COMUNICACIÓN TERAPÉUTICA: GUÍA PARA LOS PADRES
Publicado en
mayo 20, 2022
Hay un lenguaje especial de amor, respeto y aceptación que el padre y la madre deben dominar.
Por el Dr. Haim Ginott (profesor de sicología en la Universidad de Adelphi, y profesor adjunto de sicología en la Universidad de Nueva York).
ME DEDICO a la sicoterapia infantil: aplico a los niños perturbados un tratamiento que consiste en procurar comunicarme con ellos por medio de técnicas especiales. Si esa "comunicación terapéutica" puede sanar a un niño cuya mente no funcione bien, es indudable que todo padre y toda madre debe conocerla, pues aunque es labor del sicoterapeuta curar, sólo quienes están en diaria comunicación con el niño pueden prevenir los trastornos mentales infantiles. He aquí, por consiguiente, algunos principios básicos que deben entender y aplicar los progenitores.
Cómo hablar y corregir a sus hijos. Procure mostrarles cariño y solicitud, y no darles la impresión de que los rechaza. Para el niño esta diferencia es crítica, pues afecta su autoestimación, el concepto que de sí mismo se va formando con el tiempo.
Nuestra conversación "normal" puede perturbar a los niños: los culpamos y los avergonzamos, los sermoneamos y reprendemos, los ridiculizamos y los humillamos, los amenazamos y los sobornamos; constantemente los estamos juzgando y tachando de algo. Tenemos que evitar las reprimendas del tenor: "¿Cuándo aprenderás? ¿Qué te pasa? ¿Cuántas veces tengo que decirte que...? ¿Estás sordo ?"
Castíguese "el pecado", no al "pecador". No ataque al niño, como hicieron con Luisito, de 10 años, cuando rompió un vaso: La madre le dijo: "¿Qué demonios te ocurre?" El padre: "No puede• evitarlo. Es un niño torpe". Tales críticas socavan la personalidad del niño, que acaso tome lo que dicen sus padres al pie de la letra y asuma el papel que le han asignado: el torpe obra con torpeza. Por el contrario, lo indicado en este caso es resolver la situación así: "Se rompió el vaso: trae una escoba para recoger los vidrios".
Cómo manifestar nuestra ira a los niños. Exprese lo que ve usted mismo, lo que siente, lo que espera. No diga nada que pueda herir al niño. No lo humille, ni lo ataque por su carácter, ni ofenda su dignidad. Protéjalo contra esto hablando en primera persona: "¡Estoy furioso! ¡Estoy muy enojado!" Esto es muy preferible a decirle: "Eres un tonto: mira lo que has hecho".
En materia de disciplina, un poco de prevención pesa más que muchas medidas correctivas. Miguelito, también de 10 años, hacía mucho ruido al comer. El padre le gritó:
—¡Levántate de la mesa!: ¡comes como un cerdo! ¿Sabes lo que es un cerdo?
—Sí —replicó Miguelito—: ¡El hijo de un puerco!
La batalla que siguió se hubiera podido evitar si el padre, en vez de insultar al muchacho, le hubiese dicho, por ejemplo: "Miguelito, procura no hacer ruido al comer: eso me disgusta".
¿Y si, presa de la ira, golpea usted a su hijo? Eso es algo que todos hacemos a veces. Una señora me dijo: "Algunas veces me enojo tanto con mi hijo, que le pego. Luego, cuando se me pasa, la ira, razono con él:"
"—Soy humana, y hay un límite en lo que humanamente puedo soportar. Cuando me colman la paciencia, hago cosas que no me gusta hacer. Así pues, procura no impacientarme".
Cómo corregir la tendencia a mentir. Evite que el niño tenga que mentir para defenderse. Si ya sabe usted que el niño fracasó, no le pregunte: "¿Aprobaste el examen?" (Hay padres que deliberadamente hacen tales preguntas para ver si sorprenden al hijo en mentira). Es preferible decirle: "Nos informaron que saliste mal en el examen. ¿Cómo te podemos ayudar?" Procuren que sus hijos comprendan que no es necesario mentir. Dispónganse a oír las verdades amargas, así como las gratas.
Los padres suelen enfurecerse cuando el hijo comete una falta de sinceridad. El temor los hace reaccionar desmesuradamente. Pero hay una manera mucho más recomendable de corregir las trasgresiones del niño. Cuando Anita, de nueve años, fue sorprendida en mentira, explicó que había mentido para evitar el castigo.
—En nuestra familia hay confianza mutua —replicó la madre—. Pero cuando alguien altera la verdad, pierde la confianza de los demás.
—Lo siento, mamá, no volveré a hacerlo —se disculpó la niña, compungida.
—Te creo —contestó la madre, que no hizo más preguntas, ni exigió promesas, sino que se limitó a explicar los valores morales que rigen a esa familia.
Cómo alentar la colaboración e inculcar el sentido del deber. Los niños ofrecen menos resistencia cuando nuestras indicaciones se hacen con respeto y sin vulnerar su independencia. Reaccionan mejor a declaraciones breves, que no se hayan enunciado como órdenes. Veamos un ejemplo. Hacía mucho frío; y Tomás, niño de nueve años, le dijo a su madre que le gustaría ponerse su suéter ligero.
—Veamos lo que dice el termómetro —replicó la señora—. Más de cinco grados, suéter. Menos de eso, chaqueta de invierno.
Tomás examinó el termómetro, e informó:
—Caracoles! Marca cero —y, sin más comentario, se puso la chaqueta de invierno.
A veces, con una nota escrita se consigue mucho más que con un discurso. Una señora, cansada de estar riñendo constantemente para que se hicieran las cosas, optó por fijar un anuncio humorístico:
"SOLICITO muchachos entre 10 y 12 años, fuertes, inteligentes, atrevidos. Capaces de enfrentarse a las fieras y abrir brecha en la maleza que crece entre la casa y el cubo de basura. Los interesados deberán acudir al fregadero".
El anuncio hizo reír a todos, y los muchachos aceptaron sus obligaciones sin resentimiento.
¿Conviene dar dinero a los muchachos por prestar tales servicios? No. A los hijos se les debe casa, vestido, sustento y una cantidad pequeña entregada con regularidad; pero no debe dárseles como premio ni retirárseles como castigo. Se les debe dar porque la necesitan. Por otra parte, es natural esperar que el niño cumpla parte de las tareas y obligaciones de la familia, sin que su "domingo" tenga nada que ver con ello.
Cómo evitar conflictos a la hora de dormir. En el caso de los niños pequeños, conviene ser generosos y flexibles al fijar la hora de acostarse. La madre puede decirles: "Hay que irse a dormir entre las 8 y las 10. Decidan, entre esas horas, cuándo quieren acostarse". En esta forma los niños aprenderán a reaccionar a la necesidad de dormir, puesto que se convierte en responsabilidad propia; en un acto autónomo. Muchísimos niños insisten en estar despiertos hasta muy tarde porque sus padres porfían en que se acuesten temprano. Cuando se les concede el derecho de elegir, hasta se sienten en libertad de irse temprano a la cama.
Cómo ayudar a los niños a dominar sus temores. El mejor antídoto contra el miedo consiste en enseñar al niño que es muy libre de sentir, pensar y soñar, sin que el contenido de sus sentimientos, pensamientos o fantasías le enajene el respeto de sus padres. Los niños necesitan estar seguros de que todos sus sentimientos son legítimos: los positivos, los negativos, los ambivalentes. Podemos ahorrar a nuestros hijos muchos sentimientos de culpabilidad y muchas ansiedades si tratamos como algo normal todas sus vivencias. Sólo la conducta puede ser "buena" o "mala"; semejante clasificación moral no puede aplicarse a los sentimientos, ni a las fantasías infantiles.
No digan al niño asustado que no tiene de qué asustarse, pues así se acrecentarían sus temores: además de su temor inicial, el niño tendrá miedo al miedo. Lo mejor es reconocer y aceptar francamente los temores del niño, y mostrarse comprensivo. Cuando Rosa, que tenía 10 años, habló del terror que le inspiraban los exámenes, su padre, hombre inteligente, comentó: "Sí; los exámenes pueden ser terribles... Sobre todo los finales".
La cuestión de las tareas escolares. La tarea escolar es incumbencia del niño y de su maestro. Cuando los padres intervienen, se meten en una ratonera. La tarea puede convertirse en arma que el niño esgrima para castigar, explotar y atemorizar a. sus padres. El padre que hostiga al niño recordándole la tarea escolar anula su principal objetivo, que es de autodisciplina.
La mejor ayuda que el padre puede proporcionar a su hijo, en este aspecto, es indirecta: una mesa adecuada, buena iluminación, libros de consulta, procurar que el niño esté solo, que no se le interrumpa. A veces los padres pueden aclarar alguna duda, o escuchar algo que el niño haya aprendido de memoria. O bien, si realmente está en un atolladero y pide ayuda, ¡pues a dársela! Sin embargo, exagerar esa ayuda equivale a decirle que es un inútil y que nada puede hacer por sí mismo.
Cuando el niño elige amigos que los padres no aprueban. No conviene precipitarse. Es preferible estudiar detenidamente a los amigos del niño. Muchas veces sus elecciones sirven para librarnos de nuestros prejuicios. Si, una vez concluido nuestro examen de conciencia, sentimos que el amiguito (o la amiguita) nos disgustan, hay que comunicárselo al hijo. Se le puede decir, por ejemplo: "He intentado aceptar a tu amigo, pero no puedo. Quizá sea una necedad de mi parte, pero debo pedirte que no lo invites a casa".
Conozco un señor que abordó la cuestión directamente: "Sé que Jorge es miembro de una pandilla que se dedica a robar, y esto va contra los principios morales de nuestra familia. Te pido que cortes esa amistad".
Suponiendo que el niño siguiera la amistad con Jorge, sería necesario que el padre expusiera nuevamente su punto de vista y pidiera a su hijo que proponga una manera de resolver el problema. Con frecuencia los niños encuentran la mejor solución: "¿Sabes, papá? En adelante jugaré con él en el recreo, pero no lo veré a la salida de la escuela".
Cómo expresar amor a nuestros hijos. Los accidentes insignificantes nos brindan magníficas oportunidades para expresar nuestro afecto a los hijos. Ejemplo: En un restaurante, Daniel dejó caer su emparedado.
—¡Qué tonto soy! —exclamó.
—Daniel —replicó el padre—, no soporto que nadie insulte a mi hijo... Ni siquiera tú mismo. No se trata de hacer reproches, sino de poner remedio: camarero, haga el favor de traer otro emparedado.
Daniel sintió gratitud y afecto intensos hacia su padre. Nada expresa el cariño tanto como una muestra de comprensión en momentos críticos.
La reacción a una pérdida material puede transmitir cariño. A María, de 10 años, se le perdió la piedra de su anillo. Temerosa de la reacción de sus padres, la niña se echó allorar amargamente. "Las piedras siempre se pueden reponer", le dijo su padre. "Las personas y sus sentimientos son muchísimo más valiosos". Y estas palabras no sólo expresaron su afecto por la niña, sino que fueron una lección de moral.
Para comunicar su cariño, los padres necesitan un lenguaje que demuestre aceptación: palabras que valoren los sentimientos; reacciones que logren cambiar un estado de ánimo; respuestas que susciten buena voluntad e irradien respeto. El lenguaje de la sociedad se dirige a la mente; los padres, en cambio, hablan un lenguaje más íntimo: hablan directamente al corazón.
Condensado de "Life"<.comi> (20-X-1972), © 1972 por Time Inc., Time & Life Bldg., Rockefeller Center, Nueva York, N.Y. 10020.