Publicado en
mayo 01, 2024
Jim Evert
JIM EVERT, famoso entrenador norteamericano de tenis, se ha preparado para el caso de que sus hijas, Chris y Jeannie, ambas campeonas de ese deporte, lleguen a enfrentarse una con la otra en las finales de un torneo. "Hace más de cinco años que no veo un filme", dice Evert. "Si mis hijas llegan a disputarse el campeonato, es posible que ese día vaya al cine".
—S.J.
EL ASTRONAUTA y geólogo Harrison Schmitt parece haber aprendido de la memoria tanto como de la Luna desde que dio un paseo por la superficie de nuestro satélite en 1972. "Mi caminata par la Luna fue tan breve que se me grabaron pocas impresiones", ha dicho. "De vez en cuando empiezo a contar a alguien lo que presencié allí, y en seguida advierto que estoy narrando lo que vi en alguna película".
—Time
EDWARD RUST, dirigente de una empresa de seguros y presidente de la Cámara Norteamericana de Comercio, relató hace poco en un discurso: "Estaba yo en una junta cuando uno de nuestros clientes me llamó por teléfono. Me expuso un problema en que pude ayudarle".
"Terminada mi conversación telefónica, una de las personas que estaban en mi despacho comentó que cualquier perito en administración quedaría consternado al saber que yo interrumpía una reunión importante para ocuparme de los problemas de uno de nuestros 20 millones de asegurados. Al perito aquello le parecería un desperdicio de tiempo. Yo le repliqué (y estoy convencido de lo que dije) que el día en que me negara a hablar con los clientes, presentaría mi renuncia, pues ello significaría que había empezado a perder contacto con el verdadero mundo en que operamos".
H.L. MENCKEN, escritor y crítico norteamericano que, a lo largo de su brillante carrera periodística, adujo muchos y variados argumentos en apoyo de diversas causas, solía recibir cartas del tenor siguiente: "Hace quince años aseguró usted tal y cual cosa en uno de sus artículos, y ahora afirma exactamente lo contrario. ¿Cómo explica tal cambio?"
A lo que Mencken contestaba: "Antes no era yo tan sabio como ahora".
—W.M.
EL FAMOSO maestro de la pantomima Marcel Marceau comentaba después de haber cruzado los cinco continentes en el curso de 1973 para ofrecer 300 representaciones: "Volví a casa en las afueras de París, charlé con mi jardinero, que no se ha movido de allí en 25 años, y me convencí de que él sabe tanto de la vida como yo. Me habló de los árboles enfermos que había cuidado y de las cebollas que crecían apretadamente en sus bulbos. Y me pareció un hombre muy juicioso. Él mismo iba tomando el aspecto de un árbol viejo, mientras yo corría de un continente a otro, de una reunión social al teatro, atiborrado de impresiones como una película revelada a medias".
—A.H.
CUANDO el rey Carlos Gustavo XVI de Suecia tenía siete años de edad, empezó a llorar al enterarse de todas las responsabilidades que pueden pesar sobre un soberano. "No quiero ese empleo", le dijo a su abuelo, el rey Gustavo Adolfo VI, hoy difunto. "Lo que quiero es ser taxista".
El niño dejó de llorar cuando el anciano replicó: "A juzgar por el camino que llevan las cosas en este mundo, tal vez algún día realizarás tu deseo".
—Leonard Lyons
DECÍA el capitán Jacques Cousteau, en cuyo más reciente viaje de investigación submarina la tripulación de su nave Calypso nadó bajo los hielos de la Antártida: "No soy especialmente valeroso; siento el temor en lo más profundo de mi ser. Los únicos peligros que hemos corrido son los que conocimos al comienzo de nuestras actividades, y no me agrada recordar aquellos errores; porque exponerse al riesgo es un error. Los héroes que reviven sus momentos de mayor peligro no hacen sino repasar los instantes en que fueron más necios o estaban peor preparados.
"El concepto de la heroicidad sigue siendo objeto de reverencia en nuestros días, lo cual es ridículo. Osadía sería un término más apropiado. En nuestro grupo somos osados, pero revisamos una y otra vez las posibilidades de éxito, y cuando la empresa es demasiado arriesgada, no la emprendemos. Y si alguien se arriesga inútilmente en lo particular, probablemente será expulsado del equipo. No nos agradan los héroes".
—M.M.
FONTANELL era asiduo visitante del salón de Madame de Tencin, donde lo consideraban un dios de la filosofía. Una noche lo sorprendió Madame de Tencin con esta extraña pregunta:
—¿Qué diferencia encuentra usted entre mi viejo reloj y yo?
Fontanell, sin perder su aplomo, respondió galantemente:
—Querida señora, el reloj nos recuerda las horas, mientras que usted nos hace olvidarlas.
—A.I.