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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal
  • FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación, el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo, y los recuadros LEER y DONAR. Esta opción está disponible sólo en las publicaciones; en Navega Directo, no.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    En esta sección no puedes ocultar los recuadros de OTROS TEMAS, S, LEER y DONAR.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 12 en 12.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    MILAGRO (Connie Willis)

    Publicado el lunes, diciembre 04, 2017
    Había un árbol de Navidad en el vestíbulo cuando Lauren llegó al trabajo, y la recepcionista estaba sentada con la barbilla apoyada en una mano, observando el monitor de seguridad. Lauren dejó en el suelo su bolsa del centro comercial y miró con curiosidad la pantalla. En ella, Jimmy Stewart estaba bailando el charleston con Donna Reed.

    —El Comité Especial para la Moral del Personal ha conectado la tele por cable por Navidad —explicó la recepcionista, tendiendo a Lauren sus mensajes—. Me encanta Qué bello es vivir, ¿a usted no?

    Lauren metió sus mensajes en la parte superior de su bolsa del centro comercial y subió a su departamento. Papel rizado rojo y verde colgaba en tiras del techo, y había un gran lazo de papel rizado rojo atado alrededor de su escritorio.

    —Lo hizo el Comité Especial para la Moral del Personal —dijo Evie, alzando la vista del catálogo que estaba leyendo—. Están decorando todo el edificio, y quieren que nosotras y Control de Documentos vayamos a cantar villancicos esta tarde. ¿No crees que el CEMP se está pasando con eso del espíritu navideño? Quiero decir, ¿quién quiere pasar la Nochebuena en una fiesta de la oficina?
    —Yo —dijo Lauren. Dejó la bolsa sobre el escritorio, se sentó y empezó a quitarse las botas.
    — ¿Puedo tomar tu grapadora? —preguntó Evie—. He perdido otra vez la mía. Estoy pidiendo para mi madre el Agua del Mes, y necesito grapar mi cheque al formulario de pedido.
    — ¿El Agua del Mes? —preguntó Lauren, abriendo el cajón de su escritorio y tomando la grapadora.
    —Ya sabes, te envían botellas de una marca diferente cada mes. Perrier, Evian, Calistoga. —Sus ojos se posaron en la bolsa del centro comercial—. ¿Llevas regalos de Navidad ahí dentro? Odio a la gente que hace sus compras cuatro semanas antes de Navidad.
    —Sólo faltan cuatro días para Navidad —dijo Lauren—, y todavía no lo he comprado todo. Aún me falta algo para mi hermana. Pero ya tengo todos los regalos de mis amigos, incluido el tuyo. —Metió la mano en la bolsa y sacó sus zapatillas de lona—. Y encontré un vestido para la fiesta de la oficina.
    — ¿Lo compraste?
    —No. —Se puso una de las zapatillas—. Iré a probármelo durante la pausa de la comida.
    —Si todavía está allí —dijo Evie lúgubremente—. Yo había elegido aquel palillero con forma de erizo para mi hermano, y cuando volví a comprarlo ya no quedaba ninguno.
    —Les pedí que me lo guardaran —dijo Lauren. Se puso la otra zapatilla—. Es precioso. Negro, escotado, sin tirantes. Con lentejuelas.
    —Sigues intentando que Scott Buckley se fije en ti, ¿eh? Yo ya no intento esas cosas. Las mujeres de los noventa no usan trucos sexistas para atraer a los hombres. Además, decidí que era demasiado atractivo para fijarse en alguien como yo. —Se sentó en el borde del escritorio de Lauren y empezó a hojear el catálogo—. Aquí hay algo que seguro que le gustaría a tu hermana. La Verdura del Mes. La de febrero es el quingombó.
    —Vive en el sur de California —dijo Lauren, metiendo sus botas debajo del escritorio.
    —Oh. ¿Qué hay del Protector Solar del Mes?
    —No —dijo Lauren—. Se decanta por las cosas New Age. Canalización de fuerzas. Aromaterapia. El año pasado por Navidad me envió una pirámide de cristal selectora de parejas.
    —La Filosofía Oriental del Mes —dijo Evie—. Zen, sufismo, tai chi…
    —Me gustaría enviarle algo que realmente le gustara —meditó Lauren—. Siempre lo paso terriblemente mal pensando en qué regalarle a la gente por Navidad. Así que este año decidí que las cosas fueran diferentes. No tenía intención de volverme loca en el centro comercial el día antes de Navidad, comprando cosas que nadie quiere y preguntándome qué demonios iba a ponerme para la fiesta de la oficina. Empecé a hacer mis compras en setiembre, envolví los regalos apenas los compré, tengo hechas todas mis tarjetas de felicitación, listas para echar al correo…
    —Es horrible —murmuró Evie—. Oh, casi lo olvidé. —Sacó una hoja doblada de papel de su catálogo y se la tendió a Lauren—. Es tu nombre para el intercambio de regalos del Santa Claus Secreto. El CEMP dice que se supone que debes llevar tu regalo para él el viernes como máximo a fin de que no interfiera con los regalos que entrega Santa Claus en la fiesta de la oficina.

    Lauren abrió el papel, y Evie se inclinó para leer por encima de su hombro.

    — ¿A quién tienes que entregarlo? Espera, no me lo digas. Scott Buckley.
    —No. Fred Hatch. Y sé exactamente qué regalarle.
    — ¿Fred? ¿El tipo gordo de Documentación? ¿Qué es, la Dieta del Mes?
    —Se supone que ésta es la época del amor y de la caridad, no la época en la que haces observaciones mezquinas acerca de alguien simplemente porque tiene algo de exceso de peso —dijo Lauren severamente—. Le regalaré un vídeo de De ilusión también se vive.

    Evie la miró sin comprender.

    —Es la película favorita de Fred —aclaró Lauren—. Tuvimos una charla maravillosa sobre ella el año pasado en la fiesta de la oficina.
    —Nunca oí hablar de ella.
    —Trata del Santa Claus de Macy’s. Empieza diciéndole a la gente que pueden conseguir los juguetes de sus hijos más baratos en Gimbel’s, y luego el psiquiatra de los grandes almacenes decide que está loco…
    — ¿Por qué no le regalas Qué bello es vivir? Ésa es mi película de Navidad favorita.
    —Tuya y de todo el mundo. Creo que Fred y yo somos las únicas personas a las que les gusta más De ilusión también se vive. Mira, Edmund Gwenn, él es Santa Claus, es recluido en Bellevue porque piensa que es Santa Claus, y puesto que no hay ningún Santa Claus, tiene que estar loco, pero él es Santa Claus, y Fred Gailey, ése es John Payne, es un abogado en la película, decide acudir a los tribunales para probarlo, y…
    —Veo Qué bello es vivir cada Navidad. Me encanta la parte en la que Jimmy Stewart y Donna Reed caen a la piscina —dijo Evie—. ¿Qué le pasó a la grapadora?

    Tenían el vestido y le iba bien, pero había un enorme atasco en la caja registradora, y luego no pudieron hallar una bolsa con colgador para el vestido.

    —Simplemente métanlo en una bolsa normal —dijo Lauren, mirando ansiosamente su reloj.
    —Se arrugará —dijo ominosamente la dependienta, y siguió buscando una bolsa con colgador. Cuando Lauren consiguió convencerla de que una bolsa normal serviría, ya eran las 12:15. Esperaba tener la oportunidad de buscar un regalo para su hermana, pero no iba a tener tiempo. Todavía tenía que llevar el vestido a casa y echar al correo las tarjetas de felicitación.

    Puedo comprar el vídeo de Fred, pensó, mientras se abría camino hacia las escaleras mecánicas. No le iba a tomar mucho tiempo, puesto que sabía lo que quería, y quizá tuvieran algo de Shirley MacLaine que pudiera comprar para su hermana. Diez minutos para comprar el vídeo, pensó, serán suficientes.

    Le tomó casi media hora. Sólo había una copia, que el dependiente no conseguía encontrar.

    — ¿Está segura de que no prefiere Qué bello es vivir? —le preguntó a Lauren—. Es mi película favorita.
    —Quiero De ilusión también se vive —dijo pacientemente Lauren—. Con Edmund Gwenn y Natalie Wood.

    El dependiente tomó una copia de Que bello es vivir de un enorme exhibidor.

    —Vea, Jimmy Stewart se halla en problemas y desea no haber nacido nunca, y su ángel le concede ese deseo…
    —Lo sé —dijo Lauren—. No me importa. Quiero De ilusión también se vive.
    — ¡De acuerdo! —dijo el dependiente, y se fue a buscarlo, murmurando—: Alguna gente no tiene el menor espíritu de Navidad.

    Finalmente fue ella quien lo encontró, en la I, de entre todos los lugares, y entonces el dependiente insistió en envolvérselo para regalo.

    Cuando Lauren llegó a su apartamento era la una menos cuarto. Tendría que olvidar la comida y echar al correo los felicitaciones, pero al menos podría llevárselas consigo, comprar los sellos, y ponerles los sellos en el trabajo.

    Sacó el vídeo de la bolsa y lo colocó en la mesita de café al lado de su bolso, tomó la bolsa y se dirigió al dormitorio.

    Alguien llamó a la puerta.

    —No tengo tiempo para esto —murmuró, y abrió la puerta, con la bolsa aún en la mano.

    Era un hombre joven con una camiseta de “Salvad a las ballenas” y unos pantalones caqui. Su pelo rubio le llegaba hasta los hombros, y tenía una expresión vaga que hacía pensar en el sur de California.

    — ¿Sí? ¿Qué ocurre?
    —Estoy aquí para darle un regalo de Navidad —dijo el joven.
    —Gracias. No estoy interesada en lo que sea que esté vendiendo —dijo ella, y cerró la puerta.

    El joven llamó de nuevo inmediatamente.

    —No vendo nada —dijo a través de la puerta—. De veras.

    No tengo tiempo para esto, pensó Lauren, pero abrió la puerta de nuevo.

    —No soy ningún vendedor —dijo el joven—. ¿Ha oído hablar usted alguna vez del Maharishi Ram Das?

    Un chalado religioso.

    —No tengo tiempo para hablar con usted —empezó a decir—. Llego tarde al trabajo. —Y entonces recordó que no se suponía que les dijeras a los desconocidos que tu apartamento iba a quedar vacío—. Estoy muy atareada —dijo y cerró la puerta, más firmemente esta vez.

    La llamada empezó de nuevo, pero la ignoró. Fue al dormitorio con la bolsa del centro comercial, volvió y echó el cerrojo y puso la cadena de seguridad en la puerta, y luego fue a colgar el vestido. Cuando lo hubo sacado de su envoltorio de papel de seda y hallado un colgador, las llamadas habían cesado. Colgó el vestido, que parecía tan espectacular ahora como en la tienda, y regresó a la sala de estar.

    El joven estaba sentado en el sofá, trasteando con el mando a distancia de su televisor.

    —Bien, ¿qué es lo que quiere por Navidad? ¿Un yate? ¿Un poni? —Pulsó los botones del mando a distancia, con el ceño fruncido—. ¿Un televisor nuevo?
    — ¿Cómo ha entrado aquí? —quiso saber Lauren con voz chillona. Miró la puerta. El cerrojo y la cadena estaban ambos en su sitio.
    —Soy un espíritu —dijo el joven, dejando a un lado el mando a distancia. La televisión se encendió de pronto—. El Espíritu del Presente de la Navidad.
    —Oh —dijo Lauren, dirigiéndose hacia el teléfono—. Como en Canción de Navidad.
    —No —dijo el joven, cambiando repetidamente de canal. Lauren miró hacia el mando a distancia: todavía estaba sobre la mesita de café—. No las Navidades Presentes. El Presente de la Navidad. El regalo. Ya sabe: muñecas Barbie, corbatas horribles, barras de queso de dieta, todas esas cosas que uno regala por Navidad.
    —Oh, el Regalo de Navidad. Entiendo —dijo Lauren, cogiendo con cuidado el teléfono.
    —La gente siempre me confunde con él, lo cual es realmente insultante. Quiero decir, el tipo tiene evidentemente un nivel de colesterol muy alto. De todos modos, soy el Espíritu del Presente de la Navidad, y su hermana me envió a…

    Lauren había marcado el noventa y uno. Se detuvo, con el dedo apoyado en el uno.

    — ¿Mi hermana?
    —Sí —dijo él, contemplando el televisor. Jimmy Stewart estaba sentado en la habitación del guarda, envuelto en una manta—. ¡Oh, vaya! Qué bello es vivir.

    Mi hermana te envió, pensó Lauren. Aquello lo explicaba todo. No era un adepto de la secta Moon o un asesino en serie. Era la versión de este año de la pirámide de cristal selectora de parejas—. ¿De qué conoce a mi hermana?

    —Ella me canalizó —dijo él, reclinándose en el sofá—. El Maharishi Ram Das estaba instruyéndola en la meditación en trance, y ella canalizó accidentalmente mi espíritu fuera del plano astral. —Señaló la pantalla del televisor—. Me encanta esta parte en la que el ángel intenta convencer a Jimmy Stewart de que está muerto.
    —Yo no estoy muerta, ¿verdad?
    —No. Y yo no soy un ángel. Soy un espíritu. El Espíritu del Presente de la Navidad. Puede llamarme Chris. Su hermana me envió para que le diera lo que realmente desee usted por Navidad. Ya sabe, el deseo de su corazón. ¿Cuál es?

    Que mi hermana no me mande más presentes, pensó.

    —Mire, en estos momentos tengo mucha prisa. ¿Por qué no vuelve mañana y hablamos entonces del asunto?
    —Espero que no sea un abrigo de pieles —dijo el joven como si no la hubiera oído—. Me opongo al asesinato de especies en vías de extinción. —Tomó el regalo de Fred—. ¿Qué es eso?
    —Es un vídeo de De ilusión también se vive. De veras, tengo que irme.
    — ¿Para quién es?
    —Para Fred Hatch. Soy su Santa Claus Secreto.
    —Fred Hatch. —Le dio vueltas al paquete—. Se lo han envuelto para regalo en la tienda, ¿verdad?
    —Sí. Si pudiéramos hablar de todo esto más tarde…
    —Es una gran película también. —Se inclinó hacia adelante para ver la televisión. El ángel le estaba explicando a Jimmy Stewart por qué todavía no había desarrollado sus alas.
    —Tengo que irme. Es mi hora de la comida, y debo enviar por correo mis felicitaciones de Navidad, y tengo que volver al trabajo a las… —miró su reloj—… oh Dios mío, hace ya quince minutos.

    Él dejó el paquete del vídeo y se puso en pie.

    —Presentes envueltos para regalo —dijo, haciendo un ruido chasqueante con la lengua—; todo el mundo apresurándose a gastar dinero, apresurándose a ir las fiestas, sin detenerse a tomar un ponche o ver una película. La Navidad es una especie en vías de extinción. —Miró soñadoramente la pantalla, donde el ángel estaba intentando convencer a Jimmy Stewart de que nunca había vivido, y luego se dirigió a la cocina—. ¿Tiene un poco de agua de Evian?
    —No —dijo Lauren, desesperada. Se apresuró tras él—. Mire, realmente tengo que ir a trabajar.

    Él se había detenido en la mesa de la cocina y sujetaba entre sus manos una de las felicitaciones de Navidad.

    —Con la dirección escrita con ordenador —dijo reprobadoramente. Abrió el sobre.
    —No… —empezó a decir Lauren.
    —Tarjetas de felicitación impresas. Ni una letra hecha a mano, ni una nota rápida, ni siquiera una firma. De eso exactamente es de lo que hablo. Una especie en período de extinción.
    —No tenía tiempo —dijo Lauren defensivamente—. Y no tengo tiempo para discutir esto o ninguna otra cosa con usted. Debo ir al trabajo.
    —Sin tiempo para escribir unas pocas palabras en una tarjeta, sin tiempo para pensar en lo que quiere para Navidad. —Deslizó de nuevo la tarjeta en su sobre—. Ni siquiera en papel reciclado —dijo tristemente—. ¿Sabe usted cuántos árboles se talan cada año para enviar felicitaciones de Navidad?
    —Llego tarde a… —dijo Lauren, pero él ya no estaba allí.

    No se desvaneció como en las películas o se esfumó lentamente. De pronto, simplemente, ya no estaba allí.

    —… mi trabajo —dijo Lauren. Fue a mirar a la sala de estar. La televisión todavía seguía encendida, pero él no estaba allí, ni en el dormitorio. Fue al cuarto de baño y descorrió la cortina de la ducha, pero tampoco estaba allí.
    —Fue una alucinación —dijo en voz alta— provocada por el estrés. —Miró su reloj, esperando que él también formara parte de la alucinación, pero seguía señalando la 1:15—. Ya pensaré en ello más tarde —dijo—. Tengo que volver al trabajo.

    Regresó a la sala de estar. La televisión estaba apagada. Fue a la cocina. Él no estaba allí. Tampoco estaban sus tarjetas de felicitación, bueno, no exactamente.

    — ¡Tú! ¡Espíritu! —gritó—. ¡Vuelve aquí ahora mismo!
    —Llegas tarde —dijo Evie, llenando su hoja de pedido del catálogo—. No te creerás quien acaba de estar aquí. Scott Buckley. Dios, es tan apuesto. —Levantó la mirada—. ¿Qué ha ocurrido? —preguntó—. ¿No te tenían el vestido?
    — ¿Sabes algo acerca de magia? —preguntó Lauren.
    — ¿Qué ha ocurrido?
    —Mi hermana me envió su regalo…, no, su presente de Navidad —dijo Lauren con voz hosca—. Necesito hablar con alguien que sepa algo de magia.
    —Fred Hatch es un mago. ¿Qué es lo que te ha enviado tu hermana?

    Lauren echó a andar con paso rápido hacia Documentación.

    —Le dije a Scott que vendrías en cualquier momento —indicó Evie a sus espaldas—. Dijo que quería hablar contigo.

    Lauren abrió la puerta de Documentación y empezó a buscar entre las particiones del laberinto de cubículos. Todos estaban vacíos.

    — ¿Hay alguien ahí? —llamó—. ¿Hola?

    Una mujer de mediana edad emergió del laberinto, llevando cinco rollos de papel de envolver y unas tijeras largas.

    — ¿Tienes algo de cinta adhesiva? —le preguntó a Lauren.
    — ¿Sabes dónde está Fred Hatch? —preguntó a su vez Lauren.

    La mujer señaló hacia el interior del laberinto con un rollo de papel cubierto de renos.

    —Por ahí. ¿Nadie tiene un poco de cinta adhesiva? Voy a tener que grapar mis regalos de Navidad.

    Lauren se abrió camino hacia donde había señalado la mujer, mirando por encima de las particiones a medida que lo hacía. Fred estaba en la central, reclinado en una silla, las manos cruzadas sobre su amplio estómago, contemplando una pantalla cubierta con números amarillos.

    —Perdón —dijo Lauren, y Fred se echó de inmediato hacia adelante en su silla y se levantó—. Necesito hablar contigo. ¿Hay algún lugar donde podamos hacerlo en privado?
    —Aquí mismo —dijo Fred—. Mi ayudante está en mi oficina rellenando un pedido de un catálogo, y todos los demás están en la puerta de al lado, en Diseño Gráfico, en una reunión de Tupperware. —Giró una llave, y la pantalla del ordenador se apagó—. ¿De qué quieres hablar conmigo?
    —Evie dijo que eras mago —señaló Lauren.

    Pareció azarado.

    —No realmente. El CEMP me puso a cargo del espectáculo de magia de la fiesta de la oficina el año pasado, e hice un número. Este año, afortunadamente, me han elegido para que represente a Santa Claus. —Sonrió y se palmeó el estómago—. Tengo la forma exacta para el papel, y no tengo que preocuparme de que no funcionen los trucos.
    —Oh, vaya —dijo Lauren—. Esperaba… ¿Conoces a algún mago?
    —El tipo de la tienda de novedades —dijo, con aspecto preocupado—. ¿Qué es lo que ocurre? ¿El CEMP te ha asignado a ti este año el espectáculo de magia?
    —No. —Se sentó en el borde del escritorio—. Mi hermana está metida en eso de la New Age, y me envió ese espíritu…
    —Un espíritu —murmuró—. ¿Un fantasma, quieres decir?
    —No. Una persona. Quiero decir que tiene el aspecto de una persona. Dice que es el Espíritu del Presente de la Navidad, del Regalo, no del Aquí y Ahora.
    — ¿Y estás segura de que no es una persona? Quiero decir, hay trucos que hacen que algo parezca a veces realmente magia.
    —Hay un árbol de Navidad en mi cocina —dijo Lauren.
    — ¿Un árbol de Navidad? —repitió él cautelosamente.
    —Sí. El espíritu estaba trastornado porque mis tarjetas de felicitación no eran de papel reciclado. Me preguntó si sabía cuántos árboles eran talados para enviar tarjetas de felicitación de Navidad, luego desapareció, y cuando volví a la cocina ahí estaba ese árbol de Navidad en ella.
    — ¿Y no hay forma de que hubiera podido entrar antes en tu apartamento y ponerlo ahí?
    —Crece del suelo. Además, no estaba allí cuando estuvimos en la cocina cinco minutos antes. Mira, estaba viendo Qué bello es vivir en la televisión, que por cierto conectó sin siquiera usar el mando a distancia, y me preguntó si tenía agua de Evian, y fue a la cocina y…, esto es ridículo. Debes de pensar que estoy loca. Yo creo que estoy loca simplemente escuchándome a mí misma contar esta ridícula historia. ¡Agua de Evian! —Cruzó los brazos—. La gente sufre un montón de crisis nerviosas cuando se acerca la Navidad. ¿Crees que yo estoy sufriendo una?

    La mujer con los rollos de papel para regalo se asomó al cubículo.

    — ¿Tiene alguien cinta adhesiva?

    Fred negó con la cabeza.

    — ¿Y una grapadora?

    Fred le tendió su grapadora, y la mujer se fue.

    —Bien —dijo Lauren cuando estuvo segura de que la mujer se había marchado—, ¿crees que sufro una crisis nerviosa?
    —Eso depende —dijo él.
    — ¿De qué?
    —De si realmente hay un árbol creciendo del suelo de tu cocina. Has dicho que se puso furioso porque tus tarjetas de felicitación no eran de papel reciclado. ¿Crees que es peligroso?
    —No lo sé. Dice que está aquí para darme lo que yo quiera por Navidad. Excepto un abrigo de pieles. Se opone a matar especies animales en peligro de extinción.
    — ¡Un espíritu activista de los derechos de los animales! —exclamó Fred, encantado—. ¿De dónde lo sacó tu hermana?
    —Del plano astral —murmuró Lauren—. Estaba canalizando en trance o algo así. No me importa de dónde vino. Simplemente deseo librarme de él antes de que decida que mis regalos de Navidad tampoco son reciclables.
    —Muy bien —dijo él, pulsando una tecla en el ordenador. La pantalla se iluminó—. Lo primero que necesitamos hacer es descubrir qué es y cómo llegó hasta aquí. Quiero que llames a tu hermana. Quizás ella conozca algún conjuro New Age para librarte del espíritu. —Empezó a teclear rápidamente—. Entraré en la Red y veré si puedo hallar a alguien que sepa algo de magia.

    Giró en su silla para mirarla.

    — ¿Estás segura de que quieres librarte de él?
    — ¡Tengo un árbol creciendo del suelo de mi cocina!
    —Pero, ¿y si está diciendo la verdad? ¿Y si realmente puede darte lo que desees por Navidad?
    —Lo que yo deseaba era enviar mis felicitaciones de Navidad, que ahora están soltando agujas sobre las baldosas del suelo de la cocina. ¿Quién sabe lo que hará a continuación?
    —Sí, entiendo —dijo Fred—. Escucha, sea peligroso o no, creo que debería acompañarte a casa cuando salgamos del trabajo, por si acaso aparece de nuevo, pero tengo una reunión del CEMP respecto a la fiesta de la oficina…
    —Tranquilo. Es un activista de los derechos de los animales. No es peligroso.
    —Una cosa no implica necesariamente la otra —dijo Fred—. Iré tan pronto como termine la reunión, y mientras tanto comprobaré la Red. ¿De acuerdo?
    —De acuerdo —dijo ella. Fue a salir del cubículo y luego se detuvo—. Aprecio realmente el que creas en mí, o que al menos no digas que no crees en mí.

    Fred le sonrió.

    —No tengo otra elección. Tú eres la única otra persona en el mundo a la que le gusta más De ilusión también se vive que Qué bello es vivir. Y Fred Gailey creía que el Santa Claus de Macy’s era realmente Santa Claus, ¿no?
    —Sí —admitió ella—. No creo que ese tipo sea Santa Claus. Llevaba una camiseta con “Salvad a las ballenas”.
    —Me reuniré contigo en la puerta delantera —dijo Fred. Se volvió hacia el ordenador y empezó a teclear.

    Lauren salió del laberinto de cubículos al pasillo.

    — ¡Ah, estás aquí! —dijo Scott—. Te he estado buscando por todas partes. —Sonrió de una forma derretidora—. Estoy a cargo de comprar los regalos para la fiesta de la oficina, y necesito tu ayuda.
    — ¿Mi ayuda?
    —Sí. Para elegirlos. Esperaba que pudiéramos hacerlo esta noche después del trabajo.
    — ¿Esta noche? —dijo ella—. No puedo. Tengo… —Un árbol de Navidad creciendo en mi oficina—. ¿No podría ser mañana después del trabajo?

    Scott negó con la cabeza.

    —Tengo una cita. ¿Qué te parece más tarde esta noche? Las tiendas están abiertas hasta las nueve. No nos debería tomar más de un par de horas hacer las compras, y luego podríamos ir a cenar a alguna parte. ¿Qué te parece si te recojo en tu apartamento a las seis y media?
    —¿Y si tengo al espíritu echado en mi sofá, bebiendo agua de Evian y viendo la televisión?
    —No puedo —dijo pesarosamente.

    Incluso su fruncimiento de ceño era agradable.

    —Oh, bueno —dijo al fin él, y se encogió de hombros—. Lástima. Supongo que tendré que buscar a alguna otra persona. —Le dirigió otra adorable sonrisa y se alejó por el pasillo en busca de alguien que pudiera ayudarle.

    Te odio, Espíritu del Presente de la Navidad, pensó Lauren, de pie allí contemplando alejarse la apuesta espalda de Scott. Será mejor que no estés ahí cuando vuelva a casa.

    Una mujer se le acercó por el pasillo, llevando un cestito de caramelos.

    —Con los saludos del Comité Especial para la Moral del Personal —dijo, ofreciéndole uno a Lauren—. Parece como si necesitaras un poco de espíritu de la Navidad.
    —No, gracias, ya tengo uno —respondió Lauren.

    La puerta de su apartamento estaba cerrada, lo cual no significaba mucho, puesto que la cadena y el cerrojo estaban echados cuando él entró antes. Pero no estaba en la sala de estar, y el televisor estaba apagado.

    Sin embargo, había estado allí. Había una botella vacía de agua de Evian sobre la mesita de café. La tomó y la llevó a la cocina. El árbol seguía allí también. Apartó una de las ramas para poder llegar al cubo de la basura y echar la botella.

    — ¿No sabe que las botellas de plástico no son biodegradables? —dijo el espíritu. Estaba de pie al otro lado del árbol, colgando cosas en él. Iba vestido con unos pantalones caqui y una camiseta con “Salvad los bosques tropicales”, y llevaba una cinta roja atada alrededor de la cabeza—. Debería reciclar sus botellas.
    —Es su botella —dijo Lauren—. ¿Qué está haciendo usted aquí, Espíritu?
    —Chris —le corrigió él—. Esto son adornos orgánicos —explicó. Le tendió una de aquellas cosas pardas—. Hechos a mano por los indios yanomamos. Cada uno está fabricado con productos residuales naturales hallados en los bosques brasileños. —Colgó la cosa parda en el árbol—. ¿Ha decidido ya lo que quiere para Navidad?
    —Sí —dijo ella—. Quiero que se marche.

    Él pareció sorprendido.

    —No puedo. No hasta que me haya comunicado usted el deseo de su corazón.
    —Éste es el deseo de mi corazón. Quiero que se vaya y se lleve consigo su árbol y sus adornos yanomamos.
    — ¿Sabe cuál es el mayor problema que tengo como Espíritu del Presente de la Navidad? —dijo. Rebuscó en el bolsillo de atrás de sus pantalones cortos y extraño una guirnalda de color pardo de lo que parecían granos de café—. Mi mayor problema es que la gente no sabe lo que quiere.
    —Usted sabe lo que yo quiero —dijo Lauren—. No quiero tener que escribir de nuevo todas mis felicitaciones de Navidad.
    —No las escribió —señaló él, colocando la guirnalda sobre las ramas—. Estaban impresas. ¿No sabe que las tintas usadas en esas tarjetas contienen productos químicos perjudiciales para la salud?
    —No quiero que me dé conferencias sobre temas medioambientales, no quiero tener que abrirme camino por en medio de un bosque para llegar al frigorífico, y no quiero tener que rechazar citas porque tengo un espíritu en mi apartamento. Quiero una Navidad tranquila y hermosa, sin sobresaltos. Quiero intercambiar algunos regalos con mis amigos e ir a la fiesta de Navidad de la Oficina y… —Y deslumbrar a Scott Buckley con mi vestido negro sin tirantes, pensó, pero decidió que era mejor no decir aquello. El espíritu podía decidir que la ropa de Scott no estaba hecha con fibras naturales o algo parecido y convertirlo en un indio yanomamo.
    —… y tener una tranquila y hermosa Navidad —terminó simplemente.
    —Tome Qué bello es vivir —dijo el espíritu, frunciendo los ojos al árbol—. La vi esta tarde mientras usted estaba en el trabajo. Jimmy Stewart no sabía lo que quería.

    Rebuscó de nuevo en su bolsillo y sacó una retorcida estrella hecha con nueces del Brasil y bramante.

    —Creía que deseaba ir a la universidad y viajar y hacerse rico, pero lo que realmente quería estaba allí todo el tiempo delante de sus narices.

    Hizo algo, y la copa del árbol se inclinó delante de él. Ató la estrella con el bramante e hizo algo más. El árbol volvió a enderezarse.

    —Usted sólo cree que desea que yo me vaya —dijo.

    Alguien llamó a la puerta.

    —Tiene usted razón —dijo Lauren—. No quiero que se vaya. Quiero que se quede aquí. —Corrió a la sala de estar.

    El espíritu le siguió a la sala de estar.

    —Afortunadamente, puesto que soy un espíritu, sé lo que quiere realmente —dijo, y desapareció.

    Lauren abrió la puerta a Fred.

    —Estaba justo aquí —dijo—. Desapareció cuando abrí la puerta, que es lo que dicen todos los locos, ¿verdad?
    —Sí —dijo Fred—. O bien: “Está aquí mismo. ¿Acaso no puedes verlo?” —Miró curioso a su alrededor—. ¿Dónde estaba?
    —En la cocina —dijo ella, cerrando la puerta—. Decorando un árbol que probablemente tampoco esté allí. —Lo condujo a la cocina.

    El árbol todavía estaba allí, y había grandes tarjetas de color pardo colgando por todo él.

    —Realmente tienes un árbol creciendo en tu cocina —dijo Fred, y se agachó para examinar las raíces—. Me pregunto si la gente del piso de abajo tiene raíces saliéndoles por el techo. —Se enderezó—. ¿Qué es eso? —señaló hacia las tarjetas de color pardo.
    —Tarjetas de felicitación —dijo Lauren. Arrancó una—. Le dije que me devolviera las mías. —La leyó en voz alta—. “En el tiempo que te toma leer esta felicitación, ochenta y dos bebés foca serán muertos a golpes por su piel.” —La abrió—. “Felices Fiestas.”
    —Encantador —dijo Fred. Tomó la tarjeta y le dio la vuelta—. “Esta tarjeta ha sido impresa sobre papel reciclado con tintas vegetales y puede ser usada como abono.”
    — ¿Nadie en la Red sabe cómo matar a golpes a un espíritu? —preguntó Lauren.
    —No. ¿Tu hermana tampoco tiene ninguna idea?
    —Ni siquiera sabe cómo lo consiguió. Ella y su maharishi estaban canalizando a un noble egipcio y él apareció de repente, llevando una camiseta de “Salvad a los delfines”. Supongo que el maharishi se quedó tan sorprendido como ella. —Se sentó a la mesa de la cocina—. Intenté conseguir que se fuera esta tarde, pero dijo que primero tenía que concederme el deseo de mi corazón. —Alzó la vista a Fred, que estaba olisqueando cuidadosamente uno de los adornos orgánicos—. ¿No hallaste nada en la Red?
    —Hallé que ahí fuera hay un montón de lunáticos con ordenadores. ¿Qué es eso?
    —Subproductos del bosque tropical brasileño. —Lauren se puso en pie—. Le dije que el deseo de mi corazón era que él se fuera, y me contestó que en realidad yo no sabía lo que deseaba.
    — ¿Qué es?
    —No lo sé. Fui a la sala de estar para responder a la puerta, y me dijo que afortunadamente él sí sabía lo que yo deseaba porque era un espíritu, y yo le dije que se quedara ahí donde estaba, y él desapareció.
    —Muéstramelo —dijo Fred.

    Ella lo llevó a la sala de estar y señaló el lugar donde él había estado de pie antes de desaparecer, y Fred se arrodilló y examinó la moqueta.

    — ¿Cómo desapareció?
    —No lo sé. Simplemente… dejó de estar ahí.

    Fred se puso en pie.

    — ¿Ha cambiado alguna otra cosa? ¿Aparte el árbol?
    —No que yo sepa. Encendió el televisor sin recurrir al mando a distancia. —Miró a su alrededor. Las bolsas de los grandes almacenes estaban todavía sobre la mesita de café. Rebuscó en ellas y sacó el vídeo—. Toma. Yo soy tu Santa Claus Secreto. Se supone que no debo entregarte esto hasta la Nochebuena, pero quizá será mejor que lo cojas antes de que se convierta en un búho o algo parecido.

    Se lo tendió.

    —Adelante. Ábrelo.

    Él lo desenvolvió.

    —Oh —dijo, sin entusiasmo—. Gracias.
    —Recuerdo que el año pasado en la fiesta hablamos de ella, y temí que tuvieras ya una copia. No tienes ninguna, ¿verdad?
    —No —dijo él, todavía con voz deshinchada.
    —Oh, bien. Me costó encontrarla. Tenías razón cuando dijiste que somos las dos únicas personas en el mundo a las que les gustaba De ilusión también se vive. Todos el resto de mis conocidos piensan que Qué bello es vivir es…
    — ¿Me compraste De ilusión también se vive? —dijo él, frunciendo el ceño.
    —Es la versión original en blanco y negro. Odio esas cosas coloreadas, ¿tú no? Todo el mundo tiene los dientes grises.
    —Lauren —le tendió la caja del vídeo para que ella pudiera leer la carátula—. Creo que tu amigo ha estado enredando de nuevo las cosas.

    Ella tomó el vídeo. En la carátula había una foto de Jimmy Stewart y Donna Reed bailando el charlestón.

    — ¡Oh, no! ¡Esa pequeña rata! —exclamó—. Debe de haberlo cambiado mientras lo miraba. Me dijo que su película favorita era Qué bello es vivir.
    — ¿Et tu, Brute? —dijo Fred, sacudiendo la cabeza.
    — ¿Supones que cambió también todos mis demás regalos de Navidad?
    —Será mejor que lo comprobemos.
    —Si ha… —dijo, dirigiéndose a la cocina. Se dejó caer de rodillas y empezó a revolver entre ellos.
    — ¿Te parece que tienen el mismo aspecto de antes? —preguntó Fred, arrodillándose a su lado.
    —Tu regalo tenía el mismo aspecto. —Tomó un paquete envuelto en papel rojo y dorado y empezó a sopesarlo—. El regalo de Evie está bien, creo.
    — ¿Qué es?
    —Una grapadora. Siempre está perdiendo las suyas. Marqué su nombre en ella con Magic Marker. —Se la tendió para que lo comprobara.
    —Parece una grapadora, sí —dijo Fred.
    —Creo que será mejor que lo abramos y nos aseguremos.

    Fred rasgó el papel.

    —Todavía es una grapadora —dijo, con los ojos fijos en ella—. ¡Qué idea para un regalo de Navidad! Todo el mundo en Documentación pierde constantemente sus grapadoras. Creo que el CEMP las roba para usarlas en sus memorándums de Navidad. —Se la tendió—. Ahora tendrás que envolverla de nuevo.
    —No importa —dijo Lauren—. Al menos sé que no es un adorno yanomamo.
    —Pero puede serlo en cualquier momento —dijo Fred, enderezándose—. No hay forma de decir cuándo o por qué puede cambiar algo de nuevo… Creo que sería mejor que llamaras a tu hermana de nuevo y le pidieras que le pregunte al maharishi si él sabe cómo enviar los espíritus de vuelta al plano astral, y yo veré lo que puedo hallar sobre exorcismos.
    —De acuerdo —dijo Lauren, siguiéndole hacia la puerta—. No te lleves el vídeo. Quizá pueda conseguir que me lo cambien.
    —Quizá —dijo Fred, con el ceño fruncido—. ¿Estás segura de que dijo que estaba aquí para proporcionarte el deseo de tu corazón?
    —Estoy segura.
    —Entonces, ¿por qué debería cambiar mi vídeo? —murmuró pensativo—. Es una lástima que tu hermana no hubiera conjurado un espíritu agradable y honesto.
    —Como Santa Claus —dijo Lauren.

    Su hermana no estaba en casa. Lauren intentó contactar con ella durante toda la tarde, y cuando finalmente lo consiguió no pudo hablar.

    —El maharishi y yo nos vamos a las Barbados. Están teniendo allí una divergencia armónica en Nochebuena, de modo que tendrás que enviarme allí mi regalo de Navidad —dijo, y colgó.
    —Ni siquiera te he comprado el regalo de Navidad —dijo Lauren al sofá—, y todo es culpa tuya.

    Fue a la cocina y miró furiosa al árbol.

    —Ni siquiera me atrevo a ir de compras porque podrías convertir el sofá en una ballena yubarta mientras estoy fuera —dijo, y entonces se llevó la mano a la boca.

    Miró cautelosamente a la sala de estar, y luego revisó cuidadosamente todo el apartamento, buscando especies en peligro de extinción. No había signos de ninguna, y tampoco había el menor signo del espíritu. Volvió a la sala de estar y conectó el televisor. Jimmy Stewart estaba bailando el charlestón con Donna Reed. Tomó el mando a distancia y cambió de canal. Ahora Jimmy Stewart estaba cantando: “Chicas de Buffalo, ¿no vais a salir esta noche?”

    Pulsó el cambio automático de canales. Jimmy Stewart estaba en todos los canales excepto uno. El Fantasma de las Navidades Presentes estaba en ese uno, diciéndole a Scrooge que cambiara su actitud hacia la vida. Se quedó contemplando el resto de Canción de Navidad. Cuando llegó a la parte en la que los Cratchit se sentaban para su cena de Navidad, recordó que no había cenado nada y fue a la cocina.

    El árbol bloqueaba completamente los armarios, pero empujando fuertemente varias ramas a un lado consiguió llegar al frigorífico. El ponche de leche y huevo había desaparecido. También los platos precocinados congelados Stouffer. Lo único que había en el frigorífico era una botella de agua de Evian medio vacía.

    Se abrió camino fuera de la cocina y se sentó en el sofá. Fred le había dicho que le llamara si ocurría algo, pero era más tarde de las ocho, y tenía la sensación de que el ponche llevaba desaparecido un cierto tiempo.

    Canción de Navidad había terminado, y estaban empezando los créditos de otra película. “De Frank Capra, Qué bello es vivir, protagonizada por Jimmy Stewart y Donna Reed.”

    Debió quedarse dormida. Cuando despertó estaban pasando De ilusión también se vive, y el encargado de la tienda le estaba dando a Edmund Gwenn como el Santa Claus de Macy’s una lista de juguetes que se suponía que debía ofrecer si Macy’s no tenía lo que los niños le pedían a Santa Claus.

    —Finalmente —dijo Lauren, contemplando a Edmund Gwenn hacer pedazos la lista— algo digno de ver —y no tardó en quedarse dormida. Cuando despertó de nuevo, John Payne como Fred Gailey estaba besando a Doris, alias Maureen O’Hara, y alguien llamaba a la puerta.

    No recuerdo a nadie llamando a la puerta, pensó aún medio dormida. Fred le dijo a Doris cómo había convencido al estado de Nueva York de que Edmund Gwenn era Santa Claus, y ambos se quedaron mirando incrédulos a un bastón puesto de pie en el rincón. “Fin”, dijo la pantalla.

    La llamada a la puerta prosiguió.

    —Oh —dijo Lauren, y respondió.

    Era Fred, cargado con una bolsa de McDonald’s.

    — ¿Qué hora es? —preguntó Lauren, parpadeando.
    —Las siete. Te traje un Egg McMuffin y un poco de zumo de naranja.
    — ¡Oh, eres una persona maravillosa! —dijo ella. Tomó la bolsa y la colocó sobre la mesita de café—. No sabes lo que hizo. —Buscó en la bolsa y sacó el bocadillo—. Transformó la comida de mi frigorífico en agua de Evian.

    Él la estaba mirando de una forma curiosa.

    — ¿No te fuiste a la cama por la noche? No volvió, ¿verdad?
    —No. Le esperé, y supongo que me quedé dormida. —Dio un enorme mordisco al bocadillo.

    Fred se sentó a su lado.

    — ¿Qué es eso? —Señaló con el dedo a un pequeño montón de dólares en billetes sobre la mesita de café.
    —No lo sé —dijo Lauren.

    Fred tomó los billetes. Debajo había unas cuantas monedas y un trozo de papel de color rosa.

    —“Devueltas tres cajas de felicitaciones de Navidad para ser reembolsadas” —leyó Lauren—. 38,18 dólares.
    —Así que es eso —dijo Fred, contando el dinero—. No convirtió tus felicitaciones de Navidad en un abeto Douglas después de todo. Las devolvió y consiguió que se las reembolsaran.
    — ¡Entonces eso significa que el árbol no está en la cocina! —exclamó ella, dando un salto y corriendo a mirar—. No, todavía está —dijo decepcionada.

    Regresó y volvió a sentarse en el sofá.

    —Pero al menos te devolvieron el dinero —dijo Fred—. Y eso encaja con lo que averigüé en la Red la otra noche. Piensan que es un espíritu amistoso, probablemente algún tipo de manifestación de un espíritu estacional. Al parecer son bastante comunes, variaciones de las cuales el más popular es Santa Claus, pero hay otros también. Todos benignos. Creen que probablemente dice la verdad acerca de desear proporcionarte el deseo de tu corazón.
    — ¿Sabes cómo librarme de él? —preguntó Lauren, y dio otro mordisco a su bocadillo.
    —No. Al parecer nadie ha deseado nunca exorcizar ninguno. —Sacó un trozo de papel de su bolsillo—. De todos modos tengo aquí una lista de libros sobre exorcismos, y ese tipo, Clarence, me dijo que lo más importante en un exorcismo es saber exactamente de qué tipo de espíritu se trata.
    — ¿Y cómo podemos averiguarlo? —preguntó Lauren con la boca llena.
    —Por sus acciones, dijo Clarence. Dijo que el aspecto no significa nada porque los espíritus estacionales suelen ir con frecuencia disfrazados. Dijo que necesitamos anotar todo lo que el espíritu dijo e hizo, de modo que él pueda decirme exactamente de qué se trata. —Tomó un bolígrafo y un bloc de notas del bolsillo de su chaqueta—. Todo desde la primera vez que lo viste.
    —Espera un minuto. —Lauren terminó el bocadillo y dio un sorbo de zumo de naranja—. De acuerdo. Llamó a la puerta, y cuando respondí, me dijo que estaba aquí para hacerme un presente de Navidad, y yo le dije que no estaba interesada, y cerré la puerta y me dirigí al dormitorio para colgar mi vestido y…, ¡mi vestido! —jadeó, y corrió al dormitorio.
    — ¿Qué ocurre? —preguntó Fred, siguiéndola.

    Lauren abrió de golpe la puerta del armario y empezó a echar locamente ropa hacia uno y otro lado a lo largo de la barra.

    —Si lo ha transformado… —De pronto dejó de correr colgadores—. Lo mataré —dijo, y alzó una parduzca colección de plumas y hojas secas—. ¿Benigno? —chirrió—. ¿Llamas a eso benigno?

    Fred tocó desconcertado una pluma de color pardo.

    — ¿Qué era eso?
    —Un vestido —dijo ella—. Mi hermoso vestido negro sin tirantes.
    — ¿De veras? —murmuró él, dudoso. Alzó algunas de las amarronadas hojas—. Creo que todavía es un vestido —dijo—. Más o menos.

    Lauren apretó las hojas y las plumas contra ella y se dejó caer en la cama.

    — ¡Todo lo que deseaba era ir a la fiesta de la oficina!
    — ¿No tienes ninguna otra cosa que puedas llevar para la fiesta de la oficina? ¿Qué me dices de esa hermosa cosa roja que llevabas el año pasado?

    Ella sacudió enérgicamente la cabeza.

    — ¡Scott ni siquiera se fijó en él!
    — ¿Y ése es el deseo de tu corazón? —dijo Fred al cabo de un momento—. ¿Conseguir que Scott Buckley se fije en ti en la fiesta de la oficina?
    — ¡Sí, y lo hubiera conseguido! ¡Llevaba lentejuelas, y me ajustaba perfectamente! —Lo alzó desalentada. Masas pardo verdosas colgaban de parduzcas tiras de bambú—. ¡Y ahora está arruinado!

    Arrojó el vestido al suelo y se puso en pie.

    —No me importa lo que diga ese Clarence. ¡No es benigno! Y no quiere proporcionarme lo que deseo por Navidad. ¡Está intentando arruinar mi vida!

    Vio la expresión en el rostro de Fred y se detuvo.

    —Lo siento —dijo—. Nada de esto es culpa tuya. Has estado intentando ayudarme.
    —Y lo he estado haciendo más o menos tan bien como tu espíritu —dijo él—. Mira, tiene que haber alguna forma de librarse de él. O al menos de hacer volver el vestido. Clarence dijo que conocía algunos conjuros de transformación. Volveré al trabajo y veré lo que puedo conseguir.

    Salió a la sala de estar y se dirigió hacia la puerta.

    —Quizá puedas volver a la tienda y ver si hay algún otro vestido parecido. —Abrió la puerta.
    —De acuerdo —asintió Lauren—. Siento haberte gritado. Y has sido de mucha ayuda.
    —Está bien —dijo él melancólicamente, y salió.
    — ¿Dónde conseguiste ese vestido? —le dijo Jimmy Stewart a Donna Reed.

    Lauren se volvió en redondo. La televisión estaba encendida. Donna Reed estaba mostrándole a Jimmy Stewart su vestido nuevo.

    — ¿Dónde está? —preguntó Lauren, mirando hacia el sofá—. ¡Quiero que vuelva a cambiar este vestido inmediatamente!
    — ¿No le gusta? —dijo el espíritu desde el dormitorio—. Es completamente biodegradable.

    Lauren entró en tromba en el dormitorio. Él estaba colocando el vestido en el colgador y emitiendo pequeños sonidos chasqueantes.

    —Tiene que ir con cuidado con la fibras naturales —dijo reprobadoramente.
    —Cámbielo de inmediato a como era antes. Ahora mismo.
    —Está hecho a mano por los indios yanomamos —dijo, alisando lo que debía ser la falda—. ¿Se da cuenta de que su hábitat natural está siendo destruido al ritmo de trescientas hectáreas al día?
    —No me importa. Quiero de vuelta mi vestido.

    Él se llevó el vestido, en su colgador, al pecho.

    —Es tan interesante. Donna Reed supo de inmediato que estaba enamorada de Jimmy Stewart, pero él estaba tan atareado pensando en la universidad y en su nueva maleta que ni siquiera se daba cuenta de que ella existía. —Colgó el vestido—. Prácticamente tuvo que recibir un golpe en la cabeza.
    —Yo le voy a golpear en la cabeza si no cambia de inmediato este vestido y trae el otro de vuelta, Espíritu —dijo Lauren, buscando algo duro y contundente a su alrededor.
    —Llámeme Chris —dijo él—. ¿Sabe usted que las lentejuelas están hechas a partir de recursos no renovables? —y desapareció cuando ella enarboló la lámpara.
    — ¡Váyase al diablo! —le gritó ella al aire.

    Tenían el vestido en dos tallas menos. Lauren pasó por la indignidad de intentar meterse en él, desistió y fue al trabajo. La recepcionista estaba contemplando a Jimmy Stewart de pie en el puente en medio de la nieve y llorando en un kleenex. Le tendió a Lauren sus mensajes.

    Había dos memorándums del CEMP: habría una carrera de trineos después del trabajo, y se suponía que ella debía llevar pastelillos de queso a la fiesta de la oficina. No había ningún mensaje de Fred.

    — ¡Oh! —gimió la recepcionista—. ¡Esta parte es tan triste!
    —Odio Qué bello es vivir —dijo Lauren, y fue a su escritorio—. Odio la Navidad —le dijo a Evie.
    —Es normal odiar la Navidad —dijo Evie, alzando la vista del libro que estaba leyendo—. Este libro, se titula Olvidemos la Navidad, dice que es debido a que todos tenemos esas expectativas tan poco realistas. Cuando recibimos regalos, simplemente…
    —Oh, eso me recuerda —dijo Lauren. Rebuscó en su bolso y sacó el regalo de Evie, palpándolo rápidamente para asegurarse de que todavía era una grapadora. Parecía que sí. Se lo tendió a Evie—. Feliz Navidad.
    —Yo todavía no he envuelto el tuyo —dijo Evie—. Ni siquiera he comprado el papel para envolverlo. El libro dice que sufro lo que se llama complejo de evitación. —Tomó el paquete—. ¿Debo abrirlo ahora? Sé que será algo que me encantará, y a ti no te gustará ni la mitad lo que te he comprado, y me sentiré increíblemente culpable e inadecuada.
    —No tienes que abrirlo ahora —dijo Lauren—. Sólo pensé que sería mejor dártelo antes de que… —Recogió sus mensajes de su escritorio y empezó a ojearlos—. Antes de que me olvide. ¿Ha habido algún mensaje de Fred?
    —Sí. Estuvo aquí hace unos quince minutos, buscándote. Me indicó que te dijera que la Red no ha sido de ninguna ayuda, y que va a probar la biblioteca. —Miró el paquete y pareció ponerse triste—. Incluso está envuelto de una forma preciosa —dijo—. Fui a comprar un vestido para la fiesta de la oficina la otra noche, ¿y sabes que no pude encontrar nada sin tirantes en los hombros o con lentejuelas? Ni siquiera pude encontrar nada que me cayera bien. ¿Sabes que la cantidad de enfermedades relacionadas con el estrés es siete veces mayor en Navidad que en el resto del año?
    —Puedo imaginarlo —dijo Lauren.
    —No, no puedes. Tú no tuviste que terminar comprándote una horrible cosa gris con cadenas doradas colgando por todas partes. Al menos Scott se dará cuenta de mi presencia. Dirá: “Hey, Evie, ¿vas vestida como el fantasma de Marley?” Y allá estarás tú, luciendo fabulosa con tus lentejuelas negras…
    —No, no las luciré.
    — ¿Por qué? ¿No te lo tuvieron?
    —Era… defectuoso. ¿Quiere hablar Fred conmigo?
    —No lo sé. Salía. Tenía que ir a buscar su traje de Santa Claus. Oh, Dios mío. —Su voz descendió a un susurro—. Es Scott Buckley.
    —Hola —dijo Scott a Lauren—. Me preguntaba si podrías ir de compras conmigo esta noche.

    Lauren se lo quedó mirando, tan sorprendida que fue incapaz de hablar.

    —Cuando no pudiste ir la otra noche, decidí cancelar mi cita.
    —Hum…, yo… —dijo Lauren.
    —Pensé que podríamos ir a comprar los regalos y luego ir a cenar algo.

    Ella asintió.

    —Estupendo —dijo Scott—. Vendré a recogerte a tu apartamento hacia las seis y media.
    — ¡No! —dijo Lauren—. Quiero decir, ¿por qué no vamos directamente al salir del trabajo?
    —Buena idea. Vendré a buscarte aquí. —La fundió con su sonrisa y se fue.
    —Creo que voy a matarme —dijo Evie—. ¿Sabes que el índice de suicidios en Navidad es cuatro veces más alto que el resto del año? Es tan apuesto —murmuró, mirando soñadoramente hacia el pasillo tras él—. Aquí está Fred.

    Lauren alzó la vista. Fred venía hacia su despacho con un traje de Santa Claus y unas botas. Lauren se apresuró a ir hacia él.

    —Esto es todo lo que tenía la biblioteca sobre exorcismos y ocultismo —dijo Fred, transfiriendo la mitad de los libros a los brazos de ella—. Pensé que podríamos revisarlos hoy, y luego reunirnos esta noche y comparar notas.
    —Oh, no puedo —dijo Lauren—. Le prometí a Scott que le ayudaría esta noche a escoger los regalos para la fiesta de la oficina. No puedo decirle que no.
    — ¿El deseo de tu corazón? ¿Estás bromeando? —Empezó a recoger de nuevo torpemente los libros—. Ve de compras. Yo revisaré los libros y te haré saber si he encontrado algo.
    — ¿Estás seguro? —murmuró ella, sintiéndose culpable—. Quiero decir, no deberías de hacer tú todo el trabajo.
    —Será un placer —respondió él. Empezó a alejarse y luego se detuvo—. No le dijiste al espíritu que Scott era tu deseo del corazón, ¿verdad?
    —Por supuesto que no. ¿Por qué?
    —Sólo me preguntaba…, nada. No importa. —Se alejó por el pasillo. Lauren volvió a su escritorio.
    — ¿Sabes que el índice de depresión en Navidad es dieciséis veces más alto que el resto del año? —dijo Evie. Tendió a Lauren un paquete.
    — ¿Qué es esto?
    —Es de su Santa Claus Secreto.

    Lauren lo abrió. Era un gran libro titulado: Qué bello es vivir: el álbum de fotos. En la portada, Jimmy Stewart parecía deprimido.

    —Imagino que nos tomará una hora o así elegir los regalos —dijo Scott, conduciéndola más allá de las dos palmeras hinchables que flanqueaban la entrada de The Upscale Oasis—. Y luego podemos cenar algo y conocernos un poco mejor. —Se sentó en un sillón de masaje dentro de la tienda—. ¿Qué te parece?
    — ¿Cuántos regalos tenemos que comprar? —quiso saber Lauren, mirando a su alrededor. En la tienda había un montón de palmeras hinchables, y una máquina de discos, y varias siluetas recortadas en cartón de Malcolm Forbes y Leona Helmsley. Contra la pared del fondo había dos gigantescos acuarios y una bancada de televisores con las pantallas silueteadas con neón.
    —Setenta y dos. —Se levantó del sillón de masajes, le tendió la lista de empleados y se dirigió a un expositor de cajas de color pardo atadas con un cordel—. ¿Qué es eso? Oh, son adornos de Navidad yanomamos hechos a mano.
    —No —dijo Lauren—. ¿Cuánto dinero podemos gastar?
    —El CEMP presupuestó seis mil, y quedaban quinientos del fondo Sunshine. Podemos gastar… —Sacó una calculadora de bolsillo con la forma de Donald Trump y pulsó varios botones—. Noventa dólares por persona, incluidos impuestos. —Alzó un dispensador automático de comida para gatos.
    —Lo compramos el año pasado —dijo Lauren. Tomó un paraguas digital y volvió a dejarlo.
    — ¿Qué te parece un fax para coche? —dijo Scott—. No, espera. ¡Esto, esto es!

    Lauren se volvió en redondo. Scott mostraba lo que parecía un teléfono inalámbrico dorado.

    —Es una agenda de inversiones —dijo, pulsando teclas—. Mira, te da el Dow Jones, los bonos del tesoro, las tasas de interés. ¿No es perfecto?
    —Bueno… —dijo Lauren.
    —Mira, esto es la alarma de las absorciones hostiles, y cada vez que la Reserva Federal ajusta el interés suena un pitido.

    Lauren leyó la etiqueta.

    —Plutócrata Portátil. 74,99 dólares.
    —Estupendo —dijo Scott—. Aún nos quedará dinero.
    —Para invertir —dijo Lauren.

    Scott fue a ver si tenían setenta y dos Plutócratas, y Lauren vagó por delante de la bancada de televisores.

    Había un vídeo de De ilusión también se vive encima del reproductor. Lauren miró a su alrededor para ver si alguien miraba y sacó la cinta de Qué bello es vivir y metió la de De ilusión también se vive en el reproductor.

    Una docena de Edmund Gwenns vestidos como el Santa Claus de Macy’s aparecieron en las pantallas, escuchando a doce encargados de la tienda que le decían que había que sacarse de encima el exceso de juguetes almacenado.

    Scott volvió, llevando cuatro bolsas.

    —Ya vienen envueltos para regalo —dijo alegremente, mostrándole un Plutócrata Portátil envuelto en papel verde con signos de dólar dorados—. Lo cual nos deja la velada libre.
    —Contra eso es contra lo que he estado luchando durante años —dijeron una docena de Edmund Gwenns, haciendo pedazos una docena de listas—: la forma en que comercializan la Navidad.
    —Lo que he pensado —dijo Scott cuando subieron al coche— es que en vez de ir a cenar podríamos a ir a tu apartamento y encargar la cena desde allí.
    — ¿Encargar? —dijo Lauren, aferrando la bolsa de Plutócratas Portátiles contra su regazo.
    —Conozco un lugar italiano estupendo que sirve a domicilio. Pasta cabello de ángel, vino, todo. O, si lo prefieres, podemos pasar por una tienda de comestibles y comprar algo para cocinar en casa.
    —En realidad, mi cocina está hecha un lío —dijo ella. Hay un árbol de Navidad en ella, pensó, con subproductos orgánicos colgando de él.

    Scott detuvo el coche frente al edificio de apartamentos de ella.

    —Entonces el italiano. —Salió del coche y empezó a descargar las bolsas—. ¿Te gusta el prosciutto? Tienen un plato estupendo de melón con prosciutto.
    —En realidad todo el apartamento está hecho un desastre. —Dijo Lauren, siguiéndole escaleras arriba—. Ya sabes, envolver los regalos de Navidad y todo eso. Hay cintas y tarjetas y papel de envolver por todo el suelo y…
    —Estupendo —dijo él, deteniéndose delante de la puerta—. De todos modos, tenemos que ponerles tarjetas a los regalos.
    —Pero no necesitan tarjetas —dijo Lauren desesperadamente—. Quiero decir, todos son exactamente iguales.
    —Eso los personaliza —dijo Scott—, muestra que el regalo fue elegido especialmente para cada uno. —Miró expectante la llave en la mano de ella y luego la puerta.

    Lauren no oyó la televisión, lo cual era una buena señal. Y cada vez que Fred había entrado en el apartamento, el espíritu había desaparecido. Así que todo lo que tenía que hacer era mantenerlo fuera de la cocina, pensó.

    Abrió la puerta, y Scott entró precipitadamente y depositó las bolsas sobre la mesita de café.

    —Lo siento —dijo—, pero eran realmente pesadas. —Miró la sala de estar a su alrededor. No había el menor signo del espíritu, pero había tres botellas de agua de Evian sobre la mesita de café—. No parece tan revuelto como habías dicho. Tendrías que ver mi apartamento. Apuesto a que tu cocina también está más ordenada que la mía.

    Lauren se dirigió rápidamente a la cocina y cerró la puerta.

    —Yo no apostaría. ¿No hay todavía más regalos que subir?
    —Sí. Iré a buscarlos. ¿Llamo primero al italiano?
    —No —dijo Lauren, de pie con la espalda contra la puerta de la cocina—. ¿Por qué no subes primero las bolsas?
    —Muy bien —aceptó él con su sonrisa que derretía, y salió.

    Lauren saltó a la puerta, puso el cerrojo y la cadena, y luego corrió a la cocina y abrió la puerta. El árbol todavía estaba allí. Cerró apresuradamente la puerta y corrió al dormitorio. El espíritu no estaba allí, ni en el cuarto de baño.

    —Gracias —jadeó, mirando al cielo, y regresó a la sala de estar.

    El televisor estaba encendido. Edmund Gwenn estaba gritándole al psicólogo de la tienda.

    — ¿Sabe?, tenía usted razón —dijo el espíritu. Estaba echado en el sofá, con una camiseta de “Salvad el hurón de pata negra” y unos tejanos—. No es una mala película. Por supuesto, no es tan buena como Qué bello es vivir, pero me gusta la forma en que todo se resuelve al final.
    — ¿Qué está haciendo usted aquí? —preguntó ella, mirando ansiosamente a la puerta.
    —Viendo De ilusión también se vive —dijo él, señalando la pantalla. Edmund Gwenn blandía su bastón al psiquiatra de la tienda—. Me gusta la parte en la que Edmund Gwenn le pregunta a Natalie Wood lo que desea por Navidad, y ella le muestra la foto de la casa.

    Lauren tomó el vídeo de Fred y lo blandió hacia él.

    —Estupendo. Entonces puede volver a cambiar el vídeo de Fred.
    —De acuerdo —dijo él, e hizo algo. Ella miró el vídeo. Mostraba a Edmund Gwenn abrazando a Natalie Wood delante de una luna amarilla con el trineo de Santa Claus y los renos volando por delante de ella. Depositó apresuradamente el vídeo en la mesita de café.
    —Gracias —dijo—. Y mi vestido.
    —En realidad Natalie Wood no necesita una casa, por supuesto. Lo que quiere realmente es que Maureen O’Hara se case con John Payne. La casa es simplemente un símbolo de lo que realmente desea.

    En el televisor, Edmund Gwenn golpeaba en la frente al psicólogo con su bastón.

    Hubo una llamada en la puerta.

    —Soy yo —dijo Scott.
    —También me gusta la parte en la que Edmund Gwenn le chilla al encargado de la tienda por vender mercancía que nadie quiere. Los regalos de Navidad tendrían que ser algo que la gente deseara. ¿No va a contestar a la puerta?
    — ¿No va a desaparecer usted? —susurró ella.
    — ¿Desaparecer? —dijo él, incrédulo—. La película no ha terminado. Y además, todavía no he conseguido saber lo que quiere usted por Navidad. —Hizo algo, y sobre su estómago apareció un bol de frutos secos.

    Scott llamó de nuevo.

    Lauren fue a la puerta y la abrió un par de centímetros.

    —Soy yo —dijo Scott—. ¿Por qué tienes puesta la cadena?
    —Yo… —Miró esperanzada a Chris. Estaba comiendo frutos secos y contemplando a Maureen O’Hara inclinada sobre el psicólogo de la tienda, tratando de despertarlo.
    —Scott, lo siento, pero creo que será mejor que dejemos lo de la cena para otro día.

    Él pareció desconcertado. Y más adorable que nunca.

    —Pero creí… —murmuró.

    Yo también, pensó ella. Pero tengo un espíritu en mi sofá que es perfectamente capaz de convertirte en un subproducto de un bosque tropical brasileño.

    —La comida italiana suena estupendo —dijo—, pero ya es tarde, y los dos tenemos que ir a trabajar mañana.
    —Mañana es sábado.
    —Hum…, quiero decir trabajar envolviendo regalos. Mañana es Nochebuena, y todavía no he empezado a envolver los míos. Y tengo que hacer pastelillos de queso para la fiesta de la oficina, y lavarme el pelo, y…
    —De acuerdo, de acuerdo, capto el mensaje —dijo él—. Sólo entro los regalos y me marcho.

    Ella pensó por un momento en decirle que los dejara fuera, luego cerró un poco la puerta y retiró la cadena.

    ¡Márchate!, pensó en dirección al espíritu, que seguía comiendo sus frutos secos.

    Abrió la puerta lo suficiente para poder deslizarse fuera y la cerró a sus espaldas.

    —Gracias por una gran velada —dijo, tomando las bolsas de manos de Scott—. Buenas noches.
    —Buenas noches —dijo él, todavía desconcertado. Echó a andar pasillo abajo. En las escaleras se volvió y sonrió.

    Voy a matarlo, pensó Lauren, saludando con la mano, y metió dentro las bolsas.

    El espíritu no estaba allí. El bol de frutos secos todavía estaba en el sillón, y el televisor estaba encendido.

    — ¡Vuelve aquí! —gritó—. ¡Vuelve, sucia rata! ¡Has arruinado mi vestido y mi cita, y no vas a arruinar nada más! ¡Vas a cambiar de vuelta mi vestido y mis tarjetas de felicitación, y vas a sacar ese árbol de mi cocina ahora mismo!

    Su voz flotó en el aire. Se sentó en el sofá, sujetando todavía las bolsas. En la televisión, Edmund Gwenn estaba sentado en Bellevue, mirando a la pared.

    —Al menos Scott se fijó al fin en mí —dijo, y depositó las bolsas sobre la mesita de café. Resonaron con un sonido extraño—. ¡Oh, no! —exclamó—. ¡Los Plutócratas no!
    —El problema —dijo Fred, cerrando el último de los libros sobre ocultismo— es que no podemos exorcizarle si no sabemos qué espíritu estacional es, y no encaja con los perfiles de ninguno de ellos. Debe ir disfrazado.
    —No quiero exorcizarle —dijo Lauren—. Quiero matarle.
    —Aunque consiguiéramos exorcizarle, no hay ninguna garantía de que las cosas que ha cambiado vuelvan a su estado original.
    —Y yo me veré en el compromiso de explicar qué les ocurrió a seis mil dólares de regalos de Navidad.
    — ¿Esos Plutócratas Portátiles valen seis mil dólares?
    —5.895,36.

    Fred dejó escapar un suave silbido.

    — ¿Dijo tu espíritu por qué no le gustaban? Aparte de lo obvio, quiero decir. ¿No son biodegradables o algo así?
    —No. Ni siquiera reparó en ellos. Estaba viendo De ilusión también se vive, y estaba hablando de lo que le gustaba cómo se resolvían las cosas al final y la parte acerca de la casa.
    — ¿Nada sobre regalos de Navidad?
    —No lo recuerdo. —Se hundió en el sofá—. Sí, sí lo recuerdo. Dijo que le gustaba la parte en que Edmund Gwenn le gritaba al encargado de la tienda por intentar convencer a la gente de que comprara cosas que no deseaba. Dijo que los regalos de Navidad deberían de ser algo que las personas desearan.
    —Bien, eso explica entonces por qué transformó los Plutócratas —dijo Fred—. Probablemente también significa que no hay forma alguna de que puedas convencerle de que los transforme de vuelta a lo que eran antes. Y tendremos que pensar en algo que ofrecer en la fiesta de la oficina, o te verás en problemas. Así que lo que tenemos que hacer es buscar regalos de reemplazo.
    — ¿Regalos de reemplazo? —dijo Lauren—. ¿Cómo? Son las diez, la fiesta de la oficina es mañana por la noche, ¿y cómo sabemos que no va a transformar también los regalos de reemplazo una vez los hayamos comprado?
    —Le compraremos a la gente lo que quiere. ¿Todo lo que teníais Scott y tú eran seis mil dólares?
    —No —dijo Lauren, rebuscando en una de las bolsas—. El presupuesto del CEMP era de seis mil quinientos.
    — ¿Cuánto os queda entonces?

    Lauren tomó unas hojas de papel.

    —No ha transformado las órdenes de compra ni el recibo —dijo, mirando los papeles—. La compra costo 5.896,36. Nos quedan 604,64. —Le tendió los papeles—. Eso hace 8,39 la pieza.

    Fred miró especulativamente el recibo y luego la bolsa.

    —Supongo que no podemos llevar esto de vuelta y conseguir que nos devuelvan el dinero.
    —No van a darnos 5.896,46 dólares por setenta y dos botones de “Salvad la capa de ozono” —dijo Lauren—. Y no hay nada que podamos comprar por ocho dólares que convenza al CEMP de que ha costado seis mil quinientos. ¿Y de dónde voy a sacar el dinero para pagar la diferencia?
    —No creo que tengas que hacerlo. ¿Recuerdas cuando Chris cambió tus felicitaciones de Navidad por el árbol? En realidad no lo hizo. De alguna forma las devolvió a la tienda y consiguió que le reembolsaran el dinero. Quizás haga lo mismo con los Plutócratas, y el dinero aparecerá en tu mesita de café mañana por la mañana.
    — ¿Y si no lo hace?
    —Bueno, ya nos preocuparemos por eso mañana. Ahora lo que tenemos que hacer es ir a buscar los regalos que entregar mañana en la fiesta.
    — ¿Como qué?
    —Grapadoras.
    — ¿Grapadoras?
    —Como la que regalaste a Evie. Todo el mundo en mi departamento pierde también constantemente sus grapadoras. Y sus portarrollos de cinta adhesiva. Es algo crónico. Compraremos a todo el mundo algo que realmente desee para la oficina.
    — ¿Pero cómo podemos saber que es cierto? Hay setenta y dos personas en esta lista.
    —Llamaremos a los jefes de departamento y se lo preguntaremos, y luego iremos a comprarlo. —Se puso en pie—. ¿Dónde está tu agenda telefónica?
    —Al lado del árbol. —Lo siguió a la cocina—. ¿Cómo vamos a ir a comprar nada? Son las diez de la noche.
    —Bizmart abre hasta las once —dijo él, tomando la agenda telefónica—, y el drugstore abre toda la noche. Conseguiremos tantos regalos como podamos esta noche y el resto mañana por la mañana, y eso nos dejará toda la tarde para envolverlos. ¿Cuánto papel de envolver regalos tienes?
    —Montones. Compré mucho a mitad de precio el año pasado, cuando decidí que estas Navidades iban a ser diferentes. Una grapadora no parece mucho regalo.
    —Lo es si es lo que deseas. —Tomó el teléfono.

    Sonó en aquel momento. Fred alzó el auricular y se lo pasó a Lauren.

    —Oh, Lauren. —Era la voz de Evie—. Acabo de abrir tu regalo, ¡y me encanta! ¡Es exactamente lo que deseaba!
    — ¿De veras? —preguntó Lauren.
    — ¡Es perfecto! Estaba tan deprimida por la Navidad y la fiesta de la oficina y el no haber hecho todavía mis compras. No iba a abrirlo, pero en Olvidemos la Navidad dice que tienes que abrir pronto tus regalos a fin de que no arruinen tu mañana de Navidad, y lo hice, ¡y es maravilloso! ¡Ya no me importa si Scott se fija en mí o no! ¡Gracias!
    —De nada —dijo Lauren, pero Evie ya había colgado. Miró a Fred—. Era Evie. Tenías razón acerca de que a la gente le gustarán las grapadoras. —Le tendió el teléfono—. Llama a los jefes de departamento. Iré a buscar mi abrigo.

    Él tomó el teléfono y empezó a marcar números, luego depositó el auricular.

    — ¿Qué dijo exactamente el espíritu acerca del final de De ilusión también se vive?
    —Dijo que le gustaba la forma en que todo se arreglaba al final. ¿Por qué?

    Fred pareció pensativo.

    —Quizá lo estemos haciendo todo mal.
    — ¿Qué quieres decir?
    — ¿Y si el espíritu desea darte realmente el deseo de tu corazón, y todas estas transformaciones no son más que una forma un tanto retorcida de hacerlo? Como el ángel en Qué bello es vivir. Se supone que debe salvar a Jimmy Stewart de suicidarse, y en vez de hacer algo lógico, como hablar con él o agarrarle, salta al río de modo que Jimmy Stewart tenga que salvarle a él.
    — ¿Estás diciendo que cambió setenta y dos Plutócratas Portátiles en botones de “Salvad la capa de ozono” para ayudarme?
    —No lo sé. Todo lo que digo es que quizá deberías decirle que deseas ir a la fiesta de la oficina con un traje con lentejuelas negras y con Scott Buckley, y ver lo que ocurre.
    — ¿Ver lo que ocurre? ¿Después de lo que le hizo a mi vestido? Si sabe que me gusta Scott, lo más probable es que lo convierta en una foca monje. —Se puso el abrigo—. Bien, ¿llamamos a los jefes de departamento o no?

    El departamento de Diseño Gráfico deseaba grapadoras, y también el de Cuentas por Pagar. El de Cuentas por Cobrar, que estaba sufriendo una epidemia de resfriados navideños relacionados con el estrés, deseaba nebulizadores nasales y pastillas para la tos. Control de Documentos quería tijeras.

    Fred miró la lista, fue tachando Sistemas y los demás departamentos a los que ya había llamado.

    —Todo lo que nos queda ya es el CEMP —dijo.
    —Sé qué regalarles —indicó Lauren—. Ejemplares de Olvidemos la Navidad.

    Consiguieron algunas de las cosas antes de que cerrara Bizmart, y Fred estaba de vuelta a las nueve de la mañana del sábado para comprar el resto. En la librería tropezaron con la mujer que había estado grapando regalos el día que Lauren consiguió la ayuda de Fred.

    —Había olvidado por completo la primera esposa de mi marido —les dijo, con aire desesperado—, y no tengo la menor idea de qué comprarle.

    Fred le tendió el vídeo de Qué bello es vivir que le estaban entregando a la recepcionista.

    — ¿Qué le parece uno de éstos? —dijo.
    — ¿Cree que le gustará?
    —A todo el mundo le gusta —dijo Fred.
    —En especial la parte en la que el tipo malo roba el dinero, y Jimmy Stewart recorre toda la ciudad intentando reponerlo —dijo Lauren.

    Les tomó la mayor parte de la mañana conseguir el resto de los regalos y toda una eternidad envolverlos. A las cuatro ni siquiera iban por la mitad.

    — ¿Qué viene ahora? —preguntó Fred, atando el lazo de la última grapadora. Se puso en pie y se estiró.
    —Pastillas para la tos —dijo Lauren, cortando un trozo de papel rojo con un montón de Santas Claus en él.

    Fred volvió a sentarse.

    —Oh, sí. El deseo del corazón de Cuentas por Cobrar.
    — ¿Cuál es el deseo de tu corazón? —preguntó Lauren, doblando el papel sobre la caja de pastillas para la tos y aplicando cinta adhesiva—. ¿Qué pedirías tú si el espíritu te planteara el dilema?

    Fred cortó una tira de cinta.

    —Bueno, no ir a la fiesta de la oficina, eso seguro. El único año que me lo pasé remotamente bien fue el año pasado, hablando contigo.
    —Lo digo en serio —protestó Lauren. Aplicó cinta adhesiva a los lados y le tendió el paquete a Fred—. ¿Qué deseas realmente por Navidad?
    —Cuando tenía ocho años —dijo él pensativamente—, pedí un ordenador por Navidad. Los ordenadores personales eran algo nuevo y eran muy caros, y yo no estaba seguro de si iba a recibirlo. Era muy parecido a Natalie Wood en De ilusión también se vive. No creía en Santa Claus, y no creía en milagros, pero realmente lo deseaba.

    Rodeó el paquete con el trozo de cinta que había cortado y la ató con un nudo en la parte superior.

    — ¿Conseguiste el ordenador?
    —No —dijo, cortando tiras más cortas de cinta—. La mañana de Navidad bajé las escaleras, y allí había una nota que decía que mirara en el garaje. —Abrió las tijeras y pasó la hoja por la cinta, enroscándola—. Era un cachorro de perro. —Sonrió, recordando—. El asunto era que un ordenador era demasiado caro, pero había una cierta posibilidad de obtenerlo, o de otro modo no lo hubiera pedido. Los chicos no piden cosas que saben que son imposibles.
    — ¿Y no habías pedido un cachorro de perro porque sabías que no podrías conseguirlo?
    —No, no lo entiendes. Hay cosas que no pides porque sabes que no vas a conseguirlas, y hay cosas que están tan lejos del reino de las posibilidades que nunca se te ocurriría ni siquiera desearlas. —Hizo un lazo con la cinta enroscada y lo pegó al paquete.
    — ¿Así que estás diciendo que el deseo de tu corazón es algo tan lejos del reino de las posibilidades que ni siquiera sabes lo que es?
    —No he dicho eso —protestó Fred. Se puso de nuevo en pie—. ¿Quieres un poco de ponche?
    —Sí, gracias. Si todavía está ahí.

    Fred fue a la cocina. Lauren pudo oír rumor de ramas al ser apartadas y la puerta del frigorífico.

    —Todavía está aquí —dijo Fred.
    —Es curioso que Chris no haya vuelto —le señaló Lauren—. No deja de preocuparme el que esté maquinando algo.
    — ¿Chris? —se sorprendió Fred. Volvió a la sala de estar con dos vasos de ponche.
    —El espíritu —aclaró Lauren—. Me dijo que lo llamara así. Por lo de Christmas, ya sabes: el Espíritu del Presente de la Navidad. —Fred tenía el ceño fruncido—. ¿Qué ocurre? —quiso saber.
    —Me pregunto…, nada. No importa. —Fue al televisor—. No creo que den De ilusión también se vive esta tarde.
    —No, pero conseguí que me cambiara de vuelta tu vídeo. —Señaló—. Está ahí, sobre el televisor.

    Fred conectó el aparato, insertó el vídeo en el reproductor y pulsó play. Se sentó al lado de Lauren. Ella le tendió la caja de las pastillas para la tos, pero él no la tomó. Estaba mirando la pantalla. Lauren alzó la vista. En el televisor, Jimmy Stewart estaba pasando por delante de la casa de Donna Reed, haciendo sonar un palo a lo largo de la verja de madera.

    —Esto no es De ilusión también se vive —dijo Lauren—. Me dijo que lo había cambiado de vuelta. —Tomó la caja. Todavía mostraba a Edmund Gwenn abrazando a Natalie Wood—. ¡Ese sucio rastrero! ¡Sólo cambió la caja!

    Miró furiosa al televisor. En la pantalla, Jimmy Stewart miraba furioso a Donna Reed.

    —Está bien —dijo Fred, tomando el paquete de las pastillas para la tos y adelantando una mano hacia la cinta—. No es una mala película. El final es demasiado sentimental, y en realidad no tiene sentido. Quiero decir, en un momento no hay ninguna esperanza, y Jimmy Stewart está decidido a matarse, y luego el ángel le convence de que la vida es maravillosa, y de pronto todo está bien. —Buscó por la mesa, palmeando sobre el papel de envolver—. Pero tiene sus momentos. ¿Has visto las tijeras?

    Lauren le tendió unas de las que habían comprado como regalo.

    —Vamos a envolver los últimos.

    En la televisión, Jimmy Stewart estaba sentado en la sala de estar de Donna Reed, con aspecto incómodo.

    —Lo que no encuentro bien es que Jimmy Stewart esté dispuesto a sacrificarse de tal modo —dijo, cortando una tira de papel rojo lleno de Santas Claus—. Quiero decir, renuncia a ir a la universidad para que pueda ir su hermano, y luego, cuando su hermano tiene una posibilidad de conseguir un buen trabajo, renuncia de nuevo a la universidad. Incluso renuncia a suicidarse para salvar a Clarence. Es demasiado autosacrificio, ¿no crees?
    —Quizá renuncia a las cosas porque piensa que no las merece.
    — ¿Por qué no debería merecerlas?
    —Nunca ha ido a la universidad, es pobre, es sordo de un oído. A veces, cuando la gente tiene alguna minusvalía o exceso de peso o algo así, simplemente supone que no puede conseguir las cosas que tienen otros.

    Sonó el teléfono. Lauren fue a cogerlo y entonces se dio cuenta de que era el televisor.

    —Oh, hola —dijo Donna Reed, mirando a Jimmy Stewart.
    — ¿Puedes ayudarme con esta cinta? —pidió Fred.
    —Por supuesto —dijo Lauren. Se acercó a él y apoyó su dedo sobre la cinta para mantenerla tensa.

    Jimmy Stewart y Donna Reed estaban de pie muy cerca el uno del otro, escuchando al teléfono. La voz en el teléfono decía algo acerca de semillas de soja.

    Fred todavía no había hecho el nudo. Lauren alzó la vista hacia él. Él también estaba mirando la televisión.

    Jimmy Stewart miraba a Donna Reed, y su rostro casi tocaba el pelo de ella. Donna Reed le miró y luego desvió la vista. La voz del teléfono estaba diciendo algo acerca de la oportunidad de toda una vida, pero era evidente que ninguno de los dos escuchaba ni una palabra. Donna Reed alzó la vista hacia él. Los labios de Jimmy Stewart casi tocaban la frente de ella. No parecían estar respirando.

    Lauren se dio cuenta de que ella tampoco. Miró a Fred. Estaba sujetando los dos extremos de la cinta, uno en cada mano, y mirándola a ella.

    —El nudo —dijo Lauren—. No lo has atado.
    —Oh —murmuró él—. Lo siento.

    Jimmy Stewart dejó caer el teléfono con un repiqueteo y sujetó a Donna Reed por los dos brazos. Empezó a sacudirla, a gritarle, y luego de pronto la rodeó con sus brazos y empezó a besarla.

    —El nudo —dijo Fred—. Tienes que sacar el dedo.

    Ella le miró sin comprender, luego bajó la vista al paquete. Él había hecho el nudo encima de su dedo, que todavía seguía apretando el papel de envolver.

    —Oh. Perdona —dijo, y sacó el dedo—. Tenías razón. Tiene sus momentos.

    Él apretó el nudo.

    —Sí —admitió. Tomó el rollo de cinta y empezó a cortar tiras para los lazos. En la pantalla, Donna Reed y Jimmy Stewart eran rociados con una lluvia de arroz.
    —No. Tienes razón —dijo Fred—. Él es demasiado autosacrificado. —Agitó las tijeras hacia la pantalla—. En un minuto va a renunciar a su luna de miel para salvar la compañía de préstamos. Es sorprendente que llegue a pedirle a Donna Reed que se case con él. Es sorprendente que no intente unirla con ese tipo del teléfono.

    Sonó el teléfono. Lauren miró la pantalla, pensando que debía de ser la película, pero Jimmy Stewart estaba besando a Donna Reed en un taxi.

    —Es el teléfono —dijo Fred.

    Lauren lo cogió.

    —Hola —dijo Scott.
    —Oh, hola, Scott —respondió Lauren, mirando a Fred.
    —Me estaba preguntando acerca de la fiesta de la oficina esta noche —dijo Scott—. ¿Te importaría ir conmigo? Podría venir a recogerte y llevaríamos los regalos juntos.
    —Oh… yo… —murmuró Lauren. Apoyó una mano sobre el receptor—. Es Scott. ¿Qué le digo de los regalos?

    Fred le indicó que le pasara el teléfono.

    — ¿Scott? —dijo—. Hola. Soy Fred Hatch. Sí, Santa Claus. Escucha, hemos tenido un problema con los regalos.

    Lauren cerró los ojos.

    —Recibimos una llamada de Upscale Oasis de que las agendas de inversiones habían sido reclamadas por la Comisión Federal de Seguridad.

    Lauren abrió los ojos. Fred le sonrió.

    —Sí. Por fomentar un exceso de codicia.

    Lauren sonrió.

    —Pero no hay nada de lo que preocuparse —continuó Fred—. Los hemos reemplazado. En estos momentos los estamos envolviendo. No, no fue ningún problema. Me ha encantado ayudar. Sí. Se lo diré. —Colgó—. Scott estará aquí para llevarte a la fiesta de la oficina a las siete y media. Parece que al final vas a ver cumplido el deseo de tu corazón después de todo.
    —Sí —dijo Lauren, mirando la televisión. En la pantalla, la compañía de préstamos se estaba hundiendo.

    Terminaron de envolver el último par de tijeras a las seis y media, y Fred volvió a su apartamento para cambiarse y ponerse el traje de Santa Claus. Lauren metió los regalos en tres de las bolsas de Upscale Oasis.

    —No te atrevas a tocar eso —dijo severamente al vacío sofá, y fue a prepararse.

    Se duchó y se arregló el pelo, y luego fue al dormitorio para ver si el espíritu había biodegradado su vestido rojo o, por algún milagro, había devuelto a su estado original el de lentejuelas negras sin tirantes. No había hecho ninguna de las dos cosas.

    Se puso su vestido rojo y volvió a la sala de estar. Apenas eran pasadas las siete. Conectó el televisor y puso el vídeo de Fred en el reproductor. Pulsó play. Edmund Gwenn estaba entregándole al doctor el aparato de rayos X que siempre había deseado.

    Lauren tomó una de las bolsas y palpó el paquete con las tijeras que estaba encima de todos los demás para asegurarse que no habían sido convertidos en botellas de agua de Evian. Había un sobre metido entre dos de los paquetes. Dentro había un cheque por 5.895,36 dólares. Estaba extendido a nombre de la fundación del Hospital Infantil.

    Sacudió la cabeza, sonriendo, y volvió a colocar el cheque en el sobre.

    En la televisión, Maureen O’Hara y John Payne estaban observando a Natalie Wood cruzar una casa vacía y salir por la puerta de atrás en busca de su columpio. Se miraron seriamente. Lauren contuvo el aliento. John Payne avanzó el rostro y besó a Maureen O’Hara.

    Alguien llamó a la puerta.

    —Es Scott —dijo Lauren a John Payne, y aguardó hasta que Maureen O’Hara terminó de decirle que le quería antes de ir a abrirla.

    Era Fred, cargado con una bandeja cubierta con papel de aluminio. Llevaba el mismo suéter y los mismos pantalones que había llevado para envolver los regalos.

    —Pastelillos de queso —dijo—. Supuse que no podrías llegar hasta tu horno. —La miró seriamente—. Yo no me preocuparía acerca de no tener tu vestido negro para deslumbrar a Scott con él.

    Dejó los pastelillos de queso sobre la mesita de café.

    —Necesitas quitar el papel de aluminio y calentarlos en el microondas durante dos minutos a temperatura alta. Diles a los del CEMP que pongan los regalos en el saco de Santa Claus, y estaré allí a las once y media.
    — ¿No vas a ir a la fiesta?
    —Las fiestas de la oficina son tu idea de la diversión, no la mía —dijo—. Además, pasan De ilusión también se vive a las ocho. Puede que sea la única oportunidad que tenga de verla.
    —Pero yo quería que tú…

    Hubo una llamada en la puerta.

    —Ése es Scott —dijo Lauren.
    —Bien —dijo Fred—, si el espíritu no hace algo en los próximos quince segundos, tendrás el deseo de tu corazón pese a él. —Abrió la puerta—. Entra —dijo—, Lauren y los regalos están preparados. —Tendió dos de las bolsas a Scott.
    —Aprecio realmente tu ayuda con todo esto —dijo Scott.

    Fred tendió la otra bolsa a Lauren.

    —Fue un placer.
    —Me gustaría que vinieras con nosotros —dijo Lauren.
    — ¿Y perderme la oportunidad de ver al auténtico Santa Claus? —Mantuvo abierta la puerta—. Será mejor que os vayáis antes de que ocurra algo.
    — ¿Qué quieres decir? —preguntó Scott, alarmado—. ¿Crees que pueden reclamar estos regalos también?

    Lauren miró esperanzada al sofá y luego al televisor. En la pantalla Jimmy Stewart estaba de pie en un puente en medio de la nieve, dispuesto a suicidarse.

    —Me temo que no —dijo Fred.

    Estaba nevando cuando se detuvieron en el aparcamiento de su trabajo.

    —Fue realmente muy desinteresado por parte de Fred ayudarte a envolver todos estos regalos —dijo Scott, abriendo la puerta del vestíbulo para Lauren—. Es un buen tipo.
    —Sí —reconoció Lauren—. Lo es.
    — ¡Hey, mira eso! —exclamó Scott. Señaló al monitor de seguridad—. ¡Es Qué bello es vivir! ¡Mi película favorita! —En el monitor, Jimmy Stewart estaba corriendo por la nieve, gritando: “¡Feliz Navidad!”
    —Scott —dijo de pronto Lauren—, no puedo ir a la fiesta contigo.
    —Espera un minuto, ¿quieres? —dijo Scott, con los ojos fijos en la pantalla—. Ésta es mi parte preferida. —Depositó las bolsas sobre el escritorio de la recepcionista y apoyó sus codos en él—. Ésta es la parte en la que Jimmy Stewart descubre la vida maravillosa que ha tenido.
    —Tienes que llevarme a casa —dijo Lauren.

    Hubo una ráfaga de aire frío y de nieve. Lauren se volvió en redondo.

    —Olvidaste tus pastelillos de queso —dijo Fred, tendiendo a Lauren la bandeja cubierta con la hoja de aluminio.
    — ¿Sabes?, es algo tan grande el ser demasiado autosacrificado —dijo Lauren.

    Fred le tendió la bandeja.

    —Eso es lo que dijo el espíritu.
    — ¿Volvió? —Lauren lanzó una mirada a las bolsas de Upscale Oasis.
    —Sí. Inmediatamente después de que os fuerais. No te preocupes por los regalos. Dijo que creía que las grapadoras eran una gran idea. También dijo que no te preocuparas por el regalo de Navidad para tu hermana.
    — ¡Mi hermana! —exclamó Lauren, llevándose una mano a la boca—. La olvidé por completo.
    —Dijo que puede que a ti no te guste: le envió el vestido yanomamo.
    —Le encantará —murmuró Lauren.
    —También dijo que era inconcebible que Jimmy Stewart consiguiera alguna vez a Donna Reed, estaba tan atareado dando a los demás lo que querían —dijo, mirándola seriamente.
    —Tiene razón —admitió Lauren—. ¿También te dijo que Jimmy Stewart era increíblemente estúpido por querer ir a la universidad cuando tenía a Donna Reed allí delante frente a él?
    —Lo mencionó.
    — ¡Qué gran película! —dijo Scott, volviéndose a Lauren—. ¿Lista para subir?
    —No —dijo Lauren—. Voy a ir con Fred a ver una película. —Tomó los pastelillos de queso de Fred y se los tendió a Scott.
    — ¿Qué se supone que debo hacer con ellos?
    —Quítales el papel de aluminio —dijo Fred—, y ponlos en un microondas durante dos minutos.
    —Pero tú eres mi cita —dijo Scott—. ¿Con quién se supone que voy a ir ahora?

    Hubo una ráfaga de aire frío y de nieve. Todos se volvieron a mirar.

    — ¿Qué aspecto tengo? —dijo Evie, quitándose el abrigo.
    — ¡Huau! —exclamó Scott—. ¡Estás estupenda!

    Evie giró sobre sí misma, sus hombros desnudos, las lentejuelas destellando en el vestido negro.

    —Lauren me lo dio por Navidad —dijo feliz—. Me encanta la Navidad, ¿a vosotros no?
    —A mí me encanta este vestido —dijo Scott.
    —También me dijo —señaló Fred— que su escena favorita en De ilusión también se vive es cuando Santa Claus se disfrazaba…
    —No se disfrazaba —dijo Lauren—. Edmund Gwenn le decía a todo el mundo que él era Santa Claus.

    Fred alzó un dedo corrector.

    —Le decía a todo el mundo que su nombre era Kris Kringle.
    —Chris —murmuró Lauren.
    —Oh, me encanta esta parte —dijo Evie.

    Lauren la miró. Estaba de pie al lado de Scott, contemplando a Jimmy Stewart de pie al lado de Donna Reed cantando “Auld Lang Syne”.

    —Organiza todo tipo de problemas para todo el mundo —dijo Fred—. Pone patas arriba la Navidad…
    —Altera por completo la vida de Maureen O’Hara —dijo Lauren.
    —Pero al final todo termina bien, el doctor tiene su aparato de rayos X, Natalie Wood tiene su casa…
    —Maureen O’Hara tiene a Fred…
    —Y nadie está completamente seguro de cómo lo hizo, o siquiera de si hizo algo.
    —O de si lo tenía todo planeado desde el principio. —Miró seriamente a Fred—. Me dijo que yo sólo creía saber lo que deseaba por Navidad.

    Fred avanzó hacia ella.

    —A mí me dijo que sólo porque algo parezca imposible no quiere decir que no pueda ocurrir un milagro.
    — ¡Qué gran final! —exclamó Evie, conteniendo un sollozo—. Qué bello es vivir es mi película favorita.
    —También la mía —dijo Scott—. ¿Sabes cómo calentar unos pastelillos de queso? —Se volvió hacia Lauren y Fred—. Cortad ya eso, vosotros dos, vamos a llegar tarde a la fiesta.
    —Nosotros no vamos —dijo Fred, cogiendo a Lauren del brazo. Se dirigieron hacia la puerta—. De ilusión también se vive empieza a las ocho.
    —Pero no podéis iros —exclamó Scott—. ¿Y esos regalos? ¿Quién va a distribuirlos?

    Hubo una ráfaga de aire frío y de nieve.

    —Jo jo jo —dijo Santa Claus.
    — ¿No es ése tu disfraz, Fred? —preguntó Lauren.
    —Sí. Hay que devolverlo a la tienda de alquiler el lunes por la mañana —le dijo a Santa Claus—. Y no lo cambies por ningún producto residual de ningún bosque tropical.
    — ¡Feliz Navidad! —dijo Santa Claus.
    —Me encanta que todas las cosas salga bien al final —dijo Lauren.
    —Todo lo que necesitamos es un bastón puesto de pie en el rincón —dijo Fred.
    —No tengo ni la menor idea de lo que estáis hablando —dijo Santa Claus—. ¿Qué son estos regalos que se supone que debo distribuir?
    —Están aquí —señaló Scott. Tendió una de las bolsas a Santa Claus.
    —Bolsas de plástico —murmuró Santa Claus, haciendo chasquear desaprobadoramente su lengua contra el paladar—. Deberíais usar papel reciclado.
    —Lo siento —dijo Scott. Tendió los pastelillos de queso a Evie y tomó las otras dos bolsas—. ¿Lista, Evie?
    —Todavía no podemos irnos —dijo Evie, mirando el monitor de seguridad—. Mira, Qué bello es vivir acaba de empezar. —En la pantalla, el hermano de Jimmy Stewart se caía en el hielo—. Ésta es mi parte preferida —dijo.
    —También la mía —admitió Scott, y se situó a su lado para mirar el monitor.

    Santa Claus frunció curioso los ojos hacia la pantalla por un momento, luego sacudió la cabeza.

    —De ilusión también se vive es mucho mejor, ¿sabéis? —dijo reprobadoramente—. Es más realista.


    Fin