Empieza cuando el hombre viaja en un coche con chófer por la costa occidental de la Riviera. Un hombre, situado en un puente que cruza la carretera, se mata arrojándose al vacío momentos después de que por debajo pase el coche de Merrick. Más adelante, ya instalado en un hotel de Positano, Merrick lee la noticia del suicidio en un periódico y manda anónimamente un giro postal, por una elevada suma, a la viuda del suicida, ya que éste es uno de los pobres que se quitan la vida para proporcionar un poco de dinero a su hambrienta familia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Mientras tanto, Merrick traba conocimiento con un pillete callejero al que invita a cenar en su hotel y, durante la velada, el chiquillo roba el monedero de una acaudalada norteamericana. El giro postal le es devuelto a Merrick sin abrir porque la viuda italiana, impulsada por el dolor, se ha quitado la vida después de dar muerte a sus hijos. De esta manera, Merrick ve cómo se le devuelven y arrojan a la cara sus dos callados pero desesperados intentos de comunicarse de nuevo con la raza humana por medio de la amistad y la bondad. Lo ocurrido le sume aún más en el mundo melancólico, solitario, envuelto en brumas, que lleva dentro de sí, un mundo compuesto por los recuerdos de un pasado más feliz que Merrick es incapaz de poner en relación con el presente. Pasa horas y horas sentado en el jardín del hotel. De alguna parte le llega el son de una guitarra que interpreta una canción de larga línea melódica que recuerda a Merrick la canción que él y su esposa oyeron durante su luna de miel en Amalfi. Finalmente, el gerente del hotel avisa a un médico, pues se ha dado cuenta de que Merrick no está bien de la cabeza, y el norteamericano se obliga a sí mismo a desplazarse de una ciudad a otra para seguir el viaje hacia el norte, como tenía planeado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Merrick es un hombre envuelto por la niebla, una niebla que cada vez es más espesa. Este es un cuento trágico, no podríamos decir que es un relato de suspense, y en él no hay acción violenta, excepto el suicidio desde el puente al principio. Es una narración escrita a partir de mis propias emociones, y porque quería escribirla. Se la mandé a mi agente con una nota que decía: «No se me ocurre ningún mercado para esto, pero quizás a ti sí se te ocurra.» La Ellery Queen's Mystery Magazine la publicó. 2&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El comienzo de una narración&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Durante parte del tiempo que empleé en escribir Mar de fondo viví en un modesto primer piso de la calle Cincuenta y seis Este de Manhattan, y en mi ventana de atrás había una salida de incendios con una escalera que bajaba hasta el suelo, unos tres metros más abajo. Un día, poco después de instalarme en el piso, al entrar en él, me encontré a cinco o seis chiquillos, de unos quince años y menos, inclinados ante mis libros y mis cajas de pintura, que aún no había guardado. Pasaron disparados por mi lado y salieron por la puerta. Había dejado la ventana ligeramente abierta y los chiquillos se habían colado por ella después de subir por la escalera de incendios. Limpié con aguarrás las manchas que habían dejado en una de mis maletas. Fue una experiencia inquietante. Otro día, me encontraba trabajando ante mi escritorio cuando oí chillidos y gritos y pies que corrían estrepitosamente sobre una superficie de hierro. Los chiquillos se habían enzarzado en una batalla campal en la salida de incendios, a dos metros escasos de donde yo estaba sentada. Distraídamente emprendí la retirada y al cabo de unos segundos me eché a reír al ver que me encontraba en el rincón más alejado de la habitación, como una rata asustada, y con el ceño todavía fruncido a causa de la concentración que me exigía redactar la segunda mitad de una frase que estaba en la máquina de escribir, al otro lado de la habitación.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; No entiendo a la gente que es aficionada a armar ruido; por consiguiente, me da miedo y, como me da miedo, la odio. En un círculo vicioso de índole emocional. En aquella ocasión el corazón me latía con fuerza, de una manera absurda, y esperé hasta que los críos decidieron marcharse, pues me sentía demasiado cobarde para decirles algo. Ciertamente, a esto podría llamarlo una «experiencia emocional».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Varios meses después, el incidente me inspiró y escribí una historia corta titulada Los bárbaros. Un arquitecto joven y sobrecargado de trabajo se ve atormentado por el ruido de unos chicos que todos los sábados y domingos por la tarde juegan al fútbol en un descampado que hay bajo su ventana. Cada vez que el arquitecto les pide que hagan menos ruido, los jugadores le responden con burlas e insultos y el arquitecto llega a tal punto de desesperación que arroja una piedra de unos tres kilos a la cabeza de uno de los jugadores. El arquitecto se esconde. Los jugadores se llevan a su compañero herido, pero al día siguiente éste vuelve con la cabeza vendada y sigue jugando. Pero no se presenta la policía. A partir de aquel momento el arquitecto es víctima de la hostilidad de los jugadores: al volver del trabajo se encuentra los cristales rotos; alguien mete goma de mascar en su cerradura; y una noche dos de los jugadores le propinan una paliza, aunque no muy fuerte. El arquitecto teme pedir ayuda a la policía, debido a que lo que él hizo es más grave que las jugarretas de los jugadores. El relato terminaba sin que la situación quedase resuelta. Al principio no encontré a nadie que quisiera comprarlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Decidí ampliarlo pensando en su adaptación al cine y haciendo que la acción transcurriese en Italia. También hice que el jugador herido muriese a causa de la fractura del cráneo. La versión oficial de lo ocurrido era que se había tratado de un accidente: el jugador había ido a dar de cabeza contra una pared. El grupo de deportistas quiere reservarse al arquitecto como presa especial, sin que intervenga la policía. El arquitecto sabe que el jugador herido ha muerto y teme meter a la policía en el asunto. Un vecino le ha visto tirar la piedra y empieza a chantajearle, de un modo amable pero eficaz. El arquitecto no tiene más remedio que pagarle. Cuando el arquitecto se casa, su joven esposa también se ve acosada. Se da cuenta de que en casa falta dinero y el arquitecto se ve obligado a contarle la horrible verdad. Ella le aconseja que deje de pagar al chantajista, pues éste, según ella, jamás acudirá a la policía. Efectivamente, el arquitecto se niega a efectuar el siguiente pago y el chantajista echa a andar hacia la comisaría. La escena es observada por uno o dos de los jugadores, que siempre están al acecho, y se dan cuenta exactamente de lo que está sucediendo. Es su última oportunidad de vengarse del arquitecto antes de que la policía intervenga en el asunto, de modo que le rodean, le hacen entrar a empujones en un callejón y le asesinan&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Esta narración interesó a un director de cine italiano, aunque no acabó de decidirse a comprarla. Los bárbaros se publicó por primera vez en francés, en una antología de narraciones cortas de varios autores. Más adelante se incluyó en mi libro de relatos breves titulado El observador de caracoles. Lo he contado aquí como ejemplo de lo que puede hacerse con las pequeñas experiencias personales que implican emociones. Es divertido dejar que la imaginación juegue con incidentes como, por ejemplo, una canción que se oye a lo lejos, un piso invadido, etcétera, y ver qué sale de ellos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Otras experiencias son más apacibles. Mi abuela murió hace varios años. Yo la quería mucho y ella fue la principal encargada de mi educación hasta que cumplí seis años, ya que mi madre estaba atareada con su trabajo. Mi abuela y yo nos parecíamos poco o nada, aunque, por supuesto, ella me dio parte de mis huesos y mi sangre y nuestras manos se parecían un poco. No hace mucho me fijé casualmente en un zapato mío que estaba casi gastado y que había adquirido la forma de mi pie, y vi en él la forma o la expresión del pie de mi abuela, tal como lo recordaba por las zapatillas que llevaba en casa y los zapatos negros de tacón bajo que se ponía para salir. Me acordé de cuando visité a mi abuela en Texas a los dieciséis años, en el intervalo entre el instituto y la universidad, y fuimos a ver la película basada en «El sueño de una noche de verano».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Mi abuela padeció cataratas durante sus últimos años (murió cuando yo tenía treinta y cuatro), pero ello jamás le privó de disfrutar de la vida ni de interesarse por los libros, el teatro y el cine, hacer bordados y colchas y cuidar el jardín y el huerto. Recuerdo lo contenta que me sentía aquella noche cuando cruzábamos la ciudad en un taxi para ir a ver El sueño de una noche de verano en un cine muy grande pero alejado, ya que la película no era lo bastante popular como para ser exhibida en los cines del centro de Fort Worth. Recuerdo que mi abuela se asió con fuerza a mi brazo mientras nos dirigíamos a nuestras localidades y que palpaba el suelo con los pies, aunque yo le avisaba cuando había algún escalón. Seguimos avanzando sin ningún problema, pese a que mi abuela ya concentraba su atención en lo que aparecía en la pantalla, ya fuera un noticiario o una película de dibujos animados. Aquella noche pensé: «Mendelssohn no era mayor que yo cuando escribió esa obertura. ¡Todo un genio!» Y mi corazón aquella noche estaba repleto de cosas buenas. Cuando vi el zapato viejo, veinte años después, derramé mis primeras lágrimas de verdad por mi abuela, por primera vez fui consciente de su muerte, de su larga vida, de su ausencia actual, y comprendí que algún día también yo moriría.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Emociones positivas o negativas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;De emociones como éstas nacen las buenas narraciones cortas, aunque nunca escribí ninguna sobre este asunto. Si alguna vez escribo algo sobre mi abuela, tendrá que ser muy bueno o no lo escribiré. Crear a partir de emociones positivas, afectuosas, me resulta mucho más fácil que hacerlo partiendo de emociones negativas y odiosas. Los celos, aunque son poderosos, no me sirven de nada y a lo que más se parecen es al cáncer, que va devorando sin dar nada. Por otra parte, ya veis lo que hizo Shakespeare con Otelo, o, mejor dicho, lo que hizo Giraldi Cinthio antes de Shakespeare, aunque fue éste quien dio cuerpo al argumento, ya que, según se dice, los personajes de Cinthio sólo estaban «débilmente indicados».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; La inmensa mayoría de las personas son capaces de vivir experiencias emocionales de esta clase, tanto grandes como pequeñas. El escritor aprovechará incluso las más insignificantes, si es posible. A estas experiencias también se las podría denominar golpes emocionales de uno u otro tipo, y sabe Dios que no siempre son agradables. Las vivimos desde la cuna hasta la sepultura. Algunas personas se construyen un caparazón para protegerse de los diversos golpes. En algunas personas esto podría considerarse decoro o corrección y a menudo va acompañado de la capacidad de desdeñar un insulto o infligirlo sin piedad, de la capacidad de ocultar, destruir u olvidar una emoción si se considera que no está bien sentirla. Con la práctica, estas personas pueden volverse casi inmunes a cualquier emoción.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Para sentir una emoción no es necesario demostrarla, por supuesto, y, de hecho, si la demostramos puede que se pierda una pequeña parte de ella, desde el punto de vista creativo. Pero entre los que disimulan es frecuente que se emita un juicio moral automáticamente y el impacto de la emoción pasa de largo, por así decirlo. Las personas creativas no hacen juicios morales —al menos no los hacen en el acto— sobre lo que se presenta a sus ojos. Hay tiempo para ello después, en lo que crearán, si tienen esa inclinación, pero el arte en esencia no tiene nada que ver con la moral, los convencionalismos y los sermones.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Otro tipo de protección es la ceguera o indiferencia adquirida que se encuentra, por ejemplo, en algunas personas que trabajan en granjas o en comunidades pobres donde la muerte es cosa de todos los días. Obviamente, la vida resulta más fácil si no se cobra afecto por un animal al que tendrás que matar tú mismo dentro de seis meses o no se piensa en ello, y si no se piensa en el dolor del hambre y el frío y la muerte, si estas cosas van a sacudirte durante todo el día.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Receptividad y conciencia&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La mayoría de las personas distan mucho de estos dos extremos de autoprotección. Los artistas que nacen en el seno de una familia de uno u otro de estos dos tipos pueden liberarse de estas pautas. Robert Burns nunca dejó de ser agricultor, pero era un agricultor que se disgustó tanto al destruir con el arado la madriguera de un ratón, que se sintió impulsado a escribir un poema sobre ello. Por su propia naturaleza, los escritores y los pintores tienen un caparazón protector muy pequeño y durante toda la vida tratan de desprenderse de él, ya que los diversos golpes e impresiones que recibirán son el material que necesitan para crear sus obras. Esta receptividad, esta conciencia de la vida, es el ideal del artista y predomina sobre todas sus actividades y actitudes; por esto, desde el punto de vista sociológico, se dice que las personas creativas no pertenecen a ninguna clase determinada. Porque son iguales y se comprenden unos a otros en esta cuestión fundamental, se relacionan con facilidad, sin que importe su origen social.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 3&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El relato breve de suspense&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El relato breve de suspense y la narración de misterio detectivesca han sido ávidamente leídos desde los tiempos de Edgar Allan Poe. Recientemente incluso se ha podido leer uno de ellos en una revista literaria, lo que viene a demostrar que si un relato es bueno y entretenido, cualquier persona puede disfrutar con él: tanto el intelectual como el aficionado al misterio y al suspense. Para los escritores de imaginación fértil escribir relatos cortos de suspense es un medio espléndido de ensanchar su campo e incrementar sus ingresos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Comparado con la novela...&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Empezando por lo básico, ¿cuál es la diferencia entre un relato breve de suspense y una novela de suspense? Generalmente, aunque no siempre, la novela de suspense abarca un período de tiempo más largo: la naturaleza del germen de la idea lo hace necesario. Además, en la novela suele producirse un cambio drástico en el héroe o la heroína: su carácter evoluciona, cambia, mejora o se viene abajo. Probablemente hay más cambios de escenario. El argumento es más largo: el clímax o los clímax no pueden alcanzarse partiendo del trampolín de una única escena. Hay tiempo para cambiar el ambiente y el ritmo de la narración. Hay lugar para más de un punto de vista. Todas estas posibilidades de la novela de suspense no están necesariamente presentes en cada obra de este género, y, de hecho, sólo deben estarlo cuando viene al caso y cuando contribuyen al argumento y a lo que el autor quiere decir. No son ingredientes esenciales, sino sólo características.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El germen del relato corto de suspense puede nacer del más tenue de los hechos, acontecimientos o posibilidades: por ejemplo, que la lluvia borre importantes huellas dactilares de una copa de cóctel que alguien ha dejado en la terraza. El relato breve de suspense puede tener sólo una escena y ocurrir en cinco minutos o menos. Puede basarse en una situación o incidente emocional —por ejemplo, la persecución (por un solo hombre) de un animal misterioso que tiene horrorizada a la región y que sólo un hombre, el héroe, tiene el valor de perseguir. El relato corto de suspense (al igual que muchos cuentos policiacos) puede basarse en un truco, una forma ingeniosa de escapar (de algún lugar), o en alguna información que sólo conocen los médicos, los abogados o los astronautas y que sorprenderá y divertirá al lector no iniciado. A menudo los detalles poco corrientes que el escritor encuentra al hojear un libro técnico pueden ser el núcleo de un relato que se venderá bien y proporcionará unos cuantos minutos de distracción al lector. Obviamente, esto es lo contrario de usar las emociones o la inspiración para crear un relato, ya que la información suelta, el detalle curioso, es percibido por los ojos y no tiene una relación inmediata con los personajes que van a utilizarla. Estos gérmenes están en potencia y no cobran vida hasta que los personajes se la dan. No tengo muy buena opinión de este tipo de narraciones (ni sé quién la tiene), pero de vez en cuando he escrito alguna porque se me ha ocurrido una idea divertida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Por ejemplo, las huellas dactilares que la lluvia borra de una copa de cóctel. En una novela larga esto podría ser una cuestión seria en alguna parte de la trama, pero yo no estaba escribiendo ninguna novela larga cuando se me ocurrió. Lo vi únicamente como una posible narración corta y como algo que un asesino nervioso no podía impedir, ya que no le era posible llegar a la terraza. Mi narración se tituló «You can´t depend on anybody» y se publicó en la Ellery Queen's Mystery Magazine. Un actor de mediana edad, celoso y fracasado, procura que el asesinato de su amante (cometido por él mismo) parezca obra del nuevo amor de la víctima. Las huellas dactilares del hombre que le ha quitado a su amante están en una de las copas que hay en la terraza. El actor de mediana edad espera con impaciencia el momento en que el portero del edificio, la policía, un amigo o quién sea abra el piso y encuentre el cadáver, pero transcurren tres días. El hombre no consigue alarmar al portero lo suficiente para que abra el piso. Cae un fuerte chaparrón y las huellas dactilares desaparecen. El actor está atrapado, ya que ha colocado cuidadosamente en el cadáver un brazalete de plata que su amante solía llevar y que él creyó que la haría parecer más natural. En el brazalete están sus huellas dactilares. Lo entretenido del relato son los esfuerzos que hace el actor por combatir la conocida renuencia de los neoyorquinos a invadir un piso ajeno, por muy silencioso que esté. «Uno puede llevar varios días muerto allí dentro sin que nadie se entere», etcétera.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Una narración mejor, que también contiene una trampa para el héroe como sorpresa final es Man in hiding, de Vincent Starrett, publicada en la Ellery Queen's Mystery Magazine. Un médico ha matado a su esposa. Dos meses antes del asesinato, utilizando un nombre falso, ha alquilado una oficina desde donde se propone instalar un negocio de libros raros. Todo esto lo hace para ocultarse hasta el momento en que pueda reunirse con Gloria, su amante, en París. El médico está nerviosísimo, aunque todas las cosas le van saliendo bastante bien. En el edificio donde tiene la oficina hay una agencia de detectives y el médico empieza a mostrarse muy suspicaz. Tiene la sensación de que los detectives le están vigilando. El médico ha conocido a una muchacha que tiene un comercio de antigüedades en el edificio. En la sala de recepción de la muchacha hay una voluminosa arca española. Al médico se le ha ocurrido que el arca sería un buen escondite en el caso de que la policía penetrase en su oficina. El señor Starrett mejora el suspense haciendo que el médico escape por los pelos en dos ocasiones al cruzarse en la calle con antiguos pacientes suyos. Un día, la policía le hace una visita. El médico tiene el tiempo justo de meterse en la tienda de antigüedades y, sin que nadie le vea, ocultarse en el arca, que queda cerrada herméticamente. El lector sabe que la policía sólo pretende venderle entradas para una función benéfica. Y el lector sabe también que la chica de la tienda de antigüedades piensa abrir la vieja arca algún día, cuando se decida a hacerlo, pero que aún pasará mucho tiempo hasta que lo haga. Contado por un escritor incompetente, este relato podría ser muy malo. Vincent Starrett le ha sacado el máximo provecho, lo ha escrito bien, de modo convincente y también breve, en dos mil palabras más o menos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En el mismo número de la Ellery Queen's Mystery Magazine aparece una narración «con truco» bastante buena: Murder after death, de Cornell Woolrich. El truco consiste en que una inyección que se aplica a un cadáver no se extiende, ya que el sistema circulatorio ya no funciona. Para este truco el señor Woolrich ha montado un andamiaje complejo pero bastante entretenido y creíble: un estudiante de medicina que ha sido expulsado de la facultad se enfurece porque su novia se ha casado con otro. Su amada muere a causa de un resfriado que se complica con una neumonía. El estudiante desea culpar de ello al joven marido de la difunta, de modo que se presenta en la funeraria e inyecta un veneno en el cadáver. Después se las arregla para introducir una ampolla del mismo veneno en la habitación del hotel donde se aloja el abatido viudo. Seguidamente, valiéndose de cartas anónimas, hace correr la noticia de que la muchacha ha sido asesinada. Está convencido de que se exhumará el cadáver y el viudo será acusado de asesinato, pero el viudo se suicida y frustra los deseos de venganza del estudiante. Además, un examen médico revela que el veneno fue inyectado después de producirse la muerte. La historia se ve reforzada por la introducción del joven viudo como personaje importante y atractivo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Hojeando una colección de relatos policiacos, me sorprendió y deprimió un poco ver qué pocos eran los que recordaba después de haberlos leído un año antes. Del que más me acordaba era de The cattywampus, de Borden Deal, que cuenta la historia de un cazador que acepta el desafío de perseguir con un rifle a una bestia extraña que está sembrando el terror en la comarca. El cazador descubre con asombro que la bestia es un oso enorme y viejo, marcado por las peleas y los incendios forestales, sin garras e incapaz hasta de atrapar peces para alimentarse. Empujado por la lástima, da muerte al animal. El relato es serio y conmovedor del principio al fin, pero es el final lo que le da valor y lo hace memorable:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«...Volvería al valle y les diría, para que se les quitase el miedo, que había matado al animal extraño.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero también les diría que su cuerpo había caído al río y que no había conseguido identificarlo. Porque ahora sabía algo. La humanidad necesita sus animales extraños, sus mitos y leyendas y cuentos antiguos, de modo que el hombre pueda exteriorizar sus temores y combatirlos con su valor y su esperanza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; »Porque el hombre es el más extraño de todos los animales.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Podríamos decir que el fragmento que he citado es un comentario del escritor. No es necesario para la acción, pero es un pensamiento. Da al relato una dignidad y una importancia que no tendría sin él. Es la clase de pensamiento que podría tener un poeta que escribiese un poema basado en este relato, pero en este pensamiento no hay nada poético: es sencillamente inteligente. Y, para mí, esto es lo que hizo que este relato destacase de entre otros dieciséis que tan sólo eran entretenidos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; A lo largo de los años, la Ellery Queen's Mystery Magazine ha sido un buen mercado para mí. Los relatos que publica no son exclusivamente de misterio y suspense, sino que con frecuencia no son más que relatos, buenos relatos. El hecho de que la citada revista siga publicándose es como un rayo de luz en un período en el que tantas revistas de calidad han desaparecido o se encuentran en una situación precaria.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La novela «rápida»&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La novela corta de suspense ocupa un lugar entre el relato breve y la novela, en lo que se refiere a las características de ambas antes mencionadas. En la novela corta hay espacio, tanto que cabría llamarla novela «rápida» o novela simplificada. Me refiero a las novelas de ochenta páginas o veinte mil palabras. Algunas revistas llaman «novela corta» a doce mil palabras, pero se trata de una categoría que, en lo que respecta al número de palabras, nunca ha sido definida estrictamente. Cuando uno se propone escribir algo para una revista, conviene que antes se asegure de la longitud exacta que debe tener el relato. Si se le coge el tranquillo, el mercado de las revistas es muy rentable. A menudo, el precio de una novela corta, de ochenta páginas, puede superar al adelanto que pagan por una novela de suspense de longitud normal. Pero, a mi modo de ver, una novela corta hay que pensarla tanto como una novela de extensión normal. Puede que en la novela corta no haya gran cantidad de prosa, pero el cambio de carácter y de personajes, los cambios de escenario y de punto de vista sí pueden aparecer en ella. La acción tiene que ser más rápida que la de una novela, lo que significa que la novela corta contendrá la misma cantidad de acción, pero narrada de una forma más breve.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Una vez me pidieron que intentase escribir un original de ochenta páginas para Cosmopolitan. Nunca había tratado de crear algo de esta manera, por encargo, por así decirlo, pero decidí probar suerte, cogí lápiz y papel, me senté y empecé a estrujarme el cerebro en busca de una idea. Se me ocurrieron dos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;1)&lt;/strong&gt; Un matrimonio pasa las vacaciones en México. La esposa quiere librarse del pasado de su marido, de modo que le dice que «dé otro paso hacia atrás» cuando él se encuentra al borde de un precipicio, disponiéndose a fotografiarla. Finalmente ella misma tiene que darle un empujoncito y en aquel mismo momento la cámara se dispara y cae junto con el marido a un precipicio tan profundo que sólo las «autoridades» pueden llegar al fondo. La cámara ha registrado la fechoría. Este relato, del que aquí hago una sinopsis, era mucho más complicado y no tan malo como parece aquí, pero, a pesar de ello, me lo rechazaron.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;2)&lt;/strong&gt; Una pareja de recién casados —ella es rica— pasa la luna de miel en una casa de campo propiedad de la familia de la esposa. El marido se entiende con otra chica y proyecta matar a su mujer para quedarse con su dinero y casarse con la amiguita. La esposa, que es del género asustadizo, cree que desaparecen alimentos de la cocina y oye voces en la bodega. Cuando el marido baja a investigar, encuentra escondido en ella a un fugitivo de la justicia. Inmediatamente comprende que puede aprovecharse del fugitivo; promete no delatarle y procurarle algo de comer. Luego sube y le dice a su mujer que en la bodega no hay nada, que los ruidos son cosa de su imaginación. La situación se prolonga unos días. El marido traza un plan con el fugitivo: éste simulará que roba en la casa de campo y el marido (fingiendo que ha perdido el conocimiento a causa de un golpe) le permitirá salir y fugarse en su coche. En realidad, el marido tiene el propósito de matar a su mujer y echarle la culpa al fugitivo. La esposa descubre al hombre en la bodega y éste le revela el plan del marido. Entonces ella y el fugitivo traman un plan contra el marido, devolviéndole así la pelota.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Esta sinopsis también fue recibida fríamente por Cosmopolitan y no llegó a convertirse en una novela corta, pero fue comprada para la televisión y realizada en los Estados Unidos. Más tarde, en Inglaterra, la BBC vio el viejo guión, le gustó y lo compró, pero tuve que reescribirlo por completo para que fuera más moderno y sutil. La moraleja de esta anécdota es: no tires nunca un relato que tenga un buen argumento, aunque sea en sinopsis. El relato pasa a ser de suspense en cuanto nos enteramos de que la pareja está sola en una casa de campo y que él se propone matar a su mujer. Pero la sorpresa de encontrar un delincuente en la bodega, un hombre violento al que el marido decide proteger, es lo que hace que el relato sea bueno, puesto que aumenta tremendamente el suspense. Sin ello, sería una narración de violencia en potencia, como tantas otras.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los novelistas —la mayoría de ellos— tienen muchas ideas que son breves e insignificantes, que no pueden ni deben convertirse en libros. Con ellas pueden escribirse relatos cortos buenos y hasta estupendos. Algunos son de índole fantástica, con intervención de máquinas del tiempo, fenómenos sobrenaturales, etcétera. Quizás un escritor no lograría distraerse o distraer al lector a lo largo de doscientas cuarenta páginas de fantasías parecidas, pero diez páginas agradan a todo el mundo. Sé de novelistas que tiran a la papelera, por así decirlo, ideas para relatos breves, sin molestarse siquiera en anotarlas. Creo que en este sentido los novelistas de suspense no son tan quisquillosos y suelen tener una imaginación más flexible que los demás novelistas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Toma nota de todas estas ideas. Es sorprendente ver cuán a menudo una frase anotada en una libreta conduce inmediatamente a otra frase. Puede ocurrir que se desarrolle un argumento a medida que vas tomando notas. Cierra la libreta y piensa en ello durante unos días y luego, ¡manos a la obra!: estarás preparado para escribir una narración corta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 4&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Desarrollo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Al decir desarrollo me refiero al proceso que debe tener lugar entre el germen de una narración y la preparación detallada de su argumento. Y eso es mucho. En mi caso puede durar de seis semanas a tres años, no tres años de trabajo constante, sino de «cocción» lenta mientras trabajo en otras cosas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; La idea tiene que ampliarse con personajes, con un marco, con un ambiente. Tienes que saber cómo son estos personajes, cómo visten y hablan, incluso debes conocer su infancia, aunque no siempre debe hablarse de ella en el libro. De lo que se trata es de vivir con los personajes y en su marco durante un tiempo antes de escribir la primera palabra. El marco y las personas deben verse tan claramente como una fotografía, sin puntos borrosos. Además de esta tarea formidable, hay que pensar en los temas y en las pautas de la acción, jugar con ellas, combinarlas para sacarles el máximo partido. Al escribir esto, recuerdo las vagas recetas de los alquimistas de antaño: «Remuévase la olla diez veces hacia la derecha, cinco veces hacia la izquierda, pero sólo si la Luna de primavera está en su máxima altitud, y sólo si una nube negra y tenue, con forma de cola de gato, cruza la cara de la Luna de derecha a izquierda», etcétera. ¿Cuál es la máxima altitud de la Luna? ¿En qué mes de la primavera? ¿Cómo se mejora un argumento?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Hay que «espesar» el argumento&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Mejorar o «espesar» un argumento consiste en crearle complicaciones al héroe o quizás a sus enemigos. Estas complicaciones surten un mayor efecto cuando cobran la forma de acontecimientos inesperados. Si el escritor es capaz de «espesar» el argumento y sorprender al lector, lógicamente la trama mejora. Pero no siempre se puede crear un buen libro mediante la pura lógica. Algunos argumentos excelentes son muy sencillos: por ejemplo, uno basado directamente en una huida y una persecución, u otro que consista meramente en la historia de una mujer que no acaba de sentirse capaz de asesinar a su marido, aunque lo desea; una historia de indecisión. Este esqueleto de «indecisión» es la encarnación de la sencillez. No ocurre literalmente nada y, pese a ello, en el curso del relato podrías —sólo podrías— amontonar una complicación sobre otra: llegan personas inesperadas que interrumpen a la asesina, la carta de un familiar despierta temores de castigo eterno si llega a cometer el asesinato. Hay aquí lugar para la tragedia y la comedia, como lo hay en casi todos los argumentos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; No puedo dar ningún consejo, o no me atrevo a darlo, sobre el problema de si concentrarse en los personajes o en el argumento mientras se desarrolla la idea para un relato. Yo me he concentrado en una de las dos cosas, o en ambas. Lo más frecuente es que se me ocurra un poco de acción, sin personajes relacionados con ella, que constituirá el centro o el clímax, a veces el principio, de mi narración. Obviamente, a veces un personaje lleno de peculiaridades dará, debido precisamente a sus peculiaridades, acción inicial a la trama. En otras ocasiones es igualmente obvio que una situación poco corriente debe llevar a otras de la misma índole —esto es, a un avance en la acción— y luego el personaje o los personajes no son tan «importantes» para el avance del argumento. Al idear un argumento puede permitirse que éste o el personaje lleven la iniciativa y no veo motivo para considerar que uno de los dos métodos sea superior o inferior al otro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; De vez en cuando utilizo un personaje «de la vida real», en el sentido de que empleo el aspecto físico de alguna persona a la que he conocido. Nunca he utilizado tanto el aspecto físico como la personalidad de un conocido, pero con frecuencia he empleado el aspecto con una personalidad diferente. Hay dos razones para ello: una, me daría mucha vergüenza utilizar tanto el aspecto como la personalidad de alguien o escribir su retrato literal; y dos, trato a muchas personas cuyos rostros se aprenden en seguida pero cuyo carácter no es fácil llegar a conocer profundamente. Y, naturalmente, el carácter interno que se necesita para un libro no suele encontrarse ya hecho en la vida real.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Me imagino que la mayoría de los escritores de suspense empiezan con el germen de una idea consistente en un poco de acción y, generalmente, esto tiene un marco: el mundo financiero de Nueva York; un barco en alta mar; una ciudad provinciana en Norteamérica; un campamento de leñadores; el cuartel general del servicio de espionaje del gobierno. El marco gobierna en gran medida el tipo de personajes que utilizarás. Pero la narración podría mejorar si se utilizara un personaje que no fuera nada típico del marco en cuestión, que no fuera la clase de persona que uno esperaría encontrar en tal ambiente. Las incongruencias tienen un límite que debe respetarse, pero el resultado, si lo hay, es más interesante de lo normal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Echemos un vistazo al desarrollo de Crímenes imaginarios a partir de dos gérmenes arguméntales borrosos como son el cadáver en la alfombra y el héroe-escritor que confunde sus argumentos con la vida real. Después de decidir que combinaría estas dos ideas, el libro tuvo un período de gestación de sólo cinco o seis semanas y lo escribí en cuatro meses, período que por su brevedad es todo un récord para mí. Como había vivido en Suffolk (Inglaterra), quería utilizar este paisaje y este ambiente nuevos para mí y hacer que la acción del libro transcurriese allí. Escribir sobre los ingleses no me resulta tan cómodo como escribir sobre los norteamericanos, de modo que decidí que el protagonista sería un joven norteamericano casado con una chica inglesa y que, al igual que yo, vivía en el campo. Y como me interesaba mostrar de una manera divertida la esquizofrenia cotidiana que padecía el norteamericano, hice que fuera un novelista que trata de escribir para la televisión, por lo que tiene la cabeza llena de episodios de una serie televisiva titulada «El Látigo», serie que él ha concebido y trata de vender.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Preguntas cruciales&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al empezar a desarrollar un argumento, el escritor debe hacerse estas preguntas cruciales: ¿Cómo saldrá el héroe de esta peripecia: vencedor o vencido? ¿El ambiente será de comedia, de tragedia o una mezcla de ambas cosas? ¿O se trata de relatar los acontecimientos sin mostrar emoción alguna para que el lector saque de ello la conclusión que más le apetezca? La prosa debe tener un ambiente, como también debe tenerlo un escenario físico. Mi protagonista, Sydney, no acabaría exactamente como vencedor, pero, ciertamente, tampoco como víctima o vencido. El tono sería ligero. Sydney no sería castigado ni atrapado y, de hecho, me pareció interesante que no cometiese ningún crimen, sólo que fuera sospechoso de uno o dos. El libro no acabó de resultar de esta manera. Sydney acaba cometiendo un curioso asesinato, que él considera como una «suspensión temporal de la misericordia» por su parte. Mata al amante de su esposa obligándole a ingerir una sobredosis de somníferos. Pero sobre Sydney sólo recaen leves sospechas sin que pueda demostrarse nada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En pocas palabras, el argumento es: Alicia, la esposa de Sydney, se traslada por segunda vez a Brighton con la intención de pasar unos días allí, «para cambiar de aires», y, al día siguiente de su partida, Sydney pone en práctica una idea que acaricia desde hace mucho tiempo. Finge que el día antes empujó a Alicia escaleras abajo y al amanecer saca una alfombra enrollada por la puerta de atrás, la mete en su coche y la entierra en el bosque. Piensa que algún día, cuando esté escribiendo una narración, tal vez podrá utilizar sus sentimientos imaginarios. Huelga decir que da por sentado que su mujer volverá a casa al cabo de unos días, pero no ocurre así, porque ella ha iniciado una aventura amorosa con un abogado londinense en Brighton. El lector está enterado de esto, pero Sydney lo ignora. Una simpática viejecita, que se llama Lilybanks y vive a unos doscientos metros del domicilio de Sydney y Alicia, ha visto a Sydney acarreando la alfombra y finalmente da cuenta de ello a la policía. Ésta no logra localizar a Alicia porque ella utiliza otro nombre en Brighton y, además, se ha teñido el pelo. Sydney es sometido a vigilancia. Creyendo que su esposa está sana y salva, dondequiera que se encuentre, a Sydney no le importa ser interrogado por la policía, sino que, de hecho, disfruta con ello, ya que imagina cuáles serían sus sentimientos si fuera culpable de haber asesinado a Alicia. Sydney incluso consigue obligarse a sí mismo a temblar y sudar mientras la policía le hace preguntas; y más adelante toma notas sobre sí mismo para utilizarlas. Al final, tras desplazarse a Brighton y registrar la región, descubre que su mujer está viva y comparte un chalet con un hombre. Esto le produce impresión y se imagina acertadamente que lo mismo le habrá ocurrido a Alicia; como ésta es básicamente una mujer convencional, no se siente capaz de presentarse a la policía, a sus padres o a Sydney, y se suicida arrojándose por un acantilado cerca de Brighton. El abogado que se entendía con Alicia huye rápidamente a Londres y se refugia en su piso, pero Sydney va a buscarle y le administra la dosis fatal de píldoras para dormir.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; He hecho un bosquejo del argumento para demostrar que no es mucho si no se «espesa» o se le saca punta. Son cuatro los factores que lo «espesan»:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;1)&lt;/strong&gt; La señora Lilybanks, la vecina, ha adquirido un par de prismáticos en una tienda de objetos usados, pues es aficionada a observar pájaros. Sydney descubre que la vecina tiene unos prismáticos y piensa acertadamente que tal vez lo haya visto sacar de la casa la alfombra en rollada y meterla en el coche. La «reacción» de Sydney al ver los prismáticos le hace más sospechoso a ojos de la señora Lilybanks.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;2)&lt;/strong&gt; La señora Lilybanks padece del corazón. Es una simpática viejecita que sólo tras mucho vacilar comunica a la policía que su vecino sacó una alfombra de casa de madrugada, el día siguiente a la partida, al parecer hacia Brighton, de su mujer. La policía se pasa cerca de veinticuatro horas cavando en el bosque porque Sydney no recuerda con exactitud dónde enterró la alfombra, aunque procura cooperar con los agentes. Al final llega la noticia de que la policía ha encontrado la alfombra, pero sin nada dentro, y Sydney se dirige a casa de la señora Lilybanks para darle la noticia y tranquilizarla. Pero la vecina cree que Sydney va a mostrarse furioso y vengativo y, al oírle entrar en la casa, sufre un ataque cardiaco que le causa la muerte. Debido a ello, Sydney vuelve a ser sospechoso: esta vez de haber amenazado o expresado hostilidad hacia la señora Lilybanks por haber contado lo de la alfombra a la policía.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;3)&lt;/strong&gt; Sydney tiene una especie de socio que se llama Alex, está casado y vive en Londres. Cuando la televisión compra la serie El Látigo, Alex desea excluir a Sydney del contrato y quedarse él todas las ganancias; alberga cierta esperanza de conseguirlo debido a las sospechas que recaen sobre Sydney. Alex presenta a su amigo en los peores términos posibles al hablar con la policía. Y a esto se añade la suspensión, por parte de los editores de Sydney, del contrato de un libro «hasta que se aclare el misterio de la desaparición de su esposa».&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;lista&gt;&lt;strong&gt;4)&lt;/strong&gt; Un día, al ir a comprar el periódico en el pueblo, Sydney pierde su libretita. El tendero la entrega a la policía. En la libreta Sydney apunta sus impresiones sobre qué se siente cuando se es un asesino y la narración del «asesinato» de su esposa parece formar parte de un diario. Así fue como acumulé presiones sobre Sydney.&lt;/lista&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sensación de vida&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando empecé a escribir este libro, mi argumento no pasaba del período en el que la señora Lilybanks está indecisa y no sabe si debe o no decir a la policía que ha visto a Sydney sacando una alfombra de su casa. Me encontraba atascada en la página ciento veinte más o menos. A menudo llego a un punto a partir del cual me es imposible pensar, hacer un bosquejo, y me impaciento por ver algo escrito en el papel, así que empiezo a escribir confiando en que mi buena suerte o la fuerza de la narración me ayudará a continuar. Tal vez esto dará la impresión de que soy muy indecisa, pero lo que espero es una sensación de vida, de actividad, de algo dinámico en los personajes y en el marco de la primera parte del libro, de una acción que yo pueda ver y sentir claramente. No se trata en absoluto de una sensación imprecisa. No me cabe la menor duda de si la experimento o no. No empiezo a escribir con la esperanza de que se presente. Tiene que estar ahí, llena de vida, inspirándome a comenzar a escribir.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Después de todo, un argumento nunca ha de ser una cosa rígida que se encuentra en la mente del escritor cuando éste empieza a trabajar. Yo llevo esta idea un poco más lejos y creo que un argumento ni siquiera debe estar terminado. Tengo que pensar en mi propio entretenimiento y la verdad es que a mí me gustan las sorpresas. Si sé todo lo que va a pasar, entonces escribirlo no es tan divertido. Pero es más importante que los personajes se muevan y tomen decisiones como personas de carne y hueso, que les dé la oportunidad de deliberar, de elegir, de volverse atrás, de tomar otras decisiones, como hacen las personas en la vida real. Los argumentos rígidos, aunque sean perfectos, pueden hacer que los personajes de un libro parezcan autómatas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Cuando llegué a la página ciento veinte y pico, al período de indecisión de la señora Lilybanks, la narración avanzó fácilmente hasta la página doscientas treinta, y entonces yo misma me sentí indecisa. ¿Iba Sydney a cometer realmente un asesinato o volvería a fingir que lo había cometido? Puestos a dudar, ¿qué clase de persona era Sydney? Ciertamente, Sydney iba desarrollándose en el curso del libro, tanto para mí como para él mismo. Había llegado a la conclusión, en su libreta de notas, de que no era capaz de imaginarse del todo las sensaciones que experimentaba un asesino. Sydney comienza a notar una sensación de culpabilidad, de vergüenza, de verse aislado de la raza humana. Sydney, en pocas palabras, no es un asesino y sabe que ha fracasado (como escritor narrativo) en la tarea de imaginar el estado de ánimo de un asesino. Sin embargo, el esfuerzo que ha hecho su imaginación le ha acercado más a la realidad, al hecho de cometer un asesinato. Utilizando las píldoras para dormir, Sydney comete el extraño y lento asesinato de un hombre al que detesta y que, a su modo de ver, ha ocasionado la muerte de su esposa. Se trata de un crimen y del comienzo, en la mente de Sydney, de una confusión, posiblemente más seria, entre los argumentos de sus narraciones y la realidad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Cabría decir que los factores que «espesan» un argumento son como una especie de refuerzos. El escritor debe inventar los más lógicos (como son inventados, puede que sean un poco ilógicos per se, y esto es una ventaja), los que hagan la narración más creíble y más sólida. A veces es posible inventar veinte o treinta factores de esta clase, pero, de usarlos todos, conseguiríamos que el lector en lugar de quedar convencido se riese.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Criminales simpáticos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hay muchas clases de libros de suspense —por ejemplo, relatos protagonizados por espías del gobierno—que no dependen de héroes psicópatas o neuróticos como los míos. Los escritores que deseen escribir libros parecidos a los míos se encuentran con un problema extra: cómo hacer que el héroe sea simpático, o, al menos, que sea razonablemente simpático. A menudo resulta tremendamente difícil. Aunque pienso que todos mis héroes criminales son bastante simpáticos, o al menos no son repugnantes, debo reconocer que no he conseguido que todos mis lectores piensen lo mismo, si he de juzgar por los comentarios que me han hecho: «Encontré a Ripley (A pleno sol) interesante, supongo, pero en realidad me pareció odioso. ¡Uf!» «Walter (El cuchillo) es detestable. Es tan débil y se compadece tanto de sí mismo.» No obstante, parece ser que los lectores de Crímenes imaginarios simpatizaron bastante con Sydney, aunque, claro está, Sydney no es un psicópata y apenas puede calificársele de asesino. Lo único que puedo sugerir es que al héroe-asesino se le den tantas cualidades agradables como sea posible: generosidad, bondad para con algunas personas, afición a la pintura o a la música, o a cocinar, por ejemplo. Además, puede que estas cualidades sean divertidas en contraste con sus rasgos criminales u homicidas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Pienso que también es posible hacer que un héroe-psicópata sea totalmente repugnante y, pese a ello, resulte fascinante precisamente por su depravación. Estuve muy cerca de lograrlo con Bruno en Extraños en un tren, pues ni siquiera la generosidad de Bruno es constante ni oportuna, y nada más puede decirse en favor suyo. Pero en la citada novela la maldad de Bruno quedaba compensada con la «bondad» de Guy, lo cual simplificó considerablemente el problema de crear un héroe simpático, que en este caso era Guy. Todo depende de la habilidad del escritor, de si es capaz de divertirse con la maldad de su héroe-psicópata. En caso afirmativo, el libro es entretenido y entonces no hay razón por la cual el lector deba «simpatizar» con el héroe. Si tiene que haber «identificación del lector», término del que ya estoy bastante cansada, entonces conviene dar al lector uno o dos personajes secundarios (preferiblemente un personaje que no sea asesinado por el héroe-psicópata) con los que pueda identificarse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Búsqueda y desarrollo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Desarrollar la idea para un relato es tan creativo como encontrarla o recibirla inicialmente. El escritor puede emplear su capacidad de pensar para desarrollar el germen de la narración, pero en semejante proceso la función del cerebro consiste más en excluir (por ilógico) que en incluir o inventar algo. Con un truco, el germen de una idea o una breve secuencia de acción, el escritor puede inventar cinco o seis situaciones que puedan conducir a ello o resultar de ello (desarrollar la idea para una narración es un proceso de avance y retroceso, como tejer) y podría eliminar tres de estas situaciones por ilógicas o sencillamente por no ser tan buenas como las otras tres. Entonces puede experimentar la sensación deprimente de que las tres situaciones restantes no cobran vida, no inspiran, y quedarse paralizado. El escritor arroja el lápiz y se aleja de su mesa de trabajo con la sensación de no haber avanzado mucho, de que tal vez la idea esté muerta. Y más tarde, cuando no esté pensando en la narración, una de estas ideas inmóviles cobrará vida y empezará a moverse, a avanzar, y de pronto el escritor tendrá ante sí una larga extensión de buena narrativa. Arquímedes estaba en la bañera cuando gritó «¡Eureka!», y no devanándose los sesos ante su escritorio o dondequiera que trabajase. Pero estos momentos de gloria no llegan a menos que antes se le hayan dado vueltas y más vueltas al problema.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Aunque esto representa un arduo trabajo, ya que parece inútil, en realidad prepara el terreno para que la imaginación haga el resto. Mis libretas de notas están llenas de páginas, quizá veinte o más por cada libro que he escrito, que son sencillamente tangenciales o constituyen divagaciones fantásticas alrededor del germen o de la principal acción o situación, que fue la única cosa que permaneció constante durante el proceso de desarrollo. Generalmente, estas divagaciones no se parecen en nada al libro definitivo. Pero son imprescindibles para las ideas, mucho mejores, que se me ocurren más adelante; en cuanto a éstas no suelo tomarme la molestia de anotarlas porque son obviamente acertadas o inolvidables.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Edna O'Brien, la inteligente novelista irlandesa, dijo en una entrevista: «Los escritores siempre están trabajando. Nunca paran.» Esta es la naturaleza de la profesión de escritor, al menos del que escribe novelas o narraciones. Los escritores o están desarrollando una idea o buscando, aunque sea inconscientemente, el germen de una idea.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Yo me dedico a crear debido al aburrimiento que me producen la realidad y la monotonía de la rutina y de los objetos que me rodean. Por tanto, no me disgusta este aburrimiento que me invade de vez en cuando, e incluso trato de crearlo mediante la rutina. Yo no «tengo que trabajar» en el sentido de que deba obligarme a hacerlo o a pensar en lo que he de hacer, ya que el trabajo viene a mí. Me produce el mismo placer hacer una mesa, un buen dibujo, algún cuadro esporádico, que escribir un libro o una narración corta. Este aburrimiento es una circunstancia afortunada y apenas me percato de él hasta que se me ocurre una idea para escribir un libro o un relato corto. Entonces me doy cuenta de que encontraré un mundo mucho más interesante cuando empiece a trabajar en dicha idea. Cuando me pongo a pensar en el desarrollo de la idea, ya estoy entrando en ese mundo. Quizá sientan lo mismo la mayoría de los escritores.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Con frecuencia, el desarrollo de una idea no tiene ni pizca de lógica y hasta tal punto hay en él un elemento de juego que no puedo decir que este proceso sea una actividad seria, aunque pueda llevar aparejada la necesidad de pensar mucho. Esto sigue formando parte del juego. Escribir novelas o relatos es un juego y, para seguir jugando, es necesario que en ningún momento deje de divertirte. Las únicas veces en que no me divierte es cuando tengo que trabajar con dificultades, para cumplir un plazo de entrega. Cuando escribes un libro no es frecuente que debas sujetarte a un plazo de entrega, pero sí tienes que hacerlo cuando escribes para la televisión, cuando preparas versiones condensadas de tu propia obra, o cuando haces cambios en un libro que va a publicarse por entregas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Distracciones y consejos para evitarlas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En cuanto a las pequeñas dificultades de la vida, las hay a miles. ¿Qué escritor no ha tenido que trabajar con dolor de muelas, con facturas que hay que pagar, con un niño enfermo en la habitación de al lado o en la misma habitación, cuando te visitan los parientes políticos, cuando una relación amorosa acaba de terminar o cuando el Gobierno te exige que rellenes más y más formularios? Apenas transcurre una mañana sin que el cartero traiga algo que puede producir molestias psíquicas. Nunca me han demandado por difamación, tampoco tengo deudas, pero hay otras cosas que pueden complicarle la vida al escritor la insistencia del Gobierno en que calcules tus ingresos para el año próximo, lo cual es imposible; la noticia de la pérdida o apropiación de bienes causada por haberte mudado de domicilio o por haberte ido a otro país (los escritores viajan con frecuencia porque necesitan cambiar de escenario); o la dificultad de encontrar una vivienda. Una vez, cuando ya tenía resuelto todo lo relativo a un piso nuevo en Manhattan —ya había pagado el alquiler por anticipado, firmado el contrato y avisado a los de las mudanzas— me dijeron que no podía ocuparlo porque era un piso para profesionales. Los escritores no son profesionales, ya que «sus clientes no les visitan». Estuve a punto de escribir al Departamento de la Vivienda o a quien hubiera redactado semejante ley y decirles: «No tienen ustedes idea de cuántos personajes llaman a mi puerta y vienen a verme cada día, y son absolutamente necesarios para mi existencia.» Pero no llegué a escribir, sólo me hice la reflexión de que las prostitutas probablemente tenían derecho a un piso como aquél, pero los escritores no.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Luego, para acabar de turbar tu tranquilidad, están las eternas maniobras que tienes que hacer para vivir con unos ingresos irregulares y a menudo insuficientes, lo cual es un fastidio para las personas poco dadas a ahorrar y mucho menos a hacer economías. Esta inseguridad es como el aire que respiran los escritores, puesto que ejercen una profesión en la que no hay seguro de paro, ni vacaciones pagadas ni jubilaciones. Muchas mañanas, después de abrir el correo, me permito unos cuantos minutos de angustia y de gritos con sordina, luego dedico una hora, o más si hace falta, a poner orden. Cuando estoy convencida de que he hecho lo mejor que podía hacer por carta y por teléfono, me levanto y trato de fingir que yo no soy yo, que no tengo ningún problema, que la hora y pico anterior en realidad no ha tenido lugar. Y lo hago porque para trabajar tengo que encontrarme en un estado de inocencia, sin preocupaciones de ningún género. Supongo que la rapidez con que esto se consigue es una medida de la propia profesionalidad. Se trata de algo que mejora con la práctica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Pero a veces me siento tan tensa y cansada después de enfrentarme con la burocracia, que me dan ganas de descabezar un sueñecito. Esto despeja la cabeza de un modo maravilloso, además de proporcionar nuevas energías. Sé que cerca de la mitad de las personas que hay en el mundo no son capaces de dormir un ratito sin sentirse torpes después, pero se lo recomiendo a quienes no sufran este inconveniente: un sueñecito ahorra tiempo en lugar de malgastarlo. Cuando tenía veinte años y pico me veía obligada a escribir por la noche, ya que durante el día trabajaba en otras cosas. Me acostumbré a echar una siestecilla sobre las seis de la tarde, o a poder hacerlo si lo deseaba, y luego me bañaba y cambiaba de ropa. Esto me daba la ilusión de disponer de dos días en uno y, dadas las circunstancias, me dejaba lo más fresca posible para la noche. Los problemas que uno encuentra al escribir a veces se resuelven milagrosamente después de dormir un poco. Me duermo con el problema y me despierto con la respuesta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 5&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Idear argumentos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Da la impresión de que idear argumentos y desarrollarlos son dos procesos que coinciden en parte, y en cierta medida es así. No se puede avanzar en el desarrollo de una novela o relato sin alguna forma de acción, que forma parte del argumento. Pero la tarea que comentaré en este capítulo es la que consiste en bosquejar un argumento y sus ramificaciones, es decir, el trabajo que hay que hacer después de desarrollar la idea, cuando ya se tienen decididos sus elementos.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Por ejemplo, ¿dónde debe ir el clímax de un libro? No estoy segura de que en todo libro haya un acontecimiento especial que pueda denominarse «clímax». Algunos argumentos tienen un clímax obvio, una sorpresa o algo bouleversant. Si así es, conviene decidir dónde ha de ir: a la mitad, al final o cuando el libro ya haya avanzado en sus tres cuartas partes. Algunos libros pueden tener dos o tres clímax de igual importancia. Algunos clímax deberían ser lo último del libro porque después de ellos no queda nada que decir y el libro debería terminar allí, con una traca final, por así decirlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Expresar las cosas importantes&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me parece de lo más aconsejable que el escritor principiante trace un bosquejo del libro capítulo por capítulo —aunque las anotaciones de cada uno pueden ser breves—, porque los escritores jóvenes son muy propensos a divagar. El punto de partida del bosquejo de un capítulo será una pregunta que el escritor se hará a sí mismo: «¿De qué modo este capítulo hará avanzar la narración?» Si para este capítulo tienes pensada una idea llena de divagaciones, ambiental, decorativa, ten mucho cuidado; tal vez sea mejor desecharla si no consigues expresar con ella una o dos cosas importantes. Pero si crees que la idea para el capítulo hará avanzar el argumento, entonces debes hacer una lista de las cosas que quieras demostrar en dicho capítulo. A veces es una sola cosa: que uno de los personajes quiere ocultar el hecho de que se está volviendo ciego; que una carta importante ha sido robada. A veces son tres cosas. Y si las apuntas en un papel y dejas éste junto a la máquina de escribir, tendrás la seguridad de que no se te olvidará ninguna. Incluso ahora, cuando llevo escritos casi veinte libros, a veces tomo nota de lo que quiero decir. Si hubiera hecho esto desde el principio, me habría ahorrado mucho trabajo al escribir Extraños en un tren. No hay nada malo en hacerlo siempre, por experto que uno sea, ya que proporciona una sensación sólida de la obra que se está escribiendo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El temperamento y el carácter del escritor se reflejan en el método que utiliza para idear argumentos: lógico, ilógico, pedestre, inspirado, imitativo, original. Un escritor tendrá asegurada la buena vida si imita las tendencias del momento y es lógico y pedestre, porque estas imitaciones se venden y, desde el punto de vista emocional, no le exigen demasiado. Por tanto, su producción puede ser dos o diez veces mayor que la de un escritor más original que no sólo trabaja mucho y pone el corazón en lo que escribe, sino que también corre el riesgo de que le rechacen el libro. Es aconsejable juzgarse a sí mismo antes de empezar a escribir. Como esto puede hacerse a solas y en silencio, no hay necesidad de falsos orgullos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Hago este comentario aquí porque tiene que ver con la tarea de idear el argumento. Al público en general no le gustan los delincuentes que se salen con la suya al final, aunque son más aceptables en los libros que en las adaptaciones televisivas y cinematográficas. Si bien la censura es menos severa que antes, en general un libro tendrá más probabilidades de ser adaptado a la televisión y al cine si el héroe-criminal resulta atrapado y castigado al final; es decir, si se las hacen pasar moradas. Es casi preferible matarlo durante el relato, si no es la ley quien se va a ocupar de ello. A mí esto me repugna, ya que más bien simpatizo con los delincuentes, y los encuentro interesantísimos, a menos que sean monótona y estúpidamente brutales.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Desde el punto de vista dramático, los delincuentes son interesantes porque, al menos durante un tiempo, son activos, libres de espíritu, y no se doblegan ante nadie. Yo soy tan observante de la ley que me echo a temblar ante un aduanero aunque no lleve contrabando en las maletas. Tal vez lleve dentro de mí un impulso criminal grave y reprimido, pues de lo contrario no me interesarían tanto los delincuentes o no escribiría sobre ellos tan a menudo. Y pienso que muchos escritores de suspense —exceptuando quizás aquellos cuyos héroes o heroínas son las víctimas y cuyos criminales no aparecen en el libro, son repugnantes o están condenados—tienen que sentir alguna clase de simpatía o de identificación con los delincuentes, pues, de no sentirla, no se verían emocionalmente implicados en los libros que tratan de ellos. En este sentido, el libro de suspense es inmensamente distinto del relato de misterio. El escritor de suspense suele dedicar mucha más atención a la mente criminal, porque el criminal suele ser conocido durante todo el libro y el escritor tiene que describir lo que pasa por su cabeza. Y esto no es posible a menos que se simpatice con él.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; La pasión del público por la justicia me resulta aburrida y artificial, porque ni a la vida ni a la naturaleza les importa que se haga o no justicia. El público, al menos el público en general, quiere presenciar el triunfo de la ley, aunque al mismo tiempo le gusta la brutalidad. Sin embargo, la brutalidad debe estar en el bando bueno. Los héroes-detectives pueden ser brutales, sin escrúpulos sexuales, pueden pegar patadas a las mujeres, y seguir siendo héroes populares, porque se supone que andan persiguiendo algo peor que ellos mismos.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lo casi increíble&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me gusta mucho que en los argumentos haya coincidencias y situaciones casi (pero no del todo) increíbles, como, por ejemplo, el plan audaz que en el primer capítulo de Extraños en un tren un hombre propone a otro al que apenas conoce hace un par de horas; la elección fortuita de Tom Ripley, asesino potencial, por el padre de un joven para que le haga volver a casa desde Europa; el encuentro inverosímil y poco prometedor de Robert y Jennie en El grito de la lechuza cuando parece que Robert es un merodeador, cosa que Jennie, que se siente atraída hacia él, ignora. Soy propensa a escribir libros cuyo principio es lento, incluso tranquilo, y en el cual el lector adquiere un conocimiento total del héroe-criminal y de la gente que le rodea. Pero no hay ninguna ley sobre esto, y en El cuchillo empecé con gran estruendo, con un capítulo breve y lleno de acción: Kimmel asesina a su esposa. No sabemos muchas cosas sobre Kimmel, todavía menos sobre su esposa, pero es un primer capítulo interesante por los acontecimientos que contiene. Luego pasé a Walter, el protagonista propiamente dicho, y su papel en la narración comienza muy despacio. Nos enteramos de todo lo referente a él, que no es feliz con su esposa, que se siente atraído por una chica llamada Ellie, más porque su carácter afable contrasta con el mal humor de su esposa que por sus otras cualidades.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ritmo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La decisión sobre el ritmo que debe tener el relato forma parte de la tarea de idear el argumento y del efecto que el escritor quiera causar. No siempre pienso en él, como hice en El cuchillo. En parte puede llamarse «estilo» y como tal es algo natural y espontáneo, y tiene que ver con el temperamento del escritor. No hay que dar al relato un ritmo muy rápido o lento si al escribir te sientes forzado, poco natural. Algunos libros son nerviosos desde el principio, otros son lentos de cabo a rabo y parece que quiten importancia a los acontecimientos, analizándolos y ampliándolos. Algunos empiezan despacio, cobran velocidad y luego corren hasta el final. ¿Eres capaz de imaginarte un relato de suspense escrito por Proust? Yo sí. La prosa sería lenta y complicada, la acción no sería necesariamente acción y las motivaciones serían analizadas minuciosamente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; La mayoría de mis principios lentos, incluso tediosos, están escritos con una prosa bastante nerviosa. Es posible describir de manera febril una casa aburrida y soñolienta en una soleada playa extranjera, aunque no pase nada en ochenta páginas. El estilo de la prosa prepara al lector para las cosas violentas que ocurrirán. Quizá sería más divertido escribir pausadamente (si se puede hacer con naturalidad), sin preparar al lector para el derramamiento de sangre y el asesinato. Es absurdo tratar de dictar leyes sobre estas cuestiones. El escritor debe distribuir los acontecimientos del relato del modo más ameno y entretenido y el ritmo apropiado de la prosa, lento, rápido o mitad y mitad, probablemente surgirá por sí solo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sorprenderse a uno mismo y al lector&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Ya he hablado de la necesidad de ver un libro tan claramente como vernos una fotografía, pero yo casi nunca soy capaz de ver así todo el argumento. Veo mis personajes y el marco, el ambiente, y lo que sucede en el primer tercio o cuarta parte del libro, por ejemplo, y generalmente en la última cuarta parte, pero suele haber un espacio borroso al final de las tres cuartas partes, una niebla que no consigo disipar hasta que llego allí.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Mi método de escribir tal vez volvería loca a una persona más lógica. Pero ocurre con frecuencia —incluso a escritores que han visto claramente su libro del principio al fin antes de empezarlo— que un libro experimenta un cambio cuando uno ya lleva escritas tres cuartas partes. Cabe que esto sea el resultado de que un personaje no se comporte como se había previsto, situación que puede ser buena o mala. No estoy de acuerdo en que tener un personaje vigoroso que actúe por su cuenta sea siempre bueno. Después de todo, uno es el jefe y no desea que sus personajes corran de un lado para otro, o tal vez permanezcan inmóviles, por muy fuertes que éstos sean.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Un personaje recalcitrante puede desviar el argumento en una dirección mejor que la que uno había pensado al principio. O tal vez es necesario recortarlo, cambiarlo o desecharlo para volver a escribirlo del todo. Este obstáculo merece que se le dediquen varios días de reflexión y suele exigirlo. Si el personaje es muy tozudo, además de interesante, puede que te salga un libro distinto del que uno se proponía escribir, quizá sea un libro mejor, o igual de bueno, pero distinto. Esta experiencia no debe desconcertarnos. Sucede con mucha frecuencia. Y ningún libro, y posiblemente ningún cuadro, es, cuando está terminado, exactamente igual a como lo soñamos al principio.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En el caso de que haya un espacio borroso en tu pensamiento —o en el manuscrito— seguramente se presentará una solución obvia. Es la solución más fácil, pero no suele ser la mejor. A mí se me ocurrió una solución obvia cuando estaba cerca del final de Crímenes imaginarios. Sydney arroja a su esposa por un acantilado en la finca que los padres de ella tienen en Kent, porque Alicia amenaza con acusarle de intentar asesinarla (arrojándola por el precipicio) si él no sigue casado con ella, cosa que a Sydney no le apetece. De modo que Sydney la arroja por el precipicio y luego dice que ella misma se ha arrojado. Era una solución demasiado trillada y obvia que, además, presentaba con demasiada brusquedad el hecho de que Sydney era capaz de asesinar. Destruí esa versión después de escribirla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Limitarse a sorprender y conmocionar al lector, sobre todo a expensas de la lógica, es un truco barato. Además, una acción sensacional y una prosa inteligente no consiguen ocultar la falta de inventiva por parte del autor. También escribir lo obvio, que, en realidad, no entretiene, proviene de una especie de pereza. Lo ideal es que los acontecimientos den un giro inesperado, guardando cierta consonancia con el carácter de los protagonistas. Estirad al máximo la credulidad del lector, su sentido de la lógica —es muy elástico—, pero no la rompáis. De esta forma escribiréis algo nuevo, sorprendente y entretenido, tanto para vosotros mismos como para el lector.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 6&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El primer borrador&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Antes de hablar del primer borrador, me gustaría hablar de la primera página. Es importante, porque puede surtir dos efectos: que el lector se introduzca en el relato o que cierre el libro y lo deje. Un escritor al que conozco me dijo que no le importaba dedicar diez días a la primera página. Yo me quedaría ciega si le dedicase tantos días, pero he llegado a escribir tres versiones en un día y si no quedo satisfecha paso a la segunda página con la idea de volver a mirarme la primera al día siguiente. No hay nada como volver a un problema después de una pausa.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La primera página&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Algunos escritores, suponiendo que al lector no le gusta cansarse los ojos o el cerebro con un párrafo de treinta líneas, prefieren que el primer párrafo sea corto, de una a seis líneas. Creo que hacen bien. Thomas Mann puede escribir un párrafo sólido y muy largo en el comienzo de La muerte en Venecia, por ejemplo, pero no todo el mundo es capaz de escribir una prosa dotada de tanta fascinación intelectual como la de Mann.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Me gusta que la primera frase contenga algo que se mueva y dé impresión de acción, en vez de ser una frase como, por ejemplo: «La Luz de la luna yacía quieta y líquida, sobre la pálida playa.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; A continuación transcribo algunas de mis primeras frases, que con frecuencia me han dado más trabajo de lo que parece.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Extraños en un tren&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«El tren avanzaba impetuosamente, con ritmo furioso y entrecortado. Tenía que detenerse, cada vez con mayor frecuencia, en estaciones de poca monta donde permanecía unos momentos esperando con impaciencia la señal para volver a embestir la pradera.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El párrafo tiene otras cinco líneas y le sigue otro de una línea que presenta al protagonista, Guy, que se siente tan impaciente como el tren:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Guy desvió la mirada de la ventanilla y se retrepó en el asiento.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El siguiente párrafo tiene tres líneas y expone una situación sencilla y familiar: Guy quiere divorciarse y teme que su esposa, Miriam, se niegue a ello. Luego volvemos a la escena en el tren con Guy en dos párrafos de mediana extensión que describen el aspecto físico de Guy, dicen algo más sobre sus problemas, pero no fatigan el cerebro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;A pleno sol&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Tom echó una mirada por encima del hombro y vio que el individuo salía del Green Cage y se dirigía hacia donde él estaba. Tom apretó el paso. No había ninguna duda de que el hombre le estaba siguiendo. Había reparado en él cinco minutos antes cuando el otro le estaba observando desde su mesa, con expresión de no estar completamente seguro, aunque sí lo suficiente para que Tom apurase su vaso rápidamente y saliera del local.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Vienen luego cinco o seis párrafos cortos, de extensión diversa, y al final de la primera página y principio de la segunda nos enteramos de que Tom Ripley corre peligro de ser detenido, aunque no sabemos por qué.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ese dulce mal&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Eran los celos los que impedían dormir a David, los que le hicieron levantarse de la cama revuelta y salir de la pensión oscura y silenciosa para recorrer las calles.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Esta frase forma la totalidad del primer párrafo y va seguida de un párrafo de ocho líneas, luego otro de diecisiete: una primera página bastante «clásica». No nos enteramos de nada relativo a los problemas de David, salvo que se siente oprimido por algo que él llama la «situación». La mayor parte de la página está dedicada a describir las lóbregas calles de la pequeña ciudad de la parte alta del estado de Nueva York por las que David pasea, y la visión melancólica que David tiene del panorama.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La celda de cristal&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«Eran las 3,35 de la tarde de un martes en la penitenciaría del estado y los reclusos volvían de los talleres.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Esta frase decididamente tranquila es el inicio de un párrafo de dieciocho líneas al que sigue otro de doble extensión. Sin duda yo contaba con que la curiosidad del lector por un marco tan poco frecuente como es una prisión le impulsaría a seguir leyendo. La monotonía del ritmo es también la del ambiente de la prisión; una desesperanza que impregna a Carter, al menos en ese momento, a causa de una desilusión que acaba de sufrir, no permite que haya acción, velocidad o ni siquiera nerviosismo. El primer párrafo describe la reacción de Carter al sonido cotidiano que producen centenares de hombres caminando por pasillos de piedra, y sus reacciones son las de una persona corriente, no acostumbrada a la vida en la cárcel: la clase de persona que cabe suponer que son la mayoría de los lectores. En todo caso, el lector se ve introducido en la escena carcelaria por medio de sentimientos y pensamientos que podrían ser los suyos si se encontrara en semejantes circunstancias, y no se ve confundido ni abrumado por ninguna información sobre por qué Carter está en la cárcel. Esto vendrá más adelante cuando el lector ya esté interesado por Carter.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El cuchillo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;«El hombre de los pantalones azul marino y camisa deportiva de color verde esperaba con impaciencia en la fila.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Esto constituye la totalidad del primer párrafo. El segundo tiene nueve líneas y le sigue una conversación intrascendente entre el hombre y la chica que vende las entradas del cine, luego hay un párrafo de siete líneas. La primera frase no llama la atención, pero la llamaría aún menos sin las palabras «con impaciencia». El hombre sólo va a ver una película. ¿Por qué iba a estar impaciente? ¿En qué está pensando? En menos de treinta líneas el lector averigua, por medio de la acción y no porque se lo digan, que el hombre ha comprado una entrada para ver la película y ha saludado a los amigos sólo porque quiere tener una coartada. En menos de cincuenta líneas sale del cine y se dirige a cometer un asesinato. Este movimiento es entretenido. Después podremos averiguar más cosas sobre Kimmel, y ciertamente las averiguamos, pero lo que interesa al principio es verle en acción.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; En la primera frase de Ese dulce mal quise crear la sensación de tensión emocional, y también de tozuda perseverancia, de una fuerza reprimida que algún día estallará. Si una persona está tan inquieta que se levanta de la cama para dar un paseo solitario, es que esta persona tiene problemas de alguna clase, y eso es una «situación».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Que yo sepa, no hay reglas sobre nada de esto y me imagino que se podría crear un personaje que hiciera algo a la vez sencillo e interesante —como, por ejemplo, tratar de sacar un anillo de boda del desagüe de un lavabo— y seguir hablando de ello durante cincuenta o sesenta líneas de un solo párrafo sin perder la atención del lector. Pero éste no quiere que de buenas a primeras le sumerjan en un mar de información, en hechos complejos con los que difícilmente pueda relacionar a las personas que se mencionan en el texto, porque no ha tenido oportunidad de conocerlas. Además, meter al lector en una escena emocional, una discusión, una escena de pasión del tipo que sea es malgastar la imaginación, ya que no es posible que el lector se meta en ella sin conocer a las personas que la protagonizan. Así pues, me parece acertado dar la sensación de movimiento sin presentar en seguida las razones de dicho movimiento. «No había ninguna duda de que el hombre le estaba siguiendo» (A pleno sol). Esto es lo único que sabemos, pero es una situación sencilla y primitiva. Pero esto lo está pensando Ripley. No sabemos si Ripley es un delincuente al que debería seguirse, si es paranoico y se lo está imaginando; pero un hombre que sigue a otro, o un hombre que se cree que le están siguiendo, es una situación, y el lector quiere saber si el «seguidor» va a alcanzarle, si quiere alcanzarle y, en el caso de hacerlo, qué sucederá.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Julian Symons es un escritor de primera, ganador de muchos premios por sus libros de suspense y de misterio, así como frecuente colaborador de la Ellery Queen's Mystery Magazine. A todo escritor de misterio o suspense le resultará provechoso estudiar sus obras. La primera frase de su libro the progress of a crime dice:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Aquel día Hugh Bennett almorzó como de costumbre en Giuseppe's, que era el único restaurante bueno que había cerca de la oficina.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El párrafo tiene cinco líneas más, luego hay una conversación ligera en párrafos de extensión cada vez mayor que nos presenta a dos personas que trabajan con Hugh en el periódico de una ciudad provinciana de Inglaterra. Es una prosa despreocupada, en modo alguno emocionante, pero que, pese a ello, capta la atención del lector por su carácter cotidiano, con la excepción de que estas personas hablan de su trabajo. La jerga de los periodistas interesa a la mayoría de las personas y en este caso los personajes son absorbentes, lo cual es aún más interesante. The progress of a crime cuenta la historia del joven Hugh Bennett, que se encarga de informar de lo ocurrido en la ciudad el día de Guy Fawkes3, durante el cual un ciudadano bastante importante es asaltado y muerto a puñaladas por una pandilla de cinco adolescentes. Sigue el proceso de dos de ellos y el señor Symons describe de forma brillante la marcha del mismo, con su creciente emoción y la publicidad que le da la prensa. En esencia no hay aquí ningún misterio, ya que sabemos que son el jefe de la pandilla y otro chico los que debieron de empuñar los cuchillos que mataron al ciudadano importante. Pero hay suspense en la lucha que entablan el fiscal y el defensor para obtener o suprimir pruebas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Julián Symons, ensayista y crítico además de novelista, no deja que las categorías le estorben y sus novelas de suspense son ejemplo del alcance que puede tener este género.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El tercer hombre, la célebre obra de Graham Greene, empieza de un modo tranquilo, narrativo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Uno nunca sabe cuándo va a recibir el golpe. La primera vez que vi a Rollo Martins tomé las siguientes notas para mis archivos policiales: "En circunstancias normales, un tonto alegre. Bebe demasiado y puede que cause algunos problemas. Cada vez que pasa una mujer alza los ojos y hace algún comentario, pero tengo la impresión de que en realidad preferiría no hacer nada. Nunca se ha hecho realmente hombre y quizás eso explique la adoración que sentía por Lime." Escribí las palabras «en circunstancias normales» porque le vi por primera vez en el entierro de Harry Lime.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Seguidamente hay un párrafo bastante largo que termina así: «Si al menos hubiera venido a decírmelo entonces, cuántos problemas nos habríamos ahorrado.» Aquí un misterio, un interrogante y un personaje muerto se presentan en un párrafo que ocupa casi toda la página y al que sigue otro párrafo aún mayor, de una página y media. Los dos párrafos forman la totalidad del primer capítulo. El capítulo tiene solidez, además de una sencillez encantadora, y los hechos que presenta aparecen entremezclados con la debilidad humana, que en sí misma es atractiva porque todos tenemos debilidades y a todos nos gusta leer sobre otras personas que también las tienen. Este relato fue escrito para el cine y en un prefacio a El tercer hombre el señor Greene habla de cómo este hecho le hizo sentirse cohibido.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El relato de Graham Greene que lleva por título «The basement room» (publicado en 1935), en el que se basó la película El ídolo caído, no fue escrito expresamente para el cine y creo que el señor Greene se encuentra más a gusto y menos cohibido al empezarlo:&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Cuando la puerta principal los hubo dejado fuera y Baines, el mayordomo, hubo vuelto al recibidor pesado y oscuro, Philip empezó a vivir. Se quedó de pie ante la puerta del cuarto de los niños, hasta que oyó cómo el motor del taxi se alejaba por la calle. Sus padres se habían ido a pasar quince días de vacaciones...»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Y así continúa durante cuatro líneas, luego hay un párrafo de cinco líneas, después ocho, luego seis.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Es notable la diferencia de estilo entre estas dos primeras páginas. No me refiero a su respectivo mérito literario, sino al clima que crean. Qué sensación de hostilidad y autodefensa transmiten las palabras «dejado fuera» en vez de, por ejemplo, decir simplemente «cerrado tras ellos». The basement room sigue la tradición del relato breve lírico, visto a través de los ojos de una persona (en este caso un chico) cuyas emociones intervienen desde el principio. El tercer hombre es más intelectual. Al igual que todos los escritores, el señor Greene intenta atraer a sus lectores, pero en El tercer hombre su esfuerzo en tal sentido resulta más visible. En la otra narración es más natural.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; He aquí un comentario sobre los primeros capítulos en general: Es una buena idea proporcionar líneas de acción en dicho capítulo. Puede que en él no «pase» nada, que sea una historia de esa clase. Tal vez el escritor querrá preparar el escenario, mostrar la estructura o pauta de relaciones entre dos o más personajes, introducir a algunos de ellos, y nada más. Al hablar de líneas de acción me refiero a líneas de acción en potencia, tales como: un personaje desea hacer un viaje a alguna parte; otro quiere abandonar el mundo y no es capaz de hacerlo; un tercer personaje desea algo (o a alguien) que todavía no tiene; o se menciona un peligro en potencia, que puede ser cualquier cosa, desde las termitas y un posible terremoto hasta una aberración mental en uno de los personajes. Así, el simple hecho de describir las relaciones de los personajes puede crear «una línea de acción», siempre y cuando la relación sea dinámica.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; También puedo imaginar una línea de acción tranquila: una chica joven y hermosa cuida fielmente a su abuelo, que se halla confinado a una silla de ruedas, y vive así aislada del mundo. En realidad esto no puede seguir indefinidamente. ¡Mucho menos si uno está escribiendo un libro sobre ello! En el libro la chica puede salir durante una temporada del mundo de la silla de ruedas y luego volver a él a terminar el libro, pero si se trata de un libro de suspense, lo más probable es que se quede fuera. En el primer capítulo de un libro de suspense tiene que haber acción o una promesa de acción. Hay una cosa u otra en todas las buenas novelas, pero en los relatos de suspense la acción tenderá a ser más violenta. Esa es la única diferencia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Extensión y proporción&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Hay escritores que en sus primeros borradores escriben con demasiada brevedad. Yo he conocido a uno. Pero por cada uno de este tipo hay cien que escriben demasiado. Hay una tendencia a exagerar las descripciones e incluso las explicaciones. Al describir una habitación, por ejemplo, no hace falta hablar de todo lo que hay en ella, a no ser que la habitación esté llena de incongruencias interesantes como, por ejemplo, telarañas y pasteles de boda. Normalmente bastan un par de cosas para presentar la habitación como rica o pobre, pulcra o descuidada, decorada, masculina o femenina.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; También en el diálogo el principiante es propenso a escribir cada una de las palabras que se dicen. Con frecuencia tres líneas de prosa son suficientes para transmitir lo esencial de una conversación de cuarenta líneas. El diálogo es dramático y debe utilizarse con moderación, porque entonces, cuando se emplee, su efecto será más dramático. Por ejemplo, en un libro una trifulca conyugal puede resumirse así: «Howard se mantuvo en sus trece pese a que ella discutió con él durante media hora. Finalmente, ella se dio por vencida.» Después de esto, podría añadirse un solo parlamento en un párrafo, como, por ejemplo: «Siempre te has salido con la tuya», dijo Jane. «Así que ya puedes apuntarte otra victoria.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Al escribir un primer borrador hay que tener presente el libro en su conjunto, es decir, hay que verlo en sus proporciones, tanto si se ven cada una de sus partes en detalle del principio al fin como si no. La mejor forma de ilustrar lo que quiero decir es describir mi primer intento de escribir un libro, que fue también mi primer fracaso. El libro no se publicó nunca, ni siquiera llegué a terminarlo. En aquellos momentos yo veía la totalidad del libro: el principio, la mitad y el final. Quería que su extensión fuese de unas trescientas páginas; luego suprimiría unas veinticinco. Un día me di cuenta de que andaba por la página trescientas sesenta y cinco y no había contado ni la mitad de la historia. Tanto había concentrado la atención en cada página que había perdido de vista el libro en su conjunto. Escribía prolijamente sobre cosas sin importancia y el libro había perdido su proporción.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Si imaginamos que el argumento tiene forma de ficha de dominó, sin puntitos blancos pero con una línea divisoria en la mitad, entonces hagamos que la línea divisoria represente la mitad del relato, en lo que respecta al número de páginas y a la extensión del argumento. Puede haber clímax y acontecimientos de poca importancia en ambos lados de la divisoria, pero no apretujados unos contra otros después de ésta ni en el extremo derecho del dominó. Un concepto de este género ayudará a tener el libro controlado. Por supuesto, hay espacio para alguna variación en lo que se ha decidido que sea «la mitad», y una variación leve no es seria, pero cuando uno se pasa de la señal en setenta y cinco páginas en una u otra dirección es que algo va mal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Algunos escritores prefieren utilizar un diagrama sencillo a modo de bosquejo o además del bosquejo escrito. Una vez hice uno que parecía un gráfico, con una línea que subía, bajaba, subía y volvía a bajar. En los puntos de subida puse etiquetas que representaban ciertos acontecimientos de la narración. Este método obliga al escritor a ver la secuencia de acontecimientos en proporción con el relato en total. También pueden ponerse en los puntos etiquetas con el número provisional de las páginas, lo cual da una idea aproximada de las páginas escritas cuando se llega a determinado punto de la narración.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Al terminar el trabajo de un día, tengo por costumbre pensar en el del día siguiente. Posiblemente estaré un poco cansada y contenta de haber terminado el fragmento de ocho páginas o las que sean. Pero es agradable y alentador pensar en los siguientes acontecimientos del relato, los que escribiré al día siguiente. Me produce una sensación de continuidad. Si por la noche vienen unos amigos y me distraen, no me siento tan alejada del trabajo (quiero decir peligrosamente alejada), aunque ni piense en él durante toda la velada. De hecho, es una buena idea no pensar en él y dejar que la mente se recree en la compañía de amigos o haciendo algo muy distinto de escribir. Si al terminar la jornada uno piensa en el trabajo del día siguiente, por la mañana se sienta ante la máquina de escribir con una idea definida de lo que va a hacer en lugar de preguntarse dónde estaba y cómo va a continuar. También ayuda consultar las ideas con la almohada; las escribirás con mayor rapidez y claridad al día siguiente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Un libro es en realidad un proceso largo y continuo que, idealmente, sólo el sueño debe interrumpir. Dado que no vivimos en una isla desierta y que incluso en una cabaña en el bosque tendríamos problemas como son el procurarnos comida y combustible, nos vemos obligados constantemente a trazar planes, a jugar y a inventarnos «muletas» de un tipo u otro. Desde luego, la mente necesita distraerse mientras escribes un libro, pero la distracción tiene que escogerse cuidadosamente y no ser de un tipo que trastorne o produzca cansancio físico.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Raras veces leo la totalidad del trabajo del día anterior antes de ponerme a trabajar; sólo leo la última página, tal vez las dos últimas que llevo escritas. Si el día anterior no me paré al terminar un capítulo, compruebo qué extensión tiene ya éste, puesto que me gusta saberlo, pese a que no hay leyes sobre la extensión de los capítulos. Un capítulo es como un «acto» corto en una obra teatral y tiene un efecto dramático o emocional, efecto que puede ser menor o mayor. El escritor tiene que ser emocionalmente consciente de esto. Con frecuencia me han preguntado sobre esto —si leo el trabajo del día anterior (o incluso todo el manuscrito como, según creo, hacía Hemingway)—, de ahí que lo mencione ahora. Es una cuestión puramente individual y yo necesito leer como mínimo una página para reanudar el ritmo de la prosa y el estado de ánimo que describe o inspira.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Estado de ánimo y ritmo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando empecé a escribir A pleno sol creía que mi estado de ánimo era espléndido y que mi ritmo era perfecto. Había alquilado una casa de campo cerca de Lenox, en Massachussets, y pasé las tres primeras semanas leyendo libros de la excelente biblioteca de Lenox, que está mantenida por particulares pero recibe con agrado la visita de turistas. Leí una edición de 1835 de Democracy in America, de Tocqueville, y hojeé una gramática italiana, entre otras cosas. El propietario de la casa de campo vivía lejos de allí y era un empresario de pompas fúnebres que hablaba mucho de su profesión, aunque no me permitió visitar su establecimiento y ver la incisión en forma de árbol que hacía en el pecho antes de embalsamar el cadáver. «¿Qué mete usted dentro del cadáver?», pregunté. «Serrín», contestó rápidamente, como sin darle importancia. Yo estaba acariciando la idea de hacer que Ripley participase en una operación de contrabando que le obligaría a viajar en tren de Triestre a Roma y Nápoles; durante el viaje Ripley acompañaría un cadáver que en realidad estaría relleno de opio. Ciertamente, no era una buena idea y nunca la escribí de esta manera, pero por esto estaba interesada en ver los cadáveres de mi casero. Me sentía bucólica y empecé a escribir el libro y al principio creí que me estaba saliendo muy bien. Pero allá por la página setenta y cinco empecé a tener la sensación de que mi prosa estaba tan relajada como yo, casi fláccida, y que un estado de ánimo relajado no era el más oportuno para mister Ripley. Decidí tirar las páginas y empezar de nuevo, sentada mentalmente, además de físicamente, en el borde de la silla, porque ésta es la clase de joven que es Ripley: un joven que se sienta en el borde de la silla, si es que alguna vez llega a sentarse.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Pero durante estas divagaciones sobre cadáveres llenos de opio y la equivocación de escribir una prosa demasiado relajada, no perdí de vista mi idea principal, que consistía en dos jóvenes que se parecen un poco —no mucho— y uno de los cuales mata al otro y asume su identidad. Esto era lo esencial de la narración. Se pueden escribir muchas narraciones en torno a una idea como ésta. No hay nada espectacular en el argumento de A pleno sol, creo yo, pero el libro se hizo popular debido a su prosa frenética y a la insolencia y la audacia del propio Ripley. Me imaginé a mí misma dentro de la piel de su personaje y eso hizo que mi prosa cobrara una confianza que en otro caso no hubiese tenido. Se hizo más entretenida. Al lector le gusta tener la sensación de que el escritor domina su material y tiene fuerzas de sobra. A pleno sol ganó un premio de los Mystery Writers of America, el Grand Prix de Littérature Policière de Francia y fue llevada al cine con el mismo título. El premio de los Mystery Writers of America lo tengo colgado en el cuarto de baño, que es donde cuelgo todos los premios porque allí parecen menos pomposos. En Positano, el documento enmarcado y cubierto con un cristal resultó ligeramente perjudicado por la humedad. Cuando quité el cristal para limpiarlo y secarlo, escribí «Mister Ripley y» delante de mi propio nombre, pues creo que el premio deberían habérselo dado al propio Ripley. Ningún libro me ha resultado más fácil de escribir y a menudo tenía la sensación de que Ripley lo estaba escribiendo y que lo único que hacía yo era pasarlo a máquina.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;En armonía con el libro&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los buenos libros se escriben solos, ya se trate de un libro pequeño pero de éxito como A pleno sol o de obras literarias más extensas e importantes. Si el escritor piensa lo suficiente en su material, hasta que se convierte en parte de su mente y de su vida, y se acuesta y se levanta pensando en él, entonces cuando se ponga a trabajar por fin la narración saldrá con fluidez, como por impulso propio. El escritor debe sentirse integrado en el libro mientras lo esté escribiendo, tanto si tarda seis semanas como si tarda seis meses, o un año, o más. Es maravillosa la forma en que fragmentos de información, rostros, nombres, anécdotas, impresiones de toda clase que proceden del mundo exterior durante la redacción del libro pueden utilizarse en éste si uno está en armonía con el libro y sus necesidades. ¿Se trata de que el escritor atrae las cosas más indicadas o es que hay algún proceso que aleja las que no lo son? Probablemente se trata de una mezcla de ambas cosas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Si uno intenta escribir y al mismo tiempo tiene un empleo, es importante que cada día o cada fin de semana se reserve cierto tiempo que deberá ser sagrado y sin interrupciones. En cierto modo, esto resulta más fácil si se vive con alguien, porque esta persona puede contestar a la puerta o al teléfono. Debe de haber centenares de escritores que intentan escribir una novela los fines de semana y por la noche. Cinco noches a la semana de dos o tres horas cada una, u ocho horas cada sábado, o cuatro noches por semana de tres horas cada una: el escritor debe hacerse su propio programa y atenerse a él. Sentir orgullo por el propio trabajo es esencial, y si uno permite interrupciones y acepta invitaciones, su orgullo se va empañando poco a poco. Puede que al escribir una novela se avance despacio, pero eso no tiene importancia. Lo importante es tener la sensación de que el libro está encarrilado, que hasta el momento sale bien, aunque solamente se hayan hecho cuarenta páginas en un mes. Si se tiene un empleo, hay que estar descansado antes de ponerse a trabajar en el libro y no hay que apresurarse, ya que entonces las cosas se embrollan. Los embrollos no son fáciles de afrontar, de modo que si se presenta una distracción uno se siente más inclinado a ceder ante ella que a afrontar el problema que le espera en su mesa de trabajo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Oficio y talento&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Estos comentarios son perogrulladas, pero los escritores con cierta experiencia y, por supuesto, cierto talento ciertamente sufren presiones externas, pues, de no ser así, no habría instituciones como Yaddo, en Saratoga Springs. Ir a Yaddo no cuesta dinero, pero el escritor tiene que presentar el primer capítulo de un libro, varios relatos cortos, publicados o no, y tener tres recomendaciones para que lo admitan. En Yaddo no se le facilita nada, salvo una habitación propia y la garantía de que no habrá interrupciones desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde; pero el escritor no necesita nada más, excepto un lápiz o una máquina de escribir y papel... y comida, claro, que también es gratis. La mayoría de los escritores dicen que en semejantes condiciones trabajan un treinta por ciento mejor que «en el mundo», prescindiendo de lo que ellos entienden por «el mundo». Lo que escriben es mejor y su producción es más rápida. Debido a la necesidad de trabajar en otra cosa, no todo el mundo tiene la suerte de ir a Yaddo. Lo cito como algo ideal, algo que uno puede pretender en pequeñas dosis, incluso en una casa donde haya niños.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; No hay que ser un monstruo, o tener la impresión de serlo, para exigir dos o tres horas de intimidad absoluta. Este programa debe convertirse en un hábito, y el hábito, como el escribir mismo, en una forma de vida. Debe convertirse en una necesidad; entonces uno puede trabajar y trabajará siempre. Es posible pensar como un escritor toda la vida, querer ser escritor, pero escribir poco, ya sea por pereza o por falta de hábito. Una persona así puede escribir pasablemente bien cuando escribe —estas personas destacan como grandes escritores de cartas— e incluso pueden vender algunas cosas, pero esto es más dudoso. Escribir es un oficio y necesita una práctica constante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Pintar no consiste en soñar o en estar inspirado. Es un oficio manual y se necesita un buen artesano para hacerlo bien», dijo Fierre Auguste Renoir; y, tratándose de un artista y de un maestro, creo que vale la pena recordarlo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Y Martha Graham dijo lo siguiente sobre el arte de la danza: «Es una curiosa combinación de habilidad, intuición y, debo decirlo, crueldad... y de un hermoso elemento intangible llamado "fe". Si no tenéis esta magia, podéis hacer una cosa hermosa, podéis hacer treinta y dos fouettés, y no pasa nada. Creo que esta cosa es algo innato. Es algo que puedes sacar de la gente pero no infundírselo, no se puede enseñar.»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Renoir habla del oficio, Martha Graham del talento la gracia, el genio. Las dos cosas deben ir juntas. El oficio sin talento no tiene encanto ni sorpresas, nada original. El talento sin oficio... bueno, ¿cómo puede el mundo verlo en ninguna parte?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Grandes músicos, escultores y actores han hecho comentarios como los que he citado, porque todas las artes son una sola, todos los artistas tienen un núcleo parecido y es sólo la casualidad la que determina que el artista se haga músico, pintor o escritor. Toda arte se basa en el deseo de comunicar, el amor a la belleza, la necesidad de crear orden del desorden. Éste fue mi «¡Eureka!» a los diecisiete años: que todas las artes eran una sola. Me di cuenta de ello y llegué a pensar que había descubierto algo nuevo, pero pronto averigüé que ya lo habían dicho miles de años antes, casi desde el mismo momento en que el hombre empezó a escribir. Y hace veinte mil o cuarenta mil años, cuando se estaban pintando los grandes murales con animales de las cuevas de Lascaux, me imagino que uno o dos hombres de una tribu observarían un parecido curioso entre el temperamento de los hombres que pintaban bisontes y renos y los hombres que siempre estaban contando historias inventadas por ellos mismos, tratando constantemente de reunir un grupo de oyentes a su alrededor. No tenemos datos sobre los esfuerzos del narrador de historias por perfeccionar su arte, pero en el suelo de las cuevas decoradas están desparramados los primeros esfuerzos, los bocetos que los que pintaron las paredes hicieron para practicar en fragmentos de arcilla que ahora están rotos. Tenían que practicar antes de poder dibujar el lomo de un reno con un simple movimiento de la mano y el brazo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una sensación de contacto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Me asombra lo que he oído decir de ciertos pintores a los que no he conocido personalmente: que se dan por satisfechos pintando para ellos mismos, que no les importa montar una exposición y mucho menos vender un cuadro. No hay duda de que para esto hay que tener mucha confianza en uno mismo. Al parecer, sólo sienten placer perfeccionando su trabajo ante sus propios ojos, a solas. Esto parece extraño, mientras haya personas a su alrededor, y quizás algunos de ellos tengan un grupo de amigos selectos a quienes con gusto enseñan sus obras. Pero no es imposible imaginar semejante actitud. Creo que la mayoría de los escritores, si llevasen una existencia como la de Robinson Crusoe, sin esperanza de volver a ver seres humanos, seguirían escribiendo poemas, relatos breves y libros con el material que tuviesen a mano. Escribir es una forma de organizar la experiencia y la vida misma, y la necesidad de hacerlo sigue estando presente aunque no se tenga público. Sin embargo, pienso que a la mayoría de los pintores y escritores, les gusta que su obra la vean y lean muchas personas y, desde el punto de vista emocional, esta sensación de contacto es de gran importancia para su moral.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Creo que el primer impulso de escribir lo tuve cuando contaba nueve años de edad. Mi maestra de gramática me señaló una tarea típicamente penosa: una redacción sobre el tema «Cómo pasé las vacaciones de verano». La tarea resultaba aún más dolorosa por el hecho de tener que recitarla sin notas y de pie ante toda la clase. Generalmente, en las redacciones de este tipo hablábamos de excursiones en bicicleta, carreras sobre patines o de cómo alguien se fabricó un tirador y ganó un concurso consistente en derribar latas vacías. Pero el verano en que cumplí nueve años había hecho algo interesante. Mi familia había ido en coche de Nueva York a Texas y de vuelta a Nueva York y durante el viaje habíamos visitado las Endless Caverns.4 Describí estas cuevas, que me habían impresionado muchísimo: debido a su extensión, al hecho de que no se habían descubierto aún su final, y a las formas de flor que adquiría la piedra caliza en algunas partes con sus estambres, anteros, pétalos y tallos. Dos chiquillos que perseguían un conejo las habían descubierto. El animal se metió en una hendidura, los chiquillos le siguieron y se encontraron en un mundo subterráneo: inmenso, fresco, hermoso y lleno de color. Cuando llegué a esta parte el clima del aula cambió. Todo el mundo empezó a escuchar porque lo que yo decía les interesaba. De pronto me había vuelto «entretenida» y al mismo tiempo estaba compartiendo una emoción personal. Me olvidé de mi timidez y el discursito salió mucho mejor. Fue mi primera experiencia de divertir relatando. Era algo que tenía un aspecto mágico, pero podía hacerse, y yo lo había hecho. No pensé en nada de todo esto en aquel momento, sin embargo, y ya tenía quince años cuando intenté escribir algo por placer: un poema épico, fantástico y romántico, algo parecido a uno de los Idilios del rey de Tennyson.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 7&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las dificultades&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Tal vez sea absurdo ponerle a un capítulo el título de «Las dificultades» y tratar de indicarlas y resolverlas en unas pocas páginas. Hay dificultades potenciales en todas partes, incluso en la primera frase, si nos sale sosa, no nos satisface y hacemos una pausa. Las dificultades ocasionan pausas de diversas clases y duración. Las dificultades pequeñas, como la frase sosa, pueden corregirse en un par de minutos volviendo a escribir la frase, pero hay dificultades grandes que parecen acorralarle a uno en un rincón. Las grandes tienen lugar en la segunda mitad de los libros y pueden causar pausas terribles de días y semanas. Uno se siente atrapado, con las manos atadas, el cerebro amordazado, los personajes paralizados, la historia moribunda antes de quedar terminada. La cura puede consistir en volver a la idea original, a lo que uno pensaba antes de ponerse a escribir el libro. Incluso en preguntarse a sí mismo: «¿Qué quiero que suceda?»; y luego disponer las cosas de manera que esto pueda suceder. Esto puede obligar a cambiar el argumento o un personaje, poco o mucho. Y, por supuesto, ésta es la más larga de las operaciones. A veces, si te has atascado simplemente por un incidente, un acontecimiento que ponga punto final al libro, que aleje las sospechas del héroe o algo así, la operación es más corta.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Al escribir A pleno sol me encontré con una dificultad de unas veinte páginas antes del final. Quería que ocurriese un incidente que fuera peligroso para Ripley pero que le liberase de toda sospecha a ojos de la policía. Sencillamente, la idea no se me ocurría, y no se me ocurrió durante cerca de tres semanas. Empecé a pensar que la inventiva me había abandonado. Probé suerte con todos los métodos que conocía, pensar en ello, no pensar en ello, leer las cincuenta páginas anteriores, pero nada daba resultado. Como tenía la impresión de que estaba perdiendo el tiempo, empecé a pasar en limpio la primera parte del libro. Esta actividad semimecánica, que al mismo tiempo tenía que ver con el libro (por supuesto, iba puliendo algunas cosas a medida que escribía), debió de dar en el clavo, ya que se me ocurrió la solución cuando llevaba tres o cuatro días escribiendo a máquina. Consistía en hacer que se desatara el bramante de los cuadros al óleo pintados y firmados por Greenleaf que Ripley había dejado en el almacén de la American Express en Venecia. Se supone que las huellas dactilares que hay en estos cuadros son de Greenleaf, ya que se supone también que éste dejó los cuadros en Venecia antes de su «suicidio». En realidad. Greenleaf llevaba muerto varios meses antes. Las huellas dactilares que hay en los cuadros concuerdan con las del piso «de Greenleaf» en Roma, y nadie sospecha que Ripley haya estado allí y, desde el punto de vista de la policía, todo concuerda, aunque todas las huellas dactilares son de Ripley. Ripley queda libre de toda sospecha y, para colmo, recibe las bendiciones del padre de Greenleaf, más la renta de Greenleaf para toda la vida. Fin de la historia.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Lo que un escritor quiere que ocurra en un relato tiene mucho que ver con el efecto que desee causar: trágico, cómico, melancólico o lo que sea. Hay que tener bien claro dicho efecto antes de empezar a escribir el libro. Repito esto aquí porque puede ser una ayuda en caso de dificultad. Vuelve al efecto que querías crear al principio y puede que el incidente o cambio en el argumento se te ocurra en seguida.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Mientras escribo el presente libro me encuentro atascada en una serie de dificultades molestas pero previsibles. Son dificultades pequeñas. ¿Qué decir a continuación? Este o aquel comentario, ¿no debería ir en un capítulo anterior o en un capítulo futuro? Hay momentos en que me parece que tengo mucho que decir, y en otros momentos no se me ocurre nada. Esto se debe a que trato de utilizar el cerebro en lugar de una fuerza inconsciente y, sobre todo, porque en el presente libro no hay ningún hilo narrativo que me guíe a través de su pequeño laberinto. Si una dificultad de esta clase se presentara al escribir un relato o una novela, sabría que la causa sería la imposibilidad de ver los acontecimientos inmediatamente futuros (y en tal caso, dejaría de escribir y me pondría a imaginar las próximas treinta o cuarenta páginas), o porque estaría obligando a uno o más personajes a hacer algo en contra de sus deseos, o porque el argumento sería tan ilógico que ni a mí me convencería.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Aunque parezca despreocupada al hablar del arte de idear argumentos y escribir, creo que es necesario ir pensando por adelantado el capítulo siguiente al que estás escribiendo, y escribir un capítulo suele exigir más de un día. Hay principiantes capaces de llenar doscientas páginas en un abrir y cerrar de ojos, pero muchas veces el editor hace el trabajo que ellos deberían haber hecho, señalando incongruencias y actos que no se ajustan al carácter de quien los realiza. Escribir así refleja tanto pereza como falta de sensibilidad. El escritor debe ser siempre sensible al efecto que está creando en el papel, a la verosimilitud de lo que está escribiendo. Debe darse cuenta de cuándo algo va mal, con la rapidez con que un mecánico capta un defecto al escuchar el ruido de un motor, y debe corregirlo antes de que vaya a peor.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Problemas abstractos y concretos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Si un relato de suspense se planifica con la mayor lógica posible, escribirlo será más fácil que escribir una novela de otro tipo, debido a que tendrá un argumento sólido. Los novelistas que no cultivan el suspense tienen problemas bastante abstractos: un personaje que se niega a doblegarse al argumento del escritor, una solución a un problema moral que parecía buena en principio pero no queda bien al ser puesta por escrito. Los problemas de un escritor de suspense suelen ser concretos y estar relacionados con cosas como, por ejemplo, la velocidad de un tren, los procedimientos policiales, la fatalidad de las píldoras para dormir, los límites de la fuerza física, y la frontera aceptable entre la estupidez y la inteligencia de la policía. Puede que haya que cambiar de geografía, acortar o alargar distancias. Quizá habrá que dar al héroe un talento o una inferioridad especial, como, por ejemplo, una vista y oídos excelentes, o un miedo enfermizo a las polillas o a las mariposas; y tendrá que quedar bien claro en las primeras páginas del libro si se piensa utilizar más adelante.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;La dificultad más frecuente con que tropieza el principiante cabe expresarla con esta pregunta: «¿Qué sucederá a continuación?» Es una pregunta aterradora, que puede hacer que el escritor tiemble de miedo al público y, además, que le dé la sensación de estar desnudo en un escenario ante una nutrida concurrencia sin saber qué hacer para entretenerla. De repente se ha visto obligado a pensar en algo que seguramente nunca se le ocurrió pensando, porque la inspiración o el germen de una idea nunca se presentan pensando. Muy a menudo el escritor conoce dos o tres cosas que deberían suceder a continuación o muy pronto; no se trata de que no sepa qué decir, sino de que no acaba de decidirse sobre qué escena o acontecimiento debe escribir a continuación. Esto es un problema de secuencia, sencillo en comparación con los demás problemas. Pero es un problema dramático y, por ende, creativo. Si pensando no acabas de decidirte, deja de pensar y ponte a hacer otra cosa —lavar el coche, por ejemplo— y deja que las tres ideas revoloteen libremente por tu cerebro. Él cerebro de un escritor posee la habilidad de disponer una cadena de acontecimientos de una forma naturalmente dramática y, por tanto, correcta. Desde los dramaturgos más grandes —Esquilo y Shakespeare— hasta los plumíferos de éxito, esta disposición dramática de los acontecimientos se manifiesta de un modo que con frecuencia se califica de instinto, pero que también es fruto de la práctica y la disciplina. Los escritores son personas que entretienen a las demás. Les encanta presentar cosas de un modo atractivo, entretenido, hacer que el público o el lector se sorprenda, preste atención y se lo pase bien.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡Qué punto de vista!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Pero si una narración realmente se niega a avanzar y tienes la sensación de encontrarte en un lío sin saber cómo salir de él, intenta volver a los métodos que empleaste para idear el argumento: inventa posibles soluciones a tu problema; inventa una acción que haga avanzar el relato, incluso soluciones y acciones descabelladas e ilógicas, porque tal vez sea posible volverlas lógicas. Si esto no da resultado, olvídate de todo el asunto durante un tiempo o finge incluso que te da lo mismo que el libro llegue a terminarse o no. Puede que esto signifique pasarte varios días vagando por la casa sin hacer nada, o trabajando en el jardín, tocando el piano o haciendo cualquier cosa que cambie tus pensamientos. Sin embargo, la dificultad que surge al escribir un libro es un problema que está al acecho y que debe resolverse, sin que sirva de nada tratar de olvidarlo. Desde luego, es muy fácil desecharlo si en realidad no estás muy metido en el libro. Pero si estás metido y el libro te importa, tu subconsciente aportará la solución al problema.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Al llegar a la página veinte o veinte y pico el escritor puede encontrarse con que está narrando la historia desde un punto de vista equivocado. Creo que el punto de vista es el coco para muchos escritores principiantes, debido a que se han dicho muchas cosas aterradoras sobre él. Se trata únicamente de sentirse cómodo al escribir, de saber quién narra la historia. La única otra cosa que hay que tener en cuenta es de qué clase de historia se trata. ¿Cómo quedaría mejor contada, desde la barrera o a través de los ojos de un participante?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Emplear la primera persona del singular es la forma más difícil de escribir una novela; sobre esto parece que los escritores están de acuerdo, aunque no lo estén en ningún otro aspecto relativo al punto de vista. Yo me he encallado dos veces en libros escritos en primera persona del singular, tanto que abandoné la idea de escribirlos. No sé qué me pasó, sólo que me harté de escribir el pronombre «yo»5 y me fastidiaba la sensación estúpida de que la persona que contaba el relato estaba sentada ante la mesa escribiéndolo. ¡Fatal! Además, mis protagonistas son muy dados a la introspección y escribirlo todo en primera persona les hace parecer cochinos intrigantes, que es realmente lo que son, por supuesto, pero lo parecen menos si algún autor sabelotodo se encarga de narrar lo que les pasa por la cabeza.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Quizá porque, en conjunto, me resulte más fácil, prefiero el punto de vista del personaje principal, escrito en tercera persona del singular y, podría añadir, en masculino, ya que tengo la sensación, que supongo del todo infundada, de que las mujeres no son tan activas como los hombres, y no tan atrevidas. Soy consciente de que sus actividades no tienen por qué ser físicas y que como fuerzas motivadoras pueden llevarles ventaja a los hombres, pero tiendo a pensar que las mujeres son empujadas por la gente y las circunstancias en lugar de ser ellas las que empujen, y más dadas a decir «no puedo» que «lo haré» o «voy a hacerlo».&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Casi no me atrevo a decirlo, pero el punto de vista más fácil podría ser el de una persona no criminal que protagonizara un relato en el que tuviera que vérselas con el criminal. Obviamente, el escritor tiene que identificarse con la persona a través de cuyos ojos se relata la narración, pues los sentimientos, pensamientos y reacciones de la citada persona son el fluido vital de la narración. Esto no quiere decir que este personaje constituya la acción de la narración. Me resulta fácil imaginar un relato de suspense contado a través de los ojos de un anciano o una anciana que debe guardar cama por enfermedad, simple observador de lo que ocurre. Pero, al igual que todas las novelas, hasta una de suspense es una cosa emocional; son los cinco sentidos, más la inteligencia, que juzga y toma decisiones, los que cuentan y constituyen el verdadero libro.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Los novelistas de suspense tienden a escoger el punto de vista de una persona activa, de un hombre capaz de luchar, correr y, si hace falta, utilizar un arma de fuego. Si se repite constantemente, esto también puede hacerse aburrido, tanto para los lectores como para el escritor. Me ha pasado por la cabeza la idea de escribir un libro de suspense desde el punto de vista del cadáver. «Les habla el cadáver.» Y seguidamente el muerto o la muerta procede a contar la historia que precedió a su muerte, los detalles de ésta y lo que ocurre después. No hay que preguntar cómo el cadáver es capaz de hacer todo esto. En la ficción no siempre es necesario responder a preguntas lógicas. Pero no puede decirse que esta idea sea original. La han utilizado más de media docena de autores de novelas policiacas, según el crítico Anthony Boucher, que agrega: «Una y otra vez se le ocurre a alguien, y siempre como una idea nueva y sorprendente...»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; No deberíamos olvidar el punto de vista del espectador, ni la forma brillante en que Henry James lo utilizó en La vuelta de tuerca, por ejemplo. No puedo imaginarme al ama de llaves de dicho relato participando en una batalla de almohadas con los dos niños, pero sus reacciones frente a las cosas que vio o imaginó ponen los pelos de punta.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Prefiero que en una novela haya dos puntos de vista, pero no siempre los empleo. De haber querido, en Mar de fondo hubiera podido pasar del punto de vista de Vic, el marido, al de la esposa, pero el relato nos permite conocer tan bien los pensamientos y deseos algo primitivos de ella, que ver las cosas a través de sus ojos hubiese aportado poca información o variación al libro. Sin embargo, atenerse a un solo punto de vista durante todo un libro, como hice en A pleno sol, aumenta la intensidad de una narración, y la intensidad puede y debe contrarrestar la posible monotonía del punto de vista de una única persona. Utilizar dos puntos de vista —como hice en Extraños en un tren, los de los dos jóvenes protagonistas, tan distintos uno del otro, y en El cuchillo, de Walter y Kimmel, que tampoco se parecen en nada— puede producir un cambio muy entretenido de ritmo y ambiente. Por esto prefiero que la novela describa el punto de vista de dos personas, si es posible.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Recientemente, en una revista femenina leí un relato visto a través de los ojos de un padre: corre el riesgo de que su joven hija le sea arrebatada por un hombre mayor al que ella encuentra fascinante. Estos relatos suelen empezar así: «Soy sólo un hombre, así que no lo sé todo, pero...» Es de suponer que los lectores siguen leyendo ávidamente sólo porque el narrador es un hombre que sabe cosas que los lectores ignoran. La historia estaba bien a lo largo de mil palabras más o menos; luego había una escena romántica entre la hija y el hombre mayor en una terraza bañada por la luz de la luna, con diálogo directo, y era totalmente inverosímil que el padre estuviera allí. Tampoco el autor anunciaba que se iba a inventar la conversación, pero ya estaba a la mitad de la escena cuando me percaté de ello. Son cosas de la ficción popular.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; ¿Por qué hay que preocuparse por el punto de vista? Bien podríamos hacer que en el próximo relato el narrador fuera una escupidera colocada en un rincón. Con todo, como soy escritora, la solución del problema del punto de vista en este relato acabó por impresionarme y volví atrás para ver cómo se las había arreglado el autor. De ninguna manera: sencillamente había empezado a escribir la escena de la terraza bañada por la luz de la luna. El resultado es ameno —especialmente si tienes que interrumpir la lectura para remover la sopa—, pero, hablando emocionalmente, la ruptura, la inexplicable e imperdonable ruptura del punto de vista debilitaba la narración. Era una libertad que sobrepasaba lo que le está permitido a un escritor. Era, de hecho, una deformación horrible de un relato corto. Desde luego, la escena de la terraza fue escrita para vender el relato, porque lo que desea la mayoría de la gente es ver a los dos protagonistas románticos en acción, en lugar de leer el análisis que hace un padre de todo ello. Y el padre nos hubiera caído muy mal si hubiese reconocido francamente: «Suelo escuchar a escondidas y aquella noche me oculté en un jarrón grande que había en la terraza y...»&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;«Sentir» una historia emocionalmente&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un serio estancamiento después de treinta o cuarenta páginas, y un auténtico hastío de todo el proyecto, puede ser el resultado de que el escritor no se identifique con la persona a través de cuyos ojos y emociones intenta contar la narración. Los escritores con experiencia aprenden a reconocer el fenómeno en seguida, en la primera o la segunda página, y con frecuencia se percatan de ello mientras están pensando —es decir, tratando de sentir el relato emocionalmente—, antes de ponerse a escribir. Hace varios años tuve uno de estos problemas con un relato corto acerca de una mujer de cuarenta y cinco años, residente en Munich, que se hospeda en una estación de invierno en Austria con el propósito de suicidarse al cabo de unos días. Pero, lejos de estar melancólica, hay en ella una alegría, un aire de felicidad plácida, que la hace atractiva a los ojos de los demás huéspedes del hotel, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. La mujer está en paz consigo misma, con los acontecimientos de su vida, y aunque siempre le ha gustado la gente, ya no la necesita: éste es el tema de la narración. Por esto la gente se siente atraída hacia ella, porque presiente que ella no les pide nada, emocionalmente hablando.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Bien. Escribí dos principios para este cuento, uno de seis páginas y otro de doce. Ninguno de los dos daba sensación de autenticidad. La prosa resultaba forzada, estudiada, sin el menor soplo vital y, sobre todo, yo deseaba transmitir una sensación de vida y de amor a la vida, incluso en la mujer que se proponía abandonarla. Le dije a una amiga que estaba muy disgustada conmigo misma porque me sentía incapaz de escribir esta historia cuyo tema era tan prometedor. Me deprimía pensando que el tema, aunque se me hubiera ocurrido a mí, era demasiado bueno para una escritora como yo. Henry James y Thomas Mann lo hubieran escrito fácilmente, pero yo no. «Estoy pensando en escribirla desde el punto de vista de alguien que está en el hotel y que la observa», dije, aunque ello no me inspiró mucha esperanza. Entonces mi amiga, que no es escritora, me sugirió que probase a escribirla desde el punto de vista del autor omnisciente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Al menos era una idea. La palabra «omnisciente» me sugería objetividad. El autor sabelotodo observa el asunto como si estuviera algo distanciado. Probé a escribir la historia otra vez, imaginándome «a distancia» aunque, de hecho, seguía escribiendo a través de los ojos de mi heroína. La palabra «omnisciente» era lo único que me había ayudado. Ya no tenía que pensar que me encontraba dentro del personaje principal, una mujer que se encuentra al borde mismo del suicidio. Yo nunca he estado al borde del suicidio, ni siquiera en sus proximidades, y no me cabe la menor duda de que esto era un inconveniente. Imaginarme la renuncia al mundo, que es lo que significa el suicidio, iba a resultar una tarea colosal que requeriría mucho tiempo y muchos esfuerzos si quería que saliese bien. Así que opté por la salida fácil: no expliqué el estado de ánimo de la mujer. (Nunca pidas disculpas, nunca des explicaciones, dijo un diplomático inglés, y un escritor francés, Baudelaire, dijo que las únicas partes buenas de un libro son las explicaciones que se han omitido en él.) Me limité a decir que el marido y el hijo de la mujer estaban vivos, que eran muy distintos de ella y que llevaban unos cuantos años distanciados.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Pero por otro lado, nunca he estado al borde de asesinar a nadie, pero, a pesar de ello, puedo escribirlo, quizá porque a menudo el asesinato es una extensión de la ira, una extensión que llega a la locura, temporal o permanente.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; El relato sobre la mujer que se suicida se titula Nothing tbat meets the eye. Siempre es agradable poder decir que una narración ha salido en tres antologías, pero lo cierto es que no logré venderla.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Es inevitable que en las primeras obras de un escritor la elección del punto de vista esté dominada por su personalidad, por la clase de vida que ha llevado, por cómo y dónde se educó, por los detalles personales de su vida. Obviamente, es mejor que el escritor elija primero el punto de vista de personajes que emocionalmente se parezcan a él. Cuando haya practicado el arte de imaginar, el escritor puede atreverse a meterse en la personalidad de muchos tipos de personas distintas a él: agricultor, chica joven, niño, marino o casi cualquier persona totalmente distinta de él. Al igual que Paul Gallico en su libro The silent miaow, las confesiones personales de un gato, uno incluso puede llegar a introducirse en la personalidad de un animal.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; De un modo u otro, muchas dificultades están en la mente del escritor más que en el papel. Empieza a escribir más despacio o deja de hacerlo sin saber exactamente qué es lo que va mal. Con frecuencia tiene una sensación vaga de inseguridad, de estar perdiendo el tino, de que el relato ya no es bueno ni convincente. Esta sensación la tuve brevemente cuando escribía Crímenes imaginarios y llegó el momento en que la esposa, Alicia, se siente trastornada hasta el punto de arrojarse por el acantilado. El problema radica en que no había dejado bien sentado, con la suficiente antelación en el libro, que Alicia pertenecía al tipo de persona que puede derrumbarse a causa de las tensiones. Finalmente se arroja al vacío, pero tuve que trabajar en páginas anteriores para que esto fuese lógico. Éste es un ejemplo sencillo de este tipo de estancamiento, pero es también el que se sufre con más frecuencia, de una forma u otra: el escritor no ha puesto los cimientos para lo que debe suceder cuando el relato esté más avanzado.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Utilizar los sentidos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Un ambiente poco cuidado difícilmente puede decirse que sea una dificultad, pero puede darle al escritor la sensación de caminar sobre hielo quebradizo a medida que va avanzando, sin que sepa por qué. No se me ocurre ninguna fórmula para crear ambiente, pero, dado que éste penetra en nosotros por uno de los cinco sentidos, o por todos ellos, o también por un sexto sentido, conviene utilizarlos todos. El olor de una casa, el color general de una habitación: verde oliva, marrón mustio o un alegre amarillo. Y los sonidos: el de una lata vacía que el viento hace rodar por la calle, el de un inválido que tose en otra habitación, el olor a una mezcla de medicamentos, a menudo dominado por el alcanfor, que se nota en muchas habitaciones de viejos. O, en una finca campestre donde nada parece estar mal o ser amenazador, a veces, sin saber por qué, se tiene la impresión de que los árboles caerán sobre la casa y la demolerán.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Hace unos años visité a unos amigos que vivían en una casa de dos plantas cerca de Nueva Orleans. Era una casa muy nueva y, de hecho, la pareja que vivía en ella, unos recién casados, acababa de terminar de construirla. Y, pese a ello, recuerdo la sensación de que la escalera, la sala de estar, el descansillo que había en lo alto de la escalera estaban embrujados. No creo en fantasmas, a pesar de las historias que se cuentan para confirmar su existencia, así que la sensación que experimenté era aún más extraña. No se la mencioné a nadie. No era la sensación de que hubiera una presencia que pudiese bajar aquellas escaleras sin alfombra, construidas con madera de pino; era más bien una sensación de tristeza, de tragedia futura. Nunca volví a ver a aquellas personas, ni oí hablar de ellas. Sería en verdad horripilante que ambas hubiesen muerto en un accidente de coche pocos meses después.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Otras profesiones&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Los escritores deberían aprovechar todas las oportunidades de aprender cosas sobre las profesiones de otras personas, ver cómo son sus cuartos de trabajo, oír de qué hablan. Variar la profesión de sus personajes es una de las tareas más difíciles con que se enfrenta un escritor cuando ya ha escrito tres o cuatro libros, cuando ya ha utilizado las pocas profesiones sobre las que sabe algo. No son muchos los escritores que, una vez se dedican de lleno a esta profesión, tienen la oportunidad de aprender cosas sobre otros tipos de trabajo. En una ciudad pequeña, de esas donde todo el mundo se conoce, la cosa puede resultar más fácil. Puede que el carpintero permita al escritor que le acompañe a hacer algún encargo. Un amigo abogado tal vez le dejará estar presente algún día en su despacho y tomar notas. Una vez tuve un empleo durante la temporada alta de Navidad en unos grandes almacenes de Manhattan. Era un escenario caótico, lleno de detalles, sonidos, gente, con un ritmo nuevo —bastante frenético— y un manantial inagotable de pequeños dramas que una podía observar en los clientes, los compañeros y los directivos, que eran muy engreídos. De este escenario nuevo para mí saqué gran provecho en mis obras. El escritor debe observar bien todos los nuevos escenarios que se le presenten, tomar notas y sacar partido de ellos. Lo mismo cabe decir de los pueblos, ciudades y países nuevos. O incluso de calles que nunca había visto antes: una calle miserable en alguna parte, llena de cubos de basura, chiquillos, perros vagabundos, es tan fértil para la imaginación como una puesta de sol en Sunion, donde Byron grabó su nombre en una de las columnas de mármol del templo de Apolo.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="negrilla"&gt;Capítulo 8&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El segundo borrador&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Yo solía hacer un segundo borrador completo, y luego un tercero, que pasaba a máquina con dos copias y era el borrador definitivo. Últimamente mi eficiencia ha aumentado un poco y no tengo necesidad de mecanografiar de nuevo todas las páginas del primer borrador para obtener el segundo, pero mantengo todavía esa fase que llamo «del segundo borrador», en la que el manuscrito corregido no tiene ninguna copia.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Lo primero que hay que hacer antes de empezar el segundo borrador es leerse el primero de cabo a rabo, como si uno fuera un lector y nunca hubiese visto el libro. Esto no es del todo posible, pero hay que procurar hacerlo lo mejor que se pueda. Es preferible no entretenerse tratando de mejorar un adjetivo o un verbo y seguir leyendo rápidamente para hacerse una idea del ritmo del relato, para sentir dónde pierde fuerza, dónde hay una especie de vacío emocional en uno o varios personajes. Los defectos de este tipo, cuando los encuentras, te golpean con tanta fuerza —como una crítica pronunciada en voz alta que te hace estremecer—, que generalmente no es necesario tomar nota, aunque nada malo hay en ello, siempre y cuando las notas no sean demasiado largas y no entretengan demasiado. A veces basta con anotar el número de la página. Si durante esta primera lectura alguna frase parece innecesaria o redundante, hay que tacharla en seguida, ya que, de no hacerlo entonces, habrá que tacharla más adelante. Tachar una frase con un lápiz de color se hace en un momento y proporciona la apropiada actitud desdeñosa ante la propia prosa, que no debe considerarse sagrada.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; «Un poco más de detalle en retrospección merienda campestre página 66» es el tipo de nota que podría resultar útil, ya que ésta es la clase de cosa que podría olvidarse y pasarse por alto en una segunda lectura. Sobre todo, hay que ver la impresión general que causa el libro tal como está en ese momento. ¿Es el héroe demasiado gazmoño, duro, sin humor, egoísta? ¿Es admirable, si es que tiene que serlo? ¿El lector acaba preocupándose por él?&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Simpatía y preocupación&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Debes ser sincero al responder a la última pregunta. Preocuparse no es lo mismo que simpatizar con el héroe. Preocuparse por si queda impune o es atrapado por la justicia es interesarse por él, a favor o en contra. Hace falta habilidad para conseguir que el lector se preocupe por los personajes. Para ello, es necesario que primero sea el escritor quien se preocupe. A eso se refiere esa palabra altisonante: «integridad». Puede que a los buenos plumíferos les importe un pepino, pero, pese a ello, gracias a sus hábiles métodos dan la impresión de que sí les importa y, además, convencen al lector de que lo mismo le ocurre a él. Preocuparse por un personaje, sea el héroe o el malo, requiere tiempo y también una especie de afecto o, mejor dicho, el afecto requiere tiempo y también conocimiento, para lo cual se necesita tiempo, cosa que los plumíferos no tienen.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; De vez en cuando es conveniente pensar en el arte del pintor. Si un pintor está haciendo un retrato, un retrato que debe ser bueno, no se limitará a dibujar rápidamente un óvalo para la cabeza, trazar luego dos puntos a guisa de ojos y así sucesivamente. Observará en qué se diferencian los ojos del modelo de los de otras personas y también se tomará la molestia de elegir cinco o seis colores de la paleta para pintar el cabello y la carne: blanco, verde, rojo, marrón y amarillo. El escritor debe poner el mismo cuidado al describir el rostro y el aspecto de sus principales personajes, pero debe hacerlo brevemente (lo cual es más difícil que detalladamente), tan brevemente como le sea posible y, pese a ello, de manera que el lector no lo olvide.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; Soy consciente de que algunos escritores opinan de otro modo y les trae sin cuidado el color del cabello de sus personajes, porque es un detalle que a ellos no les interesa. A algunos les basta con decir, por ejemplo, que un hombre es de estatura mediana y tiene el pelo negro. Lo único que hago es decir cómo prefiero escribir yo. De hecho, hace poco leí una crítica que se deshacía en elogios de un libro de suspense en el que no se decía nada sobre el aspecto y los antecedentes de los personajes. Lo que éstos eran quedaba totalmente de manifiesto por medio de la acción. A los pocos días leí otra crítica del mismo libro que no le dedicaba ningún elogio, sino que insistía en que la gente era distinta, la gente tenía antecedentes, y que no era posible escribir un buen libro si se omitían estos detalles. Así son estas cosas.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pulir con provecho&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt;Cuando termino de leer el primer borrador de un manuscrito, puede que tenga una lista de cinco cosas que deben corregirse —una torpeza de estilo, una parte demasiado corta, una falta de énfasis en determinado lugar— y una lista mental de cosas como «aburridísimo cuando va a visitar a su anciana tía». Doy por sentado que ser aburrido en una parte del libro es una falta tan grave que no se me olvidará. A menos que me sienta emocionalmente agotada por ese día —y leer los propios manuscritos puede surtir este efecto—, tengo que encararme ante todo con el problema más grande. Una vez resuelto éste, empiezo a sentirme mejor. No obstante, a veces se tardan días en resolver los problemas grandes, especialmente si hay que buscar una idea nueva. Durante este período hay que volver a pasar a máquina muchas cosas. Si una página mía acaba llena de palabras cambiadas, frases añadidas, etcétera, la vuelvo a pasar a máquina para que quede pulcra. Aunque para mí siga siendo legible, probablemente soy la única persona en el mundo capaz de leerla, y eso no sin cierta dificultad.&lt;/parraf&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="espacio"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;parraf&gt; No me duele el tiempo que dedico a mecanografiar de nuevo las páginas llenas de correcciones. Mientras lo hago voy creando mi segundo borrador y al mismo tiempo vo
