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  • ● Normal
  • FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Empecemos con los dos recuadros que se encuentran a mano izquierda.

    S: Permite guardar la publicación y el punto que suspendes la lectura de forma rápida. Esta misma opción la encontrarás en el MENU, la opción "Guardar Lectura". Cuando guardas una publicación por primera vez, aparece el mensaje: "Publicación y Punto Guardado". Cuando guardas el punto donde suspendes la lectura y anteriormente has guardado la publicación, aparece el mensaje "Punto Guardado".

    TEMAS: Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Veamos ahora lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: Misma opción del recuadro con la S que se encuentra sobre el recuadro de TEMAS. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó, cuando se guardó la publicación, se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación, el recuadro con la S que se encuentra sobre el mismo, y los recuadros LEER y DONAR. Esta opción está disponible sólo en las publicaciones; en Navega Directo, no.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación y el recuadro con la S.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    En esta sección no puedes ocultar los recuadros de OTROS TEMAS, S, LEER y DONAR.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 12 en 12.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    CANTAD, BAILAD (John Varley)

    Publicado el jueves, diciembre 07, 2017
    Dirigiéndose hacia su cita orbital con Jano, Barnum y Bailey se tropezaron con una gigantesca y pulsante nota negra. Su cola medía sus buenos cinco kilómetros de longitud. La nota en sí tenía un kilómetro de diámetro, y resplandecía con una débil luz turquesa. Giraba pesadamente sobre su eje cuando se aproximaron a ella.

    —Éste debe de ser el lugar —dijo Barnum a Bailey.
    —Control de aproximación de Jano a Barnum y Bailey —llegó una voz desde el vacío—. Encontrarán el cable de arrastre en la siguiente revolución. Deberían ver el indicador visual dentro de unos pocos minutos.

    Barnum bajó la mirada hacia la irregular bola de roca y hielo que giraba lentamente a sus pies y que era Jano, el más interior de los satélites de Saturno. Algo estaba ascendiendo hacia ellos más allá de la curva del horizonte. No pasó mucho tiempo hasta hacerse visible de modo que pudieran identificar lo que era. Barnum lanzó una buena risotada.

    —¿Es tuyo, o de ellos? —preguntó a Bailey.

    Bailey resopló.

    —De ellos. ¿Crees que soy tan estúpido como para eso?

    El objeto que se alzaba por detrás de la curva del satélite era una red de cazar mariposas de diez kilómetros de longitud. Tras ella había un largo y flotante cable formando un gigantesco lazo. Bailey resopló de nuevo, pero aplicó los vectores necesarios para situarse en posición a fin de ser sujetado por aquella cosa ridícula.

    —Vamos, Bailey —le pinchó Barnum—. Lo que pasa es que te sientes celoso por no haber pensado primero en ello.
    —Quizá sí —concedió el simb—. De todos modos, agárrate el sombrero, porque posiblemente va a producirse alguna que otra sacudida.

    La ilusión estaba llevada hasta tan lejos como resultaba práctico, pero Barnum observó que el primer tirón de la deceleración se inició antes de lo que uno hubiera esperado si la transparente red hubiera sido algo más que una ilusión. La fuerza fue creciendo gradualmente a medida que el campo electromagnético se aferraba al anillo de metal que había sujetado en torno a su cintura. Duró durante aproximadamente un minuto. Cuando se soltó, Jano ya no parecía girar sobre sí mismo bajo ellos. Estaba acercándose.

    —Escucha eso —dijo Bailey.

    La cabeza de Barnum estaba llena de música. Era una exuberante melodía, interpretada por los chillones, flatulentos, pero atrayentes tonos de un saxofón, un ritmo sincopado que ninguno de los dos pudo identificar. Cambiaron de posición, y entonces pudieron distinguir la localización de Puertas de Nácar, el único asentamiento humano en Jano. Era fácil de descubrir debido a las oscilantes y flotantes oleadas musicales que brotaban del lugar como hilos paralelos de tela de araña.

    La gente que gobernaba Puertas de Nácar era un barril de risas. Todas las estructuras reales que formaban la parte de las instalaciones que emergían del suelo estaban ocultas bajo extravagantes proyecciones holográficas. Todo el lugar parecía un cruce entre la pesadilla de un niño en el país de los caramelos y una de las primeras películas de dibujos animados de Walt Disney.

    Dominando la ciudad había un gigantesco órgano de vapor con tubos de mil metros de altura. Había quince de ellos, y todos estaban saltando y agitándose al compás de la música del saxofón. Se agazapaban como si se prepararan para inspirar profundamente, luego volvían a erguirse, emitiendo un coloreado anillo de humo. Los edificios que Barnum sabía que en realidad eran funcionales, semiesferas sin el menor interés, tenían la apariencia de casas cuadradas con jardineras llenas de flores en las ventanas y ojos de cartón mirando por las puertas. Temblaban y oscilaban como si estuvieran hechas de gelatina.

    —¿No crees que se pasan un poco? —preguntó Bailey.
    —Depende de tus gustos. Es encantador, a su propio estilo pueblerino.

    Derivaron por el laberinto como de espaguetis hecho de líneas de pentagrama, barras, semicorcheas, pausas, anillos de humo y música ensordecedora. Surcaron a través de una insustancial corchea, y Bailey eliminó su velocidad residual con los chorros. Se posaron ligeramente en la casi imperceptible gravedad y se abrieron paso hacia uno de los sonrientes edificios.

    Llegar hasta la entrada del edificio fue toda una experiencia. Barnum había pulsado un botón señalado: CICLO ESTANCO y éste había desaparecido de entre sus manos, convirtiéndose en un pequeño rostro que les miraba sonriente. Un chiste práctico. La esclusa se había abierto de todos modos, activada por su presencia. En el interior, Puertas de Nácar no era tan extravagante. Los corredores se parecían decentemente a corredores, y los suelos eran sólidos y grises.

    —De todos modos estaré al tanto —advirtió sombríamente Bailey—. Esos tipos son unos bromistas de lo más extravagante. Su idea de algo que les haga soltar una buena carcajada puede ser hacer un agujero en el suelo y cubrirlo con un holo. Vigila donde pones los pies.
    —Vamos, no seas tan pesimista. Tú eres capaz de descubrir algo así, ¿no?

    Bailey no respondió, y Barnum no insistió. Sabía el origen de la intranquilidad del simb y su desagrado hacia la estación de Jano. Bailey deseaba terminar sus asuntos tan pronto como fuera posible y regresar al Anillo, donde se sentía útil. Aquí, en un corredor lleno de oxígeno, Bailey era físicamente innecesario.

    La función de Bailey en el equipo simbiótico de Barnum y Bailey era proporcionar un entorno de comida, oxígeno y agua al humano, Barnum. A la recíproca, Barnum proporcionaba comida, anhídrido carbónico y agua a Bailey. Barnum era un humano, sin nada digno de notar físicamente excepto una alteración quirúrgica en las rodillas que las hacía doblarse hacia afuera en vez de hacia delante, y el desmesurado tamaño de las manos, llamadas peds, que crecían de sus tobillos allí donde hubieran debido estar sus pies. Bailey, por otra parte, no tenía absolutamente nada de humano.

    Estrictamente hablando, Bailey ni siquiera era un «él». Bailey era una planta, y Barnum pensaba en él en masculino únicamente porque la voz en la cabeza de Barnum —el único medio de comunicación de Bailey— sonaba masculina. Bailey no tenía forma definida. Existía envolviendo a Barnum y formando parte de su configuración. Se extendía por el canal alimentario de Barnum, desde la boca y a lo largo de todo el camino digestivo hasta emerger por el ano, atravesándolo como una aguja. Juntos, el equipo tenía la apariencia de un ser humano enfundado en un traje especial informe, con una cabeza bulbosa, una cintura estrecha y unas caderas hinchadas. Una mujer ridículamente exagerada, si lo prefieren así.

    —Podrías empezar a respirar de nuevo —dijo Bailey.
    —¿Para qué? Lo haré cuando necesite hablar con alguien que no esté emparejado con un simb. Mientras tanto, ¿por qué preocuparme?
    —Simplemente, pensé que te gustaría volver a acostumbrarte a ello.
    —Oh, muy bien. Si crees que es necesario…

    De modo que Bailey fue retirando gradualmente las partes de él que llenaban los pulmones y la garganta de Barnum, liberando su aparato vocal y dejándolo en condiciones de hacer lo que no había hecho desde hacía diez años. Barnum tosió cuando el aire penetró en su garganta. ¡Era frío! Bueno, al menos lo parecía, aunque realmente se hallaba a la temperatura estándar de veintidós grados. No estaba acostumbrado a aquello. Su diafragma se estremeció una vez, luego inició la tarea de respirar como si su médula jamás hubiera sido desconectada.

    —Ya está —dijo en voz alta, sorprendido por el sonido de su propia voz—. ¿Satisfecho?
    —Nunca hace daño efectuar una pequeña prueba.
    —Vamos a dejar las cosas bien claras, ¿quieres? Yo no deseaba venir aquí más que tú, pero sabes que teníamos que hacerlo. ¿Vas a darme problemas con ello hasta que nos vayamos? Se supone que somos un equipo, ¿recuerdas?

    Hubo un suspiro de su compañero.

    —Lo siento, pero eso somos precisamente. Se supone que formamos un equipo, y allá afuera en el Anillo eso es precisamente lo que somos. Ninguno de los dos es nada sin el otro. Pero aquí soy simplemente algo que tienes que acarrear contigo a todas partes. No puedo caminar, no puedo hablar; me revelo como el vegetal que soy en realidad.

    Barnum estaba acostumbrado a los periódicos ataques de inseguridad del simb. En el Anillo nunca habían ido demasiado lejos. Pero cuando entraban en un campo gravitatorio Bailey recordaba lo poco efectivo que era como ser.

    —Aquí puedes respirar por ti mismo —prosiguió Bailey—. Puedes ver por ti mismo si yo descubro tus ojos. A propósito, ¿quieres…?
    —No seas estúpido. ¿Por qué iba a utilizar mis ojos cuando tú puedes proporcionarme una imagen mejor de la que conseguiría por mí mismo?
    —En el Anillo eso es cierto. Pero aquí todos mis sentidos extra no son sino exceso de masa. ¿Qué utilidad tiene para ti un display de velocidad ajustada aquí, donde la cosa más alejada que puedo captar está a veinte metros de distancia, y es estacionaria?
    —Eh, oye. ¿Quieres que demos media vuelta y no crucemos esa esclusa? Podemos hacerlo. Lo haré si esto ha de representar un trauma para ti.

    Hubo un largo silencio, y Barnum se sintió inundado por una cálida sensación de disculpa que le dejó con sus giradas rodillas temblando.

    —No hay necesidad de disculparse —prosiguió, con un tono más suave—. Te comprendo. Esto es algo que tenemos que hacer juntos, como todo lo demás, tanto lo bueno como lo malo.
    —Te quiero, Barnum.
    —Y yo a ti, tonto.

    La placa en la puerta decía:

    TIMBALES Y RAGTIME, AGENTES MUSICALES


    Barnum y Bailey vacilaron ante la puerta.

    —¿Qué se supone que debemos hacer, llamar? —preguntó Barnum en voz alta—. Hace tanto tiempo que he olvidado cómo se hace…
    —Simplemente, doblas los dedos hasta formar un puño y…
    —No me refiero a eso. —Se echó a reír, apartando a un lado su momentáneo nerviosismo—. He olvidado las reglas de cortesía de la sociedad humana. Bueno, lo que hacen en todos esos videos que hemos visto siempre.

    Llamó a la puerta, y ésta se abrió por sí misma al segundo golpe.

    Había un hombre sentado tras un escritorio, con los pies desnudos puestos sobre él. Barnum estaba preparado para el shock de ver a otro ser humano, uno que no estuviera rodeado por un simb, puesto que se había cruzado con varios en su camino hasta las oficinas de Timbales y Ragtime. Pero aún se sentía impresionado por la poca familiaridad del espectáculo. El hombre pareció darse cuenta de ello e hizo silenciosamente un gesto hacia una silla. Se sentó en ella, pensando que en aquella baja gravedad no era realmente necesario. Pero en cierto modo se sintió agradecido. El hombre no dijo nada durante un rato, dándole a Barnum tiempo de acomodarse y ordenar sus pensamientos. Barnum pasó aquel tiempo estudiando cuidadosamente al hombre.

    Varias cosas eran evidentes en él; la más llamativa, que no era un hombre a la moda. Los zapatos se habían extinguido virtualmente desde haría más de un siglo, por la sencilla razón de que no se caminaba nunca sobre nada que no fueran suelos acolchados. Sin embargo, la última moda decretaba Que Se Llevasen Zapatos.

    El hombre parecía joven, habiendo detenido su crecimiento por los alrededores de los veinte años. Iba vestido con un traje holo, una ilusión generada de fluentes colores que se negaban a permanecer en un mismo sitio o tomar una forma definida. Bajo el traje era posible que fuera desnudo, pero Barnum no podía decirlo.

    —Usted es Barnum y Bailey, ¿no? —preguntó el hombre.
    —Sí. ¿Y usted es Timbales?
    —Ragtime. Timbales vendrá más tarde. Me alegra conocerle. ¿Ha tenido algún problema para llegar hasta aquí? Creo que dijo que ésta era su primera visita.
    —Sí, así es. No hemos tenido ningún problema. Y gracias, incidentalmente, por el transporte gratis.

    El hombre agitó una mano.

    —No se preocupe por eso. Forma parte de los gastos generales. Corremos el riesgo de que sea usted lo bastante bueno como para reembolsarnos varias veces los gastos. Acertamos las veces suficientes como para no perder dinero con ello. La mayoría de ustedes ahí afuera no pueden permitirse el trasladarse a Jano, así que ¿qué otra cosa podemos hacer? Tendríamos que ir hasta ustedes. Resulta más barato hacerlo de este modo.
    —Sí, supongo que sí.

    Permaneció de nuevo en silencio. Se dio cuenta de que su garganta estaba empezando a dolerle por el desacostumbrado esfuerzo de hablar. Apenas pensó en ello sintió a Bailey entrar en acción. El filamento interno que se había retraído surgió de su estómago y lubrificó su laringe. El dolor desapareció cuando las terminaciones nerviosas fueron suprimidas. «De todos modos —se dijo a sí mismo—, todo esto está en tu cabeza.»

    —¿Quién le recomendó a nosotros? —preguntó Ragtime.
    —¿Quién…? Oh, fue…, ¿quién fue, Bailey?

    Se dio cuenta demasiado tarde de que había hablado en voz alta. No había deseado hacerlo; tuvo la vaga sensación de que debía de ser poco educado hablar uno a su simb de ese modo. Ragtime no oiría la respuesta, por supuesto.

    —Fue Antígona —informó Bailey.
    —Gracias —dijo Barnum, en silencio esta vez—. Un hombre llamado Antígona —le dijo a Ragtime en alta voz.

    El otro anotó aquel dato, y volvió a alzar la vista, sonriente.

    —Bien, ahora, ¿qué es lo que desea mostrarnos?

    Barnum estaba a punto de describirle su obra a Ragtime cuando la puerta se abrió de golpe y una mujer entró volando. Literalmente: cruzó el umbral, se agarró a la puerta con su ped izquierdo y la cerró de golpe con un solo movimiento, luego giró en el aire para besar el suelo con la punta de los dedos, utilizándolos para frenar su velocidad hasta detenerse frente al escritorio, inclinarse sobre él y hablarle excitadamente a Ragtime. Barnum se sorprendió de que tuviera peds en vez de pies; había creído que no se usaban en Puertas de Nácar. Hacían que uno caminase de un modo extraño. Pero ella no parecía interesada en caminar.

    —¡Espera a oír lo que Myers ha hecho ahora! —dijo, casi levitando en su entusiasmo. Los dedos de sus peds arañaron la moqueta mientras hablaba—. Ha realineado los sensores de los ganglios anteriores derechos, y no creerás lo que eso le ha hecho a…
    —Tenemos un cliente, Timbales.

    Ella se volvió y vio al par simb-humano sentado a su lado. Se llevó una mano a la boca como para imponerse silencio, pero tras ella estaba riendo. Se dirigió hacia ellos (no se puede decir que caminase a baja gravedad; parecía avanzar sobre la punta de dos dedos de cada uno de sus peds, y eso hacía que pareciera como si flotara). Llegó junto a ellos y les tendió la mano.

    Llevaba un traje holo como el de Ragtime, pero en vez de llevar el proyector en torno a su cintura, como él, lo llevaba montado en un anillo. Cuando extendía la mano, el generador holo tenía que compensar tejiendo más largos y delgados hilos de luz en torno a su cuerpo. Parecía una explosión de colores pastel, y dejaba su cuerpo apenas cubierto. Lo que Barnum vio podía haber sido una muchacha de dieciséis años: esbelta, caderas estrechas y pechos pequeños, y dos trenzas rubias que le llegaban hasta la cintura. Pero sus movimientos desmentían esa primera impresión. No había nada de torpeza juvenil en ellos.

    —Soy Timbales —dijo, estrechando su mano.

    Bailey fue tomado por sorpresa y no supo si desenguantar su mano o no. Así que lo que ella estrechó fue la mano de Barnum cubierta por el acolchado de tres centímetros de Bailey. No pareció importarle.

    —Usted debe de ser Barnum y Bailey. ¿Sabe quién fue el primigenio Barnum y Bailey?
    —Sí, la gente que construyó ese gran órgano suyo de ahí fuera.

    Ella se echó a reír.

    —El lugar es una especie de circo, realmente, hasta que uno se acostumbra a él. Rag me ha dicho que tiene algo que vendernos.
    —Espero que sí.
    —Ha acudido al lugar correcto. Rag es el lado comercial de la compañía; yo soy el talento. Así que es a mí a quien tiene que vender. Supongo que no tendrá nada escrito.

    Barnum hizo una mueca, luego recordó que ella no podía ver nada excepto una lisa superficie verde con un agujero en la parte correspondiente a la boca. Se necesitaba un cierto tiempo para acostumbrarse a tratar con la gente de nuevo.

    —Ni siquiera sé leer música.

    Ella suspiró, pero no pareció defraudada.

    —Lo supuse. Tan pocos de ustedes los anillenses lo hacen… Honestamente, si pudiera imaginar qué es lo que los convierte a todos ustedes en artistas, me haría rica.
    —La única forma de hacer eso es acudir al Anillo y verlo por sí misma.
    —Desde luego —dijo ella, un poco azarada.

    Apartó la vista de la cosa informe sentada en el sillón. La única forma de descubrir la magia de una vida en el Anillo era ir allí, y la única forma de hacer eso era adoptar un simb. Perder para siempre la individualidad y convertirse en parte de un equipo. No mucha gente podía hacerlo.

    —Será mejor que empecemos —dijo ella, palmeándose los muslos para disimular su azoramiento—. El auditorio está al otro lado de esa puerta.

    La siguió a una habitación débilmente iluminada que parecía estar semienterrada en papeles. No se había dado cuenta de que los negocios requirieran tanto papeleo. Su política al respecto parecía ser irlos apilando y, cuando la pila era demasiado alta y caía hacia un lado, patearla a un rincón. Las partituras crujieron bajo sus peds mientras la seguía a la esquina de la habitación donde estaba el teclado del sintetizador, bajo una lámpara. El resto de la habitación estaba en sombras, pero las teclas relucían brillantes en su antigua disposición de blancos y negros alternos.

    Timbales se quitó el anillo y se sentó ante el teclado.

    —Ese maldito holo me molesta —explicó—. No puedo ver las teclas.

    Barnum observó por primera vez que había otro teclado en el suelo, entre las sombras, y que los peds de la mujer estaban posados en él. Se preguntó si aquélla sería la única razón para los peds. Después de haberla visto andar, lo dudaba.

    Ella permaneció allí sentada inmóvil por un momento, luego alzó la vista hacia él, expectante.

    —Hábleme de ello —dijo en un susurro. Él no supo qué decir.
    —¿Hablarle de ello? ¿Simplemente hablarle? Ella se echó a reír y se relajó de nuevo, con las manos en el regazo.
    —Estaba bromeando. Pero tenemos que sacar la música de su cabeza y meterla en esa cinta de alguna manera. ¿Cómo lo prefiere? He oído decir que en una ocasión una sinfonía de Beethoven fue escrita en inglés, con cada nota y cada acorde descritos con detalle. No puedo imaginar para qué querría nadie eso, pero se hizo. El resultado fue un libro más bien grueso. Podemos hacerlo de esa forma. O seguramente usted será capaz de pensar en alguna otra.

    Él guardó silencio. Hasta que ella se sentó ante el teclado, no había pensado realmente en aquella parte del asunto. Él conocía su música, la conocía hasta la última semifusa. Pero ¿cómo exteriorizarla?

    —¿Cuál es la primera nota? —preguntó de pronto ella. Se sintió avergonzado de nuevo.
    —Ni siquiera conozco los nombres de las notas —confesó. Ella no se mostró sorprendida.
    —Cántela.
    —Yo… nunca he intentado cantarla.
    —Inténtelo ahora.

    Se sentó muy erguida, mirándole con una amistosa sonrisa, no instándole sino animándole.

    —Puedo oírla —dijo él, desesperadamente—. Cada nota, cada disonancia… ¿Es ésa la palabra correcta?

    Ella sonrió.

    —Es una palabra correcta, pero no sé si conoce usted lo que significa. Es la calidad de sonido producida cuando las vibraciones no se mezclan armoniosamente: un discorde, un acorde no agradable a nivel sónico. Como esto. —Y pulsó varias teclas juntas, probó algunas otras, luego jugueteó con las clavijas montadas encima del teclado hasta que las dos notas fueron tan sólo unas cuantas vibraciones dispersas oscilando sinuosamente—. No gustan automáticamente al oído, pero en el contexto adecuado pueden hacer que uno se envare y trabe conocimiento con ellas. ¿Es su música discordante?
    —En algunos momentos. ¿Es eso malo?
    —En absoluto. Usado de modo adecuado es…, bueno, no agradable exactamente… —Abrió los brazos, impotente—. Hablar de música es un asunto más bien frustrante, en el mejor de los casos. Cantarla es mucho mejor. ¿Va usted a cantar para mí, amor, o debo intentar chapotear a través de sus descripciones?

    Vacilantemente, él cantó las primeras tres notas de su pieza, sabiendo que no sonaban en absoluto como la orquesta que resonaba en su cabeza, pero desesperado por intentar algo. Ella las recogió, tocando los tres tonos no modulados en el sintetizador: tres sonidos puros que eran hermosos, pero carentes de vida y a años luz de lo que él deseaba.

    —No, no, ha de ser más rico.
    —De acuerdo, tocaré lo que yo creo que es más rico, y veremos si hablamos el mismo idioma.

    Accionó varias clavijas y tocó las tres notas de nuevo, esta vez dándoles la modulación de un contrabajo.

    —Eso se acerca un poco más. Pero sigue sin serlo exactamente.
    —No desespere —dijo ella, agitando su mano hacia el banco de diales que tenía delante—. Cada uno de ésos producirá un efecto diferente, aislados o en combinación. Estoy convenientemente informada de que las permutaciones son infinitas. Así que en algún lugar de ahí encontraremos su melodía. Ahora: ¿en qué sentido debemos ir, por aquí, o por este lado?

    Girando la clavija hacia un lado hizo que el sonido se volviera más agudo; girándola hacia el otro lado, lo hizo más resonante, con un asomo de trompetas.

    Él se envaró. Se estaba acercando un poco más, pero todavía faltaba la riqueza de los sonidos que había en su cerebro. Hizo que ella girara la clavija hacia uno y otro lado, finalmente la fijó en el lugar que más se acercaba a su melodía fantasmal. Ella probó otra clavija, y el resultado fue una mayor aproximación aún. Pero seguía faltando algo.

    Sintiéndose más y más atraído, Barnum se dio cuenta de que estaba de pie tras ella, inclinándose por encima de su hombro mientras ella probaba otra clavija. Aquello era más cerca aún, pero…

    Febrilmente, se sentó a su lado en el banco y tendió la mano hacia la clavija. La ajustó cuidadosamente, luego se dio cuenta de lo que había hecho.

    —¿Le importa? —preguntó—. Es mucho más fácil sentarme aquí y ajustarlas yo mismo.

    Ella le dio una palmada en el hombro.

    —No sea tonto. —Se echó a reír—. Llevo al menos quince minutos intentando conseguir que se siente aquí. ¿Cree usted que yo puedo realizar todo esto por mí misma? Esa historia sobre Beethoven era mentira.
    —¿Qué debemos hacer, entonces?
    —Lo que usted tiene que hacer es manejar esta máquina, conmigo aquí para ayudarle y para decirle cómo conseguir lo que desea. Cuando usted lo haya conseguido, yo lo tocaré por usted. Créame, he hecho esto las suficientes veces como para saber que usted puede sentarse aquí y describírmelo. Ahora, ¡cante!

    Cantó. Ocho horas más tarde, Ragtime acudió silenciosamente a la habitación y puso una bandeja con bocadillos y un termo de café en una mesa a su lado. Barnum estaba todavía cantando, y el sintetizador estaba cantando con él.

    Barnum emergió braceando de su niebla creativa, consciente de algo que colgaba en su campo de visión, interfiriendo con su vista del teclado. Algo blanco y humeante, al extremo de un largo…

    Era una taza de café, sujeta por la mano de Timbales. Miró al rostro de ella, y ella, con tacto, no dijo nada.

    Desde que habían empezado a trabajar en el sintetizador, Barnum y Bailey se habían fundido virtualmente en un solo ser. Eso era adecuado, puesto que la música que Barnum estaba intentando vender era el producto de sus mentes unidas. Les pertenecía a ambos. Ahora se separó un poco de su compañero, lo suficiente para que el hablar con él fuera algo más que hablar consigo mismo.

    —¿Qué te parece, Bailey? ¿Debo beber un poco?
    —No veo por qué no. He tenido que gastar una buena cantidad de vapor de agua para mantenerte fresco en este lugar. Un poco de reaprovisionamiento me irá bien.
    —Escucha, ¿por qué no te desenrollas de mis manos? Me resultará mucho más fácil manejar esos controles; me proporcionará una manipulación más precisa, ¿comprendes? Además, no estoy seguro de que sea educado estrechar la mano de ella sin tocar realmente su carne.

    Bailey no dijo nada, pero su fluido cuerpo se retiró rápidamente de las manos de Barnum. Barnum alcanzó la taza que le era ofrecida, sobresaltándose ante la poco familiar sensación de calor de sus propias terminaciones nerviosas. Timbales no se dio cuenta de la discusión: había durado tan sólo un segundo.

    La sensación fue explosiva cuando el líquido bajó por su garganta. Jadeó, y Timbales pareció preocupada.

    —Tómeselo con calma, amigo. Tiene que poner de nuevo sus nervios en forma para algo tan caliente como eso.

    Tomó un cuidadoso sorbo y se volvió otra vez hacia el tablero. Barnum dejó su taza y se unió a ella. Pero parecía el momento adecuado para un descanso, y no consiguió volver a enfrascarse en la música. Ella se dio cuenta de aquello y se relajó, tomando un bocadillo y comiéndoselo como si se estuviera muriendo de hambre.

    —Se está muriendo de hambre, tonto —le dijo Bailey—. O al menos tiene mucha. No ha comido nada desde hace ocho horas, y ella no dispone de un simb que recicle sus deshechos en comida y se la vaya metiendo gota a gota en las venas. Así que tiene hambre. ¿Recuerdas?
    —Recuerdo. Lo había olvidado. —Miró al montón de bocadillos—. Me pregunto qué sensación me daría comerme uno de ésos.
    —Algo así.

    La boca de Barnum se llenó con el sabor de una ensalada de atún metida en un bocadillo de pan integral. Bailey producía ese truco, como todos los demás, estimulando directamente el sistema sensorial. Era capaz de producir sin ningún problema sensaciones nuevas por completo simplemente conectando un sector del cerebro de Barnum con otro. Si Barnum deseaba saber cuál era el sabor de un bocadillo de atún, Bailey podía hacer que ese sabor inundara su boca.

    —Perfecto. Y no voy a protestar de que no he sentido la presión del bocadillo contra los dientes, porque sé que también puedes producir eso. Y todas las sensaciones de masticarlo y de tragarlo, y muchas más aún. Sin embargo —añadió, y sus pensamientos tomaron una dirección que no estaba seguro de que a Bailey le gustara—, me pregunto si no será educado comer uno de ellos.
    —¿A qué vienen todas esas repentinas preocupaciones por la educación? —estalló Bailey—. Cómelo si quieres, pero jamás comprenderé el por qué. Conviértete en un carnívoro animal, y que te aproveche.
    —Tranquilo, tranquilo —se burló Barnum, con una cierta ternura—. No te pongas nervioso, muchacho. No voy a hacer nada sin ti. Pero tenemos que entendernos con esta gente. Tan sólo estoy intentando ser diplomático.
    —Cómelo entonces —suspiró Bailey—. Arruinarás mis esquemas ecológicos durante meses… ¿Qué voy a hacer con toda esa proteína extra? Pero ¿por qué iba a preocuparte eso a ti?

    Barnum se echó a reír silenciosamente. Sabía que Bailey podía hacer lo que quisiera con aquellas proteínas: ingerirlas, refinarlas, quemarlas, o simplemente guardarlas y expulsarlas a la primera oportunidad. Tendió una mano hacia uno de los bocadillos, y sintió la gruesa sustancia de la piel de Bailey retirarse de su rostro cuando se lo llevó a la boca.

    Había esperado que la luz incrementara su brillo, pero no ocurrió así. Estaba utilizando sus propias retinas para ver con ellas por primera vez en años, pero no era diferente de las imágenes inducidas al córtex que Bailey le había estado mostrando durante todo aquel tiempo.

    —Tiene usted un hermoso rostro —dijo Timbales, con la boca llena de un mordisco de su bocadillo—. Imaginé que sería así. Hizo un buen retrato de sí mismo.
    —¿Lo hice? —preguntó Barnum, intrigado—. ¿Qué quiere decir?
    —Su música. Lo refleja a usted. Oh, no veo en sus ojos todo lo que he visto en su música, pero nunca ocurre así. El resto de ello es Bailey, su amigo. Y no puedo leer su expresión.
    —No, imagino que no puede. Pero ¿puede decir algo acerca de él?

    Ella se lo pensó, luego se volvió hacia el teclado. Interpretó un tema que les había preocupado hacía algunas horas, lo tocó un poco más rápido y con sutiles alteraciones en su tonalidad. Era un fragmento alegre, con el asomo de algo que estaba un poco más allá del alcance de la mano.

    —Ése es Bailey. Está preocupado por algo. Si la experiencia me sirve de algo, le preocupa estar aquí, en Puertas de Nácar. A los simbs no les gusta venir aquí, o ir a cualquier otro sitio donde haya gravedad. Eso les hace sentirse innecesarios.
    —¿Oyes eso? —preguntó Barnum a su silencioso compañero.
    —Hummm.
    —Y eso resulta tan estúpido… —prosiguió ella—. No lo sé de primera mano, evidentemente, pero he conocido y he hablado con un montón de parejas simb. Por lo que puedo ver, el lazo entre un humano y un simb es…, bien, hace que una gata muriendo por defender a sus gatitos parezca un caso de afecto casual. Supongo que usted sabe de eso mucho más de lo que yo pueda decir, ¿no?
    —Lo ha expresado usted muy bien —dijo Barnum.

    Bailey emitió un gruñido de aprobación, una tímida sonrisa mental.

    —Me ha ganado, comedor de carne —comentó—. Cerraré la boca y dejaré que vosotros dos habléis sin meter por medio mis inseguridades carentes de base.
    —Lo ha tranquilizado usted —le dijo Barnum a Timbales, alegremente—. Incluso ha conseguido que haga chistes sobre sí mismo. Eso no es un cumplido pequeño precisamente, porque él se toma muy en serio a sí mismo.
    —Eso no es justo —protestó Bailey—, puedo defenderme yo mismo.
    —Creí que habías dicho que ibas a quedarte tranquilo.

    El trabajo prosiguió sin problemas, aunque se iba prolongando más de lo que a Bailey le hubiera gustado. Después de tres días de transcribir, la música estaba empezando a tomar forma. Llegó un momento en que Timbales podía apretar un botón y hacer que la máquina tocara por sí misma: era mucho más que la simple armazón melódica del primer día, pero aún necesitaba los toques finales.

    —¿Qué le parece Cantata contrapuntual? —preguntó Timbales.
    —¿Qué?
    —Como título. Tiene que tener un título. He estado pensando en ello, y he imaginado ése. Encaja, porque la pieza es muy métrica en su construcción: tensa, rítmica, rígida. Pero sin embargo tiene un poderoso contrapunto en los instrumentos de viento.
    —Es en la parte de los agudos, ¿no?
    —Sí. ¿Qué piensa de ello?
    —Bailey quiere saber qué es una cantata.

    Timbales se alzó de hombros, pero adoptó una expresión culpable.

    —A decir verdad, elegí esa palabra por simple aliteración. Quizá como un argumento de venta. En realidad, una cantata es cantada, y usted no tiene nada parecido a voces en esto. ¿Está seguro de no querer incluir ninguna?

    Barnum lo pensó.

    —No.
    —Es su decisión, por supuesto.

    Pareció estar a punto de decir algo, pero cambió de opinión.

    —Mire, no me preocupa mucho el título —dijo Barnum—. Llamarla así ¿ayudará a vender?
    —Puede.
    —Entonces haga lo que le parezca.
    —Gracias. Tengo a Rag trabajando en alguna publicidad preliminar. Los dos creemos que hay posibilidades. A él le ha gustado el título, y es muy bueno sabiendo qué vender. Además, también le gusta la pieza.
    —¿Cuánto falta antes de que lo tengamos todo preparado?
    —No demasiado. Otros dos días. ¿Empieza a sentirse cansado de ello?
    —Un poco. Me gustaría volver al Anillo. Y a Bailey también.
    —Eso significa que no vamos a verle durante diez años. Éste va a ser un negocio lento. Desarrollar un nuevo talento lleva eternidades.
    —¿Por qué trabaja usted en eso?

    Ella se lo pensó.

    —Supongo que porque me gusta la música, y Jano es el lugar donde ha nacido y se ha desarrollado la música más innovadora en el sistema. Nadie puede competir con ustedes, los del Anillo.

    Estuvo a punto de preguntarle por qué ella no se emparejaba con un simb para hacerse al menos una idea de lo que era aquello. Pero algo le retuvo, algún tabú no expresado que ella había establecido; o quizá fuera él. A decir verdad, no podía comprender por qué no se emparejaban todos con un simb. Parecía la única forma sana de vivir. Pero sabía que había mucha gente que consideraba aquella idea poco atrayente, por no decir repugnante.

    Tras la cuarta sesión de grabación, Timbales se relajó tocando el sintetizador para la pareja. Sabían que era buena en ello, y su opinión quedó confirmada por el virtuosismo que desplegó en el teclado.

    Timbales había hecho un estudio sobre la historia musical. Podía interpretar a Bach o a Beethoven tan fácilmente como las obras de los compositores modernos como Barnum. Tocó el primer movimiento de la Octava Sinfonía de Beethoven. Con sus dos manos y sus dos peds no tenía ningún problema en conseguir una reproducción exacta de toda una orquesta sinfónica. Pero no se limitaba tan sólo a eso. La música se apartaba imperceptiblemente de las cuerdas tradicionales, hacia los sonidos más concretos que tan sólo los instrumentos electrónicos podían producir.

    Siguió con algo de Ravel que Barnum jamás había oído, luego con una composición de juventud de Riker. Después de eso, lo divirtió con algunos rags de Joplin y una marcha de John Philip Sousa. En ésta no se tomó ninguna licencia, tocándola con la exacta instrumentación indicada por el compositor.

    Luego pasó a otra marcha. Ésta era increíblemente viva, llena de fugas cromáticas que se elevaban y descendían. La tocó con una precisión en los bajos que los antiguos músicos jamás hubieran alcanzado. Barnum recordó los viejos filmes que había visto cuando niño, filmes llenos de rugientes leones en jaulas y elefantes adornados con plumas.

    —¿Qué era eso? —preguntó cuando ella hubo terminado.
    —Es curioso que me lo pregunte, señor Barnum. Era una vieja marcha circense titulada Truenos y relámpagos. O según la llamaban algunos, La entrada de los gladiadores. Hay cierta confusión entre los estudiosos. Algunos dicen que tenía un tercer título, La favorita de Barnum y Bailey, pero la mayoría piensan que ésa era otra. De ser así, se ha perdido, y es una lástima. Pero todo el mundo está seguro de que ésta le gustaba también a Barnum y Bailey. ¿Qué piensa usted de ello?
    —Me gusta. ¿Podría tocarla de nuevo?

    Lo hizo, y luego una tercera vez, porque Bailey quería asegurarse de que quedaba grabada en la memoria de Barnum cuando desearan volver a tocarla más tarde.

    Timbales apagó la máquina y apoyó los codos en el teclado.

    —Cuando vuelva —dijo—, ¿por qué no intenta introducir una parte de sinapticón en su próxima obra?
    —¿Qué es un sinapticón?

    Ella se lo quedó mirando, sin creer lo que acababa de oír, luego su expresión cambió a otra de regocijo.

    —¿De veras no lo sabe? Entonces tiene que aprender algo.

    Y se precipitó hacia su escritorio, tomó algo con sus peds, y regresó dando saltitos al sintetizador. Era una pequeña caja negra con una correa y un cable con un enchufe a un lado. Se volvió de espaldas a él y se apartó el pelo de la base del cráneo.

    —¿Quiere conectarme, por favor? —pidió.

    Barnum vio la pequeña toma de enchufe dorada enterrada entre su pelo, del tipo que permitía a uno conectarse directamente con un ordenador. Insertó el enchufe en ella, y Timbales se colgó la caja en torno al cuello. Era severamente funcional, y su aspecto era de algo construido por un aficionado, con señales de herramientas por todas partes y zonas en que había perdido la pintura. Daba la impresión de que cada día era necesario repararla.

    —Todavía está en proceso de desarrollo —dijo ella—. Myers…, es el tipo que lo inventó…, ha estado trasteando con él, añadiéndole cosas. Cuando lo tengamos a punto lo comercializaremos como un collar. Los circuitos pueden compactarse mucho más. El primero tenía un cable que lo conectaba a un altavoz, lo cual entorpecía mucho mi estilo. Pero éste tiene un transmisor. Verá lo que quiero decir. Venga, aquí no tenemos espacio.

    Se abrió paso hacia la oficina exterior, y conectó un gran altavoz instalado contra la pared.

    —Lo que hace esto es traducir los movimientos corporales en música —dijo, deteniéndose en medio de la habitación, con las manos en los costados—. Mide las tensiones en la red nerviosa del cuerpo, las amplifica, y…, bueno, le mostraré lo que quiero decir. Esta posición es nula; no produce ningún sonido.

    Estaba de pie, erguida pero relajada, los peds juntos, las manos a los costados, la cabeza ligeramente baja.

    Alzó el brazo frente a sí, tendiendo la mano, y el altavoz a sus espaldas emitió un sonido que ascendió a lo largo de la escala, terminando en un acorde cuando sus dedos se cerraron sobre la invisible nota que flotaba en el aire. Dobló la rodilla, y una suave nota grave inundó el lugar, reforzándose cuando ella tensó los músculos de los muslos. Añadió más armónicos con la otra mano, luego reclinó bruscamente el cuerpo a un lado, haciendo estallar el sonido en una cascada de acordes. Barnum permanecía sentado muy erguido, sintiendo que un estremecimiento le recorría la columna vertebral y el vello de los brazos.

    Timbales no le veía. Se hallaba perdida en un mundo que existía ligeramente desfasado con el real, un mundo donde la danza era música y su cuerpo era el instrumento. Sus parpadeos se convertían en un staccato que puntuaba las frases, y su respiración proporcionaba una sólida base rítmica para las redes de sonido que sus brazos, piernas y dedos estaban tejiendo.

    Para Barnum y Bailey la belleza de todo aquello residía en la perfecta concordancia de movimiento y sonido. La pareja había creído que aquello era simplemente una novedad, que ella iba a tener que sudar para retorcer su cuerpo de forma extraña y no natural a fin de alcanzar las notas que deseaba. Pero no era así. Cada elemento modelaba al otro. Tanto música como danza eran improvisadas sobre el terreno, no estaban subordinadas a ninguna regla excepto las propias internas de ella.

    Cuando finalmente se detuvo, balanceándose sobre las puntas de los peds y dejando que el sonido muriera hasta desaparecer, Barnum se sentía casi aturdido. Y se sorprendió al oír el sonido de aplausos. Se dio cuenta de que eran sus propias manos, pero no era él quien las hacía aplaudir. Era Bailey. Bailey nunca antes había tomado el control motor.

    Tenían que conseguir todos los detalles. Bailey se sentía abrumado por la nueva forma de arte, y se notaba tan impaciente por hacer preguntas por medio de Barnum que casi estuvo a punto de tomar prestadas por unos momentos las cuerdas vocales de éste.

    Timbales se sintió sorprendida ante aquel grado de entusiasmo. Era una gran defensora del sinapticón, pero no había encontrado mucho éxito en sus esfuerzos por popularizarlo. Tenía sus limitaciones, y era considerado como una moda interesante pero pasajera.

    —¿Qué limitaciones? —preguntó Bailey y vocalizó Barnum.
    —Básicamente, necesita un ambiente de caída libre para ser del todo efectivo. Hay tonos residuales que no pueden ser eliminados cuando uno se halla bajo la influencia de la gravedad, incluso en Jano. Y aquí no puedo estar el tiempo suficiente en el aire. Evidentemente, usted no se ha dado cuenta, pero he sido incapaz de introducir muchas variaciones bajo estas condiciones.

    Barnum vio inmediatamente algo.

    —Entonces yo debería conseguir uno. De esa forma podré tocar mientras voy de un lado para otro por el Anillo.

    Timbales se apartó un mechón de cabellos de delante de los ojos. Estaba cubierta de sudor a causa de su actuación de quince minutos, y tenía el rostro encendido. Barnum apenas oyó su respuesta, estaba demasiado fascinado por la armonía de movimiento en aquel simple gesto. Y el sinapticón estaba desconectado.

    —Quizá pueda conseguirlo. Sin embargo, yo de usted esperaría. —Barnum estaba a punto de preguntarle por qué, pero ella prosiguió rápidamente—: Todavía no es un instrumento exacto, pero estamos trabajando en él, perfeccionándolo a cada día que pasa. Parte del problema reside en que se necesita un entrenamiento especial para operarlo de modo que produzca algo más que ruido blanco. No fui estrictamente sincera con usted cuando le dije cómo funcionaba.
    —¿Cómo?
    —Bueno, dije que medía las tensiones en los nervios y los traducía. ¿Dónde están la mayor parte de los nervios en el cuerpo?

    Entonces, Barnum comprendió.

    —En el cerebro.
    —Exacto. Así que el estado de ánimo es mucho más importante aquí que en la mayor parte de la música. ¿Ha trabajado usted alguna vez con un aparato de ondas alfa? Escuchando una nota, uno puede controlar algunas funciones del cerebro. Necesita práctica. El cerebro proporciona el almacenamiento de notas para el sinapticón, modula toda la composición. Si uno no consigue el control, todo lo que sale es ruido.
    —¿Cuánto tiempo lleva trabajando con él?
    —Unos tres años.

    Mientras Barnum y Bailey estuvieron trabajando con ella, Timbales tuvo que ajustar su ciclo de día y noche para encajarlo a los procesos biológicos de ellos. La pareja pasaba los períodos de luz solar tendidos en la cocina municipal de Jano.

    La cocina era una servicio gratuito proporcionado por la comunidad, un servicio que valía lo que costaba, puesto que sin él los humanos emparejados hubieran encontrado que les era imposible permanecer en Jano durante más de unos pocos días. Era una llanura construida por medio de bulldozers, de tres kilómetros cuadrados, y dividida en secciones cuadradas de un centenar de metros de lado. A Barnum y a Bailey no acabó de gustarles —a ninguna de las parejas simb les gustaba—, pero era lo mejor que podía conseguirse en un campo gravitatorio.

    Ninguna ecología en circuito cerrado es completamente cerrada. El mismo calor no puede ser vuelto a usar indefinidamente, como puede hacerse con los materiales de base. Hay que ir añadiendo más calor, la energía tiene que ser bombeada en el sistema en algún lugar para posibilitar que el componente planta de la pareja simb sintetice los hidratos de carbono necesarios para el componente animal. Bailey podía utilizar parte del calor de bajo nivel generado cuando el cuerpo de Barnum descomponía esas moléculas, pero ese proceso conduciría muy pronto a un fracaso ecológico.

    La solución del simb era la fotosíntesis, como cualquier otra planta, aunque las sustancias químicas que Bailey utilizaba para ello tenían tan sólo un vago parecido a la clorofila. La fotosíntesis requiere una gran cantidad de superficie vegetal, mucha más de la disponible en una superficie del tamaño de un ser humano. Y la intensidad de la luz del sol en la órbita de Saturno era tan sólo una centésima parte de la que había en la Tierra.

    Barnum caminó cuidadosamente a lo largo de una de las líneas blancas del emparrillado. A derecha e izquierda, algunos humanos se hallaban reclinados en el centro de los grandes cuadrados. Estaban envueltos únicamente con la capa más fina del simb; el resto de la masa del simb se hallaba esparcida en una especie de sábana delgadísima, casi invisible excepto como un ligero resplandor en el plano suelo. En el espacio, los simb formaban su girasol girando lentamente y dejando que la fuerza centrífuga diera forma al largo órgano parabólico. Aquí yacía inerte en el suelo, desplegado por los dispositivos mecánicos en las esquinas del cuadrado. Los simb no poseían la musculatura necesaria para hacer eso por sí mismos.

    Ninguna parte de su estancia en Jano les hacía añorar tanto el Anillo como la cocina. Barnum se reclinó en mitad de un cuadrado vacío y dejó que los garfios mecánicos se aferraran por sí mismos al tegumento externo de Bailey. Empezaron a tirar, lentamente, y Bailey fue extendido.

    En el Anillo nunca estaban a más de diez kilómetros de la Mitad Superior. Podían derivar hasta allá arriba y desplegar el girasol, quedarse allí durmiendo unas cuantas horas, luego utilizar la ligera presión para regresar de nuevo a las partes en sombras del Anillo. Era algo magnífico; no se trataba exactamente de dormir, no existía nada parecido en la experiencia humana. Era una conciencia vegetal, una comunión consciente y simple con el universo, libre del proceso de pensar.

    Barnum gruñó ahora mientras el girasol era estirado por el suelo a su alrededor. Aunque la fase de absorción de energía de su existencia no era sueño, varios días de intentar realizarla bajo gravedad habían dejado a Barnum con unos síntomas muy parecidos a los de la falta de sueño. Los dos se estaban volviendo irritables. Estaban ansiosos por regresar a la ingravidez.

    Sintió la agradable letargia reptar sobre él. Junto a él, Bailey estaba extendiendo poderosas raicillas en la desnuda piedra, utilizando compuestos ácidos para disgregarla y obtener las pequeñas cantidades de masa de reemplazo que la pareja necesitaba.

    —Así pues, ¿cuándo nos vamos? —preguntó suavemente Bailey.
    —Cualquier día, a partir de ahora. Cualquier día.

    Barnum se sentía soñoliento. Podía sentir el sol empezando a calentar el fluido en el girasol de Bailey. Era como una margarita inclinando perezosamente su tallo en unos verdes pastos.

    —Creo que no necesito señalarlo, pero la transcripción ha quedado completada. No tenemos ninguna necesidad de quedarnos.
    —Lo sé.

    Aquella noche, Timbales danzó de nuevo. Lo hizo lentamente, sin ninguno de los saltos y tumultuosos crescendos de la primera vez. Y lenta, casi imperceptiblemente, una melodía empezó a insinuarse. Cambiando una y otra vez; acelerando aquí, retardándose allí. Sin ser nunca completamente melódica, como en una grabación, pero correcta pese a todo. Había sido compuesta para cuerdas, metales y varios otros instrumentos, pero no había escrita ninguna parte para timbal. Ella debía transponer su propio instrumento. La melodía era también contrapuntual.

    Cuando hubo terminado, les habló de su concierto de más éxito, el que casi había conquistado al público. Había sido un dúo; ella y su pareja actuando sobre el mismo sinapticón mientras hacían el amor.

    El primero y segundo movimientos fueron bien recibidos.

    —Cuando llegamos al final —recordó, irónicamente—, y de pronto perdimos de vista las armonías y lo que surgía del sinapticón…, bueno, un crítico mencionó que parecía «la agonía y la muerte de una hiena». Me temo que nosotros no lo oímos.
    —¿Quién era él? ¿Ragtime?

    Ella se echó a reír.

    —¿Él? No, él no sabe nada de música. Hace muy bien el amor, pero no al compás del tres por cuatro. Era Myers, el muchacho que inventó el sinapticón. Pero es más un ingeniero que un músico. No he encontrado realmente una buena pareja para eso, y de todos modos no podría volver a ofrecerlo en público. Aquellas críticas aún me duelen.
    —Pero yo tenía la idea de que usted consideraba que las condiciones ideales para crear música con el sinapticón eran un dúo, en caída libre, haciendo el amor.

    Ella se echó a reír.

    —¿Yo dije eso?

    Permaneció largo tiempo en silencio.

    —Quizá sea cierto —concedió finalmente. Suspiró—. La naturaleza del instrumento es tal que la música más impactante se produce cuando el cuerpo se halla más sintonizado con su entorno, y no puedo pensar en un momento mejor que cuando estoy acercándome al orgasmo.
    —¿Por qué no funciona, entonces?
    —Quizá no debería decir esto, pero fue Myers quien lo estropeó. Se excitó, de lo cual se trata precisamente, por supuesto, pero no pudo controlarlo. Ahí estaba yo, afinada como un Stradivarius, sintiendo arpas celestiales tocando dentro de mí, ¡y él empezó a acometer como si estuviera tocando un ritmo de jungla en una chicharra! No voy a intentarlo de nuevo. Seguiré limitándome al ballet tradicional como hice anoche.
    —Timbales —dijo bruscamente Barnum—, yo puedo hacer el amor al ritmo de tres por cuatro.

    Ella se levantó y se puso a pasear por la estancia, mirándole de tanto en tanto. Él no podía ver a través de los ojos de ella, pero se sintió incómodamente consciente de que ella estaba viendo una grotesca masa informe y verde con un rostro humano clavado en su parte superior. Sintió una punzada de resentimiento por la apariencia exterior de Bailey. ¿Por qué ella no podía verle a él? Estaba allí dentro, enterrado en vida. Por primera vez se sintió casi prisionero. Bailey se retiró ligeramente, apartándose de aquella sensación.

    —¿Es eso una invitación? —preguntó ella.
    —Sí.
    —Pero usted no tiene un sinapticón.
    —Bailey y yo hablamos de ello. Él cree que puede funcionar como uno. Después de todo, hace casi lo mismo a cada segundo de nuestras vidas. Tiene mucha práctica en reacondicionar los impulsos nerviosos, tanto en mi cerebro como en mi cuerpo. Más o menos vive en mi sistema nervioso.

    Ella permaneció en silencio durante un momento.

    —¿Dice usted que puede hacer música… y hacer que se oiga, sin ningún instrumento en absoluto? ¿Bailey puede hacer eso por usted?
    —Desde luego. Sólo que nunca se nos ocurrió hacer pasar los movimientos corporales por la parte auditiva del cerebro. Eso es lo que está haciendo usted.

    Ella abrió la boca para decir algo, luego volvió a cerrarla de nuevo. Pareció indecisa acerca de lo que debía hacer.

    —Timbales, ¿por qué no se empareja usted y viene al Anillo? Espere un minuto; termine de oírme. Me dijo usted que mi música era estupenda y que creía incluso que podía venderse. ¿Cómo hice yo eso? ¿Ha pensado alguna vez en ello?
    —He pensado mucho en ello —murmuró ella, apartando la vista de él.
    —Cuando vine aquí ni siquiera conocía los nombres de las notas que estaban en mi cabeza. Era ignorante. Sigo sin saber mucho todavía. Pero escribo música. Y usted, usted sabe más de música que nadie a quien yo haya conocido nunca; a usted le gusta, usted la interpreta con belleza y habilidad. Ahora bien, ¿qué puede crear?
    —He estado escribiendo cosas —dijo ella, a la defensiva—. Oh, de acuerdo. No eran demasiado buenas. Parece que mi talento no va en esa dirección.
    —Sin embargo, yo soy la prueba de que no lo necesita. Yo no escribí esa música; ni tampoco lo hizo Bailey. La observamos y la oímos desarrollarse a todo nuestro alrededor. No puede imaginar usted cómo es ahí afuera. Es toda la música que uno haya oído jamás.

    A primera vista parecía lógico que gran parte del mejor arte en el sistema surgiera de los Anillos de Saturno. Hasta que la humanidad alcanzara Beta de la Lira o más lejos aún, no se encontraría un lugar más hermoso donde vivir. Seguramente un artista podría extraer una inagotable inspiración de los paisajes que se ven en el Anillo. Pero los artistas son raros. ¿Cómo podía el Anillo producir arte en todos los humanos que vivían allí?

    La vida artística del sistema solar se había visto dominada por los anillenses desde haría más de un siglo. Si hubiera sido la escala heroica de los Anillos y su soberbia belleza el causante de ello, uno hubiera podido esperar que el arte produjera principalmente obras de naturaleza heroica y hermosas en tono y en ejecución. Pero ése no había sido nunca el caso. La pintura, poesía, literatura y música de los anillenses cubrían toda la extensión de la experiencia humana, y luego iban un paso más allá.

    Un hombre o una mujer llegaban a Jano por cualquiera de una gran variedad de razones, decididos a abandonar su vida anterior y formar pareja con un simb. Aproximadamente una docena de personas partían de esa forma cada día, para no volver a oírse hablar más de ellos por espacio de una década. Constituían un muestrario representativo de la raza, yendo desde los competentes a los incapaces, y encontrándose entre ellos gente amable y gente cruel. Había genios entre ellos, e idiotas. Eran exactamente tan jóvenes, viejos, bondadosos, egoístas, con talento, inútiles, vulnerables y falibles como dentro de cualquier muestreo de la humanidad al azar. Pocos de ellos poseían algún entrenamiento o inclinación en el campo de la pintura, la música o la literatura.

    Algunos de ellos morían. Los Anillos, después de todo, eran un lugar difícil. Esas personas no tenían forma de aprender cómo sobrevivir allí afuera excepto intentándolo y consiguiéndolo. Pero la mayoría volvían. Y volvían con cuadros, canciones e historias.

    Las agencias artísticas eran la única industria en Jano. Se necesitaba un tipo especial de agente, porque pocos anillenses podían entrar en la oficina de un representante y presentar un trabajo terminado del tipo que fuera. Un agente literario era quien tenía el trabajo más fácil. Pero un agente musical tenía que estar preparado para enseñar algunos rudimentos de música al compositor, que no sabía absolutamente nada de la escritura musical.

    No obstante, las recompensas eran grandes. El arte aníllense era estadísticamente unas diez veces más fácil de vender que el arte de cualquier otra parte del sistema. Mejor aún, el agente recibía casi todos los beneficios en vez de una comisión, y los artistas nunca reclamaban más de lo que recibían. Los anillenses no podían darle gran uso al dinero. A menudo, un agente podía retirarse con los beneficios de una sola venta con éxito.

    Pero la cuestión fundamental del porqué los anillenses producían arte seguía sin respuesta.

    Barnum tampoco lo sabía. Tenía algunas ideas, parcialmente confirmadas por Bailey. Era algo que tenía que ver con la fusión de las mentes humana y simb. Un aníllense era más que un humano, y sin embargo seguía siendo humano. Cuando se combinaba con un simb, se creaba algo más. Era algo que no estaba bajo su control. La mejor forma en que Barnum había sido capaz de explicárselo a sí mismo era diciendo que aquel encuentro de dos tipos distintos de mente creaba una tensión en su punto de unión. Era como la suma de amplitudes cuando dos ondas se unían. Esa tensión era mental, y se encarnaba con los símbolos que flotaban por ahí esperando ser recogidos por la mente humana. Tenía que utilizar símbolos humanos porque la vida intelectual de un simb empieza en el momento en que entra en contacto con un cerebro humano. El simb no tiene cerebro propio, y tiene que utilizar el cerebro humano a tiempo compartido.

    Barnum y Bailey no se preocupaban acerca de la fuente de su inspiración. Timbales se preocupaba enormemente por ello. Se sentía agraviada por el hecho de que la musa que siempre la había eludido a ella visitara de forma tan indiscriminada a las parejas humano-simb. Reconocía ante tales parejas que creía que eso no era justo, pero se negaba a darles ninguna respuesta cuando le preguntaban por qué ella no se decidía a dar el paso emparejándose también.

    Ahora, Barnum y Bailey le estaban ofreciendo una alternativa, una forma de captar lo que era estar emparejada sin dar realmente el paso definitivo.

    Al final, su curiosidad venció a su cautela. Aceptó hacer el amor con ellos, con Bailey funcionando como un sinapticón viviente.

    Barnum y Bailey llegaron al apartamento de Timbales, y ella les abrió la puerta. Una vez dentro, discó que todo el mobiliario desapareciera en el suelo, dejando una enorme habitación desnuda de paredes blancas.

    —¿Qué tengo que hacer? —preguntó con un hilo de voz.

    Barnum adelantó un brazo y cogió su mano, que se fundió en la sustancia de Bailey.

    —Déme la otra mano. —Ella lo hizo, y observó estoicamente cómo la verde sustancia trepaba por sus manos y brazos—. No lo mire —aconsejó Barnum, y ella obedeció.

    Barnum sintió aire a su alrededor cuando Bailey empezó a crear una atmósfera en su interior y a hincharla como un globo. La esfera verde se hizo más grande, ocultando por completo a Barnum y absorbiendo gradualmente a Timbales. En cinco minutos el informe globo verde llenó toda la habitación.

    —Nunca había visto nada parecido —dijo ella, mientras él seguía sujetando sus manos.
    —Normalmente sólo lo hacemos en el espacio.
    —¿Qué viene a continuación?
    —Simplemente permanezca inmóvil.

    Timbales lo vio mirar por encima del hombro de ella, y empezó a volverse para mirar también. Luego se lo pensó mejor y se tensó, sabiendo lo que iba a ocurrir.

    Un delgado zarcillo se había formado en la superficie interna del simb, y tanteaba su camino hacia la terminal de ordenador en la nuca de la mujer. Ella se estremeció cuando la tocó, luego se relajó cuando penetró en la terminal.

    —¿Cómo va el contacto? —preguntó Barnum a Bailey.
    —Un momento. Todavía estoy explorando.

    El simb se había deslizado entre los microscópicos contactos de la terminal y estaba siguiendo la red de filamentos que se extendía a través del cerebro de ella. Al alcanzar el final de uno de ellos, Bailey sondeó un poco más allá, buscando el lugar exacto que tan bien conocía en Barnum.

    —Esto es ligeramente distinto —dijo a Barnum—. Tendré que hacer algunas pruebas para estar seguro de hallarme en los lugares correctos.

    Timbales se agitó, luego miró horrorizada hacia sus propios brazos y piernas que se movían sin su volición.

    —¡Dígale que pare esto! —chilló, luego jadeó cuando Bailey recorrió rápidamente una serie de puntos memosensoriales.

    En una casi instantánea sucesión experimentó el aroma de flores de azahar, el vacío de la matriz, un embarazoso incidente cuando niña, su primera caída libre. Sintió el sabor de una comida tomada hacía quince años. Era como girar el dial de una radio a través de las frecuencias, obteniendo fragmentos de un millar de canciones sin ninguna relación entre sí, y pese a ello ser capaz de oír cada una de ellas enteramente. Duró menos de un segundo y la dejó débil. Pero la debilidad era ilusoria también, y se recuperó y se encontró entre los brazos de Barnum.

    —Haga que pare esto —pidió, separándose de él.
    —Ya ha terminado —dijo Barnum.
    —Bueno, casi —dijo Bailey. El resto del proceso fue conducido al nivel consciente de ella—. Estoy conectado —dijo a Barnum—. Pero no puedo garantizar cuan bien va a funcionar. No fui construido para ese tipo de cosas, ya sabes. Necesito un punto de entrada más grande que esa terminal, como el que instalé en la parte superior de tu cráneo.
    —¿Hay algún peligro para ella?
    —No, pero existe la posibilidad de una sobrecarga que me haga pararlo todo. Va a haber mucha circulación por ese pequeño zarcillo, y no puedo estar seguro de que resista.
    —Bien, lo haremos lo mejor que podamos.

    Se miraron el uno a la otra. Timbales estaba tensa y con los ojos vidriosos.

    —¿Qué viene a continuación? —preguntó de nuevo, clavando sus peds en la delgada pero elástica y cálida superficie de Bailey.
    —Esperaba que iniciase usted los primeros compases. Déme una pauta que pueda seguir. Usted ya lo hizo una vez, aunque no funcionara.
    —De acuerdo. Coja mis manos…

    Barnum no tenía ni idea de cómo iba a empezar la composición. Ella eligió un tempo muy contenido. No era tampoco un himno; de hecho, al principio no tenía tempo en absoluto. Era un poema musical libre. Ella se movía con una lentitud glacial que no tenía nada de la liberada sexualidad que él había esperado. Barnum observó, y oyó desarrollarse una profunda sonoridad de fondo, y supo que era el despertar de la conciencia en su propia mente. Era su primera respuesta.

    Gradualmente, mientras ella empezaba a avanzar en su dirección, él intentó algunos movimientos. Su música se añadió a la de ella, pero permaneció separada y no se armonizó. Estaban sentados en distintas habitaciones, oyéndose el uno al otro a través de las paredes.

    Ella adelantó el brazo y acarició la pierna de él con la yema de los dedos. Su mano fue ascendiendo lentamente a lo largo del cuerpo de él, y el sonido fue como de uñas rascando contra una pizarra. Retumbó en los oídos de Barnum, raspó en todos sus músculos, retorció sus nervios. Lo dejó tembloroso, pero siguió con la danza.

    Ella le tocó de nuevo, y el tema se repitió. Una tercera vez, con el mismo resultado. Se relajó, comprendiendo que él formaba parte de la música de ella, por áspera que fuera. Él era la tensión de ella.

    Se arrodilló frente a ella y apoyó sus manos en la cintura de Timbales. Ella se volvió, lentamente, haciendo un sonido como una oxidada plancha de metal siendo arrastrada sobre un suelo de cemento. Siguió girando, y el tono empezó a modularse y a adquirir un ritmo. Resonó, sincopado, como en función de los latidos de sus corazones. Gradualmente, las tonalidades empezaron a suavizarse y a mezclarse. La piel de Timbales brilló sudorosa cuando empezó a girar más aprisa. Luego, a una señal que nunca recibió conscientemente, Barnum la alzó en el aire, y los sonidos cayeron en cascada a su alrededor mientras se abrazaban. Ella agitó alegremente las piernas contra las de él, y sus sonidos se combinaron con la atronadora protesta de bajo de los anudados músculos de las piernas de Barnum, hasta producir una aérea serie de cromatismos. Alcanzó un crescendo que era imposible de sostener, luego fue disminuyendo cuando las piernas de ella tocaron el suelo y se dejaron caer el uno en brazos del otro. Los sonidos se murmuraron los unos a los otros, en suspenso, mientras ellos, abrazados, recuperaban el aliento.

    —Ahora estamos armonizados, por fin —susurró Timbales.

    El simb-sinapticón recogió los impulsos nerviosos en su boca, oídos y lengua mientras ella decía y oía esto, y los mezcló con los impulsos de los oídos de Barnum. El resultado fue una evanescente serie de arpegios construidos en torno a cada palabra y que resonó a su alrededor durante minutos. Ella se echó a reír al oírlo, y aquello fue música aunque sin acompañamiento.

    La música no se había interrumpido ni un solo momento. Seguía ocupando el espacio en torno a ellos, acumulándose en charcos oscuros a sus pies y pulsando en un allegretto diminuendo junto con su silbante respiración.

    —Se está haciendo oscuro —susurró ella, temerosa de desafiar la intensidad del sonido si hablaba en voz alta. Sus palabras se entretejieron en torno a la cabeza de Barnum cuando éste alzó los ojos para mirar a su alrededor—. Hay cosas moviéndose ahí afuera —prosiguió.

    El tempo se incrementó ligeramente cuando las siluetas oscuras que captó sobre la oscuridad hicieron latir más aprisa su corazón.

    —Los sonidos están tomando forma —dijo Barnum—. No les tema. Todo está en su mente.
    —No estoy segura de querer ver tan profundo en mi mente.

    Cuando se inició el segundo movimiento, las estrellas empezaron a aparecer por encima de sus cabezas. Timbales estaba tendida boca arriba sobre una superficie que empezaba a ceder bajo ella, como arena o algún líquido espeso. Ella lo aceptó. Dejó que se amoldara a sus omóplatos mientras las manos de Barnum conjuraban la música de su cuerpo. Encontró puñados de puras y campanilleantes notas, libres de timbre o resonancias, existiendo por sí mismas. Apoyando sus labios sobre ella, él sorbió una bocanada de acordes que expelió uno a uno, arracimándolos como un enjambre de abejas en torno a las palabras sin sentido que pronunciaba, y creando cambio tras cambio en los armónicos de su voz.

    Ella tendió los brazos por encima de la cabeza y exhibió los dientes, aferrando puñados de arena que ahora era tan real a su contacto como lo era su propio cuerpo. Allí estaba la sexualidad que Barnum había buscado. Impúdica y libidinosa como una diosa en el panteón hindú, su cuerpo gritaba como un clarinete de Dixieland, y los sonidos atrapados en las ramas por encima de sus cabezas ondulaban y chasqueaban como telas sacudidas por el viento. Riendo, ella llevó las manos delante del rostro y contempló los destellos de fuego azul y blanco que chisporroteaban por entre sus dedos. Los destellos se precipitaron hacia Barnum, haciéndole resplandecer allí donde le tocaban.

    El universo que estaban visitando era un universo extraordinariamente cooperativo. Cuando los destellos saltaban de los dedos de Timbales hacia el oscuro cielo estriado de nubes, rayos de luz caían agitados de vuelta a ella. Era algo impresionante, pero no aterrador. Timbales sabía que eran producciones de la mente de Bailey. Pero le gustaban. Cuando los tornados se formaron sobre ella y giraron en una alocada danza en torno a su cabeza, también le gustaron.

    La tormenta que estaba gestándose se aceleró a medida que el tempo de su música se aceleraba, en una perfecta concordancia. Gradualmente, Timbales perdió conciencia de lo que estaba ocurriendo. El fuego en su cuerpo era transformado en locura: un piano bajando alocadamente una colina o un arpa siendo utilizada como trampolín. Allí estaba la ebria soledad de un trombón de varas siendo tocado en el fondo de un pozo. Pasó su lengua por la mejilla de él, y hubo el sonido de gotas de aceite cayendo sobre un pequeño tambor. Barnum buscó la entrada a la sala de conciertos, y sonó como una colisión de clavicordios.

    Luego alguien desconectó el motor del portabobinas y la cinta fue disminuyendo su velocidad ante la cabeza lectora mientras ellos descansaban. La música resonaba insistentemente a su alrededor, recordándoles que aquello sólo podía ser un breve intervalo, que estaban dominados por fuerzas más allá de ellos mismos. Lo aceptaron, Timbales sentada ligeramente sobre los muslos de Barnum, cara a él, dejándose acunar entre sus brazos.

    —¿Por qué la pausa? —preguntó, y se sintió encantada de ver las palabras escapar de su boca no como sonido, sino como caracteres impresos.

    Acarició las pequeñas letras mientras descendían flotando al suelo.

    —Bailey lo pidió —dijo Barnum, también en letras impresas—. Sus circuitos están sobrecargados.

    Sus palabras orbitaron dos veces en torno a su cabeza, luego se desvanecieron.

    —¿Y por qué esta tipografía aérea?
    —Para no estropear la música con más palabras.

    Ella asintió, y apoyó de nuevo su cabeza en el hombro de él.

    Barnum era feliz. Palmeó suavemente la espalda de ella, produciendo un cálido e indistinto rumor. Modeló los contornos del sonido con la punta de sus dedos. Viviendo en el Anillo, estaba acostumbrado a la sensación de triunfo sobre algo infinitamente enorme. Con la ayuda de Bailey podía disminuir la escala del gigantesco Anillo hasta situarlo dentro de los límites del alcance de una mente humana. Pero nada de lo que había experimentado rivalizaba con la sensación de poder que sentía acariciando a Timbales y obteniendo música.

    Una brisa empezó a alzarse en torno a ellos. Agitó las hojas de los árboles que se arqueaban sobre sus cabezas. Los amantes habían permanecido plantados en el suelo durante lo más fuerte de la tormenta; ahora la brisa los alzó por el aire y los arrastró hacia las grises nubes.

    Timbales no se dio cuenta de ello. Cuando abrió los ojos, todo lo que supo fue que se hallaban de nuevo en el limbo, solos con la música. Y la música estaba empezando a tomar definitivamente forma.

    El último movimiento fue a la vez más armonioso y menos variado. Finalmente, estaban en armonía, obedeciendo a la batuta del mismo director de orquesta. La pieza que estaban improvisando era jubilosa. Ruidosa y amplia, con señales de convertirse en wagneriana. Pero en algún lugar los dioses estaban riendo.

    Timbales se dejó arrastrar por ella, permitió convertirse en ella. Barnum estaba simplemente reforzando la melodía, contentándose con proporcionar alguna apoyatura ocasional, el detalle preciso que impedía que se convirtiera en algo demasiado grave.

    Las nubes empezaron a dispersarse, revelando lentamente la nueva ilusión que Bailey había llevado hasta ellos. Era imprecisa. Pero enorme. Timbales abrió los ojos y vio.

    … la visión de la Mitad Superior, sólo unos cuantos kilómetros por encima del plano de los Anillos. Bajo ella había una infinita superficie dorada, y sobre ella estaban las estrellas. Sus ojos fueron atraídos hacia el plano, allá abajo… Era delgado. Insustancial. Uno podía ver directamente a través de él. Escudando sus ojos del resplandor del sol (e introduciendo un melancólico tema menor en la música), escrutó la girante maravilla que le habían traído hasta allí para que pudiera verla, y sus oídos se llenaron con el clamor de su no expresado miedo, mientras Bailey la hacía ascender hacia ella. Había estrellas allí abajo, a todo su alrededor, y avanzando hacia ella, y ella estaba moviéndose por entre ellas, y estaban empezando a girar, y…

    … la superficie interna de Bailey. Por encima de sus cegados ojos, un delgado zarcillo verde, roto, se retiraba agitándose hacia la pared. Desapareció.

    —Quemado —dijo Bailey.
    —¿Estás bien? —le preguntó Barnum.
    —Estoy bien. Pero se ha quemado. Tú lo sentiste. Te advertí que la conexión podía no resistir todo el tráfico.
    —Nunca esperamos tal intensidad —le consoló Barnum.

    Agitó la cabeza, intentando aclarar el recuerdo de aquel horrible momento. Él tenía sus miedos, pero evidentemente no fobias. Nada lo había angustiado nunca de la forma en que los Anillos habían angustiado a Timbales. Agradecido, sintió a Bailey deslizar aquel dolor a un rincón apartado de su mente, donde no tuviera necesidad de contemplarlo. Tendría mucho tiempo para eso más tarde, en las largas y silenciosas órbitas que muy pronto estarían siguiendo…

    Timbales estaba sentada sobre sus talones, desconcertada, pero empezando a sonreír. Barnum deseó que Bailey pudiera proporcionarle un informe del estado mental de la mujer, pero la conexión se había roto. ¿Shock? Había olvidado los síntomas.

    —Tendré que descubrirlo por mí mismo —le dijo a Bailey.
    —Me parece que está perfectamente —dijo éste—. Yo estaba calmándola cuando el contacto se rompió. Puede que no recuerde gran cosa.

    Así era. Afortunadamente, ella recordaba la felicidad, pero tan sólo tenía una vaga impresión del miedo al final. No deseaba contemplarlo, lo cual también era bueno. No tenía ninguna necesidad de ser atormentada o perseguida por el recuerdo de algo que nunca podría conseguir.

    Hicieron el amor allí en el interior de Bailey. Fue algo tranquilo y profundo, y duró mucho tiempo. Todas las heridas persistentes que pudieran haber quedado fueron curándose en aquel suave silencio tan sólo punteado por la música de sus respiraciones.

    Luego Bailey se replegó lentamente en torno a Barnum, contrayendo su universo a una dimensión humana y excluyendo para siempre a Timbales.

    Fue un momento penoso para ellos. Barnum y Bailey debían ser catapultados en una hora. Los tres sabían que Timbales nunca podría seguirles, pero no hablaban de ello. Prometieron seguir siendo amigos, aunque sabían que aquélla era una promesa hueca.

    Timbales llevaba su liquidación, que tendió a Barnum.

    —Dos mil, menos novecientos noventa y cinco por las píldoras.

    Dejó caer la docena de pequeñas píldoras en la otra mano de Barnum. Contenían los microelementos que la pareja no podía conseguir en los Anillos, la única razón por la que podían necesitar visitar Jano.

    —¿Es suficiente? —preguntó Timbales con ansiedad.

    Barnum miró la hoja de papel. Tenía que pensar mucho para recordar lo importante que era el dinero para los seres humanos. Tenía muy poca utilidad para él. Su cuenta bancaria le proporcionaría la provisión de píldoras necesaria para un millar de años, si conseguía vivir tanto tiempo, aunque nunca regresara a Jano para vender otra canción. Y comprendió ahora por qué había tan poca gente que volviera una segunda vez a Jano. Las parejas simb y los humanos no podían mezclarse. El único terreno común entre ellos era el arte, e incluso en él los simples humanos eran movidos por ambiciones económicas desconocidas para las parejas.

    —Por supuesto, está bien —dijo, y echó a un lado el papel—. Es más de lo que necesito.

    Timbales pareció aliviada.

    —Lo sabía, por supuesto —dijo, sintiéndose culpable—. Pero siempre me siento como una explotadora. No es mucho. Rag dice que ésta puede ser realmente un impacto y hacernos ricos. Y eso es todo lo que va a recibir usted por ella.

    Barnum sabía eso, y no le importaba.

    —Realmente es todo lo que necesito —repitió—. Ya he sido pagado con la única moneda que realmente tiene valor para mí, el privilegio de haberla conocido a usted. Después de aquello, se fueron.

    La cuenta atrás no fue muy larga. Los operadores del cañón tendían a meter a las parejas en la máquina como si fueran ganado. Pero Barnum y Bailey tuvieron tiempo suficiente, en su dilatado lempo particular, para hablar de Timbales.

    —¿Por qué? —preguntó Barnum en un momento determinado—. ¿Por qué ella? ¿De dónde procede ese miedo?
    —Vi algunas cosas —dijo Bailey, pensativamente—. Estuve a punto de sondear un poco más, pero luego me odié a mí mismo por ello. Decidí dejarla sola con sus traumas íntimos.

    La cuenta atrás estaba tictaqueando lentamente hacia el momento del disparo, y una música suave y baja empezó a sonar en los oídos de Barnum.

    —¿Sigues queriéndola? —preguntó éste.
    —Más que nunca.
    —Yo también. Es algo hermoso, y duele también. Supongo que lo superaremos. Pero a partir de ahora, será mejor que mantengamos nuestro mundo a una escala que podamos manejar. ¿Qué es esa música, por cierto?
    —Un adiós —dijo Bailey. Aceleró el ritmo vital de los dos hasta que pudieron oírla claramente—. Viene por la radio. Es una marcha circense.

    Barnum no había reconocido todavía la melodía cuando sintió el suave pero creciente empuje del cañón acelerándole en el tubo. Se echó a reír, y los dos salieron disparados del enorme tubo de cobre del órgano de Puertas de Nácar. Hicieron un agujero a través de un gigantesco anillo de humo naranja, acompañados por los compases de Truenos y relámpagos.


    Fin