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  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura en línea con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y la lectura sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada, desde libros completos hasta revistas Selecciones. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 30 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que el header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación en el blog
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o solo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), simplemente da click en LECTURAS, por ejemplo, y seguido en GUARDAR POST.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Si has agregado una publicación desde el SIDEBAR, automáticamente aparece este caracter ۩ en el menú, indicando que se ha guardado una publicación desde el SIDEBAR, y para poder agregar la publicación actual debes darle click a ese caracter, seguido eliges si lo deseas guardar en MIS LECTURAS o en alguno del MENU PERSONAL.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.
    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.
    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo básico.


    PRIORIDAD DE LOS ESTILOS: De izquierda a derecha, siendo el de la izquierda superior; la prioridad es la siguiente:
    PREDEFINIDO - LY, LL, P1 a P16 - G3 - G2 - G1 - POR POST - POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3 - ESTILOS 1 a 9 o BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha, o presiona "intro" en cualquier otro tema de la lista en texto; y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    LA INVASIÓN (Katherine A. Applegate)

    Publicado el miércoles, diciembre 14, 2016

    Capítulo 1


    Me llamo Jake. Es mi nombre de pila, naturalmente. No puedo deciros mi apellido. Sería demasiado arriesgado. Los controladores están por todas partes. Por todas partes. Y, si supieran mi nombre completo, podrían encontrarnos a mí y a mis amigos, y entonces… bueno, digamos simplemente que no quiero que me encuentren. Lo que hacen con la gente que se opone a ellos es demasiado horrible para pararse a pensarlo.

    Ni siquiera os voy a decir dónde vivo. Tenéis que confiar en mi palabra cuando os aseguro que se trata de un lugar real, de una ciudad real que incluso podría ser la vuestra.

    Si escribo todo esto es para que otras personas conozcan la verdad. Quizás así, la raza humana logre encontrar un modo de sobrevivir hasta que los andalitas vuelvan para rescatarnos, tal como prometieron que harían.

    Quién sabe.

    Antes mi vida era de lo más normal. Al menos lo fue hasta aquel viernes por la noche en el centro comercial.

    Estaba allí con Marco, mi mejor amigo. Como de costumbre, habíamos ido a jugar con los videojuegos y a dar una vuelta por aquella tienda tan buena donde venden libros de cómics y cosas así. Lo de siempre.

    Marco y yo nos habíamos quedado sin monedas justo cuando él me sacaba un montón de puntos de ventaja. Podría decirse que los dos somos igual de hábiles jugando. Yo tengo una Sega en casa así que me paso horas practicando con ella. Pero Marco tiene una habilidad especial para analizar los juegos y descubrir hasta el más mínimo truco. Por eso me gana a veces.

    Aunque quizá la razón fuera que no conseguía concentrarme. En la escuela no había tenido lo que se dice un buen día. Me había presentado a una prueba para entrar en el equipo de baloncesto pero al final no había salido escogido.

    No es que fuera nada del otro mundo, sólo que Tom, mi hermano mayor, era una especie de leyenda cuando jugaba en la escuela. Ahora, sin ir más lejos, es el máximo encestador en el equipo del instituto. Por eso, todo el mundo daba por sentado que a mí también se me daría bien. Pero no era así.

    Nada especial, como ya os digo, pero, a pesar de todo, no podía quitármelo de la cabeza.

    En los últimos tiempos, Tom y yo ya no pasábamos tanto tiempo juntos como antes. Así que pensé, bueno, ya sabéis, pensé que si yo ocupaba su plaza en su antiguo equipo…

    Da igual, bueno, a lo que iba… Pues eso, que nos habíamos quedado sin dinero y ya estábamos a punto de marcharnos cuando nos topamos con Tobías. Siempre he creído que Tobías era… es decir, sigue siendo, un chico bastante raro. Era nuevo en el colegio, pero no destacaba precisamente por ser un tipo duro, de modo que los demás no paraban de meterse con él.

    De hecho, cuando conocí a Tobías, tenía la cabeza metida en un retrete. Dos individuos grandotes lo sujetaban riéndose a carcajadas mientras tiraban de la cadena para ver cómo su cabello rubio y desordenado hacía torbellinos dentro de la taza. Les dije a aquel par de gamberros que se largaran y, a partir de ese momento, Tobías me consideró amigo suyo.

    —¿Qué hay de nuevo? —preguntó Tobías.

    Yo me encogí de hombros.

    —No mucho. Nos íbamos ya para casa.
    —No nos queda ni un centavo —añadió Marco—. Hay gente que todavía no ha aprendido que el troll Malvado aparece justo después de cruzar el fiordo Nether, así que continúa perdiendo partidas y dinero.—. Marco me señaló varias veces con el pulgar, por si a Tobías le quedaba alguna duda sobre a quién se refería al decir «gente».
    —Quizá sea mejor que yo también me vaya con vosotros, chicos —dijo Tobías.

    Yo respondí que bueno, que por qué no.

    Nos dirigíamos ya hacia la salida cuando vi a Rachel y a Cassie. Rachel es bastante guapa, supongo. Bueno, vale, es muy guapa, aunque, como es mi prima, a mí no me lo parece tanto. Tiene el pelo rubio, los ojos azules y una mirada limpia y clara. Es una de esas personas que sabe qué ropa ponerse en todo momento. Siempre parece recién salida de una de esas revistas que tanto gustan a las chicas. Además es esbelta y elegante porque hace gimnasia, aunque ella se queja de que es demasiado alta para llegar a ser realmente buena.

    Cassie es todo lo contrario. Por ejemplo, siempre va vestida con tejanos y camisas de cuadros o alguna otra prenda informal. Es negra y casi siempre lleva el pelo muy corto. Hubo una época en la que se lo dejó largo, pero luego volvió a su estilo habitual, que es como a mí más me gusta. Cassie es más callada que Rachel, más tranquila, como si contemplara el mundo desde un punto de vista diferente, más místico.

    Podría decirse que me gusta Cassie. A veces nos sentamos juntos en el autobús, aunque nunca sé que decirle.

    —¿Vais para casa, chicas? —le pregunté a Rachel—. Sería mejor que no atravesarais solas el descampado. Dos chicas andando solas por ahí…

    Había cometido un terrible error. Jamás debí haberle insinuado a Rachel que la creía débil o indefensa. Quizá parezca un figurín de una agencia de modelos pero lo cierto es que ella se tiene por uno de los Másters del Universo.

    —¿Y qué piensas hacer, Superman? ¿Venir con nosotras para protegernos? —replicó—. Crees que corremos peligro sólo porque…
    —Yo preferiría que nos acompañaran —la interrumpió Cassie—. Ya sé que tú no le tienes miedo a nada, Rachel, pero yo sí.

    No había nada más que decir al respecto. Así es Cassie: siempre sabe encontrar las palabras adecuadas para rebatir cualquier argumento sin que nadie se sienta herido.

    De modo que allí estábamos el grupo al completo: Marco, Tobías, Rachel, Cassie y yo, cinco ratas de centro comercial que regresaban a casa.

    A veces todavía recuerdo aquel momento único, ese último instante en el que aún éramos chicos normales. Y tengo la sensación de que han transcurrido un montón de años, como si en realidad estuviera hablando de otra gente. ¿Queréis saber cuál era mi mayor preocupación? Tener que explicarle a Tom que no había conseguido entrar en el equipo. Ése era todo el miedo que me inspiraba la vida por aquel entonces.

    Cinco minutos después todo cambió y tuve motivos de sobra para preocuparme.

    Para llegar a casa, podíamos optar entre recorrer un camino largo y tortuoso, que era también el más seguro, o tomar un atajo a través de aquel descampado al que ya me he referido antes, con la esperanza de no tropezarnos con ningún asesino psicópata empuñando un hacha. Mamá y papá han jurado dejarme castigado hasta que cumpla los veinte si alguna vez se enteran de que paso por allí.

    Pues bien, cruzamos la carretera y entramos en el solar abandonado. Se trataba de una superficie bastante amplia, rodeada de árboles por dos de sus lados y separada del centro comercial por la autopista. Entre el solar y las casas más cercanas se extiende un gran descampado. Como ya podréis suponer se trata de un lugar muy solitario.

    Parece ser que, en un principio, iban a levantar allí el nuevo centro comercial. Pero luego todo quedó en un montón de edificios a medio construir que daban al lugar el aspecto de una ciudad fantasma.

    Había enormes pilas de vigas oxidadas: pirámides formadas por tubos gigantes de cemento; montículos de escombros; pozos profundos que se habían ido llenando de un agua cenagosa y oscura; y una grúa inestable a la que me subí una vez mientras Marco se quedaba abajo y se burlaba de mí.

    Era un lugar completamente desierto, repleto de sombras y sonidos que te ponían los pelos de punta. Cuando Marco y yo íbamos allí durante el día, siempre lo encontrábamos cubierto de latas de cerveza y botellas de licor. A veces, descubríamos restos de fogatas en las grietas y rincones ocultos de los edificios. Por eso sabíamos que había gente que iba allí a pasar la noche. Todos esos pensamientos acudían a mi mente a medida que nos adentrábamos en el solar con cautela.

    El primero en verlo fue Tobías. Mientras caminaba no había dejado de mirar al cielo. Supongo que se dedicaba a contemplar las estrellas o algo por el estilo. Ésa es una de las aficiones preferidas de Tobías: perderse en su propio mundo.

    De repente, se detuvo y señaló algo con el dedo, algo que debía encontrarse justo encima de nuestras cabezas.

    —¡Mira! —dijo.
    —¿Qué pasa? —No quería que nada me distrajera porque estaba casi seguro de haber oído a nuestras espaldas los pasos de un asesino empuñando una sierra mecánica.
    —Mira allí —repitió Tobías. Su voz sonaba extraña: sorprendida y al mismo tiempo solemne.

    Así que le obedecí y allí estaba: una luz azulada y brillante surcando el cielo, primero muy deprisa, demasiado para tratarse sólo de un avión, y luego cada vez más despacio.

    —¿Qué es eso?

    Tobías negó con la cabeza.

    —No lo sé.

    Miré a Tobías y él me miró a mí. Ambos pensábamos lo mismo, pero ninguno de los dos se atrevía a decirlo. Pensábamos que Marco y Rachel se reirían.

    Sin embargo, Cassie no dudó en expresarlo con toda claridad:

    —¡Es un platillo volante!


    Capítulo 2


    —¿Un platillo volante? —repitió Marco. Y, como suponíamos, se empezó a reír… hasta que miró hacia arriba.

    Notaba cómo el corazón me golpeaba dentro del pecho. Me sentía extraño, nervioso y asustado al mismo tiempo.

    —Viene hacia aquí —anunció Rachel.
    —Es difícil de saber —logré decir yo a duras penas. Tenía la boca seca.
    —No, sí que viene hacia aquí —sentenció Rachel. Siempre habla de un modo tajante, como si nadie pudiera rebatir lo que dice.

    Por desgracia, tenía razón. Sea lo que fuere aquella cosa, se acercaba cada vez más a nosotros y su velocidad iba disminuyendo, así que podía ver como era sin ningún problema.

    —No es exactamente un platillo volante —dije.

    En primer lugar, no era lo bastante grande. Tenía más o menos el tamaño de un autobús escolar. Por delante era como una vaina ahuevada. De la parte posterior de la vaina emergía una especie de mástil largo y estrecho. También tenía una especie de alas curvadas y planas y en el extremo de ambas sobresalía un tubo largo que desprendía una luz azul muy brillante.

    Lo cierto es que era incluso bonita, una nave espacial tan pequeña. Lo que quiero decir es que parecía inofensiva, vosotros ya me entendéis. Lo malo es que también tenía una especie de cola de aspecto amenazador, curvada hacia arriba y hacia delante, que iba estrechándose hasta acabar en una punta afilada y fina como la de una aguja.

    —Esa cosa con forma de aguijón —dije—, parece un arma.
    —Pues sí —asintió Marco.

    La nave espacial siguió acercándose cada vez más despacio.

    —Está frenando —explicó Rachel. En su voz percibí el mismo tono extraño e irreal que había notado antes en la mía, como si no pudiéramos creer lo que veían nuestros ojos. O no quisiéramos creerlo.
    —Me parece que nos ha visto —opinó Marco—. ¿No creéis que sería mejor empezar a correr cuanto antes? Así nos daría tiempo de ir corriendo a casa y regresar aquí con una cámara. ¿Sabéis cuánto dinero podríamos sacar por un vídeo de un ovni auténtico?
    —Si corremos, es posible que ellos… no sé, que decidan activar su fásers a la máxima potencia y eliminarnos —contesté yo. Sólo era una broma. O, por lo menos, ésa, era la intención.
    —Sólo hay fásers en Star Trek —rezongó Marco poniendo los ojos en blanco, como siempre hace cuando piensa que acabo de decir una tontería. Lo que faltaba. Como si él fuera todo un experto en naves espaciales alienígenas.

    La nave se detuvo y permaneció suspendida justo encima de nuestras cabezas, a unos trescientos metros. Sentí cómo se me erizaba el cabello. Cuando miré a Rachel casi me pareció divertido ver su pelo largo y rubio apuntando en todas direcciones. La única que permanecía inmutable era Cassie.

    —¿Qué crees que puede ser? —preguntó Marco. Una vez que aquella máquina se había acercado, la voz le temblaba un poco. Ya no estaba tan tranquilo como antes. A decir verdad, yo también estaba algo asustado. Para ser exactos, el miedo me paralizaba. Pero, al mismo tiempo, pensaba que era lo más emocionante que me había sucedido nunca. Imaginaos, ¡una nave espacial! Y estaba allí parada justo encima de nosotros.

    Tobías, por su parte, no dejaba de sonreír. Así es él: no es el misterio lo que le da miedo, sino las cosas normales.

    —Me parece que va a aterrizar. —comentó con una sonrisa de oreja a oreja. Los ojos le brillaban de la emoción y sus mechones rubios se habían puesto de punta.

    La nave comenzó a descender.

    —¡Se nos echa encima! —exclamé.

    Tuve que luchar contra el impulso de ponerme a gritar y cruzar el descampado a toda marcha hasta llegar a casa, donde podría acurrucarme en la cama y taparme la cabeza con las mantas. Pero a la vez era consciente de que lo que estaba ocurriendo era algo insólito e importante y que debía quedarme para verlo hasta el final.

    Creo que los demás sentían lo mismo, porque nadie se movió de su sitio mientras la nave emitía extraños zumbidos envuelta en un halo de luz resplandeciente, y se disponía a tomar tierra entre montones de basura y las paredes derruidas. Me di cuenta de que a lo largo de la franja superior de la vaina destacaban una serie de marcas de color oscuro que parecían huellas de quemaduras. Parte de la capa que la recubría se había fundido. Al entrar en contacto con el suelo, las luces de color azul se apagaron de inmediato y el cabello de Rachel volvió a caer sobre sus hombros.

    —Es muy grande, ¿verdad? —susurró Rachel.
    —Debe ser… —dije intentando pensar en algo— como tres o cuatro veces nuestra camioneta.
    —Tendríamos que contárselo a alguien —sugirió Marco.—. Esto es demasiado importante, ¿no os parece? No todos los días aterriza una nave espacial en un solar abandonado. Deberíamos llamar a la poli, al ejército, al presidente o a todo el mundo. Nos haríamos famosos. Seguro que saldríamos hasta en la tele.
    —Sí, tienes razón —contesté—. Habría que llamar a alguien.

    Sin embargo, nadie hizo el menor movimiento, ninguno de nosotros tenía intención de alejarse de la nave.

    —Estoy pensando que tal vez podríamos hablar con ellos —propuso Rachel. Tenía los brazos en jarras y estudiaba la nave como si se tratase de un rompecabezas que tuviera que resolver—. Deberíamos intentar comunicarnos con ellos de algún modo.

    Tobías asintió, dio un paso adelante y tendió las manos. Imagino que con ese gesto pretendía demostrar a quienquiera que hubiera dentro de la nave que no llevábamos ningún tipo de arma ni nada parecido.

    —No temáis —dijo en voz alta y clara—. No os vamos a hacer ningún daño.
    —¿Crees que hablan nuestro idioma? —inquirí yo.
    —Bueno, en Star Trek lo habla todo el mundo —respondió Cassie con una risita nerviosa.

    Tobías volvió a intentarlo.

    —Por favor, salid. No os haremos daño.

    —Ya lo sabemos

    Me quedé helado. Sí, había oído que alguien decía «ya lo sabemos», pero lo cierto es que… que no se había producido el menor sonido. Es decir, que lo había oído pero sin llegar a oírlo en realidad.

    A lo mejor todo aquello no era más que un sueño. Miré a Cassie de reojo y ella me miró a mí. Nuestras miradas se encontraron. Ella también lo había oído. Luego miré a Rachel, que no cesaba de mover la cabeza de un lado a otro, intentando descubrir de dónde procedía aquel sonido, que en el fondo no era tal. Sentía el estómago revuelto, como si estuviera mareado.

    —¿Todos lo habéis oído? —susurró Tobías.

    Todos asentimos a un tiempo, muy lentamente.

    —¿Podéis salir? —preguntó Tobías en aquel tono que, por lo que yo sabía, sólo utilizaba para hablar con los extraterrestres.

    —Sí, no tengáis miedo.

    —No tenemos miedo. —respondió Tobías.
    —Habla por ti —murmuré. Los demás sólo emitieron pequeñas risas nerviosas.

    Apareció una estrecha franja luminosa y, al mismo tiempo una puerta en el lado más liso de la vaina. Yo estaba completamente hipnotizado y me limité a contemplarla, a la espera de los acontecimientos.

    El proceso de apertura siguió y la franja luminosa evolucionó desde la fase de luna creciente hasta convertirse en un disco redondo y brillante.

    Y entonces apareció él.

    Mi primera impresión fue que alguien había agarrado a una persona y a un ciervo y los había fusionado. La cabeza, los hombros y los brazos de aquella criatura eran más o menos como cabía esperar, aunque su piel tenía un tono más bien azulado. Pero la parte inferior de su cuerpo estaba cubierta de un pelaje entre azul y canela que se extendía también a las cuatro patas, lo que le daba un aspecto de ciervo, o más exactamente, de caballo pequeño.

    Agachó la cabeza al pasar por la puerta y pude comprobar que incluso la parte de su cuerpo que parecía más normal en realidad no lo era tanto. Para empezar, en lugar de boca tenía sólo tres ranuras verticales. Y luego los ojos: dos ocupaban el lugar que les correspondía, aunque el resplandor verdoso que despedían resultaba más bien desagradable. Pero eso no era nada comparado con el susto que uno se llevaba en reparar en los otros ojos: uno en cada extremo de aquellos dos cuernos que se movían adelante y atrás, arriba y abajo, escudriñándolo todo.

    Creí advertir algo maligno en aquellos ojos, y eso que aún no había visto la cola, gruesa y amenazante, como la de un escorpión. Al final de la misma, y curvado de un modo perverso, se veía un cuerno o aguijón muy puntiagudo que me recordó al de la nave, que también nos había parecido bonita e inofensiva hasta que descubrimos la cola. A primera vista, el extraterrestre tenía ese mismo aspecto pacífico. Entonces uno se fijaba en aquella cola y pensaba: «Vaya, este tipo podría hacer daño de verdad si se lo propusiera.»

    —Hola —saludó Tobías. Había dulzura en su voz, como si se dirigiera a un niño pequeño, y su sonrisa no había desaparecido.

    Me di cuenta de que yo también sonreía y de que mis ojos estaban llenos de lágrimas.

    La verdad es que no puedo explicaros cómo me sentía, pero sí os diré que tuve la impresión de conocer al alienígena de toda la vida, como si se tratara de un viejo amigo al que no veía desde hacía mucho tiempo.

    —Hola— respondió el extraterrestre de aquel modo silencioso que sólo podía escucharse dentro de la mente.

    —Hola —fue nuestra respuesta a nuestro saludo.

    Para mi sorpresa, el alienígena se tambaleó y cayó al suelo desde la nave. Tobías intentó levantarlo y ponerlo de pie pero se le escurrió y volvió a desplomarse en medio de toda aquella basura.

    —¡Mirad! —gritó Cassie y señaló una quemadura que cubría la mitad del costado derecho del extraterrestre.—. Está herido.

    —Sí. Me muero—, dijo él.

    —¿Hay algo que podamos hacer por ti, llamar a una ambulancia, o a quien sea? —preguntó Marco.
    —Podríamos vendarle la herida —le propuso Cassie.—. Jake, dame tu camisa. La rasgaremos en pedazos y fabricaremos las vendas.

    Los padres de Cassie son veterinarios y por eso sabe perfectamente cómo tratar a los animales. Bueno, no es que aquella criatura fuera un animal. Al menos, no del todo.

    —No. Voy a morir. La herida es mortal.

    —¡No! —grité—. No puedes morirte. Eres el primer extraterrestre que viene a la Tierra. No te puedes morir.

    No sé por qué estaba tan alterado. Sólo sé que en lo más profundo de mí sentía un gran dolor al pensar que se moría.

    —No soy el primero. Hay otros, muchos otros.

    —¿Otros extraterrestres? ¿Cómo tú? —preguntó Tobías.

    El alienígena movió la cabeza de un lado a otro muy despacio.

    —No son como yo.

    Entonces profirió un quejido de dolor, un sonido silencioso cuyo eco se repitió de una forma espantosa dentro de mi cabeza. Por un momento, pude sentir como la vida estaba huyendo de él.

    —No son como yo— repitió —. Son distintos.

    —¿Distintos? ¿Cómo de distintos? —le pregunté a mi vez.

    Siempre recordaré su respuesta. Dijo:

    —Han venido a destruiros.


    Capítulo 3



    Por extraño que parezca, ninguno dudó de sus palabras, estábamos convencidos de que decía la verdad, así de simple. A nadie se le ocurrió contestar: «¡y qué más!» o «¡te lo acabas de inventar!». Lo sabíamos, eso es todo.

    Se estaba muriendo e intentaba avisarnos de que algo terrible estaba a punto de suceder.

    —Se llaman yeerks. Son distintos a nosotros. Y también a vosotros.

    —¿Quieres decir que ya han llegado a la Tierra?

    —Muchos ya están aquí. Cientos de ellos, incluso más.— contestó.

    —¿Cómo es que nadie ha notado su presencia? —preguntó Marco, echando mano de la lógica—. Alguien lo habría mencionado en la escuela.

    —No lo entendéis. Los yeerks son diferentes. No tienen cuerpo, como vosotros o como yo. Viven en los cuerpos de otras especies. Son…

    Hacía un esfuerzo por encontrar la palabra adecuada para definir lo que eran los yeerks, así que cerró los ojos y pareció concentrarse. De repente, una imagen brillante invadió mi mente, una cosa resbaladiza de un color verde grisáceo y más o menos del tamaño de una rata. Era una visión desagradable.

    —Supongo que eso era un yeerk —resolvió Marco—. Eso o un chicle viscoso de tamaño gigante.

    —Son casi inofensivos si no consiguen un huésped. Son…

    De pronto sentimos una oleada de dolor proveniente del extraterrestre, acompañado de una enorme tristeza. Era consciente de que su tiempo se estaba agotando.

    —Los yeerks son parásitos. Tienen que hallar un huésped en el que habitar. Bajo esa forma se los conoce como «controladores». Penetran en el cerebro y son absorbidos por él. De esa manera, se hacen con el control de los pensamientos y sentimientos del individuo. Procuran que éste los acepte por propia voluntad, porque eso les facilita el trabajo. Si no lo consiguen, es posible que el huésped oponga resistencia, al menos durante un tiempo.

    —¿Estás diciendo que se introducen en los seres humanos? —inquirió Rachel—. ¿Qué poseen a la gente?, ¿qué controlan sus cuerpos?
    —Mira, esto es muy serio —añadí—. No deberías decírnoslo a nosotros. Sólo somos unos chicos, ¿sabes? De este tipo de cosas hay que informar al gobierno.

    —Teníamos la esperanza de poder detenerlos —continuó el alienígena—. Un enjambre de cazas-insecto esperaban a nuestra nave nodriza a la salida del hiperespacio. Sabíamos que su nave base estaba cerca y estábamos preparados. Sin embargo, los yeerks nos atacaron por sorpresa; tenían oculta una potente nave-espada en uno de los cráteres de la vuestra luna. Luchamos… pero nos derrotaron. Me han seguido hasta aquí. No tardaran en llegar para eliminar todo rastro de mí de mi nave.

    —¿Cómo pueden hacer eso? —quiso saber Cassie.

    Los ojos del extraterrestre parecieron sonreír.

    —Los cañones de rayos dragón de sus cazas no dejarán tras de sí más que una pocas moléculas de la nave y de mí —respondió—. He enviado un mensaje a mi planeta. Nosotros, los andalitas, combatimos a los yeerks allá donde se encuentren. Mi gente enviará ayuda, pero hasta entonces puede transcurrir un año, tal vez más, y para entonces los yeerks podrían haberse apoderado ya de vuestro planeta. Si lo logran, nada les detendrá. Debéis contárselo a vuestro pueblo. Debéis advertirles del peligro.

    Un nuevo espasmo de dolor recorrió su cuerpo y todos supimos que su fin se hallaba próximo.

    —Nadie nos creerá —declaró Marco en tono desesperanzado. Me miró e hizo un gesto negativo con la cabeza—. No tenemos nada que hacer.

    Tenía toda la razón. Si aquellos yeerks iban a borrar todo rastro de la nave del andalita ¿cómo demonios íbamos a convencer a la gente? Nos tomarían por drogadictos o por chiflados.

    —Me da igual que él piense que va a morir, tenemos que hacer todo lo posible por ayudarle —resolvió Rachel—. Podríamos llevarlo a un hospital. O quizás que lo vean los padres de Cassie…

    —No hay tiempo. No hay tiempo— la interrumpió el andalita. Entonces sus ojos se iluminaron —. Tal vez si...

    —¿Qué?

    —Id a la nave. Allí veréis una caja lisa de color azul. Traédmela, ¡rápido! Me queda poco tiempo y los yeerks no tardarán en encontrarme.

    Nos miramos unos a otros. ¿ Quién iba a ser el guapo que entrara en la nave? No sé por qué pero, al parecer, todos habían decidido que yo sería el afortunado. Lo cierto es que no lo tenía demasiado claro, pero los demás sí.

    —Adelante —me animó Tobías—. Yo me quedaré con él.

    Se arrodilló junto al andalita y, en un gesto de consuelo, puso una de sus manos sobre el frágil hombro del extraterrestre.

    Dirigí la vista hacia la puerta de acceso a la nave y luego miré a Cassie.

    —Ve —me ordenó con una sonrisa—. Sé que no tienes miedo.

    Se equivocaba. Estaba bastante asustado, pero su sonrisa me desarmó; no podía decepcionarla.

    Recorrí la distancia que me separaba de la puerta de la nave y eché un vistazo a su interior. Era de una simplicidad sorprendente y ofrecía un aspecto casi acogedor. Todo lo que allí había era de color crema con bordes redondeados y de forma más bien ovalada. Ésa fue una de las razones que me permitió descubrir la caja con tanta rapidez.

    Se trataba de un objeto cuadrado de color azul y unos diez centímetros de base. Para ser tan pequeño, parecía bastante pesado.

    Me introduje en la nave. No había una sola silla dentro, sólo un pequeño espacio abierto donde supuse que el andalita permanecería erguido sobre sus cuatro patas mientras manejaba los mandos. Aunque lo cierto es que no había demasiados botones ni nada por el estilo, por lo que me pregunté si el extraterrestre no dirigiría la nave con el pensamiento.

    Agarré la caja a toda prisa y estaba a punto de salir cuando algo me llamó la atención. Era una pequeña fotografía tridimensional de cuatro andalitas, lo que la hacía parecer más bien una instantánea tomada en una extraña reunión de ciervos con rostro solemne. Por su corta estatura, deduje que dos de ellos debían de ser niños. Comprendí que se trataba de un retrato de la familia del andalita.

    Me embargó una profunda tristeza al pensar que allí estaba él, muriéndose, a un millón de kilómetros de su familia. Muriendo en su intento por proteger a los habitantes de la Tierra. Sentí una punzada de cólera contra los yeerks, o controladores, o lo que fuesen, por ser los responsables de todo aquello.

    Regresé a donde estaban mis amigos.

    —Aquí tienes la caja —le dije al andalita.

    —Gracias.

    —Yo, er… ¿es ésa tu familia? ¿La de la foto?

    —Sí.

    —Lo siento de veras. —añadí. ¿Qué otra cosa podía decir?

    —Hay algo que sí puedo hacer para ayudaros a combatir a los yeerks.

    Nos miramos entre nosotros.

    Todos excepto Tobías, que en ningún momento apartó la vista del extraterrestre.

    —Si lo deseáis, puedo dotaros de unos poderes que ningún ser humano ha poseído jamás.

    ¿Poderes? ¿Qué había querido decir con aquello?

    —Se trata de un avance de la tecnología andalita que los yeerks todavía no poseen— explicó el alienígena —. Una tecnología que nos da la facultad de pasar inadvertidos en muchos lugares del universo: el poder de mutación. Jamás lo hemos compartido con nadie, pero a vosotros os va a hacer mucha falta.

    —¿Mutarnos? ¿Mutar el qué? —inquirió Rachel empequeñeciendo los ojos.

    —Mutar vuestros cuerpos— contestó el andalita —. Transformaros en un ser de otra especie, en cualquier otro animal.

    A Marco se le escapó una risa burlona.

    —¿Convertirnos en animales?

    Marco no es precisamente la persona más crédula del mundo.

    —Sólo tenéis que tocar a la criatura en cuestión para adquirir el patrón de su ADN, y seréis capaces de transformaros en ella. Requiere concentración y decisión pero, si sois fuertes, podéis hacerlo. Es verdad que esa facultad conlleva ciertas limitaciones: problemas, incluso peligros. Pero ahora no hay tiempo para más explicaciones… Deberéis aprenderlo por vuestra cuenta. ¿Deseáis recibir el problema del que os hablo?

    —Está de broma ¿verdad? —se mofó Marco.
    —No —respondió Tobías en voz baja—. Habla muy en serio.
    —¿Os habéis vuelto todos locos? —protestó Marco—. Todo este asunto es una locura. ¿Yeerks y naves espaciales y babosas que se apoderan del cerebro de la gente y andalitas y el poder de convertirse en animales? ¡Venga ya!
    —Sí, la verdad es que cuesta de creer —reconocí.
    —Yo creo que ya hemos superado con creces los límites de la realidad —afirmó Rachel—. Así que, a menos que todos estemos soñando, sería mejor decidir lo que vamos a hacer al respecto.
    —Se está muriendo —nos recordó Tobías.
    —Yo voy a hacerlo —manifestó Cassie, para sorpresa mía. Por lo general, no es tan rápida tomando decisiones. Supongo que, como Tobías, confiaba en el andalita.
    —Hay que tomar una decisión de manera conjunta —sugerí yo—. Y respetarla, sea cual sea.
    —¿Qué es eso? —preguntó Rachel mirando hacia las estrellas. Allá en lo alto, muy por encima de nuestras cabezas, dos minúsculos puntos de luz roja brillante atravesaban raudos el firmamento.

    —Yeerks.

    El andalita pronunció con odio aquella palabra en nuestras mentes.


    Capítulo 4



    Los dos puntos de luz redujeron la velocidad, describieron un círculo y se dirigieron hacia el lugar donde nos encontrábamos.

    —Ya no queda más tiempo. Debéis tomar una decisión.

    —Es lo único que podemos hacer —les insistió Tobías—. ¿Cómo si no vamos a detener a esos controladores?
    —¡No sabes lo que dices! —exclamó Marco—. Es una locura.
    —Necesitaría más tiempo para tomar una decisión, pero no es posible —declaró Rachel—. Yo digo que lo hagamos.
    —¿Y tú, Jake? —me preguntó Cassie. De pronto, me sentí muy solo. ¿Es que pretendían que decidiera yo por todos?

    Miré hacia arriba, en dirección a las naves de los yeerks. ¿Cómo los había llamado el andalita? ¿Cazas-insecto? Se aproximaban cada vez más a nosotros, como perros que olfatean un rastro. Mis ojos se posaron en el andalita y volví a recordar la foto de su familia. ¿Se enterarían alguna vez de lo que le había sucedido?

    Luego miré una por una a la gente que me rodeaba: Marco, mi mejor amigo, siempre tan divertido aunque a veces algo pesado; Rachel, mi inteligente y guapa prima, tan segura de sí misma; y Cassie, a quien, como era bien sabido, le gustaban más los animales que la mayoría de las personas.

    Por último, miré a Tobías. Fue extraña la sensación que me recorrió en aquel momento mientras lo contemplaba: algo parecido a un escalofrío.

    —Tenemos que hacerlo —dijo.

    Asentí lentamente.

    —Sí. No hay más remedio.

    —Entonces, que cada uno de vosotros presione con la mano uno de los lados de la caja.

    Así lo hicimos: cada mano apretó una cara diferente de la caja y, luego, la mano número seis, una mano muy diferente a las nuestras, con más dedos de los necesarios, hizo lo mismo.

    —No tengáis miedo—, nos tranquilizó el andalita.

    Algo similar a una descarga eléctrica, sólo que mucho más agradable, atravesó todo mi cuerpo. Fue como un hormigueo que casi me hizo reír.

    —Ahora iros— ordenó el andalita —. Pero hay algo que debéis recordar: nunca permanezcáis en forma de animal durante más de dos horas terrestres. ¡Nunca! ¡Correríais un gran peligro! Si lo hacéis, quedaréis atrapados y jamás podréis recuperar vuestra apariencia humana.

    —Dos horas —repetí yo.

    Un gran temor asaltó de pronto la conciencia del andalita. Unido como estaba a él, percibí aquel terror que ascendía muy despacio por mi espina dorsal. El extraterrestre miraba fijamente el cielo con sus ojos centrales. Allí arriba había algo más aparte de cazas-insecto.

    —Es Visser Tres y viene hacia aquí.

    —¿Qué? —Aquel miedo desconocido me hacía temblar—. ¿Qué es un Visser? ¿Quiénes son?

    —Ahora marchaos. ¡Corred! Visser Tres ha llegado. Será vuestro enemigo mortal. De entre todos lo yeerks, él es el único que tiene el poder de transformarse. El mismo poder que poseéis vosotros ahora. Corred.

    —No, no te dejaremos solo —replicó Rachel con firmeza.—. Quizá todavía podamos detenerle.

    El alienígena volvió a sonreírnos con los ojos.

    —No. Debéis poneros a salvo. ¡Salvaos y salvad también vuestro planeta! Los yeerks ya han llegado.

    Elevamos la vista al cielo, estirando el cuello. No cabía ninguna duda: los dos puntos de luz roja descendían a toda velocidad y se les había unido una tercera nave que las superaba en tamaño y era negra como una sombra en la noche oscura.

    —Pero ¿cómo vamos a luchar contra… contra esos controladores? —insistió Rachel.

    —Tendréis que hallar el modo. ¡Ahora corred!

    La fuerza con que había dado la orden me hizo dar un brinco.

    —Tiene razón. ¡Corramos! —grité.

    Echamos a correr. Todos excepto Tobías, que seguía arrodillado junto al andalita y lo agarraba de la mano. El extraterrestre le puso la que quedaba libre sobre la cabeza y Tobías se inclinó hacia atrás, como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Luego él también se levantó y echó a correr, tropezando con los agujeros y la basura que sembraban todo el solar. Un rayo de luz roja cayó sobre el lugar. Se trataba del reflector de uno de los cazas. La luz iluminó por completo al andalita caído y su nave. Un nuevo foco fue activado desde el segundo caza y el andalita brilló con la intensidad de una estrella.

    Sin perder tiempo me tiré al suelo y caí con un golpe seco entre la basura. Me di cuenta de que una de mis piernas quedaba dentro del círculo de luz procedente del reflector. La aparté enseguida y me arrastré a toda prisa sobre las piedras, notando cómo los cantos afilados me arañaban las rodillas y los codos.

    Los cinco nos agazapamos detrás de una pared baja y semiderruida, no nos atrevíamos a movernos o a mirar, ni tampoco a perderla de vista.

    Los cazas-insecto descendieron lentamente. Eran fáciles deducir el porqué de aquel nombre: eran algo más grandes que la nave del andalita y recordaban a una cucaracha sin patas. Había unas pequeñas ventanas en el morro inclinado de la nave y a ambos lados de la cabeza se veían dos arpones dentados muy largos y puntiagudos.

    Los cazas yeerks aterrizaron, uno a cada lado de la nave andalita.

    —No quiero seguir con esta pesadilla —susurró Marco con voz temblorosa—. Ya he tenido bastante.

    La nave de mayor tamaño inició el descenso. No sabía por qué pero, a medida que se acercaba, empecé a notar que me faltaba la respiración. Intenté inspirar profundamente pero me fue imposible. Intenté tragar, sin conseguirlo. Sentía deseos de echar a correr, pero mis piernas parecían gelatina. Nunca antes había tenido tanto miedo y temblaba de forma incontrolada. Era el mismo terror que había experimentado el andalita cuando captó la presencia de Visser Tres.

    La nave se dispuso a tomar tierra. Daba la impresión de querer hacerlo justo encima de una vieja excavadora oxidada que había aparcada allí. Sin embargo, al tiempo que se aproximaba al suelo, la excavadora comenzó a desintegrarse en medio de un chisporroteo hasta que por fin desapareció.

    La nave de Visser Tres recordaba a un arma antigua, una de aquellas hachas dobles, que los caballeros medievales usaban en las batallas para cortar de un tajo las cabezas de sus enemigos. Estaba compuesta por una zona principal semejante el mango de un hacha y en cuya parte delantera destacaba una punta triangular de gran tamaño, debía de tratarse del puente de mando. En la parte de atrás se divisaban dos enormes alas en forma de cimitarra. Era ocho o diez veces mayor que los cazas— insecto.

    La nave— espada aterrizó y se abrió una puerta.

    Cassie comenzó a gritar y tuve que taparle la boca con la mano. Saltaron a tierra, y el aire se agitó a su alrededor como si al traspasarlo lo cortaran en dos. Aquellas criaturas parecían armas dotadas de vida. Se sostenían sobre un par de piernas dobladas hacia atrás y tenían dos brazos muy largos. En cada brazo llevaban incorporadas una serie de cuchillas en forma de hoz que surgían de sus muñecas y codos. Esas mismas hojas afiladas también aparecían en las rodillas y en la punta de la cola. Sus pies eran similares a los de un Tyrannosaurus Rex.

    Sin embargo, lo que más llamaba la atención era su cabeza: el cuello tenía forma de serpiente, la boca era casi idéntica al pico de un halcón y de la frente le brotaban tres cuernos semejantes a dagas.

    —Controladores hork-bajir.

    Di un salto al oír de nuevo las palabras del andalita en mi cabeza. Sonaron más débiles que antes, en ellas se traslucía el cansancio, como alguien que gritara para hacerse oír desde un lugar muy lejano.

    —¿Chicos, habéis…? —pregunté.
    —Sí —asintió Rachel.

    —Los hork-bajir son buena gente, a pesar de su temible aspecto —explicó el andalita.—. Pero los yeerks los han convertido en sus esclavos. Ahora mismo cada uno de ellos lleva un yeerk en la cabeza. En realidad son dignos de compasión.

    —Compasión. ¡Lo que faltaba! —protestó Rachel inflexible.—. Son máquinas de matar ambulantes. ¡No hay más que verlos!

    Sin embargo, nuestra atención se desvió hacia una nueva forma de vida que surgió de la nave arrastrándose con movimientos vibratorios y oscilantes.

    —Controladores taxxonitas—, observó el andalita.

    Comprendí que intentaba darnos toda la información de la que disponía, hasta que llegara su final. Intentaba prepararnos para lo que nos aguardaba.

    —Los taxxonitas son malos.

    —No hace falta que lo jures —murmuró Marco—. Creo que yo solito ya me habría dado cuenta.

    Recordaban a unos ciempiés gigantes. De largo medían más de tres metros y eran tan anchos que si alguien quisiera abrazarlos, no lograría abarcar ni la mitad de su cuerpo. Aunque dudo mucho que nadie sienta deseos de hacer algo por el estilo.

    Tenían decenas de patas que sostenían dos terceras partes de su cuerpo. El tercio restante permanecía erguido y, a lo largo del mismo, las hileras de patas disminuían de tamaño y acababan en una especie de manos que más parecían pinzas de langostas.

    Rodeando la parte superior de aquellos repugnantes cuerpos tubulares había cuatro glóbulos de gelatina roja y bamboleante, los ojos. En el extremo más superior estaba la boca, redonda y plagada de cientos de dientes minúsculos.

    Una multitud de hork-bajir y taxxonitas salieron de la nave-espada y se desplegaron por toda la zona como marines bien entrenados. Empuñaban unos pequeños objetos, del tamaño de una pistola que, sin duda alguna, constituían sus armas. Formaron un círculo alrededor del andalita y su nave.

    De repente, uno de los hork-bajir vino directamente hacia nosotros. Dio un salto y, prácticamente se nos echó encima. Yo me abracé a los cascotes como si me fuera la vida en ello. Hubiese dado cualquier cosa por poder esconderme bajo tierra. Por un instante, conseguí ver la cara de Marco: tenía los ojos muy abiertos, y sus labios se ensanchaban en lo que, a primera vista, hubiera podido tomarse por una sonrisa, pero que en realidad era una expresión de profundo terror.


    Capítulo 5


    El hork-bajir apuntó a la oscuridad con su arma, o lo que fuera aquello. Su cabeza de serpiente oscilaba con brusquedad de un lado a otro, en un esfuerzo por penetrar en las sombras.

    —¡Silencio! —nos advirtió el andalita—. Los hork-bajir no ven bien en la oscuridad, sin embargo tienen un oído muy fino.

    El hork-bajir se aproximó más. Se encontraba ya a tan solo dos metros de distancia. Aquella pared baja era lo único que se interponía entre él y nosotros. Tuvo que oír los latidos de mi corazón. Quizá no reconoció el sonido que hacían cinco chicos aterrorizados de rodillas temblorosas y cuyos dientes no paraban de castañear. Unos chicos de respiración entrecortada y jadeante.

    En aquel momento estaba seguro de que iba a morir. Imaginaba el instante en que aquellas cuchillas despiadadas que surgían de sus muñecas y los codos me separarían la cabeza del tronco.

    Si sois de los que nunca han pasado miedo de verdad, debéis saber que a veces lo que ocurre escapa a todo control: se apodera por completo de vuestra mente y vuestro cuerpo. Sientes deseos de gritar, de salir corriendo, de orinarte en los pantalones y echarte al suelo llorando y suplicando: «por favor, te lo ruego, por favor no me mates».

    Si os consideráis valientes, bueno, esperad a ser presas del terror, a sólo unos metros de distancia de un monstruo que puede convertiros en picadillo en menos que canta un gallo.

    Entonces, las palabras del andalita volvieron a sonar en mi mente.

    —Valor, amigos míos.

    Y en esa ocasión su voz provocó en mí… no encuentro palabras para explicarlo. Su calidez me llenó por dentro, como cuando eres pequeño y tienes una pesadilla horrible y te despiertas gritando y tu padre o tu madre encienden la luz y se sientan a tu lado en la cama.

    Así me sentí yo entonces.

    El miedo no había desaparecido. El hork-bajir continuaba allí, tan real y mortífero como antes. Le oía respirar y hasta podía olerle. Pero, al mismo tiempo, notaba como el pánico iba disminuyendo hasta quedar bajo control. Sentía que la fuerza fluía hasta mí desde el desafortunado andalita, que nos cedía parte de su valor a pesar de que él también estaba asustado.

    El hork-bajir se alejó. Algo más estaba a punto de salir de la nave-espada. Tembloroso y haciendo un esfuerzo por contener el castañeo de mis dientes, me incorporé lo suficiente para mirar por encima del muro.

    Todos los hork-bajir y los taxxonitas se habían girado de cara a la nave.

    —Están todos en posición de firmes —murmuré yo.
    —¿ Y tú cómo lo sabes? —susurró a su vez Marco—. ¿Cómo vas a saber si un ciempiés de ojos gelatinosos o una maldita picadora de carne ambulante están en posición de firmes?

    Entonces apareció él. ¡Él!

    —Visser Tres—, anunció el andalita.

    Visser Tres era un andalita.

    O, al menos, era el controlador de un andalita.

    —¿Qué diablos…? —exclamó Rachel—. ¿No es eso un andalita?

    —Sólo en una ocasión ha conseguido un yeerk introducirse en un cuerpo andalita —explicó el extraterrestre—. Únicamente existe un controlador andalita y ese es Visser Tres.

    Visser Tres se dirigió con paso seguro hacia el lugar en que se hallaba el andalita herido. Eran tan parecidos que al principio costaba distinguirlos. Tenía la misma cara sin boca; los mismos ojos acechantes adicionales que se movían de un lado a otro, escudriñando en todas direcciones; el mismo cuerpo poderoso cubierto de piel brillante que se sostenía sobre cuatro patas; y el mismo aguijón amenazador.

    Pero si Visser Tres tenía el aspecto de un andalita normal, la sensación que producía era diferente. Daba la impresión de llevar puesta una máscara, era fácil adivinar que debajo de aquella falsa amabilidad se escondía un ser perverso y vil.

    —Vaya, vaya—, dijo Visser Tres.

    Casi me da un ataque al percatarme de que estaba oyendo sus pensamientos.

    —¿Puede oír nuestros pensamientos? —susurró Cassie.
    —Si puede hacerlo, estamos perdidos —le contestó Rachel.

    —No puede oírlos —respondió el andalita—. Al menos mientras no vayan dirigidos a él. Vosotros escucháis los suyos porque él los emite para que los demás los oigan. Ésta es una gran victoria para él y por eso desea que todos se enteren.
    —¿Qué tenemos aquí? ¿A un andalita entrometido? —Visser Tres observó más de cerca la nave del andalita—. Ah, pero no a un guerrero andalita común y corriente, sino al príncipe Elfalngor—. Sirinial—. Shamtul, si no me equivoco. Es un honor conocerte. Eres toda una leyenda. ¿Cuántos de nuestros cazas has reducido a polvo? ¿Siete? ¿O eran ya ocho al finalizar la batalla?

    El andalita no contestó, no obstante, hubiera jurado que habían sido más de ocho.

    —El último andalita que queda en este sector del espacio. Me temo que vuestra nave nodriza ha sido completamente destruida. Sí, sí, completamente. Yo mismo vi cómo se incendiaba al entrar en contacto con la atmósfera de este pequeño planeta.
    —Vendrán otros—, respondió el príncipe andalita.

    Visser Tres dio otro paso hacia el andalita.

    —Sí, pero cuando lo hagan ya será demasiado tarde. Este mundo será mío. Será mi contribución al Imperio Yeerk. Entonces me convertiré en Visser Uno.
    —¿Qué queréis de los humanos? —preguntó el andalita—. Los taxxonitas son vuestros aliados, y ya tenéis a los hork-bajir como esclavos, aparte de otros muchos habitantes de distintos planetas. ¿Por qué esta gente?
    —Porque son muchos y débiles —respondió Visser Tres con desprecio—. ¡Millones de cuerpos! Y no tienen ni la más remota idea de lo que está pasando. Con tantos huéspedes, podremos propagarnos por todo el universo. ¡Nadie logrará detenernos! Seremos miles de millones. Será necesario construir nuevos estanques si queremos que haya yeerks suficientes para ocupar sólo la mitad de esos cuerpos. Admítelo, andalita, has luchado mucho y con coraje, pero has perdido.

    Visser Tres llegó a la altura del andalita. Yo percibía el miedo del príncipe quien, en lugar de rendirse al miedo, luchó contra el dolor que le causaba la herida y consiguió incorporarse. Sabía que iba a morir y quería hacerlo de pie, mirando a su enemigo cara a cara.

    Pero Visser Tres aún no había acabado.

    —Hay algo que si puedo prometerte, príncipe Elfangor: cuando hayamos conquistado este planeta, con su espléndida cosecha de cuerpos, pondremos rumbo al mundo andalita.

    »Yo mismo me encargaré de buscar a tu familia hasta darles caza y me ocuparé personalmente de que mis lugartenientes más fieles sean introducidos en sus cabezas. Espero que opongan resistencia para poder disfrutar oyendo cómo gritan sus mentes.

    ¡Entonces el andalita atacó!

    Movió su cola hacia delante con tal rapidez que en realidad nadie pudo verla. Visser echó la cabeza hacia un lado y el aguijón del andalita falló su objetivo por escasos milímetros. Sin embargo, sí consiguió incrustarse en su hombro y de la herida comenzó a brotar algo parecido a la sangre.

    —¡Bien! —le animé yo con un siseo.

    —¡Aaaaaarrrrrg!—, bramó de dolor Visser Tres en mi cabeza.

    Al mismo tiempo, la cola de la nave andalita disparó un rayo de luz cegadora de color azul que hizo blanco en el caza-insecto más cercano. Los hork-bajir y los taxxonitas se dispersaron.

    Incluso agachado detrás de la pared, me llegó una onda de calor abrasador. El caza chisporroteó y desapareció.

    —¡Fuego! ¡Fuego! —bramó Visser Tres—. ¡Destruid esta nave!

    Una luz cegadora iluminó la noche. La nave-espada y el caza que quedaba lanzaron rayos de color rojo, y la nave andalita comenzó a resplandecer hasta que, con una lentitud inusual, se desintegró.

    Entonces, entre el brillo y los destellos de las lanzaderas-dragón, vi… o creí ver… a algunos seres humanos. Un pequeño grupo formado por tres o cuatro personas permanecía en la sombra, detrás de Visser.

    —Hay gente allí —le dije a Marco.
    —¿Qué? ¿Son prisioneros?

    —Agarrad al andalita —ordenó Visser Tres a los soldados—. Sujetadlo bien.

    Tres enormes hork-bajir cayeron sobre el andalita y lo inmovilizaron poniéndole las cuchillas de las muñecas contra la garganta. Sin embargo, no tenían intención de matarlo: aquel era un privilegio reservado a Visser Tres.

    Entonces comprendimos por qué un yeerk tan poderoso como él había escogido habitar el único cuerpo capturado de un andalita. Ante nuestros ojos, Visser Tres empezó su mutación.

    Su cabeza andalita se hizo más y más grande. Las cuatro patas de caballo se convirtieron en dos y crecieron hasta alcanzar el tamaño de una secuoya. Los delicados brazos del andalita aumentaron de volumen y se transformaron en tentáculos.

    —Esto no puede estar sucediendo de verdad —murmuró Cassie—. No es real.

    En aquella cabeza horriblemente hinchada apareció una boca llena de dientes más largos que vuestro brazo. La boca fue aumentando hasta componer una espantosa mueca, una mueca como para paralizar de terror.

    Ya no quedaba el menor rastro del cuerpo del andalita. Un monstruo había ocupado su lugar.

    —¡ Grrraaaaaggggg!

    El rugido de la bestia en que se había trasformado Visser Tres hizo que el suelo vibrara.

    Me cubrí las orejas con las manos.

    Aquel sonido hacía que me castañetearan los dientes. Oí gemir a alguien. Era yo.

    Al lado de aquel monstruo, los hork-bajir y los taxxonitas parecían juguetes inofensivos.

    Extendió uno de los tentáculos y agarró al andalita por el cuello.

    —No, no, no —oí cómo Cassie susurraba una y otra vez—. No, no, no.
    —No mires —le advirtió Rachel. Le rodeó los hombros con el brazo y la atrajo hacia sí. Luego agarró a Tobías de la mano.

    Creo que nunca llegas a conocer de verdad a alguien hasta que lo ves asustado. Incluso muerta de miedo, mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas, Rachel tenía fortaleza suficiente para compartirla con los demás.

    Visser Tres agarró al andalita de las garras de los hork-bajir y lo levantó en el aire. El príncipe no cesaba de asestarle golpes con la cola pero en una criatura como aquélla tenían el mismo efecto que un alfiler.

    Visser Tres lo alzó por encima de s u cabeza y abrió la boca.


    Capítulo 6


    No sé lo que me sucedió en aquel preciso momento. Había pasado mucho miedo, estaba aterrorizado. Pero fue como si algo estallara dentro de mi cabeza. No podía permanecer allí escondido, mirando. No pude contenerme.

    —Tú, asqueroso…

    Me puse en pie. Recogí un pedazo de tubería oxidada del suelo y comencé a trepar por la pared.

    Supongo que me volví loco. No existe otra explicación, porque no había ni la más remota posibilidad de que yo solo, armado con un trozo de tubería, lograra algún resultado positivo.

    —¡No!

    El grito silencioso del andalita me hizo dudar. Noté las manos de Marco estirando de mi camisa. Tobías y Marco me sujetaron mientras Rachel me tapaba la boca. Yo quería gritar, maldecir, lo que fuera.

    —¡Cállate, idiota! —susurró Marco—. Vas a conseguir que nos maten a todos.
    —Jake, no lo hagas. —Cassie me puso una mano sobre la mejilla.—. Él no desea que mueras por su causa. ¿No te das cuenta? Es él quien va a morir por nosotros.

    Enfadado, aparté a Marco y a Tobías de un empujón, aunque ya había recuperado el control de mí mismo otra vez.

    Volví a mirar por encima de la pared. El príncipe andalita se encontraba indefenso entre las garras de Visser Tres. Vi cómo lo levantaba en el aire y abría sus monstruosas fauces, negras como un pozo.

    El andalita cayó dentro de aquella boca, que de inmediato se cerró sobre él. Luego, los dientes lo trituraron. Así murió el príncipe Elfangor-Sirinial-Shamtul.

    En el último momento, dio un grito: un grito desesperado que resonó en nuestras cabezas y cuyo eco no se apagará jamás.

    Los controladores hork-bajir empezaron a hacer un ruido similar a un jadeo. Quizás estaban riendo o aplaudiendo. Los controladores taxxonitas salieron en estampida y se apiñaron en torno a Visser Tres. Parecía como si estuviesen estirándose para alcanzar algo y entonces descubrí la razón: un trozo del cuerpo del andalita cayó de las fauces del monstruo y el taxxonita más próximo lo engulló con glotonería.

    Tobías apartó la vista y se tapó la cara con las manos. Cassie tenía el rostro cubierto de lágrimas, al igual que yo.

    Escuché un sonido que, de tan familiar, resultaba extraño. Era risa, risa humana. Los humanos… los controladores humanos —porque eso es lo que eran— se estaban riendo, como si asistiesen a un espectáculo. Durante unos instantes, creí reconocer una de aquellas voces, como si la hubiera oído antes. Pero el sonido quedó amortiguado por los resoplidos de los hork-bajir.

    Visser Tres abandonó aquel aspecto monstruoso y recuperó poco a poco su forma andalita.

    —Ah —le oí decir— no hay nada como transformarse en bogg de Antarea para… tomar un piscolabis con los enemigos.

    De nuevo, los controladores humanos se echaron a reír y los hork-bajir comenzaron a jadear; y yo volví a oír aquella risa que no lograba identificar.

    Marco se puso a devolver, algo del todo comprensible. Pero, por lo que fuera, aquel ruido llamó la atención del hork-bajir que teníamos más cerca.

    La cabeza de serpiente se giró y quedó totalmente inmóvil.

    Nosotros también.

    El hork-bajir se volvió hacia nosotros. Aquellos ojos miopes enfocaban directamente a nuestro pequeño escondrijo.

    No sé a quién le entró antes el pánico. Quizá ya habíamos llegado al límite de nuestra resistencia. Fue como si una descarga eléctrica nos atravesara a todos por dentro. Echamos a correr sin saber siquiera lo que estábamos haciendo.

    Yo también corría, pero me costaba respirar.

    El hork-bajir dio un grito.

    —Dividíos —chillé yo—. No pueden seguirnos a todos.

    Marco, Tobías y Cassie salieron en tres direcciones diferentes. Rachel no se había movido de mi lado. Al girarme, vi que el hork-bajir dudaba, no sabía a quién perseguir.

    Rachel y yo somos los que corremos más. Tobías está en baja forma y Marco y Cassie no son lo bastante altos para ser rápidos. Así que decidí que si los alienígenas iban a seguir a alguien, mejor que fuera a nosotros.

    Creo que Rachel tuvo el mismo pensamiento. Aminoró la marcha y comenzó a gritar y a gesticular con los brazos.

    —¡Eh! ¡Eh, vosotros…!

    Y entonces añadió una serie de palabras que no sabía que conociera.

    Los dos hork-bajir que estaban más próximos a nosotros reaccionaron y empezaron a perseguirnos.

    —¡Ghafrash! ¡Aquí! ¡Ghafrash fit! ¡Enemigos! ¡Atrapar!

    A pesar de estar muerto de miedo, no pude evitar sorprenderme. Hablaban un idioma a medio camino entre su jerga de extraterrestre y el lenguaje humano.

    —¡Ghafrash fit nahar! ¡Yo atrapar! ¡Yo matar!

    Corrí. De pronto, tropecé con algo y, al caer al suelo, me di un golpe que me cortó la respiración momentáneamente. Traté de llenar los pulmones de aire otra vez. Rachel continuó adelante. No había reparado en mi caída.

    Un rayo de luz rojiza fue a dar en un tubo de cemento que había junto a mí. El cemento se desintegró. Los dos hork-bajir venían siguiéndonos los pasos, saltando como canguros diabólicos. Me levanté y eché a correr.

    Rachel debió de darse cuenta de que algo ocurría porque se detuvo y empezó a retroceder hacia donde yo me encontraba.

    —¿Qué haces? —grité—. ¡Corre!

    Ella vaciló durante un segundo, pero era consciente de que no podía hacer nada por mí, así que reanudó la marcha.

    Delante de mí vi un agujero y me dirigí hacia él a toda prisa.

    Era una entrada. Dentro estaba oscuro como la boca de lobo, se trataba de uno de los edificios que habían quedado a medio construir: solamente paredes de cemento desnudo y basura por todas partes. Sin embargo, recordaba haber estado allí antes. Marco y yo habíamos explorado aquel lugar de arriba abajo: estaba lleno de pasillos y pequeñas habitaciones adyacentes que lo convertían casi en un laberinto.

    ¡Marco! ¡Rachel! ¿Habrían conseguido escapar? ¿Y qué habría sido de Cassie y Tobías?

    Mientras atravesaba aquella enorme habitación a la carrera, intenté con todas mis fuerzas concentrarme. Había un pasillo… en alguna parte. Avancé a tientas en la oscuridad y encontré una pared.

    Oí el sonido de unas garras al rozar el cemento desnudo; unas garras gigantescas destinadas a romper y desgarrar. Una botella rodó por el suelo.

    ¡El hork-bajir estaba cerca! Y en medio de aquella oscuridad absoluta, mi vista, en principio superior, no me servía de gran ayuda. Aunque sabía cómo moverme por el edificio desierto.

    O habría sabido si el cerebro me hubiera respondido.

    Sentí que mi mano se movía en el vacío. ¡Al fin una entrada! Conducía a un pasillo. La traspasé en el mismo momento en que la luz apareció a mi espalda. Alguien había traído una linterna.

    —¿Efnud decir fallay nyor fit? Cualquier orden.
    —No. No tenéis que capturarlos. Si encontráis a alguno, matadlo.

    La primera voz pertenecía a un hork-bajir. La segunda era humana. Y lo más extraño era que me resultaba conocida.

    Intenté pensar. Había oído aquella voz antes, pero ¿dónde? ¿Dónde?

    —Sólo debéis guardar la cabeza —ordenó el humano al hork-bajir—. Luego me la traéis para que podamos identificarla.

    Me deslicé por la pared.

    La luz me seguía a escasos metros de distancia.

    Me devané los sesos tratando de recordar si cerca de donde me hallaba había un pasadizo. Sí, allí estaba. Haciendo el menor ruido posible, me interné en él. La luz de la linterna brilló a escasos centímetros de mí.

    Entonces tropecé con algo blando.

    —¡Eh!

    ¡Era un hombre! Estaba tumbado en el suelo, envuelto en una manta.

    —¡Eh! ¡Largo de aquí! Este sitio es mío. ¡Aquí no hay nada que puedas afanar!

    ¡Empecé a advertirle del peligro, pero uno de los hork-bajir ya estaba allí!

    La linterna enfocó la cara del vagabundo, que parpadeó como una lechuza.

    Vi que había un hueco justo a mi espalda y me metí en él. El vagabundo empezó a gritar y luego oí el ruido de un forcejeo.

    Puede que el hombre lograra escapar. Al menos, así lo espero.

    Sin embargo, nunca llegué a saberlo, ya que aproveché ese momento de distracción del hork-bajir para escapar.

    Y corrí y corrí y corrí.

    Y mientras lo hacía rogaba por que todo aquello no fuera más que un sueño.


    Capítulo 7


    De alguna manera conseguí llegar a casa. No sé cómo. No recuerdo nada de lo que pasó después de ver al hork-bajir por última vez.

    Ojalá tampoco recordara nada de lo ocurrido aquella noche. Si pudiera olvidarlo todo…

    Fui a ver a los otros. Aún temblaban de miedo, pero estaban bien. Rachel continuaba disculpándose por haberme dejado allí y Marco se obstinaba en preguntarme si estaba completamente seguro de que aquello no era un sueño.

    Supuse que aquella noche tendría las peores pesadillas de toda mi vida, pero no fue así. Cualquier pesadilla, por terrible que fuera, era un cuento de niños comparada con mi nueva realidad.

    Sin embargo, al día siguiente, un sábado, casi había llegado a convencerme de que lo sucedido no había sido más que un mal sueño. Lo único que parecía real, real de verdad, era la forma en que el andalita nos había sonreído con los ojos.

    —Jake, ¿estás despierto?

    Que remedio.

    —Hum, sí —gruñí yo—. Ahora me levanto.
    —Tu amigo Tobías está aquí.
    —¿Tobías? —¿Qué hacía Tobías allí?
    —Soy yo —respondió la voz de Tobías.—. ¿Puedo entrar?
    —Hum, claro. —Me senté en la cama y parpadeé varias veces, intentando despegar los ojos. La puerta se abrió y oí como Tobías le daba las gracias a mamá.

    Estaba resplandeciente. Os juro que lo estaba. No es que emitiera radiaciones, qué va, nada de eso, no. Sino que le brillaban los ojos y la energía que despedía su cuerpo le hacía estremecerse y dar saltos sin cesar.

    —Lo he hecho —anunció Tobías.

    Intenté echarme el cabello hacia un lado peinándomelo con los dedos.

    —¿De qué estás hablando?

    Su respuesta me pilló en medio de un bostezo.

    —Me convertí en Dude.

    El bostezo no llegó a su fin. La boca se me cerró de golpe. Dude es el gato de Tobías.

    —¿Qué?

    Tobías volvió la cabeza en todas direcciones como si temiera que pudiera haber espías en la habitación.

    —Me convertí en Dude, tal como dijo el andalita que pasaría.

    Me limité a mirarlo fijamente.

    —Fue asombroso. No duele ni nada. Verás, estaba acariciándolo mientras pensaba en todo lo que había pasado anoche, y me dije: «¿por qué no intentarlo?»

    No paraba de moverse por la habitación chasqueando los dedos, desbordante de entusiasmo. Era un comportamiento muy poco propio de Tobías.

    —Ni siquiera sabía cómo empezar, así que me aseguré de que la puerta del dormitorio estuviera bien cerrada. Por suerte mi tío seguía durmiendo.

    Tobías tiene una familia de lo más conflictiva. Nunca llegó a saber quién era su padre y su madre decidió abandonarlo hace unos cuantos años. Desde entonces, su tío, que vive aquí, y su tía, la que reside en la otra costa, lo han hecho ir de un lado a otro. Su tío y su tía no se soportan y sospecho que Tobías es algo así como una carga que ambos quieren dejar caer sobre el otro. Me da la impresión de que a ninguno de ellos le importa gran cosa lo que pasé con él.

    —Así que allí estaba, sentado en la cama, pensando en ello, concentrándome con la idea de transformarme en Dude. Entonces me miré la mano. —Me sonrió—. ¿Y qué crees que vi?

    Moví la cabeza lentamente en sentido negativo.

    —No lo sé.
    —Tenía pelo, Jake. Y se estaban convirtiendo en zarpas. Tendrías que haber visto a Dude. Se volvió loco. Tuve que echarlo fuera antes de completar la metamorfosis. Me arañó de lo lindo. —Tobías se metió uno de los dedos heridos en la boca.

    Tragué saliva repetidas veces. Aquello empezaba a complicarse.

    —Hum, Tobías, ¿no podría ser que sólo lo hubieras soñado?
    —No fue un sueño —contestó él. En aquel momento volvió a ser el Tobías de siempre. La sonrisa había desaparecido de su cara y su expresión era seria.—. Es cierto, Jake. Todo es cierto.

    Nuestros ojos se encontraron. Sabía lo que trataba de decirme con aquella mirada: él también había intentado convencerse de que lo sucedido no había sido más que una pesadilla. Pero no era así. Aparté la vista. Me resistía a creer que todo aquello había ocurrido de verdad. Deseaba archivarlo en un rincón de mi memoria, otro mal sueño, nada más. Ahí es donde todas las pesadillas deben quedarse, dentro de la mente, y no plantarse de un salto en la vida real.

    —Continué concentrándome en el cambio —prosiguió Tobías— y, después de unos minutos, había dejado de ser… yo.

    Clavó sus ojos en mí.

    —No te imaginas lo que se siente, Jake. Ser un gato es tan… tan… no tengo palabras para describirlo. En primer lugar, eres tan fuerte… tienes tanta energía dentro… ¡y cómo te mueves! ¿Sabes lo que hice? Me subí a la cómoda de un salto. Está casi a un metro del suelo, y aterricé sobre ella tan ligero como una pluma. ¡Un metro! ¿Sabes lo que es eso para un gato? Es lo mismo que si una persona saltara diez metros hacia arriba.

    Se detuvo de pronto y me miró.

    —No me crees, ¿verdad? —preguntó.
    —Escucha, Tobías, lo que pasa es que a veces no es fácil distinguir entre la realidad y la imaginación.
    —Crees que me he vuelto loco.

    Reflexioné durante unos instantes.

    —No lo sé, Tobías, repasemos lo hechos. Dices que te convertiste en tu mascota. Que te transformaste en tu mascota. Que te transformaste en un gato de verdad. Pues sí, la verdad es que me parece un disparate.

    Tobías asintió con gesto pensativo y luego sonrió.

    —Te comprendo, Jake. No quieres que sea verdad.
    —¿Qué? ¿Insinúas que me niego a creer que puedes convertirte en un gato? ¿Qué me niego a creer que un montón de gusanos babosos están invadiendo la Tierra y que esos gusanos vivan en la cabeza de la gente y la esclavicen? ¿Qué no quiero creer que… que…? ¡Bah! ¡Pues no! No me lo creo.
    —¿Y qué me dices del andalita? —musitó.

    Titubeé. No sé bien por qué, pero no deseaba que el andalita fuera únicamente producto de mi imaginación.

    Tobías me puso una mano sobre el brazo.

    —No te muevas de aquí.
    —¿Qué? ¿Qué vas a hacer?
    —Voy a ayudarte a decidir si es real o no.
    —Tobías…
    —Tú sólo espera. Y no grites ni hagas nada.

    Así que esperé.

    Durante unos segundos no pasó nada. Tobías se limitó a quedarse donde estaba. Miré su cara y vi que sus ojos… que sus ojos eran distintos. Ya no tenía las pupilas completamente redondas. Os juro que dentro de ellas se reflejaba una luz verdosa. Y parecía como si la boca se le hubiera hinchado y le sobresaliera un poco de la cara.

    Se estaba encogiendo. Se estaba haciendo cada vez más pequeño ante mis propios ojos.

    El cuello de la camisa le quedaba flojo y se le formaban arrugas en los pantalones a la altura de los tobillos. Estaba disminuyendo. Y, al mismo tiempo, las manos, el cuello y la cara se le habían empezado a llenar de pelo. ¡Sí, de pelo! Era gris con rayas negras, igual que el de Dude.

    Me entraron unas ganas locas de echarme a reír.

    ¡Tobías se estaba convirtiendo en un gato atigrado! Pero sabía que si comenzaba a reír, tendría que seguir y seguir y ya no podría parar.

    Tobías tenía ya más de gato que de ser humano. Por encima de la cabeza le asomaban unas orejas puntiagudas. Debajo de su delicada nariz rosada le habían crecido unos largos bigotes. Se había puesto a cuatro patas y la ropa le colgaba del cuerpo como harapos. No paraba de mover la cola. Sí, la cola, tal como lo oís.

    Por un momento temí caerme muerto allí mismo a causa del nudo que se me había formado en la garganta y por cómo el corazón me martilleaba el pecho. Me pregunté entonces si era posible que aún estuviera dormido.

    Pero para ser sólo un sueño resultaba demasiado convincente.

    Estaba de pie en medio de la habitación, contemplando a un gato negro y gris que menos de dos minutos antes había sido mi amigo Tobías.


    Capítulo 8


    —Espero seguir dormido-murmuré entre dientes. —De veras que sí.

    —No estás dormido…

    —Eres tú? —le pregunte al gato.

    —¿Puedes oírme?— La vos de Tobías sonaba sorprendida. Aunque decir «sonaba» no sea quizá lo más adecuado.

    —Sí —respondí con cautela.

    —No sabía que pudiera enviar mensajes de esta manera —comentó Tobías—, como lo hacía el andalita.

    —Creo que sólo funciona una vez que te has… transformado.

    Me di cuenta de que estaba hablando con un gato. ¿Y yo era el que decía que Tobías estaba loco?

    Me preguntaba si Tobías habría oído mis pensamientos. Me concentré: —Tobías, ¿puedes oírme?—

    —Sí —contestó él—, te oigo.

    —Antes, ¿has oído lo que pensaba? —inquirí.

    —No. Creo que no es así como funciona. Tienes que dirigir tus pensamientos hacia mí para que pueda oírlos. Eh, mira esto.

    De repente, Tobías dio un salto en el aire y se abalanzó sobre una pelota de baloncesto con autógrafo que había en un rincón. Creo que salto más de un metro.

    —¡Esto es genial! Eh, tira de una cuerda para que pueda perseguirla.

    —Que tire de una cuerda dices? ¿Por qué?

    —¡Es tan divertido!

    Busqué en el cajón de mi escritorio y encontré un trozo de cinta que había servido para atar un regalo de cumpleaños. No soy muy ordenado que digamos. La cinta pertenecía a un regalo de hace dos años.

    —Te parece bien ésta?

    Arrastré la cinta por el suelo hasta dejarla a unos treinta centímetros de la nariz de Tobías, que se agazapó y empezó a mover los cuatro traseros. ¡Entonces saltó! Cayó sobre la cinta, la atrapó con sus dientes afilados, dio unas cuantas vueltas de campana y empezó a rasgarla como si fuera la única cosa del mundo que le importaba.

    Intenté arrancarle la cinta, pero se abalanzó sobre ella de nuevo.

    —¡Sí! ¡La tengo!

    —Tobías, ¿qué estás haciendo?

    —¡Muévela más deprisa! ¡Ya está! ¡Ya la tengo!

    —Tobías, ¿qué haces? —le grité—. ¡Estás jugando con un trozo de cinta!

    Se paró en seco, moviendo la cola de un lado a otro. Clavó en mí sus fríos ojos de gato, sin embargo percibí en ellos cierta confusión.

    —Yo… no sé —admitió—. Es como… es como si fuera yo mismo y, a la vez, fuera también Dude. Me vuelvo loco cuando veo una cuerda y,¡ojalá hubiera un ratón vivo cerca! Me encantaría perseguirlo, seguirle la pista sin hacer ruido, escuchar el latido de su corazón y oír el ruido de sus piececillos al rozar el suelo. Esperaría el momento oportuno y luego, con un salto perfecto y las zarpas extendidas…—, e hizo el gesto de enseñar las uñas para mostrarme lo que quería decir.

    —Tobías, creo que podemos sacar algo claro de todo esto —le dije. Era increíble lo rápido que me iba acostumbrando a la idea de hablar con un gato.

    —¿Qué?

    —Yo diría que tu ya no eres sólo Tobías en este momento. Es verdad que eres un gato. Quiero decir que tienes todos sus instintos y te gusta hacer las cosas que le gusta hacer a un gato.

    —Sí, ya te entiendo. Es como si hubiera dos animales fundidos en uno. Puedo pensar como persona y como gato al mismo tiempo.

    —Será mejor que recobres tu aspecto de siempre —le recomendé.

    La cabeza de gato hizo un gesto de asentimiento. Les aseguro que resulta muy raro ver cómo un gato te dice que sí de un modo normal, como si meditara.

    —Tienes razón.

    El regreso a la forma humana fue como mínimo tan insólito como la transformación en gato. El pelo desapareció y dejó tras de sí una serie de claros de piel rosada. En aquella cara plana comenzó a brotar una nariz. La cola fu succionada como una serpiente atrapada en el tubo de una aspiradora.

    Tobías se quedó allí plantado, parecía sentirse violento. Se apresuró a ponerse la ropa de nuevo.

    —Son un poco más de práctica aprenderemos cómo volver ya vestidos.
    —Aprenderemos, dices?

    Él esbozó una vez más aquella dulce sonrisa suya tan característica.

    —Aún no te has dado cuenta, Jake?

    Dije que no con la cabeza.

    —Creo que no, Tobías.

    De repente se puso furioso. Me agarró por los hombros y me sacudió.

    —Es que no lo entiendes, Jake? Todo es verdad. Todo.

    Lo aparté de un empujón. No quería seguir oyendo todo aquello.

    No obstante él no se dio por vencido.

    —Jake, es verdad. Si el andalita nos concedió estos poderes fue por una razón.
    —Muy bien —le repliqué con brusquedad— pues úsalos.
    —Lo haré —respondió él—. Pero te necesitamos Jake. A ti más que a nadie.
    —Por qué a mí?

    Él vaciló.

    —Vamos, Jake, ¿es que no lo comprendes? Yo sé lo que puedo y lo que no puedo hacer. Y lo que no puedo hacer es hacer planes y decirle a la gente cómo actuar. No soy el líder. Tú sí.

    Me eché a reír de un modo bastante grosero.

    Él se limitó a mirarme con aquellos ojos suyos, tan profundos e inquietos; unos ojos que ahora sólo puedo ver en mi memoria.

    —Sí Jake, tú eres el líder. Tú eres el único capaz de lograr que sigamos unidos y derrotemos a los controladores. Ahora tenemos la posibilidad de ser mucho más de lo que éramos antes: de poseer la astucia de un gato y… los ojos de un águila, el olfato de un perro y… la velocidad de un caballo o de un guepardo. Vamos a necesitar todo eso y más si pretendemos enfrentarnos a los controladores y salir victoriosos.

    Lo único que deseaba era que nada de aquello me estuviese pasando a mí. Que nada de aquello fuera verdad. Asentí lentamente. Era como si me resignara a cometer algún acto horrible. Como si me estuviese ofreciendo como voluntario para ir al dentista o algo aún peor. Tuve la sensación de que mis hombros se doblaban bajo el peso de una tonelada.

    Sabía cual era el siguiente paso.

    —Bueno —dije en tono grave—. Supongo que será mejor buscar a Homer.

    Homer es mi perro.


    Capítulo 9


    No es doloroso. Me refiero al hecho de transformarse.

    Me puse a acariciar a Homer durante unos instantes, sintiéndome como un perfecto estúpido.

    —Esto es lo más tonto que he hecho en mi vida —le confesé a Tobías.
    —Mira, tienes que concentrarte. Al menos, eso fue lo que hice yo. Verás, primero me formé una imagen de Dude, ¿entiendes? Pensé en convertirme en él.
    —Ea. Así que lo que tengo que hacer es considerar la idea de convertirme en un perro, ¿no es eso?
    —Exacto. Debes pensar en ello y debes desearlo.

    En cualquier otro momento hubiera llegado a la conclusión de que estaba chiflado. Pero lo había visto transformarse en un gato. Así que si él estaba mal de la azotea, yo también.

    Me concentré en la idea de convertirme en Homer. Mientras lo acariciaba, en mi mente fue cobrando forma la imagen de la transformación. Al hacerlo, Homer se quedó sorprendentemente quieto. Parecía dormido, sólo que tenía los ojos abiertos.

    —Lo mismo que Dude —comentó Tobías—. Yo diría que el proceso hace que el animal entre en una especie de trance.
    —Lo que pasa es que tiene miedo porque ve que su amo está completamente loco. —Continué acariciando a Homer y concentrándome y Homer permaneció echado, muy quieto—. Bueno, ¿y ahora qué? —le pregunté a Tobías.
    —Ahora será mejor que saquemos a Homer. A lo mejor se asusta si ve cómo te conviertes en él.

    Homer tardó diez segundos en salir del trance. Luego se levantó de un salto para volver a ser el hiperactivo perro de siempre. Entonces lo llevé al jardín.

    Cuando regresé, Tobías me esperaba sentado pacientemente.

    —Prueba hacerlo. —Me apremió—. Concéntrate en hacerlo. Deséalo.

    Respiré hondo y cerré los ojos. Recuperé la imagen de Homer que se había formado en mi mente. Entonces empecé a concentrarme en convertirme en él.

    Abrí los ojos.

    —Guau, guau —dije riendo—. Creo que esto no funciona conmigo, Tobías.

    Me picaba el dorso de mi mano y comencé a rascarme con fuerza.

    —Jake! —exclamó Tobías.
    —Qué?
    —Mírate la mano.

    Así lo hice y vi que estaba cubierta de pelaje de color canela.

    Pegué un salto.

    —Ohh! ¡ohh! —No podía apartar mi vista de mi mano. El pelo había dejado de crecer.
    —No te asustes —me aconsejó Tobías—. Sigue adelante. Ahora has detenido la metamorfosis. Vuelve a concentrarte.
    —Mi mano! —exclamé—. ¡Tengo pelo!
    —Sí, y tus orejas…

    Corrí al espejo que había sobre mi cómoda. Mis orejas tampoco eran las mismas de antes: ahora me caían a ambos lados de la cabeza y, desde luego, eran mucho más grandes de lo que deberían.

    —Sigue! ¡Es fantástico! —exclamó Tobías.
    —Fantástico? Es… es… espantoso. Esto es un asco. Es… ¡Mira qué manos! ¡Están cubiertas de pelo!
    —Tienes que hacerlo —me animó Tobías.
    —No tengo que hacer nada —respondí, malhumorado.

    Tobías asintió.

    —De acuerdo, tienes razón. No tienes por qué hacerlo, olvídate de lo que vimos anoche y de todo lo que sabemos. Total porque unos yeerks vayan apoderándose cada vez de más gente tampoco hay para tanto. Todos seguiremos con nuestras vidas de antes y nos haremos mayores en un mundo donde los seres humanos no serán más que simples cuerpos al servicio de un montón de extraterrestres asesinos.

    Hombre, visto así, no es que pareciera la mejor solución.

    —Vamos —me apremió Tobías.

    Tragué saliva varias veces y cerré los ojos. Pensé en Homer, en ser Homer.

    Volví a sentir picazón y, al abrir los ojos, vi que el pelo me iba cubriendo poco a poco los brazos y la cara y sobresalía por encima del cuello de la camisa. Las piernas me picaban y descubrí que estaban llenas de pelo.

    En cuanto a los huesos… bueno, no es que me dolieran, pero notaba una sensación muy rara. Es como cuando vas al dentista y te pone una anestesia para que no sientas dolor donde tú sabes que deberías sentirlo. Pues supongo que es algo así.

    Mis huesos disminuyeron de tamaño. Noté como se me alargaba la espina dorsal al salirme la cola. Oí una especie de chasquido cuando las rodillas se me doblaron hacia dentro, y entonces caí hacia delante, incapaz de mantener el equilibrio.

    En el momento de tocar el suelo, mis manos habían dejado de ser lo que eran: los dedos se habían esfumado y todo lo que quedaba de ellos eran dos uñas pequeñas y gruesas.

    Me había crecido un morro y tenía los ojos más juntos que de costumbre.

    Tobías se levantó y descolgó el espejo para que pudiera verme.

    Asistí a la etapa final de la transformación en la que las últimas manchas de carne rosada desaparecían y la cola alcanzaba su longitud definitiva.

    Era un perro. Sería una locura pero había duda, era un perro.

    Sabía que todo aquello tendría que darme miedo. Pero no estaba asustado, sino excitado. Una mezcla entre aturdido y emocionado. Rebosaba felicidad por los cuatro costados.

    Inspiré a través de aquella nariz tan ridículamente larga y ¡guau! ¡Qué olores! ¡No se lo pueden imaginar! Volví a tomar aire y de inmediato supe que mamá estaba haciendo panqueques en la cocina. Y también que Tobías había atravesado el territorio de un perro macho de gran tamaño. Descubrí cosas que no podían expresarse con palabras. Era como haber estado ciego toda la vida y recuperar la vista.

    Fui corriendo hasta donde estaba Tobías y le olisqueé el zapato. Quería conocer más detalles sobre la identidad de aquel perro macho. Por el olor de la orina que había quedado en el zapato de Tobías, me hice una idea aproximada de cómo decía ser. Bueno lo cierto es que Homer lo conocía. Sus amos lo llamaban Streak.

    Estaba castrado, como yo. Se pasaba la mayor parte del tiempo en el jardín, aunque a veces hacía un agujero debajo de la cerca y se escapaba. Su dieta consistía básicamente en una mezcla de comida de lata y pienso seco. Purina, para ser más exactos. Al contrario de mí, nunca le daban las sobras de la mesa.

    Haber procesado toda aquella información me puso otra vez de buen humor y me obligó a mover la cola. Levante la vista y me fijé en Tobías. Me pareció alto, extraño y algo descolorido. Mirar las cosas no resultaba demasiado interesante. Era mucho mejor olerlas.

    ¡UN INTRUSO!

    Se oía un ruido en el jardín. ¡Un perro! Había un perro desconocido en mi jardín. ¡Un INTRUSO!

    Corrí hasta la ventana, apoyé las patas y me dejé llevar por mi instinto.

    Empecé a ladrar todo lo fuerte que pude. No iba a permitir de ninguna manera que otro perro cruzara mi jardín.

    —Contrólate —me aconsejó Tobías—. Es lo mismo que me sucedió a mí cuando me convertí en gato. Ahora,, el cerebro del perro es parte del tuyo. Tienes que hacerte a la idea.

    —Pero… es que hay un perro en mi jardín.

    —Es Homer, Jake. Tú eres Jake. Tu cuerpo es solo una replica creada a partir del ADN de Homer. El verdadero Homer está ahí afuera. Tú lo sacaste. Concéntrate. Tú eres Jake, Jake.

    Respiré hondo varias veces. ¡Qué olores! Y luego llegó aquel otro que no acababa de…

    «¡Concéntrate, Jake —me ordené a mí mismo—. ¡Concéntrate!

    Poco a poco logré someter la parte canina de mi cerebro.

    Había que olvidarse de los olores y del ruido que hacía el perro que estaba en el jardín.

    La primera vez no resultó nada fácil. Ser un perro es realmente asombroso. Para empezar, no existen las medias tintas. Nunca estás más o menos contento, sino feliz del toso. Y jamás tienes un mal día, sino que estás hecho polvo, hundido en la miseria. Y cuando te entra hambre siendo un perro, conseguir comida se convierte en lo único importante.

    Alguien llamó a la puerta de mi habitación. Sí, de mi habitación. Volvía a saber quien era: era Jake. Un Jake de cuatro patas, con rabo y hocico, pero Jake al y al cabo.

    En mis orejas de perro, aquel sonido sonó increíblemente fuerte.

    —Jake, ¿está Homer con tigo? —Era la voz de mi hermano Tom—. Mamá está hablando por teléfono. Hazlo callar.

    Abrió la puerta y entró. Miró a su alrededor confundido.

    —Quién eres tú? —le preguntó a Tobías.
    —Soy Tobías, un amigo de Jake.
    —Bueno, ¿Y dónde está él?
    —Pues… está por ahí —respondió Tobías.

    Tom me miró. Olía de una forma muy rara, pero mi cerebro de perro no consiguió identificar de qué se trataba. Era un olor inquietante y peligroso. Y, por algún motivo, en mi mente resonó el eco de una risa. La risa humana que había oído la noche anterior en el mismo momento en que Visser Tres se tragaba entero al andalita.

    —Perro malo —me riñó Tom—. Calla. Perro malo. —y luego se marchó.

    Me hundí. No era un perro malo, de verdad que no. Había ladrado porque había otro perro en mi jardín. ¿Y sólo por eso era un perro malo? No, yo quería ser bueno. Me fui hacia un rincón y me eché allí. Me sentía profundamente desgraciado.

    Tobías se arrodilló a mi lado y me dio unas palmaditas en la cabeza.

    Cuando me rascó detrás de las orejas, me sentí mucho mejor.


    Capítulo 10


    Después de haber vuelto a mi estado normal, llamé a los demás por teléfono. Tobías se marchó y dijo que reuniría a todos más tarde en la granja de Cassie.

    Con ella estaba hablando por el teléfono de la cocina, cuando entró Tom.

    —Ah, estás ahí —comentó.

    Tapé el auricular con la mano.

    —Sí. Tobías dijo que me estabas buscando.
    —Sólo quería que tu perro se callara —respondió. Luego le dio la vuelta a una silla y se sentó en ella a horcadas.

    Dudé. Por algún motivo, prefería no hablar con Cassie estando Tom adelante.

    —Escucha, te veré allí dentro de un par de horas, ¿de acuerdo? —le expliqué a Cassie. Luego colgué.

    Miré con detenimiento a Tom. Es más corpulento que yo, aunque yo tampoco soy lo que se dice pequeño; tiene el pelo más oscuro, casi negro, mientras que el mío es castaño.

    Siempre he confiado en él. Nunca ha sido uno de esos tipos que le pegan a su hermano menor. Siempre habíamos estado bastante unidos. Al menos hasta el año pasado, aproximadamente. No sé por qué, pero ya no pasábamos tanto tiempo juntos. En parte se debía a que él se había hecho miembro de un club llamado La Alianza, en el que participaba con más gente en una serie de actividades que lo mantenían ocupado la mayor parte del tiempo.

    A lo que iba: Tom tendría que haber sido la primera persona a quién le contase todo aquel lío, sin embargo, mientras estaba allí sentado, mirando cómo mordisqueaba una tostada, tuve un presentimiento y me dije: «No, esto debe seguir siendo un secreto, incluso para Tom.»

    En vez de eso, le expliqué algo que tampoco me atrevía a decirle.

    —Yo, ejem… No conseguí entrar al equipo, Tom —anuncié.
    —Qué equipo? —preguntó. Parecía desconcertado.
    —Que qué equipo? Pues el equipo de baloncesto. Tu antiguo equipo.
    —Ah, bueno, es una lástima —comentó.
    —Una lástima? —repetí. No podía creer que le diese tan poca importancia.
    —Bueno, sólo es un deporte —me contestó. Y le dio otro bocado a la tostada.
    —Qué sólo es un deporte? —No dejaba de repetirme lo que acababa de decir. ¿Tom restando importancia a los deportes? Imposible. Pero si eran toda su vida—. Verás, no creo que sea tan bueno como tú en baloncesto.

    Se encogió de hombros.

    —Bueno, de todos modos dejé en equipo hace un par de días.

    Estuve a punto de caerme de la silla.

    —Que lo has dejado? —dije—. ¿Que has abandonado el equipo? ¿Y ni siquiera me lo habías dicho? ¿Qué te ocurre, Tom?
    —No les dije nada porque supe que papá y tú iban a hacer toda una historia. Mira, hay cosas más importantes que meter pelotas a través de un aro —se defendió y volví a ver aquella mirada misteriosa en sus ojos. Supuse que, al hablar de cosas más importantes se refería a las chicas—. Además, en el club hacemos cosas geniales. Quizá deberías unirte a nosotros.

    Me quedé pasmado. Sin duda, la distancia existente entre Tom y yo era mayor de lo que me había imaginado.

    Cuando terminamos de hablar, salí al jardín a cortar el césped. Lo hago cada sábado porque es la tarea principal que tengo asignado. Eso y sacar la basura, algo que odio, porque tienes que estar pendiente del reciclado y todo eso.

    Cuando acabé de cortar el césped, podar y rastrillar, me subí a la bici y me fui.

    Había quedado con encontrarme con lo demás en la granja de Cassie. No es lo que normalmente se entiende por una granja, aunque si lo fue en otros tiempos, y aún tienen una vaca y unos cuantos caballos. Pero ahora, el granero principal, que es de color rojo, se ha convertido en una Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje, cuyo director es el padre de Cassie. Recogen todo tipo de animales, excepto mascotas. Allí dentro siempre hay un montón de pájaros, además de ardillas, ciervos, mofetas, etc. Y a veces han llegado a tener alguno que otro lince, un zorro e incluso un lobo.

    La mamá de Cassie también es veterinaria, pero trabaja en Los Jardines, un enorme parque de atracciones en el que también hay un zoológico o pequeña reserva de animales, que es como creo que la llaman. Por suerte, a Cassie le encantan los animales. De lo contrario, habría sido muy duro para ella, teniendo en cuenta la profesión de sus padres.

    Ustedes ya saben que yo tengo un perro y Tobías tiene un gato. Pero Cassie tiene de todo: desde puercoespines hasta osos polares.

    Cuando llegué, Marco, Tobías y Rachel ya me estaban esperando delante del granero. Rachel tenía la cara vuelta hacia el sol, para que los rayos le dieran de lleno y pudiera ponerse morena. Cassie no había llegado todavía. Supuse que estaría acabando una tarea doméstica, porque allí siempre hay un montón de cosas que hacer.

    —Eh, chicos —los saludé.

    Rachel abrió los ojos y luego me lanzó un periódico.

    —Mira —dijo, señalando un artículo.

    Comencé a leerlo. No era demasiado largo. La policía afirmaba que la noche anterior se había producido una alteración del orden en un terreno abandonado. Añadía que se había recibido llamadas de ciudadanos que decían haber visto aterrizar allí un número indeterminado de platos voladores, seguidos por una serie de luces brillantes.

    —Fantástico —comenté, al tiempo que alzaba la vista—. Entonces la poli lo sabe. Menos mal.
    —Continúa leyendo —me pidió Rachel.

    El artículo explicaba a continuación que, al llegar al escenario de los hechos, la policía había encontrado a un grupo de adolescentes jugando con petardos. Los jóvenes se habían dado a la fuga y los agentes habían incautado el material. El jefe de policía se había reído de las informaciones que hacían referencia a la aparición de los platos voladores.

    —Sólo se trataba de una pandilla de chicos que jugaban donde no debían —declaraba—. Por supuesto, no había ningún plato volador. La gente no debería estar predispuesta a creer en esas tonterías.
    —Pero todo esto no es más que una sarta de mentiras —dije yo.
    —Ding, dong…, ding, dong! Respuesta correcta. Johnny, muéstrale a nuestro concursante lo que acaba de ganar —bromeó Marco.
    —¿Has visto lo que dice al final? —insistió Rachel.

    Leí la última frase. Me quedé helado, de verdad se los digo. La policía ofrecía una recompensa a quien le proporcionase cualquier información acerca de aquellos jóvenes.

    —Nos están buscando —sentenció Marco.
    —Por qué iba la policía a…? Quiero decir, ¿Por qué iban a mentir? —reflexioné en voz alta, aunque la respuesta era bastante obvia.

    Marco dejó escapar su risa sardónica.

    —Vamos a ver, sabelotodo… ¿No se te ha ocurrido que los polis podrían ser en realidad controladores?
    —Aunque quizá no todos —puntualizó Tobías.
    —Si los controladores se han infiltrado en la policía quien sabe en dónde más lo habrán hecho —se lamentó Rachel—. ¿En las escuelas? ¿Dentro del gobierno? Puede que incluso hayan llegado hasta los periódicos y la televisión.
    —Entre los profesores de matemáticas seguro que hay alguno —bromeó Marco.

    Todos miramos a nuestro alrededor con gran nerviosismo, como si temiéramos que los controladores fueran a aparecer de un momento a otro.

    —Intente convencerme de que todo no había sido más que un sueño —reconoció Rachel.
    —Eso me suena —respondí yo.

    Durante unos instantes nadie habló. Teníamos la horrible impresión de estar totalmente aislados. De repente tomamos conciencia de estar enfrentándonos a algo muy, muy, muy superior a nosotros.

    Marco fue el primero en romper el silencio.

    —Escuchen, ¿Por qué tenemos que hacernos cargo de todo esto nosotros? Yo voto porque nos olvidemos de lo sucedido y no volvamos a hablar de este asunto ni tampoco a transformarnos. Lo mejor será que nos preocupemos por vivir nuestra propia vida.

    Tanto Tobías como Rachel me miraron con la esperanza de que hiciera cambiar de opinión a Marco.

    —Estoy de acuerdo contigo sólo medias —empecé.

    De pronto Marco se puso como una fiera.

    —Nos pueden matar! —gritó—. ¿Es que no se dan cuenta? Ya vieron lo que le ocurrió al andalita. Esto va en serio, Jake. ¡Muy en serio! ¡Podrían matarnos a todos!

    Tobías miraba a Marco de reojo, como era característico de él. Tal vez pensaba que Marco era un cobarde. Pero yo sabía que Marco tenía sus razones.

    Él movió la cabeza en sentido negativo. En voz baja dijo:

    —Miren, creo que los controladores son unos idiotas. Pero si algo me sucediera, mi padre no podía sobreponerse jamás.

    La madre de Marco murió hace dos años. Se ahogó y nunca encontraron su cuerpo. Y ahí se acabó el mundo para el padre de Marco. Se vino abajo: dejó su empleo de ingeniero industrial porque no podía soportar estar rodeado de gente. En aquel momento trabajaba de noche como portero y su sueldo apenas alcanzaba para mantener a Marco. Se pasaba el día durmiendo o viendo imágenes de la tele sin sonido.

    —Pueden pensar que soy un gallina, si quieren —continuó—. No me importa. Pero si me matan o me pasa algo, mi padre se morirá, no lo resistirá. Si todavía sigue en este mundo es por mí.

    Por un momento sentí la tentación de darle unos golpes afectuosos en la espalda o algo parecido. Pero conociendo a Marco, lo único que habría recibido sería una respuesta sarcástica por su parte.

    —Ahí está Cassie —anunció Rachel. Y utilizando la mano como visera para protegerse del sol, su mirada se posó en algún punto al otro lado del descampado.

    Un caballo venía galopando a través del terreno abandonado. La suave brisa acariciaba sus crines, sin embargo, no conseguí divisar al jinete.

    El caballo aminoró la marcha y se nos acercó al trote. Entonces me asaltó un extraño presentimiento.

    —Cassie y yo ya llevamos un rato aquí —dijo Rachel a modo de explicación—. Lo hace de maravilla fíjense lo rápido que es.

    El caballo relinchó con suavidad y luego empezó a disolverse. Los ojos castaños se redujeron un poco de tamaño y lo que había sido una larga quijada se transformó en una boca humana.

    Un ser a medio camino entre caballo y Cassie nos sonrió con sus largos dientes equinos y dijo:

    —Eh, chicos

    Marco cayó hacia atrás. Se dio un golpe bastante fuerte, pero es que nunca había presenciado una metamorfosis.

    —No tengas miedo! —comenté yo, intentando mantener un tono tranquilo—. Tan sólo se trata de Cassie.

    Decidí que lo mejor era comportarse como un caballero y mirar para otro lado. Después de todo, cuando Tobías y yo habíamos regresado, no lo habíamos hecho con la ropa puesta. Pero me di cuenta de que Cassie emergía de su forma equina enfundada en una prenda azul muy ajustada, una de esas que se ponen las chicas para hacer ejercicios.

    Mientras contemplaba la transformación, fui testigo de algo muy hermoso. Durante unos segundos en los que Cassie continuó siendo mitad caballo y mitad persona me recordó al andalita. Entonces me di cuenta de que lo había hecho deliberadamente y de que controlaba el modo en el que se producía la metamorfosis.

    —Diablos, Rachel! —dije—. ¡Tenías razón! Cassie lo hace de maravilla.

    De repente, oímos el ruido de unos neumáticos que se deslizaban sobre la graba que cubría el suelo.

    Todos nos dimos la vuelta a tiempo. Un coche blanco y negro avanzaba por la carretera sin asfaltar.

    —La policía! —grito Tobías.


    Capítulo 11


    —Cassie, transfórmate. ¡Rápido! —le ordené con brusquedad. El coche de policía se acercaba rápidamente—. Sólo nos faltaba tener que dar explicaciones sobre alguien que es medio caballo y medio persona.

    —¿Y en qué me convierto? —gimió ella irguiéndose un poco sobre sus patas traseras—. ¿En caballo o en persona?

    Comprendí lo que pasaba. Estaba intentando dominar el pánico que sentía el caballo.

    —En persona! ¡En persona! —la apremié—. ¡Pónganse todos delante de ella!

    El coche hizo un ruido chirriante al detenerse y la gravilla salió disparada en todas direcciones. Del vehículo sólo descendió un policía.

    Lo saludé con la mano.

    —Buenos días —dijo—. Eh, chicos, ¿Están escondiendo algo?

    Me hubiera gustado mirar por encima del hombro y ver qué aspecto tenía Cassie. Pero habría sido un gran error de mi parte.

    —Escondiendo algo? —repetí.
    —Quítense de en medio —nos ordenó.

    Nos apartamos y Cassie quedo al descubierto. Había recobrado totalmente su forma humana.

    El policía pareció algo desconcertado, pero luego se encogió de hombros.

    Di un suspiro de alivio.

    —En que puedo ayudarle, agente? —preguntó Rachel en un tono que pretendía sonar lo más responsable posible.
    —Estamos haciendo algunas averiguaciones. —Respondió el policía sin apartar aún la vista de Cassie, como si notara algo extraño en ella—. Vamos en busca de unos chicos que se dedicaron a buscar de unos chicos que se dedicaron a lanzar petardos anoche en el terreno abandonado que hay al otro lado del centro comercial.

    De pronto Marco empezó a toser.

    —Le pasa algo? —preguntó el policía.
    —No —respondí—. Nada.
    —Tenemos que encontrar a esos chicos —explicó el policía—. Es muy interesante. Lo que hicieron fue muy peligroso. Alguien podría haber resultado herido. Por eso queremos dar con ellos.

    Entonces lo supe. Supe que era uno de ellos: ¡aquel policía era un controlador! Estudié su cara y no descubría en ella nada anormal. Pero dentro de su cabeza había una criatura de otro planeta: un parásito viscoso y cruel. Detrás de aquellos ojos de apariencia humana acechaba algo perverso.

    —No sé nada de ese asunto —mentí.

    Él me miró más de cerca y comencé a sudar.

    —Ah, ¿sabes una cosa? —dijo—. Tu cara me resulta familiar. Te pareces mucho a un muchacho que conozco llamado Tom.
    —Es mi hermano —contesté.

    Intentaba que mi voz no me delatara, pero me resultaba imposible olvidar que o estaba hablando con un policía humano normal. Se trataba de un yeerk. Había dejado de ser una persona. En realidad, ya no volvería a serlo nunca más. Se había convertido en un controlador humano. Su cerebro estaba totalmente dominado.

    —Así que Tom es tu hermano, ¿eh? Bueno, es un buen chico. Lo conozco de la Alianza. Soy uno de los adultos encargados de supervisarlo todo. Es un grupo estupendo; tendrías que venir a alguna reunión.
    —Si, Tom me ha invitado ya —respondí.
    —Lo pasamos realmente bien.
    —Sí —repetí yo.
    —Bueno, pues llámame si oyes algo sobre esos chicos. Te advierto que a lo mejor te salen con una historia absurda para justificarse. Pero tú eres demasiado inteligente para dejarte engañar, ¿verdad?
    —Es un verdadero genio —se burló Marco.

    El policía se fue por fin.

    —Bien, regla número uno —recitó Rachel con firmeza—. No haremos nada que llame la atención. Tenemos que mantener todo esto en secreto, sobre todo lo que se refiere al tema de transformaciones.

    Cassie parecía avergonzada.

    —Sí fue una estupidez de mi parte. Pero es que… ¡Es tan increíble poder correr así! Galopar a campo abierto, correr y correr.
    —Cómo conseguiste regresar con la ropa puesta? —pregunté—. Cuando Tobías y yo lo hicimos… bueno, menos mal que no estaban presentes.
    —Se necesita un poco de práctica —respondió Cassie—. Y sólo se puede hacer con ropa ceñida. Intente hacerlo con un abrigo y lo rompí. No sé que vamos a hacer cuando llegue el invierno.
    —Eso no será ningún problema —la interrumpió Marco inflexible—. Porque a partir de ahora mismo ya no habrá más metamorfosis.
    —Quizás Marco tenga razón —reflexionó Rachel—. Esto es demasiado para nosotros. No somos más que unos niños. Tenemos que encontrar a alguien importante para decírselo. Alguien en quien podamos confiar.
    —No podemos confiar en nadie —replicó Tobías con voz cansada—. Cualquiera podría ser un controlador. Si le contamos algo a la persona equivocada, estamos acabados. Y el mundo entero correrá la misma suerte.
    —No quiero seguir transformándome —protestó Cassie—. ¿Se dan cuenta de todo lo que seríamos capaces de hacer con este poder? Tal vez podamos comunicarnos con los animales, ayudar a salvar especies en peligro de extinción.
    —Es posible que la humanidad sea la próxima especie en peligro extinción, Cassie —le recordó Tobías con suavidad.
    —Y tú que opinas, Jake? —me preguntó Cassie.
    —Yo? —Me encogí de hombros—. No sé. Como dice Marco podrían matarnos a todos. Rachel está en lo cierto esto nos queda demasiado grande. —Vacilé. No me gustaba lo que estaba a punto de decir—. Pero Tobías también tiene razón. La humanidad se encuentra en peligro y no podemos confiar en nadie.
    —Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Rachel.
    —Ah, un momento, no me toca a mí decidirlo —repliqué enojado.
    —Vamos a votar —propuso Rachel.
    —Yo voto por vivir lo suficiente para sacarnos el permiso para conducir —dijo Marco.
    —Yo voto por hacer lo que nos pidió el andalita: luchar —fue la respuesta de Tobías.
    —Y lo dices tú, que jamás has participado en una pelea —comentó Marco con sorna—. Tú que ni siquiera sabes quitarte de encima a los matones de la escuela. Y ahora, de pronto, resulta que quieres pelear con ese monstruo de feria, ese Visser Tres.

    Tobías no contestó, pero el cuello se le puso rojo como un tomate.

    —Yo estoy con Tobías —afirmo Rachel mientras le dirigía una mirada asesina a Marco—. Ojalá pudiéramos desentendernos de esto, pero no podemos.
    —Vamos a meditarlo bien —sugirió Cassie—. Se trata de una decisión muy importante. No es como tener que elegir entre un pantalón o una falda a la hora de vestirse.

    Me sentí aliviado. Gracias a dios Cassie estaba allí.

    —Si, dejemos pasar un tiempo —convine—. Mientras tanto, ninguno de nosotros dirá nada a nadie y volveremos a nuestra vida de siempre.

    En el rostro de Marco apareció una sonrisa de suficiencia. Pensaba que había ganado, pero yo no estaba tan seguro. Tobías aún estaba colorado. Le dirigió a Rachel una sonrisa furtiva de agradecimiento.

    Marco y yo regresamos a casa, intentando actuar de modo normal. Hablamos de la liga de béisbol y de quién le iba a dar una paliza a quién en Zona letal 5, un juego en CD-ROM que pensábamos poner en mi computadora.

    Cuando llegamos a mi casa ya habíamos agotado todos los temas de conversación.

    Jugamos a Zona letal durante un rato, pero ninguno de los dos lo hizo muy bien. Para ser sinceros, los juego ya no resultaba tan emocionantes como antes. Y además una parte de mí estaba ausente.

    Poco después entro Tom.

    —Ah, hola, chicos —saludó—. ¿Me dejan que lo intente yo?

    Habían transcurrido varios meses desde la vez en que Tom y yo habíamos hecho algo tan simple como jugar a la computadora.

    —Claro. —Marco le cedió el sitio a Tom y le pasó el mando.

    Jugamos durante unos minutos y Tom lo hizo bastante bien. Sin embargo, luego pareció aburrirse y le devolvió el mando a Marco, se recostó en la silla y se dedicó a mirar.

    —Chicos, ¿han oído lo que pasó anoche en el terreno abandonado?

    Marco se sobresaltó.

    —A que te refieres? —pregunté.
    —Salió en el diario —continuó Tom restándole importancia—. Se ve que unos chicos estuvieron allí lanzando cohetes y petardos. A los imbéciles que viven por allí cerca no se les ocurrió otra cosa que confundirlos con platos voladores. —Se echó a reír—. ¡Platos voladores! ¡Como lo oyen!

    Marco y yo también nos reímos.

    —Sí. Y sólo se trataba de unos chicos que jugaban con petardos —comentó Tom.
    —Mmm —murmuré yo mientras intentaba concentrarme en el juego con todas mis fuerzas.
    —Ustedes fueron al centro comercial anoche, ¿verdad? —me preguntó Tom.
    —Ajá.
    —Y volvieron a casa atravesando el terreno abandonado?

    Yo hice un gesto negativo con la cabeza.

    —Ni hablar.
    —Y no vieron por casualidad a unos chicos merodeando por los alrededores?
    —No.
    —No es que quiera buscarles problemas —se excusó Tom—. Después de todo, tiene su gracia. Se ponen a lanzar petardos y consiguen que la gente se muera de miedo confundiéndolos con platos voladores.
    —Ajá.
    —Platos voladores! —repitió. Y se echo a reír de nuevo—. Sólo los tontos creen en esas tonterías.—. Se inclinó hacia nosotros—. Ustedes no creen en esas bobadas, ¿verdad? En todo ese cuento de los extraterrestres, naves espaciales y hombrecillos verdes procedentes de Marte.

    Sentí deseos de responder que no, que ninguno de ellos era pequeño ni verde, pero me limité a decir:

    —Por supuesto que no!

    Tom asintió y se levantó.

    —Estupendo. Sabes, Jake, últimamente ya no salimos mucho juntos.
    —Pues no —respondí.
    —Es una lástima —comentó él. Chasqueó los dedos como si acabase de ocurrírsele una idea—. Sabes, deberías hacerte miembro de la Alianza. Y tú también, Marco.
    —Y eso porque?

    Tom esbozó una sonrisa por toda respuesta.

    —Tengo que irme —dijo—. Nos vemos luego. Y no lo olviden: si se enteran de algo, avísenme.

    Se fue.

    Marco me miró.

    —Jake! ¡Es uno de ellos!
    —Qué?
    —Tom. ¡Tom es uno de ellos! ¡Tu hermano es un controlador!


    Capítulo 12


    Cerré el puño y golpeé a Marco en un lado de la cabeza.

    Él saltó hacia atrás y yo traté de darle otro puñetazo, pero Marco era rápido y esquivó aquel segundo golpe. Resbalé y caí.

    Marco agarró la colcha que cubría la cama y me la echó encima para inmovilizarme los brazos. Luego se sentó arriba de mí.

    —Jake, deja de comportarte como un idiota —rezongó.

    Yo intentaba liberarme para poder atraparlo, pero me tenía bajo control.

    —Retira lo que dijiste! —chillé.
    —Ni pensarlo —contestó él—. Vamos a ver, ¿crees que es una simple coincidencia que de buenas a primeras muestre tanto interés por lo que pasó en el descampado?

    La verdad es que resultaba sospechoso y yo lo sabía. Incluso mientras intentaba soltarme para propinarle a Marco una buena patada en el trasero. De pronto recordé el olor que había notado en Tom al transformarme en perro. Y también estaba aquella risa que había oído en el terreno baldío.

    Pero no. ¡No! Estábamos hablando de Tom, mi hermano mayor. Tom nunca permitiría que se le metiera en la cabeza uno de aquellos gusanos resbaladizos. Jamás en la vida.

    —Ni te calmas, te dejaré levantarte —dijo Marco—. Está bien, a lo mejor me equivoco, ¿De acuerdo?

    Dejé de luchar y Marco se apartó para que me pusiera de pie.

    —Tienes que admitir que la cosa no tiene muy buena pinta, que digamos.
    —Tom no es uno de ellos, ¿ya? Y no hay más que hablar —repliqué.
    —No que tú digas —respondió él—. Pero no me des más puñetazos porque me obligarás a devolvértelos.

    En aquel preciso momento, oí un ruido parecido a un aleteo en la ventana. Como si alguien estuviera golpeando el cristal con suavidad. Fui hacia allí y Marco me siguió.

    Vimos un ave, un ave de gran tamaño, un águila, o tal vez un halcón, que batía las alas contra la ventana.

    —Vamos, déjenme entrar. ¡No puedo quedarme suspendido en el aire toda la vida!

    A Marco se le salían los ojos de sus órbitas. Él también lo había oído.

    Abrí la ventana. El ave entró como una flecha y fue a posarse sobre la cómoda. Era de color castaño, y por la forma parecía una mezcla de águila y halcón: más de medio metro de largo, unas garras nudosas y un pico ganchudo y afilado.

    —Debe ser un águila o algo así —comentó Marco.

    —Un ratonero de cola rojo, para ser más exactos—, puntualizó Tobías.

    —Eres tú, Tobías? —le preguntó Marco—. Creí que habíamos decidido no volver a experimentar la metamorfosis.

    —Yo nunca dije que estuviera de acuerdo.

    —Vamos, Tobías recupera tu aspecto normal —le pedí—. Ya sabes lo que dijo el andalita: nunca adopten una forma durante más de dos horas.

    Tobías estaba indeciso. Ladeó la cabeza y me escudriñó con aquellos ojos extraordinariamente penetrantes. Al final, voló hasta la cama.

    Les diré algo: ver cómo las plumas se convierten en piel humana es una experiencia que va más allá de todo lo imaginable. Las plumas de color marrón se juntaron, comenzaron a fundirse y se volvieron color rosa. Parecían derretirse como si estuvieran hechas de cera y alguien las hubiera puesto al fuego.

    El pico no tardó en desaparecer y en su lugar crecieron unos labios. Las garras se dividieron en cinco partes y se transformaron en dedos.

    Cuando el proceso de cambio ya había llegado a su mitad, Tobías esa una masa color entre marrón y rosado, y en su cuello y espalda aún se podían ver dibujados los contornos de las plumas. La cara era pequeña y casi todos sus rasgos habían recuperado su apariencia humana, a excepción de aquellos ojos como de halcón, despiertos y de mirada intensa. Del pecho le brotaron dos brazos minúsculos y arrugados en cuyo extremo había una serie de dedos parecidos a los de un niño pequeño.

    En conjunto era una imagen más bien repulsiva.

    Sin embargo, el ADN humano logró imponerse sobre el del ratonero y Tobías adquirió un aspecto normal. Transcurridos unos tres minutos desde el inicio de a metamorfosis, el Tobías de siempre apareció desnudo y sentado en el borde de la cama.

    —Todavía no he aprendido a transformarme con la ropa puesta, como Cassie —se excusó, avergonzado—. ¿Me prestas algo?

    Le pasé unos pantalones y una camisa, pero ninguno de mis zapatos le iba bien.

    —Esto es lo más maravilloso que me a pasado en la vida —exclamó Tobías. Toda su cara resplandecía—. Me he dejado arrastrar por las corrientes térmicas.
    —Qué es una corriente térmica? —pregunté.
    —Es cuando el aire caliente sube desde el suelo y forma un colchón invisible bajo las alas. Entonces puedes dejarte ir y flotar allá arriba, a más de un kilómetro del suelo, y hacer surf en el aire. ¡Tienen que probarlo! No hay nada igual.
    —Tobías, ¿Cómo diablos lograste convertirte en ratonero? —pregunté.
    —En el granero de Cassie hay un ratonero herido —explicó—. También tienen un águila pescadora fantástica, pero al final me decidí por el ratonero.
    —Cómo conseguiste volar si aquel ratonero estaba herido? —reflexioné.

    Marco movió la cabeza con gesto compasivo.

    —Jake, ¿Es que nunca prestas atención en la clase de biología? El ADN no tiene nada que ver con las heridas. No era el ADN del halcón lo que estaba roto, sino el ala.

    Hice caso omiso de las palabras de Marco.

    —Tuviste suerte de que el padre de Cassie no te encontrara —le dije a Tobías.
    —Está ten deprimido… —comentó Tobías.
    —Quién está deprimido?¿El padre de Cassie?
    —No, el ratonero. Creo que sabe que no quieren hacerle daño, pero no puede soportar estar encerrado hasta que se le cure el ala. —Los ojos se le ensombrecieron—. Es terrible que los pájaros estén encerrados en jaulas. Deberían ser libres.
    —Sí, liberemos a los pájaros —dijo Marco con sarcasmo—. Voy a hacer que impriman los panfletos.
    —No hablarías así si hubieras estado ahí arriba conmigo —replicó Tobías—. Ser gato estuvo bien, ¡pero un ratonero! Tienes una sensación de libertad total y absoluta.

    Nunca había visto a Tobías tan contento.

    La verdad es que su familia no le ha dado demasiados motivo para estarlo. Ésa es la conclusión a la que siempre llego…

    Repetí la advertencia.

    —Nada de estar dentro de un cuerpo por más de dos horas, ¿de acuerdo? Ten cuidado de que no se te pase la hora.

    Tobías sonrió.

    —Sí. No llevo reloj. Cuando tienes ojos de ratonero, puedes ver incluso las manecillas del reloj de alguien que esté a medio kilómetro de distancia. Es como ser Superman: no sólo puedes volar, sino que además tienes una super visión.
    —Ahora resulta que eres Superman —masculló Marco.
    —Estaba investigando un poco. Pensé que podría ver algo desde el aire —explicó Tobías—. Buscaba un sitio que se pareciera a un estanque yeerk.

    La frase me resultaba un tanto familiar. Recordaba que Visser Tres había dicho algo referente a «estanques yeerk».

    —Qué es un estanque yeerk? —le pregunté a Tobías.
    —Es un lugar donde los yeerk viven en su estado natural. Cada tres días los yeerk tienen que abandonar el cuerpo de su huésped y sumergirse en algo parecido a una piscina para absorber una serie de nutrientes, especialmente rayos kandrona.

    Marco y yo intercambiamos una mirada de recelo porque ninguno de los dos sabíamos nada de aquello.

    —Al final —añadió Tobías—, cuando el andalita nos dijo que huyéramos, me quedé atrás durante unos segundos. Creo que estaba demasiado asustado para correr.

    Yo hice un gesto negativo con la cabeza. Sabía cuál era la verdadera razón: lo que Tobías no quería era dejar solo al andalita. Puede que para él significara incluso más que para el resto de nosotros.

    —Sea como sea, me transmitió una especie de… unas… visiones; creo que podrían llamarse así. Imágenes. Datos. Un montón de cosas a la vez, todas revueltas. Ni siquiera he empezado a ponerlas en orden, pero si sé todo lo necesario acerca de los estanques yeerk y los rayos kandrona.

    Marco levantó la mano para indicarle a Tobías que guardase silencio.

    —Deja que compruebe antes si hay alguien detrás de la puerta —dijo. Se dirigió a la puerta, la abrió y echó un vistazo al vestíbulo—. No hay moros en la costa —anunció.

    Tobías miró a Marco de manera inquisitiva.

    —Se trata de Tom —le explicó Marco—. Es uno de ello…
    —No me obligues a pegarte otra vez —le advertí enfadado—. ¡Tom no es un controlador!
    —De todos modos, tenemos que ir con cuidado —advirtió Tobías—. La kandrona es un dispositivo que produce las partículas que llevan su nombre. Es como una versión portátil de su propio Sol. Los yeerks necesitan esas partículas para vivir, al igual que nosotros necesitamos vitaminas y cosas así. Los yeerks las envían en forma de rayos que proyectan desde dondequiera que se encuentre la kandrona para luego concentrarlos en estanques. Una vez cada tres días, todos los yeerks tienen que abandonar a su huésped e introducirse en ese estanque. Absorben las partículas y después regresan al cuerpo en el que estaban.
    —Qué tiene que ver todo eso con ir dando vueltas por ahí jugando a ser Superman? —pregunté.
    —Bueno, a lo mejor ahora suena tonto, pero esperaba localizar uno de esos estanques. —Tobías esbozó una sonrisa en la que reflejaba el arrepentimiento—. Vi un montón de piscinas y algunos estanques, lagos y riachuelos por todas partes. Pero no vi nada especial.
    —Y si hubieras encontrado un estanque yeerk? ¿Qué hubieras hecho entonces? —preguntó Marco.
    —En ese caso, lo haríamos saltar por los aires —contestó Tobías.
    —Te equivocas —replicó Marco—. Decidimos no mezclarnos con esto.
    —No, decidimos no tomar ninguna decisión por el momento —le corregí.
    —Ahora resulta que este gallina en un héroe —se burló Marco.

    Esta vez Tobías no se ruborizó.

    —Tal vez sea que por fin he encontrado algo por lo que vale la pena luchar, Marco.
    —Tú no sabes ni cómo luchar por ti mismo —respondió Marco.
    —Eso era antes —objetó Tobías con suavidad—. Antes de conocer al andalita. Antes de que sacrificara su vida al tratar de salvarnos. No puedo seguir comportándome como si diera lo mismo. No voy a permitir que su muerte haya sido en vano. Así que, decidan lo que decidan, yo voy a luchar.


    Capítulo 13


    —Intentemos encontrar el estanque yeerk —propuso Tobías—, y, cuando demos con él, lo hacemos explotar y acabamos con todos esos malditos gusanos.

    Esperaba que Marco se pusiera a dar gritos, pero no era tonto. Se daba perfecta cuenta de que Tobías había conseguido conmoverme con sus comentarios acerca del andalita, así que se limitó a sonreír con disimulo.

    —Se acuerdan del policía de hoy, al que le interesaba tanto encontrar a los que habían estado en el terreno baldío? ¿Ese que probablemente es un controlador?
    —Qué le pasa? —quise saber.
    —Bueno, veamos. Primero te invita a convertirte en un miembro de la Alianza y a continuación llega Tom y resulta que, de pronto, él también muestra un gran interés por lo que sucedió en el terreno baldío. ¿Y qué hace entonces? Invitarte también a unirte a ellos.

    Tobías mostró su acuerdo haciendo un gesto de asentimiento.

    —Puede que ese club sea una organización de controladores.

    Marco sonrió.

    —Es mi mejor amigo, pero a veces me saca de quicio.
    —Estamos casi seguros de que el policía es un controlador. Y no me importa lo que digas, Jake, pero creo que tu hermano también lo es. Así que la cuestión es la siguiente: ¿Quieres participar en la lucha contra los yeerks? —me preguntó Marco—. Muy bien, pues ya veremos cuando sea a tu propio hermano al que tengas que destruir.

    No supe que responder.

    —Esto no es un videojuego —prosiguió Marco—. Esto es la vida real. Y tú no sabes nada de la vida, Jake. Nunca te ha ocurrido nada malo. Tienes una familia perfecta, como la que yo tenía antes.

    Al llegar a aquel punto, su voz se quebró un poco. Jamás hablaba de la muerte de su madre.

    Comprendí que tenía razón, que la realidad era algo todavía desconocido para mí o que, en todo caso, mi realidad era muy diferente a la de Marco o Tobías.

    —Por lo tanto, tal vez sea mejor mantenerse alejado de todo este asunto —opinó Marco—, y que sean otros los que se encarguen de luchar en esta guerra. Lo siento por el andalita, pero en mi familia ya ha habido bastantes muertes.
    —No —respondí yo, para mi sorpresa—. El andalita tenía buen motivo para concedernos el poder de transformarnos, y no para que nos divirtiéramos jugando a ser un perro, un caballo, o un pájaro.
    —Quizás un día sea Tom el enemigo que haya que vencer —me advirtió Marco—. Tal vez tengas que acabar destruyendo a tu propio hermano.
    —Sí —contesté. Tenía la garganta seca—. Tal vez sea eso lo que suceda. O tal vez no, pero el primer paso es buscar más información. Y creo que la mejor forma de hacerlo es ir esta noche a la reunión de La Alianza y echar un vistazo. Llamaré a los demás. Si alguien quiere venir, pues estupendo. Y si tú prefieres quedarte al margen de todo, Marco, también lo entenderé.

    Marco titubeó. Le dirigió a Tobías una mirada cargada de ira pero dijo:

    —De acuerdo, de todas formas no es más que una reunión. Iremos a ver qué pasa. Para eso sí pueden contar conmigo.

    Telefoneé a los demás. Rachel estuvo de acuerdo enseguida y Cassie se tomó unos instantes para pensarlo, aunque al final también accedió.

    Le dije a Tom que a mí y a mis amigos Marco, Rachel y Cassie nos interesaba asistir a la reunión. Previamente ya habíamos acordado que Tobías también estaría presente, sólo que de una manera distinta.

    —La reunión de esta noche es la mejor de todas —nos explicó Tom entusiasmado—. Haremos una hoguera en la playa. Daremos una vuelta por allí, habrá juegos y más cosas; ya saben como son las reuniones. Lo mejor son los partidos de voleibol porque la mitad de las veces los chicos ni siquiera ven la pelota. Es fantástico. Y la organización es de primera. Les encantará.

    Al oírle hablar no daba la sensación de que el club tuviera nada que ver con los yeerks. Uno no lograba imaginarse a Visser Tres ni a un grupo de taxxonitas jugando al voleibol.

    Comencé a pensar que quizá estábamos todos chiflados y que La Alianza no era más que una especie de scouts.

    La playa no quedaba lejos, así que decidimos ir por nuestra cuenta y no con Tom en el coche. Preferimos caminar. Tobías nos acompañó durante un trecho pero, cuando ya no faltaba mucho para llegar a la orilla, se detuvo detrás de una duna y unos minutos después vimos algo así como un halcón que alzaba el vuelo desde allí. Puesto que por la noche no hay demasiadas corrientes de aire caliente le costó lo suyo ganar altura. Pero supuse que habría encontrado alguna porque comenzó a planear hasta perderse en la lejanía.

    —Tengo que probar eso —comentó Cassie—. Parece maravilloso.
    —Sí —asentí.

    Delante de nosotros ardía una hoguera y su brillo iluminaba la oscuridad de la playa. A su alrededor había gente jugando, comiendo y conversando: chicos de la escuela y adultos. Algunos los conocía, otros no.

    Me pregunté si todos ellos serían controladores. ¿Cómo podría llegar a saberlo? Y mi hermano, ¿Era también uno de ellos?

    Después de deambular por la playa cerca de una hora, llegué a la conclusión de que nuestras sospechas no tenían ningún fundamento. Las personas que había allí no eran extraterrestres. Luego jugamos un rato al voleibol. Tom y yo estábamos en el mismo equipo. También participamos en la parrillada y comimos costillas asadas. Les aseguro que parecía una fiesta normal y corriente.

    La arena aún conservaba el calor del sol. La brisa nocturna era fresca, pero cerca del fuego se estaba bien.

    —Entiendes ahora por qué me gusta tanto esto? —me preguntó Tom.
    —Es genial —le respondí. Recorrí con la mirada toda aquella gente y vi lo bien que lo estaban pasando—. No creí que fuese tan divertido.
    —Bueno, esto no es todo —repuso Tom—. Hay más cosas aparte de la diversión. El club puede hacer mucho por ti una vez que pasas a ser miembro de pleno derecho.
    —Cómo se convierte uno en miembro de pleno derecho?

    Él sonrió de un modo misterioso.

    —Ah, eso viene después. Primero eres miembro asociado y luego los líderes deciden si te van a pedir o no que te conviertas en miembro de pleno derecho. Cuando lo logras… tu vida cambia por completo.

    En aquel preciso momento ocurrió algo muy extraño. Estaba mirando a Tom y él me sonreía, cuando de pronto, su cara se contrajo en una mueca. Su cabeza intentó girar hacia un lado, como si quisiera decir que no y algo se lo impidiese. Durante una décima de segundo, apareció aquella mirada en sus ojos: una mirada de pánico… no sabría como describirlo. Allí estaba, frente a mí, y de repente era como si otra persona, una persona aterrorizada, me mirara a través de sus ojos.

    Luego todo volvió a la normalidad, o a o que se suponía que lo era.

    —Ahora tengo que ausentarme durante un rato —anunció—. Los miembros de pleno derecho celebramos una reunión aparte. Ustedes quédense aquí y diviértanse. Sírvanse un poco más de parrillada. Está estupenda, ¿verdad?

    Y con esa última frase, desapareció en la noche.

    Me sentía como si acabara de tragarme un trozo de alambre de púas.

    Marco y Casi se me acercaron. Habían estado a la orilla de la playa con otros chicos jugando a lanzarse un frisbee. Marco venía riéndose.

    —De acuerdo —afirmó—, lo admito. Estaba equivocado. Y Tom no es ningún controlador.

    Yo no sabía si reír o llorar. Ahora sí que Marco estaba equivocado.

    Comprendí qué era lo que había visto en los ojos de Tom: había tratado de prevenirme. De algún modo, había conseguido controlar sus gestos faciales durante un segundo hasta que el yeerk que llevaba dentro recuperó el dominio.

    Tom, el Tom de verdad y no la babosa que dominaba su cerebro, había intentado avisarme.


    Capítulo 14


    —Se han ido a una reunión privada —les informé—. Sólo para miembros de pleno derecho. La verdad es que me encantaría saber lo que pasa en esa reunión. —Intentaba que mi voz sonara normal pero tenía un nudo en el estómago.

    —He visto que alguna gente marchaba en esa dirección —indicó Rachel con el dedo.
    —A ver si podemos acercarnos un poco.
    —Qué es lo que pasa? —preguntó Marco—. Creí que estábamos de acuerdo en que aquí todo es normal.

    Cassie se encargó de contestarle.

    —Esto no tiene nada normal —lo contradijo—. ¿Es que no te das cuenta? —Se estremeció—. Todos esos presuntos miembros de pleno derecho… son tan amables, tan atentos… son tan normales que resulta anormal. Y no nos quitan los ojos de encima ni un segundo. Durante todo el tiempo han estado mirándonos como… como un perro hambriento mira un hueso.
    —A mí me pone la piel de gallina —confesó Rachel—. Es como si hubiéramos juntado a un grupo de animadoras y a unos cuantos profesores de gimnasia y les hubiéramos hecho tomar diez tazas de café.
    —La verdad es que están demasiado contentos, ¿verdad? —admitió Marco—. La gente no hace más que decirme lo rápido que desaparecieron sus problemas cuando se convirtieron en miembros oficiales de La Alianza. Debe ser una secta o algo por el estilo.
    —Voy a ir a esa reunión secreta —resolví. Tenía que saberlo. Tenía que estar seguro—. Será mejor que nos apartemos del fuego y vayamos al otro lado del puesto de vigilancia de los socorristas.
    —Cómo vas a introducirte en la reunión? —preguntó Marco.
    —No se fijarán en un perro callejero que se pasea por la playa —respondí.
    —En perro callejero… ¡oh! —dijo Marco.
    —Buena idea —le comentó Cassie—. Me gustaría acompañarte pero, de momento, el caballo es el único animal en el que puedo transformarme y entonces sí que sospecharían.

    Me aseguré de que nadie pudiera vernos e hice una señal con la mano por encima de la cabeza. Pasados unos segundos, Tobías bajó en picado del cielo tachonado de estrellas y se posó sobre el puesto de los socorristas.

    —¿Qué sucede?

    —Los miembros del club han ido a celebrar una especie de reunión privada —le expliqué—. ¿Sabes dónde están?

    —Claro que sí. Con estos ojos puedo ver hasta cómo corretean los ratones entre la hierba que crece en las dunas. Esos cuerpecillos deliciosos, gordezuelos y apetitosos.

    —Tobías! Contrólate. Ahora no empieces a comer ratones sólo porque tengas el cuerpo de un ratonero, ¿Qué será después? ¿Animales muertos en las autopistas?

    No contestó. Quizá lo había ofendido que alguien insinuara que podía llegar a comer carroña. O peor aún: tal vez ni siquiera lo considerara una ofensa.

    —Dónde están los miembros del club?
    —A unos cien metros, bajando por la orilla de la playa. Las dunas han formado allí una pequeña hondonada en forma de taza. Pero, tienen gente apostada por toda la zona, como si hiciesen guardia.


    Asentí.

    —Buen trabajo. Tobías, ya llevas más de una hora con ese cuerpo. Tienes que volver a transformarte.

    —No, continuaré vigilando desde allá arriba un poco más—, contestó él.

    —No, Tobías —repliqué enérgico—. Debes volver a tu forma humana. Ya has hecho lo que tenías que hacer.

    —Hay un pequeño problema… No llevo demasiada ropa encima.

    —Tu ropa está en la bolsa de Marco. Rachel y Cassie se darán la vuelta mientras te transformas.

    En el rostro de Cassie apareció una sonrisa burlona.

    —Chicos, ya veo que voy a tener que enseñarles cómo conseguir una metamorfosis con ropa incluida.

    Tobías se resistía a la idea.

    —Odio regresar a mi antiguo cuerpo. Es como volver a la cárcel. Prefiero tener alas.

    —Tobías, dentro de un momento podrás convertirte otra vez en ratonero —le aseguró Rachel para tranquilizarlo—. Y ahora, vamos, mejor será que los dos se pongan en marcha. Yo miraré hacia otro lado para no ofender su delicado pudor masculino.

    Respiré hondo. Sólo era la segunda metamorfosis que llevaba a cabo, y el simple hecho de pensar en convertirme en un perro ya me parecía bastante ridículo de por sí. Sin embargo, a medida que me concentraba y el ADN de Homer se combinaba con la tecnología andalita para provocar la metamorfosis, comencé a notar el mismo picor de antes y una especie de hormigueo en el interior.

    Mientras esto ocurría, vi que a Tobías le iban saliendo dedos en la punta de las alas.

    —Procura que sea tu parte humana la que controle —me advirtió Cassie—. No vaya a ser que te eches a correr como un loco detrás de algún gato y te perdamos de vista. Debes esforzarte en mantenerlo todo bajo control.

    Quise decir: «Sí, losé«, pero todo lo que pude responder fue: »¡Grrou, grooourrr, brf, brf!». La metamorfosis estaba demasiado avanzada para poder articular un mensaje humano.

    Así que opté por transmitir la respuesta mediante el pensamiento:

    SÍ, Cassie, ya lo sé. No te preocupes.

    —Claro que me preocupo —contestó ella con dulzura.

    Le acaricié la mano con el hocico húmedo y ella me dio unos golpecitos afectuosos en la cabeza. Luego eché a andar por la arena.

    Cassie hacía bien en ponerme sobre aviso. Las dunas, la espuma de las olas, el piar de las aves marinas en sus nidos secretos eran motivos más que suficientes para que mi mente canina se distrajera.

    Oí que algo respiraba entre la vegetación para luego abandonar su escondite y echar a correr. Salí en persecución de aquello, antes siquiera de pararme a pensarlo. Creo que se trataba de una ardilla o algún otro animal parecido. Nunca llegué a averiguarlo porque, antes de poder hacerlo, encontró un agujero y se metió en él a toda velocidad.

    Estuve un rato escarbando en el suelo frenéticamente, hasta que la parte humana de mi cerebro se percató de lo que pasaba y dijo: «Alto, Jake, no es a esto a lo que has venido. ¡Para ahora mismo!»

    Hice un esfuerzo para dirigirme hacia el lugar en el que se celebraba la reunión. Oí entonces un murmullo de voces y avancé arrastrándome para intentar acercarme lo más posible. Entonces me di cuenta de que aquello era una estupidez, los perros no se arrastran nunca: sólo caminan o corren. Si iba por ahí comportándome como un perro espía, lo único que conseguiría sería llamar la atención.

    Así que empecé a vagar por allí, como cualquier perro que hubiera salido a dar un paseo nocturno por la playa. Llevaba la lengua colgando fuera de la boca y meneaba la cola de vez en cuando. Lo único que debía evitar era que Tom me viese con demasiada claridad. Después de todo, era la copia exacta de Homer.

    De hecho, en última instancia podía decirse que yo era Homer.

    Me aproximé al borde del círculo rodeado de dunas. Un grupo de unas veinte o treinta personas permanecían de pie, muy juntas. Por desgracia, mis débiles ojos de perro no me permitieron distinguirlas claramente en la oscuridad.

    Sin embargo, podía oírlas y las oía con una nitidez asombrosa. Sonidos que mi oído humano apenas habría logrado captar en aquel momento llegaban hasta mí altos y fuertes, como si provinieran de un radiocasete a todo volumen.

    Y también podía oler. Es una cosa rara esto del olfato. Como ser humano uno no le da la menor importancia. Pero cuando me senté y dejé que mis aptitudes caninas salieran a la superficie, el sentido del olfato resultó ser tan eficaz como el de la vista. Diferente, eso sí, pero para algunas cosas, igual de bueno.

    Oí la voz de Tom y olisqueé una sutil combinación de elementos que me hizo sospechar que no andaba muy lejos de allí.

    Había un hombre de guardia, pero se limitó a mirarme un segundo y luego desvió la mirada. Nadie se preocupa por un perro callejero.

    Empezaba a comprender por qué el andalita nos había concedido ese poder. Hay cosas que sólo pueden realizarse bajo la forma de un animal, nunca como ser humano.

    Los miembros del club parecían estar esperando la llegada de alguien. Oí que Tom decía: «Debe estar a punto de llegar. Esperen un momento, ahí viene.»

    Se sucedieron una serie de murmullos, el grupo se agitó.

    Oí unos pasos que se acercaban. Yo también me aproximé, aunque permanecí lejos de la zona iluminada.

    —Que nadie se mueva. Tenemos problemas —dijo la voz.

    ¡Aquella voz! Yo la conocía. Era la misma que había oído en el terreno abandonado. Era la que había dicho: «Guarden la cabeza y tráiganla para que pueda identificarla.»

    Me arrastré y logré avanzar un poco más. Tenía que forzar la vista para verlo bien. Sin embargo, en aquel preciso momento, se volvió en la dirección adecuada y entonces ya no tuve ninguna duda. Lo reconocí en el acto: esta alguien que me resultaba muy familiar; alguien a quien veía cada día en la escuela.

    No era otro que el señor Chapman, el subdirector.

    El subdirector de la escuela era un controlador.

    —Punto uno. Aún no hemos dado con los mocosos del terreno en construcción —explicó Chapman. Su voz era dura—. Quiero que los encuentren. Visser Tres quiere que los encuentren, ¿Alguien tiene alguna pista?

    Durante unos instantes nadie habló. Entonces oí otra voz que también reconocí de inmediato.

    —Podría haber sido cualquiera —respondió Tom—. Pero es posible que haya sido Jake, ese chico que es mi hermano, Sé que a veces toma un atajo a través de ese terreno baldío. Por eso lo he traído aquí esta noche. Podíamos intentar convertirlo en uno de los nuestros… o matarlo.


    Capítulo 15


    Convertirlo en uno de los nuestro… o matarlo.

    Me sentía como si alguien me hubiera dado un mazazo en la cabeza.

    Me dije a mí mismo que Tom era un controlador con forma humana. Que un repugnante gusano baboso procedente de otro planeta se había introducido en su cerebro y controlaba sus actos. Cuando hablaba conmigo, en realidad no era él quien lo hacía, sino un yeerk. Mi hermano… uno de ellos. Chapman… otro de ellos.

    Estaban por todas partes. ¡Por todas partes! ¿Cómo íbamos a detenerlos? ¿Cómo íbamos a intentarlo siquiera? Si habían sido capaces de arrebatarme a mi propio hermano, si habían logrado llevarse a Tom ¿Cómo iba yo a impedir su avance?

    Marco tenía razón: era una locura.

    Si en aquel momento hubiera sido totalmente humano, me habría dejado llevar por la desesperación. Fue la mente sencilla, feliz y optimista de Homer lo que me salvó. Supongo que durante un instante me dejé llevar por mi parte de conciencia canina. No quería pensar. No quería ser persona. En aquel corto espacio de tiempo, me limité a vagar entre las dunas y a olfatear las cosas.

    No obstante, había una misión que cumplir. Al cabo de unos minutos, abandoné aquella felicidad y me impuse la obligación de regresar a la dolorosa realidad.

    Durante un rato más esperé y permanecí atento a la reunión. Pero estaba tan afectado que se me escapó buena parte de lo que allí se dijo. Las palabras de Tom martilleaban una y otra vez en mi cerebro: «Convertirlo en uno de los nuestros… o matarlo.»

    Una de las cosas que sí me quedaron grabadas fue la conversación que Tom mantuvo con individuo, otro controlador, acerca del calendario que debían seguir para ir al estanque yeerk. Él acababa de regresar y se encontraba de primera dijo. Había vuelto el lunes por la noche.

    Quien hablaba así era el gusano que aquel tipo llevaba en la cabeza. El yeerk que se había adueñado de Tom necesitaba volver al estanque en poco tiempo.

    Entonces oí otra voz. ¡Cassie!

    Con gran sigilo, rodeé la duna para intentar acercarme. Oía con total claridad la voz de Cassie y otra voz que tardé un poco en reconocer.

    Se trataba del policía; del mismo de antes.

    —Eh, ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó.
    —Sólo estaba buscando conchas —contestó Cassie.
    —Este lugar está reservado a los miembros de pleno derecho —replicó el policía con brusquedad—. Aquí sólo se tratan asuntos privados. ¿Entendido?
    —Sí, señor —respondió Cassie en el tono más humilde que fue capaz de adoptar.

    Llegué a un lugar desde donde los divisaba a ambos, aunque he de reconocer que la vista de un perro no es una maravilla que digamos. Se ve todo borroso y los colores no tienen ningún contraste, como en un televisor viejo.

    El policía no apartaba la vista de Cassie y, aunque ella intentaba disimular, el olfato me decía que estaba asustada.

    —De acuerdo, lárgate —le ordenó el policía finalmente—. Pero no voy a perderte de vista ni un segundo. Ahora regresa con los demás.

    Cassie dio media vuelta y echó a andar tan deprisa como le fue posible. No tardé en alcanzarla. Supongo que ver a un perro que surgía de improviso de la nada debió sobresaltarla, porque dio un respingo.

    —Ah, eres tú —dijo.

    —Sí, te has arriesgado demasiado. ¿Qué estabas haciendo allí?

    —Sólo quería comprobar que estabas bien.

    —Corro menos peligro que tú—, observé.

    Regresamos a donde Rachel, Marco y Tobías nos estaban esperando. No tenía ganas de recuperar mi aspecto humano. Sabía que, si me dejaba llevar, en unos cuantos minutos la parte de canina de mi cerebro habría olvidado la razón de que la parte humana estuviese tan triste. Bastaría con que alguien me lanzase un palo al agua para que echase a correr tras él. Las olas y la carrera borrarían mi pena.

    En aquel momento comprendí por qué Tobías se mostraba tan reacio a abandonar la forma de ratonero. Habitar el cuerpo de un animal es una buena manera de escapar de los problemas.

    Empecé a recuperar de nuevo mi aspecto humano. Cassie y Rachel giraron de cara al mar.

    Cuando volví a ser yo mismo otra vez, anuncié:

    —Marco, tenías razón: Tom es un controlador. Les conté que Tom le había confiado a Chapman que me había traído a la reunión para usarme o destruirme.
    —Espera un momento, Jake. ¿Estás diciendo que Chapman también es uno de ellos? —preguntó Rachel—. ¿Nuestro Chapman? ¿El señor Chapman, el subdirector?
    —Es más que eso, es una especie de líder —puntualicé—. El de la otra noche en el terreno abandonado era él. El que le dijo al hork-bajir que guardara la cabeza.
    —Es muy propio de Chapman —comentó Marco.
    —Sugiero que nos vayamos con la música a otra parte —propuso Tobías.
    —No, tranquilos, de momento todo va bien —respondí yo—. Chapman le dijo a Tom que durante la reunión del club no debía producirse ninguna muerte. No quieren que sus actividades levanten sospechas. También les recordó que no podían ir matando cualquier chico que pudiera haber estado la otra noche en el terreno abandonado. Antes tendrían que asegurarse bien.
    —Muy considerado de su parte —repuso Rachel con sequedad.
    —No te creas, porque Chapman añadió que durante un tiempo tendrían que intentar no atraer mucho la atención, porque si un grupo de chicos comenzaban a aparecer muertos uno tras otro, la gente acabaría por darse cuenta de que algo raro estaba pasando. También dijo que lo único que había que hacer era esperar, que ningún chico puede aguantar mucho rato sin contarle a todo el mundo que ha visto unos extraterrestres. Y que, cuando lo hicieran los encontrarían y se desharían de ellos.
    —Sólo que nosotros no vamos a habar de lo que vimos —sentenció Rachel.
    —No has entendido a la primera —asintió Marco—. No vamos a decir nada. Vamos a olvidar lo que vivimos y a retomar el curso normal de nuestras vidas.
    —Y abandonar a Tom a su suerte? —inquirí yo—. De ninguna manera. Jamás. Es mi hermano y voy a salvarlo.
    —Y cómo se supone que vas a hacerlo? —preguntó Marco con sarcasmo—. Veamos, eres tú contra Chapman, la policía, un ejército de taxxonitas y hork-bajir y, lo peor de todo, contra ese asqueroso de Visser Tres. Y todo lo que puedes hacer contra ellos es convertirte en perro y morderles los tobillos. Sería como quedarse atrapado en el videojuego más difícil que se haya inventado jamás.

    Yo sonreí o, al menos, mostré los dientes.

    —Sí, así es. Pero soy bastante bueno con los videojuegos.
    —Y no estará sólo —replicó Rachel—. Yo estoy con él.
    —Y yo —dijo Tobías.
    —Yo también —asintió Cassie.
    —Magnífico —comentó Marco—. Ahora resulta que de pronto se han convertido en unos superhéroes. Esto no es un libro de historietas, a ver si se dan cuenta. Está pasando de verdad.

    Oímos a un grupo de gente que avanzaba entre las dunas. La reunión de los miembros del club se había disuelto.

    —Silencio todos —ordené—. Dejaremos que las cosas sigan su curso… por ahora.

    Dije aquello para tranquilizar a Marco, aunque no tenía la menor intención de cumplirlo.

    Me llevé a Cassie a un lado.

    —Escucha, Cassie, necesito transformarme en un animal para poder ver a Chapman sin que él me vea a mí. ¿Qué tienen en la granja ahora mismo?

    Cassie se quedó pensativa durante un momento.

    —Espera, déjame pensar. Hay muchos pájaros heridos, como siempre. También está el lobo de la pata rota y el lince tuerto.

    Esperé mientras pasaba lista a todos los animales que había en la Clínica de Rehabilitación de Fauna Salvaje.

    De repente, Cassie chasqueó los dedos.

    —Se me está ocurriendo… ¿cuál sería el animal más pequeño en el que podrías convertirte?

    Me encogí de hombros. No tenía ni idea.

    —Quizás haya encontrado la solución —me explicó—. En realidad no se trata de un paciente de la clínica, aunque puede decirse que vive allí. Es pequeño y puede trepar por las paredes. Si lo que necesitas es escapar, es rápido. Y creo que ve y oye bastante bien.

    Así es como acabé aquella noche en el granero de Cassie: arrastrándome debajo de cajas llenas de ratoneros enfermos y gateando entre las patas de una pareja de ciervos nerviosos en busca de lagartos.


    Capítulo 16


    Sucedió el lunes por la mañana, en los armarios de la escuela. Me transformé en un lagarto.

    En un anolis verde, para ser más exactos. Es un miembro de la familia de los iguánidos. Como sieso importara muchos.

    Esperé hasta que sonara la campana de la primera clase, que era la de inglés. Cuando ya no quedaba nadie en el vestíbulo, me metí en mi armario. Intente actuar con toda naturalidad, por si alguien me veía.

    El armario tiene cinco centímetros de altura menos que yo, lo que me obligó a permanecer agachado. Y era tan estrecho que no podía ni moverme. La única luz que llegaba al interior era la que se filtraba a través de tres pequeñas ranuras de ventilación. Oía el latir con fuerza de mi corazón en aquel espacio tan reducido y oscuro. Estaba asustado.

    Una cosa era transformarme en un perro. Porque aunque es algo extraño e increíble, también es estupendo. Los perros son geniales, pero, ¿en lagarto?

    —Tendría que haber practicado antes —susurré—. Tendría que haberlo hecho, como me dijo Cassie.

    Comencé a concentrarme en el proceso de metamorfosis. Recordaba como habíamos capturado al lagarto hacía dos noches. Lo habíamos encontrado con una linterna y Cassie le había puesto una lata encima para que no pudiera escaparse.

    Era un ejemplar pequeño. Aún así, tener que ponerle la mano encima para adquirir su ADN me producía escalofríos. Y ahora estaba a punto de convertirme en él.

    Lo primero que me sorprendió fue que, de pronto, había más espacio dentro del armario y que ya no necesitaba encoger los hombros ni permanecer agachado.

    Me pasé la mano por la cara y noté que tenía la piel más floja que antes, y granulosa al tacto.

    Me toqué la cabeza con la mano. La mayor parte del cabello había desaparecido.

    Todo ocurrió muy deprisa. El armario creció y creció a mi alrededor. Primero tenía el tamaño de un granero, después, ¡era tan enorme como un estadio!

    Tuve la sensación de caer de un edificio muy alto y tardar una eternidad en tocar el suelo.

    Todo ocurrió muy deprisa. El armario creció y creció a mi alrededor. Primero tenía el tamaño de un granero, después, ¡era tan enorme como un estadio!

    Tuve la sensación de caer de un edificio muy alto y tardar una eternidad en tocar el suelo.

    Estaba encima de algo pegajoso y grande, parecido a una piedra. ¿Cómo había ido a parar a mi armario aquel pedrusco? Entonces me di cuenta de que se trataba de un pedazo de chicle. Un trozo de chicle masticado que alguien había pegado en el suelo.

    Unas cortinas gigantes del tamaño de las velas de un barco colgaban a mi alrededor. Era mi ropa. En la penumbra distinguí a los lados unos objetos monstruosos y deformes. Sólo conseguí reconocer el nombre de la marca, Nike, y comprendí que se trataba de mis zapatos de deporte. Eran grandes como casas.

    Entonces el cerebro del lagarto se puso en funcionamiento.

    «¡Miedo! ¡Atrapado! ¡Correr! ¡Correr! ¡Correeeer!»

    Salí disparado hacia la izquierda. ¡Una pared! Trepé por ella, notando cómo los pies se adherían a la superficie. «¡Atrapado!» Me eché atrás de un salto. Caí en otra superficie dura. «¡Atrapado! ¡Correeeer!»

    Intenté controlarme, pero la mente del lagarto era presa del pánico. No sabía dónde estaba y quería salir. ¡SALIR!

    ¡Dirígete hacia la luz!, le ordené a mi nuevo cuerpo. Hacia la rejilla de ventilación. Ése era el camino de salida.

    Por desgracia, aquel cuerpo le tenía miedo a la luz. Estaba aterrorizado.

    Todavía seguía rebotando contra las paredes. No podía vencer el miedo instintivo del lagarto.

    «¡Ve hacia la luz!», grité en el interior de mi mente. Y, de pronto, allí estaba. Asomé la cabeza y el cuerpo se deslizó tras ella. Saqué la lengua y aquel movimiento me proporcionó una información muy extraña. Era parecido al sentido del olfato, pero no exactamente igual. Continué sacando y metiendo la lengua. La vi surgir de la boca a toda velocidad y luego lamer el aire, rodeado por aquella luz tan brillante, me di cuenta de lo mal que funcionaban los ojos del lagarto. No conseguía entender nada de lo que veía. Las imágenes me llegaban distorsionadas y fragmentadas. Lo de abajo estaba arriba y lo de arriba, abajo. Incluso los colores eran distintos.

    Intenté pensar: «Vamos, Jake. Ahora tienes un ojo a cada lado de la cabeza. No enfocan los objetos a la vez, sino que ven cosas diferentes. Es cuestión de acostumbrarse.»

    Una vez hube llegado a esa conclusión, hice un esfuerzo por entender las imágenes, pero se guían siendo un rompecabezas. Me daba la impresión de que tardaría toda la vida en distinguir qué era cada cosa. Mientras uno de los ojos enfocaba el lado izquierdo del pasillo, el otro observaba lo que ocurría en la zona derecha del mismo. Yo estaba cabeza abajo, adherido a uno de los lados del armario, que era como un extenso territorio de color gris sin límite visible.

    Y durante todo aquel tiempo, el cerebro del anolis verde luchaba contra mí. Cuando ya había logrado salir de la oscuridad, me moría de ganas por volver a ella.

    Me recordé a mí mismo que debía buscar la oficina de Chapman. Pero ¿dónde estaba?

    A la izquierda. Por allí.

    De pronto eché a correr pared abajo como una bala. ¡Zum! Ya estaba en el suelo. ¡Zum! Ya le había dado la vuelta a un trozo de papel dos veces más grande que yo. El suelo pasó de largo, Era como ir atado a un misil fuera de control.

    Fue entonces cuando la parte de mi cerebro controlada por el lagarto detectó la presencia de la araña. Era una sensación rara, no estaba seguro de haberla visto, oído, olido o probado con aquella lengua móvil o, si, simplemente, sabía que estaba allí, antes de que mi cerebro humano pudiese siquiera reaccionar, ya había salido tras ella a una velocidad de un millón de kilómetros por hora.

    Casi no se me veían las patas de lo rápido que iba.

    Probablemente no se trataba de una araña demasiado grande. Al menos, desde el punto de vista de una persona alta, pero para mis ojos de lagarto, era del tamaño de un niño pequeño. Era enorme. Observé sus ojos compuestos y cada una de las articulaciones de sus ocho patas. También pude ver aquellas horribles mandíbulas que encajaban entre sí como una trampa mortal.

    La araña se largó a toda prisa y yo la seguí. Yo era más veloz.

    «¡Nooooooooooo!», grité mentalmente, pero ya era demasiado tarde. Con un movimiento brusco, parecido al ataque de una serpiente, eché la cabeza hacia delante, abrí las fauces y, antes de que me diera cuenta, ya la tenía en la boca.

    Noté cómo luchaba y cómo se retorcían sus patas intentando salir de mi boca.

    Intenté escupirla, pero no pude. El lagarto tenía demasiadas ganas de comérsela.

    Me la tragué. Fue como tragarse una lata entera de jamón de york. Sólo que el jamón de york no se revolvía a medida que descendía.

    «¡No, no, no!», gritó mi cerebro, lleno de horror y de asco. Pero, al mismo tiempo, el lagarto estaba satisfecho y tuve la impresión de que se tranquilizaba un poco.

    «¡Ésta es la gota que colma el vaso! —me dije a mí mismo—. ¡Tengo que abandonar inmediatamente este cuerpo!»

    Quería salir de aquel ser espantoso. Me tenía sin cuidado que alguien me viera. Iba a recobrar mi aspecto humano. Marco tenía razón. Mezclarse en aquel asunto era una locura. ¡Una autentica locura!

    Oí cómo temblaba el suelo. Era un estruendo parecido al que haría un gigante que atravesaba la tierra a grandes zancadas.

    Y, en efecto, se trataba de un gigante.

    Una gran sombra oscureció el cielo. Tuve la impresión de que iba a morir aplastado por un edificio entero.

    ¡Entonces el zapato se precipitó sobre mí!

    Salí disparado hacia la izquierda.

    Apareció el otro zapato.

    ¡Mi cola! ¡El zapato me había pisado la cola! ¡Estaba atrapado!


    Capítulo 17


    Presa del pánico, intenté huir, pero tenía la cola inmovilizada.

    ¡De repente, estaba libre! ¿Cómo era posible que…?

    Entonces comprendí lo que había pasado. Se me había partido la cola. Al mirar hacia atrás la vi allí. Aún continuaba atrapada bajo el zapato del gigante. Se agitaba, todavía con vida, y no dejaba de retorcerse como un gusano clavado en un anzuelo.

    El zapato se levantó y volvió a alzar el vuelo.

    Yo trepé por la pared a toda prisa y me quedé allí, paralizado.

    El gigante no me había visto. Su intención no era aplastarme. Había sido un accidente. Y ahora mi cola… no, la cola del lagarto…

    El gigante siguió su camino, haciendo temblar el suelo a su paso.

    Enfoqué la figura con uno de mis ojos de lagarto. Era como ver algo reflejado en un espejo de parque de diversiones, Pero, a pesar de todo, estaba bastante seguro de que se trataba de Chapman.

    Lo vi alejarse por el pasillo. Y, con todo el poder del que mi mente era capaz, le ordené al cuerpo de lagarto que lo siguiera.

    Procuré no pensar en la araña que llevaba en el estómago, y menos todavía en el hecho de que no estuviera completamente muerta. Intenté olvidar la parte de mi cuerpo que había dejado retorciéndose a mis espaldas. Eché a correr detrás de Chapman.

    Porque era posible que Chapman revelara algún secreto que nos sirviera para ayudar a Tom.

    Mi plan consistía en entrar en la oficina de Chapman, esconderme bajo la mesa y escuchar sus conversaciones telefónicas. Supuse que tarde o temprano soltaría algo acerca del emplazamiento del estanque yeerk.

    Ya lo habíamos discutido con Cassie. Ella pensaba que sería necesario hacer guardia varios días en la oficina de Chapman para poder enterarnos de algo. Además, no podíamos adoptar una determinada forma durante más de dos horas. Y, por si fuera poco, me estaba saltando una serie de clases, lo cual no tardaría en causar más problemas.

    Y lo más gracioso era que, si te pescaban faltando a clases, te enviaban a ver al subdirector.

    El señor Chapman.

    Me imaginaba la escena… Perdone que me haya escapado de la clase, señor Chapman, pero es que estaba metido dentro de este cuerpo de lagarto para poder observarlo bien porque sé que es usted un controlador y que forma parte de una conspiración extraterrestre a gran escala cuyo objetivo es apoderarse de la Tierra.

    Sentí deseos de reír. Lo malo es que los lagartos no pueden reír, así que me limité a seguir a Chapman por el pasillo.

    De pronto se detuvo, ¿Ya habíamos llegado a su oficina?

    Miré a mi alrededor lo mejor que pude. Aquello no se parecía a una oficina. La araña, mientras tanto, continuaba dándome patadas en el estómago.

    Chapman abrió la puerta. Me aplasté contra el suelo y la puerta me pasó por encima con una fuerte ráfaga de aire. Me concentré en descifrar lo que veía. ¡Un momento! Aquél era el gabinete del conserje: un revoltijo de fregonas, cubos y productos de limpieza. ¿Qué era lo que estaba haciendo Chapman…?

    Se metió adentro y fui detrás de él, procurando mantenerme alejado de aquellas altas paredes de cuero que eran sus zapatos.

    Oí un fuerte clic y comprendí que acababa de cerrar la puerta tras de sí.

    A pesar de que el fregadero quedaba bastante lejos del suelo, conseguí ver cómo manipulaba el grifo. Me pareció que agarraba uno de los ganchos que se usan para colgar las toallas sucias. Por el sonido chirriante que hizo, supuse que lo estaba haciendo girar.

    Y ante mi total y absoluta sorpresa, la pared se abrió.

    En su lugar apareció una puerta. Olores y sonidos extraños llegaron hasta mí a través de ella.

    Chapman cruzó al otro lado. Un tramo de escaleras conducía a un foso del que brotaba una luz púrpura, allá a lo lejos, como procedente de un lugar situado a un centenar de kilómetros bajo tierra, se oyó un ruido apenas perceptible.

    Era un grito. Un alarido de miedo y desesperación. Una voz humana gritaba en la oscuridad de aquel horrible lugar.

    —Nooooo! —gritó la voz—. ¡ Nooooo! Yo sabía lo que aquel grito significaba. Sabía lo que estaba ocurriendo. En algún lugar, allí abajo, un ser humano notaba cómo un gusano se introducía en su cerebro. En algún lugar, un ser humano se estaba transformando en un esclavo que obedecería ciegamente a los yeerks. Chapman bajó las escaleras. La puerta se cerró a sus espaldas. Había encontrado el estanque yeerk. ¡Estaba justo debajo de la escuela!


    Capítulo 18


    —Gritos —dije—. Gritos humanos. Venían de lejos, pero eso es lo que eran.

    Mis amigos me miraron. Todos menos Marco, que apartó la vista. Nos reunimos aquella misma tarde después de clase. Habíamos ido al centro comercial. Creímos que era la mejor manera de no levantar sospechas. A nadie le parecería extraño que unos chicos fueran a dar una vuelta a un centro comercial.

    Estábamos en un restaurante, sentados a una mesa compartiendo algunos nachos.

    Desde que me había comido la araña, tenía un deseo irrefrenable de engullir toneladas de comida basura para que me ayudase a olvidar.

    —En aquellos momentos eras un lagarto —señaló Marco—. Vaya a saber lo que oíste en realidad.
    —Lo sé perfectamente —respondí.
    —No soporto pensar en lo que le estarán haciendo a la gente ahí abajo —dijo Cassie con un estremecimiento—. Es horroroso.
    —Tenemos que hacer algo —afirmó Rachel.
    —Sí, vamos, lo mejor es bajar ahora mismo —replicó Marco—, Y los próximos en gritar seremos nosotros.

    De repente se me quitó el hambre.

    —Marco, no puedes ignorar lo que está ocurriendo —le reprochó Rachel.
    —Claro que puedo —contestó él—. Todo lo que tengo que hacer es recordar algo. ¿Saben qué? Pues que quiero seguir vivo.
    —Muy bien, ¿y con eso está todo dicho? —preguntó Rachel indignada.—¿El límite lo marca tu propia conveniencia?
    —No creo que Marco se esté comportando de un modo egoísta —lo defendió Cassie—. Todo lo contrario. Piensa en su padre, en lo que le sucedería si él…
    —Marco no es el único que tiene familia por la cual preocuparse —replicó Rachel—, Yo también tengo una familia. Todos la tenemos.
    —No no —la contradijo Tobías con dulzura. Sonrió como hacía siempre: de un modo triste y torciendo un poco la boca—. No le importo un comino a nadie.
    —A mí sí me importas —repuso RacheL Me sorprendió que ella dijera algo así. Rachel no es precisamente una persona sentimental.
    —Escuchen —intervine—. No les pido que vengan conmigo. Pero a mí no me queda otra opción. Hoy he oído ese grito y da la casualidad de que es hoy cuando Tom tiene que bajar allí. Se trata de mi hermano. Tengo que intentar salvarlo —extendí las manos en un gesto de impotencia—, Debo hacerlo. Por Tom.
    —Iré contigo —dijo Tobías—, por el andalita.
    —Nadie más puede hacer algo para detener a los yeerks —observó Rachel—. Si he de ser sincera, yo también tengo miedo de morir, pero estoy con ustedes.

    Marco tenía mala cara. Me dirigió una mirada asesina mientras movía la cabeza de un lado a otro.

    —Esto es serio —comentó—. Estoy es muy serio. Si no fuera por Tom, me largaría ahora mismo.
    —Mira, Marco, no estás obligado a… —empecé a decir.
    —Oh, cállate ya! —me interrumpió él con brusquedad—. Eres mi mejor amigo. ¿De verdad crees que voy a permitir que te enfrentes tú solo a todo? Yo también voy. Voy para salvar a Tom. Ya está. Y luego, se acabó.

    Cassie era la única que permanecía en silencio. Miraba abstraída hacia algún punto situado en la lejanía, por encima de las cabezas de la muchedumbre que abarrotaba el centro comercial.

    —Saben, en otros tiempos, quiero decir hace mucho, mucho tiempo, los africanos, los primeros europeos y los indios americanos… todos ellos creían que los animales tenían espíritu. Invocaban a esos espíritus para que los protegieran del mal. Invocaban al espíritu del zorro por su astucia, al del águila, por la agudeza de su vista, y al del león, por su fuerza. Supongo que lo que nosotros estamos haciendo ahora es algo propio de nuestra naturaleza, a pesar de que ha sido la tecnología andalita la que lo ha hecho posible. No somos más que unos pequeños seres humanos asustados que toman prestadas la mente del zorro, los ojos del águila… o del ratonero —añadió sonriéndole a Tobías—. Y la fuerza del león. Como ocurría hace miles de años: estamos invocando a los animales para que nos protejan del mal.
    —¿Será suficiente?
    —No lo sé —admitió Cassie solemnemente—. Es como si todas las fuerzas ancestrales del planeta Tierra hubieran sido convocadas a la batalla.

    Marco puso los ojos en blanco.

    —Muy conmovedor, Cassie. Pero la verdad es que no somos más que cinco chicos normales y corrientes. Nuestros enemigos son los yeerks. Si se tratara de un partido de fútbol, ¿por quién apostarías? Somos carne de cañón.
    —No estés tan seguro —respondió Cassie—. Estamos luchando por la Madre Tierra y ella tiene algunos ases guardados en la manga.
    —Dios del cielo! —exclamó Marco—. ¿Por qué no nos dejamos crecer el pelo y vamos a plantar tomates?

    Todos nos echamos a reír, incluida Cassie.

    —Cassie tiene razón en una cosa —dijo Rachel recuperando la seriedad—. Lo único que tenemos a nuestro favor es la capacidad de convertirnos en animales. Y, hasta ahora, las únicas metamorfosis que hemos conseguido son las de un gato, un ave, un perro, un caballo y un lagarto. Creo que necesitamos más armamento. Deberíamos ir al Parque para adquirir el ADN de ciertos animales que de otra manera no podríamos conseguir.

    Hice un gesto afirmativo con la cabeza.

    —No creo que el equipo formado por el ratonero, el caballo y el lagarto impresione demasiado a los yeerks. Rachel tiene razón. Vayamos al Parque. Necesitamos a los retoños más duros de Mamá Tierra. —Miré a Cassie—. ¿Puedes conseguir que entremos?
    —Yo entro gratis —contestó ella—. Ustedes tendrán que pagar, pero como mi madre trabaja allí, les pediré que les hagan un descuento. Por lo menos les saldrá más barato.
    —Eh, estoy seguro que podemos persuadirlos de que nos dejen entrar sin pagar —afirmó Marco—. Sólo tenemos que decirles que somos animorphs.
    —¿Que tenemos que decirles qué? —le preguntó Rachel.
    —Adolescentes suicidas —respondió Marco.
    —Animorphs —repetí en voz alta. Sonaba bien.


    Capítulo 19


    Salimos del centro comercial y subimos a un autobús que iba a Los jardines, justo al otro lado de la ciudad. Durante el trayecto me puse a hacer los deberes atrasados. Aquel día me había perdido un montón de clases y tuve que pedirles los apuntes a mis amigos. Los de Rachel eran perfectos. Tobías tomaba unos apuntes horribles, con los márgenes llenos de garabatos. Me costó un poco adivinar qué representaban: eran edificios, personas y coches vistos desde el aire.

    —Yo no necesito entrar —dijo Tobías, mientras hacíamos un fondo común para comprar las entradas con el escaso dinero de que disponíamos—. Ya tengo bastante con poder ser ratonero. No quiero ser nada más.
    —Te equivocas —objetó Rachel—. Nuestra única arma es el poder de transformarnos. Cuantas más metamorfosis seamos capaces de realizar, mejor.
    —¿Qué animales podrían hacer frente a Visser Tres cuando se convierta en aquel monstruo que devoró al andalita? —pregunté yo. No había nada ni en aquel zoo ni en ningún otro que pudiera darle una paliza a aquel monstruo gigantesco.

    Marco guiñó uno ojo.

    —¿Pulgas? Nadie puede matar a las pulgas. Nos lo cargaremos a picotazos.

    No me quedó más remedio que sonreír.

    —¿Te has convertido de pronto en Míster Esperanza? —dije.
    —No. Lo que pasa es que estoy tan asustado que no sé ni lo que me digo —se justificó—. Yo nunca me he transformado. Todavía no soy un animorph hecho y derecho. Sigo siendo normal.
    —Yo me veo normal —se defendió Cassie. Parecía preocupada.
    —Cassie, tú puedes transformarte en un caballo —replicó Marco—. Hay muy pocas chicas que hagan eso. Lo de Jake y el lagarto es diferente: él siempre ha sido un reptil.

    Le di a Marco un puñetazo de broma, pero él lo esquivó. Era estupendo tenerlo de nuestro lado, aunque no hiciera más que incordiar.

    Tardamos una media hora en llegar a la puerta principal de Los Jardines. Cuando bajé del autobús estaba nervioso. Era una sensación muy diferente a la que hasta entonces había experimentado al ir allí. Quiero decir que, en circunstancias normales, Los Jardines es mi lugar favorito. Pero, claro está, no suelo ir allí para intimar con animales peligrosos.

    Lo mejor de Los jardines son las atracciones. Tienen los aparatos más populares: montañas rusas, mis preferidas, norias, toboganes acuáticos…

    Aunque también hay una zona dedicada a los animales que es parecida a un zoo, sólo que mucho mejor. Hacen exhibiciones de delfines, luego hay una sección en la que puedes acercarte a algunos de los animales más inofensivos y está además, el área destinada a los monos, que es prácticamente una ciudad en miniatura. Si yo fuera animal y tuviera que estar en un zoo, me gustaría que me enviasen allí.

    Cassie nos condujo al edificio principal, donde se exhiben todo tipo de animales, excepto los de mayor tamaño, que son los que necesitan más espacio. La mayoría de ellos habitan lejos de allí, en extensiones de terreno cubiertas de hierba imitando a los parques, aunque con muros y fosos, y rodeados de vallas.

    Se supone que el edificio más importante recuerda a una selva tropical… eso dicen. Ahí tienen a los animales que necesitan siempre una temperatura ambiente elevada. Hay un sendero que serpentea entre árboles tropicales de gran altura y arbustos diseminados y que lleva a las diferentes secciones.

    Algunas de estas secciones son minúsculas, mientras que otra son realmente grandes, como la destinada a las nutrias, que incluso tiene una cascada y un tobogán acuático para que jueguen.

    Estábamos cerca del hábitat de las nutrias, cuando Cassie se detuvo.

    —Vale, ahora permaneced todos juntos y procurar no hacer nada que llame la atención —nos recomendó—. Voy a intentar que entréis.
    —¿Qué entremos dónde? —inquirió Marco.
    —Bueno, veréis, hay una especie de entradas por detrás de las secciones. Así alimentan a los animales y les dan medicinas o lo que haga falta. —Señaló una puerta apenas visible—. Bueno, el caso es que podemos intentar entrar por ahí.

    Fue un cambio brusco. Un minuto antes estábamos en aquella imitación de selva tropical y al minuto siguiente nos encontrábamos en un sitio que recordaba más a uno de los pasillos de la escuela, sólo que bastante más maloliente. Flotaba en él un tufo , mezcla de moho y humedad, no muy distinto al que se produce en un vestuario de chicos.

    —Bueno, escuchad: si alguno de los empleados os pregunta, le decís que hemos venido a ver a mamá —dijo Cassie—. Claro que es tan tarde que ya no estará. O, al menos, eso espero, porque si se entera de que he estado dando vueltas por aquí atrás con cuatro de mis amigos… Bueno, si me dejan castigada, ya no podré salvar al mundo de los invasores extraterrestres. Con un poco de suerte, casi todos lo empleados se habrán ido ya a casa.

    Echamos a andar muy despacio pasillo adelante, sintiéndonos como intrusos, que era justamente lo que éramos. A cada lado del pasillo principal se extendían unos senderos laterales que conducían a las distintas secciones. Por desgracia, sólo había números en las puertas de entrada a cada una de ellas. Dependíamos de la memoria de Cassie para orientarnos allí dentro. Detrás de algunas de aquellas puertas había animales con los que uno preferiría no toparse.

    —Bueno, muchachos, ¿qué me decís de unos cuantos gorilas? —propuso Cassie.—. Se había detenido ante una de las puertas numeradas—. Ésta es la jaula de Big Jim. Acaban de traerlo de otro zoo, así que, de momento, éste es su coto privado. Es muy manso.

    Poco a poco caí en la cuenta de lo que Cassie estaba diciendo.

    —Eh, ¿estás preguntando si alguno de nosotros quiere adquirir su ADN?
    —Para eso hemos venido, Jake —observó Rachel. Se volvió hacia Marco y parpadeó unas cuantas veces—. ¿Qué dices tú, Marco? ¿No has deseado ser siempre un tipo grandote y peludo?

    A marco no parecía hacerle demasiada gracia la idea. Pero yo sabía cómo manejarlo.

    —Es su primera metamorfosis, quizá sea mejor que empiece por algo más sencillo —comenté—. No sé, uno de esos koala tan mimosos o algo así.

    Fue suficiente.

    —¿Un koala? —exclamó Marco, dirigiéndome una mirada asesina—. Abre la puerta, Cassie. —Titubeó un momento—. Has dicho que era manso, ¿verdad?
    —Los gorilas son muy mansos —contestó Cassie. Luego, en voz algo más baja, añadió—. A menos que alguien los haga enfadar.

    Cassie abrió su mochila, sacó una manzana y se la dio a Marco.

    —Toma. Tú sólo abre la puerta. De la forma en que está diseñada la jaula, ningún visitante podrá verte, a no ser que entres en ella. Además, hay otra puerta de seguridad, de modo que ni el gorila puede saltar fuera ni tú puedes entrar del todo. Vamos a abrir la puerta y esperemos que Big Jim tenga hambre.

    Detrás de aquella primera puerta había otra con barrotes y una sección transversal a través de la cuál los cuidadores introducían la comida. Un grupo de rocas falsa ocultaba la entrada, que no resultaba visible para la gente que miraba hacia el interior de la jaula desde fuera. En cambio Big Jim nos descubrió de inmediato. Se tiró de la roca en la que estaba subido y cayó pesadamente sobre el suelo. Luego estuvo un buen rato observándonos desde el otro lado de los barrotes.

    Big jim era decididamente grande. Tenía unos dedos pulgares casi del tamaño de mi muñeca. A Jim no parecía molestarle nuestra presencia. Lo único que le llamó la atención fue la manzana de Marco. Recorrió a éste con la vista de arriba abajo, gruñó casi con desprecio y luego tendió la mano.

    —Dale la manzana —le ordenó Cassie—. Quiere la manzana.
    —Me encantó tu trabajo en Big Jim —le dijo Marco al simio. Metió la mano entre los barrotes y le alargó la manzana. Con una sorprendente delicadeza, el gorila tomó la manzana y empezó a examinarla con todo detenimiento.
    —Agárralo de la mano —sugerí yo.
    —Sí. Ahora mismo —rió Marco.
    —Mientras estás adquiriendo su ADN, el animal entra en una especie de trance —le expliqué—. Adelante. Sujétale la mano con fuerza y concéntrate.

    Marco le tocó la muñeca al gorila con mucho cuidado.

    —Mono bonito.

    El gorila no le hizo el menor caso. A Big Jim le interesaba mucho más la manzana que cualquiera de nosotros.

    —Concéntrate —le apremió Rachel.

    Marco cerró los ojos y el simio cerró los suyos.

    —No es increíble? —comentó Tobías—. ¿Te das cuenta de que ese gorila podría hacer añicos a Marco si quisiera? ¡Fíjate en esos brazos!

    Marco abrió un ojo.

    —Tobías, el miedo entorpece el proceso de concentración. Así que, ¿por qué no cierras el pico y te olvidas de sus brazos?

    De repente, oí un zumbido. Miré a ambos lados del pasillo. Un carrito eléctrico, parecido a os que se utilizan en los campos de golf, venía hacia nosotros.

    —Comportaos con naturalidad —siseó Cassie. Marco sacó la mano de la jaula y ella cerró la puerta en las narices de Big Jim—. A no ser que sea uno de los guardas de seguridad, no creo que tengamos problemas.

    El carrito llegó a donde estábamos. Lo conducía un hombre vestido con una bata de color canela llena de manchas que le cubría los tejanos. En la parte trasera del carrito había dos cubos de plástico blanco llenos de una sustancia de color marrón que desprendía un olor nauseabundo.

    —Ah, tú eres Cassie, ¿verdad? ¿La hija de la doctora? ¿Cómo te va?
    —Bien —respondió Cassie. Levantó la mano y saludó al hombre sin inmutarse. Luego, él siguió su camino.
    —Esta vez ha sido fácil —dijo Cassie—. Ni siquiera le ha extrañado que estuviéramos aquí detrás.
    —Bueno, ¿adónde vamos ahora?

    Estábamos en una encrucijada de la que partían cuatro caminos. Todos ellos daban a otros tantos pasillos desiertos pintados de blanco. También había no de aquellos carritos de golf eléctricos aparcado allí cerca.

    —Qué es lo que nos queda más cerca? —pregunté.

    Cassie reflexionó durante unos momentos.

    —Bueno, ese sendero de ahí conduce a los hábitats exteriores. Aquél va a las oficinas y a las instalaciones destinadas al almacenaje. Y esos dos rodean el edificio principal, donde están la mayor parte de los ejemplares del zoo. Estamos cerca de déjame ver… los murciélagos y las serpientes están por allí. Y , si vamos por ahí, daremos a la jaula del jaguar y a la piscina de los delfines.

    Rachel echó a andar por el sendero de la derecha.

    —Delfines. Me encantan los delfines.
    —Espera, Rachel! —exclamó Cassie, trotando detrás de ella—. ¿Para qué vamos a convertirnos en delfines?
    —Opino que deberíamos ir a visitar las secciones exteriores —propuso Marco—. Esto es serio. Necesitamos ampliar el arsenal. Vamos.
    —Será mejor que no nos separemos —dije al ver que Marco echaba a andar pasillo abajo. Estiré el brazo lo suficiente para agarrarlo antes de que se alejara demasiado.

    Fue entonces cuando oímos gritar a alguien.

    —Eh! ¡Eh, vosotros! Sí, vosotros, ¿qué estáis haciendo aquí?

    Vi a un tipo con un uniforme marrón.

    —Es uno de los de seguridad! —chilló Cassie—. Lo que faltaba. Nos llevarán a la oficina. Llamarán a mamá. No me lo quiero ni imaginar.
    —Separaos —ordené, muy en mi papel de líder—. Como hicimos en el solar: ¡uno solo no puede atraparnos a todos!
    —Ese hombre se parece a mi abuelo —replicó Rachel—. No es como el hork-bajir que nos perseguía.
    —Chicos, quietos ahí!
    —Ay, Dios! —exclamó Cassie y, acto seguido, echó a correr por uno de los pasillos. Rachel y Tobías la siguieron.

    Marco ya llevaba recorridos unos veinte metros del pasillo que conducía a las secciones exteriores. Intenté alcanzarlo.

    El guardia llegó a la intersección. Lo vi mirar primero a Tobías y a las chicas y luego volverse hacia donde estábamos Marco y yo. Supongo que nuestro aspecto debió de parecerle más sospechoso, porque nos eligió a nosotros.

    —Deteneos! ¡Chicos, os lo advierto, deteneos!
    —Vamos a subirnos al carrito! —sugirió Marco.
    —Quieres que robemos el carrito?
    —Si no lo usamos nosotros, lo usará el guardia.
    —Bien pensado.

    Saltamos al carrito. Marco se deslizó detrás del volante. Giró la llave de contacto y me miró.

    —Esto es como conducir autos de choque, ¿eh?
    —Sí, pero en este caso haz todo lo posible por no chocar.

    Pisó el acelerador. El motor eléctrico emitió un zumbido y salimos disparados. Directamente hacia la pared.

    ¡Bam!

    —Eh, por qué no pruebas a conducirlo! —grité yo.

    Dimos marcha atrás y volvimos a ponernos en camino. Ganamos velocidad suficiente para distanciarnos del guardia pero, al girarme, comprobé que aún seguía intentando darnos alcance.

    —Me va a dar un infarto —comenté.
    —Y ahora hacia dónde?
    —Qué?
    —Que hacia dónde!

    Miré de nuevo hacia delante. Estábamos a punto de llegar a una bifurcación.

    —A la derecha! —chillé.

    Naturalmente, Marco giró a la izquierda y a punto estuve de caerme.

    Un segundo después, alcanzamos otra esquina. Esta vez, Marco prefirió girar a la derecha, y caí del carro.

    Me golpeé contra el suelo de linóleo y rodé por él. Luego me puse en pie de un salto y eché a correr para alcanzar el carrito.

    —Pero ¿qué haces? —preguntó Marco al verme—. Ya está bien de jugar, ¿no?

    Le dirigí una mirada asesina y subí otra vez al vehículo.

    —Parece que hemos despistado al guarda —dijo Marco.
    —Me encuentro bien, gracias por preguntar —repliqué yo—. Sólo unos cuantos moratones. Alguna que otra fractura de cráneo. Nada del otro mundo.
    —Y esto qué es?
    —Por lo pronto, el túnel más largo que he visto en mi vida —respondí. Y así era, porque cada vez se parecía más a un túnel. El suelo continuaba siendo de linóleo y las paredes estaban montadas con cal, pero la distancia entre los focos había ido aumentando progresivamente, lo cual ayudaba a crear la sensación de estar bajo tierra.
    —Me pregunto si los demás habrán escapado —dijo Marco—. ¿Entiendes ahora por qué es una locura pensar que estamos en condiciones de vencer a los yeerks? Venga ya. Si hemos sudado para quitarnos de encima a los tipos del zoológico.
    —Eso es lo que tú te crees —contesté con gravedad—. ¡Mira!

    Unos metros por delante de nosotros había dos individuos con uniformes marrones.

    —Quizá no sepan quiénes somos —aventuró Marco—. A lo mejor nos confunden con alguien de la plantilla.
    —No si tienen tiempo de mirarnos bien —señalé yo—. Allí hay un desvío. Tómalo.

    Dimos la vuelta y, al tiempo que lo hacíamos, los guardias empezaron a proferir gritos. El pasillo lateral fue estrechándose, hasta que llegó un momento en el que el carrito ya no pudo pasar.

    —Déjalo!

    Salté del vehículo seguido de Marco. Hasta nosotros llegaba el sonido de las pisadas de los guardas a medida que se acercaban a toda carrera por el túnel principal. Aquellos tipos estaban en mejor forma que el anciano de antes. Al menos corrían.

    El pasillo se cortó de forma repentina. Había dos puertas: uno quedaba arriba a la izquierda y la otra estaba situada un poco más lejos, en el lado derecho. Sobre ellas aparecían los rótulos P-201 y P-203 respectivamente. Ninguna otra indicación.

    —Elige una puerta —dijo Marco.

    Respiré profundamente.

    —Puerta número uno.

    Abrí la P-201.

    Una ráfaga de aire fresco me dio en la cara y la luz del sol me cegó. Parpadeé mientras los ojos se me iban acostumbrando a la claridad.

    El animal también parpadeó. ¡Era un rinoceronte!

    —Aaaaaaah! —grité.
    —Aaaaaaah! —gritó Marco.

    Dimos un salto hacia atrás y cerramos la puerta de golpe.

    —Puerta equivocada! —comenté yo.
    —Equivocada del todo! —asintió Marco.
    —Eh, muchachos! ¡No os mováis!

    Los guardas se encontraban al fondo del pasillo.

    —¡Voy a probar con la puerta número dos! —anuncié yo.
    —¡Venga!

    Abrimos la puerta y nos colamos por ella a toda prisa.

    Estábamos rodeados de árboles; de árboles y de hierba. Estábamos a la sombra. El sol se filtraba entre las hojas. Justo delante de nosotros, los arbustos daban paso a una pequeña pradera.

    —Dónde estamos? —preguntó Marco.
    —Y yo qué sé.

    Nos abrimos camino entre la vegetación, sin dejar de escudriñar a nuestro alrededor. No vimos a ningún animal, sólo algunos pájaros en las ramas de los árboles.

    —Mira, hay más gente! —exclamó Marco y, acto seguido, se dejó caer detrás de un árbol mientras señalaba con el dedo.

    Había un montón de gente alineada al otro lado de una verja. O ellos estaban muy arriba o nosotros estábamos muy abajo. Aparté los arbustos para divisar mejor. La gente se apoyaba contra una reja situada en lo alto de un muro de cemento. No podían vernos debido a los arbustos, pero no cabía duda de que estaban mirando algo.

    —Seguro que estamos en uno de los recintos exteriores —reflexioné—. Esa gente está mirando…algo que debe de estar aquí, con nosotros. Sólo espero que no se trate del rinoceronte de antes. Era un poco grande para mi gusto.
    —Cómo vamos a salir de aquí?
    —No lo sé. Lo mejor será que nos apartemos de la puerta. Los guardas pueden aparecer de un momento a otro. —Pero en el fondo pensaba: «¿Cómo es que los guardas todavía no han venido a por nosotros?»

    Marco y yo nos arrastramos entre los arbustos y rodeamos los árboles. Llegamos a un rincón que había más arriba, oculto a las miradas de la gente.

    —Este muro es altísimo —observó Marco—. Como mínimo tiene diez metros de alto o más. No me gusta. Tiene que haber una razón para que sea tan alto. Aquí dentro hay algo que no quieren que se escape.

    Examiné el muro con la vista. A unos cuarenta metros de allí, había una escalera de acero incrustada en el cemento.

    —Me temo que ésa es la única salida que hay.
    —Dime una cosa —me pidió Marco—. ¿Por qué no han venido a buscarnos los guardas? Si éste fuese el foso del ciervo y el antílope, no habrían dudado en entrar, ¿verdad?
    —Tenemos que concentrarnos, no dejarnos llevar por el pánico —respondí yo—. Intento no pensar en por qué los guardas no han entrado. —Regresé a la sombra de los arbustos—. Además, ¿quién sabe? A lo mejor ni siquiera hay nada aquí adentro.

    Me acuclillé.

    Rocé algo caliente con el trasero.

    Me recorrió un estremecimiento. Levanté la vista y vi a Marco. La tez de Marco es morena y bronceada pero en aquel momento estaba completamente pálido y tenía los ojos desencajados.

    —Marco —le llamé despacio y en voz muy baja—. ¿Hay algo detrás de mí?

    Él hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

    —Qué es, Marco?
    —Ejem…¿Jake? Es un tigre.


    Capítulo 20


    Un tigre siberiano macho, para ser más exactos: unos tres metros de largo y trescientos kilos de velocidad letal y potencia increíble.

    ¿No habéis visto nunca una de esas viejas películas de Trazan que a veces ponen en la tele en las que Trazan lucha con un tigre al que acaba venciendo? Dejad que os cuente algo: ¿sabéis qué posibilidades tenéis de luchar con un tigre y salir vivos? Pues más o menos las mismas que de sobrevivir a la caída después de haberos tirado del Empire State.

    —Tengo una idea —apuntó Marco temblando—. Larguémonos de aquí.
    —No corras —le recomendé—. Llamarías su atención.
    —Creo que ya nos ha visto —respondió Marco—. Sabe dónde estamos, Jake. ¡Está mirando directamente hacia aquí! ¡Fíjate en su dientes!
    —No te asustes! Tengo una idea. La metamorfosis: si consigo adquirir su ADN, entrará en trance.
    —Adquirir? ¿Adquirir qué? Tú no estás en condiciones de adquirir nada. El único que va a adquirir algo aquí es él. ¡Va a adquirir tu trasero para la cena! Y cuando haya acabado, escupirá tus huesos.

    Tragué saliva varias veces. Intenté tocar al tigre pero aún me temblaba la mano. Inspiré profundamente un par de veces. Había oído en algún sitio que, en teoría, aquello ayudaba a calmar los nervios. Supongo que funciona, excepto si uno está prácticamente sentado encima de un tigre. En ese caso no hay nada en el mundo que pueda tranquilizarte.

    —Tigre bonito —susurré.

    Él se limitó a mirarme. Tenía una de aquellas miradas distraídas que parecía decir: «¿De qué vas?». Una mirada de total y absoluta confianza, como si le hiciera gracia verme temblar y estremecerme.

    —Por favor, no me mates —le pedí.
    —Ni a mí tampoco —añadió Marco.

    Alargué la mano temblorosa hacia el tigre, que siguió el movimiento con los ojos. La puse encima de uno de sus costados, que subía y bajaba acompasadamente.

    —Concéntrate —murmuró Marco.

    Estaba haciendo todo lo posible por concentrarme en el tigre. Me concentraba en sus dientes, en sus músculos, tensados bajo la piel anaranjada y negra. Y , sobre todo, estaba muy concentrado en el hecho de que, si le daba la gana, aquella bestia podía arrancarme la cabeza de un zarpazo y hacerla rodar por la hierba como una pelota de fútbol.

    Entonces, la respiración del tigre se hizo más lenta. Luego parpadeó unas cuantas veces y sus ojos se cerraron poco a poco.

    —Cuánto dura el trance? —musitó Marco.
    —Unos diez segundos a partir del momento en que finaliza el contacto. Al menos, eso es lo que pasó con Homer.
    —Diez segundos? ¿Diez segundos?
    —Sí. Así que prepárate a correr.
    —Hace rato que estoy preparado.!

    Me dispuse a retirar la mano pero, entonces, vacilé. Fue muy extraño porque en aquel mismo instante me di cuenta de que lo estaba haciendo. Lo entendí todo de golpe. El tigre se estaba convirtiendo en parte de mí. Toda aquella fuerza y aquella confianza habían pasado a ser parte de mí.

    —Es un animal muy hermoso, ¿verdad? —comenté.

    Esperaba que Marco me respondiera de un modo sarcástico, sin embargo lo único que respondió fue:

    —Sí, es magnífico —para enseguida añadir—: pero vámonos de aquí antes de que nos demuestre por qué el rey de la selva.
    —Ese es el león —corregí—. Se supone que el rey de la selva es el león. Pero, por si acaso, no se lo digamos a él. ¿Estás listo?

    Marco asintió.

    —Ahora! —grité.

    Me puse en pie de un salto. Salimos a toda prisa en busca de la escalera. Comencé a contar mentalmente los segundos: uno, dos, tres…

    Algo se movió de súbito. ¡Era una mancha de color naranja y negro!

    Entonces comprendí lo que pasaba. ¡Había más de un tigre en el recinto!

    Oí cómo gritaban los visitantes del zoo en lo alto. Supongo que podían vernos, una vez habíamos dejado nuestro escondite.

    Marco dio un brinco y agarró los travesaños de la escalera. Empezó a gatear hacia arriba con mucha dificultad. Yo lo seguía a una décima de segundo. El tigre saltó u, con las zarpas, arañó la superficie de cemento que había a pocos centímetros de mí. Luego soltó un rugido que hizo vibrar los peldaños de la escalera.

    —Gggggggrrrrraaaaaaauuuuuuuuuuuuuurrrrrrr!

    ¡Qué ruido! Retumbó y reverberó, y su eco hizo que se me derritieran las entrañas.

    Podría decirse que Marco voló escaleras arriba, y yo tras él.

    Es asombroso lo deprisa que uno puede subir las escaleras cuando tienes un tigre detrás que ruge pidiendo tu sangre.

    —Ahí están! —gritó alguien—. Atrapadlos. ¡Alto! ¡Eran los guardas! Como mínimo había tres.
    —Nos convertimos? —chilló Marco.
    —No! ¡Vamos hacia donde está toda aquella gente! ¡Allí! Arriba del todo, junto a la piscina de los delfines.

    Fue una decisión apresurada, pero logramos colarnos entre la muchedumbre cuando sólo les sacábamos unos cuantos metros de ventaja a los guardas. A partir de ese momento, lo único que teníamos que hacer era agacharnos y deslizarnos entre el gentío a la espera de que los guardas nos perdieran de vista. Nos abrimos paso hasta la entrada principal, caminando siempre en cuclillas para que nuestras cabezas no asomaran por encima de la multitud.

    —Qué habéis hecho, transformaros en enanos? —era la voz de Rachel. Estaba delante de mí, con una expresión divertida. Tobías y Cassie también estaban allí.
    —Los guardas nos persiguieron —les expliqué. Los temblores que me había producido el encuentro con los grandes felinos habían cesado casi por completo. Casi.
    —Venga, Jake, deja ya de hacer el tonto —contestó Rachel—. Salgamos de aquí. Tengo que estar en casa para la cena.

    Al final, resultó que a los demás no los había perseguido nadie. Habían despistado a los guardas sin ningún problema y habían ido adquiriendo el ADN de animales diferentes, mientras Marco y yo arriesgábamos nuestras vidas en el foso de los tigres.

    Lo más irritante de todo era que ninguno de ellos creía nuestra historia. Marco y yo estábamos molestos.

    Subimos al autobús y prácticamente nos desplomamos sobre los asientos.

    —Nos podrían haber matado —se lamentó Marco, haciendo un mohín—. De verdad os lo digo. Nos vino de pelos.
    —Claro, claro. Lo que tú digas —replicó Rachel—. O les des demasiadas vueltas. Después de todo, lo peor aún no ha llegado. O más probable es que cualquier peligro al que te hayas enfrentado hoy, no será nada comparado con lo que sucederá esta noche.
    —Esta noche. —Cassie movió la cabeza en sentido negativo—. Y encima no me acordaba de que tenía que estudiar para el examen de mates de mañana.

    Rachel se echó a reír.

    —Puede que ya no tengamos que preocuparnos por lo que pase mañana.
    —Gracias, doña Alegrías —masculló Marco.


    Capítulo 21


    —Se puede saber dónde te has metido? —me preguntó mamá cuando nos sentamos a cenar. Mi familia es muy tradicional en lo que al tema de la cena se refiere: hay que sentarse a la mesa. Nada de televisión. Mi madre es escritora y odia la tele, a no ser, claro está, que pongan uno de sus programas favoritos.

    —Qué dónde he estado? —repetí la pregunta—. Hum… pues, por ahí. Lo de siempre. He ido a dar una vuelta con Marco.
    —No sé por qué te molestas en preguntar —comentó papá—. Siempre contesta lo mismo. He ido a dar una vuelta por ahí.
    —Y tú, papá, ¿qué has hecho hoy en la oficina? —le pregunté yo a mi vez.
    —Dar una vuelta —respondió él. Me guiñó el ojo y todos nos echamos a reír.

    Miré a Tom. Se reía mientras devoraba su ración de pollo a la cazadora igual que los demás. Parecía el mismo de siempre.

    —Vas a hacer algo esta noche, Tom? —inquirí.
    —Por qué?

    Intenté aparentar indiferencia.

    —Es que estaba pensando que podríamos ensayar unos cuantos lanzamientos a la canasta —contesté—. Que a lo mejor podrías enseñarme algunos pases nuevos para intentar entrar en el equipo.
    —Lo siento, chico —repuso él—. Esta noche tengo cosas que hacer.
    —Sí? ¿Qué cosas? —pregunté.
    —Dar vueltas por ahí, seguro —se burló mamá—. Cómete el brócoli, Jake. Es muy bueno para el cuerpo. Contiene un montón de minerales y vitaminas que no se encuentran en ningún otro alimento.
    —Vale —contesté yo—. Ya sabes que me encantan los minerales.

    Me metí en la boca el pedazo más pequeño de brócoli que logré encontrar e intenté tragármelo.

    Después de todo, no era peor que comerse una araña viva.

    —Esto… Tom, ¿qué has dicho que ibas a hacer? —insistí.

    Él me dirigió una mirada furiosa.

    —Es que ahora tengo que informarte de todos mis movimientos? Tengo cosas que hacer. ¿Te parece bien, enano?
    —Una chica —comentó papá—. Sé lo que es eso. Soy médico.

    Me hubiera gustado poder decirles: «no, papá, no se trata de ninguna chica, sino de un estanque yeerk. ¿Sabes lo que es un estanque yeerk, mamá? Es una larga historia.»

    Decidí intentarlo una vez más. Creo que una parte de mí aún se negaba a admitir lo que Tom era.

    —Lo que te pasa es que tienes miedo de competir conmigo porque podría darte una paliza.
    —Sí, señor. Has acertado. ¿Contento ahora?

    Nuestros ojos se encontraron. ¿Había alguna señal en su mirada que lo delatase? ¿Algún rastro de la criatura egoísta y cruel que lo dominaba? No. Ojalá lo hubiera habido.

    No existe forma alguna de saber quién es un controlador y quién no. No hay modo alguno. Por eso es tan difícil detenerles: porque cualquier persona, en cualquier lugar del mundo, podría ser uno de ellos.

    No importa lo mucho que creáis conocer a alguien y lo mucho que lo admiréis. Puede ser alguien a quien desearíais pareceros. Alguien a quien amáis.

    Aparté la vista de Tom y me puse a observar la comida que había en el plato.

    Unos minutos más tarde, Tom se levantó con intención de marcharse. Yo sabía adónde se dirigía. Una vez se hubo marchado, subí al piso de arriba para llamar por teléfono. Desde allí, mis padres no podrían oír lo que decía. Telefoneé a Marco.

    —Va va de camino —le dije.

    Luego llamé a Tobías y a Rachel. También intenté ponerme en contacto con Cassie, pero sólo puede hablar con su madre.

    —No está —me explicó. Parecía preocupada—. No ha venido a cenar. Salió a dar de comer a algunos animales y no ha vuelto aún.

    Se me hizo un nudo en el estómago.

    —Seguro que está montando uno de los caballos —sugerí yo, en un intento por tranquilizarla a ella y tranquilizarme a mí mismo—. Ya sabe cómo es Cassie.
    —Todos los caballos están en los establos —me respondió.

    Respiré hondo un par de veces. Algo marchaba mal. ¿Qué le había ocurrido a Cassie?

    —Voy a salir a buscarla —dije—. No se preocupe. Apostaría lo que fuera a que ha visto un animal herido o algo así y ha ido a rescatarlo. Ya conoce a Cassie.
    —Sí. Seguro que no le pasa nada.

    Seguro. La verdad es que ella estaba tan segura como pudiera estarlo yo. Pero ¿qué podía hacer? El plan consistía en atacar el estanque yeerk y rescatar a Tom. Tal vez Cassie ya había llegado a la escuela y estaba allí, esperándonos.

    Tal vez.

    Mientras pedaleaba en dirección a la escuela, tuve un mal presentimiento. Como haríamos acordado, escondí la bicicleta al otro lado de la calle. Luego me reuní con Marco y Rachel.

    —Falta Cassie —les informé—. ¿Y dónde está Tobías?

    Rachel señaló el cielo.

    El sol se estaba ocultando con gran rapidez, pero aún podía ver a Tobías volando en círculos por encima de nuestras cabezas.

    —Qué es lo que le pasa? —exploté—. ¡El tiempo límite son dos horas y no sabemos cuánto nos va a llevar esto!
    —Quizá deberíamos aplazarlo hasta descubrir lo que le ha sucedido a Cassie —propuso Rachel.
    —A lo mejor sólo está asustada —aventuró Marco—. Yo también lo estoy.
    —Puede —asentí, aunque tenía mis dudas. Pero dicen que, antes de una batalla, nunca se puede saber de antemano quién de los participantes va a comportarse como un valiente y quién como un cobarde.

    Yo sólo esperaba no estar entre los segundos. La verdad es que tenía la boca seca y que el corazón me iba a cien por hora. Y todavía no habíamos empezado.

    Tobías bajó en picado y se posó sobre el hombro de Rachel. Aquello me sorprendió. ¿Por qué lo habría hecho? Aunque a Rachel no parecía molestarle en absoluto, más bien al contrario porque luego ella restregó la cabeza contra el cuerpo del ave durante unos instantes.

    —¿Vamos a hacerlo o no?—, preguntó Tobías.

    No podíamos empezar peor. La presión que sentía en la boca del estómago se intensificó. Cassie había desaparecido y Tobías continuaba sin recuperar su aspecto habitual.

    Todos me miraban, esperando que tomara una decisión.

    —Sí, vamos a hacerlo —respondí.

    Por la noche, la escuela estaba cerrada con llave. Pero Marco ya se había ocupado de aquel pequeño problema: sabía que había una ventana en el laboratorio de ciencias que no cerraba bien.

    A través de ella nos colamos en el laboratorio, que habría estado sumido en la más absoluta oscuridad de no ser por los mortecinos ratos de sol que se reflejaban en los vasos de precipitados y los tubos de ensayo. Tobías cruzó la habitación planeando y se posó con destreza sobre la mesa del profesor.

    —Dejadme echar un vistazo —dije.

    Abrí la puerta tan despacio como pude y asomé la cabeza a través de la rendija. En la penumbra, divisé el pasillo que conducía al armario del conserje. Metí la cabeza de inmediato.

    —Hay gente ahí fuera! —exclamé—. Tres personas estaban entrando en el armario.
    —Controladores —dedujo Rachel—. Creo que los yeerks van a cenar.

    Ninguno de nosotros lo encontró diverido.

    —Cómo vamos a meternos ahí? —quiso saber Marco.
    —Esperad un momento —dijo Rachel—. ¿Los controladores se conocen todos de vista? Lo que quiero decir es que, si no es así, podríamos hacernos pasar por controladores, ¿entendéis?
    —Insinúas que entremos ahí haciendo ver que somos de la familia? —preguntó Marco—. Un plan fantástico, Rachel. Se me ocurre una idea mejor: ¿por qué no nos suicidamos aquí mismo y así acabamos antes?
    —Quizá Rachel tenga razón —observé yo.
    —Eso es mucho decir —señaló Marco—. Aquí no hay (quizá) que valga. Además, ¿qué me decís de Tom? Él sí sabe que tú no eres un controlador.

    Abrí la puerta de nuevo y miré afuera.

    —Creo que Tom ya está abajo —comenté—. Además, el pasillo está vacío ahora. Yo diría que todos… —Enmudecí—. Esperad, viene alguien más.

    Forcé la vista. No resultaba nada fácil reconocer las caras en aquella oscuridad. Pude distinguir dos figuras. Una de ellas llevaba uniforme.

    Era el policía que además era un controlador. Tiraba con fuerza de alguien. Vi que se trataba de una niña.

    No quise seguir mirando.

    —Tobías —le dije—. Necesito tu vista de ratonero.

    Tobías batió las alas y se posó en mi hombro. Asomó la cabeza, miró al fondo del corredor y luego la retiró.

    —Sí —dijo—. Es ella.

    Sentí que la tierra se abría bajo mis pies.

    Marco me sujetó porque adivinó que estaba a punto de desmayarme.

    —La han atrapado! —susurré—. ¡Los controladores tienen a Cassie!


    Capítulo 22


    —Quién tiene a Cassie? ¿Cómo? —tartamudeó Rachel.

    —El policía. El controlador, el que vimos en la granja de Cassie. El mismo que estaba en la reunión de La Alianza y que la vio cuando intentaba acercarse a los miembros oficiales del club.

    Rachel dejó escapar algunas exquisiteces verbales.

    Y aquello sólo era el comienzo.

    —Muy bien —dije con gravedad—. Ahora sí que no podemos echarnos atrás. Haremos lo que dijo Rachel. Por lo que sabemos, hay demasiados controladores para que todos se conozcan entre sí. Si continuamente añaden nuevos cuerpos a la lista, nosotros también podríamos haber sido convertidos, ¿no es cierto?
    —Ay, Dios! —gimió Marco.
    —Se te ocurre una idea mejor? —repliqué enojado.
    —No —contestó—. Adelante. Que siga la fiesta, y a por todas.
    —De acuerdo entonces. Que nadie se precipite. —Miré a Tobías—. Ya es demasiado tarde para que recuperes tu aspecto, pero no dejes que te vean.

    Rachel, Marco y yo salimos al pasillo sumido e sombras. Tenía las piernas agarrotadas y las rodillas rígidas: caminaba con la misma agilidad que Frankenstein.

    Nos dirigimos al armario del potero. Por suerte no había nadie en el pasillo.

    Entramos en la pequeña habitación. Intenté recordar todos los pasos a seguir para abrir la puerta. Grifo a la izquierda y vuelta completa al gancho en el sentido de las manecillas del reloj.

    La puerta se abrió.

    Se oía un sonido semejante a un chapoteo, como pequeñas olas que rompieran en una playa. Resultaba un sonido agradable pero, mezclados con él, resonaban otros espantoso: gritos desgarradores, alaridos de terror, risotadas triunfantes.

    —Estás seguro de que éste es el estanque yeerk? —preguntó Marco con voz temblorosa—. Os aviso. Si veo a un tipo con cuernos y un tridente me largo de aquí a toda pastilla.

    Penetré en aquella abertura. Las escaleras eran muy empinadas y no había pasamanos, así que tenías la impresión de estar a punto de caerte por el hueco a cada paso que dabas.

    Bajamos todos juntos. La puerta se cerró automáticamente a nuestras espaldas.

    Al principio esperaba que hubiera tan sólo un par de tramos de peldaños. Pero lo cierto es que no se acababan nunca. Y, aunque continuábamos descendiendo, siempre quedaban más. Las paredes estaban mugrientas. Luego, a medida que bajábamos nos dimos cuenta de que los muros eran ya de roca viva. Aquellas escaleras eran interminable.

    —Y éstos son seres superiores? —susurró Marco—. Pues podrían haber puesto al menos un ascensor.

    Todos dejamos escapar una pequeña risa nerviosa. Pero muy pequeña.

    De repente, las paredes rocosas se ensancharon. Habíamos llegado a una enorme cueva.

    Y cuando digo enorme, quiero decir enorme. Allí se podría haber jugado la Superbowl y aún habría quedado espacio para construir un par de centros comerciales. Era como un cuenco puesto boca abajo que alguien hubiera excavado en la roca maciza. En el punto más alto de la bóveda podía distinguirse con dificultad la silueta de un agujero. Me pareció que lo que veía a través de él eran estrellas.

    Rodeando el borde exterior de la cueva había otros tramos de escalera semejantes al nuestro. Procedían de todas direcciones y emergían de los muros para descender hasta el mismo suelo.

    Nos apiñamos en el centro de las escaleras, en aquel reducido espacio que separaba los muros laterales.

    —Esto es gigantesco —comentó Marco—. No se trata sólo de los subterráneos de la escuela. Esto cubre por lo menos media ciudad. Seguro que todas esas escaleras conducen a otras tantas entradas ocultas. —Movió la cabeza en sentido negativo—. Jake, esto está plagado de pasadizos secretos. Es peor que… es mucho peor que… es mucho más grande de lo que…

    Yo sentía la misma desesperación. Éramos idiotas. No nos las estábamos viendo con una pandilla de chicos malos procedentes de otro planeta. Para construir aquella ciudad subterránea, aquellos tipos debían de haber empleado unos poderes que ni siquiera alcanzábamos a imaginar.

    Porque eso es lo que teníamos delante: ¡una ciudad subterránea! Había edificios y naves bordeando toda la cueva. Distinguíamos a la perfección una serie de excavadoras de color amarillo y grúas en pleno funcionamiento al otro lado de la misma. Curiosamente ofrecían un aspecto acorde con un sitio tan increíble como aquél.

    Y estaba poblado por una multitud de criaturas alienígenas: taxxonitas, hork-bajir y otras muchas que ni siquiera sabíamos qué podían ser.

    Sin embargo, lo que más abundaba eran seres humanos. Los había a montones.

    Justo en el centro de la cueva, había una especie de estanque similar a un pequeño lago circular de unos treinta metros de anchura. Sólo que no contenía agua exactamente. Se agitaba como el plomo fundido y era más o menos de ese mismo color. El chapoteo que habíamos oído era el ruido que hacía aquel líquido al ser recorrido y removido continuamente por cientos de diminutos seres que se movían con gran rapidez bajo la superficie.

    Yo sabía lo que eran: yeerks. Yeerks en su estado natural de gusano, bañándose y retozando en el estanque como niños en un día de mucho calor.

    Cerca del borde de la piscina había una serie de jaulas, que contenían hork-bajir y seres humanos.

    Algunos de los humanos pedían socorro a gritos. Otros lloraban en silencio. Los más permanecían sentados, dejando transcurrir el tiempo, perdida ya toda esperanza de un posible rescate. Entre ellos había adultos y niños, mujeres y hombres. El número ascendía a más de cien, divididos en apretados grupos de diez personas por jaula.

    A los hork-bajir los habían encerrado por separado y en jaulas más resistentes. No paraban de gritar y dar vueltas mientras cortaban el aire con sus brazos llenos de cuchillas.

    Me vine abajo. Tuve la sensación de que el corazón me dejaba de latir. El horror que producía aquel lugar es inimaginable. Y nosotros éramos tan pocos y tan débiles…

    Unos escalones más abajo pude ver a Cassie y al policía, que tiraba de ella con violencia cada vez que tropezaba y caía. Ya habían llegado al final de la escalera.

    —Voy a transformarme —anuncié—. Voy a liberar a Cassie de ese tipo.

    Marco me puso una mano en el hombro.

    —Todavía no, muchacho. Mantén la calma.

    —Cassie está bien, Jake —afirmó Tobías—. No está herida; sólo un poco asustada.

    —Será mejor que no le haga nada —repliqué—. No los pierdas de vista, Tobías.

    A escasa altura del borde del estanque, habían construido dos embarcaderos metálicos. En uno de ellos, unos cuantos controladores hork-bajir vigilaban con exquisita corrección a una hilera de humanos, hork-bajir y taxxonitas.

    Era el punto de descarga.

    Uno tras otro se arrodillaban, inclinaban la cabeza hacia delante y después la introducían en la superficie viscosa del estanque. Los hork-bajir los ayudaban.

    Ante nuestros ojos, una mujer se agachó con toda tranquilidad, su cabeza se mantenía a escasos centímetros por encima del líquido grisáceo del estanque. Un hork-bajir la sujetó amablemente por el codo para ayudarla a mantener el equilibrio.

    Entonces aquella cosa babeante salió de su oreja retorciéndose y arrastrándose.

    Un yeerk.

    —Oh, no… —gimió Rachel. Parecía a punto de vomitar—. Oh, no. No.

    Cuando el yeerk hubo abandonado por completo la cabeza de aquella pobre mujer, se zambulló en el estanque y desapareció bajo la turbulenta superficie.

    La mujer se puso a gritar al instante.

    —Soltadme, puercos! ¡Soltadme! ¡Soy una mujer libre! ¡no podéis seguir haciendo esto!¡No soy ninguna esclava! ¡Soltadme!

    Dos hork-bajir la sujetaron, la llevaron a rastras hasta la jaula más cercana y la empujaron dentro.

    —Socorro! —chilló la mujer—. Oh, por favor, que alguien nos ayude. ¡Que alguien nos ayude!


    Capítulo 23


    —Socorro! ¡Que alguien nos ayude, por favor!

    No habíamos cesado de escuchar gritos como aquél durante todo el tiempo que duró nuestro descenso. Pero en aquel momento nos hallábamos lo bastante cerca para asignarle un rostro humano a cada grito. Todos ellos me partían el corazón.

    Había un segundo embarcadero. Se trataba el punto de carga. Los cuerpos de los portadores eran sacados de las jaulas y conducidos por la fuerza hasta allí para que los yeerks pudieran volver a entrar en sus cabezas. Era un proceso bastante simple. Agarraban a los portadores, fuesen humanos o hork-bajir, y los obligan a meter la cabeza en el estanque.

    Unas veces la gente se resistía y gritaba y otras se limitaba a llorar. Pero, en cualquier caso, siempre perdían la batalla. Cuando los controladores les sacaban las cabezas del agua de un tirón, aún se podía ver a los gusanos intentando deslizarse en el interior de sus orejas.

    Unos minutos después, a medida que los yeerks se hacían de nuevo con el control, recuperaban la calma. Y ya estaban listos para regresar al mundo exterior, convertidos una vez más en esclavos.

    Aquella cadena de montaje que iba del muelle de descarga a las jaulas y luego al embarcadero de carga resultaba aterradora.

    Pero había otra área que no habíamos visto hasta entonces. En ella, un grupo de humanos y hork-bajir se dedicaban a descansar en cómodas sillas mientras sorbían sus bebidas y veían la tele. Los taxxonitas pululaban entre ellos como gigantescas orugas cubiertas de espinas.

    Hasta mí llegó el sonido lejano de un televisor. Estaba seguro de haber oído reír a los humanos. Estaban viendo un programa y pasándoselo bien.

    —Son portadores voluntarios —explicó Tobías—. Colaboradores.

    —De qué estás hablando? —pregunté.

    —El andalita nos lo dijo, ¿no te acuerdas? Muchos humanos y hork-bajir son portadores voluntarios —respondió Tobías—. Los yeerks los persuaden para que acepten dejarse controlar por ellos.

    —No puedo creerlo —dijo Rachel—. Ninguna persona dejaría que le ocurriera algo así. Nadie querría perder el dominio de sí mismo.
    —Alguna gente no es más que escoria —replicó Marco—. Ya va siendo hora de que aterrices.

    —Los yeerks los convencen de que, si acceden a llevar dentro a uno de ellos, todos sus problemas quedarán resueltos.
    —Creo que ésa es la razón de que exista La alianza. La gente cree que, al transformarse en algo diferente, la angustia desaparecerá de sus vidas.

    —Para otros la solución es pasarse todo el tiempo convertidos en un ratonero —señaló Marco.

    Tobías no tenía nada que responder a aquello. Extendió las alas y se alejó volando a gran altura.

    —Tobías! ¡Vuelve! —lo llamé.
    —Tenemos que poner manos a la obra —sugirió Rachel—. Ya llevamos demasiado tiempo mirando. —Luego se volvió hacia Marco—. Y deja en paz a Tobías, ¿vale? Tenemos que permanecer unidos.

    Tobías vino de nuevo a nuestro encuentro descendiendo en picado.

    —Es Cassie —dijo—. Está en el muelle. En el de carga. Van a convertirla en portadora.

    Con mis ojos humanos me costaba ver con claridad en aquella penumbra violácea. Únicamente era capaz de distinguir el uniforme del policía y la pequeña figura moviéndose a su lado.

    —Ves a Tom? —le pregunté a Tobías.

    Él batió sus poderosas alas por toda respuesta y luego ganó altura. Vi cómo sobrevolaba el estanque y hacía un nuevo descenso en picado hacia nosotros.

    —Lo he visto—, anunció.

    Vacilé antes de volver a preguntar. No estaba seguro de querer saber la respuesta.

    —Está en una jaula o es… un voluntario?

    —Está en una jaula —contestó Tobías—. Les está diciendo de todo a los guardianes hork-bajir.

    —Bien!

    Sabía que Tom no podía haberse prestado a aquello de forma voluntaria. Lo imaginé propinándoles puñetazos y patadas mientras se lo llevaban.

    —Cassie está a punto de llegar al borde del embarcadero —nos advirtió Tobías—. ¡Sólo disponemos de unos minutos antes de que la conviertan en una de ellos!

    El momento había llegado. Estábamos al final de la escalera.

    Echamos a correr y nos escondimos detrás de una especie de cobertizo. Marco tiró de mí al girar la esquina, y me arrastró hacia él para que oyera lo que tenía que decirme.

    —Escucha, antes de que sigamos adelante, hay algo que quiero que me prometas, Jake.

    Sabía lo que venía a continuación.

    —Si tengo que morir, mala suerte. Pero no dejes que se apoderen de mí. No dejes que me metan una de esas cosas en la cabeza.
    —Todo irá bien…
    —Vosotros! —gritó una voz. Era una voz humana—. Vosotros dos. ¿Quiénes sois?

    Me di la vuelta.

    Se trataba de hombre. Sólo uno. Pero lo flanqueaban un enorme hork-bajir que nos miraba con desconfianza, y un taxxonita.

    Por alguna razón desconocida, no había reparado en la presencia de Rachel, que estaba escondida detrás del edificio, aunque sí nos había visto hablando a Marco y a mí y supongo que eso había levantado sus sospechas.

    —Nosotros? —preguntó Marco—. ¿Qué quiénes somos nosotros? Oiga, y usted, ¿quién es?
    —Que no escapen —ordenó el hombre.

    Los hork-bajir avanzaron hacia nosotros. Con aquellos ojos gelatinosos removiéndose inquietos, los taxxonitas se deslizaron sobre las decenas de agudas espinas que les servían de patas. Su boca se abría y cerraba anticipando lo que iba a suceder.

    Era conciente de que tenía que transformarme, pero estaba paralizado por el miedo.

    Entonces vi a Rachel. Había dado la vuelta al almacén y se había situado detrás de los controladores.

    Y su tamaño no cesaba de aumentar.


    Capítulo 24


    Rachel continuaba creciendo. A ambos lados de la cabeza empezaron a salirle dos enormes orejas recubiertas de una piel muy áspera. Su nariz se alargó hasta alcanzar una longitud superior a la que había tenido su antigua cuerpo. Sus piernas y brazos se hicieron tan grandes como troncos de árboles y de su boca emergieron dos dientes curvados y gigantescos.

    Mi prima Rachel tenía ahora unos cuatro metros de altura y pesaba más de seis toneladas.

    Y lo mejor de todo es que a mí me gustaba así.

    —¡Ja, Ja! —oí la risa triunfal de Rachel!—. Lo conseguí.

    El hork-bajir y el taxxonita se acercaron un poco más.

    Rachel empezó a mover su pequeña cola en forma de cuerda. Golpeó con las patas delanteras el sucio suelo de la cueva. Alzó su poderosa cabeza y sacó aquellos enormes colmillos que medían por lo menos un metro de largo.

    Los primeros en percibir su presencia fueron los taxxonitas, gracias a aquellos ojos de gelatina roja que no cesaban de girar en todas direcciones. Pero no estaban muy seguros de cómo debían actuar.

    Rachel embistió. Tan sólo un minuto antes. Estaba allí plantada, inmóvil, y un segundo después ya había puesto la quinta y avanzaba a toda pastilla, como si de un piloto kamikaze se tratara.

    El hork-bajir fue rápido. Se dio la vuelta y le hizo un corte en la trompa con la cuchilla del codo.

    Poca cosa y demasiado tarde.

    Rachel había comenzado su ofensiva y un poco de sangre no iba a detenerla.

    —¡Despojos intergalácticos! —gritó Rachel indignada—. ¡¿Cómo os atrevéis a atacarme?!

    El hork-bajir cayó aplastado bajo aquellas patas monstruosas. Al hacerlo dio un alarido, pero el bramido de Rachel lo apagó.

    El taxxonita intentó escapar. Resulta que los taxxonitas pueden correr cuando se lo proponen.

    Pero resulta también que los elefantes son más rápidos de lo que uno cree. Lo cierto es que pueden llegar a ser muy rápidos.

    Rachel aplastó la parte posterior del cuerpo del taxxonita. Las patas de aguja cedieron y se rompieron con un chasquido, como si fueran palillos. Una sustancia amarillenta empezó a brotar de la carne desgarrada del enorme gusano.

    Ella siguió pasándole por encima, hasta dejar tras de sí una masa repugnante de materia informe. El olor nauseabundo que desprendía el taxxonita triturado casi me hizo desmayar.

    El humano no había movido un músculo. Dijo. «¿Un elefante?», como si le costara creer lo que estaba viendo.

    Rachel le rodeó la cintura con la trompa.

    —Sí —oímos que contestaba Rachel—. Un elefante.

    Rachel lo lanzó por los aires y nunca llegué a saber dónde aterrizó.

    —Rápido! —le grité a Marco—. ¡Transfórmate!
    —Buen trabajo, Rachel —la alentó Marco—. Recuérdame que no me vuelva a meter nunca mas contigo.

    Me concentré en la imagen del tigre. Sabía que su patrón de ADN formaba ahora parte de mí. Pensé en él, allí, tumbado en el hábitat de Los Jardines, soñando con volver a la selva para perseguir y derribar a sus presas. Supuse que no le importaría el uso que estaba hacie