EL ALMA MULA DE MOCTEZUMA
Publicado en
octubre 06, 2026
En la sierra de Sonora, en Moctezuma, no le rezan a los santos cuando cae la noche del jueves. Le rezan a que no escuchen cadenas.
Ramona era una mujer de dinero que tenía una mula entrenada para patear a sus trabajadores. Pero el pueblo no le temía por eso... le temían por lo que hacía en secreto. Dicen que tuvo un amor prohibido con un sacerdote del pueblo —o en otras versiones, algo mucho peor e imperdonable para la época.
Para el pueblo, eso era una maldición. Y la condena no fue cárcel. Fue algo eterno. Dios la castigó transformándola.
Desde entonces, cada noche de jueves a viernes, cuando la madrugada cae sobre las calles empedradas de Moctezuma, se convierte en una mula. Pero no es una mula cualquiera. Es una mula SIN CABEZA, con ojos de fuego que brillan en la oscuridad. Arrastra cadenas pesadísimas que retumban en las calles vacías.
Y aunque tiene cuerpo de bestia, grita como mujer —un grito desgarrador, de dolor infinito, como si se estuviera lamentando por toda la eternidad.
Los perros del pueblo lloran cuando ella pasa, se esconden entre las patas de sus amos y aúllan con el rabo entre las piernas.
No ataca a cualquiera. Busca a los borrachos, a los trasnochadores, a los que andan en malos pasos. Los llama con su grito, los atrae para que la sigan. Y cuando ya están cerca del monte, cerca del barranco... se da la vuelta. Y ahí, por fin, le ves la cara.
Es una cara de mujer putrefacta, pegada al cuello del animal, con los ojos vacíos y la boca abierta en un grito eterno.
La gente mayor de Moctezuma todavía te advierte: si en la madrugada escuchas cadenas arrastrándose y un llanto de mujer en la calle... no abras la puerta. No te asomes por la ventana. Reza y tápate los oídos.
Porque si te mira... te lleva con ella.
Fuente del texto:
Entre historias y Misterios